Texto digital de Estados mudan costumbres
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan de Matos Fragoso
- Atribución estilometría
- Juan de Matos Fragoso Segura
- Género
- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Estados mudan costumbres. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/estados-mudan-costumbres.

ESTADOS MUDAN COSTUMBRES
JORNADA PRIMERA
Quede estampada en tu rostro esta afrenta, este desaire: sea el papel tu mejilla, donde escriba mi coraje tu rigor. Válgame el cielo! Ah pesia el tirano ultraje de tu poder: mas que digo, si eres Príncipe, y no valen contra tu rigor mis fuerzas? paro pudiera obligarte a suspender tanta injuria, a revocar tal desairé, contigo haberme criado, mereciendo de tu padre por mi lealtad, su privanza. Cómo, tirano, o cobarde, s injustamente atrevido, en mi rostro (ah fuerte lance! pusiste la mano aleve sin razón, para matarme, pagando con una afrenta le altad que nunca pagaste. Con razón te llama el mundo Severo, por el más grave portento de ingratitudes, monstruo de reguridades. Por ti se ha de ver Sicilia en los postreros remates de su desdicha, puesta, que heredas su vasallaje, un bruto eres de sus montes, cuya soberbia arrogante, cometa infausta, a su Imperio pública ruinas fatales. De ellas testigo es el Turco, que infestando nuestros mares, se apodera de Sicilia sin haber quien se lo ataje. Mas esta afrenta, este agravio, que en mi fiero ejecutaste, por reprender sus afectos, diré al Rey, que aunque tu padre, sabrá tomar por su cuenta mi honor, y Necio, ignorante: vos conocéis a otro Rey? a ese decrépito padre nombráis para el desempeño? un tronco, en quien las edades platean hebras, que fueron dorado aliño sin arte. No soy yo dueño absoluto de Sicilia, por mis partes? no heredo cetro, y corona? pues de que sirve cansarme con estudios, si en mí son principio a nuevos pesares? naturalmente me inclino a muertes; a atrocidades, a rigores a venganzas, a castigos, a crueldades. Y si los vasallos son objetos materiales, para gusto, para gloria de aquel Príncipe que aplauden: que importa, pues, que mi orgullo a costa de un honor labre un gusto, a costa de vidas un deleite, si es más fácil que este gima, aquel padezca, este sufra, aquel acabe, que no que sienta mi antojo de la fortuna un desaire? cuando por mí, por quien soy, me respetan agradable, en la inferior Monarquía el hombre, la fiera, el ave: y aún suele la de los cielos, cuando me templo el semblante al espejo de su móvil estremecerse al mirarme. Estorbáis intentos míos, y con uecios ejemplares disponéis mi inclinación, a que suspenda el dictamen de adorar una hermosura, de lograr el más suave triunfo, que el amor, y el tiempo juntaron en dos mitades de cielo, en dos bellos soles, cuya luz en homenajes de más sublime elemento, menos se gusta; y más arde: es bueno, que esta belleza se me resista constante? esta villana, esta Laura, que entre pagizos disfraces visos de deidad encubae con lo grosero del traje: han de alcanzar por fineza el triunfo mis voluntades: yo he de atajarla rendido? y yo he de esperarla amante? yo he de templar sus desdenes? no, que es ley mi gusto, y antes que el Sol en la blanca espuma la dorada crencha bañe, y muera topacio adusto el que rubí nace infante, iré al monte, veré a Laura, y porque acaso a mi padre no deis cuenta de este intento, de este balcón a los aires, vive el cielo. Qué es aquesto? Que a este punto el Rey llegase a estorbar mi furia! El cielo en tan peligroso lance volvió por su causa. . Vos con acciones desiguales, con Deció así descompuesto, cuando debéis estimarle solo por mí, de qué pudo vuestro enojo ocasionarse? Para que la causa inquiero, . del mundo asombro espantable, si eres injusto, y tirano? dadme de este enojo parte. En mi cólera me abraso. . cuando llega a apurarme la razón, o sinrazón de mi furia. Decid, baste la suspensión. Es que gusto que no me aconseje nadie, que viva libre mi afecto, que goce sus libertades mi inclinación, y que sepan, que en llegando a refrenarme, soy rayo, que al denso muro del confuso horror del aire, cuanto más nubes, le cercan, le tala, y rompe más fácil, Soy bruto, que desbocado, si corre a precipitarse, quien le estorba más le deja en la ambición de ser ave. Soy nave, que en calma altiva, con mudas serenidades, su interna preñez se quema, mas que del Sol, de pararse, que la razón es mi gusto, y quien quisiere estorbarme, loco, imprudente, atrevido, haré de él lo propio que hacen detenidos en su curso, rayo, volcán, bruto, y nave. a Pues cómo, tirano aleve, delante de mí, delante del Real de coro, atrevido hace tu soberbia alarde? Viven los cielos; mas vuelva otra vez a sepultarse en el concabo del pecho mi voz, y él ímpetu embargue la ira para otro enojo; pio con que espero será fácil, o la enmienda de tus hierros, o el fin de tus libertades: pero que causa a Severo disteis, Decio, a su coraje? Al Príncipe iba a enmendar gran señor, de un torpe yerro: pero ay de mí, como el hierro rayos despide al labrar, y como quise gravar ticuea en materia dura; y rara, de su pecho esta acción clara; él con vil desasosiego, con cinco agravios de fuego llegó abrasarme la cara. Solo con la muerte espero que sus fierezas se aplaquen. Con razón le llaman todos del mundo asombro arrogan Ay de mí, como los cielos sufren tus atrocidades? mas tu soberuia algún día vendrá a despeño más guande? Mas que voz triste pronunci vaticinios lamentables? Qué dudas, señor, que dudas si son trágicas señales de ese monstruo, ese prodigio, los suspiros que en el aire te informan de sus rigores? pero allí la Infanta sale, y te dirá la ocasión. Llegue mi voz a informarte, señor, del rigor más fiero que escribió el tiempo en el jaspe. Ese horror; de quien el vulgo por las plazas, y las calles pide justicia a los cielos, salía de aquí: a templerle de su enojo llegó Aurelio: mas él con furia arrogante, en ese golfo de espuma, que a ese Palacio el pielame, le arrojó, cuyo silencio? de hondas mudas al instante le dio espumoso sepulcró en sus lóbregos cristales. Tente, espera, no prosigas, que en esas riguridades, miro auticipadamente el aviso de mis males. Ay de ti, Sicilia triste, si por tu Rey coronases a este monstruo, que no mienten los influjos celestiales, pues son sabios, que interpretan su nacimiento: no en balde hallan, que será este Imperio, si le rige su dictamen, escuela de torpes vicios, teatro de enemistades: y él de su ambición llevado, sus delirios, sus crueldades que pondrá sobre mi frente las plantas: acabe, acabe de dar crédito a los daños el amor paterno, que hace de las evidencias duda? disimulando verdades, que en rasgos de llama escribe esa architectura errante; y que nacerá en los montes E un hombre de tantas partes, que merecerá el cetro, sino le hiciere inconstante el pasar de extremo a extremo, cuyas dudas me combaten, cuya razón me confunde, pues es suceso admirable, que dos cosas tan distintas en este sujeto se hallen. Cuanto al nacer en los montes, es evidencia constante, pues mi esposa, que en el cielo ocupa solio inmutable, dio a la tierra andando a caza, por feliz parto, un Infante, que es Severo: así confuso en presagios tan neutrales, con tan equivocas dudas, ha sido causa bastante, para que hasta equí mi pecho sus hyerros disimulase. Pero ahora que sus años culpan incapacidades de este racional prodigio, y no muestran las señales de este astro merecimientos para el cetro; pero antes, a infelices conjeturas carga todo el rigor grave, castigaré su soberbia, tendrá en una estrecha cárcel abreviada Monarcía: matarele allí a pesares, porque su soberbia enmiede, y enfreve sus libertades, pues siempre medios humanos, hicieron más favorables las estrellas, que aunque inclinan los astros, no persuaden. Venid vos conmigo, Decio, a ejecutar de mi parte este intento, con que evito las amenazas fatales, que a mi Corona, y mi Reino hace esta fiera indomable: venid, venip. Ya te sigo, gran señor, eso sí, baje este Faetonte atrevido, desde el más alto quilate de su loca fantasía, de su soberbia arrogante. Que me lancólico el Rey se ha ido! pues aún de hablarme se olvidó con la tristeza, pluguiera al cielo, que iguales fuesen la mía, y la suya; mas son las dos tan distantes, que una con males aflige, y otra alivia con los males. Cielos, que un villano pueda rendir mi amor? calle, calle el labio: mas para que he de despertar el áspid del amor, si aunque le oculte lo está diciendo el semblante, porque son niñas los ojos, y no callan las verdades? Ya yo avisé a los Monteros, señora, como mandaste, que para que al monte salgas te esperan en ese parque, ma la corneta el viento, muerde la alcándara el sacre, gime el lebrel oprimido, busa el bridón arrogante. Mas, señora, he reparado, de unos días a esta parte, tanta tristeza en tu rostro, que tal vez llego a admirarme de como de mí te extrañas: si a divertir tu mal sales al monte, mucho más triste vuelves de su verde margen: a solas hablas contigo, varia en color tu semblante comúnica tu tormento, dime tu mal, pues ya sabes, que siempre ha sido mi pecho desahogo de tus pesares; y es queja en mí tu extrañeza, demás que la pena se hace menor si se comunica. Pues atenta has de escuchar que ya deseaba el pecho todo el mal comunicarte, en cuanto el rigor del Sol se templa más con la tarde. Prosigue, que atenta escucho. Este es, Esteba, mi achaque. Al tiempo que el Sol encubre la hermosa madeja rubia, y agonizando entre sombras busca el Ocaso por rumba: en la falda de ese monte, de cuya altivez se duda, si él va a buscar las estrellas, o las estrellas le buscan, andando a caza de fieras; porque la ambición robusta vio fatigado el sosiego, y hallando ociosa la furia, me perdí de los Monteros. siguiendo un venado, en cuya frente de ramos el tiempo cuelga los años por fruta. Mas fue tan felice la empresa, que al instante que ceñuda perdió la mano el venablo, halló la fiera la punta. Cayó en el suelo, y besando el hierro con mil angustias, el dulce, el suave aliento auegó en hondas purpúreas: cuando al volver en mi acuerdo halleme en una espesura, tan melancólica, y triste, porque las ramas confusas desuerte se enmarañaban, que apenas en la clausura de aquel laberinto verde, halló mi discurso alguna salida, ni que pudiese romper la trinchera dura de tanto escuadrón de troncos, de tanto cerco de dudas. Ya en este tiempo la noche de aquella vóveda oscura colgaba el dosel de sombras, que el común silencio ocupan. Duplicose la tiniebla, quejose el ave noturna, murmuró triste el arroyo, huyó la fiera a la gruta, perdió el color la montaña, la hermosa flor quedó mustia, buscó la choza el villano, calentó el nido la pluma, contó el amante las horas, vengó el traidor la injuria, Soñó en oro el ovariento, el Privado en su fortuna, y solo el pobre entre todos durmió la noche segura: cuando al desatar del labio la voz, que el miedo pronuncia, el eco fue de mi acento un villano, que las puntas bajaba de aquellos riscos, hasta un valle, donde cruza un rasgo airoso de plata, que con libre travesura borda a círculos de perías la esmeralda, que dibuja. A mí se llegó, y medroso con el respecto, o la oculta veneración, entre afectos quedó su voz tarramuda. Quién sois, le dije? alentado entonces con la pregunta, me respondíó, aunque cobar de: señora, vos, vos la culpa tenéis de haberos perdido, pues fuera mayor cordura, que os buscaséis en mi pecho, que allí os hallaréis segura. Mas no sé si os hallaréis, que son las penas tan muchas, que enredan mis fantasías, que mi pensamiento ofuscan, que os desconoceréis luego, como sucede a la Luna, cuando el semblante de plata afeita en las hondas turbias, que su beldad desconoce, porque su luz desfigura la inquietud de los cristales. Así mi pecho entre dudas, como es golfo, en quien la imagen de vuestro Sol se dibuja, y le cercan tantos males, borrascas, ausias, y angustias, aunque os miraréis en él, no acabaréis de ver nunca, como en agua aquel Planeta, vos en mí vuestra hermosura. Quedé admirada, y suspensa, y dije entremí: sin duda, que no es muy tosco el villano, y mi pecho disimula su osadía, por el modo. con que amoroso se turba. Prosiguió a pintar su afecto, en cuanto guiaba a escuras mis pasos, que en tiempo breve ya mejor esfera ilustran. Trújome en fin a la quinta siendo norte a mi fortuna, allí estuve algunos tiempos entreteniendo las muchas melancolías, que el alma tiranizaban difuntas. Donde Silvio, este es su nombre, con más verás ejecuta las licencias que le daba mi tristeza, y con astuta voluntad, me presentaba ya del cercado la fruta, ya del rebaño el cordero, ya de la colmena rubia el panal hilado en oro, docto hijo de madre ruda. Mas hay, Esteba, no en vano hizo alarde de mis burlas el amor, que cauteloso supo introducir alguna llama en lo vino del alma, como cuando con su furia el rayo en voraz asombro asalto el tronco, aunque mustias no dejó sus verdes hojas. La interior architectura disimulada en lo hermoso, quedó ceniza caduca, y aunque ya cansada estoy de leer en historias muchas, amores, que a mis sucesos corresponden, aún me culpa. ver que es villano: ay de mí, mal dije, que su cordura, discreción, y entendimiento, talle, y modo, son las dudas que entretienen mi cuidado. No sé que deidad oculta hallé en su noble presencia, en su cortes compostura: no sé, ay cielos, como diga, que es engaño, y cosa dura, que se parto aquel hombre de aquellas montañas rudas: desgaja un oso a pedazos, en el correr, en la lucha pasma el monte, pues parece le bebió al viento las plumas. Está es la causa de andar tan suspensa, tan confusa, tan triste, tan divertida, tan mesancólica en suma, amando esta noble sombra, esta ilusión importuna, este peñasco con alma, esta fantasía muda, este asombro de los montes, esta enigma tan oscura, adonde para perderme fueren severas las curlas. Pues a tu deidad se atreve esa pasión? . Sí, que es justa la causa. . Es muy desigual. Esto es querer. No es cordura. Es fineza. Mas es daño. . Es amor. También es culpa. No repliques. Por ti vuelvo. Es inclinación. Es mucha. Ven conmigo, Esteba, al monte, que allá verás mi disculpa. Ya te sigo para ver, o tu error, o su fortuna. Por qué queréis molestaros en correr con tanta instancia? Para vos no es de importancia Pues qué queréis? Ahorcaros. Atended a mis quererlas, dejad necios pareceres: por celos ahorcar mujeres? Por menos se ahorcan ellas. Ya que el rigor no se apraca de vuestro enojo, a la he que habéis de decir porque me queréis matar Por fraca, enquillotrada a destajo andáis por Gil. Por Gil yo? Si Frora, porque si no para que os ponéis tanto ajo? Es engaño. Esto es desnuda verdad. Mas no se declara. La untura de vuestra cara lo está diciendo, aunque es muda. Es jarifa sin afán esta cara, que no es grifa. Craro es que ha de ser jarisa, si es hija de soliman: forzoso será que os pierda, pues ahórcaros me provoco, y pues me habéis puesto loco, yo quiero poneros cuerda. De un ramo os he de colgar, por retorno suficiente, y pues me enramáis la frente, la frente os he de entamar. De esta suerte sin atajos alcanzarán mis desvelos, que una vez no me deis celos, aunque otro os vea los bajos, pues entre la queja, y llanto de esa fingida inocencia, vos sin Dios, y sin concencia, se la pegaréis a un santo. Consultáis vuestra locura con Gil, qué es de estrellas sabio él se tiene el astrolabio, mas vos alzáis la figura. Golosa sois, y en aquesos pinares, por menos gasto coméis piñones a pasto, pero lo pagan mis huesos. Como un podenco me oléis, si como, donde estoy vais, y como sarna os pegáis, y como sarna coméis. En cortesía a rogaros llego, que de mí os fieis en moriros, pues ya veis lo que ahorro con mataros. Aunque siente mi tristeza, ver que hoy os he de heredar, pues lo que habéis de dejar lo dejáis en mi cabeza. Perdonadme, so un meron. Yo temo la postrer hora. Dejaos matar por ahora, mirad mi reputación. Ay Bato, el pesar me ahoga, con el llanto que destilo está mi vida en un hilo. Luego estará en una soga. Acordeos del parecer que algún día os di leal. Frora, yo no os quiero mal; pero yo no os puedo ver. De la razón se prevenga vuestro enojo. En concrusión, si quiero tener razón, qué importa que no la tenga? no tenéis que huir, mis manos. acaben ya vuestra vida. Que me fuerza este homicida, hay que me mata. Villanos, cuando en el sueño gozaba, junto aquesa fuente fría, la más dulce fantasía, que el tormento me templaba, cuando al murmurar suaves formaba dulces acentos a la lira de los vientos, los arroyos, y las aves Vosotros al bien feroces. quitasteis (ay Porcia amada) aquella dicha soñada con vuestras rústicas voces? publicad pues los cuidados. de esta enfadosa porfía. Esto es, Silvio, niñeria, Qué? Celos averiguados. Ea, dad la mano luego. a Flora, llegad los dos. Eso no lo manda Dios. Acabad pues os lo ruego. Mas por el hijo del amo perdono, aunque ande al reves. Me perdonas? otra vez mirad que soga me llamo. Apuremos, sueño, ahora ilusiones tan felices. Di, Silvio, hasta cuando dices que he de perdonar a Frora? Hay más extraña simpleza? un siglo. Estás pertinaz, y si estando en buena paz yo le rompo lacabeza, quedo cargado? Villano, vete, y no apures grosero mi paciencia. Ya no espero más cansarte. Soberano asonto desmi porfía, oy que con dichoso empeño. quedó en la plava del sueño. calmada mi fantasa: hoy que en neutral rumbo lucha la dicha que miro en ti. Silví, por amor de mí sola una palabra escucha: digo, y si antes de pasar tiempo en que se cumpriero perdón a Frora, y me diere gana de matrimoñar? Bárbaro, viven los cielos. Tenga, si esto no le agrada, vive Dios, que pues se enfada, que de él mismo tengo celos. Su simplicidad combate mi enojo; y celos, que son? Celos son en concrusión, de este mundo un disparate, un pensar lo que no ha sido, ni será: mas yo bien creo, que ello no es más que un deseo de querer ser ofendido. . Cielos, si a un rústico dáis, para pintar su tormento, discurso, y entendimiento, como a mí me le quitáis? Pero como no ignoráis, que un raro imposible toca esta fantasía loca, dáis con piadoso derecho toda la congoja al pecho, porque no cabe en la boca. Soñaba yo, o no soñaba, pues tan viva a Porcia vi, junto su mano a la mía, que su bella luz gozaba: mas como durmiendo estaba, y allá en sueños sus dos cielos. gozaba, sin más desvelos, en aquel confuso abismo, con ser sombra de mí mismo. de mí mismo tube celos. Allí en mansión más segura, hidrópicos mis alientos, bebian la luz sedientos de su divina hermosura. Cuando en la tiniebla oscura de mi mal, me vi despierto, si el que duerme muere es cierto, y durmiendo a Porcia vi, solo en mi vida viví aquello que estuve muerto. Pero que emblema tirano es el que forma el deseo, pues si en mi esfera me veo, veo que soy un villano: Porcia Infanta, y es en vano, que fabriquen mis alientos camino a locos intentos, y así necios me desvelan: pero que mucho, si vuelan más altos mis pensamientos, Ah! si pudiera enmendar mi nacimiento, y bajeza, que aunque Porcia mi fineza pudo llegar a estimar, como es posible esperar un imposible, en que estriba de mi amor la llama activa, pues es querer, sin atajo; que se venga el cielo abajo, ose suba el mundo arriba? Mas válgame Dios, no puedo hacer yo más de mí mismo? Sí, que es loco barbarismo, que no lo intente el denuedo: dejaré el monte, y sin miedo hoy fortuna me verás la guerra seguir, y harás, aunque obstines tus venenos; que baje Porcia a ser menos, viendo que subo a ser más. Fabio, Flora, Bato, amigos, tened a Laura Hija espera. Porque me estorbáis la muerte si sabéis que mi tristeza nace del desprecio ingrato de ese Silvio? . Laura es esta: o lo que vilmente al hombre cansa una mujer que ruega! . Tienes trancas en los ojos? No lo ves? Hay mayor frema? Quién os mete a vos en eso? La soga os dará respuesta. Este es Albano mi padre. Hijo, engaña confinezas . a Laura; no, no me permitas, que su inocente belleza muera a manos de un desprecio. Ah si quién eres supieras, . con cuanta mayor razón despreciaras su firmeza! que aunque Laura es tambien noble, a ti Real sangre te alientas: haz, hijo, lo que te digo. Justo será que así sea, pues tú me lo adviertes: Porcia, perdona si alguna ofensa te hiciere mi voz fingida, pues no importa, que en tu ausencia, si el corazón no lo siente, que lo publique la lengua. Que al fin, Silvio, se acabaron tus cautelosas promesas! eres tú aquel, que mil veces decías, con finas señas, por moverme a que te amase: No son esas toscas peñas más constantes que mi pecho? no es esa fuente risueña que mi voluntad más clara? Qué mal, Silvio, te aprovechan esos libros que has lerdo, esas historias que cuentas, pues imprudente, atrevido, a Porcia, que a nuestra aldea tal vez viene a divertirse, locamente galanteas, no sabiendo que se burla de tu locura, o simpleza. Es verdad, porque una vez le tiro de las orejas. Calla tonto majadero. Flora, vos sos una bestia. Que en fin es hija del Rey, y Infanta, y muy mal conciero un noble con un villano, un borrón con una estrella. Demás, que también Severo, ese monstruo de quien tiembla todo el mundo, por tu causa supe ser roca a sus quejas. Vuelve en ti pues, Silvio mío, deja esas locuras, deja cuidados que poco valen, peligros que mucho cuestan. Juntos nos hemos criado, y tengo bastante hacienda, de quien tu padre, y nu tío es único tutor de ella, a cuyo cargo he quedado en la funeral ausencia de mis padres, con que puedes ser dueño de aquesta tierra. Tuyo será ese ganado, que de lana el monte nieva, tuya esa alegre campiña de espigas fértiles llena, que agradecidas, al viento que las limpia lisonjea, o se indiguan amorosas, o le hacen corteses señas. Con que allí, y aquí a un tiempo tendrás para la cosecha plata esquilada en los montes, oro trillado en las heras. En vano le persuades, . que el rayo que de su esfera baja aborto de la nube, el fuego de lo que quema, al centro otra vez del aire vuelve a subir su pavesa. La sangre Real le inclina a la novedad que intenta; mas ha loca ambición mía, cómo, cómo así me ciegas? No miras, Laura, ese arroyo? bien la engaña mi cautela. . renglón de plata, que al mar él se escribe, y él le lleva, que dividido en dos brazos, por razón de la eminencia, vuelve guiado de sí mismo a juntarse con más fuerza. Así mi amor, que corría por la campaña serena de tu divina hermosura, divirtiole allí la alteza de una engañosa porfía, y como ve que es molesta, loca, y vana pretensión, vuelve más firme a la esfera de tus ojos, donde asiste clicie a tan divina estrella, acero a imán tan suave, fuego a tan dulce materia, mariposa a tanta llama, concha a tan preciosa perla, Sol a tan divino Oriente, tronco a la hyedra más tierna, que el afecto de mi amor siempre ha sido a tu belleza elicie, acero, mariposa, fuego, imán, Sol, concha, hyedrá, Hola, ha visto lo que habra? seños ha hecho Foeta después de barbado, cosa en que dan algunas bestias. Ves, Silvio, aqueso que dices? pues no lo cree mi tristeza, que es tan grande. Laura mía, divierte, Llivia tu pena en este valle florido: tuyo será Silvio, ea amigos, sentaos todos, y cantad al guna letra, que entretenga a Laura, en cuanto Silvio, como sabio, inventa un juego; tristezas mías, . hasta cuando en las groseras ondas de este traje, y llanto ha de durar la tormenta? Por lo menos, Frora, vos siempre os halláis en la fiesta. Haga vuestro canto alarde del sol de mi Laura bella. Pues vaya. Yo también canto que rabio, y Frora me enseña. Qué hermosa Serrana, Bras, para idolatrar en ella! es alguna imagen? mas; cielor más, estrella? mas, quién es más? es Laura bella. Ya es tiempo, amigos, que ponga efectó a tan dulce empresa, pues robar a Laura intento, consiga aquí la violencia lo que no pudo el halago. Mascarillas en la fiesta? si hay lanzas, cuanto va que es estafermo mi cabeza? No sé que presagio el alma . entre mil dudas recela. El rraje es de Cortesanos. 1. Señor, mire V. Alteza. No hay que mirar, no es mi amigo; ni mi vasallo, el que intenta a mi designio oponerse. 2. Señor, ya todos se alientan con tus preceptos. Al instante, el que se resista muera, Como unos Cartujos callan. Villanos, de esta manera, solo el acero responde. Esta es lanza primera, no lo dije? mas a mí, como a estafermo me pegan; sea Flora mi broquel, pues yo soy su cobertera. Ay! . Ahí me las den todas, contento es ver cual se queja Frora, aunque soy tan celoso, huélgome que en esta fiesta sean estos hombres vuestros quebraderos de cabeza. Mas ay, infeliz suceso! entre aquestas toscas peñas pediré justicia al cielo: Laura, Silvio, ha fuerte pena. No has de huir de mis brazos, que son de fuego cadenas. Déjame, tirano, aguarda. Tu contrario es tu belleza, dad muerte a aquese villano. Son invencibles sus fuerzas. Cobardes, aunque en el traje que veis, impulsos me alientan de noble. 2. Cosa imposible es rendille, tente, espera: hombre, quién eres, que así vences, rindes, atropellas? Justicia, piadosos cielos, contra la más grande ofensa que vio el mundo: Silvio huye por la intricada maleza de ese monte. Voz cobarde, como el huir me aconsejas, sabiendo que mi valor ni se rinde, ni se altera? 1. Muerto soy, válgame el cielo. De mi piedad te aprovechas en vano, porque en mi vida la he tenido. Oscura ofensa de mi desdicha, permite que te conozca, o te vea, que así podré. Mal padrino escogiste, que soy fiera. Aún las fieras enternecen los suspiros de una queja. Pues vesme aquí descubierto, conocesme? Vuestra Alteza, Señor, pues la sangre altiva le llama a piedad. Refrena el labio, calla villana: así estimas a mi fineza? no te hace grande lisonja mi afecto, pues te desea? Señor. No prosigas más. Advierte que. Bien te enmiendas. Es porque a Silvio he querido, un labrador de esta aldea. Ahora me has parecido más bella, pero más necia, pues te vales de los celos, que obligan más a la ofensa. Ven conmigo, que segura de mí estará tu belleza: no, no te resistas, Laura, bien finjo así, porque pueda . luego lograr su hermosura entre la clausura espesa de ese monte. En tu palabra fiada va mi inocencia. Antes de ellos di la muerte, que en la esmeralda sangrienta de ese monte, en ecos tristes tiranizaban las peñas: todo el valor lo congue. Bárbaro, tirano, espera, cómo así mi honor profanas? Silvio, padre. Laura es esta. Por el valle, ataja, al monte. Y por aquella maleza sigue un jabalí la Infanta: cielos, qué haré? a la defensa de Laura el valor me obliga, al amor la piedad: venza Laura; Laura adefenderte mi tierno impulso me lleva. Furioso jabalí, necio te empeñas valerte del sagrado de esas peñas, pues ya mi arpón severo de trueno de márfil, rayo de acero, ya tu congoja escribe en las arenas con la purpúrea tinta de tus venas: siendo al golpe fatal llama la herida, que el carbón va gastando de tu vida, Mas ya con la congoja, o parasismo, siendo tú mismo amparo de ti mismo, bajas de esa montaña la alta frente a templar tu congoja en la corriente de ese arroyo suave, donde bebe el ganado, fiera, y ave, que por sendas de rosa solicita en el mar tumba espumosa. Aunque pese a tu crueldad, aunque pese a tu fiereza, Qué estruendo de armas, y voces, entre estos riscos resuena? Ya mi valor te ha cobrado de los brazos de esa fiera. Ahora sí, Silvio mío, que ya conozco que es cierta tu afición. Cielos, qué veo? La Infanta; aquí Vuestra Alteza? Que se sujete el decoro . de mi honor, y mi nobleza, a que así calle mis celos! Señora, en vuestra presencia. No os turbéis, decid que ha sido la causa. La causa es esta. El Príncipe disfrazado quiso robar la belleza de Laura, yo de sus manos le quité entonces la presa; que para estorbar crueldades, el cielo ha dado licencia a cualquier aliento noble: moviome aquesta inocencia de Laura, que es sangre mía, irritome su bajeza. Aún los montes no están libres de su bárbara violencia: y Laura es ya vuestra esposa? No señora, ni lo intenta mi cuidado, que aunque humilde, aspira a más alta empresa. Vuelva a revivir mi amor. . Que esto escuchen mis finezas! Como no huyes la furia, Silvio, de esa horrible fiera? Si no reparo con Flora, lo cierto es que me derriengan. Pero aquí la Infanta? cielos, delante de Vuestra Alteza obrara mejor mi acuerdo; entre esa montaña espesa capar la vida: qué aguardas? a cruel estrella pues el Príncipe enojado de tu loca inadvertencia, poblando de armas el monte, te busca; y porque no puedas escaparte, con su gente toda esa montaña cerca. El bosque sombras respira, el aire aborta Cometas, qué aguardas? slo Solo al nombrarle temo su horror. Ya que es fuerza que de este monte me aparte donde he nacido, la guerra se guirá mi aliento altivo, adonde una bala, o flecha, o dé principio a mis dichas, o fin último a mis penas. Arrojareme al peligro, y pues que a Sicilia infesta el Turco, buena ocasión la suerte ahora me ordena. Yo también me de termino seguirte. Bien te aconseja Albano. . Ah Porcia querida! pues padre a Dios. Tente, espera. Una albarda de borrenes yo pondré a la burra negra. Hay hijo del alma mía, dame los brazos, aprieta: yo solo la causa he sido . de tus males, llega, llega a ser yedra al débil tronco de esta caduca corteza: yo te he hecho aqueste agravio, como si culpa tuvieras en mi desdieda: mas ya fortuna, callar es fuerza. El caparazón me falta, y las dos pistoleteras: padre, suspended el llanto, porque haréis que se enternezca el alma. Ven, Laura mía, que ya la muerte me lleva con el dolor, y los años, paso a paso a padecerla. . Quédate, ingrato, y cruel, que mi memoria, en tu ausencia olvidara en tus desaires. lo que estudió en mis finezas. Que el ser quien soy me sujete a que no explique mis penas! que en fin os vais? Es forzoso. Volveréis? Para que sea capaz de mayor fortuna, Y seréis más? Si mi estrella no me estorba. Es muy humilde. Por eso el valor la enmienda, Por el risco, al llano, al llano, que Porcia en el valle espera. Mas mis Monteros me buscan, a dios, a Dios, que ya llegan: proseguid pues vuestro intento, que de esto al Rey daré cuenta, y en mi memoria os tendré. En la del amor quisiera: que os acordaréis de mí? Fiad en esta promesa. Pues a Diós. El cielo os guarde. A tu variedad se entregan, fortuna, mis esperanzas: fuerte dolor! Triste ausencia. Ah si no fueras tan alta! Ah si tan bajo no fueras!
JORNADA SEGUNDA
JORN A DA Ahora, o invicto César generoso, que el popular estruendo belicoso suspendió los motines, que a Sicilia anunciaban tristes fines, por causa de Severo, nI que tirano, cruel, lascibo, y fiero, hizo, con las soberbias que blasona, tirubear en tu frente la corona. Hoy pues que de tubrazo castigado vive en aquella torre sepultado, justa prisonde asombros, construida para noble esturmiento de su vida, aunque preso él intente quitarte los laureles de tu frente. Ahora pues, señor, que a Silvio aclama el repetido soplo de la fama triunfador soberano de ese monstruo Otomano; que con la dura guerra se había apoderado de tu tierra, si bien ya de este yugo sacudido con el valor de Silvio esclarecido: Silvio, ese vivo asunto de la historia, que ascendiendo al bastón de gloria en gloria, desde la baja cuna, en alas se subió de su fortuna, granjeando con sus hechos, y blasones, del aplauso común los corazones, abatiendo a sus pies siempre triunfante el corbo acero al bárbaro turbante. Hoy que toda Palermo alborotada le previene su entrada, esperando festiva su persona, como Restaurador de esta Corona: puedes ya justamente suspender la tristeza, el accidente que asalta tu reposo, y ocupa el dosel majestuoso, que su diadema besa, para de Silvio ver la altiva empresa, para que dé tu aliento en cuanto marche, nuevo asunto al clarín, materia al parche, Confieso, noble Decio, que he debido mi cetro a su valor esclarecido, y aunque en aquestos días se han duplicado las tristezas mías, ha sido, sí, acuérdelo el tormento, ver que ese efecto mío, ese portento, escándalo viviente de Sicilia; en la horrible clausura de la prisión más áspera, y más dura, donde jamás el Sol Planeta hermoso, nunca introdujo rasgo luminoso, siendo su estancia fría negro asombro a la luz, sepulcro al día, no muda de costumbres, ni de estado; antes más riguroso, loco, ingrato, alevoso, colérico, y irritado, vengenzas contra mi pública airado. Pues si de ello, señor, aviso tienes, como duras venganzas no previenes? si ves que su ambición es la cabeza de su conjuración, como no empieza a templarse tu enojo en su ruina? no empañe tu valor la más divina empresa, que de Silvio en bronce aclama esa aura popular, que llaman fama, pues siendo de las medias lunas nube, desde el arado tosco al bastón sube. No es posible que vista la memoria la gala del pesar, y de la gloria, pues al poner en sus contrarios medio, achaque de mi vida es el remedio. Tu castigo, señor, su furia aplaque, pues nunca hubo remedio sin achaque: ven, y verás a Silvio, de quien pienso los Sabios doctamente interpretaron, que en los montes sin duda nacería un hombre, que por su valor sería capaz del Real cetro. . Parece que él ha sido de quien habla aquel juicio prevenido, que por márgenes bellas sabias le comentaron las estrellas, Hoy ha de ver el mundo el premio sin segundo, las honras más extrañas, que pudo darle el hado a sus hazañas, que quien libró la patria generoso, merece por derecho la mitad de mi Imperio, y de mi pecho. Deme Vuestra Majestad su mano, pues solo en ella fija mi dicha su estrella, funda su ser mi humildad, pues de tan felices plazos os debo el ser tan dichoso. De Alcides tan generoso serán colunas mis brazos. Y vos, señora, también me dad a besar la mano; que es triunfo más soberano conquistar vuestro desdén. Cielos, que cupo en mi suerte tan peregrino favor! Cielos, que cupo en mi amor alivio que le divierte! Parece que se ha templado ap. el pecho al tocar su nieve. Parece que el alma debe . al verle haberse cobrado. Honraros mi amor procura. Sombra soy de vuestro aliento. Lauro es de vuestro ardimiento. Es porque soy vuestra hechura. Granjeolo vuestro valor. Vosquejo del vuestro ha sido. Vos os lo habéis merecido. Soy indigno a tal favor. Pues ya mi atención espera oír de vos la victoria. Vuestra, señor, es la gloria. Cómo fue? De esta manera. Hija del valor mi espada, alma del triunfo mi esfuerzo, fama de mi vida el brazo, voz de la fama mis hechos; aquestos cuatro atributos, que aquí, gran señor, refiero, de aqueste pequeño mundo fueron los cuatro elementos. Parto de esa inculta selva, a la inconstancia del tiempo, fie nobles esperanzas, que el astro mudó en aciertos, trocando el precepto rudo por políticas de acero, por la barca el acícate, y por el sayal el peto. Mas ya que el origen sabes de mi fortuna, y sucesos, paso a lo que más importa, y las digresiones dejo. De humilde soldado tuyo subí al bastón, por decreto de Federico de Ursino, que heroícamente muriendo de una saeta Africana, te lo encargó? pero viendo los soldados, que faltaba su General, me eligieron, me aclamaron, con que tú concediste a sus deseos, encumbrándome a tus rayos de humilde vapor: al tiempo que de Maluco el atanje, bárbaramente soberbio, tala, arruina, destruye, amenazando tu Imperio. Buscole entonces mi orgullo, fiado en un bruto negro, turbado asombro del aire, noble emulación del viento, en cuyo bajel con alma, haciendo las manos remos, en torbellinos de espuma fue borrasca de sí mismo: y con la piel que costó a la llama de su aliento, envolviéndose en abismos de polvo, que hacía inquieto con el ardiente coraje parecía desde lejos, nube preñada de horrores, de quien era a un mismo tiempo lluvia la clín esparcida, el relincho airado trueno, relámpago la herradura, y rayo él mismo corriendo. Halló mi impulso al alarbe junto al Etna, cuyo ceño es con arrugas de plata Centauro de nieve, y fuego. Asombró la trompa al aire, tembló la montaña al eco, turbó la caja el oído, y acudió la sangre al pecho. Travose la escaramuza, y el arrebatado estruendo, que de las bombardas Turcas ocasionaba el incendio. Hizo estremecer los montes, que al instante se cubrieron de confusiones, y asombros con el chaos del humo espeso, en cuyo horror los soldados ensordecidos, y ciegos, creyeron que anochecia, y si tal vez la luz vieron, era algún caduco roble, que arracado de su centro, para asustar las estrellas llevó el alquitrán soberbio, y así, como antorcha errante. volaba acaso en el viento. De esta suerte mucho espacio estuvo el triunfo suspenso, hasta que desvanecido el vapor, descubro, y veo, que tus soldados cobardes volvían la espalda al riesgo. Hh nobles Sicilianos, les dije, como el denuedo de vuestros timbres heroicos se os olvida? mas volvieron tan presto a la batalla, como suele alcón sangriento; que en el papel de zasiros se dibuja pensamiento, licenciosa fantasía del claro paiz del cielo, corre tras la humilde garza, arpón de pluma ligero; o como suele el aborto, que de ese azulado lienzo, a bramidos se desgarra, y se enfurece a despeños, derribar fuerte edificio, tronchar levantado fresno, deshacer gigante escollo, que del siluestre repecho, plumaje de piedra tuvo en su tosca frente asiento? y luego el valle rodando, fue lisonja, o fue escarmiento: o bien así como airado suele embravecido el cierzo encrespar cándida nieve; y helar sonoro arroyuelo; marchitar botón purpúreo deshojar florido almendro, y arrebatando la nave de aquese piélago inmenso, con un vaiven lacudido el tosco el breado leño, el que era pec en las ondas, suele ser fijo lucero, y en encendiéndose al Sol vuelve apagarse en el centro, cuyo asalto repentino dejó al Piloto suspenso, que en las ondas de su llanto temió anegarse primero. No de otra suerte bizaras tus escuadras envistieron al fuerte, al bárbaro Turco, de cuyo bizarro encuentro fueron tantas las hastillas, que de las picas subieron a ese móvil estrellado, que Apolo desde su asiento pudo ver por celosías todo el teatro funesto. Las esferas se eclipsaron, porque si suele el reflejo de las azuladas aguas hacer azules los cielos; y como golfos de sangre todo aquel campo cubrieron, donde los turbantes bagos eran nadantes, y leños, el cielo, en sus reflexiones usurpó el color vermejo, y así fue rojo dosel al funeral monumento, con que quedaron triunfantes tus soldados, y aquel fiero monstruo del Asía vencido, aquel escollo deshecho, aquel raudal agotado, aquel árbol descompuesto, aquel alcón sin plumajes, y aquel rayo sin estruendo, libre tu corona augusta, asegurado tu cetro, tus Estados, tus Provincias esentas de aquel veneno; tu cuidado, tu fatiga restiruida al sosiego, siendo al eco de tu nombre el mundo concabo estrecho. Hay más cansado hablador. él se tragó todo el cuento. Su Gamestad oiga ahora a un Capitán que se ha muerto en su servicio. Pues cómo? Y atravesado el infierno. No estáis vivo? No estoy vivo, visto que no gozo el sueldo, y después de reformado me quedé Capitán muerto: y así, licencia le pido, pues se ahorró por entero la ración, que me permita, que refiera aquí mis hechos. Son muchos vuestros servici Ninguno hasta ahora tengo más bueno es haberlos dicho para cuando llague a hacerlos Aparta loco, señor. Ya veo, Silvio, que os debo todo mi cetro, y corona: mi cetro, y corona es vuestro, que quien así lo merece justo será, que en mi pecho se hagan lugar las hazañas, y hallen los servicios premio Qué haré, Flora, que me ab de amor, de rabia, y de celos? Y así de mí le esperad. Gran señor, de vos espero solo un favor. No paséis adelante, ya os entiendo, y se que a Región más noble vuelan vuestros pensamiento mas allá de otra esperanza saldrá, Silvio, vuestro intento Ya se declaró en mi daño. que veo? Qué escucho, cielos? Que a Porcia quiero ha sabido Él sabe que a Silvio quiero Desengaño mi esperanza Dejó mi voz sin aliento, mas una vez arrestada. Mas una vez yo resuelto. A voces diré mi amor. Sabrá el mundo que la quiero. . Señor. Decía. Decía. Qué decís los dos a un tiempo? Si al encuentro no me sale. . Si no me sale al encuentro. . Le digo todo mi amor. Todo mi amor le refiero. . Digo, señor, que en mí tienes más empeñado el afecto para servirte. Decía, que en ti, señor, considero con este triunfo aliviado, tu congoja, y tu desvelo. Hoy pues, por mayor aplauso de aqueste triunfo, a Severo, venid a ver, porque gusto que sea, Silvio, amigo nuestro, para que en mi gracia viva: mas hal si plugiese al cielo, que hoy le topase mi amor trocado el bárbaro intento que tiene de darme muerte, que hoy apurará el silencio en su semblante: y si acaso fuere su designio cierto, dándole muerte, me añado un seguro de sempeño, con cuya resolución dejo el vulgo satisfecho, mi corona asegurada, pues fue siempre justo acierto, que aquel que intenta matarme le dé la muerte primero; pero que en esta ocasión me haya faltado gobierno, que la mucha edad le tenga a tanto achaque sujeto: mucho lo llego a sentir, ha, que privado en él pierdo! proseguid el noble triunfo, y los sonoros acentos turben la región del aire, las hazañas aplaudiendo de Silvio. Pues Silvio viva, restaurador de este Imperio. De qué me sirve el aplauso? . para que laureles quiero, si con triunfar de mi suerte, entre ellos a Porcia pierdo? Porque en trompas repetidas . dais sus elogíos al viento, si aún no alcanzó su fortuna la posesión de mi pecho? Pero viva mi esperanza. Aliéntese el sufrimiento. . Que a pesar de mis desdichas. . que a pesar de todo el riesgo. . He de lograr su hermosura. . He de admitir su deseo. . Pues aquel que amó callando. . Pues el que adoró sufriendo. . Es cuerdo al estar más loco. . Es loco al estar más cuerdo. . A Flora con Laura he vistio, . disimulo por si es cierto un cuidado que me afrige, y una sospecha que tengo, porque me mire galano, grave iré dando un paseo, y escucharé lo que habrare de aquel cancel encubierto. Cómo? la voz desfallece; cómo? fáltame el aliento, que como desengañado no halla en la queja remedio: para acabarme la vida se vuelve otra vez al pecho, de Porcia tendrá favores. Silvio; pero si esto veo, como doy a la esperanza tan rebozado el tormento? huiré a los montes, donde. mental ponzoña los celos, en mi queja se confunda, o en mi llanto apague el fuego. Vamos, porque entrambos son, Silvio un tigre, y Bato un puerco Llegose mi san Martín, tened, que toco a deguello, porque aunque soy puerco, y zote, hoy de conocer a cabo, que vos, Frora, sos mi rabo, porque sos muy mal virote. Bato mío. No he de oír ese ogasajo tan terco, y pues decís que so puerco, craro está que he de gruñir. Andad conmigo más franco, en tan deseados plazos, dadme si quiera los brazos. Eso fuera quedar manco, y esto es, porque Frora note, que no vengo de pracer, porque los he menester. para coger un garrote. Venís Capitán valiente, bien las galas os están. Yo, Frora, so el Capitán, pero vos hacéis la gente. Bato, aqueso es maltratar mi honor. . Es que estáis lucida y Ena no se vio vestida sino después de pecar. Jamás el Sol vio una arista de mi honra en el crisol. En lo que no ha visto el Sol es donde os perdéis de vista: hora bien, Frora, yo intento hacer proeua en vuestro honor, y porque se haga mejor, habéis de escuchar un cuento. Enfermó cierta doncella del achaque de no sello, pero no daban en ello los que se apartaban de ella. Acudio al mal repetido un Médico de gran fama, y recetó a la tal dama un recipe de marido. Sanó luego, con lo cual decía con grande amor: bien haya el señor Doctor, que me ha conocido el mal. Yo así para esta deshonra un soldado medio ayer la cura, con que he de ser el Médico de mi honra: que yo no so en este desvelo como alguno de la villa, que su mujer anda en silla, y él trae su honra en pelo. Esta rablilla que veis comeréis luego al momento, porque con aquesto intento saber lo que vos sabéis. Si a dulce os sabe; es señal, que siempre honrada habéis sido: si os amarga, es conocido, que no está mi honra cabal. La tablilla, si os agrada, comed con grande sosiego, porque el la me dirá luego, si alguno disteis pesada. Porque en mí no es maravilla en tan prolija contienda, que con tablilla os ofenda, si me ofendís por tablilla. Comelda, acabad. Conviene que así lo haga por descargo de mi honor. Pues es amargo, oh dulce? De todo tiene: no he visto en toda mi vida . cosa más amarga. Ay tal? si os sabe bien, o si mal quiero saber. Soy perdida; una de dos ha de ser para que me satisfaga, o morir con esta daga, o acabarlo de comer. Ya lo cómo, aquí fingido haré un desmayo, yo me muero. La purga obró, porque sin sentir se ha ido; más llamarela veloz; Frora, no quiere volver: mas que vuelve a un alfiler más aprisa que a mi voz? antes que alivios la den la he de picar entretanto, ella calla como un santo, pero no huele tan bien; que ya se ha muerto sospecho, perdí en ella un camarada, cierto que era muy honrada; más aténgome a lo hecho, pues estoy, si bien se apura, libre de su ofensa ya, que ahora que muerta está, es cuando esta más segura. De la receta el primor alabo con grande exceso, pues mata sin que para eso se haya menester Doctor. Dos días de gusto adquiere el hombre en mujer hermosa, aquel día en que es su esposa, y el día en que se le muere. Vengan pues por varios modos los que quisieren tener este día de pracer, que tablilla hay para todos. Yo me yo luego a casar, que aquesto solo esperaba. . A mí la purga me daba, mas él la vino a tragar: y como mujer honrada otra burla le he de hacer, yo la voy a disponer, que en fin me dejo picada. Tropezando en los horrores de mi propia fantasía, piso el desviado asombro de esta prisión: mas ya el día llegó, con que mi ardimiento hará alarde de sus iras. Yo preso donde jamás. pudo registrar mi vista del Sol el semblante hermoso, a cuya gran luz divina, el hombre, el ave, la fiera, como en su centro se miran. Yo sin libertad? ah fiero padre! hoy verás rendida a mis plantas tu crueldad, que al cristal de mi cuchilla serán azogue tus canas, en cuya reflejión tibia, mirándome allí vengado, templaré las fuerzas mías: y revolcada en tu sangre esa caduca ceniza, al impulso de mi acero, será racional ruina, pues ya mis confederados, que es esta noche me avisan el fin fatal de tu cetro, y el principio de mis dichas. A las doce en punto dicen, que de esta estancia sombría de aquesta confusa torre me sacaran, y que viva seña será de mi acuerdo un clarín, donde se libra mi venganza, y dando muerte a mi padre, de Sicilia seré absoluto dueño: hal llegue la hora precisa; en que la corona augusta ocupe mi frente altiva. Mas que de espacio al Ocaso vuela esa antorcha lucida, y que perezoso el tiempo en la tárea del día parece que no se mueve, o tiene su esfera fija! mas el artificio mudo de este reloj, con destintas señas me dirá las horas que faltan para mi dicha, Oh necio artifice! como en tan ajustada cifra pusiste medida al tiempo? como no ves, y no miras, que no le cuentas las horas, mas antes él por prolija arismetica te cuenta los minutos de tu vida. Dilatado desengaño en tan abreviado enigma, seis horas son las que faltan para que llegue a la insignia Real del cetro: mas que, cielos, me turba? en la misma hora, que el cetro me espera, veo una muerte esculpida, que el artifice labró, por dar a entender por cifra, que es la imagen de la noche la muerte: mas que bacila el alma? yo, yo cobarde, he de recelar mentiras de un vano agüero, que acaso concurrió en la hora misma? no, claro está, mas que fácil es de obrar la fantasía. Ah de las guardas, amigos, como el verme se os olvida? De tu voz pendientes todo Callad, callad, no prosiga vuestro acento: y a conozco, que os debo a todos la vida; pues de mi compadecidos, viendo la grande injusticia del Rey, os ponéis piadosos de parte de mi desdicha. A todos haré merced, pues antes que el alba fría el monte a perlas corone, desenvoce el valle a risa, me veré dueño absoluto de la corona a que aspira mi ardimiento, pues ya Astolfo las nocturnas sombras pisa con dos mil hombres armados, en quien hoy mi empresa estriba; que o los sobornó su afecto, o la ambición los obliga. 1. Cómo a Rey te obedecemos. 2. Tu heroico aliento prosiga. 3. Empuña el cetro, que es tuyo, y un padre y Rey te lo quita, 4. Justamente lo pretendes, 1. Mata. 2. Atropella. 3. Arruina. 4. Que a tu lado. 1. Que a tu diestra. 2. A tu sombra. 3. En tu conquista. 4. Seré llama de tus rayos. 1. Seré rayo de tus iras. 2. Seré el filo de tu acero. 3. Seré escudo de tu vida. Tú solo eres nuestro Rey. Pues, amigos, en albricias de ese afecto os doy los brazos. Viva el Rey Severo, viva. Con esa voz se ha cobrado el pecho, que de vos fía el asunto de mi empresa: pues amigos hoy os incita este agravio a la venganza, caiga deshecha a ruinas esta Ciudad, y sus muros, de la almena más altiva, hasta el más hondo cimiento baje resuelta en cenizas. El mundo, el aire, la tierra, mi ardiente delirio giman, corran púrpura sus calles, vuelen al viento en astillas sus fábricas; solo queden en su vulgo introducidas las soberbias, las venganzas, la crueldad, la tiranía, la ofensa, el agravio, el odio; los rigores, las lascibias, las ambiciones, deleites, la libertad, la injusticia, para que de aquesta suerte Laura a mi gusto se rinda; Silvio a mis enojos muera, mi padre acabe a mis iras; yo viva libre; y seguro, pues a pesar de la envidia, y del mundo, yo soy solo Severo Rey de Sicilia. Y así amigos, por si acaso nos hacecha alguna espía; que en esta torre, y contorno, sabéis que son tan continuas, os retirad, siendo atentos centinelas de su vista, para cuando llegue Astolfo, y entretanto que rendida el alma a las dilaciones, se haga en mudas fatigas, haced que canten, que así tal vez la música alivia, sino los males, las horas, Es tu gusto ley precisa. . Sentarme quiero esperando aquel clarín, en quien fía toda mi victoria el pecho. Cielos, que horas tan prolijas! Alcón soberbio, y loco, no subas veloz, que peligra tu vida a los rayos del Sol. Cuanto veo, cuanto escucho parece que me destina a ocultos presagios: cielos, que dudas, que cobardías son las que el alma entorpecen? pero es la melancolía. Aquel arroyó mira, que al correr se perdió, y en la cárcel del hielo estaba mejor. Pues cómo, tirano, tú, así atrevido me quitas la coronar no bastaba quitarme la más querida prenda del alma, qué es Laura? sino aún airado fulminas contra mi rayos de acero: deja, déjame la vida, aguarda, detente, espera, negra imagen, sombra fría. Si es verdad lo que soñado hacia esta parte mi vista vio, una sombra, un desengaño; sin duda son fantasías del sueño: pero que temo, si allí ya el clarín me avisa, que mis triunfos asegura, y a la venganza me incita? que haré en tantas confusiones? pues si aquel metal me anima, aquí asombros me acobardan; si allí mi nombre apellidan, aquí fantásticas sombras, trágico horror vaticina: neutral mi aliento fluctua como el Piloto en las rizas olas del mar zozobrando, roto el timón, y la quilla, torpe en la hundosa tormenta, confuso en sus globos gira: no de otra suerte mi pecho, entre ahogos, y fatigas, vaga en abismos de dudas: pero qué recelo? siga mi valor su firme intento: muera mi padre a mis iras. Pues quién ha de morir? Yo no decía. . Aqueste brazo en defensa de mi Rey sabrá también. Excusado es disculpar vuestro intento. Cielos, no es este villano . el que entre aparentes sueños vi en mi idea dibujado? mi fatal desdicha es cierta. Aquese acero tirano (su traición he conocido) dad luego a Decio. Es en vano asa advertencia, él le tome del suelo, que de mi mano no será posible: a pesía las inconstancias del hado! Que en fin en vos no hay mudanza de intento, siempre lo ingrato, al compás de vuestro error ha de vivir obstinado? no conoces la traición qué habéis hecho? Miente el labio que dijere. Basta, basta: vos, Silvio, luego a Palacio partid, y haced que se junten Príncipes, y Cortesanos de mi Corte: a Porcia al punto avisad, de que a su hermano vine a ver de sus achaques, y que le hallé deshauciado, con un frenesí tan grande, que es imposible el curarlo, y que luego se prevenga para tomar nuevo estado, que hoy ha de tener esposo, y quien suceda a los altos blasones de mi corona. Ay de mí! llegose el plazo . de mi muerte, pues sin duda veré a Porcia en otros brazos. Mi daño, ay de mí, fue cierto, . que enigmas tan rebozados son estos, fortuna! Vos Decio, mirad que os encargo, como a noble, y como amigo, este decreto cerrado. Cien hombres de guarda os queda, abrildo, y ejecutaldo; leyéndósele a Severo: quédate, monstruo tirano, para ser vil escarmiento de tu delirio obstinado. . Válgame el cielo! qué he visto? . fuese el Rey, y a parte hablando con Decio, le dio un papel: mataré aqueste villano. Qué contiene ese papel? hay más que aquí encarcelado pase yo toda mi vida? Él os lo dirá escuchaldo. De esa prisión sacaréis al Príncipe. Yo, qué aguardo? Decio, cumplid lo que os manda el Rey, libertad me ha dado, abridme esas puertas luego, que han de ser para su daño. . Vuestra Alteza se sosiegue, que el papel no está acabado de leer. El papel no dice, destinto aparente, y claro: de esa prisión sacaréis al Príncipe? Mas abajo hay más renglones que leer. Pues proseguid. Así lo hago. De esa prisión sacaréis al Príncipe, y con cuidado, con esa guarda que os queda llevalde a casa de Albano, que de aquí dista dos millas junto a ese monte cercano, donde haréis que le den muerte, para que los Conjurados le tengan aquí por preso, cuando esté ya sepultado. Contra mí tan vil sentencia pública el Rey? en pedazos el papel, a vos, y al mundo haré; mas como alterado, y sin discurso camino, viendo tan preciso el plazo de mi muerte? vuelva, vuelva la razón a mi cuidado a ser Fiscal de mí mismo un solo instante, de cuantos perdida en el laberinto anduvo de mis naufragios: breve tabla en la tormenta sea la atención, pues vano fie al mar de mi apetito todo el Abril de mis años. Mas yo condenado a muerte arrevocable a mi daño, es injusto; no es injusto, pues yo la ocasión he dado al cielo con mis delitos, que en el alma amontonados ignoró el número de ellos, pues el mundo de ordinario extrañaba en mí un buen hecho, como en cualquier otro, un malo. Mas para que en esta idea discursivo me dilato, si en la llama de las horas sensible Troya me abraso? Muera yo, pues merecí el castigo anticipado, agradeciendo a los cielos aviso tan soberano, pues mayor desdicha fuera que se olvidase este daño, para castigarme más la advertencia del amago. Vos, Decio, al punto, al instante exccutad lo ordenado por el Rey; a morir voy, perdonadme a los agravios que ciego os hice algún tiempo sin razón, pues ya la mano que ejecutó tanto enojo, fue como el plomo arrojado, que allí en vos hizo el estruendo, mas para mi guardó el daño. Sabe el cielo que me pesa, señor. . Ya, Decio, excusado es la piedad, pues yo mismo labré mi muerte obstinado, fundé una idea en el viento, y un laberinto de engaños, donde equivoco, y confuso, perdido, ciego, y turbado, si daba un paso a mi intento, daba a un error muchos pasos. Sacome a luz este aviso, que fue luz, aunque fue rayo, pues piadesa la razón me lleva de mano en mano al puerto, en que las potencias una a otra va avisando, el entendimiento al alma, la voluntal al cuidado, el discurso a la memoria, la memoria al desengaño. Que al Rey obedezca, es justo, perdonadme. Decio, vamos, perdonadme. Decio, vamos, yo a morir justamente, y vos a vivir vengado. Su queja me ha enternecido, o fiera ambición del mando, qué imposibles no atropellas? qué arrojos no has intentado? Aguarda, detente, espera: tu desatentento, arrojado te entregas todo a un retiro, por que profane un recato? tú eres el cuerdo, el valiente, el entendido, el bizarro? pues cuando, ha pesa mi enojo! me traes del nuevo estado. aviso del Rey, confuso, melancólico, o turbado. lo dices, y te retiras, sin consultar más de espacio con mi gusto tus ahogos? Qué es esto, Silvio, has mudado de intención? mas como apuro mas la ponzoña a mis daños? vete, que quien imprudente, necio, temeroso, ingrato, dudó que admitiese noble aquel que escuché villano, no es capaz, no, de disculpa, pues es discurso acertado, que aquel que calla sus celos pasará por un agravio. Escucha, señora, espera: has de oír, detén el paso. Hnerte dicho no es culpa lo que el Rey ha decretado, pues supe obedecer noble, y te hablé como vasallo. pora como amante, pues me favoreces tanto, y mi cortedad sublimas a la esfera de tus rayos, amante, obligado, y fino, celoso, y precipitado; al mundo, al Rey, a los cielos les diré, que te idolatro, y que siempre te he querido; y no es mucho, pues osado yo con este acero solo libré a Sicilia de tanto bárbaro que la infestaban, rompiendo descabellando más plumajes, más cabezas, que tiene flores el Mayo, le tiene el cielo de estrellas y Suena el líquido espacio, Mas el Rey sale, direle mi amor. Y yo mi cuidado. Aunque peligre mi vida. Aunque aventure el recato. Plaza, plaza, nadie tiene mejor oficio en Palacio: por vor si tenía pepita en los sesos, caso extraño! con este cochillo romo le calé el melon a un calbo. Tengo tal abilidad después que al hombro la traigo, que en la cabeza de un rubio un piojo negro iba andando, piadoso acudí a matarle, y hice el tiro tan bizarro, que el piojo se quedó vivo, y medio muerto su amo, nobles Sicilianos, Grandes, deudos, amigos, Cortesanos, daros un nuevo Príncipe pretendo, pues ya aquel monstruo horrendo, que por Rey a este Imperio sucedía, con la muerte pagó su tiranía. Hoy le entregue al suplicio, aquel, que siendo fiera en ejercicio, solo supo tener de hombre el semblante, la ingratitud, y la ambición constante, dos fieros atributos, que se hallan en el hombre, y no en los brutos, Ya pues, murió Severo, con que quedan hoy vuestros corazones libres de sus agravios, y opresiones, pues esta Monarquía al vivir él pareca que moría. Supuesto acuesto, hoy pues será forzoso dar luego a Porcia esposo, que no sea extranjero, pues es de aqueste Reino antiguo fuero, que suceder no pueda a la Corona ningún Príncipe extraño, y así por más capaz. Ah cruel daño! Hice elección. Quién puede ser? Ay cielo! . Un vivo escollo soy de fuego, y hielo. . Pues señor, quién eliges? . El que fuere más capaz, y más méritos tuviere de experiencia, y valor, que son el muro con que el cetro mayor queda seguro, pues el que con sus hechos, y victorias pudo labrar en bronce sus memorias, mejor en el Imperio será del Turco heroico vituperio. Solo Silvio merece esa elección felice, que le ofrece hoy su liberal mano, pues Sicilia libró del Otomano, y se hizo por su brazo esclarecido. Como puede ser Silvio el elig mas todos que decíes? Que Silvio viva por sucesor felice de Sicilia. Aún dudo lo que veo. Si es ilusión, o sombra del deseo . los? Que ceguedad os mueve fero como no veis, vasallos genero que aunque él por tantos hechos lo mee, que la sangre las alas le entorpece? Detente espera, advierte. Dejadme entrar, no me impidáis la muerte Hoy señor a tus pies estos dos ríos, que despeñados de los ojos míos, por la caduca margen de azucena te informen de mi llanto, y de mi pena, infórmete mi error, muerte reciba mi pecho; mas, señor, mi hijo viva: no muera, no, señor, piedad ts pido, yo solo muera, pues la causa he sido. Hombre que error, que hijo aquí previenes con tantas confusiones, cuando en tu hilo ves tantos blasones? Cese, señor, tu duda, tu porfía, porque su llanto aquí es de alegría: dadme, padre, los brazos. Señor, señor, repare Vuestra Alteza, que un Príncipe tan grande, y soberano, no debe, no llamar padre a un villano. Válgame Dios, qué veo? Mas qué escucho? . Con nuevas dudas, y cuidados lucho. . Así que de tus plantas, rigor fiero, no me he de levantar sin que primero des a mi hijo perdón. Yo le perdono: mas di, no es hijo tuyo el que estás viendo: que locura! . Qué error! Qué desvarío! Pues ni Silvio, ay de mí, es hijo mío, por la causa que os muestro, ni Severo, señor, es hijo vuestro, Hombre, qué dices? Calla. . Espera. Advierte, pues cómo puede ser? como puede le Es de esta suerte. Ya os acordáis que Rosaura vuestra esposa, o Rey invicto, que ya en la más alta esfera pisa el solio de zafiros, andando a caza una tarde entre las peñas, y riscos de aquella verde espesura, pario en los montes un hijo. Halleme acaso al suceso, que los Monteros perdidos bagaban de la montaña los espesos laberintos. Piadoso acudí a la Reina, tomé en mis brazos el niño, que allí de risa, y de llanto bañaba el campo florido. llevele luego a mi choza por darle amoroso abrigo, y hallé que mi esposa, ay cielos! otro hijo había parido. No sé que loca ambición, no sé que ciego delirio, tuve para que gozase mi hijo del cetro altivo. Ah pluguiera el cielo entonces, que del rayo más activo fuese mi vida despojo en sangrientos desperdicios! En fin, señor, pero el labio, acabe ya de decirlo; necio, atrevido, ignorante, troqué por el vuestro mi hijo, y así el que veis presente, que con el nombre de Silvio se crió en aquesos montes, es el sucesor preciso de esta corona, y Severo, aquel monstruo, aquel prodigio que hoy con denasteis a muerte, es mi verdadero hijo. Llevole a mi casa Decío para entregarle al suplicio: yo entonces de amor llevado, con lágrimas, y suspiros, hice suspender su muerte, hasta daros este aviso. A vuestras plantas estoy, venga sobre mí el castigo, y ánégueme aquí mi llanto, pues de ello la causa he sido. Rara historia! Gran portento! Qué es lo que me ha sucedido? . Qué es esto que por mi pasa? Por aquel docto juicio que interpretaron los Sabios, y por otros infinitos secretos que ya no ignoro, aquesa verdad confirmo, pues la abona vuestro llanto: y en albiricias de que Silvio es el Príncipe heredero, al punto, Albano, permito, que habite ese rosco albergue vuestro hijo, que es más castigo, vista sayal quien no cupo en los ocios de cariño, y a vos también os perdono. Vivas del Fénix los siglos, ya tienes vida Severo, librárete del castigo. . Y vos, Corte de Sicilia, con los usuales ritos al Príncipe venid luego a jurar, siendo testigos de tan extraño suceso. Tu Porcia con regocijo a tu hermano da los brazos; venid todos. Porcia. . Silvio. Mi bien. Mi bien. Mira. . Advierte, que ya eres hermano mío. Que ya tú eres mi hermana! Mal haya el labio mentido. Mal haya el villano tosco Que esto aclaró. Que esto dijo. Para que rabie en mis penas. . Para que muera en mí mismo. . Qué haré en tantas confusiones? . Qué haré en tan confuso abismo? . Valedme, piadosos cielos. . Valedme cielos divinos. . Pues para dejar su amor. . Pues para olvidar su hechizo. . Llegó la verdad muy tarde. . Llego muy tarde el aviso. . INA alo
JORNADA TERCERA
Déjame, sombra idea, o fantasía: ya sé que soy aquel, que en algún día, siendo de la ambición viviente esponja, la firena escuché de la lisonja, gozando en su retórico beleño trofeos dulces de templado sueño. Y hoy soy, si bien se advierte, ejemplo sin ejemplo de la suerte. Ah, ponga freno aquí mi triste historia al áspid racional de la memoria, que fiero a mi despecho muerde los rorpes números del pecho cayó la alta Carrago, y la memoria de aquella antigua gloria; hoy lo escriben retóricas las yedras en el papel durable de sus piedras. cuya trágica Ecena mucho teatro hizo, poca arena. Pero de que me admiro, si estoy, viendo, ay de mí, que en mudo jiro deshace Monarquías la polbora tirana de los días: y basta un vapor breve, y desatento, a quebrantar las máquinas del viento. Que mucho pues, que este edificio humano se rinda a los impulsos de un tirano golpe fatal de la fortuna airada, que en tierra, en polvo, en sombra, en humo, eu nada trueca el común estado, ya del cetro feliz, ya del cayado? que importa al poderoso, que en las dilicias del manjar costoso, entre la olanda, y regalada pluma, que ardiente exhalación de ámbar persuma, haya feliz gozado la pompa augusta, el Milanes brocado; si al fin al fin de términos fatales, el pobre, y poderoso son iguales? antes después del límite pasado es más felicidad no haber gozado, pues el que miserable siempre ha sido, no le inquieta el pesar de haber perdido; antes esta más pronto a la caída el que goza fortuna más subida, pues el viento que a soplos se embravece; más contra el alto roble se enfurece, que con la caña humilde, que inclinada burla de su furor la acción airada. Goce pues, Silvio, el fausto permitido del cetro esclarecido, que en estas soledades, logrando de quietud seguridades, en mudanza tan rara, mi vida con la suya no trocara pues en vez del clarín que asusta al viento, y de dudas combate el pensamiento, el ave sonora, pifano de carmín, sensible rosa, es con acorde salva Despertador Retórico del Alba. Allí la fuente pura me enseña la verdad, aunque murmura, pues sin doblez prolija el corazón le leo guija a guija. Del Sol me guarda aquí el tronco umbroso, en lugar del dosel majestuoso, dando su sombra más feliz tributo, que allá de flores fue, y aquí de fruto. Oh albergue venturoso! pues es centro del alma tu reposo, donde al pastor, sin recelar batalla, le sirve la inocencia de muralla. Gustoso en este estado vivo tan otro yo, y tan mudado, que dudo en mi acción propia si soy original de quien fui copia: que en aquel sueño, efimera, o locura, de un hombre solamente fui pintura. Hoy sí, que me he vencido en mi accidente, de hombre merezco el nombre solamente: díchoso yo mil veces, pues restaura en los ojos de Laura mi amor un triunfo ufano, pues hoy de esposa me dará la mano. En este sitio espero, o feliz lazo! que de mis bodas se celebre el plazo; que mayor dicha espero, pues logro lo que quise, y lo que quiero? Pero allí de festivos labradores, y de mi padre Albano acompañada sale Laura feliz por la intricada confusión de esas flores, de su vergüenza haciendo el homenaje en su rostro otro nuevo maridaje, pues en prisión gustosa trae el jaz mín casado con la rosa. Oh venturoso día! norte de luz a m no quiero mías desta pues hoy triunfa mi an Muenos años se gocen Severo, y Lauta, porque logren el fruto l sus esperanzas. Viva la novia, viva la gala, ala ala pastores ala, que amor su imperio parte; entre dos almas. Hoy que el cielo os ha juntado, y para gloria mayor a los dos os ha mudado. si uno del cetro al atado, del desdén otro al favor. Vivid con felices lazos años que envidien las piedras, y con amorosos lazos sean de vuestros abrazos dulce imitación las hiedras. Aquí de tan eficaces muestras de amor siempre enteras, os nazcan hijos capaces, que haciendo guerra a las fieras en vuestro enojo hagan paces. Aquí entre mansos rebaños C triunfad de engaños aleves, que entre aquestos desengaños, mas se vive en horas brenes, que en la Corte en muchos años. Cuanto vuestra vista toca, desde ese valle al sitial, de esa nieve altiva, y loca, que hoy es roca de cristal, siendo ayer cristal de roca. Es vuestro, pues mis arados doraron sus altos cerros, luego son más dulces hados, gría, empo suerte alguna, por de la fortuna. que morir dorando hierros, vivir dorando los prados. Sus dulces amenidades gozad pues confirme gloria, y sean vuestras edades tan sargas, que a la memoria le usurpen eternidades. Que por ver vuestros amores brotar prendas soberanas, hoy trueco, con ansias vanas, por la plata de mis canas el oro de vuestras flores. Dos veces, padre, os debí la vida con justa palma; mas hoy que me dais aquí otra alma que viva en mí, quién duda que os debo el alma? Que aunque Laura otro dolor por ser hoy mi esposa deja, en tan reciprocoardor, bien podrán templar su queja las cozobras de mi amor. Que en ser de su luz Narciso vinité feliz, y ufano, con tal gloria, que es preciso que más la quiera villano el que Príncipe la quiso. Que allí el violento rigor pudo en mí no ser delito, sino afecto superior, pues tal vez se va al amor por sendas del apetito. Aquí pues, de tanto Abril lograré en paz venturosa la flor, que en Laura gentil, ni debe robo al marfil, ni bastardía a la rosa. Esta es mi mano, y quisiera con ella otro mundo darte, y porque tu amor lo viera, quisiera por esta parte haber sido el que antes era. Esta es la mía, y bien creo, que el nuevo amor que en mi admiro, quisiera por más trofeo, por retratar mi deseo, hacer pincel de un suspiro. Pues justo crédito alcanza mi amor junto a tu rigor, que en ti se fuocó en templanza, luego bien pudo mi amor mudarse con la mudanza. Que aunque cruel con tu mal fui entonces; siempre el desdén hecho a un hombre principal, bien puede sufrirlo mal, pero le parece bien. Demás, que siempre he tenido a un labrador amor ciego, mas si labrador has sido, luego a ti te quise luego, y a Silvio he aborrecido. Y cuando no por lo ingrato, por lo desigual, sospecho, que aún al mirar su retrato se asomara al rostro el pecho a hacer ojos del recato. Porque te estimo de suerte, que desde hoy llego a rendirte dos almas, que amor me advierte, una que asista en servirte, otra que vele en quererte. Entrad pues, y los laureles ceñid, y en arrullos bagos sed dos tórtolas fieles, que rematan en claveles lo que empiezan en hálagos. Entrad, que en triunfos mayores allí os ofrecen suaves; equivocando primores, el lecho guisadas flores, la mesa olorosas aves. Que algún día querrá el cielo gocéis en más alto estado mayor dicha, sin recelo, que una fiera os ha quitado, de quien para Dios apelo. Feliz yo, pues mi desvelo consigo en dulces cuidados. Con tu amor nada recelo. Cantad, proseguid, el cielo os haga muy bien casados. Muchos años se gocen Severo, y Laura, porque logren el fruto sus esperanzas. Cuál de aquestos labradores es Severo? Yo, yo soy su sombra, que entre mejores fortunas frutos logro hoy del surco de aquestas flores. Como por su sombra asisto, que me ignoréis no me asombra en este traje que visto: porque nadie sin ser visto se conoce por la sombra. Pero advertid, que en rigor el Sol con pomposo alarde de cualquier planta, hombre, o flor, hace la sombra mayor al declinar por la tarde. Mas si feliz supe hacer mi sombra en este lugar, por mayor me he de tener, pues con ser sombra al bajar mucho mayor vengo a ser. Con razón de vos pregona el mundo suceso extraño vuestra mudanza. En mi daño, si allí pierdo una corona, aquí cobro un desengaño. El Rey os llama, es forzoso que al punto os vengáis conmigo a la Corte. Riguroso venís. . Con esto consigo su decreto poderoso. Pues qué causa? No sé nada. Qué novedad? No la entiendo, la Corte está alborotada. Pues cómo? El secreto ofendo, y el orden que me está dada: muy de espacio el Rey me avisa que os quiere ver en Palacio, y será cosa precisa. Donde viven tan aprisa, me quiere el Rey tan de espacio? que será? por más que atento discurro en pena tan fiera, no alcanzo tan nuevo intento. Con cuatro abortos del viento esa carroza os espera. Nuevos pesares consigo, que un Rey: ay astro enemigo! aunque más piedad le sobre, nunca se acordó de un pobre, si no fue para el castigo. Venid pues. Dispuesto estoy a obedeceros. Qué he oído? cielos, para morir hoy espera. Qué infeliz soy! Qué desdichada he nacido! (dar. Pues los brazos me has de Teneos, que eso es querer mas mi tormento aumentar, pues lo breve del placer hace más largo el pesar. El Rey me llama, imprudeneia será que a su voz no acuda, sin dilatar esta ausencia, pues si tarda la evidencia, temo morir de la duda. Fortuna, por más que airado tu móvil mueve la suerte, no temo en este estado, pues solo por no temerte es dicha el ser desdichado. . Aguarda. Detente. Espera: fuese, ay de mí, quién pensara? Fuese, ay de mí, quién creyera? Que un bien tan presto se fuera. Que un mal tan presto llegara. Hijo, espera, infausto día mi llanto en cisne convierte esta caduca edad mía, que celebro su alegría para lamentar su muerte. Vuelve, esposo, aguarda en cuanto con la ausencia que en ti miro, te envía el alma en pesar tanto, todo el fuego en un suspiro, y todo el mar en mi llanto. Di, padre, que podrá ser llamar el Rey a mi esposo? ir a la Corte es forzoso, que allá podremos saber mal tan nuevo, y tan dudoso, pues vamos averiguar este golpe al hado impío. Vamos, hija, aunque el pesar temo, que antes de llegar me auegue en el llanto mío. Porque entretenga en sus males al Príncipe, Secretario le ha hecho a este loco vario. Hola, leedme memoriales, acabad ya. Aquestos son, primero leo estos siete para que osted los decrete. Señoría, picaron. El bufón unos doblones pide para su regalo, porque está el pobre muy malo, y enfermo desabañones. Ese es un achaque eterno en hombres de aquese humor: no es de frío? Sí señor. Vaya a curarse al infierno. El portero del salón en este memorial breve pide una ración de nieve. Qué cargue con el bufón. Este es de un soldado viejo, que en ejércitos extraños ha que sirve cincuenta años. Mucho ha guardo el pellejo, cincuenta años? no le escucho a ese tontón majadero, pues viene a pedir dinero por haber vivido mucho. Una viuda su tragedia representa con voz muda. Si quiere vivir la viuda, no enamore en la Comedia. Murió su esposo soldado, y con diez hijos quedó. Pues tengo de pagar yo lo que esa mujer se ha holgado? El enano, porque se halle mejor, pide en conclusión se le añada la ración. Añadánsela de talle, que mi afecto le despide al instante, por aborto, pues tiene plaza de corto, y no es corto, pues que pide. De guardaropa han vacado dos ayudas desde ayer, no se pueden proveer sin que lo hayas consultado, porque a la consulta acudas te aviso. En aqueso topas? púrguense las guardaropas, no habrán menester ayudas. Un contador de por vida pide de su plaza aumento. Qué sabe contar? Un cuento. Denle plaza entretenida. Preso está con gran rigor un soldado de la guarda, porque el mal de su alabarda pegó sin duelo a un Doctor. Soltarle luego conviene, pues no ha quebrado la ley, que él guarda el cuerpo del Rey, y amatarle el Doctor viene. Hay más papeles? Ay ciento. Dejadme, que por mis males tengo, de andar memoriales, despeado el entendimiento: y el Príncipe a aquesta pieza saldrá a vestirse. En su mal no hay remedio. Es inmortal, y incurable su tristeza. Qué prolijo, y que cansado, se ha hecho de condición! Es un tigre, es un nerón, mudose con el estado. Porcia de la misma suerte. se muere del propio amor. Los dos se van con dolor en ayunas a la muerte, Son hermanos? Es verdad, mas del Príncipe sospecho no hará cosa de provecho, si es que teme la hermandad. La Corte está descontenta. con el Príncipe, por ser escandaloso en querer a su hermana; y porque atenta Porcia corresponde igual. a su amor, con tal fineza, que se muere de tristeza, enferma del propio mal. Triste se sale a vestir, pongámonos mesurados. Ofrece el Rey mil ducados al que le hiciere reír. Mil harán hablar los mudos, y por moverle a alegría dejo la Secretaria, y tomo los mil escudos. De risa sale extriñido, hay tal? ni un pujo le viene, el hombre la cara tiene como tahur que ha perdido, Qué ceno! qué horror! qué enfado! tiene en la vista suspensa cara de rico, que piensa que le han de pedir prestado, Vete, señor, alegrando, y me irás enriqueciendo, pues puedes darme riendo lo que un Ginones llorando, Alégrate, rite aprisa, porque digan tus criados, que para ti mil ducados han sido cosa de risa. Mucho calla este mancebo, no me ha de valer un real, que no importa tener sal, si no la pide este huevo, Riáseme Vuestra Alteza, porque mi ingenio le avisa, que solo con esta risa ha de salir de tristeza. Mire, con este caudal de mil ducados, sin duda seré Obispo, y con su ayuda subiré a ser Cardenal. Y en la primera elección seré Papa, no es pabana, casarele con su hermana, y acabe mi relación. De uno de aquestos balcones le arrojad, mida el terrero. Arrojen primero. A quién? A dos mil colchones. Dejade al instante, todos os salid a fuera. A solas le dejad, que tiene traza de renegar de la horca. Qué llama es esta, ay de mí, que cuanto más la memoria la intenta apagar, el pecho mas en su incendio zozobra? Y entre la duda, y la queja, entre la pena, y la gloria, sin que me mate ninguna, vivo un compuesto de todas, Oh injusta naturaleza! como tan prodiga informas de dos sentidos la vista, los oídos con dos rotas puertas, y al corazón dejas solo una sálida angosta, con que tasada respire poco a poco la congoja? Como provida no hiciste al pecho otras tantas bocas, cómo al oído, y la vista? pues se halla menos ociosa, que por lo menos la queja saliera de una vez toda, y siendo al decirse mucha, la pena hiciera más poca. Ah ley tirana de amor! ha sangre! a pensión forzosa del mundo! como sujetas todo un amor a una sombra? Albano solo es mi padre, fue noticia mentirosa decir, que hijo del Rey soy; porque ser mi hermana Porcia profecias tiene el alma, que mudas tal vez exhortan. a que respete la sangre lo que el deseo ocasiona: porque estar dos voluntades tan unidas una en otra, sin que escrepulce el pecho la acción menos cariñosa, enigma esta pasión tiene: empero, ay de mí, que importa en la intención el acierto, si es delito en la memoria? entre el amor, y el respeto, mucro, que esta pasión loca en la idea de un suspiro tosigo mental me ahoga. Mas por entre esta vidriera que sale a su cuarto, a Porcia la miro en el tocador: que tristeza tan hermosa! como cuando en el jardín el dulce Favonio sopla, que en el carbón de esneralda sale por brasa una rosa, me parece; ay dolor triste! Ahora se sienta, ahora desenmarañado el pelo con un ajamín de cinco hojas, coge el peine, que en oloro de tanta crespa lisonja, dentado mársil padece riza tormenta en sus ondas. Ya el iris de un listón breve sus inquietudes corona, poniendo en sucintos lazos precepto airoso a su pompa. Ya en el espejo se mira, ya se disgusta, y le arroja, ya suspira, ya molestas, sus damas la dejan sola. Ya inquieta se levanta, ya se pasea, ya toma el acordado instrumento para templar su congoja; y ya yo me abraso, y quemo, un impulso me alboreta, un afecto me arrebata, una ceguedad me postra, toda una pasión me ofusca, y un delirio me provoca: apague amor en sus brazos esta llama abrasadora. Ay de mí triste, que vivo muriendo de una memoria, que siendo el mal que me mata, es la vida que me sobra, (bras, no quiero olvido, dejadme som- que para tanto achaque la vida es poca. Dadnos Príncipe capaz, que suceda en la corona. Qué ruido, que vocal freno de tiene, embaraza, estorba mis pasos? cielos, que escucho, que el corazón me alborota? que muero, ay de mí! que muero, aquellas voces me informan, pues nuevo Príncipe aclaman: más de ello no está dudosa el alma, si a tanto acuerdo tiene las potencias sordas. Bastante obsequio pronuncia mi muerte, si en esta hora, como en funebre aparato, muerto, con voces me lloran, si unas allí lamentables, otras aquí armoniosas. No ignoro, que casi vivo soy de mí mismo una sombra, un eco, que amor anima en esta sensible roca. No lo ignoro, mas que culpa tuvo una llama amorosa, que sin prevenir los riesgos la mayor dasdicha toca? Porque remedie esta pena, porque este mal desconozca, los olvidos me aconsejan, siendo tan vanas lisonjas. (bras, No quiero olvidos, dejadme so que para tanto acha que la vida es poca. Dadnos Príncipe capaz, que suceda a tu corona. Mas ya que en el vulgo se hace mi pasión escandalosa, mi condición intratable, y mis costumbres dañosas, otro suceda en el Reino, llévenme al centro, a la choza donde nací; mas primero que mi vida en lastimosas dulces ansias se consuma, frágil, cruel, ciega, y loca, se arrojara. Señor, cómo tú, siendo. Yo, yo, no osa, ni sabe el labio decirte la causa. Pues de qué forma? No has visto, Porcia, no has visto de cristal una redoma, que cuando de agua está llena, si del agua la despojan, el agua confusamente, procurado salir toda, táémulos ruidos bate, violentos orgullos forma, y en laberintos de plata se baraja una con otra, de suerte que fluctuando bagamente de ola en hola, cuando intenta salir más, entonces sale más poca? pues así mi corazón tan lleno está de congojas, tan sobrado de pesares, y de ansias tan rigurosas; que procurando valerse de la torpe lengua ahora, por añadirse un alivio, por robarte una lisonja, al salirse todas juntas, hallando breve mi boca, se atraviesan en la lengua, tan violentas, tan dudosas, tan confusas, y reñidas, por quererse salir todas, que en tal lance las palabras me faltan porque me sobran, Pues qué remedio? Morir. Qué muerte más rigurosa, que esperar un imposible? Si es imposible, que importa que lo borre un desengaño, si una esperanza lo dora? Su irrevocable pasión . a lástima me provoca, pues los disculpa el destino: ea hijos, como ahora, cuando alborotada en bandos. esa ciudad populosa, capaz Príncipe me pide, que suceda a mi corona: vosotros, sin atender a mi pena, en amorosas quejas repetís el daño que vuestra fortuna postra? Venid, que con vos intento asegurar hoy las tropas de esa confusión; y al punto vos, hijo, con la Real pompa decente a vuestra grandeza, saldréis de Sicilia ahora, y a Nápoles os iréis, cuya estancia deliciosa podrá aliviar fácilmente vuestra enfermedad penosa, que así los dos divididos podrá ser en vos disponga la ausencia algún nuevo olvido, que temple vuestra congoja. Yo entretanto disponiendo quedaré las turbias olas del vulgo, con el ejemplo de Severo, que esa choza habita, ya tan mudado, que hoy la fama de él pregona cosas, que la idea duda, y al creerlas más se asombra, pues la mudanza de estado suele mudar las personas. Esta es la causa porque a Severo traigo ahora a Palacio, si no es que los astros contra mi forjan, entre el fuego de sus nubes, rayos de ardiente ponzoña. Padre. Señor. No es posible la dilación: esto importa, venid, venid, Muerto voy. Que en fin tu ausencia es forzosa! Mi muerte, ay de mí, dirás. Que llegó la postrer hora de nuestro amor! Soy tu hermano. Eso es lo que el pecho ahoga. Esto lo que amor ofende. Y en fin lo que el alma llora. Pues a penar. A morir. De este mal. De esta congoja. Pues que lo quiere el amor. Pues que la sangre lo estorba. A Palacio hemos llegado, y al entrar este papel me han dado; sin duda en él hay gran misterio encerrado, pues el portador pregona, con alborozo, y contento, que al Rey se le dé al momento, que es darle cetro, y corona: por más que el discurso inquiere la causa, da que dudar: al Rey se le voy a dar, y venga lo que viniere. Murió Goberto, y dejó al Rey, de quien fue Pribado, este papel encargado, en quien la enigma cifró: vos aquí esperad, en cuanto aviso al Rey. Suerte mía, cuando ha de llegar el día firme en el bien, o en el llanto? otro tiempo este aparato, esta pompa, este esplendor gace: mas como fue flor ajolá mi torpe olfato: Cometa fue, que al ornato de una llama se sujeta, sombra que luz breve inquieta, humo, que fue exhalación; que del cetro ejemplo son sombra, flor, humo, y Cometa. Aquel dosel que diviso fue Real decoro a mi frente, y aquel espejo fue fuente donde me miré Narciso: este teatro que piso vio representar mi historia: más cielos, de tanta gloria, de tanto trono dorado, tanta púrpura, y brocado, que me quedó? la memoria. La cortina he de correr a este lienzo; dónde voy? copia es mía, cuerdo estoy, pues me llego a conocer. Llevado aquí del placer, que me entregaba a un olvido, me perdí; pero advertido feliz hoy me he de llamar, pues que me he venido a hallar adonde anduve perdido. Ahora sí, que en mi centro debo de estar sin pensarlo, pues sin perderme me hallo, y sin buscarme me encuentro. Si te miro por dedentro, retrato en el propio estado te veo aquí levantado: no eres, no, mi copia igual, que si fueras natural también hubieras bajado. No temas, de él lo sabremos; llega Laura, que aquí está. No ves que en Palacio estamos? Qué importa en Palacio estar para hablarle? tú me sigue, que aunque visto este sayal, también algún tiempo supe otros Palacios pisar. . Hijo Sepero. Mi bien. Padre, Laura, gran pesar! Dime lo que ha sucedido. Acaba de declarar lo que te ha querido el Rey, por que de tu luz vocal pendiente está la borrasca del pecho, la oscuridad de mi duda: y si dilatas el decirme la verdad, anegareme en el llanto de mis ojos, que es fatal nube, que el viento deshace de este suspiro eficaz: porque es muy poca la vida, y mucha la tempestad. Aún más es la que padezco entre el sufrir, y el dudar. El que sale de lo oscuro; si luego llega a tocar la luz del Sol, mas le ofende que el horror la claridad. Providencia fue en el mundo el no oír, que si el vocal eco de la voz oyera, se muriera de callar: el hidrópico, el enfermo nunca apura en el cristal toda la sed, porque teme que luego le ha de matar. Al monte os podéis volver, y no queráis apurar todo el suceso a la duda, y todo el veneno al mal, que sido habéis de sentir, lo mismo os sucedera que al ciego, al mudo, al enfermo, el Sol, el eco, el cristal. Sin ti no me he de volver, de ti no me he de apartar. Bien hacéis, ay Laura mía! ha padre, no, no os volváis, que si entre los dos estoy, y cada uno es imán, que entrambos a un mismo tiempo me atraéis la voluntad, si por culpa alguna antigua me quisiere el Rey matar, piadoso aquí justamente el rigor olvidará; viendo que de dos imanes asido mi yerro esta. El regocijo, el contento, la grande felicidad, Deció amigo, me enmudece, no puedo disimular la alegría. Este es el Rey: Los que con Sénero están son, señor, Albano, y Laura, que por seguirle dejar quisieron sin duda el monte. Todo poniéndose va a medida del deseo. Llegad, Severo, llegad. Confuso estoy. i Yo turbado. A vuestros pies llega ya aquel que siendo prodigio del mundo en la crueldao, tan diferente le ha puesto la mudanza del lugar, que si tal vez por mí mismo yo me llego a preguntar, aquí yace(me respondo) aquel, que vino a trocar el fausto en un desengaño, la soberbia en humildad, en prudencia el precipicio, la púrpura en un sayal; y el que siendo más, es menos, pero al ser menos es más. Estoy por darle los brazos, . y mil veces enlazar su cuello; ay hijo querido! al nuevo ser volverás, ahora si que mereces la egrona disfrazar quiero el gusto, el regocijo, que viéndole así me da. La sangre me está diciendo en el alma la verdad. Vuestra vida, y vuestros males hoy, Severo, fin tendrán. Si con la muerte ha de ser, no dilatéis el pesar, pues nunca ha temido el daño quién desengañado está. A vuestras plantas postrado, Señor. He de examinar suceso tan prodigioso de Albano. Vuestra piedad le valga, pues del rigor heroica suele triunfar. Con eso, Enrique de Esforcia, mas mi valor imitáis. Cielos, por mi nombre propio me ha nombrado el Rey; mortal un hielo me cubre el pecho. Qué confusiones serán las que veo? Ese es mi nombre. Basta Enrique: vos llevad a Decío a los tres, ya me entendéis; hoy vuelvo a resucitar los años con este gusto. Mi confusión es mortal: qué es esto de Enrique, cielos? Venid los dos. Esto más parece injusto castigo, que generosa piedad. Vasallos, deudos, amigos, Corte ilustre popular; concurso que al justo arbitrio de mi voz pendiente estáis. Bien sabéis como Goberto fue la basa esencial de mi corona, a quien yo concedí el primer lugar, en mi privanza, atendiendo al cuidado, a la verdad, con que del cetro el gravamen intentó si no alivir? también sabéis, como docto todo el zafir celestial, consultaba ralgo a rasgo, pues lince tan eficaz fue de sus ocultos vuelos, que apenas en el cristal hermoso de las esferas vio el ecliple amenazar, cuando previniendo el riesgo, con sabia sagacidad, supo torcer los influjos de su violencia fatal. Viendo pues, que a mi corona amenazaba un gran mal, si mi hijo la heredase; con industria, y con lealtad buscó la mujer de Albano, y con ella hizo trocar los hijos, sin advertir, ni saber (cuerda piedad) que por Albano los dos estaban trocados ya. Esto declara Goberto en su muerte, para dar a su conciencia descargos, ejemplos a la verdad. Desuerte, amigos, de suerte, que el cetro viene a tocar a Severo, que es mi hijo; pues con un prodigio igual, por varios modos vinieron a trocarse, y destrrocar. Esto supuesto, también es menester que advirtáis, que este Albano no es Albano, sino Príncipe en Milan, del solar de los Esforcias, a quien hoy toca heredar el Reino tiranizado por Galeazo, que por dar logro a su alevoso intento, a Albano quiso matar, el cual huyendo sus iras; sin que le amparasen más que sus bizarros alientos, solo se vino a ocultar en los montes de Sicilia: y aunque parte no me dio entonces de sus fortunas, fue por temer en su afán, que yo contra él siguiese la opuesta parcialidad. Y así, amigos, a mi toca aquesta causa amparar, y por la misma casados tengo a Silvio, y Porcia ya, el cual por hijo de Albano, es sucesor de Milan, y por la razón que he dicho, legítimo, y natural Príncipe tenéis; Severo es el que mirando estáis, con Laura, que es vuestra Reina, cuya condición mudar supo en la baja fortuna para esta felicidad. Dame, gran señor, las plantas. Padre, llégame a abrázar. Dichoso mil veces yo. En ello mi dicha está. Con lo cual don Juan de Maros fin a la Comedia da, si estados mudan costumbres, y un victor no le negáis, él se mudará también de menos subiendo a más.
