Texto digital de El español más amante
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Francisco Antonio de Bances Candamo
- Atribución estilometría
- Francisco Antonio de Bances Candamo Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte XLVIII de Nuevas escogidas (1704).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El español más amante. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/espanol-mas-amante-el.

EL ESPAÑOL MÁS AMANTE
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMERA s Hola, Lopillo, despierta, que ya en dulces melodías, de la venida del Sol, clarines de pluma, avisan. Qué importa, que salga el Sol, si el sueño, que me fatiga, está hurtándome los ojos, y haciendo noche, las niñas? Despierta, digo otra vez, no reconoces, no miras, . que los instantes, que al sueño le das, en blandas fatigas, esa imagen de la muerte, te los hurta de la vida? Mira, señor, como hicimos colchones de las costillas, estuve bien desvelado, soñando, que no dormía. Posible es, Lope, que puedas dormir, sin que te lo impida en lo oculto de esta Selva, ni el sereno, ni la risa del Alba, que en hilos verdes, va ensartando perlas finas? Pesar de quién me parió; vénimos desde Galicia, sobre Andantes esqueletos, vivientes Anotomías, que al verlas con tantos huesos, equivocada la vista, si son hacas, o carnero, no es posible, que distinga; en cuyo duro espinazo, muy estendido a la brida, como era soga de tabas, columplando me venía: Entramos, en Jaen, donde te dicen, que en una Quinta está el Marqués de Villena; el que con su Astrolojia, puede ser, que alguna vez, que los Luceros atisva, por estrellar tanto el juicio, se haga los sesos tortilla. Salimos, sin desmontar de Jaen, de donde dista, por las Riberas del Betís, dos leguas la Caseria; entramos en este Bosque, a quien dan olmos, y encinas, mas marañas, que a una Dueña amortajada mentiras; mas que a un Figón espesuras, y asperezas, que a una Tía. Perdimos la senda en este laberinto, aunque me admira, que en laberintos se pierda, quien en dos hilos camina. Pasamos aquí la noche, por no hallar entre la fría oscuridad, al enredo del Bosque, fácil salida; y quieres, que no me duerma? Mienten las Filosophias, que llaman al sueño muerte; porque a cualquiera, que sirva, un poco de sueño más, le viene a ser media vida. Y los Caballos? . Allí con gígote de hortaliza, picado en sus dientes, hacen salchichones de sus tripas; porque sus ancas, y lomos, ha mucho, que son cecina. No han quitado las maletas? Buena mansa llevaria quien las hurtase, pues toda tu hacienda, señor, se cifra, en porradores de verlos; aunque hoy también, si se mira; hay quien los hurte, con ser tan géntil mercadería, que aunque obliga a confesarlos, a restituirlos no obliga. Ensilla, pues, y partamos, que el alma, al verse vecina de aquella beldad ingrata, de aquella hermosura esquiva, que un dulcísimo veneno me introdujo, por la vista cuanto mudamente late, elo cuentemente avisa. Dime, es posible, señor, que de ver no más, que un día esta mujer, que era solo en lo andante peregrina, tan de repente, te dio el Amor por la tetilla, que con efecto te mueres? Ay Lope! que es tan divina su hermosura, que ella sola, mi amante pena suaviza. Pasando por Solamanca, con el Marqués (oh enemiga memoria! que en el teatro de mi loca fantasía, con acordarme el tormento, te parece, que le alivias) Pasando por Salamanca, donde yo, acaso, asistia, cursando aquellas Escuelas, en estos tiempos floridas: la vi entre el hermoso coro, que obstentando bizarrías, componía de su hermana, la numerosa familia. Admiré sus perfecciones; pero pasó, bien aprisa, a ser estrago en el alma, lo que fue asombro, en la vista. Ausentose, y yo quedé, no sé como te lo diga, ni bien vivo, ni bien muerto; pues en acciones distintas, para vivo, no alentaba, y para muerto sentía. Qué mucho, si su Beldad, traidoramente benigna, de aquella esperanza muerta, dejó la memoria viva? Lo tierno en fin de mis años, que siempre al Amor inclina, lo agradable del Amor, que también logra sus iras blandamente; puesto que eran las ansias, que padecía; penas, que regocijaban, aún con lo que entristecían, Encareciendo mis penas, cantándolas a la lira, en que ya sabes, que a veces suelo templar mis fatigas, me acabaron de perder: Qué mucho, pues, que me rinde a una pena, si por más, g que toda el alma me aflija, me la hicieron tan suabe, la Música, y la Poesía, que en quien se sabe quejar; con suavidad, y armonía, lo apacible de la queja, hace dulce la desdicha. No hay pechos donde tan presto, afectos de Amor se impriman, como los de los Ingenios, que encareciendo sus finas ansias, hacen verdaderas, las que exajeran fingidas. Yo dejé, en fin, los Estudios, por venir, . No me repitas, lo que sé, por mis pecados; pues sabes, que te servía allá en Salamanca, donde pasmo fuiste, en la Latina lengua, y en letras humanas. A nadie Lope, eso digas; porque en viendo un hombre mozo, de su ciencia desconfían. Pues de esa suerte los machos, los más discretos serían; porque son los más barbados, Yo me atengo al que aplica, que las barbazas son solo, venerable Porquería. Vamos a la Quinta. . Vamos, que ya el Sol, Padre del Dia, si flores lucientes borra, Estrellas fragrantes pinta. La Diana de estos Bosqués, el Venablo airado; vibra, de quien quedarán las flores, infaustamente teñidas, que hoy comunica sus iras al Bosque. . Al Bosque. Ya la Selva umbría. Al valle. . Al Valle, Qué es esto? Oye en tanto, que juntos los ecos repitan. Al Bosque, al Valle, y a la Selva, umbría. Al Bosque,. Proseguid esa canción, en tanto, que la batida, arroja hacia aquí, las fieras. Al Bosque,. Proseguid, porque las fieras de vuestro acero impelidas, adonde mi hermana está, juzgando, que le desvían del riesgo, a encontrarle vayan. Al monte,. Selva encantada, tenemos? Qué es esto? un Coro de Ninfas hacia aquí viene, y parece; que aquellas plantas vecinas, portentosamente brotan tantas verdes A madrías, que encárceladas en troncos, y de cortezas vestidas, son de estos frondosos cuerpos, las almas vejetativas. Que siempre, como Poeta, has de hablar? señor, olvida esas frases, algún tiempo, que me mata, en cortesía, quien habla tan elegante, como si escribiese rimas, buscando en conversaciones, locuciones esquisitas. Yo veo por este lado Cazadores, que con grita porfían, que han de cazar; y de aquí, es bien, que coligas, señor, que aún hasta a las fieras, puede matarla porfía. Esta será Doña Blanca, con sus Damas: grosería fuera hablarla en este Bosque, hasta que vuelva a la Quinta; mas desde aquí, oculto, quiero mirar, si tengo la dicha; de ver la hermosa Deidad, que con dulce tiranía, la vida me quita ingrata, sin saber, que me la quita. Herido va el jabalí al llano. Todos me sigan por esta senda, a cortarle; por si del Bosque se abriga; donde buica su defensa, ha de encontrar su ruina. Acá vienen, estos ramos de zarzas entretejidas, que de este fragoso Alcazar, son bárbaras celosias, nos oculten. . Cómo puede? No ves, que es cosa precisa adonde hay ramo, que sea, o de vino, o de Poesía? Por aquí. , s; - Ya su fiereza, será estrago de mis iras: venid todas. . Ya venimos, aunque la senda perdida, o fatigado el aliento, se queda atrás, Margarita. Esta, si mal no me acuerdo, es Doña Blanca. Y la linda, que nos trae en desventuras, buscando Caballerias: cual de aquestas es? Ninguna; pues no ha sido tan benigna mi estrella, que aquí la viese. En la maleza perdida. Mas qué es esto? forasteros el restado Bosque pisan; yo voy por estotra senda. Aguarda, Beldad divina; qué es esto, Cielos? sin duda (venturoso Amor, albricias) es esta hermosura sombra, hurtada a mi fantasía? Ella es, Cielos. . Qué queréis? Solo advertiros quería, que emplear sepáis mejor, tan dulcísimas heridas; pues si una fiera las huye, un alma las solicita. Matadme a mí, que después, que os vi aquel felice día, no me quiere a mí la muerte, porque no quiero la vida. Esta es sin duda; ay cuitado! que al verla yo, sus dos niñas, retozándome en el alma, pienso, que me hacen cosquillas. Cortésano forastero, mirad, que quizá peligra mi decoro, en detenerme; y así dejad, que prosiga, el alcance de esa fiera: qué gallarda bizarría! Ved, señora, que cansada venís tanto, que distila perlas esa nieve, y tanto; que alas batiendo fingidas, hidrópico en vuestra frente, bebe el Céfiro fatigas: Sosegad un rafo, . Ya os digo, que no me impida, vuestro cortés rendimiento, proseguir, que la porfía tenaz, suele hacer a veces, groseras las cortesías. Tened lástima de un alma, de su centro fugitiva; pues con extraño rigor, y con crueldad infinita, ni vos queréis, que sea vuestra, ni yo quiero, que sea mía. Pero qué miro? una Rosa se le cayó, vuelva altiva, a ocupar su frente hermosa, que mi deseo no aspira a merecerla, ni aún un desperdicio, por reliquia. Esta Rosa, ay Dios! Qué es eso? Esta Rosa, presumida, ascua fragrante del viento, del Céfiro al soplo lento, suavemente encendida; hermosísima homicida, por quien dulcemente muero, de tu Cielo lisonjero, se ha precipitado bella, de carmesi breve Estrella, de hojas caduco Lucero. Yo de tus plantas, la alzé, dudando, si fue, turbado, descuido de tu tocado, o contacto de tu pie: No envano la duda fue; pues debemos admirar, cualquiera flor singular, vana pompa de su ser, a tus plantas florecer, y a tus ojos marchitar. Alcela, y dije: o precioso esmalte de tales sienes, de lo breve de mis bienes, geroglifico oloroso! Si es escarmiento costoso, que pierdas tu ser, qué aleve a solicitar se atreve, dicha, qué incluye un rigor? Pues no hay desdicha mayor, que una dicha, cuando es breve, Vuelva, señora, a su Dueño, que si el que la tenga yo os cansa, no quiero, no, ventura, que os cueste un ceño. Pues si en guardarla me empeño, cuando llego a vuestro ardor, experimento el rigor, con que me negáis tal bien, y siendo como desdén el que tuve por favor. Nueva es vuestra cortesía; pero el tomarla es en vano, pues al verla en vuestra mano, la desconozco por mía; creed, que de otra sería, y no deis desvanecido desperdicio, que no os pido; pues no puede mi razón, quitaros la presunción, que os da el haberla tenido, y a Dios. . Mirad. Tz Hh villanos, así os castiga mi acero. Muera, pues nos ofende, a nuestras manos. Muera el valiente. Sepa, señor Caballero, que pícaros ay de manos. Ay Dios! qué es esto? Inhumanos tres hombres, con ira fiera a uno acosan. . Si él pudiera aquel adagio alegar, solo por saber volar, volverse Grullo quisiera. A qué aguarda mi valor. Música, Dama, y pendencia, Dadme, señora, licencia para ir a darle favor. Qué despejo tan valiente! Acuda también mi espada, a meter su cucharada. Y yo a llamar esa gente. Oh bárbaros villanos! mi brazo airado, y fiero, un rayo esgrime de bruñido acero, aunque os fulmine; pero (ah suerte fiera!) tropecé en este tronco. Muera. . Muera. Villanos, contra un hombre de esta suerte. Este acaso me libra de la muerte. A vuestro lado estoy. Mi brío intente, graduarme en esta bulla de valiente. Aquí sueña el ruido, acudid presto, Gente llega. Qué es esto? . Qué es aquesto? El Marqués ha llegado: lance fuerte! Pues cómo Garci Tellez, de esta suerte? Porque sirva al saber, porque he reñido, de padrino la carta, que he traído; pues en mí no reparan, voy por ella a la Balija (ay homicida bella!) Eso es mejor. . Hoy muero. . . sin duda era de casa el Caballero. Garcia! . Amigo! . Hermano! La horca temo, y juzgo, que no en vano. Maestre generoso, invicto siempre, siempre victorioso: apenas esta noche a Jaen llego, de Calatraba, a donde con un pliego me enviaste, al Clavero del Convento, que obedeció sus cláusulas atento, cuando allí me avisaron los criados, que en casa se quedaron, que estabáis retirado en esta hermosa Ciudad amena, población frondosa, donde estos Olmos, y Alamos ancianos; son verdes, vejetables Ciudadanos, siendo a tanto edificio, en sus raudales, Guadalquivir recinto de cristales: vengo en tu busca, y al entrar el Soto, (cuyo vedado coto, con pompa siempre ufana, es Alcazar fragoso de Diana) ese, o bien sea Guarda, o sea Montero, ignorando grosero, como en fin, de la casa retirado, que yo fuese, señor, vuestro criado, (a un Can, que me seguía, porque acaso corría, llevado tras la caza de su instinto, las sendas de este verde laberinto) mató, con ira fiera; yo viendo, cuando era esto en desprecio mío, instado del impulso de mi brío; con valiente ardimiento, intenté castigar su atrevimiento; al ruido, vinieron otros Guardas, y todos me envistieron, gente ignorante de valor, o fama: yo tropezando, en fin, en una rama, escollo de este golfo de espesura, en la arena medi mi sepultura. Pues alli hubiera sido, a no llegar; entonces, atrevido un mancebo valiente, que ahora se ha ocultado entre la gente, sin verle yo, y poniéndose a mi lado me libró; yo he sentido haber llegado, a ocasión, que el arrojo, de ese hombre me oblígase a darte enojo: ay, Margarita, que mi amor se atreve, a abrasarse en un ídolo de nieve! No sé, por que he sentido, que tan presto, Garcia, haya venido. Yo, señor, no sabia, que era de casa, ni le conocía, y como de este Bosque soy el Guarda. Ea, no más. . Ya en ahorcarle tarda. Ruí: Páez. . Qué mandáis? A ese hombre, al punto, haced que pongan preso. . Pues pregunto: es delito cumplir lo que has mandado? No ha de ser tan puntual ningún criado, y es delito, en efecto, estender los rigores a un decreto. Desde aquí me conviene, guardarme de ser Guarda; pues que tiene el Turco más remoto, diablos de Guardas en cualquiera Soto. Muy bien hacéis, que fuera (pena rara!) que al que ha de ser mi yerno, le matara. A dónde está Garcia, el que valiente os libró, de la furia de esta gente? Ya, señor, a vuestras plantas, cuanto se humilla, se encumbra, Aquí está, señor, la espada, que colérica, y sañuda, Pragmática fue de acero, quitando cortés, y puntas. Alzad, quién sois? Esa carta, mientras cobro aliento, supla la noticia, ella os informe, que elocuentemente muda, siendo visibles sus voces, habla, pero no pronuncia. (sol Galán despejo! . Qué airo- Rara gala, y compostura! Ved, Caballero, en que os sirvo, que mi obligación es mucha. Ya queda, señor, el Guarda preso, . Pues denle una zurra. Y que pretendéis? . Aquí entra bien tu Romanzón. . Escucha: Si el susto, señor, de haberte hallado, donde no juzga mi discurso, me permite que a discurso se reduzca; pues dichas que no se esperan, con lo que alegran, asustan. Yo, Glorioso Don Enrique de Aragón, heroe a quien cruza el pecho la roja espada, de Alarbe esmalte purpúrea, Marqués de Villena,; pero que elogios hay que discurra, si solo tu nombre, es mayor alabanza tuya. Soy Fernan Mazias, hidalgo, a quien sangre, noble, y pura, con generosa modestia no desvanece, aunque ilustra. En Galicia, fue mi Patria, Villa, ya del tiempo injuria, a quien la llaman Padrón, y lo es de tanta difunta pompa, que en cenizas yace, infelizmente caduca. Pues las que fueron un tiempo, piramidales abujas, su máquina desatada, disuelta su contextura, entre sus mismas ruinas, gravemente se sepultan, siendo el edificio a un tiempo, el cadáver, y la tumba. Aquí nací, pues, en donde el Mar hidrópico oculta, aquella. Nave de piedra, aquella nadante Urna, con que el Apostol de España sobre túmulo de espumas, en cóncabo errante escollo, el piélago undoso surca. Dedíqueme a los estudios; pero presto, señor, frustra mi aplicación, el ocioso vano aplauso de las Musas, a que fui tan inclinado: ha que mal hace quien busca elogio, que hoy es desprecio! pues el que esta ciencia usa, aún más, que con el aplauso, con la lástima le adulan. Pues dije mi inclinación, excusar podré, sin duda, deciros, que nací pobre, siendo clara conjetura, que ingenioso, y pobre, son cosas, que andan siempre juntas; que como naturaleza, a los Ingenios ilustra, de tan soberanos dotes. se les opone ceñuda la fortuna, ciega, y necia, que distribuyendo injusta sus dones, al vulgo ciego hace adorar sus locuras. Dios, en quien nunca hay acasos, por su providencia suma, a ninguno da más peso, de aquel, que sus fuerzas sufran. Y así, a quien dio entendimiento, dio pobreza, ansias, angustias, pues se anticipó el consuelo en su discurso, si juzgas, que no hay desventura, en quien no teme la desventura. Pero esto, en fin, no es del caso, o nunca, señor, o nunca esta ciencia profesase! bien que si lo es, es infusa, porque en todo peligrosa, de emulación, y de injuria, si quien la entiende, la envidia, quien la ignora, la murmura. Fuese, pues, por un disgusto, que tuve en mi Patria, una noche, entre su lobreguez, tan funestamente mustia, que apenas entre el horror, se pudo ver si era oscura; o porque mi corazón mayores penas me anuncia, cuando latiendo en el pecho; dicta todo lo que pulsa. Intenté seguir las armas, mi afecto, entonces, procura sacar del Señor de Lemos esa carta, en quien se funda mi esperanza, siendo vos tan docto, que en confusas cláusulas de luza sabéis, leer en la siempre oculta pompa del Argos celeste, cuya arrogante hermosura, por ojos brilla Luceros, bate Cepliros por plumas, siendo vos el que midiendo la esfera el discurso encumbra, y vecinos de los Astros, contándole al Sol las puras luces; y en fin, anunciando lo por venir, vuestra industria vive todas las edades; pues a la presente, junta en la Historia, las pasadas, y en los Astros, las futuras, me habéis de amparar; pues solo estimación hace justa del que estudia, aquel que sabe lo que le cuesta al que estudia. Y pues en esta Alqueria, a quien guarnece entre juncias, Betis engaste de plata, a tanta Esmeralda bruta, esa imagen de la guerra, gallardamente robusta, ejecutáis en la caza; en tanto que se reclutan las Tropas de Calatraba, con que ese brazo destruya, las Campañas de Granada, donde vuestro nombre asusta, temiendo de tantos rayos, fatal estrago la Luna; comenzado ya vencer mi suerte, que os asegura mi valor, que no será hazaña menos angusta, que domar las duras frentes rebeldes, a la coyunda, vencer esta onstinación de mi contraria venturas con eso conocera la fortuna, pues se muda la mía por vuestra mano, que no hay contra vos astucias pues dándola a quien le falta, sabéis mandar la fortuna. En hacer dichoso, solo es bien que el poder se luzca; porque es imitar a Dios, esto de tener hechuras. De esta hazaña, es bien, señor, que cualquier Héroe presuma; porque el que de un infelice, la suerte contraria, y dura vence, vence en su desgracia las Estrellas que la influyan. Ved cuan poderoso sois, si enmendar podéis, sin duda, la naturaleza, puesto que vuestra grandeza suma, puede, amparando mi vida, mejorando mi ventura, solicitando mi suerte, dándole a mi ingenio ayuda; librándome de estas ansias, de estas miserias, y angustias, árbitro de las Estrellas, vengar del hado la injuria. Del suelo, Fernando, alzad. No así a mis plantas estés. Ah infeliz siglo! donde es, desdicha una habilidad! que señor no se hace agravio, cuando a gustosos afanes, alimentando cien canes, deja perecer un sabio? en mi servicio os quedad, en donde amparo tendréis. Justo es, señora; me deis las plantas. . Fernando, alzad y creed, que me he alegrado de que amparo hayáis tenido, hoy en mi hermano. Yo he sido dichoso en ser desgraciado. Qué galán, y qué modesto! . Solo hoy me ha dado pesar, el haberme de casar con Garci. Tellez, tan presto. Bien de mi agradecimiento, mi gusto, Macias, creeréis, En mí un amigo tendréis. No quiero, que de contento se despinten las maletas. . Gran necedad es saber; que no tiene que comer, y dar, no obstante, en Poetas. Ay Margarita! . Ay Leonor! Ay imposible adorado! como, di, será tu agrado, si es tan dulce tue rigor? Ahora os irán a alojar: con qué disgusto a hablar llego con Poetas, porque luego todo lo quieren glosar. Id a descansar, Garcia, y Fernando. 2. Tus pies beso. Que me ha agradado confieso. 2. Hay hermosa prenda mía. . Pues Garcia vino, ya Nuño disponer intento, de vuestra hija el casamiento. Muy acertado será, no sea que se arrepienta, que Garci. Tellez, es rico. Pues a su dote la aplico. Qué? . Mil ducados de de una Encomienda. (renta Señor, honráis; como generoso, mi humildad: que sea forzoso. . agradecer un rigor! Pues que ya es tarde, prosiga la batida comenzada. Prosiga: o cuanto me agrada su generosa fatiga! Nad señora. . Qué queréis? Que sepáis, que ya ha venido, vuestro hermano, y que ya humilde solicitaré pediros por esposa; pero como solo a vuestro gusto áspiro, mas que al fin de mis deseo, humildemente os suplico, deis a esta resolución, ya que no aliento, permiso. Qué distintos pensamientos, en mi pecho ha introducido . el forastero galán? Señor Ruí. Páez, ya os he dicho orras veces, que cortés me habéis propuesto lo mismo, que no deben consultarse estas materias conmigo. Yo no tengo arbitrio en eso; y pues mi hermano ha venido, en teniendo vos su gusto; estará de más el mío. Entre tanto que previenen mi alojamiento, he querido ver desde aquí la barida; o si viene aquel prodigio, que del alma, y las potencias es dulcísimo martirio! Y yo quiero acompañaros, ya que un acaso nos hizo, o si a Margarita viese! . compañeros, hoy, y amigos. . Y lo hemos de ser: qué es esto? qué trueno es este? que al ruido, palpitando está presagios el corazón a latidos. Todavía esta invención en Galicia no habéis visto, poy ser nueva; pues sabed, que diabólico artificio, dispuso nubes de plomo, que escupiesen oprimidos, rayos veloces de plomo, que del viento vasiliscos, ponzoña ardiente vomitan, bramando el aire a sus silvos; y el Marqués, como curioso, de Venecia traer hizo, escopetas, y pistolas, con que caza en este sitio. Rara industria! plegue a Dios, Qué? . Que por bien haya sido el que intenten los humanos, usar estruendos Divinos. Y volviendo a nuestro intento, hemos de estar tan unidos, que solo este lazo pueda romper. . . Agudo cuchillo podrá romper este lazo. Mas Cielos, qué es lo que ho oído? sin alma quedo. No hagáis de un acaso vaticinio, que esta es la cárcel del soto, y que en ella está imagino quejándose el Guarda. Ay triste! que al ver su lóbrego sitio me parece, que aquí. Aquí has de morir, pobrecito, si acaso escurrir no sabes, este lazo escurridizo, Y este fue acaso? . También; que él está hablando consigo. Rompí con dos mil demonios el cordel, con que afligido, y atado aquí me dejaron, por no hacer ruido con grillos. Bien dices, no hagamos caso; pero ya que habéis querido hacerme tanta merced, y estrechar tanto conmigo en un día, porque en fin no tiene edad el cariño: quien, decidme, es una Dama, que con mí señora he visto, con una banda en el brazo? Despacio pesares míos; pero primero, sabré la ocasión, que le ha movido a preguntrarlo, que luego, puesto que somos amigos. me declararé con él, como tan recién venido, ya reparáis en las Damas? Porque hallándome perdido en el Bosque la encontré; en toda mi vida he visto, tan agradable el desdén, tan desdeñoso el cariño; esta Rosa del tocado se le cayó, y yo rendido se la volví; pero ella no la tomó. . Pues qué dijo? Que no era suya, queriendo, con cortesano artificio, al ver que era mía, entonces, que suya no hubiese sido. Por si encuentro al fo- vuelvo a correr este sitio, (rastero mas Garcia, está con él, a estas jaras me retiro, Mucho me pesa, Fernando, de que no hubiese querido tomar la Rosa. . Qué oigo! Por qué? . Porque habiendo oído, que hay quien tenga prenda suya, viene a ser en mi preciso, el empeño de cobrarla. Eso es lo que no he entendido, y antes que os declaréis más, esto quiero preveniros: Si antes de haberla tomado, Garcia, hubiera sabido, que os ofendía, dejara tan precioso desperdicio a la tierra; mas ya sabe la Dama, que la he cogido, y querer vos ostentar, airoso, o desvanecido, que la cobrasteis, no es justo? que en ningún tiempo permito; que con mi menor desdoro, otro quede más lucido. Mirad, que os debo la vida; y así, Fernando, os suplico, me la volváis. . Es error, que yo me exponga al peligro, de que dude aquella Dama, si fue de atento, o de tibio, Mirad si debo cobrarla, pues he de ser su marido. Por eso la daré menos; por que como si has venido a cobrarla, como dueño, la he de entregar, cómo amigo? Mazias, yo he de llevarla. Cielos, sin alma respiro! Pues si en eso os empeñáis, apropósito es el sitio; la Rosa es esta, perdona hermoso incendio florido, y aunque por prenda de Dama, debieras en el Olimpo, ser Astro en los explendores, de tu púrpura teñido, el que es dosel de mi frente, tapete te sirva indigno: Garcia, al está la Rosa, será del que quede vivo. Pues qué aguardáis? Deteneos, que si yo entonces he dicho, que no era mía, porque fuera favor excesivo, tomarla de vuestra mano, hoy segunda vez repito, que no es mía; mas porque ninguno juzgue atrevido, que yo le he dado licencia de cobrar mis desperdicios, de esta suerte tendrá ahora, precipitada en el Río . Faetón con luces de grana, monumento cristalino: lleve el Betís, los fragmentos fragrantes; pues así, quito a uno tenerla, y a otro cobrarla, justo castigo, al uno, por desatento, y al otro, por presumido. . Qué decís? . Que ya no tengo empeño. . Yo sí, que ha sido intentar quitarme prenda de una Dama, desvarío muy grande, y en la Campaña no le sucede a mi brío, . sacada una vez la espada, volver sin haber reñido. Ni a mí. Qué es esto? a del monte: señores, cuerpo de Cristo, que aquí se matan dos hombres, mas que yo me mato a gritos, Acudid todos. Qué es esto? A qué mal tiempo que vino! Señores, el ser valiente consiste en un buen principio, Cielos, que rapaz es este tan valiente, y atrevido! bueno fuera, que viniera a matarme un yerno rico. De la reja antes que puedan ver que estoy vivo, me quito. . Tan amigos no ha un istante, y ahora tan enemigos! aquí hay misterio: Garcia, Fernando, mal me reprimo, no salgáis de vuestros cuartos, y advertid, que no examino la causa de la questión; porque me temo a mí mismo. . Fortuna, unos celos hallo, y pienso (ay Dios!) un amigo, y de lo que pierdo, o gano, no sé cual más he sentido. Señora. Poca razón, Mazias, habéis tenido. Aprisa vivís, señor, sosegad algo los bríos. Fernando, aún es muy temprano, para mostraros altivo. Ahora falta que yo diga algo, buen juicio, buen juicio. . Al primero paso, celos: ea pensamiento mío, sepúltese en el silencio, pues no puede en el olvido, este incendio, este volcán, este ardor, este delirio, de quien fue el primer aliento, el último parasismo. JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
Fernando, nuestro amistad no admiraréis, que me aliente a cansaros. . Bien, Ruía Páez. mi amistad os lo merece, Yo, amigo, de una hermosura vivo esclavo, y tan rebelde, que idolatra de sus rayos, no escarmiento a sus desdenes, Pensaréis, que transgresor de sus iras, pudo hacerse toda mi dicha imposible; pues no, que alguna vez suele ser la obstinación fineza, que como las esquiveces en lo hermoso, suelen ser, mas que natural aferte, obedece en amor, mas, el que menos obedece; en efeto, amigo, oído; pero para qué pretende mi amor, contaros prolijo, si mi afecto gana, o pierde? El influjo, que de Apolo os ilustra, o os enciende, tan unicamente docto, que coronan vuestra frente de sacras ramas, las ocho bellas hermanas de Euterpe, solicito a un desempeño. Mi corto ingenio os ofrece mi obediencia. . No se irá sin más de treinta papeles, que hay en el rincón de un arca, ratonados los riveres. Señor, gran falta nos hacen aquellos dos Almácenes de coplas. . Qué las hiciste? Las vendí para cobetes. Para cobetes? . Como habían de hacer ruido de otra suerte? que brabamente volavan! Necio, calla. . Ya que os tiene mi afecto, tan de su parte, el tema es luchar rebelde, mi temor con mi esperanza. Etele por donde viene, chorreando borrones frescos, en vez de sangre. . Pues eres Poeta tú? . Mas que coplas echo tragos de repente. Y a qué asunpto es? A un Caribe, dueña, o cecina viviente, cuyo fantasma enamora, un paje, pieza excelente, que con don, sin don de Dios; es poeta de repente. Parece que vuestro amor, hurtó el asunto a mi mente, al mismo asunpro un soneto, es aqueste, o cuantas veces suelen en amor no ser acasos los accidentes! Decid (ay Leonor!) perdona, que mi atención te le entregue, multiplicando a tus Aras, sacrificios, que desprecies. Bello Enigma de amor, Deidad severa, Etna monstruoso, del incendio, y hielo, pues llamas abortando el mongibelo, es la escarcha ceniza de la boguera. Cuando el deseo ansioso me acelera, corta el temor, a mi deseo, el vuelo, ciego vendado Dios, alma del Cielo, no haya quien tema más, si hay quien espera Entre mi ceguedad, y mi tormento, siendo el temor, costoso desengaño, más peligroso está mi atrevimiento: Pero si me atreviere haz en mi daño, que no muera mi vida al escarmiento, y más que muera a manos del engaño, No sin causa matizando de reflejos los laureles, el orbe verde corona el círculo a vuestras sienes. Gran soneto! . Vaya usted a aplaudir tan tibiamente a su casa, que mi amo mayores elogios quiere; Poeta ay, que teniendo casas, (que es muy raro el que las tiene) no cobra un cuarto, y descuenta en prosit los alquileres. Basta, Lope, y en tu vida, donde yo oír te pudiere, digas mal de algún Ingenio, que me enojaré; y advierte, que ajenos desprecios, nunca propia estimación adquieren; Señor, cuando los Ingenios, su misma profesión suelen satirizar en Romances, en Bailes, y en Entremeses, me riñes esto? . Sí, Lopes porque suelen muchas veces, lo que por donaire dicen, por menosprecio creerse: y diles tú a los que usaren este chiste, que quien quieren que estime su habilidad, conociendo, que imprudente, desprecia el tenerla, aún quien se precia de que la tiene. Profeso en lances le amor, no culparéis, que me ausente tan presto, que él solo hace las groserias corteses, A Dios, hasta que a la noche, pues a la noche ha de hacerse el festejo, que estudiasto nuestro rendimiento tiene, de Doña Blanca a los años, que a vuestro Ingenio se debe, nos veamos, Vuestros logros son solo mis intereses. Y venga usted a la tienda por lo que se le ofreciere, que si uno lleva en agraz, querenta quedan en cierne, No callarás? . Hasta cuando, he de oír, que clamoreen, badajadas de tu musa, dos mil conceptos de requiem. Versos, si ronco de noche, versos, si me quiebro un diente, versos, si me descalabro, y en vez de carnero verde, borradores mal guisados, me versifican el vientre. Si sabes, que en los reflejos de Margarita, arde Phénix una vida, que renace de aquello mismo que muere, y sabes, que Margarita gusta de versos, no quieres que los haga? . Y aún por eso, le diste a que la leyese la Loa, en que Doña Blanca, te ha hecho que representes papel de Dama, por ser la cara, y la voz adrede; mas dime, como a Garcia, siendo tan tu amigo, ofendes, galanteándole su Dama? Yo no le ofendo, si adviertes, que después del primer lance, que por aquel accidente, tuvimos los dos, ni amigos, ni enemigos fuimos, que de esta advertencia sabida, fuera de ser evidente, que yo adore a Margarita, aun antes que él la quisiese. Lo que veo es, que con ella se ha de casar Carci. Tellez, y tu quedarte a la Luna. No bastaba, que mi suerte no me deja que le olvide, sin qué ahora me lo acuerdes? . muere villano, pues solo eco de mis penas eres. . Mas que pegues, señor, como la poesía no me pegues, Qué es esto? . Coces, señora. Ese loco, que no tiene más razón, que no tenerla. Esto es, porque en mi caletre, mas vale un trago de Esquivias, que una azumbre de Hipocrene. Qué os suspende? . A un infe- le hacen novedad los bienes: (lice tan hecho estoy a las penas, que mis acciones suspende, cuando ando con mi desgracia, dar de cara con mi suerte. Corazón, despacio, y mira, que es libiandad que despierte, un incendio, que entre tibias . calladas cenizas duerme: qué haciáis? . Morir viviendo. No debéis de conocerle, por esta, que trae la vida, prendida con alfileres. Margarita aquí, y Fernando con ella está? el alma al verle se asusta, mas si él no sabe, que papel puede ser este, nada arriesgo: escucha a parte, Algún chisme trae: atiendo. A vuestro acento mi oído, volver la espalda resuelve, que no son desatenciones, atenciones descorteses. Este papel a mis manos trajo, un extraño accidente, en este instante: la letra averiguar me conviene, si es de Macias; y así, pues tú, Margarita, lees por gustar de ellas, sus obras; y ahora principalmente está en tu poder la Loa, será bienque la cotejes, para salir de la duda; y si acaso suyo suese, he de averiguar a quien escribe tan tiernamente. Oye, aguarda, qué sería, tirano, rapaz, aleve, que en unos celos, amor a pocos pasos tropiece? la letra (a espacio pesares) es de Macias; o pese a mi paciencia si tarda, en averiguar mi muerte! qué dulcemente que empieza! Hh señor! ya se fue, vuelve. Disimulemos: no hablan? Y de manos muchas veces. No señora, que a ese ceño, es mi mal tan obediente, que solamente aquel rato que suspira, no enmudece. Poco ha que habréis resuelto, a que el silencio os remedie. No ha mucho; por que mi pena, mirando que no aprovechen unas palabras, que aún antes de pronunciarlas, se pierden, probó a callar; bien, señora, que en vuestros rigores siente, ya que a lograrse no siivan, que no sirvan a perderse. Debéis de hablar por escriro? Si escribió más reverente la pluma a vuestro decoro, ni aún hablar callando os quiere Que aún no lo sepa negar; quien duda, que el papel fuese, para Leonor: ah tirano! mas buena ocasión se ofrece, de saberlo; entre la loa, le he de mezclar: pesar fuerte! tomad la loa, y a Dios. Si mi presencia os ofende, no hermo sa ingrata, mi alivio todo vuestro enojo cueste: quedad con Dios. . Ego quoque, Mas que se va sin leerle, oís, ved si un papel mío, lleváis entre esos papeles. Si haré; mas que miro? ay triste! Cielos Sagrados, valedme. Bello Enigma de Amor, Deidad severa, Etna, que abrasas, con incendio, y hielo; pues llamas, abortando el Mongibelo, es la escarcha ceniza de la hoguera. Ay de mí, Cielos! los lazos conciben voz, sin ruido, y a ser mi muerte el gemido, sale del pecho a pedazos; mi soneto es: o rigores! que para ella le pedia, Rui Páez; fortuna impía, ya son dos competidores, no prosigas pena amante, si este desengaño veo. Turbado está: o como leo su delito en su semblante! Qué notable desvarío! vuestro es este hado cruel, que sea suyo el papel, y sea el tormento mío; vive Dios, que aunque el recato, en mis arrojos peligre, tengo de apurar el vaso el tosigo que me aflije; tan incauto es tu cariño, que prendas de quien te sirve, sías a una contingencia? Tanto ignoro lo que dice vuestro labio, que confusa, es preciso que me admire, que vuestra voz, aún en duda la oiga, sin que la castigue: bueno es que él se queje ahora. . Qué pide ingrata, qué pide mi pasión? si no es, que puesto, que tanto lugar consigue, otra atención, en tu agrado, la ocultes ya que la admites, sin deshacer un dichoso, para hacer dos infelices. Qué es eso de otra atención? Mejor será que lo explique (dré, ese soneto, leedle. Por Dios que es bueno el melina leedlo, este es, por más señas, que en los borrones, que ciñe, parece que se escribió, en la calle de los Tintes. Bueno es; querer hacer queja, lo mismo que el alma os riñe, y con tan fácil engaño de una traición eximirse; ya eso es visto. . Claro está, que ver, que un soneto pide para una Dama, Ruí. Páez, y después que se le escribe, mi afecto, verle en tus manos, cegando Amor de ser lince, ni son celos, ni son penas. Muy mala disculpa elige vuestro ingenio, y más sabiendo, cuan a vuestra costa hicisteis examen de mis rigores. No puede el ser más felice, y el que es imposible mío, no ser ajeno imposible, que quien admite un papel. Eso es querer que me irrite, viendo, que en vuestros errores, pasáis de engañado, a libre: Cielos, que mal se introduce, en el pecho tan terrible, que viviendo de matar, para no fallecer, vive. Oh como en lo que enmudeces, lo que me callas, me dices! Estar la vida dudosa, y estar el silencio firme, no es acierto, que los celos se aumentan si se resisten. En fin callas? Que he de hacer; pues ver, que tu ingenio dicte, sentimientos tan amantes, y conceptos tan pasibles para Leonor, poco importa. Yo a Leonor? Dime, supiste, Margarita. . otro demonio? ya escampa. . Lo que te dije, Ya falta mi sufrimiento; a buena ocasión veniste, y así cediendo el recato a la pasión: dime, dime, es tuyo este papel? . Sí. Ves, cómo cautelas, finges? Qué es esto piadosos Cielos? sin duda, celos le pide Margarira; y aunque yo me hallé el papel: que insufrible dolor! en esa antesala, porque mejor se despiquen mis celos, con darla celos, se han de vengar mis ardides, Yo lei aquese papel, y no admiréis, que me admire, el ver, que extrañáis, que es mío pues vos mismo lo escribisteis, Qué más claro ha de decir, que su rendimiento admite? Si le escribí, mas yo a vos cuando? pues. . Mujer, o essingo se ha revestido en tu cuerpo, alguna Dueña Trilingue, que habla más que un Locutorio? Sin que pudiera escribirlo de mi letra, aquel soneto perdí, y a estos camarines vuelvo a buscarle: aquí está Leonor, que aquí me retire es bien, hasta que se vayan. Por Dios, que miente con filis. Señora, ved que . Ea callad. Qué pesar! . Que me destine mi suerte, a que mi amor tenga en un desengaño origen! El guante se os ha caído. Y no es bien, que yo lo mire sin cobrarlo. . Ya lo está. Sí; pero yo por él vine, y le he de llevar. . Yo pude de la tierra recibirle, para volverle a su dueño; más viendo, que hay quien aspira a cobrarlo, he de quedarme, con él. . Qué va, que repiten un poco, que ya está hecho, si sobre está prenda riñen; mas veamos, si en él hay algo nuevo. . Taned, no se irrite vuestro furor, que yo sola le he de cobrar. . Muy difícil se rá también. . Cómo? Como es muy visto, si compiten, dos sobre una prenda, que la Dama a entrambos la quite, y hoy ha de tener fin nuevo este lance, que aunque quise restituirosla antes, mi valor lo contradice, por cumplir por otro, pues ay otro, que me la pide. El empeño es nuevo, veamos como llega a concluirse. A buscar a Margarita viene mi amor, pues no vive, mientras no muere a sus ojos; desde aquí es bien que registre Desde aquí sabré que voces oírse en esta sala pudieron. ̱. Estimo el medio, que elige vuestro valor; pues así, ya la esperanza me asiste, de que es mía. . De otra suerte el festín, podemos vernos, es bien, que eso se litigue. Seguidme, pues. . Aguardad. . Señor, al anochecer, Que esto en mi presencia mire, demás de este papel, Cielos! mas ya, que mi mal motive, para que mi mal no acuerde, en átomos multiplique sus cláusulas. . Eso no. Pues ya nos dejan, seguidme. De esta suerte de tu enojo está libre. No está libre. Qué ahora saliese Garcia? Qué saliendo Nuño, evite cobrar la otra parte? Cielos! hay más penas para un triste! Pues qué es aquesto? Esto es, que como las dos porfien, sobre quien leerá primero, por curiosidad, un chiste de ese papel de la Loa, queriendo entrambas salirse con la razón, y el papel, por mejor arbitrio eligen, del empeño la violencia. sus acciones. . . Por Nuño, sospechas viles disimulad. . Por Garcia, haré el engaño creible. 2. De su letra es, y con verfos, bien que es de la Loa dice. A qué os resolvéis? h 2. A que esta noche, al concluirse detras de aquesos jardines. dónde vamos? . A vestirme para la Loa: quien Cielos, culpado sin culpa, gime, de un engaño, que está fácil un desengaño difícil? Ya veremos del empeño, de aqueste cuento los fines. Muda he quedado. . Ya que lo que hableron pude oírles, como quitaré el empeño de los dos? más ya ocurrirme pudo una traza, Ruí. Páez, en tanto, que los festines se previenen, esta noche, por la puerta, que divide del cuarto de Doña Blanca, el del Maestre, se apercibe mi pecho a satisfaceros, no salgáis, hasta que avise el ruido, abriendo la puerta; pues muy rara vez se sirve de ella la familia; así quito a los dos tan terrible empeño: quien vio, que cuerdo el propio respeto obligue, a favorecer por fuerza, a quién es fuerza que olvide? a Dios. . El quiera, que tú me alientes, cómome rindes: Cielos, cuanto con su amor Garci. Tellez me persigue! Esto importa, que al Maestre digamos. . Pena insufrible! pero esto hasta aquí, no pasa de querer introducirse a servirla él, puesto, que Margarita no lo admite ella es quien es, y casada, viendo el esposo que elige, sabrá lo que hacer le toca: (ces? esto ha de ser; pues. . Qué di- Que hoy (disimulemos penas) . al Marqués quiero pedirle, que concluya nuestras bodas, antes es bien, que castigue el atreverse a servir a quien mi desvelo sirve. Qué consultarán los dos? o qué de penas me afligen! No veo la hora de casarlos; que es un don de Dios me dicen, una hija; pero él es un don de Dios muy terrible. Oh glorioso Rey! no en vano, adquiriendo nuevos timbres, de justiciero, y prudente, gloriosos Laureles ciñes! qué hace ahora mi hermana, Nuño? En tanto, que se apercibe el festín, hace su vista florecer esos pensiles; pues ocasión oportuna, hoy el acaso consigue, de que se abrevie esta boda; lo diré, señor, oídme. Cuando, señora, ese ceño, tiranamente apacible, será agrado, haciendo en mí de un desdichado, un felice? Con las palabras no encuentro; pues el tosigo insufrible de mi dolor, sin que aliente, hace solo, que respire. No merece mi firmeza, ni una voz que desperdicie ambar al viento encendido, en dos brasas de rubies? Ya sabéis, que yo (dolor, aquí es fuerza que me anime) no tengo albedrío. . Qué honestidad! los matices del rostro enciende al hablarla de mi amor; recelos viles cesad, que de este decoro, no debes, no, concibirse sospecha. . Toda esa prisa tanto inconveniente pide. Yo sé muy bien de estas cosas; puesto que hace el tiempo libre, que rija nieve mi mano, aunque más peine granice. Que Macias pertinaz, persista en un imposible, contra su vida, y mi casa, más temerario, qué firme? A no estar tan adelante la boda, y ser tan difícil, que yo falte a mi palabra, por el lugar, que consiguen en mi cariño sus prendas, tan dignas de que se estimen, a Margarita le diera; mas yo haré, que no peligre su vida, en tan fuerte lance cuando mi ciencia examine; a ese estrellado volumen, cuantas ciáusulas escribe con rayos del Sol, ya viva, ya renazca, o ya agonice. Margárita, ya tu dicha en tu voz, solo consiste, puesta a los pies del Maestre, las debidas gracias rinde; pues ya abrevia de tus bodas el plazo: si no reprimes esa locura, yo haré, que con la muerte la olvides. Qué venturosa esperanza! Qué te detienes? . Ay triste! que camino hacia mi muerte. De Garci. Tellez, la insigne heroica sangre, merece de tantas glorias ceñirse, si vos le pedis. . Qué dicha! Qué respondéis? Que si pide, antes el gozo, que tiene, no la deja, que se explique. Vuestro es, señor, mi albedrío, hoy nueva vida me disteis. Señor, en favor tan grande. Entretanto, pues, que escribe mi afecto una carta larga, al glorioso Rey Enrique Tercero, en respuesta de esta, que su Majestad me escribe, consultándome un negocio, empezarán a vestirse para el festejo. Daré el orden. Amor, permite mi muerte, porque mi vida, no muera de no morirse. Ya tenéis mujer, Garcia. Y vos, quien esclavo humilde será más que hijo, amor, mis esperanzas dirige, Todabia, Margarita, parece, que se resiste; mas yo la seguiré, para darla a entender, cuanto disten, un hombre, que la divierta, de un rico, que la autorice. Dicha he tenido, en hallar, casuslidad fuese, o yerro, cerrada en falso, esta puerta: o Amor a cuanto me arriesgo! de la escalera, por donde tiene tránsito secreto para el cuarto del Maestre, el de mí señora, puesto, que me hallo ya disfrazado para la fiesta; y no habiendo de empezarla, hasta que acaben de despachar aquel pliego el Maestre de su mano, no pueden echarme menos, amparado de este traje, a esta oculta cuadra vengo, a ver si con Margarita puedo hablar, que no sosiego con aquellos: ay de mí! no sé si los llame celos, pues son con rabiosa envidia, áspides del pensamiento; esta pieza está sin luces, por ser retirada, quiero desde ella, sin que me vean, ver si pasa, pues no puedo salir donde otras, quizá me reconozcan. Huyendo de mi padre, hasta esta pieza, porque está sin luces, vengo en ella, me ocultaré; pues solo me sigue a efecto de proseguir en enojo, lo que comenzó en consejo; Una Dama entró, según reconocí a los reflejos, que en la puerta dan las luces de otra cuadra, y no me atrevo a hablarla, por si no es ella. Sin perder, ni aún un momento, a Margarita de vista, en su nuevo debaneo, convencerla detérmino, con la fuerza, o con el ruego, aquí entró; pero no hay luces. Un hombre se entró acá dentro. Acá dentro, entró mi padre. No sé como podré, Cielos, guardarme de él; pues aunque con la luz que da a lo lejos, distingo, al entrar, los bultos, en entrando, no los veo. D él me ocultarán las sombras. Ya la encontré. . Lance fiero! No te has de escapar ahora. (los, Sin duda me ha visto. . Cie- quien se vio en tal confusión No te retir es, que vuelvo a reñirte estás locuras, ya que hoy. . Qué será esto? Pudo el Marqués impedirlo, Conmigo habla. Yo estoy muerto, sin duda me ha conocido, (to, y es Nuño. . Bueno es por ciera que siendo, en fin, Garcia Tellez, tan galán, tan Caballero, y sobre todo, tan rico; porque ya en aquestos tiempos donde hay esta circunstancia, todo lo demás, es menos; tú te inclines a Macias? Qué escucho! . Qué oigo! Muy bueno fuera, perder un esposo, en donde librado tengo, de mi vejez el descanso, por escoger un mozuelo, libre, y arrogante, donde no hay más hacienda, que versos. Que esto esté escuñando yo! Sin mi estoy. . Yo te cona que es noble, que es entendidos (fieso, pero será buen consuelo, a pobreza desabrida, sazonado entendimiento? Ya la paciencia me falta. A responderle no acierto Pues ya de él me veo libre, aquí no hay otro remedio, que bájar, por donde vine: veamos si la puerta encuentro, No respondes? claro está, que ya conoces, que tengo mucha razón; pues por más que le asista el valimiento, del Marqués, no por aí ha de ser rico, si advierto, que amistades de señores, son de honra, y no de provecho. Ya con la puerta encontré. Era hora, ingrato dueño. otro susto? . Cuandor oculto, a que abras la puerta espero. Cómo me podré librar? En todas partes encuentro, celosas sombras de amor; o fuesen sombras mis celos! No respondes? . No respondes? Perdida estoy. . Yo estoy Callas, ingrata; pues es (muerto. satisfacción, el silencio? Escuchando en esta cuadra, ruido (ay infelice! y vengo, (to a ver si salió Ruí. Páez. Dónde estás? . Pero aquí siene la voz de Nuño. . De Nuño, me asustó veloz el eco. Quiero ver, si otra vez hallo la puerta. . Estorbarle quiero, que salga, no le vea Nuño. Ya la hallé otra vez. Yo os ruego, que no salgáis, por ahora. otro enigma! otro portento! De Nuño huiré. Pues qué, callas? yo te buscaré, qué es esto? un hombre aquí? Ay infelice! Perdido soy. . Fuerte empeño: otra vez perdí la puerza. Aún a respirar no acierto, yo me vuelvo. . Quién es diga? Desde esa antesala oyendo voces de Nuño, quién es? Cogiome mi hermano, Cielos? No traerán aquí unas luces? Veré si ocultarme puedo. Sois vos mi bien? Esta noche, estoy, yo para requiebros. Sin duda, que es Margarita. Luces. Qué es esto? . Qué es esto Que figuras, para un paso. Cielos, qué miro? . Qué veo! Dios los haga bien casados. Qué penal 2. Qué sentimiento Qué risa! . Qué confusión! Qué arrojo! . qué atrevimiento! Fernando aquí en este traje? a espacio, a espacio, recelos. Qué es esto, digo otra vez? responded, y no el respeto sospechoso, pase a hacer delito vuestro silencio. Yo, señor, con Margarita, estaba aquí hablando, a tiempo, que encontré un hombre. Qué escucho! En esta cuadra, y no habiendo luces, que las traigan pido, para saber quien resuelto, al cuarto de mí señora, pudo subir. . Mal me esfuerzo. Pues dice que encontró un hom- no era Macias, supuesto, (bre, que sin luz, en este traje, no pudo Nuño tenerlo por hombre: si fue Rui- Páez? amor, y honor, cobra aliento. Yo, señor, que ya vestido estaba, para el festejo, que te previene esta noche, nuestro humilde rendimiento: oyendo, que Nuño daba voces, subí con deseo, de averiguar la ocasión, y no conseguí el efecto; pues hallándome sin luz, solo tinieblas encuentro. Miren lo que hace este traje, señores, para un enredo, si el ser mujer un instante, hace mentir con despego. Yo, oyendo las mismas voces, subí, señor, a lo mismo. Yo, señor! . Ea, bien está, que ya la ocasión penetro, de tanto desorden. . Solo, señor, puede ser remedio, lo que hoy os he suplicado. Así disponerlo intento: vos Garcia, a vuestro cuarto os retirad, advirtiendo, que de él no salgáis, en tanto, que yo otra cosa os ordeno. Conmigo todo el enojo? (tiempo Vos Fernando (a que buen este pliego me ha venido, que servirá de pretejto, para ausentarle, entre tanto, que efectuo el casamiento, de Garcia, y Margarita; pues de otra suerte no puedo, quitar este mozo, a quien tengo singular afecto) vos Fernando, en fin, dejando, para otra vez el festejo, pues sabéis, que de vos fío tanto. . Vuestras plantas beso. Hoy os habéis de partir. Ay de mi triste! . A Toledo, donde en las Cortes asiste, el gran Enrique Jercero. Pondréis con todo cuidado, en sus manos ese pliego, que yo le fío de vos: Fortún, os irá asistiendo, como quien en el camino, es más versado, y experto. A postillón me condenan; pues poca merced me hicieron, para esto, en descalzarme, de los zapatos de hierro. O qué infelice nácí! Procurad, pues, venir presto; que en volviendo detérmino, Mazias, favoreceros, con cásaros de mi mano, a Leonor darle pretendo. veré si de Garci. Tellez, le hace amigo el parentesco. Albricias amor, sin duda, de generoso, o de cuerdo, darme intenta a Margarita, pues no ignora mi deseo. Ay de mí! si a Margarita, intenta darle; yo muero. Sin duda es Leonor, ay triste! O, si permitiese el Cielo, que fuese mi esposo! . Amor; ser yo la elegida espero. El festejo se ha enfriado, Pues va Fortun, yo me quedo, señor, trae para las vistas, fondo en raso, dos sonetos. Retiraos Garcia. . Ya; a mi pesar, te obedezco: fortuna, si en un instante, tan desgraciado me has hecho, con no hacer a otro felice, templarás algo el tormento. . Venid Rui Páez. . Ay de mí! que hasta que vuelva, no puedo, cobrar el favor; amor templa tan ardiente incendio, qué hará la evidencia, hay triste! si me da muerte el recelo? Para que se haga la boda, volver a hablarle es mi intento. No habrá alguno, que repare, en que el que osado, y resuelto, riñó con todos, se vista femeniles paramentos? Mira, en los hombres, lo hermoso, nunca se opone a lo fieros pero dime, las Comedias, no se componen de aquello, que puede ser? . Sí, Lopillo. Pues respóndele, al que atento lo murmura, que el vestirse, los más bizarros mancebos, de Damas, cuando la cara, está neutral en el sejo, en casa de los señores, sucede cada momento. Venid vosotros, Macias. Qué me ordenáis? Mucho siento, ver malograda la gala. de ese adorno; mas yo espero; que en volviendo, con más causa, se dupliquen los festejos. Qué venturosa esperanza! Ni aún a imaginar me atrevo, que ha de ser mi esposo, hay triste! que al ver contrario el suceso, si me persuado a que es mío, le lloraré como ajeno. Ven, señor, a tranformarte, deja ese traje; pues hemos. de volver con tanta prisa, aunque no harás mucho en eso que a ser novio, y convidado, cualquiera camina presto. A la Corte vas Fernando. Nobio, Poeta, y Mancebo, tres cosas, que harán más pobre, al hombre de más dinero. Amor, plumas de tus flechas, hagan de mi curso vuelo, para que a un logro, a un aplauso, de una dicha, y a un tropheo, sean habiendo vencido, la ligereza del viento, las plumas de mi esperanza, las alas de mi deseo. JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
Cuando es dichoso el Amante, que finamente idolatra, le usurpa la posesión, la gloria de la esperanza. Repita, Marte glorioso, y hermosa divina Palas, mi afecto, a vuestra grandeza, una, y mil veces, las gracias, por dicha tan superior, como hoy mi fortuna alcanza, en merecer por esposa, a Margarita. . Una esclava (ay triste!) tenéis en mí, que la ventura que gana, no acertará a agradecerla, sien lo forzoso dudarla. Bien pueden las atenciones, darse por iguales ambas, pues cualquiera de las dos, es la más interesada. Sí, que en igual competencia, de méritos no se halla, mas distancia, que no haber en este empleo distancia. Ay Leonor! que raro hechizo introduces en el Alma, pues para curar el daño, es el veneno triaca, Gracias a Dios, que ya tengo, el yerno rico en mi casa. Que mal sufre mi pasión, de Fernando la tardanza. Para qué triste memoria, necia, en la idea retratas, una fortuna, si solo la pintas, para borrarla? Ten ese estribo, Fortun. Hoy se me quitan mil canas. Qué ruido es ese? . Es, señora, que han llegado, ahora, a casa, mi Amo, y Fortun, y se apean de dos caravinas, o hacas, tan seguras, que jamás, aunque las carguen, desparan; porque pocas veces suelen estar las pobres cevadas, y así, en cualquiera ocasión, se echan luego con la carga; mas ya ellos dejan las postas, y se vienen como balas, Disimulad sentimientos! Dame, gran señor, las plantas. Y dad también las raices, a quien solo por besarlas, en el buque de una Mula, al cabo de mil borrascas) del naufragio de sus huesos, ha sálido en una tabla. Esta es, señor, la respuesta, que da Enrique a vuestra carta: hay hermosa prenda mía! cuando tendrá mi esperanza el premio, de ser feliz sacrificio de sus Aras, Cómo venís? . Quién camino a lograr dicha tan alta, como ese cuidado, siempre es forzosa circunstancia, que llegue alegre, y gustoso. Aqueso a mí no me pasa. Por qué? Porque en el camino, truje la Mula a las ancas. Vos la Mula? . Sí, señora. Quita necio. . Es cosa clara, que ella a mí no me traía; pues antes yo la llevaba, a caballo en las espuelas, Qué hermosa está, y qué bizarra! Después, Fernando, despacio hablaremos, pues que nada importa, que esta materia se dilate: la palabra que os dí, la noche, que fuisteis con el pliego, ahora trata cumplir mi afecto, antes, que me la pidáis: esta traza le asegura; esto conviene, al decoro de mi Casa. Desde hoy mi ventura empieza, Y mis desdichas acaban. Qué respondéis? Que agradezco, con la vida, y con el alma, tanto favor: si consigo a Margarita; a tu Sacra Deidad, Amor, sacrifico mis sortunas. . Que te clavas. Ya Margarita. . Ay de mí! Está. . Qué dicha! Casada. . Y yo havuestros pies. Teneos. . Presto acabó su constancia: ah falso! Qué suerte! Así, mis sentimientos se pagan? Casada, pues, Margarita con Garci. Tellez? . Qué ansia? o cruel! aquesas eran tus finezas? . Solo falta que vos, Fernando, a Leonor, le deis la mano. . Qué rabia! Y con eso la Comedia, da fin a media jornada. Primero será escarmiento, del estrago de mi saña. Leonor yo. . Ahora recelos. Decid, qué os suspende? El Alma, en cada aliento respiro, Qué dices? . que mi desgracia. Ya son Cielos en su duda, . dos de mi ofensa las causas; pues su tbación me ofende, en mi esposa, y en mi hermana. Qué dolor! Cielos! qué furia! Que se case, o no, me agravia, porque también es ofensa, el desprecio de mi dama. No sé que helado accidente, por el pecho se dilata, que aún no dejan los suspiros, alientos a las palabras. Yo ver ajena (ay demí!) a Margarita (qué saña!) esto será, señor, yo: pero el aliento me falta. Qué respondes? . Sí, señor. Así el empeño se atala; no tan presto a estas materias se responde, que aunque tanta dicha, es vuestra, las venturas, aún es fuerza consultarlas; vamos, que mientras Fernando descansa de la jornada, se dilata la respuesta: Para advertirle esto basta. . Sin mi estoy. . Ay infelice! que cobardemente el alma, para huir de mis desdichas, hurta al corazón las alas. Ay de mí! Raro accidente! Qué dolor! . Pasión extraña! Qué sentimiento? . En mis braces (sin poder tomar venganza) mi Enemigo. . Ay de mi triste! Ya vuelve, ha señor, levanta. Cielos, que esta ofensa toco! Si no lo impiden mis ansias, tengo de cobrar la prenda de Leonor, aunque arriesgara mil vidas; pues hasta ahora, lo ha estorbado su jornada. Recelos, y honor, alerta, que es muy penosa batalla, la que os espera. . No sé, de este mozo la arrogancia, en que ha de parar; pero esto que me importa ya. . La vaga esphera del aire, ocupe vuestros acentos. La acordada, armonía vuestra, otra vez sea del aire consonancia. Ea, sospechas, a la duda. Garci. Tellez? Qué me mandas? Venid conmigo, que tengo, que deciros. . Pasión rara! Celos, a cobrar la prenda, o morir en la demanda. Voyme a descansar, que estoy harto de no hablar palabra. Amor, para qué la muerte, a un infilice dilatas? Vamos, hermana. Yo voy sin sentido; Yo turbada. Quién si no yo, dolor fuerte! pena igual habrá llorado, ni a quien, o Dios! le ha faltado; para consuelo, la muerte? Si en tu enfermedad, señor, ves, que la muerte es buen medio, para hacer ese remedio, llamaremos a un Dotor. No basta, en lo que padezco, y en las desgracias que lloro, me quiten a la que adoro, sin darme a la que aborezco. Oh mal haya el que confiado, anhela a ser venturoso! que hacer no puede un dichoso, la dicha de un desdichado. Pues cuando pueda llegar, al logro de conseguir, el paso que va a subir, es otro más que bajar. Que siempre en extremos tales, y en tan forzosos baibenes, el no pretender más bienes, suele hacer menos los males. Mira que te descalabras, y me rompes la cabeza. Ay adorada belleza! Ya escampa, y llueven palabras. Acabe y a mi pasión, de una vez con su tormento, gastando todo su aliento, en una respiración. Y pues que llamó a Garcia, el Marqués, tengo de entras en su cuarto, para hablar a Margarita. . Y porfía. Da fortuna a mi esperanza; algún medio en su agonia, y conozca mi osadía, que eres firme en la mudanza. Adónde vas? . A morir, pues voy a ver mi homicida. Mira, señor. . Ya la vida no estimo, perdido estoy. . Y aún ambos vamos perdidos, pues que vénimos errados, desde los desamparados, a dar en los afligidos. Dejadme un rato, pesares, qué queréis de mí, tristezas? porque cautelosamente, en el lienzo de la idea, el pincel de los discursos, matizando sutilezas, borrar quiere realidades; para pintar apariencias; que aún desde lejos miradas, oscuras sombras se quedan. Por qué, hay triste! de Fernando; la lastimosa tragedia, me traéis a la memoria? cuando yo: mas como ciega, discurro en esto? sin que repare advertida, y cuerda, que en amorosos sucesos, está del Alma muy cerca, el que sienta agradecida, la que compasiva sienta. Y así, porque fácilmente, mis pesares, se diviertan, quiero pasar, ay de mí! al cuarto de Blanca bella; pues del mío al suyo, solo ay de distancia, esta pieza: Mas qué miro! ay tal arrojo! hasta, aquí Fernando llega? Qué así te ar riesgues, señor? Nada en esto, aquí se arriesga; pues con el Marqués, Garcia, ahora ocupado queda. Cómo así (Cielos valedme!) la osada locura vuestra, se atreve a entrar? . Adorada, hermosa, tirana, prenda, no tu beldad rigurosa, afablemente severa, castigue como delito, lo que solo es reverencia. Como a costa de mi honor, estos arrojos, intenta vuestra pasión? ea volveos, no deis lugar a que venga mi esposo (ay triste!) y aquí todo, de una vez se pierda. Hh cruel! que bien tu enojo se vale de la cautela, para atajar que mi pecho, tus falsedades refiera. Si estos sentimientos, nacen de ver Fernando sujeta mi voluntad a otro dueño, excule vuestra prudencia, mirarme, para acordarlas, considerar, que acrecienta, de las penas la memoria, ver la causa de las penas. Es tan sino mi tormento, es mi pasión tan atenta, que solo alivia sus ansias, el dolor de padecerlas. Es posible, que yo viva perdiéndote, ingrata bella? pero (ay de mí!) ya conozco el influjo de mi estrella; pues el que vive sin vida, cómo es posible, que muera? Condenado a vivir muero, una vida tan adversa, que la paciencia me falta, de ver que tengo paciencia. Posible es que de mis males, la continuada violencia, cuando no, que los alivies, no merecen, que los sientas? Yo, por qué he de padecer? pero idos, por Dios, no venga mi esposo: yo estoy sin mí, todo el corazón se hiela! Solo el verte a ti, sentirlas, fuera alivio de mis quejas; hay ingrato dueño mío! quién creyera? quién creyera? que cuando solo a tu gusto estaba el Alma sujeta, había de llegar tiempo; a poder de mi firmeza, con que solo un pesar tuyo, un alivio mío fuera? Calla, Fernando, no hagas, que a tus ansias me enternezca, que pues no puedo aliviarlas, no hago poco en conocerlas. Ya veo de tu constancia, las costosas experiencias; y en quien no puede más, es bastante agrado, el saberlas, Vete, pues, que el detenerte corte peligro. . Ay tal tema: deje usted, que desembolse, todo el caudal de su vena, que trae, que decirla, muchos conceptos de faltriquera. Debante mis infortunios, ya que no te compadezcan, el sentimiento, de que eres u quien los fomenta. Déjame, que tus palabras, mentidamente alagueñas, en cada aliento, que esparcen, desparan tan libres flechas, que llegan al corazón, sin saber por donde llegan: siendo en dolor, tan terrible, y en ocasión, tan severa, la resistencia, quien hace inútil la resistencia. Lloras? (ay de mí!) qué suerte! mas, no de tu hermosa esphera, orbes de nieve rasgando, se precipiten estrellas. Déjala, señor, que llore, hilo, a hilo, no la hebra la cortes, porque su llanto, le cae a tu Amor de perlas. Luego ya te compadeces de mi dolor? . La voz sella, que esta lastimada acción, que mis ojos manifiestan, no es amor, es compasión; sintiendo en ti, las tragedias, de infelice, no de Amante; y así es preciso, que adviertas, que enternecerme a tu ruego, no es favor, sino clemencia. Qué a mis quejas no hay alivio? Solamente padecerlas. Pues sea el llanto, hay infeliz! parentesís de mi pena. Pues de tus amantes ansias, descanso mi llanto sea. Llore otro por mí, que yo no tengo lágrimas hechas. Mas como de mis pasiones, tanto la pasión me ciega? Mas como así, a mi dolor, dan mis sentimientos treguas? Por un papel, a mi cuarto vengo; pero a espacio penas: Fernando, con Margarita, ay de mí! sabré que intenta. Esto ha de ser, pueda más mi pundonor, que su queja: señor Fernando (ay de mí!) olvidad por vida vuestra, esas locuras. Siguiendo a Garci. Tellez; sospechas Fernando aquí; grave daño! escuchar quiero. . Que seas tan tirana, que mi afecto, solo rigores te deba? Tú te estás erre, que erre, y ella no sabe esa letra. Para apurar sus designios, (qué mal mi temor se esfuerza!) no he de salir vive Dios, hasta, que primero sepa, qué le responde, . Ya pasa esa porfía a grosera, lamente sus desengaños, quien mis desdenes lamenta. Fuertedance! . Quién creerá, . Muchos días ha, Fernando, que es valor esta paciencia? Que ni una esperanza (ay triste!) mi constancia le merezca! Solo de que no he de darla, puede tu pasión tenerla. Ya no es posible que sufra, mi coraje tanta afrenta. Eres falsa. . Soy constante, Eres aleve. Ya es fuerza. Impedir su arrojo. . Dar; pero el Marqués. . Aquí es ella. Dichoso acaso. . Qué ira! Qué atrevimiento? . Qué pena! Tengo que hablaros, Fernando. Pues mi venganza sangrienta, impide el Maestre, y voy seguro de la sospecha, que tuve de Margarita, que es crisol de mi nobleza, yo satisfaré mi agravio, dando venganza a mi ofensa. . Bien disímula el Maestre, (gra, hallarle aquí. . Hecho una sue- está el Marqués. . Ay de mí! Dar esta disculpa es fuerza, por mi honor. Fuerza es templarme. Pues ya os dije, pena fiera! que si buscáis a mi esposo, no está en casa. Bien lo enmienda. Al cuarto de mi señora, (mi! voy, señor, con tu licencia. El Cielo os guarde. . Ay de Oh pundonor lo que cuestas! . Esto ha de ser de este modo: idos Lope. . Enorabuena. . que una pasión indiscreta, un imprudente delirio, tanto os arrastra, y os ciega, que sin uso los sentidos, sin discurso las potencias, empeñado en proseguir, una discrcción tan necia, intentáis vuestras locuras, acreditar de finezas. Por el cariño que saben, granjear en mí vuestras prendas, disimulé el indecoro, de mi casa, por que fuera severidad, castigar entonces en voz mi ofensa; bastaba vuestro discurso, que cuando un discreto hierra, él con conocer su yerro, se castiga, y así encuentra, el escarmiento, y castigo, si mejor se considera, que un error al entendido, con la ignorancia le enseña; porque siempre saca el docto, de un error, una advertencia. Por excusar, que mi enojo en vos justamente ejerza sus iras, aquella noche del festejo, en que a la ciega pasión de vuestro delirio, fueron norte las tinieblas; os quise enviar a la Corte, porque así mejor pudiera casarse Garcia; pues del logro estaba tan cerca, que solo vuestros arrojos, estorbo a sus dichas eran. Si dije en fin, que en volviendo os casaria, ya llega el plazo, en que he de cumplirlo; Pues Leonor ha de ser vuestra, antes, que Febo se oculte, en la berintos de perlas, donde en Pira cristalina, es Fénix de las arenas. Mirad, que con esto logro, que los que con ira fiera, competidores han sido, amigos, y hermanos sean. Ese luciente volumen, que con cláusulas etereas, y caracteres de luces, son renglones las Estrellas, me avisa (bien conocéis, ya mi infalible experiencia) que a proseguir obstinado esta locura, os espera, el más trágico suceso, que en sus Anales celebra el Amor, que siempre logra, los triumphos, en las tragedias. Si ese delirio prosigue, que evite el poder es fuerza sus arrojos, que ya nto, no he de sefrir, no parerca, por no evitar tantos deños, necedad esta prudencia. Garci. Tellez es tan noble, que han de llegar a su idea, de tan grande agravio, juntos, el castigo, y la sospecha, Ved, pues, lo que hacéis, y no omitáis una advertencia, de quien deseando, que no se malogren, o pierdan, tantas prendas generosas, lo que puede mandar, ruega. Ya, señor, que habéis llegado, a hablar en esta materia, que hasta aquí vuestro discurso, las supo, sin que las sepa; porque en fin, hay casos, donde es la ignorancia discreta. No cupiera en mi lealtad, mentiros, señor, que fuera, sobre la de mi pasión, añadiros nueva ofensa. Sabe el Cielo con que gusto, hay triste! os obedeciera, a poder; pero un influjo, una pasión, y a resuelta, una inclinación, que un tiempo fue clección, y ya es violencia, Me priva de la razón, de sentido, me enajena, quien menos puede conmigo, soy yo mismo, suerte adversa! valeos, señor, de otros medios, pues yo soy, quien más desea, que tengan fin tantas ansias, que a imitación, de la fiera Águila de Prometeo, del corazón se alimentan. Mi razón, como conoce, del objeto la belleza, me disuade el olvidarla, y me persuade el quererla. Y en fin, es tan enemiga, que para librarme de ella, a fuerza de sinrazones, me valgo de no tenerla. Dadme la muerte, señor, que otro remedio no encuentra mi triste vida, si no morir, para que no muera; solo muriendo será posible, que os obedezca. Remediad, vos, tentos malas, con mi muerte, que ya tenido fin tantas ansias, tantos dolores, y penas, si como vos en mi vida, mandara yo en mis potencias. Y quién es, señor, tan docto, que alcanza, mira, penetra, los movimientos, el curso, la magnitud, la influencia, de las estrellas; no admire, el influjo de mi estrella. Esa es ficción engañosa, que el alma, pura, y perfecta, en sí misma se mantiene, siendo de sí misma ciencia. Todos los demás sentidos, ella los rige, y gobierna, luego siendo el alma libre, es falsa tu consecuencia; de más, que el entendimiento, a la voluntad refrena. Esta pasión amorosa, pasa ya, a ser influencia. Por eso pueden los Sabios, dominar en las estrellas; pues sus influjos proponen, dejando libre la idea, para que elija, que el hado influye; pero no fuerza. Querer, que olvide este amor, es peligrosa violencia; si el remedio es olvidar, como queréis que le tenga, quien para olvidar el daño. del mismo daño se acuerda? En fin pretendéis hacer, a la obstinación, fineza? Ni aún esa fineza logro, pues más que elección, es fuerza, (go. Mirad Fernando. . Estoy cie- Advertid. . Ya no hay que adviera. No hay remedio. . No le sé, No, pues así le remedia: hola. . Ya llegó mi fin. Claro está; pues que te holean, Guardas del Monte, Criados. Qué mandas, señor? Qué ordenas? A esa Torre de la Quinta, cuyas estancias funestas, sirven de Cárcel, llevad preso a Fernando. . Qué pena! Vos, Fortún, os encargad, de su persona, así queda de Garci. Tellez seguro, que si a su noticia llegan estos lances, es sin duda, que ha de castigar su ofensa. . Qué es esto? . Llegó mi día. Y aún no es para mí el de fiesta, por la gala de sus años; le hemos de poner cadena: en fin voy a ser Alcaide. Bien creeréis, lo que me pesa, Fernando, vuestro pesar; pues en quien tiene nobleza, en los duelos cortesanos, no es odio, la competencia, Sois en fin, quien sois. . Ea vamos, que me canso. Valga flema. A Dios Ruís Paez. . A Dios. Cielos, qué inútil empresa! un cuerpo prender sin alma! para que a los siglos sea, de amor el mayor ejemplo; pues a pesar de fierezas, de imposibles, de rigores, de tormentos, y de penas, el Español más Amante, he de ser, hasta que muera, Hay hermosa Margarita! sin duda ignora, el que intenta, que yo te olvide, que en tantas angustias, como me cercan, multiplicarme dolores, es añadirme finezas. Vaga contraria fortuna, ahora la ocasión me niegas, de conseguir mi venganza, poniéndome en tan estrechas prisiones, a mi enemigo? o mal haya tu violencia! Pero que duda mi saña; pues de la puerta secreta de aquella Torre, que cae al mirador de la huerta, una llave tengo, desde que prendí a Fortun, en ella. Y ya en tan ardientes celos, me ha ocurrido, como tenga logro mi intento; mas esto, lo ha de decir la experiencia; Ay Amor, si eres Deidad, en mi favor manifiesta, que el poder de la fortuna, vencerte sabe las flechas; pues a pesar de infortunio, de peligros, de tragedias, de imposibles, y desgracias, aquesta furia violenta, ya que Leonor no sea mía, no he de sufrir, que sea ajena. Pálido horroroso albergue, cuyo funebre hospedaje, es, entre lugubras sombras, tumba de un vivo cadáver. En tu habiración oscura, de mis desdichas imagen, gustoso vive mi anhelo, porque tu silencio grave, a mi triste fantasía, es armonía agradable. No en vano (ay de mi infelice!) aquella voz lamentable. de Fortun, que misteriosa, fue vaticinio del aire, preludió era paboroso, de mi desgracia. . Hay tal dalle! déjate de esas pasiones, y diviértete un instante, en mirar estas alhajas; ecce, primero un romance, a un cabello de Matilde; (delicado asunro) a un Sastre, unas Decimas, sin costas, porque no tienen retales. Mas, un Soneto a una Dueña, a pedimento de un Paje, este dice versos sueltos, que vienen a cualquier lance, Para los impertinentes, que piden versos de balde, y Poetas de repente, que engañan los ignorantes. Qué siempre has de estar de burlas? Qué quieres? he de ahorcarme? mas aquí tienes también, el instrumento agradable, en que tus desdichas, siempre sin que me toquen, me tañes, y en que tal vez, también sueles. dar con tus penas al traste. Ay Lope amigo! bien dices, que sus dulces suavidades, son entre soñoros ecos, tierna lisonja del aire. Pues entre tanto, yo iré, a darle con gran coraje, de cabezadas al sueño, y echarle roncos a pares, Instrumento sonoroso, ven, y sentirás mis males, con tus voces, que es consuelo, tener en las soledades, que al alma hacen compañía, quien mis penas acompañe. Ay dulces penas! ay! ay de mí! que el pesar, de otro gusto hace gustoso en mí vuestro pesar. Ojos, el pecho se abrasa, a cuyo incendio sudáis, fuego, que se precipita, huyendo de helarse más. Ay dulces penas, ay! Puesto que aquí pude entrar, sin que las Guardas lo extrañen, creyendo que como amigo, he venido a visitarle; esto ha de ser, honor mío, que el que mi esposa estorbase, mi ofensa, fue dicha, y ya me ofendió, que él lo intentase. Condenado a vivir muero, de un dolor tan pertinaz, que el ver que tengo paciencia, me ha de hacer desesperar. Ay dulces penas, ay! Cantando está sus exequias, ya es tiempo; pero allí abren una puerta, y es forzoso, a esta cuadra retirarme. . Pues pude sin que me viesen, abrir la puerta, que cae a la Torre, de esta suerte, mi venganza ha de lograrse: esta espada dejo aquí, un Etna en el pecho arde. Si buscar quiero mi olvido, memoria el suyo me da, y entonces mi enojo es, otra nueva voluntad. Ay dulces penas, ay! Cese, ay de mí! la armonía, pues su dulzura suave, con lo mismo que le alivia, mas el dolor persuade. Mas quien está aquí? . Yo soy. Qué mandas? . A que Rui. Paez, entrara en la prisión? . Vengo, nada, Fernando, os espante, a cobrar aquella prenda. No dejaré de admirarme, de que vuestro garbo, quiera tan brioso, y arrogante, cobrar la prenda, de un preso. Aunque en eso, bien repare vuestra atención, yo prevengo, como esta objección se salve. (tenta? Aguardad. . Qué es lo que in- Qué hacéis? . Viendo en esta una espada, me la ciño; (parte pasad ahora adelante, advirtiendo, si por dicha, ese fue vuestro dictamen, que ya os puedo responder, en cualquier tono, que hablaréis. Abierta esta puerta hallo, cuando con aqueste traje, a librar vengo a Macias, de tan rigurosa Cárcel, disfrazado; para que ignorado, que tan grande piedad me debe, de mí, y Garci. Tellez, se guarde. Gente está con él, aquí aguardo. . No con tomarle queráis negar, la Hidalguía, de que yo este acero os traje, yo detérmino libraros, por está puerta, que sale al corredor, y de allí baja una escalera al Parque, porque puesto en libertad, sin que haya quien lo embarace, cobre el despojo. . Teneos, y no a pronunciarlo pase vuestro arrojo, que si yo a este precepto inviolable, del Marqués, faltar no pude, tampoco es razón que falte, al precepto de reñir con quien me desafiare. Y así, cerrando esta puerta, porque no nos oiga nadie, satisfago con un medio, a entrambas dificultades. El guante es este, en la espada le pongo; pues si a cobrarle. venís, le quitaréis, cuando esta espada me quitaréis. Nunca resisto reñir, aunque en el sitio repare. Esto es fuerza, deteneos. Hombre, por adónde entraste? (can. No es bien que aquí me conoz. No embaracéis mi coraje. No me estorbéis la venganza. Quién se vio en tan fiero lance! De esta fuerte hará el acero, lo que la razón no hace. Si le matan, bueno queda mi honor, que en tan fiero trance, la muerte, que otros le dieren, a mi honor no satisface: esto ha de ser, yo no vengo a reñir, sino a matarle. , . (esto? Ay de mí! 2. Hh traidor, que es Ruido hay dentro de la Cárcel, romped las puertas. Qué es esto? A tus pies mi vida yace, después de tomar venganza, de quien pretendió quitarme el honor. . Ay Margarita! ya macilento cadáver, yace infelice a tus ojos, el Español más Amante. Qué lástima? . Qué dolor! Qué espectáculo tan grave! Pobre Macias, aquí acaban tus disparates. Yo perdono a Garci. Tellez, por ser la causa tan grande. Mas falta. . Aguarden ustedes, hasta saber lo que falte. Qué Ruí. Páez, dé la mano a Leonor; pues escucharle pude, que vino a cobrar prenda suya. . Llegó el guante. Más falta. . Aguarden ustedes, que aún no se acaban los mases. Que yo aqueste guante cobre, para que pueda casarme, que aunque fe le quito a un muerto, de un vivo vine acobrarle, Mas falta. . Qué falta necio? El perdón, para que acabe, felizmente la tragedia, del Español más Amante,
