Texto digital de El español Juan de Urbina
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Manuel González
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El español Juan de Urbina. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/espanol-juan-de-urbina-el.

EL ESPAÑOL JUAN DE URBINA
JORNADA PRIMERA
Salte, Ines de aquesta cuadra (en vano mi amor resisto) mira si el Marqués despierta (ay Leonor cuanto me ánimo!) Ya sabes lo que importa: vete (notable delirio!) Y vos Conde, señor Fabio, ya os llamé, ya estáis conmigo; escuchadme. Yo confieso, que os tendrá como sin tino la resolución que veis; pues de tanto laberinto saldréis al instante: dadme con la atención el oído. Ya sabéis como mi padre; fue inclinado a los prolijos esfuerzos de Marte airado, o porque con su ejercicio llegó a adquirir brevemente cierto mayorazgo rico, o porque ilustró su casa con blasones, y apellidos, que dieron, y confirmaron para emulación del siglo los dos Católicos Reyes, Fernando, y Y sabel (ijos de la Fe, en cuyos hombros parece que se ha tenido, como en columnas de mármol, todo el constante edificio de la Iglesia, aún a pesar de Herejes, y de Moriscos, de Bárbaros, y Gentiles, y otros monstruos infinitos) Finalmente, ya sabéis, como soberbio, y altivo, trató de buscarme esposo, muy conforme a sus designios, al tiempo que a nuestra Italia esta Provincia, en que miro ser tan común el estrago, como el incendio continoo. El Españo! Juan de Uibina, Maese de Campo altivo, y sagaz por sus campañas, sus contornos, y castillos, sus ciudades, sus aldeas, era horror, era cuchillo de Francia, para escarmiento de sus intentos malinos. Ya lo sé, pues despreciando, a un mismp tiempo los míos, en orden al matrimonio, con saber que era sobrino del gran Príncipe de Oranje, Virrey de Nápoles digno, y hacerle también notorio nuestro amor, nuestro cariño, que fue por el de los años, árbitro de los sentidos, ya en corteses galánteos, y ya en rendimientos finos, no solo aceto la oferta, más colerico; y corrido, insto más en los conciertos de Juan de Uibina, hoy los hizo hasta que fue vuestro esposo: antes ruego al cielo mismo; me abrasase una centella de sus cielos cristalinos, y después. Aquestas bodas en Nápoles concluimos, apenas cuando llamado del gran César Carlos Quinto, se ausentó de esta ciudad a ser (mas como lo digo?) azote de la heregía, y rayo del paganismo. Ahora conozco (ay cielos!) que mal hizó, que mal hizo mi padre en buscarme esposo de títulos tan crecidos! No porque en aquesta ausencia, no me haya siempre acudido con tesoros, con riquezas, con régalos, y atavios. Qué bien se entiende que un hombre que por su esfuerzo ha subido a ser el Marqués de Oira, a ser Conde esclarecido de Burgomene, y a ser Alcayde de los castillos Filobo, y Abersa, y después señor del jardín Eliseo de Milan, y la Esforcesa, Maese de Campo altivo, gran Comendador de Liche, y otros mil títulos dignos, que por ahora no cuento. Claro está; pues (como digo) que un hombre de tantas partes, de que es el mundo testigo, claro está, que no podía, ni descuidado ni altivo, por ira lo más ruidoso, faltar a lo más preciso; no, sino porque (el ausente) murió mi padre, y no quiso venir a Napoles, donde fueramos a un tiempo mismo, yo el objeto a sus alagos, y el consuelo a mis gemidos. Es soldado (mas que mucho?) fue menester (no lo admiro) estaba ocupado (es cierto) fuera (ya lo habéis sabido) de que su prima (es verdad) me acompaña (yo lo estimo) trajola el Marqués (qué importa?) En fin, mi esposo no vino: y yo en aquesta ausencia di en pensar (qué desatino!) aquella pasión primera, aquel nuestro amor antiguo, aquel pasatiempo entonces, y ahora nuestro peligro; aquel que ahora es dolencia, y entonces fue nuestro alibio. Mas que poco que le importan aún árbol que está torcido las orquillas, y los palos, las zarzas, y los arrimos, si el doblegarse la vara lo tiene de su principio! poco importan, poco importan. Mas que vanas han salido las trazas de los obreros, que han intentado prolijos con dos leños empinados sustentar uno dificio, que casi está de las lluvias para dar un estallido) Dígolo, porque queriendo tal vez a solas conmigo, corregir estas pasiones, enmendar estos delirios, ya con acordar las partes del Marqués a quien estimo: ya con pensar que su prima descubrirá este delito, y ya valiéndome cuerda, tal vez de lo bien nacido; no por eso el corazón, inclinado a aquellos vicios, dispuesto a aquellas ruinas; por más que lo solicito, dejaba de ser entonces el árbol, y el edificio; con que mi amor más resuelto, más ardiente, y menos tibio, por los labios, y los ojos se exalaba ya en suspiros, ya se quietaba en dolencias. ya crecia en parasismos, ya era desasosiego, y otros afectos precisos, que por mi honra no cuento, aunque por ella los digo. Luego el haberme llamado, luego el haberme traído a vuestra presencia ahora? Es señor, para advertiros, que vino a noche vuestro tío, llamado de el Marqués y con el tercio de España, quizá para oburar el prolijo cerco, que de los Franceses tanto tiempo ha padecido Napoles, ciudad hermosa, raro de Italia prodigio: después de haber sujetado al Imperio, y al dominio del gran César tantas plazas. Con el Frances ha perdido a su deshonor, y en gloria de nuestro Monarca invicto: y también aquí es a donde más atento os necesito. Acabad, que me tenéis pendiente el alma de un hilo, Para que de aquí adelante, más prudente, o más esquivo templéis aquesos ardores, reprimáis esos delirios, olvidéis esas finezas, que es lo mismo que deciros (Conde, señor, yo estoy muerta! que es lo que pronuncio!) digo, que yo (mas que me acobardado? ahora me falta el brío? que yo (las voces se anudan, y se alteran los sentidos) que soy vuestra, y pienso serlo hasta la muerte: qué digo? yo vuestra? cómo es posible? aquesto es, que se ha salido el corazón a los labios; y es en vano el resistirlo. Mas de mi honor no creáis, que siendo como es, y ha sido más terso que los cristales, más puro que los armiños, más que sol ardiente; y claro, y más que los rayos limpio; quiera adelantar las culpas con infame precipicio. Y así, Conde (estoy morta!) mirad (en vano me ánimo) que he de ser a vuestros ruegos duro bronce, escollo vivo, seco tronco, fuerte muro, roca inmóvil, mármol frío. Antes aquesas campañas, esos montes esos riscos, verá el caluroso Estio correr tormentas de vidrio; Antes verá la fortuna, desasida de sus quicios, desgajada de sus Polos todo ese hermoso prodigio, toda aquesa arquitectura del cielo constante, y fijo: todo aquel pabellon, que coronado de visos, es la medida del tiempo, siendo el peso de los siglos; y antes veréis (que congoja!) mi amor (ya le habéis oído) mi corazón (es de cera) mi pecho (pero no es mío) mi agrado (mas qué penoso!) mi afecto (no tiene tino) mi vida (mortal estoy!) sin duda perdí el juicio; no acierto a despedirte: hay lance más peregrino! acábase de una vez mi resistencia, mi alivio, digo, pues. No digas más, que en la turbación colijo, que os ha pesado sin duda quizá, porque yo he sabido vuestro amor de vuestros labios, la primer vez que os he visto, de suerte, que le parezca a mi cordura, a mi adbitrio, que es facilidad del alma, lo que es fuerza del destino. Seis años ha que os adoro, y otros tantos ha que os sirvo; pues según esto, señora, a quien si no a mí es debido ese afecto? Ea mi bien, vuestro soy, y vuestro he sido, volved a informar el alma, no os avergüence el decirlo, Cielos, que es esto que escucho? Fabio, sin duda ha entendido, que solicita le ruego, y cobarde le dispido; cuanto el llamarle, el traerle a esta pieza, a aqueste sitio, es para que no me inquiete, y me vea: el alma ha sido. instrumento de estas penas; pues entre afectos distintos, ni cuida de mi remedio, ni trata de su peligro; pues honor a que esperamos! Quién más dichoso ha nacido? Señora, señora presto, que está mi señor vestido, y quiere salir de casa. Qué rigor! Hay tal descuido? Y ha preguntado por ti? Eso más? Pierdo el sentido! O está su prima con él? Idos, señor, idos, idos por vida vuestra: ay honor enque riesgo me has metido! ̱. Mucho siento el ausentarme; pero luego determino volver a veros. No es nada lo que el pecado ha cundido! ifuión, que aquesto es hecho. De vuestra cordura fío, que no volveréis a verme. Porque? Porque os lo suplico. ̱ El demonio que lo entienda; pero ya yo lo he entendido: esto es, que se quieren bien, ydisimulan conmigo. (̱. Ya os entiendo, estáis turbada, yserá lo que yo he dicho. Conde, pues eso decís? lan no me habéis entendido? A aquesto saliste, Ines? sonunca hubieras salido! ll Que tan presto despertase edueño de mi albedrío! Qué hacemos? presto que salé. Bien dices. Ya siento el ruido. Pues Blanca, a Dios. la Idos Fabio. Qué dolor! Qué desvarío! Romero, por esta tierra? Si señor, que es soldado, Dios bendito, y Dios loado. Y como le va en la guerra? ̱. No muy mal, aunque si va a decir lo que deseo, por Dios en quien juro, y creo, que me iba mejor allá; Pues si usted en ello cae, ya se acuerda cuando estaba en Madrid, y negociva esa vengala que trae, Que por aquellas posadas vendía mi pan sin miedo al seor Capitán Salcedo, y a todas sus camaradas. Y es mejor ser panadero, que soldado? Si señor, ser panadero es mejor, que no soldado, y lo infiero de lo que por mí ha pasado sin hacer a nadie ultraje: yo en mi tierra (que es Gétafe) era panadero honrado. Que aunque es verdad, que arrendaba cierta tierra de balia; porque otra que yo tenía, entre el pan la despachaba. No era mi industria tan vana, ni tan corto mi caudal, que no despachase a real dos cargas cada manana. Pues en no lloviendo luego, que el pan vendían sin tasa, trasto no quedaba en casa, que no le pegase fueno. Y con notable ojeriza, quemaba hasta los carbones, porque en estas ocasiones hacemos pan de ceniza. Con que vivía estimado en mi tierra, y con dinero: no es esto ser panero? pues aquesto es ser soldado. Estar (qué quiera, o no quiera) sujetó toda la vida a un camarada que pida, a un mosquetazo que hiera, a un Moro que me avasalle, a una pica que me aqueje, a un amigo que me deje, a un contrario que me halle, a una trompa que desmaya, a un arcabuz que derrienga, a una pelota que venga, a un ejército que vaya, a un faltar siempre el dinero, (que es la desdicha mayor) según esto no es mejo, que soldado, panadero? Pues como escogió el afan, y el trabajo de la guerra, pudiendo estarse en su tierra haciendo, y vendiendo pan? Porque no se cuantas veces que use de aquestas maranas, me conocieron las mañas aquellos señores jueces. Y por muy grande favor me enviaron maniatado, hasta dejarme embargado. Y a quien firve? Eso al mejor hombre de toda la Europa, por valeroso y experto. 1. . Es Avalos? No por cierto. 2. Es Alarcón? Poca ropa. 1. Es Cisneros? Linda flema! 2. Es Leiba? No le conozco. 1. Es Quesada? siconqe No es tan toscoso 2. Es Paredes? l. O Que se quema! Es Vibina en conclusión; No tiene el mundo otrotal. Ese es a quien quiero mal, solo por la oposición de velre tan levantado, que siempre me ha parecido, que indignamente ha subido al título que le han dado. Es un león sin segundo en el valor, y denuedo. Pues yo sé que tuvo miedo, y aún lo sabetodo el mundo en el sitio, en el asalto de Génova; pues rompida ya la muralla, y batida le vimos con sobrefalto, en medio de las escalas, faginas, y terraplenos, espantarse de los truenos, y esconderse de las balas. Antes es tal su despecho que de batallas vencidas, ha sacado cien heridas, que le están cruzando el pecho. Es un rayo. Es una gallina. Vuesarced no se resuelva, que por Dios que se nos vuelva la conversación moina. De qué suerte? Si me enojo. Duego se suele enojar? Y de camino cascar a donde no coma el piojo. Pues crea Romero, que en gentil cobarde su amo. Mas que corro como un gamo, y se lo cuento al Marqués? Y cuando se lo contara, que piensa que se me diera? Yo se que si lo supiera otro gallo le cantara. Vive Dios, que a ser preciso yo mismo le despedace. Mire usted lo que hace, no diga que no le aviso, Mas ya que esta imaginación con mí mismo enojo lidia. Usted se come de envidia, como otros de satampión. Vive Dios, que en la primera ocasión, que se ofreciere. Será lo que Dios quisiere. Le he de infamar de manera con obras, con aspereza, con verdades o ilusiones, que escurezca sus blasones, y deslustre sus proezas. Pues entre burlas, y verás, si le dura aquese afan, más que el señor Capitán ha de llevar para peras? Marqués, como habéis llegado? Como quien siempre ha vénico del César favorecido, y de Vuexcelencia honrado, Qué hay de Milan? Que el Frances se retiró. Y de Saboya? Qué nuestro designio apoya, Válgame san Babiles! Y en fin, de Roma? No hay más, de que queda saqueda. Como quien no dice nada, Cómo? Escucha, y lo sabrás. Que haga tanta estimación el Virrey de Juande Uibina; rayos el cielo fulmina contra mi enojo. Atención. nes, Dispuesto nuestro campo en escuadros. marchó fogosamente contra Roma, donde a pesar de varias prevenciones, del muro grueso las cervices doma: rompe sus huestes, tala sus bestiones, ciega la industria, y arde la Caloma, cuando del mar en esa tumba fría, aún es pavesa el luminar del día. El rumor ocasiona, el tambor suena, la trompa ánima, el pifano estremece, el horror amedrenta, el fuego truena, responde el eco, el humo desvanece, ejecuta el valor, la niebla enfrena, la sangre corre, la porfía crece, cada cual siendo en trance tan oscuro, pasmo del viento, y tosigo del muro. Un mar corría hundosamente lleno de púrpura caliente la muralla. la tierra se apretó hacia el basto seño, con la carga soez de tanta malla, aún el cuerpo de lágrimas sereno, confuso ya inundaba en la batalla, oscenamente cruel con ceño sumo, montes de fuego, a pielagos de humo. Pero el Duque de Borbón (onor valiente de esta invasión) sobre un Andaluz bayo, discurriendo por medio de la gente, rencor causaba, cuando el sol desmayo; registró las escalas impaciente, centerla militar, ardiente rayo: bien que encima del muro a tanta empresa, se mintió rayo, y se creyó pavasa. Porque de la distancia apenas toca el último escalón acelerado, cuando una sierpe de metal provoca, por cortarle los términos al hado, mucho veneno en confección no poca, cuyo aborto de plomo, y fuego airado, al General, al Duque más sangriento le hizo pasarlos términos del viento. Sirvio su muerte al campo de embarazo; mas yo que el tiempo gasto en atenciones la cuchilla empuñé, mi escudo embrazo, subo al muro; enfurezco mis leones, paveses rompo yesmos desenlazo, corto grenas hiriendo en los crestones; tanto fuego echalén que parecía cada golpe crepástulo del día. Db Bien como suele arrebar el viento en densos remolinos desatado, cuando después padece el escarmiento de su embarazo en el desierto prado: así yo castigue con mi ardimiento, cuando elampolición de mi cuidado, siendo a pesarde sus panezas sumas, Cierzo colarmas. y Abrigo con plumas. Mas viendo que duraba la porfía, brinco el muro; y haciéndosas pedazos, las puertas abro a la caballeria, reduzgo la batalla a breves plazos, sigo el alcance con mi infantería, echo al Sumo Pontifice los brazos, voyle a prender, más con industria rara, me dejó entre los brazos la Tiara. Huye a Sant Ángelta Sant Ángel llego, desde cuyos soberbios torreones, en vez de pelear a sangre, y fuego, censuras promulgó, y excomuniones; pero yo, que al escándalo, y al ruego, soy de mármol; envisto sus legiones, previniendo los dos contra cautelas, yo matar hombres, y el matar candelas. Y no parezca en mí aquesta osadía obstinación de arbitrio descarado: sabe Dios que intentamos la porfía, por dejar todo el mundo apaciguado; sabe el cielo también, que lo temía; pero fue proseguir lo comenzado, por alcanzara fuerza de atrevido la gracia, y el perdón del ofendido. Diose, pues, el Pontifice Clemente, y usando luego del perdón divino, a todos absolvió generalmente, de la forma que a todos le convino: y puesto en una torre con decente religión pía; y culto peregrino, permití el saco a nuestra gente ufana, desde aquella mañana a otra manana. Esta cabeza, pues, de todo el mundo, para el grande Monarca he conquistado, sin que jamás el César sin segundo, ni lo haya prevenido ni mandado: pero no cesara el brazo iracundo de mi diestra valiente, hasta que osado en eternas viviendo aclamaciones, haga dueñes del mundo sus pendones, ga dueñes de Feliz suerte! gran victoria! o cuanto lo he deseado! como lo intenté mil veces hallarme en aqueste asalto, para repetir mi esfuerzo; pero fue fuerza dejaros a vos, y a los Imperiales, señor Marqués, en el campo a vista ya de sus muros por sustituir el cargó de don Hugo de Moncada, Virrey de aquestos estados, cuya muerte hará famosa la sucesión de los años con la de tantos varones como en defensa, y amparo de esta Ciudad perecieron, haciendo sus nombres claros; Pero con vuestro valor, Marqués, y vuestros soldados pienso resistir el mundo, cuanto más el fuerte, y brabo ejército de Monsiur de Lautreón, Frances gallardo, debajo de cuyas lises se juntan, se han alistado más de treinta mil guerreros que ha dos meses, que alentados son horror de nuestros muros, y ambición de nuestros campos. Yo fío de mis Leones, que impacientes, y vizarros en este cerco prolijo han de acabar, hechos tantos, y tan grandes, en defensa de la Majestad de Carlos; que los crea el escarmiento, y los dude el sobresalto. . Rompamos todas las puertas, libertad, libertad. Fabio, sobrino, Conde, que es esto? Que a las puertas de Palacio llega el tercio del Marqués, revuelto, y amotinado a pedir a Vuexcelencia les haga francos los pasos, para irse todos juntos a sus tierras. Fuerte caso! buena ocasión es aquesta. . Casi de cólera rabio! Entremos todos adentro, libertad, libertad. Peos a qué aguardo? Qué dirá de mis Leones el tercio Napolitano? que dirán los Alemanes? Ea, Marqués, remediadlo 1. Por Cristo que va de verás. 2. Las puertas han quebrantado. La culpa tiene el Marqués, solo el Marqués ha causado este motín. El Marqués? El Marqués, pues con él sacó el ladronicio, y el robo. La destruición, y el asalto de Roma les dejó a todos tan ricos, y tan sobrados; que es preciso que aperezcan mas que la guerra; el descanso. Y eso es tener yo la culpa? Sí. Mentís como un villano. En Palacio? qué es aquesto) Por lo menos he logrado mi intención. Así castigo su desvergüenza, y mi agravio. Ay señores! qué dagritos! Ay, que le ha cortado un brazo! Muerto soy; válgame el cielo! Qué lindo desembarazo! Perdóneme Vuexcelencia, que castigar un agravio con esta resolución es a veces necesario, para que oficial ninguno, ni descompuesto ni osado pierda otra vez la vergüenza a su Maese de campo: y si no le mato, es, porque veo que se van entrando los soldados del motín a esa pieza; y así salgo a resistir sus intentos, que es primero en tales casos acudir a este remedio, que vengar aquel enfado. . 1. Vamos a ayudarle todos. 2. Pongámonos a sulado. Hermosísima disculpa. Hay suceso más extrano decid sobrino, que puedo hacer en lance tan raro? Señor, prender al Marqués, castigar su desacato, llevarle a una fortaleza, y hacerle todos los cargos de este motín que le imputan, porque te respeten cuantos pensaren con este ejemplo violar el solio sagrado de tu grandeza, supuesto que eres con títulos tantos el gran Príncipe de Oranje, Virrey de Napoles, claro vasallo de Carlos Quinto, y honor del Páis más bajo. Has dicho bien, cuida tú del Capitán entretanto que yo prendo a Juan de Uibina. Así eternizas tus años. . más extrano. Solas estamos, di lo que quisieres. No te espante (ay de mí!) que las mujeres lo que decir a veces deseamos, de vergüenza tal vez lo recatamos; y así. Ya te he entendido, pasa adelante, que pues hemos sido tan unas siempre, siempre tan amigas; bien puedes declararme tus fatigas. El Conde Fabio (ya le hauras mirado pasar aquesta calle con cuidado) el Conde Fabio (en vano me resisto) ya Blanca le auras visto, ablandar con suspiros, y con quejas, los hierros de esas rejas, encender el metal de esos balcones, con ardientes pasiones, pisar esos umbrales, desde que expira el solentre corales, hasta que nace en talamo de flores. Cosa que haya sentido mis ardores: . querrás que yo le diga (suerte escasa!) que no ronde esta casa? Pues, Leonor, llega tarde ese cuidado, porque ya se lo tengo suplicado: para esto, resuelta, y cortefana, le llamé esta mañana, y aunque dijo, que luego volvería, bien alcanzó el tesón de mi porfía. No, Blanca, antes quisiera (pues otra vez tu desazón le espera) que más afable, y menos desdenosa, le supieses decir (suerte dichosa!) mi pasión recatada, este amor, que me tiene transformada: este dulce veneno del sentido, este incendio oprimido, esta inquieta preñez de mis antojos, este ardor que se asoma por los ojos, esta fe, este cuidado: ha si supieses como yo he pensado decirle sin que arriesgue tu decoro, este amor inmortal con que le adoro! porque de suerte, amiga (ay Blanca hermo. me tiene cuidadosa (sa!) su porfía, su amor, y su asistencia, que es imposible hacerle resistencia. a mi amor, a mi afecto, a mis desvelos. Y así. Rabio de celos! Quisiera, claro está, ya lo barrunta tu amistad, tu cordura. Estoy difunta! Que tú, señora, en medio de esta calma le dijeses mi amor! Vivo sin alma! Porque ya que el Marqués mi primo (ad tantas exclamaciones. (vierte) Lance fuerte! @ig Y es fuerza que disponga de mi estado, conforme a su opiniona, Que esto he escuchado! Alviase en los dos tanta fatiga, casándonos al punto. . Hh falsa amiga! Alcanzo yo favor tan soberano, Blanca, de tu amistad. . Eso es envano. No malogre mi amor tanto desvelo, más que dudas? qué piensas? Soy de hielo. Tu Blanca, temerosa? No te admires, Leonor, que escrupulosa repare acciones tales, porque las que nacimos principales. Es verdad; pero siendo tan amigas, mas no, no se lo digas: criadas tengo yo, como tú, y todo, yo dispondré las cosas de tal modo, que sin que mi honor quede aventurado, sepa el Conde este amor, este cuidado. No te enojes por eso. Yo enojarme, Leonor? (raro suceso!) Antes, puesto que estás determinada, te tengo de ayudar tan arrestada, que aunque en ello aventure mi decoro, (como que yo le adoro) con la voz, con el alma, con la vida, de tus mismos afectos revestida, y en tus mismos ardores transformada, le diré tu ternura recatada, tu pena, tus suspiros, tus desvelos: (esto importa a mis celos) no hay para que llamar criada alguna, tu verás como es fuerzo tu fortuna (y en fe de la amistad, que tanto abono) cómo te sirvo, y como le ocasiono: de esta suerte divierto sus desvelos. Guarden tu vida, Blanca los cielos por tan grande favor, Esto es forzoso. Yo haré que el Conde Fabio sea tu esposo, antes pienso impedir aquestos lazos. . Deja, dejamodarte mil abrazos, nunca esperé de ti menos fineza. Él viene. Pues yo me entro a esotra pieza: más advierte primero. No hay que advertirme, puesto que lo infiero de tu amor, de tu pena, y de tu agrado. Yo agradezco el cuidado; pero. Todo mi amor lo considera. Es verdad, mas quisiera. Ya estás Leonor cansada. Pues de esa suerte no te digo nada, yo lo quiero fiar de tu cordura. En vano tu impaciencia lo asegura. Enmoese pesel El Marqués viene tras mí, sin duda que me vio entrar: hay más terrible pesar! quiero quitarme de aquí. Blanca, mi bien. Vano empleo, con mí mismo miedo lucho: Válgame el cielo! qué es esto? Ay de mí! qué es lo que veo? Conde, señor, vos aquí? tu afligida? tu penosa? Leonor, que tiene mi esposa? acaba? dilo? ay de mí! El Conde. Notable pena! Ahora tiene la culpa. Ya he encontrado una disculpa, quiera Dios que salga buena, es que viniendo a buscaros, Para qué? Para prenderos. vuestra esposa. Lances fieros! Vuestra prima, VUIDIAIIACL1O De dolor, de pena, y miedo no sabian responderme. Luego venís a prenderme por la herida de Salcedo? Señora, el Virrey (qué intento!) aquí el Conde, y mi señor? más que han entrado en rigor mientras me fura mi aposento, El Virrey llega cercado de una gruesa compañía de lúcida infantería, y hasta tu cuarto se ha entrado. Marqués, yo vengo a buscaros; pero creed de mi persona (bien nuestra amistad lo abona) que no quiero ocasiónaros (aquí he menester denuedo) porque os deseo servir, que esto no es más de cumplir con el Capitán Salcedo. Pues que manda Vuexcelencia? Que luego os deis a prisión. ̱. Notable resolución! Esto me huele a pendencia. Prenderme ahora que tengo a costa de tanto enfado el motín apaciguado, en cuya gente prevengo, Sangrientamente hazañoso en tan cruel adversidad decercar esta ciudad, y hacer mi nombre famoso. Quién ha de librar osado este Reino esclarecido, si está este brazo oprimido, yaqueste acero enbainado? Quien sino yo, que ha vencido natas veces al Frances, ll Sueco, al olandes, yotras Naciones, que han sido para más gloria de España, y vergüenza de su intento, motivos del escarmiento, yruinas de la campaña? Quien (sino mi es fuerzo) doma con una, y otra arrogancia salos caballos de Francía, ya las legiones de Roma? Pregunto, a quien han debido, sino a mis cuerdos afanes (perdonen los Capitanes derenombres más crecido) África tantas memorias? Italia tantos blasones? Flandes tantas invasiones? y España tantas victorias? Mas que intenta el corazón con tan grande resistencia? perdóneme Vuexcelencia, que está fue propia pasión de un pecho siempre arrestado en servicio de su Rey, y no es faltar a la ley, de noble, leal, y honrado, Como vos mismo sabéis de ocasión más apretada; esta, señor, es mi espada, basta que vos lo mandéis, Y basta (válgame Dios!) que el Conde hubiera llegado de Vuexcelencia mandado a prenderme, sin que vos Con poca seguridad repitáis esta prisión, que es infamar mi opinión, y oscurecer mi lealtad. Yo he mandado a mi sobrino que os prendiese. Qué recelos! Apuraré sus desvelos. Hay lance más peregrino! . Luego el Conde (estoicorrido) me ha engañado (cruel porfía!) luego a otra cosa venía? luego el disculpar ha sido por divertir mis cuidados? . Yo os lo mandé? No señor, más fue celo de tu honor. Bien saben estos estados, que puntual tu persona en el gusto, o el pesar, siempre te ayudo a llevar el peso de tu corona. Y aún tú lo auras reparado en ocasión más molesta, las fatigas que me cuesta el haverme adelantado. Esos cielos son testigos de algunos sucesos varios, con que vencí tus contrarios, y postré tus enemigos. Que contienda porfiada, por autorizar tu honor, no conciui en tu favor con la lengua, y con la espada? Y bastenle a mis blasones, que a pesar de tantos daños, soy báculo de tus años, y alivio de tus pasiones. Y así en aquesta ocasión, sabiendo que convenía tanto a mi antigua porfía, como a tu reputación, Prender al Marqués osado, cruel, valeroso, y discreto, con recato, y con secreto me adelanté a tu cuidado. Así encubrí mi desvelo. Mas si es verdad lo que escucho? Con mí misma pasión lucho. Yo agradezco vuestro celo; pero otra vez no lo hagáis sin mi orden. No lo ignoro. Esto importa a mi decoro. Haré lo que me mandáis. No se que ofensa imagino, que atrevimiento, que agravio. de haber visto al Conde Fabio, que desde aquí detérmino, ser sobre el mundo constante de mi honor bello, y luciente, centinela de mi gente, y atalaya vigilante. Doña Blanca tiene amor, aunque es tal su resistencia; pues hagamos la experiencia. de festejar a Leonor. Que de esta suerte arrestado quizá en su desasosiego, sabrá vencer un despego lo que no puede un agrado. Casarse Leonor quería, viviendo yo con el Conde? el Conde, que corresponde a mi constante porfía? Yo pasar por el rigor de tan crueles pensamientos? estorbaré sus intentos, aunque aventure mi honor. O el discurso no es ingrato, o en Blanca aquellos desvelos, tienen más fuerza de celos, que apariencia de recato. Con que desde hoy más presumo hacer aqueste soliego, vaya descubierto en fuegro lo que ha malogrado el humo. Con valor, y con denuedo; pues lo pide la ocasión, pienso tenerle en prisión, hasta tanto que Salcedo, Con presteza conocida, sin otro nuevo embarazo, ya que no sane del brazo, convalezca de la herida. Todos van entre si hablando, y ninguno se demuda; grandes intentos sin duda deben de estar fabricando. O se engañan los sentidos con dudas tan desiguales, o me mienten las señales, o están todos escocidos. Esto importa a mis proezas. Esto importa a mis recelos. Esto importa a mis desvelos. Esto importa a mis finezas. Esto importa a mis cuidados. Aquí no hay sino aguardar. Paciencia, y no boquear, Qué atrevimientos! Que enfados! Cruel fortuna! Suerte escasal Vamos a Palacio. Pues que dispones del Marqués? Qué quede preso en su casa, donde de escolta, y de guarda dos compañías le asistan de Alemanes, que resistan cualquier intento. Qué aguarda mi paciencia? mas lealtad, obedecer es aquí lo que conviene; y así de mis dudas la verdad averiguar determino. Vuestras ordenes deseo obedecer. Así creo de vuestra lealtad: sobrino vamos. Vamos: muerto voy! Averignar mis celos procuro. Rabio de celos! De celos rabiando estoy,
JORNADA SEGUNDA
Qué hacias con Leonor? pasiones raras! Cierto que agradecí, que me llámaras: porque es tan cansada mi señora, después que el Conde Fabio la enamora, quizá por divertirla. Ay Ines! que el haberla festejado, no es sino por sacar de mi cuidado una color violenta, como la que hoy mi desvarío intenta. Ya estoy determinada. De qué Blanca llamase a la criada, no se que he presumido; que de una en otra pieza me ha traído mi propio pensamiento; pero aquí están, escucharé su intento. Servirte solo espero. Pero escucha, y sabrás lo que te quiero. El alma se me va por los oídos. El Conde Fabio, el Conde (ya lo sabes) con cuantas penas graves, con cuanto amor, con cuanta diligencia ha intentado vencer mi resistencia; ues DD pues de su amor, su pena, y su cuidado, no en vano han mormurado las fuentes, que el Pusilico desata en paramos de plata, las ojas que el Fabonio lisonjea a envidia de Amaltea, y las estrellas que el Planeta dora, desde el Ocaso hasta la blanca Aurora: puesto que en ocasiones diferentes, las estrellas, las ojas, y las fuentes, fueron testigo de su amor rendido, más cuando no lo han sido en iguales congojas las estrellas, las fuentes, y las ojas. El Conde, pues, que atento ha reparado en mi propio cuidado, un deseo que turba mi reposo, y un recato, que es miedo de mi esposo a mi amor solo atento, determina pasarse (rato intento!) a Francia, en cuyo término espacioso, por noble, por traidor, por alevoso su Rey le ha señalado un cuantioso estado, un mayorazgo (cómo te lo digo!) donde (ay de mí!) llevándome consigo, y en fe de esta promesa; él Duque, yo Duquesa, el señor, yo señora, él traidor, yo traidora, él a mante, yo ciega, el atrevido, sin las dolencias, él, que ha padecido, sin lo; peligros, yo, que he contrastado, él fino, yo segura, él sosegado con modo tan notable, y exquisito; mintamos la sospecha del delito. Y para que esta fuga tenga efecto, cauteloso, y discreto con el Frances Lautrech se ha carteado aquel Genetal, que porfiado, con ordenes maduros, es hoy la surbación de nuestros muros: en cuya confianza; seguro nuestro amor, nuestra esperanza, partir podemos está misma noche, cuando el ardiente coche con trémulos ensayos, hollando luces, y pisando rayos, descansa en su Occidente Monarquía de la carrera universal del día. Ya quise al Conde con ardiente celo, ya fue de nuestro amor testigo el cielo: ya dije que le adoro, para conmigo ya perdí el decoro, ya pienso, que soy mala, que el vulgo con la mano me señala. Noble soy, es verdad, yo lo confieso, más mucho peor por eso; porque lo que una vez determinamos, como el alma, y la vida descamos las que nobles nacimos, por la misma razón que lo quisimos. Este es su amor, aquestos sus alientos, y yo también que apruebo sus intentos: no me repliques nada; estoy resuelta, estoy determinada, bien como alguna vez ha sucedido al bruto esclarecido, por más que ser presuma, hijo del viento o hijo de la espuma, correr precipitado, dejando aquí el bocado; allí las riendas, aculla el estrivo; y con nuevo incentivo en busca de su muerte, globos de fuego por los ojos vierte; azota con las clines el arena; turba a relinchos la región serena, y abrasa con las unas cuanto toca, siendo en manos, en crines, vista, y boca (auna pesar de la fatiga inquieta) rayo, trueno, telampago, y cometa, No de otra suerte yo con igual ceñoo (ya le que es loco empeño) dejando (no lo ignoro) aquí la obligación allí el decoro, aquí el consejo, y aculla la fama, me arrojó al precipicio que me inflama. Yo voy a huir los riesgos que aquí toco, yo voy a ser Duquesa, y si esto es poco, yo voy a mejorar tantos desvelos como tengo de celos, y recelos; yo voy con elección tan arrestada a curarme en salud, y si esto es nada, voy a vivir con quien me corresponde. Toma aqueste papel, dasele al Conde discreta, y cuidadosa, mientras yo, diligente, y codiciosa, recogiendo las joyas de más peso doy principio a la infamia, y al suceso. Que dolor! qué desconsuelos! hay suceso más cruel? Fuese, y déjome el papel del Conde. Rabio de celos! estorbaré sus desvelos con uno, y otro pesar. Luego le voy a llevar: porque el diablo no me inquiete. Voy a rasgar el villete: más quiero disimular. Ines. Mas que me le topa? que notable desconcierto! con la turbación, no acierto a las mangas de la ropa: parece que soy de estopa. Decid, a que habéis venido? A servirte, que descuido! Estad os conmigo, o1 Estoime. Idos allá fuera, Voyme: lindamente ha sucedido. Blanca está determinada, con fuga tan impaciente, a violar infamemente la inmunidad de casada: Yo temo acción tan airada; porque es fuerza (así lo siento) del Marqués, fiero, y sangriento, que si este agravio permito, ella cometa el delito, y yo parue el escarmiento. Pues qué remedio ha de haber en tan confuso penar con que no venga a pagar los hierros de su mujer? Decirlo, no, que es hacer más oscura la opinión del Marqués, si en conclusión, cuando a ilustrarla madruga puede resistir la fuga; pero no la inclinación, Luego si para excusarlo en peligro tan urgente, es igual inconveniente el decirlo, que el callarlo; yo misma quiero intentarlo, aunque esta pasión condena mi suerte de agravios llena en el medio que señala; yo misma quiero ser mala, porque ella parezca buena. Sea, o no sea bajeza; yo quiero seguir al Conde, puesto que me corresponde con una, y otra fineza: perdóneme la nobleza, que de esta suerte arrestada, pienso hacer, que Blanca airada, se emiende reconocida, ya que no de arrepentida, quizá de desesperada. Aquesta noche a deshora con la voz y con el nombre de Blanca (nadie se asombre; pues nadie mi amor ignora) ir podré hasta la Aurora, hermosa luciente, y bella, que blancos topacios huella sobre esferas de colores; salga a ilustrar sus errores tan ciegos como mi estrella, Aunque esté (notable error!) de mi dueño aborrecida, aunque me cueste la vida tengo de lograr mi amor: así restauro el honor de mi primo ansí se infiere mi valor, ansi prefiere mi suerte tantos desvelos, ansi cumplo con mis celos, y v enga lo que viniere. n. No has ido. Ines? a que esperas? vete al instante: Leonor, tú en mi cuarto? gran favor! Y de eso no más te alteras? Admírome de qué quieras honrarme ahora. Eso es venir a sentirte, Pues que es lo que mandáis, señora? más mi afecto no lo ignora, querrás que diga al Marqués Tu desvelo, tu cuidado, y en fe de tan noble intento, que es fuerce tu casamiento con prudencia, y con agrado? No vengo a darte ese enfado, que yo se de tus desvelos otra cosa. Son recelos vanos. Mas es que temor. Esto es celo de tu amor. Blanca, no son sino celos. Qué dices? cruel advertencia! tú me pierdes el decoro? sabes que al Marqués adoro, y que estimo su presencia? Así infamas mi inocencia? que por esta maldad paso? perdiste el sentido acaso? en vano el dolor réprimo! Yo le contaré a tu primo aquesta ofensa. Habla paso. En vano lo persuades a mi amor, a mi cuidado, después de haberle empeñado con locas temeridades: más vanas curiosidades, nunca resisten al sol, Si no es cuando suarrebol luce continuos desmayos, que le dio el cielo a sus rayos por testigo un gírasol. Pues para un clavel villano, que porfiare curioso, hay un puñal alevoso, y un escarmiento temprano. Sí, pero al echar la mano, para templar tus congojas: guardateya (que te arrojas a acciones tan peregrinas) no encuentres con las espinas a donde buscas las ojas. Yba a responderte; pero mejor, Leonor, es dejarte. Haces bien de no empeñarte sin advertirlo primero. No me empeño, porque quiero, que castigue esta mudanza el Marqués. Vana esperanza. Cómo? Como si te sigo has de encontrar tu castigo, yendo a buscar tu venganza. Aquesas son ilusiones. No es sino verdad fundada. Yo te dejaré burlada. Yo burlaré tus pasiones. Ya no es tiempo de razones. Ya es ocasión de callar. Pues cautelas a trazar. Pues penas a disponer. Noche, comienza a nacer. Dia, acaba de espirar. Cuanto deben tus blasones, tus hazañas, tus proezas a Nápoles de finezas, y al vulgo de aclamaciones! Díganlo en tan breve espacio, sus fiestas, sus alegrías: pues sabiendo que venías aquesta tarde a palacio, A pesar de sus enojos, de sus cuitas, y sus menguas, las damas se hicieron lenguas, los hombres se hicieron ojos. Porque en tan gran apretura piensa toda la ciudad, que compró su libertad, no más de con su soltura. Mas dicen que te soltó el Virrey con calidad, y condición. Es verdad. Dirás mela? Porque no? Pues perdona estos enfados, y perdona, que ya escucho, sea poco, o sea mucho. Digo pues, qué castigados los Autores insolentes, las cabezas revoltosas, con sentencias afrentosas, y castigos diferentes: o el Príncipe trató luego de soltarme, porque vio mis descargos, y por no turbar el común sosiego: Pero fue con condición, de que conmigo trujese siempre, que se me ofreciese tiempo, lugar; y ocasión de recorrer la campaña con valor, y con denuedo. Quién es? Al Capitán Salcedo. Que con ser hijo de España sea también tu enemigo! por Dios que no tiene ley: mas porque manda el Virrey que vaya siempre contigo? Pero el suceso lo abona: querrá el Príncipe, en rigor, que él apoye tu valor, y tu honres su persona. Demodo, que cortesanos de hoy más, sin que haya mengua tute escapes de su lengua, y él se libre de tus manos. Esa la causa aura sido. De ese modo (a mi entender) su solo vienes a ser? (señor) el favorecido. Pues lo que el discurso piensa es, que con nuevo embarazo él se quede sin su brazo, y tu vengaste tu ofensa. Yo satisfaré aquel hierro si el tiempo ocasión me da. Bien es menester, que está el Capitán hecho un perro. Aguárdame en esta pieza mientras salgo, mientras vengo de ver al Virrey. Yo tengo un poquillo de pereza, y la quisiera dormir? mas no hay en Palacio donde. Válgate Dios por el Conde si acabares de salir. A muy pequeña distancia una Dama veo venir: aquí entra bien el fingir que soy hombre do importancia. Adónde vais tan despacio? Este es Romero? qué azar! mas yo me quiero tapar. No se tapan en Palacio, la muchachuela es de ley (así la pienso engañar) con quien queréis despachar? conmigo, o con el Virrey? Que aunque no tan estirado somos hombres como esotros. Que también entre nosotros haya lances apretados! Siento que estéis afligida, no respondéis? No soliego: yo mudo la voz, y luego le doy con la entretenida. A ella ya esta coleta que digo? Yo estoy temblando. Advertid que estáis hablando con don Vgier de Saleta: señor tan esclarecido, y de tanta estimación. Miente el sucio el lacayón. Aquí nos han conocido. El mochiller, el bufete, el picano, el tornillero, el tufían, el majadero, el insensato, el alcahuete, el márica, el bobalías, y el tambor. Mi enojo labra! esa es la mayor palabra de todas las letanías. Hacerme a mí tal ultraje, quien tan gran desprecio ha visto yo tambor: que boro a Cristo soy la honra de Jerafe: Mugercilla, si eres hombre sal aquí: porque te reta mi cólera de alcahueta, y para que más te asombre, de fregatriz, de mundana, de fea, de socarrona, de taimada, de burona, de pícara, y de liviana. De mi paciencia me espanto, no se como (virtud rara!) no la rompo aquesa cara, y la quito aquese manto. Vos habmáis de tocarme en un peloruecio, loco. Pues tocar? mire si toco, ya no puedo reportarme. Qué me matan! Eso sí. Tened, qué es esto? A No es nada, enterrad esa tapada. Yo soy. b Sallos de aquí. No pudo hallar mi despecho venganza más conveniente, y al a casqué lindamente, con que parto satisfecho. Que contentico que irá de abollarme la jausilla; pues no seré yo Inesilla, o el tal me la pagara. Qué hay de nuevo? Que mi ama (mucho debes a su amor) sin advertir en su honor, ni reparar en su fama; Pronósticos infelices de un afecto mal nacido, se ha resuelto, se ha ofrecido a ser tu dama. Qué dices? Que procures la jornada de Francia sin embarazos. Dame, Ines, aquesos brazos: pídeme albricias. No es nada. Di; qué verá sus cuidados o en la mas alta fortuna: di, que no tema ninguna oposición de los hados. Porque a tan grandes umpresas, ayuda sin dilaciones Lautrechcon sus escuadrones, y Francia con sus promesas. Di, que para hacer mayoro nuestra traición, nuestra vida, tendré también prevenida con industria, y con valor Una tropa de caballos de naciones diferentes, de amigos, y confidentes, de parciales, y vasallos. Dila. Unes, que nos parta mos al punto, luego al instante, di, que se es fuerce constante, porque mañana veamos Toda esta ciudad cercada, como otra Troya encendida a rayos oscurecida, y a incendios aniquilada. Bien a Troya la condena tu rigor, cuando la apoya; pues es fuerza que haya Troya, habiendo robo de Elena. Una vez determinado, naei noble, y soy traidor. Sí, más si después, Leonor te costase algún cuidado; Buena la hace mi señora. Eso has de pensar? no ves que es todo mi bien, y que es Blanca, a quien el alma adora? que esotro amor fue ilusión. Parece que soy yo manca, para ocasionar en Blanca tan grande resolución. Aquí está el Conde, no se que examino en su semblante, desde aquel primero instante, que en mi casa le encontré, No se que tiene, que luego que le registran los ojos, ccasiona mis enojos, yperturba mi sosiego. una dama está con el Esp debe a su crueldad. Y en fe de aquesta verdad eenbía aqueste papel. s válgame el cielo! qué escucho? noes esta Ines? pena brava! men vano me recelaba, conmi propia infamia lucho. quien vio más nueva porfía? El Marqués. l Válgame el cielo? El papel cayó en el suelo: posabré quien se lo envía. Ves el papel? Ya le he visto, que, que yo, le alzaré la Adónde vais? ̱. Que dolor! lllevantar. Qué locura! aquí he menester cordura. l Aquí he menester valor. Yendo a ver a vuestrotio eme cayó en esa pieza sse papel (qué ribieza!) presumo que es el mío, Pues os habéis engañado, dlarqués, porque a mi entender, ale cayó a una mujer Dejaldo, qué es excusado: hay males! con menos prisa. . No soliego . No reposo. Este cuidado es forzoso. Esta cautela es precisa. Qué aguardo? Qué es lo que espero? Ya está mi suerte arrestada! pues Marqués, con esta espada. Pues Conde, con este acero. Sobrino, Marqués, vosotros (tened, tened los estoques) vosotros (válgame el cielo!) opuestos, y desconformes, ahora que Francia, Francia con falsas supoficiones, con públicas asechanchas, y con manifiestos dobles; no solo áspira a ser Reina del mundo entre las naciones; pero a ser sangrientamente el cuchillo de los hombres, el pretejto de los malos; la cizaña de los nobles; la turbación de los Reinos, y el escándalo del Orbe. Agora que está ciudad expuesta a sus invasiones, ocasionada a sus hierros, y tímida a sus errores, ni se acobarda ni esfuerza; antes por sus escuadrones, si es divertimiento el parche, sirve de fatiga el bronce; que puede nuestroenemigo desear, que más le importe, que a questas guerras civiles, o parciales disiensiones entre los dos Capitanes. de más fama, y de más nombre? Decid la causa, porque (puesto que yo la confirme) sino quedáis muy amigos, en vez de competidores, a cada cual de los dos, aunque Nápoles lo llore, junto con su escarmiento sirva de emienda una torre. Señor? Aqueste papel. Dice el Marqués. Dice el Conde. Ea, decid, acabad. Es de una señora noble, que por discreta, y hermosa es alma de mis acciones. trújole aquí su criada, y dice el Marqués. Qué errores! Dice el Marqués (claro está) que también cuidado pone en festejar esa dama; que es suyo el papel, y porque a un tiempo acabe, y comienze una de las dos pasiones; le re mitáis al duelo firmes, resueltos y nobles? pues quien como este papel en sus letras, sus renglones os sácara de esta duda? a quien nombrare, ese goce entre régalos de Venus, la felicidad de Adonís. Advertid (mortal estoy!) Mira: hay más contradicciones! Qué haces? Quitar el nema, Qué intentas? ol Leer sus rengiones. Antes me quites la vida, señor, señor. Qué temores! Repara, advierte primero, que me afrentas. Qué ilusiones! ya estoy resuelto, dejadme; así mi intención dispone mediar vuestras inquietudes. Aunque mi muerte ocasión Vida es siempre un desengaño en lances de aqueste porte. Aunque aventures mi honor Y aunque a vuestro honor importe Señor. No hay que replicar. Mira primero. No hay orden. Qué aventuro? Ya lo se. Qué pierdo? Nadie lo ignoré. Mi vida. Estáis engañado. Mi honor. Son ciegos errores. No hay remedio? No hay remedio. Estáis resuelto? Soy noble. Pues yo me voy por no oíros. Conmigo resoluciones? Yo también por no escúcharos. Venid Marqués, volved Conde por vida de Carlos Cuinto; que habéis de oír sus razones de este pabel, aunque os pese. El descubre mis traiciones. El pública mi deshonra. . Así remedio se pone. d ha de mi guarda, soldados: castigaré esta desorden. Yo os escucho. Soy de mármol! Ya os atiendo. Soy de bronce! sin firma, ni sobrescrito, dice así en pocos renglones. Qué discreta anduvo Blanca (puesto que así se apasione) en callar nuestras finezas, y en cubrir nuestros errores! A cruel fiera enemiga! en vano, en vano dispones atrevimiento tan cruel, y resolución tan torpe. Este es el papel; ya veis que en equívocas razones, ni dice a quien aborrece, ni declara a quien escoge. Pues ni uno, ni otro ha de ser el galán que la enamore, el dueño que la festeje, ni el dichoso que la robe. Esta misma noche, entrambos, y a la hora de las doce habéis de salir al campo: vos Fabio, sobrino, Conde, con dos compañías vuestras de caballos corredores, a inquietar al enemigo, porque hasta el miedo le postre: y vos id con otras dos compañías de Españoles a dar una encamisada al campo enemigo, a donde mediante vuestro valor logremos la industria, con que tenéis suspendido el mundo, y atemorizado el Orbe. Hay engaño más prolijo! esta noche? Esta noche; pues vuestra experiencia acaso ha menester que la informen? Hay contradicción mayor! y a las doce? Y a las doce, cuando los fatigue el sueño a todos los cercadores. Pues cautelas, acabemos. Pues discurramos temores. La traición me está llamando. La venganza me da voces. Esto ha de ser vive el cielo, pena de infames traidores, por ahora, que después con prudentes atenciones sabré remediar el duelo que vuestra unión descompone. Yo quiero acetar, que así disímulo mis traiciones. Yo castigaré este agravio sin faltar a mis blasones. Qué decís? qué respondéis? Que cumplire vuestra orden. Que daré la encamisada. Sois valerosos, sois nobles: no en valde (sobrino jos llaman el trueno de las naciones: no en vano (Marqués) sois vos rayo de los Españoles. Pues fatigad la campaña, donde cada cual se informe rayo desatad o en furias, trueno deshecho en horrores. Vivas los anos del Fénix, para que siempre nos honres. Tengan siempre tus hazabas debidas aclamaciones. Sean para eternizaros débil materia los bronces. Por que piensan que traemos esta seña que llevamos? para que nos conozcamos, cuando al contrario casquemos. 1. Este es el ardid mejor, que ha inventado la milicia. 2. Ya por saberlo codicia en campaña mi valor. Aquesta noche acabamos con todo el poder de Francia, y si no es de importancia, hagan cuenta que humillamos sus soberbias altiveces, sus impetus, y bravezas; llevarán en las cabezas como Dios hizo unas nueces. 1. Pues aunque el campo se agote. con acción tan singular; esta noche pienso hartar a los diablos de gigote. 2. Yo con gana de traello, y para adquirir gran fama le he prometido a mi dama cinco matas de cabello. Mas como no habla usted, señor Capitán Salcedo? No hablo, porque no puedo, porque no quiero, o porque Son tan grandes mis enojos, que estoy a pesar de agravios, de cólera hasta los labios, y de rabia hasta los ojos. Hay contradicción mayor! que el Príncipe, que el Virrey, sin Dios, sin alma, sin ley quiera obligarme en rigor, Que acompañe la persona del Marqués (aquien maldigo) yo de su valor testigo, cuando mi furia ocasiona? Yo confesar (que embarazo!) tanta hazaña esclarecida? antes perderé esta vida, como perdí aqueste brazo. Vuesasted es un perdido 1. Vuesasted está emperrado. 2. Usted está endemoniado; Camaradas, poco ruido. pues conocen mi valor. A todo esto, que hora es? Cerca de las doce. . Pues llame usted a mi señor, para que nos vamos luego a dormir, o a pelear. Por cual postigo he de entrar? de cólera no sosiego! Por ese que ve de enfrente, que es un cuarto retirado, que el Marqués ha reservado para recibir la gente. Ya determinado vengo a malograr tanta fama; ya mi desvelo me infama, ya estoy resuelto, ya tengo (con intento de lograllos, esos campos son testigos) de parciales, y de amigos, hasta trecientos caballos. Mas son vanas ilusiones, o hacia aquí sueña una llave. Ninguna como yo sabe cumplir sus obligaciones. Este es él Condes señor? gran mal, escúdhame atento: yo entre ahora en la posento de mi amo, y en rigor Le vi estar muy pensatino, muy muerto, muy desmayado, afligido, y desvelado, triste, y imaginativo. De aqueste modo lo hallé, mi temor la causa ignora: pero se que mi señora, luego que se lo conté, Comenzó (remedios vanos) a maldecir su soliego, a torcer la boca luego, y a juntar entrambas manos, A patear contra el suelo, a volver el rostro airado, y a plegar (qué es muy usado) una, y otra vez al cielo. Y yo entonces advertida del susto de mi señora, (que he de ser su servidora aunque me cueste la vida) Salgo a decirte (gran mana me dio el cielo para todo) que no vi al Marqués con modo de salira la campaña. Y mi señora es forzoso (puesto que ya lo prevenga) que se aguarde, y se detenga hasta que salga su esposo. Según aquesta advertencia, buena, o mala en conclusión, coliga tu conclusión, cuál será la consecuencia. Esta es en suma la historia, tu cuidado lo colige, yo me vuelvo adentro dije aquí gracia, y después gloria. Aguarda, detente, espera, tu amo tan cuidadoso? cosa que esté escrupuloso de nuestra fuga severa. Recelos vamos despacio; pues nos importa; el Marqués no pudo escuchar a Ines aquesta tarde en palacio? Porque según la porfía de aquel papel que buscaba, parece que sospechaba lo mismo que contenía. Luego el estar con cuidado, también puede haber nacido de aquel lance sucedido, y de este agravio ignorado? Señores, y amigos míos, el Marqués dice, y ordena, que salgan a la campaña, con buena orden, y en ella le aguarden hasta que cumpla con no se que diligencia. Y por si tardare mucho, y algunas tropas Francesas (que suelen correr el campo en ocasiones como estas) los cogieren descuidados, sin que retirarse puedan; en tal caso manda, que le avisen, y prevengan con un mosquete, un clarín, o tambor porque a esta sena acudira valeroso, aunque vida, y honor pierda. Fiados en su palabra pártimos luego. Esa es buena! luego creen que ha de ayudarlos? Dejese de esas quimeras, que cuando mi amo no vaya, ni usted tampoco venga; Dios como buen pastor, mirará por sus obejas: 1. Ea, vamos caminando. 2. Y el seor Capitán se queda? No saben que entre soldados es la mayor excelencia obedecer? bien ha dicho, Dios nos la depare buena. 1. Yo voy a hacer sálpicones. 2. Y yo a cortar cabelleras. Pues seor Capitán Salcedo. Qué? Cuidado con la seña. . Un hombre he visto en la calle, quiero saber lo que intenta. Ciertos son estos recelos. No en vano el Marqués se queda, Blanca no puede salir: que de peligros me cercan! el Marqués está en su cuarto, yo solicito su ofensa, la traición va muy despacio, y la noche muy apriesa; pues no lo perdamos todo: con la gente que me espera emboscada, y prevenida entre la oscura maleza de esos campos; vive el cielo, que he de estorbar la cautela. del Marqués infiel matando cuantos soldados la intentan, y después más impaciente, con las escuadras Francesas, por violencia, o por industria, haré que Nápoles vea postrados sus capiteles, derribadas sus almenas, caídos sus edificios, y quebrantadas sus puertas; hasta que sacando a Blanca entre el ruido, y las pavesas, entre las voces, y el humo, entre la sangre, y las quejas vamos a vivir a Francia, que nos llama, y nos alberga. Hay dueño hermoso del alma! hay más que adorada prenda! cuanto siento el ausentarme; más es precisa esta ausencia, para mentir de tu esposo tan bien nacidas sospechas, para lograr mis traiciones, para asegurar tus penas, para cumplir mi palabra, y gozar de tu belleza. Parece espía de Francia por la divisa que lleva. En tanto que mis soldados. en la campaña me esperan para dar la encamisada, dejando las luces muertas, Y cerrando los postigos, que salen a esotras piezas, porque presuman en casa (ay de mi honor!) que estoy fuera; salgo a la calle a buscar con mi venganza mi ofensa, con mi escarmiento mi agravio, i con mi dolor mi afrenta. Quién será aquesta enemiga? ya por saberlo revienta elcorazón, que deshecho entre mil dudas violentas, ni vive de las que afirma, ni muere de las que niega. Será Leonor? más Leonor, pues Blanca: pero es quimera: desdicha, yo no os entiendo, no hay quien os sufra sospechas; recelos vamos despacio, agravios tened paciencia; Jnes, solamente sabe aquella infame tercera de mi honor aqueste agravio, y aunque es verdad, que me afrenta no la mato por no hacer con aquesta diligencia, sespechosa la venganza, i notoria la cautela. Así logro la ocasión; eeste es el Conde, a que esperan mis cautelas, mis engaños? Pasos hacia a mí se acercan. Conde, señor, dueño mío. Conde yo? como usted Reina. qué es eso? hablad, no os turbéis. Es señor. Desdicha fiera! Que aquesta dama tapada. Acabad. Quién lo creyera? ̱. Salio. Decid por donde? Creo que por esta puerta, y me ha tenido. Por quién? No se, que el Conde, Aquesta es la que el papel decía, esta es sin duda la ofensa de mi honor, está el cuchillo de mi vida, esta la rueda de mi fortuna, el objeto de mis ahogos, la pena, el escándalo, la mancha de mis blasones, aquesta la causa de mis suspiros, y la ocasión de mis quejas. Hay confusión más cruel! cuando pensaba (estoy muerta!) engañar al Conde Fabio, para cuya rara empresa, luego que entró la criada salí yo misma a la puerta? cielos, quien tal ha pensado? vengo a hallarme en la presencia de mi primo? soy de hielo! . Cielos, aquesta es la seña: vamos Salcedo. Corramos. Mas esperad. Linda flema! Idos vos: cuanto le cuestas de perdida a mis blasones! de inquietud a mis sospechas! Qué decís? Que nos partamos: más volved. Qué es lo que ordenas? Hay suerte más desgraciada! Desdichas, quien no lo yerra? Señor el aprieto es grande: ya son dos veces con esta. A quién suceden, a quien, tantos linajes de penas, como en espacio tan brevo me afligen, y me atormentan? pues descubrirla es hacer mi deshonra manifiesta; pues matarle, es prevenir al Conde de esta cautela; pues detenerme, es dejar sin socorro aquella empresa, sin crédito mi valor: pues irme sin conocerla, es acabar de un recelo, y morir de una sospecha: callar es poca cordura, discurrir mucha prudencia, pasar por ello es infamia, estarme, no es diligencia, irme, el mayor imposible: mas ya se de que manera cumplir ahora con tantos peligros como me cercan; sabéis quien vive aquí dentro? sabéis cuya es esta puerta? En mi vida fuicurioso. Ni quién esta dama sea? Ni quién es aquesa dama. Ay de mí! qué es lo que inten Venid conmigo, señora. Pues cómo, a donde la llevas A mi cuarto, aquí estará en tanto que doy la vuelta, y socorro a mis soldados: yo castigaré esta ofensa, yo te quitaré la vida, mancha vil, y sombra fiera de mi honor. Rigor notable! otra vez hacen la seña. Ea Capitán Salcedo, ea amigo, a la defensa de nuestra gente Española: vea el mundo las proezas, demos en los enemigos, desminuyamos sus fuerzas, entremos a sus cuarteles, envistamos sus trincheas, tema Francia, tiemble el mundo que va conmigo mi afrenta.
JORNADA TERCERA
Toda la noche he pasado buscando uno, y otro medio para trazar mi remedio, y disculpar mi cuidado: más pues el día es llegado, y ningún remedio espero y tarda el Marqués, yo quiero en desdicha tan penosa, escapándome animosa, huir de lance tan fiero. Como el ave, que en rigor, por diafanas espumas fuieque con veloces plumas iba al cielo de mi amor: más cuando en tiempo mejor en fe de que ya me ánimo; las alas al viento esgrimo con movimientos escasos, salió a atajarme los pasos el Baharí de mi primo. Pues buen remedio, intentemo la libertad que buscamos, salgamos luego, salgamos del peligro en que nos vemos? yo burlaré sus extremos, pues es mío el interés: yo que me esfuerzo después de tan valiente fineza, sabré salir de esta pieza antes que venga el Marqués. Unes, a lo que recelo está sola en casa; pues yo quiero decir a Unes, que eche está puerta en el suelo; pues disculpando mi celo; pero con manto? (que enfado!) quiero dejarle guardado antes que llame a la puerta: porque hallándome cubierta descubrirá mi cuidado. Después que Ines mi criada esta noche (acción forzosa) o me avisó temerosa, o me previno turbada: estoy como desvelada, de suerte, que cuando llego a apetecer el fosiego con vana solicitud; en lugar de una quietud encuentro un desasosiego. Como arroyo, que sediento por inundar otro vaso fui, que con resuelto paso, corría hacia mi escarmiento: mas luego que el movimiento de esta inclinación mortal, fue imitando aquel raudal, me embargó el correr de prisa, un hielo toda la risa, y un temor todo el cristal. Y así busca mi desvelo el desengaño, que ignoro el sol, que con rayos de oro rompa la prisión de hielo; pues cuando, según recelo) o la desdicha, o el hado malogran tanto cuidado, de consuelo aurá servido, que muera de lo advertido, y no de lo sospechado. Y pues ya el sol nos convida con ardimiento lustroso quiero decir a mi esposo la causa de esta venida: que aunque le encuentre homicida en acción tan arrestada; mas quiero (a costa de osada) pasar por última afrenta, una ejecución violenta, que una muerte dilatada. O son vanas ilusiones, o Blanca se ha ido ya con el Conde. Tiempo aurás para lograr mis traiciones. Pues según estas pasiones. Pues según estas quererlas. Voy a mejorar mi estrella. Voy a buscar al Marqués. Yo quiero llamara Ines: Blanca hermosa. Leonor bella. Ahora infame sabrás con tu muerte mi venganza: válgame el cielo, que miro! aquí Leonor? aquí Blanca? valedme cielos, valedme! hay confusión más extraña! Parece que las potencias suspendidas con el alma, traban mi desasosiego, y culpan mi vigilancia. Hay más notable suceso! que se hallase en esta cuadra doña Blanca al tiempo mismo, que el Marqués en ella entraba para castigar mi agravio, y ejecutar su venganza? y que yo sin manto esté? cosas son que averiguadas parecen fingidos sueños, aún más que verdades claras. Salgan de esta vez mis penas. Salgan de esta vez mis ansias. Desde a noche que me dijo. Quién? Ines nuestra criada que estabas triste. Ay de mí! Y melancólico. Acaba. No he podido sosegar, hasta que aquesta manana yo misma quise saber, triste también, y turbada la causa de tu venida: y apenas el sol rayaba con la púrpura los montes, y con el orolas plantas. Cuando sin más prevención. Qué? Lleguemos. . Di. Yo, y Blanca. A dónde? presto. A esta pieza, tan a un mismo tiempo entrambas, que sin vernos, nos hallamos a un tiempo en aquesta cuadra, Hay confusión más dudosa! sin duda que ha sido traza de las dos; porque confusa mi resolución airada, no solicite el castigo, ni verifique la infamia. Zeloso estoy, y aún corrido de no saber cual es causa de mi deshonra: qué es esto! mueran voto a Dios entrambas, Bien mío, Calla sirena. Señor. No me digas nada. Qué dices? Qué pierdo el juicio. Qué sientes? Que estoy sin alma. Tu triste? Yo vengatino. Tú con pena? Yo con rabia. Pues vengate. No es posible. Pues sosiégate. Es infamia: idos allá fuera respera, mira Leonor, llega Blanca. Mortal estoy! Lance fuerte! Decidme (congoja rara!) que hará un hombre como yo, de resolución tan ardua en un lance como aqueste, sin reputación, sin fama? loco estoy! qué es lo que digo? Cruel desdicha! Pena brava! Disimulemos agravios, perdonad, que aquestas ansias nacen de cierta pasión, que tiene suspensa el alma: y como os vi (qué locura!) ya el sufrimiento no basta, yo sin honra? pierdo el juicio! No en vano de sus palabras colijo ya mi desdicha. Salió cierta mi esperanza. No entre ninguno conmigo, Marqués Vibina. Quién llama? Yo, que vengo cuidadoso de esta suerte a vuestra casa, para saber el suceso grande de la encamisada, y para daros la orden, que habéis de seguir mañana; porque no permite menos atención, y vigilancia el cargo, que sostituyo con obligaciones tantas. Mi gente casi vencida de una tropa de corazas, se retiró a un monte espeso, cuya maleza intrincada, les vino a servir de muro, de trincheas, y barbacana; cuando llegué presuroso, y con sútil ordenanza. desde el puesto que tomaron hice disparar dos cargas, y hice a su pesar, que todos nos volviesen las espaldas. Quedó raso todo el monte, y por nuestra la campaña; y así llevando la gente por sendas no penetradas, camino hasta que asaltamos con valor, industria, y maña un cuartel del enemigo, en cuya espaciosa plaza envisto a mis enemigos, valiente dejo clavadas cinco piezas de batir; traigo diez banderas blancas, cojo treinta prisioneros, castigo sus arrogancias, mato más de cien soldados, hiere otros tantos mi saña, cargo con muchos despojos, y cuando a reir el alba doy vuelta a la ciudad; descubro en unas hoyadas al Conde Pedro Navarro (grande ingeniero de Francia) con docientos gastadores, que abriendo la tieraa basta, iban haciendo una mina para volar con sus trazas todo ese lienzo de muros, que confina con mi casa: tan notable ha sido siempre nuestra competencia rara; prendile al fin. Yalo sé, y también, como ordenaba vuestra gente os retirastes. colerico a vuestra casa a hacer cierta diligencia, que el corazón os tiraba; pues sabed que mi sobrino con la tropa de corazas, que mandé salira noche a recoger la campaña, os envistió, pero viendo mentidas sus esperanzas, desleal, traidor, astuto se pasó al campo de Francia. El Conde? Vuestro sobrino? Esto no más me faltabas. Ha ingrato amante? Ha cruel! Hay honor cuanto me infamas! Pero llegó a tan mal tiempo: que ya su ejército marcha a rehacerse a Florencia, llevando sobre unas andas. a su General difunto Monsiur de Lautrech, gallarda persona sobre los hombros de la nobleza de Francia. Tan notable la fue la peste, y la contagión fue tanta, de que el campo adoleció, que entre sus guerreros faltan, más de siere mil soldados de opinión, de nombre; y fama. Y los que quedaron vivos, de fuerzas tan delicadas, que ya sustentar no pueden el manejo de las armas. Esto he sabido, y así vengo a que salgáis manana con vuestro tercio valiente a herir en la retaguardía de ese ejército, que huye hasta sacarle de Italia: no tanto por defender la reputación de España, ni por deshacer tampoco sus huestes, ni sus escuadras; sino porque a vuestras manos muera la infelice mancha de mi honor, aquel sobrino, que con tan crecida infamia a desvanecer empieza la lealtad de nuestra casa. Yo quiero (ay honor perdido! salir luego a la campaña, y buscar a mi enemigo, antes que se pase a Francia. Que yo haré después examen de mi honor con fuerza tanta, que descubra sus delitos, y mueran a un tiempo entrambas. Debros yo en tanta desdicha (Marqués) facción tan honrada, perseguidle hasta matarle. Matarele antes que salga de su propio alojamiento. Esa es la mayor desgracia, Esa es la mayor desdicha. Esa es la mayor hazaña, Este es el mayor castigo, y la obligación más clara. Ay de mi vida si muere! Ay de mi honor si le mata! Ay de ti si es que te encuentra! Ay de mí si es que se escapa! Alivio, cielos, alivio! Constancia, cielos, constancia! Paciencia, cielos, paciencia! Venganza cielos, venganza! Esperando estoy por horas ya que mis penas me ensayan)) solamente a que se vayan y mi señor, y mis señoras. Ya se han ido, y de verdad puede ser que vuelvan presto; pues echemos (según esto) toda la curiosidad. Hoy han visto mis cuidados, sonar con distintos ecos todos los cuartos a huecos, sin estar asotanados. Y vengo a ver en rigor, sin más traque, ni barraque, si enferma del mismo achaque el cuarto de mi señor. Porque vista la verdad de esta confusión en medio, pongamos luego remedio slidina a tan grande novedad. Y no es sospecha excesiva, pues se cayó el suelo todo. Haced, amigos de modo, que pueda subirarriba. u. Quién eres fiero demonio, (ya vengas en paz, o en guerra) que del polvo de la tierra levantas un testimonio? Quién eres sombra intermedia, que de ti propia inducida vienes de la otra vida a ser paso de comedia? Yo soy, Ines. Suerte escasa! como por aquí has venido? Amigos, gran dicha ha sido acertar luego la casa. Y qué es lo que determina tu industria con tales modos? Idos, y esperadme todos a la puerta de la mina, con las demás huestes. Pues ya que suspensa me tienes: dime, señor, a quevienes? Luego lo sabrás, Ines: está en casa tu señora? A fuera fue con Leonor. Y tu señor? Mi señor? creo que ha salido ahora con todo el tercio de España. A dónde salió? A buscarte, Para qué? Para matarte, si el corazón no me engaña. Pues sabe que fui traidor? Ya pienso que lo ha sabido. Sabe que tengo rendido el pecho? También, señor. No en vano previene el medio a tantas dificultades. Por más que te persuades es difícil el remedio. Yo se, que es fácil. Repara, que se ha entrado de rondón. Quién? Aquel picaranzón. Mas que me sale a la cara la curiosidad? Qué es esto? Esto es medrar en córcoba, mérete en aquesta alcova, que viene Romero presto. Romero acá dentro viene, y pues la ocasión lo ordena; una burla no muy buena mi venganza le previene. Romero amigo? Qué quieres? Cierto que estaba pensando, como siendo tú tan blando, con todas cuantas mujeres hay en aquesta ciudad; nunca a mí me dices nada? Todo lo cásero enfada: mas si te digo verdad. Qué ruido es este? Hay traidora! Que cueva es aquesta, Ines? No se que decirlas: es; mas no se lo que es, señora. Por tres veces la campaña con mi tercio he registrado, pareciendo en el cuidado noble caudillo de España, sin que encuentren mis pasiones aquel Conde, que traidor (siendo agravio de mi honor) es mancha de mis blasones. Y así confuso, y corrido de inventar nuevos desvelos; me vuelven mis desconsuelos a buscar mi honor perdido. Que puesto que le perdí en mi casa (qué pesar!) también pretendo tomar la satisfacción aquí. Porque ha de ser en defensa de tan heroica asechanza, teatro de la venganza, como padrón de la ofensa. No se más de que salió por ella. Ya estoy cansado de esperar. Quién fue el que osado por aquesta boca. Yo. Qué es esto que miro, cielos! vos, señor, en esta pieza? Yo, que con tanta fineza vengo a pagar tus desvelos. Eso pronuncian tus labios? (ay desacierto mayor!) en presencia de Leonor, y de Romero? Qué agravios! Esa es vana fantasía, cuando se lo que ha pasado. Luego sabes mi cuidado? Luego ignoras mi porfía? Mira. Qué quieres que advierta: yo lo se, pues que lo digo. Unes, ponte a ese postigo. Romero, ponte a ese puerta, Oye? vaya, y no regañe. Váyase ella si está loca. Esta es la que a mí me toca. Y esta la que a mí me atane. Señor, que fatal influjo te trujo aquí de esta suerte? Calla, o te daré la muerte. Callaré como un Cartujo. Pues supuesto, que los cielos lo han querido permitir; bien podéis, Conde, decir vuestros amantes desvelos. Que en llegando a sospechar, Leonor aqueste cuidado, es hipérbole excusado quererle disimular. Pues referir vuestro intento, que una vez desengañada, sabré resolverme osada a pasar por mi escarmiento, Y como libre Amazona en fe de lo que os estimo, dejar el Marqués mi primo, y seguir vuestra persona. Pues oíd las dos el modo, el designio, y la ventura de encontrar esta rotura, porque sabiéndolo todo, si en esta acción arrestada, tan nueva industria aprovecha, una vaya satisfecha, y otra quede consolada. Pues salte tú, que emperezas, a cuidar mis enemigos, y cerrando los postigos de todas esotras piezas con prudencia, y con denuedo (que no hay porque reusalle) vete a esperarme a la calle con el Capitán Salcedo, Apenas con la negra sombra fría, era la noche oposición del día, porque apenas con blanca pompa vana caía de los montes la manaba. siendo en la casa del Planeta coche, sumiller de la noche, y con crespos ensayos, oros, copo, festivo de sus rayos; cuando aprestando nuestro campo altivo, marcho cobardemente fugitivo, dispuesto en tres hileras, sino es cuatro banderas de ochocientos infantes los mejores, y otras dos de caballos corredores, que a pesar de la orden que tuvieron conmigo se vinieron: porque sabiendo yo de cierta espía el rencor, la porfía, con que Pedro Navarro (suerte escasa!) trabajó por volar aquesta casa; les rogue con humilde rendimiento, que avivasen mi intento, de suerte (mas de que me maravillo! que nombrándome todos por caudillo, pisamos la campaña más vecina: y buscando la mina, corrí precipitado en un caballo; que bajel alado sobre la piel, que a trechos le dibuja, timón el freno, y el copete aguja, árboles las orejas, las crines jarcias, blancas las cernejas, por fogón el aliento, remos las manos, y la cola el viento; engolfado en la espuma, que tascaba, al punto me condujo, que ignoraba por rumbos tan ignotos, que a pesar de los muchos terremotos, de que son estos valles infestados, unos humildes, y otros levantados, y el bajel, que corrio con prestos bríos, unos escollos son, y otros vacios, donde entre unas hoyadas, que pisamos, con lá miha encontramos, cuya cruel, y basta resiestencia, a poca diligencia, entremetiendo muchos gastadores, antes que se enturbiasen los ardores del sol con luz escasa, nos mostró los cimientos de su casa: y abriendo aquesta boca, salía ver el ardor que me provoca; salía ver el incenddio que me apura; salí a ver la deidad de tu hermosura; salí a buscar tu agrado: no me dilates más este cuidado; pues tienes para acción tan prevenida, seguro el campo, y fácil la salida. No te suspendas Blanca temerosa, resuélvete amorosa, que si la ausencia mía ha podido en el término de un día perturbar tu cuidado; por eso amante, fino, enamorado, soy salamandra que en mi amor deshecho, vengo a encender la hoguera de tu pecho; soy girasol, que atento a mis antojos, vuelvo a seguir la llama de tus ojos; soy mariposa, que rondar procura segunda vez la luz de tu hermosura anima; pues, si quiera esa luz, esa llama, aquesa hoguera, porque venga yo a ser en tu cuidado, por fino, por amante, y por osado, aún a pesar del riesgo, que me acosa, gírasol, salamandra, y mariposa. Tan gustosa he quedado de haberos escuchado, como si fuera mía, Conde, vuestra porfía: confieso que el amor que os he tenido, por juzgarle de vos correspondido, de suerte me inquietaba; que tal vez me llevaba sin alma, sin alien to, y sin sentidos a seguir vuestros pasos divertidos, sacándome de casa, con suerte esquiva, y con fortuna escasa. Pero pues ya desengañada quedo, y estar aquí no puedo, porque mi vida estimo, expuesta a la venganza de mi primo, al rigor, y a la infamia sospechosa, quiero también seguiros animosa. Eres mi amiga, dame aquesos brazos, con dulces nudos, con estrechos lazos, tu verás como atenta, y oportuna, solícito allá en Francia tu fortuna, Pues vamos mi bien. De rabia muero! Ines, quédate a Dios. A Dios Romero. Antes que os vais infames homicidas, aqueste acero os quitará las vidas. Ven Leonor. Vamos Blanca. Ya te sigo. Ha traidor! desleal! Con tu postigo sabrás impedir resolución tan fiera. Y yo también cerrarle por fuera. Ninguna tenga miedo. Todo cerrado está, Salir no puedo. Todos están culpados, bien lo fundo; viven los cielos, que ha de ver el mundo. la venganza mayor, y más sangrienta, que el tiempo escribe, y la fortuna cuenta con asuntos extranos en el grueso volumen de los años, 1. Gracias a Dios seor Salcedo, que le miramos benigno, astuto, quieto, prudente, cuerdo, callado, y sufrido. 2. Desde a noche que el Marqués, luego al instante le hizo Sargento mayor, parece vuesasted un Capuchino. A seor Sargento mayor. No por eso me desdigo, antes (señores soldados) si hasta ahora he defendido, que le vimos retirarse de las balas en el sitio de Génova esclarecida; de hoy en adelante afirmo, que no solo fue cobarde; pero que anduvo remiso antes de salir a noche. habiendo primero oído las señas, por cuatro veces, que nos turbó los sentidos. 1. Alguna cosa tendría. 2. Más que tuvo algún motivo? Una mujer, voto a Dios, apostaré que no ha visto, ni hablado en toda su vida. 1. Es vuesasted su registro? 2. Es usted su coronista? Soy el diablo que me hizo, mas no he de creer otra cosa, voto a Dios hasta que el mismo satisfaga a todas estas sospechas que he presumido de su valor hazanoso. Pero que confuso ruido, es el que abortado en llamas parece que vuelve en giros? 1. Es la casa del Marqués, 2. Parece que se ha emprendido algún cuarto. . Pues entremos a dar tan notable aviso, Con este quedan cerradas las puertas, y los postigos de toda la casa 1. Pues, porque cierra? . O que lindo! para que quiero. 2 No ve, que se quema? . Ya lo he visto 2. Toda la casa? . Es verdad; de verlo estoy tamañico: pero que puedo yo hacer? Abrir aqueste postigo. Eso no puedo. . Por que? Porque tengo mal oficio. Qué oficio tiene? . Servir, y a mi amo en esto sirvo. Que confusión es aquesta! Gran señor, que se ha emprendido. Qué? . La casa del Marqués. Decid del mejor caudillo, que tiene el mundo: o malaya tan pavoroso destino! remedialdo vos Salcedo; haced vosotros lo mismo. Despertad por esa casa a sus huéspedes dormidos. Es excusado, porque nunca duermen los vecinos. No habéisentrado? Por donde? Pues derribad un postigo de esos dos. . Así lo hacemos. Teneos todos amigos. Quién eres? . Yo sol, soldados. Marqués, que os ha sucedido? Lo que más he deseado. Qué respondéis? . que yo mismo le pose fuego a mi casa. Vos Marqués? Yo la aniquilo. Y el remedio? Llega tarde. . Por qué? Porque os suplico. Pues importa? Si le importa. . A quién? A mi honor altivo. Decid la causa. . Escuchad. Ya os atiendo. Ya os la digo. Porque a vista de mi es fuerzo descubras (Príncipe invicto) la más heroica venganza, el más ilustre castigo, que pública el tiempo en folios, y la tradición en libros: quiero volver a acordarte, segunda vez los servicios, que engrandecen mis alientos, y levantan mis designios. Apenas tuve en Miranda, mi patria, y comun asilo, de la nobleza de España, veinte y tres años cumplidos, cuando seguí la milicia del gran Capitán altivo sobre el Rodano, que fue de aquel campo el primer sitio. Luche con cuatro Franceses, en cuyo cruel desafío, después de estar muerto el uno, y los otros tres rendidos, los llevé sobre mis hombros hasta el cuartel, con tal brío, que pareció desde lejos, que se movían conmigo todo un Vesubiode arterías, todo un etna de sentidos. todo un caucaso de miembros, y todo un monte de abismos Cierta ocasión, que en defensa del gran Vicario de Cristo pasé a impedir un socorro de ochocientos enemigos, hallándolos en un puente, con solos diez de los míos los resisti valeroso, en tanto que prevenidos los demás le cercenaron, de suerte, que sumergidos unos, y otros en el agua, si no es yo; que escapén vivo, todos a un tiempo tuvieron sobre sus espejos rizos fin en tumbas de cristal, muerte en sepulcros de vidro. Sobre Génova otra vez esta facción ha querido oscurecerme la envidia con capítulos fingidos; pero no importa, pues sabe el mundo, que en este sitio, después de abrir la muralla, por un pequeño postigo me arroje tan valeroso, el rostro en púrpura tinto; que a pesar de sus mosquetes, bombardas, y basiliscos, sigé la primer bandera sobre el más alto castillo. Yo soy este, y soy aquel, por quien tiene Carlos Quinto tantos ardides logrados, tantos consejos previstos, tantos vasallos afectos, tantos blasones continuos, tantos enemigos rotos. y tantos muros batidos. Díganlo (supuesto que son de mi valor testigos) un Pontifice en Sant. Ángel, en Madrid un Rey Francisco, traidor un Conde Navarro; doliente un Conde de Uibino, parcial un Andrea Doría, y un Duque Esforcia vencido. Pero de mis premios pueden colegirse mis servicios; pues en menos de tres lustros, dignamente he merecido ser Marqués de HOria en Ytalia, Conde de Burgomene invicto, guarda mayor de Milan, Teniente de los castillos del Obo, y de la Esforcesa, Maese de Campo altivo del ajército Imperial, y otros mil títulos dignos que dejo por no cansarte. Finalmente hubiera sido el más feliz Capitán del mundo, el mejor caudillo de Europa, el mejor soldado, que nuestra España ha tenido; si dona Blanca mi esposa, el Conde vuestro sobrino, y doña Leonor mi prima, hala guenamente finos, y resueltamente ingratos con miserable carino, no cubrieran, no empeñaran el cristal de mi honor limpio, siendo a un mismo tiempo todos (contra mis hados propicios) ellas fáciles Sirenas, y el astuto cocodrilo. Hallelos ahora (ay susto!) después de muchos indicios en mi cuarto (qué dolor!) amantes (gravos delitos!) resueltos (fuerte locura!) a escaparte (qué delirio!) por una mina (qué agravio!) a Francia (qué precipicio!) con su ejército: yo entonces, que mi deshonra averiguo, como el León, que impaciente su consorcio halló rendido a otro genero de alagos; y a otra especie de carinos; ferozmente los deguella, sirviendo para el suplicio, de cadahalso el propio lecho, de pregonero el rugido, la melena de toalía, y la garra de cuchillo. Y porque de tanta injuria no quede el menor indicio, cubriendo después con leña los dos cadaveres fríos; al aire encomienda el humo, y la llama al sacrificio. No de otra suerte al instante, que mi venganza público, a cuchilladas los cierro dentro de mi cuarto mismo: y pegando después fuego, toda la casa registro, tan obstinado, tan fuerte; tan cruel, tan endurecido: que como también el pecho ardio en incendios actiuos con la llama del agravio, con el humo del indicio, ciego también, y furioso mi remedio a un tiempo mismo ardía yo solamente más que todo el edificio. Esta, señor, es la causa, porque sagaz, y advertido quise quitar en palacio ayer a vuestro sobrino aquel papel, sospechoso, que con equívoco estilo publicaba la deshonra, que hoy en cenizas repito. Por eso también, soldados, estuve a noche remiso, cuando escuchamos la seña, que con bastardo ruido, por concabos de metal fue la trompeta del juicio. Aquí nobles ciudadanos os he menester enignos, tardos a la piedad vuestra, y prestos al honor mío, Dejad, dejad, que mi casa (puesto que lo solicito) pueble el campode pavesas, y la ciudad de suspiros. Arda pues, y vea el mundo el más confuso prodigio, el espectáculo grande, al más infeliz destino, la mayor obligación, y el incendio más activo: para que queden a un tiempo excusados los alinios, impedidas las piedades, los ruegos desvanecidos, neutrales las diligencias, y supuestos los avisos. Ea Príncipe de Oranje, ea soldados amigos, vuestro socorro pretendo, vuestra vida solicito, y pues es justa venganza, vengadme vosotros mismos con la obstinación si quiera, ya que no con el advitrio: mas no es mevester, quitaos, porque según lo que miro toda la máquina cae, desgajada de sus quicios. Grande amistad me habéis hecho; Marqués a penas resisto el contento, la alegría, y el gusto que he recibido con vuestra venganza, muera el traidor de mi sobrino. 1. Grande hazaña! 2. Extraño caso! Voto a Dios, que estoy corrido de infamar vuestro valor, porque sois (si yo lo afirmo) el más valiente soldado, que España, ni el mundo havisto, de hoy más veré vuestra fama. De vuestra amistad lo fío. Señor Marqués, no os de pena, las prendas que habéis pedido. vuestra es mi hacienda. y mi casa. Y yo vuestro esclavo indigno. Y yo, discreto Senado, vuestro servidor, que os pido en nombre de tal ingenio todo el aplauso de un vitor.
