Texto digital de Los esclavos de su esclava y hacer bien nunca se pierde
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- Juan Ignacio González del Castillo
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los esclavos de su esclava y hacer bien nunca se pierde. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/esclavos-de-su-esclava-y-hacer-bien-nunca-se-pierde-los.

LOS ESCLAVOS DE SU ESCLAVA Y HACER BIEN NUNCA SE PIERDE
JORNADA PRIMERA
S Y Villanos, viles, traidores, hoy moriréis a mis manos, pues intentáis alevosos ocultar con vuestro engaño, que falta Aurora de Argel, que falta el bien que idolatro en mi hija; ya he sabido, por más que lo han ocultado vuestras deslealtades, que de ese Parque la robaron unos aleves Piratas: zob mas cómo, infames villanos, fue tanto vuestro descuido? Señor, fue tan impensado el desesperado arrojo de los astutos. Corsarios, que es casi increible, que su valor llegase a tanto, que a la Princesa robasen estando en el Parque, cuando las centinelas, y guardas se rendían al descanso en el rigor de la fiesta, y en este tiempo lograron la facción; pero Muley, hecho un vigilante Argos, los sigue en la Capitana, desde el tiempo que ha faltado de Argel vuestra Real Alteza. Suspénduse vuestro labio. Cómo, Profeta Mahoma, este dolón, este agravio permites, con tantas penas como padezco, faltando mi hija Aurora, pues sus luces dejan en eterno caos, cuanto domina en el Orbe el Gran Señor Otomano? Pero confiado vivo la he de ver en mi Palacio segunda vez restaurada por el invencible brazo de Muley mi General, a el cual le ofrecí su mano por premio de sus hazañas; y si él como interesado no la restaura, mi Reino vivirá en eterno llanto: mas qué belico acento lisonjea las rafagas del viento? Muley, señor, que desembarca ufano, que viene de seguir al vil Cristiano. Dame a besar, señor, vuestra Real (planta. A mis brazos levanta, y tu labio refiera este suceso. Oye, señor, es trágico progreso según tengo entendido, y las guardas del Parque han referido. Bajando la Princesa a los jardines de tu Alcázar, señor, cuyos confines se unen con el Parque, y la Marina, sola se determina quedarse entre las flores, para dar más fragrancia a sus candores, a tiempo que la puerta, que ese piélago baña, quedó abierta, que tal inadvertencia, fue del Eslacaso providencia. A este tiempo, señor, unos Corsarios, (Españoles al fin) pues temerarios corrían esas Playas arenosas, Campañas de Neptuno procelosas: ganaron, gran señor, una enseñada, y en ella consiguiendo una emboscada dista. del Palacio a la vista (por ser muy breve espacio el que de el La Nave deja su ánimo atrevido, y habiendo de más cerca conocido, de céspedes, y sauces amparados, que yacen descuidados centinelas, y guardas sin recelo, con temerario anhelo al Parque se abanzaron, y su mansión florida registraron. Al Jlegar codiciosos a una fuente, (que era de unos rosales trasparente, advirtieron que ollaba una Deidad sus flores, y les daba con el contacto de su pie briosa, si púrpura al Jazmín, nieve a la Rosa. Por lograr sus intentos, con pasos más que lentos, su osadía villana se atreve a su hermosura soberana, y el hacerlos osados, fue el estar de sus rayos deslumbrados, que el que atrevido al Sol a mirar llega, de razón, y de vista a un tiempo ciega. Aurora descuidada, y divertida, sin poder su valor hacer huida; y esto para su intento, fue motivo de darles más aliento, y con fiera osadía robaron a la Aurora a medio día. Zarparon fugitivos de ese Puerto, sin haber descubierto el homenaje, al Vergantín brioso, (ron hasta que el lastimoso, clamor de aquellas, que a su Alteza vie- llevar, aviso dieron a las guardas, y a mí la infeliz nueva; y viendo que me lleva (to, el alma el Vergantín, con noble alien- surtí en la Capitana en seguimiento. No los perdí de vista hasta la tarde, que el mar haciendo alarde de su soberbia suma, cortando los Planetas con la espuma: con tan fiera tormenta, que las olas, las rojas banderolas, dejaban por despojos en el Cielo, ya el Turquesado velo, las (gabias) taladraron, ̱cia y en su globo dejaron dos claraboyas más, por donde viera el rumbo de la Aurora, y su carrera. La Nave con los fuertes movimientos del uracán, y los contrarios vientos, tal vez hasta el abismo descendia, a esfera la subía, tal el fiero mar sobre sus hombros canos, donde tus Africanos, tan cerca del Impíreo ya se vieron, que pudieron quedarse, si quisieron. Enredadas las gabias en los rayos del Sol, ya de Planeta formó ensayos la Gálera, pues su empinada frente tocó del cuarto Cielo lo eminente, que a tener en las flámulas armellas. pendiente se quedara en las Estrellas. Así se navegaba, y tanto la Gálera se acercaba a la celeste Esfera, y aquella ardiente hoguera, dando bordos, y giros, por campos de cristales, y zafiros; y tanto con el Sol llegó a estrecharse, que temió por las jarcías abrasarse: mas temiendo bájar hecha ceniza, ayudándola el arte de la hiza, se desprendió de entre la llama ardiente, tan veloz, y tan ligeramente, del cerúleo cristal a lo profundo, que dar noticias pudo de otro Mundo. Cerró, señor, la noche tenebrosa, la puerta al día, y a la luz hermosa, y desplegando el manto, (panto todo el Orbe pobló de horror, y es y las Celestes luces las vistió de sus lóbregos capuces. Al despertar la Aurora soñolienta, sosegó la tormenta, mas nuestra adversa suerte vio dos veces el rostro de la muerte; una en la confusión, otra violenta, en la amenaza de la cruel tormenta, con que el rumbo trocado seguir a los Piratas fue excusado, pues parece que el viento sus alas les prestó para su intento, que a no haberlos venebolo librado, de mi furor no hubieran escapado. Mi designio frustrado, me resuelvo a dejar de seguirlos, y así vuelvo la proa a Argel con pronta ligereza, a tomar nueva orden de tu Alteza; y por Alá te juro, por su Profeta sacro, a quien procuro obligar con mi ruego, irritado de enojo, de amor ciego, de no volver jamás a tu presencia sin la Princesa, en cuya diligencia ha de ver el Cristiano el estrago mayor, más inhumano, el África, y el mundo mi fineza, libre Aurora, con gusto vuestra Alteza Publiquese desde luego por todo el Reino un Edicto, el cual notorio haga a todos, que cualquier vasallo mío, o de otro Reino Extranjero, que con certeza dé viso, donde la Princesa se halla; siendo noble, el preferido será, y en cuantos honores, mercedes, y beneficios mi grandeza hacerle puede; y si es plebeyo, me obligo a darle diez mil zequies, y admitirle en mi servicio. Señior, mandar que me dar la media de lo ofrecido, que me partir al instante. Quita loco. . Cordo, quito. Muley, partios al punto, pues el tiempo os es propicio: y ya que tenéis la Armada de Galeras, y Navios en el Puerto, ordeno, que llevéis los más escogidos Soldados para la empresa: que yo, por lo que os estimo, os vuelvo a dar la palabra de haceros esposo digno de mi Aurora, y en Argel seréis como yo servido. Con tal favor, gran señor, me infundís más nobles bríos, para partir luego al punto; y ese piélago de vidrio tan continuo ha de brumar vuestras Naves, que al preciso peso del Abeto, agobie la espalda al mar cristalino, no dejando clima extraño que no registre atrevido, des- A2 desde el nevado Alemán, hasta el más tostado Indio. Disparad pieza de leva. Mahoma vaya contigo. Tusco? . Señor, qué mandar? Prevén luego los vestidos, que están hechos a la moda de España, que determino correr todas cuantas Costas guarnece ese cristalino espejo, pues Españoles, según el vaso que vimos nos lo dio a entender, que fueron los que ciegos, y atrevidos emprendieron tal arrojo: de su esfuerzo estoy corrido. Llevar vestidos de Fraile? No, que tengo discurrido el modo que he de tomar. Tú tener raro capricho; tu vestir de Cabaliero? si gáfay el Cristianilio, que conocer por qué estar tiempos en Argel cautivos, cómo poder escapar? Por eso voy prevenido de cartas, y otros papeles de diversos apellidos, de familias Españolas, que las hube de un cautivo, que tenía en mi poder; y con propiedad del mismo, el idioma Español supe hablar, como aquel nativo Arabe mío, y podré conseguir lo que imagino. Y yo hablar también Crestiano, que así no tener peligro. Vamos, pues, Tusco, a embarcar. Ya me alegrar el galilio, en solo pensar bebir de aquel clárete tintilio, que en Málaga se crió en pampaños, e racimos. . Señor mío, bien los ha hecho, el dinero que has traído a esta feria, lo has gastado en enterrar a un podrido difunto, sin más, ni más. En nada distribuirlo pude mejor, que en tal obra, pues que por pobre, el debido sepulcro se le negaba, por estar debiendo al Fisco la cantidad que pagué por él, que es rigor impío, que para un cadáver no haya noble piedad en los vivos, pasando de los umbrales de la muerte, el recto juicio de la justicia del Mundo; y así asisti compasivo a celebrar sus exequias, de que estoy desvanecido. Puedes con razón estarlo, pero no huele a tomillo esto de andar con difuntos en cumplimientos tan finos. Por qué causa? no te entiendo. Porque ya está conocido, que te vendrá a dar las gracias de este heroico beneficio. Qué mayor felicidad, que haber de cierto entendido, que fue acepta la limosna? No quisiera de improviso, que cuando más descuidados estuvieramos, el dicho difunto venga a dar gracias, si es que a la gloria se ha ido. La alegría fuera mía, de saber que fui motivo yo, de que por mi gozase tesoro tan infinito. Para mí no será gusto hablar con muertos, ni oírlos, que tienen la voz pausada, y el rostro descolorido, oliendo a cera amarilla, en vez de pevete fino. Deja locuras, y advierte, que ahora no solicito, que a noticias de mi padre llegue, cuando fuera digno que lo supiese: mas es tan extraño, que imagino, que lo que fue caridad, lo atribuya a desperdicio; y así el secreto te encargo. Siempre observé aquel estilo: más vale callar, que hablar, que para criado afirmo, que no es poco, y ya no hay Sanchos. Yo te prometo un vestido, que es razón, y lo mereces por tu lealtad, y cariño. Grande palabra; por Dios, que eres Andaluz castizo, si así como dices haces. A las obras me remito; en esta Playa es la Feria, que siempre en Malaga ha sido la más celebre de España, donde Extranjeros distintos concurren, por haber peces, según los fueros antiguos: vamos viendo que hay en ella. Lo que habrá serán vestidos. Ya te entiendo. . Es por si acaso: Tente, que a esta parte miro un gran concurso de gente; sepamos qué es el motivo, pues se acerca. . Si es mortorio, a Dios dinero, y vestido. Injusta fortuna impía, tus triunfos cada día más fabricándolos estás de la infeliz suerte mía. No te bastaba cruel verme cautiva, y rendida, sino en público vendida, siendo Princesa de Argel? 1. Valerosos anduvimos, pues hasta el Parque llegamos, y en sus jardines robamos a esta Mora. . 2. Ya corrimos cuantas costas tiene el Mar para haberla de vender. 1. Aquí en Málaga ha de ser donde nos la han de comprar. 2. Lo que hay en nuestro favor, además de su nobleza, es su singular belleza, y el precio ha de ser mayor. Ya es preciso el ocultar . mi nombre, y ser desde hoy, por si tan dichosa soy, que me llegue a rescatar; pues siendo de baja esfera, se facilita mejor. Fortuna, cese el rigor, . no me atormentes severa. Su pena me compadece, . los efectos me señalan, que es de venta la cautiva: qué precio tiene? . 1. La esclava se feria en quinientos pesos. Esos mismos de patadas te diera yo en la barriga, y fueran bien empleadas: a diós dinero, y vestido. . No pedís mucho. . 2. Es gallarda, y de linaje muy noble. Pues será de buena casta. Aurora, cuando juzgaste, . que a aquestos lances llegaras: ha cruel fortuna, hasta cuando has de ser conmigo ingrata! Su desgracia me enternece. Y es, señor, muy justa causa, que yo ya lloro también; mas es, porque ni aún las mangas espero de aquel vestido, que ha poco que me compravas. Hermosa Deidad cautiva, si fuera capaz el alma, la diera en cambio, y rescate, porque libertad gozaras, y consiguieras volverte gustosa a tu amada Patria. Ay señores mi vestido, y qué ricas son las franjas. Y pues el alma no es precio para estos Piratas, que solo el oro apetecen, B del oro mi amor se valga, pues pedís quinientos pesos. Mi vestido anda en balanzas. . Tomadlos, la Esclava es mía: en ese bolsillo se halla . aún más de lo que pedís. 1. Muy bien podéis estimarla. Id con Dios. El Cielo os guarde. . Adiós ladrones del agua: señor, estás en tu juicio, no es cosa disparatada lo que has hecho, pues tu padre sabes que nunca se paga de semejantes mujeres para que sirvan su casa? Ya veo lo que me dices, . Penacho, amigo, más basta el ver que es mujer, y llora, para no desampararla. Mucho debo agradeceros la fineza, y ya postrada tenéis la más infelice, si feliz por vuestra esclava. Alzad, señora, del suelo; viste más preciosa cara de mujer? . Si vi. . Di cual. La de quinientas Patacas que llevaron los Corsarios de la liga Mejicana. Yo estoy contento con ella. Pues si lo estás, santas Pascuas; pero dime, y el vestido a cuando a comprarlo aguardas? que por el Dios en que adoro, que ya el frío me traspasa. Quita loco, que el oírte a la atención embaraza. Con que mi pobre vestido fue el que ha pagado la Esclava. Oh pesia con quien la trajo, y la parió esta mañana. Dalo por bien empleado. Los diablos lleven su alma. Ve, y en mi cuarto me espera, que dispongo entrar en casa por la traspuerta que sale al jardín. . Muy buena maula llevas a tu padre, a Dios. . No hay dicha, bella Africana, que se iguale con la mía pues encontré quien feriara todo un cielo a corto precio. Yo puedo estar muy ufana siendo esclava de tal dueño, en quien estoy confiada, que mirará por mi honor, y nobleza, pues se ampara de un tan noble Caballero: hay mujer más desdichada! El haberos libertado del poder de los Piratas, lo empezó la compasión, y lo acabaron mis ansias; pues vuestros ojos: . Ah Cielos! mucho su amor se declara, . aquí de todo mi honor. Caber pasión tan extraña, no puede en vuestra hidalguía, porque hay muy grande distancia desde un Caballero noble a una rústica Africana: además, que por las leyes, entre vosotros contrarias, cualquier incendio que aliente amor, la razón le apaga; y así, no me persuado quepa en vos acción bastarda, que desdiga de quien sois: esas lisonjas guardadlas para quien os las merezca. Verdades que el amor trata, no son lisonjas; y así, hermosa Mora, repara, que tú eres desde hoy mi dueño, pues me has cautivado el alma. Mirad que es necia porfía, y a refrenaros bastara, cuando no el ser vos quien sois, ver una mujer postrada al rigor de la fortuna; y aunque parezca jactancia, en aqueste humilde traje, que me acredita villana, soy más de lo que juzgáis, que mi esclavitud recata. Noble nací, noble soy, y he de morir si a más pasa vuestro temerario arrojo, en defensa de mi fama; arrestada a defenderla; porque cuando me faltara la nobleza que os propongo, para defender mi casta pureza, y mi limpio honor, ser yo quien soy me bastara. Pero qué es esto que digo? perdonad tal ignorancia, yo he juzgado aqueste yerro de vos (ha pena tirana!) . cuando su blasón vinculan todos los Nobles de España, en la protección gloriosa de las mujeres: fue vana mi presunción; y así, siendo yo una mujer desdichada, que tiene en vuestra nobleza seguro el honor que guarda, es en vano mi temor: aquí me tenéis postrada a vuestros pies, noble sois, yo una mísera esclava, un blanco de la fortuna, n objeto de desgracia; ompadeceos por verme cautiva, y en tierra extraña. Levanta, Mora, del suelo: su discreción, y constancia, . mas que su beldad, me rinde. Vamos, hermosa Africana, y nunca para templar una fiel pasión, te valgas del llanto, que sus raudales, mas la encienden, que la apagan, que eres firena, y tus voces ofenden con lo que halagan. . Mas llevo que padecer en mi esclavitud tirana. Después de haber navegado todas las Costas de España en busca de la Princesa, dispongo con esta traza aquí en Málaga inquirir si alguna noticia halla mi diligencia, pues juzgo, que los incautos Piratas serían de aqueste Puerto, que son los que siempre andan invadiendo nuestras Costas; y según noticias vagas que he tenido, estoy creyendo (pues a veces es el alma pronóstico de las dichas) que es aquí donde he hallarla. Si permitirá Mahoma, que tu tener dicha tanta: sinior, con ese vestido está galán como el Alba. Es este traje Español el de más aire, y más gala, y Nación, que a las demás les hace en todo ventaja. También he oído decir, que hay aquí muy belias Damas; pero ya verlo sinior, que allí venir dos tapadas, brojuleando reflejas. Airosas vienen. . Aguarda, que juzgar que dos Crestianos las vienen siguiendo. . Pasa a esta parte, y esperemos ocultos entre estas ramas. . No te descubras, Elvira. Ay porfiasa más cansada! 1. Señoras, por qué ocultáis esas luces soberanas oo- 2. No somos dignos de ver vuestras Deidades? . Es vana vuestra porfía; y os pido, que no hagáis en ello instancia, que no lo conseguiréis. 1. No, pues ya viene empeñada mi curiosidad en veros. 2. Y la mía. . Si no basta mi ruego haceros atentos, sabed que habrá quien os haga corteses. . Rara porfía. ya mi nobleza arrestada está, si pasa a violencia su desatención villana, a defenderlas. . Por qué quieres tu sacar la cara por mujeres? . Por aquella obligación que a las Damas debe cualquier hombre noble, cuando las mira arriesgadas en cualquier desdoro suyo. Es empresa temeraría. Esa es mucha grosería. Ya, he dicho habrá quien os haga ser corteses. 1 Quién podrá hoy salir a esa demanda? Yo saldré, que ya me toca. por mujeres ampararlas. Yo también estar valente. 1. Pues toda aquesa arrogancia castigará nuestro acero. Y yo os haré a cuchilladas, que respetéis las mujeres. Vive Alá, que va de mala. Ay señora. . No temáis, que ya os defender mi espada. 1. Du rayo vibra en su acero. 2. No hay quien resista su saña. . Síguelos, que se retiran, mientras que yo guardo Damas, si es que hay quien guardarlas pueda Volviéronme las espaldas: señoras, no hay que temer, perdonad si he sido causa de motivaros disgusto. Aunque la ocasión bastara a tenerle, vuestro esfuerzo, y vuestra atención bizarra me borraran los temores; mas no queda asegurada mi persona, de que necios vuelvan a seguirnos. . Nada temáis, cuando yo os asisto; y así, si no os embaraza, iré sirviéndoos. . Seguid, con la atenta circunstancia, que a larga distancia sea por la mota. . Con el alma haré lo que me mandáis, pues le importa a vuestra fama. Galán es el forastero. . Y valiente, que es más gracia. Seguidnos, pues. . Ya obedezco; tú en este sitio me aguarda, Tusco, que ya vuelvo al punto ( Yo en tanto me iré a echarla a la salud de Mahoma donel dentro de aquella barraca, que traer todas las tripas de tanta agua marejadas, (Doe y este vino de Jamenes me decir ser de tal casta, que bebiéndole venagre, después se volver como ambar, si acaso tocan el Norte: y por tener me ventana al Norte como otras, muchos volver el vino en algalía. . Gracias a Dios que ya estamos seguras; en esta cuadra se ha entrado tu defensor. Qué dices? di que se vaya. Diselo tú, que ya llega. Pues me confieso obligada a vuestro heroico valor, debaos también otra hidalga atención. . Qué me mandáis, que no os puedo negar nada. Que os volváis al punto, pues está a peligro mi fama, y puede encontraros, quien mi honor como suyo eguarda. Quién es, señora? . Mi padre; y pues es la mayor paga a un Caballero, que sea agradecida una Dama, también será obedecerla, dejarla más obligada: y así idos. . Advertid, que en nada estáis empeñada, pues siendo Don Juan de Osorio, era fuerza que me hallara precisado a defenderos como noble. . Mas las gracias os debo dar del favor. Ay, señora, qué desgracia, que tu padre sube ya. Quién vio ocasión más infausta! aquí no quisiera os viese. Pues eso qué os embaraza? yo le contaré el suceso, cuyo acaso ha sido causa de haber venido sirviéndoos. Jesús, si a saber llegara tal, nos confundiria luego. Mejor es que en esa cuadra os ocultéis, entre tanto, que a su escritorio se pasa, que yo avisaré a su tiempo. Obedecer a quien manda, es acrecentar servicios. Que llega ya a la antesala. Ay, Aurora, cuando el Cielo dará fin a mi esperanza! . Leonor. . Seáis bien llegado. Mucho tu hermano se tarda; si algún contrario accidente el no venir le embaraza? Pues en el día de ferias, y más en esta, que varias Naciones concurren, suelen suceder muchas desgracias, y de eso tengo recelo. Pues ya juzgo que está en casa, que Penacho está a la puerta, y aún mi amo está en la sala. (Do Ya saldir de aqueste susto. Entra después con la Esclava: dadme la mano, Señor. Cómo tanto te has tardado, me tenías con cuidado. Hermano Enrique? . Leonor? Y qué has feriado a tu hermana? El alhaja más pulida, que habéis visto en vuestra vida, sin lisonja es soberana. Dónde está, qué la detienes? . Vesla aquí, que es extremada. Señor, a tus pies postrada; humilde una Esclava tienes. Alzad; y tú, Enrique, di, es esta la alhaja? . Sí. Señores, aquí fue Troya. . Una Esclava, buena joya para tu hermana (sin mí . me tiene, que haya feriado lo que siempre he aborrecido! de esta forma has despendido el caudal que te he entregado? Pues dime, cual fue el motivo de hacer este desacierto? Si supiera lo del muerto, . mas le llegara a lo vivo. Supe que era esta Africana de conocida nobleza, y viendo su gentileza, la ferié para mi hermana; vila llorar, vila hermosa, y me causó compasión: esta ha sido la ocasión. Es cierto que es primorosa. Y vuestra Esclava; ah fortuna, . cuanto tu rigor me infama! Dígame, cómo se llama? Señora, mi nombre es Luna: hasta mi nombre he fingido, . que puede en Málaga haber cautivos que a conocer me lleguen, que me han servido. Muy buenoe empleo fasta pero loco el parecer, sabiendo, que de mujer no me sirvo, que tuviese contraria ley; y el caudal en esto solo has deshecho? El viejo mira al provecho, . mas no le hará mucho mal. En qué gastaste me di, el dinero te pregunto? En enterrar a un difunto, que causó su frenesí, y yo testigo de vista. Es verdad, y le pagué sus deudas. . Pues di, por qué? Qué haya quién esto resista! . Pues que lo diga me ordenas, fue tan grande el beneficio, que por aquel sacrificio le pude librar de penas: y no os cause desconsuelo, vuestro producto tendréis, y el principal cobraréis con mayor logro en el Cielo. Preciso es disimular: y de aquesta rica alhaja, que a todos hace ventaja, qué producto he de sacar? Mucho, si se considera, que a Dios se puede servir, si se llega a convertir a nuestra Ley verdadera; y así lograréis los dos, ella, la luz de la Fe, tú, señor, la gloria que puede resultar a Dios. Bien está; recelo ahora, . por acciones que he notado, que Enrique de enamorado ha traído aquesta Mora; y para que no se arroje alguna bastarda acción, le quitaré la ocasión, no es bien que ahora me enoje. Leonor, pues luego al instante esa Mora se ha de herrar, si en casa se ha de quedar. Ay desdicha semejante! . Quién vio más fiero rigor! . Así borro sus deseos, . Hay mal nacidos empleos! . Ejecútese, Leonor. . Ya, fortuna, de tus glorias gozas del lauro eminente, poniendo el clavo en mi frente por triunfo de tus victorias. . Hermana; ten compasión, oblíguete la desgracia de su infeliz cautiverio, que fuera acción inhumana, cuando la naturaleza ningún borrón en su cara puso, que el rigor intente ejecutarlo, pues basta el que en su cautividad la hizo su suerte avara esclava de la fortuna, sin que sea a la vista esclava. Quiero decirle que sí, . para que luego se vaya, y pueda salir Don Juan; es muy justa tu demanda, y basta que tú lo pidas. Siempre agradecidou hermana, he de estar a tus finezas. Yo haré lo que tú me mandas. Vivas, Leonor, mas que el Fénix. Mas di, hermano, por qué causa pides que no la señalen? Por ser mujer, pues no basta? Sí, Enrique; qué mal amor su ciega pasión recata! Esto ha sido compasión; fuera bueno imaginaras que cupiera en mí otro afecto? y más siendo tan contraria a nuestra Ley; tu pregunta pudiera ser excusada: pluguiera a Dios no lo fuera, . que mayor quietud gozara. Esto es solo preguntar: vete en paz, y aquesa gracia, Enrique, queda a mi cargo. No sabes cuanto obligada dejas mi fiel voluntad. Digo que haré lo que mandas. Pues a Dios. Él te dé vida. Mas que hierren a la galga, que me ha quitado un vestido, que vale más que su casta. . Con grande cuidado estoy, en tanto que de mi casa no salga este Caballero: Elvira mucho se tarda; para que entrase avisarle, y antes que las luces traigan se ponga en salvo sin verle: ya culpaba tu tardanza. Pues qué tienes que mandarme? parece que estáis turbada. No he de estarlo, si Don Juan no ha salido? di que salga antes que saquen las luces. Tiempo es que deje la jaula; ya podéis salir, señor. , . Perdóname la tardanza, que no ha podido ser menos. Cómo estéis servida basta, que esa es mi mayor fortuna. Pues a Dios, siempre obligada estaré a vuestra atención: que a tal tiempo la luz traigan, alumbra a ese Caballero. Lo primero que me mandan es, que alumbre; mas qué miro! . Qué es esto, que por mí pasa? . no es Aurora? Rilusión! os qué parecida Cristiana a la Princesa! estoy muerto. Qué es esto; fortuna airada, . no es Muley el que estoy viendo, el General de mis Armas? mas cómo puede ser él? Pero en Nme de criada en casa de esta mujer, ambas cosas son contrarias. Id con Dios, señor Don Juan. Él os dé vida muy larga. No sé qué el pecho recela! . Pero si Don Juan se llama, . y está en traje de Español, el deseo es quien me engaña. Oh quién hablarle pudiera! O si yo pudiera hablarla! Qué esperáis, señor Don Juan? Ya no puedo esperar nada; si puedo, pues me es forzoso el solicitar la gracia de esta mujer, por saber si esta presunción es vana. Siempre tendré en mi memoria atención tan cortesana. Así buscaré motivo para que quede averiguada mi duda. . Ay infelice! Mirad que arriesgáis mi fama. Quedad con Dios. Él os guarde. Y a vos venturosa os haga, En grande confusión quedo. No sé qué me dice el alma. Apuraré si es Aurora, y entre tanto, penas:: . Ansias: Sufrid. . Padeced. . Llorad. Fortunas tan encontradas.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Qué estés tan desesperado? no adviertes que es una infiel? Como tu pasión cruel te hace estar enamorado de una Esclava? . Mi afición es, Penacho, tan constante, que si no se explica amante, es por la contradicción, que en la Religión tenemos. Y cuando fuera Cristiana, fuera una acción loca, y vana el hacer por ella extremos. Es su beldad singular, Penacho, y tanto la adoro, que atropellara el decoro de mi amor. . Era infamar el blasón tan conocido, que en esta ilustre Ciudad, y con tanta autoridad tu padre siempre ha tenido: mas ella baja al jardín. Vete, que la quiero hablar. Es quererte aventurar; más dejarte quiero en fin. Eso quiero, que me dejes, que me enfado ya de oírte. Esto es, señor, advertirte, si lo errares, no te quejes. . Absorta, confusa; y ciega, después de tantos pesares, me trae mi imaginación, pues que da en representarme en la idea aquella sacra hermosa Deidad amable, cuyo soberano asombro, a un tiempo en mi afecto hace, que el respeto retroceda, lo que en amor se adelante: la cual en sueños he visto (si los sueños son verdades con aquesta suspensión, ya que en tumbas de cristales dispone su pira, ese luciente Fénix brillante, que siempre de lo que vive es de lo mismo que nace: A aqueste jardín ameno bajo a consultar mis males; mas Don Enrique está aquí, que en la lid de mis pesares, no es quien menos me hace guerra en sus pasiones amantes. Luna, qué tristeza es esa? Solo pudiera causarse de venir a ser estorbo de vuestro recreo. . Antes di que a mejorarle vienes, pues si esas flores que nacen a ser lisonja del Sol, mustias con la noche yacen, ya nueva vida les da tu belleza, pues fragrantes a tus ojos, que son soles, cobran su esplendor brillante. Cómo puedo persuadirme, que no lleguéis a engañarme, fingiendo ese noble afecto, que se mira tan distante de ser verdad; porque siendo vos quien sois, fuera notable error el tenerme amor, por ser las desigualdades de mi sangre, y de la vuestra, hoy en todo tan distantes, como son las Religiones; y así, no se persuade mi fe, a no creer que es engaño vuestra ceguedad amante. En cuanto a la calidad, el amor nos hace iguales; en cuanto a las Religiones pudiera facilitarse, como tú la Ley que sigo desengañada abrazases. Eso mismo ha muchos días, que discursiba me trae. De qué me di? . Oíd atento, por si podéis descifrarme un enigma prodigioso, que no se atreve alcanzarle la razón, pues la deslumbra su arcano misterio grande. Ya con atención te escucho. Y yo paso a declararme. Apenas al blando imperio de Morfeo; los vitales sentidos rendí; y apenas surta en las ondas la nave, de la vida fluctuaba: (que aún en las tranquilidades del mar del sueño zozobra el humano bajel frágil de nuestra naturaleza, desde que a la vida nace.) Apenas, a decir vuelvo, al sueño me rendí instable, cuando allá en la fantasía, que de especies visuales se vale para fingirnos las sombras en realidades; entre cuyas perspectivas fantástico el juicio hace, tal vez que los lejos formen las ficciones por verdades. En fin, en la idea vi, más sería ilusión fácil; pero no, que si no puede con coloridos el arte copiar las luces, qué hará los candores Celestiales? Sobre un globo de Zafiros, de Carunclos, y diamantes, vi una hermosura, mal digo, una Deidad, es ultraje, una mujer, mas que humana, poco la encarezco, un Ángel, poco es Ángel, pues en ella resplandecían brillante mayor pureza, más gloria, que en humana Deidad cabe. Decir, que la Aurora era, es ofender sus celajes, pues la Aurora tiene acasos, y sus reflejos brillantes, o luces, no admiten sombras, pues con prodigio admirable, parece que preservada fue antes que luz alumbrase. Sería el Sol? no, porque al Sol se le atreven a eclipsarle, ya los vapores terrestres, ya las rafagas del aire, y esta luz las purifica, y su densidad deshace. Sería Ejército de Astros? no, que todos son errantes, y en ella son permanentes, y tanto, que haciendo engaste a sus soberanas sienes, con majestad admirable la coronaban por Reina Astros, y Estrellas radiantes. Mas sin duda era la Luna, no, que es capaz de menguantes, y ella era un lleno de gracias, y en perfecciones muy grande: de tal suerte, que la Luna; rindiéndola vasallaje, era alfombra de sus plantas, y de su Cielo el Atlante; pero todo lo era junto, (sin que a hipérbole pasase) Aurora, Sol, Luna, Cielo, Astros, y Estrellas brillantes, Deidad, Ángel, y Mujer; y aún más epitectos caben en quien, a no conecer, que es Alá el Dios inefable, que crió el Cielo, y la Tierra, y todo a su arbitrio yace, creyera que esta Deidad era Dios en lo admirable, en lo inmenso, en el ser puro, y en su potestad tan grande. Tan turbada quedé al verla, ya fuese temor cobarde, o reverente respeto, que articular la voz casi no pude, pues balbuciente el labio, al ir a formarse el acento, no encontraba silabas con que explicarse, pues todas se deshacían mal formadas en el aire. Pero grata la Deidad, mi turbación viendo frágil, rompió la nema al silencio, desplegando en dos corales la breve boca, la cual repartida en dos metades, era un clavel, que a sus ojos se encendió en purpúreo esmalte; y con alagüeñas voces me dijo: vuelve a cobrarte en ti misma, los temores deja, cuando mis piedades a facilitar tus dichas vienen, y a que de la cárcel del ciego error en que vives, salgas a lograr constante la mayor felicidad, que en el ser humano cabe, que es el profesar la Ley verdadera, y Militante, dejando la tuya falsa, llena de mil ceguedades, de abominaciones, hyerros, y otras culpas ejecrables. La fecta infiel de Mahoma, deja, y sigue el Estandarte de la Fe de Jesucristo, que es el Dios de las verdades; y para que de las sombras en que hasta aquí te criaste salgas, busca del Bautismo los cristalinos raudales, con cuya resignación, con cuyo puro caracter, conseguirás de los Cielos eternas felicidades, y en el mar de aqueste mundo, donde continuo combaten contra ese bajel viviente tan deshechos uracanes, gozarás el feliz puerto de humanas tranquilidades. Esto dijo, a que yo entonces, Y menos turbada que antes, (que a favores tan divinos ya fuera el temor culpable) le respondí, que rendida, como me facilitase su protección, obediente la ofrecia resignarme a su precepto; a que ella me dijos que de mi parte siempre la hallaría, como, con se viva la buscase. Apenas aquesto dijo, cuando cortando del aire la diáfana Región media, entre sus puros celajes. se ocultó a los ojos, siendo breve exhalación, que antes que pasase a comprenderla, pudo a la vista ocultarse. Esto otras veces diversas me hizo representarme la fantasía en el sueño, bien que sin las realidades de que aquella soberana Deidad que dije me hablase, aunque siempre acá en la idea traigo presente su imagen, sin que aunque más lo procuro, pueda (admiración notable! borrarla, de la memoria, pues se hizo con tal arte lugar en mi humil de pecho, con cariño tan suave, con fuerza tan atractiva, y agrado tal, que no es fácil, que pueda la voluntad de su luz enajenarse, de su halago disuadirse, ni de su amor olvidarse. Y pues comprender no puedo. aqueste enigma admirable, aqueste asombro que dudo, y admiración, que me trae tan fuera de mí, os suplico, que de la duda me saque vuestra inteligencia, pues en mi rudeza no cabe el poderle descifrar; ya porque la luz me falte de la razón, ya porque el ente mío no alcance quien es aqueste prodigio, que con amor me persuade, que siga la Ley Divina, y deje las ceguedades en que he vivido hasta aquí, heredadas de mis padres. Con razón, Luna, pudiste decir, que favor tan grande, tan soberano prodigio, y auxilio tan estimable, como te falta la Fe, y estás en las falsedades de tu fecta, no has podido comprenderle, ni apurarle. Ves esa Aurora Divina, esa Deidad admirable, que vestida del Sol mismo, coronada de radiantes Estrellas viste? es MARÍA, Virgen purísima, Madre de Cristo Hombre, y Dios a un tiempo, el cual solo por salvarte, y salvar a todo el mundo, tomó humana pura carne en el Claustro Virginal de esta Aurora, siendo antes Virgen, y en el parto Virgen, y después de él; pero darte noticia de los Misterios Divinos, ahora es quitarle a tu dicha el logro, en que conozcas, que es quien amante solicita tu bien, pues te da luces Celestiales. para que dejes tu Ley, y la verdadera abraces: y si lo hicieres, en mí tendrás quien firme te amé; y te sirva. . Ten, señor, no pases más adelante; pues aunque esa Celestial Señora me persuade con favores soberanos, que deje mi Ley errante, vacilando está el discurso en si a sus preceptos falte por mi conveniencia, o sí fiel la obedezca constante, y en esta neutralidad es preciso que naufrague mi atención. . Luego si yo a un honesto lazo amante redujese aqueste afecto noble mío, y me casase contigo, la Ley de Cristo admitieras? . No es dudable, y en pago de esa fineza os diera mi afecto amante, si pudiera la Corona, que del Rey de Argel mi padre heredo. . Qué es lo que dices? Que soy su hija es constante, Tú con ser mi esposa logras Corona más estimable, que es la del Cielo, si admites mi Ley. . Como vos amante me deis la mano de esposo, yo abándono los Reales honores con que me aclama Reina Argel; y si lograse tal dicha, aún todo este mundo dejara por resignarme a obedecer los preceptos de MARlA; y ya que enlace mi mano a la vuestra, es bien, que quien soy ahora se guarde en vuestro pecho, supuesto, que intentarán mi rescate, y con alguna traición solicitarán matarme, porque a mi Ley he negado por la vuestra. . Aquí me trae mi cuidado, pues he visto, que Enrique anda vigilante siguiendo a la Esclava; pero aquí están. . Digo que amante seré tu esposo, pues siendo tan claro tu estirpe, nadie puede culpar que se unan los blasones de mi sangre con la tuya; y así, en fe de que cumpliré constante la palabra que te he dado, para más asegurarte esta mano lo confirme. Y yo la acepto. Qué haces? como ciego inadvertido ejecutas tal ultraje contra mi sangre, y la tuya? Hay fortuna semejante! . presto se eclipsó mi dicha. Pues cómo faltas infame a la fe de Caballero, y de Cristiano? . Repare tu enojo, señor, que yo no falto a honores tan grandes. Como no, con una acción tan fea? . Porque a igualarse llega Luna a mi Nobleza, y Blasón; y si el caracter aún le falta del Bautismo, dispuesta está a consagrarse a nuestra Ley verdadera. Intentas con falsedades templar mi irritado enojo: vive el Cielo que te mate villano; sonao una Mora, de bajo, y de vil linaje, había de ser tan Noble cómo vos? . Que declararle . no pueda, por la palabra que ya la di, que es su padre Rey de Argel! mira que no es falsedad. . Pues tú la aplaudes? Luna puede ser mi esposa muy digna, señor. . Cobarde, ya se apuró mi paciencia, y antes la muerte he de darte, que lo ejecutes. . . Aquí dando está voces tu padre. Mira, señor::: Muere, aleve. Primero ha de ensangrentarse tu acero en mi pecho. . Quita. Detente, señor, qué haces? Darle muerte a un alevoso villano. . Tu amor repare, que es tu hijo Enrique. . Es engaño, que yo no puedo ser padre co pretende de quí n hoy con una Mora casarse; con una Esclava: No puedo. persuadirme a que se infame mi hermano así, oscureciendo lo heroico de su linaje; pues causa amorosa ha sido el motivo de enojarte, su error perdona. . Él me ha dicho, que es muy digna de casarse con él esa Esclava; pero para evitar tantos males, mañana la haré vender. A mi venderme, es más fácil, que Luna no tiene precio, que es mi esposa. . Loco, infame, tu esposa una vil mujer Esclava? . A no ser mi padre, si otro a pronunciar llegara lo que tú:? . Qué hicieras? . Darle mil muertes. . Pues para que satisfagas sus ultrajes, pues dejas de ser mi hijo, en querer manchar mi sangre con una vil Mora, yo dejaré de ser tu padre; y así, vete de mi casa, sin que jamás sus umbrales vuelvas a ollar; y pues causa me das para emanciparte, de los fueros de mi hijo te desheredo: delante te quita, o viven los Cielos te dé la muerte. . Ay pesares! Yo me iré, pues gustas de ellos. Yo sabré desheredarte. Tendré menos que deberte. Vete, traidor, al instante. Ya me voy. . Mira, señor:: Qué he de mirar, no me hables en esto tú: vete presto de mi presencia. . Ved, padre:: Voy a obedecerte, luego, (no quiero más enojarte, Vendré por Luna: Penacho . sígueme. . Tus disparates es fuerza que siga. . Dónde vas tú? A ser andante escudero de tu hijo. Vos sois mi criado, y nadie os manda, sino yo. . Es cierto: mas yo no sirvo ya a padre, que si emancipa a sus hijos, qué hará a criados vulgares? Aguarda, truhán. . Jamás aguardaron los truhanes. . Digo que es culpa en Enrique, señor, pero tú a enojarte has llegado mucho, y mira:: Déjame. . Pues dónde partes? Voy, Leonor, a disponer, que su delirio no pase a más (quién vio tal pasión!) en tanto tú no te apartes de esa Esclava: luego vuelvo. . Quién vio mayores pesares! Quién vio mayores tormentos! Virgen MARlA, amparadme. . Qué es esto que me sucede! quién vio lance semejante! que esto órdene mi fortuna! pero cuándo ella es constante? Qué es lo que tienes, señora? . Ay, Elvira, que no sabes que a Don Juan le tengo amor? No sabes que mis umbrales ha que ronda mucho tiempo, sin que su pasión llegase a más, que hablarme a esa reja, siempre atento, siempre afable, y que a persuasiones suyas le di licencia que entrase esta noche en el jardín para verme, y para hablarme; lo cual yo le condo por mirarle tan amante, tan leal, tan Caballero, y que puedo asegurarme de su Nobleza, y que ahora me suceda aqueste lance para estorbo? . Qué recelos, señora? no te embaraces con esa Esclava, supuesto, que como tú a ella la mandes que se retire, es preciso, que te obedezca al instante, que Don Juan venga; y pues tiene él de este jardín la llave, la cual le di a su criado, como tú me lo ordenaste, ningún embarazo queda para, que puedas hablarle: y ya no puede tardar, cuando de negros ropajes vistiéndose va la noche. Pues por si vuelve mi padre, ve al cuarto, porque me avises. Ya mi diligencia sabes. . Noche, apresura tu curso. Cuando, fortuna inconstante, te cansarás de afligirme? . No llores, que de tu parte me tienes; y así, no temas el enojo de mi padre, si que disponga el venderte, y por mujer es bastante, que de ti me compadezca; así prometo ampararte, como tu olvides a Enrique, cuando no puedes negarme, que es locura lo que intentas: Pues como podía igualarse la eminencia de una cumbre, lo profundo de un valle? Tú eres su Esclava, él tu dueño, y así advierte, cuan distante, una esclavitud forzosa, de un dominio propio yace, y de una nobleza ilustre, a lo oscuro de un linaje: en fin, de ti a Enrique:: . Tente, que lo que él sin declararse dijo con frases oscuras, mi voz intenta fiarle a tu piedad: mi Nobleza, si no excede sus realces, iguala a la de tu hermano. Qué dices? . Que no es dudable Pues bien te puedes fiar de mí. . Ya mi fe lo hace. Pues discurriendo al jardín vamos, bien podrás contarme tu Noble Estirpe: esto hago . por conseguir acercarme aquella puerta, por donde ha de entrar Don Juan. ol La llave deja en la puerta, y no hagas ruido. . Que estar ruido, ni hollar, no le llegar superficie al tierra, porque no hable; mas por Alá me decir, qué intento ser qué te trae? Robar aquesta criada, para que me desengañe, del recelo que te he dicho, si es Aurora. . Estar dislate; cómo poder ser Aurora? Para lograr mi dictamen, le he dado mano de esposo. Ese estar más disparate, y a gran peligro ponerte. No hay riesgo que me acobarde. Pues ten, simor, que allí ver a la escasa luz que esparce aquella Lucera, dos bultas. Entre aquestos arrayanes nos ocultemos, en tanto, que mejor asegurarme pueda, si es Leonor, y si es la criada que trae la que tengo de robar. A mi tocarme por gajes. Prosigue, pues. . Pues atiende, porque puedas informarte de quien soy. . Aquesta voz oír otra vez. . No atajes su discurso, hasta que yo me enteré de lo que hablaren. En el África nací, de tan generosos padres, tan ilvitre, que a sus sienes vienen estrechas las Reales Coronas de cuantos Reyes dominan la mejor parte del Orbe, puesto que es el África, en donde nacen hijos del valor los hombres, o émulos propios de Marte; y aunque darte esta noticia te parezca es dilatarte lo que más importa, no es de más, pues aunque mi padre los blasones que heredó de la más heroica sangre de Jarifes, de Calisas, Cadíes, y Mulsumanes, le pudieran la Corona fijar en sus sienes Reales, su invencible valor fue quien con más glorioso esmalte se la aseguró en su frente. Qué es lo que oigo? hay más grande dicha! la voz es aquesta de Aurora. . Cómo haber Flandes en Paises bajos. . Ruido oigo entre esos arrayanes. Ya sentir, sinior. . Quién es? Quién rendido, quien amante, girasol de vuestro sol, sigue los puros celajes. Luna, pues sé que eres noble, ya mi honor puedo fiarte. Bien puedes, señora, hacerlo; g0 qué temor! Oíd a parte. . Qué es esto, el jardín abierto, mucha novedad me hace. La llave estaba en la puerta, y nos ha sido más fácil la entrada, que por las tapias por donde entrar intentaste. Mira que tengas cuidado, por si nos siente mi padre de llevar a Luna. . Ahora estará, señor, menguante, con la pena de no verte. Sígueme por esta parte hasta el cuarto de mi hermana. Ve caminando delante, que no veo bien, y las sombras, se me figuran gigantes. mob Cobarde eres; mas qué es esto? quién va? Quién es? . Raro lance! No te dije yo, que haber Sarracinos, y Aliatares? Quién satisfará la ofensa, de que el sagrado profane de esta casa vuestro arrojo. Con todo, sinior, dar traste. Don Juan, aqueste es mi hermano. Este es mi dueño, y mi amante. No os apartéis de mi lado, que ya es forzoso os ampare; Tusco. . Sinior. . Ve si puedes a esa criada llevarte. Si hacer, sinior; ah señora. Qué quieres tú? . De tu amante el criado, que procura sácaros ya de este trance: venid, pues, qué receláis, señora? . Qué haré? más nadie culpará mi arrojo, cuando Don Juan es noble, (ha pesares!) y me ha dado la palabra de ser mi esposo constante. Gran brío sieno mi tentrabodo Que con su vida no acabel En el jardín es el ruido, luces, hola. . Este es mi padre. Luna. . Peñacho, qué dices? Que antes que las luces bajen te vengas conmigo, pues mi amo que te llevase me ha mandado. . Qué haré, Cielos he de dejar en tal trance a mi dueño! mas su vida librará el Cielo. . No aguardes a que la ocasión se pierda. Vamos a morir, pesares. . Juzgo que ya llevó a Aurora Tusco, y es bien retirarme antes que lleguen las luces. . Cualquiera que sea, quitarle sabré la vida. . No huyas, mas debes de ser cobarde. Aquí está la luz. . Qué miro! Quién vio más confuso lance! Enrique, qué es esto? . Qué ira! aquí aquí ya no encuentro a nadie, No respondes? di, con quien reñías? . Es injuriarte, y injuriarme, si lo digo. Da al labio tu pena. . Antes que sepas tu agravio, espero, vengándote a ti, vengarme. Espera. . No, me detengas. Dónde vas? . Hos un infame, que el honor me lleva; en una vil mujer, y hermana fácil . Qué es lo que escucho! tras él, y tras ella mi coraje irá, porque cruel, y airado tome venganza en su sangre: cierra esas puertas, Elvira, que de mí no han de librarse. . Buena la hizo mi ama, no hay que fiar de Don Juanes. . La Patrona ya queda el, en aquesa enseñada, sin que pueda ser de atalaya alguna descubierta, por más que estén alerta; que ya esas peñas duras la guardan en sus quiebras, y roturas. Ya Muley avisado está, de que aquí habemos arribado. A quién esto ha sucedido, . pues cuandó juzgué que fuera Aurora la que robaba, es Leonor; pero ya es fuerza disimular por ahora, y por desquite a mi pena, enviaré a Leonor a Argel. No sé que el alma recela, . y el pecho adivina. . Vienes cansada, Leonor? (ha estrella cruel!) di, señora. . Quién viene tan amante, como atenta, siguiéndote, no se cansa. Vive Alá, que es la Princesa, pues viene mujer con él. im Ya las albricias son ciertas, lleguemos. . Sois vos, señora Patrones. . Qué gente es esta? Son dueños de un Vergantín, que he fletado. . Pues qué intenta vuestro dictamen ahora? No ignoras que ha de ser fuerza que nos sigan? . Es así. Y que harán la diligencia de buscarte, y de buscarme. Quién lo duda. . La cautela me valga; pues yo he dispuesto que partamos a Valencia. mi Patria, en aquesta nave, que a quererlo hacer por tierra, nos poniamos a riesgo de que descubrirnos puedan, y es mejor asegurarnos de cualquiera contingencia, (así mi engaño acredito) . pues sabiendo mi Nobleza, y dando desde mi Patria a tu hermano, y padre cuenta, tendrán a bien que me case contigo, ve si resuelta estás a seguirme. . Tuya soy, y es vana advertencia, cuando riges mi albedrío. Oye Alí, no es la Princesa, pues le habla de aquella forma. Yo no discurro, quien sea. Yo llego a ver que dispone: Señor, dinos a qué espera? Llegad al instante a bordo, y mirad que luego vuelva la Patrona, después que embarcada en la Galera Almiranta la dejéis, a esta Cristiana. . Estar buena la ventura de Lionor. Todo se hará como ordenas. Y sea con todo recato, porque me queda otra empresa que conseguir, y la que mas el pecho me atormenta. Pues vamos cuando mandaréis. Bien está; estad alerta, ve tú, y vuelve avisar cuando estén alzadas velas. Ir al punto a obedecerte: sinioras mías, alerta, que el que amar más a su Dama, verla entre Moros quisiera. . De forma que la criada era Áfricana? . Y tan bella, que me causó compasión, y en su estilo, y su decencia conocí, que era verdad cuanto me dijo, que era su padre de ilustre sangre, y ceñía la Diadema del Rey su frente. . Qué oigo! ciertas funcas ouiesesar pensios no fue engaño del sentido. Y obligada a las finezas de mi hermano, pretendía casarse con él, resuelta a abusar de su ley falsa. Qué es lo que escucho? hay más penas! Mas si en la ciega pasión de mi hermano, tal ofensa a ejecutarla pasare, lo que estoy temiendo de ella, que dejar su Religión por su libertad intenta, Ad mas que por seguir la ley de Cristo. . De su grandeza no creo tal ignominia. Ya la embarcación espera. Pues ven, Leonor, a embarcarte, donde verás mis finezas. Vamos, adiós Patria amada: o quiera el Cielo que vuelva a verte con menos susto! Y qué tarde estar el vuelta. . Tu vuelve aquí, que te espero. . Hacer sinior lo que ordenas: ven, que el esquife te aguarda, y ya estar surto en la arena. . Pues no he logrado mi dicha, de aquesta suerte se venga mi rabia; vira la proa. Señor Juan, pues no entra vuestro afecto a acompañarme? ya mis brazos os esperan. otros más nobles a mí me aguardan: zafa, iza velas, y tended al mar los remes. Pues decid, dónde me llevan? A Argel, donde seas mi esclav y de continuo padezcas. Quién vio desdicha mayor! piedad, Cielos. . A la entena Hiza canalla, a la banda. No hay quien socorrerme pue Es pedir peras al olma? y ahora, que hacer intentas? Que vuelvas a la Ciudad, donde con industria inquieras en la casa de Leonor, de Elvira, o otra cualquiera persona, si aún está allí por quien mi amor tanto pena; y sabe? (muero de enojo! si mi enemigo (oh adversa fortuna!) la tiene ya en su casa, y si mi estrella lo permite así, robarla aunque de sus brazos sea, y volverla a Argel, en donde al Rey cumpla la promesa. Estar muy bien discurrido; mas, sinior, en lo que intentas ser imposible, y hacer sin el huéspeda la cuenta. Mi valor sabrá vencer mi infelicidad adversa, porque contra la fortuna halla el valor resistancia. . Ya, noble esposo amado, en tu poder me veo, y desde esclava tuya, ya he logra ser tu esposa en dulcísimo himen recibiendo así mismo antes el Agua Sacra del Bautisme ya de tu padre huyendo la indignación, que pasa aún más que de rigor, a odio tren vivimos pobres en aquesta casa, quinta, donde apartados estamos de parientes, y aliados; y así la pena deja, si mi ruego te obliga, o harás que mi amorosa, mi fiel que viéndote triste siempre, ansiosa que la ocasión te he dado, y conmigo te miras mal hallado. Amada esposa María, (pues ya al Bautismo debiendo estás tan felice nombre) sabiendo tú que te quiero de tal suerte, que rendido y consaando estoy al Templo do tu beldad, por ofrenda de mi albedrío el Imperio: ofensa haces a mi amor, y a mi noble rendimianto, en creer que mal hallado está consigo mi afecto, de que llegue a ser tu esposo, cuando no merezco serlo. De dos causas se originan mis debidos sentimientos; la primera es de no hallar a el aleve, que resuelto robó a mi hermana, y mirarme agraviado, sin que medio halle a mi venganza, pues aunque de mi parte he hecho cuanto pude, como tú sabes, nunca está bien puesto, quien ofendido se mira, hasta que esté satisfecho. La segunda causa es, mirar que mi padre, habiendo un mes que cruel de su casa me arrojo airado: pretexto que dio, por haberme unido n los lazos de Himeneo con tu amor, no habido forma (aunque he procurado medios) de que me admita a su gracia con que tú estás padeciendo mas que yo aquestos ultrajes pues te ves sin lucimientos debidos a tu persona, tanto, que estamos viviendo en aquesta humilde Quinta, de la Ciudad poco trecho, que tan heroica fineza a un pariente se la debo, donde huyendo de mi padre, es de mis naufragios puerto. Señor, señor. Qué hay, Penacho? qué traes ahora de nuevo? Tu padre en aqueste instante, yo no sé con qué pretexto, dice que te quiere hablar, y queda en ese Convento, extra muros, donde aguarda, y me encargo fueses luego. Pues entra, y saca unas luces, puesto que va anocheciendo, que puede ser que los dos volvamos. . Voy al momento. . Qué me querrá ahora mi padre? Algún nuevo enojo temo; que has de traer, Don Enrique. Desprecia aquesos recelos, que en fin es mi padre, aunque tan digustado le tengo. Vengo en que sea tu padre; más llamarte a ese Convento, o qué puede ser? Yo lo diré. M Dilo, y sea presto. Para que se meta Fraile. Qué frialdad tan sin tiempo! Es que lo causa el vestido, por ser entrada de invierno. Lo que he discurrido es, que querrá en el sentimiento de la falta de mi hermana comunicarme algún medio para vengar nuestra injuria; yo me voy, que no es bien hecho hacerle esperar: mas donde vas, esposa? . Voy siguiendo el norte de mi albedrío. Quédate, que presto vuelvo, quédate tú con tu ama. De muy buena gana harelo. Cierra la puerta. . Señora, volveré a cerrarla luego. Pon en la mesa esa luz. Aí queda, yo voy a dentro, que tengo que hacer un rato. Qué es? . Echar un remiendo al vestido, que parece, por lo abujereado, arnero. No acienas? . Segura quedas aquí, no hay que tener riesgo. . Mientras viene. Enrique, no quiero malograr el tiempo, y por divertir mi pena; leer quiero los Misterios de nuestra Fe Sacrosanta, en que gran dulzura encuentro. Ya, señior, tener noticias, porque mucho andar diciendo. en la Ciudad, que echar fuera de su casa un Caballero, que querer casar con Mora, y que él venirse hoyendo a vivir en esta Quinta, que estar de la mar tan cerco, y el puerta mirar abierta. No pudo a nuestro deseo suceder mejor elllance. Muy bien: mas qué es lo que veo! esta es la misma que vi con la luz, cuando encubierto en la casa de Leonor estuve; mas escuchemos hasta que levante el rostro. Qué hará allí? . Qué? traducendo el Alcorán de Mahoma para enseñiar Malagüeños. Dice Fray Luis de Granada en el Símbolo perfecto de la Fe, que en las Entrañas puras de MARIA, el Verbo encarnó, quedando Virgen, le y nos pone por ejemplo el cristal, y el Sol que entra por él; sin eso lo creo, y moriré en su defensa. Entrad todos, y lleguemos, que nuestra Princesa es. Salto, y brinco de contento. Qué ruido escucho? qué miro! hombre quién eres? . El miedo pierde, señora, que soy Muley. . Tusco, y compañeros. Este es el hombre que vi, y qué es, decid, vuestro intento? El libertaros, señora. Qué es lo que oigo? en gran riesgo . estoy; ved que no soy yo, Moros, la que estáis creyendo. Señora, no hay disvadirnos, que sois nuestra Aurora es cierto, por habérselo vos dicho a Leonor; y así resuelto estoy, señora, a llevaros, que pleito homenaje tengo hecho a vuestro padre el Rey. La vida daré primero: . yo estoy muerta, Don Enrique. Lo que no pudiere el ruego, conseguirá la violencia. . Enrique, señor, mi dueño. En vano ánimas las voces. No hay quién me socorra, Cielos! . Nosotros quedar atrás, por si seguir; que bon perro estar Muley, pues llevar mejor proso que en Marruecos, avey ni en toda el África. Vamos, que ya estará lejos. . Voces daba mi señora; mas vive Dios, qué es aquesto? a señora, dónde estás? mas no parece, y abierto me dejé, y la puerta está entornada; aquesto es hecho, sin duda que la ha robado algún traidor; qué haré, Cielos? tras ella iré, ya que Enrique no está en casa. Qué es aquesto? dónde está mi esposa? pues mi padre con noble afecto viene a verla. . Pues señor:: Dónde está mi hija, necio? Señor, la llevan:: Qué dices? . Robada. Grave tormento! quién fue el traidor? . No lo sé, solo la oí sus lamentos, que dijo, señor, Enrique, no hay quién me socorra, Cielos? No digas más, que en el alma las oigo: qué me detengo, sin ir a buscar mi esposa, y a vengar este desprecio. . Enrique, sigo tus pasos: quién vio tan raros sucesos! . Mi amo va tras su esposa, tras de su nuera va el viejo, mal hará, en manifestarse; pues si bien lo considero, cualquiera marido es cruz, y calvario cualquier suegro, y de esta suerte se libra de dar en un cimenterio.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA s En hora dichosa amanecer vuelva luciente, y en aqueste Oriente alumbrar se vea: venga en hora buena, y hagala la, salva la lira de Marte en dulces cadencias. Aurora, dame los brazos, hija amada, feliz llega, es para que el dulce contento de esa armonía halagüeña cumplido se vea, pues P vuelve a lograr tu luz nueva. A tus Reales pies estoy, para que rendida pueda racompensarte mi suma obligación dos finezas, la de padre, y la de amante; es la de padre en las tiernas, amantes, y cariñosas palabras con que tu Alteza me recibe; en la de amante, por las finas cuanto atentas demonstraciones festivas, salva Real, júbilo, y fiesta: Que haya de fingir yo, cuando . mi Ley a la suya opuesta es, y aunque sea mi padre, forzoso es que le obedenes! A2Y Llega a mis brazos, y no con razones me enternezcas. El Rey parecer ser veco, pos llorar como una dueña. No llegas, Muley? . Señor, interrumpir culpa fuera las amorosas caricias de un Sol, y una Aurora excelsa. Yó estoy a tus pies ufano, de que haya sido mi diestra tan dichosa, que haya dado al África su Princesa, a tu amor su objeto hermoso, dueño a mí a quien obedezca. Y si vuestra Alteza gusta saber como fue:: . Ahora deja de su infeliz cautiverio las noticias que le mezclan mal, las dichas que se gozan, con las pasadas tragedias: y llega ahora a mis brazas; y pues mi palabra. Regia no puede faltar jamás, para premiar tus, proezas, y cumplirlas, hoy te hago dueño de Aurora, pues esa, es la palabra. . Primero, . lograré la palma excelsa l del martirio, que yo admita su mano. . Fuera bajeza . en mí, habiendo) tenido tan notorias evidencias de mis agravios, según he observado en esta empresa. Admitir su mano: Cielos, . toda el alma titubea, ignorando el modo como, me podré excusar. . Suspensa parece que te has quedado. Yo, señor:: . Pues qué recelas? Quién se vio en más confusión! p ay, Enrique, si esto vieras! . A tus pies, señor, rendido te agradezco la fineza de darme a Aurora: mas mira:: Bien está. . Que me suceda . esto, Cielos, que me ruegue con Aurora, y yo no pueda admitirla; por la causa que me dan unas sospechas! Si estar bodas, tenercerto cañas, toros, e libreas. . Mas qué sonoro clarín la región del viento puebla? ha Tusquillo, ve a saberlo. Ya Mostafa senior, liega, y de él poder informarte. Deme los pies vuestra Alteza. Qué es aqueso, Mustafa? Con la Escuadra de Galeras, que a corso salio Celín, ahora al Puerto de Argel llega con gran presa de Cristianos, que cautivó en las fronteras del Andalucia. . Qué oigo! . pesar me ha dado la nueva, no sé que me dice el alma. Salir quiero a las riberas del mar, a saber qué gente trae, para que de la presa sean, Aurora, tus cautivos, los de mayor consecuencia. Vamos. Tusco. . Qué decir? Hiciste que me trajeran a Palacio la cautiva Cristiana? . Ya estar afuera a esperarte. . Vamos, pues. Aguardad. . Ya mi obediencia espera que la mandéis. Déjanos solos. . Afuera espera, Tusco. . Estar bien, e tu mejor con Princesa. . Por qué causa saber quiero os excusáis con su Alteza de no admitir mi Real mano, cuando de las ansias vuestras ha sido el motivo heroico, poniéndoos a contingencia de perder la libertad, o la vida en esta empresa O si diera algún pretexto . a mis dudas su respuesta, para que de lo que yo deseo formase queja, que cortara del intento de mi padre la violencia! Esto es lo que yo deseo, . para saber con cerreza si se engañó mi sentido: diré, pues me dais licencia, la razón que tengo, pende de unas razones, que fieras penetraron el conjunto de sentidos, y potencias; pues aquella feliz noche, O infeliz, por tantas nieblas como a mi discurso turban, y el entendimiento cercan, os oí decir con ansias, que enternecieran las piedras: Enrique, señor, mi dueño, no hay quien ampare, y defienda a una mujer infelice? Mirad si es bastante esta causa para que dilate dar la mano a vuestra Alteza. Logré lo que deseabas . si esto a efectuarse llega; apara fingir este intento deme el Cielo su asistencia. No me respondéis, señora? Sabéis, Muley, que Princesa soy de Argel, y que este Reino le hizo mi padre herencia con el valor, y la espada, y que su Corona Regia, a no ser hereditaría en mí, que lo fuese hiciera su resolución heroica, o su osadía resuelta? Pues sabiendo mi altivez, mi pundonor, mi grandeza, cómo os atrevéis? (no sé como el incendio se templa de mi ira al pronunciarlo, y no os convierte en pavesas cómo os atrevéis? (segunda vez que los repita es fuerza a mi pesar) a empeñara con bastardas viles nieblas de suspechas mal fundadas, el esplendor, la pureza de mi honor, juzgando que a un Cristiano (qué bajeza!) favorecer yo podía con mi mano, y alagüeña alyugo del Matrimonio sujetar mi Real grandeza, degenerando no solo de mí alta Estirpe Regia, sino de mi Ley, la cual constante mi Fe profesa? Pero en castigo de que naginarlo en la idea quisisteis, ya de mi mano nunca lograréis la empresa. vive Alá Soberano, vive esa luciente Esfera, que si vos mismo no sois quien con disculpas no intenta disuadirle al Rey mi padre de que mi mano no sea vuestra; y en caso de no poder conseguirse, venza con las advertencias, como lo empezó vuestra cautela a intentar; si no os salís del África muy apriesa, yo misma os he de dar muerte, porque las propias ofensas puden propias las venganzas, y a tomarla estoy resuelta. Aguardad, tened, que puesto que obedeceros es fuerza; también lo que es mi opinión con vos quede aquí bien puesta: si yo os diera fidedignó, testigo, que decir pueda, que con Enrique os casabáis, qué abusafels lo ect de nuestro Profeta Sacro por la Ley Cristiana, en esta certidumbre, que no puede esto faltar, vuestra Alteza qué responderá? . Qué es falso ese testigo, y cautela de vuestra mucha osadía, Veremos si lo comprueba, y hace evidente mi agravio: Tusco. Sinior. . Haz que esa cautiva Cristiana entre. Quién, Leonor? . Sí. Aquí estár presta: puiil el entrar. . Cristiana cautiva, los Reales pies luego besa a quien fue cautiva tuya, y hoy a ser tu dueño llega: tú vete. .̱. Ya yo me ir como perro con vareta. . Qué miro! . Qué es lo que veo! . No es de Enrique hermana aquestal No es esta quien de mi hermano . quiso ser esposa! penas, en vano refreno el llanto. . Su aflicción me da terneza. . A tus Reales pies, señora, está ya quien a su estrella le agradece la piedad, de que a ser tu esclava venga. Llega a mis brazos, Leonor, tu cautiverio no sientas, templa el llanto de tus ojos, no desperdicies las perlas, que se avergüenzan de que las derramen las estrellas. No a ser vienes mi cautiva, mi amiga sí, en recompensa de lo que a tu amor debí, cuando yo tuya lo era. Agradecida otra vez, sus pies mi humildad te besa. No hagas tal. . Ya te he entendido: que calle dicen sus señas; . qué será? . Es este el Bestigo que en tu abono me presentas? Sí señora, y fidedigno. También de vuestra vileza, pues con las señas de amante cautivaste su inocencia, Fue por vengar un agravio, ya que no en su hermano, en ella. Ah enemigo infiel! Cautiva. . Qué mandas? su misma Dit no me dijiste que Luna, dejando por la ley vuestra la suya, estaba casada con tu hermano. . Aquesto era . lo que dijo que callase, y a no hacerlo ya por ella, por desmentirle no más, y por vengarme lo hiciera. Yo, como a Don Juan, os dije tena algunas sospechas, de que mi hermano trataba con la debida decencia de Noble a Luna, sin que supiese que era Princesa de este Reino, y que temía no pasasen a finezas de amantes sus atenciones: mas no haciéndolo evidencia; y era mucha demasía presumirlo de su Alteza. Buen testigo habéis traído. Es engaño. . En mi presencia no estéis más, idos de aquí; mas esto con advertencia, que no me volváis a ver, y con la que os tengo hecha, si no queréis que mis iras se venguen de estas ofensas. Yo me iré, mas ha de ser, advirtiéndoos también cuerda mi atención, que nunca miente contra sí, quien no quisiera enconfrar los desengaños con tan claras evidencias. . Hase ido ya? . Ya se fue. Pues llega a mis brazos, llega, Leonor mía. . Pues, señora, qué demonstración es esta? Por qué la extrañas? no soy quién la Fe de Dios profesa? no soy esposa de Enrique? no soy tu hermana? . Pues deja que mi amor ahora te abrace, en albricias de tal nueva, una, y mil veces. . El alma darte en los brazos quisiera, Leonor mía, pues parece que a Enrique (qué dulces penas! abrazo en ti. . Ay, hermana, quién se vio en mayor tragedia! El corazón de dolor . se éxhala en líquidas perlas por los ojos. . Qué pesar! . Hermana, no te enternezcas. Lloras tú, y no he de llorar, siendo la causa una misma? Pues anéguense los ojos, corran de llanto tormenta. Señora, ya el Rey volver, he cautivos traer aquí, que poder servirte a ti, e también poder vender. Aunque es su infelicidad grande, no menos esquiva . la mía, pues que cautiva tengo yo la libertad: ay esposo! Aurora mía, estos cautivos, que son los de más estimación, te trae mi cortesanía, porque olvides el pesar de tu cautiverio, pues ves rendidos ya a tus pies a los que llegaste a estar. La fineza de mi fe, es recompensa, señor, con decir que aquel dosonno. con su vista le olvidé. Llegad, cautivos, besad los pies al hermoso Sol de la Princela. . Qué veo! . Cielo, si es esta ilusión! . Si esta es vana fantasía! . Si es sueño aparente! No es mi esposa esta? . Mi esposo no es este? . Esta no es Leonor mi hija? y cautiva, Cielos! Mi padre, y hermano son los cautivos; qué pesar! . Saben ustedes si estoy borracho, o si sueño? estas no son entrambas ha dos, la una que nos liaron, la otra que las lió. . La dicha de ser, señora, tus cautivos, es favor tan grande, que a la fortuna la infelicidad trocó de perder la libertad; pues quien tu hermosura vio, D que el cautiverio no tenga por feliz? . Con discreción nabló el cautivo. . De noble da señas. . Bien su pasión . me dio a entender, pero el llanto temo que a los ojos: no estéis así, de la tierra os levantad, y el favor agradecedle a mi padre, que por vuestro dueño os dio, a quien trataros sabrá con debida estimación. De vuestra piedad lo creo. Bien su afecto me explicó, . dichoso he sido en perder la libertad. . Que a Leonor no pueda abrazar. Que esté reprimiéndose mi amor, de no abrazar a mi padre, y hermano! . De dónde sois? Disimular me conviene; . de Málaga. . Menos yo, que soy de Esquivías. . De Esquivías? Sí señora, el sen me dio un moral. . Cómo? . Direlo: mi padre Alí Almanzor. Ay Almanzores allá? Señora sí, y a eso voy. Ya sabrán como mi padre, como dije, Alí Almanzor. me engendró junto a un moral, y desde entonces quedó antojadiza de moras mi madre; con que el ser yo debo a las moras, y espero deberlas todo favor: no sé como no la abrazo. Qué naces loco? Ser busón. Quédate, Aurora, con ellos, que yo a la tárea vey, que el cargo trae de reinar: zmucho os estimo el favor de los cautivos. y En ser de tu agrado, alegre voy. Vamos. . Ya solos quedamos: ahora, padre, y señor, dadme los brazos, que aunque debía ser en mi amor mi esposo, el primero ahora lo sois en mi estimación. Qué placer, hija María, que no dudo sea el mejor nombre, en tu constante Fe, el que el Bautismo te dio! mis brazos te recompensen tan cariñosa atención tuya; y en fe de ella espero disculpar el ciego error de no haberte hecho el debido tratamiento, que al blasón de tu Real sangre era justo. Y ahora dame, Leonor querida, los brazos. . Padre, el alma en ellos os doy. Paso es, que enternecer puede al más duro corazón. Cómo no llegas, Enrique, a mis brazos? . Porque aún no merezco estar a tus pies; pues quien con la exaltación de la grandeza, constante está en su fe, y en su amor, se desmiente de mujer de Deidad se acreditó; y así, más que del afecto, digna es de la adoración. Yo no tengo más grandeza, que ser tu esposa, ni soy más ahora, que antes fui, pues una vez que mi amor dueño te hizo de mi mano, mi albedrío te rindió. Qué acaso a ti, y a mi hermana os trajo aquí? . Ese traidor de Muley, fue el que a tu hermana con engaño, y con traición trajo cautiva, que fue la noche que con valor entraste tú en el jardín por mí, y este me robó de nuestra casa, la noche que al mandato superior de tu padre fuiste, Enrique; estées quien:: . Calle tu voz, denme los Cielos venganza. Cese tu justo rencor, y ahora llega a mis brazos. El mismo gozo la acción me está suspendiendo. Al Rey busco aquí; mas qué traición es esta? Aurora en los brazos de un cautivo! a mi furor muera; cómo, dime, aleve, . tu osadía se atrevió a profanar con los brazos el soberano esplendor de nuestra Princesa? muere a mis iras. Sin mí estoy! . Qué pena! Terrible lance! Empeño grave! . Quisthorzo suspende Muley. . Aparta, que he de matarle. . Un Nerón está hecho el perro Moro, quien llamará a un Confesor. Muere, atrevido, a mis iras. Así embargaré la acción del impulso de tus brazos, que la sangre del valor, en la defensa de un hijo, no respeta al superior, Pues a ti te daré muerte. Muy posible fuera, a no dartela yo antes a ti con tus mismas armas, por que en la defensa de un padre la venganza no es traición Ah aleve, ya aquí no hay medios, ha de la guarda; traición. Tundo se lo llevó el diablo. Quién mayor desdicha vio! Qué pesar! . Lance terrible! Grave empeño! . Sin mí estoy! Qué es esto? . Yo lo diré: ayúdeme aquí el valor: . Esto es profanar, Muley, mi respeto, y pundonor, pues más que de su lealtad, llevado de su pasión; ciega, contra ese cautivo el vil hacero sacó, porque vio que agradecida le recompensaba yo la deuda de que él hubiese sido (según me informó después, señor, que te fuiste movido de compasión, el primero que a los viles piratas el precio dio por mi persona; y después, para más estimación, me ferió a segundo dueño, donde estuviese mi honor al lado de una hija suya, con más decente atención. Aquesta noble hidalguía, que sin conocerme usó conmigo, ofrecia pagarle, interponiendo el favor fiel mío, ahora contigo, para que de la opresión del cautiverio le dieses libertad; él se postró a mis pies agradecido, con tan noble sumisión; que a elevarle hasta mis brazos la clemencia me obligó; que como ha tan corto tiempo, que cautiva me vi yo, me olvidé de mi grandeza, mas no de la compasión, que conmigo los Cristianos usaron, dan el rigor de mi infeliz cautiverio: a aqueste tiempo llegó Muley, sacando el puñal para adarle con rencor la muerte; y aquese anciano, pupianei que padre se declaró de ese cautivo, el impulso a Muley embarazó, asiéndole de los brazos; a que Muley con furor darle la muerte intentaba, y como su padre vio el cautivo en tantos riesgo, forzado de la pasión, sacó a Muley el acero para impedir su rigor. Este es, señor, el suceso; si en mí fue indecencia, o no, la que fue solo piedad, Rey tengo, padre, y señor, que culpar acciones mías pueda con su indignación: mas no quien antes de haber conseguido el Real favor de mi mano, a mi respeto falte con tanto baldón; que a mi vista dar intente muerte a quien amparo yo. Si así las Auroras mienten, . qué harán las que no lo son? No contradecirla intento, que es mujer, y noble; soy. . La sentencia será ello. . Aurora, Muley obró lo que yo obrara, pues es contra nuestra Religión conceder a los Cristianos tan soberano favor; aunque al Cautivo relevo que da naferza al Jao des castigo, y el rigor que merecía su culpa, porque él no la cometió, pues tu piedad fue la causa de su sacrílego error; indultarle de la muerte no puedo, pues se atrevió l a incitar contra Muley sus propias armas, traición, que la debo castigar, porque fue contra el honor de Muley, y contra mí; y así, llevad a los dos a esa mazmorras que hice en mi Palacio, que el Sol apenas dará manana vida al día, y esplendor, cuando serán escarmiento de mi justa indignación. Qué pena! Qué desconsuelo! Qué ansia! . Mira, señor:: No hay que mirar; ea, llevadlos. Y aqueste que ser bosón, llevar también. . Pues qué digo, he abrazado al Alba yo, cuanto más Auroras? . Vayan. . En mi esposa el corazón . dejo. . Valor, hijo Enrique. Tenla tú, padre, y señor, d para morir en la Fe constante. . Pues vive Dios, que no quisiera ser Martir, que basta ser Confesor. E Venir perro a la mazmorra. Galgo, ya por fuerza voy. Señora, como los deja llevar? . No importa, Leonor, ten confianza en mi afecto, que estamoche, la mayor fineza de amor verás, que obra mi amante pasión: vamos. . El Cielo permita dar alivio a mi dolor. Y a mi venganza de aqueste vil, aleve, infiel traidor. . Inmóvil casime tiene mi propia imaginación, si será Enrique este aleve cautivo, que mereció abrázar a Aurora, muchos son los indicios: Leonor el color todo perdido, y sin oficio la voz; toda su pena dio al llanto. Aurora le defendió contra mí; y aunque el descargo que llegó a dar en favor de su decoro, parece tiene visos de razón, no lo creo, y esta noche he de entrar en la prisión y la muerte le he de dar, que basta para el rencor de mi celoso coraje, solamente la aprensión, de que es quien de mi enemiga logra el injusto favor. Que a Ena prinón oscura nos destinase la suerte, donde aún antes de la muerte tengamos la sepultura! en fin, rigores esquivos de una infiel obstinación. Cualquier cárcel, o prisión es sepultura de vivos; mas otros son mis lamentos. Di, qué? . Él si anochecido habrá pues estoy contando ya cada hora por momentos. Qué es lo que dices? que ha mucho tiempo que la luz del día, en los brazos de la noche cuanto descansa agoniza, las doce dadas serán. Qué oigo? a Diós cantarilla de arrope, y a Dios Penacho, seis horas tienes de vida, y serás al Sol colgado rácimo sin parra. Hhn impía estrella! qué te costaba el dilatarme la dicha, de quesde mi amada esposa lograse más de su vista, y que una casualidad la causa fuese. (ha desdicha! de que me viese Muley en sus brazos, y remisa mi ira estuviese, pudiendo quitarle entonces la vida, pues de esta suerte vengaba la traición, y alevosía de haber robado a Leonor, y a Aurora. . La saña incitas, aya no es tiempo de venganzas, Enrique, templa tu ira, ayer morir como Nobles debiamos, mas hoy día, como Cristianos debemos morir. . Qué ya nos predicas? pues pon vida de Mahoma que reniegue, si me obligas a ser racional racimo. Calla, tal error no digas: más ruido siento. Es verdad, con una llave porfían hacer dóciles las guardas de una cerradura. . Ira de Dios, ya llegó la, hora. Quién será? . No andivinas? el Verdugo, el Pregonero, bórricos, y campanillas, para llevarnos. Leonor, la luz oculta advertida, hasta inquirir con la voz, si es la prisión en que habitan esta en que estamos. Bien dices. . Enrique. Quién va? . La misma voz es de mi esposo; ahora la luz manifiesta. . Hija? Esposa, qué dicha es esta? Esto es cumplir la fe mía con lo que me debo a mí, y te debo, mas no impidan nuestras amorosas ansias el logro de vuestras vidas; vestidos de Moro os traigo, armas, oro, y joyas ricas, con cuyo disfraz podéis por una secreta mina, que tiene aquesta mazmorra, (cuya casual noticia fue providencia del Cielo, para este trance adquirirla) podéis salir a la mar, donde hallaréis Saetias, de Extranjeros Mercaderes, que del oro a la codicia, en Málaga a salvo os pongan, que yo, y Leonor, algún día con la propia industria espero, que lograremos la dicha de verme en tus brazos yo, y ella en los de las caricias de su padre; no perdamos Antes remora? que está deteniendo un la misma terneza el bajel amante de mi constancia rendida. Señor, rogádselo vos, y tu Leonor. . Hijo, mira que entre el cuchillo, y el cuello, empo. . Esposa querida, te había de dejar expuesta a la tiranía de un infiel padre, y expuesta a las amantes porfías de mi enemigo Muley? Primero daré la vida a un verdugo, que mi amor, ni mis celos lo permitan, no quiero vida sin ti. No ves que la mía peligra, pues si tú mueres, es fuerza el que yo muera? . María, no tienes que persuadirme. Ahora echas bernardinas? No tienes que persuadirme. Que mi llanto no te obliga la piedad de Dios envía el remedio, y este en todo parece que de su misma mano viene. . No malogres, hermano, de su Divina Providencia el favor, todo se consigue con la vida, y la de un padre aventuras, cuando la tuya no libras. Yo he de morir. Pues yo no, que antes que lleguen vendimias un rácimo racional se pasará en cuatro días: dónde ese secreto está, señora? . Aquí está: ea, qui esa losa que la oculta. Dios me dé fuerzas: mas ira de Dios cual pesa: Santelmo! Qué asombro! Qué maravilla! Qué horror! lo que el tal ollo escondía. Con permisión, y mán dato . de la Majestad Divina, a pagar el beneficio, que este en su memoria olvida, y yo agradecido tengo la deuda siempre a mi vista, vengo, y sin descubrirme lo haré. . Di, qué solicitas, o quién eres? . Oíd atentes. Tu voz prosiga. ̱̱ego Aquí importa una ficción, . para que no estén remisas sus personas, y yo logre a lo que el Cielo me envía. Yo soy un sagaz Corsario, que estas Costas, y Marinas corro, porque estuve en ellas por esclavo muchos días, y después me rescató la Redención; yo tenía por dueño al Duan de Argel y por travesuras, hijas de mi valor, o imprudencia, me encárceló en esta mina por castigor de mis hierros, que un esclavo hierros pisa,) y una noche discurriendo, o pensando si tendría esta mazmorra más fondo, por parocerme que hoía Id como a lo lejos ruido; después que la luz del día encapotaba la noche, mi valor fe determina a seguir aquel rumor, la mano al tacto su aplica, percibo un concabo estrecho, la planta a él se encamina, y a pocos pasos que anduve, el ruido más se avecina, donde con tal novedad el deseo solicita ver lo mismo que le asusta, y descifrar el enigma; y después de largo espacio; me vine hallar en la orilla del mar, que sus crespas ondas chocaban en las vecinas. márgenes de aquesta boca, que fue el ruido que se oía. Discurrí ser esta parte, según el modo se explica, M mina de aqueste Palacio; en ellos costumbre antigua; a mi prisión me volví, y después logré la dicha del rescate, como dije, por la Redención benigna: y movido de piedad, muchas veces examina mi valor, este paraje, por si acaso en él, la ira de este Rey, algún Cristiano acaso? en la prisión misma le poné como yo estuve, para ver si de su inicua crueldad puedo libertarle; que aquel, que de las desdichas fue blanco de la fortuna, considerando llas mismas o en otros (si es compasivo el librar los solicita. Esta ha sido la ocasión; en que mi afecto encamina venir por este paraje, sentí que la puerta abrían, oigo el idioma Cristiano; subí, veo que es distinta la facción que yo juzgaba, porque me parece huida la vuestra; pero no obstante, un Bajel dejo a la orilla del mar, que por lo ligero al viento lo desafía, y como me deis el precio, o recompensa debida, yo os prometo de llevaros hasta vuestra Patria misma, sin riesgo, para que en algo mi noble intención os sirva. Oh Patrón, tu patronato sea más rico que las Indias. Pues pide cuanto quisieres que oro, perlas, joyas ricas tienes aquí a tu mandado. No es tan grande mi codicia; y pues me ofrezco poneros en salvo, se necesita, que en lo que esto se ajustare, quien fuere de esta familia cabeza, me haga homenaje con juramento, que el día que yo cumpla mi palabra, me dé, sin que se resista, lo que quedare pactado! Nada negaré que pidas; a Málaga has de llevarnos. Pues así lo facilitas, D a tú me has de dar una joya, y esta, la de más estima que entrares en el Navio; qué me respondes? Que se obliga mi nobleza a ese contrato; qué puede ser lo que pida . mas que las joyas de Aurora? Con ese supuesto, afirma con juramento el cumplirlo. Pues juro a Dios, y a su Invicta Madre, de darte la joya, sin que a ello me resista. Pues a Málaga partamos, id entrando por la mina. No trajiste algunas armas? De todo estoy prevenida, aquí están. . Las llevaremos por si nos fueren precisas. Bien dices. . Ruido siento. San Onofre. Nadie impida que entre, pues licencia traigo del Rey. . Extraña desdicha, que esta es la voz de Muley. Pues escapemos aprisa, y entrémonos en la boca, que si el galgo nos atisba, en el vivar moriremos. Yo quedaré a que no impida nuestra fuga, pues me hallo con armas. . Pues ya de guía os sirvo. No te detengas, Enrique. . Porque no os siga me quedo; y a darle muerte . a este tirano, homicida de mi honor, y libertad. Puesto que tengo vencida la entrada, ya se logró mi venganza; mas mis iras se suspendan hasta tanto que mis celos examinan con una industria, si es esposo de mi enemiga aqueste Cristiano aleve, pues para más rabia mía de su nombre me acordé; pero la experiencia diga lo que intento hacer: tú, Tusco, espérame a la salida. Ven estar, sinior. Lo oscuro mas mi intento facilita: Enrique. Quién es quién llama? Quién viene a librar tu vida, si una verdad me descubres. Qué oigo? más si es fingida . esta propuesta; pregunta. Sosegaos un rato iras: fuister esposo de Aurora en España? Aquesa dicha solo yo soy quien la logra. Pues no aguarden más mis iras, muera a mis manos. . Traidor, no es fácil que lo consigas, que antes te daré yo muerte, por vengar la alevosía de haber robado a mi esposa, y hermana. . El solicita defenderse, y tiene armas, aquí hay traición. . Qué resista tanto el perro! Muerto, soy. Vengué las ofensas mías, la fuga importa, dejando cerrada otra vez la mina. Muley ser el que dar voces, y roído de armas seroían No sé. mas vive Alá cagocina! a como un perra entre su sangre. Ah Mahoma! de tu inicua maldad reniego. Si él llevar, tu tener muy bona dicha, cautivos no estar, traición. En la mazmorra es, aprisa. Bajemos todos; qué es esto? Que mi amo ir a otra vida. Quién le dio muerte? Pues llevémosle a la vista del Rey, para que ejecute mas severa su justicia. La Princesa no parece, ni la Cristiana Cautiva. Registrad todo el Palacio. Una a otra se anticipan la novedad; Tusco, vamos. Dónde está Aurora mi hija, Mustafa? Pero qué es esto? Muley decir que venía a esta presión, yo quedar ope afora, y apenas pisa este lugar, cuando oír decir traición, entró; mira con tención lo que tu ver. Quién vio más rara desdicha! y los Cristianos? No ver, y esta presión examina mi atención, y hallar que ver Nuevo incendio es a mis iras: acudid luego a las puertas; salga la Caballeria en su busca, y las Galeras corrán de esa cristalina Esfera todas las sendas: Hay maldad más inaudita! ea, qué esperáis? marchad, apartaos de mi vista. Ya vamos a obedecerte. El Rey ir echando chispas. De ti reniego, Mahoma, pues causas tal ignominia. . Amaina, amaina, aferra. En esta Isla tome el bajel tierra, que la tormenta crece. Cielos, piedad, que ya el bajel perece. Echa el esquise a tierra, en tanto que se serena el mar. Este es encanto, desembarco aturdido, (do. el Mar por poco no nos ha sorvi- No os asustéis, que a la vista de Málaga estáis. Qué alegre nueva! de aquí se descubren sus torres, y capiteles. Qué dicha! Qué gran fineza! Que cerca del Puerto fuese a saltarnos la borrasca! Ese naufragio que adviertes yo lo he causado. . Pues dino lo que con eso pretendes. Que me cumplas la palabr antes que en Málaga entres, pues yo he cumplido la mía, según el contrato tienes hecho conmigo, y jurado. Yo estoy en satisfacerte; y a más de esto, en recompensa darte otra joya: aquí tienes todas las que traigo, escoge la que a ti te pareciere, que es de más fcido y valor. Ninguna de estas pretende mi afición; y así el contrato no lo cumples como debes. Cómo no? todas las joyas, que ese cofrecillo tiene, son las que entré en el Navió, como tú sabes, y adviertes, y registraste al entrar. Mas que el Marinero quiere . armarnos trampa legal, (como en pleitos hacer suelen) para llevarse las joyas? Digo que no es la que quiere ninguna de esas mi pecho, que es otra más eminente. arbrá, tú has ocultado, o tu hermana? No receles por esta parte, aquí está la joya que me compete. Pues tomátela, a qué aguardas? Primero has de responderme a lo que ahora te pregunte. Qué Marinero es aqueste, . si ha de llevárselas todas: para qué nos entretiene? Que es lo que más en el mund estimas, di? . Trance fuerte a mi esposa. . Pues si es tu esposa la que más quieres, esa es la joya que a mí ahora me pertenece. Cómo, repara, qué dices? Todos los quilates tiene que da la piedra de toque, (tes! Quién se vio, en penas más fuer- nunca me pude obligar a lo que capaz no fuese de cumplir. . Ese es engaño, cuando tu espontancamente te obligaste, sin que fuerza ninguno a ello te hiciese. Yo solo de aquestas joyas fue el concepto que hice siempre. Bien está, yo me convengo; pero lo que más aprecies a mí no me la has de dar. Pues a quién? Adiós la ofrece con debidos rendimientos, pues su providencia siempre es quien libra de infortunios: y para que al mundo llegue a servir de ejemplo heroico tan raro caso, atendedme. Yo por mandado de Dios vengo a pagarte el ardiente celo de una caridad, que tu piedad quiso hacerme. Yo te hice a ti beneficio? no sé como, o cuando fuese: quién eres? declarate. Fuerza será que te acuerdes de un difunto, a quien por deudas, causadas cuando vivientes, negaban la sepultura, y tu compasivo al verle, pagaste por él, y hiciste, que sus sufragios le hiciesen. Ya me acuerdo. Pues yo soy. Válgame todo. San Lesmes. Que con permisión de Dios, siendo el que lo obra clemente, porque se vea que paga la caridad que se ejerce con los difuntos, dispuso, que la libertad os diese. Ya estáis en Málaga, en donde os halláis, siendo aparente el mar, la nave, y tormenta, y lo que veis evidente. Dadle a Dios debidas gracias del favor, que a las Celestes moradas me parto, adios. . Oh muerto honrado mil veces! del mayor amigo el muerto el más cercano pariente; vive Dios, que es buen amigo. Qué dicha! . Absorto me tie- este prodigio, y portento. (ne Él discurso se suspende. Y yo, viendo este suceso, padre, mi amor se resuelve a vivir en un Convento. Dichosa tú? Y yo de alegre salto, y brinco de contento. Y aquí dichoso fin tiene los Esclavos de su Esclava, y hacer bien nunca se pierde.
