Texto digital de La esclavitud más dichosa
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Bautista Villegas y José Rojo
- Atribución estilometría
- Juan Bautista Villegas Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La esclavitud más dichosa. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/esclavitud-mas-dichosa-la.

LA ESCLAVITUD MÁS DICHOSA
JORNADA PRIMERA
E unid aup Las mulas podéis llevar que aquí he de quedarme. Alón. Dale un escudo Rincón para herraduras. Herrar obin me vea yo por esclavo si tal diere. aop Qué locuras! Escudo para herraduras, no echara con el un clavo, tantos te debo de renta tu padre o tantos te dan con esa Cruz de San Juan, que los gastas tan sin cuenta? o no Por eso he de ser eluil? No, pero dar a cualquiera un escudo, no lo hiciera tu hermano, con los diez mil que goza del mayerazgo. Es su condición más cuerda, De lo que a él se le pierda no llevará nadie hallazgo. Eso no dirás de mí, siendo un escudero yo. Ese nombre me engaño, y por eso te serví, que como plata el platero; pintura el pintor, creia que a quien escudos tenía zol le llamaban escudero: roo on mas dime, en la Toledana puente, sin mulas, ni coche. después de una mala hohe; quien nos viere a pata llana con botas, y con espuelas a quien nos comparará, alguno nos juzgará gabilanes con piguelas, o muy hambrientos. Por qué? Pues no viene a ser todo uno, el mondadientes ayuno, y las espuelas a pie; pero de habernos quedado aquí me di la ocasión, que me causa confusión. Presto saldrás de cuidado. Dilo pues, y vamos de esta, porque busquemos posada. Ya yo la tengo buscada; más bajando por la cuesta de pendencia al parecer vienen dos hombres, y entiendo que otro les vienesiguiendo, Pendencia, no puede ser. Pues por qué? Tú lo verás; no ves que para renir es ya forzoso salir, pia. al callejón de San Bías. Las espadas han sacado, Meter paz es boberia, dense. Y el que los seguía de el uno se ha puesto al lado, y ya es obligacionmía empeñarme en ayudar al otro. . Y has de faltar a lo que esperas? . . Desvía, que con las obligaciones de honrado las de amor cesan, y los de esta Cruz profesan no consentir sinrazones. Bueno, que eso más tenéis. Huélgome, de que seáis dos, pues así confesáis con eso que me teméis; pero vuestra cobardía alienta mi sangre honrada. A vuestro lado mi espada tenéis. Y aquí está la mía también, que vale por trece. Que buena ocasión perdí. Qué esperas, pesar de mí! Quedar con vida agradeco al de la Cruz de San Juan. No has de escapar con huir la tuya. Dejadlos ir, que bien castigados van, pues huyen. Obedecer será fuerza. Qué es dejar? solo los he de matar, y a los dos me he de comer, que para mí dos sardinas serán. Tente loco, espera. Deja que una vez siquiera me coma un par de gallinas. Ni inténtara reportaros, ni de seguirlos dejara, si el lance no declarara que a vos no puede importaros pues, quien a reñir venía con ventaja, es evidente, que en el lance antecedente el que quedó mal sería. Es ansí, y aunque al favor vuestro en este lance debo lo que a pagar no me atrevo, pues os confieso señor, que la vida os he debido, me deja tan obligado el haberme reportado, como haberme socorrido, que aunque infames demasías, si bien al honor no tocan, a la cólera provocan las obligaciones mías: cuando así me llego a ver me obligan a que me dobre porque tengo, aunque soy pobre, muchos bienes que perder. Tanto confrontáis conmigo en el decir, y el obrar, que si llego a granjear que me deis nombre de amigo quedaré gustoso. . En eso soy yo tan interesado, que por muy bien empleado. diera otro peor suceso; y aunque con mi inclinación tenga la vuestra igualdad, mayor será mi amistad, pues es más mi obligación. Ninguna me habéis debido, pues hice lo que era justo, mas decidme del disgusto la causa, y también os pido que empiece nuestra amistad en que sepamos los dos nuestras fortunas. Por Dios que están de espacio. Escuchad, que obedeceros intento en cuanto os deis por servido. Este hombre es bien entendido, que no dijo estadme atento. Yo nací de padres nobles en la Ciudad que celebra por su Fénix nuestra España, las Indias por su cabeza, la lealtad por centro fijo, por su origen la nobleza, las hazañas por su Roma, y las Musas por su Atenas? ya entenderéis que es Sevilla esta que por excelencia, sin que se diga su nombre, se conoce por las señas. Dioles fortuna a mis padres, porque muriendo vivieran, este ordinario veneno, mucho honor, y poca hacienda. Diéronme estudio tres años a mi pesar, pero apenas dibujó sobre mis labios de mi edad la primavera aquellas primeras líneas, cuando mi inquietud resuelta trocó a peligros de Marte los desvelos de Minerva. Pasé a Flandes, gobernando entonces las armas nuestras el Enriquez no vencido, el Español Julio César, el Graude Conde de Fuentes, cuyas gloriosas empresas seguí, no siendo el postrero que o ya por escala, o brecha. llegó a poner los pies fijos en las contrarias almenas. En anmuriendo el Alferez de la compañía misma, donde serví de Sargento, por bastante recompensa de servicios de diez años me dio el Conde su bandera, que estaban en aquel tiempo, sin que suplie sen nobleza, los escalones de puestos muy distantes en la guer ra. Dígalo yo, que sirviendo oeros seis años con ella en tantos sitios, y asaltos, y porque más lo encarezca, marchando al calor, y al hielo, siempre con él asta acuestas, por pántanos a la brida, no consegui la Gineta, que sin duda mi desdicha, porque no diese otra vuelta en mi favor la fortuna, le puso un clavo a su rueda. Murió el Conde, y la esperanza que somentó mi paciencia murió con él, a Sevilla mi patria volví, y en ella hallé difuntos mis padres, y gastado en sus exequias su caudal, porque está el mundo, mas esto es de otra materia. Enamoreme de un Ángel en discreción, y belleza, ya sin padres, y muy moza, pero Cristiana muy vieja. No era rica mi Beatriz, si no de virtud, moneda que solo conoce el cielo, y así no pasa en la tierra; pero en fin yo me casé con este dote, y en ella me ha dado el cielo una niña, en quien la naturaleza el uso de la razón adelantó de manera, que siendo su edad seis años, os parecerá de tre inta, pues no solamente el cielo le ha dado en edad tan tierna entendimiento de edad adulta, sino prudencia. Truje a la Corte mi casa, con esperanzas inciertas de mis honrados papeles? en el Consejo de Guerta los presenté, y al principio hallé gratas las orejas de sus Ilustres Ministros, y tanto, que jungue abiertas como novicio en la Corte, de su voluntad las puertas para entrar al justo premio que espero más que aprovecha que mi justicia las abra, si mi fortuna las cierra? Gastose el poco dinero que truje, y algunas prendas que vendí, como el que tiene necesidad de venderlas. Dijéronme, que en las casas de conversaciones entran muchos Caballeros pobres, y que solo se sustentan de la atención del que gana, sin que nada desmerezcan. Por eso llevome a una el que me dio la advertencia, donde el tiempo divertian hombres de muy buenas prendas. Miraronme a los principios al fin como a cara nueva, después coestimación, informados de quien era, mas luego que conocieron la causa de mi asistencia fue menguando el cumplimiento, y creciendo mi vergüenza. Ya no me ofrecian silla, ni me preguntaban nuevas de Flandes, ni Lombardía. Los que antes me daban muestra; de amigos, ya no me hablaban, porque cuando fe ofreciera no me obligara a pedirles de la amista peza Y sobre lo que os refiero, y una vida tan inquiera, el que lo ha menester menos es quien el barato lleva, o el de más desembarazo, por no decir desvergüenzas ved cual será el ejercicio donde daña la prudencia? viendo que era ocupación inútil sobre perpetua, me dije las pretensiones que yo juzgaba molestas, menos el tiempo ocupaban, y más decoro granjean: Aquí se entra como reo, que es delito la pobreza; allá es acreedor; y pide con la cara descubierta. Aquí es la paciencia origen de infinitas indecencias: allá de esperar un siglo es honrosa la paciencia: Allá de haberle servido le pido al Rey recompensa, y siendo deuda el servirle; pido el premio como deuda. En la casa, pues, que os digo que fue, voy a la pendencia, la primera donde he entrado, y que será la postrera. Hoy, habrá dos horas, este Don Fernando de Cabrera, que así dicen que se llama, aunque yo no sé quiensea, al hombre estaba jugando con otros dos, sin que hubiera otro sino yo mirando jugar en aquella mesa. Acabando de dar cartas, antes que ninguno hubiera vuelto a la cara las suyas, señor Don Fernan do vuelva a dar cartas dijo el uno, que tengo diez, usied vea respondió, porque si hay hombre, forzoso es jugar con ellas. Díganlo pues dijo el otro: no hay ninguno aquí que pueda respondió el tal Don Fernando, añadiendo a le respuesta, el mirarme con ensado, porque dudar no pudiera el menosprecio; cegome. su desatención soberbia, y dijele, yo soy hombre que hacer confesar pudiera las fábulas por verdades, si a firmara que lo eran, a muchos hombres briosos, cuanto, y más a los que tengan, como este hidalgo en las manos; carta demás en la lengua. Y no solo no he sufrido a nadie por su riqueza, pero al Sol le tengo en poco, solo porque al oro engendra. Yo soy Don Juan de Peralta, heredada es mi nobleza; y no como la de alguno, que es de apellidos Corneja, Salía la calle, juzgando que luego tras mi saliera, pero esperaba al criado, como el lance manifiesta. Salió después, y buscome, no le costó diligencia, por estarle yo esperando: díjome que le siguiera, ya lo demás habéis visto, y yo que a la espada vuestra le soy deudor de la vida que os ofrezco, soloresta sino tiene inconteniente reis en quero de me ho pues ya sabéis mis fortunas, que me informéis de las vuestras, Ya el conoceros estimo mas. . Que linda cama, y cena. Pero habiéndoos dado el cielo discreción, brío, y prudencia; no extraño vuestra fortuna, oíd, que la mía es esta. Pesía el alma que me hizo, dos en un palmo de tierra. La Imperial ciudad de España, cuyo sitio representa la antigua Gerusalén, Metropolí de Judea, es mi patria, tan famosa cómo rica, pues sus pen la ofrecen minas de plat su Tajo el oro en arenas. Mi casa es tan conocida, por su antiguedad en ella, como pública la fama de los Silvas, y Riberas. Por padre a Pedro tuve de Silva, que la bandera, como Alferez de Toledo, le dejaron por herencia sus nobles progenitores, como a rama de la cepa de su avuelo, a quien llamó España la vez primera Marqués de Montemayor, noble paga, aunque pequeña, Don Luis de Silva es mi nombre, y porque a vos me parezca, tan ilustre, como pobre, vana, como antigua queja, De tres hermanos que somos me dio la naturaleza el tercer lugar, dejando en el primero la herencia, por ser al fin mayorazgo, Sumbre no sé si buena, pero usada, empobrecer muchos, porque uno enviquezca. Las hazañas de mi padre, en servicio del Ruy hechas, alcanzaron que esta Cruz me diesen de edad tan tierna, que me acompañó en la cuna, de que trabajos me esperan, parece seña; o muncio criarme con Cruz acuestas. Apenas tuve tres lustros, cuando tue de amor penas, tan sin esperar sus glorias; que de infierno las creyera, sino se diferenciaran en él no haber, sido eternas. Una principal, señora, tan hermosa, tan discreta, que a su Criador imitando, sin duda naturaleza la formó para que hubiese Serafines en la tierra. Junto a mi casa vivía, porque más cerca muriera, las demostraciones mías; estando enfrente sus rejas, brevemente consiguieron, que mi pasión conociera, de que no la disgustaba me dio a los principios muestras, frecuentando sus balcones, y tal vez porque pudiera ver sus dos soles, quitaba, movida de mi asistencia, de la espesa celona las embarazosas nieblas, Pero como la criaban sus padres con tal decencia, recogimiento, y recato, ignoraba que tuviera el Abito de San Juan de los demás diferencia; pero desde el mismo, instante que se informó con certeza de que la del mátrimo nio, y esta Cruz eran opuestas, no la volví a ver el rostro en balcón, Templo, ni vega, y al paso de mis extremos crecieron sus asperezas, porque de la Cruz huía, la temerosa doncella, tanto, que a faltarle gracia, por Demonio la tuviera. Sin duda la renunciara, m0 si muertos mis padres, fueran; pero a esta sazón los suyos, con muchas más conveniencias. la casaron en Sevilla, con que pudo en mí la ausencia. hacer su oficio, ayudada de ver mi esperanza muerta. Casi con tan pocos medios como vos la Primanera de mis años he pasado, que de mi hermano la herencia. no sufre mis, alimentos, y tengo por cosa cierta, i que aunque pudiera sufrirlo mi hermano, no lo sufriera, pues de la Religión mía no hay que esperar tan apriesa Encomienda, o Priorato, que aunque mucho menos pesan en la juventud las Cruces de los trabajos, las nuestras, son, como es la antiguedad la que da las Encomiendas, en la mocedad pesadas, pero en la velez ligeras. En fin para divertirme del enfado que me cuestan cortedades de mi hermano, ved si os hablo con llaneza, fui con otros dos amigos a las fiestas que celebra a su Divina Patrona la antigna villa de Illescas. Uno de los dos que digo seis lácayos de librea llevó, y algunos rejones, porque entre las demás fiestas corrieron catorce toros, y fue a torear en ellas, mas no pudo conseguirlo, porque la mañana misma le dio un accidente grave. Yo viendo la costa hecha salí por él a la plaza, di a su círculo la vuelta, y a sus ventanas la vista; pero cuando en una atenta, y yo, ajeno de mí mismo, tiranan las ninas, bellas de unos ojos amorosos, al coso del alma flechas. Salió un toro corpulento, de piel roja, manchas negras, las astas poco distantes, corto cuello, la guedeja A7 toda a sortijas rizada, y a remblivos la testa, arrojando de las llamas, en que aún el mismo se quema, por las narices él humo, por los ojos las centellas; sin duda que mi descuido jjuzgó a desprecio la fiera, cuando nadie la atendia, y corrida su soberbia, los hendidos pies estampa tan veloc es en la arena contra mi, que a breve instante los ojos al choque cierra. Al válgate Dios volví la embelesada cabeza, Mejoré de puesto al bruto, cercié el Rejón, y la rienda, y del mismo movimiento, ayudado de la fiera, el hierro por su cerviz entró con tanta la violencia, que asomándose a la la Barba un palmo de asta sangrienta, sin dar un paso, doblando las manos, besó la tierra. Celebró, no el valor mío, mi dicha, la plaza entera, que no se llamaran suertes, si en el valor fueran ciertas. Dejé la plaza, no tanto por ser prevención discreta de los que empiezan ganando, el no aguardar a que pierdan, como porque un escudero viejo, llegándose cerca me dijo, aquella señora que estabáis mirando os ruega, que dejéis luego la plaza: lo que del recado resta sabréis en vuestra posada si gustáis de obedecerla. olví a mirar a la dama, de dando mi dicha, y ella respondiendo a mi precunta mental, bajó la cabeza. Partí luego a mi posada, y el escudero la huella siguiendo de mi caballo, conmigo a un tiempo entró en ella, Díjome al fin, mi señora vino a ver aquestas fiestas con otras amigas suyas de la Corte, y según muestra la deben de haber prendado vuestro brío, y gentileza. Es doncerla noble, y rica, dice que hablaros quisiera como acaso en su posada, antes que a Madrid se vuelva, que habrá de ser esta noche, y para que no os parezca liviandad antojadiza, vuelvo a decir qué es doncera? Fuime con él, llegué a hablarla, no sé como os encarezca lo que hizo en mí en un instante su discreción, y belleza. Finalmente, de la llama de aquella pasión primera de mi amor, a la segunda hay la misma diferencia, que de exhalación a rayo, y tendré por cosa cierta desde hoy, que caber no puede mucho amar en edad tierna. Díjome que hoy estuviese en Madrid, con advertencia de que en esta misma puente, sin que me apartase de ella, aquel escudero suyo esperase a que viniera, para enseñarme la casa donde dice que me espera con no sé qué fingimiento? esto no sé como entienda. Volvía Toledo, y le dije a mi hermano, que era fuerza venir a ver a un amigo a Madrid, y que me diera licencia, y algún dinero, diome solo la licencia. Llegué a esta puente de día, y cumpliendo lo que ordena mi dama, le dije al mozo, que con las mulas se fuera, y esperando al escudero que os dije, quiso mi estrella, para mi sosa esta vez savorable, que os sirviera l mi deseo, no mi espada, pues que bastaba la vuestra. Honruráis mi pobre casa como amigo, con llaveza, a no esperar tal posada. Quiera el cielo que no sea en el mesón de la Luna. Cuando ese estorbo no hubiera no era imposible acetarlo, porque fuera hacer ofensa a mi tío Don Martín de Toledo, que estuviera en Madrid, y no en su casa. Válgate Dios por doncella, a rémate está perdida, no vi mujer tan resuelta, y yo apuesto que a estas horas el señor de la Encomienda, ni de la señora puente, ni de mi ama se acuerda. Señor? . . Qué hay? El Escudero. Rosales? En hora buena os vuelva a ver, que os juzgaba de esta puente doce leguas. Siglos han sido las horas. Buenas albricias me esperan, mi señora Doña Clara el pabón de Juno vuelta, hechos ojos sus deseos, dudando vuestra fineza, poco segura os aguarda: vamos, que mi diligencia me ha de valer un vestido. El ausentarnos es fuerza: decidme señor Alferez donde es la posada vuestra, porque yo vaya a buscaros mañana. Eso yo lo hiciera a no importaros que esté vuestra persona encubierta, mejor será que mañana nos veamos en la Iglesia de la Merced a las once, si os parece. Norabuena. Pues a Dios hasta mañana. No cause en vos esta ausencia olvido. La amistad mía. será con el alma eterna. Lo mismo os ofrezco, a Dios, Con noventa años acuestas no era tiempo de dejar el oficio de Estafeta? Señor gandalín, yo sirvo, pero cuando no sirviera, esta es obra meritoria, pues que áspira es cierto ella a Himeneo. Eso es hacer sin la huéspeda la cuenta. No hagáis caso de ese loco, vamos. Y es la vez primera que se ocupa en estas obras? Si viene borracho duerma; si supiera el Caballero que es Morisca la doncella. Nada me digas Bernardo. No haré, mas de que afligido estás? Por haber perdido lo que ya cobrar no aguardo. Qué has perdido? La ocasión de dar al Alferez muerte. Pues fue la ocasión de suerte que a tanta satisfacción pueda obligar. No Bernardo que si el nombre, y apellido Cristiano disfraz ha sido, y por el que es mío aguardo. volar a más alta esfera, no solo que me llamara Corneja no me irritara, pero a risa me moviera. Así lo tengo entendido, mas que te pudo mover a querer matarle? . Ser de la que adoro marido: y así quise ocasionarle hajando su estimación, buscando en mi sinrazón la razón para matarle. Pues rindieras la belleza de su esposa con su muerte? Sola es contrario muy fuerte de la mujer la pobreza, porque la necesidad es madre de la deshonra, pero no cuando a la honra se agrega la voluntad. Ellos no están alcanzados? Sí. Pues despara doblones, porque a tiros de ocasiones derriban muros honrados. Ay Bernardo, si ese medio. por intentar estuviera. con esperanza viviera, mas no hay en mi mal remedio, ni joyas quiere acetar, que la he llegado a ofrecer un crédito en mercader abierto: Ofrecer no es dar. Notes dar? No sino comprarla, y a mujer honesta, y grave no la obligarás, si sabe que pretendes obligarla, recibiendo una hermosura. aceta de su conquista, letra a tantos dias vista, con que la paga asegura, gasta sin que de su honor crea que quieres triunfar, que gastar mucho, y callar es trampa legal de amor. Eso, y mucho más hiciera, mas si no lo ha de admitir como lo he de conseguir? Yo te diré como espera en la Merced está ya, que es mucha su devoción. Tanta como mi pasión. En una capilla está. Pues bien. Ya voy a los medios rezando hasta el medio día a una Imagen de María, que llaman de los Remedios, de quien en decir ha dado que ella es esclava, y su esposo, y pues tu intento amoroso está ya determinado a que no lo pasen mal, y lleno traes un volsillo siempre de unguento amarillo; dejémosle en su portal, pues en casa, sola vive, de más de que yo he de estar muy cerca hasta verla entrar, con que de ti no recibe nada; y consigue tu amor el haberla socorrido. Pero si entrase el marido, primero? Mucho mejor que ella puede sospechar que es de amor red, o anzuelo, y dejársele en el suelo, mas su esposa le ha de alzar. Pues ven presto, por u acaso, que es hora ya de salir. Tú si las vieres venir, las puedes salir al paso. Que de mala gana dejo esta Imagen soberana. Pues volvamonos, que aún bien, que no hay que comer en casa. Es posible, que saliendo de esa Capilla sagrada, o cielo! te acuerdes de eso? Mientras en el cielo estaba pudieras culpar Señora que de comer me acordara, pero estando ya en la tierra no sé yo de que te espantas. Y vos Margarita mía comieráis algo? La gana, si va a decir la verdad, es buena, mas sino hay nada habré de tener paciencia. Bien podrá ser que lo traiga vuestro padre. En que lo fundas, si no le ha quedado alhaja que vender? En ser esclavas de la Viegen Sacrosanta de los Remedios, y tengo firme, y justa confianza de que nos sustente. . Y yo, que si somos sus esclavas darnos de comer es fuerza. Tú opinión es buena, y santa, mas yo en los sermones oígo, que quien puede con humanas diligencias sustentarse, sin dejar de ser honrada. no olvidando los diunos, de humanos medios se valga. Y pues mi señor el tiempo en sus pretensiones gasta, olgamos Misa a las cinco en esa Capilla santa, y con la labor ganemos, después para la piñata, imitando de esta suerte en la Iglesia, y en tu casa en la oración a María, y en lo solicito a Marta, que esperar milagros puede quien vista, o manos le falta, mas gracias a Dios nosotras, ni somos ciegas, ni mancas. Demás de que las labores ya en este tiempo no bastan para el preciso sustento; mujer pobre, y festejada mal asegurada vive, como de Dios no se valga. En trabajos materiales tal vez el cuerpo se cansa, mas no en la oración Márcela, que es ejercicio del alma: ninguna mujer se fíe de sí, que a pretensión larga muchas honradas de serlo se suelen cansar, y paran; y en fin yo tengo creído que esto me conviene. Basta. O si lograse mi intento! mas ya el desdén que me mata viene. . Ya te espera al paso nuestra perpetua fantasma. Madre, que nos quiere este hombre? Sin volverle a mirar pasa; cuanto mi pasión me anima su honestidad me acobarda, mas yo llego aunque no ignoro que mis finezas os causan. No es fineza la porfía de tan locas esperanzas, yo no he tenido ninguna. Y desde hoy os doy palabra. de quereros sin cansaros, pero en albricias. Ya escampa! Vaya con Dios Caballero. Os suplico que mi honrada. pasión escuchéis. No escuchan las que miran por su fama. . Qué mujer es esta cielos! mas ya llegan a su casa, amor con el interés. trueca las flechas, y aljaba: no te pido yo que rindas tan invencible constancia, sino que Beatriz conozca, que son verdades mis ansias, que si compró por el precio, de todo el oro de Arabia, que reconozca la deuda, yo le perdono la paga. Señor? Bernardo que ha avido? La mujer es loca, o santa. Cómo? . Apenas el volsillo, abizoró la criada, cuando por él como un sacre, se arrojó, pero su ama, colérica como un tigre, le mandó que le dejara, según las demostraciones, O qué mal hice en hablarla! ay de mí! . No te congojes, que yo apuesto que la garra le echa su esposo en viniendo, vete, que si aquí te halla, presumiendo que le esperas, sacar a luego la espada. Sabiendo Beatriz que es mío no tiene más circunstancia ser ella, que su marido. Vete pues. Yo espero en casa. Pues él tal volsillo tiene. docientos doblones, nada me puede dañar quitarle los veinte para una gala, puesto que ciento y ochenta como en la calle se halla el Alferez, mas el viene, yo nací en hora menguada: desde este portal le acecho, que bravo alegrón le aguarda. No iguala niugún tormento humano al que un hombre pasa, que ha de sustentar su casa sin medios para el sustento; a la mía disfrazada la necesidad venía, cuando que vender tenía, mas ya vino declarada, nada he podido traer, y de mi esperando están las tres, si quiera algun pan, y yo no me atrevo a ver con capote la criada. de hambre, ni hija llorosa, y más me aflije mi esposa, fingiéndose consolada, que como sé la aflicción suya, con tanta evidencia, la espada de su paciencia me atraviesa el corazón: mas si hay capa vieja alguna en casa, está venderé, con que la capa echará, pues es fiera a mi fortuna, entro, que si el desconsuelo parten conmigo las tres será menor, mas no es volsillo el que está en el suelo? sí. Las manos en la masa ciene. Llevo de oro está, Sueño le parecerá. En el portal de mi casa, y tan lleno de doblones? Los docientos apeldaron. Si es milagro, que alcanzaron de Beatriz las oraciones; pero cuando yo asomaba por la calle, en casa entraron las tres, como le dejaron, porque en el puesto que estaba no verle imposible fuera, pues claro está que del suelo le alzaran, si algún recelo de Beatriz no lo impidiera. Con que por cosa segura tengo ya fiera inquietud, que es más que de su virtud, milagro de su hermosura. Alguno intenta sitiar el muro de su decoro, que quien tira balas de oro, honras quiere derribar. Mucho me das que temer, que aunque no a todas previertes, son enemigos muy fuertes oro, pobreza, y mujer. Mas que importan en rigor oro, mujer, y pobreza, si guar lan su fortaleza virtud, nobleza, y amor. Y de que está bien guardada que prucba, o señal más cierta, que este volsillo a la puerta, que tiene Beatriz eerrada? Pues metal, que del humano poder el árbitro eres, aunque pobre, entrar no esperes en mi casa por mi mano. Los bienes perdidos son de la Merced, porque imita, con la piedad que ejercita, de Cristo la Redención. Venid cautelosa llama, que más honrados motivos serán rescatar cautivos, que no cautivar mi fama. De su mujer el dinero sin duda quiere ocultar, pues se vuelve sin entrar; seguirle a lo largo quiero: mal el lance ha sucedido, que ella no ha de agradecer lo que no llegue a saber, no es muy bobo el tal marido. Confieso que temerosa vuestra venida esperé. Fuerza era desear veros muchas, quién os vio una vez, pero cuando a mi deseo no le estuviera tan bien, a desempeñar viniera la prenda que os entregué, Prenda? . . Sí. Cuál? . . Mi palabra, que es la que más estimé, pero como soy tan pobre, desde que a veros llegué, para el desempeño suyo la vida, y alma enpeñé. Y yo en empeño acetara las prendas que me ofrecéis, si en otra parte empeñaráis la Cruz de San Juan también. Yo señora? Ole primero; determinarme a romper las leyes de mi recato fuerza de mi estrella fue. En cuanto a las calidades señor Don Luis, puede ser que yo piense que os igualo, y vos, que a mí me excedeis. En cuanto a las convenencias, a ninguno envidiaréis, porque es tan rico mi hermano, que tiene humos de Rey. No vendrá en mi casamiento, porque intenta su altivez lo que lograr no es posible, si estoy en vuestro poder. La ley de su gusto, el alma violenta, y la perderé sin duda, si no la libra. señor Don Luis vuestra Fe. Mi hacienda, y la de mi hermanor toda tengo en mi poder; y es tanta, que en ellafunda lo que muy presto sabréis. La mía, y la suya vuestras. serán, el como; y porque sabréis en siendo mi esposo, que antes no me atreveré, que entonces, sobre ser fácil lo que ofrezco, podrá ser que muchos os lo agradezcan, mirad a que os resolvéis. Corrido estoy Clara hermosa. de que a mi rendida fe le propongáis intereses, solo áspiro al interés vuestro. . Pues a mi hermano, dije, que de doña Ines, una amiga Valenciana, una carta tuve ayer, en que dice, que a la Corte venía Don Juan Ferrer su hermano; y que era forzoso. el tiempo que en ella esté el aposentarle en casa, su nombre fingir podéis en tanto que renunciáis la. Cruz, que no hay que temer, porque a este Juan no ha visto mi hermano. Cuanto ordenéis obedeceré gustoso. A buen tiempo os avssé, que el viene. El cielo castiga, por ser de contraria ley, Beatriz los deseos míos, fomentando su desdén, porque sino, Clara? Hermano, el señor Don Juan Ferrer es el que miras. Desde hoy por muy vuestro me tened. Vos seáis muy bien venido, donde os pueda conocer por dueño suyo esta casa: mi señora Doña Ines. queda buena? . . Y deseande. que en serviros la empleéis, Válgame el cielo! no es este. el que llegó a socorrer al Alferez? es sin duda. De vuestra venida ayer tuve el aviso. La seña de la Cruz dice que es él vive el cielo, pero él hizo lo que yo hiciera también. Yo voy a verla un amigo, que me espera en la Merced. Descansar podéis primero, que prevenido tenéis el cuarto que habéis de honrar. Suplicoos que lo excuséis, que no es justo embarázaros. Perdonad, que esto ha de ser: es en vano el excusaros, que aunque como merecéis no os sirvan, porque en Madrid soy forastero también, será como yo pudiere, hasta volvernos a ver en Valencia nuestra patria, que será presto. . . Ya sé que sois de Valencia dueño. Si no lo soy, lo seré. Luego vuelvo a obedeceros. A qué os sirvamos volved. Bien se ha logrado el engaño. Pero si este Don Juan es el que socorrió al Alferez, cómo? Voy a disponer, que le aderecen el cuarto, y saquen ropa. . Ve pues. A mi primer duda vuelvo, si viene Don Juan Ferrer de Valencia, como entraba, si no es el camino aquel, por la puente Toledana? apurarlo es menester. Buenas nuevas traigo yo por Dios que vengo admirado. Oh Bernardo! en que ha parado mi esperanza? En que volo; sin remedio a Teruan irá a parar tu bolsillo, Acaba ya de decillo. El Alferez al zaguan llegó, vio el volsillo luego y con dentro de él su remedio, dio con él en la Merced, donde un Lego pide para redimir cautivos; y se le dio. Qué dices? Que lo viyo. Pues al que nego mmiped su muerte, por huésped tengo. Al de la Cruz Blanca? . Sí, y ha de ser mucho, ay de mí! si en él mi rabia no vengo: hermano es de Doña Ines, una dama Valenciana, grande amiga de mi hermana; pero este sin duda es su criado. Más que fuera que el vino me trabucara tanto, que la casa errara; señores, una Cabrera vive aquí? Sois, gentil hombre, de Don Juan Ferrer criado? No digo yo que la he errado: Don Luis de Silva es el nombre de mi amo. . Oíd galán, bien temí, esperad. Ya espero. No serúís a un Caballero del Ábito de San Juan? Eso sí. Y hoy de Valencia no ha llegado? Ese es enredo ayer salió de Toledo su patria. Ya es evidencia mi duda, vete de aquí pícaro. Rincón me llamo. Vete presto, y a tu amo que se la traición le di de fingirse Valenciano para engañar a mi hermana. , Hablara para mañana. Qué esperas? Beso su mano, todo lo he echado a rovir, pero hubiérame avisado. . Con razón estás airado. Mas no puedo castigar de mi hermana el fiero intento. Que es castigar, ni reñir, que nos puede descubrir. Lo mismo que sientes siento. No te des por entendido con ella. Eso es lo mejor, vamos, buscaré al traidor, que dos veces me ha ofendido. A la Redención dejé Virgen de esta casa vuestra cuanto hallé en la mía, en muestra de que pongo en vos la Fe: pues si los humanos medios. desprecio, será razón, Virgen en esta ocasión, llamándoos de los Remedios, que no salga remediado quien como Esclavo os adora, no es justo que la Señora dé el sustento a su criado? Cualquiera Juez lo dirá, y aún Vos, pues al decir Vos, que eráis Esclava de Dios, de su Madre el nombre os da. Pues Señora, si es así, y yo vuestro Esclavo soy, no será justo que hoy socorráis mi casa? . Sí. Parece que respondió si una voz, pero que dudo? a mis pies está un escudo, bien su palabra cumplió la que tan presto me envía: Remedio solo le alcanza quien pone en vos la esperanza Señora desde este día, como vuestro esclavo intento serviros con pura Fe, pero advertid que vendré siempre aquí por mi sustento. Muera quien con fingimientos viene a infamar nobles casas. Mientes, que yo te doy hora. No es aquel Don Luis? Tu infamia pagarás. Él es, qué espero? Sois muy pocos, y canalla, Cobarde, segunda vez vienes a volver la espalda. En todo soy desdichado. Dejad que los siga. Basta, que vayan los dos huyendo, como en la ocasión pasada. me dijisteis vos, supuesto que es una misma la causa. Luego es este el que con vos riño? Pues qué, lo ignorabais? Si pero aunque sea el mismo no es una misma la causa. Cómo? Como este es hermano Alferez de aquella dama, que vine a ver. Qué decís? ya le doy al cielo gracias del yerro mío. Señor? Rincón, fuiste a aquella casa? Y como que fui, por señas de que sabe cuanto pasa de aquella dama el hermano. Claro está, pues que la espada sacó conmigo. . Pues yo de todo he sido la causa, pero fue acertar por yerro. Cómo? Como la tal Clara, según me ha dicho tu tío Don Martín, es una galga. Estás borracho? Qué dices? Qué es una perra de falda, y su hermano un mastinazo, con mucho oro por carlancas. En fin le conté a tu tío el estado en que te hallabas, y me dijo, esos son Moros, con apariencia Cristiana. De todo tiene la nueva. Vamos señor, que te aguarda tu tío. . Y a mí mi esposa; a Dios. . Yo os veré mañana. En la Merced me hallaréis, que tengo allí una libranza. que cobrar. Mucho me huelgo. Ya Morena Soberana. tendrán los esclavos vuestros que comer hoy en su casa. Vamos señor. Lastimado llevo el corazón. La Cla si tarda dos días más el desengaño, te agarra, y te quedas emperrado. Ay Rincón! para mi fama llegó a tiempo el desengaño, pero tarde para el alma. Ven, que es tarde. Yo voy loco; que me pidiese palabra de esposo! Y qué importaria darle qua trocientas? Nada, pero si Clara es Morisca, cómo Cabrera se llama? No se ha de llamar Cabrera, si se sustenta con cabra.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Dime señor, a que vuelves a esta tarca? estás loco? no te réprime el saber, que es como boca de lobo oscura esta Doña Clara? No sabes que sus cachorros, ladrando como unos perros, traen a España en albarotos? Pues que te mueve a que siendo camaleon a lo conzo, al aliento de estas calles bebas el sutil Fabonio, y Tántalo de sus rejas des un torno, y otro torno, lo que alcanza la cadena, como el paseo del mono? , Di Rincón, no puede ser mentira lo que en su oprobrio ha publicado la fama? Malo es que lo digan todos. Y Di, no sabes que a Malta me parto? Y qué te irás solo sé también. Pues solo quiero despedirme, que es impropio contra mi honor, y nobleza, cuando la verdad conozco de su amor, y cuando el mío Fénix se abraso en sus ojos, pues de lo que el alma ignora buena disculpa es lo hermoso que sin verla más me ausente, y faltándome a mí en todo, ni amor consiga el olvido, ni el pundonor el decor Muy linda razón de estado hallaste, para tú abono: mire el diablo del capricho, con que le engaña el Demonio; pero el viejo Calainos ha salido presuroso de su casa, y encamina sus pasos hacia nosotros. Señor Don Luis, era hora que os hallara, cuando en todo Madrid ha más de ocho días que os ando buscando loco. Mi señora Doña Clara os vio, y con grande alborozo a llámaros ha enviado, bien podéis venir gustoso, que su hermano no está en casa. Pues decid que a verla solo, y a despedirme he venido. Cayó mi gozo en el pozo, y esperad en el caguan, mientras miro si curioso nos ve algún criado, que son Comitres caseros todos. Hh dicho bien el Vejete, porque los criados somos quien hace remar los amos, pagando el sueldo forzoso! Vamos Rincón. O quien fuera saludador! Por qués loco? Porque si rabia la perra; la matara con un soplo: En sin solo a despedirse te ha dicho que viene? Cómo te lo cuento, y dio un suspiro, que se oyera en Valdemoro. O qué bien con su retiro conviene lo que te oigo, pues ignorando la causa, los efectos reconozco. Ay Don. Luis! Obediente, como el imán presuroso busca el Norte, como el Sol sigue los tiernos sollozos del alba, como la flor que amante. Esperad un poco señor Don Luis, registrad desde el val con cuidadosos los dos si viene mi hermano. Qué es registrar? si me pongo los antojos cristalinos serán de lince mis ojos. Pues conmigo los de Argos serán maridos modorros, y a los del Pabón de Juno les darán cola los Topos. Ahora señor Don Luis proseguid el episodio del Imán, el Sol, y el Norte, con todo el tropel sonoro, que para encubrir lo falso de un corazón cauteloso quiere el yerro de una lengua dorar lo frágil de un soplo; pero antes saber quisiera. la causa, porque la ignoro, de que en un tiempo tan breve tal mudanza reconozco. No os fuisteis de mi presencia. constante, sino, amoroso, con el dichoso pretejto de que arrastrando despojos de imposibles, Himeneo juntara en tálamo honroso nuestras almas, cuyo triunfo fuera blasón de su trono? Pues como desde aquel día vuestro recato alevoso oculto a mis diligencias, lograr retiros que lloro? sin duda que otra hermosura otro Norte más dichoso; dejándome estrella errante fue el Imán de vuestros ojos, o mal hubiesen los míos, porque no fueron destrozo de los rayos que introdujo el ambiente venenoso! O mal hubiese. Detente Doña Clara, que es oprobio contra mi constante amor, juzgar que he sido despojo de otro Sol, que el que en tus luces gentilicamente adoro; pero mi infeliz destino. ha obrado tan riguroso; que para impedir mi intento ha puesto montes de estorbos. Irritado con mi estrella, de inconstante la abandono; porque me influvó en el puerto, y no me alumbra en el Golfo. Ser tu esporo es imposible, el ausentarme es forzoso: no puedo decirte más, a Malta voy por despojos de un Astro, que hacer pretende voluntario lo forzoso, adonde ruego a los cielos sean los marinos monstruos en el seno de Neptuno mi tumba, y mi mauseolo, o en escarmientos de fuego, que enciendan airados soplos; fulmine el agua, a quien no inundó el Sol de tus ojos. Ay de mí! perdida soy, que juzgo de lo que oigo; que ha sabido mi cautela; pero apurarlo es forzoso. De lo que aquí os he escuchado; lo mismo que entiendo ignoro, y en confusa tropelía, ni amor, ni olvido conozco. Si es que amáis como decís, quien puede impedir el logro de vuestro amor, cuando el alma os franquea sus tesoros? Si no amáis, con que pretejto da vuestro afecto alevoso a esperanzas engañadas sentimientos amorosos? Atribuilo al rencor de mi hermano es caso impropio, pues al temor no es posible, que vuestro valor notorio, cuando ha satisfecho el uno, deja a vuestra sangre el otro. Don Luis, mi señor, mi bien, este es lenguaje más proprio, ya en el concepto del alma has sido mi dulce esposo. Ya en la aprensión de su esencia sijo el caracter que adoro, siendo ella eterna, no es fácil borrarse de humanos soplos, Flor es mi amor; que en su infancia el pecho abrió cariñoso al Sol, y en ausencia suya marchitó el tierno cogollo. Si dudas de mí no bleza, sabe que algún Regio Trono, heredado por mi sangre, fue de mi mano despojo: y cuando mi heroica estirpe, que no me ilustre supongo, y a la que no es culpa mía faltasen estos abonos, el alma, cuya nobleza deciende de mejor solio, donde igualmente concurren a los actos honorosos, en que desmerece, cuando su vuelo majestuoso abatió sencilla al eco de tus arrullos sonoros? Si no te mueven los míos, y tu osvido riguroso a la muerte me condena, muera al desengaño solo, y no a la muerte civil de un engaño cauteloso. No sé por Dios qué decirla, sin tocar en su desdoro, mas la verdad del suceso sea discalpa de si propio, que así con una respuesta satisfago, y no ocasiono. Doña Clara, mis parientes, a cuyos timbres gloriosos usurpó el Laurel la fama para sus timbres hernicos, no me permiten que al yugo de amor sujete los hombros, ni que deje la del pecho por la Cruz del matrimonio, Comunicando en Madrid a un tío (en quien reconozco con obediencias de hijo, de padre afectos piadosos) el intento que tenía de ser tu feliz esposo; (pues riqueza, y hermosura eran de mi amor los polos, irritándose conmigo, entre mortales enojos me dijo; como es posible, cuando en tumultos, y asombros toda es confusión España, y cuando leños ignotos el Adríático mar pueblan de Turcos, y Moros, y cuando los Caballeros de tu orden es forzoso que a Malta. Señor? . Señora? Qué dices? Que viene como un rayo su hermano a casa. Yo le vi con los antojos desde el cabo de la calle. Qué haré? Tiempo hay para todo, por la acesoria que cae a esotra calle, en un soplo los echaré. Vamos luego. Valedme cielos piadosos. A Dios Clara para siempre. O, anéguenme mis sollozos! no me has de ver? No es possible. Mira que a tu cuenta pongo el alma. Pléguete Cristo, pongamos el cuerpo en cobro, que es palpable, y quede el alma, que no servirá de estorbo. Muerta he quedado, ay de mí! y entre las penas que lloro, al aire de mis suspiros embaracan mis ahogos; pero ya llega mi her nano: con temor, y amor zozobro. Clara? Hermano. Aquesas puertas cier a con cuidado. Qué oigo? hay más desdichas fortuna! si vio a Don Luis, y su enojo quiere vengar en mi vida. Tu Bernardo, parcial solo, que has sabido mis secretos, lo que te dije haz de modo, que intento; y ejecución reduzgas a un tiempo solo. Hárelo como lo ordenas. Toda soy dudas, y asombros, mas ya Don Luis estara fuera, en vano me congojo. Hermana, una gran desdicha me ha traido presuroso a prevenir el remedio, vuestro honor, vuestro decoro, infelizmente murieron al destino riguroso de un mal guardado secreto. Cierto es mi mal, dime como; o cuando en mí has entendido? Escucha, y sabrás lo todo. Ya sabes Zara querida, no Doñta Clara, que el nombre Caristiano es en ti encubierto, el Aspid entre las flores, que de la Sagrada Estirpe del gran Profeta, que pon sobre Alcatifas de Estrellas las plantas con que se adornen, legitimos descendientes somos, a quien reconocen obedientes cuantos siguen en España el claro Norte del Alcorán, que aunque oculto, por los Cristianos rigores, el Imán de nuestra ley le busca en los corazones. También sabes que el castigo del Sagrado Alá dispone, que del Reino que ganaron nuestros ascendientes nobles, perdiesen la posesión a los continuados choques, desde Pelayo a Fernando, Regios Católicos Soles, que en la infancia, y el Ocaso de nuestras Lunas triformes eclipa gene al causaron en su Aurora, y en su noche; pero aquel noble Caudillo, aquel invencible joven Fernando, valor de quien heredo yo sangre, y nombre, sacudió el pesado yugo, y la cerviz fuerte, y noble coronó de más trofeos, que rayos el Sol descoge, hasta que el ravo del Austria, digno de inmortales bronces, que aunque enemigo, al valor no se atreven objeciones, después que en Lepanto hizo, que su diestra al mundo asombre, adonde vientos, y mares por deidad se reconocen, llegó a repetir trofeos a las Alpujarras, donde rendidos todos los nuestros, en miserable desorder solo escaparon los pocos, queamparando sus temores, a lisonjear su infamia volvieron humildes, porque al horror del escarmiento titubearon los montes. Hasta aquí has sabido, pues lo que has ignorado oye, que por verte aficionada a Cristianas ilusiones, y por mujer, aunque hermana, te lo han callado mis voces, que quien les fía secreto quiere necio, intenta torpe probar lo frágil del vidrio con lo inconstante del bronce. Desde entonces sucediendo en los hijos los rencores, en los rencores la ley, y en la ley el odio inorme, Callaron a este tiempo, que sobre sus sienes pone el gran Filipo Tercero la Diadema de dos Orbes. De un pronóstico incitados, que su deseo propone, que ha de ser España toda sujeta a una Ley, y a un nombre, glosando e en su favor, quieren que el mundo alboroten, con multitud de Moriscos, segundas conspiraciones. En el Reino de Granada, pidiendo para los pobres del hospital general, lograr su intento disponen. En Valencia, y otros Reinos, donde el número disforme llegó a ignorar el guarismo, fingen con pretejto noble, que el tributo de la farda, con que serbían conformes a su Rey contra sus rentas defraudado estaba entonces, y así, que se remitiese a cuatro de sus mayores comisión para un registro, con que toda España corren comocando sus panciales, revelándoles el orden, y el tiempo, porque en un día osados las armas tomen, y de su venganza sean sangrientos ejecutores. También al África, y Asia avisan sus intenciones, porque en su socorro pueblen los mares de sus faroles. Yo que me hallaba en Valencia vine a Madrid, desde donde disimulado enemigo tengo a mi obediencia, y orden los Moriscos de Toledo, porque su Rey me coronen, laurel que heredo por línea de sus fuertes Almanzores. Dejé al venirme dispuestos dos ilustres Campiones, Melique Rey de Valencia, que juzgó ser tu consorte, cuya aclamación aguardan treinta mil Moriscos nobles. Y Turigi Caradan, que está en las sierras de Cortes, que el Jucar baña, asistido de más de veinte mil hombres, Ya en fin todo prevenido, ejecutarlo disponen el día del Jueves Santo, que cuentan los Españoles mil y seiscientos y nueve, que fue porque más lo llore Cuarto del nuevo Filipo, en la edad, como en el nombre, Y la hora había de ser mientras celebran acordes la muerte de su Profeta Cristianas demonstraciones. Perdiose en fin, que desdicha! por decretos superiores, aquella ocasión, dequien estaba pendiente el Orbe. Quédose para este año, mas como lo oculto rompe la tardanza de los tiempos con sus inconstantes golpes. Han descubierto el secreto, Ol aquí mi dolor me ahogue, y pase hasta el corazón el veneno de mis voces! En fin, el Rey ha sabido todas las conjuraciones a instancia de los Consejos de Estado; y Guerra, dos Nortes, que la nave del gobierno aseguran de Aquilones. En Valencia están sitiados mis dos amigos mayores, sin que el haberse hecho fuertes de la muerte les estorbe. Y por última desdicha, las continuas persuasiones de la Reina Margarita, que aborrece nuestro nombre. Del Patriarca de Valencia, y de el de Lerma, disponen, que de España desterrados salgan los Moriscos, donde la perdida, y la esperanza de la amada Patria lloren. Oh Carolico Filipo! gran deidad en ti se esconde, pues del inmenso tributo no te mueven las razones, que ejemplo para los siglos. júzguelo quien lo conoce. Mira si es bien que mi pena el alma en quejas aborte, pues cuando esperé en España coronarme de blasones, a que la deje me obligan desterrado, humilde, y pobre, De Reina juzgaba darte en Valencia aclamaciones, mas ya como esclava humilde sigues del tiempo el desorden. Juego de fortuna ha sido, o porque mejor lo notes, sueño de la fantasía, pues cuando en sus ilusiones nos ofrecia Coronas, Cetros, Imperios, honores, riquezas, felicidades, laureles, triunfos, renombres, glorias, contentos, y dichas. Despierto del sueño torpe, y hallo en su lugar tormentos, deestierros, males, temores, desdichas, calamidades, inconstancias, sinrazones, miserias, castigos, muertes, penas, anmras, y rigores. Inmóvil al escucharte estatua fría de bronce, me dejó el dolor del alma embargadas las acciones. Y en fin a que te resuelves? A que la presteza logre nuestras vidas con la hacienda, porque todo riesgo corre, si saben que somos Moros, luego que en oro transforme nuestra hacienda; a Tetuan nos pasaremos veloces, donde Abdalá nuestro tío de su Alcaide goza el nombre, a quien tengo prevenido, temiendo este fatal golpe, cuya fragara me aguarda en el Imperio salobre, junto a Velez, y si puedo saldremos aquesta noche. Y con Hámete mi primo, que en los mares Españoles es Africano neblí, seré escándalo, y azote de cuanto bajel Cristiano la salada espuma corte. Ay Don Luis! mis esperanzas desauciaron tus rigores, mas ya en la muerte de ausencia funesto luto descogen. Hay mi Beatriz! quién pensara, que entre tantas aflicciones tuviera lugar la pena de ausentarme de tus Soles. Cristiana pensaba ser por triunfo de tus amores, ya soy forzada Africana, ruego a Alá que no se enoje. Mas que al honor de Mahoma descaba mis blasones, por tiranizar tu gusto, el como deidad perdone. Vamos Zulema. Ven Zara. Dónde mi llanto me ahogue. Dónde mi pesar me acabe. Qué desdichas! Qué rigor es! Ocho días Beatriz ha, que con traza peregrina nuestra Morena Divina sustento, y ración nos da; porque apenas mi pobreza a su remedio acudió, cuando luego despachó libranzas a su franqueza. gras una voz milagrosa, que me consoló el oílla, vi al salir de su Capilla un escudo en una losa: Remedionos aquel día, acudí luego el siguiente, y entre el concurso de gente, que en su Capilla asistia, hallé en el mismo lugar a la misma hora otro tanto, diome consuelo, y espanto tan buen modo de pagar: y dije, no habrá criado Virgen de quien no os sirváis, si a todos así pagáis en oro, y adelantado. En fin desde que dichoso soy su esclavo en confianza, vivo de que mi esperanza consiga el fin venturoso. Mírame ya el Presidente con más apacible cara, mientras le informo se para, y responde afablemente. El Relator me ha jurado tener memoria de mí, y hoy al Secretario vi a mi bien tan inclinado, que mostrándolo en voz alta entre muchos pretendientes, que aguardaban impacientes, dijo, entre el señor Peralta, y arrimado a una pared, después de haberle informado, dijo, saldrá despachado muy presto vuesa merced. Todo esto Beatriz me asombra, por ser para mí tan nuevo, favorable viento llevo. Estamos a buena sombra; el oro de nuestros clavos grandes bienes atesora, que es honra de tal Señora fadorecer sus esclavos. El dueño de aquesta casa viene por el alquiler. Él mes cumplimos ayer. No hace poco, pues que pasa el corrido, y no ha enviado antes por él mes presente. No habla menos esta gente que con el Adelantado, echaranos por justicia en la calle con perdón, que como las casas, son los dueños a la malicia. Dile que vuelva mañana; no sé que tengo de hacer, si tuviera que vender juzgara mi pena vana; pero para tres ducados, que del alquiler debemos, con que pagarlos podemos? Él pobre todo es cuidados, uno empieza, si otro acaba: Márcela traer solicita de la Iglesia a Margarita, que desde que por esclava a la Virgen la ofrecimos todo el día en su capilla aquella niñez sencilla le ofrece frutos opimos, Oimos Misa, y después me rogó que la dejasen a que todas se acabasen. Milagro del cielo es. Muestra notable tristeza si le impiden su oración. Su ingenio, y su devoción admira a naturaleza, voy por ella. Mucho esmalta su virtud a su hermosura, El cielo la dé ventura El seor Alferez Peralta? Sin duda es otra aflicción. Vive señores aquí? Aquí vive. . Sois vos? Sí. Pues ya vuestra pretensión está señor despachada, con vuestra casa, y familia os mandan ir a Sicilia, y con una plaza honrada, aunque muerta, de ventaja cien escudos os han dado. Felizmente se ha ordenado, quien en serviros trabaja Virgen, medra de este modo, feliz soy, pues que me alabo de llamarme vuestro esclavo. Qué bien qué salís a todo? Morena del alma mía el haberos de dejar al alma me ha de llegar, temiendo estoy este día. Yo Gentilhombre os daré por la nueva para guantes. Daré ya murió, los antes es mejor plato, no ve que el negociar sabiamente es un verbo mal seguro, que carece de suturo, y solo tiene el presente. Hasta mañana podéis esperar. De buena gana, yo esperaré hasta mañada, que mucho más merecéis; el Secretario señor os ha sido muy propicio, acudid luego al oficio, que allí el oficial mayor de serviros da señales, mas porque os desnache presio habéis de ir con presupuesto, Ya entiendo. Poco es cien reales. Ya Beatriz hemos salido con nuestro justo deseo, pero más confuso veo el caos en que estoy metido: Adónde tengo caudal con que mis desdichas cobre, que de veces deja el pobre por la costa el principal, para pagar oficiales, casa, y mi) deudas que debo falta el dinero, y de nuevo me afligen ansias mortales: el que es pobre no es distinto del monstruo que en Cresta estaba, que en saliendo de uno, daba luego en otro laberinto: No tengo con cien ducados mi Beatriz para pagar mis deudas, y caminar. Albricias padres amados. Oh mi laz, y mi alegría! Oh mi Margárita amada! que os trae tan alborozada? Récenme un Ave María a la Virgen en albricias, y les diré lo que ha avido; quiere mi padre querido? Qué es lo que decir codicias? Las albricias te mandamos. Que me las den antes quiero. Saber la ocasión espero. Pues recemos, y tengamos: Mire padre, en un ladrillo tan grande, que está a la entrada de la Capilla Sagrada, estaba aqueste volsillo; quedé al verle tamañita, ero cobré regocí con una voz que me dijo? levántale Margarita. Miré si algún Caballero allí se le había olvidado, porque dicen que es pecado hurtar bolsas de dinero: no vi a nadie, porque yo sola en la Iglesia quedé y con esto imaginé, que la Virgenme le dio. Abrilé estos cordoncillos, y a mi parecer cabales tendrá más de seis reales de unos cuartos amarillos; tomad. Qué es lo que me pasa? aqueste mismo, no fue el volsillo que yo hallé a las puertas de mi casa? él es, muy bien satisfechas mis dudas Vigen dejáis que pues vos me le tornáis, no hay de que tener sospechas? mis deudas, y mi camino habéis satisfecho bien. Mil alabanzas se den a vuestro nombre divino. Un hilo, qué maravilla! con cinco perlas se ve. Démele padre, y haré para mí una gargantilla. Tomad, que en vos solicita mi deseo guarnecerlas, que bien estarán las perlas en tan bella Margarita. Vamos, que a la Virgen quiero dar oracias. Si hemos de ir fuera padre, compreme montera, estampas, y serenero ̱ . Mañana Rincón sin falta nos habemos de partir. No te he de poder seguir si a profesar vas a Malta. Por qué? Porque la pobreza voy adiuinando va, que hemos de pasar allá, en Malta todo es nobleza, todo Encomiendas, y Cruces, cosidas en rotas galas, donde solo comen balas, escopetas, y arcabuces: parece en los profesantes, según conformes están, que es la Orden de San Juan de las cuatro Mendicantes: pues entre peñas, y riscos siendo Orden de Caballeros. en él no tener dineros más parece de Franciscos. Hágate muy buen pronecho la Cruz, que yo detérmino ahorrar ese camino. Bien mi amor has satisfecho: qué temes? Las confusiones de tan diversos lenguajes, la diferencia de trajes, la variedad de Naciones. otra Cruz de más provecho tengo negociada aquí, que en campo de carmesí calificará mi pecho. otra Cruz? otra cruz pues. Estas sin seso Rincón? En aquesta Religión de la Mer ced señor, es donde pienso profesar de aquí a un año. Fraíle tú? Y lego, que es un Peraí; ella es Orden Militar, y vengo a ser Caballero como lo es vuesa merced. Fraile tú? Y de la Merced. Haces burla majadero a quien conoces, o quien te ha de recibir a ti? Conocidos tengo aquí, persona, y partes también: conozco a un Fraile Gallego, que escogió con mil razones entre las conjugaciones la tercera. . . Cómo? Lego. Llévome a su Resitorio, y en dulce conversación, a la sombra de un jamón sacamos del Purgatorio de una tinaja un jarrazo, los brazos como un gigante de esta suerte, y al instante con lindo desembarazo llenó el Jesis de una taza de un taraceado alo que, que poniendóseme a emboque viendo estar de aquella traza su nombre santo, me eché a nado, y sin resollar me engolfe por aquel mar donde muchos no hallan pie, y cual nadador astuto, a vista del nombre santo, tanto nade, y bebí tanto, que al Jesis saqué al enjuto. De aquí quede tan devoto a este ejercicio divino, que ser desde aquí imagino de aquel santo mar Piloto. No sabes tú los trapajos que se siguen a eso lugo. Pocors un Fruile lego, no hay vida sin altibajos, de todo me ha satisfecho esta bendita persona; la honra es de los de Corona de los legos el provecho, que en profesando les dan, aunque pese a los más graves, la envestidura en las llaves, de la carne, vino, y pan: y cobrando de estos modos autoridad, y poder, a ninguno han menester ellos, pero a un lego todos. desde hoy seré motilón. Muy bien informado estás. Cuando vuelvas hablarás de espacio al Padre Rincón. Ya mi hija con mi esposa se vendrán a despedir de vos, que lo han dosentir de muerte, Morena hermosa. Alferez? . Señor Luis? A despedirme venía de vos. Lo mismo quería hacer, a tiempo venís que tengo ya despachado mis negocios, a Sicilia voy con toda mi familia, Con qué plaza? Cien ducados de ventaja. Pocos son para lo que merecéis, mas con eso pasaréis hasta mejor ocasión, juntos nos podemos ir, que yo también voy a Maltas Cuando? Mañana sin falta; No sé sí podrá salir tan presto. Yo tengo un coche que se parte a Cartajena, pues la ocasión es tan buena, despachad aquesta noche, y mañana partiremos. No hay más que hacer que sacar mis papeles, y picar. Pues hoy sacarlos podemos, ya que se queda Rincón; yo un esclavo llevaré, que pueda seguirme a pie. No faltará embarcación en Cartajena. Eso es cierto, que allí pocas veces falta, a Italia, Sicilia, y Malta, por ser tan seguro Puerto. Porque se queda Bincón? Por ser Fraile en la Merced. Id vosotros, y comed en vuestra navegación arroz, truchuela; y bizcocho, y yo al Resitorio asista. Y qué habéis de ser, Corista? No, Cuerista; y Fraile mocho; Envidia os tengo Rincón, que os quedías con mi Señora, a quien por dejarla ahora se me arranca el corazón. Idos Alferez que es tarde, Yo despacharé esta noche, tened prevenido el coche, y a Dios Don Luis. El os guarde, que mi amor no te prono que a venir conmigo? Estoy muriendo por volver hoy a ver mi Jesús, y aloque. Deja señor la gran melancolía, da treguas a esa loca fantasía, que en vano te atormenta, y te desvela, pues de Hamete tu hijo la cautela, y el valor, te aseguran del cuidado, ademas que hasta ahora no ha tardado. Diez días hace hoy que por sus primos fue a España, y que a esta Quinta nos venimos, seis que de Teruan está distante tres leguas, cuya fábrica arrogante le pone al mar, que con sus muros choca mordaza de cristal, freno de roca. Aquí con el pretejto prevenido de aliviar el cuidado repetido, que la tarea del gobierno ofrece en Teruan, que Alcaide me obedece, vengo a esperar a Hamete, que es mi vida, y a tener su fragata prevenida de gente; y munición, que a esas almena; de pasadizo sirven las entenas, por si acaso me envía algún aviso, que el socorrerle en ella sea preciso, que como por lograr mejor su intento entregó su valor, y su ardimiento a una salva, cuya oculta seña hiciese cala de cualquiera peña: temo que como va sin fuerza alguna, a la industria se atreva la fortuna. A esta ocasión, si el mar hoy alterado no hubiera mis intentos atajado, a España en busca suya me partiera, aunque el puesto de Alcalde lo impidiera, que amor que alienta estas cenizas frías, Cetros arrastra; y rinde Monarquías. Bien puede ser también, mas de aquí veo una tropa de gente, y que son creo los que aguardas, porque un joven violento en una yegua, hija veloz del viento, pues de su curso hereda las primicias c ha adelantado, pero dame albricias, que es Hamete mi dueño; y ya se apea. Toda mi hacienda tu despojo sea, Padre, y Señor. Levanta hijo querido: feliz yo que abrázarte he merecido; qué hay de nuevo? . De César la fortuna, que llegué, vi, y vencí en tan oportuna ocasión, que en el término de un día, que en la costa de Velez mi osadía estuvo oculta, vi llegar mis primos en mi busca; en la tuya nos pártimos a Teruan ausente estabas de ella, mudaron trajes; y mi prima bella, de dos días gozó el descanso breve, mas mi amor que a alegrarla no se atreve, hidrópico a las luces que me ciegan, con ellos viene, y a tus plantas llegan. Enuestro amparo noble confiado, Alcasde ilustre, pobre, y desterrado, fin mi a valer me vengo, no sé como las lágrimas detengo. Seas sobrino Zulema bien venido a la Africana tierra, patrio nido de tus nobles parientes, del gran Mahoma sacros descendientes. Habla a mi hermana Zara. Luego la sangre no lo publicara: dame Zara los brazos. Dichosa soy, pues logro tales lazos, antes plugiera el cielo faltara en ellos el vital anhe lo, no viviera mi afrenta, cautiva el alma en una ley violenta. Aunque en veror se aumenta el alegría, nunca esperé alcanzar el triste día, que con violencia extraña llore mi sangre la perdida España. Deja en mí triste historia Beatriz de fatigar a la memoria, que es pena muy esquiva muerta esperanza con memoria viva. Aquí podrá en aquesta hermosa Quinta, que el mar azora, y Amaltea pinta, sobrinos vuestra gran melancolía divertirse, mirando la alegría del campo ameno, respirando olores, o del mar contemplado los rigores, que hoy es soberbia su rizada espuma, garzota al viento, y a las nubes pluma. Aquí divertiremos unos días. mientras de Hamete dan las bizarrías con las Cristianas presas, terror al mar, y aumento a sus empresas. Plugiera a Alá que todas las trocara a que solo un instante me mirara afable de mi prima la belleza, igual es su hermosura a su tristeza, y en opuestos ensayos, lágrimas vierte, cuando arroja rayos. Solo tiene esperanza mi alegría en ver que es hoy el venturoso día de mí tan deseado, que en el bajel que tiene ya aprestado mi primo Hamete, con violencia extraña tale las costas de la infiel España, solo a este fin solicito he venido. Y yo con ese mismo os he traído, que al lado vuestro, con razón me fundo, que es corta empresa conquistar el mundo, mas hoy no da lugar del mar la furia. Sobrina, esa tristeza ya es injuria, que mi amor no merece, tú la sientes, y el alma la padece: entrad donde al régalo prevenido, ya que no en todo, en parte ponga olvido en vuestras penas. No tendré consuelo hasta que cebe mi voraz desvelo permite que a embarcar nos vamos luego, por ver si el agua apaga tanto fuego. Dejad para otro día ese cuidado u De Zulema, no advertis cuan alterado está el mar, cuyas olas peregrinas azotan las esferas cristalinas? Que feliz fuera, si tras su despecho llevaran la tormenta de mi pecho. ímpetus fieros de su horrible saña, si algún bajel sobre la azul campaña en sus ondas se esplaya, mísero toca de este mar la playa, y siendo mi bonanza su tormenta, prodigo los bajeles me presenta. a lograrla me anima, esta primera presa. y por cada Cristiano, un favor te prometo de mi mano. O si posible fuese que algún día, se lógrase mi loca fantasía! Pues con ese favor, que playa libre ha de haber desde Málaga a Colibre? Vámonos a embárcar, que ya parece que a la vista el bajel se nos ofrece, y es bergantín sin duda derrotado. Será despojo de mi brazo airado, que es mi fragata fuerte, y artillada. Vente conmigo tu sobrina amada, del mirador verás la empresa altiva. Vamos al mar. Viva Mahoma. . Viva. No es embarazo, porque son los vientos de la parte de España; y con violentos Has dicho bien, y más cuando allí advierto zozobrando un bajel buscar el puerto, que a su pesar proezando con las olas, las entenas parecen banderolas. De Cristianos será sin duda alguna. Pues ocasión me ofrece la fortuna, el rendir en despojos a mi prima El al ma agradecida se confiesa, Tronchó el árbol del viento la fiereza, los remos va esparciendo pieza a pieza. Velas, jarcias, y entenas a porfía del aire ocupa la Región vacia. Ya el bergantín desde la popa a proa azora el mar, como infeliz canoa. Arrójese a la mar hasta el sustento, cebe su furia aqueste monstruo hambiento. Hay mi Beatriz! ay Margárita mía! Favorecednos vos Virgen María. Con una estampa vuestra Virgen Santa haced que se reprima furia tanta, no permitáis que entre las ondas mueran esclavos que de vos remedio esperan. Parece que algún poco se ha aquietado el mar. . En más peligro habemos dado, porque es playa de Moros donde estamos, de Teruan tres leguas nos hallamos. Ay infeliz de mí! No llore Padre; calle, y consuele a mi afligida madre. De un riesgo en otro damos, que allí veo una fragata: Y que es de Moros creo. Qué hemos de hacer, que a la tormenta fiera rendidos los remeros confidera; sin timón, sin velamen, y sin remos, que defensa, ay de mil intentar podemos? Morir como Españoles, o abrasarnos, antes que a infame cautiverio darnos. Que a cámara de popa llevéis luego a mi esposa, y mi hija es lo que os ruego, Venid conmigo. Allí para el contrario valas serán las cuentas del Rosario. Abóquese el Pedrero que se hallare, el sacre de crucía se repare; sean los trozos de la palamenta montantes que reparen nuestra afrenta. Rendios canalla infame, o de esta suerte lenguas de fuego anuncién vuestra muerte. Todo el poder del África es muy poco a mi valor. En que te fundas loco, cuando a mis iras mísero escarmiento te ha ganado fortuna el barlovento? Boga a estribor; en vano forcejamos. Quebrados remos, y cansadas manos poco aprovechan. Dale a ese costado fuego a un tiempo. La popa se ha llevado la artilleria. Ay Dios! si en sus tremendas furias han muerto mis queridas prendas. Socorro cielos! vengo sin aliento! Padre, que se ha caído el aposento! Rindámonos señor, que en tal porfía la desesperación no es valentía. . Que nos vamos a pique. Virgen santa socorrednos. Qué mármol no quebranta esta piedad? por vos niña me entrego al cautiverio, Moro aborda luego, damos un cabo, y goza de la dicha que te ha ofrecido esta fatal desdicha. Sin alma estoy! Ay Flor temprana mía, que presto marchitáis la lozanía! No lloremadre, y guárdeme, así viva, aquestas perlas, que si voy cautiva de estos perros, pensando que es trailla,
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Señora; si es voluntad vuestra, que entre estos infieles muera, lo que vos queréis se cumpla, pero no vengue este Moro en mi marido mis siempre justos desdenes, ya que a su poder Señora permitisteis que viniese. Si el corto agradecimiento castigáis de los que os debe vuestro esclavo, Virgen pura, muy corto castigo es este; pero en vos Virgen Sagrada de los Remedios, no pueden, siendo quien sois, los castigos igualar a las Mercedes. Mas yo espero. . más yo fío de vos, Que miréis clemente por mi honor, y por su vida. Que me amparéis como siempre. Esposo mío? . Beatriz? pues no me ha quitado el verte me querrán engastar la gargantilla. Ya infelices Cristianos escapáis de la muerte en nuestras manos, Échale un cabo, y a remolco venga. Quién habrá que en tal pena vida tengar Con músicas, y estruendos Militaros ocupense esos vientos, y esos mares. Ya ha logrado mi intento su porfía. Esclavos vuestros somos, Virgen Pía, pues como permitis en tanto empeño tiranizaros de tirano dueño, mas si esta es vuestra voluntad Señora, vengan, vengan desdichas en buen hora. no es muy cruel mi fortuna, Ni la mía, mas no teme el mal sucedido el cuerdo, si no los que venir pueden. Dices bien, pero pongamos la esperanza en la que puedo, sin permitir los futuros, sacar fruto del presente: y si como tú me has dicho, ha pretendido, y pretende este Fernando, o Zulema mi afrenta, cierta es mi muerte; con que quedarán perdido cuantos trabajos me tiene prevenidos mi for tuna. Quién Remedió tantas veces Don Juan nuestras aflicciones con milagros tan patentes, espero que en el mayor de sus esclavos se acuerde; Mas que ay de Don Luis tu amigo? Zara, porque no pudiese vengar su hermano el engaño de haber querido por huésped introducirse en su casa en Madrid, le pidió a Hamete, que por su Patrón quedara, porque este Moró pretende a Zara para su espoía. No menor peligro tiene Don Luis, si lo que ha pasado acierta a saber Hamete. otro peligro mayor tiene, Don Luis, mas el viene. Libreme el cielo de mí, que me trujera mi suerte donde sea el verme esclavo la desdicha menos fuerte! Don Luis? Alferez amigo. Consuelo mis penas tienen con las vuestras. Yo os lo estimo, que son las vuestras crueles, porque el ver a mí señora Doña Beatriz. Que se deje esa plática os suplico, que mi esposo se enternece; Y vuestra hija? En el cuarto de Zara está, que la tiene grande amor, pero ella sale buscándonos ya. Por Siempre sea alabado JesuCristo, y también eternamente la Virgen de los Remedios mi señora, y en quien tiene esperanza la fe mía, que en su Capilla han de verse presto los esclavos suyos, aunque a estos perros les pese, Amén. Margárita mía, la Patrona que te tiene consigo cómo te trata? Me régala lindamente, carne comen poca, y frita, pero dátiles, y nueces, pasas, higos, y habellanas mucho. Y de su seta suele hablarte? Antes me aconseja, que a ningún Moro me llegue, y yo pienso que no es tan Mora como parece. Mi desdicha lo ocasiona, porque mis penas se aumenten Albricias me dad cautivos, Pues de qué? De que ya viene la Redención, que ya ha entrado en Canta. Bien las mereces. Cuál de las dos Redenciones llegó? La de las Mercedes. Eso aumenta mi alegría, Y cuando vendrá? No puede tardar, si ya llegó a Centa. Perros de que tan alegres estáis? . . Mi cólera temo. Calla esposo. A Dios Alfez. Sin duda Alá no permite que a estos Cristianos dé muerte, pues cuando fuera tan fácil templa mi rencor con este, y dispone que Don Luis esclavo sea de Hamete; idos al trabajo todos. Mi fortuna te obedece. Ven Margarita. . Beatria no te vayas. Qué me quieres? Mucho, mas ya tú lo sabes. Madre venga aprisa. Vete. Jesús qué cara! A Beatriz detuvo. Pues qué pretendes, cuando de quien soy Zulema tantas experiencias tienes? El tener tantas me obliga Beatriz a que dosespere de que mi pasción te obligue, y así no extrañes que intente que consiga la violencia lo que finezas no pueden. No permitáis Virgen pura de los Remedios que llegue este bárbaro a intentar quitarme el honor. No es ese amor, que amor no violenta. Tu Beatriz la culpa tienes, que a ser menos cruel, fueran mis deseos más corteses, mas lograranse a pesar de tus ingratos desdenes. Mira. . Ya es tarde. Mi honor he de comprar con mi muerte. Ay de mí! Saldré, qué espero? Virgen piadosa valedme. Ya es vana tu resistencia. Don Juan, esposo. No intentes mi afrenta, viven los cielos que este puñal te atraviese, Perro a tu señer? Dominio en las personas adquieres, mas no en el honor que es alma, y ella es de Dios solamente. Ay de mí! donde hallaré quien este lance remedie? Suelta infame. No te ofendo. Mahoma, que esto consientes! por Alá que estoy rabiando. Ya te suelto; pero advierte que es natural la defensa. Muley, Celín, Zaide, Hamete? Qué es esto? pero qué miro! como a tu señor? La muerte me dad. Hacedle pedazos. No ha de morir de esa suerte, con grillos, y con cadenas, las que más pesadas fueren, le llevad a la mazmorra más cerrada, oscura; y fuerte, hasta que mañana muera empalado. . Cuanto ordenes se hará. . Virgen Soberana solo me asige que queden- en poder de aqueste Moro hija, y esposa. . no esperes que segunda vez lo mande. Ven esclavo. Manifieste. vuestra piedad en su amparo un rasgo de lo que puede. . Atrevimiento tan grande que causa tuvo? Ponerme un puñal al pecho, estando hablando yo honestamente con su esposa. Honrado arrojo. Por pecar de honrado muere, O por muy infeliz. Vamos. Valor el Cristiano tiene. Ya por lo menos tu esposo Beatriz no podrá valerte. De mí mismo vengo huyendo, yo mismo soy mi enemigo, a mí mismo me persigo, de mí mismo me defiendo, porque aunque de Zara son los ruegos tan poderosos, contrarios más rigurosos los hace mi inclinación. No está mi opinión segura, que fuera de que soy hombre, Zara mudó estado, y nombre, mas no mudó la hermosura. Sagrada Virgen María, a muerte está condenado mi esposo por desdichado, que la culpa ha sido mía: vuestro esclavo es, amparad su vida. . . Hermosa Beatriz qué es esto? Ser yo infeliz, mas vuestra firme amistad puede a mi esposo valer, porque es la ocasión tan fuerte, que está condenado a muerte, porque quiso defender su honor. . . Desdicha terible! Mañana sale a morir. Y yo lo puedo impedir? Sí. Cómo? que si es posible, aunque su vida comprata con la mía, os lo prometo. Pues yo sé que tendrá efeto solo con que habléis a Zara, que no dudo que podréis conseguirlo, si la habláis. Con la pasión olvidáis el riesgo a que me ponéis. En busca de mi enemigo, pero el, y Beatriz están juntos. . Don Luis? Qué hablarán? Tu amor sé, pero es tu amigo mi esposo. Que tu amor sé, ay de mí! pero mi esposo es tu amigo, riguroso desengaño averigué de su olvido el fundamento. Digo que la haré señora, pero el hablar a esta Mora bien sabes tú que lo siento. Eso más te deberé. Rabiando de enojo estoy. Zara está allí. Yo me voy, pon muchas verás. Si haré, Sin mi estoy! Oh Zara hermosa! Si el hablarme sientes tanto, porque aguardas a que llegue? Sin duda nos ha escuchado. Perro, mas no dije bien, que no hay perro tan ingrato, que haya mordido a ninguno de quien recibe agasajo. Si por tú ley me desprecias, es buena Cristiandad, falso, el pretender a la esposa del que es tu amigo, y Cristiano Si por su virtud la quieres, no es mucha, pues de sus labios escuché, que tu amor sabe que es empezar a pagarlo. Señora escucha, y verás que es lo que piensas engaño, Que te escuche; con la vida pagarás lo que he escuchado. Mira que solo Beatriz vino a pedirme llorando que te hablase, porque a muerte su esposo está condenado. Condenado a muerte? Sí, y como yo siento tanto el verte, porque es mi amor Zara mi mayor contrario, quise excusarme, y me dijo mis recelos animando, vuestro amor sé, más mi esposo es vuestro amigo, y extraño que de mi dudes que soy sobre ser muy noble honrado. Digo Don Luis que te creo, al rebés interpretaron sus razones mis desdichas. Yo soy Zara el desdichado. Las palabras no consuelan hay ista del desengaño. Sabe el cielo que te adoro. Pues si eso es verdad, venzamos entre los dos los estorbos que tienen nuestros cuidados. Dos son los inconvenientes; el uno la ley que guardo; el otro, que nací en ella descendiente de Africanos: el uno, le toca al alma; el otro, al pundonor vano: uno es mal, el otro achaque; el que es mal quede a mi cargo, que es justo que el que más quiere venza el mayor embarazo: yo seguiré la ley tuya, si me das palabra; y mano de esposo, tu vencer puedes de mi linaje el reparo, que yo dispondré que presto los dos a España volvamos con tanta hacienda que seas de quien te culpe envidiado; la nobleza en cualquier ley, es nobleza, y mis pasados fieron Reyes de Valencia; pero al fin, si no te igualo, muchos hierros amor dora, el oro lustres ha dado, y entrambas disculpas tienes, y a que respondas aguardo. Que seguiras Zara hermosa mi ley, nunca lo he dudado, pero no es la fe segura de albedrío apasionado; muchos hierros amor dora, pero el errar no ignorando, que yerra un hombre, no esyerro, culpa sí, pues quiso errarlo. Si antes de saber quien eres te hubiera dado la mano, con mis deudos, y conmigo me disculpara mi engaño; mas como disculpar puedo ser tu esposo, renunciando la Cruz santa del Bautista, que teme el África tanto, siendo tu hermano el que tuvo los dos Reinos conjurados de Valencia, y de Toledo. No tienes amor ingrato, que amor es ciego. . . Señora déjame por Dios. Que tantos desprecios sufra quien puede, sino vénceslos, vengarlos: presto verás que se truecan en rigores mis ahogos. Mucho más mi pasión temo que tus rigores. Esclavo. has de sermientras vivieres, que no tienen los Cruzados de Malta rescate Hamete. No me causan sobresalto tus rigores. . Vivirás muriendo como yo, falso: Hamete, primo? Qué es esto Zará? A este perro Cristiano, mas porque le llamo perro, cuando soy yo la que rabio? le pon en una mazmorra la más fuerte, aprisionado con cadenas, porque quede a los hierros enseñado, y sea luego si me estimas. No me ha mentido el criado de Zuluma, ella le adora. Y porque ningún Cristiano le vea traeme las llaves. Yo lo haré, pierde cuidado, Así veré si me quieres. Luego voy a ejecutarlo. Yo haré que el castigo humille perro, pundonores vanos. . Que mal el amor se encubre; sin duda la has enojado mucho, pues hoy te castiga la que ayer era tu amparo. No es más de que no he podido hacer lo que me ha mandado. Saber lo que fue me importa con más claridad, Cristiano: y advierte que no lo ignoro; porque de Zaide un criado, que tuvo en Madrid Zulema, se ya cuanto te ha pasado? tu intención saber pretendo, y porque con más resguardo la digas, a la ley tuya inclinado estoy, y tanto, que iremos a España juntos, si me prometes tu amparo en ella. De ser tu amigo te doy la palabra, y mano. Pues dime ahora, cual fue la causa de enojo tanto? Él no poder ser su esposo, no tanto porque Cristiano soy, pues ella ofrece serlo, como porque los Cruzados del gran Precursor Bantista no podemos ser casados. Así lo tuve entendido, y eso mismo me ha obligado a declararme contigo, y si me ayudas, logrados veré los deseos míos. A todo determinado me hallarás. Pues dile a Zara que de su amor obligado serás su esposo, y que yo contigo me he declarado, y ser Cristiano pretendo, y que en fin dejas tratado conmigo, que en bajel mío juntos a España partamos, que allá una vez. Ya te entiendo, lo demás deja a mi cargo, dispon tu nuestra partida. En tu sangre confiado lo haré. Bien puedes, con eso saldré de peligros tantos. Mucho menos me afligen las cadenas, que el grave peso de mis muchas penas, diez bárbaros Alarabes me aguardan, para darme la muerte al Sol aguardan; en el amparo vuestro Virgen vivo, esclavo vuestro soy, aunque cautivo, el sueño mis sentidos entorpece, mas si el sueño a la muerte se parece, que venza mis cuidados no me asombra, que si la muerte aguardo está es su sombra. Hh esclavo? Quién, quién me llama? Un criado de María, no temas en ella fía, ama, y sirve a quien Dios ama, Con ese yerro te quita las prisiones de los pies, que libres verás después a tu esposa, y Margarita. Merezcaos yo ver Señora. Esta es la Imagen Sagrada de los Remedios. . O amada, y Diviva Redentora, a Redimirme venís, pero sois de la Merced, mis dos prendas socorred, pues a todos redimis, yo iré a veros a la Corte del Sol, Aurora Sagrada. Despierta, y no temas nada. ̱. Virgen, Sol, Estrella, Norte, que os vais Señora, ay de mí! yo si diré con razón, que los sueños, sueños son pero un hierro miro aquí, que cuando estaba despierto no le vi, hierno parece, y consuelo al alma ofrece, si lo que soñaba es cierto? que me quite estos pesados hierros con él, llegué a oír; mas como es posible abrir con este cuatro candados? pero al poder de María lo imposible fácil es; quiero probrar a abrir pues, o Virgen del alma mía! No toqué los dos apenas, cuando luego serompieron: también esotros se abrieron, cayéronse las cadenas: ya sin prisiones estoy, libradme de estos infieles bárbaros, como crueles, que a Centa huyendo me voy, mas no tengo que temer, pues los hierros me quitáis, que si de mi parte estáis nadie me podrá ofender. Librad mi hija, y mi esposa, pues que son hacienda vuestra, porque se llame la nuestra la Esclavitud más dichosa. Vaya, vaya el Mocilón. Mal mi cólera resisto, miente el galgo vive Cristo. Qué es esto hermano Rincón? entre Maros habla así. Soy airado un carretero. qué ha tenido? . Un bunolero, que en la Corte vender vi agua miel, y panmal frito, y ahora está en Teruan, defendiendo su Alcoran, porque le llame maldito, y a Mahoma un harriero, que nunca anduvo camino, sin un jamón de tocino, y de tinto, y blanco un cuero, quiso darme un bofetón. Y él que hizo? De contado se le pegué adelantado. No es Fraile? Soy Motilón, pero había de sufcillo? Si hermano. Buena razón; y en dándome el bofetón? Volverle el otro carrillo. Y que asegundase. . Así! yo mis soberbias refreno. Yo padre no sé de freno, par Dios que le sacudí. Dos diciplinas valientes que templen su enojo espero. Soy hobre honrado, y no quiero tratar mal a los ausentes. Tenga paciencia, que el cielo, da su lilla al que se humilla. Vaya yo allá, que sin silla esta. ebien. . Cómo? En pelo. Ya a la casa hemos llegado, del Alcalde. . A recibillo, sale un gozque falderillo con un mastia de ganado. Seas Padre bien venido, adonde de mi amistad. reconozcas la verdad con que siempre te he servido. Tú seas muy bien hallado. Alcaide, que la llaneza de tu valor, y nobleza a volverme han obligado a Teruan. . En mi opinión nombre de sabio mereces, pues te ha enviado dos veces a África tu Religión. Esta carta que tu Rey envió a Ceuta en favor mío toma. . Servirte confío, pues obecerte es ley. Que bien finge con decoro el perro la pararata, y es que espera en nuestra plata tener el oro, y el moro. Mi fe te será guardada por Mahoma, a quien adoro. Fiad en la fe de un Moro, y por tal santo jurada. Mándame Muleí Cidan que te de cuantos cautinos pidas. . Precios excesinos me piden en Tetuan; en no llegando a concierto iré a rescatar a Argel. Aunque halles muchos en él aquí será lo más cierto. Cuántos cautivos hay? Ciento y veinte y cinco, de España todos. Desuentura extraña! Los diez de aquestos que cuento tan niños que io han cumplido (siere años. . Qué dolor! en aquesos es mayor el peligro, así te pido que se rescaten primero. Justamente los prefieres, hay veinte y cinco mujeres todas mozas. ̱. También quiero de su libertad se trate: di adelante. Ay doce viejos. Sus canas son mis espejos, yo pagaré su rescate. Noventa hombres de veinte años el que más, como leones en resistir las prisiones. Ya llegó el fin de sus años. De tres que le encomendaron aquí los nombres están; que asisten en Tetuan, y en su costa cautivaron, Don Luis de Silva y Ribera, este es mi amo. De ese puedo decirte, no es de Toledo? Sucio nos dio en espera dos mil ducados, no falta todo, los dos han de ser Beatriz, hermosa mujer, con el Alferez Peralta su esposo, y una criatura de seis años. . Con Don Luis cautivaron, bien decís, pero una gran desventura hoy a ese Alferez le espera. Cómo así? Intentó matar a Zulema, y a empalar le condena la severa justicia que profesamos, qué escucho! hay hados esquivos! Es pena de los cautivos que se atreven a sus amos, de más de que ha hecho tema no rescatar la mujer, y darla no ha de querer. Vamos a hablar a Zulema, quizá con el oro ahora se templará. Es rigre airado. Como aquesos ha ablandado la Virgen nuestra Señora. Vamos, antes que el rigor ejecute el triste fin. Deo gracias seor Don Jaz mín. Qué hay? Preguntar no es error a tan ilustres personas, hay taberna en Teruan? No, que es contra el Alcorán. Pues donde cogen las monas? De chanza viene el vigardo, vaya a saberlo a Tolu. Más que miro! no eres tú, si no me engaño, un Bernardo, que en Madrid fue su decoro ser de un Morisco criado? Sí, yo soy. . Pues renegado, para que te has vuelto Moro? Porque siempre fui fiel, y con los de mi nación vine. . A oler al cancarrón como perro con aquel. Una Cuaresma mis prendas juzgaron tener gran plaza en Madrid. . Volviose maza antes de Carnestolendas. Pero tú no eras la cayo de Don Lues cuando reñó mi amo en la puente, y llegó. Llegó de mi espada el rayo; pero dime, que se han hecho Don Fernando, y Doña Clara? Aquí están Zulema, y Zara. Hagales muy buen provecho: mi amo saber quisiera a quien sirve. Sirve a Hamete, hijo de Abdala. . Ha pobrete, miren si con él viniera, yo elegí lo verdadero. De ti a saber me acomodo que hay en Madrid. Mucho lodo, y poquísimo dinero, hay carros que de la noche cogen la inmundicia oscura, porque allá hasta la vasura no sale si no es en coche. Hay en pleitos veníales muchos mortales sutiles, que de legales civiles, hacen trampas criminales, Hay un vulgo, que si alienta algún tema malicioso, asímismo, como el oso se desangra; y se alimenta. Hay un lugarcillo amigo, que atisva la novedad, y confiesa su maldad la neguilla de su trigo. Y ay gente tan indiscreta; que con noches inhumanas han ido a alquilar ventanas para esperar un cometa. Tiene acá mejor gobierno el tiempo? . Siempre es Verano, nunca habe frío. Eso es llano, tenéis muy cerca el infiernos. Es tierra de mucha mona, mucho alcuzcuz, y palmito, y adonde cualquier delito con dos palos se perdona. Y eso es bueno? . Cada vez lo escojo. . Locura extraña! Pues que, es mejor en España qué luego aprietan la nuez? Más dejando esto, mi afan desea ver con cuidado a Don Luis, fui sucriado; aunque no comí su pan. Ven, que nada me embaraza; cuando darle gusto intento. Pues ve tu cogiendo el viento, y me pondrás con la caza. Con que os podrá agradecer Virgen mi pecho gozoso, la libertad de mi esposo de tan tirano poder, y pues se libró por vos de la muerte que temía, porque su honor defendía; libradme, Espejo de de Dios, de la lasciva impiedad en que este Moro se inflama, apagad su ardiente llama, y guardad mi honestidad: y si esta montal belleza mi agravio, y deshonra causa, quitad Señora la causa, sublico a vuestra grandeza. Sacose Lucia los ojos, y con ellos hizo plato a un amante sin recato, que en ellos vio sus despojos. De una santa; que en clausura vivía, he leido yo; que a su esposo le pidió. le trocase la hermosura, con que a un hombre tenía loco, en fealdad, y fue de suerte que el verla, era ver su muerte, feliz yo si aquesto toco, señor, de lepra asquerosa cubierto este rostro vea, porque me abomine fea el que me ha aplaudido hermosa. Huyó el Alferez, que mucho si era el perro encantador, ya podrá aplacar mi amor el tormento con que lucho, De su engaño cauteloso mil gracias le doy a Alá, pues Beatriz se ablandará estando ausente su esposo. Si acaso le diera muerte atropellaba mi intento; que es mortal el sentimiento, cuando en odio se convierte: aquí está Beatriz. Señor. . Válgame Alá, Qué te espanta? Tu fealdad mujer es tanta, que tengo en verte temor. Qué ves en mí? . Las arpías, de Fineo miserables, las gorgoras espantables, las parcas que hilan mis días. Pensé navegar beldades, y repetidos amores, y va naufrago entre horrores escarmientos, y fealdades. Virgen, Juez de mis enojos, inmensas gracias os doy. Vete de aquí. . Ya me voy. Si se engañaron mis ojos. Vuelve, mas no. Qué te asombra? Tu amancillada figura. Fuese el Sol de la hermosura, y me ha dejado a la sombra. . Vete, que no de un sentido solo tu horror ha triunfado, que también me has abrasado el alma por el oído. Quién de tus encantos usa fiera, de esta suerte medra, ya vi, sin volverme en piedra, la cabeza de Medusa. Juro por Alá Sagrado, que no he visto más horrenda fealdad. Cómo era su hacienda, ya la Virgen la ha librado, si a Beatriz me da a rescate seré en todo venturoso. Júzgolo dificultoso, pero en fin de ello se trate. Seas bien venido Alfaquí. Oh Zulema! . Hás rescatado muchos? Ninguno ha quedado de cuantos viven aquí por rescatar, sino son los que tienes tú, y tu hermana Solo tengo una Cristiana, y una niña, en precio pon la madre, y te la daré. Quién tan presto le ha mudado? Ves como Dios lo ha ordenado, cuanto quieres que te dé por ella? . Mil Mejizales. Déjame verla primero, que aquese es mucho dinero. Pues dame seis mil reales. Antes la tengo de ver. Yo no, aunque por solo bella dieras las Indias por ella. Pues qué tiene esta mujer? El infierno. Vive Alá que hemos de saber por qué, la aborrece, al punto ve a traerla; si habrá ya Don Luis a Zara avisado, porque con su fingimento logre mi amor el intento, como tenemos trazado. Detente perro. . Vosotros: sois los perros, y por fuerza habéis de creer que es gracia divina la que lo ordena. Tente Fray Rincón. Qué es esto? Advierte que a mi defensa debes la vida. . Señor manda sacarle la lengua por blasfemo. Deteneos: por instantes se acrecienta esta pasión, y este afecto. Mientras empuña mi diestra este rayo Damasquino, quién ha de haber que se atreva? llueva Mahoma turbantes, que de cortadas cabezas fabricaré una montaña. de tan altiva eminencia, que a las centellas del Sol, sirvan las tocas de yesca. No sabremos la ocasión? Hersano, tenga modestia, Qué es modestia? voto a Cristo sea con mi lengua: yendo a buscar a Don Luis a su casa llegue apenas, cuando en confuso alboroto toda la ciudad se altera, y como de la mazmorra de grillos, y de cadenas cargado, se fue el Alferez, sin abrir ventana, o puerta: Decian, hechizos son de estos Papaces, y empiezan a tirarme los muchachos confitura de hechiceras: yo entonces arrebarando a un Moro que estaba cerca este alfanje, dije;mienten. los que imaginan; y piensan que hay en Cristianos hechizos; milagros son, y evidencias. de aquella Imagen. Divina, que entrando el Sol Dios en ella, quiso abrasarla en sus rayos, y así la dejó Morena. De esta Señora el Alferez era esclaso, y como intentan quitarle la vida, al punto por esos aires le lleva; que aunque esté su hacienda lejos, bien sabe guardar su hacienda. Y aún la ajena, pues a mí toda la atención me lleva este impulso. . Advierte, que otra vez no te suceda, que te costará la vida. Hermano, aunque el celo sea bueno en el modo de obrar, es celo con imprudencia. suelte aquese alfanje. Mire. que le protesto la fuerza. Hablaste a Zara? . . Ya está tan pronta como resuelta. Ya está aquí Beatriz, que horror! Qué mudanza ha sido está, que una mejer tan hermosa. esté tan horrible, y fea? Viste Hamete igual asombro? Madre con ella hacen fiesta. Válgame Alá soberano, de que se asombran, y alteran? No hallo mudanza en su rostro, . Pues si la intentas llevar, mas disimular es fuerza. No he visto igual hermosura, Virgen esta es obra vuestra. Señor, qué tiene Beatriz? En su hermoso rostro flechan la honestidad de sus ojos, rayos de mejor esfera. Borrachos están los Moros, y dicen que no lo beben. Quitad de ahí aquese monstruo, Di, cuanto quieres Zulema por esa? . Cuánto darás? Cincuenta escudos, Apriesa, llévala de balde, como la quites de mi presencia. Oh Soberana Señora! Prodigios el caso encierra. Ya Don Luis para esta noche en salvo mis joyas quedan. Pues Hamete, y la fortuna . en nuestro favor se muestran. La Niña nos falta ahora. Eso no, aunque me trujeras cuanto oro, y cuanta plata el Sol, y la Luna engendran, no la he de dar, que ha de ser Mora. . Yo Mora, yo perra, siendo Cristiana, y sabiendo la doctrina de cabeza; advierta, que aunque soy niña, que soy muy Cristiana vieja: malos años para él. No llores niña, ello es fuerza que así lo manda tu Rey. Pues aunque el mismo. Zulema esta es orden suba, y yo sostituyo su presencia, y te obligaré a cumplirlo, aunque más mi sangre seas. me la has de pesar a perlas, si es fácil, o no el rescate, allá lo juzga en tu idea. Cumples así con la ley, que el Rey manda que obedezcas. Que a rescate te la dé es lo que me manda en ella, mas no el precio, que esa acción es mía. Divina Reina de los Remedios no soy yo tan bién esclava vuestra, pues porque no me libráis? Hay mi Margarita bella! A perlas, es es disparate. Si es disparate, paciencia, y irse sin ella. , Ay de mí! Quién libertarla pudiera! Morir quiero sin mi hija. Ay lástima como aquesta! Mire madre, en Dios confíe, que hizo de aquellas perlas que hallamos en el volsillo? Aquí están, pero aunque fueran cinco mil, como son cinco, fuera vana diligencia. Dadiva que es de la Virgen, madre, quien duda que sea de más grandísimo peso? No sé quien mueve tu lengua, cinco perlas tengo aquí, quieres pesarlas Zulema con mi hija. . Cuántas? Cinco. Beatriz qué es esto que intentas? no a Dios provoques pidiendo de su piedad tantas señas. Qué desatinos fábricas! Absorta estoy, y suspensa. Que te atreves a formar, que han de pesar esas perlas lo que tu hija? Sí. . Pues porque tus locuras veas lo aceto, por hacer burla. de esas Cristianas quimeras, traed un peso. Voy por él: Ya corre por cuenta vuestra Señora de los Remedios sacarnos de aquesta afrenta. De proposición tan loca necio es quien el fin espera. A confianza tan grande, deidad superior le alienta. Ya con mi deseo es torpe del tiempo la ligereza. Ya está aquí el peso. Poned a la niña en unas de esas balanzas; yo tendré el peso, tu ahora en esotra echa las perlas. . Ay desativo semejante! . Ya están puestas, Granmilagro; el peso corre de las perlas con violencia hasta el suelo. Qué prodigio! Quitar de ellas será fuerza, hasta igualar la balanza. Ya quitadas dos, tres queda, con que el peso está en el fiel. Tres perlas la niña pesa, no sabe tanto Mahoma, ya Don Luis mi amor desea, ser esclavo de quien obra maranillas tan supremas. Y yo en su casa prometo de trocar a su Encomienda la de San Juan, profesando. en Religión más estrecha. Las perlas que pesa toma. Eso no, que es hechicera esta fiera, si me das dos mil ducados por ella la llevarás. . El concierto se ha ajustado en mi presencia, y como Alcaide te mando que pases por el. . Oh pesía a mis irás! pues me obligas a ello, dame las perlas serán veneno a mi pecho; mas que es lo que sientos un Etna he bebido, un mongibelo se ha derramado en mis venas; que me abraso, que me muero, toda es horrores la tierra, todo es asombros el aire, huiré de mí, si hay esfera. adonde quepan mis ansias, grande Mahoma clemencia. . Anda con dos mil Demonios, que muy buen recado llevas, miren para que le ayude a que santo se encomienda. Aguarda Zulema, aguarda seguirle todos es fuerza. Hamete. Ya te he entendido, como gustares lo ordena, pues no hay quien lo estorbe, cuando está el mar a mi obediencia. Zara, Ya vuelvo a ser Clara, pues cuando por ti no fuera, ala la lunde este prodigio saliera de mis tinieblas. Estás firme en lo que tratado con todos queda? Sí. Pues esta noche puedes dar a tu bajel las velas, que para embárcar a Zara no faltará ocasión. . Esa yo por mi cuenta la tomo. Y pues nos aguarda en Centa el Alferez, la mañana nos hallará en su ripera. No entiendo lo que decís. Yo os daré de todo cuenta después. Ya ustedes señores adivinan lo que queda, Do Luis será Religioso en la Merced, Clara bella se ha de casar con Hamete, después que Cristiano sea, con lo cual dando alabanzas a la Divina Morena, la Esclavitud más dichosa tendrá sin en su comedia,
