Texto digital

Texto digital de Escarramán

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Juan de Matos Fragoso
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto ha sido preparado por Juan Figueros Sahagún, Esther Garrote Robledo y Paula Gómez Juárez.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Figueros Sahagún, Juan, Esther Garrote Robledo y Paula Gómez Juárez. Texto digital de Escarramán. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/escarraman-2.

Logo BICUVE

ESCARRAMÁN

JORNADA PRIMERA

Ya tocan a recoger al son de dulzainas toscas, de pitos de Satanás, de cajas de piel de zorra, de capadores marinos y de náuticas pandorgas. Ya con la pieza de leva la soldadesca se emboca, pilotos y marineros todos a una voz concordan, y todos dicen buen viaje, con estupenda zaloma. sin dineros que gastar, sin saya, jubón, ni ropa? Detén, vuélvete, ¿a do vienes siguiéndome sin carroza? No pienses que te he de soltar. Larga, acaba, que me enojas, no me rompas el vestido. El corazón se me aflige, vengo desmaya, y tonta con el grande sobresalto, y traigo la voz de estopa: ¿por qué tan ronca me dejas? ¿por qué me dejas tan ronca? Son Demonios las mujeres, quien no dijere que todas, no lo ha experimentado, o tiene experiencia poca. Di, di, di ¿qué me quieres? Échate en Constantinopla, deja de atormentarme, mujer, no gastes más pólvora, que en solo verte delante me perturbas y pavoras. ¡Ay triste desconsolada! Detén los pasos, reporta: ¿por qué me dejas así empeñada hasta la toca? Óyeme, qué es bien que cuando suspiros, el alma brota: no des a mi voz orejas, orejas que son tan cortas. Después de mi padre, y madre, que están difuntos en gloria, te dejaron por mi amparo, y reparo de mi honra. Es razón, hermano mío, a ti mi hermano te importa tener cuidado en guardarme de tanta amorosa tropa que me persigue de día, y de noche me alborota. Mira que quedar no puede una mujer pobre y moza sin que queden en tu casa dineros, prendas y joyas para dar al cirujano, y para mil cosas otras. Ya no puede menos ser, hermana porque es forzosa esta que emprendo jornada, aunque le pese a Mahoma. ¡Ay mujer más infeliz! Bien puedo decir, de todas paren los fúnebres ecos caja de tus voces roncas. Maldito sea el primero que empuñó alabarda en Troya, causa de tantas ruinas, y tragedias lastimosas. Yo no sé señor qué aguardas, cuando va de frois en frota el navío de Cascaes ¿habrá más de catorce horas? Adiós hermana querida. Espera un poco, reporta, llévame en tu compañía, que iré como una amapola. Mejor fuera te quedaras en un Convento de Monjas, cuando en las Convertidas, que es gente muy blanca toda: pero bien dices llorando, es razón y será cosa que parecerá muy bien pruebe de la mar las ondas, donde quede sepultada, sin de ella quedar memoria, cuando me asalten piratas Pechilingues, y la roan los Holandeses, gusanos de la santa Fe Católica. Sea así como quisieres, aunque me sorban las olas. Dale, pues, Coque un vestido de los míos. Mi señora, pues te pones masculino, abre el ojo, que te importa. Este es el puerto, donde las espadas habemos de sacar, estadme atento, y cordura no sean sacadas, hasta no ver el fin de vuestro intento. Para qué son palabras excusadas, ni marañar aquí más argumento, a ver si habéis venido acompañado, o con armas iguales. Ni es soldado el hombre que es traidor ni es valiente que queriendo salir al desafío en compañía fuese de más gente; reparado la lluvia, y aun el frío con este broquel solo que presente a los ojos miráis. Este es el mío. Pues ya no hay que aguardar, aquí veremos de la arrogancia vuestra los extremos ahora llevaréis por atrevido el rigor que os hará Costanza hermosa. No se ha de aventajar igual partido al rigor de mi espada valerosa, ella pena será del homicidio, nuestra contienda no nos es odiosa paremos, y veamos cual merece de los dos a Costanza. Bien parece digo que tenéis razón, todo el partido os acepto, señor San Payo, el respeto no ha de ser sin ton ni son, digo, la pretensión mía. Atento la escucharé, y al momento yo os diré la causa de esta porfía. Una tarde a pasear, por divertir los cuidados, que atormentan los sentidos muchas veces a los sabios. Salí a la huerta nacido, solo por mirar el campo, tiempo de la Primavera, que ayuda el Sol empinando. Senteme en aquellas fuentes, cuyos cristales mostraron envidia a cuantos diamantes labraron los lapidarios. Gracias (dije) al Criador que te libró de las manos de tiranos que tendrías, caños pero tributarios. Llegueme a beber un poco de aquel néctar que tan ralo, diera por sola una gota un mundo por alcanzarlo. Satisfice allí la sed, con el natural regalo de un licor, que olía mal, pero era amarillo, y blando. Dios para que a todo el mundo fuese rigiendo los pasos, crió las fuentes divino decreto Juez soberano. Pasó Costanza, y mirome con más de doscientos rayos, abrasome el corazón, y aun le tengo chamuscado. Supe que esta dama era la que a vos os había dado, cuando menos por favor una media, y tres zapatos: ¿estáis en el caso? Estoy. Ahora es bien que veamos a quién quiere más Costanza. Habláis muy considerado. Aquí vive esta señora: ha de casa? Están cerrados los postigos, y las ventanas: ¿quién vive aquí en este cuarto? Vive cierta viuda honrada. Aguardad, si no me engaño, ¿vos sois la Crespa? Ella misma. Por Cristo gentil despacho: ¿no estábades en la plaza vendiendo mondongo asado? Vamos al caso señores, y dejemos chanzas. Vamos. ¿Qué se han hecho los vecinos que habitan en este cuarto? Todos se han ido al Brasil. ¿Al Brasil? Suceso extraño. ¡Brava cosa por San Pedro! ¿Qué decís de esto San Payo? Señores hace gran frío, y estoy con grande catarro, quedad con Dios. Él os guarde. Ea, camarada, vamos al Brasil y acabaremos el desafío en el campo del Pao Amarelo. Acertado será que partamos luego, y que decida este caso Costanza, que ha sido quien nuestra paz ha perturbado. Con el socorro que de España espero no importa, ya que aqueste renegado me machuque, que ya le considero con mis dos bombardas bacalao asado. De Portugal lo más granado infiero, excelente señor que se ha embarcado viene toda la armada poderosa, y con muchos jamones, que es gran cosa. ¿Está aquí el Gobernador? ¿Qué ruido es ese? Conviene hablarle Pues aquí tienes ese que buscas señor. Digo, pues señor excelso, sublime, y grave persona, desde el copete a los pies, y de los pies a la gola que estando en el Arrecife hecho un argos y hecho postas vi venir un bulto negro que parecía langosta desde lejos, mas al fin vi que era nao de la Flota de Portugal, y que entraba con gallardas banderolas, saltando de viga en viga, y brindando de onda en onda. Es en efecto un brigete, redondo como una bola, debe de ser de importancia, porque tiene popa y proa. Un barco ha llegado a tierra cercado de diez canoas, ya desembarca la gente, y trae muy buena ropa. Celebrad amigos pues, una nueva tan dichosa; llamad luego al Capitán. Aquí viene, y viene toda la gente que le acompaña a besarte los pies. Hola, lleguen sillas o señores, vengáis todos en buen hora. Y a vos os dé Dios salud, y os tema la trapisonda. ¿Venís de la mar cansado? Cercado me vi de penas, de bajíos de ballenas, mas como al puerto he llegado de nada me acuerdo ya: este mozo que aquí veis es mi hermano, en él tendréis quien bien serviros sabrá. Dadme los brazos amigo. Criado vuestro he de ser. Yo también he de saber merecer lo que consigo. Salímonos de la mar, y con muy grande trabajo traigo un palmo de zancajo, no me puedo menear. Pues hola, traigan a Brianda, que es mi hermana y quiero ahora en esta infeliz hora que os dé dos abrazos. Anda, haz lo que digo. Señor, aquí viene. Hermana, llega, que del sur a la Noruega no se vio dicha mayor. Vengáis muy en hora buena. Para serviros será; llega, hermano, que aquí está un aborto de sirena. Dadme la mano que estoy a vuestro gentil agrado tan rendido y obligado que ya vuestro esclavo soy. Pico tiene el rapaz. Pico le fuera mejor señora, para que pudiera ahora conquistar la Jamaica. ¡Qué lindico, y qué galán que viene el mancebillete! ¿Es brioso?. Como Hamete. ¿Y quién mete acá el truhán Tristán? ¿Quién os mete acá? Nadie a furia me provoque, no me llano sino Choque, esto digo, y bueno está. Como digo, señor presto, el socorro que esperáis os vendrá. Estaba en Cascais, y verdad os digo en esto. HABLANDO APARTE CON Parece buena esta granja: ¿no responde vuesasted? ¿Piensa que yo que no sé que aquí se llama Briolanga? Allá a Lisboa ha llegado su nombre, y antes de verla, entendí que era el águila que marcó Antonio Atrayado. No hablo yo con un lacayo, carirredondo, y lampiño, y sobre todo ratiño. Habla aunque sea al soslayo. ¿Traesme algo? Esta persona. ¿Y esta cara que es cabale? ¿Para qué? Para atabale, y para asiento de mona. Bueno esta mi Briolanquilla, baste el desdén y repara que también es esa cara buena para albondiguilla. Ah socarrón. Ah marraja. No temáis al enemigo, que la armada, como digo, hoy del puerto desencaja. ¿Habéis visto por la mar algún huracán feroz; que dando una, y otra coz deja el sol de par en par; y soplando más que un cuero de cuclillas va danzando de flor en flor, y saltando sale po un agujero? Pues de ese modo Brianda estoy dispuesto a adoraros. Yo por paga sabré datos un lindo queso de Holanda. Ea, vámonos, que estamos, dando mal trato a esta gente. Aquí estoy muy obediente a vuestro mandado. Vamos, que de aquí para allí, y de allí para aquí, y de allá para acá, y de acá para allá, el tiempo se va.

JORNADA SEGUNDA

¡Está el tiempo temerario! ¡Cómo rebuznan los vientos! Tanto se alteran los mares que parecen sombrereros. Recelo alguna ruina en los muros de Toledo, guarde Dios Constantinopla y a mí me libre de sebo. Amaina, amaina el trinquete, amaina, que nos perdemos ¡Válgame Dios! Un navío corvo, a manera de anzuelo, está haciendo choque, choque con las ondas. Santos cielos. Un hombre nadando viene, y trae en la boca un queso, otro a sus ancas veloz nada también como un puerco. Válgame Santa María, San Toribio, y más San Pedro, que es el santo que mejor entiende de barca, y remos. Alabado sea, amén, el que inventó pisar seco: este sí que es mar adonde que hay Levante, si hay tropiezo. Este sí que es mar, adonde que hay Levante si hay tropiezo. Hermanos del alma mía, hermanos míos, ¿qué es esto? Padre Panza, ¿vos aquí? ¿vos en aqueste destierro? Panza, ¿quién os trajo acá? ¿Es aquí vuestro Convento del buen Pastor? ¿Cómo estáis vos solo en aqueste yermo? Aquí estoy con mis hermanos en aqueste monasterio, donde en vida reforzada, la tengo, gracias al Cielo; pero, ¿dónde camináis, amigo Tiburcio? Pero, vos San Payo, vos San Payo, ¿a dónde vais? ¿dónde bueno? Íbamos a Fernambuco a averiguar unos celos, más ahora nuestra nave murió, gigote del viento, nos salvamos los dos en un cañón caballeros y al fin fue tal nuestra dicha que ni un amparo no tenemos. Pues si queréis arroparos, iréme luego al momento a buscar dos balandranes que al pie de este monte tengo, aguardad, que el uno es este y el otro os lo traigo luego. ¡Ah, Costanza de mi vida! ¿Cuántos que paso tormentos por tu causa? ¿Cuántos paso mares y cuánta agua bebo? Tomad, Payo, y cobijaos, poneos también ese lienzo, y vos calad, si queréis, amigo, aquellos griguescos: ea, vestios despacio, buen ánimo y gran secreto, que Dios nos ha de ayudar, o yo quebraré los dedos, y pues que ya estáis vestidos, si queréis partiros luego; en esta tierra hay lagartos, pero yo astrolabio tengo. Si vos sabéis el camino que me le enseñéis os ruego, porque habemos de ir por tierra. Pues oídme, estadme atento: dudosa empresa tomáis, por ser la tierra exquisita, y muy poblada de sierpes, de víboras serpentinas, de tigres, de onzas, de arrobas, de diversas sabandijas; al pasar de aquel estrecho de los Nodales noticia tierra de las fortunatas, adonde hay muy poca frisa, habéis de hallar una peña, desde adonde se divisa el muro de la Tartana, y gran parte de Sevilla; luego a la vista del Golfo que allá en Cambaya se estima, echaréis a mano izquierda, y dejaréis la sinistra; de allí con muy poca costa pasaréis a la Provincia de Alberca, y de Alberca luego a Santiago de Galicia, allí bien podéis cenar, si hubiere vino y cecina, luego iréis al Termondoste, tierra de gente muy limpia, adonde a Pantasilea veréis andar en camisa; y mirad si alguna tierra de las que digo se olvida que volváis aquí al momento, guardando bien la barriga. Del Termondoste al Parral iréis a parar aprisa, luego por el mar del Norte pasaréis las Filipinas, tomaréis la posta luego, de donde en dos o tres días, dando a América la vuelta, vendréis a la Paraíra, pero por Vaza Barris, no me dejéis esa Isla, por amor de Dios, mirad, que un buen cristiano os avisa. Con esto, y conque os lavéis en una artesa de tinta negra, no podrá quedar en blanco la jornadilla. Entraréis en Pernambuco, sin pasar la Jamaica, mas quedáos a Dios, amigos, que tocan la campanilla. Id con Dios amigo Panza, y en las vuestras letanías rogad a Dios por dos cuerpos que han de andar tierras tan frías; y tengáis por el socorro de darnos ropa tan limpia: un cordón mayor que un cable, y la barba hasta la cinta. Sin duda que enamorado estábades en Lisboa, pues no dormís ni bebéis, ni coméis sino a sus horas; si es así, desengañadme, porque yo me abraso toda en vuestro amor, y no quiero morir de frío sin ropas. No porque ahora veáis tan fúnebre mi persona, debéis presumir que yo amo donde calzan botas, y más cuando aquesos ojos me fulminan dos arrobas de luz, que encender podrán a la sola negra antorcha; yo ya sabréis que me llamo Costanzo, y que al fin me nombran el constante en el Brasil. ¿Y nuestro negro en Etiopia? La tristeza que me oprime, que me maltrata y congoja es el catarro que tengo, y el cerco de la Mamora. Esto es verdad, voto a Cristo, y no penséis otra cosa, que si me enojais, haré doscientas mil cabriolas. Bien pago vuestra afición, bien está San Pedro en Roma, no me hagáis más caravanas que me haré yo carambola. Si queréis casar conmigo, no hay más que chitón y boda, que tanto os quiero, que a esa cara le escribí una octava roma a vuestra nariz, oídla y veréis como rimbomba: Andrómeda no tiene allá en su esfera nariz con tanta gracia y raro agrado; tal aquesa nariz se considera, no vale la de Venus un cornado: yo no vi la de Palas, si la viera, diérate el voto de aficionado, que tiene de narices experiencia, y no hay nariz que os haga competencia. Este brazo es Portugués, yo solo con diez mil hombres, aunque no sepa sus nombres, basto para el holandés. ¿Y yo soy barro? En efecto, ¿queréis ir donde os aguarda tanta gente? Esta alabarda me vendió Agustín Lopreto, tiro liro, liro, tiro liro, leto; él me dijo que podría matar el hierro importuno diez mil hombres, uno a uno, se entiende, o dos cada día. A protestantes borrachos. El montante al primer bote os ha de hacer un gigote, será para esos muchachos. ¡Gracias a Dios que llegamos! La tierra es bien que besemos. Mirad bien como besáis, porque está muy blando el suelo. Mentís. ¿Qué es esto señores? Sobre una valla os espero. Ea, bueno está. Venimos a averiguar unos celos, y ha llegado la ocasión, que ya presente tenemos la mujer que nos inflama. Sin duda es Brianda. ¡Cielos! Estos son mis pretendientes, aquí le acaba el enredo; perdida soy. Ea, veamos. Aguardad. Oíd. ¡Teneos! Aquel muchacho es Costanza. Punto en boca. Ya os entiendo. Meted, pues, mano a la espada, que me tenéis dado a perros. El desafío ha de ser en la mar, que amor es fuego, y en agua, es bien que el vencido vea apagado un incendio. Aquí ha de ser, meted mano, muy buenos brazos tenemos, y buenos cueros también. ¡A paz, a paz, caballeros, que no son para perder tales brazos, tales cueros! Hubiera de desmayarme a estar aquí un escudero que me diera agua. ¡Señores! Aquesto está muy bien hecho. Acabad pues. En la mar ha de ser. No sino empuñad luego. No hay que tratar, yo no he de reñir en seco. ¡Válgame Dios! ¡San Francisco! ¡Santa Bárbara! ¡San Telmo! ¡San Martín! ¿Quién será, el que llama con tal eco? ¿Adónde está San Martín, ese ganapán de sebo, esa almorrana de Apolo, y ese de las musas puerco? ¿Quién eres pálida sombra? El barbero soy, que vuelvo a ser en esta comedia el muerto casamentero. San Martín me dio la muerte en la comedia de Olmedo donde a un año que padezco; y donde estoy condenado a venir en cualquier tiempo a hacer en toda comedia de San Martín casamientos. Ay, pues, ¿quién quiera casarse? El alma soy del Barbero a quien mató San Martín, y aquí, como digo, vengo a casar a todo el hombre, más aquesto ha de ser luego que tengo cierto negocio en que hablar al Cancerbero. Ah, San Martín, San Martín ¿dónde estás? Sal aquí puerco, Y pues por tu causa será en el Purgatorio peno, de hoy más, como muerto horado, a estos señores prometo que no has de escribir comedia en que no salga el Barbero: Señores, ay, ¿quién le case? Respondedme. Señor muerto, aun la comedia no acaba, váyase, y vuelva a su tiempo, que están aquestos señores averiguando unos celos, y faltan dos o tres pastos para dar fin al enredo. Pues váyanse de aquí todos, y aquestos dos majaderos averigüen la cuestión de modo que acaben luego. Falta. Nadie me replique, váyanse luego al momento. Ya nos vamos. ¿Yo también? Esto ha de quedar un yermo, váyanse pues, o conmigo vendrán todos a los huecos de Plutón y acabarán la comedia en el infierno. Ya nos vamos. Ya nos vamos. No hay ruibarbo como el miedo. Para la última jornada una hora les doy de tiempo, háganla, pues luego, y tú, tú, San Martín, poeta seco, que eres Don Quijote en prosa, y eres Sancho Panza en verso, para todas las comedias que hicieres me tienes cierto, que han de ser aunque te pese del Muerto Casamentero: sal a aquí pues dónde estás, dónde estás, sal aquí luego; pero no salgas, que al fin de la comedia te espero, y entonces verás quién es el Casamentero Muerto.

JORNADA TERCERA

Brianda, Brianda, espera que darte muerte deseo; ¿por qué huyes? Porque veo, esa furia y esa cólera: yo no te ofendo. Traidora, ya sé que tú eres cuidados de los dos desafiados, si te turba, y te pavora verme colérico, hoy es el día en que has de morir, el Credo puedo decir que no has de escapar por pies. No está tu honra ofendida. Con esta daga en la mano vengo como un cirujano a cortar carne podrida. Tente, advierte, mira. Habla, que aunque averiguada está la ofensa razón será ver si la disculpa entabla. Abriga, pues, el puñal. Abrigo. Brianda. Escucha. Escucho. ¿Viste freír un cachucho en frente del hospital en aquella calle que llaman la Vitesgua? Vi. Pues imagina que así mi reputación se ve freír en tus dudas. Pasa adelante. ¿Así se tosta mi opinión? ¿Así una posta de mi inocencia se abrasa? Tiburcio, y San Payo fueron la causa de tus temores. Es verdad. Pues ¿tus amores (oye atento) no nacieron en Lisboa? ¿Yo que sé? No me toca a mí mirar la entraña de mi pesar, basta aquello que se ve cuando fui del desafío allí otra mujer no había, sino tú, y Payo decía con muy Católico brío, y muy Cristiano valor: “aquí presente tenemos la dama que ambos queremos, y esta es la prueba mayor”. ¿Qué tienes que responder a esta evidencia? Respondo, que el negocio es muy redondo, y que estaba otra mujer al desafío presente: ¿Conoces a Don Costanzo, aquel mozo tierno y manso que una nao de repente por hermano de Peronio entró en esta tierra? Sí ¿Pues este no estaba allí? Sí estaba, y es un demonio. Este pues, es la ocasión, porque Tiburcio y San Payo se tiraban al soslayo. ¿Luego es mujer el garzón? Y es tu nombre en portugués, Costanza. ¿Qué decís? Digo la verdad. Si la averiguo no te abollaré otra vez las narices, mas primero que al banco de mi crueldad quiebre los pies, la verdad de Peronio saber quiero; voy a hablarle, que en efecto es persona muy gallarda, y aunque anda con alabarda fiará de mí su secreto: tiro liro liro, tiro liro lon, buena está, mas no quisiera que mientras a saber voy, en que altura de honra estoy la culpada se escurriera: Brianda, traza se me ofrece, galardo remedio tengo, extremado ardid prevengo, industria mía parece, con esto presa, y tan grave, y en tan fuerte prisión queda, que es imposible que pueda huirme aunque tenga llave: una cazuela aquí está con almagre, y con pincel, mi honor, hermana cruel, y mientras dudoso va a averiguar lo que has dicho del garzón de esta manera, cárcel te fabrico fiera: él es tirano capricho, pero no puede ser menos, porque en los casos de honor, lo más seguro es mejor, y descuidos no son buenos: ya de dudas, y temor se hace mi sangre vinagre, este círculo de almagre hoy tu prisión ha de ser, entra pues en él. ¡Ay cielos! dame vuestro amparo, hermano, no seas tan inhumano. En tanto que mis recelos averiguo has de quedar en este círculo presa, sabe el Cielo que me pesa, pero ya no hay que tratar: entra. Mira. Acaba pues, que me enojo, aqueste círculo rojo grillo ha de ser de tus pies. ¿No hay remedio? No hay remedio, acaba, entra pues. Señor. Yo soy el Gobernador, fíjate bien en el medio. ¡Ah cruel! no te castigue el Cielo, como mereces. Basta ya que me enterneces, aguarda que yo investigue lo oculto de mis temores. Aquí, como digo, a Briando vi, llorando varios rigores, y diversas impiedades que le hacía mi señor. ¿Qué es esto Gobernador? ¿Para qué tantas crueldades? ¿Para qué tanta tiranía? Cese el enojo, que Brianda en muy buenos pasos anda. Basta ya la vocería, no tiene la pobrecilla más hiel que una vaca. Todos con manos, brazos y codos te pedimos, que mancilla tengas de ella pecadora. Haya paz, haya concordia, no niegues misericordia a tanto ojo que aquí llora. Si yo dejé la contienda por vos, hoy por mí también que dejéis la saña es bien. Vuestro amparo me defienda de este Nerón de poquito: señor, a vuestro socorro como mosca a la miel corro, liberadme de este almagrito. Mi señor, si estáis dudoso del honor de vuestra hermana, un calzón de tiritaña tengo, y quiero ser tu esposo. ¿Luego vos la queréis? Quiero. ¿Qué hay aquí más que esperar? ¡bravo dolor! ¡gran pesar! ¡Válgame el Dios ballestero! el corazón me hace triz de pura lástima, ¡ah triste! mal la cuidada resiste, el mal logrado matiz. ¿Lloráis? ¡A fuerza de honor! Soltadla. No puede ser, padece pobre mujer, válgame San Salvador. Ea por amor de Dios, mirad que se sobresalta. No hay que tratar. Gran falta me hace el alabarda aquí. Y tirana me dispongo a dejarte perecer, que hoy he de darte a comer de una vez todo el mondongo, mas ¡válgame Dios! ¿qué es esto? Sin duda se desencaja del cielo el signo de Cáncer, no hay tal prodigio en Samaria. ¿Brianda? ¿Gobernador? ¿Qué quieres? ¿Quién me llama? Yo soy las Carnestolendas. Yo soy quien las comedias casa de San Martín. Yo soy quien recrea la humana panza. Yo soy quien en el infierno rapa a Calvino la barba. Yo con grande prisa vengo. Yo vengo a la trápala trápala. Señor muerto, por su vida me deje hablar dos palabras. Señora Carnestolendas, en comedias Mojiganga, del famoso San Martín, el muerto es solo quien habla: digo pues. Diga, en buena hora. Gobernador, gente honrada, y Cura de la Parroquia donde yo estoy, no hacen falta, ya sé que todos queréis casar, y que os embaraza pensar el Gobernador que Brianda es mujer errada, es ilusión, es engaño, es traición, es zorribamba, que en griego quiere decir fraude de capa y espada; carantoña con dos hierros, embuste hecho empanada, falsedad con guardainfante, y mentira con enaguas. Supuesto, pues, que esta pobre de la culpa está purgada, salga del almagre luego, no le manche más la saya; arrancad, Gobernador, de esa cárcel a Brianda, que verla en tal agonía yo sé que os arranca el alma. Sé también que ella no fue del desafío la causa, y sé que no sea Tiburcia, ni tampoco sea San Paya. Si es así, salgan en buena hora. Ahora señores falta que venga la Crespa aquí, y que venga el Padre Panza. Lo que es la Crespa, aquí está que vino en una banasta a ver aqueste Barbero, que el género humano casa. Pues también, con su esportilla viene aquí de la montaña el Padre Panza, que es hombre que en cualquier parte se halla. Ahora todos me escuchen, que si Dios me da su gracia desato de esta comedia la masculina maraña: don Costanzo. ¿Señor mío? Llegad, no os cubráis la cara, que en descubriendo quién sois cesará la tramontana. Sepan cuantos aquí están, y aún los que están en Navarra, que esta rapaz es (no sé cómo lo diga de lástima) que este rapaz, es al fin, una de Peronio hermana: ¿Crespa? ¿Señor? Mirad bien si es esta doña Costanza. Esta es la misma, que la conozco como mis mañas. ¿Y vos no sois testigo de que esos la galanteaban calle abajo, calle arriba en un jinete de albarda? Tiburcio, y San Payo, sí. Pues esto señores basta, aquesto es hecho señores, y si ya se desengaña el Gobernador tratemos de casar esta canalla. Y sea presto, que yo vengo con tantas vituallas, tanto jamón, y salchicha, tanta jeringa, y naranja, tanto pernil, y solomo, adobados en Vizcaya, a avisaros de la parte de la gula, que se acaba la carnosidad, y que entra el abadejo mañana, y que al fin las bendiciones matrimoniales se pasan a tierra de Turcos, donde a troche y moche se gastan. Es advertencia muy justa, dé la mano a Brianda, Peronio. Aquí está mi mano. Y la mía bien lavada. Brianda, y buen casamiento, que tiene unas grandes casas en frente de San Luis, junto a la huerta de Cabra: case también Tiburcio con su querida Costanza. Que me place. Soy tu esposa. Case con Choque Briolanga. ¿Hay algo señor Barbero para el Convento de Panza? Deme alguna Convertida. No puede ser, que falta para San Payo mujer, pero la Crespa le basta; ya por casados los doy, y acabo la Mojiganga del laureado San Martín, perdonad por Dios sus trampas, que yo porque me eterniza, le he de pagar, y la paga será descasarle luego, porque su mujer le enfada. Váyase Carnestolendas, y al Purgatorio se vaya el Muerto Casamentero; Dios os dé muy buenas Pascuas.