Texto digital de Escarmientos del pecado y fuerza del desengaño
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Cristóbal de Monroy y Silva
- Atribución estilometría
- Cristóbal de Monroy y Silva Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Escarmientos del pecado y fuerza del desengaño. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/escarmientos-del-pecado-y-fuerza-del-desengano.

ESCARMIENTOS DEL PECADO Y FUERZA DEL DESENGAÑO
JORNADA PRIMERA
Ya Cichón, que hemos llegado a las márgenes sagradas del fámolo Guadaira, voz del metal de la ama, pielago de la grandeza, y maravilia de España, donde generosamente compiten Ceres, y Palas. Fuera necedad partirme sin ver la fiesta mañana de los Ángeles. . Señor, es fiesta tan celebrada de los vecinos lugares como la de nuestra patria Utrera, a quien solemnizan las Provincias más extrañas. Mi padre ha gustado, amigo, de enviarme a Salamanca ahoraal fin ya partimos, y prodigios de esperanzas, a granjear con las letras poder, honor, gloria, y fama. Yo pienso Obispar por Cristo, La virtud, Chichón, ensalza los humildos, esa estima porque es joya de importancia, Y el navegante que lleva por Piloto esa estimada joya, no tumanaufragio que con ella, y su constancia contrastara del mar hondo las olas más arriscadas, Qué ameno sitio es aqueste! Mira las corrientes claras del bizarro Guadaira, cuyos raudales ensayan sonantes músicas. . Ya de alamos verdes, y parras miro sus cristales prosos que en la margen, y la playa murmuran disimulados, haciendo lenguas las agues. Muros de queste edificio, que de Temblarios su Alcázar fue Templo, como pública la información de sus armas. Esta, señor, es la fiesta con que celebran del alba del sol Cristo las grandezas esta noche alegre, y clara. Dices bien. . Con alegría toca al arma, en vez de cajas, A dando al viento acentos dulces una tropa de campañas, Estandartes de la torre son las banderas del arma, pífanos, las chirimias, y los cobetes, las valas, y con regocigo empiezan a dar todos la baralla, quieres que a rezar entremos? Sí, Chichón aunque mañana volveremos más de espacio; vámonos ahora. . Aguarda, que vienen aquí dos soles, dos auroras, dos muchachas, dos diamantes, dos estrellas dos cometas dos rapazas, cuya pompa, cuyo brío, rumbo, armosura, y gala, están brindando al deseo. s. Margarita. . Prima Laura. Qué te parece la fiesta? Muy bien. hermosura extraña; vive el Cielo que es un Ángel. Las forasteras me agradan. Quereisme por forastero escucharme dos palabrar? A qué proposito? . Ay. Cielos! a que os tengo dada el alma con razón, señora mía, con razón dama bizarra, A esta fiesta de Alcala, fiesta de Ángeles la llaman, pues estando vos en ella Ángeles hay. . Ay que gracias es más que eso? . Ingrata sois: no merece mi turbada alma desdén semegante. Advertid que si sois alba, mis ojos serán las nuves que vertirán perlas tantas, que os excusarán el dar bello aljófar a las plantas. Si sol, yo seré la Luna que os seguiré . Mal compara; que la Luna tiene cuernos, y esto de cuernos no agrada. Muerto estoy, aunque os parace que estoy vivo. como habla si esta muerto, Caballero? Quién lo mete en eso? . Laura vámonos de aquí al instante. . Recelo alguna desgracia. Quién puede lo ha preguntado, y quien sabrá a cuchilladas, castigar atrevimientos, y atropellar arrogancias. Pues sea lengua el acero que obra más quien menos habla. Hemos de reñir los dos? Natural soy de Vizcaya, adonde el hierro se cría; pero le temo con tanta vehemencia, que me voy por no verlo. . Dónde? . A casa. Sois un Lacayo gallina. El decir Lacayo basta, que el gallina se le suple. Adiós valiente. . Adiós mandria; por Dios que ha andado discreto, porque yo no tenía gana de reñir, de ningún modo. Re lámpago? . Qué me mandas? Relámpago? . Tronar quiere pues los relámpagos llama. Diste muerte a tu contrario? No amigo; porque en la plaza, como había tanta gente me evitaron la venganza. y lo que más he sentido es no conocerle; ay, Laura, tus sin razones son muchas: muerto estoy. . Pues cómo hablas si estás muerto, y te espantaste que el otro muerto hablara? Cielos, esto consentís? Estás, herido? . No, Laura me ha muerto, amigo, de celos, Es una grande bellaca. Vamos a verla, y a ver los fines de mi esperanza, que ya se acabó el amor, ya para mi acabó Laura. E la se burla, y me aflije; ella me aflige, y me engaña; ella me engaña, y da celos, me da celos, y me mata, Me mata, y me dele pera, me desespera, y a caba con traiciones, y desprecios; y así entre desdichas tantas saldré al monte, saldré al campo, a la selva, a la montaña, y con quejas con suspiros, con pelares, y con ancias, oirán los brutos mi afrenta, y los Cielos mi desgracia. Vámonos presto de aquí a tomar justa venganza del agravio más injusto, y la traición más tirana. Ya voy delante, pues eres trueno, señor, contra Laura. . Qué os pareció la fiesta? Para mí, ay Carlos mío, fue molesta; pues dan por ti mis ojos lugar al llanto, rienda a los enojos. Buena estuvo a fe mía, Es común alegría, en la Villa, señor, todos los años. Quién le pudiera dar los desengaños de sus celos (ay, Cielos!) notengas, Carlos mío, injustos celos, Quéntame, Laura, todo lo que viste. Ya te obedezco (ay, triste!) Fuimos mi prima, y yo, esta noche, que ausente el rojo coche por la muerte del día en cerúleos alcázares dormía a recer a la Reina soberana de los Ángeles, luz de la mañana, Aurora refulgente, y Madre del Criador Omnipotente, Las calles adornaban luces, que a las estrellas imitaban: estrellas (dije bien) pues toda era la Villa ilustre una luciente esfera, sino fue que cortés el firmamento a Alcala le prestó su lucimieto; y es cierto, pues entonces no huía, que es señal que prestado le tenía. En la plaza sonoros Ministriles con acentos sutiles armonía en los aires esparciendo de clarines responden al estruendo, tan del Cielo retrato fue la plaza aquel rato, que muchos flaqueando en la memoria presumieron que estaban en la gloria, La torre, Cielo hacían luminarias, o estrellas que lucian con pompa tan brillante que afrentan de Faero rojo el turbante rayos, coheres, o cometas fueron los que escalar el viento pretendieron, canoros instrumentos suspendían los vientos. solicitarán vulgares alegrías, y sin mirar del rojo Apolo el coche diafue luminoso aquesta noche. Entramos, y el Convento elegraba, señor, con un contento, la Iglesia parecía despojo de Ceilán, prisión del día, Las capillas hermosas, Palestras se miraron primorosas de riqueza, y desvelos, y en breves globos mucho de los cielos En la mayor capilla se miraba no el Mauseolo, o maravilla Gelaba de apocrifas historias, sino un Euina de luces, y de glorias, un promontorio excelso, un obelisco de rayos, o de luz ardiente, un risco de soles rodeado, de exa aciones saeras ilustrado. El solio de María dando soberanía en un caro triunfante, vestida de pirogo, y de diamante, tan grande es la hermosura que en la evidencia pura es ciego, y vengando a tiento (aún el más animado entendimiento) que cree, viendo allí tan tos primores, y del arte agudezas superiores, lucimiento grandeza, disposición, riqueza que fueron excedidos de este Mayo, flor a flor, luz a luz, y rayo a rayo. La forastera gente con aplauso, si bien no suficiente mil cantos entonaban y mezclados andaban las damas, y galanes, participando airosos adamanes, que en este alegre día el deleite venció a la cortecía, en la excella capilla Le du caía del sol, o Octava maravilla, fabrican dulces ecos; y en los concabos huecos con acento suspenden alternante al que con él Tridente fulminante el mar escandaliza, y uinas de nieve con zafiros frisa. Referir los adornos, los bordados de sonumerables cifras recamados, las libreas galantes, las repetidas copias de diamantes, el confuso tropel, la bizaría, la ostentación, estruendo, y gallardía, no me atrevo, que es mucho para escrito, a mejor Coranista lo remito; y aún no podrá sumar grandeza tanta el que más se adelanta ingenio presumido, estudio prevenido, estilo levantado, que es fuerza en tanta mar salir a nado, Y así yo absorta, dudosa, en mudecida, cobarde, suspendida, temo, recelo, dudo, con voz inútil, con ingenio rudo, con desmayado acento, llena de admiración, falta de aliento; porque a tan grande gozo a ta gran hecho todo el campo del orbe es campo estrecho Dios te guarde Laura mía, que con esta relación a mi triste corazón Saa le has dado mucha alegría. Guárdete padre, y señor el Cielo como desea tu esclava. A las dos os vea (raros prodigios de amor) esta cansada vejoz en el estado que aguardo: yo me voy, hijas, que tardo, as, El mío tu gusto es. Ya se fue tu padre. . Ay, Cielos yo estoy muerta, Margarita. Qué me dices? qué me quieres? que sientes? . Ay, prima mía, cual estará Carlos, di, si celoso solicita su venganza por dejarme. Jesus! pues eso imaginas? amor ver dadero es roca en el mar de amor metido; que aunque la contrasten olas; de celos, penas, o envidias, nunca se deja vencer, que al fin, Prima, se averigua la verdad. . Temo su enojo. No temas, tu pena alivia: rabiosos celos, qué es esto, que me abrasan vuestras imás? adorando estoy a Carlos, y dando cotra mí misma con sejos. . Amado dueño, sino mienten tus caricias, perdona que sabe amor, que no ha sido culpa mía. Gallardo era el forastero. No le mientes por tu vida; mal haya el laroz caballo que le trujo a nuestra Villa. Pluguiera a Dios, que la sierra, muro de aquesas orillas, midiera al venir, y fuera su sepulcro Guadaira. Mal haya la hora en que vino. Mal haya. . Detente, prima, adondo vas tan furiosa? qué culpa tiene? . I finita, pues ha causado mi enojo. La hermosura convida a cualquiera atrevimiento. Por tu vida que me digas qué importa que un furastero con hálagos, con caricias, sabrolas quejas de amor verdaderas, o fingidas. Llegara a hablarnos a caso si viera Carlos por dicha que le respondieras, fuera justa queja. . Ay, Margarita, que es mi Carlos muy celoso. Calla Laura, no te aflijas. No sabes lo que es querer, y así mi pena te admira. A quién adoras adoro, a quien quieres, quiero, prima; mas que tú sé querer bien: canta un romance Belisa para divertir su pena, su cuidado, y su fatiga. Yo lo hiciera; pero viene Carlos. . Qué dices, amiga? Que él, y Relámpago están en el jardín. . Adiós, primas desenójalo tú sola, que yo me voy por espía por si viniere tu padre. Si acaso viniere, avisa. Calos míos; decid cuando castarán vuestras fatigas, (. Belisa apártare aquí, que quiero ver escondida sus extremos. . Este es el jardín de Laura, mira las cuadras de bellas flores a quien sus ojos matizan, a quien su boca regala con ámbares que respira. A quien halagan sus manos, a quien su beldad sulmina, Mira esas murmúreas fuentes que a racimos desperdician las perlas, y esos arroyos que entre las cerúleas guijas están sirviendo de dientes para que el agua se ría, murmurando a tu pesar tu consuelo solicita. Mira los arcos a quien a quel jazmín entapiza ver de Cielo salpicado de estrellas que le fulminan. Mira. . Calla. . Ya te enfadas? Pues yo he de agradarte, mira esta pintura burlesca del jardín, y por tu vida que dé siquiera a mi amor algún contento en albricias. Aquel álamo desnudo es balvarte que alinda con un castilio de un roble: y porque una fuentecilla el roble regar no quiere, se enojan, y le amotinan. Ya arman guerra, al arma, al arma tocan hojas de una encina, de pífano sirve el aire cuando en esta selva silba. Mas oye que la muralla escala iedra atrevida, (grande valor en mujer) ya a la cumbre se avecina. Mas si toda es corazones, que te espantas, qué te admiras? verdes banderas las parras enárbolan, de allí tiran mosquerazos las mosquetas. Ya los piqueros enristran, que son un cañaberal: Gínete el lirio se afirma armado de borceguíes. Y con su pluma amarilla los junquillos, tiran flechas: mas, ay Cielos! qué atrevida una, el corazón penetra de una rosa, que herida to da está bañada en sangre, coral es que desperdicia. A quel funesto os pres que el céfiro mueve aprisa, dice que no han de vencer los contrarios, si la vida le cuesta: balas producen un naranjo; y una cidra; las unas son de arcabuz las otras de artilleria. Allí un picarillo arroyo sin vergüenza, y con malicia tocando está tejoletas; y cantando en sus orillas la victoria por don Roble, victoria, don Roble viva. Árboles, plantas, y flores que viendo estáis mi furor, cárceles sois del rigor pues no sentís mis dolores: sonorosos Ruiseñores, no cantéis que me matáis; pero como sujetáis a mi Laura ingrata; y bella? por lisonjearla a ella a mí la muerte me dais, El dueño del alma mía que aquí me favoreció, ingrato ya se mudó, emisea con una libre osadra: mal haya el hombre que fía en las mujeres, pues cuando mas las esta celebrando, y más las está queriendo, hoy están aborreciendo a quien ayer adorando. Qué bien un sabio llamó a las mujeres beletas, pues veréis las más perfetas a donde amor se cifró: hoy querer, mañana no: ya en favoreceros dudan; ya os quieren, ya os enviudan? ya os dejan, ya os enamora ya os despeñan, ya os adoran; y a cualquier viento se mudan, Relámpago, dices bien, que Laura me aborreciese, que aquestos celos me diese, y que mis ojos esten sin que asombro al mundo den, y a las esferas espanto: pues temo, llorando tanto, entre a morosas quererlas que aneguen a las estrellas los diluvios de mi llanto. Lloro mi triste pesar no con llanto, porque es fuego; por sendas camino ciego, hablo sin poder hablar, lamento sin lamentar, siento mi mal sin sentir, muriendo estoy, sin morir; y entre tanto padecer aún no al canzé merecer esperanza de vivir. Ay Laura! ay, amor. ay, celos. que ingratos me atormentáis: advertid, que me abrasáis; piedad rigorosos Cielos, todos me dais desconsuelos, pues cuando me anima amor me desanima el temor de mi celosa ruina, y el corazón se encamina con más pena a más dolor. Ya no puedo sufrir más, Carlos, mi señor, mi bien. J sús, qué lusto tan dulce! Señora Laura, no lé si le enfadara de verme dentro en su casa esta vez, por tener tan nuevo empleo, gocele vuesa merced los años de mi deseo. Solo vengo a que me dé mi retrato, mis papeles; porque no quiero que estén en poder de un forastero Que pues le favorecéis tan bien gustaréis de darlé las prendas que os envié, a Relámpago las dad, y a diós. . Mi dueño, mi bien oye, espera, escuch, aguarda. Qué dices fiera, cruel, ingrata, traidora, aleve? Escucha, Carlos, cortés, pues no merezco amoroso disculpas de una mujer, que con finezas de amor dices que la quieres bien, Al salir yo con mi prima de San Francisco, encontré con un hombre forastero, llegó a hablarme cortés, Despedile, porfió, y desdeñosa le hablé; que siendo el alma tan tuya, cómo te puede ofender? y esto es causa de tu enojo. También llegaría a querer quien llagó a escuchar requiebros Ay amante tan cruel! ea, señor, que no tiene culpa mi señora; ven, llega, habla, y desenoja, requiebra apropincuate, Relámpago no lo enfades, Dios guarde a vuesa merced. Señora a dónde te vas? A llorar, a padecer Laura Laura. . Ya te llama, Tan ingrata no seré, Carlos, como lo eres tú en no querer responder: estás ya desenojodo? Si tu gustas que lo esté, dueño hermoso de mis ojos, fuerza será obedecar; dame los brazos. . aquí están, y el alma también. Cómo no me desenojas? llevó Lacayo también elforastero? estás ya muy enamora del? claro está, pues no me hablas que lo estarás. . Bien a fe daca esoa brazos. Oh bella fregona, mas que Luzbel, después de caer del Cielos llega. . Qué es esto que ven mis ojos! Cielos piedad! como les estorbaré sus requiebros, que me abraso. Tu padre, prima. . Mi bien quédate a Dios. . Él te guarde: cuando has de volverme a ver? Cuando ausente el rojo coche el cristal llegue a romper en carrozas de diamante, y en solios de rosicler Triste, y zolosa pasión que así me tenéis en calva, por qué atormentáis el alma, y afligis el corazon? Si Laura a Carlos adora, cómo lo puedo queres? no mostréis nuestro poder en mi corazón ahora. Tendrá remedio mi herida? no, responde mi pesar; o a Carlos he de gozar, o yo he de perder la vida. Pude en trar, mi dicha es cierta. Jesus! quién eres? . No sé. ̱. Y cómo has entrado? . Entré porque hallé la puerta abierta; perdona mi atrevimiento: dadme para hablar licencia. Excusada impertinencia después de estar acá dentro? qué buscáis? Busco, seño una fulminante estrella; buico un sol, una alba bella, y busco una hermosa Aurora; pero después que os miré en el jardín, de este modo, nada busco, porque todo en vuastros ojos lo hallé. No me quisiera atrever, que no fe si Laura es esta; el traje lo manifiesta: y he de venir a hacor que hizo un estudiante que a un lugar corto llegó, y Mádico le fingió muy severo, y arrogante, El lugar alborotado lo estimaba, y le querías y él mis recetas traía consigo, que había hurtado a un Boticario, y llegaba nuestro médico del yermo a curar algún enfermo, de su achaque le irformaba Come bien? no le levante, no le consientan dormir: piocurenle divertir, y traigan luego al muante lo que esta receta ordena. Luego la mano mecía por la receta, y decía, Dios te la depare buena, Y con aquel ejcrcicio mil veces con sus cautelas a un grande dolor de muelas solía aplicarle un servicio, Y así yo que estoy con pena diré al darla este papel, pues no sé si es dueño de él, Dios te la depare buena. Qué decís? . Señora, Enrico mi señor, un forastero. Tingirme yo Laura quiero, Mal su pasión significa, amoroso te condena por haber sido cruel, y te envía este papel, Dios te la depare buena. Favorece las fatigas de mi dueño. . Di que estimo su voluntad, y me animo a ser suya, pues me obligas, Y dile que el ser cruel convino, no lo repruebes y que esta noche se llegue a la ventana, un papel le daré vete que viene mi padre, . que nuevas llevo. . Para mitigar mi fuego esta traza me conviene. Yo haré que Enrique dichoso goce a Laura; y de esta suerte Carlos, causa de mi muerte, será mi dueño, y esposo. Esta ingrata sin razón perdone Laura mi prima, que aunque mi vida la estima, me da vida esta traición. Qué dices Chichón, es cierto? Tan cierto como haber sastres. Que Laura tomó el papel, y que al sin a Laura hablaste? Y está perdida por ta. Ay, Chichón amigo, dame mil veces aquelos brazos. Sospechas que soy tu amante; pero volviando a tu estudio qué es lo que intentas, que es aquesto lo que cursas? saldrás muy buen estudiante, graduarante en Alcala de enamorado. . Mi padre importa que no lo sepa, y esí es bien que me disfrace, y me esconda: ven acá no es Lauía hermosa? . Es un Ang Rosas, azucenas, lirios, clavellinas, arrayanes. narcisos, violetas, flores, laureles, mirtos, rosales, fuentes, jardines, y prados, arroyos, perlas, ciastales, alelles, y claveles, celebran con gran donaire de Laura la compostura, y su belleza admirable, pues nadie libre la vido que cautivo no quedase. Deja Chicón de alabarla, que en lengua humana no caben las alabanzas divinas. Y pues le avise a mi amante en el papel que te di iría esta noche a hablarle; ruega a Apolo que se ausente; ruega al día que se acabe, ruega a la noche que tienda sus oscuros tafetanes. Febo apresura la furia de tus cabellos brillantes; Neptuno te aguarda, vete entre nuves, y celajes, No el resplandor como niques hoy a tu hermana mudable; deja que en el arco impere deja que en las selvas cace. Ya por abiimos ceruleos de tellices fulminantes se ausenta el rojo Planeta coronado de corales, Ya la luz con las tinieblas crepusculas luces hacen, y las montañas sepultan al día, porque se acabe. Ya deseo ver cumplidos tus deseos; mas edades con Laura, señor, te goces que tiene esplendores Marte. Vamos, Chichón, a aguardar, dichoso el tiempo en que alcance el gozo más deseado, la gloria más estimable Alado vergar tin, fatiga el viento, cristal rompiendo, si surcando plata; y por tocar el puerto desbarata peligroso el marítimo elemento. Discurriendo el cerúleo pavimento triste de ver que el aire se desata; y de alustarle con sus soplos trata, vuela turbado con turbado aliento. Si un vergantín se atreve a riesgos tales sufriendo los combates, y haibenes por ver del puerto almenas Imperiales Yo en mi amor padeciendo mil desdenes quiero pasar lo amargo de los males por llegar a lo dulce de los bienes. Qué dices de mis venturas? Tú sabrás encarecerlo como amante, porque yo de ablados nunca me precio; mas quisiera que estuvieras recogido en tu aposento que no andar toda la noche como ave nocturna. . Necio, todo es desvelos amor, y como el rapaz es ciego siempre los amantes buscan oscuridad y silencio. Si te quieres recoger vete, que yo solo quiero e velar esta noche aquí. Qué quedes solo no intento. El amor siempre es valiente. Aqueso dijo un mancebo en la calle de su dama: pero le salió el suceso al revés, pues aunque esta va muy enamorado, y tierno, por no sé que leve causa valientes palos le dieron. Pero allí siento ruido. Ya sin duda alguna el Cielo lastimado de mis males da favor a mis intentos. Dos hombres están a bajo; ce, que digo. . Oyes aquesto? Es mi Laura? . Sí, mi bien toma, que hablarte no puedo. Este papel arrojó. Con mucho cuidado quedo; quiero leer lo que escribe, pues que me presta reflejos esta lampara nocturna. Dice así: pero qué es esto? tres letras tiene no más, N. y Don sospecho. que ha sido burla Chichón Qué no sabes entenderlo? Pues declara aquesta enigma. Ya la declaro, está a tento majadero, la Madices y la Nano te quiero; la Don que si la persigues te mandará dar docientos. Qué? . Palos. . Quita, villano. Tente, señor, que este es juego: la Madice mañana; la Naen la noche espero; la Don a las doce. . Bien dices. Aquesto que es tu provecho bien lo creas. . Dicha extraña; hay semejante suceso! Noche, dia, corre, vuela; venga el tiempo, venga el tiempo en que yo a mi Laura goce. Y vosotros, claros Cielos, dadles alivio a mis ansias, para que en decente lecho juntos nos prenda, y nos ate dulces lazos de Himeneo,
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Laura hermosa. . Carios mío. Parece que de tus ojos y surpa el alba a manojos aljolar para rocio: el nactivo imperio frío te sirve, mi bier, de espejos de donde inferido dejo que llegando en él a ver tu divino rosicler lo abrasas con tu reflejo. Es tu rostro hermosa aurora, tus bellos ojos dos soles, las mejillas tornasoles del resplandor que atelora, con corales se colora, de los labios el clavel visto sísimo dosel, que cubre pera no verías, aljófar, diamantes, perlas, donde le hemeró el pincel. Arcos tus dos cejas son, que de los rayos que giran tus ojos flechas le tiran, ambiciosa emulación; mas viendo que iguales son en la beldad, y matiz, es montante la nariz objeto del Dios rapaz, y cándida mete paz en la conquista infeliz. Tus manos señora mía, son con perfeción más pura, milagros de la hermosura, centros de la melodía, aljabas que amor tenía para rendir corazones: más guarda sus perfecciones; porque se llegue a inferir que no quiere a nadie herim con tan divinos arpones. Basta, Carlos, que imagino que te burlas. . Ay de mí, no digas tal, que hay en ti algún resplandor divino. Cuando, dulce palomino, nos habemos de arrullar? todo ha de ser desear? ya no lo puedo sufrir; gana me da de dormar déjame, mi bien roncar. Qué es roncar? . Aqueso ignoras? pienso que te haces de nuevas: mira que el alma me ciegas, y el corazón me enamoras; yo haré por ti en dos horas un prodigio, y un espanto. Y qué hará? . Quiero te tanto, que por ti mi facistol, le quitaré el carro al sol, y a la noche el negro manto. Cómo podrás? . Qué bobilla? Eso, Belisa, no es cosa para mi dificultosa. Oye lo que en una villa hice, que fue maravilla: yo me enojé con la luna porque me fue algo importuna, y en los cuernos le meti en el uno un borzeguí, y en el otro una aceituna. Bravo hablador estás. Siempre yo lo estoy, Belisa. Parece cosa de risa eso que dicho me has. Jesús, dudándolo está? por Cristo que estoy pesante que no me creas: un guante a Mercurio le tiré una noche, y por mi fe que lo trocó en estudiante. Quieres sentarte, mi bien? Tu gusto solo obedezco. Terribles celos padezco: que así la muerte me den los Cielos con tal desdén! Laura, cuando en dulces lazos han de merecer mis brazos el premio de mis amores? Qué escucho aquestos rigores, y no me hago pedazos! Dame Belila tú saya, que por ella me abochorno; haré cuenta que en un horno estoy de los de Vizcaya Pareces Mayo. . Tu Maya. Tu Énero. . Tú mi Enerilla: pero calla, qué me das? porque abrasándome entas. Qué te doy? . Calenturilla. Alguna noche, señora, descuidada me has de ver en tu cuarto. . Podrá ser; excusalo por ahora, porque el alma que te adora peligros está temiendo del bien que está poseyendo, Has de ser mi esposa? . Sí Júralo. . Hatelo así; obedecerte pretendo. Plega a Dios, si te olvidare, dueño de mi corazón; que no muera mi pasión, y que el Cielo no me ampare, Con el que más despreciare mécale, y este dolor renazca siempre en mi amor: seas mí mismo homicida; y no te escance mi vida, que es la maldición mayor. Si te olvidare, señora, rayos llueva el cielo en mí, no halle firmeza en ti, tú misma me seas traidora; no mire el sol, ni el aurora de tus ojos en desierto me quite la vida un muerto: y nunca aunque más procures, Yo no te pido que jures y este es grande desconcierto. Calla mi bien. . Laura mía yo dejarte de querer? Esto llego a padecer; mal haya el funesto día en que nací. . El alegría de verte me tiene loca. El corazón por la boca minas arroja de fuego, m y en tan gran desalo siego a estorbarlo me provoca. Laura bella. . Dueño mío Escucha. . Ay desdicha igual? Belila, todo mi mal procede de un desvarío. Y cuál es? . Infierno impío de amor; y celos no tiene igual dolor. . Me conviene el sangrarme de un tovillo. Qué hago? quiero impedillo prima (ay, Dios) tu padre viene. Adiós, Carlos: qué fatiga? Queda a Dios, mi sol divino. A aquesto me determino. No se por Dios que te diga, Yo la tengo de pedir a su padre, antes que intente otra cosa. . Es conveniente, y si lo intenta impedir, en tal calo iré, Cichón, aquesta noche agozarla para estorbar la batalla y gocer de la pasión. Aquí aguardarlo podemos, Sí, que ya no tardará; cuanto maro en Alcala son prodigios, son extremos, Ayer, amigo, me fui al nacimiento del agua adonde Neptuno fragua las maravillas que vi. Quéntame lo que admirasto en sus cristales. . Escucha, temerosa el alma lucha sin que mi valor me baste, yace un arroyo: mas oye Chichón, no es aquel don Diego, padre de mi Laura: . Sí. A hablarle voy, aunque temo no sé qué resolución opuesta a mi pensamiento. Dios guarde a Vimerced. El aumente, caballero, vuestra vida: no os conozco, Yo soy un criado vuestro, y no me conoceréis, que soy, señor, forastero; escuchad, y perdonadme si os enfadare grosero. Natural de Utrera soy, nací hijo de don Pedro de Mendoza, celebrado por su nobleza, y sus hechos, Trató mi padre enviarmo a Salamanca, y resuelto, el primer día de Agosto salí de Urreta en efeto, Llegué la vispera aquí de los Ángeles, y viendo tanta fiesta, tanto aplauso, músicas, danzas, y juegos. Quise ver el día siguiente la procesión, y el festejo: sur aquella noche a rezar a San Francisco, y salieron cuando yo, señor, entraba, dos Ángeles, dos luceros, dos auroras, dos estrellas rendí el alma al uno de ellos. No habéis visto el sol dorado que de su carrera en medio tan resplandeciente gira los rayos de ardiente fuego que no puede ver la vista su rojo esplandor seveo? Talera esta bella dama; y al sin de su rostro bello, las luces resplandecientos perderme, señor, pudieron Essta al fin es vuestra hija, esta adoro, esta deseo, esta es dueño de mi alma, esta es de mi vida el dueño, esta la aurora que sigo, está el brillante lucero. esta la gloria que estimo, esta es el bien que pretendo, está la verdad que alabo, esta la luz que encarezco, y esta la que por esposa os pido a esas plantas puesto, Otorgadme aqueste bien, cumplidme aqueste deseo, así os admire la fama, y así os solemnice el tiempo. No tiene talle de hacer cosa buena aqueste viejo. Confuso, y turbado estoy. Caballero, yo agradezco el querer honrar mi sangre con vuestra persona; creo que más se inclina a ser monja que al siglo mi hija: yo os ruego que obedescáis vuestro padre, y vais adonde alcanzemos felices nuevas de vos: y si esto hacéis, yo os prometo, si no se ha metido monja, de otorgarosla en volviendo. A buenas noches te quedas? sino tuvieras remedio por otra parte, señor, mal negociabas con esto, Chicón, conmigo te ven. Yo os prometo honrado viejo que se ha de casar conmigo aún que vos no gusteis de ello Como ofrecen los celos tormento al alma, al corazón desvelos, riesgo a la cortesía, y a la mayor lealtad alevosía. Ya Laura está acostada, y su padre también; hora extremada es para lo que intento, bárbaro amor, mitiga tu tormento; si Laura a Carlos quiere. cuando por él mi corazón se muere, y si con esta traza el alma tierna, que por él se abrasa ha de aplacar su fuego: la lealtad muera, viva mi sosiego, goce Enrico a mi prima pues él la adora, y su beldad entma. Aquí mi señor dijo que se esperara, y es por Dios prolijo; pero pues le conviene abrelo de esperar mientras que viene. Este es sin duda Enric: la turbación al corazón aplico; es vuesarced? . Señora, a mi señor aguardo, y vendrá ahora. Corre, llámalo aprisa; yo tengo de fingir que soy Belisa, subirelo a la sala de Laura, que acostada al alba iguala enamorada, y bella; y mataré la luz, para que ella no pueda acaso verlo, y la llegue a gozar sin conocerlo. Abierta está la puerta. Para ti, mi señor, siempre está abiert Sois vos mi bien . Belila soy, que por ti he venido; sube aprisa. Tú señora? Acostarle quería por poder aslegurarse . de su padre, que anda refelozo: favorece mi intento amor piadoso. Favorece mi intento, amor piadoso. A Belisa, oye, escucha; fuese, dejando en amorosa lucha el alma que le adora. Espera, aguarda, Circe encantadora; quitarme de aquí quiero: si él no la alcanza a andado majadero. A questa la sala es u a donde está el bien que adoro, y la prenda que enamoro, grillos me pone a los pies el temor, siempre cortés: pero pues me anima amor muera el cobarde temor, viva, viva mi esperanza que por ella el alma alcanza hoy la ventura mayor. Esta sin duda es la cama de Laura, durmiendo está; gusto el alma siente ya tocando tan bella dama. A mi vida? . Quién me llama? Yo soy bellísima aurora quien te sirve, quien te adora, quien recibe tus favores, quien celebra tus amores, quien tu beldad enamora. Mi Carlos sin duda es, bien cumple lo que me dijo. Loco estoy. . El regocijo de este amoroso interés tan turbada como ves me tiene: di, cómo, amor, entraste? . Con tu favor pude entrar. Y yo estoy ciega amor en mares me anega de confución, y temor: doy voces, que es ocasión de lograr mis intenciones: tío, criados, ladrones. Qué desdicha? . Qué pasión! Vete mi bien, vete al punto. Sin duda alguien me sintió, y la vida me quitó. Muerta estoy. . Estoy difunto Todo el mal me viene junto; qué es ellos quién voces da? Soñorones. . Quién va? omo quion eros; dime al in qué quieres; dilo, o mátate te ya, No podrás, porque los pies me han de valer vive Dios. Señor ven. . Seguid los dos ese ladrón de que estes suspensa, Laura, pues ves el alboroto, me espanto, Prima. . Qué dices? . El llanto no me deja sosegar. Este era Carlos. . Pesar de mi turbación, y encanto; Qué me dices; Carlos era? pudo haber desgracia igual! ella lo ha entendido mal. Cómo entró de esta manera? No sé, mi mal considera. a El pecho se desanima; Carlos, mira si te estima el alma, y el corazón, pues por ti aquesta traición cometí contra mi prima. Es de verás lo que dices? Si señor, y tan de verás que quedaban aguardando Laura, y Belisa a la puerta. Abierta la puerta estaba, así me escapo. . Oye, espera, un hombre salió de allá embozado, y mil sospechas me da por Dios en el alma, que de cólera revienta. Es verdad, confuso estoy. Gran oal el alma recela. Estos los ladrones son. Ten ganse al Rey. Señor, mueran. Qué es esto? aqueste es su padre de Laura: detente, espera, que no soy ladrón, señor, como tu dices, y piensas; don Carlos soy. . Qué me dices? mas el alma me atormentas, ladrón lerás de la honra que es más importante prenda. Como en la sala de Laura estabas? de esta manera se respetan mis umbrales, y mis canas se respetan? g Te engañas por Dios, señor, si de mí tienes sospechas; viniendo por esta calle e do vide salir de tu puerta un hombre, y a mi imputas ajenas culpas, y ofensas. Relos me abrasan el alma; hombre con Laura, clemencia celos que estoy sin sentido: ay tal dolor! . Prima, llega. Conociste quien estaba en tu cuarto? no suspendas en la garganta la voz, ni acrecientes mis sospechas. Señor piadoso, perdona mis delitos, Carlos era que le adoro, y es mi esposo, de amor es aquesta ofensa, y por ser de amor, sospecho que ha merecido clemencia. Laura, mira lo que dices; yo en tu cuarto? . Aquesto niegas? Vive Dios, que me ha llamado para hacerme esta ofensa. Ya es tiempo de descubrirte esposo, habla, no temas pues eres quien en mi cama con requiebros, y ternezas llegó a mis brazos ahora. Vive Dios que me atormentas: algún traidor alevoso a pesar de mi inocencia vio la ocasión en la mano, y gozó de su belleza. Pues fuistes tú, no lo niegues. Dime, Carlos, qué recelas? Yo, señor, Siven los Cielos que es falsedad. Va de verás? Y tan de verás, traidora, que estoy por hacerte piezas. Qué es esto Cielos! así guardas Laura mi nobleza, y mi honor? . Pues Alcalde eres es conveniente que prendas en casa a Carlos, señor, hasta averiguar sospechas Dices bien, dadme la espada Carlos. . Veisla aquí. . En esta cuadra entrad, hasta saber de este caso la certeza. Y me han de prender a mí sin culpa? . Amigo, no temas, si yo sin culpa padezco, que mucho que tu padezcas? Aquesto no, vive Dios. Que así aqueste ingrato niega lo que hice, y lo que vide: esta os, Carlos, tu firmeza? estos son los juramentos, los requiebros, las finezas? Mal se ha trazado mi engaño; mal mi dicha se concierta. Hay tal traición? . Venid, Carlos. Sin juicio voy, Yo voy muerta Vive Dios que he de saber que confusiones son estas. e Chichón, espantado estoy: qué dices de mis tragedias? Que fuiste gran mentecato en detenerte en finezas, pudiendo, señor, gozarla al principio. . Chichón, ella me adora, yo he de cisarme. Corrido estoy que salioras tan doncel como te entraste, que más hiciera una dueña. Muy perdida está por mí. Yo lo creo. . Mil ternezas, a y mil requiebros me dijo. Qué en tan breve tiempo pueda haber alcanzado tanto? resistiale? . Me pesa que digas eso, Chichón. Pues más te culpo, si ella a se te resistiera esquiva con melindres, con cautelas, está bien; porque yo pienso, señor, que como no quiera una mujer, los diablos no la gozaran, es cierta esta opinión; mas difícil es que ensartar una hebra por el ojo de una aguja, si la aguja se menea, y envarnar alguna espada como otro la vaina tenga, y meneándola esté. Y así Enrico, es bien que creas que no fuerzan a ninguna, que ellas son las que se fuerzan: si Laura, dime, gustaba qué guardabas? . Chichón pienza Los piensos que te he de echar pensaré hay cosa cómo esta? una albarda merecías por deshonra, y por afrenta del escolástico ingenio: tu Estudiante? mal lo muestras. Ya me estaba desnudando. Esta es disculpa groser, que amor siempre anda desnudo. Oye para que no tengas presunciones tan cobardes de mi amor, de la manera que vi esta noche a mi dueño. Serán tus disculpas necias. Entré, Cacón, con Belisa dando gloria al corazón a una sala, donde pienso que estaba hospedado amor, dejándome solo dentro la luz afuera sacó, porque los ojos de Laura daban mayor resplandor, si bien estaban dormidos con ten dulce suspensión, que a estorbar su sueño solo pudo obligarme el amor. Díjele: mi bien, señora corred la nube a esos dos soles, para que su luz deje corrido a Faeron. Dospertó, hablome amorosa con caricias, con favor, satilfaciendo a mis quejas, correspondiendo a mi voz, Y más perdido de ver los abrazos que me dio celebrando su fortuna palpitaba el corazón. Ámbar fragante espiraban sus dos labios con primor, nácares eran los ojos pues daban de dos en dos bellas lágrimas, o perlas; sus bellas manos (ay, Dios encarézcalas quien ama, que no acierto Chichón yo. Apenas, pues, pretendí poner en ejecución mayor favor, mayor gloria, y atrevimiento mayor, cuando sueñan voces dentre diciendo, aquí está un ladrór gente, criados, ladrones Y socorriendo la voz acuden todos veloces con colérico rumor, llegan al cuarto de Laura de donde me escapo yo; y huyendo salgo a la calle por la puerta que quedó abierta, que la previno la diligencia veloz. Esto ha pasado: qué culpa tengo? el alma esta ocasión no la perdió por cobarde, por infeliz la perdió. Pero pues Laura me adora, y pues yo su dueño soy, pues da vida a mi esperanza, pues corresponde a mi amor, pues da logro a mis deseos, pues me hace tanto favor no teme mi amor desdichas, que solo a Laura temió. Toma Enrique este papel. Quién eres? . Belisa soy criada, señor de Laura. Ya me anuncia el corazón no sé que dulce alegría: viva mi dichoso amor Margarir Hay engaño semejante! hay tal desdicha? . Señor adórate Laura, nunca este amor le me encajó. Pues porque Laura te adore, pues eres su corazón, pues da vida a tu esperanza, pues corresponde a tu amor, pues da logro a tus deseos, pues te hace tanto favor no tema tu amor desdichas. Déjame necio, o por Dios que te quite dos mil vidas. No podrás. . Pues por qué no? Porque no tengo más de una, Ve a casa luego, señor, como Margárita dice prima de Laura. . Qué amor tan dulcemente me engaña. Si gozaras la ocasión no te quejaras ahora. Ve a Salamanca, y mejor aprenderas estas cosas. Calia, calla, muerto voy. Callo, callo, y herradura: a señora doña Flor quiere escuchar dos palabras solas, pues tan suyo soy. Dígalas. Digo, señora. direlo? . Diga. . Yo estoy turbado, pero ya, va, téngole a vusted amor. Y no sabe vuesarced que soy Relámpago yo, y que mi luz es Belisa? Pues alabado sea Dios. Usted es lindo gallina. Uste es peor que es capón. Eso no jurado a Cristo, testigo Belisa. Yo, de qué me hacen testigo? De que soy tu facisto! V Déjame Laura, que estoy celoso, y determinado. A tu palabra has faltado. Dices, Laura, que yo soy quién te agravio? dejame pues que culpa no has tenido. Que así pagues con olvido la constancia de mi fe traidor? si en mi carto entraste, por qué negándolo estás? di, tan enfadado estás de una mano que tocaste? Vive Dios que esto es moris aa e déjame que daré voces; suspendeos celos feroces, que ya no os puedo sufrir. Fementido amante que con tal desprecio me despides, cuando te adoro, y te quiero. Niegas que estuviste en mi cuarto, creo que será verdad; yo te lo confieso. Mas si yo segura estaba durmiendo, dando suspendida con quieto silencio treguas aunque breves a amantes desvelos. Si una voz escucho, y si un hombré veo que me despertaba con dulces requiebros. Y yo sospechando que eras tú mi dueño, la mano, y los brazos te di, como tengo la culpa? qué dices? Qué importa, soberbio, que fuera otro hombre, si en tales extremos no alcán, o de mí más favor que aquesto? Tengo en esto culpa? qué pena merezcos Esta es la firmeza de tus juramentos? Mal haya quien cree en hombres, pues vemos su poca firmeza, su amor lisonjero. Así me desprecias, así estás diciendo tan necias injurias, desdenes tan necios? De mí misma casa me envías (a, Cielos) quien no te quisiera: mas yo me resuelvo a vengarme, Carlos, que así te obedezco. Bien sé que la vida perderé, y el seso viendo tu incostancia, tu ingratitud viendo. Mi bien, Carlos mío, si a caso son celos, oye, escucha, atiende: mas qué estoy diciendo? quédate, que juro por el alto Cielo que me he de vengar de aquestos desprecios. Oye Laura, oye mi bien, que ya estoy desengañado: fuese muerto me ha dejado; y es merecido desdén. Amor, tus alas me den sus plumas para volar, por poder dasenojar a mi hermosa homicida; que me ha de costar le vida, o la tengo de alcanzar. Esto es, señor, lo que pasa; estos son mis desatinos: el per don me otorga, pues a tus pies estoy rendido. Qué dices, Laura? . Señor, qué quieres que diga? digo que tuve afición a Carlos, y sospeche cuando Enrico me vio anoche, que era él. Mas pues Enrico a trevido mereció tocar mis manos, y otros favores más finos; pues me quiere por esposo, yo lo quiero por marido, como tu gustes, señor, que a tu gusto lo remito. Yo, Laura, fui quien anoche te vio, y sobre el alma estimo tanto favor, y merced. Y a vos, señor, os suplico que sea luego el desposorio; no tenga mi padre aviso: que aunque yo soy quien granjeo temo no intente impedirlo, que es de condición terrible. No habrá dilación, Enrico, mas de cuanto se tardare el Cura en venir. . Qué lindo. Margarita dile a Carlos perdone mis desatinos, y se vaya; y esta tarde si gustáis amados hijos, a Santa Lucia iremos. Porque entre los laberintos que de las huertas fabrican árboles, rosas, y lirios, con más quietud celebremos esta boda. Hay tal prodigio que Laura quiere casarse me espanto, y me encole rizo. Dame, señora, la mano. Todo es vuestro, esposo mío. Traza excelente, quien fuera tan dichosa como Enrico. A Belisa, has de ser mía? Sí, pues que los pasos sigo de mi señora, Chichón, el alma toda te rindo. Y por ponerme en el Cielo Belisa me hace Signo. El gozar de tal lugar tuus obras no han merecido M a Parece fin de comedia. Vámonos adonde he dicho. Qué confusiones que llevo. Qué de favores que admiro. Qué de venturas aguardo. Señor, el Cura ha venido. Penas, males, confusiones, desprecios, y la berintos, matadme todos, matadme: ay, ingrato. . Vámonos hijos. Hay semejante desdicha, como no pierdo el juicio: a mujer ingrata, aleve aquestos son tus suspiros, estas tus finezas son? Carlos señor, amo mío. Libertad te vengo a dar. Margárita, yo lo estamo. Pues oye Carlos, sabrás de Laura el mayor delito, el mayor yerro de amor, y asombro de nuestros siglos; ya está casada. . Qué dices, Margárita? . Lo que digo. Por vengarse de ti, Carlos, se ha casado con Enrico, un Caballero de Utrera. Qué escucho, Cielos impíos? Ahora se desposaron; ya se fue el Cura. . El juicio pierdo. . Mucho lo siente. (. Pidiola a supadre, Enrico; y el por evitar sospechas como la otra noche vido un hombre en su cuarto, ahora le ha dado, Carlos, marido. Para cuando son los rayos que con tortuosos giros de aquesa región decienden dando por el aire silvos. ̱ ̱̱̱̱̱̱ ̱̱̱e n si en esta ocasión no muestran de su furia los indicios sobre este mísero objeto a tanto vaiben rendido. Saco a laverdad desnuda Carlos mío, Carlos mío yo te adoro, yo te quiero, tú eres el dueño que estimo. Tú has de ser mi esposo, paga ingratitud con olvido, y finezas con finezas. Hay más furioso mártirio! Y porque admires mi amor esposo, y dueño, yo he sido quien ha hecho que se case para casarme contigo. Y yo en el cuarto de Laura Carlos, entré aroche a Enrico: yo he trazado aquesta industria, milagro del amor mío. Esto escucho, y no te mató! muere; a queste acero limpio a pasará tu pecho aleve, para dar así principio a desengaños de amor, y amorosos precipicios. Tente, señor, no la mates. Huye fiero cocodrilo. Yo me voy, hay tal desdicha! Ya está desposado Enrico, y aquesta tarde se van a hacer con regocijos la fiesta a Sante Lucia entre sus hueltes floridos. A Santa Lucia van ̱ao e para celebrar, amigo, su boda: Cielos ingratos tantos rigores conmigo, tanto dolor, tanta pena? Ciegos están, vive Cristo, y van a buscar la Santa que les alumbre el sentido. Relámpago, y es de verás que se casan. . Ya se han ido al campo, y ya están señor despolados. . Y qué ha sido Margárita, causa de estos engaños y desatinos? Pues yo juro por quien soy pues el Cielo me ha ofendido, que lo tengo de ofender. Y que he de matar a Enrico, a don Diego, a Margarica, a Belisa, a su marido; y vive Dios que de todos no ha de quedar nadie vivo, Y aún será corta venganza a mi afecto vengativo? que he de hacerlos más pedazos que ese monstruo cristalino, hunde cuel en su centro, que es vecindad del abismo. ̱ re n mne denena oaemeestiareeme ru er ̱ ̱ ̱,̱ ̱̱̱ ̱ ̱
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Al fin hijo, te vas? . Esto conviene Grande amistad el alma a Enrico tiene aunque memorias dulces no he olvidado de Carlos, que mi muerte na procurado. A Utrera al fin partirme señor quiero a dar cuenta a mi padre de mi dicha, que ya envié a Chichón esta mañana a cobrar las albricias pues que gana mi padre tanto honor con ser pariente vuestro. El Cielo pacifico os aumente, y gocéis largos años vuestra esposa. Adiós, padre, y señor. El Cielo os guarde. Pienso que me detengo, y es ya tarde: esposa a Dios, s Te olvidarás de mí en aquesta haviencia Perderé el sufrimiento, y la pacieno si te tardas, mi bien: cómo olvidarte? no sabes que me empleo en adorarte? Ya se, querida Laura de mis ojos, que eres destierro tú de mis enojos; eres archivo al fin del amor mío, y la dulce prición de mi albedrío. Y Margarita dónde está? Sospecho, señor, que algo achacosa está mi prima En el alma supeda me lastima. Y cuándo has de volver? De aquí a tres días, Tanto te has de tardar? Esto no es mucha: esto ha de ser, si tume das licencia. Cómo puedo sufrntan laiga ausencia Quitaré la mitad por agradarte: y si gustas, mi bien, de que no vaya, te habré de obedecer. No, esposo amado, no, reposo, y descanso de mi vida; porque es el ir obligación debida Adiós. . Deme los brazos: el pecho se me esta haciendo pedazos. Quiera Dios, Laura mía, que me vuelva a tu dulce compañía. Esto es morir viviendo en la apariencia No hay más muerte en la vida que una ausencia, Dios te lleve con bien, que triste quedo Mas si tengo valor, que tengo miedo? Carlos villano cómo me persigues? justo será que tu furor mitigues entre sueños me afligen tus crueldades, cansando temérosos mil desvelos, y temiendo la furia de tus celos. Por qué ofender intentas a mi esposo, y estorbas su quietud, y mi reposo? que unque los casamientos por venganzas suclen dar. Carlos, malas esperanzas Yo me case con él por ofenderte, y encareciendo estoy mi buena suerte. Laura. . Ay, Cielo! . Calla, calla, no tealteras, no te aflijas: deja las voces prolijas que dan al pecho batalla, aunque por ocasión halla, y darme la muerte así, darás mil voces aquí: pero calla que te importa, que será tu vida corta sino callas. . Ay de mí! Dime, qué ocasión te he dado para que así me hayas muerto? aún no he de creer que es cierto el daño que me has causado. De esta suerte has olvidado a quién tanto te ha querido? ya tienes aborrecido a quien un tiempo quisiste: dos muertes juntas me diste, una desdén, otra olvido. Bien le, Laura, que no ignora tu corazón que te adoro, del amor eres tesoro hermosísima señora: y aún que me agravias ahora con tan injusta osadía: sea bajeza, o cobardía sufrir tu rigor tirano, esté el agravio en tu mano, pero el suscirlo en la mía. Esos montes encumbrados murallas de Guadaira, de cuya eminencia mira el sol sus tronos dorados, sepulcros de mis cuidados, y de mis pesares son, donde con triste pasión rienda dan a mis enojos funebre llanto a los ojos y tristeza al corazón. Las más sonorosas aves ardiendo de amor en llamas cantan en las verdes ramas dulces, tiernas, y suaves organizan tonos graves: pero en llegando a mirar mi tristeza, y mi pesar, ponen todas Laura mía suspención en la alegría, y silencio en el cantar. En esta loca porfía ya dormido, ya despierto, penando entre vivo, y muerto palo la noche, y el día: ojalá, señora mía, como para vos mora, que muriera para mí, pues no me mataran hoy diciéndome lo que soy memorias de lo que fui. Muerto cayó, vive Dios, señor. . Qué terrible pena debe Carlos de sentir, que a si corazón le atormenta, Laura, por amor de Dios que tú le des vida nueva, pues en tus manos está; ten señora del clemencia por haber sido quien fue, A, Carlos, a señor. . Muerta estoy, voces quiero dar, mas las memorias enfrenan la furia de la venganza, las palabras de la lengua, Quisiera llegar a él, darle mil vidas quisieras pero el honor me de tienes amor, y honor tienen guerra, Ya del desmayo volvio, Laura, pues ven mis finezas tus ojos; pues que ya sabes que tienes el alma muerta, dame licencia, señora, que aquesos brazos merezca merezca tocar tus manos. Carlos mi honor considera. Solo un abrazo pretendo. No es justo que tal pretendas, vete Carlos, vete Carlos. Qué así me envies? ah fiera yo me iré, y dame un abrazo. Señora. Qué quieres? . Ea, no eres bronce, no eres mármol, peña, acero, reca, o piedra; que le quisiste es verdad. Abrazárete por fuerza. Aún no le acaban mis celos, aún no mueren mis sospechas: escuchando he ostado a Carlos, y estoy de cólera ciega, Dejqne Carlos, advierte due daré voces: no sea; cruel. . Laura de mis ojos vencérete aún que no quieras. Suelta Carlos. . Plega s adiós que duren sus resisencias, Carlos, no puedo negar que te adoro. . Ay, infame lengua así ofendes el honor de tu ma ido? . Quisiera tener mil almas que darte una sola tengo, y esta será tuya eternamente como no intentes mi afrenta: L que cuando te doy el alma, el cuerpo solo se queda para mi esposo, y jamás le haré un átamo de ofensa. Laura, oculto es el delito, no temas, no que se sepa, Está bien, Garlos; mas tú no lo has de saber: es fuerza pues para contigo, Carlos, y a pierdo mi honor; no excedas la cortesía, atrevido, por haber sido tu prenda te perdono, y no te matos que bren sabes que pudiera llamando ahora a mi padre, dar la muerte a tu soberbia. Ya estoy casada, y no puedo darte gusto aunque yo quiera; que no soy mía; y así el alma, Carlos, te ruega que te avientes: no me obligues a perdermas la paciencia, que seré ejemplo del mundo, prodigio de las estrellas, admiración de las aves, castigo de tu violencia, desengaño do tu amor, y espanto al fin de la tierra. Vive Dios que he de gozarte Laura, si te defendiera del pabellón turquesado las estrellas, y cometas. Antes perderé la vida, A, Carlos detente, espera; cómo me ofendes, villano? de aquesta suerte te venga? mas Laura vuelve, y su padre. Ya de aquesta vez nos pescan: vámonos señor de aquí. No os vais, porque Carlos vea que tiene en mí, aunque quejosa quien le ampare, y le defienda. ntrad en aquesta sala Vivas edades eternas, Adónde está aquel traidor? Señor, por aquella puerta se fue, síguelo no tardes. Pues que huye no le ofendas, que perdonar las injurias es propio de tu nobleza. No sé que quiere el villano, que con tanta desvergüenza viene a quitarme el honor. pretendiendo su soberbia deshonrarme así, y matarme. El Cielo lo favorezca. De Dios le venga el castigo Vamos Laura. . Honor alerta Chichón, qué te ha sucedido? quién te obliga a que te vuelvas? fuiste a Salamanca? Sí. Pues cómo, dime, pudieras en ocho días haber ido, y venido? es quimera, a Tengo cierto familiar, Y mi Enrico, cómo queda? Sin pan, aunque no sin hambre; sin diveros, no sin deudas. Pues cuatrocientos ducados que le di, fin otras prendas, ha gastado en ocho días? Como eso gastan las letras. catedrático de Prima es. . Qué dices? . La lengua sabe mentir, vive Cristo. Hay mayor estratagema? pues sin estar graduado, sin estudiar una letra tiene catedra de Prima? No es el primero que lleva catedra sin saber nada. En tan breve tiempo? . Espera, qué tanto ha que nos fuimos? Ocho días. . Se me acuerda la historia de San Amaro Cuando por merced suprema en el paraiso entró gozando aquella grandeza de árboles, plantas, y flores. Le divirtió de manera que habiendo estado gran tiempo sospecho, que no había media hora que había entrado allá. Así ahora, señor, piensas como has estado en la gloria que lo ha sido nuestra ausiencia libre de todo ruido, gastos, pesadumbres, deudas, te parece que ha ocho días, y ha diez años. . Tente, espera: pretendes volverme loco? Tú lo estás sin que te vuelvan. Siempre estás busonizando loco? . Los ojos, la lengua, manos, pies, barriga, frente, muñecas, brazos, y piernas, pantorrillas, y cabellos, bígotes, barbas, melenas te están diciendo verdad, que no mienten, y me afrentas. Busca señor quien te sirva, Por qué te vas? . Porque pienzas que te engaño. . Ven acá, di lo que quisieres, cuenta todo lo que ha sucedido en Salamanca. . La escuela toda, señor, sigue a Enrico, que dan espanto sus letras. Qué Cahedra? De Prima, de Canones. . Qué materia? De matrimonio, extremada, y con cuatro mil de renta. Envíame por dineros ahora que tiene deudas. Qué tanto? Diez mil ducados. Pero vamos a las verás, Loco, el sentido me truecas. Ya, señor, se murió Enrico, Y estoy con tansa paciencia; riendo te estás traidor cuando escucho tales nuevas? Espera, que vivo está, Pues como así me atormentas, El morirle, y el casarse es toda una cola misma, Al fin él está casado, y con cuatro mil de reota, que no hay catbedra mejor en Salamanca, ni Atenas. El alma, me has vuelto al cuerpo. Hale casado en Utrera escon dido, sin mi guste? Dos leguas de aquí, en la excelsa Alcalá de Guadaira, coyas murallas roden lento círculo de plata espejo de sus almenas, está casado: mas ya adentro ruido sueña, y es él, que viene a hablarte. A recibirle voy fuera. Traidor, después que has gozado de mi hermosura, me dejas? no te enternecen mis quejas? no te ablanda mi cuidado? Para qué, Carlos, me diste fe, y palabra de casarte? apenas de mi gozaste cuando tú me aborreciste ingrato Éneas, así dejas un alma burlada, y apércibes tu jornada para vengarte de mí? falso huésped por quererte estos desprecios me das? Cansada, por Dios, estás, s darle pretendo la muerte. Sabiendo que amaba yo a Laura, tú la casaste, y la joya me quitaste que más el alma estimó. Por vengarme te gocé con falsa palabra aquí, quitete el honor así, y la muerte te daré, y aún no quedaré vengado. Carlos. . Qué ingrato ofender. Nadie te podrá valer; muere pues muerte me has dado. Qué furia a su furia iguala? ya eclipió su resplandor, y ya el purpúreo color por sus heridas exhala. Así el alma, cruel restaura el mal que llega a sentir; todos tienen de morir, o yo he de gozar a Laura. Señor, qué dices? advierte que aquella sangre da gritos publicando tus delitos, Teme a Dios, teme a la muerte; no te asombra tu crueldad? no te admira tu rigor? porqué no tienes temor de la sacra Majestad que tus culpas viendo está, y que es recta su justicia? Teme que por tu malicia, Carlos, te condenará, porque esta mujer gozaste para matarla después: que tan obstinado estés, y que tal ejecutaste! Advierte que está enojado Dios de tus delitos, Carlos; y es que el quever aumentarlos provocar a Dios airado. e Admirado estoy de verte, qué injusticia, qué impiedad, qué delito, qué crueldad! Teme a Dios, teme a la muerte, el bien perdido restaura, tu culpa llega a sentir. Todos tienen de morir, o yo he de gozar a Laura. Ruido en el cuarto siento de mi sobrina. Señor don Diego. . Mi rigor, y mi justo sentimiento este viejo ha de ver hoy en este acero atrevido: pues causa de todo ha sido, muere traidor. . Muerto soy. Has andado muy cruel, que no te ofendió repara. Si él a Laura no engendrara no le mátara yo a él; mal mi cólera mitigo: y en tan terrible pelar para volverle a matar quisiera tenerle vivo. De tu rigor bien creí eso, y más. . Calla la boca; porque aquí solo te toca el obedecerme a mí. Tus intentos son malditos, sus daños no considera, qué tormento que te espera! Has de pagar mis delitos? vive Dios si a hablar vuelves que te tengo de matar. Quién te lo podrá estorbar si en matarme te resuelves. El Cielo te dé, señor, aviso en tus desatinos, que no han de quedar vecinos, Recelo de su rigor: santos Cielos alumbrad su confuso entendimiento; no le deis rienda a su intento ni a su libre voluntad. Señor, y Dios soberano aqueste loco te incita, tu piedad es infinita, no le dejes de tu mano. Carlos por qué me persigues? Divina Laura perdona aquestos atrevimientos que de mi amor se ocasionan; nadie nos oye, mi bien, todos, señora, reposan. Si a todos ha dado muerte cómo han de oírle? . Señora, déjame gozar tus brazos, y el aliento de tu boca. Qué mármol, qué mármol duro, o que incentrastable roca en el ceruleo elemento opuesto a soberbias olas? C Qué encina en esas montañas que haciendo escudo las hojas a la inclemencia del cierzo se resiste impetuosa. Qué Dafne, ingrata, qué Dafne, cuyo humano ser transforma en laurel, por no escuchar ansias de Apolo amorosas, imitan a tus crueldades? Esta Cuadra escura, y sola nos da su oculto silencio la ocasión, mi vida, es propia para gozar lo que adoro. Ojos míos, mas importa el darme la vida a mí que no que pierdas tu honra. Mayor pecado será matarme; trueca, señora, los desdenes en caricias, en favores las zozobras las penas en alegrías, y los tormentos en glorias. Mira que el amor se ofende, Laura, que no corresponda a la afición que te tengo, no seas cruel, se piadosa. Pues en mis brazos estás no me resistas heroica, que en ellos, aunque no quieras he de gozarte, perdona, Déjame Carlos traidor. En gozándote, traidora. Socerro Virgen divina, vuestra piedad me locorra. La Virgen no se entremete en mis ansias amorosas: yo veré como te libra si mis brazos te aprisionan. Qué es lo que mirendo estoy? qué las nuves la socorran, que le amparen las estrellas, qué los Cielos la recojan! No te admira este prodigio? Mas me insita, y me provoca; que soy fiera desvocada, ave, que los vientos corta, flecha, que el arco dispara, nave, que rompe las olas, arroyo que se despeña y rayo que el Cielo aborta. Mas pues matarla no puedo por dar fin a mis congojas, ven que en el camino pienso matar su marido. . Oigan, juro a Dios que lleva talle de no dejar una persona viva en Alcá a Jesus, Dios me libre de tus obras. . Que al fin venir determinas a Alcala padre, y señor? Sí, por conocer mejor esa dama a quien te inclinas, Sus partes son tan divinas como bellas, pues las fuentes con murmúreos diferentes viendo sus plantas floridas salen de verla corridas si a verla fueron corrientes Es mi esposa padre mío, envidia del mismo Sol, cuyo luciente arrebol da horror al Tridente frío? es prisión de mi albedrío, cuya beldad singuiar muestra dando asombro al mar gloria al mundo, luz al aire, valentía en el donaire y donaire en el mirar. Ostenta bellos despojos sus labios particulares aljosares a millares, y diamantes a manojos: al esplendor de sus ojos Diana envidiando está su beldad, que afrentas da a la madre de Cupido, quién como ella lo ha tenido? quién como ell a lo tendrá? Hau es, animales, montes alaban su hermosura, noble, casta, honesta, y pura gloria de estos or izontes, dar pudiera a mil Faetontes incendios su fuego ya, que necio preguntará si ve sus luces, y fuegos, gustosos desesosiegos en el valle quien los da. Al fin es mi esposa quien adora mis pensamientos, quien aprueba mis intentos, quien adora sin desdén, quien porque con luces den da a los astros claridad, quien dedica su beldad a mi amor que eterno viva, quien la libertad cautiva, quien roba la libertad. Estás, hijo enamorado. Hasla encarecido bien. Fuera no hacerlo, desdén. Tú eres el primer casado que alaba lo que ha gozado Y el primer amante soy. Deseoso Enrique voy a ver a quien encareces. Alabándola mil veces corto quedo, corto estoy . Ya el rubicundo coche de Faetón arrogante se ausenta fulminante dando entrada a la noche, porque con negros lutos de medio orbe reciba los tributos, La que es Diana en montes, y al arco Proserpina. Luna al Cielo fulmina ̱̱̱s en nuestros orizontes con cándidos plumajes del globo celestial pardos celajes, El Ruiseñor sonoro el dulce gilguerillo chamaris amarillo, y el Canario canoro reposan, solo graves organizando gemidos toscas aves. Qué asombros, qué dolores, qué graves sentimientos, siempre en mis pensamientos ocasionan temores escuchando gemidos temerosa aflición de los sentidos. Suspensión del pecado el arrepentimiento mal en mi amo siento, este efecto causado temo de sus pelares que deje despoblados diez lugares. Relámpago, en matando a Enrico, partiré nos donde nos ocultemos, pues está amenazando la justicia del Cielo. La del Cielo amenaza, y la del suelo Ah de ser sitio oculto donde mudando el traje por el trato salvaje el plebeyo tumulto advertidos dejemos donde paz, y sosiego gozaremos. Tu discreción, advierte en los males remedio, en los peligros medio, y consuelo en la muerte: a seguirte de termino arbitrios de tu ingenio peregrino. Qué mujer es esta? di, Tapada viene, señor: no siento ningún vigor después que esta mujer vi. Carlos, Laura soy; venid siguiéndome: qué obligada de vuestro amor vengo osada. Bien sé que pierdo mi honor; mas el serviros, señor, como os estimo me agrada: seguidme. . Cielos que he oído, qué es esto que voy mirando! Mientras la esta enamorando pienso estar aquí escondido. Si es Laura, milagro ha sido de amor no puedo creer que ella sea; pero ver lo podré: siento por Dios no sé qué rigor atroz que ya me hace temer. Nosois Carlos? . Soy, señora, un asclavo, y un amante, que os rinde firme, y constante un corazón que os adora: parecéis la misma aurora cuando en dorados balcones parda quita confusiones: y pues que resplandecéis tanto no es mucho robéis vidas, almas, corazones. Yo soy, mi bien, quien pagó tributo a aquesta belleza, soy quien a amaros empieza aunque ha mucho que os amor soy quien el alma os rindió en tan venturosa suerte, efectos de un amor fuerte soy mi bien quien os adora, quien os sirve, y enamora: y vos quién lois? Soy la muerte, Ay suceso semejante! Carlos, señor, muerto está. a quien en el mundo habrá que este prodigio no espante? triste, y desdichado amante este es del mundo el favor, castigo de su rigor, de su amoroso interés es el pago, y al fin es el desengaño de amor. Hombres del mundo atended al acento de mi voz turbada con el asombro de tan rara confusión. Yo soy Carlo, yo soy Carlos; y el hombre más malo soy del mundo, pues me amenaza la justicia del Señor. A penas con el espanto que solicita me dio aquella mortal figura precursora del temor. Di noche oscura a los ejos, al pecho poco vigor, a los pulsos desalientos, y desmayo al corazón. Cuando de repente veo un tribunal, donde Dios asistra justiciero, quién su rigor no temió? Era el sulminante Trono archivo del resplandor, envidia de Proserpina. luciente ancuta del Sol, Célicas nubes rodean el promontorio veloz arrevolados de luces por mayor obstentación. Cerdado de Cerubines el ommpotente Dios estaba, y su santa madre Cordera, cuando e León. En los ojos y el semblante muestras da de su rigor; rayos por la vista arroja con enojosa pasión. Mis culpas propuso un Ángel Secretario del Señor, de su Majestad ministro, de mis males Relator. Temblar pudieran los montes solo de escuchar su voz. Pero cuando la sentencia el Juez airado me dio se estremecieron las piedras, detuvieron su veloz curso las olas del mar, el mismo infierno tembló. Y pues que tembió el infierno no es mucho temblara yo el pronunciar de mi muerte la sentencia; intercedió siempre piadosa su madre aplacando su rigor: él enojado no atiende a los ruegos, ni a la voz suya de su misma madre no bastó la intercesión. Por otra parte escuché s de unos Varones la voz, con venerables presencias y un Ángel: sospecho yo que serían mis devotos; mas de ninguno basto el llanto, el pedir clemencia, la lástima, ni el dolor En esta ocasión escucho un terrémoto, un temblor que parece que la tierra con el Cielo se juntó; cuando de repente miro una cueva donde halló rra asombro la valentía, y desaliento el valor. Denso humo la ocupaba, a a sus puertas un dragón que era furioso portero de la triste habitación. La vista turbada aplico al humo que penetró, y miro el infierno junto; cuyo alboroto y rumor de solo considerarlo temblando aún ahora estoy. Los condenados estaban padeciendo con dolor mil insufribles tormentos, maldiciendo al mismo Dios. Ya en mazmorras de alquitrán los arorjan, ya el rigor los despedaza en las ruedas que la justicia inventó. Pólvora, balas, y rayos despiden en vez de voz, pues a los mismos demonios les causaban confusión, En esta triste agonía estaba confuso yo cuando de repente veo la una, y otra visión; que una subió a las estrellas, y otra al profundo bajó. Y al fin en mi ser volví hallándome como estoy. Hombres que estáis en gañados con los lazos del amor que son lazos del demonio, si habéis oído mivoz. Buscad vuestro de sengaño, que la justicia de Dios amenazando os está en el Trono del rigor. Volved los ojos al Cielo p enetrando ese parón de zafiros que la rueda forma con el esplendor. De los Astros luminosos, de las Estrellas, y el Sol; mirad el terreste abismo, el tormento, y el rumor. Aquel os da eterna gloria, aqueste eterna pasión; aquel, gusto, y alegría; este, pesar, y dolor. Aquel, vida siempre eterna; este, angustia, y aflición. Ejemplo tomen en mí los hombres, pues desde hoy dimmo viendo aquestos desengaños empieso a servir a Dios. Esos montes, esas selvas prados, y fuentes que son del Cielo dichosa estampa han de ser mi habitación. Yerbas serán mi sustento, y mi regalo mayor un roscozy cruel silicio bañado de rojo humor; ayunos, y disciplinas mi entretenimiento son. Vida breve, hombres alerta; temed, temed el furor de Dios, que os está sufriendo; sea ascarmiento mi voz. Montes, dadme vuestro amparo que en las quiebras que formo la inclemencia de los tiempos. por donde se asoma el Sol. Castigaré de tal suerte el cuerpo que ofendió a Dios, que regada de mi sangre se mire cualquiera flor. Bien se que comienzo tar de a serviros, gran Señor, y que para tantas culpas aún no merezco perdón. Mas vuestra misericordia invoco, pues ella hoy ha mostrado al mundo en mí lo que son juicios de Dios. Quién con iguales ejemplos no compunje el corazón? quiero dar cuenta de aqueste prodigao, que nunca vio el mundo su semejante en cuanto calienta el Sol. Relámpago, que es aquesto, por qué das voces? . Señor, Carlos dio muerte a su padre de Laura, y también mató a Margarita su prima, sus muertes llorando estoy. Y después de estos delitos, de pues que solicitó a tu espola con finezas, que noble le resistió. Para matarte al camino de terminado salio cuando vido de repente una mujer, que veloz rayo de plumas parece, pues sin pisar una flor ligeramente camina. Díjole con dulce voz: Carlos ven, que yo soy Laura. Siguiola, y yo contemor escondido pude ver desde allí lo que paso: llegando Carlos a ella, al tocarla, descubrió un armadura de huesos, una muerte, no es ficción fantástica, que la vi, Temblando Carlos cayó desmayado al punto en tierra. Y después que despertó confiesa su culpa a voces, pidiendo al Cielo perdón. Dice que vido el infierno, y en un trabural a dios que justiciero, y airado su enojo le amenazó: y dando voces le fue a esos montes, con fervor de hacer grande penitencia. Qué prodigio! Qué temor? Espanto causa el suceso. A quién asombro no dio. A los que no consideran en el mundo que estos son escarmientos del pecado, y los juicios de Dios. Y humildemente os suplica don Cristoval de Monroy que de estos primeros rasgos alcance de vos perdón
