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Texto digital de Errar principios de amor

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Pedro Rosete Niño
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Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Errar principios de amor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/errar-principios-de-amor.

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ERRAR PRINCIPIOS DE AMOR

JORNADA PRIMERA

Ve erraste el primer papel, Y hay mayor azar? . Señor, Profeta, y Embajador lo fue solo San Gabriel. Una cala auterizada, una escalera torcida, una antesala vestida, y una puerta mal cerrada, Lacayos en el zaguán, y por el patio escuderos, muchos pajes lisonjeros, vestidos de tafetan. Unas doncellas risueñas, burlando de sus labores, unos perros ladradores, y mil infiernos de dueñas. Muchas alaras lucidas, muchas historias pintadas, unas viejas muy sacadas, y unas niñas muy metidas. A un tiempo todas mirar, y aún tiempo salirme a ver, a mí me hicieran perdes, y a ti te hicieran turbar. Míralo mejor, repara, que quizá acertaste. . Qué? tan cierto estoy que lo erré, que otras mil veces errara, tú no dices que teñía el color de nieve? . Sí. Pues ya tu papel le di a la bella Estefania. Ay desdicha semejante! no lo repitas, Frisón, porque hierros de amor, son desdoros en un amante. Señor, pues que te congoja en tormento tan cruel, habiendo tinta y papel, dónde volverás la hoja? Escribe, ruega, importuna, que mi diligencia espera, errada ya la primera, acertar de dos la uua. Y en un discurso tan alto, como el tuyo, nunca admito, que no sufrá en el delito lo que se sufre en el salto. No ves si el consejo sigo, que viene a ser grosería, pues ofendo a Estefabia, y a doña Leonor no obligo. Que aquel infelice daño, que el primer papel causó, al segundo le dejó con escrúpulos de engaño, Y así Leonor obligada, y Estefania ofendida, harán mi fe no creída, y mi fineza burlada, Y tanto más sus enojos la viniera a merecer, cuanto sentirá más ver pretender otra a sus ojos. Que una mujer bien nacida, que se conoce adorada; mas se siente ver burlada, que gusta verse querida. Y así viene a ser mejor fingir, y disimular, para poder declarar mis finezas a Leonor. Que a vista de mi tormento, cosa será permitida por redimir una vida, cautivar ua sentimiento. De donde evidente infiero, que importa dar a entender, que lo que no he de querer, lo quiera por lo que quiero. Porque su hermana irritada, si se mira aborrecida, ejecutará ofendida lo que excusara obligada: que te parece Frisón: Tan de pita, y tan delgado todo cuanto me has hablado, que alabo tu erudición; pero mi ingenio grosero; no enseñado a discurrir, solo te acierta a seguir por camino carretero. Desde que ayer debi Enrico, a tu espada, y tu valor tantas finezas de amor, que agradecido púublico. Quise saber tu posada para venirte a rendir la vida que he de vivir. Diligencia es excusada, tan cumplido proceder, cuando de tu bizarría aprende la cortesía, el obrar, y el merecer, que un acero vencedor, que burla tanta fineza, más rinde con la destreza, que hiere con el valor. Y así tu amigo he de ser, agradado de tu brío, pues de mis respetos fío te lo sabrán merecer. Pero dime la ocasión de la pendencia. Es cansada, Por más que esté dilatada te aseguro la atención; fue de celos el pesar, o de pundonor? . Señor, de celos, y pundonor. Bien te puedes declarar, que aunque vienes forastero a esta ciudad Imperial, reconodido, y leal te ofrezco el pecho, y acero. Ya estoy Enrique informado de tu sangre, y tus respetos, y así fiaré mis secretos a tu apor, y a tu cuidado, que si es de nobles querer saber para remediar, mis penas te he de contar por dejar de padecer ada Ayer, valeroso Enrique, rama siempre vencedora, si no luciente Planeta de la casa de Mendoza Ayer me viste en el campo tobo al desnudar esta hoja, explicar en mi defensa el volumen de mi honra. Y pues a tu brazo debo burlar aquella alevosa traición; que me prevenía don Fernando de Pantoja. Hoy será razón que escuches de mi pecho las congojas, de mis labios las finezas, y de mi vida la historia. Aquella Atenas del mundo, aquella Ciudad samosa, cuyas bien cortadas plumas son de su fama la trompa. Aquel teatro de letras, aquella Minerva heroica, que a los laureles de armada juntó las yedras de docta, es mi patria Salamanca, mi nobleza tan notoria, que de Barillas ilustres aún sus escudos se horlan. Crecí en estudios de letras, ya agradables, y ya curiosas, juntando lo útil de uno a lo dulce de las otras. Pero este lativo aliento, que mi pecho ardiente informa, por vestirme de las armas, me desnudó de la toga. Partí a Sevilla, batiendo tantas plumas voladoras, que jungó el aire confuso, que ya se anegana en ondas. Esperé la armada Real, que venía, con la flota, para navegar en ella de nuestra España las costas, Cuando fue rémora dulce, que mis desinios estorba el donaire, y la hermosura de doña huisa Cardona. Rayo del Sol, el más bello, del Abril la mejor rosa, del Cielo el mayor planeta, del suelo la mayor gloria. De Paro el mármol más blanco, de Tiro grana más roja, de Mayo el clavel más fino, y del Sur la mejor concha. Diome a bober por los ojos una tan dulce ponzoña, un tan sabroso veneno, y una muerte tan gustosa, que solo tuve por vida las esperanzas dudosas de lograr en su belleza de aquel clavel muchas hojas, de aquel rayo muchas luces, de aquella flor mucha pompa, de aquel nácar muchas perlas; y de aquel Sol muchas horas. Descubrila mis finezas en dulces versos; y prosas, que para hermosuras cultas no son pequeña lisonja. En músicos instrumentos, y en voces conceptuosas, la declaré mis caricias, y la espliqué mis congojas. No hubo fineza de amor, no hubo cortés ceremonia, que no dedicase al culto de su hermosura briosa. Cuanto yo cera más fácil, la sentí más dura roca, sin merecer mis finezas un agrado de su boca. Hasta que saliendo al campo una tarde en su carroza para dejar a las flores con su beldad envidiosas, Un caballero atrevido se llegó al estriva, y toma una mano a doña Luisa, porfiando con la otra desprender unos claveles, que entre el cabello, y la toca, siendo aliño a su belleza, eran a sus labios sombra, Apenas lo advertí, cuando. con una agilidad pronta salto del caballo en tierra, cual neblí, que se temontas y haciendo puntas al aire, con las alas presurosas a la garza que le hiere, rayo de pluma se arroja, saeta de alquitrán vuela, cometa airado se arroja, y antes le rinde el estruendo, que las garras le aprisionan. Desenvainando el acero de suerte se turba, y corta, que a breves lances quedó reducido a vida poca, con dos mortales heridas pagó su culpa afrentosa. Por presto que acudió gente a socorrer sus congojas, yo me escapé fácilmente en mi caballo, tan onza; que aún no al canza su carrera lo ligero de la sombra. En una casa de campo puse en cobro mi persona. donde hallé albergue sagrado en una mujer piadosa. Supo de mi doña Luisa, y cuando el Sol atrevola los balcones del Oriente, con unas luces dudosas, entró a verme en el jardín, tan bizarra, y tan hermosa, que se admiraron las flores, viendo a un tiempo dos Auroras, Con blandos lazos me añuda, y en el color vergonzosa, en la hermosura crecida, solo en las palabras corta. En mis brazos se reclina, y sobre las flores llora, como Alba de aquel jardín, precioso, y menudo aljófar. Cuantas finezas me dijo, cuantas ansias amorosas, cuanto agafajo, y ternuras, y cuan ardientes congojas, no acertara el labio tosco a repetillas ahora, que es en vano competir la lengua con la memoria. Yo agradecido, y cortés a mi suerte venturosa, la asegure, que obligarla fue mi más dulce victoria. Volvió a su casa, y dejome como el aire entre las sombras, como el campo entre las nieblas, como sin color las rosas, como sin el sol el día, como el árbol sin las hojas, como la arena, sin agua, y como el prado sin pompa. Visitome muchas veces, y ya la centella corta, que en su pecho prendió tarde, era oguera luminosa. Supimos la mejoría de don Alonso de Rojas, a quien herí en la pendencia, y como en amantes sobra el atrevimiento siempre para empresas amorosas, haciendo gala el peligro, y soborno las zozobras. Volví a Sevilla, volví a tantas dichas, y glorias, que las admiraba ajenas, cuando las miraba propias. Dos años duró este amor, juzgándolos breves horas, sin persuadirme jamás que la fortuna engañosa tuviese jurisdicción para combatir dos rocas, para torcer dos diamantes, y para levantar olas en un tan sereno mar, en que dos almas se engolfan, tan travadas, tan unidas, como la perla, y la concha, como la luz con el Sol, como el Sol con el Aurora, como el cielo, y las estrellas, y como el cuerpo, y las sombras. Pero cuando más seguro navegaba viento en popa, me desengañan los vientos, que me anegan, o derrotan, que es mal segura la fe, que es la fortuna engañosa, que es inconstante el amor, y que es la esperanza loca, Próspero, y rieo aportó en una nave Española, en un trueno de las aguas, en un rayo de las ondas, en un huracan del mar, en una veloz galeota, ave de rapante pluma, que en alas de lino boga. El padre de doña Luisa la playa pisó arenosa del tan celebrado Cadiz en las antiguas historias. Llegó a Senilla, y trató de dársela por esposa a un hijo de esta ciudad, de todo el Orbe corona, Imperial trono de España Toledo, cuyas memorias de Majestad siempre Augusta, aún los tiempos no las borran. Resistiose doña Luisa con una constancia heroica, a los primeros impulsos de esta violencia forzosa. Pero indignado su padre, la pone en una carroza, trasladando a esta ciudad mi más estimada joya. Apenas lo supe, cuando partiéndome por la posta, caminábamos a un paso el amor, y las congojas. Llegué a Toledo, y hallela tan diversa de si propia, que pude desconocella, si hubiera otra tan hermosa. Faltó a sus obligaciones, que no importa, que no importa, que esté constante el amor, si está la se escrupulosa. Díjela tantas caricias, acordé tantas memorias de las autiguas finezas, tanta fe, y palabras rotas, que corrida de sí misma, a su antiguo amor se cobra, se restituye a mis ansias, y mis desuelos se logran. Alcanzó a saber astuto don Fernando de Pantoja, que mis amores turbaban lo sereno de sus bodas. Y ayer viéndome en la Vega con seis que le hacen escolta, quitarme intentó la vida con traición tan alevosa. Saqué la espada; y cual suele el jabalí, a quien acosan armas, monteros, y perros, viendo su muerte forzosa, abalanzarse al peligro a que el lance le provoca, y a costa de sangre ajena redimir la vida propia. Rompiendo por los primeros, que se le oponen, y estorban, y llevándose tras sí, cuanto encuentra, y cuanto topa. Así terciando la capa, con una violencia loca, hizo la temeridad, lo que aún no hiciera la honra. De todos me defendí con bizarría animosa, hasta que acudiste tú a declarar mi victoria. Esta es valeroso Enrico el progreso de mi historia, la causa de mis de suelos, la ocasión de mis conjejas. Pues eres noble, pues eres caballero, y generosa ilustra sangre tus venas, y tu corazón informa. Pues conoces los desuelos de una pasión amorosa, el tormento que me aflije, y la pena que me ahoga. Y pues te debo la vida, para que se reconozca, que quiero deberte más, fío de tu industria sola el remedio de mis penas, el aliento en mis congojas, el desahogo en mis ansias, y el alivio en mis zozobras, quede obligado mi pecho, que de eterna tu memoria, quede mi fe agradecida, mi esperanza vitoriosa, mi honor triunfante, vencidos los que mis dichas estorban, mi constancia bien premiada, aseguradas mis glorias, tu industria lograda, yo de doña Luisa Cardona, su padre contento, tú mi amigo, y ella mi esposa. Ay tal hablar, con no poca propiedad me parecía jugador de tropelía, que echa cintas por la boca. Porque tal mudar semblantes, tal turbarse, y serenar, tal atar, y desatar, tal poner, y quitar guantes. Tal mirar a mi señor, y luego volverse a mí, ni lo vi, ni lo leí, con ser cofrade de amor. Si oye Dios mis oraciones, en su Majestad espero ser el poeta primero, que escriba sin relaciones. Tanto me has enternecido, que quisiera a tu pesar, o poderlo remediar, o no te lo haber oído. Pero el alivio a tu mal has de procurar discreto, que le negocie el respeto, y no le pierda el puñal. Y conocerás después de una fineza arrojada, que nunca logra la espada lo que logra el interés. Y así en alguna criada este suceso asegura. que más vale una ventura en la mano; que en la espada. Viste el Cisne, ave Real, al estanque de un jardín, siendo travieso jazmín, siendo nevado fanal. Y siendo animada espuma, volar el agua, o correr, sin que acertemos a ver un alboroto en su pluma. Que si reparas después aquel navegar ufano, es porque alarga su mano, siendo sus manos sus pies. Y con un grave secreto el disímulo hace gala, pues sin esgrimir el ala se aprovecha del efeto. Así para conseguir, si pretendes caminar, las manos has de alargar, y no la espada esgrimir. Pues solo son de provecho para lograr tu paciencia, los pies de la diligencia, y las manos del cobecho. Mas yo lo dispondré todo, fiate de mi cuidado. Ya de tu ingenio he fiado la elección del mejor modo, Carlos, a mí otro pesar me desuela. . Será amor. Amor, que con tu favor le tengo de asegurar. Aquí me tienes rendido, Es mi intento disponer, que hables con una mujer, porque vivas divertido, amante en el apariencia, ven dírete lo que pasa en este jardín de casa, Vamos. . Hoy juntan audiencia y de aqueste tribunal, siendo los dos los jueces, me tocan los almirecos de una fregona Marcial. Es posible, señora, que desprecies un alma que te adora? No te canses, Fernando, que cuando el tiempo, cuando la violencia, el temor, la tiranía me hiciera siendo tuya, no ser mía. Tengo por cosa clara, que a mi; por no ser tuya, me matara, pues fuera mejor suerte morir la vida, que vivir la muerte. Que si el casar sorzada es vivir, o morir desesperada, fuera acción generosa anteponer al tálamo la rosa. Y si el primer morir es el casarse, y el segundo el morirse, la misma vida hiciera divertirse, la misma muerte hiciera apresurar- para que en ti se viera (se, la que es muerte segunda la primera, y en mi pena profunda la que es muerte primera la segunda que una mujer honrada ha de morir de miedos de casada. Lo mismo con que intentas agradarme, eso viene a penarme, pues con blanda porfía piensas introducir tu tiranía, y en laberintos de tu amor me dejas el corazón en quejas, y lo cortés del labio repitiendo el tormento, y el agravio, y publican los ojos en lágrimas del alma tus enojos: vete, vete, Fernando. Venceré tus desdenes porfiando, porque te amo de suerte, que no estimo el vivir si he de perder- y tengo reducido mi albedrío, (te, solo porque sea tuyo, a no ser mío Y así cuando el rigor, y la violencia cuando tu resistencia, cuando tu tiranía a mi amor te negara sin ser mía, tengo por cosa clara, que a mí por no ser tuyo me matara, De donde bien arguyo, que vivo sin ser mío de ser tuyo, porque toda mi vida considero, que recibe su ser del ser que espero, y que sino esperara, aún la vida que vivo me faltara. Ya esa es mucha porfía. Y esa tuya sobrada tiranía. Mira Fernando, que lo porfiado, necio, y no amante deja acreditado Advierte Don Luisa, que a lo hermoso no siempre le cae bien lo desdeñoso, que son indecentisimos lunares, sembrar finezas, y coger pesares, y son ingratitudes peregrinas, sembrando flores, recoger espinas, No siembras fino abrojos, que me hiere las niñas de los ojos, esta Vega lo diga, que a todo este rigor cuerda me obli- donde tan indecente hiciste cárabanas de valiente; y tan a lo soldado, en lugar de burlar, fuiste burlado, y luego me dirás, que tus amores cojen espinas, donde siembran flores. Pues don Fernando advierte, que la mujer que es noble de esa suerte suele verse obligada de quien acaso nunca fue mirada, que un peligro sufrido del que aún no fue galán, hace marido y un agravio burlado alque nunca fue amante, le hace ama- pues quien por mi padece, (do, cuanto más padeciere, más merece, y el mismo ser sin culpa nos convida a pagarle los hierros de la vida. Señora, e un celoso mal premiado cualquier excesovive disculpado, Vete, que gente viene, y que a quí no te encuentre me con- Mi bien, señora mía. (uiene, Vete, que ya es en vano tu porfía, mira que para el coche, y ya se apean, vete, Fernando, porque no te vean. Voyme, pero en tan dura resistencia apelo de mi amor a la violencia. Tanta merced, y favór goza mi casa este día, el clavel de Estefavia, y la rosa de Leonor. Bien está cuando pudiera de vuestros vivos colores copiar aliño en sus flores. la curiosa Primanera; y en artificio sutil competir su acierto fiel, de tus labios el clavel, y de tu rostro el Abril, Ya basta por vida mía: el correrme. . Eso es querer con la modestia crecer la gala, y la bizarría, pues con astuta destreza tu perfección se aslegura, una vez en la cordura, y otra vez en la belleza. Pero dime por mi amor, como te va, que te veo con ojos de algún deseo, y labios de algún dolor? Porque yéndonos a ver, o volviéndote a buscar, te suspendes al hablar, y dudas al responder; y anegada en los agravios, y ofendida en los enojos te sale el agua a los ojos, cuando el suspiro a los labios. Es condición natural en mí esta melancolía, Yerraslo por vida mía en ocultarnos tu mal, que un dolor comunicado, y un sentimiento advertido, tanto alivia repetido, cuanto atormenta callado. Tienes amor? . Yo Leonor? no me faltaba otra cosa, sino ocuparme curiosa en los juguetes de amor. Antes de mi pensamiento, tan lejos está el amar, que mi mal se ha de fundar en solo aborrecimiento. Porque temo una violencia, y en una mujer honrada es indicio de culpada, aún sola la resistencia, quiérenme casar. . Casar? Sí, y es mi pena mayor cuanto sin tener amor, quererme así violentar, pues es más para temer, como más para sentir lo que se puede inferir, que lo que se puede ver. Que una culpa sospechada, y un delito ya logrado, uno se paga gozado, y otra se siente barlada. Pero el coche nos espera, vámonos de aquí Leonor, que allá en el campo mejor en su hermosa Primavera escucharéis en las flores mis desdichas, porque sea cornucopia de Amaltea, teatro de mis dolores. Sin que sepáis la ocasión . de mi amor, que por mil modos yerra quien entrega a todos las llaves del corazón. Que un amor mal admitido, pero bien ejecutado, se disimula callado, y desdora referido, y quien hoy le calla atento a sus penas, y congojas, mañana, porque te enojas, le pública descontento: Estefania, y Leonor, vamos. . Dónde quieres ir? Adónde soléis salir. A la Vega es lo mejor. Si yo llegara a alcanzar favores de esa mujer, ni tengo más que querer, ni tengo más que buscar. Dificultoso lo veo, porque aquel primer erro? dio sospechas al amor, y temores al deseo, y habiendo galanteado a su hermano, no me admira, que crea más lo que mira, que lo que la persuado. No le has dicho que la adoro, que la idólatro, y la quiero, que por ella vivo, y muero, suspiro, lamento, y lloro; que es norte de mis acciones, y el imán de mi albedrío? Todo se lo he dicho, y fío vencerla con mis razones, pero responde, Leonor, aunque sea a mi pesar, que todo es examinar con esta industria su amor. Y es mi poca suerte tal en esto de pretender, que temo me ha de querer solo porque me está mal También a mi Estefania de suerte me favorece, que en su amor mi pena crece, y en sus finezas me enfría, que amar por razón de estado lo que no se quiere amar es un vivir del pesar, y es un morir del cuidado. Pero allí viene Frisón, veamos su diligencia. No hay si no tener paciencia, que salgo de relación. Carlos, como mandó Enrique, sin que nadie me replique, fui en casa de dona Luisa, y entré en ella con tal prisa, que derribara un tabique, pregunté por Juana, y ella salió a buscarme, tan bella, tan fruncida, y mesurada, que pude temerla espada, cuando la aguardaba estrella. Yo la dije tu afición, y ella con más atención, que un Cónsul muy repulgado, ni una palabra ha hablado con fingida turbación, Pero como la entendía, esperé cuando volvía de aquel mentido desmayo, y como si fuera un rayo la alagaba, y la embestia, Vi que hablaba perfilada, advirtiéndome, a lo honrada de su casa, y su señora, y al instante, y a la hora la previne una estocada. Al oído de la ingrata in soné el bolsillo de plata, y ella quitando el capote, volvió la cara al cogote, y abrió la mano de gata. Como es tan lerdo Frisón, diole a la mano un jabón, y quedó después de untada mas que la cera trocada, la mano, y el corazón, Tanto, que después me asía las manos, y se reía, tratándome como hermano, porque entendió que en mi mano aquella fruta nacia. Yo que alagado me vi, y favorecido así, a costa de tu dinero blasoné de Perulero, y cerro de Potosí, Sinp Hice en efeto gran risa, y el amor que se desliza, allí prometer me hizo, que si soy caballerizo, será mi caballeriza. En fin, para que abreviemos, bizarro juego tenemos, pues dice que su señora con toda el alma te adora, y con todos los extremos. Ella queda ya encargada, de que no ha de dar entrada a recado ni a galán, aunque sea el Preste Juan ministro de la embajada. Solo el daño vendrá a estar en que no llegue otro a dar más por la prenda, que hoy goza, porque le dará la moza tiempo, papel, y lugar. Bien lo has dorado, Frisón, con ese achaque. . Qué quieres? ya sabes que las mujeres tienen esta condición. Mucho se tarda en llegar este coche de Leonor. Cómo la tienes amor te atormenta el esperar. Y en esa pena precisa conocerás lastimado lo que sufre mi cuidado, en nombrando a doña Luisa. Ya el coche asoma, señor, y viene a pesar del día Sol Indiano Estesania; y Sol Aleman Leonor. bor oup Disgustada me has tenido; don Carlos hoy. . De qué suerte? Porque no he podido verte en toda la tarde, ha habido algún gustoso cuidado? En mi gusto puede haber más justo que merecer tus favores, y tu agrado? Una ocupación forzosa nos ha ocupado a los dos. Que os suspende Énrico a vos? cómo calláis tanto? . Hermosa, y bizarra Estesanía, en un amante no es mengua, que se suspenda la lengua, a fuerza de la alegría. Y así llegándote a ver, no te espante, que al mirar la lengua quiera callar, y los ojos quieran ver, que están más acreditados los favores, cosa es cierta, que en una lengua despierta, en unos labios callados. En mucho estimo el favor, Si harás, mas yo me suspendo . por saber que está diciendo Carlos a doña Leonor. Él te adora, y aunque yo, como es razón te venero, es mi amigo, y considero lo que mi amor le debió: cuanto dice a Estefania te está diciendo. . Qué error! Si yo me abraso en tu amor, en vano Enrique porfía, y ya cansándome van esos estilos. . Yo muero. Sois malo para tercero; y bueno para galán. Y si eso es examinar mi fe podéis la creer, que sobra para querer, y basta para dudar. Cese el enojo Leonor, que ya está bueno el engaño. Don Carlos nunca en tu daño te burles con el amor, que de las burlas se infiere a la luz de la verdad, que o no tiene voluntad, o poco el amante quiere, Y quizá si confiado te burlas en el amar, alguna vez por burlar vendrás a quedar burlado, Baste de enojos mi bien, que son ya muchos rigores. En fin hoy entre las flores hubo lágrimas? . De quién? De una amiga le contaba, que hoy a la Vega llevé, y tanto me lastime, que yo con ella burlaba. Pues qué le había sucedido? Intentábanla casar. Y eso es muy para llorar? Sí, que a disgusto un marido, es una muerte precisa. Ella estaba enamorada? No, pero el ser mal casada no le basta a doña Luisa? Tente, qué has dicho mujer? Parece que te has turbado? Si en mí las dos han hablado . yo me tengo de perder, túrbome, y no sin razón, porque do ese nombre. . Di. Tuve una hermana. . Eso sí, que me helaste el corazón. Y en una edad floreciente (ay Luisa del alma mía) la trocó en pavela fría el rigor de un accidente. Que bien lo ha disimulado, sabiendo a tiempo juntar el placer con el pesar, y la fineza al cuidado. El sentimiento, Leonor, por natural me perdona, Es doña Luisa Cardona mi amiga. . Y todo mi amor. . Todo mi bien, y en efecto sin querer, y sin amar, llora que la han de casar. Y no os dijo otro secreto? Qué más nos ha de decir? que es mucha su resistencia; de su padre la violencia, y que es la vida un morir, Cierto que nos lástimó. Aún a mí me lastimara viendo correr por su cara ese cristal que lloró. Pues en un rostro gentil, en caso tan lastimoso suelen servir a lo hermoso las lágrimas de vitil. Porque no la habéis contado, divirtiendo su dolor vuestro amor? . Porque el amor siempre ha de vivir callado, y no es Luisa tan amiga, que me empeñe su pasión en arriesgar mi opinión por remediar su fatiga. Bien Carlos el campo ha abierto. El pecho me han sosegado. . con lo que estas han callado, y con lo que he descubierto. Ydos, que estoy con temor, que venga mi tío. . Vamos. Disponed que nos veamos presto. . Adiós bella Leonor, Adiós bella Estefania. Solo este pobre Frisón no tiene en esta ocasión a quien hacer cortesía: y pues adorando, y pues también me ensayo galán, a Dios dichoso zaguán, por donde entra, y sale Inés. Adiós casa tan divina, en que sus dos carcañales a un tiempo estampan señales, y olores la cocina, que ya que no puedo hablar, y ya que aquí no la veo con los labios del deseo, la tengo de saludar.

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda que pueda la obediencia dar estado, y quiera sujetar el albedrío, por elección ajena siendo mío, a una fineza, y a un amor comprado? Qué intente hacer el talamoacertado a pesar de mi aliento, y de mi brío, el que fundó su necio desvarío, primero en su interés que enmicuidado? Rigor es este de enemiga suerte, que a las mujeres hace desdichadas, y a mí metiene muerta detemores. Y aunfuera cortomal la mismamuerte pero he mis asías esmuerte doblada morir de penas, y vivir de amores, Perdóname, doña Luisa, si temerario me arrojo a prosabar de tu casa el recato peligroso. Perdóname, que ya el alma, que vive de ver tus ojos, que muere de no mirarlos. Como dos soles que adoro, como dos claras estrellas, como dos nortes dichosos, por donde le rige amor, cuando navega a sus golfos, como se esconden se tuiba, como se retiran lloro. y sobre las nube, vuela a buscarlos el piloto. Un mes haura que no vivo, porque haura un mes que no toco el puerto de mi esperanza, en este mar borrascoso, en este piélago errante, tan armado de alborotos, que pretenden anegarme en las lágrimas que lloro, Hoy Juana me aseguró, que trata tus desposorios con más violencia tu padre, y vengo, vengo tan loco, tan muerto vengo, que apenas el corazón amoroso, los labios enmudecidos, anegados ya los ojos, sin respiración el pecho, y sin colores el restro me acordara, si la pena, que soy más que rudo tronco. Ay don Carlos de mi vida, entre la pena, y el gozo, entre el gusto, y el tormento, a yn tiempo me reconozco, porque me ha alegrado el verte; sirviándome de soborno a los pesares que temo estas venturas que logro. No temas que yo te salte, ni que mi pecho amoroso admita otro ajeno dueño, teniendo dueño tan propio, Toma este retrato mío, para que suola a tus ojos lo que a mi ventura niega el recato escrupoloso. Y vete que de mi padre temo como es riguroso, que si te halla conmigo, sospeche (ay Dios) que fue todo engaño cuanto le he dicho, falso cuanto le propongo, y don Fernando asegure sus malicias cauteloso. Vete que al crédito mío importa que el uno, y otro no puedan fundar sus quejas en el descuido más corto. Vete pues, ese retrato servira de desahogo en las ausencias de amor. No ves que es breve soborno, porque en el campo de amor tiene dulce competencia tu fineza, y mi paciencia, mi cordura; y tu favor, y no sé cual es mayor, por atender al recato, carecer yo de tu trato, pudiendo verte señora, o que tú me des ahora tu sombra en este retrato. Estas líneas dibujadas, que con lisonja aparente divierten mi amor ardiente en colores imitadas: vivamente retratadas; por más que se alienten, son con avará emulación de cuanto en mi pecho trato; y así yo tengo el retrato, y tú me das el borrón, No hay mal que pueda igualar a la pena de no ver lo que se sabé querer, y no se puede alcanzar, o que viéndome ya acercar de ti el recato me aparte, y cuando voy a adorarte me des un vano color, una es fineza de amor, y otra es industria del arte. Si inclinación natural me imprime tu rostro fiel, poco me importa el pincel, y mucho el original. No es premio a mi amor igual, pues si recato te ha dado un corazón abrasado, y tú un retrato fingido: y así la distancia ha sido de lo vivo a lo pintado. Vete don Carlos, que el trato de una mujer plincipal es dar el original antes de dar el retrato; y mi pecho nunca ingrato, premiándote de esta suerte, que es tuya el alma te advierte. Vamos, que en ese favor se asegurará mi amor. Seré tuya hasta la muerte. Venir a esta casa, Inés, es querer con tu arrebol hacerla casa del Sol, y de la Luna después. Ayer estuve mortal, no viéndote, y aún decía; oq dónde estás, señora mía, p que no te duele mi mal? Y sin poder reposar, repetí en voces sentidas de mis mortales heridas solías tomar pesar. Y al zaguán, y a la escalera, como tierno me quejana, tanto en extremo ablandaba, que en cada piedra pudiera (con justa causa me admiro) a el asentar el talón; dejar impreso un frisón, y retratado un suspiro. No te han dicho mis ternuras, que se lo dejé mandado? Ya me dieron un recado al mirar tus herraduras, y me dijeron después, poniendo más atención, esto nos dijo Frisón, para la señora Inés. Yo le respondí, no es malo el favor, pero bien pudo dar por señal un escudo; y por fineza un regalo, porque he hallado por cuenta, que en el mal siglo que corre, solo el dinero socorre, y solo el plato sustenta, y así quisiera trocar, si con atención lo miro, en dineros el suspiro, y la fineza en manjar, Pues yo de otro parecer estoy (con verdad te hablo) pues da de comer al diablo quien sustenta una mujer. Y es cosa que mucho pesa en verano, y en invierno, por sustentar el infierno no sustentarme en la mesa. Y nunca me ha parecido en el amante cordura, por lograr una hermosura no lograr un baen vestido. Y quedar por lo que he dado en no habiendo más que dar, las tripas para llorar, y el dinero; ya llorado. Pues quien no quiso primero mi gentileza, y valor no viene a tener amor a mí, si no a mi dinero. Y yo soy un palafren tan honrado, que me obliga ninguna hasta que me diga, de balde te quiero bien. Lo que le agrada a Frisón es un amor en que pueda hacer casa de moneda las telas del corazón. pues tengo por cosa llana, que dar, y dar es trabajo, solo para algún badajo, en una necia campaña. Qué te parece? . Muy mal. Pues Inés, a mí muy bien, que menos siento un desdén, que siento perder un real. Y la que no quiere así, por mis discursos he hallado, que hace al amante cornado en viendo un maranedí, querer por solo querer es gran arte. . Si será, pero de que comerá quién no tiene que comer? Cuerpo de Dios, pues el vicio me le quieres reducir a manera de vivir, y hacer la fineza oficio? al fin mira bien Inés, lo que haces. . Pues qué quieres? Que os persuadáis las mujeras a querer sin interés; que viene a ser mucho mal el acomodarse a hacer oficio del bien querer, siendo un arte liberal, Mucho sabes. . No te espantes, que en Solamanca viví, y sacan todos de allí el humillo de estudiantes: paro dime a que has venido? Traigo a Carlos un papel. Oh que almibar vendrá en él, y cuanto de lo entendido, no es bien que le detengamos, porque es gueno recién puesto, que en no sorbiendo se presto, pierde la sustancia. . Vamos. Mira que temo, Leonor, en tus ardientes finezas más desahogo que admite el recato de doncella, porque en los ojos el alma, en el corazón las penas, en los labios la pasión, y las voces en la lengua; están descubriendo todos unas luces, unas señas, que declaran tus ternuras, y tus acciones condenan. No te digo que a don Carlos no correspondas, no quieras, porque fuera reprenderme en tu culpa yo a mí misma. Mas lo que te persuado es, que mires, es que adviertas la reputación, y nombre de tu sangre, y tu nobleza, que sale más una mancha, cuanto es más rica una tela, y los eclipses al Sol, más por sus luces le afean. Yo temo que le has escrito, y será razón que sepas, que quien escribe un papel, en muchos lances se empeña; porque se retrata el alma en una pluma que vuela, y queda impreso el favor, sin poder negar la deuda. Engañaste por mi vida, que nunca guste que ofenda a mi crédito, mi pluma, a mi sangre, mis finezas. No negaré que le quiero, pero mi amor se contenta con un agrado apacible, y una voluntad honesta. Que si se alarganra a más yo misma le relistiera, porque no hiciera a mi amor mi facilidad ofensa: ay Dios, y como la engaño. . Así será tu belleza con aplausos venerada, más estímadas tus prendas, tu voluntad más segura, tu fineza más discreta, mas sin zozobras tu amor: su duración más perpetua, que así a Enrique obligo yo, a que a un mismo tiempo tenga estimación como a noble, y como a amante finezas: Pero quien tan presurosa a estas horas por la puerte entra de la sala! . Ay Dios? doña Luisa es aquella? Amigas vengo mortal. Luisa, que tienes, di aprisa la congoja que te aflije, y el dolor que te atormenta? Jesús, cuál vienes turbada. el mismo color confiesa, el mismo rostro asegura blob tus desdichas, y tus penas. Leonor, Estesanía, mi tormento escucha, si el aliento, si el dolor, si la pena, y la fatiga permiten que lo diga. Ya os conté que mi padre me casaba que don Fernando lo solicitaba, que yo le resistia, y que en esta porfía, vivía de alimentos, las horas, los instantes, los momentos. Don Fernado, pues, ya desesperado a mi padre ha llegado a que concluya las violentas bodas para lograr sus esperanzas todas, como si fuera logro de esperanza amor, que aunque se tiene, no le alcanza posesión, con tal pena, (jena. que cuanto está más propia es más a- Esta noche (oh rigor! oh tiranía!) al ponerse ya el día, mi padre me amonesta con persu asión mplesta, me llama, me reduce, y con violencia dice, que mesujete a su obediencia. Yo perdido el color, el rostro frío, el aliento turbado muerto el brío, desmayada la voz, resuelto el llanto que el dolor puede tanto, viendo que luego quiere desposarme busqué como librarme, cual suele el avecilla diligente, que la red sospechosa tarde siente, que su muerte amenaza, y forcejando, se desembaraza de la prisión, y vuela, burlando el artificio, y la cautela. Alí yo me he escapado, haciendo vuestra casa mi sagrado, que mañana do Pedro vuestro tío, de quien mi amparo fío, pues de mi padre es ta grande amí podrá volver conmigo, (go. si le reduce a suspender las bodas, y si estás cosas todas no mejoran mi suerte, con estas manos me da e la muerte, que más las quiero ver ensagretadas que a un tirano entregadas, y más quiero abrazar la tierra fría, que su amor, su licura, y su porfía. Descána, un poco Luisa, que tu pena aunque se jazga ajena, nos enternece tanto, que por la lengua te responde el llanto? Leonor, la cama, y cena haz que prevenga Inés. Voy al momento, aunque me toca parte del contento, pues esta noche espero a mí don Carlos; por quien vivo y Entremos a la sala, (muero. que está más retirada, Vamos, donde quisieres. que desdichadas somos las mujeres. je ial. Que eso te dice el papel? Vengo a todo mi pesar forzado, por no saltar a lo que me manda en él. Porque no hay mayorrigor para un noble, proceder, que haber de dar a entender finezas no habiendo amor. Y que no venga contigo me escrine. . Pues a qué efcro? Cómo si hubiera secreto partido con el amigo: vete, que yo te diré después lo que me ha pasado. Ni me descarta el cuidado, ni me desmaya la fe. Y si yo no conociera de don Carlos el valor; o viviera con temor, o con sospechas muriera. Pero quien me dice a mí el alma de su papel, con créditos de fiel nada busca para sí. Adiós. . Vete, que yo espere que abra la reja Leonor. Dila don Carlos mi amor. Soy tu amigo verdadero, y si pudiere sacar algún favor diligente, por dártele solamente le procuraré alcanzar. Es mi desdicha precisa, como creído mi amor, pues atropella el temor el oírme doña Luisa. Y me sirve de tormento tener en ocasión tal un registro por mi mal tan cerca de mi aposento. Pero ya estará dormida, ce,ce, don Carlos. . Señora, toda el alma que os adora halló en vuestro ce su vida, pues si con una ce tal acreditáis vuestro amor, es porque entienda, Leonos que sois toda celestial. No olvidaréis lo galán, por no decir lisonjero. En esta ventana quiero atender, que hablando están desde la calle al balcón, ya que esta causa pesada me tiene tan desuelada. Es tan grande mi afición desde que os vi el primer día, que me ha podido obligar a estos excesos de amar, a pesar de Estefania, Aquí me dijo un criado, que se ha venido a esconder este bronce hecho mujer, y este diamante avimado. Y pues la noche me ayuda, con su mucha oscuridad, he de apurar la verdad, para salir de esta duda; porque o tiene algún amante, como yo lo he sospechado, o me engaña mi cuidado. Don Carlos seré un diamante en quererte, aunque en tu amor me desprecie. . Santo Dios! hablándose están los dos, y son Carlos, y Leonor. Mortal estoy, pues mis daños vengo a tocar con los ojor, y halló por amor enojos, y por finezas engaños, Oh aleve, o falso enemigo, no se mide mi tormento, p ni con la pena que siento, ni con las quejas que digo, Y solo para igualar tan poderoso sentir, era crédito el morir, JOUTA y descrédito el dudar. noijad Que ver el amor burlado, y la esperanza perdida ha de hacer muerta la vida, haciendo vivo el cuidado. Y cuanto mejor lo advierte, mal arrepentido tarde hace la vida cobarde, y hace anímola la muerte. Hablando están al balcón; y yo me quiero llegar, pues la noche da lugar con su oscura confusión. Don Carlos no me repliques, porque en vano es tu porfía. Mi dueño, señora mía, no es bien que a mi amor te apliques, quiérele, que te aseguro, señora, que te está bien. Si es ganarme con desdén, lan ce es riguroso, y duro, porque compiten, señor, en mi amor, y tu tibieza, tu descuido, y mi fineza, tus desdenes, y mi amor. En él señora te emplea, que esto es amarte yo a ti. Sin duda que para mí don Carlos la galantea, pues procura reducir su dureza, y su rigor a que a mí me tenga amor, Que se atrevas a decir a una mujer principal tales razones? . Señora, como mi alma te adora, por tu bien busca su mal, y no llega a ser vileza, si no respeto, y lealtad querer tu comodidad, aunque pierda tu fineza, que solo tu amante es, hablando en todo rigor, quien antepone a suamos la fuerza de tu interés. Cierto que estoy obligado a tan honrado respeto. Mucho tienes de discreto, y poco de enamorado. Tan fuera de mí el dolor me ha puesto, que aún la atención con la mucha turbación se ha suspendido. . Mi amor como te puede ofender, si solo me ha de matar, que me puedes olvidar, o que te puedo perder. Oh fuego en tanta ternura, todo el pecho se me abrasa; que viviendo yo a esta casa a buscar mi desuentura, reventando estoy de pena. Antes se verá trocado el hielo en fuego abrasado, y se contará la arena, y los cristales del mar, antes la tierra sin flores, y las flores sin colores podrán su pompa olvidar, y verás sin resplandor el Sol, y sin luces bellas ese ejército de estrellas, que viva yo sin tu amor, Mal haya tan necia fe, quierome apartar de aquí, Estas razones no oí, por más que las escuché. Mi bien, con algún favor mis dichas has de premiar, Qué más premio que el amar? que más dicha que el amor? Por tus ojos que has de darme una prenda de tu mano. Este alevoso tirano, sin duda intenta matarme, pero yo haré de manera, que reconozca su error, y cascle con Leonor, pues gusta de que yo muera. Que una fineza burlada, y un amor mal admitido, mas quiero verle perdido, que quiero verme engañada. Y así a costa de mi pena, voluutaria me condeno, pues que yo le miro ajeno, a que me mire el ajena. Conmigo tanto rigor? pues advierte, que no es mengua, si da favores la lengua, que dé la mano un favor. Para mejor ocasión os le libro. . Quiero hacer, que este hombre llegue a entender que conozco su afición: esta banda, y un papel, que ayer le escribí le arrojo. Ya se me quitó el enojo de tu recato cruel. Junto a mis pies ha caído un papel, con qué se alienta el examen de su afrenta, y el métito de mi olvido. Ay Dios fin duda que Luisa alguna cosa ha tirado, y a los dos nos ha escuchado, señor vete vete aprisa, que hay quien nos escucha. Adiós. Qué suceso haurá más valio, que llegar un hombre a ver, que le pone a interceder por él su mismo contrario? Y que la mujer que adora tanto a otro amante desea, que la dama galantea, y la belleza enamora. Mis pasos quedan logrados, pues en esta noche dejo favorecido el consejo, y los celos apurados. Y para mayor venganza de doña Luisa, y su error se que no pagan su amor, y que borlan su esperanza. Y así no me convendrá casarme con tal aviso, pues mujer que una vez quiso, también otra vez querrá. Doña Luisa, me ha alegrado ver tu volontad resuelta a admitir en un esposo. de un padre las obediencias, Noble naciste, y tu sangre aún los respetos alienta a excular temeridades: ya desvanecer sospechas, hoy darán fin tus congojas, hoy acabarán tus penas, que no es bien que se malogre tanta florida belleza. Pero no sé que te veo en los ojos, en la lengus, en el semblante turbado, en las razones desechas. que hacen tu resolución, más que cordura violencia. mas que libertad prisión, Hete enviado a llamar, Carlos, en cuya luz viven, los ojos de mi honor ciegos, loyo os de mi amor linces. Para decirte (ay de mí) para darte la más triste, la más desdichada nueva, la pena más insufrible, la más pelada congoja, que mi corazón aflije, que mi pasión atormenta, y mis sentidos oprime. Don Fernando de Pantoja, aquel León; aquel Tigre, aquel basililco humano; y aquel peñasco insensible. Por castigar la esperanza; con que un tiempo se resiste doña Luisa de Cardona, la burla cuando le admite por espolo; y en mi agravio por su espola a mí me pide, para que cautiva muera cuando esperé vivir libre. A mi tío solicita, para que mañada firme en pocas letras mi muerte: y así avisartelo quise, atropellando mi amor el recato, y el melindre, para que de esta cadena, de este lazo, que me ciñe, de este yugo, que me abega, de esta prisión, que me aflaje, como noble me redimas, y como amante me libres. up Hablar siento en el jardín, y toda el alma me dice libertades de Leonor, que más la desacrediten, quiero escuchar. . Es Inés? Este es Frisón, y fingirme quiero Iné: sí, calla. . Toca esos huesos tan morriles, que le padieran chupar mejor que los alfeñiques, Parece que vienes hoy de buen gusto a las narices, y que para regalarme te has untado con almizcle, di imulando el guisado el a,afrán, y el gengibre. No es tiempo ya de cautela, querida Leonor, ni admiten tus sentimientos engaños, y tus congojas ardides, No soy como imaginaste, don Carlos, aquel que rije el alma de tus acciones, no soy si no don Enrique su amigo, y siempre tu amante; pero venturoso, y firme. A este campo de claveles, a este alcázar de jazmines, a esta provincia de flores, y a esta región de alelies, solo por verte he venido, solo por hablarte vine, escóchame un poco atenta, porque pueda redimirme del silencio que me ahoga, de la pena que me oprime. Qué atrevimientos son estos, y qué engaños? vete, y dile a ese ingrato caballero, a este villano, que finje para quitarme la vida atreurmientos tan libres, libertades tan resueltas, y delahogos tan viles, que yo sabré castigar sus desdenes, y que mire, que una mujer eno ada es una sangrienta Tigre. Ay tales engaños cielos! y hay quien en los hombres fiel Señora, escucha, si quiera, esto que vengo a decirte de su parte, que no es bien que mis verdades te irriten, pues de tu sangre, y tu rostro estos rigores desdicen. Yo soy, hermosa Leonor, ya lo sabrás, don Enrique de Mendoza, Caballero tan noble, como infelice. Nacido en Toledo, cuyos edificios se compiten en duración, con sus montes, con su cielo en lo sublime. Partí a la guerra, guiado de los bríos jubeniles, y estuve en Flandes seis años, para que allí se acredite con el valor la nobleza, a quien sirve de matices, ya el arcabuz en el hombro, o ya la lanza en el ristre. Tuve nuevas que heredaba un mayorazgo, y volvime persuadido de mis deudos a esta Ciudad, donde fuiste al instante que te vi, a mi pecho blanda Circe, a mi vida dulce escollo, a, mis ojos dulce Sirte, y yo todo a tu belleza, Argos breve a tanto lince. Viame arder en tu llama, y resolvime a escribirte, abriendo puerta un papel a tan amorosas lides. Erró el criado el papel, y desde entonces no, vive el alma, si no en mi llanto de que soy canoro Cisne. Dieronsele a Estefania, sin poder (ay de mí triste) soldar el primer error, que me congaja, y aflije. Proseguí fingiendo amarla para poder divertirme, adorando en suhermosura la gala de los Abriles. Tanto le animó el engaño de mis astutos ardides, que llegué a mirar postrados a mis pies los imposibles. Amome al fin sin amarla, rendila al fin sin rendirme, cuando el alma que te adora solo de mirarte vive, solo con tu luz reposa, solo en tus ojos recibe nueva vida que me aliente, nuevo aliento que me anime, para asegurar mis ansias, yo mismos don Carlos hice, Ciega de cólera estoy, pues ya no puede sufrirse tanto desdén en los labios, tantos infames ardides. Loco, descortés, grosero, engañador don Enrique, que desprecias atrevido aún lo que no mereciste. Porque otra vez no blasones, porque otra vez no publiques tan cerca de lo que engañas, las vanidades que finjes, lalgo a decir que te he oído mentiras tan insufribles, razones tan indecentes, y palabras tan civiles, locuras tan excusadas, arrojamientos tan libres, finezas tan engañosas; tan infames, y tan viles, que quedarán castigadas solamente con oírte, si hubiera honor en tu pecho, si en tus acciones humildes, si en tu corazón bastardo, si en tus costumbres ruines hubiera alguna señal. De tu generosa estirpe, de tus nobles ascendientes, pero sin duda naciste de algún Satiro cruel, de alguna engañosa Esfinje, de algún Albano León, o de algún manchado tigre. Vete del jardín ingrato, mentiroso, falso Ulises, no se ofendan con tu infamia, con tus engaños sutiles, con tus venenos mortales, y con tus acciones libres, la sangre de los claveles, la nieve de los jazmines, y en la inocente azucena, las blancas, y rubias lises, Y tú Leonor, si no quieres, que tus licencias me irriten, que tus locuras me ofendan. que tus agravios publique, y que tus sacilidades a la venganza me animen. Escarmienta en mí tus males, mira no te precipite sin desengaños la edad a desahogos tan libres. Jesús, San Pedro, San Pablo, San Pantaleón, San Ririe, que de truenos, que de rayos aquesta, nube despide. Qué traza para atender qup al buen gusto de mis chistes; u y para que mis donaires la obligaran a reírse: ol1 luego sentí en el olor, el que no era Inés, y la quise preguntar, como chillaban tanto aquellos faldellines. Con todo hemos dado en tierra. Vete, vete don Enrique, vete fingido engañoso, que bastan mis penas, fin que me las vengas a crecer con cautelosos ardides, Vamos a morir Frisón. ono A morir? lindo convite, miren que gallina asada, que panos, o que perdices, olo queconejos, que gazapos, que capones, que perniles, sino vamos a morir; por Dios que es gracioso chiste, no moriré por mujeres por más que me lo prediques, ellas se mueran por mí, y tú si quieres morirte, que yo haré falta a tu entierro, donde hecho despierto lince, seré quien todo lo vea, y todo lo solicite. Haré abrir la sepultura, que el Sacristan no replique, que se repartan las velas, que se detengan los Rires, que la Parroquia se jantes que los Clerigos lo chillen, los barbados por tenor. los desbarbados por tiple. Y todos en bulla juntos empiecen el Parce mibí, que la Ciudad se alborote, que venga lo más insigne, que hagan el túmulo alto, que las hachas despavilen, que los muchachos no cojan la cera que se derrite. n Yo andaré con un capuz, tan enlutado! y tan triste, que toda la casa honre, todo el entierro autorice, llorando, y haciendo gesto, con una figura horribre publicaré tus virtudes, y diré a todos que fuiste Caballero, que pagaba puntual a quien le sirve, Pero sin ser Par de Francis, solicitarme, y pedirme, que nos muramos a pares; esto no ves que me aflije, que me congoja y suspende, me encapota, me comprime, me asusta, me sobresalta, me encruece; y me repite. Ven, que todos mi pesares en tu descuido consisten, pues errando los principios, se siguen siempre estos fines. os miviel a hoy Para aliñarte, excusado venir a tu casa ha sido. que en ti es mejor el olvido, que en la sotras su cuidado. Y aún así pareces tal, que no pudiera fiel el más único pincel retratar tu otiginal, y así de tu rostro hermoso el más valiente traslado, quie o se llorará burlado, o se sentirá quejoso. Buena por mi vida vienes, eso parece buelar. No es si no venirte a dar mil gustosos parabienes, casaste alegre? No sé. Pues qué te aflije Leonor? Uno que parece amor, y uno que parece sé, pero soy tan desdichada, que cuando menos pensé, Siund el amor burlado hallé, hallando la se burlada. Dime que te ha sucedido, pues sabes que soy tu amiga? Si quieres, que te lo diga, prestame un rato el oído. Bien se yo que has sospechado, y aún con las manos tocado mi amor, pero tu respeto sabe callar un secreto, y desmentir un cuidado. Don Carlos, un Caballero por quien vivo, y por quien muero, dio en festejarme, ya sabes que estas lison as suaves hacen de cerá el acero. Con don Enrique venía, que galán de Estefania solicitó su afición, y en dulce conversación el tiempo se divertía. Pero como es el hablar escalón del desear, hablando ya, y deleando fue el deseo caminando hasta los lances de amar. Yo que era la vez primera, que tuve amor, considera, que de suerte me perdí, que si me buscara a mí, en mí misma me perdiera. Estando en un siglo tal, que se puede agradecer, que el murmurar; y ofender solo se cebe en el mal. Infame, tu trato loco castigará mi rigor, pues admitirte a mi amor te obliga a estimarme en poco, Y mira si lo he acertado en excusar el casarme, pues hace desestimarme el presumirte casado. Que no es esa la ocasión de mis excusas. . Pues di. Es que a noche soñé, o vi, que hablabas por un balcón; y que tan amante estabas de quien blandamente oías, que la fineza admitías, y los favores le dabas. Y entonces amante él, tanto un favor te pidió, que dos tu mano le dio una vanda y un papel. Mira si indicio pequeño es de mi mucho dudar, haber llegado a juntar tantas cosas en un sueño. Hay mayor desdicha cielos! pero negarle es razón lo mismo que me asegura; riete de tu locura, que los sueños sueños son, Sí, mas es sueño tan fiel el que ahora te contana, que escrito, y firmado estana en este blanco papel. o) En el verás tus empeños, si acertares a leer, que no conviene creer, que los sueños eran sueños, Y que importa Luisa, di, negando lo que se yo, que diga tu lengua no, si dicen tuo ojos si? Quédate a Dios, y en tu mengua advierte, y en mis enojos, que tiene la noche ojos, y tiene el silencio lengua. Fuese, y yo quedo corrida entre confusión, y asombro, que error es procurar dichas el que no nació dichoso, Quiero leer el papel, que guiada del enojo arrojé a noche a don Carlos, habiéndole escrito él propio. Mi bien (qué blanda lisonja) y señora de mis ojos (que acierte a mentir la pluma afectos tan amorosos) como no te puedo ver: O que bien dizo pues solo adora doña Luisa, y en estilo cauteloso me avisa de las verdades, que ya tarde reconozco, haciendo el desdén favor, y el desengaño sabroso. Por el rigor de tu padre, por tu recato, y estorbo, en el corazón te hablo, cuanto en los ojos te lloro. Que lágrimas tan mentidas supo fingir el adorno, para introducir en flores veneno tan riguroso, para anegar mi albedrío en estos inciertos golfos. Y en estas ansias me miro tan fuera de mí, y tan loco, que muchas veces me pierdo, y pocas veces me cobro. Si fuera Carlos amante al paso que es ingenioso, ni hallara más el deseo, ni yo esperara más logro. Pero qué importa cruel lo despierto, si hecho monstruos juntas un alma entendida, un corazón alevoso, y va creciendo el delito al paso que lo conozco. Dalois Un billete está leyendo, tan suspensa, que su rostro parece que se ha estampado en el papel venturoso; quiero escuchar lo que dice. Hasta cuando en alborotos navegaré las borrascas, desesperado piloto? acaba ya de cansarte, que será mi desahogo el morir de desdichado, si otro vive de dichoso. Ya tanto mentir me cansa, o mal haya quien tan poco supo amar fingidamente. Qué haces mi bien? Qué? rompo las mentiras, que me has dicho, los agravios, los oprobios, que por tu causa padece mi proceder generoso, Rompo toda mi deshonra, tus estilos cautelosos, las lisonjas de tu pluma, que en mi honor hacen destrozos. Rompo una engañosafe, un proceder mentiroso, una esperanza burlada, un amor perdido, y roto; un pensamiento ofendido. un corazón riguroso, un alma hecha de diamante, un inanimado tronco, y voyme, porque en venganza de tus ofensas, no rompo, como tu papel, tu pecho, como tus rasgos, tu rostro, como tu tinta, tu sangre, como tus letras, tus ojos, como tu engaño, tu vida; y como todo, a ti propio. S Espera mi bien, escucha, que no es crédito a lo hermoso el rigor, y la aspereza; lo inejorable, y lo sordo. Vete, que si no me dejas daré voces, porque todos escuchen en mis agravios un escarmiento notorio, Seguírela aunque me maten, pues será menos costoso, que vivir entre congojas, morir con un desahogo. sobenoll Doña Leonor de Ayala es de los cielos luz, del suelo gala, y así espero quedar siempre dichoso si llego a ser, su esposo, pues que Luisa ha burlado mi esperaza, mi amor, y micuidado y tratando verdad a lo que siento, no me estaba a mi bien el casamien- Pues que te ha divertido (to. de lo que tanto tiempo has presendido? que quizá algún engaño pudo moverte a intento tan extraño Caso de honor ha sido, y así no me está bien ser su marido, si más me aprietas puedes preguntar mi sospecha a tus paredes Pues qué ha habido? . En tu casa (especho se me hiela, y se meabrasa) la noche que escondida la tuviste abló por elbalcón . . y tu loviste? Cómo re estoy oyendo. De novedad tan rara me suspendo, a buen seguro que Leonor no hiciera acción, que de su honor ladivirtiera: y conociste bien con quién hablabe? Con un don Carlos a quién adorada, que la vino siguiendo de Sevilia. Todo me maravilla, cuanto me vas contando, hay tal maldad! por mi balcón hablan- mirad quien no creyera, (do, que alguna demís dos sobrinas fuera. Gracias a Dios, que son tan recatadas, tan honestas, y honradas, que puede su virtud, y su templanza ser de muchas doncellas enseñanza. Y este es el dote de naturaleza, que estimo más que el oro, y la riqueza, que un natural honrado (do; no hay precio con que pueda ser paga- tú serás de Leonor muy presto es- Seré muy venturoso (poso, y juntamente quedaré vengado de lo que me ha burlado, pues mi castigo ordena, que donde fue el delito halle la pena. Daremos a Don Diego de Cardo- que es amigo, y persona (na. a quien estimo siempre como es justo, cuenta también de tu elecció, y gusto que en este caso quiero proceder como honrado caballero, y no será razón que haya pensado trataba el casamiento, si el dejado primero no le hubiera, Lo que más conviniere considera que yo a tu gusto dejo la ejecución, la traza; y el consejo. Vamos que quiero que Leonor tevea. Vamos, que así mi gusto lo desea, Que tan ciego estás Frisón, juro a Dios, que no creyera, que en estos tiempor hubiera este linaje de amor. Porque amar con tal exceso, con tanta fuerza; y tal fe, es cosa que no se ve desde que murió don Bueso, Calla loco, y en efecto te resuelves a no ir? Antes me fuera a morir, que faltar a este respeto; no tienes que porfar contra mi resolución, A tu determinación mal se puede replicar, que a un gusto determinado, y a una resuelta pasión, le sirve de ejecución el haberse imaginado. Y aunque contra mi haya sido la resolución, no quiero darte un pesar verdadero por un ademán fingido: en vano mi acción condenas; Enrique, pues advertida si yo te debo la vida, me debes tu muchas penas. Y así será bien pagada tu fineza en mi cuidado, pues yo quedo desdichado por ser dichosa tu espada, Y tu obediencia precisa hi condenado a mi amor, por ser de doña Leonor verder hoy a doña Luisa. Ea, que no la has perdido. Que cuando más sus enojos cierran la puerta a los ojos, cierra a mis voces su oído, Y pueden sus celos tanto, que si haberla voy me deja entre los labios, la queja, y entre los ojos, el llanto. Con que es su dureza tanta, que hace que mi confusión, o me auegue el corazón, o me añude la garganta. Tu puedes ir a lograr lo que me ofrece Leonor en el jardín, pues mejor allí la podrás hablar. Y en conociéndome? . Di, que un accidente me ha dado, y remite a tu cuidado mi diligencia. . Vencí, porque podré yo después en viéndolos sosegar, por el olfato sacar el aposento de Inés. Y decir tantas ternuras, de las que tengo encubiertas, que echen abajo las puertas, y ablanden las cerraduras. El papel decía en fin, que esta noche te esperaba para un caso que importaba, por la puerta del jardín? Sí, y es esta, que aquí ves, quédate con Dios. ejeon Adiós, que aquí quedamos los dos, y veámonos después. Bravo lance, buena estrella, esta noche te alumbro, por Dios, que si fuera yo, iño que apechuganta con ella, que una vez ejecutado el lance, hallo por mi cuenta, que ella quedará contenta, y tu quedarás pagado, pues si hubo algún descontento, viendo al amante atrevido, d por el gusto que ha tenido perdona el atrevimiento. Y esta natural pasión, que vive en la voluntad, hace que la cortedad T se rinda a la inclinación, que si yo en esta contienda no me puedo defender, porque tengo de querer, que una mujer se defienda. Qué necio discurres, quieres con un estilo mezclar lo noble con lo vulgar. Señor, todas son mujeres, y tienen si las provocan, oila mi si las ruegan, y suspiran, unos ojos con que miran, y unas manos con que tocan: y a lo tierno del papel, y lo eficaz del doblón se les arde el corazón, y se les chupa el clavel, y la que es más principal, si por el labio se estrena, recibe como colmena toda la miel del panal. miso Seone ojar upolan esta no Sup Calla; que han abierto. . Pues entra; qué piensas? . Quién son? Este que sobra es Frisón, que viene a buscar a Inés. y mis que lazo cadeba qué tienes? . Nada, no has visto muchas veces una cuerda Do a un instrumento sonoro, ingeniosamente presa, música línea del viento, sin alma dorada lengua, cometa de los oídos, y siempre blando cometa, que después de haberla herido con arte la mano diestra para la dulce armonía, ol al aún estremecida tiembla, y sin repetir el golpe le queda una voz impresa; una confusa inquietud, unos ecos que resuenan? Pues esto a mí me sucede, que como me hirió una pena, aunque no venga otro golpe, ni el corazón me sosiega, ni me descansa la voz, ni los suspiros me dejan, ni el llanto se me suspende, y toda el alma me tienbla. Dormiste bien esta noche? Toda la pasé despierta, que un desengaño a los ojos no les permite que duerman: oh ingrato Carlos, que mal . el amor, y la finezas con el doblez y el engaño falsamente recompensas, cuando puadezco por ti, de mi padre la violencia, de don Fernando el enojo, y de mi honor la sospecha. Nace el rigor de tu engaño, que otra vez por ti padezca, que tu trato me atormente, y que por tu causa muera? De qué te suspendes Luisa? No quieres que me suspenda con la novedad, el alba, que por instianter la espera? vendrá tan presto tu tío a traerme la respuesta de mi padre? . No es posible, que ya muy presto no venga, porque ha mucho que salió: pero que voces so estas hacia el jardín! que se oyeron altameme de compuestas. No haya alguna mmuedad, En el camarinte entra, hasta que del alboroto la causa a decirte vuelva, Aquí me retiro a ver en que paran las tormentes de este mar en que me anego entre el amor; y la ofensa. Do or No admires que tan temprana venga a tu casa, Leonor. con las dudas del favor, que recibí de tu mano. Porque si mal no sospecho, esta banda que me has dado juraré que la he mirado cruzando a otra dame el pecho. Ay triste! de doña Luisa es la banda (ciego error!) asegurar un favor con una nota precisa. Y presumir quien desea lances de amor, y querer, que en el amor pueda haber fineza que no se vea. Pues cuando el más recatado disimula, cosa es clara, que el vecino lo repara, y lo malicia el criado, Pero quiérole excusar la pena que ha de tener, que a veces más que querer es saber disimular. Una amiga me ofreció esa banda que te di. En las razones que oí p toda el alma me volvió. Jesús que noche he pasado discurriendo en mi sospecha. Ya quedo bien satisfecha, que don Carlos me ha burlado; pues reconozco en su empeño, y su amorosa porfía, mi desengaño de día, porque no parezca sueño. Y asegura mis sentidos para creer mis enojos, haciendo ver a los ojos lo que oyeron los oídos. Bueno es poner en mi amor dudas? . Ese es mi tero ento, Pues divierte el pensamiento, porque te adoro Leonor. Hete dado el corazón, y téngote tan en él, que tus labios de clavel, y tu rara perfección, tu hermosura celestial: esto le doy de barato, . están en aquel retrato, como en vivo original, Aguarda, que viene allí mi tío, y Estelanía. Pues como se excusaria, que no me viesen aquí? Éntrate en el camarín de preseo; turbada estoy; apriesa Carlos. . Ya voy. e iy aaíonba ubla Jesús! aquí estás señora. Falso, sementido, aleve, nunca entendí que los nobles engañaban de esta suerte: aquí estoy para escuchar tus engaños para verte, no como a noche tan sin luz, a la luz del sol ardiente. Aquí estoy para advertir tus traiciones, y mi muerte, mi fineza, y tus agravios, n mi lealtad, y tus desdenes, mi amor, y tu ingratitud, tus engaños enidentes, mis esperanzas burladas, y tus mentidos desdenes, tus lisonjas, y mi fe, tu trato, que ha sido siempre fingida flor, que ocultaba basiliscos, y serpientes. A noche vine, cruel, a noche vine a esconderme de las iras de mi padre, que me obligaba a perderte, a este palacio de Circes, a este alcázar, a este encanto, que se transforma con verdad, que se divierte. Y apanas me recogí en el prevenido albergue, para que de mis congojas el sueño me suspendiese, cuando escuché de tu boca los ecos, y el alma alegre halló tormentos ingratos. donde buscaba placeres. Pense que a mí me buscabas, y luego desengañeme, cuando de Leonos escacho los favores que te ofrece, quedé como el ave incauta, que burlada de las redes, donde buscabs la vida, halló segura la muerte. y lo coposo, y lozano del árbol, fecando, y verde, que siendo halago del aire, siendo del prado copete, siendo plumaje esparcido, que coronando sus sienes de las selvas, y las flores. La primavera se teje, es teatro a sus desdichas, donde la mano le prende del cazador, que derrama cruel su sangre inocente. Ve, y cásate con Leonor, calate, que bien merecen con esposo tan leal tantas finezas donceles. Cálate, que yo también me casaré, porque quede más desahogado de empeños un campo de amor tan fértil. Mi bien, escucha, señora. Mira que don Pedro viene, que está cerca de la sala, retírate antes que llegue. . Sivo El cochero, y un lacayo se encontraron, y en efeto los compuso mi respeto. Sobre que? . Sobre si el vayo era mejor que el quero. Por cierto! cosa de risa, Leonor llama a doña Luisa, que llevarla a cosa quiero Dónde está? . En el camarín diligente la escondí. cuando las voces oí que daban en el jardín. Ay desdicha semejante! sin duda a don Carlos vio en él, cuando se escondió, todo es penas un amante: zup aquí viene doña Luisa, y mi pena es declarada, ero porque ha salido turbada. ud Señora vamos aprisa, que esta noche el casamiento quiere tu padre tratar, Cielos en que ha de parar la rabia de mi tormento que doña Luisa le casa! que no me quiso escuchar? sin duda me ha de acabar este fuego que me abrasa. Estefania, y Leonor a dios, y viví mil años, que todos mis desengaños los debo a vuestro favor. Contigo vamos las dos. Leonor quédate. . A qué eseto? Tengo contigo un secreto, Pues a Dios amiga. . Adiós, pero repara Leonor, que el caballero escondido sabe enamorar fingido, y sabe burlar mejor. obizomosolo quiolo s Leonor, déjame salir. Espera, Carlos, espera, que es la desdicha primera que me ha podido venir. Déjame, que estoy rabiando, no me detengas Leonor. Si yo atropello mi honor, porque te estoy adorando, de qué es tan gran sentimiento? Déjame, que la fatiga no sufre que te lo diga, aunque lo intente el aliento; que una pena tan trabada, y una congoja trecida, es mala para sufrida, y buena para callada. Y así viene a ser mejor en la satiga que siento, encubrirte un pensamlento; que descubrirte un dolor. Porcus si es el ignorar principio del no sentir, tu mal te quiero encubrir para no verte penar, que suelen algunos daños tener tales propiedades, que quien muere de verdades, pudiera vivir de engaños. Y así mi tormento callo, resuelto de no decirlo, pues del consuela el sentillo, y consuela el ignorarlo, No te entiendo. . Pues yo sí, aunque tan penado estoy, que muero de lo que soy, y vivo de lo que fui: puedo ya salir? . Bien puedes, porque a tan grave sentir, solo te puedo decir, que te vayas, y te quedes. Adiós, que sin vida voy. Adiós, que penando quedo. Si a Luisa aplacar no puedo, siempre desdichado soy. p

JORNADA TERCERA

jornada tercera na limmiy quolela No tienes que te cansar, doña Luisa, que es peor en las materias de honor, persuedirte a porfiar, yo fé Acaba de decirlo, que me estás atormentando. Yo se que estás adorando, aunque quieres encubrillo, y así mi honor acertado ser mucho más ha querido, que escrupuloso marido, amante desengañado. Porque quien le ha de casar, no ha de hallar en su mujer, ni lo pechas que temer, ni escrúpulos que dudar. Pues de otra suerte es locuro querer fiar el honor, o a las cautelas de amor, o a una se poco segura Y en el matrimonio quiero descubrir fino, y amante. la sé siempre muy constante, y el amor muy verdadero; que quien galán ha sentido flaqueza en la que escogió, desde entonces se obligó a sufrir siendo marido. Corrida estoy, que en mi menguo alientes tales razones. Enmienda tú las acciones, enmendaré yo la lengua. Pero no puedo sufrir, que tú llegues a esperar. sin corregir el obrar, que corrija yo el decie, p Pecuando más le amaba, mas en su fineza hallaba una tan rala tibieza, que no hallaba la fineza, y la fineza bulcaba, Di en presumir que tenía amor, que le diverría, y no se le pude hallar, con que el amor, y el pesar en mi corazón crecia. Sola una vez que había estado contigo, habiendo contado tus desdichas, le vi atento, lanzar suspiros al viento, las lágrimas al cuidado. De donde yo colegí, que se llamaria así, Luila a quien Carlos quería, porque el nombre repatía de lo más tierno que vi. Mas viéndome de esta suerte, para sosegarte, advierte, que era el nombre de una hermana, que en su juventud lozana le había robado la muerte, en fin pudo mi pasión hacer que por un balcón la hablase la noche triste, que de tu padre veniste huyendo la pretensión: bien sé yo que me escuchaste, y que una tarde le echaste para templar su dolor cuando me pidió un favor, Y porque se le negaste? Porque con loco despego solicitana su ruego, que yo a don Enrique quiera, juntando de esta manera mucha nieve a mucho fuego. Desde que le viste en fin retraerle al camarín. tan del todo me ha dejado, que no ha querido rogado venirme a ver al jardín. Y puede en mi sentimiento tanto este grave tormento, que quiero determinada, ya que me miro burlada admitir el casamiento. Ere muy cuerda Leonor, y así sabrás esepir de dos penas el vivir, de dos males el menor. Y yo en parte satisfecha quedaré Leonor, casada, sino el alma asegurada, divertida la sospecha. Aquí viene Estefania, que disfimules advierte. Es menester para verte una boda. Lursa mía, pues cierto que mi deseo no merece tu retiro, que vivo cuando te miro, y muero sino te veo. De aí llego a colegir, que es más noble mi afición, pues siempre en mi corazón te tengo para vivir. En qué has gastado estos días? En que los puedo gastar, sino en sufrir, y pasar estas mis melancolías? Pues ya quedará culpada, y aún sospechosa tu pena; pues soy yo quien se condena al disgusto de casada. Hiciera tu sentimiento casarte con don Fernando, en vano te afliges, cuando te libro del casamiento. Es mi natural Leonor. Ay Luisa, como se toca en tus ojos, y en tu boca la calentura de amor. Mira que don Carlos viene, A qué? . Quiérome esconder, vendrate a satisfacer, y retirarme conviene. No vengo, hermosa Leonor, a estorbar tu casamiento, a descomponer tus bodas, ni a divertir tus empleos. Feruando, y tú, hyedra, y olmo; amorosamente presos en indisolubles lazos os gocéis años eternos. Por remedio de mis males, y de mis desdichas vengo a socorrer a mis ansias, a lisonjear mi tormento. Ya no es tiempo de ocultarte lo secreto de mi pecho, las tibiezas que sentías en mi amor, y los despegos, A doña Luisa Cardona haurá dos años, y medio, que por dalla el alma toda, dediqué mis pensamientos. Desde la insigue Sevilla hasta los montes excellos; con que se corona España en las cumbres de Tolodo, Neblí de esta Garza hermosa, surcando Horizontes vengo para no perder la presa, que la libertad me ha preso, Aquí traté a don Enrique, generoso Caballero, pero desdichado amante de tu rostro hermoso, y bello, en el yerro de un papel, que a Estefania le dieron por dártele a ti, se funda la violencia de esos hierros, Obligome a que te hablase la obediencia de su empeño, haciéndome de su gusto el amante, y el tercero. No me pude resistir a sus ansias, y a sus ruegos; oh cuanto hierra quien hace finezas el cumplimiento. Llegué a verte, y a tratarte, fuite agradando, y sirviendo, no porque no reconozca, que tu favor no merezco. Y que fuera gloria mía tan alto, y hermoso empleo, pero como a doña Luisa el alma toda le debo, solo en adorar su rostro mis dichas libradas tengo, solo en granjear sus agrados, solo en burlar sus desprecios, porque solamente vivo de las venturas que espero. Por mi causa resistió de su padre los intentos, de don Fernando las ansias, y los lazos de himeneo, hasta que yendo una tarde a tu casa, ahora tiemblo acordar tales desdichas. repetir tales sucesos, me oyó que hablaba contigo, y después en tu aposento retirándome la hallé. Ella enojada en efecto, niega el oído a mis voces, niega a mis ansias el pecho, niega su luz a mis ojos, niega a mi vida el aliento, sorda roca, duro risco, rebelde bronce, y acero, endurecido diamante a lo blando de mi ruego. Pues eres noble, pues eres la causa de mi tormento, de este dolor que me aflije, de este rigor que padezco, de esta pasión que me rinde, de este áspid que alimento, de este fuego que me hiela, de este hielo en que me quemo; te pido, hermosa Leonor, así apesar de los tiempos, beldad siempre floreciente, te goces siglos inmensos. que en albricias de tus bodas, pues conoces de mi pecho mi amor, que le persuadas, que la adoro, y que la quiero, que idolatro en su beldad, que por sus ojos me pierdo, que me hielan sus retiros, que me abrasa más su fuego, que son vanas sus sospechas, y son injustos sus celos. Detén el llanto, don Carlos, y suspende el sentimiento, que a tus finezas rendida; obligada a tus afectos, compadecida a tu llanto. Reducida a tus desuelos, creida de tus razones, granjeada de tus deseos, de tu amor, de tus finezas, de tu llanto, y tus incendios, Nuevas aras te consagro, altares te erijo nuevos, en el alma que te ofrece mi corazón por su templo. Y para que te asegures, atropellando respetos, desestimando peligros, y burlando de los riesgos. Con toda el alma te estimo, con esta mano te premio, teniéndote por esposo, y admitiéndote por dueño. Goceilos felices años. Siglos os gocéis eternos, que en vano fuera estorbar un amor tan verdadero. Las lágrimas que en los ojos de la congoja nacieron, trocada en glorias impeña, son hijos ya del contento. Y apenas acierta el alma, turbado como grosero, abrasado como amante, como enamorado tierno, a agradecer tantas dichas. No es razón, señor don Pedro, que tan arrojadamente le concluya el casamiento. La resolución del caso solo a su elección le dejo. Pues yo quiero a don Fernando, Señora, mi bien. No puedo admitir tantos engaños, sufrir tantos fingimientos: esta es mi mano, Fernando. Agradecido la beso a tantas venturas mías, Pues cerraste a mi remedio la puerta, yo a Estesanta la mano de esposo ofrezco, para que acabe en amor lo que comenzó en empeño. Quién amante me burló, esposo también le temo, que naciendo de cautelas, queda el amor siempre incierto. Y no es razón que el engaño tenga finezas por premio, y así la palabra, y mano, ni la admito, ni la quiero. Señora . No me repliques, Déjale pasar los celos, que la aspereza se cora con el emplasto del tiempo. A celebrar estas budas nos entremos allá dentro, que yo sé que Estesabia obedecerá a mis ruegos. Aquí se conocerá con tan notorio escarmiento, que errar principios de amor es muy peligroso yerro. Y que en materias de amor es el mayor desacierto dar papeles a lacayos, a criados, y escuderos, a pajes, dueñas, y mozas, que o publican el secreto, o le pierden descuidados, como muestra este suceso, en que procuró el Autor, por breve divertimiento, en yerro de amor, labrar entretenidos aciertos,