Texto digital de Envidias vencen fortunas
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Envidias vencen fortunas. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/envidias-vencen-fortunas.

ENVIDIAS VENCEN FORTUNAS
JORNADA PRIMERA
Larma, caballeros, a brillen al Sol los belicos aceros, terror de Marte, admiración de España, por la intrincada, y áspera montaña se retira cobarde el enemigo, vuestro valor temiendo, y mi castigo, seguilde, al alma, vuelen por la tierra esos velozos brutos, guerra, Guerra. Oso altivo detente, no faltes a lo osado, y lo valiente, no volando en el viento, que aún apenas te alcanza el pensamiento, pretendas escaparte, que he de seguirte por cualquiera parte, aunque la frente de ese monte altivo te guarde libre, y te asegure vino, Soldados valerosos, Cazadores famosos. Seguid al enemigo. ̱ Seguid al oso, que alentado sigo. Mi espada. Mi venablo. Te acobarda. Te atemoriza bruto. Espera. Aguarda. í . Válgame Dios, qué miro! asustada, y confusa me retiro, Válgame Dios, qué veo! si es ilusión, o sombra del deseo? Cuando un oso persigo, Cuando sigo triunfante un enemigo. Un caballero, Un Sol en quien me abraso. Salu al encuentro, Me suspende el paso. Divina primavera de este monte, Febo de este Horizonte, hermosa cazadora, do quien aprende rayos el Aurora, que en palestra florida eres de esta campaña muerte, y vida, pues das bizarra, y fuerte, vida a las flores, y a los brutos muerte, Quién eres, flecha, osada lla del arco de tu aliento disparada? que aunque la historia haman hnge haber una Diosa, que es Diand, cazadora tan bella, que los cielos suspende estrella a estrellas y sé que de esta Diosa la relación es salsa, y fabulosa, después que el alma tu belleza mira, estoy por confesar, que no es mentira, quién eres? . Caballero, tú que esgrimiendo el luminoso acero, eres con noble encanto, susto del soto, de la selva espanto, dama soy de la Infanta doña Isabel, bellísima Atalanta, que con plantas ligeras es hoy destrozo de siluestres fieras; pero quien eres tú, que tan valiente el ejército ánimas de tu gente? que aunque la humana historia finge haber un Dios Marte, dueño, y gloria de las armas lucidas, y aunque se que son fábulas fingidas, después que llegué a hablarte, estoy por confesar que he visto a Marte, Pues ya mis escuadrones no trémolan los belicos pendones, y en ese monte, que arrogantes miran, cansados del alcance, se retiran; la causa de esta empresa te quiero referir, escucha. Empieca. Yo soy (Venus de estos montes, de estas sierras dulce hechizo, admiración de estos campos, y de estas selvas prodigio) don Pedro Girón, señor de Ureña, y Liedra; si indigno Maestre de Calatraba, cuyos blasenes antiguos celebra el Orbe, a pesar de la injuria del olvido. Faltaron a mi elección votos de algunos ministros, aunque enojaron al Rey mi ilustre, y heroico asilo, que no siempre Majestades pueden torcer albedríos. Don Juan de Guzman mi opuesto fue por ellos elegido; si bien con menos jasticia, menos poder; y dominio. Confirmose mi elección por el sucesor divino de Pedro; y rebelde siempre, conspiró mis enemigos don Juan contra mí, formando, soberbio, y fano, y altivo, ejército numeroso, para intentar precipios. Salió de Osuna, encomienda mayor, villa donde Cintio el pertigo a su carroza ceja en campos de zafitos. Por admirar sus grandezas, veneración de los siglos, ganó la peña de Martos, y en campales desafíos, dio a malogrados intentos atrevimientos indignos. Yo ir cirado del agravio, yo de la injuria ofendido, del campo de Calatrava junté el ejército invicto, porque a tinieblas de errores sigan rayos de castigo. Diéronse vista los campos ayer, cuando el Sol teñido de púrpura, visitó ese de cristal prodigio, esa república de ondas, y promontorio de vidrios. Dos Marciales Primaveras, dos Imperios divididos de Flora, fueron los campos, que en vez de rosas, y lirios, varias plumas ostentaron, y de colores distintos, tremolados tafetanes, de los vientos oprimidos. Desde aquel monte eminente, desde aquel soberbio risco, que pirámide del Orbe sustenta los epiciclos, al son del clarín sonoro, al son del parche herido, acometí esta mañana al ejército enemigo, en un Audaluz castaño, del Betis fogoso hijo, que chupó en su verde margen a la esmeralda el rocio. Era un bajel animado, escárapelando riscos el suerte bruto, la testa la popa que ostenta, altivos dos fatoles en dos ojos, la cola proa, y sin vicio en el ademán, las manos, y pies, remos eran vivos, árbol mi lanza, mi manto vela, y áncora el preciso hierro del freno, en que tasca espúmosos desperdicios. Su espuma es mar que navega, siendo viento de sí mismo, con que en un sujeto solo se miraron repartidos bajel árboles, y velas, ancora, faroles, vivos remos, mar, espuma, y viento, de su ligereza indicios. Navegue mares de flores, surqué golfos de Narcisos, hasta enbestirse los campos, donde el más tardo, y remiso soldado, excedió el valor del Rinoceronte visto, del fiero toro acosado, del Tigre, en sangre teñido. Salió don Juan de Guzman en un Cordovez morcillo, y aunque negro, no bozal, que enseñado de su instinto, por lo veloz, y lo diestro tuvo a muchos suspendidos. Una tormenta fue el bruto, donde era nublado él mismo, su espuma el agua, que llueve, su aliento el Austro ofendido. Truenos son los golpes cuando martilla guijas, y riscos, y repetidas centellas son los, rayos mal distintos. Pretendió que en su tormenta naufragara mi navio, mas tan feliz le embesti, que atropellando el morcillo, fue tan negra como él la dicha de mi enemigo. Viendo su dueño postrado, viendo al Capitán vencido, desmayaron los soldados, aunque alguos con más brío llegaron a darle ayuda, y mientras mi acero limpio castigó su atrevimiento, él huyó de mi castigo. Huir su escuadrón intenta, y yo que vi sus designios, con palabras los afrento, con injurias los incito, con amenazas los llamo, con voces los desafío, y a mis valientes soldados, retratos de Alcides vivos, hago que el alcance sigan: yo en sangre enemiga tinto, al clamor de las trompetas, de los parches al ruido, de los pífanos al canto, el primero les envisto. Cuando al encuentro me salen tus bellos ojos divinos, y confuso me acobardo, admirado me retiro: como la noche que corre por esferas de safiros, y le sale al paso el Sol, que la desbarata en visos a la noche de mi enojo le salió tú sol divino, siendo estos montes esseras, y siendo Oriente este risco. Toda el alma me ha custado el verte, quien habrá visto al que partió vencedor volver tan presto vencido? Este (deidad de estas seivas) es de la guerra el motivo; y este un esclavo que adora tus ojos siempre beniguos. Agradecida os escucho, don Pedro: aqueste ruido es del Rey, y de la Jnfanta, que cazando entre estos riscos, divierten melancolías, mirad, señor en que os sirvo, y a Dios. . Ya el Rey mi señor llega, exculad el partiros. Buscad todos a la Infanta, que siguiendo un oso altivo: mas aquí está; hermaba? Enrique: Mi cuidado fue preciso viendo vuestra ausencia. . Un oso despechado, y vengativo fue la ocasión, que durmiendo, en la margen de aquel río hizo palió de unos olmos, por negarse a los fastidios de Julio, mas a la herida de este benablo, teñido todo en la púrpura bruta, articulando gemidos, la boca mascando espumas, hurtó a la vista el oficio, pues solo lloró por ella, y con osados designios, volviendo el rostro a mirar el agresor que le ha herido; y viendo de juncia, y cañas mal tejido un laberinto, con él envistió furioso, repitió segundo tiro mi brazo, huyome, seguile, y no le alcanzó mi brío, que es grande venteja el miedo aún en los brotos remisos: siguiéndole pues, topé al Maestre en este sitio, que victorioso, y triunfante va buscando a su enemigo; esto es, señor, lo que pala: Y yo a la esfera rendido, de vuestros pies, busco en vos desensa, amparo, y asilo. Maestre de Calatrava, bien sabéis lo que os estimo; por ese monte encontré desbaratado, y herido a vuestro opuesto don Juan, y arrepentido, me, dijo: que os quiere dar la obediencia, y siendo yo su padrino, es bien que las paces sean con un honroso partido, Vuestra Alteza lo disponga, que a su elección lo remito. Con la encomienda mayor quedará reconocido, y pacifico don Juan. Tu gusto, señor invicto, es ley, que humilde, obedezco, norte, que obediente, sigo. Con aqueso cesarán los encuentros, y castigos, entre don Juan, y mi hermano. Ciego, amante, y atrevido, en los ojos de la Infanta el alma a amor sacrifico; engañome con fingirse su dama, y sus peregrinos ojos también me engañaron, robándome el albedrío, No es justo que en nuestra, sagre reñirle intenten los tilos de los azeros, pudiendo de los Moros, fronterizos castigar las rebelllías, y malograr los designios. El cielo aumente tu vida. Vivas, Enrique, mil siglos, Mi Camarero trayor sois desde hoy. . Agradecido quiere mostrarse a las paces vuestra Alteza. . Rey invicto, con el silencio pondero savores tan peregrinos. Solo yo siento estas paces, porque se pone entredicho con ellas a mi valor. Quién eres? . Centro del brío, soy el Colón de las armas, de la valentía archivo, Belona su vela apaga, si ardiendo me encolerizo. Es un criado de humor, que me sirve. . Mucho estimo Español tan valeroso, l si eres lo que has referido. Pues aún no lo he dicho todo, que soy más un tercio, y quinto. Vamos, que ya muere el día, y los fulgores de Cintio le brega esconde la noche en monumentos de vidrio. La Infanta, me lleva el alma, confuso voy, y perdido, a en amamia lo abe T Quién eres soberbio Moro, osado, alarbe, atrevido? quien eres tú que has perdido a mi deidad el decoro: sa como al baño donde estoy te determinaste a entrar? o no temes mi pesar, o no has sabido quien soy. Sabes que el Rey de Granada es mi poderoso hermano, cuyo valor soberano teme Europa acobardada? Sabes que de mi valor, y mi esfuerzo sin segundo, asustado tiembla el mundo, mirándome con temor: Sabes que el Sol tan sujeto me atiende desde su esfera, que quien le ve considera que tiene a mi honor respeto? Sabes que por tanta hazaña me llama el Orbe a porfía: Cleopatra de Andalucia, y Semiramis de España? Pero como dando estoy a un cobarde, vil, que osado mi deidad ha profanado, satisfacción de quien soy? Prendel de, mataldle, muera. Qué arrojado, que valiente se resiste de la gente; Marte de su quinta esfera es, que viene disfrazado, en traje alarbe a hablarte; que es dueño de Venus Marte, y por Venus te ha juzgado. Cómo haces resistencia a quien por mí le atreve, tan poco temor te debe mi valor; y mi presencia? que despecho; que osadía: . aunque le muestro rigores, me tiene muerta de amores su talle, y su valentía. Los ojos venda el traidor, porque a Cupido tetrate, que mucho que de amor mate quién es retrato de amor? Por señas me estás diciendo, que quede sola contigo, aunque seas mi enemigo fiarme de ti pretendo: retiraos todos; Celima no te vayas. . Qué pesar! Habla; bien puedes fiar tus secretos de mi prima, dime ahora la ocasión que te ha incitado, y movido a declararte atrevido contra mi noble opinión? di quien eres, donde vas, quién te provoca a locuras? qué pretendes? qué procuras? Escúchame, y lo sabrás. Yace en Ásrica un monte, pirámide inmortal del Horizonte, tan érguido que Apolo, antes que salga, le matiza a él solo; tan de otra región hijo, que en él mes por helado el más prolijo hace dos temporales, y no los gozan cumbre, y falda iguales, que si un golfo de nuves se le atreve, nieve en la salda, y en la cumbre llueve, y otras veces el orbe le ha mirado medio monte con Sol, medio nublado. Aquí yace Marruecos, y aquí, Infanta, la fortuna me dio nobleza tanta, que Alá, que puede ser más noble hallo; mas no se ha de atrever a confesallo. Saliendo a caza un día, tras un tigre, que al viento desafía, hasta que de mi espada recibió la primera cuchillada, que después enojado, todo en espuma, y púrpura bañado, presuroso el aliento, pudiera a soplos abrasar al viento; y amenazando con mortal venganza, envistión a mi caballo, y con la lanza le pase todo el pecho, y en tal duelo el hierro de la lanza entró en el suelo, castigando, no solo al que injuriaba, sino también la tierra que pisaba: Seguí la caza, y un amigo Moro, que era de mis coidados el tesoro, me dio de ti noticia, ponderando a solas tu beldad, que estoy amando, y en lágrimas deshecho, sacó un retrato del amante pecho; diómele, vite en él, nació el cuidado, alborotose el corazón helado, l venciose el imposible de dejarme vencer, siendo iunencible, y por no sujetarme, olvidarte intenté, mas fue olvidarme, aunque bien consultado, no fue rendirme a nadie haberte amado, porque otro yo te hice amante, y firme y rendirme a mí mismo no es rendirme, Yo soy tú misma, y cuando me rendía a ti a mí me rendí, yo me vencia, luego no fui cobarde, gob pues en tan ciego del amor abismo vencedor, y vencido fui yo mismo, Bien se que fue contra lealtad quererte, por quererte mi amigo, más advierte con cuanto extremo el alma llega a a marte, pues me cuesta un amigo el adorarte, mira si tierna el alma te adoraba, pues antes de quererte te obligaba. Desde entonces, señora, amante, y ciego, sin quietud, sin sosiego, sin vida, sin reposo, aspirando a la gloria de tu esposo, a Marruecos dejé, vine a Granada, toda el alma en tus ojos hechizada, tres días ha, señora, que miré el explendor que me enamora, y si el retrato tuvo al alma en calma, aquí el original me ha muerto el alma, quedando más amante, y desuelado, lo que va de lo vivo a lo pintado. Supe que aquesta tarde decendias al baño a hacer alarde de tu heroica belleza, y si bien con recato, y extrañeza, oculto, y escondido, vi tu sol en cristales sumergido, que mucho que tu vista me rindiera, si bañando te vi de esta manera? El cuerpo de su adorno despojado, tan de cándida nieve fabricado; que el agua que mojado le tenía, presumieron que de él se derretía a tus ojos, y viendo sus despojos, le dijeron las luces de tus ojos a la nieve del cuerpo que animabas; como aunque te dérrito, no te acabas? Los cabellos, del sol siendo desmayo al sol desafiaban rayo a rayo: por cándida la frente, y por serena. orbe era de azucena: los ojos, tempestad de resplandores, desperdiciando luces; y fulgores: las mejillas del nácar vivo ultraje, eran de blanco, y rojo maridaje: la nariz, que a la Aurora se le atreve, is la de plata en piélago de nieve: era la boca, y dientes celestiales, puerto de grana, en golfo de cristales: un Atlante era el cuello sustentando la esfera del cabello: todo al fin, porque quede exagerado, era tan bello como lo callado. Arrojaste a las ondas cristalinas el ídolo de prendas peregrinas, y en la escarchada suma, bajel humano navegaste espuma: más navegando te faltó el aliento, rendías el bajel al elemento, mas torpe navegabas; pareciome, y no mal, que te ahogabas, y como lo temía, más de lo que esto fue me parecía; doy voces, abrasado en vivas llamas, acudieron las damas, recantome turbado, con esta yanda el rostro disfrazado, y en tan justos enojos, no fue sin ocasión vendar los ojos, pues como te excedió naturaleza, y no hay más que mirar que tu belleza, al punto que mis ojos te miraron, con esta banda cuerdos se taparon, diciendo con extremos, pues no hay más que mirar, mas no miremos, sino es que como tu representabas al amor, pues desnuda te ostentabas, y él para su conquista, trae vendada la vista, viendo que tú la vista no vendaste, cuando me enamoraste, la venda puse yo, porque se entienda, que nunca está Cupido sin la venda; que de tu luz despojos, son tuyos estos ojos, hucla porque juzgue Granada, que vendándome yo, tú estás vendada, porque es lo mismo; el mundo así lo arguya vendar mi vista, que vendar la tuya. Basta, atrevido villano, osado, altivo, artogante, tú a la luz de mi decoro opones nunes de ultrajes? Tú a la esfera de mi honor, cuyos rayos celestiales deslumbran al Sol, te atreves? Como no mando que bajen, incendios, que te consuman en diluuios, y te abrasen? A de mi guarda, criados, sea de este osado cárcel esa torre, entralde en ella, si se resiste, matade. Solo a tus plantas, señora, mi espada rendirse sabe. Ponel dle guarda en la torre. Tuya es mi vida. . Llevaldle, o asta ablanco d oñol lo Muy rigurosa has andado, y no merecen las partes de un Moro tan principal; que de esta suerte le trates, y si algo contigo puede el amistad; y la sangre te ruego prima. . Qué dices? Turbada estoy, y cobarde; . te ruego, que le perdones, y no pretendas matarle, sino quieres darme muerte. De donde, Celima, nacen tan ciegos atrevimientos, y tan locas liviandades? De que le adoro. . A tirano; celos del alma volcanes . me abrasan; como tan presto te rindes liviana, y fácil? Amor, Zaida, es agua, y fuego, quien se arroja a sus cristales, en breve tiempo se ahoga, si nadar, prima, no sabe; y quien se llega a sus llamas, que caliginolas arden, si las toca, y no se aparta, fuerza será que se abrase. Yo así, que vi a queste joven tan galán, tan arrogante, tan viva estampa de Adonis, tan fina copia de Marte, me arrojé al mar, y al incendio, que mucho pues en tal trance, sino nado, que me ahogue, si no huigo, me abrase? Turbada el alma le escucho: . los celos han de obligarme a precipicios injustos, y a desatinos amantes. Qué respondes? Qué hombre, prima, que sin temores cobardes de ese cristalino baño me vio desnuda en la margen, y de que me vio desnuda puede soberbio alabarse, o ha de ser esposo mío, o no lo ha de ser de nadie. Es amor? . Es pundonor. Son celos? No que soy Dafne. Es más que Apolo este Moro. Viven ellas celestiales; luces, que ha de ser mi esposo, o que tengo de matarle. Esto, amigos, al aumento de mi Rey no es importante: desde el invicto Pelayo todos los Reyes constantes han ido recuperando de nuestra España una parte, y es reputación de honor con esta empresa imitarles. Cuarenta mil hombres tengo, todos Españoles Martes, con los que me han ofrecido las Ordenes Militates. Yo he de asistir a la guerra, yo he de ver mis estandartes en los Granadinos muros tremolando con el aire. Por Capitán General, que nuestro ejército ampare, nombro a don Pedro Girón. Belo tus plantas reales. Hasta donde ha de llegar . la fortuna a sublimarte, Girón, feliz te engrandece, mira su rueda no baje. Por la estimación, y honor, señor, que a mi hermano haces, beso tus pies. . Solo él merece favores tales. Qué os parece? Que me abrasan de envidia ardientes volcanes. Mañana podréis, don Pedro, dar orden que el campo marche. Harase como lo ordenas. Y es bien, antes que el alarbe se prevenga de socorro. En esta guerra que hace, muestra vuestra Majestad, señor, con extremo grande, que es muy amigo de fruta, pues por Granada combate. Dejadnos a los dos solos, no quede en el cuarto nadie. don Pedro. . Señor . Enrico, nuevo Adonis, nuevo Marte, Príncipe de Inglaterra, quiere en España casarse con la Infanta, qué os parece? Válgame Dios, triste lance. . Yo juzgo que será acierto, y que es a España importante, pues con el favor de Enrico buban se acabarán los Alarbes. Quién lo duda? qué os parece? Que luego al punto lo trates? yo mismo me doy la muerte: . hay malogrados pesares, la maravilla es mi amor, que al punto que vive, y nace, muere, dudando ella misma, si tuvo ser un instante. Este retrato es de Eurico, yo enviaré a la Infanta; hablaldle, y proponelde este caso, porque yo al punto lo trate, respondiendo a Inglaterra. Los cielos, señor, te guarden. Que corra por vuestra mano negucio tan importante, C es justo, haced que Isabel tenga gusto de casarse. Un engaño a una verdad me obliga el alma a elegir, pues mi amor ha de morir, o ha de morir mi lealtad: dar el retrato es crueldad, ocultarlo será error, aunque en tan fiero rigor, no es deslealtad esta culpa, que tienen mucha disculpa atrevimientos de amor. Este retrato mortal, y una inmortal hermosura, que muerta el alma procura, por no morir de su mal. muerte me dan por igual, y con mortales desuelos, dan vida a muertos recelos, dan muerte a vivo dolor; aquel me mata de amor; y este me mata de celos, p29 Don Pedro. . Señora mía, luz que a nuestra España dora, de quien aprende el Aurora rayos que forman al día. A veros el Rey me envía. Cónfuso estoy, y turbado. . A lo mismo me ha enviado, que como con él priváis, no me admiro que seáis archivo de su cuidado. Enrico Infanta divina, Príncipe de Iugalaterra, en cuyo pecho hace guerra tu belleza peregriba: válgame Dios; que imagiba . el alma? un retrato mío tengo aquí, y es desvarío trocarlo, mas qué he de hacer? la industria me ha de valer, de quien mi dicha confío; mi retrato le he de dar, y el de Éúrico he de esconder, que mi grandeza; y poder no permiten tal pesar pon Qué decís? que ha de gustar el Rey mi señor, señora, que admitáis por dueño ahora) al Príncipe sin desdén, porque a España se está bien, y porque Enrico os adora, Parece que estáis turbado? Turbome vuestru respeno. Sois, don Pedro, muy discreto, Soy vuestro humilde criado: este retrato ha mandado que os diese el Rey mi señor que es de Énrico. . Su valor, cualquiera aferto merece: mas quénes esto? Qué os parece? tal desprecio, tal rigor. No es la turbación en vano. Por qué le rompéis? . Porque es mentiroso aqueste Jugles, y con él pierdo, y no ganor decildle a Enrique mi hermano, que bien no me ha parecido; porque es un hombre fingido, sin respeto, y sin lealtad, y quien no trata verdad, no es bueno para marido. Y que yo por trato tal, la verdad, don Pedro, os trato, como trato este retrato trataré el original. El corazón inmortal es un cristalino espejo, que con acuerdo, y consejo, con Bdelidad, y fe, retrata al que en el se ve allá luz de su resejo. Si un espejo se quebrara, y en partes se dividiera, quien del una parte viera, entero en él se mirara: junto retrató la cara sola del que le miró, y quebrándose aumentó; pues (la experiencia lo arguya) forma cada parte suya lo que el entero formo. Espejo es mi corazón, y cuando en mi entero estaba, una beldad retrataba, quebrole tu indignación, y aumentose mi afición, y en amantes intereses, hoy más bella me pareces, porque en el pecho que ves, estabas sola una vez, pero ya estás muchas veces, Pues este desabrimiento para enmienda no basto, quien el retrato rompió, romperá el atrevimiento. El romperle es der aumento, bella Infanta a mi pasión. Si le rompe que ocasión con romperle le daré? Yo, señora, lo diré con una comparación. Vistes a caso un madero, que en el fuego, que le emprende partido en rajas se enciende, pero no se enciende entero? así el fuego lisonjero de amor, que mi pecho siente, será fuerza que se aumente, si el corazón en el pecho, viéndo se en piezas deshecho, ha de arder más fácilmente. Con callar responderé, don Pedro; a tanta osadía. Pues yo de noche, y de día Clicie de ese sol seré. Mil vidas os quitaré. Morir por vos no es penar. No me volváis a mirar. No es injuriaros quereros. Yo siempre he de aborreceros. Y yo siempre os he de amar.
JORNADA SEGUNDA
jornada segunda V , M ̱ , Por la corona de ese altivo monte. que es coluna mayor de este Horizonte, eno se descubre Gravada, de mi belico intento descuidada. Señor, si te parece, estame atento, una industria me ofrece el pensamiento, y es que en la falda de este monte inculto, nuestro ejérdito oculto esté, hasta ausontarse el rojo coche, y en el mado silencio de la noche, acompañado yo de alguna gente, asaltaré sus muros de repente. Bien dices, yo el primero; tus or debes, don Pedro, guardar quiero, Si Granada, señor, yace segura, giantas de esta guerra la ventura. Yo me ofrezco; señor, desde este día, siendo perdida espía, a saber cuanta gente hay en Granada. Tal valor! Mal conoces esta espada: fuera perros apostatas del vino, que va contra vosotros Golondrino. Vamos, haced que calle el ronco parche. Avisad que el ejército no marche. Ahora que navegando en vergantines de sombras, por piélagos de tinieblas, asiste la noche sorda. Ahora que sustitutas del Sol las estrellas, doran esa turquesada tumba, siendo perlas de su concha, Ahora pues que al Palacio el dulce suevo aprisiona, y en cárcel de elevaciones presas están las congojas. Persuadida de un incendio; que me abrasa, y alborota, un cuidado, que me aflije, un desuelo; que me ahoga, un delabrimiento amable, una gustosa ponzoña, que embargándome el sosiego, todo el afecto me roba a ver vengo al Africano, que atrevido me enamora, a quien mi respeto oprime en prisiones tigurosas. Un padel le escrebí, en vombre de Celimra, que le adora, dando celos a mi amor, con que camina a la posta, Ya el papel le haurá informado, que Celima a aquesta hora ha de venira hablarle, y yo atrevida, y celosa, he de averiguar las ansias, que atormentan mi memoria, En aquella torre yace, esta luminosa autorcha, a donde oscuras tinieblas son nacturnas mariposas, quiero dejar, que temor! toda estoy turbada, toda confusa, la puerta es esta de la torre, qué congoja! Válgame Alá, que ruido tan triste es el que me asombra? las cadenas, y prisiones son de Gazal rigurosa anduve, mas ya el ambr me castiga, y me baldona. Prisionero de esa torre, que sepultado en sus sombras, al hierro el orgullo rindes, y al peso el aliento postras, escucha, que una mujer soy que te llama, y te adora Quién eres? pero ya el alma, bella Celima, me informa que es tuya la luz que escucha, que es tuya la luz que goza. Aunque no puedo mirarte por la oscuridad, y sombra, de qué es esta torre albergur- las acciones rigurosas de Zaida, el ponerte preso, ser ingrata a tus congojas, tratarte mal, injuriarte, siendo tu nobleza heroica, del amor han sido aumento; que así que vi tu persona, por las puertas de los ojos entró al pecho esfera angosta. Agradecido tu hescucho, ilustre Celima hermosa: vive el cielo, que es la Infanta, . no hay duda, su voz me informa, y aunque vine de Matruecos perdida el alma y absorta en la beldad de la Jnfanta, siendo mi norte su gloria, el ver como me ha injuriado, el amor me desazona. No has visto, Celima al Sol, que en su purpúrea carroza, amante de las estrellas, sus azules casas ronda: y si se opone una nube; todo el rosicler le estorba, todo lo bello le tapa, todo lo lindo le borra? Pues así el sol de mi amor amando a la Jufanta heroica, con mil finezas lucia: mas a su luz amorosa se opuso la opaca nube de su enojo, y suy discordia, y me desmayó lo fino, que el amor de más corona no puede lucir finezas, A le sepultan las sombras. qué es esto cielos, qué es esto? . con cautalas alevosas vive a buscar el remedio, y encuentro con la ponzaña? rabiosos celos me abralan. Y así, Celima, ya logras tu amor, pues te corresponde el alma, que es tuya toda. Si tan fácilmente mudas tu amor, estaré dudosa de que vuelvas a mudarte. Mudarse, Celima hermosa, por mejorarse, no es culpa. que esto escucho, y no estoy loca! No has entrado en un jardín a coger una flor tosca. un albelí, o un junquillo, y viendo en él una rosa, o la escoges por mejor, o pormás bella la cortas? Tú eres rosa, alhelí, Zaida, y aunque inconstante me nombras no es ser mudable el mudarse, si la ventaja es notoria. Vive Alá, que estoy sin vida . Así el mal que me apasiona sentirá que los desprecios despiertan de amor las glorias, Que tan sea te parece la Infanta? . Es una Leona; sin ingenio, sin belleza, sin aire, sin garbo, y pompa, sin discreción, ni donaire: tú si que eres sol de Europa. Cuando en el baño la viste no te pareció hermosa? No, Celima, un poco es blauca, mas todo lo desazona el cuerpo, porque no es bello en la proporción, y forma. Qué dices bárbaro? Ay cielo, mucho me declaro, importa enmendarme. . Porque amante te doy favores, te enojas? Juzgo que dirás lo mismo de mí, cuando estés con otra. Mi esposa has de ser, Celima, a ti he de quererte sola. Es muy de Moros querer muchas damas para esposas, y nunca su amor es firme, porque las tienen de sobra, y repartido entre muchas, caben a muy poco todas. Vive Alá, que estoy por darle mil muertes; mas me reporta el ser quien soy, yo sabré . vengarme de quien me enoja, hasta venerle la sangre he de ser Tigre furiosa. Dame, Celima, una mano. Mas que cajas alborotan el Palacio, y la ciudad? Guerra, guerra, al arma toca. qué es esto, ay de mí! . Celima, aquí mi valor importa; di a la Infanta que me libre, porque a la ciudad socorra. Turbada estoy, y confusa. Santiago, España, Penosas voces, yo me voy. . Aguarda. Furiosa parto, y celosa. . Sin duda que con secreto algunas Cristianas tropas han dado asalto esta noche: o mal hayan los que estorban villanos hierros mis plantas, o infames cadenas; ola, Satracenos Granadinos, los bierros que me aprisionan me quitad, que solo yo basto contra España toda. Ya, valeroso Africano, el Rey, y la Infanta hermosa te mandan soltar, y a cuantos prisioneros las mazmorras ocupan, porque esta noche, con escuadras belicosas, llegó a Granada el Maestre don Pedro, el que al Orbe asombra, el mejor Girón de España, y valeroso se arroja a asaltar los muros, cuando las guardas, al arma tocan. Dicen que el Rey don Enrique contra Gravada en persona viene talando los campos, de cuya gente animosa es don Pedro General, que ambicioso Enrique ahora, apenas llega a la una, cuando busca otra corona. Al arma, guerra, Santiago. Al arma, viva Mahoma. Toda Granada está en arma, y al son de Marciales trompas, unos alternan Santiago, otros repiten Mahoma. Ya es menos el alboroto, que como sale la Aurora, parece que se retiran las escuadras temerosas de los Cristianos, hallando resistencias tan heroicas en Granada, Ya a los montes el Sol con su luz corona, y se retiran del muro los Cristianos. Ya señora se ha minorado la causa, que la ciudad alborota. A villano mal nacido. Qué osadía, que persona. Mas si vos en este muro aquesa luciente hoja elgrimis, no es mucho tiemblen todas las Cristianas tropas. En vuestra prisión dispensa la necesidad forzosa; pero no se han de quedar vuestras osadías locas sin castigo. . El Rey me manda que yo espía cuidadosa del ejército Cristiano sepa la intención, y importa no dilatarlo. En un bruto; que erizando elín, y cola, es por lo ligero rayo, y por lo blanco paloma; un caballero de aquellos que tien en las Cruces rojas al muro llega, y parece que quiere hablar con nosotras. Gravadinos Alarbes, que en el muro viendo estáis el ejército Cristiano, de quien vuestro valor no está seguro, pues azote es del bárbaro Africano, escuchadme, cobardes, que procuro del escuadrón deciros Castellano el valor; el despeño, la osadía, ten eridad despejo, y valentía. Inmónil vergantín, bajel de peña esa montaña, cuya pupa de oro, la tosca ilustra, si elevada greña, siendo de España nitido teloro, entre sus grutas concabas enseña, con temor, con respeto, y con decoro al nuevo Rey, que en varias voces llama Enrique el Grande la sonante fama. Ese que veis ejército copiolo, ese que oís ejército lucido, cuyo tropel valiente, y numeroso mira Marte tan mudo, y suspendido, que confiesa asustado, y temeroso, que el mando a las esferas ha excedido, pues un Marte no más hay en el cielo, y cuarenta mil Martes ve en el suelo. Ah de ser el destrozo, y la ruina ug de esta Gravada, que guardáis en vano, porque ya su valor se determina; y no os ha de dejar grano con grano: de esta Granada tanta sangre fina correrá por el monte, y por el llano, que en sus olas purpúreas sumergido, ahogado ha de morir el que no herido. Tantos Cristianos son los que amenazan vuestras cabezas, viles, y traidoras, tantos empuñan lanza, adarga embrazan, que al romperos escuadras vencedoras de los golpes de acero que se enlazan, tantas saldrán centellas voladoras, que entre su fuego ciegos, y ofuscados moriréis en sus llamas abrasados. Si queréis excusar el perdimiento de vuestro Reino, si queréis libraros, la ciudad entregad luego al momento, y con la vida al fin podréis quedaros. mas si rebeldes con diverso intento, no pretendéis a Enrique sujetaros, el Orbe temerá, tembla a España, de ver nuestro valor en la campaña, Capitán General soy de mi gente, todos su orgullo postran a mi brío, si entre tantos pretende algún valiente medir su limpio acero con el mío, lo que he dicho en la Vega experimente, que aquí le aguardo hasta que el sombrío Occidente sepulte en negro velo la luminosa lampara del cielo. Maestre de Calatrava, los valientes Capitanes, ni vanos de si blasonan, ni se precian de arrogantes. Bien pudiera el Rey mi hermano elegir para el combate un valeroso Gomel, o un gallardo Avencerraje. Mas pues yo presente he estado a vuestro reto, nombrarle me toca: viven los cielos, . vil Gazul, que he de vengarme, y el incendio de mis celos se ha de apagar con tu sangre. Gazul un Moro Africano, ilustre por su linaje, saldrá con vos a la Vega. Alá, señora te guarde por tal favor. . Qué desdicha. t Infanta bella, a quien bate su vuelo el Águila, atenta a tus rayos celestiales, a quien obra lo que habla, y a quien más que dice hace, ni de vano le deidores, ni le imputes de arrogante. Salga ese Moro que dices, que aquí le aguardo esta tarde, y cortada su cabeza a los filos del alfanje, en la punta de mi lanza la traeré a este valvarte. Soberbio Cristiano aguarda, que contra ti al campo sale, no digo un Marte Africano, sino un asombro de Marte. . Ven, que ya aguardo. Maestre, aunque somos desiguales en las leyes, si le matas he de quererte, y premiarte. Con tal favor animado, al mundo mi acero espante. Yo te juro por la insignia rono, que en mi pecho yace, de traerte su cabeza, bañada en rojos corales, para ser despojo tuyo, y a Dios, que voy a aguardarle, antes que el luciente Febo en el mar entre a bañarse, y al Occidente visite, coronado de gravates, Qué has becho Zaida? estás loca? qué es esto prima? . Vengarme. De qué agravio? . De una injuria Quererte no es rojuriarte; ay Gazal del alma mía, que vanas temeridades san a tuyas, es delito. ser de tu belleza amante? No he de descansar, Celima, hasta beberle la sangre. El Maestre te ha ofrecido su cabeza, mas si valen mis diligencias, ingrata, vive Alá, que he de librarle, . Confusa, y arrepentida estoy de rigores tales, este Moro me ha robado el alma, y aunque se abrase el pecho en llamas de celos, son las del amor más grandes. Qué he hecho? Ay de mí, si muere, como temen mis pesares, a las manos del Maestre, pierdo la vida, librarle no es posible, mas qué digo? ánimo amor, ayudadme, que aunque se arriesgue el respeto, aunque el decoro se manche, aunque la fama se borre, aunque la opinión se ultraje, y aunque el honor se deslunga, he de morir, o librarle. Espía perdida soy, pues aunque mudé de traje, vengo perdido de miedo, que es el peligro potable. Mas ánimo, que si a caso me encontrare algún Alarbe, fingiéndome Alarbe yo, no es posible que me mate. Espía soy cuidadosa, que en la falda de este valle, en trale Cristiano intento saber lo que el campo hace. Seguro estaré sin duda, pues si acaso me encontraren, Cristiano fingiré serlo, con lo cual podré librarme: mas allí diviso un Moro, Un Cristiano a aquella parte he visto, y a mí se acerca. Si es Moró bien puedo hablarle. Si es Cristiano de que temo? Cristiano, que el cielo guarde, quién eres? tr De tu nación, Moro soy, no te disfraces, que a ser espía he salido de Granada aquesta tarde. Qué escucho cielos? aquí . el mentir es importante: yo soy un Moro valiente de los más nobles linajes que tiene la Moreria, ni ciñen dorado alfanje. No te conozco, ni he visto en Granada . Poco sabes, vine del África ahora, soy un Africano Marte: aunque, vive Dios, que pienso que más que Marte, soy martes por lo aciago. . Qué intentas? De estos Cristianos cobardes vengo a ser también espía, y traigo para engañarles tocino, y vino, reliquias de nuestro Profeta martir, pues como a reliquias quiso que ninguno las tocase. Vino; y tocino, yo huigo, que solo su olor infame es infierno para mí; cómo atenerlo te osaste? Guelelo, que no es tan malo, Ni aún imaginar mirarle, Pues qué es el vino? Un demonio, contra nuestra seta grave. Y el tocino? Otro demonio que ambos un infierno hacen. No lo traigo para mí, no te enojes, ni te agravies. Pues qué pretendes con eso? En topando en este valle un Cristiano, convidarlo, beberá más que diez sastres: borracho pues el Cristiano, que yo cogiere al instante, lo trasladaré a Gravada, que será cosa muy fácil, y allá en un potro dirá cuanto de la guerra sabe, Ingeniosa industria. Es buena? pues no me la ha dicho nadie: ves allí viene un Cristiano. Por la falda de aquel valle camina. A mí se me ofrece otra cautela admirable. Cuál es? Que yo te he de atar con un cordel a este sauce, tú has de dar voces pidiendo ol socorro, y luego al instante el Cristiano acudirá, y valiéndote del traje, te ha de tener por Cristiano, y procurará ampararte: yo que he de estar escondido, al punto que te desate saldré, y los dos le asiremos, y sin que pueda escaparse, le llevaremos. . Bien dices. Vive Dios, que he de engañarle: . arrímate al tronco. . Ata: vive Alá, que aquesta tarde nos ha de premiar el Rey, por servicio tan notable. El premio que a mí me diere, te hago pleito homenaje de dartelo. . No me aprietes. Calla, que esto es importante. Ya, señor Moro, está atado, pues sepa el perro cobarde, que yo soy Cristiano puro, y no aguado Avencerraje. Válgame Alá. . A lá lo valga: o válganlo mil millares de diablos, que lo lleven: ven acá perrazo infame, que contra el vino, y rocino tantas blasfemia, hablaste; tú que al vino, y al tocino de demonios los llamaste, y dices que juntos son un infierno que te abrasen, en castigo de tu culpa, hoy tengo de condenarte, Ves aquí el infierno perro, come demonios, infame, S0 Ay de mí . La boca aprietas? Cristiano no me maltrates. Vive Dios que hay de comerlo, o que tengo de matarte, huye de su olor ahora, come perro, la boca abre, has tu oficio que es morder, muerde, o si no he de sacarte con estas uñas el alma, de entre tripas, y cuajares. Porque no me mates, como. Tu contra el jamón fiambre, y contra el vino blafemas, con osados disparates, y dices que son infierno? condénate perro Alarbe, come demonios mastín, aprieta bien el gáznate, . échate aqueste demonio, bebe perrazo arrogante. o No más. . Pues ahora empie- traga perro, cuanto trae zas, esta bota has de bebertu; gestos parece que hace, . y los ojos echa en blanco; furioso tiene el semblante, borracho está, todo tiembla, No me sueltas? . Aún, no es asomado, y no en ventana (arde; está el perrazo, o vinagre, qué tienes? Malo. . Qué duele? Malo. . Porque gestos haces? Malo. . Porquée te derrienga? Malo. . Ya so muchos males: oyes? ya se embelezó. Vive Ala, que he de burlarle, . fingiendo que estoy borracho. A Moro, a gosque, a corambre, a perro, bien puede alguno hacer, si hacerla sabe, aguardiente de esta lía: pero quiero desatarle, y al hombro lo llevaré a todos mis Capitanes. , h, Como pesa; ay que me mata. Hoy, Cristiano, he de vengarme. Ay que cómo, está borracho con tanta fuerza me ase: que me mata, que me ahoga. Calla Cristiano cobarde. Si se ha comido el infierno hoy, que mucho que me abrase; socorro. ̱. El, que tuve yo. Fador. . No te escucha nadie, Misericordia. . El infierno no la riene, muere infame. Válgame el cielo, ay de mí, qué es lo que miro? qué veo? si es ilusión la que creo, o si es verdad la que vi? ha de la guarda, llegad. ola soldados. ̱ . Señor. Qué inclemencia! qué rigor! Qué tiene tu Majestad? Oh Marquez válgame el cielo, turbado, y cónsuso estoy, estarba de hielo soy, apenas puedo del suelo mover las plantas, si es sueño? Qué es esto, señor? . Marqués sospecho que un sueño es imagen de mi despeño, cuyo pesar no resisto, aunque no es sueño evidente, que a soñar, viera aparente lo que verdadero he visto. No es sueño, ni es ilusión de mi triste fantasía, avilos son que me envía el cielo en esta ocasión. Sin duda Dios ofendido no quiere que gane yo a Granada. . Por qué no? pues de que lo ha colegido vuestra Majestad? Marqués, en vano el temor resisto, la guerra esta noche he visto en esa campaña, pues vi el ejército Alricano, que de Granada salió, con mi gente peleo, y sin quedar un Cristiano con vida, toda mi gente fue vencida del valor del Muro, cuyo dolor aún ahora el alma siente. Este presagio me avisa vencerá el Moro arrogante, y así el cerco se levante, toquen a marchar aprisa, porque la fuerto importuna contra mi valor está; pero no contrastará mi grandeza la fortuna. Pues con cuerda prevención, en esta desdicha rara, huire al desdoro la cara, y al peligro la ocasión. Señor, heroicos varones crédito a sueños no dan, que las más veces serán fantásticas ilusiones. No recele tu valor, que el ejército es famoso, y al Moro más belicoso causará espanto, y temor. Marquez, no hay que replicar, esto ha de ser de esta suerte, a España excuso la muerte, excusando el pelear. Toquen a marchar soldados, no quede nadie en Gravada; antes que la noche helada se vista densos nublados se ha de alzar el cerco. . Aguarda señor; que notable afrenta; que un sueño a un Rey amedreta, y una ilusión le acobarda! Al Genetal avisar podréis del intento mío. Que notable desuarío; señor Toquen a marchar. Vencido Afrícano aguarda. Ilustre Español, qué quieres? ya me has rendido animoso, ya me has vencido valiente, alguna deidad te anima, divino impulso te mueve, déjame la triste vida. Que yo de matarte deje no es posible. no Tente. . Aguarda. Quién el brazo me suspende? dos disfrazados Alarbes. lo v me reportan, y detienen. No le mates. . No le mates, y si cruel te resuelves. a mátarle, en mi garganta uenga tu enojo inclemente. que no perderé la vida, porcua el de vivir no deje. Vive el cielo, que es la Infanta, . que idolarra en él, hoy mueren mis altivas esperanzas, abiosos celos me ofenden. ̱. Vive Alá, que es aquel Moro . Celima, o celos crueles, Pues ya osado; y valeroso. Pues ya bizarro, y valiente. Humillaste su soberbia. Venciste sus altiveces. Con la gloria, y con el triunfo te ruego que te contentes. Es fuerza, Moros, matarlo, no es posible que le deje, porque ofrecí su cabeza, con juramento solemne, a la Infanta de Granada, y no es razón si se entiende, venza el ruego de una vida, la promesa de una muerte. Yo se que gusta la Infanta, que el Moro con vida quede. Yo le que gusta mi honor, que mi palabra no quiebre. Perdonar no es valentía? Sí, mas en lance como este, donde mi palabra está empeñada en darle muerte, aunque fuera cobardía, era fuerza la cumpliese, porque es mejor ser honrado, que no parecer valiente. D Pero como di frazados, de esos de seda canceles os valéis, para negarme los rostros? quién sois? quién puede a tanto empeño obligaros? Una Mora soy, que ofrece, por la vida de ese Moro, toda la viene que tiene, Yo otra Mora tan amante, que si mil vidas tuviese, porque viva aquese Moro, todas las rindiera alegre, Tigre he de ser, que celosa te despedace inclemente, Rayo celoso he de ser. que te abrase, y te despeñe. Pues si estáis tan enojadas, no es menos inconveniente matarlo, pues es forzoso, que haya alguna de perderle? Yo le quiero más, y así mi derecho se prefiere. Mayor amor es el mío, y mayor premio merece, Juzgad caballero; vos, que amor es más excelente. Yo tengo amor a este Moros y es amor tan sin igual, que con desuelo inmortal, amante, y firme lo adoro; y a costa de mi decoro, porque adquiera eterna fama, mi amor en tan dulce llama aunque mi pecho maltrates, pasaré porque le mates, por no verle de otra dama. Y si en un celoso ardor se acreditan los de suelos, y mientras mayores celos, es más realzado el amor, mi amor sin duda es mayor, pues son mis celo, de suerte, que en aqueste incendio fuerte, porque en mi celos no influya, siendo mi muerte la suya, quiero que le des la muerte. Yo tengo a este Moro amor, firme, celosa, y constante, y en mi corazón amante, apenas cabe mi ardor: si él osado con rigor a mí me causa, desuelos; y si a otra sin recelos. adora, ingrato, y cruel, no quiero que muera él, aunque me mate de celos, Luego mayor galardón, merece mi fe lucida, pues estimo más su vida, que no mi propia pasión: y así en aquesta ocasión yo la palma conseguí, si aunque su amor me dé aquí con celos muerte cruel, mas quiero morir por él, que no que él muera por mí. Vive Dios, que están preciosa; las Morillas. a Decid vos, quién ama más de las dos? Mora ambas, sois samosas; mas entre dudas gustosas, está tiene amor más suerte; porque es acción, si se advierte mejor, comprar advertida con una muerte una vida, que con la vida una muerte. Ya que en favor de mi amor ha sentenciado el Maestre, quiero descubrirme. Yo, valeroso decendiente de la más heroica estirpe, que celebran los laureles, lo soy la Infanta de Granada; no te suspendas de verme, que amor rompiendo imposibles, atropella inconvenientes. Yo soy Celima su prima. En tares bellezas puede quedarse suspenso el Sol, diestro pintor del Oriente: pues qué manda vuestra Alteza? Yo os suplico, gran Maestre, que no deis muerte a Gazul. Dichoso Moro, agradece la vida a la Infanta bella. Tus plantas serán albergue de mis labios, que aunque necio; con palabras descorteses te desprecié aquella noche, que entraste en la torre, a verme, disfrazada con el nombre de Celima Infanta advierte que te conocí, y mi amor de industrias quiso valerse, y por picarte con celos te desprecié. . Qué consienten esto los cielos, la essera, rayos, que el pecho atraviesen éxhale . Yo agradecida estaré, don Pedro, siempre, y te juro por Alá, aunque a mi nación la pese, en hallándote en peligro de ayudarte, y defenderte. Guarde el cielo a V. Alteza. Adiós insigue Maestre, Adiós bellísima Infanta. La emulación te respete. . Quiero dar la vuelta al campo, que ya la noche deciende; sobre los yermos las sombras, se esperezan, o estremecen. Pero qué es esto que mito? el ejército parece que alterado se retira, o cobarde se suspende. Los Marciales instrumentos tocan a marchar, la gente alza el cerco de Granada; válgame el cielo, aquí viene mi hermano, qué es esto? . El Rey, poco advertido, y prudente, sin conquistar a Gravada, alzar el cerco pretende; porque vio sonando a noche desbaratada su gente, y por mil vanos agüeros, que Enrique por ciertos tiene. Hase resuelto esta tarde, sin consultar pareceres de Coroneles famosos, y Capitanes valientes. Y cuando con la mitad del ejército, que tiene, pudiera vencer mil mundos, huyendo a Castilla vuelve. Tocad aprisa a marchar. soldado ninguno quede en el cerco, que esta noche me ha de ver el sacro Batis en Cordoba? . Rey Eurique, valeroso decendiente de aquel Pelayo invencible, luz de la Gada proganie. Cómo, señor vuestra Alteza, precipitado, se atreve contra el honor de su sangre, y la opinión de su gente? Es bien cuando esta Gravada, que no hay grano que no tiemble, volver huyendo a Castilla? no, gran señor, no conviene. Vuelva vuestra Alteza; y mire en ese ejército, ese terror de Alarbes, los nobles, que en su seguimiento vienen, Caballeros de Santiago, de quien mi hermano es Maestre, que belicoso gobierna mas de cuatro mil ginetes Y los de las rojas Cruces de Calatrava valientes, y tantas ilustres casas, Sandobales, Pimenteles, Padillas, Pachecos, Lunas, que es imposible los cuente. Que ha de decir Santiago, vive Dios que ha de corterse, y ha de renunciar el nombre de Patrón de los Fieles. Basta don Pedro, qué es esto? vos atrevido; y imprudente el respeto me perdéis? ha de la guarda, prendeldle, sepultadle en una torre. Eso será si pudieren. Yo haré quitaros la vida. Y yo haré por defenderme, que es natural la defensa. Sí, mas no contra los Reyes. No es defenderse delito del que ofende injustamente. . Mire señor vuestra Alteza, que la gente del Maestre es mucha. . Viven los cielos, que he de matarle, o prenderle.
JORNADA TERCERA
jornada tercera Dejadme, o vive el cielo, que me despeñe desde el muro al suelo, Oye, espera, detente. No resistáis mi corazón valiente, que es voladora flecha disparada; esas puertas abrid, o con la espad, qué es con la espada? a coces, y bocados, romperé sus armellas, y candados. Gran Maestre detente, que aquel que es temerario, no es valiente; todos te seguiremos, mas la ciudad no es bien desamparemos. Hermano, qué es aquesto? cómo tan enojado, y descompuesto? No sabes la ocasión? Ya la he sabido. Es más Márquez de la que haurás oído. Dímela. . Escucha atento las causas de tan justo sentimiento. Ya sabes que enojado el Rey Enrique, porque yo arrojado reprendí su temor, y cobardía, quedó desde aquel día, que juntando su gente, contra mí se previno diligente, y con ciego desorden, hizo guerra a las villas de mi Orden, que Cordoba, y Sevilla se alteraron, cuando su furia, y su pasión miraron, que en mi favor vinieron las villas, que su injasto enojo vieron, que Castilla indignada, contra su Rey enárboló la espada, porque un Rey que ha de ser afilo, y muro, sino gobierna bien, no está seguro, que contra mi dispuesto, y prevenido, de su cólera Enrique persuadido, escogió de su gente tres mil hombres, ejército valiente; que yo que al Rey tan indignado miro, a Córdova confuso me retiro, que la ciudad se altera, y le levanta, estimulada de injusticia tanta, que aunque pocos en Cordova nos vemos, resistir valerosos pretendemos; esto, Márquez, ninguno lo ha iguorado, mas escucha, y sabrás lo que ha pasado. Yo de valor armado, y de cautela, cuidadosa del muro centinela; los puestos reparando, porque a Córdona el Rey viene marchando, estaba lleno a noche de mil penas, cuando de esas almenas diviso el Betís, valle plateado, de barcos, y chalupas rodeado, de quien eran las luces, y favales, estrellas naturales, que el río en la apariencia trabo con las esferas competencia, y ufano, altivo, y fuerte, a los cielos les dijo de esta suerte: Si de azul os vestis globo lucido, yo de visos de azul estoy vestido, si os adornáis con una, y otra nube, es la nube vapor que de mi sube, si un Sol os viste rayos celestiales, ese Sol va a apagarse a mis cristales; si os tachonáis de estrellas, los faroles me dan sus luces bellas, y aún en algo os excedo, pues que deciros libremente puedo, que de los peces, dos tenéis apenas, pero yo tengo tantos como arenas. Cónfuso, y triste lo miraba, cuando mis dudas desatando, una espía me avisa, que la gente del Rey la sierra pisa: solo, y determinado, con secreto, fiado en mi valor, y mi respeto. de Cordova salí, corrí la sierra, por ver que gente para aquesta guerra Enrique ha prevenido, y topé un escuadrón apercibido: conociéronme luego, envisten con valor, y sin sosiego, uno intenta resuelto darme muerte, otro piensa rendirme de otra suerte, cual fiero me amenaza, cual se atreve a llegar, y se embaraza, quebróseme la espada, y quedé sin poder resistir nada, que a no quebrarse cuando osado envisto, no quedará soldado vive Cristo. Mas desde la cerviz de aquesas peñas asiendo los copetes, y las greñas: despeñé a los más de ellos de esos montes, y hice sin ser Sol muchos Faetontes, tan espesos rodaban, que unos en otros al bajar topaban, y hubo soldado que antes de matarse en las peñas, o herirse, o lastimarse, al ir cayendo se mató primero del golpe que dio en él su compañero, Pusóseme delante otro enemigo; al cual furioso sigo, desarmele, y tírele una estocada, el corazón le atravesé en la espada, y en subita agonía, muerto estaba, y apenas lo sabia; y fue aquesto tan cierto, que una herida me dio después de muerto. Llegaron otros dos, y en sus espadas granicé mil mortales cuchilladas, y de los golpes de ellas faltaban tan espesas las centellas, que los quemé, y al revolverme aprisa, a los que hombres temí, hallé ceniza, Al estruendo, y las voces, acuden indignadas, y seroces otras el cuadres, cuando a la ciudad me vine retirando, y en ella: mas qué escucho? con varias dudas; y recelos lucho. Un ejército miro, que lucido, por entre aquesas sierras conducido, llega hasta los muros, que yacen mal de su valor seguros Señor, a felice suerte la fortuna te ha traido. Pues dime, qué ha sucedido? Que amor viene a socorrerte. Amor? . Sí, que Zaida hermosa, con gente te da favor, ostiado es Mora, y Mora, y amor cho es todo una misma cosa. Seis mil Moros de Granada trae Zaida, aunque de otradey, sabiendo que por ti el Rey tiene a Cordoba sitiada, pretende de aquesta suerte desempeñarse lucida, pagando con una vida el no haber dado una muerte. Gazul galán la acompaña, que en Granada reinará, cuyo esfuerzo teme ya todo el aliento de España. A recibirla salgamos. Extraordinaria fineza. En el valor, y belleza no tiene igual Zaida. Vamos. Dichosa tarde aquesta; hermosíllima Infanta, en que pisa tu planta del Betis la floresta, cuande con tes sulgares el número has crecido de las flores! Formaré justas quejas de ti, si me engrandeces, si lisonjas me ofreces, para un galán que dejas? Pues te alabo celosa, crédito puedes darme, prima her- mira que alegre el prado, (mosa; rozagante, y florido, de esmeralda vestido, de púrpura esmaltado, viendo tu valentía, d le ostenta su pomposa tiranía. Las lisonjas impide. Quién corre? En un obero, como él mismo; ligero Gazul el prado mide, con destreza severa, airoso sincopando la carrera, rígele tan lozano, y corre tan galante, . veloz, diestro, arrogante, que en el ameno llano, de carne el rojo escollo, ni bolló hierba, ni agajó pimpollo, todo se precipita, y bañado de espuma, vivo rayo de pluma, la catrera limita, parece en sul alboroto, con freno el Euro, y ensillado el Ya viene. (Noto, Bien la alegría de este prado, divulgaba, que otro Sol le iluminaba más lucido que el del día. Vuelve otra vez a mirar tu ejército, Infanta bella, que ya los márgenes huella de ese sincopado mar del Betís, donde te aclaman sus cristales, pues en suma, Venus te llama su espuma, Palas sus olas te llaman. Gazul, tú eres General, a ti se debe la gloria. de cualquier triunfo, y victoria. Por favor tan celestral tus pies belo. . Muerto el Rey mi hermano, y siendo heredera, es mi afición de manera, que atropellando la ley de la modestia, y decoro, doy la vida agradecida a quien te dio a ti la vida, eamo yo tu vida adoro. Ya soy tuya, ya mi amor se ha declarado contigo. A ser tu esclavo me obligo Por ti, Gazul, soy, fabor al Maestre Gz. Lo merece su nobleza, y valentía. Mira al Betis, Zaida mís, que de Cordoba parece espejo en cuyos cristales, con la arrogancia que ves, mira el muro Cordovés, sus almenas Imperiales. Mira tres Cilnes, que allí. entre diáfanas sumas, qo cortán al Betis espumas, Ya entre sus olas los vi. Por donde el río desagua su plata, los miro atento, pjuzgo que son de viento, según vuelan por el agua. Cándidas corién en él, tan veloces, y tan graves, que parecen las tres aves tres galeotas de Argel. Vadeando el margen cano, corren en el con destreza. No iguala su ligereza un Aquilón Africano; repara en su candidez, parecen de nieve helada. Sin duda Sierra Nevada las engendró a todas tres Ya es tiempo de apercibir; mas qué rumor es aqueste? El Maestre, Infanta, es este, que te sale a recibir. C , ̱ Bella Infanta de Granada, en cuyos divinos ojos, con pluma de rosicler, escribe luces Apolo. Primavera de estas sierras, y Palas de estos contornos, de cuyos aceros tiembla el Austro del quinto solín. De quien la planta hermosa, pincel que a los promontorios les restituye, las flores, que tiranizó el Agosto. Tres mil hombres de Granada dicen traes en mi socorro, y para pieios tan grandes, fueron los servicios cortos. Agradecido recibo favores tan prodigiosos, y reconocido alabo pensamientos tan heroicos. Don Pedro Giromiustre Español el más glorioso, a quien la fama eterniza en voz de metal sonoro. Por lo mucho que mereces, a servirte me provoco, a defenderte me obligo. y a ayudarte me dispongo. Y porque te di palabra de hacerlo en aquel umbroso sitio, donde diste vida al dueño, que amante adoro. Yo vivo por Gazul, y él vive por ti, y es notorio; que te debo a ti la vida, y como a dueño de todo, mi aliento pongo a tus plantas, mis gentes a tus pies pongo; mi albedrío te sujeto, te presento mis tesoros, te consagro mis deseos. mi Reino todo te postro. A tanto favor, señora, con el silencio respondo, pues serán razones mías agradecimientos cortos. Y yo, Maestre, a tu lado he de ser del Orbe asombro terror de tus enemigos, y instrumento de tu enojo. El cielo, Gazul, te guarde, que agradecido conozco tantas finezas. . . Maestre, animados del socorro tus soldados te suplican des a tus intentos logro, que verás en cada acero un rayo, un pasmo, un asombro: libro será de la muerte tu ejército numeroso en cuyas hojas de espadas escribán borrones rojos tu justicia, Tigres fieras son tus soldados famosos, y en sus aceros fiado, puedes, Maestre, tu propio, antes de entrar en batalla aclamarte victorioso. Alarbe Belona insigue, y Capitanes samosos, aunque no ignoráis la causa de este marcial alboroto, reserirosla pretendo, por consultaros a todos. Para el cerco de Granada Enrique mi dueño solo, y digno Rey de Castilla, cuya Majestad adoro, convocó de las Provincias de su Reino poderoso, cuanta nobleza le ilustra, y abundante de tesoros, y gente, llegó a Granada, siendo de Alarbes asombro. Apenas pues alojados tres días en los contornos de un monte estaba su campo, soberbio, y vanaglorioso, cuando soñó el Rey que via desbaratados a todos sus soldados, siendo muertos del enemigo despojos. Mandó alzar al punto el cerco, sin atender a su oprobrio, flaqueando a lo valiente, faltando a lo belicoso. Murmuraron los soldados esta novedad, y todos corridos dieron la vuelta; yo que colérico noto flaquezas de un Rey injustas, a reprenderle me pongo. Referile lo que entonces apasionado, y penoso permitió al entendimiento la ceguedad del enojo. aun Mandome preuder, y yo me resisti valeroso. su ejército ha prevenido, viene contra mí, ved todos si es la resistencia justa, que yo, soldados, supongo, que no he de faltar jamás, arrogante, o ambicioso, a la debida lealtad de mi pecho valeroso, que soy don Pedro Girón, que basta, y aún sobra a todo: qué os parece Infanta ilustre? Cuando yo a daros socorro he venido de Granada, no es justo que dé mi voto de que no deis guerra al Rey, pues juzgarán maliciosos, que por no poner a riesgo mi gente, la paz abono. A mí me toca, Maestre, en este empeño forzoso, pelear, si peleáis, a vuestro lado me pongo, ved vos lo que os esta bien, que lo que hiciereis otorgo. Y vos Gazal que decís? Con la Infanta me conformo; aunque si el Rey tiene culpa, y vos resistir su enojo solo pretendéis, no pienso que es deslealtad, ni desdoro. Pues yo digo, que no es justa la guerra, que ya supongo. Adiós representa el Rey, y es con sacra Majestad imagen de su deidad, por justo derecho, y ley: jey es lo que manda el Rey, y obedecerle es forzoso, y si quiere licencioso un vasallo sujetarlo, es hacer al Rey vasallo, no Monarca poderoso. En batallas inhumanas, a un vasallo singular, no le toca examinar las acciones soberanas: y aunque se juzguen tiranas, romperlas es caso atroz, pues aunque injusto, y feroz, imagen de Dios por ley es el Reysir contra el Rey, es ir también contra Dios. La opinión contraria sigo; porque si un Rey con malicia nunca administra justicia, será del Reino enemigo: y así a defender me obligo, que es justo que se prosiga contra el Rey aquesta liga, porque a un Rey cuando es feroz, aunque es imagen de Dios, el mismo Dios lo castiga. Esa es mi propia opinión, fuera de que a toda ley, ir no será contra el Rey el resistir su pasión: don Pedro en esta ocasión no es de su Rey enemigo, y que no es acierto digo, si el Rey le quiere injuriar, dejarse de él castigar, no mereciendo castigo. Natural es la defensa, y en esta guerra temida, solo defender su vida el Maestre ilustre piensa: y así juzgo no es ofensa contra nuestro Rey salir, pues se llega a colegir, que el Maestre en tal pesar, no pretende pelear, sino solo resistir. Ese parecer no admito, pues visto con advertencia, hacer al Rey resistencia es conocido delito: mas en todo me remito a lo que hiciere en la empresa don Pedro, porque confiesa mi pecho, y juzga también, que han de aconsejarle bien su lealtad, y su noblesa. Atentamente he escuchado los pareceres de todos, y con silencioelo cuente, a vuestras dudas respondo. Las obras doy por respuesta, toquen a marchar, y todo mi ejército salga al campo, ánimo Alcides heroicos, desamparad las almenas, y embarazad esos sotos; hasta que yo envista, nadie envista, yo haré de modo. que cumpla con mi lealtad, sobrando a lo poderoso. Cuando tu ejército invicto, que con Marciales empeños, castigando rebeldías, pretende la paz del Reino, no tuviera más defensa, que vuestro valor, entiendo que se atreviera animoso contra escuadrones soberbios. Dios os guarde Capitanes, solo pretende mi celo saborecer la justicia, y castigar los intentos, que ambiciosos se levantan a perturbar, sus teflejos. Si e Cordoba no sale a resistirnos don Pedro, sus muros he de asaltar, hasta matarlo, o prenderlo. Este soldado, señor, es enemigo, y sospecho que espía, si gustas, de él sabrás dándole tormento, los designios del Maestre. Soy desgraciado en extremo? que mala espía he salido, hoy me da el Rey pan de perfo. Quién eres? . Soy Golondrino. De dónde eres? . De dos Rei- que como las golondrinas (nos, mudan tierra con el tiempo, en España los veranos, y en África los inviernos, yo que Golondrino soy, mudo la lealtad, y el dueño. De invierno fui tu vasallo, y como se mudó el tiempo, dejándote, me partí este invierno con don Pedro. Este es busón del Maestre. Qué gente tiene tu dueño? Seis mil hombres escogidos, sin tres mil Moros soberbios; que la Infanta de Gravada trujo para socorrerlo. Gran poder tiene el Girón, . notablemente le temo, que es invencible, y dichoso: pues como Moros vinieron en su defensa? . Señor, porque Zaida Alarbe Venus, es mastina agradecida: hizole un favor mi dueño en el cerco de Granada, y págáselo con esto. Es hermosa? . Por ahí, el cabello es rubio, y crespo, y para hacer colación un día de ayuno, bueno. Porqué? . Porque es todo pasas. como el perrengue su dueño, la color bermeja, y blanca, aunque ayudó a lo bermejo el Sacatín de su tierra. Son dos Planetas morenos los ojos, la voz es buena, porque ladra con extremo: al fin, señor, a mi amo le han dicho, si bien me acuerdo, que los soldados que tienes son lindas liebres, y diestro se ha prevenido de galgos para alcanzarlos corriendo. . qué es esto? . El campo contrario por entre aquel tosco cerro viene marchando arrogante, en escuadrones soberbios, Pues Españoles al arma, acometel de resueltos, embestilde valerosos, manifestad el esfuerzo: más gente tiene el contrario, mas los cobardes son menos, ánimo soldados míos, ved los antiguos ejemplos de los valientes Romanos, de los invencibles Griegos: no eche a perder el temor lo que el ánimo ha dispuesto, lo que el valor ha trazado no lo malvarate el miedo: al arma soldados míos, guerra, al arma, al arma, a ellos. Desde el día en que nací no he tenido tanto miedo como hoy, a donde hallaré donde esconderme, que pienso, según estoy temeroso, que me enbeberé en un guevo? y será con propiedad, pues de gallina me precio. Una cueva oculta yace en la frente de este yermo, arca será que me libre del dilunio que estoy viendo. Ya se descubren los campos, ya el Rey animoso, y diestro dispone sus escuadrones: ya al son de los instrumentos quieren embestirse; ya, no hay más ya: mas que estoy viendo? si es verdad? si es ilusión? si sueño? si estoy despierto? toda la gente del Rey se ha retirado buyendo antes de embestir, el Rey los llama, y los llama el miedo. A vil fortuna contraria, a cobardes, que huyendo los blasones de mi honor borráis con viles trofeos. Notable afrenta. . 1. Señor, sin duda pretende el cielo atropellar tus desinios, y malograr tus intentos. Solos habemos quedad; pero solos peleemos; porque advierta mi enemigo, que el valor de aqueste pecho no lo contrastan temores, la Goda sangre ilustremos. , z. Vuestra Majestad señor se sosiegue que no intento lo que juzga; y porque el mundo en los anales del tiempo contra mi lealtad no impute ilusiones, oiga atento: no refiero la ocasión de esta guerra, no refiero enojos de vuestra Alteza, ni los cargos que me ha hecho, solo quiero que conozca, que en la ocasión que me veo pudiera gozar del triunfo, poniendo en Cordoba preso a vuestra Alteza, negando la obediencia, y dando el Reino al Infante don Alonso, cosa que ya me han propuesto, y que ya ve vuestra Alteza, que está en mi mano el hacerlo: pudiera seguir su gente, pudiera, pero no quiero lo que pudiera, decir, pues ya se ve lo que puedo. Solo digo, gran señor, que llamé ayer a consejo los Capitanes, y todos, menos alguno que veo, vinieron en que saliera a pelear, que el hacerlo no era deslealtad, y yo, sin admitir sus acuerdos, aunque salí, no he salido, que solo salgo resuelto a que mi lealtad conozcas, a que perdones mis hierros, a que mires mi obediencia, a que juzgues mis intentos, y como Rey me castigues, si alguna culpa merezco, que ya a tus plantas postrado, que eres mi señor confieso, que eres mi dueño, y mi Roy, a quien obediencia debo, Soldados, si habéis pensado, que salió al campo don Pedro contra su Rey, engañados vivis, y viven los cielos, si alguno contra mi Rey desnuda el coberde acero, que he de quitarle mil vidas; adoralde como a dueño. Yo contra el Rey no he salido, que si salí, fue sabiendo que el Rey venía a buscarme, y obediente a sus preceptos, quise al encuentro salir, porque me hallara más presto. Aquesta. Enrique, es mi espada, rija mi gente tu esfuerzo, y si mi vida te enoja, manda quitármela luego. Los brazos, Girón ilustre, doy por respuesta, y el premio, aunque sea mi Corona, que será corto sospecho, a lealtad tan generosa, y a tan bizarros intentos: contra vos vine enojado, ya, no solo satisfecho vuelvo, pero agradecido, Los pies gran señor, te beso. A Morón, y a Peñafiel, pues tan fiel os contemplo, os doy, y todos los gastos que en esta guerra habéis hecho, del patrimonio Real, que se os satisfagan quiero. otro yo sois en España don Pedro, y porque con esto pienso, Maestre samoso, que no os pago lo que os debo; por págaros de una vez, que deis la mano pretendo a la Infanta. . Gran señor, tanta gloria, tanto premio, para servicios tan cortos? pero imagen os contemplo de Dios, y a su imitación dais favores tan supremos. Cónsuso estoy, y admirado. Es un milagro don Pedro de valor. . Tu nombre aclame la fama en sonantes ecos. Mil parabienes te doy. Mañana aguardo en Toledo, Maestre, para hacer con mi hermana el casamiento. Véngase el Márquez conmigo, y traiga poderes vuestros, para que él en vuestro nombre se despose, y vos don Pedro a Cordova dad la vuelta con el ejército vuestro, y en disponiéndolo, al punto os partiréis a Toledo, donde os aguarda la Infanta. Humilde a todo obedezco. Adiós. . Viva vuestra Alteza más siglos que Astros el cielo bordan. . Él, Maestre, os guarde. Viva Entí que nuestro dueño. Qué decís de mis venturas? Qué goces siglos eternos, la belleza de la Infanta. Sus divinos ojos bellos desde que los vi me abrasan, aunque siempre con desprecios ha pagado mis finezas Será de casta de huevos, que mientras más los calientan, más duros se van poniendo. Amante pienso lograr la gloria de mis deseos: vamos a Cordona Infanta, que en ella servirte quiero. A todo estoy obediente. Fortuna que vas subiendo, a tu rueda pon un clavo, no aspires a más trofeos, que si al cielo me has subido, mal podrá pasar del cielo, Envidioso estoy, que el Rey case al Maestre don Pedro con doña Isabel su hermana; que haya de gozar el Reino don Pedro, fácil el Rey; sin consulta, ni consejo se determinó al casarla. La pasión, viven los cielos, traba en la boca la lengua, y abrasa al alma en el pecho: alborotarase España. Vive Dios, que estoy resuelto, si me ayudáis, a matarle. Yo lo haré, porque aborrezco al Maestre, y la ocasión de habernos a los dos puesto mal con el Rey, y quedarse premiado, alegre, y contento basta. . . Si hemos de matarlo, se ha de buscar un veneno, que el Maestre es poderoso, y es importante el secreto. Yo me he de quedar con él en Cordona, y vos don Diego en seguimiento del Rey os partiréis a Toledo, y veréis que con mi industria, Argos de su perdimiento, le abato lo poderoso, y le rindo lo soberbio. Pues a Dios, y obrar callando. Muera el Maestre don Pedro, Solo don Pedro Oirón merece, divina Infanta, el premio a que le levanta mi amos, y mi estimación. Cuando le juzgué enemigo, tan amigo le hallé, que su lealtad admiré, de que he sido buen testigo. Es digno su entendimiento de la mayor Monarquía. Venció con su cortesía mi enojo, y mi sentimiento. Como digo, te ofrecí por su esposa, que merece esta gloria que le ofrece la grandeza en que le vi, Él es digno de ser Rey del Reino más superior: que me respondes? . Señor, tu gusto es precepto, y ley. Pues el Márquez de Villena se ha de desposar, señora, contigo en su nombre ahora, y la ciudad está llena de los señores de España, para celebrar tus bodas, y en esas almenas todas, que el Tajo dorado baña, con festejoso contento en este dichoso día el júbilo, y alegría tras ladan al firmamento. El Marquez, y el Arzobispo aguardan a vuestra Alteza. Infanta, vamos. . Señor, pues cómo con tanta priesa? Esto importa luego, hermana, don Pedro en Cordova queda, para enviar a Archidona toda la gente de guerra, porque él fue quien la ganó, quiero que a cobrarla vuelva: por eso con poder suyo vino el Márquez de Villena a desposarse. . Señor, la obediencia es la respuesta; vamos. Qué ventura! El cielo quiso lograr las finezas de don Pedro, a quien fui ingrata mas su fortuna las premia. Ya con músicas sonoras todo el Palacio se altera, y en repetidas canciones los desposorios celebran. Galán, airoso, y bizarro llega el Márquez de Villena; ya da la mano a la Infanta: la bendición de la Iglesia les ofrece el Arzobispo; quién estorbarlo pudiero? ya es Rey don Pedro Girón, pues si herederos no deja el Rey, hereda su hermana: que he de ver en su cabeza la Corona de Castilla? incendios el pecho queman, cuando don Juan con veneno no le mate, su soberbia he de acabar. Admirando las honras que vuestra Alteza hace al Maestre mi hermano; turbada apenas la lengua puede pronunciar razones, para ponderar finezas. Muestre de Santiago estos favores son deudas. Cuál Ícaro me contemplo, que al cielo de esa belleza llegando, divina Infanta, las alas, que el viento peinan, me abrasan vuestros dos soles. No os pueden quemar, ni queman mis soles, que vuestras alas, Maestre, no son de cera, y alas de merecimientos seguras al cielo vuelan. Aquí de mi sentimiento? Si das, gran señor, licencia a recibir a mi esposo a aquesa primera aldea saldremos aquesta tarde, que ya he sabido que llega. Vamos. Un cielo es Palacio con júbilos, y con fiestas. Reconocido agradezco, los favores. Zaida bella, con que me honráis pues pudiendo dar a Granada la vuelta, enviasteis vuestra gente, y aumentando la grandeza de mis bodas, pretendéis hallaros, señora, en ellas. Aún no cumplo obligaciones que debo a vuestra nobleza, y a vuestros méritos grandes, como España manifiesta, pues os pone en profecia la Corona en la cabeza. Cómo corremos la posta, juzgo que estaremos cerca de Toledo. Qué ruido es este? . Es mía esta aldea de Villarubia, y hoy sale a recibirme con fiestas. Estimo vuestro agasajo. 1. Gran señor, aquesta aldea, no en obras, si no en deseos, el amor que os tiene ostenta. Dios os guarde. 2. Tarde es ya, señor, y si dais licencia, os traeremos de comer. Disponeldo luego, y sea con brevedad, que el amor siglos los instantes cuenta en ausencia de Isabel. Ya están poniendo las mesas, si mis designios se logran, en la copa, cuando beba, ha de ser este veneno Rémora de su grandezas 1. Bien podéis sentaros ya, que las mesas os esperan. Ya eché el veneno en la copa, sin que ninguno mev iera, si los efetos produce, que descubre la experiencia, la Corona de Castilla no ha de ver en su cabeza. Válgame Dios, que accidente me congoja, y me atormenta? que líquido fuego es este, que corriendo por las venas, entorpece los sentidos? alzad al punto las mesas: dejadme todos, dejadme. Qué tienes? de qué te quejas? Que me abralo, que me abraso. Repórtate. . . Aguarda. Espera. Un volcán tengo en el pecho, sin duda la muerte es esta, que envidiosa, y enemiga cierra a mi dicha la puerta: que me abraso. . Alán te valga. Confuso estoy. Yo estoy muerta. Que me abraso, ay Isabel, cuya divina belleza adora el alma, hoy te pierdo, que me abrasan, que me queman. Logrose el intento mío, obró la ponzoña fiera. Con tal grandeza, señor, ha salido vuestra Alteza a recibir a mi hermano, que embarazada, y suspensa, la misma sama le admira. Extraordinarias finezas merece el valor Marqués, de don Pedro. . A vuestra Alteza honores tan soberanos con que hoy a mi esposo premia, reconocida agradezco. Dios os guarde, Jofanta bella. Pero qué es esto? Señor, escucha, y sabrás; la pena enmudece las palabras, traba en la boca la lengua: don Pedro Girón es muerto. Qué dices? . Qué triste nueva Viviendo a Toledo a ver a Isabel su esposa bella, con quien está desposado, llegó a Villarubia, aldea suya, y comiendo gozoso, como quien tal gloria espera, un accidente furioso le sobrevino, y su fuerza fue tanta, que entre mortales fatigas, y ansiosas penas, quitó la vida al Maestre, y al fin; señor, muerto queda: pero sin duda la envidia, valiéndose de cautelas venenosas, le dio muerte, y yo, si me dais licencia, en esa verde campaña defenderé su nobleza, defenderé su lealtad, y que ha sido la soberbia, y la envidia quien le ha muerto, que en infelices tragedias, envidias vencen fortunas, como se ve en la experiencia. Válgame Dios, qué pesar! Qué desdicha! . Qué tristeza? Hoy pierdo el mayor amigo. Hoy sin dueño el alma queda. Valiente Mora, si dices que es la envidia, y la soberbia quien le acabó, que valor puede resistirse de ella? Rémora de su fortuna fue, la fama diga atenta, que envidias vencen fortunas. Y el Autor humilde os ruega hagáis feliz su fortuna, perdonando esta comedia,
