Texto digital

Texto digital de El engaño de unos celos

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Román Montero de Espinosa
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El engaño de unos celos. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/engano-de-unos-celos-el.

Logo BICUVE

EL ENGAÑO DE UNOS CELOS

JORNADA PRIMERA

Os habéis prevenido para Francia? . Si señor. Mucho madama Leonor me ha cautivado el sentido, y si el retrato ha podido con impulso celestial, obrar con imperio tal, que obrará vista después; y más cuando dicen que es mas bello el original: Así la fama pregona; cuando partiréis? . Mañana. Tabién puede estar mi hermana golosa, que es gran Corona la Francesa, y la persona del Delfín de estimación. Los poderes, y instrución tenéis? . Si señor. Prevengo, que obraréis conforme tengo de vos la satisfacción. El Almirante, señor, espera a besar tu mano. Estimo más que el cercano, parentesco su valor. Muy bien merece el favor con que le honra tu Alteza. En el lustre, en la nobleza de los vasallos, Marqués, se conoce cuanta es de sus Reyes la grandeza; porque en buena razón hallo, conforme a la humana ley, que siempre le da a su Rey la calidad el vasallo. Es honor suyo el honrallo cuando es noble, y al que ves pobre, y humilde, Marqués, es interés aliviarle, porque en uno, y otro halle el honor, y el interés. La plebe, como es razón, y nombleza cortesana, de tu prudencia temprana pública la admiración. Mal usais de adulación, si hombre me juzgáis constante; decid que entre el Almirante. Si es verdad. . Aunque lo sea, quien ser amigo desea, nunca lo dice delante. Dadme los pies. . Levantad, llega, Almirante, a los brazos, porque con estrechos lazos se firme nuestra amistad. Mire vuestra Majestad que humilde vasallo soy. Bien sé a quien mis brazos doy. Yo que favores poseo los extraño, cuando veo que sin méritos estoy. De Inglaterra el honor consiste en vuestra persona, y mi frente la Corona ciñe por vuestro valor. Si es dicha el ser vencedor, si es fortuna, claro está, que aquesta gloria será de aquel que da la victoria, que es el Cielo, a quien la gloria, señor, se le deberá. Ser humilde, y ser valiente un hombre, es grande interés. Mayor es él vuestro, pues en poca edad sois prudente. Vuestras lisonjas, pariente, sabéis que siempre he estimado, mucho es lo que me habéis dado, y nada habéis recibido; ved que soy agradecido, y me confieso obligado. Según dudáis imagino, que os empezáis a turbar, ya sé que os queréis casar, ser quiero vuestro padrino. Hoy confieso a mi destino por feliz, si a tal favor ceden las glorias, señor, del victorioso laurel, que si fama me dio aquel, aqueste vida, y honor: permite que en esas plantas otra vez el lauro imprima. Mi voluntad os estima. A nuevo ser me levantas. Si exageraciones tantas son por la novia, Almitante, finezas son de un amante, y justas, cuando el emoleo es tan conforme al deseo de un amor que es tan constante lenguas la fama engrandece su mucho merecimiento, y para engrandecimiento, dicen, al fin, que os merece. Poco, señor, se encarece su virtud. . Cuando queréis casaros? . Cuando gusteis. Porque sé que gusto os doy, haré, Almirante, que hoy la mano a Isábela deis. El silencio os encarezca la obligación en que quedo. Ved en que serviros puedo. Haréisme cuando se ofrezca toda merced. . No os parezca cumplimiento. Mas cortés al que tan amigo es; como yo, vuestro juzgad. Largos años os gozad. Para serviros, Marqués. Señor. . qué quieres? . Saber si estás solo. . Solo estoy, llega, y sabrás . Qué . que hoy dueño de un cielo he de ser. Primero me has de mirar si parece alguna dueña, porque desde aquí a Sansueña de un trote no he de parar; que un solo rasgo de luz dueñifero causa horror, y en mí la causa mayor, que en el demonio la Cruz. A quién habrá que no asombre ver lo que en el mundo pasa: Dueñas de honor en su casa se atreva a tener un hombre: Ser tú el dueño solicita, y no hagas dueña de el hombre a una arpia cruel, que lo que le das te quita. Si cuidar de tu honor puedes, y a una dueña se le das, de quien, di, te quejarás cuando sin honor te quedes? Y si es verdad lo que he oído de que te casas, señor, y ha de haber dueñas de honor, yo me doy por despedido. Porque dado que te atrevas a que en su poder esté, juro a Cristo que no dé por todo tu honor dos brebas, Ya sabes. . El pasa tiempo deja para otra ocasión, que es menester prevención, y es muy limitado tiempo. Su Majestad a Isabela gusta que le dé la mano, y por ser tan soberano favor, el alma recela. gozarle, que no hay camilo para que pueda, Lirón, haber igual proporción entre la humano, y divino. Ya empiezan las calidades de novio, pues en efeto siendo, como eres discreto, vas diciendo necedades. Con boda desconfianza! Con boda señor, temer de gozar a la mujer que más perfección alcanza? Ahora sabes que todas desde el pecho de su madre, no hay juego que más les cuadre, qué es el juego de las bodas? otra cosa juzgo yo, que puede dar más cuidado. Aunque no se me ha olvidado, nunca cuidado me dio, A mí sí porque es mujer poderosa, y despreciada. Mientras no está declarada, qué desprecio puede haber? Nada mi alma recela con deidad tan soberana. Es Leonor de un Rey hermana. Pues qué importa, si Isabela es imagen que venero, es si mulacro que adoro, es de glorias un tesoro, por quién vivo, y por quién muero? Mala, señor, la tenemos; vive Dios que nos ha oído. Notable el azar ha sido, toda mujer es extremos. Qué este enemigo se case? . Deme la mano tu Alteza. Mejor es el parabién, que os doy de la que os espera. Malo es esto. . A tal favor muda, señora, la lengua, estimaciones publique, si exageraciones niega. Y es la novia muy hermosa? volcán el pecho revienta . los traslado fácilmente En la humilde habitación, que pobre le da una Aldea, de más virtud que hermosura admiraciones engendra. Virtud mucha? . Virtud tanta, esa señora doncella que la virtud más perfecta, siendo la misma virtud aprender virtud pudiera. Virtud de virtud será. Qué exageración tan necia! Juzgáis acaso que ignoro, que ha tres años que llavela os corresponde amorosa. confesándose por vuestra? y que os ha dicho su pluma mas requiebros, más ternezas que al aire daba suspiros, siendo ellos más que las letras? y en ese inculto retiro, adonde en su competencia decís que no hay perfección, ni que hay virtud que lo sea, ausente vos hubo en monte, peñasco, bruto, ni fiera; que no ablandase con ansias, y lastimase con quejas? Hubo cristal fugitivo, que con sus líquidas perlas, naciendo un caudal humilde, caudoloso no muriera? Y hay olmo en el litio todo de sus bosques, y sus selvas donde no esté vuestro nombre esculpido en sus cortezas? Y presente no sé yo, que de su casa una reja, mas hierros escuchó suyos, que vos palabras por ella? Y como hierros ablanda fuego, que en ella se aumenta, de la ventana a la puerta? Es esta mucha virtud? Siendo la intención honesta: Pues que queréis que haya hecho para no ser tan virtuosa cómo exajeráis? Esfuerza llegue a estado de poder ensayarse de Lucrecia? No habéis visto mariposa cuando a la llama se acerca, como ella misma su muerte voluntariamente intenta, y si con la vida escapa, des dichosa contingencia, o es muy poca actividad del fuego a quien galantea? pues si ella llegó a la llama de vuestro incendio resuelta, con más gusto del peligro, que temores de la ofensa, libre (si acasolibró) es virtud, porque merezca alabanza? Dicha sí, con efectos de tristeza; porque aquella que se arroja a la llama, mas quisiera hallar la muerte, que hallar en los incendios ribieza. Aquesto sé que es verdad, excusad en mi presencia tan groseras alabanzas, umas cuando son siniestras Que ay, Almirante, mujer, que en amorosas palestras, con claustros de honestidades, y recatos de vergüenza, recelos de la ocasión, y temores de la afrenta, conociendo se rendida al rendimiento se niega, enmudeciendo suspiros, fortaleciendo flaquezas, desmintiendo los ahogos, negando al viento sus quejas, refrenando su apetito, resistiendo violencias, ocultando sentimientos, y disimulando ofensas: y halla en lugar de alabanzas, quien niegue correspondencias, quien burle de sus suspiros, quien se alegre de sus penas, quien ría de sus ahogos, quien no estime sus finezas, quien desprecie sus cuidados, y quien su amor aborrezca; mas vive Dios, despeñada mis precipicios me llevan. Señora? . Vos sois la causa que esté de cólera ciega. No visteis al que ofendido su enojo vengar intenta; sin poderlo conseguir del que le dio la materia, que la cosa que más ama procura saber, y en ella le ejecuta, porque más a su enemigo le duelas Así, pues, yo, ofendido de la grosería vuestra, imposible la venganza, que en vos el cielo me niega, la cosa que más amáis conozco, que es la Duquesa; y para poder vengarme hoy mi enojo experimenta, si bien, aunque es la verdad de haberlo dicho me pesa: Muy buena mujer lleváis, Dios os haga bien con ella. . Lindo lance hemos echado, si aquello que en mal comienza, siempre en mal, señora, acaba; muy bellaca boda es esta: que todas estas Infantas, juzguen que deidades hembras nacieron, y no mujeres, cosa que tienen por menguas y juro a Dios que lo son mucho más que las pobretas, cuya carne varonil entre sayales envuelta, curtida de los trabajos, de duros callos pertrecha su pellejo, y aunque amor desembarque más saetas que ha tenido en sus aljabas, después que mamó la tera de aquella su honrada Madre nunca lablanda! su dureza; pero una carne entre holandas con cien tellices de seda, hecha en Invierno al capón, y en el Verano a ternera, y en todo el tiempo del año a almibares y jaleas, dada al ocio, o dada al vicio, que es todo una cosa misma, siempre la hallaréis manida, como es de suyo tan tierna, y a muy pequeño descuido de trincharla se malea, porque carne delicada se corrompe con presteza. Traslado a la que se va muy deidad en la apariencia, que ya de puro manida de no trinchada se queja. Y al saber que hay otro plato guisado para la mesa, desazonarle procura, por si ella suplir pudiera. Muy buena mujer lleváis, Dios os haga bien con ella? Repeticioncita? el juicio debe de andar en tabletas. Ay, Lirón, si tu alcanzaras que es un diamante una lengua, y que es un vidrio el honor, que si le toca le quiebra, no hicieras admiraciones, que yo locuras hiciera, porque en la cara me digan, cuando ya el casarme es fuerza: Muy buena mujer lleváis, Dios os haga bien con ella, Alguna gentilidad, al fin, como gente ciega afirmó, que cuando un alma difunto su cuerpo deja, se entra en otro, que de nuevo forma la naturaleza; y que de esta suerte andaba como en tahona perpetua, trayendo, y llevando cuerpos como costales de tierra; y es el juicio de los dos de aquesta misma manera. En amias no hay más de un juicio y luego, que en mi comienza, como ahora sé que tú difunto de juicio quedas; y a un loco le he de traer como a loco en mi conciencia; pese alruin hombre. . qué dices Que es un ruin hombre el que piensoa el que imagina, el que teme, que un cielo ofender le pueda; tenga juicio enoramala, o le harán que le tenga. Cómo es eso? . Cómo es eso? Cortándole aquesa lengua, porque en su misma desnonra no diga tantas blasfemias; porque ha de juzgar que es malo cuando le dicen que es buena? miente el loco, juro a Cristo, que lo piense, o que lo crea. A que he comido su pan aquesta vez agradezca, que si no entre otros orates ir a casarse pudiera, porque a saber; qué es saber? a ofrecérsele una idea, solo de lo que ha pasado por marido; que es marido? ni aún por mozo de despensa, Ven acá, quien te ha dictado tan honradas desvergüenzas, tan decentes libertades, y locuras tan atentas? Mas honrado eres que yo, con razón me vituperas, con mucha causa me ultrajas, con justicia me desprecias, Vive Dios que estoy corrido, y si trocarse pudieran nuestras acciones, trocara por tu humildad mi grandeza: De hoy más, en mi estimación, con muche crédito quedas, y en señal de agradecido te doy aquesta cadena, que reprensiones justas agradecimiento engendran, si no es que el reprendido muy necio, o muy loco sea. . Ya, señor, que el juicio cobras, es fue, za que yo le pierda; vivas en su compañía a pesar de quien se pesa, mas años que diezedades, y más siglos que una suegra. El Almirante ha tres días que falta, Juana, de aquí sin escribirme, y así crecen las sospechas mías. li Pues qué temes? . El saber qieasiste mucho en Palacio, adorde está más despacio de loque era menester. Pues no fue a pedir licencia para casaros? . Si fue; pero ha días que yos? queáspira a más que Ficelencia. Noteser satisfacción seña de tu hermosura, confiésote que es cordura; mas muy poca estimación, que es muy bajo presumir rendirse a tales desmayos, sabiendo que con tus rayos nadie puede competir. Deja tan vanos temores, que ya sé de quien los tienes; y sé que tiene desdenes, tantos como tu favores. Muchas veces, Juana mía, viéndole me han persuadido a que ha de ser mi marido mi respeto; y cobardía. Y por el justo decoro con que siempre me ha tratado, a conocer he llegado que me quiere, y yo le adoro; Mas permíteme el temor como no crea la ofensa, que es efecto en que dispensa el más verdadero amor. Dame el capato a besar; y el guante te besaré, porque de mano, ni pie, no puedes ya dispensar: Qué dices? . Si haces reparo lo entenderás, . Yo lo entiendo? Paréceme que te ofendo, sino te lo digo claro: De tu boda el parabién; Lirón, señora, te da, la cual hoy comenzará por siempre jamás amén. Y haréis en nombre de Dios entre las doce, y las trece, que a esa hora me parece. que os acostaréis los dos. Esta noche velaréis, y mañana os volarán. que es lo mismo que harán después que muertos estéis. Y por haber poco espacio, pues ya cuando yo partía toda la gente salía para venir de Palacio, que me adelante previno mi señor, porque al momento hagas al Rey aposento, que viene a ser el padrino. Este diamante, Lirón, recibe, y de aquí adelante, no solo del Almirante tendrás salario, y ración, que otro tanto por mi cuenta haré que se te señale. Sola esta dadiva vale por más de ciento y cincuenta; vivas más años que el tiempo por solo verte ha vivido, y con tu Mayo florido, nunca tenga pasatiempo, para que quede excedida en siglos de Arabia el ave, que en el aroma suave pierde, y conserva la vida. Culto vienes de la Corte. A los que dan con aliento se debe encarecimiento, señora, de mucho porte. Y en llegando a las edades de los que Alejandros son, siempre es la terminación en siglos, y eternidades. Mas si de menor cuantía es la liberalidad, no se pasa de la edad de una suegra, o una tía. Entra, Juana, a aderezar el cuarto para su Alteza, corto albergue a su grandeza, donde se habrá de estrechar. Qué cuarto ha de ser? El mí Dónde pasaré tu cama? Pasala en casa del ama que me crió. . Desvarío me parece. . Por qué, Tuana? Porque hay casa suficiente, donde será más decente que en casa de una villana. Que sentirá el desposado, que de tus favores goza, si halla que en una choza le tienes aposentado? Sentirá, si es entendido, como lo es el Almirante, que una choza me es bastante estando con mi marido. Demás, que como es sagrado donde el Rey asiste, fuera profanar si allí durmiera con su mujer un casado. Y cuando decente fuera, sabes que en mi encogimiento no llegara a darme aliento a que yo lo permitiera. Luego dicen que se quita. Pues yo digo que se aumenta en la que ajustarse intenta, y honestidad solicita, que ya que perdió la palma del cuerpo (aunque con decora es bien que aumente un teror de virtudes en el alma; que en las que doncellas son, rara es la que no desea no serlo, licita sea, o ilicita su intención, juzgando por permitido, con decencia, o sin decnua, libertades de concienca para adquirir un marin pero en casándose alcanza quietud su solicitud, que causa mucha quietud una gozada esperanza. Y en menos ociosidad la virtud, Juana, comienza, auméntase la vergüenza, y crece la honestidad. Crece en su vista el recato, en el recato el honor, en su constancia el valor, y su decoro en su trato. Y así mayor perfección todas las casadas cobran que las doncellas, si obran conforme a su obligación. Esta mujer me contenta vive Dios. . Digo, señora, que es justo que desde ahora lo mismo que sientes sienta. Tu dirás a tu señor le traiga el cielo con bien, porque aqueste parabién me de cumplido el amor. Vive Dios, que me ha dejado esta mujer aturdido; casi para ser marido me deja prevaricado. Que gran dicha un hombre tiene cuando llega a merecer en su casa una mujer, que su tégalo previene; si será buena Rufina? Esta Ivanilla me ruega, mas una es haca gallega, y la otra mula mohina; pero que dices, Lirón? Tu guardainfante? tu moño? aredro vaya el demonio, Jesús, y qué tentación! perpetua mujer en casa un hombre, es muy grande azar, porque se debe llorar mas que un muerto al que se casa. Si tiene mujer hermosa, es pedigueña, es esquiva, es loca, es vana, es viva, es soberbia, es desdeñosa. Si con fea está casado, siempre que la vuelva a ver, verá en vez de una mujer un hombre demonio allado. Si es flaca, rigor es fuerte, si bien los vicios aplaca, porque es una mujer flaca memento homo de la muerte: Si es gorda, sera voraz, que de mucho calor peca, lárdeale con su manteca, y se le come en agraz. Si es vieja, que desdichado, aunque a este el diablo le deja, que huye tanto de una vieja, que nunca será tentado. Si hay de boca mal olor, juro a Cristo eterno, que habitar en el infierno fuera partido mejor. Pues un sufrir inhumano cada mes tal porquería, no fue tal la tiranía del Martirlogio Romano. Pues que si hay suegras, y tías, vive Dios que esto bastara a que del cielo bájara a llorarle Geremias. Si fuera censo, al quitar aquesto del casamiento, bien pudiera ser que aliento me diera para probar; que gran pícaron de toda hembra que me oye seré; pero en lo interlor yo sé que a mi opinión se acomo da; sino digan lo que sienten: si esto del mudar se usara a vustedes les pesara? Diran que sí, pero mienten, porque aberiguado es, que mi darán a porfía vustedes más en un día, que nosotros en un mes. Ce, ce. . No paste adelante. señora, y escucharé; pero si pasa a la de, no he de esperar un instante, que a esas letras he tenido siempre mucha oposición, que como vecinos son, siempre se han correspondido. Deme. . A mujer tan prolija. no hay que esperar. . Majadero, que me dé noticia quiero de la amo, no se aflija, que no soy mujer que pido. Pues si es mujer, es cordura no pedir, que la hermosura va ya de plazo corrido, muchacha, Reina, ha de ser, hasta muchacha es la tasa, que si de muchacha pasa, ya es muy dura de comer. Y por muchacha que sea, no será mujer? . Si hará; mas llamárselo será peor que llamarla fea, y yo no he de presumir que nadie se ha de ultrajar, y se ha de quurer llamar lo que no quisiera oír. Quién le ruega al picaron? Por Dios que aunque me rogan Cómo no ha visto la cara, Cara de satisfacción debe vusted de tener; paréceme que se enoja. Doblemos aquí la hoja, que tengo mucho que hacer, Si este memorial le da en la mano a su señor, y se despacha en favor de quién es, dos mil tendrá. Palos? . Escudos . Por Dios que es muy lindo el pasa tiempo quien ay que de en este tiempo dos mil escudos, ni aún dos? Anda con el diablo, hermana, busca allá quien te le lleve. Pues para que claro vea que no es la promesa vana, por solo darle el papel le dan aqueste volsillo. Saque por aquí el ovillo, cien escudos van en él; y lo que le advierten es, le dé antes que la mano dé alsabela, porque en vano será dársele después. Qué mira? doblones son. Qué duda? en qué se suspende? En si es moneda de duende, y se ha de volver carbón. La verdad por vida mía, dígame si a caso duermo, o si a caso estoy enfermo, y esta es vana fantasía. Lo que le he dicho es verdad dele al punto, que si tiene buen despacho, se previene aún mayor felicidad. Pues a hacer la diligencia voy al instante, porque con esos dos mil seré poco menos que Excelencia, toca esos huesos, y advierte que no será poca parte la tuya, porque he de darte un todo yo hasta la muerte. Casamiento? . Casa qué? Pues cuál es su pensamiento? Como tú quites el miento casa yo la buscaré, Para bergante le dejo. O qué presto me ha creído la bovilla! su murido seré aunque sea en bosquejo. Rúsina es bien conocida, Leonor de esta suerte cierra, esta Infanta es una perra, y pienso que anda salida. Es Ilavela una Santa, es mi amo escrupuloso, y ha de resultar celoso, porque es cierto le levanta testimonio: qué haré de él? Romperele? no; inocente está Isábela es prudente. Yo quiero darle el papel, para que de su mortal enemiga conociendo el intento, previniendo vaya el remedio a su mal. Aya un la cayo también, cutre otros muchos criados que se han preciado de honrados, preciado de hombre de bien. Roberto. . Señor. . Mirad y tan funesto semblante? que he de partirme al instante, Si la novia aún no ha salido de la Capilla, y te partes, los favores de padrino los conviertes en desaires. Esto, Roberto, conviene. Pues sea cuando gustares, que todo está prevenido. Ya sé qué para matarme se previnieron los rayos de dos soles, si deidades, que sin herida exterior, con heridas penetrantes, ni me dan vida que viva, ni la muerte con que acabe. Es posible que no adviertes que presente el Almirante reparará en tus extremos? Es mi amigo, pesarame, lo que no hiciera por mí, hago por él, que es quitarme de la ocasión. . Generoso a quien eres satisfaces. Almirante, por mi vida que os quedéis. . Para obligarme a obedeceros, no fuera menos violencia matarme? Quedaos a lograr el tiempo que en sumas felicidades os ofrece la fortuna. Dichoso vos, que de nadie tenéis que tener envidia; el cielo a Isabela os guarde, porque sus glorias gocéis, y a mi con penas me mate. . El próspere vuestra vida por dilatadas edades. Con tanta tristeza el Rey? Tantos suspiros al aire? Tal suspensión de sentidos, Con tanta extrañeza, cielos, el que ayer vi tan afable? con tanta severidad? tan otro en tan breve instante? Y qué logre el tiempo dices? O que mal podré lograrle, porque nunca yo he tenido tiempo de tantos azares! La dicha por envidiado me atripuyes, cuando sabes, que en si la envidia víncula. todas las adversidades? Oh llamásteme dichoso por algo que me envidiaste, y si no son imposibles. mal tendré seguridades. Dime que envidias en mí; pues nunca supenegarte el humor de aquestas venas en arroyos de corales? Pero pues no me lo has dicho, y aquesto que digo, sabes, debe de ser lo que envidias do más valor que la sangre, No me atormentéis sospechas, deja me vivir pesares, que sois muchos para un hombre, y es propriedad de cobardes. Que me quería casar

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda me preveniste Rey, antes. que topidiera licencia, ni que yo me declarase. Y no pudiste saberlo, por ser oculto, de nadie, si no es de mí u de Isabela; de mí nos luego es constante? Oh vil pensamiento mío! Oh duda en sospecha infame! Oh imaginación villana! Oh idca digna de ultraje! Yo de un cielo tal flaqueza! De una deidad libiandades! Mancha yo en un sol tan puro! Yo imperfección en un Ángell Vive Dios, o pensamiento, que si pasáis adelante, que por vengarme de vos, hasta el alma de he arrancarme porque alma no he menester tan abatida, y cobarde, que sobrándole el honor, tema que el honor le falte, que de una imaginación, de un hombre su agravio nace, y agravios se han de vengar primero que imaginarse. ̱ Cuenta con él, ataja, por lo espeso del monte al valle baja. Res por el monte viene, que el ruido de las ramas lo previene. Guarda, señora, el oso. s. El tiro es peligroso. No le tires Infanta. Nunca una fiera a mi valor espanta. on notable destreza, siempre he visto tirar a vuestra Alteza. Cayó en el suelo el arrogante bruto. El mísero tributo dela vida que exhala pagó aún primero que lle gó la bala. Retirad esa fiera. Si tan bizarra acción Diana viera, que envidiosa quedara, pues con razón juzgara ser en beldad tu Alteza prefetida, que la fiera rendida la júzgara despojos de los violentos rayos de tus ojos. Es favor soberano, que estimo, al fin, como de Rey, y hermano, si no es que acaso sea el haverse ofrecido a vuestra idea. No sé qué imagen en beldad divina, que en vuestra alma me dicen predomina, y hacer queráis ensayos en la que aún no es centella de sus rayos. Bien sabe el Cielo, hermana, que beldad soberana, la tuya ha venerado el alma mía, adonde presidía tu imagen tan deberas, que llegué a desear que no lo fueras; pero si es lo difícil del empleo espuelas al deseo, es también infalible, que es freño un imposible, no porque es a mi afecto necesario, que el pensamiento vario me traía a la memoria de ajena perfección distinta gloria, que mi encarecimiento, no es posible que llegue a lo que siento, Mas dime de qué suerte has sabido la causa de mi muerte, que por ser tan oculta el alma dificulta que haya llegado, hermana, a tu noticia, si no es que por codicia de tan divino empleo, en exteriores ansias me deseo, a entender te haya dado la causa que me causa mi cuidado. Mal oculta la llama el que de verás ama, que de cierta Isabela, la hermosura me dicen que os desvela. Oh frustrada esperanza, si de aquí resultara mi venganza! Tú, Infanta, considero, que alivio puedes ser del mal que muero. En todo lo decente, no habrá medio, señor, que yo no intente; pero en tal ministerio, muy mal se puede obrar sin vituperio, y he nacido muy vana, porque sé que he nacido vuestra hermana: disimular conviene, pues el cielo venganzas me previene. Aunque fue atrevimiento el mirar tan atento a deidad que ha dejado ciego al amor, por solo haber mirado, y que donde ha perdido, el Dios de amor el principal sentido, no hay porque a nadie asombre, que todos los demás lo spierda un hombre. Aún no desuerte adoro, que anteponga mi amor a tu decoro, que aún tengo preferida tu decencia a mi vida, y es bien que se prefiera, si es que ha de padecer, aunque yo muera; pero esta maravilla de hermosura Leonor, hasta una milla está de aquidistante, mujer del Almirante. que juntarón los cielos Pues eso es lo que causa mis desvelos. Esa es mi cobardía. . Y esa es la pena mía. Por ser tanto el empeño. . Por semejante (dueño, Que si antes yo la viera. Que si yo con más tiempo lo supiera, Nunca ella se casara. Antes muriera yo, que se eféctuara, Con tanto extremo, Infanta? Pues qué, señor, te espanta? cuando tu pena tanto me encareces, si padezco lo mismo que padeces. Mucho, her mana, te debo. Pues yo a decir me atrevo que me debes muy poco, pues cuando me provoco para ayudar, señor, tu pensamiento, no de tu sentimiento al alma informo, infórmole del mío, que sin libre albedrío de oírte me ha dejado, sin que te haya admirado tanto encarecimiento, porque si mucho sientes, mucho siento; y pues es tan cercana la habitación de esa deidad humana, que tanto te molesta en ella pasaremos esta siesta, donde la industria mía, como sagaz espía sabrá inquirir el modo que habemos de tener, señor, en todo que de lograr tu empleo, resulta que se logre mi deseo. Dame, hermana, los brazos, o rendido eñas de agrradecido, me verás a tus plantas, pues con tu ayuda al cielo me levantas. Muchas obligaciones me previenes mas de las que me tienes, que en jo que hago por ti, por mí lo hago, que al cuidado que tengo satisfago. . Hola. Señor. . Parece que crece el día, y la satigra crece del calor demasiado: la Infanta, y yo nos vamos a Belgrado, al pie de ese eminente fragoso risco recoged la gente. Serás obedecido. . Como no haya venido, cuando fenezca el día, bien podéis despedir la Monteria. Aunque el acierto fue tan soberano, no escribir de mi letra aquel villano, muy bien lo escrito del papel bastaba, por testimonio fiel de quien le enviaba, burló de mi decoro, que con interno sentimiento lloro. Mas quien ay que no sienta ultraje tanto, semejante afrenta? Viven los altos cielos, que sosiego no tengan mis desvelos, primero que homicida me vea de su honra, y de su vida. Papel escribe la Infanta para el Almirante? Cielos, tan presto morir de celos! tan presto fatiga tanta! Oh placeres de la vida, y que poco que duráis, pues adonde os levantáis a llí tenéis la caída! Beber el veneno quiero que ha quitarme el vivir, porque ya que he de morir quiero saber de que muero. Él viene sin sobre escrito, y también sin firma viene, donde acreditado tiene quien le envía su delito, porque si lícito fuera, ninguna razón había de callar a quien le envía, ni de ocultar de quien era Oh letras! qué manifiesto mi triste sin anunciáis, si antes que muerto me hayáis venís de color funesto, Pero si al fin ha de ser, no es dilatarlo mejor, pues más suave rigor es morir que padecer. Más cerca estuviera de vuesteo cabeza la Corona de estos Reinos distinta persona de la que habéis eligo do. Esta llegará a vuestras manos? tiempo que lo podáis remediar, si que me aleguéis empeños, pues se beis que podré con facilidad sacaro de todos. Dios os guarde. Un papel, si no me engaño . a Isabela la divierte. O qué rigurosa muerte es llegar a ve desengaño? Al cielo, papel, pluviera, que más temprano llegaras, porque libre me hallaras, y así a tu dueño eligiera. Qué es esto, cielos que oí! Mas sin duda me engañé. Aún apenas me casé cuando el sosiego perdí. Oh cuánto fuera mejor que hubiera con él casado, sin padecer el cuidado que me dan! . Esto es peor. Que sosiego, que quietud, cielos, podrá consolarme, cuando siempre he de acordarme de aquesta solicitud, pues ya que el casar con él faltó, quien le supo amar, tarde le sabrá olvidar. Mucho aprieta este cordel. Y si yo en él entendiera semejante voluntad, nunca yo mi libertad tan fácilmente rindiera, pues sabe el cielo estimara, por quererle el alma mía, si en tan alta compañía de la corona gozara. Aquí no hay más que esperar, ni más se puede sufrir. Fue vergüenza del pedir el llegármele a quitar? tan severo? tan cruel? tan pálido? tan mortal? Yo acaso he tratado mal al dueño de ese papel? de tanto pesaralarde? y tan al alma llegó? pues tengo la culpa yo de qué haya llegado tarde? No vi sentimiento tanto: toda día sin color? más puede mucho el amor: en verdad que no me espanto, que con el impedimento que conmigo habéis tenido, no era mucho haber perdido, de pena el vital aliento. Mucho, señor estimara de hallaros en estado de lograr vuestrocuidado, que es cierto que se lograra. Y aún si este contraro fuera de poder volverse atrás, por vuestro gusto no más os aseguro lo hiciera. Pero pues no puede ser, os ruego andéis advertido de que ya sois mi marido, y yo soy vnestra mujer. Cuanto más tengo de aliento tengo más de confusión: notable contradicción en uno, y en otro siento; mas este ilioma sucinto podrá con sacilidad darme alguna claridad en aqueste laberinto. Más cerca estabiera de vuestra cabeca la Corona de estos Reinos, con distinta persona de la que habéis eligido Esta llegará a vuestras manos a tiempo que lo podáis remediar, sin que me aleguéis empeños, pues sa- beis que podré con facilidad sácaros de todos. Dios os guarde. Del Rey se ve la persuna conocida en el papel, porque nadie fi no es él tiene que ofrecer Corona. Oh cuánto, cielos oí presagios de lo que veo! engañome mi deseo, y a nada crédito di. Oh mujer, si así te alienta la Corona indicios das, que libre te atreverás por ella a causar mi afrenta! Mas a intentar tu rigor la mancha del honor mío, viven los cielos que un río de sangre lave mi honor. Que dijiste soy testigo, te pesa no haber casado con él, luego te ha pesado de haber casado conmigo? De tu poca libertad te quejas, tienes razón, que no hay mayor sujeción que un yugo sin voluntad. Esta dices le has tenido, y aún confiesas que la tienes, cuando tú misma previenes dificultoso el olvido. No es menester que me incites más, mujer, para vengar mi honor, que no ha de aguardar a tiempo que me le quites. Pero si aqueste papel a lsábela se escribió, como al quitársele yo, cielos, me hizo cargo de él? Con desensado brioso, en semejante ocasión, y tanta resolución culpada, es dificultoso. Porque no es de calidad la culpa que hubiera dado en la ocasión desenfado, ni en el decirlibertad. Yo he visto en su amor ribieza, en su sosiego inquietud, falta alguna de virtud, sombra alguna de flaqueza? Tiene alguna ociosidad? Tiene alguna ocupación, con que no dé admiración de su mucha santidad? Pues como sospechas obran en mí con tanto recelo de un cielo, cuando a este cielo las perfecciones le sobran? Pero yo honor solicito, y lo contrario defiendo de aquello que estoy oyendo, y que tan claro está escrito? Yo en un delito probado de la causa de mi honor, no he de entender que es error darle crédito al culpado? Yo con vergonzosa mengua del limpio honor que heredé, me niego a mí lo que sé, confesado de su lengua? Ea honor, que si ofendido de mi confusión te das, presto por mí te verás a tu ser restituido. Mas también (válgame el cielo no me puedo yo engañar, y este papel resultar contrario a tan vil recelo? Que pues ella le leyó, si culpada se sintiera, no es posible que viviera cuando en mi mano le vio. Y en vez de morir la ya entre apacible, y cruel, celosa con el papel formando quejas de mí, y tan severa partió cuando me dejó advertido de que era ya su marido, que respeto me causó, pues en mujer tan valiente, tan constante, haber cabido flaqueza, miente el oído, y todo lo escrito miente; pero si acaso, o rigor! que terrible pensamiento! Socorro, cielos, que aliento me falta en tanto dolor. Y si tengo de morir en tan confuso penar, o acabadme de matar, o ayudádmelo a sufrir, Sabe lo que quiero? . No; mas quiera lo que quisiere la seora Juana, no espere que tengo de querer yo. Y si muy bien le estuviera? Aunque me esté muy bien, cuatro mil palos me den, si he de querer lo que quiera. Yo se lo quiero decir. Yo no lo quiero escuchar. Mire que le ha de importar. Mire que me tengo de ir. Si porque yo le llamé ha venido el seor Lirón, no es escucharme ragón, pues para algo le querré? Por eso con mi venida la prevengo de manera, que para nada me quiera en los días de su vida. Al fin, no quiere? Yo no, 3o1 Yo entendí que no era malo tener para su regalo una mujer como yo, porque a parecer se atreve mi cara, aunque no es deidad; y en lo que toca a la edad, aún no llego a diez y nueve, y con esto, y cuatrocientos ducados, y mi labor, pudiera a cosa mayor levantar mis pensamientos; pero no hai nada perdido; no haya miedo que me muera, que no es falta de quien quiera lo que vusted no ha querido. Válgate Dios la muchacha, y que presto has de enojarte, nunca he podido quitarte esta endemoniada tacha. Si ya tú sabes que muero por tu amor en tal fatiga, que haces caso de que diga; si te quiero, o no te quiero? Yo no entiendo de que suerte tengo de darte a entender, que eres tú la que ha de ser de Lirón hasta la muerte. Mas dime, aquellos ducados son en moneda usual? Contados real sobre reaí. Y los tienes tu contados? Sí, que en mi poder los tengo. Qué moneda? Plara, y oro. Haste hallado algún tesoro? Viniéronme de Avolengo. Bien sospechosilla estás de donde a tener los vengas; pero como tú los tengas, poco importa lo demás Cuando, di, contar podré el diverillo? . Al momento en casándonos, al punto lo contará todo junto para su entretenimiento. Mira, Juana, yo prevengo una grande, ostentación, conforme a la obligación que sabes tú que te tengo. Y este generoso alarde en la boda le he de hacer, y el dármelos ha de ser después de la boda tarde. Y entre mujer, y marido, supuesto que ha de ser cierto, parecerá desconcierto que tengamos pan partido. En desposorios, Lirón, nadie ostentación previene, y así en ellos no conviene prevenir ostentación Desposémonos primero, y vusted en las velacionés hará sus demostraciones, como dueño del dinero. Vaya a redro Satanas; a quien habrá que no asombre ser dos veces novio un hombre en una boda no más? Desposorio, y casamiento ha de ser todo en un día, que es una boda muy fría pasado el primer aliento. Si yo me desposo, Juana, y duermo contigo un mes, lindo novio haré después que me has quitado la gana. Bien lo puede disponer de la suerte que convenga; mas mientras yo no le tenga, mi dinero he de tener. El demonio te lo dijo, mucho me ha desazonado, no haberse de mi fiado la seora Juana . Colijo que está bien yes razón: Mucho ruido hay en palacio, seora Juana, a más espacio. A más tiempo, feor Lirón. El mucho calor ha sido la causa de embarázaros. Nunca embarazan los Reyes cuando honran a sus vasallos solo cuando no los honran pueden servir de embarazo. Qué venida es esta, Cielos! Hay honor, o indicios claros de mi afrenta. En lo que ha dicho hacer pudiera reparo a no dar por imposible que entendiera mi cuidado, Como os va en la soledad? Con fatiga en el descanso, con mucha guerra en la paz, en la dicha con trabajos, con pesares en los gustos, en el placer con enfados, con mucha pena en la gloria con tormento en dulces lazos soñando cuando despierto, y despierto en un letargo. Oh cuántas veces, señor, hubiera el alma trocado por el bullicio de Marte la soledad en que paso, porque en aquella inquietud de alivio sirve el cansancio, los combates de sosiego, el mal pasar de regalo, las inclemencias de abrigo la tierra de lecho blando, el estruendo de alegría, de contento los estragos, las heridas de consuelo, y las armas de regazo. y Quién entendiera que vos vivierades mal casado! ̱. Eso no, porque los cielos con acuerdo soberano me castigaran por ser a sus favores ingrato. No goza en aquesta vida hombre de prodigio tanto; no trato de la hermosura, de la virtud solo trato, que la hermosura, señor, es una imagen de barro. No de tantas luces goza el pabellón tachonado de ese cielo, como yo virtudes estoy gozando. No así comunica el Sol su luz a los demás astros, como ella de perfección entre los demás sus rayos, ensayando pensamientos para cuando llegue el caso, si para mí muy humildes, para los demás muy vanos. Y así gozando de un cielo, favores, señor, tan altos, en tan honesto decoro, y en tan severo recato, con mucho gusto venero sus méritos soberanos, porque si deidad la admiro, mujer la estoy adorando. Pues no decís que penáis? Y es un penar inhumano, un insufrible dolor, un tormento extraordinario, un ahogo nunca oído, un rigor no imaginado, y un infierno en la memoria, adonde siempre me abraso. No os entiendo A Dios pluviera. Mucho se va declarando. . Pues no os he dicho muy poco, que no me entendáis me espanto, Bien sabéis que goberné vuestras banderas diez años, dándome vuestra alabanza desvanecidos aplausos, que el premio alienta el valor del pecho más alentado, y el mayor premio del noble, son las honras, y agasajos; con esto, y muchas promesas en el enemigo campo, vuestra palabra, y mis obras de diez victorias triunfaron. Virtes en paz vuestro Reino, vencidos vuestros contrarios. murió la guerra, y morimos el Capitán, y soldados. No habéis visto en un enfermo con la siebre agonizando, las ansias con que al Dotor de su salud el cuidado le encarga, y el diligente, y atento va recetando lo que le parece que es a su salud necesario, y que cuanto más le agrava, sus tesoros despreciando, se los ofrece, por ver salud, y vida en sus manos; y apenas, no la salud, sino si va mejorando, le pesa ya si le dan el estipendio ordinario; y cobrada enteramente, solo visto causa enfado, por ser el enfado auejo a beneficios pasados? Pues así enfermo, señor, dee la paz, vos congojado, por Médico me elegiste de salud que importa tanto; y cuando la enfermedad os fue, señor agravando con prodigos rendimientos, perdonad porque así os hablo, que si a solas estuvimos, también a solas estamos. Al fin, os di la salud, y os debe de haber causado pesadumbre, porque son beneficios que pasaron Mirad que en aquesta espada, regida de aqueste brazo, todos vuestros enemigos rendimientos vincularon. Reparad que de estas venas el rojo humor ha inundado, mas Provincias que tenéis de vuestros antepasados. Y os acordaréis, porque no es acción para olvidaros, cuando a los dos juntamente nos mataron los caballos. Que en breve espacio de tiempo, mal digo, que sin espacio, de cuerpos muertos os hice un muro para escaparos. Y no siempre el acordar beneficios, es borrarlos, que el cielo nos los acuerda siempre que nos olvidamos. Y así imitando a los cielos aqueste recuerdo os hago, porque sé que están los míos en olvidos sepi Aquestos son mis ahogos, esto me está atormentando, por esto en ansias me anego, por esto en congojas ardo, por esto muriendo vivo, y por esto se ha engendrado un erna en el alma adonde está el alma agonizando. Aliviadme, pues, las penas que en este retiro paso, pues tan sin alivio mío las vuestras se han aliviado. Socorred la navecilla, que está, señor, cozobrando, pues entre tantas borrascas seguro puerto os he dado. Sosegad mis inquietudes, que hacerlo podéis barato; pues yo sosegué las vuestras, que me han costado tan caro A riesgo se ve mi vida, ponedla, señor, en salvo, pues yo con tanto peligro os di la que estáis gozando. Y honradme pues os honré, si es que acaso pude honraros, o porque honrado nací, permitid que muera honrado, o vive Dios. . Qué decís? Que porque el mundo de ingrao no os moreje, y por mi honra; me muera yo anticipado. Disimular me conviene cuando se va d espeñando. Perdido tiene el color. Oh mavifiestos agravios! Cuando la hermosura rara, que tenéis, Duquesa hoy de la fama, no entendi que tan corta se quedara: ya no admiro haber sabido que causáis desvelos. Mas si pidiera celos la Infanta de mi marido? Isabela. . Gran señor. Cómo os va? . Cómo queréis que me vaya, cuando hacéis a esta casa tal favor? Elección, Duquesa, fue de Leonor para pasar esta siesta Para dar fin a mi vida diré, o rigurosa fatiga! No es posible, Du, quien ignora: Que eso sea, Que le adora, Porque sé que es mi enamiga, ap Sin lisonja, vuestra Alteza me diga que le parece de mi amor? . Que lo merec porque es mucha subelleza. , Puede, con justa razón, añadir de aquí adelante a su escudo un Almirante tanta honra por blasón. No felicidades tantas pudo este albergue alcanzar, cuantas hoy viene a gozar, señora, con vuestras plantas. Gozáis mucha gloria en él, merecéis ser envidiado. Hay más riguro so hado! Ay fortuna más cruel! Grandes vuestras dichas son; pero al fin, en soledad; yo las juzgué en la Ciudad con mayor ostentación. Así, tirana, pluviera al cielo! . Ya mi entender juzgo que pudiera ser, que mejor os estaviera, por más decente, y más justo; mas pues habéis eligido, lo que tenéis habrá sido elección de vuestro gusto; pero yo os lo quitaré, o no seré yo quien soy. Mortal de cólera estoy. , De mi deshonra se ve, que me avisa vive Dios. Aquesto, Infanta, no entiendo. Creed que lo voy disponiendo como esté bien a los dos. No mi elección os asombre, señora, si la Ciudad dejé por la soledad, que no siempre acierta un hombre. Seguir a su inclinación es más cuerdo parecer, y así la seguí por ser igual a mi condición; pero si me hallare mal, como estás pronosticando, las soledades dejando mudaré de natural. Esto a desvergüenza pasa, diré a voces lo que siento, porque ya no hay sufrimiento para el fuego que me abrasa. , De alguna inquie tud la pena os molesta con rigor. , Vuestra presencia, señor, cualquiert inquietud enfrena. Qué tenéis? , Lo que yo tengo no es más de cierto accidente, que como estéis vos presente ningún daño me prevengo? Oh ingrato esposo! , Oh cruellap: Así el honor se atropella? No quita los ojos de ella. No aparta los ojos de él No me podréis a mi dar cuenta de vuestro cuidado. No hay que apretar demasiado, que daréis que sospechar. Cómo quien soy os prometo de daros cuenta, señor, si de mi mal el rigor, llegaré a mayor aprieto. Oh falsa mujer! oh cielos, y que clara es la evidencia de agravio, si en mi presencia le das cuenta de mis celos! Qué es aquesto de Isabela? No lo sé . Misterio tiene. Examinarlo conviene. El saberlo me desvela. Ya me mira muy severo; mas muy poco se me de. Cuenta al Rey? Eso será, si a Dios no la dais primero. . más yo lo agradezco, vaya. Que descanse vuestra Alteza es bien, que estará cansada. Larga ha sido la jornada, y del monte la aspereza mucha. . De mi amor encargo breve el plazo que desea. Por breve, señor, que sea, sé que se me hará muy largo. Que con tal gusto la siga! Con tal afecto tras él! Qué inhumano! Qué cruel! Qué tirano! Qué enemiga! V. Excelencia escuche un poco, aunque a su disgusto sea. No es difícil que lo crea, pues tantos disgustos toco. . A. Mal dices, no me conoces, Vivi en vuestra compañía, apenas una semana, en paz, que por ser de glorias su duración, fue instantanea, cuando me dieron, señor, aquella infelice carta, que bebido ya el veneno, coniras más que palabras, me quitastes, como si fuera en ella la culpada. Detente, querida esposa, mira, mi bien, que me agravias, si imaginas, si presumes, que puede culparte el alma, porque en el valer que ostenta, en fidelidad que tratas, en recatos que públicas, y en honestidad que guardas, sé que nadie te presiere, y aún sé que nadie te iguala. Las finezas son a tiempo. que más parecen bastardas, que hijas del corazón; Al Por tu vida . Por la vuestra que es tarde; mirad que aguarda el Rey, y sino por él, mirad que aguarda la Infanta: No presumáis, que imagino. que presumis de mis faltas, porque la vuestra, y la mía fueran presunciones vanas, pues ambos a dos sabemos de quien la culpa dimana, y vemos ambos, que aquel que no la tiene, la paga. Y así, no es mucho que diga, si como a reo me tratan, que parece soy aquel que ha cometido la infamia. mucho es lo que te adelantas, muy poco lo que me estimas, y lo que me temes nada, porque si hubiera entendido; que es entender? Si llegara solamente a imaginarlo; cómo, si lo imaginara? una sombra, un humo, un viento no más de ofensa en mi casa de mi mujer: qué es mujer? de la más humilde esclava vive Dios, que ni un viviente solo con vida quedara, ni aún con su sangre entendiera labar de mi honor la mancha. Vuestros en carecimientos poca admiración me causan, pues fueran ejecutados en tal ocasión templanza; porque yo siendo mujer, y no corriéndome tantas obligaciones de dar a mis ofensas venganza, vive Dios que si adelante vuestros debaneos pasan, sin que procuréis la enmienda del incendio que me abrasa, que después de ejecutar todas vuestras amenazas, que hasta el edificio mismo entregue a boraces llamas, porque en cenizas, resuelto por el viento las esparza, sin que me quede testigo que pueda escuchar mis ansias, y decirme por afrenta; aquí Isábela te ultrajan, aquí tu amor menosprecian, y aquí con celos te matan. . Al Detente mujer, espera, aguarda, Doquesa, aguarda, que no entiendo lo que dices, y presumo que me engañas; porque si tus desahogos alientan mis esperanzas, las razones de tu boca, y de un parel me acobardan. Acabad penas conmigo pues mis sospechas no acaban, sin poder determinar, si tengo honor, o me falta.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Bésote a vusted tu mano Es nuevo modo de hablar? Yo, Juana, no sé adular, aunque he sido cortesano, y como estás ya señora, te hablo de dos maneras; el tú por lo que antes eras, y el vusted por lo de ahora; mas pues ya una cosa misma somos, mi Juana, quisiera que me dijera quien era el Autor de tanta cisma como en esta casa siento, aunque al disimulo pasa. Cisma en casa? Que se abrasa. Por decírselo reviento. Dícenme que está la Infanta enferma, y a la verdad, juzgo que a la enfermedad testimonio le levanta, que es la señora Infántica, si la conocieras tú un Ángel de belcebil, que a todo daño se aplica. De mí sabrás la verdad como calles. . Callaré, como tú misma seré una taciturnidad. Ya sabes, Lirón, que el oro tan deslea! ha nacido, que en todo tiempo ha vendido al más sagrado decoro, y el Rey, que por mí señora suspira, me ha prometido demás de lo recibido, que ya mi cofre atesora, gran cantidad si la alcanza. Demanera, Juana mía, que vienes a ser la guía que va ordenando está danza; pues en alcahueta das, a tuedad, Juana, te atreves, mucha es sin duda, ya debes de haber sido lo demás. A no estar tan prevenida. de que gastas ese humor, bien pudiera de mi honor darme aquí por ofendida cuando soy doncella honrada En eso no hay que dudar, en lo que toca a labrar has salido consumada; esotro, aunque no es tan claro, todo al fin es pasatiempo, porque ya en aqueste tiempo no se hace en eso reparo: Muy bien puedes proseguir, vaya tu historia adelante. No es lo menos importante lo que falta que decir, que podirle a mi señor; que su mujer, Lirón duerma por el achaque de enferma en el cuarto de Leonor, traza ha sido de la Infanta, para que su Majestad pueda sin dificultad gozar de bermosura tanta. Y cuantas noches ha entrado? el juicio pierdo por Dios. Aquesta noche los dos hermanos lo han concertado, Luego es la primera? . Sí, De plazo pasado yo lo juzgaba, al fin rindió la fuerza que no entendí- Advierte, que mi señora está del caso inocente. Y eso es cierto? . Es evidente Mucho el caso se mejora: como por hecho lo das, no estando la novia llana, porque yo sin novia, Juana, no he visto bodas jamás? u, Conforme está concertado se irá el Rey a su aposento, que aunque el modo es violento le tengo por acertado, que una vez dentro, ella es cuerdo y aunque sea a su pesar, habrá, Lirón, de callar, porque su honor no se pierda. Oh bergante mal nacida, o tigre con piel de obeja, zurrada como pelleja, y como suela curtida. Voto a Dios de una bellaca, que me lo habéis de pagar, y ahora disimular mientras el fuego se aplaca; habiendo considerado lo que has hecho ha sido horror? pues fuera, Juana mejor, no te hubieras empeñado; pero el dinero de un Rey, que da mucho, y más ofrece, obligatoria parece de su precepto la ley; que muchos que el fron tispicio ven deslucido en la edad con menos necesidad sé yo que usan el oficio, con que disculpa prevengo al delito que cometes. Al fin, callar me prometes? Ya prometido lo tengo. Pues a Dios, que viene ya mi señora, y no quisiera, que juntos, Lirón, nos viera. . Nunca juntos nos verá, buena ocasión ha llegado, en que da a entender Lirón; que si es burlando busón, deberas es hombre honrado. Lirón con melancolía? que tienes? . Es lo que pasa, señora, en aquesta casa solemue vellaqueria; pero basta estar en ella nuestra Infanta, Dios la guarde, que hace de quien es alarde, con que todo se atropella; porque como mitigar no pudo su fuego ardiente, viendo que abrasar se siente todo lo quiere abrasar: Maldita sea la madre que la parió, Juro a Cristo, que en toda milvida he visto mujer que menos me cuadre. Qué sabes? . Que su insolencia es mucha. Y muchos mis celos. Y sé también que los cielos se duelen de tu inociencia. No hay que pasar adelante en aquesto, no prosigas, que no quiero que me digas ofensas del Almirante, que es mucho lo que le adoro, y no pretendo saber causa por donde perder a tanto amor el decoro. Celosa quiero vivir, porque mejor me ha de estar, en celos, Lirón, penar, que en desengaños morir. Aún es, señora, peor el caso de lo que entiendes. Pues si mi vida pretendes. Ello viene mi señor, y no es posible, señora, lo diga. . Pobre Isabela. Mira que has de estar en vela esta noche hasta la Aurora. He de morir? . Viviras a pesar de una traición. Tantas mis desdichas son? A mucho peligro estás. Harto he vivido, no importa, que quien de desdichas earga, siempre tiene vida larga, aunque la tenga muy corta. Tú en este cuarto! . Admirarte no debes, pues a mi oficio se concede el beneficio de estar en cualquiera parte. No lo niego; mas extraño la novedad. . Sucedió, que el cielo así lo ordenó para evitar un gran daño. En mi casa? . Si señor. Pues qué sabes? . Sé que el Rey ha promulgado una ley injusta contra tu honor, y aquesta noche. . Ay agravios! Ha de procurar. . Oh Cielos! Dar quietud a sus desvelos. Al. Cierra villano los labios, o en aqueste duro acero verás tu muerte cruel, para que tu acento en él sea el acento postrero. Mucho gusto he recibido con su nuevo proceder; algo habías de aprender de lo que yo te he reñido. Con eso, y buen natural, con facilidad, señor, aprende casos de honor, un hombre que es principal; haste aprovechado mucho; estas ya casi hombre honrado, presto estarás consumado, según lo que yo te escucho. Casi hombre honrado? Y es poco una honra razonable, que en tal tiempo por notable, en alto lugar coloco? pues que no has de hallar, repara en estos tiempos, señor, un adarme de honor, por un ojo de la cara. Y fuera bien empleado, que sin honor te quedaras, para que no blasonaras tan por entero de honrado, cuando de celos la llama, sé que te empezó a abrasar, y has permitido apartar a tu mujer de tu cama por otra mujer, de quien cautelar fuera mejor, no procurase en su honor vengarse de tu desdén; que en dar a entender que aquí se detiene por doliente, miente, porque solamente es por vengarse de ti. Y el respeto, y cortesía de permitir por enferma, señor, que en su cuarto duerma mi señora, es boberia. Cuenta, que aunque sé que está inocente mi señora, si de la traición la hora llega, muy mal librará. Defender es justa ley el honor; pero con arte, porque si está de una parte tu mujer, de otra tu Rey, y es menester atención no pequeña para obrar, a donde se han de encontrar respeto, y resolución? Yo el silencio te prometo, y a Dios, que aunque soy, señor, criado, quien te da honor, te sabrá guardar secreto. . Felices nuevas han sido, pues la ocasión se llegó en que podré saber yo si tengo el honor perdido. De mucho puñal herido entre confusiones tales, con accidentes mortales agonizo en lo postrero, y con un puñal de acero curaré muchos puñales. Qué importa que la intención de la Infanta, y su quererla sea usar, para vencella, de todo ardid, y traición, si en llegando la ocasión, aunque violenta consienta, consiente al fin, que violenta voluntad, es voluntad, que ni excusa su maldad, ni a mí me excusa la afrenta? que en la mujer, que hasta el nombre significa su flaqueza, hubiese quien la pureza ponga del honor del hombre; a quien habrá que no asombre acuerdo de tal rigor? que hacer dueño superior del honor a la mujer, o fue ignorancia, o fue hacer vituperio del honor. Luciente una vela ardía, y muerta quedó quejosa, de que frágil mariposa, su luz extínguido había, mas ella que ya se via despojo a su incendio fuerte, que no se admire le advierte, de que funebre capuz, pusiera en ajena luz quien no reparó en su muerte. Oh mariposa cruel del incendio que deseas, donde aunque la muerte veas gustas perecer en él! No quiero pedirte infiel, no apagues el esplendor de mi honor, que si en su ardor no temes perder la vida, quien es consigo homicida, mía lo será mejor. Seguro, Rey enemigo, estás de mi airada mano, que a delito soberano, no se da humano castigo; mas no menores consigo de ti venganzas que trato, cuando rigores desato, que contra tu amor prevengo, pues sin vengarme, me vengo, y sin matarte, te mato. Salí de mi aposento, y con el paso lento, por el cuarto discurro, nada escucho, con mi fatiga lucho, que noche tan funesta, claramente mi muerte manifiesta; y más cuando se ve contra mi vida la traición conocida; pues que todas las puertas de este cuarto cerre, y están abiertas, y aún indicio más cierto es, que también la lamparilla han muerto: O que poco Isabela, el temor de tu muerte te desvela, que a quien muere de celos, nunca la muerte le causó desvelos! Y así la salgo al paso, porque el fuego me alivie en que me abraso para tan fino amante; me parece que tarda el Almirante, que con tener yo vida, solo el tiempo que tarda su venida, aborrezco mi vida de tal suerte, que fundo ya en mi muerte mi descanso, y quisiera que hubiera ya venido, o que viniera. No sin parte de pena amor a su conquista me condena, pues me tiene con tanto rendimiento, que violencias intento, y violenta de amor una victoria, pena causa en el alma en vez de gloria. Cómo sombra le sigo, que importa ser testigo, si da consentimiento Isábela al más leve pensamiento, porque no ejecutado con su sangre podrá quedar lavado, que el que en efecto acaba, aunque sangre la lave, aún no se lava. Todo está sosegado. Oh viene ya, o me engaña mi cuidado. A mucho amor obliga, Mucho el peligro del honor fatiga. Vive Dios que me afrento de lo mismo que intento. Mas cerca el ruido escucho. Qué es lo que debo al Almirante mucho, Mas quien perdió el sentido, que la razón también no haya perdido? Gente a la puerta siento, y es menester atento aplicar el oído. . Aquí suena ruido, sin duda que es la Infanta. Qué tengo a la garganta el cuchillo parece, según mi pena crece; pero el valor importa mientras dure la vida, aunque sea corta, Es la Infanta? . Aunque os ama, no es tan grande su llama, señor, como la mía. Y es esta la culpa que tenía? Si por ámaros ella su decoro atropella de ruegos convencida, yo por ella, y por vos pierdo la vida. Mi causa justifica cuando la pena a su delito aplica. A saber, Isabela, que mi amor te desvela, de tanta dicha cierto, nunca mi amor le hubiera descubierto. Mucho menor el daño reconozco en aqueste desengaño, porque con la venganza, muere el agravio, y la quietud se alcanza. Estoy considerando, que estáis mi amor dudando, y cuanto más pretendo entenderlo, señor, menos lo entiendo, porque yo imaginaba, que sabiades vos que os adoraba. En mi agravio, mujer, el resto echaste, ya no tienes remedio que te baste. Juzgaba satisfecho vuestro amor de mi pecho, pues hasta lo sagrado, tantas veces por vos tengo olvidado, negando el alma ciega, culto en sus aras que al amor no niega; pero no el desvarío de la duda, señor, del amor mío, al vuestro precipite, para que con la Infanta solicite mi muerte, y su desdoro, que es a los dos per rnos el decoro. Ella dice muy bien, porque fue en vano buscar tercera para amor tan llano, Reparad dueño mío, norte de mi albedrío, que fijo, y permanente gobernastes mi alma eternamente, que sois mi amor primero. También será el postrero. Lo mismo que deciros, que sois blanco, señor, de mis suspiros, sin que de aqueste intento me divierta, el verme ya por vuestra causa muerta, que cuando amor ablanda corazones de mujeres de mis obligaciones, como una vez empiece, donde nace, señor, alli fenece. Mirad que vais errado por donde vais guiado, dejad ese camino, que os despeña el destino de aquese loco amor, que no os merece quien el alma os ofrece, quien tanto por vos llora, quien como yo os adora, quien en fuego se abrasa de vuestro amor, y pasa lo que pasa. Mirad, que mis tristezas nacen de mis finezas, tanta melancolía de la pura fe mía. Reparad lo que siento, veréis mi sufrimiento, lo que me mortifico, porque el alma os dedico, lo mucho que os venero, pues que callando muero, que en accidentes tales, he llegado al extremo de mis males. Poca vida la espera, diga lo que quisiere hasta que muera. Pero si no es basta a moveros, señor, mi amor constante, tan en bronce esculpido, que niega sus memorias al olvido: sino os mueve la pena, a que vuestro desorden me condena, con rigor tan extraño, que fuera a ser mortal menorel daño, si aqueste sentimiento no pone freno a vuestro pensamiento, y con esta fatiga vuestro pecho, señor no se mitiga. sin que de aquí adelante miréis que un Almirante, que al fin está casado. Ya confieso que estoy desengañado, y es cierto, si tuviera de tanto amor noticia verdadera, nunca yo con la Infanta me descubriera, porque en dicha tanta no fuera necesario, que el pensamiento vario procurara rodeos para gozar el fin de mis deseos. Muy tarde han acordado para verle gozado. Aunque habla quedo aquesta voz extraño. Por evitar tu daño. No es este el Almirante. Te prometo, mi bien, de aquí adelante borrar en su memoria toda la de mi amor, porque la gloria del cielo de tus ojos, no conviertan en penas tus enojos. A quién suceder puede lo que a mí me sucede, que este es el Rey sin duda, dadme, cielos, ayuda, o ayudadme a morir en pena tanta! Oh rigurosa Infanta! tu venganza llegó pero no importa, que aunque es mi dicha corta, nadie con inociencia dejó de hallar en los cielos clemencia. Hhola criados, hola. Cuando conmigo sola el amor que me tienes significas, a dar voces te aplicas? Esto, señor, conviene, porque así el mayor daño se previene; no hay quien saque una luz, no hay un criado. Novedad me ha causado tanto desasosiego. Mira, Isábela, que a entender no llego acción tan poco cuerda, con que tu honor pretendes que se pierda. Yo, señor, el presente le juzgo por mayor inconveniente, porque a solas con vos es fuerte lance, es riguroso el trance, es señor una pena no crecida, y ahogo de la vida; y si en más atención se considera, no es el mal que yo muera, si no el ver padecer mi honor tan puro, que así al cielo lo juro, que aunque a vuestro albedrío queda el juzgar, que aquesto es desvarío, son los cielos jueces, y ellos viven mil veces, que en mi vida he querido a hombre que no sea mi marido, y no hay que preguntarme, como trato, señor, de retractarme; pero al fin, os advierto, de que aquello fue falso, y esto es cierto, sin que os haya ofendido, porque aunque salso fue, no fue fingido. Ya con vengarme estaba yo contento, y envuelto en confusión vuelve el tormento. Yo no entiendo, Isabela, lo que dices, sé que te contradices; pero tiempo es ahora, en que podrás, señora, conocor que te adoro. Mal, señor, el decoro guardáis a vuestro amigo, perdonad aunque Rey, si así os lo digo, que bien nombre merece de amigo, el que por vos su vida ofrece; no queráis con ultraje pagar el hospedaje, intención depravada, así como si fuera ejecutada, porque si consistiera no más que en vos, ejecutada fuera: y así es, señor, constante, que ya habéis ofendido al Almirante, y habiéndole ofendido, y siendo mi marido, me venís a dar cuenta de su agravio, y afrenta, diciendo me adoráis, cuando yo toco; que es ultrajarme, y estimarme en poco. Tenéis, al fin, Corona, y es fuerza venerar vuestra persona. que a ser otro cualquiera, el que así se atreviera a dar consentimiento a un leve pensamiento, en ofensa, señor, del Almirante estando yo delante, vive Dios, que no hallara crueldad que con él no ejecutara, y en dilatada muerte, tuviera fin su desdichada suerte; y después si la muerte le sirviera de ceniza de Fénix, y volviera. a su vital aliento, prosiguiera el tormento, porque así el rigor mío, le volviera otra vez cadáver frío. Y si de aquesta suerte a la vida volviera de la muerte, y aquesto eterno fuera, vengarme aún no pudiera, porque aunque eternamente me vengara, vengado un pensamiento aún no quedara; pero aquí me detengo, y al deshonor prevengo, que en hora tal para la honra mía, es un Rey muy bellaca compañía: saca una luz de mi aposento, Juana, porque viene su Alteza a ver su hermana, Contradicción notable! No vi cosa en mi vida tan mudable. No vienes? Si señora: disimular ahora a mi traición le importa; mas ay Jesús de Dios, mi vida es corta, que está aquí mi señor! . Válgame el cielo! mas desdicha, más pena, mas desvelo, que causa cielo santo, tanto te mueve a que me aprietes tanto! Pareciome locura la de aquesta mujer y fue cordura, que algún recelo tuvo, pues tan contraria del principio anduvo, Mi marido escuchando, y yo engañada con el Rey hablando, sin que se me conceda, que a voces decir pueda, que inocente juzgaba, que yo con él hablaba, porque fuera a su Alteza, decirle de su hermana la flaqueza; y que si aquesto callo, tan sin honor me hallo, que no es posible medio de que mi limpio honor tenga remedio! Yo requiebros a un Rey tan sin recato! yo con un Rey con amoroso trato! yo por infame de los dos tenida, y el cielo me da vida! tus rigares convierte, o cielo airado, en piadosa muerte, para que tantos males egan fin en sus términos fatales. ̱. O quién pudiera borrar sospechas de un desacierto! Con más confusión me hallo cuanto más lo considero. A vuestras obligaciones os conocí siempre atento, y extraño en esta ocasión yerro de un hombre tan cuerdo, como vos, que aunque es de amor, Almirante, es mucho el hierro. Vuestra mujer os aguarda de la noche en el silencio, que juzgándo me por vos. me dice muchos requiebros hasta conocerme, cuando entre distintos extremos, titubeando la vi para perderme el respeto Lo que es lícito, Almirante, de suyo veréis osceno, aveces nor el lugar, y otras es por el tiempo. Este cuarto es de la Infanta, y aunque el edificio es vuestro, mientras le habita, no sois, ni aún para pisarle dueño, Que como es lugar sagrado. imagen viva de un templo, hasta en los umbrales es profanarle sacrilegio, cuando yo a satisfacerme venía de los recelos, como temerario juicio resistí mi pensa miento. Pluviera el cielo, Almirante, hallara, pluviera el cielo mi juicio por temerario, y no le hallara tan cierto. No os fieis que os debo mucho, aunque la deuda confieso, que no hay deuda que compense erder a un Rey el respeto. Y no os quejéis que no os pago, pues no os castigo severo, que ya os comienzo a pagar, si a perdonaros comienzo. Pero advertid, que si andáis pertinaz en vuestro intento, tendréis muy poco segura la cabeza en vuestro cuello. No lo he fingido muy mal, . que aproveche quiera el cielo. . Para indicios, si los tiene de los pasados intentos de su hermana, aún no acredito por bastantes los extremos; más para disimular su amor, y quierar mis celos, me ha parecido también, que es demasiado el exceso. O laberinto intrincado, donde los sentidos ciegos, como no pueden obrar, se pierde el entendimiento! mar yo ignoro un desengaño? yo lo que toco no siento? yo estoy sordo a lo que aigo? y a lo que veo estoy ciego? Qué mi mujer me aguardaba, no es engaño manifiesto? Pues cuando ella está aguardando juzga que estoy yo durmiendo, y formar quejas de mí por haberle descubierto a la Infanta la pasión amoro sa de mi pecho, no es imposible ajustarse en los dos a no ser celos. Y ni en mí se habisto acción raaenmirinsamiento. Quego algo fiaso sin duda, cuando en tal desasosiego, tan brevemente pasó de extremo tal a otro extremo. Mal desvanecer intentan el amor que han descubierto, que es para desvanecido mucho el desvanecimiento. Y antes de la ejecución, ya mi venganza prevengo, porque en dudarlo me agravio, y en dilatarlo me ofendo. Y aunque con darle la muerte satisfacerme no puedo, porque de vida, y honor se estima la vida en menos, no tiene la culpa un hombre, pues que permiten los cielos, le agravian sin darle modo para quedar satisfecho. Con desvelo demasiado este suceso me tiene, y me da el ver que no viene ni amo aún mayor cuidado: que notable boberia hace el hombre que se casa, para llevar a su casa tan mala mer caderia! Hay más peligroso azar en casa que una mujer, que aunque no llegue a perder honor le puede quitar? No casarte no es mejor, pues por experiencia ves, que donde quiera que estés está contigo tu honor; y no hacer de necio alarde, si a una mujer poco cuerda, con riesgo que te le pierda, se le das que te le guarda? Cómo te ha ido? A, Muibién, porque estoy desengañado. Gracias a Dios que he quedado sin cuidado, Al, Yo también. De mi señora yo sé no estaria descuidada, porque ya estaba avisada. Y de qué el aviso fue? Avísela, que atención sin descuidarse tuviera, porque de Leonor pudiera evitar una traición: y como muere de celos de la Infanta, es evidencia, que estaria su Excelencia con no pequeños desvelos. l. Celos de la Infanta? . Sí. Luego no lo sabes? l. No. De quién los tiene? . De yo no será, será de ti. Al, Válgame el cielo! , Ha tenido la culpa de esto un papel de este Anajarte cruel, que siempre te ha perseguido, Al, Papel de la Infanta? . Sí, que con Rufina te envió. Al. Pues cómo no me le dio? Diómele, señor, a mí; pero como ya sabia, que estaba su pecho lleno de ponzoñoso veneno, que despreciada vertía, me pareció inconvenien te dártele, no levantara cosa con que perturbara vuestra paz eternamente, y así tuve por mejor el dársele a mí señora, que al fin, aunque tanto llora, no padece en el honor. Conoceras el papel? Aunque estuviera entre ciento. pero tú le recibe, Entre menos me contento, que aciertes, Lirón con él. Oh cielos, si limpio hallara en su inocencia mi honor, y de su muerte el rigor en adoración trocara! Es alguno de estos? . No. Luego este será? . No es ninguno de aquestos tres el que Rusina me dio. Es aqueste? . Aqueste sí. Mírale muy bien, . Es cierto. Y es cierto también que un muerto hoy halla la vida en ti. Oh divino desengaño del daño que me causaste, que pues hoy le remediaste, Lirón, te perdono el daño! mas no basta el galardón del perdón, cuando me das la vida, y así tendrás liberal satissación. Con atención me escucha, en pronunciado acento, me dejaré decir mi sentimiento. Allí con evidencia Casé, señor, contigo, y es el cielo testigo, que visto en mi memoria, (ría, ser tu mujer me daba tanta glo- que dude si era humana, o si a caso era gloria soberana; mas por no ser cumplida, que apenas a gozarla hube llegado, de esta noche al silencio, cuando aquese criado, este papel, señora, me dice es de la Jofanta que desera el ser quien es, a mí señor escribe; que sé que en lo que hago, lo mucho que te debo satisfago; o suerte desdichada, pues apenas casada, entonces dije, y ya de celos muero; fuerza del bado fiero, que obró en mi alma tanto, que me anegaba en piélagos de llanto a donde en fuego ardía, porque el agua del fuego procedía; y en una parte oculta, como quien ya su vida dificulta, rompo la nema, porque deseaba saber lo que la vida me quitaba; y más me precipito, porque visto lo escrito, hallé experimentado, aún más de lo que había imaginados Entonces tú llegaste, y el papel me quitaste, severo te pusiste, de pálido color, de rostro triste; el ceño de enojado, aspecto de cruel, vista de airado, si la congoja que conmigo lucha intrépido el séblate, mudo ellabio como si fuera contra ti el agravio; de tu correspondencia (les; conocí las señales, y en ellas el principio de mis ma- y no, señor, contento con saber que lo sé, tu atrevimiento tan adelante pasa, que la tienes en casa, conocí que era gloria de esta vida, y cuando más te adoro, y reverencio (vio, le fías poco sabio la ejecución injusta de mi agra- yo inquieta, y desvelada, ya del caso avisada, salí de mi aposento para estorbar tu intento, y en la primera puerta, con prevención abierta, aguardar detérmino, (mino, por mo haber para entrar otro ca- que se acerca parece ruido que escucho, y la congoja crece y en bajo acento, y en tiniebla tanta, me preguntan, señor, si soy la In- y como aprendido (fanta; tenía que eras tú, perdí el sentido. Tierna pues, y amorosa, reprimiendo lo airado de celosa, por ver si así podía reducirte a mí sola compañía, mas finezas pronuncio, mas favo- mas requiebros, y amores, (res, que en tiempo dilatado en tus brazos, señor, he pronun- pero por la respuesta, ciado; y con más atención, dije, no es esta la voz del Almirante, o fortuna inconstante! o rigurosa suerte, mas cruel que la muerte! o mgor inhumano de numén soberano! o pena más crecida! que tener padeciendo eterna vida el Rey, pierdo el sentido; nunca hubiera nacido, y si nacido hubiera, primero me muriera, y si no hubiera muerto, nunca tu desconcierto a entendar le llegara, porque no me abrasara el fuego de mis celos, para que mis desvelos no dieran ocasiones de dejar mi opinión en opiniones. Tú sabes lo que has hecho? fuego vomita el pecho; habrá marido acaso? Etna toda me abraso, tan cruel consigo mismo: o lamentable abismo! que ocasión hayadado a que el honor sagrado, que con quietud posee, tan acosta del mío tírubee? tú no ves que tu honor está a mí y dirán sin embargo, (cargo? que la culpa has tenido, que yo te le he perdido; tu por andarte a Infantas las leyes me quebrantas del honor, y decoro, fiando que te adoro paciencia solicitas, (tas? cuando con celos el honor me qui- Vive Dios que has de verme Tigreay que se ve de su cria despojada (rada, Leona con recelos, de que quieren hurtarle sus hijuelos: entre flores del prado; un áspidque has pisado, una víbora fiera, (primera, cuando intenta morder la vez un basilisco, que en mortal conquista anticipa su vista, un rayo violento, que del cuarto elemento en mi pecho forjado contra mi fulminado, porque siendo ponzoña, fiera, y fuego, cuando a vengarme llego, si mi vida consumo en cenizas, y en hamo, la misma que es la tuya, alanada que fue la restituya, porque en tan vil historia, ni de ti ni de mí quede memoria. A Estimo en más tu valor en el estado prefente, que ser desde el claro Oriente al Occidente señor. Precio más tu blanca mano, hermosa Isábela mía, que la mayor Monarquía del poder más soberano. Precio tus airados ojos, mas por lo que así los veo, que el más altivo trofeo de la que te causa enojos, sin que llegues a temer, que te quiero, y he querido, que estimo el ser tu marido, mas que tú el ser mi mujer. Mas de ese; y otros recelos, es bien temer los engaños, porque causa muchos daños el engaño de unos celos. Y todo aquesto que ves, que te parece que tocas, con que airada te provocas, Isabela, engaño es; que aunque tú lo extrañarás, pongo al Cielo por testigo, que es verdad lo que te digo, sin poder decirte más. , , . Hoy cesaron mis desvelos. Efectuado queda, al fin, el casarnos? Si señor. Yo con Madama Leonor, y Leonor con el Delfín? Y para la entrega es pactado en igual concierto, de que uno entregue en el Puerto de Doblas, y otro en Cales. Pues dispóngase al instante la jornada, que así intento; . reprimiendo el pensamiento, no ofender al Almirante. Gozad, señor, en buen hora. Goce por siglos tu Alteza. En paz. . De tanta grandeza A la Reina mi señora. (de bo Dios os guarde. . Muchoo Que efecto no haya tenido mi venganza, dicha ha sido. A págaros no me atrevo; pero escoged, Almirante, diez mil vasallos que os doy, aunque para lo que estoy obligado no es bastante. A Mil siglos el cielo os guarde por tanta honra, y favor. Hoy, pues se casa Leonor puede hacer mi amor alarde. Y a mí que se me ha de dar? A Con Juana te casaré. Aqueso no, y el por qué es muy largo de contar. Hoy mi amor mi suerte alabe, Y aquí la Comedia acabe del engaño de unos celos.