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Texto digital de La enemiga favorable

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Francisco Agustín Tárrega
Atribución estilometría
Francisco Agustín Tárrega Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto (preparado por Germán Vega) procede de Dramáticos contemporáneos a Lope de Vega.

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La enemiga favorable. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/enemiga-favorable-la.

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LA ENEMIGA FAVORABLE

JORNADA PRIMERA

¡Rica librea! Aparta, aparta, afuera. ¡Bravos caballos! ¡Bravas telas de oro! Aparta, aparta, aparta. ¡Gran carrera! El toro tacan, au, au, au. ¡Al toro, al toro! Al Rey embiste. ¡Muera el toro! ¡Muera! Horacio. Belisardo. Polidoro. Las lanzas le esconded en las entrañas. La Reina manda que no jueguen cañas. Arroja esa adarga luego, Rompe esta lanza, villano, Arroja el turbante al fuego; A moro sabe el cristiano Que es tahúr de tan mal juego. La librea lo ha causado, Al salir quise decirlo; Que el Rey hizo aconhortado Con trebejos de amarillo Su mote desesperado. Mal hayan sus disparates. ¿Que murió el Rey? No murió. Quitadles los acicates. Cuéntame lo que pasó. Oye, porque no nos mates. El Rey quiso jugar por cosa nueva Cañas, nunca en Nápoles usadas; Adargas nos dio Fez a toda prueba, Telas Italia, y Damasco espadas; España los caballos, que se lleva De ellos la flor en fiestas y en jornadas; La China, Flandes plumas y garzotas. Y las damas colores de marlotas. Entraron ocho de encarnado y plata, Con Godofre, su bravo cuadrillero. Caballos con mochilas de escarlata, Y adargas que las ciñe un gran letrero. Y ¿decían, Señor? «La que me mata, El juego que hacen hoy por darla espero. De caña la trató. ¡Qué grande hazaña, A una vana mujer tratar de caña! Sacó Reimundo fluecos amarillos, Adargas con los cueros tapetados. Caballos andaluces y morcillos, Y un cuervo entre dos ramos desgajados, De un ébano que tiene como grillos. Y ¿por mote? «Mi alegre Filomena.» Y ¿quién es su señora? Una morena. Otros tantos sacó de blanco puro Julio sobre caballos como nieve, Y un armiño entre el lodo mal siguro, Que a salir de su cueva no se atreve. Y ¿el mote? No es el mote muy oscuro, Lo que suele es forzar, no lo que debe. Y ¿es su dama? Una muy gallarda, Que ahora va vestida de bernarda. De plata, con aljófar recamada, Sacó don Félix ocho de cuadrilla, Con caballos de Córdoba y Granada, que son la mejor casta de Castilla, en una pluma blanca levantada. Que, como mira al sol, al sol se humilla, Unos ojos, de quien su letra trata. ¿Y dice? «Hasta sus niñas son de plata.» Corrió con otros tantos Lucidoro, Vestidos de libreas nacaradas. Con unas letras entre llamas de oro A trechos por las orlas recamadas; Cuentan que están librando su tesoro A unas presas en el mar fundadas. Y ¿dice el mote? « Mientras no. > Y ¿las llamas? «Con él ardiendo estoy mientras no llamas. ¿Acertose? Soy hombre de quimera, Trovador fui en mis años mal regidos. La cuadrilla del Rey fue la postrera Que dice su intención; esotros idos, Pasamos tres parejos la carrera, Mirados, alabados y temidos. En seis overos, que tan bien corrían, Que los ojos apenas los seguían. Faltaba el Rey, y el juego nos deshizo, Cuando por la carrera, acompañado De Horacio, su galán caballerizo, En la silla jinete desdichado, Salió con esto el toro de un granizo, De pintadas garrochas acosado; Echó en el suelo al Rey, y le valimos, Y acabose la fiesta y nos venimos, ¿Quieres más? Señor, no quiero; Gusto me has dado sin duda. Tiene preguntas de acero Un viejo cuando desnuda, Y cuando afeita un barbero. Por robar de tu memoria Las cañas que no has corrido, Quise, no sin mucha gloría, Desnudándote el vestido. Desnudarle de su historia. No pude hacer por ti más. Por de dentro y por defuera, Sano tú de enojo estas. Tú dices bien, como quiera, Como no me digas más. La Reina, tu hermana, viene. Ella deja a su marido; Mal de rey es el que tiene. Bravas cañas se han corrido, Lanzas fueron para Irene. ¿Cómo está el Rey? A porfía Cobra salud. ¡Cosa extraña! Son sus cañas su alegría, Que han sido, por ser de España, Cañas dulces de Gandía. Ya le tuve por perdido. Todos tuvimos recelo, Mas mejor ha sucedido; Que él ha caído en el suelo, Y yo en su engaño he caído. ¿El Rey trata de engañarte? A Polidoro conviene Despedir, porque he de hablarte, Aunque él en su casa tiene Ocasión para dejarte. ¡Ay de mí! ¡Conde! ¿Qué quieres? Que sepas cómo tu hermana (Escúchame, no le alteres) Al lado de mi ventana Miraba con sus mujeres; Y no sé cuál desventura O qué accidente impensado, Cuando estaba más sigura, De un desmayo le ha quitado El mayo de su hermosura. Sin poder ser remediada, Entre viva y entre muerta, Con hartos ojos llorada, En una silla cubierta, La han llevado a tu posada. Procura con tu presencia Darla, Conde, algún favor. Porque están en contingencia Su salud y su color En manos de su dolencia. El bello matiz rosado Procura restituirla Que en la plaza se ha notado, Que vio una muerte amarilla Que la robó su encarnado. Presto la puedes librar, Si la vas a socorrer; Que son buenos de atajar el mal del alma al crecer Y el del cuerpo al comenzar. Voy a hacer la mayor prueba. Por Laura es cosa muy poca. Tal su dolencia me lleva, Que a no venir en tal hora, Me hubiera muerto su nueva. Mi remedio encarecido Dejas, mi médico bueno. De todo iré proveído. ¡Oh, quién le enviara un Galeno Con alas del dios Cupido! Quién con la parle m:is cara Del alma la socorriera! Quién con yerbas la ayudara De Arabia! ¡Qué feliz fuera Si alguna a Laura sanara! ¿Quién en aquella ocasión, Que la pudo desmayar, Con más fuerza y más pasión, Fuera su sangre, por dar Socorro a su corazón? Que si el cuerpo se la envía Toda porque el ser no huya, La hiciera más compañía Mi sangre, porque es más suya Que la suya, aunque no es mía. Los favores recebidos Te engendran esos cuidados; Que en ley de cuerdos y olvidos. Los hombres menos pagados Sois los más agradecidos. ¡Ay Belisardo! Ay hermano! Si supieses las traiciones De un ingrato y de un tirano, Darías a tus pasiones Y a sus embustes de mano. Harías de ese Galeno Un Nerón para matar, Y del arábico seno Penetrante rejalgar, Y de amor sangre y veneno. Dejarías de querer A quien te burla y me afrenta. ¿Qué es lo que dices, mujer? Dasme ocasión a que mienta, Acordándome en mi ser. Mujer soy, no me condenas, Aunque me tratas tan mal; Que en tus gustos y en mis penas Hay una tan desleal, Que a todas nos hace buenas. Y ¿quién es? Una estimada. Acábala de nombrar; Porque dar una embajada Mala a pedazos, es dar Purga con taza penada. Laura y el Rey han causado Mi pena y tus disfavores; Breve embajada le he dado. Que en nombrar los ofensores Las ofensas le he nombrado. ¿Quién descubrió sus marañas? Las cañas. Dices verdad, Sin duda que no le engañas; Que el mudarse es liviandad Y viene el viento entre Cañal, Y que al Rey hace favor. Sus trajes lo descubrieron; ¿Al juego y al mirador Él ni ella no salieron. Como has visto, de un color? Dices bien, las ropas son Las muestras de la fineza; Que las plantas con razón Se visten de una corteza Si tienen un corazón. Mira si su amor es fiel; Viola en la plaza. y en verla Cayó, y la caída de él Causó su desmayo dolía; Viose el amor de ella y de él. Cerró el toro con rigor Con el rey embelesado, Subió el golpe al mirador, Al instrumento templado Con el punto de su amor. Sin remedio y sin provecho Quieres forzar mi partido; Pues bailo, por lo que han hecho Que daños de mi marido Tienen hechos en su pecho. Ñola valió autoridad. Pundonor ni sangre buena; Mira si topa en bondad Amor que no se refrena A vista de una ciudad. Porque el Rey no se perdiese Todo su lustre perdió, Y porque yo me muriese, Todo Nápoles lo vio, Y aun hizo que yo lo viese; En la arena con gran pena vio a su amante. Y con razón; Que una mujer que no es buena Quiere tanto a su varón, Que lo quiere entre el arena. Dejó pintada de muerte Su bella hermosura rara. Vi su rostro y mi mal fuerte; Que en el papel de su cara Vi escrita mi mala suerte. Mi sospecha confirmada, Asigurado mi olvido, Muerto el bien, la fe enterrada, Su ley presa, el Rey perdido, Y Laura en todo culpada. Aquí llega mi dolor, Este, Príncipe, es mi daño. Pues por mostrarme el amor Sin color, el desengaño Me lo mostró sin color. Días ha que mi querer Con celos del Rey luchaba; Mas no tenía poder, Que aunque amor los engendraba, No los dejaba nacer. Mas ya, con nueva crueldad, Paga" presente y corrido, Pues por más seguridad, Mis sospechas han nacido Del parlo de la verdad; Esto lloro por mi esposo. Y esto crece mis recelos, Pues por quitarme el reposo, Una dolencia de celos Me viene con un celoso. ¡Ay fementida! Ay retrato De la humana condición! Ay nueva de un pecho ingrato Celos, bien sois contagión, Pues herís con solo el trato. Sin duda que me has quitado, Falsa, la fe que me ayuda; Sin duda me ha? olvidado, Y aunque me ofendes sin duda, Te ofendo en haber dudado; Hermana, dices verdad. Pruebas de su engaño son Mis ojos y esta ciudad. ■ No hay testigo con pasión Ni juez con voluntad. ¿No te burlas? Puede ser Que ese engaño tenga excusa. ¿No se deja conocer Que tu enojo los acusa, Y los juzga tu querer? Quizá tus celos son vanos. No me mienten esta vez. Mas no están bien en las manos De un testigo y de un juez Que son deudos tan cercanos. Para dudar y creer Hay aquí grande aparejo. Aunque hubiese que temer. En duda no es buen consejo Hacer buena a la mujer; Cuanto más que la verdad Puedes saber. ¿De qué suerte? Con mucha facilidad. Si ella porfía en querer, Ha de querer tu amistad; Y pues sabes su caudal, La salud tuya ha de ser, Pues en sangre es nuestro igual, Que la pidas por mujer, Pues es mujer principal. Por lo que diga tu hermano Juzgarás su pensamiento; Que si al Rey quiere, es muy llano Que no querrá el casamiento De un deudo que es tan cercano. Y si no, cosa es segura Que nadie deja pasar La riqueza y la ventura. Aunque dicen que el probar Mujeres, no es gran cordura, La deuda en que estoy me obliga A que cierre con mi daño, Porque es más justo que siga La verdad de un desengaño Que el mentir de una enemiga. A Laura, hermana, has de ver Tu contraria o tu cuñada. Todo, hermano, puede ser. Si mi mujer es honrada, No temas a mi mujer. ¡Qué! ¿Ya la llamas tu esposa? Yo procuro que lo crea Tu fe inconstante y dudosa. Vete, que cuando lo sea, Yo seré menos celosa. ¿Dasme la palabra? Sí, Que tu Laura te la dé Es lo que te importa a ti. Con mi fe lo alcanzaré. Y harás por ella y por mí. Voyme. Vete. Con gran miedo Sigo esta empresa dudosa. Ya con buenas fuerzas puedo, Engañada y engañosa, Saber del Rey este enredo; Ya con más facilidad Puedo su amor descubrir. Mi mal pide brevedad, Y sin duda no es mentir Anticipar la verdad. Él viene. Por mi provecho Sigo, Horacio, esta querella; Por vivir dejé mi lecho, Que las sábanas sin ella Mortajas se hubieran hecho. Balanzas de amor bordado Somos mi gusto y mi dama, Y como el peso pesado Le hizo caer en la cama a ella, a mí me ha levantado. Dila aquesto. Esposo fiel, ¿Qué peso es este y medida? Como el ángel san Miguel Fue mi amparo en mi caída, Con Horacio hablaba de él. Es mi patrón verdadero. Y lo dicen vuestras galas, Porque en verlas considero Que son plumas de sus alas Las plumas de ese sombrero. ¿Este amarillo y dorado? No procuréis desmentirlo, ¿Que san Miguel os ha dado Plumas con tanto amarillo? ¡Ay ángel desesperado! Contra cristianos y moros Me ayuda. Mejor haréis Si, por excusar mis lloros, De san Lucas os valéis. Que os valdrá contra los toros. A caer estáis sujeto, Bien que os sabéis levantar, Y aunque indigna de este efeto, Me habré yo de desmayar Si os veis, Rey, en otro aprieto. ¿Cómo os habéis levantado Tan presto? Solo por veros. Pues no me habéis acostado; ¿A qué venís? A ofreceros Las cañas que no he jugado. No me hagáis tanto favor; Ofrecedlas a la dama Que os dio en ella su color. Siempre esa lengua me infama. Te adora, dirás mejor. Pues, por vida vuestra y mía, Que lo amarillo he sacado Sin gusto y sin fantasía. Volvistes, como soldado, Del color de aquel que os fía. ¡Pobre Rey! En mucha calma Vivo; de pobre y de fiel Muerto espero allá la palma. Llamemos a san Miguel, Que a pesar os venga el alma. ¿En qué altar lo habéis dejado? De mí os burláis, no lo niego, Por lo mal que hoy he jugado. Luego tendréis otro juego. Donde os cobréis del pasado. ¿Qué juego? Cañas. ¿No veis Que es donaire? Yo me fundo En la boda; que sabréis Que no hay cañas en el mundo Si no es la que vos hacéis. ¿Boda y cañas he de hacer? Caña y bodas. En buen hora; Decidme, si puede ser, Quién son los novios, Señora. Un hombre y una mujer. ¿De qué os habéis alterado? De que sepa yo tan tarde Matrimonio tan tratado. Nunca amor con mucho alarde Quedó, Rey, bien acabado. ¿Que fue boda con amores? Pretendiente el novio ha sido. ¡Oh discretos amadores! Pues con el gusto crecido Les sabrán más los sabores. Por saber su nombre ardo. Y os corre algún interés; Que es deudo vuestro y gallardo. Reina, decidme quién es. El príncipe Belisardo. ¿Vuestro hermano? ¡Qué! ¿Mi hermano No se puede casar? Sí, Y ¿a quién ha dado la mano? A Laura. ¿A Laura? ¡Ay de mí! Ved si la fiesta es en vano. Y porque vos no os honráis Para la boda que veis, Os pido que nos valgáis, Y una cuadrilla saquéis Del color que vos queráis; Pero no saquéis, Señor, El que tenéis en la cara; Que estáis, Rey, con mal color. (Él se remuda y repara; Verdad llana es mi temor.) ¿Que el Príncipe se ha casado, Y a Laura está ya ofrecido? Polidoro lo ha tratado. ¿Y ella, hermana, ha consentido? Si se llama el sí forzado... ¿Luego hay fuerza? No, Señor; Que ella da el consentimiento, Que tiene mucho valor. Reina, aquese casamiento No se ha de hacer, por mi honor. Sin mi gusto en mi presencia Se han concertado los dos; No es respeto ni es prudencia. ¿Sois el Arzobispo vos, Que habéis de dar la licencia? Soy el Rey. Papa ha de ser El que en eso es respetado; Aunque Laura os pudo hacer Papa suyo, si os ha dado Las llaves de su querer. El Conde ofrece por mí, Sin mi Belisardo yerra, Vos halláis de Laura el sí; No ha de hacerse aquesto en tierra Donde yo su rey nací. Lo honrado es esto y lo cierto; Lo que hay hecho se deshaga; Desbarátese el concierto; No me hagáis todos que haga Con todos un desconcierto; No me obliguéis a que os saque Las almas. Menos rigor, Vuestra cólera se aplaque. ¡Cómo se os muestra el amor Por el velo del achaque! Puesto os habéis colorado Con el fuego de este ensayo; No mostráis venir sangrado. Mas Laura de su desmayo La sangre os habrá prestado. Vuestra cifra se declara, Ya vuestra carta cerrada. Porque en miedo no repara, Hecha en letra colorada, Sobrescrito en vuestra cara. A Laura adoráis, Señor; Pues ella, como liviana, Vendió a Leandro su amor, Muerto echó por su ventana Todo el cuerpo de su honor. En la plaza se ha notado Que sois el favorecido; Este es mi miedo pasado. Rey, por Laura habéis caído, Y Laura os ha levantado. Todo se sabe, Señor; No levantéis por el gusto Testimonios al honor. Luego ¿lo pasado es susto? Verdad dije. ¿Hay tal rigor? Vive el cielo, que ha de hacer Luego un castigo ejemplar. ¿Ya la vais a socorrer? Ningún hombre ha de escuchar Mas celos a su mujer. Todos huis los aprietos. Y huimos vuestro castigo. Sois vanos. Somos discretos. Horacio, vente conmigo. Pon su enojo en tus sonetos. Ya se fue, quiérome entrar. Con la pena he descansado; Que pues él puede dudar Si su Laura se ha casado, Ella se puede casar. Mas él vuela, y desde aquí Lo estorba, mas ya llegó mi hermano; mas ¡ay de mí! Que correo que va al no Llega más antes que al sí. En duda está mi contento; Mas Laura no es mi vasalla. Si no cierra el casamiento, La he de quitar, con matarla. De mi esposo el pensamiento. Esto, Conde, es igualdad; Y así, se diga y se entienda Que si la sangre es verdad Que os reluce con la hacienda, No esmalta su calidad. Soy de Sicilia heredero; Vos, Conde, muy bien nacido; No sois el conde primero Que con un rey se ha medido. Pues puede un buen caballero. Los estados que tenemos Son arrequives prestados; Pues, Conde, a los que valemos No nos hacen los estados, Que nosotros los hacemos. ¿No me dais, amigo, el sí? Y por fiel testigo a Dios Del que os doy y del que os di, Pues os deshacéis a vos Solo por hacerme a mí. No encumbréis mis señoríos Con lenguajes de hombres diestros. Antes esto es tener bríos; Que solos pedazos vuestros Pueden cuadrar con los míos. El pecho tengo real, Y ansí junto a mi opinión Y a mi casa mezcla igual; Que por conservar mi son Tomo mi mesmo metal. Y con ser tal mi solar, Laura es mas donde hallaréis Fe constante, amor sin par. Cuando Petrarca os halléis, Podéis a Laura alabar. Haced ahora que venga Con lo que aquí se ordenó, Y que vuestra fe mantenga. ¿Qué doncella tiene no Donde hay hombre que sí tenga? Si es su ser mi calidad, Y su amparo mi valor, Príncipe, considerad Que yo, que tengo su honor, Puedo dar su voluntad. Ella es vuestra a mí me toca El casarla, a mí consiente; Venga, y veréis cómo es loca, Pues estando aquí presente. Os dará el sí con mi boca. Ya se viste y saldrá luego. Y ¿qué fue su mal? Bondad; Es muy hecha a su sosiego: Fue contra su voluntad A ver los toros y el juego. Busca el pueblo, y las señoras La vieron, porque se altera Sin su rosario y sus horas. Mi hermana de otra manera La está contando sus horas. ¿Qué decís? Digo su ser. Esta nueva me condena; Que en hacerse la mujer Al hombre, saliendo buena, No es buena lo que ha de ser. (Pero de su voluntad Sobre la que al Rey le tiene.) Aquí está su majestad. ¿Quién, Señor? El Rey, que viene. ¿Hay tal rey? ¿Hay tal maldad? Conde, a tu casa he venido, Porque hablar con los dos pueda Del juego que hoy me ha cabido, Como el tahúr que se queda Con los naipes que ha perdido. Pues yo me gano con esto, Pierde, oh Rey, a cada rato, Pues me das en ella puesto Este tanto de barato Como a tanto de tu resto. Aunque, a decir la verdad, Aquí me traen, amigo, Cosas de más calidad, Mi cuñado está contigo, No mienten en la ciudad. De vuestra boda está llena La opinión de mi lugar, Y ansí con gusto v con pena Quejas os habré de dar, Mezcladas con norabuena. ¿Es verdad que se ha casado Con Laura el Príncipe? Sí. Matrimonio muy honrado; Mas, ¿por qué razón, me di, Entrambos lo habéis guardado? He de estorbar vuestro intento. Si aquí tuviera, Señor, Una lengua este momento, Y otra lengua de mi honor Estuviera en tu aposento, No pudieras enojarte; Que en vano es tratar aquí. Que acudiendo a cada parte, Acá diera agora el sí, Y allá de él te diera parte. Mas no pudiendo partir El hombre el humano ser, Para no poder mentir Hice seguro el hacer Por hacer cierto el decir. Agora se ha concluido de mi hermana el casamiento; César Belisardo ha sido, Y aún más, porque en un momento Venció sin haber vencido. Esto, Señor, ha pasado, Y ha sucedido tan presto, Porque no me hagas culpado, Que aun Laura no sabe de esto, Porque yo lo he concertado. Luego ¿es cierto? Señor, Ella hará lo que yo quiero. ¿Quién lo asigura? Mi honor. Yo vivo. (Horacio, ya espero.) ¡Cómo se alegra el traidor! Mira, Conde, no prometas Cosa en nombre de mujer; Que las que son más perfetas, Al aire de un parecer Se mudan como veletas. A Laura manda llamar, Y dila tus pretensiones; Que ella en fin se ha de casar, Y jamás por nadie abones Lo que no puedes pagar. A saber su voluntad Me quiero hallar yo presente. Hácenos tu majestad Gran favor. Si entre la gente Se encoge la honestidad, Aunque el Rey el trato abona, Hace estorbo estando aquí; Laura verá su persona, Y ha de tropezar su sí En piedras de su corona. Quien carga en esto de amigos Hace incierto un casamiento, Porque darle más testigos Es darle al encogimiento Más cantidad de enemigos. Laura dará en encogerse, Porque al Rey ha de temer; váyase para volverse. La venganza ha menester Padrinos para perderse. Conde, no vengáis en esto; a ser tercero me obligo De su pecho honrado honesto; Que muchas manos, amigo, Arrancan un sí más presto. Este es el buen parecer. Digo, Conde, que te engañas. No importa. De mi mujer Son todas estas marañas. A Laura teme perder. Laura viene. En ella adora Este mi pecho rendido. De la cama sale agora. Parece el sol que ha salido De la cama del aurora. El Rey, hermana, te llama. ¿Qué rey? ¿El rey que ha caído? Eso levanta mi fama. Ya dicen que el golpe ha sido Jaque que le dio una dama. Y tienen mucha razón; Que entré rey en la carrera Soberbio por su ocasión, Y de rey de juego que era, Me quiso hacer su peón. Jugadora es de gran fama. Jamás la he visto perder. Ganar el perder se llama. Y algún día podrá ser Que el Rey se coma esta dama. Con Horacio, que está aquí, Se cubrirá. Cosa es llana. ¿Conócesla, Horacio? Sí, Y tanto como a tu hermana. ¿Y tu hermana? Como a mí. Pues dinos qué te parece De mi dama. Que es el resto De la fe que te merece. Sí, mas enferma muy presto. Sí, mas presto convalece; Es como yo. Punto menos. No la ofendas, que es mi amiga. Los arcabuces van llenos. ¿Hay mujer que tanto diga? ¿No son buenos motes? Buenos. Otras cañas se han de hacer. Y ¿por quién? A tu intención. ¿Burlas, Rey? No puede ser. ¿Quién quiere, por mi ocasión, Echar cañas a perder? Belisardo ¿no te agrada? El servir es mi interés. Ya responde como honrada; Oye, hermana; que este es De aquestas cañas la entrada. Laura. pues tu voluntad He probado cada día Por estar su majestad Tan de por medio, la mía Te diré con brevedad. Sobre gran conocimiento, Sobre acuerdos muy pensados, Mirado tu entendimiento, Vista tu vista y mirados Tu buen talle y tu talento; Visto los buenos matices Con que al mundo satisfaces; Visto el ser... No me autorices; ¿Es proceso el que me haces, Que tantos vistos me dices? Mucho tengo que temer, Sentencia de muerte escucho. En una honrada mujer, Para los que miran mucho, Hay mucho, Laura, que ver. Al fin, los ricos despojos Que te hicieron milagrosa, Vio un buen gusto y sin antojos, Porque es comida la esposa que se come con los ojos, ofreciendo a tu contento Su ser ilustre y gallardo, Su estado y su pensamiento, Al príncipe Belisardo Hoy te he dado en casamiento. No hay que dudar ni temer; Yo lo ofrecí de tu parle, Y porque lo puedo hacer Lo hice, y por excusarte El miedo del conceder. Gustos, miedos, honor, provecho, Todo por ti lo acomodo, Y vengo tan satisfecho De que está tan hecho todo, Que aun el sí te traigo hecho. No dudes, todo está llano; Dale la mano. ¡Ay de mí! Aquí me pierdo o me gano; ¿De quién dudas que dé un sí Piensas que dará la mano? Ansí tu lengua me abona; Temes, y no sin por qué, Que es mi virginal corona Avara de aire, y seré Liberal de mi persona. No me agradan tus enredos. Calla, hermana; ¿en eso das? Acaba, pierde esos miedos; Dásela, que aquí dan más Dos letras que cinco dedos. Rey, favorece mi intento. Libre su gusto ha de ser. ¿Hay tal maldad? ¿Hay tal cuento? Y tú, Rey, ¿piensas hacer Cañas a este casamiento? ¿Yo cañas? No se me olvida Mi daño. Mal me acompañas. Cuando tu hermana querida Se case, no juego cañas Por no dar otra caída. Y ansí, jurando mi intento, Medroso de más caer. De luto en su casamiento Me he de vestir, por hacer Que me tiente su contento. En lo demás como amigo Puedes disponer. Señor, Haces bien; tu acuerdo sigo. ¡Qué bien le ha hecho el traidor Que no se case conmigo! ¡Ah cielo! Laura, otra fiesta Sin cañas se puede hacer; Dale al Príncipe respuesta. Hermano, aunque soy mujer Y a servirte estoy dispuesta, No me pongas en aprieto Con tan grande brevedad; Que en el más cabal sujeto el torcer la voluntad Es dar garrote al respeto. Veré al Príncipe, y tras esto, Miraré su condición. Lo bien hecho es hecho presto. Y despiertan la afición Los que duermen sobre aquesto; Que si me quiero entregar Luego a solo un pretender, En cosa que ha de durar, No sabremos, a mi ver. Yo querer ni él estimar. Corra el tiempo, que bien creo Que me has de hallar reducida; Que aunque en pie sus partes veo Marido, aldea y comida Se han de tomar a deseo. ¡Qué desvíos tan bien dados! ¡Qué taimada hipocresía! Hay partidos tan honrados, Que pueden, hermana mía, Verse con ojos cerrados. Puedes su reino tomar, Y dudando, dices no; Tómale sin tropezar En lo que Vamba dudó. Que fue un Vamba en el dudar. La gran Silicia consigo Te da, que su padre manda. Al fin, ¿qué quieres, amigo, Por hacerme harina blanda, Hacerme reina de trigo? Ya dije que es por demás Pretender que en un instante Me resuelva. ¿En eso das? Mientras no pase adelante, Mi palabra vuelve atrás. A Belisardo la he dado Para luego, y luego quiero Que sea. Mas acertado Será mirarlo primero. Ya yo por ti lo he pensado. ¿Dónde? Aquí en este aposento. Y ¿por qué? Porque podía. Ahora en este momento Allá dentro me tenia Conmigo mi pensamiento; Y has dado ahora mi sí Con lengua que no te he dado, Y por mi piensas aquí; Hermano no es acertado Hablar ni pensar por mí. Mi palabra se retira, Pues tú diste mi palabra; Quien es cuerdo y por sí mira, no dé por otro palabra, Pues por otro no respira. Sobradamente me aprietas, Libre soy, libre nací. Loquilla, ¿ansí me respetas? Mientras no vivas por mí, Conde, por mí no prometas. En mi vives, y en mí has dado La palabra. Es sin provecho; Mas ¿que eso has señalado? Esa que vive en tu pecho Haga lo que has concertado. Soy tu padre. No me dan Padres enojados pena. Soy tu voz y lo dirán. Eso de ser voz ajena Déjalo para san Juan. ¿Hay tal hembra? ¿Hay tal verdad? ¿Hay tan dulce competencia? ¿Hay tan gran temeridad? Rey, perdona y da licencia; Que he de hablar con libertad. Traidora, malmirada. Infame, atrevida, loca, Noble, villana rogada, ¿Quieres que el sí de la boca Te saque con esta espada? Por tu honor vuelve y por mí, No des nota sin por qué; Que por sacarle de ti, el alma te arrancaré, Que es la raíz de un buen sí. Dale la mano al momento. Polidoro, en mi ciudad Se ha de hacer tal casamiento. Ved que pide voluntad, Conde, aqueste sacramento. Del cielo es justo poder, Que no hizo cosa en vano; Aquí me quiso traer Para que fuese mi mano Amparo de esta mujer. No receles, habla claro; Ningún miedo te reporte. Tu presencia es mi reparo. General patria es la corte, Y el Rey general amparo. Soy juez, y aquí estoy yo. Y por tal te quiero aquí, Pues Dios aquí te envió. ¿Fuérzate tu hermano? Sí. ¿Quieres al Príncipe? No. ¿Es verdad lo que ha contado Horacio? Testigo soy. Pues atento a lo pasado, A Laura por libre doy. El pleito está despachado. De aquesta manera sé Que el Rey agravios deshace. Y hago bien cuando hay por qué; Que a fuerza que a mí se hace Ha de haber justicia en pie. Pues tu pasión se declara, Quiero, por ella movido, Decir su justicia clara, Pues las cañas has corrido, Te han, Rey, torcido tu vara. Pude hasta agora encubrir Tu engañoso proceder; Mas reviente mi sufrir, Y cual víbora, al nacer Haga su madre morir. Salgan a luz tus pasiones, Descúbrase tu malicia; Que hoy quitarán mis razones La máscara de justicia Que al lascivo amor le pones. Conde, vive recatado, Y considera que el Rey, De tu hermana aficionado. Guarda en tu casa la ley De juez, mas no la de honrado. Esto las cañas han sido, Esta ha sido la intención Del amarillo vestido, Y esta, Conde, es la ocasión Del desmayo que ha tenido. Aquesto fue su matar, Y su luto ha sido aquesto. Esto ha sido mi esforzar Que se fuese, y juzga en esto Si el Rey nos puede juzgar. Lo que digo te haré ver, so pena de ser traidor, Cosa que nunca he de ser. No le respondas, Señor; Déjame a mi responder. Aunque mis obras presentes Me pueden acreditar Con mi hermano y con las gentes, Te quiero en breve mostrar Que eres infame y que mientes. Mi casamiento pretendes, Y tú ser con mi ser mides; Dime, pues mi honor entiendes: Si yerro, ¿cómo me pides? Y si no, ¿cómo me ofendes? Un hombre de habilidad Quiere calidad en duda, No me niegues que es verdad; Que yo fui buena sin duda, Y tú no tienes bondad. De cuenta estás alcanzado. Aunque acreditas tu ser Porque quede asigurado, El honor te ha de volver El que a tu honor ha dudado. Dale por esta ocasión La mano, que ha merecido, Pues fue de amor su pasión. ¿Qué mujer quiere a marido Que habla con tal opinión? Si del mundo señor fuera, Si fuera de ángel traslado, Por eso le aborreciera. ¡Quejoso sin ser casado! Con él se case quien quiera. Antes dudaba, Señor; Ya digo que no ha de ser. Aleve pecho traidor, ¿Quién dejará de creer Lo que dicen de tu honor? De mi paciencia reniego Si tu orgullo no quebranto.. Paso, Conde; ten sosiego. Señora, cúbrete un manto, Y vente a palacio luego. Muy bien queda con su hermano. ¿Tiene su hermano malicia? No me enfades; que es en vano, listo pide la justicia; Nadie me vaya a la mano. Mira, Rey, que es mi mujer. Y cuando tu mujer sea, ¿Está mal en mi poder? Nadie habrá que no me crea. Es cortesía el creer. Ponte, Horacio, a esa ventana, Y suba esa guarda luego. Este negocio se allana. Mira, Señor, que te ruego Que esté en poder de tu hermana. Todo se hará, Polidoro. Vamos; que vengarme espero. ¿No guardo bien tu decoro? Vive el cielo, que te quiero. Vive el cielo, que te adoro.

JORNADA SEGUNDA

Hoy entra con seis galeras El general de la mar, que en las morismas fronteras ni a moro deja almaizar, Ni lunas a sus banderas. Tiene el Duque gran renombre. La guerra le satisface, Como debe. No te asombre; Que de tantos que deshace, No es milagro que haga un hombre. Él es rico y bien nacido. Desde Palermo a mis tierras Lo tengo bien conocido. Como viene de las guerras A ver su primo querido, Que es el Rey, el Rey lo quiere Recibir y festejar. Horacio, cuando viniere Venme volando a llamar, Y dile al Rey que me espere. Yo lo haré. Batalla emprendo Que me da bien que temer. Dudando estoy y temiendo; Que es celosa y soy mujer, Y estoy sola y sé que ofendo. ¡Con cuánta severidad Me mira! Callando culpa Mi respeto y mi bondad. ¿Qué cara tendrá la culpa Delante de la verdad? Quiero hablarla. Sin provecho Tengo el pecho alborotado; Haga y diga, que sospecho Que si ella tiene un reinado, Yo tengo un rey en el pecho. Con afrenta, o como quiera, He de castigar su yerro. Conviene, porque no muera, Que tenga cara de hierro Quien tiene entrañas de cera. A mi justicia me arrimo. Mi rigor será mi escudo. No hay fin, porque me reprimo, No la temo. No la dudo. No la precio. No la estimo. ¡Laura! ¡Irene! Escucha. Di. ¡Jesús, qué mal proceder! ¡Qué quieres? Llégate aquí. Mas tú, que me has menester, Te puedes llegar a mí. Mejor será que partamos Las dos. Esa es justa ley. Querrá, porque no riñamos, Pues nos partimos al Rey, Que el camino ambas partamos. ¿Qué dices? Mas tú ¿qué haces? Yo sé dar cuenta de mí. Sí; pero no satisfaces. Pregunto, ¿estoy aquí Para guerra o para paces? Para todo aparejada Me hallarás. Valiente eres. ¿Cómo te va en mi posada? Vame como tú quisieres. ¿Qué te agrada de ella? Nada. ¿Qué tiene? Ninguna cosa. Mucho engaño y poca ley, Entre mil ninguna hermosa, Viejos locos, galán rey, Y la Reina no gustosa. Dices muy grande verdad, Eso en palacio tratamos; Pero entre esta vanidad, Aunque melindres usamos, No usamos facilidad. El melindre es accidente Que se cura sin fatiga. El que pierde siempre siente. Pero el ser fácil, amiga, No se pierde fácilmente. Está en palacio vedada Esta culpa con gran pena; No hay mujer que no sea honrada. A ninguna llamas buena Mientras ves que no es rogada. ¡Qué embelecos! qué invenciones! Qué engaños! O ¡qué verdad! Tú empatas las razones. Laura, menos libertad. Irene, menos pasiones. ¿Sabes a qué vienes? No. ¿Sabes quién manda? Quien reina. ¿Quién reina? Quien lo heredó. ¿Tú sabes que yo soy reina? ¿Tú sabes que yo soy yo? Y ¿quién eres tú? Mi honor. Y ¿quién es tu honor? Mi ser. ¿Quién es tu ser? El mejor. ¿Cómo se deja querer Tu ser con tanto valor? Cómo a mi esposo cautiva, Si tanto punto en él cabe? ¡Yo a tu esposo! Mejor viva. Escupe al Rey, y le sabe A miel aquella saliva. Calla. El desmayo lo diga. A fe, que le guardáis ley. Esta grosera me obliga. Tu librea viste el Rey, Tus gajes tira. Ay amiga, Bien haces en no querer A mi hermano aunque él te quiera; Que dejar una mujer Un rey por un rey ya fuera Dejar comer por comer. Dos reyes con gran ventaja Te sirven, y querrá Dios, Si tu fuego no se ataja, Que te sirvan otros dos, Y tendrás cuatro en baraja. ¿Date gran gusto el favor Que a mi fe mal empleada Roba por darte el traidor? Sí; que la fruta robada Dicen que sabe mejor. ¿Cuántos días tu desdén Ha tardado en ablandarse? ¿Es muy tierno? ¿Quiere bien? ¿Sabe dar? Sabe enojarse? ¿Habla bien? ¿Es en ti bien? Entre en tu casa, no pierdas Tan gran lance, abre el balcón, Pues de Nápoles las cuerdas, Templadas todas a un son, Dais luego escalas de cuerdas. Mas qué necia sois; ya taso Los pasos del bien querer; Quien ciega a su gusto el paso Ya habrá entrado a solo ver. ¡Reina, Reina! ¡Paso, paso! Nadie ofenda mi valor Ni a mi sangre le haga ultraje; Porque a la reina mejor Le puedo prestar linaje, Y prestarle puedo honor. La cara exenta y sin mengua Pasar por buena presumo; Con verdad nadie me mengua. Será el linaje de humo, Y el honor será de lengua. Tengo mejores parientes Que tú, y aun soy más honrada. Mientes. ¿Bofetón y mientes? De mis manos haré espada, Y puñales de mis dientes. Así vengo una traición. Yo te quitaré la vida. Voces de mi Laura son. Vive el cielo, fementida, Que te coma el corazón. Desvía. Laura, ¿qué es esto? Esposa, ¿quién te ha ofendido? ¿Quién, Laura, te ha descompuesto? Dime luego lo que ha sido. Quien sus manos en mí ha puesto. ¿Quién te enoja? ¿Quién te enfada? ¿Quién con lágrimas te deja? Tú estás llorosa y turbada, Y ¿la Reina no se queja Sin duda estás agraviada. No me des muerte dudando; ¿Qué tienes? Dime tu mengua. Habla, amiga. Estoy rabiando Porque no ha de hablar la lengua Donde está la injuria hablando. Y pues la mía provoca A que no acierte a decirla, Pues tanto el daño le toca, Haga, Rey, esta mejilla El oficio de mi boca. En ella puedes leer Mis agravios estampados. Bien los sabrás conocer; Que están en ella pintados De mano de tu mujer. Aquí su orgullo inhumano Llegó, afrentando mi gente; Que para mostrar más llano Que era mi injuria patente Puso aquí el sello su mano. Sobre un largo disputar. Sobre llamarme ruin, Sobre obligarme a callar, Y sobre tanto, que al fin Lo menos pudo sobrar; Segura, sin temer mal. Sola, humillada a sus pies, Mujer moza y principal, Y en tu casa, que al fin es Tu salvaguarda real; Por una vana opinión Que en su engaño ha fabricado, Sin tiento y sin ocasión Alzó la mano, y me ha dado En mi cara un bofetón. No soy buena, pues no hallo Honor para mí en el suelo, Que el suelo no sabrá darlo; No soy noble, pues recelo, Y no soy viva, pues callo. No puedo, rey, más hablarte; Que reviento por sufrir Mi agravio, por no enojarte. ¡Vive Dios, que has de morir! ¡Vive Dios, que he de matarte! ¿Belisardo? ¿Rey? ¿Qué vana Locura en tu pecho reina? No es locura ni es liviana. ¿A quién matas tú? A la Reina. Y ¿a quién matas tú? A mi hermana. ¿Por qué? Porque a mi querer Llegó su brazo traidor. Yo, que aquí tengo poder, La he de matar por mi honor. Yo también por mi mujer. A mi palacio ha ofendido. He de vengar esta vez Yo a mi honor, que va perdido. ¿Tú no ves que soy juez? ¿Tú no ves que soy marido? Mi justicia rigurosa Es fuerza. Yo su malicia Castigo con mano honrosa. No vengues tú mi justicia. Ni tú vengues a mi esposa. Él la quiere granjear. Él la quiere así vencer. Aparta. Déjame estar. Nadie a mí me ha de valer. Nadie a mí me ha de vengar. Gente suena. Envaina. Advierte Lo que ha hecho. Inmenso Dios, Los dos tratan de ofenderte, Y por matarme los dos, Ninguno me ha dado muerte. Los consejeros llamados Vienen a salir contigo. Ellos sean mal llegados. Siempre me mueven, amigo, Estos groseros letrados. Al volver quedará llano, Si le parece, este cuento. Todo, Rey, está en tu mano. Vamos al recibimiento Mujer, dame aquesa mano. Mi ponzoña y mi desdén Cubro con paz por la fiesta. — Laura, adiós.— Tú, Trene, ven. La paz de Judas es esta; Que hay reyes Judas también. No cuentes esta jornada A tu hermano. Veo, Señor, A tu esposa regalada. ¡Ay reino! ¡Ay rabia! ¡Ay honor! Medrosa voy y alterada. Mira cómo te ha dejado El Rey; hazañas son estas De un galán noble y premiado; Por honrar públicas fiestas Dejar tu honor agraviado. No hay ninguna experiencia, Que se armaron a lo justo; Un achaque da una ausencia, Un decir que está sin gusto, Un fingir una dolencia, Un forzoso despachar, Un disculpado temer, Un mentir fácil de hallar, Y no hallar a un no querer, Que es el mayor estribar. Si allá en Sicilia estuvieras, Cuando achaque me faltara, Por no verme en las riberas. En son de salva arrojara A fondo aquesas galeras. Moviera una civil guerra, Mi archivo hiciera quemar; Y esto que junto no yerra, Matar al Duque en la mar, o me ocupara en la tierra. Por sola una obligación De un deudo que hoy ha llegado Te falta en esta ocasión. Vive el cielo, que te ha dado Otro mayor bofetón: Laura, mírame y no llores; Salga mal o salga bien, Yo he de ofrecer tus rigores; Que adoro más tu desdén Que él estima tus favores. No temas, ten confianza, Cobra aliento, sufre un poco; Que yo te ofrezco venganza. En el rigor de este loco Quiero fundar mi esperanza. No pido paga, no espero Verte mía o verte humana; Tu desdén en premio quiero. ¿Quieres que mate a mi hermana? ¿Con veneno o con acero? Ya te alegras; puede ser Que me mires sin rigor. Dale al enfermo placer, Aunque no beba. Señor, Quien le habla de beber. Los ojos a mi esperanza Abres, que estaba rendida; Porque mientras no se alcanza Tratar de ella, es la bebida De la sed de la venganza. Yo te agradezco, Señor, Tanta merced. No me trate Tan bien tu inmenso valor; Que harás que por ti me mate. Si me haces tanto favor. Tuya soy. Laura querida, Merced que es tan soberana No tiene paga medida. Pues si das muerte a tu hermana, Yo te prometo dar vida. Confieso que tu cuñado Fue mi galán admitido; Mas, aunque alegre y mirado Llegó el Rey a ser querido, A mi mano no ha llegado. Porque todo lo hace llano La que todo no lo niega, Y de raya y de liviano Pasa el favor cuando llega A las rayas de la mano. No te pido, como a ciego, El favor que de ti aguardo; Buena soy, su amor fue fuego. Hazme honrada, Belisardo, Porque me haga tuya luego. Mata a la Reina, y confía Lo que digo y lo que callo. No puedo hablar de alegría; ¡Que es posible que te hallo En un tiempo buena y mía! Ya murió la Reina; haz cuenta Que viva no la verás; Mas ya se me representa Que, para vengarte más, La he de matar con afrenta. No hinche veneno ni espada Los vacíos de mi injuria; Eres mi esposa afrentada, Y no muere si en tu injuria Ella no muere afrentada. Sin honra, que es su blasón, Ha de morir. Por tu vida, Que me digas tu intención. De este duque la venida Me da una grande ocasión. Bien sabrás mi pensamiento. Muera, y muera como quiera. Morirá, y a tu contento. Vamos; que por la escalera Sube ya el recibimiento. El Rey está de placer. Ansí lo has visto medrar. Tuya soy. Y lo has de ser. Con el Rey me he de casar. Vente conmigo, mujer. Sálganse todos afuera. Agora quiero abrazarte, Primo, pues de esta manera Doy un abrazo al dios Marte En mi tierra, que es tu esfera. Gentil hombre y gran soldado, Norandino, te me has hecho En dos años que has faltado. Como España me dio el pecho, Crece con leche de honrado. Sus atrevidas galeras Rijo por el rey de España, Y si bogas sus riberas, Verás mi sangre y mi hazaña Do veas moras fronteras. Y ¿es España buena tierra? Tiene por rey muy capaz De cuanto el gran mundo encierra, Mil regalos en la paz Y mil fuerzas en la guerra. Gustos, vicios, hermosuras, Galas, gallardas espadas, fino amor, fuerzas seguras. Y ¿tiene damas pintadas? Todas son unas pinturas. Las más gallardas señoras Hay del orbe. Así lo entiendo, Aunque son algo traidoras. Acá dicen que en naciendo Las enseñan a pintoras. Y que las libres y honestas, Las santas y las miradas, Para salir bien compuestas, Salen todas retratadas Al olio en todas las fiestas. Cada mujer su interés Esfuerza. No ha de esforzarse Con tal pena. Y ¿tú no ves Que mujer sin afeitarse Es justador sin arnés? No sé pintar, por tu vida, Tanto. Norandino muere Por España. Es mi querida. Mujer que se pinta quiere Ser por pinta conocida. Si la belleza más rara Llegara el mundo a perder, Dentro de España la hallara. Hasta agora estoy por ver en España una buena cara. Apostemos que te agrada Aquesta. No hay que dudar, ¡Brava moza! Y muy honrada. Y se ha dejado pintar Solo por verse pintada. ¡Buen pelo, buena mujer! Risueña está, no hace mal; Pues viene en tan buen poder. Esta dama, general, Tu dama debe de ser. No espera mi pensamiento a tan alto presumir. Yo sé que es noble tu intento; Pariente, no va a mentir. Digo, Reina, que no miento, ¡Qué bueno! Primo amado, No la guardéis tanta ley. Ya mis ojos la han mirado. Y en los de ella ¿no veis. Rey, Que se ha puesto colorado? Con sangre pinta y declara Su afición. Reina, por Dios, Que calles. ¿Quién tal pensara De un soldado? No habléis vos De sangre, y sangre en la cara. El Rey se enoja, Señora. En el palacio real, Donde la belleza mora, Arrimado al gran sitial De la gran reina Teodora, De esta materia tratando, Que agora movió esta guerra, Las señoras alabando De Nápoles, que es la tierra Que ausente estoy adorando, Este retrato que ves. Que del suelo castellano un serafín dicen que es, Y agora puesto en tu mano, Parece un duende a tus pies, Me dieron, con condición Que de Italia la traería Otro de más perfición, Porque cada cual tenía Por más bella su nación. Tómale para trocar, Y pues en Italia estoy, Si mi primo da lugar, Este retrato te doy, Y uno tuyo me has de dar. Aquesto te desengaña, Ya sabes lo que deseas; Y pues razón me acompaña, Dámele para que seas Asombro de toda España. Suplico a tu majestad Me valga en esta ocasión Con la Reina. ¿Hay tal bondad? El Duque pide razón, Y el Duque dice verdad. Dadle un retrato, Señora. Si la mujer más preciada De Nápoles pide ahora, Dadle a Laura retratada, Que es la que el mundo enamora. Es esta Laura que digo blanca y rubia tiene ceño, Yo soy de Sicilia amigo, Y soy de color trigueño. Por ser de tierra de trigo. Acabad, no me deis pena; Vuestro retrato es mejor, Dadle al Duque. Enhorabuena; Aquí le traigo, Señor, Colgado de esta cadena; Que, como tanto valor. Llevan mis cosas contigo, Y me haces tanto favor, Traigo imágenes conmigo Para dar como pintor. Tomad, Duque. Estad segura Que allá en España ha de ser Invidia de mi ventura. Pues cual nuevo mercader, Paso de Italia hermosura. No es muy seguro ese trato, Donde hay mar, distancia y viento. Porque te pague el retrato, Venid, Reina, al aposento, Entretené al Duque un rato. Al cielo mismo me envías. El cargo es carga enfadosa, Y ando ocupado estos días. No me tienes por hermosa, Pues a galanes me fías. Mi primo es mi propio honor, Dadle la mano. No yerra Tu amistad. Adiós, Señor. ¡Cuánto diera allá en tu tierra. Por tener este favor! Quien no pudiera saber La bondad de este varón Y el honor de esta mujer, Dijera con gran razón Que estos se deben querer. Todas las mas opiniones Que no siguieren la mía, Dijeran, por sus razones. Que ella celos le pedía, Y él daba satisfaciones, Y es todo pura bondad. ¡Cuán lejos está en el mundo La opinión de la verdad! Mas, ¿qué digo? en qué me fundo? ¿Yo alabo seguridad? Yo me alegro, yo pondero Una gloria, que consiste En punto que es tan ligero, Teniendo en mi casa triste La que más que al alma quiero? El cielo me ha dado esposa Que es hermosa y no la temo, Preciada y dificultosa; Mas, si ella es bella en extremo, ¿Laura también no es hermosa? Más que al vivir la he querido; Mas de Laura la memoria No puede causarse olvido; Seguir quiero yo mi gloria, Y ella siga lo que ha sido. Estimar quiero su ser, Y no dejar mi regalo; No se puede encarecer El bien de un hombre que es malo, Si tiene honrada mujer. Viva mi esposa querida, Mas Laura ¿no está agraviada? Muera, que todo se olvida; Pero Trene ¿no es honrada? Mas Laura ¿no es ofendida? No la dio por afición? Y esotra ¿no es voluntad? Muera, que es justa razón; Mas ¡ay cielo! ¿y la bondad? Mas ¡ay cielo! ¿el bofetón? Todo, quien todo lo alcanza, Lo echa a perder, ¡ay de mí! En peso está mi venganza, Pero Laura viene aquí Y hará caer su balanza. De Belisardo el intento Quiero entablar. Laura mía, ¿Dónde queda tu contento? ¿Tú sin ropas de alegría? Soy de mi honor monumento. Aunque mal dije, Señor, Porque una triste mujer Sin prendas y sin valor Y sin ser, no puede ser Sepultura de su honor. No llores. Rey, no entretenga Tu afable lengua mi enojo. Que ya Laura no se venga: Fáltale sangre en el ojo, Y es bien que lágrimas tenga. Perlas echas sin razón Sobre tus mejillas bellas. Pues mis menguas no lo son, Quiero, Rey, bordar con ellas De la Reina el bofetón. Calla, por tu vida, y piensa La gran parte que me alcanza De tu agravio y tu defensa. Mientras tarda tu venganza, Vive a tu cuenta mi ofensa. Padeciendo a tu ocasión, Tu mano no me socorre; ¿Dónde tienes tu afición? ¿Sufres que el tiempo me borre La huella del bofetón? Yo pudiera pretender. Si tu fe no me engañara, Que al instante tu querer Con la sangre la lavara Del cuello de tu mujer. ¡Ay de mí! desgracia ha sido. Causolo fuego de amor, Y en agua me ha convertido, Como ves, y tú, Señor, ¿Le pones tierra de olvido? La Reina huelga entre sones; Yo lloro agravios presentes; Ella al mar, yo a mis prisiones; Ella recibe parientes, Yo recibo bofetones. Si no pagas su traición o por tu mano o por ley, Y hablando en resolución, Si no la das muerte, Rey, Con la primera ocasión, Ni yo te daré la mano Que hasta aquí te he defendido, Ni me verás, sino en vano, Y el agravio recibido Le he de contar a mi hermano. Verás cuán presto acomodo La muerte que presto aguardo. Vestiré de aqueste modo, Y me daré a Belisardo, Que es lo más malo de todo. Escucha. ¿Qué he de escuchar? óyeme un poco siquiera. ¿Agora es tiempo de hablar? Voyme, Rey. Amiga, espera. No sé cómo he de esperar. No te desgustes conmigo, Mira. Ya no puedo verte. Pues por tus ojos te digo Que a la Reina daré muerte, Y me casaré contigo. ¿Tú no viste que quería Matar por ti a esa traidora? Considera, Laura mía, Que venganza sobre un hora Es venganza a sangre fría. Y pues culpas mi esperar, Y mi afición culpar quieres, Procura, amiga, buscar El veneno que quisieres, Que yo se lo haré tomar Con un vaso de agua pura, Buscando un achaque llano. Morirá de esto segura; Y así, te daré la mano En dándole sepultura. Y no me trates tan mal. No te tengo por seguro; No lo harás. No digas tal; Yo lo haré, Laura, te juro Por mi corona real. Muera pues la Reina. Muera. Y si Dios la mata, amigo, ¿Serás mío? Como quiera, a ser tu esposo me obligo, De cualquier suerte que muera. Esa fe y palabra guardo. Gente viene. Traeré presto El veneno. Aquí te aguardo. Venga agora sobre aquesto Lo que ordena Belisardo. Dejar de reinar no puedo; Mi venganza va de veras. Reina, dos muertes enredo. Aunque cinco merecieras, Por dar una a cada dedo. Solo te quiero. Señor. ¿Fuese Laura? Majestad Huye de la hermosa flor. Cuentos de más calidad Olvidan cuentos de amor. ¿Hay aquí, por vida mía, Quien nos oiga? Solo estoy, No tengo en mi compañía Sino estos tapices. Hoy Habla la tapicería. Mucho das que sospechar. Habla; ¿quién ha de sufrir En duda tanto tardar? Cosa te vengo a decir, Rey, que te habrá de matar. En gentil extremo das. ¿Mándame el Papa prender? Más. ¿Volvió mi campo atrás? Más. ¿Muriose mi mujer? Más. ¿Perdí mi flota? Más. ¿Lotario, el rey albanés. Las tierras me ha conquistado? Más, Señor. Pues si más es, Sin duda me han afrentado. Dices bien. Príncipe amigo, Y ¿quién ofendió mi honor? A contártelo me obligo, Sí tú me ofreces, Señor, No decir que yo lo digo. Esto solo has de callar. Pues sin darme a conocer, Puedo tu injuria probar, Que la habré de defender En campo particular. Yo lo haré. Rey, pues sustenta Tu ser, tu opinión y fama, Vela sobre ti, y haz cuenta Que quien tu honor y el mío infama. ¡Qué! Ha dos años que te afrenta ¿Quién? ¿mi mujer? Tu mujer. ¿La Reina? Reina y villana; Que mujer, Reina y hermana, Todas tres hacen un ser. A todas tres las condena En un ser falso y fingido. Quisiera excusar mi pena, Y en tres a Irene ha partido, Por ver si hallara una buena. ¡Ay querer! Ay calidad! Ay honor! Príncipe, di, ¿A quién, di, dio su bondad? ¿Es a Norandino? Sí. Sin duda dices verdad; Pocas muestras salen vanas; Tercero suyo me hicieron. ¡Ay falsas! Mas ¡ay livianas! Con los retratos se dieron Celos y disculpas llanas. ¿Qué dices? Que su afición Delante de mí ha mostrado. Belisardo. Del cielo es esta traición. Aquí retratos se han dado. No hay maldad sin postillón. Este bravo capitán, A quien, por tu sangre honrosa, Cargos y crédito dan, Antes que fuese tu esposa, Fue en Palermo su galán. Vivió allá favorecido, Y acá descubrió la brasa, Que nunca apaga el olvido; Mal haya aquel que se casa Con mujer que otro ha servido; Que el galán a su provecho Medra después sin perder, Como aquel que, satisfecho, Una cruz va a pretender Con las prendas en el pecho. Dices bien; mas ¿cómo, amigo, Dos años has encubierto Su maldad? Lo que te digo, Quise, por saberlo cierto, Saberlo de un buen testigo. Fuese el Duque, habrá dos años, Llamado por su interés, Y yo, que miro a tus daños, Antes que él de aquí se fuese, Eché de ver sus engaños. Vi que entrambos se miraban, Y como yo me temía, Y ellos no me recelaban, Con mis oídos sentía Que sus ojos se encontraban. Sentirlos pude y juzgarlos; Que si unos ojos se empuntan, Para el que sabe mirarlos, Más son hacen, si se juntan, Que un coche de dos caballos, De allí vine a conocer Que procuraban lugar; Y luego me paso al ver Del temer al no dudar, Del no dudar al creer. Rondé su estancia vedada, Seguí a tu primo en secreto; Pero todo importa nada Contra un querido discreto Y una querida taimada. Desmintieron su terneza, Deslumbráronme sin duda, Dejaron mi subtileza Entre una segura duda Y una dudosa certeza. Fuese el Duque, ella sin él, Se acogió a regalos tuyos; Quedamos yo y esa infiel, Ella con papeles suyos, Yo con ojos de papel, Hasta que agora ha venido A seguir su pensamiento; Y yo, agraviado y corrido, Esta verdad que te cuento, De este su paje he sabido. Este fue su regalado, Y este me ha dicho, Señor, Que a su aposento vedado Entró su primo. ¡Oh traidor! Sin duda estoy afrentado. Sin ser visto lo hice entrar Donde confesó en aprieto, Y por más disimular, Lo maté; que un buen secreto Le da vida un buen matar. Esto pasa, esa taimada Muera por justicia, Rey; Que yo saldré a la estacada, Pues lo pide ansí la ley, Con la visera calada. Y pues permite el rigor De esta prueba este pecado, Por menos nota, Señor, Pues morirá el acusado, Cállese el acusador. Dices bien. Quiérome entrar, Que un gran monte en peso llevo; Perdona y dame lugar. Que confieso que te debo, Y no te puedo pagar. Muera la Reina. Al momento Presa y muerta la verás. Bien sale mi pensamiento; ¡Ah cabeza, tú serás Cabeza en mi testamento! ¿Qué me han dicho? Qué he sabido? ¿Puede ser que la mujer Que masque al alma he querido, A la suma del querer Haya mi honor ofendido? Si es esta nueva liviana, ¿Mas Belisardo quería, Que tanto en servirla gana. Por hacer a Laura mía. Hacer que muera su hermana? Verdad ha dicho, y me mata La Reina, enemiga fiera, Que mis glorias desbarata; ¡Ay Irene, y quién pudiera Hacerte menos ingrata! ¿Quién la vida más sabrosa Que yo pudiera tener? Quién en la Italia famosa Tuvo más noble mujer, Más buena ni más hermosa? Su bondad toda he perdido. Su belleza toda pierdo, Y es lo peor que, ofendido, Ha despertado mi acuerdo Con el golpe de su olvido. ¡Quién la viera con honor! ¡Quién gozara su beldad Sin tener competidor! ¡Ay esclava voluntad, Que a palos sirve mejor! ¡Ay desengaño! Ay perder! ¡Ay usurpados favores! ¡Ay desdén! ¡Ay no tener! Y ¡ay celos despertadores Del sueño del bien querer! ¿Qué es de Laura? ¿Dónde están Sus gustos? ¿Quién me enajena De mí? Yo soy su galán, Mas no dan las burlas pena Mientras las veras las dan. Lo más fuerte me atropella; Ya no sirvo, ya no espero Ver mujer honrada y bella; Matar a la Reina quiero, Y no casarme con ella. De veneno apercebida, Traigo de él un vaso lleno, Que a tu reino me convida, Y no es el primer veneno Que dio mujer ofendida. Agua parece el licor, Y es el más dulce y más fuerte, Porque viene así mejor A dar color a la muerte. ¡La muerte en el fin color! Toma. Aparta. Rey, ¿qué es esto? ¿Mudas de acuerdo en dudar? ¿Quién mal contigo me ha puesto? A la Reina he de matar, Mas no ha de morir tan presto. Toma y tenle aparejado Para el tiempo que quisieres. ¡Jesús, qué priesa y qué enfado f ¿Ya te enfadan las mujeres? Antes las quiero sobrado. ¿Cuándo su muerte ha de ser? Yo lo veré. Mal concierta Tu alargar con mi querer; No veré a tu mujer muerta, Si tú, Señor, la has de ver. Nunca juzgué con pasión; Yo te desagraviaré. Y ¿eso es Justo? Esto es razón. Y ¿entretanto que se esté En mi cara el bofetón? Mira, Señor. ¿Qué he de ver? Mi sangre, que está ofendida. Pide justicia, mujer. ¿Justicia quieres que pida? No me la piensas hacer. Si a la Reina has de matar, Aunque tarde, yo te pido Que te acuerdes de guardar La fe que me has prometido. Ya no me quiero casar. ¿Qué dices?. Mi voluntad. ¿Burlas? De burlas estoy. Y ¿eso es bueno? Esto es verdad. Y ¿eres rey? Mi agravio soy, Y con falsas no hay verdad. ¿No me dirás qué has sabido? Dormía un sueño pesado En la cama de mi olvido, Y el honor me ha despertado Amante y aborrecido. Gané poco, perdí más, Diome un agravio la muerte: quiero, como tú verás, matarlo, y hacer de suerte Que él no me mate jamás. Cifras son de mi pesar. Humo es este de mi fuego; Voyme a morir o a matar, Y lo que te encubro luego. Lo has después de pregonar. Bien te dejas entender; ¡Ay Belisardo! Ay traidor! Fuese y no me puede ver; Dejome, y es lo peor Que me dejó de querer. Mis enojos indiscretos Movieron su voluntad; Su voluntad, sus respetos; Sus respetos, su bondad; Su bondad, estos efetos. No me quiere por mujer, Y me trata con desdén; Que como en su parecer La Reina es mala también, Piensa que yo lo he de ser. Por sobrada diligencia. Mal querida y deshonrada Me veo: que en ley de ausencia, La medicina sobrada Suele crecer la dolencia. Si anduviera más sufrida, V sin Belisardo. ahora Me viera honrada y querida. Dos veces, reina traidora. Me veo de ti ofendida. Sin honra y sin amistad He quedado: pues ¿qué aguardo? Loca iré por la ciudad Hasta hacer que Belisardo Le cuente al Rey la verdad. Laura, espera. ¡Hermano mío! Parece que estás llorosa. ¿Cómo está tu desvarío? Reposa, pues que reposa, Ya será seso tu brío. Aunque hay mil inconvinientes, Y a Italia desasosiego. Me han dicho muchos parientes Que te saque, y para luego Tenga aprestadas mil gentes. Vete a mi casa al momento; Que Belisardo vendrá Muy bien en mi pensamiento. Belisardo te dirá Que estoy aquí a su contento. ¿Qué dices? Lo que verás. (De esto me valdrá el traidor.) Pues ¿esto faltaba más? ¿Él lo dirá? Sí, Señor. Si él lo dice, bien estás. Ven a verlo, si quisieres. Vamos; pero ¿qué pesares Te hacen llorar? Son placeres; Nunca en lágrimas repares De niños ni de mujeres. ¿Que al fin en España quieres? Quiero en España, Señora; Que hay allá bravas mujeres. ¿Por qué negabas agora? Por callar. Buen galán eres. En tal escuela aprendí. Calla, Norandino amigo; Que no te acuerdas de mí. Nació mi afición contigo, Mira si vive por ti; Dado que es hombre al olvido, Mi nuevo amor se levanta; Siempre tu nombre he tenido: Que al fin es hija la planta Del campo en que ha nacido. Como quiera, es. Duque, afrenta El tratarme de olvidada. Aunque te burlas, haz cuenta, Reina, que no eres amada Por honrada y por parienta. Eres de mi primo esposa, Dichoso y rico partido. Por mi ser, por Laura hermosa, No es del todo mi marido, Ni soy del todo dichosa. Ya te he dicho la ocasión. Que lo fue para arrojarme a darla aquí un bofetón. No supiera yo tomarme Tan larga satisfacción. ¿Qué más hiciera un soldado? Puntual y brava eres. Es, Capitán, bien mirado, El duelo de las mujeres Y el dolor más apretado. Tengo muy presta la mano En celos. A ti me arrimo; Eso es de buen cirujano. Con todo, temo a tu primo. Yo lo pondré todo llano. ¿Dasme esta palabra? Sí; Pues en tu casa me tienes, Fíate Trene, de mí. ¿Qué es esto, Horacio? Qué quieres, Con estas guardas aquí? Yo sigo mi obligación; El Rey te da este aposento Y estas guardas por prisión. Ten paciencia. Ese es el cuento De Laura y del bofetón. No te dé cuidado. Amigos, Idos, que yo veré al Rey; Que son furia estos castigos. Los que no guardan su ley, Son, Duque, sus enemigos. Yo lo sabré remediar. Mientras vos lo remediáis, Presa la Reina ha de estar. Villanos, ya me enojáis. De fuerza os he de enojar. ¿Y si yo saco la espada? Sacaré también la mía, Que está a servir obligada. Pues ¿conmigo gallardía, Gente medrosa y armada? Pedazos os he de hacer. ¡Muera el Duque! General, ¿Quieres echarme a perder? Duque, ¿en mi casa real Se puede aqueso emprender? Estad quedos. Su partido Esfuerza por sus cuidados. ¿Contra mí sois atrevido? Haced los vuestros honrados, Y hareisme a mí comedido. Sepamos por qué ocasión Me los queréis maltratar. Tengo, Rey, obligación, Como bueno, de excusar De la Reina la prisión; Que no ha de ser maltratada, Siendo buena. Belisardo, Esta es pasión declarada. Duque, pues sois tan gallardo, Rendidme luego la espada. A su cuarto lo llevad, Y esté preso. ¿Hablas de veras? Prendedlo presto. Esperad. Yo soy España y galeras. Nosotros Rey y ciudad. Dar la espada es más cordura; Que, pues le ofende mi hermano, No está tu parte segura. Pues yo la rindo a tu mano. Y yo al Rey. Fineza pura. Rey, porque no nos matemos Sin ocasión, no hago más. Llevadle. Todos prendemos. En la prisión hablarás. Y en salir de ella hablaremos. Amigos, vamos de aquí; — Y tú guardarás las llaves De Irene. Fía de mí. Rey, ¿por solo lo que sabes Me quieres tratar ansí? ¡Oh pecho aleve y doblado. Aquí has de estar, fementida, Por más daño que el pasado, Y te quitará la vida, Pues el honor me has quitado! ¿Yo el honor? ¡Calla, enemiga! Amigo, dime, ¿qué es esto? A que te mate me obliga Tu adulterio manifiesto, Pues quieres que te lo diga. ¿Yo, Rey? Yo te he de ofender? Poco ansí me satisfaces. Espera. No puede ser. Mira, Señor, lo que haces. La justicia lo ha de hacer. Defiéndate el General, Pues en la cumbre lo has puesto. Miente quien te ha dicho tal. Venid. Hermano, ¿qué es esto? Que pagues, si has hecho mal. Polidoro, ¿qué maldad es aquesta? No sé. El rey culpa, reina, tu bondad. El Rey se engaña. La ley Ha de decir la verdad, Horacio, ¿qué desafueros Son estos? Calla y procura Remedios más verdaderos. Voyme; que la desventura No puede hallar compañeros.

JORNADA TERCERA

Huye de él. Corre. Tiranos, Al mar os he de traer, Y anegaros con mis minios, Que estoy rabiando por ver Hartos de agua a dos villanos. ¡Cadena a mí! La ocasión Fue Horacio, que es por el Rey Alcaide de tu prisión. Quien se ha obligado a su ley Bien merece ese tusón. Sin duda que fue bajeza Rendirme. Fue cosa honrada; Que contra mil no hay braveza. Soldado que da una espada, Venderá una fortaleza. La fuerza honrada no es loca, Ni el ser sobrado en ser fiel. Habláis lo que más os toca; Que, como estáis llenos de él, Echáis miedo por la boca. No temáis; venid, que quiero Ser vuestro amigo, y lomad Esta cadena primero. En cadena tu bondad Ha echado tu carcelero. Pasad doscientos doblones De dos caras. Siendo tales, Hoy de dos caras nos pones. Sí, que enciende pedernales Prenda que tiene eslabones. ¿Qué pides? Una verdad. Ya la pagas. Y se mide Mi proceder con la edad. Que hoy hasta la verdad pide, Pues su nombre acaba en dad. Las más vedadas no puedo Negarte tras lo que has hecho; Pide, que ya te concedo; Que me tienes. Duque, el pecho Minado con oro y miedo. Pues dime, ¿por qué ocasión Ha mandado el Rey doblarme Las guardas y la prisión? Y ¿eso has querido pagarme? En el daros hay razón, Cuantimás que yo he andado Quizá muy corto. Señor, ¿Tienes al Rey por honrado? Sí tengo. Y en ley de honor. Quien se venga ¿anda sobrado? No ofende el que satisface a su afrenta. Pues sospecho Que tu respuesta deshace Tu duda; mira qué has hecho, Y verás lo que el Rey hace. Y ¿qué hice? la mejor Sangre suya le has quitado. ¿Yo sangre al Rey? Si, Señor; ¿Tú no ves que es, bien mirado, Sangre del alma el honor? De la Reina la querella Defendí como su hermano, Y eché mano a defenderla. Ya dicen que echaste mano, Mas fue de ella y no por ella. Eso no puedo entender. El agravio concebido, Duque, al fin ha de nacer; Que no hay secreto escondido Donde hay cuidado y mujer. Ya sabe el rey los amores De la Reina y tuyos; mira Cómo te ha de hacer favores. ¡Cómo es siempre la mentira Hija de padres traidores! Y ¿eso piensa el Rey de mí? Pues si eso no fuera allá, ¿Cómo estuvieras tú aquí? Bien has dicho; el Rey querrá matarme. Mira por ti: que esta cárcel y este exceso Arguyen si no le guardas, Algún siniestro suceso; Que prisión, yerros y guardas Son el pulso del proceso. Ya jueces te han librado, la culpa tuya es deshonra, El delito está probado, Tú estás preso, el Rey sin honra, Mira si estás bien parado. Hoy se dice en la ciudad Que la Reina muere. Amigo, Y ¿quién tan grande maldad Le ha dicho al Rey?. El testigo Es hombre de calidad; Mas no se nombra. Sospecho Que es cosa que a Laura loca; Testigo de tan gran hecho fío le sale por la boca. Sin duda vive en su pecho. De su amiga el bofetón Querrá vengar de esta suerte. Bien se entiende que es varón Principal, osado y fuerte Quien sigue tal pretensión; Que con armas disfamado, Su dicho ha de defender. Brava ley, bravo soldado; El Rey el campo ha de hacer, Pues sale disimulado. Y ¿sábese en mis galeras? No pueden desembarcar; Que el Rey lo toma de veras., Y en las riberas del mar, Ha puesto veinte banderas. Y sin volar, no presumas Que han de pasar tus soldados Del mar las canas espumas. Si ya no son los soldados Aves, pues todos son plumas. Tus criados en prisión Están; mira por ti y piensa Que no tienes un varón. Librada está mi defensa A mi propio corazón: Pruébense las experiencias De mi orgullo y de mi acero; Que entre tantas inclemencias, Contra mil ofensas quiero Hacerme mil resistencias. Salgamos a estas marañas, Y el temor de los efetos No acobarde mis entrañas; Que son los grandes aprietos Padres de grandes hazañas. Imposibles atropello, Miedo tengo de la muerte, Y he de perderme o perderlo; Ven acá, que he de ponerte Esta cadena en el cuello. Señor. No grites, traidor. Calla. Callo. De ti espero Ya de hoy más todo el favor. Pues con tu socorro quiero Librarme de este rigor, este quede en mi lugar, Y tú con las ropas de él De aquí me puedes sacar. Si A tu rey quieres ser fiel, o aquí os habré de malar. Que en esta torre apartado, Tengo la seguridad Que vuestro miedo me ha dado, Y si queréis mi amistad, Duque soy, rico y soldado. Yo tu cautivo; que quiero, Pues me dejas escoger. Al soldado por su acero, Al duque por su poder, Y al rico por su dinero. Vamos. En resolución ¿Se deja vuestra amistad Mi persona en condición? Yo te daré libertad, o me vendré a tu prisión. ¿Esa palabra me das? Yo la doy. En ella espero. Ya eres duque; ¿quieres más? No soy duque, majadero, Molde de duque dirás. Ya lo soberbio y lo vano Te hace grave y alboroza. Antes soy, Rodulfo hermano, El truhan de Zaragoza En la mesa del tirano. ¿Sabrás fingir gravedad? El más necio sabré ser Duque en una oscuridad La prisión me ha do volver Sin luz. Dices gran verdad, Mas de la cárcel primero Saldrás; toma este vestido, Ya eres duque. Y tú escudero. Ven, Norandino fingido. Ven, fingido alabardero. Y mira al fin su valor. También se me representa, Conde, que el rey de rigor. Por tener de hembras la afrenta, Términos son del honor. a la flor ha de igualarse, Puesta en agua, la mujer, Que en mitad del conservarse Está con todo su ser, Y está cerca de secarse. Tiene su más corto indicio, Vecino a sus torpes bodas, Su infamia al noble ejercicio, Que son crepúsculos todos Entre la virtud y el vicio. Tus honrados pensamientos, Amigo, han sido contigo Oración y encerramientos; Considera, Conde amigo. De sus cuentas a sus cuentos. En su hermosura repara Cuando alabes virtud de ellas, Que tarde y por cosa rara, Se suelen juntar en ellas Buena vida y buena cara. Tu sangre ilustre acrecienta Tu opinión. La más real De más firme se sustenta, Suele ser mejor coral Para el tiro de la afrenta; Sangre de más calidad No asegura más virtud. Porque la de más verdad Suele hacer firme salud. Mas no firme voluntad. ¡Triste vicio y lastimado Cuanto puede encarecerse! Alegra un poco el cuidado. ¿Cómo puede un triste verse Alegre sin verse honrado? Si imposible es que porfíe Por reírme, y no te asombre Que así el contento desvíe, Que hombre afrentado no es hombre, ¡Y solo el hombre se ríe. ¡Ay Rey! Ay honra! Ay ciudad! ¡Ay sobra de desamor! Y ¡ay falta de voluntad! Y ¿quién te ha dicho. Señor, De tu esposa esta maldad?, En hombre. No es muy prudente.. Quien de un hombre que eso jura Se fía tan solamente. ¿Quién, sino el hombre, asegura? Y ¿quién, sino el hombre, miente? ¿Vio de sus ojos su mengua? ¿No se ve en estos antojos? Indicios dan de ellos lengua. Pues lo que no ven los ojos ¿Es bien que diga la lengua? ¿Hombres alborotan ya Con dudas tu sabio pecho? Si decir esto quizá Con verdad fuera mal hecho, Con sospecha ¿qué será? Mira si alguno la infama. De invidia y de mal querer; Llama a Dios, tu acuerdo llama, Porque una triste mujer Tiene de vidrio la fama. ¿No se sabe en la ciudad El nombre al acusador? Nombre tiene y calidad. Hombre sin nombre. Señor, Dirá verdad sin verdad. Yo estoy tan asegurado De la Reina, que me obligo De librarla en campo, armado. No se lo debes, amigo. ¿Qué dices? Que es excusado; Porque en el campo has de estar, Como juez de su culpa, Ocupando mi lugar. Belisardo me disculpa, otro le puede ocupar; Si ha de ser por mano tuya Mi cuñado, es cosa llana Que hará bien de que me arguya,, Siendo esposo de mi hermana, Si soy juez de la suya. Quiere a la Reina, Señor, Y ¿ha de quedar mal conmigo? Yo conozco su valor; a la Reina quiere, amigo, Pero más quiere mi honor. Con su acuerdo te he nombrado. Pues con él digo que sí. Quien es discreto es honrado. ¿Por juez me quiere a mí? Algo hay aquí disfrazado. Belisardo su querella quiere tomar, que es muy justo, hacer el campo por ella. ¡Cuán lejos está su gusto De ayudarla ni creerla! ¡Conde, yo te he señalado Por ser el hombre mejor Y el más noble de mi estado; Yo reviento de dolor, Y he de pasarlo apartado. En tanto que esto se olvida, Al lugar menos sabido Quiero hacer una salida; Que en ausencia del herido Se ha de curar esta herida. Sé que un hombre principal Saldrá al campo a defender, Sentido de verme tal, El honor de mi mujer, Honor lo llamo, aunque mal; Porque en duda un caso feo, Es cierto en ley de rigor. {Con lástima. ¡Ay de mí! todo lo veo; Pero desecho su honor, Y digo lo que deseo.) Conde hermano, pues te di, Mi honor, y en ti mi honor reina. Mira por él. ¡Ay de mí! Y mira bien por la Reina,. Y mira también por mí. Llora, ¡vive el cielo! Haz cuenta Que en mí vives transformado, Y mi amor y honor sustenta, Y si puedes verme honrado, No me dejes con afrenta. Sé que es hombre de verdad El que acusa mi mujer; Sé que en el otro hay bondad, Sé que todo puede ser, Y sé que en todo hay maldad. Dices bien. (De esta manera Puedo hacer lo que he pensado.) Quiero a la Reina; pondera Que a muerte la he condenado Y deseo que no muera. Si merece su malicia La muerte por galardón, No te mueva mi codicia, Atropella mi afición Y cierra con la justicia; Y si no, mira que es prenda Del alma, y en cuanto puedas Ayuda al que la defienda. Ninguna cosa me vedas, Y así ninguna te ofenda. Belisardo o quien viniere Será por mi bien mirado. Sospeche lo que quisiere, Que así va mejor trazado, Lo quejo por ella hiciere; Que me dice el corazón Que es buena, y para librarla Pienso buscar ocasión. ¿Cuándo será la batalla? No sufre el mal dilación. En Consejo lo has de ver, Como rey servirte espero. Y ejercitando el poder Que me das, te pido y quiero Que escuches a tu mujer. ¡A mi mujer! Conde, mira Que atormentas mi bondad. Oye al que muere, sin ira; Si es verdad, por ser verdad, Y si no, por ser mentira. Rey, si de mí te aconsejas, No cierres tu compasión,. Oye siempre al triste quejas, Y pasa a tu corazón La cera de tus orejas. Esto Irene me ha mandado, Y pues puedo, cumplir quiero La palabra que le he dado. Eres juez verdadero Y amigo muy acertado; Venga la Reina. Al momento Vendrá sin mi compañía. Vete. Voyme a su aposento. No pensé que en ti tenia Hombre de tanto talento; No tienen puertos seguros Hoy la ciencia y los consejos. Buenas villas hay sin muros; Que así como hay verdes viejos, Hay también mozos maduros. Bien fiado está mi honor; Hasta el Conde ha de enojarme.— ¿Fuese ya el Conde, Señor? Esta viene a renovarme Su locura y mi dolor. Por la Reina fue.... ¿A llamarla? SI, Laura. No me contenta. ¿Sin oírla he de matarla? Hombre que mira su afrenta, Gana tiene de olvidarla. En vano se desvanece El blasón de su corona; Quien escucha se enternece, Quien se enternece perdona, Y quien perdona apetece. Ya olvidarás tus enojos, Y es el mejor parecer. No me rigen a mi antojos. Y ¿qué ojos podrán ver Llorar unos bellos ojos? Moverán la voluntad, Que ya tus honras gobierna; Será natural bondad Que sobre lluvia tan tierna Brote tu pecho piedad. Yo, escarmentado y corrido, Ninguno me ha de engañar. Dices bien, perdón te pido; Que a mí me has visto llorar Y no te has enternecido. Y pues ya, Rey, te he llorado, Derrame ya sin sospecha Agua mi triste nublado, Por ver si el agua aprovecha, Mas llueve sobre mojado; Que tengo por tu ocasión Un mal nombre, un olvidarme, Un odio, un mal galardón, Un rogar, un desdeñarme, Un mentís, un bofetón. Estas fueron mis empresas, Relieves de tus hazañas, Y no es mucho, si lo pesas, Que sepa rasgar entrañas Quien sabe romper promesas. ¿Dónde está, Rey, el favor Que mis obras te merecen? ¿Tu bondad, tu fe, tu honor? ¿Qué sirenas te adormecen? Qué encantos oyes, Señor? Si ha de morir tu mujer, Con un engaño te ciegas Y no te alumbra un querer? Truéquense en paz mis enojos, Pues te ofrezco desde aquí Amor y honra de despojos. La Reina viene. ¡Ay de mí! Calla y enjuga tus ojos. Pues no me ayudan los cielos, Pues me faltan sus favores, no es mucho que mis recelos, Viniendo a topar rigores, Topen rigores y celos. A los dos hablarlos quiero, Humilde y sin odio alguno, Pues estando ansí, os pondero, Juez inculpable al uno, Y al otro fieI consejero. Ni vida ni compasión Pido, pues sé que embarazo. ¿A qué vienes? Con razón. A ti por solo un abrazo. Y a ti por solo un perdón. Rey, no te llamo marido, Pues por mujer no me quieres. Laura, por lo que he sufrido, Amigo, por lo que eres, Amiga, por lo que he sido, Señor, por este llorar, Señora, por tu contento, Por quien has de comenzar, Tántalo de honor hambriento, Con bebida y con manjar. De los dos puedes hacer Uno, sin hacernos mengua. Y ansí, para merecer, Puedo hablar con una lengua Con dos que son un querer. Mocedad desvanecida,. Belleza mal alabada,. Sangre ilustre, fe engreída, Llevaron desatinada. La carrera de mi vida. Sin ver lo que a honor toca, Del Rey, mi esposo, adorada,. Me pasé en distancia poca De soberbia a confiada, Y de confiada a loca. Fui querida, di en querer, Diéronme asombros pasados Ocasión para temer; Tuve al fin celos sobrados. Pocos los saben tener. A Laura di un bofetón. Temerario atrevimiento. Mas disculpada ocasión; Que en pocas manos hay tiento Con reino y con afición. Vives con causa agraviada, El Rey con causa te ayuda; Yo, con entrambos culpada, Merezco morir sin duda, Mas no morir deshonrada. A la muerte me ha traído Esta merecida pena, Mi sentencia aquesta ha sido; Que Dios sabe que soy buena Con él y con mi marido. Laura, pues fue mi ofender desdén fundado en amor; Rey, pues te vengo a perder, No llaméis faltas de amor Las sobras de mi querer. A ti me humillo, y a ti Te pido una muerte honrada; Tú te vengas, y tú ansí Haces buena a Laura amada Sin hacerme mala a mí. Si mi atrevida ambición Llegó con orgullo vano A su cara y tu afición, Mandad cortarme la mano Con que he dado el bofetón; O sufrir que para hacer Que el golpe errado parezca, Pues fue en esta y dio en tu ser, Que cual Cébola la ofrezca Al fuego de ese querer. Podéis decir que fue engaño El publicar mi deshonra, Y haréis alivio a mi daño, Aunque remiendos de honra Nunca son del mismo paño. Decid que un hombre arrojado., Con un falso presupuesto, Culpó mi tálamo honrado; Que a ninguno agravia aquesto, Pues mi fisco está callado. Y luego, sin ser sentida Mi muerte, que es lo mejor, Obligada y socorrida. Entregándome el honor, Podéis quitarme la vida. ¿No hay en el mundo una toca? No hay algún veneno agudo? Buscadlos, que a mí me toca Entregar el cuello al ñudo, Y al vaso aplicar la boca. Ved de mi casa el valor, Ved que os digo verdad clara, Ved de mi hermano el dolor, Que es los ojos de mi cara Y es las niñas del honor. Muera, y muera honrada al menos; Quedaréis, sin este enredo, Más queridos y más buenos; Y no más, porque no puedo» Pedir más ni pedir menos. Rey, esos ojos mojados No te muevan a clemencia. Vela sobre tus cuidados; Que tienen grande elocuencia Los pobres y los culpados. Dado que fuera invención, Como dice, su ofender, Que muera es justa razón; Que el buen rey no ha de tener Mujer con mala opinión. Por el vulgo satisfecho Va de lengua en lengua el dicho, Y para un honrado pecho, E! poder haberse dicho Iguala al haberse hecho. Cuanto y más que su maldad Bien vemos que no es dudosa; ¿Qué varón de tu ciudad, De mujer dirá tal cosa Sin ver que dice verdad? Tu delito está probado. No te embeleque, resiste, Y pondera, como honrado, La palabra que me diste Y el bofetón que me ha dado. Tú me das bien que llorar, Tú, Laura, bien que temer; Y ansí, yo, por acertar, Ni a ti te pienso creer Ni a ti te pienso agradar. Muera con justa razón; La verdad sospecho y siento, Y he de seguir la opinión. Vete, Laura, a tu aposento, Y tú, Irene, a tu prisión. Mas yo me iré como aquel Que está con rabia mortal; Que más presto un hombre fiel Huye dé su propio mal Que el proprio mal huye de él. Dame un abrazo. Mujer, Abrázate con tu muerte. Jamás te supe ofender. Sospecho que he de creerte, Mas no le puedo creer. ¿Qué dices? Que he remitido Tu justicia a Polidoro. Laura lo habrá merecido. Mira, Laura, que te olvido. ¿Sin razón y sin por qué Varones tan principales Quebrantan su ley? Yo sé Que todas sois desleales, Y con traidores no hay fe; Todas sabréis ofender En las burlas y en las veras. No todas, son tu mujer. Si tú imitarla supieras, Yo te supiera querer. ¿Date el condenarla pena? Con lo que siente me iguala. Si tu pasión la condena, ¿Por qué la matas? Por mala. ¿Por qué la alabas? Por buena. ¿Quiéresla? Sí. ¿Tú no ves, Que es eso contradecirte? Antes honro mi interés. ¿Por qué es mala? Por decirse. ¿Y buena? Porque lo es. Dale vida. No es razón; que sin que muera el culpado, Tarde muere la opinión. Luego ¿ya me has olvidado? Si, Laura. ¿Y mi bofetón? Con la Reina muere. Haz cuenta Que de ti mi honor le guardo. Lo pasado me escarmienta; Cásate con Belisardo, Y quedarás sin afrenta. No ha de haber gusto conmigo; De solas penas me pago. Oye, Rey. Soy tu enemigo. Y ¿eso dices?,. Y esto hago Por cumplir esto que digo. Escucha, Rey y Señor. Fuese, entrose en su aposento. Seguir quiero su rigor: Vive el cielo, que reviento De desdén y de dolor. Reina, aunque estés mal conmigo. Tu seso en esto pondere Lo que hago y lo que digo, Porque siempre al que se muere Se lo dice el más amigo. En consejo por la enmienda Del Rey y de su interés, Se ha resuelto, y sin contienda, Que mueras hoy, o quedes Un hombre que te defienda. Quien te acusa, a la estacada Saldrá su persona sola A pie con lanza y espada. Su espada y su peto y gola Y borgoñona celada. Yo te quisiera traer Nueva de más alegría. No me has dado que temer; Que soy torre que tenia Ya prevenido el caer. Yo muero sin defenderme, Sin estado y sin honor, Sin oírme y sin creerme, Y sin hombre, que es peor. Que se mueva a socorrerme. ¿Dícese por la ciudad Si ha de haber quién me defienda? Todos culpan tu maldad, Y al fin es mala contienda Pelear con la verdad. ¿Y en las galeras? Señora, Ni remero ni soldado Sale de ellas por agora. ¿Y mi hermano? Está afrentado; que solo suspira y llora. Vive el pobre caballero Corrido. No hay que espantar; Que es honrado verdadero. Y tú ¿quiéresme ayudar? Contra el reino tengo acero. Y ¿tienes algún amigo? El que se tenga por tal Tendrá mi opinión conmigo. Dices bien. Aquí estás mal; Ven, Señora. Ya le sigo. Laura con el Rey no creo Que tratan mi bien los dos. ¡Con cuántos males peleo! ¡Ay de mi honor! Mas ¡ay Dios! La Reina es esta que veo; Volver quiero paso atrás. Ya te he visto, hermano, haz cuenta Que el dejarme es por demás; Que has de encontrar otra afrenta, SI de esta afrenta te vas. De ver mi culpa y tu pena Estoy turbado y corrido. Si no me tienes por buena, ¿Cómo valdrás mi partidor? No me mira. Con temor, La que es fiel no se asegura Delante de su traidor. Todo aquello es bondad pura. Todo aquello es puro honor. Respeto y necesidad Están lidiando conmigo, Pero venza la verdad, fiel hermano, honrado amigo, Lumbrera de la bondad, Bien sé que estás afligido Por ver que estás sin honor Vuestro nombre esclarecido; Pero Dios sabe, Señor, Que Irene no le ha perdido. Niégueme el cielo en descuento Su alegre eterno reposo, Si ofendí solo un momento A mi sangre ni a mi esposo, En obra ni en pensamiento. A mis lágrimas de no, Diga aquel que no rehúsa A ningún mal que lloró, Si no miente el que me acusa. ¿Quién lo sabrá como yo? El Rey me da muerte, y calla Su nombre, nueva malicia; Y remite por turbada, La lela de la justicia A tela de una batalla; Miedo, honor y mocedad Hacen que el morir me asombre. Nadie es mío en la ciudad; Hazla, Príncipe, en mi nombre, Pues ves que digo verdad; Muévate el ser mi reparo, Y si no, tu ilustre ser, Y si no, mi abono claro, Y si no, el verme mujer, Y si no, mi desamparo, Y si no, la ley de honrado-, Y si no, el ser caballero, Y si no, a mi padre amado, Y si no, el mirar que muero Entre un sino sin pecado. A darla vida me allano, Pero muera aunque es honrada, Porque se vuelven en vano Mentira y piedra arrojada A la boca y la mano. Laura, excusa mi maldad. Siempre callando me mira. ¿No te mueves a piedad? (Quiero esforzar mi mentira Sin saber de su verdad.) Reina, el haber ofendido Mi sangre me tiene, tal, Y aunque abonas tu partido, Yo sé si has sido leal Mejor que el Rey, tu marido; Conozco tu acusador, Y sé que es varón tan fuerte, Que a mí me iguala en valor; No puedo excusar tu muerte, Por no ser contra mi honor. Da hombre ilustre juró, Reina, que tu fe regala El Duque, que ayer llegó, Y dice en llamarle mala Tanta verdad como yo. Yo saliera a defender Tu causa, como tu hermano; Pero, Irene, has de saber Que tu enemigo y tu hermano No se pueden ofender. Piensa en Dios, que es lo mejor; Que está dada tu sentencia Y armado tu acusador, Y voyme de tu presencia. Que me muero de dolor. Escucha. Déjame estar. Muerta soy; ya no hay caminos Que me puedan ayudar. Dos devotos peregrinos Te buscan. Hazlos entrar; Como saben mi aflicción Vendrán a aliviar mi llanto; Socorros del cielo son, Paguemos al cielo santo La buena conversación. Solo en Dios quiero pensar. Aquí están los romeros. ¿De dónde venís? Del mar. ¿Qué habéis sido? Marineros. Y ¿qué sabéis? Embarcar. Padre mío, otro consuelo Querrá la Reina de vos. ¿Quies que mate a esta, mozuelo? Los pescadores de Dios Embarcan almas al cielo; Pedro nos dejó este afán. ¿Vos sois hombre de caudal? Sus canas os lo dirán; Este padre es general, Y yo soy su guardián. ¿Cuál hábito usáis? Corrimos El mar de Egipto por medio. Por eso no le vestimos; Frailes somos del Remedio, Y a remediaros venimos. ¿Sois confesor? Si, Señora. ¿Y vos? Ser mártir me agrada, ¿Quies que le dé con la espada? Escucha y calla. En buen hora. Horacio, dame lugar; Que con este padre quiero Mis pecados confesar. Pues sálgase el compañero. Aquí se puede quedar. Voyme. ¿Duque? ¿Reina? Amigo, ¿Cómo vienes sin temer Del rey, mi esposo, el castigo? ¿Qué temor ha de tener Corazón que está contigo? Reina, yo sé la traición Que el Rey nos ha levantado; Laura ha sido la ocasión. Con dinero he quebrantado La fuerza de la prisión. Matarte quiere y honrarla; Hoy se ha llegado a saber Del vulgo, que nada calla, Que es el Rey quien ha de hacer, Disfrazado, la batalla; Y un hombre de su armería Ha dicho por interés Que un arnés le apercibía Para hoy. Aquesto es Lo que mi hermano decía. Digo, Reina, que es verdad. Y ¿quieres ver cómo ordena A su gusto su maldad, Que esa playa tiene llena De gentes de la ciudad? Este bravo caballero, Echando el pecho a nadar, Y a la boca el hierro fiero, A la lengua de la mar Llegó con lengua de acero; Hallolo en esas riberas, Diome aliento con su brío, Y he sabido muy de veras Que hoy se hace el desafío, Y hoy me llegan diez galeras. Esto te vengo a contar; En tu nombre he de salir, Y a tu esposo he de matar. Si mi esposo ha de morir, Duque, no me has de librar. Pues pondré tiento en mi espada, Y le venceré no más. Eres fuerte, no me agrada, Y nadie llevó compás Con mano de acero armada; Vete y no salgas, Señor. ¿Hablas de veras? De veras. ¿Tienes honra? Tengo amor. ¿Cómo es posible que quieras Más su vida que tu honor? Eso y más puede un querer. Reina, pues tan mal me pagas, Por mí la guerra he de hacer. Vete, Duque, y no la hagas; Guarda que te haré prender, Puede ser que eso es verdad. Digo que al Rey lo diré, Si quedas en la ciudad; Que no hay límite en la fe Ni regla en la voluntad; No me ayudes, vete y calla. Muerta soy, mi honor olvida, Emplea en moros tu malla; Que te haré quitar la vida Si sales a la batalla; Contigo el Rey, y engañado No será siendo yo fiel; Que yo sé que, estando armado, eres, Duque, muy cruel, Y el Rey es muy desdichado; Y otra respuesta no esperes De mujer de mis quilates. Don Juan, ¿qué dices? ¿Qué quieres? Que hay iguales disparates en relojes que en mujeres; Tu ocasión hoy ha de verse. Ella ablandará el rigor. No va para enternecerse. Vente conmigo, Señor; Veremos lo que ha de hacerse. Es bravo arnés. No querría Que te engañases. Señor, El peto decir podría Que es el más viejo y mejor Que tienes en tu armería. En ser viejo ha de ser fuerte; Que como nuestros pasados Han tenido con la muerte Más peligros aplazados. Se armaron de mejor suerte; Tendrasme una sobrevesta Sin señal, y la más rota. Peto a prueba de ballesta, Rica espada franquinota, Celada antigua y bien puesta, Lanza de puño probada, De pasar de acero un peto Tienes, Rey, aparejada. Y sobre todo, el secreto Te encargo de esta jornada; Téngote por hombre honrado, Y voy fuera, y no querría Que sepan que voy armado. Señor, tu boca es la mía. A solos tres lo he contado. ¿Qué has dicho? Que más de tres Te dirán lo que le digo. Yo te pagaré después. Laura viene; vete, amigo, Y tenme a punto el arnés. (Siempre esta necia me enfada.) A esta es a la que he traído Un arnés y una celada. Pues no ha de ser mi marido, No quede Irene culpada. Laura, ¿qué quieres? Señor, Ya van mis gustos ajenos De tu reino y de tu amor; Vengo a darte, cuando menos, Mujer, contento y honor. ¿Contento, honor y mujer? ¿Qué dices? La verdad digo. Muera quien me hizo perder; Que el hombre que no es conmigo, Contra mí siempre ha de ser. Sabrás, Rey, en conclusión, Que Belisardo ha mentido, Y mintió por mi ocasión. El enredo es mal fingido. ¿Quién sabe su acusación? Contigo en gran puridad Acusó, como discreto, De la Reina la maldad, Y pues yo sé su secreto, Piensa que sé su maldad. Dile palabra de ser Su esposa dándome ayuda; Mintió, pensó merecer. Mujer soy por él sin duda, Mas no seré su mujer. Tu voluntad y tu estado Cuidé conquistar en él. Mas ya contigo he trocado Mi mal pecho en pecho fiel, Mi mal gusto en gusto honrado; Viéndote, Rey, afligido, Y a tu esposa sin bondad, Tres veces le he requerido Que te diga la verdad, Merced de Dios y de olvido; Pertinaz, terrible y fuerte, Vanos puntos explicando, No Se aparta de ofenderte, Y agora lo dejo armando Para dar a Irene muerte; Esto pasa, como digo, Y a un muchacho ha degollado Por darte un muerto testigo; Muera el traidor porfiado, Solo no case conmigo. Laura, aunque dices verdad, Pues dices su pensamiento, Puede tener tu amistad Tanto de aborrecimiento Como tiene de bondad; Belisardo puede ser Que te contase en secreto de Irene el mal proceder, Porque no hay hombre discreto Con su dama y su mujer; Dices que no anduvo fiel, Por tu promesa obligado, Y después dices, cruel, Que lo acusas del pecado Por no casarte con él. Laura, no se compadece, Vete, y muera mi mujer; Que este crédito merece Verdad que se ha de creer De testigo que aborrece. La opinión he de vengar, Como tu opinión decía. Tu socorro no ha lugar; Que el vulgo en creer porfía, Y el Príncipe en acusar; Yo me voy de la ciudad,. Ruega por ella, Señora, Adiós, y harás la amistad. (Más ocasión tengo ahora Para creer su bondad.) Muy honrada es tu opinión: de esta suerte puede haber Yerro fundado en razón. Al fin, Laura, ¿tú has de ser De tanto daño ocasión? Inocencia condenada, Santidad aborrecida, Honra mal acreditada, Justicia de Dios valida En el filo de su espada; Mi pensamiento es forzado; Salga Irene de este enredo. Sepa el mundo esta maldad. Voyme; que a Dios tengo miedo, Y temo su eternidad. Combata con quien saliere; Que la ley que de esto trata Lo dice ansí. ¿Y si viniere Más del primero? Combata Con quien la Reina escogiere. ¿Ansí, condes, se ha de hacer? Villano, esclavo y traidor La pueden hoy defender. Gran ley. ¿Y puede, Señor, Defenderla una mujer? Reglas, son del pueblo godo. Como el arnés que la ofende Es incierto, de este modo La espada que la defiende. Conde, lo puede hacer todo. Justa igualdad. La balanza De la justicia lo ordena. Digo que traigo esperanza De ver a Irene sin pena. Dios lo que ha de ser alcanza. Su gran bondad me asegura. Yo temo su desvarío. Yo pondero su cordura. Yo considero su brío. Yo su honor. Yo su hermosura. Rimas son. Y son mujeres. Esto es consejo de mundo; Entre dos, dos pareceres. En lo que ha de ser me fundo Y en lo que ha sido; ¿qué quieres? Conde, ¿qué es esto? Es bondad. Es... Refrenad vuestro brío; Que soy rey considerad. La caja del desafío Viene a decir la verdad. ¡Bravo guerrero! ¡Aparente! Como a la maldad ayuda, no me parece valiente. Mi esposo es este sin duda, Ningún trabajo me miente. Si no sale a combatir Nadie, la Reina acusada En el campo ha de morir. Esa corona y espada, Conde, os lo pueden decir. Nunca a los malos perdono. Extraño aborrecimiento. De aquí con lengua y abono Saldrá viva y al momento, Y coronada, a su trono. Muerta saldrá. No lo creo. Mirando estoy a mi hermano Por la plaza, y no lo veo, Mas un pecho honrado y sano No asiste a caso tan feo. Un caballero gallardo Viene. Bien lo ha menester. Reina, tu remedio aguardo; Este guerrero ha de ser El príncipe Belisardo. ¡Gran arnés, grande valor! El Duque es este sin duda; No ha de salir con su honor. Dios del cielo nos ayuda, Ya viene otro defensor. ¡Bravo talle! Un gran padrino A la Reina le ha llegado. Quién es este no lo atino. Este loco es el soldado Que vino con Norandino. (Al Conde quiero llamar. Y descubrirle su juego.) Cajas siento en el lugar. Encendiéndose va el juego; Otro bravo quiere entrar. Lindo brío, hermosa malla. Sí, mi Señor; pero ¿tiene Cuerpo con que gobernarla? Debe de pensar que viene A torneo, y no a batalla. Solos tres pueden entrar, Conforme al duelo francés. Conde, ya no hay que esperar; Sepamos quién de los tres, Irene, os ha de ayudar;. Y porque, siendo mujer, No echéis mano a lo peor, Reina, de mi parecer, El primero es el mejor, Ese debes escoger; sobradamente me alargo, Mas tu culpa tengo agora. Y tu flaquera a mi cargo; Con decir esto, Señora, Te socorro y me descargo. Breve respuesta te pido. (Hoy pende de mi excepción La vida de mi marido; El Duque es aquel varón, Y aquel su amigo atrevido; El de lo negro, a mi ver. Aunque es fogoso y lozano, Tiene talle de mujer, Y si lo dejo en su mano, La batalla ha de perder; Y el Duque es bravo, y su amigo Será de la misma suerte; A dar vida al Rey me obligo, Y le doy brazo más fuerte Dándole flaco enemigo; Haga el morir la experiencia, Más fino el más fino amor, Muera yo por su inclemencia, Pierda el reino y el honor, Y el Rey no esté en contingencia.) Haga por mí la batalla El de lo negro. Señora, No te engañes. Juzga y calla. Los ojos de una traidora No son linces de la malla; Ceguera de su pecado Es esta. Reina, ¿qué has hecho? Al de lo negro he nombrado. Sin efecto y sin provecho, Tu esposo más señalado. Reina, ¿de un rapaz te fías? ¿Qué sabes tú si lo es?. No vi tal cosa en mis días. ¿No ves que es flaco? Y ¿no ves Que un David venció un Golías? En vano es nuestra porfía. Sois jueces, hacéis mal. Pelead, vuestro es el día; Hagan las cajas señal, Toquen al Ave-Maria. ¡Ah, caballero, ah soldado, Yo soy, no vengo a reñir. Este paso he procurado; Que te vengo a combatir y le quiero arrodillado. Laura soy. Señora mía, ¿Hay tan extraño rigor? Príncipe, amigo, querría Escaparle de traidor, Diciendo el Ave-María. ¿Cómo tu amor condena Aquel que en tu hermana reina, De cristianos gracia llena, Hablando con una Reina A quien llaman gratia plena? Si el Señor está con ella, ¿Cómo ha de ser en tu ayuda? Siendo tan perfecta y bella, Mujer bendita sin duda, Y esfuerza nuestra querella. Si el fruto de bendición, Que es Cristo, escondió en su seno, Príncipe, ¿por qué razón Ha de sufrirte el veneno Que esconde tu corazón? Si es de Dios Madre y le cría, Y le ruegas que te ayude, ¿Cómo esfuerzas tu porfía? Mi Ave-Maria se mude Dentro de un Ave-Maria. Príncipe, no hay excusarle, El campo admite mujeres. La verdad es de mi parte. Di lo que sabes, si quieres, o conmigo has de matarte. A la Reina he de valer Hasta que pierda la vida; Muerta me ha de vencer. La lanza, amigo, has perdido; Cae en la cuenta, Señor; Pues la lanza se ha caído, Vuelve a la reina el honor, Y serás hoy mi marido. Confesemos la verdad, Pues por serlo, a cuenta mía, Acusaste su bondad. (Por mí, por Laura, querría Mentir y decir verdad. ) Aunque puedo mis castigos Excusar con mi inclemencia, Sabed la verdad, amigos, Ya que mi propia conciencia Sirve en mí de mil testigos. Esta es buena, el Duque honrado, El rey pena sin razón, Yo por amor la he culpado, No digo más, que estas son Etcéteras del pecado. Laura turbó mi memoria. A mi hermana propia ofrezco Por testigo de mi historia; Hable, y veréis que merezco Toda pena y toda gloria. Mi hermano tiene razón, Mis penas le alborotaron; Y así, con justa razón, Pues mis celos le embarcaron, Le pague la embarcación. temí a Laura, di en amarla, Y vine, por merecerla, De pretenderla a celarla, Y de celarla a temerla, Y de temerla a vengarla. Conde, yo fui la ocasión Del yerro que ha cometido; Y así, le doy el perdón. Yo le recibo corrido; Del Rey tengo compasión. Que por un vano interés Creí que ocupaba agora De Belisardo el arnés. Aquí esta; dame, Señora, Las manos. Dame tus pies. Mi bien. Mi vida. Mi honor. Esta dulce coyuntura Debo, Laura, a tu valor.. Sí, que tiene la dulzura, Sobre amargo, mal sabor; Y ansí, te pienso premiar Perdonando a mi cuñado. Que por tuyo has de tratar. Por su esposa me ha ganado; No se lo puedo negar. Tuyo soy. Por Norandino Manda que vaya, Señor. Aquí os excusa el camino, Testigo de vuestro honor. Y de su gloria adivino. Perdonad, Duque, mi antojo. La visera he levantado, Peto y enfados arrojo; Que con ella alzo el nublado Del desdén y del enojo. Dadme, Príncipe, esa mano. Vuestro soy, pues levantáis La visera, y no es en vano, Pues abriéndola cerráis El gran templo del dios Jano; Conde amigo, a vuestra hermana Dad la mano. El corazón Le daré de buena gana. Rey, pues todo aquí es perdón, Y la culpa queda llana,. A mis guardas perdonad, Que me han dejado salir, Por miedo y por amistad. Con su oficio han de vivir. Hagan fiesta en la ciudad, Asorden esas galeras Con sones y artillería Del mar las sordas riberas. Arnaldo, bien le decía Que eran tus cosas quimeras. Ponciano, quizá es locura Esto que agora ha pasado. Hasta la muerte le dura Al necio ser porfiado. Toma, Reina, esta corona, Que te ofrezco como juez, Que tu virtud galardona. Verdugo amigo, perdona. Un bofetón esta vez Es, mi Irene, el que te abona. Con celos fuiste agraviada, Y a más de que la mujer A ninguno afrenta en nada, Deshonra no puede haber Do no puede haber espada. Esto no entiendo. Señor, Laura es buena. Y buena amiga. Pues acabe con su honor La favorable enemiga Su comedia y su favor.