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Texto digital de Eneas de la Virgen y primer rey de Navarra

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Juan Bautista Villegas Probable yPedro Lanini y Sagredo Probable
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Eneas de la Virgen y primer rey de Navarra. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/eneas-de-la-virgen-y-primer-rey-de-navarra.

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ENEAS DE LA VIRGEN Y PRIMER REY DE NAVARRA

JORNADA PRIMERA

JORNADA PRIMERA No fue tanto milagro escapar vivo del furor, y el enojó vengativo; de todo un pueblo, sin razón airado, como el haber la vida sustentado cuatro días, y más el valor mío, a pesar del cansancio, nieve, y frío, sin que el eco a mis voces dé respuesta. desde el día primero, que entre en esta Pirínea montaña, que de Francia divide nuestra España, mas me aflige la nieve, pues no descubre senda la más leve, ni en su rizada tez de planta humana, huella ninguna, mi esperanza es vana: mas si a caso no ha sido loído, a vista, ye o antojo del deseo, voces escucho, y un castillo veo, a quien naturaleza en su planta le dio la fortaleza; pero aunque se divisa tremolando una bandera en él culebreando en la región vacia, no alcanza a distinguir la vista mía, para saber el dueño, seña alguna de roja Cruz, ni blanca media Luna: mas otro miro enfrente, aunque distante, no sé a cual intente irme acercando; pero pasos siento. No ha de alcanzarme, aunque me siga el viento. Hombre detente. . Pese a mi linaje: mas usted no es Cristiano? . Pues el traje no te lo ha dicho? . En eso hay mil cautelas. Si ves un hombre solo, qué recelas? Déjeme huir ahora, que la llevan cautiva a mi señora diez Moros. . Pues de numero tan poco la dejas cautivar? . Este hombre es loco. Ven con migo, que en mi hallará socorro. Pues socorrala usted mientras yo corro. Sígueme. . Son diez Moros muy feroces. Soldados, Don Gastón. . Siga sus voces, que las pone en el Cielo. Covarde, ven conmigo sinrecelo. Velos allí, si tiene tanta priesa. Pues con las vidas dejarán la presa. . Hombre, no busques tu muerte, el está desesperado, o es loco sin duda alguna: mas ya le han visto los galgos, y teniéndole por liebre, le esperan, quizá juzgando, que huye de ellos: pobre loco; pero ya puestos al paso le cercan: Dios te perdone. Ríndete presto, Cristiano, o morirao. . . Deja ros la presa. . De un pantuslazo dio con uno en el infierno. Muera otro se llevó el diablo. Huid canalla. . Y van tres. Oh Mahoma! . Ya va cuatro, no debe de estar muy loco, pues que no da golpe en vago. Los demás ya le dejaran, mas él no quiere desarlos: ahora entra bien mi ayuda; pero ya como venados se emboscan por la espesura, uno viene aquí ladrando, en esta mata le espero, para darle su recado. Salgamos de la montaña Zulema. . Para qué entraron? Ay que me han muerto. . otro viene. . Un demonio es el Cristiano, en esta mata me escondo. No eres de muestra perrazo. Ay. . Aquesta mata, mata. Válgame el Profeta santo. El acompañe tu alma; pero ya con el soldado viene Ines, y mi señora. Reparad el sobresalto, que ya estáis libre, ry señora, pordóname, que en pasando de dos . Ya yo te conozco: Pues Tropezón en ti alabo. Qué ?̱. Que huyendo tantas veces. jamás hayas tropezado. Pues Ines yo no me admiro de ti, que tropieces sento. Estáis herido? . Pues como, cuando me estaban mirando. de vuestro cielo, señora favorables los dos astros; costarme sangre pudiera vencer tan pocos contrarios. Después del favor divino atengome a vuestras manos. Yo a mis pies. mucho les debes Mas bien puedo a seguraros, que cuando os vi llegar solo, sentí vuestro riesgo tanto, que eligiera el ir cautiva, porque no hubierais llegado; pero ya solo sintiera por agradecida, hidalgo, que a estos montes os hubiera traido, aunque me haya estado también alguna desgracia, que no puede ser acaso. Que ha sido un lance precia la causa he de confesaros, no desgracia, pues por ella dos dichas tan grandes gano, como haber llegado a veros, y haberos servido en algo, perdido estoy. . Si es afecto de mi pecho el sobresalto. r Mas perdonad, que os pregunt quien sois, porque me ha admiras que vuestro padre, o esposo, cuando es el peligro tanto, con tan poca guarda os deje: así he de saber su estado. s porque aún muy guardada, fue grosera culpa el dejaros. Para el desempeño mío, sin haberlo preguntado vos, de quien soy, era fuerza muy por menor informaros. Después que perdió Rodrigo a España, por un pecado original, pues que todos el que él cometió pagamos, o por hacerle instrumento Dios del castigo de tantos, quiea más bien merecido que en el Rey, por los más altos, y ásperos montes habitan los infelices Cristianos, que aunque bajando animoso de las Asturias Pelayo; a Oviedo, ganó asistido de tan patentes milagros. como en efecto son pocos, y son los Alarbes tantos, entre los Moros nos vemos, como suele en fértil campo de antecedente cosecha, trigo de perdidos granos. Allí se ven cuatro espigas. de Solariegos hidalgos, ye aquí de amapolas viles, mil bonetes Africanos. En Aragón, y en Navarra, a quien con robusto abrazo een estos Pirineos, mas oprimidos estamos. El Reino Aragonés tiene tres Reyes, en cuyo estrago e perdimos algunas Villas: dos Reyes tiene el Navarro, a cuyas altas montañas, que son las que estáis pisando; huyendo el infame yugo del Moro, nos retiramos Don Gastón, y yo. . Esperad; quién es Don Gastón? , mi herma. conservando aquel antiguo (no, blasón de nuestros pasados ascendientes, patrimonio, si no rico, el más honrado, que es aquel Castillo, o roca, si no es de las peñas parto, que de cimientos le sirven, pues se labró de un peñasco. En él vivimos gustosos, con doce, o trece Soldados, sin algunos Labradores, que a trechos siembran pedazos. de tierra, la que permiten los torcidos intrincados lavirintos, de raíces, que en su larga edad cobraron más robustez, y dureza, dando al hombre desengaños, pues que sus fuerzas declinan, cuando crecen las de un árbol. Y aunque tres veces los Moros; por librarse de los daños que reciben cada día de Don Gastón, intentaron asaltarle a escala vista, volvieron escarmentados, siempre con perdida mucha; porque donde está fundado, solo en en escalas de nubes fuera posible el asalto. Pero al que enfrente d el mío miráis sobre aquel ribazo, sus asombros le defienden de Moros; y de Cristianos, sin que tenga dueño alguno; porque con más de cien pasos nadie a su muro se acerca, y los que lo han intentado, huyendo han vuelto medrosos de su estruendo, y asombrados, Por forastero, noticia de ese Castillo os he dado, que ignorando el riesgo, fuera muy posible el acercaros. El Rey Moro, en fin, que oprimo mas este Reino Navarro, es Dimen, Moro valiente, y el que tiene más vasallos. Este le trae cuidadoso mucho a Don Gastón, mi hermano, porque Don Pedro de Lara, un Caballero bizarro, de esotra parte del Alga, río, que impidiera el paso a Don Castón muchas veces, a no pasarle nadando. Tiene una Villa muy fuerte, a quien con pocos Soldados de Dimen, ha defendido; porque el Moro aficionado de una hermana de Don Pedro, mujer valerosa; tanto como bella, en pocos días le ha dado ya tres asaltos. Esta la ocasión ha sido, sin duda de que mi hermano del castillo, y de este monte desde ayer haya faltado, de parte, suya os ofrezco por si gustáis de acetarlo, ese pobre, aunque seguro albergue; pero excusado fuera el llamarle seguro, porque vuestra espada, Hidalgo, le diera seguridades más ciertas que sus peñascos. Mucho he estimado señora saber quien sois, y el estado en que se hallan estos Reinos, mas una queja he de daros. Cuál es? . Haberme ofrecido de parte de vuestro hermano solamente el hospedaje. Demás de que ese agasajo es poco para ofrecido, de quien no puede rogaros que le acetéis, no es posible tampoco el haber dudado vos, que de mi parte es fuerza por lo menos desearlo; pues la libertados debo. Y la que me habéis quitado? Eso dirá la experiencia. Ines qué dices? . Muy blando está nuestro mataperros, Y también un tanto cuanto mi ama ocasionadilla. Su obligación lo ha causado, Quién será este? . Veltenebros, ahe se ocorro enviado. de Viganda, porque tan fieros golpes, y descabellados, son de caballero andante. Cuanto es decente en mi estado, y aún algo más, os he dicho, mas ya me vienen buscando con el clarín los que en guarda del castillo se quedaron. Vamos, que ya nos han visto. Qué esperas . En que quedamos. En lo que vos dispusieréis, que yo, señora, no mando en mí. . Resuelto es en todo. El poco habla; pero claro. Esto no tiene remedio: en fin, que yo he de mandaros que lo acetéis. Pues qué os cuesta? (mos Mucho, mas si es fuerza va Primero que el sol se ausente, iré a ser vuestro soldado. Ya salís de lo propuesto. Estoy, señora, esperando en este puesto un aviso. Pues advertid, que os aguardo Luego iré, si quedo vivo. A Dios. Pues con sus soldados va tu ama, saber quiero de ti para deslumbrarlo, interpondré otra materia primero, . Qué? De tus amos el apellido. Moncada, que deciende de un hermano del Conde Caréi Bermudo, famoso del Ebro, al Tajo: Qué nombre tiene tu ama? que no se lo he preguntado. Doña Leonor; pero el vuestro cuál es? Inigo me llamo. ,Y en efecto aque castillo nadie le habita? Los diablos le habitarán; porque dicen, que está el infierno encerrado en él, o que por lo menos debe de estar encantado: s,!no os acerquéis; porque han muerto muchos solo de el espanto. Pero hablando como amigos, sdesde aquí le estoy temblando, perdonad por vida vuestra que allá hablaremos despacio. . g. A Dios, volver a la vista de unos ojos, cuyos rayos, aún estando agradecidos de repente me abrasaron, sin descifrar el enigma de este asombro, o este encanto, fuera vergonzosa infamia de mi pundonor honrado, y más cuando la noticia e dieron sus mismos labios, previniéndome el peligro. dodo he nacido, y Cristiano: Dios es dueño de las vidas, pues sabe que no ha llegado mi cora con el miedo: Traerme aquí, no fue acaso, si fue; porque ya en su mente legó de mi vida el plazo, su voluntad se ejecute, mas si el poder soberano suyo a las segundas causas mis sucesos ha dejado: singún encanto es eterno, ara alguno está guardado su fin, y ninguno tiene, si más valor, ni más manos. tro En buen terreno la planta está, ya el insaginario riesgo el corazón previene, si no medroso, asustado; pero es natural efecto; porque aunque mío, es humano, y al emprender, no es culpable de el recelo el sobresalto. Oh tú que está tierra asombras, Inigo Godo ha llegado a tu castilló, no teme peligros amenazados mi valor: qué esperas? abre, o hará tu puerta pedazos mi espada. Terrible estruendo! el Cielo se viene abajo Pues sombras yo he de entrar dentro. Pero dé un puñal clavado miro sobre una rodela L un papel en Castellano idioma escrito! yo leo pues el estruendo ha cesado. El que de aquí me sacare, se verá Rey coronado de Aragón, y de Navarra. Pues puñal; o reventando a he de morir, o sacarte: por los Cielos soberanos; ya te empuñé, mas que es esto? de sus quicios arrancado todo el castillo se mueve; pero solo en Dios fiado, aunque los vientos discurras, no te ha de soltar mi mano No hay que detenerte más, que es mi hermano muy celoso, y que ya venga es forzoso. Pues si esperándole estás Doña Ana, en la misma puerta de la Villa, que importara, que aquí contigo me hallara? y más cuando juzga incierta de el Moro Dimen la marcha, que es canteloso, y resuelto; y ya dos veces ha vuelto sin temer nieve, ni escarcha, y no es posible extrañar Don Pedro en esta ocasión cumplir con mi obligación, Y que pudiera importar que vuestro amor sospechara tu hermano, siendo igual tuyo Don Gastón, y amigo suyo? En rigor, poco importara, pues que mi esposo ha de ser: pero en tanto que lo sea, no es bien que Don Pedro crea, ni que lo llegue a saber antes que él, siendo mi hermano, Si este Moro se partiera deaquí luego le pidiera con rendimientos tu mano. El Moro da en porfiar, y como cosa muy llana, dice. . Qué? Que con Doña Ana de Lara se ha de casar. Una vez lo hubiera dicho no más, si yo al perro viera en parte, que le pudiera disuadir de su capricho. En sus tropas disfrazado de Moro me he introducido dos noches, mas nio he tenido dicha de haberle encontrado; porque no quiso mi suerte que lograra mi intención. En la tuya Don Gastón, pienso que buscas mi muerte. Cuando es dueño el Atricano de toda España, que importa que tome una Villa corta, pobre herencia de mi hermano! Trate Don Pedro por sí, de defenderla, o rendilla, que si a él le importa su Villa, tu viva me importa a mí. Soldados, armas; y brío tiene, como propria hacienda, su patrimonio defienda, y tú el tuyo, que es el mío. Sola una Imagen tallada de la Sagrada María, es la hacienda propia mía. Si estás conmigo casada, mi hacienda defiendo enti. Mientras no esté en tu poder aquí me as de defender pues que me tienes aquí. Dueño eres de mi albe drío. Mo me tengas con cuidado vete, que es incierto el vado, y va muy furioso el río. Pues a Dios Doña Anarmia A Dios; pero hasta manana. Eso me adviertes Doña Ana sinti parami no hay día. Y si el Moro se partió, podrás a Don Pedro hablar, que ya no hay más que esperar. Tu gusto esperaba yo. Pues bien puedes sin recelo. Bien se yo que es muy mi amigo El Cielo vaya contigo. ven tú, pues eres mi Cielo. Pues mucho lo ha de sentir mí mi señor. . Ello es forzoso, Claro está, mas con tu esposo también pudieras vivir en Tubalta. . No pudiera, que defender Don Gastón de su ascendencia el blasón, es su obligación primera. Bien se casará su hermana l desde un castillo muy fuerte. El buscarla allí la suerte no fuera muy nuevo Juana. Con todo hay un casamiento, diras mi hermano. Ese tiene solamente, mas él viene, Ya recelé yo su intento, Que hay del Moro? Sus cautelas. después de tantos combates, astucias, y centinelas, ni él deja los acicates, ni nosotros las espuelas, marchando públicó, que iba a los campos de Aragón; y con furia vengativa, sube ya con su escuadrón por esos montes arriba: ya se han visto sus banderas, de su vagaje las cargas, y en concertadas hileras, ya del Alga las riberas cubren sus lanzas, y adargas? para deshacer el hielo, sembra fuegos en el suelo; ízase la llama en breve, relumbrando en la nieve, oedá con el humo en el Cielo: iesn dar al cansancio treguas, sin poder sosegarlos, distancia de dos leguas espondieron mis caballos al relincho de sus ieguas, que si no más de repente fuera recogerte, hermana, mientras que junto la gente. Salió mi esperanza vana. Él es astuto; y valiente. Hacia la Villa corriendo viene un Moro. . Yaún huyendo según las muestras ha dado. Ya de la yegua se ha echado: Pues llegue. . Gran arrojo emprendo; pero ya, bella Cristiana, en ti la disculpa veo. Llega, y día lo que has venido Alá, famoso Don Pedro, te guarde, y te dé victoria de este Tirano soberbio. Ya declaran tus palabras, Moro, que vienes huyendo de Dimen. . Matarme quiso, mas si yo a los pies me veo del Gran Almanzor, la vida le ha de costar el intento: Mas por qué quiso matarte? Porque le dije resuelto; que Rey no se intitulase, siendo un vasallo en efeto de Almanzor, con cuyas armas ha ganado de este Reino lo más, y que no era justo; costándole, por lo menos, esta Villa seis mil hombres, el no escarmentar, volviendo? a querer darla otro asalto, para perder todo el resto de la gente, por su vano; loco imposible deseo: Respondiome, ni a Almanzor reconozco yo por dueño; de lo que ganó mi alfanje, si a Mahoma, que al Supremo Alá, por Rey solamente reconocerá mi aliento. Tomando la yegua entonces, le dije: pues mis consejos desprecias, Alá te guarde, que yo a Castilla me vuelvo. No podrás, dijo, matadle; pero aunque lo pretendieron muchos con él, no lograron su vil alevoso intento; porque el alfanje en la mano, y los ijares batiendo a la yegua, de alcanzarme las esperanzas perdieron: mas luego por todas partes muchos ginetes salieron a tomar todos los pasos; conque mi peligro viendo, torci la rienda a Tubalta, donde por noble te ruego que me ampares esta noche no más, que en amaneciendo me darán seguro paso esos montes Pirineos, que si llego a la presencia de Almanzor Rey de Toledo, el castillo de este loco será de otros escarmiento. Cuando el haber dado muestras de honrado, y leal a un tiempo, no fuera bastante causa, la confianza que has hecho de mí, sin pedir seguro, fuera en mi nobleza empeño; no solo para ampararte, si no para agradecertelo. Con vergüenza sus palabras . escucho, pero estoy ciego, y con esta traición logro de amor el mayor trofeo. Notablemente porfía Dimen. . Mas no es el pretejto de su porfía Tubalta, que él te la dejara luego, y te diera otras diez Villas, como lograra el intento de que a tu hermana le dieras. Mas no es para dada a perros Sin duda el Moro está loco Él lo confiesa; y es cierto; porque sola esa disculpa tuviera su atrevimiento: pero mirad que a morir, o lograrlo está resuelto, y no tuvo más astucias que este Moro Sinon Griego. Pero no entrará el caballo en Tubalta. Ya está dentro. . Vamos, que en mí misma estarás, mientras sin riesgo te puedas partir. . Un áspid abrigarás en tu pecho. Ven hermana, que ya es ho de que reparta los puestos. Mañana te he de ver mía, o tú me has de mirar muerto. A muy mal tiempo enviaste a don Gastó. . Más le quien que en Tubalta, en su castillo para cualquiera suceso. Mucho me ha favorecido la fortuna, aunque el valor tanta parte haya tenido también en haber salido de seis Moros vencedor. El vestido que quité, al que más lejos maté, es a quien más le debí; pues sin reparar en mí todo el campo atravesé. Asaltar la Villa quiso el Moro, con las cautelas de sus marchas, más preciso será que hayan dado aviso las Cristianas centinelas. Sin duda que mis Soldados osde los Moros acosados odesperarme no pudieron, yal castillo se volvieron; que son pocos aunque honrados. Ya gracias a Dios, le miro cerca; pero en el de enfrente, con mucha causa me admiro; ssiento en el postigo gente: poco a poco me retiro, o más como en él da la Luna de perfil, sin duda alguna es sombra que hace el umbral; caporque desde la fatal desdicha nuestra, ninguna persona en él habitó. Pero que dudo, ya veo un bulto que dé él salió: sún viéndolo, no lo creo, a mí se acerca; pues yo no he de huir- Pues cómo, osado foro, tan cerca has llegado e mi castillo. Detente, lo sombra, o visión aparente. Presto, que soy animado suerpo, y no visión, verás stú, como los demás erros, sin que hada esperes, punto no te rindieres. Con eso muestras me das que eres Cristiano. . Sí, lodo, y Cristiano nací. Pues tente, que yo lo soy, anqu stoy e que el haber llegado aquí debo al venir disfrazado, tanto como al valor mío; y a un potro bien enseñado, que al querer pasar el río, me hallé de Moros cercado. Pues dónde vas? A ese fuerte castillo, que hasta la muerte defiendo. . Eres Don Gastón? Yo soy. Qué buena ocasión; dame los brazos, que el verte con extremo he deseado; y ser tu amigo. . Desde hoy. de serlo tuyo te doy la palabra; como honrado: Mas quien eres, que atrevido de ese castillo espantoso, dueño te has introducido, que valor tan prodigioso, casi no es para creído. Valeroso Don Gastón; escucha, y sabras la causa de haber llegado a estos montes, y este suceso que extrañas. Inigo es mi propio nombre, y de los Godos de España, por línea recta deciendo desde Recisuindo a Bamba. Vino mi padre a Gascuña, que aquella parte de Francia aún es de los Españoles; allí naví en pobre casa: crieme, aunque con decencia, sin las rentas que ilustraba mi noblesangre, perdidas en la invasión Africana. Ejércitaba las fuerzas de tres lustros en la caza, no de la que corre, o vuela, si no de la que irritada de que la busquen, y opriman en su defensa empeñada; o ya esgrime los colmillos, o ya enárbola las garras. otras veces, del indócil bruto los bríos templaba, en señando sus ijares sufrimientos a su espalda. En esta inquietud ociosa mi juventud empleaba, cuando en este tiempo puso los ojos en mí una dama ya sin padres, rica, y bella, con demostraciones tantas, que aún antes que con deseos, me miré con esperanzas. Había en aquella Villa entre mucha gente hidalga un mozo de baja esfera, que en la del Sol se juzgaba, sobresaliendo, de todos los que más se descollaban, y emparentado con todo lo mejor de la comarca; mas que mucho, si del padre la ambiciosa vigilancia le adquirió tanta nobleza, que ninguno le igualaba, pues de reales escudos compuso su escudo de Armas. Este, pues, con desahogo dio en galantear la dama que he dicho publicamente, sin que mi empeño ignorara; no estaba yo enamorado, pero todos lo juzgayan, y extrañé la desvergüenza; que aunque era la suya tanta, lo que es con migo, hasta entonces jamás se atrevió a mostrarla, que solo entre los muy cuerdos sebresale la arrogancia, Y un día, que con la gente toda, de más importancia, amigos, y deudos suyos, hablando estaba en la plaza yo, de la ocasión gozando: llegó la color mudada, y me dijo: Mucho admiro, que pasión que tanto arrastra, como la de amor, y más cuando hay competencia tanta, permita divertimientos, porque arguye confianza. No puede haber competencia dóndeyo saco la cara, dije, y él respondió entonces? con migo nadie la saca, y en campaña de mi boca sabréis que tengo esperanzas bastantes, para impedirlo; pero yo para no errarla, me fui acercando, diciendo; si vuestro padre os dejara por escrito la memoria de quien sois, no lo olvidaráis, Mejor soy que vos, me dijo, mas esta mano enseñada a romper de algunos osos las testas, de una puñada desbaratando su frente, le echó por la boca el alma, A costa de muchas vidas pude salir de la plaza, que fue milagro confieso, En fin salí a la campaña, y tras mi la Villa toda, pero nadie se apartaba de la tropa veinte pasos, que como se adelantaran en mi seguimiento algunos, sin duda los esperara. Tomé sagrado en los montes, que los dos Reinos abrazan, Aragonés, y Navarro, por donde, sin que encontrara, ni sustento, ni noticias de la tierra que pisaba donde estamos, llegué a tiempo, que ya cautiva llevaban, diez Moros, a mí señora Doña Leonor, vuestra hermana, maté algunos, los demás huyeron, y recobrada del susto, me dio noticia de que este Castillo estaba sin dueño por sus asombros, volviose al suyo, guardada de algunos soldados vuestros, que salieron a buscarla. Quédeme en el mismo sitio que estoy, con determinada intención, de que mi vida, o su asombro se acabara. Partí a ejecutarlo luego, y sin que me embarazara estorbo de espanto alguno el paso, como esperaba, llegué hasta su misma puerta, y entonces me hicieron salva fieros estruendos, mezclados con el de trompas, y cajas; y al mismo tiempo en el muro vi un papel, el cual estaba sobre una ródela fuerte clavado con una daga. Quien la sacare, decía, de Aragón, y de Navarra será Rey la mano aplico al puño, y al arrancarla, volviéndose todo el muro, dio con migo en una sala; alzo los ojos, y veo una hermosísima dama, toda cubierta de luto, o a la pla tas e de y con triste voz me dijo: Inigo, yo soy España; espero en Dios, que por ti, veré presto restaurada gran parte, porque has de ser Rey de Aragón, y Navarra, tu apellido será Arista, que como ellas, en las llamas se encenderá tu valor con el Moro en las batallas, Desvaneciose a mi vista, miré todas las estancias del Castillo, y hallé en una peros, rodelas, y espadas, para armar docientos hombres, que si lo son, esos bastan. Ea, Don Castón famoso, a restaurar nuestra patria del Africano soberbio, salgamos de estas montañas, como el valiente Pelayo salió de las Asturianas. En mi tendrás un amigo, con todas las circunstancias que el nombre de amigo incluye, en boca, en pecho, y en alma. Dios es quien da las victorias, y ya la divina espada, que desnudó su justicia, su misericordia envaina. No hay que temer muchedumbres, que ya una vez aplacada su indignación, cien Cristianos, para diez mil Moros bastan. y en Fede que ha de ayudarme, y su Madre Sacrosanta, a quien prometo, si vivo, para su justa alabanza, tres Iglesias en su nombre, y cien lamparas de plata. No dudo llamarme dueño de Aragón, y de Navarra, y que a laigo Arista cuenten entre los Reyes de España. Solo lo que te ha pasado en ese castillo, basta para no dudar, que el cielo estas dos Coronas guarda. para que tú las poseas de tu valor conquistadas. El primer vasallo tuyo es Don. Gastón de Moncada, ya eres mi Rey, mi castillo es desde hoy tu plaza de Armas. Veinte Soldados tenemos, ellos han de ser la basa. de tu aclamación primera, que de los que en las montanas oculta el miedo; en dos días espero formar escuadra, con que puedas, levantando pendón, saer a campaña. Dame, Don Castón valiente; los brazos, que no sin causa nos juntó a los dos el Cielo. Ya la deidad soberana. de Rey en tu rostro miro, y tu valor lo afianza: Ven donde bese tu mano dos veces, Leonor mi hermana, como obligada la una, la otra como vasalla, que allí ceñiré tu frente de la siempre verde rama, entre tanto, que en Pamplona, Corona de oro la enlaza. Con los dos partir la espero, que si Dios rige mi espada; yo echaré presto los Moros. de Aragón, y de Navarra: Marchad con silencio, amigos, que la noche nos ampara- co su oscuridad . Ya estamos muy cerca de la muralla: A prima rendida dijo Dimen, que yo me acercara solo; y su seña esperase. Resolución temeraria fue la suya. . No quisiera, que la vida le costara; pero ya pienso que es hora, prevenidas las escalas tened, que yo llego al muro. Dicha he tenido: es Audalla? Yo soy. . Por escalas presto que ya yo he muerto al que estaba de posta en aquesta parte. Aquí están ya. . La tardanza nos puede danar; amigos. Aprisa. . Ya están plantadas. Subid, que no hay quien lo impida. Señor Don Pedro de Lara Las guardas nos han sentido Ya no importa: Alarma, alarma. Bajad, que la Villa es nuestra Soldados a la muralla: Qué es esto? pero, qué miro! a tropas del muro bajan los Moros: soldados míos, no desmayéis, toca al arma. vendiome el perro. . Doi Pedro, qué alboroto es este? Pe hermana, el Moro ocupa la Villa: Pues morir por la Fe Santa. Ciérrate en aquella Torre mientras esta furia pasa. Yo he de morir peleando, sin mover de aquí las plantas, mas ay de mí! que la Imagen de la Reina soberana de los Cielos, estos perros, han de ultrajar! A qué aguardas? No te canses, que a tu lado he de estar, yo he de librarla, . si puedo tomar la Iglesia, entretanto que hacen cara los nuestros. Aquí están juntos. e. Cristianos, rendid las armas, o las vidas. . Mal sabéis y quién es Doña Ana de Lara; ánimo Don Pedro. . Mueran id. Notable mujer! . Audarla, ninguno levante el brazo para ofender a Doña Ana, que está mi vida en la suya. Por Mahoma, que su espada es un rayo. . Los Cristianos se defienden en la plaza. De la Villa, abrid las puertas, entren todas mis escuadras, y mueran todos. . Seguidla. ̱. Herida vengo, y cansada; pero en fin tomé la Iglesia, mas no para que me valga, sino para sacar de ella la Reliquia más Sagrada suya, perdonad, Señora. A77 la indecencia por la causa; correr quiero la cortina. Madre de Dios soberana, Reina de los Serafines, de los hombres abogada; no permitáis que os ultrajen manos, y lenguas profanas de infieles, siendo la nunca bastantemente alabada: dadme licencia, Señora, de que en los brazos, y el alma os lleve, donde os oculten de los montes las entrañas, que ellas con vos serán cielos Por aquí fue la Cristiana, si se ha entrado en Mezquita? Ya sueña el estruendo de arma Señora, sed vos mi escudo, que con vos, y aquesta espada todo el mundo tengo en poco. Tomad las calles, buscadla. Huyendo con vuestro hijo fuisteis, Virgen. Sacrosanta, yo voy huyendo con vos, vos defenderéis mi causa.

JORNADA SEGUNDA

SEGUNDA JORNADA Viva el Gran Inigo Aris de Aragón, y de Navarra, concuistador valeroso. Viva el Alcides de Españ Viva, y beba muchos siglos. Estás loco Calabaza? No he de estarlo, si no ha seis meses, que a aquestas montañas sin más caudal, que su espada, y tomando por asilo. la fortaleza encantada de esa torre, ha ejecutado. tan admirables hazañas, que al Moro a asombrarán. . Sí, de eso tu locura es causa, nunca con razón más justa deben estarlo tus chanzas; pues a todos ha admirado ver, que en Don Inigo haya formado el cielo un prodigio de ingenio, valor, y gracias. Con seis hombres empezaron a estrenarse sus bizarras. osadia, en algunas correrias, y a la fama. de sus hechos, ya de bajo de la sombra de su espada, dos mil soldados a vista de Aragón; y de Navarra; con quien no descansa un punto, siguiendo los Moros, hasta meterlos, como ahora has visto, en Pamplona misma. . Basta haber yo sido el primero que le vio en estas montañas, hecho cantimplora, pues entre mucha nieve estaba De que había aquí llegado avisaste, ya a mi hermana: Ya lo hice como mandaste, y con gran cariño baja de su fortaleza a verte. Mucho estimo la bizaraa demostración de su amor, y que en ocasión lo haga, que a ver coronar al Rey asista. de buena gana lo hara; pues cualquier mujer, por ver novedades rabia. r Ha Doña Aba! quién creje que a tolerar ya no basta mi amor tu ausencia, mas no es mucho, si en mis tiernas ansias, no sé que me pronóstica el corazón que te ama. Tropezón, ven acá; se atreverá tu fe grata a hacerme un favor? . Que dí favor con aquesta cara me pides? . Ven acá, amigo. Señor, que no soy Doña Ana de Lara. . Aqueste papel te atreveras a llevarla? Con ese recado al río, que hay desde aquí hasta Tubalta el cual tan crecido va, que solo el mirarle espanta. Tu nadas bien? . Es precisoa si nado con calabaza; más tengo la propiedad de los cocheros de España. Qué propiedad es? . Señor que no pueden ver el agua. Si haces por mí esta fineza, el vestido de escarlara, que para las fiestas hice, te he de dar. . A quesa es mar no dadiva. . estos doblones asiancen mi palabra. Venga el papel, que por ti ( he de echar el pecho al agua: más ver coronar al Rey he de aguardar. . Si dilatas, esta dicha a mi deseo, me excusas el estimarla. Pues parto al punto a servirte. A temeridad se pasa, sabiendo como está el río, que aventure a calabaza; mas su destreza me anima a que no recele nada urad de nuestra invencible patria. e . Aquí Inigo Arista llega. ,̱ut. Viva el asombró de España. Invictos Aragoneses, Navarros, cuyas hazañas dilsuma el Orbe, y no se atreve el guarismo a numerarlas: Yo os estimo agradecido na la demostración hidalga de querer hacerme digno de esta Corona, y a falta de no haber entre vosotros, ta Caballeros de tan altas prendas, sangre, valor, hechos en quien poder emplearla, cistad mitiera vuestras honras; pero no hay razón humana, para que teniendo aquí a Don Gastón de Moncada, on a Don Jimeno, y Ordoño, que en valor, y estirpe clara, al Sol le exceden en luces, y a Marte en hazañas raras: que sea Iñigo Arista, an Rey de Aragón, y Navarra, Ninguno en merecimientos, cal Iñigo Arista, te iguala: (dos sil tú has de ser nuestro Rey xiato decimos lo mismo. . A tanta fineza, ya no replico. Pues sirva aquesta campaña de teatro en tu felice coronación . A la usanza ten nuestra te has de armar primero de Caballero. ̱. 1. Las Armas. . están ya aquí. . Aguardad, ad ha hecho? . 2. A Doña Leono e de Moncada, por hermana de Don Gastón, que a tu Rea! llega ahora con sus damas. Di, que llega el Sol, pues llega su herme fura soberana. Gastón? . Hermana? Mis brazos de la fe, con que mis ansias te reciben, sean muda retórica. . Con el alma los admito; y a buen tiempo vienes, pues armando estaban a Inigo, con que a ti en la ceremonia usada esas espuelas te tocan: por Rey coronarle aguardan estos dos Reinos. Qué escucho! . en mi amor me sobresalta el mismo gozo? . Con esto ya tú serás Reina. . Calla. Inigó, en señal de que eres Caballero, de la clara san gre Real del postrer Godo, que heroico reinó en España, de adorno de aqueste peto, en fe, que de nuestra patria, muro tu pecho ha de ser, defendiéndola tus Armas. Yo en tu cuello pongo aquesta gola fuerte, y acerada, sobre quien pende esa Cruz roja; en señal; que la Sacra Fe de Dios defenderás. Yo aquesta desnuda espada, que del Gran Pelayo fue, y Ar agón tuvo guardada te entrego, en fe de que tú, con equidad siempre grata ̱n guardarás justicia. . Yo para más honra, y más fama te calzo aquestas espuelas, Aunque es en mi honra tan alta, mucho siento ver el cielo de tu hermosura a mis plantas. Ahora, pues el caso eligió aquesta campaña para coronarte, donde no hay más trono; que esa parda peña; a quien de dosel sirven esas verdes ramas, siéntate en él, donde jaires que guardará tu segrata catolicamente, cuanto te propusiere en voz alta. Ya el trono he ocupado. . Juras: poniendo a la Soberana Deidad de Dios Trino, y uno por Juez en esta demanda; sobre estos cuatro Evangelios; que en este Misal se guardan, que en defensa morirás. de nuestra Fe Sacrosanta, guardando lo que confiesa. la Carólica Romana Iglesia? . Si juro. S. Pues pon las manos sobre sus Sacras. Palabras, Juras también con piedad en todo hidalga, el sacar de cautiverio cuantos Cristianos se hallan en poder del Moro aleve, restaurando con las armas cuantas Ciudades, y Villas tiene a este Reino usurpadas? I. Si juro. . Juras también . A Rey que promete siendo Padre de la patria, mantenernos en justicia? Si juro. or. pues ahora falta que en fiel remuneración de que Aragón, y Navarra hoy te jura vasallaje, tú le cóncedas con franca mano, fueros, previlegios; exenciones nobles, para mas grandeza de estos Reinos, y que también un Juez haya, que entre el Rey, y entre nosotro cualquier agravio deshaga, al cual llamarán Justicia mayor de Aragón, . A tant lealtades como os confieso, no debo negaros nada. Pues recibe las Insignias de Soberano Monarca. Grato las admito. (tar Todos le aclamad en voces al Viva el gran Inigo Arista Rey de Aragón; y Navarra, viva. . Espera, Señor, que falta ahora. . Di; que falt Que sin armas ningún Re puede estar elige armas que a tus blasones convengan. Yo no he de elegirlas, hasta que el Cielo me las señale, en calzando su Fe Santa. Mas que resplandor ocupa esa esfera tachonada? Qué luz celestial es esta? Qué maravilla tan rara? Entre un círculo de luces se ve una Cruz Soberana: nsalzar la Fe; e la Fe las Armas e da el Cielo fiel, con cuyo blasón, ve de Dios lo fue, riunfar podrá, y vencer. Qué milagro! n l Qué prodigio! Ya el Cielo me ha dado Armas Vasallos, que mis victorias nuncian; pues si la sacra eidad de Cristo con ellas venció la mayor batalla; triunfar de mis enemigos, mi Fe con ellas aguarda. De que te ha esegido el Cielo, para que ensalces su Santa Fe, aquesta señal lo dice. . Dadle las gracias a Dios pues yo no merezco en mis humildades nada. Qué asombro! . Qué gran prodigio? nadando ha pasado el Alga. i que alboroto es este? . Un hombre. que venciendo la arrogancia: caudalosa de ese río, a tus pies llega. . Qué causa a tanta temeridad te ha movido? . Mi desgracia, y la de Tubalta, que es ya de Moros Hombre calla. s. Qué dices hombre? . Señor Mira que con el Rey hablas? de Navarra, y Aragón. Como entraron en Tubalta? Dimen Rey Moro, señor, con tan cautelosa maña de unas tropas Africanas, que la piedad, de los nuestros conmovidos de las ansias con que insinvo su peligro, (sin conocerle) en la plaza le ampararon; pero apenas desarrugó en sombras pardas la noche el negro ropaje, cuando matando una guardía, introdujo por el muro tantos Moros, que asaltada de repente nuestra gente rindió a su poder las armas: y después de haber Don Pedro de Lará obrado con rara valentia hechos no vistos; le prendió el Moro, y su hermana Doña Ana no ha parecido; pues Amazona bizarra (con una espada) romper la vieron por las escuadras Moriscas, con que sin duda la diero muerte. . Qué hablas? que me has muerto. . qué desdicha! Por cuanto no se exclipsaran mis glorias con el dolor de la nueva! mas que causa os mueve, Gastón, a hacer demonstraciones tan claras? No se espante vuestra Alteza que mis pasiones las hagan; pues en Doña Ana he perdido gusto, vida, ser, y alma: mi esposa era; en secreto la fe, la mano; y palabra merecí de su hermosura. Qué dices, haz que las cajas a marchar toquen; pues cuando como Rey no me obligara a ir a echar al Moro al punto de la Villa de Tubalsa, por enemigo de sojos, por librar solo a Doña Ana, al punto fuera. . Qué dices? . Decid que mi dueño sois, como tan notable hazaña conseguir, señor, intentas? Cómosa cuchilladas. Eso sí, y a prevenirme. (da. voy gozoso. . Hermano aguar- Mira, señor, que la empresa la dificulta a tu espada solo la corriente grande del río . Señor, repara, que fuera temeridad aventurarte, I. No hay barca? puente, o vado? . No señor. la resolución valiente. de Don Castón, mientras halla el valor industria, como se pueda esguazar el Arga. , , . Qué Mandas? Ya te obedecemos. . Mucho siento Leonor soberana, que el susto, en vuestra belleza trueque en jazmín todo el nácar. Mi sentimiento, señor, naca de que en dicha tanta, . Qué cortesana atención! como haberte merecido estos Reinos por Monarca, puedan en algo estás nuevas eclipsar glorias tan altas. ̱. En vano, mis dichas puede ninguna niebla eclipsarlas, cuando vuestro sol hermoso; rolo a deshacer la basta. Sin duda solicitáis que los colores que al nácar me usurpó el susto, el recato a mirostro los añada, yéndoos tantas lisonjas, que del término se pasan a una cueva en quien asombra de ser vos, señor, mi Rey, y yo ser vuestra vasalla. pues esta corona, y cuantas tiene el Orbe han de ser vuestras; vuestro soy Leonor. . Atantas honras; pues en mi atención no encuentro con las palabras, dadme licencia, señor, para no estar desairada. Pues permitídmela vos, en que acompañaros vaya. Esto fuera en vos exceso, y peligroso en mi fama. Seréis mía? . Sois mi Rey. Pues Jimeno, Ordoño, ataja . Vuestra sangre ilustre, y clara, es digna de más grandeza, Ser agradecida os basta por ahora: el Cielo os guarde. Hola Soldados. Acompañe a su Castillo mi compañía de guardía, por mi proprio a la señora Doña Leonor de Moncada. Qué beldad tan soberana! Altas peñas venturosas, que con dichas tan extrañas en vuestras mismas entrañas guardáis prendas, tan hermosas; pues depositando en vos su gran tesoro mi celo; hice vuestra tierra Cielo, con la que es Madre de Dios: sed divino Relicario de tan hermoso arrebol, ya que el Aurora, y el Sol os buscaron por Sagrario: la tiniebla, os entreg mi fe, quien a la luz vio que se ampare de la sombra? Mucho haberos escondido len ella siente mi fe; pués entre sombras se ve quien jamás las ha tenido. Pero al déjaros mi llanto. se aumenta en mis tristes ojos: Virgen, templad los enojos, ssies que vos lo sentis tanto. Sed de este llanto testigo, Cielo al dejar lo que adoro; pero al paso que más lloro y o se la senda que sigo. Si a Tubalta voy, forzoso des me prenda el Moro impío; si busco a mi esposo, el río me lo impide caudaloso. Que hare, Cielo en tal fatiga, dónde es todo confusión? quien hallara a Don Gastón, no sé la senda que siga. (ne t. . No tu fuga así te empe- hombre, que te he de prender. En vano me has de vencer, aunque osado me despeñe. Que voz es esta ignorada, que Oráculo a mi mal suél (me t.. Despeñose. . Valga- Maria Virgen. Sagrada. No dudes que soberano socorra su poder. que a ella para no cae? a tuvo Dios de su mano. se has hecho daño? . ninguno ento: milagro fue grande. La Virgen, te socorrio: las que te obligó a arrojarte son tan raro precipicio? Huir de que me llevase preso un Moro, que irritado de que mi ardiente coraje se resistiese hasta que se me quebró en el combate la espada, me viene aleve siguiendo. No has de escaparte, vil Cristiano, si no has muerto, de que te prenda, o te mate. En vano lo intentas perro. Quién eres tú, que librarle presumes? . Una mujer, que sabra, Moro, matarte. Eres Doña Ana de Lara? Sí, Ana soy. . Pues date a prisión, hermoso asombro, porque me importa llevarte presa a Dimen; un tosoro que ha ofrecido a quien te halle, Un tesoro? . Sí Al infierno creo que irás a cobrarle, De qué suerte? De esta suerte. Mira que podré matarte. Eso es perro hacer la cuenta sin la huéspeda Que grando valor! . . Muerto soy. Ahora ve nocod a que el tesororte pague hallá Mahoma: murio. Pues la vida a tu constante valor debo; deja que o bese tus pies ahora. Dime, cómo está Tubalta? Toda ocupada de Alarbes. Y mi hermano? . Es prisio a ti Dimen a buscarte (uero? viene por estas montañas, l. . No se deje oculta parte que no se registre. . Este es Dimen. h Qué haré en tal trance? Sube tras mí, que en la cumbre de aqueste monte, ocultarte puedes de su vista. . Ya te sigo, mas al dejarte, Virgen, en vano los pasos ánimo, hombre aguarda. En balde es buscarla, pues la tierra que nos la oculta; es constante. , . (la. Yo he de morir, o he de hallar 2. Señor, hacia aquesta parte se ve una cueva, por donde respira el monte. . Al instante entrad dentro. . Virgen pura, ya es fuerza que el Moro os halle, y déjaros en el riesgo no puede mi amor. Infame Cristianilio, andar. . Perrazo, anda tú, pues que me traes: que por Don Gastón viniese a dar entre aquestos Canes! Signior, este Cristianilio prender yo ahora a la margen de ese río, que pasar como un Caiman. Tú, y tu padre, y Mahoma, pues fue harriero, sorres, perro, los Caymanes. Qué veoleste es el criado de Don Gastón . A besarle llegar luego al Rey el para. Muerde este perro si sabes? Lligar . Es manso? No llegas? Haga usted que me desaten. Desatadle. . Aqueste ser villaco, y si desatarle, no poder cogerle. Soy yo galgo, cómo tú infame? Que eres principal no ignoro Que lo soy, es caso llano. Dime quién eres, Cristiano? Cristiano yo? yo soy Moro. Moro? . Pues ese error toma de conocerme aún no acaba: yo en mi lugar atizaba la lampara de Mahoma La lampara? . Ya aquí he errad mi discurso en nada va: lampara llaman allá a cualquier jarro empegado. De dónde eres? de Añover pues de allá con mil blasones, son los castizos malones. Tú, melón debes de ser. No tengo de eso tal traza. Pues qué eres, enconclusión? Mi padre me hizo melón, mas yo salí calabaza. Yo siguior ver si trae algo, Miradle, pues . Eso a mí tocar. . Que venga yo aquí, para que me espulgue un galgo Aquí una carta traer, y venir sin sobreescrito. Aquí, sin duda ay delito. Para mi debe de ser. Esposa, en tua veencia muero pero en dolor tan esquivo, solo en la esperanza vivo, de que verte presto espero Suerte más feliz habrá? Para quien traes, cariñosa, tal carta? . Para mi esposa; señor, que en Tubalta esta. ̱. Ya bien tus mentiras copio; carta viniéndola a ver? ̱. Es que se fuelen perder, y así la traigo con propio. De verdad no decir cosa. ̱. Bien salí de aqueste empeño. ̱. Dime, a quién tienes por dueño? A una tuerta muy hermosa, que tiene por agraciada, los ojos con arrebol, uno a la puerta del Sol, y otro a la puerta cerrada. Halí. . Qué mandar, signior? Este cautivo te entrego, llévale a Tubalta luego. Ven, Cristianilio, traidor. Qué vaya? lléveme él. No poder así escapar. Así me quieres llevar, este es chasco? . No, cordel. 1. Qué asombro! 2 Qué gran pavor! Audalla. ̱̱. Qué es esto, Tafer, qué es lo que os asombra tanto? a. Señor el mayor espanto, que los ojos pueden ver. a aquesa cueva llegamos, lesueltos todos; a entrar; jero apenas penetrar si oscuro seno intentamos, uando al querer entre horrores ser lo que dentro escondía, a luz nos detenía, on ardientes resplandores; aunque cada cual más ciego el que más se adelantó, se abrasó más en su fuego. (do 2. Ninguno, en fin, se ha atrevi a entrar dentro . Qué alegría? milagro es este en MARIN Vive Alá, que estoy corrido. Cobardes, vuestro recelo, y temor he de afrentar, soloen la cueva he de entrar aunque lo estorbara el Cielo, Dadme una adarga Aquí está. . Mira. Advierte. . Aguarda 2. Ten. Quitaos todos, que a Dimen no le asombra, si no Alá. 1. Qué tal osadía emprenda tu valor? . Mi gusto sigo, Mahoma vaya conmigo, A buen santo se encomienda. 1. Entró 2. Cierto que es terrible determinación la suyal(guya, 3. No hay quien lo contrario ar su valor es invencible. 1. Sin duda que algún encanto debe en la cueva de haber, 2 Yo creo no ha de volver a salir de puro espamono (dad 3. Ya tarda. Mu En su cegue- morirá . El horror vencí 2. Por Alá que salo aquí. Qué te sucedió? Escuchad. Entré por entre esos riscos, que a esa cueba prodigiosa, estrechándole la enirada, son mordaza de su boca! Y apenas mi planta ocupa su estancia, cuando briosa la mano al alfanje aplico; idando la adarga a la otra, y a círculos voy haciendo ancha plaza a muper sona, y a la escasa luz que entraba por su estrecha claraboya, veo unas pardas paredes, que la misma peña tosca formaba desigualmente, cuyas diferentes formas, si no la hacían perfecta, la fabricaban hermosa. Por sus poros en cristales vestia líquido aljófar el risco, y como en las ballas el agua; con armoniosa voz, formaba inquieto ruido, con asombro de las hondas concavidades, el eco la voz hacia horrorosa. Intenté volverme atrás, pero viendo cuan notoria fuera mi infamia, al peligro osado el furor me arroja; y apenas muevo las plantas, cuando una luz misteriosa, un resplandor, una llama, mi intrépido curso estorba; pero cobrando en mí, veo sobre una pequeña toca, que servigalla de Trono, entre luces, una hermosa Sacra Imagen de MARÍA, a quien el Cristiano adora. Al brazo la adarga fío, y con arrogancia loca la mano alargo a tomar con vicuperio la copia dé su pura Deidad, cuando desplegando ella las hojas de sus labios, o claveles, con voz, me dijo imperiosa? Detente, bárbaro, ciego, que hasta que con Feconozcas a mi hijo ni aún mi Imagen puedes tocarpor debora. Tan turbado, tan absorto quedé al oír de su boca tales razones, que suese respecto, o acción mediosa; la espalda dipor respuesta al pasmo de su voz sola, y tan cortido he quedado, de que mi fuga medrosa ocasionase su voz, y que a Doña Ana me esconda su poder, que si al instanter on no la encuentran mis congojas he de poner a esa dueva fuego, porque mariposa a la llama de mi incendio se abrase esa hermosa copia, Y así, porque mi venganza se logre, al punto a la boca de la cueva aplicad cuanta materia en troncos, y hojas dan estas montañas: arda a mis furores su forma. Y si como los Cristianos dicen, es tan milagrosa, y porque lo crea, quiere volver aquí por su honra, como a Doña Ana me dé, mis enojos la peedonan. Ya no debe la Femia pasar por error tan ciego: a librarla voy del fuego, siendo Eneas deMARÍA A qué aguardáis? encended todo el monte. . Moro, espera y ese fuego en mi ejecuta, antes que a MARIA ofendas. Qué miro! Doña Ana hermosa qué feliz fortuna es esta? mas sin duda es de MARIA milagro, que mi fineza te halle, y pues su poder es tan grande, que me entrega tu deidad, de aquí ade lante creeré, que en todo es suprema: Llega a mis bracos. . Derente, Dimen, que mi Fea tenta, solo por librar del fuego aquesa divina prenda, que siéndolo de los Cielos, la hacen mía mis ternezas, a tu poder vengo. . Mira, que si ingrata me desdeñas, que se enojará su imagen, cuando a mis ojos es ella quien te trajo mila grosa. Antes, Dimen, se ofendiera, ya tu prisionera soy, y pues de noble te precias, no dudo que tratarás con decoro mi nobleza. Doña Ana, mi amor no ignora, que las Cristianas se dejan obligar del rendimiento, no vencer de la violencia, Y así mi fe reverente, si es que profanare necia el sagrado de tu oído, será el ruego quien lo emprenda, Y cuantos tesoros, joyas ha juntado mi grandeza, desde luego en sacrificio, te los rinden mis finezas. Pues en fe de esa palabra, ya que liberal te muestras, un favor he de pediete. Nada hay que negarte pueda. Pues esa divina Imagen, por joya preciosa, y bella, germite que yo la lleve donde fuere prisionera. Tuya es, llevala con tigo. Agradecida a tal deuda estaré siempre. . Qué dices? Que te estimo la fineza: Serás mía? . No es posible. No te obligan mis finezas? Jamás podrán obligarme. Que no has de rendirte? . No Tú te vencerás, pues llevas a MARIA, a quien le está muy bien el que mía seas. Te engañas, y a tu intención da indicio de tu inclemencia. Entra por la Imagen tú. Ya mi amor entra por ella. Vamos a Tubalta. . Vamos Allá mi ciega impaciencia, si no se rindiere presto, hará el respeto violencia. Di, Moro, no ves que es hierro el traerme atado así, pues viéndote asido a mí, me dirán que suelte el perro? repara que es mala traza. Ser buena traza imagino. Moro, si no bebes vino; porque andas con calabaza? Tú ser mi cautivo, y ser de buen humor, y gustar de ti. . Pues si así he de andar, Halí dame de comer. Qué querer, qué tú, y yo coma? Según mi hambré bien sé, Moro, que me comeré el zancarrón de Mahoma: por Tubalta tres días ha, que me traes con estos modos; que intentas? . Qué? saber todos, De mi fortuna reniego. Qué, renegar de tu fe? Solo reniego de que guie un perro a quien no es ciego. Si hablar aquesas razones tú llevar. . Ya me amenaza: Moro aunque soy calabaza para todos hay melones? Si renegar, estimado ser, y tener muchos bienes. Tú solamente es quien tienes la cara de renegado. Acá tener, porque asombres, mil mujeres a placer. También allá las mujeres tienen muchísimos hombres. Mirar que gentil despacho, nuestro gran Profeta ser bueno. . Yos quitó el beber vino, siendo él un borracho. Hablar mejor, o darete Cristianilio, que el Profeta fue muy sabio en nuestra será. Es verdad, fue gran bonete; pero dime, donde vamos? Andar, y no pregontar, adonde Dimen estar vamos. . Ya en su casa estamos. El sentir mucho los hierros de Doña Ana, en no querer er ser de Dimen mojer. Nunca fue amiga de perros. Pero ya con él estar, y madurarla previene: mas ella pensar que viene. Ahora la podré hablar. Cielos, que mi cruel fortuna en tal peligro me tenga, que en mi el valor me aproveche, solo para la impaciencia, B al ver que en este Tirano, al paso que le desdeña mi altivez, sean mayores sus osadias groseras. Solo lo que le he debido, sea atención, o cautela, que la Imagen me dejase llevar a su propia Iglesia; con palabra de que nadie en ella entrara a ofenderla. Vos María soberana, mirad por mí, y por vos misma. Señora? . Qué ay Calaba como estás de esta manera? Aún peor estoy que ves. Peor en tanta miseria? Sí: si ha tres días que no soy. Calabaza rellena por ti, después de pasar el río, esta gente fiera me prendió Mucho lo siento. Una carta toda llena de cariños te traía Qué hablarte, Doña Ana bell Pregunta si para el mal de madre hay ruda en mi tierra. Y Don Gastón? Bueno está. Sabe que estoy prisionera? Dimen llega Cristianilio. . Llegue el perr Qué yo a aqueste Moro tema Subid como os he mandado, luego a D Pedro a la al mena mas alta de este castillo; que si con esta experiencia en que aventura su sangre, no se vence en su entereza, a mujer es de bronce, des preciso que se venza: que haces aquí? . Ya me iba. ̱. Aguarda tirana, espera, que no hablo contigo, cuando le busca mi amante pena. Con este Cristiano hablaba. Pues si conmigo es la tema yo no hago, que padezco. ̱. Infame, salte allá fuera. Andar. . Dame más cordel erro, si ahorcarme no intentas. ̱. Es posible, ingrato dueño, que a tan rendidas finezas, no te obligues? . No esposible? limen; que las agradezca: así deja la porfía, ues en mi desdén ar riesga si amor la costa del ruego, es desdoro en tu grandeza, qe tú el desprecio te busques, excusártele no pueda ni altivez. Pues como juzgan; cuando ser ingratas quieran sis altiveces, librarte e mi amor, y mi violencia, stando en mi poder? Cómo? huriendo a tus iras mismas. Necias fueran mis pasiones, vencerte pretendieran esa suerte; pues fiada que tu vida desea, sien tu hermosura idolatra, linca al temor te rindieras; les no había de matarte, ien vive de lo que alientas: potra suete he de lograr l caricias alagueñas. Ningún rigor, ni amenaza irás que me p co y . Presto lo verá. . . Ya espere verlo. . Audarla Qué me ordenas? Haz que Don Pedro de Lara se descubra en esa almena, de la suerte que mande. Ya con el dogal espera al cuello . . Cielos, quémiro! h d. . Tirano Moro, qué intentas? Oye, y lo sabrás ingrato, pues que tu crueldad desprecia mis rendimientos corteses, y a la lástima, la queja de verme morir, no cede de tu rigor la extrañeza; pues tu advertida no miras, que a tus crueldades padezca, no te admires que en tu sangre se venguen mis impaciencias. Y así, si no te reduces luego a premiar mis finezas; ya siendo mi esposa, o ya dando alivio a tantas penas: juro por el gran Mahoma, que a su noble her mano veas de aquesa almena pendiente. Contigo consulta cuerda presto lo que hacer te tocar si mi amor gustosa premias, rescatar tu sangre, y si mis rendimientos desdeñas, quitas la vida a tu hermano. Hay más notable fiereza! Qué me respondes? . . Que si Don Pedro mi padre fuera, déjara matarle, antes que manchase mi nobleza; y así haz lo que quisieres. Mira que es tu sangre misma. Si su vida ha de costarle su infamia, mi hermano muera. Eso sí, hermana querida, mira que tu honor afrentas en lo contrario. Qué en fin librar su vida no intentas? No tirano. . Pues hechadle. Hermana a Dios. Ten, espera, Dimen, mira que es hazaña indigna de tus proezas, por vencer a una mujer dar muerte alevosa, y fiera a un prisionero, faltando al derecho de la guerra. Sin duda, que arrepentida, Doña Ana, ser mía intentas. Mira hermana lo que haces, no la compasión te mueva de verme morir, pues logro dos glorias en una empresa, la que le dejo a mi fama, y la que en morir me espera por la Fede Cristo. Hermano, no juzgues esto a flaqueza de mi honor: efecto es solo de que mis ansias te pierdan. No te resuelves? . . Aleve, ya mi fama está resuelta a morir también con él, antes que yo tuya sea. Ea, hechadle, qué esperáis? Aguarda, detente fiera inhumana, no ejecutes sal atrocidad, que al verla mis ojos, con ser tan grande el valor de mi firmeza, no cabe en mi corazón, el ansia de ver que muera. Luego a ser mía te rindes? Qué es rendirme? . No suspendas, hermana, de mi martirio la feliz corona eterna. Pues hechadle luego, hechad Qué dolor! qué triste pena! En tus manos; inefable Dios, mi espíritu se encomienda Murió: que aquesta tirana me haya obligado a que hiciera mi furor lo que juzgue, que solo fuera experiencia: más lloras? . . Si lloro aleve, mas es de alegría inmensa. De alegría? . . Sí! de ver que ya mi hermano merezca la corona del martirio, que envidian mis ansias tiernas, Pues no juzgues, que ha de ser esta la crueldad postrera de mis rencores. . . Triunfar de mi vida, tu fiereza podrá, mas no de mi honor. Yo haré que a la llama mesa en que mi pasión se abrasa, pira de tu vida sea. Eres tirano. . Tu ingrati hola. . Qué mandas? . A esa mujer llevad a una torre presa. . . Nada me amedrente vamos, que quien de María. logró ser debota Eneas, puede tener esperanza, que ella de mi honor lo sea.

JORNADA TERCERA

JORNADA tercera u , , ̱. Ya, lo que nos ha mandado nuestro Rey hemos cúmplico; pues de el campo del Cristiano, las banderas hemos visto adde esotra parte de el Arga: no hay más que esperar amigos, la Villa que oscurece. ̱. Las nieblas que engendra el río, la noche han anticipado. Vamos, que nosotros mismos sasendo juntos no nos vemos. Por eso me he introducido con vosotros. . Mucho temo que Don Gastón de improviso nos envista. . Si lo hiciera, . vepero es otro mi disignio. Está con el Rey Cristiano. ̱. No puede ser, que hoy le han visto pasar el río en un potro nadando. . Mucho peligro asl tiene su hermosa Doña Ana. se . Con morir habré cumplido. Ya estamos en las murallas. Tan ciegos nos ha traído la niebla, que hasta tocarlas con las manos, no las vimos. Esta es de Tarfe, la escuadra: quién va? . Levanta el rastrillo, que Tarfe soy. . Con cuidado a Dimen habéis tenido: entrad presto. Ya estoy dentro: fortuna favor te pido hasta que a Doña Ana vea: no después de haberla visto, pero saber la prisión en que tiene al dueño mío este bárbaro, es difícil; porque si me determino a informarme de algún Moro, me arriesgo a ser conocido, pues le doy con la pregunta de que soy Cristiano indicio Y si averiguarlo intenta, ni el ver mi esposa consigo, ni descolgarme de el muro con la cuerda que he traido, para fijar de una almena, he de poder, que al ruido se ha de juntar mucha gente? pero ya entré, y es preciso verla; o morir. Si yo puedo darle a Doña Ana el aviso de el ejército Cristiano, podrá excusar su peligro con un poquito de maña; porque yo tengo entendido, que no ha de vivir dos días, si con álagos fingidos no entretiene a este perrazo. pero si yo soy sentido, me ha de freir, más la noche tan oscura es, que lo mismo verán, aunque sean de lince los ojos, que el colodrillo Ya tómara el encontrar alguno. . Mas yo imagino, que no he de poder hablarla. Quién va? . Nadie, señor mío, Vienes solo? . No señor, mi miedo viene conmigo; vaya usted con Dios. Qué? Dios? este parece cautivo. Vino bebe aqueste Moro, yo jamás he conocido mas de un Dios, Cuál es? . Cogiome, el que usted fuere servido. No niegues la ley que adoras: eres Cristiano? . Un poquito. De Tropezón parece la voz, . Solo le suplico. Él es. . Que me dé licencia. Dicha el encontrarle ha sido, sin duda eres Tropezón. Pues en qué me has conocido? En tu miedo, donde tiene este por cobarde impío a mi esposa? Tries mí señor? . Sí: Cómo entrar has podido? No gastes el tiempo en vano; qué prisión tiene el bien mío? Esa torre, y yo venía de la oscuridad valido, a ver si hablarla podía, que tiene a tanto peligro su vida, que por instantes le espero. . Ya lo he sabido, no aumentes mi dolor, que puedo ser conocido por ti, si a buscarte salen. Dime por Dios, qué motivo a tal desesperación te ha obligado? porque miro imposible el escaparte. Puas cuando el valor has visto de una mujer, te parece desesperación el mío? Pero con perder la vida, qué remedias? . No te pido consejo, vuélvete luego, que si yo el hablar consigo a mi esposa, no es difícil salir de Tubalta vivo. Traes alas? . Las de mi amor, a que aguardas? . Si es preciso a Dios: notable locura, él muere de amante fino, mas no me espanto, que en fin aún no ha llegado a marido. Esta es la torre, ay de mí! que de verla desconfío, aunque a mi ausioso deseo vanas esperanzas finjo; porque aunque escuché la seña no ha de creer que he podido haber entrado en Tubalta, pero más cierta que el silvo, es de Calabaza el nombre, que de mi voz repetido no lo dudara, pues son dos señas aún tiempo mismo: Calabaza que saldrá, si no esta dormida, es fijo, mas cuando tan graves penas consienten ojos dormidos? ha, Calabaza. . Si acaso no es de la idea delirio; de mi ya perdido esposo llegó la voz a mi oído con el nombre del criado. Ya en la reja la he sentido. Ay de mí!, si será cierto? Y ay de mí; pues mi destino permite, que ni aún mi muerte te pueda servir de alivio. Mayor pena me ha causado, Gastón, lo que has emprendido, que el riesgo en que está mi vida Pues, que aventuro en el mío, si tu mueres? no es forzoso, que quien te adora rendido, muera? pues en morir antes por verte, qué habré perdido? Cómo entraste? Por la puerta, en la escuadra introducido, que volvía con la nueva ade que nuestro Rey invicto, Inigo Arista, quedaba de esotra parte del río, mas no es posible esguazarle. Locura de amor ha sido; la pero como has de poder salir? . Pues podrá un Morillo impedir, que de una cuerda, de que vengo prevenido, me descuelgue de ese muro? No es muy fácil conseguirlo; pero es forzoso el dejarlo de la fortuna al arbitrio; y el caballo? . En ese monte queda atado, y escondido; y es tan valiente, que él solo hadando, hubiera rompido lla caudalosa corriente del agua. . Pues, Gastón mío, aunque mi guarda es un Moro valiente, me determino a darle muerte esta noche, con el caballo en el río me espera al romper el día. Mira, esposa. . Esto es preciso. De ese liston ata presto tu daga. . Si prevenido es fuerza que esté ese Moro, pues que no ignora tus bríos, la qué has de hacer con una daga, no le coges dormido? Si ese descuido tuviera; bastaba su alfanje mismo? pero, si no es encerrado, si aen soñoliento le he visto, y el golpe será demodo, que pueda yo sin peligro quitarle llaves, y alsanje. Mas dado por sucedido, como dices, de la Villa, cómo has de salir? . Al mismo tiempo que rompan el nombre, a salir me detérmino, que entonces abren la puerta. No han de conocerte? . Fío de Dios, y su santa Madre, a quien llevaré con migo, que no puedan estorbarme, vete presto, que he sentido gente. . En el río te espero: A Dios. . A Dios, Gastón mío. No sé si acierta Doña Ana. Allí hay gente al parecer. Audalla debe de ser, que pretende a la Cristiana. Mujer tan resuelta, y firme que hace del Rey tal desprecio enámora, gentil necio. Si me muevo, han de seguirme. Quién va? . Amigos. La voz muda. Diga quién es? . Es Audalla? No responde? . Esta canalla me ha de ocasionar sin duda: ya respondí lo bastante. Es fuerza reconocer quién es? . No lo han de saber por hoy, pasen adelante. Por Mahoma, que aunque fuera el Rey, se ha de descubrir. Sin descubrirme se han de ir, y si con ellos viniera nuestro bravo General, que hoy se llama el Rey Dimen, si no se fuera también, no me estuviera a mi mal. Prendedle. . No lo intentéis. Di quién eres, o tu muerte De esta suerte: cobardes, quien soi sabréis. El está loco. . Y furioso: Espera. . Detente Audalla. Pues huyen a la muralla, el retirarme es forzoso antes que se junte gente, que después no es tan seguro: Ver a Doña Ana procuro por librarla solamente, que aunque sé que a sus favores. mi amor aspirar no puede, he de intentar buscar modo, de que en su vida no vengue su desprecio este Tirano; pero aunque la mía arriesgue, lograr mi piadoso intento muy difícil me parece, si no es matando a Avenamar, y sobre ser muy valiente, antes mucho que anochezca, de ninguno deja verse, aunque sea muy su amigo: más, o mis oídos mienten, o la puerta de la torre siento abrir; pero a qué puede? avenamar a estas horas salir? porque él solamente, o el Rey es fuerca que sea: si le ha dado ya la muerte, este infame a la Cristiana? El cielo me favorece, que él solo pudo librarme de riesgo tan evidente: voy por mi sagrada Imagen, porque este perro no vengue en ella su infamia rabia. Un bulto hacia mí se Cerrar quisiera la torre, mas no quiero detenerme, porque ya romperán presto el nombre, y hasta que empiec a tocar las cajas, puedo segura de que que me encuenta estaroculta en la Iglesia. No se ha de ir sin conocerle; quién va? . Un hombre, Este es Cristiano, no pudo ser quien saliese de la torre: donde vas a estas horas? . Quién se mete al Moro en esos cuidados? voy donde me importa. Tente: tú no eres Cristiano? . Sí. Pues Audalla soy, no tienes que recelar. . Peor es esto, que es también mi pretendiente Si tu pudieras hablar a Doña Ana? . No se acerque hable desde afuera. . Tú no eres Cautivo, pues temes que te conozca. . Cautivo soy, mas no ha de conocerme. Sin duda, que eres espía? Gentil desatino es ese, pues puede pasarse el río? Hoy le ha pasado, y mil veces. un hombre, rompiendo a nado en un potro su corriente, pero aunque se arriesga mucho, el que digo, bien lo debe- a la causa que le obliga; que mucho más le merecer pero si tú eres el mismo, como creo que no puede ser de otro tan grande arrojo; espía perdida eres, que pues no has de lograr nada, olo has venido a perderte. Podrá ser que no me pierda, orque es mi fe muy valiente: eceléjame pasar. . Espera. No en impedirlo te empeñes; trejor que sentiré el matarte, es fuerza si me detienes. l. Eres Don Gastón? . El mismo, same lugar. . Detente, no quiero; pero por donde alir de Tubalta puedes? Yo tengo por donde, a Dios. . te Apriesa que viene gente, Dimen viene aquí sin duda. Que no le dieráis la muerte. Allí está un hombre. . El será. Poco tus enojos teme, pues te ha esperado. . Quién es? te Audalla soy, con quien vienes enojado? . El desahogo de tu pregunta me ofende, ve aún más que el haber faltado de la amistad a las leyes, y a las de vasallo. . Y quien ha faltado? . Quién pretende mujer que a mi desprecia, sabiendo, que ha de ofenderme, que más de dos me lo han dicho. Muchos me han dicho que quieres matar a Doña Ana; y yo respondo a todos que mienten, porque yo no creo infamias de quien es noble, y valiente. l. Pues a que sin acuchillas a los que rondando vienen la Villa, porque intentaron llegar a reconocerte? Mas le importaba, sin duda, que no le reconociesen, que a mí, al hombre que encontrarque l . Está aquí el Rey? Sí, qué quieres? Del muro por una cuerda, que de una al mena pendiente tenía, se ha descolgado un Cristiano, dando muerte a Celín; pero a las voces, las guardas que asisten siempre al rededor de los muros le cercaron, y no puede librarse de muerto, o preso. No es fácil, que muchas veces le han cercado, y no han podido, ni matarle, ni prenderle. Dirás que es Don Gastón? . Sí, y es sin duda el que la gente de ronda encontro. . pues como es posible, que pudiese haber entrado en Tubalta? Amor imposibles vence. De las palabras que dijo, que fue Don Gastón se infiere. Pues, si hoy se escapa, otro día no tendrá por quien se arriesgue: Tarfe, rompieron el nombre? Si señor. . Él se resuelve a matarla. . Pues ve luego, y ordena, que cien ginetes salgán, y el entrar le impidan en el monte, qué en él tiene, sin duda alguna, el caballo. . . Si es Don Gastón, no se cierren mas las puertas de la Villa, salga a campaña mi gente, que lo que es alojamiento no más, podrá ser que piense ese Arista, que es defensa: veré, si a pasar se atreve de estotra parte del Alga. Él solo espera a que menguen sus aguas . Luego has creído, que darme batalla intente? ved que palma al laurel mío quiere intentar oponerse, sino una Arista, qué tiembla del viento al soplo más leve. No desprecies al contrario. Raro valor! . A qué vuelves? A decirte, que Doña Ana se ha escapado. . De qué suerte? Mató a Venamar. . qué dices! Atravesadas las sienes está tendido en la torre. Cosa imposible parece. Blasfemo del vil Profeta, y de cuanto poder tiene, No ha podido de Tubalta salir. . De mujer que emprende cielos divinos, qué haré? lo que has visto, dudas nada? Jamás me vi tan alegre. Dadme una yegua, y al río me siga con los ginetes Audalla, y Tarfe, el monte con la Infanteria cerquen. Al monte . Abrío. Oh Cristiana! gran de poder te defiende. s Apenas el nombre al día rompió el clarín, y hallé abierta. de Tubalta aquesa puerta, cuando fiada en MARÍA, pasé milagrosamente por entre uno, y otro Moro, que fue milagro no ignoro de su cielo reverente no verme, mas si traía todo el Sol, que mucho fue los deslumbrase, la que toda es luz, y toda es día. De vos, Señora, amparada viene mi fe, y mi fervor, y así en vano es mi temor con defensa tan sagrada. Mas ya al río voy llegando, y no parece mi esposo, aquí me dijo, animoso; que me estaria aguardando. Si habrá peligrado, cielos! o salir aún no ha podido? Si le habrán preso, o herido? más, qué temén mis recelos? lo más cierto es que vendría, y que no hallándome aquí, dudó el valor que hay en mí, y a su campo pasaría. Mi peligro es manifiesto, si ya Don Gastón se fue: echó la fortuna el resto, pues aunque todo en mi brío posible es, no sé nadar, y espreciso peligrar; si quero pasar el río, y atreverme a un imposible, desesperación parece. Moros. la Cristiana ha huido de la prisión. . Lance fuerte: ya en lo que oigo me han echado menos aquestos aleves, 2. Desde el muro a ver se alcaza un bulto, que velozmente va hacia el río. . Pues seguidle; Moros, por si azaso suese aquesa tirana. . Cielos, ya es mi peligro evidente: qué haré, Virgen soberana? pues aunque alas me preste n el mismo viento, es preciso. me prendan estos crueles; pero la fuga me valga. Ya huir, mas en vano puede. pues llegó al río. . Doña Ana, aunque tu rigor intente huir de mí, tus traiciones. Ya esos raudales detienen. No harán perro: Soberano Sacro Dios omnipotente, pues las aguas dividiste del mar Bermejo a la gente de vuestro pueblo, porque se librase de las huestes del tirano Faraón; porque se libre la siempre Virgen pura, y Madre vuestra, de estos bárbaros infieles: dividid de aqueste río las aguas: mas quien clemente lo obró por su Pueblo, aquí por su Madre hacerlo debe, y así en fe de que ella es nave, y puerto para los sieles, con ella al río me arrojó. Al agua se echa. . Detente bárbara mujer, que miro! ̱. Ya se arrojó. 2. Encanto es este za Sobre las ondas camina. Tras ella echarme impaciente esdetermino. . Aguarda. Espera. D Acudid a detenerla. Cristianos a recibir venid a un Sol, que amanece. , , . debe, celestial Señora, Que voz es esta que hace nuestra atención obediente? mas que miro! . Mas que veo! sobre las aguas parece que cortando paralelos otro sol más puro viene caminando. . Qué prodigio? Navarros, Aragoneses, venid a ver un asombro. Qué es esto soldados, . Vuelve la vista Señor a aquesa maravilla, a esa celeste luz, que sobre los cristales viene milagrosamente, hacia nosotros. . Qué miro! una mujer deja verse, a quien trae sobre sus hombros ese cristal transparente. Ya se acerca . Virgen Sacra, pues divino puerto eres, al puerto, a la orilla. . Llega, mujer, o pasmo viviente! que ya el Rey Iñigo Arista llega a recibirte alegre. Gracias a Dios que os libré Virgen de aquellos infieles. La Judir del Pueblo Hebreo que estoy mirando parece. Si lo dices por María, Católico Rey, bien puedes decirlo: esta Sacra Imagen mi fe ha librado tres veces del cruel Dimen, porque sea bello Iris, que serene las bárbaras tempestades que la Cristiandad padece con tanto Moro. . Qué veo? recibirte de esta suerte mi culto, y mí fe obediente al admirar el prodigio con que milagrosa vienes, a mis ojos más que mucho, que si mar de graciaeres, vengas sobre el agua: en hora feliz a mi campo llegues; donde obsequios te consagre, y todos te reverencien. Llegue en buen hora la que nuestras victorias promete. Permíteme que a mis brazos, pase el Cielo que me ofrece tantas dichas. . Tómala. Qué hermosa que es! Qué excelente! Solo al gozar tanto bien el corazón se enternece de no tener trono, donde la colo quen nuestros fieles afectos; pues aún de Altares mi campo pobre carece. no haya sabido quien eres, Aquese peral, señor, con misterio oculto tiene un hueco, donde deboto colocarla ahora puedes, y altar la haremos después de picas, y de paveses. Dices muy bien Don Jimeno, ponerla en el mi amor quiere, ofreciendo la rendido, que si mis armas vencieren a Dimen, y de Tubalta le desaloja mi gente de los templos, que ofreció labrar mi fe, será aqueste el primero que a María la consagre humildemente, y en memoria, de que ella desde el peral nos promete dar el triunfo de Tubalta, de aquí adelante los fieles la Virgen del Peral todos la llamarán. . Que prudente Rey! . Qué Cristiano! , María el peral guarnece de luces, pero, que miro! Qué asombro, cielos, es este! Qué prodigio! . qué mi lagro ya de la copa eminente del peral las ramas bajan las rudas cervices verdes. Esta es señal que su Imagen grandes triunfos nos ofrece. Tanta admiración heroica beldad pudo suspenderle a mi atención, que hasta aquí y así sepalo de ti, que quien hecho tan valiente fiada en la fe logró deidad, no mujer parece. Invicto Inigo Arista, Ínclito Rey, cuyas sienes de tanto triunfo tejido el sacro laurel posees, Doña Ana de Lara soy, que a buscar tu amparo viene contra Dimen, porque obró con mi hermano, tan aleve, y puesta a tus Reales plantas te pido, que de él me vengues. Alza Doña Ana del suelo, y con razón encarece Don Castón vuestra hermosura y méritos excelentes: mas que dices de Dimen? Luego no sabes que muerte dio a mi hermano por vencer con su crueldad mis desdenes. Muerte a Don Pedro, ha tirano! De una almena sus crueles sin razones a mi vista Yy le mandaron echar, . Cesen del tus voces, Doña Ana hermosa, que no quiero que renueves tu sentimiento al contarlo, ni que mi pecho penetren las noticias del suceso; sin que antes vengado quede: qhola, a Don Gastón llamad. Soldados, no vuestros fieles afectos me nieguen donde está mi hermano. . Quien ese rumor causa, habiendo yo ca mandado, que nadie inquiete el campo? . 1. Es Doña Leonor de Moncada, que aquí viene. Qué es esto, Leonor divina? quien vuestras luces se atreve a eclipsar? . . Sabor, señor! que mi hermano no parece desde anoche en todo el campo. Don Castón infeliz suerte! no a pasado de Tubalta, sin duda preso le tiene, Dimen. . Qué dices, n Ana? ya a aguardar a más no debe mi valor, haced Ordoño, que mis Soldados se apresten; para que esguazando el río la batalla le presente, a este tirano d. Señor, dificultosa parece la victoria; pues Dimen tiene en su ejército veinte mil Moros. . Pues les cabré constando solo mi gente de dos mil nobles Cistianos, a diez Moros solamente. m. Y no son muchos por Dios, Mas el propio inconveniente del río, señor impide. Ordono, la voz suspende, es desconfiar del Cielo, de esa Imagen reverente, que es senda por donde ella posó; es fuerza que quede libre de peligro: estas esperanaas os alienten Cristianos: toca a marchar, que está Imagen nos ofrece la victoria. . A marchar toca, Vos os retirad al fuerte; Doña Ana de Don? Gastón, en tanto que brevemente voy por él Qué es retirar? en la batalla has de verme. Leonor, llevad a Doña Ana, que mi valoros promete traeros a vuestro hermano. El Cielo triunfar te deje. Mal sufriera mi valor dejar de halla se presente, Doña Ana, la pena mía ha podido suspenderle a mi amor, que ya en mis brazos recibido no te hubiese. El mismo acaso servirme de disculpa también puede. Ya la gente prevenida está. Pues ninguo deje de seguirme, que el primero he de ser que el riesgo estrene? En vos Soberana Imagen, se fia el vencer la corriente de ese ríora Dios Leonor. El Cielo con bien te lleve lpara seguirle el caballo, quitaré al primer ginete. De cualquier Soldado intento de su caballo valern De enojo en mí no estoy, rabio de ira! como llevarse pudo de MARIA la Imagen soberana, esa enemiga, aquesa vil Cristiana? El modo están dudando. Cómo ser, Cristianilio? Cómo? audando. En la Iglesia, señor, no ha parecido, adonde estaba ayer. . Pierdo el sentido, y sin la Imagen pierdo la esperanza de verla más; pues tanta confianza en MARIAtenía, de que a mis ojos otravezhabía Josion de traerme a Doña Ana. Mas el haber perdido de MARIA, siento la Imagen bella; pues mi amor inclinado se halla a ella sin penetrar la causa; mas que digo! como falto a miley? del enemigo campo hoy mis rencores han de vengarse, prueben los rigores del furor; que me ciega, y me provoca; y así al instante, al arma; mas quien toca a arma, y de mi voz mi saña altiva adelanta la orden, que a dariba Valeroso, Dimen, al arma toca, que el Navarro Cristiano pasa el río, y es tan grande el furor que les sufoca a sus caballos, que oponiendo el brío al raudal caudaloso, con la voca rompen las olas, y del centro frío, parece que en tu afrenta a las almenas con sus plantas arrojan las arenas. Todos me sigan, toca al arma luego, vea Iñigo Arista; que mi ciego furor, valiente en la campaña me halla, pudiéndole aguardar en la muralla: toca a envestir, al arma. Al arma toca. . Ven Cristianilio. A rabia me proboca, que traiga mi desdicha entre esta gente un alano a la oreja eternamente! Sl Ya Navarros valerosos, que habemos pasado el Arga milagrosamente, fiando. esa Imagen soberana, quien a nuestro campo hizo puente de cristal las aguas, y emos hecho oración todos, dándole rendidas gracias. Acometamos al muro, que soberbio en la campaña hecho frente de banderas, y a la vista nos aguarda. A nadie la multitud le atemoriza de tantas escuadras Moriscas, pues no pelean nuestras ansias, si no el cielo por nofotros, ensalzando su Fesanta, Ea, Cristianos, a ellos, y antes de empuñar la espada, echad mano a la señal de la Cruz, que son las armas con que me pronosticó el cielo vencer: mas clara otra vez entre esplendores, la Cruz celestial señala. nuestra dicha. . Y con mayor portento, pues que se arranca esa encina, y a ser sube su misterio sa peana. Siendo Cielo, y tierra ya, quien la victoria declara. Pues la Fenos la asegura. soldados a ellos, alarma, toca., . Santiago. invocadle, porque su amparo nos valga, Mahoma viva. Viva Cristo, A ellos Moros oom Cuerra Armad Dlnmoi atomos Mas qué prodigio es adueste? sobre nosotros sagradas Cruces de palma decienden. Y que el cielo nos ampara. Los Cristianos von encantos vencenmuestras Africanas tropas, no hay quien los resista. no uralquir La confusión de las voces! me han dado noticias olaras, de que, añigo, valiente con el Moro está en batalla, y así salgo de entre aquestos riscos, donde las escuadras sol Moriscas, sitiado hasta ahora me han tenido, a que mi espada el enojo que me han hecho matándolos satisfaga: mueran todos. Tente Moro, y rinde al punto las armas. Qué es rendir? pero qué miro! hermoso dueño? Qué hablas, perro, ríndete, o si no morirás. Tente Doña Ana, no me conoces, esposa? Don Gastón? fortuna extraña, como te vio en ese traje, te desconocía el alma. Mas aunque saber debía donde has estado, pues te halla) mi dicha libre, no quiero oma logrande mi venganza la ocasión, dándola muerte a aquestos petros. Aguarda, Doña Ana, no te aventures a tal riesgo! que mi espada te vengará de Dimen Detenerme en vano tratas, cumple tú con lo que debes, que yo vuelvo a la batalla. . Tras ella voy, a tu vista obrar prodigios aguarda mi valor, espera itad no dflopiol Moros huyamos. Banta palabra, que huyen cobor tind: No huyáis, cobardes. Abanzad, Navarros, presto; porque lo gremos la entrada antes que echen los rastrillos. ̱. Ya un Moro, que en la batalla en nuestro favor pelea, la ha tomado. Pues abanza, y a ellos: quién será el Moro? Don. Gastón soy de Moncada, seguidme todos. Qué escucho! Cristianos seguidme: él b Arma. Guerra. Ya el Cristianilio, perder, y estar hecho un mandría yo falmirar entrar la Villa. Aqueste es Halí, qué aguarda mi aliento? date a prisión. Ru prender? No sino el Alba, y atado te he de llevar, como tú a mí. Calabazas. Tú las has de llevar, perro, Vitoria, que ya es Tubalta nuestra. Viva la Fe. ̱. Befenderte en vano tratas, Moro; de Inigo Arista. Ni de Dimen la arrogancia vencer procuras en vano. Pues muere, aleve, a mi saña. Difícil es, mas cal, para que bese tus plantas, quién rendido te suplica, que tu Real piedad me valga. R, , No le perdones; señor. Dale la muerte, o mi espada. Doña Ana, aguarda, que fuera honra que yo le matara, o tú, pues él a Don Pedro colgó con tan inhumana crueldad, que aún en esa almena le tiene mi enojo, trata que muera del mismo modo, quien cometió tal infamia. Mi arrepentimiento obligue tu clemencia en todo hidalga. Muera así. Mira, señor. No le perdones. ̱. Hermana perdónale, que en hacerlo mas la Fe de Dios se enfalza, pues yo estoy vivo. Qué oigo! Viv al id al punto por Don Pedro, Qué gran milagro! Qué extraña maravilla! A nadie espante, que vivo tres días haya estado, pues la piedad de MABIA soberana me ha sustentado en sus brazos, para que no peligrara. Qué asombro! Pues que MARIA puede tanto, y a mis ansias enternecidas confiesan la Fe Católica; y santa. Qué dices? Que a Cristo adoro. Pues ya queda perdobada tu culpa, y pues la victoria nos la dio esa Imagen sacra, que Doña Ana trajo en premio de tan Católica hazaña, le doy está Villa, a quien todos llamarán Peralta por la Virgen del Peral: y para que al premio añada más honras, doy a Leonor la mano, porque Doña Ana, hoy se la de, a quien merece tener por Reina una hermana. Y aunque aquesta es la primera plaza que toman mis armas, amparado de MARÍA, espero quitarle cuantas en Navarra, y Aragón ocupa el Moro. Tus plantas besamos, Esta es mi mano, Leonor. Y aquesta, Doña Ana, la mía, Y aquí, Señado, aquesta Comedia acaba del Eneas de la Virgen, y Primer Rey de Navarra.