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Texto digital de Endimión y Diana

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Atribución tradicional
Melchor Fernández de León
Atribución estilometría
Melchor Fernández de León Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Endimión y Diana. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/endimion-y-diana.

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ENDIMIÓN Y DIANA

a del Cielo. ̱. Ha de la Tierra. Luces, Astros, y Planetas. Rosas, lirios, y azucenas, Quién llama? Quién sueña? ̱. Escuchad. Advertid. u. De la mayor esfera. Del más hermoso Abril. La rosa brillante. El clavel fragrante. lebrana A Quién aplauden; adoran, ce Luces, Astros, y Planetas. Rosas, lirios, y acucenas Amor. . . Fortuna. No en vano nuestros acentos se encuentran, cuando unidos en las almas reciprocamente sueñan; Y no en bvalde muestras voces tan gran proponción observan si el aliento de la una, de otra el alento gobierna. Y aunque por esta razón, dentro acá del alma sepa lo que te trae, asegure, mi imaginación tu lengua. Asentado que el motivo de los dos el mismo sea, y que este tal, que aún no cabe el explicarle en la idea, paso a que antes de empezar la ejecución, se disuelva la duda de que tan unos, fortuna, y amor se vean; siendo así, que siempre ha dicho, ya el teatro, y la sentencia su enemistad. . Aunque ociosa esa duda me parezca, pues si tu fueras, Amor, como ese vulgar, y fuera yo la Fortuna, a quien tantos le adoran las contingencias, no entraras en este sitio, ni yo tocara esta puerta. Sin embargo, asegurarlo importa, y testigos sean los primeros que llamamos. Hh del Cielo. Hh de la Tierra. Luces, Astros, y Planetas. Rosas, lirios, y azucenas. Quién llama? Quién sueña? Escuchad. . Advertid. Este amor quehoy aquí os llama para dar de su fe indicio, mo es aquel que cuando inflama, está infundiendo la llama temores al sacrificio, si no es aquella influencia, cuya sagrada pasión la forma la inteligencia, la anima la reverencia, y la alienta la razón. No es esta, Fortuna, aque que injusta deidad se nombra, y que para conocella, es menester que la Estrella se encamine por la sombra: si no es aquel dulce aliento, que dentro del orbe oculto, tanda con feliz intento, fundando al merecimiento la perpetuidad del culto. Y pues ya bastantemo explicado a todos queda, que tú eres aquel Amor que en los vasallos engendra la pasión, con que a sus Rey adora la reverencia. Y pues ya todos conoce que tu eres. Fortuna, aquella que con las deidades nace, por llevarlas a que sean los dueños de la absoluta ahclamación de la tierra. Prosiga el primer acen Hh del cielo. . Hh de la tiera Que quieres, pues que mis ya desunidos de aquella dulce proporción que form la acorde música eterna. , . Con Astros, con con luces, y estrellas, te atienden, te oyen, te buscan; y esperan. Qué quieres, pues que al antigua fábrica excelsa, liberal mansión destodo cuanto vive, y cuanto alientoa Con flores, con plantas, con montes, y selvas, te atiende, te oye, le busca, y espera? Ven, y tus rayos estudien, en otra más clara esfera, Jadonde aún el Sol es hijo de tu feliz influencia. J. Pues todas las luces le miran sujetas, si mueven, si brillan, sialumbran, y alientan. Ven a deshojarte toda aquella fragrante greña, que a las delicias del Mayo, encarga la Primavera. Pues todas sus flores lamiran sujetas, si huelen, si brillan, siejalan, y alientan. (no, No quede ni Astro, ni Sig. que desprendido no sea vaga exhalación, que sulque ferenos golfos de arena. Poblando la siempre snorada carrera, de influjos, de ardores, si deplumas, y huellas. No quede flor que no viva, alienten, aún hasta aquellas, que desmayó su fragrancia, el susto de las rinieblas. Y alegres, festivas, fragrantes, risueñas, respiren, exalen, animen, y huelan. ̱ . Bortuna, pues ya el intento suyo conocido queda, Amor, pues que ya en tus voces, clara tu intención se muestra. e Hable por mí la armoniosa cláusula de la obediencia. El procurar servir haga mas eficaz la respuesta. Y pues vecinos estamos de aquella fábrica excelsa, Templo, cuya soberana arquitectura se eleva, hasta que gloriosas pasen sus puntas las once esferas, donde a la felicidad justa, tanto humo celebra. cuanto en aromas desata fragrante región Sabea. Guiemos allá, pues es la mansión donde más deba, o rendirse, o celebrarse el sacrificio, o la fiesta. A nadie toca ir delante sino a mí. Pues mientras llegan nuestros pasos, llamen dulces los Coros de Cielo, y tierra cuanto en sus regiones vive, alumbra, ánima, y alienta. Astros que al Cielo bebéis los rayos con que lucís, venid, venid (cir. y al Sol más brillante debed él lú Venid venid, (cir. y al Sol más brillante debed él lu Flores, que al Cierzo teméis, con el cobarde matiz, venid, venid, y al Aura más bella debed el vivir , ḻ̱. Venid, venid, y al Aura más bella debed el vivir Ya yo os escucho, y en paga de aquel reverente obsequio, que sabe arder sacrificio en el traje de festejo: porque no es nuevo Venid a estudiar en la esfera flamante, no solo a alumbrar, no solo a lucir, sino a que siempre bienquistos los Astros, lo humano les deba el influjo feliz. Venid, venid, y al Sol más brillante debed el lucir. Venid, y sagrado perfume del viento en uno, y en otro alegre matiz, ardiente su hoguera exale la rosa, nevada su pira desate el jazmín. Venid, venid, y al Aura más bella debed el vivir. Si ya unidos el Cielo, y la Tierra, se juntan a tiempo a oler, y lucir, sea el Astro azucena, el Signo clavel, fragrancia el influjo, y el rayo matiz. Venid, venid, y al Sol más brillante debed el lucir. Y pues al Templo glorioso llegamos, los ruegos postrad, los votos rendid, con suaves delicias la pompa del cielo, con claros celajes la fe del Abril. Venid, venid, y al Sol, Venid, venid, y al Aura, Justa felicidad de la sagrada estirpe por el Orbe venerada. A tu Templo venimos, y el frío jaspe de tu Altar teñimos, con el acorde ruego de la fama, que puede más que el silo, y que la llama. que de holocausto sirva los conco En oráculo os anuncio los más felices progresos que gravó en la minas duras el blando buril del tiempo, por ser en ellos, la memoria la voz, la famas Porque a este Monarca grande. el Orbe le vendrá estrecho, irá fabricando un mundo cada vasallo en su afecto, y será dueño (tos. detantos mundos como rendimien Dominarán sus hazanas han más allá de lo lejos, que el idioma del rendido seleoculte al vencimiento, yaún más imperios (to. hesclavitud le labrará en el vien- Y de la Aurora, que madre le produjo en sus reflejos, lra ensayando en los rayos. las luces de los aciertos, pasando eternos (pio. aser lustre; memoria, fama, ejem Mariana, Águila dichosa, sele seguirá a su vuelo, honor de Fénix, que tenga inmortalidad por templo, donde el obsequio (go. será altar holocausto, voto, y rue Celebraran Rey, y Reina los años dulces, y tiernos del claro Sol que ilumina: el Aleman hemisferio; deseando en ellos (po. fuica por dicha adelantado el tíe Cesa, que pues años nombras del más felice, el más bello podigio que ofreció culto aadmiración del respeto. De Marla Antonia aquel sigrado asunto del cielo; aninguno, sino a mí le toca el hablar primero el día de sus años, pues soy el Amor. No entiendo que tengas más graduación tú de hablar antes, por serlo. Yo sí, pues aunque antes dije era aquel innato afecto que los vasallos consagran a sus Reyes, también puedo con un sagrado motivo equivocar el intento: y si yo soy el Amor del Rey, fuera acaso nuevó que hiciera el Amor de Carlos a tales años festejo? Bien te has explicado. . Yo me explico como me entiendo, y así al honor de tal día, tu Fortuna, Tierra, y Cielo, dichas, flores, Astros, luces, consagradle, y repitiendo (la felicidad delante, que es el auspicio primero) Si estas galas de Ibierno dichosas siguen, tendrá la primavera muchos Abriles. Flores se esperan, que pueden dar liciones. de ser Estrellas. En llegando el Enero hay una cosa, que solo se distingue con el Amrora. Y eso es muy claro, pues la luz solo avisa de que ha llegado. El amor os anuncia, Señor, los años, vividlos por la cuenta de su cuidado. Que se ha medido, por la larga materia que hacelos siglos. Señora, no hay palabras para las diclias, que nadie oye el lenguaje de quien os mira. Vos a vos sola os decid lo que puede decirse ahora. Y vosotras sagradas coao ca Entretanto que la tarde va sacudiendo el ardor, que con pesadez le imponen las asistencias del Sol. Entretanto que el susurro del viento cobra la voz, que yace presa entre tanto mudo luciente rumor. Deponed los instrumentos venatorios, por si al son de los músicos el tiempo quiere correr más veloz. Cantad, por sí puede tanto vuestra acorde suspensión, que detenga a los activos admiraciones, una vez los silencios (e tened por voces. . Veré lo que os dicen las voces de los silencios. progresos del rubio Dios. Sin que Venus, ni sus Ni os deban más atención que aquella que en la enemia vecindad se dispesó. Sin que a Diana, y su Corto mireis, pues solo por no mirarnos, es por lo que estamos juntas las dos. Señora, entre Diosas ser cuñadas? por qué lo sois de carne numana tú, y Vena Esta antigua oposición durará, mientras ampare yo al desdén, y ella al amor Qué estará hablando Meb mas qué pregunto, si son siempre todas sus palabras reniegos contra el traído que la introdujo a ser mata de la estrecha religión de mondonga de Diana, donde guardar con rigor la pureza, es añadir fuerzas a la tentación. Cantad, y sea del desdén. Cantad, y sea del amor. Como vive quien quiere. Quién no quiere no vive, Pues al dolor atento. Pues atento al dolor. No hay en amor vivir sin tormento a no hallator mento quien vive en amor Y preguntará mi voz a quien responder supiere, Cómo vive quién quiere? a. . Y diré cotra ese error ya que a oírlo se apercibe, Quién no quiere, no vive. Pues al dolor atento. Pues atento al dolor. (to. ̱. No hay en amor vivir sin tormen ̱. No halla tormento quien vive en ̱. Dime, estas que las heridas (amor de amor culpan irritadas, lo dicen de escarmentadas, señora, o de recogidas? No ha avido error más violento que intentar la voluntad, que con una ceguedad seilustre un entendimiento. No hay en amor vivir sin tormento. u Consagrarse en el ardor no es porque el vivir se impida, si no eternizar la vida con lo suave del dolor. so halla tormento quien vive en amor Seguidme todas, el injusto sentimiento de quien a querer se arroja, gasta se lo en la congoja los ardores del aliento. (to No hay en amor vivir sin tormen Nadie le tenga temor, pues que será cuando obliga, si es aún la vez que castiga mas que piedad su rigor. (amor. No halla tormento quien vive en Qué bien qué sueña este alago! Qué bien sueña este despego! No lo dejéis. Proseguid. Piedad Dioses. Piedad cielos. Y al triste lamento (los. propicios acudan los Dioses, y cie Ninfas, oísteis la queja de aquel lastimoso eco? No escuchasteis en el mar un mal formado lamento? Y aún distinguimos la causa, pues en el aleve seno, que por ser junto a la orilla engaña el mar como puerto, una mujer con la muerte batalla Un joven haciendo (aunque en vano) de su vida los brazos frágiles remos, con las olas lidia. Ninfas, seguidme, por si podemos librarla. que con mi piedad intento oponerme a su fortuna. Ya no se fueran al eco de los hombres, ingratazas las puras hijas de Venus. Y tu desdencillo hermoso; porque no haces lo mismo? dime para que te guardas? prueba a amar, y más que luego ande jugando el amor con el aborrecimiento. No mis oídos perfume con vapores tan groseros, hableme de siligrano, digámelo de misterio, y no amor, que sin decir agua va, labra acá dentro un género de fastidio, entre pesado, y acedo: mas no me lo diga pues llegar a este sitio veo a su Venus, y a sus Ninfas, y a estotra parte no encuentro mi Diana, ni las Ninfas. Quédese para un grosero, el Sacristanote, y cuide de las lamparas del Templo, que no saben arder más del rato que dara el fuego. . Es pureza, o es envidia? pero ya llegan trayendo al joven. Cobra el sentido, y para que ahora tu aliento, seguro ánime, sabrás que quien te ha librado, es Venus. Deidad para mí dos veces, pues dos veces (infiuyendo, y librando) de mi vida la infeliz parte te debo, deja que a tus pies humilde, pues a consagrarla vengo, y para ser de tus aras, hoy se la hurtastes al riosgo, la dedique; sin más voz, ni más noticia que vernos juntar por mi feliz hado, la víctima con el Templo. Di quién eres, que hasta el sordo, del mármol sediento, inquiere para admitirle; la calidad del afecto. Pues porque decente toque a tus aras mi respeto, óyeme, y sabrás quien soy. Es mi nombre Endimión, mi patria, en ella heredé de su Príncipe Aristeo, mi padre, en sosiogo justo las inquietudes de un Reino, pues en él son tan precisas, que aún nacen entre el sosie Dejo varias digresiones, pues por ociosas no quiero, que me culpe la preciosa, justa codicia del tiempo: y voy a que una hermosura que vi, se fue introduciendo en aquel exterior culto, que sin lástimar el pecho, se deja labrar de solo la ociosidad, y el deseo. No crecia misteriosa la llama, pues mi hado adverse los ardores de mi vida guardó para mayor riesgo: solicitaba mi amor con un cariñoso debo, que antes de llegar tenía consolados los desprecios, mantenía a mi esperanza, con tal lentitud mi afecto, que se quedaba lo largo mentido con lo quieto. Perdona, si es que indecente mi labio aja tu respeto, y pues eres deidad, suple los humanos desaciertos. Una noche que entre otras tuve ocasión de entrar dentro de tu casa, discurria sus más ocultos secretos. Y en uno, que en el adorno excedió, a todos, encuentro un retrato. Aquí otra vez, y otras mil a pedir vuelvo, que me perdones el que delante de ti mi acento aotra alabe: y por si acaso (como presumo) te ofendo, sea disculpa, aunque infeliz, el ser loco, y estar ciego. Aquí fue donde el volcán que se reservó allá dentro para respirar ardores convirtió en llama el aliento. Los sentidos, que la nueva escandalosa lid vieron, desconcertados buscaban la desproporción por centro. La vida entre temerosa, y desconfiada, fue huyendo al corazón, mas le halló tan ocupado del fuego, que desamparó afligida la triste cárcel del pecho. Las potencias se arrojaron entre el delirio, y el miedo, y allí perdidas, hacian desigualdad los afectos. De entendimiento, y razón, aunque mis ansias quisieron valerse, no se encontraba razón del entendimiento. En suspensión se trocaron las acciones: mas adentro bulliciosa, atormentaba le inquietud de lo suspenso. La alma, que con la injusta herida se halló; creyendo que quitaria la llama la autoridad a lo eterno, codiciosa de acabarse se arrojaba entre el incendio. Toda, en fin, esta pequeña fábrica imitó al primero embrión, pues hechos discordia estos cortos elementos, fingió a la tierra la acción, excedió al suspiro el viento, se halló en los ojos la agua, y en el corazón el fuego. Pregúnteme a mí por mí, salió Filida a este tiempo (que este era el nombre de aquel encanto inútil primero) y a poco espacio mirando enajenado mi afecto, llegó a conocer la causa. entre el ardor, y el silencio. No recató sus enojos (no fue mucho, que eran celos) sino antes por explicarme. con mi culpa mi escarmiento, me dijo, como Diana era el soberano dueño de aquel retrato. O qué bien vengado quedó su reño, pues me puso la noticia intratable con el riesgo. Mas yo atendiendo a lo uno, y no a lo otro; sabiendo que en esta Isla de Acaya favorecía su Templo, maravilla, a quien labraron el estudio, y el obsequio: donde tu ceidad en otro que está junto a él; es dueño. de cuanto voto ofrecido, de cuanto debido feudo tributan en sangre, y humo, la víctima, y el incienso, Salí al punto de mi patria, desamparando mi Reino, y olvidande los álagos de la que tuve por dueño. Al mar me entregué en el corto pasaje de un navichuelo, que mi impaciencia graduó del mejor, por el primero. Pero apenas dosasidas las amarras de entre el Puerto, se dispuso el basto lino a que le ocupase el viento: cuando embravecido el mar, de quejó el Noto, y el Euro. No detérmino pintarte el horror, porque no quiero que lo pintado le usurpe. las Jástimas a lo cierto. Solo diré que después de dos días que anduvieron la sombra, y la luz mezcladas en relámpagos, y truenos; a pesar de los horrores, los Pilotos conocieron estar la Isla que buscaban en aquel paraje mismo que señalaba por rumbo la cólera de los vientos. Gustoso padecí entonces su rigor, pues a lo menos, llegando allí, desquitaba gran parte de llegas muerto. No lo quiso mi fortuna; pero chocando el pequeño batel con la dura frente de ese peñasco soberbio, se deshizo en tan menudos trozos, que al mirarle el Puer le previno el hospedaje por arena, y no por leno: Humedo Panteon fue todo ese salobre elemento, de cuantas vidas poblabano otros havios diversos, que surcaban por entonces la inquietud del basto seno. Solo la mía libró su piedad; mas no era nuevo participar sus influjos, quien te dedicó sus hierros, aque fuera culto noble este corazón deshecho. Salí de mi patria a fin de que como origen bello del amor, encaminaras la ceguedad de mi afecto. A tus pies yace rendido, toquen el lintel supremo de la pared de tu altar, en tu magnifico Templo; ya mi cadena robusta, ya mi derrotado seño. No en balde, Endimión, tus a los oídos supremos, llegan de Cielos, y Dioses; pues dijo amor junto a ellos Y al triste lamento, propicios acudan los Dioses, y Cielos: y pues repetida voz, por ti intercede, hoy intento poner toda mi deidad contra todo su despego. Ucase junto al peligro Diana, y cuando severo su rigor le desestime, ya le costará un desprecio. Ven conmigo, y venid todas, que aquel conducto secreto que dejó abierto la edad, desde el uno al otro Templo, aunque ignorado del suyo, hade ser el instrumento; pero después lo sabréis. Yo, grande deidad, no tengo que rendirte, mas que el corto aliento mío. . Yo entiendo, que volar quieren a Diana, pues la mina. . Y diciendo. , Venid por Endimión, , que a un triste lamento, (los. propicios acuden los Dioses, y cie Engendra oír las desdichas un parentesco tan grande, que parece que el oído intercede por la sangre. Hoy contigo ha sucedido, Filida, pues a escucharte las fortanas que en tu patria. corriste, y el duro trance de la borrasca, mi pecho tan propicio a tus pesares Su soberano culto. esta deidad reparte, en el útil camancio de las selvas, y en la dulce quietud de los altares. Porque descansen en el lazón deboto las libertades, conservan en su vida está; pero no lo extraño, si dices que por buscarme solo, y por ser sacrificio tu pureza en mis altares, te sucedió, con que debo hoy dos veces ampararte, por la razón de tus votos, y por la de mis piedades. Desdichas, disimulemos, . y pues que el cielo llegase quiso este templo, mi labio mudo, sentido, y cobarde, que fue por Endimión, disimule, sufra, y calle. Señora, violentamente a mis fortunas es darles nombre de infelices, pues si logran el fin que traen, hicieron en padecerle, mérito para lograrle. Ninfa pasada por agua tenemos, con que es constante le costará a su pureza poquísimo el ablandarse. Pues para que se reciba al sacro Coro, intimadle los sagrados Ritos. . Esta es la cartilla inviolable, cuidado con la lición, que cuesta caro el errarse. Ay cruel fortuna, hasta cuando ese curso infatigable te ha de durar! o qué rica debes de ser de pesares! Estas las sagradas leyes mías son, que ahora escuchaste: las admites? . Cuando no llegaran a acompañarles, ni más benevolas leyes, ni requisitos más suaves, que mandar, aborrecer ese injusto Dios infame, que dicen fundó su imperio con ociosas libertades: hoy admitiera tu culto; pues este eterno coraje, hidrópica casualira, la pureza inviolable no permitiendo que indecente iugo su fe malquiste, o su pureza manche. Porque no saben hacer de su albedrío violenta cárcel. Velan por fieles horas el sacro honor flamante, sin dejar que la antorcha permanente su luz consuma, o su esplendor acabe. , . Porque en quien falte, logrará los castigos, y las crueldades. Infaman; desconocen, maldicen, y deshacen, la adoración de aquel vendado ciego, que violenta en lo mismo que persuade. , . Porque no hallen acogida en las luces las ceguedades. De amor es de quien huyen, su voz aquí se halle; porque ya habrá llegado a aborrecerle aquel oído que escucho nombrarle. , . Porque sus males, solo en quien no le escucha, pueden hallarse. La vecindad de Venus desprecian por su madre, pues no fuera apartarse del incendio tratar con la materia por quien arde. , . Porque es tan grande. su traición; que aún infesta de donde nace. que sin la materia nace, es tal contra ese vil Dios, que si pudiera arrancarle. ay de mi! labio detente, porque iba a precipitarme, y decir que de mi pecho) señora dejé llevarme del fervor. Pues porqué empieces desde ahora a ejércitarte en el Templo, pues la noche, y a sus horrores esparce, la primer vigilia corra por tu cuenta: esa radiante antorcha guarda; y advierte, que es el símbolo durable de nuestra pureza, y que a quien permite se acabe, ni la sirven las disculpas, ni aprovechan las piedades. Oyeme nueva, cuidado, porque en tiempo de mi madre viyo quemar a una, solo porque hacia mucho aire. Pues según eso, harto riesgo. con mis suspiros fatales corre: ay de mil es cierto acaso lo que me pasa? yo amante? yo ofendida? yo apartada. de mi patria haciendo ultraje de tanto como les debo a los timbres de mi sangre? yo en busca de Endimión, hombre tan vil, y tan inconstante? Yo en el Templo de Diana profanando sus Altares, pues la llama que me fían, sacrílegamente arde? Yo asistiendo, impropia Ninfa, a aquella; por cuya imagen vi, se produjo el origen de mis infelicidades? Pero qué es lo que dudo, si es bastante par ser ciertos; el que sea mis males: y mientras el hado dura prosigamos adelante este disfraz de la suerte. O tú, a quien es bien compare mi pena; escúchala puesta en la voz de mis pesares. Antorcha brillante, imagen constante de mi desventura, pues si tu luz pura, tan siempre encendida, siempre te está costando la vida. Su símbolo advierte tu luz a mi suerte, pues la desalienta lo que la alimenta, y ciega presume, que solo la alaga lo que la consume. Porque no fallezca tu luz, ni anochezca, siempre desvelados están los cuidados, así es en mi suerte, velan la vida, y dura la muerte. El daño introduces entre lo que luces, mi dolor no cesa, aún siendo pavesa, porque se eterniza para mi mal aún la débil ceniza. Cuidado desvelos, cuidado ansias, tened, tened temor. Cuidado, que anda el Amor. en el Templo de Diana. Y tan ocultamente son sus pisadas, que ni arenas; ni vientos distinguen por donde pasan. De mi secreto influjo viene guiada una triste pasión que pretende ser esperanza Por Endimión, y Venus, afecto, irabía, hoy concuerdo distintas acciones contra Diana, Y pues el el dulce Coro que me acompaña, embelesa, hechiza, enamora, mueve, y encanta. Cuidado desvelos, cuidado ansias, tened, tened, temor, cuidado que anda el amor en el Templo de Diana. Ya, a pesar de polvo, y tierra, cascores, y telaranas, acabamos con la mina, y ya en el Templo te hallas, adonde me mandó Venus te trajera. Y ya mis ansias, tímidas con el respeto, y con el amor osadas, parece que retroceden aquello en que se adelantan. Pues si ahora hablo de mí, sabe Venus soberana, que con ser yo Sacristan, y tener gran parte andada, para haber perdido el miedo a los Santos, y a las Santas: tengo tanto que de él solo pudiera hacerse una carga de grandes miedos. De Tirso sabes cual de estas sagradas mansiones, es la que sirve de excelso solio a Diana. Señor, si mal no me acuerdo, se entra por aquella cuadra al último claustro, donde habita; pero la guarda aquella Ninfa de posta, que grulla racional anda, queriendo cansar el sueño, mientras, todas le descansan. Pues esta antorcha apaguemo que será menos notada acción de ella, pues que puede, creer que es del viento la causa, que no el vernos. Ay de mí infelice! la sagrada lumbre, su esplendor eterno le consume, o le recanta: mas qué mucho que se impida, si está mi vida en su llama. Cielos, luces, Astros, Dioses, qué causa, decid, que causa mi vida os dio, que la hacéis tan perseguida, y tan larga? Perdida ya de la puerta. la observación que guardada dejé en la idea; mis dudas crecen. . Señor, donde ando Ruido hacia esta parte siento. Alteren ahora las vagas silabas de mis acentos las quietudes de Diana. Ninfas, traición, por qué vises huellas el Templo profanan? Ciudado desvelos, cuidado ansias, tened, tened temor, cuidado que anda el amor en el Templo de Diana. Perdido soy. Que no encuentre si no tropezones? Calla. Quién eres injusto dueño de traición tan temeraria? Suelta: Aunque tu fuerza intente librarte, no podrá: guardas del Templo, acudid. Qué es esto? que mi cólera lo halla, y aún lo duda hombre escondido dentro de las más cerradas clausuras mías? la antorcha. que mi pureza retrata, por el suelo? y al fin. Ninfa, que el silencio, y la luz guarda, hecha prisión indecente de tan sacrílega nfamia? hablad, decid. . Santos Dioses, es esta ilusión? Es vaga aprensión de los sentidos? Endimión en Acaya? Filida aquí? pero como admiraciones me causa otra suspensión, que aquella admiración soberana, idolatrado peligro de mis altiveces vanas; donde hecho álago el tormento, y viendo como no al canza mérito, busca otro modo con que padecer el alma. Filida, has enmudecido? Pues quien duda que Diana . aquí le ha traído, siendo aquel retrato la causa. Veamos, Amor, si es que sabes hacerte una vez venganza, Velaba el el sacro esplendor de esa lumbre siempre bella que no dejó ser Estrella lo excesivo del ardor; en la quieta suspensión de todo el reposo unido, donde parece, que es ruido la misma respiración. Cuando (aquí del sentimiento) ese hombre, que como admiro, debió de entrar por suspiro en la permisión del viento se acerca a la llamaar diente, que sola esta vez ociosa; fue la llama mariposa; y el traidor luz delincuente. Yo, aunque leve, en mi tormento dejé mi admiración, tanto que solo pudo el espanto saber de mi movimiento. Puso la mano atrevida, que hoy nube mi acento nombra, con que en poder de la sombra dejó la antorcha la vida Ya entonces sin esperanza mi afligino corazón, desembargaron la acción los bríos de mi venganza. Pongo a su huida embarazos; su curso mi pecho oprime, y por no soltarle; gimo el corazón en los brazos. Dan voces mis penas graves, escuchas tú sus quererlas, sabes la traición por ellas, pues oye lo que aún no sabes. Ese atrevido que ves, y que es justo que te asombre verle, Endimión es su nombre, Príncipe de Delos es, su patria el excelso nido fue donde nací, y no cupe: en ella, señora, supe como fue tan atrevido, que su vil desatención te adoró; mas de manera, que para tu imagen era oprobió su adoración. Idolatra en su apetito, intentó su vanidad rendirte una ceguedad en el traje de un delito: aras hizo, más presumo que al erigirlas tan ciego, era saerílego el fuego con las torpezas del humo. Hacer intentó trofeo el baldón de tu pureza, y estaba allí tu belleza corrida con su deseo. Y por si la imagen muda en tu retrato mintió, su delito autorizó con averiguar su duda. Que a eso vino, ya se advierte, esta es la verdad, señora, mira si es que puede ahora templar tu agravió mi muerte. En lo mismo que juzgaste ofenderme, te desdices, pues lo que he decir, dices. Atrevido, como osaste tener mi ira en tan poco, que llegándola a agraviar, creíste te pudo librar ni aún la disculpa de loco? Ninfas, en matarle tanto tardáis? . No he de defender mi vida. Aquí es menester la persuasión de mi encanto. Favor a un penar, clemencia a un gemir, piedad a un arder: que bien puede haber, aún con despreciar, aún con no admitir. , . Piedad a un arder, favor a un penar, clemencia a un gemir. Decid que invisible estrago de mis rigores se ha oído, que se escucha como ruido, y se siente, cómo alago? Qué ira, qué ceguedad! El arco la flecha olvida. De otro modo anda la vida. Aquí huele a voluntad; y viendo que se eterniza esa antorcha, no lo aprueba, y ha dado esta Ninfa nueva con la luz en la ceniza. Amor, por crueles, despojos hoy ha armado sus ballestas: vive Dios que hay Ninfa de estas, que se le saltan los ojos. Pues como puedo yo dar. , . Favor a un penar? Ni en mi rigor se ha de oír. , Clemencia a un egena Ni él, jamás pudo tener. Piedad a un arder. Pues cómo puede caber? Que bien puede haber, aún sin despreciar, aún con no admitir. Piedad a un arder, favor a un penar, clemencia a un gemir. Quién aquí te entró? Mi mucha reguedad. . Que torpe error: Cómo? . Con amor. ̱. Amor? de quien pudo ser? . Escucha: El prado me enseñó a amarte, viendo, que en cada matiz, en fragrante ansia, la flor te adoraba por su Abril. Trocando por ti en largo nacer su breve vivir. Su rendimiento, mi vida del monte estudió, pues vi con la voluntaria muerte estar ocioso tu herir. Y es porque en mí Del fuego. . El aire. El mar. . El monte. El prado. El prado, el monte, el mar, el testigos harán hoy, (aire, el fuego. el monte a su piel, se olvida el arder al ver el lucir. Como el prado permite que tal traición su espacio solicite? Y ya que el prado en su verdor la alumbre, como el monte su basta pesadumbre no la traslada a ser pira inclemente? Y ya que el monte injusto la consiente, como sepulcro el mar no la destina, entre aquella venganza cristalina? Y ya que el mar la niega Panteon frío, el aire como en su capaz vacio arrebatada no la desvanece? Y ya que el aire mis baldones crece, como no abrasa su delito ciego lo inmaterial de la región del fuego? Pues merece el castigo ser buscado. Sirviéndote allí la testa robusta, y el cano marfil. Del mar el triste recelo de mi castigo aprendí, haciendo imagen sus ondas de mi naufragio infeliz. Y más que te vi ser roca de nieve en tanto zalir. La imagen de mi esperanza en el aire conocí, pues la brevedad de un soplo le está esperando por fin. Siguiéndose así a un loco esperar un vano morir. En el fuego en fin acabo de aprender lo que sentí, pues no sabe el abrasar el modo de consumir. el prado a su flor, el mar a su escama, el aire a su pluma, y el fuego a su ardor, que todo lo rinde la fuerza de amor Cielos, de qué aleve encanto hoy todo el Templo se cubre. que de mi ira la noble sacra antiguedad desluce. Que sean mis desdichas tales . , que dispongan, porque ayude mis celos, que hoy en el ceño dé Diana, piedad se use. Oh amor, amor, lo que puedes, cuales son tus inquietudes, no hayas miedo que te arroje el oído que te escuche. Júpiter, como consientes que un mortal ofenda el lustre de Diana? y ya que de frágil hoy a su venganza culpes, pues para satisfacerla la fuerza al agravio huye: como tú mismo por ti mismo enojado no suples mi brío, y hecho coraje el cetro de airadas luces, no haces que los elementos con miedo ardiente se asusten? Para cuando el rayo guardas, pues si solo le introduces en casualidades leves, serán tus iras comunes? Una fábrica inocente fulminas, y no destruyes un delito? donde está do recto con que consumes? Arda todo. Pues más cerca no está, aunque mudo se encubre otro incendio, que igualando al que hoy con tu enojo acudes, y excediendo en la obediencia; . Muy gran parte del horror deshará, cuando le busques mi pecho, pues aunque nace de la ardiente muchedumbre de sus llamas; es primero mirar a que no disguste tu deidad; que a mantenerse la materia con que luce: y así; pero Dioses santos, qué es esto? Veamos si cumples tú tan presto lo que ofreces como el otró. . Enojo llusta ahora si que dirán todos es justo que el rayo empuñes Piedad cielos. . qué es pied ira, y enojo se escuche, Raro horror! De esta vez quedan las celestiales techumbres con goteras para siempre. Mi encanto alagar procure su cólera. . Cielos. Cielos. . Rayos. Rayos. . Dioses. Dioses. . Nubes Nubes. Templad el rigor, que a la fuerza de amor no causan recelos las nubes. . Las nubes. Los Dioses. . Los Dioses Los rayos. . Los rayos. Los Cielos. . Los Cielos. Antes cielos, y rayon Dioses, y nubes, por él obran, alumbran, abrasan, lucen. perezosa se confunde en aquel álago aleve, que hace los espantos dulces. Cómo he de hallarte, si veo quiere el hado se conjuren para apartarte de mi ansia. Cielos, rayos, Dioses, nubes. Qué tanto un delito dure! Dónde estás mina de oro? Celestiales inquietudes. Templad el rigor que a la fuerza de amor no causan recelos las nobes, los Dioses, los rayos, los cielos. No solo contra este aleve hoy los rigores acuden. , . Antes cielos, y rayos, Dioses yimibes, por él obran, alumbran, abrasan, lucen. Porque el agravio en Diana no se acabe, sino dure, guiar a Endimión intento a la mina porque burle sus rigores, mientras quedo yo aquí contra sus quietudes. Templad el rigor, que a la fuerza de amor no causan recelos las nubes, los Dioses, los rayos, los cielos? antes cielos, y rayos, Dioses, y nubes, por él obran alumbran, abrasan, lucen. JORNADA SEGUNDA Sabes, señor, lo que veo, con no ver nada? Si yo encontrara una puerta. . Eres tú? . Sígueme, Tirso, pues el amor nos conduce. Muy buena guía llevamos para andar entre dos luces. Seguidme todas, y el claustro cerrad, que si no se huye a los cielos, ya que en ellos su vil valor se reduce a que su ejecución sea solo amenaza que asuste, ha de morir, y esa aleve, a quien es preciso culpe, pues ella el timbre flamante de mi pureza desluce, también morirá, porque en mis venganzas ilustres, nunca me han apadrinado. Cielos, rayos, Dioses, nubes, Muera, que si de amor muero, no verás que lo reuse, ni diga contra su ardor. Qué, Tirso? Que en una hora no más el estomago ha crecido a la cueva, pues andamos aún más que cuando venimos, y aún no hemos llegado al Templo de Venus. Ya no, me admiro de nada, pues que no cozco que mi infelice destino compone mi vida, solo. de lástimas, y prodigios. Ahora, señor, que me acuerdo; quién era aquel basilisco. sopión que allí te encontraste? porque, según imagino, aún no quedaria gustosa con que te quemaran vivo. Nada extrañes, cuando veas ser contra mí, pues esquivos. los hados, dóciles hacen los más ásperos caminos. Menos este de la cueva, que dilatado, y prolijo, parece que le ha enseñado. la carrera de los siglos. Mucho más larga la encuentro: ahora que en los principios. Sabes tú, si acaso tiene en los senos escondidos. de su lóbrega distancia alguno; que dé camino a otra parte? . Solo sé, que antiguamente la hizo su albergue un Diosazo viejo;, corcobado, y amatillo; que por esta isla andaba, amedrentando a los niños; pero después que aquí Venus su habitación fundar quiso, no pareció más. Espera, aguarda: no oyes un ruido; que mezclando lo apacible. con lo tardo, está indeciso, ni amedrentando el rumor, ni persuadiendo el sonido? Tanto la oigo, que estoy ya de puro haberla oído, sin podenoir otra cosa: Qué hado cruel me ha metido en esto? . . Endimion, espe Peor es, que te han conocido pues hablan nombrando parte hielo soy, pasmos ánimo, el pecho amparar no sabe al corazón, y él perdido, para salir busca modos, pero está tan oprimido, que aún no se encuentra la esto triste ocasión de un suspiro; no acierta la voz al labio, con que errada en el camino, se ya a los ojos, y ellos hacen volver indecisos las artienladas quejas, en balbucientes gemidos. Qué haré yo que soy criado Quién eres pasmo, y prodigoo donde mí vida recela más mal? Quién ha pretendido, (digi que tus lástimas sean de amor Quién ha pretendido, que mis lástimas sean de amor prodigios? Menos te conozco ahora: pues ignoro que haya avido a quien a lástima mueva mi vida, con que es preciso añadir a la de antes la duda de compasivo. Morfeo soy, aquel suave poderoso encanto activo, en cuya leve cadena libres están los sentidos. Entrégate de mis brazos al dulce agradable hechizo, que lo que pierdas despierto, lo conseguirás dormido. despierto consagra fino, que puede ser que durmiendo se valga de tu albedrío. No porque tus ojos falten, culpes mi favor de esquivo, pues solo durmiendo se halla modo de ver sin delito: y esto te dice quien ha pretendido que tus lástimas sean a de amor prodigios. Espera, aguarda, detente, no malogres lo que has dicho con huir. . Porque no la tienes? Valedme Dioses divinos, porque aunque yo deba darle gran crédito a este prodigio, laparte del temor quita la suavidad al aviso. Pero por aprovecharme del sagrado alegre hechizo, ven, y a mi infeliz cansancio suceda el álago fino de tu letargo, en que pueda conocerse lo que vivo; mas parece. J. Qué parece, señor? que yo también miro las cosas como que andan para caerse del sitio: dime, pues, este Morfeo acaso es blanco, o es tinto? El respeto de Diana, aún cuando feliz me miro; me despierta que es desvelo mas propio de los sentidos: Morfeo. Ya no le llames, que yo no le necesito. Temor, déjame una vez engañar mi desvarío, No el temor acobarde de amor las ansias, sean una vez valientes las esperanzas, ya que son tantas tan medrosas que huyen de quien las trata. Estas voces nos despiertan, pues son acordes indicios de que hemos llegado ya al Templo donde salimos. Dices bien, pues ya pisamos su esfera, y este es el mismo seno por donde a la cueva entramos, y ya diviso las Ninfas, que como sacro oráculo han respondido a mi temor, confirmando lo que he soñado, o he visto. Cuando el retiro nace de los recelos, no se llame cordura, llámese miedo, porque se ha hecho mucho antes del susto, que del respeto. Bellísima inspiración, ahora guiado del viento llegó a mi oído ese acento a ser dulce admiración. De mis males bien nacidos, al tiempo que a mis enojos las venturas de los ojos aumentaron los oídos, guiado de tu favor llegué a aquella esfera en quien con el hielo del desdén su llama enciende el Vi la imagen adorada de apuella, ay de mí! de aquella que la hace dos veces bella lo bella con lo irritada. que con esto se halla veo irremediable mi amor, pues llega a ser su rigor otro segundo deseo. Afligiose el corazón, hizose susto el aliento, y entonces hasta el tormento se redujo a suspensión. La hablé, mas no diferencio el hablarla; o quedar mudo, porque la turbación pudo. guardarse como silencio. No sé si allá a sus oídos llegarían disfrazados mis infelices cuidados, con el traje de gemidos. Mas sé que el ardiente culto de mi amante corazón colocó su indignación en el lugar del insulto. Valiose de los horrores que el cielo enojado tira, no fiando aún de la ira valiente de sus rigores. Todo el cielo confundido dudó él mismo entre su hado, si castigaba irritado, o padecía ofendido. Porque el gemido violento, ya parcial, o ya enemigo, pareció una vez castigo, pero otra vez sentimiento. Salí del amor guiado; pero al dejarme su ardor, encontré aún sin el amor otro segundo cuidado. Pues aunque un aviso quiso se alentara mi confianza, en la débil esperanza se maltrataba el aviso. Pero antes que el sentimiente del rigor de aquella rara beldad, mi aliento ocupara, que dijo tu aliento: , . No el tormento acob de amor las ansias, sean una vez valientes las esperanzas, Dice bien, que en un amana si deja el objeto hermoso; aún más que susto medroso viene a ser miedo inconstan No desmaye el corazón al rigor de la belleza, muchas veces es pereza lo que es desesperación. , . Pues pasan caute de amor las ansias, las heladas ribiezas por desconfianzas, porfíe el alma, que a veces la porfía llega a esperanza. Ya he ofrecido en tu favor poner cuanto mudo estrago va en sordeciendo el álago invisible del amor. Ya él su eficacia desvela, y anda sagaz, y advertido, poniendo en cada sentido una apacible cautela. Ya impone en su duro, y cieg desdén una falsedad, que empieza como piedad, y se hace desasosiego. Ya a su pecho siempreclado una memoria retira, que ella mantiene por ira, y él aumenta por cuidado. Ya a veces se contradice sui afecto en el corazón, mas veces es razón, jotras. y de mi infelice! Qué voz su mísero acento fae a servir de postrera razón al mío? Quién turba scon su desdicha grosera lavoz de Venus? Piedad, Dioses! ̱. Muera, muera quien de Diana el culto borrar intenta: pues falta en ella tlsímbolo fiamante de su pureza. Ju. Qué cruel, qué músico acento, porque a lástima no venga, lisfranzándole el gemido, le está borrando la queja? Ninfas, mirad. ̱. Aquí tienes quien de todo te dé cuenta. Esas voces que escuchaste, son la terrible sentencia de una Ninfa que Diana martiriza, sin qué tenga mas delito que estar donde una hacha se apagó, que era de su amable castidad derritidísimo emblema. Por esta causa no más me parece que la llevan, no se si a quemarla viva, oa asaetear la muerta Qué oigo? sin duda Diana cruel hoy en Filida venga mi atrevimiento. Señora, permíteme, por si pueda aprovechar esta honrosa piedad, por precisa deuda de una obligación. . Si tú estorbar su ira intentas, harán lo propio contigo. Vete, que yo con cautela te seguire con mi Coro a lo largo. . Diana bella, contra tu rigor dos veces opongo mi resistencia, pues quien duda que tu esquivo desdén dirá ahora por ella; y por mí que Muera, muera quien de Diana el culto borrar intenta: pues falta en ella el símbolo siamante de su pureza Ay infelice amor, y quien tuviera otra vida que darle a tu violencia! Muera, Ninfas, pues sin duda al dueño vil de mi ofensa en átomo volvió el aire, redujo a polvo la tierra, convirtió en rocio el agua, o el fuego le hizo pavesa. Y no persistiendo otra seña fatal de mi afrenta si no esa infeliz, en quien faltó la flamante tea, justo será que le apure todo el rigor a mi queja. Ha si a aquel traidor hallara, porque por los dos dijera el justricado acento Muera digo otra vez, y otras mil, si mil vidas tuviera, lo deseara, pues parece que desde la hora primera que entró en el Templo, anda toda nuestra razón descompuesta. Traidor susurro al oído, maliciosamente llega, para que respire el alma con el veneno que alienta. Civil confusión es toda la mal ordenada idea, por descaminar el uso de sentidos, y potencias. Y así, la primera aljaba Muera, muera quien de Diana el culto borrar intenta. Ay infelice amor, y quien tuviera otra vida que darle a tu violencia. Hombre, que mi enojo ya le provocas, ya le afrentas: quien tu atrevimiento ampara, y quien tu delito alienta, que no solo suspender quieres la justa violencia contra ti, sino que haces que contra otra la suspenda? más contra los dos. Aguarda, detente, afloja la cuerda, no hagan tus iras. injustas tus flechas. Dioses, queréis que Endimión no solo a causarme venga la muerte, si no también , . Muera, muera quien de Diana el culto borrar intenta. Hay infelice amor, y quien tuviera otra vida que darle a tu violencia. sea la mía, que la flecha dé contra su vida. Aguarda, hermosa deidad, espera, no tus rigores igualen el delito, y la inocencia. Aguarda, detente, afloja la cuerda, no hagan tus iras injustas tus flechas. a ser vil testigo de ella? Esa infelice hermosura, a quien tu rigor condena, injustamente la culpas, pues fue mi mano violenta la que una Estrella borró del número de tu esfera. Porque entre esplendo que Auroras aumentan, ardía medrosa la luz de una Estrella. A tu deidad un ocioso holo causto vi que era, pues mirando que el ardor que mi corazón engendra, con la eternidad del alma le excedia en la materia, en quien más propio que en i estará la llama eterna? Pues vive tan siempre lamortal en su hoguera, que cuanto más arde, mas se alimenta. Y así más justo será que yo la muerte padezca, sin recelar que el ardor junto con la vida muera. Muera a tus manos, y este amante corazón sea rendido carcajde tantas airadas volantes flechas. Centro sea suyo esta noble ansia, que pues las desea, el la propia irá guiando la mano de quien las Cesa, injusto, desleal, traidor, que pues ya morir es fuerza, una culpa más no hace de peor condición la afrenta. No quiero yo que tu ingrata piedad a servirme venga de disculpa, pues aún más me irrita, que me consuela. Muera yo a tu injusto enojo, Diana, pues torpe, y ciega y me entregué a tu culto a tiempo que de amor las iras eran de la porción de mi vida confusísima materia. Quise a ese traidor: mal haya pasión que es tan desatenta, que de sus oprobios hace explicación a sus quejas. Y así, qué aguardas? conspira todo el rigor que fomenta escandalizado el Coro de tanta multitud bella: acabe ya de arrancarse del corazón. Muera, muera (tenta. quien de Diana el culto borrar in- Aguarda, detente, afloja la cuerda, no hagan tus iras injustas tus flechas. Este oprobio más? de modo que la traidora fineza de este atrevido estrenó sus deslealtades primeras? Es Filida? qué decente llegaría a mi belleza un culto que se enseñó entre humanas contingencias? Ninguna hermosura, aunque ingrata sea, quisiera que a otra su culto sirviera. Yo apagué la antorcha, y yo debo morir, pues la ofensa del impulso es que la apaga, no del ansia que la vela. Yo he de morir, pues quien duda que estando yo en su defensa, mucho más que quien la ultraja es cómplice quien la deja? Y así en tu mano. . Y así en tu aljaba encuentre. Muera, muera (tenta. quien de Diana el culto borrar in- Aguarda, detente, afloja la cuerda, no hagan tus iras injustas tus flechas. Aquí mis enojos usen iedad parezca, QJosJONso IO y solo un disimulado. exceso de rabia sea. Callad, suspended las voces, ninguno de los dos muera: ella, porque Ninfa mía nunca fue, pues no pudiera ser disposición bastante para un voto una indecencia. Demás, de que si el castigo vuestro celo la desea, dejadla con ese ingrato, de quien tanto se lamenta. El, ya veis que no es capaz, por su indignidad tan necia, de que sea objeto felice de vuestras iras sangrientas, Qué dijera quien oyó su atrevimiento, y oyera su muerte, sino que el propio, impulso que la gobierna quiso que con el castigo se le ilustrara la ofensa? Qué más descara su esquivo hado, ni que más quisiera que comprar por una vida tan felicísima pena? Fuera bueno que el sagrado desdén mío se andubiera realzando su culpa, a costa de mis nobles simpaciencias? No menospreciad su error, y a su delito agradezca que no ha sido tan inútil, pues logra el que le desprecian. Y así, Ninfas, no ocupéis, ni aún la ociosidad pequeña No hará, por qué hasta los cielos saben llegar mis rigores, y la que sin celos no hizo favores puede ser haga favores con celos De un desdenclado, y verto de este rato en atenderlos. Venid y entre la maleza. del bosque lograd los tiros de vuestras agudas flechas. A sabuesos, y ventores idles soltando las cuerdas. A la fuente de Diana. Al valle . Al monte. . A la se Y repetid en lugar de la entonación primera. No logre el castigo el que le desea para hacerse grande su culpa en su pena. Espera hermoso peligro, no aleve disculpa sea para dejarme la vida no hacer, caso de la ofensa: aguarda. . Qué la detienes, ingrato traidor, que intentas de una deidad, en quien es el rigor naturaleza, juzgaste hallar en su helado desdén, la dócil materia que fue labrando en el mío lo falso de tu cantela? Pues te engañaste, y porque nunca de él esperar puedas mas que crueldades: siguiendo iré tus sagradas huellas a pesar de sus enojos, solo para que en mi tenga (aunque excusado ) un objeto mas que sus rigores crezca. A - Amor, cuyo dulce estrago se introduce como alago, porque se admita el dolor, ya asístimos a tu acento, y solo respira el viento dulces cláusulas de amor. Amor, solo tu confianza puede alentar mi esperanza, y así asiste mi temor, pues que me sirves de aliento. Y solo respire el viento dulces cláusulas de amor. Amor, la deidad ingrata todo tu poder maltrata, y así contra su rigor conspira tu ardor violento. , . Y solo respire el viento dulces cláusulas de amor. Amor, tu poder consiente. Ninfas, todas a la fuente. un corazón defendido, pudo librarse de amor por dormido, mas puede temerse de amor por despierto, La deidad que más rendido culto logró, se ha trocado, puede triunfarse de amor despreciado, y luego rendirse de amor competido. El más libre pecho inflama este ardor que se eterniza, pudo empezarle a vencer por ceniza, y no poder luego vencerle por llama. Y así, Ninfas de Venus, venid a mi voz, venid a mi acento, y solo respire el viento dulces cláusulas de amor. Diana huyendo del calor al cristal hizo su asiento. Pues solo respire el viento dulces cláusulas de amor. De. . Melisa, guarde la entrada Y en solfa de guarda sea. Para que nadie nos vea, aguarda allí retirada madre, que con Endimión aquí me quiero quedar, pues que no ocupan lugar mi incendio, ni su pasión. Ya te obedezco. Esperanza, que recela tu fatiga? O a cuanta indecencia obliga el desear una venganza! Sígueme, que si no miente esta perspicacia suma, a quien llama ciega tanta inconsiderada turba. Diana entre la maleza, para hacer dichosa alguna fiera con darla la muerte, primero su vida asusta, porque en su rigor no logre sin recelo la ventura. Ya te sigo; pero aguarda espera Cupido, juzga la gran diferencia que hay de mis plantas a tus plumas. Vas a guiarme, y te alejas de los pasos que te buscan, sin luz te sigo, y recatas la llama con qué me alumbras? Detente. A hacerte dichoso hoy mis pasos se apresuran. Si tú eres mi Amor, sin ti, Amor, no quiero ventura, y así te sigo: mas como lo he de hacer, si la confusa variedad de hojas, y ramas, mis torpes pisadas turban? Donde estoy, que aunque los ojos . Qué mucho, si atento por todas partes procuran solicitarle a la planta senda, donde se introduzga, no la halla, pues espesa su lóbrega architectura, aún al poder del mayor Planeta se dificulta. Si es que algún paso concede su enmarañada espesura, sirve solo para hallarse mas adentro de la duda. Sagrada mansión del sueño debe de ser, pues que cruza por su soñoliento espacio aún la voz del aircmuda. Aún de aquella fuente el puro cristal tan callado busca el prado, que no le siente la hierba, y la flor que adula. Aún en el habeno solo los dulces quiebros se escuch y no solo en el silencio aprisiona la dulzura; Pero aún entrega a los aires tan perezosa su fuga, que más que vuelo parece torpe esperezo de pluma. Aún la rosa tan sin voces da su fragrancia purpúrea, que no la oye la ansiosa respiración que la busca. Y aún mi vida, torpe el paso, la respiración confusa, a viento, ave, fuente, y rosa en todo imitar procura. Qué mucho, si sabe servir de trofeo al blando Morfeo, la rosa, la fuente, el viento, y el ar amor desvelado, le quita el cuidado al ave, la fuente, la rosa, y el viente Y porque se aliente tu pasión rendida, sirven a tu vida el viento, la rosa, el ave, y la fuente Y en la lid hermosa de la ingratitud, dejan su inquietud la fuente, el ave, el viento, y la rosa O qué poca resistencia contra esta interior dulzura, que sueña dentro del alma dulcísimamente muda, saben poner mis alientos, y cuan grosera locura fuera cerrar las orejas a la voz de la fortuna. En ti, callada deidad, alivio un infeliz busca, dormido viva aquel que despierto no vivió nunca. Duerme felice joven, durme, duerme, que a una deidad que es toda rigores, toda desdenes, mas bien parece aquel que en su vida imita sumuerte quizá la dicha embaraza aquel registro que tiene en sus ojos un amante que está desvelado siempre. Duerme, duerme, que más bien parece, Si ofende al desdén dispuso, quien dudara que merece dormido que no le culpen aquel rato que no ofende? ̱. Duerme, duerme, Ya Morfeo, que despierto ni actividad diligente con ducir a Endimión e este enmarañado albergue, donde todo ociosidad, (todo quieruio aún teme mi luz dejar por un rato sn fuerza mi arpón ardiente. ta que Diana discurre os más ocultos retretes el bosque, y por más oculto luzgo que se acercará este. no de tus brazos apartes esta vida, has que intente mi ira ver si se rinden a mi aljaba sus desdenes. A tus preceptos humilde amor, postrado, obediente, a Endimión asistiré, sin dejar que a la débil cadena (aunque sus sentidos aprisionados torcejen) ni la quiera aldaba rompan. ni el eslabón mudo quiebren; pues llegó a caer rendido de mi letargo sobre ese soñoliento risco, que su rústico aliño debe al beleño que le viste; y al opio que le guarnece, cuyo humor inficionado. Ninguna conmigo llegue todas me dejad, y el Coro lejos su música alterne. Esta, Morfeo, es Diana. haz que Endimión no despierte, que yo me retiro donde con aquel influjo alegre del Coro de Venus, no haya cláusula que amor no suene. Debadme todas, ninjuna atención mi inquietud vea, y nadie testigo sea de mi pasión importuna. Sola yo en mi sentimiento ponga a mi mal enemigo aquel callado testigo del propio conocimiento. Blarco en las ramas deje; y a las heras de paz sea, pues no es justo que me vea cuando aflígida me queje. Qué es esto, accidente injusto, por donde, dime, has llegado a pecho tan descuidado que no conoció un disgusto? Yo triste, yo con recelo, yo alterado el corazón, mo ver la respiración desigual con el anhelo? Yo al aire en mi insiel retiro triste, mudando el intento, recibirle como aliento, y enviarle como suspiro? Yo con mi solicitad reñir con mi libertad, y hallar en la soledad disfrazada a la inquietud? Yo mi natural despego a una memoria rendido? Yo andar buscando el olvido, y encontrarme con el fuego? Pudo Endimión? pero mudo suspenda la voz el labio, pues ya yo logro el agravio, solo en preguntar si pudo. Culparé mi sentimiento, que tan injusta aprensión no halló en la imaginación mas noble causa al tormento. Y así uno, y otro arrojado, sin atenderios: qué hermoso, qué ameno, qué delicioso, y qué apacible está el prado! Que reina que está la rosa cuando al clavel se recata, hallando en el ser ingrata lo cabal de ser hermosa, y diciendo está contra el queré Muera el amor, y viva el de El dulce desdén en ella no es porque en amor no viva sino aféctar con lo esquiva los primores de más bella: y diciendo está contra el rigor muera el desdén, y viva el am Contra el coro en que se o el desdén, otro traidor acento alaba al amor, uno avisa; y otro encanta. Aquel persuadir intenta con cláusula, y voz remisa. este pone lo que avisa en voz de lo que violenta. Veré quien en el retiro del prado de flores lleno, áspid disfraza el veneno de su voz. Pero qué miro? hombre, cuya misteriosa vida, no hay vez continuada que no la busque irritada, y no la encuentre piadosa; Qué quieres de mi sentido, no le basta a mi cuidado escucharte desvelado, sino encontrarte dormido? Que libre al sueño se entrega su descuidado sentido; yo como en mí he conocido cuan poco el alma sosiega, parece en los dos forzoso influjo de acción trocada, desvelo de desdichada, y sueño de yenturoso. Quiero no mirarle, y siento que cuando huyo los enojos de no mirarle, los ojos se me van al pensamiento. Qué sin fuerza está la huida, qué confusa la razón, qué cobarde el corazón, qué fatigada la vida! norti Qué libre el arroyo frío; sin noticia de cuidado; va haciendo burla del prado su transparente albedrío, y diciendo está contra el querer, muera el amor, y viva el desdén. En aquel lento ruido con que parte diligente, enamorando a una fuente, le está ofreciendo un gemido, y diciendo está contra el rigor, muera el desdén, y viva el amor. ̱. Por más que el acento sabio del Coro obligue al desdén, parece se oye más bien; pero suspéndase el labio. Ea sagrada razón, en esta aleve inquietud, corrase la ingratitud de lidiar con la pasión. Ni aun vencido, la memoria dé el contrario al pensamiento, que de inútil vencimiento es cobarde la victoria. Mas porque en otra ocasión (felice a cuenta de necio) no pueda ni aún al desprecio obligarme, de este arpón. La nunca errada violencia hoy irá contra su vida, aunque se quejé ofendida de la poca resistencia. oupol Mi ardid contra tu rigor hará que encuentres en quien buscaste arpón de desdén, arco violento de amor. Muera; pero qué desvelo segundo mi vida inflama? quien pudo poner la llama en arco que todo es hielo? La cuerda el brazo retira para arrojar el arpón; pero solo el corazón es quien conoce la herida. Ya de la razón me alejo, pues que trocada la miro, voy a tirarle, y suspiro, voy a ofenderle, y me quejo. O nunca el sueño dejara tu vida! o siempre durmiera, y no se desvaneciera de lo que yo pronunciara! Dioses, en el soberano Coro haced que introducido, pagando siempre dormido esté la pensión de humano. Lleven los Elisios suaves en cláusulas diferentes, ya la risa de las fuentes, ya los quiebros de las aves. Morfeo, aparta, y rendido a ti no esté, por si advierto el que la deba despierto lo que la debió dormido. Ya te obedezco. Oye espera, sagrada ilusión, advierte, que es muy dicha esta muerte, para que un infeliz muera. Mas qué veo? tu deidad, mi cobarde ocento oía? hay hermosa fantasía si pasaras a verdad! Irme intento. No el rigor ostentes tan inhumano, o no traigas en tu mano el allaba del amor. Del amor? miente el que necio tal juzga (en vano le riño) yo había de usar del cariño matando con el desprecio? De igual valor es en quien te venera. Y será igual castigo que siempre es mal, o pena que siempre es bien? Muera el amor, y viva el desdén En tan felice dolor, dando tu mano la herida, lo propio es rendir la vida, o ya al hielo, o ya al ardor. Muera el desdén, y viva el amo Pues si igualmente se empa a fabricar tú quietud no culpes la ingratitud, ni eches menos la fineza. Si haré, porque aunque hayas todo morir, no ha igualado el morir desesperado. al morir agravecido. Sí se acaba con la herida, todo es morir. Pero advierte que uno es dolor de la muerte y otro es pesar de la vida. Aparta, que te he escuchado mucho, y ya culpable ha sido dichoso haber parecido, aún habiendo despertado. Luego dormido se infiere que fui feliz? No lo sé. Ay desdichado del que solo vive cuando muere! Y es poco? Sí, que si dueño soy de la vida dormido, y no despierto, no he sido yo el dichoso, si no el sueño. Pues no reparte entre ti, y él la dicha que adquirió? Sí, él lleva lo que gozó, y dice lo que perdí. Ya yo te he oído, y de quien te oye, qué más has querido? Saber, pues que me has oído, si es que me has oído bien? Muera el amor, y viva el desdén. Mis Ninfas por mi rigor hablaron. También oirás, si llegas a escuchar más, que dicen en mi favor. Este es, injusta Diosa, un desvarío, este un delirio es, tirano aleve, que en la disposición que presta el alma, la llama eterna del furor enciende. Estos son celos, tan cruel achaque, que la vida que llega a padecerle, siempre dura, pues todas las desdichas no aciertan a llegar, porque la temen. Tú me los causas, tu desdén fingido, con falsedad hipocrita me ofende, la eficacia acallando del incendio, en la quietud mentida de la nieve. El Templo dejas, y la selva pisas, buscando solo en sus quietudes verdes a esta fiera (oh ingrato! qué bien digo, que pues eres ingrato, fiera eres) Dígalo el arco, y el arpón lo diga con que a los brutos acabar pretendes: Muera el desdén, y viva el amor, Casualidades del viento no hacen fuerza. Y la hacen, di, aquellas que antes para el aborrecimiento? Sí, porque en la esfera enquien habita solo el rigor, lo violento es el amor, lo natural el desdén, porque si el rigor. Tenedla, que el riguroso accidente la ha de acabar. Nadie impida mi rabia. Qué asombro es este? Mientes, porque nunca pudo mi noble rigor moverte tus celos. Ay infelice! al mar se arrojó. Lo sientes? Mi sentimiento (si acaso le tuviera) no te ofende. En fin vienes a causar. Venid, Ninfas, venid venid a mirar, venid, Ninfas, venid, venid a ver, flechas de amor en arco de Cupido quieres tirarles? morirán de alegres. Las aves cantan lo que mi amor llora, todos escuchan, murmuran las fuentes, que el sueño de Endimión ha conseguida el triunfar de Diana, y sus desdenes. No a quejarme de ti vengo, pues juzgo que presto el hado de mi mal me vengue, sino a que sepas que te ofendes tanto, que ya conocen todos que te ofendes. Y a que una vida que debí a tu mano, cuando en el mar no permitió mi suerte que feliz pereciese entre cristales, solopor que entre llamas pereciese. La veas acabar en las espumas; pues que no le será menos clemente, Panteón de inconstancias tan salobres, que sepulcro de iras tan crueles. Y así desde esta roca sean testigos cuantos la dura pena mía oyeren, que porque a Diana la debí la vida, porque fue suya, la entregué a la muerte. quien supo poner, quien supo dejar en manos del despreciar el aljaba del querer. Ninfas, volved por el lustre, que a Diana ultrajar quiere el Amor. Aunque las llames solo se sabrá que vienen traídas de aquel acento que de Venus el alegre Coro repite diciendo en cláusulas diferentes. Qué nos mandas? Que contrarios ecos vuestra voz alterne, contra quien culpar procura mi desdén. M. Deja que llegue primero a mirar el arco que en tu hermosa mano tienes, pues forastero a los ojos no me permite que acierte a disculparte, y más viendo el que la infelice muerte de Fílida es testigo que te llama delincuente: y así unidas con el Coro diremos, aunque se arriesgue el padecer, y el penar, venid, Ninfas, venid, Sin duda duermo, pues oigo tal dicha, o nunca despierte! Qué yo el arco de Cupido tenga en mis manos? es aleve ficción, porque quien pudiera infundir en mis desdenes, si en mis rigores hacer sal género de pesar? Quién supo dejar, quien supo poner el aljaba del querer en manos del despreciar. Pues si este el incendio ha sido porque me culpáis, sea este espropio que por mi causa vuelva. Qué importa que dejes el arco de amor, si cuando altiva cobrar quisieres el del desdén, le hallarás en el amor? De qué suerte? En mi mano. Pues qué encanto hizo, que mudar pudiese en la mía aquel violento arpón, y del mío fueses árbitro injusto? Quién duda que no fue acción diferente, sino una, y que lo hizo en indicios de estimar, trocando el aborrecer? Quién supo poner, quien supo dejar en manos del despreciar el aljaba del querer. Todos mentís. Pues si todos, o esquiva Diana! mienten. Morfeo, asiste a Endimión, que el callado dueño eres de su dicha. En mi rigor tratado será igualmente. Eso mejor lo dirá la memoria que refieres, como siempre con su vida se dormían tus defdenes. Y así, aunque porfiada ahora probar lo contrario intentes, queda tú con tu porfía, y yo con mi razón quede. Pues que por la desdeñosa tema, no cabal fenece la fábula, porque acabe dulce, festiva, y alegre. su culto, con ser amigas las dos deidades, aumenten, sirviendo de persuasión el que parciales celebren el día en que el Sol, y el Alba a ilustrar la esfera vienen de estos pensiles. A intento tan soberano, no tiene nuestro enojo voz, y más cuando el motivo es hacerse aplauso todo en los años de la tierna luz que crece, asistida de los ruegos ansiosos del Occidente, y así toda la armonía, con mayor razón se trueque, diciendo ufanos acordes. Contentos, suaves, y alegres, por las dichas del mandar, y el anuncio del vencer: venid, Ninfas, venid, venid a mirar, venid, Ninfas, venid, venid a ver, quien supo poner, quien supo dejar en la gloria del mandar el aplauso del vencer.