Texto digital de Encontráronse dos arroyuelos
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Vélez de Guevara
- Atribución estilometría
- Diego Figueroa y Córdova Probable yJosé Figueroa y Córdova Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Encontráronse dos arroyuelos. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/encontraronse-dos-arroyuelos.

ENCONTRÁRONSE DOS ARROYUELOS
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMERA Milagro por Dios ha sido, que daño no te hayas hecho de la caída. . Al estribo de palo, que quedó en hueco, debo el no haberme quebrado esta pierna. . Aqueste lienzo, y andara pie lo que falta de aquí a Salamanca, es cierto que aliviaran el dolor. Que en un camino, Tálego, tan llano, así tropezase mi mula! . No eres más necio? ahora sabes, que las mulas de alquiler son en extremo parecidas a las dueñas? En qué Tálego? . Direlo; en ser descuidadas, flojas, falsas, sin que haya remedio. de sacarlas de su paso: en que siempre anden haciendo reverencias; en que comen, como no cueste dinero, cuanto ven, y cuanto agarran. Yo vi una dueña esqueleto con móngil, d estas que guardan mejor que los Mandamientos, su ración; que solamente comia lechugas, mastuerzo, alcacer, y otras legumbres, que topaba en los tinelos, y cocinas. . Calla loco, y no hables tan desatento de criadas, que autorizan con decoro, y con respeto las casas de los señores. También las llenan de enredos: mas dejando a un lado esto, no me dirás de que vienes triste, afligido, y suspenso, tan fruncido de palabras, que desde el instante mismo, que salimos de Maurid, muy hallado en tu silencio, no has dicho está pierna es mía: Señor Don Felixl acheco, o desembuche conmigo lo más oculto del pecho; o quédese usted con Dios, que ser criado no quiero de un señor de la Tebaida, y de un amo del desierto, que aún sirviente de mi garbo, de mi scaltad, de mi zcio, sus pensamientos encubre, sabiendo de mi secreto, que es decírmelos a mí, decírselo a todo el pueblo. Nunca tan necio te he visto; cuando te ocultó mi pecho el pensamiento más leve? estas tristezas nacieron del enfado del camino, y los cuidados que dejo en Madrid. . O, tus cuidados, los sé yo muy por extenso; porque sobre ser un hombre tan galante, tan atento, tan primoroso, tan fino, tan derretido, tan tierno, que a cuantas ves enamoras, dejando en Madrida un tiempo veinte damas, sin algunas que ibas ya cazando al vuelo: fuerza es que tengas cuidados. Mira, confesarte quiero, que nunca la libertad rendí al impulso violento del amor, y sus engaños, ni al hechizo lisonjero de la hermosura; pues todas las mujeres, excluyendo las que por su heroica fama, su sangre, su nacimiento, su honestidad, su hermosura, son imitación del cielo, donde impresiones no llegan de humanos atrevimientos; donde asiste despreciado, mucho más airoso el ruego; donde el peligro es lisonja; donde el más firme deseo mas lejos de la esperanza, vive más cerca del premio; pues aquí todas las dichas se lograncon el intento, y lucen las osadías mas a los visos del riesgo. En fin, las que no son estas, porque aquestas son las menos, son engañosas, son falsas, son traidoras, son despeños de las almas, y las vidas, son disfrazado veneno, que detras de un manto bebe la curiosidad del necio. Yo, aunque discreto no soy, soy prevenido alomenos, y conozco sus engaños, no han de hospedarse en mi pecho sus fingidas tiranías, libre he de vivir; y exento de sus crueldades aleves: y así a todas las festejo, a todas las enamoro; a todas las galanteo; a todas llamo mi vida, mi amor, mi gloria, mi cielo; y a ninguna quiero bien; ya ninguna doy dinero, que esto es lo que sienten más: con que afectando, y fingiendo un suspiro veníal, que lo conjelo un bostezo, sin saberlo la memoria, voluntad, y entendimiento, tal vez a mis persuasiones cae algún pez en el cebo, que entretiene la distancia, que tardo en buscar sujeto, que con nombre de segundo le haga lugar al tercero. Vive Cristo, que el Gran Turco es contigo un recoleto, y un perro de pocas bodas; para tres días, y medio no tienes en su cerrallo. Esta propiedad, Tálego, la tengo por alabanza, aún más que por vituperio. En que lo fundas? . En que burlando así los extremos de amor, y su tiranía, doy a mi cuidado un medio, donde la comodidad nunca aventura el sosiego. Tienes razón, que te sobra: y conmigo el buen ejemplo puede tanto, que después que te sirvo, solo tengo seis galánteos en cierne. Cuáles son? . El primero, una viuda tuerta, y vana, con que traigo los deseos de mediojo; y en el aire. Iten, con maña pretendo a una fea muy discreta, que a vueltas de su talento quiere encajarme su cara; y yo muy falso, y muy diestro la escucho, y no la enamoro. Iten. Aguarda, que pienso que estamos ya en Salamanca. Según avisa el estruendo del popular regocijo, luminarias, danzas, fuegos hay en la Ciudad. . No ves, que el felice Nacimiento de nuestro Príncipe Augusto, que viva siglos eternos, celebran en toda España. Ya es de noche, bien podemos ver la Ciudad, y la fiesta. Entra, pues; no traes los pliegos, que te dije? . Si señor; al mozo avisado tengo, el que nos lleve las mulas al mesón de Caballeros, para traerlas mañaba. Don Onofre de Salcedo, mi grande amigo, con quien desde mis años primeros en Madrid he profesado amistad, fineza, y deudo, nos espera con su casa: de camarada estaremos en ella este curso. . Bien conozco a ese caballero, y le hablé en Madrid, por señas, que aunque es un hombre discreto, cortesano, y entendido, es flemático, y es puerco en extremo, por manera, que trae lodo en el manteo, y en los pies adormideras. En viendo la fiesta iremos a ver al Dotor Orduña, que es un insigne sujeto de aquesta Universidad, grande Abogado, y Maestro en Leyes, con quien mi padre profesó amistad un tiempo en Madrid, y en Salamanca, para quien traigo ese pliego, y he de dársele esta noche No descansarás primero, pues eso no corre prisa? Si la verdad te confieso, aún más que dar esas cartas, es curiosidad, Tálego; ver esta noche al Dotor. Qué hay de nuevo? qué tenemos Don Pedro, aquel Estudiante de Madrid, vecino nuestro, me dijo, que este Dotor tiene dos hijas. . Ya entiendo, Que sobre ser muy hermosas. Eso, es mi el sobre ojuelas. Dijo, que la mayor, es portento de discreción, y hermosura, que habla, Latín, y hace versos, y sabe Leyes también. En las mujeres no es nuevo saberlas, pues todas tienen mas leyes que Jaboleno. Y de la segunda dijo, (porque sepas todo el cuento) que era muy boba, y sencilla; y que pide casamiento a todos los que la habian. Por las señas, será cierto, que esa mujer es hermosa; porque es preciso argumento, que todas las vobas tienen buena cara, y malos hechos. Y así quisiera. . Querrás luego esta noche al momento galantear a la mayor, y rendirlapor lo menos, y dejarla a buenas noches: si no es que trates luego de enamorar la segunda; no es esto así? . Calla necio, y escucha, que hacia estaparte, de sonajas, y pandero se oye el ruido. . Ya llegan. Hacia aquí nos retiremos. Victor la Escuela, revictor Vizcaya. 1. En aqueste puesto podéis empezar el baile, , Va de sonaja, y pandero, Al natal de Carlos divino, lucero del Alba, que al Sol influyó las deidades del Tormes celebran la dicha, y la gloria detato esplendor 1. El Príncipe nuestro muchos años tenga, porpadres al Sol; y a la primavera. Victor nuestro Rey. Victor. 1. Victor nuestra Reina. Hombre ya, y muy hombre, desde hoy más parezca, que no será infante, aunque niño sea. Victor, victor. 3. Y pues una Aurora, y un Cuarto Planeta le dan a Castilla tan feliz Estrella. Victor, victor,. 1. . En casa del Rector vamos. 2. Seguídmetodos diciendo, el Príncipe nuestro victor. Victor el Príncipe nuestro, victor la Escuela, victor, victor. Qué te parece? No pienso que puede haber mayor fiesta. Los Españoles nacieron para ejemplo de lealtad: nuestro Rey, que guarde el cielo, aún más que en España, Reina en los conzones nuestros; porque sus vasallos. Oye, que tocan allí instrumentos, sin duda quieren cantar. En estra esquina se han puesto, y hay gente en aquel balcón. Cola la Música. 2. Cola los falsetes barbinegros, que rabian, como que cantan. 2. Mientes borracho. Santelmo, aquí habrá danza de espadas? Así castiga miacero vuestra desvergüenza. . Zape. Los Músicos van huyendo, y un hombre riñe con cuatro. Qué intentas? . Favorecerlo, aunque aventure la vida. Cierra Sántiago, y a ellos; muchos sois, pero sois pocos para mi: aqueste Tudesco con estocadas de vino me persigue: hombre, o sarmiento racional, deten el tufo, que me penetran el pecho tus puntas de Sahagún. Hay que me han muerto! Laus Deo. Tálego? . Nada me digas, que estoy por Dios hecho un perro, y cansado de reñir. Por la Rua van huyendo, oles. . Por San Hilario, selas que haremos? Sígueme Tálego. . Aguarda, que con los claros reflejos de la Luna he visto enfrente, desmoronadas atre hos, las tapias de aquel jardín; sin dificultad podremos saltar por ellas. . Bien dices, pues de noche, y forasteros, no tenemos otro amparo. Pues qué aguardas! vamos presto: aprisa, que llegan. . Vamos. Fortuna, de aqueste aprieto me saca; y en tu capilla pondré de cera un Tálego. Quítame este manto, Juana. Hay rosa, y bella has salido a la fiesta, Di, ha venido la bendita de mi hermana? Doña Alfonsa mi señora, desperdiciando gentil flores, que envidia el Abril, en su cuarto queda agora desenjaczando el cabello. Bravo modo de decir: qué se destoca? . El Ofir no crió el oro tan bello; pero me admira en rigor verá las dos tan opuestas: ella se fue a ver las fiestas con el Doctor mi señor; y tú en casa de tutia fuisteis señora estatarde, haciendo divino alarde de tu talle, y bizarría: si tu belleza al desgaire, se pone señora al justo, una gorra de buen gusto, y una saya de buen aire; ella al contrario se empeña, portema, o hipocresía en deslucirse este día, y se viste de estameña: Si vas fuera, ella se queda en casa; si en casa estás, procura salir, no más de porque al reves suceda, en las dos cualquier acción: si a los libros de dicada de su doctrina te agrada la admirable erudición, cuando a leerlos te inclinas, ella en todo singular, riéndole les va a echar de comer a las gallinas. Hasta en esto, no te asombres, a Alfonsa no te pareces; tú a los hombres aborreces, y ella se inclina a los hombres: tú los tratas con desdén, y ella con cariño igual, a todos les quieres mal, y a todos los quiere bien; tu con agrado fingido, burlas su esperanza necia; y ella aninguno desprecia, por el lado de marido. Tú eres docta, y elegante, discreta, sabia; esparcida; y ella boba, y encogida, y de tu humor tan distante, que para no errar el lance deser tu antipoda, en fin, porque tú sabes Latín, ella no sabe Romance. Muy bien está difinida, que aquí para entre las dos, ella es un alma de Dios. La Alfonsa es cosa perdida. Pero ya mis libros fieles, a quien el alma se inclina, me llaman con su doctrina. h . No verás estos papeles de tantos amantes necios, que ignorantes de sus daños, son cebo de tus engaños, y blanco de tus desprecios? que como sé qué deseas burlar su necio cuidado, señora, los he tomado: por tu vida que los leas Cuantos serán, Juana? . Aquí, si despacharlos prometes, traigo catorce villetes. Catorce? . Señora, sí: y este número está lleno de misterios, no te espantes, porque todos tus amantes peligran al carorceno; pues afectando, y fingiendo, que su amor estás pagando, al paso que van amando, al mismo se van muriendo. Déjalos morir, que son los hombaes, si bien lo infieres, mas falsos que las mujeres: y oigamos con atención sus engaños. . El primero, que te escribe amante, y fino, es el Regidor vecino. Es el primer majadero, que tiene caudal, y en él no es de ingenio el que le aplico; porque es tonto, siendo rico: mas ya lo dirá el papel. Señora Doña Ortensia, con toda verdad, y por él siglo de un tío, que me dejó el Regimiento, que me muero por casarme con usted, con mi hacienda, y la espéctativa de que se muera presto el señor Doctor su padre, lo pasaremos como unos Ca- nonigos, echando un coche detres mulas, por si se encoja la una:usted mire si le está bien, o sino, santas Pascuas, que este no es casamiento. Este me puso en la mano, con mucho misterio agora el hidalgo de Zamora. Quién? el presumido, y vano, que metido a caballero, hinchado, y desvanecido, pretende ser mi marido? El mismo. . Leerle quiero. Señora mía. Yo deseo ser mari- do de usted en posesión, y propie. dad; porque este matrimonio se pa- rezca a mi ejecutoria; y quiero re- tratarla en ella, para que si flaquea por algún avuelo, quede hidalgo de to- todos cuatro costados: y solo falta, para que nos casemos, que me emvie el árbol de su descendencia, donde ve- re si usted es suficiente para madre de mis hijos. Este es. . Por aquesta noche, aquí el examen se queda de necios; porque me llama ya la apacible tarea de mis estudios: tu Juana puedes salirte allá fuera, para avisarme si acaso algún litigante llega al estudio de mi padre. Bien esta noche pudieras dejar los libros, pues ves que anda la casa revuelta, poniendo el cuarto a tu primo Don Alejo de Azpeleta, caballero Viz caino, de quien por fama se cuenta, que es muy tosco, y muy duelista: a quien hoy tu padre espera para hospedarle en su casa, y aún diz en por cosa cierta, que le traypara suyerno. Mi hermana, que no desecha boda, sepuede casar: vete, que nada me lleva el gusto; si no los libros. Los libros, que son la senda del discurso, donde tienen los sentidos, y potencias del camino más seguro, para llegar a la eterna posteridad de la fama. Los libros, que con modestia deleitan aprovechando, que mudamente aconsejan la verdad; que son el medio, principio, y fin de las ciencias: espejos donde se mira la política más diestra de conservar Monarquías; de componer diferencias; de castigar los delitos: pero esta es larga materia, para apurar de vez, y no quiero que me tengan por bachillera, sítomo el discurso tan de verás. Entre estos libros, hay varios Horadores, y Poetas, Clásicos, Plauto, Terencio, Marcial, Virgilio, y quisiera a un mismo tiempo mi ingenio beber a todos el néctar de sus conceptos: mas pues no es posible que este sea, deme la elección la suerte: abro, en la hoja primera dice, Ovidio de arti amandí: vive el cielo que me pesa, que sea el arte de amar, cosa a mi humor tan opuesta, lo primero que he encontrado. Desde el jardín esta pieza hemos llegado. . Detente, que una dama. . Las quimeras, de amor, y sus tiranías, han de ser noble materia de mi estudio. . Allí se ofrece. Sus fingidas apariencias, sus engaños, sus traiciones he de ver. . Ella se queja. del amor, según parece. Las ficciones, las cautelas de los hombres, a quien yo, por aversión de mi estrella, tan justamente aborrezco, he de encomendar atenta a la memoria? primero. este volumen de estrellas, que en once hojas de cafir sus espacios en cuaderna, desplomando de sus ejes, será horrorde las esferas, que me venza a sus engaños, que a sus traiciones me venza; me obligue a sus persuasiones: antes fingida Sirena, y áspid cauteloso pienso fingir, que estimo sus quejas; que me persuaden sus ansias; que me obligan sus finezas; que sus lágrimas me mueven: y empeñarlos de manera. en la redde mis engaños, que al descubrir mi cautela, sientan con mayor ahogo. de mis desdenes la fuerza. Rayo he de ser vengativo, que a rigores delvanezca la falsedad de los hombres: no ha de quedar diligencia, que no intente por vengar tan repetidas ofensas, como han hecho a las mujeres. Y tu inventor de quimeras, maestro de liviandades, que engañas con lo que enseñas: muere a mis manos, que yo, huyendo de tus cautelas, me retiro: mas qué es esto? Quién sois caballero? apenas muevo los labios; pues como vos, cuando, de esta manera entrasteis? ola criados. Suspended la voz, que fuera desaire en vuestra hermosura. valeros de otra violencia para matarme; y teniendo propias armas con que puedan triunfar de mí vuestros ojos, fueraociosa diligencia, que con un rendido useis, señora, de armas ajenas: de esta suerte ha de pagarme . su engaño, con mi cautela, así vengaré a los hombres. Decio, como en esta pieza habéis entrado, que el pecho al veros aquí no acierta con el susto. . Sosegaos, y la púrpura sangrienta volved al rostro: y sabed, que por no dar sin defensa en manos de la justicia, que me sigue a toda priesa, sobre un disgusto que tuve en la calle, de esa huerta salté con ese criado las tapias, ya aquesta pieza sin sersentido he llegado: mas ya al veros, la deshecha tormenta de mis desdichas, en calma de amor se trueca. Pues vuestros ojos divinos, Norte feliz, que gobierna la nave del albedrío, son imanes, que me llevan al puerto de la esperanza, viento en popa, a remo, y vela. No viene mal este necio, para proseguir la tema de engañar todos los hombres, pues cuando mi padre venga, por la puerta del jardín, sin que ninguno le vea, le podrá Juana sacar. Va de ficción: de manera caballero, que a mis ojos apenas llegáis, apenas huyendo un peligro, cuando a otro mayor os empeña la fuerza de mi hermosura? ved, que amarme tan apriesa, hace la fe sospechosa. Quién dice, que amor se engendra de las distancias del tiempo, se engaña; pues no penetra, que en un punto indivisible, desde la vista se hóspeda amor en el alma. . Amor? ha traidor, quien te creyeral como en la verdad se funda, no tiene acción imperfecta, Ver de repente, y amar a una dama, es ligereza del entendimiento; pues la razón nunca atropella al alma, para rendirla. Aunque el argumento sea, perdonad, si os contradigo; tan ingenioso, nodeja de ser sofístico, puesto que amor con tener materia para amor, no necesita de adquitir con la experiencia razón para su razón. Pues si en la experiencia busco la razón de mi fineza, ya la hallé en vuestra hermosura, y ya en vuestro ingenio atenta la ha encontrado mi memoria, porque en vos sola se vean igualmente competidos el ingenio, y labelleza. Yo os adoro: vive Dios que miento; no la violencia de vuestro rigor permita, que una fe tan verdadera, que vive a finezas mías, muera a ingratitudes vuestras, no permitáis. . Esto mismo dicen a cuantas encuentran los hombres. Que muera un alma, que os idolatra. . Él se empeña en meterse por los filos de mi engaño; mi cautela le empeñe más, aunque aquí no me deja satisfecha. Laprisa con que os rendís, porque en nosotras no sea la ingratitud el delito, que más en los hombres pesa, he de ser agradecida a un alma, que la primera vez que me ha visto, me quiere; pues en esto no se arriesga, mas que saber con el tiempo si esto es verdad. . Que te pega con la suya, dale ripio de cariños, y finezas, no se ría de nosotros. A mi hermana Doña Ortensia quisiera hablar: mas que veo? Si consiste en la experiencia de mi amor, el obligaros, desce hoy veréis por la muestra de mi engaño, que os adoro. Esa palabra me alienta a deciros, que mi pecho os aborrece, y desea que feáis muy verdadero. ay picardia como esta? Para que yo agradecida pueda pájaros la deuda de afecto tan bien nacido, Esta es la santa, la buena, la que no quiere a los hombres? malos anos para ella: en buena fe que es bellaca. En aqueste instante llega: que es lo que miro? señora, . Don Onofre de Salceda, el pasante de tu padre: aquel que te galantea, siendo muy desalinado, y de ejorbitante flema, aunque es discreto, y agudo: está esperando licencia para entrar en el estudio. Preciso es que no le vea: creed, que quedo obligada. A este caballero lleva Juana, que después sabrás como ha entrado en esta pieza, y examinando primero si hay en la calle quien pueda encontrarle, le pondrás. en salvo. Aunque tanto sienta déjaros, ya os obedezco; y como me deis licencia, volvere a veros. . ADios. Mirad, que el alma se queda con vos. Los demonios lleven el alma que tal creyera. Tened con ella cuidado. En buena parte la deja vuestro amor. . Así lo creo, Vive Cristo, que con ella fue Celestina una santa. Venid apriesa, que llega el pasante. . De los dos se dijo por cosa cierta, encontraronse dos arroyuelos: para ha sido la traviesa. x, , . Bien se fomenta mi engaño. Bellísima Doña Ortensia? A Hermana? . Qué buen sujeto: Don Onofre? como entras Alfonsa tú en el estudio, sino hay cosa que aborrezcas, ni te dé tan grande enfado, como los libros? Qué piensas, tal vez hace la persona las cosas que no quisiera, porque se yo. . Bien has dicho? la razón no quiere fuerza. Cómo te estas todo el día sacando de tu cabeza Poesías, y circuloquios, que aquestos libros te enseñan, piensas que acá somos tontas. No pienso de tu agudeza, sino que discreta eres, No han de engañarme tus tretas que ya sé que no eres santa. No entiendo. Dios me entienda, y no digo más, . Hermana, dime por Dios lo que piensas, o sabes de mí? . No quiero al presente, que lo sepas: yo te lo diré de Misas. Una boba, otra discreta. me admiran. Pues Don Onofre, que ay de nueve? La respuesta os daré, como os sentéis, que yo con vuestra licencia respondo muy mal enpie. Cada loco con su tema: sentaos pues, O Digo, señora, que la novedad más cierta, que ha corrido en Salamanca, es, que esta noche a la fiesta disfrazada habéis salido, encubriendo dos estrellas, a quien la nube del manto, trataba como a unas negras; pues empañando a la una, y la otra mostrando apenas por brujusa, se quedaron, faltando sus niñas bellas, a buenas noches los cielos, y las almas en tinieblas. Ay de nuevo, que rendís las vidas con tal violencia; las almas con tal estrago; que no permitís, que sean en su abono, ni en su alivio los suspiros, ni las quejas. Y entre los muchos que arrastra la inejorable cadena de vuestro rigor, soy yo quien con más constancia trueca por sus hierros una vida, que pongo a las plantas vuestras, Que triunfo adquí ris, señora, después de hacer prisionera un alma, con dar la muerte? Mirad, pues sois tan discreta, y leida, que en el Derecho, se mandapor ley expresa, para asombro del de lito, que aquel que matare muera. Pues si en favor de mis ansias esta razónos condena, no en vuestra crueldad deroguen las leyes suprovidencia. Solo piadosa os procuro, no obligada, que eso fuera grosera imaginación: agradeced la fineza de un corazón. . Afe mía, que enternecerá las piedras Don Onofre. . Que os adora. Si esto a mí me lo dijera, otro gallo le cantara. Pues aunque incapaz parezca de tanta dicha. . Deteneos, y esa razón os advierta, que sin razón os quejáis. Cómo? Cómo se me acuerda que también en el Derecho, no sin grande providencia, hay ley inviolable, que destituye de cualquiera derecho, y acción que toque al incapaz: luego queda excluido de la acción, quien ser incapaz confiesa, que tuviere a mis favores? Lo que sabe aquesta necia: verbos echa por la boca. Concedo, que no merezca, señora, mi amor. . Mi padre. Jamás he tenido nueva tan alegre, hijas: amigo Don Onofre, en hora buena os halle agora en mi casa, para que mi gusto sea con mayores circunstancias. A todos de que le tengas nos toca parte. . Sabed, que en aqueste instante llega de Vizcaya mi sobrino Don Alejo de Azpeleta, y viene a ser huésped mío, porque mis años quisieran disponer, pero no es tiempo agora de daros cuenta de mis intentos; vosotras, hijas, con alegres muestras, y político agasajo, que en fin es vuestra cabeza, le recibid, advirtiendo, que Vizcaya entre sus peñas cría espíritus bizarros, mas cen aquella rudeza exterior, que muda el tiempo manejando las Escuelas, y las Cortes de los Reyes; y así no admiréis que venga algo bronco mi sobrino en el traje, y la apariencia; agasajádmele mucho. Las dos con promta obediencia te serviremos. . Martín, quitaste con diligencia las alforjas de las mulas? Sí señor. . Él viene. Sea loado el que aqui nos junta. Vengáis muy enorabuena, hijo, y sobrino querido, que ha muchos días que esperan mis brazos aquesta dicha. Lugar en los míos tenga el escudero más noble . de la casa de Azpeleta. Qué bondad! llegad, muchachas, llegad, no tengáis vergüenza, y abrazada vuestro primo. Con vida, y alma quisiera serviros dadnos los brazos. Apartad, que allá en mi tierra los hombres, y las mujeres no se abrazan tan apriesa, desde más lejos estimo la merced. . En esta tierra es la llaneza mayor, cuando hay de por medio prendas de amistad, y parentesco. Pues si es uso, vaya, y vengan los brazos. . Qué cortesano! estos hombres me contentan, que hablan a la patallana. . El Don Alejo es gran bestia. Cómo venís? . En un macho Vizcaino, traga leguas, que me brumo las costillas, mas ya con vuestra presencia me aprieta más el dolor. Qué discreto! oyes, Ortensía. si no te contenta el primo, como padre lo consienta, yo me casaré con él, que es gallardo en mi conciencia. Quién es este Caballero? El que serviros desea de hoy más como amigo vuestro. Don Onofre de Salcedas pasa conmigo en mi estudio; y en casa con la llaneza de discípulo, y amigo le tratamos. . Por las señas del montante había creído, que enseñaba algunas tretas a mis primas de la esgrima. Esta sencillez, Ortensia, se limará con el tiempo, pues con él todo se enmienda. Hará bien; Martín. . Señor. Dónde están las fiambreras de cecina, y de pérniles, que traemos de la tierra para mis primas? . Allí las metien una maleta, donde está la ropasucia, porque no se humedecieran, y se echaran aperder. Por vida de mis parientas, trailas al punto, que luego pongan a asar una pieza, y la prueben, que es la cosa mas regalada, y más tierna que come el Rey, y vos tío haced que pongan la mesa para cenar un bocado, y que después me prevengan la cama, que la calienten, la perfumen, y la tengan mullida, blanda, y suave para rellanarme en ella, y descansar del camino, que yo en las casas ajenas no he de parecer prolijo. Siendo la mía tan vuestra, como a dueño han de serviros: venid, pues. Vámonos, parientas; aDios, señor Don Onofre. El os guarde: bella Ortensia, cuidado con mi esperanza, Estos necios me marean, y han de morir en las redes de mi engaño, y mi cautela.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA , s. Qué hermoso está el campo, Juana! Nunca le vi tan lucido, tan alegre, y tan florido. Que no quisiese mi hermana venir conmigo? . Es extraña su condición, y desdén. Con quien pudiera más bien gozar en esta campaña. la festividad mayor, que esta Ciudad acredita hoy en la sagrada Ermita del Divino Precursor: donde la hermosura honesta de mil damas bien prendidas, sale rindiendo las vidas a ver el campo, y la fiesta; notable es su condición. Por no ir contigo, con Luisa salió al campo muy aprisa; tan extraña oposición de hermanas no vijamás! Qué dices del forastero, afectado, y majadero, que me habló a noche? . Que estás muy terrible con los hombres, y no quisiera en rigor, que te castigue el amor. Ay. Juana! no me los nombres, porque acrecientas mi ira al ver en su modo extraño, que son hijos del engaño, y padres de la mentira. si le vieras hazañero, con la prisa, y desenfado que se fingió enamorado, perdieras el juicio. Espero que ha de salirle a la cara con tu engaño su porfía, él dijo que te vería, y esta noche, cosa es clara, que irá a verte. . Así lo creo; pero Alfonsa viene allí. Mas que no se llega aquí? , s Qué bien me huele el poleo del campo. . Si tus primores le estám pisando, no ves que a la estampa de tus pies crece el vulgo de sueflores? No me seas bachidera, habla más sencilla, y llana, que te vas hacia mi hermana. Así lo haré, mas espera, que allí está tu hermana bella. Y yo aquí, con que te digo, que para estar yo conmigo, no la he menestera ella, Llega a hablarla. Aunque segunda, no me ha de supeditar. Más que no te llega a hablar? En ser mi opuesta se funda, déjala, y entre estas flores, que el Abril ha matizado, donde se retrata el prado con naturales colores . nos sentemos. . Bien afe; aún no mira. . Luisa, di, sentose mi hermana? . Sí. Pues yo me he de estar en pie. Que no haces bien te confieso en ser a una hermana opuesta tan virtuosa, y honesta. Mucho hay que decir en eso. Qué puede haber? nada creas en contra de su opinión, hermosura, y discreción. Digo, y acá somos feas? pues no trocara afe mía isuení por su hinchado garabato la suela de mi zapato. No vi tan festino día; que te parece, Tálego, de la hermosura, y la gala que hoy ha salido a la paso? Que puede bien Salamanca en fama, y antiguedad, en nobleza, letras, y armas, competir con las mayores Ciudades de Europa. Orr. Juana, no ves allí el forastero? No es aquel con quien mi hermana hablaba anoche? . Qué dices de aquella mujer malvada del jardín, tan enemiga de los hombres? . Que me holgara de herirpor los mismos filos su presunción, y arrogancia: esta noche he de ir a verla, y después daré las cartas, y veré al Dotor Ordoñez. Por Dios que la flema es cara de Don Onofre tu amigo, solo se haquedado en casa, por no salir de su paso. Espera, Tálego, aguarda, no ves poblado ese sitio de Deidades soberanas? Soberanas? estás loco? no puede venir tapada detrás de un manto una suegra, que cuanto riñe lo masca sin dientes? por Dios, Don Felix, que en adivinar te vayas a la mano, porque hay tigres con guardainfante. . Estas damas que están en pie me contentan. Para ti, aunque sean muy malas, las muchas son las mejores. Yo llego, si puede el alma de un forastero, que en pena después que os ha visto anda, merecer en el indulto de ese cielo, que embaraza la nube de aquese manto, ver la gloria soberana de vuestros ojos divinos, la sacaréis de las ansias, y tormentos que padece. El hombre es hombre de chapa. Hablando está con Alfonsa. Mas no he entendido palabra de todas cuantas me ha dicho. No le arriendo la ganancia; buen rato tendrá con ella. Ved que mi vida se ampara de vuestrapiedad, señora. Yo no entiendo faramarlas. de cielos, glorias, indultos, corazones, penas, y ansias de almas, ni la retahila que meréis, solo las almas conozco del Purgatorio, y así no andéis por las ramas, decídmelo todo claro. Esta es muy grande bellaca, o gran tonta. . Lo que os pido, si esto mi fineza alcanza, es, que os descubráis. . Pues eso? hablarapara mañana, . tal cual veisme aquí. . Por Dios que nunca ha salido el Alba tan bella, perdone el Sol, cuando venciendo las pardas sombras de la noche oscura, sale entre púrpura, y nácar a dar aliento a las flores, que ya en sus rayos aguardan desplegar en el capillo las hojas de nieve, y grana: (llo? muerto estoy. . No oyes aque. mira si tuvieron causa mis iras contra los hombres? ha traidor? . Mis esperanzas logren en vuestras piedades la fe más constante, y rara, que tuvo amor en su imperio. La mujer que no se ablanda a estos pucheros, es piedra, que al fin somos de una masa los hombres, y las mujeres. Cierto, señor de mi alma, que echáis cosas por la boca, que pueden aquí, y en Francia enternecer a un guijatro. Deslizose la muchacha, Herodes la perdonó de lástima de su cara. Más antes que en vuestras manos me ponga . No escuchas, Juava? Decidme si sois casado? No, señora. . Aquesto basta, que si no es el matrimonio, nadie en público me habla. Qué gallardo entendimiento! quien amante os idolatra, ser vuestro esclavo desea. Vive el cielo que me cansa; qué es esto, corazón mío? ver que este necio a mi hermana le diga tantos requiebros: que fuera que me pesara qué fuesen verdad? . Señora, colas de tanta importancia no se ajustan en un día, pues quien se casa, se casa para siempre. . La mujer con toda llaneza trata de su remedio. Estas cosas mucho mejor es echarla al trenzado de una vez. , . Mal empleáis esa gala, Martín. . Señor. En Vizcaya solo vi mejores fiestas. Más valen allá dos danzas, en que a orillas de un pellejo se suda lo que se baila, que aquí una fiesta de toros; mas no dirás, si estas bragas son Médicos? . Pues porque lo dices? . Porque me matan sin frío, ni calentura. Allí están dos amponas, quieres que a hablarlas lleguemos? En Vascuence, par Dios vaya. Tú primo. . Tapate bien, que llega. . De buena gana, señora hermosa, quisiera hablar con vos dos palabras, por entretener el tiempo, mientras la tarde se pasa, que en otra cosa no puedo jeros de alguna importancia. Porqués Porque he de casarme un día de esta semana con una prima que tengo, moza de muy buenas gracias, que en el cambray, y beatilla jamás ha dado puntada, pero habla Latín muy bien, y es tanto cuanto Letrada, hace Comedias, y en todo tiene muy famosas trazas. Y estáis muy enamorado: Aunque es presumida, y vana, y no es hermosa mi prima, tiene el dote, que le basta así para ser bonita. y ese talle. . Qué queréis? el dinero es gran palabra; mas dejemos estás cosas, y con llaneza, a la usanza de mi tierra, descubríos, que quiero con mano franca serviros: ola, Martín, traite de allí unas castañas, y tostones, que esta vez han de quedar estas damas regaladas de mi mano. No hay que replicarme en nada; esto es, dos, y dos son cuatro, casarnos, o santas Palcuas. Hay mujer tan atrevida: Terrible estáis con un alma que os adora. . Ya me apura la liviandad de mi hermana, y la traición de aquelnecio. Que os dio, que con prisa tante os levantáis? que si es cosa que yo puedo remediarla, no soy manco, ni soy lerdo: En ira, en cólera, en rabia se abrasa el pecho; deciole a aquel hombre que se vaya; ciega estoy! porque me ofende que esté con esa tapada hablando allí. Que me place: Caballero, aquella dama por mí a deciros envía, que sin replicar palabra, no habléis con esa señora, y que os vais de aquí. . Extremad resolución! tesno eonvedle, que aunque siempre ha sido hidalga mi atención con las mujeres, en lo que agora me manda, no es posible obedecerla, Do tesideraacción temeraria, porque una quedase airosa, dejar a otra desairada. Y de camino os advierto, que nunca en tales demandas pa os empenéis, Cabaliero, porque suele, y a la cara salir los efectos de ella. Los que somos de Vizcaya naturales, no sabemos de consejos, ni de trazas, si no tirar adelante muy géntiles estocadas, y venga lo que viniere. Idos luego, y si os escarba el gusano del puntillo, podéis volver con espada, que aquí, y en cualquiera parte esperaré hasta mañana: que aguardáis? De esta manera responde a vuestra arrogancia mi valor. Yo de aquesta. Ay de mi triste, y cuitada, que matan a mi marido! reveles, y cuchilladas. Caballeros, si mis canas pueden obligar. . Mipadre? acción menos cortesana: ya es preciso que me vaya. Aque cese este disgusto. Vámonos, Luisa. y aquesta tarde esperaba Vámonos, Juana, . Quémiro? iros a besar las manos, señor Don Felix, como estáis en Salamanca rme, sabiendo sin las honras que en vuestra casa de vos, y de vuestro padre he recibido, por tanta amistad como los dos desde nuestra tierna infancia hemos tenido? decidme de esta pendencia la causa, y sabed que es mi sobrino con quien sacasteis la espada, que si no fue, como pienso, el disgusto de importancia, desde hoy más será muy vuestro, pues mi obligación no paga a vuestro padre con menos fineza, el honor de tantas: y agoradadme los brazos. En ellos veré lograda la obligación de serviros, y más con la circunstancia de ver en vuestro sobrino tal valor, que en él se esmalta vuestra heredada nobleza; y puesto que no nos llama la ocasión a más empeño, esta es mi mano; y palabra. os doy de ser muy su amigo. Con la mía os doy las gracias de que esto se queda aquí, que yo de muy mala gana, si afe, riño por mujeres, y más con vos, que en mi alma que tiráis como un demonio Nunca esperé de los dos cuando llegaséis? A noche, y llevaros unas cartas de mi padre, . Será honrarme el serviros de mi casa este curso. . No es posible, por tener ya la posada con un Caballero amigo, yo iré a buscaros mañana, y a estimar tantos favores. Con la misma confianza que a vuestro padre, podréis avisarme, si algo os falta, para que pueda serviros con mi hacienda, y con mi casa: quedaos con Dios. El os guarde. . Ven, sobrino. Camarada Don Felix, aDios. Viste mujer tan extraba? Apenas la boca abriste para decirle dos chanzas, cuandopidió matrimonio, y si un instante se tarda, la pendencia del sobrino, yo apuesto que te sacaba por el Vicario. . Tálego, ve al correo, y trae las cartas de Madrid, en tanto que me voy a mudar a casa, que ya el Sol se va poniendo, y he de iraber a la dama del jardín, allá te espero. . Señores, a quien no espanta tal tesón de enamorar? ha que ocasión tan bizarra, pues nadie me escucha, tengo para referir las gracias, y virtudes de mi amo! Vayan, pues no hay quien me vaya a la mano, sus milagros; mas, o Tálego, repara, que el soliloquear asecas, es ya muy viejo en las farsas, y no es cosa nueva que de sus señores las faltas, murmuren a dos carrillos los criados, y criadas: vamos, pues, a la estafera. 1. No se ha visto en Salamanca mayor fiesta, Don Lorenzo. Vive Cristo que en las garras he dado de cuatro antiguos, ay de ti pobre sotana, si me piden la patente! porque yo no traigo blanca, y estos rebaten el cobre al nuevo que hallan sin plata: temblando estoy. 2. Don Esteban, oíd, lupus están fábula: no es nuevo aquel estudiante? 3. Por Dios que tenemos ganga. 4. Cerquémosle con mesura, y después a nuestra usanza le pidamos la patente. Que llegan, Santa Susana. Servidor, señor hidalgo. Si aquí me turbo, me cascan, válgame el desembarazo: bien venidos, camaradas. 1. Sepa usted que le traemos una nueva de importancia que decirle. . Pues que ha avido? llevose el Doctor Magaña la Catedra de Digesto? ha entrado el Fiscal en casa por la gorrona de anoche? hemos de salir mañana al victor de Andalucia? acaso vino la esclava de Doña Éufrasía la roma? decid todo lo que pasa: que hay de nuevo? . Tú lo eres Pescaronme, a Dios sotana. 1. No se ponga colorado, que tiene muy buena cara, y se enciende demasiado. Vustedes me traen en brasas; y así no es mucho encenderme. 2. Aquestas cosas se acaban con el tiempo. . Así lo creo, y en virtud de esa palabra, le suplico me de tiempo de retirarme a mi casa, que no quiero ser prolijo, con gente tan cortesana. a Mire, tome mi consejo, y con nosotros se vaya a la tienda de Carrasco, adonde de camarada tomaremos dos arrobas, de peladillas, patatas, ciruelas, huesos de muerto, mostachones, mermeladas, y otras cosas, que provocan a beberse una tinaja del Colegio de los Mudos, donde a uste, con algázara la pondremos como nuevo, ya quien le echaren la barba, la pagará alegremente. Vamos de muy buena gana; que por las señas, es cierto, si afe, que no he de pagarla. Porque? . Porque yo no tengo barba, ni dinero. 4. Chanzas gasta el nuevo? Pues qué quieren: si uno lo que tiene gasta, no debe más en conciencia. Venga el pelón en volandas, a pagarnos la patente. A de abajo, dos palabras. Diga. . Por Dios les suplico no me lleven de esta data, que sacarme a la vergüenza sobre un asno, fuera galas, pero sobre cuatro, es cosa de obispar con las naranjas. Pague, o llevará el vejamena y culebra cotidiana de alfilerazo de ájeme, ellz . y pellizcos de la marca. Ay qué me matan! No hay cosa. para la quietud humana, como la flema. . Señor Don Onofre, que me aspan, socorrame. Caballeros, yo os suplico, en confianza de la merced que me hacéis, que perdonéis la ignorancia del Licenciado Tálego, pues el estilo no alcanza de la Escuela; y si consiste. su delito en que no paga la patente, yo prometo regalaros en mi casa; hacedme aquesta merced. 1. Cosas de más importancia se hicieran con tal padrino, que estar de por medio basta Don Onofre, que es bizarro, y de todos camarada; y desde hoy el gran Talego queda libre de matracas, y con el grado de antiguo. Atención tan cortesana. estimo. . ADios. El os guarde, no te has librado de mala: donde dejaste a tu amo: Poco habrá que se fue a casa, y yo voy a la estafeta, si otra cosa no me mandas, A Dios; Tálego: esta noche iré, Ortensia soberana, en las aras de tus ojos a sacrificarte el ama. Viene ya mi hermana? . Sí, y al parecer con enfado; con misterio, y con cuidado desde que llegó la vi; que en su cuarto se encerró, y en él queda retirada. Pues porque ella está encerrada me vengo al estudio yo. Condición tan singular no he visto. . Y más he de hacer Luisa, que aunque no sé leer, me he de poner a estudiar, solo porque ella no vino esta noche a su tarea. Habrá quien aquesto crea? no vi humor tan peregrino. Ven acá, que te parece de aquel pulido Estudiante, que se mostró tan mi amante? Que por sutarle merece. tu favor; y tu cuidado, que es bello, señora mía. Bueno es eso; qué? le había de enviar desconsolado? el quedo favorecido; presto en servicio de Dios. nos casaremos los dos. Cómo ha de ser tu marido, si no ha dado testimonio, de rico, ni principal? Para mí el mayor caudal viene a ser el matrimonio. Y si es casado? . A mi ver- (en eso no hay que dudar) el remedio es esperar que se muera su mujer. Sabes dónde vive? . No, mas sin duda me ha seguido, que el hombre queda perdido. A aquesta pieza llegó sin estorbo mi cuidado, y vengo buscando en fin a la dama del jardín; pero la dama del prado no es esta? infeliz he sido? si vivirán, suerte escasa! las dos en aquesta casa? Vos seáis muy bien venido; Caballero; mira Luisa. De hallarla aquí el juicio pierdo; Si el mancebo ha sido lerdo, y si me ha seguido aprisa: nunca dudé que viniera. a tratar la boda hoy, muy agradecida estoy a una fe tan verdadera. De veros aquí me admiro. Yo no de veros a vos, que esto lo dispone Dios. Cielos; qué es esto que miro? sin duda que el forastero vino siguiendo a mi hermana, no fue mi sospecha vana: de rabia, y de pena muero; ya toca en mi vanidad venir siguiéndola así, sabiendo que vivo aquí. Ya sabéis de la verdad en que os adora mi pecho (yo no sé lo que le diga) mi fineza. . Eso me obliga, y es lo mejor que habéis hecho, no perder tiempo en hablar a mi padre, y mis parientes, que andan muchos pretendientes, Ella me quiere casar por fuerza, Esperad un poco, mi padre vendrá muy presto, y pues el fin es honesto. La mujer me vuelve loco. Decidielo todo llano, que yo voy aque se trate de traeros chocólate, y a serviros de mi mano, porque no es dulce importuno, y están travadas, y espesas con un bote de camuesas, con que yo me desayuno. Esperad, viven los cielos que han de quitarme el sentido las cosas de esta mujer, aún no creo lo que he visto; yo seguirla! yo casarme? yo marido repentino: yo hablar en ello a su padre: Tálego, yo estoy sin juicio, Yo pienso que algún demonio Vargas, Don Felix, le ha dicho, que eres bueno para novio, que los diablos andan listos, y siempre dan lo peor. Cuando mi cautela vino buscando solo a la dama del jardín, cuyo artificio, (para vengar de los hombres los agravios repetidos! vengo a burlar en su casa, la fuerza de mi destino me trae a estotra? Qué escucho? luego fue mañoso estilo de su engaño el festejarme? ya son los agravios míos mayores, pues no se logran mis intentos vengativos, y desairada conozco, ay de mí! que son fingidos sus halagos, que no hay cosa que nos hiera en el capricho, como escuchar un desprecio, ni esperado, ni tenido. No sé qué hacerme por Dios. Tú estas en grande peligro, si aquí te encuentran las dos. Bien dices, yo determino ausentarme: ven, Tálego. Esperad. . Yo estoy perdido. Caballero aventurero. que parece que en los libros de Amadis os han pintado sus novelas tan al vivo, que a cualquier dama, o Princesa en senda, monte, o camino, jardín, fuente, bosque, oprado, casa, Palacio, o Castillo, servís con tanta fineza, amáis con tanto cariño, festejáis con tanto agrado, y obligáis con tal estilo, que engañándolas atodas, a todas decís lo mismo, si de querer ausentaros, fue causa el haberse ido aquella discreta dama, que hoy tan amante, y tan fino festejasteis en el prado. Vive el cielo que le han dicho lo que me paso con ella. No os vais, que yo solicito ser vuestra tercera, y ser, ha traidor! vuestro padrino, para que vuelva a escucharos. No la creas, que es fingido cuanto dice. . Calla, necio, eso creyera al principio, pero agora habla con celos, y es otro afecto distinto. Voypor ella. . Oíd, señora. Aquí vuelvo, mas quédito, que está aquí toda mi hermana. Qué queréis? . Solo deciros que os quiero avos. A mí en vano lo pronunciáis. . Yo lo digo, y es verdad, porque a esa dama, viven los cielos divinos, que acaso la hablé en el prado, y es mujer que nunca he visto, ni hablado en toda mi vida. Y es de humor tan exquisito, que allí en justos, y en creyentes, sin Parroco, ni testigos, se casaba con mi amo, y aún se casara conmigo sin dificultad, porque tiene flujo de maridos, y entre otras cosas, es boba, pero es necia, que es lo mismo. Buena te ponen, Alfonsa. Esto es verdad, yo he venido a buscaros, y a esa dama la encontre en aqueste sitio, sin saber que estaba aquí. Eso lo hubiera creído a no haberos vistu antes, que muy tierno, amante, y fino le dijisteis mil requiebros. Esos fueron desperdicios de la ocasión, porque el alma la aborrece usolo áspiro, señora, a ser vuestro esclavo. Que esto escuche, y no de gritos? ha perro! a Dios casamiento. Mas me ofende el persuadiros a que de vuestras cautelas no he penetrado el motivo con que a todas engañáis, y que sois un fementido, falso, traidor, alevoso, ingrato; pero que digo? yo enojada, y descompuesta? llevose el afecto mío sin elección del discurso, perdonad mis desvaríos. Idos con Dios, idos luego, no aguardéis a que el activo volcán, que me abrasa el pecho, reviente en incendios vivos, y seáis de mis venganzas horror, escarmiento, aviso, con el fuego de mis ojos, o el aire de mis suspiros. Qué es esto? en su sentimiento desconocio su artificio. Qué aguardáis? . Miro, señora que mi pecho. . Ya lo he visto. Por vos se muere. Y por todas. . Y que mi amor, Es fingido. . Émplea en vos. Sus engaños. . Toda el alma. No la estimo. Vive Dios que habéis de oírme. Vive Dios que sin oíros mi rigor. Ortensía. . Solo para apurarme el sentido faltaba agora esta necia. Entre puertas te han cogido. Buena la hicimos, Tálego. Pues, Alfonsa, aque has venido al estudio? . A ver si eres Doña Ortensia. No averiguo no si abias que quieres decirme. . Nada; por esta que estoy sin juicio de ver la vuelta que has dado. Pues que has visto en mí? Que he vistos que te acuerdas de los hombres, y te olvidas de los libres, que hace este Ángelito aquí? Como sé tus desvaríos, no te respondí. Señora, en este punto ha venido tu primo muy cegijunto; enojado, y pensativo llega a este sitio. . Ay de mí! Caballero, yo os suplico que os entréis en esa pieza. En mi vida me he escondido, perdonad, que no he de hacerlo. Yo no me entiendo con primos, válgame aqueste bufete. Que no aventuréis os pido mi honor. Eso me convence, ya os obedezco. Martinillo me dijo, que vio dos hombres entrar en aqueste sitio rebozados, y yo vengo hecho cuarenta maridos a saberlo de raíz: Doña Alfonsa, Ortensía: Primo, que tenéis, que así el semblante le traéis descolorido, y descompuesto? . No es nada, solamente haber sabido, que en este cuarto tenéis a dos hombres escondidos, y vengo a mirarlo todo de arriba abajo. . El ha visto, ay de mi lentrara los dos; cualquiera que hubiere dicho tan gran falsedad. . Primilla, no hay que andar aquí conmigo en historias, ni embelecos; yo he de ser vuestro matido, y ya como a tal me toca recogeros, y ceñiros, y mirarpor esta casa. Sois un grosero atrevido, incapaz, y majadero, y por loco no castigo vuestra presunción villana. Pues como así a vuestro primo cabeza de vuestra casa, habláis con tal rabanillo, escuderona prolija? Casi he tenido en el pico el decirle a Don Alejo adonve están escondidos, porque le pegue a mi hermana. Yo os bájaré los humillos; apartad, que todo el cuarto he de registrar. Sobrino. Don Alejo, qué es aquesto? Cómo de esta suerte os miro descompuesto con Ortensía? Cómo razón he tenido, que me basta, y que me sobra; como en este cuarto mismo ay dos hombres encerrados: como por haberlo dicho, me ha tratado Doña Ortensia como a un negro, y como digo, he de ver toda la casa, que como soy Vizcaino, soy muy caprichudo; y como el que quisiere impedirlo, será darme un grande como, y hacerme descomedido. Es esto verdad, Ortensía: Muerta estoy! señor, mi primo; que le diré? se ha engañado. Así lo tengo entendido de tu virtud, hija mía. Quién se vio en mayor peligro? Más porque se satisfagan las dudas de mi sobrino, hemos de mirar la casa, venid por aquí conmigo. Yo miraré aqueste cuarto. quién va? quién es? Ya lo ha visto, muerta estoy. Es Don Onofre? Don Felix; que es lo que miro: como estáis en este cuartos Eso es largo de decirlo, después sabréis el suceso, y agora basta advertiros, que mi vida, y el honor de cierta dama confío de vuestra amistad, . Yo muero de celos, pero es preciso no faltar en este lance a la obligación de amigo: seguro con migo estáis, retiraos. . Sin alma vivo, que haré, cielos? . Ha traidora! por tu crédito no digo agora que. . Don Onofre, callad porDios. . Mas me irrito con tu traición, y en saliendo de aquí, los agravios míos vengaré. Ved que es engaño. lo que pensáis. . Lo que he visto queréis negar: Qué es aquesto? Don Onofre, vive Cristo, que según estáis hallado, parecéis el escondido: no gusto de estas llanezas. Vive Dios que mi sobrino a todos nos vuelve locos; toda la casa hemos visto, y a nadie hemos encontrado. Un erna, un volcán respiro; también yo miré este cuarto (aunque no lo has merecido hago por ti esta fineza) . y vive Dios que me admiro, que en el señor Don Alejo sea bastante un indicio para alborotar la casa. Yo salí de un gran peligro: mirad si tengo razón de quejarme de mí primo, que desalumbrado, y necio, cada instante anda conmigo poniéndome en estos lances; por no oír sus desvaríos, me he de entrar en un Convento. Pues, prima, lo dicho dicho, ello no puede faltar lo que dijo Martinillo; él vio entrar los embozados, y si se han ido, se han ido por ensalmo, que Martín, aunque lo que maran vivo, no dijera una mentira. Sois un necio inadvertido, y ya no sufren mis canas oír en vuestros delirios ofensas tan mal fundadas, y si no me diere aviso el tiempo de vuestra enmienda, sabrá mi honor claro, y limpio castigar vuestras malicias, y depobiende el motivo con que os traje a Salamanca, muy desairado, y corrido. os unviavea vuestra tierra: . y aenta nijas . Ya te sigo: Lava. . Señora, ya entiendo; en estando recogido tu padre, yo le echaré del jardín por el postigo. . Yo salí de grande aprieto. Yo voy de lo que aquí he visto hecha una boba, señores. . Yo preguntaré a mi amigo, cual de las hermanas quiere? . Yo he de estar por San Toribio toda la noche en la calle, hlecho atalaya, y registro de esta casa, para ver si salen los escondidos, porque sepa Doña Ortensia, y conozca mi buentio, si ha salido con la suya Don Alejo el Vizcaino. Y yo, señores me quedo toda la noche dormido, debajo de este busete, porque así ló pide el hilo de la troba en mi conciencia, buenas noches, Reyes míos.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA En peso la noche toda se ha estado el gran majadero de Don Alejo en la calle, para ver si de acá dentro salía algún embozado, y Martín al mismo efecto, con un montante en la mano se ha estado haciendo terrero por la puerta del jardín; pero ya cansado el necio, a su cuarto se ha subido. Todos en mudo silencio están agora podré sin embarazo, ni riesgo sácar a este hombre de aquí, a este hombre, que nos napuesto con poco temor de Dios desde anoche en tal empeño, por enamorar a todas, paso entre paso me llego, y toco la puerta. Juana. Qué querrá este majadero? pues, Martín, tan de mañana te has levantado? . Yo vengo; siéntate por vida tuya, . y muy de espacio hablaremos, que por eso he madrugado. Para la prisa que tengo viene bien aquestaflema; Martín, oírte no puedo, porque he de ponerme el manto, y he de llegarme en un vuelo a llamar al Sastre. . Juana, pues están todos durmiendo, no seas tan presurosa, que tres horas más a menos no importa que venga el Sastre. Siéntate, y da tiempo al tiempo, que yo no he de ser prolijo, porque solo hablarte quiero cosa de diez mil palabras, cuatro, o cinco más a menos, peor será detenerme. Di, pues. Cuanto a lo primero, ya sabes que soy hidalgo. Hay tal bestia! ya lo veo. Lo segundo, no soy rico, Juana, pero soy discreto, y galán, y allá en Vizcaya tengo un solar, donde tengo ganada mi ejecutoria, y por ganar unos cuerbos, que me graznan noche, y día la sangre de mis avuelos; y así quisiera. . Señores, adónde ira aparar esto? acaba, di lo que quieres. Mira, como tus ojuelos, desde que te vi, me brindan con dos niñas, . Hay tal necio! De azabache, y calámbuco, quisiera yo. . Dilo presto. Casarme contigo, Juana, porque . otra Alfonsa tenemos. Gozaras este solar en mi tierra entre mis deudos, donde serás regalada como una Duquesa. . Pienso que el juicio me ha de quitar: después trataremos de eso, que yo estoy algo inclinada, y agora, Martín, no puedo esperar más. otro poco te sienta aquí, y murmuremos de los amos. . No es posible. vete con Dios. . Ya obedezco. No vi tan grande pelmazo, ya se ha ido, agora es tiempo. Así, que se me olvidaba decirte, que si tenemos hijo de este matrimonio, será inmediato heredero de una herreria en Vizcaya y un palomar, en muriendo dos chiquillos enfermizos de un hermano de mi avuelo. Esta bien, aDios. ADios. Ya podrá salir sin riesgo este hombre; que aguardo? Juana, Hay tan extraño suceso! pues, señor, a aquestas horas sin acostaros? . Yo vengo a decirte. . Estoy temblando; si acaso ha sabido, cielos, (do? que este hombre está aquí escondí Que soy absoluto dueño de esta casa, pues de Ortensia marido he de ser tan presto; y sin replicarme en nada. Todo lo sabe, yo muero. Me has de decir, si mi prima me quiere mucho. Qué es esto? vuelvo a respirar. . Que yo dejando lo que merezco por mi nobleza, en mi talle tengo un padrino muy cierto, y sé que está aficionada. Mi ama os tiene grande afecto, y a no ser vos tan terrible. Eso en tocándome al pelo del pundonor, soy un diablo. Yo sé muy bien que en su pecho tuvierais mucho lugar. Y dipor tu vida, es cierto, que aquellos dos embozados entraron aquí? . Yo pienso que el juicio perdido habéis; de la virtud, del ejemplo, y prudencia de mis amas creéis tales desafueros, siendo unas santas? . Así lo dicen, y yo lo creo, mas con todo he de mirar agora aqueste aposento, que aunque le vio Don Onofre anoche, no me contento hasta verlo por mis ojos. Hay más sustos? el ingenio me valga; advertid, que aquí tiene guardado el dinero mi señor, y las alhajas reservadas; así intento salir de aqueste peligro, y la llave en el secreto la tiene en un escritorio. O! pues si aquí guarda el viejo los doblones, no es posible que esté ninguno allá dentro, pues hasta el Sol no penetra la bolla de un avariento. Y agora voyme a acostar, tú, Juana, con gran secreto ten cuidado si mi prima se desliza en pensamiento, palabra; acción, o visaje con algún Escolar de estos, Nigromántico de Amor, que meterán por un suegro un papel para su hija; y en señal de que agradezco el cuidado, y la fineza, sube luego a mi aposento, te daré para un calzado. y en viniéndome dinero de la tierra, te he de dar un vestido hecho, y derecho, con su camisa, y sus naguas, de pícote de lo bueno. . Fuese, y dejome sin susto; de aquesta vez por lo menos le sacaré sin temor. Juana. otro diablo tenemos? Oyenos alguien? . Sospecho que nadie nos oye. . Mira si entre algún libro de aquellos está mi hermana. . Qué dices? Cómo se ha envebido en ellos tantas veces, bien pudiera. No vi tan raro sujeto; ven acá, como cabrá en un libro tan pequeño una mujer de aqueltarle, y aquella alma? . Y aún por eso; necia, adonde han de caber las almas, si no en los cuerpos? Quiero llevarle el humor; aquí no ai nada. . Pues presto despacharé: mira, Juana, ese hombre que está allidentro, me ha dado enDios, y en conciencia palabra de casamiento, y aunque he visto que es bellaco, pues a lo bobo le veo que se andatras Doña Ortensia; con todo, Juana, le quiero en fin como a mi marido, y no quiero hablarle en esto cara acara tantas veces, diselo tú de secreto, y que soy hermosay rica, y discreta, y todo aquello que para engañar las partes dicen los casamenteros: y que hable luego amipadre, porque de una vez echemos a un lado aquestas materias, y a Dios, que empezada tengo una oración al Bautista, y voy a acabarla; a efecto de que me haga bien casada, y me cumpla mis deseos. . Bueno es querer esta necia que trate su casamiento a tiempo que está mi ama picada del forastero, y aún pienso, si no me engaño, que le quiere; mas ya es tiempo de que salga;ce, Don Felix. Es Juana? . Si venid presto, y salidantes que os vean, que estamos en grande riesgo, si nos eneventran. . Por Dios, que no es muy ingrato el jesto de la Juana. . Qué guardáis? Oye por Dios. . Qué tenemos? Decirte, que eres hermosa. Hermosa con tal requiebro? no he de comer en un mes. En tu donaire, y tú aseo se rinden las libertades de buen aire. . Ya lo hecho de mirar, pues qué queréis? Que me quieras. Santo, y bueno: si más le detengo aquí, . ha de enamorar al viejo, y al Vizcaino también. Qué dices? Que yo me precio de muy leal con mi ama, y por todo el universo no le haré traición. . Pues Juana, no salga de los dos esto, tu señora no es hermosa: y si bien se mira, es cierto, que tú tienes mejor cara. Casi me lo voy creyendo: yo os hablaré más despacio. En qué quedamos? . En esto de que soy hermosa. . ADios. A la noche nos veremos: hay hombre tan descarado! Sacaste ya al forastero? hay corazón! muchas cosas, que comunicaros tengo. Si señora: y por más señas, que; mas decirte no quiero lo que con él me ha pasado. Ya en deseo de saberlo me has puesto con no decirlo; dilo, acaba. Yo profeso ser tu criada leal, pero darte no pretendo disgusto. . Dilo. . Pues digo, que es el mayor embustero este hombre, que vi en mi vida; porque agora. . Ya me ofendo: qué sucedio? Él tal Don Folix me enamoro de lo recio, que se puede imaginar. A ti? . Cómo te lo cuento: y aún me dijo, que eras sea. Vive Dios, que estos desprecios me fuerzan más, y me obligan a examinar de su pecho alevolo las traiciones: ya se apuro el sufrimiento: esta tarde disfrazada saldré, ay de mí! pero esto, pues se ha de ver, no lo digo, mejor lo dirá el suceso: yo satisfaré mi agravio, No vi tan pesado sueño: Don Felix, has acabado de engañar. . Qué es lo que veo? A las dos damas de anoche? Cómo estáis aquí? Durmiendo: métime en este bufete, por no tener un empeño cuando vino vuestro primo; y como es pesado el miedo, me ha cargado en la cabeza: y así la noche de un vuelo me llevé como un liron. Pues sabed, que vuestro dueño se ha ido ya. Pues que me importa, si haciendo yo ahora lo mismo le hallaré? Dónde? . Buscando donde enamorar a tiento. Ot Tan fácil es vuestro amo? Dígole a usted, que es portente hablar en eso: una vez le vi enamorar muy tierno a una zurda, que le dijo: como he de querera un necio, que no ha sabido cual es su mano derecha? . Cielos! tanto desengaño, bien empeñará sus deseos la que le quisiere bien. Si ella toma mi consejo, mejor será que los venda, pues fuera echarlos apertos, empeñarlos en mi mano. Idos con Dios, que no quiero saber más agravios míos. Perdonad, si fui grosero. en enojaros, y adiós. , s- cielos, que apenas llegó Ortensía? . Pescome el viejo. Hay más azares fortuna? Aquí me da pan de perro. Quién sois hidalgo? . Yo soy el más antiguo Maestro en Medicina, que tiene esta Ciudad. . No me acuerdo. de haberos visto, ni oído vuestro nombre. . Es que yo suelo estarme sobre los libros encerrado años enteros: y así me conocen pocos. El hombre es raro sujeto; pues cómo hacéis las visitas? Desde mi casa receto así al vuelo un jaravillo, que en tomándole el enfermo, se van con Dios en dos días. Si sois Médico, no entiendo como andáis en ese traje, y con espada? . por eso, y porque acierta opilada le voya dar el acero. Y qué queréis a estas horas? Señor mío, traigo un pleito, que comunicar con vos de mucha importancia, y vengo a informaros muy despacio: si el me escucha, yo me pierdo, . Volved por acá otro día mas despacio, que no puedo. faltar alección de Prima: ven Ortensia. . Ya obedezco, Lindamente lo ha enmendado. Afile usted los Dijestos, que el pleitecillo tiene uñas: yo salíde grande aprieto. Extraño suceso ha sido. el que anoche me pasó: Don Felix, cuando escondido le encontrase, que desvelos! en el cuarto, que rigor! de Doña Ortensia? mi amor se confunde con mis celos! toda la noche esperé a Don Felix, ay de mí! para preguntarle aquí, cual de las hermanas fue, por quien le hallé en tal empeño? Y ahora supe que llegó después de acostarme yo: si Doña Ortensia es el dueño de su amor? si acaso ha sido Alfonsa quien le ha obligado? lo que desvela el cuidado de un celoso! no he podido pegar en tantos enojos los ojos, que mi pasión cerrándome el corazón, me tiene abiertos los ojos. Confuso, y dudoso espero, que Don Felix se levante, porque me diga al instante, como amigo, y caballero, la que quiere de las dos: y si Doña Ortensia ha sido la que amante ha pretendido; perdonará vive Dios, que pues fue mi voluntad anterior a su cuidado, no ha de quebrantar osado las leyes de la amistad: con que de una vez saldré de mi pena, y mis desvelos, de mi agravio, y de mis celos. Lindamente me escapé, Don Onofre? . Pues, Tálego? esta noche no has venido a casa? qué ha sucedido? Siempre que a mirarte llego, de doy mil gracias aDios de ver en tu gentileza tal aseo, y tal limpieza: bien pudieramos los dos servir en una Capilla de lamparas de milagro. Yo vi un Regidor de Almagro, cuyo calzón, y ropilla jaspeados con el primor, que una, y otra mancha fragua, eran del color del agua, que no se le ve color. Y tengo por cosa llana, al mirarte tan lucido, que se vació su vestido, por tu manteo, y sotana: que hace Don Felix? No sé; pienso que no se ha vestido. Tal noche el pobre hatenido, , , s Por las señas, está fue la casa del forastero. No es Don Onofre, ay de mí! Juana, el que miras allí? Si señora. . Ya no quiero ver a este hombre. . Ten paciencia, que tapada, y de esta suerte, no ha de poder conocerte. Buen aire, y buena presencia: quién será aquesta mujer? Será, pues viene al reclamo, de las muchas de mi amo. Puesto, que aquí os llego a ver, no es mucho, bella tapada, ya que aquesta casa honráis, pregúntaros, que mandáis? pues venir tan recatada, y tan airosa, me obliga a incurrir, sin ofenderos, en el deseo de veros: y así, porque no se diga de mi atención, que se muestra tibia en lance tan forzoso; pues aquí el ser yo curioso, viene a ser vanidad vuestra: descubrios. . Con el manto en la boca, mudaré la voz: no sois vos afe por quien me he arrojado a tanto: un caballero buscaba forastero, que ha venido de Madrid; y yo he tenido noticia, que aquí posaba; decid si me han engañado? No señora; mas ya infiero la dicha del forastero; pues apenas ha llegado, cuando a visitarle vienen deidades de dos en dos. Pues aucisnos visto vos? Estos indicios previenen los sentidos, que adivina el alma en tiernos despojos, lo que sospechan los ojos: corred la negra cortina al Sol, si esta dichagana, con limpiafe, la pureza de mi afecto. Esta limpieza guarde para su sotana; y llame al amigo luego. Aunque tampoco os debí, fuerza es serviros aquí: . ya obedezco. . Ea Tálego, solo has quedado con ellas, y te toca en cortesía enamorar de obrapia. Digo, señoras doncellas, si entre las dos hay alguna, que no aspire a ser conquista de Estudiante manteista; y en más ratera fortuna, se contenta con querer aplicarse en la ocasión a ser cosa de un gotrón: en mí, lo que han menester han hallado con gran prisa, que en casa soy despensero, y traigo bolgado el dinero; porque ando largo de sisa: descubranse, vive Dios, que aquí serán regaladas, y en silla de oro sentadas, También enamoráis vos? Sí; que ese dulce reclamo, en su liga me prendió, A todos se les pegó, el contagio de su amo; vos regalar? Eso duda? En vano lo prometéis, que yo sé bien que traéis las faltriquerás en muda. En muda? Aunque más presuma, no tienes blanca. Eso es llano; que si me pongo en tu mano, tú me dejarás sin pluma. Vaya el bribón. Aún no asamos, y más mi amo ha venido. De Don Onofre he sabido, belladeidad. Ya empezamos? Que me buscáis, y quisiera, porque se afrentase el Sol, ver en aquese arrebol luz de más sublime esfera: decid quién sois? Tenga usted, y repare en cortesía, que está dama es cosamía: suplicole por merced la deje, que no es razón ser con tan prontes deseos tarasca de galanteos. Quita, necio. La ocasión de salir esta mañana al campo, y haber mirado vuestro valor en el prado, que en nosotras siempre allana la dificultad mayor, el deseo me ha movido a esta acción: y así he venido ha veros, porque en rigor, y hablando aquí sin rodeo, vuestro talle, y vuestra espada, me tienen algo inclinada: así averiguar deseo sus engaños. . No creí, sien do tan recién venido hallarme favorecido de vuestro cielo: y así, porque sepa agradeceros, señora, extremos tan raros, aunque ya para adoraros no necesito de veros, descubrios, y el mundo vea, que nace otro Sol aquí. Tan presto me queréis? Sí. . Y si acaso fuese fea, que haremos? . Tales enojos, señora si se repara, no puede hacer a su cara quien tiene tan buenos ojos. Tanto me queréis en fin? Amor la verdad no niega. Y si esto a noticia llega, de la dama del jardín buen lance habremos echado? Todo lo sabe; eso ha sido solo ser agradecido. Ysi la dama del prado lo sabe, a quien pretendéis con palabra de marido? Vive Dros, que te ha cogido. Volverme loco queréis: esa es la que más me enfada; dejad tan vana quimera, y descubrios. . No quisiera que lo sepa la criada, que os sacó aquesta mañana de aquel lance tan estrecho, a quien vos parte del pecho disteis de tan buena gana: y aún dijisteis afe mía. Habrá quien aquesto crea? Que su señora erafea. Esto yo no lo sabia. De donde tan conocidas señas tendrá? no lo entiende mi duda. . La dama es duende, y sabe nuestras guaridas. Señora, mas no es aquel que subepor la escalera el Doctor Ordonez? . Cielos, muerta estoy aquesta pieza me valga. . Esperad, oíd. No es posible, que se arriesga mi honor, y mi vida aquí. Viose confusión como esta? Señor Don Felix, que miro? este hombre, ay de mí! no era el que hoy encontre en mi estudio? ya junta aquesta sospecha con la de deciranoche mi sobrino, que en mí misma casa estaban escondidos dos hombres, son apariencias de verdad: y lo asegura hallarle allí con Ortensía tan de mañana, y en traje de noche; pero mis penas, hasta mejor ocasión, disimulen: no quisiera, señor Don Felix, faltar a obligación tan estrecha, como debo a vuestro padre; y así viene fineza a buscaros, y a serviros, seguro de que esta deuda sabrán pagar mis deseos. Este favor desempeña mi obligación, pues añado nueva razón a que tenga ocasión de obedeceros. Cómo os va en aquesta tierra? Como en el centro mejor, y más ilustre academía de Ingenios, Ciencias, y Estudios, que en todo Europa celebra la admiración hecha aplausos; la fama haciéndose lenguas: y como el primer motivo de venir a las Escuelas, fue proseguir mis estudios: y en esta heroica Palestra, agualmente se compiten las virtudes, y las ciencias, con emulación honrosa, si os trato verdad, quisiera adelantar mis estudios, desuerte, que mereciera, entre tan doctos varones algún lugar mi modestia. Bien hacéis, que el más seguro camino, es el de las letras para adelantar la fama, y dar lustre a la nobleza: yo escribiré a vuestro padre el desvelo, y la prudencia con que obráis en Salamanca. Don Felix, es cosa cierta que aprende con eficacía a engañartodas las hembras: usted se lo escriba luego, y que ha perdido las cejas deestudiar; porque mi amo estudia, que se las pela. . Muy buena casa tenéis. Estar enfrente de Escuelas, es grande comodidad. Este cuarto me contenta, que cay hacia el Mediodia, dormis en aquesta pieza? que parece buena: cielos, que miro! Esperad, que en ella, travesuras son de mozo, hay una dama encubierta, y al entrar vos se ha escondido, porque no quiere que vean que está aquí. Viven los cielos, que jurara que vi a Ortensia al entrar; y aqueste indicio, aunque no llegue a evidencia, basta para averiguarlo; pero solo, y sin defensa, y en casa ajena, no es fácil: y si intento con violencia apurarlo, lo aventuro: válgame aquí la cautela. Señor Don Felix, no es justo que embarece, quien desea se ruiros: aquestos lances, la juventud los dispensa, que son muy de vuestros años amorosas contingencias; y yo de nada me admiro, cuando más despacio pueda veros, volveré a buscaros, a Dios. . A Dios: pues me espera abajo un criado mío, . yo haré que se esté en la puerta, y si sale esta mujer, la siga con diligencia, en tanto que voy a casa; y si no encontrare en ella a Ortensia, volveré al punto con espada, porque pueda averiguar esta duda, que aún duran en mi centellas, que aviven la llama activa del valor, para que tenga satisfacción de este agravio, y venganza de esta afrenta. Fuese ya mi padre? . Sí. Bien merece quien se arriesga, sin mirar lo que aventura, que estos lances le sucedan: Vamos Juana. . Pues señora, cómo os vais de esta manera? sin saber yo, . No es posible, ay de mí! que me detenga: otro día os veré, adios. Vamos aprisa, no sea que agora, mas hay señora! hacia aqueste sitio llega Don Alejo, con Martín, triste de mí! . Habrá más penas? pues que haremos? Enjaularnos otra vez. Habrá quien crea tales sucesos, Tálego? Don Felix, no hay quien os vea desde que los dos reñimos: tres veces son ya con esta las que os he buscado en casa, que en fin amistad engendra, reñir entre dos amigos: hacedme merced que sepa, si estáis bueno de salud; porque preguntaros pueda después, cómo os va de cosas? Como quien tanto granjea en teneros por amigo. O! si eso fuera en mi tierra, conocieráis lo que valgo: allí sí, por santa ella, que pudiera Don Alejo regalaros sobre apuesta; mas puede ser que algún día, si se os pone en la cabeza, nos veamos en Durango. En cuasquiera parte piensa de vos mi amistad lo mismo. Qué sabéis de las doncellas? porquien fue la pesadumbre? eran malas, o eran buenas, que yo me quedé en ayunas de sucara? . Contingencia de la ocasión fue el hablarlas, ni bellas; ni conocellas pude entonces. . Vive Dios, que eran grandes hechiceras, porque poner a dos hombres con barbas en tal rehierta: solo el diablo lo intentara. Viendo vuestra gentileza, antes os lisonjearon Dad al diablo esas quimieras, que para una vida sola, hartos peligros la cercan; sin andarla cada día poniendo en la contigencia de la espada, que es la muerte, puesto que a nadie respea. Esta es la casa, no temas, entra con el piederecho, que de esta vez se concierta mi boda sin remisión. Hay señora! considera, que hemos dado con tu primo. De puro viva estoy muerta, que haremos Luisa? . Volvernos es lo mejor. Oyen Reinas, qué buscan aquí? . Buscamos una boda, que nos cuesta desde ayer mucho trabiao. Pues si casarse desean, en cas del Dotor ordoñez se vayan a toda priesa, que su hija Doña Alfonsa las enseñará dos tretas de casarle por enfalmo, que la mujer es aprueba de maridos. . Quita loco: a quien buscáis, damas bellas? A vos. . A mí? qué mandáis? que como serviros pueda, no excusaré obedeceros; que agora a buscarme venga, cuando está la otra escondida? Aparte hablaros quisiera cuatro palabras, oíd. Con la hermana compañera me acomodo, que parece moza de famosa hebra. , . . Qué es aquesto? Ortensía no estaba en casa, y que no ha salido fuera ninguna mujer, me dijo el criado: mas con ella está Don Felix; que aguardo, aunque liniandad parezca mi resolución? sabed, señor Don Felix, que es fuerza conocer aquesta dama, y salir de una sospecha, que importa a mi honor. Ay triste! No temáis, que yo en defensa vuestra perderé la vida: de . aunque aseguraros pueda, que no conozco a esta dama; estando en mi casa, fuera no defenderla desaire: y así, no intentéis el verla, porque no he de consentirlo. Cuando he dicho que se arriesga mi honor en aqueste empeño, ya es preciso, que la vea: Dame esa espada; también que yo la defienda es preciso. , . . Así vengaré mi afrenta. Deteneos tío, que es cosa muirecia, que queráis por fuerza ser mandón en casas ajenas; que os importa, que Don Felix tenga en su casa, o no tenga a estas niñas? . Vive Dios, que me apuráis la paciencia, y sabré matar a entrambos. Yo estoy muerta. Señor Dotor? pues, Don Felix? que ocasión así os empeña, a que los dos? . Nada escucho, que mi razón nada aceta, sino morir, o apurar mi duda. Usted se detenga en cortesía: pregunto, no es toda aqueda refriega sobre que yo me descubra? Con eso este empeño cesa. Pues a la mano de Dios: mejor es que todos sepan de una vez que soy calada; veme aquí. . Qué es esto penas? gija traidora, este acero sabrá con tu sangre misma lavar de mi honor la mancha. Aquí del Rey, que me pegan, porque busco a mi marido. apartad. . Ella se ha entrado en la pieza donde está la otra escondida. Ya esfuerza estar a tu lado. Y yo al tuyo . Aunque no quieras, ha de saber nuestro padre, que estás aquí: sal afuera hipócritona maldita. . Vue Dios, que es Doña Ortensía. Cielos, qué es esto que veo? Rabiando estoy de celera: ya esto me toca en el duelo; fuera, nadie me detenga, Infames hijas, a entrambas sabré matar en defensa de mi honor. . Tened la espada; ya otro remedio no queda en lance tan apretado, donde el crédito se arriesga de dos mujeres tan nobles, sino acudir a la enmienda de su honor, aunque aseguro, que hasta ahora no sé que sean vuestras hijas estas damas: basta, que de esta manera las encontréis en mi casa, para que deje bien puesta mi obligación, y su fama: y pues esto se remedia con ser de Ortensia marido; esta es mi mano, y en ella le ofrezco el alma mil veces. Aunque la venganza tenga tanto lugar en mi pecho, volver por mi honor es fuerza? dale la mano. . Mil veces dichoso yo. . Yo soy vuestra, como no queráis a otra. Así lo ofrezco. . Paciencia, que no faltara otra boda. Y porque mi gusto tenga cumplidas todas las dichas, mi sobrino a Alfonsa bella le dé la mano. . Que puedo hacer, si he perdido a Ortensia? vuestro seré eternamente. Tálego, y Martín se quedan, para casarse después. . Dónde? En la segunda mesa, Y aquí la come día acaba: perdonad las faltas nuestras,
