Texto digital de Encanto es la hermosura y hechizo sin hechizo
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- Agustín de Salazar y Torres
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Encanto es la hermosura y hechizo sin hechizo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/encanto-es-la-hermosura-y-hechizo-sin-hechizo.

ENCANTO ES LA HERMOSURA Y HECHIZO SIN HECHIZO
JORNADA PRIMERA
Caballero, si adelante pasais, haréis, que mi ira con la voz de esta escopeta responda a vuestra osadía. ̱. Bella Peidad de estos bosques, mula hermosa de Cintía, que para fieras, y hombres e plomo, y la voz fulminas; a quien el Betis la debe cuantas estampas floridas tus negros ojos encienden, tu blanco pie resucitas lermítele a un albedrío, e el rendido impulso siga uadolación voluntaria. sin dejar de ser precisa; en que te ofende quien solo a seguir tu luz aspira? en qué te agravia? . No más, que aunque disculpar podría vuestro atrevimiento el traje, pues de vos no conocida puedo ser por forastero: basta que una mujer pida, que no la sigáis, pues es cierto que no necesita de otra recomendación para ser obedecida, que el ser mujer; y si acaso no cesare la porfía de seguirme, habrá de ser del pedernal a las iras para vuestro atrevimiento corto rastigo la vida: y así, mirad. . Tente, espera, que obedecerte quería, pero ya con tu amenaza disculpó mi grosería; porque el morir a tus manos no es desgracia, sino dicha; pues si al rayo de metal la nevada mano aplicas, aún lo irracional conoce felicidad la ruina: mira que harán los humanos que de tus ojos peligran a más hermoso instrumento, con menos ruidosa herida. Retórico forastero, excusad cortesanías, que ni yo escucho, ni entiendo; yo me retiro a mi Quinta, donde hay honor, que la guarde; y si sois, como me avisa vuestro traje, Caballero, quedaos, no de vos se diga, que ay Caballero, que niega, a donde hay Dama que pida. Aguarda, detente, espera. Que haya borracho que sirva a amo que se pierde, y que es siempre una cosa perdida? Pues me hallas de buen humor. Pues dime, pese a mi vida, si he rodeado cuatro leguas en una mula maldita, mohína, en fin, aunque hoy tiene causa para estar mohína, a no quieres que me lamente? Tacón, de tus boberías, ya te he dicho que me canso. Señor? cierto que gran dicha ha sido hallarte los dos. Muñoz? . En alas venía de mi cuidado creyendo, que llegaras a esa villa solo. . Así; Muñoz, lo creo de tu buena ley. . La mía debe de ser de algún Turco; y es verdad, pues cada día, queriendo ser buen Cristiano, tus cosas me desbaptizan. Vive Dios, que si no callas, que haré que paguen tus frías necedades mis pesares. Qué cuidado te fatiga ahora señor nuevamente? cuando alegrarte debía, después de tan larga ausencia, el llegar hoy a Sevilla tu patria? Dinos si es temer, que otra vez te rindan los halagos de Doña Ana, que un amor tarde se olvida, si es verdadero. . No es de ese incendio las reliquias las que hoy encienden mi pecho; porque de sus tiranías estoy tan desengañado, que ni acordarme quería de su nombre . Pues yo sé cuando por nombrarla había más Anas en tus razones, que en cuatro tapiterias. No quieres callar? . Acaso, has tenido la noticia de que viene tu enemigo? Mucho es, que eso me digas, Muñoz, cuando me conoces; porque a mi nada me implica, que lo sepa, o no lo sepa. Pues qué aventura en un día te ha podido suceder, que te suspenda, y aflija, y nosotros no sepamos? Si en referirlo se alivia a tal vez un cuidado, quiero daros del mío noticia: Ya sabéis comó Doña Ana de Ribera mi enemiga. Porque más cerca murieses, junto a tu casa vivía en poder de un tío suyo, mientras su padre venía en la Flota de un Gobierno, con que antes pasó a las Indias. Amante, pues, de sus luces, a la continua porfía de mis quejas, al anhelo. de mis suspiros propicia vine a tener su Deidad: oh cuánto el ruego conquista! no digo bien, la fortuna; que en bellezas peregrinas, para conseguir favores, no hay méritos, si no dichas. Amante, y correspondido ondas sulcaba tranquilas en los piélagos de amor, cuando una noche enemiga, que iba a hablarla por la reja de un jardín, hallo que hacían seña a un hombre, que embozado. no sé cómo lo repita! se llegó a hablarla a la reja: pero la voz tan remisa, i que nada percibir pude; bien, que el alma me decía: esa es Doña Ana, ese es amante, que solicita sus favores, y tu muerte: ha villana tiranía de los celos, pues que matas solo con lo que imaginas! Dígalo yo; pues celoso, que con que celoso diga, está bien exagerada, o la razón, o la ira: A embesti con mi contrario, y a breve rato una herida recibió; luego al ruido, advirtiendo que venía gente, y que lacaban luces, fue en los dos cosa precisa el retirarnos, porque no pudiese la malicia colegir contra Doña Ana el alguna sospecha indigna. Nunca pude averiguar quien fuese el que se oponia a mi amor, con que el despecho me obligó, que a pocos días determinase pasar a Flandes, sin dar noticia a la causa de mis daños, por no encontrar con su vista satisfacción a mi agravio, que en ofensas conocidas, es infamia el procurarla, y el procurarla, es pedirla. Tres años estuve en Flandes, hasta que ha sido precisa mi vuelta a Sevilla, a causa de que mis deudos me avisan, que de un Mayorazgo, que de mi parte se litiga, importaba mi asistencia para afianzar mi justicia: y en esta última jornada, para no entrar con el día en la Ciudad, excusando cumplimientos, y visitas, me adelanté de vosotros a sestear en la orilla de Guadalquivir; aquí empieza la peregrina historia de otro suceso, o de que no tenéis noticia. Sesteando, pues, del Betis en la ribera florida, llegué a un bosque, tan suave, por la sonora armonía de las aves; tan fragrante, por los ámbares que espiran las rosas, que mal pudiera distinguir veloz la vista unas flores que cantaban de unos pájaros que olían: absorto, y confuso estaba, entre aromas, y armonías, cuando un lento estruendo escu- entre las ramas vecinas, (cho que negando el paso al Sol, verde sombra eran del día: la vista aplico por unas tenaces yedras, que hacían maridaje con los sauces, el obr cup y lentamente movían cuantos verdes corazones, cuando el viento les irrita, temerosamente laten, vistosamente palpitan. Una hermosa cazadora era la que discurría lo enmarañado del bosque, tan bella, tan peregrina; mas querer encarecerla, mas que aplauso, es grosería; que no es grande la hermosura, que es capaz de encarecida, ni el pensamiento pudiera, (que es quien más perfecto pinta, bosquejar de sus reflejos. aún las luces más remisas, pues contra el común concepto, solo en su beldad se mira una perfección, que es meno: imaginada, que vista. Era el exterior adorno del justillo, y la basquiña azul, y plata, que ya que algún color se permita a la hermosura del Cielo, pareció cosa precisa, que habiéndose de vestir, del mismo Cielo se vista: azules, y blancas plumas los bellos rizos matizan, que las insignias de Marte, ya eran de Venus insignias; pero de las negras trenzas, noche que invidiaba el día, entre el penacho mezcladas, en confusión peregrina, a la discreción del viento, que mansamente respira, volaban trenzas, y plumas, que unas peina, y otras riza. Lo licencioso del traje el pequeño pie a la vista en dos átomos permite, y dijo el alma rendida: Ya conozco, que eres Sol, pues los átomos ánimas; pero tan imperceptibles, celosas los encubrían pequeñas rosas de nácar, que cuando las solicita más descubrir el deseo, si por la selva florida mueve las ligeras plantas, apenas se distinguía la flor del lazo que huella de la misme flor que pisa. Una gravada escopeta la diestra mano fulmina, dando a entender su hermosura, que porque nada se exima de lo humano, ni lo bruto, dleva en armas indecisas, el plomo para la fieras, para los hombres la vista, Cansado, pues, de dar muerte, o cansada de dar vida a las flores, y a los brutos, que unas con la huella anima, y otros con el plomo hiere; a la margen se reclina de un arroyo, cuyas ondas fulminadas de su vista, cristalinas llamas vierten, centellas nevadas rizan. No hubo flor en la ribera, que no llore su ruina; mas qué esperaban la hlores, cuando las ondas ardían: De las destrozadas fieras, las blancas manos teñidas lava en el cristal undoso, eños sin que el cristal las distinga; corta el agua, y más, que aljófar, blancas centellas salpica, de cuyo ardor las arenas 2ola fueron doradas cenizas: con la mano enciende el agua, sin valerse de su vista, que eran ociosos los rayos, donde la nieve encendia. Yo, pues, en tantos ardores la llama busqué enemiga, porque en riesgos tan hermosos aún son los peligros dichas: y así, al dejar el arroyo, me determiné a seguirla, y hablarla; bien, que al mirarla, torpes, tardas, y remisas fueron mis voces, porque un amor mejor se explica, cuando no acierta a explicarse, que en su dulce tiranía las palabras mal formadas. son señas de bien sentidas. Pero ella a mis rendimientos, hermosa, airada, entendida; me respondió: Quién ha dicho, que nunca han hecho armonía esquivez, beldad, e ingenio? solo lo contrario digan las vulgares opioniones; porque siendo preferida la porción del alma al cuerpo, imperfección fuera indigna una perla mal labrada, y una concha muy pulida. Hermosa, y discreta (vuelvo a decir) que no la siga me manda, ni a mí me fuera posible; pues de la Quinta a donde se retiraba salieron a recibirla cazadores, o criados; con que hoy me espera en Sevilla lo embarazoso de un pleito, de un enemigo las iras, de Doña Ana las traiciones, y de una beldad esquiva el nuevo amor imposible; porque aunque ya de él vista. me ausente, si va en su alma impresa, no es medicina el que huya del acero, cuando ya llevo la herida, De todos esos cuidados, yo apostaré, que la Ninfa, que has encontrado en la selva es el que más te lástima. Eso está puesto en razón. que en buena Philo sophia, de las damas, y la sarna, la última es la que más pica. Es verdad. . En este caso quisiera tener noticia. de quien es, y que supiera que su belleza rendida. dejó un alma, que no ignore: los tropeos de su vista; que si ignora la victoria, de qué le sirve el que rinda? Pues supuesto, que no es más que eso lo que solicitas, ya tengo medio con que lo que deseas consigas. Ay en Triana una mujer, que puede ser que ahora viva donde yo la conocí, que es hija de Celestina, y heredera de sus obras. Esta, no hay dama en Sevilla que no conozca, porque con las más introducida está, por su habilidad, pues vendiendo bujerias, como abánicos, color, alfilares, barros, cintas, guantes, y valonas; y otras semejantes baratijas se introduce; y con aquesto por el ojo de una tía meterá un papel, y hará con tan rara, y peregrina maña un embuste, que muchos, siendo así, que eso es mentira, la tienen por hechicera. Luego no lo es? No. . Qué digas eso? ahora, a mí me dejra, que sus virtudes prosiga. Prosigue, que por hacer tiempo, oiré tus boberías. Celestina, entre las raras mañas con que se introduce; es la que más se le luce, ser remendonas de caras. Hace caireles, y en ellos entabla una pretensión, porque entonces la ocasión la coge por los cabellos. Pule cejas, y pestañas, y ella introdujo el estilo de pelar la tez con hilo, y de él hace sus marañas. Friega un rostro de manera; con una, y otra invención, que una cara de Alcorcón, la vuelve de Talavera. Arrugas quita sin tasa, y de esto yo soy testigo, a una vieja como un higo alisó con una pasa. Hace tan rarojabón con el sebo, y con la hiel, que hará mano de papel! una mano de tejón. Es del Amor mandadera, mas su mayor interés, solo se funda en que es tan grandísima hechicera, que a un hombre desde Carmona, le puso en el Preste Juan; y otro trajo de Tetuan, como pudiera una mona; pero entatuna, y otra tacha tiene, hablando la verdad, una buena habilidad, que es grandísima borracha. Pues en esta historia breve, que mi ingenio te describe, si es asombro como vive, es un pasmo como bebe. Y en fin, aquesta embustera tiene en amos tal poder, que si quiere, ha de querer uno, que quiera, o no quiera: hace amar. . Qué desvarío! Luego no me crees? Que sea tal tu ignorancia, que crea que se fuerza al albedrío! l No crees sus hechicerías? pues tú lo verás después. Qué proprio de vulgo es creer estas boberías. Esa es mujer tan extraña, que esto en toda la Ciudad. le cree, siendo habilidad solamente. . Si su maña quien es la dama supiera que ocasiona mi cuidado, y ya papel, o recado de mi parte introdujera, gran gusto para mi fuera: Si no más que en eso está, de que ella al punto lo hará B puedes quedar satisfecho; su casa está en el camino al entrar en la Ciudad. Allá verás si es verdad, que es bruja. . Ese desatino, necio, quieres tú que crea? Vamos, pues, sea ella instrumento para conseguir mi intento, y lo que se fuere sea. En fin, qué no es bruja? . No. Ni encantadora? Tampoco. Ni hechicera? . Calla loco. Pues así lo fuera yo. . La que vive de su oficio trabaje; que en la verdad es mala la ociosidad, que en fin, es madre del vicio, Al verme cargada de años, en ser medianera di, porque en efecto algo en mí han de obrar los desengaños. En este oficio una higa le daré a quien lo inventó; bien sé yo lo que sé yo en él, aunque yo lo diga. La memoria ver intento O eazo del trabajo de este día, número uno, Alcaicería, tod embuste de casamiento. Las doncellas más sesudas me creen cualquier disparate, como en casamiento trate, y no lo escupen las viudas. En Cal de Vayona, el pelo a una vieja he de enrubiar; y en Calde Francos, quitar unas pecas, y un recelo: oot aquesto el gasto ordinario me dará; muy pobre estoy de enredos, pues me hallo hoy sin embuste extraordinario. Ya del amor el comercio está poco liberal; el Yen el amante más leal no da un cuarto por un tercio. Mas yo inventé una quimera, que es la que más me ha valido; y es, que yo misma he fingido que soy tan grande hechicera, que sé el punto donde estriba la fortuna, y que comprendo la Astrología, mintiendo aún de las tejas arriba. Es esto de las Estrellas el más seguro mentir, pues ninguno puede ir a preguntárselo a ellas. Eci Por mentir a lo Gitano, a todos la mano tomo, y me voy por ella, como So esia por la palma de la mano. Finjo lo que hace un ausente, que haré amar en dos instantes; y esto lo creen los amantes, que son bonísima gente; siendo así, que es cosa rara, que ni echar las habas sé, pues no ha habido vieja, que no lo sepa. . Para, para. Ah de casa? . Mi Antoñica, qué se ofrece por acá? Mi señora es la que está a la puerta, y te suplica mi amor, que en cierto cuidado, que vine a comunicar, con la fineza has de obrar, que sabes . Es excusado. el ruego, di a su merced, que entre luego. Voy volando. No se va esto mal trazando: a esta moza acomode. en casa de esta señora, con título de sobrina, porque es bonita, y ladina; y un galán, que a su ama adora; me la hizo echar por espía en su casa, y como ha sido también de las que han creído mi fingida hechicería, yo apuesto que su ama ahora venirme a ver determina, por mágica, o adivina. Celestina? . Mi señora, esta casa tan feliz? No me puedo detener, porque de Grañada ayer mi prima Doña Beatriz llegó, con que a recibilla a una quinta; en que está voy? pues mi padre quiere que hoy entre con ella en Sevilla: mas viendo, que en el camino, y apartada del lugar tu casa está, quise entrar a verte, porque imagino, que tú el alivio has de ser de un cuidado, de un pesar, que no le sabré explicar, aunque lo sé padecer. Yo sé, que la primacia tienes de cuantos ha habido, que la ciencia han aprendido de Magia, y Astrología; y si acaso haces por mí lo que espero, te prometo, que galardón, y secreto tengas. . No más, que por ti, hasta donde mi experiencia llegare, pienso probar. ̱ . Yo sé lo que puede obrar Celestina, tu gran ciencia, y está a todas es notoria. Los Buenos siempre honran mucho Atiende, pues. . Ya te escucho, comienza tu amarga historia. ̱ . De un Amante di atención a las ansias amorosas. Poco a poco, que estás cosas piden gran cuenta, y razón. De un amante mi beldad a las quejas dio atención, y halleme una inclinación, con el traje de piedad; vuelto el desdén en clemencia, al punto el amor triunfó, porque el desdén cuando huyó, llamó a la correspondencia: viéndose favorecido mi amante. . Qué se entibió? Al contrario, antes quedó más constante, y más rendido? si te cuento los excesos de su amor; te admirará. Desde Macias acá no se hallará un hombre de esos:: Con el Aura del favor, y con la fuerza del trato, sulcábamos el mar grato en los piélagos de amor: cuando en el golfo sereno levantó el Cierzo traidor fiera borrasca. . El amor tiene de eso mucho, y bueno. A este mismo tiempo había, aunque de mi despreciado, otro amante, tan cansado, que más que afecto, porfía era su amor, pues no fue bastante mi indignación a impedir su pretensión Mira, muchos sienten, que los desprecios son muy buenos, a otros enfrían también: más creé, que esto del desdén tiene su más, y su menos. Tan ciega, tan obstinada fue su pasión, que por ver si podía merecer, que le oyese a una criada con dádivas granjeó, que mi ruina vino a ser. Miren, que infame mujer: que poco lo hiciera yo. Una noche infausta, en fin, que esta traidora infiel estaba hablando con él por la teja de un jardín: llegó mi amante, y por ser, para más desdicha mía, la parte donde solía hablar conmigo, a creer se persuadió su recelos, sin preguntar, ni inquirir, que hasta en el no discurrir son ignorantes los celos: con que loco, y temerario con su enemigo envistió, y a poco rato quedó cual herido su contrario, Llegando gente al ruido, fue el que ambos se retirasen preciso, sin que quedasen uno de otro conocido. Viendo el herido ignorada la mano de quien le hirió, a pocos días pasó, de despechado a Granada. Mi amante, con tal cerreza treyó traición en mi fe, que sin verme más, se fue a Flandes: desde aquí empieza mi ruego contigo, . Di. Es, que tú me has de saber, si le he de volver a ver, si allí se acuerda de mí, o si ya su voluntad se ha entibiado con la ausentia. Negocio es en mi conciencia que tiene dificultad; mas yo pienso echar el resto en esta ocasión por ti. No lo perderás. . Así, que se me olvidaba esto, el nombre? . Don Juan de Lara se llama. . Puede importar. Y con quien tuvo el pesar fue Don Diego de Guevara. y . Está bien. . Cuando podré volver a verte? . Estas cosas, aún que son dificultosas, cuando vuelvas yo estaré en tu casa, con pretexto de vender las bujerias, que son del uso estos días. Grande es tu saber! . Mas esto solo quede entre las dos. De mi parte te prometo la paga con el secreto. Pues adiós señora. . Adiós, Ay tan graciosa inotente! Oyes, te acuerdas, o no, que día, y hora sucedió? El día de Sen Clemente, que no lo he olvidado, en fe de que el más festivo día de Sevilla, su alegría mi mayor eristeza fue. Y la hora? . Entre una, y dos de la noche. . Bien está. Hablaste a Don Diego? . Ya Adiós Celestina. . Adiós. Dejen ahora que me ría de aquesta finceridad; miren la dificultad que tiene esta hechicería. De aquel que en Flandes está el saber lo que hace trata: pues ven acá mentecata, si a saber lo que hace allá, a Flandes no puedes ir, ni te es posible el saber; no te es preciso creer lo que yo quiera decir. Entre mis embustes grandes este Flandes se invento; aunque para mentir yo, lo mismo es aquí, que en Flandes Direle por cosa cierta, que su galán sino está, y que presto de verá: mas llamaron a la puerta: . Quién llama? Mi Celestina? Mi Muñoz, en esta casa tanta dicha? que te veo después de ausencia tan lasga? a dónde has estado? . A Flandes pasé con Don Juan de Lara mi señor. . Vuelve a decir, cómo tu señor se llama? Don Juan de Lara. . Si fuera el ausente de Doña Ana el tal Don Juan? . Y a la puerta está que en cierta demenda amorosa, quiso que contigo le apadrinara, habiéndole dicho yo nuestra amistad, y tu maña en estas cosas . Y qué es el negocio? . Cierta Dama que vio en una Quinta; pero, puesto que a la puerta aguarda, él te lo dirá mejor: y mira que por él hagas lo que a mi amistad le debes. Voy a llamarle. Qué rara ocasión se me ha ofrecido! un embuste se me fragua, que yo: pero ello dirá. Mi señor Don Juan de Lara, vos seáis muy bienvenido. Hasta que por mí te hablara Muñoz, como forastero, no quile entrar en tu casa; pero él tiene en tu amistad tan segura corfienza, que ha asegurado la mía, creyendo, que por mí hagas una fineza, de que tendrás segura la paga, como el agradecimiento. Aunque la amastad faltara de Muñoz, vuestra persona por recomendación basta: y tú no me hablas, Tacón? Uste a su negocio vaya, que los dos no nos tiramos. Toda via estas de mala conmigo? . Qué siempre seas majadero? . Pese a mi alma, pues no he de estar mal con quien me quitó la más bizarra moza, que empuñó barreños, y qué manejo anosainas? La morena de más Cielos era, que vio esta comarca; mas luego que me quitaron el dinero, esta borracha la traspuso, y me dejó sin mi morana, y sin blanca. Calla loco: Celestina, yo tengo noticias raras de tu grande habilidad; y cuando con ella tratas de hacer gusto a los amigos. Eso si tengo, adiós gracias. Sabe, que yo de Sevilla me ausenté. . Por una dama; y onos celos. . Pues de qué puedes tu saberle? . Pasa adelante, que hasta ahora aún no sabes con quien hablas. Diga usted ahora que no es hechicera. . Necio calla; Muñoz, llévale allá fuera. Vamos. . De muy buena gana me iré, solo por no ver esa maldita endiablada, cara a cara tutelar, carota, y carantamaula. Es verdad, que cierta noche, Entre una, y dos, la desgracia te sucedió de encontrar tu enemigo con tu Dama, y él quedo herido. . De dónde has tenido tan extrañas noticias? . Pasa adelante, que aún no sabes con quien hablas; Este suceso. . Que fue, para mayor circunstancia, aquel celebrado día, en que Sevilla ganada hace fiesta a San Clemente. Vive Dios, que harás, que vayo creyendo. . Pasa adelante, que esto ha sido solo maña porque de mi fies, que sabré hacer lo que me mandas, No quiero ahora discurrir de tus noticias la causa, y así, voy a lo que importa. En esta ultimajornada, antes de entrar en Sevilla, hallé imitando a Diana una hermosa cazadora, a cuya belleza rara rendí la vida, porque en su beldad soberana, desde el adorarla al verla, no puso el amor distancia. Y no supiste quién era? Eso de tu vigilancia saber espero. . Ni el nombre, siquiera? . Yo no sé nada mas, que amarla. . Buen despacho tenemos con solo amarla, cuando de ella no sabemos quién es, ni como se llama, ni donde vive. . Eso solo puedo decir, ella estaba en una Quinta, que está media legua de Triana. Si fuera estotra la prima, que va a llevar a su casa Doña Ana, cortieran hoy mis embustes con bonanza. Qué dices? qué me respondes? Que el negocio es de importancia y de los irregulares; pero buenas esperanzas, que quizás sabrás, no solo quién es, y como se llama, pero donde la hallarás, para verla, y para hablarla: esto quiere más espacio, y hoy no puedo estar en casa, por ir a la de Don Luis de Ribera, que palabra di de llevar a una hija, que tiene, ciertas alhajas, que son de uso estos días. Mejor dirás a una ingrata, . pues la hija de Don Luis fue de mi ausencia la causa. Qué te suspende? He sentido la ocasión con que dilatas, por ir a otros intereses, el consuelo de mis ansias; bien, que porque ellas no pierdan tiempo, y tu donde has de ir vayas erás ti iré, donde podremos volver a vernos, a causa de que yo para Don Luis traigo desde Flandes cartas de un sobrino, a quien no pude excusar al acetarlas: que no había de decirle, siendo su prima mi Dama, la razón que yo tenía para no entrar en su casa: con que como dije, allá nos veremos. . Cómo vayas tu allá, podrá ser. . Prosigue. Que te cumpla mi palabra de saber lo que deseas; y aún si el magín no me engaña, que la veas, por lo menos. Prometes con tal confianta en cosa tan imposible, como estar ella distancia de Sevilla, y no saber quién es, y como se llama, que tu habilidad no sé a que lo atribuya. . Calla, que tú me conocerás, y adiós, porque allá me aguardan y para tu dependencia, es menester, que antes haga unas ciertas diligencias. Esos escudos, no paga son, si no cariño. . Eso es correrme, y no los tomara, a no venir de tu mano. Adiós. . Adiós. La ventaja no os ha de valer, cobardes, A la puerta de tu casa hay cuchilladas. . Pues si es pendencia, a llá se las hayan, que teniendo yo los oros, no he menester las espadas. Adiós hasta luego. Adiós. Un hechizo se me traza tan prohibido, que tiene cuatro palmos más de marca. Cobardes, vuestra osadía habéis de ver castigada, aunque estoy solo. . Eso ahora lo veremos. Tan villana acción merece el castigo, que veréis. . Antes que vaya llegando más gente, huyamos. Así volvéis las espaldas? mas cuando no son cobardas los que riñen con ventaja? Aunque huyáis, he de seguiros. No los sigáis, pues que basta que vuestro valor lo ponga en fuga. . Si vuestra espada a mi lado no estuviera, siendo, tanta la ventaja; bien conozco, que mi vida corriera riesgo; y pues tanta es mi obligación, merezca saber quien sois, que es villana acción, viendo el beneficio, tener del dueño ignorancia. Para que veáis cuanto estimo vuestra atención, solo a causa de que me podáis mandar en todo lo que yo valga, haré lo que me pedís, mi nombre es Don Juan de Lara, sepa yo el vuestro, y también me decid, que fue la causa de este disgusto? . Mi nombre es Don Diego de Guevara, para serviros, y el lance que visteis, fue, que en la casa del juego, sobre una suerte tuve no sé que palabras anoche, y hoy que salí a pasearme a Triana, queriendo el interesado tomar segura venganza, acompañado de estotros me siguió; y si vuestra espada a mi lado no estuviera yo imagino, qué lograra su intención: y permitidme, que lo repita, pues paga en parte ya el beneficio quien le confiesa. . . El que anda a caza de amos, es peor, que andar a caza de gangas. Ven acá loco. . . Señor? no imaginé que te hallara. Dónde habéis estado? . Al punto que escuchamos las espadas, fuimos a esgrimir las copas, que es la pendencia más sana. Hicisteis como criados. Ellos hacen poca falta, a donde está vuestro valor. Mas ahora, viendo que ando la justicia en estos varrios, te buscamos, porque vayas a descansar, pues ya es noche. Venid, que hasta un estra casa os he ir acompañando. Yo aceptaré, si es que a honrarla queréis ir. . Vuestra fineza no dudéis, que la aceptara, a no tener esta noche negocio tan de importancia que faltar a él no es posible. No obstante yo os porfiara, a no parecerme indigna a tal huésped la posada, pues casi soy forastero, como vos, pues de Granada poco ha, que llegué a Sevilla; y pues que no os sirvo en nada. a Dios, que en la ocupación el que no sirve, embarara. Esperad. Yo os buscaré: a la criada de Doña Ana . iré a hablar por el jardín. . v Quién es este? . Tan extrañas son, al entrar en Sevilla las cosas que por mi pasan, que aún yo mismo las ignoro. Vamos, pues, donde me aguarda Celestina. . Yo recelo en los embustes que traza, que ha de ser peor tu salida, con ser tan mala tu entrada. Sobrina, aunque el hospedaje no es conforme a los deseos, suplalo el afecto, pues no hay límite en el afecto: Y ahora, dadme licencia, que embarázaros no quiero, que es justo que descanséis; y también, porque supuesto, que a Cadiz ha de ir mi hermano, irle acompañando quiero, hasta salir de Sevilla. Vos en todo, tan atento sois, que yo no hallo palabras, c señor, para agradeceros los favores que me hacéis. Hija, a tu cuidado dejo la asistencia de tu prima. . Prima, si al merecimiento se ha de medir el cuidado, mal podré yo del empeño sacar a mi padre. . Deja, Doña Ana los cumplimientos, que desconfiaré de ti, si perseyeras en ellos; y te ha menester tan mía, que tú el alivio, el remedio has de ser de unos pesares, que aunque caben en el pecho, en la explicación no caben; pues aún niegan el aliento a la voz, por ser la voz al referirlos consuelo. Pues para que veas, Beatriz, que ya en parte te obedezco, y te trato con llaneza, que te rezojas, te ruego, y te alivies de ese traje; que también contigo tengo ael que comunicar pesares, quizá los dos hallaremos en referir nuestras penas alivio, si no remedio. Antonia, lleva a mi prima a su cuarto, y vuelve presto, que te he menester. Pues mira que allá aguardando te quedo. Vete, pues, que por servirte solo a ti por ti te dejo. . Pues mira que espero: Inés, ven conmigo . Las dos hemos de ser muy grandes amigas, señora Inés. . Yo me alegro de tener tal compañera; que el servir jantas, es cierto, que engendra grande cariño. Y ese será más estrecho. Cuándo? Cuando a nuestras amas vendamos, y murmuremos. . Mucho tarda Celestina, y si no viniere presto, la asistencia de Beatriz me ha de embarazar. Laus Deo. Ya desconfiaba de ti. Mucho me agravias en eso, no soy yo mujer, que falto jamás a lo que prometo. Pues dime, que has alcanzado en sí es, que hace algún acuerdo Don Juan de mí, y si será verdad, que he de verle presto? Direla que sí, que nada . t en que no suceda pierdo, y pierdo lo que ho de darme, si su esperanza entretengo. Mira, si me sale bien un herbidillo, que dejo sazonado, que atractivo es de ausentes, ten por cierto, le, Di. . Qué presto le verás. Esto es agradecimiento; pe no paga, este anillo toma, No hay para qué. quy Y dime; pero llaman a la puerta? . Sí. Pues en el recibimiento sin una criada estamos, responder yo misma intento: quién es? . Quién buscando viene: más Doña Ana es la que veo: . qué en el primer paso hubo de ser azar el encuentro! A quién? mas qué es lo que miro! Don Juan es, valedme Cielos! que si hasta aquí fue de amor, ya es de temor el afecto. No te asustes de mirarme, fiera ingrata, presumiendo, que vengo por ti a tu casa, que no eres tú por quien vengo, violento, y forzado, a causa de un mandato que obedezco: vengo a. . No prosigas, ya sé, qué forzado, y violento vienes; y pues yo al mirarte turbada, y confusa tiemblo, vete en paz, no, no te acerques, que aunque sin ti mi deseo me alentaba, no me cabe ya el corazón en el pecho. Por el siglo de mi abuela, que este Don Juan es el mismo que ofrecí traer a Doña Ana! Ven aquí como este enredo se me ha hecho sin sentir. Ay ingrata, como es cierto, que el que ofende, ve con susto, con sobresalto, y con miedo la cara del ofendido. No es eso, Don Juan, no es eso, sino, mas no puedo hablar! sino, ni aún alentar puedo! sino, que haberme valido del encanto te confieso; mas no, como tu imaginas, mi traición, si no mi afecto buscó medio tan indigno, porque el amor como es ciego, para conseguir sus fines nunca repara en los medios: mi amor, pues (mas ay de mí!) que aún a respirar no acierto! vuélvete Don Juan. . Tirana, no entiendo tus fingimientos, y vive Dios, que has de oír toda la razón que tengo, y que has de ver. No te acerques, que el corazón, el aliento, la acción, la vida, la voz, desfallecen: piedad, Cielos! Inés, Antonia, Beatriz, favorecedme. Qué es esto, mujer? qué encanto es aqueste? cuando a ver a la que quiero me traes, me pones delante la que me ofende? . A ese duelo presto he de satisfacerte. Prima Beatriz. Qué es aquesto? que accidente? mas qué miro! Cielos, qué es esto que veo! Si es aquesta la que quiere? . Mujer, toda eres portentos. Si es encanto del sentido! Si es ilusión del deseo! Encanto de mi albedrío, que en ninguna ocasión puedo decir mejor, que no hay encanto, como lo bello: dime, qué su perior causa me trae a ver tus reflejos. segunda vez, para que seganda vez quede ciego? Hombre, ilusión, o fantasma, que a pesar de mi despecho, me sigue más tu osadía, que tu pasión, pues es cierto, que no cabe en amor noble lo vil del atrevimiento: qué intentas? . Solo que sepas, que es tan contrario mi afecto, que primero adoración, que voluntad, fue en el pecho, sin que pise la esperanza el umbral del pensamiento, y así. . No más, no prosigas, que ya es faltar al respecto de mi decoro el oírte. Si me atiendes. No te atiendo. Vieras. . Qué tengo de ver? Mi disculpa. . No la quiero. Porque mi amor. Es delito, Mi fineza. . Atrevimiento. Si me escuchas. De esta suerte. haz que te responda el viento. . Sabré yo seguirte. . Espera, no más, bueno está lo bueno; vaya usted ahora con Dios, que mañana nos veremos, pues ya cumplí mi palabra. Tan obsorto voy, que creo lo mismo que estoy dudando; amor, que encantos son estos? Deja ahora exclamaciones, pues en mi hallarás consuelos, que soy mujer tan insigne, que en los siglos venideros de mí ha de decir la fama esto, y estotro, y aquello,
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Te has despedido, Doña Ana, de tu tío? . Por más señas, que al despedirse, me dio, esta joya. . Esas son muestras de la voluntad que siempre te ha tenido; y pues se ausenta a Cadiz a concluir de Flota mis dependencias, y hasta salir de Sevilla, irle acompañando es fuerza; aunque yo volveré presto, te ruego, hija, que gran cuenta tengas con tu casa, que quizá importará. . Es tan nueva esa prevención en ti, que me pones en sospecha de que. . No sospeches nada, que esta prevención es cuerda: qué mal se oculta un pesar! Anoche por una reja . del jardín, vi hablar a un hombre, que se ausentó con tal priesa al verme, que no me fue posible seguirle: ah fiera . ley del honor! . El mirarte tan suspenso, me da muestras, señor, que algún gran cuidado te aflige, y que no merezca el saberlo yo, me admira. Mal el corazón se esfurza! Yos hija, no tengo nada que sentir, aDios te queda, que yo presto volveré: paciencia, Cielos, paciencia! hasta averiguar mejor mi mal, pues solo remedian males de honor, el silencio, el cuidado, y la prudencia. . Qué misterioso mi padre me ha hablado! No sé, que sea esta novedad. Antonía? Señora? . Di, en la asisten- de los huéspedes ha habido (cia alguna falta? . Qué sepa yo, no ha habido ninguna, por cuidado, o diligencia: pero por qué lo preguntas? Porque mi padre, que tenga gran cuidado con la casa, con palabras muy severas, me ha mandado. . Esto, sin duda es, que anoché por la reja . hablar me vio con Don Diego; quizá será impertinencia de mi señor. . Y tu tía? Desde anoche compañera; la tenga en mi cuarto. Qué hace mi prima? . Ella la respuesta te dará, pues que ya sale: voy a disponer, que venga . Don Diego a hablar a mi ama, fingiendo alguna cautela, como se lo prometí: hay lealtad lo que me cuestas! Prima? . Beatriz? Esperando a que tu padre se fuera he estado, para venir a verte, que ya que cuenta me has dado de tus pesares, y de tu amor: yo quisiera, que tu aliviases los míos con tu atención, que aún que sienta referir penas, se alivian comunicadas las penas. Pues que yo te he descubierto mi pecho, cree, que en él tengas lástima, para sentirlas; y piedad, para atenderlas. Pues antes que mis pesares te repita, el darte cuenta es preciso de un cuidado, que es muy posible, que pueda, sin ser culpa de las dos, que de las dos riesgo sea. Sabe, que estando en la Quinta, salí a caza a la rivera de Gualdalquivir, y un hombre forastero, con tal tema me dio en seguir, que me fue precisa la diligencia de retirarme, por verme libre de él; pero fue esta diligencia inútil, pues a noche fue de manera su atrevimiento, que entró en tu casa, y de su necia pasión volvió a repetirme las lisonjas, que en mi ofensa fueron; y porqué es posible que determinado vuelva otra vez, quiero avisarte, mirando cuanto se arriesga mi honor, y el tuyo. . Si acaso volviere, a mi cargo deja castigar su atrevimiento. Pues ahora para que veas a donde llegan de amor las no entendidas cautelas, cuando en la selvas del Betis quiere el amor que aborrezca, fue, porque ya su dominio reconocí en otras selvas. Ya sabes, que aunque en Sevilla nací, desde mi edad tierna me crié en Granada, a causa de tener mi padre en ella de pleitos, y pretensiones las precisas dependencias. Libre del amor vivía, tan sin recelar sus flechas, tan sin temor de sus plumas, que en mí los desprecios eran naturaleza, porque si no son naturaleza, tienen visos de favores los desdenes, que se afectan. Tan dueño de mi albedrío vivía, que las violencias del amor (vuelvo a decir) despreciaba. Oh cuanto hyerra quien no recela las iras de Deidad qué hiere, y vuela! que a un enemigo con alas, ni aún la fuga es resistencia. Dígalo yo, pues un día, cuando el Alba mal despierta empezó a pintar las flores para borrar las Estrellas, saliendo a caza, ejercicio a que nací de manera inclinada, que trocaba, por la inquietud de las selvas, ls delicias de la Corte, al penetrar la maleza de un bosque, me hallé empeñada con una cerdosa fiera, que irracional Mongibelo, por la vista llamas flecha, humo en alientos respira, y mares de espuma nieva por el bruñido márfil, con que fue encendida Etna, con humo, llamas, y nieve en aliento, vista, y presas. De sus indomitas iras mal eximirse pudiera mi vida, si al mismo tiempo no penetrara la selva un cazador Caballero: que de tal suerte se empeña por mi riesgo, que sacando. la cuchilla, con la fiera, intrépidamente osado envistió, con tal violencia, que ha repetidas heridas cedió el bruto su fiereza, por muchas bocas vertiendo la vida, en púrpura envuelta. Mi agradecimiento causa fue de que no mal le oyera no sé qué cortesanías, tan rendidas, tan atentas, que no hallaron mis desdenes razón para su defensa. Quién creerá, que en parecidos trances de montes, y fieras, en el uno obligue el uno, y en el otro el otro ofenda? En fin, para no cansarte, el acaso de la selva pasó en la Corte ha cuidado, pues su atención, su asistencia, como mi agradecimiento, las alentaba, fue fuerza, a pesar de mis rigores, que mis rigores cedieran; que desprecia tibia, quien agradecida desprecia. Mas en fin, penas, y glorias de amor están tan expuestaa a sus mudanzas, que solos instantes las diferencian. Pues mi amante a breve tiempo le fue precisa la ausencia de Grañada, por llamarle a forzosas dependencias sus deudos, y aunque un alivio en este caso pudiera tener, pues vino a Sevilla, poco, o nada se remedia con hallarle; pues, mi padre casarme en Cadiz intenta, a pesar de mi albedrío: ha tirana ley severa del honor! Ah duro yugo en que padece violencia no menos que un alma! . No te aflijas de esa manera, que puede ser, que se halle remedio a tu mal; da cuenta a tu aman te del pesar en que te hallas. Aunque fuera cierto el hallarle en Sevilla, no ves, que la diligencia de buscarle es muy difícil para mí? A mi cargo deja aquesa dificultad. Mucho debo a tu fineza. Esta en mi es obligación, y ahora, porque no se pierda tiempo en buscar a tu amante, y que tu cuidado sepa. Antonia? Señora? . Di a Celestina, que venga. Ya te obedezco. Quién es Celestina? Esta es la misma mujer que te dije, que hizo, que desde Flandes viniera a verme Don Juan de Lara; mira tú si sabrá ella buscar ese Caballero. No sé con que te agradezca Doña Ana, tantos favores. Ahora cumplimientos deja. Bendiga Dios tanto bueno: puede ese par de bellezas poner Catedra de damas: Pues el ser damas es ciencia? Y tan grande, que sí, como aprendieron en Atenas la docta Philosofía, a ser damas aprendieran, no habían de conseguirlo los siete Sabios de Grecia. Graciosa estás, Celestina: Beatriz una diligencia tiene que encargarte, y yo, el que obres con la fineza que tú sabes, te suplito. Y que en mí la recompensa será igual al beneficio. A ser cosa que yo pueda hacer, de muy buena gana os serviré. . Tú no dejas a entrambas agradecidas. Pues decid la diligencia que he de hacer, porque yo diga si puedo, o no puedo hacerla, que yo hablo con claridad: no, no, llaneza, llaneza, lisura, y verdad en todo, que primero es mi conciencia; esto puedo, esto no puedo: no hay cosa que más me ofenda en esta vida, que ver una mujer embustera. Pues lo que has de hacer por mí, no es tan difícil, que puedas excusarte: mas llamaron? . Veré quién es. Qué tú seas con lo primero que encuentros no espero que me suceda cosa buena en todo el día. Tacón, qué venida es esta? adónde queda tu amo? Cierto, que entendí, que eran las Doña Anas más corteses: bueno es, que yo a verte venga, y preguntes por el otro! mas pues tanto lo deseas saber, sabe que llegamos ayer de Flandes. . Espera, ayer de Flandes, llegasteis? Pues qué novedad es esta de que uno vuelva a su patria No sé, pero por la nueva tan gustosa para mí, toma está joya. . Las piedras se te vuelvan en guijarros. Si aqueso me sucediera, sobre la joya fundara mayorazgo en tu cabeza. Y tu vivas cien mil años, pero sin llegar a vieja. Quién es este? Este es criado de Don Juan Y por más señas, que para subir aguarda de tu padre la licencia, porque le trae unas cartas, de Flandes. Dile que venga, que yo las recibite. Voy a obedecerte. . Muestra; Tacón, veremos la joya. Antes ciegues que tal veas. . Celestina, qué es aquesto? Qué ha de ser? pudo mi ciencia más alcanzar, que saber la hora en que Don Juan viniera, y en aquel instante mismo traerle a que tú le veas, sin que él pudiera eximirse a una precisa violencia. Digo, que tienes razón. Prima, supuesto que quedas ahora esperando a Don Juan, daños a las dos licencia, para que a discurrir vamos en estotra diligencia. Ya sabes que siempre sigo tu gusto. . De tu fineza está pendiente mi dicha. De buena parte las cuelgas. Pensaras, tirana injusta, pensarás, hermosa fiera, ya que el susto se pasó de que por sombra me tengas, que de aquel pasado incendio las no apagrdas pavesas, el aliento de tus ojos, a ser llama otra vez vuelvan. Pensarás, que cual incauta simple mariposa ciega, a la luz de tu hermosura, alevemente violenta, mirando lo que me halague, no veré lo que me ofenda. Pensarás, que cen o suele en la enemiga ribera el Crocodilo atraer al peregrino a sus quejas, y alevosa la piedad, a su ruina le lleva; que así tú al hechizo blando de tus fintadas cantelas, aunque el peligro conozca, harás que al peligro vuelva. Mas con una distinción, que el Crocodilo lamenta, y llora al que ya mató; mas tú si mi muerte vieras, hicieras risa a mi muerte, aún más fiera, que las fieras. Y así, no pienses, ingrata, que vengo a darte las quejas de mis pasados agravios, porque ya de tus ofensas estoy tan desengañado, que las prisiones violentas, que me echaron tus traiciones, no solo al alma molestan, mas rotos los eslabones, el desangaño no deja, ni aún la más leje memoria del ruido de las cadenas: Pensarás. . Don Juan, no pases adelante, porque es fuerza que cuando ofendes mi amor, también mi decoro ofendas. Y demás de eso, también es muy grande impertinencia el que quiera adivinar lo que piensas, o no piensas. Calla, Tacón, si no quieres usar mal de mi paciencia Señor, me ha dado una joya, y he de estar en su defensa. Vuelvo a decir, que mi amor, y mi honor, igual ofensa injustamente padecen en tus mal fundadas quejas. Los celos, Don Juan, los celos, y el nombrarlos yo, no sea indecoro, porque cuando para explicarse las penas está el estudio en las voces, muy ociosa está la queja. Los celos (vuelvo a decir) no son más, que una quimera, que allá el pensamiento forma; porque allá se desvanezca; una sospecha villana son: es posible, que creas mucho más, que a un amor noble a una villana sospecha? si tú la evidencia hallaras. Pues di, que más evidencia, que el hallar hablando a un hombre, ingrata, a la misma reja en que tú hablas conmigo? No hay una criada, que pueda ser desleal? . Las criadas siempre son disculpas hechas para cualquiera traición. Y más si es moza Gallega. Ya no te he dicho que calles? Pues Don Juan para que sepas la verdad de todo el lance, y contigo no padezca mi honor, ya que tu mudanza desengañada me deja. Sabe, en fin, como Don Diego de Guevara, con promesas, y dadivas, granjeó una criada, porque fuera medianera de un amor, que en mi desprecio fue ofensa; esta desleal traidora fue la que habló por la reja con él, cuando tu llegaste: mira tú, como pudiera de doméstica malicia eximirse mi inocencia. Raro caso! a mi enemigo fue a quien defendí. En qué piensas? ya yo he vuelto por mi honor, y pues tú mismo confiesas, que ya se acabó tu amor, y se olvidó tu fineza; vuélvete, donde jamás, ingrato, te oiga, ni vea, y no llame mi venganza a la razón de mi ofensa: vete, ingrato, desatento. Prima, qué voces son esas? mas tienes mucha razón, este el hombre es, que en la selva me siguió, y el que atrevido, sin que mis desprecios sienta, vino a noche a referirme los afectos de su necia pasión; y así tu Doña Ana hazle, que cese en su tema: dile quien soy, y quien eres, porque otra vez no se atreva a arriesgar nuestro decoro, sabiendo lo que se arriesga . Buenos han quedado, esto es, caerse la casa acuestas, no es malo querer a dos, mas tiene estas contingencias. Pensaréis, señor Don Juan, que os he de dar muchas quejas, a vista de aqueste agravio: pensáis mal, que las ofensas conocidas, las castiga mejor la que las desprecia: pensaréis. . Déjate ahora de si piensa, o si no piensa; sino quítate un chapín, y rompele la cabeza, que tendrás mucha razón. Pícaro, tu desvergüenza ya no es sufrible. . Teneos, no así el criado os divierta: decidme, qué hemos de hacer de aquellas tibias pavesas, de la incauta mariposa, de la enemiga ribera, del Crocodilo? . No así, ingrata te ensoberbezca una razón, que lo es solamente en la aparencia. Según eso, no seguiste aquesta dama en las selvas? Esa fue cortesanía. Y el venir a noche a verla, qué fue? . A eso responder te puedo con evidencia, que vine solo a buscar al señor Don Luis con estas cartas, y tú te turbaste al mirarme, de manera, que confirmaste mi agravio. Muy buena disculpa es esa. Mucho mejor que la tuya. Yo en casa tengo quien sea testigo de mi razón. Pues yo tengo fuera de ella un galán, que habla de noche. Qué querías? que volviera ahora a satisfacerte? Don Juan, ahorremos de quejas: vos estéis muy bien hallado con otro amor, yo contenta también con mi desengaño: pues hagamos los dos cuenta que esto se ha acabado. . Aunque sé tu intención, norabuena. Norabuena, adiós. Adiós. Aunque mil vidas perdiera, no había de dejarte ir, sin que quede satisfecha Bero aquesta pobre señora. Pícaro, no me detengas. Déjale, Tacón. . No quiero, que es muy grande desvergüenza, que no te pida perdón. Suelta, borracho. Qué es suelta? Vive Dios, que no dejara de romperte la cabeza. infame. . Don Juan, qué es esto? qué desatención es esta? Tenle, que es un Diablo, cuando se envívora, y se enserpienta. Hombre, dónde vas? Detente. . Espera. No me detengan. Vive Dios. No has de pasar adelante. La insolencia de ese picaro. Qué es esto? cómo en mi casa pendencias? Ay de mí! Válgame el Cielo! Qué imiro! Tú tan suspensa Doña Ana? tú tan turbade, Beatriz: qué es esto? . En conciencia, que no es nada, sino que hay mujeres hazañeras. Pues decid vos lo que ha sido. Dios ponga tiento en tu legua, Ya te acuerdas de la joya, que dio esta mañana misma su tío a Doña Ana? Muy bien. Pues para ponerla nueva cinta, que al tocado diga, la puso sobre esa mesa, y entrando a sacar las cintas, y hallando franta la puerta, subió el ladrón que allí miras. Cómo qué? Pero al cogerla, quiso la buena fortuna, que salió Antonia: él al verla, partió a correr con la joya, ella se fue por la reja. Vive Dios! Diciendo a voces: Señores, a este hombre tengan, que lleva hurtada una joya. A este tiempo por la puerta pasaba este Caballero: y viendo tal desvergüenza, sacó la daga, él de miedo volvió a subir la escalera. Mas tu hija, de piadosa, que no le siga le ruega, temiendo que le matase; yo Bice, que le detuvieran las demás. . Que esto me pase; Y todo esto se remedia con que le quiten lajoya, y le den a buena cuenta tanta cantidad de palos, que no huelgue la madera. Esforcemos su mentira. Ay tan grande desvergüenza! venid acá, ladronazo. Disimula. Qué me adviertas eso, sabiendo quien soy? Qué es de la joya? Al cogerla, vi, que la metió en el pecho. Vesla aquí. . Qué me suceda esto por una borracha! Hay semejante insolencia! que aún repliques, ladronazo? Idos, pero no os suceda, que yo os vuelva a ver, y ahora agradeced, que no os llevan adonde en una horca paguéis vuestro delito. . Qué esperas hombre? vete, pues que ves de mi padre la clemencia. Sin honra, y sin joya voy por una infame hechicera: venganza, Cielos, venganza, paciencia, Cielos, paciencia. Vos, Caballero, viváis mil años, por tan atenta acción. . En mí fue el serviros dicha de la contingencia; porque a traeros estas cartas venía cuando la insolencia sucedió de ese ladrón. De mi sobrino es la letra, mucho tengo que estimaros. El señor Don Pedro queda muy bueno, y muy gran soldado. Vos le honráis, mas porque pueda yo buscaros, y serviros, saber el nombre merezca. Mi nombre es Don Juan de Laras si queréis, que la respuesta vaya por mi mano a Flandes, yo mismo vendré por ella. Eso no, yo os buscaré. Pues ahora dadme licencia, porque como llegué a noche, tengo algunas dependencias precisas a que acudir. Mirad, si yo puedo en ellas serviros. . Viváis mil años. Venid. . Decidte quisiera. Ya ingrata, sé lo que quieres decirme, que acá no vuelva. No es eso. Pues. . Por aquí, señor Don Juan, es la puerta. Quedad con Dios. Él os guarde: Veslo, hija, como fue cuerda prevención el advertirte, que con la casa tuvieras gran cuidado? . Cada día suceden cosas como estás. Quién es aquesta mujer? es alguna criada nueva? No señor, vino a vender aderezos de Bohemia de los que ahora se usan. Pues yo quiero haceros ferias de ellos a ti; y a Beatriz. él disimular es fuerza . por desmentir mi cuidado. Mucho estimo tu fineza. Cuando las dos no tenemos otro galán, no era fuerza que nos festeje mi tío? Ea, deles por mi cuenta todo lo que la pidieren. Lo haré muy enhorabuena. Cómo os llamáis? . Celestina. Celestina? esta es aquella insigne mujer, de quien en toda Sevilla cuentan raras cosas, aún los hombres de más juicio, más prudencia, y más doctos. Celestina, deles todo cuanto quieran escoger; y por que no embarace mi presencia, ahora quedad con Dios, porque ciertas diligencias tengo, que me dan cuidado. De aquesta mujer la ciencia en Magia, y Astrología, dicen, que no habrá quien pueda huitarla, no sé que el corazón me aconseja, para salir del cuidado que me aflige, y atormenta; adiós, hija; adiós, Beatriz. . Digo, quedabades buenas, si no fuera por mi industria? Tu forjaste de manera el cuento, que no quedó aún la más leve solpecha de ser verdad. . Mi Doña Ana, de qué es aquesa tristeza? Mira si te dije yo, prima, que el hombre pudiera ponernos en un empeño. Ay Beatriz, deja que sienta, que sin tener tú la culpa, seas causa de mis penas. Yo causa de tus pesares? No estoy para darte cuenta E ahora de mis desdichas; antes me darás licencia para que yo allá conmigo me acopañe con mis quejas. . Voy a seguir a mi ama: Celestina, di, qué lleva mi prima? . Lleva unos celos, que es un dolor de cabeza, que consiste en aprensión, pues duran lo que se piensan. , Y quién se los causa? . Tú. Yo? . Sí, porque el que en la selva te habló, y el que vino anoche, es su amante. . Qué ese era Don Juan de Lara? . Eso ignoras? No puedo satisfecerla mas, que con aborrecerle: que poco Don Diego hiciera semejantes falsedades. De ningún amante creas, que no esté expuesto a mudanzas, porque el amor en cualquiera hace sus torres de viento, y les pone sus veletas. Yo quiero creer lo contrario; y puesto que tu fineza se detérmina a buscarle, te suplico, que esto sea luego, porque los cuidados aguardan con impaciencia. Digo, que tienes razón, adiós, queda satisfecha de que yo le buscaré. Pues mira, que hasta que venga, quedo esperando, y temiendo. Oh quién llevarte pudiera a Palacio, que es adonde ni se teme, ni se espera! . A pesar de la esperanza, mal se alienta una pasión, cuando es duduso el remedio, y es evidente el dolor. Cree, que en teniendo noticia Don Diego de tu aflicción, que el busque el remedio. Ya que me ofrece esta ocasión la fortuna, pues Don Luis vi, qué de casa salió, hablar a Doña Ana intento: sepa, que adorando estoy aún sus desdenes, allí está, ánimo corazón, que no ha de ser el afecto hijo siempre del temor. Si Don Diego de Guevara desde Granada pasó con evidencia a Sevilla, qué recelas? . El que no es fácil, que quien le busca sepa donde está. Aquí estoy, hermosísima Doña Ana: mas qué miro! es ilusión? la aquí Beatriz? . De qué es Don Diego la confusión? Yo Beatriz; si, cuando, como. Si mi prima te llamó en nombre mío, de qué procede tu turbación? Ya aquí es preciso fingir: . Beatriz, de mi admiración puedes argüir mi fineza; pues como aquel que ceyó, si vuelve a cobrar la vista, le deslumbra el esplendor; así al volver a mirar, después de la intermisión de nuestra ausencia; en tus ojos el dulce divino ardor, me deslumbran dos Luceros, si me alumbra todo un Sol: Deja las cortesanías, que imaginaré, que no son verdades tus finezas, si exageraciones son. Poto de mi amor confías, Tanto fío de tu amor, que tú el alivio has de ser de una pena, de un dolor, que cabe en el sentimiento, pero no en la explicación, que para eso te he llamado. Si he de remediarlo yo, presto saldrás del cuidado que te aflige. . Y así yo lo creo de tu fineza; mas porque el pesar que hoy me aflige, mejor lo sepas de quien lo dirá mejor; que siempre se explica más quien tiene menos pasión. Inés? . Señora? . A mi prima llama. . A obedecerte voy. . Para qué ha sido el llamaria? Porque era desatención; habiéndola dado cuenta de mi cuidado, y tu amor, no conserirlo con ella; y era especie de traición el ocultarte en su casa. A pesar de mi dolor, vengo a ver lo que me mandas: qué miro! . Perdido soy. Pues como vos atrevido intentáis? . Tu indignación, prima, mira que es injusta, que este es Don Diego, a quien yo debí la vida en Granada; y a quien llamamos las dos, para que el alivio sea de mi cuidado. . Pues no es justo que yo te engañe, este es, Beatriz, el que dio principio a todos mis males; este es el que hizo traidor desleales mis criadas: de este la vana pasión hoy ocasiona mis penas; no me permita que yo, pues mi dolor lloro, calle la causa de mi dolor. No era, nos tirano aleve, en vano tu turbación. Cuándo no temió un delito? Y no has de quedar traidor, sin castigo. . No le hay a tanta ofensa. . Sí me oís las dos; quedaré bien a un tiempo con las dos, por que disculpa el delito, no oír la satisfacción. Pues cuál puede ser? Aquesta: en ti, Doña Ana, mi amor fue desdichado, y primero; luego me dio la ocasión la hermosura de Beatriz, y la fortuna el favor. para segundo cuidado. Decidme, el que idolatró las Estrellas, porque vea de la que se anticipó el esplendor, a las otras ses negará el esplendor? El que en el cultó jardín vio la rosa, y celebró la púrpura, del jazmín después no alabó el candor? El que del dulce Gilguero oyo la sonora voz, dejará de celebrar lo tierno del Ruy señor? En el nácar, si dos perlas tienen igual perfección, le quitará la primera a la segunda el valor? Pues yo así, aunque de tus ojos, Doña Ana, sentí el ardor, mirándome despechado, di el culto a otra perfección a la tuya igual: y así, nunca he ofendido a las dos, pues adoré vuestra luces aguales, como el que vio succesivos, el Lucero, la Perla, el Ave, y la Flor. Buena disculpa es aquesa, para ser contra mi honor escándalo de mi casa. Bueno es, que quieras, traidor, por disculpa introducir fineza en amar a dos: Y así, ingrato. . Y así, aleve. Si tu engaño. . Tu traición. Inténtare. . Presumiere. Si me atendéis. Mi señor esta ya en la calle. . Cielos, esto faltaba . Quién vio tanto tropel de cuidados! No hay más remedio, sino el que Don Diego se esconda. Pues qué aguardáis? Vuestro honor solo ocultarme podía. Venid. . Ya te sigo. . No nos encuentre aquí mi padre, retiréonos los dos a mi cuarto. . Vamos, pues, ha ciego! ah tirano amor! qué de cuidados me cuestas! Cuando no fue propensión suya el que sea mensajero un dolor de otro dolor? . Decidme, señor Don Luis, qué mandáis? . Gran confusión te causará, Celestina, el que te aguardase yo para traerte conmigo. Lo que sé solo, es, que estoy pronta a cuanto me mandares. Cuánto puede una pasión! a cuanto obliga un cuidado! . y más si es como el que yo padezco! . Qué es lo que intenta este viejo? . Si el dolor que me aflige, y atormenta, vívora del corazón ha de quitarme la vida, y con la vida el honor; nadie se admire, que tome tan ardua resolución, como la que ahora emprendo, y más, cuando cierto estoy, que de ella ha de poceder mi quietud. . Dime, señor, a qué me has traido? . Sabe, lo que he de fiarte hoy, es, no menos que un secreto en que consiste mi honor. Yo estimo la confianza. Yo sé con la pefección que Magia, y Astrología sabes, y con el primor que ejecutas sus prdigios, tú me has decir. . Señor, advierte. . No hay que excusarte; que no te buscara yo a no ser así; y en fe de aquesta satisfacción, sabe, que me has de decír quien es un hombre que habló a noche por una reja de mi jardín. . Como yo, señor, puedo adivinarlo? Yo sé hasta donde llegó tu ciencia; y advierte, que te he revelado mi honor; y si en lo que te pregunto no veo la ejecución, he de quitarte la vida; porque yo mi pundonor no he de fiar de tu secreto. Pero si me hicieres hoy este gusto, pues que puedes, tu tendrás tal galardón, que no quepa en tu deseo; y entonces quedaré yo satisfecho del secreto, pues también importa, y no te ha de valer el ardid de algún engaño, o ficción; porque el que dijere, que es el que en mi jardín habló, he de ir luego a examinarlo. Quién se vio en tal aflicción? Y has de quedar encerrada, hasta saber si es, o no, verdad lo que me dijeres. Toma la resolución de lo que debes hacer. p Aquí Celestina dio fin a todos sus enredos. Mira. . No te he de oír razón. Advierte. . No hay que advertir. Escoger una de dos, o morir, o lo que he dicho ponerlo en ejecución. Ni querrás darme siquiera término, para que yo pueda hacer mis diligencias? Eso está puestó en razón, piensa, pues, lo que has de hacer, en tanto que a escribir voy una carta en este cuarto, y luego volveré, adios. . Oh morir, o lo que he dicho ponerlo en ejecución? Estamos buenos? ya aquí Celestina feneció, si buena opinión la mata, porque la buena opinión siempre fue contra su dueño, Pero ahora es lo peor, que no me puedo valer de engaño, ni de invención, por ingeniosa que sea, que este viejo Faraón, después de echar la sentencia, a la sentencia añadió: Y has de quedar encerrada, hasta saber si es, o no, verdad lo que medijeres; con que es preciso, que hoj, no solo pierda la vida, pero la reputación que me han dado mis entedos, que tanto afán, y sudor me han costado: ay desdichada! como en la ocasión mejor, embustes, me habéis dejado? mas cuando no sucedió, que los conocidos falten en la mejor ocasión? Moriré en fin. Celestina. Qué queréis? . Inés nos dio noticia de como estabas aquí. . Tú de una aflicción nos has de sacar. . Aquesto le faltaba a mi dolor. Sabe, que un hombre escondido tenemos. . Vida, y honor, si le encontrara mi tío, perdemos Doña Ana, y yo. En aqueste cuarto está oculto, mira, que no nos dejes en tanto empeño, pues puedes hacerlo, adiós. Adiós, y mira que vamos confiadas en ti. Quién vio tanto tropel de aflicciones? mas siempre los males son como los vasos de noria, que el uno al otro siguió; y quien los padece, es como quien los anda al rededor. Mas qué esto? yo me aflijo? o soy, Celestina, o no? yo no sé, qué he de morir? pues ánimo corazón, que de lo peor que suceda, el morir es lo peor: Ah Caballero escondido? Quién me ha llamado? . Yo soy Es Celestina? . Don Diego? Qué intentas? . Que cuando yo te llamare, al punto salgas. A cualquiera trance estoy expuesto. . Pues ten cuidado en llegando la ocasión, y ahora vuelve a esconderte. Rara mujer! Desde hoy mejorada en tercio, y quinto ha de quedar mi opinión: porque; pero ello dirá. Celestina? . Ya señor me resolví a obedecerte; y es cierto que tu aflicción mucho más, que tu amenaza, a servirte me obligó. No lo perderás de mí. Ven acá, tendrás valor? Yo nunca conozco al miedo, Pues porqué veas que no puedes padecer engaño, el que en tu jardín habló, he de enseñarte visible. A dónde? . En la reflexión de ese espejo. . Quién pensara nunca, que a tanto llegó la ciencia de una mujer! Desde aquí pon atención al reflejo del cristal, sin que con vista, o acción te diviertas a otra parte, hasta que te avise yo, atis tejo que él se mostrará visible al conjuro de mi voz. Ya te obedezco, aunque ponen aquestos casos horror. Pues ea, manos a la obra: Oh tú, en cualquiera región que te hallares, aunque sea la que no calienta el Sol, o dora la blanca Luna, aunque el Abismo mayor te oculte en su oscuro caos, al precepto de mi voz ven al instante, y pasando visible en la reflexión de este espejo. . Ya es preciso el salir. . A la atención de quien desea coporerte te muestra. . Qué confusión! ya le veo, ya le veo. No te muevas. . Ya pasó. Ah pasado? . Ya ha pasado, En fin, Don Luis mi señor, esto se ha hecho sin desgracia. Qué pasmo! qué admiración! Qué es esto? De qué das voces? No podré daros razón del dolor que me atorvienta, si me la quita el dolor: vila Celestina? . Qué me mandas? hasle conocido? . No, y eso es lo que más me aflige, mañana te veré yo, pues ahora no podemos discurrir, adiós. . Adiós. Mas si el que vi en el espejo . fuese; pero es ilusión. Qué es aquesto, Celestina? Que Don Diego se escapó, y que habéis quedado libres. Mal consuela a un corazón quitarle un pesar, si queda en el pecho otro mayor. Le Esa no es muy buena cuenta, porque uno, y uno son dos. pol e Ta Celestina, el remedio ib pues unas las penas son has de ser de nuestras penas. Porque no venza un error. Porque no triunfhe un engaño, Y porque tenéis razón, y porque ya lo conozco, y porque sí, y porque no,
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Mucho habéis madrugado, señor Don Luis . Cuando es grande un cuidado, que es, Celestina, ignoras, despertador sin término en las horas? Son al quitar el sueño, los pesares pulgas, con quien no valen los pulgares, pues cuando el pecho asaltan, por más que hayan picado, nunca faltan en fin, qué es lo que mandas? Lo que quiero, es, saber hoy de ti, pero primero toma esta joya, y solo en ella intento Aqueso era excusado en mi conciencia. Mas debo yo a tu ciencia: en fin, lo que pretende mi dolor, pues he visto al que me ofende de aquel Mágico espejo en el mundo reflejo, es ahora tener de él noticia cierta, he inquirir. Mas llamaron a la puerta. Veré quien es. . Que no me vea intento. Pues en ese aposento te puedes ocultar, que yo al instante intento despachar este marchante. Pues no te tardes. Cierra bien la puerta: y el Auditorio advierta, que esta Comedia ha sido (condido la primera en que el viejo se ha es- Quién es? Tacón? . Aquí vengo de mi desdicha forzado. Mejor fuera de Galera. Mejor te lleven los diablos. Mas que ya has rompido el nombre y que, a fuerde buen soldado, de potable polvorín has cargado con los frascos. Pues ven acá, mosquetera de tiros tan acertados, que aunque le apuntes al tinto, también le aciertas al blanco, a mí te vienes con eso? No haremos paces un rato, Tacón? . Yo contigo paces? cuando ayer aún hombre honrado, no solamente quitaste la honra, que no es del caso, sino una joya? . Ya viste, que fue imposible excusarlo. Pues no podías hacernos invisibles a mi amo, y a mí? . No me fue posible, porque en casa había dejado el conjuro de invisibles. Pues sabe, que no has logrado tu depravada intención, porque E allí me quitaron la joya, al punto Doña Ana este bolsillo me ha enviado con cien escudos. . Por cierto, que los goces muchos años, que con eso no tendrás invidia de que me han dado a mí la joya. . La joya? Vesla aquí. Fuera gran cargo de mi conciencia, por cierto, no cobrarme de mi mano mi hacienda; de bueno a bueno dame mí joya. . Borracio, mira lo que intentas. . Bruja, embustera, bien mirado lo tengo, y me las ha de dar, o he de romperte los cascos, derramando más vendimias, que se hacen por todos Santos. Mira que no me conoces. Pues ahora solos estamos, yo no temo hechicerías, piensas hallarte a la mano otro viejo, que me tenga por ladrón? . Si yo me enfado, el mismo que allá te tuvo por ladrón, vendrá volando, y hará ponerte en la horca. Eso veremos, en tanto que yo te quito mi joya. Suelta, pícaro, bellaco, busón. . Deja, encorozada. Señor Don Luis, vuestro amparo me valga; de donde quiera que estéis, salid, que un malvado ladrón intenta robarme. Qué es aquesto ladronazo! Válgame San Bábilés! vive Dios, que estoy temblando? Señor, ya le conocéis, este pícaro tacaño, como le descubrí el hurto en tu casa, él esperando ocasión para vengarse, vino, y al punto mirando la joya que tú me diste, después de haberme llevado un bolso con cien escudos, que tenía para el gasto de casa, sobre esa mesa, me quiso quitar, porfiando en que la joya era suya. Por cierto muy bien genado. caudal, para hacerlo vuestro: ahora quiero yo entregaros. Señor. . A quién luego al punto os ponga, infame, en un palo, y paguéis vuestros delitos, porque aunque yo castigaros pudiera, mejor será que deis ejemplo a los malos: venid, infame ladrón. Señor fantasma, temblando . estoy del viejo estantigua. Mucho mejor es dejarlo, como me vuelva el volsillo, por no hacer ruido. . Volando, dad luego esos cien escudos. Venlos aquí: Cielos Santos, a quien habrá sucedido por tan extraños acasos, lo que a mí con esta infame borracha? . Ea, ahora dejadlo, señor Don Luis. . Advirtiendo, que si en otra parte os hallo, san que valga intercesión, al instante he de entregaros, donde os hangan cuartos. . Eso me se rá bien excusado, porque yo voy a ahorcarme; y pues soy tan desdichado, que me quitan los doblones, para que quiero los cuartos? Paciencia, Cielos, paciencia. Aún replicáis, ladronazo? Avísame, si te ahorcares, que yo pagaré el esparto. No pagarás, que yo antes haré que tengan el pago, que merecen tus embustes, y así quedaré vengado. . Volvamos, pues, Celestina, a repetir el cuidado. que más me aflige, este es saber si el que de mi agravio es dueño, es acaso noble. Pues ya tengo averiguado cuanto deseas saber, porque Antonia me ha contado, que Don Diego aquella noche estuvo con ella hablando. . por la reja del jardín: Caballero, es estirado de lo mejor de Grañada. Cómo se llama? . Esto es malo, porque puede contra mí resultar algún porrazo, si hay pendencia, y se descubre mi chisme, y también si callo, que es Don Diego, y otro digo, el viejo irá a averiguarlo, Acaba, que estás dudando? Yo señor. . Qué es lo que temes? No quisiera . Dilo claro. Si digo el nombre, tener algún ruido, he embarazo, que me saliese a la cara, con que al cabo de mis años, venga a perder esta negra honra, que tanto tiempo he guardado. No tienes que recelar nada, que en mi asegurado te prometo, que estará el secreto, pues a entrambos importa. . Pues en fe de eso, te digo, que el embozado es Don Diego de Guevara. Don Diego es? bien mi cuidado, al mirarle en el espejo, lo sospechó; pero el pasmo no me dejó conocerle, y ahora más indignado debo estar de su traición, pues conociéndonos tanto Don Diego, y yo, y siendo él Caballero, por tan bajos. viles medios, el honor quiere arriesgar de un anciano padre, y de una noble Dama, cuando con proporcionados medios conseguir pudiera con gusto mío la mano de mi hija: mas pues ya le conozco, he de buscarlo, y vive Dios, que ha de ver. No te irrites. . Tú me has dado las noticias que deseaba: quédate a Dios, que este caso no pide más dilación, adiós. Adiós. Voy volando a avilar a mis dos Damas de todo lo que ha pasado, que que uizá puede importar, y a fe que el lance es bien arduo, por el paso en que me veo, con ser de Comedia el paso. . De buen susto nos libramos. La industria de Celestina consiguió mañosamente templar las crueles iras de mi tío. . Siempre un espejo templó su crueldad impía, que como en él se retratan, son de la razón mal vistas; pues desfigura el reflejo, cuanto las pasiones pintan. Y Don Diego de Guevara con buena sosisteria quiso probar ser fineza querer a dos. . Fue precisa la respuesta, que un amante, si convencido se mira, con el arte del ingenio disculpa su grosería. Grande lo fue el confesarnos querer a dos. . Pues ya, prima, puedes quedar consolada, sabiendo que él de mis iras solo ha sido blanco inútil, que en su amor labró su ruina. No tan rigorosa estés, viendo que mi amor le estima, pues aún no puede lo falso borrarle del alma mía. Prima yo le aborreciera, si tan osado, a mi vista a confesarme llegara Don Juan, que a otra quería. Bástame para consuelo, que no esté correspondida su volantad con la tuya, y eso mi amistad te estima: pero al ver sus rendimientos, justo es, que mi amor te pida, que pues no le correspondes, no así le desprecies, prima; que cuando aquello agradezco, esto el alma me fatiga. Ya te he dicho, que en Grañada libre del amor vivía, burlando de sus arpones la velante tiranía, cuando en sus fragosos bosques en la caza divertida, penetré lo más oculto, buscando en la entretejida selva la tímida fiera, que sin que el plomo la rinda, alterada con el ruido, de su ardiente impulso huía: donde cazador astuto Don Diego el bosque seguía, y me libró de las fieras sangrientas crueles iras del bruto, que me acosaba, dejándome agradecida lo noble de sus acciones, que cuando las atendía, sentí acá en el corazón una llama, aunque remisa, y en el dominio del alma una dulte tiranía, que no pareció violencia; una congoja bien quista, que con los visos de agrado, al pecho se introducia por las puertas del oído, y ventanas de la vista: era un veneno letal, y una pena apetecida, de tal suerte poderosa, que por no verla moría, y también moría por verla; moriame por no oírla, y por oírla también; con que en concorde misicia batallaban mis pasiones, si le miraba, o le oía, y de mi razón triunfaban estas blandas baterías, quedando el alma gustosa a sus esfuerzos rendida, si le hoía, o le miraba; si no le escuchaba, o via. Permitile, que me viese, y también le permitía, que me escribiera, después, que me hablara algunos días en el campo, y en mi casa, para examinarle fina: por estos correspondidos dulces pasos discuría al umbral de la esperanza, que en las amantes fatigas son los báculos a donde toda el alma se reclina. En esta, pues, dulce aleve suspensión mi amor vivía, hasta que la suerte: ha Cielos! quiso llamarle a Sevilla a unas graves dependencias, que con sus deudos tenía. También mi padre a este tiempo quiso que en Cadiz (oh indigna ley paternal! que pretendes, que un albedrío se rinda a injusto tirano imperio, sin que te venta, o reprima el ver, que en dominio dulce, y en suave virtud tranquila pone el Cielo en libertad lo mismo que tu captivas!) Quiso que en Cadiz casara mi padre, otra vez repitan mis labios, por ver si alguna quiere despojar mi vida; pero yo firme, y constante en mi empeño. Señoritas, como del pasado riesgo os halláis? . Yo, Celestina, con más engaños, que sustos. Yo con as celos, que iras. No tienes en que fundarlos, cuando te aseguro, prima, que no fue correspondido de mi amante. . Hijas mías, dejad eso, y ahora vamos atajando una desdicha, que va saliendo al camino: ya tendréis largas noticias de mi virtud, y mi ciencia, que sin ser hi pocresía, ni vanidad, decir puedo, que de la Negra Magia he apurado los más altos secretos, que su caos cifra; sin que en el más arduo empeño, en le ofasión más precisa, en mi susto haya podido socorierme una mentira, que esto solo es la verdad, por mí see; aunque yo lo diga: ya visteis en esta casa ayer tarde, aunque afligidas, como os libró aquese espejo de las horrorosas iras de Don Luis; y eso en virtud de la amada ciencia mía, pues sabed, que esta mañana, escupiendo airadas hidras, me dijo en mí misma cara, como individual noticia tenía de que Don Diego era amante de su hija: que sabia, que era noble, y que era traidor sabia, y de su casa informado, también me dijo, que iba a matarle, o a casarle; grandes son ambas desdichas, pues nunca bien se enlazaron los amores con las iras: dijo en fin, que iba a matarle, o a que le diese una firma de ser tu esposo. . Detente, no prosigas, no prosigas, que antes me daré mil muertes, porque ofendiendo a mi prima, aunque fuera gusto mío, y fuera correspondida mi voluntad, despreciara sus finezas, y caricias. Yo te estimo esa atención, y sabe, que quien la estima, quisiera poder cederte lo mismo, que desestimas. Ea, al remedio acudamos. Fuerza es, que a Don Diego escriba un papel, porque otro medio no ay, y tu Celestina podrás llevarle. . Eso no, porque soy muy conocida; de Don Luis, y puede acaso encontrarme, y no querría malograseis el suceso: mejor será, que Antoñica le lleve. . Muy bien has dicho, voy a escribirle. Ea aprisa. Si habrá llegado mi padre a su casa? hay Celestina! toda el alma se me anega, y encongojas repetidas, el coracón por los ojos líquido fuego destila: Ay malogrado amor mío! No te aflijas, no te aflijas, que según Don Luis me dijo, aún de cierto no sabia su casa; y confía en mí, puesto que no se limita mi ciencia a tan cortos lances, porque en más arduos estriva; y así, tenga vida yo, como de mi peregrina maña espero que he de hallar industria, estudio, y Majia para hacer; pero callemos, que siempre en la boca misma parece mal la alabanza, y no quiero que se diga de mi virtud, y mi ciencia, que lo que ha de hacer pública. Mucho estimo tu fineza. Mas Don Juan a toda prisa. viene por la calle, y juzgo, . que hacia acá el paso encamina, que en la luna de este espejo le he visto, y no participa Doña Ana, por estar vuelta de espaldas, de esta noticia; y así, ahora vaya de embuste. Que en fin, dices, Celestina, que has de hallar industria, y arte con qué componer mis dichas? Sí. . Y cuando podré ver a Don Juan? . Si tú te animas, muy presto has de poder verle: tendrás valor? . Que eso digas. a quiéen ama? . Has de asustarte? No cabe en mi cobardía. Pues ánimo. . Acaba ya de darme esta nueva vida. Pues está atenta a ese espejo, y verás su imagen misma, y también podrás hablarle, sin volver la cara: y mira, que guardes este secreto. Que le guardaré confía. Encárgote, que no vuelvas la cara. . Estoy advertida. Voy a avisar a Don Juan, pues que ya estará acá arriba. . Qué es esto? yo nada veo, sino es mi confusión misma: dónde estás, Don Juan: a dónde? Aquí dijo Celestina, que estaba sola Doña Ana: qué es esto? esta divertida con la imagen de su rostro. Cielos, ya llegó a mi vista! ilusión, sombra, fantasma, posible es, que necesitas de encantos, y de llusiones para verme? prima, prima? De qué nacerá este asombro? No te acerques, que me irlita tu ingratitud aún en sombras. Hay más rara marabilla! Bien me ha salido este embuste, si ella vuelve, soy perdida; mas antes podré sacarle de aquí, pues la pobrecita ha tragado aqueste encanto, por su propia golosina. Don Juan, espera, detente, no te acerques, pues me olvidas, Cómo podré olvidar yo, ingrata, cruel, esquiva, mi lealtad, y tu inconstancia? mi amor, y tu tiranía? cuando en el papel del alma mi memoria tiene escripras tu traición, y mi fineza, tu mudanza, y mi desdicha, sirviendo mi voz de pluma, mi triste llanto de rinta. Que en fin, no me has olvidado, por el amor de mi prima? Dime, y tú a mí, por Don Diego, es cierto, que no me olvidas? Yo soy costante. Yo firme. Yo soy leal, y soy fina. Pues porque el rostro no vuelves? Por, no perder esta dicha. Qué dicha? De solo verte. Quién entenderá este enigma? Donde me traen tus encantos, engañosa Celestinma? yo he de apurar tus cautelas. Oh quién pudiera decirla, que no vuelva acá la cara! pero está tan embebida, quejuzgo, que será ociosa diligencia el prevenirla; quiero a Don Juan hacer seña, o llamar con voz remila. Quién este encanto ha causado, su hermosura, o mi desdicha? No te acerques, que me pierdes, y te pierdo; ya se entibian mis palabras, porque al labio salen tan desfallecidas, que parece que respiro en cada aliento una vida. Qué es esto, Doña Ana? Espera, que Don Luis sube acá arriba. Dime, qué es esto traidora, no ves, que el alma rendida tiene a un desmayo Doña Ana? Vete, porque más peligra, si aquí te encuentra su padre. Qué importa perder la vida, dónde la pierde mi dama? Por su reputación mira, que yo te doy la palabra que la veas bien aprisa buena, y sana, pues yo sé de que su mal se origina. Cuando, dime, la veré? Yo prometo, que a su vista vuelvas bien presto, y ahora por esa escalera arriba tube, porque de este cuarto es difícil la salida, pues la escalera ha subido ya Don Luis. . Porque no digas que a rriesgo su honor, me oculto. Señoras, ay tal desdicha! traed agua, traed agua. Pues qué? se quema la Villa: Doña Ana se ha desmayado, que las amantes fatigas la tratan con tal rigor, que porque ahora divertía sus pesares con los míos, quiso amor (han suerte impía!) que un parasismo la diera. Pues voy por agua bendita. Jesús me valga! . Parece, que ya el desaliento anima. Dónde estás, Don Juan? a dónde te esconden las nieblas frías? Qué Con Juan? Yo le hablé en sombras. Qué sombras, vuelve en ti prima No salgo por desci- de una vez tantos enigmas; (frar y por si acaso Don Luis, como dijo Celestina, está cerca, porque no percibo ceñas distintas desde este sitio. . Entra dentro a descansar. . Mal se alivia un alma bañada en penas. Inés, entra con mi prima. Vamos, pues la casa tiene dos entradas, y sálidas. . Dime, como fue el desmayo, qué sombras fueron malignas estas, en que vio a Don Juan? Anda, que fue fantasía, que pintaria su idea. Dímelo, y esta sortija toma, en fe de la amistad. Cayó el pájaro en la liga. . Guardarás secreto? . Sí. Culparasme? Soy tu amiga. Pues oye, en la reflexión de ese espejo ver quería a Don Juan. . Y llegó a verle? Sí, y esa fue su desdicha, porque no tuvo valor para hablarle. . Es cobardía confesar un pecho que ama, y acobardarse en las dichas. Ya en el mismo espejo miro a Don Diego, y Antónica: . si Beatriz quisiera verle, me valiera otra fortija: pues cierto es, que me valiera con la misma de la misma. Quieres tu ver a Don Diego? Te estuviera agradecida con demonstración el alma. Tendrás valor? . Y osadía. Sabrás guardarme secreto? Soy noble, y con él me obligas A esa muda reflexión del espejo atenta mira: y verás cuan sin engaños te dice, por mi Magia, el estado de Don Diego: y repara, que si miras a otra parte, que te pierdes, que así se perdió tu prima, quedándose desmayada. En todo es bien que te siga. No vuelvas esa cabeza. No haré. . Ya estará acá arribas hoy corren bien mis embustes. . Celestina, amiga mía, cómo me dejas ahora? mas yo allí mi imagen misma solo encuentro: dónde está el bien que me solicitas? dónde está Don Diego? Aquí dice, que entre Celestina; pero allí a Beatriz encuentro en su espejo divertida, que solo él imitar puede su airosa beldad divina. Válgame el Cielo! él parece, no es sombra, no es fantasía, realidad es, y evidencia. De quién tanto se retira? por quién serán los extremos? Mas, que me templa, me indigna el verte a la reflexión de este espejo. . Ah enemiga! falsa, engañosa sirena, áspid, basilisco, arpía, que aunque cuando miras matas, más crueleres, si no miras. Don Diego es este, ha traidor! que sus voces no perciba, ni alcance a ver con quién habla? Vete Don Diego. Ah enemiga! No he de verte, vete, veré, huye, huye de mi vista, que para ver tus traiciones, basta la memoria mía. Pues vuelve el rostro siquiera. No puedo. Porque me avisas en un papel de mi riesgo; sino temes mi ruina? Por piedad. Y la piedad embozas. con la mentira? Yo no te engaño. Eras falsa. Tu ingrato, Tu fementida, vuelve el rostro. . Ya le vuelvo, mas como las ansias mías no temen el riesgo grave, que me avisó Celestina; pues nunca estás cosas pueden despreciarse, aunque fingidas parezcan, que en ser verdad puedo aventurar la vida, y con tan costoso examen, no importa que sean mentidas. Es posible que no vuelvas? Dime, traidor, como olvidas la perla, el ave, y la flor? tú no amas a dos? . Ah impía!? ya conozco tus cautelas: y si acaso Celestina te ha engañado en ese espejo, como a mí, en ella mis iras tomarán justa venganza. Antonia, Inés: Gran desdicha! mi tío viene, yo intento huir, adiós hasta otro dia. Aguarda, tirana, espera. Qué es esto, señor Don Diego? como aún os estáis aquí? Tu encanto me tiene muerto. El encanto es la hermosura, que el mío no tiene efecto: idos. . Yo te buscaré. Salgamos de aqueste riesgo, sin que estas Damas peligren, que después ya nos veremos. Mira si puedo salir. Por muy difícil lo tengo, porque se viene acercando acía nosotros el viejo. Pues aquí intento ocultarme. No puede ser, deteneos. Perdida soy, que le ha visto! Quién aquí osado, y resuelto se esconde? . Quién solo puedes suspended ahora el acero, pues ya sé que sois la causa. de mis iras, y mis celos, y hoy he de tomar venganza; Pues en Triana os espero a las cinco de la tarde; porque ya informado vengo de quien sois, y que vos fuisteis el que me hirió, y aunque os debo la vida, antes el honor es, que el agradecimiento. Dónde vas? Deja, que salga. No oyes a Don Luis? Mis celos ni oyen, ni miran, ni atienden. Pues yo oigo, y miro y atiende, que tú estás desafiado, que está ya cerca este viejo, que estás Damas están muertas, y que yo tengo gran miedo. Di, que salgan a esta cuadra. Por tu vida, evita el riesgo. Pues qué he de hacer? Esconderte, que mi palabra te empeño de sacarte, pues bien sabes, que es fácil, habiendo espejos. Pues allí está mi enemigo, aquí Don Luis; y así intento cubrirme de esta cortina, pues que no hay otro remedio. Ahora salgo a recibirle. Celestina, al tal Don Diego no ha sido fácil hallarle. Gran mentecato es el viejo, pues solo estándose en casa . pudiera encontrarle. Es cierto, que ya es vana diligencia, que el amante verdadero de Doña Ana; yo he sabido, que no es ese. Cómo? Ay Cielos! le conoces? . Le conozco, que en Sevilla es Caballero. Di su nombre. Señor? . Padre? Pero después hablaremos. De mi hermano tengo cartas, y juzgo que los afectos pueden darse parabienes del deseado casamiento. Y con quién es? Es, sobrina, con Don Juan Tellez Pacheco, dendo nuestro muy cercano. Yo no me caso con deudos. Pues por qué no? Porque son siempre desgraciados casamientos. Mucho peor fuera con deudas, que es como se casan ellas. Mira que he de responder. Siempre, señor, fue violento captivar un albedrío, qué le da por libre el Cielo. Pues tu aleve hija, te opones al dictamen, ni el consejo de los padres? . Siendo injustos, (bien que nunca los desprecio) no los sigo. . Mi albedrío a nadie ha de estar sujeto. . Y tú qué eliges? . Yo solo elijo el irme a un Convento. . Ay resolución más libre! Bien sé yo de que nace esto. De qué nace? . De lo mismo que te dije. . No te entiendo: di, a quien mi hija se inclina, quién es? . Señor, no me atrevo a decirlo, porque yo soy mujer honrada, y tengo la amistad, y la palabra empeñada en el secreto. Pues de aquí no has de salir sin decirlo, o vive el Cielo, que rompa puerta esta daga en tu pecho aleve. . Quedo, que si en el pecho me das, puedes romperme el secreto. Dilo traielora. . Si aquí te contentaras con verlos, te mostrara los amantes de tu hija, y sobrina. . El medio na era malo por ahora, que después de conocerlos, yo los supiera buscar; pero di, quién son? . No puedo. Dilo, acaba. . Es imposible, no hay si no matarme luego, que no es fácil el morirme, si yo matarme no quiero. Pues cómo sabré quién son? Volviendo el rostro a ese espejo, pues que no es la vez primera. De aquesta mujer contemplo, en cada voz un prodigio, en cada acción, un portento: mujer rara, y peregrina! En fin el mudo reflejo representará su imagen? Sí. . De los dos? Los dos mismos. El de Beatriz quiero ver. Pues está Don Luis atento, y sin moverte. . Ya lo hago. Pues yo a conjurar empiezo. Idos presto, pues que veis, que no ha podido otro medio valerme. . Saldré, por solo averiguar tus entedos. Quién mirare aqueste encanto, verá, que esto no es más que esto. No veo nada . No te muevas, que ya llega. Idos Don Diego, pues Don Luis cree, que es encanto. Ya le admiro, ya le veo. Por buscar a mi enemigo, tus embustes agradezco. . Después te satisfaré. Aguarda, traidor Don Diego: dónde está? . Si el rostro vuelves, no era preciso el perderlo? Véngueme el Cielo de ti, aleve, mal Caballero: . Este, dime, no es el mismo que vi la otra vez? . Es cierto. Luega tú me has engañado? No en añé, pues tu deseo quiso saber quien hablaba por la reja, y fue Don Diego entonces, es como ahora. Dime, esotro Caballero podré hyerle? . Y aún hablarle, si estás menos descompuesto, mirando la reflexión. Pues yo estaré más atento. Oh tú, que del negro Abismo las gargantas del Cerbero pasaste. Señor Don Juan, a . Doña Ana os pide, que luego salgáis de su casa, porque la saquéis de un grave riesgo. Quién hablaba en esta sala no era su padre? . Sí, el viejo, que con un encanto de ojos tiene un mortal embeleso: y aunque se encuenta a su voz, ni a sus extremos. Nada hasta ahora he percibido, con estar tan cerca. . Luego te diré cuanto ha pasado. Ver a este amante deseo. Por buscar a mi enemigo, aún más puntual te obedezco. Este no es Don Juan de Lara? Tente, aguarda. Vete presto. Cómo, Cielos, no me sigue, si me ve por el espejo? Vete, vete. . Absorto voy de ver prodigio tan nuevo. Ah traidor, aleve amigo: ya ni su imagen encuentro. Celestina? . Qué me quieres? Deja que vaya tras ellos. Pues dónde, di, has de encontrarlos? Dices bien, que este fue un sueño, una ilusión, una sombra, un deshonor, un tormento. Yo lo que hacen te dijera. y donde están: pero temo, (como soy tan desgraciada) que reveles el secreto. No haré, y ahora estos escudos toma en agradecimiento. Vivas mil años, y aguarda, porque en ese mismo espejo lo he de ver, que pues hay arte para otros, yo soy primero. Qué tal ciencia deposite, Dios en vaso tan pequeño! tan frágil! tan quebradizo! . o funmos altos secretos, pues aún siendo inescrutables, os reveláis en misterios! En fin, vos señor Don Juan, decís, que al señor Don Diego le lleváis desafiado a Triana? . Qué es aquesto? No es más de lo que has oído. A Triana van? . Es cierto. Sabes a qué hora? . A las cinco, y ahora, poco más, o menos, son las cuatro. . Pues yo voy o tan presto. No pide más dilación. Vete, pues: mámola el viejo: ahora veamos estás Damas, que estarán con gran deseo de saber aquestos lances, o estos encantos: oh ingenio, si hay tontos que te acrediten, que te importa el no haber hecho fatigar de los estantes el polvo, si es su desvelo solo para sacudir la dulce quietud del sueño? Y si la fama consiste en ajena opinión, cierto que hará mal de no domir quien supiere estos enredos. tan fáciles, tan sin ciencia, tan sin arte, y sin ingenio, que los llega a autorizar la opinión de un majadero. Qué te haces aquí tan sola? Estaba mirando a Venus, que se halla de oposición con Marte, aquel Dios sangriento. Y qué indica? Un gran disturbio entre amantes, pues la encuentro. mirar de trino, pasando. a la sexta casa; y luego el mismo Marte la mira con raro infeliz aspecto. Yo no entiendo Astrología. Pues yo tam poco la entiendo, . y en el modo de decirlo, pudierais bien conocerlo, a tenen cortas noticias. Dime, y los amantes nuestros. corren peligro? . Y muy grande; pues según me avisa el Cielo, ahora están desafiados Don Diego, y Don Juan. Don Diego? Sí, mas puede ser. Señoras, gran susto! gran mal! gran riesgo! gran dolor! Qué traes Muñoz? d. Traigo sobre mí un gran peso. Échate ya con la carga, pues eres tan gran jumento. No muy grande, Celestina, soy tu amigo verdadero: y sabrás, porque lo creas, que fui a Tacón siguiendo en casa del Asistente: preguntele, que era aquello? y dijo, que adelatarte iba, porque tus enredos le imputaron de ladrón, para quitarle el dinero: despidióseme enojado, y aguardando un breve tiempo, veo salir la justicia muy armada, y también veo, que llegaron a tu casa codiciosos, y soberbios una tropa de Corchetes, y un Caudillo Fariseo, que en altas voces decían, por Triana discurriendo: Donde está aquesta hechicera encantadora del Pueblo? Mira si es para temido, Celestina, este suceso. Dime, entraron en mi casa? No, aunque llamaron muy recio, y por todo el barrio andaban. Gran desdicha! Ay santos Cielos! aquí dio fin Celestina, y todo su encantamiento. Qué bien parecerá ahorcada! Ya está ensayando los gestos. Qué hemos de hacer, si descubren que estás, aquí? Celirme huyendo. Eso no, estando en mi casa, que yo ampararte deseo, y ahora, a discurrir vamos del dasafío, si es cierto. Para embarazarlo ya se me ha ofrecido un buen medio. Cuál es? . Después lo sabréis, que aún no sé si será bueno: prevenid tinta, y papel. Ya lo está. . Sin alma aliento. Hasta cuando cruel fortuna durara tu horrible ceño? . Hasta cuando, amor injusto, has de ser tirano, y ciego? . Hasta cuando, embustes míos, duraréis, porque ya os temó? Hasta cuando has de ser falsa? Y hasta cuando tu grosero: Hasta cuando yo quisiere. py El guando al fin le vere mos. y Don Juan, aunque agradecido pudiera estar, yo confieso, que si en nobles pechos lidias Ho contra los dos. dos tan contrarios afectos, a cuerda el honor el odio, y no el agradecimiento. Yo ahora os quiero vengativo, y no agradecido os quiero, pues si atento vuestra vida defendí, que fue, sospecho, guardáros la por entonces, para quitárosla luego; y así, reñid. Será solo. con la espada de los celos. Valiente sois. i. Vos me honráis, por ser enemigo vuestro. la. Herido estoy en la mano. Qué queréis hacer? (̱. Yo quiero mataros. . Para reñir, poneos ese pañuelo. Corriso estoy. Aquí están: mucho de hallaros me huelgo. A mí me pesa; porque venganza tomar no puedo. Y pues la espada en la mano? tenéis, irritado vengo la mataros a ambos juntos, Pues Sin Don Luis, la causa no nos diréis? . El acero solo os sabrá responder. Dejad concluir este duelo que luego os responderé. Yo os mataré ahora. (̱. Teneos, que al lado de mi enemigo me habéis de hallar. Eso intento, sambos me habéis ofendido ya los dos juntos resucito Suspended señor Don Diego la espada, que es gran ventaj la nuestra, y yo solo intento morir a su lado. . Y yo no admitir el lado vuestro, y así me pondré neutral Caballeros, ved, que llega la justicia Qué dices? O ̱. Esto es lo cierto, Ay que en busca de Celestina andan locos, y sangrientos. mas de cuatenta corchetes. 2 . Pues por ahora estén suspesos? . Pues a mí me dijo luego, na estros duelos, por no dar motibo para otros duelos, Oi. Envalnemos, pues ya llegan. Mucho el embarazo siento 1. . Buenas tardes, Reyes míos Buenas tardes, Caballeros. O. . Daos a prisión. Por qué? 1. . Porque sabemos de cierto, ( no tienes aquí el espejo? que venis desafiados. (trro, Muy mal informe es el vues- pues los tres somos amigos, Por si acaso es, o no, cierto quedaréis, señor Don Luis, ahora en vuestra casa preso, a donde nos daréis cuenta. de aquestos dos Caballeros. (a . Yo es forzoso, que le siga. Los dos le acompañaremos o uno a uno cuerpo a cuerpo. . Vamos, que aquesta hechí no se ha de escapar. Podemos aquí quedarnos algunos. Quedad diligentes, puesto que ella a casa ha de venir: vamos. . Vamos, que yo intento, o que allí los dos se casen, p. o que de allí salgan muertos. ; o os suplico, que os templéis, Juzgos que esta es buena indusa y así, fiarla no quiero (tria, .. Yo los tengo por precepios otro ingenio, que del mío ue matar? . Esso no ̱. Puisanda y no pierdas tiengo . Suizad, que con sus entedes que vas expuesta a gran riesgo, estando allí la justicia. qoe. aún i cónates airingonio. Mas conozco tus encantos Que, en fin dices, que al espejo pudiste a Don Diego ver? Si Poña Ana, y aún no creo, y que alcance su ciencia a tanto. Prima, yo digo lo mismo, porque juego, que a Don Juan Yy le tenía allí encubierto, y estar rendida al desmayo, fue caunsa para no verlo; 3y que come yo la creí al principio, tuve miedo, y no volví la cabeza. que porque tú la volvistes te desmayaste. . Es incierto. Ay Sías. (gran desdicha) la justicia (piedad Cielos!) encontré en aquesta calle, y al punto me conocieron, porque siguiéndome vienen. Para cuando es el ingenio. Para poder deslumbrarlos. Daos a prisión, Celestina: Sl perdone vuestro respecto, que este es orden superior. Pues observadle, diciendo. la causa de su prisión. ( . Por sus embustes, y enredos. Y porque es una borracha, que a mí; porque soy Manchego (gera (ay me ha tratado de ladión, quitándome mi dinero O con cautelas, con encantos, y con esto, y con aquello. Señor Don Luis, socorredme, pues que ya a Tacón le vuelvo sus escudos. . Ved no se huya. Agarradla. . Caballeros, si acaso pueden los ruegos de las damas con vosotros. decid, que de su descargo. porque solo he aprenuido unos embustes caseros, con que enbobando la gente, fama de Astrología adquiero. ( tenían el rostro acía mí. Saber, que por una dama se ausento, y por unos celos, mi amo Don Juan, y que el día de San Clemente el suceso sucedio, y saberlo todo que hechizo en eso haber puede? si vino a ese mismo tiempo Poña Ana, y me contó el caso, dígalo el señor Don Diego, yo, por formar el enredo, pregunte las circunstancias; acaecio el venir luego. Don Juan, contarle lo mismo, que había oído, y Don Juan creerlo, no es verdad esto, señora? Sí, qué negarlo no puedo. . Corrido estoy, vive Dios! Dime, tú no adivinaste con hechizos, o embelecos, que mi habio venía a España de Flandes, porque violento, a la fuerza de un conjuro tuyo, de alíá vino, haciendo que todas estas señoras se aprovechasen del miedo, que el vino por su pie mesmo(so a traer de Flandes cartas al señor Don Luis. . Es cierto.) fue, por ser esposo mío. Y yo, como antes le oí en mi casa todo el cuento, con arte dije a Doña Ana, que le venía muy presto; llegó, y también vio a Featriz que estaba aquí al mismo tiempo con que allí hizo su hermosura (an . Feliz ha sido mi suerte. el encanto, y no mi ingenio. Mas, encanto es la Hermosura, dices bien, yo lo confieso. Y cómo, di, a mi señor, enseñaste en el espejo a Don Diego? . Y mijama como en sus claros reflejos. vio a Don Juan? . Estad atentas veréis como no hay en eso hechizo alguno: mir ad a la reflejión del mismo espejo, y decid, quien pasa (ro. p. se ha de escapar. . Yo en mí,) . Y ahora quien va? . Unava. tuve ciencia, ni la tengo (vida y . Y ahora? . Un hurto. (ma ( . Y ahora? . Un perro. 2 . Pues mirad que fácil ciencia; Doña Ana, y Beatríz vuelto y yo mirando al espejo, ví quelo, Juan eutro en cosa y de allí a poco, Don Diego, y diciéndolo a las dos, por encanto lo creyeron. no es hechicería? . Pues necio, . Pues la sombra que yo vi en el mismo cristal terso, no fue hechicería? . No, que dos veces escondido estuvo aquí, y vos creyendo, que era virtud de mi ciencia, que yo salí, y fue admirando y en ese mudo reflejo Y a Don Juan no vi también? Tabien yo estaba aquí den O) a dos mujeres a un tiempo. Pues como aleves, (tro y osados en mi casa? 1. . Detenos, que está la justicia aquí. para huir de él? . Tambien es falez) . Pues como mi honor, sober intentáis así manchar? (bios ̱ . No le mancha, y si hizo esto? . Estos son mis cinco dedos Dale la mano. . La acepto con el alma, y con la vida, a seguro ya de mis celos. Y vor? También es mi esposos esta es mi mano, Don Diego. C. El Hechizo sin fecnita También yo daros la quiero pues si yo os herí, me heristeis, S) . Y aquí, señores, da fa con que se concluye el duelo. Que de hoy hore Celestina, porque los júbilos nuestros (o se celebren sin azar, que yo daros os prometo los cien escudos, quedando todo este caso en secreto. ̱ . Viváis, señor, muchos años a . Yo tabién os lo agradezco, y Meo Amigo el Muerto. Lo que dura una Comedia, por la calle ahora. . Un coche le icen, que dura un enredo: . y así, ahora plenso vengarme, de Tacón. Señor, yo os ruego. que ahbra me hagáis justicia con este infame embustero, porque cumpla una palabra, ̱. Cuál es? . La de casa miente que tú mil veces me has dado, y has fingido estos entedos, por no llegar a cumplirla. ̱ . Solo me faltaba esto! brava, hechicera! yo a ti: arredo vayas, arredo. O . Haced jasticia, señores. Si esto es así, casaos luego, o iréis commigo a la carcel. O ̱. Ved que es falso . Vaya preso que tengo dos mil testigas. Casaos. . No hay otro me le dejasteis ir. . Es cierto, . No. . Ello ha de ser? (lio? Luego al pueto. mas su engaño, que el portento. . Pues yo me caso advirtiendo, A que puedo probar la fuerza siempre. . Pues ahora no quiete se casarme con quien engaña A quién? . A mí, y Antonica S . Díganlos estos Caballeres, ay si yo en toda la Comedia la hablé palabran. . En secreto, o entre jornada, y jornada la enamoraste. . Si es cierto, esta es, Antonia, mi mano. ) Inés, cásate conmigo. Sin enamorarme, acepto. Válgate Dios por encontos. Válgate Dios por enredo. El Encanto es la Hermosan. le llamaréis. a y la Celestina a su entedo. : Y Don Juan de Verá os pide perdón del atrevimiento de acabar una Comedia de tan superior Ingenio, pues lo hizo motivado de un soberano decreto. y por confirmar, que es sole
