Texto digital de En mujer venganza honrosa
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Cristóbal Lozano Sánchez
- Atribución estilometría
- Cristóbal Lozano Sánchez Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de En mujer venganza honrosa. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/en-mujer-venganza-honrosa.

EN MUJER VENGANZA HONROSA
JORNADA PRIMERA
Guarda el oso, guarda el oso. Aparta el caballo, Arnesto, si quieres librar tu vida. Cobardes sois, Caballeros, pues dejáis así a la Reina. Antes moriré primero. Guarda el oso, guarda el oso, Dadme vuestra ayuda, Cielos. Esta es caza? aquesta es huelga? este es entretenimiento? llámole lucha, y batalla, dígole marcial estruendo. La Reina pienso que ha dado en manos del oso fiero, que lanzando negra espuma por la boca, y vivo fuego por los ojos, sacar quiere de nuestros tímidos pechos, la que va perdiendo vida, la que va sangre vertiendo. Diez años ha, que buscando la causa de mis funestos pesares ando perdida, la cual es un hombre, aunque esto no era menester decirlo, pues que de cierto sabemos, que no hay en mujer desdichas, deshonras, penas, ni celos, que no vengan por su causa, que no sucedan por ellos. Un mes ha que llegué a quí con mi primo hermano Arnesto; trayendo falsos papeles, donde claramente pruebo, que soy de la Reina prima, y ha sido el acogimiento, que ella me ha hecho, tan grande, que quiso hoy, a fuer de ruegos, saliese con ella a caza, aunque ha permitido el Cielo, que se nos haya trocado en caza de descontentos. Detén el paso veloz, fiera cruel, monstruo horrendo, no quieras matar a un Ángel. El oso viene aquí muerto: ay, venganza, qué me cuestas! ay, honra, en lo que me has puesto? ay, tiempo, a que me has traído! ay, caza, cómo me has muerto! de correr estoy cansada, aunque quiera huir, no puedo: si aquí me aguardo, hay peligro, mucho mayor, si me ausento. Mas pues de dos males dicen ser justo tomar el menos: yo de aquestos dos peligros. detérmino hacer lo mismo; y pues el Cielo me ofrece de aquestos troncos los huecos, de estos ramos la espesura, esconderme entre ellos quiero. Hoy ha sido la primera vez, que la fortuna ingrata me ha concedido tener gloria entre desdichas tantas, pues he quitado no menos, que a esta beldad soberana de los brazos de la muerte, del cuchillo de las parcas. Mas no quiero detenerme, pues tan adelante pasa el desmayo, ya que aquí; M no quiso el Cielo dar agúa. Ocupad, cuerpo divino, aquesta de flores cama, en tanto que del cristal, que de esta sierra en la falda una fuentecilla llora (quizás, por vuestra desgracia) algunas lágrimas traigo, que echadas en vuestra cara vuelvan la luza esos ojos, a esas mejillas la grana, a esos labios el coral, y a ese cadáver el alma. Si no es que acaso se afrentan conociendo la ventaja, que hace tu candor al suyo (que tiene invidia hasta el agua y no cause, aquí el efecto, que siempre en los otros causa, por verte un rato traspuesta, y otro poco más con ansias. Pero si cuando en si torne, no me ha de aprovechar nada, sino solo de besarle, como a Reina, en fin, las plantas, Quiero gozar de tu vista, que esta licencia no es amplia en mí, cuando esté despierta, ni ella pienso querrá darla. Qué hermosura! Qué lindeza! Qué gentileza! Qué gracia; Qué talle! Qué compostura? Qué aseo! Qué viva estampa de la que jamás me quiso! Mas no renovemos llagas, Leunido, de las heridas, que casi casi están sanas. Leonido dije? Ah traidora lengua, homicida, malvada? No te he dicho, que me llamo Laurd Pues cómo me llamas nomibre, que costarme puede, si a los de alguna villana persona llegara ha oídos, vida que compré tan cara? Que aunque estamos en desierto, tal vez para las venganzas se forja de un tronco un cuerpo, y cien senguas de una rama. Mas bajemos a la fuente, sin escarbar más del alma los ya pasados ahogos, las congojas ya pasadas. Y pues de esta empresa ya la más parte esta ganada, démosle fin, que hasta el fin jamás la gloria se canta. . O no es verdad lo que oigo, o lo que miro es patraña, o son asomos del gusto, o son quinmeras del alma; porque ver tan de repente en esta inculta montaña, mas albergue de las fieras, que de personas morada, el principio de mis penas, el origen de mis ansias, parece ilusión, y sombra, parece verdad soñada. Ya, Leonido, dejaré de discurrir tierras varias, ya sé tu nombre fingido, ya sé que Lauro te llamas, en mi hallaras tu castigo, sin que sepas ser yo causa, que si tu Lauro te has puesto, yo también me he puesto Laura. Quisiera ahora salir, y a la Reina lastimada darle algún consuelo, mas como es mi alegría tanta, juzga el alma ser incierto lo propio que ha visto, y anda. alternando los sentidos, borrando las esperanzas; y así, que vuelve, aguardar. quiero, pues es cosa clara, que ella ha dé querer saber toda su vida: hay venganza! He estado con atención, ya después de en mi tornada de aquel Caballero oyendo las amorosas palabras. Que aunque jamás en mi pecho hizo tiro el del aljaba, por ser más que a los requieros aficionada a las armas. No puede naturaleza del todo apagar las llamas, las cuales más se somentan, mientras más en salir tardan. El dueño pienso que es, si las señas no me engañan, de la casa de placer, a quien sirve esta montaña, tímida por ser tan fiera, triste por tan solitaria, de torreón por la vista, y de escolta por la espalda. Bien se sabe enamorar, bien requiera, bien iguala a un cuerpo las partes todas, que para perfecto bastan. Mas harto mejor pelea, y harto mejor que mi guarda sabe, por salvar la mía, no estimar su vida en nada, fuera de haberme traído hasta aquí porque fue tanta la turbación que me dio de verme casi en las garras, no menos que de una Tigre, que quedo la sangre helada, sino es la poca que huyó del corazón a las Aras. Desmáyeme, en fin, y no es mucho, que si me hallaras con el que tiré venablo, quizás por librar a Laura, no fuera la vez, primera, que frente a frente esperara de un oso la fortaleza, de una fiera la arrogancia. Pero volviendo a mi gente, no es vileza, no es infamia, que así me dejasen todos en tal peligro olvidada? Pues por mi corona juro, que he de averiguar la causa; y si es traición, he de hacer, que sepan quien es Clenarda. No soy si no Caballero, mirad bien lo que decís, que solamente a un mentís sabe desmentir mi acero. Detente, fiero villano. Ahora me detendré, porque a quien disteis del pie y yo libré con mi mano. está presente. . Qué es esto, Duque? Señora, volver por tu honra. Puede haber quién me ofenda en este puesto? Sí, pues viniendo a buscar a vuestra Alteza, encontré su banda, la cual tomé para humilde se la dar, y descortés, y a trevido este Caballero intenta, que la deje por su cuenta donde propio se ha caído; y viendo que no quería desistir de su quimera, fuerza fue de esta manera en señarle cortesía. Yo no he sido descortés en hacer lo que contáis, si bien, Duque, lo tomáis de mi intención al revés. Que si tomar impedia la banda de donde estaba, es con razón; pues bastaba haber podido ser mía. Que pues traer merecí en mis brazos a su dueño, era premio harto pequeño una banda para mí. Mas obró el considerar, que no es casada su Alteza, tanto en mí, que por vileza juzgarala leyantar; porgue si alguno me viera con prenda suya, ignorante de la causa, en un instante a mal fin lo atribuyera, y sobre si acaso fueron favores, podía comprar muerte infame, por tomar aquello que no me dieron, y déjira de su Alteza notada la castidad con rasgos de liviandad, siendo el pensarlo bajeza. Estas consideraciones fueron remora a mis pasos, pues no hay en mujer fracasos, como andar en opiniones. Y así, supuesto que no tomé lo que bien pudiera, no quise que lo trajera, quien después que yo lo vio. Mas ya que con fieros vanos la tomasteis, bien hicisteis de venir donde venisteis para escapar de mis manos. Señora, con tu licencia: Bueno esta. . qué tal consiento! . Advertid, Duque, que siento mucho vuestra negligencia, y no atribuyas a mengua fieros de este Caballero, que obra con el acero mas que dice con la lengua; porque si por él no fuera de un oso aquí defendida, no me hallaráis ya con vida, ni la banda me la diera: la cual quiero que le deis en premio de su valor, y con gusto, y con amor amigo con él quedéis. Rabiando estoy de pesar. . Dudosa estoy si es Leonido; . mas pues aquí me ha traído el Cielo, quiero aguardar hasta ver el fin. . Haced, Duque, recoger la gente a esta Quinta brevemente. No me hagáis tal merced, que es mui estrecha mi casa para tal huésped. . Yo voy. . Llena de temor estoy. . Hallareisla tan escasa, que habéis de quedar corrida; mas con todo avisar quiero a mis criados. . Primero quiero saber vuestra vida, el nombre, patria, y nación. Ahora saldré de duda, . La lengua ha quedado muda de temor, y confusión. De qué? . De que habéis pedido que renueve mis dolores. Tantos son? . Y los mayores de cuantos habéis oído. Holgaré en saberlos mucho. Señora: . Ya os lo he mandado, otra día: . Es excusado. Oídme pues. . Ya os escucho, Reina insigne de Sicilia; en quien pulieron los Cielos de prudentes tantas partes, de hermosa tantos extremos. Para darte relación de mis trágicos sucesos, de mis inmensos fracasos, prestame un rato silencio. Es mi patria Alejandría, Ciudad de Egipto, do vieron la primera luz mis ojos en el registro del tiempo: Mis Padres, que se llamaron Blanca Leonida, y Lanspergio, si no bien afortunados, de nobleza poco exentos. Me pusieron Leonido, en quien los Astros opuestos influyeron mil desdichas, cumularon mil portentos, el cual nombre me he trocado en Lauro, solo por miedo de un insulto, que sabrás, si me estás atenta, presto. Desde mis pueriles años (que como es el amor ciego; ni pone freno a los niños, ni da vergüenza a los viejos) puse mis ojos humildes, o mejor diré soberbios, en un Ángel, en un Sol, y para no gastar tiempo, en la más bella criatura, que pintó el pincel supremo, desde que dio ser al barro en el campo Damasceno. Esta era Flora, en quien puso tan de espacio, tan a tiempo el Cielo sus perfecciones, que pienso, y tengo por cierto, que las partes más coturnas de hermosura, que tuvieron Eleña, Lucrecia, y Dido, fue ajustando, y componiendo en su cuerpo, en sus facciones, en su gala, en su despejo, en su brío, en su donaire, tanto, que desde el cabello, oro fino, hasta la planta. del pulido pie, echó el resto la naturaleza; acaso por cifra en un sujeto de todas sus maravillas un epítome, y compendio, que diese a la Luna invidia, y sirviese al Sol de espejo. Visitar le vi tres lustros a la blanca Aurora Febo los cristalinos umbrales, diciéndola mil requiebros, y otros tantos recibir de Delia amorosos besos, cuando infeliz comence a tratar mi amor poniendo infinitos imposibles a mis plantas, que violentos, forzados de la razón, que llevaban, pretendieron, ya representando muertes, ya castigos, ya portentos, poner rienda a mi apetito, y refrenar mis deseos. Comencé, en fin, como digo, a hacer a Flora paseos, enviándola billetes, diciéndola mil requiebros, gastando costosas galas, haciendo ricos empleos, ofreciéndola mil vidas, dándole de mis tormentos de noche parte en sus rejas, aunque siempre (caso adverso!) a mis voces se hizo sorda, Tigre hircana a mis requiebros a mi llanto peña dura, a mis quejas, cual de acero, desentendida a mis cartas, y ciega a mis galanteos. Así, pues, pase tres años, sin tener tan solo un premio en que colgar mi esperanza; y viendo, que el sufrimiento, para tantas dilaciones, se iba apurando, soberbio me determiné a pedirla a su Padre en casamiento. Era señor, yo vasfello el Conde, yo Caballero nacido de humildes Padres; y él Padre de hermoso Cielo de Flora; cosa que hacía en mi lastimado pecho concluyentes filogismos. con mil argumentos ciertos, que era varia mi esperanza, e imposibles mis funestos amores; mas como ya estaba en esto resuelto, pedila con mil caricias, y negómelas con fieros, que un poderoso se ahorra de corteles cumplimientos. Murió el Conde de allí a poco, y quedó Flora vertiendo dos mares de ricas perlas, que a ser capaces de precio, se vendieran muchos hombres por comprarlas, porque es menos gozar de la libertad, que de pedazos de Cielo. Entendí yo ya que había concluido, por lo menos, con los desdenes de Flora, con los de mi amor desvelos, cuando llegándole a dar el pésame a su aposento, que de mil funebres paños estaba todo cubierto, me dijo a tales razones, y tan resueltas, que creo ella me le dio a mi grande, no un pésame, si no ciento. Obedecila cortés, (aunque triste) no queriendo perder por adelantarme las esperanzas, que el ciego niño amor me concedía, que nunca fue de discretos arrojarse del peligro a los ímpetus primeros. Retirose de su Estado a una Quinta, pareciendo que estaban sin flor los campos cuando no está Flora en ellos. Pareciome esta ocasión bastante, y dejando el miedo a una parte, y el temor a otra, porque son estos del albedrío del hombre dos tropezones, resuelto me determiné a coger de su flor el fruto bello. Y aunque tenía amigos muchos, y no me faltaban deudos, no me quise acompañar de ninguno, porque el cuerdo para las acciones viles va solo, por dos respectos, porque no sepan su infamia, y no haya en su mal terceros. Llegué una noche a la Quinta de mi bella ingrata, al tiempo, que no hay mortal que no esté al dulce rendido sueño. Y con una que llevaba llave hechiza, voy abriendo desde la primera puerta hasta el último aponsento, y en estando apoderado de las cuadras, fui con tiento, y con ingenioso ardid, de tal manera poniendo las puertas de los retretes, do los pajes, y escuderos dormían, que era imposible abrirlas, si no es que al suelo las abatiesen, mas cuando de todos llegué al postrero, le abrí, y tomando una luz, que al de pedernales fuego había encendido, me entré con pasos blandos, y ledos, hasta llegar do dormía sin ningún cuidado un viejo, y asiéndole de la mano, puesta la luz en el suelo, le quité el sueño, y mirando que iba a dar voces, al pecho le puse la espada, y dije, que me enseñase al momento el Palacio donde Flora rendía parias al sueño, sin hablar palabra, antes que el de la muerte instrumento, y tropezón de la vida de su pecho entrara dentro a saberlo, sin haber menester agradecerlo. Calló al punto, porque es case rigoroso el estar viendo la muerte junto a la vista, y el vivir en tal aprieto. Diome las señas del cuarto de Flora, humilde pidiendo le concediese la vida, lo cual no hice, que en estos, y otros casos semejantes, es locura, y desacierto tener piedad, porque es no tenerla de sí mismo. Dándole dos estocadas, dejé al miserable viejo con la ya frígida sangre matizando al duro suelo. Cerré la puerta, y pasé al celestial aposento (si es justo llamarle así donde Flora sin recelos de tal fracaso dormía, aunque su corazón, pienso, que cuando llegué, con saltos se lo estaba ya diciendo. Volví a cerrar en entrando, y llegándome hacia el lecho dichoso, por recibir en sus brazos a un Sol bello, estuve con atención una gran pieza suspenso, considerando el que hacer iba insulto, en la que viendo imagen divina, estaba tan hermosa, que prometo, que para sus pechos castos era el cristal mui grosero, muy tolco el blanco marfil para el torneado cuello, imperfectos los jazmines para el espacioso Cielo de su frente, y el coral perdió los hermosos lejos para con los de su boca rubicundos labios bellos. De las esparcidas hebras de la madeja, que a Febo causara invidia; se hacían mil sortijas, hasta en medio de las púrpuras mejillas, donde estaban compitiendo la nieve con el carmín sobre el asiento primero. Admirado, pues, de ver, o mejor diré, conamiedo. de oponerme a su divina honestidad, mas me acerco, y apenas toqué una mano de azucenas, cuando abriendo dos soles que encandilaran el ave de más imperio, recordó despavorida, como le sucede, pienso, a la Aurora, cuando llega su amante a verla en el lecho desnuda, que vergonzosa procura cubrirse: esto representaba mi Flora entre espantos, y entre miedos. Quiso llamar los criados; pero le salí al encuentro, diciendo, que los dejaba en sus propias camas muertos. En fin, estuve con ella mas de una hora debatiendo, ya amoroso, ya enojado, y ella a todo resistiendo. Que el ánimo mujeril cuando está a un desdén resuelto, ni por ruegos, ni amenazas desistira de su intento. Por lo cual considerando que eran las palabras viento, remitir quise a la fuerza lo que no alcanzaban ruegos. Pero apenas con mis brazos medi los suyos tan terlos, que con los hilos de sangre el candor cobraba aliento, cuando a los de voces suyas, dignos de compasión ecos, vide por la puerta entrar al que yo di muerte, viejo, con una espada en la mano, y hacia mí se viene, habiendo muerto primero la luz, dejándome a mi más muerto. Cayó desmayada Flora sobre sí misma, que un Cielo no es razón que caiga nunca, sino en brazos de sí ismo. Y yo lleno del espanto, cercado todo de miedo, palpitando el corazón, y erizado todo el pelo, dejo su lado, y procuro tirando golpes a tiento escapar solo la vida, joya que no tiene precio. Mas como era, en fin, castigo de mis lascivos deseos, y anima con la que estaba, porque no podía, haber cuerpo, si todas cuantas tiré cuchilladas di en el viento, y ella no tiraba golpe, que no me acerrase al pecho. Determina de dejarla, y tropezando, y cayendo, con los de la puerta umbrales. acerté a dar, despidiendo por la boca tristes quejas, por los ojos llanto iinmenso, por las circárices rotas de sangre mil arroyuelos. Salí de la Quinta así, rodeando por momentos la cabeza, por si acaso alguno me iba siguiendo. No quise de aquesta, suerte irme a la Ciudad temiendo el justo enejo de Flora, y el peligro, por ser lejos: porque iba tan desangrado, que si del bosque primero en un pastoral albergue no hallara tanto remedio, como de una pastercirla, la cual con piadoso celo me repretó las heridas, y aplicó médicamentos, este fuera el día, en que hubiera de mis excesos dadole la cuenta a Dios, y no buena en aquel tiempo. Sabiendo, pues, la pesquisa rigorosa que iba haciendo Flora en todos sus Estados, quise poner tierra en medio. Aquí a Sicilia pasé, donde del radiante Febo he visto cumplir, diez cursos por zonas, y paralelos, retirado en esta Quinta, en cuyos bosques espesos í me entretengo en matar fieras, porque en sus pechos me vengo de aquella que se mostró tan fiera para mi pecho. Hoy salí al mismo ejercicio, permitiéndome los Cielos, que libertase a su Altera de aquel monstruo, que grosero iba ya a ser de tu vida parca fatal, si al encuentro no le saliera mi espada; que de los hombros tampresto le derribó la cabeza, que fue saltando un gran trecho, mordiendo el suelo, pensando que estaba aún unida al cuerpo. Dicha, señora, fue tuya, como mía, porque es cierto, que no he tenido jamás dicha, si no ha sido en esto. Esta es mi historia; no quieras saber más, solo te ruego, si acaso de mis desdichas se te ha enternecido el pecho, no me descubras a nadie, pues sabes que en el secreto; si Flora me busca, estriba la poca vida que tengo. En mi cuando tú quifieres salir a cazar, te ofrezco un esclavo, que con los pocos criados, al bello, que en ti el sacró Cielo puso talle; y a esos dos luceros, con alma, vida, y hacienda, serviré siglos eternos. Tan admirada he quedado de tus desgracias, Leonido, que a buena suerte he tenido el susto, que hoy he pasado. Y pues en el tiempo vario, jamás has podido hallar, sino zozobras, y azar, desde hoy por mi secretario irás conmigo. . Tus pies beso mil veces, señora. Ya hemos confirmado, Flora, . esta verdad: ea, pues, saquemos del pecho adusto rayos para la venganza, sea, sea su privanza muerte de todo su gusto. Vamos, que me aguardan. Que me mandéis solo espero. Al descuido salir quiero. . Que como a divino imán de vuestro coturno iré siguiendo la hermosa huella, que será para mi estrella, por estampa de tal pie. Y en fin, qué te has de llamar Lauro? . Y humilde te pido, que no me nombres Leonido. Secreto sabré guardar. qué encuentro tan dichoso! o, qué tan alegre vista, para quien cercada viene de cuidados! . Bien venida seas, Laura, y no te espantes, pues en desgracia, y desdicha hemos corrido hoy parejas. Cielos, no es la estampa misma de Flora la que estoy viendo? . Sí, porque son conocidas las señas del talle, y rostro, labios, ojos, y mejillas. Mas quien la ha de haber traído aquí desde Alejandría, surcando salobres aguas, y atravesando Provincias? Quién? el celo de la honra, la venganza, la juistcia, que atrevimientos enormes en cualquier parte castiga. Que aunque no conseguí el fin, se le da la pena misma al que va a hacer la muerte, como al que la ratifica. Y así, si es ella, y ha oído la relación referida, me ha de prender, si no salgo esta noche de Mecina. Privados tengo los pulsos, la sangre en las venas fría, palpitando el corazón, agonizando la vida: todo estoy hecho de mármol. Hablele, Lauro, a mi prima. El disimular importa: A tus pies, señora mía, tienes un menor criado. Levantad, que no sol digna de que ante mí se arrodille hombre que la Reina estima. Débole, Laura, muy mucho, que te contaré en la Quinta con más espacio esta noche. Llamarla Laura, y ser prima suya, bien claro se muestra, . que mi loca fantasía se ha engañado, mas con todo no cobraré las perdidas fuerzas, hasta averiguar este caso. . Y determinas, señora, quedarte aquí? Sí, Laura. . Cuya es la Quinta? Del que está presente. . Vuestra es, señora, mas que mía, Vamos, pues. Camina, Lauro. Milagro será si atinan mis torpes pies a llevarme, mas si me esperan desdichas, si acertarán, porque siempre tras ellas se precipitan. En fin, os llamáis Clavela? Ya no te he dicho que sí? Soy muy flaco de memoria; pero no os habéis de erguir, cuando yo estoy en mi casa, y vos en casa de mí. De quién? . De mi señor, digo? dejadme a espacio decir, que estoy:- . Cómo estás? Traspuesto. Pues anda vete a dormir. No Clavela, no procede mi trasposición de aí. Pues de dónde? . De tu nombre que hizo un retintín en las tripas, que parece que al instante que le oí comenzaron a danzar, sirviendo de ministril el organo de tu voz; y como yo estaba, en fin, el más projimo a la danza, y tan projimado a ti, en oírla me traspuse, y en verme me divertí. Muy gracioso eres. . Soy en gracias el más feliz, que ha habido desde el diluvio. Cómo te llamas? . Martín, o tordo, pues es lo mismo. Muy bien te cuadra. Pues di, sabes el cuento? . Yo no. Pues quierotele decir. Presentaron le a mi madre víspera de San Pasquín un ejército de cosas para el tiempo del parir. Como fueron cien pañales, seis mantillas, y un candil, un asador, dos sartenes, un perro, un gato, un rocín, un almirez con su mano, una flauta, un tamboril, dos gallinas, tres capones, un pato, y un tordo, en fin. Y como mis dos abuelas, dando se puñadas mil riñesen sobre cual nombre mejor me estaría a mí, faltó el tordo muy erguido, diciendo: Martín, Martín. Cayole en gusto a mi Padre, y dijo: No hay que reñir, que Martín se ha de llamar; y como estuviese allí el Cura, fue de su parte, con lo cual cesó el motín; y como Martín, y Tordo son finonomos, así a veces Tordo me llamo, y a veces solo Martín. Gasto me das con tus gracias. Enamórate de mí, y verás como te pongo de chufletas. . Pues has de ir a la Corte, guardalas para allá, que no hay aquí tanto lugar. Dices bien: me tendrás espadachín en la Corte, y yo que soy poco amigo de reñir, me he de hallar mal. No hayas miedo. Confiado he de ir en ti. Vámonos, que llega ya mi señora. . Es Laura? . Sí. Ya me voy, Clavela, mas no tengo de dormir un punto, porque he de hacer a tu nombre un villanci, a tus labios un soné, a tu cuello una cancí, a tus mejillas cien vers, y un roman a tu nariz, que quiere decir Clavela; sino entiende en Latín un villáncico a tu nomb, un soneto a tu labí, una canciona tu cue, cien versos a tus mejí, y a tu nar un buen romance, con lo cual Dios nos dé aquí gracia, salud, y dineros, y su santa gloria al fin. . Con mal pie habemos llegado, pues no está la Reina aquí. No más de por eso? . Sí: esto me ha pronosticado mal fin en mi pretensión. No diga tal vuestra Alteza. Causado me ha gran tristeza. Es vana imaginación, porque bien mirado el caso, mas se debe atribuir a buena suerte venir a tal tiempo. Hablemos paso. Solos pienso yo que estamos. Pues estoy determinado, Marqués, de que disfrazados esta empresa consigamos. Yo estoy de ese parecer, porque gran mengua sería venir aquí un Rey de Ungría, solo a ver una mujer. Por lo cual será mejor, diga tu Alteza, que viene a las vistas, y que tiene título de Embajador, porque aquí no habrá persona, que te conozca; demás, que muy disfrazado estás. Diera toda mi Corona por tener feliz suceso. Yo espero que le ha de haber; pero te importa tener menos cólera, y más seso. Terrible es mi condición, mas no tan precipitada, que deje de ir ajustada a leyes de la razón: y así, si alguno me trata fuera de ella, es como al mar el quererme refrenar. Pues eso te desbarata? Ya lo echo de ver, Rosardo, más intentarme abstener entonces, será querer, que no sea Felisardo; y si acaso con desdén piensa Clenarda tratarme, ella puede perdonarme, que tengo de hablar también. No será acertado medio desubrirse vuestra Alteza? Ya echo de ver, que es bajeza, mas no habiendo otro remedio, yo le emendaré. . Fiado en tu prudencia, señor, espero, que de este amor tendrás el fin deseado. Vamos, porque es imposible, si viene de caza hoy, hablarla, y más cual estoy. Condición tiene terrible. . Ya henos llegado, Martín, a la Corte. . Labirinto le llamo yo, pues me dicen, que por milagro se ha visto acertar hombre a salir una vez dentro metido. Pero dejando esto a parte, cuéntame lo que te he dicho, Laura, que bien sé que estás desde ayer mas no lo digo, que tengo mucha vergüenza. Enamorado? . Eso mismo. No lo niego: mas no basta, Martín, haber padecido diez años de soledad? Y sobra, por Jesuchristo, que no somos San Antones, Jerónimos, ni Benitos. Sabrás, pues, que estando anocho de mil ansias combatido, cercado de mil temores, y temiendo mil peligros, por recelos, que me es fuerza callarlos, y no decirlos, se llegó Laura hacia mí, y con semblante propicio me dio, si bien con recato, el parabién de mi oficio. Dile las gracias gozoso, lo cual vino a ser motivo de trabar conversación con muy corteses principios. Yo le contó con rebozo mi historia, y ella al proviso me hizo de toda su vida un epítome succinto. Díjome, como su Padre, que fue de la Reina tío, quedó de Amurates preso en la conquista de Cipro, el cual murió en la prisión con su mujer, y sus hijos, sino es Laura, a quien libró, después de haber padecido diez años de cautiverio, con un generoso arbitrio, Arnesto, que a la sazón estaba también cautivo, y que habrá un mes que llegaron a Sicilia, donde han sido recibidos de la Reina con fiestas, y regocijos. Estas palabras, Martín, fueron en mi pecho frío llamas de amor, que abrasaron mis engañados juicios. Quedose quieta mi alma, mi confusión se deshizo, y de mis vanos recelos se borraron los designios. Y en este instante el amor bosquejó en al lugar mismo do estuvo la fantasía, un diseño tan altivo, que le juzgué ya perfecto, aún antes de colosido, según la operación fuerte, y el efecto que en mi hizo, porque ya las cinco flechas pendientes del blanco armiño de su mano, iba a tocar, si no me hiciera un retiro uin poco esquiva, por ser su amor recatado, y limpio, o de vergüenza, o ya fuese porque la Reina nos vido. En fin, se apartó de mí, hasta que por el camino esta mañana pasando por junto de ella, me dijo con los ojos, como estaba unido su gusto al mío, con que confirmé mis glorias, y juzgué el breve desvío, y esquivez de anoche, solo por parentesís impío al periodo, Martín, de la dicha que consigo. Pardiez, señor, que me huelgo, porque yo también he visto a Clavela, que ha de ser la clave de mis sentidos, la cerraja de mi alma, tenazas, clavo, y martillo, que me clave, y desenclave; mas la Reina: . Suerte ha sido. El caso importa mirarse. Tus Consejeros lo ven. Y aún condenan tu desdén. Cómo ellos no han de casarse, todo les parece bien: yo lo miraré mejor, pues soy quien me he de casar. Yo quiero, Martín, llegar. justo es, que a un Embajador de Ungría: . No hay si no callar. A tur pies, señora mía, tienes a Lauro postrado; perdona si me he tardado, por ser hoy el primer día en que entro a ser tu criado. Levantad del suelo, alzad, Secretario, que no habéis hecho falta. . Es que me hacéis dos mil mercedes. Mirad, que aquesta noche me habléis. Cumpliré vuestro mandato, y humí de os pido, señora, que miréis aqueste ahora. Que me place. . Sedme grato, . Cielo, solo en esta hora. Qué decís, señor Arnesto, a estas cosas? . Qué es rigor tratar a un Embajado? tan desabrido, mas esto consiste en falta de amor. Nunca el casar le ha agradado. Clavela, ya has olvidado a quien no cesa de amarte. qué quieres? . Hazte a esta parte, te contaré mi cuidado. Qué ay de poefía? . Sonetos, villáncicos, y canciones. Verlos serán remendones. No son, si los más perfectos, que han oído las naciones. Confusa estoy, y turbada, . y con no pocos temores de esta carta, que hay rigores, que hasta estar en la estacada no descubren sus dolores. Pero quién puede saber en Sicilia quien yo soy? Temblando de miedo estoy. Ya ha acabado de leer. A Lauro. . Muriendo voy. . Señora. . Necio, y discreto en tu pregunta has andado: necio, en haber preguntado si tendrá tu amor efecto, cuando hayas a Laura amado, supuesto que echas de ver, que es mi prima, y que sería, como suya mengua mía, venir a ser tu mujer, despreciando yo al de Ungría. Discreto, en que en preguntar según, Lauro, me imagino, te confiesas por indigno, y para después no errar, preguntas por el camino. Bien has hecho, y porque es justo, que venza la discreción, premiarte es mucha razón, y así, si es de Laura gusto no te haré contradicción. Beso mil veces tus pies. Alguna merced le ha hecho. No le hará muy buen provecho. No os digo más. Premio es, como de ese heroico pecho. Ven commigo. i, , Lauro, escucha. . Ya voy: ya, señora mía, . vuelvo. . Gentil cortesía! Me llamó la Reina? . Es mucha razón, andad. . Bien podía dejarme aquí, pues quedaban dos Soles, que me alumbrabán, a cuyos rayos quisiera calentarme, si pudiera cumplir lo que me mandaban. Qué le has pedido? . No más de que me deje adorarte, servirte, verte, y amarte. Oh qué escrupuloso estás! A darte del todo parte al punto vuelvo. . Id con Dios. Él me vuelva presto a vos. Me amas mucho? . Mas que a mí. Qué dices? . Que estoy en ti, tú en mi pecho, yo en los dos: qué me respondes? . Que estoy agradecida a tu amor. Dame, pues, algún favor. No te var? . Ya no me voy, la Reina aguarde. . Peor es hacer tal desacierto: vuelve luego. . Y si no acierto, cómo, Laura, volveré? Pues por qué Lauro? . Por qué? Porque voy de amores muerto. . Lástima tengo, señora, de que seas honricida de quien a tu amor rendida tiene el alma. . Si es traidora; no es justo que tenga vida. Que quien atrevido; y loco me quiso el honor quitar, sin ver, ni considerar, que estimándome en tan poco me tenía de vengar, es cierto se resolvió el castigo a padecer; este en mí le ha de tener, que será en dárselo yo mas grande, por ser mujer. Que aunque tan amante ahora. me requiebra, y enamora, bien sabes que no es por mí, que a fe no lo hiciera así, si supiera que soy Flora. Mas, pues también ha trazado. lo que tanto he deseado, le he de mostrar mucho amor, para vengarme mejor cogiéndole descuidado. Hallárase de esta suerte, si saliere victoriosa, tirano amor en esposa, un alivio en una muerte, y en Mujer venganza honrosa.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA No hay porque estés enojado de haber esperado un mes. Por mi Corona, Marqués, que estoy ya tan enfadado, que si no echara de ver, que me mata su hermosura, atribuyera a locura sufrir tanto a una mujer; porque no quererme dar él sí, o no, tan solo es para matarme después, comenzarme a hacir penar. Digo, que tienes razón; pero has de estar advertido, que pues no te ha despedido, te tiene alguna afición: aguarda, que en la esperanza se sustenta todo amor. Nunca en hombres de valor lugar esa regla alcanza, que un Príncipe no ha de estar sujeto a la común ley, que eso ya no era ser Rey, sino hombre particular; fuera de estarle tan bien a Sicilia el casamiento. No hay porque estés descontento, hasta que respuesta den. Pues tú te atreves a mí? Teneos, Duque. . Mi persona os dará a entender quien soy. Déntete, Lauro. . Aquí importa socorrer. . Qué es esto? Afuera, ténganse todos. Tú tomas el guante que alcé primero? Es mío. . Bueno está, y sobra, Agradeced al padrino. Si agradezco, por ser cosa injusta quitar la vida a quien me dio a ganar honra por esta prenda, la cual me podréis pedir a solas Duque, cuando os diere gusto: solo os advierto, que es poca la potencia que tenéis para hazaña tan heroica; porque llevando conmigo quien es bastante a hacer sombra, y a servir de nube en parte al lucero de más orlas (que a quien tiene en sí dos Soles, bien le cuadra esta ajioma) es cierto, que ha de impedir vuestros golpes, y en retornas, pues es nube de una mano, prestará a mi mano bombas, aunque os consuma, y abrase, con que el abismo esconda cuantas me opusiereis vidas, cuantas trajeréis personas para de mi defenderos, que para hacer esto sobra, Duque Uberto, solo un guante de una mujer, que es hermosa. Señor, aunque perdonéis: Estaos quedo, que no importan las palabras, cuando son de amantes, porque son loca; que un hombre que tiene amor, yo os doy palabra, que montan tanto como estar sin seso. Yo os obedezco. . Estas cosas son propias de los que aman, todo es pesares, discordias, agravios, celos, desdichas, sin otras dos mil zozobras. En mí está claro el ejemplo, o en mi Rey, porque las horas, me escribe, se le hacen años aguardando la dichosa resolución de la Reina. Muy bien finge. . Bien a Flora . se le trazan sus intentos. Señor Embajador, toda la fuerza de estos negocios, pienso estriva solo ahora, en que la Reina ha sabido. de fidedignas personas, que es Ferisardo: . Decid, De condición rigorosa. Qué más? . No se dice más. Pues a fe:- Señor reporta. Que lo será de tal suerte, cuando tales nuevas oiga, que puede al punto Sicilia tontar las armas. . Ahora se pierde si se descubre. No os alteréis, que aunque sobran fuerzas para resistirle cuando a venir le disponga, yo os prometo de mi parte. alentar tanto las cosas, que a más tarde esta semana queden firmadas las bodas, pues a todos esta bien. Hareisme merced no poca, Duque, que sabie pagar por salir de esta congoja: y a los que de mi Rey dicen falsedades tan notorias, decidle, que yo, que soy aquí su propia persona, sustentaré cuerpo a cuerpo, o de otra, si quieren, forma, que mienten en lo que han dicho: mas porque es acción muy propia de cobardes el venir siempre en gavilla, y en tropa, decid, que vangan así; que para alcanzar victoria de cuadrillas fementidas, una amenaza, una sombra de quien la verdad defiende, es bastante, y poderosa. Brava arrogancia, por Dios. Estos efectos denotan ser verdad lo que se ha dicho, porque claramente consta, que ningún hombre jamás se enoja, ni se apasiona de aquello que probar puede solamente con las obras. Es verdad, que da motivo para solpechas no pocas haberlo sentido tanto el Embajador. . No importa, que primero que a la Reina le salga él sí de la boca, sabrá la verdad muy bien; pero volviendo a mi historia, qué os parece el desacato de Lauro? Hubiera persona, que oyendo tales oprobrios. y escuchando tales cosas tuviera cordura, Arnesto? Digo, que razón os sobra; pero la altivez que tiene es, porque Laura se adora: para matarle después. Y más se fía en la honra que le hace la Reina. . Es justo, si le dio la vida. Apoyan mas de lo que fue el suceso: pero dejando esto ahora, vamos a hablar a la Reina, para que a hacer se disponga lo que mejorde estuviere. Por una via, o por otra ha de ser el casamiento, Duque, solo a nuestra costa. Noche, que con tu manto poderosa eres para encubrir rayos lucientes del claro Febo, a cuya luz desmientes mientras que en el Occeano reposa. Dame tu auxilio, muéstrate piadosa en socorrer mis pasos diligentes, al que pretendo fin, pues que bien sientes, que es la que quiero hacer venganza honrosa, Y pues tú fuiste quien en mi tormenta a Leonido le diste confianza para mi deshonra, estame atenta. a la que quiero conseguir bonanza, que quien ayuda da para la afrenta, justo es la dé para tomar venganza. Ya he prevenido, señora, todo cuanto me mandaste; ya di tu carta a Leonido, que con ternezas notables, como hombre engañado, al fin, y del suceso ignorante, le dijo dos mil requiebros, que a ser las letras capaces de sentido, pienso yo trocarán a aquel instante las razones, por no ver loar con afectos tales, a quien solamente tiene pensamiento de martarle; y en lugar de que viniese, dijceran, que se ausentase. En fin, la leyó, y me dijo, que gustara de esperarte, por gozar de ti después dos mil horas que le mandes. Vine con esto, y al punto entró Arnesto con el arte, y diabólico instrumento al puesto que señalaste. Quedé temblando de verle, y quisiera que mirases as bien, señora, primero lo que se te hace tan fácil. Yo no he menester, Clavela, que me dé consejos nadie, para lo que a mí me importa, pues que conoces, y sabes todo el tiempo que he gastado en estudiar por todas partes un modo por donde pueda honradamente vengarme. Y aunque parece difícil, es en nosotras tan fácil, hallar para una venganza el modo, camino, y arte, que si alguna no la intenta, no es porque el saber le falte, sino por andar buscando. cada día otra más gran de. Yo la he hallado, y así no tienes que aconsejarme. porque una mujer resuelta en hacer un disparate, aunque delante se pongan ejercitos; y falanjes e dará la vida primero, que deje de ejecutarle. Noche, que con tu manto tachonado de noctivajas luces, me pareces, que mirando por brújulas ofreces dulce ocasión a todo enamorado. Guía mis torpes pies al regalado (ces pecho de Laura hermosa, y pues dos ve- son ya con esta las que favoreces al menos en amor afortunado. Humilde te suplico, que no sea tan infeliz mi suerte como cuando de los brazos de Flora la li huyendo. Aparta tales sombras de mi idea, mientras el Cielo que me está esperando llego a gozar, porque las voy temiendo. No he tenido poca suerte, pues no he topado ninguno, ya que de mi Clavelilla me uoy como vine ayuno. Vive Dios, que es gran picaña, pues viendo cuan sin barruntos podiamos esta noche lograr nuestro amor, y gusto, se ha hecho de la perdida, y se ha escondido al descuido, dejándome entre tinieblas hecho inochuelo, o lechuzo. En la antésala de Laura estoy ahora, y barrunto, que me puede alguno ver, si aquí me detengo mucho, Mas dejando dilaciones, Yo me voy, porque no quiero ser causa desalgún insulto, que le cueste a mi señor porque si es que me aventuro mi deshonra: pues qué aguardo,! . Y tú amí, miedo muy muchos honra, o vida, o todo junto. El queda ahora con Laura, la la luz de dos carbunclos, gozando de sus amores, me han de dejar en los puros: ni más armas, que esta espado, Con mil de mi honor impulsos, porque quien lleva delante si bien mui castos, y puros. Mas ay de mí! en aquel lado me parece que hay un bulto, está inquiriendo confuso. de la lampara lo indujo me vistió, tristes arrullos me hizo, y negros gorjeos los que yo hice en brazos suyos. no solo no me da enfado, mi vista, la cual está can perdida ya del susto, que ahora se me hacen ciento donde vi denantes uno. No sé que tengo de hacer, a pasar por junto de él, aunque sen un zambo, o zurdo,! Ea, valeroso brazo, a palos ha de enviarme a cenar al otro mundo. Si vuelvo a entrarme, es peor, quien para tales intultos; porque todos de consuno, los de adentro, y los de afura, ni delante mi otro mura, temblando estoy como azogue. ni más que mi pecho escudo; Lauro soy, no os retiréis, con dos mil de Laura celos estoy luchando confuso, viendo que ha sálido un hombre se puede arrojar seguro. de su cuarto: el pecho adusto de cólera, e ira va aumentándome por puntos fuerzas, para que esta noche i sea de los dos verdugo, si ratifico mi agravio, y es verdad lo que barrunto. Este, sin duda, es el Duque, porque a este puesto, ninguno, Le no hay que aguardar más, a Duque, mas por esperarla muero; sino es él, viniera a darme los que ya padezco, y sufro celos, que se han de tornar en tal detrimento suyo, que como yo de amor, puede tenerlos ya el de difunto. Y si está Laura culpada, que por imposible juzgo, vive Dios, que ha de probar también los filos agudos de mí estoque, por las bocas que le abriré, porque el gusto sol fuego, y os dejaré que ella tuyo en deshonrarme l convertido todo en humo; mostrarme un poco robusto, sacar la espada arrogante, echar tres, o cuatró rumbos, que me viene bien a punto ahora, porque ya huelo Pero quiero adelantarme: sino es que con las vislumbres) quién va allá? . Eso pregunto. la quise esta noche hablar, No lo he oído hasta ahora, pensando venía seguro Oídlo, pues. . Oste puto, de sí como te juzgaba el diablo me metió aquí. pues no echáis de ver que soy me le dé su sangre en triunfo. Hablara yo para hogaño, si aquí me detengo mucho, Mas dejando dilaciones, yo llego. . Por S. Panuncio, señor, yo sol Martínico. que se acerca a mí: ya es fuerza Pues, infame, quién te trajo el Duque Uberto. . qué escucho? que me has dado pesadumbre. porque si es que me aventuro mi deshonra: pues qué aguardo,! . Y tú amí, miedo muy muchos que vengarla no procuro? dad a conocer al mundo, que soy Leonido, y que soy no ha manester otra ayuda, me han de dejar en los puros: ni más armas, que esta espado, Con mil de mi honor impulsos, porque quien lleva delante la razón, va tan robusto, que el propio Duque es, presumo, diciendo, no me enfadase, y el modo para matarme está inquiriendo confuso. Negros pañales mi madre me vistió, tristes arrullos me hizo, y negros gorjeos los que yo hice en brazos suyos. no solo no me da enfado, aunque sen un zambo, o zurdo,! Ea, valeroso brazo, que os topase en este puesto, veníos para mí al punto, Si vuelvo a entrarme, es peor, quien para tales intultos; probaréis de aqueste brazo los de adentro, y los de afura, ni delante mi otro mura, el más valiente que puso temblando estoy como azogue. ni más que mi pecho escudo; valor la naturaleza, con el soberano impulso. , porque acontece matar viendo que ha sálido un hombre se puede arrojar seguro. Lauro soy, no os retiréis, porque si me acerco mucho, porque a este puesto, ninguno, Le no hay que aguardar más, a Duque, mas por esperarla muero; que le abriré, porque el gusto sol fuego, y os dejaré que ella tuyo en deshonrarme l convertido todo en humo; que estoy ya casi difunto: aquí dentro? . Quedo, quedo, no te llegues, porque juzgo, que no te he de oler muy bien, y fingirme Duque, o Conde, porque estoy: . que aquesto sufro; Señor, como con Clavela. ando con tino en dibujos, mas que lmizcle, y calambuco, y en mis dares, y tomares, y en puntos, y contrapuntos. de la hermosa Laura junto; qué decís? . qué estáis sañudo, y habiendo: . No digas mas? vete de aquí, que te juro, te he de esperar? . Aquí fuera, que está un poco más oscuro, estarás, o si no vete, no acierte a toparte alguno. Las diez conté cuando vine, entrar puedes. . Vete al punto, que yo sé lo que he de hacer. Por servirte me haré mudo, y plega a Dios que me dé cien azotes un verdugo. si por sesenta Clavelas que en salanjes de enemigos otra vez me hiciere buho. . que en este puesto aguardase Según se ha alterado, mas! me escribió mi Laura hermosa, por ser contingente cosa, que la Reina la ocupase. Dos horas ha que la espero, de su palabra fiado, y como tanto la quiero; pues que a los Cielos les plugo, porque cuando alguno aguarda una gloria muy subida; de esperar no se acobarda, porque es más apetecida, mientras más en venir tarda. Fuera de que es bien temar un grande placer con tiento. un repentino contento a veces más que un pesar. Mas ay de mí, qué dolor en este punto me ha dado! l cubierto estoy de un sudor tan frío, que me ha dejado sin fuerzas, y sin vigor. que según me da cuidado, Ay, Laura, qué triste hora no me pronóstica bien, aunque el dolor que en mí mora es esta, en que me has llamado, ni el modo con que la han dado, solo es de haberme acordado en este punto de Flora, o bien quiso despertarme, que aunque soy robusto, y fuerte, y esta carta me dejó y de ordinario la alabo, viene a dejarme de suerteSuframos temores tales. pensar en ella, que al cabo pienso que me ha de dar muerte. me los da tan desiguales, Q , ! que no hay que temer la muerte , quién puede sufrir los males. Ya creo que se ha dormido, signándome con la Cruz. aguárdame en esta puerta, y hasta que yo avise, Arnesto, pues en la lampara hay luz, Aunque no me lo advirtieras, no dispares la escopeta. Sabes lo que te he advertido? no me atreviera a hacer más. Pues Clávela no lo sepa hasta el fin. . Así lo haremos. . Si tratas de amores más, Quiero con esto, que entienda (abreme, que solo en mí el mundo la traza, y modo el desengaño hallarás con que una mujer se venga. pues cuanto miro despierto Señora, mira por Dios. No me canses más, Clavela, esta para quedar muerto, basta que te he dicho ya , lodos mil angustias me da? que quedarás muy contenta de lo que yo hiciere ahora. Déjala, no la detengas. Llega, pues . Tened silencio. (el que me dio este papel? , qué es lo que decir querrá, , l pues solo en verme con él Si en esta ocasión recuerda! el corazón en el pecho, se ha de hallar perdida Flora, aunque son tales sus tretas, que sabrá salir de todo. No haya miedo que se pierda. de tal manera, que cuando Con todo va temerosa. El tener temor es fuerza en lance tan apretado. Ya viene. . Dispara, y entra lo que estoy ya deseando. tras mi al punto. , Yen quien me manda apartar Quién va allá qué traición, e infamia esta? Nadie hay aquí; pero quien esta carta me ha dejado? que según me da cuidado, Ay, Laura, qué triste hora no me pronóstica bien, es esta, en que me has llamado, ni el modo con que la han dado, porque, o bien quiso matarme quien el tiro disparó, o bien quiso despertarme, que aunque soy robusto, y fuerte, y esta carta me dejó para algún consejo darme. viene a dejarme de suerteSuframos temores tales. a solas, porque mi suerte pienso que me ha de dar muerte. me los da tan desiguales, Q , ! que no hay que temer la muerte , quién puede sufrir los males. Y así, yo quiero leer esta carta, para ver, Ya creo que se ha dormido, signándome con la Cruz. lo que me mandan hacer. y hasta que yo avise, Arnesto, pues en la lampara hay luz, Aunque no me lo advirtieras, Dice el sobre escrito así. de lo que te importa a ti. Si no es bastante ocasión hasta el fin. . Así lo haremos. . Si tratas de amores más, Quiero con esto, que entienda (abreme, que solo en mí el mundo la traza, y modo el desengaño hallarás juzgue la propia razón, pues cuanto miro despierto No me canses más, Clavela, esta para quedar muerto, señales de muerte son. Válgame Dios! quién será , lodos mil angustias me da? Y tengo tan oprimido que con haber ya leido, Llega, pues . Tened silencio. (el que me dio este papel? , qué es lo que decir querrá, , l pues solo en verme con él que esta dentro mi provecho, las manos me he entorpecido; Si en esta ocasión recuerda! el corazón en el pecho, me detérmino a le abrir, están de temor temblando, que parencen impedir No haya miedo que se pierda. de tal manera, que cuando Pero qué bien puedo hallar de los de mi Laura amores, sino penas, y dolores, Ya viene. . Dispara, y entra lo que estoy ya deseando. rabia, desdicha, y pesar? , Yen quien me manda apartar salgamos, pues de cuidado, que es bajeza andar así. qu . . Mas quién está aquí pintado? Yo sol Leonido: ay de mí! que me ha muerto mi pecado. Por aquí sonó la voz, y por esta misma parte dispararon la pistola, que me despertó denantes. Sal, Arnesto, sal. Clavela, que esta voz es de mi amante, y pienso que me lo han muerte para a mí también matarme. Posible es que en mi Palado se haga traición tan grande? Prima, señora, pues tú sola, y de esa suerte sales? Sí, Laura porque me importi saber quien aquesto hace, casi en mi propio aposento, casi en mis propios umbrales. Aquí está Lauro tendido. Que dices. . Hay semejant desdicha! . Ay, Lauro querido? ay, dulce esposo! ay, mi amante Ea, Laura, no des voces. No está muerto. Levantadle, que algún, desmayo será. Bien temia yo estos males, bien temía estos sucesos, bien temía estos pesares. Quién vio fingimiento igual Ya te he mando que calles. A Lauro, Lauro. . Bien mío. Ya torna. . Los ojos abre. Ya está en sí. Lauro, qué es esto? Ya no me hablas, Lauro? A. Ángel! Te han herido? No señora, aunque está de parte a parte pasado mi corazón. Pues di cómo? . Que me place. Reina, y señora, yo soy, quien tu solamente sabes, y en este papel ver puedes si de ello estás ya ignorante. Yo soy, señora, en amores el hombre más miserable, que crio naturaleza del globo en las cuatro partes. Bien sabes lo que te dije en mi Quinta aquella tarde, que te perdiste cazando, y yo solo pude hallarte; pues dejando aquello, ya que por tus mércedes grandes merecí servir a Laura, y pretenderla galante. Quiso el Cielo aquesta noche, con espantosas señales, con prodigiosos portentos, con enigmas espantables, declararme por indigno de su hermosura, que sabe poner límites el Cielo también en las calidades. Que siendo Laura un Sol bello, es bien que otro le acompañe; y pues es Ángel, es justo, que la acompañe otro Ángel. Y porque no esté protervo, como es común en amantes padecer por lo que adoran cuantos les vienen desastres. Me amenaza con la muerte, golpe en que no puede hallarse corazón tan atrevido, que se atreva a repararle. El papel está muy claro, el entendimiento fácil, la amenaza rigorosa, el aspecto formidable: Por lo cual, con tu licencia me voy do no sepa nadie, que tienes hombre contigo, que es prognóstico de males. Que aunque Laura me lastima, y siento que has de enojorte, da mucho miedo la muerte; y así podréis perdonarme. A Lauro? Lauro? . Seguidle, y en nombre mío mandadle, que no salga de Palacio. Ven también. . Por agradarte iré, Laura, y porque quiero, que se averigue, y declare el inventor de este engaño, que pienso es el Duque, antes que amanezca el día . . Es justo: todas estas cosas hace . una mujer que procura honradamente vengarse. Cansado de esperar sin esperanza, y por solo esperar algo paciente, neutral el bien, y el mal casi presente, padezco de Clenarda la pujanza. Adoro en ella, y su hermosura alcanza tanto en mi corazón, que el accidente de mi mal natural, en el luciente de su rostro Cenith halla bonanza. Mas no es efecto grande, que dos Soles a hacer Zona a Noruega son bastantes, cuanto, y más a abrasar el pecho mío. Y aunque alumbran, sirviendo de faroles a mis intentos, en buscarla errantes, de merecer su mano desconfío. En este punto, señor, dos nuevas he recibido, que en venir a un tiempo ha sido mucha dicha, y gran favor. Es la una, que ha mandado hoy la Reina darte audiencia, porque quede en su presencia este negocio acabado. Y la otra, que la gente que enviaste a apercibir está ya para partir, y vendrá muy brevemente. Albricias te hubiera dado, Rosardo, si las pidieras, pues con etras no pudieras nuevas haberme alegrado; porque cuando más no fuera, sino la Reina llamarme, bastaba para quitarme cuanta tristeza tuviera. Yo fío, que has de tener buen fin en tu casamiento. Del que cobraré contento vendré el juicio a perder. Mas tan desgraciado soy, Rosardo, en lo que pretendo, que aunque el bien propio esté viendo, siempre temeroso estoy. Por lo cual quiero tener mi gente cerca de aquí, para si acaso por mí no quiere ser mi mujer, lo sea por el temor de la que propondré guerra, que Francia, e Inglaterra sé que me darán favor. Y pues me han puesto el furioso, mostrarlo será razón, si en la presente ocasión no me admite por esposo, Tu Majestad se reporte mientras estemos aquí. No importa, que para mí es poco toda esta Corte. Eso es arrriesgar tu vida. Ganar será la perder, porque siendo por mujer, es ganada, y no perdida. Ya, señora, estoy aquí, dime ahora lo que mandas. Cierra esa puerta primero, y dame la llave. El alma tengo llena de temores, sin saber ninguna causa por donde pueda tenerlos. Ya, señora, está cerrada; esta es la llave. . Ahora, pues, quiero que en pocas palabras, sin arengas, ni rodeos, sin embustes, ni patrañas, una verdad me confieses, porque solo en confesarla, estriba, Duque, tu vida, tu grandeza, y tu privanza. Señora, di lo que quieres, que por la Cruz de esta espada, y por la que de mis Padres sangre heredo ilustre, y clara, te prometo de decir la verdad, en todas cuantas preguntas hacer quisieres, aunque en ello aventurara la honra, la hacienda, y vida, y si tuviera: . Eso basta: no paséis más adelante, sino mirad esta carta, este diseño, esta enigma, y esta muerte aquí pintada, y decid si la habéis hecho, porque Lauro deje a Laura, llenado de este temor, forzado de esta amenaza, para con más libertad vos, Duque, galantearla. Parece que os espantáis, y que ya con las mudantas del gesto, me estáis diciendo, que os disponéis a negarla. Pues mirad bien lo que hacéis, que el color del rostro os falta, señal do se manifiesta la culpa que hay en el alma. Mirad, Duque, que también tengo secretas probanzas, que si del todo no os culpan, para condenaros bastan. Mirad, que también me consta, que habéis tenido travadas con Lauro muchas pendencias solo porque deje a Laura. Mirad, que también me han dicho que le armabáis asechanzas a su vida, cuando fue por mi Embajador a Francia, Todos los cuales indicios abiertamente declaran, que habéis sido el inventor de esta diabólica traza; y así, si la confesáis, además de perdonarla, por mi vida, Duque os juro de no descubrir palabra, si necesidad no hubiere; y si la venganza empacha vuestro corazón, mirad, que a puerta estamos cerrada. y aunque os oiga yo, no importa, pues nunca os daré en la cara con ella, según pondré gran cuidado en olvidarla. Pero si acaso rebelde me la negáis, y en vos halla más lugar el pundonor, mas asiento la arrogancia, habéis de ir desde aquí preso a donde os saquen mañana a cortaros la cabeza en una pública plaza. Quién vio confusión mayor! . quien vio tales amenazas, en quien de delito, y culpa un rasgo apenas se halla? Libre estoy, y temo mucho, que una mujer enojada, en demás si es poderosa, al más valiente acobarda. Si niego, me ha de prender, si digo verdad, me mata, que aunque la verdad no quiebra,, ni menos venganza fuera, tanto a veces se adelgaza. que viene a morir aquel a quien la traición levantan primero que se averigue, que fue falsedad, o infamia: fuera de que me recelo, que ha sido de Lauro traza, porque me quiten la vida; y así, pues, averiguarla podré la verdad después, en esta ocasión me valga la mentira, porque a veces es provechosa, aunque mala. Qué estás diciendo entre ti? no matarle de repente, Qué piensas? por qué no hablas? si no que sienta impaciente qué tengo de hablar, señora? estas angustias primero. sino postrado a tus plantas pedir perdón de mis culpas, pedir perdón de mis faltas, dando solo por descargo ser por amores, que bastan para que el hombre más cuerdo, si no te quieres alegrar, haga estás cosas. . Levanta, no hay si no echarte a morir. que me has dado mucho gusto . Ya me tienes enfadado. an saber que fuiste causa de tan ingenioso ardid. Yo cumpliré la palabra que te he dado; mas te advierto, acogiéndome al sagrado que pues sabes, que se llama Leonido, jamás le nombres, porque importa así; y a Lauro que hasta aquí merecí verte, voy a consolar con esto. otra vez beso tus plantas. guardarte de mi procura. Llamadme al Embajador, Y es, Laura, mucha razón, que me dicen, que se enfada de esperar tanto. . Iré al punto: ay invención más extraña! que es Leonido dice, cuando solo que Lauro se llama he podido conocer? Pero en esto hay encerrada alguna cosa que importa; y pues no me va a mi nada, callaré, pues me condeno yo mismo por una carta. Señora qué gusto tienes de tantas penas le dar, si al cabo le has de matar? Muy necia, Clavela, vienes, otro no te ha de faltar, verle penar son mis bienes, verle triste mis contentos, porque no fueran tormentos, que aunque la verdad no quiebra,, ni menos venganza fuera, si de una vez pretendiera dar fin a mis pensamientos: porque aunque quitar la vida es el tormento mayor, si no procede dolor es mucho menos sentida, de la suerte, que una herida que llega hasta el corazón, mata, mas no hay la pasión que hubiera, si no llegara, y hasta dar muerte causara dolor, pena, y aflicción. l a vender un labrador Así yo, Clavela, quiero Qué estás diciendo entre ti? no matarle de repente, Qué piensas? por qué no hablas? si no que sienta impaciente qué tengo de hablar, señora? estas angustias primero. Corazón tienes severo: mas él viene aquí. . Fingir Metiole en el Refectorio, me importa ahora, y sentir. su tristeza. , Y de comer, salió, y cerró, Esto es curar, para que el hombre más cuerdo, si no te quieres alegrar, haga estás cosas. . Levanta, no hay si no echarte a morir. que me has dado mucho gusto . Ya me tienes enfadado. Y tú me tienes podrido. Seas, Lauro bienvenido. se levanió de la mesa No podré ser mal llegado que te he dado; mas te advierto, acogiéndome al sagrado del Cielo de tu hermosura, aunque no con la ventura, porque importa así; y a Lauro que hasta aquí merecí verte, pues no menos que la muerte Padres, sáquen me de aquí, otra vez beso tus plantas. guardarte de mi procura. Llamadme al Embajador, Y es, Laura, mucha razón, que esos ojos soberanos, esas rosas, esas manos solo de un Reidignas son. Quisiera pedir perdón de los que te he hecho estos días, por beneficios tan grandes. galanteos, y alegrías, aunque no he tenido culpa, pues me basta por disculpa, que tú también me querías. No me des Lauro, más penas! que sustentan esos Cielos, si no me quieres matar. Bien sabe disimular. . del escrino de mi pecho. No riegues las azucenas con agua de las serenas luces de tu Cielo hermoso, que cuando no sea tu esposo, Muy necia, Clavela, vienes, otro no te ha de faltar, que te merezca gozar, más galante, y más dichoso. Oh Lauro, o Laura, qué tienes? porque lloras? Porque el Cielo quiere darme estos dolores, y disgustos. . Ya lo entiendo, no tienes que tener pena: óyeme, Lauro. Oye un cuento, que viene de esta tristeza de mi señor muy apelo. Como tuyo vendrá a ser. Llevó a cierto Monasterio unos pollos, y unos huevos, y en habiéndole ya dado la paga, y el justo precio, de gratis le quiso dar de comer el cocinero. y en habiéndole ya puesto dejándosele allá dentro. Pues como viese pintada en frente sus ojos mismos una muerte en la pared, con el bocado primero dando voces; acudieron al punto todos los Frailes, pasmados de oír el estruendo; y preguntando la causa, les respondió macilento: porque juro a ños que pienso, que todas sus Reverencias tragan muertes como heno, pues con ella aquí delante aciertan a estar comiendo. Lindo bobo. . Tus pies beso Mira que guardes secreto, que he empeñado mi palabra. Verás, señora primero desencajarse los ejes, que lo que me has dicho salga Deja ya, Laura, el dolor, y conviértele en contento. Y de haber sido yo causa humildemente te ruego me des perdón, pues Dios sabe, que no fue falta de afecto, si no fuerza de un engaño. Levanta, Lauro, del suelo, l mirado este caso bie que con esto me das vida, para hacerte penar presto. . hallan que no me conviene, El Embajador. qué decís? porque es el Reí Fel Ya lo entiendo,y a los filos de mi espada, que está el Embajador dentro por haberlo antes oído; Brava presencia! e Llegad y para probar que es yerro sillas, que escucharle quiero. , , - yo soy Felisardo mismo Deme vuestra Majestad y cubrios al momento, su mano (temblando llego) .. Su Majestad encubierto Alzad, noble Embajador, tantos días? . Vuestro amor, y sentaos. . De tal mano tales mercede; espero. me era obligación hacerlo , . por tantas cifras, y modos Cuando no fuera por vos, de mí os han dicho, y propuesto. . Señora. . Haced lo que os di- por el que representáis. a veces soy tan modesto, Solo a mí me represento. . Y que os espantaréis de verme; Hame dicho que andáis triste, pero porque ya no es tiempo y mal sufrido, diciendo, que es mucha dilación esta, que muchos melindres tengo, pongo solo por testigo y en fin, poca voluntad del tratado casamiento; y yo como poca amiga de que tenga desconsuelo ninguno por mi ocasión, os quiero despachar presto con lo que ahora os diré, escuchad, y estadme atento. Señora, digo, que todo es verdad, yo lo confieso, porque haberme detenido en la Corte mes y medio, cuando os traigo por esposo a quien merece bien serlo pienso que me alargo en esto: y entonces veréis mejor, de la Emperatriz, y no Parece que es despreciar y mejor, que cuantos pueden más firme, y fija en mi intento, porque miréis por mi Reino (cho a mi Rey siendo tan bueno, pediros, y pretenderos; que basta ser Felisardo Rey de Ungría. . Deteneos, sois de condición. . Aquí . que a los que aquí me hacéis retos, . Yo sin Lauro buena quedo. y no os alborotéis tanto, Mas paciencia ha menester de los vasallos que tengo; porque quien tiene mal pleito, o da muestras de tener dicen, que lo mete a voces. Mirad mejor. . Muy soberbio! No quiero casarme, no, yo saldré también con ellos, pienso que hemos de perdernos, y sabrán responder las armas quien pretende, y así quiero, por no daros más enfado, que os partáis hoy, porque habiendo Levanta, Lauro, del suelo, l mirado este caso bie con todos mis Consejeros, para hacerte penar presto. . hallan que no me conviene, El Embajador. qué decís? porque es el Reí Fel Ya lo entiendo,y a los filos de mi espada, que está el Embajador dentro por haberlo antes oído; Brava presencia! e Llegad y para probar que es yerro lo que traidores me imputan, , , - yo soy Felisardo mismo Rey de Ungría. . Cata el diablo. su mano (temblando llego) .. Su Majestad encubierto Alzad, noble Embajador, tantos días? . Vuestro amor, Clenarda hermosa lo ha hecho: . Muriendo estoy por salir. Mirad si es verdad ahora lo que con tantos rodeos , . por tantas cifras, y modos Cuando no fuera por vos, de mí os han dicho, y propuesto. . Señora. . Haced lo que os di- Que si soy bravo, también a veces soy tan modesto, Solo a mí me represento. . Y que os espantaréis de verme; Hame dicho que andáis triste, pero porque ya no es tiempo de dilaciones, si acaso gustáis ser mi esposa, al Cielo que muchos melindres tengo, pongo solo por testigo de amaros tanto, y quereros, que esté mi voluntad siempre humillada al gusto vuestro. Y si no queréis así, apercebios al momento a sufrir de mi rigor los impulsos más severos, guerras, muertes, y desdichas, injurias, y menosprecios, porque con doce mil hombres, no he de déjaros Ciudad, que no la abrase, ni Pueblo, que no quede destruido hasta los propios cimientos, pienso que me alargo en esto: y entonces veréis mejor, si soy rigoroso, y fiero. Felisardo, ahora estoy y mejor, que cuantos pueden más firme, y fija en mi intento, porque miréis por mi Reino (cho porque quien viene a traición, a casarse, es cierto, que, o trae malos pensamientos, muchas faltas, y defectos. sois de condición. . Aquí . que a los que aquí me hacéis retos, . Yo sin Lauro buena quedo. porque quien tiene mal pleito, o da muestras de tener Mas paciencia ha menester de los vasallos que tengo; Mirad mejor. . Muy soberbio! No quiero casarme, no, y si acaso no bastaren, pienso que hemos de perdernos, y sabrán responder las armas yo saldré también con ellos, que aunque mujer tengo brío; y aunque Reina, no reservo mi persona en tales casos. Pues yo me parto con esto, a los golpes de mi acero id apercibiendo vidas. No fue vano mi recelo. . Salios de mi Reino al punto. Ya me salgo; pero presto, aunque os pese, volveré. Yo os lo impediré primero. Por salir tras él reviento. Sosegaos, no os alteréis; nadie salga de este puesto. (go. Pues es razón. . Estaos quedo No hayáis miedo que yo salga, mi Clavela. . Yo lo creo. Cosa que elijan a Lauro para esta guerra. . Eso, Arnesto, será grande dicha mía Pues por que: Fi. Por un enre- que le tengo ya trazado. (do. Yo salgo por cuplimiento: iré yo, señora? . No. Pues ni yo tampoco quiero, porque de sola una espada, . que vea desnuda tiemblo. Lauro, en aquesta ocasión de tu prudencia, y esfuerzo solamente he de fiarme, que me guardan ya en el Puerto y así quiero, que al momento salgas por mi General, a hacer que no tome puerto en mi tierra Felisardo. Dos mil veces tus pies beso. Ya es este, señora, agravio conocido. . Duque Uberto, si os dejo aquí, solo es, como siempre. . Estimo en mu- nombre, y persona encubriendo, tanto favor. Mis deseos . se han cumplido; mas me importa hacer como lo que siento. Arnesto irá a acompañar a Lauro. . Yo lo agradezco. Beso, señora, tus pies. Laura, por ti me ha pesado, mas nos importa más esto. , e. Laura mía, queda a Diós. Él, Lauro, te traiga bueno. Para ser tu humilde esclavo. No si no mi dulce dueño. Soy indigno de tal gloria. Para ti es pequeño premio. Ay, Laura, y cómo me parto! Ay, Lauro, cómo me quedo! Privado de tus favores. Ausente de tus requiebros. Sin tus ojos que me alumbran. Sin los tuyos con que veo. Yo voy cercado de angustias. Yo quedo con mil tormentos. Yo parto, Laura, penando. Yo quedo, Lauro, muriendo. No puede haber en mujer . tal ánimo, y fingimiento Clávela, con más verdad, que mi señor, decir puedo, que voy de bellaca gana. Será por causa de miedo, y no por amor, Martín. Clavela, yo lo confieso, más es fuerza el ir, y así de ti despedirme quiero: adiós, clave de mi alma. Adiós, imán de mi pecho. Adiós, clavellina hermosa. Adiós, regalado dueño. Adiós, que voy a morir. Adiós, que a morir me quedo. Adiós, que me voy finando. Adiós, que quedo muriendo. JORNADA SEGUNDA
JORNADA TERCERA
En fin, nueva ha venido, que a Felisardo destruyó Leonido, haciendo de manera, que aunque traerle preso bien pudiera, confirmó con él las paces, fortado de sus ruegos pertinaces. Eso se ha divulgado. Pues escucha, y verás lo que he pensado. Tres cartas he fingido, con que le pruebo, que traidor ha sido a la Reina, y que intenta matarla antes de mucho por su cuenta, y entregarle al de Ungría todo el Reino con sunima tiranía, el cuel en recompensa le da a su hermana de hermosura inmensa. Y así, la paz tratada viene para mi intento acomodada, porque es fuerza que crea la Reina el caso al punto que las lea, y por el bien llegado se le ha de proponer este cuidado, para perder bastante toda esperanza el hombre más gigante. Ahora solo vengo a esperar a la Reina, porque tengo de fingir para esto, que a mí me las remite solo Arnesto; fingíreme turbada, y en dárselas un poco porfiada. Anda vete, que quiero que me halle sola. En tu aposento espero, que ya viene. . . En buen hora? porque como que leo, quiero ahora ponerme triste, estando a cada pausa al Cielo levantando los ojos, y fingiendo con ademanes lo que estoy sintiendo. Mucho le debo a Lauro, porque solo por él mi honor restauro, y así será bien darle a Laura el para bien de que he de honrarla mas leyendo una carta está aquí sola, dicha ha sido harta, un rato escuchar quiero, sabré lo que escribe aquí primero. Ah traidor! . Qué es aquesto? Algún Ángel me trajo ha aquesto puesto, para mirar atenta, de que teniendo carta se lamenta, porque si está celosa, y de Leonido acaso sospechosa, pueda desengañarla, y en su tristeza, y pena consolarla. Pluguiera al alto Cielo, nunca hubieras venido ha aqueste suelo; pero ya que has llegado, aunque por la de Ungría me has dejado, he de librarte, triste, por la que algún tiempo me tuviste voluntad, de la muerte que te ha de dar la Reina, si esto advierte. Un temor perezoso tan frío se desata en lo espacioso de las que tengo venas, que aponas llegar puedo, ni aún apenas la planta alzar del suelo, porque ha sido a mis pies grillos de hielo, que impiden apretados el llegar a saber de mis cuidados. Pero en lo que me importa es desatino grande el andar corta, vaya a fuera el temor, lleguen mis pasos a saber de Leonido los fracasos, que pues la muerte debe, sin duda ha sido a mi Corona aleve, porque causa mudanza en los más hombres siempre la privanza. Oh Laura! Ah desdichada! Señora mía? . Cómo estás turbada? Señora, cómo vienes? No te turbes: qué es esto que aquí tienes? No es nada (ha desdichado!) Darasme si lo encubres grande enfado: enséñame esas cartas. Solo ay, señora, en ellas penas hartas. Saberlas, Laura, quiero. Es que me olvida Lauro, por quien muero. Ya es grande desobediencia, muéstrate aquí, y calla. Toma, y ten paciencia. . Estoy mui sospechosa, que hay contra mí sin duda alguna cosa, pues tanto te has guardado. Lindamente mi intento se ha trazado. Por esta sabrás, señora, como las paces que ha tratado Lauro son fingidas, por que el Rey de Ungría le ha ofrecido a su her- mana en casamiento, porque matando a nues- tra Reina le entregará a Sicilia, y él lo ha otor- gado, como verás claramente por estas dos car- tas, que pude tomar una del Rey, y otra de Lauro, por las cuales yo lo he colegido: aviso te, porque veas lo que se ha de hacer. Arnesto. Esto me encubrías, Laura? Bien se echa de ver que estimas en más la vida de Lauro, que de mí que soy tu prima. Tiene gran fuerza el amor. Leer quiero estás aprisa, antes que el dolor me ahogue, y me deslumbre la ira. Valiente General Lauro, otras dos os ten- go escritas, agradeciéndoos el servicio que me habéis hecho en levantar vuestro campo, y pro- metiendo en ellas, que os daré a mi hermana por legítima mujer, si me entregaréis a icilia, aunque sea matando a la Reina, que es lo que mas deseo: mirad, que os está muy bien, y respon- dedme al punto. El Rey de Ungría. Salga la respuesta infame de letras tan vengativas. Según se ha enojado, pienso, que le ha de quitar la vida, Será tanta la gloria, que de VlMa- jestad recibiré, dándome por esposa a la bella Infanta Isabela, de cuyo amor estoy preso, que solo digo, que pondré al momento por obra lo que por las suyas me ha mandado, matando ha la Reina, y entregándole a Vi Majestad a toda Sicilia. Solo encargo el secreto, para salir con la empresa. Lauro. Señora, no hay si no paciencia, muéstrate un poco benigna en castigar tal maldad, tal traición, porque bien miras, que me toca a mi gran parte de pena, y porque no digan, que pudo en amor perfecto hallar asiento la invidia, aunque mejor diré celos, cedo mi derecho. . Instigas Laura, con esas razones mas mi cólera, y mi ira, tanto, que de la traición parece que participas. Tú dices, que deje vivo a quien quitarme la vida pretende? Viven los Cielos, que ha de conocer Sicilia, que como tiranos Reyes tiene Reinas vengativas. Yo averiguaré primero, y oiré de su boca misma, que son suyas estas letras, y de su mano esta firma, que no son tan sin razón, que por un indicio había de dar muerte a un General, y más a quien tanto estimas. Si llego a tiempo, señora, de ganar estas albricias, humildemente las pido, pues Lauro está ya en Mecina. Duque Uberto, yo os las mando, aunque por diversa via de las que vos las pedís: haced que no le reciban, ni le acompañen. . qué es esto? . Tal mudanza en solo un día! Ay de mí! Laura, paciencia: óyeme, Duque. . Rendida está mi atención, señora, a tus plantas. Aprisa se van concertando bien de mi venganza las dichas, porque tan perfectamente está contrahecha la firma, que él propio cuando la vea no ha de osar contradecirla. De todo advertido quedo. Mirad que este apercibida la guarda. . Él ha llegado. A ver su propia desdicha. De este modo me reciben? . con tal semblante me miran, cuando del Rey Felilardo dejo las fuerzas rendidas? paciencia, Cielos. . Por Cristo que tenemos lagrimitas. Sin duda ha trazado Flora lo que me escribió estos días. Alta, y soberana Reina, a quien el Cielo nos guarde con tenta, próspera, y rica por muchos siglos, y edades. Con cuarenta y dos bajeles partí de aquí, como sabes, solo a defender tu Reino, y hacer lo que me mandaste. Salí, pues, al punto, y cuando la mañana entre azahares libaba las que vertió lágrimas la Aurora antes. Tan contento, tan airoso, tan bizarro, y tan galante, que no hubo Dama en Mecina, que de verme no se holgase. Y como fui de mañana, para venir se ha hecho tarde, según me recibes hoy con tan airado semblante, con tan poca obstentación; pero dejando esto aparte, digo, que surqué los campos de planta tan arrogante, que todos los espolones de cuantas llevaba naves iban arrollando aljósar entre líquidos cristales. Navegué casi tres días, yéndose siempre al alcance a Felisardo, que apenas tuvo indicios, y señales de tu Armada, cuando al punto huyó aprisa a incorporarle con las que el Ingles Galeras traía para ayudarle. Mas me di tal diligencia, que antes que a cumplir llegase sus fraudalosos intentos le alcancé, y viendo que fácil me había de ser la victoria, dejó que me asegurase aquella noche, y huyendo, acción propia de cobardes, se fue la vuelta de Ungría; yo lleno de mil pesares, caminé en su seguimiento, y antes de desembarcarse, con tal fuerza le embesti, que más de la tercia parte de la Armada le eche a sondo, dejando tintas en sangre las aguas, que parecieron nieve, y aljósares antes de más de cuatro mil hombres, que sorbió el salado estanque. Perdido, pues, Felisardo, salió aprisa a reformarse, pidiendo a Francia savor, a Inglaterra, y a Flandes. Yo, que detenido allí mas de un mes, sin que estorbasen las procelas mis intentos, ni a mi corazón la hambre, estaba buscando arbitrios para no venir a darte triunfo del pleito indeciso, gloria de bienes neutrales, como viese junto a mí los encendidos fanales del Inglés, que se acercaba ambicioso, y arrogante, hice lo que te diré; y cuando no me premiases otra acción, señora mía, fuera de haber hecho paces, que por muchos años logres: No paséis más adelante. Señora: . Bueno está, digo. Dejad, dejad que relate los que os tengo hechos servicios, bien a costa de mi sangre; porque si acaso la invidia, que se alimenta del áspid, contra mí ha propuesto algunas, como suele, falsedades, podáis de ellos colegir la verdad, porque deshacen a veces buenos servicios, cuantas puede obicuridades objetar una traidora lengua; no, no con semblante tan levero resibáis, Ya he dicho, que no me canses. Obedezco. Aquí anda el diablo, . que como es tan buen danzante ordena siempre estas danzas. Salios todos fuera. . Basten mis ruegos, prima, y señora. Vete, Laura, y no me hables. Reventando estoy de pena de ver tales novedades. Me he de ir yo también? . Por qu lo preguntas? . Porque en parte soy el cuerpo de mi amo, y no sé si sabrá hallarse en esta ocasión sin mí. Andad, que si estáis culpante, pagaréis vos como cuerpo, lo que él como alma pagare. Algún diablo me hizo hablar. . La puerta cierra, pues darle no pienso por Dios la espada, . hasta que aquí me declare la causa de estos rigores. Ya estamos solos. . Que acabes estoy, señora, esperando de quitarme penas tales. Mirad, Leonido, esa carta, que ya es razón, que así os hable, descubriendo a quien pretende venderme, herirme, y matarme. presto os turbáis, acción propia, por la cual se ve bien fácil la culpa, que habéis tenido, el delito, que en vos cabe. Qué os admiráis? Responded, que no es tiempo de admirarse, cuando en las manos tenéis la carta que vos firmasteis. Si yo he firmado, y escrito letras tan viles, e infames, Dios lo sabe solamente, y mi lealtad, que es tan grande, que está corrida de ver, que haya vido quien la ultraje con oprobrio tan notorio, y con ficción semejante. Digo, que es mía esta firma, mas con distinción notable, que no ha sido hecha por mí, cuya prueba será fácil; si adviertes, señora, y miras, que hay manos ya de tal arte, que cuantas pretenden firmas tal al vivo contrahacen, que por mucho que escudriñe, y por mucho que repare el propio a quien representan vendrá confundido a hallarse; y así ahora me hallo yo; y si no te satisfaces, ponme preso en una torre, enciérrame en una cárcel, hasta que mejor te informes, que a trusque de que me mates (tal estoy) daré por bien, que en mi defensa no halles tan solamente un indicio. No es ya tiempo de informarme, sino sea, o no verdad lo que dices, esta tarde te mando, que de la Corte salgas. . Yo saldré al instante. De término doy dos horas. Plazo rigoroso. . Y antes de seis días os salid de mi Reino. . Que me place. Y pues os dejo la vida, no lleváis la peor parte. . Quién apetece privanza? Quién se muere por mandar? Pues cuando se piensa hallar con más firmes esperanzas, sin ninguna viene a estar. Claro está el ejemplo en mí, pues cuando triunfando vengo, por lo que no cometí, por la culpa que no tengo me trata la Reina así: porque es de tal calidad, ya una falsa información, que destruye una opinión, que deslustra la verdad, y aníquila la razón. Ay, Lauro, Lauro, y cuán mal has pagado mis amores! Hermosa Laura, no llores de verme en miseria tal, por infames, y traidores: la Reina los ha creído, y así ya voy desterrado, y tan desgraciado he sido, que a sus pies arrodillado convencerla no he podido. Si has firmado tú que quieres darle muerte, por casarte con Isabela. . No alteres mas mi corazón, que en parte sois pesadas las mujeres. Ahora me pides celos, cuando labes que me voy? ahora me das desvelos, cuando muriendo me estoy, cercado de desconsuelos? Quédate, Laura, en buen hora, merezca otro más galante los hermosos de tu Aurora lirios gozar, que constante te sirva como a señora; porque yo me parto donde paguen servicios mejor, que yendo con el valor, que a mi lealtad corresponde, no metendrán por traidor; y podrá ser que algún día la Reina, que de esta suerte me destierra del de Ungría, sienta, y padezca la muerte que antes de tiempo temía. Mira que con esto das muestras de que estás culpado. Aún quieres apretar más? Salir tengo de cuidado. . Mira, Lauro. . Fuerte estás, digo que las escribí: estás contenta? . Qué aguardo? . Que estoy tan fuera de mí, que de partir por ti tardo, y quiero morir por ti. Mira, Lauro. . Qué es aquesto? Perdido soy. . . Consolar a quien de enojo, y pesar esta loco. . Ven, que presto le tengo de hacer curar. Cómo, si le has desterrado? Porque ya, Laura, no quiero que se vaya. . Es excusado, yo me tengo de ir. . Primero quiero que vais consolado. Óyeme, señora, advierte todo se me traza bien. No hay que advertir. De esta suerte me tratas? No sé yo a quien se hace pesada la muerte, que si desesperación el dármela yo no fuera, no sé si en esta ocasión dos mil veces me la diera, por salir de confusión: Sin duda alguna que yo lo que le dije enojado a Laura, y ha confirmado, que he escrito la carta yo, y que matarla he intentado. Si es esto, me ha de prender, y según está enojada, darme muerte ha de querer, porque no repara en nada una resuelta mujer, y así el remedio mejor es huir; pero tomadas están las puertas; ya, amor, soy muerto; ya derrivadas mis fuerzas tiene el dolor; la sangre el brío ha perdido, el corazón se me ha helado, mas, pues, la culpa he tenido, y la muerte has deseado, de quién te quejas, Leonido? Lauro, sabe el Santo Cielo lo que siento esta desgracia! la Reina manda, que os lleve preso a la Torre dorada: dame las armas. . Ya, Duque, conozco vuestras entrañas, ya vuestro fingido pecho tengo entendido, y mi espada tan temida del Ingles, tan respetada de Francia, tan acatada de Ungría, se tendrá por agraviada de venir a manos vuestras, y si no llegad, tomadla. Que pues habéis sido quien ha contrahecho estás cartas, como cuando me fingistes aquella muerte pintada, solo a fin de darme muerte, para casaros con Laura: Primero os haré con ella dos mil puertas, pordo salgan lenguas de sangre, que escriban, y publiquen vuestra infamia. Qué voces son estas? . Es mi razón, que esta encontrada con el agravio, y quería tomar de él aquí venganza. Esta resistencia ha hecho, y me ha negado las armas. Señora, armas que han sido de tres Reyes respetadas, no se han de dar a un vasallo. Dádmelas a mí. . Tomadlas. Id ahora preso. . Ay triste! Señora? . No habléis palabra. Mira, que estoy? . Esto importa: Llevadle, Duque. . No bastan tantos servicios? . Es mucha tu culpa. . Mira que es falsa la información. . No me canses, que por vida de Clenarda, que si no hallo otra cosa, me lo has de pagar mañana. . Sin duda me eché a perder confesar aquella carta, pues me han de culpar en esta. Vamos, pues, que aunque dilatan hasta mañana mi muerte, llegar no puedo a mañana. Señora, ya le han llevado preso, dime lo que intentas. Poner fin a mis afrentas, poner fin a mi cuidado. Qué quieres verle matar? Y le he de dar yo la muerte, porque si no es de esta suerte, no me puedo bien vengar. Yo propia tengo de ser su verdugo, pues no fuera honrosa de otra manera la venganza que he de hacer. Y qué me quieres decir? El modo que has de tener, Clávela, en saber hacer lo que te quiero advertir. Ya sabes señora mía, mi cuidado. . Confiada en eso, Clavela amada, mi pecho de ti se fía. Y así, yo esta noche quiero poner a las de Leonido penas fin, cuando dormido me diga, que está el portero. Tú en el entretanto iras, como que sale de ti, turbada a la Reina, y di lo que bien fingir sabrás. Le dirás, que yo enojada, y celosa, he ido a matar a Lauro, para quedar primero que ella vengada, y que tú de compasión la vas a llamar, y al punto vente, y de mi cama junto debajo del pabellón un envoltorio hallarás ( mortaja es, no te espante) con el cual en un instante a la propia torre iras; porque habiendo yo acabado, puedas entrarte a vestir, lo que allí ya, sin abrir; hasta entonces el candado, que en la puerta detendré a la Reina hasta que acabes. Y luego? . Ya no lo sabes? quien soy le descubriré, y la razón, que he tenido de vengarme. . Bien está. Vamos volando ahora allá, que importa fingir. . Ah habido . pecho más duro? Llamar tengo a la Reina primero, que ejecute el golpe fiero, por si le puede librar. , ,y Acaba, Martín, qué dices? no llores, que me lástimas mucho más con tu tardanza. Señor, qué quieres que diga, si están ya haciendo en la plaza para quitarte la vida un cadahalso, y la Reina, sin dar a ninguno oída, te ha dado ya la sentencia tan cruel como ella misma, sin que ruegos de mil grandes, ni lágrimás de su prima la hayan podido vencer? antes más enfurecida ha puesto docientos hombres mas de guarda con malicia, porque no te saque Laura esta noche: estas desdichas traigo, señor; que contarte. Salid ya, lágrimas mías, cegad, cegad estos ojos, que no es bien que tengan vista para mirar tal portento, para ver tal injusticia. Salid, no tengáis temor, regar estas losas frías, que aunque son de duro mármol, las ablandaréis por dicha. Yo, sin culpa, condenado? yo degollado en Mecina? yo puesto en un cadahalso? l yo escuchar, (un Quien tal hace, que tal pague, cuando sé yo, qué es mentira? Yo he de sufrir que un verdugo de los hombros me divida la cabeza, y que la enseñe al Pueblo con ignominía, diciendo, de esta manera el que es traidor se castiga? Yo he de ver esto, Martín? Es muy gran descortesía impedirme a mí la entrada. Laura viene. Laura mía, de esta suerte me defiendes? de esta manera me libras, cuando sabes mi inocencia? Y aún por tenerla sabida es el mal. . Lauro, ya hago so que puedo, aunque mi prima le ha certificado tanto en que de tu boca misma oyó la condenación que me dijiste con ira, que a nadie quiere escuchar. Pues, Laura, hacer no podías, que me oiga una palabra? No vendrá? . Esto temía la Reina, señora. Venga, que no importa. . Hay tal mancilla! Laura, a qué has venido aquí? A que me des muerte. . Mira, que haces muy poco caudal de mis mandatos; estima en algo más mis preceptos. Yo he sido, señora mía, la causa, y pues que ya estás tan cruel, y vengativa, escúchame un rato atenta. Lauro, ya es tarde . En mi vida pediré más. . No hay remedio: ven, Laura. Tan vengativa me tratas? . Tuya es la culpa. Óyeme, porque Sicilia sepa a quien le das la muerte. A un traidor. Pues de rodillas no puedo alcanzar, mi boca haré que a tus plantas sirva de rémora, y con el agua, que mis dos ojos estilan formaré aquí un mar, que el paso, aunque no quieras, te impida. Lastimado me ha, Clavela. Ay tal pena! Ay tal desdicha! No puedo resistir más, levanta, que me lástimas, y lo que quisieres di. qe . No sé ado Flora camina. . Heroica Reina; yo solo en esta ocasión pretendo, aunque no es de nobles, no, el referir propios hechas: contarte, pues, que me matas por tan falsos instrumentos, los servicios que me debes en el que ha que vine tiempo, bastantes a que me dieras perdón, cuando fuera cierto, que yo insidiaba tu vida, que yo vendía tu Reino. Y para no ser más largo, sea, señora, el primero cuando me enviaste a Francia a tratar tu casamiento. En donde como estuviese un día en Palacio oyendo a más de veinte Franceses decir mal de ti, fui a ellos, y habiéndolos desmentido, yo solo, y mi fiel acero, tan buena maña nos dimos, que dejamos los seis muertos, y los demás tan heridos, que no pudo, aún el que menos, para acertar a llevar la nueva tener aliento. Esto bien le consta a todos, y que el Rey por ver mi esfuerzo me dio perdón, aunque yo me puse en salvo primero, si bien con heridas tantas, que traje, señora, el cuerpo hecho criba, por venir con mil orificios hechos. No me premiaste esta hazaña, mas a la segunda ir quiero, que es la que referir quise cuando vine, y es que habiendo visto, que de Inglaterra llegaba al Ungaro Puerto con más de doce mil hombres, munición, y bastimentos, usé de una estratagema, que si no fuera por esto, según de miedo, y de hambre estaban todos los nuestros, yo sé lo que fuera ahora; mas caminando al suceso, mande una noche a un Alferez, que con cien alcabuceros, y con todos los tambores marchase aprisa hacia el Pueblo do esperaba Felisardo. el locorro, porque ellos desembarcasen seguros a ir en su seguimiento. Así sucedió, y yo entonces dejando encargado a Arnesto, el cuidado de tu gente, quise escudriñar yo mismo la guarnición que dejaba el Anglícano soberbio en sus naves, que en peligros. tan conocidos, y ciertos el buen Capitán no fía de un Soldado tan gran peso. Para lo cual, con la espada. en la boca, di mi cuerpo al mar, sin que sus bajios, ni sirtes me diesen miedo. Y aunque los globos del agua me pusieron en aprieto. de la vida, por haberse encrespado con el viento, llegué allá, aunque maltratado de llagas todo cubierto; y viendo, que apenas hay hombre en los navios, llego. a la Capitana, a donde unos estaban durmiendo, otros de posta, y en fin, todos sin ningún recelo. Entro, y del primer revés a dos que tope al encuentro. de tal manera derribo, que sobre llegar primero a mis pies, se adelantó cada cual en tanto extremo, que despidiendo las vidas cayeron los dos a un tiempo. Los demás alborotados acuden luego al estruendo, y yo cual rayo escupido de las troneras del Cielo, rompo, divido, y aparto. almas a un lado, a otro cuerpos, enviando al otro Mundo a aquellas, y a mis pies estos, Fueron tantos los heridos, y tantos fueron los muertos, que movido a compasión se hizo pedazos mi acero. No desmayé, si no echando mano de un difunto cuerpo, hice con él tal estrago dando golpes, que creyeron, con razón, que los difuntos. se volvían contra ellos; por lo cual los que quedaban, precipitados, y ciegos se arrojan al mar, y como llegase a este punto Arnesto con gente, todas las naves barrenamos, y al momento, sin tocar parche ninguno, con el que pude secreto herimos en las espaldas del Inglés con tal esfuerzo, que de doce mil ninguno escapó de muerto, o preso, lo cual obligó al de Ungría hacer paces, y conciertos. Y para saber, señora, los que en estos dos encuentros: yo solo maté, aquí traigo el testimonio en mi pecho. Treinta heridas tengo en él de a cuatro; porque se vieron entrar tres veces, y más por unos propios agujeros. las espadas enemigas, por ser imposible pienso el hacer nuevo orificio. do había ya tantos hechos: y por cada herida de estas quité tres vidas lo menos, cuya prueba dejo en manos de todos los que me vieron. Pues como ha de ser posible, que quien se puso a estos riesgos, quien no temió estos peligros, quien tal multitud ha muerto, solo por guardar tu vida había de ser instrumento para quitártela, cuando. pudiera mejor sin esto? Abre, señora, los ojos, que pienso los tienes ciegos, del mal polvo de la ira, que ha hechado la invidia en ellos: ya no quiero que me oigas, con esto estoy satisfecho, solo por acabar, digo, que no es temor, que no es miedo de la muerte el que me aflige (lo cual de lo dicio pruebo sino solo de la infamia, que se compra así muriendo. Mas, pues, la sentencia es dada, y ya no quedar remedio, sírvame esta verde banda en los últimos bostezos, en los tristes espeluzos, en los halitos postreros, de venda negra a mis ojos, porque conozcan que muero con esperanza de ser vengado del alto Cielo, porque teniendo delante en aquella hora un premio que me dieron, porque di la vida a su propio dueño, siendo este dueño quien causa: ahora mi muerte, es cierto, que Dios, que castigar sabe la ingratitud, traerá tiempo en que mi desgracia llores, en que sientas lo que siento, en que padezcas la muerte, que tan sin culpa padezco. porque agravios semejantes. los toma a su cargo el Cielo. Por doce días dilato la sentencia: consolarte puedes, Lauro, adiós. Llorando se va la Reina. . Esto hace la razón. Vamos con ella. Lauro mío, por ser tarde no me detengo, y por ver que se va mi prima. . Antes me harás, Laura, gran placer, en que ahora le declares mas mi inocencia. . Yo voy, y no estarás en la cárcel mañana a las diez del día. Será para ir a adorarte. Señora, ya como puedes cumplir tu intento? . Mal sabes los pensamientos, Clavela, de quien procura vengarse, porque es mejor ocasión esta, pues sera más fácil. poder cogerle durmiendo: Hante dado ya la llave? Sí, aunque no habrá ya guardas, y así por cualquiera parte podremos entrar, no tienes sino estar muy vigilante a la hora que te dije. Yo haré lo que me mandaste. Decid ya, qué me queréis? Arnesto, que me han contado, que esta tarde ha falseado Laura una llave, y bien veis, que va mi reputación, y por diferentes modos nos importa mucho a todos, que esté Lauro en la prisión. No tenéis que tener pena, porque de Laura el intento a diverso pensamiento del que imagináis se ordena; y así, podéis ir seguro lo que toca en esta parte. Esto, puee, es lo que hablarte ha gran rato que procuro. Habéis ya cenado? . No. Pues idos, Duque, a cenar, y volved a este lugar, que aquí os esperaré yo: que os he de llevar confieso, pues os precias de mi amigo, donde podáis ser testigo de un peregrino suceso. Mas que quiere irse a casar esta noche, Laura? . Hubiera . acertado, si dijera, que quería ir a matar: de la verdad muy distante estáis; mas idos con esto, que aún del caso; por Arnesto, juro que estoy ignorante. En fin, me aguardáis aquí? O de la torre en la puerta. No quisiera hallarla abierta. Volved presto. . Harelo así. No sueña ningún ruido, todos están ya durmiendo, y pues sin luz he venido, hasta esta cuadra, yo entiendo, que lo está también Leonido. Mas pasemos adelante; que tengo mucho que hacer. Ya he llegado: en este instante dispongo el que de mujer ánimo tengo galante. y del varonil vestida llegó a la alcoba; aunque dentro hay luz, señal conocida de muerte, mas al encuentro le saldrá presto la vida. qu : Mi señora ha entrado ya pues está abierta esta puerta. Ay de mí! poco ha servido la que he puesto diligencia, y no pequeño cuidado, en avisar a la Reina, sino es que antes que dé el golpo quieren los Cielos que venga. Pero entrar quiero más dentro, llegarme quiero más cerca, que podrá ser que sin mí a matarle no se atreva. qu , Ya has llegado: ay tal suceso! Corta, corta mi cabeza, que tiene Flora razón. La venganza honrosa es esta. Ya le mata: quien ha visto más lastimosa tragedia, pecho de mujer más duro, ni venganza más sangrienta? O, quien tuviera poder para impedirle siquiera, que cortase el postrer hilo! Clavela. . Señora. . . Entra con lo que te dije al punto. No sé por Dios lo que intenta en amortajarle, habiendo dadole muerte ella misma. i, Seguidme aprisa, seguidme, y quédese aquí en la puerta la guarda, y pasar no deje a nadie sin mi licencia. Guía, señora. . Entrad presto. Confuso voy. . Yo con pena . si habrá ejecutado Flora de su rigor la sentencia. Esto es ya acabado. . Laura, cómo estas de esta manera? qué has hecho, dirá quien has dado la muerte? . Señora, espera. 4. . Desdicha extraña! . Que ya es tiempo de darte cuenta de como yo no soy Laura, ni tu prima, como piensas. Pues di, quién eres? . Soy Flora, aquella, aquella Condesa de quien tuviste noticia andando a caza una siesta. Jesús! Jesús! . No te alteres. Pues qué has hecho? . Lo que hiciera una mujer que es honrada. De qué suerte? . Escucha atenta, Después que dejó Leonido, pues que ya sabes la historia, mas por fuerza que de grado, su pretensión vana, y loca; porque un muerto a quien hallé muerto después, fue custodia fiel de mi honor, aunque a él se le hizo espíritu, y sombra. Habiendo estado en la cama traspuesta más de dos horas, me levante de ella, cuando en su aurisera carroza el gran Padre de Faetonte tras la regalada Aurora a rienda suelta venía a enjugarle el blanco aljófar. Y llena de pesadumbres. cercada de mil congojas, me partí aquella mañana a Alejandría, do a pocas dligencias, que allí hice, supe de persona propia, que le vio, como Leonido iba huyendo por la posta. A seguirle me dispuse, si no se ofrecieran otras cosas de más importancia, que te diré luego: Ahora digo, que habiendo pasado poco más de un año, sola con muy poca gente vine por Provincias muy remotas a buscarle, pretendiendo vengar solo mi deshonra, no con venganza cruel, sino con venganza honrosa, A todo Egipto di vuelta, a Grecia, y a Macedonia, a Samaria, y Palestina, hasta que llegando a Europa, discurrir la mayor parte, en cuyas jornadas, y otras consumí más de seis años, sin hallar ninguna cosa. Fuera de esto, estuve en Francia otros seis meses, y en Roma año, y medio, hallando siempre tanto auxilio en las personas de Príncipes, y Monarcas, que con industria no poca, para venir a Sicilia, ordené aquella tramoya de fingirme prima tuya, venir de Constantinopla; y lo demás que ya sabes, porque una mujer hermosa, o ha de tener grande suerte, y en dicha no ha de ser corta, o es imposible que sea bien recibida de otra. Bien me recibiste, sea por mi engaño, o por la heroica de tu pecho fiel nobleza, pues la decisión no importa, A poco de aquí llegada, en la cerviz de una roca entre unos robles metida oí toda mi deshonra. Que la que es noble mujer, y que de serlo blasona, como el padecer la afrenta siente no más de una sombra, por lo cual deshonra llamo a aquella que sufri nota, que si la he vengado bien me resta probar ahora. Yo fui quien puse a Leonido aquella carta espantosa, que dijo el Duque ser suya, quizás temiendo, señora, tu resolución, y enojo; y yo también fingi estotras, contraaciendo tan al vive su firma, letras, y forma. Todo a fin de que sintiese con una congoja, y otra, con uno, y otro tormento, lo que ya a todos os consta. Hasta que ahora llegue de esta en que me miráis forma a su cama, y despertando, le dejé como era Flora, y la intención que llevaba, y derramando no pocas lágrimas, se echo a mis pies humilde, a mi cortadora espada ofreciendo el cuello, como si fuera lisonja pasar de un trago la muerte. Ya está. . Pues mirad ahora de la suerte que le he puesto. Quién vio tal enredo? . Absorta me tienes, Flora: qué es esto? Esta es la venganza honrosa, Porque aquel año que dije denantes, gaste, señora, en sacar a paz, y a salvo, de Leonido esta Corona, porque confesó su Padre estando en la postrer hora, que era su mujer Leonida del Rey de Egipto hija propia, de la cual, siendo pequeña, en su lugar puso otra, codicioso de heredar el Reino; siendo su esposa, dejó papeles bastantes, y como el Cielo disponga lo que no se piensa a veces, murió el Rey, quedando sola por heredera la hija fingida; yo que a estas cosas estaba presente, viendo lo que importaba a mi honra el salir con este pleito, pedí al Rey de Babilonia, mi tío, favor? y como me diese pente, en persona salí a la defensa armada, como valiente Amazona, alcanzando a cuchilladas lo que no pude con hojas de procesos, y escrituras, tanto, que a refriegas pocas, como estaban sin justicia, pidieron misericordia. Sosegado ya el motín, y al instante, y a la hora Leon ida restituida en su Reino sin zozobra, partí a hacer lo que habéis visto, y aunque si fuera yo otra, pudiera mostrarle al punto amor para ser su esposa le he querido ver primero padecer estas congojas, sufrir estás amarguras, porque quien sube a la gloria de una dignidad tan grande, conviene mucho, e importa, que no entre en ella, hasta haber purgado sus culpas todas; y fuera de que imagino (tanto soy de escrupulosa) que aunque casara conmigo, y me volviera más honra por ser Rey) que me quitó, estuviera vergonzosa, sino me hubiera vengado de hallarme con él a solas. Y he puesto en esta venganza tal secreto, que yo propia (hipérbole loca sea, verdad sea, o paradoja pienso, que no lo he sabido; o a lo menos a la boca no he permitido, que llegue lo que estaba en la memoria, que si Arnesto, que es mi primo, sabia por cierta cosa, con Clavela, que quería vengarme, siempre hasta ahora creyeron le daría muerte. Y por la Cruz de esta hoja juro, que mi intento ha sido solo para que conozcan de aquí adelante los hombres, que si por la intención sola nos vengamos, qué será si la ponen por la obra? No tengo más que decir, sino que a sus generosas plantas me postro, pidiendo como a mi Rey, que me acoja en su gracia, y me perdone los disgustes; y que ponga está mi espada a su diestra, p mirando, que la Corona, que en Laurel sus sienes ciñe, a ella se la debe sola, y a mi valor, por lo cual si merezco ser esposa suya, me dé aquí la mano, con que cobraré mi honra S por enteró, y se habrá visto en Mujer venganza honrosa. Levanta, Flora querida, que si fuera Rey de cuantas Europa tiene Coronas, África, américa, y Asia, humilde las ofreciera a tus generosas plantas: esta es mi mano. Yo soy muy dichosa. Y tú, Clenarda, danos a besar la tuya. Leonido, tan admirada estoy, que casi no acierto a articular las palabras. Los dos os gocéis mil años, y perdóname las faltas, que he tenido en perseguirte. Siempre, señora, mi alma te disculpó. . Y porque veas, Flora, el gusto que me causa el ser tu amiga, y parienta, quiero quedarme casada con tu primo Arnesto. . Estimo tan grande merced. . Levantas, señora, mucho a un criado. Mi gusto solo bastaba, cuando no lo merecieras. Clávela no es mi criada, que una sanure nos ilustra. Ya imagino, que se casan, y vengo a buscar mi novia. Dónde has estado? . En la cama, todo lo que pasa oyendo. Pues ya es tarde. . Porquée causa? Porque Clávela es del Duque. Estimo merced tan alta. Y tú, Clavela, qué dices? Que soy su esposa. . Mañana me he de partir a Ginebra, por no ver tu boda. . Haga Sicilia solemnes fiestas, primero que con mi armada se parta Leonido a Egipto. Y aquí, Senado, se acaba la venganza más honrosa de una mujer, suplid faltas, que de su Autor, por lo humilde, no es justo tomar venganza.
