Texto digital de En Madrid y en una casa
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Tirso de Molina
- Atribución estilometría
- Tirso de Molina Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto ha sido preparado por Iván Rodríguez Caballero.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Gómez Caballero, Iván. Texto digital de En Madrid y en una casa. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/en-madrid-y-en-una-casa.

EN MADRID Y EN UNA CASA
JORNADA PRIMERA
Yo sé que este casamiento Mis sosiegos encamina Y que doña serafina tiene igual merecimiento Al de un título. Tendrá, que es hija de don Andrés De Silva, y el interés de su dote obligará todo principal respeto. Pero ¡sin saberlo visto Aceptarla! Vive Cristo, Que es necedad del discreto La que hiciste. Cortesías de su padre Me obligaron Que al nombre siempre prendaron El cariño, los seis días Que en su casa huésped fui. ¿Y en seis días no podía Permitirse el que se viera esta dama duende? Sí, Pero asiste en el colegio De las doncellas, aquel Que dio celestial laurel A su dueño y privilegio A la sangre bien nacida Que en él abona su empleo. El cardenal Siliceo Le fundó, cosa es sabida Juventudes guarda bellas, Que en tiempo de Mauregato Cumplieran con el contrato De las tales cien doncellas Que afrentaron a León; Mas ya no hay de esos metales Porque doncellas y reales Se nos vuelven en vellón. Maliciosos como tú Satirizan opiniones Dignas de honrosos blasones. Aunque vengan del Pirú Virginales intereses Hallarlos es maravilla; Pues después que hay en Castilla Barbirrubios genoveses, Dicen que es cosa tan rara, Que no se ha de hallar en ella Un doblón ni una doncella Por un ojo de la cara. Mientes tú, y mienten también Los que eclipsando noblezas Se atreven a mil bellezas, Dignas que lauros les den Más que las que celebraron Historias en bronce escritas En España hay infinitas Que la opinión heredaron De las que en el Siglo de Oro Blasonan eternidad. ¿Negará tu necedad, En ofensa del decoro De España esta certidumbre? Pregúntaselo a Madrid, Que hay quien niegue que hubo Cid Dando a Burgos pesadumbre. Ha llegado la arrogancia De un coronista sin seso A negar que estuvo preso En Castilla el rey de Francia: ¿y te causa admiración negar yo, Si no lo viste, Una cosa que consiste En no más de la opinión? Plinio afirma con certeza Deja que ejemplos elija Que siempre la lagartija Tiene dolor de cabeza Y que las veces que mira Al hombre cesa el dolor. ¿Dónde estudió tal autor Tan prodigiosa mentira? ¿Dijoselo alguna de ellas? De la fénix. ¿quién no escribe Que un siglo en Arabia vive. Y que de fragancias bellas Construye pira y siendo una A un tiempo muere y renace Y eternizándose hace Del mismo sepulcro cuna? Pero dime tú de alguno Que de que la vio se alabe: Que la hay, cualquiera lo sabe, Aunque en la experiencia, ayuno. Pues lo mismo afirmo yo De nuestras finezas bellas: Todos dicen que hay doncellas; Pero ninguno las vio. Bien dicen que el Tajo hechiza A quien beberle apetece Que a los hombres entontece A las hembras sutiliza: Y probar contigo puedo Que a tu patria fuiste ingrato En Sevilla celibato, Y ya casado en Toledo. Hasta ahora no lo estoy: Don Andrés es generoso; Dote ofrece caudaloso Con Serafina; no soy Tan rico que el desearlo Me esté bien: desperdicié Mi patrimonio y quedé Otro hijo pródigo; hallo Nobleza, virtud y hacienda Juntas en una mujer; El pobre no ha de escoger Al amor pintan con venda En prueba de estar desnudo; Y digo yo que será Porque en fe que pobre está, Ciego admite, otorga mudo. Mira, majuelo, en la China es costumbre El apartar Cuando las quieren casar Las doncellas. ¡Peregrina Nación en todas sus cosas! Creerasme cuando lo leas. Ponen a las ricas feas A un lado y a las hermosas A otro aunque sea su herencia De caudal y estimación: Llegan luego los que son De más lustre y preeminencia Y escogiendo cada cual La hermosa que más le abrasa Sin tener dote se casa Con ella por ser igual La hermosura a la riqueza. Y después que las hermosas son de nobles esposas Reparten en la pobreza De los otros las no tales Y danlas que es medio sabio Para no hacerles agravio Y desposarlos iguales Los dotes de las hermosas De suerte que a más fealdad Añaden más cantidad Y todas vuelven gustosas. Pobre soy cuando me vea Como en la China casado, Podré vivir consolado Que rica no hay mujer fea. ¿Y si de sus pretensiones esta vez salieses bien? ¿Qué esperas tú que me den Por papeles y borrones después de que mi padre es muerto que en Flandes al rey sirvió y esta herencia me dejó? Así dijo un hombre tuerto que en la guerra le dejaron viudo de un ojo: pedía a un príncipe a quien servía una bandera: pasaron meses y años sin que de él se doliese, aunque premiaban otros muchos, que llevaban más favores que papel, gastó su pobre caudal y a vueltas de él la paciencia alcanzó una vez licencia y dándose un memorial dijo: Señor ¿quién pensara que pido no se me diera por un ojo de la cara? Estaba yo consolado de saber: ¡qué necio antojo!, que se compraban a ojo viendo que uno me ha costado más pues en fin se me veda, deme, sin premiarme trata, un real para otro de plata y ojo al ojo me queda. Los reyes y su hijo hermoso. ¿Son estos? Cada año vienen A San Blas, con que entretienen De este lugar populoso Deseos que si descansan Creciendo su hidropesía Aunque los ven cada día Nunca de verlos se cansan. Festivas Carnestolendas Nos pronostican. También los concursos que se ven Entapizar de meriendas Esa cuesta de san Blas Brindan a que se divierta Todo gusto: tanta huerta Como a sus pies viendo estás. Aun no tienen provisión De cardos para ensaladas A besugos y empanadas. ¡Apacible confusión! Atajemos por aquí: Verémoslos más de cerca. El rey, el rey. Ya se acerca. Nunca yo a los reyes vi. Ven, majuelo, gozaremos Este asomo de deidad Humana. Di majestad, Que no es bien que idolatremos. Escuchad avisos De una voluntad Don Gabriel Zapata. Que no os quiere mal. Tiempo habrá de ver A su majestad Cuando de la vuelta De Atocha y san Blas. Yo soy una espía Que siguiendo os va Los pasos y empleos Amante y fiscal. Pluguiera al amor Que al paso que dais Cuidado a los ojos Discreto y galán No diérades fácil Que vitupear A quien queréis menos, Cuando os quiere más. Hizoos generoso La más principal Sangre de Sevilla Que degeneráis. Si a civiles lunas No dierais lugar Sol fuerdades vos De mi voluntad. Travesuras vuestras Consumido os han Si no al salud, La opinión es más. Venís a la corte A lisonjear Ministros del humo Todos vanidad Si en papeles solos Pretendéis fundar Servicios difuntos Derrotado entráis Porque en tanto golfo ¿qué puede durar Barco de papel Que sobre agua va Aquí solamente No teme huracán Ni se hunde o zozobra Bajel de metal? Tormenta os anuncio Porque escollos hay En Madrid terribles Que os han de anegar. Sirenas hermosas Blasonan verdad La mitad mujeres Peces la mitad. Si enamoran vistas Y encubren el mal Con colas de gala Sirenas serán. No sois vos Ulises Ni os sabréis atar Al mástil cual el: Don Gabriel, ¿qué va Que de Palinuro Nos representáis Tragedias antiguas Que llore esta edad? Ya yo sé que ofende el aconsejar, Don Gabriel, a secas: Pobre sé que estáis. Obras y palabras Tienen eficaz Fuerza en persuadir: Gustos mejorad, Que quien cuidadosa De vos espiar Supo vuestra vida Dos años ha y más: Como dueño os hizo De su voluntad Dueño de su hacienda También os hará. La prenda que os busca Tiene hacienda igual, Si no a sus deseos A su calidad. Noble la veneran Blasones la dan Los que la conocen No sé si es verdad De hermosa y discreta: Solo puede echar Menos su ventura Que vos la queráis. Mirad si os sentís Dispuesto a pagar Con amor finezas: Y si libre estáis De empeños forzosos Que la mocedad En años traviesos Lo suele adeudar Saldré por fiadora De una voluntad, Ahora en enigma, Después sin disfraz, Que os hará su esposo, Dando que envidiar A más que un deseo Yo su piedra imán Cuidaré contaros Los pasos que andáis, Inquirir visitas Galanteos vedar, Si salís de noche, Cómo y dónde vais, Porque no hay finezas sin autoridad. Mas si sois prudente, Mientras no mudáis De costumbres mozas No me deis pesar En querer saber Quién es la que os da Amantes avisos: Porque es por demás Mientras yo no guste el averiguar Misterios que oculta Mi sagacidad. Los reyes y grandes Salen de San Blas: El pueblo sigue No me respondáis Que de hacer o no Lo que dicho os ha, Quien como así os quiere, Sabrá lo demás. Y adiós por ahora. Oíd, escuchad. Aquel es el coche De su majestad. Corramos, señores. Hacia el Prado va. Venid. Don Gabriel, Lo dicho y no más. Si semejante suceso Se hubiere en novela escrito, La vida quiero perder. O duermo o estoy sin seso. ¿Hay caso más inaudito? ¡Válgate Dios por mujer! Yo llegué a Madrid ayer: En Toledo me detuve Seis días, que en él estuve: A la posta me partí De Sevilla, siendo así, ¿con qué alas o en qué nube Pudo esta mujer seguirme? ¿Quién sin conocerla yo De mi vida la ha informado? Cúlpame de poco firme: Todo cuanto me pasó En dos años, me ha contado: Estoy desacreditado Con ella y me quiere bien: Prendas tiene y no sé quién Deba agradecerle tanto. ¡Misteriosas en fin de un manto Que no son vistos y ven! Alto, amor: ello dirá Que no procure saber Quién es me manda: excusado Precepto, fuerza será, Si no se permite ir, Cumplir lo que me ha mandado. En buen laberinto he entrado sáqueme amor de su enredo Porque yo no sé ni puedo Dos damas en fin conquisto Que en toda mi vida he visto Una aquí y otra en Toledo. Llegó del modo que os digo Por la posta don Gabriel Zapata a nuestro Toledo. Y hospedole don Andrés De Silva en su misma casa, Haciéndole detener En fe de amigo seis días, Mil para mí, que no seis. Supo que necesidad Mal empleadas en él Por ser noble le traían A esta corte a pretender. Fue su padre gran soldado Y a coronar el laurel Hazañas en nuestro siglo Como en los otros y osé Que oblaciones fueran premios Limitados: el inglés, El belga, Francia y Italia Sus abonos pueden ser. Murió y dejole esperanzas que cifradas en papel no consiguen si autorizan cobran mal y abogan bien. Una limitada herencia Don Luis en el poder De una juventud briosa Y en Sevilla ya vos veis Si a combates de hermosuras Y ocasiones podrá hacer Resistencias tan bastantes Que se conserven en pie. Don Gabriel sirva de ejemplo Pródigo Alejandro ayer, Y hoy tan Lázaro que vive Solamente porque lo es. Su huésped que generoso De su padre amigo fue, Y reconoce en el hijo Prendas que estimaba en él Quiere darle a Serafina Cuando vuelva por mujer Viejo el suegro, el yerno pobre, La avaricia huyó esta vez. Única heredera suya Es Serafina en quien ven Los más desinteresados Indias de hermosura en quien Quiso la naturaleza Asombrándonos hacer Un mayorazgo de gracias Para envidiarlas después. Su vecino y tan cercano De su casa me crié Que como a Píramo y Tisbe Nos dividió una pared. Casi desde que nací Me enseñó amor a beber Néctar veneno en sus ojos Siendo así, ¿cómo podré, Hidrópico en su hermosura, Vivir amigo, sin él, Amante ya de costumbre Suyo desde mi niñez? Murió su madre y dejola Como el abril al clavel, En retiros de esmeralda Asomos de rosicler. Diez veces había corrido La posta el planeta rey Por el uros de sus años Desde el Aries hasta el Pez Cuando cuerda y recelosa En su padre la vejez, Quiso desmentir espías Que él previno y yo lloré. Encerrola en el colegio De aquel vedado Aranjuez De hermosuras generosas Virgen cárcel, noble Argel. Ausentóseme la vida, Sin alma, amigo, quedé. Seis años ha que la ignoro, Cadáver vivo otros seis: Esperanzas solamente La costa pueden hacer A tormentos purgatorios Aguardando a que después Que con su clausura cumplan Ocho años, ¡plazo cruel! Las que aquel presidio aguarda, Transplantadas de vergel De Diana al de Himeneo Puesto que es prisión también Truecan en yugo amoros Por el tálamo la red. Diligenciaba esto yo Mediante el ministro fiel de un agente, prima suya, que entraba a verla tal vez y puesto que persuadida de sus ruegos y un papel de cuando en cuando admitido pudieran en ella hacer lo que Danae hizo el oro no la cambien: si bien ni Venus se rinde a Adonis ni Apolo huye laurel. Entre severa y apacible Leía sin responder Desesperando esperanzas Ni toda amor ni desdén Pero ya se ha declarado Porque en llegando a saber Que su padre y mi enemigo La casa con don Gabriel Hipócritas obediencias Me intima: ¿qué mucho si es Lo extranjero apetecible Yo infelice, ella mujer? Retratósele su padre Galán, discreto, cortés: El lienzo fue su mudanza, Mi desdicha dio el pincel. Hermosuras encerradas En cárcel don de sabéis Que es Labán la dilación Y la juventud Raquel, ¿qué no acabará con ellas Si en fin el apetecer Tálamos las fuerza tanto Como túmulos después? En efecto, don Luis A esta corte llegó ayer Mi rival a pretensiones: Y yo celoso tras él Vengo a prevenir engaños Que como vos me ayudéis desembarazando celos mi dicha han de disponer No es muy difícil la empresa; Que en Madrid halla ocasiones Toda la juventud traviesa, Leteos de obligaciones, Más dificultosas que esa, Con que mudar voluntades, ¿visteis a don Gabriel vos? Celos y curiosidades Nos juntaron a los dos Y a confesaros verdades Partes le han dado los cielos Dignas de estima y valor Para aumentar mis desvelos. Pintan al competidor Como a un Narciso los celos ¿Sabe quién sois? Si sabrá Que habiéndonos encontrado Que noticia le habrán dado De mí. Si la tiene ya De que a Serafina amáis Y os ve aquí será forzoso Recelaros. Agraviáis Mi amor que por ingenioso Es bien que en más le tengáis Nadie en Toledo ha sabido Si no es su prima y mi dama Quién es la que ha consumido Mi verde abril En la llama De quien mariposa he sido. ¿Y hala vista don Gabriel? ¿De qué suerte si no admite El colegio que haya en él Locutorio en que viste Si no es muy deudo? Cruel Observancia vive Dios Para ociosas bizarrías. Mas ¿os persuadiréis vos Que desvelen tiranías de amor sin ojos? Los dos Veremos desta ventura, El fin y si Serafina mis temores asegura. Pues bien: ¿cómo determina Desazonar la ventura De don Gabriel vuestro amor? ¿No tenéis aquí una hermana? Tiéneme doña Leonor Por padre ¿No es soberana Su belleza? Su valor Don Gonzalo es el que estimo En más aunque se exagera Por sol. Con eso me animo A intentar una quimera Que ha de hacerme vuestro primo Y atajar el desatino De mis celos y ha de ser Un enredo peregrino. Don Luis, vamosla a ver: Diréoslo por el camino. El bien que en serviros medro, Limitármele es crueldad. Vuestra hermana acompañad, Que es razón, señor don Pedro. Hame en su coche traído Hasta mi casa: ya estoy A mis puertas y no os doy Permisión por comedido Que acercándose la noche Queráis por ser cortesano Que yo le usurpe a su hermano Ya que embaracé su coche. Entraos, suplicooslo, en el, Que va sola y no es razón. Encubrís en conclusión Atributos de cruel Con disfraz de cortesía. No habéis de pasar de aquí. En efecto me atreví A hablarle Vueseñoría Perdonará la estrechez De este cuarto que he alquilado Puesto que le han habitado títulos más de una vez Que la mucha brevedad del término Me dio El tiempo me limitó Dicen que hay dificultad En Madrid de hallarse casa Sola y grande. Es infinita: La nobleza que le habita, Toda Castilla se pasa A la corte. En esta moran Dos huéspedes principales: Y en un año con ser tales Los unos y los otros se ignoran Sin más comunicación Que Noruega con la China. Es grandeza peregrina De esta alegre confusión. No tiene en Madrid el ocio Lugar ni tiempos dilata. No señora: solo trata Cada cual de su negocio Aquí. Ese cuarto de arriba Es capaz y bien labrado Para el invierno abrigado Entre tanto que en él viva Buscaremos otra casa Sola y mayor. Está bien. Balcones tiene también Que registran lo que pasa Dorados con celosías Para enfoscarse bellezas: Vestido habemos las piezas, En vez de tapicerías, De bayeta negra y parda Conforme se me ordenó. Eso mismo os mande yo, ¿compraste el coche? Aguarda, Según dice el corredor Que cierto duque se ausente Y una carroza excelente Proporcionada en color Y autoridad a usiría Esta semana se venda. Basta que Madrid es tienda De toda mercaduría. Como es plaza universal, Ese nombre pueden darle. ¿Y cuál es el de esta calle? Del Príncipe. ¿Es principal? Tanto como su apellido. Títulos y caballeros La ilustran, ya aventureros, Ya naturales. Yo he sido Siempre inclinada a Madrid Aunque es tan grande Sevilla. Es todo el mundo esta villa. Bien lo encarecéis, subid. ¡Bizarrías tocas y cara! ¿Quién será esta señoría? Hay tantas, Leonora mía, Que en ellas no se repara: Y que ha de venir, creed, Tiempo según se dilata Que como el oro y la plata, No ha de hallarse una merced. Goza esta felice edad A pesar del malicioso Un monarca generoso Todo liberalidad. La que habéis conmigo usado En permitirme hasta aquí Acompañaros en mí Ánimo nuevo ha engendrado Para proseguir deseos, Siempre dichosos en vos. Prospéreos mil años Dios. El mismo os guarde. ¡Qué empleos Tan poco correspondidos De quien a amar no se inclina! Alentada es la vecina Que tenemos. Presumidos Espíritus a lo menos Ha mostrado. ¡Pesie a tal! Esto a de poner sitial A los demás tiene en menos. Si es soberbia la hermosura, Y por sí sola adorada, ¿qué ha de ser entarimada Debajo un dosel? Locura. Mi Leonor. Hermano mío… Un primo nos ha feriado La corte y de haberle hallado Que te has de alegrar confío; Porque además de pariente, Le debo amistades yo. Mi dicha a usura os la dio Y pagáis pródigamente Trayéndome a conocer Prenda de tan noble estima. Mereciendo yo ser prima Vuestra, la vendré a tener Desde hoy más y a don Luis Obligaciones de nuevo, Que añade a las que le debo. Cansado, primo, venís: Traigan de vuestra posada El hato: que habéis de ser Nuestro huésped. Yo he de hacer Brevemente una jornada: Despacio quiero gozar Esa merced y favor. No, don Gonzalo, mejor Podréis aquí descansar Que se ofenderá mi hermana Si la desfavorecéis Tan presto. No nos haréis Este agravio. Cosa es llana Que siendo ese vuestro gusto Rémora de mi camino, Prima mía, os imagino. Besoos las manos: yo gusto De que aquí lo recibáis por el que muestra mi hermano. Habéis de ser cortesano Un mes aunque no queráis. ¡Ojala! Mas ¿cómo puedo Dilatar este camino? ¿De donde el primo nos vino? Mayorazgo es de Toledo. Veréis despacio a Madrid, Que no es hombre quien lo ignora. ¡Primo en Toledo, hasta ahora No conocido! Subid. Obedeceros estimo, Por no parecer ingrato. ¡Hola!, traigan acá el hato. ¡Válgate Dios por el primo! Fue forzoso ausentarse A Talavera: poco ha de tardarse. En este cuarto habita Que hospendándoos serviros solicita Y entre tanto que viene No le echa menos, pues a vos os tiene Como a sobrino suyo Y dueño nuestro. Su nobleza arguyo De la que ahora veo En sus criados. Mucho le deseo En Madrid; que ha ya un año Que salió de Sevilla. Es un engaño El que esta corte ofrece, Pues sin sentirlo un hombre se envejece. Dejonos encargado Vuestro regalo y puesto que el cuidado Señor don Gabriel sea En esto diligente más desea La voluntad serviros Que las obras alcancen. Sé deciros, Pacheco, que agradezco Afectos más que efectos: yo me ofrezco A pagar amistades, Si logro alguna vez prosperidades. ¡Buen pedazo de casa Es este por mi vida! Cuando abrasa La fuerza del estío Por fresco le celebra vuestro tío Y aunque es invierno ahora Y en bajo aquesta pieza, quien las mora Las juzga por mejores Para fríos también como calores. Es muy sano, Pacheco, El clima de Madrid por frío y seco Así el otro afirmaba. que sobre fuego y agua se fundaba. ¡ Qué hermosa y blanca sala! En Españaa ningún lugar se iguala con éste en materiales, porque afrenta su yeso los cristales. No guarnece Sevilla sus techumbres con tanta bovedilla. Ç Es húmeda, y por eso la cinta de saetín destierra el yeso. ¡ Buena reja! Extremada, y aunque a la calle, poco registrada de la gente que pasa, porque la vista a los mirones tasa con esa celosía y encerados. Sin ellos, mal podía. Tiene otra circunstancia, más de comodidad que de ganancia, que los lodos remedia. ¿Cual es esa! La casa de comedia, que en esta misma acera, porque Apolo la cursa, es cuarta esfera ¿Hailas buenas ahora'? En ellas, como en todo, se mejora, puesto que Lope muerto, dudoso esté el teatro de su acierto. ¡Gran pluma le ha faltado! Fue prodigioso y poco celebrado, Si con su ingenio miden sus alabanzas. Nunca las olviden los bien intencionados; que sin él quedan viudo los tablados. Ahora bien: yo quería escribir a mi patria. Sí, que es día de estafeta: recado hay aquí; despachad con ese enfado forzoso, mientras quiero haceros prevenir cena y brasero. Si Majuelo la encubierta De mivida coronista Sin permitirme su vista Medio relación tan cierta De mis sucesos que estoy Creyendo lo que soñé. Segunda necedad fue, La que has hecho en Madrid hoy En no seguirla. No pude Porque un tropel enfadoso De ver su rey deseoso Corriendo entonces acude por en medio de los dos y de vista la perdí en un instante ¿Habrá aquí Berros y artesa? Por Dios, Que te han dado un pasapal. ¿Qué no te enseñó un adarme De cara? No osó fiarme Ni una mano de cristal. Mejor dijeras de sebo O de otra cosa peor. ¡Que aliño! ¡Que habla! ¡Que olor! ¡Oh caballero de Febo! Ya estarás por Lindabrides Almibarando deseos Y con flamentes empleos No me espantaré que olvides La no vista Serafina. No sé qué te diga en eso: Que me obligó te confieso La presencia peregrina Que nunca en esotra vi, Las palabras entre graves Ya severas, ya suaves. Ella, ¿no es discreta? Sí. Pues gradúala de fea. No es posible. ¿Cómo no? ¿Quién jamás ver mereció Discreta que hermosa sea? Anda que eres ignorante. Llégame esa escribanía Despacharé a Andalucía Y a Toledo. ¡Lindo amante A Madrid nos ha venido! Un par de damas tenemos Espíritus que no vemos. Ay. ¿Qué es eso? ¿Qué ha caído? No sé, por, Dios, qué arrojan Por la reja. ¿No cerrarás La ventana? ¿Y te quedarás A oscuras? ¿Qué es lo que echaron Vive Dios, que es un bolsillo Que ambarea nuestro olfato. ¿Bolsillo? En color mulato Y en la medula amarillo. Rebosando está un tesoro: Si nombres no profanara. Crisóstomo le llamara, Pues lo mismo es boca de oro. Su risa el alma me roba: ¡mira qué dientes tan buenos De amarilla toba llenos! Mas yo sé que de esta toba Los suyos cubrir quisieran Las ninfas de este lugar. Muestra ¿Quién le pudo echar? Ya puede ser que no quieran, Como los demás, salir De Castilla estos doblones, Y desmintiendo buscones Que los han de perseguir Por ver que adelante pasa La usura de su interés Huyan de algún genovés Y se nos entren en casa. ¡Hay cosa igual! ¡Qué de estrellas Rubicundas! Vive Dios, Que no hay ninguno de a dos. Aun si fuéramos doncellas, Imaginara que había Aquí algún San Nicolás, Como en su historia leerás Y que a dotarnos venía. De a cuatro son don Gabriel: Cada uno es del sol esfera, ¿no ves qué de ellos? Espera. ¿Qué miras? Este papel Que por retaguardia saco. ¿Papel? Para darnos luz. Sera el primer arcabuz Que a la postre escupe el taco. Rásgale. ¿Por qué razón? Porque el gozo me mitiga, Si hay alma que en él te obliga A alguna restitución. No le abras. Que frenesí, El placer te desatina, Oye. Letra es femenina: Santíguale. Dice así: Ya os dijo hoy una mujer, Refrenándoos ocasiones Que obras son buenas razones Y noble el decir y hacer. Excusaos de pretender La que en Toledo os espera; Que no falta quien la quiera, Y es necedad si os abrasa Teniendo el bien dentro en casa Salir a buscarle fuera. ¿No dice más? Esto ¿es poco? Lo de Toledo ha sabido También. Vive Dios que ha habido Haba y cedazo. Estoy loco. Majuelo, ¿qué es esto? Miedo Que se nos vuelva carbón Toda es doblonación. ¡De Sevilla y de Toledo Tan informada y que yo No haya podido saber Quién es aquesta mujer. No dudes que consultó Caracteres la hechicera. Y es necedad si os abrasa Teniendo el bien dentro en casa, Salir a buscarle fuera. Según esto, en casa vive La dicha doña Medusa Dueño de esta garatusa Que paga el porte y escribe. ¿Pues cómo por la ventana Le arrojó? Saldré mañana De esta confusión cruel. No he de perdonar en ella Dama o mujer que la habite Que no examine y visite Puesto que arriesgue el perderla. Perderla, ¿por qué? Me puso Límite en diligenciar Quién es. Pues, señor, callar Y recibir. Tan confuso Estoy, que temo perder El juicio. Aun no tan malo, Si hay dobloncito y regalo. Válgate Dios por mujer. Señor la cena os espera. No seas bobo, triunfa y pasa, Y pues hay doblón en casa, No los derrotes afuera.
JORNADA SEGUNDA
A extrañas cosas me animo; Pero creo que conseguirlas creo, Por lo mucho que deseo Servir al señor mi primo. No primo, mas vuestro esclavo He de ser, bella Leonor, si por vos logro mi amor. Ya estoy, don Gonzalo, al cabo y os he de dar noble ayuda. En efecto, ¿don Gabriel Vive en casa? Porque en él Recelos que el temor duda, Remedie vuestro artificio, Le ha traído, mi Leonor, Más que su tío, mi amor. Caro le saldrá el hospicio. En ese cuarto de abajo Es nuestro huésped. No sé Si a mis dichas gracias dé Creyendo que ha sido atajo De inconvenientes hallarle En casa y tan a la mano Que por vos y vuestro hermano Podamos enmarañarle De modo que no compita Con mi amoroso cuidado O si soy tan desgraciado Que la suerte solicita Darme con su vista enojos; Que es especie de rigor Tener al competidor Siempre delante los ojos. Vuestro temeroso alarde No es de airoso pretendiente. Aunque amor firme es valiente, Los celos le hacen cobarde. Leonor, corra por tu cuenta Este amoroso artificio: Ponle luego en ejercicio Y sus principios asienta. Luciráse entre los dos. Ya el modo habéis entendido. Ya le sé: lo prometido Haré desde luego. Adiós. Entrósenos de improviso Este primo y por lo deudo Si de amor la sangre es feudo Tenérsele yo es preciso. Faltóle el tiempo a mi aviso Para prevenir desvelos: Pariente y que adoro cielos A quien de envidia me abrasa. ¿Qué ha de hacer si admito en casa Sangre, amor, envidia y celos? Que facilite me ordena Su esperanza con engaños Y a costa de propios años No hay quien tercie en dicha ajena: Adelantáse mi pena A la suya; y si es cruel Quien siendo para otro fiel, Es severa para sí, Negociar quiero por mí, Pues estoy primero que él. No dejarán de arrojarse Señora del alma mía A esos brazos mis contentos Aunque peque de atrevida. ¿Es posible que merezco Volver a la afable vista De vuesa merced al cabo De tanta distancia y días? ¡Ortiz! ¡Jesús! ¿Tú en la corte Y yo sin saberlo? Dichas que en tu ausencia echaba menos me restauran aunque viuda a tus ojos y a tu casa. Apenas en ella pisan Mis venturas sus umbrales Cuando te vio mi alegría Al subir por la escalera Cuando de fuera venías Ayer al ponerse el sol Pidiéndome el gozo albricias. No atreví demostraciones Entonces porque tenía A la condesa delante Que sirvo y es tu vecina Mas ya que sin ella puede Dispensarlas esta dicha Como caudal represado Se atropellan a sí mismas. Todas, Ortiz, me las debes. Pero ¿cómo de Sevilla En Madrid y ese traje? Andaluzas valentías Dieron muerte a mi Medrano Ocasionando una riña Que tuvo junto a Triana Su mortaja y mis beatillas Moza, viuda y forastera Si de algunos pretendidas, En muchos escarmentada. Supe enmudecer malicias Trocando por dueñas tocas Las de madre de familias En casa de esta condesa Donde es forzoso que sirva Con un vos, censo perpetuo. Condenada a una tarima, Racionera titular Y enmatada de por vida. Pero ya todo es dichoso, Pues al fin me facilitan Los naufragios de mi suerte Tu presencia apetecida. ¿Y quién es la tal condesa? Sangre la ilustra Manrica Dote la abona cuantioso Hermosura la autoriza El donaire la sazona La discreción la apadrina El pundonor la refrena Y el amor la precipita. Apenas la primavera En su edad las flores pinta Cuando sin que distinguiese Lo que hay de matrona a niña La desposaron de sus padres Con un conde de Sicilia Muertos por el dulce trueco De merced en señoría. Era el tal señor mañoso Y trajéronle a Castilla Pretensiones que aun no saben perdonar canas prolijas. Pensó rejuvenecerse Mezclando su sangre tibia Con la hirviente catorcena Ella brasas y él cenizas Mas desfrutóse en dos años Porque ya es cosa sabida Que el viejo en tálamos mozos Se casa con su polilla. Murió y dejóla hedera antigua Por no tenerlos forzosos Y quedó condesa y rica. Murieron también sus padres De quien es la única hija Adquirió juros y rentas, Ocasionando codicias De andaluces generosos Que creyeron encubrirlas Con finezas disfrazadas Que amor ya es hipocresía Mas nuestra doña Manuela (de este modo se apellida La condesa mi señora) Esperanzas descamina, Disimulando pasiones De un joven que desperdicia Su salud, hacienda y años: Mas ha de dos, que perdida Por un huésped de esta casa, Secretaria de sí misma Resistiéndose en sí propia, De sí propia es enemiga; Pero al fin de ellos las llamas De amor, como más activas, Apurando resistencias La sacaron de Sevilla, Hasta esta corte siguiendo A quien sin tener noticias De las penas que padece Inocente es su homicida. Merecí en esta jornada Los secretos que me fía Y yo ahora te refiero Porque mi fe me acredita. Viote al entrar en tu casa Y celosa, porque habita Don Gabriel también en ella, Teme teniéndote envidia Tu beldad y sus mudanzas Porque son tales que afirma Que enamorándole todas Pretende al paso que olvida. Procuré puesto que en vano Sosegarla con decirla Que criada de tu madre Le es deudora de mi puericia Que me casó en esta corte Que me partí a Andalucía Que te conocí en llegando Que si por lo hermoso hechizas Por lo honesto desesperas; Tu calidad noble limpia, Tu discreción celebrada Y el respeto con que admiran tus virtudes cuantos ojos hermosuras fiscalizan pero fue echar leña al fuego porque al paso que te estima te halla más capaz de amarte este hombre de su amor cifra, inquietud de tus deseos y ocasión de tanto enigma. Las frecuencias de tu casa Su paciencia martiriza Porque lo hacen lo que pueden Siempre que estas son continuas. Es discreto, tiene estrella, Por lo bien dispuesto hechiza, Por lo caviloso engaña Y conforme me le pintan No tuviéramos laureles A haberle visto su ninfa Ni Anajarte fuera mármol Ni Lucrecia bobicida. Yo vengo su precursora: Sal cortés a recibirla, Compadézcante sus penas, Sus esperanzas anima, A su agrado corresponde Y sus llamas patrocina; Que es un ángel la condesa Si hay ángeles con basquiñas. Ortiz prodigiosos casos La fortuna quimeriza Dentro de esta misma casa Todos ellos en un día. No estoy tan preservada De enfermedad maligna Que no me toque un parte Aunque en persona distinta. ¿Cómo es eso? ¿Qué se yo? De un hombre fui anoche prima Y sospecho que soy dama. En tres cuartos repartida Mi casa, tres embelecos, Tres laberintos fabrica. Si es de amor el triunvirato Sazone el cielo esta trinca: Seré yo tu tablajero Contárasme sus pandillas Mas no ahora porque tienes Nuestra condesa a la vista. Mas vale ser acreedora Puesto que no ejecutiva Que embarazarse en respetos Quien anda cual yo fallida. Por eso vengo a ganaros La mano en esta visita Puesto que aguardar debiera Plácemes de bienvenida Si bien por dueño de casa Está puesto en cortesía Señora doña Leonor Que yo os pretenda propicia. Ya yo he perdido el derecho De esa acción desposeída Después que para honra nuestra La ilustre vueseñoría: Pérdida tan gananciosa (Ortiz, acércanos sillas) Que en fe de lo que poseo No siento lo que me quitan. Renunciemos si os parece Gravedades que fastidian En recientes amistades Títulos que las entibian. Renunciemos ceremonias Que las que no simbolizan Igualando calidades Tarde y mal se comunican. Las dos habemos de ser Gustando vos tan amigas Que solo uniendo las almas El número nos divida. Intereso yo señora Tanto en eso que mis dichas Hasta aquí desbarataditas Pueden ya vender envidias. Vaya de estilo casero. Los pesares, Leonor mía, Que me apuran la paciencia Como de ti necesitan. No consientan dilaciones. Escucha, pues, de mi vida Desaires, que fuego amor, Es elemento de prisa. Nací, gracias a los cielos… Excuse vueseñoría Relaciones de su sangre Que ya yo he dado noticia De su estado y su nobleza, Lo que aplaude Sevilla Sus bodas y su viudez Porque desde aquí prosiga A referir los sucesos Que ocasionan su venida Que estos son tan solamente Los que la he contado en cifra. Tu prevención fue discreta A esa cuadra te retira Y si vinieren estorbos Antes que lleguen, avisa. Volviendo, Leonor bella, A dar al hilo u nudo Que Ortiz en mis sucesos devanaba Digo que de mi estrella Feliz influencia pudo Mis años redimir: que los lloraba Cautiva en los desvelos Que un tibio amor, entre caducos celos. Libre viví dos años Puesto que pretendida De cuanta juventud dio presumida Llamas a amor y asunto a los engaños. Si bien los escarmientos Pudieron jubilar mis pensamientos. Señora de mi misma a los deseos Se opusieron de suerte Propósitos siqueos Que imaginé poder hasta la muerte Triunfar de esos rendidos; Pero en balde, Leonor, blasonan Didos Hazañas que proponen las ideas Si faltando el valor sobran Eneas. Un día que aciago fue heredero Del martes agorero Salí a templar calores Y desmentir congojas del estío Por entre los naranjos y las flores De una quinta, monarca de aquel río Que con todo el Océano contrata Dando su oro potable por su lata. Aquella estancia, pues, que caudalosa De esquilmos de Amaltea Regalo a los sentidos los recrea En nombre y en efectos deleitosa, Y por el logro que en sus ondas mira El Betis ronda y baña Guadaíra Ocasionaba amena mis recreos. Frecuentando paseos Una mañana del aurora risa Que las rosas, junquillo y manutisa, Retamas y violetas, El alhelí, jazmines y claveles, Por cuadros, laberintos y planteles Me construían macetas Que entre azahares ataba, Con que el ocio al deleite atareaba Sin reparar entonces mis pesares Que pocas letras hay de azar a azahares Asustada a un suspiro Que escuché entre las mesas Que unas murtas espesas Los pasos tras los ojos vuelvo y miro A un joven desmayado De su sangre teñido A un Apolo eclipsado Un Adonis herido, De quien, a permitirlo mi decoro, Si yo ser mereciera La fabulosa Angélica creyera Que revocaba dichas a Medoro, A Orlando desatinos y desvelos, Prodigios al amor, a Francia celos, Victorias al desmayo, Dueño a mi libertad, llanto a mis duelos, Huésped al campo y príncipe al Catayo. ¿Quién, mi Leonor, pensara Que un casi muerto ocasionando horrores Mi presunción postrara Y fuente tal bañara tales flores? Engendraron mis lástimas amores; Que en tales accidentes Amor y compasión son muy parientes. Recosté su cabeza en mi regazo Y en el último plazo Recelosa que el alma despedía Con el aliento le infundí la mía. Dos lienzo hechos vendas despedazo Dos heridas le aprieto; Y olvidando mi lástima el respeto Que a mí misma me debo con dos heridas que ato, mil me llevo, tan distintas, Leonor, en el efecto que unas salud eclipsan, otras famas aquellas brotan sangre, estotras llamas temí publicidades retírome mi gente violenta aunque advertida y debió de olvidárseme la vida envuelta entre piedades que ocasionó el incógnito doliente, por restaurar la suya, bien perdida.. Llamo a un criado mío, Tan leal que le fío El alma en el secreto: Albricias le prometo Si aquel semicadáver casi frío, Que estándolo me abrasa, En su existencia los extremos pasa De difunto a viviente. Ruégole que le curen en su casa y ya convaleciente sin que le dé noticia de quien por él pesares desperdicia sepa su calidad y ocupaciones estado, profesión y pretensiones dándome fiel aviso, y haciéndole la costa mi cuidado que el rayo como hiere de improviso no da lugar a la razón de estado. Ya la justicia entonces acudía Informada del trágico suceso Al tiempo que volvía Mi herido en sí, más nunca en sí mi seso Formaron la cabeza del proceso Criminales, ministros y escribanos, Tomáronle la sangre cirujanos Llevánrole a su casa en una silla. Siguió mi confidente La novelera gente, Y supo de ella que nació en Sevilla Y que naturaleza Con él pródiga y grata, A su sangre igualó su gentileza: Que era su nombre don Gabriel Zapata Que inquietas mocedades, Traviesas amistades, Juegos y desperdicios, Su valor eclipsaron con sus vicios, Sin que ninguno o pocos Sus descaminos locos Sintiese lastimado Pues el su perdición se había buscado Y no me espanto que por tales modos, Quien con todos compite, ofende a todos. La penúltima línea de sus años Pisaba ya su vida, Y yo la del verdugo sufrimiento. Cuando sospecho que añadiendo daños Fortuna de su edad compadecida Me restauró esperanzas en su aliento. Convaleció al rigor, no al escarmiento: Volvieron travesuras Como la fuente un tiempo represada: Recelé sus locuras Y entre amor y temor atormentada, Al paso que me helaba me encendía, Y naufragando en tan confuso abismo, Palestra era mi pecho de sí mismo, Pues lo propio que amaba, aborrecía. Dos años, Leonor mía, Incendios y recatos pelearon Tan ocultos en mí, que no se osaron A los labios jamás, ni a un a los ojos: ¡qué para poco fueron Pues lidiando dos años, no pudieron Consumir o mi vida o mis enojos! Mas para quien padece los que peno, Se le vuelve en antídoto el veneno. Partióseme a esta corte pretendiente: Y yo que hallaba en mis tormentos calma Teniéndole presente, Si él difunta, eché menos el alma. Sus paso tras él guía Mi fiel criado, que su amor espía Y como yo sin él vivir no puedo, Su mismo viaje sigo. Supo mi confidente que en Toledo Un caballero de su padre amigo, Su hija le promete, Y él avariento, más que enamorado, Gusta que el alma al oro se sujete, Creciendo a tales nuevas mi cuidado; Y como amor es fuego, A Madrid antes que él, seis horas llego. Seguíle ayer oculta por la tarde Y en el festivo alarde Con la gente que en tropas y convites Del sol acepta envites, Y de sus rayos goza el bello alarde; Del modo que la piedra busca el centro, A vista de san Blas con él me encuentro. Misterios le descubro, Y en el semblante el manto Revelo el alma cuando el rostro cubro. Mi amor le manifiesto con mi llanto, Ofrézcole la mano con mi hacienda Si cuerdo y advertido Mocedades enmienda, Poniendo travesuras en el olvido Y cuando más confuso, diligente Me aparto de él y oculto entre la gente. En fin, mi mayordomo Solícito tercero, Que es el criado en quien mis penas fío Se informa, no sé cómo, Que en esta casa, en que mi dicha espero, Le hospeda un caballero que es su tío Halla el cuarto vacío, Que sobre el suyo busca quien le more: Alquílale en efeto, Y yo vecina tuya porque ignore Mi don Gabriel la causa y el sujeto Con tu favor procuro Embarazar de suerte ociosidades Que al paso enmarañando que seguro Sin que en Madrid le hechicen sus beldades, La industria con amor artificiosa Cuerdo le venga a hacer y a mí su esposa. La amistad, mi condesa, que consiste En la similitud de profesiones, Quiere que nos aliste Amor en una especie de pasiones, De modo parecidas, Que es preciso vivir las dos unidas. No menos necesito De ti para el empleo Que desde ayer acá rendido veo Al fuego que en mi daño solicito Que tus ciegos cuidados de los míos Iguales en amor y en desvaríos Me precipito yo, si te despeñas: No son dichas pequeñas, Si cuando me pretendes tú acreedora Usuras con usuras desempeñas Y me ejecutas siendo mi deudora. Escucha el descamino De un amor, desde anoche acá engendrado Y tan gigante ya. Nuestro vecino El de abajo, el de ayer recién llegado, Las escaleras mido Y permisión de visitarte pide. ¡Ay cielos! Si te ha visto, No dudes que te adora: Temerte puedo ya competidora, De tu nueva amistad, Leonor, desisto. Esta puerta de adentro Sale a tu mismo cuarto: No temas este encuentro, Retírate por ella. Si me aparto, Vencérate, Leonor, no pongas duda: Que hechiza visto y voluntades muda. Desdoran tus recelos Mi amistad y valor. Es todo engaños. Yo quiero en otra parte y tengo celos. Puedes tú resistir tu amor dos años, De tus pasiones vencedor tu aviso, ¡y he yo de enamorarme de improviso! ¡Qué fácil me has juzgado” Oculta nos acecha: Verás cómo la tela que he trazado, Desmiente en útil tuyo tu sospecha. ¡Ay Leonor! I librarte de él deseas Húyete de sus ojos, no le veas. Por dos títulos, señora, Debe daros la obediencia Quien llega a vuestra presencia Y en casa, que es vuestra, mora. Yo añado que otros dos ahora De no menos calidad: Uno, la necesidad De saber cierto misterio Y otro, el soberano imperio De vuestra rara beldad. El penúltimo escoged Que será el que más importa Y perdonadme si corta Admito en pie esta merced. Que siento mucho, creed, Lo poco que me acredita Quien ser cortés me limita; Mas ha desacostumbrado Mi hermano sillas y estrado A toda nueva visita. ¡Gran cordura! No me espanto Que el recelo al precio iguale; Pues prenda que tanto vale Es bien que se guarde tanto: Ayer una enigma manto, Que mis quietudes altera, En un billete severa Me manda, hasta en esto escasa, Que pues tengo el bien en casa No salga a buscarle fuera. En casa no hay más de dos, La una tan de camino, Que ayer forastera vino, Y así juzgo que sois vos. Desenmarañad, por Dios, Si es así, señora mía, Mi confusa fantasía; Que a ser mis dudas verdad, ¿qué mayor felicidad Tras tanta noche, tal día? Débeos poco mi recato En tan ciegas conjeturas: Plebeyas desenvolturas Hacen de su honor barato. Estáis bisoño en el trato De Madrid, que por la posta Inadvertencias agosta: Guardaos, ya que entráis en él; Que suele hacer un papel Mucho daño a poca costa. No en él solamente estriba Esta presunción cobarde: Junto a san Blas ayer tarde Entre amorosa y esquiva, Si su semblante me priva, Su pecho me manifiesta Tan entendida y honesta Quien me obliga a enloquecer. Que juzgo debéis de ser Quien me aguarda por respuesta. No envidio yo su fortuna, Si apetece vuestras bodas; Que vos sois común de todas, Mas singular de ninguna. Las mudanzas de la luna De suerte aplicaros puedo, Que, pues no la enfrena el mido, Fácil podéis conseguirla: Camaleón en Sevilla Y casi esposo en Toledo. ¡Como quien no dice nada! Esta fue la doblonista Desdeñante a letra vista Y tierna a letra tapada. No lo dudes Redomada Es por Dios, pero no fea. ¡Que a lo miel que lo damea! ¿Quién pues la pudo informar Tanto de mí? El familiar, Que de noche brujulea. ¿Lo de Sevilla, y también Lo de Toledo, en tan breve Espacio? Habrá quien la lleve Desde aquí a Jerusalén. ¿Qué te pareció? Muy bien. Requiescat la Serafina. Vamos a ver la vecina. Vamos, que a ésta las redomas Le han dado ahorrando maromas Achaques de volatina. Es, Ortiz, Leonor muy bella Y don Gabriel muy hechizo. No hará su amor tornadiza En su firme valor mella, Que tiene un primo en su casa Y pierde el seso por él. Tú veras el don Gabriel Los purgatorios que pasa En pena de ser mudable Hasta alcanzar de tu amor La gloria: haz mucho favor a don Luis, que es afable, cortés, discreto, y en fin de doña Leonor hermano. Besarte quiere la mano. ¡A mi su hermano! ¿a qué fin? De doña Leonor son trazas, Que en útil tuyo desconcierta. Mira que aguarda la puerta: Si celos desembarazas A términos ha venido Que restauren su sosiego. Entre, pues, ¡ay amor ciego! ¿En qué nos hemos metido? Mi hermana doña Leonor Después… pero vuesiría… Es Leonor hermana mía… -Majestad fuera mejor Intitular la belleza Cuando… porque amor es loco. Digo, en fin, que vuestra alteza, Como mi hermana decía, Si el pájaro está en la red… Perdone vuestra merced Que cuando vueseñoría Después que el sol, su traslado, La repentina violencia… Le prometo a vuecelencia… No estoy, señora, turbado… Pero sí pienso que estoy, Porque amor y desvaríos. Sentaos, señora, y cubríos Que por la fe de quien soy ¿Qué es esto, Ortiz? ¿qué hombre es este? Hombre que cuerdo hasta aquí Te debe frenesí. ¿A quién no aturde una peste Si acomete repentina? Yo de tu beldad presumo Que es como el tabaco en humo Que al principio desatina. Desabaratado has su aviso Porque el donaire que tienes Es como pedrada en sienes, Que entontece de improviso. Sosiégale, dadle silla. Tomad asiento, señor. Todo objeto superior Da causa a la maravilla Que en mí debéis de extrañar Cuando es tanta su excelencia Que excediendo a la potencia Ya llega a desbaratar. Yo ocasioné mi desprecio, Pues fuera bien reparara Que quien al sol cara a acra Osa ver, peca de necio. Conforme ya lo decís, Sospecho que la pasada Fue turbación estudiada. Pero señor don Luis Aunque estimo ese despejo Más sencillas amistades En materia de verdades Que a vos le debo mi espejo. Para serviros yo a vos Hermano d quien mi amiga Con tanto extremo me obliga Siendo tan unos los dos, Desperdiciáis, os prometo, Esas exageraciones Salgamos de confusiones. descifrando este secreto. ¿Qué es esto?, ¿hasta donde estoy, Ortiz, se entran? Vuesiría esta inadvertencia mía perdone: buscando voy la causa de mis cuidados, con cierto engaño impacientes. y en Madrid mís pretendientes pecan de desalumbrados. Mandóme una dama ayer, imperiosa aunque encubierta, en San Bias. junto a una huerta, que la procurase hoy ver. Afirmóme que vivía en un cuarto de esta casa: soy yo huésped de otro, y pasa las leyes de cortesía mi diligencia, obediente a las de amor : he sabido, puesto que recién venido, que la habitan solamente dos señoras : visité la una; pero no es ella El deseo que atropella, y amor, deidad que no ve discursos, todo lo cura, mis pasos descaminó, y aquí tras ellos se entro. ¡Ay Majuelo!, ¡qué hermosura tan celestial! Pero en vano solicitudes ofusco, pues ni la dama que busco paga pensiones de hermano, ni me atrevo a presumirla tan fácil, si fe la doy, que venida ayer. tenga hoy a quién dar su lado y silla. No sé yo que sean aciertos, en duda no averiguada, buscando dama tapada, pedir celos descubiertos En casa como decís, hay no más de dos beldades; mas no son sus calidades como la que presumís. que artificiosa os hechiza, y su opinión desazona; pues ni mi hermana es persona que créditos vulgariza, ni juzgo que en esta empresa creerá vuestra presunción que os diese tal ocasión mi señora la condesa. A visitarla y servirla vine, y ya debe saber, a quién en pie ha de tener, y a quién dar su lado y silla. La destemplanza os provoca, pues no sé yo que tengáis acción a que respondáis airado en lo que no os toca. Dudas que me solicitan me obligaron a este empeño: si porque, de casa dueño lo sois de los que la habitan, mis desaires perdonad; que no quiero yo con vos pendencias, cuando en los dos es deudo la vecindad. Ni lo que dije os inquiete; Que en mí no hay causa por qué Me ofenda de que se os de´ Estrado, silla o bufete. Aquella dama encubierta Con quimeras y artificios Pudo ocasionar indicciones De una esperanza ya muerta. Afirmóme haber dos años que registraba mi vida de otras prendas divertida, y dudosa en mis engaños. Imaginé deslumbrado que sería esta señora: hallo lo contrario ahora, pues en vos logra su agrado. ¿En qué. pues, culpáis mi exceso si contra mis presunciones, castigo imaginaciones y que no es ella os confieso. Este caballero tiene en lo que dice razón; no empero en la obligación, que a quien su quietud previene debiera corresponder más cuerdo; pues estoy cierta que le dijo la encubierta no tentase conocer (mientras ella no sabía más abonos de su fama) prendas de la oculta dama, porque así la perdería). Venid señor Don Luis, que tengo mucho que hablaros. Y dejad vos de ocuparos En lo que hallar presumes Porque os saldrán malogradas Inútiles experiencias; Que tal vez las diligencias Pierden por demasiadas. Aquí también nos dan como. ¿Qué es esto Majuelo? Encanto Y chanzas que tras el manto Nos hace algún diablo romo. ¡Doña Leonor, coronista De mi juventud traviesa! ¡Reprehensiones la condesa Por la que me habló, no vista! Esa postrera me espanta, venida a Madrid de ayer; que esotra pudo saber, siendo la vecindad tanta las mozas inclinaciones de tu inquieto desvarío, si se las contó tu tío entre otras conversaciones. No dices mal. Esto es cierto; mas la viudez titulada, ¿no ostenta hermosa fachada? ¡Ay Majuelo, que me ha muerto! ¿No es bellísima? Y no necia. Es Argel del alma mía. Puede ser su señoría señoría de Venecia. ¡Tres en Madrid! Y en Toledo con la enmonjada, son cuatro, que aun sobran para un teatro. De las que no vi, no puedo permanecer tan perdido, que me desvele su amor. Hermosa es doña Leonor, y muy bien me ha parecido; mas de amor la llama leve a solas es tan escasa, que cuando incline no abrasa, y aunque aficione, no mueve. Vi a la viuda de los cielos, que trae, de las almas parca, espada mayor de marca: dióme amor, y entré por celos. ¿Qué mucho pues se aventaje éste al otro?. ¡Pesia tal! Viuda de ébano y cristal con la salsa de su traje, hará que un risco se postre y a esotras desacredite, porque en cualquiera convite se esmera el plato de postre. Pues el monjil te provoca, no te acuerdes de otra alguna: será hueso de aceituna, que se te quede en la boca. Aquí le dejé. Aquí está. Llegad, pues, y dad principio disimulado y discreto a la quimera que urdimos. Señor don Gabriel Zapata, ni lo que deseo serviros, obligado a vuestras prendas desde que recién venido la mano os besé en Toledo, ni lo en ella sucedido por vos, que por no alteraros no quiero llamar delito, permitirán que el enojo vocinglero, en perjuicio del pundonor y la fama llame al secreto testigos. ¡Oh, si pudiera obligaros a enderezar descaminos que por difíciles medios os anuncian precipicios! ¡Qué cuerdos os restauraran respetos de bien nacido al valor de vuestra sangre, que casi eclipsada miro! La casa de don Andrés, que os dió regalado hospicio, y ahora nombre de ingrato, llora a su dueño en peligro. Ella huérfana, él enfermo, grande el riesgo, yo su amigo, leve el vulgo, la honra frágil, vos la causa ... Harto os he dicho. Prométoos, señor, no sé vuestro nombre, aunque os he visto, como decís, en Toledo. Es don Gonzalo, mi primo, quien vuestra amistad desea. Y yo dichoso la admito; mas puesto que reconozco la templanza de su estilo, ni sus misterios alcanzo, ni sus quejas apercibo. ¿Yo a don Andrés querelloso? ¿A su casa con motivos de vituperarme ingrato, cuando más agradecido? ¿El por mi ocasión enfermo? ¡Vive Dios!, que en tanto estimo su salud, su honor, su fama, que a saber quien le ha ofendido, correspondiendo a favores que generoso me hizo, la vida por él perdiera. Quitáosla, pues, a vos mismo. Harélo, si estoy culpado; mas salga yo del abismo de esta confusión primero: que os declaréis, os suplico. ¿Para qué podrán ser buenos, don Gabriel, los artificios, que a pesar de vuestro engaño, desembozaron testigos? Es verdad que di palabra, si me premiaban servicios que el rey a mi padre debe, de honrarme su yerno o hijo, desposándome en su casa. Si porque en la corte hechizos de un manto me divirtieron, le he dado causa a sentirlos tanto, y en tiempo tan breve le pudieron dar aviso desde anoche acá, que es caso fabuloso, aun para dicho; ni hasta ahora estoy casado ni juzgo que he delinquido n buscar lo que me ofrece quien me manda y no averiguo. Vuestras flojas evasiones nos manifiestan indicios que aseguran evidencias por lo turbado y lo tibio. Abreviemos, don Gabriel: seis años habrá que sirvo a un serafín, que en Toledo me le ocultaron retiros. Este falta dos días ha del colegio, y se ha sabido que vos su muro escalasteis. ¡Yo!, ¿qué decís? Lo que han dicho la opinión. que no os abona, vuestros locos desperdicios, vuestras pocas advertencias y dos papeles escritos a la que crédula os ama, puesto que un tiempo conmigo tan favorable, que el cielo nos reciprocaba niños. No son celos mis agravios; pero es celo a que me obligo por el honor de su padre; y en fe de que no os compito o habéis de darla la mano esta noche (yo el padrino) para soldar desaciertos que habéis hecho, o este sitio ha de servir de teatro a vuestro justo castigo, o a mi muerte, bien empleada si a su honor la sacrificio. ¿Pusieron en esta casa su academia los hechizos, su tienda los embelecos, su escuela los desatinos? Señores, ¿qué encanto es éste? Basta el fingir, preveníos a lo uno y a lo otro. A los postrero me animo Porque de vuestras palabras con certidumbre colijo que siendo vos el autor me imputáis vuestros delitos. Si de Serafina amante os confesáis tan rendido que celoso de mi Estrella esperanzas os marchito . y yo sin ver a esa dama su consentimiento obligo, siendo por ella y su padre a tanta dicha admitido seguro y no enamorado. ¿Como podréis persuadiros a que ofendiendo amistades llegue a robar lo que es mío? Con cuanta más apariencia de verdad tendré yo indicios de vos, de que la engañaste caviloso y persuasivo, por estorbarme promesas y que el cosario habéis sido de su belleza y mi suerte, fingiéndoos sin culpa! Digo que no pienso responderos sino con solos los filos de esta espada, si rehusáis los medios que solicito. Tengo yo tan de mi parte la razón ... Señores míos ¿están en sí vuesastedes? ¿Aquí pendencias? Desciño La formidable a tu lado. Don Gabriel, en mí es preciso, ya que no admitís consejos, el ayudar a mi primo. Señores, pues, ¡en mi casa ... ! Ya yo la ocasión he oído De estos desalumbramientos Que apaciguar imagino. Doña Serafina está si con esto os apaciguo debajo mi confianza con el respeto debido a su calidad y estado. Ni don Gonzalo le ha visto ni don Gabriel sabe de ella; puesto que podré advertiros que, por uno de los dos, considerable quiso dar asunto a maliciosos. ¿Qué dices? La verdad digo. Ninguno saber intente mas de esto: sobra deciros que se oculta en esta casa siendo el uno el escogido de los dos competidores. ¿Hay más ciego laberinto? ¡Cielos! Si esto no es quimera, y Serafina ha venido a deslucirme esperanzas muerta soy, en balde vivo! ¡Qué de ello, prima, te debo! ¡Con qué sazón tu artificio Finge lo que consultamos! Di adelante. Primo, primo, en esta casa tu dama se oculta, no quimerizo sacó el cielo verdaderas mentiras que dispusimos. ¿Qué dices, Leonor? Verdades que nos saquen adivinos. Aquí está la toledana Vuestros pasos ha seguido. Su clausura ha quebrantado: fióse en mi patrocinio. Tiene amor, teme mudanzas, y atropellando peligros, celosa disculpa excesos. Uno de los dos ha sido por quien su padre, su patria y opinión pone en olvido: no hay que examinarme más. Que no tengo de decirlo. Leonor bella, Leonor sabia, Desengaña, te suplico, Confusiones que pretenden Desbaratarme el juicio. ¿Serafina en esta corte? La verdad pura os afirmo. En ella la deposito. ¡Y qué! ¿no he de saber yo Si merecen mis suspiros el premio de tal fineza? Señores, lo dicho, dicho. ¿De qué servirá cansarme, Adulándome el oído, Si he empeñado mi palabra Al secreto? Persuadíos Los dos a que es cuerdo medio, Compitiendo como amigos, Reverdecer esperanzas, Mientras yo las examine. Las mías, doña Leonor Como en tu Amistad las cifro, Piensan que con esa traza Solicitas mis alivios. Despéname de temores ¿Es cierto que está contigo esa mujer que me abrasa? Lleve también piconcito mi señora la condesa. Por uno de los dos vino; no puedo decir más que esto, que lo he jurado. Si ha sido mi don Gabriel ya estoy muerta: si es otro, ya resucito. Uno es de los dos. ¿Cuál. pues? A useñoría suplico no pretenda que profane secretos que he prometido. ¿Ella no asiste en mi cuarto? ¿Qué aguardo, pues que no miro Cuantas piezas nos la esconden? Primo, seguidme. Yao s sigo. Sin mí eso no, que soy parte Y hasta que se saque en limpio Quién es el interesado No me está bien consentirlo. Yo puedo hacer en mi casa Lo que quisiere. En perjuicio De tercero no es nobleza. ¡Ay cielos! ¿cómo reprimo Tormentos disimulados? Id los tres, yo os lo permito. Desvelaréisos en balde. ¡Vive Dios, que he de seguirlos Aunque la vida me cueste. ¿Qué es esto. Leonor? Principios Que nos saquen de temores, ven, si pretendes oírlos. ¡Válgate el diablo la casa! No es posible, que no ha sido don Juan de Espina su huésped, Verdad, dueñísima, has dicho.
JORNADA TERCERA
Cánsense ellos en buscar a quien en Toledo ausente y en su colegio inocente, los hace desatinar; que entre tanto dispondremos quimeras que ya empezamos. En medio del golfo estamos. Pues presto el puerto veremos: confía de mí esta empresa. Las puertas están con llave De la calle; de noche es: Antes que ponga los pies en su umbral, amor, que sabe abreviar inconvenientes, si sazona mis empleos, le aprisionará deseos sólo a tu imperio obedientes. Yo tengo los materiales dispuestos de este edificio, de suerte que en tu servicio todos se ofrecen leales. Prevenido está Pacheco, el que hospeda a don Gabriel: Ortiz es discreta y fiel. Y para nuestro embeleco, no es de menos importancia, aunque viejo impertinente, tu escudero. En tanto agente, y en tan pequeña distancia de tiempo, ¿qué hay que temer, si amor, cuando asome el día, a las dos, condesa mía, casadas nos ha de ver? Todo lo que te he advertido, para este ardid es forzoso: si intentas que salga airoso el medio que he prevenido, repásalo por instantes. Memoria tengo feliz. ¿Estás en el punto, Ortiz? Más que catorce estudiantes en lo que estudiado llevan, cuando leen de oposición : ponlo tú en ejecución, y engaños a cargas lluevan. Sirva el que ahora os diré de postre en nuestro contrato, si es bien que el último plato con más sazones esté. Un huésped tuvo esta casa y este cuarto: ya sabéis que debajo de él tenéis a don Gabriel, que la abrasa. Era rico, libre y mozo, y pudo la vecindad enredarle en la beldad de una dama, que destrozo fué de toda su quietud; la cual sujeta a una tía, madre de la hipocresía y Argos de solicitud, la guardó tan vigilante, verdugo de su belleza, que ocasionó su aspereza a enloquecer al amante, y en la dama a la atención del Píramo desvelado; que celar demasiado es llave de la ocasión. Habitaban dama y tía las mismas piezas que ahora a el don Gabriel huésped mora, sin bastar su cercanía a facilitar siquiera corteses demostraciones, ni aun lícitas permisiones de una frecuencia casera; pues cuando salían de casa (que era en la ocasión precisa de oír una breve misa), apenas la luz escasa del sol alegraba flore cuando ya de vuelta estaban, y ansí le dificultaban los rayos registradores. ¿Visitarse?. ni por lumbre; ¿abrir puertas?, ni por pienso: ventanas pagaban censo a la avara pesadumbre de un enfadoso encerado; que aun tuvo celos la tía del vidrio y la celosía. Si nació tanto cuidado de pura recolección, no lo sé; pero no ignoro que a título del decoro que achacan a su opinión, muchas de estas que ti verano lloran de su helado invierno, en virtud de su gobierno son perros del hortelano. Pesadamente llevaba la dama tanta clausura; pero más quien su hermosura impaciente idolatraba; cuando amor que a lo imposible halla más facilidad burló la severidad de la vieja aborrecible. El medio fue una criada que de este encierro andadera entrando y saliendo fuera vivía privilegiada de tantas llaves y puertas. Comprábamos de comer: La codicia en la mujer Las del ama ofrece abiertas. Venciola la diligencia Del huésped que liberal A costa del rey metal La dio el cargo de su agencia Con que logró sus empleos. ¡Dios nos libre, mi condesa De amor la vez que atraviesa Oro, industrias y deseos! Esto pues que no dormían Aquel que solicitaba La tercera que abogaba Papeles que intercedían La privación que apetece El rigor que descompone, Amor que ardides dispone Y la ocasión que enloquece, Comprábanle a amor usuras De deleites limitados, A quintales los cuidados Y a adarmes las coyunturas Y buscándose los ojos Se encontraban por las puertas, Cuyas junturas abiertas En vez de aliviar enojos, Les causaban más tormento, Maldiciendo a la pared Porque más crece la sed, Si bebe poco el sediento. Cohechando pues los doncutos Que su vista escaseaban Por átomos se miraban Hablándose por minutos; Hasta que ya favorable A sus ansias la fortuna Les dio ocasión oportuna Y fue la traza admirable. Sucedió, pues, que una hermana De la tal tía enfermó Y su riesgo las llevó Por toda aquella semana A casa de la doliente. pienso yo, aunque sea malicia, que fue más por la codicia de la herencia. En fin, ausente una y otra y la criada guarda de su habitación dieron en esta invención el galán y ella extremada. Llamaron a un oficial Y comprándole el secreto Para poner efecto La industria a su ingenio igual, Hizo arrancar aserrando Sutilmente los extremos De dos vigas que veremos Este embeleco ocultando Y abriendo un vacío que fuese De capacidad bastante Para que el vecino amante Bajase cuando quisiese. Puso otras dos bovedillas Que con tablas imitó Y el yeso y arte cubrió, Bastante el arte a fingillas De suerte con la pintura, Que ellas con los dos maderos Pasaron por verdaderos Y cubrieron la abertura De modo que fácilmente La pudiesen levantar Abrir el techo y cerrar, Con la propiedad de puente Levadiza: ¡invención nueva, Que sólo pudiera amor Ser su sutil inventor! ¿Ves la trampa en una cueva? Ves esta a la misma traza Desmiente toda sospecha: Ya se levanta, ya se echa, Y de modo se disfraza Con las esteras cubierta, Que quien no está en la malicia No tendrá de ella noticia. Por esta engañosa puerta Y una escalera de mano, Les facilitó a los dos Estorbos el niño dios Y sacó el desvelo en vano. Revelome el desposado Cuando dejó nuestro hospicio Este ingenio artificio; Pero no le he remediado Porque a tener de él noticia Mi hermano llevara mal Que en casa tan principal Se intentase tal malicia. Veniste a morarle en fin Tenemos debajo de él A tu amante don Gabriel Y cae sobre el camarín, Que a su criado aposenta. La invención, cuanto engañosa, Nos puede ser provechosa. Corra ahora por mi cuenta El modo con que uses de ella Y maravillas verás. Si tú de mi parte estás, No lo dudo. Ven a verla Que la corte siempre vende Sutilezas semejantes. Donde hay sótanos amantes, Galán fantasma, amor duende, Tornos, casas con dos puertas, Tabiques disimulados, Hurtarán de los tablados tramoyas que saquen ciertas Esperanzas ya perdidas. No logra amor sus sazones, En faltándole invenciones. ¡Qué tales llevo urdidas! No he de estar en esta casa Un hora si por vivirla Fuese señor de Sevilla Ese hato, Majuelo ,pasa a la posada primera que hallares. ¿y las vecinas? Son Circes, son Falermas, Y yo entre tanta quimera, tanta mentira y enredo, quien el seso ha de perder por gusto de una mujer. ¿Pareció la de Toledo? En su busca desatina mi discurso enmarañado: no habemos los tres dejado sala, retrete, oficina, cancel, ángulo. Azotea sin registrar de aquel cuarto. Nuestro amor anda de parto: ¡quiera el cielo que hijo sea! Confusa estrella es la mía. Cuando a la bella Leonor se iba inclinando mi amor, y luego a la tiranía de aquel monjil hechicero, Serafina se atraviesa. Yo muero por la condesa; y también a Leonor quiero. Divide llamas inquietas por jornadas. si amor llora serás comedia de ahora, que la escriben tres poetas Un hidalgo toledano: por aquí a caballo vino, y por llegar de camino no entró a besarte la mano. Esta para ti me dio de no sé qué don Andrés diciéndome que después volverá a verte. Cesó nuestra confusión, Majuelo: esta carta nos dira si aquí Serafma esta. Lee, pues, aclárese el cielo. Mi Serafina, obediente a la elección que en vos hice, que soy riguroso dice en permitiros ausente. Téngala en casa al presente; venidla a ver presuroso; que habiendo de ser su esposo, hacienda, gracias a Dios, me sobra para los dos, con que viváis caudaloso. ¿Ves cuán mal astrólogo has sido? De extraño golfo has salido. Busca postas, abre, pues: vamos a ver una cara que me alegre descubierta. Dices bien, abro la puerta. Si yo ausentaros dejara, y con descrédito mío os sucediese algún mal, tendráme por desleal mi señor y vuestro tío. ¿Mal de ausentarme? ¿por qué? Aquí encajo la promesa que en favor de la condesa di a doña Leonor. Yo se que el que esa carta os escribe está en Madrid, y que espera que esta noche salgáis fuera, donde su rigor os prive de la vida. ¿Qué decís? ¿Don Andrés de mí agraviado? Pues yo. ¿qué ocasión le he dado? ¡Bueno es, qué ocasión! Venís obligado de su casa por yerno suyo admitido, habéis el incendio sido que en ella su honor abrasa quebrantáis sacras clausuras sacáis de ella a vuestra dama verificando la fama que. os dan vuestras travesuras venisos aquí con ella, ingrato la despreciáis; ¡y ahora disimuláis noticias para ofenderla ! Si es que os habéis concertado con quien remata mi seso dad todos ahora en eso· veréisme desatinado. Mas sabed que llevo mal desaires contra mi honor. Conozco vuestro valor y a mi dueño soy leal sé que vino de secreto a buscaros don Andrés: sé que os escribió después; se también que es para efecto de hacer quitaros la vida. Si la mano le negáis a su hija, y que fe dais a esa carta que es fingida sé que está en casa la prenda que de Toledo usurpasteis. y engañada la dejasteis porque más ele vos se ofenda después de aposesionado en su crédula hermosura Luego si ahora procura advertiros mi cuidado del peligro en que os metéis más digno soy de alabanza que de enojos. Todo es chanza Esta casa. Vos queréis Enloquecerme del todo. En eso bien poco habrá que hacer. ¿Vos sabéis que está Serafina aquí Y de modo que va creciendo su amor al paso que sois cruel. ¿De qué, señor don Gabriel sirve que doña Leonor. si es Serafina, se venda hermana de Don Luis? ¿Estáis en vos?. ¿qué decís? Barzagas que los entienda ¿También me querréis negar que las veces que la visteis, tampoco la conocisteis Haréisme desesperar. ¿Cómo la he de conocer si nunca la hablé en Toledo? Eso yo afirmarlo puedo. No son de ese parecer Don Gonzalo y don Luis. Mi discurso desatina Pues si es doña Serafina Y a engañarme no venís, ¿a qué propósito ahora Se finge doña Leonor? Todo eso puede el amor De quien más que vos la adora: Persuadió a los primos dos Que cuando supo el camino De don Gonzalo se vino Por no casarse con vos Tras él y como os hospeda Esta casa disfrazaron Su nombre y os deslumbraron Porque de este modo pueda disponerse la sazón de su breve casamiento. Pacheco. Sin fundamento fabricáis mi confusión porque don Gonzalo afirma que yo fui su robador, y pertinaz en su error lo mismo don Luis confirma en busca suya han todo ese cuarto. Advertid que quieren con ese ardid, entre todos consultado, que de esta casa salgáis donde os dé don Andrés muerte para lograr de esta suerte el tálamo que estorbáis: que la Leonor verdadera, del dueño de casa hermana que está en la corte afuera. A San Diego de Alcalá La llevó su devoción Y en su ausencia esta invención Materia a ficciones da. Don Andrés, que de este exceso Noticia cierta ha tenido Y que vos solo habéis sido El delincuente travieso Viene a la corte tras vos Y por esa carta os llama Donde restaure su fama Dándoos las manos Los dos O con vuestra muerte lave La mancha de su opinión. Por esta misma razón Don Gonzalo que lo sabe Finge que siendo su amigo No ha de consentir su afrenta Y sacaros de aquí intenta Trazando vuestro castigo. A todos cuantos en casa Sobre esta materia habéis, Cochechados los veréis Y os negarán lo que pasa No yo, que en fin soy criado De vuestro tío y deseo Que salgáis bien de este empleo: Disponed como avisado. ¿Qué juzgaz de este embeleco, yo estoy fuera de mi? Que debe de ser así Pues lo afirma acheco Pue si a Madrid ha venido Don Andrés de mí agraviado, Hoy sabrá desengañado Quién es el que le ha ofendido. Mira lo que haces, señor. Abre esta puerta Majuelo, Iréle a buscar Recelo, Que nos ha de dar tu amor Un pan hoy como unas nueces. Abro y sal. ¡Jesús mil veces! ¿Tropezaste? Con los ojos. Pues ¿qué has visto ojos. ¿Qué sé yo? Un bulto que se escondió Autor de estos trampantojos. Aumenta tus locuras quimeras. ¿Yo las aumento? Con luz está el aposento Y le dejamos a oscuras. ¡Ay! ¿No ves el aparato Adorno y ostentación Con que nuestra habitación nos hace esta noche el plato? Colcha en la cama de china sábanas de holanda nieve que por los ojos se bebe. Más diabla que Serafina sois vos pero provechosa. Repara en las almohadas guarnecidas y bordadas de oro y seda generosa; de plata los candeleros, y de damasco el tapete que ensoberbece el bufete; un talegón de dineros; dos tabaques todos llenos de conservas y regalos, que aunque los diablos son malos, hay entre ellos más y menos. Majuelo, los dos dormimos los dos sin duda soñamos. Pues por sí o por no, comamos mientras del sueño salimos, que más vale algo que nada. No ha de haber quien esto crea. ¿Qué se duerma de jalea y se sueñe de parada? ¡Oh sueños monjas¡ ¿Si hay puerta en este cuarto o ventana, que salga a esotro? Esa vana conjetura; la que abierta ves que sale a ese patín y desde él luego a la calle tan solamente has de hallarle: una sala, un camarín, una alcoba, un aposento, en que duermo hay sólo en él: ten por cierto. don Gabriel que es todo esto encantamiento: los criados de tu tío posan fuera en el zaguán las piezas todas están macizas: cree, señor mío, que andan trasgos por aquí, o quien sus pandillas sabe. ¿Y si acaso hubiere llave falsa o maestra? Eso sí; mas ¡ de estas burlas nos hagan! ¿Sabes en qué echo de ver que no pueden diablos ser los que endulzando te halagan ¿En qué? En que huele a pebetes y a pastillas esta sala; que el diablo siempre regala con almizcle de cohetes. Pero un papel para ti Hallé entre la ropa blanca. Léele, pues no cuesta blanca. Yo estoy loco, dice así Poco obliga vuestra estrella la prenda que tanto os quiso; y temo que por remiso vengáis. Gabriel, a perderla: y aunque su noticia os tasa, vuestra tibieza la abrasa: mirad que os han de matar, si salís fuera a buscar la que tenéis dentro en casa ¿Otra vez casa y tenéis? ¡Válgate el diablo por cómo! Piensa tú mientras yo como bizcochos de seis en seis. ¿Si es Leonor la de Toledo la tal. doña Serafina, o la condesa vecina Más me ofusco, mientras más mis dificultades dudan quimeras. Aquí estornudan O tosen. ¡Jesús! ¡San Blas! ¿Qué hay de nuevo? Un par de mantos, Que por lo que tienen de humo, Si cuerdamente presumo, Diablos tapan y no santos. Amarguito saldrá el sueño Por los dulces que comimos Si aún estás en que dormimos. Yo he de salir de este empeño Averiguando quién son De tanto embeleco autoras. Pues mis enigmas señoras ¿cuál puede er la ocasión Que honrado esta habitación Con circunstancias tan raras Privándonos de las caras Seáis por mezclar rigores Pródigas en los favores Y en las bellezas avaras? No me atrevo a preguntaros Por dónde entrada tuvisteis Pues como dueños pudisteis De todo aposesionaros. Deseoso de agradaros Son tan cortas mis venturas Que ocultándome hermosuras Sus rayos por nuevos modos Soles que alumbran a todos, A mí me dejan a oscuras. Las luces bellas y claras De esos cielos descubrid: No esté yo solo en Madrid Excomulgado de caras. Corre velos: ¿qué reparas? Necio, ten comedimiento. Biombos de este aposento duendes, fantasmas o diablos, huyendo voy de retablos con luto sin ser adviento. ¿Qué mandáis?, ¿a qué venís? ¿En qué daros gusto puedo Yo vengo desde Toledo. Yo de más lejos. Cumplí; Palabras que reducís A olvidos tan brevemente Que apenas estáis ausente De quien os obliga tanto Cuando al asomo de un manto Le idolatráis pretendiente. ¡Dichosa la que en vos fía El sosiego de sus llamas En Madrid ya con tres damas Y estás en menos de un día! ¡La que encubierta os espía Y dificultando empresas Os engaña con promesas Que disfrazan pundonores Ya muerto por las Leonores Ya loco por las condesas! Si en tantas dividís Cuando a ninguna olvidáis ¿ a cómo el adarme dais Del alma que repartís? A ser mercader venís Confiado en vuestro talle De hermosuras porque os halle Amor, que os vende quimeras, Yendo enamorando a aceras, Gran turco de nuestra calle. Si pero tal vez sucede Castigarse amor de modo Que por pretenderlo todo Burlado en todo se quede. Por mí a lo menos bien puede Vuesamerced mi señor Curioso examinador De secretos mal guardados Desembarazar cuidados Para lucirlos mejor. Si enmendado desaciertos Y atajando travesuras No registrara aventuras De avisos que oyó encubiertos. ¿qué dichosos y qué ciertos Los lograra brevemente? Pierde amor por impaciente Lo que medra por sufrido Y vuesamerced no ha sido Ni secreto obediente. Apenas es morador De casa cuando examina A la condesa vecina Y luego a doña Leonor. ¡Oh que pregonero, amor, Para los mudos encantos De tus disfraces y mantos! Si hacerle cuerdo procuras Dile que en tus escrituras No se usan los sepas cuantos. Eso no, damas fiscales: Sin veros. sin descubriros, vituperarme y partiros ocultas y criminales. En todos los tribunales, para desmentir dobleces muestran su rostro los jueces. Ya me fulmináis mi pena Sea yo quien me condena: Que eso es castigar dos veces. Si quiera por lo cortés, que al deseo Se oponen ya que nos veo Manifestadme quién es Cada cual. De don Andrés De Silva soy heredera Que amante cuanto ligera Vine a lograr esperanzas Muertas en vuestras mudanzas Antes de su primavera A correr esa partida por mi cuenta, mi señora. Yo el deudor, vos la acreedora, Págarala con la vida. A un don Gonzalo la pida Vuestro prodigioso amor Pues sois en fe del rigor Que experimento cruel, Serafina para él, Cuando para mí Leonor. Buen oes cuando el seguís Porque a mí me aborrecéis Que cautelosa busquéis Al mismo de quien huis. ¿A qué efecto me escribís Que os busque en casa si de ella El amor que os atropella Negocia que me despida? ¿O en qué os ofende mi vida, Que tan mal estáis con ella? Si mi amor os embaraza El que don Gonzalo os debe Y por ocasión tan leve Mi muerte por vos se traza. ¿Por qué cuando me amenaza Vuestro padre que engañarme Con cartas piensa avisarme Hacéis piadosa severa Que al punto que salga fuera Esta noche ha de matarme? ¿Quién vivó crueldad compasiva? ¿Favores en el desdén? ¿Celos no queriendo bien? ¿Amorosa vengativa? ¿Quién conmigo ostentativa En este alivio y regalo, Si a vuestro amor no me igualo? ¿O cómo os tendré por fiel Celosa condón Gabriel Si os venís tras don Gonzalo? Son vuestras mudanzas tales Que en nosotras vuestro amor Por seguiros el humor Se viste afectos iguales; Pero según las señales Que en vuestras querellas dais Sin duda que imagináis Que las que hablamos con vos Somos las vecinas dos Que arriba solicitáis. En dificultad como esa, Mi amor que sois adivina vos la Leonor Serafina y vos la hermosa condesa: vos la que engaños profesa c conmigo, mi opositor: vos la que en fe del amor que oculta ayer me mostrasteis cerca de San Blas me hablasteis: vos Manuela, y vos Leonor. ¡Qué bien lo habéis acertado! Arriba están esas dos más descuidadas de vos, que vuestro amor confiado. Don Luis enamorado s solicita vuestro olvido de suerte favorecido de la que más pena os da, que casi se juzga ya su esposo de prometido. Don Gonzalo, en fe que estima Afectos de su Leonor, mezcla al oro de su amor esmaltes de sangre prima. Si no dais fe a tanto enigma y queréis por vista de ojos envidiar tiernos despojos, subid y nos vengaréis; que en cada cuarto hallaréis visitas que os den enojos. Señoras, ¡aquí del seso, que sin razón perseguís! ¿Dentro en casa no vivis las dos? ues ¿qué sacáis deso? imposibles que os confieso, que intentan temeridades. ¿Son más que dos las beldades que las habitan? No son más. ¿Y habrá quién suelte jamás tan ciegas dificultades? ¿Mas que intentáis persuadirme que a un tiempo las dos estáis aquí y allá? ¿Pues dudáis de evidencia que es tan firme? Pues para que confirme ¿no basta, y sobra, el que entremos a puerta cenada, y demos motivo a misterio tanto? Vedlo, subid, que entre tanto las dos; nos aguardaremos. ¿Mas que nos juzga hechiceras su desacordado amor? No é mas doña Leonor ¿no está en Alcalá= ¿De veras Que dais fe a tales quimeras? Habraos Pacheco engañado. ¿Luego no se ha transformado Serafina en ella aquí Por deslumbrarme? No y sí ¡No y sí! ¿Y esto no es soñado? Ildo a ver, que aquí esperamos. Si primero os descubrís Y veros me permitís. No en balde nos ocultamos, Mas podrá ser que os hagamos A la vuelta ese favor. Si la condesa y Leonor Sois las dos que no lo creo Y cuando aquí arriba os veo. En fin que permitís que viva o loco u desesperado. Quede aquí vuestro criado Con nosotras y cerrad Con llave. ¡Ciega, decida! ¡Bien nuestra traza se apoya! Pues lo mejor de ella estriba En que nos halle ahora arriba Don Gabriel. Por la tramoya Del techo es breve el tajo. Ingenioso fue el autor; Pero subamos, Leonor. No os deis prisa, que aquí abajo Hay quien le ocupe y no poco. ¿Cómo así? Vuestro escudero Para que lleguéis primero, Está volviéndole loco. Hárale ahora creer Por lo viejo redomado, En virtud de lo trazado Que don Luis entró a ver A mi señora Y que están Mas ha de una hora en visita Y que también solicita Dueño ya más que galán, Don Gonzalo a Serafina, Que fingiéndose Leonor, Desde Toledo su amor Por este modo encamina: Con que el pobre don Gabriel Ha de echar por esos trigos. ¿Mas por qué tantos castigos Y tan terrible con él, Señora, vueseñoría? Acábense enredos ya. De esta suerte estimará, Mas Ortiz la pena mía. ¿Pues justo si le adoras, Que enloquezcan engaños? Por el padecí dos años, Padezca por mí dos horas Y ven, no nos echen menos. Aguarda tú aquí al criado. ¡Cielos tras tanto nublado, Salid esta vez serenos! Mandadme, señoras mías… ¡Cómo! ¿Aquí no estaban dos? Dos estamos. ¡Vive Dios, Que paren las tropelías! ¿Dos estáis? ¿Pues no lo veis? Yo tan solo una diviso, Que sois vos. El diablo quiso Volverme acá. No burléis. Que os habla mi compañera? ¿Qué me habla? Os habla y quisiera Porque os ama. ¿Qué decís? Veros con más voluntad. ¡Jesús! ¡a puerta cerrada Mi pureza recuestada! Yo he cegado por mitad. ¿Cuál será de estos dos ojos El privado de la vista? Para su esposo os conquista: Dad alivio a sus enojos: Respondelda que deseo Que enriquezcáis de este modo. Dama con cáscara y todo Sola a vos os oigo y veo. Acabad: ¡qué rustiqueza! Ved que está hablando con vos. Seréis como real de a dos, Duplicado en una pieza, Porque yo no veo más que una, Que sois vos y esa en bosquejo A fuer de tapa de espejo. Así no veréis ninguna. ¡Jesucristo! ¿Qué recelas? Yo te he cobrado afición. Mujer de descomunión, Marido a matacandelas No se ha de poder lograr. Apelo hasta ver el día. Yo no otorgo. ¿Qué sería Si me quisiesen forzar? Señora, que estoy Doncello. Yo viuda. ¿Luego hay también Diablas viudas? Mucho bien Te aguara. No vengo en ello. Pues morirás por grosero En aquesta oscuridad. Aquí de mi honestidad. Diablo súcubo, no chero. Tengo dote y opinión Que te baste a enriquecer. Si me enduendan la mujer Dotaránmela en carbón. Determínate a morir, U a darme la mano luego. ¡Ay qué manteca y sin fuego! Empiézome a derretir. Digo, señora demonio, Que si la fachada vemos, Como ahora no consumemos nuestro limbo matrimonio que saldrá con sus despachos; mas ha de constar de miembros adanes; que hay diablos hembros que buscan requiebros machos. Sígame, pues, el Majuelo. ¿Dónde me llevas a oscuras? A hacer nuestras escrituras. ¿Sin luz? Daránosla el cielo. Sí pero no al escribano, Que cual o cual allá acierta. Ven Con llave está la puerta. No importa, daca la mano: Ve subiendo poco a poco. ¡Apariencita de escala! ¡Al techo desde la sala!. Di en la chanza o estoy loco. Sentaos, señor don Luis, Que si se logra esta traza Y los dos huéspedes vuestros La creen por vos, seréis causa De toda nuestra quietud. Dándome vos esperanzas, Hermosísima señora, De las dichas que me aguardan, ¿qué no haré en vuestro servicio? ¿estáis bien en todo? Basta Ser orden de vuestro gusto Para que quede en el alma Esculpido eternamente: Pero lo que se repasa, Sale siempre más airoso. Vuestro ingenio en fin me manda Que a don Gonzalo Mejía, Como a don Gabriel Zapata, Cuando ahora a veros entren Industrioso persuada Que la ausente Serafina Con el nombre se disfraza Porque a don Gonzalo quiere De doña Leonor mi hermana: Que esta salió de esta corte Seis días ha a cumplir palabras Dadas a Dios y a san Diego: Que la dicha toledana Por no violentar su gusto En don Gabriel inclinada A don Gonzalo le sigue, Aunque peligra su fama: Que por él dejó el colegio, Y que a mi sombra se ampara En fe del noble respeto con que me ofrezco a ayudarla. Aseguráisme con esto Que don Gonzalo que la ama, Obligado a sus finezas Y a mis ruegos ah de darla La amano al punto de esposo. Decisme que honestas llamas, Desde que a mi casa vino, a Leonor el pecho abrasan: que os hizo protectora y que si los dos enlazan coyundas que el amor teje no será menor la paga de mi afable permisión que el mereceros el alma por mi esposa y por su dueño y según es la ganancia cuando yo conociera calidad y prendas tantas en don Gonzalo Mejía por vos las atropellara. Muy bien estáis en el punto: Que vengan ahora falta Don Gonzalo y don Gabriel, Y que nuestra industria salga Mediante vuestro artificio Pacífica y sazonada. ¡Hola! ¿no hay alguno ahí fuera? ¿Qué es lo que usiría manda? ¿Qué hace vuestra señora? Con su primo ahora estaba, En su cuarto de visita. Decidla pues que la aguarda Conmigo el señor don Luis: Que la suplico nos haga Favor de dejarse ver. Voy. Y que si la acompaña Don Gonzalo, primo suyo, Será la merced colmada. Evidencia salió todo Cuanto las ocultas damas Me han dicho: yo hallé en visita, Con la Serafina ingrata, Al que ciega favorece: Aquí don Luis alcanza Fineza contra mi envidia: Salió mi sospecha falsa, Juzgando ser unas mismas Las que abajo me enmarañan Y las que aquí me desdeñan Sáqueme dios de esta casa. Don Luis, ahora es tiempo. Señor don Gabriel Zapata. ¿Qué se ofrece en que serviros? ¿qué mandáis aquí? Buscaba Alivios y encuentro penas Perdónese mi ignorancia Que en desvelos divertido La atención me desbaratan No os vais, sentaos. Aquí hay silla. No me atreveré a ocuparla, Por no pecar de grosero; Que visitas duplicadas Aspiran a posesiones Y si pretendo estorbarlas Habrá quien de mí se queje. Mucho de villana La malicia y siendo noble Vuestra calidad me espanta Que mi honor tan poco os deba. Ya os he dicho. Don Luis, basta. Sentaos y hacedme favor De que esta vez la templanza Venza en vos a las sospechas. Válgate el diablo por trampa, Escotillón o abertura! Majuelo si aquí no callas, Nos perdemos. En la boca Me echaste la dicha tapa. ¡Oh señores!, bienvenidos. Por orden vuestra nos llaman Y quien serviros desea Peca el instante que tarda. Don Gonzalo, en fe de amigo, porque mi piedad se encarga de quien por vos puso a riego crédito que el vulgo arrastra, quiero descifrar enigmas. La prenda que os acompaña, de vuestro amor acreedora, no es como juzgáis, mi hermana. Doña Leonor está ausente. Doña Serafina aguarda de finezas que os intimo, recíproca y noble paga. La misma es que llamáis prima; crióse con vos; las casas de vuestro padre y el suyo sazonaron, por cercanas, pueriles correspondencias; que amor, si niño se arraiga, sola la muerte le olvida eternas duran sus llamas: quiéreos tanto, que rehúsa los imperios de las canas de su padre y aborrece sin vos coyundais del alma. Seguido os ha hasta esta corte, valiéndose de mi casa; que por ser vos tan mi amigo, la aseguró su esperanza que os había de hallar en ella; y el amor que se adelanta, en fe que vuela, a las postas, la trujo sobre sus alas antes que a vos. a este hospicio. Según estas circunstancias, adoraréisla, no hay duda; y noble a finezas tantas, liberal y generoso, ya querréis desempeñarlas. ¿Qué decís? Que a permitirlo la parte que interesada palabras de esposo alega ... Nunca mi amor embaraza voluntades que Dios hizo. Dueña es de sí: esa palabra generosamente os suelto: que a mí no lejos me aguardan dichosas ejecuciones de otra hermosura Logradlas años que contéis a siglos, mientras que yo con el alma doy la mano al mismo sol. Tendrá envidia cuando salga. Pagáis como generoso; pero por ser de importancia lo que preguntaros quiero, decid: ¿si la toledana. sin salir de sus retiros, sustituyese sus gracias en la que tenéis presente siendo de don Luis hermana, dirimiréis desposorios? La dificultad es ardua; mas no sé, cuando así fuera, si en su belleza olvidara mi amor los de mis niñeces: pues huésped yo de su casa tan mi amigo don Luis, mi dicha con ella tanta cobraría. a no admitirla mi opinión nombre de ingrata. Pues ésta es doña Leonor, don Gonzalo a cuya causa, si fuisteis primo fingido ya mayor deudo os enlaza. Bien; ¡mas doña Serafina? Haced cuenta que en estatua se ha desposado con vos pues ni sabe lo que pasa, ni ha salido de su encierro. Si mejoran mis mudanzas De empleos, ¿qué maravilla Que intente mi amor lograrlas? Ya aqueste par de pichones Están pareados; vayan Al palomar y otros vengan Que el encanto se remata. Pagar quiero a la condesa Finezas en que empeñada Estoy: de ella don Gabriel La mano que así se igualan Correspondientes amigas. A merecer yo obligarla. Mucho ha que sois el mandón De sus firmes esperanzas. ¡Cómo don Gabriel! Primero… Chitón, señor a la espada; Que ha dos años que en Sevilla, Mi señora, aunque recata Le tiene tan en el alma, Que no se le sacarán Diez pistolas catalanas. Elle el artífice fue De todas estas marañas La de san Blas el bolsillo Y la que a puertas cerradas Se entra y sale cuando quiere. Eso solo es lo que falta Saber, que me trae confuso. Ya lo saben los que bastan: Tiempo a los demás les queda. ¿Y las que abajo me aguardan? Aquí las tenéis presentes. ¿Cómo puede ser? Las trazas De amor, si no hacen prodigios Ni se estiman ni se alaban. Sabréis brevemente el cómo. Hermano, la toledana De estos lances inocente, Es espejo de su patria: Consolaos y con su viejo La pretended que si se hallan Virtud, caudal y belleza Con nobleza es dicha rara. Corra por mí vuestra agencia. Majuelo, la mano encaja. Poco va de dueña a duende: Cigüeñízome en tu Holanda. Y vos en cuyo silencio, Dueño hermoso, prenda cara, Aprendo a callar finezas, Por no saber ponderarlas Estad cierta que he de ser… Et coetera, que esto basta A saber lo que sucede En Madrid y en una casa.
