Texto digital de En el sueño está la muerte
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Jerónimo Guedeja Quiroga
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de En el sueño está la muerte. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/en-el-sueno-esta-la-muerte.

EN EL SUEÑO ESTÁ LA MUERTE
JORNADA PRIMERA
Yo soy la estrella, que errante, de ese diamantino Imperio bajé, perdiendo la luz, que gocé de Dios un tiempo, a ser inútil pavesa de mis propios ardimientos; en cuyó lóbrego sitio, en cuyo erizado ceño, que bruto indomito habito, mi gloria está en mi tormento: lucero fui, y he venido a ser sin luces lucero. Pero ya que la de gracia he perdido, volcán siendo, de mí mismo he dado luz a los soplos de mi aliento, pues enemigo del hombre, causa en fin de mi destierro, le hice rendir vasallaje de un apetito a los ruegos. Y hoy (porque nunca sosiegan de mi rencor los desvelos) en Palermo, de una oveja he de ser lobo, que fiero, la despedace, y le sirva a aqueste espíritu ambriento de alimento, y aún así no ha de quedar satisfecho. Aquí, pues, de mis cautelas, que a tiempo he llegado cierto, que entregándose al destino, aún no ha visto su despeño. Donde tomando la forma de Lisardo, que a este tiempo, ausente de esta Ciudad, está por ciertos empeños, que ha seguido, de mis ansias incitado, amigo estrecho de Ludóvico, que es el robo que hacer pretendo. Al paso le he de salir de cuyo encendido encuentra queden en su helado curso de mi llama los incendios. Pero que miro! ya viene altivo ufano, y soberbio, batallando con algunos oprimidos de su aliento. Villano, ninguno quede, sin que sus venas primero de sangrienta lluvia infesten, como de horrores, el suelo. Agora se han de lograr mis cautelosos intentos; siendo así, que de la noche veloz el día va huyendo. 1. Mueran, parientes, los dos. Yo solo morir no puedo por agora, menos que con. 2. Diga. Con privilegio. Invisible he de asistirle, hasta dejarle en el riesgo, y en la forma de Lisardo he de salirle al encuentro. 1. Prevedle. . No será fácil. Dadle muerte. . No la quiero. 1. Terrible furia. Mi amo pelea por dos. . Qué es esto? Mucho aprietan. 2. No se escape. Rendido estoy, vive el cielo que han de prenderme, si no me vale todo el infierno. Ascuas. . Como mi valor flaquea? . Está muy enfermo. Válgame. . Quién? El Demonia A tu lado estoy. Santelmo. Sean del rayo que esgrimo, impelido de mi aliento, viles cenizas. 1. Preciso. es retirarnos, que el fuego de sus espadas parece sobrenatural. . Es cierto. 2. Quién será? . Mas su valor que su nombre conocemos. Seguidme todos. . Por Dios, que corren como unos perros. Caballero, que piadoso, como alentado, y resuelto; más Lisardo? . Ludóvico? Amigo. . Él más verdadero. Excusemos ceremonias. Lisardo, vos en Palermo? Rompiendo dificultades, que fue permisión del cielo, para que mis ansias logre, he llegado a tan buen tiempo a aquesta Ciudad, llamado de un amigo a los empeños; por cuya cuenta los míos corren, que no los refiero, puesto que vos no ignoráis mis pesares, y sucesos. Y pues tan bien se ha logrado (esto conviene a mi intento) referidme la ocasión de este disgusto. . Supuesto, que sois mi amigo, pues bastan las obras para creerlo. Cómo a tal, de mis acasos refetiré los empeños, que de ellos en este sitio por las calles que hemos vuelto, y no habernos conocido, asegurados nos vemos. Y sabéis, que Ludóvico es mi nombre, hijo de Arnesto rosio, porque el ser me ha dado, no por que yo le obedezco. Que si los gustos de un padre son en un hijo preceptos, yo, que su hijo me nombro, siendo justo obedecerlo, cuando es precepto su gusto, hago mi gusto precepto. Porque su bista me ofende, porque su nombre aborrezco, porque su vida me cansa, y me obligan sus consejos, a que por serlo, indignado haga de ellos menosprecio. Dígalo Isbelia, una dama, a quien caduco, a quien necio, postrar quiere mi albedrío, cuando no se rinde al cielo. Demás, que es odiosa en mí su hermosura, que me ofende si la nombra, y yo no aspiro a que me entierren tan presto en vida, que es enterrarse el casarse aborreciendo. Ya sabéis también, que soy escándalo de Palermo, que en nombrando a Eudóvico, se atemoriza su Reino; siendo todo un caos, confuso, hielo todo, todo incendio; este en el fuego, se hiela, aquel le abrasa en el hielo; este muerto está más vivo, aquel vivo está más muerto; y todo junto, a mi voz se estremece, y yo me aliento. Atrocidades público, pero, aunque atroz, manifiesto mi valor en casos, que tocan de noble al efecto; cesa la comodidad, y yo conmigo peleo. Sicilia lo diga, cuando. en Nápoles los plebeyos el motín por las gabelas contra mi Rey emprendieron. Que hallándome a la ocasión en sus plazas, con mi acero dividí de los traidores las cabezas de los cuellos, porque la ofensa del Rey del fiel vasallo es empeño. Mi vida también lo diga, que yo decirlo no quiero, por ser la parte de malo, y porque no me confieso, siendo mayor el delito, no en mendarlo, y conocerlo. Esto sabido, sabed, que está tarde (cuando Febo, Narciso del Orbe, iba or sus tibios paralelos, a dar sepulcro a sus luces, y sucesión a Morseo) Salí de casa dejando en medio de sus consejos a mi padre, que demás de ser, de anciano, molesto, ha dado en Mágico, traza, para enfrenar mis intentos, en vano, pues si no ha sido el dominio que en mí el cielo le dio de padre, bastante a oponerse a mis despeños; como bastarán fieciones Mágicas, y que yo entiendo? Llegué a la marina, en cuyo de arenas dorado puerto, vi una mujer (que mal dije) vi una Aurora (poco es esto) vi una deidad (si lo era) pues cercada de reflejos, (que de un Sol hermoso a rayos, se repetían a incendios) Tan adornada venía, que admiró el entendimiento, o si era cielo la tierra, o si la tierra era cielo. Hablé, cobarde de humano, a tan divino sujeto, a quien dije (o como sabe rendir amor mis alientos! Deidad, si cómo podéis avasallar mis deseos, queréis dar la vida a un hombre, que de vuestra vista ha muerto, Destruid aquese eclipse, aquese nublado denso, aquese vapor que empaña serenidades del cielo. Consiga veros; y ingrata a mi amante rendimiento, volvió la espalda, quedando, como yo, todo suspenso. Alentábame el rigor, a castigar sus desprecios: persuádlanme mis penas a mitigar tanto fuego; condúciame el dolor, donde aliviase el tormento; llamábala con mis ansias, no escuchaba mis requiebros; junté a junta mis sentidos, consulteles mi suceso, todos vinieron, en que apagase tanto incendio. Iba, y saliame al paso de su beldad el respeto; en aquesta confusión, de mi amor, y su desprecio apique ya de anegarme en el mar de mi deseo, Batallando yo conmigo, cuando ya el Sol discurriendo, por brújulas de zafir iba esos globos etereos, dejando aquesta mitad del orbe sin lucimiento. Vila entrar en una casa, que no está de aquí muy lejos, vila, amigo, mas diré que fue milagro supresto, que la pude ver, estando de haberla visto tan ciego, donde (viendo cuanto ingrata hizo de mi amor desprecio) me arrojé, resuelto ya, de romper por los respectos, y al discurir por la casa, altivo, ufano, y soberbio sin prevenir el peligro, facilitando los riesgos; cuatro, entiendo que parientes, me salieron al encuentro con los aceros desnudos; y echando mano a mi acero, saqué un rayo de la vaina, que a relampagos, sin truenos, desperdiciando centellas, una hoguera discurriendo, se vieron en otra Troya abrasada en sus extremos. El clamor dél uno allí, me avisaba que había muerto, aquí del otro el suspiro le dejaba sin aliento, aquel herido se arroja al principio sangriento; este tímido se excusa, por no anticiparse al riesgo; unos mueren, otros huyen, y yo solo en este tiempo, siendo causa de su horror, no soy de la Pero a poco rato escucho de la justicia los ecos, y cuando más desbocado, la ejecución niego al freno: al oír justicia, juzgo, que me enfrenó su respecto. Dió conmigo, y ya acosado de todos juntos; pretendo librar la vida, que es (si adiscurrir me detengo) natural, aún en los brutos, que sin distinto nacieron. Habéis visto en una plaza bruto herido, que sangriento, a cada parte que vuelve, halla un peligro al encuentro, sin ver por cual quiera de ellas resquicio de alivio, puesto, que cercado, en todas partes toca su muerte, y resuelto a morir, por el tumulto que le cerca, rompe diestro por ver, si en la misma muerte hallán vida sus deseos? Así yo, en medio de cuantos a darme muerte vinieron, o prenderme, que es lo mismo, pues muriera, a darme preso procuro buscar la vida, que perdida vi, rompiendo por el escuadrón de puntas dirigidas a mi pecho; en cuya fiera batalla, faltándome ya el esfuerzo, hallé vuestro amparo, que dio a mis desmayos aliento. Aquesta, amigo, es mi historia, mis fortunas, mis sucesos, mis acasos, mis fatigas, mis arrojos, mis despeños, mi gusto, y pesar, y en fin, la ocasión de todos ellos. Extraños sucesos son, no ignorados de mi fuego; pero en la lucha has de entrar . otra vez, al arma, infierno. Dime que intentas hacer gran Ludónico, primero, que de esta callé salgamos? Qué dices, hombre? Pretendo conocer aquesta dama. Que tú lo pretendas quiero, pero no, que la conozcas, para lograr tu despeño; pues la misma que aborreces, es la que buscas. Yo entiendo, que conozco aquesa dama, pues sé la casa. . No quiero saberla de vos, pues yo la conoceré. . Qué hacemos? vamos a ver a tu padre, y deja conocimientos, mira que tus mocedades le tienen al pobre viejo. Calla, loco, que me cansan, como su vida, tus ecos, y sigue mis pasos: vos, Lisardo, os quedad, que quiero, por asistirme a lo horado, faltarme al gusto de veros conmigo, cuando vendréis cansado, y no será bueno permitirme yo un descanso, y no procurar el vuestro. Fuera faltar a la ley de amigo, cuando profeso serlo tan vuestro, con vos he de ir, porque en el riesgo os hallé, y hasta dejaros fuera de él, no he de perderos de vista. . Dejad, Lisardo, agora los cumplimientos, y quedaos. No es bien, que os deje. Ya me cansa aqueste necio, quedaos con Dios. No es posible. Pues váyase usté al infierno. Ven, Tarquino. He de apurarle, mas a más el sufrimiento: Yo he de ir con vos. Vos, queréis? No hay duda. Pues yo, no quiero. Si ha de decirlo más claro, lo dirá en amaneciendo. Advertid, Este es mi gusto. Ea, idos, pues. Yo me quedo. Quédate, que a prevenir voy cautelosos entedos, hasta que triunfen de ti mis abrasados desvelos. Ya la paciencia apurada qme tuvo su cumplimiento. Es un Demonio; mas gente viene, señor. . Hablar quedo, mientras pasan. . Yo me voy, y pasarán a buen tiempo. Con pasos de miedo voy, de Ludóvico a la casa, y tanto de regla pasa, que pasos sin regla doy. Que el empeño en que mi ama le dejo, al mayor excede, por ser dama; o lo que puede este mal vicio de dama. Dios sea conmigo, . Volved mi señora el paso atras. No es posible; Barrabas; . con el he dado. . Tened. Qué me dais? Al diablo. . Que os detengáis os suplico, que bulcáis? . A Ludóvico Brosió busco. . Por mi fe. Sí, mi señor; así entablo, . más bien el entedo. . No, le conoceja? . Cómo yo, le vea, sí. . Guarda Pablo. Pues vedme aquí. Con lo oscuro de la noche, no podía conoceros, . Pues de día estará más claro, y puro. Tú lo eres. .̱ Vo? pues beba. Es un vinagre. . Repara. Ya reparo, que esa cara me parece, que lo prueda, Calla, necio: vos, señora, permitidme en tal porfía vuestra Aurora, y venga el día de mi noche en esa Aurora. Este papel, mensajera de otra Aurora superior, me acredita. . Y en rigor? Hasta las diez os espera, en el sitio que señala, vedle, y a Dios. . Ha cruel! haz conmigo tu papel, Vaya el puerco noramala. A las damas mi fineza juzga contigo, que fama dejas de muy linda dama. Y busted de linda pieza. Es acaso; pero que me detengo en saber, sí es la dama que seguí, si por este lo sabre. Id con Dios, y aquesa dama la decid, sea quien fuere, que si arriesgado me quiere, ya me he entregado a su llama. A Dios. Bien me ha sucedido, lindamente se ha enredado, si de una Dios le ha sacado, mi ama en otra le ha metido. De Celia favorecida, que en ausencia de su amante. que es Lisardo, Dios mediante, ha de ser linda partida. Que a este hombre sus antojos le metan muy prevenidos, el amor por los oídos, y los dedos por los ojos! Mas mucho este amor la obliga, pues sin ser niño mi ama, su labor, contra su fama, tri la hace en casa de la amiga. Pon, Tarquino, aquesa luz en la mesa, y mientras miro este papel, que ha de ser dulce imán de mis sentidos, tray las armas, que de noche suelo sacar prevenido, y mascarilla, con que me disfrace. . Vive Cristo. Qué dices? . No es nada, voy a traer lo que has pedido; y a vestirme de paciencia, que será de Capuchino . Si deberé esta fineza al ingrato dueño esquivo que más cuidados me debe, que tiene su amor descuidados Será hermosa, y así ingrata se muestra con un rendido; villama es; pero veo, que es de tenerme delito. Lee. , que h , Dichoso yo, pues he hallado, el inquieto mar, tranquilo, cuando en la fiera tormenta bajel me vi sumergido. Que poco corren las horas, y que ligero el sentido, cada instante me parece que tarda en pasar un siglo. Ea, señor, a vestirte, que ya vengo revestido de miedo, que son las armas que a estas horas ejército; aquí están. . Dame el capote? Ten, que picado has venido. No te detengas. . A espacio, que no es tan buen juego el mío: más que tenemos de dama? es la misma que seguimos? La misma. . Malo, más presto se ha mudado, y se ha rendido. Con eso más me enamora, a mas amarla me incito, que es muy conforme a mi amor de su belleza el estilo. Que lo fácil apeteces? No otra cosa solicito, porque no hay tormento, como (después de un melindre tibio, un mi honor, mi honestidad, que hacen perder los sentidos) venir a rendirse, cuando lo pudo hacer al principio. Sí más Isbella? . Villano. Detente, señor, por, Hijo Hijo? . Tal pronunciaste? Qué es esto? A que mal tiempo ha venido. Pues por Dios, que no te vayas, Vive el cielo. . Ten, amigo, Muestra ese rostro a tu padre más apacible, y benigno, que quien al padre no teme, de Dios no teme el castigo. Todo a rigores te áplicas, piedad alguna no miro en tus acciones: que aborto tan soberbio, y vengativo! Donde vas tan a deshoras, tan entregado a los vicios? que poco puede la nieve de estas canas con un hijo, que ensordece a los consejos, y se niega al beneficio! Aferra la altiva vela de ese natural impío, que corre tormenta el mar de tus ya torpes delitos. Advierte el rumbo que llevas, y el timón de tus sentidos gobierne a Oriente, que va por el que sigue perdido: hablame, llega a mis brazos, débate yo aqueste alivio. De mi huyes? qué, te canso? no soy tu padre? mi hijo no eres tú? dí, con mis obras no lo muestro? no te estimo? Procuro más que tu bien? algún mal te solicito? quiero más que seas bueno? no cosa injusta te pido. Mucha flema, y son las diez. Con mi voz no te lástimo? con mi llanto no te ablando? como padre no te obligo? sin duda mármol te opones con resistencias de risco: Que Sirena te ha encantado, sin matarte basilisco? Puede ser, dime, más bella (con su beldad lo acrédito) otra que sigas, tu dama, que Isbella, hermoso prodigio? Al eco que has pronunciado, a pesar de mis sentidos, te tengo de responder, como irritado, ofendido. Si de esa Isbella me tratas, si la nombras compasivo, lo cuerdo vuelto en locura, en rigores el cariño, y la quietud en discordia; a centellas que respiro, a ponzoñas que desato, y a los rayos que sulmino por la boca, y por los ojos, fiero monstruo embravecido; te haré más átomos, que estrellas tiene el Impíreo, arenas Neptuno baña, y el Sol rayos encendidos. No por tu hijo me nombres, que no quiero ser tu hijo: si acaso más humanado de mi voz no lo has oído, con negarme a tus preceptos, hartas veces te lo he dicho. Que tal pronuncie tú labio! que emprendas tal desvarío! que no me estimes por padre! que me niegues el dominio! Cierra los labios, ingrato, homicida de ti mismo, que de esta injuria el agravio será tu fiero castigo. Mi gusto en todo he de hacer, salir fuera detérmino, y en razón lo fundo, pues soy dueño de mi albedrío. Franquéame, pues, el paso, o a mis plantas abatido, de mis pies serás alfombra, de mi altivez desperdicio. (cho Qué has hecho? ay de mí! qué has he Qué ha hecho? te la ha venido. Sigue mis pasos; mas quien a mis pies ha puesto grillos? parece que una montaña, a mis hombros se ha venido. Mas que sonoro instrumiento, de los aires impelido, me arrebata la atención, y me embarga los oídos? Ludóvico Brofió mira que sigues tu precipicio, pues quien niega la obediencia, tiene seguro el castigo. Piedad, señor, que está ciego, y asi no ve su delito. Voz, que ail aire prenunciaste asombros de mi sentido, si es posible que te halle, experimenta mis bríos, mas si te ocuitas, serás de aqueste mágico hechizo. Donde vas, que vayerrado por la sen la del peligro? Pues mi rigor no te obliga, cuando a encantos te he movido, a que me dejes, serás de aqueste acero bruñido escarmiento vil, y cuantos. Valedme, cielos divinos. s , Liolas por Dios; pero que? convirtiose en Ludóvico. Qué pasmo! qué horror! qué asombro es este, cielos, que miro! todo el valor se estremece, todo soy un mármol frío. Mi propia imagen me sale al amago, cuando aspiro a quitar el torpe aliento, que me embaraza el oído. Habla, si voz alimentas, dime si tienes sentidos? quieres hacer la experiencia. de mi corazón altivo? Atrevete, que según en ti mis acciones miro, tendrás mi propio valor, tendrás los impulsos míos. No me hablas? eres sombra, que me amenazas conmigo? esgrime el cobarde acero muestra el pecho vengativo, ven, que valiente te aguardo, si valeroso te incito. Como tan pocos aceros, el que mostró tantos bríos? Pues vive el cielo sagrado, que he de tomar de mí mismo venganza! Suspende el brazo, envaina el acero limpio, no excentes el impulso, que te da muerte. Prodigios. ha sido el día, y la noche, pero venza mi apetito. Todas estas son tramoyas, o yo he perdido el sentido. Oyes, señor, esta noche no no va contigo Tarquino? Con migo no? . No señor. Por qué? Porque y a se ha ido. Ven, no temas ilusiones, y menos yendo conmigo, porque aunque pese a mi padre, que es mi padre? al cielo Impireo, que es al cielo? a cuanto encierra su redondo circuito. He de postrar a mis plantas mis opuestos enemigos, humillados al impulso de mi brazo vengativo. Y yo he de dar al demonio dos higas, como dos higos. La pasión se encubre mal, Celia, siendo bien nacida, y mal se cura una herida, si no ayuda el natural. Ciega he sido, y ciega soy, buscando mi amante empleo, y cuando mejor le veo, entonces más ciega estoy. Ludóvico me aborrece, al paso que yo le adoro, arriesgado mi decoro le llama, cuando en mudece. Y pues amor me condena, a que ame aborrecida, y hacer que halle en mí su vida, quien en mi encuentra su pena. Mi vida así he de buscar, mi alinio he de conseguir, su altivez he de abatir, o todo se ha de acabar. Pues habiéndome valido de tu persona, y tu casa (perdóname si se pasa el amor a lo atrevido Ah de pasar adelante de otra dama pues por otra, rendimiento he logrado, cuando amante por mí no le he mirecido, que aunque es agravio a mi fe, por lo menos lograte verle a mis ojos rencido. Por un papel le he avisado, y ya no puede tardar. Sola te quiero dejar, aunque en riesgo declarado miro mi amor, que aunque ausente está Lisardo, en rigor le puede traer amor, en el empeño presente. Pero por ti, mi opinión, Isbella, he de aventurar y con Lisardo arriesgar cualquiera satisfacción. Suerte fue no estar en casa, Celia, a tiempo del disgusto. Aliviar tu pena es justo, y según el tiempo pasa, ya, Isbella: pero pisadas siento en la calle, y así, por si fuere, estar sin mí (das te importa; a Dios. . Las cría, procurarás divertir, porque el secreto conviene. Gente presumo que viene, en la reja he de asistir, O si Ludóvico fuera, que ya parece que tarda, mucho padece el que aguarda, cuando algún alivio espera. Esta es la calle, si no me ha engañado mi deseo. Sabes, señor, lo que veo? Qué? . Que yo no veo. . No? pues a mí te llega. . Fuego. Qué es lo que temes? . No es nada. Pues llégate aquí. . Pedrada. Calla, necio, llega. . Luego. Ludónico es este, cielos! si la voz no me ha mentido. En la reja sentí ruido. Es yerro, señor. . Desvelos, ya en vuestra campaña estoy con mi mayor enemigo. Llegad, Caballero. . Digo, que llaman, señor. . Ya voy; tú te retira. . Por Cristo? A la esquina. Esquina? ay tal? las quinas en Portugal solamente las he visto. Voy, pues, más una ternilla de la natiz me he llevado: yo he de morir estrellado, si antes no me hacen torrilla. Señora? . Llegad. Piadosa os he hallado, cuanto altiva, esta tarde, siendo esquiva, con una fe cariñosa. Si con la voz os llamaba, si con la fe os persuadía, cuando en el fuego me via, que mariposa buscaba: Porqué en los rigores fieros de los desdenes que usasteis, tan sin piedad me dejasteis, si no había de perderos? Si rendido me queréis, ya lo estoy, ved si os obligo, pues yo propio me castigo. No señor, no os maltrateis, bastaos el veros rendido: pero yo sé, quien rendida os tiene, señor, la vida, y no os dais por entendido. Sin duda sabe, qué Isbella . es la que amante me enoja. Volved, señora, la hoja, que sabéis herir con ella. Si vos sabéis, que una dama, qué se me rinde, me irrita, no es regla cierta, que quita abrasarme en vuestra llama. Hay más rigor! hay más fuego! yo amada! yo aborrecida! (da. Pues que, me amáis? . Por mi vi- Y sin verme? . Amor es ciego. Demás, que amor en rigor (vuestro divino sujeto acrédita mi concepto) Digo enefeto, que amor (en tan discretos sentidos de tan amante conquista) no entra solo por la vista, que entra amor por los oídos. Y así puesta mi atención en vuestro diestro argüir, este amor pudo decir que entró por la discreción. Tan presto? El pecho es palacio, donde amor Rey se confiesa, en él entra muy de priesa, y si sale, es muy de espacio. Y esa dama que os adora, no es bella? . No, Isbella sí, y ella en fin no es para mí. Y así os suplico, señora, por Dios, que no me tratéis de esa dama, porque suelo llevarlo mal, vive el cielo. Que tento la aborrecéis? Parece, que os pesa. . A mí? no señor, porque si os quiero para mí, yo soy primero. Lastimome de que así la paguéis. . Hay más rigor! Pues le bastaba. . Señora, que me decís? Que os adora el alma, os digo, señor. Y en señal de mis desvelos este lazo azul tomad; que el que ama de verdad, no puede vivir sin celos. Pues cómo a mí me los dais? Para ver si me queréis, que si celos no tenéis, no he de creer que me amáis. Que yo, que así me prevengo, porque amante vuestra soy, si celos, señor, os doy. puedo decir, que los tengo. Esto importa: si el cuidado no me engaña, siento ruido en la sala: agora os pido, que os retiréis, que mi estado, de mi padre a la obediencia, me obliga al recelo. . Aquí retirado espero. . Así iré con vuestra licencia. Pues no sosiegan mis ansias, y mi rencor no sosiega, amparando el cielo a aqueste en medio de sus ofensas, Hasta que el cielo se canse de ampararle, mis cautelas no han de sosegar, y agora, que en sus vicios se recrea, he de esparcir el verano, que en mi espíritu se encierra. Tarquino, pídeme albricias de mí nueva suerte. . Vengan, basta que tú lo hayas dicho, para que yo las pidiera. Y porque quiero, señor, que te cuesten poco, sean irnos de aquí. . Espera un rato despedíreme de aquesta hermosura adivinada, de esta beldad encubierta. Es cosa, y cosa. . Este laco me dio . Linda joya, muestra verelo, que aquesta dama quiere cogerte a la cuenta, y para que no te escurras, aqueste lazo te echa. . Toma. Señor. . Pero aguarda, mientras que llego a la reja. Despídete presto, y vamos. Guárdale bien, no le pierdas, Ocasión he hallado, en que he de hacer, que la paciencia pierda este torpe enemigo. Puesto, que tantas finezas mi amor os ha merecido, ya la de veros merezca. Por agora no es posible, ni en mi casa; pero fuera de su centro os buscaré lo más presto que ser pueda; que ya vuestra casa sé, y no he de perderme en ella. Demás, que ocasión aurá, señor, en que a veros vuelva, por acaso, en la marina. Escuchad. . De esta manera ha de ser, de Ludóvico tomando la forma mesma, primero que se déspida llegaré. Tarquino? . Llega? que hay de nuevo? has acabado? No, aunque yo bien quisiera; pero no puede durar mucho, si el cielo le deja . Dame aqueste lazo. . Toma, Espera un instante, espera, Busque el lazo por agora, pierda el sentido que ostenta, que después le pondré donde pueda hallarle, y él se pierda. . Señor, mas que viene alguno, que me rompa la cabeza? Con esa esperanza vivo. Seré fina, seré vuestra, si el cielo me favorece. Y yo, de vuestra belleza seré víctima, y aún Paris, y tú la segunda Elena, A Dios. A Dios: si me ayuda la fortuna con su rueda favorable, he de triunfar de sus simples resistencias. Tarquino? . Señor, nos vamos? Sí, amigo. . Pues como queda aquesa dama escondite, que parece que lo juega? Muy rendida, y muy pagada de mi rendimiento. . Buena; entre bobos anda el juego, y es la dama la fullera. Bien has dicho, dame el lazo. Cómo lazo? hablas de verás? he de dártele otra vez? qué lindo. . Qué dices? juegas? Qué es juegas? dí, tú lo eres, tu padre, madre, y tu avuela; pues no me pediste el lazo? El juicio me harás que pierda: yo? cuando? mas si te burlas, baste para chanza. . Aquesa es muy buena, vive Cristo; tu eres el que te chanceas, que le llevaste, diciendo, que presto dabas la vuelta. Si para mí ha de ser curra, tente allá, y acá no vuelvas. Viven los cielos, villano, que a mis pies despojo seas de este acero, si al instante en mi mano no le entriegas. Di, que entriegas, ni que sacas, gran Abrahan de la legua? Ten la daga, y vuelve en ti, mira. . Porqué me le niegas? Qué es negártele? por vida de toda mi parentela, y por todo lo que puedo jurar, sin hacer ofensa, que te le di. . Qué te afirma? Y apelo a la resistencia. Nuevos recelos; villano, a mis manos: mas que ciega resolución es la mía? si es encanto? cosa es cierta, que este no me le negara, si en su poder le tuviera. Por aquí mi padre anda, mi padre el lazo me lleva con mágicas invenciones, de rabia el pecho revienta. En fin, que a mí me le diste, Tarquino? . Que no te acuerdas, Calla, villano. . Detente: que culpa tienen mis muelas de que no tengas memoria, y entendimiento no tengas, para tenerla? Bien dices, que me faltan las potencias, pues no he dado fin, con quien torpemente las violenta. Sigue mis pasos, que yo he de hacer, que a mi ser vuelva, o que contra mí el aire, el fuego, el agua, y la tierra, salgan de su centro, y cese mi rabia, ira, furia, y pena. Y es muy linda pepitoria, por Cristo, para las cenas.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Hoy mi casa, sobre apuesta, se viene de arriba abajo, y aunque es día de trabajo, mas que hoy ha de haber fiesta? La discordia a palmos crece el dscurso anda perdido, mi amo a él muy parecido, cuando el viejo no parece. Sin duda el diablo se suelta, que anda todo descompuesto; pero que mucho es aquesto, si anda todo de revuelta? A buen viejo, donde estás? aquí, para entre los dos, ven, que yo estoy dado a Dios, y me lleva Barrabás. Con el miedo en mis costillas, salir de casa no puedo, haciéndome el mismo miedo, que salga de mis casillas. En que ha de parar? qué ha dado en que el viejo se llevo el lazo, que pague yo lo que el otro se ha llevado! Salgamos de aqueste aprieto, y vamos a buscar amo: esto es hecho, como un gamo. , , s Tente. . Pescome el coleto. Deténgase usted. . Agora no me puedo detener, que tengo mucho que hacer. Cómo qué, señor? Señora, como irme luego al punto siguiendo a mi amo, que por aí también se fue, y esto fue punto por punto. Y así no aurá de tenerme otra (con porfía necia) si no fuere. . Yo. . Lucrecía? sola tu puedes tenerme. Y mi señora también. Tarquino, llega a mis brazos, Excusa agora sus lazos, y sus enredos, no estén tan de espacio tus finezas, cuando tan de prisa estoy, que es día de juicio hoy, y no se halla. . Ya empiezas? Di, qué hay de nuevo, no des suspensión a mi cuidado? Mi amo está enamorado de la cabeza a los pies, de una dama que le dio un lazo, la cual no ha visto; el tal lazo anduno listo en mudarse, y las lió. En efeto no parece, por más que le busca fiel, y no pareciendo él, mi señor es quien perece. Y, como sabes, ha dado en que el viejo en majía trata, piensa, que el lazo le engata, y así le busca emperrado. Esto es todo lo que pasa, y en lo que para es aquesto. Espera, por Dios, y Arnesto? No se halla en toda la casa desde anoche, que quería detener a Ludóvico, que le puso tanto hocico, cuanta allí fue su porfía. Donde indignado le echó a rodar, por despacharle al cielo; pero al tirarle, Arnesto se despachó tan brevemente, y tan diestro, que no se sabe por donde, ni como fue; y hoy se esconde, que para todo es maestro. Buscale tú, que quiza le hallarás, que a una mujer nada se puede esconder, por lo hechicera, si ya no es hermosa, que una fea no tiene gracia: y a Dios, mi Lucrecia, que los dos nos veremos. Que yo sea Lucrecia, tan desgraciada, que al contrario me suceda todo, y que mi suerte pueda tan poco, que casi es nada! Que he de hacer, cuando mi vida esta condenada a amar, hecha cara a pasar desaires de aborrecida. Y cuando vengo a buscar, por aliviar mi congoja, a quien La vida me enoja, muerte acaba de llegar. La voz de Arnesto escuché, si no me engaña el deseo. Allí sentado le veo leyendo. . Si le hablaré afligirle no quisiera en el tormento que pasa; el corazón se me abrasa, y son sus alas de cera. Yo llego, pues: pero cuando en aquel libro leyendo está su mal divirtiendo, no he de tenerle penando, U se conmigo el rigor de partirme sin hablarle, que este alivio he de lograrla a costa de mi dolor. Ay de mí! . Pero su queja arguye en él desconsuelo, Llega, que estar sin consuelo Arnesto, ya es cosa vieja. Padre, y señor. . Pero quien en mi cuarto? Isbella, hija. Yo llegue. . Porque me aflija. Temiendo, padre, el desdén de tu hijo, cuidadosa, de aqueste disfraz siada, por hablarte. . Hay hija amada! con verte el alma reposa. En Jobcontemplando estaba la paciencia que regía, y tan en ella me via, que casi en mí no me hallaba. O quién en él se infundiera, porque en algo le imitara, y en sus trabajos hallara valor que me corrigiera! Un hijo el cielo me ha dado, (cuanto en pensarlo me aflijo) que las acciones de hijo fieramente me ha negado. Mágico dice que soy; o que grande desvarío! vuestras piedades, Dios mío, pasan por encantos hoy. Mira que infame torpeza, a la luz de mi vejez, siendo su injusta altivez, quien pública su bajeza. De su rigor ultrajado, de su torpe impulso herido, a sus pies alfombra he sido, que ciegamente ha pisado. Y no contento con esto, contra mi esgrimió el cobarde acero, bárbaro alarde de su valor, manifiesto. Suspende el curso veloz, y aquesas lágrimas deja, padre, que sobra la queja; sintiendo también la voz. Quien reducirlo pudiera a que a tus pies se humillara, y como a padre te amara, señor, y te obedeciera. Tú eres mi hija, no en vanó de padre el nombre me das. En ser hija, soy quien más intereso, pues más gano, Mi padre a ti me dejó, de ti soy favorecida, tú me conservas la vida, si mi padre el ser me dio. Lo que gano advierte, pues aqueste ser que recibo, lo que ha estado, y está vivo, por ti ha sido, y por ti es. Si ya el cielo hubiera dado conocimiento más fiel a Ludóvico, con él hija te hubiera casado. Pero. . Me aborrece, y tanto, que mis ojos, si le miran, son vasiliscos, que giran veneno envuelto en mi llanto, Son su muerte, ya sus ojos vapores son que los ciegan, y en sin rigores que anegan su vista, dándole enojos. Y así tímida le huyo, y cobarde solicito, por amarle el riesgo admito, cuando por él le rehuyo. Pero si el cielo me ampara (encubriré lo pasado) le ha de obligan mi cuidado, sin que le ofenda mi cara. Es terrible. Amor lo es más. No teme a Dios. . Algún día le temerá su oladía; y si licencia me das, quiero ausentarme primero que venga, y aquí me halle. (allá fuera he de buscarle, para lograr lo que quiero) Tú, Lucrecia, ve al instante a saber de Celia, si Lisardo ha venido. . Di con lo Disardo su amante. Aguarda, me apartaré de Arnesto: A Dios, padre mío, de cuya fineza fío, que en tu memoria estaré. . Padre soy de tu opinión; el cielo me de paciencia contra la torpe impaciencia, que en mi hace fiera invasión. Aquí está Arnesto, logré mi intento, pues que me ofrece el deseo la ocasión, que alienta mi sed ardiente contra Ludónico, que con su vida me da muerte. Yo invisible dejo el lazo en parte que le despeñe. Dónde mi hijo estará? mi hijo dije? el labio miente, que no puede serlo quien a su padre no obedece. Sí, pero el ser que le he dado, es imán, que atrae al verle todo el afecto de padre, que al corazón enternece. Buscarle quiero, que ya sufrirlo mi amor no puede: pero que miro rigores! juntos venís, tan crueles, con un rendido; esperad, que me levante, y aliente, que villana el estrago en aquel que a si se vence. A mis ojos los favores de tus infames deleites? No te bastan los desprecios de ese natural rebelde, sin hacer de las ofensas de Dios, alarde inclemente? Ciego; mas si no me oye, para que le llamo? cese la voz, y inunden los ojos mares, que en llanto se aneguen. A dónde estáis, padre injusto? mas ya a mi vista te ofreces, cuando impulso superior a la entrada me suspende. Tan ciego estás, que no miras, que aquestos lazos son redes, que te arrastran los sentidos, y al acierto te detienen. Pero, qué miro! recelos, ya no lo sois, enidentes os averiguo, en sus manos miro el lazo; de esta suerte. Burlas mi espíritu altivo? suelta, cobarde, imprudente. Hijo, qué intentas? qué buscas? Aqueste lazo, y tu muerte. La tuya buscas así; no lo ignoras, muchas veces te lo ha dicho el cielo, muchas, y no has querido entenderle. Hijo, mi llanto te obligue, y si ya no te enternece, ten lástima de tu vida, porque si una vez la pierdes, no queda resto, que vuelva a restaurarla, no dejes por una vida caduca; vida que eterna se adquiere. Agora que está, imposible a mi vida, muda muerte, mi rigor no te acobarda? mi furor no te estremece? Piensas, di, que tus encantos, sin mudarse, han de valerte? agora veremos, como de mí te libran. Detente. Ludóvico, enfrena el curso de tu precipicio ardiente. mira, que la vida es sueño, y en el sueño está la muerte. Válgame el cielo! qué escucho! Del cielo avisos, que quieren ser con piedades el freno, que tus rigores enfrene. En fin, que mi vida es sueño, y en el sueño está mi muerte! Sin mí estoy, todo el valor me ha faltado, ya parece nuevo mundo este edificio, que tirubea, y se vence. Ya están sin fuerza mis fuerzas, ya mis sentidos no sienten, ya el movimiento veloz, de mis plantas, no se mueve. Y pese al furor que incito, y cobarde huyelo, pese, digo otra vez, a la ira, que agora está tan rebelde en mis mpulsos, faltando a la ejecución valiente! Faltadme todos, faltadme, ninguno conmigo quede, que conmigo, y sin vosotros, mejor podré defenderme. Y tú, caduco, que agora en tu gloria estás, no pienses, que me has rendido, pues tiempo puede venir, que me vengue de tu vida, que me da, a cada instante la muerte. Que ciego estás! Dios permita, que tu natural se enmiende. Señor, grandes novedades hay en Palermo. . Refiere, sin detenerte, Tarquino, lo que pasa. . Es de esta suerte. Sabe, que anda la justicia averiguando las muertes de anoche, pero no sabe, que tu fuiste el dilincuente. Pues, si lo ignora, Tarquino, ningún peligro receles, y porque ciego de amante aquella dama me tiene, un papel la has de llevar, a quien mi vista le entregue. . Que ciego estás? pues aquí está el mozo que te lleve. Dónde, Tarquino? A una esquina. Para que? . Para que reces. . Con su memoria me agravias, Estamos solos? . Si estamos: esto es hecho, por San Lesmes, que ha cegado; yo he de hacer la experiencia de esta suerte. En nombre de Dios. Pues prosigue; vive Dios Villano, que haces? también te me atreves? Esto es quitarte las moscas: a ti yo? qué tal sospeches? vuelve en ti; pero que lazo (dime, señor) es aqueste? El que buscaba. Por Cristo? donde le hallaste, que puedes ser descubridor de lazos, aunque le escurran mil veces? Dónde? en poder de mi padre. Que tan lindas partes tiene. que en cualquiera forma sabe mudarse tan fácilmente? Huélgome, mas pues la prenda, que tanto te cuesta, tienes enlázala bien, y dale treinta nudos, no se suelte, señor, que es prenda de prendas. Y de los cielos. Celeste. . Es de un Ángel. Que, le has visto? Con el alma muchas veces. Así? qué es tu amor divino, y verá espíritualmente? Escríbola, pues. Escribe; pero aunque a Isbella aborreces, haz por tu vida la, y, e, sin andar en pareceres, y hallarás, que Isbella, es bella. No me la nombres. Te duele? como su vista me ofende. Pues prosigue, yo lo hacía por mis ciertos pareceres, que Lucrecia. . Por ser suya, al instante la aborrece. que le aprieto bravamente el cordel, y temo, que por lo más delgado quiebre. El sueño me aflige, y fiero a sus impulsos me vence. Con la mano en la mejilla está mi amo: parece que allí en pensar se le va todo cuanto se le viene. Pero qué, cabezaditas: vive Cristo que se duerme. ha señor? oye, despierta, por que vive Dios a verte. Rindiome el sueño, Por Dios, que es el sueño muy valiente. Lleva al punto este papel, y con la respuesta vuelve aquía Si no te la llevan de codillo. Si mi muerte está en el sueño, no hay duda, que ya dármela pretende. Pero adónde está el valor de mi impulso, que valiente a su rigor no se opone? donde mi rabiarea, preven mis ojos a mis crueldades, sin piedad los atormenten; sea instrumento cruel de mí mismo, no se vengue tan presto el cielo, compitan mis recelos con sus leyes. Que yo, cuando; mas qué es esto? ya me rindo, que me quieres, muerte enemiga, si ya en tus manos me previenes? Pero a la puerta llamaron, siyo sueño; mas despierto, quien llama? no me responde? otra vez a llamar vuelve, sabré quien es, quien aquí. pero que miro! mil veces felice yo, que he hallado en mi desdicha mi suerte. Que tal bien he merecido, no esperado! Vos a verme? mas como noble cumplís vuestra palabra; ponedme con el título de esclavo, las señales de obediente. Para que, si no asegura tu recato a mi consuelo, permites, que oculté un velo milagros de tu hermosura? No del cendal niebla oscura, quiera en prisiones tener de tu Sol el roficler, que equívoco en mi mal lloro, que siendo yo quien te adoro, soy quien no te puedo ver. Qué es aquesto? se recata; por Dios, que no esté segura en el mundo su hermosura, si mi fuego se desata? Ea, señora, no ingrata te muestres, con quien ha sido ya de ti favorecido, y no menos obligado. Hoy se ha de ver mi cuidado, victorioso, y más rendido. La espalda vuelves? pues ya sufrir no puede mi amor tal genero de rigor, que injusta muerte me da. Resuelto, señora, está (cuando más procura verte) a ver también de esta suerte, si yo sueño, y está en mí la muerte, viéndote. Sí, que en el sueño está la muerte. Que fiereza! qué prodigio! que monstruo! qué horror! qué encantó vieron mis ojos! parece, que el cielo se viene abajo, y sus ejes cristalinos, agora desencajados de su asiento, torpemente crujieron al sobresalto. Qué profunda oscuridad! donde estoy? si estoy soñando? por donde ire, que no encuentre un asombro a cada paso, a cada instante un prodigio, y a cada tiempo un presagio? ola? criados? amigos? no hay quien me escuche? villanos, enfordecéis? Qué es aquesto? Una confusión, un pasmo: y finalmente mi muerte, que me amenaza: miradlo en mi semblante, que puede decirlo más bien: Lisardo, amigo, no me dejéis, seguidme, seguid mis pasos. Aquí es bien desvanecerle . lo que sus ojos miraron. Apenas oí las voces, que por vuestras busqué, cuando a vuestra casa me arrojó, pasando por ella a caso, quiza por mi suerte, donde asustadamente os hallo, descompuesto en las accienes, el pecho con sobresalto. Y finalmente a vos mismo en lo natural extraño: volved en vos, que mentís vuestro valor, sosegaos, que no he de déjaros solo, seguro tenéis mi lado, (qué es lo que yo solicito, . en los incendios que paso: Qué habéis visto? . Que, la muerte? que en feméniles ensayos, amenazando a mi vida, se deshizo entre mis manos, a tiempo; que con el sueño, que es mi muerte, batallando me via casi rendido. Efectos son del letargo, que los representa ciertos, siendo en la verdad soñados. No amigo, que es evidencia, lo dudoso es lo contrario; porque engañarse no pueden, en riesgos tan declarados, mis oídos, que lo oyeron, mis ojos, que lo han mirado. Cuántas veces entre sueños se haura visto estar hablando hombre, que en la voz publica salgan riesgos tan pesados de algún opuesto, que él mismo le despierta, y empuñando el limpio acero, recuerda, como aguiendo al contrario, de tal suerte, que aún despierto juzga que le está mirando? Pues porqué no puede ser lo mismo en vos, que obligado de la misma aprensión, se os representan, soñando, fantásticas ilusiones, que despiertos son engaños? No habéis oído el estruendo, y el ruido desconcertado, que a la tierra estremecia? Qué decís? que estáis soñando, o teméis. . Qué es temer? yo cerrad, que me corro, que tal pronuncie, descuidado pude asustarme, mas ya todo es sombra, todo encanto. Eso sí, que es lo más cierto, y bien podéis acordaros de vuestro padre, que necio (de esta suerte he de irritarlo. . desmintiéndole más bien su temor, y hacerle vano) con mágicas apariencias, se os opone temerario, y puede ser hoy lo mismo que ha sido, por sujetaros. Y es rigor, viven los cielos, querer vuestro padre sabio, hacer lo que Dios no ha hecho. El albedrío es hidalgo, nunca sujeto se ha visto, porque es señor soberano. Gozad del florido tiempo en que estáis, que tiempo hay harto de senitud, que os obligue a envidiar el que ha pasado. Decís bien, yo estoy durmiendo, de mi padre son encantos, por impedirme, que vea la deidad a quien le he dado todo mí ser. . Hbéis visto aquella dama? La he hablado, y esta noche la he de ver, aunque rompiendo el sagrado de su casa se me oponga su respeto, y su recanto. Haréis bien, por que esta noche espera Celia a Lisardo, y acabará de una vez de ser tu aliento bizarro en mis incendios, ofrenda, que a mi rencor le consagro. Albricias, señor. Tan presto? . Apenas. Aguarda un rato. Lisardo, por vuestra vida, que habléis a mi padre, entanto que yo a Tarquino, porque así me excuse el cuidado de recelar su venida, que después yo iré a buscaros, pues ya el ánimo a su ser ha vuelto del sobresalto: y creed, que es el temor natural en el humano. No admite duda, y así, a obedeceros me allano. Oh acaben ya de una vez con tu vida mis engaños! . Prosigue agora. . Pues digo, que apenas de ti me aparto, cuando al revolver la esquina de esta calle, encuentro un garbo, que con ser hermoso, ostenta muchisimo garabato, para agarrar albedríos, corchese el más soberano. El cual, llegándose a mí, con no muy poco recato, refrunciendo cui dadosa las razones, como el manto, me dijo. Sabréis decirme, si está en casa vuestro amo? Respondí: Consultarelo en secreto con mis labios. Junté dos letras, que ponen a un hombre como un esclavo, y arrojadas de mi boca, en su oído se estamparon. Pero, porqué lo pregunta buelarced? le dije, cuando entendio el sí: Respondiome, porque le llevo un recado de parte de cierta dama, de quien anda enamorado, sin saber quien sea: pues yo esa misma voy buscando, para darla este papel, la dije. Bien podéis darlo a la que veis, replicome, y por más aseguraros, por señas, que anoche tuvo un disgusto muy pelado. Dísele con estas señas, la cual me dijo al tomarlo, como aquella dama espera en el sitio señalado, un poco más a deshora, que anoche, por un hermano, que tiene ausente, solpecha que viene ya caminando. Y si viniera es preciso, que se recoja temprano, por aliviar del camino el no dudoso cansancio. Y a Dios, señor, que me vuelvo a no hacer falta; y cual rayo echó por la calle arriba, y yo por la calle abajo. Esto es, señor, lo que pasa, lo que ha de pasar aguardo, aunque por tal pasatiempo, señor mío, yo no paso. Calla. Tarquino, qué presto has de ver mi sin logrado. Ya parece, que la noche viene tendiendo sinmanto, cuando el Sol en Oecidente depósita ya sus rayos. Denquí nos vamos, primero que mi padre venga a darnos algún sermón de diez horas. Cuenta con el decenario, que está en Cruz, porque es esto de Cruz muy pesado. Guárdate mujer de mí, que receloso, y picado, hoy te he de ver, y triunfar del incendio en que me abraso. Iba, Celia, como digo, no con muy poco cuidado, segunda vez a la casa dal amante, y del ingrato, pues me ama; y aborrece; cuando encontrando el criado recibí aqueste papel suyo, y de allía poco rato, en respuesta de otro mío, amiga, de ti un recado; por el cual me dices, que dudas si viene Lisardo, de quien es fuerza guardarme, por el despique que trazo. Pues siendo los dos amigos, el secreto está arriesgado, en cuyo riesgo mi vida casi se mira anegando. Tú me estimas, yo te estimo, sola estás, yo te acompaño, por dos intereses míos, que uno gozo, y otro aguardo. Bien lo dicen tus finezas, no lo callan mis cuidados. Aquesta noche he de hablar a Ludóvico tan claro, como me aborrece: muera mi esperanza al desengaño. No dudola navecilla en el golfo fluctuando, bulque el puerto en la bonanza, si le tuviere dercano. Mírale, amigo, y coreja sus rendimientos villanos con los desprecios que siento, aún mucho más que los callo, mientras que voy a mi casa, porque no esté con cuidado mi familia. . Tuya soy, que te he de servir en cuanto fuere posible, y te afirmo, que me duelen tus cuidados más que los míos; y pues en tú alibio tanto gano, ordena, manda, dispon en miscasa, que en tu mano está todo. . Agradecido vive mi amor, y obligado. Plegue a Dios que pare en bien, tanta vuelta: Hombres del diablo, mirad, que en ciencia crecemos, y que sois unos menguados. . Ver quiero aqueste papel. Amor Niño, Dios vendado, pues tan rendida la tienes, niega a las flechas el arco, suspende el inpulso altivo, deten el golpe inhumano, préciate de más piadoso, no tan divinos amagos ejecutes ciegamente en un corazón humano: que donde faltan las fuerzas, son los impulsos villanos, porque, vendado Dios, son tus efectos contrarios, a quien te sigue le rindes, y contra la ley ingrato, levantas a quien te olvida, no que es amor temerario. Ten piedad, y dime, pues de Dios el nombre te han dado, con un amor generoso, para que es amor tirano? Toda la casa está sola, las puertas sin embarazo, mal hace en dormir, quien tiene enemigos en el campo. Vamos con tiento, por Cristo, señor, no nos tiente el diablo, y como anoche, no salga, quien aquí nos mate a palos. No temas, calla, que aquí hay luces. . Para deslumbrarno? la entrada. . Cielos, qué miro! Di, qué miras? . Un milagro de hermosura, una deidad, de quien es cielo su garbo, mi papel está leyendo, todo en él, y él en sus manos. Si sintiera como escribe, fuera fino enamorado. Y aún mucho más que lo escrite es el tormento que paso. Qué miro, cielos! señor, como aquí? yo estoy temblando. No os turbéis, que cuando veo mi papel en vuestra mano, es cierto que no dudáis mi venida, pues es claro testigo, que me asegura, que sois el dueño, que amando tantos días mi albedrío con oiros, sin miraros, es víctima de ese incendio, a quien su ser le consagro. Ludóvico es mas qué haré en riesgo tan declarado? si consiento en lo que dice, a mi honor, y a mi amor falto, y con la lealtad de amiga no cumplo, si me declaro. Muy hermosa os contemplaba, mi bien, pero al veros hallo la diferencia que hay de lo vivo a lo pintado. Por Isbella me ha tenido, ay de mi! qué he de hacer? Fabio, ten este estrivo. . Quién vio empeño más apretado? En esta casa se apean. Ay cielos! este es Lisardo, que esperaba por instantes, y ya sin duda ha llegado: que he de hacer; mas de esta suerte procuraré remediarlo. Mi vida corre peligro, señor, quien viene, es mi hermano y en el riesgo de la mía, de la vuestra es riesgo llano: y sobre todo, mi honor me pone en mayor cuidado. Que entra. . Diréis. Escondeos. Hasta aí lo tenía echado. Es el último remedio. Pues a esconderme me allano, que no padece el valor, si se rinde por lo honrado. Espero? . No, cuidadoso llévate a casa el caballo. Aprisa . No muy de casa parece el señor hidalgo; pero escondiéndome, cumplo con todo, y me desengaño. Aprisa, cuerpo de Cristo, a esconder. Saldrele al paso, porque estando en otra cuadra, no pueda oír lo que hablamos, y despedirle, diciendo, . que agora le anda buscando la justicia, quién? Señora? Que mal mi industria he logrado! Celia, mi bien, que es aquesto? Mi bien dice, y es su hermano? Pues cuando rompiendo riesgos, que me amenazan tan claros, a verte vengo, señora, de mi amor avasallado: juz gando, que mi cariño hallara puerto en tus brazos, tan remista te examino, negándote al agasajo? Presumo, Celia, que sientes, que a verte venga, o no acabo, de entender, porque haya sido la tibieza, que en ti extraño. Por Cristo, que al parentesco excede aqueste agasajo. Quiero ver; pero qué miro! vive el cielo, que Lisardo: pues como, quien es mi amigo, y ha sabido de mis labios, que en esta casa pretendo, y que, su dueño idolatro: con falsedad alevosa, en mi ofensa ha procurado solicitar su hermosura? Oh como no ha declarado su amor conmigo, si antes que yo la tuvo? qué aguardo? que conocida la ofensa, a castigarla no salgo? Pues cómo agora enmudeces? Señor. . Pues, dueño tirano! Habla quedo, y no te espante, señor, que en mudezca, cuando la justicia. No prosigas, que cuando tengo el sagrado de tu vista, no hay recelo, Celia, que no sea en vano. Ningún temor me acobarda, si a verme llego en tus brazos? que pues mi esposa has de ser, no hay quien lo impida. Villano. . Ay de mí! Que escucho! . Bueno. La luz agora ha faltado. Ludóvico es mi enemigo su voz me lo afirma. . Es falso, que su voz no es la del pueblo, n para que la crea tanto. Cielos, que gran confusión! ya el aliento me ha faltado, y rémora de mi fuga, el temor me impide el paso. Remiso a la ejecución, te examino, y no al amago. Mi venganza no te halla, aunque te encuentra mi agravio. Qué desdicha! . Tanto crece iracundo el taponazo, que de su tanto presumo, que en mí se descargue un tanto: ( pero manos a mi industria, que por redimir mis daños, juntamente con la voz he de fingir un engaño, Hacia aquí pisadas siento. Hacia aquí siento sus pasos; muere ingrato amigo. Ay cielos! . Vaya. Muere amigo ingrato. Venga, muerto soy. Hay triste! Ya yo mi ofensa he vengado. Ya yo he vengado mi ofensa. Espadas en este cuarto! Calla, señora, por Cristo; y yo te daré un ochabo, Ya mi riesgo es evidente. Ya mi riesgo es declarado. Pues mi contrario está muerto. Pues muerto está mi contrario. Cielos, qué haré en tal aprieto? Sin duda que ha ocasionado con Ludóvico este empeño, haber venido Lisardo. Muy bueno fue, el muerto soy, pues cesan los chincharrazos. Pues di muerte a mi enemigo, solo el remedio que halló, es, que la montaña sea de Palermo mi sagrado, huyendo de la ciudad, pues mis parciales juntando, resistencia a la justicia haré, como a mis contrarios. Pues mi enemigo la vida rindió al golpe de mi brazo, asegurarme procuro, a una aldea retirado. Lo mortal de aquella voz, en medio del sobresalto, no me dejó conocer quien ha sido el desdichado. En tan ciega confusión, y en tan horroroso caos, aunque la causa averiguo, el efecto no le alcanzo. En mí, gigante es el miedo. El miedo me tiene enano. La puerta buscar procuro. Guio a la puerta mis pasos. O si yo hallase la puerta! O si yo, en peligro tanto, encontrase a Ludovicó! Quién es? Aqueste es Lisardo: yo soy. . Es Celia? Sí, y quien te procura un desengaño. Ven ingrata, que aunque estoy, de tu inconstancia agraviado, por noble, y no por amante me toca buscar tu amparo. Tus pasos sigo. Quién es? Mi ama se me ha escapado. Sin duda este es Ludóvico: . soy, señor, quien por ámaros, en tal peligro me veo. Pues sigue, ingrata, mis pasos, que aunque en la primera vista, a muerte me has sentenciado; le toca a mi sangre, darle a tu peligro reparo: . sigueme. . Seguirle intento, porque aunque a mi amor ingrato corresponde; puede ser, que de mi afecto obligado, lo inhumano de sus iras examine más humano: con que consigo dos cosas, una, ver si le avasallo, y otra, salir de este riesgo. Voy tras ti. Dame la mano. Nadie escucho, y tengo miedo. Fuéronse, yo me levanto. Justo Juez, sacadme de esta. No se fueron, yo me agacho. Cómo puedo hallar la puerta, si yo misma no me hallo? sin duda miente quien dice, que quien no ve, tiene tacto. Hacia aquí se acerca el ruido, y hacia aquí me voy rodando: por Dios, que si me ha de hallar, le ha de costar su trabajo. h - Qué es aquesto cielos! Es un lance muy rodado. Yo no sé por dónde voy. Ni yo por dónde me escapo. Mas con un bulto encontre. Y a Dios conmigo, San Pablo, sin duda me mata a coces. Pues que no respira, es llano, que está muerto. Si respiro; pero es hacia el otro barrio. Muerto está, válgame el cielo! Vivo está, válgate el diablo: ser esta voz de mujer, parece que me ha alentado. Tarquino es este, del cuerpó me ha sacado el sobresalto: la voz fingire: quién es? Un conejo agazapado, que la mortecina hizo, porque le importaba al caso; y así, si sois de esta casa, y sabéis bien este cuarto, por Dios que me echéis por puertas, pues estoy necesitado. Sacarle de aquí procuro; pero hasta ponerme en salvo, no he de decirle quien soy: sigue mis pisadas. Vamos, que no he de meterme en otra, por Cristo, si de esta salgo. y sepa aquel que es gallina, si se hallare en tales casos, que importa mucho el morirse, para vivir muchos años,
JORNADA TERCERA
JORNADI TERCENA 1. La tempestad nos perturba, 2. Fiero brama el Aquilón. 3. Todo el monte es confusión. 4. Mas la maleza nos turba. Eso sí, padezcan todos, todos a mi impulso mueran, sea un horror todo el cielo, brame el mar, tiemble la tierra, arda el fuego, silbe el aire, y en encendidos cometas se desvanezcan los montes, y no produzgan las selvas. Acabe ya de una vez este prodigio, esta fiera, de cuyo nombre Sicilia asustadamente tiembla. Y pues su mismo despeño, en el robo que hizo, lleva, hoy lograre mis disignios, puesto que huyendo de Isbella, de cuyo honor ha triunfado, va penetrando la tierra, de impaciencia, y furia lleno, y según se ve en las señas, por esa cumbre empinada de aquesa inculta maleza, del mismo peligro huyendo, tropezando entre las peñas, despeñado baja. 1. Al llano. Dónde mi furia me lleva? válgame el infierno! . En mí todo el infierno se encierra. Que quiere el cielo de mí, que así me persigue? apenas dar puedo al aire un suspiro, porque el aire me le niega. Que no acabe con tu vida, cuando al cielo le hace guerra, admiro pero te ampara alguna causa secreta, que ni el discurso la alcanza, ni la descubre mi ciencia: mas pues que a Lisardo tienes por muerto, su forma mesma conservando, he de causarte con su vista una impaciencia. No hay quién me ampare? Sí, amigo, no sin causa esta aspereza discurria, siendo así, que no buscaba sus sendas: estáis muy herido? . El cuerpo de chocar entre las greñas del monte, descuadernado y ace sin humanas fuerzas; pero yo muero, ay de mí! Eso mi rabia desea. Amigo, si acaso vieréis una mujer (no me deja hablar el dolor) decidle, que si vine huyendo de ella, cuando la tuve posible, que ya castigado queda mi rigor, de dos rigores: uno, el haber de perderla: y otro, que al verla imposible, me estoy muriendo por verla. Para el trance en que se mira, . la contrición es muy buena: dadme la mano, No puede, amigo, moverse apenas. No poca pena me da lo poco que la gobiernas: . cobrad aliento, os pondré en una cercana aldea, que al margen de aquesa cumbre de cien rústicos se puebla. Ya parece que el aliento, que voy cobrando, me alienta. Eso siente mi rencor, alzad del suelo. . Las fuerzas son cortas, pero que miro! sombra enemiga, qué intentas? que me quieres? qué procuras? déjame agora, si quiera, cobrar valor; y verás de mi valor la fiereza. Lisardo, si merecida fue tu muerte, no la quieras vengar con tantas ventajas; mas si cuerpo tienes, llega, que el aliento no me falta, aunque me falta la lengua. Esto importa, Ludóvico, dudoso al verte, quisiera que tu supieras que vivo, por ver si tu vida es cierta. Yo, por muerto te he tenido, (así Lisardo lo piensa) por quien vivo retirado con mi dama en esa aldea, y yo, quien debo admirarme, cuando a verte el alma llega, que cazando en estos montes, vine acaso, porque viera a mi mayor enemigo, de quien la venganza intentan, conjurados mis agravios, connocadas mis ofensas. Queda cauteloso amigo, injuriado de mis penas, y de mis manos, poniendo a mis plantas tu fiereza. Porque con causa me busques, pues me hallarás en la albes, O pese a mí! que esto paso, sin poder vengarlo, espera, aguarda, porque la injuria ya me incita, y a me alienta. No es posible, pues no puedes del suelo moverte apenas: donde me has de hallar, no ignoras. Escucha. De esta manera, pues los busca la justicia con no poca diligencia, en dos riesgos se han de ver, o se maten, o los prendan: guárdese el hombre de mí, y no descuidado duerma, que si no vela, mi envidia incesablemente vela. Así la espalda me has vuelto? así mi valor desprecias, porque postrado me has visto? villano, aguarda a que vuelva a cobrar el ser, pues ya la venganza me le entrega: y a te busco, y a te sigo. Ay de mí! Mas esta queja, grillos ha puesto a mis pies, porque es de mi amada. Isbella? Al pronunciarla mi voz amorosamente tierna, me la negaba. El aliento me falta. La causa mesma, la voz me negó al nombrar el nombre de su belleza. Por aquí va. Ludóvico? 1. Al llano. Cosa es muy cierta, ya te busco, dueño. Ingrato. Suspende, mi bien, la lengua, y baste para el perdón de la pasada extrañeza, ver que te busco rendido como amante, tus finezas. Riguroso: mas qué miro! la cara, y manos sangrientas; ay de mi! desfigurada tu forma me representa, Habla, pues, que el verte así me ha suspendido la queja. Gracias a Dios, que os hallamos juntos, una vez si quiera. Señor, qué es esto? 1. Bándidos, haced alto en esta sierra, que en ella está el Capitán. Y mal herido. . No mientas, que muy bien herido está, y si bien a verle llegas, sangre vierten las heridas. Vive Cristo que son frescas: quien te ha puesto así? . Refiere tu mal. . Pues escucha. Empieza. A la memoria trayendo nuestras pasadas tragedios, que si presentes afligen, ya por pasadas consuelan. Sabrás Isbella, los males, el dolor, las inclemencias, los pesares, los ahogos, y finalmente la afrenta que me incita, cuando todos, como enemigos me cercan. Dejo a parte los desprecios, que me deben tus finezas, los acasos de la noche en que corrimos tormenta, donde tuve más azares, que la adornaban estrellas: pues juzgué, que mi enemigo, muerto le dejaba en ella. Como después a mi padre informándole mi lengua, que di la muerte a Lisardo, robé las mejores prendas, dejándole al pobre viejo tan solo, y tan sin hacienda, que es su mayor compañía, y sustento, una muleta. Como al salir de Palermo, ya con Tarquino, y Lucrecia, huyendo a aquesta montaña, atlante de las esferas, cuyas torres empinadas, parece que al cielo llegan. Supimos que la justicia nos busca con diligencia, porque tiene averiguadas mis muertes, y mis pendencias, Como entonces no venías, en mi mente, por Isbella, creyendo que tus cuidados se los costaba yo a Celia, como has sido aborrecida, más por capricho, que fuerza de estrella, mas por lo errante sin duda fue por mi estrella: pues ya gírasol amante, sigo el sol de tu belleza, y como a dueño del alma, en ti mis ansias se emplean; porque es rueda la fortuna, y ha podido dar la vuelta. En fin, como mis cariños, mis alagos, mis promesas, de tu honor me hicieron dueño, dejo a parte, y oye atenta, que voy a lo sucedido después que en esa aspereza te dejé, de aquesa cumbre fui penetrando las breñas, subiendo aquesa montaña, cuya intrincada maleza, al paso que la concedo, inculta el paso me niega. Llego a su cumbre, por donde un arroyo se despeña, que a su esmeralda le paga tributo en traviesas perlas: siendo sierra cristalina, que entre las robustas peñas, para dar curso a su curso, su altiva sierra le asierra. Cuando en una de sus guijas, deslizándose mis huellas de la tierra en que se afirman, les vino a faltar la tierra, sin que enmienda den las manos, a lo que las plantas yerran: pues precipitado mido su altura con tal violencia, que el un elemento al otro le encargo la diligencia, pues si la tierra me envía, el aire es el que me lleva. La rama se niega al tacto, pues me lástimo con ella, y coge por los cabellos la ocasión, para mi ofensa. Precipitadas conmigo, se desquician tantas piedras, sintiendo su compañía, solo para que la sienta: que aquella el pecho me abruma, el rostro me hiere aquella. Y yo entre uno, y otro embate excedo con mi dureza a la más piedra, pues fui en resistirla, más piedra. Llego al llano, tan sin vida, que cuando se halló con ella mi sentido, como extraña, dudaba si era la mesma. Cuando, volviendo los ojos, por ver si a las inclemencias de los hados, desmentía alguna humana clemencia. Pero cuando a un infeliz, inhumana no se niega? Veo a Lisardo (aquí el pecho, casi asustado se altera) el corazón palpitando halla su morada estrecha, desatándose los labios, la voz se añuda en la lengua. Vi a Lisardo, mi enemigo, (vuelvo a decir) que en la idea yhacia difunto vivo, y vivo para mi afrenta. Pues como rendida puso a sus plantas mi fiereza, incitando a la venganza a mi vida, que allí muerta con el valor, por su injuria, mi vida, mi muerte era. Este es mi mayor tormento, aquesta mi mayor pena, mi mayor pesar aqueste, y está mi mayor tristeza. Por ese monte cazando va de camino a una aldea, donde dice que me aguarda, y donde vive con Celia: juzgándose él ofendido, ha ocasionado mi ofensa. Buscarle, a mi honor le toca, la tardanza me condena, el valor me está incitando, la venganza me hace fuerza, la razón me presta aliento; y en fin entre tanta pena, o me ha de faltar la vida, o no ha de quedarme queja. Tan admirada he quedado, como me tuvo suspensa la relación, tus disgustos sintiendo, como tus penas. Justicia pide el delito, ejecuta la sentencia, convoca en fin tus parciales, por si alguna resistencia cautelosa hallares, y hoy el cobarde ofensor muera. Ningún temor me acobarda, si tu hermosura me alienta. Qué premias ya mis desvelos? Mariposa galantea tu luz amor, cuya llama, salamandra le alimenta. Que tal dicha he merecido? Tuyo soy. . Y tu Lucrecia, sin que falte un tilde, aunque no has de provarme la fuerza, estás bien hallada? . Dilo tú, pues que tienes la cuenta. Es una cosa perdida. Pues mire bien, no la pierda. que más perdida, si ya llegaste a ser bandolera? 1. Sepa usted, que no hay más vida, que ser bandolero, y sepa, que si es gallina, sabrán hacer de él una cazuela. (do. Pues es barro? . Y se hará lo- 1. Guárdese aquí, no le llueva. Ay sobre que? 1. Por si acaso. Pues Ludónico, a la empresa. Tú, Tarquino, sin que el aire . Vosotros, que militáis te compita en la presteza, disfrázate de ermitaño, y con toda diligencia busca a Lisardo, que está en esa cercana aldea, a quien dirás, que el rigor de Ludóvico, le espera fuera de poblado, donde procura ver, si sustenta la palabra que le dio, o que a ser de otra manera, ha de entrarle a sangre, y fuego. Eso más? aquesa es buena: vive Dios, que eres terrible; déjalo. . No te detengas. Vive Cristo, que lo temo, porque he dado en esta tema: a Dios Lucrecia. . Los brazos me da. . En lucha como aquesta, he menester yo los brazos; más toma un abrazo en prendas, y encomiéndame al Señor, que voy temiendo una vuelta sin balona, que a dos manos servir pueda a dos muñecas. . Vente luego, y entre tanto, para discurrir la tierra, convoquemos los soldados. Pues con tu voz los alienta. Hh de esa empinada cumbre, cuya enmarañada greña, compitiendo con las nubes, los rayos del Sol la peina. Ah de esa corba montaña, toldo hermoso de la selva, cuyos reclinados montes la obedecen como a Reina. Foragidos de sus cumbres, Ciudadanos de sus breñas. Volcanes de estas montañas. De aquestas montañas ernas. la ambición, ira, y soberbia, Hijos al fin del rigor, y padres de la inclemencia. Cuyos fuertes corazones aqueste brazo gobierna. Inhumanos, cuyo azote no halla humana resistencia. Muestra pase vuestra ira. Vuestro furor pase muestra. Porque habéis de ser azote. de la altivez, y soberbia de mi enemigo. Y de cuántos pisaren aquesta sierra, Leales a vuestras voces, 1. Al cierno. 2. Por aquí. esperamos lo que ordenan. Ya incitados de los dos, todos a morir se alientan. Pues al monte. . A la espesura. A dar horror. . A dar guerra, Al mundo con tu valor. Al cielo con tu belleza. 3. Ataja. 4. Al llano. Vive Cristo que huye, es un villano, Altivo bruto, espera, no faltes a lo osado en la carrera, no volando en el viento, que casi no te imita el pensamiento, pretendas acogida. Oh como corre! él hace por la vida: a mi amo le da muy lindo como. Pues yo no puedo, alcáncete ese plomo. Qué bravo tiro! bien se te ha logrado: apuntaste muy bien, mas no le has dado, Excede en movimiento al aire: que es al aire? al pensamiento. La espesura del monte es su sagrado. Celia dice muy bien: mas se ha escapado. Deja el monte, y a la Aldea Pero dime, que has de hacer, cuando el bruto se escapó? Seguir la caza. . Eso no; mejor es ir a comer, señor, que en aquesta sierra, hay caza muy diferente. Qué caza, di? . Mucha gente campesina, que hace guerra a todo pobre, que pasa: en fin, bandidos a pares, por quien todos los lugares pasan crujía: por casa, deja la caza, señor. Mi honor (en ti, mi cuidado) no te quiere aventurado, porque así lo está mi honor, (donde los dos retirados vívimos más descuidados) vuelve Lisardo, y emplea el tiempo en buscar el medio de librarte de la muerte de Ludóvico. . Más fuerte, (sin alivio en el remedio) me da su nombre, en tus labios, pues veo, porque me asombre, (cuando en ti vive su nombre) hoy más vivos mis agravios. Si pretenden tus desvelos, a costa de mi dolor, tener en calma mi honor, por la pensión de tus celos, es proceder infinito, que te he de satisfacer claramente, y has de ver en tus celos tu delito. Que no siempre, dura estrella! es cierto lo que se ve; mi honor es primero, que todo, perdóname Isbella: cuyos desvelos pasaron; sabrás, que escucho? Ay de mí! aquesto no es para aquí. En el monte despararon. Zurra, al; pero que veo! esta es otra, estoy tamaño: alto, a fingirme ermitaño. Gente viene allí. Laus Deo: esto es hecho, yo me arrobo, puestas las manos al cielo: o quien se alzara del suelo un palmo, aunque fuera bobo. La espalda vuelvo, y morlaco me he de hacer. Un saco. . Roto. De ermitaño miro. Voto a san, que me entran a saco vienen, escondo la bota. La bota esconde el sántico, será de vino muy rico. Qué es rico? que está sin gota. ermitaño me parece. En el traje se conoce, y ellos se están en sus trece: ver quiero si más me encumbro, pues esta gente se envoba. Válgame Dios, que se arroba. Pues mucho mejor me azumbro o que celestes regalos, Su bondad se reconoce. Cuanto va, si me conoce, que aqueste me mata a palos: mucho se acerca por Cristo. A no volver se ha resuelto, por mí. . Por ti, ya yo he vuelto en mí, con haberte visto. . Yo llego. Mas ay, que llega aqueste a echarme a perder. Hermano, déjese ver, porque su cara nos niega? El corazón me traspasa: vuelva su rostro a mi voz: diga, no vuelve? . El arroz. . Que tiene en él? Mucha grasa: no llegue (estoy afligido) ni me mire, ni oiga. . No, porque, hermano? . Porque yo no he de ser visto, ni oído. Quitarme oír, y mirar, ablándome, y donde asisto, estando como. . Por Cristo, que aqueso es mucho apretar. Vuelva. . Al, hermano me to- (cas? que del filicio apretado tengo el cuerpo muy llagado. Que tiene en él? Muchas bocas. Yo las tengo de ver luego. Esto es hecho. . En conclusión. Ten. . Estas pistolas son. Pues no son bocas de fuego? ay de mí! . Aqueste es bandido. Qué dices? es esta bala? Más Lisardo, no es mala suerte, haverte conocido. Tarquino, tú desta suerte? Tarquinillo es, vive Dios. Buscando vengo a los dos, por libraros de la muerte, (así doro mi venida, porque en mí miedo conviene) sabrás, que resuelto viene mi amo, a quitarte la vida. Tú amo? . Lo qué has oído. Qué dices? . Aquesto es cierto. Cómo, dejándole muerto? pierdo de enojo el sentido. En fin, trata de guardarte, que con docientos soldados forajidos, bien armados, un Santiago ha de darte. Yo, tu peligro sabiendo, aqueste disfraz tomé, y a avisarte me arroje, el secreto te encomiendo, y a Dios. . Aguarda. . Mi bien, de este peligro salgamos. Hh fiera! . Buenos estamos. Por Cristo que se ha hecho bien. El aviso te agradezco, a pagártelo me obligo, castigando a mi enemigo. Riguroso mal padezco. Queda en paz. . A Dios, señor hermitaño bandolero. Fuera del peligro, espero satisfacer a mi honor. . Ya se fueron, lindamente he salido de mí miedo, pues di mi recado, y quedo muy bien con aquesta gente. Mas pues de aquesta salí, vamos aprisa, no sea, que en otra peor me vea, dondé me quede . Ay de mí! Esta es otra, vive Dios. Valedme, cielos. . Ya escampa, mi valor aquí no campa, pues como me envisten dos? no es favor, ni es agasajo. Qué rigor! . Ya más funesta la voz es que voz es esta, que me sigue? . Con trabajo muevo las plantas. . Por Cristo, con trabajo, voz cruel, a mí me tienes con él. Ya; plantas, no me resisto, sin mi vida aquí tendrá. s Qué miro! un hombre hace cama allí, de una verde rama, muy lindo verde se da. Pues por milagro he venido, Cortesano pasajero, es bayeta, Caballero, de negro viene vestido, y negro desandrajado? Cómo para el mundo he muerto, de negro me visto. . Y cierto, que está muy bien acabado. Amigo, si la piedad. til Limosnita, dicho, y hecho. Ejércita vuestro pecho, dadme alguna caridad. Quien, hermano, le ha traído pobre a aquestas espesuras? cuanto va, que travesuras de mozo, le han destruido. Mas por aqueso me aflijo, ese es mi mayor cuidado, pues tan pobre me han dejado las mocedades de un hijo, a quien temo que castigue algún rigor. . Qué pesar! Y no le puedo avisar, que la justicia le sigue. Y sabe de él, hermánico? En esta tierra ha de estar. Aquí no hay más que apurar, . el que busca es Ludóvico: satisfacerme así creo: amigo, deme la mano, y siéntese un poco, hermano, no me dirá; mas que veo! Arnesto, señor. . Quién es? Tarquino, soy, no me miras? Ay de mí! . Ahora suspiras? Es dicha, y la dudo. . Pues no la dudes. . Llega, amigo, ayudame a levantar bien me puedes abrazar, . de gozo no estoy conmigo; ver a mi hijo pretendo. En esa montaña está. Penitente? . Lo será muy presto, según entiendo. Pues qué traje es ese? Extraño. . Cómo? dí? Como no es nuestro, que aqueste le traigo diestro, por parecer hermitaño, cuando a poblado me envía Ludóvico, que muy fiero ha dado en ser bandolero, sin dormir noche, ni día. Llévame, pues, donde está, que aunque se muestra conmigo fiero, he de hacerle mi amigo. Te sientes más fuerte ya? Con el gozo que me has dado en su noticia, y con verte. Te vas sintiendo más fuerte. Me siento más alentado. (do. Tienes hambre? . No he comi- hoy un bocado. . Pues toma este pan al punto, y coma tu hambre, y si no has bebido, esta bota trae un trago de un rico vino, que va como vino ardiendo, y da siempre consuelo, y es trago. Bendito seáis vos, Señor, que me dais en que merezca, y hacéis que se compadezca; pero que fuerte rumor! si es la justicia? . No quedé bandido vivo. . Villanos, si salís bien de mis manos. Esto es hecho, y a no puede ser menos, señor, huir. Válgame el cielo! . Y a Dios, el correr bien valganos. Yo no te puedo seguir. Ni yo te puedo esperar, que es mi peligro mayor. Tente. . Si tardas, señor, más que me haces ahorcar. . Padre, válgate tu ciencia. Date a prisión. Suerte airada. . 1. Rinde las armas. . No es tan fácil. . Ha torpes pies! que no me servís en nada: hijo mío, que he de hacer? Rendido va (pena fuerte! y de esta (aunque justa muerte) le quisiera defender. Ya te sigo; pero dos hombres, puestos a su lado, dan alivio a mi cuidado. Qué miro? válgate Dios! De aquella cumbre, acosado de todos, se despeñó. Ya te busco. Mas que yo muero esta vez ahorcado: todo es miedo cuanto toco, sombra todo cuanto veo? si pierdo mí jnicio, creo que han de tenerme por loco. Por dónde meire, que estoy todo hecho una basura? mi sagrado, esta espesura será, por aquime voy. Dónde las plantas me llevan? donde los pasos me guían, donde sin humanas fuerzas, el destino me encamina? Perdido estoy, qué haré, cielos? por donde iré, si enemiga la suerte, me ataja el paso, varia me niega la dicha? Forzoso es volver atrás por mi espola, que peligra; y si su vida me falta, sin vida queda mi vida. Pero donde he de ir sin armas, que no muera? la justicia va victoriosa, y mi gente ha quedado ya vencida, mis enemigos son muchos, mis fuerzas están rendidas, sin fuego aquesta pistola, y quebrada esta cuchilla, que victoriosa ha triunfado, y agora se ve abatida. Donde estoy? qué tierra es esta? que poblada allí se mira? Saldré de aquesta espesura, que casi opuesta a la vista, me niega; pero que veo! válgame Dios! suerte impía! que gran tumulto de gente baja de aquella colina! Mis enemigos son estos, si me prenden, mi desdicha en un infame suplicio me ha de poner, cuya herida, mas por la afrenta, que por la muerte, me atemoriza. Explayada mide el llano la cruel turba enemiga; veré, si en este poblado halla mi suerte acogida, y así penetrando el monte, que de intrincadas encinas se guarnece, ire. Por donde? mas que veo! . Mas que miran mis ojos! . Suspende el curso, que veloz te precipita. Huyendo de un enemigo, con otro he dado, y a vista de ambos, aquel me acobarda, si este, ofendido me anima; y para todos, las armas se ven agora rendidas. De esta suerte contra mí, a venir te determinas? no es posible, que esa espada sin punta, y esas heridas, rendido te manifiestan: trae armas como las mías, que mi valor no pelea con ventaja conocida. Lisardo, agora no es tiempo, (puesto que claro lo miras) de apurar nuestros agravios. quien me sigue es la justicia, tormenta corre mi honor en el golfo de mi vida. Dejando uestras ofensas a parte, para otro día, como noble, aquí me ampara, Pues aquesa caseria, que miras junto a la aldea, para ampararte, propicia la hallarás, toma esa llave, y mientras con mi familia te sigo (qué agora está en poblado) a ella camina, y vete luego, porque los mismos que te leguían, son los que miro. Alaldea, al aldea. . Ya es precisa mi ausencia, sin detenerme, yendo al sitio, que me envías: no sé que llama, ay de mí! arde en el pecho, tan tibia, que llegando al corazón, ni le abrasa, ni le enfría. Bien cumple un noble, amparando a quien le ofende, si mira, que amparar al enemigo es la mayor bizarría. 1. Por aquí. 2. Por aquí va. Mas que miro! la justicia hacia este sitio, en su busca su movimiento encamina: el encubrirme me importa, recátenme estás encinas, desde donde, sin ser visto, veré lo que determinan, 1. Estos nos han de decir, (puesto que en prisión se miran) por donde fue Ludóvico, o en que parte asiste, 2. Digan la yerdad, o de estas ramas quedarán colgados. . Guindas que fuese maza este viejo, para que por su trailla me traigan hecho una mona. 1. No respondé? . Suerte esquiva No siento, no, mi peligro, que lo que al alma lastima, es ver tan aventurada de Ludóvico la vida. Su padre, mejor que todos hallarle podrá. . Es mentira, que siempre para su padre ha sido cosa perdida. 3. Y este hermitaño fingido, de sus atroces malicias, no es capaz? . No soy capaz, que soy simple. 1. Hipocresías, cuando sabemos que es bandolero? . Esa es hablilla, ustedes me hacen merced. 1. Diga donde está, o por vida del Rey, que aquí ha de morir. Mucho aprieta, aquí mentiras: ̱. a mi amo huyendo vi, como quien llevaba abispas; y sin duda, a la ciudad a favorecerse iba. Pues deslumbremos aquestos, doiles con la entretenida, diciendo que fue a otra parte: . ello, la yerdad sea dicha, mi amo, señores, fue huyendo a la cascria, que allí se mira, y está de aquella aldea vecina: allí podréis encontrarle. Que notable es su desdicha! pues al peligro le entrega, el que piensa que le libra. 1. Vamos a la quinta todos. Quién me hizo meter en quintas? Ay Ludóvico! qué ahogo mi temor te pronóstica. Hay hijo! no sé qué impulso, tu muerte me baticina. 1. Vamos pues. . Ay embustero, y como la has hecho limpia! Si acaso no es sucia, dando los huevos en la ceniza, Válgame el cielo! terrible, es el riesgo en que se mira Ludónico: como noble, (aunque aventure la vida) he de ampararle; y supuesto que las sendas retorcidas han de estornarles el paso, sin detenerme, a la quinta he de ir desde el aldea con mi gente: no remisa esté la presteza, cuando tan presta está la desdicha. De toda la quinta, aquesta es la cuadra más oculta, en ella de mis cuidados dará fin la torpe lucha de los sentidos, que el mar navegaron de mis culpas. Las puertas quedan cerradas, si hallaré puerto a mi angustia? más que dudo, cuando miro en una hermosa escultura, el puerto, que más seguro tranquilidades me anuncia. Vos, Señor, salís al paso, parece que a la sañuda obstinación de mis hierros, ponéis amable coyunda. Es posible, que mirando por mí vuestra arquitectura, tan ultrajada, a su luz pretenda vivir a escuras? No Señor, no sé que aliento no usado, en mi pecho pulsa, que al alma le dicta afable los efectos que pronuncia. Radiante Sol, de cuyo menor giro, luz conoce Región no conocida: tú, que en la greña inculta, y escondida de un monte, pueblas áspero retiro. Divino blanco de inhumano tiro, que al golpe expuesto de una, y otra herida, causas tu muerte, por causar mi vida, y hombre te miro a un tiempo, y Dios te admiro: Al verte padecer por culpa ajena, (que no es otra la causa que te culpa) de discurso un discurso me enajena. Pregúntote, Señor; con tu disculpa, si la culpa no tienes de tu pena, como sufres la pena de mi culpa? y el peso de mis delitos, Mas ay cielos! y a mis ojos en dos raudales se inundan, y en el mar de mis afectos, ya mi corazón fluctua. Pero el sueño, y el cansancio inquietamente me ofuscan, a un mismo tiempo me abruma. Bostezos me desalientan, y fríos me descoyuntan, esperezos, y a no hay fuerza, que fuerza no disminuya a mi aliento, que la sangre qué vierto por las roturas de las heridas, desmayos me ocasiona con su fuga. Ya yo me rindo, ay de mí! al tropel de mis angustias: a las acciones les quita su acción el sueño, sin duda, (si en el sueño está la muerte) que hoy mi sueño me la anuncia. Ya mi entendimiento acaba, y a mi voluntad le ofusca; solamente la memoria, mis memorias me acómula; pero que temo, si os tengo a vos, Señor, en mi ayuda? que sabéis dar con piedades, venganzas a las injurias. Solo siento, que mi padre hoy a mi vista se encubra, sin que postrado a sus plantas, la obediencia restituya: que mis altivos orgullos a su respecto se usurpan, y no menos que de Isbella hajase con mano astura la candidez, sin que agora, que de mis ojos se oculta, pueda darla con mi mano, de tanta culpa disculpa. Pero ya que lo imposible, a posible no reduzga a la ejecución, por vos, Señor, mi voluntad supla. Ya segunda vez el sueño todos mis sentidos turba, pues cada uno por él desusadamente usa. Ya me rindo, y a a su embate este edificio caduca, y las luces de mis ojos, de su lumbre se deslumbran. Piedad, Señor, que ya aquí mi resifrencia le anvia, y en soñolientos desmayos, todo mi ser se trabuca. , n Ya, que entregado al letargo yace, quien con mano injusta pretende alcanzar el cielo, cuando al cielo haciendo punta, ha vivido ciegamente: rompiendo las cerraduras de las puertas, quedan todas abiertas, porque la chusma, que le sigue, así le prenda: y si librarse procura, muera al rigor de la ira, que en mis entrañas se oculta, Y a pesar de todo el cielo, que contra mí se conjura, he de anudarle el aliento, que mis alientos anuda, de esta suerte. Dragón fiero, ya en vano triunfar procuras, de quien mi brazo defiende. La gracia ampara a la culpa? No hay culpa donde la gracia asíste. . Aquí no hay ninguna, que en gracia no puede estar, quien no confiesa sus culpas. Con la contrición se alcanza todo. . De qué suerte? Escucha. Es verdad, yo he dado muerte a muchos, sin causa alguna. Lo que pública la voz, el corazón lo pronuncia. Este no siente, y así no siente lo que artícula. Lo que siente el corazón, dice la voz; pues quien duda, que cuanto su voz pública, es sentido? . Las injurias, que hice a mi padre, y al mundo, confieso que han sido muchas: piedad! . En vano la esperas. Verásla, pues la procuras. Venga el verdugo, yo muera, porque mi muerte se ajusta. Y justa también tu pena, porque un alma tan inmunda, no es digna de alcanzar gloria, Antes la tiene segura, pues con su llanto la lava, y con su pesar la apura. Excusado es el tormento, en vano el cordel me anudas, pues ya mis culpas confieso. Ton, no confieses tus culpas, que así facilitas, cuanto mi sentido dificulta. Eso sí, a la confesión, tu arrepentimiento acuda, que a su aldaba se ha de asir, el que la gloria procura. . Pequé! Pese a mí! . No iguale a la de las criaturas, tu sentencia, pues padece, quien a confesar se ajusta. Dios es misericordioso. Justiciero le atributan. Piadoso sois. . Quién lo niega? Clemente sois. . Quién lo duda? Pues haced como quien sois, que en vos será cosa justa. Hará como riguroso, provocado de tu injuria. Cómo cariñoso, har obligado de tu angustia. En vos espero. . Qué pena! Creo en Dios. Su gloria es mucha. Todo poderoso. . Que rigor! aquí de mi furia. Criador de todo. . Qué dicha! Misericordia. . Mi industria no me ha válido. . Jesús! Aquesa voz que pronuncias, me ha vencido, y a no puedo instar en tan fuerte lucha. Huye pues, horrible monstruo, a la cabernosa gruta, donde para siempre el cielo tu ardiente saña sepulta. 1. Pues no hay quien lo impida, y a a castigar su malicia, acudamos. . La justicia es quien le busca. 1. Aquí está. 2. Lleguemos. . Oh trance fuerte! Entrégole tu traición. Saliome mal mi intención. Ay Ludónico! 1. Despierte, ahora duerme sin recelo? cercadle, no sea mentira; más qué es esto! 2. No respira. 1. Muerto está. Válgame el cielo! hijo? Esposo? ya mi mal acrédita su rigor. Ha Ludóvico? . Señor, despierta por otra tal. 3. Elado está. 1. Ya deshace con su muerte mis cuidados. Los ojos tiene cerrados Es, que no ve lo que hace, Entremos. . Los Fariseos, llegaron ya. . No seas tardo. En mi casa? . Pues Lisardo? Os átrevéis? . Deteneos, que para aquesta conquista, Dios con su amable desvelo, siendo Espíritu del cielo, me hace corporeo a la vista. Qué divina perfección! Mi vista en su luz se anega! Absorto estoy! Yo estoy ciega! Pues canta esta relación. Ludóvico, que vivió contra Dios siempre imperfecto, pues negó a Arnesto el respeto, y a Isbella el honor quitó. El que a su sangre infiel acreditó su malicia, burlando de la justicia, siendo homicida cruel. Es este, que ya de humanos alientos destituido, en sueños ha fallecido por decretos soberanos. Y aunque su nocivo aliento al infierno le guió; llamando a Dios, mereció gloria su arrepentimiento. Lisardo, por la asechanza del enemigo inmortal, que tu forma natural tomó para su venganza. Sucediendo uno a otro error, dio motivo a tus recelos, porque sirviesen tus celos de incentivo a tu rigor. Arnesto, para que cuadre al ser padre, tu piedad, su ciega incapacidad le perdona como padre. Isbella, por ser trofeo, a quien la muerte deshizo, Brosió no te satisfizo; pero sobrole el deseo. Vosotros, y a satisfecho veis vuestro agravio, en que indicia Dios, que venga a la justicia, como su brazo derecho. Vea el mortal de esta suerte, para redimir su empeño, que toda la vida es sueño, y en el sueño está la muerte. Quedad en paz, que divinos impulsos mueven mi aliento, a que sur que por el viento esos orbes cristalinos. Quién tan raro caso vio! Qué prodigio! . Qué portento! Que alegría! . Que contento! 1. Qué raro asombro! . Voló, En mi llanto me deshago, de tanta dicha gozoso. Con ser hoy, Celia, tu esposo, tus finezas satisfago. Hoy conozco mi ventura, con mi afecto lo público. 1. Nosotros a Ludóvico le daremos sepultura. Yo, en un Conmento podré soldar con la penitencia, de mis hierros la imprudencia. Y yo te acompañaré. Y yo, antes que vaya al yermo, daré fin, aunque de paso, a este verdadero caso, que eterno vive en Palermo. Pidiendo en fin el perdón, Don Gerónimo Guedeja, de su yerro, que aurá queja, sino alcanza absolución.
