Texto digital de Los empeños del mentir
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Antonio Hurtado de Mendoza
- Atribución estilometría
- Antonio Hurtado de Mendoza Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los empeños del mentir. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/empenos-del-mentir-los.

LOS EMPEÑOS DEL MENTIR
JORNADA PRIMERA
N fin, que este es Madrid? Esta es la Villa, que el nombre de Ciudad ha despreciado, no salve, si no admire: o coronado Pueblo de Majestades, cuya planta besa tantá Corona, y Región tanta! Siempre apacible, y claro, y siempre hermoso; a quien no alegra, o grande, o generoso noble Madrid, tu vista, y tus reflejos? Poca persona tiene desde lejos. Esta es la puerta de Alcalá, que el nombre le da a esa calle; qué explayada, y bella! Qué ancha que es de caderas! tiene talle también de traer enaguas esta calle. Qué bizarros, qué ilostres edincios! que gigantes de cal en alto vuelo, son batallas de piedra con el Cielo, de estos dirás ahora maravillas. Muchas casas columbro yo en cuclillas. Mira estos campos, mira estos jardines, que le son a Madrid, en aires puros, roja atalaya en florecientes muros, en quien hallan los cónsules más graves, aplaudidos también de flores, y aves, paz al cuidado, y tregua a los deseos. Sí, si jardines son, pero no Hibleos. Qué dirás de este prado airoso y limpio? Que en dos hileras de alamos, y sauces, con las llagas que le hacen tantas fuentes, es verde procesión de penitentes. De este escuadrón de coches, qué me dices? Nada, nada, otra vez nada en efecto, que os quiero guardar también secreto. Si murmurante vienes a la Corte granjearás candal poco en esos tratos, que andan los maldicientes muy baratos. Lo murmurante hoy, estrado adonde todo lo que no es, aún no se esconde; nada me hagas hablar, pregunto solo si es más que esto Madrid? Madrid es tanto, que en la soplada fábrica de un manto, y de un breve chapín en el distrito, la Mensis, vanidad, pompa de Egipto, la Babilonia del Asirio asombro, la que al Romano Imperio arrimó el hombro, le son corta medida a competencia, que si no en multitud, ni en opulencia, en sazón, en belleza, en alegría, desde las blancas márgenes del día, a los negros umbrales del ocaso, cuanto huella del Sol el rojo paso, en gusto, en majestad, en ornamento, Madrid, con tu buen aire, todo es viento. Y el Oso de sus armas es airoso. Siendo en fin Madrid también el Oso. Que sea más que fábrica eminente, de los muros del Sol guerra luciente, es esta, que ceñida a un templo anciano, es justa vanidad del aire vano, que la venero aún antes que la miro. Este es el celebrado Buen. Retiro, ocio sin él, de un celo desvelado, Templo, que a la templanza ha levantado una modestia, del favor despierto, que poblado de luz forma un desierto; bien que de Águilas ya glorioso nido, el que de un Cisne fue lecho escondido, Alcázar se descubre a un Sol ahora, en las primeras líneas del Aurora; en cuyo lucimiento, y compostura, la riqueza, el asen, la hermosura, asisten, con jamás vista extrañeza, a ser número, mas que a ser grandeza; en lustre tan Real, tan grande en modo, que si no es la ambición le cabe todo. Este es Palacio nuevo, o bien segundo, atesición general de tanto mundo, donde Felipe, tantas veces Grande, seguido siempre, y competido nunca, de la grandeza Castellana toda: Rico de admiración es el espanto, en tanta varia fiesta, en triunfo tanto, a todo en el valor, destreza, y nombre, mas que pudiera en Rey, lo excede en hombre? Aquí de su grandeza, y de su aliento, (que a su buen aire sí, que todo es viento) altas señas ha dado, que en su diestra, en la festiva pública palestra, el agravio Español, pesado, y leve, con tanto honor, y espíritu le mueve, que tiemblan los bastones en campaña, de los amagos solos de una hazaña. Aquí gallardo hermano, y tierno esposo, de la Reina de Lngria el parto hermoso celebró con mil fiestas, siendo en ellas, o gloriosa Isabel, tus luces bellas alma de sus acciones, pues no en vano tu mérito, y tu nombre soberano le hicieran Majestad, a no ser tuya, que es grandeza, que pide iguales modos ser galán tuyo, como Rey de todos, aquí del generoso ilustre Alcaide, que en lo bizarro sin lisonja alguna le pudiera ser deuda la fortuna, a los Reyes, y damas juntamente, tan cortes, tan galán, sino, y decente los festeja, que muestra que ha seguido afinado, modesto, esclarecido, con antigua razón, y luz temprana, de Palacio la senda soberana, que es en las Damas, y es en las Meninas, aún agraviado el nombre de divinas. Ya que en Madrid estamos, qué ejercicio tomaremos los dos? Sea un oficio entre noble, y mecánico. Qué? escuderos. Ese es muy ocupado: ea, embusteros ha de ser. Es oficio peligroso. Siempre le he visto culpas de dichoso. Vengo en él, y el primer embuste sea, que habiendo a pura pata, que llamamos, venido tantas leguas, nos calzamos. las espuelas, que estoy escrupuloso de hacer divorcio de las Judas botas, que descalzarlas es gran desatino, sino hay también vicarios del camino. Ya estamos espolados, y en la Corte, los rumbos me descubre de este norte. Conviene, o mi Márcelo, que sigamos la senda que nos lleva, entretenida, mas que no a buen vivir, a buena vida, siempre estarás conforme, siempre atento a cuanto yo dijere: jurarás cuantas cosas yo mintiere. Si la misma mentira, ella en persona fuera de sastre en sastre, vulgaríceme, nunca un compañero le hallara más cabal, ni Caballero; haré verdad las cosas que tu sueñas, y mentiré por señas; y si quieres mentir más descansado, y conocer quien soy, déjame ahora mil mentiras en blanco, que yo tenga, para llenar después cuando convenga. Abrázame, o Márcelo, que yo fío, que ha de ser este pueblo tuyo, y mío. Bravo es el cadenon! Y este no es nada? Falso pueden jurar de camarada; pero qué sale aquí? Nada te admire, que en la Corte, entre tantas necedades, lo menos nuevo son las novedades. Hh sido mucha traición llamarme, y sin susto vengo, que para peligros tengo, aún más mío el corazón. De un papel de desafío llamado salgo, y si es ya más traición vuestra, será más valor, y empeño el mío. Uste es persona muy cuerda, reportada, y de importancia, y quien anda de ganancia no es bien que en nada se pierda. Del labrador que el tributo cultiva en futuro pan, es solo suyo el afán, y es para todos el fruto. La comparación se aplica; si uste tantas sembró pintas, y el naipe le dio una cofecha tan rica, desabroche ya esa mano, con los amigos, pues sabe, que en el peor año le cabe a cada hormiga su grano: usted nos cierre estas bocas, que es bien que pague usté buenas intenciones, que valen mucho, y hay muy pocas. Madrid no ha visto jamás, término tan descortés, si ya una dicha no es ganar un peligro más; comparación, gusto, intento págara yo luego allí, si lo pidieran, y aquí pagaré el atrevimiento. Pícaros estafadores. 1. Miserablito, y brioso, buen badulaque. 2. Famoso. A uno tres, serán traidores, y es afrenta de los dos, Teodoro, no acometerlos, que el ser más ruines que no ellos no es posible, vive Dios. Dices bien, trinca insolente, tres a solo un Caballero? 2. Huyamos. 1. Y yo el primero. Muchos no hacen un valiente; qué bien huyen! Y qué bien que yo agradeceros debo la vida, noble mancebo! Agradecedla también al camarada, que es hombre de valor. Bien le mostró: y sepa, señores, yo la suerte, la patria, el nombre de dos ya tan dueños míos. Primero es bien que de vos sepamos, a quien los dos obligamos, que esos bríos no esconden vuestra fortuna. Decid, con vuestra licencia, quién sois? qué fue la pendencia? La causa es, no haber ninguna. Yo soy un anciano hidalgo, que con mi sangre, a lo menos ninguno se perdonara, sino es yo lo Caballero. No de la suerte olvidado nací en hacienda, y en deudos, ni a ser pobre en lo envidioso, ni a ser rico en lo soberbio. Crieme en Madrid, al temple de estos aires, que en venenos floridos, son verdes lazos de los dulces años tiernos. Buena opinión, leve gusto, amigos pocos, y cuerdos, alguno en la confianza, y todos en el sombrero. Algo de amor, lo bastante para ser templado medio, entre peligros de loco, y entre corduras de necio. Derramado en cortesías, mas que en costumbres, no temo que de mi lengua, y mi trato me acuse nada el silencio. De airosa pluma indiciado horas entregué a los versos: traje, sino el más lucido, el más galán el ingenio. Mis ejercicios de mozo; y mis entretenimientos, ociosidades sin queja, y descuidos sin desprecio. La Comedia, el prado, el río, y tal vez con poco riesgo de ocasión, no de codicia, surcar los golfos del juego. De aquí nació la pendencia, que estos tres hombres, fingiendo un papel de desafío, firmado de nombre ajeno, al campo (qué gran bajeza es decirlo!) con su enredo me sacán, y en él me piden, retóricos, y molestos, que tributario les sea de mis ganancias; y viendo la desvergüenza elocuente, y elegante atrevimiento, meti mano; mas no es justo referiros el suceso, en que vuestra espada sola fue mi escudo, y fue mi Templo. Y así pasaré a informaros de la obligación que tengo a nobles correspondencias, y a generosos aciertos. Mis padres fueron ilustres, y siguieron mis abuelos las dos sendas vinculadas a la gran sangre del Reino, Palacio, y la guerra, en donde ganaron crianza, y premios, Pajes del Rey, y Soldados, alta escuela de aquel tiempo. En una, y otra alcanzaron por amparo, y por Maestro aquel gran Duque, no Alba, sino Sol de los Toledos, postrera fecunda línea de los grandes, de los diestros Capitanes, que dio a España a tanta abundancia el Cielo: formados todos a sombra de los siempre heroicos hechos del gran Goónzalo Fernandez, a más siglos menos muerto. Vino a la Corte mi padre de heridas, y honores lleno, y el segundo Rey Felipo; el solo muchos Consejos, sin consulta de ninguno le dio un Avito: gran precio, tremolar blasones tantos la roja señal de un pecho. Dos hijos dejó varones, a mí, y a Don Pedro Tello, que ahora murió en la Alsacia, cuyo nombre, y cuyo acero fue gran parte en las victorias del Feria, que César nuevo llegó, y venció, y en Felipe vez cuarta estrivó el Imperio. Toca a embestir, que cayose la mentirilla en el cuento, como la sopa en la miel; civil lo dije, ya es hecho. Don Pedro Tello murió? Don Pedro? válgame el Cielo! Quiero, o válgame yo, y todo! que murió el señor Don Pedro? Le conocisteis, amigo? Eso decís? Darme quiero prisa, porque en la maraña se quiere encajar Márcelo. Qué dura, qué triste nueva! qué más desdichas espero? pues la mayor parte mía murió? Vuestro sentimiento me restituye su vida: Fuisteis su amigo? En extremo; lloradme muerto con él. Voto a Dios, que no lo entiendo, por todas sus coyunturas esta brotando embelecos. Dejó mi padre una hija, y quiso piadoso el Cielo darle en virtud, y hermosura el dote del casamiento. Doña Elvira de Guzman se llama, porque mi abuelo por Guzman, y valeroso se llamó dos veces Bueno. Tengo noticia de todo, que el malogrado mancebo, ni me reservo cuidado, ni me recató secreto. Muchos nobles la han pedido por la virtud, y el ingenio; si es caudal honrado nombre, si es dicha merecimiento: Parece que te entristeces? De un casamiento me acuerdo. Nada has de callar, Teodoro? él se da prisa. En efecto, reconociendo sus partes mis parientes, siempre atentos, no despreciando a ninguno, los tiene todos suspensos; porque Don Pedro mi hermano trato más con gusto nuestro, en Nápoles de casarla con un Don Luis de Vivero. Pidió un retrato de Elvira, y enviámosle pequeño en una carta. No pases adelante, que no debo acallar esas memorias, divertir este tormento. Aquí me marido yo, en este Don Luis me vuelvo: Estrecha viene una vida a tan mortales recuerdos: como tarda el corazón, desatado de sí mismo! Don Luis de Vivero (a triste!) soy; mas no soy, que no tengo sin Don Pedro ser, ni vida; téngale Dios en el Cielo. Téngate Dios en su gloria. Esto es mentir a dos tengos. Por mentiroso de ayuda me traen por Dios cual perro: Oh mentiras venturosas, qué dicha es mentir más presto! Vos sois Don Luis? Mis desdichas como pueden, ni pudieron ser de otro? Y dudarlo yo, señor Don Luis, cómo puedo? que menos que vuestra mano, que reconocido beso, ni yo le debiera tanto, ni tuviera tanto esfuerzo. Ya no es tiempo de encubrirme; Teodoro, saca al momento el retrato. Qué retrato? Harasme que pierda el seso. Miente como has de mentir, No me vayas al enredo, como a la mano. Señor. Saca el retrato, grosero; encoméndete otra cosa? trájete para otro efecto? sacó otra joya de Italia, ni otra reliquia mi pecho? sácale luego. Señor. Él le ha perdido, y yo veo maravillas, y milagros. Dame aquí el retrato luego. Cazadores pretendientes, Indianos casamenteros, vuestra infinita mentira se me revista en el cuerpo. Con las joyas, y los dijes de balajes, y el espejo de topacios, y el carbuncio al tope; y los Camafeos el retrato me quitaron: una vida sola tengo, una muerte debo a Dios, y a ti lo demás te debo. meti mano; mas no es justo referiros el suceso, en que vuestra espada sola fue mi escudo, y fue mi Templo. Y así pasaré a informaros de la obligación que tengo a nobles correspondencias, y a generosos aciertos. Mis padres fueron ilustres, y siguieron mis abuelos las dos sendas vinculadas a la gran sangre del Reino, Palacio, y la guerra, en donde ganaron crianza, y premios, Pajes del Rey, y Soldados, alta escuela de aquel tiempo. En una, y otra alcanzaron por amparo, y por Maestro aquel gran Duque, no Alba, sino Sol de los Toledos, postrera fecunda línea de los grandes, de los diestros Capitanes, que dio a España a tanta abundancia el Cielo: formados todos a sombra de los siempre heroicos hechos del gran Gónzalo Fernandez, a más siglos menos muerto. Vino a la Corte mi padre de heridas, y honores lleno, y el segundo Rey Felipo; el solo muchos Consejos, sin consulta de ninguno le dio un Avito: gran precio, tremolar blasones tantos la roja señal de un pecho. Dos hijos dejó varones, a mí, y a Don Pedro Tello, que ahora murió en la Alsacia, cuyo nombre, y cuyo acero fue gran parte en las victorias del Feria, que César nuevo llegó, y venció, y en Felipe vez cuarta estribó el Imperio. Toca a embestir, que cayose la mentirilla en el cuento, como la sopa en la miel; civil lo dije, ya es hecho. Don Pedro Tello murió? Don Pedro? válgame el Cielo! Quiero, o válgame yo, y todo! que murió el señor Don Pedro? Le conocisteis, amigo? Eso decís? Darme quiero prisa, porque en la maraña se quiere encajar Márcelo. Qué dura, qué triste nueva! qué más desdichas espero? pues la mayor parte mía murió? Vuestro sentimiento me restituye su vida: Fuisteis su amigo? En extremo; lloradme muerto con él. Voto a Dios, que no lo entiendo, por todas sus coyunturas esta brotando embelecos. Dejó mi padre una hija, y quiso piadoso el Cielo darle en virtud, y hermosura el dote del casamiento. Doña Elvira de Guzman se llama, porque mi abuelo por Guzman, y valeroso se llamó dos veces Bueno. Tengo noticia de todo, que el malogrado mancebo, ni me reservo cuidado, ni me recató secreto. Muchos nobles la han pedido por la virtud, y el ingenio; si es caudal honrado nombre, si es dicha merecimiento: Parece que te entristeces? De un casamiento me acuerdo. Nada has de callar, Teodoro? él se da prisa. En efecto, reconociendo sus partes mis parientes, siempre atentos, no despreciando a ninguno, los tiene todos suspensos; porque Don Pedro mi hermano trató más con gusto nuestro, en Nápoles de casarla con un Don Luis de Vivero. Pidió un retrato de Elvira, y enviámosle pequeño en una carta. No pases adelante, que no debo acallar esas memorias, divertir este tormento. Aquí me marido yo, en este Don Luis me vuelvo: Estrecha viene una vida a tan mortales recuerdos: como tarda el corazón, desatado de sí mismo! Don Luis de Vivero (a triste!) soy; mas no soy que no tengo sin Don Pedro ser, ni vida; téngale Dios en el Cielo. Téngate Dios en su gloria. Esto es mentir a dos tengos. Por mentiroso de ayuda me traen por Dios cual perro: Oh mentiras venturosas, qué dicha es mentir más presto! Vos sois Don Luis? Mis desdichas como pueden, ni pudieron ser de otro? Y dudarlo yo, señor Don Luis, cómo puedo? que menos que vuestra mano, que reconocido beso, ni yo le debiera tanto, ni tuviera tanto esfuerzo. Ya no es tiempo de encubrirme; Teodoro, saca al momento el retrato. Qué retrato? Harasme que pierda el seso. Miente como has de mentir, No me vayas al enredo, como a la mano. Señor. Saca el retrato, grosero; encoméndete otra cosa? trájete para otro efecto? sacó otra joya de Italia, ni otra reliquia mi pecho? sácale luego. Señor. Él le ha perdido, y yo veo maravillas, y milagros. Dame aquí el retrato luego. Cazadores pretendientes, Indianos casamenteros, vuestra infinita mentira se me revista en el cuerpo. Con las joyas, y los dijes de balajes, y el espejo de topacios, y el carbunclo al tope; y los Camafeos el retrato me quitaron: una vida sola tengo, una muerte debo a Dios, y a ti lo demás te debo. El retrato? Vive Dios, que después que te haya muerto, aún tendrá sed de venganzas mi ardiente amable deseo. Descuido ha sido notable; por haberme hallado en medio, que os reportéis os suplico. De las joyas no me acuerdo, pues murió Don Pedro, solo perder el retrato siento. Huésped seréis esta noche de su original, y creo hallaréis agradecida a la casa, y a los dueños. Teodoro, vuélvete a Italia, que en ver tu sombra me muero; fiel eres, pero aciago, bien nacido, pero necio. Diez años ha que te sirvo, y salgo con este premio? Por hacerme a mi merced, y por su bizarro aliento en la pendencia pasada se ha de quedar. Nada niego a cosas de Doña Elvira, ni a la sangre de Don Tello. Quedaos a Dios, y dejadme volver peregrino, y ciego a no volver ya conmigo, a no saber de mí mismo. Las cartas que a la partida me dio para mis conciertos, para vos, y vuestra hermana, reconocido os lo dejo. ca, Teodoro, esas cartas. esta endemoniado pienso, entir a su trote: e hurtaron el pliego. de lo escrito, que ya iremos adonde más que papeles, harán sentir ojos bellos: venid, y descansaréis. Qué, descansar? ya habrán hecho mi aposento mis criados, que quise entrar encubierto. Mi casa está prevenida. No ha de ser. Tan nobles ruegos desprecias? Vergante, vos también entremetidejo? este hombre es la misma Filis, . que anda en el primer concierto tan blando. . Sin duda tuvo en la pendencia gran miedo. Miente más largo Teodoro. Miente más corto Márcelo. Para cosas de honra, y punto no vales. Protoembustero, mentir para otro es mentira; y solo es justo, y honesto el mentir para sí mismo. Poltrón, descuidado, fiero, no has de comer más mi pan. Basta a los dos el ajeno. s, Elvira, los pocos años mucho no pueden saber, y moza, y linda mujer, cuál de esto hará desengaños? Celebrada una hermosura siempre estará peligrosa, y no siempre está en lo hermosa mal hallada una ventura. Mil galanes de mil modos te son festejo importuno, y mientras no lo es ninguno piensan que huelgas con todos. Qué temes, Elvira? quién te puede a ti ser ingrato? que aunque ya murió el buen trato, aún es vivo el querer bien. Yo sé un hombre, que te quiere con tan fina ley, y amor, que no es su tierno dolor de lo blando, que se muere: De verdad muere por ti, y solamente ha fiado su bien nacido cuidado de amor del alma, y de mí. No es de aquellos, que en antojos ceban todo el pensamiento, siendo en sus pasos intento cualquier noticia en sus ojos. Tan recatado, y ceñido vive, que en nuevo secreto gasta todo lo discreto solo en no ser entendido. Si quieres saber el nombre, pues somos primas, y amigas, sabe que es. No me lo digas, basta saber que es un hombre. Conocer al enemigo es menos riesgo, mas no me aseguro en eso yo, sino en que yo estoy conmigo: Nada temor ni denuedo me hace, que en lo esparcido para todo lo atrevido solo de mi tengo miedo. Inclinación pensé yo que era amar, y yo imagino, que se ha de amar por destino, bero por consejo no. Medios todos son injustos, quefer por intercesión, poca entereza, que son muy licenciados los gustos. Poco tiene merecido ningún hombre para mí, porque te parezca a ti muy bueno para querido. Y a no hacer tiro a mi hermano, que le amaras te pidiera, porque el hombre no tuviera tan buenas partes en vano. No ajustaste bien los modos de culpar no amar yo a alguno, que por el querer a uno se pasa a quererlos todos. Mi condición me disculpa con oír extremos tantos, que están los necios espantos muy vecinos de la culpa: tú con tantas bizarrías sufrir puedes ocasiones, pues aún con tus perfecciones temiera yo en siendo mías. Perdona, que todo ha sido arma falsa, que segura sé que guarda tu clausura la víspera de marido. Quise ver si ya entregada a nuevas matronerías, misteriosa respondías tus necedades de honrada. Y tu primor nada ignora, aunque muy nuevo a ser viene, que hablar libre, y mal, se tiene por grande virtud ahora. Esa virtuosa insolencia aún diciendo verdad, miente, que en nada será decente, quien habla con indecencia. Aún de lo que erraré, no a nadie culpar espero, que para buena, no o hacer más que serlo yo. De Don Diego, y no es temprano, estos días he entendido que pasar quiere ha marido todo el cuidado de hermano. Con un Don Luis de Vivero, que en Nápoles está ahora me han dicho, y que cada hora se espera este Caballero. Y acuerdome que un retrato pidió mío, y le envió Don Diego, aunque me encubrió la causa con gran recato. Pues tú con él tanto puedes, sabe lo que ay, que ver siento la libertad en el viento, y junto al alma las redes. Que aunque no ha de ser porfía mi voluntad nunca en nada, quiero tenerla informada, ya que no la tengo mía: pues aunque mujer nací, parece mucho albedrío esto que ha de ser tan mío, disponerlo tan sin mí. Elvira, no dudes de ello, y que lo dejó efectuado, que aún es más que concertado, tu hermano Don Pedro Tello; y de Don Luis he entendido que es persona señalada por el arte, y por la espada. No es harto para marido. Qué le falta? Eso preguntas? Noble, entendido, y también sobre todo hombre de bien, que es todas las partes juntas. Lo noble, lo dice el nombre, pero dejaste olvidada la hacienda. Buena es hallada, mas la mayor es el hombre. Que aquí os detengáis os ruego, no asustemos a mi hermana, y esta dicha: mas Doña Ana en casa? Señor Don Diego, de qué tan grande alegría? De verte pudiera ser, pero todo este placer es dicha de Elvira, y mía; lo afinado, y lo galante perdona, que hoy es forzoso, que aún hasta el nombre de esposo sea embarazo de amante: Hermana, Elvira, no pido albricias, pero merezco. Nada hasta ahora te ofrezco, qué me traes? A tu marido, en un mancebo gallardo, por su valor. Qué asustada lo escucho! Y debo a su espada. Triste, y dudosa lo aguardo! Mil parabienes te doy, que he oído, si es el Vivero, que es bizarro Caballero. Ay prima! esperando estoy entre alborozo, y enojos, quiera Dios, pues lo ha querido, que de tanto que has oído, quede algo para los ojos. Sóbrate la compostura natural, no hay que aderezarse más bien, que ha de examinarse a descuido la hermosura: siempre estás bizarra. Oís mozuelas, buen aire sopla, de repente como copla, el novio. Señor Don Luis, entrad, honrad. Cuál será? Eso es menester decirlo. Ay si fuese el hombrecillo. Aún yo estoy con susto ya, pero Elvira se alboroza. Ya llegan. De esposo envisto. Ata la chanza. Por Cristo, que es de lo caro la moza: para entrar muy Caballero, cómo he de hacer? Lo ensavoso fuera bien, pero entra airoso. Todo un Don Luis de Vivero tenéis, Elvira, dichosa, de par en par. Qué desdicha! La necedad ya esta dicha, el novio es, él es. Qué hermosa! Ay señores, que mal dejo que tuvo la reverencia, y afortada, en mi conciencia, en malvado oficialejo. Que dijera Paulo Jovio, Teodoro, de esta Española bizarra, y deidad sola? Mintió el demonio del novio. Por Dios que es bella la Elvira! que este fruto haya sacado, no más que el haber plantado. mas temprano una mentira. Mal haya yo vez, y media, si (por vida de esta cara) si al tal hombre le tomara por mío en una Comedia. Ah Don Pedro, malogrado, cuanto por dicha tan mía, deseabas tú este día: no te merecí cuñado! Es la cabeza cortada, mi señora Doña Elvira, del Pedro, y no es, no, mentira el retratejo. Turbada, señor Don Luis, es decencia que no se excusa. A no sello, tuviera yo celos de ello. Qué vil será la obediencia, que con suerte tan cruel se ajuste; mío es el sí, y no puede ser sin mí ser desdichada con él! Amiga, pues, ya fue dicha, en tan poca, hallarte aquí, ayuda, ayuda a que en mí se dilate esta desdicha. Qué hombre es este, que no hay parte en él que obligue a querido? Qué hallado, que entremetido, qué mal porte, qué ruin arte! Que no sea gentilhombre, qué importa? y sufrirle quiero mal aire de Caballero, mas no mala traza de hombre. Que esto agradase, me espanto, a mi hermano; este mi dueño? sufrase algo de pequeño, mas de hombre bajo no ranto. Ni aún lo pequeño es sufrible; qué civil, que desairado aún el pobre del criado es trato más apacible. Teodoro. Qué mandáis? Hola, como necio, y descuidado has de parecer criado, si dejas la criada sola? En reverencias no estás périto, mal las encajas. Cómo he de hacerlas? Más bajas, cuando las fingieres más. Descuido ha sido, traerase la recámara al momento. Quisiera que el casamiento esta noche te efectuase, pero no es tarde mañana. Que en ello que está Don Diego! Mi hermano en todo está ciego. Dichosa ha sido mi hermana Elvira, lo agradecida también lo muestra a su mano, que ya no solo es hermano, sino padre, pues la vida sabrás después de que suerte me la dio, y se la he debido segunda vez. Y has querido pagársela con mi muerte? Mi señora, yo me llamo. No quiero saber su nombre, más usted, señor gentilhombre, tiene más talle de amo: Dígame por vida mía, vnesasted, si lo perdona, y trae esta ruin persona el señor Don Luis cada día? Viene hoy de embozo. Es donaire. Es de la gala el crisol. Nubes habrá para el Sol, mas no hay sombras para el aire. En Italia, entre diez mil infantes, en cualquier calle, era el Príncipe su talle. Y llamábanle el gentil Español? Cómo? y el bello. Son camaradas? Mal año, es mi amo entero. Es engaño, ya hubiera dicho mal de él: trae vestidos muy galanos de Italia? Y los da también. Que los sabrá coser bien me lo han parlado sus manos: era sastre, o Capitán el señor Don Luis en Nápoles? La flor de los Españoles le llamaban en Milán. Después de a casarse, el bello garzón, a que es su jornada, qué es lo que pretende? Nada. Saldrá su merced con ello. Cómo te llamas? En cuanto al nombre nada hay civil, Teresa. Y Teresa Gil en el perseguarnos tanto. Señor Don. Luis, esta noche descansad, venid, que aquí es vuestro cuarto. Y a mí me está ya esper do el coche. Iré, a acompañaros yo, prima, a vuestra casa. Y todos, aunque hiciera muchos lodos. Finezas por mí, eso no, temo algún engaño; ultraje natural, no era el primero mal talle, y buen Caballero; mas lo indigno del lenguaje no se dispensa; haz por ti lo que puedes. Ay Doña Ana! Él no, también le hay mañana. Y más siendo el novio así. Quedaos, hermano, y tu Elvira, mientras con Doña Ana bella voy, entretenle. En creella conozco más que es mentira. Querida esposa. No quiero lo esposo, ni lo querida. Sentaos oíréis de mi vida; pero estas botas primero, (la llaneza es maridable) quitarme quiero. Él está casadazo entero ya; quita. . Hallamiento notable! Picaron, hombre endiablado, lo amo tan de par en par? Qué me he de arromadizar? excuso, excuso, es criado, que puede servir al Rey en una galera; andad, la recámara cuidad: gran cosa un criado de ley! Solo con la moza; o loco, no lograrás lo traidor. La doncella a la labor. Tanto marido en tan poco? Vete que si algún intento aquí mostrase, en mi fiera venganza, y su sangre, viera bañado su atrevimiento. Ven, Teresilla. Al reclamo, ni me alborozo, ni ajusto, si el mancebo tan mal gusto tiene en moza, como en amo. No estéis triste, Elvira hermosa, que os traigo en quince baules, verdes, morados, y azules. Desdichada, y codiciosa también? Muerta por sabello estáis, y a serviros tanto despejé a Italia de cuanto es raro, es precioso, y bello. De un gran camelote de aguas de Persía, que se hace allá, mil varas traigo, en que habrá casi para unas enaguas. De tela rica, y luciente cien piezas, que compré en Luca donde el nubarrón caduca, y lo alcachosado miente; cuya pulida, y extraña lavor, galante, y hermosa, sirve de hacer más costosa a la necedad de España. Este es loco, y es grosero; y mi hermano? Qué vestido mañana? Qué prevenido, cuidadoso majadero! Te has de poner? Cuantos hay nuevos? Solos quince aquí. Tenme el pagizo Turquí, y ponte tú el verdegay. Tilde olvidar no querría de todo. Fuera atenderle, tan necio como quererle. Dejé a Italia, esposa mía, tan exhausta, que recelo, que en ella solo hallarán suspiros de tafetan, y quejas de terciopelo; abánicos brava cosa, de lo que culto se llama, travesura en cualquier dama, y en todas codicia airosa. A entretener vuestra mano cerca de tres mil vendrán, que aunque pocos, bastarán para pasto de un Verano. De diamantones brillantes suma, y riqueza espantosa, y en vez de cadena, y rosa un cauliflor de diamantes. Que mi hermano tanto engaño ignore! Qué haca mañana, la Tigre, o la Porcelana? Oh qué precioso picaño! Teodoro, nunca estás ducho, que te he dicho muy despacio si has de atinar en Palacio, que sirvas bien, y no mucho. Que era un majadero en modo, dijeras, y andas conmigo. Si dijera, y si lo digo, servir, es sufrirlo todo: Tráigoos, señora, en efecto. Lo que quisiera por Dios, que no os trajeráis a vos, y trajeráis más respeto. Mi señor viene. Eso temo, adónde me esconderé? Esconderos, para qué? Soy recatado en extremo. Qué haces? Salir me ha culpado. Qué perdonado habrá sido el tardar. Veo que ha venido el señor Don Luis muy cansado, y recogerle. . Qué igual eres a mi amor! Cenemos. Al punto. Con mil extremos cenar carne le hace mal a Don Luis mi señor. Cómo, es mentira, juro a Dios: quien os ha subido a vos de Lacayo a Mayordomo? No se yo como este pudo mentirme tan delicado, sino porque estoy enseñado a cenar siempre menudo. Qué gustoso, y exparcido! bizarrías de Soldados galantes tiene. . En menguado le pago lo agradecido: que ha hecho por mi hermano este hombre, que el ser tan necio le cuesta? Qué novio, y figura es esta? Dale la mitad del nombre. Ven, Elvira. Qué medrosa que voy! Que temas es justo, que no hay cosa de peor gusto, que la dicha de una hermosa. Que esto sufra! que esto calle! ruines fortunas vi yo en otras; pero quién vio desdicha de tan mal talle? Muy majadero has estado, y muy sin arte insolente, que en nada menos se miente, que en un mentir demasiado: y tras esto es muy injusto partido, y gran tiranía, de ambos la bellaquería, y tuyo no más el gusto. Vos, atrevido, habláis recio? vos pretendéis parte en nada? muy puesto en lo camarada, muy entremetido, y necio os dais también al nivel? Luego soy tu criado yo? Luego no? Qué es luego no? En mi llaneza con él se ha destruido. . Ay picaño más gracioso? Criado no, ajustaos, que aquí acabó la farsa de vuestro engaño. A voces quien eres digo. Sois criado, y sois quejoso dos veces, anda enfadoso, no valéis para testigo.
JORNADA SEGUNDA
Vive Dios, que he de dar voces, ya vengo resuelto en esto. Paso, Teodoro. No hay paso. Advierte que nos perdemos. No hay que advertir, pese al diablo; no le basta ya a un enredo dos días de venturoso? No le sobra a un sufrimiento un instante de ofendido? Y qué del engaño espero le lleven iguales hombros, le sufran iguales miedos? Y qué la maldad que entrambos igualmente cometemos, tu triunfas, y yo la lloro, tú la gozas; yo la pierdo? Tu duermes en cama ilustre, y en generoso aposento reposas, y en casa todos mas que huésped te hacen dueño, y en mesa abundante, y rica comes con Elvira, haciendo competencia los regalos, platos dulces, y ojos bellos. La familia aduladora, de tu semblante pendiendo, después de cabal marido, no te sufrieran más necio. Y por esforzar tu engaño, tan amo estás, que sospecho, que eres señor, pues me olvidas, que soy criado, pues me quejo. En fin, no más que el embuste conmigo has partido haciendo de la amistad, tiranía, y de la igualdad, imperio. Cuerpo de Dios, haya gustos para todos, y campemos todos de bravos, de ricos, de nobles, y de discretos. Yo he derramado por casa, con tal arte, y tal ingenio. Qué has derramado? Que soy. Quién? Don Luis de Vivero. Qué dices, hombre? Esto digo. Eso es mentira. Esto es cierto, yo he de ser Don Luis. Demonio, mi Don Luis me quitas? Quedo, que yo lo soy. Vive Cristo, que nos matemos sobre eso. Ya es por demás, habla paso, no repliques, y oye atento: Yo entre sombras de palabras, que hacen noticia, y no empeño, he vertido diestramente, que oyendo a Don Pedro Tello de su hermana tan divinos altos encarecimientos, de que por testigo daba un retrato, y que el espejo, y el pincel han sido siempre dos lisonjas del silencio. No fiándome a la fama, ni a las pinturas, intento examinar con los ojos dudas que formó el deseo; y que ya que tan de cerca he visto el valor inmenso, la soberana hermosura, el divino entendimiento, me descubro, y desembozo, corriéndole el falso velo al engaño, en paz sabrosa de mis dulces pensamientos, señas, noticias, y cuanto puede ayudar a este nuevo engaño de los criados, tengo copiado en el pecho; traigo embuste gratisdato, y hoy a resto, y campo abierto, que soy Don Luis digo; tenga mejor invención más precio. Si tú estás enamorado, yo también lo estoy, Márcelo: es rica, y tengo codicia, es hermosa, y alma tengo. Concede con el embuste, que si no, desato luego la maraña, y digo a voces las traiciones, los desvelos, las costumbres, las maldades, con que embustero profeso eres el horror del mundo, y el escándalo del pueblo: Que no es razón, ni es decente, ni es justicia, ni ha de serlo, que tu ahora medres más, si yo no sé mentir menos. Embustero del demonio, Jesús, maldito embustero, galán pelmazo, que asorras un enredo en otro enredo, pues como han de persuadirse a este segundo embeleco, menguado, loco, bellaco, fondo en simple, y cabos negros? A enredador de la cuerda, no de la lengua, misterios tiene coto la mentira? La necedad tiene medio? Qué dudas de lo segundo, si han creído lo primero? Que a los frudes apacibles pocos ojos hay despiertos; la duda que en esto hubiera, es, que estos son escuderos, y a mentiras de alta guisa no estarán sus gustos hechos, que a ser orejas más grandes, qué seguro, qué sin riesgo llegará el embuste en rabia, en celo, y amor envuelto! Embusteros de sí mismos son todos, moral me vuelvo, que no engaña aún en nosotros, dentro de nosotros mismos: quien no se miente a sí mismo, sangre, discreción, y esfuerzo; y pues, mentir a los otros, si yo a mi propio me miento: cuantos en Madrid profesan en ejercicios diversos, mentir semblantes, y nombres. Hablo flojo, y callo recio: ya la tela está empezada, ser menos señor te ofrezco; no me murmores, que estoy tan amo, que ya lo temo. Ánimo, que ya me rindo, Teodoro, embuste, y a ello, Embuste, y él a nosotros es camino más derecho: Paso, que la Elvira sale, retiro, y volvamos luego, con la invención tan guisada, que pueda cenar un muerto. Invención la de la clín, que en sortijas, y torneos, entre muchas sola una, una sola lleva el premio, Blanda, risueña, cristalina fuente, que al hermoso esplayar de sus albores, si las selvas le dan cunas de flores, margen los campos son a su corriente. Si festiva, sonora, airosamente los céfiros la van diciendo amores, si requiebros los dulces ruiseñores, si el Sol, sino galán, quejas de ausente. Que presto en hondo valle, aunque más bella, de turbio arroyo vil desmerecida, en vano gime, en vano se querella. O yo mil veces yo, más ofendida, que en ella aún hasta el ser murió con ella, y en mí viviendo el ser pierdo la vida. Escucha atenta, señora, que hay gran novedad. Y es? No te lo diré después, sino ahora, y muy ahora. Sabes, que hemos entendido en casa? Di más aprisa. Que este Don Luis. Qué Teresa? Es mentiroso, es fingido. Es cierto, o es sospechado? Sospechado, pero oirás, que hay otra sospecha más. Qué sospecha? Que el criado es el Don Luis verdadero. Que todo embuste a ser viene: no lo dudo, pero él tiene más arte de Caballero: mas que testigos, que señas te lo obligan a decir? Muchas, grandes. Oh mentir, en cuanta mentira empeñas! Nada verdad me parece, que son casos imposibles, necedades apacibles, que la Comedia agradece. Dime lo que has entendido, pero vete, que después lo dirás todo: ya es dicha dudado un marido. Los dos vienen. El semblante me ha de informar lo primero. Lleva quitado el sombrero, y en viéndonos al instante. Ya te entiendo. Ansi lo creo. En fin te has enamorado? El sombrero entró quitado el otro, y porque los veo, se ha vuelto a cubrir, el que es hasta ahora Don Luis. No hay Nápoles, no hay Paris, sino Madrid, donde ves una deidad como Elvira. En mí hablan, y empezar quiero ahora a desatar los nudos de esta mentira. Con novedad admirado. Terrible ha sido tu intento. Aquel modo, y hablamiento, no es respeto de criado. Llamo al descuido, a ver cual responde: Aa Don Luis. Señora, ves qué te llama? Hasta ahora esto no sale muy mal; pero corta prueba es: Ah Teodoro. Ama mía. Si hace fe la bizarría, más galán, y más cortés es este; un necio tengo contigo. Divina ventura grande mía: qué hermosura! a ser muy dichoso vengo. si en que servirte se ofrece. De tu buen gusto lo fío, a pesar de mi albedrío, que a otros mal le parece: Aprieta mi casamiento tu amo Don Luis, de modo, que de ver que es mío todo, me hace lástima el tormento. Que entre suspiros, y llantos es desperdicio el mayor, que en mí se gaste un dolor, que puede ser para tantos. El porfía, y yo no puedo resistirme sin tu ayuda, que el morir, aún de la duda, es lo más bajo del miedo. Haz si quiera por un día, que mi alma no le vea, y como suya no sea, yo la perdonó el ser mía: Y esta lisonja recibe, que te deba yo el vivir; muera yo de mi morir, mas no de lo que otro vive. Siento, señora, de suerte tu congoja, que ofrecer el morir por ti, es hacer gran precio a tan flaca muerte. Quedarás agradecida, de que yo a Don Luis persuada que no te embarace en nada? Mas te debo que la vida, perpetuo agradecimiento en mí, Teodoro, hallarás. Y no te obligaras más, de que deje el casamiento el mismo Don Luis, por darte más gusto, y no quiera verte, y que muera de ofenderte, tan presto cómo de amarte? Digo mil veces, que dolgara, que a Don Luis se lo debiera. Bellísima Elvira espera. Aquí todo se declara. Aquí tienes, aquí está a tus pies Don Luis, que en vano impulso tan soberano puede resistirse ya. Yo soy Don Luis, que obligado de tu retrato, y la hermosa relación; qué tierna cosa! ha mancebo malogrado! encubierto quise verte, para ver si a la pintura tu generosa hermosora igualaba en alta suerte. Y ya que tan soberanos testigos hacen las paces, no hay embozos, no hay disfraces, hasta el alma está en tus manos. Si te canso, harás que vuelva, y que al instante me vaya, no a los deleites del Haya, sino al rigor de la Elva, que ni en su florido seno Pusilipo, ni Puzol, verde caricia del Sol, lisonja del mar Tirreno me acojan, sino el Levante las galeras en que armado sea de un dolor soldado, y de un imposible amante. Llega Teodoro, habla, di a voces claras quien soy. Señora, si erre, aquí estoy, a mi dueño obedecí: La gente llana, y honrada, fingir gran tiempo, señora, no sabe, cual la traidora hacia si misma envainada, perdona el engaño. Es sueño esto que escucho? Este daño tiene un recibido engaño, que recata el más pequeño, y este tan grave parece, que no me atrevo a juzgar, a decir, ni imaginar todo el temor que merece. En lo que no engaña este homí ya por lo menos ha sido el más galán, y entendido; la duda queda en el nombre. Pero en fin entendimiento, y talle no desagrada: dudemos algo, que nada con prevención da escarmiento, Don Luis, no extrañéis la duda, . ni la suspensión. Señora, todo lo hyerra, y lo ignora- novedad, que no se duda: dudar es prudencia. En fin qué esa plática anda en casa? Esto que te digo pasa. Disfratado, y sin jardín se fue a averiguar, primero, que casarse, la belleza de Elvira, el dote, y nobleza, no se asuste lo Vivero, que todo es más: que es Teodoro Don Luis. Ansi lo he entendido. Dime como lo has sabido, que la primer seña ignoro. Él ha dejado caer entre criados, y criadas sus palabras tropezadas, y en secreto a verle ayer vino un hidalgo, y aún dos, y en gran puridad hablaron, y ambos Don Luis le llamaron. No lo dudo, vive Dios, que aunque uno, y otro mancebo es gallardo, este lo es más. Mi hermano viene: hallarás un huésped, y amigo nuevo, hermano. Nuevo, y amigo, cómo? mas si fuese cierto. Amigo, y señor no acierto; con qué vergüenza lo digo! dadme los brazos mil veces, y perdonad el embozo de un amor viejo, que mozo caduca en estas niñeces: Dad a Don Luis vuestros pies. Señor Don Luis disfrazado empezó en desconfiado lo que hoy acaba en cortés. Aquella prisa molesta, . que el otro a casarse daba, sin duda que examinaba delgadeces de la honesta: Don Luis no dudéis de nada. Qué bien lo habéis entendido, Criado soy. Y bien lucido. Criado no, camarada: Teodoro, es deudo, que sientes . hombre de brío, y de fe, criado antiguo de os que llamamos después parientes. Cómo os habéis detenido tanto en Italia? Espantosas mentiras, y extrañas cosas conmigo; que poco os pido, a no ser la causa mucha. Mezcla verdades. Yo quiero saberla. Del majadero estoy temblando, él escucha. Después que Gustabo Adolfo, del Norte ardiente Cometa, no contentándose Rayo, se desvaneció Centella: Ya que muerto el Duque alabe, arrogante, y baja Alteza, a despeños levantada, y a más fábricas deshecha. Viendo los dos Soles de Austria, que aún el Alcón de Noruega, en tanta Imperial Garzota baña las garras sangrientas. Dos Águilas de dos nidos tiernos desatan, que sueltas las campañas de los siglos vendrán a su vuelo estrechas. Y el Grande Cuarto Filipo, que es tantas veces su diestra muro de plata al Imperio, columna de oro a la Iglesia. Manda partir de esta Corte, pacifico Marte en ella, al Marqués de Leganés, que por camaradas lleva los más bizarros Soldados, que en San Felipe reniegan, pretensiones, aún las breves, mal sufridas de sus piedras. El Marqués de los Balvases le sigue, y tan presto llega a Milan, que o no las hubo, o le ignoraron las lenguas. Donde el claro invicto Infante, más esperanzas, que espuelas calzadas, que ya en su Aurora le amanece en tanta estrella: La gente entriega al bizarro Don Diego, y el parte, y deja en desierto a Lombardía, de amor poblado, y de ausencia. Y entonces yo, aunque esperaba guerra mayor, sus banderas sigo, que un Ángel las guía, y un Español las gobierna: con este glorioso anuncio, que mucho que España tenga victorias, y que sus armas libertad de Europa sean? juntándoseles el Conde Cerbellón, parten la vuelta de Ratisbona, que solo a la fama ya no incierta de este ejército, se rinde al Rey de Ungría, que empieza mas con triunfos, que con años a formar edad tan tierna. Visita el claro Fernando en Pasao su hermana bella, María, que en las virtudes no menos que en todo es Reina: y en Rotemberg, ajustando que las Católicas fuerzas se junten, marcha el Infante, y el Rey asalta, y saquea a Bonabert; y al de Girana le envía, dándole cuenta del aprieto de Norlinguen, y que ha entrado a socorrerla pólvora, y gente, y que en vaño esta expugnación se intenta, si el Ejército Español no acude a todo; y apenas oye el Infante el aviso, cuando cajas, y trompetas, y alborozos, que ha llegado publican; y en altas muestras de amor, y en lucidas tropas de una cortés competencia, sale a recibirle el Rey su primo, y en una esfera, en poca luz muchos Soles, del Austro a las dos Estrellas: Las caricias, los aplausos igualan, y las finezas del Rey, sin pasar de justas, llegaron todas a inmensas. Comen juntos, viendo entrambo? A Ejércitos, que despliegan ya por lo menos ha sido el más galán, y entendido; la duda queda en el nombre. Pero en fin entendimiento, y talle no desagrada: dudemos algo, que nada con prevención da escarmiento, Don Luis, no extrañéis la duda, . ni la suspensión. Señora, todo lo yerra, y lo ignora- novedad, que no se duda: dudar es prudencia. En fin qué esa plática anda en casa? Esto que te digo pasa. Disfratado, y sin jardín se fue a averiguar, primero, que casarse, la belleza de Elvira, el dote, y nobleza, no se asuste lo Vivero, que todo es más: que es Teodoro Don Luis. Ansí lo he entendido. Dime como lo has sabido, que la primer seña ignoro. Él ha dejado caer entre criados, y criadas sus palabras tropezadas, y en secreto a verle ayer vino un hidalgo, y aún dos, y en gran puridad hablaron, y ambos Don Luis le llamaron. No lo dudo, vive Dios, que aunque uno, y otro mancebo es gallardo, este lo es más. Mi hermano viene: hallarás un huésped, y amigo nuevo, hermano. Nurvo, y amigo, cómo? más si fuese cierto. Amigo, y señor no acierto; con qué vergüenza lo digo! dadme los brazos mil veces, y perdonad el embozo de un amor viejo, que mozo caduca en estas niñeces: Dad a Don Luis vuestros pies. Señor Don Luis disfrazado empezó en desconfiado lo que hoy acaba en cortés. Aquella prisa molesta, . que el otro a casarse daba, sin duda que examinaba delgadeces de la honesta: Don Luis no dudéis de nada. Qué bien lo habéis entendido Criado soy. Y bien lucido. Criado no, camarada: Teodoro, es deudo, que sientes . hombre de brío, y de fe, criado antiguo de os que llamamos después parientes. Cómo os habéis detenido tanto en Italia? Espantosas mentiras, y extrañas cosas conmigo; que poco os pido, a no ser la causa mucha. Mezcla verdades. Yo quiero saberla. Del majadero estoy temblando, él escucha. Después que Gustabo Adolfo, del Norte ardiente Cometa, no contentándose Rayo, se desvaneció Centella: Ya que muerto el Duque alabe, arrogante, y baja Alteza, a despeños levantada, y a más fábricas deshecha. Viendo los dos Soles de Austria, que aún el Alcón de Noruega, en tanta Imperial Garzota baña las garras sangrientas. Dos Águilas de dos nidos tiernos desatan, que sueltas las campañas de los siglos vendrán a su vuelo estrechas. Y el Grande Cuarto Filipo, que es tantas veces su diestra muro de plata al Imperio, columna de oro a la Iglesia. Manda partir de esta Corte, pacifico Marte en ella, al Marqués de Leganés, que por camaradas lleva los más bizarros Soldados, que en San Felipe reniegan, pretensiones, aún las breves, mal sufridas de sus piedras. El Marqués de los Balvases le sigue, y tan presto llega a Milán, que o no las hubo, o le ignoraron las lenguas. Donde el claro invicto Infante, más esperanzas, que espuelas calzadas, que ya en su Aurora le amanece en tanta estrella: La gente entriega al bizarro Don Diego, y el parte, y deja en desierto a Lombardía, de amor poblado, y de ausencia. Y entonces yo, aunque esperaba guerra mayor, sus banderas sigo, que un Ángel las guía, y un Español las gobierna: con este glorioso anuncio, qué mucho que España tenga victorias, y que sus armas libertad de Europa sean? juntándoseles el Conde Cerbellón, parten la vuelta de Ratisbona, que solo a la fama ya no incierta de este ejército, se rinde al Rey de Ungria, que empieza mas con triunfos, que con años a formar edad tan tierna. Visita el claro Fernando en Pasao su hermana bella, María, que en las virtudes no menos que en todo es Reina: y en Rotemberg, ajustando que las Católicas fuerzas se junten, marcha el Infante, y el Rey asalta, y saquea a Bonabert; y al de Girana le envía, dándole cuenta del aprieto de Norlinguen, y que ha entrado a socorrerla pólvora, y gente, y que en vano esta expugnación se intenta, si el Ejército Español no acude a todo; y apenas oye el Infante el aviso, cuando cajas, y trompetas, y alborozos, que ha llegado publican; y en altas muestras de amor, y en lucidas tropas de una cortés competencia, sale a recibirle el Rey su primo, y en una esfera, en poca luz muchos Soles, del Austro a las dos Estrellas: Las caricias, los aplausos igualan, y las finezas del Rey sin pasar de justas, llegaron todas a inmensas. Comen juntos, viendo entrambo? Ejércitos, que despliegan Estandartes de humo al aire, y Orbes de fuego a la tierra. Beimar, y Horos, arrogantes, con insolentes promesas, el socorrerla aseguran: mas con militar cautela, haciendo punta a Norlinguen, se abriga de las almenas de unos bosques; y el Mejía, diestro, y sabio, que penetra su intento, y que con ventaja pelear quiere, en serena frente, y sosiego animoso, todo valor, y prudencia, las órdenes, y los puestos reparte; que más pelea, que el tropel de muchas manos, la quietud de una cabeza. El Teniente General Galaso, dispone, y piensa lo mismo, en que la victoria, antes de empezar comienza. El Marqués de los Balvases, con el Duque de Nochera, el Cerbellón, el Galaso, con el Terí de la Reina, del gran Don Diego advertidos, resuelven, que una eminencia, y el bosque se ocupe, y salen (honra Española, y Tudesca) cuatrocientos mosqueteros, y de Imperiales cornetas tres mil caballos, y al punto le ocupan; y aunque le alientan con sumo valor, los carga tanta Sajonia, y Sueca tempestad, que se retiran, quedando en esta refriega preso el Sargento Mayor, y gloriosa de esta empresa la Nación toda Española: el Sajón, que no se acuerda del Albís, en que su abuelo más escarmientos, que arenas pisando Luzbel segundo, pagó a gemidos soberbias. Desamparado aquel bosque, Leganes, que considera, que en mantener la colina (oh gran hombre en la experiencia!) la victoria estriba, manda; que los Tercios acometan de Bolmeser, y Toralto, y el Padre Camasa en ella fortifique lo que diere lugar la noche, y que sea el Conde Juan Cerbellón a quien todos obedezcan: Ansí se ejecuta, y luego el gran Duque de Lorena de la Católica Liga General, por el Baviera, el Rey, el Infante, y todos en el Consejo concuerdan, que el llegar a la batalla conviene más que la empresa de Norlinguen; y que el puesto que llaman la Montaneta, se sustente, y al instante los Alemanes refuerzan con el Tercio del Idiasquez, sin que los Tudescos quieran ceder: a el gran Guipuzcuano se huye a las competencias de la vanguardía, queriendo con valerosa modestia, que por ganar la victoria, todo el pundonor se pierda. Frente a frente los dos Campos la batalla se presentan, quínola en que la fortuna no menos que un mundo juega, los dos Invictos Fernandos, gloria de España, y Boñemia, que antes que el temprano bozo dorados laureles peinan, en dos truenos Andoluces, tan fuego, que en las riberas del Betís, paciendo rayos, centellas mintió la hierba. Los primeros al peligro se ponen, sin más defensa que el respeto de las balas, poco seguro, aunque es deuda, con suma paz el semblante, gran presagio en quien gobierna, El gran Leganés, que mira que una bala no respeta lo más Real, pues al lado del Infante, a matar llega a un Coronel, y a Don Pedro Girón le troncha una pierna: les suplica se retiren, y ambos le responden: Ea, si aquí llegan pocas balas, ir a encontrarlas más cerca. Rompe el ímpetu enemigo del Tudesco la firmeza, y al punto los Españoles cobran el puesto que dejan; dos veces se le restauran, y los Españoles quedan de vanguardia, y el Marqués con los dos Tercios los ceba del Conde Paniguerola, y Carlos Guasco, y que tengan al Cardenal valeroso a las espaldao; y ordena al valiente Don Enrique de Aragón, que cierre, y cierra Santiago; y cuatrocientos mosqueteros, y en la misma furia el Borgosión albergue; y con saña tan resuelta, tras el Sansibier famoso Leonato el Marqués; y en nueva, aunque antigua bizarría, Picolomini calienta con sus ardientes Corazas la batalla; y con las nuestras enviste el de los Balvases; y en ardiente fortaleza, Gambacurta desagravia tanta sangre en tanta ajena. Yo, y Don Pedro Santaula la escaramuza tremenda travamos con los Dragones, que ni con valor sosiegan, ni con las manos descansan: Y en tan reñida pelea los bizarros enemigos, que en heroica, ni en inmensa valentía quince veces rendir, despejar intentan del puesto a los Españoles, que en fuerte, en suma entereza, constancia, los quince asaltos resisten, y los desprecian, como las innobles rocas del mar a las hondas fieras, que en espumas se deshacen, y en su porfía se quiebran. Ya cansados, y rendidos, la esperanza, y campo dejan los Suecos, y en fugas viles cambian arrogancias necias. Victoria España, y Ungria, gritan todos, y del César, y de Felipe los nombres a eternidades se cuentan: El Rey, y el Infante siguen la victoria, y tan sangrienta, que veinte mil fuertes vidas a sus plantas quedan muertas. Ganose la Artilleria, y Estandartes, y Vanderas trecientas; todo el vagaje, la gloria, que la primera se debe a Dios, a Felipe, a tres Fernandos, y eterna al Marqués, y a todos: tanto vence en Dios quien en Dios reina. Cuantas casacas azules fueron celosa contienda de Marte, en su sangre roja, ya son lástimas, y no afrenta: hacen los Croatos fieros su Agosto, que sin clemencia, en racionales espigas, cuantas topan, tantas siegan. Herido, y preso el Reimar, libre, y prisionero queda Gustabo Oros del gran Duque Lorenes; y con nobleza enemiga, y grave asombro, el Suecó dice: Oh cuán cierta es vuestra fama, Españoles! que hoy Leones en fiereza, hombres no, si no prodigios habéis sido de la guerra. Norlinguen se rinde, y ciñen las sienes! siempre severas) del triunfo los dos Fernandos: despáchanme con las nuevas al Rey, y el mar con portentos, y con asombros la tierra me detienen, pero en vano, que Piratas, y Sirenas, bandoleros, y peligros, mas que me asustan, me tiemblan. Ya en presurosas jornadas, antes a vuestra presencia, que a Madrid, llego, y primero a esta dicha, que a sus puertas: lo demás lo habéis sabido, mis amorosas licencias perdonando, que amor tiene mayor luz en las más ciegas. Que en la muerte de Don Pedro, en mis lástimas, y endechas, en mis daños, y fatigas, en mis ansias, y finezas, como al Sol la nieve cruda, como al campo la alta sierra, como al leveche las hondas, como al céfiro las selvas, como al Aurora las flores, como al roció las hierbas, a los ojos de mi Elvira todos mis males se templan. Válgate el diablo mil veces, qué gran mentira! Una línea, ni una tilde le ha quitado a la verdad: Jesús! Llena de admiración, y cuidado me dejáis. Y ha sido cierta la resplución que tuvo el bandolero? Ay tal mengua! que me cchase los azotes (Dios se lo pague) en galeras! Que no era criado el otro, luego lo vi. En qué, Teresa? En que no me dijo amores, siendo criada, y no muy lega. Lo mismo pienso hacer yo. En relaciones en piezas se refiere esta batalla, y bien pudo hallarse en ella, que es bizarro: Ahora bien, ya la mentira primera les creímos, y es castigo, empeño, y venganza cuerda, que quien creyó una mentira, que todas juntas las crea. Este sí, que es Español, de los que cualquier Princesa extraña puede prendarse, sin pecado de Comedia. Parece, señora mía, que habéis quedado suspensa. Vuestros peligros me asutan aún todabía. La hembra no está muy en la maraña, pues socarrona, y discreta. Quién quiere acertar señora, con ámaros nada hierra. Mejor Don Luis tiene Elvira. No es el arte, y la presencia ruin testigo. Ah gran embuste, y cuan pocos te escarmientan! Márcelo, qué dices? Digo, que cuanto quisieres mientas en ti; pero en mí no quiero, que con extraña inclemencia me has arrastrado, y al punto me ahorcaste, y después de estas justicias, así quisiste azotarme, y solo resta que luego en otro romance me saques a la vergüenza. Algo se ha de fingir. Solo se te olvidó (si te acuerdas.) Qué? Que todo lo venciste, que por Dios que te lo crean. Gran soldado, y Caballero, hermana luego lo vi, que en nada me engaña a mí, que era él Don Luis de Vivero este, y no el otro: y qué bien en todo se conocío! y ansi di la traza yo de tu desposorio. Y también estás en que este segundo es Don Luis? Pues no se ve; en mi vida me engañe. No es menos necio en el mundo un confiado, en efecto verdadero, o mentiroso él es hombre bien garboso, bien galán, y bien discreto, si aún fueran breves antojos decir que inclinada estoy; por lo menos ya no doy por agraviados mis ojos. Qué detérminas hermano? que has de desposarte luego. Ser luego, eso no, Don Diego. El replicarme es en vano. Qué colérica, y dudosa es mi suerte! Ten paciencia, que a pedir voy la licencia: mas que buen encuentro, hermosa Doña Ana. Tan presuroso, primero, adónde? Hemos sabido (qué picón tan entendido!) que es el Don Luis, y el esposo de Elvira. . Quién? El criado del que lo fingió primero. Prima. En segundo Vivero sí, mejor anda embozado mi peligro, y tan aprisa como ves mi hermano intenta el desposarme. Qué afrenta! muchos un engaño avisa. Verdad es, que es gentilhombre, en traza, y modo no miente, ni engaña, mas no es decente. Qué hechizos tiene este hombre con tu hermano? Juntos quiero déjaros, porque mejor le des a entender su error, ser él, y ser Caballero, si será, pero es más justo el asegurarnos más. Inclinada, y cuerda estás, mucho puedes con tu gusto; vete. Si al fin es costumbre, ay señora, que molesta todo marido, ya es esta más honrada pesadumbre. r. Aunque pudiera ofenderme de tu tibieza, primero quejarme, Don Diego quero; (tanto llegas a deberme) de lo que yerras contigo, que de lo que en mí no aciertas: que mancebo te diviertas, que te entretengas amigo, no es culpa, que a Madrid veo tan acomodado ahora (oígolo así) que se ignora una queja de un deseo: Mas que en tema vergonzosa pongas en tanta aventura una hermana peor segura en lo mujer, que en lo hermosa: Dónde está tu entendimiento? no sabes, mozo ignorante, que en Madrid a cada instante se pisa en un escarmiento? Lo que pide mayor modo, es una atenta cordura; no creer nada es locura, civilidad creerlo todo. Qué noticias, o qué prendas tienes, de que cierto ha sido lo que otra vez te ha mentido? Paso, Doña Ana, no ofendas mi obligación, ni mi trato, que antes me pondre ofendido a mil riesgos de mentido, que no a un peligro de ingrato. Tú no te has visto informada de sus partes, que si oyeras su discreción, o si vieras solo en su mano una espada, celos tuviera yo ahora de decirlo, que más fe, que él mismo? que en él se ve, cuando se duda, o se ignora. Qué es tan valiente? Es espanto. En la ocasión pensar puedo, que tuviste mucho miedo, pues ahora dices tanto. Miedo es pagar? Ya te digo que sea lo que quisieres, que llego a temer, que quieres casarle también conmigo: no he visto en ansia amorosa ley más tierna, y más liviana, que si yo fuera tu hermana, ya me tuvieras celosa. Decir lo que yo te adoro en todo el tiempo aún no cabe: y pues tu experiencia sabe, que yo tus partes no ignoro; no te quejes. Yo quejosa? que bajo indigno blasón, que puedo en la presunción ser vanidad de una hermosa. Ah qué falsa estás conmigo! Oh qué vano estás de ti! Oh qué cierta estás de mí! Oh qué necio estás contigo! . Amor, qué medrosa llego a tu nombre, o nunca amigo no seas traidor conmigo! basta loco, y sobra ciego: a perdonarte me entriego, si me pierdo bien en ti, algo de la dicha, sí, mas de la disculpa, no: sea lo que amare yo cuerdo, en él, y digno en mí. Un hombre que vino errante ha de obligar a querido? si ruin, le huyo marido, si noble, le temo amante. Pero siempre estoy constante en que no he do sufrir yo corto empleo: y si nació sin favor mi suerte alguna, sea baja su fortuna, pero con bajeza, no: Menos ofendida quedo, si es mi amor aborrecido del que debe ser querido: dulce amor, todo eres miedo, y yo toda soy recato, que ha llegado el falso trato a que todo sea fingido: y el más disculpado pido, pues todo ha de ser ingrato. A las experiencias demos parte de lo que ignoramos; los sentidos recojamos, todo el hombre aberigüemos: Pero aquí vienen; fiemos luz tan nueva, y escondida a escucharlos: o perdida razón, si hay solo un nacer, un vivir, por que ha de ser tantas muertes una vida? Márcelo en qué ha de parar tanto enredar, y fingir, tanto anhelar, y embustir? Viste los remos del mar vagando en tremenda hilera, y que enciera en conclusión tanta perla de ladrón la concha de una galera? Pues de nuestro falso trato lo mismo imagina ahora, y yo se lo doy, señora, comparación de barato. Bien los oiré desde aquí. Ella entra dulce, y terrible, es rebelión apacible. Hay miedo así afato a mí. Atención, que algo se mira. Señor Vivero fingido, qué hemos de hacer? Mas oído. Con la hermosura de Elvira, qué pillamo, que Vivero, qué Don Luis, y qué Soldado es este, que hemos tomado? No lo sé: de amores muero? Ah enemigos! Qué mentira ha sido está en que se ve nuestro empeño? Nada sé, solo sé, que adoro? Ya es tiempo. Estamos sitiados. Embusteros, ha traidores, ha infames, ha enredadores: hermano, hermano, criados. Qué tienes? Ladrones son. Perdidos somos Márcelo. Al gratisdato yo apelo. Traición, señores, traición. Da voces. Sí, yo también daré voces, daré gritos, fieros, grandes, infinitos, como pareceré bien, que siendo tú el Conde Fabio, hijo del noble Marqués de Ditoldo, que este lo es. Conde Marqués. Tanto agravio se haya hecho, o que por solo que allá Don Pedro tu hermano, (Dios se lo perdone) un vano retrato injuria de Apolo le enseñó; viene muy necio enamorado, y perdido a intentar ser tu marido: pero yo hablaré más recio. Pues a casar te has vendo con la hija del Regente, todo amor es vano, y miente, serás traidor su marido: Ireme al Rey iré al Conde. Perro calla, este secreto descubres? Tened. Qué aprieto! si en el centro se me esconde, le he de matar. Teneos. De Italia iré al Presidente: a la hija del Regente quieres burlar? Mis deseos tan hermosos, y tan justos me estorbas traidor villano: solo a Elvira doy la mano. Templad, señor, los digustos, No hay que temblar, Conde Fabio ya acabaron los disfraces, sépalo el mundo. Qué haces pensamiento? harete agravio en creer, que esto es verdad? dudarelo? sí, o cuán fea cosa que aquí verdad sea, lo ayude mi voluntad, Ea, señora, qué dudas? se Condesa, pues que puedes, porque hoy audan las mercedes, que allá Don Pedro tu hermano, o reboltosas, o mudas; las salas luego se truequen, zampa el dosel, y en tus faldas la silla vuelta de espaldas. Por temer no la desflequen: muy en ello estás. Que tarde que lo tomas, date prisa señora, que no hay Condesa, que su víspera no guarde. Ay tan simples alegrías? Condesa, y Marquesa junto? dila que te llame al punto vuestro par de Señorias, y aún presumo en mi conciencia, que es poco, y que son agravios, que anda entre los mismos labios tropezando la Excelencia. Llámote protoembustero, que bien salimos? ten cuenta si Diostized by Google si averiguan la regenta. otro embuste más no quiero: con la hija del Regente al momento has de casarte: voy. Procuras escaparte? Pluguiera a Dios. Oyes, tente, no des voces, el secreto os guardaré, y no me lleva, atención para la prueba: este es camino discreto. No hay secreto lindo espacio, con la lengua el falso vino a engañar, porque menino fue desde niño en Palacio: yo no he de callar. Traidor, que me destruyes. Espera, calla dos días siquiera. Dos días a un hablador? buen regalo, un siglo encierra un instante, pero harelo. De aquí bien veré gran Cielo. De aquí descubro gran tierra, Conde, Don Luis, o Teodoro, (que estos tres nombres te sé no digo que te querré que aún ese efecto me ignoro: cualquiera que seas, si eres hombre principal, y honrado, en las costumbres sobrado, tienes lo que no tuvieres. Para mí no hay cosa alguna más indigna, más vulgar, mas injusta, que tasar los hombres por su fortuna. Seas laurel, o seas roble, no dodes que en esta parte, solo no he de perdonarte ser hombre de bien, y noble. Menos que al alma ilustrara no supiera amarte a ti, y tu Sol, que vive en mí, hasta la sangre hace clara, mi amor es todo Español. Las lágrimas de tu madre, y el Regente? Que no hay padre, Elvira es hija del Sol: Teodoro, el merced arrima, y di cual menos agravia, la Condela, Elvira, oh Fabia? El socorrillo de prima fuera gran cosa. Locura, Condesa entera le queda. Llámese mientras que hereda, Condesa de la futura. Pregunto al hombre de bien, las criadas de Condesas son señoras? Si profesas, has preguntado muy bien, muy rebién, si no lo son podrán ser cuentas benditas, que yo he llamado infinitas con harta menos razón. Qué, estamos desahuciadas, de señora? Eso no. Por cierto que pensé yo, que bastaba bizcriadas. Una joya de valor. luego que llegue le des la recamara. Los pies beso al Conde mi señor. Malvado, que le respondes? Pillaro, este giorno afuera, si de responder hubiera, po- Dioitzed by Google pobrecitos de los Condes: El patrón, filhola mía, es noble. Y Cristiano Viejo. Buen vino en cualquier pellejo. Y es rico su Señoría? Cien mil carlines contados de renta. Y es un carlín? Cuarenta escudos. En fin, mas son de tres mil ducados. Condesa hermosa. Tened, más cuerda soy hasta ahora. Qué triste estás; ay señora, hante llamado merced? Dudas yo he de averiguaros. Qué os parece estás venturas? Qué hemos de quedar a oscuras en siendo Condes más claros.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Dime otra vez, y otras ciento, hermana, tan nuevo caso, que si a la pena le paso, tendré quejoso al contento; en fin dices. Que esta nueva novedad hay más, y en suma, de estos pájaros la ploma tantas veces se renueva, que el dudarlo, y el creello en tu prudencia no más consiste, y cuerdo verás. No pienso dudar en ello, aunque no haré novedad mientras la noticia es corta, más servirle es lo que importa con mayor autoridad. El duplicar el cochero es forzoso, que a no nada, es vispera Titulada; y ahora acordarme quiero, que mil veces me escribió, que un señor Napolitano era su amigo mi hermano, y si tu retrato vio no dudes, que enamorado, te busca. Hay facilidad mayor! hay tal necedad! en qué olvido se ha bañado su razón, que en tanto abismo la pone? y si algún encanto hay en esto, aunque no tanto, yo peligro ya en el mismo. Oh qué necio se despeña hombre, si merece el nombre, quien a estar creyendo a un hombre con obstinación se empeña! Qué estás discurriendo, Elvira? que es Conde, y será Marqués, qué mucho? Qué antigua es la dicha de una mentira! Su presencia corresponde a dignidad tan lucida, y no he visto yo en mi vida mejor tamaño de Conde. A quien donaire no hiciera esta liviandad. Hermana, yo no he visto esta mañana al Conde, y buscarle. Espera, que es razón comunicarle, y ahora vendrá Doña Ana. Qué prudencia tan anciana! no vendrá más, que a dudarlo todo Diotized by Google todo, y con sus bizarrías a ofender también. Don Diego, mira que el ver. Entra luego zampando las Señorias. Tan loca criada está como ellos; prima. Señora. Que es mar nuevo cada hora el día; contadme ya lo que no pudo Teresa con su alborozo. Esto es, que el señor Conde, y Marqués de Vitoldo. La Marquesa; estoy temblando. Un retrato vio de Elvira, enamorose en Italia, y resolviose con este embozo, y recato a venirse, y sin saberlo su padre. Fineza ha sido; mas qué certeza ha traído de qué es él? Tropezó en ello; sino es Conde, o son engaños, disputarlo ya no espero contigo. Ni yo lo quiero, Dios os Conde muchos años: Dios nos libre que en enredos se cebe una voluntad que llegará la verdad, antes que en pasos, en miedos; y tú por ventura estás tan necia? Llego a dudarlo, y en llegar a desearlo, no tan necia, pero más. De envidia, y rabia le pesa; ved con lo que ahora viene; pues mi señora no tiene harto bulto de Condesa? Y a fe que todos los días a mil pobres de esta salsa, pienso por la puerta falsa dar sopa de Señorias. Conde, endiablados están todos. Hermano, lleguemos a su aposento, y veremos si algunas señas nos da, papeles en que se funda la verdad. Tu parecer sigo, aunque no es menester. En esta pieza segunda está un bufete, y en él muchos papeles. Veanos si más testigos hallamos. Dice el primero papel: Soneto en lengua Italiana, al ritrato dil signora Elvireta. . De esto ahora qué dices? yo apuesto, hermana, que es gran Soneto. Si es suyo, compondrá bien cualquier cosa. No escondió lo maliciosa. Soneto al retrato tuyo es cosa mala? Aquí trata de negocios; Memorial? de servichí principalí, y calita de casata Dioitzed by Googlo Vitolda. Es mucha familia? Pese a tal; ha emparentado con lo más noble, y granado de Nápoles, y Sicilia. Temiéndome estoy de loca también; como buen hermano, te has informado temprano. Del Conde de la Vicoca, del Marqués de la Garulla, y del Duque de los Codos cartas. Sus Estados todos pienso que caen en la Pulla. Esa es Provincia famosa en Nápoles. Retirado está aquí un pliego, y cerrado. Abrirle. Dama, y curiosa, Dios nos guarde. Al Marqués, Conde de Vitoldo, mi señor, dice. Todo en su favor habla, concierta, y responde. En Español es la carta, y dice así: Aunque son tantos . de una verdad los peligros, y de una se los agravios; la que a tu servicio tengo, como antiguo, y fiel criado, y que recibí en tu casa, la obligación de los años me obliga, fuerza, y compele gran señor, que abanderando mis riesgos, te de noticia, que tu hijo el Conde Fabio, sin mirar a la grandeza de tu casa, al nombre claro de sus mayores (qué injuria! persuadido de un retrato, (Dios nos ayude) casarse intenta, y esta casado con una dama Española, que aunque de buen gesto, y garbo no es más que una honrada hidalga. No es corta alhaja lo hidalgo, con licencia de lo Conde. En el fuero Castellano no hay más blasón que hidalguía: Prosigue. Y tantos engaños ha hecho, que se ha fingido: qué indecencia! un moderado particular Caballero, que ella aguardaba, y él falso, ciego de amor claramente quien es ha dicho, entregando a nubes tan escuderas del Sol los Vitoldos rayos, y aún pienso que ofrecer quiere en trueque indigno a su hermano, a tu hija la señora Doña Quiteria Fracaso. Eso no me lo había dicho. Tenialo reservado para albricias. Yo os ofrezco y dice así: Aunque son tantos . de no acusaros de ingratos. De la hija de tu deudo, ni se acuerda, ni hace caso Doctor mi señor; al hombre no hay metérselo en los cascos, porque he querido dar cuenta al Rey; lo que llaman palos en Castilla, es la amenaza más barata de sus manos. Este es el fingido viaje de Alemania, este el bizarro aliento, en que prometía Pompeyo Napolitano, Dioticed by Google que que era César un velitre, y un belleguín Alejandro: este el báculo, el arrimo, el bien, el gusto, el descanso de tu vejez. Ea no leas ya más; qué más declarados indicios? qué más testigos? yo perdono al Secretario, siendo Guzman lo escudero aunque ignora, que los altos linajes, como este, y otros, no sufren medios muy bajos, si tienen mentido el nombre, están lucidos, y claros, si le tienen verdadero, que en cualquier sitio restado son mejores que otros muchos de otras clases, ya el acaso del casarse los guarnezca, o los corone de aplausos, a sacar cuatro doseles voy, y también otras cuatro colgaduras, pues va es tiempo de prevenir los dos cuartos. Vuelve el pliego, y diestramente le deja oculto, y cerrado adonde estaba escondido, y adiós. Hay miedos, si entrambos fuesen Marqueses! Elvira, si es falso, o si es fino el trato, no lo juzgo, mas ya sea engaño, o verdad, el Diablo no puede disponer más bien un embuste, y un engaño casi me voy persuadiendo; pero vete muy despacio, que inclinación, y codicia dan mucha priesa a tus pasos. Qué linda predicadora tenemos! y si el reclamo le viniera, el ser Condesa, lo hiciera ella más barato. No me temas fácil nunca, que no digo yo dudando, sino en altas evidencias, y en intentos soberanos, como es no más que un dudoso Caballero, acompañado de honores, que los venero en cualquiera que los hallo; tuviera cuantas grandezas esconde en senos avaros el Sol, o cuantas ahora el nuevo hermoso Palacio contiene, que en el desvelo de un siempre atento cuidado, o son triunfo de su dueño, o son desdén de su mano; tarde mi paz turbarían, prima, que tengo muy mansos los deseos, y con ellos los pensamientos muy bravos. Vuelve el pliego, y diestramente No es menos lo que refiero. Suceso extraño! Seguí la tropa, luego que oí era Don Luis de Vivero. Don Luis? Don Luis, y al postigo de San Martín, en posada bien puesta, y autorizada se apea. No estoy conmigo de asustado. En fin, la gente, que trae mucha, y bien lucida, mientras la cena, o comida se dispone diligente, Dioticed by Google de de un baulete pequeño, y unas maletas, desata curiosa, y bastante plata al noble gusto del dueño: Vestidos verdes, y rojos, y negros, muchos, y en suma, aquí atención, que sin pluma saqué la copia en los ojos: Cinco joyas muy lucidas de varia hechura, pequeñas las dos, más ningunas señas se quedaron escondidas. El tal Vivero a un vecino por la casa preguntaba, de Don Diego, y si llegaba la otra ropa, que imagino, que viene la impertinente telaza, y el majadero oropel, que es lo primero en que a las novias se miente. Ahora, Teodoro, mira, que hemos de hacer, que en los huesos está con estos sucesos nuestra bien gorda mentira; si ha de haber fuga forzosa al punto, que no cieía, que hasta la bellaquerla ha menester ser dichoja. Qué dices, cuitado? calla, ten ánimo ten aliento, que aún a nuestro vencimento le queda mucha batalla: mira el bufete, si acaso en el lacillo han caído del papelaje. Habrá sido, como dicen, bravo paso, revueltos están, y el pliego de la verdadera historia le han abierto. Ten memoria de los joyones, y luego atiéndeme a la maraña, que aún tiene vida. La Elvira, y lo demás. La mentira ya es traje, y a nadie engaña. No era más corto rodeo el fingir, que a está doncella, yo no hallo el ser tan bella. Qué importa, si yo lo veo, que en la sabrosa batalla de la hermosura, a ser viene belleza, la que se tiene, pero más la que se halla. Ya está el Conde mi señor en casa, qué alegre cosa un señorazo! Hoy, esposa, queja tendréis de mi amor, que en no permitidos ocios, que hemos de hacer, que en los huesos me embarazan cada instante varias cosas, que en lo amante son groseros los negocios, y es la ocupación ahora más justamente ofrecida, a importancias de la vida, el morir por vos, señora. Se que es locura adoraros, sin más méritos que el mío, y siendo este el desvarío no hay más acierto que amaros: Si los recatos, y enojos se hallaran más persuadidos, ni le estorban mis oídos, ni desayudan mis ojos; hablad a mi prima. Prima, aunque es nombre sospechoso para todo grande esposo, Digficed by Google has haré el aprecio, y la estima, que debo, de su merced. Que ni en tanta Italianía me quepa una Señoría! estrella tengo en merced. Usía no esté encogida, que ya. No estés deshallada, que Señoria llamada es persona agradecida. Qué poco me desvanece nada! más guerras que el nombre es el hombre, y en el hombre no hay más de lo que merece. O si los grandes señores fuesen merced, que ir guardando el soto, qué importa, cuando las guardas son cazadores? Hal santástica afición? No le he dicho, que al cuitado le tengo más desdeñado que a los Martines el don. Bravo rumbo! Qué te quejas? del volumen no te asombres, que también traen los hombres guardainfante en las guedejas. Solo a preguntarte vengo, por hablar al uso, bien, si eres tu Cónde también? Alguna amenaza tengo, y no hay vivir, ni hay paciencia, que está el mundo en vil porfía, pesado por señoria, y necio por Excelencia: vuestra merced, qué mancilla me hacéis? que hoy se llege a ver ofensa, la que fue ayer honra de un Rey de Castilla. No te pierdas, ignorante, no prediques. Calla loca, que en estas fiestas me toca mi púlpito en consonante. Ya quedan de raso de oro los tres doseles fiados, que usándose tres estrados; pero aquí el Conde, y Teodoro: hermano, Vueseñoria me dé la mano. La mano te doy, y otra más de hermano. Cierto es aquello: la mía en serviros ocupada, no ha estado a un tiempo breve a vuestros pies, como debe. Qué introducida, y cansada esta necedad cortés anda! que es lo cortesano, o yo beso vuestra mano, o yo beso vuestros pies. Un criado de Palacio busca al Conde mi señor. Ay embeleco mayor! Hola. Querrán muy de espacio que entres en las fiestas. Que entre el criado. Vuescoria No le oiré por vida mía, sillas, pero estoy en pie. Mi señora la Cordesa Duquesa, a Vuescoria. Qué grandeza, y cortesía! Y a mi seora la Marquesa; suplica vayan a honrar las fiestas, que en buen Retiro. Qué justamente me admiro! Aa y Dioticed by Google y es digno de celebrar de estos tan grandes señores, que en servir siempre ocupados, partan tan altos cuidados, en tan diversos favores, y tan baratos? (ninguna modestia a la suya alcanza, quieren ser en alabanza, como son en la fortuna. A su Excelencia dirá vuesace, que si pudiere la Condesa, o si quisiere, irá a servirla. Y podrá añadir el mensajero, que si al Conde mi señor, a tiempo en tanto favor, le llegaren, como espero, dos frisones de Toscana, toreando a lo Español, dará envidia a todo el Sol, y a todo lo Cantillana. Qué fiestas hay? Las mayores de acaballo, y después de ellas dos Comedias. Iré a bellas, que huelgo de sus primores; cuyas son? Es peregrina la primera, de un lucido ingenio grande, escondido en lo Tirso de Molina. La otra será mediana, que es de un sidalgo que en ellas nada hace bien si no hacerlas muy tarde, y de mala gana. Qué es la historia? La tragedia, (bien que con lazos severos) de dos grandes embusteros. Gran mundo es esa Comedia, será cosa entretenida: vuesace vaya en buen hora, y a la Excelente señora beso la mano. Pulida guarnición. Muy gran favor de estos señores ha sido. Quien mucho no ha recibido de su grandeza? Señor, de parte del Almirante un recado. Este es cuadrilla. El Almirante. En Castilla gran cosa, pase a adelante. Suplica a Vueseñoria luzga su cuadrilla, entrando con él. Lo estaba temblando. Atended, esposa mía, dígale, que ya en linaje soy Guzmán. Buen galén. Aunque Enríquez, y Guzman es antiguo maridaje. que de mí no determino sin saberlo. Qué primores! los tres Guzmanes mayores. El haber sido menino, en aprieto semejante te pone, ha sido galano este nuevo pasamano. Ya respondí al Almirante. Qué honradazos pensamientos tiene, hermana, que respondes? Dioiticed by Google Qué parecen bien los Condes a su obligación atentos. De un Don Luis de Vivero, que de Italia hoy ha llegado, está a la puerta un criado. Conocí a ese Caballero, Dios le perdone. Qué haces, Teodoro? Yo estoy despierto. Don Luis, quién duda qué es muerto? Don Luis; si hay nuevos disfraces? Ea, por que no decís que entre? En más nuevo cuidado entro; buen talle! Extremado. Teodoro, el propio Don Luis es por Dios. Cómo? qué es esto? ay desuello tan patente? hay maldad tan insolente? Qué es esto? Agarradle presto, que este el bandolero es, que nos robó en Caraluña, y el traidor la espada empuña. Oh perro! Ay triste! Después de deciros que mentís mil veces, no el bandolero, sino Don Luis de Vivero soy. Criado, y Don Luis juntamente: ya verán, si el que una vez ha mentido puede nunca ser creído; y el bellaco el Capitán es por lo menos, y aquel que el retrato me tomó. Mintiendo en efecto entró, no hay creelle. Agarremosle, que se escapará. Eso temo, que es ladrón; echadle mano. Tú mientes, como un villano. Mentís a un Conde? oh blasfemo! Ay tan nuevas confusiones! Matarle, si se resiste. Harto bizarro es el triste. Qué lindos son los ladrones en Cataluña! Esto escucho! Si las joyas trae consigo vedle, que todas me obligo a decirlas; y que mucho, si a mi cargo tantos años las tuve? El retrato bello, que yo envíe a Don Pedro Tello es este. Qué dicha! Engaños es cuanto en Madrid se topa. Cinco joyas el malvado nos quité. Cinco he topado. La primera es una Europa de rubís, bufando el toro, de ver que mueve sus faldas un céfiro de esmeraldas. Costó a mi padre un tesoro en la almoneda de Urbino. Ay tal ladrón! señor Marqués, la misma, la misma es. Un abujón peregrino es la otra. Aa2 Dioiticed by Google Qué demonio dárselo pudo a entender? Las otras? No es menester más señas, más testimonio del salteo, un Alguácil llamemos, que esta prisión. Eso no, que aunque el ladrón tan cortés, y tan gentil anduvo, que el buen pasaje no le excuso. Ay tal suceso! hay tal maldad! y qué exceso venirme yo sin un paje! Ni su talle, ni su cara le culpan. Yo le seré Alcalde, y le basto, aunque fuese Ladrón de Guevara. Cárcel mi casa? No hay trena sin grillos. Daos a prisión. Yo ladrón? a mi ladrón? Vaya, échele una cadena. Oh bautizada garduña! Tratar así a un Caballero? Tratome el ruin bandolero mejor a mí en Cataluña? Aguarda, prima, y tú estás en que es ladrón? Si es ladrón, o no, ya en mi confusión no cabe, no cabe más, a resolverme no acierto, ni a discurrir, que ha traído las señas de un forajido, y las noticias de un muerto; y aunque su talle le abona, al paso que todo va, mas que por la barba ya, se miente por la persona. Oh ladrón sea, o Vivero, mira cuanto yo me agravio, yo te doy tu Conde Fabio, y me tomo el bandolero. Lastimada estás del caso, y mi hermano? Él se mejora, que ahí le queda, señora, Doña Vitoria Fracaso. A mi preguntarme quiero, si es que yo lo sé, qué ha sido esto que me ha sucedido: yo muerto, yo bandolero? yo ladrón, y preso yo? Y cuando buscaba aquí prisiones de amante sí, pero de culpado no; quise a lo galán anciano ver escondida a mi esposa, y quedo a su vista hermosa en los grillos de otra mano. Este Conde, y cuanto hallé en esta casa, turbó mi paz toda, y solo no quedó turbada mi fe. El original ingrato, que sin reparar en ello vio mi estrago, y en lo bello solo no mintió el retrato: Criado, ni criada se ve. Qué intentará mi señora? Por allí va, ce. A deshora, que mala letra es la ce. Ce, a quién digo? Quién cecea? Diotized by Google Llegad, Don Luis de Vivero. Gato por su mes de Enero, aún sin tejado saltea, mal año. En vano a los pies podís socorro. Ay señores, si hubo tantos salteadores, señor Vivero montes, yo le pido. El salteamiento forzado de vos ha sido. Ay triste! quién me ha traído ahora a aqueste aposento? No temáis, doncella hermosa. De ese lado nada temo. Basta de linda el extremo, no le tengáis de medrosa. Requebrador también es? Solo de vos saber quiero, qué hombre es este, o Caballero? Un infinito Marqués, que se casa con mi ama, y antes era; pero siento entrar gente al aposento, y no espero más. Ay llama de volcán, que fuego tanto déspida? Ay rayo veloz, que abrase más que esta voz? De tu cordura me espanto; aquí vienes? Prima mía, ser una mujer piadosa en el puesto, es baja cosa; pero es alta bizarría la piedad en la piedad, y después de haberte oído, tampoco me he persuadido que es ladrón. La oscuridad, si hay cosa que quede oscura, nos vale. De lo mejor se aprovecha un salteador; pero en mí yo voy segura, quédate aquí, que yo quiero llegar. é Que hay gente imagino otra vez. Yo determino la experiencia: Caballero, o quien sois, ved que ha llegado la justicia, que ha sabido que aquí está un preso escondido; y estéis, o no estéis culpado, yo me resuelvo a valeros, y a escaparos; esa puerta salid, os la dejo abierta; salid, qué aguardáis? Deberos tanto, sin deberos nada, es merced muy ofendida, que antes dejaré la vida a un cuchillo, que dudada mi verdad. Que viene gente. Vamos. Señora, esperad. Qué has hallado? Una verdad, que si engaña, todo miente. Qué prisión, qué causa es esta? que confusiones, qué encantos, que no hiciera asombros tantos una encantada floresta? Esta vez, si entiende alguna, de engaños, pues que ya saben ser Aa; Dioiticed by Google ser sopechadas de todos, y no entendidas de nadie. Valed este ya postrero embuste, que nunca saben tener queja las mentiras, ser dichosas las verdades, no seré yo, no, el primero, que de mentiras fatales me componga, y victoriosos trémole sus estandartes, Salteador, o Caballero, que en este aposento yaces preso en tan nueva ofendida cortés peligrosa cárcel: Yo soy, yo, Don Diego Tello de Guzman, que los Guzmanes ser buenos como en el nombre, es mayorazgo en la sangre. Que viendo que te has valido de la memoria agradable de aquel Don Luis, que en mi amor siempre morira más tarde, resuelto a una gentileza vengo, aunque tanto se agravie mi cuñado, tu ofendido. generoso ilustre Alcaide. Casé con él a mi hermana, no por necias vanidades de títulos, que en el mundo es mejor quien mejor nace, sino por ver, que ya muerto Don Luis, no puede guardarle la fe, y palabra del hombre coyunda, y lazo el más grande; y aunque a tanta ofensa mía el nombre suyo tomaste, este sagrado te valga, defiéndate ese homenajes Las puertas tienes abiertas, vete, y lleva lo que hurtaste, o adquiriste, en esos cinco delincuentes de diamante. Todas las joyas te vuelvo, gímalo el Conde, o lo brame Elvira, y criados, deudos con necios nombres me ultrajen. De este cuarto, que es el mío, una escalera a la calle te guíe, tu norte sea en tan borrascosos mares: huye luego, vete luego, que el Conde, a quien agraviaste, fue a prevenir la justicia, y cuando nunca engañases, y el mismo Vivero fueses, a cuantas indignidades te expones, si hallas casada a mi Elvira, y tantas partes son las de su claro dueño en rico, lustroso, y grave, que arrepentirse no puede, sino Alguáciles, y Alcaldes: Huye de precios, afrentas, desvíos, desigualdades, descortesías, desdenes, que no digo ya desaires, que ser yo prisión, ni grillos, ni lo admiten mis umbrales, ni lo consiente mi fama, ni lo sufre mi linaje. Justamente a tan oscura tiniebla el bajo semblante mostráis y intentáis conmigo bizarrías tan infames, que a tener aquí una espada, sin presunción arrogante, os pagara el necio aviso de tan indignas piedades. Yo fuga, ni yo valerme de más que mi nombre? en balde excedéis de cortesano la Digtiaed by Google la falsa engañosa margen. Casada, o no, vuestra hermana, por testigo he de quedarme de vuestro enemigo trato, de vuestro aleve hospedaje. Mi resolución es esta, o sus mudanzas me abrasen, o vuestras culpas me injurien, o mis desdichas me maten. Mal me ha salido la traza, y barquilla fluctuante en olas tantas bien cruje, mas no desmaya la nave: Creí, que desesperado se fuera, y que en ese trance se resolvieran Don Diego, y Elvira: Márcelo sale con triste rostro al encuentro. Si no es, Teodoro, el escape, no hay ahora otro discurso: De Italia dos Capitanes, y tres criados del Vivero en casa están. Baste, baste, ya lo entiendo, y no hago mucho; ellos vienen a buscarle, qué haremos? De esta maraña ofrecer segunda parte, que acabarse no es posible senado. Quita, aún nos cabe más esperanzas: Ea vamos, que a pensar voy. Si pillaste las joyas, bien vamos. Deja codicias civilidades, que en su proceder se cuentan los hombres, y son capaces Casada, o no, vuestra hermana, todos de todo, que todos tienen la suerte por madre. 1. A esta casa vino solo Don Luis mi señor, y un paje traer no quiso, dos días negarle? Cómo, negarle? cuando Don Luis fuera vivo, el que ayer vino a buszarme es un ladrón bandolero, que robó al Conde. A un Alcalde daremos cuenta. Don Diego Si no es, Teodoro, el escape, salga este ladrón, veranle estos hidalgos, saldremos de esta confusión. Llamadle, venga. ya lo entiendo, y no hago mucho; Salid ladronazo. 2. Señor, tu ladrón? La cárcel es ya deuda, y pues lo ajeno vengo a buscar. Perdonadme señor Don Luis, que aún lo espero. Mas decid, quien, si sabe, es el Marqués de Vitoldo en Nápoles? Quién se llame tal título en todo el Reino no se hallará. Qué desastre? Doña Victoria Fracaso afracasado. Al instante busquemos estos ladrones, que después de engaños tales se llevan las joyas, nunca Aa 4 me Diosticed by Goog me engañaron los vergantes. Caballeros, damas, todos los que oyen, si el no admirarse de nada es precepto antiguo, y en lo tierno, y en lo amante aún brillan hoy las estrellas; dulces amorosos fraudes, y hurtos, y engaños pasaron a blasones celestiales, atención, que nada vive sin mentir, no miente el aire, miente el día, miente el año? todo miente; y en el naipe del mundo, figuras todas, y todos representantes en su teatro: y a muchos, y a nosotros bien galantes nos ha durado tres días, como Comedia del arte. El señor Don Luis en buen hora con dulces fecundas paces goce en la gloriosa Elvira en una tantas beldades. Vuesas merce des perdonen, que el buen gusto no hay negarle, y si hay venganza, sabremos morir, y no de cobardes. Este sí, que es discretazo, que no dijo miente el Ángel, siendo el que mintió el primero. Quién tal creyó, que tal pague. Aunque yo ignoro el suceso, no he de consentir que nadie los ofenda. Ni yo puedo a una obligación negarme; de las joyas de mi hermano la que más os agradare tomad, y volved las otras. Yo las tengo, y tú. Ese lance se averiguará mañana. Luego las joyas dejastes? Oh simple honrado! Y aún pienso dejando estas necedades. curar delitos, y humores con las pildoras de Flandes. Gran escuela, si hay maestros, Bellísima Elvira, dadme la mano. De lo ladrón, y que en mí no lo negastes, no os quiero decir concepto. Si están ya tus falsedades envainadas, ya tu mano pido. . Qué te desengañes puedes tomar por victorias, y por fracaso el casarte. T Vueseñorias son gente barata, que lo más fácil se han tomado unas cuitadas señorías vergonzantes: y hoy se lástima cualquiera merced mal hallada, pasen a envestir hacia, otros necios, y metiendo aquí el montante, dejo de causar al Conde. No te casas? Yo casarme? no hay lacaito en la historia, Quién tal creyó, que tal pague. huerfana quedo. Admirable auditorio, esto de embustes, es una gala, es un traje que aunque se rompe muy presto, anda siempre con buen aire. Los empeños del mentir son estos, quien se entregare a creerlos, y a seguirlos no escarmentará más tarde. co- Diotized by Google
