Texto digital de Ello es hecho
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Pedro Rosete Niño
- Atribución estilometría
- Pedro Rosete Niño Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Ello es hecho. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/ello-es-hecho.

ELLO ES HECHO
JORNADA PRIMERA
Muy triste señor, te hallo cuando de casarte vengo. Esa es la causa que tengo. Por qué? . . Por que remediarlo será Baul imposible, y a mí me importa la vida. Cómo, a habido en mi partida alguna ocasión terribles Fuiste a tratar de casarme con mi prima doña Ines a Segobia, que esto es lo que más puede importarme, pues del pleíto que traemos del malorazgo, casado con ella cesa el cuidado, y más cesa cuando vemos el ser tan en mi provecho, pues un Letrado de España, el mejor me desengaña de que no tengo derecho. Déjame, aunque no prosigas, que admire de ese Letrado, haberte desengañado. Fuiste en fin, y aunque no digas que doña Ines lo estimó, que de su amor lo inferiste, que el mío le encareciste, y que su padre se olgó; de mi desdicha lo creo, que el que a infeliz a nacido en la gloria de cumplido se le desluce el deseo. Porque como sabes ya, que antes de ir allá, me quiso, fue el acetarmas preciso mi casamiento; que está el bien del que es desdichado, tan cerca de la mudanca que el logro de una esperanza le pone en peor estado. Veniste anoche, y me avisa don Luis su padre, que luego se partira, al cielo ruego que sea menos de prisa. Mi pena con dilatar su partida, pues callando en ella el como, y el cuando los gastos quiso excusar. Y que es muy justo dirás mi pena, cuando mejor conozcas mi nuevo amor. Luego enamorado estás? Si Baul, tal me dejo el ver como vi a una dama, instrumento de mi llama. Y no puedo saber yo quién es, y que nombre tiene? No. . Por qué? Porque tampoco lo se yo. . Pues a qué loco, cuando a enamorarse viene, le sucedio, si es de día no seguir hasta su casa, a la que el pecho le abrasa, con recatada porfía. Y si es acaso de noche es imposible el errarse la tal casa, con sentarse en la trasera del coche, No la supe de cortés, porque ella me lo rogó, y con brevedad me habló estas palabras después. Señor don Juan, que ya se que este es vuestro nombre, yo os quiero hablar, porque no quiero que culpéis mi fe, esperadme pues mañana, porque me tendrá en su puerta, la casa del campo cierta, esperándoos, más humana dijo; con que yo gallardo, me retire, y tu después veniste, y ahora es este el sitio que la aguardo. Pues no hayas miedo que venga; pero entre tanto que el sol de nuestro clima Español, a otro clima se derrienga, mientras esa damisela viene, o no viene, se gaste en que sepa yo si hallaste esa aventura, en la escuela de tanto libro importuno de caballerias. . . Fue curiosidad. . Pues de qué? De los ojos. . Qué ninguno en la vista el deño advierte? Mátome, la vista sí, mas que mucho si la vi. De dun forma? . . De esta suerte. De El soto de Luzón (dulce memoria) tueatro fue de mi amorosa historia, preámbulos excuso, pues con esto ni te pido atención, ni te molesto, A que fui a el, no importa para el caso, siempre empieza el amor por un a caso: ayer le discurría sobre un caballo céfiro del día, negro ímpetu fogoso, que el verde prado encanecio brioso, con tanta blanca suma de nievé inútil, y de ociosa espuma. Papel a donde altivo y arrogante, viva sombra cayó, borrón errante, golfo tal vez a donde el bruto calma, de evano y de alquitrán, bajel con alma; en la esfera mayor (oscuro ultraje de Piróis y de Hectón) pario el coraje, y acrisolado en la malor esfera salió carbón de su abrasada oguera. La soledad del prado del río manzanares lo aseado, pues la sierra hasta el tajo lo desata, júguete de cristal, brinco de plata: del sitio la hermosura, de los frondosos fresnos la espesura, y al fin de mi eleción lo confiado, en la vistosa margen descansado. Bejé el bruto, del peso de mi persona, mas dejelo preso a un tronco, en otro tiempo honor del prado (que hasta para los árboles hay ado) una hora antes sería o poco más del espirar del día, cuando al descuido miro, que entre lo más oculto del retiro dos mujeres un coche aligeraban, y al cochero apartarse le mandaban. Hera poco curioso de grosero, y así obediente se apartó el cochero, miraron si las vian, no me vieron a mí, pero si harían, que como absorto yo a las luces bellas, inmóbil me quedé de la una de ellas; y movimiento en mí no distinguieron, por tronco entre los otros me tuvieron. El manto que traía vi que la otra mujer le desprendía, y en esta sumisión anticipada conocí que hera aquella su criada. Tanto sol descubrío la negra nube, que como yo tan cerca del estuve, y solo me quedé, cuando se puso a tanto mi locura me dispuso que hice espejo corriente el agua clara, donde miré si me atezo la cara. Desabrocho una armilla calurosa de lama noguerada tan briosa, que de un golpe mostro su blanca mano, admiración divina en pecho humano. Dos copos el amor, no fin cuidado de algún efeto, pienso que avisado, y clavolos amor con tanto aseo que con su nieve me encendio el deseo; mas lo que de sus ojos me espantaba es que de cuando encuando los miraba, y a los míos égnima fue no leve, tan vecina del sol cuajar la nieve. Sentose, y recatada me hizo modestamente descuidada, Colón de otra hermosura, aquí tesoros finge, Indias figura, para que quede todo imaginado, haciendo más verdad lo que he mirado; aprisionada en cárceles de seda, hufana de que al gusto se conceda. Línea descubre hermosa, dando el coturno de ámbar a una rosa, que quiso su eleción que fuese verde, en cuyas hojas mi atención le pierde: solicita destriñe el cendal breve que la línea ciñe, presurosa desata el lazo débil que el coturno ata, advertida descubre lo más oculto que la media cubre, quedando a poco rato en una parte, susticuyendo el natural al arte. No haberte encarecido antes de ahora su hermosura, ha sido que como suele por algún defeto a su gusto medirse lo perfecto, Cada cual con la lana o con el hilo del ocio infame artificial estilo, y lo cubre la media, por si hay duda en tu sospecha, la has de ver desnuda. Coluna hera tan tersa y tan bruñida, tan fimétricamente dividida que cuantas a admirarla se paraban tantas veces la vista deslizaban, y queriendo tenerse en el que esconde, breve pie, entre la hierba, no halló donde, que aún siendo basa en quien el cielo insista, no hera capaz de descansar la vista. Dudé si otra tal belleza provida pudo hacer naturaleza, mas cuando otra coluna vi desnuda el desengaño me vencio la duda. A un tiempo, escucha ahora, la criada acabó con su señora, y a un tiempo semetieron en el cristal que detener hicieron. Mas la deidad que la mirana denso dudo si hera de ingrato, y de suspenso, y por no molestarla indiferente volvió de agradecido a su corriente. Estaba entre la nieve fugitiva, de helada nieve tan estatua viva que inmóbil en las ondas se quedaba, y hera que del contacto se gozaba. Volviola en si con nuevas desiguales nueva avenida toda de cristales, que despeñó la sierra para mostrar contra los suyos guerra. Diez espadas previno adorno de sus manos cristalino, que esgrimio tan valiente que tembló del amago la corriente. Y escarmentó las ondas obstinada, a hermosa tempestad de cuchillada, y a algunas que llegaron a sus brazos, las castigó piadosa a cintarazos; y otras que hasta sus ojos se atrevieron de vidro a tanto sol Faetontes fueron. Comenzo el agua a reparar su daño, y la criada a administrarle un baño, tibio siempre ha de estar el más perfecto, sabia de sus luces el efero. y por cumplir en todo sus antojos calentó el agua al fuego de sus ojos. Hera al fin la criada algo curiosa (mas no me espanto que es también hermosa) y de las basas donde el cielo estriba descuidó algún cristal por más arriba; quien dudara Baul en tal empleo que no hizo sacrilegios el deseo. Del río se salieron, y bellas Ninfas en la margen fueron, y la mía jurando recogerlas, cuantas concibio en agua pario en perlas. Vuelve a prisión estrecha a mis ojos la línea más bien hecha, un coturno buscaba, dos heran ellos, y ninguno hallaba, y hera, que entrambos un lugar tenían, y detrás de una flor se le escondían. Airosa se levanta, dispuesta del cabello hasta la planta, si bien es la punta del cabello, que despeñado por detrás del cuello torcia en trenzas por mayor decoro, en tornos de márfil madojas de oro, y torzal admiré, que a su hermosura casi declinaba la estatura. Al enlazarle el manto dejándose enredado del espanto, sin poder remediarlo, donde yo estaba relinchó el caballo, y como de tan cerca le escucharon ambas a un mismo tiempo se asustaron. Salí de entre las ramas, que de mi fuego las ardientes llamas, las más anchas de hojas, las más guecas hallaron verdes, y dejaron secas. Viéronme al punto, con que a obrar comienza en mí el temor, en ellas la vergüenza, llégueme a aquella que mi ardor causaba, que enojada otro incendio amenazaba, y en el color que en mi y en ella via ella ganaba cuanto yo perdía. Y yo airoso y galante (que nunca es descortes un fiel amante) que repárase hice, en mi persona el gusto satisfice, hízome temeroso estos favores, y trocáronse al punto los colores. Siguiose el conocerme el mandar no seguilla y detenerme, después que más humana fue en la selva de amor mejor Diana; dijo que había dejado cerca de allí una tía, y el cuidado de su salud, al baño la apartaba, y en su salud mi enfermedad cuidaba. Que me quédase ufano de merecer palabra, que ha este llano esta tarde saldría, (o lo que puede amor en solo un día) obedecí, llamaron al cochero, subio sagaz, amenazó severo la una y otra pía, fuese mi bien, y escureciose el día. Quedé en el campo solo de mis cenizas vivo Mauseolo, confuso me resuelvo, subo en el negro bruto, a casa vuelvo, allote a ti ya en ella, deseo la mañana, viene bella; la tarde solicito, llega también, al puesto me remito, y en el como me ves espero y quiero, y a quien quiero no Hermosa cosa, y quisiera estar yo también allí, porque me tocaba a mí de la hermana compañera. La pintura en mil cuartetas; mas sabes que he reparado? que en la boca no has tomado escarpines ni calcetas. Y si ella no las traía, por Dios que no la quisiera, aunque esa dama me diera muerta al casarme, la tía. Deja de hablar, y repara que de aquel coche se apean dos mujeres. . Y aunque sean querías tú que callara? vive Dios que es menester para hacerme a mi callar, que un Ginones llegue a dar, un poeta a enriquecer, ha desengañarse un viejo, un bobo a no presumido, a humilde un desvanecido, un necio a admitir consejo, a hablar de espacio un señor, un marido a asegurarse, y una tuerta a no taparse del ojo que está peor. Él es. . Llega con cuidado. A gentí! hombre? Es a mí? . A vos. A mí mismo? . Sí. Miraldo bien. . Bien mirado lo tengo, linda partida. Dudo que a mí se dijese, spero y quí se, ni aquíen espero. porque nadie que me viese me gentilhombró en mi vida. Decid, mas no es ocasión para vos, cuando yo puedo decírselo, aunque con miedo de su fama, y su opinión. Allí, caballero, os llama una señora, mas quien reparó queriendo bien, en su opinión y su fama. Amando espero cobarde. Amor mi amistad ordena. Vengáis señor norabuena. El cielo señora, os guarde, aunque encubierta venís. seguras señas me dais, con los rayos que mostráis dese otro sol que encubrís. En vos, y en mí lo aduertís, en vos, porque solo a vos pudo el cielo, si por Dios, de dos soles oportuno, sucinto causar en uno el mismo efecto que en dos. En mí, porque llego a ver en el ardor que atesora mi pecho, que muero ahora, del mismo achaque de ayer. En el verme padecer fácilmente os conocí, vos fuistes allá, y aquí la cabia, y entre los dos, sino os conozco de vos no os puedo ignorar de mí. Caballero, aunque no soy esa dama que esperáis, según vos lo aseguráis, casi por creer estoy que soy yo, puesto que doy nueva licencia al deseo, pues ufana en lo que creo, bien conozco que en rigor será el objeto mejor, digno de tan noble empleo. Yo os llamé porque veáis en mi cuando lo notéis, que si hay una a quien queréis, hay otra a quien agravias. Si vos palabra me dais de olvidar esa hermosura, en viéndome, os asegura mi estado contrato justo, sino más prendas al justo mas estado a la ventura. Con esta industria prebiene mi amor más firme partido. Pues que ya la he conocido asegurarla conviene. Qué os recata, qué os detiene? No conoceros. . No más? Bien ordenado amor vas. Y si me vierais mi fe fuera pagada? . . No sé. Ay don Juan dudoso estás? ansí he de provar su fe, . pues el hombre más amante, si fue curioso, o galante peligró cuando lo fue. Yo la palabra os daré. Que mal empieza, ay demí. Y juro. . Que ya feliz fui. Al amor. . Estoy perdida. De no olvidarla en mi vida. Eso si amor, eso sí. Yo olvidar, mal conocéis. Ya se enoja, otro crisol. Mi empeño digno del sol. Enojos no no paréis. Y porque más no os canséis. Que bien empieza, ay de mí. Juro. . Qué dichosa soy. Al amor. . Estoy rendida. De no olvidarla en mi vida. Eso si amor, eso sí. Poco el verme os satisface. Mas el oírte que el verte. Antes me daré la muerte. Que haya quien no se disfrace. Y tanto mi afecto hace, que si os viese. Veisme aquí y juro. . . Dichoso fui. Al amor. . . Dulce homicida. De no olvidarte en mi vida. Eso si amor, eso sí. Dias ha que a un accidente, debi conocer don Juan quien heras, que de galán te acrédito, y de valiente. Con dudas que el alma siente mi pecho ignorante lucha, en tampoco tiempo es mucha confusión, y si el deseo os merece algún trofeo decid cuando. A parte escucha. Mi papel empieza ahora. Y a fe que es lindo papel. Heres afable, o cruel, heres fregata, o señora, heres Dominga, o Leonora, heres pollera, o mandil, heres liga, o cenojil, heres jaulilla, o rodete, heres candeal, o mollete, heres bugia, o candil. Soy Lucia de Mendoza, y si piensa el picaron, que soy por lo socarrón móguela de toda broza, le llegare a Zaragoza, que a esto obliga el consonante de una bofetada andante, sin volvero pasar más, ni de temeroso a tras, ni de cansado a delante, Amadís con moño, tente, que soy Baul Peranzules, y de los buenos Babies, de España soy decendiente, mi casa su origen siente de la tornería a un lado, y soy Baul tan honrado que por cumplir lo que debo, a fuerza de lo que bebo vengo a ser Baul tumbado. Pues descubrome y tóquemos, que emos de ser muy amigos. Sí, mas no ha de haber testigos de que los dos nos queremos. Porqué? . Porque no tendremos si el verme a caso nos fuerza, hora que el gusto no tuerza alivio que senos pegue, pues no hay infierno que llegue a ser casado por fuerza. Vite en fin de una ventana esgrimir contra los tres, diré un rayo, o una espada, espada y rayo diré. No se si razón tuviste, mas si tendrías, que quien tan al riesgo se aventura, siendo valiente y cortés razón tiene, que el valor para triunfar y vencer, aún mucho más que el denuedo la razón ha menester. Después que los tres huyeron (huyeron, que para tres el decir que tu reñías ha bastado suponer.) de a gunos que se llegaron a mater paz, uno fue quien te nombró, con que supe, que don luzn de Alagón es tu nombre, yo aficionada al bizarro proceder de tu persona, otras veces que te he visto, cada vez a estirado amor la cuerda, y clavó la frecha ayer. Ya que quien soy me habéis dicho, merezca ahora saber quien sois, si enima o pena, o equivoco a mi altivez, no queráis que os juzgue, viendo en confuso rosicler, o tan purpúreo el jazmín, o tan cándido el clavel. Jerolísico del alma, cifralde lozano mes. Ya soy vuestra esclava, oíd, ya sois mi dueño, atended. Doña Leonor de Solis, mas ay de mí, que cruel . es la fortuna conmigo; Lucia. . Qué tenéis? Don Alonso de Mendoza, con quien, ay de mí, con quien trata mi hermano casarme he visto, adiós, y podéis don Juan, enviar tras el coche ese criado, a saber la casa, y si a caso quiere seguirme le detened, porque importa a mi opinión; ven Lucia. . . Baul? Ya voy. . . Sigue con cuidado. Mal haya la vida amén, de quien se citare al campo habiendo casa otra vez. Si es ella, con alcanzarla mis celos satisfaré. Para que este no sospeche . la industria me ha de valer Con este han estado hablando, no se quien sea, más ver me importa lo que sospecho no hay que dudar, Leonor es. Caballero, ya estamos donde podéis. Qué es lo que intentáis? teneos. Muy bueno es que preguntéis que intento, cuando esperando habrá dos horas o tres, que os estoy en este puesto, donde vos citastes es, anoche que os esperase, cuando la justicia fue causa de que no pasara, nuestra pendencia, a saber quien de los dos a doña Ana de cardona merecer puede valiente y galán; acabad, que os detenéis? Cabaliero, ni os conozco, ni yo os he visto otra vez, ni a doña Ana de Cardona en mi vida vi ni hablé, Ni habéis reñido conmigo, ni anoche os desafié, ni sé lo que me sucede aunque lo que pierdo se. Bien se hace; ya va lejos el coche, le tendré satisfacciéndole ahora otro rato, que esto es el empeño de un galán, y el honor de una mujer, Luego no sois vos don Pedro Enríquez? ya reparé en que es más alto que vos, y vos señor más cortes. Lo que hace el ser forastero; perdonadme, porque ayer vine a casarme a Madrid, con esta dama que habéis oído. . . Sospechas mías, esta es industria de aquel . áspid que huye a mis encantos, no en vano me recele; pues como, si ayer venistes tan presto? . . Yo os lo diré: hera la estación del año, en que el duplicado pez escamado, arroyos daba honor luciente a su mes. Tened, tened, que os entiendo vive Dios. . . Pues que entedéis; Vuestro engaño, aquella dama que os a hablado, tan cruel como hermosa . . Ya Leonor pasó el río, como esté . ella libre, poco importa reñir ahora. . . Sabed que es aquien he dado el alma. qué dama? . . No lo neguéis, pues yo lo he visto, y si ahora, esperando estáis aquíen se mate con vos, conmigo (que celos dado me habéis) ha de ser, viven los cielos. Pues porqué sepáis de quien presumis tan bajamente, con esta castigare vuestra locura. . . Y yo y todo con esta, lo que intente sabré sustentar. Tente, para. . . Oh mal haya quien nos impide. Caballeros. que esto, tened, tened. Dejad. . . Don Juan de Alagón. Don Luis de Arellano es, cielos el que estoy mirando, y padre de doña Ines mi prinma, a quien aborrezco, y quien mi esposa ha de ser. Pues cómo, señor don Juan. qué es esto? cuando pensé hallaros con prevención del cuidado de tener en Madrid a vuestra esposa os hallo? . . Lance cruel. Mis sospechas se acreditan. Os hallo, digo otra vez riñendo con don Alonso de Mendoza, a quien también conozco; por vida mía que me digáis sobre que fue el disgusto? . . Caballero, aquí importa que calléis la causa, pues ya os conozco, y también me conocéis. Si no queréis ser amigo, ocasión habrá en que deis muestras de vuestro valor. Obligación mía es, y pues no sois forastero como dicho me lo habéis, yo os quiero dejar ahora, que yo os buscare después. Pues para que se asegure don Luis, y ocasión no de nuestro recato al recelo, os suplico que me deis la mano, no de amistad entre los dos, que ha de ser confirrmado el desafo. Sien decís. . Pues esta es mi mano. . . y está la mía. Yo me huelgo que no deis ocasión a medianeros, caballero sois, y hacéis como quien sois, que no habiendo palabra, y otro interes porque la amistad se pierda; el darse las manos fue el medio más acertado. Su eterno amigo seré; aquí os espero mañana. Solo, y puntual vendré, yo lo he de ser siempre vuestro. Guardeos Dios. El cielo os dé mil años de vida; vamos, y en el camino os diré sobre que fue la pendencia. Yo la deseo saber, aunque quisiera excusarle esta pesadumbre a Ines, que está en el coche asustada de la pendencia, y de ver que sois vos el que reñía, mas triste la he de temer. Venga el daño que viniere como Leonor libre esté. . Tenme Lucia ese manto, que tarde es ya, si havenido mi hermano? Fráqueza ha sido temer a tu hermano tanto, cuando soldado, y galán viene a la una o las dos. En que habrá parado, ay Dios, de don Alonso, y don Juan el encuentro? . Habrá parado en quedar don Juan airoso, y don Alonso celoso. Que le dijiste al criado de don Juan? . Supo la casa, dile señas del jardín y del postigo, y en fin, como a esotra calle pasa le dije, y que a él viniese esta noche su señor, a las nueve. . Qué rigor, o quien ahora le viese. Un coche paró en la puerta si no me engaño, a saber boy quién es. Quién puede ser a hora que es tan incierta. Tu vecina doña Ines con su padre se apeado de Segobia. . En hora buena venga quien deseo tanto. No he querido amiga mía subir sin verte, a mi cuarto, y aunque vengo de secreto a mi padre le he dejado subir, y me he entrado acá. Doña Ines dame los brazos, como en Segobla te ha ido, mucho tu amistad he echado menos, que la vecindad hace muy estrechos lazos, Yo vengo, como te he dicho, de secreto, a cierto caso que sabrás después. . Lucia ve al jardín, y con cuidado mira si viene don Juan al postigo. Voy volando. Leonor, muchas novedades tendrás que contarme. . A tantos meses de ausencia no hay duda, que de la fortuna agravios, de la suerte sinrazones, contrariedades del hado habré tenido; de Flandes vino, doña Ines, mi hermano, celoso como valiente, y galán como soldado. Señora mía, llegué al postigo. . Hasta cuando lo has de dilatar, Lucia? Aguarda que aún no he empezado, don Juan está en la antesala. Aay amiga; en ese cuarto te entraras, que he menester hablarte después de espacio. Tú irás Lucia, a decir al señor don Luis, que estamos juntas, éntrate, y perdona, que yo seré breve. . Estando en tu casa nada temo. . Dile que entre. . Entrad ahora, señor don Juan. Admirado bella Leonor, de mi dicha el oiros y el hablaros. Vengáis muy en hora buena. Mientras ellos se están dando de los requiebros, voy donde mi Baulme esta esperando, A madis a lo ramplón, y Macías a lo hayo. Cómo os fue con don Alonso? Eso es malograr el rato, no os conocio, y salí bien, quedé airoso, y el burlado. ñora, señora mía. S otro susto. Ay Dios, tu hermano si no me engañan las señas entra ahora en el zaguán. Ay de mí, que fuerte aprieto. Nada os de, mi bien, cuidado, que estoy con vos. Antes quiero que os escodáis. . . Yo me hallano por vuestro honor a esconderme. Entrad presto en ese cuarto. Ay de mí, con doña Ines dejo a don Juan encerrado, que aún de los celos forzosos no me excusa el sobresalto. Leonor? Hermano don Diego? Un hombre si no me engaño. Él lo ha visto, muerta estoy. . En la antésala he encontrado, y para saber quien es tomo esta luz, que en echando a la puerta de la calle la loba, pues todo el cuarto de arriba, nadie lo avita, y está con llave cerrado, sin que me quede rincón he de ver el cuarto bajo. Válgate Dios por don Diego, y que susto me has costado; mi hermano sin duda ignora, como de secreto ha entrado, que a su casa con su hija, ino don Luis de Arellano. y así, pues estoy sin luz, mientras el cierra, yo en tanto sacare a Ines, y a don Juan, y él se escondera en el cuarto de Unes, hasta abrir la puerta, s. No verme ha sido milagro, esta es casa de don Luis, que con el nuevo cuidado por Dios que no me acorde de advertírselo a mi amo. En casa está de su suegro, que como entró descuidado por la puerta del jardín, y hace tan oscuro, el aso no la conocío, qué are? que ya me están asentando las costillas a patadas, buena la habemos echado; aquí me entro sin saber si me pierdo, o si me gano, que culto está todo esto, menester es comentarlo solenemente por Dios. Tu amiga mía entre tanto que asegurado del todo se vuelve a salir mi hermano, tendrás este caballero arriba. . Por ti lo ago. Jurara que por aquí pasaron todos los diablos, qué he de hacer? pero a esta parte con un bufete he encontrado, debajo del quiero ver si me echa menos el ado de serviente temeroso, y de cómico lacayo; yo me acorrusco pasito. un mí sobra apenas hallo; mas qué ruido es este? Dio mi esperanza salto en bago. Hacia el bufete sono el ruido. . San Hilario Lindamente ha sucedido. Eres dichosa. . . A villano, aquí te escondes, quién eres? Una tortuga, un gucapo. No ves a Baul, señora? Ya le veo, y me ha pesado que mi hermano le encontrase. Salid acá. . Yo me hallo (si usted no lo ha por enojo) lindamente aquí debajo. Acabad. . Válgame Dios si yo quiero estar un rato debajo de este bufere aprendiendo a corcobado, que se mete nadie en ello. Quién es el picaronazo que así se entro en esta casa? salga acá fuera. . Ya salgo, a perra. . . Quié sois? . Se- un mivistro desdichado. (nor, Será quizá algún ladrón, bien lo dicen los andrajos de que se viste. . Merced al señor don Juen mi amo. Él es sin duda ladrón, y se escondió por si acaso no le hallabamos ahora. Oigan lo que ordena el diablo. ya me tienen por ladrón. Oigan, oigan el lagarto. No lo neguéis, que de nada, buen hombre, en Madrid me españa valgaos a mi indinación (tos el parecer hombre honrado, y el que sin duda tenéis necesidad, pues a tanto os obliga, andad con Dios. Que al fin no me dan de palos? yo estaba aquí por decir lo que dijo el ahorcado, que le pesó del perdón, diciendo yo lo relajo, porque tanta gente honrada que vino a verme colgado, no será bien que se vuelva, ahorquenme, que no paso porque me digan después que burle tanto hombre honrado. - Tú Leonor para mañana (. esta prevenida, y cuando don Alonso de Mendoza venga conmigo, tratarlo como a tu esposo conviene, que ya no te lo dilato mas, porque en tal caballero como es don Alonso, gano si para ti esposo agusto, para mi afable cuñado. No lo verán las finezas de don Alonso y mi hermano; don Juan ha de ser mi esposo a gusto, o pesar de entrambos. El pobre Baul ha hecho en esta ocasión un acto muy de sufrido, dichosa si con el después me caso. .
JORNADA SEGUNDA
jornada segunda En este cuarto escondido me esperaréis que ya vuelvo N A. A esperaros me resuelvo confuso, y agradecido. En que de confusiones. en instante tan breve amor me pones, Vengo a ver a mi dama causa primera a mi ambrosa llama, viene luego su hermano, retírame a un cáncel, y con la mano encuentro otra escondida, sácanos a los dos luego advertida, sin luz, y con temores líbrame de la otra alos favores. Sin saber con quien vengo, remedio al suyo, y a mi mal prevengo; qué es esto amor? qué es esto? riesgo a la dicha se siguió tan presto? pero en fin tú lo ordenas que las glorias confundes con las penas. Aquí os hallar á Leonor que ya la he enviado a avisar. Será imposible pagar tan soberano favor; mas qué es lo que ahora veo? Qué es esto que miro? No es esta cielos, doña Ines? No es este don Juan? si creo. A tanta evidencia expuesta en que estoy confuso, es la causa aquí doña Ines. De la noche la interpuesta oscuridad fue mi engaño, perdido soy, que he de hacer? tan dudoso de creer, y tan a la vista el daño, Qué ingratitud, Qué rigor. . Qué ofensa. Qué pena. . Qué ira. Ines airada me mira, perdí a Leonor. . Oh traidor! Hay lance más apretado? Hay mujer más desdichada? Doña Ines esta enojada. Mudo don Juan se ha quedado; si porque no te he hablado piensas don Juan alevoso, que el enojarme contigo por recatada depongo, es error, que tengo celos, y quien los tiene es impropio entre palabras y quejas no buscar su desahogo. Ingrato, mal caballero, falso, cruel, engañoso, escándalo de ti mismo, y escarmiento de los otros. De ser ingrato, que aumento, y de ser falso que logro, adquieres, pues solicitas, a tus dichas el estorbo? para que, para que ha sido el mostrarse deseoso de mi casamiento, quien fue tan inorante, o loco que al estado de la vida, solicitándole él propio, le moviese el interes, y no el afecto amoroso. La misma noche que vengo, escondido, amante y solo, dentro de mí misma casa te encuentro yo misma, como bastará a tanto delito, disculpa, perdón, y enojo? Pero goza de Leonor, que aunque yo, don Juan (que poco disimula la pasión con ser forzoso el ahogo) mas por tema, que por honra, mas que de envidia, de antojo, sabré se pultar mi amor en el vivo Mauseolo de mi pecho, hasta que el tiempo, que es el que lo acaba todo, me lo désate en cenizas, y me lo desaga en polvos. Cuyas reliquias por leves, sin que se enfurezca el noto las lleve el primer aliento, las destruya el primer soplo; Y mis esperanzas banas, que fueron tiernos pimpollos, que nacieron a morir en la margen de mis ojos, inundare con mi llanto, bien así como el arroyo que fue lisonja a las flores, aplauso mudo de un soto. Cuyas matizadas hojas del afán del alba ocioso, céfiro blando sacude, y hiere dulce favonio, Que con torcido discurso rondando va su destrozo, y mariposa de vidro muere a la llama de un gulfo. Y este que expósito al mar pobre parto es de un escollo, a tempestadas tanto se dilata aborto que yacen entre su espuma cadaveres, bien que hermosos. Cuantas flores tributaron vidas que anegó furioso, así a desorden de llantos así a excesos de sollozos anegaré mi esperanza, tan del todo, tan del todo, que de tu inútil acuerdo tan al olvido me expongo, que con ser de las mujeres siempre el vengarse tan propio, olvidaré la venganza que no es, no, castigo poco, para vengar tanta injuria no apercebirla el enojo. Detente Ines, muerto estoy. Querras buscar algún modo para engañarme. . . No quiero si no que escuches, mas como has de creer mis disculpas en agravios tan notorios. Si las tienes, mal harás en no decirlas, que somos tan fáciles en creer, las mujeres, que por solo la vanidad de temidas, oímos del temeroso engaños, que son después mayor empeño de otros. Qué hiciera el más advertido en esta ocasión? de plomo soy todo yo, pero vuelvo sobre mi otra vez brioso, a animarme de cobarde, a ser traidor, que no es poco violentar el natural, cuando el engaño es forzoso. Turbado estoy, pero mueho en este lance me importo. Quién creyera hermosa Ines en mi ofensa, y tus enojos, que el que imaginas agravio fuera el guardarte el decoro de mi acción, que fue precisa, tus celos fueron forzosos, que hay culpas que esta de parte de la desdicha su abono. Fue el haberte hallado allí, mas que contingencia asombro, que hay como alegrías tristes, infortunios venturosos. Pues si el verte, y el hablarte le debo a lo prodigioso, lo estimable del suceso fue del accidente apoyo. Guardarte el decoro ha sido, como he dicho, y en mi abono atiende no a tus certezas, si al afeto conque informo. que vine a ver a Leonor, negártelo fuera impropio, cuando de que ya lo has visto tantas evidencias toco. Todo el tiempo que has estado en Segobia; que aura poco menos de seis meses, yo, a quien maltrataba el ocio de juventud, dispuse, que al empleo amoroso me debirtiese, que un hombre en la Corte libre, y mozo; o ya porque no le tengan para menos que los otros, o ya por propio interes, donde saca el gusto logro es no tener dama cierta, de la joventudo probio. Esta pues, Leonor, ha sido a quien yo he querido, solo por divertirme (perdona . Leonor, pues cuando te adoro constante, por no perderte de poco firme me apoyo.) Vino Baul de Segobia, y asegurome tu esposo, y esta nueva, este contento tanto pudo en mí, que el gozo, casi a pesar del valor se asomaba por los ojos. Llegaste sin prevención con tu padre, que fue estorbo este tarde, a la pendencia, que tuve con don Alonso de Mendoza, y como vi tan sin pensar lo que adoro, en tu hermosura crecio la esperanza de dichoso. Con gozarla, y como fue el amor de Leonor, solo por divertirme, fue fácil el olvidarla, y dando modo de verla, porque cortes, viese en mí como dispongo el desengañar su amor; entre en su cuarto con solo este designio, fiando a mi persuación, el logro de menospreciar galante, y desengañar airoso, porque el cortesmente, ingrato, se excusa parte del odio. Vino su hermano, al querer dar mi labio licencioso fin a su esperanca, y fue, el esconderme forzoso donde me hallaste, y te hallé, tan cerca el uno del otro, va viste que nos saco Leonor, fin luz, y yo y todo vi como tú me guiaste hasta aquí, donde te informo de mi verdad, y te ruego, pues mi afecto reconozco, y el alma ves en mis labios me creas pues que me otorgo a ser con Leonor ingrato. por ser, doña Ines, tu esposo. Será verdad lo que has dicho? Mi amor por testigo pongo, Cómo deseo creerlo, y a ninguna duda toco, y aunque no sea verdad, la tuya a mi gracia torno. Leonor, tuyo soy aunque lo niegue el labio ingenioso. Volviose a salir mi hermano desengañado del todo, y no volverá tan presto, no quise decirle como vino don Luis de Arellano, por excusarle el forzoso cumplimiento por ahora de verle, y porque tampoco le conoce porque viene (que este es lance más forzoso) de secreto; ahora vengo a buscar a quien adoro, de doña Ines abisada a este aposento remoto de los demás; mas ya he visto hacía aquella parte solos a doña Ines, y a don Juan, hablando están, de que modo los oire, mas con recato, aquí apartada me pongo, que es donde mejor se escucha, y es un afecto curioso mas que celoso interes. Primero esos once glonos de zafir aliviaran los ya fatigados hombros de Alcides eje animado, y atlante viviente poco, que te olvide, hermosa Ines. Qué es esto, ay de mí, que oigo? Tuya soy. . Oh ingrata amiga! Nunca. . Oh amante engañoso! Te olvidare. . Oh suerte dura Y Leonor? . Oh hado riguroso Ya la olvidé. . Oh falso amante que por ti. . Oh celos rabiosos, No hay hermosura. . Oh cruel! que admita. . Oh desprecio loco! Llega a mis brazos. . No puedo sufrirlo, saldré? Dichoso. Leonor? . Pues qué importa. no eres ya, don Juan, mi espso? Qué importa que venga yo, volved, volved amorosos a repetir los abrazos. Qué es esto cielos piadosos? perdí a Leocor, pues ha visto su agravio tan a los ojos. Bien puedes Leonor volverte, yo pondré a don Juan en cobro, Si pondrás que eres, Ines, muy acomodada atodo. El gusto no tiene leyes. La desvergüenza tampoco. Cómo hablas apasionada la respuesta te perdono. Como todos son tan hombres por ninguno me apasiono. Esa vanidad fingida es de pechos muy celosos. Vive Dios, aleve amiga (mal mis aferos reporto) que a quedarme de este ingrato, breve amago, leve asomo de deseo, de memoria, con las manos, con los ojos, te hiciera, te fulminara más átomos, que furiosos al cielo suben en humo, bajan a la tierra en copos. Ay don Juan del alma mía, . mas tuya me hace el forzoso sentimiento de mis celos. Quedo Leonor, que ese modo. de enojarte, no ha nacido de tener mi amante en poco. Hay engañada Leonor, que interesado decoro de Ines, me obliga a callar, que te estimo, y que te adoro. Tu amante? infiel. Leonor mía, plegue amor. . No me conformo con que habléis los dos aparte; vete don Juan, de mis ojos, y dejanos a las dos. Y porque no baje solo le está esperando Lucia. Amor, pues lo sabes todo, engaña a Ines pues me importa, y di a Leonor que la adoro. Pues solas hemos quedado por excusar alborotos, que de las mujeres nobles desacreditan lo honroso. A ti que estimas tu honor, que en el animado solio de ti misma, deidad suma, venerado es de los otros. A ti cuyo nombre y fama, lleva en acento sonoro aliento, que anima el bronce, metal que obedece el soplo. Bien moveran mis razones, ya no tristes del enojo, ya no odiosas de la injuria, ya no injuriosas del odio. Ya sabes que te callé a que vine, cuando a poco que entre a verte, escucha ahora como del caso te informo. Fui a Segobia con mi padre, como lo viste, al forzoso llamamiento de una herencia, que la muerte y el aorro de don Diego de Arrellano mi río, bien como todos los miserables cedio, a mi padre perezoso de lo que guardó en la vida. Después de la muerte, el logro quedaba entre mí y un primo, a quien mudable conozco, a quien no obligada estimo, y aquíen finalmente aduro. Pendiente de un mayorazgo el pleito (litigio loco) que por muerte de mi madre fue mayorazgo dudoso; pero dispuso mi padre a mi ruego y a su antojo; que esta disensión civil la médiase el matrimonio. Y después que por correos que el uno envío, y el otro, tratado se efetuó; dio al punto mi padre modo de venirnos de secreto, esfuérzate ahora un poco que en mi historia has de saber te resta lo peligroso. Eeste es don. Juan de Alagón, y quien ha de ser mi esposo, este mi primo, y tu amante, este a quien quieres, y adoro seis meses ha, según dijo que te quiere, y que yo lloro su ausencia, en cuya distancia mudable le reconozco. Y esta noche que venía, a desengañarte solo de que se casa, y te deja mas que forzado forzoso. Sucedio lo que ya has visto, y yo arrogante me expongo cua le olvides, pues está tan cerca de ser mi esposo. Si a desengañarte vino, yo te desengaño y todo, y si lágrimas, suspiros, (que te rindo, que te postro para obligarte y vencerte) pueden algo, o bastan poco para moverte, a tus pies cuertan piélagos mis ojos. Oh amiga, o señora mía, a cuya piedad el logro deberé de mis deseos, del mis ansias el apoyo, de mis penas el remate, de mis fortunas el gozo, que a tan singular hazaña, a hecho tan prodigioso, atan noble obstinación de honrada, será el asombro, con el tesón de los años, el tiempo inmortal coloso que observe escrito tu nombre con caracteres de oro. A quién aura sucedido lo que a mí, cielos piadosos? como me falto a la muerte cuando a la vida me sobro? Mas no hay muerte que dé alivio, cuando hay muerte que dé estorbo; seis meses dice don Juan que ha que en mi empleo amoroso, salamandría entre sus rayos vive a cuenta de mis ojos. No habiendo (ay de mí) dos días, cuando amante, y deseoso de verme, esperó don Juan; la primera vez, con otro desinio viene del que yo espero, pues viene solo a desengañarme, quien a tantas enigmas, fondo hallará, mas por ahora disimular es forzoso, a segurándola a Ines con doble intención de todo, que yo sabré de don Juan el suceso misterioso de esta noche, mas temiendo mientras en dudas zozobro, Si fácil no determino, o liberal no respondo a tus ruegos, doña Ines, tanto a mi dicha dañosos, no te espantes, que es difícil consultarse los enojos, quien solicita su riesgo por el aumento de otro. Pero venza la amistad, tenga su lugar lo honroso, no hay en lo humano valor contra el hado riguroso. Si tuyo ha de ser don Juan, por decreto, o por socorro de tu estrella, como pueden servir mis ansias de estorbo? desde luego, desde luego de mi afecto le depongo, de mi fe le desposeo, de mí mi memoria le arrojo; y porque veas mejor si a servirte me acomodo; yo misma por la mañana, luego que él blandón de Apolo encienda el día en las llamas de sus rayos luminosos. Contigo sola, tapadas emos de ir, donde a tus ojos veas lo que por ti hago con don Juan, quien de este modo te pretendo asegurar, pues tú en nombre cauteloso de una criada, entraras, sin que descubras el rostro, a donde mi fe conozcas, y a donde lo escuches todo. Que yo se que has de quedar obligada a mis soborbes, que apesar de mis deseos, por entre escarmientos rompo; a encontrar del desengaño el templo caliginoso; que yace en sombras de olvidos mal distínguido de todos. A donde los eslabones (a cuyo ruido aunque sordo, el sentido más despierto se va esperezando un poco) que arrastrado colgare, sirviendo en pendiente boto; a mí de acuerdo infalible, y de elcarmiento a los otros. No menos de tu amistad esperaba, y de tu heroico pecho, dorde se aposenta la vanidad y el decoro. Adiós, y por la mañana tu misma darás el modo que convenga para ver a don Juan. Con esto logro mi esperanza, pues habiendo con este trato engañoso, a seguradole a Ines, mañana, pues que no ignoro su casa, iremos a ella, donde al honor y al decoro sabré declaradamente si ha de ser, o no, mi esposo. . De mis dudosos recelos obligado, vengo a ver, si en el dudar y el temer hay causa para mis celos. De Leonor a los umbrales, sospechas me traen inciertas, al desasosiego ciertas, pero al crédito neutrales, Abierto el pestigo está, y gente siento salir, aquí me quiero encubrir. un hombre sale de allá. Lo que te he dicho le di, que a ti mi ruego se fía, y adiós, hermosa Lucia. . Fialo don Juan de mí. Ya no me deja dudar la evidencia de mis celos; aquí empiezan mis desvelos, y a quí mi agravio a formar mi venganza: y pues que no me ha visto, tras el me iré, y con recato saldre de mis celos, pues que yo por escusa al obrarle un escándalo tan fuerte, le tengo de dar la muerte a la vuelta de la calle. Oh servir de barrabas, al haya quien te desea, qué herejeo turco no sea pues que tal pago nos das. Qué aguardando a mi señor hasta este punto haya estado, después que por mí ha pasado aquel tartago, hay rigor como pasar noche entera sin dormir; mas vorme a casa, que lo que el discarso pasa todo es máquina, es quimera. Quien le metía al poeta en sacarme aquí, sin ser para nada menester, ni hay caso en que me entremeta. Mas sin dada que he salido por precapto obligatorio, de hacer a vuestedes notorio de como ya a manecido, O! dura ley del honor, tan justa como terrible, que haces de causa imposible efero para el rigor. Apenas el alba ha sido, con su ordinaria porfía, despertadora del día que entre sombras a dormido; cuando mi hermana salió al parque, y aunque es mi hermana, quien yo se, en una libiana sospecha he incurrido yo. Y ansí por satisfacer lo que no se consentir, al parque también he de ir, donde lo pretendo ver; don Alonso. . . Por hallaros tan demañana, he venido, muy amigo vuestro he sido, don Diego, y el suplicaros que me dieseis vuestra hermana, fue porque el deudo estréchase la amistad, mas que cesase quiso la suerte tirana. Cuando de vos me aparte anoche, a mi casa fui, pero celoso volví a esta calle, donde hallé, que de la vuestra salía un hombre, y atento al irse reparé bien, que al partirse se despidió de Lucia. No hay en vuestra casa, quien se pueda galantear, y quien ha llegado a entrar, vencido tiene un desdén. Yo que celoso, le vi salir, la muerte le diera en la calle, si no fuera porque la nota temí. Y así, pudiendo templarle a mis celos el ardor, esperé por vuestro honor hasta salir de la calle. Mas sucediome tan mal, que al punto que se salió, quedando en la calle yo él se metió en un portal. Hura en efero su casa, pues pidiendo luz a voces, se la bajaron veloces sus criados; esto pasa. Don Diego mirad ahora si será bien que yo sea esposo de quien se vea, que así su fama desdora, puesto que en doña Leonor, será pensamiento susto, y así violentarle el gusto será torcerle el amor. Y si alguno a libiandad me reputare esta ación, no mira por la opinión del honor y el amistad. Pues no es razón que el amigo consienta en la infamia ajena, que es callándole esta pena ser de su afrenta testigo, Qué honor que entre agravios ya- (ce, al aviso que recibe, con los castigos revive, con las venganzas renace. Que aunque yo por vos hiciera lo que vos mismo por Dios, importa aquí que en los dos nada el vengarnos difiera. Que yo en el galán mejor, lograr podré mi venganza pues burlando, mi esperanza ma ha ofendido en el amor. Y vos con Leonor haréis lo que por hermana os toca, que mi pasión no os provoca a más de lo que debéis, Y ansí pues la casa se, si vos quisiereis vengaros a quí estoy para ayudaros, vamos al punto, que haré por mi amor, viven los cielos, lo que por vuestro honor vos, o ved que haremos los dos, vos con honor; yo con celos. No en vano fue mi sospecha, descrédito de Leonor, mas vuelva por si el honor, y déjela satisfecha. Y ansí don Alonso, ahora sin dilatar la venganza, porque un rato de tardanza mucho la opinión desdora. Vamos a ver desde aquí quien nos agravia a los dos, en amor y dama, a vos en honor, y fama a mí. Esto anoche me pasó. Extraño caso, y a mí desque me aparte de ti, este otro me sucedio. Mas viendo que no venía al postigo del jardín, el trigüeño serafín de la taimada Lucia, y tu tardabas, traté de irme a pasear, y creo que al discurso del paseo vi todo lo que diré, El caballero que empieza, y no acaba, a presumido, menguado de suanecido, y a contar de su nobleza. A la luz mondongueril de una mujer que lo vende, lo conocéis, cuando entiende, que en aquella acción tan vil. no hay quien lo vea; sacó una holla por lavar, y del córito manjar seis maravedís pidió. Quién creera viéndole en coche, de día engañar el prado, que raído y embozado compra menudo de noche. Y la dama que ayer con manto de gloria entró en san Basilio, y nos dio por lo bizarro a creer que hera arrogante y cruel, anoche teniendo aún bayo, vi que muy tierna a un lacayo le pidio para un pastel. Oh Madrid, lo que ha inventado tu grandeza, y lo que encierras. Muy en los principios yerras, si piensas que lo has llegado . a conocer; mas quién llama? Vollo señor a saber. Tan presto quién puede ser? ̱ Una dama y otra dama, que son dos damas distintas, y una en lo tapado, quieren besarte lo que se besa en cumplimiento. . . Di que entren. Sin saber qué quieren? . . Sí. Pues entren vuesas mercedes. Para hablaros de secreto mandad señor que despeje ese criado. . . Babí salte allá fuera. . A dvierte que hay poco dinero en casa. por si andar galante quierres. Ya se fue. . Vos retiraos, y dejadnos solos. . Este es el medio que ha escogido Leonor, para que yo quede asegurada, y ansí oyéndolo de esta suerte, saldre después donde vea, don Juan lo mucho que debe a mi voluntad. . Ya estamos solos, Pues que se siente le ruego al señor dón Juan, y escuche. otras veces os he oído. Y no sabréis a donde? Como yo os viese puede ser que os conociera, Pues veisme aquí, conoceisme? Leonor, mi bien? . Deteneos, ay mí Don Juan que te pierdes. . Don Juan le a hablado amororo, mas no me espanto, que suelen acordar cenizas frías, memorias de incendios fuertes, No vengo, señor don Juan como viniera, si fuesen los tiempos unos, mas cuando se vio en lo gustoso siempre? A rogaros solo vengó que a doña Ines; a quien debe. Caballeros, caballeros, no es término honrado ese, ni lo han de hacer, boto a Dios Ay de mí, qué ruido es este? (los. ̱. No han de entrar viven los cie- Entraremos aunque os pese. Qué es esto? . Perdida soy. En la basquiña parece aquella, doña Leonor Aquí está mi hermana aleve? - En el vestido sin duda (. me han conocido, quien puede salir de aprieto tan grande; más válgame el esconderme a donde está doña Ines, proceda, o no, cuerdamente ahora, hasta que don Juan, lo aventureo lo remedie. . Doña Leonor se ha escondido. Qué importará el esconderse, que yo sabre entrar allá a dar a esta infame muerte. Teneos, que si no he querido enojarme, es porque piensa vuestra locura, que tengo en todos mis acidentes, de reportado, lo que vosotros de descorteses. Si a buscarme, don Alonso de Mendoza, a caso viene para a cabar la pendencia que ayer empezo valiente, yo se cumplir mi palabra. No vengo si no a que quiere. don Diego de solis. . . Cielos, de Leonor, hermano es este. . Reconocer esa dama. Poco el sor don Diego quiere Mucho me importa a los dos el no verla defenderles: . esta dama está en mi casa, es recatada, y no pueda ser conocida, y soy yo quien impedírselo debe. Mirad que de cosas juntas a defender se me ofrecen. Este es el mismo que anoche me sacó a mí del bufere, es muy mal hecho engañar aún hombre de bien, que tiene sangre en el ojo, y su piadra en el rollo, como suelen tener los más estirados, y preguntarme si es este el cuarto, para después entrarse de aquesta suerte. Este no es el que yo anoche tuve por ladrón? no debe . ya dudar mi sentimiento, vengarme aquí me conviene, Pues supuesto que esa dama esta al dentro, y no puede salirse, y siempre me queda el poder si yo quisiese conocerla, resta ahora que me respondáis a ese cargo de mi honor: anoche hubo quien salir os viase, embozado y adesora, de mi casa, agravio es este mucho mayor que el que ahora, Temimos que nuestra muerte ha de restaurar, por iios, que quien atrevidamente puso en mi honor leve mancha, este castigo merece. Aunque puedo asegurarle diciéndole que fue el verme salir de su casa anoche por doña Ines, no conviene poner mi crédito en duda, que es darle más que recele. Decir que vive en su casa, cuando lo ignora, no piense pues no la conoce, que es fingimiento, y prudente acuerdo será el negarlo, pues lo contrario no puede averiguar; reportaos, y advertid que no consiente mi brío, que me digáis, que anoche salir me viesen de vuestra casa, no siendo verdad, siendo así que pueden ser engaño, o ser pasión, de quien lo dijo. . . No puede engañarse, que soy yo quien lo que ha dicho defiende. Diles que entraste a orinar, o hacer otros menesteres. Y cuando en abono vuestro, toda la evidencia cese; yo que dentro de mi casa, escondido neciamente encontre vuestro criado. Cunquibus, esto no tiene reparo. Puedo engañarme. Pues pensar que tantas veces os he de satisfacer, es engaño, que consiente alguna culpa, y ansí, esta tarde, cuando llegue a reñir con don Alonso, más crédulo mmás prudente con el acero en la mano os haré. . . Pues yo lo acepto, quede ansí, pero no quede pendiente el recelo, cuando puedo yo satisfacerme, resta ahora conocer esa dama. . Allí se vuelve. Fuerte lance. . Qué dudáis? Antes que nadie se empeñe, advierta que ha de salir por un balcón. . Quién se atreve a hacer sin lesión el salto, a sacar la espada empiece, que gallinas los lacayos no habemos de serlo siempre. A pesar de la arrogancia que mostráis de aquesta surte, lo he de intentar. Yo y todo, os aludare valiente. Esto le debo a Leonor. o si acertado saliese. Leonor avuelto a salir, que intentará, pero empiece mi espada ahora a hacer paso, a ver si salir se puede. Caballeros deteneos, si todo está en conocerme. Ella quiere descubrirse, conque la pierdo y se pierde, no os descubráis. . Vuestra du- no se vencera con verme? (da Con eso cesará el duelo. Pues veisme aquí, todo cese. Qué es esto, cielos sagrados, volved al alma placeres; doña Ines es la que miro, como, o cuando, pero cese. el discurso, cuando importa ir a lo más conviniente. Descubrio se la tapada y no es Leonor, como vence una sospecha que obliga a hacer la más indecente ación, perdonad señora, que si el perdón se me rece de un yerro, que del honor, que sospechas no consiente, anacido, os le pedimos y vos don Juan, aunque en este lance, satisfecho estoy, esta tarde me conviene, del otro que más me agravia moriro satisfacerme Vos veréis que puntual con entrambos iré a verme Pues no fue doña Leonor. mis esperanzas alienten. Adiós, bien me pareció en el talle diferente, que no era aquella Leonor, sayas hay que se parecen, que el intentar conocerla, tado fue satisfacerle a don Alonso la duda. Gran bien es no concederle ninguna duda al recelo, túvelo, y asegureme. Fuéronse ya? . Ya se fueron, Adiós, adiós, Ines vente conmigo. Don Juan a Diós. Juego de manos parece. Decid. No es tiempo ahora. Qué es esto que me sucede? es y Leonor, mas dejo el laverinto que enprende mi discurso, que ha de ser para confundirme, y verme en otro mayor. . Señor. solo en esto te resuelve, En qué? . Solamente en quen son demonios las mujeres.
JORNADA TERCERA
jornada tercera Diste a don Juan mi papel? Ya se le di, y se que has de ir cuidadosa a prevenir si respondió luego a él. Si me recibio gustoso, si cortés me agasajó, si a acompañarme salió, si me despidio amoroso; mas yo que te miro estar de mis palabras pendiente, te aseguro fácilmente con el que voy a sacar. Papel de dulces amores, y en computo de verdades, compendió de necedades entre críticos errores. Veslo a quí. . Dámelo presto. Espera, espera. Leonor? . Turbada estoy. Malo es esto. Qué es lo que escondes, Lucia? Perdida soy. . Ay de mí. Qué escondes? acaba, di. No es nada por vida mía. Una receta es de una agua para la cara, no es cosa que te importa. . Mas forzoso, es la sospecha que fragua mi recelo; verla quiero. Quién tan grande aprieto vio Esto dice, porque yo de memoria la refiero. Recipe, de miel virgen uncias tres, un vidriado mortero buscaras, claras de guenos frescos echaras hasta media docena en el después, De soliman dos granos, y si es algo tiesa la tez, échale más, todo lo cual molido mesclaras hasta de que hace espuma cierta estés. Saca el agua después con todas sus circustancias, y a hora toma mis sanos consejos, y serás de los más viejos perros, el burlado tris, si de aliento peligras, toma anis, y si de anciana enfermas ten la tos. Nada me asegura, y pues no me lo das, de esta suerte lo tomare. Trance fuerte. Esta la receta es; dice ansí. Mi bien. . Qué pena. En fragancia me ha cogido. Que sea de agradecido tu esposo, la suerte ordena; en el cuarto del jardín está noche te veré, donde del todo sabré si gustas de ello, a que fin veniste a verme a mi casa? Aquí mi peligro es si dice con doña Ines. Esto dice. . Suerte escasa. Que equivoco está el papel pues ni amí, ni a Ines parece, La evidencia el daño crere. y mis deshonras en él, Mas todo por mí lo entiendo. Es este, ingrata Leonor, buen término del honor, y este el medio en que me ofendo, infame lucia es? Pues que novedad tuviera, que la verdad te dijera, y tú la hallaras después. lencia el y ̱ Qué lustre, que esplendor, aleve hermana, al nombre das, que nos ilustra el pecho, tú, su pureza a profanar villana, te has atrevido, cuando el tiempo ha hecho, a pesar de la bárbara y tirana ley del olvido que usurpó el derecho, que su fama publique, y su decoro, a trompa de metal, pacción de oro, Este papel ahora satisface, ya que no tu opinión, tus desvaríos, tú en quien la gala estos efetos hace, tú que eres causa de los celos míos, y tú en quien no descansa, si no yace el honor tan doliente a tus desvíos; o fácil, o infiel a ser quien eres, escarmiento serás de las mujeres. Hermano (mortal estoy) aguarda (triste suceso) don Diego (suerte importuna) escucha, (apretado riesgo) Aparta, aleve. . Mas cómo me falto a lo que me debo? . para ahora es el valor, Tendrete viven los cielos, que o la muerte me has de dar, o me has de escuchar, do Diego. A tanto agravio hay disculpa? A tanto delito hay medio. Que puede ser. . Mi cordura Quié la a de dar? Mi honor mismo. Quién te abona? Mi valor. . . De qué forma? Estame atento. Ahora es buena ocasión de que sepa, pues el tiempo para saberlo a faltado, como en casa de secreto está don Luis de Arrellano, y doña Ines, conque puedo asegurarle del todo: válgame ahora el ingenio, pues acredita una industria mas que una verdad a tiempos. Quien tan airado te oyera, bien pensara que es efecto de alguna causa posible, de algún cierto desacierto. Yo te agradezco el enojo, y la injuria te agradezco, que los que tienen mi sangre, que a los que nobles nacieron, son para agravar la culpa, y son para el sentimiento. Los escrúpulos, certezas, enidencias, los recelos, he te sufrido, y callado, porque conozco don Diego que te dan razón las señas, mas no en cuanto a que yo tengo culpa, a tu debido enojo, mas cuando palabras fueron bastantes a asegurar en el honor, ni en los celos. Obras sean las que ahora, te dejen tan satisfecho, que cada razón te ponga de mi deshonor más lejos. No me espanto que te enojes, que enojarte es lo de menos, cuando sabes que a deshora salió de casa, no habiendo venido tú, un hombre solo, y más con el presupuesto de hermana rica, y hermosa. Y ahora me espanto menos, que has encontrado un papel que mi criada, del mismo galán piensas que me trae, es ansi, mas como veo que yo no incurro en la ofensa, y lo que has visto sea cierto, dificultoso parece, y lo estuviera temiendo, a no estar dentro de casa quien me saca de este riesgo. Que más, que en subir arriba no ha de costar saberlo don Luis de Arellano, cuya es esta casa, aura tiempo de seis meses, que esta fuera, y tú en el discurso mismo veniste, hermano, de Flandes, no le conoces, supuesto que te ha dicho mi noticia que es un noble caballero, y tiene una hermosa hija, el cual entró de secreto anoche, porque no quiso decir a nadie su intento. Mas doña Ines (que así tiene el nombre) a quien yo le debo, mil amistades, me dijo, que hera cierto casamiento con un don Juan de Alagón, el cual, avisado de ello vino a ver a doña Ines, y salió cuando lo vieron, o algún vecino curioso, o algún celoso grosero. Ese papel, por no haber venido, quien para ello fuese apropósito, dijo, doña Ines, que el buen despejo de Lucia, le llevara uno a su esposo, y entiendo que es su respuesta; esta es la verdad, mira si puedo quebrar con lo honrado, estando de mi parte lo modesto. Yo se lo quise llevar por lisonja, y pues a tiempo veniste, que de su amor serás hermano el correo, Tú mismo se lo has de dar a doña Ines, porque quiero que te des a conocer a su padre, a quien debemos por herencia y amistad aquestos justos respetos. Y no presumas de mí vilmente otra vez, don Diego, que no siempre han de tener en mal concibido a celos la prudencia y el recato, tan arraya el sufrimiento, ni hay cada día una Ines . que nos saque de un aprieto. . Que de ventajas me llevas Leonor, pues ella teniendo la inocencia de su parte, tan reportada me ha hecho relación de lo que pasa, y yo atrevido y grosero me arrojo a creer mi daño en su deshonra, yo llevo el papel a doña Ines, y si como dice, es cierto, de esta vez desengañado satisfare muchos hierros. Quedará, don Juan, mi amigo pues su poca culpa veo, mi hermana favorecida en su mismo desempeño, don Luis por conocido, y don Alonso por necio. . De hablar vengo con Don Juan. Que te respondió mi esposo. Malas muestras su amor dan, respondiome vergonzoso, y tan muerto el ademan y el acción, que presumí que hera pésame el hablarle en desposarse, pues vi que hube menester sacarle de cuatro veces él sí. Si te pretendes casar, para tu quietud, Ines, de su amor aborrecida eterno el empeño es, y el estado de la vida es eleción, no interes. Oh ingrato don Juan! señor (ay de mí) yo no replico a tu gusto, triste amor, que en lo obediente me esplico mas hija de tu valor. Haga su gusto don Juan, que fuera gran desvarío, mirando tanto desvío donde las dudas están poner en quererle el mío. Como la fuerza de amor no se conoce en mi pecho, no es olvidarle rigor que solo dura, señor, en quien impresión ha hecho, En todo me satisface fénix de más hermosura, de tu obediencia renaces, nombre eterno te asegura esa potestad que haces. Porque aunque tú; Ines, le quieras, y lo niegues, en lo justo más corona merecieras, pues tu violencia te hicieras por veducirte a mi gusto. Bien puede sin más licencia que su deseo, llegar, señor don Luis, a besar vuestras manos, el que ausencia tan larga llegó a intentar. Que es causa de lo que oís, don Diego soy de Solis, de don Juan hijo, y hermano de doña Leonor. . . Venís tan galán, tan cortesano, señor don Diego, que a solo vuestro padre os parecéis, su misma persona hacéis, y en mi pecho que es el polo de su amistad, lo veréis. No hubo mayor caballero que el señor don Juan, ni hubo mayor amigo, y infiero que quien tales padres tuvo será en mi amor el primero. Y ansi llegad a mis brazos, que serán eternos lazos que afirmen este contento, aunque más de un sentimiento me acuerdan estos abrazos. Ahora don Diego hablad a mi hija doña Ines, porque libre de interes más larga nuestra amistad confirmaremos después. Y si discreto advertís mi confianza, me rijo por el padre que me oís, habéis de hacer como hijo, vos, de Don Juan de Solis. . Enbarazado hasta ahora con vuestro padre, señora. Qué os suspendéis? Con razón, nada la suerte me ignora, más ciertas mis dichas son, esta es la misma que vi con don Juan. . De verme aquí como con don Juan me vio le ha suspendido, que no otra ammiración de mí. Celos pues no hay que temer, impécemes a abonar bien hacer sus partes, será mostrar como su amigo he de ser. Digo pues que embarazado con vuestro padre, he dejado de hablaros, de quien ya estoy el más amigo, pues soy por su tercero enviado. Este papel que don Juan os envía leeréis, y en el señora, veréis que en él, un firme galán, y en mí un esclavo tendréis, De mano tan generosa, de tan noble diligencia nueva espero muy dichosa, y ansí con vuestra licencia leo el papel. Rigurosa fuerza del honor, ya he hecho para quedar satisfecho examen de mis recelos, y pues no hay causa, los celos desembaracen mi pecho, póseale la amistad de don Juan, y el desafío cese, que en mi industria fío, que el conozca la verdad presto del intento mío. Cómo esto se compadece con lo que mi padre ha dicho, pero según me parece, el fue caduco capricho, mas pues su favor me ofrece don Diego, para excusar lo que puede suceder, mi dicha he de anticipar. Si llega mi industria a hacer lo que ha llegado a pensar; señor don Diego, yo estoy contenta y agradecida, pues debo al riesgo de hoy la certeza de que soy de mi amante tan querida. Y ansí de vos confiada, os suplico que volváis a don Juan, y le traigáis a la parte señalada. Qué es, si no lo penetráis, en el cuarto del jardín, que con lo que habéis de hacer por mí, llegaréis a ver el más deseado fin. De lo que intento emprender, después que allí lo dejéis, vos mismo me llamaréis, que sin luz en esa sala de afuera me encontraréis a la hora que señala mi ventura, y en entrando donde don Juan estuviere, vos enviaréis a avisar a mi padre, pues se infiere, que si nos viene a encontrar juntos, porque no se crea la nota de quien lo vea, no hay duda de que procure, antes que otro lo murmure, que al punto mi esposo sea. Esto os deberé, don Diego, pues con vos alcanza el ruego, lo que lo galante alcanza, asegurad mi esperanza, muerta pavesa en mi fuego. Tanto os deseo servir por el desengaño mío, como por vos, y ansi he de ir al momento a prevenir. lo que de mí me confío. Seréis dueño de los dos. Esclavo de él, y de vos. Desde que anochezca espero, Pues obedeciéndoos quiero lo conozcáis. Guardeos Dios. Ya es hora de ir, que no quiero que digan mis enemigos que de temoroso tardo. Tu intentas gran desatino. Los caballeros, Baul, los nobles, los bien nacidos, son espejos de cristal, tan terso, lustroso, y limpio, que los empaña el menor pensamiento de sí mismos. Que eran de manchas ajenas de la torpeza y el vicio de un murmurador que acecha, por las quiebras y resquicios del honor, alguna falta, que el primer leve desvío le ocasionó, y en el duelo del honor, es tan remiso el consejo en lo brioso, y la atención en lo altivo. que no se espera al suceso, y ansi anticipa el castigo al agravio, o a la ofensa, que el amago le previno, y ignorándose en lo cuerdo se arresta en lo ejecutivo. Qué duelo, o que calabaza, no hicieran todos los hijos de Adanlo que yo, si alguno me dice mentís, me digo si miento, porque me pesa de que el otro lo haya dicho. No es peor en mí el hacerlo, que no en el otro el decirlo; si me dan un bofetón, astuto me encolerizo, y digo, cáchete a mí? y con mi contrario envisto, a darle a puño cerrado, y los dejo desmentidos, mas que con mirar al duelo con dolor de mi carrillo. Si se desmandan a palos, los sufro como un poliimo, y ni aún de solo intención no ofendo a Dios en el quinto. Esta, señor, es la flor que tengo, y con esta vivo sobre la haz de la tierra, o el enves de su artificio. Que si hubiera de matarme por estos y otros puntillos, tanto hubiera que pudriera, que ya me hubieran salido las muelas de malogrado, y de muerto los colmillos. Solo me falta buscar que me acompañe un amigo, A quién pretendes llevar? Ira según imagino don Lorenzo de Medrano. Ese tiene muchos hijos, y no saldrá por la vida. Irá don Juan del castillo. Ese tampoco, que tiene mil calidades de lindo, por no bajar el copete, no reñira en doce siglos, Don Alonso de Perea. Menos. Don Manuel de Arguijo. Ese tiene pretensiones, y reñira a lo ministro. Don Gutierte de Escobar. Es don Gutierte un melistuo. Eon Jerónimo Vicencio. Ese, a estocadas de vino, en guerra de vacia botas sacara el mejor partido. Don Baltasar de León, Ase te lleva contigo; que está enseñado a su suegra, y reñira con un grifo; mas dime por vida tuya, a que te has entrado altivo en la casa de Leonor, sin mirar. Ya te he entendido, a ver a doña Leonor me conducen mis suspiros, antes que de mi valor haga alarde el desafío. No es con eficacia amante, ni con galla día altivo, quien no le costó el favor mas que ha verle merecido. Solicitarse los riesgos, granjearse los peligros, no digo que sea cordura, ni discreción, pero digo, que quien solamente gusta de un amor que se ha venido sin la zozobra del susto, y de la pena el subsidio, o es cobarde, o no es amante, qué en uno, y otro delirio, quien no obliga de valiente, quien no vence de atrevido, merecera de dichoso, mas no alcanzará do fino. De más, que cuando su hermano me encuentre, pues ya es preciso salir al campoles hacer mas porque, puesto que estimo tanto, el honor de mi dama: mas si en este desafío uno veré ha de morir, al neutral suceso obligo, o mi desdicha o mi suerte, en sucesos tan distintos. No la has menester si mueres. Y la librare si vivo. Mas ella sale. . . Di el alba cercada de rosa y lirio. Don Juan dices que pasó por aquella calle, ahora? Digo que entro en casa, Llámale. darele de todo aviso. Ya en tu presencia, Leonor, tienes un amante en mí, que ha empezar a ser dichoso, empezó ha ser infeliz. a confirmar la palabra del papel que te escribí, a pesar de otras finezas me trae el amor aquí. Anres que obre la fortuna, o mi progreso, o mi fin, merézcate esposo, quien te ha merecida (ay de mí) amante a tan corto tiempo, que al empezar a lucir mi amor, como aquella luz, que al despertar, o al reír el alba, indecisamente divide de este cenid, la noche, hasta que brillante esa antorcha, esa gentil deidad del bárvaro Isleño, que campañas de zafir, discurre, y declara el día que recateó hasta allí, que entre lucientes señales está al nacer y al morir, es carácter de topacio, es impresión de rubí. Centella fui, si muriere mi amor, pero si feliz, o la suerte, o el valor me constituye de ti. Atributo la memoria sin descansar, sin rendir treguas al ocio mi pecho, será escollo que esgrimir supo la naturaleza, contra el austro; siendo allí, si no escándalo del aire, o natural rebellín que de sus soplos defiende las flores que a su raiz se abrigaron, y nacieron en el murado jardín, para vivir más seguras, mas no para más vivir. A la alegría de ver, a la suspensión de oír, tu presencia, tus palabras, uno y otro divertir, pudo mi discurso tanto (ay mí don Juan) que si aquí no fuera tan importante lo que te quiero decir, mi admiración te acusara, o la brevedad, o el fin, digo pues que ya mi hermano Hora será de salir al desafío, a don Diego vengo a llamar, mas que via Ya mi bien. Qué es lo que escucho? Mas don Alonso, ay de mí, nos ha visto, y ha venido antes de poder decir, a don Juan lo que ha pasado, conque es forzoso el reñir; que desdichada que soy. Advierte que estoy aquí, y que perderé mil vidas primero que consantir, que don Alonso, ni al mundo? Pues señor don Juan, ansí de salir al desafío, vuestra palabra cumplís? No es nada lo que ha venido. que no pudiese advertir cerrar con llave la puerta. Siempre nos sucede ansí cuando importa a la maraña. A celos viles . . Yo aquí solo he venido a llamar a don Diego de solís, porque no se descuidara. Perdí a don Juan, ay de mí. Conmigo irá. . Fuerte aprieto Allá os espero, venid. Señor Juan? . Puede haber más desdichas, pero aquí nos retiremos Lucia, no me vea. Vos venís a muy buen tiempo, que ya casi os culpaba. . San Gil, el diablo que sea añadido. Salgamos pues a reñir. Ya os dije que allá os espero. Deteneos, que pues aquí os he hallado, mas dichoso soy de lo que presumí. Ahora más fácilmente. . puedo a doña Ines cumplir, la palabra que la he dado. Señor don Juan, advertid, después de daros la mano de amigo, que conseguir por el desengaño mío, conmigo habéis de venir a veros con vuestra dama en el cuarto del jardín, como tenéis por escrita, concertado porque allí os habéis de desposar, logrando un dichoso fin, cuando temeroso vos esperabais infeliz, A esto me determino cuerdamente, pues ansí, a mi honor, al de mi hermana, excuso el común decir del bulgo, que don Alonso, al desengaño feliz será vuestro amigo siempre, Pues ya anochece, venid. Albricias amor, que ya conviene su hermano aquí, en casarme con Leonor: por tanto favor rendís un esclavo a vuestros pies Hh sido término vil, y vive Dios que me pesa de haber sido. . . Qué decís. por un amigo no es cosa qué hacer se puede? advertid que a vos os está más bien; pues mañana, pero aquí me esperad. . Aquesta ha sido traza infame, del sutil ingenio de doña Ines, mas al punto he de subir arriba, y ablalle claro. No es el don Diego muy Cid, vive Dios que es un gallina, que solo por no reñir case a don Juan con su hermana? Mi hermana sin resistir por esposo a don Alonso esta noche ha de admitir. Vos don Alonso, esperad, vos señor don Juan venid. Curiosidad a saber. Industrias a prevenir. Que pueda en un caballero caber un acción tan vi? Vive Dios que he de vengarme, que solo por no salir al desafío, haya hecho lo que he visto, y que de mí se burle de esta manera? Mas esperándole ansí tendré de mi justo en ojo satisfacción, pero en fin es cobarde, y quien lo es que infamias no ha de incurrir, Este cuarto aderezado lo tiene mi prevención, para solo esta ocasión dentro hay luz, pues desposado habéis de quedar, en él podréis estar estos días. Ya envidian las alegrías (da las flores de este vergel Entrad. . . Yo os debo la vi- Entrose. . . Tú has de traer, Baul, a su esposa, a ser de su esperanza perdida, dueño feliz, en mi nombre has de subir allá arriba, y esto en tu prudencia estriba, porque me parecéis hombre de confianza. . Agradente, anoche, cuando severo, no sin tufo de brasero me sacaste del bufete. Digo pues, que en la antesala que don Luis tiene de estar esperando, y al llegar al puesto que te señala mi cuidado, en nombre mío. Cómo en tu nombre? . Diciendo que eres don Diego. Ya entiendo. Advierte lo que te fío, has de traer a su esposa con don Juan, porque a mí me importa el no estar aquí, por otra causa forzosa. y es ir ahora a avisar a don Alonso que venga, donde su recelo tenga fin, pues que se ha de casar esta noche con Leonor, pues de doña Ines, don Juan sabemos que es el galán, bien lo pública su amor; ya es hora de ir. Pues ya boy. Yo a don Alonso traeré, y pues ya me aseguré, gracias a mi engaño doy. . De todo estoy Prevenida, mi padre está descuidado, las luces de aquí he apagado. para estar más escondida. Don Diego le avisará cuando sea menester, esto me ha importado hacer, pues que con esto tendrá mi amor el fin que desea, Amor, pues de ti confío, las llaves del albedrío, abre la puerta al deseo, esta la parte ha de ser donde me tiene de hablas, que de arbitrios sabe dar la industria de una mujer, A saber de doña Ines el estado de su amor, vengo, pues puedo mejor blien informada después, tratar el remedio a todo, pues todo tiene remedio, a la discreción al medio, al arte, a la industria, al modo, Qué oscura esta sala está, apenas a mí me encuentro. Ruido he sentido aquí dentro, si viene don Diego ya. Esta la antesala es, si el tiento no me ha engañado, que será si en tal estado me acierta a ver doña Ines. Yo vengo a sacar de aquí, y soy tan mal sacador, que ojalá por el olor no me sacarán a mí. Aquí diz que ha de esperar; yo toso. . Qué turbación es la oscuridad, la acción he perdido de acertar. Es Di Diego? . Si soy. Qué es esto; ay de mí que escucho? con mil sobresaltos lucho, Pus ya prevenida estoy. Vamos pues. . Perdida soy. Ya os espera vuestro esposo. Disimular es forzoso. Venid tras mí. . Muerta voy. Si fuera, si os encontrara, hacia esta parte, don Diego, que entre cinieblas mi fuego se distingue y se repara. Vino contento don Juan? si vendría, que un amor se alienta a tanto favor; fuera de que es tan galán, don Diego, ce, no me oís a esta parte? con tardar, mas a causarme pesar que a darme placer venís, cómo no me respondéis? mas que esto, ya no siento pasos en este aposento él se ha ido, bien podéis contentos volver a tras, y a darme muerte alomenos, pues hacéis efecto menos en quien no os merece más. Mas como si yo escuche su voz, que me declaraba que ya don Juan me esperaba, me dejó sola y se fue. Mas pues la puerta he encontrado iré al jardín desde a quí, donde alcanzaré por mí lo que por otro he intentado. . Dejaisme tan satisfecho (mal haya mi prevención) que gozoso el corazón, a penas cabe en el pecho. (tal presumí de don Diego) . Decidme ahora, a don Luis que en el papel le escribís? El caso os lo dirá luego, con Lucia le he enviado de este suceso un papel, que para que venga a el le despertara el cuidado. Bien podéis señora entrar. Qué es lo que pasa por mí? Esta es la puerta, y aquí a don Juan habéis de hallar. No sentís abrir? . . Ya siento. mi dicha. . . Pues esta es don Aronso, doña Ines. Y apenas puedo el contento disimular. Dulce engaño. Del dudar, y del temer, la mayor fortuna es ver tan dichoso el desengaño Este riesgo he de intentar, pues llegado a conocer, mas que riesgare a perder me aventurare a ganar. Ya llego cuidado mío, no te quedes agraviado, en el fruto deseado de la empresa que te fío. Mi señor don Diego, ya esta todo negociado. Ya el papel le aura avisado, poco don Luis tardará. Dárela muerte a esta infame. Mi padre es este, quien duda, que ha sabido va el suceso, y colérico me busca; entre estos ramos me escondo, Yo satisfaré mi injuria. Que busca ahora este viejo. Señor Don Luis, quien perturba vuestra quietud? . . Una hija infame. . Suerte importuna. Aquien plujiera a los cielos, le fuera ataud la cuna. En ese aposento está con su amante, a quien perjura anticipa los favores, a la suave colunda del matrimonio. . . Señor, hierros son que amor disculpa, no os apasionéis. . . Con esto mas sospechas se aseguran. Si ahora salgo, no dudo de mi padre, que a la mucha cólera, dispense poca a tención a mi disculpa Haré la puerta pedazos, y este aposento de injurias, lleno de sus viles cuerpos será monumento y uina. Suele ser en estos casos, ello es hecho la disculpa; yo entraré, y a vuestros pies, postrados haré que supla el gozo de vuestros hijos, puesto que su ación disculpa el haber de desposarse. Qué evidencias, o que dudas son las que estoy escuchando. Negro papel llevé aguda. No entiendo estos embelecos, Ellos tienen por sin duda que estoy dentro con don Juan. Aquí los dos te aseguran vida feliz, pues de esposos dadas las manos, se juntan; vos señora; mas qué es esto, vil hermana? . . Si dibulga vuestra lengua, de mi esposa traición o falta ninguna, vive Dios. . qué es lo que he visto? Cómo es posible que sufra este engaño, no es mi hija, y ha sido poca cordura llamarme. Y poca lealtad, con tan deslucida industria hacer se pate engañosa, de lo que otro le procura. Don Diego, con darle muete, nuestro agravio se deslumbra. Hay más demonios que aticen. Y este villano, la culpa me pagara con su muerte. Señor los diablos me aburran si yo por otra la tuve. Muera. . . Neteneos. Si excusan, humildades, sumisiones, atiende don Diego, escucha don Luis, don Diego, don Juan, don Alonso, doña Ines, y cada cual de los tres, celoso, amante y galán, cuando informándoos están los efetos de un amor, no cesa vuestro rigor, estando en igual asiento, de mi parte el rendimiento, y de la vuestra el valor. Todos en uno enojado, tenéis a una muerte ación, cuando aún en ejecución suele embarazarse el hado, a tanta luz venerado, un desengaño ha de ser, que algo dejó de vencer, quien anticipa ofendido, la injuria de lo que ha sido, El papel que os engañó, don Diego, fue para mí, respuesta del que escribí a don Juan de Alagón, yo. Si también me sucedio, que vos que contradecís, mi tercero a ser venís, que culpa me imputaréis de lo que vos mismo hacéis de lo que vos consentís. Por doña Ines me advertistes, cuando a llamar me inviastes, cuando a don Luis avisastes por doña Ines me tuvistes, mas todos ahora vistes el desengaño, a despecho de cuanto invidioso pecho, movió contra mí el rigor, y si no os vence un amor, que habéis de hacer, ello es hecho. La razón ha de vencer, quien más ha ella sa ajusta soy yo, cuando este suceso pudo provocarme a furia, vos don Diego como a hijo de tan gran padre, os reduzga lo ofendido, en lo cortes, vos don Alonso, cordura tenéis, que conoce bien accidentes de fortuna. Mas el desengaño estimo que prosperidad ninguna. Dadle, don Diego, los brazos. Tu consejo me asegura. Amor no hay si no paciencia, no hay contra la suete industria. A vuestros pies, a ofrecerme por esclavo, me conduzga, suceso de quien depende, puesto que el tiempo lo muda, diga en lugar de venganza, amistad en vez de injuria. Los brazos os doy. . Suspendan por ahora la locura vuesas mercedes, de darse manos, de esposos, que es mucha bulgaridad, porque es bien que se amonesten, y cumplan con los provechos del preste, y los derechos del Cura, que yo en pidiendo perdón de las faltas; que me escurra me hace de ojo un mosquetero, a quien el poetajura de convidarle a ipocras, si es que ello es hecho le gusta.
