Texto digital de Elegir al enemigo
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Agustín de Salazar y Torres
- Atribución estilometría
- Agustín de Salazar y Torres Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Elegir al enemigo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/elegir-al-enemigo.

ELEGIR AL ENEMIGO
JORNADA PRIMERA
Por esta parte parece, que más cerca se percibe la luz. Qué importa si temo, que el viento la despavile. Todo es horrores la noche, la vista apenas distingue el escollo más soberbio, de la planta más humilde, el aire, que de las sombras el nocturno imperio sigue. Todo de luz se desnuda, todo de asombros se viste, montes las sombras se ofrecen, y sombras las peñas fingen. Todo se confunde nada, sino el horror se percibe, la imaginación tropieza, aún antes que el pie le avise en cada escollo. . Es verdad, y ahora caigo en lo que dices. Aún da pavor, aún da espanto, ver que algunos Astros brillen: como serán las tinieblas, solito si son las luces horribles? Hacia allí la vaga Luna, envuelta en celajes tristes. se asoma. . que hermosa sale. No sé de que lo coliges. De que es blanca, y cabos negros; pero déjame que admire, señor, que habiendo dos días, que a nado del mar saliste en un cuartel, porque todas. las naves fueron a pique de tu Armada, no has podido saber donde estás. . Colige, que nunca es desdicha aquella, a quien otra no se sigue. La tuya bien grande ha sido, pues en el agua perdiste tus bajeles, sin sacar mas que tu persona libre, en una tabla, y en otra un Escapárate triste, que soy yo; mas sobre todo, se perdió tu prima Nise; porque también su bajel se fue a fondo? . Ay infelice! Quizá castigo sería de su ingratitud, mas dime memoria, que me aformentas? porque al sentimiento asistes, siendo el vencedor; así te opones a quién se rinde? Ah cobardes, bien se ve, que sois los pesares viles. Solo un alivio te queda. Y cuál es? . Que no pudiste remediar la desventura de Nise. No fue posible; porque después que salí de su nave en el esquise a aplacar la sedición de otro bajel, la terrible borrasca se levantó; s . Pero espera, no percibes, un dulce instrumento? . Sí. En horror tan increible, quién será? . Algún Sacristan, que ensayara algunos Quiries, o algún Barbero, que intenta cantar la letra que dice, y a las sombras de la noche huyen medrosas, y tristes. Para encontrarse contigo amor, dónde irá el deseo? 1. Al agua. 2. Al fuego (go. 1. No sino al agua. 2. No sino al fue- 1. Pues hielas lo que abrasas, no si no al agua 2. Pues enciendes el hielo, no sino al fuego, 1. Al agua. 2. Al fuego. 1. Siendo nieto de las ondas, buscadme en la espuma cana. 2. Venid, buscadme en el fuego, que es hijo Amor de las llamas. 1. Al fuego? 2. Al agua (gua. 1. No sino al fuego. 2. No si no al a- En lo instable eres amor, hieto del mar, si es posible, que puedan tener las llamas de las espumas origen También sé, que de Bulcano eres hijo, que mal dije; pues de sus fraguas, aún más que de Bulcano naciste. El amor es fuego, y agua, dice muy bien, quien lo dice; pues con poca diferencia no hay amor que no se entibie, y lo tibio es fuego, y agua. s. Calla necio, que prosiguen 1. Aferra, aferra de gabia, porque a la furia insufrible del viento, árboles, y velas inútilmente resisten. p 2. Cielos, piedad Favor, cielos, 1. Ya el árbol mayor se rinde. 4. Corta la jarcia, que toca la nave en el arrecise. Aqueste es otro cantar. No hay ya asombro que me admire. Traición, traición Este es otro . Aguardad, cobardes viles, que yo os seguiré hasta ver que alevosamente tiñe vuestra infame sangre al suelo. De ese edificio sublime, cuyas torres, a pesar de las sombras se distinguen, sale el estruendo. . Mas va, que en confusión tan terrible partesvoca opala aún falta más? Fuego, fuego 1. Echad a tierna el esquise; que ya la mísera nave en cuárteles se divide. Huid cobardes villanos, Harto harás en resistinte. Fuego, fuego, Piedad cielos! Voces de mujer no oístes? Cómo hay tantos con trabajos, no distingo bien los tiples. Para encontrarse contigo Amor, dondeará el deseo? Al agua, al fuego, Confusión jamás no vista: Allí un bajel se va a pique miseramente; y aquí ol too miseramente se rinde, a otros piélagos de fuego toda la fábrica insigne de un edificio: Allí acordes s. los dulces ecos repiten señas de amor, cuando aquí sangrientamente se enbisten, con fuerza igual: ah fortuna, solo en las mudanzas firme! 1. Que me ahogo. Que me abraso. En sin cobardes huistes. ̱̱. Al fuego. 2. Al agua. Qué haré? decidme cielos, decidme. adondeiré? 1. Al fuego. 2. Alagua. Ya mi valor se apercibe para las ondas. . Espera, señor, y no al mar te inclines. Por qué? lono Porque es muy enfermo beber agua de salitre, Al fuego. . No sino al agua Pero aquesta voz me impide. Al agua mo ̱. No sino al fuego. Acudid a los jardines, que adonde está Rosimunda lleganlas llamas. . Ya impiden aquestas voces mis dudas, que no hay cosa que lastime mas a un triste, que ver otro padecer; miente quien dice, que al infelice es descanso el no ser solo infelice. A señor, dejome solo: Miedo di, donde he de irme, al fuego, no sino al agua; ni a uno, ni a otro, hay tan terrible confusión: este es el mundo, unos cantan, y otros riñen, y allá se pasan por agua, al tiempo que acá se frien; pero entre estos, y entre estotros es justo que me retire, que por este lado el miedo, con no sé cuantos me enviste, y no riñe bien el que sin que, ni para que riñe; y yo no me hallo al presente con para ques, ni sin ques. Mal mi intento se hla logrado. Apenas la sena hiciste con letra, y música, cuando pegué fuego a los jardines, para que acudiendo todos, pudieses robar más libre a Rosimunda. . Ay amor! como nada te es difícil a emprender, hasta que tocan los desengaños los fines. Dígalo yo, que sintiendo abrasarme al insufrible volcán de un desprecio, aunque al desdén hielo le fingen, por no morir de cobarde, sabiendo que es infalible, que es la desesperación dueño de los imposibles, determiné de robar a la Princesa felice, causa de todos mis daños, y al entrar por los pensiles hasta su cuarto, por una mina, que a este intento hice desde la torre, que esta inmediata a los jardines. que por ser su Alcaide tú, a mi vuego concediste esta industria, haciendo fácil una empresa tan difícil, mi pasión, y tu amistad. Y al entrar (ay infelice!) encuentro con Rosimunda, que a la fuga se apercibe, temerosa del incendio. Hoy serás mía le dije, a pesar de tus desdenes: No será cobardes viles, dijo a aqueste tiempo Astolfo, que aqueste acero le asiste. Retíreme hasta la puerta que hay al mar, donde apique se iba una mísera nave, y al estruendo fue posible, sin que a mi conociesen, retirarme, si bien firme Astolfo, en que la traición era fácil conseguirse, oyendo de otra mujer los tiernos lamentos tristes, que en el bajel se perdía, desesperado, y terrible, pensando ser Rosimunda, se arrojó al mar. Feliz fuiste en que no te conociesen; mas por si el traje les dice señas de que fuiste tú, convendrá que te le quites. Entre estas ramas le esconde. Nada oigo de cuanto dicen. Luscad, buscad el Palacio, todo el jardín se examine. Ahora Ricardo, puedes mezclarte, y fingir que fuiste en busca del que intentaba. nuestra traición. Muy bien dices: Ven Lidoro. Ya te sigo. Fuero, se ya, Dios los guíe, que yo no sé con que alhajas jugaron al escondite, que están aquí; pero quiero aguardar que se retiren, que para llarlas yo, importa que ellos las lien. Pero otro Moro: quien va. Yo que de las llamas libre. saco en mis brazos el cielo, muérase de envidia Alcides, al incendio le hurte un Fénix, que rayos por plumas viste, hices por penachos vibra; porque en ella amor permite, que las centellas que bate sean alas con que brille. Usurpé al rápido incendio, envuelto en mortal eclipse. el más divino, el más bello tirano dulce imposible, y el más ingrato, pues temo, que volviendo en sí, fulmine. rayos con que muera yo, al tiempo que por mí vive. Sin sentido está. A mi pecho. dejó todo lo sensible. Después que el contacto hermoso, de azucenas, y jazmines, que siendo nieve en el alma, voraces llamas imprimen, me ha abrasado el corazón. Del suyo, señor, se cuide, antes que a ti te dé ahora un Dios nos guarde, y nos libre; Y para que vuelva en sí, aquí es bien que la reclines, mientras entro yo a buscar agua con que se rocíe. Pues ve presto. Voy volando. Todo, señor, se registre; pero el traidor está aquí. Este es de los que seguiste. Aquí me importa el fingir. . Si señor, no te lo dije: en sus brazos Rosimunda. Pues como aleve pudiste, sin recelo del castigo, osar tal traición? . Permite, que con su sangre la tierra traidoramente salpique. Qué causa os puede irritar, no he llegado a comprender; pues tenéis que agradecer mucho más, que castigar. Si acaso os mueve el amor de esta increible beldad, profanada su deidad, halló culto en mi valor. Mal un engañosocorre a un delito manifiesto. Ricardo, llevadle presto. Dónde, señor? . A la torre, que está en el jardín. Advierte. . Llevadle. Que esta impiedad es injusta. . Tu maldad, pagarás hoy con tu muerte. Ven Rosimunda a mis brazos. Ay infelice de mí! Mira que estás, vuelve en ti, en menos tiranos lazos. Padre, Irene, Flora, Estela; pues cómo aquí? Ya señora, nuestra fortuna mejora el cielo. . Ya la cautela felizmente está sabida, y de tan ciego temor, también preso el agresor. Hay tocador de mi vida. Mas con todo, asegurado no estoy de tan grave exceso. Señor, del que llevan preso este dice que es criado, y no hay en los dos disculpa, que aquí del delito están muchos indicios. . Serán muchos indicios sin culpa. Aquese traje llevó el que entró con osadía en nuestro cuarto. Afe mía, que aún no lo había visto yo, Él es sin duda, señor, dilo Estela. . Déjame, que estoy sin mí, desde que se quemó mi tocador; demás de que en vano llamas para estas cosas, que yo no he sido dama, sino la diversión de las damas. Esta misma mascarilla viyo. Demonio, o Juez, trújela para la tez, que se me empaña. Hay mi arquilla. Vos señora, decid pues, si acaso soy quien sentís, que fuese el traidor. Hay mis valonas de Leganes. Solo sé, que uno intentó la traición falso, y cruel, y otro piadoso, y fiel del peligro me libró. De asombros tantos cercada, como quieres que supiese de quien ofendida fuese, ni de quién fuese obligada? En vano librarte quieres. Esto mi amo solicita; miren que importaba frita esta, y las demás mujeres. Vaya con el agresor de tan alevosa empresa. Buscad todos la Princesa. Perded todos el temor, porque ya en vano sefunda, pues tal dicha merecí. Ya Rosimunda está aquí. Pues hay otra Rosimunda? No hay más que la que en mis brazos, más cielos, cuando, si yo. Ay de mí! . Astolfo. Yo no acierto a hablar. Hay mis lazos. De qué, Príncipe, turbado venís? qué suceso ha sido el que os tiene divertido, y el que os conduce engaño. Una ilusión del deseo, un asombro, un ciego engaño, que a la luz del desengaño, aún lo que alumbra no creo. Seguí, señor, los traidores, a quien la sombra ocultó, que siempre el delito halló la defensa en los horrores. Hasta el mar los sigo, donde voces de mujer escucho en un esquife, a quien mucho. salado piélago esconde. Depuesto a punto el enojo, pensando ser la Princesa, al mar en tan ardua empresa, del fin racional me arrojo, y a esta infeliz hermosura libró del riesgo engañado; mira ahora, si turbado debo estar. . A mi ventura, aunque infeliz la hizo el cielo, debo estar agradecida; pues se restauró mi vida. hoy por vos. . Alza del suelo, y cree, que tu adversidad halle en mi alivio constante; pues es motivo bastante la desgracia a la piedad. Hoy en mí vivir incierto, obligada debo estar a las tormentas del mar, por las fortunas del puerto. Qué infelicidad ha sido la vuestra, que así arrojada. del mar a la furia airada, a esta playa os ha traído? Aunque en mis penas no sé, si acaso medio he de hallar, para poderlas contar, parte de ellas cadirén Vi nombre es Nise, mi patria aquella a quien dio renombre la feliz madre de amor; ya no admiraréis, que indócil qe persiga la fortuna; pues son dos cosas conformes, fe se originen los males, donde nacen los amores. Pafo fue mi primercuna, a cuyas excelsas torres el basto Mediterraneo lindoso término pone, Regio esplendor en lo ilustre, glorioso timbre en lo noble, a mi antigua sangre dieron gloriosos progenitores. Muertos mis padres, el Rey mi tío, a cuyos blasones temerosamente humilla los cuatro cuellos el Orbe: a su Corte me llevó, mereciendo ya en su Corte cuantos aplausos la envidia. llamar suele adulaciones: crieme en fin con su hijo Aristeo; ya su nombre os habrá dicho sus glorias; pues la fama reconoce, aún en sus plumas, y trompas cortó el vuelo, leve el bronce. Tan galán; y tan valiente era a un mismo tiempo el joven, que en su semblante, y su brazo desigualmente conformes, pudieran equivocarse; blando Marte, fiero Adonis. Tan bizarro en fin (mas como te deslizas, lengua torpe, o como del corazón se dejan llevar las voces.) La quietud dulce gozaba. de la paz, cuando disforme áspid feroz, hija aleve de la ambición, y ocio torpe, en Creta despertó aquellas. antiguas alteraciones, renovándose la llama de los pasados ardores, si no del todo apagados, nada activos hasta entonces. A la defensa Aristeo de su Reino se dispone, y con una gruesa Armada le oprimió al monstruo salobre la verde espalda: mal haya el que su esperanza pone de los vientos en lo instable, de las ondas en lo indócil. Embárqueme al mismo tiempo con él para Rodas, donde su Principa me esperaba para su esposa; o qué errores ocasiona la fortuna, por dar a entender al Orbe, que sin su arbitrio no valen humanas disposiciones! Con próspero viento en fin surcamos el mar dos Soles, y al tercero, cuando daba luz escasa el Horizonte. De mi bajel Aristeo salió en un pequeño bote a sosegar de otra nave, las inquietas sediciones. Murió a breve rato el Sol, y vistiéndose de horrores el aire, el cetro del día oscura empuñó la noche; porque de usurpadas luces tirano imperio compone. Fatal tormenta anunciaron los inquietos Alciones, que ya la espuma, ya el aire con presaga plumarompen. Bramó tormentoso el aire, a cuyos silbos disformes se movió de ondas, y pinos máquina irstable de montes; y a la mísera nave, que pájaro al viento indócil, tendió las nevadas alas, la deshecha pluma encoge. El piloto las no vistas iras del mar no socorre, con la industria, o con el arte; y fue, que los resplandores. faltaron de las estrellas, que con los males conformes, también los Astros de parte del infortunio se oponen, ya al cielo suben las ganías, ya el abismo reconocen, tocando el centro, y la esfera con la quilla, y con el tope, al menor choquie de espumas, pavesas son los faroles, y miseramente besan la ingrata arena los bordes. De la nave que se pierde, seña hace estruenda el bronce, y tanto dolor no cabe en menos eternas voces. Sañudo el mar, no contento con el estrago del golpe, aún las derechas ruinas, con sor implacable sorbe: raro asombro, hasta el imán vago el polo desconoce, que mudó sitio de miedo sola aquesta vez el Norte. No a la indomita violencia del cano monstro salobre, rienda es la arena, ni fuera freno capaz de todo el Orbe. Dividiose mi bajel del de Aristeo, los Dioses no permitan, que su vida seneciese al duro golpe del hinchado Ponto, y muerto. Ay de mí! no más, no ahogues mas mi pecho, que tus penas se han pasado a mis temores; que como está el corazón heche a sustos esta noche, cualquier cuidado le altera. Si tanto asombrote ponen mis desdichas, diré solo, como los vientos feroces a estas playas me arrojaron, donde en tu ravor conoce mi rendimiento, que hallé mas que peligros favores. En tus pesares alienta, y cree, que tendrás en ellos compañía al padecerlos, pues correrán por mi cuenta. Y aunque arrojada del hado en Creta señora, estéis, fiad que en ella hallaréis alivio a vuestro cuidado. Qué recompensa será bastante a tantos favores? Ya, señor, los agresores quedan presos. Bien está. Ven Rosimunda, que es justo, pues el cielo ha serenado la tormenta del cuidado, que le des treguas al susto. Vos, señora, acompañad a mi hija. . Con tal favor, más fortuna, que rigor, le debo a mi adversidad. Con Lidoro libraré a los dos, que presos quedan; pues como librarse puedan, sin recelo quedaré , s, Ya te vengaste, o amor! . de mi enemigo deseo; y pues ya murió Aristeo, haz que le siga el dolor. Dónde vais? A merecer serviros No he de pasar, que aquí estáis cerca del mar, donde seréis menester. Veamos que mentira fragua para disculpa. . Estoy ciego, señora; al prenderse el fuego. Me buscasteis en el agua. Sonme los cielos testigos, señora, que al ver entrar. al jardín. . Fuisteis al mar a buscarlos enemigos. Sin alma, sin albedrío, y sin vida los seguí, hasta donde el riesgo vi Que no os acordo del mío. Es que engañado. Ya es tarde, y sé lo que tengo en vos; y advertid; mas guardeos Dios. Sabed que, más Dios os guarde. Paciencia, duros enojos! Hay mi memoria abrasada! Hay firmeza mal premiada! Hay tocador de mis ojos! (. Por aquí habéis de salir, porque yo con los caballos a la puerta del jardín, que cayal mar, os aguardo. Oye amigo, pise quedo. Ya tan quedo voy pisando, que si algo ahora hacer quiero, no es mi pie, ni aún su zapato. El cuarto de la Princesa es este, que al sobresalto del pasado incendio, es fuerza, que ahora esté desocupado. Vuestro generoso aliento, vuestro denuedo bizarro, tanto a Ricardo obligó, que me mandó, que a libraros viniese por esta mina. Guardeos el cielo mil años; y a vuestro dueño diréis, que del beneficio tanto, solo siento el que me falte tiempo en que remunerarlo; que no siempre el beneficio ha de producir ingratos. Adiós, que aguardando quedo. Aguardad. Va como un rayo. Pues cómo hemos de salir? Es que debe de juzgarnos muy versados en la casa, y no sabe este borracho, que aunque sé dónde me pierdo, que no se dónde me hallo. Nueva confusión se ofrece para salir. . Y es el diablo, que si nos ve alguna dueña, no doy por mi vida un cuarto; porque las dueñas en chisme original se engendraron, y han de avisar. . Raras cosas se han unido en breve espacio. Sabes lo que he presumido? que este diablo de Palacio es encantado. . Por qué? Porque todo nuestro daño en canto empezo, y ahora se va prosiguiendo en canto. Mis sucesos lo parecen. Los tuyos son bien extraños, y los míos son bien propios, déjame ahora sumarlos, que después los restaremos. En Chipre nos embarcamos contra Creta, aunque primero estaba determinado, ir a Rodas, donde estaba el casamiento tratado de tu prima, de quien tú estabas enamorado; tanto, cuanto no es posible decir, porque en tales casos, el tanto cuanto, señor, no viene a ser tanto cuanto. Cesaron estos amores por grandes, y extraños casos, que por ser largos, y cuentos, no me meto en cuentos largos. Tu celoso de ella, y ella de ti al vengarse, buscando ocasiones, tú le dabas pesares, y ella al tomarlos, te los volvía, diciendo: Sepa este amante menguado, que quien da ha de recibir, que esto es dar, que vienen dado. En fin con quejas, y celos, que es peor, que perros, i gatos, dentro de un mismo bajel os embarcasteis entrambos. Y a dos días, al ir tú a quietar un alterado bajel de una sedición, se irritó el mar con espanto; porque sus flemas saladas a ser cóleras pasaron. Perdiose el bajel de Nise con los demás, y tú anado escapaste en una tabla; y después de andar vagando por estas desiertas playas, dimos con este Palacio, adonde libraste aquella deidad, que así tenga el pago de Dios, como ella lo ha hecho; y adonde por mis pecados, me hallé yo aquellas alhajas, que tan caras nos costaron, y es, que en los Escaparates, siempre se encuentran los trastos. Por ellos, sin más, ni más, nos prendieron, y soltaron; y en fin. . Calla, no prosigas, que todo el pecho has turbado. con solo el nombre de Nise; pues después que fue su Ocaso. el mar, porque solo el mar apaga del Sol los rayos, como su injusta desdicha me borro ya los agravios, me lástimo de lo bello, y me olvido de lo ingrato. Y por la señora mía, a quien del fuego libramos, no saliste mariposo, cuando entraste salamandro. Si te he de decir verdad, desde que la vi me abraso; pero un imposible es, más locura, que cuidado. Con eso de Nise alivias la infeliz muerte. . Es engaño. Tan viva Nise está en mí, y tan presente la traigo en mi memoria; que ahora aún me parece que hablando. está conmigo, y me dice, cobarde, traidor, ingrato. Ingrato, traidor, cobarde, hado esquivo; porque tanto te conjuras alevoso contra un pecho desgraciado, que; pero (válgame el cielo!) . Decid, cielos soberanos, es ilusión? . Es delirio? Es sueño? . Es sombra? Es encanto? O yo estoy borracho, o duermo pero no será milagro, porque siempre está mui cerca el dormir, de estar borracho Oye, señor, mira bien, que el Palacio es encantado, y esa es fantasma. Aún no creo lo mismo que estoy tocando. Con las nubes del asombro se oscurece el desengaño. Eres tu Nise, eres tú el dueño de mis agravios, con cuya belleza tuvo unión estrecha lo falso? Eres tu Aristed, aquel que siempre alevoso, y vario; nunca exceptuó en los hombres la común regla de ingratos. Mal año, y como responde, mas que mucho, si es el diablo en figura de mujer. Cómo, dime, te has librado de las injurias del Ponto? De las cóleras del Austro, cómo, dime, te eximiste? Cuando entendí; que tu Ocaso fuese el mar? Cuando presumo, que fuese el Mediterraneo tu undoso sepulcro. Ahora te miro. Te oigo. . Te hablo; con todo eso la noticia, como es de ti he sospechado, que aún es falta en la obediencia. Ves, pues, aún estoy dudando, por ser la noticia tuya, si aún la evidencia es engaño. Ahora estuvo el Ángel bueno, con ser que es el Ángel malo. Dime, cómo aquí has venido? A la elección de los hados al arbitrio de las ondas, en un bajel fluctuando anduve, hasta que hallé puerto en los riscos elevados de estas playas, que también a los sucesos contrarios, y a las adversas fortunas, hay piedad en los peñascos. Mas tú, cómo te pudiste libran? Cómo? vacilando en estos mismos escollos, mi bajel desenfrenado, roto el timón, que es la rienda capaz solo a gobernarlo. Oigan, mas que este demonio quiere ahora marearnos. Choco miserablemente, con que al esquise me paso segunda vez, y segunda vez mi vida peligrando; en riesgo mayor estaba, cuando me rendí a un desmayo; y vuelta de él me hallé libre en los generosos brazos de un joven, que con dos riesgos libró las vidas de entrambos. Pero lo que más te importa saber es; que me ha arrojado en casa de mi enemigo la fortuna, pues estamos los dos en Creta. Qué dices? en Creta, cómo? No es malo, que quieras darme a entender, que lo ignoras, si en el cuarto de su Princesa te encuentro. Apenas los dos llegamos arrojados de los vientos; y apenas el suelo ingrato pisamos de aquestas playas, cuando por varios acasos nos prendieron a los dos; que en los sucesos contrarios no ha menester la fortuna tiempo para los fracasos. Y el cuarto de Rosimunda es la cárcel: que a un engaño vistas tan mal? tan aprisa el fingir se te ha olvidado? Mas sabe esta, que el demonio, con que estoy desengañado, que es mujer, que las mujeres. saben mucho más que el diablo, Solo con las circunstancias. se hacen los sucesos raros. Un valiente Caballero de mi valor obligado, su de su propia piedad, por una mina librarnos intentó, que viene a dar a este sitio; pero cuando ibamos. Aguarda, tente, que parece que oigo pasos; y si es verdad lo que dices, importara retirarnos, y ver si os podéis librar. Estando tú aquí, es en vano persuadirnos a que lo intente; porque aunque de tus agravios estoy ofendido, estoy a tu defensa obligado por mi propio. . Vete aprisa, que el ruido se va acercando. Si fuere posible. . Qué? Volverme a ver. Es en vano. . Por qué? Porque viendo ya libre tu vida, han borrado (mo? tus traiciones mi piedad. . Co- Cómo en tus engaños ya me olvido de lo bello; y me acuerdo de lo ingrato. Bien pudiera responderte, mas no nos da el tiempo espacio vete Mas que han de cogernos. A la prisión nos volvamos por la mina, pues que ya otro remedio no alcanzo en tan contraria fortuna. Y en fin intentas. Que el hado disponga de mí. Ea, vete; mas del incendio pasado de mi amor. . Ya no lo creo. Luego podrás? . Olvidarlo Será fácil? . No lo sé. Según eso, mis alagos no han de poder? . Que sé yo lo que podrán tus alagos. Guárdete el cielo. Él te guarde, aunque sea para mi daño. Vamos, señor, vive Dios, que el Palacio es encantado, por el paso en que me veo, con ser de Comedia el paso.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA De qué, Estela, estás tan triste? Bueno es que preguntes eso, cuando morirme no fuera aún bastante sentimiento, para explicar mi desdicha. Pues de qué es tu desconsuelo? Tú quieres desesperarme: no sabes, que en el incendio se quémó mi tocador? fuego de Dios en el fuego. Y por eso solo intentas hacer tan raros extremos? que es lo que se perdió en él? Que lo preguntes me huelgo, y en la perdida verás, si era de poco momento. Primeramente tenía un emballenado nuevo, que hacía tanta cintura. Eso, amiga, es lo de menos, en quien tan buen cuerpo tiene como tú. . Con todo eso, cuido mucho de mi talle; porque de cuanto traemos, solo el talle es nuestro amigo. Por qué? Porque es nuestro estrecho. Iten más, treintay seis peines, chico con grande, de hueso diez, catorce de márfil, los demás de boj. . Por eso eres de lo más peinado: que buena eras para versos. Oyes, y no entran en cuenta otros, que de puro viejos se les cayeron los dientes. Mas trece cascos y medio de búcaro de la Maya, que entre los peines revueltos, y el agua de cara estaban, con un sabor de los cielos. Seis pares de perendengues, mas de alguáciles de hierro seis papeles, y los cuatro empezados. . Quién son esos? Amiga, los alfileres, que son alguáciles nuestros; pues con ellos, bien mandados, cuando nos prenden, predemos. Iten, dos pares de guantes, aunque rotos por los dedos; y es, que en mis manos estaban de favorecidos, tiernos. Serían guantes Portugueses? Si no lo eran, por lo menos, parecian lo en tener. . Qué? Su poquito de sevo. Adelante. . De color treinta papeles. . No menos? Y esto sin las salserillas, y librillos, que no quiero que me cante algún amante, viendo mi tez sin incendios, sin color anda la niña. Iten, se perdió un espejo con media luna no más, en que via por momentos. aqueste cielo. Sería la media. Luva del cielo. Y un papel de soliman había con él. . Yo lo creo, que el Gran Turco siempre trae media Luna. . Para el pelo tres moldes, y dos abujas: Tanto molde? . Sí, que quiero imprimir en los amantes mis rizos, trenzas, y crespos. Y las agujas? Sañalan el norte para los hierros. Iten, mas seis perantones, y tres abaños pequeños, descubre talles; y en fin todo esto es cosa de viento, a no haberse quemado para la cara, y cabello una memoria, que hacía perder los entendimientos. Iten más, todo recado de manos blancas, que entiendo, que no sé hablar por la mano, por traer en muda los dedos. Tres sortijas de azabache, seis de vidro, una de aquello, que no sé como se llama. Iten, unos lazos nuevos, azul claro, color de aire. Ahora será de fuego. Pues me admiro, que tomasen calor, porque eran bien frescos. Bocadillos, cintas, bobos, todo se quemó: tan recio fue, Irene, en fin el estrago, que hasta los bobos murieron: solamente a un abañino tuvo la llama respeto. Eso, Estela, no te admire; pues tienen para el incendio preservativos. . En qué? En la nieve de los cuellos. Iten. . Rosimunda, baja al jardín, y no podemos proseguir Di la verdad, tengo razón? Sí, por cierto. Hieren a amor los arpones, porque es sobrado rigor, cuando un alma está rendida toda a la fuerza de un Dios. De tanto tiro en la aljaba, no te ha de quedar arpón; con que si vuelves a herirme, te he de dar las armas yo. Mas ay, tirano Dios, que si te faltan las flechas, te sirven los ojos, te basta el oído, te sobra la voz. Di, Estela, que no prosigan, que esos amorosos ecos, que dulces hieren el aire, desde el oído, hasta el pecho, empiezan en armonía, y fenecen en lamento. De qué, señora, tan triste estas? yo no te merezco, saber la causa siquiera de tu dolor. . Es tan nuevo, que no quisiera: ay de mí. explicarlo, porque temo, que el desaire de la voz, no desdore el sentimiento. Explícame tus pesares, para que tenga en mi afecto, sino advitrio al remediarlos, compañía al padecerlos; que en las penas suele ser alivio, si no remedio. Pues porquébeas que es justo mi dolor, que salga quiero trasladado desde el alma a las voces, el veneno de un cuidado, áspid incauto, que pisó mi pensamiento. Ya sabes, como heredera de Creta nací; no intento referir altas proezas de mi heroico antiguo Reino; pues de sus marciales glorias, y de sus invictos hechos, son volúmenes los siglos en los Anales del tiempo. También tengo por ocioso, referirte mis excellos gloriosos antecesores, que los antiguos, los Regios heredados esplendores, hasta que los merecemos con la imitación, no juzgo que deben llamarse nuestros. Mi Padre el Rey, cuya fama, si da a la trompa su aliento, sueña al Orbe la armonía, y a la eternidad el eco. En paz dichosa vivía, y la paz permaneciendo, llamó al ocio, el ocio al vicio, el vicio a la guerra, extremos que componen la mudable estabilidad del tiempo. Antiguas enemistades, que Creta, y Chipre tuvieron otra vez se renovaron; y los apagados fuegos despertó ambiciosa Chipre; que mucho que los incendios renovase, la que fue aleve patria de Venus. A su defensa mi padre, a los Príncipes Supremos de las Islas convecinas, convocó en fin, prometiendo, que conmigo casaria el vencedor: quien vio cielos, que haga las guerras el odio, y lleve los trofeos. Con este intento, de todos los que más sinos vinieron a solicitar mi mano, y hacer sus nombres eternos, fueron Astolfo, y Ricardo; pero mi rebelde pecho al ardor de una fineza, nieve opuso de un desprecio: con que a la primera lucha de su volcán, y mi hielo, en favor de los desdenes triunfo el aborrecimiento. Es posible, les decía a mis propios pensamientos, que haya amor? No puede ser; que si alguna vez fingieron de sus flechas, y sus alas fabulosos cautiverios, fue para que al desengaño se anticipase el ejemplo. Reine esa injusta Deidad allá en los vulgares pechos, donde ciegos se equivocan el amor con el deseo: donde la correspondencia se llama agradecimiento, urbanidad los cariños; y poca atención los celos; que el amor, si es que hay alguno, que perfecto pueda serlo, ha de ser adoración, sin pasar a ser afecto. Voto ha de ser la fineza, sacrificio el reridimiento, ruegos las solicitudes, y las esperanzas miedos. Y el dolor no ha de aspirar a ser capaz de remedio; que si el que vela hermosura, debe rendirse a lo bello: porque de la obligación ha de hacer merecimiento? Tenga el premio en su cuidado, el alivio en su tormento, y agradezca a su albedrío la causa de no tenerlo. Esto; pues, mi ingratitud consultaba con mi pecho, cuando, ay de mí! no sé como refiera el dolor violento, que aprisiona el corazón; que desde el odio al afecto, con dificultad se pasa: o que bien se ve, Dios ciego, que por mudable compones tus triunfos de tus extremos. Empezáronse las guerras, y con curioso deseo me informo de mi enemigo, que ya estaba previniendo la Armada que tu dijiste; y fue tal de un prisionero el informe, que pasando el odio a un cariño lento, que ni del todo fue amor, ni dejó de parecerlo. A poco tiempo se fue alimentando, y creciendo con tanta fuerza, que ya la inclinación era afecto, el afecto era pasión, la pasión era desvelo, el desvelo era cuidado; y el cuidado en fin tormento, quedando el alma rendida a tan nunca visto incendio, que alagaba como luz, y abrasaba como fuego. No fue solo del oído mi inclinación, que el veneno también pasó por los ojos, hasta delizarse al centro del almor al corazón; porque el que me informó, viendo que escuchaba con agrado la bizarría, el esfuerzo de su Rey, sacó un retrato, y este es, me dijo, Aristeo. Quién? . Aristeo tu primo, Prosigue: válgame el cielo. . Apenas vi su retrato, cuando del todo el incendio acabo de reventar, víbora ardiente del pecho. Si por los ojos, y oídos introduce amor su imperio, mal haya, amén, quien de hoy más le pinta sordo, ni ciego. Estos volcanes callados alimentó mi tormento, cuando llegó tu noticia: (no sé como lo refiero) diciéndome, que en las ondas del Mediterraneo fiero, murió mi amado enemigo, donde de mi mal lamento; que feneciese en el agua, pasión que nació en el fuego. Y así me quejo; ay de mí! del Dios que dejó de serlo con la venganza, pues solo cabe en los humanos pechos; si bien temerosa de él, con tan costoso escarmiento, entre cobarde, y arrado, me vuelvo al rapaz, diciendo: Cesen, Amor, los arpones. Que apuntas contra mi pecho. Porque es sobrado rigor. que quieras mostrar tu esfuerzo. Cuando un alma está rendida. No, pues, conjures soberbio. Toda la fuerza de un Dios. Cuando es ocioso el incendio. De tanto tiro en la aljaba. Niño Dios, vendado, ciego. No te ha de quedar arpón. Todos te los hurte el viento. Con que si quieres herirme. otra vez a mi despecho. Te he de dar las armas yo. Cobarde con mi tormento. Mas hay niño sangriento. Mas ay, tirano Dios, que si te faltan las flechas, te sirven los ojos, te basta el oído, te sobra la voz. Quién vio, cielos, más desdichas! Si digo, que es Aristeo el preso, pierdo la vida, y pongo la suya a riesgo, pues se halla en la misma casa de su enemigo; mas quiero ver si puedo remediarlo. Qué, Nise, estás discurriendo? Señora, que puede ser, que el astuto prisionero te engañase, y que no sea el retrato de Aristeo, con que es inútil tu pena. Pues di, que pudo moverlo a esa astucia? . Ver en ti, que escuchabas con afecto sus alabanzas, y ver, si acaso podía con eso conseguir su libertad. Pues yo mostrarte pretendo el retrato, y tú verás si es él, o no; pero luego te lo enseñaré, que ahora los Príncipes, discurriendo el jardín, llegan acá, acompañados del eco de la música, que vuelve a herir el aire, diciendo: Cesen, Amor, los arpones, porque es sobrado rigor, cuando un alma está rendida toda la fuerza de un Dios. Antes que me hiriese a mí el amor a mi albedrío, la dicha de no ser mío, felizmente le debí. A vuestra hermosura si debo mis dulces pasiones; y pues de vuestras prisiones. sentí las iras hermosas, otras armas son ociosas. (nes Cesen, Amor, los arpo Para quitarme la vida, segunda vez intentó, amor, herirme, y no halló en que ejecutar la herida. Y así, al sangriento homicida le dije, postrado amor; si de esfera sunerior nació mi dichoso fuego, baste de llamas, Dios ciego. Porque es sobrado rigor Por dar recompensa igual al favor de herirme, os di toda un alma, haciendo así mi adoración inmortal; ya no recelo algún mal de amor, si estáis advertida, en que el alma está ofrecida; porque podéis inferir, que ya no hay más que rendir. cuando un alma está rendida Contra mi pecho abrasado, que tiranamente obráis; pues cuando sola bastáis, vos, y amor se han conjurado, si bien dudo en mi cuidado, ser los enemigos dos; y solo atribuyo a vos. mis penas; pues he creído, que solo a vos se ha rendido. Toda la fuerza de un Dios. Tan repetidas finezas siempre debo agradeceros, o Príncipes generosos; pero ya que cesen, quiero las amantes competencias; pues con el feliz suceso; ay de mí! que anoche Nise refirió, quedará el Reino ya del todo asegurado, y el dar a los dos el premio de su valor, no le toca a mi elección, que el decreto solo ha de ser de mi padre. Vos, señora, no sois dueño de vuestro albedrío? Sí: pero intento no tenerlo en esta elección: . Por qué? Porque como está mi pecho de las prisiones de amor tan libre (pluviese al cielo) . no quiero que se presuma la inclnación que no tengo: Y así, mas mi padre viene, y podrá satisfaceros de la elección, que no es mía. Con grande cuidado vengo, Príncipes, pues no he podido averiguar, quien el reo fuese de tan gran delito, como el que anoche quisieron emprender en mi Palacio. Pues, señor, no queda preso el agresor? . Ese engaño causa mi desasosiego. El que anoche se prendió, fue un Caballero extranjero, que arrojado de las ondas, tomó en estas playas puerto; y a la confusión, y voces, entró, y libró del incendio a Rosimunda; y porque quede en tantas dudas cierto, me vengo a verle de Nise. Mi obediencia es tu precepto. Cielos, si le han conocido! . Dice, que en el bajel mismo de Aristeo, se perdió; y así, lo que ahora quiero, es, que Nise le reconozca, para que quede con eso en su prisión, y mis dudas, el libre, y yo satisfecho. Venga, que presto verás el desengaño. . Yo intento, Príncipes, averiguar con certidumbre el suceso; y así, quiero que vengáis. conmigo. . El obedeceros, señor, nuestra mayor dicha será siempre. . Si al deseo los sucesos corresponden, castigados verás presto los aleves agresores. Mal se logran mis intentos. . Ya, Nise, que estamos solas, quiero que veas el dueño de mis pesares. Este es el retrato de Aristeo. Él es, cielos! pero importa . fingir lo contrario: Veslo, señora, como engañarte solicitó el prisionero? Qué dices? luego no es este Aristeo? . No por cierto. Ay de mi lluego ha nacido de más inferior sujeto mi inclinación? . No señora, porque este es un Caballero, deudo del Rey, a quien yo conozco mucho; y su esfuerzo, y bizarría compiten con su heroico nacimiento. Quién dices qué es? Yo, señora, hoy postrado a los pies vuestros, la libertad que me dais, segunda vez os ofrezco. Ay amor! mejor dijera la libertad que no tengo. . Válgame el cielo! es enignía, di, Nise, no es este el dueño del retrato? . Sí señora. Pues cómo está aquí? No quiero yo darme por entendida. . No lo sé. . Yo también vengo a ofrecer dos manos libres de unas esposas de hierro, dando a entender, que el casarse es prisión. . Nada os entiendo de cuanto decís, que yo que libertad daros puedo, si ninguna os he quitado. Quién sois? . Si el conocimiento os falta, un infeliz soy (nos el más dichoso. . Ahora me- podré prevenir quien sois, pues tan contrarios extremos mal pueden darme noticia de vuestro conocimiento. Infeliz fui, pues llegué arrojado de los vientos a estas playas, y feliz, pues fue a tan dichoso tiempo, que pude a vuestra hermosura librar del aleve incendio, que ambicioso pretendía, viendo vuestros rayos bellos, averiguar, si tenía dominio el fuego en el fuego. Infeliz segunda vez fui, pues quedé prisionero por un engaño, y feliz, pues que conocido el yerro, tengo nueva libertad que ofrecer a los pies vuestros, A no haber agradecido el beneficio que os debo de mi vida, sea disculpa el rendir todo mi aliento a un desmayo, que a mi vida amagó en segundo riesgo, siendo igualmente la causa de no poder conoceros, pues nunca os vi; pero ahora que la obligación que os tengo reconozco, haré. . Señora, no prosigáis, que no quiero, que el mérito me quitéis con anticiparme el premio. No os pagaré el beneficio, mas recompensar intento la injusta prisión. . Tampoco merezco agradecimiento por un acaso, y ansi no le admito. No os entiendo. Las empresas generosas, y de generoso empeño, dichosas son, aunque quieran desdecirlo los sucesos. Y así, a mí nunca me pudo quitar la fortuna el yerro de mi prisión; y pues que ya la recompensa tengo en mí misma acción; ocioso será otro agradecimiento. Pues tan desinteresado obráis, que digáis pretendo, solo quien sois. . Yo señora, haré que reciba el premio de tu mano, aunque no quiera. Cómo puede ser? Diciendo a tu padre, como yo le conozco, y que es Fisberto, pariente del Rey de Chipre. Con esto advertirle quiero . lo que ha de fingir; y en fin, si le has perdonado, siendo tu enemigo: mira ahora, si tiene bastante premio? Qué discretamente Nise . me ha sacado del empeño de decir quien soy. . Pues ya, que no se dilate quiero, esta noticia a mi padre. Mucho señora agradezco, que entre tantos infortunios, me diese piadoso el cielo tal testigo. . Las verdades tienen recompensa en serlo; y así, enseñada de vos, no admito agradecimiento: si fuere posible verme . esta noche. . Ya te entiendo. Vamos Nise: o cuán dudosos pesares amor al pecho trasladas, donde confuso todo está, si no el tormento! A nueva lucha fortuna llamas a mis pensamientos: No me bastaba un amor, sin añadirme unos celos! . Entre una pasión amor, y un enemigo, me has puesto, y de dos riesgos iguales, a mi pasión solo temo. Válgame Dios, fuerte lanze! quien supiera en este empeño hablar algo por la mano; porque yo, según entiene, en Palacio las razones están medidas a dedos: y por eso dicen, que tienen unas los conceptos. Qué ocioso está mi desdén! que no me dé amor un necio si quiera, que me declare su atrevido pensamiento? Ahora bien, vaya un amor con el debido respeto, en que solamente diga muchas cosas en silencio. Qué queréis aquí? . Señora, estaba amando hacia dentro. Y a quién amáis? A dos niñas. Es el amor muy del tiempo? No señora, que son dos niñas de unos ojos negros. Cierto, que tenéis buen gusto: decid, y os hirió el Dios ciego con arco, o con ballestillas No señora, a lo que pienso, fue con mazo de apretar, porque el dolor que yo siento fue de golpe- Amor de golpe, habrá de ser puerco, y presto: mas cuánto ha que idolatráis? Habrá ya su cuarto y medio de hora. . Mucho os ha durado Oh suelo estarme queriendo hora y media con sus noches, solamente porque quiero; mas de mi amor es difícil, señora, el conocimiento, pues suelo mostrarme tibio, cuando más estoy hirbiendo. Quéjome, que es compasión, aunque cuando yo me quejo, siempre me quejo de balde. Pory? . Nunca doy dinero, todo esto es lo que he renido, y todo eso es lo que tengo al presente, y muchas veces me han querido con todo eso. Amores acomodado, mas decidme, no sabremos de tan constante firmeza el dignísimo sujeto: quién es? . Aí es un amigo. Poned aparte el respeto de mi deidad, y decidme, a quién queréis? Fuera, miedos; pues gustáis de saberlo, es la morena de más cielos, que tiene el campo Turquí. Y quién es ese sujeto? No quitando lo presente, sois vos. . Villano, grosero, atrevido, aleve, osado, desvanecido, soberbio, desatento, inadvertido, vos declaráis vuestro intento lacayuno a una hermosura, que es deidad del tercer Cielo? pues cuando menos, habita los caramanchones Regios: vos os atrevéis, vos, vos, a aquestos dos soles negros, a estos luceros oscuros; que más hicierades, puerco, a ser de pájara pinta, que nadie quiere traerlos, porque ya no son del uso? Ved estos candores bellos. de esta cara, y estas manos, que afrentan los ampos crespos de la pez, y el azabache: pues villano, vive el cielo. Perdonad, señora mía, porque esto. . Qué? No es más que esto. Agradeced a mis iras, que por corto triunfo os dejo, y que no os pongo las manos, porque no penséis que os ruego. Qué sabroso queda el brazo, después de un tiro bien hecho? Válgame Dios, y que unido está lo ingrato a lo bello! . Ah tirana, ha ingrata, ah fiera! ven aquí; solo por esto le importa tener a un hombre un estomago tan recio, que aunque se harte de desdenes, siempre quede satisfecho. Lidoro, en está ocasión se vale mi rendimiento de tu amistad. . Mi obediencia solo es, señor, tu precepto. A mí me importa esta noche, que dejes, amigo, abierto por la torre; porque a Irene hablar por el cuarto quiero del jardín, adonde cae la mina; y así te ruego. Deja los ruegos ahora, que es ocioso cumplimiento, pues te basta a ti el mandarlo, solo para obedecerlo mi amistad. . Qué recompensa hallaré, que pueda serlo bastante a tanta fineza? Irene tiene dispuesto, que en oyendo yo su voz, entre. Pues ya va tendiendo sus negras alas la noche: más Astolfo, según pienso, es el que viene, y acá se acerca. Pues vamos presto, antes que nos embarace. Vamos, pues. Piadosos cielos, no me averiguéis razones, cuando sabéis que amor tengo, y que se avienen muy mal la razón, y el sentimiento. En fin, qué Estela avisada está? Por el jardín mismo me dijo, que te abriría, y que entrases, cuando el eco de sus voces te llamasen. Pues ya los celajes negros de la noche, con las sombras, las luces van confundiendo, borrando el aire las flores, para pintar los luceros: vamos, y está con cuidado, cuando sus dulces acentos el norte felice sean al imán de mis anhelos. Porque no quieres, señora, darle treguas al cansancio de esta noche? Antes pretendo quedarme sola este rato, por ver si sosegar puedo. Pues ya te dejó: Ricardo . aguardando de mi voz la seña estará. Tirano, aleve desasosiego, que de cosas has juntado contra mi rebelde pecho! No bastaba el sobresalto de una traición, y un incendio, sin añadirme el cuidado de pasión más alevosa; de fuego más inhumano? Cuando entendí, que ya el mar sepulcro undoso habiadado a mi dolor, aunque el pecho juzgo que estaba dudando, que bastasen tantas ondas para extinguir fuego tanto, ahora de inferior pasión la dura cadena arrastro, y amante (mas mi valor no es por mío soberano) y el albedrío no tiene de las pasiones el mando? Pues ánimo, corazón, ánimo, valor, venzamos la inútil llama del pecho, que es el áspid incauto, que al abrigo del cariño paga en veneno el alago; salga este tosigo dulce, que al herir es como el rayo, que se ignora la violencia, hasta que se ve el estrago. Salgan. Señora? . Qué quieres? Solo ver si mandas algo, que pareció que llamabas. Antes quiero, que aguardando estés afuera, que gusto de estar a solas, en tanto que por las rejas que caen al jardín, el miroblando que peina las flores, y ellas me conviden al descanso de las pasadas fatigas. Pues de obedecerte trato. Astolfo voy a esperar, . que esta noche me ha mandado, que le vea; y es la seña de poder ejecutarlo, cantar yo una letra, y quiero ver, si puedo de aquí a un rato con los pasos de mi voz encaminarle sus pasos, . otra vez a la pelea, ardor injusto, volvamos; pues es para el vencimiento alto principio intentarlo. Saquemos al enemigo, y cuerpo a cuerpo en el campo, lo que en el original, ejecute en el retrato. Esta representación, que trasladó aleve mano al lino desde el pincel, y desde el lino al cuidado; muera: pero los sentidos lentamente va usurpando, el sueño, y casi los rinde con el favor del cansancio. Treguas permite la pena, sin duda está preparando con este breve sosiego más peligrosos asaltos. Felizmente ha sucedido, pues abierta hemos hallado la torre, y sin hallarnadie, que nos embarace el paso: por la mina hemos salido hasta aquí. . Tú te has hallado para esto unabrana mina. Si estará Nilo aguardando, pues me dijo; mas qué veo! O nunca visto milagro de amor, al sueño entregas, sin duda que has intentado, que ajenos desasosiegos, procedan de tu descanso. Sin miedo a tus lentas luces. me acerco; pero es en vano, que a quien con el hielo abrasa, son inútiles los rayos; a tan felice quietud tu beldad has entregado, que solamente pudieran despertarte mis cuidados. Por cierto, que las Princesas roncan con mucho recato. Llega, mira como el viento el pelo trémola blando, como mi fortuna instable, como mi mal dilatado, vago como mi esperanza, y sutil como su engaño. Mira como todo el cielo de su rostro, está estribando. en su mano, por tener. todo el cielo de su mano. Mira, como el breve nacar de su boca al viento manso, cuanto en alientos le bebe, respira en ámbares castos. Eso llamo yo roncar, aunque mejor explicado. Mira, pues, mas ay de mí! que no advierto, que me abraso, y el descuido de mis ojos pasa al pecho a ser cuidado. El alma que no tienes te entregó ya inadvertida mi alevosa fe, los cuidados que siempre lloraré, tu descuido en el sueño me causó. Mi pecho, sin los rayos te advirtió; pues como entre volcanes ya se ve? Deidad injusta, dime, como fue este ardor, que en el alma se imprimió? Mas ay cielos! que es nunca vista lid, introducida en tu serenidad, porque triunfe de amor la ingratitud. Ojos, si no queréis cegar, huid de una calma, que toda es tempestad, de un sosiego, que todo es inquietud. Y así volvamos valor la espalda al riesgo, que hago? que si llevo la saeta ocioso es huir del arco. Antes mariposa alada quiero llegar: o me engaño, o la diestra mano ocupa dichosamente un retrato. Mil veces feliz el dueño de tal fortuna: es encanto? vive el Cielo, Escaparate, que es mío. . Con eso acabo de creer, que ella es quien duerme; pero tú el que estás sonando. Llégate más, y verás, que te dice el desengaño. Con el Retrato de Adonis, Venus dormida se queda, invidioso de sus dichas amor quitársele intenta. Despierta, despierta, que quien ama, no es justo que duerma Bien dices. . Alcue voz, quien intenta, como, cuando, osado vos profanáis el respeto? o que mal hallo palabras para poder castigar su desacato; pues cuando busco el enojo, encuentro con el agrado! Qué atrevimiento os condujo a profanar el sagrado de estos umbrales? . Un riesgo en que en él es necesario de este sagrado valerme. Pues porque veáis que págaros puedo ya, aunque no queráis, si tanto es el riesgo, y tanto vuestro temor, declaralde, que yo os prometo el amparo. Daisme licencia a que yo diga el riesgo en que me hallo? Ya no os he dicho que sí? Y que os refiera mi daño, no gustáis vos misma? Sí, decildo. Pues escuchaldo. Si el menor de mis cuidados es no verlos admitidos, mal pagan ojos dormidos pensamientos desvelados. Mi riesgo mejor que yo; esta voz os ha explicado. No os entiendo; pero ahora aquí esperaréis, en tanto que procuro que no os vean las damas, que en este paso están. Dejonos a escuras. Aguarda, prodigio ingrato, espera; porque te ausentas en tu hermosura, llevando lo que luce, y lo que abrasa, le dejas a mi cuidado? La voz de Aristeo escucho. Bello prodigio adorado, porque tan presto te ausentas de quién te adora? Ah villano! Oye, hermosa. Rosimunda, pues qué licencia me has dado para decir que te adoro la fede un amor. Ah falso! No es digno el original de la dicha del retrato? Pues yo soy. . Un alevoso, un cobarde, un vil, un falso. Señor, vive Dios, que es Nise Nise? pues cómo? Villano, aquí pagara tu vida tu aleve, tu infame trato; que mi agravio no he de ver, sin ver vengado mi agravio. Yo declararé quien eres. Espera. . Aparta, tirano. Mira. Estela, Rosimunda, Irene. Suspende el labio. Aquí está el traidor. Pues muera. Muera quien piensa intentarlo. Quién es el que ha de morir? mas quien en mí mismo cuarto, alevemente traidor, emprende delito tanto? Turbado estoy. Yo estoy muerto. Sin juicio estoy. Es encanto lo que me está sucediendo! Por Dios, que anda suelto el diablo A la voz de Estela vine, y importa disimularlo, qué he de decir? Por la mina subia determinado: qué he de hacer? Que estáis pensando los tres? Decid, quien ha sido el dueño del desacato? Los dos. Desuerte; que todos igualmente estáis culpados? Yo no Cómo puede ser? mas tú, Nise, que el engaño descubriste, me dirás el que fue. Ya es otro el caso, y disimular me importa, aunque corresponda ingrato. Decid, cual fue de los tres? Cuando a todos tres os hallo a un mismo tiempo, mal puedo asegurar del engaño; quien es el dueño. Sin duda; que era el riesgo, que insinuando me estaba Fisberto, y puesto que yo prometí ampararlo, intento por su peligro perdonar el desacato de los dos; pues que ninguno deja de ser el culpado. Y porque no hallo castigo igual a delito tanto, este aleve atrevimiento le homito sin perdonarlo. Y agradeced, que a mi padre no doy noticia; Ricardo, Fisberto, Astolfo, volved por donde entrasteis, pensando que castigaros sabrá, la que supo perdonaros. cielos, quién sería el dichoso? . mal haya amor tan tirano, que abre la puerta al dolor, y sella la voz al labio. Cielos! si es el venturoso . Astolfo, mas remediarlo ha de procurar mi amor esta vez, averiguando, si puede hacer la fortuna un dichoso de unosado. Sobre mis desdichas, cielos! a mis males se han juntado. Mal haya amor, que es decoro, pues no debe pronunciarlos. No os vais? Ya os obedecemos: mas pudieramos. . En vano intentáis satisfacerme. El cielo os guarde. Encantado voy con tan raras quimeras, cue aún no las entieda el diablo. Nise, ven. Vamos, señora. Mal sosiega un alterado corazón. . Oh mar soberano! y como para mi daño con una tormenta sola muchas me has originado! . Buenos los Príncipes quedan. Yo apostaré, que rabiando van de celos. Quién son esos? tu puedes saber acaso que son celos? Sí, muy bien. . Qué son? Dolor de costado, que apunta hacia el corazón, y sueledar en los cascos.
JORNADA TERCERA
JORNADA tercera Déjame solo con mis penas, deja que entre una, y otra queja, soltándole la rienda al sentimiento, o se acabe la vida, o el tormento. Que de verás en fin estés amando, y porque viste una mujer roncando, te lamentes, señor, con tal empeño? Tu amor debe de ser cosa de sueño. qué es sueño mi fortuna, he imaginado; mas solo mi tormento no es sonado, que verse arder en imposible llama, es sola la desdicha de quien ama. Fiero rigor! mas mienten mis ardores, que a vista de sus ojos no hay rigores. No entiendo estas deidades soberanas, ellas son inhumanas, ellas tiranas son a troche, y moche; pero duermen muy bien toda la noche, C. y en el siglo pensaban, que en solo desvelar se desvelaban. Déjame, necio. . Alivia tu cuidado, pues sabe Dios, si tienes a tu lado, quien despreciado vive, y sin consuelo, de una ingrata beldad del tercer cielo; con cuyas perfecciones, los Regios habitó camaranchones. Quiéres dejarme, necio? tú sabes que es amor, ni que es desprecio? Amor, no es más que ser loco de vicio cualquiera que no quiere tener juicio; y el desprecio dizque es hielo inhumano, que es de mucho regalo en el Verano. Ven acá; no es divina la hermosura de Rosimunda? . Y dime, tu locura no es tan grande, si bien llega a advertirse, que delante del Rey puede cubrirse? Porque si es tu enemigo declarado el Rey de Creta, y vives disfrazado con nombre de Fisberto; si quien eres descubres, no está cierto, que le convide el odio a la venganza? Y si la misma Rosimunda alcanza a saber, que tú eras su enemigo, no es preciso que quiera tu castigo; y a pesar de tus ansias mal logradas, se pasen los desdenes a puñadas? Esos inconvenientes, a mis ansias ardientes, añade fuego, que mi mal esquivo, el imposible solo es incentivo. No miras, que está Nise enserpentada, después que de tu amor está informada; y demás de poder decir quien eres, si a Rosimunda declararle quieres tu amor, y a eso te empeñas. Nise te ha de poner cual digan dueñas, siendo, si la provocas, víbora con monjil, sierpe con tocas? Solo eso me desvela; pues indignada Nise, mi cautela puede ser que declare por vengarse; y por si acaso puede remediarse aqueste inconveniente, será bien que esta tarde verla intente, y tú puedes hacer que esté avisada, si pudieres hablar a alguna criada de Rosimunda, que estosolo ahora; mientras que mi fortuna se mejora, tengo por conveniente. En fin, que tu desvelo vano intente seguir deseos tan desesperados? Di, de Astolfo, y Ricardo los cuidados, no ves que han de ser siempre preferidos? Villano, calla, ves a mis sentidos en la lucha mortal de mis desvelos, y me acuerdas las guerras de mis celos? Cuando me ves en lid tan rigurosa, me aumentas el dolor? . Con una cosa en este instante de aliviarte trato: Dime, quién le daría tu retrato? Pues anoche. Feliz, Fisberto, he sido en hallaros. Si yo hubiera sabido, que me habiades vos solicitado, mi obligación se hubiera anticipado a saber que mandáis. . Haced os ruego, que se vaya ese criado. . Vete luego, y haz lo que te he mandado. Dulcísima ocasión de mi cuidado, después que el corazón allá me tienes, con mil hambres estoy de tus desdenes, sin que de tu rigor me satisfaga, que desprecio agridulce no empálaga. . A valerse de vos llega un cuidado. Ya sabéis, que rendido, y obligado estoy de vuestro pecho generoso, ofrecerme de nuevo será ocioso. Y también lo será, que yo refiera, que alada mariposa de la esfera de Rosimunda, en luz tan peregrina, por alivio pretendo mi ruina; lo que solo procura mi desvelo, es saber, si de Astolfo el mismo anhelo más venturoso alcanza, los umbrales pisar de la esperanza: que aunque hasta ahora en los dos han sido iguales de su injusto desprecio las señales, como le halle en su cuarto anoche, infiero, que su fortuna es más, y saber quiero de vos, si cuando entrasteis al ruido lo hallasteis, o si acaso conmovido del mismo estruendo entró, que mis desvelos, no son menos pesares, qué sercelos? A buscar a Fisberto me ha enviado Rosimunda, que presto le he encontrado; mas con Ricardo hablando está en secreto. Oigamos lo que dice, que en efecto, cuando a escuchar se empeña, lo mismo hace una dama, que una dueña. Yo no sabré afirmaros, si atrevido, mas que favorecido, Astolfo al cuarto entró de la Princesa; pues mi duda os confiesa, que en vos tuve el favor imaginado: yo anoche fui llamado de Nise, que alterada de no sé que rumor llamó turbada, y acudiendo a sus voces, nos hallamos en empeño, que aún ahora le ignoramos. Pues sabed, que tampoco fuillamado; mas de mis propias ansias convocado, por la parte salía, que vos sabéis, cuando la suerte mía en empeño me puso tan dudoso. Ya en algo alienta el corazón celoso. O si en tanto cuidado, de Astolfo, así me hubiera asegurado! Válgame Dios! qué Nise tiene empleo, que presto halló de lance galanteo? Mas, pues, ya mis anhelos, intratables se han hecho con mis celos, y averiguar mis ansias no he podido, vencedor he de ser hoy, o vencido. A Astolfo hablar intento, que si alcanza la fortuna, que pierde mi esperanza, de mis ardores desistir intento, pueda más mi valor, que mi tormento, seré el primero en tan confuso abismo, que siendo amante, se venció a sí mismo: pero si Rosimunda desdeñosa, igualmente es ingrata, como hermosa, hablaremos al Rey, que pues cesaron ya del todo las guerras, que empezaron Chipre, y Creta, perdiéndose la Armada de Aristeo, la empresa está acabada, y a cumplir la palabra está obligado, de que uno de los dos salga premiado. Y si a esto resistiere, y cumplir su palabra no quisiere, las armas que ha juntado su defensa; vengará nuestro duelo con su ofensa. Murió mi confianza, ya ni sombra le queda a mi esperanza. Qué dices? . Qué repares. Esto intento: Mas lástima una duda, que un tormento. A hablar a Astolfo vamos, ven conmigo. Hoy dolor enemigo, fenecerás conmigo, y con mi suerte, si es que piadosa quiere ser la muerte. A Rosimunda importa que le avise, como Fisberto es ya galán de Nise, que estaba con cuidado de saber la ocasión de haberle hallado en el jardín anoche, y juntamente contaré lo que intentan; pero tente. Oh ley de Dameria rigurosa, si es lícito a una dama ser chismosa! Ah quien tuviera tocas este raro, para tener el chisme gratisdato! Pero no quiero verlas, ni aún pintadas. Oh dulces prendas, por mi mal halladas! Quién es? Tongo el semblante cegijunto, Damería, no pierdas de tu punto. Quién busca unos desdenes que tenía dulces, y alegres, cuando Dios quería, que ahora pierdo de fortuna escaso. No lo dijo más tierno Garcilaso; pero sabed en la pasión que os mata, que soy ingrata, porque soy ingrata. Desdeñáis con un aire soberano. Este aire es desperdicio del abaño; mas qué digo? tratadme de otra cosa, que me iba deslizando a ser piadosa. Si eso queréis, sabed que os he buscado. Para qué? . Para daros un recado. Fuerte lance! A belleza tan perfeta, . como le diré yo que sea alcahueta? Pues temprano salí de mi posada, porque a las tres estaba ya tocada. De que tan tarde madruguéis me espanto. A la una de la noche me levanto, y me estoy desde la una hasta las siete solamente en ponerme el capacete; y estando en lo demás hasta la siesta, me parece que salgo descompuesta, y en la posada estoy muy bien hallada. Es que tendréis amor a la posada, y el andar en posadas imagino, que es por rendirlo todo de camino. No más; decid ahora de quien era el recado? . Fisberto ver quisiera a Nise, y de su parte a vos me envía. Si eso vuestro cuidado pretendía, decidme, quien os mete en querer ser galán, siendo alcahuete? A Nise avisaré. . Mucho es que quiera una beldad tan prima, ser tercera. Qué grosero. Decid, que esté avisado Fisberto, porque verle ha deseado Rosimunda; y así esta tarde venga a los jardines, mientras se previene un sarao, que tiene prevenido el cuidado de sus Damas a sus años. . Y cuantos cumple ahora, si es que saber se puede, esa señora? Nunca los años de contar se tratan, que las Damas no viven, si no matan. No había caído en la ignoran- cia mía: quedad con Dios, mi bien, . Qué grosería: A mi bien, tan necio barbarismo? A la puerta del Sol, que no al Sol mismo? Pero ahora bien; ya se fue, quito el severo semblante, que el ceño ha de ser postizo, y ha de tenerse al quitarse. Ya, pues, esto y otra cosa, póngome en fin más tratable, que el ser dama todo el año, era cosa de ahorcarse. A Rosimunda pretendo avisar, mas ella sale, para deidad muy mujer, para serrana muy Ángel. Estela, hablaste a Fisberto? Mucho tengo que contarte en esa materia; pero vaya otra más importante. Sabe, que Astolfo, y Ricardo. han ido hablar a tu padre. Con qué intento? No es muy bueno; porque quieren que te cases. hoy con uno de los dos; y a no querer declararte, aún mejor que de paciencia, quieren de su gente armarse. Dicen, que ya tus desdenes no es posible tolerarse, y que te se quitará esta mana con casarte; porque en teniendo maridos las damas, es cosa tácil, que llamándose mujeres, se olviden de ser deidades; yimagino, . No prosigas, que de los fieros volcanes de mi pecho, si en suspiros algunras centellas salen, será del menor aliento, inútil pánela el aire. Contra mis necias violencias mi desdén ha de humillarse, no rindiéndose al cariño, a que la venza el coraje? Y más cuando mi albedrío tan sujeto está (mas calle el labio aquesta imposible aleve pasión, cobarde, solo capaz de sentirse, pero incapaz de explicarse) y así, dejando esto, dinse, si acaso a Fisberto hablaste? Con Ricardo lo hallé, al tiempo que decía. Ya mis males. la última linea pisaron del dolor, ya los pesares. en el imperio del alma se vinculan inmortales. con ella, y ya; mas, señora, De qué os turbáis? Perdonadme, si la causa no supiese deciros; porque es tan grande, que aunque cabe en el dolor, en la explicación no cabe. Cuál es la causa? . Saber, que hoy pretende vuestro padre daros dueño. . Ves, señora? No intentes desesperarme, que aunque mi padre pretenda con pretextos eficaces de su Reino persuadirme, serán sus ruegos en balde, que acá el imperio del alma tiene política aparte, que de humanas conveniencias no deja tirabigarse. Es verdad; pero si el Rey lo procura? No es bastante, que solo es Rey mi albedrío. Alentad ciegos pesares, . y si con armas acaso? No pastéis más adelante. Armas contra la hermosura previenen? o qué mal saben! que del amor las saetas huellan las astas de Marte: mas esto a vos que os importa, que tan riguroso examen hacéis? La vida no menos. Decid cómo? Si al quejarme del dolor que me atormenta, volvéis, señora, a dejarme como anoche, para que os he de contar mis males; pues no solo no consigo en mi daño el explicarle, sino que con vuestra ausencia otra desdicha se añade? No tengáis ese recelo: Estela, mientras que salen al sarao, ten cuidado, cuando vengan de avisarme. Voy a obedecerte, haciendo, que algunas letras se canten antes de empezar. Ahora proseguid. Pues escuchadme. Conocidos mis deseos, admitidos por constantes, merezcan por ofendidos, licencia para quejarse. Felice principio han dado estos acentos suaves a mis quejas, al miraros entre los fieros volcanes de un incendio. . No quisiera que ese principio tomasen vuestas penas. . Feliz vos. De que mis felicidades. arguís? . De ver tan libre vuestro albedrío constante. Y de que mi libertad inferis? Del excusarse, a que por un beneficio empiece a decir mis males. Pues para mi libertad es consecuencia bastante? Sí señora, que en el pecho que intenta por no obligarse, De excusar obligaciones, grandes libertades nacen. A vuestra sofisteria contra decir es muy fácil; pues en mí no tiene fuerza. Cómo? Porque el obligarme fue preciso, no pudiendo al beneficio excusarme de vuestro favor; pues que a mí sin mí me librasteis. Qué inferis de eso? Que es cierto, que suelen originarse. De conseguir beneficios estrechas cautividades. Luego vos estáis. Yo libre. Pues señora, no acabasteis de decir. . Yo nada hedicho, que el acaso fue del aire, que respondio. . Bien decís, mueran solos mis pesares. Viva libre quien no admite quien no se obliga, no pague; y así vos. . Tened, que yo a obligación, que es tan grande, no me excuso; mas no entiendo, hasta que más se declare, vuestro mal, de qué procede? Y en llegando a declararse, cul habéis de hacer? ̱. Que veáis, como intento, que bastantes. Satisfacciones a deudas, sino prefieran, igualen. Es qué recelo al decir, que obligaciones más grandes me tenéis, que la piedad a indigno enojo se pase. Indigno es de vuestro pecho aquese temor cobarde, que a mayor deuda, mayor recompensa debe darse; y más si atento miráis, como en los pechos constantes. Es la ingratitudún toque de noble, o villana sangre. Pues señora (ah pena injusta!) no sé como me declare; siendo amor hijo del fuego, como hiela al explicarse? Digo, pues, que ya sabéis, que en los crisoles de amantes. Humildes tocan bajezas, nobles descubren quilates; y así yo. . No prosigáis: Oh como precipitarme temo en riesgo tan difícil, cuando el vencerme no es fácil. Digo, que no prosigáis, si es que de amor vuestros males proceden: que es lo que intento, si muero por escucharle? Mas no importa, proseguid. Justo será recelarme ya debos. Si otra vez digo que prosigáis, no es bastante favor? No, que en los favores el mayor es continuarse; ya un mismo tiempo, señora, queréis que diga, y que calle; y en dos contrarios preceptos no arguyen seguridades: Favores que se remitan, con acciones desiguales. Pero supuesto que pierdo la vida en tan arduo lance, máteme pues la osadía; pero no el temor me mate. No el Artifice ingenioso en el mármol elegante, hace que la deidad, que el ruego. y la adoración la hace. Yo adoro, y ofrezco el alma a los divinos Altares de una beldad, que es. Señora, tu padre envía a avisarte, que te quiere hablar (ah falso!) . A que buen tiempo llegaste. No llega sino a mal tiempo. Ahora podéis declararme quien es aquesa deidad, que amáis? La que está delante. Advertid que estamos dos. De mí no hay que recelarse: Decid quién es? . Yo por vos. No os turbéis, que esas señales A repentimiento indica, arguyen amor con arte; y si acaso mi respeto os suspende, declaralde quien es la beldad a Nise; pues a ella podéis fiarle vuestro pecho sin recelo: mientras yo veo a mi padre, . Nise, su amor averigua, supuesto que el mío sabes. Ya tirano estamos solos: ya es tiempo que se declaren tus engaños; Rosimunda sepa tu pecho mudable, sepa. Nise, aguarda, espera. No te ha de valer cobarde. Preciarse de tiranías ejecutar libertades: Ea, declararme aleve, para que yo me declare, a quién adoras? Ya importa el fingir en este lance. Quiero ver que dice a Nise, mientras hablando mi padre con los Príncipes está. No me respondes? Si sabes, que solo a ti te he querido, que mepreguntas? . Ah fácil! ahora fingir intentas. qué es lo que escucho! ah cobarde! No de esa suerte castigues lo que debierais premiarme; pues sabes que en un rendido ejecutar impiedades. Confianza es en el dueño, menosprecio en el amante. No ingrato, ya escarmentada me tienen tus falsedades. Juzgas que esos fingimientos, que adornan tu labio fácil, pierden la forma de engaños con los colores del arte? Engáñanse sus traiciones, si juzgas que han de apagarles. Tus helados mongibelos a mis ardientes volcanes. Aguarda, que ya no puedo sufrir, que tan de tu parte juzgues que está la razón. Tú no elegiste el casarte con el Príncipe de Rodas? Fue por las causas que sab? Pues por otras que yo sé; que te admiras que idolatre a Rosimunda? . Qué escucho? Vuelve corazón cobarde t a recobrar el aliento. p Qué te admiras? Qué profanes mi respeto; y que imagines, que puede ser tolerable pasar por un desengaño, mas no sufrir un desaire; y así unidas ya mis iras. Las iras, ni los corajes, si se oponen, no destruyen esferas de amor tan grandes. No? pues ahora lo verás, Rosimunda, Rey. . Qué haces? Guerra de amor, y desdén no susten tan, ni combaten uniformes elementos, contrarios en calidades. Rosimunda. . No des voces Que mal hice en declararme. . Sabed. Mira que los celos solo pudieron ser parte para fingir que quería a Rosimunda. . Ah cobarde! volved a sentir desdichas. Solo a ti Nise. . Ya es tarde. Qué intentas? . Sabed. Aguarda. Que alevoso al hospedaje. Mira. En vuestro mismo Reino. Repara. Un traidor cobarde, vuestra ruina solicita. Quién es? El que está delante. No dijiste, que Fisberto era el que en tu misma nave se perdió? . Señora, ahora lo que puedo asegurarte, es, que es un traidor, y tú haz que quien es te declare. . Pues con qué intento alevoso pretendéis? . En este lance, ya declararme es preciso; pues en los pechos Reales, o Señor, tienen asiento vinculado las piedades. Que me perdones te ruego el intentar ocultarte quien soy, y porque no puedas presumir de mis lealtades alguna alevosa acción, te diré verdad. No es fácil que la digáis, que he escuchado de vos muchas falsedades; y así, antes de hablar importa el que Nise este delante. Pues haz. Los Príncipes piden, que licencia quieras darles para entrar. . O lo que siento, que a aqueste tiempo llegasen! (esto ha de ser) Rosimunda, . yo he resuelto que te cases, con el que tú de los dos elijas, sin que dilates, ni a su anhelo aquesta dicha, ni a mi gusto, siendo antes, que en su desesperación, quieren con armas iguales, que haga luego la violencia, lo que ahora el ruego hace; pues convenidos los dos, generosos, como amantes, en tu gusto han vinculado de amor sus felicidades, A pesar de mi dolor, quiero de una vez vengarme de este aleve, y de mis celos. Solamente aqueste lance. . le faltaba a mi desdicha. Amor imposible acabe con la determinación, antes que se haga incurable. . No me respondes? Señor, aunque resolver no es fácil a quien tengo de elegir, cree que tu obediencia antes será, que mi rebeldía. Según eso, podré darles noticia, de que tu gusto presto podrá declararse? Mi gusto, no tu obediencia Injusto dolor, acabe mi vida con mi tormento. Voy, Rosimunda a avisarles de tu intento; pero en tanto llama a Nise, y que declare procura aquestos engaños, que yo intentare estorbarles el que procuren entrar. . Que esto, Dioses celestiales, permitís? Cielos! qué es esto? ya es preciso violentarme . a morir, que este mal solo es remedio de los males. Lo que tuercen las cabezas, por no volver a mirarse, imitando con los cuellos las Águilas Imperiales. Señora? . Fisberto, nada a mí tenéis que explicarme: a qué aguardáis? mi piedad quiere en aquesta ocasión, págaros una traición, dándoos una libertad. Lo que no intento curiosa, saber mi padre sabrá; y advertid, que Nise ya no podrá mentir celosa. No esperéis, pues el castigo de mi padre, que en rigor no os tolerará traidor, el que os perdonó enemigo. Y así, ahora agradecida libertad os quiero dar; porque os intento pagar con una vida otra vida. Idos, pues, sin que alevoso disculparos procuréis; pues dos contrarios tendréis y en mi padre, y mi esposo. La libertad que no espero, mal en acetarla haría, que perdiendo yo la mía, la que me ofrecéis no quiero. Bien el dominio se muestra; que en libertades tenéis; pues la mía me ofrecéis, cuando entregáis vos la vuestra. Y no sé en quien más culpable de los dos sea el error, vos me aculas de traidor, voos acuso de mudable. De vuestra intención señora, perdonad, si digo que es traidora, y mudable, pues quien es mudable, es traidora. Yo libertad os ofrezco, porque la vida libréis. do no estimo que me deis aquello que yo aborrezco, quitémela vuestro esposo. Mirad que es forzoso en mí, que hoy lo admita. No os oí. también, que no era forzoso. Ya mi albedrío no es mío, dar gusto a mi padre es ley. También dijisteis, que Rey era de si el albedrío. También vuestra falsedad decirme aleve intentaba, que una deidad adoraba, hy era Nise la deidad, y anoche vuestra cautela a verla en mi cuarto entró, que así Estela lo contó. Finge por tu vida Estela, que así la verdad colijo. A Ricardo lo contó, o esta es adivina, o el demonio se lo dijo. Por desmentir su sospecha a Ricardo le conté, como a Nise a verentré. Nada fortuna aprovecha, . pues si intento averiguar, para alivio su disculpa, nuevo indicio, mayor culpa vengo en su traición a hallar. Vete aleve de mis ojos, . antes que de sus esferas vibrados rayos reduzgan tu vida a fácil pavesa, antes que mi enojo (ay cielos!) que mis iras (estoy muerta!) que mi rigor (mal se avienen el corazón, y la lengua!) intenten ver tu ruina. Ya me voy de tu presencia, mas no por verte enojada, sino por mirarte ajena. Pues tú lo verás aleve. Antes de mi vida sean a incendios de mis suspiros, urna mis cenizas mismas. Pues si verla no procuras, vete luego. No, no entiendas, que me das la libertad, cuando el corazón se ausenta, porque dice el albedrío, preso en las dulces cadenas de un rigor. De Rosimunda vivan las Primaveras, lo que en la Esfera las luces del Sol, lo que en el Orbe de amor las sae tas. Ya estos acentos te avisan. Qué feliz dueño te espera? Pues qué aguardas? Que en efecto estáis, señora, resuelta a admitir dueño? Qué ociosa es ya la pregunta vuestra. Preciso es ya? Ya es preciso. Pues plegue amor (dura pena!) que no logres (sin mí estoy!) a ese felice que espera la dicha que infeliz pierdo, y que tu hermosura sea empleada, como (ay cielos!) mis tristes ansias desean; que amor te castigue, y que antes que mi muerte veas, diga airado mi dolor, repitan mis duras quejas. . De Rosimunda vivan las Primaveras, lo que en la Esfera las luces del Sol, lo que en el Orbe de amor las saetas, Espera, aguarda. . qué bien estos acentos enseñan, que es con el amor, y el Sol inmortal vuestra belleza: si bien señora excedéis al Cuarto hermoso Planeta, en que si sus luces nacen, siendo preciso que mueran, cuando se duermen las flores, cuando los Astros despiertan, vos sin achaques de Ocaso, con más suaves luces tiernas, si vive le oscurecéis, si muere suplís su ausencia. Amar también excedido se vede vuestra belleza; pues vos le rompéis las suyas, y él vuestras armas recela; con quien debe aclámaros el Orbe mejor Planeta, mejor Cupido, diciendo, que con rayos, y con flechas. De Rosimunda vivan las Pri- maveras, lo que en la Esfera las luces del Sol, lo que en el Orbe de amor las sae tas. El Sol, y amor os imitan en gloriosa competencia también en su origen, pues entre las ondas despierta el Sol, cuando el Alba corre la azul cortina a sus crenchas. El amor nieto del agua se apellida; pues en ella cuna a su madre le dieron, rizadas espumas crespas. Así vos de vuestros mares nuevo Sol, Venus más bella, nacéis vestida de rayos, lucis armada de flechas: con que la campaña azul, haciendo sus ondas lenguas, en silabas de cristal dice con las voces nuestras. De Rosimunda vivan las Prí maveras, lo que en la Esfera los rayos de el Sol, lo que en el Orbe de amor las saetas. Hija, ya es tiempo que premiéis tan repetidas finezas, y que tu elección procure el desempeño de deudas tan grandes: ya has conocido con bastantes experiencias de los Príncipes, las muchas generosas altas prendas; y aunque es verdad, que ya mía. ser esta elección pudiera, siendo tuya, no resulta en el no admitido queja, antes conformes los dos. Que nuestra fortuna sea de vuestra mano intentamos, o ya próspera, o ya adversa. Pues señor, ya que es preciso que yo elija. Guerra, guerra, al arma, al arma. Qué es esto? Si a Aristeo no se entregan, mueran, cercad el Palacio. Viva nuestro Rey. Ya es fuerza acudir con nuestras armas. Sin alma estoy. Yo estoy muerta: Sin duda que la traición que avisabas, Nise, es esta! Vamos señor. Vamos presto, Arma, arma, guerra, guerra. Tened, aguardad vasallos. Tu Majestad se detenga, pues aunque lo solicite será ociosa la defensa. Todo el puerto está ocupado. con una nadante selva, que de leños puebla el mar, que de lino el viento puebla. En las lanchas, y los botes con increible presteza, desde las húmedas ondas pisaron la seca arena, y tremolando de Chipre las victoriosas banderas, espigado el puerto de astas hasta tu palaclo llegan, diciendo entre el ronco estruendo de las cajas; y trompetas. Danos nuestro Rey, tirano, viva Aristeo. Hay tan nueva confusión! pues Aristeo dónde está? Noticia cierta, dicen, que de un prisionero tuvieron, de como en esta Isla tú le tenías preso, y que a librarle por fuerza su padre envió esta Armada; pero Fisberto licencia espera de entrar a hablarte, como Embajador. Qué intenta este traidor? Ah villano! que bien saben tus cautelas. . Decid que entre, que aunque sé de Nise, que todas estas traiciones son suyas, hoy las leyes le previlegian de Embajador, y también porque de noticia cierta de que en la prisión se engañan de Aristeo, pues en Creta nunca ha estado. Ya fortuna cesará tu fácil rueda. Hasta ver lo que pretende, mi valor nada recela. Impaciente está mi acero hasta saber lo que intenta. Aunque parezca imposible, tengo cierta mi defensa en el valor de los dos. Porque juzgarme no puedas a tus favores ingrato, alevoso a tus finezas, los que imaginas agravios, oy has de ver recompensas. Embajador de Aristeo hoy, cuyas armas resueltas lo por tu ofensa se vibran, no para su defensa. Pues donde Aristeo está; Dónde preguntas? en Creta. ̱. Tú lo afirmas? Yo lo afirmo. Qué intentas pues? Esto intenta. Sabiendo, que tu señor ofreciste a la Princesa Rosimunda, al que glorioso la victoria consiguiera de sus armas, el amante de su divina belleza, hoy que las ve victoriosas, las pone a las plantas vuestras. Pero no quiero, señor, valerse de la violencia de vencedor; pues sabiendo, que Astolfo, y Ricardo en esta pretensión se han reducido a que el venturoso sea aquel a quien eligiere Rosimunda, entrar intenta también en esta elección; mira ahora lo que ordenas hacer, cuando hallas amigo, aquel que contrario esperas? Ah traidor! que de otro amante el mismo tercero sea! qué es esto, pasión? aun no te bastan las evidencias? Cielos! aqueste alevoso, qué imagina? Aquí es ya fuerza tomar por defensa el medio, que ofrece la contingencia. Qué respondes? Que yo estimo, que tu Rey, cuando pudiera de la violencia valerse; deponiendo la violencia, los que enojos parecían, a ser ruegos solo vengan. Advierte, señor, que adu es imposible que sea; porque a mí nunca me hay Aristeo. . Las bellezas tan divinas en el Orbe, mal ocultar se pudieran a la pluma de la fama, so, que es pincel que pinta, y bu- Advierte también. Ya veis, Príncipes, que aquesto es fuerza; pues demás de ser debido ceder al que humilde ruega, si a la defensa os ponéis, es inútil la defensa; y aún es inútil también el recelo de que pueda. haceros oposición Aristeo en esta empresa. Porque si nunca le ha visto Rosimunda, mal pudiera vencer un instante, cuanto les debe avuestras finezas. Solo ese alivio, señor, a nuestro recelo queda. A mi temor solo puede vencerle aquesa evidencia. Pues según eso, palabra me dais de no formar queja. ninguno de la elección, ni que con armas sangrientas, procuraréis impedir lo prometido? Ya es fuerza. Y yo mi palabra empeño. Señor, mira que es cautela, yque el que te habla no es espi, berro. ̱. Fisberto espera. y ancia, señor de Uqvién dices? o Fisberto, que es de las velas Cabo, o el General. que pues como vos con cautelas Tocligunda vez alevosas, Fentáis. Q berto, que el hará, Si todas mis promesas. mi Decid que entre; o quién salir etantas dudas pudiera. Cielos! todo es confusiones. Hoy mis esperanzas mueren. Qué misterio es este, amor? . Amor, qué dudas son estas? . Dadme a besar vuestras plantas; mas antes que esto merezca, dejad, señor, a mi afecto, que vida, y honor ofrezca al que prisionero vuestro, y mi Rey tanto venera el alma, que es tan dudosa. delante de su presencia, o si es respeto el cariño, o es el amor obediencia. Quién es prisionero mío, y vuestro Rey? El que era Fisberto, y el que está ahora rendido a las plantas vuestras. Cielos! aún en el alma duda, si es engaño la evidencia. . Llegad, llegad a mis brazos. Ya el perder la vida es fuerza. Mas han crecido mis dudas. . Mas mi esperanza recela. . En hora buena, señora, segunda vez amanezca. vuestra luz, que tanto tiempo nuestra esperanza en tinieblas ha tenido, con el susto. de la pasada tormenta; pues juzgando que la vida perdisteis, señora, en ella, vuestra prima es ya de Rodas venturosamente Reina. El cielo os guarde (que presto se me adelantó otra pena!) . Príncipes, de una vez quiero premiar hoy vuestras finezas Rosimunda, pues conoces. cuanto importa tu obediencia en esta ocasión, con una elección premia tres deudas; que con eso a mí de tantos favores me desempeñas, alivio das a las dudas, y das sucesor a Creta. Cielos! mi vida, o mi muerte dependen de su sentencia. . De su elección mi fortuna depende. Oh cuanto atormenta mas la duda, que el cuidado! . Ahora fortuna adversa, pues te precias de mudable, truécale el curso a la rueda. . Qué resuelves? Qué supuesto que oyelegn es fuerza, siendo de mi voluntad arbitrio la conveniencia, asentado que en mi pecho, ni aún las más remotas señas puede haber de inclinación, y que a procurar tenerla, fuera en la imaginación, aún el pensarlo violencia, para que no imaginéis, que mi albedrío exagera esta exención siempre libre, y esta libertad exenta; a Ricardo le he debido las repetidas finezas, que no ignoráis. . Ay amor! la muerte esperanza alienta. . En Astolfo, no he podido negar nunca, que sus prendas pudieran ser celebradas, hasta de la envidia misma. Corazón alienta el pecho. . Solo Aristeo en mi idea, como mi enemigo, ha estado siempre aborretido en ella, Pluviese al cielo. Fortuna; ya moriste de violenta. . Digo pues, que aborrecido, como enemigo, tan fiera ha estado el alma con él Ah inhumana! Tan sangrienta. Ah cruel! Qué reventando las oprimidas centellas del pecho; en cada suspiro voraz exhalaba un etna En Ricardo, y en Astolfo imaginar se pudiera, que pudo a caso mover, a sus álagos atenta, el norte de mis carinos, el imán de su fineza. Y pues solo en Aristeo no pudo haber nunca muestras mas que de aborrecimiento, a que le elija me fuerza; porque de mi voluntad solo triunfe mi soberbia, Aristeo ha sido siempre mi enemigo, y hoy intenta elegir al enemigo mi albedrío; porque tenga su despreciada pasión la dicha de no tenerla. Dejad, señora, que esclavo adore las dulces huellas, indigno de tal favor. . Pues cómo? Ya aquesto es fuerza. Príncipes, ya no hay lugar para volver a la queja. Yo, señor, le daré a Astolfo, agradecido a sus deudas, un no pequeño favor, logrando la mano bella de Nise. . Solo esa dicha ser recompensa pudiera. en esta ocasión. Preciso es disimular mis penas. Vuestra soy. Porque Ricardo. reconozca mi fineza, la Infanta de Chipre, que es emulación siempre bella de la deidad que en sus templos la misma Chipre venera, será su esposa. A esa dicha, ingrato en negarse fuera mi afecto. Tengan, que yo también caso con Estela, como deje de ser dama, y como el Reidarme quiera unaración, y será el casamiento Prebenda. A las damas no las casan. Pues que las hacen? Las velan. Pues para que tanta dicha se celebre; el eco vuelva en acordes consonancias. a repetir las primeras festivas aclamaciones. Y las cajas, y trompetas. tantas venturas aplaudan, diciendo en voces diversas. Viva Aristeo. Y también repitan las voces mismas. De Rosimunda vivan las pri- maveras, lo que en la Esfera los rayos deel Sol, lo que en el Orbe de amor las,
