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Texto digital de Duendes son alcahuetes y el Espíritu Foleto (segunda parte)

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Antonio de Zamora
Atribución estilometría
Antonio de Zamora Segura
Género
Comedia
Procedencia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Duendes son alcahuetes y el Espíritu Foleto (segunda parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/duendes-son-alcahuetes-y-el-espiritu-foleto-segunda-parte.

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DUENDES SON ALCAHUETES Y EL ESPÍRITU FOLETO (SEGUNDA PARTE)

JORNADA PRIMERA

p Maginada Nave, que aún antes que bajel, pareces aves pues variando tu buque de Elemento, sin que te sople el viento, o sea adverso, o sea favorable, para barar en la quietud del Cable, a despechos del Noto, tu misma eres tu Norte, tu Piloto: Amaina, pues aquella, que desde aquí descubro, Ciudad bella, situada en el Mar del medio día, la antigua Trípol es de Berbería, a quien el ser de más honor la esmalta, Plaza sujeta al gran Prior de Malta; y ya que con la quilla vas rozando las conchas de la orilla, a un tiempo complaciendo mi cautela ideado Galeón, amaina, y vuela. Ea, señor Foleto, pues ya esjusto lisonjear a el buen gusto de quien tanto me honró, no ha muchos años, al mirar los extraños antiguos embelecos de Florencia; vamos con su licencia urdiendo otros en Trípol, como aquellos, y al que pregunte al bellos, por que han de ser aquí precisamente; la obra responderá, que es conveniente forzoso, y importante, con que tirar palada, y adelante. Muy bien pudiera yo con las figuras de la primer Comedia, hacer diabluras (como aquí con licencia del Poeta) introduciendo en esta a Nicoleta, Génaro, Octavio, Irene, Franchisquina, y la demás restante badurrina de Esbirros, y Gabino; pues no quiero, que eso ya es ir camino carretero, y buena, o mala sea, camisa limpia ha de mudar la idea. También me era muy fácil, si quisiera, como la vez primera, variar de trajes, siendo Caba llero, Deidad, Criado, Estatua, Jardinero, Chacharon, y Alcahuete; pero de eso ya estoy hasta el gollete, viendo mudar vestidos siete, u ocho: Solo el seor Chicho, Trifaldín Batocho, a quien libré por ser grande amigazo del rocín, de las vueltas, y el trampazo; ha de jugar en este acto segundo, pues habiendo rodado medio mundo, vino a parar aquí, donde su oficio, variando de ejercicio en ejercicio, es el peor de todo el mundo entero, pues (con perdón de ustedes) es Cochero. Esta es en suma toda mi parola, y pues para empezar la carambola parece tiempo, vamos poco a poco a la Ciudad, por si hallo en este loco, para embustir materla. Faquín, anda. Como él no va cargado, qué bien manda! Pues descansa un ratillo. Que me place, pues, o el diablo lo hace para darme a mí un cómo, o este no es escabeche, sino plomo. Válgame Dios, señor, quien me dijera, que en una triste, mísera Cochera, había de parar el pobre Chicho! pero a blen que fue fuerza, y no capricho, dejar a Italia, pues aquí en efecto, ya no veo aquel diablo de Foleto, que en continua rencilla con capote de grana, y mascarilla, después de darme muchos soplamocos, todo el día me andaba haciendo cocos; pues (pero ay infeliz!) que si no miente una, y otra señal, aquel que enfrente me mira, él me parece, Cristo mío! Si será él? Sí, él es, qué desvarío! pero no es él; si es él, qué buen despacho, si un sí es no es estoy de estar borracho! pero ea, Faquín, carga, y por favorecerme, el paso alarga, pues no las tengo no, todas conmigo. tengo, no A bien que estamos cerca. Chicho, amigo? Quién es? mas qué es lo que vi! fingir quiero un tanto cuanto. Yo soy, de qué es el espanto? Foleto, Foleto? Sí. Buenas nuevas te dé Dios. qué traje es este en que estás? en que entiendes, dónde vas? pues habiendo entre los dos tan gran amistad, bien es, que sepa tan nuevo enredo Aunque yo le tengo un miedo, que puede valerpor tres; . confiarle será mejor, fingiendo, que soy su amigo, por ver si acaso consigo, mostrándose en mi favor, no ser entre mil mohínas, ya por calles, ya por cerros, un continuo azota perros, y un perpetuo rompe esquinas. No viene usted? Anda tú, y a Amira la esclava da odas con el barril, pues voy allá. Maldígale Bercebú, como pesa. En conclusión dime, dónde sirves? n Vaya, y para el Gracioso haya su poco de relación. Don Juan de Lara, un anciano Español, y Caballero, pues me paga mi dinero, es mi amo; tiene un hermano en Malta, Comendador del Avito de San Juan, y un hijillo muy galán, a quien concedió el honor de otro Avito la Asamblea: Hy una Esclava, que el tío apresó en cierto Navió, tan distante de ser fea, que entre belleza, y despego, compostura, y discreción, canta por admiración, y aún juzgo, que el tal Don Diego, si es que logra convencerla, antes de caravanear por su orden, quiere ensayar las carabañas con ella. Hay otra hija que se llama Doña Beatriz, de quien no (ma, sé hasta ahora nada yo, pues aunque es muy buena da- que no tiene empleo infiero de amor, pues si le tuviera, ya, como se estila, hubiera fiadose del Cochero. Ay dos Lacayos, un Paje, un Rodrigón, tres Criadas golosas, y remilgadas, y yo, último personaje, para cochear en demanda de tres reales de ración, y cumplo mi obligación, pues no hago lo que me manda. Esta es la pintura en suma, (si es que yo no me engañado) de casa; y pues informado, sin gastar tintero, y pluma, de todo quedas, alón, pues irme es ya menester a lo que tengo que hacer. Aunque estimo tu atención, solo que me digas falta, en fe de que yo lo pido, de quien esa carta ha sido. De un Caballero de Malta, a quien por pariente tiene mi tal amo hecho, y derecho, en el cuarto bajo hecho el hospedaje, pues viene a echarse el Yugo Nupcial con una amiga de mi ama, que discurro que se llama Doña Laureta de tal: por más señas, que del cuarto, mientras viene el novio, o no, tengo aquí las llaves yo; y pues me parece, que harto me has majado con preguntas sin ser Conde, déjame ir. Antes la tengo de abrir, por si las noticias juntas me sirven de algo, pues no hay inconveniente en ella. A bien que si voy sin ella, que diré, que la perdió el Arráez del barco, en quien aquel recadillo vino, para mentir de camino como siempre. Dices bien. Cuándo, infelice de mí! pues apurarme pretende, me dejará aqueste Duende de perseguir? Dice así: Hay más qué saber? Aún quiero, que en toda esta barriada me digas donde hay posada en que pueda::: Caballero, pues me ha confesado el traje que lo sois, y en nobles pechos es deuda amparar a quien (hay de mí!) se ve en el riesgo que yo, que libréis os pido solamente, en fe de serlo, a una mujer afligida. Yo debo aquí de ser cero, pues no dice dos. Que entre un Padre, y un Amante:: pero aún no me permite el susto aprovechar el aliento; dónde iré Cielos! Adónde defendida de mi esfuerzo, estéis segura, hasta que informado del empeño, pueda después el arbitrio facilitar el consuelo. Qué querrá este vicho? Pues si ha de ser, vamos con ello, que importa mucho, Dejadme que a este criado:: Esto es bueno. Hable dos palabras: Chicho, pues ya has visto que no puedo dejar a riesgo dos Damas, y la fortuna ha dispuesto, que esté en tu poder la llave del cuarto del Forastero: en él::: i. Ya empieza la droga. Podrán::: Buenas van cayendo. Estar:: Pues yo señor mío, qué tengo que ver con eso? No repliques, si no quieres, que volvamos a los cuentos de marras. Aunque me exponga a que me den con un leño en sabiéndose el embuste, haz lo que quisieres: miedo, . válgame Dios lo que puedes con los pícaros! Supuesto, que ya no hay dificultad para conseguir el medio que pensé, vamos, señoras. Ya os sigo; piadosos Cielos, compadezcaos la desgracia a . en que me hallo, disponiendo, que pueda avisar a Enrique! Y la mía, pues me veo también metida en el lance, sin comerlo, ni beberlo Quién diablos trujo, fortuna, a Tripol a este embustero, trasgo enredador? Hasta ahora no me ha disgustado el cuento. Ay Celindilla! qué harás sin quien te dé cuatro besos, y un bizcocho, cuando te ponia el cascabelero? Por cierto linda ocasión para acordarse de perros. No le llevo yo muy malo, si he de tratar con un cuero; pero en suma peor es nada, y andarlo, Yo de Guillermo Césarino esposa! antes . me diera muerte un veneno. Por esta callejuelilla poco pasajera eshemos, pues a ella el pasadizo cae de mi casa. Me huelgo, por si importa en adelante. Anda aprisa, Que más presto; si vas pareciendo Fraile convidado. Dónde, fiero destino, pues siendo mío; qera fuerza ser adverso, encontrar podré a Laureta? Y bien, señor, que hay de nuevo? pues habiéndote encontrado al paso, fuerza es saberlo un criado tan leal como yo? Que ha de haber, siendo tan infeliz, que al llegar a hablar a Madama, a tiempo, que de oír Misa salía de ese cercano Convento, llegó pornuestras espaldas su padre Ernesto, diciendo; ya no podrán, enemiga, negarme tus fingimientos, lo que he visto, con que airado, colérico, loco, y ciego, sacando la espada, ya cara a cara paso a duelo la queja, en cuyo combate, aún que solo fue mi intento defenderla, él mismo, hay triste se entró por mi propio acero; con que al verle en tierra, aun- que busqué a Lauras, no tan presto fue que la hallase, pues como corretan veloz el miedo, tomando distinta calle, que yo, entre el confuso estruen do de la gente que acudió al herido, en vano espero saber, donde está, ni como lo podré saber, haciendo cuanto pueda de mi parte, a fuer de buen Caballero, en defensa de su vida. De eso, y aún mucho más que eso, tiene la culpa, el no haberla dicho, donde, portus cuentos, a poco que nos mudamos. Descuido es, que cuando menos, me cuesta honor, vida, y alma. Pues otro medio no encuen- tro de hallarla, que este, perdona, que me meta a pregonero, por servirte. Mas qué intentas alguna locura, necio? Quién hubiere visto una Madama::: Ten el acento. Perdida desde hoy acá, con todos los arrapiezos a la tranjia mué::: Villano, qué haces? Acuda al momento::? Mas que te mato. Al Prior de los Padres Recoletos, le darán su buen hallazgo. Ya no hay paciencia. Teneos, hidalgo, pues; pero Enrique? Dejadme que: mas Don Diego? Qué es esto? vos tan airado con Fabio? Su desacuerdo solo por vos perdonara. Yo os lo estimo, pero al veros en tan extraviado barrio, (cordura disimulemos) permitirme que me queje, de que olvidando mi afecto, no hayáis honrado mi casa. No lo extrañes, porque tengo un cuidado tan del alma, que aún me olvido de mí mis- mo. Pues sabéis mi obligación, ved si es cosa en que yo puedo aliviaros. No sé cómo decir pueda mi tormento, que estando correspondido de una dama, en quien el Cielo prodigo de sus favores, apuró sus lucimientos: su padre, (callar importa los nombres, hasta que luega me declare más) en Malta ajustó su casamiento con un Caballero ilustre, y rico, con que saliendo hoy de la Iglesia, y llegando a hablarla yo::: pero esto pide más espacio; y pues me está dando prisa el riesgo, siendo preciso el buscarla por un extraño suceso, que dispuso mi desgracia; dadme licencia, que presto os buscaré yo. Os importa ir solo? Sí. Pues supuesto eso, y que habéis de buscarme, id con Dios. Guardeos el Cielo: ven pícaro. Usted me honra. Niño Dios, aunque eres ciego, dame luz en el confuso laberinto en que me veo! Hallar disgustado a Enrique cerca de mi casa, habiendo (si no miente mi malicia) persuadido los despegos de Beatriz, no sé: mas vamos poco a poco pensamiento, pues ella es quien es: y dime, ( como podré los desprecios vencer de Amira, esa esclava; mejor diré de ese dueño de mi vida, y mi albedrío, a quien mi tío (creyendo hacer lisonja a mi padre) envió a Tripol, pues su ceño divinamente atractivo, bellísimamente fiero, disuadiendo mi esperanza; dilata a mis sentimientos Pasar a Malta a ponerme el Avito, pues advierto, que de mis designios es conocido impedimento: mas pues a beber sus luces, volando van mis deseos, y el tiempo ha de hacerlo todo, demos, amor, tiempo al tiempo. Poned ese trasto ahí, y esperad; pues puede ser, que le quiera mi amo ver. Lo que es, Amira, por mí, dejado esta, porque pesa mas que un Crítico hablador, cuando se mete a Señor. Por mí también; pero en esa materia, de que me espere, hay muy mucho, que decir. Pues adónde quieres ir? Iré donde yo quisiere, pues mientras mi amo el mayor no esté en casa, es excusado, que se captive un criado; además de que es error, sufrir, que el orden nos de una esclava. Si lo soy; y aún por eso sufro hoy, lo que no sufrir pensé. Desde que de Barcelona o vino a vivir a este Puerto, mi señor Don Juan, quecierto; que es bonísima persona, pues así gozando está un Mayorazgo, y su hermano (como presa de su mano) envió esta esclavilla acá; se ha metido a ser mandona tanto la buena mujer, que nadie la puede ver. Sin motivo la baldona, Nícosa, tu necio afán. No ves, que es esta rencilla conocida antipatilla. Qué bien habla el Catalán? Os ofendo en algo? No. No os causo lástima? Sí. Pues por qué se trata así a la que jamás os dio la menor causa? No sé, más vamos, Juancho, y conten- echaremos unos cientos. Ahora no puedo. Por qué? Porque mi ama Beacriz con un recado me envía, mas no se ha pasado el día. Está bien. Suerte infeliz! yo en Belgrado hija dichosa de Amurates Mustafa, su victorioso Bajá nací; y si he nacido hermosa, bien lo dice la importuna suerte, que me ha perseguido, pero cuando se han unido la belleza, y la fortuna? Viome en mi joven ardor, viome Piy Alí Solimán, Ministro del Gran Sultán, con que dejando su amor tratado mi casamiento con mi padre, cuando a Rodas iba a ejecutar mis bodas, dando sus velas alviento la media Luna; previno la fortuna, que en Mar alta de las Galeras de Malta nos apresase (ha destino!) la Escuadra, y:: mas para qué recuerdo mi triste historia? Si es un Áspid la memoria; y pues el genio se fue a la costumbre del canto, que hace sonora la queja, por si en mi dolor se deja poner en música el canto. Dime Soberano Alá, dímelo ya; como procedes tirano: dímelo Ala Soberano? Si ya no es, que en mi tormen- to, dándóseme el sentimiento, ni aún la razón se me da. Dilo Soberano Alá? dímelo ya? Oyendo, Divina Amira, tu voz, por más que me nieguen la atención, tus porfiadas, repetidas esquiveces; no extrañes, que de más cerca a beber mi afecto llegue sus armonías, bien como el pájaro, que inocente, al oír la voz del reclamo, rondando el peligro viene, hasta dar en la engañosa, prevenida traición verde. Quien voluntario se mata; solamente porque quiere quéjese a sí. Con Amira mi hijo tan despacio, o pese a mi paciencia, pues sufre mucho más de lo que debe! Si mi amor::: No he de escucharos. Ve aquí por lo que no quiere pasar a Malta, o mal hijo! pero pues fingir conviene, que lo ignoro, hasta buscar arbitrios, que lo remedie, esto ha de ser. Diego? Amira? Si me oyó? Cielos, valedme! Qué hacéis aquí? A mi hermana Beatriz iba a ver, y en este paso encontrando a esa esclava (que la nombre de esta suerte! la pregunté, si ya había pasado a su gavinete a tocarse. Bien está; mas vete tú, pues no eres precisa ahora aquí, allá dentro Deuda es en mi obedecerte, pues por criada, y esclava estoy captiva dos veces Dile a Nícola, que traiga con que abrir (pues no parece Chicho) esebarril. . Que no haya ese pícaro insolente, desde que al amanecer fue al muelle para traelle, dejadose ver. Aunque él hace mil faltas siempre, por ser muy fiel le mantengo; y bien puede ser, que en ese recibimiento dormido, se confíe, como suele, en que le despiertan. Pues por si es así, llamarele. Ah Chicho? Aquí estoy, Señor. En parte muy diferente sonó la voz. Es verdad, y ni en silla, o taburete hay nadie aquí. Pues ya con la cuchilla vengo adrede, hecho ministro de Herodes, adonde está el inocente, que ha de degollarse. Quita esa tapa, porque en breve sepamos, qué viene dentro. A dos golpes solamente, aunque no tengo gran fuerza, irá abajo. No le quiebres Hombre, pues que te he hecho yo para que me descabeces. Ay Dios de mi vida. Yo no sé lo que me sucede. Igual asombro no he visto. Bueno es; que se estén ustedes haciendo cruces, y yo metídito hasta el gollete hecho lenguado con botas, y Salmón con zarahuelles. Entre los tres le ayudemos a salir: Si ser pudiere: con tiento, no sea que huela a rancio el escabeche. Hombre, estás endemoniado, Sí, y no. Cómo eso ser puede? Cómo hasta ahora estos Herec- tros, que es una especie de duendes, no sesabe si son diablos. Duendes en mi casa, vete, vete de aquí, y de estos chascos pocos, si ya no pretendes, que lo paguen tus costillas. Ya me voy; mas ved. Detente, y dinos qué carta esa. Cuál? La que como si fueses, - trompeta con pasaporte traes en el sombrero; Ay dengue tan gracioso, como andar inventando estos jujetes? ̱ Cucarda de papel, quien sino es en los entremeses se la ha puesto hasta hoy La letra es de Césarino, y viene a ti el sobrescrito. Muestra. Hay muchas veces pobrete. de mí, cuando sepan, que dos Mádamas ojialegres, y un Foleto enredador en el cuarto bajo tiene él seó Chicho agazapados. (de Muy señor mío, bien pue- ser que cuando llegue esta, y ese pequeño presente, también llegue yo a lograr la fortuna de ponerme a vuestra obediencia, para efectuar brevemente mi ajustada boda, pues dos Navios Genoveses. están para hacer viaje a ese Puerto. Esto me huele a mi el rosada de heridas, pues en pareciendo el huésped, peribir. Un Caballero muy galán, dice que quiere besarte la mano. Pues lo que la carta contiene desde aquí son ordinarios cumplimientos, dile que entre a ese primero Salón, y ven tú (sea quien fuere) conmigo. Vamos. . En fin, con los embustes que sueles. has dado chasco a los amos. Quieres callar, Mequetrefe? Seo Juancho, vamos a echarla? Con los ochos, y los nueves jugaré de buena gana. Sea como tú quisieres. . Dios mío de mis entrañas, no me bastó, que viniese a buscarme este maldito enredador zarambeque del Foleto, y que por él haberme puesto me arriesgue en una desdicha, sino que sea yo con quien estrene los entedos de sus trazas? Por vida de; pero ruede, y como yo entre a la pieza adonde Nícola tiene las frasqueras del colirio de Ribadabia, y Torrente, brinque por donde brincare, salga por donde saliere, que todo lo hace un buen dote, Una vez, y muchas veces, señor Guillermo, me dad los brazos, para que empiece a gozar vuestros ifavores. Lo mismo es bien que yo os ruegue, por la parte que me toca en las dichas, que hoy adquiere mi Padre. Vuestra hidalguía tan mucho me favorece, que hace imposible, no solo la paga que se le debe, (te sino el agradecimiento, pues no hay expresión que acier- a explicarle. Y la familia? Por ser mucha, y no exponerme a daros tanto embarazo, la di orden de que se quede en una Hostería. Eso no puede ser. Si no hubiese causa para que yo solo en vuestra casa me hospede por ahora (pues después será lo que vos quisiereis) no lo hubiera yo mandado. Solo siendo de esa suerte tenéis disculpa; Beatriz? Señor? Dame parabienes de que ya el señor Guillermo Césarino a darme llegue la dicha de su hospedaje. De todos será, si adviertes, que por ser tu hija, es fuerza que en tal logro me interese. No va mala la ingañisa . con la dicha deponerme a vuestros pies, perfecciona mis vanidades la suerte. Qué bravo mozo es! Memoria no me acuerdes, no me acuerde; la traición de Enrique, pues consiguió su trato aleve olvidarme por Lauter poque nava se os reserve (después de que; como es justo vuestra venida celebre) os enseñaré la casa. No arvitria quien obedece: cuales estarán las pobres . allá bajo; pero esperen, que todo se andará. Vamos, pues después más largamente podremos hablar en cuanto de vuestras bodas depende. Está todo prevenido? Aún las camas hechas tienen desde ante ayer. Donde Amira estás, que no me concedes, para morir de mirarte, la felicidad de verte? Cómo no saben quien soy, . están todos más alegres que la Pascua; mas ya engato se les volverá la liebre. Oh con el pasado hallazgo se ha entrado un Sastre en mis ojos, o con estos traspantojos me he metido a Mayorazgo, o del fingido huésped, es, Foletillo, menos mal, que al fin, en empeño durará el engaño; y pues esta es la excusada puerta adonde se hóspeda Baco, veamos si le doy un saco: Vive Cristo, que está abierta: feliz soy; ea varriga, para medrar en corcoba, haz lugar a media arroba, pues toda la tripialiga, (mientras yo alentrar me agacho) va con el huésped eterno: mira lo que haces borracho. Cómo qué, diablo hablador, Demonio de mala mano, por Demonio, y Escribano, que antes fue Procurador. Así desprecian tus maulas a el jarabe de Noé; eres un pícaro, que no sabes lo que te hablas: Si en consejos de taberna te has dado en meter ahora, sabe, que la medidora es sola la que sé infierna. A engañar otro perenne vete diablo, cachivache; y como yo me emborrache, déjame que me condene: pues por Dios! e que das gritos Chicho? De que cuando a ver iba si podía beber dos docenas de traguitos, con letras de almazarron, un diablillo tagarote, escritó me dejo un mote en esa puerta. Aprensión fue sin duda. Y qué despacho recetó en tan buen cuaderno? Por aquí se va al infierno, mira lo que haces borracho. Eso dijo? Pero mira, pues nada en la puerta ay, que en ti cada día cay mentira sobre mentira. Y porque cuando ahora salen (con esa droga se advierta tu error) yo he de abrir la puerta. Cincuenta y una. No valen, Quinta mayor. Buena es. Vale quince. Ves, vergante, como todo, Dios mediante, te va saliendo al revés? Señores, si se contara esto, hubiera quien creyera tan nunca vista quimera? Hhy desvergüenza tan rara! Quién hizo aqueste desmocho de figuras en un brinco? Cincuenta y cuatro son cinco. Y qué más? Tres Reyes, ocho. Qué es esto qué por mí pasa? Hola, Juancho? Hola, Nícola? Qué nos quieres con tanto hola? Que sepáis, que ya está en casa el Caballero Maltés, y es justo al amo asistir. Claro está; mas tú no has de ir? Sí, mas será donde, pues, ni al amo viejo, ni al mozo contar puedo mi trabajo, me zampé cabeza abajo a refrescar en un pozo. . Tú, pues Beatriz nos mandó, que en bajando a los jardines, cantemos con los violines el tono que se ensayó ayer: ven. Aunque (hay de mí!) no me dejara el pesar, Constanza mía, cantar, vamos. Sabréis decir si ya que sin licencia he entrado, por estar sola esa pieza::: Enrique es, buena cabeza! Se podrá dar un recado al señor Don Diego? No, Caballero. Pues por qué? Porque ocupado se ve con un huésped que llegó. Idos. Aspacio Constanza, y cese tu desagrado, aunque el tiempo haya mudado nuestra antigua confianza. Mal Caballero, traidor engañoso, y desleal, como tratando tan mal de Beatriz, mi ama, el favor te atreves? No es tiempo ahora de poderme detener; y pues yo satisfacer podré presto a tu señora, dile a Don Diego, por Dios, que el hablarle es conveniente dos palabras solamente. O si hallasemos los dos . camino para encontrar la perdida prenda mía. En aquesa Galería, mientras la voy a llamar, aguarda un poco. Está bien: mas ven presto: le Dónde, donde vas de esa suerte? Al jardín, donde de un árbol me ahorquen, pues al que es Cochero, qué le falta para Iscariote? Pues qué ha habido? Voto a Cristo Santo, que soy yo muy hombre para que conmigo se anden los Demonios a remoques! Y si cojo::: Él está loco. Deja ahora esas ilusiones, y dinos donde está quien generosamente noble nos ampara en este cuarto? Arriba con los señores le dejé; mas de aquí a poco, como para que se informe de la casa en que se hóspeda, le van enseñando a trote el cuarto alto, bajaran a este, en que es fuerza se aloje por ahora. Y no te dijo (a espacio, aspacio temores) dónde ocultarnos podremos? Pues si alguno me ve, corre riesgo mi vida. Para eso basto yo. Pues dinos dónde? En esa última pieza, cuya reja corresponde al jardín; pues yo diré si entrar en ella disponen, que se ha perdido la llave: y sea luego, pues las voces de los instrumentos dicen, que con él a puto el postre, bajan ya. Mira primero si es la parte en que me escondes segura. No os hallará, ni uno de estos Tagarotes, que para pegar petardos, andan preguntando nombres. Siendo eso así, vaya. Enrique donde estás, que no socorres a quien por ti en igual trance, cercada de confusiones, padece, llora, y suspira? Anda tú también. Par diobre, que pues hay cortina, tengo, aunque el rancho se alborote, de acechar. Saliendo al paso, al ver lo mucho que importe, desmentiré la malicia; y si el diablillo vinorre, quisiere darse conmigo dos mojadas, o dos eloques, a bien, que el jardín es ancho, y le espero hasta la noche armado de punta en tinto, mientras en los corredores, para divertir el tiempo, dicen los ecos veloces::: Pajarillo, que vuelas, fuente, que corres, a decir mil requiebros id a las flores, que mucho, y más merecen las perfecciones. Linda casa! Qué os parece? Que aunque no hay nada que sobre para vos, no la aventaja, en alhajas, y salones, ningún Palacio en Paris, Genova, o Roma. Encajole la ciquiricara. Él huésped sabe algo más que el gígote. En efecto, para quien solo es, aunque no muy pobre, particular Caballero, estobasta. Los verdores no os gustan de este jardín? Es, señora, tan conforme al todo, que multiplica atenciones a atenciones; pues al ver la general variedad que le compone, compitiéndose fragrancias, cristales, y Rui señores; No hay duda en que por él dijo el músico acento acorde; , . Pajarillo, que vuelas, Por si hace de las que suele, no será malo, que a lonje atisve yo. Si el Cochero tray otro lobo ad terrorem? Mas después de que a esta fuen- una Estatua corresponde, (te aquí hicieran lindamente cuatro Caballos de bronce en pedestales de mármol, que puestos en el galope, que es la mejor apritud, pudiesen mantener sobre sus espaldas cuatro Estatuas de diferentes colores dejaspes, porque imitasen en adornos, y en escorces, al natural. Dónde hubiera para pagar solo el porte, hacienda en el mundo, pues hacemos los Españoles vanidad de que en Madrid, que puede llamarse Corte, tenga nuestro Rey, siendo el mayor Monarca del Orbe, dos Caballos de esa suerte. Por señas, para que apoye vuestra verdad, de que guarda sus aplaudidos primores, Casa de Campo, y Retiro: Mas minorando su coste, lo que no se intenta, amigo, no es posible que se logre. venid, que quizá en la huerta, cuando de frutas se colme, hallaréis halgo que os guste. Cuál se han de quedar los po- bres, cuando vuelvan. Para un Guindal, y un Albaricoque tanta algazara. Ah, si; ha, sí. Qué decís? Que me perdone vuestra amistad un descuido, pues la antecedente noche a mi partida, me dio, con notables expresiones, para Don Diego esta Carta el Gran Prior. Qué hay qué importe? pues se la daré yo, luego que se vaya cierto hombre, con quien está de negocio. Fingida es, mas por si forte, . pues mi oficio es todo embustes, esa pildora se emboque el tal Diaguito. No vamos? Ea, vagas ilusiones de mis artes, para que cuanto yo he dicho se forme, en aparentes fantasmas de ocultas supersticiones, oscuro matiz los pinte, mentido volcán los forje, y más que repita el canto, que en ese balcón se oye. Vientecillos traviesos, Auras veloces, vuestros soplos animen selvas, y bosques, porque en hojas los troncos se se desabrochen. Ah de adentro? Qué nos quieres? Deciros, que aunque se asome una, u entrambas, no hay riesgo. Fuerza es, que al mirar me asombre tan costoso adorno. Cierto, que es un pasmo! Cuatro bojes, naranjos, y entedaderas extrañáis? Qué dices zote, sin duda tú no lo has visto? Bueno es querer que yo ignoré lo que hay en este jardín: pero válganme las once necesidades, y el cuervo del bendito San Onofre! Parece que viene gente? Celia, esa cortina corre no nos vean. Chicho? Chicho? Mientras vuelven los señores no nos dirás::: A otra puerta. Animal, no me respondes? A quién digo? Con quién hablo? Hermoso par de vigotes! Qué miras? Pero aspacito, que al ver estos armatostes, de puro miedo están con perlesía los calzones. Exiforas! Verbumcaro! Dios te Salve! Pater Noster! Hay Señor! Jesús mil veces! Dios me valga! Pues la noche va cayendo, en nuestro cuarto es bien os deje; mas donde voy, si el susto se ha hecho dueño de movimientos, y acciones! En la forma que pintaba el jardín está, o el torpe pincel de la sombra, hace; que mi admiración le copie. En qué os detenéis? Dejad, que al ver las admiraciones de caballos, y de estatuas, con justa razón me asombre, si ya no es que me confunda igual caso. Por qué? Porque en un tan pequeño espacio, tan gran novedad, nos coge de susto. Yo no veo nada: Qué decís? Que los renglones, que tienen los pedestales, dicen; para nuevo informe, Alejandro, y Julio César. Esotros dos rotulones Hector, y Aquiles. Permita Dios, que me den cienazotes si no es droga del Compadre. Permitidme (aunque os enoje) que habiendo esto en vuestra casa, en una posada tome un cuarto; porque yo en viendo la menor cosa que toque en hechicería (aunque por ahora se me envoce) no pararé hasta la China: y os hablo claro. Tragose anzuelo, y sedal. Cuál hace la encorcobada el picarote! El hombre tiene razón. Mas qué va, que esto dispone la Esclava, y por las paredes nos andamos dando golpes. Una vez aquí, el dejarnos sin que algún tiempo nos honre vuestra presencia, desaire fuera, que no corresponde a nuestro amor. Y más cuando puede ser que se equivoquen todos como yo, creyendo, que ven lo que no ay, y entonces quien los pintó en un instante, en un instante los borre. Lo dicho dicho. Ven hija. Pues ves, que tan superiores alajas te entran en casa sin que menguen los doblones, déjalás estar, que en fin bueno es que el jardín adornen. Eso se quisiera el viejo. Pero porque cuándotornen a bajar se hallen en blanco, obedeciendo mi orden, se irán por donde vinieron; pues para que se remonten, esas voces los dan alas. Vientecillos traviesos, Vive Dios, que aunque me ahorquen he de decir la verdad. Llamar quiero un Sacerdote, que me conjure esta casa. Dilátalo hasta que conste si hay fundamento para ello. Cualandan al estricote todos; y esto es, que aún no han salido con sus conques las Madamas escondidas. Pero mientras se componen; caballos, y Caballeros, volaverunt hasta entonces,

JORNADA SEGUNDA

JORnada segunda Hasta cuándo has de llorar? Hasta conseguir que salga entre las lágrimas, Celia, liquidada en llanto la alma. Templa el dolor. Cómo quieres que mujer tan desgraciada viva; pues cuando a mis ceños templo las antiguas sañas. Enrique de Latur, en la debida confianza de que sería mi esposo, casarme mi Padretrata, con quien::: A mí me lo cuentas, que he sido en toda esta danza siempre el Zangano? Aí veras cual anda (hay de mí!) cualanda mi juicio, si ya no es que imaginen mis desgracias, que el error de repetirlas es cámino de enmendarlas. Bien puede ser; pero espera, que la voz de esa guitarra muestra, que en el cuarto alto va alguien a cantar. Pues calla, y oigamos, por si sus voces saben miñorar mis ansias. Donde iré yo, Fortuna, que siempre airadas, no me alcancen las flechas, que hay en tu aljaba? Linda voz! pero, señora; (volviendo a nuestras andanzas) no sabrás quién es este hombre, que nos hóspeda en su casa con tal fausto de criados, con tal filis de viandas, dulces, y bebidas, que aún estando disgustadas, estos tres días se han hecho tres instantes, sin que haya quien nos diga si es la tierra del Pipiripao, o Jauja? pues sin más trabajo, que hacer tu cama, y mi cama, (como el huésped no permite que bajen acá criadas) lo pasamos lindamente. Añade, que porque no haya la menor malicia, Chicho, que es de quien no nos recata, (como él come, y cena arriba) es quien con rara abundancia. nos trae la comida. Ya queda puesta esta botana; por si hay quien sople el pellejo con gana de que se salga. Yo no sé lo que discurra; mas de duda tan extraña, preguntándoselo a él mismo, saldremos aprisa. Aguarda, que si yo no me engañado, este Tocador no estaba aquí cuando de tu alcoba nos salimos a esta cuadra. Esverdad; mas si no ha en- trado nadie, Celia, que le traiga, por dónde ha de haber venido? Yo discurro, que esta es traza para regalarte, y dentro hay todas las zarandajas de abánicos, cintas, guantes, paletinas, y::: Deo gracias. Bienvenido, hidalgo. Miente, que aún siéndolo mi prosapia, el latigo en Madrid borra los goces de la Montaña, Y tu amo? Uste también miente, que él no es mi amo, ni mi acá, sino un huésped, a quien sirvo, que es un tal Don Juan de Lara. Don Juan de Lara? quién Cielos, creyera, que la que tantas veces visitó a su hija antes de que se mudara a este barrio, se halle ahora en fortuna tan contraria dentro de su casa oculta! ̱. Si usted no es muy ingrataza, no me hará un favor al vuelo? Yo a un cochero? Pues picaña, qué distancia piensas que hay del estropajo al almoaza? Deje eso ahora, y vamos viendo, curiosidad, las alhajas que hay en el tocadorcillo. , h , No te arriendo la ganancia, si el Foletillo las trujo. Ay señora de mi alma, que está aquí la Celindilla! Qué dices? Qué carta canta. Ella es, pues a mí se viene. Chucha, chucha. Brava maula! mas qué ha de dar sino perros el tocador de una dama! Tómala, pues. Aunque no tengo gusto para nada, damela, por si divierten algún instante sus gracias mis penas. Por donde pudo de la otra casa a esta casa venir este animalico? Ay, hija, de eso te espantas? por la boca de un barril de ostras, habrá tres mañanas que salí yo con mis botas, mi latigo, mi casaca, y una carta por fontanche, como si ahora enviar se usara cocheros en escabeche; y esto es, que se queda en zaga el suceso del jardín: pero el huésped::: Aunque tanta muda tristeza, señora, mueva la desconfianza de creer, que en el hospedaje nada os gusta, y todo os cansa, permitidme que os pregunte como estáis Comó quien se halla de vos tan favorecida, pues mi disgusto le causa el motivo, no el cortejo; y hasta mirarme a las plantas de mi padre, desmentido el recelo que me infama, todo en mí será tristeza, como es justo. Chicho, anda, y pon el coche. No es fácil, porque está una mula mala de un zapatazo, y es fuerza el ponerla una puchada. Está bien. Por la escalera secreta iré a ver si manda algo mi amo: pobre Chicho, . en qué parará la extraña nóvela, en que este Foleto me ha metido hasta las gachas, de truco por alto? Voyme yo también, pues no hago falta aquí, con mi tocador, a ver como va de cara su es Si después de tan nobles, cortesanas atenciones, os merezco, bien que hoy no pueda pagarlas, la de que yo sepa a quien se las debo, mientras no abra camino el Cielo a mi alivio, no las neguéis a mis ansias este consuelo. Mal puedo negaroslo, pues faltara a la ley de Caballero en tener desconfiada a una Dama; y más no habiendo reparo, ni circunstancia, que lo impida. Yo, señora, desde Malta, que es mi patria; a ser huésped vine de Don Juan de Lara: la causa es efectuar mi boda con una ilustre Madama, hermosa, y rica, que aunque sia culpable el que haya de incurrir en el delito de explicar sus alabanzas delante de vos, también la ofendiera con callarlas: con que mediando el camino entre una, y otra distancia, creo que a ninguna ofende el que las venere a entrambas. El estar ahora oculto, (gan solo es dar tiempo a que se ha- coche, y vestidos, pues aunque no hacía esto mucha falta, halta el día de la boda, bueno es llegar quien se casa llevando todo esto hecho, sin que digan las criadas, que hasta recibir el dote no se trató de las galas. Y pues solo un día que salí a la calle, fue tanta mi dicha, que conseguí libraros de la borrasca, que os amenazo, trayéndoos al puerto de la bonanza: no estéis triste, pues de aquí no saldréis hasta que salgan vuestro honor limpio, contento vuestro padre, y vos casada a vuestro gusto. Aún no habéis cumplídome la palabra que me disteis. Cómo? Cómo el que su nombre recara, aún en lo que satisface deja el temor de si engaña. El mío, para serviros, como las obras declaran, es Guillermo Cesarino. Qué oigo? los Cielos valgan! Cuál se ha quedado la po- bre! Ay de mí! que muda estatua de fuego, y nieve, me deja el susto. Qué tenéis? Nada: ideas son de una triste imaginación, que vaga de duda en duda; mas, Cielos, un hombre no es el que baja por la escalera secreta? Ay desdichada, que no haya dónde me esconda! Yo haré presto que lo haya. Cómo es posible? A esa mesa os arrimad, confiada en que no importa que os vea. Siendo amiga de su hermana, me ha de conocer por fuerza. Eso quiero yo. Hay más raras confusiones! Buenos días Monsieur. Ved que, ya pasadas las primeras ceremonias, aún más que me honran, me agravian vuestras visitas, pues esto, señor Don Diego, se llama cumplimiento. No es por cierto, sino deuda de quien trata saber como os va en la humildo estrechez de la posada: pero qué pintura es esta? El Don Diego ha de tra- garla, y cueste lo que costare. Viendo que no me enviaba, como es estilo, un retrato Ernesto de su hija Laura, dispuse yo que aquí, mientras prevenía mi jornada, se hiciese a hurto de los dos este, que ahora me acaban de traer, con marco, y todo. A fe, que bien la arrogancia luce del pincel, pues cierto que está que parece que habla. Bien lo creo, como yo . la permitiera, que hablara: con que en fin, es tan hermosa cómo su copia? No hay dama mejor en Trípol. Mamola. Si supiera, que se halla su padre herido, ella oculta::: Cada instante que se tarda la dicha de ser su esposo, es un siglo. Pues me llama cierta diligencia, y ya sé que estáis bueno, gracias, dadme licencia. Yo os fuera sirviendo, si no importara que no me viesen: Por esta puerta permitid que salga, pues cae al portal. Yo en tanto subiré a ver si me manda algo el señor Don Juan. Pues hasta la vista: hay tirana, bellísima Amira, y como me hechizas, y me maltrata Buena anda la carambola; mas pues aún lo mejor falta; valga flema. Ya se fueron dejando desocupada la palestra: donde, Cielos, se habrá ocultado mi Ama de Don Diego? pero si no me han dado cataratas, no es este un Retrato suyo? No. Ay, que ha hablado, Santa Juana, San Gil, San Cosme, y las Once necesidades me valgan! por aquí::: Adónde vas Celia? Adonde quieres que vaya, sino a no verte en mi vida. Tú me dejas? Esta es chanza, que yo soy muy fiel; mas di- me, si ahora te miré pintada tan propia, que hablaste, co- mo despareciendo la maubla de bufete, y marco, te hallo en la forma, que te estabas? Él extasís en que he estado de un rato acá, enajenada de mí misma, aún no me deja saber de mi propia. Ay Ama! que aquí hay mucho malo. Quién vio confusión tan extraña? mas lo peor es, que estemos, como de decirlo acaba él mismo, en poder. De quién? Dios te dé tiento en la habla. De Guillermo Cesarino, con quien mi padre intentaba casarme. Jesús mil veces! pero por qué se recata! sin darse al público. Ven, donde veamos con que traza se puede avisar a Enrique. Difícil será, sin que haya de quien valernos. Señor, suspende el enojo. Aleve, como a ponerse se atreve delante de mí tu error, siendo tú sola el motivo de mis penas? Pues en qué mi amor, mi lealtad, mi fe, y la desdicha en que vivo, os pudieron disgustar? En que sea tu hermosura, y la armoniosa dulzura de tu voz, quien hechizar a mi hijo Diego han sabido con tan nunca visto espanto, que entre perfección, y canto le heriste vista, y oído. Mira, señor, que quizá habrá sido testimonio. Y eso es culpa? Algún demonio trujo esta esclavilla acá. Sí, pues su extraña locura de ti nace. Mirad bien, que en mi honra vale el desdén. mucho más que la hermosura; y que aunque airada la suerte con su malévolo influjo. a ser esclava metrujo; antes me daré la muerte, que hacer una indignidad: Ay Piy Alí, si tu supieras. lo que paso, como hicieras, posible mi libertad. Lo que sé; es, que por amarte, olvidado de su fama, cuando el Gran Prior le llama con los estruendos de Marte, pues que hace Armada, se dice, Rodas contra Malta; él, siendo con su honor infiel, de ir se excusa. Ay infelice de quien padeciendo está, sin admitir su fineza, la culpa de la belleza. Mi hermano, señor, hará lo que tu gustares, mira contra una infausta mujer, que irritarte así es querer hacer desaire a tu ira. Mi ama, señor, te aconseja lo que es justo. Y ha de estar en un continuo pesar por ella mi señor? Deja eso tú, pues no te toca el fiscalizar a quien está inocente. También quiero hablar, pues tengo boca. Tomar es bien tu consejo, Beatriz, para que pretenda ver si en los dos halló enmienda; y no hago poco si dejo de decir, que cuanto pasa de unos días a esta parte. obra es del májico arte, con que alborota la casa una, y otra novedad, pues esta de su Nación. es antigua inclinación. Aunque pueda ser verdad! lo que discurres, yo en ella no he visto nada que arguya el ser esa culpa suya. Hay más enemiga estrella! De quién ha deser, si en- cuentro a cada paso un temor, y un susto? El huésped, señor, te está esperando allá dentro. Dile que ya voy: o quién supiera de poco acá adonde Laureta está; no solo por estar bien a Ernesto su padre, cuanto porque si como previno, va Guillermo Césarino, a ver a su esposa, en tanto que acaba su prevención, fuerza es que no halle a Madama en desdoro de su fama, siendo en igual confusión yo quien me hallo de por medio; pero en fin, quizá el destino nos descubrira camino para aplicar el remedio. Pues ya mi padre se fue, no llores, Amira. En vano es querer que en tan tirano hado no llore, porque en repetidos enojos, que ocasiona mi despecho el volcán que arde en el pecho se desfogue por los ojos. Mire usted la zalamera cual hace la gata. Aunque olvidado haya mi fe Enrique, como si fuera delito amarle, he sentido el empeño en que se halla con Laureta; pero calla, necio amor, labio atrevido, que no ha de saber ni el viento mi afición, y su mudanza. Ay de mí infeliz! Constanza, venme a tocar. Eso siento harto, a fe de picarilla, pues hora, y media te estás en el baja, o sube más el moño, y la sortijilla. . Desde hoy en continuo acecho he de andar de la señora hechicera, fondo en mora. Qué te he hecho yo, qué te he hecho, adversa fortuna mía, para perseguirme tanto? mas quien dijera, que el llanto se volviese en armonía, sino quién sepa, ay dolor! respondiendo a la pregunta, que opuestos extremos junta la contrariedad de amor. Aspacio penar, aspacio conflito, que no hay más delito que amar, y no amar; pues si uno me ofende cuanto otro me adora, bien se unen ahora placer, y pesar. Aspacio, No dejes el canto, vuelve, adorada, hermosa Amira, a dar a quien te idolatra las voces con que le hechizas; vuelve a que las fuentes calmen, y cuando más dulces trinan los pájaros, vuelve, vuelve a que se mueran de envidia, pues al ver::: Señor Don Diego, mirad que es vuestra porfía tan vana, que a mi entereza aún más la ofende que obliga: por vos, creyendo mi amo, que halla en mí vuestra caricia correspondiencia, me trata con tan injusta ignominía, que yo::: Suspende las quejas, bellísima Turca, y mira que cuando unerror te agravia, un afecto te codicia; y a ser otro que mi padre quien, para más pena mía, te diese el menor disgusto, vivo yo, viven mis iras, que al menor impulso hiciera escarmiento su osadía. Yo lo creo, mas pues es para que no me persiga vuestro amor, fuerza hablar claro::: Atisva recelo, atisva, por lo que importa. Yo en Rodas, (no sé bien como lo diga,) tengo empeñado mi afecto. con quien solo merecía ser mi dueño; y aunque el hado. me trujo a extranjero clima, jamás en mí fe traidora, siempre en mi constancia fija, u ha de ser mi esposo, u yo. tengo de perder la vida. Oiga el diablo. En fin, tirana, o cuanto, Cielos, me irrita. su desengaño! a los ceños, para duplicar fatigas, los celos añades? pues. por más que se me resista. tu obstinación, en la nieve de tu mano peregrina. he de intentar ver si apagas el mismo ardor que motivas. Mirad que::: Bueno anda el cuento. Dira quien lo viere::: Quita, que esta es ya resolución, Caballeros, buenos días, Qué quieres tú aquí, villano? A hi es una niñería, no más que haber visto como mi señora Doña Amira nos alborota el cortijo, y que aunque se finge arisca, quiere usted el chichisveo. reducir a rebatiña; más presto lo sabrá todo mi amo. Hay tantara desdicha! No harás, pues este bolsillo será quien mejor tepida que lo calles. Ni por esas. Poquito a poco, malicia, que Amira, y mi amo el mozo están aquí. En fin, porfías. en decirlo? No, que es chanza. (da Pues aún hay quien te lo impi- Quién puede ser? Este acero. Muerto soy. Santa Cecilia. Qué habéis hecho? Qué sé yo, si ya no es que con la vida me pague el vuestras traiciones. Porque a su reparo asistan, fuerza es llamar: Señor, ama. Esto es peor. De qué gritas? Que han dado muerte al ve no hay quien traiga a toda pi Extrema. Unción? Pues ya es fuerza que concurra la familia, me quitaré de delante, para dejar desmentida la ocasión. Quién da aquí voces? Mas, Cielos, qué es lo que miran mis ojos! El señor Don Diego, sobre no sé qué porfía, a muerto a ese pobre hombre, Señor, yo? Ya por la herida vertió la alma Aquí es preciso un parche de trementina, que él pegará: no creáis acción tan descomedida de vuestro hijo, pues quizá será chasco, que fabrican un caduco, y un borracho. Alabo la cortesía. Aunque no me importa un bledo el que muera, o el que viva, por enredar solamente, tengo de hacer de las mías. , . Qué decís? Que ahora veréis cómo es cierto: Ea, sortija! con la virtud de tú ensalmo, (pues aún no ha espirado) anima a este infelice: Nícola? Señor? Por Santa Lucia, pues me libró de su enojo el hacer la mortecina, que hagas, que mi amo el mozo perdone mis demasías, y no haya más. Ves, infame, (muerto corazón respira!) que el darle dos cintarazos, porque otra vez suvorrija, no fue matarle: Si yo vi entrarle por la varriga el espadín hasta el puño, cómo puede ser mentira? Ah, si yo pudiera hablar? Después de las engañisas del barril, y de la puerta, vienes con otra manía mas difícil de creerse? Chitón lengua, y pues me libra; que sé yo quien, no volvamos a meternos en camisa de once varas. Esta casa toda es una grejería: Jurara que le había muer pero a bien, que la a misma me desengaña. Vergante, que hayas de estar todo el día hecho un cuero? Ved, señor::: Auda a la caballeriza noramala. Y agradece, para que otra vez n embustes, que por mi padre mi razón no te castiga. Qué quiera tu gran prudencia tener estas sabandijas encasa. Para él no hay vino que baste. Hay más retaila, mas tiempo vendrá en que vean, que al fin la verdad es hija de Dios, y que el Foletillo mueve todas estas cismas. . Vagoso él el vejestorio allá dentro, y no prosiga en sus enredos. Aunque yo me vi morir, sería aprensión. Monsieur, Venid conmigo, tu prevente, hija, para que esta tarde vamos a merendar a la Quinta todos, si el señor Guillermo el favor nos facilita, de ir con nosotros. En todo es mucha razón que os sirva: Hermana, a Dios, aún no creo lo que he visto. Aunque se admira Chicho de lo visto, falta, que volviendo la tortilla, la pierda doble. Esperanza, si moriste ha tantos días, por qué en la ajena desgracia nuevamente resucitas? Dónde, sin ver, Señor, que la justicia te anda buscando, vamos, pues indicia tu descuido en salir a la Ribera, que quieres que te coja en ratonera, mientras Laura parece. Pues la herida que se creyó privarle de la vida a Ernesto, ya le deja salir, Favio, (por si consigue desmentir su agravio) de casa, es el natural, que ya olvide aquel primer rigor, pues aunque pide satisfacción, el ver que de su hija nadie hasta hoy sabe; nada hay que me aflija, en cuanto a ese temor, que a ti te altera, porque no habla con hombres de mi esfera eso de echar la mano en cualquier parte. Eso es verdad; mas para asegurarte, de que el Gobernador, Señor, te vea, y al verte libré crea, que en los Miinistros haha era gran cosa. Qué? Tierra del Pa No seas loco, y mientras la ansia mía, (si lo permite su melancolía) discurre, qué ha de hacer al mirar junta una, y otra desgracia; ve, y pregunta en el muelle (pues no haces aquí falta) si alguna embarcación llegó de Malta, y en caso de llegar, si en ella vino un tal Monsieur Guillermo Cesarino, pues me importa el saberlo. Voy volando; mas donde te hallaré después. Paseando iré el margen, cami no de Quinta, que es de Don Juan de Lara. Según pinta el que espera es (con intención secret a) el futuro marido de Laureta. Ea, imaginación, ya que quedamos los dos asolas, veamos, que hacer puedo en conflicto semejante, para encontrar camino, que adelante un paso hacia el consuelo; pero qué puedo hacer, o airado Cielo! sin saber, donde Laura se ha escondido del ceño de su padre, pues no ha habido aviso, ni papel, que me lo diga. Confuso corazón, noble fatiga, dejad de máquinar, y en igual suerte, pues no hallo más remedio, que la muerte, y todo cesa al último desmayo, pedidle al fuego, que dispare unrayo, cuya violencia rara acabe con mis penas. Para, para. Dos coches han llegado, do elúltimo, si yo no me he engaña es de Don Juan de Lara, que esta tarde, quizá vendrá a su Quinta, y pues que aguarde a Favio es fuerza, porque no en el paso me halle, es bien retirarme, aunque este acaso me ha excitado una especie bien extraña. Válgame Dios! si huyendo de la saña de Ernesto, por ventura, en fe de aquella en su opinión segura amistad, de Beatriz buscado hubiese Laura su patrocinio, y estuviese su recelo encubierto en casa de Don Juan? Esto es lo cierto. Que es cierto dijo aquella voz; mas cómo! sino hallo hasta ahora, ni el menor asomo, llego a creer, que pueda ser verdad lo que oí; y pues tiempo queda de pensarlo mejor, quíteme ahora de delante, entre tanto que mejora mi suerte la fortuna, Ya he dicho a usted, que no hay duda ninguna en que me dejó el golpe casi muerto. Cómo eso puede ser? Esto es lo cierto, como otra vez he dicho, y que no han de sacarme del capricho, de que hay en casa algún gran hechicero. Deja eso ahora, y mientras yo lo inquiero, ve, y dile al Hortelano, que la puerta de los Jardines abra. Miedo, alerta, y en esto de meterme en chismes, guarda, no me halle luego en otra zalagarda. . Como (porque cesase nuestro espanto) poner pudiera a Amira yo (entre tanto, que a su tierra le envío) que no se huyera en el primer Navió, que partiese a Levante, pues esto era importante para templar en Diego la locura, con que adora su voz, y su hermosura, pues su despecho es justo que corrija; pero ella con Constanza, y con mi hija hacia aquí llegan. Qué hermoso está el Mar, cuyos cristales en erizados penachos el muro a la Ciudad baten. Aún dentro del viento al Puerto las aguas encrespa. Zape, que en oyendo agua, me da Reumatismo en el gaznate. Qué te parece, Beatriz, la medida con que el aire templa del Sol los incendios. Qué hace lindísima tarde para divertirnos. Pues bien es que yo me adelante a mandar, que se os prevenga la merienda, tu esparciarte puedes por las arenosas rubias quietudes del margen. Adelantarme conviene, por si puedo antes con antes dar a la limonadilla de vino un salto, que enjuague la sequedad de las tripas; ahora quieren apostarme un cuarto ustedes, a que el Foleto mi compadre hace algún enredo nuevo, de los muchísimos que hace; pero ello dirá. Ea, Amira, pues el campo lo persuade, canta un poco. Cómo quieres, que quien siempre llora, cante. Todas tenemos también por más que nos la disfrace el disímulo del labio, y el engaño del semblante nuestro poco de tristeza. Pues no es posible negarme al precepto, obedecerte, sea el medio de obligarte: : Ay como con sus soplos el viento instable plácidamente mece ondas, y Naves. (aire Y hay como el golfo riza perlas a No lleguéis, porque no deje de cantar: No haré, pues suave su voz, rémora, y imán, para, lo mismo que atrae; pero vamos claro, pues creo que la esclava os hace un poco de fuerza. Y tanta; pero el hablar es dislate, en tan distante materia. Por qué decís, qué es distante? Porque su Ley, y la mía embarazan el casarme con ella, pues aunque esclava, en Belgrado es de linaje mas que noble. En esto yo no me atrevo a dar dictamen, haced lo que vos quisiereis. Por si el hechizo admirable de su voz prosigue, penas, dejadme escuchar, dejadme. Ay como en culce guerra de blandas paces, cristales se conjuran contracristales. y hay como el golfo riza perlas al aire! Poco a poco hacia la Quinta nos vamos llegando. Hazme, señora, el favor de que pues tengo en las soledades fiado mi alivio, quede en esa orilla a quejarme de mi estrella sin testigos. R. Como no riña mi padre, pues sabes lo que te estimo, tu harás lo que te gustare; y ventú. Pues te divierte oírme, una vez, y otra cante:: s , No sé si la siga; pero porque de mí no se extrañe, y más quedando tan cerca, lmargen (pues ya sentada en consulta al mar su es bien que me Aunque culpéis el atrevimiento, decidme, que es lo que os trane tan pensativo estos días? Para estartriste un amante, es poca causa un afecto desválido. Aunque eso baste, hay otra causa sin duda. Por señas, que de su achaque sois vos el motivo. Yo? Si pues viendo que me llama, en la carta que trujisteis, el gran Prior, porque me halle con los demás Caballeros, (después que por tal se me arme) en Malta, por si es contra ella el armamento, que hace Piy Alí de orden del Sultan: entre el amor, y la sangre, quisiera (como discreto mi Padre me lo persuade) cumplir esta obligación, y siento (ay de mí!) apartarme de Amira, temiendo, que me la quiten de delante para cuando vuelva. Y eso con un remedio tan fácil os aflige? Qué remedio? Saber si es cierto que se arme contra Malta el Turco; pues si será el rayo a otra parte, cesa todo. a - hs, Es verdad; pero qué es lo que miro delante de mí? Al Coloso de Rodas. Bien su estatua formidable lo dice; pero si a tanto, que no han quedado señales de él, quién le abulta? No sé, si ya no es que intente alguien sácaros de tanta duda. Cómo? Sirviendo de Atlante a esta nube, que desciende, a que en sus hombros descanse. Jamás tuve mayorsusto. Esto, por lo que importare, es tener buenos amigos. Dejadme Monsieur, dejadme, que para ver lo que falta, del asombro, me repare; qué he visto! El Grande Piy Alí. viva siglos immortales. Viva, viva. De los ojos pasó pasmo semejante a serlo de los oídos. Nada, nada os acobarde, que aquí estoy yo; y para qué la noticia no se tarde. sabiendo lo que confiere Piy Alí con Mahomer, su grande Válido, en el Gavineto: su concavo centro rasgue esa nube, mientras dicen confusas voces marciales, Mahomer, y Mustafá viv Oh el susto hace que engañe, o estoy soñando. En efecto, hoy sale a correr los mares Cristianos la Armada? Sí, porque el Gran Señor reemplace de Esclavos nuestras mazmorras, Teman, teman su Estandarte, con Gibraltar, y Valencia, Cartajena, y Alicante, Puertos del Mediterraneo. A lo menos ya se sabe, que está libre Malta? Es cierto. Y ahora para asegurarte, de cuán numerosa es la Armada, que roto el cal procura hacerse a la vela, siendo su gran Comandante Abdallá Joca; bien puedes al mirador asomarte, que caí sobre el mar, a tiempo que dicen los navegantes: Zarpa, zarpa. Vira, vira. Y desde el muro, en iguales aplausos, con tu Sultana de sus Damas las beldades. Ya desde el Muelle de Rodas a correr el Golfo sale en Barcazas, y Saetías, velera Ciudad nadante, diciendo añafiles, javebas, y parches: Arma, arma, guerra, guerra; buen viaje, buen pasaje (dos Jurara, que confundí, vagos ecos Militares, con músicas armonías, se oyeron hacia esta parte, en que se quedó Don Diego. Esta, por lo que tronare, lo ha de ver también. Alá, sino es que quiera engañarme mi imaginación, no es él que entre visos desiguales pende del viento un salón, en cuyos balcones yace, con otro, a quien no conozco, Piy Alí; pues que hay que aguarde al verle! Poned las proas, Pilotos, hacia Levante, pues soplabuen viento, y digan, faenas, y suavidades: , . Arma, arma, guerra? guerra. Buen viaje, buen pasaje. Ay hermosísima Amira! y quien pudiera embarcarse para hallar de ti noticias. Oh qué hermoso maridaje hacen ondas, y banderas, gallardetes, y celajes! Aunque aparentes figuras mentido vapor las cuaje, esto ha de ser; Piy Alí, mi bien, mi dueño, mi amante. otro nuevo susto, Cielos! Frénética mujer, qué haces? Que sé yo: señor, esposo, cómo, di, como a librarme no vienes? Cautiva en Trípol estoy, tu valor me saque de tan penosa violencia. Ten el acento, pues aunque cuanto ves son ilusiones, mis celos son realidades. Bueno anda el ajo. En la orilla del mar son las voces: Nadie quede, que en mi seguimiento no averiguen de que nacen. Pues viene gente, ya es fuerza que se desvanezca errante la máquina, que he fingido. Pues ya mi desdicha sabes, esposo, señor. Qué es esto? (me Ya que he conseguido hallar. adonde pueda serviros. Diego, hijo, tu voz aclare mis dudas. Para que intentas, que solicite informarte. mi asombro, si su motivo en toda la voz no cabe? . Amira? Mi susto apenas, por más que intento esforzarme, deja lugar al aliento. hay de mi infeliz! Andares. No dije yo bien, que había de revolver el potaje. mi camarada. A la Quinta llevad a que se restaure esa mujer, mientras yo, aunque no pienso alcanzarle, sigo a Diego. Y yo tras vos, (ble porque en sus quejas no me ha- Beatriz. Buena va la danza. Dios quiera que en esto pare solo sus drogas. Aunque se ha enredado lo bastante por ahora, otra vez repitan los vagos ecos iguales: Arma, arma. ya desde el muelle de Rodas a correr el golfo sale en barcazas, y saetias velera Ciudad nadante, diciendo añáfiles, javebas, y parches: Arma, arma, guerra, guerra, buen viaje, buen pasaje,

JORNADA TERCERA

JORNAda tercera Esto he de deberte, pues estriba en la diligencia mi sosiego. No reparas, Señora, que aunque yo quiera servirte en buscar a ese Caballero, es ir a ciegas, (da sin saber casa, ni calle. Aunque le oí, no se me acuer- el nombre de ella; pero esto con preguntar se remedia por enrique de Latur a tus amigos, pues fuerza es que alguno le conozca. Si haré; y a fe que es fi- neza, estando dado a la trampa por un paso de novela; que me sucedió ayer tarde con un muerto de costera allá arriba. Con un muerto? Pluviese a Dios que lo fuera con verdad, para que no solo por esta librea me dijesen mil infamias; mas no se me irán con ella, que aunque sea en tierra llana, lo dispondre de manera, que volcándolos se rompan cuatro gemes de cabeza. Eso habías de hacer? Sí, porque todo el mundo entienda, que aunque alzo un poco de co- do, y en materias de Taberna a cualquier hora un azumbre me sabe mejor que media; soy un Italiano honrado, y puedo::: Dios me defienda. Dónde vas tan asustada? Adónde he de ir, que no sea a echarme por un balcón, por salir de la ginebra de esta casa? Pues qué ha habido? Que yendo a buscar la perra en tu alcoba, la encontré metidita hasta las cejas en una excusa baraja de cintas, y diges llena en una cama colgada tamañita, con que al verla muy haciendo de señora, sin saber como esto sea, me asusté tanto, que temo que me dé alguna jaqueca. Qué me dices? Lo que presto podrás saber, si a traerla me ayuda Chicho. Me place: ha secreto, quien pudiera echarte en la boca nada de una de mis borracheras! Ya lo que antes fue cuidado, solamente a ser empieza admiración, pues tan raras continuadas extrañezas no pueden ser naturales. Hay busonada cómo esta? Ve aquí uste a la señorita muy grave, y muy peripuesta, como si fuera alguien. Yo no sé qué discurra, Celia, de estas cosas. Yo sí, pues anda aquí alguna alma en pena, amiga de Celindillas. No es sino: mas tente lengua, que ibas ya a precipitarte. Qué decías? Buena es esa: qué querías que dijese? yo me entiendo, y Dios me en- tienda. Sabes tú algo? Lo que sé, es, apurar una Frasquera de Jampaña. Yo lo creo. Mil veces en horabuena os halle ya menos triste, señora, aquel que desea, que tanto Sol disminuya el horror de tanta niebla. Yo os estimo la lisonja. Nunca creí que lo fuera la verdad. Cada vez, que delante de mi presencia veo el capote de grana, de miedo, y no de vergüenza, se me revuelven las tripas. Yo; que soy la camarera de Celinda, os doy las gracias. al mirar la cama nueva. en que está su señoria. Dejad esas frioleras, por vida vuestra; y sepamos, Madama; de que materia se trataba. Conociendo cuan imposible es que tenga mi mal remedio, hasta que cierto Caballero sepa donde estoy, pedía a Chicho, que la diligencia hiciera de hallarle, pues no sabemos su casa, para que puedan llevar un papel. Decidme (por si le halláis más apriesa) dónde asiste? Allá en la entrada del Domo, donde conversa con ciertos amigos. Pues si vos fueseis encubierta en un coche al sitio, dando una vuelta, y otra vuelta, no era muy posible hallarle sin fiar la diligencia de un criado? Es así; pero si queriendo que él me vea, solo hace la suerte, que me vea quien no quisiera, todo se pierde. Id segura, una vez que yo lo ofrezca, de que en el lance no habrá ni la menor contingencia; y porque perdáis el miedo, dado caso que suceda, oled este ramillete que os doy, pues él, de que quiera os sacará a paz, y a salvo Mirad que si en él::: Mi Reina, usted con seguridad se deje ir, que a bien que buena. mano está el pandero. El hombre tiene ancha la conciencia. Yo estoy tan sin esperanza de remedio, que me es fuerza restar a todo. Anda, Chicho, y pon la Berlina Inglesa. La qué? no es mala la droga, no teniendo en la cochera mas que un forlón, a quien ya se le han caído las muelas. Haz lo que te mando. Basta, y ahorrémonos de pendencias, que yo estoy tal, que me echara de la Torre de la Iglesia. Entrad, señora, a vestiros, porque tiempo no se pierda en la industria. Que un marido dé traza para que pueda buscar su mujer a otro! Como ignora quien yo sea, qué te admira? Y si tu padre, que ya en su convalecencia sale de casa, te atisva, y anda la marimorena? No quiera amor. Ya señor Foletillo, a la hora de esta, para zurcir la maraña de la Jornada tercera, tenemos a Enrique, que anda con tanto palmo de lengua buscando a su dama; un padre, que para vengar su ofensa, anda tras ambos; un novio enfermo en Malta; (por señas que yo he quitado las cartas) una esclava, que desea irse a su tierra por mí, con créditos de hechicera. Un curado por en salmo, que es Nícola, hasta que muera, cuando a mí se me antojaré; un cochero, que reniega de ver lo que le sucede; y sobre todo, a Laureta, que creyendo que soy yo el que ha de casar con ella, tiembla de mirar mi sombra, como si yo la tuviera. Pues adónde se habrá visto una ensalada de hierbas tan extraña; y esto es, que no metemos en cuenta (como quien no dice nada) las continuas apariencias de Jardín, Cuadro, Coloso, y:: pero mientras se engerga lo demás, demos lugar para enlazar las Ecenas, a que digan. is cuanto mi amistad celebra, señor Ernesto, el miraros tan alentado. No fuera yo infeliz, si del acero a la enemiga violencia que me hirió, hubiese perdid la vida. Ved, que ya es esa desesperación: callar es bien, que sé su tragedia, y que oculto a Cesarino tengo aquí hasta que parezca su hija. Pero ya que en vos hallar mi amistad desea consejo, como quien tanto aprendió de la experiencia en las escuelas del juicio, escuchad por vida vuestra mis desgracias, por si logro, haciendo lo que os parezca mejor enmendar en parte los cuidados, que me aquejan, las dudas, que me combaten, y los males, que me cercan. Ojalá pudiese yo enmendarlos, porque fuera vanidad mía el serviros en tan vidriosa materia, como en la que vais a hablarme. Ya la sabéis? Que la sepa, (días, no es mucho, cuando ha ocho que tu visteis (según cuentan) vuestra pesadumbre, y más, donde hay curiosos, que acechan novedades, y el contarlas, eslo mismo, que saberlas; pero, pues, para que hablemos en semejante materia, no es este buen sitio vamos, donde en parte más secreta confiramos lo que importa a vuestra quietud. Paciencia deslustrada fama antigua, mientras el tiempo se llega de la venganza, que tanto deseo. Que en vano espera el que nació infelice, (pera, borrar sus penas, que en vano es- pues nunca dejan, (ra: para ser insufribles, de ser eternas, que en vano espe- Bien a propósito, siendo Oráculo su cadencia, habló esa voz a mis ansias. Una esclava es, que se queja n de su desgracia, ignorante, de que intento, bien apriesa darla libertad. Señor? Qué quieres? Al ver que llevas contigo al señor Ernesto, nada, que embarazar pueda su visita. Pues aguarda, que breve es la conferencia. si algo tienes, que decirme. Está bien; qué poca fuerza para obedecer, había menester de mi fineza la loca porfía, pues a mandarme, que me fuera, me quedara yo suspenso en la armoniosa violencia de esa voz, cuya dulzura, diciendo otra vez, me eleva. Que en vano, o penas! minoraros procuran, (peran, ayes, y quejas, que en vano es- pues es la misma aflicción, que os repite, quien os aumentan: qué en va- no penas. Aún siendo a pesar de tantos reparos, como me cercan; deja bellísima ingrata; deja ingratísima fiera, que otra vez::: Pues porfiada vuestra caricia me arriesga nuevamente cadadía; idos antes, que me vean con vos, o yo me iré. En vano lo procuras, sin que sepa del frenesí de ayer tarde, (en quien confusa la idea fingió tantas, y tan raras, increibles apariencias) la causa: disimulemos, que en igual duda me deja. a mí el prodigio. De nada, que nuevo pesar no sea, podré informaros; y así me iré de vuestra presencia. sin responderos. Aguarda. Dónde vas? Dónde me lleva el imán de esa hermosura. Posible es, que no haya en- mienda en tu delirio? Ay Beatriz! que una pasión verdadera mal, tarde, o nunca se olvida. Dígalo yo, pues apenas . se aparta de mi memoria la ingrata correspondencia de Enrique: mas ven conmigo, quizá templara el no verla parte de la llama. Vamos, aunque es vana diligencia en tan implacable ardor como el mío. Aquí es bien que, pues viene hacia acá elcup nos esperemos. Señor, no me dirás qué manía nueva hay hoy? Gracias alhado, que ya salí del cuidado. No respondes? Mi alegría apenas decir podrá, (ay Favio!) cuán grande es; pues en el cupé que ves venir por la calle, va:. Quién? Laureta; y aunque tema que me lo estorbe otro acaso, hablarla pretendo al paso. Él viene con tanta flema, que hay tiempo de discurrir lo mejor. Este portal nos encubra en lance igual, hasta que pueda salir cuando ella pase. El cochno de Don Juan de Lara es. No me engañó el juicio, pues sin duda este Caballero, en fuerza de la amistad de su hija, oculta la tiene, y ella de esta suerte viene, por si la casualidad la dejaba hallar de mí. Para que en tan fausta estrella te asegures de que es ella, la has visto la cara? Sí; y al pasar, con un pañuelo, seña hizo de que la siga. En fin, ya suerte enemiga, sosegado mi desvelo, mi bien halle. Aunque soy loco, Dios quiera que no, esta vez, se nos vuelva rana el pez del alegrón. Poco a poco. Chicho es aquel, mi compadre. No la ves? feliz acaso! Cómo he de ir, si voy al paso de calesa de comadre? más fuerza será parar, pues a este rocín vergante se le ha aflojado un tirante. Pídeme albricias, pesar, pues de buscar a esta aleve, motivo de mi cuidado, queda Don Juan encargado. A hacer otra seña pruebe a Enrique, pues desde allí saber puede su deseo la casa donde me apeo. Pero ay infeliz de mí! que aquel es mi padre. Ves cómo otra seña me hizo? Si no es declarado hechizo, que me la finge, Laura es la que ocultó la cortina de ese parado forlón. Tente, que no es ocasión de salir. Pues qué imagina tu miedo? No ves a Ernesto? Sí, mas pues sin armas viene, ver lo que intenta conviene. Ya que a embarazar su ar- resto Enrique está allí, veamos si cumple este ramillete lo que su dueño promete. Enojos, a qué esperamos, pues ya no me he de quedar con la duda. Ea, valor, resolverse es lo mejor, pues solo el particular hechizo del ramo espero que me disímule ahora. Con que en fin, hija traidora: Mandáis algo, Caballero? No llegas? No, pues no es ella la que del coche ha salido. Cielos, yo pierdo el sentido.) Ea, favorable estrella, pues al verme se ha asombrado, s desconociendo el semblante, vaya el enredo adelante: no respondéis? Asustado, loco, absorto, y ciego, no . s lo que pasa por mí. No ves un Abate? Sí. Pues también le veo yo. (cia No hay duda en que la aparien- también a Enrique ha mentido, pues del portal no ha salido. al ver igual contingencia. Que la vi en el carrocín es cierto. En que Laura era no hay duda. Rara quimera! Y qué respondéis, en fin? Si de mi error puede ser disculpa la cortedad de mi vista, perdonad. No ay de que, pues el haber enredadose el caballo. solamente fue el motivo de haberme apeado; y pues vivo en esa casa, y os hallo con alguna turbación, ved, señor, qué se os ofrece? Qué supláis, si os lo merece; mi necia equivocación; y adiós. s . Ya de sus enojos a ser duda la ira pasa. No saldré yo de mi casa otro día sin anteojos. . Ya se fue. No veo la hora de salir de igual abismo. A mí me pasa lo mismo; Ahora bien, Chicho? Señora: pero hay Cristo, que en Abate la Madama se ha mudado. También este se ha engañado? pues a pie es bien llegar trate a casa, monta, y encierra. No es mala fresca por Dios: lindas gracias tienen los forloncillos de esta tierra. Repetir no oso de miedo la seña a Enrique, no sea que este pícaro la vea; mas pues sabe donde quedo, él me buscará, de modo, que en estrella tan cruel, como no le pierda a él, se acabe de perder todo. Ya se colo en su posada el señor hermofrodita. Por si igual duda nos quita, y más no arriesgando nada, esto ha de ser: ha cochero? De esa manera me llamo desde que sirvo a este amo; Quién es ese Caballero no me diréis, pues se infiere, qué saberlo es importante? Ahora bien, droga adelante, y que caiga el que cayere. En qué reparas, bausan? por no llamarte borracho. Don Cristoforo es Brancacho, Canonigo de Milán, que a casa de mi amo vino de otro huésped a la sombra. Y cómo el huésped se nombra? Don Guillermo Cesarino. Quién? No lo ha oído usted? Muerto me ha dejado el suste Y pues ya hice vuestro gusto, hacedme vos la merced de dejar que como un loro diga, puesto en mi almohadon, arre lerdo, arre morión, y mala muerte os dé un toro, En fin ya, señor, has visto el logro de tus quimeras. Solo falta, que tú quieras burlarme ahora, y vive Cristo que haga; pero ven adonde en el pasadizo oculto vea (aunque lo dificulto) por si aquí el hado me esconde a Laureta, si a Constanza, que fue mi antigua tercera, puedo ver. Tú de manera irás guiando la danza, que esto pare en coscorrón. Pero allá voy. Ciego niño, o deslumbrame el cariño, o alumbrame la razón. No prosigas, pues Atlante, Armada, Nube, y Coloso, por más que me lo persuadas, todo fue aprensión. Tu propio en nuestro jardín me dices, que viste otro igual asombro? Yo lo dije, mas de haberlo imaginado me corro. Cuanto vi, también vio Amira, de que fue bastante apoyo, o el delirio, o el desmayo. Amira, y cuesois dos locos; más caso que fuese fácil el engaño de los ojos, qué arguyes? Qué Cesarino, con quien yo me hallaba, solo fue. Calla, pues ver se deja, que todo ese mentiroso aparato mira, a que echando la culpa a otro, no se malicie en la Esclava. Señor, advierte:: Es ocioso convencerme; y pues yo presto sabré quitar ese estorbo, quédate con tus locuras, sin intentar cauteloso, que porque perdiste el juicio, le perdamos también todos. Niccla? Señor? En tanto que unos papeles recorro, si viniere Ernesto, avisa. Bien esta. Aunque me conformo . con su parecer en algo; pues desde que aqueste Novió vino a casa, todo anda revuelto; darme es forzoso por desentendido. En fin, porque una hermosura adoro me tienen por loco; pero porque desestimo el voto, si es cierto que lo es el hombre, que aún esta fino, celoso. . Aprensión, quien pondría esta sortijilla de oro en la mano, desde el día de mi mentido mortuorio, que aunque he querido quitarla para venderla, no hay modo de desasirla del dedo; pero Chicho viene ansioso de que le dé algún traguillo. Qué ay, Dromedario. Que ay, Lobo. Cómo va con las frasqueras? De pasmo, porque hay socrocio a la mano, y tal cual vez se suele coger un zorro. No me darás una copa por amor del Flos Sanctorum siquiera. Querido mío, la vez que a mi cargo pongo yo una cosa, no he de andar malbaratándola a bondo, para que otros se regalen. Ahora qué va, que te cojo (por ver si lo hace de miedo, . le he de amagar) y de un soplo te envió a que hagan contigo pepitoria los demonios? A mi pestes. Qué será lo que discurren tan solos Chicho, y Nícola! El cuchillo, pues ves, que yo no tengo otro, deja a un lado, y si pretendes ajustarlo a soplamocos, enviste. Sin que le deje, no te ha de picar el piojo, donde te alcance un cachete. , , t Ya lo veremos. Qué modo dentro del cuarto de mi amo es este? Vejete chocho; mas que te mato. A lo menos lo parecerá, si cobro yo esta sortija, pues ya quitado el ensalmo, es propio, que la herida haga su efecto. Muerto soy. Ay San Antonio, y que desdicha! Mujer, considera, que este es solo un chasco como el pasado. No hay quien castigue el arro- de un bribón? Qué ha sucedido, que das voces? Al ver como se ha de quedar Chicho, aunque yo remediaré su ahogo, me riyera, si pudiese. Señor, por mis mismos ojos vi, que con el cuchillón Chicho le pasó el meollo al póbrete de Nícola, Hecho un puro caldo gordo me he quedado. Señor, mira, que será otro chasco, como el de ante ayer. Chasco, y corre en fugitivos arroyos la sangre al suelo? Señores, como es este tranpantojo, que me hacen creer. Retirad ese cadáver vosotros, mientras llamo dos Esbirros, porque, o yo he de poder poco, o él ha de morir ahorcado. Por si aún no ha espirado, lías tras ellos. (cojo Amigo, lo que yo te ofrezco, es solo ir a suplicar al Boya que te pinche poco a poco. Pobre Chicho. Yo ahorcado, sin ser, como dicen todos, rubio, como unas candelas, para que al siguiente chorno, digan, la jácara nueva del señor Chicho Batocho, a quien: No llores, pues, aunque al subir desde mi propio cuarto me informó el suceso; no obstante, he de ver si logro del señor Don Juan, que dando alguna tregua a su enojo, medie yo en el lance. Ved, aunque por mí le perdono, pues nada negaros puede la amistad, que os reconozco, que la justicia: Él seo Chicho es honrado, es muy buen mozo, y basta haberme servido, para que yo cuidadoso de su libertad, procure, que no le prendan. Ignoro, como se pueda, pues luego un caso tan espantoso será público. En mi cuarto estará, mientras dispongo enviarle a Malta. Oh Foleto, mas noble, por lo piadoso, que el Solar de los Coritos, y la Alcurnia de los Godos! Yo la intercesión estimo. Y yo el castigo depongo, con tal, que no vuelva a verle. Aunque me han echado el a mi puerta, no llegó (rorro al difunto zampa bollos mi cuchillo con cien varas. Quedad en paz. Y gozosos, de que aunque los Esbirrillos anden haciéndome cocos, no pasen de los umbrales, pues sobre ser muy brioso, y muy noble, una vez que se encargó de mi socorro el señor Don Césarino, es mucho hombre por si propi para que le jueguen piezas. Sea en buen hora, pues te oigo alabanzas mías. Yo ahorcado, desacoto. Hasta luego: cuando, Cielos, de tan raros alborotos conseguiré salir, pues ni una ho- tengo en mi casa con quietud! o Señora? Qué traes tan asustada? Que Doñ Enrique::: Quién? Aí que no es nada, Enrique de Latur. Dilo, a qué esperas? Subiendo viene por las escaleras, para hablarte sin duda. Ay tal arrojo, si ya no es, que olvidado de mi enojo, busca a mi padre. Aquí ha de haber refriega, si Dios no lo remedia; pero él llega, como abierto encontro. Si mi osadía, bellísima Beatriz, aún siendo mía, merece perdonéis su atrevimiento, entrando aquí, mi noble rendimiento. muestre, que en nada disgustaros trato. Pues como descortés, pues como ingrato, osáis::- No es tiempo ahora de otra satisfacción, y así, señora; ya que os encuentro, donde mi esperanza solo busca el informe de Constanza, licencia de irme dé vuestra belleza. Cómo no sacan luces a esta pieza? Mi hermano, ay infelice! Y ya cogida nos tiene de la puerta la surtida. Llévale hacia mi cuarto. Cómo es esto, si está al paso mi amo con Ernesto. Pues por esa escalera, que secreta, al cuarto bajo cae::: Que yo me meta en semejante empeño? Llévale aprisa. Y qué dirá su dueño, nuestro huésped Maltés? Estoy turbada: en qué te paras, llévale, pues nada es peor, que hallarle aquí. Donde venía, buscando alivio la desdicha mía, otro pesar encuentra. Tú mientras yo le llevo, al cuarto entra de tu padre, probando la cuartada. Habrá, Cielos, mujer más desdichada. Venid, vos. Si haré, pues ya me es preciso restarme a todo. Pues usted lo quiso, paciencia, y barajar. A dónde a oscuras perdido el tiento voy; mas, pues, procuras hallar a Amira; amor, nada me asombra, pues es de la traición parcial la sombra, demás, de que no es nuevo, el ver que llega a estar mi pena muchas veces ciega; y así sin pedir luz, por si la encuentro, mientras al cuarto entro de mi hermana, es bien advertido paso, y voz. que, ocultando el rostro haces:: Sagrados Cielos, que he visto! Muchas veces sospechosa tu acción, quién eres? Quién fino (ay Laura!) encontró en tus ojos el imán de su albedrío. Enrique? Sí. Qué fortuna te trajo aquí? Mas qué digo! que pena es más propio, pues no pudiendo haber venido sino por esa escalera oculta, bien claro dijo mi agravio, que de Beatriz, resucitando el cariño por ella. Oh si como yo, en saliendo de este abismo, satisfaré esa malicia, pudieras tú! Ay amo mío! que hay mil cosas que contaros. Deja eso ahora, y ya que vino tan a favor este acaso, veamos en igual conflicto, que hemos de hacer: De una vez salir de igual laberinto, con valernos de Don Juan, subiendo a su cuarto. Lindo. Ya que no permite el tiempo quejarme de tu descuido en buscarme, mientras sé todo lo que ha sucedido desde el empeño pasado; vamos. Cómo es eso de iros? El huéspeda:: Peor es esto. Pues una vez que escondido aquí os hallo con Madama, (ya comienza otro emvolismo) fuerza es que sepa quien sois; y como de este retiro la queréis sacar? Enrique; pues ya es forzoso decirlo, este Caballero es a quien debo::: Y yo testigo. Vida, y fama; pues habiendo, dentro de este cuarto mismo, ocultándome hasta ahora cortés, galante, y benigno, me ha rescatado del riesgo. Aunque debo agradecido estar, siempre a igual fineza con todo, como es de vidro el honor; y esto de estar en poder de un hombre asido, siempre culpable, el saber quien sois, solo necesito para quedar satisfecho? Porque habiéndose valido de mí una dama, a mi honra toca el no dejar resquicio a la sospecha: (allá va, por si se rélame el niño, esa pildora) Yo, hidalgo, soy Guillermo Césarino, Qué oigo? Sórbete ese huevo. Que a casar En vano animo. Vine con cierta Madama, (a quien hasta ahora no he vis en Tr Dale canela. Bien el Cochero me dijo. Y oculto. No prosigáis, advirtiéndoos de camino, que la Madama de quien veníáis a ser marido, es Laureta; yo, por quién se ha hallado en tantos peligros; y, últimamente, quien a de llevársela consigo, aunque el mundolo estorbara. Eso no, pues sabré altivo embarazarlo, que basta haber el nombre tenido de su esposo. De qué suerte? Con la espada, pues mi brío no gasta otra voz. Ahora sale estotro pecadito. Enrique, mi bien, mi dueño, mira por mi honor. Ya miro; pero esto es fuerza. Ven, Celia por si a Don Juan dando aviso de lo que sucede, logra, ayudado de su hijo, estorbar tantas desgracias. A bien, que solo un pestillo hay en la puerta, y no pueden, mientras nosotras subimos, encerrarse por adentro. Qué respondéis? Qué os estimo el ser vos quien me provoque, para dejar desmentido el reparo, de que siendo quien disteis a Laura auxilio, riña con vos. Yo en tal caso nunca reparo en pelillos, y así renid. Qué repare me dejad el haber visto sin Cruz el acero. Acaso habré yo el primero sido que traiga sin gavilanes las armas? Pues hay quien dijo entre los diestros, que solo sirven de romper vestidos. No; mas han sido tan pocos los de esa opinión, que admiro que vos la sigáis. Mirad, que Laura, y Celia han subido a que el duelo se embarace, y es para este desafío corto el tiempo. Decís bien, reñid, pues; pero qué he visto? e Cómo va eso? Sin la hoja la guarnición ha salido de la espada? Es verdad; pero (de absorto apenas respiro!) Yo no sé cómo es, si no es haberse desguarnecido sin advertirlo yo. Cómo cabe no haberlo advertido? Y extraño, que un Cay como vos, sin más motivo, que dilatar la pendencia, se haya, industrioso, valido de tan desairado medio? Advertid, que habláis conmigo, y que un acaso Mejor era llamarle artificio. no os ha de dar tantos vuelos, que intentéis desvanecido ajar mi honor. Pues lidiando me desmentid el indicio, que aquí como están se juegan. Pues que esto basta imagino para los quites, así me defiendo, aunque no riño; embestid, pues. Bravamente le he bursado! Señores, entrad conmigo. que aquí quedaron. Enrique? Guiller mo? Suspended, digo, los aceros. Aquí no hay, Caballeros, mas que el mío. Mas qué novedad es esta? Esto es, haber permitido mi desgracia, que la espada se desguarneciese al mismo tiempo de sacarla. No es mi hija aquella? o mi de lirio me la finge; pero no me he de engañar vive Cristo. Cómo con el coche? Basta; y pues habiendo venido los dos, se ha de ajustar todo: volved a su primer sitio la guarnición vos, y vos el agudo acero limpio volved a la vaina. Ay, Celia! Pues el susto, y el conflicto me han deslumbrado de suerte, que hasta ahora no he advertido que está allí mi padre. Arriba sin duda estaba, y se vino siguiendo a Don Juan. Ella es; más suspenderé el castigo hasta veren que para esto. En fin, injusto hado impío, para todos hay pesares! Qué a ver haya yo venido este desaire! Ahora bien, Caballeros, pues yo fío de vuestra atención, que venza empeños tan nunca vistos, ved, cómo esto ha de ajustarse? Pues el Cielo me ha traído aquí no sin causa, dando, señor Guillermo, al proviso la mano a esa ingrata, pues ya el señor Don Juan me ha dicho, que vos lo sois. No es posible, pues con mujer que ha querido a otro, no se casan hombres. como yo. Pues vos, Enrique::: Tampoco yo puedo, pues aunque he deseado infinito esa ventura, a lograrla en vano, Diego, me animo, al mirar que oculta ha estado en poder de otro. Aloiros, no sé qué hacerme. Yo sí; pues llegando a ver omisos a ambos, con matar a Laura cumplo. No haréis, pues altivo sabré defenderla yo. Airados Cielos Divinos, clemencia. Ay tal bataola? Ve aquí ustedes, esto es lindo; cuando a su dama defiende, habiendo tantos testigos, hay espada entera, y cuando es de hombre a hombre el litigio no hay más, que la guarnición. Quién creyere::: Pues unidos vienen los empeños, veamos, si se discurre un arbitrio, que deje a todos bien puestos. Solo hay uno. Cuál? Deciros, que no soy el que pensáis. Señor? Hay otro diablillo? Qué traes? Cierto Caballero llamó a la puerta, salimos, díjonos, que te buscaba, respondimos yo, y Juanchillo, que estabas en este cuarto, con que bajando de un brinco la escalera, bien que siempre tuvo el semblante escondido, sin duda es ese, que llama. Bien; mas quién era no os dijo? Solo dijo, que acababa de llegar en un Navió, que vino de Malta. El nombre? 2. Don Guillermo Césarino. Qué Guillermo, o qué de monió es este, que a confundirnos ha venido duplicado? Ya escampa, y llueven pepinos. A mal tiempo viene esto hombre. otra confusión, destino? Dudas; otro sobresalto? Aí veréis, que no he mentido, Para salir de una vez de tanta duda, esto elijo. Qué haces? Abrirle la puerta: acábese este envolismo a palos, como entremés, ya que no hay otro camino. Buenas noches os dé Dios. No es el Cochero? No es Chicho? Mámosela, San Antón! Caballeros; a quién digo? cómo va? no estoy muy guapo con este vestido rico de mi amo Don Diego? Que este pícaro se haya atrevido a burlarnos de esta suerte! Pues cómo, infame:: Aspacito, que para decir quien soy, no a muy mal tiempo ha venido. Él lo sabe? No sé nada. Dilo, que yo lo permito. Sí, pues señores sabed, que el dicho huésped fingido, que tuvo oculta a Laureta, haciendo con su artificio, en aparentes visiones, las diabluras que habéis visto, es un Foleto::: Qué dices? Que desde Italia ha venido tras mí. Qué asombro! , . Qué horror! Qué admiración! Qué prodigio! Para qué son pataratas, si esto solamente ha sido un poco de pasatiempo; y pues están concluidos todos los empeños, vamos a urdir otros infinitos adonde me lleve el viento. Chi Qué hay? Acá conmigo, Amira. Ay de mí! A mi lado; que pues a este pobre libro de que en yanome yo, le hayan de apresillar el gatillo, y con esta mi señora a hacer un presente aspiro a Piy Alí, pues ya bastan las penas que ha padecido. Yo contigo? Yo a tu lado? De qué servirá hacer mimos si esto ha de ser? Bien decía yo, que andaba en este sitio algún Duende. Toda un alma me lleva en la esclava. Hijos, vamos despachando. Pues de esta manera salimos de dudas, por bien empleado doy su engaño. Reyes míos, cuando ustedes quieran fiesta, avisar con el cardillo, que yo empeño mi palabra de venir, pues quedar miro embustes en el tintero. Con que todo este enredijo le vino a pagar Nicola. Pues el desengaño he visto, tu esclavo soy. Yo tu amante; Feliz fin a tal principio. Esto espiró. Poco a poco; pues es forzoso deciros que hay aquí otra dama oculta de quien cuidar. San Francisco! Pues di, quién es? Celindilla. Vive Dios::: Qué desatino! Está todo eso ajustado? Sí. Pues alón. Aspacito Tramoyista, que me caigo. No temáis. Y aquí rendido pide perdón de los hierros el que la Comedia ha escrito.