Texto digital de Duendes son alcahuetes y el Espíritu Foleto
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Antonio de Zamora
- Atribución estilometría
- Antonio de Zamora Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Duendes son alcahuetes y el Espíritu Foleto. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/duendes-son-alcahuetes-y-el-espiritu-foleto.

DUENDES SON ALCAHUETES Y EL ESPÍRITU FOLETO
JORNADA PRIMERA
Quién dices, que es quien me busca? de apearse de la Posta. Porque de igual duda salga, ñi di, que entre. ( Si haré. Que fuera, que este acaso embarazara la dicha de ver a Julia, de quien por una Criada sé, que iba a ver a su prima. No mintió a mi confianza mi suerte, pues verme logro: Señor Génaro, a esas plantas. Señor Octavio, qué es esto? tanta fortuna en mi casa, cómo veros? Solo en mí; cuando tal Puerto señalan a mis fortunas, han sido venturosas mis desgracias. Vos er Florencia? Sí, amigo; y no con pequeña causa, pues huyendo la justicia, fue fuerza dejar a Mantua. Pésame, de que a mi vista tan triste motivo os traiga. Si usted lo dice, por no sustentar dos camaradas, que panzas al trote, vienen a ser mescas meridianas, para qué es eso? Borracho, tú, sin mirar lo que hablas, debes de estar como sueles. Maldita sea mi alma, si lo he probado en todo hoy. Pues mientras lo pruebas, calla, Nadie lo hecha en el candil. Qué fue el caso? Sin ventaja heri cierto Caballero, tan de riesgo, que quedaba (tra en los ultimos alientos; bien que esto no es lo que arras- a Florencia mi destino, fiado en la autigua, rara amistad nuestra. Mirad, que vuestro silencio agravia mi afecto. Quedemos solos, y sabréis todas mis ansias. Juanetín? Chicho? Señor. Salios fuera, y entornada esa puerta, avisa, si alguien me busca. Allá fuera aguarda, hasta que yo llame. Voy adverrido. Patarata: como si yo no supiera en los buenos pasos que anda. Venga usted. Y habrá a la mano un poco de miel rosada de cepas? No faltará. Conocéis aquesta Dama? Oh hizo la naturaleza una beldad duplicada, o esta es Irene, la hija de Ernesto. Dónde se halla, me decid? Tan cerca vive, que entre su casa, y mi casa, solo media otra, que ha mucho que tiene desalquilada su dueño. Gracias a amor, que tantas penas acalla con un bien. Estáis, Octavio, de ella enamorado? Tanta fue, al estrenar sus luceros, la actividad de sus llamas, que solo vengo por verla, servirla, he idolatrarla: pues el que me dio el retrato me aseguro, como estaba en esta Ciudad, si bien (ca el reconocer me ataja cuanto es fuerza, que en mí bus- vivas diligencias hagan sus deudos, pues el herido Quién? es. Don Carlos Gonzaga. Añadid a ese primer riesgo, que en Florencia se halla su pariente Ludovico de Medicis, en demanda de buscar al agresor, en fe de ciertas lejanas noticias, de que le vieron hacertránsito en Ferrara. Cómo halláramos, amigo, en sendas tan encontradas medio de estar encubierto donde pudiese mirarla, a lo menos sin estorbos, mientras este empeño acaba? Difícil es, pues tan raros extremos rara vez se atan sin atropellar los riesgos. Sí, mas la industria, y la maña de los hombres aún mayores inconvenientes allanan. Un medio se me había ahora u ocurrido de tan rara sutileza, para que pudieseis verla, y hablarla, seguro de que, aunque os busa quen, os hallen, como vos para ponerle en uso tuvierais valor, y. Aunque deseaba saberle, quedad con Dios, pues ya la amistad pasada no es como yo discurría. Qué decís? Que a quien me agravia, como vos, no es bien fiarle la mejor parte del alma. Tened, que también hay riesgos a que no basta la espada; y oídme, porque lo creáis, La casa desocupada, que os dije, que con la mía, y la casa de Madama alinda, a su jardín tiene una puerta, que cerrada hasta ahora, o no descubierta, por ocultarla unas ramas, limando la cerradura, os puede franquear la entrada a el cuarto bajo, en que vive; con que llegando a ocuparla vos, abriendo por el mío puerta, por donde se salga, y entre; mas creer es delirio, que oséis, ni aún poner las plana en ella. (tas Una nueva ofensa me añade cada palabra. No os admiréis, de que dude la acción, pues como en ella anda un Foleto, trasgo, o duende de los muchos de la Italia, por cuya razón no ha habido. nadie, que quiera alquilarla, no sería mucho creer, que siguiendo sus pisadas, hicieseis vos lo que todos. Mal conocéis a quien ama, pues cuando fuera el abismo el que el paso me franqueara. de verla, hiciera desprecio de su horror. Pues poco, o nada en intentarlo se arriesga, cuidando de la vianda. yo, y lo demás que es preciso; a poner empiece en planta. la idea tola. L 2. Señor. Se acabó ya la parlata? Y quién te mete a ti en eso? Quién me mete? quién me saca. Dame, Juanetín, las llaves, pues en tu poder estaban, de esa casa, que se alquila. Cuál dices? Esa cercana. del Foleto. Fole que? Foleto: de qué te espantas? Yo no entiendo de solías, chaconas, y zarabandas: mas qué es Foleto? Un crectro, (dan, trasgo, u duende de los que an- sin intención, o malicia, alborotando las casas. donde están. Y pregunto: ese. seor duende, como se llama; será diablo? Esa cuestión no me toca a mi apurarla, ni a ti; y pues basta saber, que todo ello ha de ser chanza; mostrad, hidalgo. Estas son. Y ven tú. Qué es, que yo vaya? Tú me has de quitar el juicio con tus cosas! Pues qué? tratas ir a vivir con el duende? Solo el que me mandes falta: iré donde yo quisiere: Si usted gusta de fantasmas. enredadoras, que a fuer de nuevas caranta maulas regalán con mazculillos, cordelejos, y sotanas, váyase solo, que yo tengo que ir a la posada por la ropa. Tiempo queda. No queda. Pues si me enfadas, habrás de ir a puntillones. Envaine ucé, seo carranza, que yo iré de bien a bien. Venid por la puerta falsa, que está más cerca; y suplid, pues me espera cierta dama, el que me ausente en dejándoos a la puerta: Si esta traza se logra, dichoso yo! Pobre Chicho, cuantas mantas te esperan! Lo peor es que no las habrá en la cama; hay hombre más desdichado? En qué te detienes? pasa. Ah de ser esto por fuerza? Adiós con la colorada. Anda, maldito seas tú. . O me miente la distancia, o es aquel, que viene allí, Ludovico No te engañas, que es el mismo. No quisiera que en esta ocasión llegara Génaro, y desconfiase de mi amor. Eso se salva con decirle la verdad. Si los celos acertaran a creer verdades, murieran algunas desconfianzas. Fiado, divina Julia, en cuanto os deben mis ansias, a favor de mis cariños me atrevo a llegar, a causa de rogaros nuevamente patrocinéis mi esperanza con vuestra prima, quien siem- pre tan divina, como ingrata, me desprecia. Creed, señor Ludóvico, que me holgara de persuadir sus desdenes: si bien sabéis cuanuraña se niega a todos; mas pues estos días anda mala, y yo voy a verla, haré, por veneer su repugnancia, cuanto pueda. Ludovico con Julia? O! pese a la rabia de mis celos, que no pueden explicarse cara a cara, no tanto por ser sobrino del Duque, cuanto porque haste saber más clara mi ofensa, no es bien arriesgar su fama. De suerte, que por la puerta del jardín, si acaso baja a él, podré entrar? Yo discurro, que Nicoleta, que anda siempre a su lado, me hará, a trueque de alguna alhaja, posible el logro, y ahora idos, porque la gente que pasa no nos vea juntos. Voy a ser animada estatua de su calle; y pues con vos de estas materias no se habla, tomad vos esa sortija. Si haré de muy buena gana. Qué es eso? Nada. Id con Dios. Si logro llegar a hablarla, consolaré los pesares, que el no hallar señas me causa del que hirió a mi primo. . Adiós. Viéndoos tan bien ocu- pada, no quise, señora Julia, llegar, hasta que quedaráis sola, a daros a entender, que lo he visto; y pues la saña que hoy disimula, quizá se satisfara mañana; quedad con Dios. Aguardad, que no será bien que añada, ni atrevimientos la duda, ni recelos la ignorancia. Puede mentir mi sospecha? Sí, porque al fin es villana. Y la prenda con que ahora sobornó a vuestra criada, también miente? También miente, pues, mas mi tío! Bien haya él, pues le tapó la boca, porque yo no vomitara la sortija. Fuerza es ya hacer a su fuga espaldas. Tápate bien. Si yo fuese tan dichoso, que encontrara este Médico Extranjero, que hoy, para pasar a Capua, hace transito en Florencia, quizá su ciencia templara las tristezas de mi hija, en cuya beldad mis canas cifran todo su sosiego. Puesto que en mí no repara, divertido, mejor es irme sin hablarle. s. Oh cuántas penas, ay Irene mía! me cuesta la extraordinaría condición tuya. Tras ella, por si pudí ese alcanzarla, (pues no es posible que viva hasta que me satisfaga) es bien que vaya. Señor, donde de aquesta manera vamos ascuras? Que fuera tan notable nuestro error, que una luz no hayas traído! Quién ha de creer, que entre- abierta no haya ventana, ni puerta? No obstante tengo, atrevido, de examinarla, aunque muerto me saquen de aquí. Agua va Qué tienes? Que me va ya apuntando el desconcierto. Que siempre tus frialdades me hayan de enfadar así! Señor, vámonos de aquí, por las tres necesidades. Ya no es fácil, pues apenas sabré por donde he venido. Jesucristo, que ya el ruido se escucha de las cadenas. Anda, y calla. Quién va allá? Hablaron? Yo no lo sé: que me da un que se yo qué, que no sé lo que me da. Raro caso! mas qué dudo, si está mi valor conmigo? Ay Dios mío! Quién va, digo? Quién lo pregunta? Quién pudó. Quién pudo? Ahora echas brabatas a un duendecillo hablador? No diréis quién sois? Señor? que me tiran de las patas! Yo soy de esta estancia sola el dueño. Esta casa no tiene más dueño que yo. Ya lo veréis: luces, hola. Toma, si purga. Un hombre es, y tiene el rostro cubierto. Cuál aprieta el desconcierto mas no ha de apretar después de ver como sus cautelas alumbran nuestras manías, si es trasgo enciende bugias el duende matacandelas? No sé qué haga. (soy, Caballero, pues ya veis, que un hombre y que en esta casa estoy; qué mandáis? Saber primero quien a ella os ha traído. Yo os quitaré ese cuidado en yéndose ese criado. Si es por eso, ya se ha ido. Chicho, vete, y a la puerta me espera. Y quién de aquí allá me alumbra? No faltara: hola. Tenga usted, y advierta, que aquí estoy bien con los dos. Que hayas de ser siempre así! Si me meneare de aquí, mala muerte me dé Dios. Ven, que yo te guiaré hasta el portal. Eso vaya, no sea que al paso haya quien me dé, sin que me dé. Hidalgo, vuelvo al instante. Señor Duende, a la obediencia. Duende yo? buena inocencia. Posible es, que no te espante quedarte en parte tan sola con él? Pues qué ay, que me asombre, sino es más que un hombre? Hombre? agárrale por la cola. Ea, travesura mía, a este hombre hemos de volver loco, para entretener el tiempo; que pues porfía, sabiendo que estoy yo aquí, en venir a estar conmigo, fingiéndome yo su amigo, podré conseguir así, a él, y a el criado traellos asustados con manias; y en suma hacer unos días carnestolendas con ellos: pues mi intención solo es, ver, que burlado se halle. Ya a la puerta de la calle queda mi criado, y pues bien es salir de esta duda, decid quién sois? Quién se humilla a vuestras plantas, en fe de que una honrada desdicha. os compadezca. Dejad aparte cortesanías, ociosas, y en lo que importa. proseguid. Qué ay, que prosiga, si la acción os dijo más, de lo que la voz explica? Pues dijo, que en esta casa; huyendo de la justicia. los ceños, vivo, a merced. de quien piadosa ministra los medios, para que en ella. descuida damente viva. Por donde, si a tanto tiempo, que nadie su estancia habita, y a mí selo se me han dado estas llaves, para abrirla, entrasteis en ella? Daisme palabra, antes que os lo diga, de que a nadie, aunque os costas- hacienda, quietud, y vida, (se no reveléis el secreto; Yo os la doy. Pues. Fuentecilla, fuentecilla, no corras, pues fugitiva, todo cuanto te esparces, te desperdicias Aquí Música? Sí, y ella os ha dicho lo que yo iba a deciros. De qué suerte? Como esa casa contigua, en quien la Música suena, y cuyo jardín confina con esta, es de Ernesto el Gobernador. La noticia os agradezco. Yo haré, que aunque el amor lo resista te declares. Pero eso qué hace a lo que me decíáis? Tiene Irene, su hija hermosa, una criada tanlinda, que, a competencias de su ama, si no la excede, la imita. De esta pues correspondido conseguí, que sucedida cierta desgracia, que ahora no es del caso referirla, en esta casa, en que estamos, me introdujese, valida de una puerta, que cubierta de ramas, cae a la umbría esfera de sus jardines; con que desde el mismo día, que yo la habito, hah hecho creon cautelosa mi malicia; que en ella anda algún Foleto, que es por lo que no se alquila, un año ha. Todas las señas . conforman con las noticias, que traigo; pues qué habéis he- para esforzar la mentira, (cho de qué hay duende? Cómo en Francia cursé la Filosofía con Pedro Abailardo, que es quien hoy la fama apellida el Májico de Salerno, aprendí de su doctrina algunas curiosidades, que los secretos practican de la Magia blanca, como lo prueban esas bugias, que aparecieron, de suerte, que con verdades fingidas, aparentes ilusiones, y continuadas manías, todos temen, y nadie entra a descifrar con su vista la verdad del caso. Es, hidalgo, tan nunca oída vuestra historia, que el creerla, se hace incapaz, al oírla. De cuanto os he dicho, puede desengañaros la misma experiencia; y pues parece, que estar en mi compañía os importa, he de deberos que cuarto, cama, y comida lo dejéis a mi cuidado, pagaddome esta hidalguía solo con no descubrirme. Quién vio tan no acontecida avetura? más qué puedo . hacer, cuando me precisa el tiempo, sino admitir su airosa galantería en fe de su confianza? Qué respondéis? Fuentecilla, otra vez a cantar vuelven y otra, y mil veces me echiza la voz. Parece, que os hace armonía la armonía. Yo confieso, que me holgará por la fama peregrina, que tiene Irene de hermosa; de verla. Ya conocida está vuestra enfermedad; mas si eso solo os alivia, no es difícil el lograrlo. Cómo? Cómo, divididas por el jardín sus criadas, templan sus melancolías con la Música, y quizás podrá ser, que divertida, pase por donde acechéis sus perfecciones divinas por esta reja. Qué reja? La que veis. Pues aquí había ventana? Si deslumbrado entrasteis, como queríáis, estando cerrada, verla? Ya, a pesar de las tejidas, fértiles, umbrosas, verdes, entredadas celosías, registro el jardín. Tened, que hacia la reja se arrima con la Dama del secreto, y porque verla, y oírla podáis sin susto, y que ellas. desde allá no nos distingan: Hola? Apagad esas luces. Nicoleta, o con continuas aprensiones, aún en esto me engaña mi fantasía, o aquí no había esta reja. Yo, como soy tan sencilla, no lo había reparado; Mas caso que sea fingida, qué novedad será esa, siendo la casa vecina la del Foleto? y sin duda, diablo de albañilería la habrá abierto, para darnos, chasco. No veis, como aviva la aprensión? Dejad, que ahora dé toda el alma a la vista. Qué oscura estancia! O. Esperanza, cuando no serás envidia? Vámonos, antes que haga alguna bellaquería de las suyas. Vamos, pues me está esperando mi prima junto al Cenador. Adiós, duendecillo de mi vida; Qué os parece? Que al descuido se ha dado por entendida de que os quiere. Como ignora, que hay otro, que yo, se explica equivocamente, y pues tengo bastantes premisas, de que la beldad de Irene, es solo la que os obliga a vivir en esta casa, yo he de hacer, que la consiga vuestro amor. Si tanto os debo. Callad, y venid aprisa a reconocer la puerta; que pues en buscar porfía su padre un Médico, ypero ya lo sabréis. Confundida mi atención, apenas sabe descifrar tantos enigmas! Pero así; cómo os llamáis? Yo para que en todo os sirva, me llamo Octabio Colona: y vos? Aunque yo tenía otro nombre, cuando todos el Foleto me apellidan, así será bien llamarme. Está bien. Mil maravillas he de hacer a favor vuestro; l como el secreto prosiga. Mi afecto siempre obediente la palabra os revalida. No va malo a la hora de esta el cuento, y cuando prosiga, . lo que ahora empieza en empeño ha de fenecer en risa. Aturdido estoy, mas como yo ver a Irene consiga, todo lo demás es menos. Parienta, seas bien venida. Prima mía, cómo te hallas? Con bien poca mejoría, sino es que me la adelante el favor de tu visita. Bien puedes creer de mi afecto cuanto, prima, solicita todo tu alivio. Señora Nicoleta, buenos días. Ya sabe usted, que yo soy su criada, mas que amiga, señora hermosa. En fin no ha de haber forma; querida; de qué temples tus tristezas? Ay Julia, que una aprensiva imaginación es siempre incapaz de ser vencida! Si uste en persuadir se cansa la local hipocondría, que tiene, encontrará solo dengues, y bachillerias de estomago. Si algo puede templar las tristezas mías, será tenerte a mi lado. Pronta estoy, si eso te alivia, a acompañarte, mas solo ha de ser porunos días, mientras un corto viaje mi padre hace; y pues convida la amenidad del jardín a gozar de sus delicias, haciendo ejercicio, vamos un rato. Ya en su florida estancia no pocas horas ha añadido mi fatiga, lágrimas a sus cristales, ayes a sus Amadrias; pero tú con las dos puedes, floreciendo cuanto pisas, pasearle, en fe de que yo estoy solo divertida, cuando estoy sola. Sabiendo cuanto ese alivio codicias, me iré: no es sino por ver si Nicoleta, vencida de mi ruego, abre la puerta a Ludovico. Adiós, hija, y allá te lo hayas con tus discretas majaderías. Hasta luego, primas Adiós, (ra, Y tú, que me has de hacer, mí- un gusto. Es alguna cosa, qué huela a alcahueteria? Sí. Pues para luego es tarde. Es posible, estrella esquiva, que contra mí todo el ceño de tus cóleras conspiras, sin ver que contra una caña injuriosamente lidia el Golfo, contra una hoja se desaira, si se irrita, el cierzo; y en fin; contra una desarmada navecilla inútilmente se flecha el rayo, que se fulmina? (me, Qué te ha hecho mi quietud, di- o tú, mil veces impía Fortuna, que así: mas, Cielos, qué es lo que mis ojos miran? Quién, sin ver quien le ha traído me ha dado la entretejida, matizada pompa de esta esfera vejetativa! Quién anda aquí? No es muy fácil, hasta que yo te lo diga, que lo sepas. Pero a nadie veo, y mucho más me admira ver, que entre las flores trae un retrato. Hay pobrecilla, que si no mienten las señas, te has clavado, como hay viñas! Callando, el semblante abona sangre noble, amable trato; mas de quien este retrato será? De Octavio Colona. Mas dudas la voz pregona! de Octavio Colona? Sí. Si querrá a alguien bien? A ti? A mí me quiere? qué es esto? Mas cuando le veré? Presto. Pues adónde se halla? , . Aquí. otro oráculo? Aquí está mi haja, bien llegar podéis, ya que la merced me hacéis de venir a verla. Ya siguiendo mi atención va vuestros pasos: ay amor, que mal desecho el temor! Hay más extraña quimera! qué fuera, Cielos, qué fuera, que al ver. Irene? Señor, Dame albricias, que ya he ha- al Médico, que buscaba. (llad Qué dices? Con esto acaba de acrecentar su cuidado. (do, Que al ver que yo le he busca- él se ha venido a ofrecer a tu cura; y pues hacer nos quiso tanto favor: llegad, pues, señor Doctor. Qué es Doctor? ni aún Bachiller, Si a la continua dolencia, que aflige vuestra hermosura halla mi estudio la cura, dichosa será mi ciencia. Solo de vuestra experiencia fío el alivio a mi afán: pero qué mirando están mis ojos? A mirar pruebe el pulso: que tanta nieve encubre tanto volcán? Según por su conjetura saca mi filosofía, está usted, señora mía, opilada de hermosura. No es este de la pintura el dueño! Qué peregrina! el pulso no determina enfermedad de importancia, y a males de extravagancia no alcanza la medicina. De la cabeza a los pies te mira. Quién hasta ahora ha curado a esta señora? Julio Batistín, que hoy es; segundo Esculapio. Pues que ha de ser preciso, creo, hacer junta. Ya que veo conseguido el primer paso; burlas, con segundo acaso, a lograr nuevo trofeo. En fin, qué habéis discurrido? Señor. Qué hay de nuevo; Fabio? Que allá arriba el caporal. te espera con un recado del Duque: Di que ya subo; y métele en mi Despacho. Ea, hija, con el señor Domínico Bertodano queda todo tu consuelo, infórmale muy de espacio de tu mal, mientras yo vuelvo. Con ella le deja? palo. Yo creo, señor, que viene mas a aumentar mis cuidados, que a aquietar mis confusiones. Ah, sí: por si puedo en algo granjear noticias, decidme, de Mantua aquí habéis acaso, en posada, o en camino, encontrado a un tal Octavio Colona? Qué escucho, Cielos? Quedo con ese recado. Con algunos pasajeros he concurrido de paso, pero no he visto tal hombre. Dígolo, porque a mi cargo tengo el buscarle, y a fe, que ha de pagar, si le hallo, la herida, que dio al sobrino del Duque por cierto enfado de unos celos; pero esto (jo? no es de aquír a Dios, que ya ba- Me huelgo, porque se venga a Florencia a alquilar cuartos. con duende. Desde que oí (a envivia!) que está arriesga- por otra dama, estoy cerca de aborrecer el retrato. (gan Que aún hasta aquí me persi- las iras de los contrarios! pero esto ha de ser. Quedito, que desde aquí agazapado la podréis ver. Mucho estimo el favor. Aunque le hago por vos, guardad para Julia todos esos arrumacos; mas cuenta, no hagáis alguna de las que soléis, y a palos salgamos del jardín todos. Id sin susto. Retirado avisa, si alguien parece. Mira, señor, no hagas algo, que huela mal: bueno estoy de Médico estrasalario yo, con un cuello a la cola, y con un Foleto al canto. (bre Mas qué miro? con un hom- no está aquí? Qué mal aparto de él los ojos! Soberana beldad, a cuyo milagro voté el alma en sacrificio; aunque este disfraz extraño a tu vista me desmienta, sabe, que amando tus rayos soy más de lo que parezco; y pues la suerte me ha dado esta ocasión de que sepas, que quien te adora es Octavio Colona. Hay más confusiones? Hay más penas? disfrazado mi enemigo solicita a Irene! No del uraño ceño tuyo contra mí fleche saetas el arco. Hombre, que en cada palabra me añades un nuevo espanto, qué dices? Que por primer favor, logre de tu mano ese ramo. Que esto sufra mi cólera! Pues acaso puede haber quien me merezca ni un desperdicio? Yo salgo. Eso es querer, que atrevido le tome yo. Vamo andando. Y eso es querer, que quien lo ha estado todo escuchando, os castigue. Ay de mí triste! aquí Ludovico? Andarlo: esto ha parado en tragedia. Caballero! sí, yo, cuando: No os disculpéis, que pues fuisteis el que hirió de muerte a Carlos Gonzaga, mi primo; sobra el nuevo lance en que os hallo, para que de vos me vengue. Mirad, para reportaros, que estoy aquí yo. Los celos son muy poco cortesanos. Celos dijo? esto es peor. Ya escampa, y llueven guíj ros. Quitad. Caballero que no es posible negaros quien soy, el saber os baste, que este jardín no es teatro competente a nuestro duelo: y que yo ofrezco buscaros, para fenecerle. No permite tan largo plazo mi cólera. Ni tampoco cabe en mi atención, estando sin armas, otra respuesta: ven, Chicho. Quién fuera Galgo en esta ocasión! Soltad, señora, u de temerario, me pasaré a desatento. No habéis de ir. O si los hados me deparasen la puerta! Qué habiendo a un traidor hallado, me burle? Mas de esta suerte, atropellando reparos, me he de vengar. Quién ha visto tan nuevo empeño! Criados, acudid al jardín todos. Ven por aquí. Dónde vamos? A dilatar este empeño; mas vive Dios, que no hallo la puerta; porque como es la primer vez que me valgo de ella, y por este jardín hasta ahora no me hecho cargo de sus señas, he perdido el tino. Toquen por ambos a muerto. Qué haré? Déjame, que castigue tanto agravio. Teneos señor Ludovico. Venid tras mí, que he escucha- (do la voz de Irene. Ahora entra, pues eres Doctor de garbo, Médice Cura te ipsum. Si haré, que yo solo basto; traes armas? Unas tijeras, con que me corto los callos. Ahora es ocasión, Foleto, de que me valga tu amparo. Si valdrá. Vuestro respeto me perdone, que mi brazo ha de dar muerte a un aleve. Cómo aqueste desacato se hace a mi vista? Qué es esto! Ernesto es! Toda soy mármol! Señor Dudóvico, vos descolorido, y turbado en mi casa? Irene, Julia, qué es esto? Yo ahora he llegado a las voces de mi prima. Señor, si::: Bueno anda el ajo! Decid, qué ha sido? Esto es, (fuerza es confesar en algo la verdad) estar aquí en hábito disfrazado de Médico, quien aleve hirió a mi primo. Esto es malo! Octavio Colona? El mismo. Qué decís? Que no me engaño, pues de su boca lo he oído: Ved si habiéndome un criado dicho, que hoy en vuestra casa le vio entrar disimulado, tengo disculpa de haber llegado, de cuarto en cuarto, hasta este jardín, en donde convencido de su engaño volvió la espalda. Qué me haya este traidor engañado! por dónde salió? Yo solo he visto, que sin reparo, ni atención, de que conmigo estaba el Médico hablando su arrojo::: No digas más, que ya estoy en todo el caso; y pues lo que más importa ahora, a una parte dejando el disgusto de mi hija, es el haberle a a mano; seguidme, registraremos el jardín; Gavino? Fabio? 2. Señor? Quitad, pues estorban, esos naranjos del paso. 2. Está bien. Venid aprisa. Aunque tan ciego haya andado, señora, que a vuestro Cielo cueste muchos sobresaltos, perdonad, por el motivo, la ofensa: Cielos, aspacio. Guardeos Dios. Qué es esto, prima? Que sé yo: ciego vendado, . por mí, con disfraz impropio, y en mi misma casa Octavio Colona, sin saber quien trujo su Copia a mis manos? mucho que pensar tenemos, mucho que temer llevamos? No te dije yo, que había Ludóvico de hacer algo, que nos echase a perder? Qué quieres; estemerario; pero vamos, porque quiero, que tú lleves a Genaro un papel. Pues es forzoso apartar estos naranjos, seo viejo, cada uno cargue con el suyo. Bien pesado se me hará Al que los toque le mataré de un balazo. Arre allá. Suplico a Usted::: Si se detiene disparo. Rey mío, yo solo hacía lo que me mandó mi amo. No hay más amor aquí que yo; Si Usted::: Vamos, que me enfado. Sí señor. Este es, sin duda; Gabino, el que van buscando: Ven, y daremos el soplo. Alón, pues. Alón. Octa vio? Quién llama? Yo; a qué esperáis? pues he venido a sacaros: de este riesgo. Chicho? Chicho? No respondes? Ven, borracho. Oye Usted, no estaba yo ahora vestido de naranjado, con fluecos verdes, y un medio tiesto por zapatos? Calla, y sígueme. Venid. tras mí, que yo le he encontrado. Esta es la puerta. Hhy, Irene! (pasos, Tomad bien todos los no se escape. Para que me tempujan, si yo ando? Cierra aprisa. Donde dices qué quedó? Junto a estos ramos salió a matarnos con una escopeta de diezpalmos. Qué se ha hecho? aquí no hay nadie. Con ún capote encarnado nos salió al encuentro, y esto lo juraré a treinta Santos. Veis como uno está caduco, y otro loco, pues yo acabo de verle en traje de Abate? Pues es, guiarse por criados, proceder en infinito; Venid donde nos valgamos de otros medios para hallarle. Señor, que es cansarse en vano; que él está aquí. Mas que yo os hago callar a palos, Aún los naranjos, Gabino, se fueron a buscar amo. Sin duda anda aquí el Foleto de la casilla de al lado.
JORNADA SEGUNDA
Jornada Segunda Foleto, pues a esta pieza, desde aquel aposentillo oscuro, a registro saco el arca de mis vestidos, mientras allí mi señor, sin dársele de ti un pito, escribiendo está el Correo: déjame en paz; mas qué digo? yo con todas estas barbas he de temer a un trastillo tan de moatra, que no hace si no alborotar vecinos? Vive Dios! pero al negocio; Señor arca, yo os suplico, que me deis mis arrapiezos: Primeramente un vestido de paño; no he visto cosa más bien rota; itenún cinto, que en otro tiempo fue ataharre. Itemunos calzoncillos blancos, aquí están, tan blancos, que se almidonan con cisco. Itenmas, unos botines de baqueta de borrico, para correr; carta canta: Todos los demás trastillos, como taba, pipa, y naipes, aquí están: ea volsillo, Veamos como va de sisas; uno, dos, tres, cuatro::: Cinco. (to Ira de Dios, que me han muer- Confesión! Unción! Baptismo! Qué me llevan! Qué me agarran! Qué es eso? Quién da esos gritos aquí? No hay quien me socorra, que me matan? Chicho, Chicho, qué ha sucedido? Exí foras. No verás, que hablas conmí, Eres tú? No me conoces? Estás solo? Qué delirio! Mira bien si está el Foleto en algún escondidijo. Aquí no hay nadie. Si ay; y aún por eso me retiro, hasta que, intentando nuevas drogas, pueda en otro sitio ir haciendo de las mías. Hombre, qué te ha sucedido, que así tiemblas? Que de esa arca, estando yo divertido, fue saliendo poco a poco, con ojos de basilisco, cola de lagarto, y rostro de Cárbonero de Limbo, un Gigante, como un monte y del primero solibio, que me dio con una clava; que traía; hay hombro mío! me tendió como un atún. Borracho, cuero, mosquito, qué estés siempre hecho una Uba! Dígole a Usted, voto a Cristo, que es el Duende, y lo será por los siglos de los siglos, para perseguirme a mí. Porque quedes convencido, lo he de ver. Mira lo que haces. Tienes razón, ahora digo que el Duende, que causa en ti todos estos desvaríos, esta dentro, porque está::: Quién? Un pellejo de vino. Qué es eso? Si no mirara, que es de mi valor indigno manchar mi espada en tu sangre, hiciera::: Ah buen Duendecillo! esto tenías callado? Ves, qué aprisa has convertido el llanto en risa? El Foleto es un hombre de gran juicio; y cierto, hablando de veras, que le debo yo infinito; porque solamente a noche me dio cuatro mazculillos. Ya le quieres? Me alegrara de que se viese conmigo despacio. Llamaron? Zape: esto es, que como me ha oído, me ha tomado la palabra. Aparta, sin hacer ruido, aquese cofre. Ah pelleje! cuanto tu visita estimo, aunque vengas del infierno! Bien podéis abrir, amigo, que yo soy. Este es Genaro; y pues abrir es preciso, quita esos trastos. Si haré. para ver si es blanco, o tinto el licor de la otra vida. Amigo, seáis bien venido. Aunque el llamar a esa puerta, bien creeréis fuese motivo de algún cuidado, mal pude excusarlo. Pues qué ha habido? Trocar en un breve tiempo la fortuna los Oficios tanto, que habiéndoos, Octavio, vos de mi amistad valido, vengo hoy a valerme yo de la uu estra. Por serviros nada habrá que yo no haga, al favor agradecido, que os reconozco. Usasted por acá, Caballérito? Oh Chicho! en la casa nueva cómo te va? De prodigio: porque un Duende Vinatero me trae unos pellejillos de cuando en cuando; y si ahora quiere usté echar un traguito::: Yo lo estimo, pero no lo bebo. Por el fociño? No seas desvergonzado: y para no confundirnos, ve, y en el Correo echa aquesta carta, advertido de no hacer de las que sueles. En cosas de tu servicio bien sabes tú, que no hay chanzas; pero si el tal Foletillo me espera a la puerta, y anda una gresca de solibios, qué haremos luego? Hombre, vete con dos mil demonios. Pico; y Dios quiera que no encuentre al Foleto en el camino. Sacadme ya del cuidado, (pues ese loco se ha ido) que me da vuestra visita. Porque me saquéis del mío vos antes, pues desde el día del lance con Ludovico, no nos hemos visto, sepa por qué no habéis admitido cuanto por aquesa puerta ha franqueado mi cariño para vivir aquí dentro? Como en aqueste retiro, a que me enviasteis, de nada de todo eso necesito, he excusa do ese embarazo. Ved, que me aviváis el juicio de discurrir (no sin causa) que el Foleto compasivo os socorra, y. También sois vos de los que habéis creído esa vulgaridad? Mientras el secreto no descifro, fuerza es creerlo. Pues ni creerlo podéis vos, ni yo decirlo. Aunque este silencio sea, resultando en vuestro alivio, fuerza es que ceda; y así que me digáis, os suplico, qué hay desde que no nos vemos, de Irene? Que convencido su ceño, en fuerza de ver que atropello los peligros por amarla, corresponde con favores mis suspiros, franqueándome la licencia de que por ese postigo oculto, todos los días entre a verla. Pues, amigo, lo que os vengo a suplicar, es, que válido del mismo artificio, a sus jardines, sino os fuere de perjuicio, me dejéis pasar con vos. Si os importa, no replico; mas qué tenéis que hacer dentro? La primer vez que nos vimos? no os dije, que iba llamado de una Dama? No lo olvido. Pues esta, prima es de Irene; y habiendo, con el motivo de asistirla en la tenaz dolencia de sus caprichos, quedado en su compañía u nos días, me es preciso buscar el modo de hablarla, por salir en tanto abismo de una sospecha. Está bien: y pues, habiendo yo dicho a Irene, que os debo a vos el secreto, y el arbitrio, y siendo las dos parientas, parece, que en conduciros no habrá reparo, venid. Pues a todo trance os sigo, guiad vos. Adónde queda Julia? En su cuarto se está con Carlina, mientras va al festín. Pues, porque pueda templar mi mal tu dulzura; canta el tono prevenido, all descuido qué hace. Pues estás segura, no hemos de saber, señora, de tu pena la ocasión? Si sabes, que el corazón arde, y tiembla, ríe, y llora, vive, y muere, sin cesar, qué más claro mi dolor te ha ha decir, que es amor? Bien: mas, para procurar aliviarle, no sabré también a quien quieres? No, que eso solo fío yo al secreto de mi fe. Pues yo lo he de averiguar. A qué esperas? Si ha de ser, ea, gáznate, a toser, ea, solfas, a cantar. Del verde capillo, Rosa, rompe la prisión incierta, pues para estar encubierta, de qué sirve ser hermosa? Ven No es mejor primero ver si está seguro el paso? No eso temáis, pues no acaso, viendo que la seña espero, decir al aire concierta aquella voz armoniosa::: , . . Del verde capillo, Rosa, rompe la prisión incierta. Ya Octavio la puerta abrió. Ya a Irene en el jardín vi. Mi bien, mi dueño; hay de mí! que otro hombre con él entró, para acrecentar mi mal. Aunque el verme acompañado te origine algún cuidado, mal hiciera, celestial Ídolo de este vergel, en dilatar la ventura de mirarme en tu hermosura, y más a tiempo, que en él tu fecunda planta airosa mil rosicleres despierta. , . . Que para estar encubierta, de qué sirve ser hermosa? Pues cómo? Pierde el temor, pues el que viene conmigo es mi amigo. Y tan su amigo, que fiado en él favor, que a su fineza he debido, para salir de un cuidado, a Julia buscando he entrado; mas si en esto he ofendido, si de osado, u desatento, a cualquiera de los dos, con irme lo enmiendo, adiós. Tened, que aunque enparte siento vuestro arrojo, ver es bien con quien venís. Ni viniera, si ella, señora, no hubiera mandadomelo también. Pues es razón, que encubierto de ella esté mi desvarío, ese cuarto bajo mío, que desde aquí vais abierto, es donde Julia está; entrad. De la fe, conque la adoro) seguro está su decoro. Yo lo creo así. Mirad, que me esperéis, al salir. Id sin recelo. Ea, amor, satisface mi temor. Porque logre desmentir igual susto, quién es, di, este Caballero? Es quien, de vermeyo a tus pies es motivo, con que en mí mal el reusarme cupo; pues amor a Julia tiene, atraerle conmigo. Irene? Mi Padre es, sin duda supo, que estaba aquí, y me buscado; hay de mí! Desecha el miedo, que oculto a tu vista quedo de este tejido enredado, cancel verde. Lo malo es, que ya, el que en mi cuare entró, mal puede salir. Pues yo lo remediaré después; disimula, que ya llega. 1a Si le habrá visto? Hija mía: en el jardín todo el día? Como a mi vista se niega tu desdén? Cómo consiste mi alivio en la soledad, dichosa infelicidad de las dolencias de un triste. Porque diviertas su afán, que venga a verte he mandado un Saltimbanquí afamado, que ha venido de Milán, cuyas raras novedades de balsamos, y invenciones, juegos, y adivinaciones, y otras mil curiosidades, asombro de Italia son. Yo el cuidado te agradezco, aunque el mal, que yo padezco, no se alivia. Ande el bribón. Ya andarán. Quién está ahí? (do Yo, señor, que habiendo halla- a este, que disque es criado de Octavio, le traigo aquí, mientras a la Cárcel va, por si algo de él saber quieres, Criado de Octavio! No eres, si caigo en tus señas ya, el fingido Platicante de aquel Médico traidor? Sí señor, y no señor. Airada Estrella inconstante, no es Chicho? Hablad con respeto, o llevaréis un reves. Paciencia, pues peores el Esbirro, que el Foleto. Esta carta, que le hallé, y que recatar quería, puede leer Vueseñoria. Muestra, que yo la veré? como es vuestro nombre? Chicho, Trufaldín Vatocho es, Trufaldín Vatocho? Pues? Ay algo sobre lo dicho? A Ansaldo Rufi::: , Piedad, airado destino impío! Yo he llegado, amigo mío, con salud a esta Ciudad, donde encubierto estar trato de otro enemigo, que hallé en ella, y donde encontré a la Dama del Retrato; avisadme brevemente en qué estado está el herido, y la causa, ya qué ha sido tan forzoso, que me ausente; y no olvidéis, por lo mucho que ocultarme solicito, de que puesto el sobre escrito venga a Génaro Carducho, cuya confianza abona lo que de él fío, y de vos: mil años os guarde Dios. Elorencia, Octavio Colona. Mi carta leyó, Esto es hecho. Génaro Carducho sabe dónde se oculta! No cabe el corazón en el pecho! Buena alhaja, porque evites, pues en la Ciudad está; el que en un potro::: Arre allá. Digas la verdad::: Confites: Declara aquí, donde en ella tu amo de mí se ha ocultado? Hay más enemigo hado? Hay más vengativa Estrella? Señor, si, yo::: Es por demás. Hijo, ofrecérselo a Dios: Quién os mete en eso a vos, vjete de Barrabás? Pues en vano es excusarte, dilo que sabes: De suerte, qué no hay remedio? Tu muerte. Pues al va de parte a parte. Qué amor, fama, y vida pierda por un loco? Hay infelice! que cuanto ha sabido dice! Ya usted del día se acuerda, en que acá, sin más, nimas, se entró mi amo? Al fin canalla! Sí. Pues desde entonces::: Calla. que tú me la pagarás: Santo Dio! Qué te ha dado? Que me cogé. Qué ha sido eso? Qué me la jura! Este hombre parece un poco embustero. Quién te la jura, vergante! Que le veo; que le veo! Hay más dudas! Hay más penas! A quién ves? A un Demoñuelo, que con el dedo en la frente, me ha hecho más de mil gestos. Adónde está? En esa Estatua; póngase usted de por medio, no me coja. Esta sin duda es astucia de Foleto. Pendiente de un hilo estoy! Ya está entendido el misterio; de suerte, pícaro infame, que con esos embelecos escaparte solicitas de decir, como has propuesto, lo que sabes? Pues allá lo dirás en un encierro: agarradle. Mire usted, que yo quiero, y que requ y como no esté la Estatua delante, yo le prometo decirlo todo. Chito: allá fuera, y acá dentro. Hay cuitado! que me hace otro coco. 3. Estese quedo. Ya estarán, que no son bestias. Señor, qué gritos son estos? Déjame, que ahora no estoy para malograr el tiempo: Ven acá, no dices, que cómo estés en otro puesto? declararas? Yo lo he dicho) Sí. Pues si lo he dicho, miento. Vive Dios! pero traedle, que en ese recibimiento del cuarto de Irene, haced el último examen quiero de su malicia; tú, mientras descifro tantos enredos, quédate a pasar la tarde en el jardín. Que te veo. Llevadle a empeliones. 3. Ande, o llevará cuatro muertos, Misericordia, Señor, Ama mía, no sabremos quién es este hombre? Necia, no apures mi sufrimiento, siendo tú quien más me aflige. Yo te aflijo? Raro cuento! Sí; y es verdad, pues me obligas, por no arriesgar el secreto, si que sin hablar me vaya, a Octavio. Diola de recio el entusiasmos. Fortuna, compadézcate mi ruego: Estocada día va de malen peor. Ea, esfuerza, ya ha llegado la ocasión de que me enmiende el acero la fortuna, pues no es bien fiar al bárbaro genio de un loco, amor, vida, y fama. Teneos, Octavio. Foleto? pues tú aquí, y en estetraje? No ahora os detengáis en eso, pues sabéis, que todos son aparentes fingimientos de mi malicia. Cómo quieres que me detenga, si advierto, que aquel loco ha de decir dónde me oculto? Ese empeño me toca a mí. No te canses, qué he de entrar? Si estáis resuelto, esta máscara invisible tomad, Octavio, sabiendo, que mientras la tengáis puesta, nadie os vera. Yo agradezco el favor. Id en buen hora, mientras yo a la vista quedo de lo que sucede. Amor, en qué peligros me has puesto! Buena anda la bataola: más, pues me espera el enredo del Chacharon Italiano, alón. Buena la hemos hecho! Pues qué has visto? Que tu tío viene entrando a este aposento, en cuyo espacio está el cuarto de Gabino el escudero, con más gente. Qué infelice es mi amor! No nos turbemos, sino vamos adelante. Si tú has discurrido el medio, di, qué he de hacer? Retirarte a la última pieza, puesto (to que no hay nadie en todo el cuar que yo volveré, en pudiendo, a sacarle por la otra puerta del patio. Aunque pierdo la dicha, estando celoso, de que quede satisfecho, a diós Julia. En el festín de esta noche nos veremos. Si puede, que a la hora de esta entró el Ratón en el Queso, pero no hay por donde salga. Pues llegan, disimulemos el susto. Ya que no quieres decir la verdad, pudiendo, mientras envío por más gente, que te lleve preso, aquí has de pagar el chasco, que nos has dado. Me huelgo. Señor, tengo yo la culpa de que un trasgo, trapacero, me persiga? Pero qué haces tú aquí, sobrina? Creyendo fallar a Irene en su cuarto, entré, pero ya mevuelvo. Esta bien, adiós. Adiós: qué mal el pesar desmiento de su riesgo! De tu cuarto me da la llave. Ahí va eso. Entra aquí. Cómo que entre? primero entrare al infierno. Mientras viene el caporal, aquí has de estar. Señor viejo, por todas las Letanias, que vean si hay alguien dentro. Hay no más que una camilla, un orinal, y un bragüero, para mis necesidades; y aún a eso le viene estrecho lo pequeño del esconzo, No hay remedio? No hay remedio Pues más que me lleve el día blo. Ahora bien, pues ya esto es he- cho, tú, Gabino, no te apartes de aquí, pues de este embustero cualquiera traición malicio. Al cuarto de Fabio entro por armas; y como yo quede de guardía en el puesto, no se escapará. Vos id, y haced, que venga al momento el Caporal con Ministros; y tú, Fabio, ve en un vuelo, y da aviso a Ludóvico, de que asegurado tengo de su enemigo alcriado. Está bien. Y ahora veremos si le valen los embustes, y pues esta noche espero al saltimbanquí, sepamos qué hace irene. Ya se fueron; y pues, duplicando engaños, es bien librar a este necio, porque la verdad no diga; y ya anochece, yo llego. Chicho? Quién es? Quién te libra. Si usté es el Duende casero, que anda zurciendo marañas, vuélvase, que yo no entiendo de esas drogas. Nicoleta soy, a quien Irene viendo cuanto peligra el amor, que tiene a Octavio, me ha he cho, que a darte libertad venga. Uste es Nicoleta? Certo. Criada de Irene? Ay duda? Oh cómo va anocheciendo, o yo veo poco, finge estos fantasmas el miedo, o he oído hablar en esta pieza. Pues ya todo está en silencio, veamos si puedo pasar al jardín, adonde espero hablar a Octavio. Quién va? Toma ese cuarto de queso. Vive Dios, que me han senti- do! Vaya otro poco más recio: quién va, digo? Foletillo, srho no serás una vez bueno, sacándome del ahogo en que me hallo? Sí, que luego lo pagarás todo junto. Gente hay aquí; qué hacer puedo a escuras? Pues ya volverme adonde estaba primero no es posible? No responden? Si será esta puerta, Cielos, la que yo busco? Hola, luces al cuarto de Irene. Ernesto es el que viene, y pues no hay otro recurso, esperemos, a ver que dispone el hado. Fantasmilla, pisa huevos, declárate, o vive Cristo::: Venite a vedere adeso miel sinorí le invencioní, qui servón di pasatempo a tuto il chenero humano. El Chacharon es, me huelgo. Entrad, y en aquesta pieza ver los primores podemos de vuestras habilidades. Reveriscor, como debo, cosi nobile, asamblea. El ruido que oí primero, fue aprensión, pues no veo ha nadie. Que mal, Octavio, cons tu ausencia. En ese bufete pon esa luz. Cavaliero, andiamo. El Chacharoncillo es pulido por extremo. Obligatísimo. Albricias, señora, que ya el conejo, que en la uronera dejamos, tomó las de Villa. Diego. Qué dices? Que ya no está donde le dejé primero. Sin duda tomar la puerta, pudo, Orsit, mi el sinorí, eco pronto oní instrumento dele virtute echelente, que manecho, eque posedo: bálsamo del Lorbierano, del Puisicuro, he perfecto, he questo; una Casetina di Vipere he questa; e questo, e un vaso di confechione di novo contra veneno, Novilísima cher con Ira de Dios cómo garla! Pue qué aguardas? Vamos viendo tu arte. Eco mi dunque pronto. Gabino? Señor: Y el preso? Encerrádito está el pobre, pues no ha entrado a este un alma. Y qué importaría, si yo aquí la llave tengo del cuarto? Comincho? Vaya. Ea, Chacharon, a que graciate 1 Il venino favor la mía persona, nos áspetí, si novile Corona, dudir dame le altrui charlatante, en me chamo Esculapio Rompílcolo, in omnia fui, per homnia adotorato, de morius a Aristrotile ho insenato, e laureato por per mandi Apolo. In fine el chacharare non fail caso, li oprefano conoscere il discreto, lo vengo a dispensarbí il mío secreto, la speza non emolta; e cono un vaso: Ma a qué serve? A qué vale? Oh del terreno gloyo prechato, unicho tesoro! Vale a risucitar turi coloro, que ofesí sumdalfero, he dal Veleno, serro, he Veleno? A que puodar la sorte di riguroso piu, di piuinspietaro, homo infeliche! o tú que sol sei nato per probar cosi fiera, he dura morte. Eco he un púñale inudo equesto un pero, écolo quitragito, hay menel sangre! Confuso helaso ya lo espirto langue o: la vista, ilseso, intelecto. Maque (obsérvate bene) eco aplicato ilmío remedio, qui me torna in vita; eco súbito quiusa la ferita, ecomí inún punto risanato. Ma questo epoco, inquesta oscura, atra prichione una altra morte esta rincusa; ecosi criní dil teschió di medusa, cuestí li áspidí son di Cleopatra: ad honor dunque disi nóvil chente, a gloria inmortal del nome mío, via vorachí martirí del oblio sachiate nel mío brachio il gordo indente? mísero me languisco! ay vengo meno, quí me conforta maí, qui me socorre, sento, qui ya il veleno al cor me corre, infalibile mío contra veleno, a te me recomando in tua virtute, con tuta sicureza mi confido a via, que de la morte mene rido seteno vele maní la salute; ya estobono, siñorí, qué le pare de la mea virtú? Que de esa suerte le puedes dar dos lhigas a la muerte. Me lleve el diablo, si Doctor pagaré. Por ver en ti la habilidad, que alabo, cien libras te he de dar: Esquiabo, esquiabo. Es una admiración! un portento! Sí; mas sin tanto escándalo sangri haz otra suerte. Vollén, que indovine cuanto sono indolfine, que están saprá del onde del Indiane Esponde, opur Vollen saper, que lo que pensa de él su Reño remoto, he silontano; de la gran Persía il vechio tamborlano? Oh Chacharon eterno! cuánto ofreces? Pues ya esta habilidad vi yo otras veces, dame licencia. Dónde vas, sobrina? Convidome Madama Franchisquina al festín, que esta noche en casa tiene, y es preciso asistir. Pues no va Irene? No, que nada, señor, mi afán mejora. Có la lo videremo. ponirlo Id en buen hora. Pe Ven, te disfrazaré. Libre Genaro, ya nada temo. Pues tu genio es raro; prosigue tú. Chacharoncillo, ruede. Desde aquí podré ver lo que sucede, pues la máscara encubte mi persona. Pues tanta, en fin, como tu voz pregona, es tu adivinación, veamos si acierta, debajo de esta llave, y de esta puerta quién está oculto allí? Lo so veniió: ma non lo vollo dir Padrone mío. Cómo lo has de saber? Gracioso cuento! Dilo, y si acierras, abro el aposen to, Siñor Gobernator, Vueseñoria me creda, que lo só per vita mía: per que rinquiuso dentro questa estanza del sinorí Gabino, Sanchi Panza, está un Cabalieri, quíde amor ferito vene, cual forescito intracha de una Doña de alto grado. Pues mira, como mientes, que un criado es de Octavio Colona, y yo lo abono. Chicho trufaldí? Ese. lan Bono, bono. Ay qué se ríe! Aún dura mi recelo. Que aún le tienen aquí? válgame e Un Caballero oculto? Ay infelice! Si es Octavio quién dice? Qué dices a esto? Que el sinori Chicho e un pezo, que escapó. Raro capricho! Esper que se conozca charamente, que di noí due il cherto diche, omente, busolino mío velo di Causina, in nome de Merlino, e Falerina: cresí, cresí. Esto ya es otra patraña. Embusteria nueva hay en campaña, con su manifactura, y con su prosa. Crescí piv; crescí piu, qué bela cosa! bien qui Chicheto viení? Chicho mío, belo tú, que estay quisoto, di questo busoloto, e di, quifu, qui conchiabe secreta ti lebó di la dentro? Nicoleta. Yo? En verdad, que es mentira. Aún con saber, qué es aprensión me admira! Si yo he hecho tal, me dé mal corrimiento. Calla, necia, y pues todo es fingimiento: di, para que te crea, quien, según los engaños de tu idea, en su lugar quedó! Vamos andando. ̱. Certo, que lo dirá, si lo lo comando: Chicho, dime, supuesto, que de una Doña amante manifiesto, sta la dentro nascolto ne la capa? Genarino Carducho. Tapa, tapa. Génaro dijo? No es verdad tampoco? Yo con este hombre me he de volver loco. A mí me echó las cabras el vergante. Y porque nada de lo dicho espante, a daros presto el desengaño aspiro. pero qué es lo que miro! abierta está; mas presto de esta suerte. A quién pase de ahí, le daré muerte, Ay Dios! qué es esto? Ya es verdad mi duda! Válgame un todo San Simón; y ayuda Hombre, qué haces aquí? Raro conflicto! Áncora vederemo, si mentito. alor, de ti me fío en tal aprieto. Sin duda el Saltimbanquí es el Foleto! No hablas traidor? A qué tu voz espera? A que lo enmiende yo de esta manera. Conpoada el ajo. o Sígueme Octavio? n Del cuarto bajo de Irene enfrente tienes el postigo, y pues Génaro va libre conmigo, goza de la ocasión. Traed unas luces. Jurara a treinta Cruces, que fue Chicho el que vi. Sustos crueles! quién va? Yo soy, mi bien, nada recele La voz conozco. Sígueme, callando. Quién será, quien me libra? pero cuando ir al festín consigo, pues ya es hora, en qué discurro? Dónde estás, Señora? No hay quién traiga unas luces? Quién da voces? Yo soy. Qué tienes? Mal mi mal conoces: mas donde en mal tan cierto el Saltimbanquí están, y el encubierto! Ay, Señor, que aquí hay droga. Calla, infame; y hasta que yo tu infiel sangre derrame, mira donde está tu ama. A consultar el susto con su cama, apuesto yo, que ha ido. Calla, villano, pues también has sido causa de mi tormento. Señor, si alguien ha entrado al aposento, Señor, si he abierto yo el aposentillo, mal novio me dé Dios. Mal tabardillo. Idos de aquí; y por ver en lo que para de acción tan nueva, de invención tan rara, el no visto suceso, ven, tu conmigo, Favio, que confieso, que ya de mi hija temo las manias. Toda esta casa ya es hechicerías. Honor, bueno estoy yo, habiendo avisado a Ludóvico, como ya el criado estaba preso; y lo que más me aflige, es, que oculto Genaro, mas qué dije? sin que antes vengue las ofensas mías. Luciente sombra, que mis pasos guías, oscura luz, que me hablas, y me nombras, descifradme el motivo de ambas sombras; pues te sigo medrosa, y asustada. Ay se lo dirá a usted mi camarada, que a mí en este paraje solo me toca la ración de paje. Pues una; y otra acción mi susto ignora, no sabremos quién eres? Quien te adora: Ay Octavio! Pues cómo de esta suerte dejas hablarte, y embarazas verte? Cómo todo, apariencia, es fantástico efecto de la ciencia, en que la Magia blanca se ha esmerado? y pues, antes que todo es mi cuidado, qué tienes? Cómo estás? Cómo quien vive de el mismo aliento, que de ti recibe. Ya que en tu cuarto estás segura, quieres, connmutando pesares a placeres, divertir algún rato tu tristeza? Yo estimo tu fineza: mas que me divirtiera solo arguyo, ya que este es gusto tuyo, hallarme en el festín de Franchisquina, adonde ya estarán Julia, y Carlina. Ah Foleto! quien para igual portento, fingiéndolo en el viento, tu habilidad tuviera! Aguarda, espera. Qué te suspende, di, de esa manera? Que al oír instrumentos acordados, crecen mis dudas, crecen mis cuidados! Ah buen amigo! pues por ti ya veo imitado al pincel de mi deseo el fingido teatro. d . no A corde el ruido la atención lisonjea del oído! Vuelve los ojos, y mira, cuan presto sé obedecer tu precepto, la lisonja, no me des el susto de creer, que el pacto. Pues ahora sabes, mi bien, que esto, y mucho más hacía Don Juan de Espina, sin él, aquel celebre Español? Y así suponiendo, que es representar aquí, lo que allá ha de suceder; diviértete con mirarlo. Pues tú lo mandas, si haré. Todo esto es ir avivando especies, para poder enloquecerlos, Bastón? Qué se ofrece? Qé franquéis paso a los máscarás, ya que convidan al Pazpie los Músicos. Qué adornado está el Salón! Siéntate, y descansa. Quién diremos? Un Caballero, que a ver viene el festín. Ya os conozco: entrad, Ludóvico, y ved, que habéis de dejarlas armas, Cómo por bien parecer solo vienen por el traje, nada de ellas receléis, Bastón. En ese seguro pasad; pero quién va? por Dama tiene licencia de entrar, sin satisfacer. Tenéis razón. Te divierte la vatiedad? Déjame fiar toda la atención a la vista. No diréis quién sois? Dos hombres vestidos de retazos de un Laqué. Genaro? Sí. Id en buen hora. Si no me miente el placer, aquella es Julia, mas presto de esta suerte lo sabré. Que me haya yo con Genaro querido venir a ver tanto fantasmón, por solo disfrazarme a la gasé! Trata de callar. Ya callo: pues de la uña me escapé del Gobernador. Madam, je buprí de perdoné la liberte, que je pran de buparlé. Croye mué, que jesuí si for hacius, que contrer búme feré un gran plejí. Quién va allá? Un hombre, y una mujer Entren. Según el aviso de Carlina, aquella es Julia, y si hubiera ocasión, bien procurara saber, qué ay de Irene: pero ahora por disimular, haré, cortejo a otra Dama. Entrad: si venís sin armas. 2. Quién de contravenir había al estilo? Ya podéis empezar el Baile: Toquen un minuetillo frances. Huélgense ahora, que ya lo vederemo después. Madam, fete mué lonur. de que prande se buqué. Guí da me jare Mosid, que ne pupa etre de mein. s For! Forbién. Brava gerga. Digamos todos forbien. Fiero desdén, pero así mas presto conseguiré, mi intención: Prene, Madam la pen, de sorti danje. Qué queje inpan sepa je le fere volentié ave que bú- Venirí. Qué lonje un otro minué; Qué danza de buena gana; le dijo. Cero, y vantres. Y si la voz no me engaña, el que sacó a Julia, es Ludovico. s. Qué ay, decidme, de mi amor? Qué ociosa es vuestra porfía, pues casi es invencible el desdén de mi prima, Si algo más de lo que decís, sabéis, desengañadme. Esto basta que sepáis. Qué es lo que a ver llegan mis celos? Quizá lo que es para mi esquivez, será piedad para otro. Qué decís? Mosin, danjé. Y para mandarlo vos, qué jurisdicción tenéis? La que da la ley del baile. Yo sé del baile la ley tan bien como vos. Pues cómo, si vos lo sabéis tan bien, dados de la mano, tanto en el puesto os detenéis, sin mirar que se da aluso, y se niega al interes? Tiene el Volante razón. Ni uno, ni otro la tenéis para advertírmelo a mí. Quién sois para tanto? Quién? así sabra castigar la desatención de haber culpadole de grosero. Hay más pesares! Tened. Pues mirad como tiráis, si no queréis que otra vez con lengua de acero os hable. Como en baile mío hay quien haga aquestas demasías? Hay Cielos! que con saber, que allá sucede, y no aquí, me asusta tanto tropel de acasos. Si aquella mano se hubiera de merecer, no la merecierais vos, sino yo. Más fácil es mataros, que desmentiros. Qué osadía! Mirad. Ved. Solo a mi venganza miro, Muerto soy! Ya te logre, celoso coraje mío. Ven, Carlina. Hay tal mujer! En esta casa es el ruido subid todos. Si ha de ser todo estragos cuanto mire, mejor es, que huya. Mi bien, señora, Irene. No hay quien en tan nuevo vaibén impida tantas desdichas! .̱ Pues sin azar no hay placer, Foleto, empieza a borrar lo que pintaste. Si haré: cuando unos dicen::: Tomad las puertas. Favor al Rey. Y otros con mayor verdad::: La voz de Irene escuché, venid todos. Raro asombro! No te admires, y ya que alborotada la casa, Irene no ha de volver, ven tomaremos la puerta: Confuso voy! Si me crees, sabe, que aunque has visto tanto, te queda mucho que ver.
JORNADA TERCERA
jORNADA TERCERA Quién da por su devoción a un preso de noche acá, que se fue a bailar, y ya le quieren hacer él son? Socorran con mano franca, señores, a este menguado con un amo enamorado, y un camarada sin blanca: den, pues::: Qué no has de callar ni un cuarto de hora? Niun Credo, No se como aguantar puedo tu genio! Pues no aguantar. Yo también preso no estoy, y no me quejo? Aspacito, que usted tiene su delito; y eso, y más merece hoy quien, pudiendo jugar truques, quinolillas, y cargadas, se andatirando estocadas contra sobrinos de Duques. No fue cosa de importancia. la herida, que le privó del sentido, y creo yo, que una vez dada, a mi instancia, la fe de la sanidad. saldrá de casa bien presto. Me pesa. Para hacer esto, para qué la novedad fue de ir al baile conmigo? Porque estoy excomulgado; pues habiéndomelibrado del vejete, cierto amigo, a quien no vi, pues me hallé en casa, sin más, ni más, me fui a llevar el compás a las solfas de Pazpie. Pues no te dieron con algo, no te quejes. Si me quejo, que ahora ha de vengarse el viejo por junto. Llegad, hidalgo, que allí está. Deja ahora eso. Señor? Juanetín? Amigo? Qué traes? Que vienen conmigo todos los trastos de un preso, y algo más. Ponlos aí; y sepa en desdicha tanta, qué ay de Julia? Carta canta. O si lograse, hay de mí! satisfacción el pesar de a noche. Qué ay, Juanetillo? He aquí espejo, he aquí cepillo, y recado de matar. De escribir, dirás? Qué ocioso nunca ha de estar el pellejo? Veamos, pues aquí hay espejo, si me he levantado hermoso. Qué te escribe? Con razones mi sospecha satisface. Qué buena cara me hace! Pero sus satisfacciones desmentiré de esta suerte. Haces bien, que es fiera cofa sufrir dengues de una hermosa. Ea, Chicho, vuelve a verte otra vez. En fin, cuitado, has caído en el garlito? No estuviera yo bonito, si me pusiera un tocado? Quién al baile te llevó, por salir con tu porfía? El diablo. Si llevaría: Mas pues ya eso se pasó, deja, que al persilno más me mire, pero qué vi, hay desdichado de mí! Qué es eso? San Gil! San Blas! Qué has visto? Un hombre encubierto de una máscara, que entró a matarme. Ese soy yo; pero mirad, que no es cierto, ni el intento, ni el disfraz, en que vuestro juicio yerra. Cómo? Que el Duende de guerra se ha hecho Diablo de paz. Caballero, qué mandáis? A vos solo os lo diré, pues solo a este fin entré donde, como lo notáis, ese hidalgo tuvo gana de fingir un desvarío. Ah mucho que yo no fío de los capotes de grana. Habiendo Octavio Colona sabido vuestro disgusto, para ofrecer, como es justo, a su hacienda, vida, y persona a vuestro servicio, quiso valerse de mi amistad; y pues ya de esta verdad podéis, en fe de este aviso, aseguraros; en cuanto a cierto secreto toca, dice, que de vuestra boca pende su vida, hasta tanto que el tiempo no abra camino: a cuyo fin su cuidado os suplica, que apiadado de su infelice destino, no reveléis donde esta, pues veis, que sobre su fama corre peligro una dama. Oído el mensaje ya a Octavio podéis decir, que habéis estado conmigo, (este es sin duda el amigo . que no quiso descubrir) y que, sin que haya mudanza, a no conocer, que amor disculpa cualquier error, al ver su desconfianza, me quejara de él, y mucho, pues por vos previene así lo que debo hacer por mí, que soy Génaro Carducho; sin que dude, que por él haga aún más de lo que deba, de cuya verdad es prueba ver, que os fío este papel, que ya escrito iba a envialle. con ese criado; pero pues de vos valerme quiero, prevenidle, que ha de dalle a aquella persona, a quien fuimos a ver ayer tarde. Está bien: el Cielo os guarde; mas que me vaya no es bien sin decir a ese criado que calle lo que ha sabido: Aunque está ya prevenido, él es tan desatinado, que lo ha de echar a perder en declaración igual. Yo sé bien, que no hará tal: y más, viendo, que a ofrecer le vengo yo esta sortija, con que su amo le regala. Vive Cristo, que no es mala! Y para que no se aflija, oíd a parte, si adelante os hallaréis en aprieto, solo con decir o? os libraréis al instante. Eso es cierto? Quién lo ignora? y el suceso hará más fe. Pues haga usted cuenta, que me Enfoleto desde ahora: Quedad en paz. Id con Dios: y no olvidéis el papel. Soy de Octavio amigo fiel, y quiero serlo de vos. Mirad, que el Gobernador viene. No ese inconveniente embaraza el que me ausente. Dice bien, porque en rigor con sacar la mascarilla, que trae en la faltriquera, se irá por adonde quiera. El oíros me maravila tan sospechoso de mí. Este es el cuarto en que están él, y el criado de Octavio. No ve usted como se va, sin que ninguno le vea? En buena mania das, creyendo que puede ser invisible. Ello dirá: más chitón. Señor Genaro Carducho? Qué me mandáis? Disimulemos, sospechas. . Solo saber como os va en la prisión? Lindamente, porque cada instante hay, con postas del otro mundo, correos de Satanas. Callad vos. Cómo qué calle? vive Cristo, que he de hablar mas que cien recién venidos. Con menos os bastara, pues con decir solamente adonde en esta Ciudad se oculta Octavio Colona, vuestro amo, libre quedáis por ahora. Yo lo dijera: mas si un Duende familiar, con su máscara de tizne, me anda de aquí para allá persiguiendo, qué he de hacer? Para ocultar la verdad, buen embuste habéis pensado. Qué es embuste? ya estará, por si hablo, desde el primer escondidijo, u desván, haciéndome la corona. Eso se remediará así: que llamen al Boya, y mientras, para apurar esto, y lo del aposento de Gavino, se le da, como disponen las leyes, un tormento, le bajad al patio de los Galeotes. Señor, por San Nícolas, el Santo de las Perdices. No creí, que su lealtad llegase a tanto. Ea, ven, que allá en el potro dirás cuanto sabes. Pobre Chicho, lo que te espera. Ay! ay! ay! y cual estara hecho ruedas el puerto del rabanal; pero Foleto me fecir, por si truena. Despejad. vos. Si haré: el Gobernador . trae una cara de agraz. Ya que hemos quedado solos, señor Génaro, escuchad. Decid: con susto le atiendo! . Tomad silla, Dónde irá esto a parar! Bien creeréis, que vengo a solicitar, e que entre vos, y Ludovico se ajuste la enemistad, que fue del pasado lance causa; pues no lo creáis, porque estando de por medio el Duque en esto, quizá porque sabe, que en el cuento hay dama de calidad, y habiéndose Ludovico portado tan liberal, airoso, y atento, que pidió vuestra libertad a su tío, en fe de qué fue de muy poca entidad la herida; a mi solamente me toca en empeño igual, según el orden que tengo, a vuestra casa mudar la carcelería, en tanto que logra su autoridad ajustar el duelo; y porque más brevemente sepáis el motivo con que os busco, leed esa Carta. Mostrad: sin duda es la que cogieron a Chicho; mas qué será lo que incluye? Yo sabré quien, a mi honor desleal, le entró en el cuarto de Irene, consiguiéndole librar después, matando las luces, pues ahora me importa más disimular, que inquirir. Ya heleido. Pues estáis de la malicia informado, qué respondéis? Qué podrá responder quien solo sabe, que desde que en la marcial palestra juntos hicimos dos campañas en Milán, no he visto a Octavio Colona? Es suya esta firma? Mal podré decirlo, pues nunca, no obstante nuestra amistad, me correspondí con él. Pues decid, de quién será? De algún enemigo de ambos, que ha querido despertar esa malicia. Y decidme, ese criado, que está preso, porque anoche iba con vos, no es cierta señal de que está aquí, y de que vos le encubrís? Bien puede ya haberse ido, habiendo estado primero; y averiguar eso no me toca a mí. A mí sí; y si no tratáis de no proseguir tan vano empeño, habré de mudar de atenciones. Haced vos lo que os toca en lance tal, como Juez, que yo sabré cuidar, aunque lo sintáis, de obrar como Caballero. Está bien; pero mirad, que si ahora salís de aquí, por lo que mira al desmán de anoche, por lo que toca a esta causa criminal, habéis de volver apriesa. A hombres como yo les dan poco susto las prisiones. No sé bien si lo acertáis. Cuando yo os pida dictamen, me podréis aconsejar. Decís bien; Celio? Señor. Preso en su casa dejad al señor Génaro, mientras, pues Ludóvico saldrá presto de casa, se ajusta la pasada enemistad de ambos. Está bien. En fin os resolvéis en callar? Qué he de hacer, si no sé nada de lo que me preguntáis? Pues sabed, que con vos tengo otro cuento que ajustar allá fuera. Cómo yo logre vencer el pesar, hay Julia! de mi sospecha, nada temo. Voy a dar al Duque cuenta de todo cuanto sucede, aunque en tan confuso abismo se enlaza ceguedad a ceguedad. Sea del pasado susto, prima, la convalecencia en hora buena mil veces. Asegúrote, que apenas me deja libre el espanto. Dígalo yo, que hora, y media tratando estuve en garrotes, manteca de hazar, y friegas, para aliviar sus manías. Posible es, que tan violenta fue la aprensión? Pues porfías, ya el decirte, Prima, es fuerza, que tú tuviste la culpa. Yo? Sí; pues si tú no hubieras detenídote en el puesto a confianzas secretas con el nuevo Vandolero, no celos tenido hubiera el encubierto volante. Qué dices? Que la tragedia. de uno, y la prisión de otro motivó tu inadvertencia. el Demonio se lo ha dicho! Cómo; si fue la pendencia en casa de Franchisquina, te tocó a ti de tan cerca? No sé. Yo sí, pues tenemos un cardillo, que nos cuenta cuanto pasa. Pues me cansa hablar en esta materia: ha Jardinero. Señora. Vos respondéis? Qué extrañeza os hace el verme? Es que a mi ama le parecéis cara nueva. El antiguo Jardinero vuestro, esta de una dolencia incapaz por unos días de asistir, y porque tenga este vergel quien cultive su deliciosa floresta, me pidió (por ser su amigo) que en tanto que él convalezca, cuide yo de él. Bien está: y pues corre a vuestra cuenta, soltad las fuentes, que quiero ver como me lisonjean en los surtidores tantos, vagos diluvios de perlas. Hhy Jardinero tan cuco! Ya que para vos se queda la lisonja de las ondas, la señora Julia tenga la de las flores, tomando este tulipan, que estreña temprano copo del Marzo despertar la Primavera. Yo os lo estimo. Venid. Vamos a ver si hallo yo violetas. Que esta mujer me embarace hablar, haciendo la seña a Octavio? Por si se aparta, iré haciendo la desecha por esta calle, hasta que pueda, tomando la vuelta, volver a este sitio. Ya que entregado el papel queda de Genaro; mas que anda con él la marimorena? Qué novedad has hallado en esa flor, que suspensa la miras? Mas de la que puedes discurrir; mas llega, y repárala despacio. De papel es, y con letras por esotra parte? Es cierto: pues de la tinta negra el matiz; mas de esta suerte lo sabremos bien apriesa. Hhí, señora, qué es billete! Por si alguna nos acecha, en tanto que yo le leo, canta, tomando esa senda: Oigan el alcahuetillo del mozo, cómo se ingenia! No te pares. Allá va esa copla jocoseria. Piensa Gileta, que sé donde mata, y no sé donde entierra: Qué donosura! Qué friolera! Pues todo se sabe, aunque nada se se y Aunque la voz desconozco, fuerza es que de Irene sea la seña. Ya son dos dudas las mías, pues es la letra de Genaro. Pero allí, vuelta la espalda a la puerta; esta; y si el pesar no engaña, (mas nunca engañan las penas) lee un papel. Que así desprecie. mi satisfacción! Qué fuera qué fuese de Ludovico? pero de aquesta manera. Quién está aquí? mas qué miro! Quién, por más que le defien- das, ha de saber. mas ay triste! que es Julia. Hombre, cuya ciega planta este jardín profana, y este respeto atropella, qué buscas aquí? Perdona, bella Julia, estas ofensas, en fe de que. No he de oírte. Amor. En vano lo intentas; y pues ya tarda el castigo, Qué voces son estas? Irene aquí? esto es peor: Prima, pues de qué te alteras tanto? pero ay infelice! que él sin duda abrió la puerta, engañado de Carlina, y le ha visto. Porque sepas a cuanto llega el arrojo de ese loco, considera si debo sentir, que estando (fuerza es que el motivo mienta) leyendo esta carta, entrase, sin saber por donde venga, a hurtármela de la mano. Ay tan rara desvergüenza! pero déjame tú a mí, pues me toca a mí la ofensa de entrar en estos jardines a averiguar su cautela, que yo haré que le castiguen: Aquí hay malicia; y aunque ella piense que me engaña, es bien que yo finja. De manera; que arrebatarte el papel! intentó? que esto consienta mi vanidad! Tanto fue. su arrojo, que si no hubiera sentídole, lo lograra. Pues, villano, como. Espera; y pues lo indigno del blanco es desaire de la flecha, no le riñas tanto, prima. Yo haré lo que me aconsejas, mas porque tú me lo mandas, que porque él me lo merezca. Entre bobos anda el juego. Quién no te las entendiera. Por acabar de leer el papel, me voy. Que sea tan adversa mi fortuna! Adiós. Adiós. Buena queda: si este es el galán oculto, que a este jardín sales, y entra. Traidor, aleve, pues como, donde yo saberlo pueda, prendas de otra dama buscas? Vivo yo No consideras, irritado dueño mío, que, por juzgar que tú eras, como no la vi la cara la que mandó hacer la seña, la hablé engañado? Y qué causa (dado caso que yo fuera) tenías, para inquerir quien me escribe, siendo ofensa que hace tu desconfianza al tesón de mi firmeza? Ya lo veo; pero mira, rara vez amor acierta con celos. Si eso lo haces porque yo no hable de aquella oculta Dama de Mantua; origen de la pendencia, haces mal. Ojalá fuese tan mentira mi sospecha, como la tuya. Mejor es no oírte. Mira. Suelta, aleve. Advierte. Con quién, Irene, tan descompuesta? mas ay infeliz, qué miro! . Qué le diré, que no sea nuevo empeño? Ya, fortuna, desconcertaste tu rueda. Llegó mi mal a su extremo. No habláis? más para qué espera, ni más informes mi duda; ni más voces mi evidencia? Traidor, tú aquí repitiendo de la osadía primera el arrojo? Yo, sí, cuando. Mas para que es bien se pierda el tiempo, Fabio? Lisardo? 2. Señor. Qué mandas? Qué ordenas? Que, pues aquí la ventaja no desaira la nobleza, me ayudéis a una venganza. Pues qué es, señor, lo que intentas? Qué he de intentar, alevosa, sino matar al que afrenta, entrando en estos jardines, mi honor? No de esa manera vuestra cólera os engañe; pues yo. Suspende la lengua, y date a prisión. Mirad, que si la causa os empeña, que dejé pendiente en Mantua, ya es ociosa diligencia; pues ya libre del peligro Don Carlos Gonzaga queda, como asegura esta Carta. Suponiendo, que sea cierta esa noticia, no basta, para que os mate, u os prenda, hallaros aquí violando el respeto de esta esfera? Pues la máscara invisible traigo aquí, me valdré de ella, cuando no haya otro camino a mi fuga: Yo estoy muerta! Qué decís? Que de este modo. solo mi espada se entrega. Matadle, pues se resiste. Irme retirando es fuerza, hasta que, obrando el engaño, me libre. Tirana, adversa, indignada suerte mía, donde iré, que no suceda nuevo riesgo? Dónde yo de tanto riesgo os defienda. Quién eres, hombre? Quién viendo, cuanto vuestra vida expuesta queda al último peligro, por esa puerta secreta piensa libraros. Pues cómo quieres, sin saber quien seas, que de ti me fíe? Cómo, para que esa duda venzas, todos los secretos sé de tu amor, como lo prueba el haber puesto en tus manos, sin saber por donde venga, de Octavio el Retrato; y pues nada en escapar arriesgas, habiendo de darte muerte tu padre; a qué aguardas? Cesa; que antes pretendo morir, que seguir a quien no sepa quién es. Dónde vas? La acción lo dirá mejor. Espera. Ay Dios! quién me ase la mas no; sin verle? Yo soy, no temas. Octavio? Sí; y pues debí a la invisible cautela de esta máscara, quebrada la espada, el que a sacar vuelva tu hermosura del peligro, qué resuelves? Yo en tu ausencia la aconsejé, que pues tiene el camino de está puerta, se asegurase en tu cuarto. Oh cuanto a vuestra fineza debe mi amistad! Octavio, pues mi muerte ha de ser cierta; y tú eres mi dueño, elige el modo de que lo seas sin tantos sustos. Pues ven conmigo, antes que nos vean los que nos buscan. Malicia. Atención. Acecha. Acecha. Esta es la puerta, que al cuarto sale de Genaro, entra. No me lo riñas, decoro. Guardándoos mi valor queda la espalda. Sé alguna vez en mi favor, contingencia. Pues se halla en aprieto Chicho, voy a sacarle de penas, mientras estotros escapan. Gavinillo? Nicoleta? Lo has visto? No, que son sigos: y tú? No, que son almendras. Y ahora qué falta? Parlarlo, que para eso tengo lengua. Pues parlemos. Si no es ya que el aire te desvanezca, adónde, traidor, te ocultas? pero quién está aquí? Buena. Quién ha visto. Quién ha visto. Que mi ama enseñó soleta con un hombre. Y que se fueron por la boca de esa cueva con trampa, y todo. Qué dices, villano? qué dices, necia? pero ay infeliz! que el verde disímulo de las yedras una puerta oculta, vamos donde de armas me prevenga, y gente, para seguirlos. Mira lo que haces, si entras a la casa del Foleto. Aunque su oscura caberna fuera del abismo, osara atropellar sus tinieblas. 2. Pues vamos. o, y señor, queue nuevo motivo altera tanto tu quietud, que anda toda la casa revuelta? Qué sé yo: déjame ahora, que no estoy para respuestas, que no sean iras: honra, no lo eres, si no te vengas. Hay más raras confusiones! mas ven, que para que sepa Génaro a quien burla, tengo de ir a buscarle, aunque muera: El diablo anda en esta casa, Dios nos saque con bien de ella. Entra sin miedo, hermoso dueño mío, que vas conmigo. Pues mi honor te fío, cuida de él, y de mí. Pierde el recelo, pues me influyen las luces de tu cielo. Qué oscuridad! Al cuarto del amigo, que de nuestros amores es testigo, pasarás por aquí, que en él procuro, (mientras de otras sospechas me aseguro) tu vida resguardar en tanto aprieto. Dónde me llevas, Arliquín Foleto? Oíste una voz? Si oí: mas de un acaso nada receles, y acelera el paso, pues ya tan cerca tu sagrado se halla. Todo me da pavor. Sig la, Diablillo corredor, que a este aposento me traes desde la sala del tormento, con tan notable prisa, que vengo en calzoncillos, y camisa, no me dirás si acaso me has traído a la Noruega? No, pues has venido donde te favorezca, y no te aflija. Quién? Quién te dio en la cárcel la sortija. Sí? pues disponga usted, que nos veamos, pues a escuras estamos las caras, y no hay nada de lo dicho. Foletillo? Señor. A lumbra a Chicho. Alumbra a Chicho? doite un real de a ocho. Entre él seo Chicho Trufaldín Vatocho. Qué es que entre? ira de Dios! Para qué grita? No hay quien traiga un costal de agua bendita? Digo, ha criados de escalera abajo, a vestir al seo Chicho. Ay tal trabajo! así estoy bien, seo Duende. Qué simpleza! Calle, o sino. Qué habrá? Cortar cabeza. Él seo Chicho Vatocho sea bien llegado adonde se le vista con treinta diablos, que al fin es bueno aún el tener amigos en el infierno. Bueno estoy yo con capírote, y saco! Quiere usted un polvillo de tabaco? Qué he de querer? que os dé la mala peste, Duendes de munición. n Qué ruido es este? Ahora nos sale esotro echando fieros? A muy felices noches, caballeros. . Quién está aquí? mas qué es lo que he mirado? quién eres, hombre? Un mísero criado, que anda así por seguir vuestro capricho. Habla, o te mato; pero Chicho? Chicho? qué haces en esta pieza de ese modo? Qué he de hacer? pese a mí, pagarlo todo: pero mira primero donde el Foleto está. Qué dices, cuero? Que a pique de zurrarme la badana, aquí me han hecho. Qué? Patagalana. Cómo? Cómo ya estando cerca el plazo de lo de siete vueltas, y el trampazo, dije ; y sin saber por donde, uno mebusca, y otro se me esconde, ni qué es lo que me pasa, desnudo postillón paré en tu casa, donde otro Duende chico, que es criado del otro Duende grande. Ay tal menguado! Después que me vistió de esta manera, me dijo: pero espera, ete dije que allí han llamado. Él será, que aquí a perseguirme viene otra vez. A ese aposento entra, en que ponerte puedes un vestido mío. Acoto: mas Dios quiera que no encuentre tercer Duende en él. Genaro: Amigo? Oh Octavio es este, o el aire engaña: quién es? Quién en fe de que lo quiere así su desgracia, os trae en la hermosura de Irene, fiado en vuestra amistad, a todo el Cielo por huésped. Señora, tanta fortuna en mi casa? Solamente estriba el que sea feliz, en que a vuestra sombra cesen tantas penas. Pues qué acaso a desamparar os mueve la casa de vuestro Padre? Son tantos los accidentes, que encadena mi destino, que no sé por donde empiece; pero aunque sea de paso oíd. Decid. S Qué quieres? Qué Ludóvico, empeñado en que no ha de irse sin verte, te busca. Que aún los acasos embaracen que me queje? Dijiste, que estaba en casa? Si estás preso, como puede dudarlo. No sé qué hagamos. Lo mejor, pues nos conviene saber con que intento os busca, es, hasta ver que pretende, retirarnos. Dices bien: pues fuerza es, que sea breve la visita. Aquí fontanches? Bueno va! Dile tú que entre, y vos perdonad, señora, la dilación de que quede sirviéndoos a todo trance. Mudamente os lo agradece mi confianza. Hay amor! cuantos pesares me debes! Aunque extrañéis; qué a estas horas os busque en este retrete, quien debiera en la campaña (buscándoos) satisfacerse del desaire de antenoche: mal pudiera de otra suerte obrar, quien ve, que es un siglo cada instante que se pierde. No os entiendo, Mis acciones os lo dirán brevemente! Dónde vas? No me repliques, que una vez que vine a verle, he de ver con quien está. No te he dicho treinta veces qué es Ludovico? Pues ya me he asegurado, ahora vete. Allá te lo hayas, si riñe. . No proseguís? De esta suerte habla callando el enojo, pues una cosa es que empeñe mi suplica con el Duque, para que no se os moleste por justicia; y otra cosa es, que sin castigo quede el pasado atrevimiento antes que mi tío medie en el lance; y pues estorba el que la espada maneje la propia herida, al incendio de esas pistolas apele el valor, tomad la una, y decidamos en breve igual cuestión. Qué he de hacer? que tomarla es exponerme a que salga Octavio. Cielos, a cada paso sucede un nuevo empeño! No a mala ocasión vine, si quiere vengar sus fingidos celos. Qué os suspende? Me suspende el que creáis que en mi casa, Ese reparo se absuelve con buscaros yo; demás de que, para responderme, tenéis el grande motivo de encontrarme en el bailete hablando con vuestra Dama, a quien he de servir, siempre que se ofrezca, a vuestra vista, Tened, que eso solamente basta, para que con celos cualquier atención desprecie. Y así. Eso no, que pues quiso piadoso el hado traerme donde esta acción embarace, volver por mi honor conviene, Si supiera que Madama estaba aquí. Quién creyere, que yo la he traído. Basta; y pues ya es fuerza saberse, decid, señor Ludovico, como fue el amor de Irene solo el motivo de que por mi mano pretendieseie vencer su desdén. Qué aguardo, que oyendo tan claramente mis celos, no salgo? Qué haces? Querer que todo se arriesgue antes que mi fama. Ay triste! Pues mal esta verdad pue negar un noble. Esperad, que cuando ese duelo cese, hay otro que se prosiga. Huélgome de que os encuentre donde una, y otra queja con sola una acción me vengue. Pues qué aguardáis? Eso no, que también debo ponerme yo de parte de mi fama hasta lograr, que confiese Ludóvico, que a mi ceño solo ha debido desdenes. Aunque el veros aquí extraño, nunca un Caballero puede mentir, mas para matarle aún queda el duelo pendiente de la herida de mi primo. Bien presto desvanecerse pudiera aquese reparo, si de mi parte no hubiese la de que vuestró cariño la mejor parte me hiere de alma; y para lograr, (dado, que esa bala acierte con mi pecho) el que a ninguno nada que dudar le quede; oídme todos. No lo digas, que si lo dices, te pierdes. Habiendo encontrado en Mantua un Retrato, a cuya breve lamina; pero qué es esto? La casa abajo se viene. Qué no prevenido espanto? Hay de mí! Cielos valedme! Sin duda en el aire andan las nubes cascando nueces. Quién mandó, que en los desbanes de esta casa desesteren! Señora, huyamos aprisa. Cómo yo esta puerta cierre, nadie escapará. Señor, dónde vamos? Dónde estrene descifrar tantos asombros. O mi fatiga me miente, o esta es la voz de mi Padre. Quién, para que nos siguiese, le enseñaría la puerta? Qué sé yo. Entrad, que aquí hay gente. Y muchas. Señor Ernesto, donde vais, cuando a báibenes de intempestivo uracan aún el centro se estremece. Dónde, burlando cautelas de algún vil Mágico, aleve, deje bien puesto mi honor: y ya que los hallé, muere, hija ingrata. Deteneos, que en mi casa me compete la defensa de ambas vidas, Y a mí, por más que desdeñe mi amor. Habrá más desdichas! Que este diablo de Vejete nos persiga en todas partes! Pues para que me sosiegue, dando término a razones, que puedan satisfacerme; decid, cómo estáis aquí? quién tanto escándalo mueve? y qué asombro es este? Eso diré yo solo; atendedme, Qué prodigio! Qué portento! Ludóvico, Ernesto, Irene, Génaro, Julia, Carlina, y cuantos estáis presentes, travieso trasgo zumbón soy, que en el oscuro albergue de esa casa, que vacía ha tanto que permanece, os asusté con engaños, ilusiones, y accidentes. Pues viendo que estaba solo, sin tener nada que entede de provecho, y que esos necios podían entretenerme, fingiendo de Nicoleta ser Galán, a quien guarece por miedo de la Jústica, no solo a esos dos pobretes volví el juicio, pero a todos ya vecinos, ya parientes, cuantos sois, hasta estrecharos al último remoquete. Dígalo el que en ella a Octavio hospedase, porque fuese la oculta puerta de hiedras senda, por donde a la verde mansión del jardín pasaso. Y dígalo, finalmente, ser yo quien a Irene di el Retrato, y quien, al verse a riesgado, a ese criado libré, porque no dijese donde se ocultaba su amo; repitiendo tantas veces los enredos de mis artes, ya en una Estatua aparente, ya en un fingido festín, ya en un falso ramillete, ya en un supuesto naranjo, ya en un Saltimbanquí alegre, y ya en un traidor espejo, mudando continuamente rostros, máscaras, y trajes; y pues todo aquesto viene a parar en que, sin que haya intención, mas que el juguete, hice mis Carnestolendas: Quédense todos ustedes a buenas noches, que yo voy a otra parte, en que pruebe, que si siempre con embustes se parecen a los Duendes los alcahuetes, por chiste, Duendes son los alcahuetes. Ay tal chasco! Ay tal friolera! Yo Dama de Duénde? pese al picarillo del trasgo! Mira ahora, señor, cual miente de los dos. Solo mi susto la risa me desvanece. Pues ya de lo que no importa nos informamos en breve pasemos a lo que importa. Por más que el enojo os cie- gue, habéis ya oído la causa de tan varias diferentes. confusiones? Sí. Pues todas de esta manera se absuelven. Qué hacéis? Ser de vuestra hija esclavo, para que premie tantas penas con su mano, y esta carta manifieste otra novedad. Ya sé convalece como en! de aquella herida Don Carlos, con que la causa pendiente ya cesa. Y también mi queja, haciéndome este accidente vuestro amigo. . Que se casen; y buen provecho haga a ustedes. Ya satisfecha mi duda, bien es que a la dicha apele de ser tu esposo. Mi afecto os responda mudamente: Mas que se vuelve esta boda carbón. Por qué Mequetrefe? Porque en frase de moneda la vino a traer un Duende. Pues es bien dar la noticia al Duque, porque celebre mi fortuna, vamos. Vamos; y aquí la Comedia cese del Espíritu Foleto, que por troba solamente de la Italiana, el perdón; ya que no el victor, merece;
