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Texto digital de Duelos de ingenio y fortuna

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Atribución tradicional
Francisco Antonio de Bances Candamo
Atribución estilometría
Francisco Antonio de Bances Candamo Probable
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta sin datos de imprenta (Santander. Biblioteca de Menéndez Pelayo: 32066).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Duelos de ingenio y fortuna. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/duelos-de-ingenio-y-fortuna.

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DUELOS DE INGENIO Y FORTUNA

JORNADA PRIMERA

JORNADA PRIMERA Vuelen al aire, al aire, sus alados Piratas, bracanes de pluma; torbellinos con alas; y diciendo el reclamo, de vientos, y auras, ala, ala, ala, del estruendo se formen las consonancias. Date a prisión. Ah traidores! Suspende el paso. Ah tiranas! Sigamosle. a Al Valle, al Risco; No se escape. Ataja, ataja. Alá, ala, ala, del estruendo sé, Traidores, a un Peregrino, que hoy en hombros de una tabla, de las fortunas del más tomó puerto en vuestras playas, así perseguís? . La suerte, ciega, elige a quien señala. Así me impedis (oh Musas!) seguir con violencia blanda ese fugitivo hermoso dulcísimo imán del alma! Tuya es la culpa pues nace infeliz. . No le bastaba ser desdicha, a la desdicha, sin que tu culpa la hagas? Ninfas, que inundáis de nieve la siempre inculta comarca de esta Isla, cuyas rocas hundoso el Exeo engasta. Soldados de este recinto, de rústicas penas pardas. Musas de la docta cumbre del Parnaso, en cuyas aguas la elocuencia se destila, la erudición se desata. Pues para los sacrificios buscando vamos la caza, o ya la pluma la oculte, o ya la ampare la garra. Pues es ley, que el que hoy primero diere a esta arena la estampa, en jaspe convierta a Apolo los mármoles de sus Aras. Pues guardamos a este joven de una desdicha tirana, si deja de ser desdicha el tiempo que es amenaza. Templad, con dulces cadencias la fatiga de la caza, adonde lo que divierte es ocio de lo que cansa. Al son de roncas sordinas, preso con nosotros vaya, adonde su sangre, el Templo ilustre con lo que mancha. Vuelva otra vez a este centro, que desde su tierna infancia, hurtándole a la fortuna, de las Estrellas le guarda. Al Monte. Al Templo. Al Palacio. . Del estruendo se forme la consonancia. Ninfa, pues por ir siguiendo la senda, en que flores varias, cuando a tus ojos marchitan, van floreciendo a tus plantas, me siguen: tenlas que a mí el ser Damas me acobarda, porque es valor de lo necio el no rendirse a las Damas. Sacerdonsa de Apolo, en tanta furia me valga tu amparo; pues el mar fiero, a merced de la resaca, me dio puerto, para hallar en el Puerto otra borrasca. Ay Cintia! . Ay Arión mío! quien dijera, quien pensara, que muriendo de no verte, el volverte a ver me mata! Entrambos me conocéis. Fuera grosera ignorancia no distinguirte entre todas quien (al ver a la manana la fresca encendida rosa, a quien la risa de el Alba, lágrimas bordó de perlas en sus parpados de grana) preguntó Cuál es la Reina de las flores? cuando halla, que entre esperezos purpúreos, y entre bostezos de nácar, fragrancias son que suspira cuantos alientos exala. Quién (cuando la negra noche la vista deja atezada, y va encendiendo las sombras en las luces que se apagan) preguntó: Cuál es la Luna? al ver, que en tinieblas tantas, parpados de luz palmitan, tantas trémulas pestanas. Quien (al ver que con albores neutrales, el monte rayan, de léjanos arreboles. tantas vislumbres rosadas) preguntó. Cuál es el Sol? yo así mirando las raras luces vuestras, entre todas, es fuerza que adivinara en noche, jardín, y día, que alumbra, ahuma, y abrasa, el Sol, la Luna; y la Rosa, en rayo, en luz; y en fragrancia. Caliope, es este el joven, de quien la fortuna infausta te predijo Apolo? . Sí; y a Dios pluguiese llegara su infortunio, y mi infortunio, que la desdicha más agria en el sufrimiento, siempre es menos que en la esperanza. Porque vuestras dos fortunas. consulte a Apolo, informada de los dos iré primero. Yo te diré mis desgracias, supuesto que a un infelice, que alguna desdicha aguarda, le parece que la huye el tiempo que la dilata. Yo soy, señora, Himeneo, ni sé mis padres, ni halla mi espíritu de quien pueda ser hijo; porque es tan alta mi ambición, o mi locura, es mi altivez tan osada, que me arrastra hasta los Cielos, hollando los aires vaga, pues con ser hija del viento, en el viento aún no descansa. Caliope me ha criado, y entre sus Musas me guarda, porque Uranía, que los Astros docta parece que manda, cuando solo los observa, quiso apurar de las raras señales del Cielo, el hado que me anuncian: o mal haya ciencia, que para sucesos, hurtando al tiempo las alas, si son buenos los desea; si malos, los adelanta: y entre el ansia del deseo, y el temor de la amenaza, cuando recela no vive, y no goza cuando aguarda! La Musa, interprecte docta de cuanto la judiciaría, en rasgos de luz escribe, en voces de Estrellas habla, dijo, que la Dama a quien más amase (tiembla el alma al horror de la memoria!) me costaria (qué rabia!) la vida (pasmo al decirlo!) tomando injusta venganza de el noble, del generoso delito de idolatrarla. Para aumentar más mis penas, sus infelices palabras confirmó Apolo, pues dando al aire nieblas sagradas, las gomas de Árabes troncos, precisamente lloradas, cuando al simulacro ahuman, fragrantes noches de Arabia, al alma de sus razones vistió el cuerpo de su Estatua. Con este temor; en esa Isleta verde, que baña el Ejeo, cuyas rocas expuestas viven al agua, que ya airada las azota, y ya tenaz las abraza, me crió, con tal recato, que sin salir de su estancia mi libertad infelice, se vistió de las murallas, que coronan ese monte, y guarnecen ese Alcázar. Pero, ay Dios! con que eficaces voces el destino llama al riesgo, porque tirano lo que influye persuada! Dígalo el ver, que aún en este retiro se vio asaltada mi libertad de un retrato tuyo, que acaso, ocultaban unas flores, colorido áspid, que a la vida incauta, que le piso con los ojos, tan alevemente mata, que la vista es a quien muerde, y es la que se muere el alma. Primero fue admiración de su beldad soberana mi reparo, luego fue atención; y esta, ayudada de la soledad, a quien va anadiendo circunstancias una hermosura, que influye, con un destino que arrastra, me acabaron de perder: como si para que amara fuera menester influjo, donde hay corazón que arda, y donde hay ojos que miren, pues para mirar postrada mi triste vida a tus ojos, mi libertad a tus plantas, no ha menester tu hermosura valerse de mi desgracia. Y así he vivido hasta ahora, siendo en desigual batalla, los gemidos que oprimia, los suspiros que exalaba, parentesís del aliento, no digresión de las ansias? hasta que viéndote hoy, a mi prisión tan cercana, en los verdores del monte, hollando mis esperanzas, rompí el coto de sus muros: por verte de una vez salga mi vida de estos temores, muera a manos de la sana del hado, como yo muera por ti; porque suavizadas queden mis amargas penas con lo dulce de la causa; pues recelando, y temiendo, desde mi primera infancia, cansado tengo el temor de esperar tantas infaustas fortunas, y mi paciencia va labrando en lo que tardan, del cansancio de temerlas, un valor de despreciarlas. Hermosa Erictrea, cuyas perfecciones soberanas, con voces de oro, a los siglos está contando la fama. Yo soy Arión, aquel de quien es tan celebrada la dulzura de la voz, que al verla tan envidiada, no es gracia, si no desdicha: (oh emulación, vil, tirana, ya que en mí no hallaste dicha, me envidias una desgracia!) Aunque hijo soy de Neptuno, con tal despego me trata, por los celos de mi madre, que vengando en mí su rabia, viví pobre, y nací pobre en Corintio, una cercana Isla de las que al ejeo, anillo de su esmeralda, si hundosamente aprisiona, lisonjeramente baña. Desdicha fue de los siglos en que las prendas del alma, o con envidias se atienden, o con lástimas se pagan fortunas de amor (ay Cintía cuantos peligros me causas!) me hicieron salir huyendo de mi (qué infeliz jornada!) pues el triste que la emprende, con zozobras duplicadas, de huir de sí se fatiga. y de seguirse se cansa. Hijo de Neptuno, en fin, me recibió la salada esfera suya, en un vaso, que rizando espumas canas, alas desplego de lino con que vuela, y con que nada. Llegué a Delfos, y entre tantos Peregrinos, que las sacras paredes del Templo heroico, tan fielmente veneradas con milagros, nos esconden, y con votos nos recatan. A Apolo sacrifiqué por tu mano, y a Trinacría me embarqué; pero a mimuerte, las Estrellas conjuradas, amorinaron las ondas, en cuya Nabal batalla los Marineros vozean, las olas furiosas braman del viento heridas, rechinan las humenas, y las jarcias, silva el viento, y sordo el Cielo está, bien, que en penas tantas, aún se quejan cuando crujen los árboles, y las tablas. Pierde el Piloto su rumbo: qué mucho, si en la no usada senda, el mismo bajel pobre borra las huellas, que estampa! Por más que la docta ciencia con observaciones vaya imprimiendo en las Estrellas los pasos que da en las aguas, Volví a Delfos, impelido de la desecha borrasca, y apenas cobré su orilla, cuando furiosos me asaltan esos Soldados: yo siento la acción; ignoro la causa, y así a tu piedad apelo; y no pienses, que postrada mi humildad, la vida pide por no morir, porque añada penas a penas la pido: que este durar que me mata, no es vivir, si no dar tiempo de que se alarguen mis ansias? Infelice peregrino, hoy con pompa tan extraña el nacimiento de Apolo celebra Delfos, su Patria: ley es, que el primero errante extranjero, que la incauta planta copie infelizmente en sus arenas tostadas, se sacrifique en su Templo; y así, vanamente aguardas, que de tan antiguo rito, las leyes queden violadas: Esto es cuanto a ti; en cuanto a la osadamente vana presunción vuestra, también con más rigor me enojara, si el imposible que amáis, y el hado no os castigaran, si el uno con su dureza, y el otro con su amenaza: Y así, al Templo, y vuelva Ninfas la canción, que si él me ama, su deseo, que me ofende, me servirá de venganza. Soldados, con él al Templo. Musas, con él al Alcázar. Si mi desdicha. . Si mi infortunio. en penas tan desiguales, No callas? . Ay Arión! esto sufro. la dulce influencia mía; 2. Piedad Apolo. . Le llamas pues contra el hado importuno, contra tu fortuna en vano. Yo estorbaré tus venganzas. Vuelen al aire, al aire los alados Piratas, brácanes de pluma, torbellinos con alas: y diciendo el reclamo en voces va- Alá, ala, ala, del estruendo se forme la consonancia. Ah tiranos! Ah cruel! Qué rendido a vuestras armas. Oprimido a tu precepto. En mis penas. . En mis ansias. Para el dolor sobra el tiempo, mira de los dos la acción. y para la queja falta. Huye del Cielo, Fortuna. Pues cómo, Apolo violento me arrojas, siendo mi asiento el concabo de la Luna? Cómo de tus contingencias culpan a las luces puras los hombres, y tus locuras acreditas de influencias? Así irritas mi poder? mal estás con tu fortuna. Temo yo desdicha alguna? Bien la supiste temer, cuando cuervo violento, a la vaga región subes, Etiope de las nubes, noche de pluma en el viento. Las quejas de dos mortales, llegaron hoy a mi oído, y entrambos han merecido, la Música ilustra al uno, y al otro la Poesía: y así, a uno, y otro glorioso hoy favorecer prometo: ha de ser el ser discreto culpa para ser dichoso? No de tu vano poder (rias: se pueda falsa decir, que siempre al no conseguir se va por el merecer. Quién esos mortales son? Pues que no hay distancia alguna para nosotros, Fortuna, Ninfas, ese joven ya podéis a Apolo ofrecer. Canta Talia, por ver si duerme, pues quieto está. Admite sacro Apolo la víctima, de quien . en olocausto tuyo, . recibe el sacrificio de su fe. Airecillos suaves, que en gemidos graves, . suspiráis sonoros, con quiebros canoros cuando las hojas pulsáis de un Laurel, ce, ce, ce, silencio, quédito, y no murmuréis, en soplos fragantes, en frescos arrullos; que duerme el amor en este vergel. Ce, ce,ce, silencio, quédito, Presto, que de mí se aleja la esperanza del favor, veré si alivia el dolor la dureza de la queja. Ay del cruel precepto, ay de la dura ley; que manda morir, y no merecer; no más, cruel fortuna, tus impiedades duras temeré, que mi paciencia, ya se ha hecho obstinación de padecer. Recibe el sacrificio de su . . Mas ya Fortuna ingrata No penséis que la canción (fe: nada de ti pretendo, viendo que me previene alivio igual, pues no divierte mi mal, y hace ruido a mi pasión; solo a ti, en mi corazón d vina copla diré. , . Ay del precepto duro, ay de la dura ley, que manda morir, y no merecer. Fuentecillas parleras, que voláis ligeras, y corréis aprisa, convirtiendo en risa el llanto del Alba, que ufana bebéis, . Muera yo de mi destino. . ce, ce,ce, en voces undosas de manso bullicio, . Mi valor le alcanzara. que duerme el amor en este vergel. . Sabré detenerle yo. Ce,ce, ce, silencio, quédito, De tan distintos extremos, qué consecuencia sacamos? Calla, y sus voces oigamos, que luego discurriremos. Pues ya lo pierdo todo, no quedarme en que ejerzas tu poder . Haslos visto? . Sí, y con ira consuelo es de mis ansias; pero hay Dios, qué infeliz consuelo es! , . Ay del cruel precepto, ay de la injusta ley, que manda morir, y no merecer. Pajarillos amantes, cadencias volantes, que con voz sonora saludáis la Aurora, clarines de pluma del amanecer, ce,ce, ce, silencio, quédito, y no murmuréis (jeor en quiebros sonoros, en dulces gor- que duerme el amor en este vergel. Cé,ce, ce, silencio, quédito, la pena de que quites, es mayor, que la gloria de que des. , . Ay del precepto duro, hay de la injusta ley, que manda penar, y no merecer. Mas pues suelto me han dejado. Pues mi sosiego han creído. Volveré al mar atrevido. Huiré desesperado. Huir al mar imagino. Buscar a Eríctrea intento. Muera de mi atrevimiento. . Qué es esto? . Su muerte huyo. silencio, quédito, y no murmuréis . Detente. . Huyendo se va. Tu planta a todos anima. Tus pasos veloces sigo. Todas os venid conmigo. Al Monte, al Valle, a la Cima. de que se quejen de mí la fortuna, no es aquí lo que contra ellos conspira; pues para que más te asombres, no ocasiona sus querellas la influencia en las Estrellas, sino la envidia en los hombres; mas pues de mí están quejosos, siguiendo el curso a los hados, los haré más desdichados. Yo los he de hacer dichosos, proponiendo en mi argumento, que dirá el caso después. Qué? . Que de sí mismo es, fortuna el merecimiento. Pues si contra ellos se auna todo mi poder, diré contra tu opinión. Qué? . Que no hay mérito sin fortuna. Al suceso solo apelo. Rota queda ya la guerra. Pues los dos a Cielo, y Tierra, publiquemos nuestro duelo. Ah del cristalino Alcázar. 1. Quién llama? Ah de la luciente Esfera. 2. Quién llega? Ah del vítil transparente. Qué quieres? Ah de las mansiones sumas. 2. Qué buscas? 2. . Quién llama? quién llega? qué quieres? qué buscas? Oíd. . Atended. . Advertid. Escuchad. 2. Deidades puras, el celebre duelo de ingenio, y fortuna. 2. . Ya oyen, atienden, advierten, y Cristalino Alcázar, (escuchan Esfera luciente, vítil transparente, y mansiones sumas, (tuna. el celebre duelo de Ingenio, y For- Vuela, vuela, Marte airado, y en mi favor apresura los cabellos, que veloces, pisan nubes, vientos surcan, que el valor, y el ingenio bien se juntan, al celebre duelo del ingenio, y fortuna Corre, corre, amor furioso, batiendo a vengar mi injuria, las alas que te regieron de tus arpones las plumas, que inconstantes dos ciegos, bien se al celebre, (aunan 2. . Ingenio, y valor, Fortuna, y amor, opuestos se aunan, al celebre, Apolo, ya en tu favor tienes de Marte el valor, pues hoy alientan por ti, bramando suaves, y gimiendo graves, ronca la caja, y sonoro el clarina Ya Fortuna, de auxiliar viene a servirte el Amor, pues junto nuestro rigor, quien bastara a contrastar dos ciegos, que siempre acertaron a erra Contra nolotros se auna en vano Amor, y Fortuna, que consiguen siempre en fin con ocio la gloria; pues es su victoria, no su lidiar, si no el no resistir. En vano intenta triunfar de mí el Ingenio, y Valor, pues con ellos el amor siempre ocioso viene a estar, que el entendimiento es influjo de amas Pues atienda el Cielo. Al sangriento duelo. Atienda la tierra. La celeste guerra. Y diga el clarín co roca dulzura, que Ingenio, y Valor, Fortuna, y Amor, opuestos se aunan al celebre duelo, m , VI DEDIICCSCpA Suelta Erato, suelta Caliope. Hijo, detente. . No puedo, porque ya tengo apurado el valor del sufrimiento. Tenle, Silvano. . Tenerle, llegue el demonio a emprenderlo, que él me tiene de su mano los carrillos, si le tengo. Dejadme todos, no madre, viéndome tan desatento delante de mi locura, quieras poner tu respeto. No temes del hado esquivo la amenaza? . No la temo, antes a buscarla salgo; pues su rigor padeciendo, en consiguiendo el dolor, me podré librar del miedo. Ay ingrato Apolo, como te olvidas de que Himeneo es tu hijo? pero nunca rompa el labio este secreto: pues qué hará (ay de mí! ) la voz, si aún temo que hable el silencio? Con la avenida de Ninfas salió de madre el mancebo. No esperes, pues di a Erictrea, que vuelva otra vez al centro, que es sepulcro de mis anos floridos. . Ya que no puedo quitarte la ansia del daño, con que hidrópico del riesgo, en cada paso que animas, la muerte te vas bebierta, pueda a lo menos (ay hijo! que hará el hado, si tú mismo, que cuando él a ti se apresura, quieres salirle al encuentro?) pueda a lo menos pedirte, que de este Palacio excelso, que al pie del Castalio Monte, que para diversión tenemos A- las Musas, y taladrando el concabo de los Cielos, los arpones de sus torres nos nace visible el viento; no te ausentes, pues podrás hospedarte en él, saliendo desde él adonde gustares: permíteme este consuelo, que estarte viendo infelice, en fin es estarte viendo. Así lo haré; pero ahora déjame que vuele al Templo detrás del alma. . Pues dame los brazos, por si el postrero abrazo es este. . No hagas, con infelices agüeros, que ya despreciado el daño, se haga temor el acuerdo: a diós, que el alma me llama. Pues vete en paz, advirtiendo, que no venceras los Astros, sino te vences primero. . Danos a todas los brazos. Nunca el carino que debo a vuestra educación falta. Y vete en paz, advirtiendo, que no vencerás los Astros, sino te vences primero. Ven tú, Silvano, conmigo. Ir yo contigo? a qué efecto: (si del pensil de las Musas soy un culto jardinero, por quien he dado en la flor; de tenerme por discreto) locuras quieres que siga? pero vaya, pues me veo tan discretamente loco, que temo a mi entendimiento, y le despedí de casa por inútil consegero, que me está matando a avisos, y es un criado muy necio el que sirviendo a amo loco pierde el juicio por ser cuerdo, Llega, llega, que las almas engendran un parentesco, de ser tal vez parecidos los hombres en los afectos: Amas? pero qué suspiras? harto me has dicho con eso; que un suspiro, es la más docta cláusula de un sentimiento: a quién amas? A una sombra, que soy amante mochuelo; el retrato de una Dama me hallé en la Marina ha Cielos! si él no tuviera diamantes, no tuviera yo deseos: pero habiéndole perdido, el alma, y el juicio pierdo, en su hermosura, y sus piedras; y afuer de pintura, tengo la vida en bosquejo, solo de ver su hermosura en lejos. Huyamos de ese sepulcro, cuyo paboroso seno, la vida me hahurtado al mundo, sin ocultársela al tiempo. Al Templo, Apolo, vamos, donde oigamos, Piedad, Cielos! Guerra, guerra. Amaina, que nos perdemos. . Qué es aquesto? . Que a la orilla del mar estás, en que vemos de dos Navales Armadas el duro fatal encuentro, en que el mar reventará, pues se va tragando cuerpos, que no podrá digerirlos con su estomago de hielo, si luego no los bomita. Ganado ya el barlo vento, procurad, Soldados míos, abordar. . Pues no podemos resistir al cruel choque de los hombres, y los vientos, guardémonos de que sea, a pesar de vuestro esfuerzo, rémora de nuestra fuga la amarra de su ardimiento. Aborda. . Vira al babor. Amaina, que nos perdemos. Raro espectáculo! . Hermoso, para visto desde lejos. De no poder socorrer aquel vaso, a quien soberbio tal vez el mar va tragando, y tal vez le va escupiendo, a latidos, se me rompe el corazón en el pecho! Pues ya le hemos abordado, id, acuchilladlos dentro de su Plaza de Armas todos, que si esta presa perdemos, en vano va la esperanza volando tras el deseo. Aborda. . Pues ya nos entran, en ese esquise pequeño se salve el Rey como pueda. Nunca cabrá en mi ardimiento déjaros. . Vaya el esquise. Arma, arma. . Piedad Cielos, que hidras mis males producen peligros de los remedios. Hombre, alienta, que ya libre estás. . Socorro, valednos. Dioses, que a pique nos vamos. Válgame Dios! y que miedo tengo a estas cosas volantes del agua, pues cuando pienso; que es seguro el edificio se le tragan sus cimientos! Ya que soy tan infeliz; que cuando apresada tengo su Real Capitana, donde tan grande tesoro espero, que sus inmensas riquezas, con un hidrópico anhelo beban los ojos, quedando el ánimo más sediento, se la han tragado las hondas; del riesgo nos apartemos de la orilla, desde donde ese espumoso elemento; rechazado de las rocas choca con los buques nuestros; y proejando a la capa, dad cabo a vista de Delfos, al abrigo de una cala; de donde a tierra saltemos a saquear el Templo, en día, que de tantos extranjeros, el Religioso concurso le enriquece; y ya que habemos perdido en el mar la presa, apele nuestro denuedo a tierra. . A tierra. . La proa pon al abrigo del puerto. Dime, como han esgrimido los artificiales truenos, que hasta ahora no se han usado? La objeción es de gran peso; pero es Mágica la farsa, que adelanta, y para tiempos al conjuro del ornato, pues si hemos de apurar eso, el lenguaje Castellano tampoco usaron los Griegos, y si esta razón no basta otra daré. . Ya la espero. Que no habiendo quizá dado, grande tronido sus versos, hace ruido a llamaradas. la pólvora de el Ingenio. Ay infelice de mí! Ya vuelve en sí. . Y lo agradezco, porque ha estado en mí hasta ahora, Infelice Caballero; supuesto que huyendo los males, cuando se les muestra aliento, esforzaos. . Nunca desdichas en los generosos pechos, aunque venzan la fortuna, contrastan el sufrimiento. Periandro, Rey de Corinto soy, y previniendo el feudo que los Corintios tributan al Templo de Apolo en Delfos, quise yo ser que le traiga personalmente rigiendo mi Armada Naval, no tanto (si la verdad os confieso) por una promesa que hice, color que di por pretexto de mi jornada, pues siempre es el discurso del Pueblo. Clicie curiosa, que va siguiendo los movimientos del Rey, para penetrarlos, mas que para obedecerlos. No tanto por esto, digo, cuanto por ver el portento de una Islena de estos montes, tan hermosa; mas no quiero pintarla por no agraviarla; pues los hipérboles necios, de Flores, Soles, y Estrellas, que en varias pinturas fueron lisonja a otras, aún no es en ella encarecimiento. Yo la vi en esta dos veces ardiente arena, viniendo a sus playas, a auxiliar de vuestro Rey Euristeo: y siendo fuerza ausentarme, fingiéndola con bosquejos, en fantásticas visiones, la Magia del pensamiento, quise que de sus facciones, en un retrato pequeño, memoria para los ojos fuese un colorido acuerdo. Hícela copiar, en fin, y el día, que de trofeos, y victorias coronada; si bien vencido de afectos, me hice a la vela a mi patria, le perdí en la playa: ah Cielos! qué espero ya de su luz, si aún la sombra suya pierdo? Con esta vana esperanza, al agua otra vez entrego mi Armada, tan poderosa, que el mar airado, y soberbio, después de rota, aún se halla poblado de sus fragmentos. Pero Pandión (un Colario, a quien los robos han hecho poderoso en estos mares. pues vilmente componiendo las felicidades suyas de los estragos ajenos, por campañas de cristal, es Vándido del Ejeo, me acometió con sus Naves, cuando un bracán desecho fue derramando mis vasos por todo el piélago inmenso. Reparaos pues, en mi albergue, cuyo hospedaje os ofrezco con más causa ahora, si miro, que en algo nos parecemos. En qué? . En amar un retrato; Para eso, en más me parezco yo, pues (ay diamantes míos!) también los retratos pierdo. No sería como el mío. Aunque es fácil responderos, que la elección propia es hija del entendimiento, y se mira con pasión; responda el retrato mismo. Veámosle, pues; mas qué escucho? Herido del ronco aliento, gimiendo se queja el aire, melancólico, y funesto. Llore, sienta, pene, sufra, el que nace a ser ejemplo, en la ojeriza del hado, de iras, de rabias, y cenos. Primero este raro asombro curiosos examinemos, que después viendo el retrato a la cuestión volveremos. Ya que alcanzarle pudimos, aunque enternecidas veo a todas, de ver su voz malograda en años tiernos; pues no hay remedio a su mal, al Templo vuelva, cumpliendo los ceremoniales Ritos. Y en aparato funesto, como hijo, en fin, de Neptuno, sus voces vayan siguiendo, con las militares pompas, tantos trágicos lamentos. Ay de quien verlo no puede, y se ve obligada a verlo! . Llore, sienta, pene, sufra, Caigan de mis ojos, salgan de mi pecho, suspiros volando, (verso! lágrimas corriendo. Ay Estrella enemiga! ay hado ad- qué importa que en sus males quie Estrella no muda, mude Cielo? La voz de Arión parece, si de ella mal no me acuerdo. En mis propios ojos golfo de tormentos infeliz zozobro, naufrago me anego. Esta es mi dulce enemiga. Este es mi perdido dueño. Retrato es de mi retrato, mas sin mis diamantes bellos. Oprimiendo el alma el dolor severo, ni aún para suspiros me permite alientos: ay Estrella enemiga ay hado adverso! qué importa, que en sus males quien estrella no muda, mude cielos Dígalo el verme en mis ansias con triste voz repitiendo. , Llore, sienta, pene, sufra, Qué dolorosa tragedia! quien creerá, que al mismo tiempo, placer, y pesar recibo? Que mucho, si con él veo al dueño de mi retrato! ̱. Cuál es? De Apolo supremo, es la gran Sacerdorisa. Todo me ha cubierto un hielo! qué haré? (ay infelice de mí!) Y a la plática volviendo, veamos ahora el retrato, Si algo con vos (estoy muerto!) pueden mis males (qué ahogos! ha de ser (qué sentimiento!) que no veáis el retrato. Por qué cuando en él tenemos, de aquel duelo Cortesano, el desengaño tan presto? Si es eso, porque habéis visto, . que el mío excede mas qué veo? no es este el que yo perdí? Hecho una vez el empeño, ya no puedo huir el lance. Vive Baco, que es él mismo que yo me hallé, y yo perdí! señores dénmele luego, o le pediré por hurto. Quita, loco. Aparta, necio. Es esta la que adoráis? Pues vos empeñado en verlo, por más que os lo supliqué no me dejasteis ser cuerdo, esa es la que adoro. . Mucho me pesa, que en un sujeto me juntase la Fortuna mi obligación, y mis celos! Puesto que lo inconstante de mis sucesos. Hija soy de las hondas. Yo soy del viento. Contra ese infelice joven, conjuren fieros. De las hondas peligros. Del aire riesgos. Diciendo a un tiempo. Diciendo a un tiempo. Arma, arma, guerra, guerra los elementos. Arma, arma, Pero acudamos a todo, pues con no tomar severo satisfacción por ahora del osado atrevimiento de decirme; que la amáis, cumpliré con lo que os debo, y en adelante veréis más prudente, y más atento, lo que os toca hacer. A mí me toca. Malo va esto. Que me volváis mi retrato: y en cuanto al empeño vuestro, lo que yo hiciere, o no hiciere, allá os lo dirá el suceso. Hecha el Esquise, No soy tan vil, que a darme resuelvo el retrato de mi Dama, (y más habiéndose hecho para mí) a quien es su amante. Ni yo soy tan vil que dejo su retrato en otras manos; pues para casos como estos se hizo la vida de un noble, y así, advertid, que yo tengo de cobrar aquí el retrato, o perderla, vive el Cielo. Lance es muy duro, veamos si él no le pone en el suelo, o uno de los dos no muere, en qué parará este enredo? Cobrarle estando en mi mano? Sí. . Ya fuera el sufrimiento tibieza. Y el mío también. Acudid, acudid presto, Soldados, Musas, y Ninfas, que dan la muerte a Himineo. Hacia allí se escucha el ruido, De mi cristalino Imperio salga Pandión, a quien guíe mi rápido movimiento. Ea helados Cupidillos, mundad todo el etereo espacio, de vuestras flechas veloces. . Ya obedecemos. l , - A este que tenéis de espaldas (si no pudiereis, prenderlos a entrambos) coged, y vaya al Esquise. . Gran denuedo! Gran brío! . Daos a prisión: Aleves, viles. . Primero, sabré morir. . Arma, arma. Pues se resiste, y no puedo desenerme, porque al ruido, la Isla en arma se ha puesto, vaya este al mar. . Al Esquife; Ah traidores! . Deteneos, que antes os haré pedazos. Agradecenos que preso no vas, por este rebato. Al Muelle al Fortin, al Puerto. Al mar, al mar. Al Esquife. A las ondas. A los vientos. Amor, y Fortuna fían sus desdichas, y sus celos. Diciendo a un tiempo: arma, arma. . Arma, arma. Guerra, guerra. Guerra, guerra. Los Elementos. No te ha de valer la fuga, porque yo en tu seguimiento me sabré arrojar al mar. Acudid todos. Qué es esto? Esta es una ira, una rabia. Ay de mí! que nuevo afecto, en el contagio del aire comúnica su veneno? Un delitio, un frenesí, una ansia ardiente, un despecho: y es, en fin, que aquel Esquife, Alcón con plumas de Abeto me lleva robada el alma; y así dejad, que resuelto me arroje al mar en su alcance, Todas le tened, no ciego (qué piedad es esta) haga al golfo su monumento. Pues esto es más que locura, (ah cruel influjo adverso!) qué presto te has declarado! con violencia le llevemos. Y yo contra los Corsarios en armas iré poniendo la Isla. . Al mar. A la Nave. . 1. A las hondas. 2. A los vientos. Mira ahora Apolo, si vale contra la Fortuna Ingenio. Volved, volved, Cupidillos, al centro, diciendo a un tiempo. , . Arma, arma, guerra, gue- los elementos. . Cruel amor! (rra, Cedel Fortuna. Qué presto (ay de mí!) Qué presto. Me haces reparar, en que no es tan justo mi desprecio, Empiezas hoy a mostrar los indicios de tu ceno. De tus vaticinios, cumples el duro influjo severo. Pero qué dudo neutral? Mas qué confusa recelo? Pero qué turbado admiro? Si para mayor trofeo. Si para mayor martirio. Si para mayor tormento. Oigo decir a esas voces. Oigo al repetir los ecos. Oigo al pronunciar el ruido. en Al Muelle, al Fortín, al Puerto. Al mar, al mar. A la Nave. . 1. Que a las ondas. Que a los vientos. Amor, y Fortuna fín sus tragedias, y sus celos, diciendo a un tiempo: arma, arma. . Arma, arma. 3. . Guerra, guerra, Guerra, guerra. 3. . Los Elementos. JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

- . 1. Agua, agua. s, y o. los justos ceños? La sangre humana. 2. Los rendidos votos. 3. Los aromas. 4 El humo. No sino el fuego. 1. Y para el sacrificio de nuestro afecto, Agua, agua. 2. Lloren los ojos centellas de fuego, que se sorve sediento Fuego, fuego. Generosos Isleños, no a estos bárbaros hoy dejéis ser due la tela, que de flores Damasquina, del golfo, y de la orilla, a quien inunda tanta infame quilla, pues a despecho vuestro les sirve de valor el ocio nuestro: seguidme a ver si osados resistimos. Todos resueltos tu valor los que ya de Ceilan, rayos preciosos, seguimos. , , y tanto ambar picante, como envía , de Oriente la preciosa especería, de cándido Cisne, moviendo las alas, destilen los ojos occeanos de agua. 2. Agua, agua. Pues hoy la Fortuna se sube a su que son los vagos Palacios del viento, despedidas las llamas del alma, lloren los ojos centellas de fuego. 2. Fuego, fuego. A herir de Erictrea, y de Cintia la tierra florida fecunda mi planta, que para hacerlos en todo infelices, , , hacerlos queridos los jóvenes basta. (un peligro, Al aire me subo, a encender porque los hombres errados, al verlo Qué templará de Apolo di por castigo lo tengan y no por desdicha, (vino y mi envidiaparezca indujo del Cielo. 2. Fuego, fuego. Ya que la Nave, que apresar quería destilen los ojos occeanos de agua. nos tragó con ansiosa hidropesía el mar, monstruo violento, la rubia sangre, que cuajada encierra tanta pálida vena de la tierra: (ños jardín de seda, se regió en la China, al afán del gusano, que entre cañas hila, para su tumba, sus entrañas; cantan grandes primores, que destila su vida en sus lavores: Luceros son de piedra luminosos, , cat Arabia congela en cuerpos broncos, Puesto que baja elamor a la tierra por el sudor fragrante de sus troncos, desde donde ara el húmedo tridente, sudando el calor, enque elpéchose enciende las más remotas playas de Occidente, hasta donde en Oriente se atesora, (Esfera, tanta cuna de Nácar de la Aurora: o Monstruo undoso, Buitre de riquezas, que castigas con líquidas fierezas, del Mercader, las ambiciones sumas, a quien ofreces túmulo de espumas, (los pechos, sirviéndole tal vez de inestimable puente y por volar al último Occidente, la codicia calzándose de pino, alas veloces desplegó de lino, pues se tragó la Nave (otra vez digo) mi sed no apaga, y mi tesoro ahoga, robar de Apolo el Templo solicito; qué ambición se detuyo en el delito, si vence al miedo? bien que ciertamente, Y puesto, que al tomar un prisionero, a quien pudiese preguntar primero de la Isla el estado, quizá todo el contorno se habrá arma- ya que en tierra saltamos, y este disfraz tomamos, el Templo he de encender; porque parentesís han sido a los piadosos acudiendo unos al fuego, y otros al estruendo, pueda, mientras a todos los persigo, las fuerzas divertir del enemigo. Ea Soldados, vuestro es hoy el día, pues en esta infeliz pirateria nuestros vasos volando los cristales, pájaros de rapiña son nabales, que infestan estas playas, plumas son suyas las volantes hayas, alas las velas son, y a lo que creo, garras serán las uñas de su Arpeo. De fuerzas singulares, donde apreso, bándido de estos mares que se harte mi pena de mi llanto, cuantos por sus destinos. son de sus ondas vagos peregrinos. 1. Ya a tuordenvenimos disfrazados, Oh gran padre luciente y ya en lanchas, y botes embarcados de la pompa del día! todos los otros; la señal de guerra esperan solo, para tomar tierra. Pues en el Templo entremos, y entre todo el concurso nos mezcle porque solo el vivir es mi delito. hasta que ocultamente mal desprendida una pabesa ardiente el áspero destino, dé fuego, con lucientes ambiciones, sus bopedas se beba, y artesones. de que fue el mar el cómplice, y testigo, , pues cuando más veloz lachusma voga, , Hoy para el sacrificio de nuestro afectó, con quien letiene, el miedo es muy valiente. destilen los ojos Occeanos de agua, Agua, agua. Llore la vista centellas de fuego. (do: 2. Fuego, fuego. Cielos, en un tormento tan exquivo descuido es de la muerte lo que vivo. Ya que tantos sucesos prodigiosos oficios de esté día, tanto (que más que víctima) porfía parece el sacrificio repetido, y nunca conciuido, A de este infeliz Joven extranjero, cuyo apacible acento lisonjero, nos suspende cantando de esta suerte, dulcísimas exequias de su muerte, ahora se ejecute. Antes, que al filo bárbaro tribute. la vida, que no es mía, (ay Cintia!) tuya la llamé algún día, dejadme en dolor tanto, porque la voz en quiebros despedida; cante mi muerte, ya llore mi vida. esta vida inocente, que no tiene más culpa, que el ser mía, defender con mis ruegos solicito, (mos, Huyendo de mi suerte sin que mares extraños, peregrino descubra, alborotado de los vientos el golfo los profundos monumentos de bóvedas de nieve, de quien muertes bomita, y vidas bebe; la oculta consonancia de la Esfera, y escapando violento las cóleras, y rafagas del viento titubea) llegó bárbara gente, que al verme de esta suerte, el ocio le acusaron a mi muerte. Mas ya el aliento falta, el pecho del horror se sobresalta; débil la voz fallece, el corazón palpita, y se estremece, pues de el pecho, en los concabos retiros se me ahoga la voz en los suspiros, y ya mi aliento, dividido a trozos, cuando cláusulas busca, halla sollozos: habrá piedad para mí? Sí. Y mi vida se acabó? No . Qué horror! Qué pasmo! Ya de Apolo santo se va inflamando el simulacro tanto, mal formado el acento, que palpita en el mármol el aliento. su espíritu divino introducido, dictando ecos veloces, organos da de mármol a sus voces. Escuchad la voz mía, a cuyo acento, aquesta piedra fría, mi espíritu sintiendo, como bárbaros, viles, inhumanos, ejecutáis, tiranos, con este infeliz joven peregrino, la crueldad religiosa del destino? No os enternece el ver, que por su acento si del incendio el furor, dulcísimo en sus fauces es el viento? mueve montes su voz, para los ríos, hace vagar los árboles umbríos, imitando sus cláusulas suaves, sus fugas dalces, y sus pansas graves y a su blanda armonía lisonjera para su movimiento el Sol pretende, de la Playa (aquí el labio balbuciente solo vuestra crueldad no se suspende? hoy veréis, que a mi rabia, que a mi ira se encienden los volcanes, que respira mi pecho enfurecido, y a pavesas el Templo reducido, piramides formando el humo ciego, dicen confusas voces. Fuego, fuego. Ya mi voz escucho. Trance horroroso! esta vez el acaso fue dichoso. Todo el Templo de llamas se ha vestido, y en humo sus paredes ha escondido. Arda el Templo con fuego tan violento, que hasta las ruinas las herede el viento. Ya que de tanto incendio el artificio, aún las aras se han vuelto sacrificios, piedad pidamos con sonoro acento. Pavesa del incendio sea el viento. En ese patio, asombro endurecido, , h , - Las vagarosas alas de mi rueda veloz, en vientos de pluma encienden airadas la vaga región, sus miembros insensibles va moviendo; batiendo sus vuelos al trémulo ardor. Arma, arma. Fuego, fuego. Todo sea estrago, y horror, Ninfas, huid; pero como no solamente a las plantas, la fuga nos atajó, pero el humo es denso muro, aún a la respiración? Vea Apolo, si ahora mi poder superior reduce a cenizas sus célficas Aras, del Templo blasón: que hará en los mortales, que ufano amparó? . Arma, arma. Guerra, guerra. Todo sea estrago, y horror. Imposible es la salida. No será tal, que pues yo hice el ánimo a morir, cumpliré mi obligación sacándote de las llamas, que aunque no fuera quien soy, el tratar mucho un peligro suele servir de valor: en mis brazos Cintia ingrata, ven. Gaos todos a prisión. (. Hasta cuando mis fortunas. irán de mal en peor, y más estando sin armas? Oh qué infelice que soy! Cielos, qué esto permitís! Pues no halláis contrición, llevadlas, adonde pueda. ser bárbara adulación de nuestro interes sus joyas, de nuestro gusto su honor. Esto sufro, y, sin poder estorbárselo? eso no, que aquí ya fuera el sufrir osadía del temor. Qué haces bárbaro? . Morir. Qué te mueve a ese furor? No ser posible que sufra una injuria, y un baldón de mi Dama en mi presencia, y pues sin armas estoy para defender su vida, cumpliré mi obligación, quitándome yo la mía. Tente, mi bien, mi señor, muera yo de mi desdicha, y no de tu compasión. Sea desdichada Cintia, como no lo mire yo; que es muy indigno testigo vida en tu deshonor. Aparta, villano, aparta; porque no has de lograr hoy ampararte de la muerte con lo noble de esa acción: llevadlas, pues. . Arma, arma, Pues al belico rumor acude ya de los fuertes una, y otra guarnición; impidamos la interpresa. No ya al trémulo fulgor de tanta llama voraz hagamos oposición, sino a los bárbaros fieros. Pues uno, y otro Escuadrón marcha en su defensa; al mar las llevad. . Dioses, favor. Ya os apago yo las llamas, pues soy de las llamas Dios. Dadme la muerte primero. Bárbaros, vuestra ambición hoy cesara con la muerte. Arma, arma. . Vuestro error mi acero castigará. Huyamos; pues nos dejó su socorro libre el paso. Retirémonos; pues son todos los bárbaros. . Eso me aconsejas; cuando yo basto solo para tantos. Si bastas, que en tu favor de Marte el brazo pelea. Ay infeliz! muerto soy. Soldados, a retirar, pues yace muerto Pandión. Aquí entro yo lindamete, pues ya el peligro pasó. Cortadles la retirada, para que de esta facción a bordo ninguno vuelva. Pues de este bárbaro atroz la espada tengo, no esté tan desairado Arión. Retiradle a mis Palacios por si acaso no espiró, y sigamos el alcance. . En tu auxilio siempre voy. A retirar. . Arma, arma. Pues todos a la prisión, o a la muerte se entregaron, ya que en fin, en tierra dio su gente, en el mar sigamos su Armada, sin que al calor de la próspera fortuna pueda el buque, o el timón, o por suerte resistirse, o escaparse por veloz. Al mar, al mar. Ya te sigo. Tente, si te mereció el amor pasado (ay triste!) con cuanta tierna aflicción, viendo presentes mis penas le llama pasado amor! si te mereció repito. Di, ingrata, pues se acabó el pasado engaño; y pues siguiendo el alcance voy de esos bárbaros Piratas, déjame, y ya que tu erron celoso siempre me tiene, no quiera en esta ocasión, que esté también desairado. Nadie es primero que yo. En los riesgos, es verdad, y bien hoy lo acredito el incendio, en que olvidado de mis celos mi atención supo acudir a tu riesgo. Atención, no más, traidor! no es mejor que sea fineza, que no hidalguía? . Mejor fuera a no haber celos; pues finezas con celos, son descuidos del sentimiento, u olvidos de la opinión, que el aborrecer con celos es la fineza mayor. Pues me aborreces? . No sé; tal vez creo que feroz te aborrezco, y hallo luego, que es quererte con furor, y suspendo los afectos, mirando en mi confusión, que ni adoro, ni aborrezco en cuanto celoso estoy, y así, aquí mi honor me llama, no quieras Cintia, por Dios, acreditar tu hermosura acosta de mi pasión. (bles. Vira al mar. . Corta los ca- Arma, arma. Vira a Estribor. . Aguarda; y pues ya se han hecho al mar, y no te quedó vaso, en que seguirlos, oye, por si no hay otra ocasión, la satisfacción. . Qué dices? o cuanto estimo a tu voz la disculpa que me ofrece de no seguirlos, pues dio aún amante (aunque fingida fueste, una satisfacción, en la dicha de la duda un descanso del rigor. Dime, ingrata, que se hicieron, fuesen fingidas, o no, las lágrimas que afeitaron tu dulcísima traición, las veces que en mis suspiros te vestiste mi dolor? Aquí están, míralas, que destilando el corazón vierten mi amor en raudal, y mi verdad en licor. Un hombre no hallé en tu casa? Sí, mas sin saberlo yo. No le di la muerte airado? Tu ceguedad lo causo. Contigo no me embarqué, asegurando el temor, pues ponerte en salvo, era mi primera obligación? No te dejé en este Templo, y viendo mi compasión, que para tus asistencias tan pobre, y mísero estoy, y que al pobre amante (a Cielos!) con eterno torcedor la necesidad del dueño, le está ajando la elección? No me embarcaba a Tinacría, juzgando mi presunción hallar para ti tesoros en el metal de mi voz, siendo desde aquí ejercicio, lo que hasta aquí diversión? No me volvió el mar a tierra, donde otro peligro hallo mi vida, que siempre tuvo, desde el día que te amó, de la muerte una furiosa desesperada ambición? Pues qué tienes que decir? nada; y pues el eslabón Le rompiste? . Qué sé yo: si lloras, no le rompí, que mi rendida afición quisiera que lo creyeses, mas que lo sintieses, no: solo te habré de decir, que vuelvo a ausentarme hoy, que el no resolverse presto, es pereza del valor. Si eso resolvéis, no quede viendo tanta trritación, desairada mi disculpa, quedad codios. . Id codios, más oíd. . Qué me queréis? Que no, con tanto rigor, pues mi vida llevas, lleves también mi satisfacción. Sola una sé. . Di cuál es? Que lloro, y que soy quien soy, Quién su razón escondiera, de su pecho en lo interior, dónde no viesen mis ojos! Sobra, ingrata, a tu fervor, tanta eficacia, que en llanto derramas la persuasión. Si mi fe (por verdadera quizá infeliz) te canso, qué razón contra mí tienes, dulce adorado traidor? ya paso por la desgracia; pero por la culpa, no. Ninguna, al verte llorar; porque toda la razón, que acá en el alma tenía, perdiendo en los ojos voy? Viva Himeneo, viva? Viva, viva. Y su heroico valor, el mundo aclame. . Aclamen. Aplaudiendo hoy, de la caja bastarda el estruendo ruidoso, del tonco clarín el sonoro ruñmor. Ninfas, recibid alegres, con tanta dulce canción, al que nos dio libertad. A tierra, y el dulce son de los clarines aplauda al heroico vencedor. A tierra. . Viva Himineo. Ya que este estruendo estorbó la plática; en qué quedamos? No sé; pero viendo estoy la mucha razón que tienen lágrimas, y perfección. Viva Himeneo, viva; y su heroico valor, el mundo aclame, aplaudiéndole hoy, de la caja bastarda, el estruendo ruidoso, del tonco clarín, el sonoroso rumor. Ya, Fortuna, temeroso vivo del bien que me has dado, pues sé, que a ser desdichado se empieza siendo dichoso. Mil veces, o venturoso joven! las gracias te den, pues por tu valor se ven las Ninfas con libertad: ha mal nacida piedad! . dónde escondes mi desdén? Oculto asiste el amor a Erictrea, porque ordena, que de la lástima adena labre su propio dolor. Fortuna, ya tu rigor, o, temiendo está mi cordura, que la desdicha es segura, donde hay dicha que perder: o qué infeliz viene a ser la que aún teme la ventura! Todas hoy, a celebrar tu triunfo hemos de asistir. Ay amor. todo el vivir suspenso está en el mirar. Ya que he sido hombre a laz, no hay quién me celebre a mí? Si tú no reñiste allí? Pues eso el mérito acorta? no saber tenir, qué importa. si sé contar qué reñir? Eso mi bien gusto abona, que quiero, cuando me aclama, mas el valor en la fama, que el valor en la persona: pagar a quien lo pregona, más fácil pienso que ha sido, que haber un hombre reñnido, basta que haya quien lo cuente; porque una fama valiente. aún mata por el ordo. Viendo que para poblar los Cosarios, en vil guerra, de cadaveres la tierra, de hombres despueblan el mar; sin dejarlos embarcar en los vasos los seguimos, que en la playa surtos vimos, y como con pocas gentes, tus Naves están valientes, las entramos, y rendimos. Esas arpías Navales, del viento a la discreción, monstruos ambiciosos son, que viven de ajenos males: tantos tesoros Reales, usurpados del traidor, con reverente temor pongo a vuestras plantas, pues dueño del despojo es Deidad que influyo el valor, Cuantos cautivos allí apresó su tiranía, en cadena los tenía, y ya están también aquí: este solo es para mí. Periandro es, o mi error lo finge . Injusto rigor, crece, y serás mi homicida: que es no quitarme la vida cobardía del dolor! No bastó, que el vil tirano a sus hierros me amarrase, mis galas me despojase, con mis desdichas ufano, que el retrato soberano. porque en diamantes ardía, me quite su tiranía, sin venir a otra prisión? si tendrá mi corazón con los males simparia? A vos toca el repartir: tesoro tan singular, solo le pueda gozar, el que le supo adquirir. Lleguen parte a conseguir los Soldados, que en rigor, con el premio superior, de la Real magnificiencia, se les compra la paciencia, no le les paga el valor. La riqueza que tenía su Capitán apresada, pues derrotaron su Armada de Persandro sería; restituicia este día su libertad, y riqueza. Y a ti de tanta franqueza qué te queda A mí la gloria de que es vuestra la victoria, pero mía la fineza, Este retrato busqué, y este he hallado entre el despojo, por él, con ira, y arrojo los Corsarios derroté; y puesto que ya le hallé, no quiero del triunfo más; sus tesoros tomarás tú, que esto a mí me bastó. Eso es lo que no haré yo. Por qué? . Escucha, y lo sabrás; mío ese retrato ha sido, y habiéndotele quitado, en dos rigores del hado dos finezas te he debido: hoy valiente, y atrevido, a quien me le quita a mí, le quitas, pues diga así, cualquiera que el lance vio, que tú me le ganas, no, que me le compras a mí: con los tesoros contento no quedo; no pienses que a tan vil precio ferié tan hidalgo sentimiento: pagarte, y cobrarle intento, Pues ya es mío, no sería bien usar de mi hidalguía? No, que eso es, si bien se apura, de la Fortuna locura, y estotro es vileza mía. Buenos, sobre mi retrato andan: hay pintada vida! No es vuestra fe agradecida, Con celos, nadie es ingrato, cobarde trato. . Yo trato de. Bien está, que ya apura mi enojo vuestra locura, pues mi ira disimulo, no hagáis que me irrite yo de parte de la pintura. Hoy los juegos Pichios son, en donde, cuando le aclama, vive de Apolo la fama con la muerte de Pitión: y pues en esta ocasión podéis de máscara entrar, a nuestro claustro reglar, el festin venir a ver (que es esto, que empiezo a arder en las luces del mirar!) Tú, joven, a quien propicio, piadoso contigo solo; quizá por tu voz Apolo reservo del sacrificio da de ingratitud indicio, en invocar su Deidad: y pues ya la calidad de tal huésped, he sabido, a esa Isia, bienvenido. sea vuestra Majestad. Fortuna, otro mal! . Tu dura suerte, mi temor despierta, que adonde es la dicha incierta, es la desgracia segura. Ya tu recelo me apura, no con agüeros me des siempre más pesares, pues con lo que tu afecto llora, turbando el contento ahora, no quita el dolor después. . Apolo templa el rigor, pues la suerte que temí, a que es desventura en mí todo el tiempo que es temor. . Siga a entrambos el amor, y de Edictrea la Deidad, oprima su libertad, pues ya me abre con traición las puertas del corazón, sobornada la piedad. . Mal de Arión el desdén a mis ansias corresponde, que en los cariños que esconde, aún los celos se le ven. . Qué haya, señores, a quien esto sucede! oh amantes! supuesto que tan galantes de tesoros os mostráis; ya que el retrato os lleváis, volvedme acá los diamantes. . Aclamad su vencimiento, y al Templo el triunfo guiad. Al aire en su aplauso dad segunda vez el acento. Viva Himeneo, viva, Señor, tú en esta fortuna? Arión, tú en esta tierra? Qué es esto? En trances de guerra no hay seguridad alguna; pero mi estrella importuna, conmigo uso la piedad de hallarte, que a la verdad, tu voz estimando yo, sabes cuanto autorizo mi gusto tu habilidad. Sabrá mi veneración pagar lo que me has honrado, que es de la vida sagrado la Real aprobación. Quizá hallarás ocasión de pagarlo o atrevida fortuna, pues mi perdida alhaja de cobrar trato; o volverme mi retrato, o llévate allá mi vida. A los triunfos de Apolo venid, y veréis, que padre del mundo, Monarca del día, lucir hace al Orbe, y al Cielo hace arder: venid, volad, corred. A eso te resuelves? . Sí, que si en los Astros hallé, que le ha de costar la vida la Dama, que le ame es bien hacer que le ame Erictrea. Si llega a favorecer Erictrea su cuidado, no adviertes, que no podré ya conseguida esa dicha, hacerle infeliz después? Mas que el de no conseguir, el tormento es del perder, y el dejar de ser dichoso la mayor desdicha es. Mientras no entrare Erictrea en el Sarao, no es bien que entre yo en él; con que así, la máscara quitaré del rostro, porque me vea, y de aquí cotejaré, cuanto a la naturaleza supo falsear el pincel. También de máscara yo vengo; pero si no sé esta locura, a compás. de danzar, puedo temer, que en los desairados saltos sepan quien soy: mas va, que se me conoce la cara en los gestos de los pies? Disfrazado en el festin el bello imán seguiré del alma. . Yo, sin disfraz me introduzco al claustro, solo he venido a mirar, empiece el dulce tropel. A los triunfos de Apolo, venid, y veréis, Aún el silencio está propio en la muda imagen, pues este beniono callar, parece que es atender; tan propio es el colorido, que se está echando de ves en el tacto de los ojos, la suavidad de la tez: su suspensión (ay de mí!) No con tanta dicha estés. Un retrato. . Soltad todos, Solo a ti le cederé. Por qué a mí? . Porque eres tú quien me supo defender de los Corsarios, y no a mí solo, sino a quien me importaba más que yo. No se lo entregues. Por qué? Porque yo soy quien lo pide. Divinos Cielos, qué haré, árbitro de la fortuna entre mi amigo, y mi Rey? Fácil es decir. . Cómo? Conociendo, que aunque él le pida, de mí no le puedes defender. Ni tú de mí. . Ni de mí, los dos, supuesto que hacéis, que del dueño del retrato por entendida me dé: soltad, soltad, no mis iras, aleves, ocasionéis. . De vos no puedo guardarle. Ni tampoco yo podré de vos cobrarle. . Yo sí, señora, pues eres juez, sabe que yo le perdí, mío ese retrato es, que el echarle donde le halle, fue cierto hecharle a perder. De ninguno es ya (oh amor!) puesto que yo lo cobré: quien, sin que escándalo diese pudiera volverle a él? Malogrose mi designio. Escuchad. Qué acento fue rémora del aire? Oíd. . Qué dulce voz? Atended. En incendios de cambiantes todo el aire se ve arder. Escuchad, oíd, atended, los casos de la Fortuna quieren advertiros, que es variable el influir, pero infalible el poder: a Himeneo le amenazan desdichas de amor, y a él no le basta a escarmentar la zozobra del temer: ya acerca el fatal destino el término de la ley, que solo sabe forzar, a quien quiere obedecer: y pues soy Dios de las Ciencias, ya mis influjos sabéis, que en la casa de las ciencias los desengaño se ven. De mi Templo en los retiros, hoy os mando, que buiquéis al anciano desengaño desagradecido bien: Himeneo, y Erictrea, buscadle, y advertiréis, que quien avisado hyerra, influjo no ha menester. Para el primer Solsticio del año, al amanecer, feliz esposo a Erictrea en público elegiré. Yo estorbaré disensiones de amor, que poco cortés, empleando en competir, se olvida de merecer, escuchad, oíd, atended. Qué horror! . Qué asombro! Qué susto! Ya de los Polos el eje, el aire intenta abollar, y el Cielo llega a romper. Gracias al Cielo que llega algún cuidado a deber Apolo a Himeneo. . Huyamos, pues, que no puede caber es nuestros ojos su lnz. A eso de huir, yo seré el primero, que jamás fui tartamudo de pies. Qué poco el aviso importa, si sabe el amor hacer peligros de los avisos! Que poco importa, que esté prevenido si quien huye busca el destino tal vez! Que hay que esperar, si este Tempio robusto inmóbil bágel, borrasca corre en el aire, crugiendo a tanto vaiben. . Qué hay que aguardar (ay de mí!) si del Templo la altivez despuebla en el aire espacio, que herede el aire después! . Aguarda, que en tu socorro, aunque amenazado esté, de malograr el aviso, otro mérito he de hacer. Yo también, aunque al horror se empiecen a estremecer, con los temblores del susto, uno, y otro capitel. Sigámosle, no se pueda al desengaño acoger. No importa, que el desengaño le avise cuerdo, que pues Fortuna, y Amor le siguen, su desgracia va con él. Aguarda, esquiva Deidad; pero ay Dios! dónde llegué? Qué inquietud tan horrorosa callad, no la profanéis, suspiros, pues en su espacio, misterio el silencio es. Qué al Desengaño llegasen! Pues hay cosa en que no esté en la vida un desengaño, si le quieren atender? ̱. Aquí el silencio se escucha, tan mudamente cortés, que no se permite oír, y solo se deja ver. La mansión del Desengaño es, según dan a entender tantas tragedias votivas, como visten su pared. A su soledad callada, cualquier eco, susto fue. Y de oír voces, el aire se empieza ya a estremecer. Susto me da el Desengaño, porque de su aviso fiel, quisiera con tu hermosura mi entendimiento esconder. Horror tengo a la verdad, pues aunque debo entender, adrede quiero ignorar, lo que ya es fuerza saber. La verdad temes? (ay triste!) Pues lo sientes? . Siento que tan cerca del Desengaño feliz ha empezado a ser. Yo, por no desengañarme el engaño invocaré. Y yo para despreciarle al Desengaño cruel. Asiste tú siempre al uno, que yo al otro asistiré. Pues el engaño mi amor invoque. . Invoque también, mi fortuna al Desengaño. . Fuerza será obedecer. Ah de la Deidad mentida, que con hipócrita tez, el mal nos sabe endulzar con la máscara del bien? Ah de la Deidad severa, que con afable esquivez, si es dolor de la esperanza, salud del deseo es? 1. Quién llama a las delicias del Engaño 2. Y quién del Desengaño a la esquivez? El Amor. . La Fortuna. Qué quieres? Mirar. . Atender. Los suaves engaños del mal. La esperanza aparente del bien. 1. Atended, oíd, escuchad. 2. Escuchad, oíd, y atended. 1. Los suaves engaños del mal. 2. La esperanza aparente del bien. Ya vuestras voces escucho. Como viniendo a atender al Desengaños el Engaño me ha respondido? Porque siempre a espaldas del Engaño, el Desengaño se ve. Cómo cuando a consultar aquí al Engaño llegué me responde el Desengaño? Cómo la pasión cruel, hace que engañe a un amante el Desengaño tal vez. 2. A qué venís? . Mi amor viene. A que por consuelo infiel, con ejemplares del mal; su obstinación ayudéis. Mi fortuna me conduce. A qué, pues no ha de tener enmienda con la amenaza, aquí le representéis; con horrores del castigo, los martirios de su fe. Mas el Engaño conspira a vuestra felicidad, pues si falta la verdad, consuela con la mentira: y así, pues burla la ira del desengaño fatal: amantes, amad, amad, sin temer del destino la ira, que si dura la mentira; no hace falta la verdad. 1. Amantes, amad, amad. El Desengaño, es Deidad, a quien gratos debéis ser, pues no solo os hace ver, sino ver la ceguedad: y así, pues con la verdad os quita el apetecer; amantes, temed, temed del amor una, y otra mudanza, pues siguiendo una esperanza, solo un dolor hallaréis. 2. Amantes, temed, temed. Yo soy Anajarte, que ya en piedra fría mi desdén me tiene de mármol vestida; porque no atendía ecos amorosos, soy en este risco alma de un escollo; y pues por esquiva, ya soy por mi mal un desdén de piedra de esta soledad. , 2. Amantes, amad, amad. Yo soy Atis joven, por cuya belleza humanó Cibile su altivez suprema. El amor ingrato en árbol me hizo, de las verdes selvas frondoso obelisco: y pues por amor, mi forma dejé, bien que no perdí mi verde altivez. , 2. A mantes, temed, temed. Yo Aretusa, ingrata, a un amor ardiente, convertido en fuente soy bulliciosa risa de plata; y si hasta el agua dilata su fuego, y sus iras el Ciego rapaz. , 1. Amantes, amad, amad. convertido en Río, con raudal tan frío, no apago del alma el incendio amoros y pues por amante ansioso, en plata mi sangre se mira correr. , 4. Amantes, remed, temed. Yo soy Dafne hermosa, cuya ingrata belleza, al amor odiosa, por tanta entereza, de verde corteza es alma frondosa; y pues veis mi mal. , 1. Amantes, amad, amad. Yo Jacinto he sido, que por ser fino amante, en flor convertido me vi en un instante; gemido fragrante, suspiro florido; y pues mi mal veis. , 2. Amantes, temed, temed. Y puesto que habéis mirado bellezas arrepentidas, a quien en almas, y vidas el amor ha castigado, y en la muerte ha encarcelado su obstinada libertad: amantes, amad, amad. Sin temer del destino la ira, que si dura la mentira, no hace falta la verdad; amantes, amad, amad. Y pues ya veis los pesares del amor, en sus violencias, que más que las advertencias persuaden los ejemplares; pues que no son singulares estos castigos en él: amantes, temed, temed. Del amor una, y otra mudanza; pues siguiendo una esperanza, solo un dolor hallaréis: amantes, temed, temed, Pues sabe, tirano amor. Sabe, fortuna cruel. Que siempre he de ser esquiva. Que siempre amante se

JORNADA TERCERA

4. . Duerma la noche, duerma, hasta que a rayos la despierte el día. En los jardines de Apolo yace la noche dormida, en el pabellón frondoso de tanta bóbeda umbría. 4. Y por no despertarla las fuentecillas, con mordaza de hielo aprisiona sus labios undosos, del Alba la risa. Pisa quedo, y con recato. De lo que la planta pisa, ni queda a los ojos huella, ni a los oídos noticia. Estas, del jardín del Templo, las rejas son. Bien lo avisan, voces, en cuyo contacto el viento se suaviza: y ya que convaleciente de las pasadas heridas, de la prisión me has sacado, mandándome antes que escriba a un Pirata, amigo mío, que fiel, recogido había de mi poderosa Armada las destrozadas reliquias, para que a vista del Puerto esté, y a una seña mía eche el esquife: qué intentas? Escucha antes que lo diga. . 2. El tenebroso silencio rompen con dulce armonía, vientecillos, que con hojas frondosamente suspiran. ? 4. Duerma la noche, duerma, t , , , , Aunque en sus ecos repita T ese sonoro tropel. 1. Amantes, amad, 2. Amantes, temed, TERCERA hasta que a rayos la despierte el día. Esta voz ha de avisarme mi ventura. . Pues si fías la seña a la voz, escuché tu atención tan suspendida, que al dulce aliento que oyeres no embarace el que respiras. Cuando amaneció Erictrea, la verde estancia florida, encendiendo iba tinieblas, en las luces de sus niñas. Que Erictrea al jardín baja dice la voz de una Ninfa, que de dádivas instada, mis afectos apadrina; y pues ha de ser mañana el día, en que Apolo elija feliz esposo a Erictrea, no será bien que una dicha deje a la elección ajena, cuando consiste en la mía. De ti me fío, que aunque me derrotaste, no implica eso a mi intento; pues antes (bien que en bárbara Milicia) con mi infortunio dejaste graduada tu bizarría: yo he de robarla esta noche. Bien en tu Flota perdida mi valor mostré, supuesto, que armada allí mi avaricia, el mar despobló de naves para inundarle de astillas. Y ya que la libertad te debo, que sacilita con tantas aguardas del oro la eficacia persuasiva, sabré pagarla, pues si una vez ocupa la marina mi amigo con sus fragatas, y llego a pisar sus quillas, acaudillando Piratas, que viven de la rapina, en los mares de Levante, desde donde la alta cima, del verde Jayán del Cielo, es sombra de Berbería, hasta el Adríático Jonio, y desde Creta a Sicilia, haré que de mi soberbia tiemble otra vez la vecina comarca del Elesponto, de cuyas Plazas altivas, la sombra se bebe el Golfo la vez que al cristal se mira. Pues a estas rejas espero, a ver si acaso me avisan, y me abren la puerta, tú a la Playa te retira para volver al mar la seña. . Yo haré infeliz está Isla si vuelvo al mar, de quien fui Ciudadano, a mi osadía, su mar en embate brame, su tierra en temblores gama. Ay amor! quién entiende. tus tiranías: si quieres, si intentas, si buscas si mandas en males alegres, en tristes delicias, que cante la pena, que llore la risa. De las orejas, me arrastran esta voz: si fuera Ninfa, lo hermoso de sus gaznates, para matar bastarian. Fuentes, que de mi llanto bebéis desdichas; vuestra risa me preste (gria. en su murmureo su hermosa ale- Feliz dulcísimo joven, cuya sonora armonía, hace dulce con los ecos las rocas de estas orillas; canta, que el suave acenmo, que tanto al llanto me inclina, con lo hermoso de la queja hace dulce la desdicha. Avea, que ayer cantasteis amantes celos; cantad, y solo amores en los arrullos de dulces gorjeos. Feliz tú, que cantar puedes, dichas de amor; pero mira, que no empieces a perderías, cuando acabes de aplaudirlas. Amor, si tus glorras fundas en dichas, que luego quitas, te engañas: pues qué más pena que lo breve de una dicha? Ay amor! quién entiende tus tiranías, si quieres, Si me olvido, que eres hombre, me matas por la tetilla; si la voz tuviese cara, qué hermosa. Dama serías? Ya bien canto? . Tan bien, que según el alma imagino, si mi retrato cantase tuviera tus voces mismas. Divertir quise a Himeneo del dolor que le fatiga, y no acerte pues a un triste los consuelos que examina, por más que la pena estorben, el sentimiento no alivian. Ay amigo! ya que supo unirnos la simpatia de las dos habilidades, hermanas, siempre, y amigas, pues hijas de Apolo fueron la Música; y la Poefía, y ya que nuestra amistad mis males te participa, no me diviertas mis penas, viendo cuanto martirizan, que es casi no conocerlas, el pretender disvadirlas. Mañana deciara Apolo, (aquí el corazón anima débil, pues viendo sus males, helada la sangre fría, temores son cuantos late, miedos son cuantos palpita! Mañana (oh labio!) que ya a la verdad te encaminas? ando huyendo de saberla, y me obligas tú a decirla? Manana sénala Apolo (oh nunca llegaste el día!) feliz esposo a Erictrea: y siendo así, que no aspira a elección tan soberana mi pasión, por desvalida, es fuerza aguardar la pena de que otro (feliz) consiga, lo que yo infelice) pierdo: pierdo dije? (ay ansias mías!) la prenda que nunca tuve la llore como perdida. Sabe el Cielo si lo siento, y más si advierto cuan fina vuestra amistad hoy me ampara, para que sacando a Cintia esta noche del jardín, que con la playa confina, en un vaso que he flectado la leve, donde en tranquila paz nos gocemos, supuesto, que según tengo noticia, no hay parte, que se quererle, y la clemencia benigna de Periandro perdona lo que toca a la justrcia, con que me vuelvo a mi Patria. Ya cesaron tan aprisia aquellos celos? . En pecas veces, que pude escribirla me ha dejado satisfecho: que mucho que lo consiga, si en favor de su verdad todo mi amor se conspira? la múnca ha de avisarme si es hora. . Ah suerte enemiga! no bastaba ver mis penas sin conocer que hay delicias! que aún entre tantos dolores no estuvo ocrosa la envidia. Feliz tú, que con el dueño, que adoraste, te retiras a gustosas soledades, porque, qué más compañía; qué más mundo, qué más Reina, que la prenda que querida se poser felizmente? puesto que en ella se cifra cuante bien cabe en el alma sin echar menos las ricas pompas, faustos, y grandezas, si la cordura averigua, que cuanto sobre al deseo no le hace falta a la vida? Con cuanta razón te quejas de amor pues sus tiranías, hurtando tus verdes años, malogren tu gallardía; pero ya ocupan las rejas, retírate, que atrevida me abrirá Cintia la puerta a tiempo. . Ya quería estar yo triste. . Por qué? Porque acordadome habías la ausencia de mi retrato; que en su beldad competían los ojos que le relucen con los diamantes que brillan. Desde aquí pueden oírse, músicas de las barquillas, las góndolas, y jabeques, que la noche regocijan, del primer Solsticio, en que con fiestas, bailes, y gritas, de leños pueblan el agua, y el aire de melodías. Desde aquí, como que miro tanta gándola festiva, ya de luces coronadas, ya de verdores floridas, a cuyos reflejos, es el mar ascuá cristalina, veré si llega Arión. Ya desde aquí se divisa el paseo de los barcos, con tanta antorcha encendida, que muere la oscuridad, quemada en las candelillas: yo quiero verlos de espacio, paseándome por la orilla . 1. Ya que mares, ni vientos braman, ni gimen, de la noche el silencio, rompan clarines. 2. En la noche apacible las ondas calmen; solo de mis suspiros las mueva el aire. 1. Hermosa vista. Ay de mí! qué importa si solemniza mi muerte, pues no es posible que Apolo a Himeneo elija, cuyos infortunios siento algo más que compasiva. Buen viaje. . Buen pasaje. Vaya de fiesta, y de grita. 3. Como el mar tan fereno se mira alegre, si en mis lágrimas tristes . dolores bebe? . Cintía? Erictrea? . Arión? . Himeneo? . Divertida tanto en la música estás? Si Himeneo; qué te admira? s de sus cláusulas graves elevada, o suspendida se divierte el sentimiento, ya que el dolor no se alivia. Flora? .̱. Yo soy. . Es ya tiempo? 1. La gente esté prevenida. Ay que no es eso! . Pues qué? Ver, que con pompa excesiva celebran tus bodas. . Calla, y no con quejas fingidas el dolor desagradezcas a que la elección me obliga. Calle el mar, no acompañe tristes lamentos, solo al son de mis ansias giman los remos. , . Pandión? . Señor? Haz la sena. Llevando siempre encendida bárbara antorcha compuesta de la broza, y la fagina, iré haciendo al mar llamada. . Permíteme, que te pida licencia para ausentarme, antes de verte rendida a otro dueño; y plegue amor, que logres tú tantas dichas, como yo desdichas llore, siempre huyendo de mi vida: y por última ffineza, dalcísima prenda mía perdida (oh cuanto dolor me cuesta decir perdida!) te pido, que inferir sepas en las amantes caricias del contento del dichoso, mis ansias, y mis fatigas, y adiós. Detente Himeneo. Entra, y logra tu osadía: que ya queda en una reja. Ciego amor, mis pasos guía. . 1. Hereden de mis ansias, si amante muero lágrimas, y suspiros, mares, y vientos. Buen viaje. Buen pasaje. Vaya de fiesta, y de gira. Pues si eso está ya dispuesto, aguárdame a la salida de la puerta del jardín. Mi dicha veré cumplida, pues Himíneo a Erictrea divierte. Quieres que asista yo a las dichas de otró amante, y entre ajenas alegrías, del desaire de otro amor se haga cómplice mi vista? No, pero tú quieres, necio, hacerte infeliz? no miras, que si despechada ahora, aún la esperanza te quitas, no puede hacer la fortuna mas de lo que hace tu ira? Aquí habemos de esperarle. Ya las murallas vencidas, qué esperas? . Vente conmigo: quién va? Logró su osadía: es esta, señor, la Dama? El Patrón de la sacría es este? . Qué, ha de ir al mar? Esta es, y pues ya la fría noche se va retirando, llevadla, que aunque de día en el Puerto estéis, no importa, pues no saben que escondida la tenéis: yo quedo en tierra por desmentir la malicia de que soy quien se la lleva; bien, que en vuestra compañía estaré a bordo mañana. Al mar, y ya conseguida. mi libertad, tiemble el mundo. del valor de mi codicia. No sé que me dice el alma, que solo a sustos ánima. . 1. Guarda noche mis quejas en tu silencio; y lo que la voz llora no sepa el eco. Yo he de ver que no te ausentes. Vente conmigo, hermoso dueño. . Ay de mí! Ah traidor, villano! . Amigo, qué es esto? . No sé, no sé, si ya no es haber podido la fortuna, en mis desgracias, gastar todos sus peligros, y no saber ya en mi daño lograrlos sin repetirlos: dentro del jardín hay hombres, que con ánimo atrevido a Eríctrea me arrebatan, sin que yo pueda impedirlo por las rejas, siendo así, que por valor, y seguirlos las alas del corazón rompen el pecho ha latidos. Cielos, no hay quien me socorral La voz de Erictrea oímos. Esto escucho sin morir? Tente. . Mi dolor impío, camino abrirá en el aire, o sabrá mi esfuerzo altivo, estas tejas arrancando, desplomar el edificio; más ay de mí! que el aliento felice, Cielos Divinos! donde no bastan las fuerzas, para qué alentáis los bríos? Ay de mí! Traicion traición. Detente, que a otro motivo la puerta está del jardín abierta, cuyo resquicio nos dará entrada a sus cotos. Si eso. Arión, conseguimos feliz Traición, traición. (soy. Hacia el jardín es el ruido. Poco el albóroto importa, estando ya prevenido Pandión. . Quién va? . Por aquí no hay paso, que este distrito guardo yo. . Pandión es este, que a mi defensa ha acudido con gente lleva esta Dama al mar, que el orgullo mío rechazará a quien la siga. Y tu hallaras en mis filos tal furia, que aún de escarmiento no ha de servirte el castigo. Fortuna al valor apelo, pues ya la ocasión perdimos. Entre mi amigo, y mi Rey a la Dama solo asisto. A la marina. . A la playa. Del Empeño me retiro: pues perdida la ocasión, no quiero ser conocido. Qué ruido es este? Ay de mí! Cobro el aliento perdido. Alienta, hermosa Erictrea, que que nadie, mientras yo vivo, sabrá ofenderte, sin ver en mi ardor su precipicio: De qué me sirve el desvelo, si pera ajena la libro? qué infeliz es la fineza, que para perder le hizo! otra fineza Himeneo? para qué, Amor vengativo, donde es difícil la paga acrecientas beneficios? otro peligro Fortuna? Para que, influjo enemigo, a quien no olvida su daño repites tanto el aviso? Qué es esto digo otra vez? No preguntéis lo que ha sido vos, ni ves lo repitáis, que hay calos en que es preciso, por begar los ejemplares, no ejecutar los castigos, y por esto quira nacen díchosos muchos delitos. 1. Cintía ha faltado del Templo. Aunque es muy justo sentirlo, que mucho fue, que emprendiese violar el sacro recinto la advenediza belieza que en sus claustros recibimos? Oír ultrajar su Dama, sin darse por entendido, es duro caso; qué yerro hace quien adora fino sin poder decir que adora, pues en casos infinitos, de las razones de estado hace martir su capricho? A desmentir la sospecha, que contra mi habrán tenido, vuelvo en las confusas tropas. Supuesto que Apolo dijo, que te nombraría esposo para el primer Solvicio en las riberas del mar, ya que a los trémulos visos del día, la Luna hermosa sus rayos apaga troso; a Apolo susequemos todos, en dulces lonoros himnos que adélame el día. . Quién Cielos pudiera impedirlo! Fortuna, aún quieres quitarme aquel fantástico alivio, que artifice de mi dicha engañándome fabrico! Amor, aún negarme intentas el consuelo, que concibo; pues no me le dejas cierto, no me usurpes el que finjo! El rato que se dilata del Desengaño el martirio, permíteme imaginarlo, ya que no sé conseguirlo! Lo que tarda el Desengaño piadosamente noscivo, concédeme ser dichosa, si quiera en mis desvaríos! Extranjero, dulce joven, tú con numeroso estilo invoca a Apolo, que todas tu acorde acento seguimos. Pompa del día, Astro benigno vuela los mares, bate las luces, corre los Cielos, enciende los rayos entrémulos visos: vuela, bate, corte, enciende entrémulos visos, Gigante ardiente, del Sacro Olimpo: sube las Zonas, rompe las aguas, arde la Esfera, hollando la senda luciente de Signos, sabe, rompe, arde, huella senda de Signos, joya que el Cielo obstenta rico: surca los mares, baña los Astros, apaga Estrellas, robando a la noche carbunclos lucidos, surca, baña, apaga, roba, carbúnelos lucidos. s - Despierta, Padre del día, que a tu alborada, con sonoro pico clarines son los dulces pajarillos, cobrando en tu joven albor matutino murmúreos los aires, guegros las aves, fragrancias las flores, y las fuentes su laquido bullicio: Ya la Aurora esparce aljófares fríos, destilando el Cielo en blando rocío. Ya deja en los campos su llanto benigno, de sartas de perlas, tantos verdes hilos. Ya diestra retoza en flores, y Signos, colores, que negra la noche, ha escondido. Dormida la rosa, ya da en el capillo esperezos frescos, bostezos floridos. Los Pájaros dulces, al dejar el nido, gorjeos sonoros bostezan dormidos. En Cielos, y Tierra número compito, de Estrellas que borro, a flores, que pinto. Y pues la noche, de los rayos míos huyendo va, envuelta en su manto umbrío. Despierta, Padre del día, que a tu alborada, con sonoro pico, clarines son los dulces pajarillos, cobrando en tu joven, albor matutino, murmúreos los aires, gorjeos las aves, fragrancias las flores, y las fuentes su líquido bullicio. Ya la Aurora las tinieblas desterró. . Y queda encendido el mundo en el Sol, que va dejando el lecho marino. Que haya quien quiera ver esto estando tan repetido? También lo repite el Cielo: donde cada día miro amanecer, y no cansa; fuera de que si ello es lindo, y hermosa vista, lo hermoso nunca es feo por muy visto. Oíd, Islenos, oíd. Un rayo mal desprendido del Sol taladrando el aire, se ve a la tierra vecino. En sus claros resplandores los ojos ha ascurecido. En él viene el lacro Apolo. Sin alma quedo al oírlo! Cielos, quien su entendimiento escondiera de su oído! Sabed famosos Isleños, que es Himeneo mi hijo, hurto de amor, que corona las victorias de Cupido. De Calsope el honor me hizo callar, porque quiso, mas que viviese ignorado, que autorizado el delito. Aunque tarda la amenaza del hado cruel, y esquivo, en el destino fatal la suspensión, no es olvido. Disvadirle procuré de su amor; mas ya examino, que anda su razón adrede huyendo de mis a visos. Y así; esposo de Erictrea hoy en público le elijo, porque en esta dicha halle sagrado de aquel peligro. Y pues vencer el desdén su ingenio solo ha podido, él mismo supo labrarse fortuna para sí mismo. Deba esta dicha a su Ingenio, burlando el poder altivo del amor, y la Fortuna deidades de fuego, y vidrio . Viva Himeneo, de Apolo, y Caliope hijo. Qué es esto? boda tenemos? de contento, salto, y brinco. Por no escuchar sus aplausos envidioso me retiro, volviendo contra mi patria, a atar los campos de vidrio. Si Apolo le ampara, en vano de la suerte desconfío. Siempre dejó conocerse su nobleza de su brío. Oh cuanta parte me alcanza de la dicha de mi amigo! Cielos, es esto ilusión? Cielos, es esto fingido? Ilusión es, pues no muero! Verdad será, pues yo vivo! Esporo yo de Erictrea? no; qué necio desvarío! pues a ser cierto, no hubiera muerto ya del egocijo? Esposa yo de Himeneo? si: qué dudar tan prolijo! pues tuviera vida yo a ser otro el elegido? Aspacio dichas, aspacio, que en el alma no han cabido tantos placeres, y el pecho revienta por admitirlos. Aprisa, aprisa, contentos, que incrédulo el pecho mío, me da prisa por lograros, temiendo veros perdidos, Qué es esto? suspenso ahora te vas retirando tibio? tan cerca de lo dichoso hallaste lo arrepentido? Qué es esto? dudoso ahora te diviertes discursivo? a la dicha tiene miedo quién la desgracia ha vencido? Señor, es purga esta boda que la tomas a traguitos? Resolvámonos, temor; . pues cierto, o no, determino gozar la ilusión, en tanto que yo me engaño a mí mismo; sonemos lo que soñamos, vivamos lo que vivimos. Esta, Eríctrea, es mi mano. Feliz quien la ha merecido; y con volverte el retrato, que eres su dueño confirmo. Ya que te dejo dichoso, permite que peregrino vuelva al mar, donde ya sabes. Necio fuera en impedirlo, sabiendo cuanto te importa: adiós, y lleva entendido, que siempre, Arión, soy tuya. Guárdete el Cielo mil siglos, que voy ufano de ver, que una vez se han convenido, a pesar de su ojeriza, el mérito, y el destino. Todo sea bailes, y fiestas. hay amor. aún desconfío de esta mano, que yo toco? . el incendio cristalino no es ilusión; yo no duermo, pues me veo favorecido en el tacto de su mano con dulcísimos desvíos: Déjame desconfianza, que si toco lo que miro, por fuerza quieres, que ahora mientan todos mis sentidos? Vamos donde se celebren, con aparatos festivos las bodas. Y en tanto, digan sus aplausos repetidos. Viva Himeneo, de Apolo, y de Caliope hijo. Para qué, di, me has llamado? Porque ahora el fin veamos de aquel duelo, a que dejamos Cielo, y tierra convocados: o tú, ciego Dios, violento, cuya ignorante pasión, para parecer razón huye del entendimiento. Tú, cuyo mayor poder es un flaco resistir, y lo que en ti es persuadir, imaginas que es vencer! Oh tu vana adoración de la casual influencia por quien hoy la contingencia es Deidad de la ambición! Tú a quien dan los codiciosos avarienta idolatria; de quien son, aún este día ídolos los poderosos! El que los pechos inflama. La que aún a la envidia asombra, Ah ciego Amor? Quién me nombra? Ah Fortuna? Quién me llama? Quién hoy te intenta mostrar cuan ocioso es ya tu herir, puesto que es el persuadir influjo eficaz de amar. Quien hoy quiere defender, borrando tu adoración, que donde hay buena elección, no es fortuna el merecer. No hay deidad que insluya amores, pues las ciegas voluntades, quieren suponer Deidades para disculpar errores. No hay fortuna, que el desvelo de la codicia importuna, introdujo la Fortuna por no quejarle del Cielo. Arión, ya con su dueño va, y de su Rey perdonado, su habilidad ha bastado a vencer su injusto ceño. Con Eríctrea, Himeneo se casa, y llegando a amar, su ingenio supo volar hasta alcanzar su deseo. Ahora os falta respuesta? Qué es esto? cómo no habláis? Todo es dudar. . Si dudáis, ved su aparato, y su fiesta. A las celebres bodas del hijo de Apolo, rendidos asistan, acudan vistosos los Astros, los Signos del Celeste. . De los verdes campos las flores, y troncos, del fuego las luces, los peces del Golfo. Pues su ardiente Padre, dómina imperioso, los Astros, los Signos del Celeste Globo. De los verdes campos las flores, y troncos, del fuego las luces, los peces del Golfo. Amor, si el sueño horrorosa es imagen de la muerte, déjame antes que despierte, que acabe de ser dichoso. A las celebres bodas, Ved si al Ingenio se auna, contra el influjo importuno, que a sí mismo cada uno se fábrica su fortuna? Qué fuego es este rabioso? Qué Besubio es este airado? Sin amor, un hombre amado? Y sin fortuna dichoso? Mas qué duda mi arrogancia? Mas qué dudo suspendida? Flechas tengo, y tiene vida. . Dicha tiene, y yo inconstancia. Apolo, pues otra vez a su daño se conjuran los dos, a su amparo acudamos. En su ayuda sabré revolver los Astros? no de los dos las locuras nuevos acasos aumenten, nuevos peligros influyan; y así, a Júpiter apele, contra su poder, mi industria, para que el duelo dicida, y el argumento concluya. Bien dices. Dioses piedad! No la habrá contra mi furia, que aún el mar sufre mi imperio, bien que brama a su coyunda. Qué es esto? Que Pandión fiero, cuya cólera sanuda, otra vez contra estas playas de nubes el mar munda, prendió a Arión infelice, que vagaba en una fusta, buscando a su Cintia amada, sin saber quien se la hurta. Pues a su amparo. A su amparo. Por más que lo dificultan de la Fortuna los golpes, y del amor las astucias. A estas voces, que en el mar, miseramente se escuchan de naufragros Marineros, que entre las ondas fluctuan. Y cuando a brazo partido, por salir a tierra, luchan, pensando que rompen sendas, van abriendo sepulturas, salgo del jardín al campo, en cuantos las calles suyas va discurriendo mi esposa: qué tiernamente pronuncia. el alma esta voz, que llena el corazón de dulzuras! Válgame Dios? qué hay en mí, que tan extraña ventura aún no me tiene contento? pensión es esta sin duda, de nuestra naturaleza, que todas las cosas muda; pues con ansias se desean, y con fastidio se gustan. No, que aqueste sobresalto, será, que aunque tanto adulan las dichas que no se esperan, con lo que alegran asustan. En el pecho el corazón, allá con sus voces mudas, sin que entienda lo que dice, habla todo lo que pulsa. l o. Ahora verás si el Ingeio basta contra la Fortuna. Himeneo? Ya a esta voz al Alcázar se apresura mi planta otra vez. Yo haré monumento de tu cuna. Ay infelice de mí! Yo sabré contra su injuria, para borrar tu tragedia. llevarte a mi esfera suma Vueló. Qué ruido es este? Qué es esto? Es la mayor desventura, que las Fábulas ce lebran, y los. Anales divulgran. Desde lejos vi, que toda esta máquina confusa, que infaustamente conronan las almenas que la mauran, de su peso desplomadra grave, a Himeneo seprulta, pues en desatados mi embros, disuelta su contextura arruinó tanto edificio, para fabricar su tumba. Ay infelice de mí! huiré la bárbara uina, que me oculta su cadáver miseramente caduca. Oh infeliz hado! que presto tus estragos ejecutas, por darnos a entender, que desdichas no mienten nunca! Todos en su alcance vamos. . En un día se le juntan los dos buenos de las hembras, el de nobía, y el de viuda. . Segunda tragedia ahora en el golfo se descubre. Piedad, Cielos! Favor, Dioses! Sin timón, vela, ni aguja, siendo Piloto el destino, Norte en los escollos busca, donde hará que el pino gima, donde hará que el buque cruja. Piedad Cielos! Favor Dioses! Si queréis ver como muda semblante el mar, a Arión arrojad en sus espumas. Qué es esto: que voz sagrada tanto rigor articula? Qué es esto Cielos! Llorar siemple yo desdichas tuyas. Vaya al mar. Ya que el decreto es forzoso que se cumpla, dejadme tocar primero mi lira, que la dulzura suavizara la desdicha. Pues sea presto, antes que hunda la nave al mar. Gran Heptuno ya te invozo en tanta angustia. Rústicos Ciudadanos de las ondas, líquidas Ninfas de sus aguas puras; húmedos moradores de sus senos, huéspedes verdes de su esfera inculta, rústicos, líquidos, hamedos huéspedes de las espumas, oíd, advertid, atended, escuchad. Ya hoy en, atienden, advierten, a quien persigue fuerte, escuchan rústicos, líquidos, humedos huéspedes de las espumas. , o Qué prodigio! Qué portento! Ved como a su voz se junta el marítimo concurfo de tanta escama a turba? Este sonoroso acento, cuyas consonancias caltas, en cristalinas bobedas el eco, (ra: a un tiempo las repite, y las murmu- de mis profundas cabernas me saca, para que acuda a Arión, que es mi hijo, a quien pudo su mérito solo quitar la Fortuna. Salga un Delfín de mi centro, cuya piedad, aunque ruda tabla escamada, de tanto naufragio, hasta la orilla feliz le conduzca. Cielos, qué nuevo prodigio de luces el mar inunda! Vaya al mar. Al mar. . Ay triste! Dioles, piedad! Será injusta. La espalda, aquel dulce joven, a un monstruo marino ocupa. Sacio padre Neptuno, que en la esfera cerúlea, campos de vidrio arando, liquidos páramos, humedos surcas, En tus hombros hundosos mi vida es bien que sufras, áspera, bárbara, rígida, y dura. Ya tú Delfín me libra, de que me ofrezcan tumba de tu seno, las ciegas lóbregas horridas, concabas grutas. Y pues llega la hora, que la antorcha diurna se apaga, y en tus ondas de púrpura, en piélago naufraga, Recíbeme en tu centro, (inunda. y con marinas plumas, transpontines de vidrio, tímido, trémulos, céfiros mullan. Ninfas, corales, y conchas, vuestra consonancia tuda toque imitando en las aguas el eco. del estruendo la bárbara dulzura. Norabuena venga el gran hijo, del que en su urga líquidos paramos húmedos surca. Norabuena venga a librarse de su fortuna, áspera, bárbara, rígida, y dura. A tierra el buque cascado nos ha arrojado con furia. otra vez beso la arena, que todo mi bien usurpa. Oíd, que ya Jobe con sentencia justa, al duelo dicide de Ingenio, y Fortuna. Sacro Coro de Deidades, aunque la Fortuna astuta a Himeneo, y Arión fatales peligros busca; Himeneo, colocado en nuestras Esferas sumas, es Dios de los Matrimonios, y Arión, con su dulzura le libró del mar, y así merece la piedad bruta del Delfín, que aún en el Cielo imagen de estrellas luzca: de donde inferir se puede, que aunque se muestre sañuda contra el Ingenio la suerte, la habilidad ya le encumbra, a un casi divino ser, que la suerte no le usurpa. Con que vencedor Apolo. con las dos Fábulas, triunfa, decidiendo en su favor, Duelos de Ingenio, y Fortuna. Himeneo, de Erictrea siempre amante, le asegura, no asistir nunca a sus bodas. si se casa, porque juzga, que aún en el Cielo, los celos sentirá de su hermosura. Dulcísimo amado joven, mal el temor te perturba, que yo sabré asegurarle, con una eterna clausura. Yo a Cintia daré la mano. Y yo por la amistad tuya bajaré al nucial festejo. Yo volveré a mis profundas bobedas. Y yo a mi llanto. Diciendo en voces confusas. Oíd, que ya Jobe, con sentencia justa el Duelo decide. de Ingenio, y Fortuna.