Texto digital

Texto digital de Duelo de honor y amistad

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Jacinto de Herrera y Sotomayor
Atribución estilometría
Felipe Godínez Probable
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Duelo de honor y amistad. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/duelo-de-honor-y-amistad.

Logo BICUVE

DUELO DE HONOR Y AMISTAD

JORNADA PRIMERA

No sé hermana lo que siento de no enojarte conmigo, cuando tan claro te digo, que te falta entendimiento. O tan necia eres en todo, que aún no sabes enojarte, o tan sabia en esta parte, que de saber buscas modo, sabiendo en ti conocer culpas de ingenio tan graves; porque saber que no sabes; ya es principio de saber. Yo no sé filosofías, pero sé callar. En fin. ha que has venido al lardín: Teresa, de mí te fías, como de hermana mayor; y así buscando el remedio de las dos, challado un medio que ha de lograr nuestro amor. A la Reina, mi señora; de Aragón, he yo servido de Dama, y tú que has venido. a la misma plaza agora, mientras Don Sancho de Lara, nuestro padre está sirviendo en la guerra al Rey, entiendo, que ya por tu buena cara tienes buen nombre en Palacio, que la hermosura, Teresa, suele acreditarse apriesa, y la discreción de espacio. Leonor, dime este argumento, Téngole yo de verdad a Don Ramón voluntad? Este a la letra es el cuento de un galán que se curaba de la vista, y al Dotor preguntó veo yo mejor? Quiérole, que es cosa brava? Quisiérasle para esposo? Y como que le quisiera. Y si él no quiere? . Que quiera, Qué ingenio tan lastimoso! No es Don Ramón de la casa. del Conde de Barcelona? no tiene gentil persona? pues si conmigo se casa, nuestros hijos no serán de este linaje también? En fin tú le quieres bien, y él es discreto, y galán; mas quien quieres que lo sea de tu ingenio? . Porque no? pero si soy boba yo, tú eres peor, que eres fea. Fea soy, pero ansivivo; discreta, no digo nada; pero soy desconfiada, que es el acto positivo, que prueba más la nobleza, De la discreción no quiero disputar cual es primero, el ingenio, o la belleza. Leonor, a mí no me agravia que lo pongas en despura. La raposa es muy astuta, y la gallina no es sabia, Y tras eso pienso yo, que cualquier hombre se inclina a comerde la gallina, y de la raposa no. Déjate de esa locura; sabes cuanto desconfío de mi ingenio, por ser mío, y por faltarme hermosura, que a Don Garcia de Haro, su amigo de Don Ramón, mire con inclinación, y hoy le escribí, hablemos claro, de letra mía us papel, diciéndole, que le llama, a este jardín una dama, sin haberle dicho en él mi nombre; porque he temido, si viéndome no le agrado, o que no venga llamado, o que no vuelva escogido. Pues que pretendes? . Hablar de noche aquí a Don Garcia; y en efecto si de día; sin poderlo yo excusar, aunque lo he de resistir, quisiere verme, imagino un ardid, o un desatino. Acábalo de decir, que siempre los que revientan de discretos, son pesados. Di que los desconfiados dudan todo lo que intentan, Digo, que ha de verte a ti, si quiere verme. . Y qué hará ncon eso. . A ti te verá de día, y de noche a mí. Luego en amorarle quieres? con tu ingenio, y mi hermosura! Dios te de buena ventura, haz de mí lo que quisieres. Teresa, pagarte espero; porque Don Ramon admire tu ignorancia, y se retire, hablarle de noche quiero con nombre tuyo, ingeniosa; porque te temo excluida, a ti por poco entendida, como a mi por poco hermosa. Lindamente lo acomodas, o qué bien! que yo de día vea a Ramón, y a Garcia muy de lejos; y que todas las noches, ya con el uno, ya con el otro te estés tu muy de cerca, y después me quede yo sin ninguno? Eso, Leonor, es mascar a dos carrillos. . Testigo serás de todo conmigo; y así no hay que recelar. Yo no temo ningún daño, casarme acreditada de discreta, y ya casada. llámese Ramón a engaño: mas hablarele de día? No, que te conocerán, vasí solo te verán lo Don Ramón; y Don Garcia. En fin he de hacer de modo que no me conozcan? . Sí. Ya viene, he de estar aquí? Como yo has de estar a todo. Parécete gentil hombre Garera a ti; a mi Ramón Yo he de logranla ocasión, Jardín, y dama sin nombre, o as como; o es aventura, La burla temo. . Quién va? es Don Garcia. . Aquí está, mas la noche es tan oscura, que no la he de ver la cara. Yo he sido tan obediente, que pienso que aquella fuente lo está moriutando clara, pues sin haber conocido por quien vengo a este jardín, Vos habéis venido en fin, pues seáis muy venido. Quién está con vos aquí? Una criada tan bella, y tan ouia yo, que a ella la habéis de tenerpor mí. No te descubras Teresa. , Y convos? . Un camarada, que podrá con la criada comer en segunda mesa. No hay cosa mucha, ni poca que comer. Qué bien responde! No hay manjar del alma? A donde diivo tienen las almas la voca? En la nariz. . Puede ser; por eso el buen olor suele alentar, que cuando huele debe un alma de comer. Por Dios que sois entendida, el ingenio sois primero. Vos el primer majadero que me lo ha dicho en mi vida. Conoces a Don Ramón? Es muy galán Caballero. Leonor dice que le quiero, debe de tener razón. Una mondonga se inclina a quien de señor se precia? Hágolo por no sernecia, que todo el mundo imagina que lo soy, y ello es verdad; mas aunque por serlo calle, por lo menos en amarle, no muestro mi necedad. La duda puede hacer pausa en ese punto; en efecto, yo os he llamado en secreto, si queréis saber la causa; yo os vi, no hay más que saber, ved vos allá Don Garcia, si el veros fue cortesía, o vuestra el déjaros ver. Yo confesando lo mal que a mí misma me resisto, quise ver habiéndoos visto, si sois a vos mismo igual, Y veo que ingenio, y gala son iguales de tal modo, que en cada parte hallo un todo, quien las mira, y las iguala. Pues si cada una en vos tiene extremo tan igual, no sabrá el amor a cual se ha de volver de los dos. Porque el alma suspendida en entrambas perfecciones, con sus mismas suspensiones, o se embaraza, o se olvida. Quiérelas ambas, y entre una, y otra tan partida espera, que ninguna deja entera, por no dejara ninguna. Elevada la razón mientras os oye, repara, si podrá ser vuestra cara como vuestra discreción. Que como el alma inmortal es todo espíritu, temo que alcanze menor extremo la hermosura material. Pero si el alma perfecta, perfectos organos pide, ya el ser hermosa se mide onp en vos, con el ser discreta, Y así, cuando la luz de lugar a tanta ventura, quiero ver vuestra hermosa, que agora adoro por fe. Porque es fuerza después de iros, pesear veros, señora, que mientras os oigo agora, en la gloria del oíros ninguna cosa deseo; porque aunque espero ver mucho, no hace falta a lo que escuchó aún todo lo que no veo. Mal me estará que me vea, quien me hace tanto favor; dicen, que es ciego el amor, pésame que no lo sea, Bien dicen, ciego es quien ama, No es ciego, pues quiere ver. Condas demás lo ha de ser el que na ha viston su dama, que amendola visto a ella, si para esorras no es ciego, podrá encontrar otra luego que le parezca más bella, y venira amarla más; lo aqu que esto es imposible en mí, si es fácil en los demás. Los demás esperan ver, y en otros ojos más bellos, yo no; y así cieguen ellos, que yo lince pienso ser Porque viendo la belleza, que a ese ingenio corresponde cuanta perfección esconde toda la naturaleza. En otras damas ver quiero, no porque podré dejaros por otra, que es fuerza amaros quiéndoos visto primero, sino porque acción forzosa el verlas a todas es, para averiguar después que sois vos la más hermosa. Si inelináis la voluntad a la belleza exterior, no me tendréis mucho amor; porque fue necesidad, no virtud, veros de noche. Ojalá el Señor del día, que en otro emisferio guía los caballos de su coche, deshaga aquí sombras tantas Ojalá los del Aurora pasen con más furia agora, y quebrando entre sus plantas los más hermosos luceros de alguna desecha estrella, un rayo caiga, o centella que me dé luz para veros. Ojalá después que os vi, pudiera con mis enojos sacarle al cielo los ojos; porque celosos de mí se visten de azul los cielos. Y si ven que oramo firme, temo que han de deslucirme con sus luces, o sus celos. Ya me debéis mucho amor, y así por fuerza he de veros. Basta hablaros, y quereros. Matárame ese rigor. Que en fin queréis verme? . Sí. Ya me empeñe en está empresa, verá la cara a Teresa, pues me vio el ingenio a mí. Pues don Garcia, la dama, que hoy sacare en el tocado flores de liston dorado, esa os quiere, y esa os llama: gran ardid se me ha ofrecido. . En fin la dama a quien viere flores doradas, me quiere? el color mismo ha tenido, proporción, gala, y decoro, porque después de nublado, parezca el Sol coronado, con flores, o rayos de oro. Pues ya eshora don Garcia. de recogernos. . A Dios. . Mas que mondonga sois vos, no se si esa voberia. es engaño. . Toma allá ese diamante. . Ya sé que sois muy boba. . Por qué? Porque es muy bobo el que da. . Leonor que ay de nuevo? has dado buen principio a tus amores? Ven, y darete unas flores que hice ayer para el tocado; porque has de saltí con ellas hoy entre las demás damas de la Reina. . Entre tus llamas saltan no sé que centellas, en que arder yo misma quiero. Escribele otro papel a Don Ramón, y di en él, que en las rejas del terrero le puedo esta noche hablar; hablarasle tu por mí; y yo que asistiendo allí tengo de oír, y callar, por ser necia habré de ser, según lo que agora infiero, como tahursín dinero, que mira a más no poder. Pues sea, o no sea locura, con esta experiencia intento, saber si el entendimiento, puede más que la hermosura. Mientras don Sancho de Lasa está de los infieles defendiendo mi Corona, truje a Palacio en dos veces a sus hijas, Leonor, y Teresa, en cuya nieve, que fuego interior anima, que espíritu blando enciende entre afectos encontrados, y entre afectos diferentes hallé un hielo que me abrase, y un incendió que me hiele. Yo en fin adoro a Teresa: de que estás triste? parece que te ha pesado de oírme? Señor, aunque a mí me pese, qué importa, si sois mi Rey? Luego, Ramón, también tienes amor, como yo a Teresa? Confieso que derepente, al corazón por los ojos entró un veneno tan fuerte, que cupo en la primer vista; mas niilcaltad, si conviene, será antidoto que cure aún mayores accidentes. Pues, Ramón, porque averiguen experiencias, lo que debes a mi confianza, quiero, que sin que la Reina llegue a entender este cuidado, solicites diligente, que me hable a solas Teresa. Tú le has de dar mis papeles, y procurarme los suyos; ya advierto el inconveniente, ya sé el riesgo a que te expones; pero demás de que excedes en entendimiento a todos, esta acción mía merece, que con fe igual me compitas, para que seamos siempre, yo el cuerdo más confiado, tú el leal más confidente. Aquí dio fin mi esperanza, dejad que los pies os bese, dudoso a cual debo más, de dos afectos valientes, o a la confianza en vos, que ningún peligro teme, o a la fe en mí, que asegura que os confiáis cuerdamente. Hablemos, pues, de Teresa. Jesús lo que me encareces la discreción de esta dama, si todas las noches duermes así, presto serás loco. Avísame cuando vieres flores de liston dorado en un Sol, a cuyo Oriente serán hoy entre las flores, mis pensamientos alegres invisibles pajarillos, que le canten mil moretes. Esos conceptos de flores, esos vivos ramilletes, que en la cabeza entre rosas, como en facistol viviente, can tan la solfa del Alba, ser sus prisioneros pueden en la jabla de la mano. Calla, que está el Rey presente, y muy valido con él Don Ramón, a cuyas sienes dan la virtud, y la sangre tan merecidos laureles. Don Garcia; . Alteza le dé licencia que llegue a Don Garcia de Haro. Tendrá el lugar que merece Don Ramón, si con vos priva. Deseo favorecerle, en fin sois grandes amigos. Señor, Pilades, y Orestes, Niso, y Eurialo, Acates, y Eneas; y finalmente Efestión, y Alejandro, cuando todos se cotejen con nosotros dos, a penas nombres de amigos merecen. Bien sabéis encarecerlo. Señor, . Alteza piense, que los dos somos tan uno, que porque un monstruo no fuese de dos cuerpos, se han unido las dos almas solamente. Bien podéis terciar Garcia; Ramón, por entretenerme me hablaba en Doña Teresa. Materia al hablar se ofrece, por recién venida agora. No sé si su ingenio puede ser igual a su hermosura. Punto Don Ramón es ese en que yo he pensado a sola; figuremos dos mujeres, una fea, y entendida, otra que al contrario fuese hermosa, pero necia: Cuál eligieras? . Parece, señor, que a la más hermosa; porque a los ojos se viene la misma hermosura, y entra por ellos mismos a hacerse dulce tirano del alma. Tan buscada, aún cuando ofende, tan amada, aunque castigue, tan servida, aunque no premie, que sin haber corazón, que en fin no se le sujete en la misma tiranía es dueño de cuanto quiere. La hermosa, si es necia, calle. y en el silencio se muestre mas señoril hermosura, mas serena, y más decente. Venga un hombre fatigado de sus pretensiones, entre a medio día en su casa, salga a recibirle alegre una mujer muy hermosa, no hay fatiga que no cese. Y si dicen; que el ingenio, que es todo espiritujexcede a la corporal belloza, digo, que mientras dependen de los orgaños del cuerpo las almas inteligentes, como todas sus acciones de los sentidos se mueven, lo espiritual olvidan, y lo sensible apetecen; y así vemos que las gracias. suelen causar más deserte, aunque son tan materiales, que con la risa se sienten, y que el más sútil discurso, porque es espíritú, suele, o tener menos aplausos, o cansar a los oyentes. Yo soy de opinión contraria, Don Ramón; porque no siempre hay luz para la hermosura, ay velos que nos la nieguen, hay mantos que nos la tapen, hay distancias que la alejen, hay paredes que la escondan, y hasta las mismas paredes, dicen, que tienen oídos; porque todo lo penetren las acciones del ingenio. El pasa a ver los ausentes en el más rémoto clima, no hay estorbos que le cerquen, no hay mares que le detengan, no busca rayos lucientes, no huye sombras oscuras, que como él a sí se tiene, no necesita de nadie para que le manifieste. No es tan noble la hermosura, que antes claro se convence, que busca favor prestado, mendigando ajenos bienes, que distante no se alcanza, cubierta no se concede, encerrada no se goza, y sin luz no puede verse. Añada más V. Alteza, que se acaba, o se envejece la hermosura con los años, y el ingenio es como el fénix, que renace de sí mismo, y mejor que el fénix muere, para nacer, y el ingenio se mejora inmortal siempre. Por eso vemos que el tiempo, quizá, o porque nos parece a vista de nuestro engaño, que va al paso de los bueves, con surcos de arrugas ara, si bien en campo viviente de la esquilimada hermosura, tierra ya flaca, y estéril; y el ingenio cuanto más frutificado, mas fértil le labran los mismos años, da frutos permanecientes de noticias, y discursos, con tal sazón, que en sus mieses es todo grano pesado, sin mezcla de paja leve. De aquí es también, que en los viejos la sabiduria crece, que suele ser en los mozos, como fuego en leño verde, donde aunque se ven las llamas, como es materia rebelde, o se apagan ellas mismas, o el humo las oscurece; pues por mucho que arda el fuego, hasta que el leño se seque; si entre el humo a veces luce, se esconde entre el humo a veces. Tal es la sabiduria, en los verdes años prende el fuego en ellos, mas como hay pasiones que se mecclen entre estas oscuridades, si en una acción resplandece, en otra se ofusca, dando humo que los ojos ciegue; pero en la edad seca luce la sabiduria, y vense arder las llamas más puras, que como no se detiene su acción en la resistencia, de la mocedad, parece que quedan libres del humo, que causar el verdor suele; de modo, que a la hermosura la laviduria vence, pues esta triunfa del tiempo, y aquella con él perece. Señor, . Majestad, se sirva de conocorme por algebrista de amor, o por humor, que pretende tener lugar con los Grandes. Cubrios, pues. Que más tiene un Grande que yo? cubrirse, pensando que lo merece; cúbrome, y pienso lo mismo, que hay ya que nos diferencie? que las cosas de este mundo son comedia larga, o breve; porque no son, como son, sino como se aprenden. Filósofo estás . Señor, entre tantos pareceres, quiero dar también el mío. A mi hermosura me fecit, bien, que las almas, son almas. que allá discurren, y entienden; mas mientras en cuerpos viven con los cuerpos se entretienen. Eso de sabiduria, esa razón, o esos entes con tantas formalidades, son muy buenos para el vientre de una idea de platón. A mí una moza que peque de gorda, antes que de flaca; ni tan circularque rueda, ni tan buida que pique, que oro por cabello peine, que del colodrillo al moño, sobre limpias trenzas siembre flores al Mayo, con perlas que el Alba misma se llueve. Una frente por lo blanco de mosquetas, o mosquetes, donde están los buenos gustos como en campo, frente a frente Unas cejas, o unos arcos con que el amor atraviese al corazón su flechita. Unos ojos tan alegres, que con donaire sus niñas parien cuanto al alma vieren; tan vivos que no se duerman, y tan castos que deguellen con una vista Judio a un pensamiento Holofernes. Unas pestañas archeras, que a estos ojos, como a Reyes de los sentidos, los guarden. Unas megillas que vierten líquida a partes la graña, cuajada a partes la leche. Una natiz no muy grande, ni chica extremadamente, ni Roma, ni Borromea, sino natiz de que aprende dulces perfieles Timantes, derechas líneas Apeles. Una boca compasada, a donde el ámbar aliente, a donde el alba seríe con dos labios, o claveles, custodia de una muralla de jazmines, u de dientes. Una barba, en cuyo oyo muertas mil almas se entierren; porque matar cuerpos solos ya son muy civiles muertes. Esta es la que elijo yo mientras carne se comiere, que esotra dama doctora, será buena para un Viernes. La Reina viene. Es posible que tanto tiempo me deje Vuestra Alieza, en que lo pasa? que yo sin oírle, y verle confieso que apenas vivo. La Reina sin duda entiende, mi amor, V. Alteza sabo que yo la pago igualmente, Hernando, Doña Teresa, la recién venida tiene flores de liston dorado. Su entendimiento excelente admité a noche, y agora su hermosura me suspende. Qué atento la mira el Rey, causa mis sospechas tienen. buena ha venido Teresa, gran lástima, que quisiese naturaleza extremarse, animando de esta suerte un cuerpo que es tan gallardo con alma tan diferente! Hannos dicho que es muy necia; Esto es pasión, bien se infiere. Vive Dios que si es posible, que en Reinas envidia reine, que la Reina está envidiosa, que a competirla se atreve la emulación misma apenas. Quiero que dudoso quede viendo las flores doradas en mí, y Teresa. . Detente, detente, Hernando, qué es esto? también el cabello teje Leonor con las mismas flores. Pues Don Garcia echar suertes. Señor, Doña Teresa U1 no es entendida? Creedme que dice mil necedades. Sin duda, pues lo consiente, que es necia, pero es hermosa. Ella lo escucha, y no vuelve por sí, muy necia es, pues calla. Leonorembiense me acuerde, no dijiste que no hablase, porque no me conociesen? Si Teresa. . Según eso ya puedo hablar libremente, porque ya me han conocido. No hables palabra, antes piensen que de modesta has callado. Seño teco lvavional de Esrio es este, ambas sacaron las flores, Teresa es necia, y infieres, que es Leonor la del jardín, la cual cuando Dios quisiere vendrá a ser el luno seco que como sabia gonierne en Constantinopla al Turco, en Árgel a Muley Jeque, bien que a la verdad no es fea, y así no te desconsueles; porque una mujer a escuras, es mujer, aunque sea sierpe. Solo porque calla es necia? no puede ser que desprecie con el silencio la injuria? la deidad más eminente túrbasé luego, aunque el hombre atrevido la blasfemie? no por cierto, antes callando, y sufriendo al que la ofende, da indicios de ser verdad en que luego no se vengue. Digo que es deidad Teresa. Aquí el ingenio se esfuerze, para ayudar el engaño. Don Garcia, no es prudente, Doña Teresa? mi hermana sufriendo está estos desdenes, por los celos de la Reina. Luego, Leonor, el Rey quiere a Teresa? . Si Garcia. Quién si no mujer tan fuerte vencerá su ingenio mismo. Hernando que te parece, soy buen intérprete? . Digo que desde luego te pueden anadir a los setenta. Teresa, qué aguardas? vete. Escribiste aquel papel? Tú puedes ir, y traerle, que escrito de letra mía le dejé sobre el bufete @ Biblioteca Nace del estrado? . Yo haré luego que se le dé, o se le lleve el criado de Garcia. Leonor, y cuando estuvieres con Ranión, no podré hablad Veremos lo que conviene. Vete agora . Ysi te pide que le abrazes, y requiebres, podré requebrarle yo, y abrazarle? . Qué inocente! Voy por el papel. . Hernando, fuese aquel Ángel, y fuese tras ella mi pensamiento. Por seguirla en impacientes suspiros éxhala el alma. Ciego amor, fuerza es que verte si la razón no me guía. (sueluo Voyme de aquí. . . Quén Pedirle señas más ciertas, y que diga claramente su nombre. . Y a S. Antonio que hace hallarlo que se pierdo que te depare tu juicio. V. Alteza se divierte, no está aquí. . Seguí a Tereso Él mismo mal se remedie a sí mismo, hablela el Rey, que si su ignorancia advierte, él dejará de quererla, paciencia celos crueles, que aunque en si las Majestado efectos comunes sienten es bien disimulen Reinas lo que sintieron mujeres. Viene V. Alteza? . Van Este mandó que te diese Teresa. . Un papel le ha dio Vaya V. Alteza, y deme licencia para quedarme. Tal soy que no he deleerle, hasta que el Rey lo haya visto. Ramón, cuyo es el villete? parece que te has turbado? tú mismo sin responderme te has entregado atí mismo, que hay sangre tan delincuente, que por no manifestarse, y andar recatada siempre, en el corazón se esconde, pero como también suele robar el color al rostro al tiempo del esconderse, en el mismo robo entonces, la conocen, y la prenden. Antes si el color se roba, señal de que se enflaquece el corazón, y la sangre acude por socorrerle; indicios da de tan buena, que al corazón favorece para alentarle a que haga quizá más de lo que puede. Este es papel de Teresa. Segunesto el papel debe de ser para el Rey; mi amo que por Teresa se muere echó buen sance, y yo he sido sin saberlo el alcahuete. Voy a decírselo todo. . En fin Teresa te quiere? No sé lo que el papel dice. Dice el papel de esta suerte. Don. Ramón, no es culpa mía que habiéndoos visto os quisiese, y ambos seremos lueces deseo esta noche hablaros, pagadme esta deuda, y vedme en las rejas del terrero, porque sus hierros acierte. Quien así te escribe es necia, No he visto papel más breve, ni con más buen aire escrito; que ella me llame, y me ruegue, y que es fuerza ser yo ingrato. valedme cielos, valedme. Ramón, yo estoy sospechoso, esos sulpiros ardientes, ese semblante tan triste me han dicho como procedes. Señor que a Teresa adore el alma, y que no la altere este papel, no es posible, éxalose un vapor leve; subió hasta media región, turbó el aire derepente, y en marañole una nube; permitid, señor, que truene al tiempo que aborta el rayo, que se lacuda, y se quiebre hasta que se haya deshecho por los ojos que la lliseven. Dad tiempo a la tempestad, que después que se serene el cielo, nublado agora, y que la formenta cese. Mi lealtad es Sol, a quien turbar vapores no pueden, se aperecerá más clara apesar de inconvinientes, Don Ramón, habla a Teresa, que yo quiero estar presente, y averiguar si es tan necia como la Reina encarece. Digo que debe ser mudo, y ciego el que es obediente. Juntos iremos a hablarla, de su entendimiento . Amor, dame paciencia, o la muerte. Ruégale a Dios que sea necia si quieres que te la deje.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA II. Señor, confieso que ha sido vuestra heroica confianza favor tan alto que alcanza al cielo donde he subido, mas esta merced os pido, porque os importa a vos esta. Teresa el vivirme cuesta, y hablarla yo de amor ciego, es como aplicar el fuego mielo una materia dispuesta, da Vos venís a exeminar si es necia, o si es entendida, muy acosta de mi vida pon lo queréis averiguar: Mas mandarme estar, y hablar en amorosa contienda, con dama que así se prenda, y que yo amara tan firme, parece que es persuadirme vos mismo a que yo os ofenda. En fin vuestro amorme obliga, que estando juntos los dos, yo solo, oyéndolo vos, l fingidos amores diga. Temo que no se consiga el fruto de estas quimeras, que entre burlas lisonjeras zeréis vos que estoy fingiendo, yo que lo estoy sintiendo quizá lo diré deberas. Ved, pues que es peligro extraño lo que vuestro amor me manda, que el amor es peste blanda, es apelecible engaño, OMIICLÍA cierra, os ojos al daño odina al vez un snabe olvido. con que le adverme el sentido, y en los brazos de ese sueño pasa a obligación de espeño la burla de haber fingido. Ramón, el peligose, pero aunque a Teresa amáis, también se que acrisoláis la en el riesgo vuestra fe, demás de que le hablaré de ese modo; y de otro no; pues ella a vos os llamó. Vos sois quien sois; y en efecto me habéis de tener respeto, up estando presente yo. En fin vos habéis de hablarla, y ver, sin que ella me vea si es necia? . Ojalá lo fea, pues siéndolo podré amalla. Dejele hacer, oye; y calla. Dizede el Rey queterme espera no le querré aunque se muera. Yo lo dispondré de modo que lo remediemos todo, y que Don Ranión te quiera. Ya la ventana han abierto, llega Ramón, que yo aquí estaré junto de ti . Quién es? Un vivo, y un muerto, Don Ramón si es eso cierto tendréis en mi buen lugar, porque os vengo a desear vivó para quien os ama; y muerto para otradama que celos la puede dar Tendréis por atrevimiento llámaros en un papel, y habréis conocido en él ya mi poco entendimiento. No sé si os diga que siento ver lo mal que se intél preta la acción quizá más perfecta; porque no hay más discreción que laber en la ocasión despreciar el ser discreta. Mucho importa proseguir .̱ aquella caltela mía con que engañe a Don Garcia. Todo os lo quiero decir. En fin, yo vine asentir a la Reina con los celos, y tanto, viven los cielos, mi fe de leal se precia, que antes parecero necia que dará su alteza celos. Vive Dios, que a ti te adora, y que a mí me ha despedido; pero que te ha parecido? Que es muy necia, y veo agora que la Reina mi señora tiene razón. . Antes ves que habló discrata, y cortés. Vuestra Alteza no se queje, que es necia porque la deje, pero no porque la es. Basta, tú tienes razón, de lo pasado me pesa, que hacerte hablar a Teresa, es ponerte en ocasión: despídete don Ramón, mas no te vayas de aquí que habré de irme tras ti, y es tan discreta, que entiendo, que la estaré siempre oyendo. aún hablando contra mí. Parece que estáis suspenso? Pensando debo de estar, que pienso que hay que pensar contra un amor tan inmenso. Fue pulla aquello del pienso Leonor? que como soy ruda por mí lo dijo sin duda. Hay bestia igual. . Qué molestia! en eso si que soy bestia pues he de estar siempre muda. No estáis sola? . De este empleo es testigo una criada. Todo no ha de importarnada. Muy poco alentado os veo. Las alas corté al deseo, y así me voy por lo llano, y aún así temo no en vano tropezar en la llaneza, si no me tiene su Alteza, o vos no me dais la mano. La mano ha pedido, yo se la daré por detrás, como que tú se la das. Mano queréis? . Porque no? claro está pues la pidio? De mí os burláis vos también Yo, para tener a quien va a caer, no valgo nada, deos la mano esta criada, porque ella os tendrá más bien Veisla aquí que es una pella de nieve. . Graciosa estáis. Veisla aquí, no la tomáis? pues quedareme con ella. Sabéis lo que he imaginado? que esperabáis al señor, pues previno vuestro amor criada para es criado. Celitos del Rey, mi Rey? Eso no, no estoy celoso; porque en mi es lo más forzoso cumplir con la buena ley. Qué tanto amáis a Teresa? habéis de decirlo presto. Mas que amí. Ramón, qué es esto? Un error dicho de priesa; que ha sido en mí, aunque es mío, porque en tanta brebedad, fue acción de la voluntad; pero no del albedrío La verdad, sabréis querer? Librase de amor alguno? Y queréis ser para en uno con Teresa? . Puede ser. Puede seri géntil respuesta, cuando esperé, y era justo mil hiperboles del gusto, y mil gustos de la fiesta, respondéis al casamiento con tan flemático amor? Ya que estáis de buen humor, resporideré con un cuento. Dijéronle a un Caballero la mormuración que había de lo mucho que mentía, y él dijo a un paje, yo quiero en mendarmo, a ti te encargo que te estés siempre conmigo, y si algunos cuentos digo, cuando vieres que me alargo! en lo que voy a decir, tírame estando alli junto de la capa al mismo punto, y no me dejes mentir. Esperó el paje ocasión, y su amo en la primera dementir, que en fin ya era aquella su inclinación, dijo; en una casa mía tengo sala de mil pasos de largo; y no son escasos. Y cuantos de ancho tenía, preguntó luego un oyente, aque el pajele tiró de la capa, y respondió, T seis pasos tasadamente; replicaron los demás, A pues como así lo trazastes que a sala tan larga echastes seis pasos de aucho no míás? y a los que le preguntaron, respondró él al pasar, mas le quisiera yo echar, sino que no me dejaron Yo me aparto, y finjo que llego agora. . Paciencia me de amor, gente viene. Voyme. . Por que tan apriesa? Quien va . Quién es? El Rey soy. Yo Don Ramón, que a Teresa, que aquí gozaba del rresco, hablé de paso. . No os vean aquí otra vez, idos luego. Ramón se va, el Rey se queda, yo me retiro, habla tú, y finge que eres tú misma la que has hablado hasta agora. Dicen que como yo aprenda a hablarbien; y tenga ingenio podré parecer discreta. Terela hermosa, aquí está un Rey, que os pide licencia para decirque os adora. No respondéis . Linda tela, era el raso azul del cielo, si no se manchara apriesa. Antes nunca hay nccidente que deslustre su limpieza. Pues las nuces no son manchas! Vive Dios que se hace necia agora que habla conmigo. Teresa hablemos de verás, ya sé que eres entendida. No hay que sacar consecuencias que a Don. Ramón quiero bien y él no querrá que yo os quiera. Que te ha dicho Don Ramón? Yo oí decira un Poeta que el amar todo es embustes. Díjome que no os quisiera, porque soy una inocente, y es un Herodes la Reina. Luego Don Rainón me vende Poco importa que él os vendír si yo no os quiero comprar. Bien arguye su cautela el cuento del mentiroso, yo castigaré mi ofensa por vida de mi Corona. No le hagáis mal, ya me pesa de haber dicho esta mentira. Hernando; si galantea, según lo que me dijiste, el Rey a Teresa, y ella le escribe, no hay que dudar, porque conforme a esta cuenta Leonor es la del jardín. Pardios que Leonor no es fea, aunque se infame ella misma, porque de puro discreta, dio en ser muy desconfiada. Si en una ventana de estas la hallase a caso, no pienso contentarme ya con señas, sino con que me hableclaro. Probemos ventura; espera que allí está un bulto, que tiene de altor más de dos mil leguas; Jesus que cosa tan alta. Callagallina, no temas, que un hombre es como los otros. Dios por su Santa Clemencia me libre de horas menguadas, y de fantasmas que erezcan. Mira que hablas con un Rey. Vive Cristo que el Reyera, mira tú si era bien alto, pues era la misma Alteza. Teresa tu sangre ofendes con ese estilo. . Teresa es la que está con el Rey. Diga el Rey lo que dijera una discreta, y direlo; será el sacristan su Alteza, y yo seré la campaña, que como almiño en la escuela lleva el Maestro la mano, a ella le lleva la lengua el sacristan que la taño. Hay tan notable respuesta! bien me lo dijo Leonor, por no agraviar a la Reina se fingenecia sin duda. Y que diremos, si fuera verdad que Teresa es voba? Verás con qué diferencia discurre hablándome a mí. Cansado de tus quimeras, quiero dejarte. . . Él se va. Garcia, que aguardas, llega. Recogete, que es muy tarde. A Dios, que voy muy de priesa, que me estoy durmiendo toda. . Podrá llegar quien desea sacar fruto de unas flores, Teresa hermosa, a estas rejas? Es Don Garcia? . Es un alma rendida a vuestra belleza, que por culpa de unas flores es esta noche alma en pena. Eran las flores doradas? Quizá estuvo en la materia la cuipa, y el caso hizo un monstruo de dos cabezas, que o las unió algún error, o las mueve un alma misma. Bien supiera responderos, que aún en los monstruos no hierra la intención de quien los hace, que asi pienso que la enseña la mejor filosofía. Adviertes de que manera discurre agora? . Hablarse. Aunque celos do la Reina me han hecho necia. . Hh sido necedad que lo parezca, quién es Seneca con mono. En fin sois Doña Teresa, en fin sois la más hermosa. En fin soy quien es más vuestra. el Rey estaba con vos? Tenéis celos? . Será fuerza si dais vos misina la causa que quien tiene amor los tenga. Yo si los tendré, vos no: porque quizá en vuestra idea habrá mudanzas de objetos. Tan superior a la rueda de la fortuna es mi fe, que aprenden de su firmeza a serfirme el firmamento, y a ser fijas las Estrellas; que amago de otra hermosura, que impulso de deidad nueva violará el culto a estas aras? Doy que a mi fe verdadera la apostasía de amor primer ímpetu se atreva con voluntario deseo, acción de apetito apenas: qué pasión mal corregida, que inclinación lisonjera querrá turbar Sol tan claro, que en vapor no se resuelva, que en humo no se deshaga; o en aire sodesvanezca? Vistes marinos embates, que en margen de opuesta arena quebrados le desvanecen; desvanecidos se quieoran; tan deshechos en sí mismos, que aunque locos no escarmientan, espumas vuelven humildes las que olas vienen soberbias? Pues sea un mar inconstante la condición inquieta de la variedad humana entre embates, y violencias. Haya pensamientos, olas que amenazando firmezas, lleguen como a opuesta playa donde mi amor las espera. Que como allí al dar el golpe es tanta la resistencia, con su mismo símpetu todas suelen quebrarse en si mismas. La arena soy, toimen luego porfiadamente necias, que ya que no escarmentadas, yo las volvere deshechas. Veis todos esos favores, veis todas esas finezas, me está pelando de oírlas. Por qué? . Porque es cosa cierta que me las dicen a mí pensando en otra más bella. No digáis tal . Ahora bien, yo desparzo esa pendencia, con una pregunta breve. Aquella criada, aquella mondonga que da diamantes, querrá un rato de converfa? (ta No está aquí. . Con ser tanto dice algunas agudezas, cuando habla de Don Ransón. Aunque de Ramón me cuantan que es muy grande amigo vuestro la ley en que no dispensa un amante, eaplsecreto; ni Don Ramorrini el Rey sepa que me habláis yos por qué importa y advertid más, que el Rey piensa que yo quiero a Don Bamón; Luego el Rey tiene sospecha de Don Ramón? . Si Garcia. Como a Don Ramón no ofenda silencio eterno os prometo. Pues cúmplime esa promesa. Pondré un candlado a mislabios Y ya en mi boca está puesta sa chapa, y la certadura, aunque para tales puertas los de mi camara suelen tener sus llaves muestras. A Dios, que encargo el sedreto y no es razón que amanezca y nos descubra el Aurora. A Dios que ya las tinieblas van apriesa a recogerse. Y el Alba viene tan cerca, que con blanco pie a la noche le pisa la falda negra. Esta noche, Don Ramón, sé que con vos salió el Rey; y advierto la buena ley; no me deis satisfacción, que debéis serobediente i acuanto el Rey os mandare, aunque el afecto repare en algún inconveniente; que claro está que si Alteza no empeña su voluntad a donde la necedad es pensión de la belleza. Don Sancho de Lará agora ha vencido una batalla, con que hoy Aragón se hallado libre de la será Mora. Y cuando al fin de esta empresa le esperamos vencedor, le honrará el Rey mi señor: celosa está de Teresa, . fuera de que es más que todos, que V. Alteza lo quiere, y si de Teresa infiere, viéndola hablar de aquel modo, o callar que es ignorante, vuestra Alteza esté advertida; que es con extrenio entendida, y que quizá es importante fingirse necia. . Por qué? Porque yo la adoro, y ella tan ingrata como bella, tan mal me paga esta fe, que deseando que yo venga en amarla a cansarme, procura desagradarme; por eso en ser neciadió, o en parecerlo. . Ramón, vos me engañáis. . Esto escierto. Sabéis lo que agora advierto, que tiene al Rey afición, pues a vos no os quiere bien, que pudierais ser su esposo, y que viendo al Rey celoso os trata a vos con desdén, o por engañarme a mí, quizá ser necia ha fingido. V. Alteza ha discurrido en mi favor. . Esasí; pero yo os quitaré a vos deldado del Rey. . Deseo ser muy leal. . Ya lo veo: ahora bien, idos con Dios, (fuera: que el Rey viene. . Salios D Ramón, no os vais. . Cón ira parece que el Rey me mira. . Mas idos que allíos espera Don Garcia vuestro amigo. V. Alteza está enojado, debe de haber escuchado lo que habló Ramón conmigo: dire que me dijo aquí; . Ramon que quiere a Teresa, por ver si así lo contiesa. Qué dijo Ramón de mí? Díjome, que estaba agora muy pálida una discreta, que porque a mí me respeta, finge que todo lo ignora. No son vanos mis recelos, que me dicen, que se precia de ingeniosa, y se hacenecia, para desmentir mis celos, Culpas a culpas añade: Don Ramón quiere en efecto a Teresa, y en secreto a la Reina persuade, que con sus celos impida mi intento, luego los dos competimos; vive Dios, que le ha de costar la vida: Don Ramón es desleal, Alteza ha declarado, o su nmor, o su cuidado. Y Teresa, aunque hace mal, visto el engaño después; que V. Alteza lo siente, por mostrarque está inocente ha fingido que lo es. Ella es necia por lo menos en haberlo parecido Muchas veces han perdido los buenos, por ser tan buenos; después que el secreto oyó a Teresa, está rabiando por decirlo el buen ernando, y el buen Hernando soy yo. V. Alteza, y Don Ramón con mienen en que haber sido Teresa necia, es fingido. Yo llego a linda ocasión, a decillo me resuelvo. Pienso que de dar audiencia es hora va, con licencian de V. Alteza me vuelvo. . De V. Alteza la mano a un criado tan discreto, que nunca guardó secreto, y llamen a un Escribano diré mi dicho . No es pvuestro señor Don Garcia? Yo asisto a su Señoria, declare el testigo, pues, con toda solemnidad, el cual después de haber hecho la Cruz conforme a derecilo, prometió decirberdad; yo les doy con la del Martes. Decid, y ved que ha jurado el testigo? . Preguntado, que si conocea las partes, y de aquesta causa tiene noticia, dijo, que sí. Preguntado, si es así, que es embustera solemne Teresa, dijo, que es cosa notoria, que se recata; y se finge mentecata, porque la Reina es celosa, Preguntado, si Teresa quiere al Rey, aunque lo esconde este testigo; responde, que la garatusa es esa, y que este testigo dio a Don Ramón un papel, que ella le escribió, no a él, si al Rey, porque él le leyó. Preguntado, si es amigo el dicho Rey de la dicha Doña Teresa, o por dicha lo pretende: este testigo, dijo, que en su Alteza cabe ser dueño de todas juntas; pero a las demás preguntas, responde, que no las sabe; que otros que por interés dicen, siempre su descocan, y dijo, que no le tocan las generales, y que es de un ano, si bien se inclina, que en el segundo va entrando, y lo firmó Don Fernando Fernan dez de Fernandina. Pero todo lo que aquí, con descuido, o con cuidado, dijo, del Rey va testado, non ala, que no es así Bien, yo te doy en tu dicho por ratificado ya Pues, señora, si ello está dicho ya lo dicho dicho Toma, y dime cuanto overes de este amor. . Seré estafera de toda nueva secreta, Reina de las Reinas eres. Di lo que quieres decirme. La Reina está agora aquí, vete. . Oigan la moralidad. Comérame a mí la Reina? no quiero irme. . Teresa. Señora mía. Cómo te va en Zaragoza? Dicen que soy buena moza, qué importa la hoberia? Muda de lenguaje ya, que es eso que finginquieres, indignidad en quien ores. Leonor mi hermana dirá, que sabe hablarme a mi modo, lo que eso quiere decir. A tu padre he de escribir, dándole cuenta de todo, sinq me dices, porque esta locuía has fingido; dime verdad, porque ha sido? Qué brava historia que sé! Mormuraban del León, que tenía mal aliento de boca, y él descontento de tener esta opinión; como es Rey este animal, mandó que todos le oliesen la boca, y luego dijesen si le olía bien, o mal. El que llegana, decía, mal le huele a V. Alteza, y él con enojo, y brabeza le matava, y le mordía. Fue la Zorra, y preguntada, huéleme mal? respondió, tengo romadizo yo, y no he podido osernada. Y tú la fábula dices de Astuta, y de maliciosa. Debió de hablar la raposa como yo por las narices, por fingir con propiedad. Lo mismo quiere ella hacer. Esta ha de echarme a perder. Ya pasa de necia a loca. El Rey me parece a mí que pide mucho, y que así le huele muy mal la boca. Es como el Leon bizarro, y en pedir no comedible, pues en oliendo que pide, ser Zorra, y tener catarro. Tú sufres esto a tu hermana? Hablando en la discreción dije otra comparación de la Zorra harto galana. Posible es que no te corras? Bebéis vino? Yo en mi vida. Pues como sois tan leida en la historia de las Zorras. No hallo remedio que cuadre, todo es duda, y confusión; pero esta reportación debo a Don Sancho su padre. Temiendo estoy algún daño. Don Ramón me dijo a mí. Ya sén qué quieres. . A quién? a Don Ramón, hago bien. Todo es cautela, y engaño: Don Ramón me dijo a mí, que Teresa le aborrece, forzoso el rigor parece. Teresa mira por ti, que haré una demonstración; ya sé que fingirte quieres, ignorante, y no lo eres. Dijoos eso Don Ramón? pues sabed, que aunque ya sea mi discreción tan famosa, que yo soy necia, y hermosa, y Leonor discreta, y fea Si me hablas más de ese modo te he de castigar, Teresa. Leonor, mas que me echan presa, y que me pones delodo: yo os quiero hablar al oído. Si lo dice, y no lo niego se sabrá el engaño luego; va el remedio he prevenido, yo quiero decir también que es fingida su ignorancia. Alto, lo digo; en sustancia a Don Ramón quiero bien, y si discreta me halló, es porque Leonor le ha hablado de noche, y ha publicado, que quien le hablaba erayo. Leonor, es estaberdad? Cómo verdad? yo que puedo. . decir, sino que es enredo, como lo es la necedad. Señora, ella si se precia de entedadora. Confieso, que decisverdad en eso, como en decir que eres necía. Ahora bien, dejadlo ahora, que yo lo averiguare. Claro el embúste se ve Idos con Dios, Hh traidora, que has hecho? Decir quién eres. Yo te daré mil enojos. Leonor, ya he abierto los ojos, agora haz lo que quisieres. Mal reposa quien bien ama; necio es amor, pues porfía. Hernando llama a Garcia. He de ver para que llama a Garcia el Rey. . Él viene, el lobo está en la conseja. Solos a los dos nos deja. Oirá los dos conviene. Garcia, seáis bien venido, a solas os quiero hablar; yo soy Rey, y vos vasallo, ya veis a que os obligáis. Yo quiero bien a Teresa, yo hice en mi voluntad a Don Ramón mi tercero; y él como yo, a mi pesar, también la quiere: que es esto, también como él os turbáis? bien hacéis, que una traición debe aún oída alterar. El fue el más leal criado, y tan desleal es ya, que mi amor dijo a la Reina. Vos, pues, me habéis de vengar, muera, muera Don Ramón, no importa que vos seáis tan le al amigo suyo, que antes así será igual a la injuria la venganza; porque es sin duda igual, pues el más loal ofende, que le mate el más leal. Ya este amor está sabido, escuchemos lo demás. Parece que estáis confuso? obedeced, y callad. Por fuerza he de obedeceros que os han informado mal; porque la fe en Don Ramón, es como el cielo incapaz de impresiones peregrinas, Si al número celestial, astro añadido parece, un Cometa ha de juzgar, quien lo ve que no en el cielo, sino que en el aire está; porque el cielo incorruptible no admite en si novedad. Los mismos ojos se engañan, y los oídos están sujetos a oír traidores. Señor, engañado estáis, no os alteren apariencias, sabio sois, diferenciad. de los Cometas los Astros. Doy, que es forzoso dudar, si fue desleal Ramón, o si vos os engañáis. Doy que en uno, y otro ay dudas; el sabio, cuando las ay no ha de pensarlo más fácil; pues más fácil es pensar, que vos estáis engañado, que no que él fue desleal. Mal discurris, Don Garcia, como mo puedo engañar, si a mí la imima Tereia, me dijo con libertad, que quería a Don Ramón, y que él arbitrios la da, para que a mí no me quiera, hoy le habéis de matar, Ya Teresa me previno, que el Rey, aunque es falsedad, piensa que ella a Ramón quiere; pues si a él la vida va, aunque yo arriesgue la mía, bien me puede perdonar el secreto de Pelesa, que he de decir la erdad. Señor, no a Don Ramón solo, aunque esto pudo bastar, a vos, a mí, y a Dios debo lo que ya diré; escuchad, que aunque frágil leno entregue a tantos golpes de mar, no es bien por salver la vida, que peligre la amistad. Teresa, que tan astuta, como fina, sabe amar, por más fe, por más secreto, o por más seguridad, dijo, que a Ramón quería. Pues, señor, no lo creáis, no a Ramón, a mí me quiere; yo, yo adoro su beldad, si hay culpa, en mí está la culpa, no en Ramón; que es un cristal la firme fe de su pecho, que no se puede quebrar; porque si el cristal se quiebra, en los pedazos podrán parecerse muchas caras, y él una tiene no más. Yo, pues, por su discreción, aún más que por su beldad, amo a Teresa, y a ella, aunque vos me la quitáis, se le van tras mí los ojos, Oh como es gran necedad fiarle de ojos humanos, que son ojos que se van! Mucho sentiré perderla; vos no admiréis, pues amáis, que a la causa del dolor sea el sentimiento igual; sino que en una razón, donde no hay capacidad para una pena tan grande, tenga la vida lugar. Mas si en el mismo alentarme el aliento he de gastar, por fuerza he dovivir menos, cuanto me alcanzate más. La enredadora es Teresa, aquí que hay que haber iguar, pues confiesa Don Garcia, que le tiene voluntad; a él, y no a Don Ramón; y ella ha dado en publicar, quo es Don Ramón a quien quiere, Leonor me ha dicho verdadad, a su padre he de escribir, que si quiere remediar a Teresa, a Zaragoza se venga con brevedad. Bien puede ser Don Garcia, que ella no quiera pagar a Ramón, y a vos os quiera, mas el vendiendo lealtad, me dijo que la adoraba. Si vos, señor, lo afirmáis, que puedo yo replícaros. Vos supisteis excusar la muerte a Ramón, que agora veo que hay facilidad en que Teresa me engañe: Garcia quiere mostrar que es amigo de Ramón, hasta que con claridad lo haya averiguado todo, tengo de disimular. Yo me voy desengañando, y a Teresa he de olvidar; vos es forzoso que a ella, o quen Don Ramón perdáis; ved cual elegís, Garcia? No es fácil decira cual; a ella le ne dado el alma, a él tanmbién se la di ya, ambos lo merecen todo, pongaños el cielo en paz, que en todo el duelo hay ninguno tan difícil de ajustar, camo entredama, y amigo duelo de honor, y amistad.

JORNADA TERCERA

JORNADA III. Leonor, tu ingenio no más, spudo con ardid extraño, ograr hasta aquí el engaño, que aquí confesando estás. Que aunque primero tu hermana lo declaró, tu demodo sabes persuadirlo todo, que en ovéndote, era llana verdad cuanto me decías. Y así hasta haverme enterado, ni al Rey he desengañado, ni hablo más en quejas mías; porque ya olvido a Teresa. La pasión hizo en efecto, que yo escribiese en secreto a tu padre, y ya me pesa, hoy pienso que llegará, porque al punto se partió; no temas, que aquí estoy yo, tan desenojada ya, que pues de mí se confía tu desconfiado amor, te doy palabra, Leonor, de casarte con Garcia. Esa merced es igual, señora, a vuestra grandeza; pero advierta V. Alteza, que ha de recibillo mal Garcia, si derepente sabe que me hablaba a mí, y no a Teresa. . Es así, discurres como prudente, con ardid, y a pausas sea, Leonor, el desengañarlo. Una diferencia hallo entre la necia, y la fea, que la necia puede ser menos neciacón el arte, que entre el estudio se parto y entre el ingenio el saber. Y así Tereia no es ya tan necia como solía, yo soy fea todavía, y lo seré, claro está; porque la exterior belleza del afeite, antes es vicio, no estriba en el artificio, si no en la naturaleza. . Con cautela he persuadido a la Reina, que no quiero a Teresa, aunque ya espero cobrarme, que estoy perdido. Tal con los celos me hallo, porque a uno de dos adora, bien que he sufrido hasta agora; sin poder averiguallo. Don Sancho tarda por puntos. por ver cual la quiere intento proponer el casamiento a entrambos amigos juntos. Oye, que sueña ruido de cajas, tu padre viene. Y el Rey la noticia tiene, pues para verle ha salido, con despojos que ya entrega a la Corona Real. Leonor, el nuevo Anibal, Don Saucho, tu padre llega. Antes de merecer los pies Reales, que pido veneedor, y humilde adoro, si no victorias al deseo iguales, triunfos diré medidos al decoro, escribidlos en laminas fatales; vos para fama, para ejemplo el Moro; porque la eternidad, que en bronce imprime. con vivientes caracteres lo avime. Echa a rodar la poderosa mano, que a toda acción su término limita; esa vola del tiempo, por el plano de la espaciosa eternidad que habita, él rueda a su destino soberano, ella en sí misma durará infinita, triunfad de él también vos, que Dios se llama inmortal en el ser, vos en la fama. Por vencer a sofar, Rey de Valencia, que en medio de sus huestes parecia centro de la mayor circunferencia, que líneas términó en la fantasía, con no sé qué linaje de impaciencia vuestro ejército insigne esperó el día; porque como el vencerera preciso, dar la batalla prevenida quiso. Quisola dar, y diola, y venció en ella, tan presto, que la misma verdad halla, que primero que el dalla, fue el vencerla; porque quiso vencella antes de dalla, pues si al fin la victoria está en querella, no venció la batalla en la batalla, venció la por haberlo antes querido; y así antes de vencer, ya había vencido. En un instante la que el airecierra inmensa copia, y presumió segura, medir al Cielo, su ámbito ya entierra, se está midiendo a si su sepultura; jamás tan gran matanza oyó la guerra, si la curiosidad sumar procura, cuantos murieron dudo, si el guarismo faltara a los curiosos, o a sí mismo. El que contara las arenas, creo que las cabezas Moras no fumara; pero excediolas tanto mi deseo, que multitud menosprecié tan rara; pues aunque otro dejara en tal trofeo de sumarlas, señor; porque no hallara número igual a las Moriscas rocas, yo las deje por parecerme pocas. Hubó Jofar, séguile diligente hasta el grao de Valencia, en cuyo puerto un bergan tin previno cuerdamente, presago el corazón de mal tan cierto: llegue, pues, a la orilla; y derepente, tendido el lienzo todo en campo abierto, vi que volava el bergantín alado, en su cañamo mismo amortajado. Quién vio en matina playa, veloz nave, que animado vagel, del fin con plumas, volar en agua, en airenadar sabe, batiendo a un mismo tiempo alas, y espumas? bien es, le dije, o fugitiva nave, que de matino pájaro presumas, pues batiendo las alas de tus velas, nadas el aire, y por el agua vuelas! Quise alcanzarle en hombros de aire leve, y a mí un aviso me alcanzó, que agora duda la causa que al efecto debe la confusión, o el modo que la ignora; lei la carta misteriosa, y breve, en que dice la Reina mi señora; conviene que caséis luego a Teresa, ya vendréis vencedor, venid apriesa. Y a su Alteza diréis que yo os lo mando; señor, el Rey sois vos, la Reina escribe, no sé si mientras yo fe le estoy dando me quita a mí el honor quien le recibe, mas si no llega la desdicha; cuando tarde el remedio al daño se apercibe, lo ya anticipen el marido, y la obediencia, bien que ha de preceder vuestra licencia. A Don Juan Pimentel traigo conmigo, el joven más galán, el más valiente, tantas veces horror del enemigo, cuantas su acero fulminó luciente; a mí, a mi hija, a mi familia obligo, tal yerno, tal esposo, tal pariente eligir supe con igual fineza, deme los pies agora Vuestra Alteza. Los brazos daré a quien viene tan digno de estos abrazos, aunque no ha menester brazos el que como vos los tiene. La Reina podrá deciros, que está ya muy satisfecha de un escrúpulo, o sospecha, que fue causa de escribiros. Y aunque Don Juan Pimente! de Teresa es digno esposo, gustaré, si no es forzoso, que no la caséis con él; porque la quiero empleada, aunque en la elección reparo, un Don Garcia de Haro, o en Don Ramón de Moncada. Don Sancho; yo os escribio informada con engaño, Yace en un tronco con idea oscura una forma escondida, un ser oculto, yo os llame, yo os desengaño. Señora ya estoy aquí, ya con tal satisfacción culparé a Teresa en vano, y mías si le da la mano Don Garcia, u Don Ramón, que cualquiera de ellos es deudo de la Casa Real, y el vencedor más leal en tan glorioso interés premio aventajado tiene: dadme licencia, señor, que agora abrace a Leonor. Y a Teresa, que ya viene. Seáis padre, y señor mío tantas veces bien llegado, cuantas fuistes deseado. Todo de tu amor lofío. que saca el arte del madero oculto, que rompe, corta, labra, pule, apura, hasta que poco a poco se figura, y se parece en fin sagrado bulto, capaz de adoración, digno de culto, tanto puede en un leño la escultura. Al arte, a la labor, al pulimento debe el rubí, el diamante, y el topacio, su lustre, suejplendor, su lucimiento, labró me igual astudio, aunque de espacio, y recibió otro ser mi entendimiento, tanto puede el estilo de Palacio Llega Teresa. . Seáis padre, y señor, bien venido; la mano, y los pies os pido cuando los brazos me dais. Teresa, guárdete Dios, cómo estás? . Agora buena, porque no puede haber pena habiendo venido vos. Bien se ve que era fingida la necedad, que bien sabe mezclar lo alegre, y lo grave! Ya Teresa es entendida, su modo de hablar extraño. A Garcia, y a Ramón reconozco obligación, cuando llegó el desengaño, con entrambos juntos quiero hablara solas, y ver de cual Terela ha de ser. Leonor, con cuidado espero, hasta ver lo que responde Don Garcia. . Mas que mío es de Ramón mi albedrío, y él a este amor corresponde. Siempre cuando juzga amor tuvo en la primer noticia el ingenio la justicia, y la hermosura el favor. . Señor, según he inferido, Don Ramón, y Don Garcia, quizá con igual porfía a Terela han pretendido, pues si resueltos acaso de tal manera no están, que yo responda a Don Juan Pimentel que no la caso con él por tenerla vos casada, haré al momento con Don Juan el casamiento. Agora hablad a los dos. Claro está que a vos os debo la gracia del Rey, y así después que le hablaste vi en su Alteza un rostro nuevo, pues convirtió los enojos en agrados de semblante. Por vos gracia semejante suelo yo hallar en sus ojos. Ramon, Garcia, aquí estoy esperando que lleguéis. Aquí dos vidas tenéis, y aún puedo decirque os doy dos juntas en cada uno; porque están ya tan unidas las almas, que sin dos vidas no podrá vivir ninguno. Y es bien así, que mostraros ninguno su amor pudiera, si dividido tuviera solo una vida que daros. Cuando las vidas juntáis con esa unión, aún no creo que llegó con el deseo donde con obras llegáis. Que en fin sois dos, y me pesa que ni el favor, ni el poder se estienda a más que ofrecer sola una vida en Teresa. Yo he hablado a su padre, y él sino la doy luego esposo, dice que será forzoso darla a Don Juan Pimentel. Y que así conviene luego tomar la resolución; Don Garcia, Don Ramón vuestra justicia os entrego, El uno de los dos puede ser su esposo, que he de hacer, si es fuerza habiendo de ser que el otro sin ella quede. Yo os tengo igual voluntad, y de otra igual obligado, igualmente he deseado no hacer la desigualdad, cuando os hizo iguales Dios en honra, hacienda, y fortuna; dos sois, y Teresa es una, allá os convenid los dos. Con esto averiguaré . cual de ellos es el querido; entrambos se han suspendido, igual en ambos se ve una pasión manifiesta. Ois, yo no estoy en mí! ved que he de volver aquí yo mismo por la respuesta. . Puede caber en una alma mas suspensiones? . No sé sia un tiempo mismo en un pecho mas dudas pueden caber! Don Ramón dadme lugar a que discurra, y después que obedezcan en un peso las balanzas al fiel, después que a su quietud pueda haturalmente volver la razón, que violentada fuera del centro se ve, podré quizá preguntaros lo que ya llego a temer; a temer dije, mal dije, perdonad el descortes lenguaje, amigo del alma: porque que cosa ha de haber que a mí me pueda estermal, si a vos os ha estado bien? Ya pienso que el Rey olvida tan cuerdo, como cortés, la más bella ingratitud, el más hermoso desdén. Qué os toca a vos de este caso? yo para hablar me alenté, hablad vos, que para oíros quiero alentarme también. Estrecho viene a la pena el corazón, fuerza es que reviente por la boca lo que no ha cabido en él. Ya es tiempo que os comunique una gallarda altivez, del ánimo un noble osar, un generoso emprender; pues ya sino por si mismo, quizá por satisfacer a los celos de la Reina corrigió su afecto el Rey. Yo vi a Teresa, y al punto como en tribunal miré las tres potencias del alma que unanimes todas tres sentenciaron que la amase, Garcia, sentencia fue, porque tres voto conformes sentencia suelen hacer. Yo la elegí por esposa, porque en recíproca fe, ser corona del marido suele la buena mujer. Y así en virtud de este amor, si es Dafne, Apolo seré; porque la sigo beldad, para alcanzarla laurel, resta Garcia que agora digáis vos si la queréis; aunque pues no lo he sabido, no la debéis de querer. Pero no, mal argumento, que yo la quise también; y os callé mi amor, de adonde vos Garcia inferiréis que callarle al buen amigo no es contra la buena ley de la amistad, claro está; pues yo a vos os le callé, que yo habiendo vos callado, infiero que puede se que como callé, y la quise olo la queráis vos, y calléis. Don Ramón, ya en el jardín, ya en las ventanas la hablé a Teresa algunas noches, donde advertí su suber, donde penetré su ingenio; bien que de día admiré el Abril en sus mejillas, entre azueena, y clavel. Dejo el gusto de Teresa, porque ni trátamos de él, ni es tan nuestra su opinión que podamos disponen de ella ninguno de entrambos, y así solo dudaré en lo que a su Alteza agora habemos de responder. Tal, pues, la quise, que dudo, quien es parecido a quien, si fue Adoniszomo yo, o si yo soy como él. No os dije este amor a vos, porque quise obedecer al precepto de callarlo; pero a pesar del cruel rigor de este imperio suyo, yo me acuerdo que una vez que importó a nuestra amistad el secreto quebrante. Mas muera yo, y vivid vos, que eso importa, casaos pues. con Teresa, pues la amáis; y ruego a Dios la gocéis mas años, o más hedades. i que en esa estendida piel do los cielos letras de oro suelen los siglos leer. Ruego a Dios que logréis junto T en regalada vojez tantos hijos, tantos nietos, que apenas vos los contéis, ni su madre en vuestra mesa. Y ruego a Dios otra vez, que cuantos hijos os diere, que nietos con gozo os den, tantos nuevos mundos crien para ellos, solo porque a cada hijo el imperio de un murdo entero le deis! Y que yu los mismos años viva con vos, para ver esas dichas, que en la idea dulcemente imaginé. Diréis que os hablo turbado, aunque lo digo, diréis que en fin lo siento, y respondo, que a despecho de mi fe, con el primes movimiento el apetito, infiel vasallo de la razón, rebelde un instante fue, pero yo está corregido; y vive Dios, que a poder, con la boca; con los dientes, con las manos, con los pies le hollara, y despedazara, corrido que pueda haber en corazón que os rendí, o en alma que os entreguén un primer ímpetu de este, o una acción sola de aquel que falte a nuestra amistad, y atienda al propio interés. Ya no quiero yo casarme, Don Garcia, vos podéis dar a Teresa la mano. Si mudáis de parecer, Don Ramón, porque pensáis que quizá Teresa fue libiana, en acción más leve, vive Dios. . Paso, tened, que os estáis precipitando. Luego que os vi proponer que me casase con ella del todo me aseguré; pues cuando escrúpulo alguno pudiera el caso tener, no me aconsejaráis vos lo que no me estaba bien. Pues casaos. . Eso no, lo que vos habéis de hacer, Garcia, es casaros luego, que si a Don Juan Pimentel quiso dársela Don Sancho, querrá luego responder que no puede, porque a vos os la tiene dada el Rey. Padezca yo, que no importa, y cuantos, amigo fiel, bienes a mí me rogastes. se logren en vos amen. Sois vos más amigo mío que yo vuestro? no podré oponerme a vuestro amor, como al mío os oponéis? Ramón, dama tan discreta avos os querrá escoger. Digámosle al Rey que vos con Teresa os casaréis. Mucho replicáis, Garcia, atended, pues, atended; no lo hagáis ya por vos mismo, ni porque la merecéis, ni porque en fin estuvisteis mas lejos de su desdén, sino porque yo lo quiero: ya no me replicaréis? Vos sois tan amigo mío, que yo sé que no queréis, lo que yo no quiero, yo porque a vos no os está bien, ni quiero que lo queráis, luego ya no la queréis, y así no lo quiero cuando la dejéis vos de querer. Tiempoperdéis, y ocasión, ved que a Don Juan Pimente! la dará luego Don Sancho; pues ya es ajena, haced que sea vuestra, y no de otro. Don Ramón, no me apretéis, por fuerza habéis de sentirlo, forzoso en vos ha de ser el pesar de no gozarla, pues si le habéis de tener, Don Juan oslede, no yo; que puesto en razón no es, que el más extraño os le excuse, y el más amigo os le dé, y añadid más, que yo quiero que vos mismo lo juzguéis, Será amistad verdadera, que cuando mi amigo esté llorando aquí el bien perdido que ve en ajeno poder, esté yo entre mis placeres. gozando este mismo bien? No, vive Dios, que ser debe el pesar como el placer común entre los amigos, y si acaso respondéis, porque es otro yo mi amigo, que vos sujeto a esta ley, en cualquier bien que yo tenga, parte como yo tendréis, eso Ramón mucho menos, porque en cuanto a la mujer, no ha de ser tan otro yo. que tenga parte también. Esas razones militan también por mi pedid, pues, mas término aquí a su Alteza. Término le pediré, mas ya podrá convenirnos. esta razón, que después. que sé que a Teresa amáis. la causa oculta no sé; quizá por estar más lejos. de poderos ofender, vive Dios que su hermosura me parece menos bien. Pues después que yo he sabido. . A mí me llama también. que vos amarla sabéis, me parece a mi mejor: o porque la miro en fe de que ha de ser vuestra esposa, o porque así venga a hacer algo más, cuando la dejo por amigo tan fiel. Yo no la quiero. . Yo si Señor, señor, llegaré? blarte; Qué quieres Hernando? . Ha- ciego estás, pues que no ves, ni por resquicios el gusto, ni por brújula el papel. Mandome que te le diese Leonor, mas diome a entender que es de Teresa su hermana; Don Ramón, como me des. el porte, aquí tienes otro, la misma Teresa fue, quien me le dio por minano, Yo leeré el mío, leed el vuestro vos. . Ya le leo. Tormentas suelen correr estas damas de alto bordo naves, que cuando se ven en gran piélago engolfadas, el más diestro timonel resistiendo olas de celos está de mar en traves, u da en bagios, que como. para nadar este pez pide mucha agua, por grande. allí se puede perder. Oh bien haya una fragata, acomodado bajel, que en las costas de la mar tan poca agua ha menester que en cualquita parte nada. Ramón al jardiniré, que allá me llama Teresa. Yo porque a vos os elija voy allá . Yo porqueos dé a vos la mano de esposa. Ambos servísa Raquel. en Teresa, pues Leonor, cuando al uno se la dan no es Lia la engañosa. Confuso vuelvo a saber la respuesta; obligaciones tengo a Don Sancho, qué haré templar mi afecto, Garcia, Ramón, en qué os resolvéis? Que de término pedimos de aquí a mañana. Está bien. Idos con Dios; no te vayas Hernando. . Yo esperaré la merced que va adivino. Ven acá, yo soy el Rey, cual de los amigos quiere a Teresa? . Hasme de hacer merced si la digo? . Sí. Pues, señor, Don Ramón es el que se muere por ella. Y Don Garcia? . También. Teresa a cual quiere? A entrambos. Ahora bien, yo mandaré que venga potro, y verdugo. No señor, esa merced no es la que yo he adivinado. Pues di la verdad. . En fez la hubiera creído un Moro; Teresa escribió un papel a Ramón, otro a Garcia, forme agora un bachiller en Artes el silogismo, o sie argumentor, quien escribe a dos, quiere ados; pues a dos, como se ve, escribe Teresa, luego ados debe de querer? Júzguelo, y si no dijete el Artista más soez que es buena la consecuencia, que me ahorquen por un pie. Que les dice en los papeles? Que en el jardín se han de ver esta noche. . Pues Hernando no digas que yo lo sé. A mi secreto apostemos, que callar no he de poder; a la Reina he de decirlo. Pues apostemos también que te cuelgan de una almena. Vaya de cuento: una vez llegó a pedircierto pobre, salió a darle una mujer de buen talle la limosna, mirola el pobre, y pardiez que la requebró alentado, que entonces debía de haber amor también para pobres, que había menos interés. Oyolo el marido, y dijo, ha señor pobre de bien, quiere apostar que le doy mil palos; respondió él, señor no quiero apostar, Dios guarde a vuesa merced. Pues calla, si no es que quieres ver tu cuello en un cordel. Vaya con Dios vuestra Alteza que yo nunca apostaré. Teresa, un Ángel humano admiré en vos, más confieso que prefeti con exceso vuestro ingenio soberano. Yo pensé daros la mano; pero el tiempo descubrió; que Ramón os mereció, y así a déjaros me obligo: porque amándoos tal amigo, os ame dos veces yo. El tiempo todo lo acaba, más vengo a quejarme de él, porque rebeló infiel lo que tan secreto estaba. El mar que la arena lava suele en ondas dilatarse, que vienen solo a quebrarse a su misma imitación. Los bienes del tiempo son que llegan para acabarse, nadie, pues, podrá sentir, aún entre bienes placer; pues todos vienen a ser esimejas del vivir. El Agosto ha de venir que caduca pompa abrasa, y en fin, si con mano escasa un pasatiempo da el tiempo, ese mismo pasatiempo nos dice que el tiempo pasa. solo no teme estos daños el campo en Invierno triste; pues pasa el tiempo, y le viste de nuevo todos los años. De sus mismos desengaños le despoja, aunque le muda, mas hasta en esto es sin duda que caduca el tiempo anciano, pues viste el campo en Verano, y en Invierno le desnuda. Garcia prodigo estás de mi favor, quien te dijo que yo a Don Ramon elijo, si a ti te adoro no más? Pero en fin gusto me das, pues prefieres con fineza el ingenio a la belleza; habla a la Reina Garcia, que toda esta causa mía ya está en manos de su Alteza. No es posible que Ramón me haba engañado, yo sé que si os adora porfe, lequeréis porelección. Ya ha llegado la ocasión de que en esta diferencia de la Reina la sentencia. Teresa mía, Garcia. es tu dueño, y dije mía, pedona la inadvertencia; yo vine obediente aquí; di lo que mandas, que a él le llamaste en un papel, Teresa, y en otro a mí. La voz he extrañado en ti, bien que mudarla solias. cuando necia te finglas, y así tampoco la extraño. Saldrá el Sol del desengaño, y deshará sombras frías, Confuso, triste, y dudoso vengo a este jardín confuso, porque a Don Sancho no excuso la razón de estar quejoso. Triste, porque ya es forzoso este dolor que en mi asiste, dudoso de quien resiste a mi amor; cielos que hará quien tan justamente está dudoso, confuso, y triste? Teresa hermosa . Ramona habla con Teresa; cielos, luego Ramón me da celos! Teresa imposibles son mi amistad, y mi afición. Terela dijo también Garcia a otra parte, a quien está hablando? vive Dios que se ha dividido en dos por querer a entrambos bien. Calla no temas, Hernando. Déjeme ir aconfesar Vuestra Alteza, yo lo dije, fue yerro, fue necedad, fue menguamía, y el Rey de Vuestra Alteza dirá, que Menga le ha dado celos. sin ser cosquilloso Bras. Ello habrá cordel, y al mena. Conviene ditimular, que el Rey a Teresa quiere; porque su padre que está dudoso, no lo confirme, Señora que me mandáis en el jardín? aque efecto me traéis a este lugar? y antes de eso, en mi presencia a dos criados mandáis. vengan aquí con dos hachas. Yo he venido a remediar a vuestras hijas, Don Sancho, sé que en el jardín están con Ramón, y con Garcia; y habémoslas de casar a ambas juntas de una vez, que el Rey mi señor, quizá, busca en el jardín lo mismo. Lo que dije no es verdad, yo hablé por boca de ganso, que quise en fin apostar! que en fin hube de decillo! mas que los palos me dan, que no le dieron al pobre. Garcia, si eres leal, dame la mano de esposo. Ramón, si sabes amar, yo soy tuya, y tú eres mío. Teresa, nadie es igual en méritos a Garcia. Sin duda debe de estar en una parte Teresa, (Rey, y en otra el eco. . Aquí está él y las hachas vienen. Digo otra vez que no hay tal, yo miento, y tataramiento. Esta mano me has de dar de que has de ser mío. Cielos, qué luc es esta? Llegad. Qué es esto? con quien estoy? Don Garcia, agora estáis con quien siempre habéis estado: Su Alteza os vino a buscar, por saber que en el jardín de noche a Leonor hablas; como a Teresa Ramón. Don Sancho quiso vengar con las armas esta injuria; pero si os casa la paz, ociosa es aquí la guerra; y aunque el Rey tenga pesar de halluros aquí, estan sabio, tan cuerdo, tan liberal en dar perdones de ofensas, que por mí os le ha dado ya. El Rey me mira, que dice agora su Majestad? pues le toca, y nos tocó, no haga sino callar. La Reina es prudente, y pudo con tanta facilidad moderar mi enojo, el vuestro podéis Don Saucho templan Don Ramón, dadle la mano a Teresa . Si gustáis vos señor, yo no réplico; pues responderé a Don Juan Pimentel, que vos lo hicisteis. Don Ramón, a qué aguardáis? Qué respondéis Don Carcia? Que aunque estime la beldad, preferí siempre el ingenio, que el suceso pudo hallar medio para convenirnos, pues vemos con claridad, que mitamos a Teresa, y que Leonor suele hablar; de modo, que ay dos en una, tan perfecta cada cual en su esfera, que es un todo, y fue invención singular, que pues los dos somos uno con tanta conformidad, sean ellas una también; porque así con lazo igual se casendos que son uno, con dos que es una no más. Pues doy la mano a Teresa. Yo a Leonor. Perdonad. las faltas, Senado ilestre, que entre uno, y otro galán, llamó a este caso el Poeta, Duelo de Honor, y Amistad.