Texto digital de Dos veces madre de un hijo, Santa Mónica, y conversión de San Agustín
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Desconocido
- Atribución estilometría
- José de Cañizares Probable
- Género
- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Dos veces madre de un hijo, Santa Mónica, y conversión de San Agustín. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/dos-veces-madre-de-un-hijo-santa-monica-y-conversion-de-san-agustin.

DOS VECES MADRE DE UN HIJO, SANTA MÓNICA, Y CONVERSIÓN DE SAN AGUSTÍN
JORNADA PRIMERA
y Iva Agustino, y sus sienes ciñan laureles eternos. En feliz hora a Tagaste llegue del Orbe el portento, de los Católicos ruina, y honor de los Maniqueos; repitiendo, que triunfe, quien logra a un tiempo ser Augusto en el nombre, y en el ingenio. Sacro aliento de Minerva, pues universal Maestro fuerzas de Hércules pronuncian en tu voz tus argumentos: Monstruo de Ciencia, que hijo de nuestro Africano suelo, el Sol, que arde en sus arenas, rayos viste a tus conceptos: en hora dichosa vengas a tu Patria, conduciendo del vencido, el afrentado vago Católico Gremio, los miserables despojos, los inútiles trofeos. Tú de los dogmas de Manes sutil defensor, y diestro, las ceguedades alumbras. Por lo cual, el gozo nuestro con los brazos solemniza tus glorias. Noble Licencio, generoso Fausto, Amigos, dejadme lograr primero de mis dos prendas del alma los dulces abrazos tiernos: bella Clorilene mía, mi Adeodato, embeleso de mis sentidos, el alma partida entre ambos la tengo; como os mantenéis distantes de mí? Esto es dar más esfuerzo, como la cuerda al arpón, con el retiro al deseo: Feliz quien llega a tenerte, después de tan largo tiempo, entre sus brazos. Ay padre del alma mía, que ya te beso la mano! El chico es donoso, le diera yo serecientos azotes. Ay, Clorilene, del que ha de morir de celos, y callar! Mi Simpliciano, no esté de mis brazos lejos, quien está en mi corazón. Amigo, pluguiese al Cielo fuese así, que si habitara en tan generoso centro, ni yo estuviera tan triste, ni vos tan::- . Dejemos eso, que no es tiempo, que en nuestras dos opiniones hablemos: y pues el ansia me trae de hijo rendido, y atento de Mónica, mi gran Madre, a consolarla, si puedo, en la muerte de Patricio mi padre (que esté en el Cielo) como su crecido amor ha tenido sufrimiento de no salir a encontrarme, sin duda es dolor inmenso el que la aflige. A no ser por mí, ya se hubiera muerto, creelo, Agustino. Pues, Hermano Pernil, qué ha hecho para aliviar a mi Madre? Lo que en infinitos duelos de otras viudas, en que juntas para el triste cumplimiento, las visitas por las tardes no tienen otro consuelo, que yo, que Pernil me llamo, y entre llanto, y moqueteo, se rellenan de tortillas de huevos, y de torreznos. m. Mire, Hermano, que está loco. Pues si yo estuviese cuerdo, a todos estos Hereges no los moliera los huesos? Padre mío, no sé yo si mi Avuela saldrá a veros. Por qué? Porque a mí me ha dicho, que el que ahora vive es mi abuelo, y el que está muerto sois vos. Qué ha de decir? calla, necio. No le riñas, Clorilene, que de mi Madre bien creo, que dura la extraña tema de que yo siga el ejemplo de mi padre, a quien sus llantos, sus caricias, y sus ruegos le hicieron Cristiano, y son inútiles sus esfuerzos. No pudiera tu gran juicio dar en error tan tremendo: Ay, Mónica, si faltando aquel tú adorado objeto, pudiera tener mi amor lugar en tu pensamiento! , . Viva, viva. Ya aclamada por Madre tuya, del Pueblo Mónica llega. Pues para que de mi aplauso los ecos la hagan la debida salva, volved a cantar. Si haremos. Repitiendo, que triunfe, quien logra a un tiempo ser Augusto en el nombre, y en el ingenio. Agustino? Madre mía, la tierra que huellas beso, por reliquia de mi amor, por altar de mi respeto. Llega a mis brazos, que ansiosa de regenerarte en ellos, mi alma quisiera darte, para conseguir con eso, que amando lo que yo amo, sintieses lo que yo siento. No oyes aquello? En su boca no hay palabra sin misterio. Así de tu gran cariño lo juzgo. Fausto, Licencio, Adeodato, Clorilene, qué magnifico trofeo ha conseguido mi hijo? qué escuadrones ha deshecho? qué batallas ha vencido? qué Provincias, o qué Reinos ha conquistado? que hoy entra tan vano, tan satisfecho en Tagaste, disfrutando adulaciones al viento, con que músicas Sirenas saben adular venenos? no hay quién me responda? Sí. Agustino, Alumno nuestro, que amante de la verdad, la anda con ansia inquiriendo, fue a Cartago a disputar con los Católicos, ciegos en su creencia, y a pocos lances consiguió vencerlos, con que siendo esta victoria timbre de nosotros, puesto que a Manes seguimos, y él es de nuestra Ley Maestro, no es mucho le recibamos gozosos los Maniqueos? Qué esto se sufra! Hermanito, parece que está algo inquieto; es Maniqueo? Soy diablo, tontaza. Hanse visto esto? según lo recio que casca, ya sé que no es Maniqueo? Madre, llegué, vi, y vencí. Con que tú has triunfado? Es cierto. Pues ya traerás sosegadas las inquietudes del pecho. Eso no. Cómo que no? Como aunque voy convenciendo a los otros, no es posible convencerme yo a mí mismo. Con que la salud del alma, que buscas con tanto anhelo, ni en la Secta, que profesas, la hallas? Yo, si la profeso, también la arguyo, y no saben contrastar mis argumentos. Pues qué Ley sigues! No sé. . Qué crees? La verdad creo. La has hallado? No señora. Pues dónde está? No la encuentto. Yo sí, hijo mío, yo sí; pero como tú estás ciego, no la ves, abra tus ojos el Sol de Jesus Eterno: a darme alivio has venido en la falta de mi dueño, padre tuyo, y me pretendes consolar con desconsuelos? Pues cuando él a las verdades Católicas, que profeso, rendido, hallando la senda del descanso, y el sosiego, vive, y vivirá en la Gloria, te hallo a mis umbrales muerto? De qué te sirve, hijo mío, en tu estudio, y tu desvelo la sutil Lógica tuya, si no hace tu entendimiento este silogismo? En donde no hay Fe con seguro ascenso, no puede haber salvación. Yo contra aquello, que siento, arguyo siempre dudosa; luego si dudo, no creo: luego si lo dudo, cómo me he de salvar, no creyendo? Si has de consolar mi llanto, anhela por tu remedio, que yo he ganado a mi esposo, y a ti, Agustino, te pierdo. Dos Dioses del mal, y el bien confesáis los Maniqueos; buen Dios es el que se deja robar al otro el imperio? Hijo, no hay más que un Dios solo, Filósofo el más supremo eres, de una en otra causa ve por grados ascendiendo, y hallaras, que de una sola, sin principio, y fin pendemos, y está no se deja hallar del ambicioso soberbio; del lascivo, si no enmienda sus vicios, y sus defectos: Pues como tú, todo sombras, como tú de horrores lleno, quieres vagando entre tantos desvaríos contrapuestos, hallar la Eterna Verdad, cuyo candor puro, y terso, solo está de Jesucristo en la Ley, y en los Preceptos? Morirás entre tinieblas, alma perderás, y cuerpo, si los ríos de mi llanto no ablandan tu duro pecho: y mientras esto no sea, no me has de encontrar su ceños, no me has de ver sin tristezas, no me has de oír sin lamentos, no me has de tratar sin ansias, no me has de hallar sin desvelos; pues lamentos, ansias, quejas, llantos, tristezas, y miedos, aún son cortas expresiones para la que está sintiendo, haber engendrado un hijo tan amable, tan perfecto, que por un ciego delirio, despreciando mis consejos, ha de venir a parar en ser tizón del infierno. Cuá mihí, vobís le falta para ser Sermón entero. Ay, que ha llamado a mi ama mona, y mica, voy de un vuelo a parlárselo. Oh batalla interior, en que peleo! Agustino? Maestro mío? Tú confuso? Tú suspenso? Señor, merezca Agustino de tus luces un reflejo, para que sea esplendor de tu Fe su entendimiento: sígame, Hermano Pernil. Ya voy, Hermana Brazuelo; mas quisiera antes de irme, abritles a todos estos las hijadas. m. Venga, y calle. Los labios me voy mordiendo. . Qué tiene usted, que ha quedado, Padre, tan mudo, y tan serio? Ay, Clorilene, ay amigos, a saber qué es lo que siento, ya pudiera remediarlo; pero no lo sé, y no puedo. Es posible que el amor de quiente adora por dueño, afianzado con la prenda de un hijo, pímpollo tierno, cuyo saber califica ser fruto de tus talentos, no has de poder resistir al continuo debaneo de tu madre, que a tu alma su ruina está persuadiendo? Vuelve en ti, amado Agustino. No has hallado en los Misterios de los Católicos Dogmas gran dificultad? Es cierto. . No nos sigues? onamo l Es verdad. No caificas los nuestros? Constante no los apruebas? Claro está, pues los defiendo. Pues: qué aprbensión: Qué fatiga Qué combate: Qué recelo::- . Te enmudece? Te confunde? Y más en el corto ingenio de una mujer? . Clorilene, eso es lo que no confieso, sabía es mi madre, y tan sabia, que sus altos documentos no sé en qué libros los halla, no sé en qué estudios, diversos de los míos, los adquiere, que me hace temblar con ellos. A Italia partir quisiera, adonde lucir intento mi saber, y quizás voy de sus discursos huyendo. Bien harás. Dejarnos quieres? . pues sin ti, mi amor, qué haremos? Ay padre del alma mía! tendréis valor para eso? Callad, prendas adoradas, no lloréis antes de tiempo, que yo lo veré mejor. Que no nos dejes, te ruego, sin amparo. Amigos, vamos. Vamos, pero ya sintiendo tu ausencia. Oh Cielos Divinos! qué queréis de mis afectos? Hijo, y Dama de una parte, amigos, y compañeros, mi libertad, mis delicias, me hacen formidable peso; pero el amor de mi madre, sus lágrimas, y consejos, por otra parte me fuerzan, qué haré, que nada resuelvo? y de todo cuanto juzgo, que he de ser sin duda creo, monstruo, yo no sé de qué en los siglos venideros. Vucentoro infernal, monstruo ira- cundo, sequien tim é ladea en cuya negra espalda surea el viento, Dragón en forma humana, a ser del munde mortifera cicuta en cada aliento: pausa tu movimiento, y si en la vaga elemental campaña vuelas al logro de una insigne hazaña, con que al hombre le publiques guerra, vuelve al Abismo, y déjame en la tierra, donde de la mujer fuerte una sombra, una apariencia todos mis tiros rechaza, todos mis arpones quiebra; esta es Mónica, que pasmo de la virtud, y la ciencia, a robarme el instrumento de mis victorias anhela: qué mucho, si desde niña, humilde, piadosa, y recta los martirios apetece, y los azotes desprecia? por no perder, que el Aurora la halle adorando en la Iglesia al Crucificado objeto de sus amantes finezas? Hija de Aurelio, y Facunda fértil nació de las prendas cristianas, y aún de su madre el nombre lo manifiesta, pues de Facunda a fecunda no dista más que una letra: Dígalo su alta piedad con los pobres, su paciencia con los tiranos rigores, que casada experimenta de su inexorable esposo, siendo en la mujer, que es cuerda, el sufrir un mal marido, la más dura penitencia, hasta que logró por fruto de su honor y su modestia, hacerle (en furores ardo) Cristiano, (oh mal haya ella!) y pagarle con la Gloria todo. un diluvio de penas. Dirán los que aquí me oyeren pintarla, y engrandecerla, que un Espíritu infernal es impropiedad, que sea Panegirista elocuente de una Santa, pero es necia la nota, siendo preciso, si una enfermedad empieza, para ponerla el remedio, expresar bien la dolencia: A esta, como la he copiado, todo mi temor es verla empeñada, en que Agustino a ser Católico venga; pues cada lágrima suya, que vierte, porque lo sea, es bala de artilleria, con que hace al Infierno guerra: pues ea astucias, ea rencores, ea trazas, ea cautelas, esta es su casa, y aquí he de empezar la pelea: La Lógica de Agustino es la que más almas lleva al Abismo, conservadla, furias. Hermana Chuleta. En campaña mi enemiga está ya, empiece la guerra. . Tiene abierto el Oratorio, y encendidas ya las velas? No señora, no he podido. Por qué? Es que estaban tan secas de pábilos, que mojarlas en un caldero fue fuerza, y así que los puse blandos, no hay diantres que los enciendan. Válgame Dios, y qué simple es! Con que lo erré? pues ea, voy a remediarlo, porque como en el fuego las meta, se secarán al instante. Derretirase la cera, no haga tal, está en su juicio? Hase visto impertinencia semejante? ni uno, ni otro; pues vaya, y hagalo ella. Preciso será. Entre tanto me embocaré esta camuesa, y este zoquete, que he pillado en la despensa. Con la forma de un criado de Agustino, que a la guerra fue, adonde murió, y lo ignora Mónica, mi astucia emprenda la primer lid: ven, Licencio. Adónde, Ernesto, me llevas? Donde a Mónica la pidas, (pues Agustino se ausenta) vuelva a recibirme, para ir con él. Que te agradezca es preciso la ocasión, que de hablarla me franqueas. Entra, que allí está. Jesús! qué es lo que veo? Chuleta, de qué te espantas? Ernesto, pues no fuiste a la guerra todo entero? cómo vuelves con tus brazos, con tus piernas, con tus ojos, y narices? Pues es preciso los pierdan cuantos van allá? Es, que muchos el medio cuerpo se dejan, y tú traes manos, y cara; a ver si son verdaderas. Aparta, simple. De antes me hacías muchas zalemas, ya como sabes, que soy una Santa, hecha, y derecha, no me querrás, que mi ama a solo rezar me enseña. Reniego de ella, y de ti. Virgen, y qué desvergüenza! mejor me trata el Doñado Pernil, que me galantea, y me dice unas cositas tan suaves, y tan tiernas. Vete de aquí. Que me pone como una paba de hueca; voy a decir que has venido cabal a mis compañeras, Ya la oscura noche inunda ambos Orbes en tinieblas; y Fausto, que a Clorilene vino a buscar, de su ciega pasión, y de mi impelido, viene a este sitio con ella; oculto inspire mi incendio, en que abrasar es mi idea a hijo, y madre. Esa luz pon, Adeodato, en esa mesa; y vos, Fausto, no queráis, que yo me enoje de veras: idos. Bella Clorilene, antes que de tus finezas el dueño fuese Agustino, sabes ssi acaso te acuerdas) cuan rendido de tus ojos a las dulces influencias, te serví, y te idolatré: él discurro que te deja, pues irse sin ti dispone, y yo merecer quisiera ser en su ausencia tu arrimo. No ha menester más defensa mi madre, que a mí. Muchacho, calla. Si haré, aunque me sueña mal esta conversación. Si es amistad verdadera con Agustino ese obsequio, forzoso es que le agradezca; mas si de otro afecto nace, esta es solo la respuesta: toma esa luz, hijo mío, ve alumbrando a Fausto. Espera. Cayóseme, iré por otra. La voz de Adeodato sueña, . y está a oscuras esta sala. Ay Licencio! el alma atravesada me dejas. Que se va Agustino, es cierto. Cómo está esta última pieza sin luces? Aún no te has ido? vete, no Agustino venga. Ah fementida Afncana! como te halle::- Con la puerta he dado. A ver si despachan voy. . Morirás: ya estás muerta, pues di contigo. La luz está aquí. Qué acción es esta, Detente, Agustino. Padre, mira que es mi abuela. Ah señor, te tienta el diablo? Muda estatua soy de piedra: Madre? No es madre, a quien quieres matar de tantas maneras. No estaba aquí Clorilene? Dentro de su cuarto queda. De dónde vienes, Licencio? Con Mónica estaba. Ay penas! Y tú, Adeodato? Allá dentro. Y tú? Ni dentro, ni fuera. Pues yo estoy loco, o las sombras de los Abismos me ciegan. Ojalá no fuera así, pues en las redes perversas de tus vicios, a ser vienes una encarcelada fiera, un entorpecido monstruo, que sordo a quien le aconseja, hoy aventura dos vidas, la temporal, y la eterna. Licencio entró a suplicarme, que a Ernesto (que ahora llega de la campaña) otra vez a tu servidumbre vuelvas, para el viaje, que a Italia haces con tanta presteza, que aún tu madre no lo sabe, hijo, y en dejarla piensas pobre, viuda, triste, y sola, sin tener nadie a quien vuelva los ojos; oh crueldad! de quien más me debe. Cesa, amorosa Madre mía, suspende el curso a unas perlas, cuyo precio puede ser, que algún día comprar pueda la salvación de mi alma. Cuando eso, hijo mío, sea, sin desperdicio se venden, que es lograrlas el verterlas. Tú irás a Italia conmigo, Clorilene acá se queda con mi querido Adeodato. Si tú lo mandas, paciencia. Cielos, fuerza es engañarla, . porque ir me deje. Sus penas entre declarar mi amor a Mónica, y su modestia, me confundió. A ser iremos Italianas contrahechas. A ganar mucho, y hacer ostentación de mi ciencia voy, y partiremos luego, si Nave pronta se acerca en el Puerto de Cartago. Hijo, por tu bien me llevas: Mi dulce JESUs, no es tiempo de deliberar mi empresa; no he de faltar de su lado:- Vamos. Hasta que a ser venga, labrada a lágrimas mías, la Columna de tu Iglesia. Con que el Puerto de Cartago es este? Sí, Hermano mío. De ver el agua me enfrío, quien pudiera echarse un trago! De qué? Del santo licor. Sante Es que alegra al modesto: no sabe, que dice el texto, vinum latificar cor? No sea loco; y pues llegué a África por un acaso, y traté a Agustino::- Paso, que esa no la colaré: en su vida ha de contar tal cosa. Y que yo la cuente, no puede ser? Fácilmente; abo pero hay quien suele notar con crítico desconsuelo, y juzga que en hora y media se fábrica una Comedia, como quien hace un buñuelo. Déjese de eso, y atienda: Ambrosio, que es de Milán Arzobispo, con afán estudioso me encomienda sepa quien es Agustino, cuyas Lógicas cuestiones publican en sus lecciones ser ingenio peregrino: hoy a Italia he de partir, y le lograré informar. Y el recado de embarcar? Cuál es? Comer, y dormir, porque quien eso lo hyerra, que sin Mar se ahogue, es cierto. Dios proveerá. , . . Vira al Puerto. Echa el Ancla. A tierra, a tierra. Un Bajel surge en la playa. Y de Europa me parece, segunejarcias, y banderas, flámulas, y gallardetes; no ves aquel Marinero, que por la escala desciende? Lleve el diablo lo que veo. Qué bello, y resplandeciente rostro! Así viviera en forma de besugo en escabeche. Cantando toma la orilla. Bien creo, que saldrá alegre, si es como yo. Cómo tú? Sí, que un torrezno me huele, que es una gloria, y me dan muy mala espina los peces; pero dónde está ese hombre? Si no ves, oye, y atiende. Marinero de los Cielos quieren hacerme, s. porque Mónica logre lo que pretende, que es que un hijo en sus culpas no se le anegue. Hermosísimo Piloto de aquella Nave, quién eres? Simpliciano, Varón justo, quien al Supremo, al Clemente Dios, amante de los hombres, sirve, adora, y obedece, de Mónica soy Custodio; y si hay gota, que penetra la piedra, siempre cayendo, ya logra, llorando siempre, que se enternezca a su ruego el azul jaspe Celeste. Lágrimas que son justas tal fuerza tienen, que aún a Dios enojado rinden, y vencen, aplicando a lo amante lo Omnipotente. Esa Nave ordena el Cielo, que a Italia a Agustino lleve, donde, ha de encontrar su Norte, viendo en tanto que navegue, que tiernas auras la inspiran, y blandas ondas la mecen. Esta Áncora, que en mi mano ves, significa, que en breve se afirmará en una sola Ley, en que Dios ha de hacerle Águila, que cara a cara al Sol Trino, y Uno vuele, tanto, que Doctor ninguno hable de él tan altamente. Bendita su piedad sea. Ay tal! con quien habla este buen hombre? Yo no veo gota; mas que quiere Dios que entuerte. Tu tendrás, Simpliciano, parte en hacerle venturoso a Agustino, cuando a ti llegue a ilustrar con tus luces sus lobregueces. Oh venturoso yo! Y yo infeliz precisamente, pues tal amenaza escucho; pero aún hay con que pelee: Todo es dudas Agustino, y la Ley de los Hereges Académicos, de dudas se compone, y se mantiene; yo influiré a su pensamiento, que en sus tinieblas tropiece. Algún etico anda aquí, Jesucristo como hiede. Donde vamos, Agustino, a tiempo que ya anochece? Madre, (fingir es preciso) no acabo de resolverme a marchar, sin que a un amigo, Capitán de dos Bajeles, que está en esta playa, vea, y no habiendo inconveniente, mañana resolveremos. A Mónica engañar quiere, ya sobro, que harto tentado del demonio está él que miente. Ernesto? Señor? Al ruego de mi madre, el volver debes a casa. Mi Ley contigo tanto, Señor, prevalece, que yo a tu lado, y tú al mío, te quisiera eternamente. Yo te lo agradezco mucho. No sabes lo que agradeces, miserable pecador. Chuleta, qué mequetrefe es este, que ha recibido tu amo? Es uno que me quiere muchísimo. Él tiene traza de haberse engendrado en Viernes. Mas no es aquel Simpliciano, amigo? Agustino? El verte en estas playas extraño. Se ha hecho tratante de Arenques, y viene a comprar. Deseo pasar a Milán en breve, Patria mía, y ya ay Bajel, que esta noche zarpa; vente conmigo, si has de embarcarte. Eso es lo que me conviene, . no estén hijo y madre juntos, que mis industrias se pierden. De mi deseo a medida . tu ofrecimiento me viene; disimula, no lo oiga mi madre. Di, qué resuelves, Agustino? Que en la Ermita de San Cipriano te quedes esta noche recogida; que es la que allí deja verse, que yo volveré a buscarte, apenas los rosicleres den anuncios de la Aurora. Confidera::- No receles. Mira::- Había de engañarte? Contra ti mismo procedes, si a tu madre burlar piensas, temo:: Qué? Que te despeñes; y así entro al Templo de aquel valeroso Martir fuerte, a pedir, que en el martirio, en que continuadamente por ti estoy, me asista el Cielo; ven, Chuleta. Usted ordene, que nos traigan que cenar, que a un rezamiento peremne, está muy torpe la lengua, si están ociosos los dientes. . Ea, amigos, a embarcar. Tu aciertas en eso; vete, y huye de madre, que estorba tus triunfos, y tus deleites. Yo sé que de este viaje has de sacar muchos bienes. Si entro en Milán, cuelgo el saco, y me pongo a vender peines. Ya el Clarín hace la seña de ir a bordo. Ay, madre, cree, que es superior el impulso; que me fuerza a que te deje. Qué oscura, y pobre la Ermita estal El Ermitaño debe de hacer para cenar sopas de gato con el aceite. En un rincón se acomode, Hermana, por si se duerme, que hacer oración deseo. Yo no, que así que comience, me han de tentar los demonios. Cuáles son? Jesus mil veces! ̱. Uno se llama ensalada, y el otro carnero verde. Hermana, no oye clarines? Así fuesen almireces. Ay, si se embarca mi hijo. Mas que los diablos le lleven. A quién, simple? Al Ermitaño; que de cenar no nos tiene. Está loca? Con el hambre la cabeza se me enciende, y hablo, que me despepito. Para remediarlo, piense en algo. En mi nombre pienso, que yo, como aquí tuviese de chuletas un buen plato, rezara admirablemente: mas qué hemos de hacer? durmamos. Soberano Dios clemente, no permitas, que mi hijo mis documentos desprecie: Estorba, Señor, su fuga, si huye de que le amoneste, que en tu Ley Divina, y Santa, blando yugo, y carga leve, tus Sacramentos adore, y tus Misterios confiese: Dispón, Señor::- Vira al Mar. A la Escolta. 2. Al Cafaldete. Buen pasaje, al 2. Buen viaje. Mas ay, acentos crueles! ay, duras, infaustas voces! ay, vientos, y ondas aleves, que me lleváis toda el alma en un hijo; que se pierde! Adiós, Madre. Ay, Agustino! ay, mi bien! espera, vuelve, no en una desierta playa a tu pobre Madre dejes sin ti, que luz de sus ojos, harás, que llorando cieguen, Madre, a diós. Las ondas baten de esta Ermita las paredes; pero como ya el Bajel se va alejando, no vuelve el aire sino en los ecos de mi dulce objeto ausente. Agustino (oh triste Madre!) quién habrá que te defienda? quién habrá que te respete? sin la prenda idolatrada, que tanto amor te merece? Divino Señor, permite, que de las grutas silvestres de la Europa se desaten en ráfagas permanentes contrarios vientos, que al Puerto la Nave otra vez la acerquen, no se aparte de mi vista; y si de nuevo a ofenderte mi hijo va, cruel borrasca la mayor tormenta enmiende: Desplómense de la Esfera los dos inmortales ejes, brame el aire, asuste el trueno, arda el mar, la tierra tiemble, y chocando con las peñas el mísero buque débil, quien huye de tu piedad, tu justicia experimente: Mas ay, Señor, que es mi hijo, . y es fuerza al enternecerme, que de tus justas venganzas a tus clemencias apele; sereno viento le inspire, placidas ondas le lleven, para conocerte viva quien en sus errores muere. Tú sabrás lo que es mejor, si mis suspiros ardientes te obligan, mientras repiten las voces, que me entristecen: Buen viaje, buen pasaje. Madre, adiós. 1. . . No, Mónica, pidas: 2. No, Mónica, intentes:- 1. Que el Ábrego cruja. 2. Que el Golfo se altere. 2. Prosiga esa Nave, gozosa navegue, y calmen tus quejas, que Dios so- lamente dispone, y ordena conforme conviene. Monica, Mi amado Norte, mi Jesús. Tu llanto cese, que yo te llamo a que logres el consuelo que apeteces. Pues qué espera quién tal oye? volemos, alma, a la fuente de los deleites Divinos, de los eternos placeres, volemos al Cielo, al Cielo; y tú, Señor, si te ofendes de que ame tanto a mi hijo, siendo tú el Bien de los bienes, que solo debe anhelarse, que debe solo quererse, templa mis ardientes ansias, y reprime las corrientes de mis ojos. No, querida Monica, corran, y rieguen de mi Iglesia Militante aquel jardín floreciente, donde tu hijo ha de ser (cuando su pecho rebelde con tus lágrimas se ablande) Árbol, que en frutos se extiende, asilo de los Cristianos, martillo de los Hereges. Síguele a Italia, y allí de Ambrosio te favorece mi escogido, que tu llanto; y su doctrina han de hacerle Vaso de elección, al que es de furia, veneno, y muerte. Aguarda, Señor, aguarda, no te vayas, no te ausentes, que será tuyo mi hijo? . Para que le regeneres, llora, Mónica, y serás Madre de un Hijo dos veces. Si haré, mas será de gozo; dándote en voces alegres las gracias: Bendito seas, Dios amante, Dios clemente, pues has dispuesto, que ya mis sentimientos modere. , . Y calmen las quejas, que Dios solamente. dispone, y ordena M conforme conviene. Hermana? Está ya la cena en casa? No en eso piense, Pues vamos, que rabio de hambre, Venga, mire que amanece, y ya no me aflige oír, que en ecos distantes suene: A la Mesana, a la Escota, a la Horiza, al Chafaldete. Pues antes me importa:- Qué? Que sobre rizos de nieve; , . Prosiga esa Nave, gozosa navegue, y calmen las quejas, que Dios solamente dispone, y ordena conforme conviene. GUN
JORNADA SEGUNDA
Atendistes al Sermón de Ambrosio? Es mucha su ciencia, admirable su elocuencia, y grande su erudición. Qué sientes de su doctrina? Ya ha disputado conmigo; pero yo la Secta sigo, que a solo dudar me inclina. No es la Academica? Sí; porque hallé en la Maniquea; que está ciego el que la crea. Duélase el Cielo de ti Dígame usted, seo Agustino, ser Académico, qué es? Dejarse en la duda; pues, no se puede hallar camino de conocer la verdad. Ni en la Ley de Jesucristo? En ninguna. Voto a Tristo, que es una bestialidad: Y esa es opinión sentada? Sin que a disputar se acuda. Pues si hay duda en todo, duda, que te doy esta puñada; Qué hace, Hermano? Te ha dolido? Claro está. Ergo. Qué error! Por el golpe, y el dolor, que fue puñada has sabido? Es cierto. Gaste más pausa; procure, Hermano, vencerse. Ergo puede conocerse por el efecto la causa? Eso ninguno lo ignora. Ergo es la verdad por sí la Fe que reside en mí; pues al que a JESuo adora, le da paz, le da alegría per modum, fundamentum; ergo per causam, y effectum la Ley segura es la mía. Sie argumentum::- Qué hable tanto! no quiere callar? No, Padre, déjeme hablar; que a ese juicio miserable pegar quiero una sotana, viendo, entre una, y otra duda, que como camisa, muda Religión cada semana. Buena palestra es Milán, donde de Roma has pasado, y si a hablar has empezado con Ambrosio, ya hallarán tus continuados afanes, de encontrar con la virtud la senda de tu salud. No los cascos te debanes, él a las mozas se aplica, y ya su Madre le hubiera convertido, si ella fuera, como es Mónica, Morni-ca; Si tocas, Pernil, en eso, harás que tu voz enfrene. Quedo seo guapo, que tiene este Pernil mucho hueso. Y has sabido::- Ay. Madre amada! De Mónica? de tu hijo, y de Clorilene? Sanl Es fijo mi temor, pues no sé nada, ni me han escrito hasta ahora. Dios en tu ausencia sabrá consolarla. Y ya se habrá convertido en cantimplora. Quién? Tu Madre en la Oración, pues tiene su amante celo para las lluvias del Cielo en cada ojo un canalón. En busca de Ambrosio iré; a Diós, Agustino. Adiós. Si hemos de argüir los dos, de aquí a un rato volveré. . Ea, sutileza mía, ea, ambición, ya te ves en Roma, y Milán ciñendo de Apolo el sacro Laurel: todos te admiran, y todos te temen, sin que haya quier te resista al disputar, ni te contraste el saber. Pero ay infeliz! qué digo? de qué me sirve, de qué, sin Adeodato mi vida, sin Clorilene mi bien? sin mi amantísima Madre, pues, no vivo sin los tres? Y lo que es más (ay de mí!) sin encontrar con la Ley segura, que ando buscando? Madre, aquesto es perecer, no hallamos en la Ciudad quien una limosna dé. Paciencia, Adeodato mío. Tengo ganas de comer, y allí está un señor. Lleguemos. Cielos, por dónde echaré? Me corto. Mis juicios forman otra Torre de Babel, Ah señor. Válgame el Cielo! Madre, no quiere volv la cara a mí. Ah Caballero. Por Dios, señor, que nos deis una limosna. Quién: pero qué es lo que mis ojos ven? o es fantasma a quien creí, o es ilusión que formé, o sois, amados objetos, que en esta miseria os veis, los dos trozos de mi alma? Mal se deja conocer, pues quien las dos partes de ella abandonase, no sé con qué alma, Augustino, tal crueldad pudiera hacer. Ya le hemos hallado, madre, por Dios no le riña usted. Al justo cargo que me haces no encuentro que responder: Venid conmigo, venid. Qué es venir? antes sabré dar un puñal a mi pecho, y a mi garganta un cordel. Yo vivir con un aleve, por quien todo lo dejé, y de quien, según el Rito Maniqueo, fui mujer? En cuya Ley no hay contrato natural, que llegue a ser matrimonio; y no obstante eso, fe inviolable le guardé? Antes muerta al duro filo del hambre, y la desnudez, con este fruto infeliz de un infausto amor, sabré salobres aguas buscar, amargas hierbas pacer, cuando haya en todos el mismo duro corazón, que en él. Considera:- No me detengas. Madre, aguarda. Déjame. Qué es lo que intentas? Huir. Pues la venida a qué fue? A culpar tu tiranía, y a no verte más después. Clorilene mía, advierte:- No hay que advertir, no hay que ver, ven, hijo mío, engendrado en hora infelice, ven. Padre mío, que me lleva. Tente, que eso no ha de ser. Por fuerza irás. Padre, padre, Aunque huyas, te seguiré. Padre, padre. Hijo Agustino? gracias a Dios que te hallé. Qué es esto? en Milán mi madre, y a este tiempo? Habrá estrechez igual a la que me ponen esa obligación, y aquel clamor? Padre de mi alma. Ya voy, los pasos detén, Adeodato. Hijo, los brazos no me das? escúchame. Eso es razón, y es respeto; yo me doy el parabién de verte, Madre, en Milán. Padre, no me respondéis? Ay, hijo! perdonad, Madre, que aquello es razón también. Tú te ausentas? No, que vuelvo. Tú me dejas? No, que iré, oy Hijo. Padre? Ay, corazón! acaba de resolver, que entre un hijo, y una madre el más amante, el más fiel, aún no sabrá distinguir cuál es antes, o es después. Tú el ser le diste a tu hijo, y yo a ti te he dado el ser: esta es deuda, aquel cariño, detente, y oye. sonel olO ob Si haré, que después iré a buscarlos. No me ha de llegar mi vez, Amo, deme usted un abrazo. Chuleta, qué hay? Desde que nos dejó usté sin cenar, le quiero a más no poder. No vengo, amado Agustino, a culpar una doblez tan fiera, un tan cauteloso modo, un tan mal proceder, como dejar a tu madre en una playa, a que den sus ojos más agua al Mar, que la que él suele verter, si sus márgenes inunda su entumecida preñez: No vengo, no, a exagerarte, que mis pesares doblé, cuando llorando a mi albergue, volví en segunda viudez; y queriendo con tu imagen (que por prenda tuya amé) consolar la ausencia tuya, (mientras volaba el bajel, que iba mi alma siguiendo) a mi nieto no encontré; pues despechada su madre de ver tu fuga, y de ver, que le dicen, que es por mí, con Adeudato se fue, sin saberlo yo, a doblar mi continuo padecer, y a vagar triste, afligida, y pobre, como hoy la ves: A lo que vengo es a solo saber de ti, en lo que erré, para que digas que huyendo vienes de mí; dime, pues, si es solicitar tu mal, aconsejarte tu bien? Hasta Roma te seguí, a Milán vengo; y aunque, Esde donde nace el Sol en cuna de rosicler, pases, hasta donde baña en el Mar su rubia tez, te he de buscar sin dejarte, hasta conseguir que dés culto al verdadero Dios, y quieras retroceder en el seguir los errores Maniqueos. Y esa es tu pretensión, madre mía? Sí. Pues no tienes que hacer, que ya no soy Maniqueo. Arrojárame a tus pies, a no ser indigna acción de madre; con que logré, que seas Católico, hijo? Yo enloquezco de placer. Tente, madre, que no es eso. Espantábame yo, que él hiciese cosa buena. Pues no es de Cristo la Ley, que profesas? No señora. Vuelva a sentir, a temer, a llorar; pues cual es, hijo? La Académica, en que sé que es más seguro el dudar, el que no halla que creer. De Gentil a Manifeo, A cadémico después, y luego la pata de gallo, eso te falta que ser. Quién anda de sombra en sombra, es señal de que no ve, y a quien te muestre la luz, le tendrás que agradecer; querrás, hijo, una fineza hacer por mí? Sí querré. Ven conmigo. Adónde vamos? Dónde nos llevan los pies. s. De la Caredral de Ambrosio esta es la sacra pared, en el Coro están, oigamos. Gran paciencia es menester contigo. Abinsidiis diabolí, libera nos, Domine. En sus Letanias pidiendo favor contra Lucifer están; pero esto a qué viene? Si callas, te lo diré. A fulgere, tempestate, libera nos, Domine. Que de los rayos nos libre, ruegan al Señor. Amén. Y eso qué quiere decir? No lo quieres tu entender, escucha. A morte perpetua, libera nos, Domine: Yo tengo que hacer, señora, doy palabra de volver. Mira lo que has ofrecido. A qué he de aguardar aquí? a oír::- De Lógica Augustina libera nos, Domine. Qué escucho! ahora que esto oigo, me quiero yo detener: Tan fuerte, tan poderoso es el ergo en que estudié, que hace a la Iglesia temblar, y en repetido vaibén, para poder resistir todo un Dios ha menester! Vano es como calabaza. Bárbaro, sin luz de Fe, la Iglesia no teme a nadie, pues el Poderoso Rey de los Cielos la defiende. Pues esto, madre, qué es? Después de pedir a Dios, que desarme de Luzbel las infernales astucias, nuestra Católica Grey pide suspenda en sus rayos de su justicia el poder, para que en muerte perpetua ( como prosigue después) no perezca el pecador; pero hay hijo, hay hijo, que luego ruega, que la libre de tu estudio, y tu saber, porque siendo a los que ignoran sutil lazo, astuta red, eres rayo en argüir, demonio en el convencer, y eres la perpetua muerte de aquel miserable, aquel a quien tus sosisterias concluyen. La voz detén, madre, que esa aplicación me hace una fuerza cruel: si contra los males piden remedio, debo de ser muy malo yo. En todos cuantos en patio, y en gradas ves, no hay otro peor que tú. Yo te lo confieso, ven. A qué, hijo? A buscar a Ambrosio. Oh qué gustosa que iré! Si me convence::- Qué dices? Que deseo resolver. Pues, Dios mío, cuantos somos interesados en ver Católico a mi Agustino, que la verdad le mostreis. , . Te rogamos audí nos. Nadie se quiere perder, y así del camino errado:- . Libera nos, Domine. De la necesidad atropellados, a la casa de Mónica venimos, (mos, por ti, Ernesto, guiados, de quien que estaba en la Ciudad supi- y que su hijo (que es de quien hulmos) ni la ve, ni la busca, porque el ingrata genio, que le ofusca, y tanto le atropella, le hace olvidar al hijo, a mí, y a ella. Llegó a Roma Agustino, dejome en ella, y a Milán se vino, donde, apenas su ciencia conocieron, Catedra de Retórica le dieron: hoy a buscarle vengo, y un acaso hizo que os encontrase al primer pasa: sabiendo, pues, de Mónica la casa, y viendo a cuanto pasa vuestra miseria, vuestro alivio intenta, El Cielo te lo premie. En todo miento, que mis deseos son, de furia armado, que Agustino prosiga en su pecado. (abuela, Ya nada me desvela. No, madre mía, en donde está mí está Dios, y su auxilio soberano. Oh cual se te conoce lo Cristiano en que ella te crió, y lograr no puedo, que esa doctrinaa olvides. No haya miedo, que está en mi corazón muy arraigada. Mónica, mi enemiga declarada, dejando en conferencia a Agustino de Ambrosio en la presen- hacia su casa viene, (cia, ir a influir en Agustín conviene el etna, que me abrasa, no sea que le venzan. Ah de casa, vive aquí::- Quién? Mas qué miro! De qué, señora, te espantas? vive aquí dije, y bien dije, que aquí vive quien me mata. Fausto, tú estás en Milán. Esto solo nos faltaba. No sé si en Milán estoy, pues no sé (hermosa tirana) si aún estoy en mí, sabiendo, que no he de estar en tu gracia. Licencio, y yo, que supimos, que pasó Agustino a Italia, y que tú, y su madre habíais ido por sendas contrarias en busca suya, también con ideas separadas dimos al mar los deseos, al viento las esperanzas, a Milán hemos venido; él, que estima, anhela, y ama de Mónica los desprecios, a efecto de conquistarla la voluntad, ya que ciego la Fe Católica abraza, y puede facilitarle su mano esta circunstancia; yo, sabiendo que tu amante la Ley que sigues quebranta, y del bando Maniqueo al Académico pasa, vengo a fin de que mi amor, (si es que estás desengañada de su traición, y desprecio) lograr pueda::- Fausto, basta. Que sea yo tan pequeño! ha si yo tuviese espada! Ya no me he de ir sin respuesta, si como la vez pasada me despides. Mira, Fausto, que de aquel lance dimana mi deshonor, si otra vez te ven aquí. Pues te cansas en vano. Ay tal osadía! el hombre parece maza. Salte a esa calle, que yo te echaré por la ventana la respuesta en un papel. Y puedo de esa palabra ir fiado? Ve seguro, que a escribir voy, vete, acaba. Adiós. Ten cuenta, Adeodato, (pues allí dentro se alcanzan a ver papel, y tintero) con quien viene. Ve fiada en mí, que nadie entrará. Ay hijo de mis entrañas! Adeodato, con que en fin hemos vuelto a las andadas? Sí, Culeta. A qué, Agustino, venimos con prisa tanta? Pues mis libros me has traído, Madre, según me declaras, sobre un punto, Ambrosio, y yo, una cuestión empezada tenemos, y me es forzoso:- Qué? Que yo le satisfaga. Y cómo vamos? Gran fuerza me hace su doctrina sa nta, donde los libros están En esa pieza. Repara, padre. Adeodato, tú aquí? Hijo, quién te trajo a casa? Y tu Madre? Yo, sí, cuando:- Tu turbación me declara, qué sé yo; voy por el libro. Ay abuela de mi alma! que está mi madre escribiendo, y ahora mi padre la mata. Qué dices? Suelta, alevosa. No haré tal. Mira no hagas, que te mate: a quién escribes? Hijo. Sus ojos son ascuás. Quita, Madre. Ahora la pega una pisa de patadas. No te soltara el papel sin que me despedazaras, antes::- De qué? De que me oigas. Yo ya estoy precipitada, tirano, al ver en tu Ley, y en tu amor tales mudanzas. Si a la casa de tu madre vine, fue porque no estabas en ella, que soy mujer, que sé cumplir mi palabra: yo te la di de no verte jamás, y ahora reíterada la verás con un extremo, que nadie le imaginara. El Castor, a quien persigue el Cazador, en la zarza se desnuda, y se desprende de su tersa piel intacta, conociendo por su instinto, que de esta suerte se salva: yo, que sé que no me quieres a mí por mí, y que es tu ansia tu hijo, aí te le dejo: ay dulce prenda adorada! ya no tendré nada tuyo: (el corazón se me arranca) y ahora toma ese papel, donde, si inocente me hallas, conocerás tu delito, y el mío, si estoy culpada, que huyendo de ti, y de mí, no apetezco más venganza. Escucha. No la detengas, que Dios estas cosas traza. Veré el papel. No le leas. Es preciso. No le abras, y vuelve a hablar con Ambrosio, mira que Cristo te llama, y empieza a quitarte estorbos. Chuleta, mi Abuela es santa. Ahora lo conoces, Ángel? Dice así: Fausto, si trata Agustino de seguir mi amor, mi Secta, y mi Patria, seré suya eternamente; mas si vuelve las espaldas a todo esto, admitiré tus reverentes instancias, conociendo, que es decreto de mi fortuna inhumana. Qué dices? Que a todo pude resistir, pero a la rabia de los celos:- Qué? No hay fuerzas, si tú no me las alcanzas. De quién, hijo? De ese Dios, que en todo dices que manda. Vuélvete a la Iglesia, y deja a mi cuenta el ver templada tu pasión. Y tú, hijo mío, en resolución tan rara, te hallarás bien sin tu madre? Sí, padre, porque qué falta me ha de hacer madre, que es Católica Cristiana? Pues sosiéguese mi pecho. Dios en sus voces te habla. Yo me vuelvo a fenecer la cuestión pendiente. Acania. A quién es eso? A ti, ven a celebrar tu llegada, mamándonos mi merienda. Vamos, que no será mala. . Dios de las misericordias, es hora ya de que vaya conociendo tu poder mi hijo? No. Oh voz infausta, que me has muerto! Sí. Mas otra acorde, sonora, y blanda me restituye a la vida; cual podré creer de entrambas? La mía, pues por decreto del Altísimo, en las alas del viento (habiendo mi astucia . tomado otra semejanza) vengo desde la Región última de la Tebaida, en donde mi penitencia merece a Dios piedad tanta, a decirte cuan en vano, Mónica, gimes, y clamas: ya está el alma de tu hijo, por su impiedad condenada a los Abismos, y tú las justísimas venganzas de Dios impides llorando. No he de llorar? desdichada de mí, y de él. Si prosiguieren tus ruegos, pierdes la gracia de Dios, y el alma también, resistiendo a lo que manda. No hago tal; si el Señor gusta, vamos a la eterna llama, que será gloria la pena, si de que pene se agrada. No llores, Mónica, más. Infernal Serpiente, calla; qué esperas, oyendo un acto de resignación tan alta? Mónica, aunque ahora me traguen las infernales gargantas, guárdate de mí. Jesús me asiste, alienta, y ampara. Sí, gran Madre, los ojos a los Cielos levanta, verás en esa Regla lo que llorando gana. , . 4. En gloria de la Iglesia Sacrosanta. En ella tú, y tu hijo, como en igual balanza, iguales Dios os quiete, y vuestras justas almas: 4. Militarán en Regla tan Sagrada. Verás, que asciende al Cielo en Mitras, y Tiaras, y en Santos tanta copia, que su concurso iguala: 4. Las Tropas de otros muchos Pa- triarcas. Felice mil veces yo; mas tú, Inteligencia alada, quién eres, que tal me anuncias? El Ángel soy de tu guarda, ven conmigo. Dónde? Al Templo, donde verás cosas altas. Vamos, pues mi Jesús quiere goce esa dicha su esclava. Tus lágrimas resultan , 4. En gloria de la Iglesia Sacrosanta. Hará Agustino Regla. 4. Militarán en Regia tan Sagrada. En otras Religiones. , 4. Las Tropas de otros muchos Pa- triarcas. Que ya Católico os veo, Licencio? Si de Agustino el ingenio peregrino deja el bando Maniqueo, este ejemplar basta solo. Dadme los brazos. Y a mí, que ya por lo que te oí, si vis abrazare, volo. Por qué no? Agustino aún anda vacilante en su opinión. Es en cuanto a Religión su cabeza una zaranda, Licencio, si el ejercicio pretende del desengaño, siga cual yo el de Ermitaño, que es un admirable oficio; con una demanda, o dos, pidiendo en Pueblos a escote, se cría, amigo, un cogote, que es para alabar a Dios. Que a todos cause molestia, porque el callar no le cuadre! Benedicite, mi Padre, digo que soy una bestia. Qué es lo que tanto le inclina, a que ni aún ahora calle? Ser Pernil, y querer dalle una lonja de doctrina. Yo agradezco, que me trate tan bien. Eche acá esa mano, y sepa, que el Simpliciano es simple a nativitate. Qué está diciendo? Yo nada: d vive Dios, que es fuerte afán. Cuánto ha que estáis en Milán? No ha mucho que mi llegada fue, y hoy habiendo sabido, que estaba en la Catedral Agustino, el principal asunto, que me ha traído, es oír si hay conferencia entre él, y Ambrosio a los dos. Si la ay, Licencio, y de Dios espero en la providencia, que Ambrosio le ha de vencer. Será hazaña singular. Ya, Mónica, a tu ejemplar . Católico vengo a ser, si es que mi afecto atendieres, en santo yugo deseo que me haga santo este empleo: o corona de mujeres! si no, tan gustoso ya en Cristo el pecho se inflama, que el casto amor, que te ama, lo que quisieres querrá. Vamos. Vamos. Ay mania como la de este Varón, que no he de hablar en razón! Inútil astucia mía, qué es esto que ordena el Cielo? Ambrosio::- Ay tal desatino! Va triunfando de Agustino. Yo callar? marcho de un vuelo, que este viejo, voto a bríos, ya no puede tolerarse, y así, qué he de hacer? Ahorcarse. Malas nuevas te dé Dios: quién anda aquí? Él no me ve: El Cielo a Agustino hoy día algún grande auxilio envía; yo se le embarazaré con las más torpes ideas, y a ese fin me manifiesto en mi antigua forma. Ernesto, acá estás? maldito seas. Ser tu amigo es mi interés: llégate más cerca. r. Nones, este hombre huele a calzones sudados de Portugués. Enfádame esté Doñado por lo que a Mónica alaba; llégate más cerca, acaba. Oye usté, seo Licenciado, Chuleta me ha dicho, que la coca, y la galantea: o acción espantable, y fea! oiga le predicaré: A unas paloma sencilla la sonsaca, y la divierte? tema a Dios, tema a la muerte, que al espartillo nos pilla; haga penitencia, si no quiere, cuando la trate, le asa el diablo del gaznate. En igual te asiré a ti, hipocritón, embustero, que el celo, que te atropella, son celos, que tienes de ella. Que me ahogo, que me muero, Moní, Mónica, Moní. Qué es esto que llego a ver? Es darle que merecer. Por ti, borracha, por ti. Cómo en sitio tan sagrado gritáis? Responder espero, que ahora voy por un gifero, y os dejaré sin criado. Idos, Ernesto. Si haré, que al punto que de él me aparte, va de vencida Agustino. Qué os parecen, Simpliciano, Licencio, las sutilezas de Agustino? Son un pasmo; más Ambrosio le dispara, no palabras, sino es rayos. Permita Dios, que le venza. Cuanto me agrada escucharos tal proposición, Licencio! habéis de ser buen Cristiano? Mónica, sí, yo os lo ofrezco. Pues ya veréis que os lo paga con daros mejor mujer, que la que estáis deseando. Qué escucho, Cielos Divinos! mi interior ha penetrado: sin mí estoy. Larga sesión es la de los dos. Orando esperaré en este sitio a Agustino; retiraos, amigos. Propicio el Cielo tu ruego admita, y tu llanto. . Ea, ojos míos, ya es hora, ya es tiempo de desataros en dos golfos cristalinos, en dos piélagos amargos: No es Agustino el rebelde, Señor, lo son mis pecados, que ofenden a Dios, que sabe fabricar cera del mármol: En verdad, Sagrado Esposo, en verdad, mi Dueño amado, que hemos de darnos batalla, a ver el que vence de ambos en benigna lucha, Vos resistiendo, o yo llorando. No llores, Mónica, y vuelve los ojos. Dadme los brazos, Agustino, que ya es eso ir la verdad penetrando. Sapientísimo Maestro, y Santísimo Prelado, el Misterio en que más dudo, la duda en que más batallo con la opinión Maniquea, es, que un Dios haya tomado verdadera carne, y sangre, vistiendo el disfraz humano, porque implica. No, no implica, pues a infinito pecado, era menester se diese, por el que alcanzase a tanto, satisfacción infinita, y Dios la tomó a su cargo, y para hacerse pasible, fue fuerza haberse humanado: de esto en los Libros Gentiles tienes testimonios hartos, y en Hebreas Profecias se manifiesta bien claro: Gentil fuiste, y eres docto, ceguedad será el dudarlo. Presto con un auxilio, que cause espanto, verá más, cuando ciegue, como otro Pablo. Tan dulce es vuestra doctrina, que no quisiera dejaros. Feliz yo, que tal escucho. Hasta la noche ha durado nuestra conferencia, amigo, la Oración me está llamando: adiós. Ambrosio divino::- Mujer, quién eres? Besaros los pies una, y muchas veces, y con lágrimas regarlos: la madre soy de Agustino, que perpetuamente clamo por su conversión, pues vos sois tan piadoso, y tan santo. Mujer, consuélate, y dame paso, y cree, que es imposible, que un hijo que te ha costado tantas lágrimas, perezca. Oh Espíritus Soberanos, que vais asistiendo a Ambrosio, sed con Dios mis Abogados. Si haremos, Mónica, pues importa a la Iglesia tanto. Vuelve, Mónica, y mira, como en un rapto se convence a un prodigio con un milagro. Señor, Señor. Agustino, qué sientes? Un fuego, un pasmo, en donde absorto, y suspenso, en lo íntimo voy entrando de mi corazón, y sobre mi entendimiento, me hallo viendo una luz, que no es esta que con los ojos miramos. Oh favor el más sublime! o extremo de amor! usado solo con Pablo, y contigo, para que seáis entrambos, él el Doctor de las Gentes, tú el Maestro de los Sabios. Aquel globo, que contiene el Misterio Soberano, que del hombre ser permite creído, y no penetrado: Alumbrándote de uno de sus arcanos, te hará el Verbo Divino verle humanado. Si como Gentil dudaste, oye que profetizando la Síbila Tiburtina, les escribe a los Romanos: Nacerá Cristo en Belén, en Nazaret anunciado, reinando de paz el signo, todo sosiego y descanso. Nacera Cristo en Belén, en Nazaret anunciado, reinando de paz el signo, todo sosiego, y descanso. Si después en las dos Sectas, en que ciego has tropezado, lo dudas, en Isalas te lo dice el Texto claro. Eleva, o Jerusalén tu frente, que ya en tus campos nació del Señor la Gloria, ya las tinieblas cesaron. Eleva, o Jerusalén, tu frente, que ya en tus campos nació del Señor la Gloria, ya las tinieblas cesaron. Con que en fe de las promesas de redimir del pecado al hombre, a fin de cumplirlas, nace en un rústico establo el Hijo del Padre Eterno, el que es Santo, Santo, Santo. Cuando Angélicos Coros maravillados cantan, viendo pasible lo Soberano. Gloria a Dios en las Alturas. Vamos, Pastorcillos, vamos. Y paz al hombre en la tierra. Que ha nacido el Verbumca- 1. Aquí está, que tanta luz en un Portal derribado, no puede ser otra cosa. 2. Ay amigos, que le hallamos. 1. Toca, Gil. 3. Canta, Bartola. 1. 2. Dale a las sonajas, Bato. Pastórcito tierno, Niño Soberano, que a la Tierra vienes hoy por mis pecados, puesto que revelas tus Misterios altos a los párvulillos, antes que a los sabios, Ángeles, y Hombres todos bendigamos al que es Pastorcillo, y es Cordero manso. 1. Yo te ofrezco este panal. De manteca yo este tarro. 2. Pues has de elegir lo bueno, y has de reprobar lo malo. 2. Estas manzanas te dor. Yo este pan sabroso, y blanco. 2. Que en pan darás el remedio, si fue en manzana el pecado. 3. Yo este acecito de leña. Yo este corderillo intacto. 2. Pues en un tronco a ser vienes Cordero sacrificado::- Y pues cumples tus promesas: Pues remedias nuestros daños::- Ángeles, y Hombres todos bendigamos al que es Pastorcillo, y es Cordero manso. Sobre aquel Portal la Estrella se paró. Su luz sigamos. Una gran tropa se acerca. Celestial impulso arcano nos dice, que este es el centro del Sumo Bien, que buscamos. 3. Sacrosanto Adonal, admite nuestro holocausto. La Mirra, Señor, por Hombre te confiesa, venerando, que a probar por ellos nazcas de muerte, y pasión lo amargo. Yo en el Oro, Rey Supremo te público, demostrando, que aún al mismo Dios lo rico le abulta lo Soberano. En este pomo de Incienso, y en este color tostado, no solo Dios te confieso, sino el amor en que ardo. 3. Alábente Cielo, y Tierra, porque en Cetros, y Cayados::- , . . Ángeles, y Hombres todos bendigamos al que es Pastorcillo, y es Cordero manso. Soberano Dios Eterno, quien por los hombres ingratos nació a derramar su Sangre, que hoy la desperdician tantos, confío, Señor, confío, Madre, (ya que hoy he logrado con el espíritu veros, con el amor contemplaros) que usando otra redención, saque del confuso caos en que vive mi Agustino, y hecho su feliz esclavo, glorifique su Poder. La Iglesia tendrá en su mano, como en símbolo de estarla su doctrina sustentando: Consuélate, amada mía, pues ves el extremo raro, que hoy usa con él mi Hijo, aún siendo incapaz el vaso del néctar de su piedad, supuesto que aún no es Cristiano. Qué será cuando lo sea, si hoy logra favor tan alto? Del Señor a quien rendidos los Ángeles adoramos, son, Mónica, inescrutables los juicios. Así lo alcanzo, así lo confieso, así todo mi espíritu exalo en gracias, cuando nacido con los Ángeles le canto: , . . Ángeles, y Hombres todos bendigamos al que es Pastorcillo, y es Cordero manso. Alegraos, hijos de Dios, que el Sol esparce sus rayos. Reinando de paz el signo, todo es sosiego, y descanso. No temáis de los Abismos el horror, pues a salvarnos::- Nació del Señor la Gloria, ya las tinieblas cesaron. Para que en Cielo, y en Tierra se oiga en Celestes aplausos: Gloria a Dios en las Alturas, y paz al Género Humano. Agustino? Madre? Qué has visto? qué has oído? Ah sido tanto, que no hay ojos para verlo, ni lengua para explicarlo; mucha luz vi, mucha luz. Quiera Dios, que iluminado de ella, cuando se separen de tu alma los nublados, con el agua del Bautismo la goces sin embarazos. A eso anhelo, Madre mía. Vamos, y diciendo vamos: 2. . Gioria a Dios en las Altu- y paz al Género humano. RCE
JORNADA TERCERA
Viva Ambrosio, viva. . Viva de Milán el Arzobispo. Si de Agustino la Ciencia fue opuesta a la Ley de Cristo, ya será honor de su Iglesia la Lógica de Agustino, cuando hoy en las aguas intactas, y puras del sacro Bautismo le infunda el ardor del Espíritu Santa incendios Divinos. Mil veces en feliz hora docto Africano prodigio, vengas a lavar tus manchas en el cristal terso, y limpio del agua de tu salud. Y en feliz hora, o benigno Ambrosio, para tal gloria te haya mi amor conocido. Ea, venturosa Madre, ya se logró aquel auxilio. Oh Espíritu Celestial, que es muy corto el caudal mío para darle a mí JESus las gracias. Treinta mil brincos diera de gozo, a no ser el paso tan circunspecto. Qué felicidad! Qué dicha! Venturoso quien es hijo de tal padre! Ambrosio viva. Cual gritan. Viva Agustino. Es el gentio tan grande, que en la Iglesia ha concurrido a la fama de tu nombre, que su número infinito no deja entrar; haced paso. Pernil, que cuide le digo de Adeodato, no se pierda. Si haré, que es muy buen oficio para un día semejante. Vamos, y repita el Himno: Si de Agustino la Ciencia fue opuesta a la Ley de Cristo, va será honor de su Iglesia la Lógica de Agustino: cuando hoy en las aguas intactas, y pu- del sacro Bautismo le infunda el ardor del Espíritu Santo incendios divinos. Oyes aquello? Ya lo oigo. Haslo visto? Ya lo he visto: ojalá hubiera cegado antes de verlo, y oírlo. Ya de tu Secta el ultraje ves, y aún yo, que le he servido mientras que fue Maniqueo; desde ahora no le asisto, por no poder tolerar tan grave dolor, bien digo, . cuando, aún después de aquel rapto, le mantuve discursivo, y errante, hasta que venciendo las lágrimas, los gemidos de Mónica, trocó Dios en piedades los castigos, siendo en el cuerpo, y el alma dos veces Madre de un Hijo: En qué estás suspenso, Fausto? En pensar, que si no quito la vida a este fiero monstruo, ya de mi Secta enemigo, no cumplo con lo que debo, pues el crédito adquirido en todo el Orbe, de ser el más docto de este siglo de la Secta Maniquea, es un gigante peligro. Y añade el que Cloriene, (de esta manera le incito mas) mientras él tenga aliento, no ha de olvidar su cariño, y el de un hijo, que de él tiene, y así te será preciso perderla. Cómo perderla? Tu ignoras lo que imagino: en busca de ella mi afecto andaba, y va se ha sabido, que pasó a Roma, y en Ostia está, esperando Navio Africano, que a su Patria la conduzca, al tiempo mismo, que Agustino a Ostia camina, así que esté concluido el acto, en que ahora están; con que volar solicito a embarazar, que la vuelva a ver; y el medio que elijo, es, que con ella, o sin ella, no llegue al África vivo; a cuyo efecto quisiera, que del Euro fugitivo fueran mi posta las alas para lograr mi designio. Yo te haré, que llegues presto. Cómo? No debo decirlo: muera Agustino, supuesto, que en tu corazón unidos, de Amor, y de Religión, dos impulsos tan activos te dicen::- Te Deúm laudamus. Qué escucho, furores míos! Te Dominun confitemur. Nuevo parece este Himno. Claro está. Te aternun Patrem. Entre Ambrosio, y Agustino Omuis terra veneratur. Le han compuesto, y de improviso. Tibi homnes Ángelí, tibi Ceelí. Y reviento al oírlo; pues este ha de ser desde hoy, aquel que use el Cristianismo, para darle a Dios las gracias de sus altos beneficios. Desviándonos un poco, no lo oiremos. Que haya sido tan gran majadero yo, que entre tan fiero bullicio, del níñito me encargase! válgate el diantre el niñito. Vamos por aquí. Ah señor, sabe usted de mi chiquillo? Qué chiquillo dice, o qué diablo? Que cargue contigo; pero tú eres, buena alhaja? pero ahora verás, si te pillo, como con este gifero te desgarro hasta el hombligo. Téngase, Hermano, qué es esto? Hipócrita, mal nacido, Agradezca que voy en busca de Adeodático, de quien me encargué; maldita sea la perra que le hizo, que si no::- Váyase, Hermano. Le voto a Tristo valillo, que se había de acordar de la Chuleta el chulito. Vámonos, Fausto; a pensar en como nuestro designio podrá ejecutarse. Vamos. De uno en otro sus prodigios va manifestando el Cielo; pues habiendo fenecido del Bautismo la función, se halla tan otro Agustino, que sobre la tunicela blanca con que al Templo vino; entre Ambrosio, y Simpliciano el Hábito le han vestido de Ermitaño, que su Madre de antemano le previno por Celeste inspiración, sin duda, y este ceñido con una negra correa, le infundió tal regocijo, tal satisfacción, que a todos ha pasmado el haber visto tan apacible al inquieto, tan humillado al altivo, tan dócil al temerario; y en fin, de una vez lo explico, tan siendo ejemplo a los Fieles, como su escándalo ha sido: con que viéndole salir en un traje tan distinto, de la multitud a vista, siendo de esta acción testigos muchos Hereges, rompieron en voces, diciendo a gritos::- Si Agustino la profesa, sigamos la Fe de Cristo. Sobre que no doy con él. Ya van llegando a este sitio todos juntos. Seo Licencio, sabe usté de mi chiquillo? De quién, Pernil? De Adeodato, que me han dado el ejercicio de ser su guardía, y los diablos me le han desaparecido. No sé. Él me dio la palabra de estar junto a mi quedito; pero se cumplió el refrán, de quien se acuesta con niños: o, diga lo demás el Par que algunos habrá con hijos. Dónde va, Pernil? espere. Voy en busca de mi chico. . En hora buena, o gran madre Mónica, veáis cumplidos vuestros cristianos deseos con logros tan excesivos, como que no solo (a precio de caudales cristalinos, para ser bien empleados por vuestros ojos vertidos) hayáis al Cielo comprado la salvación de tal hijo, sino es en el nuevo adorno de su traje, dar indicio de una insigne Religión, que al Sagrado Paraiso de la Iglesia ha de llenar de frutos esclarecidos, conquistando el Cielo así; pues serán, los que hayan sido Ermitaños de la Tierra, Ciudadanos del Impíreo; y pues tan presto queréis al Puerto de Ostia partiros, para pasar desde allí al África: dadme, amigos, los brazos, pedidle a Dios por Ambrosio el perseguido, el desterrado, y el preso. No digáis tal; yo os percibo el defensor de la Fe. De Dios el fuerte Caudillo. La muralla de su Iglesia. De sus glorias el Archivo. Eso sois. Pues veis todo eso, que tan sin razón se ha dicho, pues todo es nada, pues todo, ni lo aprecio, ni lo estimo; y solo lo que pudiera en los venideros siglos ser la mayor gloria mía, es el haber conseguido mis ruegos al Cielo, darle a la Iglesia un Agustino: Adiós, hijos. Adiós, Padre. Qué amoroso! Qué benigno! Qué docto, y prudente! Saben ustedes de mi chiquillo? Cuál? Pero allí está; mi vida, ya te hallé, toma un pellizco. Ay, abuela, que me ha muerto! Qué ha hecho, Hermano? Es un aviso, para que otra vez no haga reventar el señorito. Sobre que es loco. Sí, Padre, yo le debo ese buen juicio. Mire, que tengo que hablar con él, ̱. Cuándo, cielecito? En yéndose todos. Vaya. Mi Adeodato, no remiso estés, bésale a tu padre la mano, pues hoy te hizo el mayor favor, que puede imaginarse. A eso aspiro; pero no estaré contento, hasta lograr::- Qué, hijo mío? Que sirviendo a Dios, como ese me haga usted otro vestido. Si haré, que no puede darte un empleó mi cariño más glorioso. Oh cuantas gracias al Sumo Hacedor repito, viendo logrado un talento tan grande, tan peregrino, como el tuyo! Ay, Simpliciano! y de mí qué hubiera sido, a no haber sido por ti? que citando a Victorino, y a Antonio el Grande, que hoy es de la Tebaida prodigio, mi corazón inclinaste, que en los Platónicos Libros, entre luces, y tinieblas vacilaba confundido. Si yo hubiese de explicar el gozo de mis sentidos, caber pudiera en las voces la expresión de lo infinito. Oh lágrimas bien lloradas! o llanto precioso, y rico! vamos a marchar, que no sosiego, aliento, ni vivo, hasta que a África amanezca su nuevo Sol. Allá os sigo. Y yo hasta el Puerto, que baña en Ostía el Mar Tiberino. Yo iré contra Maniqueos, y Académicos malditos a predicar, y para eso llevo de metal un Cristo; y al que no quieta a razones convencerse, enfurecido de celo santo, le parto de un golpazo el colodrillo. Venga, y tenga modo. Vamos. Quiero decirle, Hermanito, una cosa, que es dos cosas. Perla mía, dime cinco. ̱. Siendo usted lo que es ahora, puede casarse conmigo? En verdad que el cuento es arduo, y como traigo vacío el estomago, imposible me ha de ser el difinillo, si no acudo a la oración. Pues arrodillate, hijo, que yo me truje de casa, viendo cuanto era preciso fuese larga la función::- Qué trajiste? Un frasquito de vino en la faltriquera, y unos bizcochos muy lindos. Pues saca, a ver si un Ángel nos desata el laberinto de lo que me has preguntado. Come, y bebe; pero dilo presto. Señor, a señor, en vuestro santo servicio podrá casarse un Doñado? No mientras no es Monaguillo. Qué bronca voz tiene el Ángel! Es que está con tomadizo. Que hable claro. Ya hablará: échame acá otro traguito. Oyes, todo te lo zampas. . Estando en Dios embebido, no sé lo que me hago. Acaba: el Pernil es un bendito; qué dice el Ángel? Que están los bizcochos muy se. quizos; ay otro sorbo? Del frasco este es el postrer suspiro, Pues sin vino fuese al Cielo el Ángel de donde vino. Y la respuesta de aquello? Hija, lo que dejó dicho, es, que teniendo la nobía mucho dote, y buen hocico, puede casarse un Doñado, y decir los desatinos, que dice en esta Comedia: pero no, si no hay cume quibus. Yo, ni uno, ni otroylo tengo. Pues, hija, a casarse al Limbo. . Bien Mónica me aconseja; quiero toca, y no marido. . Tiberino undoso Mar, duélete de una Africana, de cuya estrella tirana el influjo has de imitar; pues, sin poder sosegar, en un estado he vivido feliz, que ya está perdido, y en inconstancias del hado, solamente es desdichado aquel, que dichoso ha sido. Ay, amante el más ingrato! ay, Agustino cruel! pero yo me acuerdo de él? Ay mi amor! ay mi Adeodato! en ri pienso, y de ti trato, pues el alma dejo en ti, duelere, Estrella, de mí: Playa, Monte, Golfo, y Cielo, habrá para mi consuelo en tanta miseria? Sí. Qué es esto? quién me responde? Quien como viene no sabe, a sentir el que le olvides, y a culpar el que le engañes. Es esta aquella palabra, de que esperando en la calle un papel tuyo, sabría mi fortuna, y tu dictamen? Como a un pecho mujéril puede alguno interpretarle, habiendo quien huye a un tiempo de quien la sirva, y la agravie? Pero yo que soy, y he sido el más fino, y más constante en tu amor, le debo a él, que apueste celeridades con el viento, y una posta, sabiendo, que aquí te halles, tan por el aire me traiga, que aún no lo ha sabido el aire. En igual has penetrado del Mar las concabidades, y los senos de la tierra, en fe de que te acompañe mi furor contra Agustivo, para vencerle, o matarle. Antes de que te responda, Ernesto, como dejastes. a mi hijo Adeodato? Bueno, y gustoso con su padre. Pues no quiero inquirir más. Debes pasar adelante, y saber que ya Agustino, de nuestra Secta en ultraje, se ha bautizado. Qué dices? Y tan Cristiano::- Se muestra::- Oh amante injusto! Que vistiéndose al instante un Hábito Religioso, con los tres votos, que hace, ya jamás puede ser tuyo. Oh corazón de diamante! mas para cuando es mi honor? disimulemos, pesares. Con lo cual::- Me hubiera holgado, que a ti mi papel llegase. Mi noble amor::- No prosigas. Y la oferta de ampararte, aunque llegue de este Puerto, adonde viene a embarcarse, al sitio Agustino; y presto estará en él con su madre, no deberán permitirte, que le busques, ni le hables. Por qué no? sabes quién soy? que aún juzgo que no lo sabes: verele, por confundirle, buscarele, por matarle; y si mi papel perdiese, haz cuenta que ahora le abres; y dice así: Si Agustino mi Religión observase, mi amor, y Patria atendiese, eternamente he de amarle; pero si vuelve a todo esto la espalda, ingrato, y mudable, aceptaré las ofertas de tus hidalgas piedades. Eso el papel contenía? Sí; mas oye lo restante: Yo soy mujer de tal honra, que del modo que lo mande mi Secta; admite uno solo a mis cariños leales; malogrado este, aceptar segundo obsequio no cabe: si tu amparo admito, es solo porque a mi Patria me pases, como noble, sin querer, que de otra forma te pague; porque perdido mi bien e incapaz de restaurarle, ni Agustín puede ser mío, ni yo puedo ser de nadie. Oye, espera. No te digo, que es forzoso que la mates? Antes que se aleje más, voy a alcanzarla. Infernales astucias mías, ya temo, que no habéis de ser bastantes contra una mujer, que logra, solo llorando, postrarme. Ya está en Ostia Tiberina, sin que el que llegue se extrañe tan presto, pues a su lado trae su Custodio; y se sabe, que si yo a Fausto conduje, por mejor medio, y más fácil, lo que hacer puede un demonio, puede ejecutarlo un Ángel: Además, de que si es fuerza, que su historia se relate, las permitidas licencias tal vez son inexcusables. Aquesta es la habitación, que ha tomado, la cual cae a un bello jardín, Narciso, que se mira en los cristales del Mar; y pues para mí no hay sitio, que esté distante, aquí los observo oculto. Dime, sacrílego Áspid, qué intentas sacar de aquí? El veneno, que me mate. Huye la presencia mía. Si haré; pero iré a quejarme al Cielo. De qué? De que con instrumento tan frágil, como una mujer, disponga, no solo un hijo se salve, sino es cuantos sean devotos de tal hijo, y de tal madre. . Hasta aquí mi obligación permite, que te acompañe, Mónica. Oh gran Simpliciano! Varón santo, y admirable, con qué puede agradecerte mi amor, y remunerarte lo que has hecho por mi hijo? Esas gracias debes darle solo a Dios. Si él fue la luz, que alumbró mis ceguedades, también tiene parte en ella quien me la puso delante. Rabiando estoy por ser Monja, ya que no puedo ser Fraile. Cuando me pondré el vestido, que a usté le he pedido, padre? Al punto que a África llegue. Para mis ansias es tarde. Hijo del alma, con eso liené mis prosperidades: Bendito el Señor, que tan buen natural quiso darte. Al punto al Desierto mío me parto. No es bien que faltes a ser el consuelo nuestro, mientras no llega el viaje al África. No, Hermanito, no haga tal, de volver trate al Desierto a rellenarnos de pechugas de potaje. Sí, Hermano, eso es lo seguro. Ya basta de pasearse, tema, que de ceca en meca nuestros Hermanitos anden; pues qué harán los Ermitaños, si el Abad juega a los naipes? Dejadme a mí, y a mi hijo solos por un breve instante. Vamos. No hay forma de aquello? Hija, sin pesetas, naní. . Agustino, amada prenda de el Atended, mortales, que estas son conversaciones, que deben aprovecharse. Ahora, hijo mío, de Dios los juicios inescrutables mira, por cuantos rodeos, por cuantas dificultades, venciendo la rebeldía de ese tu juicio indomable, te ha traído, a no tan solo conocerle, sino amarle. Le amas mucho? Ay, Madre mía! tal es mi amor, y tan grande, que si en los dos dable fuera, que la esencia se trocase, y fuese yo Dios, pasando Dios (en cambio semejante) a ser Agustino, al punto dejara (el Señor lo sabe) de ser Dios, porque él lo fuese, y que le glorificasen con las voces de Agustino montes, peces, fieras, aves, los Cánticos de los hombres, y los Coros Celestiales. Arded, Mariposas, arded, que el amable JESus es la llama, que dulce, y suave, en vuestros dos pechos imprime volcanes. Con qué superioridad conocerás que fue antes la soberbia ciencia tuya vanidad de vanidades! Qué horror te hará de tus culpas el denegrido caracter, borrado ya del Bautismo con el cristal saludable! La Verdad buscabas, hijo, ya en Jesucristo la hallaste, que es Verdad, Vida, y Camino; él solo pudo guiarte: mira por esa ventana, cuan hermoso maridaje forman jardín, Cielo, y Mar, y en las obras, que Dios hace, contemplemos la grandeza de aquel que te ama, y te atrae. Quién, si no es él, vestir pudo de tanto matiz el aire? Quién, sino es él, de la tierra criar las amenidades? Quién, sino es él, dar al fuego espíritus tan brillantes? Quién, sino es él, formar tantos vivientes en los cristales? Oh, qué poder! Oh, qué ciencia! Oh, qué amor! Mi voz te ensalce, Trino en Personas, y Uno en la Esencia, Dios amante. Oh, quién consiguiera verte! Oh, quién pudiera gozarte! Volad, que venciendo del cuerpo la cárcel, las dos almas vuestras consiguen entrarse, adonde se ocultan las inmensidades. Rasgándose las once murallas de diamante, llegad al alto Solio, de donde Amor esparce la luz, que os vivifique, y el fuego, que os abrase. Ya del furor del Abismo con tus lágrimas triunfaste, Mónica, ya son Estrellas de los Orbes Celestiales; ya eres Antorcha, Agustino, de la Iglesia Militante por ellas, que en ti prendieron sus ardores eficaces, siendo del Cristiano Cielo dos sagrados Luminares. Parte al África, Agustino, y escribe dos admirables Reglas de Ermiraños tuyos, y Canónigos Reglares. ú, Mónica, te apercibe al premio, que quiere darte mi Hijo de tus fatigas, tus llantos, y tus afanes, que yo quedaré en tu ausencia a ser de Agustino Madre: y en tanto, dadle las gracias con júbilos incesantes, pues en alas de la Fe conseguís, siendo mortales:- Rasgándose las once murallas de diamante, llegar al alto Solio, de donde Amor esparce la luz, que os vivifique, la llama, que os abrase. Hijo? . Madre? Dadme albricias de que ya mi Dios me llama. Solo con la que te suple puede mi dolor templarse. Ve a fundar dos Religiones, que el Cielo, y la Tierra aclamen. Se Madre de ellas, señora, cuando en los Cielos te hallares. Y lograd cuantos mis hijos fueréis en fe, y en caracter::- , . Llegar al alto Solio, en donde Amor esparce la luz, que os vivifique, la llama, que os abrase. Antes de que tal sea, mi profundo coraje contrapuesto será el volcán en que se queme el mundo. Oh justicia de Dios! Dime, qué es esto? qué fuerza en unas lágrimas has puesto, que han conseguido hacer (corriendo tanto) no un Católico solo, sino un Santo, de un hombre lleno de ambición, de ira, de lascivia, y de infieles opiniones, como lo han de explicar sus Confesiones? Mas si confiesa oh furias!) si suspira, qué me espanta, ni admira? pues la victoria es esa del que llora su culpa, y la confiesa. Muera, pues Fausto, a quien mi saña of con intento le busca sca, de vencer el estorbo, que en él tiene, y la ofensa vengar de Clorilene, y logrando que él sea su homicida, sus progresos estorbo. Oyes, querida? No me puedo detener. Mónica. Casla. Mornizca. Cesa, o acabo contigo. Confesión, que me pellizcan, que me atenazan. Qué es esto? Nada, estando tú a mi vista. Mucho, muchísimo, que este ladrón de casta Judia, a pellizcos me ha arrancado de carne más de dos libras. Aún paras aquí? . Allá voy a quejarme a la justicia. . Ernesto, la Embarcación tengo pronta en la Marina, y hoy he de lograr mi intento. Dónde? En la estación umbría de este Bosque, a quien el Mar de undoso cristal salpica: Agustino ha de venir por él, según cierta espía, qué tengo, a ajustar el flete del Bajel, que le precisa a embarcarse luego: y aunque Mónica se siente herida de un leve accidente, al hijo ir siguiendo determina: aquí tengo de matarle. No es el que allí se divisa? Sí, él es. Por la oculta senda de las verdes celosías, que forma de rudos troncos la maraña entretejida, vengo a Agustino observando, que quiero que sepa el día que es fuerza ausentarme, que obre tan honrada, como fina, y sin testigos le busco. Padre mío de mi vida. Mas este es. Ya allí le tienes. Dónde, señor, te encaminas por aquí? Nuestro viaje disponer hoy es precisa acción. Ay hijo Adeodato! ay dulce prenda querida! qué he de dejarte? A qué esperas? A nada: muere a mis iras, traidor. Qué veo! alevoso, suspende la mano impía. Ay, que matan a mi Padre. Qué es lo que mis ojos miran! Ya se malogró mi intento. . Cuál de los dos solicita mi muerte? que no haya miedo me vengue, ni me resista. Agustino; mas qué es esto? Yo lo diré bien aprisa: Esto es venganza, es traición, es crueldad, alevosía, precipitación, enojo, cólera, impiedad, y envidia, pues son celos, y en los celos todo lo dicho se cifra; pero si en vez de agradar a esa belleza enemiga, ver que vengo sus ofensas, las defiende, y autoriza, quede a su cuenta su agravio, y quéjese de sí misma, que yo hasta el África huyendo, sin verla ya, ni asistirla, iré a perder de una vez, a mi pasión, o mi vida. Oye, aguarda escucha, espera. Hijo, Augustino, a qué aspiras? A echarme a sus pies, gozoso de escuchar mis ignominias. Dichoso tú, que llegaste a tal estado; y tú, amiga, qué haces con ese puñal en tu mano? Una hidalguía, un extremo de mi amor, y de mi honor un enigma. Sabe, Agustino, que aún cuando mi enojo me precipita, de tu vida soy defensa, vive tú, aunque yo no viva. Hoy al África me vuelvo sola, sin que a nadie siga, sino al pundonor que observo, en donde no habrá caricia, interés, ruego, ni fuerza, que hacerme olvidar consiga de ti, y de esa hermosa prenda, que ya es ruya, y que fue mía. Vive, triunfa, y en la nueva Religión en que militas, consigue la salvación, que buscabas escondida a tu entendimiento, siendo Sol, que a la Iglesia ilumina; y permite, que a ese objeto de mis amantes delicias, mi hijo de mi corazón, por última despedida, le dé los brazos: Adiós, dulce amor, y gloria mía. Mas yo lloro? no, que este acto solo valor necesita. Aí te quedan, Augustino, para que la fama diga, que dos vidas hoy te he dado en dos prendas, dos conquistas, un hijo, que ya posees, y un acero, que ya pisas. s Lástima es, que tal mujer quede reducida a nuestra Fe. Harto lo siento: mas ya son otras las líneas, que sigo, el Cielo disponga su conversión, que hoy se pinta como fue el suceso. Pues, padre, a la verdad seguirla, eso mi abuela me enseña. El Poeta bien podía enmendarlo; pero tate, que eso era mucha mentira. Vamos: Ay Jesús! Qué es eso, Madre? Una grave fatiga, que siento en el corazón, y mi espíritu aniquila: favor, Dios mío. Pues dónde vas tan de prisa? A no hablar con hombres más, que ya soy Ermitañita, y hoy al África marchamos. Con qué te vas, prenda mía? Sí, amigo. Con qué te partes? No lo oyes? Con qué caminas? Este hipócrita me enfada. La Nave está prevenida, en que iremos. Con qué marchas? Daolea. Con qué te deslizas? y ter llevas esos ojos, llenos de mil picardias? No si no es me los dejara, y fuera ciega. Ay bobita! del que lo está; y estimara fueses tú la lazarilla. Pues cásate, si me quieres. No entiendo de alicantinas. Este embustero me estorba aquí, y es acción precisa a huyentarle. Mas si es fuerza celebrar la despedida, sabes tu como se abraza? Estándome yo quietica, y estendiendo tú los brazos estrujarme las costillas. Pues allá voy. Qué hace, Hermano? Yo, sí::- El acción tan indigna? Es que era::- Es él quién reprende? Mostrarla. Él es quién predica? Cuanto. Es él el que amenaza? El Demonio, y la Chiquilla me engañaron. Mientes, perro, quien te engaña es tu malicia. Chuleta. Allá te las hayas. Accidente es este, pues toda fría se ha puesto. Avuela. . Señora. Llevémosla a esta vecina Alquería, en que Licencio hoy con Simpliciano habita, pues estar cerca es fortuma. Madre? aún apenas respira. Ayuda, Chuleta. Ayuda tú. En tanta pena me asista el Cielo. Mas de ocho arrobas pesa la Santa bendita. Vamos. Ahora que este humano edificio se derriba, Infierno, a perturbarla. Desvelo mío, a asistirla ahora, que con su contrario ostrer combate lidia. elp Con que hoy se parte Agustino, Licencio? Así me lo avisa, y mis intención es seguirle hasta el más remoto Clima. Su conversión será gloria de la Iglesia, Ay, qué desdicha! qué lástima! que a los Cielos se va. Quién? La Palomica; mas ya la entran. Agustino? Pongámosla en esta silla. Qué es esto? Es faltarle, amigos, al Alba la luz más limpia, la mejor flor a la tierra, y a mí la madre más fina. Valedme, amado Jesús. . Ya vuelve. No haga, Hermanita, la necedad de morirse. Mónica, alienta, y confía en tu Dios. Teman tus culpas su rigorosa justicia. Su piedad te favorece. Su rigor te atemoriza. Madre. Avuela. Ama. Señora. Sagrada Virgen María, llegue ya la feliz hora, que tu voz me pronostica; pues consiguiendo mi llanto ser quien convierta, y redima a mi hijo de sus errores, paraque al tuyo le sirva de defensor de su Iglesia, y azote de la Heregia, no tengo que anhelar más, que ir a mejorar de vida. Agustino, y Adeoda to, para que el Cielo os bendiga, recibid mi bendición. Licencio, si pretendías esposa, y yo te ofrecí la más bella, y la más rica, gozala en la Religión de mi hijo, cuya familia rica de virtudes es, hermosa, y esclarecida; y tú, Agustino, a mi cuerpo aquí en Ostia Tiberina dale tierra. Sí, que al alma Celestiales Jerarquías la cantan el triunfo. Para mi más terrible ignominia. Suba al eterno descanso, la que fue con su doctrina Madre de un hijo dos veces, pues le redime, y le cría. Y dichosos los llantos, que en sus conquistas las tristezas convierten en alegrías. Ven, alma dichosa, donde en mis brazos te reciba, para írsela a presentar al que quiso redimirla: Sube, y convierte tu llanto en dulce inefable risa, que lágrimas bien lloradas, son glorias bien merecidas. IEsús, JEsús. Ya espiró. Qué aguardas, mortal envidia? sepúltenme los Infiernos. . Anda, que según pellizcas, bien lo mereces. Amigo que en tu Religión me admitas espero. Y yo aquel vestido, que ofrecido me tenías. Yo quiero ser Monja al punto. Y yo volverme a mi Ermita. m. Feliz Madre, y feliz Hijo! Benditas, mi Dios, benditas las lágrimas, que en tu Iglesia Estrellas flamantes brillan. Vamos al África, en donde he de fundar mis Familias. Y aquí, discreto Senado, da fin la gloriosa vida de la que llama la Iglesia en sus Lecciones Divinas, dos veces Madre de un Hijo. Y el Ingenio solicita; no el vitor, que no merece sino cuatro palmaditas,
