Texto digital de Dos mejores hermanos, San Justo y Pastor, mártires de Alcalá
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Desconocido (Tres ingenios)
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Dos mejores hermanos, San Justo y Pastor, mártires de Alcalá. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/dos-mejores-hermanos-san-justo-y-pastor-martires-de-alcala.

DOS MEJORES HERMANOS, SAN JUSTO Y PASTOR, MÁRTIRES DE ALCALÁ
JORNADA PRIMERA
Suene el parche sonoro; con su Música alague mi decoro, el velico instrumento, examine los términos del viento; porque al herirle ufano, mi poder reconozca Soberano. Ya de aquesta campaña, que con perlas Enares riega, y baña, y con paso veloz, y diligente, el pie le besa en líquida corriente. Dueño soy Soberano, y absoluto, donde no ha de quedar, quien en tributo de su rebelde, y pertinaz intento, la vida libre de mi ardor sangriento: ninguno ha de que dar, que en carmín bello no esmalte el Prado, cuando rompa el (cuello. Haced que se divulgue, y que el cruel Edicto se promulgue, de que si algún Cristiano, de mi acero probar, y de mi mano, el rigor no quisiere, ni a su Dios le tribute, ni benere. Canitán. . Gran Señor? Al punto, luego, antes que mi coraje aplaque el fuego; haced que se ejecute. Tus preceptos tienen todo su Impe Dónde vas T Jesús, Señores, hoy acaban conmigo sus rigores, que temo (Dios me alumbre) que por tizón me zampen en la lumbre. Voyme porque presumo, (m que no es bien que un tizón haga mucho hu en la parte que está, y es muy probar que es el humo peor que es e mojado, y como los tizones sudan con el calor, ya mis calzones, con tu rigor airado, temen no aumarte, porque le hanmojado. Dime, Violante bella, de el azul pabellón mejor estrella, como en aqueste día, en que goza descanso mi alegría, pues cruel mi destino, treguas pone al cansancio del camino: para que pueda el alma con sosiego, mariposa de amor arderse al fuego, de tus hermosos ojos, que al sol le dan enojos, y en lucientes desmayos; son tus luces eclipses de tus rayos, mudo estás, pues qué tienes? hoy a mi amor tristeza le previenes. No es tristeza, señor, no es si no go a quien sirve el silencio de rebozo, (zo Pues cuando esclava tuya aquí me ad- tengo por más acierto, (vier el callar mi ventura, que es carl pli porque más la encarezco con callarla: ay Alerandro amado, al suerte ingrata he de estar yo alagan lo a quien me ma- o (ta. Julia ingrata tirana cuanto esquiva Julia del Alma, tú que siempre viva estás en mi memoria, (ria esté pues en tu gracia, esté en tu glo- mi amor constante, mira que me abraso. Oye seor Perejil, pásito, paso, No le he dicho Tizón que no se meta a dónde no le llaman? Ya me inquieta su arrogancia cansada he insufrible. Dego Señor Tizón, que uste es terrible Ya en debido olocausto a deu- das tantas, puesta el alma Violante está a tus plan- En esta estancia hermosa, (tas. donde humilde te asiste cada rosa, y en cándidos confines, azucenas te sirven, y jazmines, y estampando tu planta entre colores, te coronan por Reina de las flores. divierte aqueste rato, mientras que el aparato, y el estruendo marcial, que al Orbe cie- del camino descansa, y se sosiega. No agravies mis alientos: callen pues tus acentos, del sonoroso parche antes oídos, dulce lisonja son a mis oídos: pues bien puedo decir, si es que te obligo que es culparme la se con que te sigo. Ay amor que lo finjo, porque el alma . se esta abrasando en tan penosa calma, ay Alejandro mío, hay dueño amado, cuando el infelice ado, y la constante rueda, lugar dará en que pueda, en cariñosos lazos, (zos. gozar de nuestro amor entre tus bra- a tus leyes, señor, se han divulgado de tus preceptos nadie se ha admirad antes firmes, constantes, y animosos, a rigores forzosos, procuran ofrecerse. Cese tu labio, tu discurso cese, por vida de Violante, en cuyos ojos idólatro amante, que de Púrpura en mares, se han de teñir las aguas del Enares, y hasta beber la sangre de su pecho, no ha de quedar mi enojo satisfechos Ven, y de mis castigos, tus soberanos soles sean testigos. Qué pueda yo escuchar estos tor sin que los sentimientos (mentos, en ansias tan mortales, acaben con mi vida, y con mis males. , o Puesto que un auto Tizón, el ambre te notifica, y a darte muerte se aplica, saca tú tu provisión: del ambre entre las porfías, hoy llenar mis tripas quiero, no me las rape un barbero, si me las topa bacías: Ahora bien, vaya de intento, el gergón llenar procuro, y para estar más seguro, quiero tomarlo de asiento. A Tizón vengo siguiendo. mas que es lo que estoy mirando; como él lo fuere sacando, yo me lo pienso ir metiendo. Lo primero con que enebra, mi gana es esta cecina, o que bien la sed la atina, más sácola por la ebra. Lo segundo ha sido el queso, que lindo amigo T ta cairás como un ratón, al darle a la bota el veso. Del ambre en el duro cerco, que a prevenciones obliga, para aplacar su fatiga, traigo aquí dos pies de puerco. Pues el zurrón desalforjas, panza no estés con cuidado, alégrate, que has sacado ya los pies de las alforjas. Antes a Dios gracias des, y yo al verme socorrido, pues ya me hubiera caído, a no valerme los pies. Seco el mendrugillo está, y no probarle imagino, mas no importa, con el vino ello se remojará. No hay más, todo lo he sacado, al ambre quiero aplacar, por los pies he de empezar: pero quién me lo ha llevado? Traidor, que con inumanos modos, en los pies te cebas, no hechas de ver que me llevas todos mis pies, y mis manos. Ten Tizón. . En ira me ardo. no es mi ambre tan cibil, que ha menester Perejil, ni aún salsa de S. Bernardo. ̱. El bribón la voz no agüeque: Buélvalo. . Que es patarata. 2. Vuélvalo, o páguelo en plata. Eso si haré, cuando trueque: Ea escusemos trapazas, pues de ello participas, para ordenar bien las tripas: daco un trago. . Calabazas. Seco estás como una yesca. 2 Pues no le dé pesadumbre, porque está da mucha lumbre, la calapaza es fresca, la cecina con destreza te has comido, que gran plaga: en tu estómago se haga, cada vocado una piedra cruda allá se te convierta, sin poderla digerir, tanto que para salir le aura una ayuda la puerta: El queso (que compasión) villano te lo has comido, en Gato te has convertido, siendo al comello ratón? Todo uanto aquí a comer has llegado, con vil modo, todo lo has de volver, todo, o a coces te he de moler. Sin ningunos enbarazos quiero, que al punto me des Perejil aquesos pios. Esono, llega a mis brazos. En tre de hacer un estrago, si no me los quieres dar. La sed pretendo aplacar, y a sí daca hechare un trago. Qué es trago? la calabaza, te tírare, gran mandil, y aunque seas Perejil, te haré salir la Mostaza. Déjote para quién eres, al fin Cautivo menguado, Dame aquí lo que has llevado, y dime lo que quisieres. Su provisión, seor Tizón, pide con poca advertencia, pues mire, tenga paciencia, y aguarde mi provisión: Pues de esta suerte cobrar quiero, y castigar tu exceso, la cecina, pan, y el queso el traidor me ha de pagar. Voyme, y cobrarlo no espere, aunque esos extremos haga. Todo eso saldrá a la paga. Cobrará usted si pudiere. Justo, pues que ya has oído, que Daciano, aquese fiero horrible monstruo del Orbe, a divulgado precepto, bárbaros, cuanto crueles: para que aquel que en su cuello, no quisiere ver el golpe de sus enojos sangrientos: le niege la adoración al acedor más supremo. Y ya que los dos conformes, cuando escuchamos sus ecos; arrojando las cartillas, emos dejado al Maestro. Y pues que con tanto gusto hermano estamos resueltos, antes, que admitir sus leyes dar nuestras vidas al riesgo. No nuestro valor desmaye, no flaquee nuestro aliento, no triunfenno, sus rigores, de nuestros Infantes Pechos. La ley común de la edad singularicela el tiempo, que en los años no consisten, el valor, ni los esfuerzos. Salga del pecho la llama, que se va alentando a incendio, de la ley de Dios, hermano; y de su Fe el dulce fuego. Con agua de sus crueldades, no la apaguen sus intentos, no sea. . Detente hermano, csse tu voz que no quiero, lo que de mi afecto nace, debérselo a tu consejo. Si porque naturaleza me negó el primer derecho, que constituye mayores, por más, o por menos tiempo: Juzgas que me han de faltar valor, y conocimiento, il uno para su se de su crueldad lo indomable: y el otro para que abriendo, los ojos de mi discurso, heche el paso con acierto, y apartándole del daño le asegure de los riesgos? Estás hermano engañado: y si no escúchame atento; El alma es indivisible, y para obrar sus efectos, no busca el cuerpo mayor solamente busca, el cuerpo. Las luces de la razón, son del alma verdaderos rayos, que su actividad para obrar está esparciendo, de cuya luz alumbrado, guiado de tal reflejo, ni la impide la ignorancia, ni errores le son tropiezo. Luego yo que de esta antorcha, cabales luces poseo a la razón, no me estorba la falta de ser pequeño, De nuestro padre, que ya en ese alcázar escelso, pisando alfombras de estrellas abita en mejor Imperio: la doctrina nos defienda, ayudenos sus consejos, y a sí no con persuasiones, me adviertas lo que deseo, mi vida al cuchillo pronta, a de estar, ya de su acero, los filos, que airado vibra, perezosos los advierto, a los golpes, que su brazo furioso amaga, y soberbio. Caigan, nuestros cuellos, caigan, no a su triunfo nos neguemos: bien a sí como sucede en algún jardín ameno, le una d dos claveles van saliendo, que uno a ser Rey de las flores, apenas del verde cerco, las prisiones de esmeraldas desata de carmín reo; cuando atrevidos impulsos, con enamorado anelo, viviente segur cortaron, los vejetables alientos, y el otro botón, que aún no (aunque tan juntos nacieron) leyes del tiempo inconstante, goza las luces de el cielo, como un tiempo les dio el ser, dejaron de ser a un tiempo. Flores somos, que el jardín de la vida componemos, una voluntad nos rige, rijanos un movimiento: De Daciano a los rigores, conformes nos ofrecemos, no corte el cuello a el uno, sin que al otro corte el cuello. El clavel nos da liciones. pues en tan graves enpeños, no es bien que triunfe una flor, y nosotro: no triunfemos. Ofrezcámosle en coral, lo que pretende soberbio, que en culto le concedamos, que en adoración le demos. Dame los brazos hermano, que alegre te escucha el pecho, que a eso Justo te resuelves? Amorir estoy resuelto. Si amenaze? . Nada importa Si persuade? . Soy de acero. Si hay rigor? . Nada me asusta Y la muerte? . No la temo. Pues hermano, Cristo viva, Viva, y la vida dejemos. Señora cese el rigor. cese el llanto, que en tu pecho, arrojado desde el alma, empaña tus dos luceros, que llober perlas el Sol, no es con natural efecto, cuando te ves de Daciano, que no hay gozo, no hay festejo, que en lisonja de tu gusto, no solicite su afecto, tu correspondes esquiva, tibia pagas sus deseos, y en llanto le vuelves triste, lo que en gozo estás debiendo: comunícame tus males, no por criada el consuelo dudes en mí de tu pena, ni de tu herida el remedio. Julia, nace mi congoja, la enfermedad, que padezco, el dolor que me atormenta, y el rigor que estoy sintiendo, de causa que tú la ignoras, por que obligada del miedo, de no aventurar mi vida, (bien digo, la de mi dueño) me he querido atormentar, en la cárcel del silencio, pero ya que las pavesas, a llama se van subiendo, y lo que empezó en ceniza, goza vanidad de incendio, aunque al decirlo no logre, más alivio mi tormento, que haberlo comunicado; ha de ser bastante premio, que quien muere de callar, el hablar es su remedio. Debando pues Julia aparte las ansias los rendimientos, las porfías amorosas, los abrasados anelos con que han procurado al tivos, han intentado soberbios, rendir mi constante fe de Daciano los afect saré a común mi congoja, más primero, Julia te quiero advertir, que si ese bago elemento (hablando contigo a solas) llegaré a escuchar los ecos de lo que digo, yo entonces, valiéndome de mi esfuerzo, la vida te he de quitar, y no parezca despeño, que si en ello me va el alma, nada arriesgaré en hacerlo, Mucho me agravias, señora, poco Violante te debo, eso de mí tu imaginas? Esto es prevenir los riesgos: sabrás pues Julia (ay de mí!) con mil temores tropiezo: que mi mal (no nos escuchen) nace: ay amor, como temo, que estás flores, estas plantas, dan pasos; y con silencio: (tan poco dichosa soy,) Llegan a escuchar, mi acento, para contarlo después a quien les pague el saberlo, porque a los troncos mover puede el interés, y el precio. En la Augusta Zaragoza, Ciudad bella, a quien el Ebro el pie le besa en señal, que en plata le paga el seudo; Nací noble, y sin estrella, pues la de mi nacimiento, no sirvió de ser, no luz, sino de ser rayo, puesto que influyendo lo que hiere, no le cauteriza el fuego. Maña fue de la desdicha, dar pena, y nobleza a un tiempo, que siempre en la buena sangre, es más vivo el sentimiento. Junto a mi casa vivía, (porque se cumpliera de que más Alejandro, a quien el pecho desde su primera instancia le da su amor alimentos. Niños nos criamos juntos, que amor en los años tiernos hirió nuestros corazones, pero con un arpón mismo. Creció amor correspondido, y creció para ser ciego, que no mira más amor, cuando mira mayor cuerpo, Viento en popa la fortuna llevaba nuestros afectos, cuando Daciano ese monstruo, humano, pero soberbio, Entró en Aragón altivo, abransando, y destruyendo, cuantos Cristianos halló de su ira el voraz fuego. Viome al fin, y enamorose, mas a su torpe deseo, que sembraba en mi lisonjas, le producia desprecios, que no han de conmensurarse siempre causas con efectos. A Alejandro dio la vida con mi intercesión, diciendo que era mi primo, si bien no mentía, pues es cierto, que es mayor la cercania del amante, que no el deudo, y aún parentesco más fino, cuando es tan noble el afecto, solo con mirarle vivo, hablarle Julia, no puedo, y en el ardor que me abrasa, en esta llama este fuego, que calentura de amor ya se pasa a crecimiento: Si agua pido al abrasarme, la memoria a mi ardimiento, con el nombre de Alejandro, que está conservando ha de ya que no puedo gozarle, me le ofrece por remedio. No has visto, que de accidentes adolece algún enfermo, que Idrópico en su congoja, ansioso procura medios para la sed que le aflige, y para que su tormento, y su pena se mitiguen, algún pedazo pequeño de cristal darle procuran, porque con el divertiendo vaya el rigor de la sed; y el entonces muy contento, aunque el agua no consigue, ya se consuela a lo menos, y lo mitiga el ardor, aquel tan breve remedio? Pues así yo, Julia mía, en el ardor que padezco, en esta sed que me ahoga, y que apagarla no puedo, con gozar de mi Alejandro, puesto su nombre en el pecho es cristal que me divierte, y me mitiga el incendio, me aplaca está activa llama, me apaga este mongibelo, callar Julia de esta suerte es de amor ardid supremo, que si llego a descubrir la llama de mis afectos su obstinado corazón, me dará muerte sangriento. Mejor ocasión procuro, para que salga del pecho, donde se abriga el volcán, que ya resistir no puedo. Pero mientras que propicio, quiere el ado concedernos dicha de romper el yugo, que nos oprime soberbio: Solo por remedio hallo, solo por alivio encuentro cho. que llore el alma, y que padezca el pe- Deja señora el llorar, reprime un poco el dolor; no es bien blasone el rigor, que de ti pudo triunfar. Ay Julia, que yo me muero, remedio al mal no apercibo, pues muero Julia, y no vivo, muriendo cuando yo quiero, Señora, si a divertirte has entrado a este jardín, donde el clavel, y el jazmín, solo aspiran a servirte, y por lisonjear tu pena, jigante hermoso de nieve, Perlas a la Aurora bebe, descollada la Azucena: tu contigo elos enojos, no es bien, que uses rigor tanto, Cese ya señora el llanto, quita el lienzo de los ojos. Ay Julia, estoy adorando, y es de amor obligación, que padezca el corazón sentir no ver a Alejandro: que aunque ya llego a mirarle, como no le puedo hablar, ese es mi mayor pesar, verle, y no poder gozarle, Ay Alejandro querido, ay dueño de toda el alma, o, si en tan penosa calma, mi voz llegará a tu oído! Ya que en dolor tan atrez, no te divierten ahora las flores, quieres Señora, que procure con mi voz a tu pena lisonjear? Julia, te lo estimaré. Qué, en darte gusto diré? . Lo que tu sueles cantar Dónde me llevas dole penas, donde me lleva a Violante me? dónde camináis, amor? Penar, padecer, sufrir, me dan, alma, por remedio, que en tanto mal, otro medio, no se puede conseguir. O! como un triste no ha hallado, el alivio a su congoja: la dicha con él se enoja: que mucho si es desdichado. Y son efectos muy varios, los de la dicha, y desdicha, y estando esta, nunca hay dicha; que son muy fuertes contrarios. Solo quisiera, ay de mí! que gozo, piadosos cielos, me ofrecéis en mis desuelos; A Violante miro allí, pesarosa o divertida, consigo propia la miro, llegare? yo me retiro, mas qué haces alma? y la vida? Yo llego, mas que instrumento. herido a impulso veloz, unido con dulce voz, rompe el aire con su acento? Parece que al escucharle, su corazón ha llamado al oído, retirado oiré aquí sin estorbarle. Julia será, que divierte con su canto su agonía, ya su voz la pena mía, lisonjeando iba mi muerte. A la voluntad prefiere, el amor con nuevo ser, porque no puede querer, la que quiere, cuando quiere? Oh que bien Julia has sabido, cantar conforme al dolor, Pues es la pena mayor, que padezco la que he oído? Es la fineza mayor, que en amor se puede hallar, el excederse uno a amar, así propio en el amor; Así de mi fe el ardor, que con tantas ansias quiere, que de amoroso se muere, con exceso tanto ama, que de voluntad la llama; a la voluntad prefiere. Muere mi fe cariñosa, a manos de su afición, que es su mayor galardón, (en esto solo es dichosa) Fénix fallece amorosa, y viendo la fallecer, y en fuego de amor arder, Salamandra la contemplo, pues la sustenta en su templo, el amor con nuevo ser. Muera, mas de su tormento no se queje no, el amor, que no es bien triunfe el dolor, de que llamó al sentimiento, antes con gusto, y contento: pero no ha de padecer, esta pena ha de tener, este tormento sufrir amor porque ha de morir? porque no puede querer. Pues qué es esto Dios Cupid porque te ofrezco la vida, me pagas con esta herida? dale lugar al sentido, permítele a mi jemido, que se queje, pues que muere; pero no ser justo infiere tu rigor, y el sentir fuera vajeza en mí, que es bien muera la que quiere, cuando quiere, Alma, pues has escuchado el remedio de tu muerte, festejemos nuestra suerte, pierda el amor su cuidado. Pero que ruido Alejandro, mi bien, mi dueño querido quien siempre está rendido, el corazón adorando; A mucho que estás aquí? que yo en congojas mortales, divertida con mis males, no he estado señor en mí. No envano Violante mía, a quien el jardín tributa el carmín de los claveles, de las rosas la hermosura. No envano el alma medrosa está, viendo que te jura, por Princesa de esta estancia, te aclama por Reina suya, el bulgo hermoso de flores, de que nuestro amor fluetua en el mar de persuasiones, cuando bracanes me asustan en el mar enque me anego: pues el alba te dibuja superior a sus reflejos, que si es del sol sustituta, antes que se enbarque el alba, en su argentada chalupa, tu mejor Aurora sale, entre flores, y entre murtas, compitiendo con las selvas, cuando las flores madrugan. Las fuentecillas risueñas. las animadas pinturas, que a vista de tu belleza, ya tributarias se juzgan. Por tu hermosura gorjean, por tu deidad te aseguran, y ese encendido diamante, que sobre la arquitectura, de ese alcázar de topacios sus ebras esparze rubias, por Reina suya te nombra, mas como es sol, y se juzga, de cuante superior dora majestuosa criatura, toca a recoger sus rayos, pareciéndole que usurpa, hoy a tus ojos los suyos con que las flores supura. Pero qué importa, que importa, si imanes de la dulzura, en la Catedra del aire los pájaros se conjuran, y nuevo Abril te consagran, y debe de ser sin duda porque no le falten flores a esta primavera Augusta, cuando mendigo de rayos avaro el Sol te las urta, pues cuando para que mueran las flores, el Sol se enluta, los pájaros en el viento forman Abriles de Pluma. Pero ya pierdo los miedos, tus rigores no me asustan, y si acaso aquestas ansias, en que el amor se vincula, que son finezas del alma, a tu voluntad disgustan: no pueden no correr riesgo, pues entre penas, y angustias, en viendo tus bellos ojos, quedan libres de sus culpas. A la luz del desengaño ya mis afectos procuran en sí mismos el tenerte, por perfección sin segunda, porque el cielo te confiesa, aunque conmañosa industria, por superior a sus luces, pues si en ventajosa lucha dos riges, Violante, vences, y en uno le sobrepujas: Y pues dos soles, Señora, tu abreviado cielo ilustran, tu Violante eres más bella, aún los cielos no lo dudan. Y así desde hoy mis afectos, quieren, emprenden, procuran, en su cuidado embarcados, matarme, pero sindud nunca las olas agravian, a quien sepulcro las busca: No estos miedos con rigores, te obliguen, que contribuyan, los afectos que me debes, que será acción muy injusta, pagar ansias, con enojos, porque sin duda ninguna, no pagar obligaciones delito en amor se juzga. Si al alma que entre recelos se muere, tú no la ayudas, en el templo de Cupido fabricare sepultura. De no hablarte he de morir, este dolor no se excusa: solo le pido a tu fe se duela de mis angustias: no puedan afectos tibios, no puedan pavesas mustias, de el amor de ese tirano, si bien este nombre usurpa, labrar Violante tu pecho, si sus álagos le escuchan. Tenga yo aqueste consuelo, labre pues infausta urna tu esquibez a sus afectos con ingratitudes sumas: No te venza su poder, que mentiroso te adula, mas ay Violante, (ay de mí!) eso mismo me concluya: que lo ingrato en la belleza, aún no ha menester disculpa. Muy bien Alejandro has dicho, tus quejas son bien fundadas, de verte quejar me alegro, que hacen dulce consovancia tus razones en mi pecho, prosigue, para que callas? no es bien, no es bien que enmudezcas, si no es que al ver publicada tu pena, que an sí la nombras, se han aliviado tus ansias: No me dirás, Alejandro, de que causa; de que causa, puede ser hijo este efecto nace tu desconfianza? en mí que tibieces hallas, para que a sí te lamentes? que edificio, que muralla, a los báibenes del aire, se vio con mayor constancia? que yedra en el ver de tronco, que dulcemente enlazada, eternidades apuesta resiste al viento bizarra cómo mi amor, y mi fe? Hay roca que contrastada se ve a impulsos de las olas, que burle choques del agua, como mi amor las caricias, no de tu labio escuchadas? Pues qué temores te asustan? pues qué recelos te asaltan? que dudas? vencerte intentan, pues porque Alejandro. Violante, dueño querido, jamás mi bien intentaban, dar ocasión mis congojas, de verte tan enojada, eres hermosa (ay de mí!) yo más infeliz, que basta, poderoso mi enemigo, yo su esclavo; que te espanta, que asalten el corazón cuidados que el amor causa? No son celos (qué mal digo!) prevenciones; aún no halla mi lengua nombre al cuidado, que me atormenta, y me mata: de tu senunca he dudado, prevenirla no es culparla, que el uno es para el remedio, y lo otro agravio se llama. Es verdad; pero el amor, que en continua vigilancia, cuidadoso en quien la estima, precia a quien le agasaja. ni ha menester advertencia, ni el aviso le hace falta: cuando el antorcha que alumbra carece de luz extraña, para no apagar su ardor, los alientos de su llama: mas al cuidado se deben, que al vigor que la acompaña. Vida que para alumbrarse necesita de ajena alma, si fenece quien la anima, tan bien su aliento desmaya. Por eso el vidrio es materia, tan débil, y delicada, que como se anima a soplos, que como a soplos se fragua, a los menores implusos, con que lebe el aire amaga, pierde el ser, y solo dura, lo que el aire le acompaña. Esto Alejandro es verdad, y an sí mi dueño repara, que si elas persuasiones, fundas de amor la constancia, es forzoso que fallezca, porque esa es muy leve causa; No Alejandro, no Alejandro, en la amorosa batalla, en que mi fe se defiende de contrarios que la asaltan, para salir vencedora, no ha menester otras armas; porque es ella quien pelea, y soy yo quien la acompaña. Dame los brazos Violante: o como te estima el alma a ese alivio, estoy seguro? Soy roca, que no se ablanda. Soy infeliz. No en mi amor. . Es Señor mas no del alma. . Y si ruega? No escucharle, . Si porfía? Seré esta y para decirlo todo, soy Violante, que te ama. Por Dios géntiles aliños, así van a padecer, van amorir, o a comer? parece juego de niños: Ellos piensan, si por Dios, que aquí buñuelos se dan, pues descrídense, y verán, lo que pasa por los dos. Pues estoy yo, que ya voy de puro Cristiano a viejo, y de vergüenza lo dejo, y digo que no lo soy. Y ellos con mucha entereza, defienden la ley ufanos, óyenme; paciencia hermanos, y ir vajando la cabeza. No es blen, que culpes así el intento de los dos; porque nos ayuda Dios, no ha de faltarnos aquí. Pues como no conocéis, que el rigor ha de triunfar, y que no habéis de lograr, lo que los dos pretendéis? el pueril entendimiento; no os permite discurrir ved que no podéis sufrir lo sebero del tormento. No procures, no pretendas persuadirnos, ni apartarnos: estorbarlo es agraviarnos, nuestra Fe no es bien ofendas, La ley de Dios defender, hoy intentamos los dos, Dios nos de fiende, y cor Dios, nada queda que temer. Si Dios a mí me crió, para servirle, y amarte, decid será bien faltarle van clan el poder advirtió ajarle, que solo por conservarle, no se expúsiese al rigor? La vida a rendir venimos, por quien nos dio vida, y ser, y obligación viene a ser, darle lo que recibimos. En efeto que se aferra vuestro valor en morir? Es cierto. . Dan en morir como otros en comer tierra. Ven hermano, y a Daciano, nuestros cuellos entreguemos, Adiós la vida le demos, que es el Señor soberano. Su ansia me admira amorosa, A mí su fe, y su valor. Que están borrachos, Señor, no puede ser otra cosa. Ven, pues vamos a morir, Voy, pues vamos a triunfar. Nada te ha de amedrantar. Todo lo has de resistir. . 2. Pues porque con sus consejos, Daciano no los persiga, por si es que caen en la liga, voy yo tras los rapacejos. Voyme Alejandro de aquí, porque si a esta hermosa estancia sale Daciano, y me encuentra, no quiere tener el alma, ni aún esta ocasión de oirle. Ay Violante, que se abrasa el pecho en incendios vivos. Alejandro, pues el agua de el seguro de mi amor, ha de apagar esta llama. qué lo escucho, aquesto es cierto? Si mi bien. . A dichas tantas ya mis recelos se pierden, ya viven mis esperanzas: soy tu esclavo. . Siempre tuya. Advierte señora, tuncien tus de mi amor desconfianzas. Pues adiós? . escucha. . Qué me dices? Nada, nada, pero si: que no me olvides. Esa es memoria excusada, no hay más gloria que adorar Yo
JORNADA SEGUNDA
Ponga el busón insolente aquí aquesa silla. . Quedo, lo busón se lo concedo; pere lo pícaro, miente. De su agravio no hago ascos, que es hombre ruin. . Miente uste. Pues juro a Dios, que le de, con esa silla en los cascos. Su voto a mí no me inquieta. Porque, si es un vil bellaco? Que ha de hacer el con el taco, si tengo yo la vaqueta? Ponga, y no me sea busón, Pongo; pobre Perejil. Él es un Cristiano vil. Él es un Gentil bribón, Tu cuero, tu fed remedias con un cuartillo. . Y dos juntos, Y te emborrachas por puntos. No hace tal, sino por medias, Es un enbuste, y trapaza. Él un pobre entrapajado. Eso si que me a enojado. a. Pues enbista. . Plaza, pia Pues aquí sale Daciano, venga a reñir el vergante. hacia otra parte. . No quiero porque así podrá acabarme. Cómo. . Cómo ahora v parte a pa me par Daciano a prebaricar biene a los niños constantes, o plegue a Cristo, pues vino, que se vuelva hecho vinagre. Justo. . Que quieres Pastor. Hermano mío, abisarte, que pues estamos resueltos a morir por Cristo amantes, no nos mueva la razón de Daciano, necia, y frágil, y no haga una palabra, lo que un cuchillo no hace. En mi pecho aquese aviso esta también, pero antes Pastor no le discurriste en la voz le adelantaste. Viles Cristianos vosotros, que soberbios, e indomables, alzáis la cerviz herguida, al yugo de mi coraje. Qué intento os mueve atrevidos? que periuasión, que dictamen, a despreciar de la muerte, el horroroso semblante? Todos su golpe reusan, y en vosotros tan amable es, que parece que hacéis lisonja del ser cadaver. Mas en vosotros lo admiro, tan pequeños, tan rapaces, que apenas de mis rigores, el castigo formidable, se atreve a amagar el golpe, no digo yo ejecutarle, porque juzgo, y bien sospecho, que al tremolar arrogante este obelisco de nerbios, regido a terror de el aire, desplomando en vuestros cuerpos los filos del corbo alfanje, ha de ir huyendo la tierra, temiendo el golpe invariable, como ve que en vuestros cuellos, no hay resistencia bastante: y es forzoso que la herida hasta dar en ella pase, ajando de sus violetas lo florido, y lo fragante, bizarro adorno del Mayo, jarifa pompa del valle. Pues si esto es ansi Cristianos, que intentos, que ceguedades os precipitan, y os hechan a que mi rigor os mate? Mas porque veáis que os persuado elocuente, no arrogante, atendedme a las razones; no quiero yo que cobardes, antes os mueva mi furia, que mi lengua llegue antes. Voy a la razón, y dejo los enojos, y crueldades, porque impulsos del rigor, mueven pero no persuaden. Vosotros decís, que Cristo, con afrenta, y con ultraje, llego en paribulo feo, a términos de cadaver, y después le amáis por Dios? Pues no advertís ignorantes, que hombre que fuera pasible, no puede ser Dios amable? Dios les defiende a los hombres, de las penas, de los males; pues como os ha de hacer libres, quien no pudo así librarse? Enséñeoslo la experiencia, consideraos, miserables, abatidos, despreciados, sufriendo nuestros ultrajes, si vuestro Dios, decís, puede, tanto como me contasteis, defiendaos de este peligro, Justo, Pastor, invocalde, pedidle la libertad, ecidle, que o d i es vuestr ahora estáis en la carcel, luzga la mayor fineza, donde es el riesgo más grande; si le habláis, cómo no biene? si es que le invocáis, que hace, que polluelos no os defiende, de el altivo Jerifalte, de mi soberbia briosa, cuyo alimento es la sangre, que de vuestras tristes venas, cuando os vea pertinaces, correrán golfos de nácar, surcando de confal mares, donde bebiendo de bruces idrópico mi coraje, al brindis del carmín bello, mi rabiosa sed apague? Pero si dejáis a Cristo, grato, cariñoso, afable, cuantas riquezas el oro, la estimación Dignidades, grandezas la Majestad tiene, consagrate amante por Diadema a vuestras sienes, a vuestros pies por esmalte. Ea aceptad, responded, agradecedme, que os saque de miseria tan humilde, a comodidad tan grande. Si no es, que os empache necios eso mismo, que no sabe estimar el premio nunca, quien siempre fue miserable. Pues como no hacéis más caso de mis liberalidades? como a mis razones tercos, sin admitir mi dictamen, no estimáis mis bizarrías, diciendo a la voz que calle, y para que me responda mandáis al silencio, qué hable? Acabad de resolveros, sin que el fuego, que en mi ardo, consumiéndoos en cenizas, de resolveros acabe. O si no con vuestra muerte. se anegará Alcalá en sangre, tiñendo en coral la plata bulliciosa del Enares: fallezca como rubí, lo que como perla nace. infaustamente agoreras jiman las nocturnas aves? abra vocas ese monte, que al cielo escala jigante, de cuya cabeza es frondoso copete, un sauce, para que al son del Fabonio, dulce citara del aire, por sus vocas tristemente, vuestra muerte infeliz cante. Atento a tu persuasión mi oído está tan de jaspe, que pienso que a lo suspenso lo endurecido achacaste. Por tus razones atento también escuché; las cuales fueran buenas, si evidentes fueran, como son falaces. Y para que reconozcas. Y porque te desengañes. Que son falsas tus sentencias, Que las nuestras son verdades, Voto a Dios, que lo que dicen, lo sustentare delante de un glotón, que esto es lo más dificil de sustentarse. Oye lo que respondemos a tu razón, que persuade el dejarnos con la vida prometiendo majestades. Escucha lo que decimos, a la objeción que nos haces, de que como murió Dios, en un patíbulo infame? Ya los dos satisfacemo con razones eficac Desde el punto que nacimos a la muerte caminamos, los días, pasos que damos, son acía donde partimos: si la jornada andubimos mal, ese es el trabajo, si hoy nos matas, el destajo cumples del camino: advierte que llegar presto a la muerte, es hechar por el atajo. No biene a ser tiranía darnos muerte, ni rigor, pues nos quitas el temor, de esperarla cada día: el dilatar su agonía, no es evitar su dureza, ni tan poco tu fiereza, hoy nos da la muerte, no, primero nos sentenció la misma naturaleza. El degollarnos advierte? que al valor no de concierta, dime, haurá en el cuerpo puerta, que esté cerrada a la muerte? Sentiremos nuestra suerte, si dimos causa a la pena, mas si la razón fue buena, porque muerte padecemos; los dos no lo sentiremos, siéntalo quien nos condena. Si por Dios es padecida, muerte; que das a los dos, no morimos, porque Dios, el mismo lo dijo, es vida? Si ahora eres nuestro homicida, poco bienes a quitar, si la vida hemos de andar mal, será buen parecer no andar, para no tener, peligros de tropezar. Morir Cristo no te asombre, que naturalezas dos tuvo, y ansi en cuanto Dios, a lo murió, si no en cuanto hombres Nuestra sangre, nuestro nombre, tomó su inmensa, bondad; advierta tu ceguedad. que murió por tu salud, no pague tu ingratitud, deudas de su voluntad. Dices, que es grande inclemencia, darnos míseria afrentosa, más riqueza suntuosa, no tiene más de apariencia: bien puede su omnipotencia, darnos pompa, y Majestad, pero aquesta vanidad. toda es un engaño, mira si ha de amparar la mentira, aquel que es Dios de verdad. Tenernos en la prisión, no es de nuestro Dios desdén, antes por querernos bien, nos da el mayor galardón: Imitemos su pasión, ya que no su padecer, correspondamos el ser queridos por tantos modos, y queramos morir todos, pues el murió por querer. De tus riquezas no hacemos caso, mas las ultrajamos, pues cuando las despreciamos, entonces las poseemos: Si se gozan con extremos, son de la virtud conflicto, y así tenerlas no admito, por excusarme, una pena; mira que no hayr pia buena, cuyo efecto es un delito. Sobre esto amenaza, o yere, cruel, severo, arrogante; que quien pone el pecho al golpe, no le reusa cobarde. Las gargantas ofrecemos, que estando de nuestra parte Cristo, luz que nos alumbra, e, nuestro corazón amant será para sua si para tu golpe jaspe. Oh Niños de mis entrañas, por la leche de mi madre, que he de darle treinta vesos. Reniego de mi coraje. En fin no dejáis a Cristo? El pecho en su amor nos arde Dejadle, y seguid mis Dioses. Nunca dejarán de amarle, porque tienen los chiquillos, bien pegados los pañales. En fin también desprecias, riquezas, y dignidades, queriendo veros humildes, mendigos, y miserables? Cómo se hacen fuertes quiere, hirlos cogiendo por ambre. Qué riquezas hay humanas, que a las divinas igualen? Que Majestad, como ver, quién lo es de las Majestades? Mándalos señor matar. Oh sayonazo de alfanje: por Dios que si se rebulle le meta por los gaznates, media vara de cuchillo. Los cariños gasto en balde, que son rocas sus afectos rebeldes, y pertinaces: Quítense ya mis rigores la máscara del semblante, que en rebozos deviedad, conserva rabioso él áspid: el castigo pues preveníos al más riguroso trance. Si apetecemos la muerte: la vida es castigo grando. A quién vive de morir, lisonja el dolor le hace. Golpes que nos amenazan a lo ejecutivo pasen. No obre tu espada difícil, lo que habla tu lengua fácil. Po guistosos, cuanto constantes. Por su santa ley queremos la muerte que promulgaste. Vuestros Dioses ultrajamos. Abominamos su imagen. Callad rapaces, callad. Como sufris este ultraje sacras Deidades, que el solio de zafiros, y diamantes vivís, sin que un rayo ardiente, sin estruendos, o celajes a desacerlos cenizas vaje traladrando el aire? Mas como a los Dioses pido sus iras, si a mi semblante, puedo invocarle rigores, pedirle puedo crueldades. Mueran a mis manos, mueran, pero suspendo el coraje, que a pausas dada la pena, es la atrocidad más grande; No sea que el golpe ahora en vez de herir los alague. Soldados, de mi presencia quitádmelos, y al instante azotadlos, el castigo veremos si los persuade, sientan el azote. . Zurra. En sus tristes cuerpos. . Vengan ansias, y castigos, muertes, y penalidades. Pastor. (.Que me quieres Justo. Bien sabes, que me avisaste, que a promesas de Daciano mi fe estuviera constante. Pues en eso qué medices? Que tengas ánimo al trance, no hagan en ti castigos, lo que palabras no hacen. Las obras dirán mi afecto. Ellas en entrambos hablen. Pu es al tor Alcastigo. . A la pena. A las crueldades. Cristo es el Dios verdadero, El nos ampare en tal tranze. Que alegres a los azotes van los dos, de aquí adelante el cristal del Tormes jima a los azotes del aire, que al azore de Daciano, no jime el cristal de Enares. . No allá medio mi arrogancia, para rendir su paciencia, pues con toda mi inclimencia, no trabuco su constancia. Pero Violante, (ay amor) sale a esta sala, (ay deidad!) renazca mi voluntad, al fallecer mi rigor. A s corazón un triste dijo llorando una vez: arded corazón, arded, que yo no os puedo valer. Oh que bien que se consuela, un triste solo, o qué bien le hacen, los que le dejan, a sus solas padecer? Sigo a Violante, y Daciano me lo estorba, amor cruel, si es que me pude rendir a sus soberanos pies, para gozar su herm no me quites el pod Muero de mirar sus ojos, amor rapaz Dios sin ley, pues me quitas la esperanza, no me dejes con la fe. Mis suspiros sosegaos, lágrimas presto saldréis. No me abrases tanto, fuego, u verocidad detén. que me sirve el incendio, con una piedra, de qué? Mas si el tormento a mi pecho el mayor alivio es. Pero si a mi corazón es el mal el mayor bien. Pues a mi amor su dureza le alaga como interés. 3. M. Ardad corazón arded, que yo no os puedo valer Violante hermosa? . Ay de mí, que presto cielos hacéis, que convierta en agonía, lo que tube por placer. Señor? . Hay mayor tormento; cielos quien se a visto, quien, viendo peligrar su dama sin poderla socorrer? Pues si aventuro mi vida, la suya arriesgo también, y por no perder lo fino, me espongo a lo descortés. Prodigio hermoso del alma, divina Violante a quien envidia el carmín la rosa, y la luz el rosicler. Como ingrata, porque altiva, divinamente cruel, la flor de tu hermoso rostro, llegas avará a esconder? Mira la rosa, qué ufana gna de las flores es, esiro se deja gorar en permitiéndose ver. a que se niega es aquella, que escondida en el vergel, ajada tiene la pompa, desalentada la tez. Al Fabonio se resiste, del tronco el grosero pie, pero a las ojas hermosas, fácil las verás mover. Muévate pues el Fabonio de mi suspiro co sean, labrando tu piedra, mis lágrimas el cincel. La obligación de tu agrado, no satisfaga el idesden, ni merezcas no deidad, el atributo de infiel. Hay en el mundo algún mal igual a mi padecer? Aurá pesar, que equivalga a mí ahogo? abrá nibel, que iguale con mi tormento el que demás dolor es? Si vuestro amor me persuade provocado de su fe, con las razones de amante, a la respuesta atended, que inspirada de mi honor, constante os fatisfare. La rosa, que es el ejemplo, que vos Señor, me ponéis, ella misma me escarmienta, pues en llegándola a oler, ya gozada su hermosura la deja ultrajada aquel, que con lascibo deseo, por verla la cortó el pie. Vizarría es a la rosa, rendirse sin altivez, y en la mujer lo contrario pundonoroso desdén. No moverse el tronco al aire no es grosería, porque le está acreditando firme, quien le moteja de infiel. Las ojas que se conceden al voreas altivo, ved en gozándolas primero, como las haja después. Si tanto como decís, carinoso me queréis, una fineza que os pido, gran Señor me conceded: Si tan de fino os preciáis quí se ha de conocer; os suplico por merced. Lo que más quiero es mi honor, y vuestro apetito es su enemigo, pues supuesto lo que ahora he dicho, atended. A ley de ser firme amante siempre querer mal debéis a quien fuere mi enemigo, pues héchese ahora de ver, que porque mal me desea, vuestro apetito vencéis. Mas si altivo, torpe, y ciego, imperioso, pretendéis, al armiño de mi honor mancharle la candidez: yo misma, vive mi enojo, yo misma me matare, tejiendo de mi deshonra, porque me aogue, un cordel. Y esta resistencia vos le habíais de agradecer, del Sol que es mayor Monarca, en el suceso aprended, cuando al ir siguiendo a Dafne su ardiente abrasada fe le desdeñó, no por eso la castiga, que antes bien, porque se la resistió, la coronó de Laurel. Y si no haced que a mis venas, en vez de amante cruel, aurá el cuchillo la puerta te, para que agrentado el jazmín, quede mustió el clabel. Igual al bien que yo tengo, hay en el mundo algún bien? Aura gusto en los contentos, cómo el que gozo placer? A quien las dichas haurán venido tan de tropel? No pienses, no, bella ingrata que me hiela tu desden, istencia, o es rayo empieza a arder ego que está en mis ojos, ne está en mi pecho feo. lcristal de aquesa mano; de aplacar tanta sed, así ahora. . Qué tirano. Señor advertid. . Qué fiel, e. Estoy ciego. . Qué tormento. Que mi honor. . Oh que placer. Calla suspende la voz. Señor, mirad, atended. Yo salgo muera de fino, no viva de descortés. De mi amor, ahora ingrata quién te podrá defender? ayo he de entrar. No si no yo. 2. Ya me he calado par diez. El cielo lo remedió. Viva mi honor. . qué queréis Villanos, que aquí os entráis? o que vicio antiguo es, envidiar la villana, lo más noble de una fe. Si es que tu gusto desea saber lo que pasa hialla, escúchalo de pe a pa. Pues dígame deletrea? Mejor lo he de relatar Yo, que soy gran Caballero, que él póbrete y sin dinero, ada no puede contar. n A los niños con tirana furia, tus soldados fieros, n puniéndolos en cueros, los zurraron la badana. nhaz de junco el envés Los visitó por detrás, y estándose entero el haz, los virotos el revés. los azotes criminales, tales se los asentaron, sino solo Cardénalos. Justo, que es niño más bello dijo, al ver tales revueltas, que hemos de hacer con las vueltas si han de quitarnos el cuello. Quitáronlos de los potros, y diéronlos mil regalos, de los buenos, y los malos de los unos, y los otros. De los dos en tal revuelta; las señas es bien que notes, en pasando los azotes aquí detrás a la vuelta. En tocándole el rebato al Justo sin otra queja, al Pastor como una obeja, le menearon el ato. Mil Cristianos de contento, por la Fe de aquestos dos, unos se ofrecen a Dios, y los otros al tormento. Y la muerte en conclusión todos bienen a buscarla. Detente Villano, calla, O pele a mi relación. Saldados. . Ahora me cuelga Señor. Qué gentil entrego. Al punto en ardiente fuego le arrojad, porque resuelva la lengua. . Oh triste Tizón, ahora quieren que aume: mas que el fuego me consume si esto va en resolución? Señor muera yo ahorcado, y no en fuego. . No hay pedir. Si es que tengo de morir, que más tiene así, que asado? Atole muy bien las manos al busonazo, truan. Señor medrosos se van juntos todos los Cristianos, que hay en Alcala; remiendo sue y por miedo de él de secreto van huyendo. Pues cómo? a fieros enojos! iré despidiendo agravios con el tosigo en los labios, con el veneno en los ojos. Ya vivo sin pesadumbre. Ya hallo alivio a mi pasión. Al fuego, señor Tizón, Qué es al fuego, ni por lumbre, antes me comán abispas. Pues valiente no le dudo, yo le haré que no sea crudo, (pas, cuando esté en las aseuas. . Chis- Que yo me he de estar quemando Señores, por ser chismoso, pues soy yo acaso celoso, que me he de andar chamuscando? Hombre, si quies que sin tino me queme en cuatro momentos? tráeme otros tantos pimientos, y media arroba de vino. Venga presto que me enfado. Ser Abúlense no tomo, Cómo es Abulense? . Cómo? como ha de ser él Tostado. Vaya a la prisión volando, Ande el pícaro mal quisto. Qué es que vaya? vive Cristo; que han de llevarme arrastrando. Vaya, pues así ha de ser. Ay, ay, ay, que gran pesar. Pensó hechándose, ganar? Sí, mas me he hechado a perder, Ya sola, más Alejandro biene, tirana deidad a quien quitas el morir, no concedas el amar. Dueño, señor, Alejandro, no me atendéis, no me habláis? vuestro semblante el silencio os está acusando ya. Déjate de persuadirme, el que yo llegue a explicar Viol lo penoso de mi mal. Contigo vengo a sentir, que no viniera a callar; y está sin la obstinación lo persuasivo demás. Pues médico a tu dolencia soy; dime tu enfermedad. Atiéndeme el padecer, no me excuses el hablar. Bien te acordarás Viclante, (claro es que te acordaras: que tarde, o nunca se olvida, un amor de mucha edad.) Que en nuestra infancia Cupido, astutamente sagaz nos tiró de sus arpones la lisonjera crueldad. Bien te acordarás también, que cuando estabamos ya jóbenes; y más crecidos, el amor se aumentó más: Pero como embejecida estaba nuestra amistad, con recato, y con silencio la sabiamos callar: porque si es anciana tiene gran seso la voluntad, y cuando, (cruel fortuna!) nuestro amor (triste pesar!) iba en bonanza (qué pena!) se levantó un bracán, que llevó a pique la nave, de mi corazón leal: Pues cuando bajó Daciano a Aragón a desterrar las memorias que de Cristo guardaba la Cristiandad. Enamorado de ti (aqueste si que es gran mal, saber un hombre sus celos, sin poderlos remediar) me concedió a mí la vida, por tu intercesión, que de suplicas unlmaje, con tan inorme crueldad, que llevan al conseguir, el castigo del rogar Como Cautivo, (ay de mí!) Esclavo, y libre me trae, sin ver que biene mi pecho, preso en más cautividad. Ya Violante mía, yo, (mia dije,) como está hecha la voz a esta senda no la torcerá jamás. Te agradezco la fineza; y te estimo la lealtad, que guardas fina a mi amor, de la desdicha a pesar: a tu amor la mía es recíproca voluntad: tanto (mas no topo ejemplos) te quiero Violante, mas que al suelo todo lo grave, y que los peces al mar; las Aves, el bago viento, el fuego, su actividad, el Peregrino su patria, el caminante el lngar: Ya en tus nalabras he oído, y en tus obras visto he ya, que así tú también me estimas, que padecemos un mal, si es que un achaque sentimos, felice calamidad, que en vez de ser triste pena es lisonja, cuando están dos corazones heridos de una misma enfermedad. Alejando, también mío, en cuya presencia está con más luz mi corazón, que mis ojos ceguedad. No tanto quiere el pimpollo el rocío que le da el Alba desecha en perlas, la Aurora vuelta en cristale No así desea la rosa, de su Sol la claridad, viendo que con su venida, ha de desaprisionar la nacarada lisonja de aquella concabidad, que en carceres de esmeraldas guarda reos de coral: como mi amor te desea, que aunque ha llegado a cegar, atento a lo que te debe, es sin ojos perspicaz. Solo siento dueño mío, el no poder explicar, con ejemplos el incendio, que oculta el alma inmortal. Y si es que alguna mujer me condena aqueste hablar, con que te explicó mi amor, querer bien ignorará, porque sabe mal sentir la que sabe bien callar. Ya veo, que también sientes, el no poderme explicar con ejemplos tu dolor, ya padezco el mismo mal, cuando en aquesta ocasión, mi amor, y tu voluntad hablaban por sus afectos, y sin poderse explicar, ambos se daban la muerte por no decir la verdad. Qué hechizos, que teremonias hermosa Usolante haurá, con que te agradezca fino, tan nunca vista lealtad. Solamente tu confrancia es quien me podrá pagar. Roca será aqueste pecho a quien no contrastarán, ni los rigores del tiempo, ni los ímpetus del mar. Porque no venga Daciano, vete, que sospechará as, que tan vehementes están. Ay violante de tus ojos me quieres va desterrar? Eso te ofende? pues venga sepa mi amor, que no hará mas en mis ojos tu ausencia, que en mi pecho su puñal. Ea, no, a Dios ni Violante, Presto Alejandro te vas. Eso te aflige; pues venga, y muera yo a su crueldad, que si es vida tu presencia, cómo me podrá matar? Ea no, adiós Alejandro. A Dios mi bella Deidad? A sentir. . A padecer. A entristecer. . A llorar. Qué muerte haurá que contigo asomos tenga de mal? Contigo prodigio hermoso, que muerte, que pena haurá, di te acordarás de mí? Y de mí te acordarás? No por que nunca me olvido Ni yo porque siempre están tus memorias en mi pecho. En el mío te hallaras. Oh qué feliz padecer, Oh qué dichoso penar. . Dime Pastor, no has oído, en esta prisión ahora, una música sonora, dulce encanto del oído? Ya escuché su melodía, de las Sirenas enojo, no lo dije por si antojo era de mi fantasía. Ande el pícaro insolente pues venir quiso arrastrando. Mira que me vas matando hombre del demonio tente, que una cos Traerle así por la posta, pensó que era menos costa? Juzgué no tener costillas, ay. . Que tiene, Me consumo Perejil de su despego. voy a prevenir el fuego, Tz vaya, y la ida del humo. Ay. . Porque le traen herr preso, y con tanto rigor? Por Cristiano, y hablador, que es decir por mal Cristiano. Si es por Cristo no se queje, que esa pena no es desdieha. Esta es gloria. . Aquesa dicho le dé Dios a todo hereje. Mucho a Dios la pena agrada si por él la sutris vos. Yo la llevara por Dios, pero es cosa muy pesada. Pues para que a la malicia del mal haga resistencia pídale a Dios n paciencia. Mejor fuera su justicia, Porque el sufrir nos aumente Dios, oro aquí con los dos. Sabe suplicar a Dios. Lo que es pedir bravamente; Señor con la vida, y alma, pide mi amor, que os abona, del martirio la corona. Señor yo pido la palma. Bastante vida a corrido, señor nuestra feliz suerte, todos pedimos la muerte. Miente, que yo no la pido. A í el nombre soberano vuestro, los mundos aclamen. Haced señor, que me hamen San Tizón, y Ticiniano. Del martirio el gran conflito, nos da muerte con rigor. Si es que he de morir acabidme de un airo, Mas que armomoso estru rompiendo los aires bagos se desata de los polos. El cielo se biene abajo, las coronas, que pedían las traen Ángeles volando, Corónense de Laurel, los dos mejores hermanos, sin que el Laurel los excuse sentir del martirio el rayo. Cuando el tremendo rigor llegue del martirio injusto, 1. . Tú serás primero Justo. 2. . Tú sin segundo Pastor. Quién os mata ese os da el cielo siendo lisonja, y no agravio, que aquí es piadoso el verdugo! sin dejar de ser tirano. Gran señor nuestra humildad no merece favor tanto. Cómo nos honráis señor, con favor tan soberano. Yo estoy hecho treinta bobos, que a mí no me vajentamo; Por Cristo, que ahora no do parece que somos santos. A esta parte sueña el rui- Abrid las puertas. San Carlos. . Aquí fue la luz. Qué es esto? que es esto viles Cristianos, que vozas, y luces son las que vimos, y escuchamos? Mil Ángeles que de gorja están, y andaban jugando. Qué palmas, y que laureles son esos que en vuestras manos tenéis, que prodigios son tos que miro? qué encantos? abores de nuestro Dios, Son de nuestro Dios regalos. Yos da el regalo en laureles? Será para escabecharlos. otra vez muerte pedimos. Tus rigores invocamos. Yo, yo os lo concedere. Antes se te caiga un brazo, Ahora de mi presencia me los apartad soldados, que no sentirán el golpe, si se mueren del amago. No nos retardes la pena. Mátanos presto Daciano. . Llébenme también con ellos. Pues más que le sale caro. No hará tal porque yo a voces, ph ed
JORNADA TERCERA
De Daciano, que me sigue, temerosa vengo huyendo, horror siendo cada paso, sombra cada movimiento. Por este confuso abismo, de Violante voy siguiendo las luces, ciego, y sin guía, difícil ev el encuentro: pues sin luz, y sin razón, la busco dos veces ciego. Fero ya deje mandado que traigan luz a este puesto A ver a Violante bella me trae mi amoroso incendio, por ver si con luz, dos soles, se apaga mi ardiente fuego: Quien vio añadiendo materia cesar un ardor violento? Muera yo de ver sus ojos, y no ausente porque es yerro siendo uno mismo el peligro en sus hermosos luceros, no abrasarse mariposa amando su luz, pues veo arlos, que si m también muero de no verlos. Por todo el cuarto discurro, y en tan penoso tormento, en vano hallarla me animo. Cobarde las plantas muevo, pues pienso, que a cada paso en mi deshonor tropiezo. Guía mis pasos, amor, dale a mi vista su objeto, y aunque sea ciega la causa haz que sea lince el efecto: Y porque mi corazón, en las harás de mi pecho víctima se sacrifique, deja una vez de ser ciego, En tan penoso dolor de me luz el sufrimiento, para que pueda el temor una vez vencer un riesgo. En iras se abrasa el alma. Toda el alma es un incendio. Todo mi pecho es temores. Pero acía aquí ruido siento. Pasos siento acía esta parte. Aquí escucho pasos lentos. Y sin duda que es Daciano. Quién será? Válgame el cielo. Sin duda que esta es Violante. De temor, y pena muero. Dudosa el alma se ofrece. Ya con esperanza aliento. Pero un bulto aquí he encontrado si no lo finge el deseo: é. mas no, que en lo oscuro el tacto es el sentido más cierto. Un bulto acía aquí he sentido, y aunque ignoro sus intentos, para evitar mi peligro anticipese el remedio, que siempre el riesgo se excusa aquel que prebiene el riesgo. Por aquí siento los pasos, seguíralos mi deseo, porque se templen mis ansias, y se apague tanto incendio, siendo quien dé luz al tacto; el oído en este empeño. Yo he de conocer quien es. Yo he de conseguir mi intento. Porque a mi valor le toca, Porque le toca a mi afecto. No negarse a los peligros. Apagar mi ardiente fuego. Ya mis iras. Y a mis ansias. A mis dudas. . A mi tormento Se mirará su osadía, Gozaré de mi amor. . Pero el bulto encontré otra vez, Aqueste es Daciano, cielos. Quién va, quién es? El temor me tiene helado el aliento Diga quién es, o si no por las vocas, que mi acero abrirá en su pecho, haré que hable. . La luz, . Mas que veo, Cielos, qué es esto que miro? Qué es esto que miro cielos? Yo sin luz, y sin razón, en Violante, osado, y fiero, ejecutaba un rigor, por causa de un desacierto. Pero quien mató a su dama, sin que llégase a estar ciego? Alejandro amenazando mi vida: valedme cielos. Alejandro, que ocasión, para tan grande despeño te arrebató los sentidos? Yo señor, sin alma a iento. Habla, no te turbes, habla. cielos, que le esté mi afecto para que dé una disculpa, abriendo camino el mismo. Quitadme cielos la vida, o negadme a tantos riesgos. Estando ahora en mi cuarto, pasos efenche aquí dentro, y temiendo tu peligro, la que señor este acero. Ya hallé disculpa a un indicio: mas, o injusto pensamiento, no pudo ser, que viniese haber a Violante? celos, . no me atormentéis el alma, que un esclavo, a quien mi afecto, le ha dado el ser, y la vida, no se opondrá a lo supremo de mi grandeza: mas ay, que una nube, que el Sol mismo Monarca de los Planetas, levantó de un vapor denso, se le atreve cautelosa ocultando sus reflejos, con sombras, y oscuridades; pero qué importa, si luego, los rayos deel sol descubren sus mal nacidos intentos, y por castigar su ofensa, la va el Sol desvaneciendo; Celos no me dé un esclavo, que es de mí poder desprecio, querer con mis altibeces, igualar su pensamiento; pues se minora lo grave, si a lo humilde tiene miedo. Cesen todas mis sospechas, y si son verdad, no quiero, darlas a entender a nadie, sin castigarlas, que es yerro decir, que yo se mi ofensa, sin venganza la dejo, y a quien comete el delito, le doy más atrevimiento, pues no huye el riesgo segundo, quien sale bien del primero. Bien mi voluntad le paga, lo que a Alejandro le debo, pues he visto? peligro costa de su tormento. A lejandro. . Gran Señor Ya que amaneciendo va. A Daciano ablar queremos Qué ruido es ese Alejandro? Los dos Niños son, que presos en ese cuarto tenías. Ya Daciano pretendemos, que tu sangrienta cuchilla se embote hoy en nuestros cuellos, y que la púrpura humana tiña de coral el suelo. Manda pues, que tus ministros destronquen hoy nuestros cuerpos, sin que te mueva ha piedad, que seamos niños tan tiernos, que es negarte a lo piadoso, negarte hoy a lo sangriento. Por Cristo a morir venimos, y así a estos firmes intentos piadoso te muestra, y haz que lo conigamos luego, porque excularnos la muerte, ese es nuestro mayor riesgo; que quien vive por morir, cuando vive está muriendo. Sobre natural prodigio es aqueste que estoy viendo. En tan corta edad, y brío cabe tal constancia, cielos? En fin, qué morir queréis? Eso es lo que pretendemos. Mirad que vais muy errados, adorad los Dioses nuestros, que en todo son poderosos. Cristo es el Dios verdadero. Sigue Daciano su ley, no te precipites ciego, que tus Dioses son estatuas, de metal barro, y madero. Cómo contra las deidades este oprobio estoy sufriendo? Viles Cristianos, ahora en los filos de mi acero, veréis vengada su ofensa. en iras se abrasa el pocho. Rapaces, que me queréis, que al ir a cortar mi esfuerzo vuestros cuellos, con el golpe efalta al brazo el aliento? le aitádmelos de delante, matarlos, matadlos luego, orra de su sangre mates, ves de mirarlos me ofendo. Cortad sus viles cabezas. A morir vamos contentos, y a Dios con Fe, y voluntad, esta muerte le ofrecemos. No es morir, morir por Cristo, que él nos da valor, y esfuerzo. . Que dos rapaces se opongan contra mis decretos, cielos! o quitadme ya la vida, o prestadme sufrimiento. El valor, y la constancia, me admira en tales sujetos. Violante, Alejandro, entrad. Ya señor te obedecemos. Ansias: hay mayor dolor? Penas: hay mayor tormento? Que aún para satisfacerle el tiempo, me niege tiempo? Que aún para quejarme falte ocasión a mis desprecios? Que dos rapaces se opongan a mis rigores sobertuos. En dudas se anegua el alma. De pena, y de enojo muero. Sin mí me lleva el dolor. Sin mí me llevan los celos. . Pues ser Cristiano le plugo ande, y en tan gran rigor, dé muestras de su valor. Suéltame hijo de un berdugo, mira que el cordel me ahoga, no tires con barrabas, si dándome chasco estás, orque no me es ocultando la maraña anda metiendo cizaña, Por eso saco la lengua, en fin porque no reniego, muero? Sí. . Y di de que suerte. pretendes darme la muerte? Quemándote vivo. Fuego: y dime en este intérbalo, cómo se hace no sabré? Lo primero te ataré, muy bien a un madero. . Palo. Luego en tan penosa calma, para darte pesadumbre te iré pegando la lumbre. Los diablos lleven tu alma. Y después por mi deleite con grandísimo placer te estaré viendo correr por todo tu cuerpo. . Aceite. Y así pues todo lo infieros de aquesto que te he contado. serás hoy Tizón quemado. Mientes borracho, y tú lo eres. Oye calle como un mudo. Digo que estoy obediente. Cómo ahora no es valiente? Como no puedo ser crudo. En fin con esas bambollas pretendes ejecutarlo? . Es cierto De pensarlo; se me lebantan ampollas Vamos, porque su locura, en el incendio inclemente, muera. . Con este accidente me viene la calentura. Ahora al puesto le llego donde le ate en tal quebranto. Hombre no me aprietes, tante Aún falta el ñudo Está ciego. Él sol muestra se arrebol, y así le quiero errimar, porque aquí le he de quemar. Nor onga usted al s que importa en tal estado si hoy ha de morir quemado? Mucho, que me pondré ne tro. Ahora es fuerza llegarme, para acabar su cautela, a encender aquesta bela. Es para despavilarme. Ya su vida está en un hilo. . Con gran miedo estoy, y así no sécanse, que de mí puede hacer cera, y pabilo. Cielos yo rigor tan fiero contra mi vida apercibo? De ver que me queman vivo, estoy por Dios que me muero. Mi desdicha es bien se note, pues de todo esto es lo malo, que teniendo yo aquí un palo, no quieren darme un garrote. epensar hoy me consumo que me harán las llamas fuertes baco de todas suertes, pues que me harán polvo, y humo, Que con aqueste embarazo, no pueda escaparme yo, ahorcándome estoy, de no poder escurrir el lazo? De buena gana esforzado de aquí me librara hoy, saben porque no me voy? lo porque estoy atado. Man al temor no resisto, puesto, que el me tiene así. Ya traigo la luz aquí. 2. Esto es hecho voto a Cristo. Ciortas son tus desventuras. 2. Quién habrá que mi mal crea? Quémame sin que lo vea. Di cómo? . Sin luz, y ascuras. or donde has de empezar, que en quemarme estás terco? Por los pies. 2. Pues sol yo puerco me los quies camuscar. iza, que no lo dudo de la llama por los pies, irá a las tripas después. No me quemas por menudo, El corazón sin razón, se quemará en ese estrago? No está allí. . Es que yo hago de las tripas corazón. Tizón tu vida está en calma. Eso mi martirio abona. Y que tendrás la corona es llano, Cómo la palma. La luz te voy acercando, para quedar satisfecho. Hombre del diablo, que te hecho, que así me la estas pegando. Forzosa es esta ocasión, pues te he salido a quemar. Él me quiere despachar? cíégale tu San Antón. Por hablar a Perejil, que hoy a quemar ha salido a Tizón, aquí he venido. Oh Julia afrenta de Abril. Oh Perejil de amor rayo, tu gala de mí se acuerde, más florido estás, y verde, que las mangas de un lacayo. Con verte mi dicha entablo. Esto es bueno, vive Dios, que se enamoren los dos, cuando a mí me lleva el diablo. Buen cuerpo te hace el ropón. Mis cuartos, si bien lo entiendes, son ya moneda de duendes. Por qué? Se vuelven carbón. Cuando te vuelvo; a mirar, me estoy anegando en llanto. Pues no lo sienta usted tanto, que me puede hacer llorar. Tu pesar me causa enojos, pues a morir no me animas. Pues este llanto no estimas? En las niñas de mis ojos. te en tal inquiet star Tizón padeciendo, los dos lo estamos sintiendo. Así tengáis la salud. Pero si no me he engañado hacía aquí, según se advierte, bienen a darles la muerte a los Niños. Fuera a un lado. Ya se ha llegado Pastor, la hora de nuestro martirio, no impida una gloria eterna, hoy un temporal peligro: No los mortales rigores, ni del acero los filos te amedrenten, que antes es quien desata si lo miro, de lo humano nuestras almas, porque gozen lo divino. Mucho hermano esa fineza, y esa advertencia te estimo, no porque en mi firme pecho obrarnada haya polido: sino porque adivinando hoy el pensamiento mío, sin que arimar te dejases, contra tan cruel castigo por excusarme el trabajo, me saliste tú al camino. Vamos a morir constantes. Vamos, y en este peligro Dios de a nuestros corazones ánimo, y valor. . A Niños, así os vais mirad que en un ca abozo hemos comido. Qué quieres? . que me libréis! de aquí con un milagrito, Si la ley de Dios veneras, no temás morir por Cristo. Muy bien dices, pero ahora con tal gana no me miro. No llores, y ten valor. Qué es que no llore? me río. Vamos a morir Pastor. Justo, vamos al suplicio. Yo con valor el primero, me he de arrojar al martirír Yo he de mostrarme constante, contra todos sus castigos, y a Dios con Fe, y voluntad, mi vida le sacrifico. Yo voy a verlos morir. Y digo eso es bien hecho, soy y acaso muerto de avillo, tráígame usted un confesor. No le hay acá: eso es lindo Pues pregunto, quiere usted matarme cómo un cochino? Guiado de mi deseo, a ver morir a los Niños vengo, porque en su constancia, se aumente el afecto mío. Jizón? . Señor, Alejandro, librame de este peligro, mira que me dan cordeles, porque me ven aturdido. Por Cristiano ahí te han puesto la dicha Tizón te envidio. Cómo he de estar por Cristiano si estoy que me desbautizo. Cuando por Cristiano mueres no es bien temer el castigo. Pues póngase usted aquí, y yo se la doy de cinco. Ten pues ánimo Tizón, que así el lanrel del martirio, conseguirás fácilmente. . Yo le doy por recibido. Ea empiézote a quemar. Aguarde usted un poquito, porque alguien me ha de librar, que es cierto, que no se a visto, que en las Comedias ningún gracioso haya perecido. En tanto que mis soldados, en ese prado florido, airados la muerte dan a esos secuaces de Cristo: pretendo hermosa Violante, n amorosos cara que pagues mi amor, Yo responderos solicito. Violante, Señora mía, para quemarme vivo, atado estoy con cordeles, da un corte en este peligro. Señor, si a vuestras piedades algo las he merecido, dad la vida a este Cristiano. Por ti mi furor reprimo, que en mí tus palabras son preceptos ejecutivos: libre estás. . Pese a mi alma, acaba ya de parirlo: Dejáteme usted apriosa, que quiero ir a ver los Niños. Ya lo está. . Pues voto a Cristo, que ahora me lo ha de pagar. Pues cómo hace eso conmigo. Cómo ahora estoy suelto, y antesera un atádito. . Violante, hermosa ocasión del fuego en que yo me jabraso, pues ves las penas que paso, y no ignoras mi aflicción; no te muestres tan cruel, cese ya tanto rigor, se rendirá mi amor a tus plantas el laurel: pues cuando al Planeta hermoso, cárbuneo del cuarto cielo, sigue con fino desvelo el gírasol más vistoso: Si alguna nube se atree su hermosa luz a eclipsar siente no poder pagar aquel amor que le debe. Y pues yo soy girasol de tu cielo soberano, para que es amor tirano tanta flecha, y tanto Sol. Cuando algún rayo abortado es parto de alguna nube, lo que a ser soberbio sube, deja desecho, y postrado; mas a lo que está abatido con generosa piedad, jamás hiere su crueldad, y así pues me ves rendido, no tirana al corazón, causen fatales desmayos, tanta munición de rayos, y tanto lebero arpón. Que mucho, que con desmayos, sea del amor despojos, si está de tus bellos ojos el Sol aprendiendo rayos: Vea mis dichas logradas, y rompan por mi ventura el rigor, y la hermosura en ti las paces juradas. Fenezca mi pena atroz, cesen ya tantos enojos, templa el rigor de tus ojos, que me responde tu voz? que me admira Señor, que tu desvelo, hoy aún rapaz se rinda reguezuelo, y que un amor vuestra grandeza ultraje pues quién a amor no rinde vasalla quien el alma a su imperio no ha rendido? quién de su arpón dorado, no está erido? De un verde, y galán olmo, que copado, pabelló de esmeraldas es del prado, o es cuando a el cielo avecindarse sube vejetable penacho de una nube. Una hyedra se enlaza, y con sus verdes lazos del se abraza, causando sus recíprocos amores, mortal envidia en las cercanas flores La flor, que es en el prado, un botón, que el Abril a dibujado, y con su pompa ufana, muere a la noche fimera de grana: ama a la Aurora sumller del día, y en su color mostrando su alegría, en búcaro fragante, bebe las perlas, que lloró su amante. El pez que no respira, y animado vajel las ondas jira, con gala haciendo en sino, firme, y constante ama su semejante, buscando en golfos de espumosa plata quien fue de su albedríó cruel Pirata, El ave, que con gala acuchilla los aires con el ala, y con veloz aliento, escándalo de pluma es en el viento, amante sigue a su consorte bella, y por mostrarse más galán con ella, él la compone en suma, con el pico la blanca, y tersa pluma. La fiera, que de el balle en la ribera, es en color florida primabera, y en el mayor peligro se hace paso, su pecho amor ocupa, y si es que acaso cuando busca a quien ama de él se aleja tiernamente se queja, y con gemidos roncos, la dureza enternece de los trontos, Pues si el Ave en el viento, el Pez en el Diáfano elemento, (do, y la flor en el Prado, y el olmo de ese monte en lo encumbra: y la Fiera del valle en la espesura, rindiéndose en su modo a la ermosura, sin que les cause enojos del amor se conocen por despojos, que mucho amor yo sepa, pues losabe, la flor, la planta, el pez, la fiera, y ave. Bien vuestra voz a probado, que se rindio al ciego Dios, y que su alagüeño hechizo, en su altivo pecho obró; Mas es cruel tiranía, y poco acertada acción, pretender de una mujer, violentamente el favor: no con arrojos consigue, su torpe intento el amor, porque no puede la fuerza lo que la fineza obró: y les engaño pretender vuestro altivo corazo arrastra cuando conocéis, que yo me niego a vuestras caricias. Y así advertid, que es error sin poder rendir mi afecto, que pretendáis mi favor. Yo tengo amor, ya lo dije, y advertid, que no es a vos, perdonad que de esta suerte os lo declaro, Señor, pues este arrojo que ves biene a tocar en favor sin que mi afectuoso pecho, pise la desatención, porque entre penas tan graves, y en tan penoso dolor, señor, a vuestros cuidados los excuse mi atención la porfía de mañana, con el desengaño de hoy. Yo adoro a Alejandro en fin, sombra de mi luz su amor biene siguiendo mis pasos amante, y firme: y pues voz conocéis que un albedrío, no permite sujeción. Borrad aquelas memorias, no os venza así una pasión, no lo hagáis señor por mí, haced lo por vos Señor, y añadiréis en venceros a vuestro nombre, un blasón: a la cárcel del olvido, entregad todo ese amor, y en los archivos del pecho tenga su sepulcro hoy. Al rayo de vuestro afecto, laurel sea la razón, donde se oprima el deseo, donde se embote el furor, porque en vuestro, vencimiento se vea vuestro valor sin que venza una altivez, lo ardiente de una pasión. enga nto mi cora Dejadme llegar primero Mas Alejandro. . Señor, ya muriero: (qué tristeza!) os Niños, Justo, y Pastor. Que cuando iba (que desdicha) a decirme (qué aflición) ya sus intentos Daciano, Alejandro lo estorbó? Pues refiéreme su muerte. Oye lo que sucedio. Estaba el Sol en medio del Oriente; campos dorando del Olimpo ardiente: sus caballos briosos apresurando el curso procelosos, con las ralantes huellas, desbaratan zafir; troncidnrellas. Cuando Justo, y Pastor, o trance tuerte dan el curso no tardo hacía la muerte, con tal gozo, contento, y alegría; que a todos parecía, mirando su templanza, que los martirizaba la tardanza; y no el golpe tremendo, del corbo alfaje, del cuchillo horrendo Pisan las calles de Alcalá medrosas, sienten las piedras, lloran lastimosas, y como entierro funeral le vian, unas con otras el clamor hacían, pues con ansias extrañas, pretenden ocultar en sus entrañas, los niños con intento, de forjarles más noble monumento, por señas te una fue abriendo la boca a cadando viares, ytra poca. Al cipo los cond en los soldados, derimres todos, todos bln armados; pero para tan corto sacrificio estubo lo soberbio sin oficio: salen al campo donde varias quejas, contra el mándato hieren las orejas; Crece el murmureo terco en acusarte, un suspiro se escucha hacia esta parte, aquí llora un Anciano,; allí soloza una mujer guntil, pero piadosa; uno se alienta, otro se acobarda, aquel presto te acusa, este se tarda; pero en tal variedad, en ruido tanto. todo era confusión, todo era espanto, en fin todos sentían el tormento, y tan solo en los niños vi contento. Para que en orden la cuadrilla marche el compás les llevaba ronco el parche tan triste, y dolorido, que en vez de dar un golpe, da un gemido la bocina parece al escucharse, cuando va a resonar, que iba a quejarse, porque tan tristemente la tocaba, el que de ver los Niños se apiadaba, que escándalo de el viento, queja fallece, lo que nace aliento; yentonces dije yo (porque te asombre) si sobre a un hierro, lo que falta a un hombre 1o al Enares el suplicio estaba, y cuando ya la ganre divisaba el funesto teatro, dando espanto, aquí fue la tristeza, aquí fue el llanto! de todos los que el verlos compadece, crece la confusión, el dolor crece, llorando su agonía, y tanto inundan la campaña fría, que temí, que los Niños anegados muriesen aogados, en lágrimas, que arroja el dolor suerte, que también la piedad suele dar muerte. Al sitio llegan donde Abril florido, de esmeraldas guarnece su vestido, en un verde galán, hermoso prado, que flora dibujó para suestrado, como espela la hierba se derrama, se alomaba la tierra por la grania, a ver el lanze fiero, de aquella estancia alegre forastero, y luego que parló el caso la trompe, lugubre, y trite tscogló la nompa; pues mudando en adusto todo el ampo, fuveral aparato vistió el campo. Murada bien de juncos, y de hiedra, descollaba entre todas una piec digo pues en esta el verdugo procuraba descollar a los Niños, y dar, muerte, a los cuales miré de aquesta suerte. El rostro alegre, el ademán risueño, el semblante sin ceño, justo motir primero solicita, triste porque el berdugo se lo evita, lo que cerca tenía no alcanzaba, y entonces Justo al Tántalo imitaba: a Pastor le animaba valeroso, no porque temió el lance riguroso su valor, porque pudo antes de oillo, no quitar golpe, si añadir cuchillo. Pero fuese mandato, o que le plugo, cogió primero a Justo el cruelberdugo y éncima de la piedra, mas qué enojo! mas resisten las lágrimas mis ojos; afirmando (qué pena!) la sacrílega mano en la melena de Justo, que no temeo acero, levanta el brazo fiero, requiere el tino, y el valor exhorta, descarje el golpe, y la garganta corta: siendo del brazo la tremenda injuria, para tan corto objeto mucha furia. Coge a Pastor, y con presteza tanta le derrama el carmín de la garganta, que los granates rojos, que corrían, con hermandad acían, sobre la piedra llana, arroyos de Carmín, golfos de Grana; vieras, señor, con músicas suaves, calarle turba de pintadas Aves, todas trinando en suma, dulces requiebros que gorjeó su pluma El Enares, que triste se advertía, contento, ufano, alegre ya corría, saltando daba en una, y otra imata, retozos de cristal, brincos de Plata. Ven, y verás la piedra, que ya atlante es pues tiene constante. aunque tan dura al parecer con celo, entre lusto, y Pastor cifrado el cielo, pues que siendo al rigor constantes muros a pisan obeliscos, y coluros. bien ejecutado está, también en el pecho dé a lo piadoso lugar. Alejandro? . Gran Señor. Tu esposa es Violante. Qué es esto dichas? . Seño No tienes, que te turbar de ver esto en mí, que no ha de ser todo crueldad. Violante me ha dicho aquí vuestra antigua voluntad, y quien no se compadece de dos, que amando se están, o pretende para tronco, o no sabe, que es amar Lue aquí vemos, el Funesto tribunal de piedra donde los Niños están degollados ya. Pero que asombros son estos, que al llegarlos a mirar, o me suspenden remisos. o me turban la crueldad? La tierra se quiere abrir. el cielo sobre mi cae, solo de verlos me abraso, de delante los quitad, . y presto, presto soldados marche el campo de Alcalá, id caminando a Toledo, que amenazándome esta la muerte, que en ellos miro. Qué prodigio. . Que p Dioses altivos, qué es esto, sin duda que en Alcalá, no tenéis dominio, luego el campo toque a marchar. Llega Violante a mis brazos. Cesó la intelicidad. Y aquí aquestos tres Ingenios fin a la Comedia dan, de los mejores hermanos y Martires de
