Texto digital

Texto digital de Dos agravios sin ofensa

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Gaspar del Arco
Atribución estilometría
No es posible No concluyente
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta sin datos de imprenta (British Library: 11728.h.3.(19).

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Dos agravios sin ofensa. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/dos-agravios-sin-ofensa.

Logo BICUVE

DOS AGRAVIOS SIN OFENSA

JORNADA PRIMERA

Bien te han dicho las pintillas: cuanto has ganado? . . Docientos escudos gane no más, que por entretenimiento. quise jugar esta noche. Estoa lo que yo no puedo sufrir, en Dios, y en mi alma; para quien finges aquesto? para ti no, pues que sabes, que lo contrario es lo cierto; ni para mí, que canozco tahurés de mi majuelo, y se bien, que cuantos juegan, desde el grande hasta el pequeño, desde el Rey hasta el villano, desde el Papa hasta el cochero, que es el último de todos, juegan por solo el dinero, con más, o menos codicia según que fuere su afecto; pero al fin ninguno juega solo por pasar el tiempo, pues dime, para qué finges? Aquesto no es fingir, necio, que aunque es verdad lo que dices, y yo también te confieso, que todos los que jugaren pretenden ganar aquello que en el juego se atraulesa, no se ha de decír poreso, que de todos solamente es la ganancia el iniento. que el dinero solo sirve de darle sazón al juego; porque acabadd elpus iueg, si gana, con el contento, si pierde, con la esperanza, si está en paz, con el desieo? divertido, fácilmente. sin sentiese pasa eltiero Lo cual no pasara asa si no fuera con el cebo del interes, pues saltena contento, esperanza, y miedo. Así que los que jugaren, como debieran hacerlo, entretenerse es el fin, y el interes es el medio. No has discurrido palabra, ni convence tu argumento; porque a lo primero digo. Pues no digas lo primero, que yo no quiero escucharlo, porque tienes por extremo, ser porfiado, y cansado, y no hay cosa a que tú luego, mal, o bien, no contradigas; no hablemos más en aquesto, porque ya estoy enfadado. Valerse de lo severo, para salir con la suya, es vileza del ingenio, y es un estar confesando, y mudamente diciendo, que las fuerzas que le faltan, las suple con el respeto. Y así, pues que de ello gustas, digo, señor, que confieso, que me convence tu enojo, y me concluye tu ceño. En que hablaremos ahora, que te dé gusto, supuesto que en el juego no ha de ser? En cualquiera cosa hablemos. como no lo hagas porfía, porque es el vicio más necio, Qué hora será, si lo sabes? yo de qué puedo saberlo? No sabes algo de estrellas? Sus caracteres no entiendo, que no los deletrce, ni en el alfavero Griego, nien el A. B. C. Latino; seno si reparo atento poz de las nariaas, esuele ser verdadero la mano del olor, go poco más, o menos, e deben de ser las once, que es muy hno el incienso, s mucha curiosidad urar este secreto, ra conocer la hora noche en cualquiera tiempo, rsolamente el olfato; eera injusto, que teniendo ojos con que mirar horas que van corriendo. ido quien le avise n tan repetido estruendo; poca, a quien da la hambre, tiempo tantos recuerdos, altase a las natices si poco de relojero; y ssí si con atención vi hombre va percibiendo, como se sube el olor de un momento a otro momento, y como vuelve a avisar, sabrá con notable acierto la hora que es, por las narices; y yo tengo tanto tiento, que en ignorando la hora, recojo un poco el aliento, y en toda mi vida erré, cuarto de hora más, o menos. Nada, Cojín, me divierte el cuidado, esto es cierto, después que aquel será fin en rostro, y entendimiento, hizo ausencia de mis ojos, dejándome loco, y ciego. Sabes su casa, o quién es? No se nada; porque en eso de mi pena, o de mi daño estriba todo el consuelo, y no fuera grande el mal, Diouiced biCO at a tener fácil remedio. Tú miraste esa mujer; y aún hablaste, según pienso, el día de Santiago, en el Soto, cuando entero Madrid baja a Manzanares, y todos vamos a vernos, y hacemos una visita de amistad, y cumplimiento; pues porque no la seguiste? Porque es muy dulce el imperio de una hermosura discreta, y ella me puso preceto para que no la siguiese. Dime, no eres más discreto? Pues qué pude hacer? . Seguirla hasta el umbral del infierno, pues la seguías picado; que quizá tras todo aquello, de gravedad, y melindre, sería todo embeleco, para tumplir con alguno, celoso de su dinero, que para el gasto del mes auria dado docientos, y con solo bello, reales, como llegases a tiempo, despicando tu cuidado de esta parte del deseo, con un salto te pusieras en el arrepentimiento. No era mujer de ese porte, que el lenguaje, y lo sebero, el traje, y la compostura, siempre son testigos ciertos. Díjome (después que un rato, ella apacible, y yo tierno, en varias cosas hablamos) Señor dón Juan mucho os ruego, que aunque no me conocéis, yo os conozco; que en saliendo del Soto, no me sigáis, porque me importa en extremo. Y con eso la dejaste? necedad a todo ruedo. Al despedirme añadió; si me dejáis, os promanto, que yo buscaré ocasión en que volvamos a vernos. Un cuento me hace cosquillas, más mudarse el verso tiene, porque a los cuentos conviene el contarse en redondillas, Cierto Conde, retirado en un aldea vivió, que entre los demás tenía, de buen humor un criado. Este, por gusto escribía toda cuanta necedad en casa el Conde se hacía, y a la noche con verdad al Conde se las leía. Pasaba a una feria acaso por la aldea un mercader, y hubo el Conde menester no sé que varas de raso. Y para que las midiese, cien escudos mandó darle, para con esto obligarle a que por allí volviese. Entró a la noche el criado, y leyó de aquesta suerte. El disparate más fuerte, que hoy en casa he reparado, es del Conde mi señor, pues fio a un pasajero, sin conocerle, el dinero, que es la necedad mayor. Dijo el Conde: Bien está, García ello es así, pero aunque nunca le vi, es cierto que volverá. A que replicó García: Si necio, y en cuanto fiel Dos agravi el volviere acá algún día, borraré a Uneseñoría y asentarémosle a él. a a que haslaggun es coyo sincenlal gurno adluere que si el volviese a verte, entonces dirte que es suya, hueluo agora a mi romante, que te parece del cuento? e e ro, Que quieres decir en eso? l . Quna ela desecompo, se rnes parlo cba llo, ue n uar amur d e bo, el inferno del conceto pues si por los pelos viene, sir muelo vime a pdbo Pero dejando pelilos, que no me importan un bredo, si no falsea mi vista con los antojos del miedo, lae o, qe ra rpo dr que me te ostouiaodo, mu a ma siago el a raidio, con cui lado, y con siencio y pienso que galantejo el in o que te ceo, necedad sera especido, y si tomas mi comejo, dlargando el paso un poco, sil tenos de íqueste ay deto que na e si a dirgo eio, aque n cua y e estro, a ti es custas faldriqueras, con atrevidos requi. bros, les profinen bes orela, Egridas al silencio porque la occsfien ha silo sieramne li puera ddmadoo ce e ro, a treven eligero, qare hmmer aeuend, os sin ofensa, y echar la llave al respeto, y entregar su honor en manos de estos cuatro forasteros, que juzgo, y no juzgo mal, que se quedarán riendo, y ellas pidiendo su flor al Vicario de Toledo. Miedio tienes. . Como tu y solo me diferencio, en que tu callas el tuyo, y yo confieso el que tengo; que nunca supe callar, y de aquí, señor, infiero, que eres más disimulado; pero no juzge por esto, que aborreces mar la vida ni juzgas menos el riesgo No hay que perder ocasón, aqueste sito es muy bueno, y su dinero mejor. ha a a a e iaro, manden dejar esas capas con elnidas, y sombreros, y los dineros que traen, omorí an sin remedio, Enaa dlae qu ero rio, por Dios que con tal despejo me ha pedido más alhalas, que ahora estoy recorriendo la memoria, para ver si me las piesto algún tiempo, porque menos de ser suyas, no las pidiera tan recio, Desta lueue doy la cipa, Cos y yo también la desiendo, porque ha de ser muy gallina quien con razón tienen iedo, 2. Mueran estos arrogantes, Aclos Cegin aello, Aala que, que questio ser nuestros portamanteos? 2. Mortalmente estoy herido. 1. Huyamos, porque sospecho que viene allí la justicia. El parecer les apruebo. El uno queda tendido, y será mejor consejo el que escurramos lá bola, que no escurrir el pescuezo. Bien dices, que la justicia viene. . Pues soy un viento. Ya me parece que tarda don Fernando. . Claro está, que a quien espera le da más pena el tiempo que aguarda. Pero aunque es tan importuna, hasta aquí no hay dilación, si ahora las once son; y ha de venir a la una. Esto hace la necedad, de un padre, que es tan injusto, que del casarme a disgusto, quiere hacer autoridad. Bien está resuelto todo, y yo resuelta en huir, que si se excusa el morir, no puede ser malo el modo. Don Fernando Bravo es noble, es rico, airoso, y galante, y finalmente mi amante, y me lo parece al doble. Yo el mejor testigo he sido de su noble condición, que más de dos años son los que en su casa he servido. Buen arbitrio fue sin duda venir acá, pues con esto mas fácilmente he dispuesto mi partida con tu ayuda. Porque era fuerza el andar sin sentido recatada, pues no tenía criada de quien poderme fiar. Solo temo que tu hermano nuestra intención impidiese, si más temprano viniese, Aquese recelo es vano, porque estos días, Lucia, pienso yo que tiene amor, y no se muestra amador quien se acuesta antes del día. Pues bien se yo a quien adora. A quién, asírte guarde Dios, aquí para entre las dos. A doña Leonor mi señora, La hermana de don Fernando mi amante? . Esa, mi, señora es. No me pesa, que después será en perdonar más blando. Que si mi hermano pretende a su hermana, no es espanto, que el conmigo haga otro tanto, pues quien se esquita no ofende, Pero es común desatino, y de los hombres locura; querer su casa segura, y entrada en la del vecino. Y di, es tan hermosa ella, cómo tiene la opinión? que nunca tuve ocasión, aunque la busqué; de bella. Así carirredondenta, ojos pequeños, y vivos, los agrados muy esquinos, entre donosa, y honita, No más? . Esto no es bestante mas se huelga aquesta dama de oír que es fea mi ama, que si ahora viera a su amante, Y Leonor le favorece, o está desdeñosa, y grave? Yo pienso que aún no lo sabe, o si no, que le aborrece. Perdonad por Dios, que ha sido el haberme entrado aquí. Jesús, quién es, ay de mí? Que no deis voces os pido, porque huyendo he venido de la justicia, que he dado muerte a un hombre, y me he librado de ese portal en lo escuro, y para estar más seguro en este cuarto me he entrado. Luérguela, vive Dios, que tan turbado venía, que apenas te conocía. Pues como venís los dos a estas horas, qué es aquesto? Yo lo diré brevemente, porque soy breve elocuente. Pues escucho, dilo presto. Por mi capa peleé, maré un hombre, dio tras mí la justicia; y yo huí, y en vuestra casa me entré. Esta es la historia fiel, por lo que a mí me tocó, lo que mi amo ayudó podrá contaroslo él. Pero dime, cómo, o cuando estás en aquesta casa? Después sabrás lo que pasa. que mi amo don Fernando ordeno que aquí viniese, para que yo le ayudara a robar a doña Clara, sin que nadie lo supiese. ̱. . Ya no tengo que saber, pues que me lo has dicho todo. Mas de espacio diré el modo, y aquesta noche ha de ser. Caballero, estad muy cierto, que creo vuestra verdad. El susto me perdonad, pues erré con tanto acierto. Por si acaso los vio entrar la justicia, ve Lucia, y cierra por vida mía las puertas. . Voy a cerrar. Que ya no será importante. Cómo que no? Vaya luego, que importa ganar el juego, y es diligencia galante. Porque si el demonio vil se vuelve sin hacer nada, si halla la puerta cerrada, lo mismo hará un Alguácil, Señora, a la puerta está con toda priesa llamando la justicia. . Estoy temblando. Qué haremos? . Perdido va? Venid conmigo los dos, porque yo os pueda esconder, Que esto hubo de suceder? Adiós mi señora. . . Adiós Hermana. . . Hermano, y señor, eres tú quien llamó ahora a la puerta? . . Sí señora, que vino el Corregidor muy diligente a buscar, aunque con noticia escasa, dos delincuentes, que en casa dicen que vieron entrar. y yo que a caso pasaba por la calle, me llegué, y al Corregidor hablé, que era el que entonces llamaba. Y como el estaba atento. y es en todo tan igual, hizo mirar el portal, tan solo por cumplimiento, y luego se volvió al punto, que es muy grande Cortesano. Si no se vuelve mi hermano, todo lo he perdido junto. Recogete por tu vida, no vuelvas a salir más; mal hayas, si no te vas, hazme la merced cumplida. No cumplo con mi cuidado, sin ver la calle si quiera, de la deidad que venera mi corazón abrasado. Y así solo voy a ver las rejas del dueño mío, que quien Andió el albedrío en manos de una mujer, y excusa alguna fineza, de su efeto inobediente, a entender da claramente, que se rindió a su flaqueza. Pues no es muy grande el amor con quien el puede lidiar, y con quien puede excusar sus sobornos al dolor. Y así es fuerza confesar, quien finezas excusó, que a poco amor se rindió, o se arrepintió de amar. y pues que adoro un olvido, no cumplo, si no estoy loco, que ni me rindió amor poco, ni estoy del arrepentido. Pues mira que vuelvas presto, que es muy tarde. . . Si haré. . Cancias a Dios que se fue. Todo queda bien dispuesto. Adónde quedan Lucia? No queda. . . Pues dónde está? No están tal, porque se van. Acaba por vida mía. Digo que fui a los desvanes, y aunque más lo procuré, parte segura no halle donde esconder los galanes. Todo andaba alborotado; y si no lo has por enojo, que hago, vengo, tomo, cojo, y écholos por el tejado. El amo, y el escudero, medio agatas, medio en pie, uno tras otro se fue, como gatos por Enero. Aquesta la historia ha sido; pero no tengas pesar, que ellos iran a parar donde Dios fuere servido. No los hubieras, necia, en cualquier parte ocultado, En habiéndose pasado, siempre luego se desprecia. Si los hallaran allí, claro está que me culparas, y es cierto que me llamaras tan necia así como así, El peligro era notorio, porque el tal Corregidor es reciente, y su rigor, aún mirara un escritorio. y a no haber visto a tu hermano, lo hiciera aquesta vez, que un juez recién juez, es granizo de verano. Que aunque la tierra moje, porque es poto lo que dura, hace descalabradura a donde quiera que coge. Ahora bien, vamos a ver si don Fernando ha venido: Todo queda prevenido, y bien ha de suceder, pues tu hermano da lugar para lograr nuestro intento. No juzgue mi atrevimiento quien no sabe que es amor. Apeémonos por Dios, señor, de aqueste tejado, porque me lleva molido, como es tan alto de paso. Válgate el diablo por noche, miren que gentil descanso es irse un hombre a labrida sobre un cabállete vano. El tejado que me cupo tiene infernales resabios; el debe de ser Gallego. que por poco me echa abajo. Con el rayo de la Luna, como el pobre está tan flaco, las costillas de las vigas se le ven de claro en claro. Sobre mi nombre me asiento, que es Cojín, que no hay reparo, porque tiene descubiertas las tejas del espinazo. Rubio es a mi parecer, de negras tejas manchado, y si es rubio, no quisiera que fuese rucio rodado. Deja tanto disparate, y advierte que hemos llegado sobre un jardín, y podemos de algún árbol ayudarnos, y bajar muy fácilmente. Digo que el consejo es sano. Pues llégate más acá, porque por aqueste lado se arrima con la pared, que no es alta, un emparrado, y con tu ayuda podré, en breve, ponerme abajo. Ya mí quien me ayudará, después de haberte ayudado; porque no queda acá nadie, que pueda darme la mano, y soy muy flaco de pies? Acaba ya mentecato, que vive Dios que te arroje, para que vayas de un falto. Basta, pesar del demonio, que no lo digo por tanto, porque hasta ahora pensaba, que entre el señor, y el criado, la diferencia que había era de tejas abajo; pero de tejas arriba, hasta aquí estaba engañado, que pensaba que era Pedro tan bueno como su amo. Ahora bien, suelto la capa, porque no sea embarazo, y arrojo capa, y sombrero. Con qué hicieras otro tanto con los cuatro de esta noche, hubieramos ahorrado todas estas varahundas. Bajo pues. . Pásito, paso, mira que tras ti me llevas; que me caigo, que me caigo, do Juan. . . Ya estoy en el suelo yo. baja tu presto, volando. Quieres quitarme el juicio; que es volando, por Dios santo, que he de tardarme en bajar; pero es dispárate bravo tomar nadie pesadumbre, si adrede se la están dando. Mejor es con mucha flema ir respondiendo a mi amo, y bajar muy poco a poco, buena létrica, y despacio. En nombre sea de Dios, todo esto está muy bellaco, señor, señor, dame el pie. Bestia, noves que no alcanzo? Bien haces, no mele des hasta que yo llegue abajo, que según veo las cosas, llevaré alguno quebrado, y entonces me lo darás, que será más necesario. Arrójate desde ahí. que cerca estás. . Guarda Pablo, que a quien mira desde el suelo, nada le parece alto. Acaba ya majadero. Tente, señor, que ya acabo; válganme cuatro lechones. . Qué tienes, te has hecho daño? Los vidrios del camarín todos los traigo quebrados. Levántate loco pues. Ya con dolor me levanto: para volar, nadie fie en las alas de un tejado. Ya pues que estamos seguros, solo falta que salgamos sin ruido de aquesta casa, entra por aquestos cuadros; que ameno que está el jardín, que silencio tan extraño? Mientras tus ilustres hechos se que dan para hacer pasmo, daré una vuelta a las tapias, para ver si encuentro acaso alguna parte por donde podamos salir en salvo. . Que muda que está la noche, los árboles, que callando, ni el viento en ellos se enoja; ni con suntuoso halago verdes volúmenes mueve. de su tronco encuadernados; en cuyas hojas escribe la eterna, la docta mano de aquella Esencia infnita, sus naturales milagros, con letras que se defienden del entendimiento humano? Oh cuanto la soledad trae de pensamientos varios, el silencio cuanto horror, y la noche también cuanto? Al ánimo más valiente, al corazón más bizarro, si no le obliga a temor, le dispone al sobresalto. La Luna en medio del cielo, que sordo lleva su carro: pero qué es esto que miro? Válgame el cielo, que extraño prodigio que ven mis ojos! que funesto simulacro de la muerte es el que veo, horror pone, y causa espanto? Una sepultura es, y dentro está un bulto blanco: pero no, que el bulto forman, si bien advierto, los rayos de la Luna, que entran dentro, y aquel pedazo de claro vivamente lo parece, mi vista padeció engaño, y al ratificar los ojos, niegan lo que habían jurado. La sepultura está abierta, y parece, que aguardando algún cadaver está. Válgame Dios, caso raro? Aquí el instrumento está, que es un azadón villano, con que se debió de hacer. algante dos mil diablos el jardín, que no hallo cosa en todo el, que valga un clavo, Todo jazmines, claveles, azucenas, y mastranzos, perejil, y hierba buena; pero aquí veo a mi amo, señor. . . Qué es lo que me quieres? Nos vamos, o nos quedamos? Cojín espera, y verás. Doy al demonio el reparo, esto me llamas a ver? Soy tu enemigo? soy calvo? vive Dios, que si a mis solas tal cosa hubiera encontrado, pienso que estuviera muerto, y no sé yo que aguardamos; que vive Cristo, que pienso, según somos desgraciados, que el muerto de aquestanoche, que nos ha costado tanto, para perseguirnos más, acá vienen a enterrarlo. Hay salida del jardín? Señor, en aquese lado, porque todo lo he corrido, está un postiguillo falso, que da en la canalleriza, y no está más de entornado; dentro hay dos sacas de paja, un candil de garabato, un mozo muy bien dormido, otra puerta, y dos caballos: y aquella puerta de enfrente, porque también la he mirado, sale a la calle, y la llave tiene allí. . . No has escuchado el ruido de aquí dentro? Señor, por Dios que nos vamos. Hacia aquí sueña el ruido, y esta reja que he encontrado es de una cuadra, por ella miraré: suceso extraño! dentro están, mas desde aquí percibiré todo el caso. Ay tan grande disparate, vive Dios que está borracho quien se mete en los peligros, que no le importan un clevo, Cuanto mejor fuera irnos, pues Dios nos ha deparado puerta, y llave por adonde nos salgamos a pie llano. Ya penetro este suceso. Qué tenemos, qué has hallado? Remedio, y no relación, pide ahora aqueste caso, no cumplo conmigo mismo, sino voy a remediarlo. Que diga un hombre barbado: no cumplo conmigo mismo? Pues di tonto, mentecato, vamos que honrado sea, que es dislate temerario, es la honra más de un conceto. en que está un hombre estimado? Es más que solo un aprecio que hacen de mí todos cuantos me tratan, y me conocen? Luego mientras no ha saltado este aprecio, este concero, yo siempre quedaré honrado? Luego ya para contigo hago bien, como lo hago, de ser gallo con gallinas, y gallina con los gallos? Fuego; fuego. . Cómo, cómo? esto solo habrá faltado: fuego, fuego; vive Dios que es lance muy apretado, sin haber plaza, ni toros, el chamuscarse un Cristiano. Derríbese aquesa puerta, agua, favor cielo santo, Dios mío, que he hecho yo, que entre maderos quemados he de servir de tizón? Bien sucedió, espera un rato, esta puerta he de romper. Qué fuerza tiene el bellaco; señor, mi amo está loco, que el andar por los tejados le ha mareado el juicio, y aún yo huelo a marcado. Venid sin temor conmigo, que el cielo, que en mí os da amparo, sabrá libraros de todo. Él os pague tan gallardo atrevimiento. . . Cojín vente tras mí. . Ya lo hago, que las naranjas del miedo la cólera me cortaron, y me quedó mucha flema. Mi venganza me ha estorbado este súbito suceso, eterno será mi agravio; que infeliz que soy en todo! Quién va allá? . Queda otro trago? No va nadie, porque yo me hiua, pero ya me paro. A quién buscas, o qué quieres? Señor, aquí entré a caso, no más que a apagar el fuego. Por dónde entraste villano? Señor, por la puerta abierta, que un perro hace otro tanto. Cómo estás en el jardín, si me dices que has entrado a solo apagar el fuego? Señor; válgalo el diablo, . y que de ello que pregunta. Baje a buscar, por mi daño, agua, que me la pedía desde arriba un estebado. Eres tú, Cojin amigo? Don Fernando? . . De enojado no te había conocido. Y yo de miedo, y de pasmo: pero si te tardas más, me muero de sobresalto. A que buen tiempo te hallé, que el fuego queda apagado, y he menester tu persona: sabes dónde está tu amo? No sé por Dios. . . Ve conmigo, que he de poner a tu cargo la mejor parte del alma. Vamos pues, que estoy rabiando por meterme ya allá dentro. Pues vamos, y alarga el paso. ACTO SEGUNDO.

JORNADA SEGUNDA

No es justo que os encubra mis des- dichas, señor don Juan, pues sois parte en mis) porque el contrato justo, (dichas, pide parte en la pena, y en el gusto, y fuera en mi notable desvarío, recatarme en lo mismo que os confío. Yo quise en fin, y adoro a doña Clara, que hoy vuestra casa ampara; si es bella, no lo diga mi locura, la envidia califique su hermosura; y si es noble, ya que la he querido, júzguelo el ser Meneses su apelido. Trató su padre en este tiempo, a cielos, darle marido a ella, y a mi celos; que es desdicha comon de los amantes, que cuando más constantes, tienen un alma sola, y una vida; el interes de un padre los divida, no me atreví a pedirla por esposa, porque bien preumía, que su padre mi amor despreciaría, a quien siempre le fue mi casa odiosa, que en los viejos las enemistades, pueden más que nodernas voluntades. Determiné sacar a doña Clara de casa de sus padres, si gustara; hallé en ella al principio cobardía, mas al fin el amor le dio osadía. En este tiempo pues (aquí comienza de mi honor la vergüenza; porque es vergüenza, que oronucie el labio, sin la satisfacción el propio agravio.) Hoy mi hermana Leonora, que en mi poder quedó, mis padres muer y lo ha estado hasta agor (tos, su decoro rindió a sus desconciertos, y sacrílega, aún más que no tirana, el culto sacro de mi honor profana. De esto tuve, no solo conjetura, que no es tal mi ventura, sino para apurarme la paciencia, la conjetura se pasó a evidencia. No revero, por no ser de importandia, basta decir, que nunca al descubierto, aunque el cuidado mío fue infinito, quien el cómplice fue de este delito, que yo le hubiera muerto, o si hallara igualdad en su nobleza, su mano rescatara su cabeza; la batalla se daban dos afectos en mi pecho, ya tierno, ya enojado; dos contrarios efectos sufro, de dos incendios abrasado; ardo en amor de doña Clara hermosa, de su luz mariposa; ardo en venganza de mi hermana, ciego, salamandría del fuego, y tan distinto amor tan diferente mi pecho a un tiempo siente de venganza, y ternura, que de dos fuegos abrasado el pecho, a poder descubrirle, dos cenizas pudieran distinguirse. Remedio le buscaba a estos dos males en si tan desiguales; y resuélvome en fin, en que Leonora muera por él, traidora, y sacando a mi dama, cumplir con la otra parte de la llama, para que así después una huida, restaurase mi honor, dándome vida: y así di pogo, que una misma noche, ya prevenido un coche, y avisada mi dama, Leonora muera, y viva yo, y mi fama. Pero cuando el puñal ya prevenido, el ánimo atrevido, incierto mi semblante, la color inconstante, los alientos menudos, ciegos los ojos, los discursos mudos, amagos las acciones, el oído un tropel de confusiones, las palabras acentos; y temblores, en vez de movimientos, la memoria acordándome la injuria, convidaba la cólera a ser furia, súbitamente escucho, arde mi casa, y tan presto se abrasa, acudiendo a este daño tanta gente; por mi mal diligente, que turbado de caso tan extraño, procurando remedio a tanto daño, mientras voy a cerrarnecio una puer se me escondió de modo, (ta, que el aposento todo busco desatinado. sin que aproveche nada mi cuidado, A este tiempo la gente de piadosa, discurría la casa pavorosa; llega hasta mi aposento, atajando mi intento, la confusión la multitud, la grita, que el remedio del fuego solicita; y entre la llama del tropel turbado, mi ermana huyó dejádome burlado. Salgo a un jardín turbado, y ciego, sin hacer caso de tan grande fuego, hallo en el a Cojín vuestro criado, que con otros acaso había entrado; hago de su persona confianza, y ya que impidió el cielo mi venganza, procuro que no impida la más gustosa parre de mi vida; porque como he dicho; doña Clara avisada quedó que me aguardara a aquella misma hora, en que pensaba dar muerte a Leonora, y así paso a su casa diligente, porque ya estaba todo prevenido. trújela a vuestra casa, y he tenido dicha en vuestro cuidado, satisfacción en vuestra sangre horada, descanso en mi amistad, tan confirmada, en vuestra piedad dulce acogida, y en vos todo el remedio de mi vida. De modo me lástima, que una desdicha vuestro honor oprima, amigo don Fernando, que yo mismo a la pena estoy buscando, como si fuera mía vuestra suerte, engaños que la hagan menos fuerte: pero encarecimiento de los daños, por propios, siendo extraños, siempre han seguido ignorancia, cuando el desprecio fuera de importan- que es bárbara costumbre (cia, darle más fuerzas a la pesadumbre; y así busquemos por cualquier camino remedio al mal, que es grave desatino el lamentar, y no curar la herida, y aunque arriesgue mi vida, en todo os serviré con igual pecho. Mirad pues en que os soy de algún pro- vecho; yo no pienso ausentarme por ahora, porque sé que se ignora quien robó a doña Ciara, y el huir fuera descubrir la cara, y pues en vuestra casa tan segura, se guarda su hermosura, solo falta el buscar mi hermana fiera, porque a mis manos muera, pues quien la muerte tiene merecida. vive de balde sin pagar la vida; yo volveré después. (tigo. Adiós amigo. Quiera Dios que yo logre este cas- Ciegos anoche estuvimos, aturdidos, pues estando en casa de don Fernado, el jardín no conocinios. Yo el jardín no conocí, porque nunca en el entre; pero después que miré por aquella reja, vi. Dime por Dios lo que viste, que no acabó de entender, que fuego, ni que mujer, ni que hazaña enprendiste. Pues has de saber Cojín, que cuando ver pretendía, por la parte que salía de aquella reja al jardín, me detuvo ver en ella la más hermosa deidad que arrastró mi voluntad sin valerse de mi estrella. Vi la luz de cuyo ardor ya el alma noticia tuvo, y así juntamente estuvo cautivo, y libre mi amor. y al fin, vi la misma dama, que en el soro visto había, de quien saber pretendía la casa, el nombre, y la tama. Estaba al sueño rendida, y el sueño apaceble, y manso, le pagaba con descanso, lo que le hurtaba de vida. Entre la olanda del lecho, no sin decoro se via, que agravio a la nieve hacía la blancura de su pecho. Sus colores, que reciben vida de sus bellos soles, no con menos arreboles, porque estén durmiendo, vive. que mientras más dulce ardor en sus dos ojos esperan, aseuas sus mejillas eran, que encendian su color. Los cabellos olvidados de los preceptos del día, con hermosa bizarría estaban desordenados. Mas no es esta la mayor novedad de este suceso, aunque al verla te confieso, que estuvo absorto mi amor, Si no ver dentro en la sala a don Fernando mi amigo, que por preciso testigo de su fuego, humo exala. Miré en su mano un puñal, y en su semblante su enojo, que ya pálido, y airoso muestra el alma designal. Tan sin movimiento estaba, que pareció tronco humano, y en la rama de la mano la hoja del puñal temblaba. Bien que pude estar dudoso, si entre noble, y agraviado, la vibraba de enojado, o temblaba de piadoso. Despertó entonces Leonor, y al ver junto a si a su hermano. cubrió el rostro con la mano, fuese vergüenza, o temor. Cual suele el Sol, cuando pasa por alguna vidriera, que su fuerza más entera, con mayor rigor abrasa. Así entre tantos enojos, mirando por el cristal de su mano celestial, más abrasaban sus ojos. Pero Fernando ofendido la miró tan riguroso, que entre mí, dije piadoso, de mi afecto compelido. Si la miras tan airado, en vano el golpe darás, que el puñal está demás, donde mira un agraviado. Y mientras ella de sí daba disculpas turbada, con presteza no pensada, a remediarlo acudí. Péguele a la casa fuego con la luz que allí hallé, y el fuego apenas llegué, cuando ardió la casa luego. y entre el tropel de la gente, que en breve al fuego acudió, rompiendo la puerta yo, saqué a Leonor fácilmente. Hoy en mi casa la tengo, como sabes, y también he sido yo mismo quien la muerte a mí me prevengo. Yo mismo he sido el testigo de mi buena y mala suerte, buena estorbando su muerte, mala viendo su castigo. Pues cuando su daño he visto, mi poca fortuna oídena que el librarla de la pena me infame de su delito. Tras esto, también su hermano, de mí se fía de modo, que deja su amor, y todo su honor en solo mi mano. Yyo tan mal correspondo a la fe con que me obliga, que a su hermana, y su enemiga dentro de mi casa escondo, y es linaje de traición dar favor a quien le ofende, si bien esto no se entiende cuando falta la intención. Porque a mí no me es decente el descubrir a Leonor, cuando ya de su rigor la redimió un accidente. Mas esto es desdicha mía, que me halle en tal estado, que a un amigo esté obligado a hacerle una alevosía. Basten ya tantos lamentos, que en lo más pienso que mientes, quéjate de lo que sientes, mas no finjas sentimientos. Para que es fingir, señor, que sientes la alevosía, porque su hermano te fía su honor, o su deshonor; si es todo tu desconsuelo, porque en tú adorada niña, otro vendimió la viña en agraz, siendo majuelo. Bueno está ya lo llorado, tengamos la fiesta en paz, que si han llevado el agraz, las cepas haurán dejado. Y en vano consejos busco a tu excusada tristeza pues te queda su belleza, que es belleza de rebusco. Deja la melancolía, mira que ha estado, señor, esperándote Leonor en su cuarto todo el día. Vela a ver, y la ocasión no se muera mal lograda, prosigue tú la tajada, si otro comenzó el melon. Pues yo voy a verla luego, Anda muy en hora buena. Gran causa tiene mi pena, mucha materia mi fuego. Hasta aquí estuve esperando a que tu amo se fuese, que no quise que me viese. Luego has estado escuchando? Cabalmense. . Ay tal maldad! vive Dios que es muy mal hecho. Pues de cuando acá tu pecho guarda secreto, y lealtad? No siento que hayas sabido el secreto de los dos; solo siento, vive Dios. Qué sientes, di relamido? Siento el no haber de decirte este secreto en efero, pues sabiendo ya el secreto no tengo que descubrirte. Dime Cojín, por tu vida, a mi señora Leonor, aquí en casa, tu señor la tiene ahora escondida? Eso mismo. . Cómo, o cuando aquí ha venido a parar. Es muy largo de contar. y su hermano don Fernando, como de don Juan se fa, y tan su amigo se llama, que le encomienda su dama? Así es el mundo Lucia, si bien don Juan no ha tenido culpa en esto de Leonor, que un accidente de amor a su casa la ha traído, Y en este recogimiento de tanta virtud, ahora donde tiene mi señora, o su celda, o su aposento? Que según hay de escondidas, no sin propiedad parece, que ser tu casa merece convento de recogidas. Junto al cuarto mismo, donde doña Clara está encerrada, Leonor está aposentada, y una puerta corresponde a entrambos cuartos, e impide que ambas se puedan juntar; porque todo es a un andar, y esta puerta las divide. Pero has de saber Lucia, que he hecho una hazaña rara. si no me sale a la cara. Qué ha sido, por vida mía? Vine anoche, como sabes, con vuestro baul cargado, y después de haber llegado tu ama, me dio las llaves, Qué ama, que tengo dos? Doña Clara decir quiero. Pues di aqueso majadero, Escucha ahora por Dios. Digo, que mandó que abriese el baul, y de él me habila, que sacase una camisa, y después se la trajese. Yo lo hice así Lucia, sin que faltase a mi fe, mas juntamente saqué un vestido que allí había. Pues para que, mentecato ya que habías de hurtar, no era más fácil tomar una joya, o más barato? En eso no anduve necio, que he hecho la cuenta ya, y pienso yo que saldrá el vestido de buen precio. Mira, yo no hurté el vestido, que en mi vida fui ladrón; sino ofreciose ocasión, y vendilo bien vendido. Porque anoche mi señor, como te contaré luego, medio desnuda, del ruego sacó a tu ama Leonor. Mándome el buen Caballero, que luego que amaneciese, un vestido se hiciese, sin reparar en dinero. Diome para este efecto el arca de su tesoro cien doblones como un oro. encargándome el secreto. Vi el dinerillo florido, tómelos de buena gana; ofrecí, que esta mañana se acabaría el vestido. Y como no hubo medida, y yo la había de tomar, que nadie había de entrar donde ella estaba escondida. Ytras esto, la ocasión de hallar el vestido allí, tomándolo, redimí toda aquesta vejación. Y con esto doña Clara, que es a quien la mordí el dedo. con el susto, y con el miedo, en la falta no repara. Don Juan con esta inocencia, aunque le sale costoso, ha quedado muy gustoso de mi mucha diligencia. Leonor me da bendiciones, porque le viene el vestido, lo que llamamos nacido, y yo tengo cien doblones. Luego el manto que te di, era para ella también? Si Lucia. . Está muy bien. y los doblones. . Aquí. Lindamente, mas porque aumentemos el caudal, y no los eches a mal, yo el dinero guardaré. Pues de cuando acá Lucia, que no me acuerdo por Dios, tenemos hecho los dos asiento de compañía? Pues infame así me engañas, y a negar mi honor te atreves, cuando una prenda me debes, nacida de mis entrañas? Y eso que tiene qué ver con guardarme mi divero? Pues traidor, falso, embustero, yo no he de ser tu mujer, luego bien puedo mirar por tu hacienda, que es ya mía? Antes por eso Lucia, no te la doy a guardar, que si has de ser mi mujer, el oficio has de trocar; yo me enseñaré a guardar, y enseñaraste a traer. Pero después partiremos, que voy a ver a Leonor, porque está allá mi señor, y a la noche nos veremos. Bastan las desdichas, cielos, que es insufrible rigor perder sin culpa el honor, y sin ocasión dar celos. Amaba yo tiernamente a don Juan, y entretenida de una esperanza mi vida, era el gozo indiferente. Aquí llegaba mi amor, cuando de un recelo vano, una sospecha en mi hermano, me quitó todo el honor. Quiso vengar su recelo, aunque fue falso, en mi vida, y a mi inocencia ofendida amparó piadoso el cielo. Don Juan impidió mi muerte, aunque el modo le ignoré, solo en mis desdichas sé, que fue más dura mi suerte. Pues si el mismo fue testigo en el rigor de mi hermano. que está persuadido es llano, que hubo causa en el castigo. Tantas desventuras cielos, como sufre el corazón, no bastaba mi pasión, sin temer ahora celos. Celosa estoy, porque vi por lo claro de esta puerta, que otra hermosura encubierta tiene don Juan; ay de mí, Quién duda que se querrán, pues que la tiene en su casa, toda el alma se me abrasa; que he de hacer, perdí a don Juan. Y pues son tan evidentes mis celos, que han de matarme, pues no pueden consolarme, ni aún engañar aparentes. Huyamos de tanto daño, serán menos mis enojos, que cuando no ven los ojos, no tiene fuerza el engaño. Resuelta estoy, que atropella; mas disimular conviene, porque es don Juan el que viene. Señor don Juan. Leonor bella, como ya con manto estáis, tan poco os debe el cuidado, que el vuestro se ha anticipado a prevenirme que os vais? 2. . Antes estaba ofendida de que no hubieseis venido a verme, pues esto ha sido no quererme agradecida. Que cuando mi amparo trata vuestra cortesía, es vicio que me deis el beneficio con pensión de hacerme ingrata. No me habéis de agradecer lo que anoche por vos hice, pues en ello satisfice a mí mismo proceder. Conmigo propio cumplí, y así vuestra cortesía ningunas gracias debía de lo que hice por mí. Señor dón Juan, el indicio más hidalgo en el obrar, es no querer obligar con el mismo beneficio. Y aún no sé también, si diga, que es noble astucia, pues quien no quiere gracias del bien, dos veces con el obliga. Y en cualquiera modo ha sido fuerza, el que toda mi vida me deje desconocida la merced que he recibido, Pero si tan gran favor en vos halla mi ventura, y aunque aquí estoy muy segura, fiada en vuestro valor; fuerza es que parezca mal, y vos lo entendáis así, estarme más tiempo aquí; siendo mujer principal. Que aunque no hay inconveniente, vos mozo, y yo aún no casada, la malicia más templada lo tendrá por indecente. Y así pues mi honor me obliga, antes que venga la noche, mandad que pongan el coche, y me iré cas de una amiga. Donde no parezca exceso el tiempo que me he de estar, porque allí pienso esperar el fin de aqueste suceso. Así amor, podrá vencer mi celoso sentimiento que ver celos es tormento desigual a mi poder. Vos advertís como cuerda, y será como mandáis; pero antes que de aquí os vais, porque el tiempo no se pierda, si os merece mi cuidado, esta merced solo os pido, que me digáis cual ha sido la causa, que a tal estado os trajo, en que os pude hallar, que porque estabais turbada anoche, y alborotada, no os lo quise preguntar. Bien sé, que al contar mi historia. sacará sangre el rigor, que sabe hacer el dolor cuchillo de la memoria. Testigos de sus enojos, hoy mi discurso dará, porque del alma será sangre el llanto de mis ojos. Yo nací; pero esto es largo; pasó, don Juan, otra cosa, que cuando llego a informarte, por satisfacer mi honra, aún más que por darre guito, no es bien, que ignorante, y loca, desperdicle tu intención en lo que menos importa. Quedé huérfana, en poder de mi hermano, y a su sombra vivía, siendo desvelo de su atención cuidadosa. No hay para que encarecerte mi recato, pues no ignoras, que aún siendo tú tan su amigo, que un alma teníáis sola, nunca llegaste a saber de sus ojos, y su boca, mas de que tenía una hermana; pero nunca si era hermosa. Solamente aquella vez; bien mi desdicha la llora. . que me seguiste en el soto: ya tú no tendrás memoria, que las cosas sin cuidado, muy fácilmente se borran. Pues aquella misma noche; oye, y sabrás que de cosas encadenan las desdichas, llamadas unas a otras. Entrando yo en mi aposento para acostarme, a deshora sentí detrás de mi cama, aún ahora se alborota el susto que tuve entonces, como que alguna persona se ocultaba en las cortinas; Rinadvertida, y medrosa, le di voces a mi hermano, que junto a mi cuadra propia venía a tener su estancia: pero antes que me socorra, salió el que estaba escondido, y por un balcón se arroja, con tanta velocidad, que pude quedar dudosa de su acción, y su presteza. si era cuerpo, o si era sombre Llegó en esto don Fernando, a quien mi semblante informa con la turbación, y el miedo, mas que con palabras cortas, diome a entender, que sería ladrón, quien a tales horas se ocultaba en mi aposento. Cerró las ventanas todas, al parecer satisfecho, si bien mostraron sus obras, que desde entonces quedó su fe más escrupulosa. Mi crédito menos firme, su atención más cuidadosa, mi recato más en duda, y la desdicha más pronta. Pocos días se pasaron, que indispuesta, y achacosa; no cayese yo en la cama; y una noche, estando a solas con una criada mía, de quien fiaba mis cosas. Ella comenzó a quejarsa; y entre humilde, y vergonzosa, con lágrimas, y con ruegos, con voces afectuosas, me dijo: Que si tenía en las venas sangre heroica, que la ayudase mujer, y la amparase señora. Descubriome al fin, que estaba preñada, y que las congojas de su parto se acercaban; y yo turbada, y medrosa, sin elegir mejor medio, precisamente piadosa, la consolé con palabras, y ayudándola con obras, dio en mis brazos un infante. Juzga tú don Juan ahora mi turbación en tal caso; pero ella más valerosa, si ha de pasar por valor, temer menos la deshonra. Con el muchacho en los brazos a una ventana se asoma, y envuelto en una cestilla, que previno cautelosa, a un hombre se lo entregó, que aquella noche, y aún otras, había estado esperando, aví sado de ella propia. Mi hermano pues, don Fernando, que era siempre a mi persona atalhaya vigilante, centinela cuydadosa. Oyó desde su aposento las voces, aunque tan roncas, que no pudo distinguir quien las voces ocasiona. Oyó el llanto del muchacho, y en su condición celosa, para confirmar su agravio le bastaron menos sombras. Juntó luego los indicios, que su venganza provocan, y creyó que era cautela el fingirme yo achacosa, para cubrirle mi infamia; dio su afrenta por notoria, y determinó vengarla con disimolo, y sin nota. Pidiome, no sé a que fin, que aquella criada propia le diese por unos días para una empresa amorosa. Hícelo así, sin recelo de su intención rigurosa, que el crédito nunca quiebra cuando la inocencia abona. En fin, anoche resuelto, me dijo, que me disponga a morir, pues le he agraviado. Contó sus sospechas toda no le bastó mi respuesta; hizo las orejas sordas a la piedad, y a los ruegos, y resultó, mas que importan resoluciones humanas, si las divinas estorban. Llegaste tú a socorrerme, aunque no sé de que forma, solo sé, que a tu valor, y a tu sangre generosa, el alma tiene la vida, debe el aliento que goza, debe la fama que espera, debe el crédito que cobra, debe la piedad que siente, y las afrentas que estorba. Tan dudoso llego a estar en dos afectos, Leonor, que ignoro cual es mi mayor, mi contento, o mi pesar. Cuando me quiero alegrar de ver que no estás culpada, siento el verte desdichada: pero cuando a sentir llego tus penas, me estorba luego el gusto de verte honrada. Y así quedan impedidas glorias, y penas en mí, porque lidian entre sí unas de otras impelidas, y con fuerzas divididas, cada cual quiere valiente llevarse el alma igualmente, y como bienes y males tiran con fuerzas iguales, tengo el alma indiferente. Dudarás, como mi amor cree ya lo que has contado, pues no es testigo abonado nadie en su propio favor. Mas no es así, que tu honor, después que el alma te di, mas me importa a mí que a u; y así pues cumples conmigo, muy bien puedes ser testigo de lo que me importa a mí. A tu desdicha le debo, y aún a otra desgracia mía, el bien de verme este día, mira que caso tan nuevo. Bien mi poca suerte pruebo, pues podré decir quejoso, que soy tan poco dichoso, que hubo menester la dicha valerse de la desdicha, para hacerme venturoso. Aparta necio. Ay de mí. Téngase cuerpo de Cristo. Qué es eso señor don Pedro? Señor don Juan yo he venido guiado de mi sospecha, de una verdad inducido, alentado de mi honra; enojado de vos mismo, quejoso de vuestro trato, y finalmente ofendido. No os entiendo vive Dios, que decís don Pedro? . . Digo, que vengo, porque mi agravio tenga en vos justo castigo. Y para que no entendáis, que temerario, y altivo, me precipita el enojo, tan sin razón, y sin juicio, para crecer mis ofensas, ved si hay bastantes indicios. Anoche faltó mi hermana; no es menester encubrirlo, que pues que vengo informo que vos don Juan, habéis sido quien me ofende en el honor, fuera dispárate mío, suponer que vos lo hicistes, y encubriros el delito. Anoche también entrasteis con este criado mismo dentro en mi casa, a la hora, que afrentosamente hizo falta de ella doña Clara, quien os vio entrar me lo dijo, que era un criado, y os vio subir las salas sin tino, la espada desenvainada, y el rostro descolorido. No os vio volver a salir, aunque atento, y escondido gran rato estuvo esperando; mirad si fue buen testigo. Con esto vine a saber, aún no habiéndolo creído, de vos toda la verdad, como noble, y como amigo, pues siempre lo he sido vuestro, y vos lo habéis sido mío. Y cuando pretendo entrar, vuestro criado advertido, me procura detener: entro en fin, y ahora miro allí una mujer tapada, que en el talle, en el retiro con que de mí se encubrió, que es doña Clara averiguo. Y cuando todo faltara, y mintiera quien me dijo lo que acabo de decir, la conozco en el vestido. Con que para mi desdicha, y para mi honor perdido, pasa a verdad la sospecha, a certidumbre el indicio, la conjetura a evidencia, las dudas a ser delito, el agravio a ser infamia, a ser afrenta el peligro; y pasara finalmente a ser bajeza el sutrirlo. Esto me toca don Juan, y pues mi agravio os he dicho, y sabéis que soy don Pedro de Meneses, advertido, mirad que pensáis hacer, que mi razón, y mi brío, antes que salga de aquí ha de daros el castigo. Que tengo de responder en tan estrecho conflito? Don Pedro tiene razón, y juntamente es mi amigo; sus indicios son bastantes, y dijo bien quien le dijo que me vio entrar en su casa, si bien con otro motivo, que fue huir de la justicia: pues si aquí ahora le digo la verdad, no ha de creerla, y yo me pongo a peligro de que me desmienta, pues no creer lo que yo afirmo, lo mismo es que desmentirme tácitamente, y mi brío, aún dentro de su intención. un mentís, no ha de sufrirlo, El descubrir a Leonor fuera remedio más vivo; pero falto a lo que debo, a cortés, y bien nacido, y en los fueros del honor, no puede ser permitido aventurar una dama, por conservar un amigo. Pues no responder al cargo, es dejarle persuadido a que es verdad su sospecha, y obligarme al desafío. Pues reñir por esta causa, es confirmar el delito, y faltar a su amist infamemente, pues finjo, que he hecho lo que no he hecho, y que le tengo ofendido: Qué he de hacer, válgame el cielo? Don Juan está pensativo, y no quiere descubrirme, porque es cortés, y entendido: don Pedro viene enojado, y yo estoy a gran peligro si desnudan las espadas, y así es el mejor arbitrio descubrirme, pues don Pedro, aunque en mi calle le he visto, pienso que no me conoce, y aunque me conozca, elijo por menor aqueste daño, que un riesgo tan conocido. Ya tarda vuestra respuesta, y de tardaros colijo. No paséis más adelante, que con esto habréis sabido, que vuestra propia sospecha, que vuestros propios indicios, que el criado que os detuvo, que mi recato, y retiro, que el testigo que informó, que el conocerme había visto, que el hallarme aquí tapada, todo don Pedro a mentido, pues no soy la que buscáis, y os engañan los sentidos, y no os engaña don Juan; y así don Pedro os suplico, que os volváis, ya que sabéis, que don Juan es vuestro amigo. Válgame el cielo, que veo, no es Leonor la que ahora miro, no es la deidad que venero, no es el alma con que vivo, no es la belleza que busco, no es él sol a quien yo sí Pues como sufro, ay de mí, como cobarde permito! mas no permito, ni sufro, porque sabré resistillo. Señor don Juan, hasta aquí de vos estaba ofendido por el honor de mi hermana, ya no son menos precisos mis agravios, pues son celos; celoso estoy, poco he dicho. Loco estoy, no he dicho mucho, ni aún con callar significo mi pasión, porque no cabe dentro del silencio mismo. Esta dama es a quien yo ha muchos días que sirvo, si mudas adoraciones, si mentales sacrificios, si rendidos pensamientos tienen nombre de servicios. Esta es la primera vez que de mi boca lo ha oído, que ha escuchado mi semblante, que a mis ojos ha entendido. Mas no porque el corazón, humildemente rendido, mezcle el respeto a la queja, la estimación al suspiro, al llanto la cobardía, y a las voces el retiro, ha de perder mi fineza; antes mi amor es más digno, por callado, y por constante; y si este es mérito mío, el mérito no ha de hacer lo que pudiera el delito. Tasí don Juan, lo que dije colérico, y vengativo, incitado de mi honor, aunque con falsos indicios; si no permitís piadoso, sino consentís amigo, en dejarme aquesta prenda vuelvo otra vez a decirlo. Cielos tenéis más desdichas, hay para el mal más caminos? Fuerte ocasión, mucho lance, para no estar prevenido, es el que aquí se me ofrece; pero lo que no previno la prudencia, a veces suele remediarlo un desatino. Esto ha de ser de esta suerte. Tente don Juan: Mas qué miro! mi hermano es este que viene, gran desdicha, gran peligro, ya veo que hay más rigores, basten ya cielos divinos. Qué es aquesto caballeros; mas ya el suceso colijo, Don Pedro está aquí enojado, sin duda que tuvo aviso, que aquí le oculta su hermana, y también habrá creído, qué es don Juan el agresor, y allí a doña Clara miro, que de vergüenza se cubre de su hermano, y mi enemigo; bien la conozco en el traje, cuando faltara otro indicio. Don Pedro quiere vengar los agravios que ya he visto, y don Juan, como valiente, también quiere resistirlo. Pues a mí me toca ahora desempeñar a mi amigo, y venga lo que viniere, sin deponer el peligro. Señor don Pedro, aunque vos con razón habéis creído, que esta prenda que buscáis es don Juan quien la ha traído, y quien la oculta en su casa, es engaño conocido, porque don Juan nunca hace ofensas a los amigos. Yo solo soy quien la truje, y solamente conmigo ha de reñir quien quisiere estorbarlo, o resistirlo. Yo desiendo lo que he hecho, y pues yo mismo público, que solo soy quien lo hice, don Pedro, lo dicho dicho. Alto, pues su mismo hermano la tiene aquí, haurá tenido causa para hacerlo así, que por el fuego que ha habido en su casa, lo habrá hecho. Yo estoy muy arrepentido de lo que dije a don Juan, pues aún cuando fuera el mismo quien la ocultara en su casa, ignorando el amor mío, no era ofensa; pero cuando fue menor el precipicio de unos celos declarados? Señor don Fernando, digo que pues vos estáis contento, y pues vos solo habéis sido, y no don Juan quien lo ha hecho, claro está, que no resisto a vuestra resolución, antes la alabo, y estimo. Y vos don Juan perdonad, y pues sois tan entendido, no os admiréis, que el amor haga en un hombre su oficio. Cómo? Por Dios que se va, es muy cuerdo vive Cristo, que se admira de que el otro, como si fuera un marido, nos deje su hermana acá, y está el haciendo lo mismo. Cómo? que su mismo hermano, un hombre tan bien nacido. Mucho aprieta la maraña, y ahora salta lo mismo, si llegase a descubrirla. yo estoy muerta. Yo perdido. Que don Pedro, cuya hermana, para mujer propia elijo, infamemente cobarde se la dejase conmigo! Desde mi aposento oí en este cuarto rumor, y a pesar de mi temor, curiosa vine hasta aquí. Mas ay de mí, esta traición de Fernando que me olvida; pero desde aquí escondida sabré toda su intención. Corrida está doña Clara, mi amor sus temores venza, que de honrada, su vergüenza no osa descubrir la cara. Llego a hablarla; dueño hermoso. Merendadme esa empañada. Qué he de hacer? Estoy turbada. Oh traidor, falio, alevoso. Ya mi bien. Cierta es mi muerte, el temor me pone grillos, Ya escampa, y llovia ladrillos. Que esto sufro? Caso fuerte! Bien os podéis descubrir. No hará tal, viven los cielos. yo saldré a vengar mis celos. ya no puedo resistir. El negocio va deshecho, si ejecuta la intención, pues va ya la remediona, que me toca de derecho. Porque allí, si no me engaño, vi un poquito de la cara de la misma doña Clara. que si sale, hay mucho daño. Con unas mismas razones a entrambos pienso engañar, y al engaño he de llamar de una piedra dos chichones. Que aquí, señor, te estuvieses, ya vuelve, presto, sí, él es? Quién viene? Ycón otros tres. Quién? . Don Pedro de Meneses. Mi hermano viene, ay de mí, en grande peligro estoy, sin alma a mi cuarto voy, que con celos la perdí. Oigan cual va la señora, que no se le ven los pies. Sin duda, que industria es de Cojín esta, y ahora el ayudarle conviene; Cojín, lleva a su aposento a doña Clara al momento. Presto pues, porque ya viene. Bien has dicho; adios mis ojos, que por lo que sucediere, no conviene que aquí espere tu belleza a más enojos. Acaba plégate Cristo. Apenas el alma siento. Anda, y cobra más aliento. En gran peligro me he visto. ACTO TERCERO,

JORNADA TERCERA

Estoy loco de contento. Muy bien se te echa de ver. Satisfecha está mi duda. Dime pues, como te fue con tu amigo don Fernando, cuando le sacaste ayer porque no viese a su hermana. Cojín amigo muy bien; porque a la calle salimos, y no hallamos, bien se ve, a don Pedro de Meneses, que había creído él, que a vengar vino su agravio, y así yo le apacigué. Diciendo, que pues don Pedro, que estaba ofendido de él, no le venía a buscar, no tenía para que hacer mudanza ninguna; pues el que ofende una vez, ofender más no le toca, sino solo el defender. Con esto, por divertirle, y por mi propio interes, le pedí, que me dijese más claramente, porque quiso matar a su hermana, y a lo que le pregunté, las mismas causas me dio que de Leonor escuché. Con lo cual, pues que tu dices, que Lucia es tu mujer, y que aquella misma nocho dio a luz el parto, y que fue la causa que a don Fernandó con razón pudo mover para matar a su hermana, y me ha confesado él, que no tuvo otra ninguna. Y que tu dices también, que escondido en la cortina de su cama, entrando a ver a Lucia, por el miedo de Fernando, fuiste el que se arrojó por el balcón; mira si tendré placer de ver sin culpa a Leonor, a quien adoro, y a quien miro con ojos de amante, y de marido también. Digo que tienes razón, porque Lucíguela fue, como te he dicho señor, la que mordiendo el emves de los labios, y amagando del entrecejo la tez, entregándose a las palmas de las manos, como quien se lava con pan mascado, hecho un compás de los pies; haciendo dentro de sí firme propósito, de no llegar más a la boca, por el riesgo en que se ve, lo que dentro de seis días vuelve otra vez a comer, Parió en brazos de su ama un muchaco como un buey; y del ya dicho muchacho, jura Lucia la fe, que soy padre; pero yo, juro a Dios que no lo sé. Señor don Juan. . . Ya Leonor, mi amor sin tu compañía, no era amor, porque el amor pierde el ser el mismo día que le falta su favor. Que como no le apercibo vida, pues no la recibo, también él no la recibe, y así en tu ausencia no vive, porque yo tampoco vivo. Dirás que falto en tu ausencia a la fineza mayor, pues solo dura mi amor mientras tu hermosa presencia le infunde vida mayor. Mas no falto a la fineza; antes es más eminente, que es mi amor un accidente que está en mi naturaleza unido ya eternamente. y de aquí claro se infiere, que mi ardor es más activo, y más finamente quiere pues vive mientras que vivo, y mientras que muero muere. Mucho don Juan encareces tu amor, cuanto mi decoro, no es mucho lo que padeces, que aunque sin amor, no ignoro que con eso desmereces. Pues quien se sabe explicar, sin reparar en respetos, no sabe don Juan amar, que del amor son efetos, el recelar, y el dudar. Mas pues no temes, ni dudas, no es amor, si no desprecio, que las pasiones son mudas, y en amor hablan más recio las lenguas, cuanto más mudas. Aún siendo cierto tu amor, fuera el declararme culpa; mira si es mucho tu error, pues te quedas sin disculpa, y ocasionas mi rigor. Error es introducido que se juzgue más amante quien con silencio sufrido nunca descubre el semblante los ardores del sentido. Mas yo juzgo, que el callar la pena que el alma siente, no es buen indicio de amar, sino de saber prudente sufrir, y disimular. Quien calla lo que padece, si se mira con rigor pues al silencio obedece con el silencio merece, pero no con el amor. Basten discursos don Juan, tratemos de lo importante, que bien cabe en un amante. ser cuerdo con ser galán: dejo esto, y paso adelante. Ya sabes como mi hermano, de su honor escrupuloso, quiso matarme tirano, y aún me busca cauteloso, para vengarse villano. Tsabes con evidencia, que fuese falso su celo, si bien con justa apariencia, que quiso piadoso el cielo descubrirte mi inocencia. Tasí, pues la causa sabes, y en lo que estuvo su engaño, evita daños tan graves, abre puerta al desengaño, pues de ella tienes las llaves. Busca a mi hermano, y tu amigo. dispón primero su pecho, llévate a Cojín contigo, dile la verdad del hecho, que es el más fuerte testigo. De esta suerte mi sosiego aseguras, porque es llano que echará de ver mi hermano, por más que quiera estar ciego, que fue su recelo vano. y así triunfará tu amor de una sospecha vencida, obligándome al favor, y pues te debo la vida, débate ahora el amor. Pues yo con obedecerte, respondo a lo que me obligas. Hazlo tú sin que lo digas, y habrá más que agrade certe, Yo, Cojín, he menester tu cuidado en cierta cosa. Alto pues, a obedecer, por Dios que nació una hermosa con temerario poder. no, y tu amia, Crece mi mal, y crece el sufrimiento, vuelve el mal a crecer, y el sufrir crece, y como siempre igual mi amor padece, nadie juzga que crece mi tormento. Yo sola de mi daño se el aumento, y a mi deseo poco le parece, como sabe el cuidado que merece el sujeto por quien mis males siento, Si a mi deseo ha de igualar mi daño, ha de ser tal, que el sufrimiento acabe la vida, del dolor siempre vencida. Que el deseo cabrá en mi amor extraño, en mi humildad el sufrimiento cabe, mas no cabe la pena en una vida. Señora . . Qué es lo que dices? Don Fernando mi señor viene a verte. . . A verme a mí? Esto más; que sufro yo, sobre agraviada, y celosa, un desprecio a su traición! Que esta mañana a mis ojos, cuanta es mi se, y mi afición! a otra mujer le dijese entre el hálago y temor. Mi bien mi dueño, mis ojos; y ahora vuelve el traidor a proseguir: mas él viene, recoja el pecho el valor. Dueño hermoso, hermosa Clara, ya mi hien, era sin vos cadaver el amor mío, pues soy alma del amor. Que tales palabras diga . tan solamente la voz. Cómo no habláis, que tenéis; pues aún no merezco yo que respondáis a palabras, que pronuncia el corazón? Bueno está ya don Fernando, baste, baste la traición, que aunque engañado, pensabas que no lo sabia yo. Pues ya sabes que lo entiendo, si más lo prosigues, no será traición solamente, fino ignorancia, y error, porque te desacreditas con tu decoro, y mi amor, y te quiero de manera, (perdone ahora mi honor) que tu descrédito siento mucho más que tu rigor. Qué es lo que dices mi bien? Lo que digo yo lo sé, y tú lo sabes también, y el repetirlo es error, porque será pesadumbre, y excusada relación. Yo no estaba esta mañana con don Juan. . . Y lo vi yo, No vino luego tu hermano; lo demás que allí pasó, en que pudo hacerte agravio, no te fuiste, y me fui yo? Pues de que estás enojada, estas las finezas son debidas a la ternura, con que adorándote estoy? Habla pues, dime qué tienes? Déjame ahora por Dios, que mezclas entre verdades mentiras con tal primor, que con ser yo quien lo he visto, y juntamente lo oyó, en lo que es, o no verdad, aún tengo equivocación. Aquí es ello, la maraña ̱̱ de manera se escuchó, que don Pedro viene ahora; bravo paso, y se apretó de tal suerte, que el enredo tiene mal de corazón. Señora tu hermano viene. Qué dices. . Gran coscorrón. Ay de mí, vuelvo a esconderme. Pues para qué? . . Loca estoy, o estás loco, pues mi hermano viene armado de rigor, con noticia, que escondida me tienes, y que aquí estoy; y tú con ese cuidado? Hay más nueva confusión; pues tu hermano, ya no sabe claramente, que soy yo el que escondida te tiene? Él no estuvo con los dos aquesta misma mañana, y aunque al principio intentó ofenderte, al fin se fue? Qué es lo que dices señor, mi ermano estuvo contigo, y ofenderme pretendió? Concertadme estos hermanos. Cojmo, dime, no pasó esto delante de ti, y tú por esta ocasión la llevaste hasta su cuarto? Jesus María, pues no; es posible que eso niegas? Por señas, que cuando entró en esa cuadra segunda, con la mucha turbación, se descapelló un chapín, y temblando de temor yo la preste una agujeta, y la capellada ató. Esto puede faltar? Ella me mira como un león, pies don Pedro sale ya. Adiós don Fernando. Adiós. Sil tú, pues antes que entre. Digo que al instante voy; mas time Cojín, don Pedro, no sale que tengo yo a su hermana, y el cobarde conmigo se la dejó? Digo señor, que lo sabe como tú mismo, y mejor, sino que aquesta mujer es démono enredador; y si digo laverdad, el enredador soy yo. Como tarca don Fernando, que ya mi amor le previene, mas el mismo es el que viene. Parece que estoy soñando. Al campo satarle quiero, para con más deensado dar remedio a mi cuidado, y alivio al mal de que muero. Su hermana le he de pedir, para dueño, y para esposa, o haré mi suerte dichosa, o acabaré de morir. Oh Fernando, cómo estáis? A vuestro servicio estoy, loco, y confuso. Qué tenéis, qué triste vais? No sé afé. Al campo salgamos, para que os desenojéis. Don Pedro, pues ya sabéis, que nunca he temido, vamos. Vamos, que el rigor cruel hace con mi vida extremos. Pienso que desafiado me lleva, y es mi placer tal, que aún no llego a creer, que es valiente mi cuñado; que aunque su sangre lo abona, y mi peligro no ignoro, quiero fiarlo el decoro a riesgo de mi persona. Si me da su hermana bella, dichoso nació mi amor, pues vencerá su favor la desdicha de mi estrella: o alomenos. mi cuidado no quedará escrupuloso, ni mi amor dirá quejoso, que muere de mal curado. Bien podéis don Pedro hablar, pues aquí ya estamos solos, Don Fernando, ya sabéis, como siempre ha sido odioso vuestro nombre, y vuestra casa, a mi padre, y a mí y todo. ya sabéis también Fernando, como os dio el cielo piadoso, una hermana que yo amé, una beldad que yo adoro. ya sabéis también Fernando, como mi hermana (que enojo) faltó anoche de mi casa. Don Pedro ya lo se todo, y si habemos de reñir, para que son episodios, que estorban a las espadas. Mostraos aquí valeroso, que elocuente, en las escuelas, será mejor, y más propio. Pues por qué hemos de reñir? Él tiene gentil reposo. . Vive Dios que es más cobarde de lo que pensé. Y yo ignoro la razón de vuestro agravio. El agravio es vuestro solo, Mío el agravio, de qué? Hay preguntar más donoso; no me sacáis solo al campo? Sí, pero han sido tan otros mis intentos, que antes son de pediros temeroso, como de quien se conoce, que son sus méritos cortos, que a vuestra hermana me deis, porque sea dueño hermoso de mi hacienda, y de mi casa; y pues que yo me dispongo. Bueno está señor don Pedro, si eso ha sido cauteloso, motejarme, que mi hermana falta para mi decoro, yo confieso que es así: pero mi honor, que es glorioso, nunca mancharon sus luces sombras, horrores, ni asombros, tan indiferente está de las acciones de otro, que en su misma gravedad, que en su centro, o punto solo, sobre quien está estribando, elemento poderoso, el mismo en sí se sustenta, y él se mantiene en sus hombros. Yo no dudo vuestro honor; mas idos más poce a poco en hablar tan arrogante, que lo sufro, y no lo estorbo, porque amistades pretendo, y porque cesen los odios. Fuera de que yo no vengo a motejar cauteloso, cuando os hablo tan de veras, y cuando es aquesto solo lo que le importa a mi gusto, a la quietud, y al decoro. Esto se quede aquí dicho; que no quiero que brioso, las razones de mi parte, las eche a perder mi enojo, Solamente dudo ahora, pues en casa estaba, como pudo faltar desde ayer? y don Juan es cuidadoso alcaide de vuestro honor, ycómo dijo? . . yo estoy oco- que don Juan, decid don Pedro, ni que alcaide? . . Ya cenozco, que eso es engañarme ensuma: pero de lo que me asombro, es, que habiéndola yo visto, y que estando juntos todos esta mañana, en su casa de don Juan, donde furioso me arrojé, y vos me existeis, que por vuestro gusto propio vos mi mo allí la teréis, negáis ahora de modo, que creo vuestras palabras sin dar crédito a mis ojos. Vive Dios que era su hermana, que es el engañogracioso. Venid acá, visteisla vos? Vive Dios que la vi el rostro, como ahora os estoy viendo. Y si queréis más curioso, ver, que lo que estoy diciendo, no fue ilusión, ni fue antojo, vamos a casa, y vereislo. Vamos, porque vuestros ojos os quiten aqueste engaño, por Dios que voy receloso, que hay enigma en este caso, y así al peligro me arrojo, deir con el a ver su hermana, puesto que he de ser su esposo, porque su vista, y la mía, nos desengañen del todo. Vuelas cobardemente, o vano pensamiento, los paramos del viento de las venturas mías, pasadas con los días, porque es viento, que es nada una dicha pasada, y encuentros no recelas, porque seguro por el viento vuelas. Favorecida un tiempo, de Fernando mi amante, le adoraba constante, y ofendida, y celosa, en sus desprecios muero, y obstinada le quiero. Oh pena rigurosa, que en mí tan desiguales, los bienes viento son, golfo los males! Mas ay de mí, que es esto, quien abre aquella puerta, que nunca he visto abierta? Sin duda más desdichas hallaron nueva entrada, que no hay puerta cerrada, si no es para las dichas, toda estoy temerosa; o cuanto teme la que no es dichosal Esta llave, que Cojín, de un diamante sobornado, me ha entregado, hoy, si puedo, dará fin a mi vida, o mi cuidado. Con ella vengo a saber, si son ciertos mis recelos, o a entender, si alguna vez de los celos triunfar puede el merecer. Pero aquí está mi enemiga, suspensa en mi propio fuego; pues yo llego, porque al tormento del ruego toda la verdad me diga. Aunque el recato me tira, mi amor por llegar suspira, llego a hablar, que si la dejo pensar me dirá alguna mentira. . Quién duda, hermosa señora, que estaréis muda, y suspensa, pues una acción no esperada, borra el sentido, y la lengua. yo en fin, para no teneros con dilaciones molestas, temerosos los discursos, y cobardes las potencias. Soy una mujer (bien digo) pues con esto, en pocas señas, de lo más de mis suecesos, pienso que os he dado cuenta? Quise bien, pero que mucho, si esta inclinación secreta, no hay recato que la estorbe, ni hay decoro que la venza. No pienso yo, que a las almas las contrastan las estrellas, las obligan los aspectos, las juntan las influencias. Porque acá en las voluntades, que ellas mismas se conciertan de superiores influjos, ociosa es la diligencia. No trato de disculparme, que presunción fuera necia, cuando en el mismo delito os tengo por compañera. yo me rendí a quien me agravia, cuya condición sebera de tan noble rendimiento. villanamente se venga. El mismo (ay Dios) que os engaña, el mismo a cuyas finezas obligada estáis amante, engañada estáis sujeta. Ese mismo es quien me ofende. el mismo quien me desvela, el mismo quien me apasiona, y el mismo quien nos afrenta. Permitidme aquestas voces, sufrid que alivie mis penas, y averiguen vuestros oídos piadosamente mis quejas. Común es aqueste agravio de las dos en esta afrenta, vuestro, y mío es este engaño, suya es sola la cautela. A un tiempo a las dos engaña, y con una misma flecha, venenosa en su traición, dos corazones penetra. Pase el engaño en buen hora, no es esta la vez primera, que quien no quiere en ninguna, hace en dos partes finezas. Pero que la alevosía villanamente se atreva a romper con el decoro, y a quebrar con la decencia. Que con palabras de esposo, (quien duda que os dio la misma) me saque a mí de mi casa, y os traigas vos de la vuestra Y que a un tiempo, en una parte, nos junte, para que sea, (perdone esta vez amor) infame su desvergüenza. Aquí el amor es enojo, aquí es crueldad la clemencia; la voluntad aquí es odio, aquí es rabia la terneza; aquí es locura el sentido, aquí es la ira paciencia, que a tan grandes sinrazones, aún los afectos se truecan. No pasa hasta vos mi enojo, que no he nacido tan necia, que de ser vos engañada, haga mi colora ofensa. Antes piadosa os atiendo, que como la misma pena que sentís yo la examino, se hace lástima la queja. A esto he venido, y también a ofrecerme por muy vuestra, que las desdichas comunes son de las almas terceras. Y en fe de aquesta verdad, gozad muy en hora buena vuestro amante; ya no es mío, pues quizá mayores prendas habrá en vuestras aficiones, que aunque no es mucha fineza el daros un alcuoso, y la razón lo confiesa, así, así traidor, y aleve, sabe Dios quien lo quisiera: . gozad del pues, mas dichosa, que sufre vuestra belleza, que a mí, en daños tan mayores, solamente me consuela, que hay suspiros para el mal, que hay para el engaño quejas; que hay llanto para el agravio, que hay voces para la afrenta, que hay penas para la vida, y muerte para las penas. A vuestro noble discurso os he estado tan atenta, que de vuestra voz pendía toda el alma en las orejas. Que aunque traición tan cruel, con mis ojos llegué a verla, no la sentí tanto entonces como en vuestra boca puesta. O es, que al alma los oídos más vivamente penetran, o es, que ya siento dobladas mis desdichas, y las vuestras. Parecerá impropiedad, que sienta yo vuestras penas, cuando estoy de vos celosa, cuando vos causáis ofensa. Para mi mal, ya no es celos, ni en mí sus efetos prueban: otro linaje de agravio, otro género de afrenta, otra especie de desprecio, es la que al alma atormenta; que aunque sé bien lo que siento, no sabré decir que sea. Que como injuria tan grande no la previno la lengua, no hay nombre que la declare, ni voz que la comprenda. Y porque sepáis mejor cuanto puede la vileza, si de un pecho noble, a caso, alguna vez se apodera. Porque es de la misma suerte, que cuando un sujeto enferma, que cuanto fue más robusto, tanto mayor la dolencia. Sabed, que aquese vestido, (aunque el decirlo es vergüenza) en algún tiempo fue mío, bien me lo dicen las señas, Y habrá el traidor con vos hecho de aquesta ruindad fineza, que aunque entre mujeres bajas, os confieso que lo fuera, lo que es lisonja en las viles, es en las nobles afrenta. Tente mujer, que me matas, . que hasta aquí no era tan cierta mi desdicha, ni la tuya, porque solo era sospecha. Muera mi amor, pues Fernando toda la vida me cuesta. Luego don Fernando es quien, y no don Juan, os desvela? Yo de Fernando. . . Tened, no me diga vuestra lengua de un golpe dicha tan grande, porque tan alegre nueva, no cabrá toda en el pecho; y pues que tan tarde llega, dejad que la goce toda, sin que parte alguna pierda. Luego don Juan es amante firme de vuestra belleza? Yo de don Juan. Proseguid, no me dilatéis tan cierta ventura pues como el alma quería, de males llena, desamparar el aliento, lucharán males, y penas, y yo por lo menos menos, viviré mientras pelean. Mi hermano en fin (dicha grande) por vuestras luces se quema. Vuestro hermano pues, decid, Escuchadme de más cerca, y os sacaré de las dudas, que os han tenido suspensa. Entra paso, pues Cojín con silencio abrió la puerta, aunque él se admiró de ver, . que con don Pedro viniera. Ahora veréis lo cierto. Cerca está ya la experiencia; pues aquí están dos mujeres, y por Dios que es la una de ellas. Dos mujeres hay aquí, y me ha parecido aquella mi hermana. . . Mi hermana es Toda el alma tengo inquieta. No es posible derenerme. Matarela. . . Matarela. Pero el riesgo de mi dama. Pero el riesgo de mi prenda. Su hermano intenta matarla. Matarla su hermano intenta. Yo a su defensa me pongo. Yo me pongo a su defensa. Tened la espada Fernando. Don Pedro tened la vuestra, pues a una misma intención entrambos brazos gobierna. Muerta estoy, ay de mí triste. Válgame el cielo, estoy muerta. Porque razón defendéis vos a mi hermana? . . La misma pregunta os hago, don Pedro, porque tomáis la defensa de mi hermana? Caballeros, qué es esto? . Dimos en tierra con toda nuestra maraña. Esto es sufrir una afrenta. Esto es sufrir un agravio. Esto es hacer vos una ofensa. Esto es hacer vos una injuria. Tened, no pasen las lenguas a palabras, que después, tarde, y nunca se remedian. Mejor hablan las espadas, que son más blandas sus fuerzas, porque se cura una herida, mucho mejor que una afrenta. Pero porque a dos amigos, en ocasión tan estrecha, es fuerza satisfacerlos, o el perderlos será fuerza; atended, que brevemente satirsaré vuestra quej- mi triste. Ignorando que fuese vuestra hermana, rendí a Leonor el alma con la vida; que mucho si la vi, si quedó vana de tan dulce dolor la misma herida? Enseñando belleza a la mañana, la vi en el soto, en flores impedida, que por su primavera la tuvieron, y a pedir las colores ocurrieron. Anoche pues, huyendo diligente de la justicia yo, por cierto caso, en vuestra casa entré, que fácilmente, hasta la de Fernando me dio paso; ocente, allí a Leonor la que no dispone el cielo nada a caso: yo fui quien la libró, yo emprendí el fuego, quedando a tanta luz siempre más ciego. Tras esto, vos llegasteis don Fernando, dejando en mi poder a doña Clara: este es el caso, y después averiguado, la culpa que en aquesto se repara, vos vuestra hermana halláis do Pedro, y cuán (do la misma diligencia lo buscara, pues Fernando la estima generoso, no le pudiera hallar mejor esposo. Vos Fernando, os quejáis, porque culpada vuestra hermana, la venganza impido, yo su ignorancia tengo averiguada, no como amante, si como marido, que suyo pienso ser, si es que os agrada, y que se enlacen con nudo tan tejido, dos almas tan conformes, que vivieron, solamente después que se quisieron. yo os restituyo una perdida hermana, yo os estorbé crueldad tan inclemente, yo averigué sospecha tan villana, yo os consefvé el honor puro, y decente, yo adoro su beldad por soberana? yo me arrojé por ella al fuego ardiente, ninguno está ofendido, aunque lo piensa, luego son dos agravios sin ofensa? Digo que os debo la vida, y questará eternamente a vuestro gusto obediente el alma siempre rendida. Pues mi amor perdido veo, no es descubrirle razón, que era desairada acción el malograr el deseo. Confírmese pues tan clara amistad, vos perdonando a doña Leonor, Fernando, vos don Pedro a doña Clara. Pues he perdido a Leonor, lo demás no lo resisto. Aguarde cuerpo de Cristo que nos falta lo mejor. Desde aquel desván murmura una cara encapotada, que en la primera jornada hubo cierta sepultura, y que no sirvió de nada. Sabe Poeta traidor, que hosco me estás mirando, con tan sañudo rigor, que está la abrió don Fernando para enterrar a Leonor. En aquel banco está un lego, que con gran seberidad dice, y con mucho sosiego, que fue gran temeridad, que don Juan prendiese el fuego. Mas el triste enamorado, dice, que nadie le arguya. que un amante es arrojado, y que el fuera más templado, si la casa fuera suya. De aquel aposento oí una voz, que más sebera, dice, que es así, así, pasadera, pasadera. Jesús, y la baraunda que hay en medio de esta gradas allí sonó en voz profunda, que la tercera jornada. no es tal como la segunda. En la cazuela dio un grito, una vieja con despecho, y otra respondió quedito, que para ser tan mocito, sobrado de bien lo ha hecho. Pero esto es vano temor, que antes estoy esperando la piedad con el favor, que yo sé que en acabando, voacedes lo harán mejor. Y así Leonor, y don Juan, para que estén en su centro, al punto se casarán; pero estás bodas se harán después de estar allá dentro. Fernando, y Clara también: yo me caso con Lucia, y don Pedro queda bien, pues que no hay prima, ni tía, para que esposa le den. Aquí se acabó el enredo, el Poeta es primerizo, y así un victor macizo vendrá como anillo al dedo, Diciticed by C Dos