Texto digital de Donde hay valor, hay honor
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- Atribución tradicional
- Diego de Rosas y Argomedo
- Atribución estilometría
- Diego de Rosas y Argomedo Probable
- Género
- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Donde hay valor, hay honor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/donde-hay-valor-hay-honor.

DONDE HAY VALOR, HAY HONOR
JORNADA PRIMERA
Con estas muestras de amor quiero recibir, y honrarlo a Carlos, porque es vasallo digno de tanto favor. Carlos lloga ya a los pies, . señor, de tu Majestad. No, no, a mis brazos llegad, ved al Príncipe, y después besalde la mano a Aurora. Deme los pies vuestra Alteza, y honradme en tanta grandeza con vuestra mano, señora. Seáis, Carlos, bien venido. Y yo estimo mucho el veros. Este favor mereceros mi lealtad puede, hay querido . dueño, mi Rosaura hermosa, qué vuelvo a ver tu hermosura? Veo a Carlos? no hay ventura más feliz, ni más dichosa. En viendo a su Majestad, de espacio os veré después. Bien se que debo, Marqués, mucho a vuestra voluntad. Pues de Nápoles en fin yo también, señor, llegué, quiero besar mano, y pie, y yo me llamo Chapín. Dígolo por excusar una muy gran pesadumbre, que me da ver, que es costumbre en los Reyes preguntar, quién sois vos? muy al soslayo: y aunque ha dicho aquesta acción quien soy, en resolución yo soy de Carlos lacayo: mas porque es paso importante, que me diga con desprecio, aquello de quita necio, aparta loco, ignorante, así hablas a su Alteza? Yo me quiero retirar, que se que ha de reventar, si luego al punto no empieza a decir su relación, que un hombre recién venido es lance ya conocido el disponer la atención; porque en cualquier comedita al que acaba de llegar, es quitarle del altar quitar la relacionsita: al fin yo me parto, y dejo que la logre mi señor. Chapín gasta buen humor. Válgame Dios, y que viejo es esto de humor, quisiera preguntar, pues lo condeno, si el humor no fuera bueno, hubiera quien me sufriera? Si da vuestra Majestad lugar a este majadero. Carlos, ya saber espero (referildo, comenzad) del Rey de Nápoles todo, y como os ha recibido, al fin cuanto ha sucedido. Pues pasa de aqueste modo, Embajador, señor, de Valteza, Nápoles me hospedó, que al casamiento tratado con la Infanta, la belleza más bella que registra el firmamento: y el Príncipe mi dueño, la grandeza del Rey me recibio con lucimiento tal, que llegué de noche, y parecía Nápoles que era el Sol la noche el día, Los rayos traducidos del Oriente, en cuanto del Oriente son tesoro, Ceilán, Cambaya, y el Ofir ardiente, y desangran el Indio, adusto, el Moro sus duras venas del metal luciente, cuanto a la Luna en plata, al Sol en oro galas lucieron, y sacó brillantes la noche todo el broche de diamantes. Vieras, señor, después que en el lucido aplauso, veinte noches vivió un día, y después que en grandezas convencido se enseñaba el deseo en lo que via, vieras que rayo a rayo confundido; en beldades del Sol se escurecía, siendo las galas, y hermosuras bellas escándalo del Sol, y las estrellas. Y la plaza a una justa coronada, de atenciones la vieras impedida, allí la admiración calló admirada, cuanto habla lla elocuencia aquí rendida. la Real pompa en su trono venerada, y la tarde de tarde convencida, (ro entró el Mantenedor, y entró el prime Alejandro un bizarro Caballero. Afirmose en el sitio, y al sonoro aplauso, que el clarín gimio sonante, bizarro entró galán, bordado de oro sobre fondos de acero, el Almirante, negras plumas, y calzas con decoro, en un morcillo tal, tan arrogante, que pareció de negro un carbón hecho, quemado al fuego, que alentaba el pecho. Sobrino de su Alteza entró Lisardo. armado acero, y plata guarnecido, manto, y calzas, confuso un color pardo, nevadas plumas, y en el viento herido, un bruto tan veloz, y tan gallardo, que quien las plumas del penacho vido, que eran alas juzgaba que llevaba, presumiendo sin duda que volaba. Todo deberde, y oro el Duque Albano, Lisardo le siguió con bizarría, en un bravo alazan, y tan lozano, que admirada dejó su gallardía: pues torneando al hollar la herrida ma la luciente herradura parecía (no, un espejo de acero, que sacaba, para ver con el aire que pisaba. del celeste Zafir, émulo Arnaldo, celos vestido, armado de relieves, entró en un blanco bruto, que el mastardo paso aún más que el viento veloz mueve: un Etna el animal era gallardo, tan fuego todo, cuanto todo nieve, que al dueño lo que mara hasta las plumas, si el fuego no apagara las espumas. La palestra de muchos impedida, y de atenciones muchas illastrada, la belicosa paz en la mentida guerra de ardientes ocios adulada: La vuelta, lajusta ya rompida, y de la caja al tistre trasladada, el asta rayo a rayo a fin violento, el ceño se erizó del firmamento. Dos montes, y de acero, y de diamante, dos globos, y de espumas, y de flores, todo cualquiera en fuerzas un atlante, todo un Mayo cualquiera en las colo tan alto, tan veloz, tan arrogante, (res: fulminaron los brutos voladores, que pudieran los yelmos, y cimeras descuadernar la luz de las esferas. Rayo a rayo se busca, viento a viento, cisma siendo del aire, horror del día, porque el viento más recio, y más violento desgreñada la cola parecía, si nuve en lo encumbrado, y ceniciento, en la crín, y la cola que llovia, siendo del animal que al cielo sube, lluvia las cerdas, y su cuerpo nuve. Al cerrar, y encontrarse duramente, el uno, y otro fresno fue acerado, mordaza a cada pecho refulgente, pero de su violencia quebrantado: hecho rajas el leño más valiente, quedó el viento con ellas coronado, pues tan alto voló, que a las estrellas subió en astillas, y bajó en centellas. Así todos, señor, así la justa, de aplausos la palestra alborozada, en la sombra del Orbe siempre adusta, dejó la paz del ocio confirmada: y retirada la persona Augusta, su Alteza, que concluya mi embajada ordena, cuando tú con otro intento, me mandas descuidar el casamiento. Que lo inplica del Príncipe mi dueño el gusto adviertes, y a tu bella Aurora intentas, con acierto no pequeño, que este Reino la tenga por señora: pero el Rey, aunque tarde, de este empeñó ni agravios calla, ni tu intento ignora, que promete por mar, por cielo, y tierra hasta quitarte el reino, hacerte guerra Al punto me la íntima, y presuroso, que a Nápoles dejase, y a su estado: yo de solo servirte cuidadoso, fiel, atrevido, bravo, y arrojado: valiente, altivo, ardiente, y animoso, con fe, con sangre honor, vida, y cuidado me vine al punto, porque yo el primero haga que tiemble el mundo de tu acero. Aveisme, Carlos, servido, como de tan noble sangre presumí, que heroicamente ánima vuestras lealtades, mas yo he dé premiaros bien, escuchad, Marques, aparte, Qué dirá al Marqués el Rey? Qué quiere al Marques mi padre? Por Dios que es donoso el Rey, no mira, que es de ignorantes. en cualquer conversación hablar en secreto a nadie? Hablemos claro, Marqués, ya del Príncipe, ya sabes cuan bajamente rendido, y cuan locamente amante. ha adorado de Rosaura. la beldad, sin que importase de Nápoles con la Infanta, que yo intentase casarle: pues me obligó que escribiese a Carlos, que lo dejase, mintiéndome su disgusto con la afición, que constante ha supuesto en mi sobrina Aurora, que el cielo guarde para esplendor de estos Reinos; y yo he dejado engañarme; pues al fin no me está mal que con su prima se case; porque es política a veces del amor de un Rey, que es padre. desentender el poder, por no empeñar las crueldades, y dar también al dolor quien violenta algún amante, licencias para un engaño, en que poder despicarse, y al Príncipe, pues que ya no ha de atreverse a negarme que quiere a Aurora, con ella he publicado casarle: pero advirtiendo, Marqués, que le apagan nunca, o tarde afectos embejecidos, con tan precisos achaques, como ver siempre a Rosaura, siempre buldad, siempre amable, mujor siempre a su poder; y ocasión a su semblante. Sin que ni el riesgo lo impida, sin que el respeto lo guarde, persuadido de que Carlos, y ella se quieren constantes: he querido, porque sea a su honor muro de jaspe, ley de bronce a su albedrío, y al Príncipe de diamante, casándolos a los dos, pues esto será premiarle a Carlor, guardarme yo. Ay del Príncipe si sabe tal desdicha. . Qué respondes? Señor, que lo mires antes. No hay que mirar, ya lo ho visto, esto es, Marqués, importante. No se como lo remedie, que el Príncipe ha de culparme, si piensa que mi consejo en esto ha tenido parte. Qué cobarde está mi amor. Con qué intenta el Rey premiarme? No cumple con la consulta, si gran Soli no te hace. Carlos. . Señor. . Porque todo cuanto sé que os debo, pague, sabiendo que me servís con tanto amor, fe tan grande, en premio de todo quiero, porque sé que a los amantes, ningunos como lograr lo que adoran, ay iguales, daros. . Ay cielos, qué intenta? . Por esposa. . Estoy cobarde. A quién, señor? . Ay de mí. Doñosa paga es casarle. A la beldad de Rosaura. Es favor. . Ay tal linaje de tormente? . Ay tal ventura? . Ya he leido en el semblante del Príncipe de sus celos las más calladas señales. Marqués. . Señor, qué he de hacer? esto es gusto de tu padre, pero yo lo enmendaré. Sepa Carlos, que su sangre he de verter; si le casa. Ea Carlos, al instante dadle la mano a Rosaura. Mira, señor, que es forzarle el gusto; porque yo se que Carlos no ha de casarse. Solo digo que lo estimo. Ahora antes que te cases, porque después no te quejes, mira Carlos lo que haces. Qué es esto que duda Carlos? . El Príncipe mil volcanes muestra tener en el pecho. Oh qué tibieza de amantes, eas que hacéis, no os casáis? Tan de burlas es el lance, que no hay más si no llegar, pues a los que están delante se la doy de tres la una. Mi mano, señor. . Mi mano. Carlos dice no ha de darle la mano. . no dice tal, vive Dios, que es mal farante vuestra Alteza para novios. Carlos, mira lo que haces, antes que te cases, dijo el Marqués, luego arrojarme, aunque más quiera a Rosaura, son locas temeridades. Duda Carlos, y Rosaura de púrpuras, y corales le mira manchado el rostro, que esto no pase adelante importa, ya habéis cumplido en lo corto. . A injusto padre, En lo turbado. . A cruel. Los ritos, léis, señales de nobios, ahora quiero sin aguardar que os lo mande mas, que en lacéis vuestras manos. qué he de hacer? . Es violentarle, demás, que Carlos, señor, para la guerra importante, que Nápoles te apercibe, será perderle, casarle. Es verdad, señor, hay Dios, que veneno tan notable me dio en solas dos palabras, el Marqués, terrible lance, que yo me impida lo mismo, que si pierdo ha de matarme! Diré de sí? tengo honor, diré de no? soy amante, que tormento tan terrible! qué fuertes contrariedades! porque lo dirá el Marqués? y el Príncipe porque hace resistencias a mis dichas? si ama a Rosaura? qué grave sospecha! mas si la adoro, cómo puedo consolarme? Todos me miran atentos, y yo turbado, y cobarde no se lo que me resuelva, que no me ofenda, o me mate, Ya estáis muy necios los dos, cuando he llegado a empeñarme, que habéis de casaros luego. Señor, es bien que repares, que se ofrecen estas guerras, y importa. . Mas importante es a mi sangre, y mi Reino, Carlos, que luego te cases. Declarose ya mi afrenta. . pues a su Reino, y su sangre el Rey dice, que le importa, que he de hacer, pues excusarme, ya si el Rey está resuelto, no es posible, o duro trance. Pero claro está que el Rey no ha de querer afrentarme: si ella al Príncipe quisiera, como deseara casarse conmigo para ofenderme? sino es que su muerte trate. Pues aquesto no es posible, y pues tengo de mi parte. a Rosaura, al Rey, y a Aurora, y en mí el valor que se sabe, no hay que temer, esto es hecho. Señor, el acobardarme, . es respeto, y es decoro a favores que son tales, que si el Sol me tiene envidia, tiene el Sol causa bastante. Ay Marqus, que se resuelve. . Mira Carlos lo que haces. . Ya lo he visto, esta es mi mano. Mi amor, Carlos, es tan grande, que el alma es tuya, y mi mano. Que esto sufro, y soy amante? que esto callo, y tengo amor? . o dura ley la de un padre. Mi Rosaura el parabién de tu dicha puedes darme, pues me allanan un esposo tus bellas dificultades. Carlos, mil años te goces, y tus méritos te hacen mi Camarero mayor; porque a tu esposa no apartes, le da Aurora el mismo oficio de su lado, y como antes quiero que estéis en Palacio, Danos por favores tales los pies a mí, y a Rosaura, Ven ahora donde trate de las cosas de la guerra, Hartas lleva, aunque las calle, mi pecho, esposa, venid, que el Príncipe no me hable? que no me dé el parabién? que el Marqués se ponga a parte? mucho me da que temer. Entrad los dos adelante. Confusa voy, y contenta, ay esposo, Dios te guarde. l . Espera Marqués. . qué mandas? Escúchame un poco aparte. El Príncipe, y el Marqués se quedan, quiero aguardarme en esta puerta escondida, a ver, que de aqueste lance siente el Príncipe, ay de mí, lo que me cuesta el amarle. Ya sabrás lo que te estimo, ay Marqués, di lo que sabes; porque cuando es el dolor tan eminente, y tan grande, la mayor lisonja entiendo, que a quien le tiene se hace, es ahorrarle el referirlo, sin que se estorbe el quejarse. Solo quiero que me digas, y dímelo aunque me engañes, si te parece que es sueño lo que acaba de pasarme: que como quien vio de noche en los horrores del aire, alguna sombra funesta, que está oponiendo cobarde. a la atención más despierta, mil soñolientos achaques. Yo así quiero por consuelo en desdichas tan constantes, barajar las evidencias, y deslumbrarlas verdades. Carlos goza mi Rosaura, Carlos traidor, y mi padre es mi homicida, y pretende, que con Aurora me case. Primero, viven los cielos, esos azules cristales, que el sol alumbra rubí, la Luna enciende diamante. Primero sobre este globo podrá el cielo trastornarse, y se cansarán los hombros del siempre robusto Atlante, que yo sea. . Señor mira. Que así el Príncipe me trate? Que yo dé la mano a Aurora. A ingrato. . Señor, no trates tan mal tu vida. . Marqués, no piense Carlos burlarse de mi amor, pues por Rosaura, que sacrílego, y amante deidad la juro. . Ay de mí. Que en su honorverá, y su sangre estragos de mi poder, de mi amor, que no bastase presumir que yo la amaba? . Carlos, señor, ignorante. No le desculpes, Marqués, si de tu Príncipe es parte la vida, el honor, el gusto; dime, aconséjame, sabe como goce a mi Rosaura, sin que me pongas delante, ni su honor, ni el de su esposo, ni tu riesgo, ni a mi padre, ni a mi prima, ni a mi ser, ni a mi valor, ni a mis partes, porque estoy loco, y resuelto. Di, Príncipe, que a matarme. Que he de gozar a Rosaura. Señor, piensa. . Aconsejarme será despeñarme más. Pues piensa que no es bastante, ni tu poder, ni mi industria, presente Carlos, si sabe que pretendes a su esposa. No es bastante, pues matarle. No es decente a tu grandeza. Es decente que me abrase, y que yo por Carlos muera? No señor. . Pues no embaraces, ni impidas mi ejecución. Ay tan infames crueldades? No sé como a Carlos libre, sin que el Rey de mi quejarse pueda: más sabralo el Rey, no digo bien, que es buscarle seguro achaque a mi muerte. . que el Príncipe es Sol que sale, y podrá fulminar rayos, cuando yo menos pensare. Pues qué he de hacer? triste Carlos, si será bien avisarle? pero ya no le avisé primero que se casase? Qué estás pensando, Marqués? qué dices? Que si ausentarse pudiera Carlos, no hay cosa, que a tu amor tanto importase. Ausentarse, eso, Marqués, como tú quieras, es fácil. Cómo, señor? . Estas guerras de Nápoles, a mi padre han de obligar, que los puertos de Sicilia se reparen, y prevenga sus defensas, para que será importante, que Carlos vaya en persona, con que también le nombrase por General de la Isla; y si tu lo aconsejases, lo hará mi padre. . Es verdad. Pues vamos, porque no tardes, que consiga así mi intento; y cuando no, con matarle, que es a lo que me resuelvo. Corrida estoy, que pensase tal bajeza, quien mi esposo espero yo que se llame: pero si es forzoso hacerlo, porque en hombres de tal sangre el proponer un delito, casi obliga a ejecutarle: la ausencia le importa a Carlos, y aún aquí su esposa sale, yo se lo quiero advertir. Ya no quiero aconsejarte, sino solo obedecerte. Cómo cuerdo en eso haces. Mas allí viene de Aurora su Alteza, la beldad grande, y la divina Rosaura. Es consecuencia muy fácil, que salga el Sol con la Aurora, pero vámonos, que es tarde, y está el Rey en la consulta, porque este negocio trates. Pues no hablas? . No quiero, que tengo por menos grave desperdiciar lalocasión de ver su dama un amante, que lograrla, si por Dios, con una pensión tan grande, como ver la que aborrece, ni un momento, ni un instante Ya se van los dos. . Que sea, como me dice, importante, vuestra Alteza, que se ausente mi esposo, y aún cuando sabe, casi apenas que lo es. No quieras que me declaro mas que decirte, que importa a su vida, . Ay amor, baste, a su vida? o dura suerte! a Carlos? oh fiero trance! Cuando es su vida tan mía, nuestras almas taniguales, que fue menester ponerlas en dos cuerpos tan distantes, por si a caso entre las dos alguna vez se dudase, cual es Carlos, y cual yo, nos sirviesen de señales. Notable encarecimiento. Pues mi amor es más notable, y porque ya de mí se presumo que ha de quejarse, si viendo que está en peligro, su vida no asegurase: enséñame a huir el riesgo, pues que supiste acertarle. Ya te ho dicho, que no hay otro medio, si no es el rogarle al Rey, que en aquestas guerras a tu esposo le mandase, que asista. . Pues yo, señora, he de pedir que me mate? solicitar el veneno, son brutas gentilidades, Sí. Pero cuando está el riesgo tan evidente, turbarle con otro, que fácil puede, y desmentirse o burlarse, es menos mal, esto importa, que ni a mí me está de balde la causa de aquesta ausencia, pierde a Carlos por ganarle, y dícelo al Rey, que él viene. Pues procura tu animarme. Al fin este pliego dice, que el de Nápoles con grande armada ha entrado en Mecina, o por violencia, o por arte. Y a mi (pues vino el aviso casi en las postas del aire) me importa prevenir luego, como adelante no pase. Y pues el Rey en persona viene, no es mucho arrojarme a ir yo también en persona, paraque a mi ejemplo, nadie deje de ir a la defensa; y más presto el campo marche. Pero con todo no vengo, como dices, en nombrarle, a Carlos por General, así porque he de encargarle la dercusa de Palermo. Ahora llega a rogarle, o llora a Carlos sin vida, Aquello es mucho apretarme: yo llego. . Si vuestra Alteza no manda, señor, quitarme la vida, a su sombra solo (lobrada envidia de Marte) he de asistide a esta guerra, que en Palermo Capitanes hay muchos, que le defiendan, y más si como ordenastes, el Príncipe mi señor, y el Marqués quedan bastantes. defensas de entrambos Orbes. No dejes, señor de honrarle. No veis, Marqués, que no es justo, que acabado de casarse Carlos, le violente yo de su esposa, a los afables brazos. . Yo rabio de celos. . Ya es esto preciso lance, llega ya: yo se, señor, bien que Rosaura estimarte sabrá más este favor. Si Señor, toda arrancarme. . siento el alma, y en mi pecho se esfuerza amor a provarme, que miento en cuanto dijere. Yo a pedirte, yo a rogarte llego, señor, que permitas, o que Carlos te acompañe, o que en sus hombros valientes. todo este peso descanses, que en adular su valor, a mi lisonjas me haces. Ya lo dije, . Alteza, . no me pida, no me mande, que hable más otra palabra. Digno de bronce, y de jaspe es, bellísima Rosaura, ese valor. . Satis face, señor, en eso a mi amor: qué es esto? celos, dejadme, que ella pida que me ausente? ay honor. . Pues excusarme ya no es justo, quiero a Carlos hoy con el bastón honrarle de dicilia, que a la sombra yo de un soldado tan grande he de preciarme de serlo. Y yo, señor, solo honrarme con besar tus Reales pies. Elección muy justa haces. o Carlos, Hay tal ventura. . Marqués, que solicitase su esposa misma la ausencia. de Carlos, y pues mi padre, y él se ausentan, vive Dios, que he de gozarla, y vengarme. Todos por este favor besamos tus pies, y arrastren, Carlos tus valientes bríos. del Orbe los estandartes. Vamos pues a prevenirnos. Señor Marqués, Dios os guarde. Venid Marqués. . Muerto quedo, Ya los Príncipes, y Grandes se han ido, y en la estacada, acá los de aquende el mate quedamos. . Y aún me parece, que mis amos con semblantes torcidos. . Aurá pucheros, y aquello de irse, y quedarse, mas repara un poco en ellos. Válgame. Dios, que me trate. así (o cielos) mi fortuna? que el Marqués me aconsejase, que mirase lo que hacía primero que me casase? que el Rey me case por fuerza, diciendo, que es importante a su Reino, y a su honor? que el Príncipe con mortales ansias mis agravios diga? y que todos procurasen que me ausente? todo es fuerza, que dé a mi honor mil contrastes. Mas que mi esposa (ay de mí) mi esposa solicitase que yo me ausente, y al Rey lo pidiese, y lo rogase? si estas son sospechas solas, son sospechas muy mortales. Qué es esto? que cuando yo con finezas más constantes adoro a Carlos, mi fe con tantos rigores trate? que después de tantos años, que venera en los altares de su amor, mi fe, y mi honor; hoy que el Rey quiso casarle conmigo, turbado el gusto, y las colores errantes, las palabras mal dispuestas, y mal compuesto el semblante, sino dijo no, alomenos pronunció un si tan cobarde, tan sin brío, que al salir de la boca en los umbrales, parece que de turbado tropezaba al explicarse? Y ahora en mudas razones, esquivo, si no mudable, cuando mis brazos espero que sus caricias lograsen, se me aparta, y se retira, y juntando sus pesares, cuando no el ceño, los ojos me dispensa poco afables? Dejémoslos a los dos, que podrá ser que se cansen, y hablemos de nuestras cosas. Qué, Chapín? Dos desparates. Bien se ve que me ha ofendido, . pues aún no se atreve a hablarme. Que aún a hablarme no se llegue? Oh locas temeridades de los celos. . Ay de amor, siempre fuerza incontrastable! ya no lo puedo sufrir, yo me detérmino a hablarle. Carlos, esposo mío, querido dueño, lei de mi albedrío, pues que siendo tu esposa, a pesar de lo hermoso, soy dichosa, escucha atentamente, que mi amor tus tibiezas no con- siente. Permíteme acordarte, porque de nuevo puedan obligarte entre aquestas tibiezas, lo que debes, señor, a mis finezas: que en tales sinrazones, (nes, es cuerdo el que ejecuta obligacio- y en culpa tan notoria, saque prendas mi amor a tu me- moria. Tres años ha, señor, tres Prima- verás, t que en las verdes riberas de aquel ondoso río, donde se mira el Sol en el Estío; cuyos claros cristales se afeitan de claveles, y corales: yo andaba lisonjera, peinando con la planta su ribera, cuando de aquel soberbio, y emi- nente monte encumbrado, cuya altiva frente, mas que de flores bellas, se viste de luceros, y de estrellas, cuyos miembros prolijos, yelevados. parece que del cielo están atados: y que en sus hombros solos. descansan su fatiga entrambos Polos. Mas que un rayo violento, dejando a cada paso atras el viento, sobre los mismos aires desbocado bajabas en un bruto despeñado, tan fiero,, tan herido, y tan san- griento, que tiñiste de púrpuras el viento. Yo llena de dolor, de pena, y mie- do, turbado el corazón; el paso quedo, llegué al fin a tocarte, lleguea verte un dibujo sangriento de la muerte, desbaratadas todas las faiciones, cardeno el labio, tibias las accio- nes, los miembros desmayados todos, si rotos no, descuaderna- dos; y con piadosos lazos, descausando tu cuerpo entre mis brazos. A sacudir comienzo (manchando de tus púrpuras un lienzo) la sangre que tu rostro derramaba; y luego con mi llanto lo lavaba; tal, que creyó la selva enternecida, que era mío el dolor, tuya la herida, Y mientras en mi pecho tierno gozabas socorrido lecho, piadosa, y compasiva, restañada tu sangre, tan mal viva, que cuando la ligaba, a cada ñudo que a la venda daba, era con pena tanta, que más ñudos ataban mi garganta, Fueron conducidores. do mi vida, tu voz, tus cazadores, pues en un mismo accento hablaste tú, llegaro, cobré aliento, Dijéronme quien eras, (ras, y que al monte inquietándole las fie otro nuevo Faetonte, lástimas diste despeñando el monte: yo compasiva más (que en ocasiones. se va entrando el amor por com- pasiones) el alma te ofrecí, te di la vida; que como vi la tuya tan perdida, por si a caso faltara, en mi vida otra vida te quedara. Y haciéndote llevar de junto all monte a la quinta que ilustro en su Orí- zonte, de tus heridas graves. te curé; ya lo sabes; te quise, ya lo viste; te amé, ya lo entendiste; lo demás no refiero; porque después que dice, yo te quiero, una mujer cuando llora? Cuando confirma mis celos, . mas estoy enamorado: que al Príncipe ha despreciado, no dijo, piadosos cielos? Que pago bien tu afición, . puedes creer, dueño querido, pues me afirma agradecido conocer mi obligación, que aún aqueste sentimiento es de ausentarme temor, Decid la verdad honor, . que bien sabéis que no miento. Es tan grande mi afición, que estimo lo que he penado, Carlos mío; porque he dado a esa fineza ocasión. Oh que fría que eres, Flora. Aprendo de tus tibiezas. No me dirás dos finezas, cómo ves a tu señora? Qué te tengo de decir? Este es lindo preguntar; que mujer no sabe hablar, si hay ocasión de mentir? Al fin a la guerra vas? No se yo lo que será. Y qué me traerás de allá? Toda via en eso das? trácrete veinte balazos; y tú que has de darme al fin? Yo te daré, mi Chapín, hasta veinte capinazos. Jesús, que tibia mujer, dárete en culto al diablo, que en jugando del vocablo, lo echaste todo a perder. Aquesto me dijo Aurora, y así al Rey rogué tu ausencia. Mas que esta fue diligencia del Príncipe, quien lo ignora: luego el (ay pena, hay honor) el solicita mi afrenta, claro está, pues que me ausenta. Qué me decís, mi señor? Disimular es forzoso. . Que siento por vos partirme. Yo siempre he de amaros firme. Yo guardaros sospechoso: . mas que tengo que temer, cuando Rosaura me adora? Siempre soy vuestro, señora. Tuya soy. . Tuyo he de ser. Tuyo es Flora, al fin Chapín. Al fin Chapín, tuya es Flora. Yo te adoro. . que él me adora? No lo has visto. . Y a qué fin? Para hacer uno de dos, Casamiento, santo intento. El eco dice que miento. Pues a Dios galán. . Adiós oloi cordn
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Vive el cielo, que está todo tan a escuras, que no acierto a saber por donde voy. Bien vamos, habla más quedo, No me llames descuidado ahora; pues por lo menos, si yo no me previniera de las llaves de ese huerto, de ese jardín, que en el cuarto del Palacio Real teñemos, no se por dónde, señor, hubieras entrado adentro: pero ya estamos acá. Ya estamos, Chapin; y temo no nos sientan. . Buena industria Cuál será buena? . Volvernos Que necias gracias son esas, para como ves que vengo. Que no vienes victorioso de Mecina, qué tenemos? pero al fin murió en la guerra el Rey? . Y yo vengo muerto. Aun antes que yo te viera estas nuevas se supieron: mas nuestro Príncipe Rey, que ha de llevar muy mal creo en sabiendo que has venido, que no le vieses primero. Déjate de eso, Chapín, y de mi pena tratemos. Que más hemos de tratar; si he dicho, que desde el tiempo que me mandaste, que fuese Argos de tu honor atento, mientras tu estuvas ausente en la guerra, no pequeños combates el nuevo Rey ha burlado en mis desuelos: Mas si bien de mi señora, (mentirán los elementos; mentirá el Sol si lo niega) no he sospechado defectos; no digo en sus obras solo; ni aún solo en sus pensamientos. El Rey al fin la pretende con más que medianos medios, porque después que celoso sintió así tu casamiento, y después que te ausentaste, han tenido mis recelos. mucho que hacer en tu ausencia: y más ahora sabiendo de cierto, que el Rey su padre. quedó en la batalla muerto, que al de Nápoles venciste, libre ya de este respeto, todo el poder empuñando, soltó la rienda al deseo; y a mí mismo se atrevio a decirme (prometiendo mil mercedes) que tenía que tú vinieses muy presto: y así que le diese ayuda con que lograse primero su amor una noche de estas; porque estaba ya resuelto a entrar por fuerza, o por modo a gozar en su aposento. Calla infame, no prosigas, y dilo, dilo tan presto, que no sepa lo que dices. Ensayémonos primero, cómo tengo de decirlo? Cómo cuando dice un trueno, que se ha desgajado un rayo de esas esferas de fuego, que va taladrando el aire, y barrenando los vientos; que aún antes que dé el aviso está olvidado el efecto. Como cuando algún cañón. revienta el plomo violento, que se enmienda la ruina. antes de ver el estruendo. Yo así, quisiera que así, Chapín, me mates tan presto, que sincopase la prisa, sino el dolor, alomenos. todo el tiempo que el cuidado ha de tardar en tenerlo. Lo que falta que decir, porque de arengas ahorremos, es, señor, que yo industrioso burlé al Rey, pero temiendo, que no todos como yo tendrán a tu honor respeto, Sabiendo que ya volvías, quise salirte al encuentro, para apresurarte más; tomé postas, y haciendo tú lo mismo, en todo hoy, con quedar no pozo lejos; el ejército, venimos atropellando los vientos en dos caballos, aún más que su violencia ligeros, que parece que han corrido parejas con tus deseos. Y aunque no hablando otra cosa en todo el camino entero, que tu ofensa, aún hasta ahora no te he dicho lo que temo, y lo que el Rey se ha empeñado; ya lo sabes, y eres cuerdo, yo no puedo contra el Rey, toma contigo consejo, y mira lo que has de hacer. Aguárdame en este puesto, que centinela perdida quiero ser de los intentos de mi enemigo. . Señor, y si en el inter me duermo? No mezcles burlas, Capín, con cosas de tanto peso. Anda, que por eso dicen, los duelos con pan son buenos, ya sabes, señor. . Qué dices? Mira que el Rey, no pienso, que ha de estimarte el cuidado, con que a la posta, por verlo has venido de Mecina. Para quién se va muriendo es muy buena aquesa flema. . Para quién se está durmiendo esa cólera es mejor: vive Dios, que ya bostezo, y se me abren las narices: que remedio para el sueño, mas no hay otro como el mío, que estar con tan lindo miedo, y tal, que viera a mi Flora de mejor gana, que a un muerto, y mejor, que a un hermitaño; y no es encarecimiento. Solo he quedado, qué haré? fuerza es decir un Soneto, va de Soneto; mas como; si en mi vida hice dos versos, he de meterme en Poeta, porque? porque estoy sin seso, más claro, porque soy loco, porque no tengo dineros, porque me muero de hambre, porque en todo me entremeto, porque de todo murmuro, porque no hay malo, ni bueno, que a mí me parezca bien. Como si estos epitetos no tuvieran más de cuatro, que de las Musas no oyeron, sino a Muza el de Granada. Soy Poeta hecho, y derecho, y no quiero murmurar, que para en aqueste tiempo, a fe a fe, que ha sido mucho. Mas presumo que lo he hecho, solo porque no hay con quien, que si hubiera compañero, quédese aquí lo que hiciera. Pero ya de qué hablaremos? Astrologicaré un poco, porque en viéndose al ser uno, no hay hombre que a las estrellas deje de roer los huesos. Oh qué oscura está la noche, pero antes de hablar, advierto, que aquí está por donde entramos un jardínito pequeño de nuestro cuarto en Palacio; y aquí en esta cuadra abierto un balcón, que cae a él, por donde yo miro al cielo. Esto supone el poeta, porque hay algunos discretos, que se estarán reparando, como yo, si estaba dentro de una cuadra, el cielo vea, sin perdonarle severos a la más grande Comedia un escrúpulo pequeño. Vuelvo a mi noche, señores: pero ya siento a mi dueño, oblérvenme vuesarcedes, que hubo Comedia, en que vemos que se queda un hombre solo, y no les dijo un Soneto. Chapín. . Si más te tardaras, ya estaba Chapín traspuesto, que hay de nuevo? . Que a mi esposa he visto, solo hay de nuevo. Cómo? . Yo te lo diré. Ea pintura tenemos. En cada paso un horror, y con cada sombra un miedo, el pie incierto, el labio quedo, y solo incierto mi honor: todo bríos el temor, todo furores el pecho, pasando uno, y otro techo, sino al Sol con pies de pluma, en pabellones de espuma. A mi esposa vi en su lecho de dos luces asistida, que en un bufete pequeño la estaban velando el sueño: a Rosaura vi dormida, de dos estrellas mentida, porque las dos luces bellas, si ya no fueron centellas del fuego en que yo me abraso, como vi al Sol en su ocaso, me parecieron estrellas. Oh como al coger el día, enflaquece el Sol los rayos, y entre lucientes desmayos vivió en su ardor su luz fría; así mi espola dormía, que en su mejilla el carmín, las rosas de aquel jardín, como el sueño las desflora, en su luz todo era Aurora, todo en su rostro jazmín. En el lecho recostada, mal vestida, y mal desnuda, con una elocuencia muda me daba la bien llegada: sobre una blanca almohada, tan blanca, que aún pienso ahora, viendo la luz que atesora en su nevado arrebol, que estaba dormido el Sol en los brazos del Aurora. Guarnecía el rostro bello de la mano el cristal breve, y en golfos de grana, y nieve, ondas de oro era el cabello, Enero el uevado cuello, Mayo su cuerpo gentil, y el rostro cifra de Abril, la mano apremiada de él, a soberbias de clavel, era humildad de márfil. Un bizarro faldellín, archivo de su decoro, lucido de rayos de oro, era honor luciente en fin: a una colcha de jazmín, tan de nieve, que se debe creer que en sus ojos, leve. sueño ató los arreboles, de lástima, que dos soles le derritieran la nieve. Un rato estuve elevado, y más que un rato advertí, que estuve fuera de mí de confuso, o admirado: no se en tan nuevo cuidado que hacerme, ya me atrevía a hablarla, ya me volvia, sin entender mi temor, mas luego vi que era honor tan valiente cobardía. Mariposa de su ardor me acerco, y matar intento la luz, mintiendo el accento de mi voz en mi ofensor: más advierto que es error despertarla, y atreverme a un engaño, era ofenderme, que es necedad conocida, si en mi agravio está dormida, el despertar a quien duerme. Imagino que es locura, si al rostro se ha de creer, pensar que me ha de ofender, quien tiene tanta hermosura: pero mi ofensa asegura a tales horas vestida: mas luego en verla rendida al sueño su fe acredito, que para hacer un delito, no hay diligencia dormida. Al fin con tal confusión de parte de su inocencia, cometí a mi experiencia, o su abono, o su traición: y así por esta razón, sin inquietarla la dejo, de mi desdicha me quejo, de mi lealtad, y mi ley, y vuelvo a temer al Rey, con valor, y sin consejo. De suerte me la has pintado, que a no ser hoy mi señora, dejara por ella a Flora, y no quedara engañado. Por Dios que me ha lastimado, que pienses de aquella cara cosa que no concordara a tus méritos, señor: vámonos, que es todo error. Que siento pasos repara, Qué medroso es el honor. La ofensa se ha de temer, pero en llegándola a ver, el honor todo es valor: un mal distinto rumor escucho. Estará despierta mi ama. Tras de la puerta te aguarda. . Con nada acierto, Vive el cielo, que estoy muerto, La puerta al tiento no acierto. Calla, y sígueme, señor. Yo pagaré esta fineza. Aquí aguardo a vuestra Alteza. Hablar escucho, y parece, que no es vana mi sospecha: si es Chapín, adónde estás? La voz de Carlos es esta. Todo me duermo por Dios. Quiero llamarle más cerca. Qué es aquesto, como ha vuelto en secreto de la guerra? sin duda está sospechoso, avisar el Rey es fuerza. Óyesme? . Qué me preguntas? grande desdicha se espera, . Quién ha entrado ahora aquí? Que soy su criado piensa, bajaré la voz: señor, imposible es que pudiera entrar alguno. . Por qué? Porque yo estoy a la puerta. Pues vuelve a guardarla bien. Si el Rey no ha entrado, quisiera estorbar tantas desdichas, como temo que sucedan. La verdad es, que oigo pasos, haurá comido cazuela mi amo, y querra pasearse: pero lo que fuere sea. Siguiendo he venido al Rey, porque he tenido evidencias, que ofende a Carlos, y a mí, y he de impedir nuestra ofensa: aquí hay gente. Aquí oigo pasos, y es mujer, si es Flora esta, gran ventura; Flora, Flora, habla quedo, y de su Alteza dime hacía dónde está? El Marqués es este, y piensa que soy Flora; qué diré? mas sin duda que está cerca el Rey, pues pregunta así por él, diré que allí queda; quiérole así responder, porque a caso no me venga a conocer, si hablo más, y también porque yo pueda buscar al Rey, y saber en que paran mis sospechas. Aguarda aquí, aquí hay gente, y será el Rey por las señas, pues allí quedaba Carlos. Quién será el que a mí se llega: Pasos escucho hacía aquí. A señor, es vuestra alteza? Quién va? . Un hombre he encontrado, y pues allí el Marqués queda, el Rey debe de ser este. Tu Alteza calla, qué intenta? Alteza dijo, y a mí, por Dios que es donosa treta, pues aqueste no es mi amo, que no me llámara Alteza. Es vuestra Alteza señor? Ya ha dado mi honor en tierra, que aunque mentida la voz, mi esposa sin duda es esta. Cómo no me respondéis? Cómo calláis? . Ella piensa que soy el Rey. . Este juzga que soy el Rey, linda flema, no en vano temió mi amo. Aunque matarla aquí fuera lo mejor, quiero fingir, por averiguar mi ofensa. Quiero avisar a mi amo, pero mejor es que vea, fingiendo que soy el Rey, quién es este, y lo que intenta. Quién sois? Qué no me conoces? El Marqués. . Qué buena pieza. Es mi dueño, es mi Rosaura? Oh traidor, de qué manera me agravias; quiero fingir: quien si no Rosaura fuera, señor, quien en esta casa adorara a vuestra Alteza? A traidora, infame esposa, vive Dios, que esto consienta. Jesús, Marqués eso pasa; y que Carlos de la guerra se volviese sin mi orden, y está guardando la puerta- Si la puerta está guardando, . el Rey no ha de entrar por ella, ni hay que avisarle, y es justo, que el Marqués de aquesta fiesta se acuerde, yo he de burlarle. No sé como impedir pueda, que el Rey no pase adelante, y sin ofender le vuelva a mí; y a Carlos. . Admiro, mi señora, estas finezas, cuando esperaba rigores (za, Siempre he amado a vuestra Alte- verdad digo. . Ay tal traición? Si el Rey conmigo se empeña, al fin he de ser su esposa. Que has de alcánzar lo que intentas, estando Carlos en casa? Eso es ello, pues que fuera. a no estar en casa Carlos? Yo mismo enlazo la cuerda con que me voy ahogando. Si es que hablas, señor, de verás, deseo saber el modo, no fuese a caso quimera de Flora, ahora la hablé. Ahora la hablaste, a perra, ella anda en estos embustes, y yo me sino por ella: a mujeres, lleve el diablo quien (después que yo me muera; porque me harán antes falta) a todas juntas no os quema. Qué dices? Que yo me entiendo. Marqués amigo, quisiera, sitraéis hasta mil escudos para cierta diligencia, que me los deis? . Sí, que a caso los traigo en la faltriquera: mas dime, son para Flora? He de daros a vos cuenta, Marqués, paraque los quiero, cierto que sois una bestia. Por qué? Porque veis que cosas de mi gusto, y mi conciencia tengo que hacer; y no os vais? Señor, adónde? Allá fuera. Pues has de quedarte solo? Soy a caso alguna dueña, que no me podré quedar? Que esto escuche, y que no muera? Pues señor, si eso es ansí. Voyme. A la puerta de mi cuarto me aguardad; con esto seguros quedan, los escudos de este tonto. Quiero apurar mis ofensas: no sabéis que vuestro padre dejó a Aurora por Princesa. de estos Reinos, y os mandó a vos, qué os caséis con ella? luego en vano me afirmáis, qué jamás ha de ser vuestra? En esto solo repara, hay tan infame bajeza? Gran dinero es mil escudos, a quien un candil tuviera para contarlos ahora: mas ruido oigo aquí cerca, Un alboroto oigo adentro, y quiero antes que me vean, averiguando mi agravio, dejar vengada mi afrenta. Ea mi bien no temáis, vuestro esposo está en la guerra, acabad, dadme los brazos. Detente, señor, que intentas, fuerza ha de ser declararme. Vive Dios si no los niega, que en el rigor de este acero he de lograr mis finezas. Ya es locura defenderte. (ta Primero ha de verme muer- Qué escucho, aque lla es mi esposa. La voz del Rey es aquella. Quién eres mujer? . Quién eres? Vive Dios, que aunque el Rey sea, antes que infame mi esposo, su vida ha de ver sangrienta, vive el cielo: mas qué miro! hay desdicha como aquesta, mi esposo, válgame el cielo! Esposa, señor, tu Alteza! Quién eres hombre, quién eres? Eres Carlos, estoy muerta. Jesús, Capín, eres tú? Jesús Flora con vela, donde hiuas a recibirnos; has hecho muy buena hacienda. Pues yo que he hecho? . No es nada Yo vive al ruido a ver que era con luz. . mas no lo ignoraras por a escuras que vinieras: vive Dios, que estoy temblando, como si yo lo comiera. No tendí a tanto valor jamás el decoro en mí, pues a un tiempo vivo, y vi allí ofendido mi honor de Aurora, pues que traidor Carlos con mano violenta la ofenda sin que consienta, ni aunque lo riñan mis labios; porque al hablar mis agravios los hace callar su afrenta. Bien que a pesar del honor, que mi decoro avergüenza, pienso yo que de vergüenza está más firme mi amor; porque hallado en un error un poderoso, evidencia es hasta hacerlo violencia el no dejarlo de hacer, por no rendir el poder, ni confesar la indecencia. En lance, que a enmudecer llega un hombre de valor, mucho desmiente el dolor en hablar una mujer: pero yo lo quiero hacer, por decir a vuestra Alteza, que es tan grande la fineza con que le aman mis desuelos, que solo siento en mis celos verle hacer una bajeza. Mas no me quejo en rigor, porque vuestra Majestad, cuando ofende una lealtad, que ofenda mucho un amor? y voyme, porque es error querer disculpa, mirado, que es propio del agraviado siempre informar su disculpa, porfiando en luz de culpa achaques de ocasionado. Si ya el mismo sentimiento no tuvo mi aliento atado, pienso, señor, que he callado, porque debáis a mi aliento el poder con mi tormento, que aguardase (si por Dios) que nos dejase a los dos su Alteza, pues que consigo el excusar un testigo, cuando me quejo de vos. Mas como me he de quejar, que se avergüenzan mis labios, cuando refieren agravios, que no se pueden vengar? ay caso como llegar un hombre de mi valor, que ve arrastrado su honor, y lo que su agravio alcanza, a no hacer otra venganza, que quejarse a su ofensor. Qué fuerte contrariedad, que me agravie aquí mi Rey, y si me vengo no hay ley que no acuse mi lealtad! dú a ley! grave impiedad! toda el alma me atormenta, que haya razón que consienta, que donde un agravio alcanza, sea afrenta la venganza, y no vengarle sea afrenta. De mi lealtad obligado, y de mi honor ofendido, tanto mi afrenta he sentido, tanto leal blasonado, que pienso que me he alegrado, viendo a vuestra Majestad, que caiga en mí esta crueldad; porque otro que yo, señor, no puede tener valor para teneros lealtad. Que tengo aquí que esperar, cuando en mi amórllego a ver, que en verte repriender, mas me ha llegado a empeñar? yo me voy, por procurar, como enmiende aqueste error; porque un intento, en rigor, malogrado, es evidencia, picarse la diligencia, aunque se infame el amor. . Así os vais sin responder? mucho temo mi opinión, que no dar satisfacción, es ánimo de ofender. Si aliento puedo tener, escúchame, porque venza, Carlos, esposo, mi ofensa, que a quien entiende de agravios, el hablar libres los labios, mucho informa la defensa. (mio) Aquesta noche (ay Dios, ay Carlos después ya, que hecha un río (do, de lágrimas, tu ausencia había llora- como en todas, señor, he acostum- brado: (diera aquesta noche pues (o quien pu- no acordarse de noche tan severa) alumbrándome Flora, a recogerme entre bien a deshora: ya, cuando de la noche el mal en- capuz viste por luto (juto, el cielo, y las estrellas (llas; hachas fúnebres son, no luces be- por descansar el pecho, (cho sin desnudarme me acoste en elle- tan triste, que dirías, (gias, viendo que me alumbraban dos bu- sobre un bufete de márfil pedño, y que es imagen de la muerte el sueño, yo dormida, y con seña tan despierta sin duda que a mi esposa hevisto muer Cuando entre aquestos miedos, (ta siento con pasos quedos, cuando en esta congoja siento, que del descanso me despoja, cuando en aqueste instante siento que se me pone allí delante, quisiera no decirlo, que se me parte el alma al referillo: mas si es fuerza que sepas lo que peno, bebamos de una vez todo el veneno; siento un hombre (ay traidor) ay quien creyera, que era mi Rey señor; que tu Rey fuera: mas porque no, si ya las sinrazones se apuestan a vivir de obligaciones? Turbado el corazón, airado el pecho, dejo la cama aprisa; y huyo el lecho que como allí miraba sus despojos, sentí verme ofender tan a tus ojos: pero el Rey atrevido, (que descontes he sido (puesto, en acordarme de esto, porque pintar a un Rey tan descom- aún al mismo ofendido, cuando es (vio) sabio, pienso que la memoria le hace agra- con pasión torpe, y ciega a mis brazos se llega: yo viendo sus antojos, examinaba aprisa entrambos ojos, para ver si soñaba en tal empeño, porque más que verdad pareció sueño. Y aunque de él me retiro, el con un ruego, un llanto, y un suspiro a replicarme vuelve, hasta que mi paciencia se resuelve; y sin ver lo que hacía, tomo de aquellas dos una bujía, y con ella le miro poco a poco, quizá porque mirando a el Rey tan loco, que era el Rey no creya, y con ella saberlo pretendía: o porque la mirara, y viendo que era luz se avergonzara: porque es muy de un delito a quien lo intenta, que la luz se lo avise por afrenta. Al fin la luz le llego, pero como el amor es todo ciego, el apagarla intenta, y yo por redimirme de mi afrenta, afligida suspiro, y con valor le aparte, y me retiro. De aquesta suerte (ay Carlos, ay es- poso) con paso presuroso, turbada, y fugitiva, menos que muerta no, menos que viva, la luz en esta mano puesta, en estotra mi defensa en vano, del Rey me retiraba, el torpe me seguía, y me rogaba. Yo tu esposa, él mi amante, yo fiera, el arrogante, yo turbada, el corrido, yo confusa, el perdido, yo cobarde, el valiente, yo loca, el imprudente, yo muerta, él mi homicida, yo sin alma, él sin vida, yo con más honra al fin, el más furioso llegamos a tus pies, querido esposo. Tú lo demás has visto, y así de referillo me desisto; porque en tales enojos tengo que agradecerles a tus ojos, que me hayan excusado de que una pena más te haya contado, Ahora, Carlos mío, consulta allá tu brío, el Rey se ha declarado, es poderoso el Rey, tu desdichado; tú mi esposo, él mi amante, tu noble, el arrogante, tú sin fuerzas, el fuerte, lo menos ha de ser el darte muerte. Grande es el riesgo en fin, grande el decoro; yo soy, Carlos, tu esposa, yo te a- doro, o me lleva contigo, o no te ausenta, teme mi vida en ti, y en mi tu a- frenta; y si importa a tu honor, de cual- (te. quier suerte mira por él mi bien, dame la muer Grande valor ha tenido. Al Rey estoy obligado en mi agravio, pues me ha dado, ocasión de haberte oído. Mas mira que ruido sueña. Gente pienso que he sentido. Ya llega dentro el ruido. Ya temo, hay Dios, otra pena. Oh amigo Marqués, los brazos. para abrázaros prevengo. Aurque yo quisiera daros. los míos, Carlos, no vengo. sino solo a obedecer. Pues qué me queréis mandar? Que me acaba de ordenar el Rey, que os venga a prender; y así, pidiendo licencia. a vuestra esposa, quisiera, qué tal escuche, y no muera? Ejecutar mi obediencia, y pienso que la ocasión es, porque ansi habéis venido, sin haberlo el Rey sabido: o por lograr su afición. . Yo no os quiero, no, cansar, Marqués, con provar, que el Rey no se ha ajustado a la ley con que a mí me debe honrar. Mas si os he de obedecer, dejadme hablar a mi esposa: mi afrenta ha de ser forzosa, si aquí me dejo prender, Mi Rosaura, esposa mía, (ay Dios) ahora es el día, que el valor se ha de mostrar. Ay esposo, que estoy muerta, mi Carlos, viendo perdida en tantos riesgos tu vida: pero qué dices? . Advierta tú sé el riesgo de mi honor; yo del Rey no he de fiar; . no es tiempo, no, de llorar, para ahora es el valor. Por la puerta del jardín vete a aquella caseria, donde fue la dicha mía, la llave tiene Chapín, porque allí os pienso aguardar. Ay Carlos, qué es lo que intenta? Huir de una vez mi afrenta. Pues como me he de ausentar, dejándote a ti prender? No harán, como yo no muera. Mirad ya, que el Rey me espera, Yo te iré, mi bien, a ver. y de allí podremos ir, donde vivir sin deshonra. Para que quiero la honra, si sin ti no he de vivir? Aquí estamos todos mudos, y a mí me mira el Marqués, no quisiera que esta vez cobrara los cien escudos: que yo per sé que venía para prenderme por ellos, y así estoy de los cabellos. Esto ha de ser, prenda mía, ven acá Chapín, ven Flora. Mire que par de perdices. Qué mandas, señor? . qué dices? Entrad con vuestra señora. Mirad que aguardando estoy. Dadme, mi señor, los brazos. Ay Dios, que dulces abrazos. (. Ay Dios, que muerta que vey. Válgame Dios, que furor con aquesta pena siento, pero un grande sentimiento a quien no enseña valor? No venís? . Ahora quiero que al Rey, Marqués, le digáis, que yo os dije que os volváis, o lo dirá aqueste acero. Cuando no queráis venir, orden traigo de prenderos. Pues procurad defenderos. Mirad, que habéis de morir. No hay resistencia violenta a un hombre noble, y honrado, que huye desesperado de una muerte, y de una afrenta.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Esto pasa, Marqués, no hay otra cosa. Y esa no ha sido poco prodi- giosa: y que fue al fin, señora vuestra Al- teza, quien mintiéndole a Carlos su gran deza, pensando que era el Rey con sus desuelos, Afirmó de Rosaura los recelos? Por mi culpa su fe quedó ofen- dida. Y que así puso a riesgo tan gran vida, que por ventura la del Rey costara? Y por ventura al Reino le pesara: Mal paga vuestra Alteza lo que debe del Rey a la fineza. Marqués, lo que yo quiero, no es veros con mi amor tan lison- jero, sino que como sabio (vio, al Rey desengañéis de aqueste agra- que harta desdicha es, que haya oca- siones, que el agraviado de satisfacciones. Injustos son tus celos. Decil de lo que sienten mis desuelos, y que ya el Reino todo está cansado de verle tan remiso, y olvidado en nuestro casamiento, siendo del Rey su padre manda. miento. Con las guerras de Nápoles ahora está muy impedido. . Quién lo ignora? y más si Carlos no volviera presto: pero dejemos esto, y haced lo que (cargo. os encargo. Todo, señora, queda ya a mí Que si al Reino, y al Rey tengo uicio. propicio, vos veréis cuan bien pago este ser- Solo es servir mi premio, y agra- daros. Pues yo quiero dejaros, porque habléis al Rey luego. Así lo haré. Mirad por mi sosiego. Oh Marqués, hasta ahora aguardé que se fuese de aquí Flora. Pues que diga a su Alteza me ha (chado, mandado. Ya lo sé todo, todo lo he escu- su amor, y sus desuelos, su disculpa, y sus celos, con que deja mi fe más ofendida, porque de una mujer aborrecida, aún más que no la culpa, pienso yo que es ofensa la disculpa, pues quien es despreciada, (da si alguna cosa puede hacer que agra a quien contra su gusto ha de que- rerla, (cerla, solo es darle ocasión de aborre- que quien ama empeñado, (do, mas que por gusto, por razón de esta- como en mí, que es ahora (ra) loy solo de mi padre amar a Auro parece que desea apercibido. un estorbo de ser agradecido, un achaque, una sombra, unos des- tielos, (celos; que explique el odio a título de porque sin las colores de un mal trato es infamia atreverse a ser ingrato: ella se cansará de despreciada, al fin en esto ya no hablemos nada: que hay de mi dueño amado? de mi Rosaura que hay? habéis hablado a Capín, y advertido? Todo está ya, señor, apercibido. R Pero de Carlos no al nueva segura? Nada se sabe, y todo se murmu- bien que yo por más cierto (ra, juzgo, señor, que Carlos habrá muerto que su resolución fue tan terrible, que es pensar otra cosa un imposible; habiéndose arrojado por cien ho- bres, (bres, temeridad: que es justo que la asom cuyas fuertes heridas bastaran a quirarle otras cien vidas, de esto Chapín está casientendido, porque de otra manera no he po- dido inducir contra Carlos su cuidado. Mal observa las leyes de criado, pero importa que el sea, porque la muerte de su esposo crea, quien la mienta a Rosaura, y se lo diga, ga. que a esto mi amor, y su rigor obli- Pues adónde está ahora? Ya te he dicho que Flora de mi amor sobornada, (nada, sino de ir contra el dueño, ya empe cuando avientarse quiso Rosaura, me dio aviso, hurtada a su agonía, mientras que la partida prevenía. Yo sabiendo su empeño, que por la puerta del jardín pequo de su cuarto (según me dijo Flora) ausentarse pensaba su señora: (zos no perdí la ocasión, pues en mis bra dio los primeros lazos, (ra y a su cuarto la vuelvo, donde ago- huyo los celos, y atención de Au- Cien mil veces amante (rora. combatí sus firmezas de diamante. mas no es rebelde al viento altiva más crespa, que desdeña (peña, ella mi amor, ni el móvil ambos mueve tan firmes bronces, (gonces como es su pecho suerte, con que solo mintiéndole la muerte de Carlos imagino, (mino, que mi amor ha de hallar algún ca- y así, Marqués (primero advirtiendo a Rosaura que la espero) porque ella lo crea todo, (modo, haz que venga Chapín luego, de que se logre mi intento, que amor todo es industria. Yo al momento voy a hacer lo que ordenas. . Debérete el remedio de mis penas. Qué cobarde que quedo, que atrevido el pecho, campo de batalla, espera en la campaña, la beldad severa del primer enemigo que he querido. El poder de valiente está vencido, la voluntad de amante desespera, ay amor, quien pensara, que tuviera una mujer, y un niño un Rey ven- cido? Yo cumplo con las leyes de mi brío, pues en el campo desafiando llego a esperar mi enemigo, y desconfío vencer: mas sin es amor un rayo ciego, que mucho es que venza el desafío, si dispara traidor armas de fuego. Si dispara traidorarmas de fuego, el amor, dijo el Rey, siendo mi a- mante, si dispara, mi pecho es de diamante, y de bronce el honor que a tener (siego, llego, combata a fuego, y sangre mi los- que siempre me ha de hallar firme, y constante, (fante, pero Carlos ausente, y vos triun- mucho ha de ser honor contra un Rey ciego: Mas si fuegole aplican sus antojos al muro de mi honor, yo pienso en (pojos, cuanto la ruina emprende así de mis des- Carlos ausente, ay Dios, llorarlo (ojos, he tanto, que a vueltas de anegarme con mis le apague al Rey el fuego con mí llanto. Ya está en el campo, ya veo cuan poderoso es mi amor, pues se ha turbado el valor, y se acobarda el deseo, Qué es esto? lloráis, señora? o quiere vuestro arrebol, como sale en vos el Sol, que lo diga en vos la Aurora? Si pues vierte tales perlas, y ese lienzo que ponéis, como su valor sabéis, debe de ser por cogerlas. Mas si es nuve en su arrebol, bien por prodigio lo tuve, que enjugue aljófar la nuve, que llueva perlas el Sol. O lo cierto a entender llego, que de luz queréis privarme, porque es en vano alumbrarme, cuando de amor estoy ciego. Y como el lienzo juzgáis, aunque en lucientes desmayos, que se quemaráa esos rayos, con llanto los apagáis. Si no es que mi suerte llega a presumir por favor, que ya venís con amor, pues que ya venís tan ciega. No señor, que en mi provecho hoy mi pecho se desagua, para ver si con el agua puedo apagar nuestro pecho. Mas en mi abono he juzgado las lágrimas, pues sospecho, que con tanta agua ese pecho, sin duda se aura ablandado. Nunca ha visto vuestra Alteja nacer la hermosa corriente de una cristalina ruente, de la robusta dureza de un peñasco? pues ansí es penasco el pecho mío, de donde nace este río. Muy al contrario entendí, que como son los antojos, con que el fuego se ha de ver, los ojos que puede haber, si dicen agua los ojos: o alomenos, si el llorar arguye siempre flaqueza, no se yo que fortaleza quien llora puede mostrar. Cuando teme una ciudad un cerco prolijo, y fuerte, si ya con tiempo lo advierte, para más seguridad: no sabes, señor, no infieres, que es industria en tal congoja, si de sus muros despoja viejos, niños, y mujeres. Porqué es esto? porque piensa, que la mayor fortaleza, es tripular la flaqueza, que ha de estorbar la defensa. Así yo, que veo mi honor cercado de tu poder, las lágrimas de mujer, flaqueza de su valor. Viéndo me en tan duro estrecho, y advirtiendo mi flaqueza, por mostrar mi fortaleza, las he arrojado del pecho. Y así podrás reparar, que en mujeres de mi honor, las señas de más valor son verlas, señor, llorar. Basten ya los argumentos, y decidme que pensáis hacer de mi amor, si halláis más firmes mis pensamientos? Lo que os puedo responder, es, que Carlos es mi esposo, que su honor es poderoso, y que no le he de ofender. Muy presto me respondéis. Es, que la respuesta dada la tiene mi amor pensada, desde que vos me queréis, Mucho ya Chapín se tarda. . Mas vuestra Alteza a mi esposo en turbarle así el reposo, que es lo que emprende, qué aguarda? Vuestro esposo me ha ofendido en mi amor, y en su lealtad. Mire vuestra Majestad. Yo estoy muy bien advertido: y si no es vuestra clemencia, y si no es vuestro favor, no ha de mediar mi rigor, ni negociar su presencia. Pues adónde está mi esposo? Eso podréis vos saber. Si lo mandasteis prender, desde cuando riguroso aquí a mí me tenéis presa, como he de saberlo yo? Mas preso quien os prendio, mi bien, de vos se confiesa. No me habléis, señor así. Pues cómo? . Cómo mi Rey. Amor me enseña esta ley. otra honor me enseña a mí. Pues es bien que tu Rey muera? Y es bien buscar mi deshonra? Un Rey en todo da honra. Mas no de aquesta manera. Pues enseñádmela a dar. Con decoro, y con decencia. Donde hay amor, no hay prudencia. Donde hay fe, no hay que esperar. No hay culpa donde hay amor. Hay honor donde hay mujer. Aurá amor donde hay poder. Donde hay valor, ay honor. La vida en resolución. Qué he de hacer, ya es ley, pues me lo manda mi Rey, no hago a mi dueño traición. Señor, aquí está un criado de Carlos, que quiere hablarte. Ay Dios, aquí de su parte! Qué quiere? . De lastimado. yo de decirlo recelo, él lo dirá. . Pues llegad. Oiga vuestra Majestad. Toda me ha cubierto un hielo. Por leal, señor, por leal, y por criado. solo a mí me ha tocado decirte, gran señor, aunque lo siento, de Carlos la desdicha, escucha a- tento. Desde la noche que llevarle preso mandaste, ya el suceso. haurá dicho el Marques más dilatado, y así prosigo ahora, que avisado. de Carlos, que me fuese con su es- posa; yo con una malicia sospechosa, me fui quedando atrás, viendo el empeño en que dejaba entonces a mi dueño: que animoso, y valiente la espada saca, y acomete ardiente tu gente, tus soldados, y tus guar- das, atropellando espadas, y alabardas, cuando de la alta frente, de un monte se derriba algún tor- tente de cristal desatado, que en su misma violencia atro- pellado, con tal fuerza se arroja, que cuanto encuentra al monte le- despoja, de cristal esgrimiendo su montante, pues que todo lo lleva por delante, y con alientos roncos, arrastra peñas, y desquicia troncos, hasta que a fuerza de hombros se hace calle, y se estrella colérico en el valle, donde con pies de plumas, cuanto corrió en cristal, paró en espumas. Así Carlos se arroja de repente por medio de tus guardas, y tú gente, y hasta librarse Carlos, a unos mata; a otros llega a atro- pellarlos; al fin desesperado, pasa por todos bravo, y arrojado. Yo sigo a mi señora: más dando con tu Alteza a aquella hora ella, yo como puedo sobre las postas huyo de mi miedo, y a mi dueño advertido, donde me dijo busco, mas herido tal salió de las manos de tus soldados fieros, y tiranos, (ro, que en el lugar primero, de penas de dolor, de enojo mue- no se como deciros, de que suerte. Acaba ya cruel de darme muerte. Estaba. . Acaba. De dolor no acierto, mas al fin mi señor estaba muerto. Ay Carlos, ay de mí, muerta soy, Ay dulce dueño, desmáyose, aquí en mis brazos hallarás afable lecho, ya me ha pesado, Marqués, (con tal ternura la quiero) del susto que le ha costado; idme por agua al momento. Chapín, bueno habéis quedado, mal pagado, y peor contento, con toda la carga a cuestas. Mirad que cajas son estas: mi bien; señora, un severo desmayo de sus mejillas el clavel ha ajado bello, que he de hacer, no vuelve en sí, y oigo más cerca el estruendo. Vengo a ver qué ruido es este: pero hay Dios, qué es lo que veo? Yo he de entrar donde estuviere el Rey: mas qué miro, cielos? Aquí está el agua, señor, mas ay Dios, Carlos, qué es esto? Mi esposa en brazos del Rey? Que tenga el Rey. Fuerte aprieto. A mi enemiga en sus brazos? Hoy me pagan pan de perro en albricias de la nueva. De todo el valor que tengo, como Rey, valerme apora importa, en un tan estrecho lance, pues que mito juntos, aquí a Carlos, que le temo, como a esposo de mi dama; allí a Aurora, que venero como a esposa, y mi Rosaura tan en mis brazos, que pienso yo mismo, que ya he logrado todo mi amor, y deseos: mas para aquí es mi prudencia. El agua, Marqués, espero; y vos Carlos, mientras yo con estos cristales vuelvo a su Mayo estos claveles, y estas nieves a su Enero, decid que altiva locura, que arrejado atrevimiento, así a despreciar la vida os mueve, Carlos? Ay Cielos, Carlos mío, Carlos mío, solo este nombre en los ecos del alma mal repetido, pudo despertar mi aliento. Pero si ha muerto, ay de mí, y ay de mi honor; que es aquesto, yo en los brazos de su Alteza? yo en tus brazos? no lo creo, que es mi honor tan melindroso, y escrupuloso el respeto, que siento más, vive Dios, mas siento, señor, mas siento pensar que estuve en tus brazos, que llorar a Carlos muerto. Y es tan bizarro su honor, que pienso, señor, que pienso, que con tenerle en el alma tan gravado, y tan impreso, si viera que aún de prestado yo me arrimaba a tu pecho, o se saliera corrido, o a pesar de tus respetos, aunque más muerto lo afirmes, él me matara allá dentro. Albricias pido a mi honor: . escucha, señor, atento. Válgame el cielo, qué escucho? esposo Carlos, si es cierto que te ven vivo mis ojos, cuando te han llorado muerto? Antes que te escuche el Rey, escucha mi honor primero, y perdóname, señor, afectos tan descompuestos; que cuando miro mi honor tan a pique, y tan a riesgo, no es bien deje hablar a Carlos, sin que quede satisfecho, que tiene tibio el honor, y muy sosegado el miedo, quien a estorbarse una culpa aguarda ocasión, y tiempo. Una noche que sabe vuestra Alteza, yualo a referir, y me limito, porque pienso, señor, que es grambajeza el acordarle a un Rey de su delito, y después de vengada una turpeza, yo misma en despertarla la acre- (sallos dito, pues agravios de un Rey entre vas- la venganza mejor es olvidarlos. Paso por esto, y digo, que mandaste prender a Carlos, que razón te in- (naste digna, no sé, que siendo Rey lo que orde- flaquea la lealtad, si lo examina: el temiendo en su honor algún con- traste, mi ausencia, y resistirse determina, que en su riesgo, y mi ausencia to- (te. do muerte, aún no quiso el amor partir la suer- Prendidos los estorbos, suelto el paso, con dos criados no más, con sola Flora, de quien fiar podía en tanto caso del pardín inquieté bien a deshora las flores, que ya ajadas en su ocaso, parece que mirando a su señora ausentarse, por señas de tristeza, mostraban sin aliño la belleza. Llego a la puerta, aplícola la llave, pero la mano torpe, y desmayada, ponerla en posesión a penas sabe, y pienso que aún la llave de turbada no acierta vuelta, ni en el centro cabe, aquí y allí la tuerzo, y porfiada abro la puerta en fin, pero tan muer- que creí que del alma era la puerta. (ta, Tropezando los pies en los un- brales, salgo a prisa a la puerta, y como puedo la cierro, cuando voces desiguales a las acciones songrillos de miedo: la vida ya en aecentos funerales apurando el aliento, con que quedo andaba, cuando al ruido repetido rémora de mis pasos fue mi oído. Como el clamor, las voces, y ru- mores. de astuto cazador oyó la fiera, cuando más que feroz, a sus rigores se piensa huyendo redimir ligera, y infeliz de los mismos cazadores da en las armas: así me considera, que huyendo el ruido, que oigo (go sin sosiego, de su Alteza en las manos a darrle El al fin a mi cuarto me revoca, donde, ha dos días que mi honor combate, no de otra suerte yo que la alta roca, donde espumante el mar fragoso bate: las labradoras ondas que connoca; trabucos de cristal firme rebate, porque en mí, y en sus ruegos cor- respondas, la pena cañoneada de las ondas. Rebatió cien asaltos mi firmeza de su Alteza al amor, con que no ignoro, (za; que es el mejor abono ya su Alte- o Carlos, de la fe con que te adoro: miéntenme al fin tu muerte en que tropieza, no mi honor, Carlos, solo mi de- coro, pues echando al dolor su Alteza lazos, breve desmayo me hospedó en sus brazos. Vísteme en ellos en fatal enstante, mas si tu fe no miente, si no abona mi honor, mi pecho, mi valor con- stante, el crédito, señor, de una corona, sujeta, leal humilde, fiel, amante, aquí tienes, esposo, mi persona, con honra, con valor, con fe, y ren- dida, solo al arbitrio de tu honor mí vida. Ahora, señor me escucha, y perdona si la lengua profanare tu decoro, por aliviar mis tristezas. Y pues primero que yo sonante clarín, las nuevas aurá volado la fama de aqueste bastón la empreza, de aqueste pecho el valor, de tu padre las obsequias, no será menester darte más relación de la guerra, ni será razón decir, que me agravia vuestra Alteza, pues cuando calla el dolor, dice el dueño de la ofensa, y más cuando tú lo sabes, y lo que más me atormenta, que sabes que yo lo sé; porque cuando ya una afrenta cara a cara de un marido, no a traición, ni a espaldas vueltas se comete por ventura, perdóneme vuestra Alteza, si dijere mi valor, que fiado en tu grandeza: ya esta preciso el agravio, puesto que este amor, o tema, ni se obliga de lealtades, ni se rinda a resistencias. Pero culpárame alguno por locura, o por soberbia, si sabiendo que la amanas, yo con mi Rosaura bella me casé, porque parece que es convidarse a la ofensa, quien terco empeña el honor en desigual competencia, a que respondo, señor, sabe Dios de que manera, que debes agradecerme, aunque locura parezca, el casarme, cuando yo (bien que lo niego) supiera tu amor, pues demás que el Rey tu padre, que ya diademas rige en imperios de luz, hizo mi amor obediencia, fue lisonjear tu valor, no temer de su grandeza, que se arrojase a un delito, por no obligarse a una queja: aquesto es desbaratar las razones, y apariencias (si las hay para una duda) que puede hallar vuestra Alteza: pero al fin aquella noche, que no burladas sospechas me disculpan no haber antes ido a ver a vuestra Alteza: después, señor, que tu guarda rompí yo con mi violencia, y después quiza a mi esposa le advertí que me siguiera uno de los dos criados, que de su decoro eran seguro cuando la hallaste, me alcanza, y de la tragedia. de mi honor me avisa, y yo, o señor, y quien pudiera decirte como sentí. este suceso, esta nueva; ni me afligí, ni turbé, ni con suspiros, ni quejas rompí el aire, porque fueron tan desusadas mis penas, que ni aún de haberlas oído pienso que el dolor se acuerdia, Pues excedió mi tormento a todos cuantos se cuentan, cuyos nombres los sabemos: pero advirtiendo que era (mira aquí lo que me debes) a costa de tu decencia, a riesgos de tu decoro, que todo el vulgo me viera volver tan publicamente a título de mi ofensa. Voy, y tu ejército traigo, porque a su sombra mis penas hagan pasar por oficio, lo que el dolor me aconseja, que fue arrojarme por todo, muertes, tormentos, ofensas, y al fin ponerme a tus pies, porque el mundo todo sepa, que hay honor donde hay valor, pues con esta diligencia, o lograré tu piedad, o muriendo huiré mi afrenta. Carlos, si un Rey llega a dad disculpas de inclinación, ya es crédito de la acción, con que al dueño quiere honrar. Mucho antes de ser tu esposa fue asunto Rosaura bella de mi pasión, siendo ella siempre honesta; y rigurosa. Y aquesta elección primera crecio tanto en mi cuidado, que no se hubiera casado; si antes mi padre muriera. Ya lo está, y haré que vea el Reino en mi celo, y fe, que del alma la borré, porque Aurora la posea, Y para seguridad. de accidentes de esta guerra, Carlos elija en mi tierra alguna villa, o ciudad, donde con gusto, y decoro de un Rey, que su honor estima, le honremos yo, y mi prima, a quien ya por dueño adoro. A Carlos el favor debo, que hoy su Alteza me concede, De tu bien el mío procede, para serviros de nuevo, y en mis lugares, y estado viviré si bien ausente a la obligación presente, con el afecto, y cuidado. Y yo que siempre he vivido atento a tu devoción en la misma religión seré de Flora marido, sin perder seis mil ducados, ni tenencia, ni Alcaidía, paga, y premio que solía darse a lacayos honrados. Que en tiempo que no hay dinero crece la necesidad, aumentando vanidad, con humos de Caballero. Y aquella muerte fingida, Chapín, quien la fabricó? No la apures, pues volvió tu gusto con mejor vida. En alegres ocasiones los males han de ser mudos. Dices bien, pues tus escudos . se han quedado entre renglones. Pues si el saber perdonar muestra valor, y da honor, humilde os pide el Autor el perdón que sabéis dar.
