Texto digital de El dómine Lucas
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- José de Cañizares
- Atribución estilometría
- José de Cañizares Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Valencia, Ildefonso Mompié, 18818).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El dómine Lucas. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/domine-lucas-el.

EL DÓMINE LUCAS
JORNADA PRIMERA
ive Cristo, Don Enrique, que si dais en esa tema, me he de ahorcar de una encina. Don Antonio, yo quisiera saber dé vos como se ama, sin que el corazón lo sepa. (tía, Amando por diversión, que el que es, aunque hombre, tan bes- que por mujeres se mata, merece. . Qué? Que se muera. Dice bien Talaveron: Hombre o demonio, en qué piensas? Las mujeres todas son engañífas de la idea: nuestros desvelos nos pagan en el precio que nos cuestan. No, amigo, que la más fina tiene una rara moneda, que cuando la dice, es oro, que cuando la llora, es perlas, que cuando la escribe es plata, y es cobre, cuando la trueca, pues es fuerza hacerla cuartos, para cumplir con ochenta. El Evánjelio es de amor. Don Antonio, la franqueza de vuestro genio, aumentada con la libertad que engendra la campaña, os da ese humor, incapaz de que en él quepan, ni reflejiones amantes, ni desveladas empresas. Yo, que adoro una hermosura, y con mi pasión apenas la merecí compasiva, cuando ya la lloro ajena, muy de otra suerte discurro. Válgame Dios, qué terneza? es lástima que no llores, y esa dama no te vea hacer pucheros con barbas, para que con eso fuera mas alta tu bobería, y más fina su soberbia. Ver a un barbón hacer mimos, es cosa que desespera. Pero permíteme, amigo, que pueda pedirte cuenta de aquel tu pasado amor con cierta madamisela, que servisteis en Amberes, que después de otra novela de amor, que también, también no somos acá de piedra, te referiré el suceso y comerciadas tus per con mis glorias, lograremos divertirlas con saberlas. Aquí me huele a romance. Escucha, amigo, y no creas que siente con pocas causas el que padece con estas. Hijos de Madrid nacimos los dos, y en nuestras primeras infuncias, por el afecto que el trato común engendra, tan amigos, tan hermanos, que el deudo que a la se nuestra no le concedió la sangre, le obró la correspondencia; que el verdadero pariente, si sabe serlo de veras, es el amigo: pues poco importa que no lo sea, si quien siente lo que siento, y en mis bienes se interesa, aunque no tiene mi sangre, tiene los efectos de ella. De Madrid, pues, por influjos de inclinaciones diversas partimos el rumbo entrambos, vos a estudiar en la guerra, yo a lidiar en los estudios; en cuya sutil palestra, apenas con la ambición de ceñirme las exentas ramas del furor de Apolo, me di al uso de las ciencias, cuando a mi padre, que en Flande de Amberes la fortaleza gobernaba, un accidente a altó con tanta fuerza, que sin que le diese el tiempo lugar a más diligencia que a morir, rindió a la parca su noble vida, tan llena de militares aplausos, que no poco en sus empresas embarazó de la fama, ya las plumas, ya las lenguas Fue preciso hiciesen pausas mis estudios con tal nueva, siendo el único hijo suyo; y aventurando mi hacienda si a Flandes no me partía, hícelo con tanta priesa, que logré cuanto anhe a, y aún lo que menos quisiera, Oh cielos, cuanto el acaso de los desvelos se venga cuanto de las prevenciones se burlan las contingencias! Un día, ya fenecidas de Amberes las dependencias, que pensando en mi partida, salí a la hermosa ribera de un río, que a sus murallas bate con bomvas de perlas, después de haber dilatado vista y planta en su halagüeña entretegida espesura, cuya enredada maleza, o tarde o nunca la entrada a un rayo del sol dispensa, a tiempo que ya la tarde con la noticia primera del avance de las sombras, del tropel de las tinieblas, en retaguardía del sol iba tan en fuga puesta, que sin poder en el grueso de sus luces recogerlas, se iba dejando en poder de la noche las estrellas traidoramente cautivas, dócilmente prisioneras, un dulce halagüeño acento escuché, cuyas postreras silabas entre las voces de un blando instrumento en eran prisión armoniosa de fuentes, de aves y fieras. Bien pudieran persnadirme, a no saber cuanto mienta la antiguedad fabulosa plantas mudas y ondas quietas, vientos y flores absortas, que alguna incauta sirena, o driade de aquel bosque, o de aquel galfo nereida, eligiendo aquella muda soledad, juzgaba en ella, de algún semidios celosa, verter en dulces endechas sonoro tosigo al aire, dulce veneno a la selva; pues para serlo bastaba, que aún ecos Pero me desengañó ver a mis ojos expuesta, apenas de unos jarales di al rudo tesón la vuelta, una placentera tropa de hermosas madamiselas, y entre ellas una, que dando alma a un laud, de sus cuerdas iba el oro bullicioso salpicando de azucenas. Todas a un tiempo pudieron en afable competencia sus penderme, pero como aún la más hermosa deja; bien que los ojos cautive, franca la segunda puerta, que es la del oído, presto la libertad halla senda para salir; y más cuando este sentido no cesa de influir con desengaños, de llamar con influencias. Pero como la tirana hermosa enemiga bella del corazón, con su acento a la cláusula primera del oído me cogió, no encontró después, al verla, camino para la fuga la libertad; antes presa, de dos iguales impulsos, el cuello dio a dos cadenas, aunque cualquiera sobraba; pues como triunfar aprenda, donde hay beldad, qué más voz donde hay voz, qué más belleza Rendido a tan noble objeto, cobrándome en mi suspensa admiración, al estilo del pais, la reverencia les hice, a que todas juntas correspondieron atentas, a tiempo que de su gente intadas, la estancia amena trocaron por las carrozas: que las seguí, ya se deja entender; que por criadas, billetes y estratugemas a saber llegó mi amor Cintia, aqueste nombre teng por disfraz de mi respeto, dicho está; y solo me resta encarecer cuan aprisa en amorosas empresas penas a glorias se cambían, bienes por males se truecan; pues apenas obligada la tuve, cuando a sus puerta con otro galán, que acaso de mí con infiel cautela encubría, cierta noche reñí una cruel pendencia. Fue a tiempo que mi partida me instaba: conque el creerla traidora a mi amor, el lance referido, y la funesta noticia de una criada, que me contó que no era yo solo de Cintia amante, me hizo abreviar mi dispuesta jornada, y aborreciendo las libertades flamencas, dar al olvido su amor. Pero qué importa, si apenas a Salamanca volví, cuando al ver su primer flecha burlada, el ciego traidor, un segundo arpón me asesta; como quien dice: No importa que no haga caso de aquella, que como me queden armas, aún más victorias me quedan. De Don Pedro de Chinchilla, caballero cuyas prendas toda Castilla encarece, la esposa murió, y la deuda de caballero me hizo, que con todos concurriera a la piadosa función de sus honrosas exequias, y al pésame acostumbrado: que concédiese fue fuerza Leonor, hermosa hija suya, su vista no a encarecerla con hipérboles aspiro: solo diré, que si fuera tan hermósísimo el luto, con que la noche lamenta la falta del sol, sobraba de la aurora la asistencia, lo incendio d y el be ahora notad por las señas, la que alumbraba con sombras, con esplendores qué hiciera? Solo sé, que si allá el gozo me suspendió, aquí la pena me trajo: si allá armonías me cautivaron, tristezas me aprisionaron acá; si en una el canto me eleva, en otra el llanto me mueve. Oh amor! qué habrá que no sea materia para tus triunfos, si ya sea gusto, o ya queja, ya placer, o ya dolor, ya júbilos, o ya endechas, todo sirve a tu deidad, todo a tu poder obsequía? Conque mal podrá eximirse de tu esclavitud quien sepa, que en cualquier afecto vives, y es fuerza que en todos venzas. Desde que a Leonor miré, di en servirla, y merecerla alguna atención, que aún hoy a mi cariño conserva. Tuvo Don Pedro su padre un sobrino en las escuelas de Solamanca, a quien llaman Don Lucas, que en la aspereza criado de la montaña, que como patria cualquiera di cretos y necios cría, no hay humana diligencia, que baste a hacer que cultive tanta natural rudeza. Es tan necio como vano, y en él uso de las letras incapaz, pues ha seis años, que estudiando sé desvela, y ni aún gramática sabe. Con este, por conveniencias de mi amor, trabe amistad muy grande, antes que viniera Leonor a Madrid, adonde siguiendo las dependencias de un gran mayorazgo suyo Don Pedro está: y de manera su aplicación ha logrado, que con sus crecidas rentas un título comprar quiere, con él fermando, y con ellas el dote a Leonor, bien como su principal heredera. Pero esto es con la pensión cruel de que porque sea la línea de los Cinchillas del mayorazgo cabeza, a su hija con su sobrino casar quiere; y con la idea de es a sinrazón, en casa al tal Don Lucas hospeda, bien que en cuarto separado, no ostante la resistencia de Leonor que por no verse en las manos de una fiera, tírulo y dote gustosa cede en su hermana pequeña Doña Melchora, con quien escasa naturaleza, en cuanto al entendimiento, la mayor verdad la niega. Ahora juzgad, Don Antonio, las líneas a un centro vueltas, los escarmientos de Flandes, de España las contingencias, iras, sustos, ansias, celos, pesares, angustias, quejas, sinrazones, sobresaltos, si es forzoso que me tengan mal seguro de mi suerte, bien quejoso de mi estrella. Con razón encarecisteis las exquisitas novelas de vuestra vida, y en todas os parecéis de manera a mí, que no hay circunstancia en que entre si no convengan. Dama tuve yo en Amberes, pero con gran diferencia entre vos y yo; pues aunque reñí mil veces por ella, jamás un favor logré; que en queriendo yo de veras a una mujer, al instante se me reviste de peña, se me espírita de escollo, y no hay diablos que la venzan. Pero esa Doña Melchora, hermana de Leonor bella, no está también en Madrid? Claro está. . Pues Dios nos tenga de su mano: habrá que saliendo de una Iglesia con su hermana, la hice gestos, la seguí, y la tengo hecha una lástima por mí. Qué decís? . Hablo de veras. Me parece que a los dos no se os escapa frutera a quien no le hagáis terrero. Pero hombre, es la mayor bestía, que he conocido en mi vida. Asi la hallé a la primera dócil a mi amor, que siempre todo lo que me revienta es lo que se anda tras mí. No es muy mala ropa aquella de aquel coche. . Siempre suelen venir los días de fiesta a misa a los Recoletos, algunas carillas buenas. Por el corto brujuleo, que las cortinas inquietas al soplo del aire forman, algo percibir se deja no desagradable. . Adiós; mas qué el cochero las vuelca! Remolinadas las guías, que deben de ser muletas, tuercen el juego. . Ya acude el escudero que llevan a enderezarlas. . Qué importa, si no alcanzando a las riendas, se burlan de él? . Acudamos. . Aguarda, Toribio. . Espera, pícaro. . . Cielos, piedad. No habrá quién nos favorezca? Cayó el coche, pero a tiempo, que mi amo, y su amigo llegan, sosteniéndole a sacar la gente que dentro encierra. Señores, habrase visto mas solemne desvergüenza, que la de este verderon, que gritándole hora y media, sobre que hacia el pectoral les restringiese las riendas, no quisiese? Ello no hay hombre que observe sus incunvencias. Qué es eso, amigo? . No es nada, un enjambre de cabezas, que se han roto en aquel coche, y se está con es vuesarce? Trocad, señora, qué miro! las azucenas de vuestro rostro al purpúreo clavel, que en su espacio reina, que ya estáis libre. . Ay, señor! que no sé yo cómo pueda; ni trocar, ni destrocar, porque ni viva, ni muerta, estoy tan de estotro modo, que estoy de cualquier manera. Yo os agradezco el socorro, no solo por mí, que aún esa es la menor circunstancia, sino es por ver mi Marquesa libre de pero qué veo? No Atlante se desvanezca de que en sus hombros el cielo, divina Leonor mantenga, cuando yo a cielo mejor logro con débiles fuerzas sostener. . Solo un acaso, Enrique mío, pudiera conseguirme esta fortuna. Semidiosa de la legua, vuelve en ti. . No solo en mí volveré, sino en cualquiera, por lo bien que me esta . Digo, también hay para una puerca su pásico de desmayo? Y quien al purichinesa le llama aquí? . Usted perdone, que esto es una impertinencia. Es posible que a mi amor le ha de cortar el que os vea todo este susto? . Yo os tengo un amor como una bestia; pero tan de aquellada me siento con una ausencia, que a no estarme divertida en hacer unas muñecas, y en bailar lo más del tiempo, yo, Juana y la cocinera, ya nos hubieramos muerto. 2. Yo os esrimo la fi que a un amor de zarambeque con un pandero se premia. Ellas y yo, ya se sabe, pasamos de esta manera, porque en casa ellas y yo es lo mismo que yo y ellas, Mal haya tu entendimiento: habrá hombre, que de una necia pueda gustar? . Hoy habemos recibido una Flamenca por criada, a quien condujo un Mercader de su tierra conocido de mi padre, y dicen, que entre las prendas que tiene, en la de cantar es divinamente diestra. Yo haré que Juana te espere esta noche, y cuando sea ocasión de que a mi cuarto entres, la voz es la seña que ha de avisarte; pues como te he dicho veces, diversas, aunque aventure, ay Enrique! opinión, vida y hacienda, tú solo has de ser mi dueño, Esa constancia me alienta. Y ahora, pues es reparable detenernos más en esta publicidad: Cartapacio? Señora. . Que dé la vuelta Toribio. . Ah, papagayón? desfílate a la derecha. Hasta tomar la carroza, el iros sirviendo es deuda. Pues llevadme esta perrita, y no la apretéis, que es tierna de pecho, y vomitará. Cierto que la alhaja es bella. Hoy ha almorzado dos libras de huevos de faldriquera, y está muertecilla de hambre. Cuando otra dicha como esta lograré yo? . Don Enrique, no hay mal que por bien no venga. Si ha de costarte un peligro, mejor me estoy con mi pena. . Demasiadas cortesías son las de estos dos babiecas. (. Ven, hija. . Vamos querido. Ah, pícara, qué galera tan bien s , s Si habrá quedado misa en la Iglesia? Pero qué miro! . Las tres van como unas tres Princesas. Doña Leonor no es la otra? Doña Melchora no es esta? ellas son por las espaldas, mas por detrás no son ellas. Ireme quedando atrás, que tengo una diligencia que hacer en las rabernillas. Habrá mayor desvergüenza! mujer, que para mi esposa en infusión de sí misma estuvo en la primer mente del padre del que la engendra, anda en estos arrumacos? Lucas, hémosla hecho buena: y este maldito espantajo a qué demonios la suelta sobre su palabra? Digo. Jesucristo! quién me tiensa? Yo, pícaro, que te vengo a pedir de mi honra cuentas No se turbe. Yo, señor, sí. L d. Cuando puded. . Échalo fue Si el cochero. . No me mas que Fue el culpado. . De qué tiemblas? Es que el coche, las señoras, el cochero, la voltera, los hombres, y no hablane palabra, si usted se acerca, que estoy perdido de miedo. Adiós, honra montañesa, no queda mi egecutoria para papeles de especias! Señor, el coche venía desante de la trasera, más hacia acá de las mulas sobre la viga maestra. Pues dónde había de venir? Comenzose una reyerta entre la zaina y la roja: yo, que olí la morisquera, a To hice señas que el flajelo introdujera a la parte occidental. Ahora me latínea? maldita sea tu alma. No me entendió: dio la vuelta, cayó el coche; tus dos primas Saltaron, sin ser terceras, en los brazos de dos hombres, que se hallaron allí cerca. De dos hombres? . De dos hombres. Ahí es preciso que hubiera, para desemvanastarlas, o de mano, o de cabeza tenazón y agarroteo? Abrazáronlas por fuerza para sacarlas. . Qué dices? Fue indispensable indecencia. Caiga sobre mí un Vizconde con toda su parentela. Melchora, a quien entre dientes tengo una afición horrenda; Leonor en quien la pecunia me tira, que me desuella; la una hacienda de mi amor, y la otra amor de su hacienda, maniestiradas de hombre Que dirá el Valle de Ruesga, adonde se trae la honra colgada cómo venera? Allí vuelven los dos hombres. Los de la pasada gresca? Ellos mismos. . Pues, querido, aquí de tus habilencias. No soy tu domine? . Ad natum. No eres mi fámulo? . Etiam. Te toca mi honor? . Ad intra. Te tañe mi enojo? . Ad extra. Pues dame esa daga. . Ad quid? Ad quid? A lograr que mueran los que mi amor despachurran. Señor, tu piedad inmensa a este hombre precipitado con sus auxilios detenga. Esto ha de ser. . Hasta tanto, que de vista se perdieran, no quise dejar el coche. Gran dicha ha sido la nuestra. Cartapacio? . Señor mío? Por dicha, has sido en tu tierra Barbero? . Por qué? Porqué adonde cae me dijer la tetilla en las espaldas. Señor, pillale la artería capital, más arribita del sofago, y por mi cuenta. Por aquí pero qué veo! Hombre, a tu Dios te encomieneia: pero qué miro! . Don Lucas? Don. Enrique? abraza apriesa, hijo de mi corazón: Jesús! si no das la vuelta tan apriesa, en un hijar te he abierto una faldriquera. Por qué? . Qué extrañasigura Longaniza de vayeta parece el hombre. . Por qué me pregunta? usted me juega con mi novia: asalta tú. Cómo? . Tomándola a cuestaas? Yo solo sé, que dos damas vi peligrar. . Cantaleta. Y a fuer de ser caballero. Fue usté a retozar con ellas. Yo? qué decís retozar? Ya sé vuestras mañas viejas, que en viendo mozas se os ponen los ojos como linternas; pero no se me da nada, que antes me viene de perlas la ocasión, porque en la novia quiero hacer cierta experiencia, y de vos me he de valer. El Don Lucas es gran bestia. Ya sabéis, que por la antigua generosa amistad nuestra os, debo servir. . Acoto: y oídme en Dios, y en conciencia. Proponed. . Yo en la monta fo tengo una bonita hacienda, a Dios gracias, que un abuelo, mi deudo por línea recta, fundó ciento y dos mil años antes que Cristo naciera. Antiguo blasón! . Dejome con calidad estarenta, de que entre a gozarla yo desde el día que me muera Desde qué os muráis? pues muento ngan cuera de qué os sirve? . Te Squ qu pues cómo que viva un hombre con ella, si es hacienda de montaña, que hincha, pero no sustenta? Pues cuanto es? . Doce ducados, y tiene un censo de treinta. Dígame usted, no es mi amo discreto de cuatro suelas? Vamos al caso, Don Lucas. El caso es, que mi nobleza tan antigua, que a diez millas huele a lo rancio que apesta, no permite que me entregue todo entero a quien no sepa, que es mujer tan recatada, tan mirada, tan atenta, tan noble, y tan tarantan. Qué es tarantan? . Es discreta frase, con que así me explico, dando a entender que quisiera mujer, que no se asustara de cajas, ni de trompetas. Y eso a qué viene? . A que no le hagan ruido las ternezas de otro, casada conmigo, y me ponga esta mollera como el monte de Torozos. Quién tal ignorancia piensa! Quién sabe, que Calderon dice en la quinta Comedia, hablando de las mujeres, que no hay alhaja que sea tan buena como la mala, tan mala como la buena. Al reves me la vestí. Y así, la que está en conserva para mí, en el natural ha de ser de una jal a. e No es Doña Leonor Chinchilla? Esa propia; y des de aquesta mismísima hora, usted la ha de galantear. Qué intentas, hombre? . Saber, señor mío, de la pata que cojea. Si ella al continuo combate se tiene tiesa que tiesa, merece en mí un montañes con todas las incidencias de egecutoria y de sangre; si se ablanda como breva, con un e dero mío le sobra mucho a la puerca. Para lograr este aquel, os da lugar y licencia el ser mi amigo, y poder entrar a verme, y a erla. De todo cuanto pasare, de la forma que suceda, me avisaréis, y con eso se amansará mi conciencia, que ha días que mi discurso daba en esta sutileza. Y pues que cosas tan cosas, que a ser cosi cosas llegan, si apriesamente se rumían, mente despacio se piensan: idme a ver presto, que a casa voy a esperar la respuesta. . Disparose; los demonios que le den pique. Hay tan necia proposición! . Hombre o diablo, pues tal ocasión no aceptas? Si el propio que te compite te hace espalda, da por hecha tu fortuna, y a este bruto Quién hierra dale papilla. o esa elección? . Deéís bien; y pues así que anochezca estoy de Leonor citado, un tono siendo la seña: venid. Vamos, que también a mí mi tonta me espera. Quiera Dios que pare en bien, tanto como el diablo enteda. , q Ahora, que a solas podemos los dos las quejas del pecho fiar a la voz, sintamos, pesar; lloremos dolor: ay, patria! ay, memoria! y, fortunal ay, amor! uger! Qué bien canta esta Por raras Florela? . Señor? contingencias apelastes al amparo de mi casa: e hija de una ilustrísima dama y un caballero Español; no sé qué amante desgracia de amor a España te trajo; pero una vez en España, y en mi poder, te recuso esa tristeza ordinaria, pues cuando de propio motu contestando a la demanda tuya, y de Octavio, te admito con mis hijas, eso basta por lo favorable y por lo que resulta de la causa, a que estés muy satisfecha. Y a que rendida a esas plantas os reconozca por puerto de la deshecha borrasca de mi vida. . La Flamenca tiene muchís ma gracia; a más qué fuera que Cupido, no obstante mi edad, tratara de hacer entre mis afectos tan semiplena probanza de inclinación, que perdiese, del albedrío en la sala, mi libertad en tenuta? Pero a bien, que Sanchez trata de matrimonio, y con él Barroso, Olea y Sarabia; y lo que es la propiedad no le ha de salir barata. Florela, a diós, que ya vuelvo. . Esto solo le faltaba a mi dolor, que en veneno se convierta la triaca, y este anciano, a quien mi amparo la estrella enemiga encarga, en mi contrario se mude: Ay, Enrique! quien juzgara, que yo. Florela? . Señora? Ya ha media hora que mi hermana se desgañita por ti. Iré a ver lo que me manda. . Como sea cantar, que es sola de esta friota la gracia, irá en un pie. . Pues mi padre está fuera, y no está en casa, dile a Don Antonio que entre, ya que por la puerta fulsa e emvo No tiene que ir a conducirme Juana, que yo salamandra activa al incendio de tu llama me adelanté. . Qué decís que viva yo en Salamanca? pues qué embarazo en Madrid? pues qué tenéis otra dama? pues qué me queréis dejar? Mi señora es insensata. No adelantéis groserias, que no caben en quien ama. Bien me pagáis el tener una gran cosa pensada, que deciros de mi amor. Decid, que mi fe la aguarda. Pues querido Don Antonio de mi vida y de mi alma. el árbólito que vuela, el pajarillo que para, el pececito que ruje, la fierecita que canta, todos en comparación de tu persona gallarda son, son, son: Válgate Dios! ahora una cosilla entraba, que si me acordara de ella, de pura risa lloraras, porque árbol, pájaro, pez, y fiera, todo paraba en decir que sí, que no, torna vuelve, toma y daca. No se puede decir más. Habrá necedad más crasa! Esta mujer pareciera mucho mejor si callara. Juana, alumbra. Este es Don Lucas. Pléguete Cristo con mi alma! qué hemos de hacer? En mi cuarto te entraré, mientras que él pasa al suyo. . Oyes, hija mía, por tu vida que no hagas que ame quede por las costas. D. Melch 2. Don Luca gallo de la pasión, te hallo sola, y sin mozas expresarte mi afecto. Qué oigo, cielos! . Dile, acaba lo que quisieres, que yo estaré aquí de atalaya. Hija, ya tú sabes que eres por tu hermosura y tu gala, y tas discreción, la flecha que más me cómo se llama? Ya sé yo que tú me tienes un amor como unas natas. Pues porque mi amor conozcas, oypasando por la plaza, ostante las reverencias O V todas mis zarandajas, te compré estas dos gallinas, para que almuerces mañana: tóolas por vida tuya. 2. Vive Dios que la regala, ella lo admite! . El misterio de amor y gallina, calla marcho más de lo que dice; pues significa en sustancia, que en esta acción mi fineza que da harto cacareada. Y que emplumado el cariño, obra en tu favor más alas. Lo que te encargo por Dios, Su madre sacrosanta, que Juana, ni Florela, tu padre, ni tu hermana vean, porque descubren miche a meche la manla nuestro afecto. . Pues yo tengo donde guardarlas. No? pues como yo las traigo la pretina colgadas, puedes ponerlas entre es el manto rebujadas? Dices bien por vida mía, hay údame tú a liarlas. Cómo que ayude? no son fa vores para panarras. Pues no serán para usted. Melchora? Ay, ay, Virgen santa! quue me las ve: San Antón, egala. . Qué tienes? habla: Ci qué hacéis con Melchora ao diciendo que sí. Adiós: fueronseme las palabras. Qué bulto, Melchora, es ese que te hace las espaldas? Me ha salido una corcoba: callen las descomulgadas. Pues las córcobas no gruñen. No hay quien por música canta? pues por qué no puedo yo por brazos, o por garganta gruñir lo que yo quisiere? Dime qué tienes. . No es nada: Don Lucas te lo dirá. Don Lucas, qué es esto? en qué anda Melchora? En qué anda? en las piernas, si es que las tienen las damas. Vive Dios, que tal pregunta no se hiciera en la momtaña! . Cartapacio? . Usted discurra, que yo no respondo a nada, que en materias de secreto soy un escollo con calzas. Todos se van, y no veo por donde escapar. . Si el ausia con que espero a Don Enrique, me permitiera apurarla, yo descifrara este enigma: pero cuando a la ventana dejo a Florela a que cante, que es la seña concertada, antes les debo estimar, que de este sitio se vayan. Don Lucas se entró en su cuarto, Melchora con las criadas, que es su costumbre, estará; abierta la puerta falsa a Enrique el paso le ofrece. O evanto Florela tarda en decir para que logre la suerte a que aspira el alma! Servía en Orán al Rey un Español con dos lanzas, y con el alma y la vida a una gallarda Africana. Esta es la seña. . Sobrás a qué hora nos descalabran? ribe Do Er Ya esto está mejor que estaba. Con cuanto susto mi afecto entre impaciencias te aguarda! Como en casa tienes dueño, que sacrisique a tus aras debidas adoraciones, temi fuese la tardanza ese motivo. . Ay, Enrique, cuan desconfiado hablas! Yo llego pues a los dos no importa, para que salga, que me descubra. Qué miro! un hombre está allí. Ah, tirana! Yo soy más válgame el cielo! maté la luz . Tente, aguarda, Don Enrique. . Volaberunt. Hombre, ilusión o fantasma, prueba el acero conmigo. Bueno estoy yo si me emvasa, sin conocerme, mi amigo. En todo caso la espada por delante: Don Enrique? Qué Don Enrique, o qué acá? Qué mi saña no te encuentre! Si alcanzo una cuchillada por galantear una tonta, estoy como en una caja. Florela, trae una luz. Ya se alborota la casa. Qué ruido es aquel? Yo soy: no hay un diablo que me abra? Gran confusión! . Fiero empeño! Ya está aquí, como me encargas, la luz pero ay de mí triste! No te espantes, llega, acaba. Qué miro! . Qué veo! No quieres que me asombre mi desgracia repetida? esos dos hombres son, señora, los que causan mi desventura. . Qué dices? Que son los dos que en mi patria me quisieron que es el uno de quien vivo enamorada, y a quien aborrezco el otro; y sin duda que en tu casa me buscan ambos; y así mi vida, señora, ampara, que yo sin alma, sin voz, sin aliento, sin palabras, sin discurso, aún movimiento para la fuga me falta. otra vez voló la luz. Estáis dormidos, canalla? Florela en Madrid, pesares? Dichas, Florela en España? Sin saber qué me sucede, sustos y celos me matan. Hallé el primer escondite. Aquí es el rumor avanza, Cartapacio; mas qué miro? Don Lucas? . Buena entruchada! pues vos con Leonor y a oscuras? qué hacéis dentro de mi casa? Yo no sé que le responda. Ah, traidor, qué mal me pagas! Hablad; o por Jesucristo, que os descosa media panza. Dios te tenga de su mano. Esto es poneros en planta vuestra intención, y venía de la materia tratada hoy entre los dos a daros respuesta. . Pues es cebada que se descabeza? En fin, hasta que rompí la aldaba no se os hicieron notorias mis coces, ni mis patadas! Mas quién está aquí? . Un amigo. A quién busca? . A un camarada. Es a mí? . O a la sortija. Cosa es que pide probanza ser la hora exquisita. . Trate de picarse si le rasca, que esto no le toca al viejo. Caballero, usted se vaya. Estando aquí Don Antonio, fuera en mi amistad infamia no sacarle a todo trance. Pitas, pitas: ay qué saltan! eya e e. To e ,qu a estotra con la embajada que sale ahora. . Melchórica, qué es esto? . Padre de mi alma, que he comprado estás gallinas, y no quiero que se vayan. Os aquí. . Qué bobería? Pues otorga la fianza Don Lucas, ya os podéis ir. No me voy hasta que salga una persona, que está en aquel cuarto encerrada. Librar quiere a Don Antonio, y en mi opinión no repara. Don Lucas, quién está allí? Qué sé yo. Ya hallé una traza para escaparme famosa; pues como es de la criada este cuarto, una mantilia, y un guardapies en su cama he visto, y me le he vestido. Señores, tal zalagarda en qué parará? . Don Lucas, qué decís? . Que es patarata, que en este cuarto no hay nadie. Cómo que no? esto esperaba yo a ver: pícaro, alevoso, ya verás lo que te pasa. Mujer de dos mil demonios, tienes dedos o tenazas? Qué es estó? . Pues yo qué sé? Ahora está bien que me vaya. . Don Antonio la logró. Bueno por cierto, encerradas me tenéis pelendusquitas? Yo dusquitas, ni peladas? plegue a Cristo. . Bien, Don Lucas, ya por indecencia tanta queda desde hoy la sentencia de casamiento anulada. Leonor, por la cruz de Dios. Buena estoy yo para gracias. . Juana, si yo vi mujer. Pues qué tenéis cataratas? . Cartapacio ya tú sabes mi inocencia. . Es una infamia, que se te atribuya un hecho de tan vi Melchora? Qué es lo que quiere? Si yo. . No me hable palabra. Entré mujer. . Yo la vi, por señas tenía barbas. No digas tal, que al creerte de mi amor desconfiada, quiere andar mi entendimiento a coces con mi desgracia. Ah, traidor! que me has dejado, al ver tus carantamaulas, entre el temor y el afecto hecho el cariño una plasta. No bastan a persuadirte ver, dulcísima tirana, entre lágrimas y mocos mis verdades estofadas? No, aleve; que allá en mi idea, tal vez dura, tal vez blanda, lo que la razón somete, el desengaño sonsaca. Pues yo me voy a tomar por veneno de mis ansias, con un bizcocho de a libra un vaso de leche helada. Ese es amor? . Es arrojo. Eres un ruin. . Tú una zaina. Lucas, murió mi fineza. Melchora pues enterrarla. Él se escurre. . Ella se va. Alquitibí. . Ah, mariblanca! Oh domine! contra ti sermo sermonís me valga. Oh musa! quien comprendiera si eres musa o musaraña! O SEGU As
JORNADA SEGUNDA
Eso para? . Y esto almendra: Deide el día que en el cuarto de Juana se vio salir, sin que nadie hubiese entrado, una mujer casi hombre, con más barbas que un zumarro, se oye en la casa un gran ruido como en haberse soltado una legión tras de una sarta de diablos. Qué decís. . Qué he de decir? que estoy medio espiritado. Y no hace más de hacer ruido ese duende o ese encanto? La noche que se le antoja, después que sobre mis cascos en un desvan, que es ojaldre del pastelón de mi cuarto, al son de triste de Jorje suele bailar el canario; me apaga la luz de un soplo, y y azorazos a pellize me pone el cuerpo de mezcla; porque como lo morado del golpe cae en lo amusco de un pellejo no muy blanco, parezco por la mañana bulto de cartón jaspeado, o estatua de ébano puerco, con betas de palo santo. Pues es posible, Don Lucas, que remedio no se ha hallado, por conjuro, o por precepto, contra ese espíritu? . Hermano, un demonio que porfía, es demonio por dos lados. Todo está pasado en cuenta: y no habiendo aprovechado nada, a el último remedio, como dicen, apelamos; con dos velas encendidas, dos almireces sonando, de servilletas las mozas, de rodillas los criados, sacamos Don Pedro y yo, de un cofre de selpa y raso, la más horrible reliquia, que tiene el género humano. Y cual es? . La egecutoria de los Cinchillas hidalgos insáéculaeculorum, qua tuorum, qua tuarum: y esta, el título antiguo, que a un tal nuestro antepasado Gutibamba de Cinchilla dio Noé, estando embarcado en el Arca, en que le hace de la hermandad Secretario, Familiar del Santo Oficio, Merino de Toranzos, se las púsimos al duende. Y qué hizo en fin? No hacer caso: con lo cual hemos creído, que está el duende excomulgado. Habrase visto otro necio de tales entusiasmos? Atropellar exenciones, y egecutar a porrazos? mátenme si el duendecillo no ha sido Alcalde ordinario. Y ese nuevo traje, amigo, qué indica? . Que ya el bellaco de mi suegro, el otro día me echó de cabeza al patio. Cómo? . Como ya en la junta me recibió de abogasno. Y a vos? . Yo, señor, ni aún soy Pusante de Cirujano. Para mi es brava cucaña: porque con dos espantajos de reproduzco, me afirmo, lo del caso necesario, media docena de y porqués, el susodicho a la mano, y un demonio de aceitera, que anda a los fines manchando de cualquiera petición, va el litigante pasmado, mi suegro inama un doblón, V yo pillo un real de a cuatro. Eso no se puede errar. También tiene Cartapacio el empleo de delirio. De delirio? . Es que de un rasgo borra los conocituientos, aunque sean de cien años. Ea, que todos solemos retozar con justiniano, y Pandectas. . Es verdad: él suele escribir a ratos. Él otro día fui a hablar sobre un pleito, en que un cuñado de una tía, que era hermana de una prima de su hermano, dio muerte a un pariente de otro; y ni veinte papagayos mejor. pudieran hablar saqué a Vulpiano porque yo a da Fulgoso, A y cité sobre la prueba a Juaniní, que de emplastos trata con admiración: ibánmelo celebrando, y yo apretaba de tieso. Salió Moreto al estrado, Víllegas de Flos Sanctorum, Dioscorides de Doaldo, Doña María de Zayas, la historia de Carlo Magno: Y viendo que aún todabía estaba el cuento reacío, eché a Calderon a cuestas, que es quien mejor trata de autos. Y qué hubo? Todo el concurso me dio infinitos aplausos. Y saliste con el pleito? No con todo, mas con algo, porque al que yo defendía que saliese desterrado, le alzaron todo el destierro, mas fue porque le ahorcaron. Tal fue la defensa! . Digo, parece que somos zainos Don Enrique, o Don demonio, no me decís en qué estado estáis con la que ha de ser costilla de este cuerpazo? Mucho, amigo, se resiste. Vos no la hacéis arrumacos? Encarézcola mi amor. Si no fingís que os da un flato por ella, y os ve ella misma echar la lengua de un palmo, no ha de darse por vencida. Mas vale hacerme pedazos. Don Enrique sois un bobo, no conocéis estos trasgos: Hay mujer, que dice a todo, qué porquería! qué asco! qué bazosía! y con los ojos se quiere comer el plato. Dios le libre a usted de algunas gáticas de Mari Ramos, que la juegan de mandoque. Ella os está idolatrando. Con afecto? . Con efecto. Sin engaño? . Sin engaño. mont O e a añes ndo tan Válgame Dios! qué tenemos que todo lo acogotamos? Qué ha de tener un borrico, sino la dicha de un asno! Don Enrique? . Don Antonio Verbum caro! Verbum caro! San Speculumjustitía! Todo hoy se me ha ido en buscaros, sin poder veros. . Este hombre no es la mujer que del cuarto de Juana salio? . Notad con qué asombro está mirando Don Lucas. . Él al entrar, cogiéndome descuidado, antes que con la mantilla me recátase, de plano me vio el rostro. . Si es el duende que anda siguiendo mis pasos? Pues buena la habemos hecho. Pues puede este tononazo imaginar que soy yo? Don Enrique? . A deslumbrarlo apelemos. . Don Enrique, decidme, así un mayorazgo os dé Dios por un hijar, si ese hombre que os está hablando ha sido acaso mujer antes de ser hombre humano? Estáis en vos? . Yo lo digo. No habráis para eso los labios, que es desatino. . Mirad. Juicios tenéis temerarios. Pues si le he visto gallina, no he de preguntar si es gallo? Proseguid en ese tema, y vendrá a desafiaros por la afrenta. . Peor es eso, que el nacer un hombre calvo. Y pues sin duda es el duende este, que me anda barbando con ojos, con fantasías de Vizconde enamorado, más vale escapar. . Don Lucas? Don Demonio? . He reparado. Hiciste mal. . En que estáis. Ni estuve, ni estoy, ni he estado, Mirándome. . Yo no os miro Y yo. . No os acerquéis tanto m. de epar Fug Exí foras adversariúm. Raras piezas amo y mozo. Con efecto, él ha juzgado de sois fantasma. . Y qué soy la vez que no tengo un cuarto? Espantajo del que espera, que le han de pedir prestado. Quién habrá dado motivo a que crea que anda el diablo e n su aposento? . Sabed, que desde que disfrazado de mujer, saqué a Don Lucas de un pellizco medio brazo, Doña Melchora, la tonta, en estar celosa ha dado de él; y el modo de vengar este mantillesco agravio, ha sido martirizarle a pellizcos y a porrazos; pues ella y Juana de noche de an que esten acostados todos y con otra llave, que han hecho hacer para el caso, entran en el aposento de Don Lucas, y en matando la luz, le dan una selpa peor que si fuera un raso: y como solo es con él el estruendo, los criados, Don Pedro, y los demás hacen burla de lo que está hablando, y no creen que hay tal duende. Si solo tiene la mano a Don Lucas, de hierro par hacen bien. smantos Mas Es a mí? . No: se acerca al de hacia sotro lado. A mí? Tampuerco. Sin dud y y o el venturonazo. t q Claro está: Jesus il veces! veis que soy yo la que os llamo, y os estáis hecho un pegote? el rostro embozado Pues con era fácil co noceros? 3 Pues es con lo que me tapo alguna pared maestra, o un tafet in tan delgado, le alfiler vos para penetrarlo no tenéis habilidad? No está el disimulo malo: metedme el dedo en la boca. No acierta a descubrir tanto, aunque mi vista es de lince. De lienzo? pues será un pasmo tener niñas de cambray con pestañas de Santiago. Don Antonio, esta mujer es pe or, si lo apuramos, que Don Lucas. . En mí es esta más diversión, que cuidado; pues cuando a Florela adoro, mal de otra pasión me arrastro. Y con efecto, conmigo no hace papel Cartapacio? No he gustado yo en mi vida de remoques ordinarios. Cómo ha sido esta ventura de salir hoy? . El criado se fue a pleitos con Don Lucas, y quise pasar de un tranco, como quien va hacia una parte, y volviendo a esotra mano, se halla donde está de pies cuatro dedos más abajó. Solo por veros salí, y pues als s hallo, ni mi salida, Salí bienco saliendoco n lo que salgo. Y qué es? . A deciros como ya está mi padre tratando de comprer la señoría a unas Manjas, que heredaron un título, que al Convento le llevó en de ote el Vicario: y no está la diferencia mas que en catorce ducados. e papel, Yo os escribo es y es mío; y por no fiarlo de otra, le traigo yo propia, y yo me quedo esperando a mi misma y bien podéis entrar los e os cerrados a erle. Veámosle presto, el papel será un milagro. Encumbrado dueño mío, ya sabes que yo te amo, salga uno, salgan dos, salga S, n por verte señoria, nque fuese entre farrapos, era tres dedos, y aún cinco, que sobran a mi zapato: y así, pues andamos tras de un título estrafalario, sube tú lo que me toca en cada mes, o cada año de alimentos de esta dicha señoría; y si el retazo de este honor puede llevarse odote en lugar de trasto, a ti te lo digo, novio, entiéndelo tú, cuñado. Raro papel? Pues no es mío, que aunque yo le fui notando, me le escribió el aguador, con que es de su letra y mano. Bueno es, que cuando le cito de censibus a Avendaño, salirme con Valenzuela, texto expreso propio y claro an expositio granmatice. De qué sirve confutarlo? pues luego pero qué miro? Ay, mi padre! San Hilario. Mi señor tápate apriesa. Fuerte lance! . Cruel caso! A tomarme juramento en derecho necesario, dijera. . Señora, qué haces? Yo bien sé lo que me hago. Que el aire de esta mujer, contra jure, es usurpado del cuerpo de mi Melchora. No temáis, pues yo os amparo. En vano es vuestro recelo. Qué envoltorio de los diablos te estás haciendo? . No quiero tener que pedir al manto, que es hombre, y será hablador: la basquiña en todo caso es mujer, y así sabrá disimular un trabajo. Veamos si cala la vista de mi padre el mamparado, la holandilla, y la badana del ruedo; y más, consitado de la cazcarría de un mes. encubra tanto de mí esa dama. . Hay tal necia! Caballeros, me ha causado novedad, y así quisiera. Señor Don Pedro, logrando yo esta ocasión, que anhelaba, desde que por un acaso os vi en vuestra casa, aspiro a que vuestro soberano ingenio (id conmigo) pueda de cierta duda sacarnos. Que os mira. Ya os he entendido. Decid, que a todo estoy llano. Así remediario intento. Esa dama, que al recato escrupuloso entregada se os encubre, de un hidalgo montañés es viuda. . Viuda. Sí, señor, por mis pecados. Señora, calla. . No quiero, que ya que me estoy ahogando, quiero morir con mí habla. Lo que presumí fue engaño. Tiene un hermano esta uiña título, y está en estado la tal de segunda boda. Tomo la primera, y callo. Tú harás que todo lo erremos. Quiere, según ha mostrado en este papel, saber, por ser al tal mayorazgo inmediata, qué la toca de honor en el común trato de señoria in spé, y si por serlo su hermano, alguna porción le toca? En verdad que el punto es arduos pues aunque Otalora dice en el capítulo octavo, solio trescientos y doce, que pueden ser dos hermanos dado el uno por pechero, y otro por noble, probando el uno, y el otro no, ser su origen noble y claro: menos si en solar antiguo, egecutoria o despacho legítimo recayese la sentencia, declarando noble al uno, que e ra que se entienda en mbos; as siendo esa mi señora, omo me habéis afirmado, iuda ya de un montañes, la ennobleció su contacto de forma, que aunque no fuese por todos cuatro costados hidalga, lo quedaría por ser su viuda: Probatur per gramnáticam Enrici ad codigun Toletanus directa; con que ya noble, recae con otro aparato, aunque no la señoría entera, lo necesario de ella, para distinguirse de merced un tanto cuanto. Pues vos habéis de tomar este pleito a vuestro cargo, or ser de mujer ilustre. Yo estoy un poco ocupado: mi sobrino, mi Luquitas, que está en esto como un rayo, la demanda dispondrá. Pues quedando en tales manos vuestra dependencia, bien podéis iros sin cuidado. Dios os guarde. . Y a usiria prospere el cielo mil años. No más, no más. Esto es deuda. Quédese el buen abogado. Por vinda de montañes aún es poco extremo el que hago. Vamos con treinte mil sastres. . Yo intento comunicaros otra dependencia mía, señor Don Pedro, y he andado buscándoos en las Audiencias, y ni en ellas, ni en palacio os he podido encontrar. Lo cierto a las once y cuarto del día en mi estudio. . Bien. Ya que la esquina han doblado, van sin riesgos yo que tengo que poner a mi cuñado cuatro demandas a un tiempo, podré también confiaros esta empreta? . Os aseguro, que va sobre mi cargado todo un orbe; pero en fin, procuraré desembarazarme: a que las doce están so ando; n y tengo en la v i ca cierto pleito ser para hoy e aquí he visto des ir hacia allá a mi contrario, mas no me la ha de pegar, por madrugar más temprano; quia non dormitar Hómerus. . Hombres son extraordinarlos tío y sobrino. ̱. Y la tal Melchora no se ha escapado en una tabla? ̱. Yo intenio, pues ya su permiso alcanzo, como que a algurz pleito voy, ver a Leonor, aonque estando lo, que aborrezco (ay de mí!) tan cerca de lo que amo, mucho mi fortuna temo. Yo a ver si acuso llegaron sin riesgo Melchora y Juana, después iré; aunque es engaño, . que a ver si en Elorela logro latro, ver la deidad que ido mi pasión me llev 2. . Y pues da Don Antonio recato el ser Florela la dama, que quise en Amberes tanto. Y pues Don Enrique ignora . ser Florela el dueño ingrato de mi pasión. . Disimule mi afecto. . Finja mi labio. Hasta que fortuna y tiempo abran camino a este encanto. Y hasta que dos locos tales pongan en juulas de palo: . Como al pensamiento mío alas da mi cora zon, se va haciendo mi razón esclava de mi albedrío. Florela, desde aquel día, que en casa dos hombres viste, y que eran los dos dijiste, uno a quien aborrecía tu ceño, otro a quien amaba tu corazón, no he podido penetrar en qué sentido echo hablaba. por ambos tú ero C Y así, el que entre los dos, sol saber cual es. . Gran delito fuera, señora, (ay de mí!) que fiada en tu piedad te explícase mi fineza, si es fuerza, que la entereza cuipe a la facilidad. Que de amor el sentimiento para disculpar su acción, se ha de mirar la pasión a hurto del entendimiento. Pues para alentarte a que, fiándote mi secreto, o me recates, los tuyos yo adoro. Ya está el conejo en madrigüera. . Melchora, de dónde vienes? qué es esto? Ay, hermana! que me he visto junto al diablo del infierno. Junto a quién? Junto a mi padre. Qué dices? . Que nos cogieron. En qué? . En una mala hacienda; pero dirételo luego, que me voy a desnudar. Vamos, no nos pille el viejo con los mantos, y conozca la manla. . Y aquel caballero Don Enrique, aquel que te hace zorroclocos y pucheros, venía detrás de mí, que será a buscarte creo: y eso se quiere la mona. Vamos, señora. No tengo, Florela, ya que decirte, el nombre de Enrique oyendo, y la noticia, aunque necia, de lo que en mi amor le debo: este secreto. . Ay de mí! declaráronse mis celos. Es el que solicitaba fiarte. . Y el que me ha muerto. . Él sube por la escalera; y pues tu apacible acento es costumbre en ti, y no puede ser reparable, te ruego, que puesta de centinela, asegures mi recelo, pascándote de esa ventana; y en viendo que alguien viene, avirarás. A quien se le mandó, cielos, que tercera de su agravio solemnice su tormento, sino a mí? Viendo, o amado, divino apacible dueño, cuan tarde amor restituye instantes que roba el tiempo, de la ocasión convidado, a verte y servirte vengo. Ven en hora felice, desengaño halagüeño, que no importa que hieras, si es el dolor idioma del remedio. Válgame el cielo! Florela! Si no he tuviese creyendo yo, que o bien aborrecido, o bien amado, otro afecto te debe más que mi amor, no temiera, como temo, que ames y finjas. . Cualquiera cariño, que en otro tiempo haya sido como ensayo del presente rendimiento, muriendo de escarmentado, solo puede ser trofeo del templo del desengaño. Ah, villano! ya te entiendo. Miente mil veces, miente quien engañoso y fiero (to. labra al otro un delito, como le ha menester su fingimien- Viene alguien, Florela? . Nadie. Cómo hicistes ese extremo, yo imaginé. Si ya sabes cuan segura estás, qué miedo puede asustar la ventura? Vuelve a hablar, que a cantar vuelvo. Canta, pero sea más bajó, que alzando tanto el acento, no dejas que nos oigamos. Harto oigo y harto os dejo. Quién, cielos, se vio forzado a hablar entre dos, temiendo ser grosero, o ser cobarde? Conque a ti no te debieron en otro clima otros ojos, mariposa de su ino endio, alguna atención? hacer un loco de un cuerdo. Cómo? . Como no he creído, que puedan ser verdaderos jamás instrumentos tales, que saben llorar riendo. No así sucede (ay triste!) a los que aún hoy han hecho de su verdad testigos tanta nevada lágrima de fuego. Ya es mucho afecto el que miro: Flo prela? Señora. . Pienso, seg ain ya cantas, ya lloras, ya te irritas, que queriendo no descubrirte, me has dicho más, que yo saber deseo. Don Enrique, como sabes, uno es de los sujetos de aquel lance. . Sí, señora; pero es al que yo aborrezco, y él me aborrece. . De verás? Pregúntaselo. . No quiero, que basta que tú lo digas. Mi muerte en viéndole veo: una fiera es, es un monstruo, es un áspid. . Quedo, quedo, que no es todo lo que dices; que aunque de escuchar me huelgo que le aborrezcas, no tanto, que ultrajes a lo que aprecio. Dices bien; mas yo. . Prosigue. Si pudiera. . Dilo presto. Decirte. . Qué? Que esta ira, que esta llama, que este hielo es . Qué es, Florela? No es nada; vuelve a hablar, que a cantar vuelvo. Qué es esto? o esta mujer es loca, o yo no la entiendo. Mi bien, un rato que logro, me le hurtas con otro objeto. Según lo que de él presumo, mas le logro, que le pierdo. Amor, ya tú, mi vida, iras, venganzas, celos, logras, intentas, buscas, guárdate, corazón, huye. Qué es esto? . Que por la e lera sube gente. L salir Don Enrique? . No. Pues a la puerta apelemos de esotra calle. . Oh qué poco sabe durar un contento! Quédate a hacer la deshecha tú, Florela, mientras vuelvo. . Ve segura, que si haré: Válgame Dios! aquel ciego amante, que tantas veces rendido, amoroso y tierno, juró, no olvidar jamás la esclavitud de mi obsequio, a otra sirve a vista mía? no puede ser, o yo sueño. Por este aleve, este injusto, este cruel, este fiero, dejé mi patria; y en ella el bien por el mal creciendo, las verdades desprecié de otro amor, que desde luego a mi voluntad postrado, me entró afirmando y diciendo. Lo que ahora, ingrata bella, te vuelvo a afirmar de nuevo, es, que jamás he tenido vida, corazón, ni aliento para mirar otros ojos, que los tuyos, aunque en ellos, mal vista la adoración, se escuse de atrevimiento. Don Antonio, cómo vos entráis aquí? . De los ecos de tu dulzura avisado, como esta casa es mi centro, desde que tú en ella habitas, estando en la puerta, y viendo que está abierta, entré a vuscarte. Hasta cuando he de hallar, cielos, lo que adoro desleal, y fino lo que aborrezco? Idos, Don Antonio. . Antes. Mirad por mi honor. . Pretendo, que conozcas. Leonorica: Mas ay, Jesús, lo que veo! Don Antonio de mi alma. Mal hayas tú, a qué mal tiempo has venido. . Hijo mío. ele to? Cielos divinos, que Ya sé qué es esta ve a buscarme; pero, necio, tontirritón, ya que rabias por verme cada momento, no me hubieras avisado? Tiene razón, caballero, no avisaráis a la dama que buscáis para con eso no mentir con otra? . Yo solo a ti, Florela, quiero. Es verdad, para doncella nuestra, cuando nos casemos. Quita. . Quita. Aparta. . Aparta. Que mi pecho. . Que mi pecho. Solo a ti, Florela, adora. Ay, qué te adora! me huelgo: Mira que te está adorando, pero a mí me está queriendo. Cómo siempre aborrecido ha sido de mí, no tengo que sentir menos, ni más. Qué es esto de más, ni menos conmigo? Puerca, criada, y habladora demás de eso? Qué esto me suceda a mí! No conoces, que no vemos a subir por la escalera? Cartapacio, aunque sea un dedo, trae encencido. . Ah, muchachos? Jesús! Don Lucas, y el viejo: mira como has de escaparte. Y tú dónde vas? Ya vengo. Qué siempre haya de andar yo en escondites y riesgos! Pero si a una tonta busco, esto y mucho más merezco. . Aquí está la luz. . Don Lucas, mirad que con mucho seso se ha de hacer la petición. Y aún con higado la haremos: qué nos le hemos de quitar por el demonio del pleito? Usfed lo deje a nosotros, que acá nos entenderemos. Hay la parte de la viuda el hermano, y el Convento: cuidado Ya estoy en todo: no sabremos, que una demanda está escrita en llenando medio pliego? Y más cuando yo aseguro por tío el demandadero del Santo Cristo de Ribas. Pues en mi estudio te dejo, cierra las puertas. Qué escucho! vive Dios que yo me quedo enjaulado, y es preciso, que adonde estoy entre luego Don Lucas, por ser su alcoba esta: buena la tenemos. Sirviente descomulgado, pon ese bufete en medio de esa sala y para entrar en la materia, el Digesto me trae ante todo. . Toma; pues si viene a ser el hecho del Convento, y de la viuda sobre el súbito alimento de señoria improvisa, qué tiene que hacer con eso el digesto, o la matraca? En un negocio, camueso, para entenderle, no es fuerza digerirle bien primero? Sí, señor. . Pues ves ahí como el estómago siendo ese libro de las leyes, es necesario en efecto; pues sin digesto será todo crudezas un pleito. Bueca a Oléa. . Para qué? Para que si le perdemos, vaya, antes que el pleito muera, con todos sus sacramentos, y con Oléa oleado. justo Dios, cuan grandes fueron mis pecados, pues me tienes a fuclas de este jumento! En qué vendrá esto a parar? Búrlense con el mozuelo: Vive Dios, que a Juez y Audiencia he de alborotar a textos. Los libros están aquí, mas yo por otros Por qué, tonto? . Porque está toda la casa en silencio, como son más de las doce; y si este duende o infierno quiere retozar conmigo, no ha de pillarme el coleto Solo. . Pues iremos juntos. Duénde dijo? yo aprovecho la ocasión para escaparme. Y pues dos haciendas puedo hacer, mientras yo me voy desnudando ve escribiendo. Dios ponga tiento en tu lengua. Cruz y margen. . Ya está hecho. Nos la parte de la viuda, en los autos del Convento, por mí, y sin mí como más haya lugar en derecho. Señor, qué dices? . Escribe. Este empezar es proemio de carta de excomunión. Qué demanda no es lo mismo, pues ya entra descomulgado cláusula que entra pidiendo? Prosiga y calle. . Me pudro. En el dicho heredamiento de la dicha, que hoy el dicho por el susodicho ha hecho. Es taravilla, señor? no reconoces que al verbo le falta aquí el sustantivo? Ponérsele. . No está a tiempo. Que lo esté. Falta el pronombre. A dónde? . junto al adverbio, porque la persona que hace no permite suplemento. Qué apuesta usted que le encajo en la cabeza el tintero, porque no me sea hablador? Verase usted bien en ello, que esta es sola insinnación nacida de un buen afecto. Qué sabe él? . Fámulo he sido, y tuve en todo el colegio fuma. . De gran ladronazo. Virgen santa! que me pierdo con este hombre. . Escriba, escriba. Por si es pulla, Farisco. Y porque en la señoría, que reproduzco, y pretendo se me debe la mitad, que es la ñoria a lo menos. Lañoria? qué es ñoria? Bruto, si para el sustento del inmediato se debe dar de la hacienda del dueño del mayorazgo una parte, quieres que el todo intentemos de la señoría, y quede el principal boquiabierto? Sin ver a Lucas de Fendis no se puede hablar en eso. Dices bien, ven a buscarle. Ya que con la luz se fueron, porque crean que es el duende quien los trastos ha revuelto de la mesa, tengo de barajar, aunque sea a tiento, libros, tintero y carteras, para que ya que del miedo esten ocupados, puesta esta sabana, que al lecho de Don Lucas he quitado, en la cabeza, corriendo los haga ir, y pueda abrir la puerta, en el intermedio, del cuarto: mas ay, que vuelven, y ya la entrada no encuentro de la alcoba: esta es la mesa, debajo de ella me meto. In terminís trae el caso prevenido, mas qué es esto? quién demonios ha esparcido estos trastos por el suelo? Si no que haya entrado Juana. Entra y mira ese aposento. No hay nadie. Qué dices, hombre? Que este debe de ser juego de Martínico. . La Virgen me valga de no me acuerdo: recoga estos trastos, y protigamos. . Yo no acierto a formar letra. . Por qué? Por qué ha de ser? porque tiemblo. Si estoy en abreviatura un instante más, me muero. Y porque. Yp La d viuda en seco. C Viuda en seco. Debe. . Debe. . Pues que pague. Respondieron? . Respondieron. Fuiste tú? . otro acento fue, que vino de los infiernos. Cómo? . Cómo de debajo de la tierra salió el eco. Jesús! ya a sudar empiezan girapliegas mis cabellos. Señor, por amor de Dios, que acabemos. . Sí, acabemos. Y porque lo favorable. Favorable. . Del derecho. Del derecho. . General. Y Teniente. . San Eusebio! que otra vez sonó la voz. Si no me estiro, reviento. Ay, señor, que el suelo se hincha, que va la mesa creciendo, que me llevan los demomos. Zancajos, pura qué os quiero? . Echelos, pero mi astucia me ha sálido sin provecho, pues sin luz la puerta ignoro. Florela, ven, y veremos, qué estruendo es este. . Melchora Un hombre de yeso me traga: tío, favor. Valednos, divinos cielos! Melchora, mira que soy Don Antonio. . No te creo, que tú eres blanco, y esotro es entre amusco y trigüeño. Oye, espera. . Madre mía, padre mío, tío, abuelo, agua de cerezas, agúa, que he visto al duende, y fallezco del flato del corazón. Don Antonio, pues qué extremo es este? qué vil di fruzí No pases, ingrato dueño, adelante, cuando sabe, e estoy en tan grande riesgo q ti. . Escondere, S q la aquí Don Pedro. ̱a, , I o qué patarata Qué duende, es el que veis, embustero? a dónde está? . No le llames, porque vendrá en un momento. Diera un brazo, porque hiciera un destrozo con el viejo. Retiraos todos. Florela? . Señor? Escuchar pretendo desde aquí. . El que propiamene fantasma de amor y celos pretende que le conteste la demanda de un afecto, que muere por tu desdén. Qué escucho? Es mi rendimiento. Ya os he dicho cuan mútil siempre ha de ser vuestro ruego. Niña, solitos estamos. Si él porfía, mucho temo, que ha de ir hacía su cabeza cuanto trasto hay aquí dentro. Y así, una vez declarado, no he de ceder, no adquiriendo auto en favor. . De qué suerte? Logrando en los cinco textos de esos partidos jazmines al alegato más bello. Qué respendes? . Que un letrado bastante tiene con eso. a . S Ay, J A 1. Tome el vejete enamorado. Qué estruendo es este? . Nada. Ay amigo! bien decís; el diablo suelto anda en esta casa. . Huyamos. No lo dije yo? me alegro. Los trastos vuelan por si: no es natural este cuento. No venera egenutorias, y venerará equeletos? En legua y media no paro. . En mis colchones me en vuelvo. . Ah, Don Antonio? . Ah, Floreia? No es tiempo de que apuremos tus traiciones. . Ni tampoco de inquirir tus fingimientos. Pues amante de Melchora finges que a buscarme has vuelto. Pues amante de Melchora no sin falta de misterio en su casa estás. Y así, pues, para otra ocasión dejo mi queja. . Pues yo mi agravio para otra ocasión reservo. Esa llave tuerce, y vete. Si haré; mas será diciendo. Que en pesares. . En congojas. En sustos. . En escarmientos. Lo que calla la razón, es fuerza aque diga el tiempo. R
JORNADA TERCERA
En el dicho día el dicho se toma al dicho pasante, y a la dicha novia. La dicha se aplauda de dichas personas en los dichos versos de estas dichas coplas. Los papeles os remito conforme a lo que nos toca por acá. En cuanto a madama Florela, y en lo que toca a su madre, es en Amberes de familia generosa: de su padre el apellido os dirá que es Española de las montañas de Burgos. No hay que leer otra cosa, que si es montañesa, es fuerza que le rebose la honra. No en vano hasta investigar esta circunstancia heroica, la rebeldía acurando mi inclinación poderosa a la parte de mi afecto, que volviese no hubo forma al oficio del de seo los autos de la concordia. Mas ya sabiendo que tiene esta picarilla hermosa de sangre de la monsaña la mitad de media onza, la especial dignidad suma de montañesa persona, si por madre no la tañe, en fin por padre la toca. Pasado mañana caso a Lucas de popa a proa con Leonor, y a fe que yo no me he de quedar a solas con tan perfecta criada, a que tardando mi boda, lo que he ganado en diez años, eche a perder en un hora el día propio. Tío. . Padre. Qué es esto, Lucas, Melchora, qué queréis? . Espumarajos vengo echando por la boca. Yo estoy de puro coraje más amarga que una alcorza. Y si usted tal porquería entre dientes no la toma. Y si usted en lo que digo, no va y hace, vuelve y torna. Vive Dios. . Voto a Fray Pedro. 2. Qué haré que los sordos me oigan. Qué es esto? en presencia mía tú me juras? tú me votas qué ha habido? . Usted, señor tío, le ha parecido hasta ahora, que el que me rapa el vígote puede hacerme la mámola? Usted, padre, ha imaginado, que yo soy alguna tonta, que no sé que por el asa se moja el pan en la olla? Vengo a casa, y oigo puesto ya mi casamiento en solfa; venga el dicho y torna el dicho: es esto hilvanar alforzas? Estoyme yo callandito, y oigo que se casan otras? pues digo, he nacido yo para portero de Atocha? Y aí de esas pataratas. Y así de esas carantoñas. De músicas, que me guiscan. De canciones, que me coscan. Reforme el cuento mi tío, que es infamia el que propongan. Que en el dicho día, Aunque el letrado contrario, cuando a defenderse ponga su parte, atrevidamente me baldone, es bien que le oiga, que el juez hace mejor juicio del que menos sé apasiona; y así porque el mundo le haga de mí, no os respondo en forma a tan necias osadías, y a indignidades tan locas. Esos versos que se estudian, y que han de servir de loa al festín de esotro día, cuando la nupcial antorcha encienda himeneo en esa apolinea claraboya, yo los he escrito no siendo, ya sea gualdrapa o tizona, el primero a quien las musas le hayan sido muy devotas. Tú has de casar con Leonor sin remedio. . Dale bola. Cuando no fuera por tantas conveniencias, que se logran, porque no se pierdan versos hechos por mí a toda costa. Ya tú, hija mía, no sabes, qué bien te estará una toca? Sí, señor, por el cogose, velándome en la Parroquia. Esto ha de ser, no hay remedio: Lucas, casamiento acosa, Melchora, clausura admite, para que al ver que mejora vuestra suerte en su elección, pueda proseguir la glosa. La dicha se aplauda, Válgame Dios! yo he quedado como el que comer se arroja con vivas ansias, y se halla dentro del plato una mosca. Qué es esto que me sucede? soy yo misma, o soy mi sombra? o soy una conocida, que me entro a ver a mi propia? Yo casarme con mujer de quien las mañas se ignoran, cuando a un Albeitar se envía una mula que se compra? Yo quedarme solterica, mi hermana a ser señora? No, señor, esa zanguanga allá a Márica la tonta. o, sí, que, cuando. Melchora, y Don Lucas, de qué te ahogas? De un flato de amor. . Reguelda. No puedo. . Pues huele, esto opa. Es imposible. . Ay, Don Lucas! stás haciendo la zorra. que Melchora, si tú fueses. A Quién? . Aquella mi señora. Cual? . El otro caballero. Para qué? . Para una droga. Qué hicieras? . Yo les vendiera rábanos por alcarchosas. Estoy en muda. Declara te. La lengua se embrolla. Habla. . 1 De qué, Lucas? . Del respeto que te debe. . Zampatortas, vamos al remedio. . Es una soberana angaripola. Y me puede a mi estar mal? No es más que contra tu honra. Pues, tonto, si no es más de ese inconveniente, qué importa? Pues, Melchora, di que eres tú mi esposo, y yo tu esposa, yo te daré alhajas mías, y di que mi amor te dota, y déjame a mí el enredo. Esto, al instante que oigas que se urde la escarspela. Y con eso, qué se logra Una de dos, que nos case nuestro tío en causa propia, o que consigamos verle en bórrico, y con coroza. Y porque no desconfíes, toma esa diestra, bobota, y envuélveme en algodon eras cinco zanahorias. Tuya soy a todo ruedo. Y soy terrible chazona: si con Don Lucas me caso, y Don Antonio, dos bodas a un tiempo pillo, y con eso seré mujer poderos? Adiós, Meschora. los, i e Señor. . Qué hay? Mas de una hora, que te espera Don Enrique sentado en la silla rota del recibi: trae la cara como en forma de pedirme chocólate? porque es visita con roncha. Ofrecérselo es preciso, que es por la mañana. . Moscas. Anda, ve, y dile, que digo yo, que estoy en la Vietoria. Y sí sabe que te niegas? Que no lo sepa. . Perdona, que yo no hago indignidad tan de tu prosapia impropia. Pues dile que entre, que yo te descontaré una onza de tu ración. . Por seis cuartos te acuitas, y te congojas? Por menos un primo mío lleva un garrasón de aloja, y será un oetavo nieto de la Infanta Doña Alfonsa. Extrañaréis que yo os busque, Don Lucas, a tales horas. Mire si la hora encarece, él viene a pegarla de onza. Pues sabed, que es un cuidado el que a venir me ocasiona a buscaros. . Ya se ve, el de almorzar a mi costa. Hanme dieño, que de un susto, que el duende os pegó en esotra casa, habéis estado enfermo. No venís con mala droga, después de costarme el cuento una ayuda, y cien ventosas. Pues qué hubo? Estando en mi cuarto vi salir como en tramoya de la tierra un elefante de legua y media de cosa, a caballo en un cabrito con un futol en la trompa, y así como iba saliendo, se iba convirtiendo en mona. Yo le vi, yo, sí, señor, mas a Dios se dé la gloria; desde esta mudanza en casa, si no es a nuestras personas, no se ven otras fantasmás, Os parece que son pocas? Ay, Don Enrique! ahora que sé me ha venido a la cholla, cogite, Martín, pesquete. Qué dices? . Que la forzosa te hice a las damas, y es fuerza a que soples, o que comas, hijo mío. . De qué suerte? Cartapacio, Doña Leonor, callandito, como de acción misteriosa, búscala, y dile al oído, que un hombre que la enamora está aquí, y si te pregunta si estoy fuera, di que ahora fui a los pañeros. . Y a qué? A escoger unas pistolas. Voy en un vuelo. Qué intentas, Don Lucas? . La gerigonza apurar, con que me hacéis creer, que está la chicora enamorada de mí, y que a vuestras carantoñas se resiste. . Oíd, mirad. No hay que andarme en ceremonias: detrás de aquella cortina me escondo, para que a posta la enamoréis a mi vista, que quiero ver qué os responda. Si os he dicho. . Cantaleta. Que solamente. . Zampomba. Os ama a vos. . Tararira. Qué pretendéis? . Que yo lo oiga. Vive Dios, que hará este necio, que se nos descubra toda nuestra cautela, no estando, de su invención maliciosa, Doña Leonor avisada. Desde aquí atisbo. . El que notas es. . Pues, Cartapacio, ya que tanto te debo, toma ese doblón, y si viene alguien, avisa. . Me compras el silencio: Dios te guarde. Como yo pille, arda Troya. Válgame Dios! si mis señas conseguiré que conozca: Leonor? . Mi Enrique, mi bien, mi dueño, hasta cuando ansiosa mi fineza había tu vista de suplir con tu memoria? Toma, si lo dije yo! Leonor, como siempre contra nosotros en todas partes hay quien nos mire, y nos oiga, no extrañes, que temeroso. Ah, ingrato, que no te corras de acordarme, que hay quien pueda tenerme de ti celosa! Celosa de mí? . Det ti solo tea pues a mi ceguedad. . N as clarito no lo dirá una cotorra. Qué no me entienda! repara en que cuando a ser esposa de Don Lucas te destinas. Ahora ese monstruo me nombras? no sabe que ese incapaz, ni aún me debe el que le oiga? Usted viva dos mil años: qué cortesana es la moza! Pues no es fuerza que a tu padre obedezcas y te pongas en sus manos? . Yo a un tirano no me rindo. . Santa Horosia! así trata al padre nuestro? por Jesucristo que es mora. Y así, Don Enrique amado, Ya escampa, y llueven carocas. Pues yo no puedo dejar de ser tuya. . Aprieta, boba. Infeliz mollera mía en poder de esta bribona, si ella te hubiera pillado. Dispon el como se rompan las prisiones, que tiranas ya mi tolerancia postran. Yo iré a disponer, supuesto que está mi tío en su alcoba, que te venga a ti a romper lo primero que te coja. Ya, Don Lucas, me parece que se fue. . Qué te alborota? Nada. . Qué miras? Qué quieres, mi Leonor? que reconozcas que todo lo hemos perdido. Cómo? . Cómo desde esotra parte, oculto en la cortina de esa puerta, ha estado has ta ahora Don Lucas, siendo testigo de tus quejas amorosas, habiéndome antes pedido, que te hable en cuanto a su boda. Qué dices? . Que por más señas, que te estuve haciendo, absorta en tu afecto propio, nunca las entendiste, y él torna aquí. . Y con mi padre creo: forzoso es mudar la hoja al discurso y engañarlos. Aunque más fuerza me pongas, no he de creerte. . Plegue a Cristo, que mala sarna me coma, si no es verdad. . De ti trata con voces ignominiosas? Lo menor era llamarme el monstruo de Babilonia, y a usted un perro tirano, belitre, barbas de estopa. Pero pues aún todabía el que me hace la limosna de sacarla las entrañas, no se ha ido, usted se encoja, escuche, calle, y verá. Está bien. . Con qué, eñora, la dilación solamente es el mal que os acongoja! Éstimo tanto a Don Lucas, por sus prendas generosas, por su ilustre nacimiento, y porque en todo confronta conmigo. . Mientes, borracha. Que hasta lograr ser dichosa con su mano, estoy sin mí. Han visto tal? esta tronga se vuelve como vinagre. A él solamente se postra la verdad de mi cariño. Lucas, esto es otra cosa de lo que tú dices. . Tío, yo estoy hecho una bazosía, porque lo que yo escuché era pan, y estas son tortas. Y vuestro padre es preciso, como quien es, corresponda a tan hidalga obediencia. Aunque esta acción tan gustosa no me fuese, es mi cariño quien tan de humilde blasona, que por él lo egecutara. Miren la zalamer ota. Hija mía, yo lo creo: calga sobre ti, paloma, mi bendición. . Y una peña, que pese noventa arrobas. Solo, si es que alguna vez con Don Lucas se desvoca mi pasión. . Atiende aquí, que ya vuerve la pelota. Es porque trata a mi padre con ignominia y deshonra. Qué escucho! . Virgen María! De miserable le nota, de ignorante en sus estudios, de que en los pleitos le roba sus derechos. . Ah, villano, pícaro, ruin. . Y en fin toca en lo que m as siento yo, que a una criada de ca Yo he dicho tal, picarona? Si habrás dicho, infame, tonto. San Blas, San Blas, que me ahoga. P R Tú desvergüenzas de mí? ̱. Tened, tened, qué os enoja, señor Don Pedro? . Ah, bribón, tú poner las manos osas en mi padre? . Mujer, mira, que él es el que me acogota, que yo no llego. . Ah, perro! No hay alguien que me socorra? Quién causa tan grande estruendo? Quién somenta esta peleona? por cierto que si lo sabe quien yo me sé. . No, no es consa de cuidado. . Si es, y mucho, que entre usted, y esta galfota me han hecho junto a la nuez del gaznate una corcoba. Ay Jesús! pues el marido y el dote con que me otorga el matrimonio de carta? Mira que es temprano, tonta. Tempruno? pues si no avisas, ya iba a descoserme toda. Cielos, aquí Don Enrique? De las prendas generosas, señor Don Enrique, vuestras, no dude yo que conozca Don Lúcas, evanio sus partes hacéis en lo que le importa. Y como que hace, y aún tanto, que lo que es mío se apropia; yasi . Señor? . Cartapacio? Pasando junto a la lonja de San Pelipe, me dio, con veinte mil ceremonias, un soldado este papel. Para mí? la nema rompo. Un espíritu, a quien dio enfado el ver que os desvela el cariño de Florela, y os medio descalabró, proseguir la acción pretende borrándoos esa quimera, y así a los dos os espera detrás de Sun Bías. . Válgame Dios! . Tío mío, qué pupel o diablo es ese, que te ha puesfo como un yeso? Lueas, disimula; fuer te lance! . Pues qué ha sido? . Sabe, que me desafía en este papel. . Cáscaras. . Aquel espiritu, que rebelde en la otra casa habitaba. Qué dices? Jesus mil veces! Que el duende es el que me espera. Pues al diablo quién le mete en andar buscando ruidos, teniendo los que se tiene? El caso es, que habemos de ir. A dónde? a andar a cacheres con el demonio? . Si es hombre, que este disfraz tomar quiere, se ha de contar que anduvieron infames dos montañeses? Eso no, voto a Cristo, aunque una legión me espere de dueñas magras, que son los estoques de la muerte. Pero, señor, por si acaso cosa del demonio fuese, no será bueno que vaya la egecutoria patente, que no puede cosa mala llegar dónde ella estuviere? Dices bien, ven, tomaremos las espadas y brojueles: y porque no nos estorben, saldremos más fácilmente por la puerta falsa. . Ay, honra montañesa, lo que puedes! pues muerto de míe lo voy a que me casquen las liendres. Leonor, a un negocio vamos de importancia, en tanto puede prevenir para el ensayo de esta noche lo que sueles: que he de ver la serenata como sale. . Que nos rezan será mejor un rosario, porque volvamos con dientes. Y aún prevente tú también; que es bien que esta noche quedes casada; ya que a Don Lucas amas, estimas y quieres. Qué oigo, cielos! . Ay de mí! que con mis armas me hieren. No será eso, mientras yo tengo unos inconvenientes. Cuales? . Ellos lo dirán. Misterios gastar pretendes? Esto importa a la maraña: y ve usted, pues de esta como Dios quiera. Será lo que Dios quisiere. . Maldita tú seas, amén, y qué majadera que eres! Ay, Enrique! . Esto faltaba a mi dolor solamente. Ya has oído de mi ruina la sentencia. . No me fuerces a que un despecho egecute. Ah, injusto! ah, traidor aleve! Ya estamos en la forzosa de que el remedio se piense; esta noche ven que Juana te abrirá, y en mi retrete oculto. . Qué escucho, penas! Estarás; y cuando vieres, que mi padre solicita, que a Lucas la mano entregue, Sal, y di, que eres mi esposo. Tu esclavo soy. Ya no puede tolerarse sal injuria. Y ahora, Don Enrique, vete; y si puedes inquirir lo que tan secretamente a egecutar va mi padre, más presto el que se remedie nuestro pesar lograremos. Todo, mi bien, lo previne tu divino entendimiento: voy volando a obedecerte. Juana? . Señora? A tu cargo pongo el que a la noche entres en el cuarto, a Don Enrique, de los barros. . De viviente blcaro te le tendré curado al polvo, y si quieres, mojado con agua de ambar. qué te parece Plorela, de mi mal? . Que cierto ingenio dijo bien discretamente. Enamorado de Siquis baja Amor a los vergeles, que en las campañas del aire fabrican y desvanecen. Y que enamorado venga Don Enrique, a que se empleen en mí sus adoraciones con mi desgracia, qué tiene qué ver? . Pues mejor concepto, a mi parecer, es este. ̱. Ojos eran fugitivos de un pardo escollo dos fuentes, humedeciendo pestañas de jazmines y claveles. Oh es mania de cantar la tuya continuamente, o venga al caso, o no venga, o de mis penas crueles te burlas? . Escucha, escucha, no has de lograr que conteste con tu gusto y que del daño, que tú me haces, me consuele. Canta hasta que más no quieras, que si algún día sintieres, puede ser que yo me ría de ver que tú te lamentes. No faltaba a mi dolor mas de que ahora pretendieses descansar con quien por ti pena y sufre, llora y muere. Siente, pues que siento yo, y mientras buscar emprendes medios para el fin que anhelas, para impedírtelos piense imposibles mi dolor, ya que el destino inclemente quiere a costa de mis males ir fabricando tus bienes. Y pues esta noche aguardan para matarme dos veces, esta noche del acaso, que la fortuna ofreciere más propicia, mi coraje valido, haré que reviente este volcán, que oprimido arde en prisiones de nieve. Diste el papel que te di a Cartapacio? . Yo le hallé, como te he dicho y logré encajársele. . Si en mí desafiar a un letrado pareciere extraño hoy, esté alguno como estoy de su dama enamorado, y empátele su fineza otro, sea el que se fuere, verá si aún con Baldo quiere deshacerse la cabeza. Yo creo, que aquellos dos hombres, que vienen allí, son tío y sobrino. . Sí; retirate. Vive Dios, que siendo dos, oportuno será que yo no me vaya. No temas que riesgo haya, que uno es nada, y d r Anda, Lucas. . Raro afán! No ves que el honor precisa? Que ni aún siquiera oír misa pudiese en San Sebastían! Para qué? . Para notorio sufragio. . De quién bergante? De quién puede en un instante ser alma del purgatorio. A eso tu temor te obliga? Pues la del otro está hablada, para que tenga su espada atención con mi barriga? Un hombre está aquí. . No más? No es más de uno. . Suerte rara! Pues llega tu cara a cara, le daré yo por detrás. Contra nuestro honor no ves, que ese es un terrible error? Válgame Dios por honor, qué caramilloso que es! Estate tú oculto allí, que mientras que solo sea, no es bien que a los dos nos vea. Por Dios que no estoy en mí. Yo a conquistadores puedo heredar? Cristo me ampare, pues lo que hoy conquistare lo quiero asar en un dedo. Caballero? . Qué mandáis? Virgen sagrada, qué veo! Que sois vos quien busco creo. Yo soy. . Pues a qué esperáis? Cuando lleguéis a saber el motivo de este duelo, a nada. Válgame el cielo! el duende es o su mujer, porque yo a este hombre le vi de mantilla: hay tal historia! Saco luz y egecutoria, pues todo lo traigo aquí. Valor tenéis. . He nacido caballero, y manejado Qué alentado libros y armas. es el viejo! Qué atrevido es el mozo! . Qué aguardáis, (cruel estrella) pues me veis A que la alcéis, sin espada? Cómo caballero obráis, pero una vez recobrado, solo a defenderme aspiro. Pues yo de veras os tiro. Mirad que habéis tropezado. Matadme. . Quién obra bien, cómo aconseja tan mal? Duendecillo tal por cual, ten esa estocada, ten. Qué es esto? . Cruje los dientes, perro maldito, haz espantos, huye de los nombres santos de todos mis ascendientes. Don Pedro. . Qué no te humillas? Vuestro furor me acometa. Santo Dios! que no respeta las armas de los Cirichillas. Presto daré testimonio de que aquel error absuelvo. Señores, a decir vuelvo, que este es duende o es demonio. Qué es esto, amigos? Estoes ser este diablo Andaluz, pues no respeta la cruz de un despacho montaños. Vos, señor Don Pedro, y vos, Don Antonio, en este estado? motivo de gran cuidado es el que os mueve, por Dios. Y pues yéndoos a buscar, el acaso me ha traído, yo he de saberle. Este ha sido haber venido a parar madama Florela. Quién? Una Flamenca Española, a mi casa triste y sola, huyendo cierto valven de su fortuna en Amberes, de donde mi amigo Octavio me la envió: y siendo agravio no amparar a las mujeres en quien nace caballero, en mi casa la hospede, donde la vi, y la traté. Y no siendo yo el primero a quien una perfección haya en vista condenado, en revista, y sin traslado me ganó la inelinación. Tanto su beldad promete. Oiga el diantre del borrico por donde mete el hocico, con que la casca el vejete. Por esto ese caballero hoy un papel me ha enviado, en que me ha desafiado. Ya os he contado primero, que allá en Amberes reñí por cierta madamusela, que amé, pues ella es Florela. Pues ahora me toca a mí reñir con los dos. . Por qué? Porque el sujeto soy yo, que en Amberes os hirió, y que allí a Flórela amé. Ya son mis dudas mayores. otra la pretende y ama! señores, es esta dama, o concurso de acreedores? Pues Florela ha de ser mía. Yo he de merecer su amor. A mi cuenta está su honor. Virgen, y qué gregueria! Pues si he de reñir, ya el tiempo es muy importuno, y así vamos uno a uno. Qué uno a uno? arre allá. Cómo entendéis esa historia? Riñendo vos el primero. Pues queréis un agugero hacerme en la egecutoria? primero me dejaré asaetear por un lado, por detrás, por el costado, que por el pecho os la dé. Embiste, no temas nada. Pues he de exponerme, tío, a que a un ascendiente mío le den una cuenillada? Parad, tened los aceros, pues nada pierdo en tal trance, enmendar intento el lace; y advirtamos, caballeros, que de una dama la fama este escándalo atropella; y pues ha de ser do que ella dijere, el ja la dama. Yo me doy a este partido. Con ese dietamen voy, Don Enrique, porque soy amante, y tan siempre he sido vuestro amigo, hallar quisiera modo que el caso emendara, y que a Florela lograra, Sin que yo a vos os perdiera; pues cuando amáis a Leonor. Dejaos por mi gobernar, que a mí me viene a importar que consigáis vuestro amor, Y pues esto es tan haj señor Don Pedro podéis Ya reconocéis iros. si bien o mal he quedado. Nunca vos quedastéis mal. Cómo? ya se han convenido? de mi egecutoria ha sido milagro, por San Pascual. Ellos van quietos y buenos; o papel! esto hay en ti? no te he de apartar de mí el día que hubiere truenos. Don Enrique? . Ahora sabréis si soy vuestro amigo en todo. De qué suerte? De este modo, venid, que allá lo veréis. Ven, sagrado Himeneo, ven, y ven muy aprisa, que tardar esta boda es mucha porquería: Ven, ven, por tu vida, a las nupcias del más fuerte hidalgo, que bebe, que ronca, que pace en Castilla. Esta todo prevenido? Por lo que toca a bebidas, ya de sorbete y aloja, dejé entregada a Dominga Y los dulces? una garrafa. Son chochos y peladillas, y he habido de tener un cuento en la confireria. Como la cuchara, Cómo? que llevé está muy lamida, y no había forma en empeño de darme más que dos libras. Y así el tío y el sobrino habrán de hacer la barriga con las castañas pisongas, que como ayer fue vigilia, Y te parece, sobraron. que en la montaña tendrían otros dulces de Paris? Juana, anda, ve, por tu vida, a ver si viene mi Enrique, verás como hago que sirva a otro intento este aparato. No será mala volina la que habrá. Y Melchora? . Cómo hace una de las ninfas, que han de llamar a Himeneo, según la los está escrita ñor, de Don Pedro mi ser se está vistiendo. Hija mía? Padre y señor? . Hoy se enlazan los pesares y las dichas. A casa desazonado de un disgustillo venía, y me han dado en el camino la prodigiosa noticia, de que el título que compro está ya en cabeza mía: Vueseñoria lo sepa, para que reconocida a los favores del cielo, desde hoy los criados riña, a todas horas enfade amigos y conocidas, pida el almuerzo a las once, y suba al desvan en silla. Oye usted, y yo no tengo de tener mis piececillas de sobrino de Marqués? En casando con mi hija, que entonces os cae el chorro de este honor por recta línea. Ah, Cartapacio? el tintero. Aquí está. . Esta seguidilla dele a Juana, o a Melchora, que al nuevo asunto va escrita de la señoría nuestra, que la encajen por su vida en la dicha pastorela. Habrá invención más maldita de fiesta, que esta que hacen, pudiendo llenar la tripa, con lo que en ella se gasta, de pabos y de gallinas? Mis amigos vienen ya. Para que la rebeldía no se me acuse, señor Don Pedro, de que a tan digna función vengo tarde, el gusto mi concurrencia anticipa. Cosa que habéis hecho vos, es fuerza ser peregrina. Señores, muy bienvenidos: ab, Cartapacio, trae sillas; Leonor, siéntare. . Aquí están. Quédate aquí, y solo atisba, Esta bien. sin que te vean. A qué será esta traída? Presto de dudas saldréis. Señora, como pedías, aquel negocio está hecho, pero el diablo de la fría de la Flamenca los vio. No es tiempo de que nos sirva Señor, eso do estorbo. la cera está ya encendida, y como es poca, ya ves, que es fuerza que se derrita. Empezarán? . Di que empiecen. Yo en estas majaderías me duermo luego: ah, bergante, De maravilla. tu apuntas? No te viera yo apuntado de un tiro de artilleria? Señores, callad, que empiezan. Cuando va que para en risa? Ven, sagrado Himeneo, Ven, que no es quien es pera ningún hombre de ansina, sino una hembra que casa con un varón Chinchilla. Ven, que con montañeses no se hacen groserias, y ni a Dios esperan los de aquesta familia. Su señorsa ordena, que con tu antorcha asistas, y basta que lo mande su señor señoría. Aquella postrera copla es la de nuevo añadida. Es un pasmo. . Es un prodigio. Que prosiga. . Que prosiga. Ven, ven por tu vida, No solo a tanto asunto esta antorcha encendida aseva del sol abrasa todo lo que ilumina; sino a descubrir vengo, Don Pedro, los enigmas, que tu honor oscurecen, y tu fama marchitan. Oculto hay en tu casa quien tronear solicita de tus nobles ideas las generosas líneas. Y quien del honor mío a destruir aspira la opinión generosa hoy por ti defendida; tu venganza y mi enojo, su traición y mi ira, alumbre aquesta antorcha, y siguiéndome digan. e. Traición, traición. Ah, villana! Qué es esto? todos me sigan. . Ay, que todo lo descubre! Goy . A Don Pedro es bien que asista. Qué embrella de los demonios en esta, Melchora mía? Ahora es ocasión que se haga nuestra traza discurrida. Pues verás que presto vengo cargada con la balija. Cielos santos, yo estoy muerta! Mueran los que así amancillan mi honor. Don Pedro, tened, que siendo ya vuestra hija Doña Leonor mi mujar, en mi vuestro honor habita. Cómo esposo de Leonor? Señor, no te lo decía yo, que esta pienra infame la habla de hacer? . Como viva yo, siendo Enrique (Don Pedro) tu causa de mis dosdichas, nro es fácil que de otra sea. Ni yo a otro hombre permita, que sea dichoso contigo. Estoy yo acaso en las Indias, para que a Doña Florela de Guzman, solo por hija de Don Andrés de Guzman, no la eleve a señoría? Don Andrés de Guzman? ved lo que debis! . Suerte esquiva! que aquese mi padre fue. Pues esos papeles digan como gobernando Amberes, al tiempo que ya os tenía a vos, casó de secreto con madama Catalina de Orbesí, ilustre y hermosa, y prenda de esta caricia Fue Florela, a quien dejo declarada. . Hermana mía, como avarienta hasta aquí me ha negado esta noticia mi suerte? No en vano yo tanto, Enrique, te quería Ahora sin este embarazo, que mi rendimiento admita Tuya es Florela. Premiar es deuda precisa Tened, vuestra constancia. que yo . . Tanta griteria hay, que a quien hoy se casa la aturde, y la martiriza. Melchora, qué es esto? Ay, padre! no ve aquesta bolsa en cinta? pues prendas son de Don Lucas cuantas traigo aquí metidas. Solo faltaba esta afrenta a mi casa y mi familia! Qué dices, perra? . Que ya que ha perdido Leonorilla la fortuna de mi mano por sus muchas picardias, con Melehora me recaso, que mi conciencia me aguizga, pues dice bien, pues mías son esas prendas que pública ese bulto. . Cómo, infame? Como es esta su ropilla, su manteo, su sofana, sus calcetas, sus camisas: miren si son esas prendas suyas, o de la vecina. Si estás contenta, Leonor. yo no violento a mis hijas da la mano a Don Enrique, y dasela tú, Luquillas, Ven acá, a Melchora. daca la muno, borrica. Toma, animal. . Cada oveja con su pareja, Juanilla. Pues toma esos cíneo dedos. Hermosa Leonor, mi vida es tuya. . Pelice soy. Ya con todas mis fatigas venturosas con tal suerte. Tus finezas me conquistan. Y yo que quedo soltero, no sé, señores, si diga, que quedo mejor. Y aquí una obediencia rendida, da fin al Domine Lueas, reconociéndose indigna de aplauso, ni admiración, se contenta con la risa. de Il mpié. 1818. @ Mo
