Texto digital de El doctor Carlino
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Antonio de Solís y Rivadeneyra
- Atribución estilometría
- Antonio de Solís y Rivadeneyra Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción de un impreso contenido en la BVMC, corregido posteriormente.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El doctor Carlino. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/doctor-carlino-el.

EL DOCTOR CARLINO
JORNADA PRIMERA
Él es sin duda. . Esta dama os quiere hablar, Caballero. Este es mi padre, y si sabe que estoy en la Corte, pierdo cuanto previene mi industria: con él una dama veo, y si no me engaño, entrambos por esa puerta salieron, que es del jardín de Leonor: válgame el cielo! qué esto? si es Leonor? pero mi padre en su casa? no lo entiendo: toda es horrores la noche, todo es confusión el viento. Ved, señora, si mandáis que yo os quede aquí sirviendo, porque no es justo dejaros, cuando parece que os veo con disgusto, y así en tanto que habláis a ese Caballero, yo os aguardaré, . Lo más que ahora quiero deberos, es que sola me dejéis con él, . Está bien, no intento impediros; raro caso! algún evidente riesgo amenazaba su vida. Don Lope. Leonor, qué es esto? tú en la calle de este modo? Tu amor, Don Lope me ha puesto en el más pesado lance, que inventar pudiera el miedo. Esto es bueno, cuando son tan evidentes mis celos, y cuando yo mismo he visto entrar hasta tu aposento un hombre. . Sabe (ay de mí!) cobrar no puedo el aliento, que apenas para que entrases del jardín la puerta abrieron, cuando te sintió mi padre. Me sintió a mí? bueno es eso: tú vienes mal informada, déjame decir primero lo que pasó, porque veas que conozco tus intentos. Apenas, pues, como dices; del jardín la puerta abrieron, cuando entró un hombre por ella determinado, y resuelto, No fui yo, ingrata, otro fue, tú lo sabes, yo lo siento; pero ternezas ahora? o permítanme los cielos esconder todo mi amor dentro de mi sentimiento. Entró, pues, por ella, y yo entré tras él, con intento de averiguar mi sospecha; discurrió al jardín primero, diciendo con su recato tu delito, y su recelo. Y al fin (ay Leonor ingrata! y al fin paró en tu aposento, donde le vi con la luz, que en él había, esto es cierto: no empieces ya a desmentirme con inútiles afectos, y aunque yo no le conozco, le conoceré si vuelvo a verle, porque el amor con el buril de los celos su imagen dejó estampada en la lámina del pecho. Oí entonces, que tu padre le había sentido allá dentro, y como miro tu honor con los ojos del respecto, me retiré, porque ya tu padre tiene recelos de mí, y si me viera entonces fuera hacer mayor tu riesgo, Esto vi, Leonor; advierte si con justa razón puedo mezclar las ajenas dichas entre los propios tormentos. Ay, Leonor, y ay de mí triste! quejoso vine, y ya trueco las altiveces de airado en humildades de tierno. Un año habrá que el amor, tirano de mi sosiego, los ojos inficionó con aquel dulce veneno de tu hermosura, que el alma rendida bebió por ellos, sin que pudiese apurarse toda la sed del deseo. Bien sabes cuan diligente, cuan rendido, cuan sujeto de tu honor, de tu recato en ese piélago inmenso, en corto vajel expuse mi pobre merecimiento. Y cuantas olas de penas, cuantas tormentas de celos, cuantos vientos de rigores, cuantos Euripios de miedos, cuantos Caribdis de dudas, y cuantas Escilas de riesgos, en el mar de tus desdenes padeció el alma, primero que en tu agrado la bonanza, y en tu amor hallase puerto, Y bien sabes que mi padre ha intentado en este tiempo que yo me case en Sevilla con Doña Clara Pacheco mi prima, con tantas veras, que habrá apenas mes y medio que me hizo partir de aquí, diciéndome, que en viniendo la dispensación, traería mi esposa a Madrid; mas esto, movido de tus ternuras, de tus llantos, de tus ruegos, y de mi amor, que es lo más, lo atropellé, y yo fingiendo que salía de Madrid, y teniéndose dispuesto quedarme en él escondido, porque me dio para ello su casa el Doctor Carlino, que es aquel por cuyo medio entablé yo mis amores, y por quien tal vez fingiendo achaques su medicina, en tu amor, en mi deseo, y en el rigor de tu padre introdujo sus remedios. Esto te he dicho, Leonor, para que veas si puedo estar con razón quejoso; pero de la pena ciego, no he reparado que estás fuera de tu casa, presto, vuélvete, Leonor, a ella no te eche tu padre menos. Ya Don Lope no es posible, oye, y sabrás el aprieto en que estoy por mi desdicha, y aunque tus injustos celos quieran que pierda el amor conmigo el merecimiento, por mujer, por aflígida, ha de ampararme tu esfuerzo en tan precisa ocasión, pues cuando en tu noble pecho falte el empeño de amor, quedará el de Caballero. Tú dices, señor, que un hombre, tú lo dices, yo lo creo, entró en mi cuarto esta noche: más sabe amor, sabe el Cielo que estoy sin culpa, que ha sido injusto, cruel decreto de los hados, que han querido triunfar de nuestro sosiego. Apenas, pues, el rumor que dices que en mi aposento había, sintió mi padre, cuando de cólera ciego, aunque me halló en otra cuadra bien segura de este riesgo, amenazando mi vida, y mi muerte previniendo, me dejó encerrada en ella, mientras iba en seguimiento del que se atrevió a su casa. Mas yo, Don Lope, creyendo que eras tú, como ya entonces te aguardaba, y que era cierto, habiéndote conocido mi padre, manchar su acero en mi sangre, porque ya sospechó nuestros intentos, con los hierros de un estuche, y con la industria del miedo, abrí la puerta, y salí por la del jardín, huyendo de mi muerte, y al salir encontré aquel Caballero con quien me hallaste, y le dije que me amparase, mas luego te vi pasar por la calle, y te conocí: con esto, Don Lope mío, has sabido mi desdichado suceso; tuya he sido, tuya soy, tuyo ha de ser el remedio, Volver ahora a mi casa, es ir a poner el cuello al cuchillo, porque ya me han de haber echado menos; pues sabes cuan sin cautela tus ansias siempre tuvieron, siempre hallaron tus verdades dulce acogida en mi pecho. Pues sabes cuan obediente a tu noble cautiverio del amor ha conducido, en vez de arrastrar los hierros, Y pues sabes cuan rendida el dulce amoroso fuego, blandamente entre las alas de mi corazón conservo, ayudando mis ardores con tu propio movimiento; no será bien que se rinda a los primeros encuentros lo advertido de un cuidado a lo débil de un recelo. Yo no me atrevo a pedirte que estás, de mi satisfecho, bien veo que esos indicios disculpan tu sentimiento. Pero hasta que hayas sabido si te ofendo, o no te ofendo, no me castigen tus iras, no me maten tus despechos, Diligente lo averigua, y no lo averigües ciego, porque si tienes airado; porque si muestras severo tanto rigor al dudarlo, que guardas para el saberlo? Esta, Don Lope, es mi casa, este, señor, mi suceso, este, Don Lope, tu engaño, este, señor, mi tormento, busquen mi desdichas, pues, hallen, pues, mis desconsuelos, soliciten mis dosgracias, y alcancen mis desalientos. de tu pecho lo piadoso; sino merecen lo tierno. No, Leonor, no has de pensar que esto es huir del empeño de socorrerte afligida; ni han de poder más mis celos que mi obligación, en casa del Doctor Carlino quiero llevarte, para que estés hasta el fin de este suceso, escondida en tu recato, y encerrada en mi respeto, que yo sabré averiguar si son verdades mis celos, porque bien conoceré el que estuvo en tu aposento. Eso, si Don Lope mío, averigualo severo. Argos seré vigilante. De amor me hallarás ejemplo, Dárete en ferias la vida. Con el amor me contento. Vamos, pues, Leonor hermosa. Vamos Don Lope, o si el cielo descubriese mi inocencia! O si hallase mi desvelo castigado mi temor, y premiados mis deseos! . Aquí podéis proseguir vuestra relación, Don Diego, y hacedla sucinta os ruego, porque yo en llegando a oír relaciones dilatadas, sino puedo con el dueño, por lo menos con el sueño me daré de cabezadas. No pienses, Doctor, que aquí a referirte he venido los sucesos que he tenido en dos años que ha que fui a las Indias con la Armada, que solo a contarte vengo un suceso, en que ya tengo a tu prudencia empeñada, que tal acierto profesa tu pronta solicitud, que toda la juventud su oráculo te confiesa; y yo más, porque conmigo siempre, Doctor, has mezclado los preceptos de avisado, con las caricias de amigo: Y así has, de escucharmes atento un empeño, en que el amor me ha puesto, que es el mayor que inventó el atrevimieno. Y no será dilatada, Carlino, mi relación, porque pide mi afición medicina apresurada. Como ese suceso, amigo; tan breve me le pintéis, escucharle me veréis con el oído tan largo. Pero como no me cuadre el caso que sucedió, perdonadme, porque yo me dormiré con mi padre. Un mes habrá que a Sevilla llegué, Doctor, como sabes, después que de mi fortuna arbitrios hizo los mares. Donde aguardé algunos días, que me escribiese mi padre si estaba compuesta ya aquella desgracia grande, que de mi patria Madrid pudo entonces desterrarme. De aquella Ciudad apenas pisé las hermosas calles, cuando del ardiente Estío una calurosa tarde poblaron el Arenal las Sevillanas beldades; porque el Betis caudaloso templando el ardor del aire, mereció con su frescura los adornos de su margen. De tantas, pues, hermosuras, de Venus creído ultraje, aún más que mi vista, hizo mi admiración el examen; y el amor, al parecer, corrido de que mirase yo solo, ocioso aquel día de su imperio tanta parte, Con cauto ardid introdujo en mi pecho vigilante un cuidado, que sujeta, y un temor que persuade, en una muerte tan dulce, y en un daño tan amable, que el discurso vio el peligro, y se puso de su parte. De Doña Clara Pacheco vi la hermosura; aquí calle absorta la admiración, o en mudos aplausos hable. Decirte, Doctor amigo, esos hipérboles grandes con que los Poetas suelen lisonjear las beldades, fuera ocioso, solo digo, que al ver perfecciones tales, sentí que el amor brindaba con un veneno suave, que alimentaba los ojos, inficionando la sangre. Busqué su casa, intenté que atrevidos, y cobardes llegasen a sus oídos a buscar piedad mis males. Pero era su recato, y el cuidado de su padre tan grande, que no halló medio mi amor para declararse. Supe de un criado viejo, a quien puso de mi parte el interés, que ya estaba dispuesto que se casase con Don Lope de Velasco, primo suyo, y que su padre aguardaba a que viniese de Madrid, para hospedarle en su casa: ya verás cuanto a un corazón amante afligiría esta nueva, que en vez de hacerlos cobardes, imitan a los deseos las mismas dificultades. Murió su padre en efecto, y vino a determinase, como quedaba su tío en el lugar de su padre, venirse a su casa luego, y con su primo casarse. Supe yo de aquel criado su intento, y como un amante no hay riesgos que no atropelle, ni peligros que no allane, con el nombre de Don Lope me entré en su casa una tarde con dos criados, fiado en que ya muerto su padre, solo aquel viejo que he dicho, que estaba ya de mi parte, a Don Lope conocía. Mostrose, pues, favorable la fortuna a mis engaños, y como hallé con dictamen de venirse ya a la Corte a Doña Clara, fue fácil el excusar el peligro de que a Sevilla llegase el Don Lope verdadero; y así resuelto, y amante a la Corte la he traído, con intento de apearme en la casa de un criado, que fue en mis mocedades confidente, y esta noche en la casa de mi padre por la puerta del jardín, que hallé abierta entré a buscarle: Llegue al cuarto de mi hermana Don Leonor, con dictamen de comunicarla el caso, porque siempre en mis pesares, como en mis gustos, Leonor tuvo no pequeña parte; y apenas estaba dentro, cuando sentí alborotarse los criados, y temiendo que mi padre me encontrase me retiré, porque ahora me esta mal que se declare mi engaño, y así he venido, Doctor amigo, a rogarte que nos tengas en tu casa ocultos, hasta que halle tu prudencia la salida de empeño tan importante, que yo he dicho a Doña Clara que no tengo de apearme en mi casa, hasta que tenga desenojado a mi padre de una travesura mía. No hay, Doctor, si no que ampares esta causa como propia, y disponiendo el sacarme en hombros de tu cuidado de tan apretado lance, de mi hacienda, de mi vida dueño absoluto te llames. El Castillo tiene uñas vive Cristo que es rapante: Don Lope, que hoy en mi casa está encubierto, es amante de la hermana de Don Diego; Don Diego a mi casa trae a la prima de Don Lope, con quien el iba a casarse: que haré? mas yo me embarazo, que aunque pese a quien pesare del enredo, y del embuste, soy en Madrid el yo autem, Vengan a mi casa todos, vengan, que eso es lo que vale, que Don Lope no conoce a la tal, ni los dos tales se conocen; y así puedo, sin que me lo estorbe nadie, hacer que el amor de entrambos me baile el oro delante. Ya sabéis, señor Don Diego, que en todo podéis mandarme, y así disponed de mí a vuestro arbitrio: esto añade . el que este me ha de dar mas de cuatrocientos reales. Vos veréis, Carlino amigo, como sé desempeñarme de esta nueva obligación, y pagar el hospedaje. Voy luego por Doña Clara; y advertid, que he de llamarme en vuestra casa Don Lope. Ya lo sé, no vengan tarde. Presto doy la vuelta, Aquí esperaré. Dios os guarde. Ahora, señores, que estamos solos aquí, porque vuestra duda sé, quien soy os diré, quien fui, y quien pienso que seré, En relación puntual mis manas pondré, y mis modos, nadie descubra mi mal, porque se lo digo a todos en secreto natural. Aunque sigo su modelo, no soy el Carlino, no, que honró el Gaditano suelo; cuyos hechos escribió Gongora, que esté en el cielo; En Cadiz fui su criado, y de él aprendí tan bien lo embustero, y lo avisado, que dirán los que me ven, que soy el mismo mismado, Luego que el pobre murió, nombre, y grados le quité vistiéndome de ellos yo, y de Cádiz me ausenté, porque Madrid me llamó. Aquí está mi falsedad tan afeitada, y tan bella, y al fin de tal calidad, que nadie dirá con ella, que me ha cogido en verdad. Mis cautelas, las más bobas engañarán al demonio en sus lóbregas alcobas, y levanto un testimonio, aunque pese mil arrobas, Yo no apuro melindroso, por quien miento, o para qué, y soy de esto tan goloso, que por mentir, mentiré en cabeza de tinoso. Alcahuete soy de fama, que con cauteloso ardid soplo la amorosa llama, y ando por ese Madrid saltando de rama en rama. Y es tanta la industria mía, que si aviso a mi cuidado, y hablo a mi bellaquería, sabré meter un recado por el ojo de una tía. Con el ser Médico allano cuantas casas ay, y gano nombre de atinado, y bueno, sin que el libro de Galeno me haya tomado una mano. Hiendo en el aire un cabello, la Corte aturdida trae mi solícito desuello, todos tropiezan en ello, y ninguno en ello cae. Mas entre aquesta ventura tengo una propia mujer, tan simplísima criatura, que agua todo mi placer, toda mi paciencia apura, Nadie se atreve a decir, que hay quien su simpleza iguale. Doctor, no os queréis venir a recoger? . Ella sale, no me dejará mentir. Casilda seáis bien venida; ténganla ustedes cuenta: que haciades, por mi vida? Entre mis cuatro paredes, en estas horas ociosa, estaba diciendo cosas. No se lo dije yo a ustedes? siempre por la boca está echando perlas, y estas son sus mejores respuestas; vaya otra, y se verá que todas de un paño son; pues bien, qué dices cuitada? Yo, doctor, no digo nada. Por eso tienes razón. Qué chanzas impertinentes; piensa que yo no le entiendo? que siempre ha de estar queriendo hacer bovas a las gentes. Bendiga Dios tu caudal; para uno son los dos, Carlino, y ella, por Dios que es lástima hacerla mal: pero quien la ha de advertir de lo que ahora ha de hacer, porque no me eche aperder lo que se comienza a urdir, Bien viste ahora a Don Diego, que estaba ahora aquí? no le conociste? . Doctor, sí, Pues aqueste traerá luego a casa una dama bella, y si quieres acertar Don Lope le has de llamar, cuando esté delante de ella. Del Don Lope verdadero guardarlos importará, pues él nunca sube acá desde su cuarto primero: Y a ella (está en lo que digo) me la agasaja en viniendo; entiendes? . Di, que ya entiendo. Pues qué he dicho? Ve conmigo: no dices que vendrá luego Don Lope, y que ya se llama Don Diego, y traera una dama, que no se llama Don Diego? Mal haya quien no te abrasa! miren como lo entendía; Don Lope dije que había de traer dama a mi casa? Doctor, pues siempre ha corrido por tu cuenta mi afición, la más precisa ocasión es la que hoy me ha sucedido, ya está, Carlino, empeñado en ampararnos aquí a Doña Leonor, y a mí tu prudencia, y mi cuidado. Señores, a que Cristiano tal lance se le previene? Leonor a mi casa viene cuando yo espero a su hermano, que haré cuitado de mí? Mira si yo bien decía, que era Don Lope el que había de traer la dama aquí? ves como yo entendí luego que aquí los ha de hospedar, que a ella he de agasajar, y que él se llama Don Diego? Esto solo me faltaba, calla tú, que no te digo nada ya: Dios es testigo que el juicio se me acaba pensando en lo que me meto, Escucha, y sabrás Doctor el suceso que a Leonor ha puesto en tan grande aprieto, Señores yo vuelvo atrás; tiene acaso algún piadoso para un hombre mentiroso alguna ambrolla de más? Yo la quiero agasajar, según estoy advertida: seáis, señora, bien venida a favorecer, y honrar vuestra casa; pero luego que descanséis será justo: que hermosa sois! muy buen gusto tiene en quereos Don Diego. Quién? . Estáis loca, mujer? ya sabéis Don Lope vos sus ignorancias: por Dios . que me ha de echar a perder. Don Lope el Doctor le llama, como antes, debí de errar, sin duda mi agasajar no era para aquesta dama; Don García, pues, atento, atrado salió a buscar al que digo que vi entrar hasta su mismo aposento; jella temerosa en fin, presumiendo que crayo, para buscarme, salió por la puerta del jardín; pasaba entonces, Doctor, por allí mi padre acaso, porque aquel también es paso para mi jardín; Leonor le llamó, llegó cortés; yo estaba esperando allí, y mi padre mismo a mí me entregó a Leonor después, y hoy en tu casa ha de estar, en tanto que mis desvelos ven el fondo de mis celos, y me puedo declarar a todos. . Su hermano fue . quien la casa alborotó, y el que a Leovor obligó a salir de ella? Qué haré? que ahora vendrá Don Diego a traer a Doña Clara, y si aquí en Leonor repara, ha de ser mi casa un fuego? Las mentiras que yo digo, adonde están, porque yo bien veo, que ahora no las tengo ahora conmigo? Tú Carlino, tú has de ser quien saque a luz mi inocencia en hombros de tu prudencia; y lo que en esto has de hacer yo lo estimaré de nuevo, para que vea el temor de Don Lope, que mi amor conoce lo que le debo. Ya Don Lope mi señor tiene esta casa avisada de tu venida, y en ella me dijo que te aguardaba. Pues se fue Don Lope? . Abajo se ha quedado, mientras pasan los hombres que nos venían siguiendo, y que acá te entraras me dijo. . Esto es hecho, aques es sin duda Doña Clara. (ta y Don Diego: mas con ella no viene; mejor se traza. Pues Don Lope, quién es? . No la conozco. . Aquesta dama a ti te vendrá a buscar, que a esta hora, en esta casa no puede ser otra cosa, y tú por eso dudabas el que yo viniese a ella. Estas, Leonor, engañada, no me busca a mí: ojalá que así del alma borraras mis recelos, como aquí quedaras asegurada. Aquesta sin duda es a quien el Doctor me manda agasajar, no quisiera caer en alguna falta: seas, señora, bien venida, como fuiste deseada. Pues a qué esta dama viene? No lo sé; Leonor, aguarda, que ella lo dirá. . Don Lope me ha dicho, que en vuestra casa toda esa merced recibe, y sabrá muy bien pagarla. Don Lope dijo (ella echó a perder toda mi traza, que Leonor lo está escuchando, y ha de pensar engañada que habla estotra de Di Lope, y es Don Diego de quien habla. Haslo escuchado? . qué es esto? Es gran señor de esta casa Don Lope, y os quiere mucho. Ya yo no puedo hacer baza, pues la Casilda lo adoba, aparta de al menguada. Déjeme usted agasajar. Yo dispondré que manana diga Don Lope a su padre, que está en Madrid, y la causa cesará de sus enojos. Son evidencias bien claras las que escuchas? Eran estas las quejas que tu formabas de mi amor, por disculpar con tu ofensa tu mudanza? Era por esto el fingir que habías hallado en mi casa escondido un hombre? Así finezas de amor se pagan? Doctor amigo? . Esta es otra; señores, a mí me empalan; tomo coroza, y no birlo. Este es mi hermano, turbada estoy: pues cómo ha venido? mas yo quiero en esta cuadra esconderme, porque es cierta mi muerte si aquí me halla Vi que me venían siguiendo; y cuando más se acercaban, conocí que era mi padre, huí de que me encontrara; di vuelta por otra calle, y heme venido a tu casa. No se te olvide, Doctor, delante de Doña Clara has de llamarme Don Lope, porque si acaso me llamas Don Diego, todo mi engaño sabrá. . Para lo que pasa? . es bueno esto, en mi vida vi mi industria tan postrada. Válgame Dios! este hombre . no es el mismo que entró en casa de Leonor? él es sin duda, que yo bien le vi la cara: no hay que dudar en mis celos; ahora dirás, o falsa! pero qué es esto? Leonor se escondió cuando entraba. Qué mayor indicio aguardo, ni que evidencia más clara de mi agravio? vive Dios que ha de saber esta ingrata lo que puede en mí una ofensa. Leonor anduvo avisada en esconderse. Que entrase mi hermano cuando yo estaba averiguando mis celos? algún diablo en esto anda. Leonor está aquí escondida, y aquí también quien me agravia, . Si aquí mi padre me halla. aquesta es buena ocasión de dejar averiguadas mis sospechas; y si es cierto que Leonor me ofende al alma, he de salir esta noche de aqueste encanto, y mañana me he de partir a Sevilla por mi prima Doña Clara; de este modo lo sabré: Caballero, dos palabras tengo que hablaros aquí. Don Lope a mi hermano aparta, . Yo os buscaré para el caso si es querer pedirle celos, porque hablaba con la dama que le venía a buscar? Mi industria ahora me valga, porque si dejo a los dos, se descubre la maraña; pues si aparto alguno de ellos para hablarle, cosa es llana que doy sospechas al otro, y se malogra mi traza; pues que medio daré yo para que los dos se vayan sin mostrarme por ninguno? Ahora, ellos no reparan en si yo de aquí he salido, pues con sola una palabra que diré al aire, he de hacer que entrambos de aquí se vayan Don Lope, tu padre viene: ahora mi industria mata dos bobos con un Don Lope como con una pedrada. Mi padre? . Mi padre? . Yo le oí desde esa ventana, y le conocí: los dos cayeron en una trampa! Si aquí mi padre me ve. Cuanto intentaba malogro. Malogro cuanto intentaba, Él debió de conocerme, al venir con Doña Clara. Él debe de haber sabido, que yo vivo en esta casa. Tú, Casilda, al punto lleva allá dentro a Doña Clara. Vamos señora. Qué es esto? Hay confusiones más raras! que preguntándoos estaba. Lo mismo quería deciros, aquí me hallaréis mañana: Doctor amigo, por dónde saldré? . Por la puerta falsa, que la puerta principal es donde tu padre llama. Por dónde saldré, Carlino? Dareles con la trocada; por la puerta principal, que tu padre está en la falsa; por otra cosa como esta se diría, andallo pabas. Que en tan impensados riesgos tropiecen mis esperanzas. . Qué me impida el apurar mis agravios mi desgracia? . Qué siendo tantos mis celos, Don Lope de aquí se vaya. . Eso sí, cuerpo de Cristo, irse todos noramala, que una vez fuera de aquí, yo haré que hasta la manana en vano llame a la puerta quien ha llamado en el alma.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA A las diez en punto esté la mula en San Sebastian, que empezar quiero el afán de mis visitas a pie: ya las dos señoras quedan en sus dos cuartos distantes, para que los dos amantes hablrarlas, sin verse, puedan, que ahora las querran ver, porque ya a noche volvieron, pero mis puertas se hicieron aldabas de mercader: ya Casilda está en la historia, y en todo la he instruido; tres veces lo repitió, y lo sabe de memoria; quiero ahora repasar a los negocios que voy para repartirme, que hoy tengo bien que despachar: de noche, con atención, pongo en mi libro un membrete, porque es ser buen alcahuete quiere su cuenta, y razón. Dice así: calle del Prado villete, madre sangrienta, cien escudos, dio cincuenta: siga que no está en estado. Calle de Atocha, que salga donde ya otra vez salió: hermano cruel! pagó; pues no hay hermano que valga, Hoy el recado daré, porque en aquella belleza curo un dolor de cabeza, que es dolor que no se ve; y si hoy para estas cosas no tiene algo que me dar, la tengo de recetar una ayuda, y cien ventosas. Calle Mayor, casamiento, cien escudos de contado, mil si se acierta; recado de atrevido pensamiento. A este el libro le fíe, y aquí el recado notó, sabe poco, no acertó, pero yo lo enmendaré, porque yo soy, si es bolsillo el señor enamorado, poniendo todo el recado, alcahuete del Campillo. Después que aquel hombre vi en el cuarto de Leonor, ni tiene quietud mi amor, ni sabe el alma de mí. Todo es dudas cuanto veo dentro del pecho inconstante; y está el juicio vacilante entre el temor, y el deseo. El temor en la apariencia, trocándole al mal su oficio, pretende que cada indicio tenga fuerza de evidencia. Y el deseo su disculpa, solicitando en mi daño, dicen que son del engaño los colores de su culpa. Porque aquel hombre bien pudo no entrar allí por Leonor, y estar sin culpa; ay amor! cuan voluntario lo dudo: y haberse de él ocultado, también puede ser que fuese recato de que la viese, y no amoroso cuidado: y así estas dudas en mí oscurecen la verdad con mi propia ceguedad. Dice esta partida así: de volver una mujer al poder de su marido, ha no más de un mes cumplido que salió de su poder. Esto me lo dijo apenas el amante, cuando fui, y al marido la volví su mujer con las setenas; y no perdí yo el portazgo, porque él con blanda acogida tomó su mujer perdida, y me dio muy buen hallazgo: pero allí Don Lope está, Don Lope? . Doctor amigo? Tanto madrugas? . En mí nunca hay sosiego, ni alivio Pues qué tienes? estás malo? dime tu achaque al proviso, pues sabes que soy Doctor, y Doctor de tan buen tino, que sabré de unas tercianas fabricar un tabardillo. No es de la salud mi achaque; accidente más prolijo turba, Doctor, mi sosiego. Pues qué tienes? . Ay Carlino, tengo celos, que es el mal que toca más en lo vivo, Celos, de quién? De aquel hombre que a noche en el cuarto mismo vi de Leonor, y después en tu casa. . Lo que hizo el diablo a noche; mas yo lo desharé si me engrío. Esto me tiene, Doctor, tan postrado, y tan rendido a la sospecha, que estoy temiendo perder el juicio. No lo perderás. . por qué? No se pierde lo perdido, y esa pregunta me ha hecho acordar de un cuentecillo: Pegáronle una pedrada a un hombre por un enojo, tan en buen punto pegada, que le echaron fuera un ojo, como quien no dice nada: preguntole al cirujano, si el ojo, con el dolor perdería, y él muy fino le respondió: no señor, que yo le tengo en la mano; aplícale tú en la parte que te doliere, y no digo más, porque cada uno sabe donde le aprieta el juicio. Mejor será que me digas quien es el que me ha ofendido pues entró a noche en tu casa, y es fuerza que sea tu amigo. Quieres ver cómo estás loco? pues ese hombre que has dicho anoche llegó a Madrid. Anoche? Sí, juro a Cristo, que la juro con mi boca sucia, por sacarlo en limpio; y si le viste en mi casa, fue, Don Lope, porque vino a apearse en ella, y no es posible que le hayas visto en el cuarto de Leonor, sino que los celos mismos te han hecho ver más visiones que tragan treinta maridos. Hame enviado a llamar Don García mi vecino, y voy allá. . Gran desdicha es la que hoy le ha sucedido! Su hija Leonor le ha faltado, como sabes, y yo mismo esta noche la entregué a un hombre no conocido: Malo de la pena está Don García, y me ha pedido que le vea; pero aguarda, no es Don Lope aquel que miro? Don Lope en Madrid? qué es esto? Tu padre, pléguete Cristo. No pudiera sucederme mayor desdicha, Carlino. Pues procúrate escurrir por si acaso no te ha visto. Dices bien. Llega, y sabraslo. Algún engaño imagino: Don Lope? . Perdido soy. Cogiole buena la hicimos. Qué es esto? cuándo viniste? tu aquí sin haberme visto? Señor, . Dime lo que pasa; como no viene contigo Doña Clara mi sobrina? Perdí todos mis designios, Don Lope está muy turbado, y el viejo está muy prolijo, este caso ha menester socorro de embuste vivo. Acaba de hablar Don Lope. No te admires que a tu hijo se le embarace el aliento del gozo de haberte visto, que como dice Galeno en el setenta aforismo, los gaudios interiores extrángulan los sentidos. Tú quieres. . Yo señor, ya que me mandas decirlo, soy (ablando con perdón) Médico: el Doctor Carlino me llaman. . Ya te conozco por el nombre, y he sabido los aciertos de tu ciencia. Si en mi vida he visto libro. . me lleve el demonio, y tengo toda esta fama, ahora digo que hace la medicina milagros, y basiliscos. Dime, pues, como a Don Lope, A eso voy, señor, y digo, que Don Lope llegó a noche de Sevilla, y que ha traído a Doña Clara. . Qué dices? Oye, y calla; pero vino muy tarde, y junto a mi puerta pedazos el eje se hizo de su coche, y Doña Clara del susto, y golpe improviso se quedó en él desmayada; salí yo entonces al ruido, y halle a mi amigo Don Lope lastimado, y afligido, de ver sin color, ni aliento a su prima, y fue preciso que la entrasen en mi casa, para que del parasismo la librasen mis remedios; y a dos que mi acierto hizo quedo como una manzana ella, y yo como un perito. En estas, pues, y en estotras, visto que era tarde, y visto que no había en que llevar a Doña Clara, movidos de mis ruegos, se quedaron a honrar el mi domicilio hasta esta mañaba, que de casa habemos salido para ir a veros, y un coche traer menos quebradizo en que vaya Doña Clara, y con esto habéis sabido el hilo de la verdad, sacad por él el ovillo; harto os he dicho, miradlo, harto os he mirado, oídlo. Carlino, qué es lo que intentas? Deja tu hacer a Carlino. . Yo Doctor os agradezco que hayáis andado tan fino con vuestro amigo; y tu ahora seas Don Lope bienvenido; llega, y los brazos confirmen el gozo de haberte visto. Aguardadme aquí los dos mientras veo a mi vecino Don García, que a llamarme ha enviado. . Si ha sabido. . que en la mía; y tu podrás que yo a su hija Leonor he ocultado? . Tamañito estoy de que mi maraña se ha de ir por esos trigos: y sabes lo que te quiere? No lo sé, aunque lo imagino, su hija Leonor le ha faltado. esta noche, y fui yo mismo quien a un hombre la entregó, porque llegó a hablar conmigo pidiendo que la amparase, y del caso no advertido, como yo no la conozco no me opuse a sus designios, Miren si la conocieras. Estórbolo su destino. No era cosa de cuidado si la hubiera conocido. Yo, pues, seré breve aquí, en tanto que le visito me aguardad los dos un poco, para que podamos irnos por Doña Clara después. . Doctor, en que me has metido? Yo te sacaré de todo. Pues qué, Doña Clara has dicho que yo he traído a mi padre? Escúchame de hito en hito; tú me has dicho mucha vecess que nunca tu padre ha visto a Doña Clara tu prima, y él acaba de decirnos, que no conoce a Leonor, pues cata el embuste hurdido; tú has de decir a tu padre, pues te está también decirlo, que Leonor es Doña Clara, y fingiéndote su primo, llévala a tu casa, donde estará más sin peligro lograr mejor tus designios. Esto se dispone bien: porque si así lo consigo, a Don Diego, y Doña Clara dejo en mi casa escondidos, y asegurando a Don Lope en el dulce, y chupativo almíbar de mis engaños, conservaré dos amigos. Ya es imposible cumplir . con mi padre, sino finjo, que Leonor es Doña Clara; mas no importa, si lo miro mejor, llevarla a mi casa, pues desde ella el amor mío podrá averiguar también, si es verdad lo que he temido. La traza, Doctor, es como de tu ingenio peregrino; solo reparo en que puede Don García haber sabido que yo a Leonor he ocultado, y habérselo ahora dicho a mi padre. . Dices bien, menester es prevenirlo, por si le envió a llamar para esto, y así digo que detrás de aquella esquina me aguardes, mientras visito de Médico a Don García, que ya sabes que yo tiro el salario de su casa, y que puedo sin peligro entrar en ella, y ahora si al viejo un rato predico, o me ha de andar mal la lengua, o he de hacer que imprima él mis- la llave de su secreto (mo en la cera de mi oído. Y si pregunta mi padre por mí? . Diré que te has ido a hacer que pongan el coche. Pues aquí espero escondido. Adiós. . Adiós; ay amor! cuan cruel con tus rendidos, a instantes las dichas mides, y los pesares a siglos. . Ay embustes de mi vida, pues siempre habéis sido amigos, no desamparéis ahora a vuestro Doctor Carlino, porque ni ellos en la cuenta, ni yo caiga en el garlito. Hoy se vale de tu medio, Casilda amiga, mi amor, para ver de mi dolor, o el peligo, o el remedio. Contigo quiero apurar, después de haberte obligado; lo que teme mi cuidado, que bien te puedo fiar una sospecha amorosa, pues eres discreta. . Di: pluguiera Cristo que así tuvieramos otra cosa. Don Lope no ha vuelto a verme desde a noche, como sabes, y con mil sospechas graves empieza amor a ofenderme: porque entonces reparé, en que al instante que entró; una dama se escondió, que estaba aquí, y sospeché mal de mirar su cautela, y como Don Lope tarda; la esperanza se acobarda, y el cuidado se desvela. Cierto que es linda, y que admira tanto eslabón como tiene, y por cierto que se viene a los ojos; pero mira que no quiero recibir cosa que de tu persona sea, el secreto perdona, que no te puedo servir, Aquesta mujer es loca: pues por qué estás tan cruel? Porque me ha mandado él, que no despegue mi boca. Así; que ha dicho el Doctor que me lo calles a mí? Aquesto no es más por ti, que por Leonor. . Por Leonor? esto es cierto; que tormento el pecho me oprime ya! dónde esa Leonor está? Aí está en ese aposento. Que esto haya llegado a ver, y que esto llegue a escuchar? y que Don Lope a engañar se atreviese a una mujer como yo? Viven los Cielos, que he de ver esta Leonor, y he de castigar su amor con las iras de mis celos. Dónde vas? Déjame entrar. Pues quiéres hablarla? . quiero saber esto. . Pues primero te advierto, para no errar, que no la hables, ni por lumbre. Entrose sin más mirar; esto ha sido lo mejor, que aunque me dijo el Doctor que no las dejase hablar, poco importa, a lo que entiendo; si fueran hombre, y mujer, yo no los dejara ver mas que el diablo; pero siendo mujeres ambas ados, ni ello puede ser delito, ni hago escrúpulo maldito de que ofenderán a Dios. Esta, conforme a las señas, es la casa del Doctor. Él me dijo, que Don Lope se iba, con intención de que pusiesen el coche, pero ni a casa llegó, ni sé si es engaño todo. Aquí lo sabrás mejor, pues ha de estar tu sobrina en esta casa, sino te engañaron como dices. Con mil recelos estoy: pero aguarda, que aquí hay gente. La mujer es del Doctor, que yo la conozco. . Hablarla llego. . Ya será razón que salga acá Doña Clara, que en el tiempo que ha que entró mas que vale la cadena, habrán hablado las dos. Señora escuchad. . Quién es? El padre del huéspeded soy que llegó a noche a esta casa por cierto acaso, y halló tan buena a cogida en ella como me ha dicho el Doctor. Este es padre de Don Diego? que diré? válgame Dios! mas si el Doctor se lo ha dicho, para que me aflijo yo: Seáis señor bien venido, y pues bien venido sois, decidme a lo que venís. Pues lo duda, esto es peor. Sin duda me han engañado: hanme dicho que llego Doña Clara mi sobrina de Sevilla a noche, y yo vengo a vuestra casa a verla. A verla? . Sí. . Pues yo voy por ella, claro está eso, dizque sis no sino, no Eso si cuerpo de Cristo. Cierto que entré con temor de que me hubiese engañado Don Lope; pero debió dw ofrecérsele otra cosa. Muy bien ha andado el Doctor en todo. . Harele un regalo para pagarle esta acción. Mi tío ha venido. . Ahora verás si he mentido yo: veis aquí vuestra sobrina, buena, sana, y sin lesión. Sobrina, seáis bien venida, llegad a mis brazos, hoy que paga vuestra presencia los deseos de mi amor, Ya no tiene a que aspirar mi gusto en viéndoos señor. Vuestra hermosura es muy rara, toda a vuestra madre sois; cierto que ya deseaba conoceros. . El llego a buen tiempo, porque ya se repuntaban las dos. Yo he de salí a buscar a Don Lope, pues ya son tan evidentes mis celos, que aquella misma a quien yo escuché a noche, ha llegado a hablar de él: mas ay Dios! no es este su padre? sí: y ella está con él; mayor es esta duda: qué es esto? no lo entiendo. . Pues Leonor, donde vas con manto? . Escucha, que notable confusión! Bien conozco lo que os debo; mas quien os dijo que yo llegué a noche de Sevilla? Quién me lo dijo? el Doctor; y Don Lope vuestro primo? Su primo? válgame el Cielo! Qué te admiras? es su tío, que como a noche llegó Doña Clara de Sevilla, ha venido a verla hoy. Doña Clara es esta? Ay cielo: no llegara mi temor a tal desdicha. . Don Lope irá a casa, no es razón que estéis aquí: vamos hija al coche: señora a Dios, y perdonad los enfados de los huéspedes, que yo sabré agradecerlo todo. Dueño de esta casa sois. Que esto mire, y que no pueda impedirlo? qué rigor! De este modo se asegura lo que mi amor receló. De este modo irán saliendo los huéspedes dos ha dos. Qué es esto que me sucede? quien en el mundo se halló tan lejos de los remedios, y tan dentro del dolor? Doña Clara, y Don Lope su padre; mas dónde voy? no me confundan las penas: afligido corazón, dejad que usurpe cualquiera aliento, discurso, y voz, no falte en ellas, no falte alguna ponderación, que las agrave el sentido, calme en la menos atroz, la memoria las conserve, pondérelas la razón, y el discurso desentrañe lo más hondo del rigor; por si mi disgusto acaso, por si acaso mi pasión, de tantos dolores juntos forma el último dolor. Doña Clara mi enemiga hoy de Sevilla llegó; Don Lope, por disculparse, celos forma de mi amor: a mí en salir de mi casa mi desdicha me empeñó, mi padre ha de estar ahora con precisa indignación, mi hermano en Madrid también ha de ayudar mi rigor; Doña Clara está ya en casa de Don Lope, y tal estoy, que esto es lo que menos siento, porque tan profundos son mis males, que el de los celos es en mi pecho el menor: pero no es mucho que a vista del honor, no tenga, no, fuerza esa pasión ociosa, porque siempre colocó Pues para cuando guardas el activo, en lo más vivo del alma sus pesares el honor. Qué haré pues? qué medio habrá de salir de tanto error? estarme en aquesta casa, es dilatar mi aflicción; ir a buscar a Don Lope, es negarme al pundonor: demás, que no ha de ampararme quien faltó a su obligación: impedirle que se case con Doña Clara, es horror; granjear yo las finezas, y darle satisfacción de sus celos, a un ingrato, no es remedio, y es dolor; pues el volver a mi casa será desesperación: por todas partes, sitiada de mil ahogos estoy; de ninguno hallo salida, ninguno deja elección para buscarlos, y en todos crece a siglos el rigor. el riguroso golpe, hado violento, si ahora no me quitas el aliento, que ya repito tarde, o fugitivo? Rompe esta unión vital ejecutivo, y muera con la vida el sentimiento, pues en medio de tanto desaliento solo el sentir, indicio es de que vivo; Antes que dure más al alma unida esta dura pasión, abre la suerte, que fortuna me tiene prevenida. Y si el mal en costumbre se convierte, se hará la pena parte de la vida, y quitará las fuerzas a la muerte. Don Lope se me escapó mientras yo vi a Don García, y supe que no tenía peligro lo que temió. Y a Leonor vengo avisar, que se empiece a prevenir, porque ahora ha de venir Don Pedro, y la ha de llevar a su casa, imaginando que es Doña Clara, y así podré yo tener aquí, sin andar siempre afanando, a Doña Clara, y Don Diego, que desde aquel desvarío, he pagado de vacío la casa de mi sosiego. Y ahora, si llego donde la vida está que me cuadre, me pienso holgar como un padre que tiene un hijo Vizconde. Pero aquí Leonor está; ahora, pues, la diré lo que ha de hacer: o lo que la señora se holgará, sabiendo que su fortuna se mejora en su sosiego! daráme una joya luego; una joya: cómo una? o que albricias me has de dar en oyéndome, Leonor. Debes de querer, Doctor, mi sentimiento apurar: pues cuando tan enojada me miras de tus traiciones, y de las viles acciones de Don Lope tan cansada, llegas fingido, y esento a hacerlas más evidentes, y con burlas (que no sientes) a irritar mi sentimiento? De que quieres que te dé albricias, de que he sabido cuan villano, cuan fingido, burló Don Lope mi fe? Do que habéis entre los dos dispuesto (quién tal pensara!) que viniese Doña Clara de Sevilla? . Mas par Dios; dónde el secreto habrá visto? De que a noche se apease en esta casa, y triunfase de mi afición? . Jesucristo! Casilda anda por aquí. De que el padre haya venido de Don Lope, y se haya ido con él delante de mí Doña Clara? . Cómo qué? Que a su casa la llevó, y rabiando me dejó, porque en mi presencia fue? A Doña Clara ha llevado? muy buena la habemos hecho; yo no quedo de provecho: o mal haya mi pecado, y mi tardar; que dirá Don Lope en viendo este error, y que no puede a Leonor llevar a su casa ya; y al pobre Don Diego, que vendrá a ver Doña Clara, con qué boca; con qué cara le he de decir que se fue. Dime Doctor donde está Don Lope, porque he de hablarle, aunque me cueste el buscarle. Luego señora vendrá. Ay hermosa Dona Clara? cuan deseoso me trae amor de verte, y hablarte, que ya veo que estarás de los sucesos de a noche confusa; pero no habrá cosa que mi amor no intente por excusarte un pesar. Eso, Doctor, es engaño. Digo, que ahora vendrá. no sé cómo detenerla. Yo he de salirle a buscar. Aguarda. . Aparta. Quién es, Leonor? Muerta soy. . Toma; si su hermano la ha cogido, el mundo se ha de acabar ahora. . Pues tú Leonor fuera de casa? . Mortal estoy. . Mi honor de esta acción recela algún grave mal. Malaño, y cómo se ha puesto el hermano; echando está por los ojos mil saetas, castigos de la hermandad. Qué dices? . Qué le diré? . Acaba, Leonor, de hablar; Doctor, qué es esto? mi hermana en tu casa? . Oh qué eficaz . mentira me ocurre ahora para hacérsela tragar, mas suave que otro tanto, y más dulce que otro más. Que quieres que te responda, si tiene tu necedad, y tu imprudencia la culpa de estas cosas, y otras más. Yo la culpa? . Tú la culpa. Pues de qué? . De hacer andar a tu hermana de este modo. Cómo? Dor escucha, y lo sabrás, Hablándole está el Doctor aparte; que le dirá? Tú te entraste a noche en casa, como has confesado ya, y hasta el cuarto de Leonor llegaste pían pían: estos piane; sintió tu padre, y sin más, ni más la bola escurriste, cuando el cabe quería tirar; él que en el cuarto de estotra sintió el ruido, viene, y va, y de tu culpa le echó las cabras en el corral; metiola en un aposento con aquello de empuñar la daga, y su vida entonces estaba en el tris, y el zas. Dejola encerrada, y fuese, para saber quien el cual, la debida reverencia perdió a su paternidad: ella temiendo su muerte, con un hierro, y no con más, abrió como una granada la puerta de par en par. Vio el jardín abierto, y como ruego de buenos no hay, salto diera de la mata, que parece un gavilán; fuese en casa de una amiga donde averiguado ha, que tú te apeaste a noche en mi casa, y sin parar se vino a ella, y la vieras por aquella puerta entrar, todo el aliento perdido, todo el color desigual, las acciones sin medida, los suspiros sin compás, la voz sin orden, los ojos, sin atar, ni desatar, el corazón con modorra, y el alma de Garibay. Preguntó por ti, neguete; porfíó, néguete más, y a la tercera negada el gallo empezó a cantar, el gallo de tu pasión, que viendo a Leonor acá garganteó, imaginando que estaba en su muladar. Turbámonos todos tres, ella de la novedad de verte, sin esperarte, tú de verla donde está. Como la causa ignoraste, yo de aquella al verte entrar me cogiese antes que al cojo, que es afrenta, y es refran; y así todos tres turbados, la su razón cada cual, hubo aquí una turbamulta, que hasta aquí pudo llegar. Con esto has sabido el caso, mira si Leonor podrá decir, que por ti padece estos riesgos; que inquietar pudiste a tu padre a noche, que tienes de aqueste afán la culpa, que tu imprudencia su casa la hizo dejar; que por saberlo, a la mía vino, y que tal, y que cual. Qué habrán hablado en secreto los dos? todo es recelar nuevos riesgos. . Si él le traga, valiente embuste será. Bien reconocí yo anoche, que fue imprudencia el dejar alborotada mi casa, y así supuesto que está Leonor por mi padeciendo, yo mismo la iré a llevar a mi casa, y con mi padre la disculparé; pues ya no hay otro remedio en esto. No pudiera hoy otro afán . sucederme más penoso, que obligarme ahora a hablar a mi padre, y descubrirme, cuando me importaba estar oculto por Doña Clara. Ello ha sucedido mal, yo pensé que lo enmendaba, porque la quiere llevar a su casa, como dice, y luego me quedará otro pleito con Don Lope cuando sepa lo que hay. Faltábame otra desdicha? ya es imposible ver más a Don Lope, cuando, ay cielos! su prima en su casa está. Vamos, Leonor, ven conmigo; tu Carlino, no dirás a Doña Clara, que he estado aquí sin entrarla a hablar, que hará queja de ello, y yo vuelvo luego. . Y hallará muy buen recado: por Dios, que no sé en que ha de parar. Esto es ya lance forzoso, hoy a mi padre he de hablar. . Esto es preciso; los celos, la vida me acabarán. Esto es hecho, desde hoy conocen mi habilidad. Pues qué podré yo decirle? Pues cómo me he de vengar? Pues cómo haré más embustes? Pero ya que le he de hablar. Pero ya que me ha engañado. Pero ya qué embustes? Direle todo el suceso, que le tengo de empeñar en que ampare mis intentos, pues no hay otro medio ya. Harele buscar, y luego, si no enmienda mi pesar, sabré yo darle la muerte por amante desleal. Volveré a mentir de nuevo, y mentiré más, y más, y dure lo que durare como mentira de pan.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Qué vino mi padre ya? Ahora con eso vienes? pardiez linda flema tienes: esta es la hora que está en su casa con tu prima. Ay bella Doña Leonor, cuan de vuestra parte amor nuestros deseos anima; esto se ha dispuesto bien, porque estando ella en mi casa, seguro está lo que pasa de su padre, y yo también averiguando el recelo que ha formado mi temor, podré con riesgo menor ver logrado mi deseo. Yo apuesto que esta es la hora que anda por ti preguntando tu padre, y se está admirando de que no hayas ido ahora. Y yo apuesto que no para en una, ni en otra parte con el deseo de hallarte mi señora Doña Clara. Este nombre tiene ya Leonor; o suceda todo cuanto intentamos del modo que disponiendo se va; Pero quiero ir a ver a mi nueva prima hermosa, porque estará cuidadosa de no verme desde ayer. Casilda, pues no está en casa el Doctor, dile, que ha verle volveré, y agradecerle cuanto en este lance pasa, pues ha sido su cuidado siempre advertido, y mañoso; quien de estado tan penoso, lo ha puesto en tan buen estado; Todo se lo pintaré luego. . Ay hermosa Leonor, desde este día al amor mi quietud consagraré, Cuál va el pobre enamorado, miren lo que somos, ello da miedo con solo bello; mal haya tan mal pecado: que decima tan sonora. es una que el día de atrás oí, que dice, eso, y más merece quien se enamora. Ello cuarenta y tres años en este mundo he vivido, sin haber a nadie oído de amor, ni de sus engaños; pero ahora que también he visto porque compás va el amor, si vivo más que vivió Matusalén, hago propósito aquí, bueno, firme, y oportuno, de no dejar a ninguno que se enamore de mí. No he puesto hoy en cosa alguna la mano, que no haya errado como un simple, un menguado; descomulgada fortuna, que nunca estuviste queda, que te hecho yo, me di, que fulmina contra mí su mismos rayos tu rueda? Cesen, pues, injurias tantas, porque si más me amohínas echaré a rodar tus pinas, y echaré a coces tus llantas, Mas ya ha venido el Doctor; Doctor? . Casilda? Qué tienes? que me parece que vienes enojado, y sin color. Casilda mía, no vi a nadie errar tan sin tiento como hoy a mí, en cuanto intento; y en cuanto pienso; y así cama habemos de apartar desde hoy, porque yo digo, que de acostarme contigo se me ha pegado el errar. Primero, si es necesario, divorcio sabré poner. Ojalá de mi poder te saquen por el Vicario; pero vamos a mis hierros; de casa habrá que salí media hora. . Ya te vi, que te fuiste dado a perros, luego que llevó a Leonor su hermano, y a Doña Clara su tío. . Pues ves, no para mi desgracia en ese error: salí triste, y sin ventura, y a dos calles que pasé, a un enfermo visité, y en llegando erré la cura. Errada, sin más tardanza, vi al que me solía pagar, tendí la mano a cobrar, y erré también la pitanza; fui de alíí a dar un billete a una Monja; dile, y luego su madre entro como un fuego, y me llenó de alcahuete. Cogiola a ella, y la dio bofetadas dos, o tres con linda fuerza, y después de los cabellos la asió, y tendiéndola en el suelo anduvo con la mozuela, primero a la saca pela, y después al saca pelo. Pasé a llevar un recado a otra, y apenas yo se le di, cuando salió un hermano disparado, asiome con fuerza fiera, y pensando hacerme astillas, me pisaron las costillas los palos de la escalera. De esta calle fatigado a la Mayor caminé, donde a Doña Clara hallé en una tienda, parado el coche, porque debió antojársele algo de ella, y el tío por complacerla a comprárselo se apeó. Yo viendo que estaba el viejo en la tienda divertido, toqué a embuste, y advertido entré conmigo a consejo: pareciome que sería cosa fácil, y acertada darle al viejo cantonada, y que así remediarla el disgusto de Don Diego, y el de Don Lope también, y luego en un santiamén lo puse por obra luego: al cochero, pues, me así, dijele que me siguiese, exórtele a que lo hiciese, y dos escudos le di; salió Don Pedro, impidió que no siguiese mi engaño, y el cocherillo picaño los escudos se llevó; pero en él no es cosa nueva, mi dinero en tal estado, porque al fin lo mal ganado, el cochero se lo lleva. Y de esto con tal dolor venía? . No es desaliento verme errar en cuanto intento? Mas va en su salud, Doctor. A lo que importa volvamos: Don Lope ha venido acá? Ha venido, y se fue ya como cuatrocientos gamos a su casa, luego que supo que había llegado su padre, y se había llevado aquella dama. . Y se fue sabiendo eso? . Mira, mas dijo que volvería, y a ti te agradecería lo bien dispuesto que está. Él sin duda ha imaginado, que es Leonor la que llevó su padre, y si eso pensó, hallará muy buen recado; pero ello se ha de pensar modo como salir de esto, y uno que tengo dispuesto, si bien se llega a lograr, pienso que será bastante, porque lo que está peor a mi embuste, y al amor del uno, y del otro amante, es, que Doña Clara esté en esta casa, y así yo he de sacarla de aquí: ve na dentro, y te diré lo que has de hacer: porque yo quiero que esta noche lleves un recado a ella. . Y te atreves a eso? . Sí. . Pues yo no, No tiene que darte pena, que no hay peligro. Pues vaya, jura mala en piedra caiga, por cae otra cadena. Vamos, pensaré otro engaño, que me he apurado este día, cuando pense que tenía embustes para mi año. qué es esto? válgame el Cielo! . dónde me lleva mi hermano? desde que salió de casa del Doctor va penetrando las calles, sin elección, atrás la casa ha dejado, y sin hablarme palabra, volviendo de cuando en cuando a mí la vista turbada, y el semblante demudado, hasta esta calle ha venido, donde ya del sobresalto parece que el corazón me está en el pecho estorbando? él sin duda (muerta soy) sabe ya, o ha imaginado que yo salí de mi casa por Don Lope, y de su agravio tomar quiere la venganza en mi vida, que inhumano, que hace hoy de mis desdichas caudal de su imperio al hado! Yo confieso que en mi vida . no he visto más apurado mi sufrimiento, ni el pecho tan rendido al sobresalto. Apenas salí de casa del Doctor Carlino, cuando, (oh nunca hubiera visto, pues el verla me ha dejado entre tantas confusiones ciegamente vacilando) cuando vi en coche; ay cielo! a Doña Clara; no acabo de entender esto, y con ella iba un Caballero anciano: siguiendo he venido el coche, y ahora se han apeado en esta casa, y yo estoy confusamente dudando lo mismo que me sucede, sin saber como apurarlo, ni como dejar tampoco de averiguar este caso. Esto es cierto, su inquietud, . su enojo está confirmando; sin vida estoy de mirarle: ya mi temor ha empezado las congojas de mi muerte, que ahora para mi estrago, su saña, y mi desaliento, se están entre si ayudando. Qué haré amor? Qué haré desdicha? De enojo, y de celos rabio! Su enojo temiendo estoy. que el Doctor me haya engañado! Qué el Doctor me haya vencido! Anoche en su casa, cuando no me quiso abrir la puerta, bien reconocí su enojo. Bien temí yo su traición . cuando habió apartea mi hermano. Entrar quisiera a esta casa, . y el modo de entrar no hallo. Huir quisiera mi muerte, . y es imposible intentarlo. , Oh lo que estorba Leonor . mis intentos! . Que enojado. , me volvió a mirar ahora! él sin duda está aguardando que la noche, que ya empieza, dílate su negro manto, para quitarme la vida. Si como tengo intentado . la llevo a mi casa ahora, dejo de saber mi agravio, en que ha de ser imposible el salir de ella en hablando a mi padre; cuando intento me ha sido el amor contrario desde que llegué a Madrid; pues yo tengo de apurarlo, aunque se arriesgue mi vida, para salir de este encanto. Cada instante me parece . que empuña el acero airado, y que le esconde en mi pecho por vengar en él su agravio: que poco en darme la muerte tiene ya que hacer su brazo; y en lo que importa el temor, que poco adelanta el caso. Bien está, pues esta noche . me ha parecido acertado en casa de una señora deuda mía (que en cruzando esa esquina ha de vivir) llevar a Leonor, en tanto que vuelvo a averiguar: esto ha de ser, Leonor vamos. Dónde me llevas, señor? llegó de mi muerte el plazo? Después sabrás lo que intento. El quiere sacarme al campo. para quitarme la vida: primero señor (oh cuánto el corazón afligido se altera!) primero hermano has de escucharme. . Después me podrás hablar despacio, que ahora estoy muy de prisa. Duro lance! fuerte acaso! verdad es, señor, espera; verdad es que de tu agravio he sido complice yo. Qué dices? . Y que he dejado mi casa, porque mi amante, como sabes: mas si es llano que el amor, mi propio aliento me ahoga; que el amor, cuando, el pecho; pero detén, detén el acero airado, que ya: muerta soy! Espera. Válgame Dios! de tus labios faltó la voz, y el aliento, cuando estaba pronunciando mi ofensa, y ofensa tal, que aprofanar el sagrado del honor se atreve: a quien habrá sucedido caso tan penoso de improviso? pues cuando estaba trazando de averiguar mis sospechas de mi amor, he averiguado lo que aún no llegué a temer, y quiso el cielo, que cuando oyendo estaba mi ofensa, mi injusta hermana en mis brazos se quedara desmayada. Qué ya Don Lope ha llegado? Sí señor. . Huélgome mucho, porque estaba deseando verle su prima, y yo iba con intento de buscarlo a la casa del Doctor: pero oye, aguarda, que raro (ñado espectáculo! Mil veces tengo el acero empu- con intento de que sea este el último desmayo. Un Caballero es, que tiene una mujer en los brazos desmayada, bien será que lleguemos, por si en algo le podemos socorrer. Caballero, lastimado de mirar vuestra aflicción he querido preguntaros si en algo os puedo servir; esta es mi casa, y en tanto que cobra el perdido aliento esa dama, vuestros brazos entrarla pueden en ella, donde tendrá algún reparo su achaque, y vuestra pasión. y en mí un servidor entrambos. Este es el mismo que vi en el coche acompañando a Doña Clara, y su casa es la misma donde entraron, ni pudiera suceder mejor lo que he deseado, porque entrando allá podré saber lo que estoy dudando de Doña Clara, supuesto que en este tiempo no falto al cuidado de mi honor, porque hasta que del desmayo vuelva Leonor, y yo sepa el agresor de mi agravio, es fuerza que se dilate mi venganza, y así entrando allá dentro, he de apurar la causa de mi cuidado, Caballero, la fatiga con que me tiene este caso, y el conocer la nobleza con que intentáis remediarlo, a que acete la merced que me ofrecéis, me ha obligado. Hacéismela a mí muy grande: entremos, pues; y tu Fabio ve luego, y llama el Doctor, para que a esta dama hagamos algún remedio. . Yo voy. Bien la suerte lo ha trazado. Lastimome su fatiga. Hoy mis sospechas allano. . No se pierde nada en esto. Después, honor, mi cuidado buscará vuestro remedio. Vamos, caballero. Vamos. Han avisado a mi prima? Ya, señor, la han avisado. Que ya Don Lope ha llegado? o lo que mi amor se anima! Quién tanta dicha esperara? Qué hoy cesara mi temor? Que hoy he de ver a Leonor con nombre de Doña Clara? Que a Don Lope veré luego? Tu primo ha llegado ya. Aquí mi señora está. Pues yo llego. Pues yo llego: Prima? . Señor? Mas qué veo? está no es Doña Leonor? Pero qué miro! este, amor, no es Don Lope? . Del deseo el susto apenas reprimo. Mi pecho se desanima. Esta dices que es mi prima? Este dices que es mi primo? Dilo, acaba. . Dilo presto, Eso preguntas ahora? Pues eso dudas, señora? Válgame el Cielo! qué es esto? esta dama, no es aquella que entró en casa del Doctor, y dio celos a Leonor a noche? Sin duda es ella. Válgame el Cielo! no es este el que en la casa vi del Doctor a noche? si; él es sin duda: y después a Don Lope llegó a hablar, cuando de su padre huyó? Ella es; qué dudo yo? pues quien la ha podido dar el nombre de Doña Clara? Pues cómo el nombre ha tomado de Don Lope? . Qué cuidado! Oh qué confusión tan rara! Turbada vuelve a mirarme, y vanamente se alienta, como quien hablarme intenta, y nunca se atreve a hablarme. Mirándome está turbado, como quien me quiere hablar, y no se atreve a llegar de su temor refrenado. Pero el hablarla es mejor, y saber que engaño ha sido a mi casa haber venido, cuando esperaba a Leonor. Mas mejor será llegar, y de él mismo saber yo, con qué ocasión se movió a entrar aquí, y a tomar de Don Lope el nombre. . Ahora su engaño descubriré, Ahora me informaré de cuanto mi pecho ignora. Saber, señora, de vos. Saber de vos, caballero, Proseguid, que ya os escucho. Proseguid, que ya os atiendo. Todas mis dudas, señora, han de cesar en oyendo. lo que me queréis decir; y así, decid, que ya pienso que conoceréis la causa. de mi suspensión. Ya veo la causa de ella, y así quiero saber, con qué intento entrasteis en esta casa? Con qué intento! bueno es eso: porque es mía. . Vuestra? . Sí. Pues quién sois vos? no lo entien- Don Lope soy de Velasco. (do. No está malo el fingimiento: Don Lope vos? . Yo Don Lope: mas vos quien sois? que hoy os veo introducida en mi casa, con tan absoluto imperio, que aunque a vuestra hermosura se debe todo respeto, como yo la causa ignoro, de culpado me suspendo. Hay más raro engaño! Yo. soy Doña Clara Pacheco, y soy prima de Don Lope. Doña Clara vos? qué es esto? vive Dios que estoy sin juicio. Quién vio tan notable empeño! Adónde estara Leonor? Adónde estará don Diego? Qué de recelos me cercan! Oh qué de peligros temo! Mientras mi enemiga hermana cobró su perdido aliento, a otro cuarto de la casa se entró su piadoso dueño. a disponer mi reparo, diciendo, que aquí dentro me entrase. . Válgame Dios! qué casa es esta? temiendo mi muerte: pero qué miro? Mas qué he visto? . Mas qué veo? Mas qué es lo que viendo estoy? Don Lope no es este, Cielos? No es Leonor esta, desdichas? No es doña Clara, tormentos? No es mi primo este, pesares? Don Lope es: rabio de celos. Con su prima está: qué pena! Leonor es, y con el mismo que ha causado mis temores, y que yo hallé en su aposento, viene hablando: mil volcanes está engendrando mi pecho. Doña Clara es, y el que estaba con ella, el que con secreto quiso hablarme a noche en casa del Doctor: qué de recelos me ha dado el mirarlos juntos! Mi primo es, siguiendo. viene a la misma Leonor; que me ha dado tantos celos. Mas vamos a la venganza. Pero vamos al remedio. Mas salgamos de este encanto. Pero averigüemos esto. Ya que a manos de mi hermano morir cada instante espero, muera conmigo el traidor, que a mi honor perdió el respeto, y no goce Doña Clara las dichas que envidio, y pierdo; que supuesto que mi hermano ocioso tiene el acero, no debe de conocerle: conózcale, pues, y luego derrame la ingrata sangre, que anima su infame pecho. Sacarle quiero de aquí. para averiguar mis celos. Para saber lo que dudo sacarle a la calle quiero. Vive Dios que han de ver todos a lo que obliga un despecho. Dónde está la desmayada? que he de que mar mis Galenos, o ha de mayar al instante; pero qué es esto que veo? Don Diego, y Leonor aquí? busquen quien me cure luego, que yo también me desmayo. Este es el piadoso dueño de esta ca: ya es preciso que se dilate mi intento. En volviéndose mi padre averiguaré mis celos. Juntos, y de mancomún estamos todos: no echo menos a nadie del caso. A dar el recado vengo del Doctor a Doña Clara, y que es muy tarde sospecho; porque si he de hablar verdades, me he estado pasando tiempo en cas de unas primas mías, y un hermanito que tengo. Casilda solo faltaba, con ella todo está lleno. Lastimame vuestro mal; y así, señora, contento estoy de la mejoría: llega, Carlino, Yo llego: quiero animarme, hasta ver en qué para este embeleco: dadme, señora, la arteria, y veré si el movimiento se dilata, o se comprime; porque si él está compreso, es menester ebuisión. Aparta, aleve: ya es tiempo de hacer voces los suspiros, que embarazan el aliento: oídme todos, que a todos toca lo que decir quiero. Tú, Don Pedro, has de ser Juez, que mires mi causa atento: tú, Don Lope, en mí has de ver a lo que llega un despecho: tú, Doña Clara, tu engaño has de oír y tú, Don Diego, más atento has de escubarme, como principal en esto. Don Diego llama a mi primo? algún engaño recelo. Principal en esto dice, que es su amante: ya qué espero? sin duda que le ha traído a satisfacer sus celos. Es esta la desmayada? Doctor, ahora es buen tiempo de dar mi recado mientras Doña Leonor dice verbos. Y te escuchara bien; déjala ya. Que lo dejo. Todos, pues, todos escuchad atentos de mi voz los últimos acentos. que entre el afán prolijo de mi suerte, y entre el temor preciso de mi muerte, con los esfuerzos de mi sentimiento, artículan mis labios sin mi aliento: y tú, Don Diego, ahora, aunque enojado estés conmigo, al fin, como agraviado, no me escuches sin gusto, que no quiero impedir tu enojo justo, ni intentan mis razones el dar muerte en sordas dilaciones, y así quiero advertida tu saña sobornar con otra vida. Ya pienso que me oíste, cuando en tus brazos desmayar me viste; que tuve amor (oh cuánto aquí me aflijo!) mi turbación entonces te lo dijo, y mi intención te lo repite ahora, no para disculparme, que no ignora que es ociosa salida de una culpa hacer de amor disculpa; porque amor es delito, y yo no admito; aún una disculpa de un delito: bien que su lento fuego esconde a la razón en humo ciego, y tiene a los sentidos en su misma ruina adormecidos; pero en esto nofotras le ayudamos, que este fuego al principio le arraigamos, y como entonces con la llama escasa, parece que régala lo que abrasa, nos dejamos llevar de su blandura, hasta que el alma toda, en él segura, o faltando, este engaño, se apaga el fuego, y se descubre el daño. Dígalo yo, pues hoy me ha sucedido, que de su ardor mi pecho vi encendido; y faltando el amor, quedó la suerte, me puso entre los riesgos de la muerte, cobré la vista, que cubrió el halago, huye la llama, y pareció el estrago. De esta ocasión Don Diego, de aqueste engaño ciego, han procedido mis errores graves? por él dejé mi casa, como sabes; y lo que peor es, que mi recato fíe de un alevoso, de un ingrato, que faltando a la fe de caballero, y a las finezas de su amor primero, a otro amor se ha rendido, dejando el mío en manos del olvido. Don Lope de Velasco es el que miras, a cuya vida convoqué tus iras: él es Don Diego, el que me ha ofendido, y quien en tantos riesgos me ha traído: él es, que olvidando su obligación a un tiempo, he intentando la ingratitud más rara, por su esposa ha elegido a Doña Clara, que es la que ves presente, para que de mi amor triunfar intente. Arma, pues de valor la diestra honrada, y con la mano, trémula de airada, empuñe el justo vengativo acero, y cruel, y severo, derramando su sangre fementida, cobra mi honor, y quítame la vida. Que haya traído su amante para que vengue sus celos! Que Don Lope de Velasco es este? Válgame el Cielo! Matarele, vive Dios. Mi enojo están encendiendo amor, y honor; pues empiece la venganza. Caballero. Tened, no saquéis la espada, afuera nos hablaremos, que delante de mujeres se tratará mal del duelo. Muy bien decís. Ya me ha pesado de haber a Don Lope puesto en peligro de su vida: oh amor! que raros efectos están luchando en el alma. Vamos, pues. . Vamos, n Diego, espera. Don Lope, aguarda. Por Dios que el diablo está suelto. Señor hermano, detente. Hermano dijo? qué es esto? . Hermano dijo? qué escucho? . Ahora señores, entro yo, que de vuestras cabezas la confusión estoy viendo: como no sabéis el casó, estadme un instante atentos, y veréis que vuestro enojo! viene a ser la paz del medio. Medio, cómo? De esta suerte. Dios ponga en mi lengua tiento, que quiere decir verdades, y por Cristo que la temo. Tú Don Lope has sospechado, que Leonor quiere a Don Diego; y tú también Doña Clara de los dos tuviste celos; pues sabed que son hermanos, y volvedles el incesto. Tú Don Diego, que Don Lope quiere a Doña Clara tierno, sospechas, y que a Leonor ha despreciado por esto; pues es engaño, que solo a Leonor quiere: y yo apuesto, que en los dos a poco rato los cuñaditos veremos, grave honor de los azules, dulce afrenta de los negros. Tú también, Leonor, sospechas, que tu Don Lope ha dispuesto el traer a Doña Clara; pues sabe ahora, y Don Pedro sepa también, que el amante que la ha traído, es Don Diego, que enamorado en Sevilla hizo aqueste fingimiento, y así sabrá Doña Clara cual es su primo derecho: y ahora todos diréis, que yo soy un embustero, porque aquesto os he callado; pues sabed que no lo niego: embustero soy a secas, que el ser Doctor es enredo, y así, como no lo soy, para mi comer receto sustancias de Celestina a desmayos de Galeno. Yo, de tan notable engaño salgo gustoso, y ofrezco. a Doña Leonor mi mano. Con eso el enojo nuestro cesará, y a Doña Clara daré la mía contento. Y yo a Don García iré a llevar las nuevas luego. Y yo me quedo Doctor con mi embajada en el cuerpo. Pues mi Casilda, allá fuera. puedes meterte los dedos. Y aquí espiró la Comedia, si tuviere algún acierto, den para enterrarla un vitor los señores mosqueteros.
