Texto digital

Texto digital de Los doce de Ingalaterra

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Jacinto Cordero
Atribución estilometría
Jacinto Cordero Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los doce de Ingalaterra. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/doce-de-ingalaterra-los.

Logo BICUVE

LOS DOCE DE INGALATERRA

JORNADA PRIMERA

Ten bien en ese estribo Costo Bien te puedes apear Cuando se vio caminar un cristiana por la posta, solo por un, desafío, en que a ti no te va nada. Mi palabra está empeñada. Desos empeños me río, miren que collares de oro o que joyas de diamantes. Aciones tan importantes, no entiende tu vil decoro, el valor que el pecho labra es bien que ahora te asombre que no merece el ser de hombre, el que no tiene palabra, Pero escucha, ruido siento. Y aún tropa de cuchilladas. Cobardes, vuestras espadas, no han de salir con su intento. Cuatro a uno, vive Dios que habéis de morir villanos. Rayos fulminan sus manos, valerosos son los dos. Oh perros, en mí no habláis, los tres habéis de decir, y los cuatro habéis de huir, si solo a mí me esperáis. No paséis más adelante, que basta por vida mía, porque es vuestra valentía a quien sois muy semejante. Oh perros, vuestro desmayo no va de castigo ajeno, que cuando mi amo ses trueno, soy yo de aquel trueno rayo. Qué buena está el arrogancia, Si la cólera, me ciega, que soy de Aldea Gallega, han de conocer en Francia. Ser hombres mostrastis hoy, y parecéis, Y os meresco El Ol no decir, que lo paresco, sino decir que lo soy. Su humor, señor, no os espante decidme lo que esto ha sido. En la caza me he perdido, que soy, de Francia Almirante, topé con estos ladrones, que saltearme intentaron, y en vuestro valor hallaron castigo sus intenciones. Y tanto quedo, en rigor de esta facción obligado, que creo que salteado estoy de vuestro valor. Y así, si a Patis queréis partir en mi compañía. De mi urbana correcia no es justo no, que dudéis, que voy a Londres cred a cosa de harta importancia, que a no ser así, ya en Francia, acetara esa merced, Pues decidme a lo que vais, y quien sois también decid, si lo meresco. Advertid, que cumplo lo que mandáis. Del gran Maestre de Auis, que por impulsos del Cielo, con el valor de su espada, y de aquel rayo violento, Don Nuño Albarez Pereira. de Portugal se hizo dueño. Aquién la fama atrevida no llama Don Juan el Primero Rey Docmo en Por ugal, soy vasallo, y os prometo, que es digna su heroica espada, de sujetar muchos Reinos. Albaro Gonzales soy, el Magrizo von que puedo asegurar en mi sangre las obras de que me precio Ubo en la corte de Londres, entre docé Caballeros los más fuertes, y gallardos con desairados intentos. Contienda contra las Damas, imputándolas soberbios oa de feas; y desairosas, y con carteles posieron aplazados desafíos ob a sustentar esto mismo indigna hañana, y cinil, en tan generosos pechos, porque a las Damas se deben, cortesas, y respetos, que lo de más senciviles, y villanos desacuerdos. No salió nadie por ellas a defender su derecho, por ser lo mejor de Londres los doce de aquesto recto, por lo cual desan imadas, viendo tan falto el remedio, al gran Duque de Alencastre, cun esta pena acudieron Dijo el Doque a todas juntas. Ya veis, que en Londes no puedo hallar nadie que os defienda, pero Don Juan el primero, mi hyerno, que en Portugal goza el Portuguez Impeño. vene en su Corte imuencible, caballeros tan supremos, tan valientes, y arrogantes, tan esforzados, tan buenos que si bos se lo escribís, ellos saldrán a este pleito, escribildos, que también escribiré al Rey mi hyerno, encomendándole el caso, y que ampare este suceso. Nombró a doce el mismo Duque a quien ellas esclibieron, como él al Rey mi señor a quien despacharon luego. Fuy entre los doce nombrado, y embarcados en el puerto los once con una nave, dieron las bellas al viento. Yo solo vine porbtierra, por si el mar tragare el leño con la crueldad que acostumbra en su salado elemento. Mostraré en ingalaterra. con el valor que profeso, yo solo el ánimo invicto de mis once compañeros, y he de entrar en la estacada solo yo con todos ellos, peleando de uno a uno, en defensa de este pleito. Verán sus ilustres Damas, que despreciando este riesgo, pueda solo un Portuguez llegar a tan grave extremo. Con esta hazaña immortal, con este airoso ardimiento mostrar quiero en campo al mundo, con el valor de mi acero, la grandeza de mi sangre, el valor de aqueste pecho, de mi honor, y valentía, los últimos paralelos, porque solo un Portuguez pudiera con tal esfuerzo quedar en la fama vivo, cuando quede en campo muerto. Si queréis que l os acompañe, como obligado me ofresco Solo he de hir noble Almirante a salir de tal empeño. Mirad que no son palabras. Del valor vuestro le creo. Lleváis dinero bastante. Sobrado dinero llevo. Llevad aqueste bolsillo que va de doblones lleno. Eso fuera saliearos, ̱ Haceisme merced en eso. Doblones llevo que basten, y para Londres un credito, que a faltarme os lo dijera. ̱ No es de amigos verdaderos, aguardar que se lo diga al que tieno falta de ellos, el que se precia de amigo, no ha de llegar, que es mal hecho) a que su amigo le diga (mirad cuanto lo encaresco) que tiene necesidad, porque en llegando a ese extremo su vergüenza le costó, y la vergüenza es un sello, que entre dos hombres de bien, honrados, que son discretos, perderán antes la vida, que llegara verle abierto. Esta cadena tomad. En cambio de esta la acepto para llevar prenda vuestra. Yo la acepto, porque os veo desconfiado conmigo, si bien puede venir tiempo en que vaya a Portugal, donde os buscaré contento, para gastar vuestra hacienda. Todo cuanto yo poseo en Portugal Almirante, podéis tener por muy vnestro, Así lo entiendo Magrizo, tomad honrado escudero este pequeño bolsillo. Bien áyan los caballeros que nacieron liberales. Qué pesado, y que jindiscreto, ( vive Dios que estoy corrido, que le acetase este necio. Queréis darme la palabra, que depués que los trofeos, alcancéis de esa victoria, por Paris vendréis con esos caballeros. Sin por Dios, dándome victoria el Cielo lo prometo a fe de amigo. Tó, tó. Ya se oyen los perros, y los cazadores llegan Cómo brillándos podencos! Partome por no estórbaros, pero los brazos primero me habéis de dar como amigo. Que lo soy vuestro os prometo Dios os guarde . Adiós. Adiós, que Frances tan sabio, y cuerdo. Vive Dios, si no mirara mentecapto, Lindo cuento, vive Dios, si no tomara el bolsillo que me dieron, que fuera gran mentecapto. Los criados, y consejos, hechan a perder a un hombre, si los toma, y no son huenos, Los criados serán malos, mas a doblones, que imperio de honestidad se resiste, que muros no abate presto, fui descortés en tomarlos, señor, así lo confieso, mas estas descortesías, no escribe el libro del duelo, a quien pudiera hacer muchas, siendo de tanto provecho. Vete. Señor, no me mandes. porque en llevando este argento dejaré mi padre, y madre. Eres loco vil, y ciego. Soy noble honrado, y galán, y todas las partes tengo, que puede tener un hombre, de claro, y lucido ingenio. Soy bachiller, soy letrado, Capitán, y Caballero, y soy doblón de doblones ques lo más que yo ser puedo. Ven traidor. Miren si llama, Voy señor, gracioso exceso, aoro notable imán es el de vuestro elemento. El término está llegado los Portugüeses no vienen. Yo os aseguro que tienen poco miedo, y mucho enfado, conforme a lo que han escrito, no pienso que ande tardar, dilaciones de la mar le abran hecho, y es delito. Que entiendo de su valor tan igual en mar, y tierra, que los verá Ingalaterra, de las damas en favor, la palabra tienen dada, no faltaran a la empresa, que la espada Portugüesa, jamás se quiso rogada. Sí, mas no vienen. Vendrán. Tardan, y llega ya el día. Yo se de su valentía. que de este empeño saldrán. Vendrán esos Portugüeses, vuestra Alteza lo verá, y a voces confesará, ventaja a nuestros arneses. Casos parecen inciertos, no vendrán en pleito igual, y si vienen, Portugal los puede contar por muertos. Caballeros, esa es mengua si bien no os temiera nada a cortar bos con la espada como cortáis con la lengua. Ilustre Duque, y famoso, por licita obligación, ampare nuestra razón vuestro pecho generoso. Sed con las damas piadoso, en tan ilicita guerra, cuando en vuestra propia ter viene con ánimo Real a defender Portugal las damas de Ingalaterra. Li Señor invicto; el concierto del término del cartel, mañana acaba cruel y acaba en tal de sacierto nuestro honor que viva muerto por una ación tan esquiva, más tiempo el papel reciba, porque en pena tan cierta, si está nuestra fama muerta Portugal hará que viva. Si han avisado que vienen, dadnos más tiempo, y lugar, culpa tiene el fiero mar, y culpa sus aguas tienen, nuestra desdicha previenen las olas, que airadas siento, porque en tan fiero tormento para aplacar sus enojos! dieran agua nuestros ojos, y nuestros suspiros viento. Per des días se dilate el ermino del carrel, y lo mavo porque en él tanto estas damas abate. ̱. Indignos son vuestros nombres de admitirse en pareceres, que hombres, que ofenden mujeres, son mujeres, no son hombres. Basta Laura. En correcia, sufrimos esas razones. Sufrirtantas sinrazones, no es razón, que es tiranía, este enfado no os espante, que mi cólera os avisa, que en mí veréis a Marfisa, como en Laura a Brodomante. Licencia tienen las dasas, para cualquiera indecencia, y así, pues tienen licencia dad al enojo esas llamas. Qué es licencia, pues si tarda favor de los Portugüeses veréis soberbios Ingleses armada en campo a Rosarda, Que para castigar menguas delaciones tan desairadas pienso con vuestras espadas cortar vuestras viles lenguas. Baste vuestra airada furia. Señor, la razón nos llama. Volvemos por nuestra fama, A más obliga una injuria. Albricias damas, perfeta es la nueva, Que alborotas Los Portugueses sin botas. y sin capas de vaieta, entran, dando envidia al Mayo, vestidos bizarramente, no vi tan gallarda gente. Oh que notable desmayo, con esa nueva has de dar a quien la empieza a sentir. Salgamos a recibir, a los que os vienen a honrar. Silvia toma este dirmante. Silvia, toma esta cadena. Esta mi gusto te ordena por nueva tan importante Toma esta joya te dan, los sentidos que recreas, y ahora si semos feas, en el campo lo verán. Hoy quisieramos que fuera, Ya en campañados deseo, sus cabozas por trofeo a los Ingleses espera, Menos hárbaras Ingleces, que son para vuestro esan, cvasallos del Rey Don Juan, y nacieron Portugueces. Cansado vengo por Dios, llama Costa ese ventero, que un bocado comer quiero. Por que no dices los dos. Hola, ventero, a quien llamo. a Sale aquí. Que quiere hidalgo. Tenemos que comer algo. Aunque no está en casa el amo, de la venta, lo que hubiere sacaré de buena gana. Vaya, que vengo con gana, de comer cuanto me diere. Costa. Que quieres señor. Que en comiendo dos bocados partas a Londres. Cansados serán en tan to rigor. No imagináis los, señores, que nos casamos nosotros, somos bestias, somos potros, miren aquí que rigores. Después de haber caminado desde Portugal aquí. No me digas nada a mí, dos leguas, no es tanto enfado. Señor, aquí tienes ya, lo poco que hay que comer. Qué menos pudiera haber, pienso que dieta nos da. Toma Costa, al punto parte a Londres, ve si llegaron los once que se embarcaron, Que te sufra Durandarte. Tras ti voy. tus Yo lo imagino. Hola, ventera, a quien llamo, ya que no bebe mi amo, ventera, demera mi vino. 1. Hay atrevimiento igual, que unos Portugüeses locos, se vengan, siendo tan pocos, a Londres de Portugal. Locos dijo, y Portugüeses la sangre se ha alborotado, que es eso señor soldado. 2. Si tal sufren los Ingleses, vive Dios, que hombres no No me diréis que eso ha 1. Unos hombres que han ven faltos de juicio, y razón, a Londres, a defender el decoro de las Damas: Ya el pecho se abrasa en la y el alma me empieza a arde Habéis, comido, o Madama, aguardad, que ya he comido, es ese caso atrevido muy digno de eterna fama. 1. Es locura, y borrachera, Portugüesa solamente, El que eso dijere, miento 2. Déjame con él, espera. Qué es conmigo, loco lug por los Evanjelios santos, que basta para otros tantos la mitad de un Portugues Que en esta hazana gentil, si hacéis de esfuerzo teatro, así como os miro cuatro, os quisiera cuatro mil. Y de mi cólera infiero, l Ingleces, viles, nonadas, que os matara a boferadas, por la fe de caballero. 1. Muera este vil fanfartón. Cobardes, la muerte os llama, pero primero madama tomad aqueste doblón. 2. Fiero en tus locos alardes tu castigo has de ver hoy. e Albaro Gonzales soy, soy el Magrizo cobardes. Muerto soy. ̱. Valedme pies. El caballero es un sol. No veis que soy Español, y he nacido Portugues. Puede vuestra heroica espada, y puede vuestro valor solo, cobrar nuestro honor atrevido en la estacada. ̱ . Como noble, y como Almada veréis en estes trofeos de mi valor los empleos ya que a serviros me esfuerza, si es que llegare dla fuerza donde llegan los deseos. Peligros he atropellado. tormentas tn mar(corrido. por haber sido elegido, y de esos ojos llamado, y juro anfe de soldado; que ente peligros más sieros vinieron nuestros aceros a defender vuestras famas, que defender a las damas, es ación de caballeros. Nuestro valor nos destierra, de España a gloria tan alta y aunque el Magrizo nos falta que quiso venir por tierra en los once Ingalaterra, ver puede en esta ocasión, que vivirá su opinión, solo en esta espada mía, que el venir fue cortecia y el pelear obligación. Armados de heroico brío mis compañeros están, . que ya las cajas nos dan señales del desafío, perdonad, que no soy mío, porque a defender os voy. En esta banda que os doy tiernamente el alma os muestra que Laura esclava vuestra. Y yo vuestro esclavo soy. Adiós. El alma lleváis que es vuestra. Dulce alegría, como es vuestra ya la mía, mirad como la tratáis, con el favor que me dais, prometo a vuestros enojos mas, cabezas por despojos que os han causado desuelos. Ay Portugues de los cielos, Ay Ingleza de mis ojos Ya que soy tan desgraciada, que solo el mío falto, es fuerza que salga yo, con lo nontera la estacada abra mna prenda sobrada para un Portuguez honrado, que del bos enamorado piarda hasta los pensamientos. Ellos son muy corpulentos, y bos sois muy delicado, sois paje de alguno. No, mas vuestro criado sí, Micriado, que hay en mí; que tanto os aficionó. Esos ojos quiero yo, tanto, que os espantaréis. Los ojos no me alabéis. Si mata el mirar risueño. Qué importa, si tienen dueño. Muchos años le gocéis, mas dadme sola una mano en premio de tanto amor. Si se atreve vuestro error a proceder tan villano. sabré vil, sabré tirano. Hay caso más peregrino. Por ese rostro divino. Oh Doña Linda tú eres. e Por honra de las mujeres hago aqueste desatino. Luego vas a pelear. Pues falta el Magrizo fuerte, a provar mi triste fuerte, quiero entrar en su lugair. El Magrizo se entró a armar, ninguno que vino sabe. que victoria tan suave hoy a Portugal espera que fación tal, solo hiciera Reino tan ilustre; y grave Las cajas, y las trompetas empiezan a hacer la salva, y de aquestos corredores se mira toda la plaza. Ya ocupa el Duque su trono y con el todas las Damas, que bien que salen los doce de Ingalaterra, bizarra. Está la plaza, por Dios, los de Portugal la entrada van apercibiendo ilustre, que los penachos, las armas, van brillando poco a poco, que bien parecen las galas. Ah Portugal, quien te lleva, cuando tú quieres? ventajas, lo que diera él Rey Don Juan, por ver la ilustre baralla, que ahora a los doce espera, todos entran con sus mazas. Brabagala, y bizarra ya están doce en la campaña, pero otro sale de nuevo, y uno de los doce aparta, aquel talle es de mi amo, quel desenfado, y la gila, me dicen que es el Magrizo, los dos apartados hablan, el otro le deja el campo, y él se ha puesto en su distano Ya las trompetas empiezan, y el estruendo de las cajas, hacen señal a enuestirse, ya san Jorje, y cierta España. Los veinte y cuatro apellidas si la vista no me falta, a quel primero que enviste es Don Alvaro de Almada. Todos le siguen furiosos, que valor; y que arrogancia, los Ingleces lo hacen bien, mas ni por eso desmayan. Los Leones Porrugueses, y su valentía, es tanta, que aunque se chochan distintos ellos llevan la ventaja. Gallardamente pelean, ha nobles hijos de España, en tierra cabió un Inglez, mas que presto se llevanta. Hombre es de mucho valor, ya de cansados se apartan, todos se sientan, y siento, que tienen mala demanda. Los Ingleses valerosos, pequeno espacio descansan, a enuestirse vuelven todos, y sacando las espadas. Empieza otra vez la bulla, ya se tiran, y maltratan, que golpes, que barahunda, que tropal de cuchilladas, Pedrenales me parecen, con la lumbre que llevantan, mucha sangre a los Ingleces, les parece por la cara. Con las espaldas caminan hacía tras, mala jornada les promete aquella ación, con que gloria estan llas damas. Desatinados los miro, Pedro Hombié, sobre uuno salta, que entre los pies se ha caído, a se que no se le vaya. Y el valeroso Pacheco, rompe, hiere, asombrar mata, fuera del campo los tienen, ya dejaron la estacada. Victoria! por Portugal. Eso sí, cante la fama, a tanta gloria rendida, con su trompeta esta hazaña, el Duque deja su puesto. Y los caballeros bajan a abrázar los vencedores, ya va apartando la guarda el concurso de la gente. Hh mosqueteros de España, los victores que perdéis, por no hallaros en plaza. A ese cuarto caballeros que entre Gliegas: y Romanas, hazañas, lleva la gloria esta a quien ninguna iguala. Vuestra alteza dé livencia, mientras los otros descansan, a que sepamos el nombre, para rendirle las gracias d este gentil caballero: Ninguno pergunte nada Caballero el nombre vuestro Si vuestra Alteza lo manda, yo soy señor Donadinda, que viendo por dos dirhada faltar el noble Magrizo, aunque nunca hiciera falta, a tan nobles caballeros, salí por el a campaña, pero el vino a tan buen tiempo, que me excusó la demanda. Por vuestra que de la gloria; porque fación tan bizarra, vence la victoria uiestra, com infinitas ventajas. Señor Don Alvaro adónde entraba en campo un Almada, cierta estaba la victoria, seguro el peligro estabr. Hónrame vuestra grandeza por la banda hermosa Laura, que me dio vuestral hermosura, esta os traigo Si así paga, vuestro valor los favores, quien en el mundo os iguala. Mirad señora que viene de alguna sangre esmaltada de un Inglez muy valeroso. Sus descorteses palabras dieron con vuestro valor a nuestros pechos venganza. Bordarla prometo yo, y en ella veréis cifrada la historia de su castigo. Esta os da mi confianza, perdonad mi atrevimiento. Y mi amor, esta os señala en premio de tanta gloria. Qué derretidos que hablan, ahora están en su centro. u Entrad a quitar las armas, que es justo que descancéis con los demás que os aguardan. Ciego voy por la hermosura de la ingleza, que es gallarda. Don Albaro me ha vencido. Magrizo me lleva el alma, Venció Marte, y entre amor si le viera Doña Juana lo que pidiera de celos, lo que amorosa llorara. Espera amado bien mío; que están en mí, amor, y mis anse rindiendo, tributo humilde, a tu hermosura, a tu gracia. Señor Don Alvaro, yo os estimo. Ya está blanda, Pero, el Respeto del Disque y el temor que heche mi falo menos me tienen con pena por lo que importa a mi fama, y no el Duque, pero temo que si os corespondo grata, y me empeño en vuestro amo la brevedad es muy clara señor en vuestra partida. y para llorar desgracias de vuestra ausencia, y mi suert no os empeño la palabra de que amor os coresponda. Tanto el corazón os ama tanto aquesta vida os quiere, que no sé prenda adorada, como he de podervim Ah hombres, que bien despico vuestras lenguas las mentiras, con que a todas nos engañan Costa, mira si alguien vien Bien el officio me encaja, trata tú de tu negocio que Argos seré en vigilancia. Puede ese heroico valor, puede dejar esa gala de tener dama señor, tan hermosa, que mi cara sea en su presencia fea. No me digáis Laura nadi, que bos sois solo la hermosa, la perfera. Basta, basta. que puede en Ingalaterra atropellar muchas almas vuestra airosa cortecia. Ay señora, hay bella Laura. Señor, el Duque. Rigor es de mi estrella contraria. Ay. Portugues de mis ojos. Ay Inglesa de mi alma. sio

JORNADA SEGUNDA

No vi lugar semejante. Solo Lisboa le iguala. Qué aguardes en esta sala, te suplica el Almirante, que ya viene. Gran distancia, no vi tan bello jardín. Por qué se llama del fin siempre el Príncipe de Francia. Está muy bien preguntado, a pagar de mi dinero. Yo te lo diré. so quiero que soy curioso criado. Cabio en un estanque un día un Príncipe, y se ahegara, si un del fin no lo lácara del peligro que corría. Sácole del triste fin el del fin de aquel protento, y por agrade cimiento tomó el nombre del del fin. Y todos los que ham pasado desde aquel tiempo hasta hoy, se llaman de fines. Soy yo señor tan desdichado, que si contará esa historia, mu hubieran de desír todos, que eran mentiras, y apodos. de mi capricho, y memoria. En el dibro de los Godos lo puedes leer, si quisieres, Lean dueñas, y mujeres, que me enfadan con sus modos. Poco sin, leer se sabe. Un donaro, cierto día, me dijo, mi librería venga a ver, que es noble, y grave, yo dije, de eso no entiendo, n donde me quiere llevar, y el dijo, ver, y callar, venga que en nada le ofendo, Voy, dije, ya que me, ruega, por ver adonde, me guía, y por ver la librería, dio conmigo en la bodega. Esta es librería franca, dije, a que el gusto se aplica, y aunque lehya Capárica, déjela por Peramanca; Porque es más suave historia, y nos pusimos, por Dios, tan Coronistas los dos, que aún le tengo en la memoria. Efalando en concrusaó tan nosa lingoa verdades, inda tenho saudades do vinho, do frade nño. Magrizo. N Noble Almirante. Pues como en estrechos lazos, No me dais dos mil abrazos. Mi cortedad no os espante. Vuestra vitoria he sabido, tan digna de esos aceros, y de los demás Caballeros. Los dos habemos venido por a palabra que os di, Y los dos somos no nada. A don Albaro de Almada conmigo tenéis aquí, y aunque los demás ausentes están juzgan mis cuidados, que en sus bríos alentados los tenéis todos presentes. Ya se de su heroica espada la información de quien es, pues basta ser Portugues, habiendo nacido Almada. Tenéis, señor Almirante, en mí; por la fe de honrado, un muy grande apasionado. Yo dejo para adelante las pruebas del amistad, que hacer con los dos prometo. En ser noble, y ser discreto, tienen esa propiedad. Entrad, que este cuarto mío os tenía aderezado, y aunque no es con el cuidado que merecéis, solo fío del amistad este error, y de esta esta confianza. Que excedéis toda esperanza, se ha visto en vuestro favor. Cuarto en Palacio, bien va. Hasta ahora no lo he visto. Es hombre de bien, por Cristo, hombre que doblones da, Tú tienes notable suerte, a fe que no me de nada. No ves, que esta heroica esp es guadaña de la muerte. Y la mía, fanfarrón, es a caso de bayeta Es tu estrella de Poeta, y tu espada de Lebrón. Vino el Almitante. Sí, con dos guéspedes, señora, que si los vieras ahora, como yo a entrambos los vi, Bizarros, como galanes, airosos tan sin cuidado, que el buen talle de su agrad excede a sus ademanes. Jesús, y que enamorada dellor pareces que vienea A fe que mal gusto tienes, si cualquiera no te agrada; juzgando ya mis sentidos, esto a las dos no espante, que ha traido el Almirante dos muy gallardos maridos. Oh hermanas, aquí tenéis el Español Caballero, que de aquel trance tan fiere me libró, como sabéis. Y a Don Alvaro de Almada, su compañero, y mi amigo, que es su presencia testigo del abono de su espada. Soy el criado menor, que tienen Uueseñorias. Lo que aura de cortesías. Merece vuestro valor, que mi hermano el Almirante corresponda a obligaciones de su empeño. Las razones faltan, y es justo que espante a cualquiera entendimiento, ver vuestra rara hermosura, el cielo os dé la ventura igual al merecimiento. Señor don Alvaro, es justo, que mi hermano el Almirante con exceso igual espante, por daros a los dos gusto, que es cosa que no permite, por nuestro honrado decoro. La Francesa es como un oro. s. Yva queriendo el envite con los ojos, porque mira cuasi, cuasi en amorada, por don Albaro de Almada sn hermosa hermana suspira. Gallardo el Magrizo ha andado, y tiene gentil talento, que con claro entendimiento no hay hombre que cause enfado. Vamos, y descansaréis, que cansados del camino, a los dos os imaginó. Obedientes nos tenéis a todo cuanto ordenáis. No sé amor que siente el pecho. Fuego es amor, y sospecho corazón que os abrasáis. n. Humor gastan estos dos, dalles quiero a entrambos mate. Yo solo en este combate, quedo madama con vos Yo quedo a mí se me debe el favor que se ha de hacer, y no sé con que poder el señor costa dse atreve, Pues ahora Esteban sabe, que yo solo campo, y campo, y puedo hacerle en el campo, que me hable en casa más grave. Escoja vuesa merced de los dos el que le agrada, y escoja bien, que esta espada tiene de harta sangre sed. Escoja. En que he de escoger. Entre los dos el que quiere, y venga lo que viniere, que sé decir como hacer. Yo digo; hago, y amago, cuando pezares me dan. Cuando fuere Capitán, puede decir, digo, y hago. La contienda está doñosa, y estos señores donosos, Oyen señores selosos, conocen la valerosa, la donosa, la salada, por cierto lindos marrajos, miren dos polos de andrajos, de que estoy enamorada, Francesa, esclava, o quién eres, habla bien Nada le espante, la esclava del Almirante nació con muchos poderes, y si a caso por su mal me dice alguna arrogancia, le hede sepultar en Francia, sin que vuelva a Portugal. Ya es campa. Quién culpa tiene, se yo de este atrevimiento, y por ley del duelo siento, que ir al campo me conviene. Pues aquí estoy, si le agrada, que ya la cólera llega. Yo soy de aldea Gallega. Yo soya picaro de Almada. Notable gusto me ha dado vuestro amigo el Almirante, con veros, porque os estimo por vuestras ilusties partes. El Cielo a tu Mujestad infinitos años guerde Fue la acción de Inglarepta la más noble, la más grave, la más airosa que han hecho pechos nobles, y reales; todos dejaron el compo Esmaltado con t sangie los ocho tan mal heridos que es imposible, que sanen. Soldados tan valerosos, es bien que mi gracia ampare; como queda el Rey Don Juan, aquel incansable marte, que con valor Portuguez escribe en bronces, y en jaspes. su nombre siempre invencible, su valor siempre arrogante, en los añales del tiempo, digno de eternos añales. Gran señor, para serviros, ya quiero con las paces de Portugal y Castilla, que es bien lograr amiltanes dos Monarcas tan supremos, dos Césares tan iguales; en África ahora entienden sus valientes Capitanes. Y Nuño. Albares Pereira, de Porrugal Condestable, como está, mucho le quiero y quiero que me le alaben. Diera por verle, así viva; de Francia la mayor parte, valientemente le pinta su fama. Mas, admirables son las obras que su fama, señor, es de España marte, Cid. Portuguez en las obra: sin segundo en los combates admiración, y protento ha sido de las edades; débele el Rey, el ser Rey, y la libertad amable, Poriugal le debe a Nuño, ae esto de su esfuerzo baste Falico Rey que han tenid vasallos tan memorables, vos Don Albaro de Almad alguna pena os combate, parece que os veo triste. No hay tristeza, que contr mi corazón, que el serviros será en mi gloria admirable. Alemania me hace guerra; y creo, que es importante para ella vuestra persona, Aquí estoy, señor mane Hágoos Coronel de un T que tiene dos mil infantes; y para ayuda de costa, mas prras todo se prepare, os doy cuatro mil flornes. A. Boso vuestros pies reales Bos Magrizo iréis a Italia a castigar arrogante, al de Milan, que se atreve, a haterme algunos pesares con Monsive de bocaguisa. Vuestro nombre se dilate desde el sepulcro del Sol hasta donde alegre nace. Viva vuestra Majestad, de Nestor, las tres edades. Vuestro amigo soy Magrizo, 3 Esclavo podéis llamarme. Don Albaro, apercebios, que favores tan notables. el Almirante os granjea, y de esta suerte han de honrarme los hombres de tal valor. ̱. Las mércedes que nos hacen debemos a bueselencia. Las correcias aparte las pongamos, como amigos, esculemos gravedades, apercibir la partida, es tan justo, como fácil, ya no tengo que ofreceros, joyas perlas, y diamantes, oro plata, amigos tengo, todo se empeñe, y se gaste, mis estados, y mi hacienda, podéis vender, y empeñarme. A grandeza tan suprema, a vibanidad tan amable. Cecen palabras amigos, que no es justo que se gasten, cuando el oro de las obras puede lucir sus quilates. Esta es ley, y obligación, deuda que os debo inefable, mucho dio, quien dio primero, puerta a obligaciones abre. Corazones rinde altivo, coronas busco constante, que os doy cuando os dé la hacienda si vos toda la ganastis, cuandó me distis la vida. Ella es vuestra, y yo quien sabe, conocer obligaciones. que es muy justo que se pagen, no me repliquéis, por Dios, Don Alvaro acompañadme, y entre en su cuarto el Magrizo, que volvemos al instante. Guiad, que yo os acompaño, Id con Dios, El cielo os guarde. Tanto del amistad la prueba fuerte, al hombre vence, que en su amor unida, deja las almas en constante vida, para que no las venza humana suerte. Muere Efestión, y Alejandro advierte. muerto su amigo, su amistad perdida, y en pena del dolor juegó a cuida, las Almenas de tebas en su muerte. or Tanto pudo el dolor y el sentimiento, que hasta las piedras, con fatal discordia; quiso que de su amor fuesen testigo. Admirable amistad, felix protento, digno de fama eterna, es su memoria, Que así le ha de estimar un fiel amigo. Centinela soy perdida, que ando velando en rigor Portuguez, aque amor dio su Corona lucida. Oh Aminta. Que hay señor mío, como os va en Paris de amores. Es pedirle a Enero flores, ese loco desvarío. Los hombres en tierra ajena, ja más tratamos de amor por no sufrir el rigor de nuestro castigo, y pena. Que somos muy maltratados, en no siendo conosidos. Talvez, fueron excogidos, los que no fueron llamados. Como está la hermosa Otavía. Hermosa, pero muy triste. Quién de hermosura se viste, con ese extremo se agravia. Es su hermano el Almitante en ser celoso cruel. No la darás un papel, si te doy este diamante. El diamante no le quiero, el papel si llevare. Has de tomar por mi fe este diamante primero. Tanto harás, que le reciba. Pues aguarda aquí un instante Mámola la del diamante, que en él, mi codicia estriba. Vive Dios, si de pormedio, no se mete un hermitaño, que hubiera de ser el daño mayor, que fuera el remed Qué es eso, ha habido que A hi fue sobre esa cara, y pudiera costar cara, cara, con tanta razón, que por Dios, que ya filada lleva en mí la destreza para abrille la cabeza. con la punta de la espada. Es valiente. Y muy valiente. Eso hubiera de decir el que le biera reñir. Eso sabe mucha gente, ques de mi amo. ̱ Ocupado está en su cuarto, metido. Voy a verle, porque hes por mi honor hoy descuidado Vive Dios, si no se mete un hermitaño, que es hecho, allí le pasaba el pecho, que es el cuitado un pobrete Que fue. Nada, un desafío, cosa de poca importancia. Hay semejante arrogancia, cuasi de verle me río. No se ría, que por Dios, que se de mi pecho cruel, que riñiera con aquel, y luego con otros dos. Dios te guarde. Escucha a parte Aminta. Cosa secreta, esta me guele a alcahueta. 3. Dile aquesto de mi parte a Otabía, y dale el papel. Mi amo voy a buscar. El secreto has de guardar. Soy en secretos muy fiel. Qué fuerte cosa es amor, que ciuel, que criminal, u entendiendo que hago mal tan mal mitigo su ardor, que venza amor el valor, entendido, y heredado del noble ser, que me han dado tan altos progenitores, que excesos no hará mayores, quien vive ya enamorado. es mi amigo el Almirante, que importa, si amor lo ha hecho que es ya gigante en mi pecho, y en los excesos gigante, que aquella amistad no espante mi amor, mi lealtad, mi fe, grave atrevimiento fue, cuando en su amistad adoro, faltar mi honor al decoro, que en su nobleza se ve. No le agravio que es su hermana, noble como yo ha nacido, y aspirando a ser marido, no es esta ofensa tirana, es deslealtad muy villana, es ofensa, y es error, y es serle amigo traidor, Almirante, no os espante, yo soy leal Almitante, y es traidor solo mi amor. Usan en España acaso aquestas descortesías. en las casas de los nobles los huéspedes que acreditas sangre, y valor en las obras, que dicen que traen tintas. sus espadas con hazañas, que su nombre imortalizan, Señora. Ser caballero, es otra cosa distinta, de aquestas civilidades, que si en Londres os hacían, favores Damas hermosas, pagabaos su cortecia, la obligación en que estaban, y la deuda que os debían. No hay en Paris caballero, que empienda esas demasías, menos quien fije, carteles contra mi esperanza altiva, Y cuando alguno intentara tan alta descortecia, caballeros tiene Francia, que con la arrogancia misma, que bos en Ingalaterra salieran a su porfía. No fueran a Portugal cartas suyas, letras mías, a llámaros por la posta, Yo soy, yo, y en mí se cría otro valor diferente, otra arrogancia más viva, otra nobleza más alta, otra sangre, que me anima, otro proceder más grave. Rayos sus ojos fulminan, y en tanto asombro de rayos, perdida tengo la vista, en mi vida tube miedo, y ahora bueseñoria me le ha dado a conocer en esas flechas distintas, que por atamos de perlas; entre el hacar candoriza, mi atrevimento fue loco, mucha fue mi demasía, pero señora, de amor nació toda mi desdicha, atrevido me confieso, mas quien habrá que resista tantos arpones de gracias, tanto aljófar en la risa, que por claveles de amor, cuando no prendón, cautivan. Basta Cocodrilo loco, y sobra, cuando os avisa, quien por ser quién es, no hace, nia decirse determina vuestra traición en ofensa, de casa tan conocida, mirad porbos, y tratadme, como el respeto os obliga, o por vida de mi hermano, si le tratáis con malicia, que os haga en Paris dar muerte ya mi hermano se lo diga. Tratalde como él os trata, volvé a cobrar vuestra fi ma, no os desuanescan los ojos, que voláis con mucha prisa. Hoy me mata mi señora, ha mal haya la sortija, Magrizo, yo di el billete, soy desdichada en albricias. Fuese, y arrojó el papel. ha letras, que mal escritas fuistis, despreciado lloro, castigos de mi osadía, al escubir no me mira, resperos que se debían a amigo tan generoso, ha vil encanto de cifras, a cuantos buenos ofendes, mal haya el papel, y tinta, que tantos males emprende Mas esta no es letra mía, que es de mujer, vive Dios Agradesco las caricias de vuestro cortés papel, Maguzo, y os rertifica el alma, mucho de claro, que algún tanto se os inclina pero amporta a mi deroro, que no sepa esta esclavilla, que yo os escribo esta noche por ese balcón que frisa las puertas de vuestro cuarto os arrojaré una cinta. Respondedme a este papel, porque vuestra gallardía solo triunfará de Otabia, y solo de Otavia es digna, Dios os guarde. A calo sueño, sentidos si no dilitan las potencias con tal gloria diré amor, que sois mentita, Oh papel, mil veses beso los carateres que miran, mis ojos de gusto locos, hay traza más peregrina, para declarar su amor l dismintiendo las espías, de criados, y ciladas, bien haya el que no se fía de enemigos tan forzosos, que a cualquier desaire libran, en la lengua la venganza, y a cuantos costo la vida esta confianza nevia. Buena estubo la visita. Que os parecieron las damas, con un papel comúnica el Maguzo, hablando a solas. No vi juntas tantas lindas. Es papel de Ingalaterra. No amigo, De mi retira el papel cuasi turbado, no sé que el alma adivina, que en dos colores le veo fensa en mi daño escrita. Adónde has estado Esteban. Yo señor, en la cocina, asando pabos. Que bien, ya sales con tus mentiras. Tripa horra me llamaron las cocineras malditas, o quien las viera tostadas. Son las seis, por vida mía, que nos vamos a cenar, que es verano. Mis porfías, salieron con la victoria. Depués de cenar, convida el fresco, agustosa noche. Vamos. Oh que alegre día, tras esta noche, me espera, El papel en la pretina lleva el Magrizo colgodo, si algún descuido le incita, veré yo lo que contiene, porque nacen las desdichas. en haniendo en casa hermanas, Ya ban adonde se brindan hasta la salud del Rey, y el brindares posalinda, al otra sante, Monsín, y a la sante Relamida de la señora madama, oto ha, bien haya españa, y viva. que con decirallaja, descarnan una botija; y aunque esté llena, y tellena, la dejan en carne viva. Aquí está Esteban, que haré, Este pícaro ha llegado, y de verle tengo ensado, Esto ignoro, y no lo sé, Dijo vuersarse a Aminta. No sé que el alma barrunta, es acaso eso pergunta, que si lo es, es muy distinta, señor, de aqueste logar, que los hombres militares no ofendemos los lugares en que nos suelen honrar. Militares, boro a Cristo, que debe de estar borracho, miren aquí que despacho, cuando en la guerra se ha visto, No respondo a lo primero, porque aquí, no me está bien, que en campo sebré más bien responder con el acero, yo vi batallas. Pintadas. Y para que se arrevoce, soy miembro yo de los doce de Ingalaterra, excusadas fueran en este lugar esas razones que encierra, que no fui a Londres por tierra por tener miedo a la mar. Hir por tierra, fue valor, y no miedo, y quien lo piensa, tiene muy poca vergüenza. Y provará mi rigor, No me apures por tu daño, que un Áchiles te quisiera. Si el hermitaño no fuera. Si no fuera el hermitaño. Hola, ques eso. No es nada. Id luego a cenar los dos. Pagaréísmela por Dios. Eso es rayo, y no espada. Solo triunfara de Otabia, y solo de Otabia es digna. Dios os guarde. i Qué imagina el alma, cuando la agravia un amigo, aunque más sabia, discurra en esta occasión grave es la satisfacción, grave la culpa, y maldad, que de tan noble amistad, no esperaba esta traición. Que España estos pechos cría, criando en sus corazones, tan alentados Leones, tanto esfuerzo, y bizarría, solo la desdicha mía pudiera con tal rigor atropellar mi valor con desgracia tan mortal, y solo yo por leal hallé tal hombre traidor Es hombre mozo, y galán, Otabia hermosa, y mujer, mas mi noble proceder no merecía este afán, penas se vienen, y van, que confunden mi dolor, ha mujeres, que rigor, si habéis sido en nuetras penas, muchas en efecto Elenas, en la Troya del honor. Sacarele al campo, no, matarele en casa, sí, que dirán luego de mí, cuando él la vida me dio, con aquello me obligó, y con esto me ha ofendido, de hombre la fación ha sido, y aunque me ofendió en secr guardaré como discreto las leyes de agradecido. Aquí dice que una cinta, le hechara por el balcón, esta es gallarda ocasión, que el mismo papel la pinta. Entre mis ansias sucinta, llora mi pena cruel. Flora, escríbeme un papel, de tu letra, por tus ojos para aplacar mis enojos. Pues, que ha de dicir en e En Paris quiero una dama que otro caballero quiere, el por sus ojos se murte, y mil lágrimas derrama. Sé que su letra no ha visto, y en su casa vive, y pasa, di que salga de su casa. bien, con el engaño envisto. (. Y cuando fuera se halle, que esto su rigor concierta que no pase por su puerta, ni más la mire a la calle. y muy riguroso sea, que a un criado le he de dar, que por mí le ha de llevar. Servirte el alma desea. Ve por Dios, esto has de hacer hermana, que importa mucho. con mi pena, y rabia lucho, muy riguroso ha de ser Tanto lo será, que espante. Esta cicaña cruel, ha de hacer con el papel, que que de mi honor constante: Oh Almirante, Que hay amigo, un placer me habéis de hacer. Yo quiero a cierta mujer, y quiero darla un castigo, fingiendo que hallo en su casa un papel en que la diga, que más su amor no prosiga, y ponga en sus ansias tasa. Porque al Almitante debe, amistad, y obligación, y por leal, su afición, a proseguir no se atreve, que con este engaño quiero, desenpeñarme con ella, y quiero dejar de bella, que le escribáis, solo espero. Hacerle, es obligación, si empeñáis en eso el gusto, voy a serviros, que es justo. Y justa en mi larazón, de defender mi partido. Aquí el papel tienes ya. Qué bien que mi engaño va, esforsando mi sentido. Estimo tu buen cuidado. Siempre el servirte me guarda. Qués de Otabia. Está encerrada, quizá, por algún enfado. Vete, Don Alvaro viene. Dios guarde abueseñoria. Que igual a su correcia, es la presencia que tiene. A de salir esta noche, a caso vuestra excelencia, que ya van bordando el Cielo, poco a poco las estrellas. Tengo amigo que escrvir, pero en las pocas que quedan, antes de vuestra partida. saldremos a ver Francezas gallardas como en España, que hay en Paris muchas bellas. Ya viene en paper escrito, perdonar podéis la letra. Mucha merced me habéis hecho Pues, qué es eso Una quimera, que mañana os contaré tarde es ya cierten las puertas y recogeos, que es justo. Por aquestos patios vuela el Céfiro tan aprisa, que con su frescura alegra. Adiós, que voy a escribir. oaal . En toda mi vida, a penas, vi señor, tan conversable, ni yi tantas partes buenas como en su sujeto viven: Bien en todas juntas muestra, la nobleza de su sangre. Que amistad tan verdadora, no os recogéis. Luego Almada, descansad vos, que yo, es fuerza, que me entretenga aquí un poco Algún amor os desuela. Después lo sabréis, callad. No hablaré más que una peña. Hay gusto, como el de amor, ruido he sentido en la reja, si será mi hermosa Orabia. qu Si es aquel que allí pasea el Magrizo, quien lo duda. Todo la astucia gobierna, y para el hombre discreto, no hay cosa que oculta sea. o Es el Magiizo. Yo soy, es Otabia. Así se venga por este engaño mi honor. No puedo hablaros, que es cerca el cuarto del Almirante, y es de su cuarto esa reja; del disgusto que hoy os di, ese bíllete me absuelva. Yo le cojo en el sombrer y ya en esta cinta lleva, el que Flora me escribió, que entranbas la letra me su hacen de una misma suerte y el que él me escribió, le a ya la cinta, que hechó Otan Tirad, que mi alma pres en esa cinta lleváis. Y los dos, veneno en e solo esta traza mi honor, y mi ingenio dar pudieran que ya es fuerza que los dó con aquesto se aborrescan. Adiós callardo Magrizo que el temor me ponaes Esperad un nonco amor ya que mis ojos no os vea escuchen vuestras palabras el gusto de mis potencias, or. ADios señor perdonadme Estas traidiones, son fue de toda la urbanidad, que el Almitante profesa, y puesto que esto no sabe, tiene en su casa tan buena espadas, que por su honor se meditan con la vuestra, y criados tan honrados, que el Almitante se preci de ser muy deudo de algu Y vive Dios. Hombre espera, ya que dices, que eres nable, no me apures la paciencia, que son las palabras fuego, y sia la polvora lleganno de mi honrado pundonor, será fuerza que se encienda; habla bajo, pues yo, y tú; solos sabemos la fuerza ode esto secreto, y por Dios, Detén tú también la lengua, y mira que no me incites, a que el secreto, se pierda, silacamos las espadas. Pues callando, en las respuestas mañaña os satisfaré afito con el valor que me alienta, no lo sepa el Almirante, por lo que importa y arriesga miaopinión en su amistad, y salga a la competencia con vos otro, el que nombrardes, y adonde ordenaréis sea. En el decoro que os guardo pudiera vuestra prudencia conocer, que soy muy hombre, y que es tanta mi braveza, que fío de mí el salir a campaña con cualquiera, que a no ser este que digo, jamás fiara esta empresa yo mismo de mi valor, que con gritar acudieran al primer golpe de espadas; pero la furia Francesa, nunca se rindió al temor; solo ireo Notables muestras ien vuestro valor he hallado de la sangre, que os esfuerza. En el campo la veréis, mañana el alma os espera, veréis si desengañado, llegaré Francia a hacer las pruebas, el Mágrizo con la espada, que ha hecho en Ingraterra. Hombre que guarda secreto, con tan gentil advertencia, es hombre de bien, sin duda, y muy hombre, que lo muestra; en que quiere desafío, pero aunque morir desea, en campo he de ser su amigo, que me obligó esta fineza. FIIN oi

JORNADA TERCERA

Triste estás. l No hay a mi pena, niiremedio, ni favor, y es el martirio mayor; vivir de remedio ajena, lo que me culpa condena, todo el remedio que trato, solo a mis penas dilato esta esperanza perdida, bien, que deseo la vida, por vengarme de un ingrato. Dejarte morir no es gloria, que eternice a ningún sabio. No es gloria pero un agravio atormenta la memoria, afrenta a mí tan notoria, hay hombre que a mí me venza, mi propio honor me avergüenza a mí se hace este pesar, bien podéis ojos llorar, no lo dejéis de vergüenza. Lágrimas pides, que enfado, que puedes a más de un año padecer mal tan extraño, sin declarar tu cuidado, mi misma sangre te han dado de un tronco nacimos hyedras, y cuando tristezas medras, si alivio a tus penas quieres, dilas ya, que las mujeres, son mujeres, no son piedras. Amarga pena me extraña, y extraña mi desvarío, un mal que naciendo mío, ni me deja, ni me engaña, pero como de bil caña, que combatida del viento, artanca el rigor violento, su débil pie con rigor, así me tiene el amor, que ya de sentir no siento. No sé que pueda entenderte, cuando me animo animarte, no llegas a declararte, ni yo llego a comprenderte. Es Flora mi adversa suerte. mala, y su mal me pego, decirle no puedo no, que le culpo, y no condeno, pues solo tiene de bueno, no poder decirlo yo. Quieres que Aminta te cante, que la música entretiene. El que está triste, no tiene jamás cosa, que le encante, y esto Flora no te espante, si me sude de pezar, con razón, que es despertar pasiones, que el alma ordena, y en tantos siglos de pena, como se puede alegrar; pero canten, que no quiero resistir lo que aborresco, cuando a tu gusto me ofresco, y cuando en mi pena muero. De triste morir me quiero. Dejen morirme de triste, que es gloria morir un alma de aquello mismo que vive; engañarme allá Güeños, con altivez de Ulises; Portugues libré tus ojos, y en tus palabras crime, y ahora que el desengaño te aparta de mí tan libre, si no me mata el dolor, Roca he de ser incensible. Esto llorando cantaba Linda en Londres, al partirse el Magrizo, a ver de Francia los dilatados Paises. No prosigas la canción, Linda quien es. Una dama de las doce de la fama, sobre que fue la cuestión. Ah falso Españo! Sinón, que eso más te ha sucedido, no me espanto, que hayas sido, andando tan bien pagado, quien me haya a mi despreciado con capa de arrepentido, dejadme a solas. Que tienes. Acabad, que me matáis! Hermana. Como no os via Mira que tu mal previenes. Pienso que a matar me vienes, déjame Flora querida. Por ver si esta pena olvida, vuelve a cantar esa historia. Ni tu pena me da gloria, ni su canto me da vida. gamos alarde un poco, papel, de vuestras razones, y quede en vuestros borrones castigado mi error loco, por afligirme así os toco, por mortificarme os leo, mas por maltratarme os veo, que el maltratar mi cuidado, uen mi razón de estado, or sinrazón de mi empleo. Genora mi amor ha sido xceso de presunción, con razón mi razón, la razón me ha traido, pago siempre agradecido con fe leal, y constante, jasí no es bien que os espante elmudar de voluntad, que debo mucha amistad ami amigo el Almirante. Valor, si el alma porfía, en tan cruel desengaño, bien veis que de aqueste engaño a culpa toda fue mía, astigada mi osadía, con desprecio semejante a consuelan, no os espante l mudar de voluntad, que debo mucha amistad a mi amigo el Almirante. Esa amistad que debías, fuera muy bien, que miraras, primero que atropellaras, cruel, con tus tiranías, un alma, a que de safías con tan fiera, y vil mudanza: ha hombres, vuestra esperanza tubo siempre este poder, mal haya amen la mujer, que en hombres hace confianza. El Almirante, y el Rey, me han dicho, que anido a caza, cuando victorioso vuelvo, ya de las guerras de Italia, despreciado, y abatido entro a ver la bella ingrata, que con su rigor me ofende, y con un papel me agravia. Qué es esto. Venir perdido entre victoriosas cajas, a llorar la ingranitud vuestra, con tan tristes ansias, aquí he entrado loco, y ciego, Mariposa, a ver la llama de esos ojos, y aquí es fuerza morir mi altiva esperanza; no digo yo que no muera, porque abariendo las alas busco mi centro en su fuego, busco incendios que me abrasa. Quisiera, fiero enemigo, que ahora fuera campaña si esta sala donde estoy, y en ella con una espada quisiera, vil cauteloso, darte a conocer mi fama, los ultrajes que le has hecho, los desprecios con que tratas una mujer como yo: Vide Dios, si no mirara lo que importa a mi opinión, que no hay castigo; o venganza, que no emprendiera atrevida, que fiera no ejecutara; a mi presunción te atreves, de Caballero te jactas, y te tienes por muy noble, trata de partirte a España, ya que hicistes este papel, de tu vida solo trata, y mira que soy mujer, noble, altiva, y agraviada. Señora, Otabia, mi bien! Tu mal solo en Francio aguardas, venganza espera mi honor, soy mujer, y he de tomarla. Qué es esto foltuna esquiva, porque razón me amenaza; ni la entiendo endo que dice, ni me entiendo en mis desgracias Gran soliso quio tenemos, que a solas entre si habla, ya se santigua, y empieza a querer dar la batalla. en Déjame, que loco estoy, Eso tienes tú de casa. Es papel que el Almirante me pidio, que escriba, Otabia me le arroja de esta suerte; qué es esto que estoy sin alma: Mi amor supó el Almirante, y si le supo fue causa un papel que yo perdí; mi descuido, y mi ignorancia, tienen el castigo justo, de pena que es tan amarga: Mel haya aquel que no quema papel que secreto guarda, que no hay secreto, seguro, cuando en papel se declara Puedo yo saber, señor, porque las velas amaines, de la gloria, que a Paris de Milan traes ganada. Acaba, que muerto estoy, no me canses, que me matas, déjame necio por Dios. Que más dijera gozada la Caba al Rey Don Rodrigo Hacer Otabia mudanza, en dos horas solamente, cuando mi amor alentaba, en un papel que me dio, y esclivirme tan airada; que no pasase esta anuertas fue engaño, asucia, y fue tra del Almitante; y la nocho en que aquel hombre me hible era el hombre el Almirante que en la reja me escuchaba de su cuarto, quien lo duda; y como el papel me daban, pudo trocarle en la reja, que la prevención extraña, que hizo esetarde conmigo Hoy la prisa acelerad me aseguran de esta duda, y el no salir a campaña hombre que se me abevio, a querer medirda espada, y no buscarme de día, hacen mi duda más ulara; sin duda fue el Almiranto si más de Otavia la carta yo conosco ques su letra y cuando me desengaña, me engaño yo no lo entiendo. Si es culto el papel que extrañas cansaraste, y cansarate y no entenderás palabra Que siempre estas de una suerte no te he dicho. Aquí me mata. Ven aca, tendrás ingenio sin que leve a criada de dar a Otavia un papel. Que es un papel, una bala le daré pliego por pliego, en aquel sello de plata con cinco Rayos de niebe aunque mil dueñas guardaran su hermosura, y su belleza. Pues voy a escribirle aguarda. Lindo mozo me soy yo si aigente con mucha gracia Aigo come busiría este papel le hace falta para la cara que es bueno y es de color sevillana con esto encajo dos chistes y la cuento dos moatras. Aquí está vuesa merced. Aguardando la mañana en esa cara de flores, que ya me cuesta tan cara que cuando vuesa merced del Almirante es esclava, soy yo esclavo de esos ojos. Tanto amor trahe de Italia. De Potrugal le he traido que hay allá más abundancia, que el de Italia no es muy fino tiene impulsos que le agravian. Satitiza Nunca ofendo que ofende mucho una satira y si digo alguna cosa ella se viene rodada. Que en fin su amo vencio Cómo venten tus palabras este corazón de piedra más blando ya que unas natas y más blando que unas migas De sevo no fueran malas Y esa es satira por dicha mucho le duele esa llaga Curarme la puede quiere El Rey cura. Linda chansa, no tengo yo lamparones pero tengo cierta sarna polilla del corazón que me come las entrañas y esto dicen que es amor, los que entienden de sus maulas Pues mire en el rollo cura un alueitar con cebada ese mal de que se queja otro hay también en la plaza que cura. De qué señor. Cura a las perras de rabia. Rabie, y vaya a que le cure. Es un rayo la mulata. l - Bien su valor, han mostrado los dos en esta ocasión. Es don Alvaro un Cipión y el Mágrico gran soldado, Dadme vuestros pies Reales. A vuestros pies vencedor. Que iguales en el valor son vasallos tan leales. Daros los brazos es justo. y es corro premio en tal gloria, comad los dos la victoria, augmentaréis más mi gusto, Don Alvaro; a vos os toca. Empezad, por vida mía. Esa heroica cortecía le pone sello a mi boca. Ea Magrizo, acabad. No hay más cortés proceder. Ya que es fuerza obedecer escuche tu Majestad. Cuando Alemania a su poder conduce en su ejército altivo nuestro estrago, Y a sus armas, señor, solo reduce valentías de Grecia, y de Cartago, con el ánimo invicto, que produce tanto Frances valor, nombre a Sanctiago, y animando los tuyos en campaña, dije por decir Francia, cierra España. Negro se puso el Sol, espacio breve, porque el humo en pelotas derretido, cubriendo el Sol, hasta su luz se atreve, con el eclipse de su orror trecido machina temerosa, incendios llueve, y al terror del estrépito encendido; buscando el eco voz en otizontes, hablaron peñas, y temblaron montes. Oh invención de los hombres, solo hallada para el disfraz de humana cobardía, valor es solo; el que animó la espada, que en ella solo está la valentía. En fin, señor, su machina alentada, y en tanta confusión, tanta osadía, vi en los pechos Franceses denodados, que parecen leones, no soldados. Cual, vuelto el arcabuz, soberbio enviste, ya dos manos derriba a su contrario, cual con la pica procurar resiste, en Palestra Marcial, su efeto vario, cual a la espada la contienda triste, remite los efetos en contrario; y cual con su enemigo a brazos llega, donde a la muerte su puñal le entrega. Aquí del General Claudió Barleta vi pruebas de valor tan superiores, que sirvió a mi ardimiento de trompeta, oponiendo mi espada a sus rigores, fiero, y robusto mi valor le inquieta; como airado león brama furores, procurando matarme en tal conquista, ya que no con la espada, con la vista. Media mánopla de un revez me parte, y el morrión me abolló de un golpe airado; crece mi enojo, y mi rigor reparte incendios a mi acero bien templado: cierro con él, y cierro con tal arte, quel descompuesto yo determinado, cuando a un grito su enojo le provoca, le meti media espada por la boca. Cabio a mis pies su heroica valentía, y cahieron con él los corazones, que Alemania feroz obstenta, y cria, tan gallardos en tantas ocasiones: tuya fue la victoria de aquel día, y tuyos estandartes, y pendones, y tres victorias más, con que concluyo, que es tuva aquesta gloria, y yo soy tuyo. on Satisfecho en la memoria del valor que habéis mostrado, sabre premiar tal soldado, como merece esa gloria. Magrizo, la relacio. de vuestra victoria quiero. A que me mandes espero, por ley de mi obliga ley de Con tu ejército invicto, a vista llego del Milanes gallardo, que me espera, formado, el campo un ilión de fuego, que armas, y en penachos reberbera; y en un brindón, que ya de enojos ciego, talcando el freno, el campo considera, y a Corbetas le pasa tan medido, que en su silla parece que ha nacido. Dieron para enuestir belico acento emo las trompetas, clarines, y atambores, parches templados que tocando el viento almás cobarde incitan sus clamores Rayo animado con poder violento, partió Azón Genetal vagando flores, y puedo asegurarte en tal porfía que no se si volaba, o si corría. Recibile feros, cuando no osado, que el jactarme señor fuera indecencia pero de mi valor atropellado de la silla le heche sin resistencia y a pie los dos mostró como soldado más brío, más valor mas excelencia y de suerte tiramos golpes solos que estremerer pudieran los dos polos Era valiente, y temerario tanto, que arrojado en su ardor conmigo cierta con los brazos, en brazos le levanto, y abrazado con el cayendo en tierra dio la caida tal orror, y espanto que cuasi me a llano toda la guerra, porque de mi puñal su pecho abierto quede yo vencedor, y el quedo muerto. Con su muerte perdió toda la gloria Milan que con su ardor ganado había vencio tu heroica gente la victoria si no por mi valor por su osadía quedando del contrario por memoria. en despojo señor la artilleria y vencedor tu nombre soberano digno de tanta gloria como gano. En su álcanse partí, y el reforzado con socorro mayor probo su suerte si bien de sitio; y gente meyorada con otro General gallardo, fuerte si experto como Azón, tan gran soldado, en cuya espada mi valor te advierte que le dio Francia furia, Iralia nombre y España el corazón que era muy hombre, Pidiome campo, y yo se lo concedo por el gusto, que en esto interbenía, prueba gallarda de su poco miedo, no quiso la Francesa bizarría, y aunque pude, no puede lo que puedo, que cadacual de su cuartel salía: y envistiendo con ellos tus Franceses, a Francia acreditaron sus arneses. Travose la batalla, y tan dudoso estuvo largo espacio el vencimiento, que yo te mí, señor, sin ser medroso de ruina fatal, algún protento: y así determinado; así furioso, resuelto a morir ya de honor contento, Sanctiago digo, y al decir Sanctiago segunda vez Milan lloró su estrago. Pierden el campo, y el valor les falta, cuando su general más los reprende, prueba del gran valor que altivo esmalta, pues tan caro a su honor la vida vende: yo viendo, que un gran número le asalta, y que de honrado ya morir pretende, los tuyos aparté del trance fiero, porque no muera no tal Caballero. Y el mirándome dice: Aa tiempo airado, en su alentada sangre ya teñido, que hasta la muerte falte a un desdichado, porque lo soy ahora me has valido: yo le repliqué, vete, que de honrado no te quiero matar, que estás rendido, perdónele, señor, con que concluyo, que es tuya aquesta gloria, y yo soy tuyo. que es tuva Igual la victoria ha sido al valor que os acrisola, la bizerría Española esfue ya vuestro partido. Prometo en reue distancia, que con ánimo Real le dé envidia a Portugal favores míos en Francia, De los dos va tan pagado el Roy, por vuestras victorias, que yo sé que iguale el premio la esperanza de las obras. Dadme los brazos amigos, que en empresas tan forzosas, un Magrizo, y un Almada es justo que igualen glorias. La que rube en este día, no os paresca esto lisonja. fue la mayor que he tenido en toda mi vida, corta será la fama en decirla con su trompeta gloriosa. Señor Almirante, es justo, que el gusto en vos reconosca fabores, de que obligados nos tiene vuestra persona. Los huéspedes siempre enfadan, y en las casas hacen sombra, y así con vuestra licencia queremos, si no os enoja. Señor Magrigo, yo soy tan vuestro amigo, que estorba mi amistad los pareceres de afrenta ques tan notoria. Yo soy de Francia Almirante, y cuando así me provoca vuestra desconfianza, es justo, que yo sienta esta deshonra. O partir a Portugal, o imaginar, que no hay otra casa en Paris, que en mi agravio a disgustos se anteponga Pues soy de los dos amigo, y lo soy tanto, que importa a vuestro crédito, y mío, que mi amistad se conosca. No saldréis los dos de aquí, o vive Dios si se enoja mi espada con este agravio, que comivos me descomponga. Señor Almitante basta, que hay ocasiones que otorgan el pedir esta licencia. No hay licencia, cuando toca en hacerme a mi pesares; esto ha de ser; no es tan corta mi voluntad en serviros; ni mi amistad tan dudosa, que no meresca esta casa que la honréis con tantas gloria; Vuestro gusto se anteponga al nuestro siempre Almirante. A tus pies tienes a Costa. Costa amigo, como haido. Acábóseme la bolsa, y aunque vacia la tengo, la traigo como una novia, toda via empapelada. Esa tiene alguna cosa, tómala Costa. Señor, en no hablando estoy a orza. Ay tal pícaro bergante. A tus pies, señor, se postra Esteban. Llevanta. Esteban; yo rendré de ti memoria. Voluntad, y entendimiento es menester que te pongan. Alto, a comer Caballeros. Vive Dios que el alma llora, de ver mí poca ventura. Que hay lacayo Canahoría, quiere esta bolsa vacia. Quiere el diablo que le cosa. Cósase a sy, que bien tiene que coser en su persona; a los hombres como yo) todas las cosas le sobran. Si le las dan por Busón; conmigo no gaste proza. Tú mientes pícaro vil. Vil trompetero de postas, no me provoques tacaño, porque si saco la hoja te descoseré las tripas. Tendrás morcillas que comas pero agradece a que estás. Oh que cosa tan donosa. Pregunta que hice en Italia. Jugarias a la morra, en las hosterías vino, mas mis papeles apoyan mis hechos en Alemania. Ceruesaste traga ollas, que te comeras seis monos solo por cogenseis monas. Lamona está en buena mano. Oyes toma esta pistola, y vete a beber, que en fin ya bebimos en Lisboa. Este pícaro de lita. Cómorarás con lo que sobra, boras que está faco y engordan mucho unas botas. Vive Dios, si no mirara. Soliega, no mires, hola, toma Esteban que no burlo. Hombre mira que provocas, Esteñanillo no llores, yo tendré de ti memoria. Él va sin duda borracho. . Esteban ven a las sopas, Estebanillo, no vienes, Ay desvergüenza tan loca. Esteban, a la cocina, que al tinelo voy ahora. Esto sufro, vive Dios, vil lacayo de ambororlas, que hoy te he de partir por medio. Esteban no tienes bolsa, a espulgar Estenanillo, que te ha picado la mosca. Acabose mi paciencia, que este vil se descomponga conmigo, siendo tan vil, que fue postillón en Coma; notable suerte ha tenido, todos le dan, porque logrí favores del Almirante, y hasta sus hermanas propias le dan joyas, y dinero; paciencia fortuna loca, que si eres mujer fortuna, fuerza es que lo peor escogas. Es Don Alvaro un Roldán. Que lo sea, o no lo sea, que importa. Tras quién desea, luego los ojos se van, es muy correz, y galán, muy valiente en demasía, se, que en quererte porfía, y que te adora es muy llano. Mi libertad, de mi hermano es Aminta, que no es mía: muy triste te veo estar. Con razón lo estoy, señora. Pues que ha sido. Tube ahora con Costa cierto pesar. Yo los haré concertar. No hará por la fe de honrado. No jure falso, soldado. Yo juro, y juro muy bien. Dios lo sabe Y yo también se que es muy justo mi enfado. Tan buen encuentro, no ha sido sin grande felicidad, que a vista de esa beldad perder es fuerza el sentido. Vos seáis muy bienvenido. siempre vencedor famoso. (so, Quién ve vuestro tostro hermo- que dicha iguala a este precio, ya es fuerza hablar como necio el que está tan venturoso. Mucho a atreverme os dijera, más falta a mi pensamiento, señora el atrevimiento, para subir a esa esfera. Temeroso considera desprecios de ese rigor, y aunque al supremo fabor, de vuestra gracia, se atreve terminar pompas de nieve, es mucha fuerza de amor. Esa amor, que confesáis tenerme, on que tantorgano, si le decís a mi hermano, alivio a esas penas dais. Yo sé que aunque no ganáis, ninguna cosa perdéis: discreto sois, vos tenéis, en la ocasión que decís, un Almirante en Paris, hablade que bien podéis. No es muy Griega la señora, declarose en Español. Es Flora flor si no es Sol. Si no es Sol, hasta ser Flora. Ay amigo, ahora, ahora me has de valer, no te espante, amos quiero, soy amante, y para hacer una prueba, fuera de Palacio lleva nuestro amigo el Almirante. Impórtate mucho, a sí, Crédiro, vida y honor, Fiar puedes de mi amor; que lo sabre hacer así. Esto importa hacer por m Voy volando, a Dios am Pues Esteban, voy contigo Venga, y verá como viene. Alentados bríos tiene, vete Esteban, ya te sigo. Dónde vas Costa. Señor, voy a cierto desafío. De tus lucuras me río. Fuerza es volver por mí hor Ve, y mira si el Almirante va con Don Albaro. Poco estimas mi honor. Ve loco, acaba, sea al instante. A Esteban, que has de dez voy semor a obedecerto Desdichada fue mi suerte, por Otavia he de morir, que en el balcón me hablaría esta noche, respondió, vuela dia, y vea yo en tu noche el claro día. Está la noche excelente. Con el voy entretenido, pedítele a Flora ahora, amor dame buen principio. Las cuantas son. Son las doce. El Rey dicen que ha salido por aquí vamos mejor. Caminad pues, que yo os sigo. Esperando está mi amor con gran cuidado al Magrizo, que de un engaño engañada me vuelve a nuevos principios. Notable ventura tengo, si de tan gran la barinto desengaño ahora a Otavia, gente al balcón he sentido, con la espada tocar quiero. Quién es, Venturoso alivio de mis penas, quien pudiera atreverse a este delito, sino es yo, que tanto os quiero, que adorando estos vestios paso las noches llorando; y los días con suspiros, Bien enel papel que os di esas palabras se han visto, bien con el acreditastis vuestros locos desatinos. Señora, de una cautela de vuestro hermano ha nacido, fingió que amaba una dama, y me pidio, como amigo, que escribiese aquel papel, que entrando en su casa, el mismo fingiría que le hallaba, Cómo, cobarde enemigo, me le atastes, tú en la cinta cuando te di el papel mío. Tú no me distes, mi bien, sin merecer tal castigo, el que esta tarde te envie por Costa. l Quieres, que el juicio pierda, di que determinas, que yo un papel heche escrito de mi mano, y de mi letra, y esa letra que tú has visto, es de Flora, que por ella debes de andar muy perdido, en la cinta me le ataste. Son embustes. No des gritos. No he de gritar, si es aquel. Que detérminas conmigo, cauteloso, y vil tirano, Flora adoras, fementido. Cómo, si quisiera a Flora te diera el papel. Hh sido para matarme de celos. Mi bien, estos son castigos de mis desgracias, tu hermano sospechando estos designios, en esa reja en que estás, estechaos de encantos hizo, trocando nuestros papeles en ella misma escondido, como de arriba le echanas: esto es cierto, que te afirmo, que más gloria que adorarte pudiera haber merecido. Don Albaro con el Rey ha entiado, que desatino fue el de haberme descuidado. Recojeos, que he senuido, Albaro Gonzales, gente. y Adiós bello dueño mío. De cólera ciego estoy, Ah cielos, yo soy perdido, Caballero ya otra vez que os vi en este mismo sitio, os advertí, que a las casas de dueños tan bien nacidos se guardan otros respetos, de que ellos nacen tan dignos. No salí con vos al campo, ni al Almirante lo he dicho, porque os diera cien mil muertes cuando lo hiuiera sabido, Imaginé, que os pasara ese loco desvarío, y veo que ahora empieza con más fuertes precipicios. Soy noble, y hombre de bien, y al Almirante le sirvo con el amor que merece, atropellando peligros. Intenté remediar esto, y en esa reja metido os troqué a los dos papeles, por veros aborrecidos. Poner quise freno al mar de Dédalo el laberinto, procuré entrar, siendo ciego, los rayos del Sol en vidrio. Quise meter, y engañeme, que amor es gigante invicto, que atropellando amistades, es de traiciones archivo. Y así pues que no hay remedio, solo por remedio elijo, que vamos los dos al campo, que no quiero estando vivo, que afrentéis al Almirante por tan extraño camino. Atentamente he escuchado las razones, en que admiro tu valentía, y valor, y por dos razones digo, que no he de saliral campo, ni aceptar el desafío: la primera de obligado, que habiéndome conocido no dijistes al Almirante mi amoroso precipicio. Así, que a la obligación del secreto que has tenido, debo no sacar la espada, por ley de mi heroico brío. La segunda yo soy yo, y tú, esto no examino, que serás noble no niego, por tus honrados designios Mas si ves al Almirante de criado, como has dicho; y reñir contigo yo, fuera indecencia en mí mismo, Que estoy harto de dar muerte; y a Genetales castigos, asombros a Italia, y Francia, y a Inglaterra prodigios. No aventuro lo ganado con desiguales partidos, que eres muy hombre confiese vere y mira que yo miro que sirves al Almirante, de quien soy muy grande amiga es Ingrato, si tú lo fueras, a mi nombre esclarecido, no agregaras esta afrenta, saca la espada conmigo, y verás, que en Francia hay hombr que son rayos ofendidos. Dice muy bien vueselencia, temple a su espada los filos, que es natural la defensa: Cobarde aquí te imagino, que culpas atan las manos, y hacen cobardes delitos. Ya le digo, que le tenga: Mire. l hionor escuchilo de tu rigurosa muerte. Si es fuerza, no muero vivo, porqué es esta heroica espada, asombro en que rayos vibro, ̱to. Cuchilladas en palacio, hachas, hola. ̱. No me animo aofender a vueselencia por su término, benigno, Pelea. Cuando me importa, pelear solo es mi alivio, , l , Que se matan. Que no matan, que se entienden por lo fino. Tened las espadas, basta. A vuestros pies esta rindo. Hola, qué es esto Almirante. Nada señor. ̱. Yo he teñido la culpa, a tus pies postrado, pido a Otabia, que es preciso. Otabia dalde la mano, que la merece el Magrizo. Está es mi mano señor. Yo de ella soy indigno. A Don Albaro dad Flora la vuestra, que es gusto mío. Obedeceros me toca. Ya mí me toca el serviros. Conde de Abranchez os hago, por tan honrados servicios, como me habéis hecho Almada, y al Almirante le pido, que dé a Albaro Gonzales el premio siendo su amigo. Con sus brazos puede honrarme. Ya de honrarme es vuestro oficio Treinta mil ducados, ya para vuestro dote os libro. Aminta pido señor, que quiero ser su marido. Aminta dale la mano. Que hay señor Estebanillo. Nunca, ruego a Dios, la goces: lo que priva este maldito. Y aquí discreto Senado, dando a su fama principio los doce de Ingalaterra, acaban con tosco estilo.