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Texto digital de El divino calabrés san Francisco de Paula

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Juan de Matos Fragoso Probable yFrancisco de Avellaneda Probable
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El divino calabrés san Francisco de Paula. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/divino-calabres-san-francisco-de-paula-el.

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EL DIVINO CALABRÉS SAN FRANCISCO DE PAULA

JORNADA PRIMERA

RA Y N esta alegre Alquería, La donde vives retirada de Paris, ha de hacer noche el Rey, pues siempre que a caza a estos bosques sale, viene a honrar, señora, tu casa. Mi padre el Conde de Urfino mereció un tiempo su gracia, pues sino por su defensa, dio la vida en la campaña. De eso debe de nacer el querer verte casada, pues con el de Memoransí dicen que tus bodas trata. En vano lo intenta el Rey. Pues dime, hay acaso en Francia hombre más galán, más rico, y de más noble prosapia, mas liberal, más valiente, ni más entendido? . Basta. No diré más, si supiera que soy espía pagada. del tal Duque, me pusiera como una negra, esta Blanca. Ya sé que le debo al Duque de Memoransí una hidalga inclinación, y que fino me festeja, sirve, y ama, con tantas demostraciones, que a no conocer la fama, que las desprecio, su amor a escándalo se pasara: Bien pudiera mis desdenes desengañar su esperanza, a ser más cuerdo, pues sabe, que desde mi tierna infancia me inclinó mi estrella a amar al Duque de Bullón: tanta es la fuerza poderosa del trato, que pudo blanda limar el áspero ceño de mi condición ingrata: Y así, Flora, pues conoces mi amor, en vano te cansas en repetirme otra vez tan ociosas alabanzas; pues primero: Mas qué miro? No vengo, divina Blanca, a escsichar de tus claveles, como otra vez suelo, el ámbar respirado en tus alientos, y cariñoso en tu nacar: De mi congoja a ser vengo testigo, y de mi desgracia. Mal haya mi amor. Ah, Cielos! . para que inclináis un alma, si han de encontrar los sentidos la tormenta en la bonanza. Hoy pierdo a Blanca. . Señor, Astolfo mío, tú a pausas me das el veneno, dime tu mal, tu congoja. . Ay Blanca, tu hermosura me condena, cuando mi amor te restaura. No te entiendo, en cada voz . bebe el corazón mil ansias, Quedemos solos. Vosotras despejad. De buena gana. Doble espía soy del Duque de Memoransí, y lo que hablan he de escuchar, que este oficio me vale un millón de plata. . Sabrás, que el de Memoransí hoy con el Rey salió a caza, que a dormir viene a esta Quinta, solo con pretexto, Blanca, de que a Patis con el Duque vayas desde aquí casada. Mira tú, si siendo el Duque tan grande Príncipe en Francia, tu hermosura la más digna, y el Rey quien la boda trata, puede dejar de ser, cuando el amante te idolatra, tu adelantas tu fortuna; y en fin un Rey quien lo manda, Eso sientes dueño mío, yninguna cosa hay más llana de vencer, Qué has de decirle? Que estoy contigo casada. Y si enojado me prende, y riguroso me aparta de tus ojos, por haber quebrantado la palaba que le di de no casarme? El Rey no manda en las almas. Pues tan piadosa te pones de parte de mi esperanza, harás por mí una fineza? Que de conocer no acabas, que es tuyo mi albedrío! Pues hermosísima Blanca, poner tierra en medio importa, porque quede asegurada de nuestro amor la vertura. De qué manera lo trazas? Después que la noche oculte el mundo entre sombras pardas, y en sosegado, beleño ardieren sus luminarias, a mis Estados partamos, con que queda disculpada la acción, pues eres mi esposa, y sin peligro de que haya estorbo, que nos impida el que se logren dos almas, Si aqueso nos asegura, porqué, Astolfo, lo dilatas? Pues yo tendré prevenidos dos caballos a la entrada del bosque; tú por la puerta que cae al campo, me aguarda: La seña será, Jazmín. Yo responderé, Esperanza. Solo entre los dos se quede este secreto. . Adiós Blanca Astolfo a Dios. . Nada temas. Mi bien, nada me acobarda, que ir por el riesgo a la dicha solo le toca a quien ama: Al castillo el Rey se acerca, y es preciso que yo vaya a recibirle. A lo mismo voy yo también. Adiós Blanca. . Mi vida es tuya. Cuidado con el jazmín, y esperanza. Válgamé el cielo mil veces, lo que en este mundo pasa: Quién dirá, que está en mi mano el destruir a mi ama: Pues si está en mi mano, cielos, de qué sirve ser criada? Al de Memoransí pienso contarle toda la trama, porque aproveche su amor, supuesto que me lo paga, porque a mí no se me da un ochavo de esta Blanca: Vivan las buenas sirvientes, y mueran todas las amas. Ahora bien, aquí me aparto, pues van llegando a esta cuadra Monteros, y Cazadores, todos de plumas, y galas, que una Primavera forman: Mas que triste que está Blanca. El mal que padecer suele el Rey, le ha dado en la caza, y temo que no ha de hablar en mi pretensión a Blanca. Vuestra Majestad, Señor, por muchos siglos de a Francia los aplausos que hoy concede su vista a este humilde Alcázar. Mucho siento, Blanca hermosa, que el día en que a vuestra casa me conduce mi cariño, y la ocasión de la caza, me haya dado de repente la gota con furia tanta, que del sentido me priva: Lucidoro, que no haya remedio en la medicina para mi mal! . Ya la sabia Escuela de Paris toda, para este efecto llamada, se juntó infinitas veces. Y con experiencias largas de extraordinarios remedios no me ha aprovechado nada: Y pues, Lucidoro, vos, con el aplauso, y la fama, que os dan las ciencias, no habéis podido aliviar mis ansias, no espero remedio. . Yo . te le diera, más obrara para más confusión tuya; pero tengo limitada la acción, que no quiere el Cielo que use de mi oculta Magia, pues para otra mano esta esta cura reservada. Oh pese al cielo! . El dolor ya con mi paciencia acaba. Gran señor, pues no han bastado las medicinas humanas. Vuestra Majestad invoque las Divinas: En Calabría habita un noble Ermitaño. Ese es Francisco de Paula: Según eso, no tenéis noticias, hermosa Blanca de lo que me ha sucedido con ese hombre, a quien la fama de virtudes, y prodigios pública heroicas hazañas, pues de males incurables ha sanado a toda Italia? No señor. . Yo le he llamado algunas veces, sin que hayan podido mis tiernos ruegos, promesas, quejas, ni cartas a conducirle a mi Corte; y aunque pudiera la maña traerle contra su gusto, no fuera acción acertada ofender, a quien espero ha de remediar mis ansias: Yo me he valido del Rey de Nápoles, y no basta a reducirle a que venga, con ser su vasallo: Tanta es su resistencia, que para poder remediarla, por última me he valido de la protección sagrada de Sixto Cuarto, que ciñne la Católica Tiara, para que a su ruego, el Siervo de Dios, Francisco de Paula, venga a curarme. Oh dolar! Oh pena! Otormento! Oh rabia! Cómo, Calabrés Divino, tu piedad me desampara? Mi Embajador, que está en Roma, me avisa, como del Papa va remitido en persona a los montes de Calabría, para que a obediencia suya venga ese Varón a Francia. Querrá el cielo, que muy presto llegue a Paris, pues el Papa su autoridad interpone. Solo con esa esperanza me sustento, y es de suerte, que parece que me causa algún género de alivio hablar de la virtud rara de este Varón prodigioso. Yo le vi en la montaña, y de vuestra Majestad le di las primeras cartas, podré decir por menor u vida . Mucho me helgara escuchar de sus prodigios las menores circunstancias. Siendo yo el Lucero a quien se deben las alabanzas, como es posible que pueda de un vil gusano escucharlas. En la Provincia más fértil de Nápoles, que es Calabría, admiración de su Reino, y noble blasón de Italia. Yace a la parte del Norte, de edificios bien poblada, en una amena llanura, la insigne Ciudad de Paula: en ella nació Francisco, único hijo, y luz clara de Jácobo, y de Viena, ambos nobles, de las casas de Foscaldos, y de Alesios, gente de ilustre prosapia: A los cuarenta y dos días de su concepción, declaran, que un Iris de paz, o globo de resplandor coronaba en el nocturno silencio su habitación, cuya extraña luz miró el Pueblo, hasta que surto en la mísera playa del mundo, salió Francisco, para ser Sol de Calabría. El vestido que sus padres le pusieron, fue la gala del Seráfico Francisco, por cuya intercesión Santa aqueste hijo les dio el cielo; y por esta misma causa el propio nombre le dieron, por su devoción Cristiana, seña de agradecimiento, que vive en sencillas almas: Viéronse en su niñez tierna muchos prodigios, y extrañas señales de lo que había de obrar, en la edad más larga. En fin, con blandas caricias de sus padres se criaba, adorado como solo heredero de su casa, hasta que tocando el punto de aquella línea dorada de los años trece, en que suele rematar la infancia, dejó a sus padres, buscando en las ásperas montañas el más profundo silencio de la vida solitaria, hasta parar en la cumbre, o cerviz enmarañada del monte Cafino, o Cairo, que así al preseme le llaman: Lugar donde el gran Benito, precipitado en la zarza, el papel de su pureza selló con rosas de nácar. Allí de un pelado escollo, a quien royó las entrañas el tiempo, hizo monumento, ya que no inculta morada: donde absorto, y suspendido en contemplaciones altas siete años estuvo, siendo objeto a la destemplanza, ya del riguroso Estío, ya de la insufrible escarcha: Su plato, eran toscas hierbas: su adorno, una jerga basta, con que tra de la aspereza una de sus peñas pardas, pues solo se distinguía en lo racional del alma. Diendo, pues, este Ermitaño Divino, que la borrasca de la heregia crecia, y que allí no aprovechaba mas que a si solo, inspirado del cielo, se vino a Paula a edificar un Convento, y a poner la primer vasa a la invencible Coluna de su Religión Sagrada; y volviéndose al desierto, desde allí gobierna, y manda sus hijos, y fundaciones, sin que a ninguno haga falta. El modo, la penitencia de su vida, es desusada: Da vista a ciegos, y a mudos de nacimiento, da él habla, cura a mancos, y a tullidos, de incurables males sana, los espíritus rebeldes de cualquiera cuerpo saca, con su bendición el fuego instantaneamente apaga, de los mares alterados la crespa inquietud aplaca, con que comunmente, el santo de los milagros le llaman. Y entre otros muchos que callo, diré uno solo, que basta a acreditar, que en él Dios puso su Divina gracia. De un primo suyo un muchacho de tres años, se le mata en la calle una carroza, de dos fieras desbocadas: Los padres despavoridos, entre llantos, gritos, y ansias a Francisco se le llevan, y sin decirle palabra en sus brazos se le dejan, volviéndole las espaldas, como que de aquel suceso. ningún alivio esperaban. El Santo, que embarazado se vio con aquella carga, y que los padres sentían como locos la desgracia; a su celda el cuerpecillo muerto lleva, y no descansa de batallar con Dios Sumo, Carirativo, esta causa. Los padree del niño al otro día siguiente, con ansia van a buscar a Francisco, para que les consolara en su dolor, y llamando a la Portería, le hallan can el niño vivo en brazos, que con alegría rara se les entrega, diciendo, que de ello a Dios den las gracias. A la voz de este portento concurren naciones varias, algunas de curiosas, las más de necesitadas, pues ninguno le ha buscado en su aflicción, y desgracia, que consolado, a lo menos, de su pretensión no vaya. Sesenta y dos años tiene, y si en una edad tan larga puede caber hermosura, él la tiene, pues es nácar. Su mejilla, a quien munda blanca, y crecida la barba, como si de alguna rosa pendiera un golfo de plata. El bullicio de la Corte aborrece, y solo ama la Soledad, porque en ella tiene su oración fundada: En ayunos, y silicios el día, y la noche gasta, y este es, gran señor, en suma, el gran Francisco de Paula. Y el que os ha de dar salud, para consuelo de Francia. Mientras hablando estuvisteis de su vida, y virtud rara, puedo aseguraros Duque, que no me ha dolido nada; mas ya el dolor me repite, y al blando lecho me llama. Vuestra Majestad, señor, entre a descansar? . Mañana, antes que parta a la Corte, he de págaros, Madama, el hospedaje, con una dicha, que mi afecto os calla. Para que Astolfo la goce sabré primero estorbarla. Gran mal me aflige, Francisco tu mucha piedad me valga. Pues el Rey contra mi vida su resolución declara, esta noche sabré yo poner en suguro a Blanca. Qué hay de Blanca, Flora? . Ay, que el de Bullón hoy la saca de esta Alquería, mas no me atrevo a hablaros palabra, porque nos miran, seguidme, y sabréis toda la trama. Ya te sigo; ay Blanca hermosa, que mal mis finezas pagas! a Dónde está mi osadía? No soy yo quien la eterna Monarquía tuve de Dios Sagrado, y al abismo bajé precipitado; tras mi arrastrando con soberbias huellas un luciente escuadrón de las estrellas, y siendo la criatura más hermosa, rasgo de aquella mano poderosa, solo por una idea, un pensamiento, vivo sin esperanza de contento, y en lóbrega clausura me da el silencio eterna sepultura? Pues como un hombrecillo, un Ermitaño, resistiendo los lazos de mi engaño, la gracia Bautismal nunca ha perdido? Como de humanidad frágil vestido en el menor delito no tropieza, y con raro valor, y fortaleza por toda Calabría va fundando edificios, y Templos a Dios dando, para que añada aplausos a su fama, el Orden, que de Mínimos se llama? No será así, pues yo que nada ignoro, y la forma tomé de Lucidoro, que fue del Rey valido, en cuyo cuerpo asisto introducido, después que despeñado de una cumbre bajó precipitado, al seguir una fiema en la Montaña, cuyo cadáver frío animó cauteloso el ardor míe: Haré que en Francia su virtud fallezca, y que toda la plebe le aborrezca, por hipócrita, vil, bajo, y orosero, deshonesto, engañoso, y lisonjero: Pues si con mi cautela no soy de su ignominia centinela, recelo, que su heroica valentía arranque la raiz de la heregia: O nunca a Francia llegue, y en el mar fiero mi rencor le anegue! Mas ya que de la noche el negro manto cubre la redondez de horror, y espanto, quiero ayudar ahora a los delitos, que intentan los mortales, y verter el veneno de mis males. Ya conozco que es acción temeraria la que intento, y indigna de mi valor: mas quien con umor, y celos tuvo discurso jamás? que si le tuviera, es cierto, que al amor nunca le diera el atributo de ciego: Y pues de Flora he sabido, que esta noche Blanca; ay cielos! se dérmina a salir con Astolfo, previniendo la misma seña, y caballos, d. con doble cautela intento coger amante este robo, que no seré yo el primero, que con la industria consiga, lo que con amor no puedo. El Rey sabe que la adoro, y por esposa la quiero, y no puede ser delito, cuando es el fin tan honesto. Primero say yo, y así, celoso buscando vengo a Lucidoro, porque él solo en tan grande empeño podrá ayudarme, pues somos amigos tan verdaderos: Mas si es el que miro, yo me acerco más: Caballero, si sois Lucidoro, os busco; y si sois del sitio, os ruego que me sigáis. Duque amigo, que se os ofrece de nuevo. Pues sabéis la amistad noble? que le debéis a mi afecto, a mí me importa que vos busquéis al de Bullón luego, y le estorbéis con engaño de que no venga a este puesto; porque en él una aventura me aguarda, y si aquí le encuentro no es posible que la logre: y para poder hacerlo con mayor seguridad, podréis tomar el pretexto de que el Rey le llama; y pues vos tenéis su valimento, será fácil elegir el motivo en que más presto halle salida el discurso de vuestro divino ingenio. Lo que este hombre me propone a es lo que solo deseo, pues con el robo que in hacer, locamente ciego, se han de originar en Francia guerras civiles, y incendios, de bandos, odios, y estragos, con que el rencor que alimento contra la humana flaqueza, dará a mis iras trofeos. No me respondéis? Discurro el modo menos violento, para allánaros el lance, pues ya todo el caso entiendo, y soy vuestro amigo. Ahora, que en sosegado silenció está todo el sitio, y Blanca prevenida al noble intento, vigilante, y receloso la puerta vengo inquiriendo del bosque. . Aquel es Astolfo, y entre tanto que le llevo, con la industria que he pensado, ejecutad vos resuelto lo que habéis determinado. ̱. Un bulto miro, y del puesto me importa ahora apartarle, pues no es sin algún misterio hallarle aquí: Quién va? . Yo soy Lucidero, que vengo a buscaros, Duque Astolfo, no os recatéis, que el contento de hallaros, fue el adivino que os ha nombrado grosero: El Rey discurriendo ahora de Blanca en el casamiento, os quiere casar con ella, pues le han dicho, que en secreto de esposa os dio la palabra; y siendo así, noble, y cuerdo quiere aprobarlo, que el Rey no deshace casamientos, y más cuando Blanca gana en vos tan liustre dueña: El Rey me envía a llámaros, para saber de vos mismo la verdad de todo el caso: Yo soy Duque amigo vuestro, bien podéis de mi fiaros, y venid conmigo. . Cielos, dicha ha sido que el Rey tenga noticia de mi suceso, pues con eso logro a Blanca, sin la turbación del riesgo: Ya yo Lucidoro os sigo, y el aviso agradeciendo, siempre estaré confesando, que el alma, y la vida os debo. Aquel dejo en el peligro, este engañado le llevo, y con un delito, soy de otro delito instrumento. Ya se han ido, gran fineza a Lucidoro le debo: Cielos, si este bien consigo, mayor fortuna no espero. Esta es la puerta que sale al bosque, y según sospecho ya no puede tardar Blanca: Válgame todo mi aliento, que cobarde es el delito, y un firme amante, qué ciego! Cautela mía, al aviso, que ya la puerta han abierto. Amante, y determinada, en el confuso silencio de la noche, salgo a ver si espera Astolfo en el puesto: él es fin duda, qué aguardo? Ella es sin duda, qué espero? La seña he de hacer: Sois vos quien el jazmín blanco, y tierno coger intenta a la Aurora? La Esperanza me da aliento; que el jazmín sin la Esperanza vivir no puede un momento. Pues guiad. . Dadme la mano. Eso ha de ser a su tiempo, dejad que de mis temores se venza el susto primero. Pues para guiaros yo, la tomaré sin recelo. Quién os promete lo más, poco aventura en lo menos. Vanmos mi bie. . Ya yo os sigo. Hoy logro el mayor trofeo. . Si la regla no procura guardar, hermano Abadejo, deje el hábito. . El pellejo primero pienso dejar. En él son estilos nuevos. La gula me hizo caer. Qué carne llegue a comer un hombre! . No si no huevos. Porque hermano no sujeta tan perversa inclinación? Yo no lo hago de gloron, sino porque el hambre aprieta. Para que temple su mal quiero darle un buen consejo: atienda, hermano Abadejo. Ya escucho, hermano Cecial. El mayor mal que atríbula al hombre, y le hace caer como bruto, es, a mi ver, la variedad de la gula: Por ella el primer pecado en Adán se originó, que infelizmente perdió la gracia por un bocado: De ella nacen disensiones, iras, soberbias, delitos, sensuales apetitos, (ociosas murmuraciones; y así será fuerza, hermano, para hacerle resistencia, armarse de la abstinencia, que es el bien más soberano; pues con penar, y sufrir, ayunar, y padecer, ni ella tendrá que vencer, ni él tendrá que resistir. Ya sé Padre que eso es cierto, y que todo pasa así, pero predicarme a mí, es predicar en desierto: Y así aqueso está de más, porque tan mísero soy. que en no mascando algo, estoy que me lleva Barrabas. Esa es hijo tentación del Demonio. . El chocólate me quita los flatos. . Trate de hacer conmigo oración. Sus obras temple imperfetas, y ponga, con mil mancillas, por tierra entrambas rodillas. Mejor fueran servilletas. s. Dios solo, de un alma absorta, es buen manjar, y regalo. Es verdad, pero no es malo de cuando en cuando una torta. Recibid mi corazón mi Dios por ofrenda aquí. Y para sustento a mí, deparad un bodegón. Señor, mi eterna alegría se funda en vuestra grandeza. Mientras él la lición reza, quiero repasar la mía. Aseado por excelencia soy, y así pretendo terco limpiar este pie de puerto. Qué hace hermano? Penitencia. Cierto, que es hombre inhuman Soy Poeta, no e, y en dándome alguno el pie, no me puedo ir a la mano. Casi me iba a irritar: Eso intenta en la oración? Yo tengo por devoción comer antes de rezar. Que en fin, lo que de continuo estoy riñendo, es en vano? Yo, Padre, soy buen Cristiano, y es virtud comer tocino. Oh gran Dios! . . Ya lo apercibe mi amor; elevose a fe, bebere un trago, porque mientras se bebe, se vive. Quien no os ama, y no os abraza no sabe lo que se quiere. Desde hoy miente, quien dijere, que es fresca la calabaza. No pienso más reprender su desorden vergonzosa. Hace bien, porque no hay cosa como dejarlo correr. Pues es tan incorregible, y en tanto tiempo no le hallo capaz de enmienda, desnude el hábito de Doñado, y vuélvase al siglo. . Yo? Padre, si siendo Ermitaño echa de si el Abadejo, cómo ha de pasar el año? Quizá le estará mejor otra vida, muy de espacio lo mire. . Si haré, mi Padre; mas soy tan negro de flaco, que acá, y allá pienso que lo mismo es así, que asado. Adónde siervo de Dios te escondes, que no te hallamos? Unas Labradoras son: Válgame Dios, si traen algo de tefigerio? Una de ellas con una cesta en la mano viene veloz. . La aspereza del monte les cierra el paso. Hijas, por acá no hay cosa, como echar por el atajo. Piadoso Francisco, en quien los de este contorno hallamos en nuestros males el puerto, y en toda aflicción acuaro: Márcelo, aquel Labrador rico de hacienda, y ganados, a quien por feliz le rinden jurisdicción estos campos: Aquel tan devoto tuyo, que a tus Hijos, y Ermitaños, Orden que fundaste, siempre supo socorrer bizarro: A tu intercesión el cielo le permitió, o fuese acaso, que para sucesión viese preñada a su esposa, y cuando alegre esperaba un hijo de tan venturoso parto, parió su esposa (qué pena!) un hembrión, un pedazo de humana carne sin forma, un globo imperfecto, y raro, sin facción ninguna, cuyo viviente vulto animado puedes mirar aquí, deban sus padres a tu sagrado, remedio, pues tan devotos te invocan: Francisco Santo lastímete esta desdicha. , q , Suspended, oerrana, el llanto. Válgame el cielo, qué miro! esto es bueno para echado en el río, pues no es más, que un poco de higado pardo. Sin forma está, mas con vida, pues se está moviendo. . Es llano. Pues yo en tu nombre, Dios mío, Divino Escultor Sagrado, que en el campo Damasceno formaste al hombre de barro: A tu imitación daré a esta informe masa, humano cuerpo, para que conozcan lo que pueden tus amados. Pues si con fe viva el hombre dijere a los montes altos, que se muevan; que el Sol pare; que los elementos cuatro sus calidades transfieran, será obedecido: Tanto puede. Oh Dios inmenso! el nombre de tu auxilio Soberano. El rostro primeramente dibujaré con un rasgo de tu amor, y de tu Fe, que da ser a lo animado. El pecho, que es el segundo instrumento, en que el retrato mas se parece a su Autor, si es amante, puro, y casto, le quisiera hacer de suerte, que fuese un trasunto claro del de David, por quien Dios del suyo le hizo traslado. Si pies, y manos le faltan, ya le pongo pies, y manos, con que para gloria tuya, queda el dibujo acabado. Raro milagro! . Llevadle luego a sus padres, Serranos, y que a Dios se le agradezcan, como hechura de sus manos. Sus pies besamos. Amigos, idos en paz. Ya nos vamos, enternecidos de verte, a publicar tus milagros. . Padre mío, pues el Cielo de tal gracia le ha dotado, por Dios que haga un salmon fresco para que los dos comamos, que entre dos amigos sabe bien cualquiera cosa. . Hermano, que no olvide sus errores. Soy de memoria muy flacó, Mortifique sus pasiones, y mire que va pasando. el tiempo, y que de la muerte se viene llegando el plazo, y que es humo, polvo, y tierra. Soy de memoria muy flaco. Pero qué Clarín es este qué inquieta el viento? . Un soldado de un bello animal se apea, y de otros acompañado a nuestra Ermita se acerca. En este monte haced alto, hasta que a encontrarle llegue. Sois vos, Venerable anciano, Francisco de Pavlz? . Yo soy ese humilde gusano. Dejad primero que os bese esos pies. . Señor, alzaos, no hagáis que yo me arrodille a los vuestros. . Sixto Cuarto, que de la Iglesia Triunfante es Pontifice Romano: A vos, que de estos desiertos sois el mejor Ermitaño, con esta carta me envía. No merezco honor tan alto, humilde la beso, y pongo en la cabeza sus ras Yo vengo por la respuesta, y a que la leáis aguardo. Ya os obedezco, así dice: Alce la voz, porque oigamos, que quizá hablara conmigo: parece que somos santos. r , Siempre estoy pronto, señor, para obedeceros. . Pues vamos, que para el Rey que os espera, el menor instante es largo. Permitid que quede solo en este retiro un rato, porque quiero despedirme de estos riscos, y peñascos, que compañeros han sido de mi vida tantos años: Los dos se entren en la Ermita, y en ella, antes que partamos hagan oración. . Es justo. Sígame. Qué oculto encanto: que deidad este hombre tiene, que el corazón me ha robado. . Ea, Señor, ya Francisco deja su mayor descanso, y a la tormenta se expone de los Reales Palacios: O qué bajios le esperan en la Corte al pobre barco, que hecho estaba a navegar seguro entre los peñascos; pero ya que así lo ordena vuestro Divino Vicario, él sabe lo que no alcanza mi flaco discurso humano: De la amada Soledad ya por el Señor me aparto, y a todo trance obediente, me resigno en vuestras manos. En cumplir su voluntad llevas más seguro norte, Franciseo, porque en la Corte también tendrás Soledad. En la Corte he de tener Soledad. . . Y muchos años, porque en los siglos futuros, entre nobles Cortesanos, la Soledad de tu Casa será el mayor Santuario. Pues cómo se compadece Corte, y Soledad? 2. . Extraños son los triunfos que te esperan. No ves que eres Ermitaño, y la Soledad contigo siempre ha de estar. Ya lo alcanzo. 1. . Y en fe de la devoción, que a este misterio has mostrado, y de tus muchos servicios, Dios manda que te pongamos por heroica insignia al pecho un corazón abrasado, que es la joya que más quiere, por ser del tuyo retrato: En él dice: Caridad, por cuya causa estos rayos de Amor Divino le cercan, que será el sello sagrado, que de su mano te pone, por distinguirte de tantos. Aquí Monarca Divino tenéis vuestro humilde esclavo, que en fe de vuestras piedades hoy logra un favor tan alto: quien si no vos, Jesús mío, a un tan mísero gusano honrara? pero que digo, si todo el ser me habéis dado. El Embajador espera Padre mío. . Heme tardado mucho hermano? . No por cierto: Aquí huele a incienso macho: Qué es esto? . Calle, será ela fragrancia de estos campos: Vamos hermano. . Bien hace, porque si a Francia nos vamos, con tan buena compañía, vendremos acomodados.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEgunda Espíritus valientes, siempre al mal obedientes, como vasallos míos, mortal alarde haced de vuestros bríos, en repetidas furias, reforzad las injurias con injurias. Turbad los elementos, las olas encrespadas de los vientos, del Sol resplandeciente la faz siempre luciente eclipsen los vapores, apagad sus dorados resplandores, muestren confusas nieblas, que el fiero General de las Tinieblas puede de su dorada Monarquía disiparle los términos al día, ya que al Sol han turbado vapores, que mi enojo han congelado, y que el aire, y el agua embravecidos se confunden con olas, y bramidos de ese bajel incierto, que se avecina al puerto, antes que llegue a tierra, de la confusa guerra se mire sumergido, de los contrarios vientos impelido. Amaina la mayor. Hiza al Trinquete. Echa el Ancla. . A la Gabía. Al Cafaldete. Piedad Cielos Divinos. Naufragos peregrinos, por templar mis enojos, de mi rabia seréis tristes despojos. Hoy tu deseo los vientos, contra el agua sedientos, el plato del pescado le han topado salado, y según los traspies con que se mueve, por ser agua, bomitan lo que beben. Que se anega la Nave. Santo viejo, no muera remojado este Abadejo. Surcando luces bellas, vecino es el bajel de las estrellas. Si fuera yo Escribano de camino pudera aprovecarmede un mal sino. Madrid de linda traza, socorre a este Abadejo con tu plaza, llevame hacia el repeso, adonde S. Míguel no tiene el peso. Piedad, piedad, Señor miscri- cordia. A sus voces confunda la discordia de aquesos elementos, porque alo d lleguen sus ac Dios siempre a los gemidos pone en los corazones los oídos, no os asuste del mar airado el ceño, que su piedad en el mayor empeño asiste al que le invoca. Ya el bajel con el choquede una roca es lisonja a mis ojos, por ver tan divididos sus despojos, que más parecen plumas, pues los vuelan rizadas las espumas. Que me anego. Que me ahogo. Padre Francisco de Paula, repare que es como un plomo el Abadejo en el agua. Mas que miro, de las ondas no teme la furia airada mi enemigo, pues se libra; haciendo esquise la capa. Al justo no le ofende . la mentida amenaza, que Dios a sus amigos con su clemencia el peligro ampara. No temáis del mar airado. las iras con que maltrata; el brazo de Dios os libra, que su diestra Soberana, si enmienda cuando castiga, con lo que castiga ampara. Los Marineros Franceses como unos atunes nadan. Todos se libran, y yo, para cebo de mi rabia, zozobro solo en mi enojo. Padre mío de mi alma, que me undo; que se tuerce este barco de las Navas. Feliz al puerto llega, donde dichosa Francia, ha der con tus hijos defendida de Dios siempre la causa. Oraciones de Francisco libres al puerto nos sacan. En Paris, fiero enemigo, todo mi rencor te aguarda, para empañarle los visos a la virtud que te esmalta. . Tierra niña de mis ojos, hermosa como mi cara, por ser de color de greda, linda para sacar manchas: De aqueste Doñado aceite, que corrió sobre las zarpas tempesad de garapina, y la sal no me faltaba, pues de este corcho viviente todo el mar fue la garrasa. Poco importa, Señor, que airado el Noto batalle con el mar embravecido, si la tab la segura del gemido tiene a vuestra clemencia por Piloto. Poco importa, Señor, cuando devoto os halle el corazón en lo afligido, que el bajel de las ondas impelido, al choque de las olas quede roto. Poco importa surcar el golfo incierto, si mi malicia el brazo no os acorta: Ay de aquel, que de amaros se destierra. Ya por vuestras piedades tamé puerto, y solo, solo, aunque animada, importa el que el hombre conozca como es tierra! Aún el polvo de su manto no humedecieron las aguas; en la orilla se conoce el buen paño de la capa. A vuestro querido pueblo paso dieron apartadas las hondas del mar Vermejo, en sus arenas de plata; y a mí, que un Mínimo soy, sobre la cerúlea espalda puente me dais más segura, que pise mi humilde planta. Secréticos con el cielo, aunque el Padre me lo calla, por el mar, por Jesucristo sé muy bien lo que le pasa. Jonás del Marino monstruo, albergue escamado alcanza, mirándole el Sol tres veces vecino de sus entrañas: Nínive le ofrece puerto, porque sus culpas le llaman, y Dios para su remedio con providencia le guarda. Oh que antiguo es en el mundo llevar la suerte trocada. Venga norabuena el gran Patriarca, que topó en las ondas más segura playa: Venga norabuena, para honor de Francia. Oh qué tropa de Francesas contra el Abadejo abanzan, con tantas agujetillas, como de si traen colgadas: Las cobachuelas parece que han venido a hacer mudanzas. Venga norabuena, quien pasó las aguas, haciendo del manto más segura barca. Qué hace hermano? . Cascabel también entrar en la danza. Con toda la artilleria salva a Francisco le hagan. Cómo perdimos un vaso nos quieren dar una salva. El Mariscal con sus hijos sale a verle de la plaza. Padre, si ve a los dos niños, que al Mariscal acompañan, no dudo que se enternezca, pues siendo como mil platas, uno es ciego, y otro mudo. Qué donosas arracadas. Dichosa la tierra donde Francisco pone las plantas. Padre mío, no dilate el que yo llegue a besarlas. Llegad conmigo a sus pies amados hijos del alma. El mudillo se los besa, como quien no dice nada. No maltratéis mi humildad, cuando mis brazos aguardan que los honréis. . Logre en ellos la dicha más deseada de mi amor. . . Hermosos niños. La voz contento trocara por los ojos, si dichoso viera a Francisco de Paula. Para vender relaciones tiene el ciego brava labia. Quién con dos hijos se ha visto sin heredero en su casa como yo? pues de esta dicha mi desdicha los aparta. No entiendo lo que decís. No heredan hombres en Francia? Excluye mi mayorazgo a mudo, y ciego. . Mal haya quien deja mudos, por puertas, las. y a los ciegos por y No os aflijáis, que por ellos se verá más ilustrada vuestra familia. . En vos fía su remedio mi desgracia. El Cristianísimo Rey me manda por esta carta el que os dé la bienvenida de su parte, y con vos vaya hasta Paris, donde quiere, que la nobleza de Francia haga con vos en su Corte, como ha dispuesto, la entrada. Si nos reciben con Palio haré de tela unas calzas, pues me toca, porque soy Caballerizo alpargata. Venid, que ya mi carroza para que la honréis aguarda. Qué es carroza, ni aún en carro con Elías no marchara. De carroza me han servido siempre las pobres sandalías, este báculo de arrimo seguro, donde descansa mi fatiga, pues por pobre, y desnudo, sin mudanza le halla firme mi cansancio, y aunque sin voz, me declara, que el pobre, en el pobre solo remedio en sus males halla. El alma carroza pide, démosle carroza al alma. Cómo habéis de penetrar esas ásperas montañas, a quien las mira de nieve el Sol siempre coronadas? A pie, porque de otra suerte no le viera al Rey la cara. Si todos los Generales de aquesta suerte marcharan, o que gran baja las mulas dieran con esto en la Mancha. Lo que suspende su vista. Lo que mueven sus palabras De peste, común contagio, que tanto a Francia maltrata, los más lugares padecen, y para que libre vaya vuestra persona, es preciso, que torciendo las jornadas os encamine, y a pie no podréis ir. . Lo que extraña mi cariño el que digáis eso a Francisco de Paula: De los afligidos pueblos quién mi corazón aparta? En ellos está el refugio, ellos serán mis posadas, porque donde está el dolor, es adonde Dios se halla: Cuantos sin los Sacramentos moriran, porque les faltan Ministros que los socorran con asistencias sagradas? Mis hermanos son los pobres, y no he de volver la espalda, cuando miro en aflicción al Fermano que me llama. La caridad en mi pecho es el timbre que me ensalza, no digan en su aflicción, que la Caridad les falta. En lugar de escapulario dos juncieras atestadas llevaré de cierto amigo para hacer esta jornada, que es el más fuerte vinagre, que ha salido de Calabría. Pues como padre a los niños su Caridad desampara? El cieguecito por cierto, que pelliaca con tenazas. Poner debe el afligido solo en Dios las esperanzas: Jesús da voz a los mudos. Jesús, Jesús. . Él te sana. Je Ay, que habla el mudo, Jesús. De poco se espantan; pues el Calabrés es hombre, que a ninguno niega él habla. Hay más venturoso padre. Denle a María las gracias. Jesús, María. . El mudillo juega con famosas cartas. Pues le dio voz a mi hermano; merezca, Padre del alma, este pobrécito ciego, que le socorra. . Ya escampa. Qué dices niño? . Mi ruego de vuestro auxilio se ampara. Jesús, que es la mejor, te alumbre. El Cielo me valga. Oh gran tahur Celestial, que el resto en viéndola paras. Hermano? Qué es lo que veo? Jesús, que luz tan extraña. Pues venme a mí de ornabeque, y al Padre de barba cana, a más de ochenta milagros salimos cada semana. Oh qué vista tan hermosa! Menos ochocientas caras. Dichoso yo, que esto miro. El Retrato que en el alma imaginaba de Cristo, es de Francisco la Estampa. De la Cámara del Cielo es el santo el Doctor Barba. Yo voy a ver a mi madre, pues nunca la vi la cara. . Yo a que escuche de mi voz, lo que mi voz le negaba. Si salió este renacuajo de las lagunas de Parla? Repitiendo sus prodigios vamos todas las zagalas. Ay algo para el camino, que pueda henchir una saca? Pan, queso, y nueces. Que lindo. . Tome presto. Y cómo, hermana. Qué hace hermano? Al Abadejo le estoy echando nogada. No le dilatéis al Rey el cariño con que aguarda vuestra persona. . Perdila. Qué perdió? . La calabaza, y fue milagro sin ella haber salido del agua. Adiós os quedad, señor. Que os asista el Rey me manda; de bracero he de serviros. Como noble honráis mis canas, Hasta Paris de esta suerte he de asistiros. . Mis plantas. gobernad, Señor Divino, y vos Aurora Sagrada, de la Soledad refugio, alentad mis esperanzas, halle por vos en la Corte. la Soledad deseada. Pues acuda al Padre Urbán, que tiene aquesa demanda. . De tus tropas retirado, qué es lo que intentas hacer? A Blanca pretendo ver de esta suerte disfrazado, y vengar con este arrojo, dando sangriento castigo al más tirano enemigo, todo el rencor de mi enojo, En su sangre derrá nada, más hidrópica mi furia, apague con esta injuria la fatiga destemplada. Cuando el Duque a Blanca tiene de esa fuerza defendida, de su gente guarnecida, que aventures no conviene tu vida. . Con una traza, que Libio, aquel jardinero, ha dispuesto, entrar espero sin ningún riesgo en la plaza; él sale, tú te retira con mis tropas en el puesto, donde ocultos he dispuesto, que me aguarden a la mira, pues de ese bosque amparada mi gente. . Avierte señor. Retírate. . A tu valor no hay que prevenirle nada. . Todo el campo he discurrido, y le dejo asegurado. Libio? . Señor. Bien llegado seas. Y tu bien venido. Toma presto este azadón, para asegurar la entrada, tu persona disfrazada, en los jardines, que son de Blanca hermosos pensiles, pues con fragantes colores hacen del año sus flores todos los meses Abriles. Al Duque con trato doble Laura la seña le dio, y con el nombre robó a Blanca: Como en un noble pudo caber tal traición? Aunque amante, le disculpa, que ciega de amor la culpa tropieza con la razón. Y de Blanca, que has oído decir? . En estos jardines, con repetidos festines siempre el Duque la ha asistido; ella con fiero desdén, si hay fiereza en su hermosura, en su semblante asegura lo que te quiere. . Ay mi bien! De sus mejillas hermosas líquido aljófar desata, dejando en hilos de plata aprisionadas las rosas: Los agasajos desprecia, nada templa a su dolor, y de parte de su honor, es Blanca, firme Lucrecia. Oh cuanto te debo, Libio, pues para templar el mal de una pena tan mortal, tu voz me sirve de alivio. A la puerta hemos llegado de la muralla del Parque, sin recelo de las guardas, paso nos dará esta llave, que tengo para el cuidado de los comunes afanes de sus planteles. . El fuego de mi enojo airado, abrase al que encendió de mi pecho la llama, que a celos arde. Desde las rejas, señor, de aqueste muro, gigante, que divide estos jardines, podrás ver a Blanca. . El áspid de mis iras, en sus flores. se oculta para vengarse. s. Los instrumentos avisan, que la hermosa Blanca sale, mejoremos de lugar, pues lo facilita el traje, fingiendo romper la tierra. Dime, Libio, y no habrá parte por donde poder entrar dónde esta Blanca? Del Parque ves el castillo la puerta. Cuando un ofendido amante, para vengar sus ofensas, halló entrada favorable? . Iphis, qué importa que muera, cuando cruel Anajarte no enmienda en piedra el delito con el castigo de jaspe. El que aborrecido quiere, quéjese de su dictamen. El amar correspondidos no es fineza en los amantes. Amor, de las simpatias hace su imperio más grande. Lo que acredita los triunfos son los arrojos más grandes. El que aspira a un imposible solo adora a su desaire. La vanidad de emprenderle se ilustra con el ultraje. Laurel, que verde refugio fuiste de la hermosa Dafne, muriendo injuria de Apolo, naciste adorno de Marte. Viva en Laurel, muera en piedra la que triunfa, y la que sabe vincular contra el desprecio tan nobles posteridades. Este es buen sitio. Qué miro! Blanca, y mi enemigo? Acaben mis celos conmigo. Blanca, si puede mi fe, si valen mis corteses sentimientos algo contigo. Dejadme, no cantéis más. Proseguid, como os dije aquesta tarde. No venzan a la razón los celos en este lance. Hasta saber de tu pecho, si merecí que pagases finezas, que las ilustran las iras de tus desaires. No es muy malo este principio, Blanca, ilustra tú el examen. Con finezas solicito, como noble, y como amante, tu mano. . Mi mano? Sí. Solicitáis con ultraje. Quién para esposa me busca teniendo al Rey de su parte, para ofender mi verdad de una mentira se vale: La seña que le di a Astolfo, que cauteloso lograse vuestro cuidado, no admiro, que no es nuevo en los amantes hacer de ajenas finezas más finas sus falsedades. Laura, para mis ofensas siempre cruel, siempre infame. No es culpa de quien adora como yo, que se arrestase con la seña del Clavel, que diste al Duque, a empeñarme, llevado de mi cariño, o mis celos, siempre grandes, con el pretexto de Esposo: disculpa, que pudo darme aliento, para que yo tu mano solicitase. Divina Blanca, en tu voz refugio mis ansias hallen. Vuestro amor, a vuestro arrojo mayor el cargo le hace: Las violencias nunca tienen dominio en las voluntades: Que quiero al Duque sabéis, y que soy noble; esto baste para que vuestra atención esté siempre de mi parte. Oh cuánto te debe Astolfo! Volved a vivir pesares. Oh quién como el Duque fuera! Príncipe sois de la Sangre, Y sus finezas contigo serán de mejor linaje que las mías? . Sí señor, que en el pecho más amante, solo tienen buen albergue las que el corazón aplaude. Bien merece mi cariño, que con fineza le trates. Que tanto te deba el Duque! Pues ignoráis que constante mi fe, mi amor, mi nobleza, antes que a Astolfo faltasen, vieran mudarse los montes a los senos de los mares, y las sagradas esferas desunidas desquiciarse, flaqueando el fijo punto de sus ejes celestiales. Mal logradas atenciones. No sabes tú lo que valen. En mí siempre habéis hallado al desvío de un semblante, y en vuestro decoro yo la veneración más grande: Amo al Duque, y pues os debo la fineza de escucharme, que quiero a vuestro enemigo. No pases más adelante. Castigando a Troya el fuego, y el aire, Elena en cenizas muere, y murió Paris. Que más mereciera Astolfo, cuando Astolfo te escuchase? No está ausente, que en mi pecho vive más fija su imagen. Viva yo en ti, y muera el Duque, No es fina la que no sabe hacer de ausencias tiranas más nobles seguridades. Blanca, para con Astolfo murió tu fineza amante, pues viéndote en mi poder de qué aprovechan? qué valen tus finezas, si no pueden enmendar hierros tan grandes? Con todo cumple, quien cumple con los fueros de su sangre: que aventure mis finezas, que yo le pierda, y acabe la vida en esta prisión, qué importa? Si más constante hago yo lo que por mí debo hacer en esta parte. De esta prisión, bella Blanca, Astolfo sabrá librarte. De un rendido corazón hallen mis ruegos amantes refugio en tu hermosa mano: Logren. . Qué hacéis? Abrasarme, y solícito el alivio de sus divinos cristales. El clamor repite en distintas partes, ay, ay, ay, que no hay quien apague llamas, que los celos encienden voraces. Lo que nasta aquí no habéis hecho intentáis hacer? No pase los límites del decoro vuestro arrojo, o sabré darme la muerte, si no atendéis a quien soy. . El dilatarle el castigo, es culpa en mí. Basten tus crueldades, basten, p noble es mi amor. Y mis celos villanos para vengarse. Cómo falta Vuecelencia al decoroso homenaje de mi respeto? . Cruel, dile a Astolfo que te ampare. Si haré cruel enemiga, ya que no puedo vengarme de otra suerte, airado el plomo castigue tu impulso infame. Qué es esto sagrados cielos! Quién de esta suerte cobarde se atreve a tan ciego arrojo? Soldados cercad el Parque. En mi mano la pistola se reventó, que mal hace quien solo de un instrumento se fía en aquestos lances. El Duque soy de Bullón. Quién vio más terrible lance! Castigaré tu osadía. Mal podrás, si nunca sales de esta fuerza, que sus muros solo han podido ampararte de mis armas. . Mi valor de murallas no se vale. Que el que yo a sus manos llego estas rejas me embaracen! Pues del fuego te has valido, el fuego tu arrojo apague. Procura librarte Astolfo. Muera a tus ojos tu amante. Blanca, por qué le detienes? Librate de aqueste trance, Suelta cruel. Es en vano. Suelta Blanca, no me mates. Tu vida Astolfo aventuras. No teme el que noble nace, Qué permita esto mi enojo, Astolfo en asegurarte, para la venganza dejas tu valor de más buen aire. En la campaña te aguardo con mis tropas auxiliares, pues a tiro de cañón están de tus valvartes. Aquese partido acepto, que aunque pudiera vengarme de otra suerte en tu persona, quiero con armas iguales, que conozcas el valor del Duque de Memoransí. Pues en el pais de Lies te aguardan mis estandartes. . Pues al campo señalado mis tropas haré que marchen; y porque vayas seguro, y el paso no te embaracen, a cumplirte la palabra que me ofreces, en tu alcance voy, a retirar la gente de las murallas del Parque. . Y yo que tengo las guardas granjeadas de mi parte, por la puerta de la torre, con dos soldados que saben la tierra, saldré esta noche, cuando sus sombras me amparen: Verá Francia, y verá el mundo, que mi pecho de diamante, si le empañaron los visos las prefunciones cobardes de algunas falsas sospechas, que intentaron agraviarme, haré que cobre los visos con más ilustres quilates, que el diamante del honor se limpia solo con sangre: quede satisfecho Astolfo, y aquestas ofensas pague, acosta de muchas vieas, el Duque de Memoransí. Hveros levantado, Señor, exceso ha sido. Si Francisco ha llegado; de mi mal afligido, remedio en él espero, y anticiparle con mis brazos quiero. Qué sufra aquesta injuria! . Cuánto el dolor me aflige! Destemplada mi furia. Nada a mi mal corrige. Espero que el consuelo (cielo. en Francisco a tu Alteza ofrece el Del mar sobre su manto salió feliz al puerto. Cuanto a mi enojo, cuanto le destempla el ser cierto, pues con imperio ardiente, despojo de su planta fue mi frerte. Los pueblos apestados, que el contagio afligia, quedan asegurados, porque Francisco a todos socorria, y a los difuntos, para más asombro, al sepulcro llevaba sobre el hombro. Oh cuanto me valdona su piadosa alabanza! Qué importa la Corona si dominio no alcanza en las mortales leyes, el soberano Imperio de los Reyes? A la puerta de Palacio llega el acompañamiento, a pie viene la Nobleza. A pie, qué decís? Laus Deo Deme a besar vuestra Alteza el Basilicón del Cielo. Basilicón? . Sí seños; pues de los Reyes sabemos de Francia, que son sus manos por soberanum unguentum, según verbís lamparonís, basaliconís de ccelum. Quién sois? Sin vinagre alegre, soy el Hermano Abadejo, y socio de Fray Francisco, Calabrés, más pelinegro. Decid, porquié Fray Francisco no tomó mi coche? Bueno; porque florezcan sus plantas, no las aparta del suelo; y cargado de silicios es un espín de los cielos al revés, porque las puas él las oculta en el cuerpo, y a pie, de los desengaños quiere gastar el acero. Qué mi enfermedad me prive de su vista aqueste tiempo! Con los remedios, señor, que estéis mejor me prometo. Mas los dolores me afligen; peor cada vez me veo: salid, Lucidoro, vos a recibirle. . El infierno todo va en mí. . Y en Paris manejan también los legos, porque aquí por alfileres no cesará el picadero. , l Mi Dios, Francisco en Palacio, que ha de hacer, cuando su centro fue siempre la Soledad? Rabio de envidia, y de celos. No sé lo que miro en él, que al verle quedé suspenso. Dos tembladeras de prata son las barbas de los viejos. Los dos se miran, y entrambos con cariñosos afectos ya con los ojos se dicen lo que se callan sus pechos. Lo de callar en Palacio, siempre fue de gran provecho. Llegadme, amigos, llegadme donde está Francisco presto, ya que el Cielo ha permitido quitarme los movimientos. Qué aqueso sufran mis iras? Siembre mi enojo el veneno, que abriga contra Francisco. No os acerquéis, que no puedo sufrir el que me toquéis: yo probaré; mas qué es esto? libre del mal que me oprime se mira mi movimiento: Esta dicha a vuestra vista, amado Francisco, debo. Y a mí, que por el contacto parte en los milagros tengo. Mis labios a vuestros pies paguen. Señor, en el suelo un Rey de Francia, qué hacéis? Oh pese a mi sufrimiento! Rey que dobla la rodilla desciende del Nacimiento. Al ser Rey no le he debido lo que a vos estoy debiendo: lo grave de la Corona solo me sirve de peso: el Cetro le da a mi mano todo lo que puede el Cetro; y siendo Rey, no he podido, con tan soberanos medios, vencor del mal los rigores: Luego que poder, que imperio tiene el que Reina, si nace al aecidente sujeto de no tener el poder dominio para el remedio? Sin lamparones a Francia viene desairado un Lego. Cómo V. Majestad tan desusados extremos hace con un hombre humilde a vista de todo el Reino, cuando aquesta mejoría se la debe a mis aciertos? Dice bien, que soy humilde, Dios es quien os dio el remedio. Debajo de mí Dosel otra silla llegad presto a Fray Francisco. . Francisco, por mis impulsos soberbios, goza, porque le perdí, de más soberano asiento. Adónde cae en Palacio la destruición de Toledo? Qué destruición? A la Caba no conocéis majadero? Tomad esa silla. . Yo; que un Mínimo soy. Yo mismo la he de llegar. Qué esto sufra! Habéis de hacer lo que os ruego, por mi vida. . A tanta costa no quisiera obedeceros. Válgame Dios! en Palacio que bien que se pasa el tiempo, pues la mitad de la vida la gastan los cumplimientos. Despejad, dejadnos solos. No habla el Rey con Abadejo, porque yo tengo en Palacio entrada de salmón fresco. Mariscal, al Arzobispo decidle, que luego quiero dar gracias en la Capilla, con todos los Caballeros de Sancti Spíritus, pues le debo está dicha al Cielo. Oh fuego de Amor Divino, que bien ilustra los pechos, pues siendo Paloma en Francia, en España sois Cordero. De los bandos encendidos, de los Duques, ver espero la más sangrienta batalla, que han de repetir los tiempos: Asistales mi rencor; más ocioso es mi ardimiento, que no hace falta Luzbel s adonde sobran los celos. Por si calientan las sillas, siéntome, porque me siento. En mi Corte estáis Francisco, ya por vos me miro bueno, y quien dio salud al Rey, también la dará a sus Reinos. Los criados de los Santos, que mala vida tenemos. Adiós debéis la salud, dadle las gracias al cielo. De aqueste escuadrón de paño recorrer las mangas quiero, Amigos hemos de ser: De vos todo mi gobierno he de fiar, porque logre de los mayores aciertos. Por Dios, que las pantorrillas he topado de un conejo. Señor, Vuestra Majestad tiene vasallos muy buenos. Muy galán el bellacón, gastaba medias de pelo. Yo sé lo que tengo en vos, y sé lo que tengo en ellos, En la política son estampas del mejor Reino. Esta es pechuga de tiple; pues valor apechuguemos. Soldados, que la experiencia, y el valor les dio los puestos, que en estos solo, señor, son cortos todos los premios, Por picar mejor en todo calzarme la bota quiero. Políticos, y soldados adornen vuestros Consejos: Un Mínimo como yo, que solo ha gastado el tiempo en no saber gobernar aqueste mundo pequeño, queréis que gobierne a tantos? Aquesto Francisco quiero. Con el hilo de Lucena, que bien asienta un remiendo. Interrumpir de Francisco esta conferencia quiero, porque me importa que el Rey se aparte de sus consejos. Los Doctores en Paris si entienden de crecimientos? De Mompeller ha llegado, Señor, el antiguo feudo, que os paga aquella Provincia, y con este aviso vuelvo. Este es el primer Doctor, que trae dinero al enfermo. Lucidoro es un vasallo de quien hago mucho aprecio; Del Rey el mejor amigo siempre fue el vasalló bueno. En pajuelas me parece que yo he visto aqueste gesto, Ofrecí por mi salud, Francisco, hacer un Convento de vuestra Regla en Paris; el sitio escoged, que quiero sin dilación esta obra, que entre los tres la empecemos, y Lucidoro en mi nombre será vuestro Tesorero. Por ser obra de enterrar, él la acabará muy presto. Tomad vos esos doblones. Este apetecido riesgo en mis manos no se ha visto. Y los toma: esto va bueno; que pellizcos los daré, si yo en mis manos los veo! que aún de un Santo vale mucho ser Cajero en estos tiempos. Qué suspensión es la vuestra? Qué de asombros miro en ellos! Qué poder tienes en ti, que a mirarte no me atrevo. Padre, si quiere tocarlos, por piedra no lo dejemos. Decidme lo que sentís. Qué poco abrasa mi fuego! Mucho pesan, pues los brazos. no pueden sufrir el peso. Eso es otro tanto oro. Qué decís, que no os entiendo? Sangre me dais por doblones? Sangre decís? De este viejo nada creáis, que os engaña. De su virtud mucho creo. Jamás he visto morciña con funda de terciopelo. Sangre, cómo puede ser? En esto lo veréis presto. No vi más extraño asombro! De cólera estoy más ciego! Que bien la vena del oro, co el Celestial Barbero, que es aguda la lanceta de un Santo conocimiento. Buena obra hiciera yo con aquestos fundamentos: para alivio de sus vidas, como Católico os ruego; Señor, el que aquesta sangre se restituya a sus cuerpos. Lo que me pide Francisco, Lucidoro hacedlo luego. Demonio, a sus escudillas vuelve los escudos luego. Si haré, y contra su virtud, con enojo más opuesto, solicitará mi engaño. castigarle con tormentos. Padezca, pues, su opinión en la apariencia, pues puedo con mis sombras aparentes ofender sus lucimientos: no triunfe, no la Humildad, del más soberbio Lucero. Aquesta bota, por maza, le voy a echar a este perro. . Gracias a Dios, que ya libre de tantos males me veo. No estáis libre. . Qué decis? El hombre nace sujeto a muchos males, y vos, pues os visteis tan enfermo, mirad por vuestra salud, pues vos sois vuestro remedio, Qué he de hacer? Qué habéis de hacer, procurar estar más bueno, Más bueno? . Sí. Cómo? . Vos no ignoráis, señor, los medios, Qué medios? Los que aseguran mejor vida. Ya os entiendo. Sed muy amigo de que él os hizo Rey, pudiendo hacerosí nsero Esclavo: Guardad, señor, sus preceptos; sed defensor de su causa, pues sois Escudo del Cielo. Dígalo otro Luis dichoso, o las Lises, que por premio adornan vuestra Corona, por Soberanos misterios. Volved la espalda al engaño, seguid el camino cierto, sin que pueda la mentira torcer con rostro alagüeño, con la sombra del alago vuestra vista: vivo ejemplo sea la mujer de Loth, que libre de aquel incendio, que tanta bastarda culpa sirvió de materia al fuego: librola Dios del peligro, y no guardó su precepto: el rostro volvió al engaño, y en piedra públicó luego, que se labra su castigo, quien no se aparta del riesgo. ey. Francisco, con vuestra mano muchas dichas me prometo. Arrancad cuantas raíces inficionan vuestros Reinos: no quede planta, que pueda mostrar en ciegos renuevos, que florezca vuestra vista, sin temor del escarmiento. De castigar la heregia adiós la palabra empeño. El Cristianísimo os llaman, cumpla el nombre con el celo. Pues memoria en toda Francia quedará de Luis Onceno, La causa de Dios os llama; responded, Señor, al Cielo, Y vos auxiliar Divino, ayudadme con el ruego. Mi Dios, el brazo del Rey amparadle con el vuestro. s. Soñoros ya en la Capilla nos llaman los instrumentos, venid Padre. Ya yo os sigo, gran Señor. . Ea, acabemos, tomad mi mano derecha, que este lugar es el vuestro. Señor! No me repliquéis, porque más, Francisco os debo, pues viéndome antes tullido, voy por mi pie sano, y bueno.

JORNADA TERCERA

JORNADA tercera En la vida de Palacio, adonde el chiste florece, que aprisa que se encanece, y se medra muy de espacio. Reconozco en las Audiencias de la lisonja los gestos, porque siempre de los puestos son mazas las reverencias. Del Rey Francisco es espejo, y muestra con claridad p la cara de la verdad, si se mira en su consejo. Amante favorecido, con celo más verdadero, solo del mejor Cordero quiere parecer valido. Su celda siempre está abierta, pues quien le viene a buscar halla tan de par en par su pecho, como su puerta. Los puestos, con gran caudal, reparte, y dice su amor: Busque el Cayado el Pastor, y el Bastón el General. Es su templado alimento ensalada mal cocida, porque él busca por comida sustento, que no es sustento. Pues tanto en Dios se transforma, con amorosa porfía; que solo un Pan come al día, y es siempre el Pan de una Forma. Para su descanso el Santo tiene un canto, y sus alientos: llevan sobre unos sarmientos el contrapunto del canto. De joyas que le da el Rey hace en los pobres tesoro, que es piedra el pobre, en que el oro descubre su buena ley. El Rey, por sus devociones: liberal al Santo envía. una Imagen de María, que pesó tres mil doblones: Volviola con pecho fiel, pidiéndole con amor, por ser del mismo valor, una estampa de papel. Que más mérito no alcanza la materia, pues se ve, que fina siempre la Fe adora a la Semejanza. Esta es su vida, y la mía es buena; mas no tan buena, que al que me da una cadena se la tomo en cortesía. Para ser su medianero muchos se valen de mí, y me vale un Potosí el oficio de Portero. Den principio al ejercicio los señores pretendientes, que mis ojos se hacen fuentes cuando no corre el oficio. Hermano, su Caridad esfuerce mi pretensión, y tome aqueste jamón. Jabón ha dicho, impiedad . fuera de un pecho Cristiano no ayudarle: Diga, pues, qué es lo que pide? Unos pies. Pues téndralos de mi mano, Si mejora a mi persona doce vueltas le daré de longaniza. . Yo haré que me sirvan de valona. Lo restante del lechón al instante traeré aquí. Venga con vueltas, por sí yo hiciere algún San Antón: De la hijada apasionada es mi esposa. . De camino, si vuelve con el tocino, irá buena de la hijada. Sus manos son celesiales. Mucho a mi blancura deben. Que de pretendientes llueven. . Y lo muestran las canales. Yo soy mujer principal, rica, y por no ser hermosa no halló un esposo. . Ay tal cosa! fea, teniendo caudal: mujer, mira que es locura: por acomodados modos al caudal atienden todos, primero, que a la hermosura. Adiós en sus oraciones pida que esposo me dé, y esta bolsa tome. Y qué bulto es este? De doblones. Doblones, lo dificulto, poco pesa este marido. Hay regalo más lucido? jozarás de mi Madre. A tu ruego al Cielo, Amante Francisco, propicio hallas (ras, porque reina en ti el timbre glorioso de la Caridad. (verás, El Viernes feliz, dichoso en la Corte en sombras que por la Vitoria, tendrás Buen Suceso en la Soledad. Hermoso Niño, esas espinas trocad conmigo, porque mi frente es quien las merece más. Siempre mis culpas, Señor, os han de tratar tan mal? Padézcalas mi malicia, pero no vuestra bondad. El Viernes Santo, Francisco, tu petición lograrás. La Corona del Martirio quién la pudiera alcanzar? Tu cuerpo, y el de Martín en el fuego arrojarán los enemigos, opuestos a tu grande Caridad, y sin quemarse, en el aire al tuyo todos verán, hasta que una Imagen mía, con arrojo más voraz, eche también en las llamas su sangrienta ceguedad, y Fénix de las cenizas, en mi amor te abrasarás. Sacrílegos, con el fuego al Sol queréis eclipsar? Con las dichas de Francisco mis males creciendo van. Por vos quiero padecer, A mas no que vos padezcáis, Auristel Caudillo mío, en este traje darás principio al más fiero engaño; que ha inventado la impiedad: Contra Francisco mi enojo se opone más contumaz, pues de la gracia del Rey no le pueden desterrar mis iras: Con esta industria, por lo bien que a mí me está, pretendo desvanecer el lazo de su amistad; pues al Rey le he dado aviso, que la Regia inmunidad de su Palacas profana, y que a deshora te trae a su celda, y que su dama eres, y que en ella estás. Yo esforzaré tus cautelas con enojo más renaz, porque mi mentira opuesta siempre estuvo a su verdad. Dudoso el Rey del aviso sale a verle. . Tu esforzar a su lado aqueste engaño, con más imperio podrás. Confuso entre dudas vengo, de Francisco a examinar, si es verdad lo que me dicen, mas no puede ser verdad, que no cabe en su virtud tan horroroso lunar: Su edad, cuando no su vida, le defiende. No podrá: Y vos, Señor, me ofendéis, si crédito no me dais, que no soy hombre, que a vos os había de engañar. Mujer en su celda! . Sí, miradla allí, y escuchad; que el desengaño en su voz, ni atendéis habéis de hallar. Qué es lo que miro! Mi bien, si vos por mí os abrasáis, mi amor, mi fe, mi fineza, paguen con afecto igual lo que os debo, si esta deuda la puede mi amor pagar. Aún dudosa en lo que veo toda mi atención está. Cuando escucháis sus cariños, qué es, Señor, lo que dudáis? En éxtasis sus sentidos, sin que me atienda, lugar darán a que le responda. Mi corazón abrasad: Vos sois todo mi consuelo, de mi nunca os apartad. En mi pecho, siempre vos tenéis el mejor lugar. Con qué de asombros que lucho! Belleza tan Celestial no se aparte de mi vista. Vuestros desvíos culpad. Todo soy vuestro, y quisiera, para más seguridad de mi fineza, por vos mil vidas aventurar por serviros. . A mi amor las lisonjas escuchad, que no ha menester mi fe el que os mostréis tan galán. Déjeme soló con él, Señor, Vuestra Majestad a su cuarto se retire. A mí me toca enmendar esta culpa. . Los amantes, en correspondencia igual, hacen de dos voluntades una sola voluntad. El que vive de esta suerte cómo os puede aconsejar? Dos tenéis muy buen amigo, quedad con él, Aguardad Francisco. De vos, la muerte mi amor no puede apartar. Francisco. Qué sombra es esta? Yo, Señor. Qué me mandáis? En vuestra Celda a estas horas que hace esta dama? Ultrajáis mi innocencia, A error tan ciego, qué disculpa podéis dar? No sé lo que me decís. Oh qué mal que os disculpáis? lo que de vos escuché, como lo podéis negar. Que soy Francisco de Panla mire Vuestra Majestad. Porque sé que sois Francisco más confuso me dejáis. En vos, que la causa sois, mi enojo sabré vengar. Yo, Señor, Francisco ha sido pero no. De qué os turbáis? decid, quien a aqueste sitio os ha traído? Mi mal, a y persuasiones a instan de Frasienseo. ̱. Ay tal maldad! dadivas repetidas, quiso de mi amor lograr finezas, que mi silencio es quien las explica más. Francisco, vuestra virtud en esto vino a parar? Qué es lo que decís, cruel? Qué es esto? En lo que miráis en estas mentidas sombras, descubriréis mi verdad. Pues qué disculpa, decid, a esta culpa podéis dar? Cuando os llama su castigo, las disculpas le buscáis. Vencido de mi hermosura, con amante ceguedad, dos años ha que abrasado busca su yerro el imán de mis cariños. Mi Dios, vos mi innocencia amparad. Francisco, qué respondéis? Que de su parte que estáis, si lo confiesa su culpa, que tenéis que preguntar? Oh que bien, Señor, a vos os ha de estar este mal! Qué fineza para el Rey ha de ser tu falsedad? El brazo de Dios me alienta, pues permite a mi humildad el que vuelva por mi honor; y aquesta hermosa señal será sagrado instrumento, con que tengo de triunfar del enemigo, que intenta ofender mi castil Oh qué mul sabe Sus disculpas no le oíg que mi sangriento castig de su voz pendiente está. En qué confusión de dudas me ha puesto la ceguedad. Estas engañosas sombras, que con humano disfraz pretenden de mi innocencia el esplendor eclipsar, espíritus son impuros esos que mirando estáis: Lucidoro el que os asiste, es el fiero General de las Tinieblas. Qué escucho! Aquí milicia infernal te he menester; mas en vano mis diligencias serán, pues el cielo le defiende. De esa mujer, Veliar Caudilllo suyo engañoso, tomó la forma; y pues ya sabéis quien son, a mi voz, a quien Dios alientos da, obedientes a mis plantas esta verdad declarad, que la Suma Providencia, con dominio Celestial, dispone, que la mentira publique aquesta verdad. Qué pueda triunfar de mí! Qué de mi pueda triunfar! Lo que a Francisco ofendí vos, Señor, me perdonad. Al Áspid, y al Basilisco de esta suerte he de pisar: León, y Dragón sangrientos esta verdad publicad. Enemigo de Francisco, Por ver a un hombre inculpable. Mi denuedo más voraz. Contra su virtud airado. Su opinión quise borrar. Y pues a nuestra soberbia. Ha vencido su humildad, infierno, en tu oscuro centro recibe a tu General. Qué confusiones son estas? Mire Vuestra Majestad quien a su lado tenía. Pues vos a mí me libráis de este riesgo, como amigo la duda me perdonad, que introdujo la malicia en mi vista; mas el mal parece que me repite, y apoderándose va del corazón su rigor: Francisco amigo, llegad a mis brazos, vuestro amparo me ayude. Qué enfermo estáis. Vos sois mi alivio seguro. Solo es Dios el que le da. Por vos, como medianero, que dicha no logrará el que os tiene por amigo? Si bueno queréis estar, obrad, como Rey Cristiano. Si haré, si vos me enseñáis. Lo que está, señor, en vos; en mí no habéis de buscar. Qué he de hacer? Qué habéis de hacer? proceder con Cristiandad, restituyendo a su dueño aquello que le usurpáis. Qué decís? Que no cumpliera con Dios, si yo la verdad no os dijera, que el remedio es este, si le buscáis. Yo qué usurpo? Bien sabéis, que afligido el Rey Don Juan de Aragón, para la guerra, que le hizo con impiedad su hijo el Príncipe Carlos, socorro vino a buscar en vos para su defensa, y vos, señor, se le dais de dinero, y que en empeño él los Estados os da de Rosellón. Bien lo sé. Y que os pagó puntual los trecientos mil escudos que le disteis. Es verdad. Os debe otra cosa? No. Pues por qué no le entregáis sus fuerzas? Porque con ellas mas defendidos están mis Reinos. De ajenas fuerzas, malas defensas buscáis. Que las venda disponed, pues tan empeñado está. Que mal compra el que pretende comprar la necesidad: De parte de Dios os ruego, si bueno queréis estar, que lo ajeno que tenéis a sus dueños lo volváis. La salud del alma busco. Aqueso es querer reinar: Quien aventurar lo eterno quiere por lo temporal? El que le vuelvan sus plazas mande Vuestra Majestad al Católico Fernando, que es hoy Rey de España ya, y a quien Rosellón le toca por su padre el Rey Don Juan. Todo mi poder os doy, vos, Francisco lo ajustad, y el dinero del empeño, si queréis, le podéis dar. Al Rey le dad lo que es suyo, vos con lo vuestro os quedad, que aquesto solo es lo justo, y es injusto lo demás. l Las entregas disponed. Por mi cuenta las dejad. Mucho importa un buen amigo: tenéis que advertirme más? Si señor: Por Doña Blanca de Valóis, Francia está en peligro de perderse, porque Vuestra Majestad favorece a Memoransí, y el vulgo empeñado está en la defensa de Astolfo, sabiendo que estaba ya casado con Blanca, y fue notable temeridad el robarla, que aunque Blanca, con heroica honestidad, ha defendido su honor, para poder restaurar su opinión, es menester toda vuestra autoridad. En campaña están los dos, y vos para castigar su osadía, remitis un ejercito. Es verdad. Pues, señor, este delito le ha de enmendar la piedad. De qué suerte? Entre los dos yo me ofrezco a poner paz, si vos licencia me dais. Yo os la doy, mirad por mí: y los medios aplicad de modo, Francisco santo, que no tenga, a su pesar, ni la justicia de menos, ni la clemencia de más. Dios lo hará como convenga. Ya, señora, estás segura. A este traje que ves debo el haber salido libre de aquel castillo. Al dinero se rinde todo. La industria es, Libio, el mejor Maestro: Para no ser conocida, y poder sin ningún riesgo, escapar, de este disfraz se ha valido mi ardimiento; pues sobornadas las guardas, de la noche en el silencio, me dieron el paso franco. Y toda la noche en peso caminamos sin parar, hasta este áspero desierto, que es el aplazado sitio, donde los campos opuestos de Memoransí, y Bullón han de combatir. El Cielo piadoso me permita, que encuentre a Astolfo primero, porque escuche de mi labio de aquel infeliz suceso, que dispuso un doble trato, el más noble desempeño; pues resistiéndome altiva a los embates violentos de un aleve, saqué en limpio mi honor, sin que mi respeto peligrase en la indecencia del átomo más pequeño; que el cielo al libre albedrío le cedió este privilegio. Yo fui quien le dio a Astolfo, vestido de jardinero, la entrada en aquel castillo. Aunque no logró su intento, ni tomó de aquel tirano la venganza, es justo el premio que se debe a tu lealtad; y que le tendrás es cierto: y así, no hay si no seguirme: y pues el Alba a reflejos va coronando las cumbres, a lo fragoso apelemos A del monte; pero qué escucho? Al son del Clarín, y el parche vienen marchando a este puesto dos escuadrones, y el uno, d según las insignias veo, es el de Bullón. Bien dices. Con él nos incorporemos, y pues la suerte dispuso; que llegase a tan buen tiempo, que cuando le busco fina, amante, y noble le encuentro, sabrá quien soy, y que en mí, a pesar de lo violento, vivió siempre aquel decoro, que debía a su respeto, y que por él aventuro la vida, sin que el recelo feénil mi amor asuste, ni me acobarden los riesgos. Al arma soldados míos. Heroicos hijos de Marte al arma, que yo os aliento. Ya los dos campos se encuentran. Con esta banda encubriendo el rostro, veré el combate, pues los pasos voy siguiendo de Astolfo. . Señora huyamos. Que es huir, villano el miedo no ha de afrentar el disfraz del noble traje en que vengo. Pues qué intentas? Morir solo al lado del que es mi dueño, para que el mundo conozca, que fue mi amor verdadero, y que en una mujer caben firmeza, y valor a un tiempo. Matadle, muera. Cobarde. Qué es lo que miro! Primero espero tomar venganza de tu traición. . Caballero cobrad valor, pues tenéis a vuestro lado un acero. Mucho os debo. . No hay sino morir, o vencer, y a ellos. Viva nuestro Duque Astolfo, viva. Y reviva Abade Rinde las armas, y reza, antes que te mate, el Credo, y trata de disponer aprisa tu testamento. Ea, acabemos. Pues como las armas toma, si es lego? Es, que quedo irregular, amigo, si no peleo. Si es Fraile, para que riñe? Riño para dar ejemplo. Qué campo defiende? Hermano, yo nunca campo defiendo, sino mi cuerpo no más. Digo, qué bando? Uno de ellos. Por Bulión, o Memoransí? Por el que topo primero, porque traigo comisión de nuestro Rey Luis Onceno para hacer, y deshacer: y así, una vez me entretengo en meter paz, otras gusto de reñir. Pues qué es su intento? Matarte. Por qué razón? Porque haya un pícaro menos Él viene a la guerra? Sí, y traigo a mi cargo un tercios Tercio, cómo puede ser? Es, que por aquí me vengo con un tercio de pescado, que para el Convento llevo, y porque he comido barro quiero tomar el acero. Váyase con Dios, hermano; no irrite mi sufrimiento. Pues he salido a campaña, no me he de volver en seco, sin sacar sangre. Conmigo no es menester cumplimientos? yo lo doy por recibido. Mientes como un embestero; y un mentir de esta manera sabré castigar sangriento. Téngase, está loco? Yo cumplo con la ley de Caballero; Pero aguarda, no eres tú: Vive Dios que es él, el mismo, el fullérito de marras, el que me quitó el dinero, y la sortija? No tal. Si tal, que como fullero te he sacado por la pinta: flores a mí, que las vendo. Vengan Jortija, y doblones, y sino, toca a deguello. Padre mío, buen cuarte. No doy cuartel a cuatreros, Detente invencible joven, que obligado de tu aliento, por más que ocultarte intentes te he de conocer. . Aa perro, la zambullida me tiras, aunque te iré yo siguiendo. Si haberme dado la vida en el peligroso empeño, cuando a mi lado os pusistes, porque lograse el trofeo, os obliga a que encubráis el rostro, por algún riesgo, que no alcanza mi discurso; que me dejéis conoceros os suplico, agradecido, por si alguna vez os puedo servir en algo, y pagaros la fineza que os confieso. Si haré, yo soy, conoceisme? Si es sombra, ilusión, o sueño, divina Blanca. Detente, aguarda, porque primero que publiques con aplausos tu noble agradecimiento, de mi infelice fortuna has de escuchar el suceso. Desde el punto que al castillo te llevó tu heroico pecho, a castigar de un ingrato los viles atrevimientos, anduve trazando el modo de romper la prisión; siendo lince vigilante el oro, que facilitó el empeño, Pero fue preciso usar de este disfraz, a quien debo la vida, pues no pudiera sin él escapar, huyendo, y llegando a esta mentaña con Libio, aquel jardinero de quien los dos nos fiamos; sucedió, que al mismo tiempo, derrotadas tus escuadras, entre el combate sangriento se iban retirando, cuando con el femenil aliento, a quien dio la razón iras, y amor adornó de incendios, poniéndome de tu parte, (fuese acaso, o fuese efecto de la fortuna, que a entrambos les atribuyo el suceso) vencimos: Pero dejando este discurso, y volviendo segunda vez de mi vida a los extraños progresos, digo, que no te he buscado, por dejarte satisfecho de mi honor, que ese más puro que el Sol, en su ser primero más acrisolado vive a los embates del riesgo; sino que entendido tengas, que determinada vengo a morir, o a que conozcas, que en vano, contra el honesto desdén de mi resistencia, las violencias se opusieron, que ha sido mi fe constante, y que firme roca al viento, burlo de vanas lisonjas, finezas, y rendimientos, que soy tuya. No prosigas: Quién se vio en mayor empeño! . confieso, divina Blanca, que alma, y vida, y ser te debo, y que el Duque con engaño A te robó; que a sus festejos fuiste endurecido escollo, y que al rosicler honesto de tu beldad, los desdenes fueron espinas, y arqueros, que de tu ilustre decoro el dominio defendieron: Yo lo vi, y lo escuché, y aunque no lo viera, es cierto, que de tu atención fiara más heroicos desempeños: y sé también que tu mano honrará la mía, siendo venturoso mi destino; pero no hablemos en esto ahora, que asegurar tu hermosura, es lo primero, sin que se exponga al peligro, porque no puedan los celos de mi enemigo atreverse a conquistar tus desprecios. No hay temor que me acobarde. Tu defensa: mas qué es esto? Señor, el de Memoransí, con su ejército volviendo más poderoso que nunca, ha vuelto a ocupar los puestos con tanta ventaja, que por imposible tenemos el dejar de ser vencidos, pues en número excediendo de gente, y poder. Detente: Pues como en tan breve tiempo pudo juntar sus escuadras, si derrotado, y deshecho se retiró? Vuelve el rostro, y verás su campo lleno de nuevas haces. Qué importa, lleguen todas, que aquí espero, pues quien nunca me ha vencido, me vencerá ahora menos. Y tu Blanca, pues no ignoras, que es deuda de mi respeto, para cumplir con quien soy, ponerte en salvo primero; al instante, de los míos en un caballo ligero te retira, que de escolta te irá una tropa siguiendo, hasta dejarte en seguro; que después de aqueste encuentro te buscaré victorioso. Si he de dejarte en el riesgo, rigurosa ley me impones. No hay que replicarme en esto: Esto ha de ser, Blanca mía, que si una vez, sin saberlo, tu vida estuvo en peligro, yo haré que esté de él tan lejos, que solo por la noticia llegue a tu oído el saceso. Si es fineza obedecerte, esta más añadir quiero a tu amor: a Dios Astolfo. Guarden tu vida los Cielos. Julio, no te apartes nunca de Blanca. Yo voy muriendo: Montañas de Francia incultas, recibid en vuestro centro a una infeliz. Toca al arma, Memoransí, cuerpo a cuerpo, para que pruebes mis iras en la campaña te espero: EE llega solo como noble, si quieres lograr tu intento. Matadle. Aguardad, Soldados, ninguno mueva el acero, y pues Astolfo está solo, yo sin ventaja peleo, y sobro para matarle, pues me acompañan mis celos. Mal podrás de mi librarte, sino te sepulta el centro de la tierra. De mis iras será tu vida escarmiento: Ninguno ha de quedar vivo ya de los campos opuestos, pues mientras los dos reñimos, también han de hacer lo mismo. Sea común la venganza, pues se hizo público el duelo. Tened los filos, y en mí ejecutad, Caballeros, la venganza, antes que pase vuestro enojo a más sangriento estrago. Cielos, qué miro! Qué nuevo extraño respeto su presencia me ha causado, que me ha dejado suspenso! Príncipes, que al mundo solo vivís para dar ejemplo, qué pasión tirana os ciega? Qué rencor os turba el pecho? Yo doy, que entrambos iguales tengáis razón; será bueno, que por un capricho vano se aventure todo un Reino? Contra vosotros airado el Ínclito Luis Onceno junta su poder, mas yo, templando el áspero ceño de su furor, orden traigo de haceros amigos, siendo la paz de Dios medianera, que os revoque los intentos: Vos remitid la venganza; y vos no queráis violento reducir un albedrío, que nació libre, advirtiendo, que si os perdonáis, tendréis siempre favorable el Cielo, pues siempre halla a Dios piadoso, quien le teme justiciero. Cielos, que extraña mudanza . hace su voz en mi pecho, que ya el rencor, no es rencor en mí, si no blando afecto! Qué nuevo ser en el alma sus palabras me infundieron, que de toda la venganza se me ha templado el incendio! No me respondéis? Yo digo, Franciseo, que doy por hecho lo que aconsejáis piadoso. Y vos, qué decís? . Lo mesme. Pues daos las manos. Si damos. Pero advirtiendo primero, que se la daréis a Blanca, después que estéis satisfecho de su honor. . Ya yo lo estoy. Pues este punto dejemos, y besad la manó al Rey, que con los brazos abiertos os espera en su Palacio; y también firme en los vuestros la paz. De nuestra amistad serán lazos verdaderos. Adiós Francisco. Adiós Padre. A entrambos os guarde el Cielo. Ya, Señor de Cielo, y Tierra, se llega el día postrero de mi vida: ya la hora llegó, con que debe el cuerpo dar el tributo a la tierra: Sobre aquestas pajas quiero reclinarme, y dar a dios gracias, por bien tan supremo, pues adonde nació Cristo, muere Francisco contento. Y vos Aurora Divina, Madre del Divino Verbo, Rocio de la mañana, Blanca Rosa, Lirio ameno, Iris de paz, Ave mansa, Fuente pura, claro Espejo, y amparo de pecadores, a vuestra piedad apelo. Yo no he de pedir a vulto; por Dios que no hace cosquillas, el son es extraordinario. En él, para el incensario, le traigo algunas pastillas. Y cuántos doblones? Treinta. Mas se pudiera alargar. Qué dice? . Para rezar se debe tomar la cuenta. Tome, y si pudiere ser, sea lindo. Nada le aflija. Adiós. Tú que das sortija, buscas marido, o mujer? Yo soy tahur desgraciado, que cuanto tuve he perdido, por parar de lo lucido. Y se ve en lo bien parado. Si con sus ruegos Cristianos mi suerte ataja, mil reales le daré. . Vienen cabales? Estos serán a las manos. La ofertilla con primores a las manos se despinta. Yo ofrezco pagar en quinta: En quinta? Ya sé sus flores. Tome esas hollas. Andares. De limoncillos. . Y como, usté juegue, que yo tomo por mi cuenta los azares, Si tiene algún dinerillo, yo por los dos jugar quiero: pida pintas. . Mi dinero no muere de tabardillo. Pues lo niega, yo le haré . que me dé lo que le han dado, porque yo a la mira he estado, y cuanto le han dado sé, Por tu infinita bondad, Señor, contra mi malicia, al brazo de tu justicia suspenda el de tu piedad. Adónde tanto regalo del Padre podré esconder? Pues que no lo quiete hacer vuélvame el bolsillo. Malo. Deme la sortija. Cielos. . Y mis limones, San Blas. Y al Padre Francisco, yo le diré a su Caridad quien es Abadejo. Hermano. . Y aquesto más. Con aquestos naipes hechos, en este sitio, a jugar por fuerza, a mal de mi grado, me trujo el Hermano. Ay tal desvergüenza: vive Cristo, que el garrote es infernal. El juega hermano? Si juego me castigue la hermandad. Padre mío, una sortija, y treinta doblas. . Andar? Éncima vino su suerte, con encaje: a Dios caudal. Dele todo cuanto dice, y en mi presencia jamás se ponga. . Padre del alma, miente como Satanas este tahur, que es lo propio: Doblones yo? . Y aquí están, Suelta, o con esta lanceta delrastro te he de sangrar. Tu gífero para mí? Qué es eso? . Quererle dar lo que dice que ha perdido. A qué aguarda? A no mirar. Logrérito de milagros. Las tripas. Quédate en paz. Con este uso allá fuera te tengo de debanar. Hermano, aquestos excesos no permite mi humildad: Dos horas de diciplina tenga esta noche. . No más? Aquesta sola es su cura. Y también mi enfermedad. A agua, y pan esta semana el hermano ha de ayunar. Soy yo Donado cartel, que me tengo de engrudar. En San Dionis, de rodillas esté seis horas. . Si hará, en alcance del que lleva cernícalo mi caudal: A librarle de sus uñas parto, como un gabilán. . Francisco, entramos en cuenta, porque hay mucho que ajustar, en quien noventa y un años ha vivido: Oh gran bondad de Dios! De vuestras piedades conmigo, Señor, usad: A cuentas llego con vos en aqueste Tribunal: Oh quien págaros pudiera lo mucho en qué me alcanzáis! En la perfección de amaros que de hierros en mí habrá por culpa de mi ignorancia, mas no de mi voluntad. Oh quién supiera serviros, cómo vos, Señor, premias! Eumendad, Señor, en mí, lo que yo no sé enmendar. Albergue incierto del hombre es el mundo, en él no hay poder, que pueda tener numana seguridad. La flor muere en el botón, el Laurel, que exento está del rayo, su verde pompa aún no se puede librar del gusano, que le roe la raiz, con que galán, al repetido peligro el verdor perdiendo va; Aa porque lo menos castiga, el que no teme lo más. Oh soberbia! los castigos que en ti labrándote vas: lo que de un mal te preserva no te libra de otro mal. La memoria de la muerte a quién le puede faltar? Que vive, aquel que más vive? pues en cada aliento da un paso más al sepulcro; punto en que van a parar el Cetro, como el Cayado, gozando de una igualdad. En Viernes, en una Cruz N quisisteis mi Dios pagar todas las deudas del hombre, con infinito caudal. Concededme el que yo en Diernes, Señor, por vuestra piedad, de la Celestial Sion alegre vaya a gozar. Amado Francisco mío, de la vista gozarás de mi Madre. A tu ruego al Cielo, Amante Francisco, propicio halla, (ras, porque reina en ti el timbre glorioso de la Caridad. (verás, El Viernes feliz, dichoso en la Corte en sombras que por la Vitoria, tendrás Buen Suceso en la Soledad. Hermoso Niño, esas espinas trocad conmigo, porque mi frente es quien las merece más. Siempre mis culpas, Señor, os han de tratar tan mal? Padézcalas mi malicia, pero no vuestra bondad. El Viernes Santo, Francisco, tu petición lograrás. La Corona del Martirio ( quién la pudiera alcanzar? Tu cuerpo, y el de Martín en el fuego arrojarán los enemigos, opuestos a tu grande Caridad, y sin quemarse, en el aire al tuyo todos verán, hasta que una Imagen mía, con arrojo más voraz, eche también en las llamas su sangrienta ceguedad, y Fénix de las cenizas, en mi amor te abrasaras. Sacrilegos, con el fuego al Sol queréis eclipsar? Con las dichas de Francisco mis males creciendo van. Por vos quiero padecer, mas no que vos padezcáis, Auristel Caudillo mío, en este traje darás principio al más fiero engaño, que ha inventado la impiedad: Contra Francisco mi enojo se opone más contumaz, pues de la gracia del Rey no le pueden desterrar mis iras: Con esta industria, por lo bien que a mí me esta, pretendo desvanecer el lazo de su amistad; pues al Rey le he dado aviso, que la Regia inmunidad de su Palacas profana, y que a deshora te trae a su celda, y que su dama eres, y que en ella estás. Yo esforzaré tus cautelas con enojo más tenaz, porque mi mentira opuesta siempre estuvo a su verdad. Dudoso el Rey del aviso sale a verle. . Tu esforzar a su lado aqueste engaño, con más imperio podrás. Confuso entre dudas vengo, de Francisco a examinar, si es verdad lo que me dicen, mas no puede ser verdad, que no cabe en su virtud tan horroroso lunar: Su edad, cuando no su vida, le defiende. No podrá: Y vos, Señor, me ofendéis, si crédito no me dais, que no soy hombre, que a vos os había de engañar. Mujer en su celda! . Sí, miradla allí, y escuchad; que el desengaño en su voz, si atendéis habéis de hallar. Qué es lo que miro! Mi bien, si vos por mí os abrasáis, mi amor, mi fe, mi fineza, paguen con afecto igual lo que os debo, si esta deuda la puede mi amor pagar. Aún dudosa en lo que veo toda mi atención está. Cuando escucháis sus cariños, qué es, Señor, lo que dudáis? En éxtasis sus sentidos, sin que me atienda, lugar darán a que le responda. A Mi corazón abrasad: Vos sois todo mi consuelo, de mi nunca os apartad. En mi pecho, siempre vos tenéis el mejor lugar. Con que de asombros que lucho! Belleza tan Celestial no se aparte de mi vista. Vuestros desvíos culpad. Todo soy vuestro, y quisiera, para más seguridad de mi fineza, por vos mil vidas aventurar por serviros. . A mi amor las lisonjas escuchad, que no ha menester mi fe el que os mostréis tan galán. Déjeme soló con él, Señor, Vuestra Majestad a su cuarto se retire. A mí me toca enmendar esta culpa. . Los amantes, en correspondencia igual, hacen de dos voluntades una sola voluntad. El que vive de esta suerte cómo os puede aconsejar? Dos tenéis muy buen amigo, quedad con él. Aguardad Francisco. De vos, la muerte mi amor no puede apartar. Francisco. Qué sombra es esta? Yo, Señor. Qué me mandáis? En vuestra Celda a estas horas qué hace esta dama? Ultrajáis mi innocencia. A error tan ciego, qué disculpa podéis dar? No sé lo que me decís. Oh qué mal que os disculpáis? lo que de vos escuché, como lo podéis negar. Que soy Francisco de Paula mire Vuestra Majestad. Porque sé que sois Francisco más confuso me dejáis. En vos, que la causa sois, mi enojo sabré vengar. Yo, Señor, Francisco ha sido pero no. De qué os turbáis? decid, quien a aqueste sitio os ha traído? Mi mal, a instancias, y persuasiones de Fragrido. ̱. Ay cal maldad! Con dadivas reg quiso de mi amor lograr finezas, que mi silencio es quien las explica más. Francisco, vuestra virtud en esto vino a parar? Qué es lo que decís, cruel? Qué es esto? V En lo que miráis en estas mentidas sombras, descubriréis mi verdad. Pues que disculpa, decid, a esta culpa podéis dar? Cuando os llama su castigo, las disculpas le buscáis. Vencido de mi hermosura, con amante ceguedad, dos años ha que abrasado busca su yerro el imán de mis cariños. Mi Dios, vos mi innocencia amparad. Francisco, qué respondéis? Que de su parte que estáis, si lo confiesa su culpa, que tenéis que preguntar? Oh que bien, Señor, a vos os ha de estar este mal! Qué fineza para el Rey ha de ser tu falsedad? El brazo de Dios me alienta, pues permite a mi humildad el que vuelva por mi honor; y aquesta hermosa señal será sagrado instrumento, con que tengo de triunfar del enemigo, que intenta ofender mi casti ingir! Oh qué m Sus disculpas que mis de su voz pendiente está. En qué confusión de dudas me ha puesto la ceguedad. Estas engañosas sombras, que con humano disfraz pretenden de mi innocencia el esplendor eclipsar, espíritus son impuros esos que mirando estáis: Lucidoro el que os asiste, es el fiero General de las Tinieblas. Qué escucho! Aquí milicia infernal te he menester; mas en vano mis diligencias serán, pues el cielo le defiende. De esa mujer, Veliar Caudilllo suyo engañoso, tomó la forma; y pues ya sabéis quien son, a mi voz, a quien Dios alientos da, obedientes a mis plantas esta verdad declarad, que la Suma Providencia, con dominio Celestial, dispone, que la mentira publique aquesta verdad. Qué pueda triunfar de mí! Qué de mi pueda triunfar! Lo que a Francisco ofendí vos, Señor, me perdonad. Al Áspid, y al Basilisco de esta suerte he de pisar; León, y Dragón sangrientos esta verdad publicad. Enemigo de Francisco, Opuesto a su caridad. Por ver a un hombre inculpable. Mi denuedo más voraz. Contra su virtud airado. Su opinión quise borrar. Y pues a nuestra soberbia. Ha vencido su humildad, infierno, en tu oscuro centro recibe a tu General. Qué confusiones son estas? Mire Vuestra Majestad quien a su lado tenía. Pues vos a mí me libráis de este riesgo, como amigo la duda me perdonad, que introdujo la malicia en mi vista; mas el mal parece que me repite, y apoderándose va del corazón su rigor: Francisco amigo, llegad a mis brazos, vuestro amparo me ayude. Qué enfermo estáis. Vos sois mi alivio seguro. Solo es Dios el que le da. Por vos, como medianero, que dicha no logrará el que os tiene por amigo? Si bueno queréis estar, obrad, como Rey Cristiano. Si haré, si vos me enseñáis. Lo que está, señor, en vos, en mí no habéis de buscar. Qué he de hacer? Qué habéis de hacer? proceder con Cristiandad, restituyendo a su dueño aquello que le usurpáis. Qué decír? Que no cumpliera con Dios, si yo la verdad no os dijera, que el remedio es este, si le buscáis. Yo qué usurpo? Bien sabéis, que afligido el Rey Don Juan de Aragón, para la guerra, que le hizo con impiedad su hijo el Príncipe Carlos, socorro vino a buscar en vos para su defensa, y vos, señor, se le dais de dinero, y que en empeño él los Estados os da de Rosellón. Bien lo sé. Y que os pagó puntual los trecientos mil escudos que le disteis. Es verdad. Os debe otra cosa? No. Pues por qué no le entregáis sus fuerzas? Porque con ellas mas defendidos están mis Reinos. De ajenas fuerzas, malas defensas buscáis. Que las venda disponed, pues tan empeñado está. Que mal compra el que pretende comprar la necesidad: De parte de Dios os ruego, si bueno queréis estar, que lo ajeno que tenéis a sus dueños lo volváis. La salud del alma busco. Aqueso es querer reinar: Quien aventurar lo eterno quiere por lo temporal? El que le vuelvan sus plazas mande Vuestra Majestad al Católico Fernando, que es hoy Rey de España ya, y a quien Rosellón le toca por su padre el Rey Don Juan. Todo mi poder os doy, vos, Francisco lo ajustad, y el dinero del empeño, si queréis, le podéis dar. Al Rey le dad lo que es suyo, vos con lo vuestro os quedad, que aquesto solo es lo justo, y es injusto lo demás. Las entregas disponed. Por mi cuenta las dejad. Mucho importa un buen amigo: tenéis que advertirme más? Si señor: Por Doña Blanca de Valóis, Francia está en peligro de perderse, porque Vuestra Majestad favorece a Memoransí, y el vulgo empeñado está en la defensa de Astolfo, sabiendo que estaba ya casado con Blanca, y fue notable temeridad el robarla, que aunque Blanca, con heroica honestidad, ha defendido su honor, para poder restaurar su opinión, es menester toda vuestra autoridad. En campaña están los dos, y vos para castigar su osadía, remitis un ejercito. Es verdad. Pues, señor, este delito le ha de enmendar la piedad. De qué suerte? Entre los dos yo me ofrezco a poner paz, si vos licencia me dais. Yo os la doy, mirad por mí: y los medios aplicad de modo, Francisco santo, que no tenga, a su pesar, ni la justicia de menos, ni la clemencia de más. Dios lo hará como convenga. Ya, señora, estás segura. A este traje que ves debo el haber salido libre de aquel castillo. Al dinero se rinde todo. La industria es, Libio, el mejor Maestro: Para no ser conocida, y poder sin ningún riesgo, escapar, de este disfraz se ha valido mi ardimiento; pues sobornadas las guardas, de la noche en el silencio, me dieron el paso franco. Y toda la noche en peso caminamos sin parar, hasta este áspero desierto, que es el aplazado sitio, donde los campos opuestos de Memoransí, y Bullón han de combatir. El Cielo piadoso me permita, que encuentre a Astolfo primero, porque escuche de mi labio de aquel infeliz suceso, que dispuso un doble trato, el más noble desempeño; pues resistiéndome altiva a los embates violentos de un aleve, saqué en limpio mi honor, sin que mi respeto peligrase en la indecencia del átomo más pequeño; que el cielo al libre albedrío le cedió este privilegio. Yo fui quien le dio a Astolfo, vestido de jardinero, la entrada en aquel castillo. Aunque no logró su intento, ni tomó de aquel tirano la venganza, es justo el premio que se debe a tu lealtad; y que le tendrás es cierto: y así, no hay si no seguirme: y pues el Alba a reflejos va coronando las cumbres, a lo fragoso apelemos del monte; pero qué escucho? Al son del Clarín, y el parche vienen marchando a este puesto dos escuadrones, y el uno, según las insignias veo, es el de Bullón. Bien dices. Con él nos incorporemos, y pues la suerte dispuso; que llegase a tan buen tiempo, que cuando le busco fina, amante, y noble le encuentro, sabrá quien soy, y que en mí, a pesar de lo violento, vivió siempre aquel decoro, que debía a su respeto, y que por él aventuro la vida, sin que el recelo feénil mi amor asuste, ni me acobarden los riesgos. Al arma soldados míos. Heroicos hijos de Marte al arma, que yo os aliento. Ya los dos campos se encuentran. Con esta banda encmbriendo el rostro, veré el combate, pues los pasos voy siguiendo de Astolfo. . Señora huyamos? Que es huir, villano el miedo no ha de afrentar el disfraz del noble traje en que vengo. Pues qué intentas? Morir solo al lado del que es mi dueño, para que el mundo conozca, que fue mi amor verdadero, y que en una mujer caben firmeza, y valor a un tiempo. Matadle, muera. Cobarde. Qué es lo que miro! Primero espero tomar venganza de tu traición. . Caballero cobrad valor, pues tenéis a vuestro lado un acero. Mucho os debo. . No hay sino morir, o vencer, y a ellos. Viva nuestro Duque Astolfo, viva. Y reviva Abadejo n antes que te mate, el Credo, y trata de disponer aprisa tu testamento. Ea, acabemos. Pues como las armas toma, si es lego? Es, que quedo irregular, amigo, si no perco. Si es Fraile, para que riñe? Riño para dar ejemplo. Qué campo defiende? Hermano, yo nunca campo defiendo, sino mi cuerpo no más. Digo, qué bando? Uno de ellos. Por Bullón, o Memoransí? Por el que topo primero, porque traigo comisión de nuestro Rey Luis Onceno para hacer, y deshacer: y así, una vez me entretengo en meter paz, otras gusto de reñir. Pues qué es su intento? Matarte. Por qué razón? Porque haya un pícaro menos, Él viene a la guerra? Sí, y traigo a mi cargo un tercios Tercio, cómo puede ser? Es, que por aquí me vengo con un tercio de pescado, que para el Convento llevo, y porque he comido barro quiero tomar el acero. Váyase con Dios, hermano; no irrite mi sufrimiento. Pues he salido a campaña, no me he de volver en seco, sin sacar sangre. Conmigo no es menester cumplimientos: yo lo doy por recibido. Mientes como un embestero; y un mentir de esta manera sabré castigar sangriento. Téngase, está loco? Yo cumplo con la ley de Caballero; Pero aguarda, no eres tú: Vive Dios que es él, el mismo, el fullérito de marras, el que me quitó el dinero, y la sortija? No tal. Si tal, que como fullero te he sacado por la pinta: flores a mí, que las vendo. Vengan Jortija, y doblones, y si no, toca a deguello. Padre mío, buen cuarte. No doy cuartel a cuatreros, Detente invencible joven, que obligado de tu aliento, por más que ocultarte intentes te he de conocer. . Aa perro, C la zambullida me tiras, aunque te iré yo siguiendo. Si haberme dado la vida en el peligroso empeño, cuando a mi lado os pusistes, porque lograse el trofeo, os obliga a que encubráis el rostro, por algún riesgo, que no alcanza mi discurso; que me dejéis conoceros os suplico, agradecido, por si alguna vez os puedo servir en algo, y pagaros la fineza que os confieso. Si haré, yo soy, conoceisme? Si es sombra, ilusión, o sueño, divina Blanca. Detente, aguarda, porque primero que publiques con aplausos tu noble agradecimiento, de mi infelice fortuna has de escuchar el suceso. Desde el punto que al castillo te llevó tu heroico pecho, a castigar de un ingrato los viles atrevimientos, anduve trazando el modo de romper la prisión, siendo lince vigilante el oro, que facilitó el empeño, Pero fue preciso usar de este disfraz, a quien debo la vida, pues no pudiera sin él escapar, huyendo, y llegando a esta mentaña con Libio, aquel jardinero de quien los dos nos fiamos; sucedió, que al mismo tiempo, derrotadas tus escuadras, entre el combate sangriento se iban retirando, cuando con el femenil aliento, a quien dio la razón iras, y amor adornó de incendios, poniéndome de tu parte, (fuese acaso, o fuese efecto de la fortuna, que a entrambos les atribuyo el suceso) vencimos: Pero dejando este discurso, y volviendo segunda vez de mi vida a los extraños progresos, digo, que no te he buscado, por dejarte satisfecho de mi honor, que ese más puro que el Sol, en su ser primero más acrisolado vive a los embates del riesgo; sino que entendido tengas, que determinada vengo a morir, o a que conozcas, que en vano, contra el honesto desdén de mi resistencia, las violencias se opusieron, que ha sido mi fe constante, y que firme roca al viento, burlo de vanas lisonjas, finezas, y rendimientos, que soy tuya. No prosigas: Quién se vio en mayor empeño! . confieso, divina Blanca, que alma, y vida, y ser te debo, y que el Duque con engaño te robó; que a sus festejos fuiste endurecido escollo, y que al rosicler honesto de tu beldad, los desdenes fueron espinas, y arqueros, que de tu ilustre decoro el dominio defendieron: Yo lo vi, y lo escuché, y aunque no lo viera, es cierto, que de tu atención fiara más heroicos desempeños: y sé también que tu mano honrará la mía, siendo venturoso mi destino; pero no hablemos en esto ahora, que asegurar tu hermosura, es lo primero, sin que se exponga al peligro, porque no puedan los celos de mi enemigo atreverse a conquistar tus desprecios. No hay temor que me acobarde. Tu defensa: mas qué es esto? Señor, el de Memoransí, con su ejército volviendo más poderoso que nunca, ha vuelto a ocupar los puestos con tanta ventaja, que por imposible tenemos el dejar de ser vencidos, pues en número excediendo de gente, y poder. Detente: Pues como en tan breve tiempo pudo juntar sus escuadras, si derrotado, y deshecho se retiró? Vuelve el rostro, y verás su campo lleno de nuevas haces. Qué importa, lleguen todas, que aquí espero, pues quien nunca me ha vencido, me vencerá ahora menos. Y tu Blanca, pues no ignoras, que es deuda de mi respeto, para cumplir con quien soy, ponerte en salvo primero; al instante, de los míos en un caballo ligero te retira, que de escolta te irá una tropa siguiendo, hasta dejarte en seguro; que después de aqueste encuentro te buscaré victorioso. Si he de dejarte en el riesgo, rigurosa ley me impones. No hay que replicarme en esto: Esto ha de ser, Blanca mía, que si una vez, sin saberlo, tu vida estuvo en peligro, yo haré que esté de él tan lejos, que solo por la noticia llegue a tu oído el saceso. Si es fineza obedecerte, esta más añadir quiero a tu amor: aDios Astolfo. Guarden tu vida los Cielos. Julio, no te apartes nunca de Blanca. Yo voy muriendo: Montañas de Francia incultas, recibid en vuestro centro a una infeliz. Toca al arma, Memoransí, cuerpo a cuerpo, para que pruebes mis iras en la campaña te espero: llega solo como noble, si quieres lograr tu intento. Matadle. Aguardad, Soldados, ninguno mueva el acero, y pues Astolfo está solo, yo sin ventaja peleo, y sobro para matarle, pues me acompañan mis celos. Mal podrás de mi librarte, si no te sepulta el centro de la tierra. De mis iras será tu vida escarmiento: Ninguno ha de quedar vivo ya de los campos opuestos, pues mientras los dos reñimos, también han de hacer lo mismo. Sea común la venganza, pues se hizo público el duelo. Tened los filos, y en mí ejecutad, Caballeros, la venganza, antes que pase vuestro enojo a más sangriento estrago. Cielos, qué miro! Qué nuevo extraño respeto su presencia me ha causado, que me ha dejado suspenso! Príncipes, que al mundo solo vivís para dar ejemplo, qué pasión tirana os ciega? Qué rencor os turba el pecho? Yo doy, que entrambos iguales tengáis razón; será bueno, que por un capricho vano se aventure todo un Reino? Contra vosotros airado el Ínclito Luis Onceno junta su poder, mas yo, templando el áspero ceño de su furor, orden traigo de haceros amigos, siendo la paz de Dios medianera, que os revoque los intentos: Vos remitid la venganza; y vos no queráis violento reducir un albedrío, que nació libre, advirtiendo, que si os perdonáis, tendréis siempre favorable el Cielo, pues siempre halla a Dios piadoso, quien le teme justiciero. Cielos, que extraña mudanza . hace su voz en mi pecho, que ya el rencor, no es rencor en mí, si no blando afecto! Que nuevo ser en el alma sus palabras me infundieron, que de toda la venganza se me ha templado el incendio! No me respondéis? Yo digo, Franciseo, que doy por hecho lo que aconsejáis piadoso. Y vos, qué decís? . Lo misme. Pues daos las manos. Si damos. Pero advirtiendo primero, que se la daréis a Blanca, después que estéis satisfecho de su honor. . Ya yo lo estoy. Pues este punto dejemos, y besad la manó al Rey, que con los brazos abiertos os espera en su Palacio; y también firme en los vuestros la paz. De nuestra amistad serán lazos verdaderos. Adiós Francisco. Adiós Padre. A entrambos os guarde el Cielo. Ya, Señor de Cielo, y Tierra, se llega el día postrero de mi vida: ya la hora llegó, con que debe el cuerpo dar el tributo a la tierra: Sobre aquestas pajas quiero recnarme, y dar a Dios gracias, por bien tan supremo, pues adonde nació Cristo, muere Francisco contento. Y vos Aurora Divina, Madre del Divino Verbo, Rocío de la mañana, Blanca Rosa, Lirio ameno, Iris de paz, Ave mansa, Fuente pura, claro Espejo, y amparo de pecadores, a vuestra piedad apelo, 1. Francisco, Dios Soberano, la devoción conociendo, que con su Madre has tenido, y que siempre este misterio de la Soledad amaste, quiere, para tu consuelo, decirte, como en los siglos futuros, en un Convento de los tuyos, ha de estar un Retrato verdadero, que hará dichosa la Corte del Mayor Monarca Ibero, adonde ha de hallar España refugio, amparo, y remedio. 2. Vuelve los ojos, y mira de su Imagen el bosquejo, que en todo trance asegura la Victoria, y Buen Suceso, Cómo vuestros los favores son, Emperatriz del Cielo: En vuestras manos, Señora, mi espíritu os encomiendo. s Las campañas de Paris se han tocado, qué es aquesto? Gran portento; mas qué miro! Francisco en la tierra muerto! Beprimir no puedo el llanto: Mi amigo el más verdadero tú en el suelo, yo en brocado; allí no estaba mi lecho, en qué pudieras morir? mas tanto bien no merezco; y así, en lugar más sagrado te labraré monumento, Murió como un pajarito; y como tal se fue al Cielo. Dad la mano a Astolfo, Blanca, para que cesen con eso los bandos, y enemistades. La mano, y vida le debo: esposa, llega a mis brazos. Eso es lo que solo espero, Y aquí, discreto Senado, la vida, muerte, y sucesos de San Francisco de Paula dan fin, perdonad mis hierros