Texto digital

Texto digital de El discreto porfiado

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Juan Bautista Villegas
Atribución estilometría
Juan Bautista Villegas Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El discreto porfiado. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/discreto-porfiado-el.

Logo BICUVE

EL DISCRETO PORFIADO

JORNADA PRIMERA

Al fin que ya tienes celos. No puede encubrirse amor, que en el más cuerdo val or ya es de brasas, ya es de hielos, Ángela me quiere bien, ya no se puede encubrir Mas debiera yo sentir de mi Hipólita el desdén, que vos el haber sabido, Don Pedro lo que ha pasado, pues con déjaros casado remedio el daño que ha habido. Mas yo que a Hipolira quiero que remedio puedo hallar entre el temer y dudar si adorando desespero. El tiempo todo lo allana que es el maestro mejor lo que ahora es dar favor será esperanza mañana. Buen consuelo. Así lo siento, pues lo asegura mi amor. No es dislustrar su valor sino asegurar mi intento. Como estáis en posesión no sentís el daño ajeno, mas con todo no condeno por injusta mi pasión, Pues que con tan noble acción a Hipolita el alma ofrezco, que las penas que padezco me sirven de obligación. Brava fineza. Es debida a su divina belleza, a su valor y nobleza. Hermosa y bien entendida Rendirá la voluntad, más rebelde una mujer, y más si acierta a tener mucho seso, y poca edad. Que si encubre con engaños la edad, es cosa segura atribuir la cordura a la experiencia y los años. Las dos hermanas son bellas, y nobles, su hermano es arrojado, si cortes, y honrado, mira por ellas, y pues que sabe tu honor hará vuestro casamiento. No fue ofenderla mi intento en disustrar su valor. Es cosa llana respetarle por su hermana a quien quiero por mujer. Señor o Juan, si es posible colérico reportarme cuando la razón me obliga, y las causas son bastantes, entre enojos y con celos diré lo mal que lo hacen los que como vos se atreven a locuras semejantes. Ya sospecho que sabéis la nobleza de mi sangre, y que con ella heredé de mis ya difuntos padres el cuidado de guardar dos mujeres, que es más fácil, defender sin munición una fortaleza en Flandes, pues nadie guardar las puede si ellas no quieren guardarse, que a la sombra del temor ejecutan libertades, pero rondarla de noche alborotando la calle, es cosa, que por lo menos por fuerza ha de murmurarse. Sed más cuerdo, o vive Dios que las locas necedades castigue con este acero nunca en mi mano cobarde. Mucho Don Pedro he sentido ver de razón tan ajena vuestra queja, dando pena a lo que culpa no ha sido, no niego que soy querido, puesto que el que es confiado por necio esta reputado, porque a los que nobles son debe la satisfacción confianza en el cuidado al mucho amor que he tenido, y al crédito que le dan debo extremos de galán, y luego fe de marido. Si músicas han oído los de vuestra casa, vean estas bodas, que desean dos almas libres de engaños, y desmientan desengaños, lo que las malicias crean no ha sido amorosa muestra. en mi amorosa verdad, conocer su voluntad antes de saber la vuestra, que si en la fe de la nuestra amor se ha de conservar, porque se ha de examinar. Si para este casamiento ponéis el consentimiento, y nosotros el penar, ved si satisfecho estáis en iguales ocasiones. Antes con esas razones mas mi cólera aumentáis. de manera, que buscáis mujer, que os haya querido, y que antes libre haya sido, que esa propia libertad. trueca la seguridad en temores de marido. No son aquesas razones. de hombre cuerdo. Esto consientes, cuando defender me intentes, mis intentos descompones. Yo no doy satisfacciones aquí, en el campo las pida, el que con alma atrevida procure saber quien soy. No ves Don Pedro, que doy golpes en mi propia vida, cerrome amor los oídos, y no escucho tus agravios cuando de él sí de tus labios penden los otros sentidos. Sí, pero a los bien nacidos se trata de otra manera. Lo que dije. Considera, que mi amorosa pasión antes de la ejecución largos términos espera, yo no me ofendo, y te ofendes! Palabras son excusadas. adonde hay campo y espadas. Muy a lo antiguo pretendes, pienso si no te defiendes que se ensoberbezca más, que en el cobarde verás si le replican después, que saca como los pies siempre palabras atrás. Ya de Hipólita te olvidas. Huyo el rostro a las deshoras, porque deben ser las honras mas que las damas queridas. A lenguas tan atrevidas, ansi respondo. Qué es esto, ténganse, Que descompuesto, Señor Don Pedro, qué ha sido? Enojo, y mal prevenido. Al peligro estoy dispuesto, vive Dios que no ha de ser su marido eternamente. (tente, No hay quien vuestro agravio in ninguno os quiere ofender. Amigos habéis de ser. Por ahora me dejad, que vive el cielo. Callad. Provar mi razón quisiera. Tira más flechas, espera a las dos por la hermandad. Qué es esto? Cóleras locas sin razón ejecutadas. Muchas hay precipitadas, y consideradas pocas. Y ahora que amparo invocas. Ángela me le ha de dar, esta noche la he de hablar. Remitir al ordinario un recipe de Vicario, Ángel es, sepa volar. Dias ha, ya que le espero. Mas ha de seis que esperaba un mozo, que no llegaba, que tarda mucho el dinero, es socorro, y el de España siempre con muletas va, que el estar en Alcala, es como estar en campaña. Y llegó el dinero en fin? Y le tendrá en tu poder puercos venimos a ser, y tu nuestro san Martín. Tan interesable soy Brunete? No digo tal, San Martín fue liberal, su nombre Beatriz te doy en su capa, considera. Ya la malicia imagino. Oh tómalo por el vino que los sentidos altera, pues Don Carlos mi señor los ha perdido por ti, y solo estudiar le vi el arte, amandí. El favor de tus lisonjas estimo. A solene locarrona, no estima la tomajona de promisión el reaimo, que al fin es de promisión, y la posesión procura. Vendrá presto? Eso asegura, su deseo y afición, estas bacaciones quiere tener en Madrid por ti. Por alguna dama di en cuyas ausencias muere, que yo no soy tan dichosa. Para que sirve el fingir, como se que he de morir sabes tú que eres hermosa. Esa disimulandera con un boquirubio amiga, de algodonada barriga, y no cerrada mollera. Que aunque no muy negro, puedo decir, que he subido ya a Obispillo de Alcala, de Chorizo de Toledo. Contigo me entierren, Vete tú sola por vida mía, y no busques compañía. Socarrón eres Brunete. Dos faltas tengo no más, que es esa, y la del dinero, voy hablar al carretero. Qué trae? Luego lo verás. Qué regalos hay hallá? Solo hay vino moscatel, que hablan los mudos con él, mas de un amigo podrá darte de el nuevas bastantes. Yo vino! Bien afe mía, Venus sin vaco se enfría, de beberlo no te espantes, yo se bien que es de lo fino, y de vuestros pareceres, porque las bellas mujeres habéis de ser como el vino. Por qué? Porque el vino tiene buen sabor, color, y olor, y a la mujer el sabor color, y olor, le conviene, voy a ver donde ha dejado (. la ropa. Quién llama, espera. Hemos de tener gatera, o zaurda de tejado, vive Cristo que es de casa, que llama recio. Abre aquí. Don Pedro, triste de mí. Quién es. Mi primo. Esto pasa, es colerico. Si afe. No aguarda razón. No aguarda. Pega luego. Poco tarda. Libera nos Domine. Escóndete, y habla quedo de tras de este tafetan. Un primo enjerto en galán tira a la ley de Toledo, tafetan, cosa delgada, pon aquesta silla aquí tendré más defensa ansí, No temas. No temo nada. Resuella quedo. Eso quiero, pero a temor me provoca, ver que si tapo la boca hay otro respiradero. Aquí la severidad importa. Cuando tardaron tanto en abrir, que mostraron descuido en tu voluntad de ver que estas puertas son tan duras, casi imagino. Oh pariente Saturnino, ciégale tu San Antón. Tu tardanza el alma altera, y así la puerta tenía cerrada, que no quería que el día, ni el Sol me viera, Ay tal. Triste vienes, ay de mí, celos me das. Este sí que es primo, y primo carnal. Ya de tu hielo me espanto, y imagino que me dejes. No es justo que te quejes viendo que te estimo tanto, siéntate, porque te diga lo que ha pasado. Si haré, olvida el enojo. Ayme, él me estruja la barriga. Con quien el enojo ha sí Con Don Juan que libre pasa a que piensen de mi casa menos honor, que ha tenido, pues pretende confiado, y con advertencia poca. Eso a enojarte provoca el amoroso cuidado no guarda razón ni ley Lo que rempuja la silla, yo salgo hecho torrilla Domine memento meí. Vive Dios que si no fuera porque justicia llegó, y mi cólera atajó. Oh cruel, o silla fiera, apártale. Es maravilla. Memento homo. Qué locura. Aquí eres cabalgadura, pues que te mata la silla. Por vida. Ay de mí. Quién es? No es nadie, yo señor primo. Mucho el desengaño estimo en el engaño que ves. Oiga busted, yo venía, porque su quietud procuro a hacer cierto conjuro a un duende que en casa había, y ansí le andaba a buscar por de tras del paramento, Mi cólera va en aumento, vos me queréis engañar vive Dios. Sor primo honrado, de daga y espada apelo, no tenga busted recelo clo. que por su bien he venido, y ansí de su silla he sido custodio, amparo, y arrimo la mágica que aprendí me ha traido por el viento de tras de su mismo asiento. Él hace burla de mí echo mi cólera el resto. Ténete manus. Amigo. Déjame, pues fui testigo de tu libertad. Qué es eso, vuesamerced se reporte. Porque estoy aquí, esto pasa, pues bien no es aquesta casa venta de las de la Corte, no es tan bueno mi dinero como el del Sosí. Bergante, vos estando yo delante habláis. Soy un majadero. Menos fue su libertad, que el entrar vos sin llamar. Vi abierta de par en par la puerta, y la voluntad, no se que sea esta casa vedado, bosque de amor, porque cualquier cazador tira, aunque con basa rasa. Es el salir, y el entrar camino tan pasajero, que imaginé caballero que todeaba en llamar fuera de que ya sabia que estaba aquí mi criado, que a estar de vos avisado. tunigra mas cortesía, está is, ya me quie otro día volveré. Y hoy nos ahorra Buste parte de nuestro dinero. En vez de satisfacer, mas mi cólera aumentáis, pues cuando decís que os vais decís que habéis de volver. El proceder arrogante que ese descuido causó. mas que el traje me mostró, que sois al fin Estudiante. Si os culpo el haber entrado, disculpa no viene a ser, decir que habéis de volver, sino aumentar mi cuidado, Por siglo tiene una hora el que espera, y pues lo es, si hemos de reñir después más vale reñir ahora. Muy determinado estáis. Colérico sois por Dios. Y muy flemático vos, quiero que culpa tengáis de todo, y por eso espero a que me deis ocasión, porque riña mi razón con vuestro yerro y acero para poder defender, puerta a ninguno cerrada, no basta solo una espada Gigantes son menester. Soy Estudiante, y podría por lo que la se cursar, leer en cualquier lugar Catedra de cortesía, Esta os ruego que tengáis, o que si no la tenéis la cólera ejecutéis en parte que no ofendáis. Con acciones atrevidas de esta casa la virtud, pues pagará su inquietud el daño de las heridas. Adiós, que os que déis os pido, y si a caso me seguis, os advierto que reñís con la razón que he tenido. Esto sufro. Tente. Deja, que tome satisfacción. A la boca del León se va la perdida oveja. Mete paz. En eso dudas, mas si no amansa el desgarro con el beso de un guijarro le he de dar la paz de Judas. Esto con él me ha pasado. Que notable condición. Pero mi mucha afición dejó su error disculpado, en el tu retrato via, y al tiempo que me injuriaba el honor me provoca, y el amor me detenía. Don Juan, si tu pensamiento es de entregarme tu mano, el enojo de mi hermano, no ha de ser impedimento. Mira el amor que me abrasa, pues cuando está más airado lugar de que entres te he dado en mi cuarto, y en su casa. Aquí encubierto estarás, aunque venga, y trataremos como aplacar le podremos. No puedo deberte más, que más bien Ángela mía que verme tras los enojos en el cielo de tus ojos para que no falte el día. Bustos. . Señora. Llevad seguro de esta verdad, a Don Juan a mi aposento que no quiero que mi hermana le vea. Servir te quiero. Allí con tu vista espero la aurora más soberana dulce fin de mi tormento. Basta Don Juan, bien esta. Venga vuesarce, y será figura de un paramento. Fuerte determinación, pero son hierros dorados las de amorosos cuidados milagros de la afición. Hoy Don Juan darte procuro dichosa seguridad, pues de tu amante verdad tengo el pecho tan seguro, Mi hermana viene. Qué hacías Ángesa, ver te deseo, pues en tu hermosura veo el Sol, padre de los días. Buena está tu adulación. lamas lo fue la verdad el amor de la hermandad. es causa de esa pasión. Atí si que se te debe la alabanza que me das, pues no vio el tiempo jamás tanto nácar entre nieve como en tu rostro, Dejemos esas burlas por mi amor, pues en todo eres mayor. Que hay de amor. Varios extremos, Don Juan suspira y padece, que hay de su fe. Qué porfía. Necedad. Por vida mía que justa paga merece. Luego ya le quieres bien. No, más juzgo por rigor, que tan excesivo amor pague con tanto desdén. Qué lástima le has tenido. No es de nobles la crueldad. Pues en habiendo piedad, no hay más, todo va perdido. Y que bien perdido está, ay mi bien, hay Don Juan mío, en vano negar porfío, muerome por verle ya. Qué dices? Que me retiro con tu licencia. Haces bien. Soy mujer, y quiero bien. De ningún riesgo me admiro libre de importuno amor, . vivo segura y contenta, ni la esperanza me alienta ni acobarda el disfavor, En las aras del honor mi voluntad sacrifico; solo a su quietud me aplico, que no hay bien que no le sobre al que de cuidados pobre goza regalos de rico. Yo triste, yo cuidadosa para que un tirano dueño de noche defraude al sueño la seguridad gustosa, si es pasión el ser hermosa la inquietud, quien no lo fuere mayores gustos espere, Mas qué es esto? No os turbéis, y amparad pues que podéis a quien vuestro amparo quiere. Pues bien, que buscáis aquí tan confuso, y tan turbado. Por Asilo, y por sagrado aquesta casa escogí discreto señora fui pues ser vos divina es cierto. Pues cómo ha sido? Un hombre he muerto, pienso, que aunque no me vieron, por el rastro me siguieron. Que estáis seguro os advierto, que esta casa es principal y nadie os buscará en ella. Teniendo guarda tan bella, y amparo tan celestial no hay que temer ningún mal. Fue cuistión. Luego sabréis el caso, como gusteis. A defenderos me allano mientras que viene mi hermano en quien amparo tendréis, que es honrado caballeto que sabrá volver por vos. Solamente de los dos mi seguridad espero, de vuestra belleza infiero que me dará libertad para prenderme. Callad. . Qué belleza. Gente viene entrad en ese aposento, y en mi palabra fiad que yo os la doy de guardaros. Mirad lo que prometéis. No quiero que me agraviéis cuando yo pienso obligaros. En vuestros luceros claros No hay de que temeros. Ya entre sucesos tan fieros el alma absorta desea que la justicia me vea. Para no dejar de veros aquí la reportación. Importa, y siempre importó, si en su misma casa entró él se vino a la prisión. Qué buscáis? La discreción en un dolor, que es tan cierro, importa, sabed que han muerto a vuestro hermano. Ay de mí. En el propio golfo di pensando llegar al puerto, ay cielos yo soy perdido. El alma en furor se abrasa. Dicen que entró en esta casa el que le quitó la vida. Aquí será bien que pida consejo, si alguno alcanza el juicio en esta mudanza a quien seguira el honor de mi palabra el valor, o al gusto de la venganza será justo que se escriba, cuando al homicida de que a mi palabra falté solo por ser vengativa, que desdicha más esquiva, que más pena, que tristeza, pues en la duda que empieza ofender, es caso llano, o al amor del muerto hermano, o a la fe de mi nobleza, pero venza el ser quien soy para vengarme después, sabré su nombre, y quién es. Hh Scilla en Caribdis doy, cielos, en poder estoy de mis contrarios. Qué hacemos, toda la casa busquemos. Dónde vais tan alterados, no veis que son excusados los cuidadosos extremos. A estar aquí el agresor, que aún el pensarlo me altera quien mejor le descubriera, quien le entregara mejor aunque es tan grande el rigor que le voy a imaginar, tanto, que le voy hablar, mirad que nuevo accidente, pues que le tengo presente y no le puedo entregar. Paredes, ciertos testigos del valor que en mi notáis, con que piedad amparáis vuestros propios enemigos, hago a los cielos testigos, que pues son sus homicidas mis desdichas atrevidas, y aquí presentes están, yo se bien que brotarán fresca sangre las heridas. Presente tengo la espada que injusta muerte le dio, ya que en su nobleza no en mi desdicha afilada, ud os, pues no busquéis nada, pues a mis manos vendrá de quien castigo tendrá, que como mi pena es mucha, mis amenazas escucha adonde quiera que esta. Engañados hemos sido, sin duda que fue malicia. No temas, si es la justicia Don Juan, tú eres mi marido, no es bien que estés escondido, que el no haber delito, es llano, pues te doy palabra y mano. Cómo es esto? Estoy dudoso. Mi casamiento dichoso no podrá impedir tu hermano. Bien dices, pues tú le has muerto Al fin verdad nos dijeron. Las palabras que hoy tuvieron hacen el delito cierto. De que es mi esposo os advierto. Antes pagara su vida malicia tan conocida. Cielos, nueva confusión, pues le prenden sin razón, y libro yo al homicida, pero pues no está culpado, la libertad esta cierta. Eso dices, yo estoy muerta. Confuso estoy y turbado, ved que os habéis engañado. Tus pasos sigo afligida. Eres en todo atrevida. Qué confusiones. Qué enojos. Ay hermano de mis ojos. Ay esposo de mi vida. Turbado y confuso salgo que bese el suelo permite adonde toca tu sombra, adonde los pies pusiste. Ya el puñal, brasas, y estoque de las memorias, se olviden, pues por cumplir tu palabra a tu mismo ser venciste. Si a la venganza mujer la pintaron los Gentiles, no es milagro que lo seas, y que no la solicites: vive Dios que si no fuera por pensar que he de servirte, mas viviendo, que muriendo me diera fin infelice la punta de aquesta daga; porque en calientes Rubies pagara el daño mi pecho del agravio que te hice. Ese llanto de tus ojos mas me atormenta y aflige, que la justicia podrá cuando el suceso averigue, yo soy, escucha señora de illustre, y de noble origen caballero de Toledo adonde mis padres viven, Estudiaba en Alcala, Universidad insigne, travesuras más que letras camino que muchos siguen, ansí aquestas bacaciones tener en la Corte quise, piélago donde no faltan fieras Escollos y Sirtes. Hoy llegué a ver una dama de las hermosas, y libres, que con pesadumbres pagan lo que por costumbre piden, hallé a tu hermano en su casa, que enojado me recibe con palabras afrentosas que apenas pude sufrirle. Al campo salió tras mí adonde el acero esgrime culpándome de cobarde, y el que lo es más, se resiste, haberte visto primero, y a echar de ver, que tuviste sangre suya, vive el cielo, adonde tus ojos viven, que huyera, aunque afrentara raros blasones, y timbres de mis acendentes nobles de recordación felice. Y aún pienso que en profecia el alma provó a decirle que dejase de ofenderme hecha un amoroso lince. Su hierro animó mi acero para que pudiese abrirle puerta al alma, porque el muera, y yo viviendo peligre, amparásteme en tu casa, y el gran valor que tuviste, y tu belleza causaron que en ti el alma deposite. Ya es hecho, no pude más, y al fin si noble naciste, yo lo soy, y darte quiero si del enojo desistes por la vida de tu hermano la que tengo, escucha, admite mi deseo, que un Don Carlos de Guzman tu mano pide. Donde a pesar de tu ofensa regalos míos alivien, del difunto las memorias que rubias estrellas pise. No pases más adelante, oh traidor, pues te atreviste tras de quitarme mi amparo a ser en mi honor tan libre, mas esas palabras pienso que la muerte que le diste pues es tenerme por fácil pensar luego persuadirme mi palabra, y mi nobleza aunque parece imposible hicieron que te librase, y mis pasiones limite. Mas si ahora te defiendo apenas veré que mides desde esta casa a la calle, pasos que ya luto visten cuando para que te prendan, luego a la justicia avise que es fácil, pues que tu nombre, y quien eres me dijiste, no pienses que han de valerte los embelecos que finges, que no es amor, si no miedo el que a mis plantas te rinde, con ofensas me pretendes con los agravios me sirves, quien fuera para acabarte, otra cautelosa Esfinge. Yo esposa del que a mi hermano dio la muerte, yo apacible, esto sufro, esto consiento, tente, no te precipites. Ves ese furor que muestras esa cólera que vistes de lirio tus bellos labios a quien la púrpura envidie, Pues de una cosa te advierto, que a tu amor has de admitirme, y que has de quererme bien aunque no quieras. Tal dices, porque tengo de quererte cuando, o en que me serviste. Si quieres saber porque, oye, y no te encolerices, eres noble? Noble soy. Bien lo mostró el encubrirme, pues forzoso es que agradezcas, que la nobleza consiste en el agradecimiento, yo a pesar del tiempo firme he de obligarte de forma, que me adores y te olvides. Si eres noble, y yo te sirvo, es forzoso que te inclines a agradecer, y el amor al agradecer se sigue. Hombre, estas loco? De amor, el Sol la nieve derrite, aunque el hielo de la noche su dureza multiplique la industria los altos montes convierte en llanos humildes, y hace que el Elefante sus propios dientes se quite, El agua ablanda la peña, aunque dura se resiste el León más arrogante. Al fin se amansa, y se rinde más furioso el mar se muestra cuando de espuma y salitre ricos encajes de nieve hace a sus montes movibles, y entonces el roto leño sabe al puerto conducirle. El discreto Marinero sin que el peligro le admire, pues Peñasco, Mar, León, hoy mi industria se apercibe para vencer porfiando esa dureza invencible. Primero verás que el cielo de sus polos se desquicie, que el de hierbas se componga, y la tierra Estrellas crie que en los aires hagan nido, los peces adonde habiten, y que las aves las aguas con las alas acuchillen, que diga verdad quien juega, que bien haga quien mal dice; que pueda quererte yo, (bras ni deje de persiguirte. Pues no es bien que enlas pala ni tu estrives, ni yo fíe mi porfía y tu rigor, a las obras se remiten, porfiando he de vencerte. Será necio el que porfíe. Si porfío como necio seré discreto en servirte.

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda Que no quieres huir. Bueno sería, librar el cuerpo, y cautivar el alma. Ahora amor, hermosa bobería. Si Brunete, yo vi. Lo que yo veo es, que corte peligro si te pescan. Mayor peligro corre si me ausento. Eso dices? Yo digo lo que siento tanto valor en tanta hermosura que vida dejara, libre y segura huyendo del rigor de la justicia entré en su casa, y amparome en ella a pesar del dolor de su desgracia. Quiero poner en cobro nuestra ropa, que a esta posada la he traido, y temo que en puribus nos deja. No te alteres, yo se lo que he de hacer. Perder te quieres? Si cumple lo que dijo, esta es la hora que anda ya la justicia en busca mía. Piensas que ha de valer la valentía, quieres te resistir. Con invenciones. Si es tu gusto, y el riesgo en que me pones. Verás del cielo en sus divinos ojos, dos soles, cuyos rayos, aunque negros, almas abrasan, pues la boca calla. De que ha de ser, cuando alabarla intentes, será de carne llena de unos dientes, que si no se los limpian, crian toba. Pues en la discreción. Será una boba, tú estas determinado, ya conoces mi industria, y que Alcala me dio la Borla del más sólemne picaron que tienen, pues llevé de agua la mitad de un cuero, y haciendo que le viese el tabernero, por el precio después desavenidos en Mezclilla cobró midiendo el mismo, purificado no, si con bautismo, hícelo en tres tabernas, y con esto quiso el señor sin ser Articheclino volver el agua de mi cuero en vino. De estas he hecho ocho mil, ya dupabilo al ingenio, y al arte doy un filo en la necesidad, que es la maestra, que sin estudio mil embustes muestra, Adónde está mi ropa? En esta sala, y como solo a festejar venías, y a lucir en la Corte por tu gala traje lo más bizarro que tenías, Hoy he de ver Brunete a la que adoro, y ella esas galas, porque de ellas sepa, que rico, y noble soy. De qué manera? Ahora lo verás aquí me espera. ase yo enla pelota no sois criado? VIDIOrA Pues no, prió, Que no me halla. porque mandó Don Carlos que vimera a buscarle posada, gente siento, si la justicia es, yo soy perdido, esta ha de ser la posada, donde su ropa trujeron si las señas no mintieron. Ánimo, que todo es nada. Téngase al Rey. Quién aquí a caído, o tropezado. Sin duda que es su criado. Y bien criado nací. De Don Carlos de Guzman, en su casa me eno; en Toledo lo dirán perdone Dios a su agüelo, que aunque no lo conocí grandes virtudes oí de su noble y santo celo; pues su águela fue una santa, sus padres ejemplos son de virtud y discreción. No os pedimos cuenta tanta, Yo la doy sin que la pidan, que ha hacerlo estoy obligado en ley de siervo y honrado, Pues díganos por su vida a donde tiene la ropa. En este aposento está. En depósito estará mientras al dueño se topa, y él en la cárcel. Tacite, cómo es eso de prisión y embargo, gentil poltrón. Esto ha de ser. Quite, quite bárbaro prenderme a mí que matriculado estoy, porque? porqué? por quien soy pienso que estoy bien aquí. Don Carlos le dio la muerte a un Caballero esta tarde. Qué dislate, Dios me guarde, para prisión es muy fuerte, vayan no, flores conmigo. De palabras excusemos, y quien la lleve busquemos. Yo estoy aquí. Pues amigo cargad aquele vaul. Gentil desatino empieza, rompérele la cabeza por las barbas de Saul, picaron, por san Crispin que os de mil palos. . Yo soy. Por conocerte te doy, no quede ni aún escarpín. Quedo pícaro, esto pasa? Mira en lo que me has metido. Ténganle bien. Ya está asido. Viose dicha más escasa, ay Don Carlos desdichado esto en Madrid te esperaba. No te detengas, acaba. Por Dios que el cofre es pesado, con él a la puerta espero. Hijo mirad no caigáis ya que su ropa os lleváis. Venid vos presto. No quiero, que aunque a la muerte en rigor, no hay en mi disculpa un rasgo, no pague dice Pelasgo el siervo por el señor. No he de entrar en esos cuentos como Marubio lo entima, Leicodigo parte prima, solio tres mil y quinientos. Hermosas bachillerias. Tráteme bien, pero quiero tomar la capa y sombrero. Vaya, y basten las porfías, que el hablar no es de importancia, al punto vuelva a salir. Ojos que me vieron ir, no me verán más en Francia. . Cuanto diera por prender este Don Garlos. Será cierto aquí, o en Alcala. Diligencias se han de hacer en Toledo donde tiene sus padres Acabe pues señor Hidalgo. No es flema que le detiene, que es miedo de la prisión. No ha sido la industria boba, por la puerta del alcoba se ha salido el picaron: Acuda a la de la calle donde con el cofre está ese hombre, que él nos dirá por donde fue. No hay buscarle, ni cofre, ni ganapan, ni Estudiante hay por aquí. Qué dice, venga tras mí sabremos por donde van. Él ha sido hermoso ardid. Hl Hállanse fácilmente. Para cualquier delincuente no hay bosque como Madrid. . Porque os disgusto, que ahora que vuestro hermano ha faltado venga a saber mi cuidado, que habéis menester señora, esperad, no os enojéis, que solo vengo a serviros. Porque mi pena, y suspiros, mas Don Albaro aumentéis, si cuando estaba contenta vuestro amor no agradecí, que cuando viéndome así pidir favores intenta, así os entráis en mi casa, pensáis que falta el honor de mi sangre y mi valor? Mas vuestro desdén me abrasa, que favor os he pidido, supuesto que está muy llano, que a falta del muerto hermano os guarde un noble marido. Yo lo soy tanto, aunque esclavo, vuestro querer ser pudiera, si loco no me tuviera la dulce prisión que alabo, por esta ocasión os pierdo entre las dudas que toco, que es bien que os guarde de un loco aunque en adoraros cuerdo, mas haga vuestra hermosura este milagro de amor, pues de vuestro disfavor ha nacido mi locura. No pienso que cobraréis el sentido eternamente. Hombre donde vas detente. Hermano no porfiéis este cofre me han mandado que traiga a esta casa. Pues. ya que no puedo quién es. Qué belleza, estoy turbado, ayude sor escudero. Bien pesa por vida mía. La Justicia este os envía, que es de cierto Caballero, que por una muerte huyó, y en vuestra casa ha mandado que quede depositado. Pues el dueño se libró, de que sirven los vestidos. No le abriremos, quiza algún dinerillo haurá. Que necios inadvertidos, allá dentro le poned, que pensamiento tan bajo. Que se pague mi trabajo suplico a vam. Pagadle, y idos los dos. Buena prenda en casa queda. Démelo en buena moneda, visitas, bueno por Dios. Hasta un real tengo de dallé. Celos el golpe tened, trujérale su merced por ese precio una calle, hoy enterrado su hermano tiene en su casa visitas. Que así mi muerte permitas. Tome aquí largue la mano. Quedo hablan, estás loco, quien los oyera, ha contado bien? Sí. Pues yo estoy cansado y quiero sentarme un poco. Regalado ganapan. Y que potrilla escudero. Aparta. La muerte espero. Mis males creciendo van. Es posible, que un hidalgo, que de tan galán se precia, y estima su valentía tanto como su nobleza. Tierno enamorado amante en esta ocasión me vea, ahora el perfecto amor era el hacer diligencias, para hallar a Don Carlos, y tomar la recompensa de la muerte de mi hermano en la sangre de sus venas. Pues no puede la Justicia hallarle aunque lo desea, quiza con esto obligaras a templanza mi aspereza, que no con palabras solas es bien que el noble pretenda, de suerte quedo corrida de que estés en mi presencia, que he de dejar a Madrid solo porque no me veas, mi tío está en Alcala el quiero que me defienda de tus pretensiones locas, Bustos buscad, con presteza un coche. Qué desengaño dichoso de mis sospechas, que ya que no soy querido basta que a ninguno quiera. Yo iré, no habéis descansado hermano? Tan poco pesa el cofrecillo? Qué hombrón tan flojo y de poca fuerza. Esos rigores injustos toda el alma me penetran, si es que la tengo después, que ser tu esclava confiesa, no huyas de mis porfías, que si te ofendo con ellas, pondré al deseo y al gusto prisiones en mi vergüenza, y pues gustas que a Don Carlos busque, descansa y no temas, que yo prometo vengarte aunque en la demanda muera, en Toledo están sus padres si fue a que le favorezcan, yo ire a Toledo a buscarle, y fuera donde se seca libia, en arenosa forma, móviles montes de arena, que envidiosos de las aguas ferman un golfo de tierra. Yo castigaré al cobarde porque después agradezcas el peligro en que me pongo. Ya la cólera revienta. Ahora si que me agradas. Yo haré que mal os parezca, o no seré yo Don Carlos. Moriré si tú te ausentas, no te vayas. . No es posible, que ya en Madrid me detenga, mi tío es rico, estimado, en Álcala con el queda, siguro mi honor en tanto que nuevo estado posea. Si la veo en Alcala todas mis dichas son ciertas. Si una vez de Madrid sale temo que a verla no vuelva, será forzoso impedirlo. Don Albaro a Dios te queda. La venganza te prometo. Esa esperanza me alegra. A Brunete quiero hablar que aquí le dejé a la puerta, para que con brevedad haga cierta diligencia. Si se que la propia vida hallar a Don Carlos cuesta, tengo de buscarle. Aguarde su merced. No me detengas. Calle que le quiero dar si es que me escucha unas nuevas de que se huelje en extremo, y de qué albricias me deba. Di pues, y el premio confía de mi valor y nobleza. Está tan apasionado, y tantos deseos muestra de vengar aquesta dama, que aunque la opinión se pierda, que de secreto he tenido he de remediar su pena, desea hablar a Don Carlos. Si sabes lo que desea un amante el agradar a la dama que festeja, excusada es la pregunta. Pues calle, y conmigo venga, que yo le pondré con él en parte oculta y secreta, y si los dos vamos juntos, no habrá desdicha que tema, que yo le sabre ayudar por lo menos con dos piedras sin que le yerre ninguna. Contigo ire si me llevas, donde lágrimas del alba convierta la aurora en perlas, o donde el sol con sus rayos, ni lumina, ni calienta la nieve de las montañas. Yo se que estara más cerca. Guía pues. . venga tras mí. Hoy castigo su soberbia. Veamos si con la espada se acredita vuestra lengua. . Libre ya de la prisión en que estuve Ángela bella de nuevo me vuelve a ella mi amor, y mi obligación. Conocida la verdad segura estaba tu vida. A tus gustos ofrecida, no busca la libertad, que prisión tan venturosa, da con la pena favor, tan extremo soy de amor mi bien como tú de hermosa. Don Juan si verdad han sido tus palabras, y ha llegado la ocasión que hemos buscado en que seas mi marido, que he sentido, caso es llano de mi hermano el fin violento, mas como fue impedimento de nuestra boda mi hermano, entre la pena ofrecida, luego el consuelo me advierte, que era forzoso su muerte para darme a mí la vida, Esa verdad. tuya soy. tu hermosa mano acredita. Que tan presto se permita en casa esta libertad, hay semejante locura. Calla, Hipólita está aquí. Qué importa, no manda en mí, sino amor que me asegura. Qué importa que mande amor donde respetar es justo, sin las locuras del gusto las corduras del honor. Perdile yo por casarme. Proceder con libertad desdora la honestidad. Amor sabrá disculparme, que es ciego, y no ve los daños. Si es ciego amor, no lo sean los que ven la sinrazón pues conocen sus engaños. Soberbia Hipolita estás como jamás has querido. Ni amor jamás he tenido, ni me obligara jamás a livianos pareceres. Pon a tus soberbias tasa, Jamás hay paz en la casa donde mandan dos mujeres, Hipolita hermosa advierte. No la des satisfacción. Por ser tu hermana es razón. De nuevo siento tu muerte, hermano hay tal libertad, hoy si puedo he de salir de Madrid, para no oír ofensas de mi verdad, Bustos, Bustos, Previno el coche. No se qué responda. Yo llegué en buen punto; y a buena hora, cual es Doña Hipolita de vuestedes? Qué buscáis, yo soy. Colérica estáis. Acabad. Escuchad pues, soy de Alcala, y he sabido que un Coche mandáis buscar en que salir del lugar, yo le tengo prevenido, que a vuestro tío le debo muy grandes obligaciones, y así en tales ocasiones. a satisfacer me atrevo; ved cuando queréis partir que a la puerta le tendréis. Luego buen hombre podéis el viaje prevenir que yo no pienso llevar sino sola una criada. . Señora? No importa nada la casa quedo a guardar, veré, vete con tu tío. A, quien el coche tuviera Que se altera, fíe del cuidado mío, el coche está aparejado. Pues luego partirme quiero. Válgate Dios por cochero. que demonio te ha llamado, hay tan breve prevención. Estimo vuestro cuidado, Soy diligente criado, adivino la intención. Conmigo ha de ir. Partir quiero. por el coche. Estáis cruel. No voy seguro con él. Por qué? Porque es echicero, quien le dijo que quería irse mi ama a Alcala. Un Cardillo. . Bien está, tiene don de Profecia? Oye hermano, punto en boca que volcaré hacia a su estribo, Si salgo del coche vivo, que no será azaña poca, un Bustos pongo en San Diego de cera. Voy a buscar a Don Albaro; por dar nuevas llamas a su fuego. Ve en buena hora, que yo espero mi gusto ciega y perdida. Ay hermana de mi vida loca por tu muerte muero. . Espera donde me llevas. donde de esta suerte vamos, que te alejas de Madrid, ya habemos salido al campo, ya la puerta de Alcala atras se queda, y llegamos a esta Cruz, que dos caminos nos enseña con los brazos, si en alguna cala de estas de placer está encertado el matador, es locura ir dos solos a buscarlo que hay gente que le desienda. La palabra no le he dado, de que lepondré con él a solas, que está dudando? No te entiendo. fíe de mí. Ahora no quiero cansarlo aquí enseñársele quiero. Ya me prevengo, y le aguardo. Más oiga por vida mía, ( . que ha de decirle en llegando a verse con él. . Qué ha sido cobarde, atrevido, y falso, en dar la muerte a traición a tan animoso Hidalgo. Paréceme que responde mientes, y que mete mano. qu . Hombre, que haces, detente. No puedo, que del ensayo hemos llegado a las verás, sin quitarnos del tablado vine conmigo, y advierte que está presente Don Carlos, tan solo, que su razón solamente tiene al lado. Yo soy el que dio la muerte a Don Pedro ejecutando un golpe en su noble pecho, para que yo sienta el daño cara a cara, cuerpo a cuerpo le di muerte, no buscando las espaldas temerosas que aquí lo muestro bien claro, Hipo ita aquíen el cielo para divino misagro el sol en sus ojos puso de más penetrantes rayos, me libró de la justicia, dejando tan obligado mi noble pecho, que amor tuvo entrada, y libre paso. Rendile el alma, pedise perdón, ya que no llorando porque la agua se secó, con el fuego en que me abraso, con palabras amorosas, y aunque se que le negaron, desuerte servirla espero resistiendo sus agravios, que por premio de mi pena merezca su blanca mano, a pesar de quien pretende como vos en bien tan alto. Para este efecto me puse el traje que veis que traigo, para verla, y para oir vuestro arrogante desgarro, que allí os respondiera luego, a no ver que temerario perderé lo que la industria va en mi bien solicitando. Aquí os saqué para ver, si como ofrecéis gallardo darme la muerte, sabéis con obras acreditaros. Pienso que mi atrevimiento os tiene mudo y turbado, pues así dejáis caen vuestras armas de las manos. Alcala para testigo de que los dos en el campo nos vemos, y quedo vivo, y vos más humilde y manso. A Alcala va la que adoro, lo mejor es consolaros, y olvidarla si es posible en un sirme enamorado. Y advertid que si os preguntan lo que nos pasó, habléis claro, y digáis verdades puras, porque en semejantes casos donde faltan los testigos al reves suelen contarlos. Quién quedó menos airoso, pues para testigo guardo esta daga, que perdistes, esta esperanza, que gano, amor que siempre me anime, industrias para escucharos deseos de vuestra muerte, celos que me estén llorando, y para todo ocasión, valor para sustentarlo. Hay semejante suceso, corrido estoy y afrentado, valiente mozo, yo anduve necio en procurar su daño, lo mejor será callar, pues no pienso que Don Carlos dirá a ninguno que fui tan corto, y tan desairado, muero de amor, y de celos a Alcala se va, que aguardo que no prevengo el remedio. En vuestra busca ha gran rato que ando. . Hallareisme sin vida. Qué ha habido? Un suceso extraño, que callar conviene ahora para informaros de espacio. Hipolita se ha partido a Alcala, que pudo tanto su honestidad, y haber visto la libertad con que entramos. en su casa. Lleva gente? Solamente dos criados, que ha sido tanta la prisa, que mis ruegos no bastaron. Don Juan yo quedo perdido si el camino no estorbamos, loco estoy, robarla quiero. De qué manera? . Llevando amigos que nos ayuden, y previniendo caballos, que en la Venta de Viveros será forzoso alcanzarlos, excusa el darme consejos. Si tanto te importa vamos, que aquesta vida te ofrezco, que debe el amigo honrado viendo resuelto al amigo, no aconsejar, y ayudarlo. La brevedad nos importa. Voy confuso, y admirado. A las alas postas presten deseos de mis cuidados, . Él sor palomino queda pagado, pero imagino, que trae el tal palomino su origen de esta alameda. Qué malicias. No son malas. Sin duda alguna lo sueña. Cuanto va que no me enseña una pluma de las alas de la Venta de Viveros. No sabe la siguidilla, no hay puerto seco en Castilla peor para pasajeros? Np camina? Reposar la comida quiero aquí. Coches llegan. . Para, ay, no la dejos enredar, mula de un valiente. . Quedo. Hermosa Dama ha salido. Sabe Dios que no he tenido en mi vida tanto miedo a este cochero adevino, tiemblo. . Salbe sor Ventero. No conozco a este cochero, novicio es de este camino. Hola saca esa almohada, aquí sentaros podéis, qué es lo que queréis comer? La tristeza es excusada. Lo que gusto os diere. Esta fuente te convida con su risa. . Estoy perdida. Guitárrita trae, espera que ha de haber baile, y bureo, para que aquesta señora se alegre. . Estoy ronco ahora. Y que lo están siempre creo los músicos por tener disculpa de cantar mal, Templad poco pesia tal. Salid al baile mujer. Quién baila? vos la primera. La carreteria. Que va. hoy en su bendito día. Bien se amaña la Ventera, Bien afe. llevanta Ines. Espuelas trae mi cuidado, pero no vendré cansado si a mi descanso llegué, aquí está mi dueño ingrato. Ya yo acabé de templar, de nos vuesarce lugar veremos bailar un rato. No hay harto campo. . Deseo tener dos gustos por Dios, y así me he llegado a vos, que veo bailar, y os veo. Presto acudió mi galán, no hay amor que mucho tarde. Sor cochero Dios le guarde. Si hará señor ganapan que su hacienda guarda. Teneos. Vaya. No tengo en que, todo es campo, buscaré por donde, y guarde la saya. Elo por doviene mi carretero, ay Jesús cuantas veces que voy, y vengo. (fuera. Van cosas nuevas que está vuelta esta copla de adentro a Venta de Viveros que bien pareces al que viene cansado pues para y bebe, Dale Ventero, desollados los gatos comoconejos. Dime que señas tiene tu enamorado, con cualquiera me entiende cuando le llamo. Háganse azaga los que buscan los gustos y no los pagan. Derríbola vive Dios, Llevantarla. Caso es llano, lindo hablar con un Cristiano. Advertid que hablo con vos. No soy Cristiano. Imagino, pues las obras lo mostraron, que el agua que nos echaron la guardastes para el vino. Mas comedido hablad. Cristo es Dios ladrón Ventero, Advertid que el cuadrillero, soy de la santa Hermandad. Ganaréis muchos perdones. Y bien, porque lo decís. Porque no, porque seráis, sino de hurtar con ladrones. Bueno está. No se alborote. Decir que está el vino aguado más pesadumbre me ha dado. Sois de Baco Sacerdote, mal sin probarlo se ve. Júzguenlo estos Caballeros. Los hurtos de los Venteros han de creerse por fe. Mejor es que lo veamos. Según desgraciado soy, digo que a probarlo voy. Yo quiero pagarlo. Vamos. Y vos no os vais a beber, ved que el baile se acabó. Esta sed que tengo yo solo se apaga con ver. Antojos podréis traer si es el ver vuestra bevida. Cómo a mi amor se los pida mitigará mis enojos, pues son tantos sus antojos que han de quitarme la vida. Alzad el rostro. Buscáis mi desdicha? Yo, porque. quién sois? . Quién soy os diré como vos me lo digáis. Nuevas sospechas me dais. Mirad si me conocéis. Ay cielos. . No os alteréis, si os da pesar mi porfía, pesar tendréis prenda mía hasta que muerte me deis. Ved si es notable mi amor con cuanta fuerza me abrasa, pues estuve en vuestra casa dispuesto a todo temor. Yo con astucia, y valor, con este humilde vestido llevé los míos, y he sido Ulises más animoso, por ver si para dichoso me basta ser atrevido. A Don Albaro escuché, conmigo al campo salio engañado, donde vio muestras de valor, y fe. Esta prenda le tomé, y al fin le he dado a entender, que no os ha de pretender callando dijo que sí, no me queráis vos a mí, mas nadie os ha de querer. Yo le mandé a mi criado que con el coche os trujera, donde más remedio espera mi porfía, y mi cuidado. Y si no habéis mitigado parte alguna del rigor, no desespera mi amor, buscad medios en mi ofensa, que cuanto es más la defensa, es la victoria mayor. De corrida, y enojada, no me atrevo a responder, invencible es la mujer cuando está determinada. Que al fin ser necio te agrada, que en iguales competencias, los casos, no diferencias, que busquen pasos perdidos, un cuerpo, sin los sentidos, un alma, sin las potencias, solamente me ha quedado la memoria de mi mal. Es atrevimiento igual propio de un enamorado. A buen tiempo hemos llegado, encúbrete en la alameda. Cómo es posible que pueda escucharte este Ventero, dijo que era cuadrillero, vengada mi injuria está, hoy he de hacerte prender. Servirte mi amor codicia. Aquí del cielo justicia. Si nos vio. . Bien puede ser. Pues ya no hay que suspender nuestro intento. Hoy me perdí. Justicia, mas ay de mí de nuevo engañada estoy. El que más te adora soy. Eso no, que estoy aquí. Muera. . Todos moriréis Sin duda pide favor por prender a mi señor. Qué es esto? Qué, no lo veis? Aquí haya santa hermandad? Perros la presa dejad. Ya nuestro daño recelo. Retiremonos. El cielo de mí ha tenido piedad. Sigámoslos. Yo me quedo a guardarte, y defenderte, que no he de temer la muerte mientras que servirte puedo. De este atrevimiento el miedo, que en mi corazón porfía, estima tu compañía. Por fin de mis penas fieras, o si con miedo estuvieras un siglo señora mía. Ya conozco que me quieres. Aún el riesgo no ha pasado, no te apartes de mi lado, razón es que más te alteres, desmáyate si pudieres. Basta el ver que me detienes. Amor mi gloria previenes. No pense hablar jamás tan mansa. Llégate más, o que poco miedo tienes. Carlos el honor te debo. Asienta aquesta partida, que si no pierdo la vida con las locuras que pruebo, verás que mi intento apruebo sin que ofenderte presuma, y cuando hagas la suma de la muerte desdichada confieses que está pagada. Hoy tu espada ha sido pluma Don Albato, y Don Juan son los que robarme quisieron. Mucho les debo pues dieron a mi ventura ocasión. Ya sosiega el corazón. No tan presto. Aparta. Tente, bien es que el temor aumente. Para temer es la tarde. No te tuve por cobarde, mas hay que eres muy valiente. Dejemos las burlas ya. En mí no las puede haber. Él no hacerte prender ahora, no bastará para paga. . Claro está. Pues así pagarte quiero, vete. . Déjame primero quejar a la cobardía del que a robarte venía, pues que se vio tan ligero, si a peso de tu temor mi ventura he de comprar, si te volviera a robar fuera mi suerte mayor, templose un poco el rigor. Ahora el caso me obliga a que injurias no te diga, o por justa recompensa, no sienta tanto mi ofensa, y algo menos te persiga. Ánimo que ya recelo, que esa templada pasión, es el primer escalón para subir a tu cielo, con tan divino consuelo nuevo fuego el alma enciende, y mi esperanza defiende con ánimos a osadía, que no es necia la porfía, que alcanza lo que pretende. Yo esperanzas no te doy. Yo me las quiero tomar, que en la tormenta del mar mi bien dando bordos voy, loco de contento estoy. Mira que vuelve la gente, que casi hasta la puente los enemigos siguieron, vete que no se vencieron agravios tan fácilmente. No me obligues a que airada prenderte de nuevo quiera, que soy mujer considera más cruel, más obligada. Eres tu noble y honrada, y das bastante señal de tu proeuder leal, y aunque furores te den, viendo que te hice bien, no tienes de hacerme mal. Mas con todo te obedezco, por ver si en lo sucedido, lo que no por atrevido, por obediente merezco, de nuevo el alma te ofrezco, a Dios señora. Repara, herido estás? . Cosa es clara tarde tus ojos lo vieron, no es buena señal mi bien el no mirarme a la cara, condición es de traidor. Vergüenza pudiera ser, pero aquí no he menester que se averigue mejor, no le tomes por favor, sino para atar la herida. Deja que albricias te pida al alma pues considera, que hoy levanta la bandera de una fiereza vencida. Atale bien. . Ya lo hago. Ve acurarte. . Eso procuro Qué aguardas? El ir seguro. Con no pretenderte te pago. Y yo así me satisfago. Avísame si es la herida peligrosa. Recevida por ti no lo puede ser, no empiezas a agradecer pues ya te doy por vencida?

JORNADA TERCERA

jornada tercera Don Carlos, qué enredo es este, dónde hos llevas así? No lo preguntes si es fuerza ayudarle hasta morir, guía por donde quisieres. Perdonadme si no os di luego de mi intento parte, pues fue forzoso venir a este lugar donde espero con una industria sutil, impedir un casamiento, y juntamente morir. Ya sabéis que adoro cielos a un cielo aquien ofendí, determinado por ello a padecer y sufrir. Que en vuestra casa encubierto como el criado más vil, veinte días he pasado, veinte siglos para mí. Buscando invenciones siempre para ver, y para oír, a pesar de sus rigores a mi hermoso serafin. Un día que fue a San Diego como ciego me vestí, y aguardando en su Capilla limosna llegué a pedir. Alargó la blanca mano viva afrenta del jazmín, y en puntas piramidales, cinco azucenas así, de su mano, y de la mía, hice de Euano, y marfil, tarácea aunque con lazos fáciles de dividir. Empecé a su mismo lado una oración, y pedí su gracia para mi gloria. con ingenioso matiz. Conociome fácilmente porque los ojos abrí, para verla siendo lince porque lo es amor en fin. Menos cruel que solía dijo Don Carlos aquí, libre estáis de la justicia pues a sagrado venís. Aunque yo quiera dar voces de poco pueden servir, pero con desengañaros mi venganza conseguí. Sabed que mi viejo tío que de su edad juvenil, los nobles bríos observa rinde mi altiva cerviz, al jugo del matrimonio, la paciencia prevenid, en lugar de las porfías discretas a que acudís. No con más furia despide la honda del Mallorquín, la piedra rompiendo al aire el no corpóreo vítil. No el cañón la bala escupe herido del polvorín, ni la flecha con más fuerza el arco corbo gentil, que su boca esta palabra entre perlas, y rubís, de sus labios, y sus dientes púrpura nieve y carmín, que de cual suele en el aire viendo el hambriento neblí. El ruiseñor amoroso, o la simple codorniz, prestome el dolor aliento con que humilde respondí, tus rigores dueño mío llegaron a su cenid, con quien te casa tu tío, no te lo sabre decir. Replicó que es tan secreto, que aún no se me dice a mí, se que mañana de noche, y sin gente ha de venir, que algunos estorbos tiene pues entra cubierto así, olvida Carlos tu pena. pues que tu suerte infeliz por la muerte de mi hermano pudo tu gusto impedir. Con esto se fue, y dejome cual suele el hielo sutil, arroyo entre hierbas verdes de delicada raiz. Como en la mar con la calma repentina el vergantín, que con las alas cortaba montes de nieve; y zafir. Pero después caló remos la industria porque advertí, que no es de pechos honrados dejarse luego morir. A Brunete mi criado despache luego a Madrid, y los dos hasta Torote de aquesta suerte venís. Doña Ángela hermana bella de la que adoro está allí, y sabrá quien es el novio y a que tiempo ha de salir. Avisáranos Brunete, y cuando llegue fingid, que sois ladrones mostrad, que a darle muerte salís. Saldre a defenderle yo, y en envistiendo os huid, que para lograr mi intento es obligarle mi fin. La noche nos da lugar, y estos olmos que al Abril viste, y Enares somenta entre juncos, y alelís. Después iréis con Brunete a su calle a quien le di, la instrucción en lo que dejo por ahora de decir. Si mi amistad os obliga, si en algún tiempo os serví, ahora podéis pagarme con este seguro ardid. Vuestra será mi hacienda, para serviros nací, agradecido, y amante, mirad si podré mentir. Don Carlos no es menester, que nos obligues de nuevo. Mayores finezas debo. Yo soy quien vengo a deber. Hárase al fin lo que ordenas. No será más acertado dar la muerte al desposado. No se remedian mis penas, que es forzoso el ausentarme, y con lo que he prevenido, este casamiento impido, y puede amor remediarme. La noche es buena. Detente, un hombre viene. Ellos son, la seña hago. El corazón nunca en tales cosas miente, Brunete. Señor yo soy. Eres el mejor criado del mundo. Y el más cansado, hecho pedazos estoy, aquí el desposado viene, en Torrejón le dejé. Y quién es? El nombre se, no la calidad que tiene, Doña Ángela se ha casado con un Don Juan, y vendrán mañana aquí. No verán la boda que han deseado. Este es Don Albaro, amigo del Don Juan. Ya se quién es, no es menester que me des más cuenta en el bien que sigo, que el venir tan encubierto, es porque de mí se encubre. Por eso el cielo descubre su intención, y su concierto. Es caballo blanco aquel? Sí. Pues manos a la labor, este es el novio. Los tres embestid con él así como pase el río. Quedarte escondido puedes de tras de aquestas paredes. . De vuestra industria me fío cielos en que han de parar, tantas máquinas, y entedos, amor si todo eres miedos, como sabes animar tanto la esperanza mía. Téngase digo. Esto es hecho. Ladrones. Pasadle el pecho. Cayó. . Matadle. Desuía. Si es que pedís el dinero, teneos. No hay quien no pida el dinero con la vida. Pues yo como Caballero pienso venderla. Aquí está quien le ayude todos mueran. Dejadloa pues que no esperan, y quedamos libres ya, o yo alomenos lo estoy por vuestro mucho valor, quién sois? Soy un labrador. De dónde? De Alcala soy, a cierta labranza mía vine, y me vuelvo al lugar. No será justo dejar tan honrada compañía. Ni lo tendré por cordura en iguales ocasiones, que está llena de ladrones aquesta verde espesura. Y aún el lugar para mí muchos peligros encierra, de vos, pues sois de esta tierra tengo de valerme aquí, dos días que pienso estar en Alcala, Si os importa mucho más mi espada corta que mi lengua, no se hablar, mas se que os sabre servir. De dónde sois? De Madrid. Ahora a caballo subid. En él los dos hemos de ir. No quiero ser porfiado, que es la porfía enfadosa. Desgracia fue venturosa, pues tal favor he hallado para la empresa que sigo, Que bien matarse podía, pues así la espalda fía a su mayor enemigo. Seguro voy, pues que vi de vos tan valiente prueba, venid. Basta que me lleva porque le guarde de mí. . En fin no lo he de saber. Para qué? Yo te prometo como quien soy el secreto. No le guarda la mujer. Si no se hubiera guardado como ahora, considera tu recelo, ya estuviera Don Pedro más bien vengado. Cómo? Es largo de contar, mas porque no he de saber, pues a mi gusto ha de ser con quien me quieres casar. Es esto errar un camino, y con pequeño rodeo hallarle, o puede el deseo en lazo tan peregrino. Fácilmente desatar, para librarse después, sin él tanto monta, que es llegar la muerte a cortar. Hipolita ya sabrás por sucesos de honor llenos, que amor acierta en lo menos, errando siempre en lo más. Y así las cuerdas mujeres sus voluntades traipasan en su padre, y no se casan por sus propios pareceres. En el lugar he quedado de tu padre donde estoy, esposo noble te doy, no tengas otro cuidado. Él no decirte quien es, por ruegos suyos ha sido. Que le importa a mi marido, si he de saberlo después. Encubrirse ahora tanto es Cupido, o Siquis soy, que a escuras la mano doy por milagro, o por encanto. Si aquesta noche le esperas, que dilación puede haber, pues tan presto le has de ver, y es forzoso que le quieras por la palabra que he dado. Que ley tan tirana, y fiera, que aún retratado si quiera no me le hubieras mostrado, aunque mintiera el pintor como suele suceder. Ahora solo ha de ser el medianero tu amor, de más que lo has visto ya. No pocas tachas descubre, que si lo he visto, y se encubre, no fue de mi gusto allá. Mi señora el desposado. Sin sangre quedo en las venas, él me ha de dar muchas penas pues él nombre me ha espantado. Viene solo? Solo un hombre viene con él, Ya es razón, que salgas de confusión, sabrás su estado, y su nombre, conmigo puedes llegar a recibirle, No sea de modo, que el necio crea, que le vamos a rogar, el llegará si quisiere. Terrible estás. No lo estoy, pues huyendo no me voy de un novio en pena que quiere, que solo de noche vea lo que padece por mí. Amor ampárame aquí porque tus milagros crea. Muy bienvenido seáis, Dadme señor vuestros pies. Cielos! Don Albaro es. Con vuestros brazos me honrad, Si le da la mano aquí pienso quitarle la vida, la puerta está defendida pues queda Brúnete allí, Alberto, y Antonio. Llega, que aguardas. La desposada. parece que está turbada. Ya su luz mis ojos ciega. Antes perderé la vida, que de Don Albaro sea. Aquí procuro que vea con cuanto extremo es querida, quiero oir lo que responde. Aquí mi gloria consigo. No hablas? Ahora digo, que no sin causa se esconde, y mucho mejor le fuera encubrirse en caso igual, que no le quisiera mal como en mi vida le viera. Bien con la noche escurece el odio que resucito, que quien cometio delito siempre la luz aborrece, Tú Don Albaro atrevido a quien engañando están, sin respetarme galán pretendes ser mi marido. No culpas tu ceguedad pues quiso tu necio amor, antes robarme el honor, y ahora la libertad. El querer robarme es llano. y por tan vil proceder, primero fuera mujer del que dio muerte a mi hermano, Que si le quito la vida ignorante fue su error, y la ofensa del honor es la que nunca se olvida. Vengarme juraste allí, y tras verle cara a cara, como si yo te agraviara fuiste a vengarte de mí. Perdone ahora mi tío. que no le he de obedecer, ni es justo que quiera ser tirano de mi albedrío. Vuélvete a Madrid, y advierte, que en mi confusa porfía, priesa por verte tenía, y ya huyo por no verte. Qué ventura. Vive el cielo, que ha de ser vuestra mujer. Que no ha podido encender tanto fuego, tanto hielo, loco estoy. Y yo contento. No importa nada, aquí estoy, por ella la mano os doy, si contradice mi intento esta cólera pasada, verá que es justa razón, que premie vuestra afición. Es mujer determinada. Luego a Madrid me volviera a no quitar mi esperanza tal promesa. Al fin alcanza el que porfía, y espera. A mí me animas también, de esa suerte quien porfía. De vuestras palabras fía. Qué descanséis será bien, llevadle Bustos. Ya voy, locos imposibles pruebo. Es el criado mancebo de Don Albaro? Sí soy. Talle tiene de hombre honrado. Aprender de mi señor procuro, cuyo valor en la Corte es celebrado, no hay en Madrid caballero más noble, de ello se precia. Y no le quiere la necia. Hace mal. Lo mismo infiero. Que tan firme enamorado, como yo en mil ocasiones he visto satisfacciones, merecer de su cuidado. Quiere mucho a mi sobrina. No hay tan notable firmeza, solo iguala su belleza a una fe tan peregrina contra la fortuna abara, esta fe sufre y espera. Así esa boba le oyera, porque se desengañara. Yo se que oyera de mí tantas cosas, que quiza rindiera del todo ya su mucha dureza. Ansí vive Dios que le ha de ver antes que se acueste, espere aquí. aocable firm Cuanto me pidiere vuesasted, tengo de hacer. Que empresa sigo donde mi locura ciegamente a la muerte me despeña, pero sin duda mi esperanza sueña, y imposibles favores me asegura, triste de él se fía en la ventura, quien no puede pagar, porque se empeña. Un rigor tan notable no me enseña? que no podré alcanzar tal hermosura? mas cuando yo me pierda, que hay perdido, pues es el padecer felice suerte por sujeto tan bello, y bien nacido; el mismo mal en bien se me convierte, pues que trueco animoso y atrevido, inútil vida por honrosa muerte. Que quieres que me diga que baste a persuadirme, como puede quererme quien ofendido obliga. Amor tan peregrino algunas veces para en desatino, escucha las finezas que su criado alaba. Pensión forzosa y brava de infelices bellezas, pues siempre el tiempo injusto (sto. lo que dio en hermosura, cobra en gu- Voy a ver si reposa, este es, con él te queda. A mi desdicha exceda la esperanza animosa. Sois vos criado, ay cielos. De amor lo soy, y esclavo de los (celos, no te turbes señora, ni condenen tus miedos las máquinas y entedos. del alma que te adora. A entrar te atreves? (me debes Vengo a cobrar lo mucho que por criado he venido de tu esperado esposo. Conocerte es forzoso si con él has reñido. La noche me asegura, sus trajes mudo como la ventura, mi bien, que determinas, casarte? Mi tío con loco desuarío, con quimeras indignas, de la razón lo intenta. mas yo con no casarme estoy contenta daré porque se impida ahora el casamiento. Con poco me contento, no des alma ni vida sino al error pasado, el perdón de mi amor tan deseado, y haré que salga vano su intento. Estoy de suerte que olvidaré la muerte que le diste a mi hermano si excusa tu porfía con casamiento tan cruel, la mía. Tus pies mil veces beso. No te sientan, levanta que entre porfía tanta tu discreción confieso. A ella debo estos bienes (nes pues que trueca en perdones los desde Aquí quedo con ella Los dos están hablando. Del todo fui olvidando, y a tan justa quererla obligada y servida, Vive Dios que la tiene convencida Ya el rigor ha pasado, ventura ha sido mía. Yo soy el que debía pedir a mi cuidado albiricias de sus bienes. Contenta vuelvo. Qué criado tienes? Cómo he de poder pagarte. Tras ella voy a ofrecerle mi hacienda, pues me da gusto. Nuevas máquinas empiecen. Dame esos brazos amigo, o permite que te bese los pies, pues tantos rigores amorosamente vences pues dice que será mía, tuya es mi hacienda. Conviene que aquí a lo oscuro me escuches, temo que ha de conocerme. Aquí no hay luces, que pides que todo cuanto pidieres otorgo. Quiero avisarte de lo que a tu amor conviene, yo como soy de Alcala conozco bien esta gente, no te niego que son nobles, noble sangre, y oro tiene, pero mira lo que haces antes que no la mar entregues, que puede ser que uspuces de estar casado te pese, Cómo puede ser amigo, que un amor tan excelente como el mío se arrepienta, si antes con el trato crece no tiene el tiempo poder, ni jurisdicción la muerte, es mi amor tan de por vida, que quitar no se consiente. Ofensas a veces hacen lo que los tiempos no pueden, porque los nobles y honrados con agravios aborrecen cuanto es mayor el amor mas el deshonor se siente que lo que poco se estima, no da dolor si se pierde, y tú mientras más amante más sentirás si te ofende lo que adoras, y al agravio al aborrecer sucede. Declárate más conmigo. Yo he dado en favorecerte, y pésame que te cases con quien otro dueño tiene, sabe que Hipólita adora a un caballero, a quien debe tan grandes obligaciones que es agravio que las niegue, el es dueño de su honor, y todas las noches suele hablar con ella. Ay de mí, que poco duran los bienes, es posible. Tan posible, que si conmigo te atreves a venir, serán tus ojos de tu desdicha Jueces, dale lugar una escala, y un balcón para que llegue al cielo dé la hermosura donde sus soles se duermen, vuelve a bajar cuando el alba abre entre nácar y nieve los ojos, y al Sol arrastra cuyo sudor la humedece. Esto verás si me sigues, y verás si es bien que aceptes una voluntad forzada, y que por amor te ciegues. Apenas con la pasión puedo amigo responderte, mal haya el hombre que fía fama y honor de mujeres, vive Dios que si tal veo. Quedo ahora, no te alteren los celos, pues en la calle es más razón que te quejes vencerás el desengaño. Quiero que a morir me lleves, que es consuelo en las desdichas ver que desdichados mueren. Dios os entienda a los dos. Yo os prometo que se entiende. Tened esa escala a punto, de todo el cuidado pierde. No parezco hombre de bien, que metamor fosis tiene mayores transformaciones. Al fin las industrias vencen, ruego a Dios que estos embustes para su amor aprovechen. Ya ladrones hemos sido, y cobardes juntamente. Hay ladrón que no lo sea ruego a Dios que no me encuentre algún día la justicia en facción con que me peguen un jubón a las costillas. No prosigas, gente viene. Viento en popa van mis gustos ruego a Dios que no se aneguen, no hay seguras esperanzas . sin la posesión Brunete. Señor. Haz lo que te dije, y como cuerdo procede, mira que me va la vida. Graciosa cosa me adviertes, nací en las malvas, aparta, no escupieron los tres Reyes Magos con más cerbatana que yo, ni a criado el Betís caballo en sus gumenosas que con tanto brío huelle. Hola. Pues amigo, están en la calle? Tente, y en este portal escucha, verás que engaño padeces. Vive el cielo que estoy loco. Oh Balcón divino Oriente donde tan hermosos soles para mi dicha amanecen hoy, Hipólita querida Mira si su nombre es este. Ay tal maldad. Hola, es hora? Las doce han dado. Bien puedes echar la escala al balcón tus bellos brazos me esperen Hi polita de mi alma torpe, que aguardáis, que siempre habéis de ser insensato. Esta traición se consiente. Ya la arrojo. Por ventura quieres ver que suba, y entre, mejor será que lo estorbes. Tiradme si me durmiere seis piedras a la ventana, y no silbéis, que se tiene por mal agüero, agarrose. Tres son no más. A comete, que en aquestas ocasiones. los celos hacen valientes, Gente viene. La ocasión me quitan más excelente, retirémonos un poco. Ellos se van, no te alteres. No dejéis puesta la escala. Ya la quité. Sois prudente, ay Hipolita querida, que esta noche no he de verte! . Es verdad lo que te dije. Ya no es mucho que reviente como vivora el agravio. y a voces sus males cuente. Da voces, sepa esta ingrata, que sus engaños entiendes, haz que a la ventana salga aún que la calle inquietes. Cruel para quien te adora, y fácil a quien te vende. Engaños y adulaciones que más que verdades pueden, tú eres la casta, la noble, sepa ya el mundo quien eres tu liviandad, tus traiciones. Cielos, qué rumor es este. Eres tú? Quién lo pregunta? Don Albaro. Pues que quieres, dando voces en la calle, estas loco, que pretendes? Que sepan tu liviandad todos, y que favoreces a un hombre no conocido, y le has dado llanamente las llaves del honor tuyo. Sin duda ninguna, que este ha conocido a Don Carlos, y que yo le quiero, entiende Don Albaro, si en mi casa viste ese hombre, no sospeches que ofende a mi honor. Al fin es fuerza que lo confieses lo que he visto por los ojos no hay que negarlo. No entiendes que no te toca el pedirme celos de ninguna suerte, no ves que no eres mi esposo. Era razón que lo fuese de una mujer, que es tan fácil, bien ves que no me mereces. De esa manera me hablas? Pues es justo que respete a una mujer que es tan fácil. Herrará quien lo dijere, y aún el que lo imaginare. Con quien hablas. Con quién pierde el respeto a una señora tan honrada, y tan prudente. Pues tú. No digas palabra, sino tu vida defiende. El honor te debo Carlos. Retirarme me conviene, que te es engaño y traición. Carlos, ya es justo que premies los servicios que me debes, pues como honrado pretendes. Perder por tu honor la vida es lo menos que te debe mi amor. Vencio tu porfía quien ansí por mi honor vuelve es justo que sea tu dueño. Venturoso el que padece por objeto tan divino, Veres mía? Sí. Aquí tienen de esas palabras que dan testigos vuesas mercedes, el cochero soy señora. Ya soy tuya, pero advierte, que allanes las voluntades de mi tío, y mis parientes. otra cantera tenemos. La tuya es la que conviene, que yo haré que tu tío si es necesario te ruegue que seas mi esposa. Cómo? Eso a mi cargo se deje, si él te llegare a hablar solo importa que no muestres rigor conmigo. Es forzoso, pues ya tu amor me enternece. Advertid que viene el día. Ya es forzoso recogerme. Y también que yo me vaya para que otro engaño empiece, amigos venid conmigo. Adiós. El contigo quede. Cuando veremos el fin. de aquestos amores duendes. . Bueno, quien no se acostó, como se ha de levantar, Don Albaro no ha dormido en casa. Estas loco? Creo que se le templó el deseo con verte favorecido mientras que no le admitía en casa estuvo y salio cuando le favorecio. Gracioso por vida mía ansi Ere presto se fue a fondar. Di que es virtud en la Corte la inquietud, no es bien que quieto esté. Vendrá a las nueve del día a acostarse, como hacen muchos que se satisfacen mas de la tiniebla fría. Ya los hombres no se habían de casar, hasta la edad, que olvida la mocedad. Y las mujeres que harían teniendo viejos maridos, pues con libres alborozos hay mil galanes y mozos no estimados y ofendidos. Está en casa su criado? Tampoco juntos salieron. Anoche pesar me dieron y ahora me dan cuidado. Que te afliges, ya vendrán. Ah de casa, quién es, gente de paz, entre, pues aumente, y salve los que aquí están, Dios nuestro Señor. Qué es esto, quien es, quien le respondíó. Vengo por albricias yo, y es forzoso el entrar presto. De qué albricias daros puedo. Justamente se darán, pues Don Carlos de Guzman queda ya preso en Toledo. El que mató a mi sobrino? El propio. Bien las merece. Este al cochero parece, que te mí por adivino. En un lugar le prendieron de los suyos descuidado, y por eso a buen recado a Toledo le trajeron, aquí traigo testimoio de como en la cárcel queda Dónde librarse no pueda que me dicen que es demonio. Que es un Ángel. Por su vida. Tome vuesasted, y lea si darme albricias desea, y su enojo se le olvida. Memoria de la hacienda de Don Carlos de Guzman, di, qué es muy rico? Y galán quiere el padre que pretenda un hábito. No está aquí el testimonio, o la fe de que está preso? No sé, lea, que pienso que sí. En la Sagra de Toledo tres lugares. Desatinos. Y de atrecientos vecinos. Calle, y escuche. No puedo. De regidor el estado, y en juros acreditados de renta tres mil ducados. Y dinero asegurado limpio de polvo y de paja. Mas qué mediana riqueza. Oh pues lo que es en nobleza nadie le tiene ventaja. Dos Deesas que tendrán media legua en que apacienta ganado suyo sin cuenta. Y sobre todo Guzman. Y junto todo el valor tendrá de renta contados al pie de seis mil ducados. Para mis barbas. Por Dios que es bello dinero. Ay más, que se escribe aquí, no está el testimonio ahí, muestre, que buscar le quiero, mire si es este. A Don Diego de Guzman, mi padre. Lea esa carta, porque vea de la suerte que esta ciego, que luego a la vuelta esta el testimonio. ̱. El amor no guarda padre y señor, ley en las penas que da. Muerte di sin conocer quien era a Don Pedro, y di el alma a un Ángel que vi de quien me llegué a valer. Era su hermana, y de suerte se mostró airada conmigo, que en los amores que sigo tengo segura la muerte. Si me quieres bien te pido que la hables, pues intento quedar con su casamiento libre, y de gloria vestido. Mi calidad y riqueza quedará bien empleada, y mi voluntad premiada con tal valor y belleza. Yo la he obligado de suerte, que la siento enternecida, dame en casarme la vida pues sin ella todo es muerte. Con aquestas esperanzas vive, y se aumenta mi amor, por Dios que fuera mejor, y dejarnos de venganzas, Pero ya no puede ser, Porque no, si importa tanto. De que desienda me espanto a quien viene de prender, El señor Don Fernando. vuesamerced, Y criado vuestro. Apenas he llegado, cuando he venido buscando esta casa, porque deis favor a lo que prevengo de Madrid a prender vengo. Si es a Carlos, no tenéis que cansaros. Yo no puedo del orden que se me da salir. Está preso ya. Aquí? No sino en Toledo, muestre el testimonio amigo, Testimonio trae? Pues no, y bien levantado. Yo, a ver si es ansi me obligo, con esto me satisfago. Por Dios que es trance terrible, es testimonio invisible. hoy mis trabesuras pago. Huélgome que hayáis venido en ocasión, que mi agravio veáis, y de vuestra hermana los cautelosos engaños. De esta manera te veo cuando te juzgué casado. Muy bien venido seáis sobrina, dadme los brazos. Vuestras manos señor beso. De que estas alborotado Don Álbaro, qué es aquesto? No lo he de estar, si llegando a casarme satisfecho tan nuevos enredos hallo, pues vino anoche conmigo a vuestra casa Don Carlos, y habló con vuestra sobrina, y entre los dos concertaron. Estás loco, queda preso en Toledo, y esta hablando! Tú en el engaño sin duda eres complice. Hablad paso. Ella dirá la verdad. A darte el parabién salgo de tu boda, y ruego al cielo que os gocéis los dos mil años. Porque te sirvamos todos. En esta casa has entrado tras lo que anoche dijiste. Mis celos determinados a decir verdades vienen. Tú hablaste anoche a Don Carlos? Sí señor. Cielos, qué es esto, Y es tan noble, y tan honrado, que mi honor a defendido, y ansi perdonar le aguardo. Y yo no verte en mi vida. Hablad bien, pensáis a caso que Hipolita no tendrá casamiento tan honrado como el vuestro, pues yo se que es muy noble, y muy hidalgo el que le pretende, y tiene de renta seis mil ducados. F Señora de Gracia, de la cie udad Pues casalda. Adiós pluguiera que olvidando lo pasado con ser Don Carlos su esposo evitara nuevos daños, y si bastaren mis ruegos en vez de prisión aguardo darle a Hipolita. Señor. el hacerlo está en tu mano, que yo tu gusto he de hacer. Yo si puedo, te lo mando y lo ruego. Él si te doy. Y a mí tus pies pues alcanzo con mi discreta porfía la gloria que he deseado. Es aqueste el testimonio? Ved si puede ser más falso. Tuya soy. Ahora es fuerza señor a Madrid llevaros. Llevareisme con esposa, prisión dulce a que me allano. Alcanzado ya el perdón, y con la hermana casado del muerto, fácil es todo. Que vais con las dos, aguardo, y a vos Don Albaro os ruego me perdonéis el engaño, pues el amor me disculpa. Vuestra amistad deseamos todos. Y el Autor señores el perdón para agradaros, y animarse dando fin al discreto porfiado.