Texto digital de Dios descubre la verdad
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Dios descubre la verdad. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/dios-descubre-la-verdad.

DIOS DESCUBRE LA VERDAD
JORNADA PRIMERA
Salen Dn Fadrique, y Chapín criado. Chab. Qué suspensión es aquesta, señor tú tan divertido, tan triste, tú suspirando? Fad. Déjame, que en el abismo de una ceguedad tirana, tan deslumbrado camino, en tantas ansias tropiezo, y tan contra mí el peligro está que aun a mí no puedo defenderme de mí mismo. Déjame, y no me pregur Ch. Pues tu alivio solicito, porque me encubres la causa? Fad. Para qué cielos benignos, si no es delito el amar, hacéis de mi amor delito? Ch. Amor dijisterpardios, BN acabara de decirlo yo allá en la semana santa. ad. Tirano dios, que el castigo ejecutas, sin haber averiguado el delito. Ch. Seria pobre el pleiteante. Fad. Ya Chapín, tus desvaríos me enfadan, ya no es posible sufrirte. Ch. La verdad digo, señor, que ya solamente se castiga en este siglo, quien tiene menos defensa, no quien tiene más ddelito. Fad. Dejémonos de eso, ydime, reparaste en el prodigio de hermosura, en la belleza de aquel animado abismo, que como segunda Venus, allá en los campos elíseos, siendo adorno de sus plantas, a quien del prado florido, igualmente confesaron las flores en mudo estilo, que era la reina entre todos los jazmines y jacintos. Deber su temprana vida, todos confiesan rendidos, a sus pies, la nieve en copos; a su belleza, el aliño, Asu pelo lo poblado, a su frente, lo esparcido; a sus dos ojos, los rayos de su candor cristalino; a la púrpura, en sus labios el nacarado artificio; a sus manos el asombro. h. Señor, mas acá un poquito está san Juan de los reyes, si yo no le corto el hilo, me parece que no para, hasta no dejar maldito. el jazmín, en cuantos huertos ¡ay desde aquí al paraiso. Muy bien lo has exajerado, señor, y aunque d ella has dicho hipérboles tan bizarros, creerás que no me ha crecido el ojo ni gana tengo. de verla. Fad. Quién atrevido, de su templo profanare. el más mínimo resquicio, conocerá en mi venganza. CPues ya se fue quien lo dijo. Señor, yo en toda mi vida no la he tocado el vestido. pero en materias de amor, tienes perdido conmigo el crédito. Fad. Pues porqué? Ch. Porque otras veces te he oído decir que son las mujeres, señor, como los vestidos, que entre todos para ti el más nuevo, es el más lindo. Fad. Ya estás cansado, aoradime, conociste en este sitio ayer tarde, aquella dama, cuando venías conmigo! Lindamente, si señor. Fad. Pues dime quién es. Ch. Lomismo. me quisiera saber yo. Fad. Luego no la has conocido? Ch. No señor, mas se su nombre Fad. abrá mayor desatino; cómo es posible saber su nombre, si ahora has dicho, que no la conoces. C. Cómo eso es muy fácil. Fad. Castigo merece ya tu locura. Ch. Si yo te sacaré en limpio quién es y como se llama, sus padres, tías y tíos, no estarás contento. Fad. Sí. Ch. Pues yo tengo aquí un amigo que me lo dirá al instante. Fad. Quién? Ch. El libro del bave pero si yo no me engaño, anda por aquí escondido algún pasacalles. Fad. Calla. Ch. Eso es si puedo conmigo. Cantan dentro. Mus. En qué funda su esperanza, quien adora un imposible, si es imposible querer quien sin esperanza vive. Repitela. Fad. Quién no ha sabido querer por su gusto una hermosura, podrá decir que es locura porfiar para vencer. Mas quién supo anteponer el premio a su confianza, podrá decir, si no alcanza el merecido interés, que sólo su gusto es, en qué funda su esperanza. El que su afición labró en cosa que fácil es, no siente dejar después, lo que poco le costo. Pero quién constanto amó, lo que pareció invencible, que quiso más es creible; con que se deja entender, que sólo sabe querer, quien adora un imposible. Entre el querer y el amar, esta diferencia halló el corazón que el que amo, sólo quiso acreditar su gusto, sin esperar interés, y es de saber, que el que quiere, quiere ver el logro yo a mi pesar, conténtome con amar, si es imposible querer. Luego aquel que desistió de su empeño, por no hallar interés, no supo amar? a otro y sólo a sí se amó; de donde inferiré yo, que si en su intento concibe quien de este interés le prive, y en su error vive después, sólo él podrá decir que es quien sin esperanza vive. Altamente has discurrido. d. Despierta mucho el amor si es verdadadero. . Muy fino estás, sin saber con quién. sabes si tiene marido, o si quiere en otra parte, que no faltará algún lindo, que diga sus cosicosas, y lo del sol cristalino, y las perlas y diamantes, y otras cosas a este estilo; que cómo en la platería de los amantes novicios, no cuesta blanca, a sus damas les dan el peso corrido. d. Dichoso tú, pues no sabes lo que es amor. Ch. Un tantico tengo de eso que también ser pretendiente he sabido, a lo fregonil; y aun hoy me he de tener unos visos, que pasan solo de noche, como cuarto Navarrisco Y no es más de dar en ello, que ya no se me da un higo, aunque estén como una breva. Ahora, señor, pues tan fino estás con aquesta dama, no me dirás que se hizo tu cielo, tu sol, tu estrella, tu hermosa, tu amor, tu hechizo en quien tanto idolatrabas amante y con quién eran niños de teta, Palas y Venus, y con estas abarrisco, las deidades del parnaso, eran mozas de servicio. Fad. Qué dama dices? Ch. Lisarda. Fad. El confesar es preciso, que fue de mi atención dueño, no lo niego, antes colijo, que no tiene buena sangre hombre que habiendo querido a una dama, por desprecio puede negar que la quiso. Ch. Pues ya no hay dama en el mundo señor, que no haga lo mismo. Fad. Suele ser razón de estado en mujer, lo que es delito en un hombre; que ella pierde, sólo por haber querido y un hombre no. Ch. Aqueso llaman, hacer gala el sanbenito. En fin, señor, ya olvidaste a Lisarda. Fad. Ya habrás visto un ingenioso cuidado, en quien el desvelo mismo, cuando a pública censura, dar algún estudio quiso. como se esmera en borrar aquello mismo que hizo, un pliego rasga, otro quema, hecho fiscal de sí mismo, borra un acento, otro quita, a veces muda el estilo, hasta que ya satisfecho de su cuidado prolijo, del borrador que antes era, saca otro traslado en limpio, pareciéndole mal todos, cuantos hasta entonces hizo, Varia la naturaleza, habiendo hasta entonces visto en bellezas diferentes, casi otros tantos prodigios, de hermosura y bizarría, como de sus manos hizo. todas las enmendó diestra, quitando de una a su arbitrio la imperfección y el defecto de otra y de otras el vicio, hasta que de todas estas sacó una hermosura en limpio. Confiésote que a Lisarda amé y que entonces hizo ocupar en su memoria la atención de mi albedrío. y que las amé, es preciso hombre que amar no ha sabido o tiene mucho de necio, o le falta muy poquito. Pero cómo todas cuantas hermosuras yo haya visto, fueron borradores de esta; ninguna me ha parecido. ni más hermosa ni más bella, de donde colijo que sacó naturaleza, sólo este retrato en limpio. Ch. Dime, tú no estás contento? Fad. Si. Ch. Pues yo digo lo mismo, Ch. Loado $ea Ie$u Chri$to; Salen al paño Lisarda, y Inés criada. Fad. Todo lo merece el dueño, que amoroso solicito. Lis.Inés, desde aquí registro, cómo se entretiene amante con mis memorias. Fad. Alivio de mis penas, qué cuidados no me cuestas que suspiros. Lis.Ya jamás podré dudar, que yo en su voluntad vivo. Bien sus razones lo muestran de su alborozo el indicio. Ch. Y después de aquesta arenga, qué hemos de hacer. Fad. Detérmino, que segunda vez busquemos acuaste hermoso prodigio, hasta saber dónde vive, la calle y el nombre mismo, por ver si decirle puedo mi pasión. In. Aquesto es lindo. Li. Ingrato amante. Ch. pues vamos. Fad. Así los cielos benignos, de aqueste ignorado dueño, abriese el amor camino. Que tambien vi otras bellezas, Lis. Dexame Ines, que estoy muerta: disimular es preciso. Ap. confessar, que en mi opinion, Fad. Pues dime, si es mas hermosa, que Lisarda, que delito es acreditar mi gusto? Lis. Ya no es posible sufrirlo. sale. Fad. Vamos. Lis. Usted se detenga, que aunque es mucho su carino, bastante tiempo le queda para ver ese prodigio de hermosura, que aunque yo viendo que estaba afligido, he venido a consolarle. ya conozco que mi alivio, le ha de aprovechar muy poco. esto es hecho. In.Picaron tú también. C. Somos perdidos. ¡Vivo el cielo, que es Lisarda Lis. Como mi furia reprimo. d. Lisarda, pues que venida es esta? En aqueste sitio vos! is. Si señor, porque sabiendo como vos me habíáis escrito, que estáis triste, haber si puedo aliviaros, he venido. Fad. Grande ha sido mi tristeza y de lo que más me aflijo, es de no saber de qué proceda. Lis. Pues si conmigo consultáis vuestros pesares, podrá ser que os busque alivio. cielos, como disimulo. Ap. Fad. Cómo ha de ser, si os he dicho que aun ignoro yo la causa. Lis. Pues yo me obligo a deciros cuál es, si medáis licencia. Fad. Según eso habréis sabido, ma que yo. Lis. Si lo ignoráis, vuestro achaque es de haber visto aquel ignorado dueño, aquel sol, aquel prodigio de hermosura. C. Si ella oyó a mi amo el cuentecito del borrador y el traslado, y lo del mudar estilo, y lo del quitar aqueste, y sacar estotro en limpio; no hay más fiesta. Fa. Yo, señora, como en mi memoria os miro. siempre que a mis solas hablo. es con vos, para deciros que os estimo como a dueño de mi voluntad. C. Testigo yo, señora, y por más señas, que ha muy poco que me dijo, que confesaba quererte; y quien confiesa, es preciso, que para confesar bien ha de estar arrepentido. Lis. Pues tu pícaro, también sabes burlarte conmigo. puede haber atrevimiento semejante, C. ¡Ay, hay, quedito. Fad. Baste, señora el enojo, que no merece castigo por deciros la verdad, si no es que esa sea delito. Lis. No está mala la de secha, ¡ay disimulo más lindo. Esta es la verdad, y no es más. n. Enredadorcito me sois. Ch. Así yo te vea, como aquel santo bendito, que está junto a las parrillas. dDe mi amor bastante indicio, es decir que hablo con vos, y que amante os solicito. is. Mucha verdad es aquesa, si señor, y cuando dijo vuesasted, si es más hermiosa que Lisarda, que delito es acreditar mi gusto. también hablaba conmigo, quien lo duda. Ch. Se turbo, que es vergonzoso. Fad. Yo estimo vuestro amor y estimaré. ahora, pues lo os suplico que dejéis vanas porfías, y tu Chapio, si no has ido a acetar aquella letra, ve al instante y de camino harás otra diligencia, que me importa. Ch. Ya entendido voy al punto. Jad. Aquí te aspero. Li.Muy puntual en serviros, es vuestro criado. C. Voy Lis. No quiero que vaya.a he dicho que importa la diligencia, y a no ser ahora preciso, no le enviara. Lis. No ha de ir. Ch. Jesús, que me fuerzan. In. Chito, picaranzón. Ch. Ella es la chita y hablemos limpio. Fad. De celos pasa a locura vuestra presunción. Bien dicho Fad. No deis más voces, Lisarda, que las quejas siempre he oído, que son en casa mejor. Ch. Y más aquí que hay vecino, que sueña mil disparates, y luego, como bebidos, se los tiene en la memoria, y no ha Diós amanecido, cuando los cuenta y no falta quien crea sus desatinos. Lis. Si es despedirme, porque no os embarace prolijo mi amor, vuestro pensamiento luego en hora buena idos al imán de vuestras glorias y no juzguéis que imagino, que es desaire que me hacéis. Fad. Ese es el mayor motivo, que tengo para dejaros; y así irme determinó, no porque tengo que hacer algún negocio preciso, si no porque conozcáis que deseo hacer lo mismo. Lis. Pues no ha de ser, que por sí, o por no, es cierto mi indicio. No habéis de ir o he de ver dondo vive el hermoso prodigio, que es más bella que Lisarda. Ch. Valya obrando. Fa. Ven conmigo. Lis. Ya no quiero ingrato dueño seguiros, mas os aviso, que no me habéis de ver más, pues no pueden mis suspiros vengarme de la traición. Seré un áspid vengativo, que acosada de mis celos, de mis rigores ministro, me cebaré en vuestra sangre, hasta que corra hilo a hilo, y ese ha de ser para siempre el manjar de mi apetito. Vase Ch. Par Dios que la has hecho buena Fad. Qué dilatado martirio son los celos, cuantas muertes ejecuta un golpe mismo, que aun si fuera de una vez, fuera menor el castigo; mas cómo en cualquier acción de voluntad, halla escrito en la ingratitud de amante, su amor mal correspondido, un volcán tiene en el pecho, qué belicoso caudillo del corazón agraviado, hecho volcán de sí mismo, brota el fuego por los ojos, y en pavoroso estallido, para abrasar su desprecio, hace llamas de sí mismo. Ch. Luego ya temes. Fad. Ya estoy pesaroso, en que haya ido con tal disgusto Lisarda, pues como un curioso dijo. en todos los animales, ninguno hay más vengativo, que la mujer. Ch. Y es así. Tad. Pero ya de que me aflijo, viva sólo en mi memoria, quien dueño de mi albedrío tiene en su poder el alma. Ch. Ánimo, cuerpo de Cristo; y quien dijere otra cosa, voto a tal, que es un. Fad. Conmigo ven al instante y sabrás la casa, y el nombre, y fio de tu buena diligencia. Ch. Solo servirte es mi oficio. Fad. Pues tan deslumbrado voy, guiadme, amor, al camino. mas quien pide ayuda a un ciego bien cerca va del peligro, y en su mismo error confiesa, que va dos vezes perdido. Vas. la imaginacion, quedarse Y salen doña Juana, y Lesbia criada. d. Jua. No me porfíes, que yo, no quiero vivir sujeta, pues nací con libertad. Lesb. En vano a el amor te niegas, cuando naciste mujer. d. Ju. Pues siendo mujer, es fuerza amar? Lesb. No, que es voluntad, porque sólo nace de ella el amor que como es libre, deja libres sus potencias. d. Jua. Y dime: quien su albedrío tiene, sin tener sujetas las pasiones de su pecho, no será error que pretenda. cautivarlas? Deja ya tu porfía, que si piensas que es divertirse el amar también es razón que sepas, Lesbia, que el pesar y el gusto, viven a veces tan cerca, que parece que residen siempre en una estancia mesma. tienes el gusto un instante, pero le has tenido apenas, cuando te sale al encuentro el pesar; y porque sepas sin más preguntas la causa, te hago saber que se encuentran con tanta facilidad, porque en aquesta edad nuestra los pesares y los gustos Lesb. Según eso, ya sabrás que es amor. Jua. tanpoco es fuerza. saberlo, para explicarlo. Lesb. Pues podrás darme las señas de aquello que no conoces? d. Jua. Si no puede ser que tenga noticias de haberlo oído, y lo que imprimió en la idea tan impreso en las potencias, que por el arte conozca una cosa, sin tenerla. Lesb. Dificultoso parece, que lo que es el amor sepas, sin haber tenido amor, d. Jua. Es cosa muy fácil esa. Cuantos preceptos el arte de la medicina enseña, quien buen médico ha de ser, será razón que los sepa, porque cuando vea el achaque por sus razones y reglas, sepa aplicar el remedio, como fuere la dolencia. Y auaque del dolor penetre la calidad, por las señas, no es fuerza que haya tenido el mal para que le sepa. Yo sé lo que es menester para curar la dolencia del amor, cuando viniere. pero yo jamás quisiera adolecer de ese achaque, porque según dicen, entra muy poco a poco en el alma y no sale tan apriesa. Lesb. Yo sé que no te pesara. saberlo y si tú quisieras, es oficio que se aprende con muy poca diligencia. Señora, es un mal que es vicio. tienen a vn andar las puertas. d. Jua. Y a lo que es vicio me enseñas, sabiendo qué trae consigo? el vicio tal aspereza, que en medio de su contento afije lo que deleita. Pero pues tanto porfías, que a saber lo que es aprenda, explícame que es amor? Lesb. Pues ya que saberlo intentas amor, es un ciego Dios. d. Ju. Y es eso a lo que me enseñas, pues teniendo yo la vista sin disfraces ni cautelas cómo ha de quererme bien, quien procura verme ciega? No es posible, ve adelante, que también puede ser tenga algún remedio ese achaque. Lesb. Esta es la pasión primera del amor.. Di la segunda, si no ha de ser como esta. Lesb. El amor es un engaño. d. Jua. Ya de vivir con cautela quien ama? y llamas querer eso. yo mejor dijera aborrecer, porque quien pone toda diligencia en engañar el objeto, que corresponder debiera su voluntad, siempre falta a la razón, pues que niega la fe que debe a su dueño. y quien tal engaño intenta, faltándome a la verdad no es posible que me quiera? Y de aquesto dices bien? Lesb. Soy yo a caló la primera. d. Jua. Pues porque de tu error salgas, una cosa me confiesa. quien pretende una hermosura, no es lo primero que intenta su gusto y por interés de conseguir la belleza de su dama, solicita tener su correspondencia? Es así? Pues dime ahora; cómo es posible que crea, que puede quererme a mí, cuando lo que le desvela, es su interés, no mi amor, luego su gusto es la empresa qué solicita, no el mío? pues quien a mí me enajena de mí, para su interés, no es posible que me quiera. Lesbia yo no quiero amar. Lesb. Pues cómo, señora, dejas que pasee tus ventanas, y que te ronde la puerta don Fadrique de Guzmán? d. Jua. Quieres tú que culpa sea de mi liviandad que aquese caballero, hacer pretenda alarde de su buen gusto. Lesb. Luego según eso, niegas que te corresponde amante solicitando finezas para ser correspondido? d. Jua. Eso, si lo consideras sin la pasión de tu engaño, con muy poca inteligencia conocerás que no tiene si la pasión no te ciega, la culpa, el ser yo quien soy, de que atrevimiento tenga de pretender mis favores. ser culpa mía dijeras, que le correspondayo, pero no que él lo pretenda. Lesb. Luego tú no le conoces? d. Jua. Negarlo yo fuera ofensa de su atención, si conozco, que aunque es hoy la vez primera que le hablé, su cortesía ha sido para mi deuda. Lesb. Según eso, ya es forzoso que tengas correspondencia d. Jua. Es así. Lesb. Luego le amas? d. Ju. Esso no. Lesb. Pues como nie. ser exepcion los chapines, su amor, si le correspondes. d. Jua. Pues acaso es consequencia. ser vn punto mas, pues son que quien corresponde a un hombre le aya de amar. Le. Cosa es cierta Lesb. Señora, de Dn Fadrique d. Jua. Pues advierte que de amar, es mucha la diferencia a el corresponder, pues quien tiene voluntad, es fuerza amando que se transforme haciendo sola una mesma, las que son dos voluntades y en reciproca fineza, no tener más albedrío, que aquel que su dueño tenga. No es así quien corresponde, porque la correspondencia nace de la obligación, qué muchas veces se engendra sólo del conocimiento, y ya es política cuerda pagar con la cortesía, lo que es deuda de ella mesma. Lesb. Ya parece ingratitud, y se yo que su fineza, te merece más favor. d. Jua. Es que de cortés se precia. Sale Chapin. h Que pudiera contentarle, debiendo a mi diligencia, saber la calle y la casa, y el nombre, y el de la dueña, d. Jua. Pues esconde elle papel. y el criado y la criada, y la vecina más cerca, y no hacerme ahora venir adonde quizás me muelan la comida. Quién me mete a mí en andar en pendencias. Que tengan tal desventura los lacayos de comedias, que hayan de ser alcaguetes, pudieran de aquesta regla que aunque lacayos, es fuerza lacayos de cuatro suelas. el criado, está a la puerta. a ver que quiere saldré. d. Jua. Qué mal se encubre la fuerzo de amor! Lesbia, dile que entre. Ch. Esperando esta licencia, no pude lograr la dicha antes. d. Jua. Dime cómo queda Don Fadrique. Ch. Idolatrando de tu deidad la belleza. Lesb. También eres lisonjero. Ch. Un póquitose a la pega. Lesb. Luego lisonjero es su amo. Ch. Con su conciencia se lo haya si lo fuere, Mándome que te trujera este papel y le diese en tu propia mano. Jua. Sea mi voluntad, quién reciba de su estimación la deuda. Saledon Lope. Lop. Cuidados, que me queréis, desembarazado apenas de unos, otros me acometen, quizás con mayor violencia. Quiero dejarlos un rato. Lesb. Señora, tu padre entra. Lesb. Que en el papel te detengas, sin reparar en un hombre que tienes en casa. Ch. Buena la hemos hecho. d. Ju. Daleaprie esta carta. Yo estoy muerta, a que trajo para mi padre un criado. Les. Toma. Ch. Venga. Lop. Qué hace aquí este caballero, Lesbía? Les. Señor. Lo. que estoyes en mi casa. Ch. Qué tirito. Lesb. Ya ha gran rato que te espera dice que trae una carta, Ch. Si señor, la carta es esta. Lop. Hallar aquí este criado, Ap me ha dado alguna sospecha. Presto veré si es disculpa. Abrel Lesb. La habiamos hecho buena si yo no la armo. Ch. Bonita es Lesbia, no es la primera. Lesb. Mientes tacaño. Ch. Perdona que cómo has sabido hacerla también, juzgué que otras vece habías hecho la mesma. Lop. Ya salí de este cuidado. Escríbeme de Valencia un muy grande amigo mío. Ch. No he de llevar la respuesta Lop. Por ahora no es posible, yo haré toda diligencia. andad con Dios. C.Él os guarde. Lesb. Vuelve después. Vase. Ch. Vuelva ella. Lop. Aunque de aqueste cuidado ha mentido la sospecha, son muchos los pensamientos, que mi pasión arropella. d. Jua. Señor. Lop. Juana hija mía, amada y querida prenda del alma, para consuelo de mis años, te reserva el cielo, para que sirvas de báculo, en quien sostenga la pesadez de mis años, este edificio de tierra. d. Jua. Deja, señor, que a tus plantas, tanto favor agradezca. Lop. Hija, levanta a mis brazos, que es fuerza que me enternezca tu rendimiento y mi amor, mi pasión y tu belleza. d. Jua. Dílate tu vida el cielo, para que así favorezcas una esclava. Lop. Tu humildad robada el alma me lleva. Bien sabes, Juana hija mía, que ha días que me desvela, saber de mi mayorazgo, cómo han quedado dispuestas? las cosas que pertenecen a él ajuste de mi hacienda; para cuyo efecto, ahora llegarme a belflor quisiera, y por no dejarte sola en mi casa, me desvela el saber, donde podrás quedar con mayor decencia, porque verte sola en casa, de poca edad y no fea, es ponerte en la ocasión, de que cualquiera se atreva. y el honor en las mujeres, hija, para que lo sepas, es como el espejo, en quien aunque el cristal mejor sea, sólo el aliento de un hombre, basta a empañar su belleza. esto hija, no es dudar, de que sabrá tu modestia acordarte, lo que debes a tu sangre y tu nobleza, sino que quien el peligro huye, busca su defensa y suele hallarle mejor, quien en el riesgo no entra. Y así con tu parecer mientras que yo doy la vuelta, elejirás el convento, que más de tu gusto sea, con que vivirás segura. Por eso naturaleza, queriendo formar la rosa al rigor del cierzo expuesto toda la cercó de espinas, para que aquel que la vea tan crecida en hermosura, si va arobar su belleza, conozca que también tiene espinas que la defiendan. Ésta es mi resolución. d. Jua. Solo con ser hija vuestra, os respondo, que estaré muy sujeta a la obediencia. Lop. Dente los cielos la vida, dase que mi voluntad desea. Lesb. Qué te parece, señora? d. Jua. Me parece, que la pena aprisiona el corazón de suerte que no le deja alivio, para el dolor, ni para el tormento fuerzas. Si habrá sabido mi padre de mi cuidado. ya empieza a hacer su efecto el amor, pues con serlo no cumpliera, si el deleite no matara con lo mismo que deleita. Lesb. No te enseñaba yo tanto. d. Jua. Pasar por el riesgo intenta mi pasión, que no parece que se estima con fineza, lo que de verás se ama; sino sólo cuando cuesta Lesbia, lo que importa ahora es que pongas diligencia en avisar lo que pasa. Lesb. Ya te entiendo. d. Jua. A mí me cuesta cuidado un hombre, Les. Ya obra. d. Jua. Ya en mí la pasión comienza por adonde habéis entrado de mi voluntad finezas, si siempre mi pensamiento tuuo cerrada la puerta! Vans. Y salen don Félix, y Celio criado, Fel. Yo no tengo de creerlo; eso es imposible. Cel. Atiende a que puede ser verdad, aunque imposible parece. Fel. Yo no me he de persuadir, que después de tantos meses, de rigores y desprecios me escriba Lisarda. Cel. Ese es el caso, maduró la postema. Fel. Con desdenes siempre me ha corespondido. y he de creer que hoy pretendo pagar mi firmeza? Cel.Al pecador, como viniere, señor mío, sabe isted, si la conciencia le muerde? Fel. Qué fácil se cree un pesar; que dificultosamente un gusto, pues lo que aquél tiene de pena, parece que se conforma mejor con las pasiones que tienen en el dolor su principio, lo cual como no sucede en el gusto, por tener la calidad diferente de las pasiones del hombre, a quien por serlo, le viene tener su principio en llanto. de aquí viene a ser que siempre en los sentidos, el gusto por desigual no se cree, y por conforme al pesar, se cree más fácilmente. Cel. Es más de que no lo creas; acaso has visto ponerte. algún puñal a los pechos. Ahora, señor, si yo acierte la causa, que me darás! Fel. No seas necio. Cel. Tubien pue- negarlo. Has dádola celos? ds porque es gran remedio este, que el desprecio en la mujer, es el remedio más fuerte, para que se anden tras ti, y si saben que las quieres, huirán solo por eso. Si mi afición lo merece, te suplico que tan sólo una cosa me confieses. hasla dejado? porque es el remedio más urgente para que te quiera bien. Fel. No es nada de eso. Cel. Atiende que te he de contar un cuento. Yva cierto penitente a confesar con su cura, y pidióle que le fuese preguntando, por los diez mandamientos, él prudente empezó por el primero, sin que posible le fuese sacarle sólo un pecado. fuese a su casa y al verle, que tan contento venía le preguntaron que tienes que tan contento has venido? y él respondió, lindamente he engañado al señor cura, muy buena flema se tiene, Él pensó que era yo bobo, y para que le confiese, por todos los mandamientos me sonsaco lindamente, mas yo negué como un perro. De molde el cuento te viene, niega que la has dado celos. Fel. Si es la verdad, que lo niegue que importa. Cel. Al fin te escribió. Fel. Si Celio, el papel es este. Cel. Y sabes tú cuyo es? Fel. Lisarda dice. Cel. Y si fuese alguna dama hermitaño. Fel. No, que de mujer parece la letra. Él dice así. Cel. Veamos, señor. Fel. Atiende. Lee. El haberme negado a los favos res que merecía su firmeza, no ha sido falta de estimació, en mí voluntad, pues siempre la hu- uiera hecho de su persona, a no hallarme correspondida; y pues vm no ignora la causa, le suplí cose vea conmigo esta tarde, que nos importa hacer con puntua- lidad una diligencia. Guarde Dios a v.m. Lisarda. Cel. Y cómo se le conoce que ha escrito pocos papeles la tal Lisarda? Ahora firma. Fel. Si Celio, no te parece, que es más fineza. A no hallarme correspondida, yo siempre estimara su persona. dice el papel; que viniese tan rebozada la dicha con el pesar y que hacerme hoy dichoso y desdichado, pudiera una misma suerte. Que tal castigo me dé la dicha! que permitiese los celos junto al amor, es sinduda! que me quiere la suerte tan infeliz, que para que no me alegre, hace conmigo! que hallar un bien perdido me pese! pero ¿qué mucho, si sé por conocer sus desdenes, que me ha de servir de agravio, lo que en otro fuera suerte. Porque qué mayor desdicha puede haber en quien pretende un bien que conocer que es hallarle para perderle. Hoy he de salir de tantas dudas, como amor me ofrece hoy me he de ver con Disarda, y saber lo que pretende, qu aunque en mi pecho convaten dos porfías tan crueles; amor medice que vaya, y aunque mis celos no quieren, se muy bien que para amar sólo quien porfía vence. Cel. Ella querrá lo que todas. Fel. Pues que es lo que todas quiere Cel. Engañar, y no otra cosa. Qué acción habrá que no intente, Si hoy a pesar de los celos Vans. el amor me favorece. Y salen don Fadrique, y Chapín. Ch. Qué te parece, señor? Fad. Que hoy infeliz me confieso pues que conmigo, tan poco sabe durar un contento, que si le tengo una vez. de mí se pasa tan presto, que no he podido jamás, poder decir que le tengo. No puedo decir apenas, que estoy libre de un incendio cuando por librarme d él doy en otro mayor fuego. Te vio su padre? Ch. Señor, aunque me vio, yo no creo que maliciase de mí cosa alguna, pues que necio revestido en capa negra ha de juzgar que me meto en cosas de voluntad, sin cosa de entendimiento. Fad. Pues si te vio, es infalible que nace el desasosiego de haberte visto en su casa h. Mucha verdad fuera eso a no haberme dado Lesbia una carta de un su deudo, d para que yo se la diese, y antes de abrirla, contento me dio el porte, si después halló otra cosa en el pliego, él la trago por entonces a pesar de su dinero. Fad. Preguntó tu nombre? Ch. No, Ahora se metiera en eso. Fad. En fin no te conoció? Ch. No señor. Fad Pues aquí celos. Luego otra causa le mueve para entrar en un convento a doña Juana, y no soy yo, por todas partes encuentro acompañado el pesar. Si le conoció, es empeño saber de quién es criado, con que ya tendrá recelo de mí; y no podré jamás hablarla, y aún no es aquesto lo peor, pues si no fue esta la causa, es el riesgo conocido, pues halló causa en otro atrevimiento. Mas yo quiero persuadirme a lo mejor que es desprecio de una voluntad amante, que ha correspondido a un ruego, imaginar que después hará con otro lo mesmo. Ch. Yo lo decía al reves. he de creer que son menos los demás que yo, es engaño. luego quien me quiso, es cierto, que si halla en otro el favor que halló en mí, siendo el primero, solamente por probar, hará con otro lo mesmo. Oh, qué buena condición te ha dado Dios por aqueso sólo, te puede querer cualquier dueña, por su dueño. Fad. No tengas mi confianza a juzgar que soy de aquellos, que sin distinguir personas, de todo hacen buen concepto, sin decir mal de lo malo, ni decir bien de lo bueno. que yo cuando llego a creer de la dama que profeso los favores, se muy bien tener razón para ello. Cha. Pues si tan pagado estás, juzgando que has de ser menos que todos los demás, ella te dará el pago muy presto. Pues si juzgas que por noble no ha de ser esta lo mesmo que todas, juzgas muy mal, porque a mi ver, el concepto de mujer, es entre todas un poquito más o menos. Fad. luzgas acaso, que yo sigo el gusto de los necios, que en cualquier cosa que yen saben poner un defecto, y dicen que para creer alguna cosa de cierto, basta si es malo, el oírlo; y es menester por lo menos verlo muchísimas veces, para confesar que es bueno. Yo soy de otro parecer, y así, cuando veo incierto lo que la fama acredita, siempre hago este concepto, si es bueno, basta el oírlo, si es malo, es menester verlo. h. Señor mío, aqueso va en carnaduras. Fad. Ya es tiempo, que vamos. Qué hora será? Ch. Esa poco más, o menos. Fad. Muy presto darán las dos, y más vale que aguardemos. Ch. Vamos a esperar la hora de su santo advenimiento. Vas. Y salen doña Juana, y Lesbia con mantos. d. Jua. Le avisaste? Lesb. Sí señora, y que vendría al instante me dijo, d. Ju. En aqueste puesto te dijo que le esperase? Lesb. Si. d. Ju. que haya podido el amor hacer en mí tal combate! que sujete mi albedrío a un instrumento tan fácil, que lo que le forma, es lo mismo que le deshace! Vuelvo en mí, que no es posible, que haya podido arrastrarme un gusto, cuya firmeza se acaba antes de acabarse; un bien que tampoco dura, vu favor tan poco estable, que cuando más se posee, aún no queda dél la imagen. Pues si conozco que son apariencias y disfraces, los placeres que da amor, para que dejo llevarme. mas ¿cómo he de resistirme, en vano quiero quejarme, si fui yo quien me engañé, mejor es hacer alarde, pues no hay en mi voluntad cosa en que mi honor se ultraje. Y si acaso alguna vez correspondiere inconstante, quien se engañó como todos, no se queje como nadie. Lesb. En fin, señora, que esta determinado tu padre a dejarte en un convento? Jua. Pues dime: a mí que me hace que me deje q no me deje, que me guarde o no me guarde, si aunque me dejara libre, me importaba a mí el guardar. Quiero que entendido tengas, me que no puede haber más llaves, ni más puertas que tener la obligación de mi sangre; porque la que nace noble, aunque sepa ser amante, tiene un no sé que en el alma, que en sus voces, cada instante le está acordando a su honor, la obligación con que nace. Lesb. Eso sí, cuerpó de Cristo, tener tieso y los amantes que ayunen. Salen por el lado de doña Juana don Fadrique, y Chapín, y por la otra. Lisarda, y Inés. d. Jua. Ya se hace tarde, y no viene don Fadrique, no quisiera que mi padre me echase menos. No hará Fad. Ayúdeme amor, pues sabe despertar los corazones, de quien de su fe se vale. Lis. Yo he de intentar mi venganza, que no será acción infame, que pues me abrasa con celos, yo a él con celos le abrase. Sólo quisiera saber el dueño que ama constante, por quien dejó mi afición, y por quien tantos desaires sufre mi dolor, pues sé, que a no tener otro amante nunca su correspondencia llegado hubiera a este lance. porque no hay cosa más cierta, en quien quiere enamorarse que para lograr su amor, dejar el que tuvo antes. Que como la voluntad tiene el distrito tan grande, llena todo el corazón, y si otro amor quiere entrarse, es fuerza que salga aquél, porque dos juntos no caben. In. Señora, ya viene aquí. Lis. Quién, Inés? Fad. Quién más amante corresponderá a tu amor, ya que no pueda pagarle. d. Jua. Señor, no sé que disculpa Ap. me dé que en aquestos lances, nadie escuerdo, porque en ellos yerra más, el que más sabe. Señor, seáis bien venido. Que sea amor tan cobarde! Ap. Lis.Mas no es aquel don Fadrique? In. Sí señora, el mesmo, y trae el escudero consigo, como caballero andante. Lis. Empiece aquí mi venganza. In. Cómo han podido escaparse de tu vista, dos mujeres? Lis.Ya aquesto pasa a desaite. In. Cómo lo puedes sufrir? a ellos antes que te maten sus celos que en ocasiones bajeza es morir de balde. d. Jua. Ya os habrán dicho la causa; para que os llamé esta tarde. Fad. Nuevas son de sentimiento; pero cómo no me falte en vos, el favor que espero, todo lo demás es fácil. d. Jua. Siempre estimaré, señor, ocasiones de emplearme en vuestro servicio, cómo mi voluntad nunca pase? de la honestidad, las puertas, ni del honor, los umbrales. porque a entender que siquiera llegabáis en el semblante a ofender de mi opinión, algo de lo que era antes. yo misma contra mí misma, fuera al descubierto un áspid que pisándome, sacara ponzoña para matarme. Pad. Contra quién es el enojo! puedes acaso culparme, de que falto a la atención qué debo a tu misma sangre? no por cierto, antes bien, si yo viera algún amante que se tomaba licencia, sólo para deslizarse más de aquello que permiten dos honestas voluntades sin más examen que verlo, le tuviera por infame. In. No has conocido la dama? Lis. Si no me ha engañado el traje, es doña Juana de Silva. Posible es que así te engañes! aquesa dama es ejemplo de virtud y nunca sale de casa ni a la ventana se asoma que tiene un padre peor qué suegro. Lis. Si así es habrá más que estimarle, si no ha salido a ventana jamás que hoy salga a la calle. In. Mira que no es ella. Lis. Sea quién se fuere? Lo que hace al caso, es saber que es mujer y está con mi amante. Escucha, Inés, y veremos lo que dicen. d. Jua. Daros parte, fue mi intento de que hoy ha de llevarme mi padre a este convento que está más cercano, si informarte quisieres de mi verdad, puedes y en cualquiera parte, estaré reconocida siempre, al favor que me haces. Fad. Esto es despedirte. d. Jua. No, sino temer que mi padre me espera, y ha de ser hoy la entrada y parece tarde. Si me quisieres mandar algún tiempo o emplearme en tu servicio, podrás escribirme. El cielo os guar- Fa. Pues cómo, señora, así de.Vas me dejas! Hay más pesares, cielos. In. Ya estarás contenta, si en un convento esta tarde ha de quedar. Lis. Es engaño juzgar que porque ella falte, ha de faltar su afición; porque si como es muy fácil el encerrar a quien ama, para que su honor no infame, fuera fácil encerrar su afición, no hubiera nadie que se quejara, de quien así corresponde amante. Pero que se me da a mí, que a los dos puedan cerrarles las puertas, si se les quedan abiertas las voluntades. Fad. Yo no sé cómo hay quien tenga en la voluntad disfraces. respire en la voz la pena que padezco, en ausentarme del dueño de mis pasiones; pero si no ha de acabarse mi voluntad que me aflije. vengan ansias y pesares, vengan rigores y penas, como yo viva su amante. Vas. A ingrato, a traidor, a aleve desconocido y mudable. Como yo de tus engaños he fiado mis verdades. cómo he podido sufrir delante de mí el semblante, que ha sabido ser conmigo, vario, mentiroso y fácil. Como creí tus palabras, si han sido tan inconstantes, que en lo mudable parecen hijas del mar y del aire. si me rendí a tus lisonjas, juzgando que eran verdades? porque te muestras ahora desleal, tirano amante. Cuantos suspiros y cuantas lágrimas del pecho salen, de que me pueden servir, si no han sabido obligarte. para que gustar me hiciste? de tu afición lo suave, si me has dejado el acivar para qué cruel me amarge? como tú a la voluntad, de mi voluntad faltaste? Yo he de seguirte, traidor, si se empeñara en guardarte el más escondido abismo. sin que puedan mis crueldades usar compasión contigo, pues pretendiste inconstante tiranizar de mi pecho las finezas más leales. No han de valer tus cautelas. ace que va tras él, y salen don Fe- lix, y Celio. l Señora, es éste el dictamen? Dilimular pensamiento. Con que a llamarme enviaste? Pasiones del corazón han sido y tal vez no caben toda en el alma. In.Es cierto que suelen darle estos males. A perra, también tú sabes fingir? In. No soy yo mujer, como las demás. Ya, cielos, tantas penas me combaten, que a veces el corazón sin que pueda refrenarse da voces de sentimiento, porque como es fuego y arde, es fuerza apelar a el llanto, para que su furia aplaque. Fel. Si acaso para serviros. Lis. Si pudiera declararme. Fel. Todo lo que yo valiere. Lis. Si le diré mis pelares? Fel. Está sujeto a tus plantas, y puedes muy bien fiarme los secretos de tu pecho, que tal vez comunicarse pueden afectos del alma. Lis. Ese, señor, fue el dictamen con que a llamarte envié. Fel. Pues bien puedes declararte. Lis. Esto es buscar ocasión, Ap. para que se logro el lance, y pues que nací mujer, he de serlo en el vengarme. Habl. Cel. A seora Inés. I.A seor guapo. Cel. Trate usted de apropincuarse, que yo no he visto en comedias los lacayos vergonzantes. In. Pobres si. Cel. Señora mía. no tiene carta de examen la pobreza del cristiano, y así, viled no me trate de su miseria, porque es querer avergonzarme, Ju. Pues yo no quiero hablar de eso Cel. Pero si han de enamorarse los criados y ello está de Dios así, usted se aguarde, que yo me llego a una casa, donde sé que han de prestarme recado de enamorar, que me lo dejé ayer tarde, y le he de topar allí, si otro no ha llegado antes In. Pues qué recado es aquese? Cel. Pues aún se esta usted ignorante de lo que es? I. Si soy doncella Cel. Doncella, Jesús que infame nombre. Yo tengo un ázar con ellas, tal que al instante que lo oigo, me presino, y le pido a Dios me guarde de ellas y sea servido de echarlas a aquellas partes, donde las mañas que tienen no se las peguen a nadie. In. Mire el grosero, el lacayo, el muy pícaro, el infame con las damas. Cel. Calle ella, pues tiene tan poca parte. Lis. D esta suerte se ha de hacer. Fel. No discreparé un instante de tu gusto. Lis. Te resuelves, don Félix, a acompañarme? Fel. Mil vidas pondré en defensa tuya, pues de mí te vales. Lis. Pues a el arma pensamientos, a la venganza pesares. Fel. No he dejar imposibles por ti, hasta verter mi sangre. Li. Yo me he de arrojar al fuego aunque viva en él me abrase. Fel. Para quien tu gusto intenta, lo dificultoso es fácil. Lis. Morirás del dolor mismo con que mi muerte intentaste Fel. Aquí se ha de conocer de mi corazón lo amante. LisAl arma, celos. Fel. Al arma, amor. Lis. al arma pesares pues nunca sabré triunfar de tantos como combaten mi pecho ni sabré nunca de su orgullo lo arrogante sujetar, siendo mujer, hasta que sepa vengarme. Vans
JORNADA SEGUNDA
IORNADA II. Salen don Fadrique, y Chapin. Ch. Señor, siempre está quejoso tu corazón. Fad. O esperanzas, que no tenéis fundamento, sino sólo imaginadas. Ch. Pues si ellas no son más de eso emos señor, de matarlas? Fad. Este bolcán de la vida, que abrasando las entrañas, para avivar la memoria, sólo las pauesas guarda. este gusano del pecho, que con crueldad inhumana, si se entra en el corazón, todas sus junturas rasga. este áspid ponzoñoso, cuya atrevida arrogancia a quien ansioso le busca, sólo con la vista mata. este vaticinio que es la cárcoma del alma; y condecir que es amor, digo que es, suspiros, ansias, tormentos, peligros, penas, iras, enojos, venganzas, celos, temores, agravios, riesgos, trabajos, desgracias, engaños, dolores, llantos, querellas, incendios, plagas, duelos, desdenes enojos, y aunque he referido tantas desdichas, si he de decir quién es, aún no he dicho nada. Ch. Ya me iva a incar de rodillas, que como tienes el alma con cárcoma y con gusanos el pecho y en las entrañas volcanes y atravesado el corazón, ya juzgaba que viéndote ya a la muerte, te encomendabas el alma. Fa. que siempre has de estar de humo, Ch. De verás, señor, me engañas Fad. Si yo pudiera olvidar, de mi voluntad la causa, fuera mi pena menor, mas bien sé que es ignorancia decirle que olvide el fugo, a quien de fuego se abrasa. Sale Lisarda con un retrato en la mano, y Inés. Lis. Más cerca estuve de ti, aunque hoy tan cerca me veo lo que he llegado a ser, creo, mas no creo lo que fui. pues aunque entonces sentí ser tu afición singular, hoy he llegado a juzgar, viendo en ti tanto desdén que no supo querer bien, quien también supo olvidan. Confieso que me dejé llevar de tu amante exceso y que te adoré confieso, juzgando cierta tu fe, no lo atribuyas a que necia me dejé llevar, porque quien bien sabe amas sin llegar nunca a fingir mal se puede persuadir que otro le puede engañar Si como supe querer, olvidar también supiera, nunca mi pecho se viera, cómo se ha llegado a ver. Tú, si supiste tener, afición para estimar, y hoy te sabes conformar olvidando, hazme saber, pues tú lo sabes hacer. ¿qué se hace para olvidar? Pero ¿qué es esto que miro? ¿Qué es esto que por mí pasa, cómo se engañó la voz? ¿cómo se ha engañado el alma? Yo correspondo a un ingrato? yo contemplo en quien me agravia. es aqueste el corazón, que está pidiendo venganza? Vuelva, vuelva ya el dolor, los suspiros y las ansias, salga de mí la memoria de quien mi pasión ultraja. Vete de mí, pues has sido de mis tormentos la causa, si no es que quieras quedar en el pecho para mancha. Arrojal. In. Si así te dejas vencer de los afectos del alma, será acabar de una vez. Lis. Sígueme ya la desgracia de tal suerte, que aunque quiero morir, está tan ingrata con mi pasión que me niega la muerte, por desearla que como sabe que tengo fijadas las esperanzas en acabar de una vez con penalidades tantas. porque ve que se lo ruego, huye de mí la desgracia. Fad. Si me acuerdo, me atormenta, y si me olvido, me mata. s. Borrese de mi memoria esta espantosa borrasca, que al cierzo de sus engaños todo mi amor arrebata. Fad. No falte de mí un instante. a renovar mi esperanza, la dulzura de su nombre. Lis Qué haré yo para que salga de una vez el pensamiento, así renueva mis ansias? Fl. Qué haré yo para vencer de un imposible la causa? Lis. Qué haré yo para que pueda empezar hoy mi venganza? Fad. Qué haré yo para esculpir sus favores en el alma? Cantan dentro. para mitigar el fuego de una amorosa pasión, cuando no tiene remedio, olvidar es lo mejor. Repitenla ambos. Lis. Corazón, pues te dejaste llevar de un amor tirano, y como adiós soberano, alma y vida le entregaste; si de mí no te olvidaste, sintiendo el desasosiego, a que me rendí tan ciego. cuando en tu ardor me abrasé no me avisaras, qué haré para mitigar el fuego? Fad. Incendios de amor aumentar de tal suerte, mis sentidos, que al viento de mis gemidos si no crecen, se alimentan. pero aunque así me atormentan a estar tan contento llego, que aunque yo pudiese luego ser quien mi ardor apagara, ningún remedio buscara para mitigar el fuego. Lis. Del arco en la flecha vi tan traspasado mi pecho, que entre mis ansias deshecho, a su poder me rendí. y aunque vencida, vencí de mi albedrío el blasón, pues espera hoy mi afición contra el estilo de amante, salir si puede triunfante de una amorosa pasión. Fal. Y si alguno le parece, que es esta pasión de amante, yo digo que es ignorante quien de este mal no adolece, y creeré que no merece tener razonal blasón, ni ser hombre en mi opinión, el que no hubiere sabido estar tocado o herido de una amorosa pasión. Lis. Aunque no supe fingir voluntad para el engaño, hoy quiero atajar el daño, que así me pudo rendir. que como llego a sentir, que mi amor no tiene medio, pongo el desengaño en medio. no se diga que aunque amó, el desengaño buscó, cuando no tiene remedio. Fad. Muchos ay que por saber lo imposible del objeto, ni en público ni en secreto dan su pasión a entender. y hacen mal, porque a mi ver atreverse es mejor medio, y de dos dudas en medio, quién quiere remedio hallar, más firme le ha de buscar, cuando no tiene remedio. Lis. Pues conoces, corazón, el mial pago que te espera, vuelve ya en ti y considera, que es ceguedad tu afición, y pues no ves la pasión a que te arrastra tu amor, los ojos cierra a el dolor, y si quisieres vencer, adviértote que saber olvidar, es lo mejor. Fad. Al que verdaderamente amó y su amor le faltó, tal vez su pena alivió la memoria solamente; porque aunque más le atormente, del bien perdido el dolor, se engaña quien en amor, contra toda amante fe, se puede persuadir que olvidares lo mejor. In. Luego ya has podido hallar, señora, remedio, a tantas congojas? Lis. Es fuerza hallarle y juzgo acción acertada, que si la necesidad me ha de obligar a que haga alarde de su traición. es bien que me persuada, que si el osvidarme supo, yo haré lo mismo mañana. Vas. Fad. vivo en mi corazón un fuego ardo In. Ahora sí, eso me parece bien, señora mía, mal haya quien da a entender suulición, y si alguna vez te hallas tocada, tragar saliba, Vase. Fad. Divino imposible mío, amor dios, en cuyas aras. quien sacriica a tu templo, poca víctima es un alma, poca ofrenda es una vida, para quien en ti idolatra. Sabe, Chapín, cómo está doña Juana, y cómo se halla en el convento. Ch. Pues voy a saberlo. Fad. Cómo traigas buenas nuevas. Ya me entiendes Ch. Solo servirte es mi paga. V engañando el rigor en que me abraso, reparo en su dulzura y crece escaso, no se apaga, porque se apaga tarde. ace boraz de su crueldad alarde; revive más si por su fuego paso, dejándole vivir llega mi ocaso, apagando la llama soy cobarde: Viéndose mi pasión en tal fatiga, y abrasado de amor mi pensamiento, deja lleuarse de vn rigor que obliga; al fuego se abalanza más contento, rendido vence, y cuando el fuego abriga, topa descanso en su mayor tormento. Salen Lisarda, y Inés. Lis. Cada momento es un siglo según parece que tarda don Félix. In. Será posible, qué buenas nuevas te traiga de lo que tu pecho intenta. Lis. El corazón no descansa, hasta tomar de mis celos, satisfación y venganza; que de la ofensa el dolor, aunque más se satisfaga, no parece que se venga, si el castigo se dilata. pero aunque contra mí sea su engaño, más me disfama querer matarle ofendida, que no vivir agraviada. Que aunque conozca el enfermo, que es medicina que sana el acivar se detiene, aunque la vida le vaya, reusando la salud, por el dolor de tomarla. Salen don Félix, y Celio. Fel. Aparta, Celio. Jn. Señora, don Félix está ya en casa. Li. Venga en hora buena. Fl. Cómo sea el venir a vuestra gracia, no podré esperar más dicha. Lis. Bien mi voluntad restaura lo que perdió en tus favores. Fel. Siempre espera quien bien ama la ocasión de merecer. de su dueño la esperanza, porque si es amante fiel, siempre su afición agravia si entibia la voluntad, porque su esperanza tarda. Lis. Por ti me haces el favor, que de mis méritos pasa. Fel. Y para qué reconozcas, que no falta mi palabra, y que nadie como yo, sabrá volver por tu causa; he discurrido los medios, que pueden hacer más claras las sospechas que los dos comunicamos, pues basta para llenar un proceso, que sea la intención mala. Y por si para el intento que pretendes, te acobarda juzgar que te han de faltar testigos, ten confianza, que como fruta del tiempo, se venden ya por las plazas. Horror me da solaniente decirlo, por ser infamia, digna del mayor castigo. mas porque no digas que habla solamente mi deseo, es esta verdad tan clara, como la verás. plubiera al cielo no fuera tanta. No te faltará justicia, que como vendida anda, la toparás fácilmente, si supieres granjearla. Simpre tendrás quien te crea, que aunque la verdad te falta, sólo el querer decir mal, para ser creída basta. Si es poderoso el contrario, se hará en tu favor la causa, que ya se carga la pena, sólo al que puede pagarla. Siempre habrá quien te aconseje a que sigas tu venganza, ni te faltará letrado, si dinero no te falta. Tábién tendrás quien te absuelva, que no es la menor desgracia, ver que ya viva en el mundo la conciencia con ensanchas. viéndote mujer y moza, todos te darán entrada, y para tener razón, sólo el ser hermosa basta. Sobre todo te aconsejo, que tú la primera vayas a quejarte que con eso nunca saldrás agraviada, porque al juez, el que primero llega, ese se le calza. Y cuando nada de aquesto tenga el efecto que aguardas, mientras se averigua o no, la verdad de tu demanda, padecerá tu contrario, que aunque en él culpa no haya, bastará que se presuma, para verte tu vengada, que aunque la verdad no quiebra, muele mientras adelgaza. Aquéste es el memorial en que queda asegurada tu intención. fírmale tú, y podrá aquesa criada, darle a don Lope su padre, para que vista la causa en que peligra su honor, procure sacar la mancha, que aunque no sea verdad si es el honor quien se agravia, en pechos que tienen sangre, sólo la sospecha basta. Cel. Qué atento he estado al sermon; ¡Válgame Dios qué palabras de cristiano. Lis. Yo te estimo. acción que sólo fiarla pude de tu diligencia. Yo quedo con la esperanza de agradecer y no amar tu favor, pues así amparas mi causa. Cl. Qué bien parece el recato en esta dama. Lis. Esta tarde he de buscar a don Lope, la criada te vendrá a avisar después, donde te he de ver mañana. Adiós. Fel. Él teguarde. In. ADiós señor jaque, no repara, que me despido? Cel. Sí, aDiós, Vans. señora doña Fulana. Fel. A quién le habrá sucedido tal género de desgracia, que me halle obligado yo a defender una causa contra mi crédito, solo porque le di la palabra, y que por ser mujer quiera que mi amor empeño haga, de mercarla a ella el desquite con el precio de mi infamia, Que aventure mi opinión a el hacha que de infamarla con el borrón más horrible, cuando sé por cosa clara, que salen muy pocas veces en el crédito las manchas. Quién creerá o quién podrá creer que la política haga un yerro tan sin enmienda, que porque vea agraviada una mujer que no tiene más justicia que ser dama, haya de arriesgarme yo a una acción tan temeraria, sin tener de ella más premio, ni pretender más ganancia, de mi arrojo, que es saber, que es mujer quien me lo manda? Que haya introducido el mundo, esto que los necios llaman duelo, o por mejor decir, tesón con que la arrogancia encubre sus desatinos echándoles esta capa? Pero para que me quejo a mí de mí, si me falta la razón y busco el medio, cuando está hecha la infamia Ya está hecho, ya es preciso tomar por mía la causa. o mal haya la razón de estado que conjurada contra mí mismo, me obliga a hacer una acció tan bajal Vas Sale doña Juana, y Lesbía. Lesb. Es posible que me digas bien de vida como esta? d. Jua. Pues qué mejor puede ser. Les. No me andes metiendo arengas, que si supiera que había de durar, la misma pena de imaginarlo no más, bastaba a quedarme muerta d. Jua. Cuando no hubiera logrado de esta vida al conocerla, más de la quietud, podía haber vivido contenta muchos días antes, solo con la esperanza de verla Quiero que sepas que es del siglo la vida inquieta, una tempestad que al polvo de la fantasia necia; quien tiene abiertos los ojos, o los enturbia o los ciega. y cuando ya ha conseguido, quitarles la luz, inquieta les va poniendo tropiezos, para que al pasar por ella resbalen, sin reparar el riesgo que les espera, y al fin es fuerza caer quien muchas veces tropieza. Lesb. La que no quiere no cae, y cuando todo esto sea, como tú lo dices. dime, para abrirse la cabeza, habrá esquina más aguda, qué ver gruñir una vieja? d. Jua. Si no hubiera quien mirara a veces las faltas nuestras. adonde fuera a parar nuestra inclinación soberbia? Es la propensión humana de nuestra naturaleza, tan desbocada en los vicios que para que se detenga de su furía, es menester ponerle a veces la rienda. Lesh. Señora, no hay que tratar; yo quiero un suegro y dos sue tres tios y dos cuñados, gras y no quiero una abadesa. d. Jua. Si la razón te dictara, sin mirar a la cautela de tu gusto, ser podría, que vieses la diferencia que hay del entendimiento a la voluntad, que esta como sólo se regula por solas las apariencias del bien, sin tener en sí más de una aprehendida idea. De que es bueno lo que dentro de sí solamente encierra un placer imaginado, sin tener nada de veras? se deja llevar, sin que conozca que a lo que anhela en la verdad, de ser bueno sólo tiene la apariencia. No es así el entendimiento, que como mira de cerca el objeto, sin que en él la voluntad oscurezca, el mismo ser de sí mismo percibe con cierta ciencia. no dudo que varías son de la perfección las sendas, la soledad es camino seguro de no perderla. nuestro estado tambiénes de la quietud otrasenda. El matrimónio camina por otra parte diversa, y aunque con dificultad, por haber más competencia, quien se aprovecha bien dél camina la senda mesma. Y entre todos los caminos, que van a la patria nuestra, quien no pretendiere errar, por cualquiera parte llega. verdad es que suelo haber para ir a una parte mesma, muchas sendas diferentes. Si quires llegar apriesa, no dudes de caminar por la que ves más estrecha; porque aunque para llegar cualquiera vereda es cierta, de todas las que te he dicho, la más segura es aquesta. Y porque la voluntad no te haga dudar, es fuerza que con el entendimiento conozcas la diferencia, que si ahora te parece dificultosa esta senda, conocerás algún día, cuando en tu quietud te veas que sólo de mal camino te aorraste muchas leguas. Lesb. Pues, señora, si es verdad lo que dices de que a esa patria o como tú la llamas, por cualquier parte se llega; echemos por aquí abajo, pueder ser que sea más cerca. d. Jua. Es cuesta arriba el camino, porque como mucho cuesta, porque tengas más trabajo, va cuesta arriba la senda. Y de este principio, quiero sepas otra diferencia, que hay de aqueste cuerpo nuestro, a el alma que le gobierna. Y es que como su principio de aquel, fue sólo la tierra, todas sus inclinaciones, a que su ser se endereza; como son tan parecidas, tienen la propensión mesma. No es así el alma, que como es espíritu el que alienta su vida, aspira hacia el cielo, de donde la mano diestra de su artífice forzó en la aprehensión de su idea su ser, de donde sabrás, que la verdadera senda del alma, no es hacia abajo, y así, si seguir intentas los principios de su origen, caminando su vereda, te advierto que cuesta arriba has de pisar como ella. Lesb. Dime ahora por tu vida, te se han acabado aquellas ternuras del corazón, de cuando pasabas muestra de amante? D. Ju. cómo es posible que jamás yo olvidar pueda las corteses atenciones de aquella correspondencia. Lesb. Todo es uno; pues el alma, por cual de aquellas veredas de endenantes, podrá ir? señora, si va por cuestas, no la has de poder llevar, porque sé yo que te pesa. d. Ju. El que? Lesb. El haber de olvidar, d. Jua. Pues dime, es acaso fuerza que deje de ser cortés, quien la perfección desea? Eres tú de la opinión de muchos necios que piensan sin distinción de personas, que en viendo hablar a cualquiera, ha de ser lo que habla malo, porque a ellos les parezca? Pues te engañas como ellos, que quien tiene sangre buena, como se mira a sí mismo, aunque más afición tenga? Respondiendo a lo que es justo, y dejando otras materias; no le da a quien comunica, para otra cosa licencia. Lesb. Mira que te viene a ver tu padre. d. Jua. En hora buena venga mil veces mi padre, Lesbia, adonde esta? Le. Ya entra. Saledon Lope. d. Jua. Señor, seáis bien venido, que ya ha tiempo que os espera mi voluntad. Lop. Ya deseo el corresponder a deuda tan hija de mi afición. d. Jua. Bien me debéis la fineza, que también os corresponde. mucho cuidado me cuesta saber de vuestra salud, como quien más la desea. Lop. Achaques de la vejez son los que más me molestan, que en lo demás, por ahora tengo salud. d. Jua. Siempre sea, señor, como mi cuidado en tu atención se desvela. Lop. Después que de Belflor vine, d son tantas las diligencias de mi hacienda y mayorazgo, qué poco lugar me dejan para tratar, lo que más nos importa. Lesb. Aquí es ella, si a su noticia ha llegado cosa en qué sospechar pueda tu cuidado. Lop. Que ya es tiempo. de tratar las conveniencias de tu estado que con eso vivirá menos inquieta esta pensión de mis años. d. Ju. Con vos conformarse es fuerza mi voluntad, pues no tengo otra de más conveniencia, que saber que os obedezco. Lop. Bien, hija mía, quisiera dejaros yo la elección, porque nunca fue prudencia, hacer la voluntad propia, elección en las ajenas, que como ha de ser el gusto, quien las acciones gobierna; mal podré adivinar yo el gusto que el otro tenga. Antes bien me persuado, que en acciones como está, el gusto de quien elige, es la mayor conveniencia. Esto ha de ser suponiendo, qué conocerás las prendas de tu honor y de mi sangre, porque aunque tan nobles sean, no basta que lo hayan sido, si quien las posee intenta deslucirlas con su gusto. porque quiero, hija que sepas, que aunque es calidad ser noble las más veces por herencia, no basta ya en mi opinión el crédito que se hereda, porque el saber conservarlo, hace la mayor nobleza. Y pues sabes que en mi sangre no puede topar ofensa en opiniones del vulgo, la malicia o la sospecha. que para el tiempo que corre, no es poca ventura esta. sabrás también continuarla, que no es noble, quien lo hereda solamente, si las obras desdicen de su nobleza, que el que con razón es noble, es sólo quien lo granjea. d. Jua. No tengo a vuestras razones, señor, que dar más respuesta, que saber que sois mi padre. Salen Lisarda, y Inés con mantos. is. Muy buena ocasión es esta. In. Mejor es buscarle solo. Lis. Qué te parece; no es bella doña Juana? In. Aqueso diz eres la mujer primera, que dice bien de la dama. de quien recibió la ofensa. Lis. Pues no haze bien? que querias una muger ofendida: que de celosa o de necia, desacrédite su gusto? y que decirme pudieran, que cuando me quiso a mí me tuvo también por fea? no dirá que soy hermosa cualquier discreto que sepa, que quiso dejarme a mí, por otra que no lo sea. In. Y dudas que puede ser discurrir de otra manera? Lis. De qué modo? In. De esta suerte; Nunca verás que pretenda una cosa, quien la tiene en su poder y quien sepa que la buscó por hermosa; haciendo esta consecuencia, dirá, que pues la pretende, sin duda tú no lo eras. Lis Dejémonos ahora de eso, pues importa poco y llega, y dile al señor don Lope, que aquí una dama le espera. In. Llega tú, porque mejor le dismienta la sospecha. Lis. Caballero, harto os he dicho en decir vuestra nobleza, y que soy mujer, al punto me importa una diligencia, en que con vuestro valor favorezcáis como vuesra, mi causa. Lop. Yo volveré. después a hablarte y mientras, quédate con Dios. d. Jua. No sé: qué temor o qué sospecha? tengo, desde que vi entrar aquesta mujer que llega cubierta a hablar a mi padre. Lesb. Presto podremos saberlas escuchemos desde aquí, Lis. De vos a ampararse llega aquí dos hombres intentan saber quién soy y me importa que por ahora no lo sepan, pues sólo en saberlo, estriba mi honor y muy cerca llegan. si vos en aquesta calle no estorbáis el paso, es fuerza perder la vida. Lop. Segura podéis ir, que aunque no sea de mis canas el valor en quien mi sangre profesa, es razón que se aven ture, por ser en defensa vuestra. d. Jua. Ya salí d este cuidado. Vas. Lop. No será razón que sepa yo, ¿quién se ampara de mí? Lis. Baste ahora saber que sea mujer, quien se favorece de su espada; y si las señas no os dijeren quien soy, en aqueste papel queda mi nombre, porque sepáis quien vuestro valor empeña. Dale un papel, y vanse. Lop. Aquí el peligro es forzoso; no huir la ocasión es fuerza, que quien la huye es cobarde, y loco quien la desea. Por aquí no viene nadie, y es cierto que no viniera tan despacio, quien su honor puesto en el peligro deja. Pues en hombre de mis canas esta mujer que pudiera linaginar! que le obligue, ni a su amor ni a su sospecha. Pero para que me canso, si en este papel me deja? la razón. por otra parte parece que está encubierta en su disfraz la desdicha con el traje de fineza. A fuera imaginación, vanas sospechas a fuera. abró el papel por si acaso puedo discurrir que sea la causa que en mis cuidados halla tanta resistencia. Lec. Señor don Lope, una dama informada de las prendas de vuestra sangre y honor ¿qué confusión es aquesta paso adelante, por ver en que para esta fineza. Ah muchos días que os busca con no poca diligencia. Ella no me hubo de ver de turbada, pues me deja el papel, con que responde a algún galán que en las señas trata de su casamiento, y no quiero conocerla, ni leer el papel, que puede importar que no le lea. Quiero rasgarle; mas no será razón, que pues ella me le dio a mí y su secreto no guardó de mí, yo quiera hacer la desconfianza, que no pretendió hacer ella. Lee. Para deciros el riesgo en que se halla. Ya pelea contra mi agravio el desvelo. Lee. El pundonor. ya es ofensa, pues en la opinión me toca. Mejor es de una vez beba el veneno. La honra y fama de vuestra casa. Ya es cierta mi deshonra. don Fadrique de Guzmán, es quien la ofensa de vuestro honor solicita. ¿Qué es esto, cielos! que lea de aquesta suerte mi agravio, y que pronuncie mi lengua mi descrédito, sin que para buscar mi defensa no atropelle. Pero cómo es posible verdad sea esto que dice, si está en un convento. Aquí penas, proseguir quiero. Le Y mañana osado atreverse intenta a la clausura. ¿Qué es esto que por mi pasa, que vea tan pública mi deshonra. entremos honor en cuenta. No es mi hija el ejemplar de virtud? No es su modestia tan pública que no hay nadie que ignorarla pueda? pues cómo me persuado, que se pueda hallar en ella un átomo en que mi honor se agravie, miente quien piensa que quien tiene obligaciones, y quien de noble se precia, ha de querer por un gusto solicitarse una afrenta Esto es así, ¿quién lo duda? pero si verdad no fuera, que le podía mover a darme a mí una sospecha. No es posible, pudo ser que aquesta dama pretenda por dueño a éste don Fadrique, y como los celos sepan hacer de lo imaginado en la intención, evidencias, presuma que su cuidado de otra afición se alimenta. Pero yo busco disculpas contra mi honor? Cuando es fuerza que ya no pueda ocultarse, como mi enojo se templa? Piérdase de todo punto mi opinión, nadie dispensa en la venganza, porque su deshonra no se sepa. Al rey le pienso pedir venganza. Pero qué intenta mi dolor, que así pública de mi opinión la dolencia, mas si no hay otro remedio, y por aquí se remedia el peligro de mi honor, acción me parece cuerda, atajar en los principios el achaque de mi ofensa, pues que llegó a conocer que esta mi opinion enferma. Vas- que nunca sabrà hazer buenos, Sale el Rey, y un secretario. Secr. Aquí tenéis la consulta señor, para el obispado de Plasencia! Rey. Y quién pretende? Sec. Aunque hay sujetos varios entre toda la consulta, los que hacen más a el caso son, don Juan de Santa cruz Colegial y Catedratico de prima de Teología, sujeto tan realzado, como sus puestos publican tiene treinta y cuatro años de Universidad ha leído las más catedras. ReDespacio me informaré en sus estudios. Sec. Es el segundo, don Carlos de Figeroa y Meneses, hijo del conde. .Aguardaos que saber de quién es hijo, para el puesto no hace a el caso, quien él es sí. Sec. Es el tercero, un religioso descalzo. Fray Juan de Jesús María, hombre virtuoso y santo. Rey. Si esté, como vos decís, es tan religioso y casto, en su celda y su quietud, lo será con más descanso. Y así os quiero hacer saber que el que fuere buen prelado, para dar la medicina, ha de discurrir el daño, y para enseñar a ser buenos, hace mucho al caso, saber la raiz del vicio, para sacarla de cuajo. Y esto a veces no es posible saberlo, quien los fracasos ignora de la malicia. dedonde me persuado, quien no ha sabido ser malo. Y el que no tuvo delitos, no sabe que es perdonarlos. Decidme quien fue el segundo de la consulta? Sec. Don Carlos de Figueroa. Rey.Y que puestos os tiene representados para aquesta pretensión. Sce. Victorias, y triunfos tantos, como de los enemigos, sus aguelos granjearon, en vuestro servicio. Rey. Y eso es querer hacerme cargo de lo que debo a los suyos, o pretender? porque es claro que quien repite servicios hechos antes muchos años, da a entender en referirlos, que no he sabido premiarlos. Sec. No es ingratitud, señor, del beneficio, acordarlo, para aquesta pretensión, Rey. Ahora sois mi secretario, y no su procurador. mas porque veáis vuestro engaño, los triunfos y las vitorias para jamás se heredaron. El que las ganó por sí a costa de su trabajo, si alguna vez pretendiere. me puede hacer ese cargo; que sólo debe gozar de la victoria el asalto, a costa de su peligro, quien la ganó por sus manos. Proseguid, ¿quién fue el primero? Sec. De los que están consultados, es don Juan de Santa cruz. Rey. Y decidme cuantos años tiene de Universidad? Sec. El memorial treinta y cuatro dice. Rey. Y que os parece a vos, son pocos? Sec. Bastante cargo es para representar de su atención el trabajo. Decís bien que del estudio es el prolijo cansancio tal, que respecto de otros, sólo un año de trabajo en aquesta ocupación equívale a muchos años. Basta esto para decir, que merece su cuidado ser antepuesto a otros muchos. Saledon Lope. Lop. Así he de vengar mi agravio, este mismo memoria! he de poner en sus manos. Sec. No se os negará, señor, que fuisteis ancionado a los estudios. Rey. Y nadie pudo dar mejores pasos. que yo, pues nunca temí el ser, a no ser premiado, que el premio se ha de cifrar, sólo en el mesmo trabajo. y no se ha de tomar núnca el estudio, para amparo de la pretensión, porque es poner el dinero a daño, que para cobrarlo, a veces suele ser mayor el gasto. Lop. A vuestras plantas, señor, llegan a pedir mis años justicia. Rey. Al punto del suelo os levantad. Lop. Hasta tanto, que me concedáis, señor, satisfacción a mi agravio, he de regar con mis ojos hechos fuentes de mi llanto, vuestros pies. Reque es vuestra pe- que tan adigido os hallo, que apenas podéis decirme, siquiera para descanso, vuestra aflicció? Lop. Es la causa necesitar del amparo vuestro, mi honor, en aqueste memorial veréis más claro, lo que no os podrá decir mi dolor, mi pena y llanto. Re. Levantad. Se. Terrible empeño es el que puede obligaros a tanta demostración. Lop. Si a el honor toca el agravio, qué más sentimiento puede haber, pues el olvidarlo en quien tiene obligaciones, aunque más quiera, es en vano. pues aunque lo disimule, por no acordarse un agravio, ese mismo olvidar, es quien más se lo está acordando. Sec. Agravió contra el honor vuestro, pues en esos años puede caber duelo? Lop. Sí, que aunque los años postraron mis fuerzas, siempre la sangre en un corazón bizarro, guarda el valor de ser noble, para semejantes casos. Rey. Obiar tan gran peligro es forzoso, secretario, en aqueste memorial mismo, escribid el despacho. Se. Ya os obedezco. Lop. Desvelos, lla vn que me queréis ya, cuidados acabad ya de aflijirme, venid juntos, que aunque tantos viendo el castigo a las manos, sois, sentiros de una vez, podrá ser después descanso. pero no os apresuréis, penas, idos más despacio, riesgos llegad poco a poco, venid poco a poco agravios. a solas estamos penas, nadie nos oye cuidados, descansad conmigo un poco. Rey. Aquí está ya puesto el auto; Tomad este memorial, y de vuestra causa os hago juez, ejecutad al punto esto que por él os mando. la respuesta es solamente, obedeceros. Agravios, aquí tenéis la venganza de mi honor. pero cuidado no sea que se publiquen tan infames desacatos, que en lugar de su remedio venga a ser mayor el daño. Vas. Rey. No me puedo persuadir aunque toco con las manos este suceso que pueda haber pecho tan olado, que aunque más ciego camine intente tal desacato. Sec. La firma del memorial, señor, si habéis reparado, es de mujer. Rey. Y que sea, o no, puede hacer al caso? Sec. Si señor, que puede ser, que haya nacido el engaño de tener amor a este don Fadrique y el cansado quizá o mal correspondido, haya dejado su trato, querrá con aqueste engaño amenazarle, por sí redime su vejación. Rey. El amor se ofende tanto de aquel que no corresponde, siendo a su favor ingrato, que se toma por su cuenta, o cumplirlo o castigarlo. Sec. Pues, señor, como es posible, qué rigor tan inhumano, pueda vestra majestad, ejecutar con agravio del crédito y de la fama de su opinión, sin que el caso se mire en el tribunal vuestro y que examinados los testigos, verifiquen del suceso el desacato? Sólo por una mujer con la pasión de su engaño, haya vuestra majestad puesto en el proceso, auto de prisión tan rigurosa, cuando en semejantes casos donde peligra el honor, el castigo es excusado. no porque no se merezca, ni porque no, ejecutarlo mereciéndolo, sea justo, sino porque al remediarlo suele la publicidad, agravar el desacato. Rey. Eso no me toca a mí, que si pudo haber agravio o no, al que informa le toca ¿Quién podrá tan temerario juicio hacer que se persuada, que en las canas y los años quepa, por una sospecha, hacer a otro un agravio? Esto no es posible. S.Es cierto pero no podré negaros que en los años y las canas puede vivir el engaño, que a veces hay corazones tan dóciles en el trato, que porque no saben ellos engañar, tienen por arduo que otro les engañe a ellos, y ya el mundo está tan malo, que quien no sabe engañar, viene a ser el engañado. Y así, señor, si os parece, se esté suspendido el auto; y no os parezca consejo. pero no hay mayor reparo de un accidente que hablar para informarse del caso, con aquel que se padece. y así el médico avisado, primero consulta el mal con el enfermo y el daño, previene con el informe, avisado del contajío. que yo os prometo, señor. que por más que esté avisado, si es su enfermedad amor, aunque más quiera ocultarlo, no podrá que es calentura, que sale siempre a los labios. Rey. Decís bien, mas no es posible suspenderlo. Sec. Secretario soy y no procurador; mas pues véis que es inhumano el que castiga el delito sin estar probado el cargo. yo os suplico que miréis el suceso más despacio, así, señor lo confío, que por piadoso y por sabio lo habéis de hacer. Por piadoso es ya, señor, necesario no ejecutar el castigo, que de juez, el sagrado no se ultraja, porque esté en la justicia, lo humano. Por sabio, porque es posible que mirándolo despacio, halléis que pudo decirlo el informe apasionado. Y ahora tiene remedio antes que público el daño por abreviar el castigo no se remedie el agravio. Ea señor. Rey. No es posible, Ved si no está ejecutado, y haced que no se dilate. Vas. Sec. Voy a hacer vuestro mandato. Salen don Fadrique con prisiones, y Chapín criado. Mus. Que viva siempre el peligro a la suerte tan sujeto, que por más que la agasaje, la tiene siempre con ceño. Fad. Quién eres monstruo animado que en repetidos acentos de tu voz, me significas jeroglífico y maestro, de mi fortuna infelice, la crueldad que esperimento. por más que tu dolor sea, no enternecerás mi pecho, que aunque es tu desdicha tal, es mayor la que padezco. Oh suerte infeliz del hado, que así rindes con desprecios? qué mucho que no perdones a quien se acerca a tu acero si eres tan aborreciblo, aun mirada desde lejos. Ch. Señor, señor. Fa. qué me quieres? Ch. Sabe usted si estoy despierto? Fad. Porqué lo dices? Ch. Porque Esto me parece sueño. Fad. Dices bien, todas las cosas de este mundo, tienen eso. En el lecho de la vida, imaginado el contento nos parece que ha de ser en su duración eterno, y llegándole a tocar, si vivimos bien despiertos. veremos que el más durable, no puede ser más de sueño. Ch. Quién nos ha traído aquí, señor, es éste el infierno, o el purgatorio o adonde estamos. ¡Por Dios te ruego, que vamos a pedir misas para salir de aquí presto. Jesús, y como me abraso, este es infierno de fuego, y es la verdad, porque aquí son tizones cuantos veo. Fad. Ten en Dios la confianza, que nos hemos de ver presto libres, que aunque la verdad se fue de esterrada huyendo del mundo, permitirá Dios que se vuelva a su centro. Ch. Y si es verdad que se fue, sabe usted si vendrá presto? Fad Que así se encubra un engaño rebozado con el velo de una pasión rigurosa; y que vengú a estar en tiempo mi disculpa, que no pueda decirse, porque es muy cierto, que el mejor remedio aquí, es no tratar de remedio. Buen ánimo corazón, buen ánimo pensamiento, Dios descubre la verdad, mucho cuesta, no lo niego, todo aquel alivio que se merca a costa de tiempo. Ch. Mientras se descubre, o no, roase usted este hueso. Fad. Yo espero recuperar todo lo que ahora pierdo. Ch. Si tan largo me lo fía, tome otra a el mesmo precio. Fad. Porque tengas confianza, te he de explicar un ejemplo. Ya habrás visto la agudeza, con que ingenioso el maestro, en el crisol purifica de lo más tosco y grosero del oro, el más acendrado, primero le llega a el fuego para quitarle la escoria, y luego en el crisol puesto, no pudiendo resistir ael artificio violentó, le descubre los quilates, y lo que antes era incendio, va descubriendo el valor, a costa de su tormento. Purifícalo después otro instrumento diverso, tócalo en la piedra, vuelve a acendrarle otra vez, luego le labra con el martillo, y apuros golpes deshecho, le viene a purificar. Y de aquestos instrumentos en la prensa, se conoce de sus quilates el premio. Queriendo Dios descubrir, como divino maestro, de nuestro mal natural, tosco, lo acendrado y bello que es la verdad, cómo halla tantos disfraces en medio, hijos de la primer culpa, llega Artince discreto, y en el crisol de una pena, pone rebozado el fuego de tantas persecuciones, quiere aplicar después de esto, la piedra toque, que es la paciencia, porque al peso de otros dolores que anade pueda conocer el precio de su valor, y si ve que el quílate ha descubierto, la labra con el martillo de la tentación, que hay hierros, que a puros golpes de penas, suelen labrar el acierto. Y después de haber pasado por el rigor y tormento de tantas penas que son prensas en que merecemos purificada descubre los quilates verdaderos de lo acendrado que son de sus trabajos el premio. Ésta es la confianza, que alienta mi pensamiento. Dios descubre la verdad, y en sus piedades espero, que descubierto el engaño, ha de volver por mí el cielo.
JORNADA TERCERA
IORNADA III. Salen don Félix, y Celio. Cel. Eso te hace novedad? Fel. En vano mi ardor reprimo, ¿quién dijera? Quién juzgara, que, habiendo correspondido a mi pretensión Lisarda, fueran falsos los indicios, que fingió su voluntad. Cel. Poco sabes de suspiros de mujer, todo es engaño. Maldita sea la que he visto, que sepa decir verdad, cuanto dicen es fingido, aunque sea quien se fuere; y si acaso a tus cariños alguna vez corresponden, es por estar de vacio, y cómo habían de dar en otro cualquiera vicio, dan en hacer que te quieren. pero en la verdad te aviso, porque no peques de necio, que las damas de este siglo, sólo se pierden, por quien conocen que es más perdido. Fel. Es posible que aquel llanto, no fue de su amor aviso? Cel. En lágrimas de mujer, quien se fía, hace lo mismo que el que se deja engañar de unas perlas que en los visos muestran valor a el engaño, de quien no hubiere sabido, que aunque no sean verdaderas también hay perlas de bidrio. Señor, el quererte a ti, o el fingirlo, que es lo mismo, sabes si fue por dar celos? Fel. Bien, Celio, estoy persuadido, que aunque aqueso no sea así, el escribirme lo hizo, porque no estaba corriente con quien ella tanto quiso, y después apasionado, habrá vuelto menos tibio a corresponderla amante, y por aqueste camino, le quitará el embaraco de que yo pueda servirlos, por poder mejor de su afición el camino. No sé cómo mis pesares apasionado reprimo, que son tantos que no puede el helado pecho mío, ni pasar más adelante, ni retroceder remiso, mas si es fuerza combatir aqueste animado abismo rompa sus venas el llanto, vierta el dolor sus suspiros, y si pretendiere amante no volver a mi cariño; antes que tal rigor vea, en mi constancia más fino. yo me tomaré la pena, yo ejecutaré el castigo, yo mismo seré el acero, yo mismo seré el cuchillo yo pretenderé el dolor si se me excusa remiso, que en las aras del amor, es el mejor sacrificio, el que en víctimas de amante es el holocausto mismo. Salen Lisaeda, y Inés criada. is. Sin duda se ha descubierto de mi venganza el motivo, y las voces de don Félix están diciendo el dellto. Señor don Félix. Fel. Lisarda. is. No sé qué pasión he visto en vuestro pecho que airado solicitáis el alivio en lo mismo que os ofende. el.Esta pasión que publico, ni sé si es dolor ni sé si es ilusión del sentido, si es fantasma de la idea, en vano el dolor resisto, Ap. cuando de celos me abraso Si yo pudiera conmigo Ap. disimular el engaño? estaréis arrepentido, de favorecerme amante, y aunque hasta aquí me habréis visto retirada a vuestro afecto. sabed que es siempro muy fino, para con vos mi deseo, Fel. Que se haya persuadido, a que me puede engañar. Ap. Señora, aunque de atrevido me deis nombre y perder pueda el cariño, aunque fingido, con que habéis tiranizado de mi volundad el arbitrio, no ignoro vuestra traición, porque aunque más escondido viva el veneno en el pecho, advertid que es desvarío, juzgar que el que más le el conde, puede encubrir el delito. Querer por tema, es agravio, querer por fuerza, es peligro. no me quejo, no de aqueso, que ya sé que es desatino, lo que solamente es libre, querer hacerlo preciso. Pero para qué tirano amante, cruel enemigo, me has puesto en las ocasiones, me has metido en los peligros, que los callo de verguenza, sólo porque al repetirlos, la voz con que los pronuncio, no haga el eco en mi delito. Pero ya que mi deshonra, inhumano basilisco, pretendiste, con la infamia del más cruel desvarío, que ha cabido en pecho humano, disfrazado en el hechizo de tu cauteloso amor. yo te prometo que al mismo paso, que supe quererte, he de ser el enemigo que más publique tu infamia, y a no poder conseguirlo, has de ver. isNo prosigáis, señor, en desdoro mío, que quien os viere agraviado con un pesar tan prolijo, podrá hacerme a mi culpada, y en quien querer ha sabido publicar contra su dama, el más mínimo resquicio en que padezca su honor, es injuriarse a sí mismo. Yo, señor, he sido amante arto parece que he dicho en deciros esto, pues quien una vez ha querido, hiciera mal de olvidar, siendo ingrata al beneficio. No porque entre amantes haya algún enojo, es preciso, borrar de su pensamiento la gloria de haber querido. que quien con facilidad sabe olvidar el cariño a la menor desazón, no puede decir que quiso. Nunca puede ser agravio vuestro, el decir que le estimo. Cel. Aguarda usted otra cosa, porque ya está entendido, mal haya quien más fiare de ninguna, señor mío, no juzgues que es esta sola, que yo en las demás que he visto un poquito más o menos, todas dan el pago mismo. Fel. Yo descubriré tu engaño, que aunque es tan mío el delito, no importa que por vengar de tu traición el delirio, tengo ya el corazón hecho a errores tan excesivos. que aunque descubra mi infamia, quedándome en el peligro, atrueque de ver tu pecho enroja púrpura tinto, he de hacer tu mismo engaño, de mi crueldad ministro, Lis. No temo tus amenazas; que por no ver tu castigo, siquiera será forzoso. el que encubras mi delito. Fel. Vivo retrato soy del más amante, ejemplo puedo ser del más ausente, repare en mí quien supo ser constante, no juzgue que ha de hallar fin diferente; habiendo de pasar más adelante, rendime, sujéteme, amé obediente. diome mi amor el pago que granjea, aquel que en su seruicio más se emplea. Sale don Lope. In. Buena la emos hecho. Lis. Pues acaso te has persuadido, que puede cumplir don Félix las amenazas que ha dicho, Pues diga lo que quisiere, que yo, Inés, determino ir a hablar a don Fadrique, y atajar en los principios la traición. Lop. Aquella dama, parece que el nombre dijo de quien infama mi honor, Oh si hallase algún camino para saber de mi agravio la verdad. Lis. Que yo confío, que no pasara adelante. Señora, advierte el peligro en que estás, éste es don Félix, y por si no ha conocido, échate el manto. Lop. Señora, aunque jamás os he visto, la curiosidad me obliga, por haberos ahora oído el nombre de un caballero, que es muy grande amigo mío, que me digáis hacia donde le podré hallar o en que sitio asiste, porque quisiera para un negocio preciso, hablarle, antes de la noche. Así la quito el indicio. de que pueda sospechar. s. A negarme detérmino, Ap. por si pudo conocerme. Verdad es, señor, que he oído diversas veces el nombre que decís ser vuestro, más no podré ni sé deciros donde tiene su posada; en aqueste punto mismo se apartó un su camarada de aquí que por conocido podéis del bien informaros. Mirad si puedo serviros en otra cosa que es fuerza por excusar un peligro, seguir aquel caballero. Quedaos con Dios. Lop. Yos suplico. segunda vez, porque importa, me digáis. LCielos benignos, ap si me pudo conocer? Desde luego hubiera dicho, lo que de ese caballero me preguntáis, si el motivo. pero no sé qué decís. Adiós, señor, que es preciso seguirle. Lop. Turbada va. de esse Cauallero amigo, Li. Vamos Ines. In. Ya tesigo. Vas. Lop. Cansado pensamiento, que bacilando en mi mayor tormento, en continua porfía hacéis contra mi honor la batería, que aya sido mi mal templado azento el público instrumento de mi mayor agravio. Enmudezca mi labio, pues cuando busca de mi honor venganza, cautiva para siempre la esperanza, de hallar en la memoria, del bien perdido, la pérdida gloria. Que sea yo el acero de mi rigor ministro el más severo, en que de mi valor la infausta suerte, sea el cuchillo de mi misma muerte. cuando juzgué atajar su pensamiento, veo que es la pasión de mi tormento, ilusión del sentido, y cuando ya el olvido. Quisiera introducir en mi fatiga, hallo que es mi temor el que me obliga, a no retroceder de mi deseo, teniendo por trofeo Por no volver atras mi pensamiento, verme morir de mi mayor tormento. que pretendiese yo atajar el fuego, ardiendo de dolor mi mayor pena. Y cuando mi pasión más se enajena, sacando de mis lágrimas el llanto, onno efectos del quebranto, er. que mi pesar sentía. Cuando de mi aprehensión la fantasia, juzgo apagar la llama rigurosa, lob2 mísera mariposa, entre las llamas de mi honor me abraso. Y por buscar mi turbación el paso, como ya estaba ciego, un fuego acrecenté con otro fuego, y al querer apagar su furia loca, el agua de mi llanto ha de ser poca, que el fuego del honor si una vez arde, no se remedia o se remedia tarde. La suerte rigurosa, haciendo mi opinión escandalosa; me previene el castigo, en quee a vivir a mi pesar me obligo. ya tormento perpetuo me condena, pues yo mismo labré mi propia pena, cual mísero gusano, verdugo de mi vida el más temprano; juzgando que lograse mi porfía el premio que en mis ansias pretendía, debanando un dolor y otro en mi pecho. pareciendo que estaba satisfecho, de conseguir el fruto más temprano, Yo con mi misma mano, por lograr mi ventura, con mi vida labré mi sepoltura. Que tan tiranasea la crueldad en que mi honor pelea, que de mi sentimiento condolida, no le quite la vida, a aquesta vida sabiendo que a vivir está resuelta, en pena, en susto, en lágrimas envuelta. parecese don Fadrique con prisiones, le auia dado la muerte. leyendo en un libro. d Leyendo estaba la historia del doctísimo prudencio de Sandobal, coronista del emperador supremo, y con decir Carlos quinto, es síncopa que en su acento, agraviada la alabanza, tiene su blasón estrecho. Leyendo pues las hazañas de este príncipe supremo, entre otras muchas hallé un particular suceso. y es que estando en Alemania, dentro del palacio mesmo; sobre no sé qué palabras, dieron muerte a un caballero Fue tanta la batería, y el tropel fue tan soberbio, que no pudiendo saberse el matador, pretendieron averiguar la verdad, y por sospechas, fue preso un caballero español, del delito tan ajeno, que para su ejecución, aún le faltó el pensamiento. Averiguose la causa, y como estamos en tiempo, que para todo hay testigos, sean o no verdaderos. hubo algunos que jurasen, que entre la refriega vieron señalarse más que otros, en aquel marcial incendio, a el español, y que él solo competidor más sangriento, De decirlo me averguenzo. pero que no hará quien tiene hecha la cara a el empeño, de tener siempre perdido, a la verdad el respecto. Ajustada, pues, la causa, verificado el proceso, le sentenciaron a muerte Un su amigo conociendo que estaba el emperador de la traición satisfecho, y que tenía evidencia, de que a la sazón y tiempo que habían dado la muerte a el alemán, en él mesmo cuarto de su majestad, estaba presente el reo, se echó a sus pies, suplicando que pues sabía que ajeno estaba de aquel delito, perdonase a el caballero, que estaba para morir A qué respondió severo el emperador. si está averiguado el proceso, con todas las circunstancias, y está convencido el reo, ejecútese el castigo, que si esta muerte no ha hecho, habrá otra vez cometido quizás de los más feos. que sonlsjuicios de Dios en su tribunal tan rectos, que a no haber el sido malo, no hubiera llegado a esto. Lleváronle a ejecutar la sentencia y conociendo que era ya el último paso, al pie del suplicio puesto, confesó que aquel delito del que le achacaban reo, no le había cometido. pero que en pasados tiempos había dado la muerte a un anciano, porque cuerdo quiso reprehender su vida, y que aunque estuvo encubierto sin que jamás se supiese, había permitido el cielo, que para que publicase tan infame atrevimiento, viniese ahora a parar en castigo tan severo. Aqueste caso leía, sirviéndome de consuelo, que parece que no pudo depararme otro suceso la historia que más al vivo, signifique a mi intento las causas de mi prisión, en que hago este concepto para divertir mis penas. Dios que es príncipe supremo, conociendo de mi vida los delitos encubiertos hasta aquí, aunque ahora conoce por soberano decreto, que en la culpa que me imputan, ni aun siquiera el pensamiento tuvo mi imaginación. juez, piadoso y justiciero, por castigar los delitos obrados en otro tiempo, sin haberle cometido, tomó este por instrumento Ch. Mientras se averigua, o no, si el delito es verdadero. estese usted otro poquito, pues tiene tan buen consuelo. y después de averiguado, y que en su favor el pleito salga, y que sea falso, no me hará usted merced luego de decid que le descuenten cinco o seis meses de yorro de quenta. Fad. Pues qué he de hacer. si ya no tiene remedio? Ch Qué has de hacer? pedir tu honra Sale don Félix. Fel. Si habrá conocido temo que yo fui de la traición el más público instrumento? Fad. No siento el dolor que paso, sino el discurrir soberbio del vulgo que sin reparo atropella lisonjero, el crédito, que jamás podrá volverle a hacer bueno. Ch. No dejarle atropellar. pues dime, será muy bueno que paguemos el escote, sin comello ni bebello? Fel. Yo he de llegar por si acaso Ap. desubrir puedo el veneno descusansias, y si hallo ocasión buena de hacerlo, le he de contar de su agravio la traición; y con aqueso quizás me disculparé. Señor don Fadrique, siento de vuestro pesar la pena, como quien tanto intereso en vuestra mayor fortuna. y aunque no pudo mi afecto lograr la dicha hasta hoy. Fad. Cómo es razón agradecco los favores que recibo. Sufrid coraçon, que el tiempo Ap. descubrirá su traición. Ch. Lo que traía encubierto. a traidor que para ludas todo lo más tienes hecho. Ap. Fad. Más vale disimular las ofensas y desprecios, porque puede ser tal vez que sufrir los desaciertos del que los pretende hacer, viendo que no tiene efecto el odio que solicita la venganza de su pecho. Siquiera por no cansarse habrá de dejar de hacerlos. Fel. Los males comunicados, aunque no pueden ser buenos, por lo menos disimulan el dolor de padecerlos. Fad. Cuando están en la memoria sin poder tener remedio, referirlos muchas voces, suele ser mayor tormento. Fel. No obstante he de suplicaros, si no es que os disgusto en eso. los comuniquéis conmigo. Fad. Tan públicos son, que entiendo, que no los ignora nadie, si no es yo con padecerlos. Fel. Todos tienen entendido, que ha sido un rigor severo de la justicia. Fad. Eso no, que aunque es contra mí el desprecio nunca me he de persuadir, a que pueda ser mal hecho lo que la justicia ordena. pues su nombre está diciendo que es justo lo que ejecuta. Eso en el idioma nuestro la justicia significa. de donde a mí ver infiero que no puede haber rigor. en quien es justo y el yerro de darle ese nombre, está en quien no lo mira cuerdo. y para que lo conozcas, lo ha de explicar un ejemplo. Muchas veces en el río, por curiosidad metemos un báculo o una caña, que a la verdad está derecho cuando está fuera del agua, y si le míramos dentro, parece que está torcido, y aunque parece defecto de la caña, sólo es un aparente y siniestro engaño de nuestra vista. Pues de aqueste nodo mesmo es la justicia en nosotro que cuando su vara vemos dentro de nuestro castigo. aunque en la verdad del hecho esta justamente recta, es tal el engaño nuestro, que como con la pasión propia, su justicia vemos nos parece que se inclina a el rigor y lo más cierto es que lo que nos parece severidad, si lo vemos sin la sombro del engaño, hallaremos que lo recto está en su obrar y el rigor sólo en el engaño nuestro. Fel. Si es como significáis, de la justicia el acierto, luego es verdad el delito? Fa. Descubriendo va el veneno. Ap. Señor don Félix, no es en la justicia lo mesmo, obrar contra la verdad, no siendo eso su intento. o obrar contra la razón. pues de estos dos. el primero puede con facilidad suceder, porque aunque es cierto que es nuestra justicia humana, de la divina un bosquejo, aunque esta sea infalible, es falible el instrumento, que su rectitud gobierna. y aunque de cierto sabemos que no se puede engañar aquella, como es bosquejo solamente la del mundo, no le es parecida en eso. Porque se puede engañar y aunque a sí se engaña, vemos que obra con su rectitud, que tener en todo acierto es donque está reservado solamente a la del cielo. Y porque no me arguyáis en lo que yo más confieso. estos son juicios de Dios, y parece atrevimiento, de lo que es tan escondido escudriñar los secretos. Dios descubre la verdad, y yo en su piedad espero, que quien tuviere justicia, se ha de conocer muy presto. Fel. Que cuando juzgue que había de mostrar su sentimiento conmigo y ser ocasión de ponerle más tropiezos, ha sido tal su prudencia, que como médico diestro ha sacado su paciencia Vas. la triaca del veneno. Salen doña Juana, y Lesbia. d. Jua. Porqué tengo de aflijirme? que hayas dado en esa tema, cuando sabes que soy yo el crédito de mí mesma Lesb. Está tan público ya este género de ofensa en las voces de la fama; que no hay nadie que no sepa la ofensa de tu opinión. d. Jua. Qué bien la llamaste ofensa, puesto que no es otra cosa, sino una engañosa idea, que quiere contra mi honor acreditar su sospecha. Pero si bien lo reparas, pues que la llamaste ofensa, conocerás que la hace a mi opinión, muy sangrienta, el que duda lo que debe el recato a mi nobleza. Lesb. Que se haya así publicado tan ignominiosa afrenta contra tu honor? d. Ju. Es posible que afrenta llamarla puedas, cuando sabes que la infamia no consiste, en que la lengua de un maldiciente acredite por deshonor, su sospecha, que nunca palabras locas previerten acciones cuerdas, sin más informe que el odio, que su intención maninesta. y de esa publicidad, la infamia, porque lo sepas, no está en el que la padece, si no en el que la sospecha. Lesb. Quién mirare sin pasión tan rigurosa violencia, se persuadirá a eso mismo, mas no quien lo considera, con su dañada intención? d. Jua. Los que hablan de esa manera, miran las cosas de lejos, que a la verdad no pudieran arrojarse de esa suerte, si las miraran de cerca. Muchas veces habrás visto de algún monte en la eminencia, un bulto que desde lejos rebozado entre las peñas, sin que distinga la vista la verdad de lo que sea. a veces parece sombra, a veces parece fiera, a veces parece risco, a veces parece selva, a veces parece un árbol, sólo porque la apariencia nos representa el engaño, que mentirosa la idea, lo que finjo imaginado, aprende por evidencia. mas si después cuidadosa, apartas las sombras negras con que se engaña la vista; acercándote a la selva que de antes te parecía, árbol, risco, sombra o fiera, conocerás el engaño a que vivía sujeta, mentirosa la aprehensión mirándola desde cerca. Este mismo error padecen los que distinguir intentan desde el lejos de su engaño, de mi casto honor las señas, todo les parece sombras, que la confusa tiniebla, que su maldad precipita, como sólo en la apariencia repara, sin reparar, vive a el engaño sujeta. Deja tú que la aprehensión, que vive en su engaño impresa se acerque a el conocimiento de lo que más representa; de su error el desengaño, y de mi honor la nobleza. y verás como quitadas las sombras de su sospecha, será buena mi opinión, si la miran desde cerca. Lesb. Qué bien sabes defenderte. d. Jua. No quieres que me defienda si conmigo misma tengo de mí misma la defensa, Dios volverá por mi causa, que aunque ahora les perezca que no ha de tener castigo de la justicia severa del cielo, quién pretendió contra mi honor tal ofensa. yo espero que sea el castigo tan público como ella. Lesb. Esta confianza tengo. d. Jua. Este consuelo me alienta. Dios descubre la verdad, y tengo por evidencia, que después de conocida, Dios que tiene por su cuenta el amparar la justicia, ha de permitir que sea tan público el desengaño, como lo ha sido la ofensa. Lesb. De las sombras de tu honor, sólo ha sido la apariencia. d. Jua. Si no es descrédito mío, que importa que lo parezca, si mi honor vive seguro, que importa que las tinieblas pretendan oscurecer los resplandores que encierra, si quien la verdad conoce apartada de cautelas; conocerá que no puede padecer el sol ofensa. Y así lo que te suplicó es que en aquestas materias no hablemos más, porque son de tanta delicadeza, las que tocan a el honor; que son como el azucena, que aunque esté más olorosa, y más hermosura tenga nunca deja de ultrajarla, quien mucho la manosea Vamos, Lesbia, que muy presto ha de quedar satisfecha la voz del vulgo engañado. que el cielo oyendo mis quejas ha de defender mi honor, pues por mujer sin defensa yo confío que esta causa, la ha de tomar por su cuenta. Salen el Rey, y secretario. Sec. Este, señor, es el pliego del estado de Milán. Rey. Después responderé a eso. Sec. En el Consejo de Estado. Rey. Ya he dicho que aquesos pleitos pueden tener dilación. sólo unos papeles quiero, que dejé ayer señalados. Sec. También vienen aquí dentro. Rey. Porque suelen los principios del emejantes sucesos, remediar, lo que después suele no tener remedio? La experiencia nos lo enseña, poniéndonos el ejemplo la agricultura en el árbol, que como con el defecto de criatura nació; o por achaques del tiempo, o de su mal natural, se va agobiando hacia el centro. a qué discreto hortelano, se previene, conociendo qué mal puede remediarse el vicio que se hace viejo. Desde que oí este caso, me pareció el suceso increible; que hay delitos de tal calidad en el hecho, que parecen imposibles, por lo que tienen dofeos. Y así, cuando llege a verse en el tribunal un pleito de honor, una vez escrito, aunque sea con más tiento, con mucha dificultad sale sin agravio el dueño. Idme leyendo despacio, de aquesta causa el proceso. Sec. Señor, no hay escrito della nada. Rey. Pues cómo yo puedo proceder contra el culpado, si no hay testigos del hecho? Sec. Señor, ay casos en quien por no hacer público un yerro, se disfrazan los delitos con la capa de otros hechos. Rey. Y si de un yerro escondido, se originan otros yerros por no estar averiguado; no será más desacierto curarle sin descubrir la malicia que está dentro? Sec. Aqueste es el memorial en que se advierte el intento, que puede ser que suceda. Rey. Bien pudo su atrevimiento decir que estaba hecho ya. acción es que debe el reo conocerse agradecido; que vivimos en un tiempo, que parece beneficio. digno de agradecimiento. la vejación que redimen del mal que pueden hacernos. Y quién firma el memorial? Sec. Una mujer. Rey. Pensamiento, discurrid en el engaño; firma de mujer, y siendo la causa contra otra dama. esta es materia de celos, y quien admite querella de semejantes sucesos, sin proceder más informes, debiera conocer cuerdo. que mujeres que en su gusto tienen el pundonor puesto, cómo pueden perder poco, no temen poner a el riesgo el honor, de quien desean conseguir ellas lo mesmo. Y qué más testigos hay? Sec. Pues si no ha habido proceso, qué testigos ha de haber? Rey. Pues cómo castigar puedo el delito, si no hallo en él causa para hacerlo? Mientras no esté averiguado, no me volváis a hablar dello, que no es justo castigar. sospechas de quien podemos colegir que es más venganza de su traición que no ceso, de que li hubiere delito, se llegue a poner remedio. Dadme el pliego de Milán. Saledon Lope. Sec. Su debido rendimiento merece esa estimación. Lop. Humilde vasallo vuestro os pido segunda vez justicia. Rey. En este suceso, si no buscáis más probanza, no puedo hecer manifiesto el delito. Lop. Cuando es tan público el desacierto, que las voces de la fama, en mil corrillos diversos publican mi des honor. Rey. Ver quisiera en vuestro intento de razones mucho más, y de pasión mucho menos. En el mundo habéis vivido muchos años, sin que en ellos sepáis cuán malos testigos son contra el honor los celos. pero porque no juzguéis que es no poner remedio, si mereciere el castigo; antes de todo os advierto, que si después sucediere, por apagar este incendio, que crezca la llama más, no me echéis la culpa luego, de que yo os quité el honor; porque si a castigar llego, sea verdad o no lo sea un delito que se ha hecho contra vuestro honor, es fuerza, que yo averigue primero, que sois vos el ofendido. y será inútil remedio la muerte del agresor, a dejaros satisfecho, que si con quitar la vida al reo, os quitara luego el agravio, estaba bien, mas es de poco provecho para volveros la honra, estar el agresor muerto. Antes el no castigarlo, es, si bien lo considero, el desagravio mejor, para que lo sepan menos Lop. Si cancerándose va algún miembro de mi cuerpo, me parecerá mejor cortarle para remedio, que no que pase el contajio a todos los demás miembros. En el siglo del honor, cada linaje es un cuerpo, adonde si el cancer entra de la deshonra, el que infecto estuviere, será fuerza cortarle, señor, primero que el achaque comunique a todos los demás miembros. Rey. Y será bueno cortarle, sin haber iguar primero cuál sea la enfermedad? Lop. No puede haber más remedio: cuando se enciende una casa, y pasa adelante el fuego, para atajar el peligro, que cortar la que está en medio, que ya que no se remedie en la primera el incendio, es de estorbo a las demías para que el fuego sea menos. Rey. Terrible resolución! mas pues es tal vuestro empeño, yo quiero haceros justicia, de mí no os quejaréis luego, que antes de ver el peligro, no os quise avisar del riesgo. Mirad que en lo que viniere, siempre sois vos el primero a quien le toca el agravio, y núnca es consejo cuerdo, hacer en estas materias, público, lo que es secreto. Volvedlo a mirar despacio. Lop. Pues venga Señor del cielo. Rey. Tened, que no es necesario, cuando yo en mi mano tengo de la justicia el cuchillo, que a otro tribunal supremo pidáis venganza, que aunque es el rigor manifiesto; pues sois parte y queréis ser el ofendido vos mesmo, en nada os hago injusticia. Secretario, id escribiendo. Sec. Ya os obedezco. Rey. Decid. Sec. Pordré, señor, lo primero la cabeza de la causa. Salen don Félix, y Lisarda. Lis. A mí me toca el empeño. Fel. Yo por vengarme de ti he de descubrir el yerro. Lis. Déjame llegar, que yo he de ser quien. Sec. Ya está puesto el gravamen del delito. Rey. Decid: hallo que condeno a don Fadrique. Qué miro, cielos, ¿qué es esto; yo llego antes que peligrar pueda su vida. Fel. A vuestros pies pues os suplico que medéis (to, licencia, porque sabiendo de don Fadrique la causa, he de declarar primero la verdad de su delito. Rey. Decid. Li. Señor, si mis ruegos de vos alcanzan licencia, yo también que decir tengo en aqueste mismo caso. Rey. Si conduce al mismo intento, ambos podéis deponer. Decid vos. Fel. Antes deseo para más calificar la verdad que asista el reo a aquesta declaración. Rey. Secretario, que al momento traigan aquí a don Fadrique, y si conduce a el respecto de doña Juana de Silva. Lis. Aqueso es lo que pretendo. Rey. Traeddo Lope a vuestra hija. Lop. Al instante os obedezco.s. Rey. Cuán incomprehensibles son los justos juicios del cielo, si bien lo consideramos; se puede ver en aquesto. pues cómo de su justicia no falta lo verdadero, aunque permite que esté por algún tiempo encubierto, lo que es falso, no permite que lo esté por mucho tiempo. Y cuando a permitir llega en semejantes sucesos el engaño, suele ser para hacer más manifiesto el delito, de quien quiso hacer semejante yerro; y si alguna vez sucede no descubrirse tan presto la verdad del desengaño, con facilidad podemos persuadirnos que conviene así, pues lo quiere el cielo. Sec. Aquí está ya Don Fadrique. Sale. Fad. A vuestras plantas sujeto, espero de vuestro amparo piedad. Lop. Pues obedeceros me toca, ya viene aquí. S. d. Ju. Quién con mayor rendimiento pide a vuestra majestad, pues es príncipe tan recto acredite mi inocencia. Rey. Levantad, y pues deseo saber la verdad del caso, decid vos. Fel. Ya os obedezco. Lis. No hay quien con más claridad pueda decir descubierto, los términos del delito, que es el mismo que le ha hecho; y así con vuestra licencia, yo he de declarar primero. En mis juveniles años, cuando los pimpollos tiernos de la tierna edad encubren de la belleza el defecto, que allí es la hermosura más donde los años son menos. En esta edad, pues, vivía, cuando aquel Dios que con serlo, se rindió flechando el arco, a hacer su tiro en mi pecho. busquese en mi voluntad algún entretenimiento, a verdad. que como aunque dios es niño quiso parecerse en eso. Tratelo una vez, y cuando quiso olvidarle mi pecho, tan obligada me hallé de cariños alagueños, que le rendí mi afición, y pues que quise confieso aunque mal correspondida, no puedo negar que quiero. Caricias de don Fadrique vencieron tanto mi pecho, que como volcán de amor echó llamas de sí mesmo. al fuego de sus halagos creció de mi amor el fuego, tanto que cuando apagarle quise, era tal el incendio, que a más no poder, deje que ardiese también mi pecho. No me pesa de que amé, ni quejosa me arrepiento, que se queja mal, quién pudo remediarlo antes de hacerlo. Sólo de lo que me pesa, es de que a mi ardiente afecto, no correspondiese amante. y la razón porque pienso que fue ingrato a mis finezas, fue sólo por conocerlo, que hay corazones, en quien tiene tal fuerza el desprecio, que suelen estimar más a quien corresponde menos. Y otros de tal calidad; están su amor conociendo, que les hace aborrecer, sólo el vivir satisfecho? De esta suerte, don Fadriqué se endureció con mis ruegos tanto que supo olvidarme. yo vengarme pretendiendo, hice al fin como mujer; y quien sabe lo que es celos, podrá ahora agradecerme, aun aquello que no he hecho, Yo supe un día, señor, el cortés conocimiento, que don Fadrique tenía con aqueste asombro bello. Y aunque la satisfación de su noble nacimiento, no me dio nunca sospecha, tienen no sé que los celos, que quien los sufre, no puede decir que supo tenerlos. Solicite mi venganza por los más injustos medios, que pudo hallar la malicia del más inhumano pecho, no me atrevo a referirlo que pues sabes el suceso, basta decirte que fui mujer, y que tuve celos. Ahora, señor, ahora quisiera que el torpo acento de mi lengua, ser pudiesa el público pregonero de su honor y su nobleza, y hacer aquí manifesto que fue falso todo cuanto imaginó el pensamiento de un corazón alevoso. Y tened, señor, por cierto, que no hubiera falsedades ano haber malos consejos. Ésta es la declaración, que humillada a los pies vuestros hago, porque se conozca que si tuve atrevimiento de imaginar la venganza por tan riguroso medio, espero en vuestra piedad que he de conseguir muy presto el perdón que no merece. alcanzar mi atrevimiento. Fel. Lo mismo os pido, señor. Rey. Las gracias se den al cielo, que ha permitido que esté este engaño descubierto, y como los perdonéis, yo perdonarlos me ofrezco. d. Jua. Con muy buena voluntad los perdono. Lo. y yo lo mesmo. Fad. Yo doy por bien empleados los pesares que hoy padezco, porque la verdad del caso así se haya descubierto. d. Jua. Yo os pido me deis licencia de vivir en un convento lo restante de mi vida. Ch. Beidito sea Dios que veo, que se acaba una comedia sin parar en casamiento. porque tenga el autor en todo feliz suceso, yo de su parte os suplico, que le perdonéis los yerros.
