Texto digital de El diciembre por agosto
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Vélez de Guevara
- Atribución estilometría
- Juan Vélez de Guevara Probable
- Género
- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El diciembre por agosto. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/diciembre-por-agosto-el.

EL DICIEMBRE POR AGOSTO
JORNADA PRIMERA
Dome mi planta su cerviz altiva: muera Britanión, Constancio viva. Muera Britanión, Constancio viva. Hoy contra mis intentos se conjuran los altos firmamentos, y ya de mi osadía llegó el infausto, el desdichado día. En la empresa que sigo, que presto la traición halló el castigo: pues en mi atrevimiento, lo que fue presunción, será escarmiento: que ya sobre mis plumas desleales, las Agiolas se abaten Imperiales, y serán de su enojo presa inútil, no hazaña, vil despojo. Y hoy, pues Constancio altivo, fritado me busca, y vengativo, porque en su vituverio, suy usurpador tirano del Imperio, Pero yo me acobardo? (do mi esfuerzo altivo, y corazon gallar. se postra de esta suerte? (to? Vive en la fama el que temió la muer. Mi altivez, que blasona quitar al César la Imperial Corona, sendo mi competencia, de? cuando ha de hacer de su valor alar. llegue el Emperador, vengue su saña, cobre su Imperio, y logre esta haza. obre sin resistencia, (ña: ya sea con rigor, ya con clemencia, que huyendo su castigo, el riesgo llevo en la traició conmigo. Las Romanas legiones se acercan en diversos escuadrones: hoy Constancio, de mí solo vencido, a tu obediencia me hallarás rendido, poniendo mi cabeza el laurel a los pies de tu grandeza. Triunfa de mi ardimiento, que solo yo soy mucho vencimiento: ya mi valor te espera. Viva Constancio, y el Tirano muera. Suspendo, o César Invicto, la cuchilla vencedora, que mancharla en un rendido, mas es crucidad, que vitoria. Yo te confieso que osado, contra ti levanté locas torres de viento en las alas de mi soberbia ambiciosa. Pero quien los lisonjeros aplausos de una Corona desestima aún cuando a precio de tantos riesgos se compra? Tus soldados pues (queriendo a mis hazañas heroicas premiar, o por novedad, condición del vulgo propia, Emperador me aclamaron y con Majestad, y pompa me dieron la investidura de la púrpura, y la joya. Y aunque del sacro Laurel ciñeron las verdes hojas mis sienes, contra tus rayos fueron resistencia ociosa. Pues apenas tu venida, de la fama voladora dio noticia anticipada la siempre parlera trompa. Cuando en la traición cobarde me rindió la nueva sola, porque tu acero indignado, aún en los amagos corta. No te espantes, viendo ausente, y tan lejos tu persona, que a tu valor mi soberbia, osadamente se oponga. Pues cuando en extraños climas, cuando en regiones remotas, por el Poniente Españo! busca de nuevo otra Aurora, Al Sol, hermoso Monarca de las lucientes antorchas, el grande imperio del día le tiranizan las sombras. Hasta que dando la vuelta al Cielo, las nieblas todas, su actividad las deshace, y su claridad las postra. Así yo, sombra cobarde, viendo que tus rayos dora otro emisferio, intenté oponerme a tus victorias, hasta que tu luz volviendo a alumbrar de nuevo a Europa. deshizo mis altiveces, atropellando mis glorias. Y aunque es la ofensa tan grande, por ser hecha a tu persona, que le vendrá en el castigo cualquiera venganza corta, Aquí tienes mi cabeza, y pues ingrata te enoja, cortala, si el rendimiento tu indignación no reporta. Levanta, y dame los brazos, que verte rendido borra mi enojo, que aunque irritado contra tus soberbias locas, que tiranamente osadas, usurpando mi Corona, a la Majestad Cesarta se opusieron licenciosas. A castigarte venía con tantas armadas tropas, porque fuese tu cabeza escarmiento de las otras. Tanto mirarte a mis pies humilde, me desenoja, que se admira mi justicia de ver mi misericordia. Y no solamente a ti te perdono, perdón gozan por ti, cuantos en tu ayuda contra mí las armas toman? Y no se alabe Alexandro, que por un libro perdona una Ciudad, cuando yo con hazaña más heroica, de todo un Reino atrevido, que rebelde me provoca, por una humildad perdono tanta traición alevosa, en esperarme, fiado en mi condición piadosa. Tu confianza me obliga, tu temeridad me asombra, pues cuando en tu busca vengo con todo el poder de Roma, y la fama contra ti, venganzas mías pregona. Cuando mis Águilas pardas (que hasta el Cielo se remonta, y rayo a rayo examinan los de la mayor antorcha) que entre sus garras sangrientas, ya te juzgaban furiosas. Destrozo si de su saña, triunfo no de sus victorias: en vez de huir mi castigo, que te amenaza, te exorta tu valor a que me esperes, y en ocasión tan dichosa, que el impetu de mi furia, donde atrevido te arrojas, con humildad templas, cuando con soberbias le ocasionas. Y en fe que quedo obligado, para que el mundo conozca como Constancio, al rendido a un tiempo perdona, y honra, de estas legiones te dejo en Alemanía, y Polonia, por General, contra cuantos a mi grandeza se opongan, poniéndole a tu valor, porque a más traición no corra, con la confianza grillos, y con la piedad esposas. Vivas (oh César Inuicto) del ocaso, y de la Aurora, mas que el pájaro de Arabia hace hoguera, y desatado en sus llamas olorosas, pierde abrasado una vida, para renacer en otra. Solo César de dos mundos, tu valor (con quien fue sombra el que celebra la fama, del rayo de Macedonía.) Pudiera hazaña tan grande haber hecho, que es más gloria, que el que soberbio se irrita con el que humilde se porta, o se precia de tirano, o de cobarde blasona. Pero tu invencible pecho, con tantas grandezas obra, que fuera del perdón, das premios a los que perdonas. Mas de tal padre eres hijo, cuyas hazanas gloriosas vivirán a par del tiempo, impresas en las memorias: siendo al fin, de Constancio el Magno tan viva copia, que les consuela tu vida a los que su muerte lloran. Juan Patticio, si el poder no se templa, y licenciosa corre la crueldad sin freno, que a sus venganzas se oponga, está violento el demonio, mal segura la Corona, tiranizado el Imperio, y la Majestad odiosa. Siempre es la venganza injusta, siempre la clemencia heroica, que es cobarde la crueldad, y la piedad valerosa, que alabanzas el piadoso, en cualquier siglo no goza? y el que es cruel en la infamia, que pocos aplausos logra: que el que de impiedades vive, cuando en la muerte reposa, el olvido aún de que fue, la menor seña le borra. Mas del magnánimo pecho, cuando la guadaña corba, de la muerte de la vida, devital estambre rompa. A pesar del tiempo vario, será eterna su memoria, porque la posteridad, nueva vida le negocia. El acero más brillante, y la espada más famosa, en la sangre de un rendido, se desluce, y se desdora. Y ansí en la clemencia de hoy es más grande mi victoria, lo que lleva el que castiga de ventaja el que perdona. Solo tu valor te excede, compitiendo con tus glorias. Tu nombre aclamen triunfante en las abrasadas Zonas, cuantos incognitos climas. el mar Oceano moja. Y en larga edad, tan felices sean tus empresas todas, que domine tu fortuna en los hados imperiosa. Tanto en tu amistad granjea. mi amistad, y mi Corona, que de un vasallo perdido, un seguro amigo cobra. Yo pagaré con la vida a tu piedad generosa. Esa es deuda del valor. En mi asegura contra la envidia mi obligación. Eso a tu sangre le toca. Yo quedo aquí a obedecerte. Ya parto de tu victoria ufano. Mil siglos vivas. Marcna la vuelta de Roma, No te entiendo. Mi pesar, que es todo penar, y arder, aunque es fácil entender, es difícil de esplicar. Tan extraña es tu pasión, que por nueva me lastima. Toda mi muerte es enigma, todo mi mal confusión. Qué tienes? Tengo una pena, que me atormenta inhumana, pues con no morir tirana, a más muerte me condena. Tengo el alma dividida en gusto, y placer, de suerte, que es bien que parece muerte, y mal que parece vida. Con miedo, y desconfianza, sigo un imposible empieo, y tengo vivo el deseo en una muerta esperanza. Busco sin poder hallar alivio a mi padecer, el camino del placer porla senda del pesar. Y al fin, de tanto rigor, Libio, vendrás a inferir, que anhelar, penar morir, que pudo en sino amor? Hablara para mañana, a tu gala, a tu poder hay en el mundo mujer, que si no amante, de vana no te estimer pues Juliano, quien desprecia tu valor, siendo de un Emperador tan valino, y primo hermano? Es un monstruo, a quien le dio prodiga naturaleza, esquivez como belleza. Es tu prima Elena? . No, que aunque es tan hermosa Elena, que al mismo Sol desafía, como la juzgo por mía, ya no puede darme pena. otra causa, otra beldad, que darme muerte procura, tiene en su dulce hermosura cautiva mi libertad. Dime (por si hallo algún medio) quién es, pues en caso tal, es comunicar el mal alivio, si no remedio. Fuera de que no hay mujer, (aún cuando ingrata resiste) que el oro no la conquiste, y no la venza el poder. Y si de tu enfermedad quieres curar el dolor, llama al interés dotor, que cura conbrevedad. Que pues lo puede el dinero todo, sanará tu pena, sangrándote de la vena del arca de tu dinero. Y será en esta ocasión, contra su desdén esquivo, diaquisón madurativo, lo que es en ti enacuación. Libio, es mi pena ardiente, mucho el mal, poco el remecio. Dile, por si hallo otro medio. Escúchame atentamente. Al Tiber una tarde, divertido salí, de mi tristeza acompañado, donde con variedad de colotes, fingen un mar de pielagos de flores. (sa, Vi (Libio) un cielo, una deidadhermo- de un estanque en la margen cristalina, que estaba entre las flores comorosa, por desmentir humana él ser divina. Creí que era Diaña, que fogosa, bañarse en el estanque determina, pues de Anteón temió mi atrevimiento, acreditar de nuevo el escarmiento. Mirela, y al instante afectuoso, en amorosas llamas me abrasaba, y sin duda Cupido riguroso, flechas no, rayos sí, puso en la aljaba. Pues de mi corazón imperioso las alas con que al Sol se remontaba, en cenizas dejo su ardor deshechas, y no abrasaban tanto siendo flechas. Sintiome temerosa, cuando apenas saetas de los arcos desparadas, fueron sus dos vivientes azucenas, con que dejó mis dichas malogradas. Debiendo a sus pies breves las arenas, a cada paso flores duplicadas, desuerte, que pudieron mis amores seguirla por el rastro de las flores. Pero quedé desuerte absorto, y ciego, que apenas de viviente daba indicio, siendo en las llamas de su hermoso fue- víctima a su deidad, y sacrificio, (go, sin conocerla, hasta que supe luego, que era Laura, mujer de Juan Patricio, que con Elena vive lo que ausente, con el César su deeño está en Oriente. Esta es la causa, Libio, que condena mi vida a este pesar, a este tormento, que Laura al fin, con su virtud enfrena, mi siempre desbocado atrevimiento. por ver si en su corriente entretenido, Pues no se atreven a decir mi pena treguas pudiera hacer con mi cuidado. los ojos, al pesar del sufrimiento: Y entrando en un jardín, el más florido esto ocasiona en mi dolor tan fuerte, de cuantos riega su cristal al prado, mira si sobra mal para una muerte. A que estás endemoniado apuesto cualquiera cosa, que no es pasión amorosa tan imposible cuidado. Tú no debes de saber quien es Laura, a quien pretende tu locura? Pues atiende, y te lo daré a entender. Laura es en Roma el objeto de mayor veneración, por su virtud, y opinión, dignas de todo respeto. Y aunque su belleza rara obligue amante inquietud, puede templar su virtud lo que ocasiona su cara. Que en ella, y en su marido Juan Patricio, que hoy está con el César, donde da de tanto timbre adquirido heroica demonstración, que con toda la grandeza de la Romana nobleza, le sigue en esta ocasión. Puso el Cielo la bondad mayor, el más justo recelo, el más devoto desvelo, la más cierta santidad, tan cortados de una pieza, por providencia de Dios, que igual se admira en los dos la virtud, y la nobleza: y al fin, para eternizar su fama contra el olvido, su devoción ha escogido un medio particular. Dejando en su hacienda entera, porque su virtud no ignores, por faltarles sucesores, la Virgen por heredera: y dando devoto ejemplo del amor que los abrasa, tienen su imagen en casa, hecho de sus almas templo. Mira tú que amor aprendes, que esperanza solicitas, que voluntad acreditas, y que imposible pretendes. Yo (así para dar descanso a tu amor mal informado) facilité tu cuidado, hablé por boca de ganso: que sola esta ingratitud, invencible, y incontrastable, que la hacen inexpugnable los muros de su virtud. Y si en amarla, Juliano, ciegos tus deseos van, olvidala, o te tendrán por loco, o por mal Cristiano, Cómo he de poder, si veo mi pasión tan invencible? Lo que se mira imposible, entibia cualquier deseo. Para que me embien damás es este imposible parte. Piensa que no han de apagarte, aunque te chamusques más. Que bien alibias la pena que en mi causa su desdén. Aguarda que viene. Quién? Laura, con tu prima Elena. Di que tras la noche fría vienen con sus arreboles, en sus dos ojos dos Soles, a hacer más hermoso el día, que con luces lisonjeras vienen sus lucientes rayos vertiendo floridos Mayos, granizando Primaveras, que para mí en su desdén, y en su beldad celestial, viene disfrazado un mal, con lo apacible de un bien. Di que viene en su rigor, tan esquivo como fuerte, para mi vida más muerte, más vida para mi amor; pues sin quererle admitir, creciendo en mi pecho va: y di. . Laura llega ya, tú se lo puedes decir. Primo. . Señora. Es posible que para verte, y hablarte, aún no me basta el buscarte? que extraño estás! qué terrible! tantos días sin querer verme, con tanto rigor? Que poco a mi firme amor, que sabes corresponder: si no por dama, por prima, pudieras verme, que es justo conceder tan fácil gusto, a quien como yo te estima. Elena, saben los Cielos que te adoro, y que mi amor solo áspira a tu favor, con amorosos desvelos. En no verte aquestos días, no culpes mi voluntad, culpar puedes la impiedad de algunas melancolías, que tanto me desazonan, que todo son extrañezas, que al fin en mí estas tristezas adusta sangre ocasionan. Si ausente de ti las tuve, ya cesarán sus enojos, que las desharán tus ojos, tomo el Sol la parda nube: cuando su luz serena, de su poder con victoria, porque donde todo es gloria, no puede asistir la pena, En fe que estimo el favor, crédito le quiero dar, que fácil que es de engañar, con apasionado amor. No temas, que puede ser fingido su amor, señora. Como mi pecho le adora, todo es dudar, y temer. En vano son tus recelos, si tu esperanza asegura tu prudencia, y tu hermosura; donde cifraron los Cielos toda humana perfección, a tu beldad reducida. Lisonias, Laura querida? Las verdades no lo son. Ay Libio! que estoy mortal. Qué te duele? que en conciencia que si es Laura tu dolencia, que es incurable tu mal. Siempre has de estar de humor? todo en ti burla ha de ser? Pues dime, que puedo hacer, si no tengo otro mejor? Aparta. Laura, no entiendo la suspensión de Juliano, aunque desmentir en vano a mis sospechas pretendo, que aquel mudo suspirar, aquel suspenso entender, aquel triste padecer, mucho dice con callar. Aliéntese tu esperanza, vanas sospechas olvida, no sea sin causa entendida tanta tu desconfianza. No pienses que es tan grosero Juliano, y tan necio, que ingrato pague la fe de un amor tan verdadero. Que si extraño se retira, si suspenso se detiene, si inclancólico viene, y si callando suspira. Todo es por ti, que no creo, aunque dudas su firmeza, cuando en ti hay tanta belleza, que a otra áspire su deseo. Que esté su amor, no me espanto, cobarde, que en mi concepto más que tibieza es respeto, aunque le haces favor tanto. Que en empeño tan subido, no es mucho estar receloso, que amor por ciego es medroso, y por rapaz encogido. Tan bien sabes consolar a mi amante proceder que por ti llego a creer lo que en él puedo dudar. Aunque de amor el rigor no sufre mi voluntad, que en mí a ser conformidad, se ha pasado el que era amor. Pues Patticio, y yo tenemos las condiciones iguales, de los amorosos males, aún olvidé los extremos. Tarde olvida su impiedad, quien firme amó. Verdad es. Dadme de albricias los pies. Juan Patricio, levantad, y seáis muy bien venido. Con favor tan soberano, claro está. Qué hay de mi hermano? Que de vuestro amor vencido, ya de veros deseoso, la jornada apresurando, hoy entra en Roma triunfando. Cómo viene? . Vitorioso, y de Laura con cuidado: yo para quietar mi pena, y daros nueva tan buena del César, me he adelantado. Bien lo debéis a su fe. Dad licencia que a Juliano bese, señora, la mano, y a Laura los brazos dé. A tan justa petición, quién resistencia ha de hacer? De alborozo, de placer, . no cabe en mí el corazón. Dadme la mano. Patricio, los brazos más cerca están. Siempre sé qué me honraran. Haceros favor codicio. Aunque Juliano se allana, y a Particio abrazos da: yo sé que los trocara con Laura de buena gana. Laura mía. Esposo amado. Dame esos brazos, que son centro de mi corazón. Gloria de mi cuidado. A mis amantes desvelos no les bastaba el rigor del incendio de un amor, sin la rabia de unos celos? Salgamos a recibir a Constancio pues está tan cerca de Roma. . Ya, ocioso será el salir, que si no miente el rumor del concurso desigual, ya hace el aplauso señal, que llega el Emperador. Deme vuestra Majestad (Invicto señor) la mano, y sea tan bien venido, como ha sido deseado. Elena, hermana, señora, llevanta, dame los brazos, que el pecho te aguarda, solo para tu amor dedicado. Cómo venís? . Con salud, gracias a Dios, deseando verte, que aquesta fineza debo a la tuya. . Mas años viváis, que el mar tiene arenas, y hojas, y flores los campos. Vuestra Majestad me dé abesar sus pies Cesareos. Los brazos están más cerca. Primo, amigo, levantaos, que solo a Roma he venido apartir el Laurel sacro con vos, y de vuestra amistad, y vuestro esfuerzo obligado; porque cuando yo en Oriente, en la guerra con los Partos, divertido esté, en vos tenga en el Poniente un resguardo. A tanto rebelde impulso, atanto atrevido brazo como al Imperio se opone, esadamente tiranos, quedando para este efecto con Elena desposado, por daros a un tiempo, todo loque mi amor puede daros. Laura, hay mujer más dichosa? señor, porfavores tantos, ls pies te beso mil veces. Primo alzad, alzad hermano. Conceded, señor, agora la mano a Laura, milagro de virtud, y de hermosura, y a quien estimo yo tanto, como sus partes merecen. s, Deidades miente lo humano, aunque está con su hermosura de divino acreditado. De Juan Patricio es, señor, esposa. . Sin mí he quedado. Dadme la mano a besar, porque avuestros pies llegando, ni mayor merced deseo, ni mayor fortuna aguardo. Levantad, mujer notable! . que no es bien que esté postrado un cielo. . Es gran poder vues- viva eterno siglos tantos, (tro que a duraciones apueste con el bronce, y con el mármol. Mayor es el de Patricio, por ser dueño soberano vuestro, que es vuestra belleza imperio más dilatado. Vuestra esclava soy. No he visto mayor beldad, con sus rayos es el Sol noturna estrella, Cuidadoso está Constancio: . Hacelos! villana envidia. Yo también (pues que me hallo aquí) haré lo que me toca, por cumplido; y cortesano. Deme vuestra Majestad los pies, las piernas, las manos, y lo restante del cuerpo, los bestidos, los zapatos, que de la planta al cabello, todo pretendo besarlo, que a los Reyes, desde niño fui besador por el cabo. Levantad. De mil amores. Quién sois? Soy Libios criado, y todo su valimiento de vuestro primo Juliano. Bien está. Linda razón. Por no hablar tan mesurado, no fuera yo Emperador, si me llevaran los diablos. que veneno en mí ha infundido aquel hechizo animado! Ya a tu Majestad espera, señor, Roma, y el Senado. Ay Laural tus ojos bellos, que son del Cielo retratos, tienen preso mi albedrío en su hermosa cárcel: vamos. Que atento el Emperador . mira a Laural y que obstinado de mi envidia está el enojo, de mi amor está el agravio. A Laura diré mi amor, pues no hay riesgo en declararlo, que aunque muera de decirlo, cuando muero de callarlo, poco importa: esto ha de ser. P Que poco alegre Juliano festeia tantas mercedes, como le hace el César, dando de estar descontento indicio: pero dejadme cuidados, no desazone mi dicha con dudas el sobresalto. Patricio, acompaña al César, mientras yo a Elena entre tanto acompañar solicito. En todo pienso imitaros. Para hablar a Laura, creo que mi amo se anda arrullando; yo me voy, que no he de ser cómplice en este pecado. . Yo voy a seguira Elena. Laura. . Señor. Oye un rato un negocio, en que deseo tu intercesión. Ya le aguardo. Laura, desde que te vi, quedando al mirarte ciego de tu dulce hermoso fuego, mariposa amante fui. En tus rayos me encendí, bien que tan felice suerte, que soy dichoso me advierte, pues aunque eres mi homicida, no puede haber mejor vida, que tan venturosa muerte. Desde entonces recatado te adoro, y te reverencio tanto, que solo el silencio mi deseon ha publicado: y aún los ojos no te han dado noticia de sus antojos, pues disimulando enojos, a que el amor me condena; tan recatada es mi pena, que aún no se asema a los ojos, Mas viendo que es el callar un cilatado morir, porser a tanto sentir poco alivio suspirar, quise mi amor publicar, y si matarme procura, as tu hermosura, con desdén descansará el sufrimiento, que hace menor el tormento el que la muerte apresura. Perdóname atrevido te hable mi amor de esta suerte, que si es ofensa el quererte, yo soy quien más te ha ofendido. Piedad, no favor le pido a tu divina beldad, no ejecute tu crueldad en mi amor su ley severa, pues permitir que te quiera, no es profanar tu deidad. Juliano, corrida estoy, que haya sido mi beldad (como tu dices) la causa de un atrevimiento tal, que a mujeres como yo, es poca atención llegar a hablarlas de esa manera, que es presumir! qué es pensar! que tienen poco valor, o mucha facilidad; si ya no es que poco atento llegues quien soy aolvidar. Pero acordártelo quiero, porque no lo ignores más, ni oslado mi estimación profane tu liviandad; que soy. . Ocioso es decirlo, pues yo no puedo dudar quien eres, pero el amor, atrevido por rapaz, que a las deidades se atreve, por más suprema deidad, a este imposible me anima, estos alientos me da, y no es desestimación nunca lo que es voluntad. semplalas ingratitudes, no des al poder lugar, que despechado convierta el fuego en temeridad. Estás loco? Aguarda, espera. Buscando a Laura me trae la inclinación que la tengo; pero aquí Juliano está con ella, que maliciosos son los celos escuchar quiero desde este cáncel, que amor es curiosidad, y para ella sus despegos, bastante ocasión me dan. Baste ya tanto rigor, cese ya tanta crueldad, Laura, señora, mi bien. Con irme se excusará tan libre demonstración, tan descortes libertad. No se engañaron mis miedos. Suelta pues. Terrible estás. Hay lance más apretado. No te tengo de dejar, si para templar mi fuego, una mano no me das. Primero un rayo me abrase. Qué rigor! Qué libertad! aparta, o viven los Cielos. El César. Terrible azar. Qué es esto? E Laura. Juliana. . Señora. Tu Majestad, yo, cuando turbado estoy. De enojo no acierto a hablar. No la violencia del hielo . así suspende el cristal de un arroyo, como a mí me ha suspendido el pesar. Pues Juliano. Yo, señor, (qué me podrá disculpar?) . estaba pidiendo a Laura, que pues en tanta voluntad de Hlena, por su virtud, tiene tan grande lugar, que acredítase la mía, que puesto que deseáis, que de su beldad sea dueño, para obligar su beldad, quisiera entrar a marido, por las puertas de galán. Mas como en su encogimiento es empeño desigual, al fin se excusó, y amante quiso de nuevo obligar su obstinación mi porfía; pero airada. . Bien está. Laura como cuerda sabe lo que ha de hacer: un volcán . tengo en el pecho. Ha cruel! ha fementido! Qué tal me sucediese! Juliano con Laura? qué presto va a la sospecha el discurso. De celos estoy mortal. Pero no caben recelos . en su virtud singular. No ha de ser parte este lance . de hacerme volver atras, y porque no haya embarazo en mi ciega voluntad, he de matar a Parricio, pues así se excusara (po. mi envicia, y su estorbo a un tien B. Mis celos sabré vengar. No voy en mí del suceso. Sin alma voy de pesar. . Brotando veneno voy. . Ay ingrata! Hay desleal! Sombras del honor, dejadme celos, que me atormentáis, pues de Laura en la virtud tantas resistencias ay.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA No he tenido mejor día después que las sacras aves coronaron mi cabeza, con la ingratitud de Dafne. Viniendo a mi frente estrechas las Coronas, que triunfantes acreditaron mis hechos, y a Cíbicas, y a Murales. Que hoy se asegura mi Imperio, pues hoy a su peso grave, para duración eterna áplica el hombro otro Atlante. Fijando de la fortuna la rueda siempre inconstante, como hija del tiempo vana, y como mujer mudable. Porque Juliano ha de ser leal, fuerte, y vigilante escudo, que las espaldas, de tanta traición me guarde. En cuya amistad vínculo todas mis seguridades, que durará hasta la muerte, lo que la vida durate. Y para mayor firimeza, solo falta efetuarse con Flena el casarmiento, con que puede serátaje . sobresaltos a mis celos, pues un empeño tan grande, será fuerze que su amor lo divierta, o lo embarace. De cuántas honras te debo, cuantos favores me haces, en que liberal a todos has querido aventajarte. Ninguno es de tanta estima (dejando la dicha aparte de ser esposo de Eleva) porque más que todas vale. Tomo el nombre de tu amigo, pues le estimo para honrarme, aún mucho más que el Laurel, que hoy mis fortunas aplaude. Aunque mi parentesco, Julieno, puede obligarme a nuevas estimaciones, y a finezas más notables, tiene la amistad tal fuerza, que pretende aventajarte al deudo, pudiendo más la inclinación, que la sangre. Honrasla al fin como tuya. Pero que cajas, del aire confusamente los ecos ocupan las raridades? De vicoriosos indicios idan los acentos señales. Qué será? De Britanión podrás señor informarte. Deme tus pies. A mis brazos llega. Con favores tales, haces mi deuda mayor, y no he de poder pagarte lo mucho que yo te debo, si no cesas de obligarme. Qué hay del Sarmata? Qué osado, sacudir quiso arrogante, de los hombros mal sufridos, las coyundas Imperiales. Pero yo, que deseava ocasión en que mostrasen sus afectos mis finezas, su obligación mi coraje, a sus soberbias me opongo, y para que la templasten, quiero que publique el bronce, hago que pregone el parche, en mi brazo tus venganzas: y como el propio dictamen que ellos siguieron, seguí, cuando en mi esfuerzo triunsante conocí en mis escarmientos, con experiencias bastantes, lo valiente del castigo, de la traición lo cobarde: y así me pareció entonces, que había de ser muy fácil el vencerlos, con lo mismo que tú me venciste antes. Sugetelos enefeto, quedando con nuevas paces al yugo de tu obediencia, de mi valor al examen. Solo este triunfo faltaba, para que en mí le juntasen las victorias, y los gustos, en competencia amigable: mucho debo a tus finezas. Aún no pago tus piedades. En mi amoroso deseo. A. no hay placer, todo es pesares. Que mal el amor de Laura . encubrir Juliano sabe, pues lo que oculta en el pecho, lo descubre en el semblante. Mas yo sabre castigar su desatención. . Pues hace este día mi poder lisonjas tan agradables, hoy la puerta del favor no pienso negar a nadie. Ya, señor, que tu piedad quiere que a todos alcance, escúchame, si merece mi ruego atención tan grande. Constancio, a quien guarda el Cielo para coluna constante del Imperio, y para asombro de las futuras edades. Hijo del gran Constantino, cuyos hechos inmortales, la memoria los estudia, porque la fama los cante. Tres años ha que a Liberio, Pontifice, desterraste de Roma, y atento a la envidia de su virtud admirable. Quedando entonces la Iglesia sin defensa que la ampare, sin cabeza que la rija, y sin Pastor que la guarde. Vuelva Liberio, no esté Roma sin su Obispo, baste para castigo sin culpa, un destierro, no se alabe la Heregia, que ha podido tu Cristiandad deslustrarse, ni la malicia ocasiones que en tu descrédito hable, pues no es justo que quien tiene tal dignidad, viva, y trate desiertos, en vez de Cortes, en vez de hombres, animales. No peligre en la entereza la piedad siempre loable: venza el ruego lo severo, de lo rígido, y lo grave. La venganza, y el enojo, mas su poder no dilaten, que aventuras tu justicia, que tiranía se llame. Concédeme este favor, pues regocijo tan grande, me ocasiona a mi a pedirle, y te obliga a no negarle. Y la merced que suplico, mas dilaciones no aguardes, que el beneficio desluce quien con remisión le hace. Así victorioso siempre trémoles los Estandartes, en los climas más remotos, que aún apenas el Sol sabe. Así de tus enemigos te admire heroico, y triunfante la fama, haciendo a tu nombre adulaciones de jaspe. Así la traición te tema, así la envidia te alabe, así el mundo te venere, y así los Cielos te amparen. Vive Dios que a Ciceron, quince, y falta puede darle en orar. . Demonstración Cristiana! mujer notable! Laura, imposibles mayores, mayores dificultades pueden tus ruegos vencer, que ablandarán un diamante, enternecerán un bronce, y un escollo harán mudable, que ostenta en él firmeza a las aguas, y a los aires. Demás, que lo que pides, es tan justo como fácil, y para cosa tan poca, es la intercesión muy grande. Vuelva Liberio en buen hora, mas su destierro no cause descrédito a mi clemencia, tanto, que crueldad se llame. Cumpliendo de esta manera, clemente, justo, y galante, con mi piedad, con su queja, y con tu ruego agradable. Eterno tu poder viva, tu nombre la fama ensalce, para coluna, y defensa de la Iglesia Militante. Ju. Qué declarado Constancio ida de su afecto señales! o cómo pública el humo, que en llamas del amor arde! Ha celos! De la merced que has hecho a Laura, me cabe parte, por ella, y Liberio (de alborozo mucha parte. Por ti, porque es esta acción tan justa como loable: por ella, pues alcanzo de ti merced semejante. Y por Liberio, por ser severo Pastor, y Padre de la Cristiandad, a quien concede su poder grande Dios, y en la silla de Pedro lige la divina nabe de la Iglesia, al sin piloto de los rumbos celestiales. Aunque conozcoque es justo lu Dignidad venerarse, ocasión me dio un Concilio para que le desterrase. Cómo puede la razón de tu justicia dudarse? Britanión. Señor. . Agora será razón que descanses: mañana vendrás a verme, que deseo despacharte brevemente a tus legiones, porque son los Alemanes, Bándalos, Sarmetas, Godos, belicosos, y arrogantes, y han menester quien refrene sus intentos desleales. En obedecerte fundo todas mis felicidades. Guárdete el Cielo. Y a ti, vida, y Imperio dilate. . Porque tan alegre día, dichosamente se acabe, Elena, dale a tu primo la mano de esposa. El lance rodado le traen mis celos, para que pueda vengarme. Ya, qué aguardas? . Señor. Pues qué dudas? Castigarle pretendo, si no en el gusto, al menos en el desaire. Ea Elena, en qué reparas? Juliano llega, no aguarde mas dilación mi deseo. Cómo puedo yo excusarme, cuando tantas dichas logro. Y tú, suspensa, que haces? porque no le das la mano? Yo no gusto de casarme agora con tu licencia. Qué es lo que puede obligarte? Juliano anda divertido, y en mi vanidad no es fácil reducirme a ser mujer del que fuere de otra amante. Arrojose con la carga. Si este equívoco lenguaje hablará conmigo, Cielos! Nuevos recelos añaden estas confusas preñeces a mis dudas. Que me causa pesar, sin tener amor, este desprecio. Lograrse no pudieron mis designios, porque en más celos me abrase: disimular es forzoso. Mi amo dio con todo al traste. Pero quien tan poco atento ha podido ocasionarle, grosero a tanta fortuna, demonstración semejante? Sepa (si por confiado estos desaciertos hace) que nada tendrá seguro, quien no ha sabido obligarme. Ahí es una niñeria. Porque sospechas no falten, a pesar de mis desvelos, unas mueren, y otras nacen: huya de Palario Laura, que así podré asegurarme, que aunque es su virtud ejemplo de las presentes edades, muchas veces la virtud no es contra el poder bastante. Corrida estoy de la duda, que hoy mi inocencia combate. Que ocasione mi fortuna tan extrañas novedades! Bueno va el César, y bueno queda Juliano, me maten luego al punto, si a los dos no los come en una parte. Si Laura es quien es, sospechas no me atormenteis, dejadme. Muy bien habemos quedado, sin esperanza ninguna, que la boda, y la fortuna a un tiempo nos han dejado. Por ti desdichado soy, y tú lo llegas a ser, pues la esperanza de ayer marchita el mal aire de hoy. No me dirás. Calla necio. Tanta culpa es preguntar. Que Elena me ha de pagar, vive Dios este desprecio. Buen medio no me parece, así tu dicha se goce, que tú lo metas a doce, si Elena se está en sus trece. Su despego vengará, a su pesar mi rigor, que sé que me tiene amor. Y si le ha soltado ya? Quien ama firme, no olvida con esa facilidad, corriendo la voluntad pareja igual con la vida. Y aunque negaron sus labios el si a mis locos desvelos, fue para vengar sus celos, a costa de mis agravios. Quien tal confianza alcanza, que estará gustoso creo. Libio, donde no hay deseo, no importa la confianza. Buena amenaza has hallado: Es posible que no ves, que mal para el cántaro es todo? . Estoy desesperado. Bien se ve. Que pena tal, es rabia. . Pues saludarse, que puede ese mal pegarse, y es incurable ese mal. Ya hallé medio. ̱. Cuál será, si tu locura le advierte? Dar a Juan Particio muerte. O qué bien pensado está! Diablo eres. Mi intento, así mi muerta vida restaura. Con eso te querrá Laura, que se morirá por ti. Esta acción que oyendo estás, no es razón que te alborote. Un bobo de capirote, no podía decir más. l. Libio, más que te he de hacer que moderes la porfía. Aconsejarte querría. s. No hay consejo, esto ha de ser, que así quita mi rigor, para mi amoroso empleo, un estorbo a mi deseo, como una envidia a mi amor. No hay templar su desatino. Pues ya en el funesto coche tua la lóbrega noche, llama Aurelio, y a Vificino, ya los que conmigo salen. Todos en tu cuarto esperan. Viva yo, aunque todos muera, que pues lágrimas no valen a mi ardiente amor, quiza d incendio que en mi fragua, si no se acaba con agua, con sangre se apagara. Aunque gallina me advierte el lance en que voy a hallarme, que lo que baste a criarme, me tocará de la muerte. Adónde, joven, me llevas? A tu bien. Aguarda, escucha: que bienl. . Sabraslo después: ven conmigo. Qué procuras? Librarte. . De qué? De un riesgo que te amenaza. . Mas dudas a mi confusión añades. No temas. Porque me ocuitas tu intento? Porque conviene. Dónde voy? . A tuventura. Adónde está? En mi cuidado. Quién eres? Soy guarda tuya. Y qué intentas? Defenderte. . De qué? De una aleve injuria. Quién te obliga? Tu virtud. Quién me espera? La locura de un desbocado poder. Todas son señas confusas: al fin no sabré quien eres? Soy quien de tu lado nunca se aparta. Menos te entiendo. . Sígueme. Aunque más confundas con enigmas mis sentidos, y misterioso te encubras, por divino te venero, que humano os disimula el traje, y porque a esa dicha, Norte hermoso me conduzgas, te seguiré como acero, ya que como imán me buscas. . Ya es en vano aconsejarme. Quien los consejos reusa; a incapaz me huele. Libio, ya no puede mis locuras dejar de precipitarme, que la envidia que en mi lucha, a desaciertos mayores me induce. . De tu cordura no pensé tal desatino, pues las felices fortunas que la amistad de Constancio en su favor te asegura, impaciente las arriesgan las temeridades tuyas. Imposible es reducirme. Tú de la Corona Augusta, por desazonar a Elena, perderas la investidura, y en vez de recuperarla, tiranías ejecutas, escándalos ocasionas: mal haces. . La amante furia de mi amor desenfrenado, a más riesgos me aventura, que estoy loco. Al que lo está, aún las leyes le disculpan. Ya estás necio. Y tu imprudente. Vive Dios que si no excusas ser cansado consejero, que te haga pedazos. Zurra: aquí dio fin mi advertencia; perdona si fue importuna, y lo pasado pasado: Juliano, no haya más burlas, o que mal medra en Palacio quien aconseja, y no adusa. Vificino. Qué me mandas? Qué Aurelio, y tú con la ostu- sombra de aquese portal, Jra os recatéis, siendo mudas atalayas de esa nuerta, sin que persona ninguna pase sin reconocerle: y si llegare a quien busca mi enojo, haced lo que he dicho, para que quede segura mi envidia con mi venganza. Los que de servirte gustan, con la obediencia responden. Libio, esa esquina procura guardar, mientras guardo estorra, sin que un átomo presuma (na) pasar, sin reconocerle Por no errarlo (pues no hay Lu- que señas tienen de noche los átomos? Necio, nunca has de dejar de cansarme? No es muy bova la pregunta, siendo la vista tan poca, y la oscuridad tan mucha. Ve, pues, a guardar tú puesto. Que estará, no tengas duda, mas guardado que oro en paño, pera en paja, en cuerdas hubas, y en tálego de avariento, la Indiana moneda rubia. Eso es saber granjearme. . Dios de noche tan confusa me saque con bien, que santo ntos el Cielo ocupan, u de los que guardan esquinas abogado es, que su ayuda invoco, aunque pecador, pues voy esta noche a escuras, con más miedo que vergüenza, y con más susto que furia, con más hambre que otro tanto, y con más miedo que nunca, a ser atalaya en pena, y centínela en ayunas. Cuando he de saber quien eres, y adonde por tan confusas sendas, mis dudosas plantas siguen las divinas tuyas? Corre el velo al desengaño, que entre el recelo, y la duda, torpe el valor se acobarda, ciega la razón se ofusca. Descifra el enigma rido, que tan misterioso ocultas, y las confusas tinieblas de mi ceguedad alumbra. No tan su penso el recato, mi entendimiento confunda, porque la duda le deje lugar para que discurra. Sepayo tu intento, y sepa quien eres, y que procuras, yadonde, y con que designios guías mis pasos. Escucha. la envidia es esigie cruel, tin antigua como injusta, pies el primer homicidio fue alevosa hazaña suya. Lque en los Reales Palacios, tatos mériros deslustra, tatos blasones desluce, taratraición ejecuta, tanta nobleza baldona, tantos laureles usurpa, tantas verdades desmiente, y tanta virtud injuria. Esta, al fin; ocasionada de tu estado, y tu fortuna, vengativa sin agravio, te hizo blanto de sus puntas. Y dispuso que esta noche, disfrazada en las oscuras sombras, que densas empañan el resplandor de la Luna, de aquel mendigo Planeta, que cuando pielagos surca azules el Sol los rayos, que desperdicia, le hurta, te esperen para matarte, y los que traidores buscan tu muerte, hacen a tu casa cómplice, que los encubra donde te aguardan agora, para ejecutar su furia, porque aún la virtud no vive de las traiciones segura. Yo (qué desde que tu cuerpo, alma racional ilustra, en cuyo bagel del mundo el invicto mar fluctua, centínela cuidadosa soy, sin apartarme nunca de tu lado, atento siempre a tu guarda, y tu venturas hasta que el vital estambre de la que tanto sepulta en el olvido del tiempo, corte la guadaña aguda, como a quien le toca, asisto a guardarte, porque huya. desvanecido su intento, y en el horror se consunda, que los Cielos te conceden este favor, por la suma devoción que Laura, y tú tenéis con la Virgen pura, María. Esposa de Dios, y Divina Madre suya, y Reina hermosa de todas las celestes criaturas. A este fin la forma humana mi divino ser oculta, y mi inteligencia viene a esta facción en tu ayuda. A este efecto misterioso quiere el Cielo que conduzga tus pasos, y mi designio, hasta este punto te encubra. Y pues ya sabes quien soy, y ya mi intento no dudas, sígueme, hasta que sin riesgo quede la persona tuya. Custodio divisto, deja, aunque indigno, al favor subano de besar tus pies, pues tantos n hoy en mi dicha redundan, por tu cuidado, del Cielo, que en gloria suya resultan. Por todos los que te aguardan, y darte la muerte cuidan, invisible has de pasar, y porque más se confunda, solo te verá el que es causa de esta traición. Con la mucha oscuridad de la noche pienso que un bulto se oculta, Los que una esquina guardáis, notad mi mala fortuna, pues al fin, al fin le cascan al que esquina guarda a escuras. O quien del can, ampollar viera la madeja rubia, que aunque me aruñe, tomara que saliera el Sol con unas. Particio, agora mis pasos seguir de nuevo procura. Cortesano Celestial, aguarda, me des lumbran tus rayos. Ven, y no temas. Ya te sigo. Quién me urga? téngase, y atiente paso, que no hay con miedo burlas, que no las tengo comigo todas, y a otra tentadura, persumaré los calzones, y se me helará la enjundia. Pero hagamos de las tripas corazón sin asadura. Quién va? mas que si no responde: algunátomo es sin duda, no ha de pasar, que lo manda mi amo. Si no me adula el deseo, este es Patricio; muera. En yano lo procuras, que a quien el Cielo defiende, humano poder no injuria. Detente airado portento. San Aganila. San ludas, San JesoCristo, San Lesmes, San Aldonzo. Santa Nuña; que notable Calandario tiene ni miedo, La mucha oscuridad se acrecienta, con el horror que me turba. Amante de un imposible me traen mis ciegas locuras de Laura a la calle, y pienso que en ella hay ruido. Fortuna, de mis honrados deseos, las intenciones ayuda: desde Palacio he seguido al César, que va sin duda a alguna empresa amorosa: o si hallara mi fortuna ocasiones de obligarle! quien va? Esta vez me magullan; prevar quiero a huir, si el miedo me deja hacer de las suyas. Ilusión debió de ser la que mi valor perturba, la que mi aliento desmaya, y postra mi altiva furia, claro está. Que es con Juliano estuldo, no hay duda alguna. Señor, . Amigos, ha entrado Jarricio acaso? . No juzgas qu hubiera muerto, si el aire nole prestara sus plumas pra escaparse? . Ya no, qu fue mi temor locura. Si no me engaño, parece qu gerte esa esquina oculta. Julespend, que si las señas, segunda vez no me burlan, es este. Pues a qué aguardas? tus venganzas ejecuta. Matadle. Piensan que es fácil? Yo he hallado ya lo que busca mi deseo, y mi fineza, reñid due no es mala ayuda esta espada. Sacad luces, ola, mirad quien procura alborotar mis umbrales, quien mi sosiego perturba. Que notable confusión! En mi mal me he suspendido. De turbado, y de corrido, casi es hielo el corazón. Juliano, Britanión, poco lo cuerdo aprovecha. Tormenta corte deshecha. Yo he salido por mi daño a buscar un desengaño, y he topando una sospecha. Yo, señor (hablar no acierto si pude en la oscuridad perder a tu Majestad el decoro (yo estoy muerto!) perdona mi desacierto, pues tan sin mi culpa ha sido. Qué haré de enojo vencido, pues me hallo a un tiempo indig- de una lealtad obligado, (nado, de una traición ofendido? Juliano, el Emperador a mi puerta de esta suerte! nuevo dolor, nueva muerte: hay recelos! ay honor! No vi suceso mayor. Yo enfrenaré su locura a su pesar. . Si asegura la virtud de Laura el Cielo, no me ocasiona desvelo el riesgo de la hermosura. Ven Britanión, Aunque airado, que os acompañe dejad. Quedaos con vos, y mirad que andáis muy desalumbrado. Dejad que yo. Es excusado: celoso voy, y ofendido . Yo, mi intento he conseguido. Yo he muerto con mi esperanza, entre duda, y confianza: neutral está mi sentido. .
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA En mis penas divertido, en mi amor arrebatado, sin atención mi cuidado, con descuido mi sentido, en lo espeso me perdí de aquesta selva intrincada, que mucho es no estar en nada, quien no sabe estar en sí? Siguiendo a Laura, que ahora con beldad más soberana de estos bosques es Diana, y de estos campos Aurora. Que de Patricio a pesar, y de Elena persuadida, vino a esta caza a dar vida, con lo que suele matar. Que el César aquí divierte estos días una pena; que a mí también me condena a más rigurosa muerte. Que de Laura, el celestial rostro, del Cielo retrato, a un tiempo a los dos ingrato, niega un bien, y causa un mal. Y en mí con mayor rigor se mira arder este fuego, pues precipitado, y ciego corre a abrasarme mi amor. Yo opuesto al César, que injusto a su enojo me condena, burlando el amor de Elena, sigo este imposible gusto. Y su virtud singular, que refrenarme pudiera, es la que con furia fiera, mas me obligó a desbocar. Y según el obstinado impulso en mi pecho crece, todo el infierno parece que con mi amor se ha mezclado. Ya pesar de su esquivez, para templar tanto ardor, triúnfate de su rigor, su ingratitud, y altivez. Que haya quien tras un conejo, que tímido se recata, un día de mata en mata le ande atisbando el pellejo? Que haya quien a caza venga, a tener hambre, y cansancio, y siendo el César Constancio, tan mal el gusto entretenga? Que le resigne, cifrado con tan grande ahinco el fir, en dar la muerte a un espír y en perseguira un venado? ul. Libio. . Señor. Dónde vas? A cazar, que cazarás, mas que gusioso molido. Que he dado en aquesta trazá, agulla de cazador, para ver cuando, señor, se huelga quien viene a caza. No es del plebeyo ejercicio de la caza el aspereza. Si eso es así, la nobleza tiene muy bellaco vicio. Libio la dispura cese. Cese, que es muy enfadosa. Tú has de hacer por miunaco. Sea cosa que no me pese. (sa. Este a Laura le has de dar. Quién? . Tú. Yo? estás engañado. No viene a mí ese recado, otro debe de buscar. No hay cansarte, esto has de ha- Icer. Díceslo de verás? Sí. Pues estoy fuera de mí, que tal locura he de hacer? que tú lo estás, pues por una necia pasión has dejado un Imperio, y atrasado con el César tu fortuna, tanto en esta competencia, que casi a Britanión dio lo que te daba, y dejó a la Luna de Valencia. Mándame que a un necio adule, que sufra a un preguntador, que pida nada a un señor, que mi queja disimule, que no mienta a quien me pide, que una ingratitud adore, que ochenta años enamore, y que diez y seis olvide, y no me mandes que a dar vaya a Laura este papel, pues puedo de ella por él cualquier mal porte esperar. Con que a su desdén tirano le des, mi vida restauras. Tengo gran miedo a las Lauras, que quieres? no va en mi mano. Acaba, que necio estás! Ten, Juliano, el papel quedo, que soy niño, y tengo miedo. Toma pues. Es por demás. Ya me enfadas. Pues de mí tu cólera se enfadó, ten presto; no quiero iryo a que me enfaden por ti. Toma; acaba. Ello ha de ser? . Por fuerza. Extraño rigor! venga; no será mejor. El callar, y obedecer. No hay Religión más estrecha que el servir: estará infiero, el que lo inventó primero en el infierno, por mecha del cándil de Lucifer: y si está porque eternice su pena un diablo le atice, porque no deje de arder. Laura, a mi amante cuidado, despéñale de una vez, o máteme tu esquivez, u de me vida tu agrado. De la eflicción en que estoy, Cielo, libradme si quiera, que yo os ofrezco de cera un libro. . No vas? Ya voy: y bien por mí se dirá, yendo afacción tan extraña, fuese Bras de la cabaña, sabe Dios si volverá. Que necio estás: vete al punto. . Si haré. Vete al punto, acaba. Así, que se me olvidaba. Que. . Nada; pero pregunto. Ya es imposible sufrirlo, (tiano, No ha de informarse un Cris- si ha de darle en propia mano? Claro está. Hay más que decirlo? que si agora mi discreta prevención no te advertía, por ser más fácil, quería enviarlo por la estafeta. . De este necio me ha de hacer desatinar lo medroso, lo porfiado, y lo enfadoso. Digo, me han de responder? Con darle haurás negociado. Ya que tanto me molesta, pues que no esperas respuesta, haz cuenta que se le he dado. Vive Dios. Luego me iré. Todo el furor se detenga: Dios vaya conmigo, y venga, que solo no acertaré. Sigue mi amor un imposible hermoso, de asperezas murado, y defendido, y un bien tirano, que inquietud ha sido de la tranquilidad de mi reposo. Padezco despreciado, y envidioso un bien, aún del dolor apetecico, con no matarme estando aborrecido, por darme vida para estar quejoso. Y al fin de amor, sin esperar mudanza, al tormento a que ingrato me condena, me admira ver que en un dolor tan fuerte. Vivo al deseo, y muerto a la esperanza, me falte alivio para tanta pena, me sobre vida para tanta muerte. y aqueste gusto aparente. De este soto en la espesura, cuyos laberintos verdes, aún no los acierta el Sol, tanto a su luz se defienden. En la caza me he perdido, y de Juan Patricio ause nt dudosamente mis pasos, sin saber donde se mueven. Laura es esta, o mi deseo en ilusiones me ofrece esta ventura soñada, Laura es, encubrirme quiero, que se irá si llega a verme, entre las copas sombrias de esos gigantes siluestres. A Laura vi que seguía Juliano, y tras los dos vienen mis desvelos cuidadosos, y mis sospechas crueles. Aquí está Laura, ay de mí! que está sola me parece: quiero ocultarme en las ramas, y averiguar de esta suerte mi recelo. . Dónde voy sin Patticio, cuando teme su desazón, y mi riesgo, mi desdicha juntamente? Pues divertida en la caza, adonde Esena pretende que la acompañe estos días, aunque a mi gusto le pese, tanto de ella me he alejado, que imagino que no acierte por lo intrincado del monte la senda para volverme: confieso que estoy confusa. Famosa ocasión le ofrece a mi deseo la dicha, que en este sitio no puede haber quien mi dicha estorbe: y pues tanto amor me enciende, y adorando su hermosura, en sus dos ojos soy fénix, que para más vida nace de aquello mismo que muere, pues soy mariposa amante en su llama, que ando siempre galanteando el peligro, lisongeando la muerte: y salamandra abrasada, en tanto incendio de nieve, que lo que ha de consumirla, reduce a que la alimente. De esta imposible esperanza, que de marchita florece, logre el fruto mi valor, antes que el rigor la iele. No sea almendro mi ventura, que apenas se mira verde, cuando hay cierzo que le abrase, cuando hay hielo que le seque. Que imaginaciones varias mi pensamiento revuelve, que en oposición de Laura, con ser sombras aparentes, a la luz de su virtud apenas se desvanecen! Parece que oigo una voz, que pública que me ofende, y un impulso que me obliga a que en su sangre me vengue. De mi razón se apodera, porque mi razón se ciegue, y corriendo al precipicio, en abismos me despeñe: que haré en zozobra tan grande? Ha, quien encontrar pudiese a Patricio! qué medrosa esta soledad me tiene. Ea, atrévase mi amor, y a pesar de sus desdenes, llegue a conseguir la fuerza lo que el alago no puede. Mis sospechas me vencieron: muera Laura, porque cesen de una vez con una vida tantas dilatadas muertes. Qué haré en tan extraña parte, que al oído de la gente que trujo el César, el viento ún eco apenas concede? Logre mi amante deseo sus esperanzas alegres. Muera Laura, muera Laura, porque el pecho se sosiegue. Al monte. . Altío. A la cambre. La fiera al valle desciende. Ya parece que la escucho. Los Monteros son, no alteren, pues están lejos, mi dicha. Muera Laura, antes que lleguen a embarazar mi designio. Que espero. Qué aguardo. . Detente, mira que ofendes al Cielo. Qué voz mi aliento entorpece? Que acento mi voz refrena? Algún jabali parece que acosan. . Mi enojo viva. Ea, mi apetito reine. No profanes lo divino. Segunda vez me suspende. Segunda vez me embaraza. El monte abajo se viene. Pero mi valor. . Mi amor. Seguidle. Vulgo inclemente, que quieres a un desdichado, que tantos males padece? Qué monstruo tan peregrino! Laura. . Señora. No quieres seguir la fiera? . Ya intento acompañarte. El aleve Julia lo con ella estaba, Qué Constancio quiere hacerme por su amor, que traiga a Laura, a que mis penas se aumenten: disimular es forzoso. Qué tantos inconvenientes, . y tantos estorbos haya contra un deseo! Qué encuentre la causa de mis desvelos, para que más me desvele a cada paso! Sigamos la monteria. . Rebelde monstruo, espera, que en tu sangre vengaré el logro que pierde por tu ocasión mi ventura. Aguarda, Laura, detente. No sigue a Elena? . No. Pues qué quieres? Que me deje mi pesar, y es imposible. Qué nuevo misterio es este? novedad sin duda grande le ocasiona a detenerme. Mi honor anda aventurado, mi pena en los riesgos crece, mi mal el recelo aumenta, mi fama el poder ofende. Pero entre tanto imposible, no es bien que acabe imprudente en la de Laura mi vida, que será moríndos veces. Mas resolvámonos dudas, y aunque tan caro me cueste, en Laura de una sospecha, muriendo mi honor se vengue. Mas mi amor, y su hermosura, forzoso es que se atropellen; no esté la lástima viva, cuando la opinión fallece. Que será lo que suspenso . a Patricio le detiene? temerosa estoy. . Echada en mi daño está la suerte: Laura, ven conmigo. Adonde? Dónde mi desdicha fuere. Que confusión! su semblante iras contra mi promete: sin duda en mi honor dudoso, divina Reina, valedme, pues mi inocencia sabéis. Cielos justos, y clementes, alumbrad mi entendimiento, antes que el rigor le ciegue, escureciendo sus soles las tinieblas de la muerte. . No pude alcanzar la fiera que más que correr parece que vuela, pues a sus pasos, aún la arena no los siente. Y dejando a Elena, vuelvo a ver si cobrar pudiese mi malograda ventura, que fue mía en ser tan breve. Pero qué es esto que miro? desde la cumbre desciende, siguiendo al bruto, por quien mi amor tanta ocasión pierde el César, que en un caballo, al precepto inobediente de la rienda, desbocado, precipitado pretende, en el cristal de ese arroyo: llegar quiero a socorrerle. . La fiera es esta, seguidla, matadla. Bárbara gente, por fiera seguís a un hombre que tan gran dignidad tiene? Válgame el Cielo! Qué miro! Constancio el César es este? . seguro estás en mis brazos, aunque tirano me ofendes. No eres fiera? . No, hombre soy. Llegad, que al César da muerte. Señor. . Hermano. Tened, ninguno llegue a ofenderle: y tu monstruo, enigma fiera, hombre, o procigio, quién eres? El Papa soy perseguido Liberio, de ti agraviado, en los montes desterrado, y fiera en ellos tenido, Ibres, de la fortuna abatido, monstruo a quien danvarios nom- hurtando, porque te asombres, toscas pieles, que a mis males me visten los animales, y me desnudan los hombres. Los tuyos, que en Roma fueron los que a Dios en mi injuriaron, si aquí matarme intentaron, allá me desconocieron. Porfiera, al fin, me tuvieron, y es la lástima en su error, que mal buscaron favor a sus válidos, y quejas, s mismas ovejas tienen por lobo al Pastor. Tú, cuando con más desvelo pretendes hacerme guerra, por ser lo mismo en la tierra, que el mismo Dios en el Cielo, permite admirando el suelo, que despeñado cayeras, y a dar en mis pies vinieras, que en mi abono, y tu disculpa, te trajo a mis pies tu culpa, para que me la confieses. Aunque huyo de ti quejoso, cuando bajas despeñado, no es mucho el haber hallado en mis brazos el reposo, que pues Dios siempre es piadoso, y yo estoy en su lugar, su piedad he de imitar, y en los dos siempre ha de ser, si tu como hombre ofender, yo como Dios perdonar. Cuando irritado os persigo, por un bárbaro interés, viendo que hallo en vuestros pies amparo, en vez de castigo conozco el yerro que sigo, que ha menester quien sin rienda, del engaño por la senda corre con ciego furor, tropezar con el error, pero caer en la enmienda. Vuestra virtud perseguida, hoy se ostenta heroica, y fuerte, pues al que es buena la muerte, le solicitáis la vida. Mucho debo a la caída, que me trajo a conocer lo que a Dios llegué a ofender, de que pretendo apartarme, pues que para levantarme, fue necesurio caer. Yo confieso que llevada mi pasión de perseguiros, prometi restituiros a la Dignidad sagrada, a una beldad venerada, por su virtud, y blasón: y fue tal mi obstinación, que negarme al fin procura al ruego de la hermosura, y a la ley de la razón. Perdón os pido humillado, concededle, pues de Dios se mira el poder en vos, que en la clemencia fiado, casi es lisonja el pecado: no en su justicia se verá, porque si culpa no hubiera, Dios a morir no bajara. Hijo, los brazos me dad, que están con el corazón abiertos para el perdón, con piadosa voluntad. Con la gran solemnidad que en tales casos se ve, para bésaros el pie, en Roma he de entrar triunfando, vuestro caballo llevando yo del almastiga a pie. Vamos, que con misterioso secreto, anuncio divino, en Roma hallar imagino un portento milagroso. Raré caso! . Vitorioso no entre en ella más ufano. Este es triunfo soberano. Vamos padre ven tu Elena. Si el Cielo mi error refrena padre, yo te ofendo en vano. . Que ando más desalumbrado, a la venganza camino, llevando a Laura, inocente de mi honor, al sacrificio. Apenas levanto el brazo, y airado el puñal ánimo, cuando una mano detiene los locos intentos míos, y arrebatándome a Laura con imperioso dominio, ciego quedo del asombro, del error arrepentido: y antes de volver en mí por revelación admiro la dicha más soberana, el milagro más divino: y en caso tan prodigioso, justamente sin sentido, no sé donde estoy, y tanto, que apenas me hallo a mí mismo. Mas si no me engaño, es esta Roma, y el monte Esquilino es este, donde los Cielos, no sin causa me han traído, que un favor inmenso en él nos conduce peregrino. Cuyo milagro con Laura, comunicar determino: no es esta Laura? notables respetos en mí ha infundido su virtud, por quien del Cielo tantas mercedes recibo. Laura, señora. . Quién es? Yo soy, que te ha sucedido? Un milagroso portento. Cómo? . No sabré decirlo. Qué tienes? Estoy absorta. Con quién hablabas? Si digo, que vi. Que viste? . Oye pues, sabrás todo lo que he visto. Apenas de ti llevada luego del monte al retiro, mas ignorado de cuantos su aspereza oculta han visto. Cuando por tu desengaño, arrebatada me miro a un tiempo, sin saber como de tu enojo, y mi peligro, y trasladada a un jardín, tan hermosamente altivo, que presumiera de Cielo, a no ser verde el vestido, en cuyas diversas flores, tan conforme era el aliño, que no necesitó en ellas lo natural de artificio. Aquí un resplandor glorioso, en el ameno distrito, me admiro de nuevo, lleno de Ángélicos paraninfos. Y vi una hermosa Señora, a quien justamente quiso vestir de luces, y estrellas: todo el celestial zafiro de la Luna era la plata, calzado a sus pies indigno: y al oro del Sol su frente, coronó desvanecido, cuyos cela;es estaban entre los hermosos rizos de su cabello, ostentando más luz, mejor epicielo: y llegando donde estaba sin mí, por lo suspendido, esto pronunció un clavel, con que dos claveles hizo. Laura, por la devoción que me tenéis tú, y Patricio, librándote a ti de un riesgo, a él de un engaño le libro. Y en señal que de los dos las intenciones recibo, de los deseos me pago, y de los ruegos monebligo. Vuestros devotos intentos, los Cielos, y yo admitimos, y ser heredera vuestra, quiero desde hoy, y he venido a rebelarte la obra mas acepta a mi servicio, porque pretejto tan justo merece tan grande auxilio: y así a la cumbre eminente parte del monte Esquilino, uno de los siete Atlantes, de ese monte de edificios. Y en la parte que estuviere, aunque a pesar del estío, de cándida nieve llena, en el siempre ameno sitio, que será blanco lunar de aquel gigante florido, o en aquel mar de esmeralda, isla al parecer de vidrio, quiero que un Templo me erijas, adonde a par de los siglos, vuestra memoria sea eterna, sin la pensión del olvido, y adonde yo de los Fieles esté honrada, y conseguimos gloria tú, alabanza el Cielo, dicha el mundo, yo excesivo gozo en la veneración de mi Imagen, pues ya miro ser esta Cala sagrada socorro, remedio, asilo de Roma para el enfermo, para el pobre, para el rico, siendo de su devoción fuerte amparo el favor mío. Que así de vuestra heredera, uilamente el nombre admito, quedando de obra tan grande mi Hijo, y yo bien servidos. Ah de llamarse este Templo, que a mi nombre es construido, de la Virgen de las Nieves, por el milagro que he dicho. Basilica de Liberia, también, pues ha acaecido este suceso en su tiempo, y después del Papa Sijro, tercero de aqueste nombre, sucesor de Celestino, que le renovará, cuando ya esté del tiempo vencido. Luego en los tiempos futuros tendrá este Templo divino nombre de Santa María del Pesebre, porque el mismo que en el Portal de Belen albergó a Dios Hombre niño, cuando tiritando al hielo, estaba recién nacido. En una Capilla suya ha de estar, y el peregrino Misterio del Nacimiento se adorará repetido cada día, viendo juntos el Pesebre Madre, y Hijo. Y después Santa María la Mayor, por preferido nombre a las demás Iglesias de cuantas en el distrito de Roma, a mi devoción aura, por ser infinitos los Templos que estén debajo de mi amparo, y patrocinio. Y finalmente, porque es por más excelente digno de título, siendo hoy de mi elección escogido para casa mía, pues con mi herencia le fabrico, dando en el eternamente de mis piedades indicios cada día, o que acrediten el sagrado baticinio. Parte luego a obedecerme, y todo lo que te he dicho, comúnica con tu esposo, para que los dos unidos deis principio a obra tan grande, que ya Liberio ha tenido, el Papa, de este milagro, por revelación aviso, que de la envidia a pesar, de la traición, y del vicio, volverá restituido. Dijo, y escondiendo entonces los reflejos, y los visos de aquel piélago de luces, de rayos aquel abismo, torpes dejó las potencias, ciegos dejó los sentidos, y entre gozosa, y turbada, los hermosos rayos sigo. Su ausencia divina lloro, nuestra dicha solemnizo, su misericordia alabo, sus milagros acrédito, y al fin absorta, y confusa esta es la gloria que he visto, esta la dicha que toco, este el suceso que admiro. Pues yo soy interesado, sube a la cumbre conmigo, a ver portento tan nuevo, que este es el monte Esquilino. Pontifice Liberio, Constancio, Emperador del Pueblo Romano, para oír el misterio de este raro prodigio, y soberano, que os causa admiraciones, concededa mi voz las atenciones: si aquí de blanca nieve, en medio de lo ardiente del estio, cándidos copos llueve, en vez el Cielo del comun rocío, es señal peregrina, que para casa suya le destina, y de Laura, y Patricio, da en tan grande suceso la alegría, de su virtud indicio, pues deboros del nombre de María, de su hacienda copiosa, heredera la han hecho él, y su esposa. Tu Roma, pues ufana, este milagro tan patente has visto, a la que soberana Aurora, fue divina del Sol Cristo, para devoto ejemplo, Altar la erigen, mientras la hacen Templo. Centro de mis dichas sois. Y de mis deseos logro. Qué prodigioso suceso! Confieso que estoy tan otro, viendo milagro tan grande, que casi me desconozco. Qué haremos de aquel papel de Laura? Déjame loco, que me tiene este prodigio arrepentido, y absorto, y el olvidar su hermosura, no ha sido milagro poco. Al Templo se dé principio, que yo he de poner gozoso en él la primera piedra. Ya tu imitación propongo poner también la segunda, trocando en justo decoro el amor que a Laura tuve. Y pues acaban de un modo, de mí, de ella, y de Juliano, a un tiempo el amor, y el odío, para que vuelva a mi gracia, le dé la mano de esposo a Elena. Yo soy quien gano. Yo quien más ventura logro. Vamos, que Roma os espera. Y sepan bustedes como da fin aquí la Comedia, si es que no lo han por enojo, de la Virgen de las Nieves, y el Diciembre por Agosto.
