Texto digital de La dicha por el agravio
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Bautista Diamante
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La dicha por el agravio. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/dicha-por-el-agravio-la.

LA DICHA POR EL AGRAVIO
JORNADA PRIMERA
MERA Ru s. Estos cuadros, y estas flores, Cispa, con vistoso ensayo, burlen invidias del Mayo en concertados primores, Y vertiendo los cristales que aprisionan esas fuentes, hagan albas diferentes en armonías iguales con las aves, que a porfía hoy con voces amorosas, al despertar de las rosas festejan el elato día: y en fin, lógrese el desvelo que nos cuesta esta ratiga, ya que la suerte me obliga a padecer. . Buen consuelo; señor, no fuera mejor que déjaras de ser loco, pues que nos vale tan poco el andar de flor en flor? Tres meses ha bien contados, que de tu casa saliste, y contigo me trujiste a solo llorar cuidados; sin que mi fortuna escasa permita, que haya sabido, que delito he cometido, ni que es lo que por mí pasa; Pues cuando llego a pensar, que hemos dejado en Madrid una casa, donde el Cidl mismo pudiera habitar, con dos mil comodidades de que gozabas sin susto, y que ahora por tu gusto en tales adver sidades nos vemos, pudiendo ir, sin que nadie te lo impida, a pasar alegre vida, me he parado a discurrir; y solo en tan ciego encanto, cuando estás cosas reparo, colijo (por ser tan raro tu humor) que ya das en santo, y aún te he querido avisar, si Santo pretendes ser, que adviertas, que el no comer me puede desesperar. Y ya que fiel escudero en desdicha semejante, me he mostrado tan tu amante; que por seguirte me muero, dime, si como a enemigo, o como a amigo me tratas, cuando de mí te recatas, y me tienes por testigo? Y sepa yo con que intento Padezco esta amarga suerte, Porque no sé si es mi muerte Por tu gusto, o tu tormento? ̱ El ver tan puesta en razón esa tu queja leal. me obliga a que de mi mal te refiera la ocasión; que no fuera confianza de tu proceder valiente, ocultarte el accidente cuando la pena te alcanza. Y así, para asegurarre de las dudas es que estás; quiero decirla: Sabrás que yo oculto en esta parte, y en tal forma disfrazado, busco un hombre, que escondido de mí de España ha venido, y en España me ha agraviado, y aunque no podré presente (puesto que jamásle vi) conocerle, sé que aquí ha venido; y finalmente, sé que es Caballero, y sé su nombre, con que aseguro, en la forma que procuro, hallarle. . Muy bien afe, dentro de un jardín abierto (permíteme que me asombre) quieres encontrar un hombre que te agravia? y tan incierto de poder en él lograr lo que en tu venganza tramas, te andas aquí por las tamas, pensando que le has de hallar como áspid entre las flores, con que se templa el ardor que l de regir tu valor? Calla necio, mis ardores no se templan, aunque aquí meves contanto sosiego, que antes se conserva el fuego en volcán, que guardo en mí; y cuando mejor lo adviertas, verás a este intento unidas, mis ansias poco dormidas, mis potencias muy despiertas. Pero hasta tanto que el Cielo le descubra a mi osperanza, el camino a la venganza, y a mi desdicha el consuelo, habiendo de buscar modo, pues no somos conocidos, para vivir escondidos con recato, cuando todo lo he reparado despacio, hallo, que es el más decente, apara i onveniente este ejercicio en Paladio; pues cuando aquí los más días de otros nobles asistido baja el Duque, y divertido por esas calles sombrías está algún rato, yo llego, mostrando poco cuidado, a saber de algún criado los nombres de ellos, y ciego de aquesta suerte, procuro hallar mi ofensor, supuesto que es Caballero, y en esto solo el cuidado aventuro. Digo, señor, que es bastante, tu razón, y pues has hecho pruebas de mi Conrado pecho, no consientas que ignorante en esta ocasión desdiga a la lealtad que he guardado a tu amor, ningún cuidado del recelo que te obliga a callar, di el mal que sientes, comunícale conmigo, que yo, vive Dios me obligo. Primero que haper intentes posible en quien soy, tal miengua, advierte, que es poco sabio, quien sin vengar un agravio le comúnica a la lengua, y verás que mal podré, cuando a todos te prefiera, referírtele, aunque quiera; y aún de mí, porque lo sé, me pretendo recatar con tan notables extremos, que yendo, como solemos otras veces, a sacar agua de esa fuente, vi, que el cristal me figuró mi imagen, y entonces yo reccloso e escondí, iendo en pena tan fiera, de mí mismo avergonzado, que en el mundo se había hallado otro vo que lo supiera. Pues hoy de una duda extraña que mi confusión provoca, y nada en tu agravio toca, me has de sacar Di- En España tienes renta suficiente con que los dos sin cuidados podamos, errogalados, y vivir famosamente; pues sin que a tu hermana falte que es sola, y con noble intento la has dejado en un Convento, pudieran bien enviarte, si lo quisieras pedir (que estoyno es pedir por Dios lo que nos baste a los dos para comer, vestir; Y entonces con mejor maña, introducido en Florencia, remediar con diligencia está mi desdicha extraña; que si con razón lo advierto, más cruel conmigo ha sido ese hombre que te ha ofendid Fernando, pues que me ha muer Y así, di, porque ocasión quieres, con que intento, o fin, ser de un Duque Florentín criado Camaleón? porque no hay razón alguna para andar llorando plagas de la fortuna; y que hagas desprecios de la fortuna; mira, pues, si hallas con que disculparte, y salga presto de esta duda en que me has pue Escucha, y te lo diré. Ya sabes que yo salí de España, sin más testigos que tú, pues de mis amigos tampoco me despedí; y que dejando a mi hermana Doña Leonor, con secreto (porque importaba al efecto) en un Convento; ah tirana! . de mi honra, y de mi vida, y que poco que importara el que libre te dejara, pues que la tuya perdida ya con notorios agravios asegura mis recelos, o permitieran los Cielos, que antes que tus viles labios con tan afrentosa mengua me informaran mi tormento, entorpecido el aliento te enmudeciera la lengua: mas como en penas tan graves permite el alma que intente hablar, cuando más las siente? Digo, pues, que como sabes, en busca de mi ofensor vine a Florencia, y después, que de la suerte que ves estamos, porque mejor mi venganza se disponga, pretendo, como hasta aquí, que no se sepa de mí, pues no es justo que anteponga a mi honor mi conveniencia, supuesto que si escribiera hoy a España, y se supiera, que estoy oculto en Florencia, pudiera ser occlarado el intento a que he venido de alguno que prevenido lo examine; y avisado mi enemigo, que ahora vive sin recelo, fácilmente previniera el accidente. Mas no en esto se apercibe todo el tormento que paso, pues en este sitio hermoso, de otro cuidado amoroso lloro el fuego en que me abraso. Qué dices? sin duda alguna perdió el seso. Qué entregado de Rosaura al dulce agrado. A cuántos somos de Luna? Amante, y cobarde sigo esta ley que me atropella, cobarde para con ella, amante para conmigo. Señor, que adviertas te ruego tu peligro. . En que le hallo, si cuando mis quejas callo, a sus favores me niego? Y en el riesgo a que me obliga mientras honor me reporta, poco mi deseo importa, si importa que no le diga. Pues siendo así, que consigue tu pasión? . Nada en rigor, Cispa, que este loco amor, mal puede ser que la obligue estando en tan baje estado. Y si llegarla a obligar, por fuerza me ha de costar el verme aquí declarado, antes de vengarme quiero, que en mi silencio, y mi suerte veas, que contra la muerte a todo mi honor prefiero. a cuando me llego ver padecer, con la esperanza, de que es medio a mi venganza, no me aflige el padecer. A mí sí, señor, pues toco en las penas que me ofreces; que si por cuerdo padeces, yo padezco por ser loco. q o g a sentir ansias, y quejas, si tu pierdes lo que dejas, yo dejo lo que no tengo. y de ajena ley forzado a que estas desdichas siga, con tu deshonra te obliga, y a mí, con que soy honrado. Y así veo en desiguales penas, que a sentir no vienes, que son tus males mis bienes, y tus bienes son mis males. Tu mucha razón confieso, mas deja el discurso ahora, porque aquí Rosaura, y Flora han bajado. Con exceso es tu pena. . Ay Flora mía, no extrañes el sentimiento, cuando ves que un necio intento hace el gusto tiranía. Quiere mi hermano cruel, por ser dos veces tirano, que dé a mi prima la mano, y la libertad a él Y aunque a su gusto me ajusto, temerosa en la obediencia, hace el alma resistencia acá de parte del gusto. Y así en la pena que lloro, siendo mi muerte mi agrado, crece el mal disimulado por no ofender el decoro. Dices bien, pero sospecho, que en mirándote obligada, templarás menos airada las iras que engendra el pecho. Vendrá tu primo; y con ruegos, con caricias, con amores, amansará estos rigores, y vencerá esos despegos, Y cuando más se resilta en ti tu desdén ingrato, el tiempo, el amor, y el trato han de alcanzar la conquista. Y en fin, siendo tan violento este hechizo en la crueldad, ya que no por voluntad, querrás por divertimiento. Ay Flora, muy mal advierte tu discurso en lo que extraña, porque sé que amor engaña cuando piensan que divierte. Y aunque libre estoy de amar, llego muy bien a entender, que no es tan fácil querer para poder olvidar. Cómo noble lo has juzgado. Yo te confieso que fuera muy firme, si amor tuviera. Nunca te has enamorado? No, Flora, porque advertida me libro de ese rigor. Antes vivir sin amor desdice el ser entendida, y que has de llegar sospecho, a templarte, y a querer, porque en fineres mujer. Mala consecuencia has hech y si por esto lo infieres, yo te aseguro que no, porque no he de querer yo como las demás mujeres. Pero dejemos ahora locos discursos de amor, pues este jardín mejor los sentidos enamora: y en tanto que divertida voy mirando sus primores, haz cogerme algunas flores. No será justo que impida tu gusto . En vano prete que tregua mis ansias den- Hía, jardinero. . A quién llamáis? . A vos, id cogiendo de aquesas flores, que os deben tanta parte de su ser. ̱ Ya os pretendo obedecer. Que blandamente se mueven las hojas al leve aliento del viento que en ellas da. Antes presumo que está movido de ellas el viento; pero mira que a compás esta fuente desafía con su suave armonía, a cual enamora más. Mucho el verlo me entreticoe. Aquí tenéis por despojos las flores, que a vuestros ojos por feudo el jardín previene, y ufanas agradecidas de verse en vos man hermosas, dejan a las otras rosas envidiosas, y corridas: que como sois Alba pura vos de este sitio que honráis, no hay flor en cuantas miráis, que no os deba su hermosura. Suspeada la pena mía por este instante el tormento, Es tan orque el d que no es bien que el sentimiento me estorbe la cortesía. Corrés la lisonja ha sido, harás. Flora, que le den para un vestido. Está bien. Yo he de morir de encogido. Este el nuevo jardinero es que a tu hermano agradó tanto por discreto? Y yo también de su traza infiero, que le desmienten las señas, pues en nada corresponde y a su traje lo que esconde. Oh amor, qué ciego te empeñas! Saber tu nombre deseo. Mi nombre? nuevo cuedado, . Leoncio, el más desdichado, de la fortuna trofeo, si bien mi suerte importuna ocioso logra el poder, porque ya no puede ser más infeliz mi fortuna. Nunca hubo pena tan fiera que no venza otro dolor. Para mí no la hay mayor. Cómono? De esta manera. manera. rade el dolor que me atormenta, que le parece fuerza desvalida, dejar ajena acción para la vida, y se toma la vida por su cuenta. Con una, y otra pena más violenta, teniéndola apesares combatida, para que no halle a su rigor salida la da el ahogo, y de acabarla exenta. Pues si la muerte es gloria, no cuidado, y en el pecho no cabe más tormento (con que aquel que hasta ahora no ha llegado, Cuando llegue no obliga al sentimiento, porque no halla lugar desocupado) ved si sentiré más de lo que siento? Pues bien podéis, según eso, decir la ocasión que ignoro? Nace la pena que lloro del acaso de un suceso; mas aunque grosero llego a ser con vuestro cuidado, cuando me miro obligado, que me perdonéis os ruego, porque yo. . No lo digáis, que no quiero que penséis, que en nada me lo debéis, ni que en eso me pagáis. De tu grandeza testigo soy. . Mal lo muestras, En qué parezco ingrato? . Hoy se ve en lo poco a que te obligo. Si en eso os pude ofender, escuchad. . No lo he de oír. Que ya lo quiero decir. Ya no lo quiero saber, ven Flora. Dímelo a mí, Fernando, si estás dispuesto a contarlo, que es molesto un secreto. . Necio fui, y tarde el daño he advertido. Notable ignorancia fue, más consuélate. . Con qué? Con que no te da el vestido. Perdido voy. . No te astija. nada, que yo volveré, y de Florilla sabré el cuento, que es buena hila . otra vez me dad los orazos, Federico, porque tenga la dicha de haberos visto este gusto más. . Hoy llega mi humildad a engrandecerse, y con tan honrosas muestra; podré decir que os los doy para alzarme de la tierra. Dejad ociosas lisonjas, que en quien mi amistad profesa mas que favor, son agravio, mas que cumplimiento, ofensa, y decidme la ocasión, que a costa de tantas penas injustamente ha obligado vuestra tardanza? . Fue fuera detenerme algunos días en España, hasta que hubiera embarcación, y después el tiempo, las inclemencias dilataron el viaje, hasta que menos opuesta la fortuna, ha permitido, que a gozar tus brazos venga, trocando tantos pesares a la mejor recompensa. Yo solo los he tenido, pues recelando que hubierais peligrado, no sabia de vos. Fuerza es que agradezca tales honras, y que ahora os pregunte, pues es deuda de mi obligación, y amor, cómo está Rosaura bella? Mucho pudiera deciros del afecto con que espera este día, mas ya sale, y os dará mejor respuesta. Favor de mi suerte ha sido A saber de esta mozucia vengo dos mil novedades, mas mientras no hable con él no tengo más orden que estar de su labio alerta, aquí está el novio esperado; Hermana. . Señor. Quisiera que primero que tus ojos te mereciese mi lengua; albricias. . Cielos, qué miro! De esta dicha. . Y yo que fueran hoy humilde sacrificio de la voluntad más nueva, gusto que acrecienta el veros, dicha que mi amor confiesa, vida que por él se anima, y alma que en vos se sustenta. Ay suerte más desdichada! . Señor, apenas la lengua puede articular la voz, sin que a fuerza de mi pena, la que quiere ser lisonja salga convertida en queja. Señor, si mudo el discurso, torpe la razón, suspensa el alma, no os agradecen tan cortesanas finezas, es porque dentro en mí misma tan igualmente se engendran amor, y agradecimiento, que cuando explicar desean, el uno lo que le obliga, y el otro lo que le alienta, s forzoso que enlazados los dos de un discurso, adviertan en mi estimación mi amor; y porque este no se entienda, dejo de explicar el otro, pues si menor pareciera de lo que en el pecho vive, al referirle, era fuerza agraviarme, y agraviaros, y así, a un tiempo excuso cuerda, en vos tan grave desprecio, yen mí tan costosa ofensa. Agradecido os escucho, y adnque en el silencio pierda la gloria de asegurarme es de vuestro amor, por vos misma os estimo el ocultarle, porque ostentando finezas en serviros, y en amaros, podré merecer con ellas mas, sin saber lo que os debo, que sabiéndolo, pues fuera entonces obligación en mí, lo que en vos es deuda. Que al revés que me ha entendido! Sabed que en otra más nueva obligación os halláis conmigo; pues porque adviertan lo que vuestro gusto estimo, he pedido que detenga el de Parma la jornada de su hermana, hasta que puedas ser a un tiempo nuestras bodas, con que solamente espera mi aviso para ponerse Estela en camino. Muestras tu grandeza en honras tales, Ya prevenidas esperan las carrozas; mas qué veo? Chispa? . Flora? Tan apriesa has venido? . Soy amante, Acción Española es esa. Juzgo que podrán quitarlas, por divertir las tristezas de mi hermana, me salía al campo a cazar con ella, pero vos vendréis cansado; y ademas de esto, es ofensa de su amor, pues ya con veros fuera ociosa diligencia. Antes por haber llegado en una ocasión tan buena de acompañar a Rosaura, permitid que no consienta el excusarlo. . Señor, pues que mi primo desea honrarme, y todo está ya prevenido, no pretendas embarázar tan buen día, por ver (ay Dios!) si se templan . de alguna suerte mis males. Si los dos gustáis, no tenga lugar la queja conmigo. En todo, señor, intentas. honrarme . Vamos, hermana. Qué de desdichas me cercan! Qué venturoso es mi amor! Oye, Flora, tente, espera. Qué quieres? . Así te vas cuando yo vengo, y no intentas saber dos mil coficosas ahora de España frescas? No gusto de novedades, Chispa, si son burlas, deja tan cansados disparates. Húmedo está el polvorín, no hay que esperar la respuesta; ha traidora, ha falsa, ha perra, ha aleve, a infiel, ha mudable, a tirana, a injusta, a dueña! que es difinición de engaños, cómo (a cielos!) no te acuerdas, que me dices que me adoras? Apuraras mi paciencia sino te dejara . Tente, . qué es dejarme? aunque no quieras has de confeser tu engaño. Suelta. . Alega me la fuerza, porque no te he de soltar. Basta, Cispa, que es muy necia demasía. . Vive Dios que estás cruel, no creyera que hubiese dado jamás tu condición tan gran vuelta. Digo, Flora, que en mi vida te veré, y solo me pesa haver así malogrado mil niñerias, y prendas, que de España te traía. Chispa, si yo, aguarda, espera que no quiero que presumas de mí, que aquesta aspereza procede. Nada me digas, suelta, Flora. . Si sospechas que pudo faltar en mí la fe? . No es del caso, deja eso para otra ocasión. Pues solamente me fuerza a este sentimiento, el ver, que hoy a Rosaura le llega una pena, que esperaba con el dicho novio, y esta ha de ser para las dos, supuesto que compañera soy en sus pesares. . Tate, ya lo entiendo, andáis de fiesta y habrá sido esta venida estorbo, y a ti te pesa, porque debes de perder alguna rentilla cierta. Y también porque si acaso se descubre, o se penetra la maraña, debes ser por el oficio arrepuesta al riesgo, que en tales casos, quiere el Derecho que sea, primera para el castigo, la que ha sido la tercera: mas volviendo a lo que digo, adiós Flora. . No me cuen lo que en le Corte se usa? Tener en casa academia de amores. Muy mal me obligas. Ay sus lances de apaleta, en que no puede ser menos, q. Ah traidor. Pues tú te quejas? eso sin duda es amor. Tuya y. Diste en la cuenta, haces bien, quiéreme Flora, porque soy hombre de prendas; nada pude descubrir, pero ya mi amo llega. Esto en los hombres se halla, Reinas mías, todas sepan lo que en la distancia va del que es rogado al que ruega. Qué hay Chilpa? Nada, señor, que calla como una perra. Ya en suma llegué a la quinta. Di que has llegado, y repara, que nunca a las quintas llega quien está siempre a la cuarta. fiestalern. Lindo día le apercibe. Sí, que a Rosaura acompaña el novio recienvenido, y con prevenciones varias de ostentación, y aparato, por agasajarle, manda el Duque que salgan todos; pero a ti que no te llaman, ni el lucimiento acreditas, cuando con migo te igualas en el traje; y el oficio, no dirás, señor, que causa te hace venir cinco millas igo, sapie (que el pensarlo cansa) ven a ser de los otros mona, trayéndome por tu maza? Por divertir las tristezas que tiranamente causa mi mal, siendo a todas horas mudo tormento del alma, me salgo a este sitio donde Roberto, el Duque, y Rosaura, vienen a cázar, creyendo, que entre las mudas escuadras de estos troncos, y estas peñas, han de hallar mis esperanzas algún indicio piadoso al alivio que me falta entre los hombres. . No dudo, señor, que será la caza muy gustosa, porque he visto gran prevención de empañadas, y puesto que en esta quinta no hay repostero, ni guarda, por ser sitio tan seguro, que pueda estorbar la entrada, mientras tú al aire, a los monter, a las aves, a las plantas, a las flores; a las peñas, a los arroyos, y ranas, das quejas mal repetidas, cuentas penas malformadas, en cuya ocasión soy siompre un testigo que embaraza, entraré a ver si hallar puedo algo que me satisfaga el apetito, y la gula. Oye, Chispa. Aparta, aparta. Mas qué ruido es este? . Es, si la vista no me engaña, que han llegado nuestros amos. Sí, y midiendo la distancia ya del bosque, se previenen los cazadores. Pues anda, si has de gozar de la fiesta, a hallarte entre ellos. Mis ansias buscan el norte que sigo. Pues yo en tanto . Ataja, ataja. Mas que ata; en norabuena, que no me son de importancia sus atajos, como diestro esta zambullida haga; mas qué miro? vive el cielo, que en un cabillo una dama, por lo intrincado del monte mide veloz la distancia; perdida la rienda lleva, y entre las frondosas ramas. es fuerza hacerse pedazos; ñamie a socorrerla alcanza de cuantos la siguen, que en la ligereza iguala el bruto al viento, y las aves; mas ya Fernando le ataja por esta parte atrevido, y previniendo la espada al brazo, llega el primero a esperarle cara a cara. Vive Dios que le atropella, en vano con amenazas reprimirle intenta, y más enfurecido se espanta. Válgate Dios; mas qué veo! cortó de un renés dos ala a su aliento, en las dos manos, y ya postradoa las plantas de quien obedece, humilde paró el curso a su errogancia. Tendido en la hierba queda, y Fernando con la dama en los brazos, a este puesto llega, dichoso restaura, nuevas luces a sus ojos, nueva vida oa esperanza! Cobrad el divino aliento, pues del riesgo asegurada estáis, señora, y volved a las mejillas el názar, que os ha robado grosero este susto, porque en tanta dicha se logre el consuelo de quien liere os ve, y con prata con su querte vuestra vida. Cuando tan fino la guarda el valor, que en vos admiro, que pudo dejar buelada con tal presteza a la muerte, adelantando en mis ansias. sus alientos, el primero de tantos como acompañan a Roberto en este sitio, premio merece, si iguala alguno a tan noble afecto. No hay premio, hermosa Rosan mazor, para quien se precia de atento, que el que en si gana esta acción, pues cumplí en ello con mi obligación, y basta por premio la gloria solo, de que fue por vuestra causa. Sí, mas no es satisfacción, Leoncio, que a mí me alcanza la que tenéis por vos mismo, que esa estimación bizarra antes la vengo a deber de mas a más, y a estas causas veréis, que, si el premio excuso, no me excuso el ser ingrata. Mi esti mación no le admito ni vuestra vida, Rosaura, le puede tener, supuesto, que el mayor premio no iguala lo que merece; y así siendo fuerza que obligada quedéis, quedadlo por todo, pues la deuda en que se halla. vuestro amor, ni yo la quiero cobrar, ni podréis pagarla. Tan cortés como bizarro me obligáis, y os estimara. laalisonsas; pero ahora, porque mi hermano me ataja solo os digo, que agradezco a mi suerte en dichas tantas, deberos esta, aunque sea imposible en vos la paga. Esa es la mayor de todas; mas el Duque llega. i Hermana, sin vida me trae la pena, y en dudosa confianza, vengo a que me restituya el aliento que me falta. ̱. Nada mi temor venciera osabí sin veros libre, que el alma, con tal sobresalto, apenas aña dio lugar a esta esperanza. ellla Cómo resientes? . Muy buena, porque solamente agravia el susto mi pecho. . Y quién dueño de acción tan bizarra ha sido, para que pueda inza premiar su brío? A tus plantas o, humelde, señor, consigue el mayor premio que aguarda. ̱ No en balde me habías debido tan nueva afición, levanta fuso, del suelo, puen a mis brazos. ̱. Tu esclavo soy. . Si así pagas mitda quien me ha dado la vida, justo será que obligada te lo estime. . A mí me toca uala esa desida; pues que gana el mayor logro a mi dicha quien avos os libra. . Basta; a que a mi cuenta está por todos O, la lasatisfacción. . Buena anda troncon mi amo la fortuna, quiera el Cielo que no haga de las suyas, o las mías, t0 que las mías son más malas. Extraños son los efectos . taja de mi suerte. . Quién pensara que yo llegase a deber co lla vida que me restaura . tas, a Leoncio? . Quién piera que entre las penosas ansias de un cuidado había de hallar . tan buen medio mi esperanza para el intento que sigo? Pero si la suerte escasa ha de permitir que sea del dueño que me señala, cruel fue en no darme muerte, pues más que me obliga, agravia, quien me asegura una vida por tiranizarme un alma. Notable ventura ha sido. Sobrino, porque Rosaura. vuelva a Palacio, os suplico, que a otro día reservada quede esta fiesta. . Por mí no se deje, pues la causa nos da más justa ocasión de gozarla . Bien reparas. Esto ha de ser. . No replico, vamos, pues que tú lo mandas. Feliz mil veces quien llega como yo tras la borrasca de tormentos, y recelos al puerto, de una esperanza; donde gozando seguro la apacible dulce calma, de amor burle en su sosiego tan crueles amenezas. Dos veces mi fiera estrella, ostentando su tirana fuerca, de cabel blasena conmigo, pues en contrarias violencias a que me obliga, son leyes de honor forzadas, no amar a quien me da vida, y tregarme a quien me mata. Ven Leoncio. . Ya te sigo cielos, pues que a mi venganza da uestra piedad camino por sendas tan ignoradas; permitid que de una vez logre su fin o entre tantas confusiones, mientras fuere incierto el bien que me falta, Volvedme mi jusa pena, porque en dudas dilatadas, consolarse con la ofensa, mas que cordura, es infamia.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Déjame, Flora, quejar, que mal podrás divertir mi mal, si en tanto penar no me excusas el sentir, y me estorbas el llorar. Señora; el ver tu dolor no me deja. . Pues advierte que haces mi pena mayor, porque el dolor se divierte con la soledad mejor. Voyme por no disgustarte, Hagante feliz los cielos. Solo procuro agradarte. . Y yo templar mis desvelos retirada hacia esta parte, corrigiendo los antojos, que con notorios agravios dan por infames despojos, las pasiones a los labios, y las ansias a los ojos; pues no es bien que inadvertida, y de mi sangre olvidada, por mostrarme agradecida a Leoncio, y obligada de haberme dado la vida, a costa de mi opinión, tan sin rienda el sufrimiento, formé una ciega pasión, y del agradecimiento pase a amor la obligación. Yo, pues, por un hombre lloro de tan baja calidad, y profanando el decoro que debo a mi autoridad le oscurezco? acaso ingnoro quién soy? acaso olvidada estoy del suyo, y mi ser? Qué loca, y determinada me empeño! más soy mujer, y mujer enamorada; y esta es disculpa bastante para cualquiera locura, pues no me aflija, ni espante, que atropelles la cordura las señales del semblante. Fuera (ay cielos!) que podría ser que Leoncio no fuese tan inferior, como fía mi desdicha, y que así diese alivio a la pena mía. Él no me dijo que estaba por un suceso abatido de la suerte, y ponderaba con ansias de bien nacido, las quejas que allí formaba? Luego posible es que sea noble como desdichado (ay Dios!) y que aquí se vea de alguna causa obligado, a encubrirse, y pues se emplea en sus partes igualmente, tan natural como unido, visto en traje más decente, lo galán con lo entendido, lo cuerdo con lo valiente, no será mucho desdoro de mi sangre, y de mi honor, cuando lo demás ignoro, que rendida a su valor aventure mi decoro. Una dama de buen arte forastera, que ahora viene a Florencia, quiere hablarte, para un caso que conviene. A mí? ̱. Sí, y vengo a avisarte por i importa. . Dónde está? Afuera aguarda. Pues di que llegue, mas quien será la que de esta suerte aquí freno a mis discursos da? que su venida ha causado no sé qué oculto recelo en mí. A gozar del sagrado de tus pies. . Alzad del suelo. Dichosamente he llegado. R. No estéis así. . Si primero, señora, no me ofrecéis la piedad que hallar espero envos. Segura podéis fiar de mí . Así lo infiero, Qué es vuestro intento? Quisiera hablar a solas con vos. Salte tú, Flora, allá fuera. Ya estamos solas las dos, y ya mi cuidado espera a que digáis la ocasión de esta venida. . Y yo intento referiros mi pasión. Declara tu pensamiento, Pues oye con atención. Sabrás, hermosa Rosaura, el más infeliz suceso, que siendo fin de mis dichas, dio principio a mi tormento. No por ser mujer te osombre ver, que con tan loco extremo a mi calidad profane las leyes de lo que debo; pues cuando libre se arroja una mujer a los riesgos del deshonor, y atropella una vez por el respeto de su decoro, no hay para sus locuras freno, para su impulso templanza, para su ardor sufrimiento, para su despeño aviso, para su flaqueza esfuerzo, para su pasión cordura, ni para su mal remedio. Mi nombre es Doña Leonor Manrique, que no pretendo, cuando obligarte procuro; ocultar quien soy, supuesto, que de ti, Rosaura, fío el logro de mis intentos. Rica en España nací, y por muerte de Don Pedro Manrique, que fue mi padre, quede sola, sin más deudos que un hermano, pues también mi madre murió el día mismo que nací, para que fuese este accidente funesto, primer eslabón, que enlaza la cadena de mis hierros. Sola, pues, viví en la Corte, porque mi hermano a este tiempo en la campaña mostraba sus bien nacidos deseos. Segura de amor vencia su rigor con tal desprecio, que sustenté mi tibieza al calor de sus incendios. Burlávame (mas hay triste, que presto, cielos; que presto, mis soberbias altiveces se postraron, y abatieron!) Digo en fin, que entre otros muchos me galanteó un Cabalero, a quien yo con más cuidado di en mirar (o porque es cierto el elegir lo pe en tal caso, o porque entre ellos me agradó la novedad de que tue forastero) Este, pues, enamorado, me encareció sus deseos mas que los demás, y supo obligarme; pero viendo yo en mi misma obligación, que estaba el peligro cierto, pues no amar, y agradecer era difícil a un tiempo, muchas veces advertida, volví con honrado acuerdo a remediar mi firmeza desde el último remedio, Porfió más, y volvió a solicitar con ruegos, a convencer con finezas, a acariciar con requiebros mi voluntad (ay de mí!) ahora, ahura te quiero, Rosaura, como mujer, no me culpes, no, pues vengo a fiar de ti mi vida, y si has querido algún tiempo, disculpa hierros de amor, que son los menores hierros. Dile entrada (ay infelice!) en mi casa, mas que intento, si te he dicho que le amaba, que fuelerme, que hice es verzos, que porfió, y le escuché, y ves también que me quejo, pues puedo decir más, ni puedo ocultarte menos? Vinose, en fin, de la Corte, después que ingrato, y grosero a mis finezas; de honor profanó el sagrado templo. Quedé sin honra, y quedé sin más seña, o más consuelo de esta infamia, que su nombre alevoso, el cual (ay cielos!) es Astolfo, al pronunciarle el ánimo desfallezco, la voz infama el oído; y entre el dolor, y el respeto, ni hallo cordura al agravio, ni hallo a la pasión consejo. Supe también que es su patria esta, y que de algunos deudos vino llamado a gozar en ella otros pasatiempos. Seguirle quise, burlando las amenazas del riesgo, que por huir el presente, nadie piensa el venidero. Pero como siempre llegan las desdichas de concierto, y enlazadas unas de otras afligen, así viniendo en esta ocasión mi hermano (que ya por avisos ciertos de la muerte de mi padre, como solo, y heredero del cuidado de mi honor, dejaba con noble intento la campaña) me el oruó el designio, porque cuerdo en la prisión del recato me tuvo, con tal respeto, que aún licencia no me daba de mirar; yo entonces, viendo que mis desdichas no hallaban otro alivio, otro consuelo, me arrojé; grave osadía! me atreví, terrible empeño? me determiné, gran furia! a decir, preciso riesgo! a Don Fernando mi hermano mi deshonra, y el día mismo de este intento le llamen, lleno de ahogos el pecho, en un aliento mi vida, y mi muerte en un aliento. Cóntele el caso (ay de mí!) y él entonces, como cuerdo, muy prevenido al peligro, ala razón muy atento, ala cordura muy vivo, ya mis palabras muy muerto, sacome de allí, y llevome al sagrado de un Convento, que eligió para su agravio por asilo, o por remadio. supe después que faltaba de la Corte, y este fuego; que dentro del alma ardía oprimido, fue creciendo, de tal suerte, que causó ua desesperado efecto; y fue, que una noche (ay triste!) por las paredes de un huerto, que de hiedras se entamaban; iole el sagrado, y saliendo de mi destino guiada, con las joyas; y dineros, que reservadas guardé, desde España discurriendo lesos mares, he llegado donde presumo que puedo haslar mi amante enemigo, y haciendo noble desprecio. de los rigores del hado, la tus pres, Rosaura, espero, que me valgas, que me ayudes, para que aquí con secreto qpueda estar, por ser mujer siquiera, y porque mi intento selogre por medio tuyo, pues de esta manera emprendo soldar mi honor, o morir en tu servicio; a esto vengo, sin honra estoy, ya lo miras, culpada soy, no lo niego; infeliz fui, ya lo adviertes, fácil soy, ya lo confieso; noble nací, ya lo escuchas; no lo estimen, ya lo entiendo; culpa es de amor, ya lo notas; culpa es en fin, ya lo veo, digna del mayor castigo; mas no es justo que por eso; Rosaura, me desampares; y así rendida te ruego segunda vez a tus plantas, que aquí me encubras, supuesto que así remedias mi afrenta, así acreditas tu esfuerzo, así mis ansias socorres, así tus grandezas pruebo, así contrastas mi estrella, así a su pesar me vengo, así a tu ser correspondes, y así cumplo lo que debo. De suerte me han lastimado tu desdicha, y tu pesar, que a poderlos remediar; L más Fedérico ha llegado. Y así retirarte puedes a ese cuarto, porque quiero que mudes traje primero que te vean, y que quedes conmigo. . Qué bien se emplea en ti el valor con que das vida a mi intento. . Hoy verás lo que hacer por ti desea mi voluntad, entra presto. De tu favor me asegura. Valerte en todo procuro. Adiós. . . Adión A este puesto, bella Rosaura, he venido amante, y desesperado, de mi pena atormentado, de mi congoja oprimido, a pedirle a tu rigor, que corrija con templanza, los lazos a mi esperanza, las ansias a mi dolor, puesto que en dichosa calma, es forzoso que rendida, vengas a darnueva vida a los deseos del alma. Y que cuanto más dilatas esta amorosa pasión, tanto más la confusión de sus dudas arrebatas. Y en tormentos, y recelos, que unos con otros ayudas, ya parece que las dudas quieren pasarse a ser celos. Templa, pues, Rosaura bella, el uso de tu desdén contra mi amor; pues no es bien, que cuando logra mi estrella por ti con dichosa suerte, la gloria a que el alma aspira, sea indicio de tu ira lo que es seña de mi muerte. A ser tu esposo me ofrezco, y siendo ya tan forzoso, ni como amante, ni esposo, algún favor te merezco. Dime, pues, con claridad la ocasión de tal tormento, porque alivie el sentimiento, o disculpe la crueldad. Federico, quien se ofende tan presto en lo que suspira, a solo gozar aspira, solo no penar pretende. Que el que en su amor no merece con rigores de la dama, mal puede decir que ama, diga solo que apetece. Y así, sopuesto que veo hoy con prueba tan segura, cuanto vuestro amor procura en ese ardiente deseo, yo que os amo, y os estimo, y con prudente recato solo de obligaos trato; y en fin yo; que más reprimo este ardor que el pecho abrasa, con afán disimulado s (ay mí Leoncio adorado!) aunque de límite pasa, he de ser la que arrojada con diligencias mayores, solicite esos faveres mostrándome enamarada. Y de esta suerte he de ver por templaros el pesar, si yo os acierto a obligar, o lo sabéis conocer. Escucha, aguarda, detente, que si un amante desvelo; mas ya se entró, vive el Cielo que ha sido yerro evidente violentar de esta manera su amor, cuando tan seguro estoy del bien que procuro. El Duque, señor, espera; para hablaros, y me envía a que os llame. . Al punto vo corrido, y confuso estoy, mal haya amen mi porfía. del destino su amor no mereo Después que por las senda. busco confuso en laberinto ciego, luz a mi intento, a mi quietud camino, templanza a mi dolor, agua a mi fuego; y después que perdido peregrino en nuevos golfos de pesar navego, sin hallar norte fijo mi esperanza, el puerto ignora cuando más alcanza. Siguiendo un hombre voy que me ha agraviado y de mi patria aviente, y fugitivo, me encubro tan secreto, y disfrazado, que aún yo mismo me ignoro, y me apercibo; y en tantos días como aquí avisado, le busco cuerdo, y solícito activo, no me ha dado una seña mi desvelo, que a tanto malle sirva de consuelo. Y sin que haya quedadome en Florencia rincón, plaza, ni Iglesia, casa, o calle, donde astuto, y sagaz, con diligencia no haya inquirido, y visto por buscarle; solo de mis desdichas la violencia me enseña (cuando más pretendo hallarle, embarazados todos los sentidos) locas pasiones, y deseos perdidos. Hacia esta parte he visto que entró ahora Leoncio, y Federico se salía, solo está aquí, y el alma que le adora ha hallado la ocasión que pretendía, porver si ya de mi pasión no ignora el continuo anhelar, y ser podría, que de esta suerte lleguen mis desvelos a templar tantas dudas, y recelos; a hablarle llego; pero ya he entendido que me ha visto; y saber su intento quiero Perdonadme si acaso inadvertido en este cuarto estoy, o sigrosero os parezco, pues solo aquí he venido buscando a Federico. . Ya qué espero? Porque el Duque, señora, me ha mandado que le llamase. . En nada habéis errado. Guardeos el cielo. Esperad, porque tengo que encargaros primero una diligencia. ̱. A obedeceros me allano; o cuanto con el recelo le impide mi amor, pues hallo alber sus divinos ojos en el peligro que aguardo, que al paso de mi deseo se opone cuerdo mi agravio. De la suerte que procuro probaré su intento, dando, para detenerle ahora materia con un engaño, Deciros intento, pues, Leoncio, que os heñado el que me habéis de sacar de un empeño en que me hallo. Yo a vos? pues puede ofrecerse lance en que por obligaros, siendo para vos difícil, merazca yo valer tanto? Si puede. Pues no a mi dicha el favor le deis escaso, pues mayor la considero cuanto el empeño más alto, Deudora a vuestras finezas me confieso. Hasta hoy no hallo, que en nada pude serviros Ese proceder bizarro es muy vuestro, mas no ignoro, Leoncio, que me habéis dado la vida, que por vos tengo. Sí, que un infelice cuando gozó del bien, que no fuese para ser más desdichado? Por que lo decís? . Lo digo, porque si entonces el daros la vida a dicha se arguye de la suerte, hoy he notado, que estuvo mi muerte en eso, pues por fuerza fuera ingrato, quien restaurando la vuestra no diera la suya en pago, Pues a quién? A vuestros ojos, que como ellos se llevaron tras si el afecto, y yo pude por él alcanzar tan alto trofeo, correspondiendo a la obligación de entrambos, di la vida por fineza a quien debí el agasajo; mas vos no podréis de ingrata borrar el nombre. Qué aguardo? él le declara conmigo, y pues mi intento he logrado atajarle importa ahora, que temo, si me arrebato de esta pasión, el perderme; Leoncio, al empeño vamos para que os busco, y creed, que en un sujeto obligado, atendiendo al beneficio, es término más hidalgo, confesarle agradeciendo, que no olvidarle pagando, Luego vos agradecida estáis? . Eso no es del caso ahora, lo que he querido pediros. . Decid. En vano resisto; es que mebisquéis por Florencia, con recato, un Caballero que vino de España, temiendo acaso de cierto lance amoroso algún peligro, llamado Astolfo. Cielos, qué escucho! si será verdad, o encanto lo que advierto, pues con fus en tales dudas me hallo, que aún yo mismo no aber? si estoy despierto, o soñando Estas las señas no son de aquel agresor tirano de mi deshonra? pues como Rosaura (suceso raro!) por él me pregunta, siendo de todos tan ignorado el nombre, que no he podió hallar seña, indicio, o rastro de su estado, o su persona en Florancia? (ay Dios!) si a ha sabido mi desdicha, y de esta suerte ha intentado castigarme, porque un día y se la encubrí, mas si es llano que yo no lo he dicho, cómo? Parece que se ha turbado. . Qué la diré? mas yo quiero . disimular hasta tanto que se déclare mejor. Qué decís? . Digo que trato de serviros; pero avos, que os mueve con tal cuidado ahacer este emveño vuestro? Mío es solamente en cuanto al deseo que me obliga, de que remedie su agravio la persona a quien ofende. Luego que sabéis es llano quién es? . Sien claro se infiere. Hubo lance más extraño! y que se os sigue en que yo logre la dicha que aguardo? Cumplir una obligación. Esto es saber todo el caso, y darme a entender, que impido a su amoroso cuidado mi afrenta, pues no merece favores tan soberanos, fuse quien vive sin honra (ah cielos!) Ea, pues, aliente osado verí el corazón al remedio; no quede escondido espacio ando donde pueda estar oculto, quien es tan fiero contrario, que vida, y honor me quita. mo Mas decidme, si logrando tanta dicha, llego a hallar el hombre que habéis nombrado, podré después de cumplir odis con la obligación de hidalgo, estro merecer que por mi amor? A reconocer aguardo cuanto fuere en vuestro abono. Pues yo os prometo hacer tanto por lo que a ese aliento debo, que desde luego me encargo, a que si en Florencia vive le sabra hallar mi cuidado. De vuestro valor lo fío. Ya no pueden ser más cleros de su pecho los motivos, esta vez, Divinos Asteos, os he menester propicios; permitid, pues, en mi amparo, que, o se pierda la esperanza, o se remedie el agravio. Dónde vais? . A obedeceros? Tan presto? . Sí, que juzgando dos obligaciones hoy, en que me miro empeñado del amor, y del honor, todo el tiempo que dilato esta obediencia, es preciso ofenderlos, y reparo, por no agraviar a ninguno, que en vuestra presencia m para conmigo grosero, para con vos desairado, mas yo espero. . Qué dez Que algún día. . No la al Vo Por mi suerte. Mas lo ignoro. Se han de ver más declarado vuestros intentos. Qué intentos? Y que yo . Confuia agudreio, Menos infelice. . Cómo? He de atreverme, hando para los riesgos de amante las experiencias de honrado. . Cielos, que enigmas contiene esto que llege a escuchar? mucho me da que dudar Leoncio, ya se previene mi amor alguna esperanza o si el Cielo permitiera que saliese verdadera mi sospecha! La privanza esto, y más hará en un día, y no sé cómo, ni donde este amo se me esconde. Qué decís? Señora mía, aquí me trae mi ejercicio buscando a Leoncio, ay Dios! Sois su criado? . Y de vos. De qué le seráis? De vicio, Cómo vicio? . Si asistille mal pagado, según ves, no es por amor, ni interés, de vicio vengo a servirle. Y ha mucho que le servís? Mucho ha que el nombre me ha dado. de amigo, mas ya en criado se muda así. Qué decís? Que porque privale llamo, amo, y mi mal considero, mas no seré yo el primero, pares mucho mejor que su amo. luego tú sabes quién es? pelos, qué es lo que me pasa? . lariose junto a mi casa sin qquiendo a un Sastre Frances, mea aberio debo. Calla. pu enojo me espanta. Qué sea mi pena tanta! Aquí de Vizcondepruebo. . Mas no puede ser que quepa . mancha en su valor tan grave. Mas no sepa yo a que sabe el que el engaño se sepa. . Obligar a este procuro. A no ofenderle me allano. Mi pena resisto en vano. Nunca el mentir fue seguro. . Si hoy a mi duda previenes. una verdad, te prometo cien escudos. . El socreto como en la bolsa le tienes, pregunta, que ya reviento. Saber quiero de ti, pues, este Leoncio quién es? No más? . No. Pues va de cuento. Leoncio es un Caballero rico en España, y temido, donde dichoso ha nacido, y yo su andante escudero, que diez años le serví en la guerra, donde fue muy señalado, porque señalan muy bien allí. luntos de España salimos, sin que amigo, ni pariente nos viese, y confusamente hasta Florencia venimos, donde con cautela, y maña un recelo nos esconde, mudados nombres, y donde ves nuestra fortuna extraña. Esto es todo cuanto toco para la duda en que estás, de Leoncio, y lo demás, ni yo lo sé, ni él tampoco. Notable gusto me has hecho No diré que está agraviado, porque de aqueste cuidaco otro cuidado sospecho. Pero su nombre publique tu labio Aunque más me asón el riesgo, diré su nombre, es Don Fernando Mantique Espera, que es lo que escucho sin duda, ay de mí! es hermano de Leonor, lance tirano! can mayores riesgos lucho; y dime. . El cuento ne cesa Tiene padres? . No señora, Y hermanas? . Una, que hagr será ya Monja profesa; mas él con el Duque viene. Grande fue mi error estoy perdida, mas yo me voy. que advertir de esto conviene a Leonor, porque en efecto corre riesgo, tú podrás verme después. Por San Blas que me ha corrido el secreto. Al punto habéis de partiros. ̱̱. Aún siendo tal el favor, le hace en mi pecho mayor la estimación de serviros. ̱. Y porque en Rosaura creo que hará esta nueva dichosa, el llegar a ser esposa de Federico, deseo, que de mi parte este aviso la deis vos. ̱. Mi muerte intenta, bastaba de honor la afrenta, sin la de amor, ya es preciso que acabe al dolor mi vida, pues la poca que me alcanza, deuda fue de una esperanza, que ya imagino perdida. Voy, pues, a firmar el pliego. ̱. En todo, señor, me honráis. Esto es querer que sepáis lo que yo a estimaros llego. . Ya pensamiento tirano, locos deseos, ya es tiempo, de hacer el costoso ejemplo contra mi vida, pues vano ha salido en vuestro intento el bien que esperé soñado, tanto, que esperar le ha dado nueva materia al tormento, Pues verte solo consigo, podré llegar? . Qué te acorta Tu gravedad me reporta. Gravedad? cuando contigo la tuve yo, si en mi suerte de amigo el lugar te doy? Tan prinado de ti estoy, que jamás alcanzo a verte, mas no tu desvíe acoso, que quien tal fortuna alcanza, siempre olvida la mudanza por accidente, o por uso. Qué es lo que quieres? Quería; pero Rosaura . Después me hablarás, veré . En un mes aún no ha de llegar a mía? Solo ha quedado, así espera probar si puede mi intento disvadir su pensamiento. Aunque ofrecerte pudiera de una nueva que te traigo el parabién, es tan grande mi sentimiento (perdena, que arrevido me adelante, que aún no sé si he de poder referirla, y así pase lo que faltare a la voz, adverrido en el semblante) Prosigue, que más me admira, que el verte así, el escucharte, que para mi puedan ser buenas nuevas tus pesares. Digo, pues. Turbada escucho. Que el Duque aquí porhorarme (no sé cómo lo refiero!) manda que venga a avisarte de que ya, pena cruel! o como a tales desaires me sujeta la fortuna! de que ya para casarte está todo prevenido, sin que atra cosa se aguarde para el efecto, ay de mí! mas que la llegada fácil de Estela, por quien yo voy a Parma esta misma tarde; y luego al punto pretende, que las dos bodas se acaben- Esto, señora, me ordena, y yo en confusión tan grave, ni sé lo que debo hacer, ni sentir, pues de siguales de mi pecho los temores, me confunden, y me abaten; de tal suerte, que no advierto si debo en aqueste lance, o sentir lo que me toca, o agradecer lo que os cabe, pues cuando para erviros dispuesto mi amor . No pases adelante dile al Duque, que yo la lengua cobarde está al prona iciar mi muerte, que estimo; pero no le hables, yo se lo diré mejor. Oh pensamientos, dejadme, no de un vano desvarío toda la opinión se arrastre? . pues si erser de Federico es tan forzoso en mis males, mayor tormento me ofrece hallar el alivio en balde. Este empeño no permite excusa, que a ser más fácil el quedarme, yo buscara a Astolfo. . No es importante; con este medio procuro de la sospecha apartarle. Cómo no? . Cómo a mi intento ya será el hallarle tarde. Ya os entiendo; esto es decir, que siendo fuerza el casarse, en nada mi honor la importas; si, mas no se satisface. mi pecho con que lo estéis, Pues si esto solo fue parte, que te mueve? . Lo que debo a mi valor, y al mandarme vos una cosa, porque siendo el llegar a empeñarme prueba de mi aliento, es fuerza por si allí pudo dudarse, seguir, aunque ya no os toque, el empeño; y en tal lance, cumpla yo mi obligación, que no importa que sea tarde. Mas pues de mi muerte, ay Cielo se llega el forzoso trance, y sabéis que un desdichado tiene su alivio en quejarse, ya que la causa es tan justa, permitid . No se embarace el labio en confusas quejas, que será dolor más grave tropezar en lo imposible caminando por la fácil. Ya sé qué imposible ha sido mi esperanza. . Si lo sabes, qué alivio habrá en referiría? El de no morir cobarde, pues ya conocido el riesgo, es la conveniencia ultraje. Conserva el nevando armiño de su piel el bello esmalte, tanto, que al verse acosado de algún riesgo, si delante manchada la tierta mira, porque su candor no haje, al peligro retrocede, y dispuesto a morir antes, rémora advierte el camivo, que siguió para librarse. Así yo, pues que conservo en el precepto inviolable de una hermosura que adoro, la divina ley de amante; bien que acosado me miró de tantas dificultades, en que la muerte aseguro, viendo que al paso me sale; por donde librarme espero el peligro de inconstante, ni le sigo, ni le elijo, pues mi honor se satisface; en que la vida se pierda, porque la fe no se manche. Grande admiro tu fineza. ̱. Siendo la ocasión tan grande, antes la imagino corta; mas pues ya no es importante, dadme licencia, que yo presumo que se hace tardo para obedecer al Duque. Habrá algún dolor que iguale al mío? pues si es forzoso, vete, y ruego a Dios que tardes tanto, mas no, quiera el Cielo que vuelvas, que aunque has de darme la muerte con tu venida, será consuelo en mis males; y porque de aquesta nueva alguna muestra declare la obligación, darte quiero; Leoncio, aqueste diamante, indicio de mi firmeza, que yo. . Ah señora, que torde ese favor! . No es favor, y si es que así lo pensaste, como en mí no sea delito, poco importa que te engañes, Guardeos el Cielo. Ay de mí! A tiempo llegué que dabais a Leoncio una sortija, y puesto que en él no vale más precio del que merece el oro, quiero pagarle ese valor, y tenerla en estimación más grande porprenda de vuestra mano, e aunque este favor no alcance mi fe, bástame saber. Vos, señor, os engañasteis, porque solo se la he dado por seña, que es importante para un negocio que ahora le encargaba, y perdonama el que ahoraslo os la ferie, que mí. prendas no se traen por favores, ni yo puedo darlos hasta que me case. Pues ya que esto no merezco como esposo, y como amante; como a criado esta vez me la dad, para mandarme lo mismo que había de hacer Leoncio. . El Cielo me la que de tantas dudas; señor, eso no era justo. . Dadme la prenda vos. . Perdonad, porque es justo que repare, que hasta haber hecho primero lo que me manda, es desaire menos que a Rosaura. . Pues no basta que yo os lo mande? En cuanto a mi bien decís, mas si de Rosaura nace la resistencia, y es fuerza que en esto la sirva, errasteis el modo, porque sería, o poco atento, o cobarde, si lo que su amor resiste, en mí no se asegurase. Pues vos como de esa suerte osastéis hablar delante de mí? sois más que un criado muy indigno? . Quién pensare que yo no basto . Ay de mí! Matárete aunque se manche mi espada en tu sangre. . Yo de esta suerte pienso darte muestras de quien soy. Qué es esto? apartad Dejadme darle la muerte. . Perdido soy. . Vos en Palacio sacasteis la espada con Federico? Seño? Prendedle, llevadle. a una torre. Ay de mí triste! Ya dimos con todo al traste. Vos, Federico, venid, que sin saber de este lance la causa, pretendo hacer, que toméis con castigarle satisfacción tan debida. El callar es importante, pues podré cobrar después la sortija. . Qué pesares! Qué desdicha? Qué tormento! Cómo el ánima del sastre le llevan. Confuso quedo! Ya llegó el amargo trance de nuestra dulce fortuna, y ya sin riesgos, ni hazares me puedo andar por el mundo solo, requiescar inpace,
JORNADA TERCERA
Ciego buscando vengo a Rosaura, y en dudas que prevengo, de mi pena advertido, pretendo más atento, y advertido templarla, pues airada se muestra, tan cruel, y desdeñada, desde aquel día (ha cielos!) que violentar quisieron mis desvelos, con tan locas porfías, desprecios suyos, y desdichas mías: Entrarme determino en su cuarto, encargándole al destino el suceso que espero, con ocasión de que decirla quiero, como al Duque he rogado por Leoncio, supuesto que arrojado, yo solo causa he sido de que le tenga preso, y abatido; y esto también arguyo, que dio mayor motivo al pesar suyo, porque a su afecto debe la vida, y la ocasión que dio es tan leve, que aún yo mismo confieso, que me faltó razón en tal exceso, puesto que él no ha tenido mayor culpa, que haberse defendido. Ya que un rigor tirano a este estado me trae, y que mi hermano, en la prisión seguro da lugar al intento que procuro. diré a Rosaura (ay triste!) que me deje salir, pues que consiste solo en esto mi vida, pues ya sin la esperanza tan perdida, se advierte; mas qué miro? aquí está un hombre (ay Dios!) yo me retiro primero que me vea. Con nuevas dudas mi temor pelea; pero quien, oye aguarda, porque huyes veloz? . Qué me acobarda? En qué te empeño? volveré? . escucha; mas qué veo? es sombra? Es sueño lo que estoy admirando? No es Leonor? . . No es Astolfo? . Cómo, o cuando aquí traerte pudo? Aún cuanto más lo veo, mas lo dudo. . Mi adversa, y triste suerte. Cómo tirano, aleve. . Mira, advierte. Ingrato. . No des voces, Leonor, escucha, atiende. . Mal conoces el fuego en que me abraso, en vano intentas atajar el paso a mi voz; no hay ninguno que a mis quejas atienda? . Qué importuno influjo de mi estrella! oye sabrás. Sin tiempo me atropella tu traición cautelosa; Rosaura. No la llames, que es mi esposa. Eso no vive el Cielo, mayores riesgos en mi mal recelo; luego eres tú, tirano, quien se ofrece a gozar su blanca mano, sin ver que a mi honor debes. Sí, mas mira que tarde el labio mueves, haciendo más precisa tu deshonra. . La infamia atemoriza. de esa intencion traidora, qué procuras cruel? . Veraslo ahora? Detente. . Para que, cuando ofendido por desgraciada ves que me has perdico? Por traidor, por alevoso, Qué es esto, Leonor, qué tienes? Mi esperanza en ti. Pues habla. Cómo te he dicho otras veces, la ocasión de mis pesares, y que de un ingrato aleve siguiendo el alcance vine a ampararme, y a valerme de ti, par cuyo intento, tan me favoreces, tan piadosa me socorres, y generosa me atiendes. Esta pues, es la ocasión, yo la he hallado, y tú la tienes en tus manos, no repares que es Federico el que ofende mi honor, ni menos te venza, que a ser tu esposo se ofrece, pues quien una fue traidor, lo podrá ser muchas veces. Ma honra pierdo si te casas, mucho ganas si a él le pierdes, y supuesto que le he hallado en tu casa, y ahora puedes cu aplir lo que has prometido hacer por mí; no se nieguen las piedades a tus ojos, ni sin esperanza dejes mi designio, y juzga ahora, que compras de aquesta suerte un desengaño tan fácil, y primero que te entregues en sus alevosos brazos nocido. has con Detente, Leonor, no me digas más. Pues, señora, qué resuelves? Asegurarte, que yo he estimado de tal suerte saber aquí de tus males lo que tus penas me advierten, que te quisiera pagar, de modo, que conocieses, que hago por ti cuanto puedo, pero estar segura puedes. de que mío no será, mientras en lo que pretendes no tengas satisfacción. Eso basta solamente, pues si no es con ser mi esposo satisfacerme no puede. Pues yo ayudarte procuro, ya que mi estrella consiente, que llalle tan buena ocasión para el logro que previenen mis intentos, y estorbar los suyos; pues si se advierte, que más pena que sufrirle, que más gloria que perderle? Mi honor en tu amparo estrid Deja que a mi cargo quede, Guárdete el Cielo, pues ya la suerte me favorece, a pesar de su traición me ha de pagar lo que debes Rosaura no me ha contado sin que yo le conociese, que no le quiere, ni estima, que sus finezas la ofenden, que sus porfías la cansan, y no solo le aborrece, si no que a Fernando adora? Pues si es así, de que temen mis recelos, cuando veo, que ella misma ha de valerme? Preso está él también, y ahora es cierto, que aunque le cuente Chispa que me ha visto aquí, en nada puede ofenderme; Pues ánimo aliento mío, hasta que menos crueles, quieran los hados que alcance de esta dicha que me ofrecen el logro, pues la fortuna, aunque más fiera se muestre por hacerme a mi infeliz, no ha de ser estable siempre, En triste, y mudable estado de la suerte perseguido, mil veces dichoso he sido por ser tantas desdichado. Mas ya que de sengañado llego ha ver cuan desigaal es mi fortuna fatal, aunque lloro su desdén; temo el bien, porque en el bien siallo cauteloso el mal. Del honor, y el amor sigo, dos imposibles que lloro; del honor, por lo que ignoro; de amor, por lo que no digo. Incierto a vengar me obligo la afrenta que me atormenta, y cuando amor desalienta de este riesgo en el temor, ni puedo decir mi amor, ni puedo curar mi afrenta; Y como de tan extraña fortuna en el mal que advierto, nunca el rigor sale incierto, siempre el allvio me engaña, Hoy que Rosaura acompaña de una esperanza a mi pena, temo más al ver que ordena mis favores cautelosa, pues puede hacer de piadosa lo que de amante condena. Y así entre alivio, y tormento, en que confuso me veo, ni admito el bien que deseo, ni desecho el mal que siento; pues cuando apurar intento mi estado, llego a entender, que ya no puedo tener, según estoy, más pesar, sino es llegando a gozar otra dicha que perder. De una novedad bien nueva vengo a avisarte, y sospecho que es de cuidado . Mi pecho está del rigor a prueba; no temás, pues, que me mueva nada a mayor sentimiento del que paso en mi tormento. Mi lealtad es bien prefiera. . Dilo, pues Callar quisiera; mas ello es cosa de cuento: sabrás que a Leonor tu hermana. Mal mi confusión resisto. . Hoy en Palacio la he visto. Qué dices? pena tirana! Que esto es cierto, y que profana las leyes de la clausura, donde tu Callar procura, si quieres que en tanto agravio, entre el discurso, y tulabio halle lugar la cordura; pero el engaño colijo en tu error, puesto que advierto, que te escucho, que no he muerto De eso, señor, no me aflijo, Tarde mis ansias corrijo, ven acá, de suerte (ay triste!) que es ella, y que tú la viste? Con estos ojos, señor. Pues no me acaba el dolor mucho mi valor resiste; Leonor en Florencia? ah cielos! yo con las manos atadas, mis ofensas declaradas, públicos ya mis desvelos, y en tan penosos recelos, el Duque airado conmigo, Federico mi enemigo, Rosaura cuerda en sufrir? mas esto es más que morir? no, y a morir yo me obligo; crezca en el Duque el rigor, E Federico fiscalice, con su afrenta escandalice a todo el mundo Leonor, falte en Rosaura el amor, dilátese más penosa mi prisión, porque en dichosa suerte llegue a ver lograda, antes una muerte honrada, que no una vida afrentosa; y si las causas apuro, que ocasionan mi tormento, la muerte en tal sentimiento es solo alinio seguro. Pues que aguardo, o que procuro, cuando remiso, y cobarde, de este fuego que en mi arde no avino el incendio activo, pues es muerte lo que vivo, y ánimo a morir más tarde? Pero mal contra el decoro, y la piedad se defiende, muera Leonor que me ofende, lave su sangre el desdoro de mi fama, pues ignoro otro dueño más tirano, que no culparán mi mano, cumpliendo en tan justa acción de noble la obligación, si ya cumplí la de hermano. Cuando su error más secreto dio a mi valor declarado esperanza en el cuidado, remedio para el respeto, pude piadoso, y discreto perdonarla, pero ya que pública al mundo está mi ofensa, en que no se advierte otro remedio, su muerte justo castigo será, Chispa . Señor. Tú has de hacer por mí una fineza. . Di lo que mandas, pues nací leal a más no peder. Esta noche has de saber con cautela el cuarto donde duerme Leonor . No se escond a mi despejo el más leve retiro; pero que mueve tu pecho? . Nada responde, sino preven a mi huida a la puerta del jardín dos caballos . A qué fin? esto huele a fratricida; . pero, señor, la salida de esta prisión que supones, de qué suerte la dispones? Eso bien fácil se mide, si ves que no me la impide las guardas, ni las prisiones, pues tanto favor recibo para agradecerle incierto (bien que ser Rosaura advierto la causa) que no apercibo, Isía la confianza vivo, mas que a la prisión sujeto; Y así logrando el efecto de lo que encargado estás, para todo lo demás dichoso fin me prometo. Eso a mi cuidado deja; spero imagina primero, Necio estás. Soy un grosero, Juada mi error te aconseja. Leonor, contra ti se queja mal ofendido mi honor, teme el preciso rigor, que tu culpa me previene, pues ya la piedad no tiene lugar, ni fuerza el amor, ven Cispa. ̱. Muy en la danza me ha metido; ya te sigo. Ven, que tú has de ser testigo de la más justa venganza. Logra feliz tu esperanza. ̱. Si haré, porque me acompaña mi valor, y en tan extraña. desdicha, sabré cumplir lo que debo, con morir, o volver honrado a España. ̱. Esto mi amor os suplica, pues veis en cuanto se abona el deseo. . Yo confieso, Federido, que es forzosa esa queja siendo amante, bien que contra mí se apoya injusta, pues no he tenido culpa alguna en tan penosa dilación. . Ya considero que mi ciego error estorba las dichas que solicito, pero supuesto que ahora contra la salud de Estela otro accidente revoca en más dilatado plazo a mi esperanza esta gloria; Permitid, señor, que goce en la posesión dichosa de Rosaura, los favores, que vuestro afecto me otorga. De aquesta suerte aseguro . mi intento, antes que notorias lleguen a ser de Leonor aquí las ansias quejosas, pues es fuerza si Rosaura hoy con los celos se arroja, que después ha de callar por lo que a su honor le importa, En lo que tanto deseo, sobradas están, y ociosas las persuasiones, mañana hacé que se reconozca esta verdad, pues logrando lo que por los dos me toca, yo seré el dichoso en todo, y Rosaura vuestra esposa. Beso tus plantas mil veces. Luego haré que se disponga lo necesario, idos, pues, a recoger . Ya las horas siglos son a mi deseo; pero allí atraviesa Flora, Flora, ce, . Quién me llama? Yo soy, ove, a mí me importa tu favor. . Servirte espero, mas en qué? En hacer de forma, que esa puerta que atraviesa al cuarto del Duque, ahora no se cierte, porque yo pueda antes que se recoja entrar por ella, y tener ocasión de hablar a solas con Rosaura. . Eso a mi cargo lo deja. . De aquesta forma quiero evitar de mi engaño el riesgo, antes que celosa con el Duque se declare. Flora, en tu favor se abona la mayor dicha que espero an que Rosaura me oiga. De eso mi amor te asegura. La pida te debo, toma esta cadena. . Cadena? por mostrar que me aprisionas la tomo, que no lo hiciera si me dieras otra cosa. Guárdete el cielo. . Señores, para cualquiera tramoya, quien estos medios aplica, lindamente la esabona; pero aquí viene mi ama. No extraño, Rosaura hermosa, tu resolución por grande, cuando sé tan a mi costa, lo que atropella atrevida, y a lo que osada se arroja una mujer con amor. Abrir la puerta me toca antes que vuelva a su cuarto. . A mi hermano haré notoria la traición de Federico, porque tus ansias quejosas se templen, y porque yo con resolución más propia, en sus engaños disculpe ni inobediencia ingeniosa. Mi honor en tus manos dejo Noble soy, y así no pongas dada en mi verdad, sabiendo que enocasión tan forzosa, lo que no hiciere por el, deberé hacer por mi propia Mas porque entiendo que ya Fenrico con mañosas iligencias apresura el casamiento, y importa advertir de esto a mi hermano, antes que en su ompeño ponga mayores dificultades, bien que con mi amor son todas tan leves, que aún para el riesgo está la razón ociosa. Quiero ver si con el Duque está, y estorbar que a solas pueda hablarle, hasta que yo le informe mejor. . Pues obra como gustares, que en mí hallarás, Rosaura hermosa, una amiga que te sirva, que es hoy, quien más le toca el hayudarte, sabiendo en dos causas tan notorias, que si tú eres desdichada, no puedo yo ser dichosa. Lo que estuviere en mi mano, si es mi mano la que estorba tu designio, no ha de ser nunca contra ti, aunque ponga el Cielo con más violencias, que hay estrellas que le bordan, preceptos a mi obediencia, ni ahogos a mis congojes; pues cuando intente mi hermano con acciones rigurosas, violentar mi amor, y el mundo todo contra mí se oponga, no han de ser bastantes, no, a que por esposo escoja otro que Fernando, pues mi fe, que desde hoy le nombra dueño del alma, no puede engañarse, ni se postra a temores de la muerte, que antes me fuera lisonja, porque donde el gusto falta, ya la vida está de sobra, Pues ese temor vencido, que tanto el alma apasiona, bien podré vivirlegura de recelos? . Qué te a corta? esto mi amor te asegura, vere, pues, y espera ahora en mi cuarto hasta que vuelva. ̱. En estas dichas dudosas, aún lo mismo que estoy viendo, parece que se me antoja; qué he de hacer? válgame el cielo! yqué he de hacer? porque es forzosa mi muerte, si libre veo a Fernando, necia, y loca; Yo le he de esperar, sabiendo, que es de su venganza honrosa precio esta vida, hay de y que de penas me ahogan, que de temores me afligen, que de dudas me apasionan, que de pesares merinden! Todo es horror, todo sombras de la muerte; mas que digo? que me ataja? qué me acorta? que me detiene indecisa? que me suspende dudosa? que vano temor me oprime? muera mil veneas si importa a mi honor, que es mayor pena vivir con tantas zozobras. Rosaura quiere a mi hermano, siendo sola quien revoca mi esperanza; pues que te mo, cuando amante se apasiona, si ella misma ha de buscar el alivio a mis congojas? Pasar me quiero a su cuarto, y pues estas cuadras solas están, ya llevarme puedo la luz. , . Por la escala angosta que baja al jardín tendrás segura la oscapatoria. Dices bien, con los caballos me espera. . Serán dos onzas, y más si el miedo los pica. Adiós . No escupas, ni tosas pisa quedo, y pues ya sabes el paso, la entrada cobra. El aire de una cortina mató la luz, mas no importa, que allá dentro habrá otra luz. Esta es la puerta que Flor dejó abierta, mas qué veo! no hay en estas cuadras todas luz, si estará recogida Rosaura? . Alguna persona ha entrado aquí, Santos Cielos, no hagáis mi suerte tan corta, que a ser descubierto llegue, Si al temor no se le antoja, gente hay aquí. . Vive Dios que fue prevención mañosa matar la luz, y Rosaura a esta parte cautelosa se encubre, pues el ruido de las basquiñas me informa. A este lado estaré oculto. La puerta busco, y no topa; más Cielos, quién está aquí? Rosaura, mi bien, señora, no huyas, espera, aguarda, ya en el rigor que blasonas te he conocido, que el alma no se engaña, pues te adora: oye mi disculpa . Ay triste? este es Federico, ahora tengo de ocultar quien soy, para escuchar de su boca las disculpas que ha fingido con espera izas traidoras. Vive Dios que es Federico el que ha entrado, y el que estorba mi dicha, pues con Rosaura encontró, pero aquí importa recatarme, pues no puedo salir ya sin que me oigan. Confieso. Rosaura bella, que fuera justo desvío el tuyo, si un desvarío, que tan ciega te atropella, mostrara que hubo en mi amor culpa, mas pues no ha podido mi amor haberte ofendido, ni hay más causa en tu rigor de una pasión, que engañada contra mi verdad fiel, te precipita cruel, y te despeña arrojada: oye mi verdad, que luego injustamente ofendida, me podrás quitar la vida, pues me quitas el sosiego. Yo si amante, aunque fingido de Leonor su honor goce, solo por templanza fue de un ardor mal reprimido. que es cielos lo que he escuchado? Mas esto amor no se llama, pues no vivió aquella llama. mas que hasta haberla gozado. Quién en el mundo pudiera . ver su deshonra tan clara? Porque si acaso la amara, el nombre no la fingiera, y allí con engaño atento solo a lograr mi pasión fui Astolfo en su opinión, mientras que seguí el intento, y después sin que tuviera más seña en tanto cuidado, me vine, y dejé burlado a su amor de esta manera. Juzga ahora los desvelos de tu enojo más prudente, si ocasión tan indecente merece causarte celos. Sin alma escucho, y sin vida! Y si amparada de ti, Leonor, habla contra mí, o necia, o desvanecida, esto te quiero advertir. En nada debo culpar, que esto llegue a declarar quien tanto supo fingir: hubo más traidor engaño! Baste, pues, Rosaura hermosa, tu queja tan rigurosa. Quién vio sueño más extraño! posible es que ya la suerte me trae piadosa conmigo a las manos mi enemigo, para borrar con su muerte mi deshonra! y que este sea; porque con menos templanza logre airado en la venganza los rigores que desea mi valor, que ya indignado dos veces se halla atrevido; una, porque me ha ofendido; y otra, porque me ha agraviado Muera, pues, aunque hoy me cueste la vida; pero otro medio hallo para mi remedio menos arriesgado que este, y ha de ser volverme ahora a la prisión a sufrir mis desdichas, y sentir este mal que el alma llora, que después podré mejor (saliendo, como ya espero) dar a mi mano, y mi acero este vengativo ardor, pues si intento airado, y ciego matarle aquí, no he de hallar como poderme escapar; yaunque me escapara luego, quedaba Leonor, a quien mas mi honor matar intenta, pues no se cura la afrenta sino la mató también. Y así es mejor que templado, para ser severo Juez, lo dilate, y de una vez me muestre más indignado: hacia aqueste lado infiero que es la puerta. ̱. Yo he de ver si puedo satisfacer tu enojo. . De celos muero, mi pecho ha de declararse. Bien el intento he logrado, mi hermano se ha retirado, y ha rato que fue a acostarse, Federico; pero aquí no hay luz, sin duda será descuido de Flora. Ya todo el sentido perdí, pues la puerta hallar no puedo. Quién es? . A dar he venido con Rosaura, estoy perdido! ̱. Flora, Leonor. ̱ Muerto quedo! quién está conmigo? . Yo, traidor, tirano, que así tu engaño he visto. . Ay de mí! esta es Leonor, y ya no tiene medio mi esperanza, que apurado el sufrimiento, lo que es riesgo en el honor; es en la vida desprecio: muere traidor, si mi brazo acierta. . Válgame el cielo! mi hermano es este, que escucho? Quién atrevido, y resuelto esta traición ha intentado? Quién para lograr sangriento la mayor venganza espera hallarte. Mal sin remedio, o quién pudiera salir! Apenas confuso puedo discurrir en lo que he oído, y a no estar Leoncio preso, dijera . . Saca esas luces, Donde estás, que no te encuentro, cobarde, espera mi espada. Yo te busco. Llegad presto. Porque adviertas. Porque te más. Quién con profanos intentos se atreve? pero qué miro! . Mas cielos, qué es lo que veo? . Gran pena? Cruel desdicha! Grave mal! A hablar no acierto, Qué os supende, Federico? hablad, o viven los cielos que en tan dudoso castigo me irrite con vos soberbio. Yo, señor, solo diré, que Leoncio en este puesto a escuras matarme intenta, en nada tu honor ofendo siendo Rolaura mi esposa, que hablaba a Leonor, a tiempo que entró aquí, que oyó sus voces que airado sacó el acelo, juzga ahora lo demás, supuesto que esto es lo menos. Vive Dios, que no averiguo cercado de tantos riesgos del honor, cual puede ser la causa de aqueste intento; pero aquí importa ocultar mi sospecha, y pues advierto, que el entrar Leoncio aquí tiene gran poder, supuesto, que ha rompido la prisión, y que de cualquier suceso borra el daño con su muertes sin hacer examen pienso castigarle, porque quede sepultado en el silencio. Ya que has venido a ser Juez de esta causa, escucha atento, sabrás. . Calla, cierra el labio. Mi mal. . Enfrena el aliento, muera, matadle. . Llegad, llegad ya; que solo espero esa lisonja en mis males; pero ha de ser advirtiendo, que de esta suerte os irrito, Gran dolor! Qué me detengo? Muere, cobarde. . Y contigo ien te adora, pues es tiempo de lograr mi amor tened, tened, que yo le defiendo. Ninguno intente arriesgado llegar, pues viven los Cielos, que se han de cebar sus puntas antes en mi noble pecho, que permita que atrevidos, crueles, y desatentos, le deis la muerte; este es ya de mi amor noble empeño. Qué es amor? cierra los labios sino intentas que sangriento te despedace; a un villano? Vive Dios que soy tan buene como . Matadle, acabad. Quitad cobardes, primero me has de atender, o matarnos a los dos . Pues di, que quiero si pronunciares tu afrenta, hacerlo todo, ya atiendo. Cuanto a lo primero sabe, que Federico grosero, traidor, y desvanecido, gozó con falsos intentos, y con fingidas promesas de esta dama, que estás viendo, el noble honor, y burlada la dejó en España, a tiempo que tú para ser mi esposo le llamaste, y que siguiendo ela entonces su fortuna, sin entender nada de esto, se amparó de mí, y después le halló, que empeñada quedó en no amar a Federico pues la ofende, esto supuesto, para otro empeño mayor, oye ahora. . Si yo puedo hablar, mejor lo diré. Sabe también que soy dueño de esta ofensa, como hermano de Leonor, y que pretendo darles la muerte a los dos, y que a esta venganza atento vine de España, y he estado disfrazado, y encubierto en Florencia, y que no soy Leoncio, ni soy plebeyo, si Don Fernando Manrique, cuya sangre, y cuyos deudos son tan nobles que me animan a vengarme . Y que yo tenge la culpa de esta ocasión, pues cautelosa, fingiendo que era Rosaura, escuchaba aquí. . Dónde oí del mismo mi deshonor, cuando vine solo a ejecutarsangriento este castigo en mi hermana, que a más rigor me prevengo, conociendo quien me ofendes y finalmente que pienso ya en el empeñó en que estoy, o quedar honrado; o muerto. ̱ Raro caso! pero dime, dime Fernando (no entiendo estás dudas) como tú hasta ahora, si ese empeño te trajo, no habías logrado las ocasiones? . Ya advierto lo que dices; pero sabe, que yo hasta este instante mismo, que de ti escuché mi ofensa, no te conocí, creyendo que te llamabas Astolfo; y esto fue porque el suceso supe de esa aleve, a quien lo fingiste, con que ciego partí en tu busca. Y Leonor cómo vino? . Eso no entiendo porque yo. . Tú la dejaste como noble en un Convento, de donde salió arriesgada la misma causa siguiendo, y yo la amparo, este es todo el caso, en que he resuelto morir antes que dejarte, de cumplir con lo que debo. ̱. No ha sido el daño tan grande como imagine, supuesto que Fernando es bien nacido; pero en tan forzosos riesgos, ni es justo que yo le dé a Rosaura, si primero no restaura su opinión; ni tampoco es buen acuerdo entregarla a Federico con esta deuda, pues dejo de cumplir con quien yo soy: y así en estos dos extremos, no he de remediar el uno, si entrambos no los remedio. Satisfacer a Fernando, sin que se case primero Federico con Leonor, no es posible; pues yo quiero, puesto que se ha declarado Rosaura, y que corre riesgo mi fama, curar mi fama, que esté es el mejor consejo; dad la mano, Federico, a Leonor. . Feliz suceso! . Esto le importa a mi honor . Repara, señor, primero, que es mi sangre. Vuestra sangre no es mejor. . Tened, que presto os sacaré de esa duda; dale tú, Rosaura, luego la mano a Fernando. . El alma también con ella le ofrezco. Deja que humilde a tus plantas, y rendido. . Alza del suelo, Federico; estáis ahora asegurado? . Y prometo pedir perdón a Leonor. Yo os perdono desde luego, Señores, todo lo he oído, porque yo vine siguiendo a Fernando, y hasta ver el fin de tan graves riesgos, temí el mío; con que aquí, Senado ilustre, y discreto, la Dicha por el Agravio da fin, perdonad sus hierros
