Texto digital

Texto digital de La dicha es la diligencia

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Tomás Osorio
Atribución estilometría
No es posible No concluyente
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La dicha es la diligencia. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/dicha-es-la-diligencia-la.

Logo BICUVE

LA DICHA ES LA DILIGENCIA

JORNADA PRIMERA

o JORNADA PRIMERA Esto, Fenito, ha de ser. Mira el peligro en que estás. No me aconsejes, ya más. Esto es lo que he de poder contigo. . Gran tormento me dan tus labios tiranos, pues con tus consejos vanos. despeñas el pensamiento. Digo que te serviré. Estás en lo que has de hacer? Bien lo pudiera saber, pues decoro lo tome; un Príncipe de Galicia agora me he de fingir: y si no veo descubrir, Lisardo, nuestra malicia, 2. Clenarda he de contar. del modo que de la muerte escapó tu feliz suerte. No me quisiera fiar de ella, aunque la tengo amor; esto alborota mi calma. Habiéndola dado el alma, no fiar de ella es error; mas yo lograra tu intento, si confiaras de mí. Di, Bénito, por si así alibias el sentimiento. Al recitalla la historia la diré que soy Lisardo. La industria saber aguardo. Trazarala la memoria, corra aquesto por mi cuenta. Duélete de mi rigor. Yo compondre aqueste amor. Con mil ducados de renta. Aquestos ducados pesoo. Señor serás de vasallos. Vive Dios que he de pescarlos, o no ser Benito Quesco. La industria saber deseo. Aquesa no has de saber Mira que no has de poder lograr así tu deseo; consideralo despacio, mira cuerdo lo que intentas, y luego no te arrepientas, A gran empresa estoy determinado, de haber entrado en Palacio: adviértelo bien prudente. Qué tu temor imagina? Quién presto se determina, fácilmente se arrepiente. Estas son mis mar avillas. Mira que es trance dudoso; y que puede peligroso llover todo a tus costillas. Llevaba a un hombre ahorcas, y el padre que predicaba, por lo que le consolaba empezó luego a sudar. Dijo el hombre sin paciencia, cuando trasudarle vio: pues no sudo padre yo, y suda su Reverencia? esto con los dos sucede. Dueño eres de mi rigor en tu mano está mi amor. La dicha a tu gusto excede, que empiece la traza intento, que ha de ponerte a Leonarda en la cama tan gallarda. Como mi pensamiento. Vuélvete a casa, señor, no te conozca ninguno. Niño Dios, está oportuno para lograr tanto amor. vive Cristo, que es trance muy dudoso gracejar a lo Trincepe locoso! voto a Dios que algún diablo me ha engañado. Señores, yo Gallego? en qué he pecado? Gallego aqueste talle tan brioso? no soy yo del linaje más honroso, que de slenitos España ha conservado? Aunque habré de tocar dinero fresco; cuando aquesta desdicha aquí compato, con gran peligro pago lo que pesco, Cómo olvidas a Clavela? Porque, Leonardo, otro amor mucho más superior mi imaginación desvela. Aunque eso la lengua afirme, . La misma madre de amor. condeno el verte mudar, pues por fuerza has de cobrar Ay, Leonardo, si supieras. lo que es amor, y penaras, ni aqueso me aconsejaras, ni esas palabras dijeras! Conozco que mi mudanza es digna de reprensión, mas cuando veo que son. efectos de mi esperanza, y que el rigor que hay aquí viene a ser tan gran rigor, la culpa le echo al amor; con que me disculpo a mí. Quién, señor, es la belleza dueño de tanto favor? Y trátate con fiereza? Antes gozo sus favores. nombre de hombre poco firme. . Qué tan rica? . Cómo hermosa. De cordura? . Mucha, cosa. Pues acabó tus amores, y tu discreción forzosa: pues cuando quieres querer, has escogido mujer rica, discreta; y hermosa; Mas declara el pensamiento, no se oculte aqueste amor, dime su nombre, señor? Pues escucha un rato atento. Tancredo, Rey de Nápoles dio muerte a Lisardo, Leonardo por sospechas de traidor a su Rey, si bien se advierte, que ahora están con la razón desechas, tu Estado me dio a mí, felice suerte! Con que el amor con sus doradas flechas el pecho asusta; y en su blando trueno la cienta probé de su veneno. Era el dueño feliz del pensamiento Clávela hermosa, que de mi sentido, o ya por acrecer más sentimiento, o ya por repar que estoy perdido, en su amor dilataba mi tormento. Y cuando yo corrido, y atrevido mis firmezas fieles ponderaba, a mi pena favores lambicaba con la llave maestra que traía. Llave maestra al fin como Privado; de aquí, Leonardo, la desdicha mía el feliz principio ha dimanado: pues abriendo Leonardo, cuando el día de dulces Ruyseñores saludado, en los Estados de la hermosa Flora liquidaba las perlas de la Aurora, en el cuarto me hallé, y el aposento, donde Clenarda su hermosa gentileza sepultaba en Holanda, cuyo intento, Narciso hermoso de tan gran belleza, lisonja de mi amante pensamiento; a no temer Leonardo su fineza, de la memoria hacía al dulce su eño venturoso señor, felice dueño. Levántase en cotilla; no has mirado una margen de Venus, cuando hermosa por sello consiguió el pomo dorado, quedando Juno, y Palas envidiosa? Forma en lalidea, pues, este traslado, esta copia, Leonardo, de esta Diosa: y que es, aunque la formes tan gallarda, átomo breve para una Clenarda. Descubriome el amor, y vergonzosa, escuchando mi amante pensamiento, con esperanzas me pagó amoroso, lisonjeando así mi sentimiento. Ya Clavela, Leonardo, es enojosa a, mi amor, su vista es mi tormento: Aquesta, pues, Leonardo por decoro, amante sigo, cuando tierno adoro. Aquesta carta es de España, invictísimo Rogerio. Sentaos, que hasta que os sentéis leer la carta no quiero. Por aqueso no riñamos: Hola, sillas. El Rey de España me escribe en esta carta, o Sillas presto. Quién sois vos? . Yo soy Enrico, de Calabria Duque, y pienso. Tú Duque? no penséis nada, porque es pensar de jumentos. Presto. . No presteis tampoco, que es de grandes majaderos, que sois, Penito, Duque de Galicia, y venís a casaros con Clenarda. A pretender tan solo, . Esto es claro, que hay Duques acá de talle, y brío. Caballero quien, sois, por vida mía? sois hijodalgo? . Es cosa averiguada, que solamente Adán fue hijo de nada. Porque causa en vuestra ley os llaman Benito Quesco, nombre tan extraordinario? Lo del Bénito es aquesto. Tenia mi madre un perro, mayor que un grando jumento; esto es, perrillo de falda, porque allá en Galicia, y Lemos se usan tales niñerias: aqueste era can cerbero de mi madre, y en el parto, que la cogió en un desierto; a caza de escaramujos, con los dolores inmensos me parió, cuando decía, to, ven a aqueste puesto. Y porque una vez se etró, y dijo al perro por hierro; ven cito, por cito ven el Bénito me pusieron: el Quesco es otra historia, escuchad un rato atento. Fui una vez a Ribadabia, donde hay un vino Gallego, que puede arder a un cándil, si es la mecha de mastuerzo. Bebí tanto de él un día, que subido en el celebro, era antojos, que a una vela hacia parecer ciento. Presentaronme unas ubas, y con el impedimento de la cabeza, al comerlas dije a voces, santos cielos, el quesco de aquesta uba en la garganta se ha puesto, socorredme, que me ahogo; El peligro socorrieron, echándome en unas pajas en un asal aposento; con que luego a la mañana este nombre me pusieron, sin más razón, ni más causa me llaman Penito Quesco. Benito Guesco diréis? Quesco se dice, y no Cuesco en Galicia, y este es nombre retórico entre los Gallegos. Pues tan bestial gente son? Pues que yo soy uno de ellos, puedes conocer los otros. Yo téngote por discreto, que el que sabe, que no sabe no puede ser nuncarneció. Pues yo haré que los conozcas, diciéndote sus requiebros. Viene un Domingo, no Fiesta, si no hombre del infierno; un Marcos, Pascual, que aunque de Sanfazos son estos nombres del Cielo, para lo culto de acá a nadie parecen buenos. Viene Minga, Gila, Antón, con unos zapatos nuevos, aquesto solo las fiestas, por no gastar el dinero. Llegan a decir mi vida, y ellas con semblante tuerto dan a uno un espinillazo, y al que más llaga le han hecho es el cogido siempre, Como la va de sus precios a España? . Dios la castiga, no la aprovechan remedios: Mas con metafora quiero declarar esa pregunta, según que tosco lo entiendo, primero su correción de todo el humano genero. Abren a uno los cascos, y magullanle los fesos, para curar la cabeza, se la abren de medio a medio, y hasta acabar de sanar, siente más pena el enfermo, que antes de abrilla tenía. Mas diligente el Barbero, aproveche, o no aproveche, le aplican medicamentos. Id a ver a la Princesa; que de vuestro humor sospecho que la entretengáis muy bien. Guárdete, señor, el cielo. Que tan grandes boberias hayas dicho, y hayas llecho? ya metiéndote en satirico, ya, Bénito, en consejero? Bien pagas lo que me debes, cuando ya licencia tengo do para hablar a la Princesa, para que los dos la hablemos: qué han de pagar de este modo a un alcahuete, que es cierto que la misma Celestina no inventara más enredos! Llegando aqueso, Benito mas que a mi propio te debo, todo cuanto tengo es tuyo, hijo, yo no te lo niego. Esto es bueno, voto a Dios, y no tiene en que caer muerto, que yo le doy de comer. Un tiempo sigue a otro tiempo. Un diablo sigue a otro diablo; rabiamos de hambre los dos, y que nos paseemos pretendes? Qué he de hacer, si lo hizo así el cielo? Ahorcarte, y no aconsejarme, que son muy vanos consejos dar consejos una bestia, cuando es menester dinero. Sosiégate, y ten paciencia, que en estando en otro puesto yo pagaré tus servicios. Es para mi humor muy bueno? conformémonos con Dios; en marión ya me he vuelto, y hasta acabar la jornada ha de ir todo a este modelo. Pagó Énrico tu firmeza? A Que esté escuchando mis celos! a Enrique fementido! que así sienta tus desprescrecios? Ay Lisardo de mi vida! De qué suspiras? Me acuerdo de un bien que tengo perdido, o por mejor decir, muerto. Es de Lisardo por dicha? Por desdicha el pensamiento la memoria me acordaba, por darme mayor tormento; pero ya, Enrico, te adoro. Vive, infame, los cielos, que los celos que me matan habéis de sentir si puedo! El Príncipe de Galicia tiene para entrar licencia! Decid que entre su Excelencia, que ya tengo de él noticia. Deme los pies V. Alteza. Los bracos serán mejor. Qué formidable favor! dais lustre así a mi bajeza: industria ahora ayudadme; pero para otra vez no lo digáis de una vez, sino queréis asustarme. O qué pieza de reir: que aquesto cría Galicia? Ya conozco la malicia. Allá podrase decir, qué hay damas? . No tan malas, que no traigan por las calles galas, que guarden sus talles, talles, que guarden sus galas: Esta dama es de Palacio? Por qué lo queréis saber? Mientras leeis este papel quisiera hablarla despacio. La licencia tenéis ya. Amor ayudame aquí. Pues qué me queréis a mí? Que os lleguéis un poco acá. Don henito. Quesco soy de tu Lisardo criado, que por darte nuevas de él así vengo disfrazado; por él pregunta a ese mozo, que él a visto a tu Lisardo, y mira lo que me debes; pues estoy en tal estado. Énrico me tuvo amor, y ya me olvida recelo, y dándome fieros celos, aumenta más mi rigor. Con este Bénito entiendo darle celos, por si acaso en el fuego que me abraso su pecho también enciendo. Qué dices entre los dientes? Que te tengo mucho amor. Tal favor? . Tan gran favor. Mira, Clavela, si mientes. No miento, pues que me muero a mano de tus amores. Pues cómo tantos fayores? Cómo, Benito, te quiero. Que has visto vivo a Lisardo? Si señora, vivo está. Mira que ilusión será. En enseñártelo tardo. Hermosísima Clavela, tanta dicha de anturbión, avisar fuera razón, que del susto ya una muela me duele con tal disgusto, que ya a un barbero he llamado, que soy yo muy delicado. para semejante susto. Quien te dio su libertad solo te sabe querer. Eso se deja caer con tan poca Cristiandad: hombre soy yo; y si humano alguna me muestra amor, es el más grande favor enseñarla yo una mano: y esto con alguna pausa pues si no es, lo condeno, después de andar al sereno mucho tiempo por mi causa. Bien se va aquesto trazando, pues que con estar riyendo los estoy entrereniendo, mientras estáis allá hablando. Lisardo del alma mía, en nada estimo el rigor del amor, pues el amor tanto bien aqueste dia me ha dado. . Yo venturoso, sin que más temor me cuadre, no tengo miedo a tu padré, aunque es el temor forzoso. Éntico está aquí, ocasión que la mire ahora ha dado. Viendo estoy de aquí apartado esta frívola afición. Para que tanto rigor? dame, Pénito, los brazos, para que en tan firmes lazos, se confirme nuestro amor: siempre la lengua desmiente. lo que el pecho la descuenta. Téngase allá, si no intenta darme muerte de repente: bien lo ha podido entender, no quiero así sus abrazos; es decir dacá los brazos; sentémonos a comer? Que esto consentis? ah cielos! que a esta bestia tenga amor? vive Dios que su rigor a mí me ha causado celos! No cielos, porque la quiero, que es Clenarda, sabe amor, el dueño de mi rigor; pero porque de aquí infiero, considerando el desprecio, amor en aqueste estado, que quien a mí me ha olvidado: para querer ese necio, siendo su boca el pincel, que me ha deshonrado aquí, por mayor me tiene a mí, que no le ha tenido a él. Ya hacen los celos efeto, llégate, venito, amado. Soy hombre muy reportado, y soy por eso discreto. Como talle tan bizarro deslustras de esa manera, il que el Español donde quiera luce siempre con desgarro? Que no me haya conocido aquesta Clavela cielos! y que en mis propios desvelos a Bénito no ha sentido! Quién a mí en esto me mete? industria santa ayudadme, porque temo que han de darme docientos por alcahuete; mas soy, sino valgo más, y el pellejo aquí no pierdo, el primer gracioso cuerdo, y el primer busón leal Logréis, señora, el amor con el señor Don Benito De Bénito muy poquito, que es Fénito gran señor, y es, si es ventura mío, de malandrines error, el Eenitillo mejor, que hay en la Beniteria. Benito, si tir pudieses echar aquestos de aquí. El ingenio que hay en mí quisiera que agora vieses; Clenarda; de gran secreto tengo con vos una cosa. Nadie es gente sospechosa. Y yo tampoco discreto en esto del diferir, que los juro voto a Dios, que si no se van los dos, no lo tengo de decir. Saliros fuera podéis. Herida salgo de amor, Los celos es más rigor. Hablad hasta que os canséis. Lisardo daca los brazos, para que con mis extremos al Dios de Amor ensalcemos en tan estrechos abrazos: si bien no consigo palma, esta causa conferida, pues aquí te doy la vida, cuando te he entregado el alma; que eres Lisardo sé ya, aunque agora lo has callado, que si el herido ha brotado, cuando su homicida está delante, sangre, que muestra, que pálpita por venganza; con aquesta semejanza amor quien eres demuestra, sangre arroje. No tardo en decir, sin que me asombre, nadie puede ser este hombre, si no es que sea Lisardo; Con aquesto el pecho lucha, digo lucho, hasta saber que te pudesconocer. Dame los brazos, y escucha. Lisardo soy, aunque aquí de aqueste modo me veas, que el amor; y la fortuna me han puesto de esta manera. Hijo soy (aunque lo sabes, escucha, Clenarda, atenta porque quien me busca así es bien que mis males sepá,) del gran Duque de Calabría, a cuya grave Nobleza ser hermano de tu padre, será verdadera muestra. Murió mi padre Tancredo, dejando mi amor en tan tierna edad, que tu padre el Rey me recibió en su tutela. luntos los dos nos criamos, cuyo trato de manera, para verme en tantos males, confrontó nuestras estrellas: Y de tal modo el amor nos hirió con dulces flechas, que hizo de dos cuerpos uno, a pesar de su fiereza; cuyas individaas almas, en una sola existencia se requiebran como amantes, y como primas festejan. Concertamos que una noche te entrase a ver por la huerta, para que feliz gozase la más venturosa prenda: dichosa entonces el alma, La hora feliz espera; Clenarda, de aquí mi desdicha empieza. Bien pensaba yo que amor; con envidias lisonjeras, iba deteniendo al Sol en su dorada carrera Encerrado en mi aposento discurria en estas cuentas: vino, pues, la noche; cuando tu padre (desdicha mía!) llama dosprisa a la puerta. Abro; y viendo de repente prevenciones conque intenta prenderme, suspenso estoy, y él habla de esta manera: Lisardo, tu deslealtad, tu culpa, tu inobediencia te prende, ya no hay disculpas: hola, Guarda, con presteza la orden que se os ha dado ejecutad, sin que entienda Nápoles este suceso: y con irse, el alma queda a sus últimos acentos tan corrida, como muerta, que las palabras del Rey son tiros; que cuando sueñan, sin que prevenciones valgan, tienen hecha ya la presa. Llévanme presosa una torre, y para mayores penas vuelvo en mí, miro la noche, y de mi dicha se acuerda el pecho, para más dolor, y para que más lo sienta, me acordaba la memoria la desdicha de pederla. De allí a un rato un Secretario, previniéndome paciencia, la sentencia de mi muerte me notifica su lengua, dilatando el triste fin, solamente hasta que pueda confesarme; con que un Fraile entra por la otra puerta, que en lugar de confesarme, después de mil reverencias, con la voz baja previene los temores que me inquietan; y estás palabras pronuncia: Yo he fabido la inociencia de su parte, y he sabido, de sus contrarios la fuerza, solo librarte prevengo: aqueste papel enclerra su ventura; cumpla al punto lo que su dicha le ordena; quede con Dios, que ya es tarde, y será darles sospechas a los que con sus traiciones su infelice muerte intentan. Fuese, y yo abrí el papel; en que historia, en que Comedia, con dudas tan invencibles se cuentan tales quimeras? En el unos polvos topo, que con unas pocas letras, que los tome me avisaban; yo viendo mi muerte cerca, sin reparar en temores, sin advertir en cautelas, sin considerar el fin, me resuelvo, y con presteza a la dicha de un papel, sin que engaños me suspendan, la fuerza de mí de su mayor dicha encomienda. La confección que tenían el sentido me enajena de tal modo, que postrado fúnebre caigo en la tierra. Entran luego a ejecutar el rigor de la sentencia, y juzgando que estoy muerto, con el sobresalto tiemblan. Despavoridos al Rey le van a decir las nuevas, diciendo, que el sentimiento causó mi horrible tragedia. Con aparato Real a una bóveda me llevan, juzgando que estaba muerto, y acabadas las exequias, entre los horribles nichos, que el funebre suelo cercan, donde mis antepasados con cetro, y corona Reinan, me ponensarmado el cuerpo, ceremonia que profesa con sus Príncipes mayores hacer siempre nuestra tierra. A Énrico mi Estado dieron, que discreto en paz, y en guerra, ha mostrado tan prudente, como valiente se ostenta. De allí atres, o cuatro horas, con bostezos, y diversas acciones volví en mí, cuando por una lucera, que a la bóveda caía, pude, alzando la visera, ver el horrible sepulcro, con figuras tan horrendas, temeroso me levanto, y si muerto de antes era fingido, ya estando vivo discurriendo por las venas el miedo que me acosaba, de tal modo me amedrenta, que ya mi muerte juzgaba: Entonces por verdadera; nunca al miedo vi la cara; pero, Clenarda, en aquella ocasión que le tenía la lengua aquí te confiesa, que no temer a los muertos, cuando no hay divinas fuerzas, o es falta de cordura, o sobra de desvergüenza. Voy subiendo poco a poco por una angosta escalera, para levantar la laude, y salirme de la Iglesia; con que para levantarla hago entonces tanta fuerza, que por boca, y por nátices la sangre la cara besa: No puedo, y bajando al suelo, el pecho se desespera de ver tan horrible muerte, si el Cielo no le remedia. Discursos vanos hacia, A cuando miro una cadena, que al pecho traigo, que entonces ella el remedio me muestra: Es costumbre que los Grandes siempre con ella se entierran, y a otro día el sepolturero baja, Clenarda, por ella. Con aquestos pensamientos me entretengo, cuando suena para levantar la laude el ruido desde allá fuera. La causa de ello conozco, y sin que sentirme puedan, a sentarme voy al nicho: Baja el hombre, a mí se llega, la cadena va a quitarme, voile hablar, para que sepa el estado en que estoy puesto, porque secreto prevenga: Hago el de levantarme, y al menear la cabeza, como por muerto me tiene, antes que hablarle pudiera. Cay del espanto en el suelo, y sin que remedio tenga, el alma rinde al Autor de nuestra naturaleza. Trocamos los dos vestidos, y sin que nadie lo entienda, del peligro que amenaza me libra la diligencia. Salgo del Reino encubierto, y en un monte, que pudiera, faltando Atlante en el mundo, dar asiento en las Estrellas. Un año estoy en el monte, y viviendo entre las fieras, en ellas hallo piedad, cuando los hombres la niegan. Felice vida pasaba, Clenarda, si tu belleza la tránquila paz del monte no transformara en tormentas. Volverte a ver no podía, mientras que tu padre reina, aunque con industria siempre trazaba mil sutilezas. A Bénito, un criado mío, por este monte una siesta le encontré, que iba a Roma a una debota promesa. Échole al cuello los brazos, y él sin que quien soy supiera, ayuda pide a los cielos, que me mudó de manera el color ver el sepulcro, que hasta que dije quien era, no sosegaron sus voces. Conociome, y allí intenta dar alivio a tantos males, y aqueste disfraz ordena, para que venga a adorarte, y para que a ver viniera portentos de mi desdicha, prodigios de tu firmeza. Esta, Clenarda, es mi historia, mi muerte fingida es esta; este es mi amor prodigioso, de afición tan verdadera, que teniendo los dos vida, y teniendo tu firmeza, fulmine el temor rigores, desdichas el cielo llueva. Desdichado esposo mío, sabe el cielo que en tu ausencia roca constante era a ruegos; y a promesas era fiera: Mucho hemos estado solos; mi Lisardo, no quisiera que para darme la muerte ahora te conocieran; queda con Dios, Él te guarde. Para que tu esposa sea. Vive Dios, que de Benito nadie de los dos se acuerda, pues todo aquesto es hacer cuenta sin la hornera.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Pues como tanto rigor después de tantos favores? Énrico, no son rigores, si no fuerza de un dolor, que ha enajenado mi amor, y para mayor tormento, engañando el pensamiento con tal sentir, y penar, quita a mi amor el lugar, para dalle al sentimiento: Sabe Dios que mi deseo siempre asiste en tu cuidado; con que el rigor que has mirado que ha sido irrisiones creo. Solo tu gusto deseo: fingir es forzoso aquí; amor en que te ofendí: De fineza alcancé palma. Ay Lisardo de mi alma, lo que padezco por ti! por muerto te había juzgado; con que a Fúrico tuve amor, mas ya vivo tú en rigor, miro su amor transformado! El mío sigue engañado, y para evitar sus daños, le entretengo con engaños, dilatando su afición, hasta que venga ocasión de más claros desengaños. Tal parte de tu rigor, Clenarda, cabe en mi suerte, que en el umbral de la muerte la tiene ya puesta amor: Y sin que pueda el valor mitigar esta sospecha, muero, cuando amor despecha. el pecho con sus tormentos, que en amantes sentimientos ningún valor aprovecha: Y nace en esta ocasión, (si de firme alcanzo palma) de tener, Clenarda, el alma entregada a tu afición, siendo tú misma aflicción, con verdaderas señales; con que tormentos iguales estoy ahora pareciendo, hermosa Clenarda, siendo participe de tus males: Firme, y amante te quiero, con que en aquesta ocasión has de pagar mi afición, que hacerlo debes infiero, pues con ser tu compañero, obligación a ello tienes, si con la mano convienes, que es razón en casos tales, que pues lo soy de tus males, que lo sea de tus bienes. Hacia aquí he sentido ruido, Digo, que estimo el favor. En materia hablan de amor, aquí estoy bien escondido. Por li tarme, esposo, aquí de este, finjo los desvelos; viven, Lisardo, los cielos, que en nada te ofendo a ti. Tu esclavo soy, y te toca errarme, y así no en vano quiero que tu hermosa mano selle, Clenarda, mi boca. Qué es esto? en cólera ardo! Amor sabe mis pasiones. Por Dios que estas bendiciones son malas para Lisardo. En qué fabulosa historia se cuentan tales fabores? Logre amor nuestros amores. Y aquí paz, y después gloria, pues para ser desposado, tan hecho, como derecho, todo eso va agora hecho, a no haber agora faltado. Hay más desdichado amor! si se lo dice a Lisardo, la muerte por pena aguardo. A ella aguarda más rigor. Yo tengo, Énrico, que hacer. No habéis hecho muy poquito. Mucho te quiero, Benito. . Es porque me has menester. Deténgase, Caballero, que tengo que hablarle un poco. Qué me querrá aqueste loco? Hablarle, seor majadero: de cólera estoy rabiando! Qué me queréis? Que en su vida favor a Clenarda pida: y esto es por ir abreviando; y si no, le juro a Dios, Vendito, Santo, y Eterno, que al uno el diablo al infierno ha de llevar de los dos. Pues si en alguna ocasión me hace aquestos intérvalos, he de hacer darle mil palos a un lacayo, seor busón. Poco con eso decís, pues si bien por varios modos, en busón picamos todos. Respondo con un mentís, pues que tanto te anticipas. En gran flema me revisto; a mi mentís? voto a Cristo que he de sacarle las tripas! En tan dadoso desvelo, Penito a ti quien te mete? Metete en ser alcahuete, y no en las leyes del duelo. Pues a no estar en Palacio, yo se del modo que fuera, mas yo lo veré allá fuera, y te pagaré despacio. En Belflor ese valor experimentarle quiero. Pues ya digo que le espero en los campos de Belflor. . Qué tenemos de Clenarda? Todo va, señor, perdido. Qué dices? . Lo que has oído. Será relación bastarda. Con razón, Lisardo, es mucha. No me des tanto tormento, declara tu pensamiento. Estame atento, y escucha. A ver entro a la Infanta endenantes, Lisardo, y en un cáncel aguardo, a escuchar unas voces, que pareció que oía; con temor las seguía, cuando quien son conozco, diciendo en feliz suerte la setencia Clenarda de tu muerte. Mas hacia allá me allego, y con Eurico ella, mudable, como bella, de su afición trataba: Y Énrico muy amante, poniéndola delante. prodigios de firmeza, y de tu amor tirano, la besó cien mil veces una mano. En cólera rabiando el buen Penito. Quesco, remojado el greguesco de algunos, temorcillos, la gorra me encasqueto, y prevengo discreto, para el presente caso, las calzas que traía, para ver si el temor se me salía. El muy desvergonzado, la mano besucaba, y Clenarda callaba, dejando besucarse: y él muy enamorado, a no estar yo avisado, en ocasiones tales, de lo que me tocaba. Detén la infame lengua, y más traidor no digas, que no es bien que prosigas en darme tal veneno: Por vil te confirmaste, cuando no le mataste en el mismo apesento, al ver, digno castigo, tiranizar el bien que loco sigo. Si acabar no me dejas de decir lo que yo quiero, y tú tan majadero mi lealtad has culpado, dejo ya aqueste oficio, que el servicio, cuando en servirte tanto este fin me promete, (caleto mal haya amén, quien más fuere Dejo los mamotretos, mi furor no te espante, prosigue, y ve adelante. Hagamos, señor, cuenta. gora es bien el irte? Sí, y pues por servirte en tan grandes peligros aquestos fines pesco, no ha de alcahuerear más Benito Cuelco. Di adelante, Penito; no me des así muerte, en mi desdicha advierte, mira que de amor muero, pondera mis favores, mira ya mis rigores, con tan grande fiereza, y verás mis desvelos, Bénito, en el infierno delos celos: mira que pierdo el seso. Ya le tienes perdido. Mírame a mi querido. Así te considero. Ve mi infelice empleo. Bien, Lisardo, le veo. Todo lo ve. . Ya lo he visto. Veslo ya? . Nada me, reporta, maldita la cosa a mí me importa. Mas ten silencio un rato. En nada diferencio. Eso sí, haber silencio, hasta acabar Benito. Del cáncel salgo airado, hecho toro acosado, derecho a los amantes, a impedir lo que hacían, (truian. pues tu amor, y mi industria des- Quedan despavoridos, y temiendo Clenarda, y ella como gallarda, purpúreo su rostro, y fuese a su aposento. Vengar tu enojo intento, haciéndole dos fieros, mas él desvergonzado, en nadamis brabatas haestimado. Con un mentís me aturde; desafole a Belflor, y él con grande valor, dice que allá me espera: La noche hace algo oscura, mintiendo mi figura irás al desafío; aquesto por ti he hecho, considera, Lisardo, tu mi pecho, En el campo te espera, allí toma venganza, satisfaz tu esperanza, y mi mentís no quede sin satisfacción buena; que si otra cosa ordena, Lisardo, allá tu industria, me acojo a mozo ciego, cogiendo luego las de Villa. Diego Nada tengo que darte, o Bénito amigo! A Dios, que hoy consigo de este traidor venganza, hoy le daré la muerte, hoy vengaré mi suerte, quitándole a Leonarda, a quien amante quiero: Mentida Medusa, o mujer fiera! que fueron tus favores fingidos! bella ingrata, que así tu rigor trata a tu afición primera! Qué me hayas olvidado! que a Enrique hayas amado! pues como tal mudanza, al ver en mi fineza prodigios verdaderos defirmeza? Quien no estimó su vida por venir a adorarte, quien no puede olvidarte aqueste fin merece: Ya el olvido es forzoso, y hoy matando a tu esposo tomar a la venganza mi desdichada estrella; o Clenarda cruel! o ingrata bella. Perderás, vive el cielo! hoy este loco amante, o antipodo diamante de los amores míos. Sabrás que soy Lisardo, y que si la muerte aguardo, no viene a ser tan fiera, conservaré la vida, habiéndote perdido, como la padezco por tu olvido. Volvereme a mi monte, olvidaré mis penas, que de veneno llenas retirando me traes a este aposento? me están dando la muerte: Ya me juzgo dichoso en el monte frondoso, de lisonjas ajeno: Teneos locos engaños, mirad que me engañáis con desengaños. Qué me quieres, Fnrico, que apartado, Habla, y dime que quieres, y no al cielo mires, Énrico, y otra vez dudoso, enclavando los ojos en la tierra, des indicio de penas tan vhementes? Tu Rey, Énrico, soy; pero mal digo, aquí no soy tu Rey, que soy tu amigo; quieres Estado? quieres más riqueza? mi Reino es tuyo, Énrico, no con dudas aslijas infeliz el pensamiento. Y que he de morir, amor, por atrevido! a Clenarda le pido por esposa, muero de amor, y cuando no la alcance, en nada aquí me arriesgo, si se advierte: Siento si callo una tirana muerte, que es muerte muy cruel la de callado, alienta algo, Clenarda, mi esperanza. Y al fin si callo, sin remedio muero, si el Rey no corresponde con mi intento? ya amenaza el rigor, ya la desdicha triunfa muriendo de su misma muerte; si callo, es morir cierto; si lo digo, en duda puesto miro mi tormento; resuélvome amor, pues, a publicarlo, y al temor de perderme no me mudas Con decirlo, la dicha pongo en duda, pues si callarlo mi rigor concierta, la desdicha está, amor, entonces cierta. Declara, Énrico, ya tu pensamiento. Escucha, señor. . Escucho atento. la fuerza del Dios de amor, A decillo con temor, el amor me dé fuerza, porque tiene mucha fuerza, y herido de su rigor estos temores convoco, El sentimiento no apoco, antes loco me verás, con que si erraré podrás perdonarme por ser loco. Herido de su rigor remonté tan alto vuelo, que atrevido llegué al cielo, hícaro de su favor. Diome la dicha valor, para poderme atrever, atrevime, y a temer luego empecé, no te espantes, que es propio en casos amantes faltar cuando es menester. Faltó, pues, yo temeroso no resuelvo el pensamiento, decirla una vez intento; pero mi temor medroso este bien tan venturoso tanto mis favores mengua, que evita por mayor mengua, para mi mayor despecho, que lo que atormenta el pecho no lo declare la lengua. Entiende que ya he entendido el dueño de tu rigor: Sopla furioso el enemigo, noto, tienes a Clenarda amor? Tan feliz dueño he eligido. Y hate correspondido? Pregunta es esta, que aquí. . la dificultad que vi desatar no puedo yo, el alma dice que no, y el pecho dice que sí. En su semblante he mirado, señor, lo que he respondido. Pues anda más advertido, pues que tal has intentado, y el consejo que te he dado tenle, Énrico, por sentencia. Sufre amante con paciencia, busca ocasión oportuna, que en las cosas de fortuna, la dicha es la diligencia. . Temes oscuro, detente, mira que son tus razones todas equivocaciones. Pues ser, señor, diligente, y con cordura y paciencia su amor agora pondera, que la dicha verdadera, es siempre la diligencia. y el austral, con horrible torbellino, halla nave a los cielos de camino, siendo el amor entonces el Piloto. Ya con el inundante terremoto, acosada de su fatal destino, ya su arrebol al cielo está vecino, y él asilo piadoso casi roto. Estrellero el amor prudente sabe, adonde le es forzoso inteligencia, (tan peligroso caso, como grave.) Cordura es menester, como paciencia, alerta amor, cuidado con la nave, que la dicha amor es la diligencia. Dónde vas determinado? A los campos de Belflor, que esto, Leonardo, es honor. Por Dios que estoy espantado, que al campo salga, señor, contra Benito. . Es forzoso. Pues contra un busón gracioso muestras todo tu valor? Salir es forzoso ya, diciendo, que he de salir, y aunque no haya de reñir, tengo de ir por fuerza allá, que es excusado bien sé! Si no voy he advertido, que dirán como no he ido, y no dirán el porqué. Este es de Belflor el prado. Muy presto habemos venido, pascémonos por él. Ya yo el suceso adivino. De qué de aquesta pendencia eres Májico, benito. No señor, mas soy Letrado de los pleitos fenecidos; mas escuchadme un discurso, que a tu corrección dirijo. Di adelante. . Muy galán viene Énrico a su peligro, revienta de Caballero, no quiere reñir conmigo: Yo me escondo, tu celoso, el estoque sacádito, le indignas: El saca el suyo, y hechos dos matachinitos, sacan pies, tercian las capas, y guardan el endividuo. Encasquétanse las gorras, tu enojado, y colerico, tirando mil urgonadas, que Enrique sucede miro, y fue al rebés del cesar: Vino, vio, tiñó, y Énrico, sin poder decir venció, diremos que fue vencido. Salgo yo de entre unas matas, y antes de morir le digo, que desdiga allí el mentís, que hoy en Palacio me ha dicho? No quiere, yo valeroso mil urgonadas le tiro, que soy cuando esta valiente en el suelo el enemigo. Ve el peligro, dice a voces, digo que Quesco Benito en Palacio de mi boca nunca ha sido desmentido, y si lo fue; digo a voces, con entero, y sano juicio, que hablé por boca de ganso? Mi furia asina itigo; yo vuelvo a cobrar mi honor, y tu valeroso, y rico, sin tener competidores, vuelves a tus desvaríos. Énrico tiene valor, Sin con el tuyo le mido; hoy le siegas la cabeza, como quien corta un pepino, como quien arranca berzas, como quien manduca higos, como quien ablanda brebas, y como quien campan vivo Tienes eso por muy cierto? Ya conozco yo tus bríos. Es, Pénito, grande engaño todo lo que agora has dicho, que quien, Benito, no teme a un hombre en un desafío, cuando es hombre de bien, u da de locura indicio, pecando en temeridad, en cobardía, Penito? Agora temes, señor? por el orimal bendito de San Cosme, y por el Despensero de Cristo, que yo basto para él. Loco, ignorante, atrevido, yo nunca tengo temor, y más cuando ya metido en un infierno de celos, a todo el infierno sigo; que quien averigua celos, da de seguillos indicio. Loco estás. . Yo lo confieso; perdido tengo el sentido, y no es lo menos que pierdo, pues a Clenarda he perdido. Ten, Leonardo, este caballo, Este es, cielos, mi enemigo, hoy con su muerte me vengo, y si le fuere propicio el cielo, y él me matare, con la mía me desquito. . Pues yo me voy a meter en medio de aquestos riscos, mientras que los dos riñendo se golpean de poquito. Que ya de amor has mudado? Ya mude, Fenisa, amor. Fe ciasle dado algún favor? Diré, Fenila, en que estado tengo mi amor. . Ve adelante. A aquel hermoso criado de Penitó el alma he dado: este, Fenisa, es mi amante, tiernamente aqueste quiero, y ocasión no se ha ofrecido a decirle; que perdido el seso por él me muero, de ti me quiero valer, No tienes que me encargar, que ocasión sabré buscar para que le pueda ver. No por paga este diamante, Fenisa, puedes tomar. Yo sé que él te ha de adorar, siendo, Clávela, tu amante. Alivias así el tormento de su gran reguridad, pues es, aunque no verdad, lisonja del pensamiento. Y ya a Énrico has olvidado? Como si jamás le hubiera querido, y si jamás fuera tenido de mi cuidado: desde que es Duque mudó de modo su pensamiento, que yo le daba tormento, aunque tierno me adoró; de verme tal no te asombres, en algo está disculpado, que muda mucho el estado, Fenisa, a todos los hombres. Fenisa, amiga Clavela, queréis? . Si tratáis de amor, a mí su grave rigor tiernamente me desvela. Es por ventura Enrico? No, señora, Énrico ya puerta en tu pecho tendrá, a otro amor mi gusto aplico. Dime el venturoso objecto, empleo de tu amor justo, porque según tu buen gusto, será galán, y discreto. Temo agora tu furor, y si te le nombro, creo, que condenando mi empleo, has de condenar mi amor. No temas aquesos males, que para todo hay remedio, que en entrando amor por medio a todos nos hace aguales. De henito, aquel criado, es a quien tengo yo amor; mira si tengo mi error, con su talle disculpado? Qué es lo que he escuchado cielos, de rigores oprimida? mirad que pierdo la vida a la mano de mis celos. No es galán? no es gentilhombre? con razón no se desvela. Hame espantado, Clavela, que pongas en tan vil hombre la menor desenvoltura, porque, Clávela, imagino, que no es objecto digno de tu bizarra hermosura. Yo siento tanto rigor, que olvidar no puedo aquí, no me eches la culpa a mí, hecha la culpa al amor. Andas ya muy atrevida, vilmente amor te desvela, con que no olvidar, Clavela, puede costarte la vida. Parece que este criado es, Clenarda, cosa tuya, y es fuerza que aquí lo arguya, pues asina me has tratado. Estas loca, con que aquí solo ha visto a tu cuidado, Clavela, que este criado, es criado para mí. l . Qué es lo que me estas diciendo? en Pénito tal valor? Sí, Leonardo, su furor aún estoy aquí temiendo. Pues él tanta valentía? mas si el temor te engaño? Y tanta, que se igualó con su misma cortesía el hipórbole mayor, que puedo agora decir Aquella bestia reñía con tal ánimo, señor? Y tanto, que salgo herido, y esto no es librado mal. Y es la más cierta señal el verse, señor, corrido, Pues que hay, Énrico, de nuevo? estas por ventura herido? Un caso me ha sucedido, que por lo que tiene nuevo no te pesara escucharle; milagros son encubiertos, que entre sus mismos aciertos es bien que el valor se halle. De modo me has prevenido, que en empezar ya te tardas. Señor, porque me acobardas después de estar ya vencido: Un suceso es, que entiendo que crédito no has de darme. Eso, Énrico, es acabarme. Prosigo, pues. . Ve diciendo. Palabras tuve, señor, hoy con Bénito en Palacio, y sobre ciertas razones salimos desafiados. Bien pensé yo que gracioso de Marte no habían sonado los grandes atrevimientos, que conmigo ha ejecurado. Voy a Belflor en su busca, y le topo que está hablando con otro, a quien manda luego apartar, señor, del campo. A cuya acción tan confuso me quedo, como admirado, por saber su condición, tan hidalga acción mirando. Prueba fue de su valor; y de Español tan bizarro, invictísimo Rogerio, fue el más verdero parto. Quiérole hablar, y él la espada, ostentándola en la mano, el peligro que amenaza, me responde por oráculos. Saco yo también la mía, el campo parte gallardo, por cuya brillante punta la muerte me está mostrando. Sus acciones considero, y en la manera reparo, que valiente me acomete, ya ofendiendo, y ya mirando. Discursos el pensamiento hacía en aqueste caso, cuando tirando un mándoble, cogiéndome descuidado, hace que la espada suelte: y él atrás los pies sacando, valiente me da lugar a que la vuelva a la mano. Califico mis sospechas, y arguyo en sucesos tantos, que el gracejar de Penito es fingido, y es engaño: porque aquestas dos acciones, Rogerio, limbolizando, patentemente declara, entre claros desengaños; que de un sujeto no son, pues en ellas reparando, o no era yenito entonces, o que no es el desafiado. Confuso, y agradecido. estas palabras le hablo, ejortando su amistad, para que más no riñamos. Si me quieres por amigo, yo te juro al cielo santo, que te guardaré secreto que bien se yo que ocultado el oro de tu virtud en aquestos toscos paños. yace, si bien le conozco por los cerillos que ha mirado. En baja voz me responde, Caballero; mis extraños males son de tal modo, que crueles me han forzado a que intente darte muerte, cuyo efecto siento tanto, que a no importarme la vida, dejara lo comenzado; que el bien de nuestra amistad estorben, no es mucho espanto, que no es mucho que le impida quien la vida me ha quitado. Defiéndome de su furia, cuando él suerte tirando una punta, que me alcanza en el pecho, que el reparo de un coleto de ante bueno, que siempre conmigo traigo, aunque la muerte me estorba, no estorba que caiga a un lado de una questa, que me libra, pues que por allí rodando, a un camino voy a dar, a manos de unos villanos. Para matarme se arroja, y por donde había rodado, llega al puesto donde estoy de dos no pequeños saltos. Los villanos me defienden; viendo Penito que en vano podía darme la muerte, al pesar, señor, de tantos, se retira. Yo del golpe herido saqué este brazo, que aunque no es de peligro, sirve de algún embarazo. Por mí ha pasado, señor, aqueste suceso extraño, aquesta furia mentida, este Español disfrazado. Y porque mejor lo entiendas, considera ahora sabio el modo de gracejar, y el valor que me ha mostrado, verás, como este secreto encubre en si algún milagro, confuso como admirable, cuya virtud ignoramos: Hay más grande confusión! Digo, que estoy espantado de lo que, Enrique, has contado, y que tus sospechas son verdaderas. . Por la sala entra ya en este aposento. Por Dios que es donoso el quento, y que la burla no es mala! Tú con aquestos desvelos siempre engañas tu afición: hay quien tiene el corazón en un infierno de celos! Pues Benito. O gran Señor, deme los pies vuestra Alteza. Cielos, que aquesta rudeza pueda encubrir tal valor! Qué pendencia habéis tenido? De poca impertancia fue, Contalda. . Poco tendré que contar, porque no ha sido cosa, señor, de cuidado, para contarla, y cansarte. Decid, Tenito, adelante. Obedezco a tu mandado. Énrico llega a Belflor, cuando yo ya le esperaba, que siglos imaginaba cada instante mi valor. Saco valiente la espada, hago mi compás de pies, y de este modo que ves le tiro aquesta estocada. El ímpetu no desvía, y al ejecutar su efecto, a no llevar buen coleto, como granada le abría. Tiro, sin más detener, un mándoble a la cabeza, sin casco la menor pieza cada oreja había de ser. Torno a volver como un rayo; más librarse de mi exceso, aventuras del abieso, y milagros del sos layo. Yo mirando que duraba tanto tiempo la pendencia, me se acaba la paciencia, y la flema se me acaba. Colérico, y mal sufrido en un brazo le alcancé; darle muerte procuré, mas no salió más herido. Tírele un golpe a acabar, mas librose de mis manos con ayuda de villanos, que acertaron a pasar acaso por aquel prado: Y yo hecho un Fierabras, mientras nos detienen más, estoy encolerizado. Era ayunque su cabeza, y demodo le cascaba, que la endiablada tocaba, cuando tocaba la pieza: Todo era volver, y dar a salga como saliere, y Deúín, señor, dedere de una vez hasta acabar. Y yo hecho un Velianís, de cólera el pelo herizo, con su sangre satisfizo un mal cumplido mentís. Tieso al fin como un Tudesco: tomé de él satisfacción: estas las hazañas son del fuerte Bénito Quesco. Con aquesa claridad. siempre tus fuerzas se ven. El diablo me lleveamene . si en nada he dicho verdad. Cielos, que en simpleza tanta haya tanta valienta, y que haya tal cortesía! vive el Cielo que me espanta! Qué es valiente esta langosta! Nombre de valiente pesco, desde hoy es Benito Quesco el valiente a poca costa. La fuerza mayor que has hecho cuáles? . Muchas son las que en aquesta ocasión podía referirte el pecho: Acuérdome que una vez, y fue a todos gran espanto. Y fue? . Que con un canto partí, señor, una nuez. El tiene extremado humor: yo tengo ahora que hacer, luego nos podemos ver, que quiero ver tu valor, y hacer que tus fuerzas pruebes. Da al diablo esas probadas. Levántara seis espadas. Antes que tal veas ciegues. Que ve mi ordena, que desde hoy somos hermanos? Que no haya beso de manos, que me dan notable pena. Que de cosas que hay de nuevo! Apriesa; señor, que es tarde. Entiendo que con amor Clávela ha dado en mirarme, y juzgo que será bien fingirme que soy su amante, y dar a Clenarda celos, con que podrá dispensarse el amor que me tenía. Es industria muy notable, a no ser civilidad, por tan usada. . Ella sale. Es la casa puntual: Fenisa, quisiera hablarte en negocios de importancia, dígolo así porque hablen, que es lo más que un alcahuete. puede poner de su parte. Permitidme que os adore. Si haré si fueres constante. Roca soy, mas no contigo. Y yo firme diamante. Qué me quieres preguntar? Quiero agora preguntarle, porque ocasión graceja con tan diversas señales? una vez es Marión, otras veces tan tratable, otras veces tan satirico, con maliciosas ruindades. Ser gracioso, es ser poeta de Comedias, él no hace mozos, viejos, y criados, y diversos personajes, conforme lo pide el tiempo: pues así yo en unas partes soy gracioso, y no lo soy, y seré lo que mandare la mondonga, que me abrasa con dos soles por cristales. Confieso os tenía amor antes que asiña os tratase, y que ya muero por vos. Qué fuera se arregostase? Qué tan obligado se halle? el corazón me ha pasado viendo no puedo obligarle a que os sirva, que un serviros es a mi favor muy grande. El vuestro he estimado en tanto, que dédico a amor altares de firmeza. . Y yo también; si buenos los fines salen. A Dios, que he sentido gente. Pues como puede ausentarse quién ama? . Quedando en vos. Permitid los brazos darme. Y tu Fenisa. . También. dos fingidos Castellanos. Cómo amor penas tangrandes? La Princesa nos ha visto; gran desdicha! fuerte trance! Válgame Dios! . qué es aquesto? Ocasión para abrazarla. Válgame el cielo! . qué es? . Querer también abrazarse. Qué dulces abrazos gozo! amor todos los pesares, que he pasado por tu causa pequeños ahora se hacen. Amor, tan amantes lazos jamás habían de quebrarse: en nada estimo ya amor todos mis pasados males. Hh fementido Lisardo! Ha, Clenarda, mas mudable que la fortuna, que el viento, que las dichas, y que el aire! De celos estoy rabiando! en celos el pecho se arde! sienta los celos que siento! De celos, rabia insaciable, se está alimentando el pecho! acabad ya de acabarmel; más darela también celos. qué es esto cielo? ayudadme, venturoso esposo mío, a que del suelo levante. En tan venturosas dichas es bien que la lengua calle, para que los ojos solos con mudas palabras hablen. Dadme el cristal de esa mano; y aquesta boca selladme . por vuestro esclavo, señora. No es bien que en eso repare qué es aquesto? . Hacer amantes quién os adora. . Qué es esto? la besas la mano, infame? siente lo que yo he sentido. Qué delante de mi pase! Pues tu dueña, quintanona, algún favor puedes darme, que los cuatro bien de prisa se dan agora millares? Viven traidora los cielos! Por Dios que aqueste semblante no es muy bueno, por mi historia viendo coses semejantes, me me podrá decir alguno, sin que en decírmelo errare, mala noche, y parir hija han sido tres disparates. De la ventura que gozo, De la dicha que reparte el amor en esos lazos. Loco mi deseo lo sabe. Solo lo sabe el amor. Estos dos tontos alnales son encuentros de este juego, ellos vendrán a causarte, que es la maldición mayor, que ninguno puede echarle. Ya no lo puedo sufrir. Ya el sufrimiento es culpable. Gocéis, Lisardo, a Clavela por mil felicesedades. Gocéis lo mismo de Enrico, que agradaros también sabe, que os sabe besar las manos con corteses ademanes. Gocéis vuestro amante nuevo, pues que cortesana sabe, en lagar de darte manos, los brazos, Lisardo, darte. No quiero satisfacerte, pues que te miro inconstante. Qué disculpas puedes dar? Tus culpas, que son bien graves. Al fin a Clávela quieres? Tú de Enrico es amante? Yo sabré olvidar, Lisardo. ̱. También sabré yo olvidarte.

JORNADA TERCERA

JORNADa TERCERA Lo que advertiste, señor, ha observado ya mi pecho, y ya, señor, satisfecho de que gozo su favor; mi humildad te pide ahora, para acrecer más contento, en felice casamiento a la Infanta mi señora: Ya he conocido su amor y recatado, y prudente fue en mi afición diligente, que es la ventura mayor. Tube en mis celos paciencia, ya triunfo de sas excesos, porque en amantes sucesos la dicha es la diligencia. luzgué que la dicha miente conmigo tan gran favor, pero conozco su amor, siendo amante diligente. Solo falta en dicha tanta, que seas padre piadoso, para ser felice esposo de la bellísima Infanta. Supistete aprovechar de la dición que te di, y granjeando su sí, me supiste granjear. Sabe el cielo cuan dichoso me juzgo, cuando he de ver que has de llegar a ser, Énrico, mi hijo, y su esposo. Supiste tener paciencia, conquistando mil extremos; con que que es por claro vemos la dicha la diligencia. Voy a ver si amor rindió en su afición lo que en mí, que importa poco mi sí, si ella dijere que no. Como albricias no me pides de dicha tan soberana? Con ventura tan temprana tú, señor, tus bienes mides, venciendo aquí tu lealtad la fuerza de tu rigor. Hoy he de levantar amor mil aras a tu deidad; senti amar por gran fiereza, mas conquistando a la muerte, dichosa es amor mi suerte, pues venci tanta fineza. Señor, exceso es amor, avillanando el valor. Si sabes lo que es amor, no me has de poder culpar. . Seora Fenisa, mas fría que si se llámara Enero, sepa. . Qué me quiere? Quiero que escuche mi algarabía. Pues señor busón notorio, yo sé quien en mí se abrasa, yo se quien dijo al principio, que yo le daba desvelo. Sería algún diablo mochuelo, que estos no desechan ripio, que son famosas tijeras: Mas dejadas estas cosas, Fenisa, por enfadosas, yo pretendo que me quieras, aparte dejando enojos, que aquesa boca largüira. hace que aquí me derrita al fuego de aquesos ojos. Quién las fatigas te ha dado? Ciertas alcahueteries, que estas son mis fullerias. Quieres dármelas? . Cuidado, las manos han de llevar, si Fénisa se arregosta, que hay arpías en la costa; quinta nonas en tomar: Yo te quisiera servir, con ellas, Fenisa, sí; pero aquí no te las doy, porque das en recibir; que el no darlas testimonio, que mi gran firmeza abona, que una mujer tomagina es más sea que el demonio. Que no me quieres te digo? Si lo llevas por ti, Fenisa, vesla aquí . Con qué gusto las recibo! tu amor, Benito, es ganancia, desde hoy entiendo vivir, ojos que las vieron ir, no las verán más en Francia. Al fin ya somos amigos. Hicieron las amistades unas amantes verdades, que son tus manos testigos. Bénito, porque me has dado dos fortijas dices eso? Siento mí, Fenisa, el hueso; algún favorcillo llano para Fenito no habrá? Trieca agora será de su veneno esta mano. Dijera que es de alabastro, y que tu Diana eras. Cente viene, a Dios Benito. A Dios hermosa Fenisa. Mi amor tu gusto divisa. . Vive Dios que me dérrito. Muerte a celos cruel amor! mas tú, Fénito, has fenido la culpa de haber sentido tan insufrible rigor. Que culpa bastante fuera pera que así me infamaras? Si este disfraz no intentaras, tanto rigor no sintiera. De hambre un hombre se murió, y al ver de hambre tal tormenta, esteua haciendo esta cuenta, cuando, Lisardo, expiró. Si ayer no me levantara de la cama, no me fuera de casa; si no saliera, a la calle no llegara; si no llegara, no fuera a jugar; sino jugara, recelo, ya que no ganara, por lo menos no perdiera: si no perdiera, tuviera dineros, con que pasara, pues que de comer mercara, y de hambre no muriera. El bobo sin reparar que no se supo medir, pues pudo a la plaza ir, y abstenerse de jugar. Apodalo a tus desvelos, y verás que disculparte, pues podiste conservarte sin entremeterte en celos. Celos me han dado la muerte, celos me han dado la vida, esta razón conferida, Benito, está con mi muerte. Con los celos de Clavela, cuando amante se los di, claramente entonces vi, que mi afición la desvela. Al deseuido, y con cuidado hoy a Clauela abracé; que lo vio Clenarda sé, y que desvelo la ha dado; Con que engaño el pensamiento, fingiendo el bien que deseo, aunque muero, cuando veo, que es aquesto singimiento. luzgo que si la doy celos ha de sentir mi rigor, que es traza que inventa amor en semejantes desvelos. No querrá a Enrique, y dichoso a ser querido vendré, y a Clenarda alcanzaré, como amante, y como esposo. Estábase un hombre un día parlando, con su mujer, acabando de comer lo que la mesa tenía. Eran tan pobres los tales, que de leche, un cantarillo era su hacienda, que medillo pudieron con cuatro reales. Dijo la mujer, vendamos esta leche, y compratemos una oveja, que seremos dichosos, si así medramos. Pareció bien al marido, pues con el fruto podría comprar un macho, y tendría el corto caudal crecido. La grande ganancia via, y dijo luego, por Dios que si están juntos los dos, que ha de haber al año cría. Nietos vendrán a tener, y al tercer año viznietos, y de aquestos propios nietos otros nietos ha de haber. Dijo a la mujer, yo quiero aqueste trato tener, que en diez anos he de ser opulento Mercader: Y fue la imaginación del tal hombre tan vehemente, que ya parece que siente, que tiene tal venturón. Alegre se levantó, enjerto en lo qué sería, y sin mirar lo que hacía, el cántaro detramó. Feneció su pensamiento con la leche derramada; en tu venganza trazada puedes apodar el cuento. Ingrato Lisardo, que fingido pagas la mayor fineza de amorosas ansias, porque con Clavela con celos me matas, haciendo que pruebe muerte tan amarga? Para qué transformas tu amor en mudanzas? en qué te he ofendido, que así me tratas? Pues que sabe el cielo, que te adora el alma, sin que hayan podido los celos mudarla? Porque en tus ausencias. el suelo regaba con mi sentimiento, de funestas lágrimas? Porque en el principio; que me adorabas, algunos peligros yo atropellaba? Porque hoy ya quise lograr tu esperanza, mintiendo los miedos, que el temor me daba? Porque de mi honor, ya determinada, a ti te elegí por felice guarda? Por esto me ofendes, por esto me agravias, dándome con celos muerte tan tirana. Delante de mí a Clávela abrazas, con cuyos amores el alma me abrasas. Vuelve mi Lisardo, mira que te engañan ficciones de celos que el temor te causa. Plega a Dios, si nunca puse la esperanza en otro sujeto, que el alma abrasada esté siempre en celos, fin que entonces valgan disculpas, que intente la lengua turbada, que tanta los sea! Y en desdichas tantas, el manjar se rehuya, y se asiente el agua, y que al fin el tiempo sepulte mi fama, por mis desealtades, en nichos de infamia; diciendo el letrero, aquí está Clenarda, sufriendo tormentos tales por ingrata. Ingratísima mujer, tan ingrata, como hermosa, de mi amor Circe engañosa, si yo te he visto querer a Enrieo: Aquestos rigores han de acabar con mi vida! para qué ahora fingida me dices tantos amores? Resuélvete aquí a quererme, o resuélvete a olvidarme: y advierte que el agraviarme, es lo mismo que perderme. Resuelve, pues, tu afición, en querer, o en olvidar, que puede ser no topar otra tan nueva ocasión. Ciertos fueron mis recelos, mil gracias doy al amor, pues que de aqueste rigor me han aliviado los celos. Por estos pueden decir, no lo quiero, no lo quiero, Hija Clenarda mía, mas echadlo en el tintiero. Sepa, celos, que es sentir. Resuélvete presto aquí, mi gusto a tu amor dedico. Quién tiene el amor de Enrico, en nada me estima a mí. Quieren que yo me atreviese? Al fin me has aborrecido? Quiero donde soy, querido. Pues puede ser que te pese. eféctuado queda ya tú, casamiento, ya aquel dichoso día, que esperar deseaba el pensamiento, satisfizo mi suerte; venga agora en buen hora ya la muerte: El esposo que elijo, sé, Clenarda querida, que es a tu gusto; pero ya estoy prolijo en suspenderte con aqueste susto, pues esposo te he dado, y Cienarda, quién es no te he nombrado. Tu amor que tengo entiende, mi voluntad a tu gusto dirigida. De su boca depende mi muerte cruel, o mi felice vida. A tu fe correspondo, y solo que soy tu hija te respondo. Pues yo voy orgulloso a dar la nueva de tan gran ventura a tu felice esposo. Que ya mi vida mi temor procura, si males multiplico. Tu esposo, y mi hijo es el Duque Enrico. Mi gusto es tu deseo. Oh mujer infelizió cruel tirana! A este infeliz empleo los celos me han hecho fuerza. Mañana quedará efectuado. Qué grave muerte con él si me ha dado! Al fin, Clenarda, te casas? Si tú quieres a Clavela, Lisardo, nada te importa. Burlas de mi amor son esas, y ya no es tiempo, Clenarda, de burlas, si no de verás, ya no es tiempo de fingir celos, temor, y sospechas, solamente a ti te quiero, lo de Clavela es cautela; solamente a ti te adoro, tú, Clenarda, eres la estrella que me rige, que me inclina, que me guía, y que me alienta: Prueba de aquesta verdad será solo mi firmeza, que firmeza que está firme, solo puede ser la prueba. En tu mano está mi muerte, pues si el casamiento aceptas, para que quiero la vida, la muerte, la muerte venga Respóndeme, y no con dudas, aumentándome mis penas, de los extremos que sigo, el uno sabrá la lengua. Doy crédito a lo que dices, prod igios de tu fineza creo; mas para que intentas con Clavela darme celos? Si a ti te besa la mano Énrico, y Bénito entra cuando te dice requiebros, y a mí tus amores cuenta, qué he de hacer? Todo fue engaño, todo temor, y quimera, que los amores de Énrico eran cortesías ciertas de unos ciertos cumplimientos, que ahora están ya muy cerca de seguras posesiones. Ya, pues, Lisardo, aunque quiera quererte, no puedo ya, la palabra en tu presencia di a mi padre de casarme, imposible es ya romperla; tus celos tienen la culpa, que creyeron apariencias. Casada estoy con Enrico, si diligente no intentas remediarlo con industria; discreto, pues, lo pondera, que no en todas ocasiones la dicha es la diligencia: Si no, Lisardo, a casarme. mi palabra ya me fuerza, que he de cumplirla, si tú, Lisardo, no lo remedias. . Agora; agora pesares, es bien que la vida pierda, pues mis celos escaláis con tan furiosas tormentas! Agora. . Entra mi papel, y un rático te sosiega, que yo soy Fenito Quesco, que con enredos intenta alcanzarte esta mujer. Qué dices? Qué en vano alteras el semblante, aquesta noche haré que tu esposa sea. Advierte bien lo que dices. Llegose un pobre a una tienda, y pidió un cuarto de queso, pesósele la tendera, y diósele muy corrido: el hombre de alma, sincera, la dijo, oye mi señora: En lo que me pesa advierta, que es más que lo me pedí; estaba otro pobre cerca, y díjole, majadero; toma lo que ella te pesa, y no te metas curioso en que advierta, o que no advierta. Con buena flema me matas. Y tú con buena colera: En casa no has de tener una llave, que maestra, abre de aqueste Palacio, Lisardo, todas las puertas, que desde que eras Pribado la tienes en un arca vieja? Sí, Fenito. Pues ve a casa, y un acha preven de cera, y armas para los dos, y allá, Lisardo, me espera. Para darme mayor muerte, esas quimeras inventas. . Entico es aquel que viene, la industria felice empieza. Bénito, cómo tan solo? Enrique, Clenarda bella este papel para ti me dio esta tarde en la huerta: Tómale, y queda con Dios. El porte es esta cadena. El engaño me ha pagado, él lleva buena culebra. Oh venturoso papel! No le lees. . Ya la nema la he abierto antes del sello: Beso mil veces sus letras, y respetando a su dueño, me le pongo en la cabeza. De la huerta aquesta noche veréis una puerta abierta, para que seáis mi dueño: amante el alma os espera, y no perdáis la ocasión, que puede ser al perderla olvidaros mi afición, o no toparla tan buena: Quien más os quiere que así. O tu papel! qué dichoso hacerme puedes esposo de quien quiero más que a mí! Dime si estos son engaños, dime si decís verdad, porque la fidelidad se asegure de mis daños? Qué merezco tal favor! qué tanta dicha merezco! Mayores dichas acarezce hoy, Énrico, aquese amor, teniéndote amor la Infanta, como del papel se infiere. Ya el Sol en su Ocaso muere, Fénix feliz de luz tanta, ya viene al cielo vistiendo, en su horrible, y negro coche, parda vayeta la noche, dando lugar al estruendo de inmensas nocturnas aves, que con silvos insufribles le van ostentando horribles, cuando ban volando graves. Vamos a casa a tomar los dos capas de color, que para tan gran favor, amor nos ha de ayudar, para empezar a cumplir, Leonardo, lo que el papel felice me manda en él. No lo quieres diferir? Hácese a mi amor, y al daño de que se resuelva agora, largo tiempo cada hora, y cualquiera hora un año; que he de gozar venturoso, Leonardo, de sus abrazos? qué he de llegar a sus brazos cómo amante, y como esposo? Grande ha sido mi fineza. mas mayor es el favor, que nunca juzgué que amor pagara así mi firmeza. El favor te ha enloquecido, por jamás imaginado. Que es verdad, confesando lo que ahora has advertido; mas mi ventura no apoyo en mirar loco a mi amor, que no fuera gran favor, si no me hubiera hecho loco. Este es Palacio, Benito. Y está es la llave maestra, que ya la entrada nos muestra, Abrió la puerta, Benito? Eso no había de abrir: Abriera está, y dos mil más? también abro aquesta, mas sabes lo que has de decir? Sí, Bénito, ya lo sé; desde aquí hasta el aposento del Rey, que abra intento las puertas. . Llave fue esta del cielo enviada. Por Dios, que voy con temor, Ahbra te falta valor? por una humilde criada se suele un paje atrever, y tu por una Princesa. La lengua, Benito, cesa, que yo sé lo que he de hacer. Tú miedo a mí me abergüen za, aunque valor le prevengo, . Dios sabe como yo tengo mas miedo, que no vergüenza: Y no son vanos los motes, pues temo que de poquito han de dar a mi Benito mas de docientos azotes, si me cogen hoy en esto. Mucho el temor se retira: ingrata Clenarda, mira en el trance que me has puesto, noc. Este es el jardín, Leonardo, Abierta estaba la puerta. Asina el papel concierta la dicha, que en él aguardo. Qué a Clenarda has de gozar Solo voy a ser su esposo. Ay suceso más dichoso! que en esto vino a parar tanto desdén, y desprecio! No es razón que así te espantes, que en casa, Leonardo, amantes el que desconfíales necio. Afe que vas a gozar, por Dios, señor, buena moza El contento me alboroza, apenas acierto andar. Dónde he de esperar? . Allán fuera. . Pues allá te espero. . Mi dicha, flores, confieso, en vosotras, pues que ya las fuentes la han publicado con corriente lisonjera. La dorada flor quisiera ir a tocar a mi lado, y no es mucho que la flor pretenda ir allá gallarda, pues que la debe a Clenarda la primacia del olor. Qué grande atrevimiento aquí, cielos, intenta el pensamiento; pero temor paciencia, que si la dicha es la diligencia, haciendo aquesta infiero, que soy feliz, cuando de celos muero! En esta cuadra tiene el Rey su cama, el miedo tiene de mi valor ajeno, al atrevido pie poniendo freno; quien a mi amor entiende, lo mismo que me alienta me suspende. Oh tu llave maestra, a mi afición la entrada agora muestra de aquesta puerta, en que hielo discurre por las venas mi desvelo! Mas ya la miro abierta, que mi temor con mis miedos concierta; entrar allá prevengo: de qué plomo calzados los pies tengo? Al Rey dormido miro; amor logre mi venturoso tiro; más cielos! con qué engaños me confundo en mis propios desengaños? Mi amor logro con esto, o ingrata mujerl en que me has puesto? El miedo me detiene, tener valor agora me conviene, pues ya determinado; infamia es no acabar lo comenzado. Cuadrupedo lechuzo, con mis miedos agora escaramuzo, el miedo me espeluza, transformado Bénito está en lechuza, sin recibir refresco, infelice de ti Benito Quesco! Despierta Rey, despierta. Sombra, que penas tu rigor concierta, que me quieres? . Advierte, que puedo darte, o Rey! aquí la muerte. Ya lo tengo advertido Vistete, pues. . Ya tomo el vestido. El susto que ha pasado, escucharé lo que dicen apartado; voyme a aquel aposento. Declárame ya; pues, tu pensamiento; quieres cierre la puerta? Mejor será dejarla agora abierta. Saber su nombre aguardo. A quién delante tienes es Lisardo. Eres sombra por dicha? Su misma persona soy por mi desdicha: Qué cosa tan dudosa! Pues escucha mi historia prodigiosa. Saberla ya deseo. Viento en popa camina mi deseo, alentaos pensamientos. Escuchando, Lisardo; estoy atento. Sosegarte quería. Válgame Dios! si esto es fantasía. A la muerte me condenas, líbrame, señor, el cielo; voilo de prisa tocando, que son largos mis sucesos. Amante, pues, de Clenarda de su presencia me ausento, por escapar de la muerte; mira que vano remedio! Pretendí su amor constante, firme respondió a mi pecho, y tanto, que la debía algunos atrevimientos. De nuestra firme afición estos eran los progresos, cuando mandaste prenderme por cargos, señor, siniestros. Ausenteme, pues, mal haya la ausencia, pues que me ha puesto a los umbrales horribles del infierno de los celos! luzgué que con ausentarme libro la vida que pierdo, por causa de mis desdichas sin tu Palacio me quedo. Forzaronme mis temores, o qué vano pensamiento! pues pierdo, señor, el alma, por querer librar el cuerpo. Huyendo voy a Sicilia, y en aquel monte soberbio, que marjena con cristales sus faldas el Liliveo: Semifiera en soledad, de pieles todo cubierto, hasta que venga la muerte, pasar la vida pretendo. Entretenia la vista unas veces, cuando al suelo miraba con el ganado en copos de nieve envuelto; que al púrpurear brillantes los almagres que pusieron por señal, reberberando rayos del señor de Delfos, la fábula simulaban. de la madre de Perseo, siendo Dánae la tierra, y la lluvia de oro ellos. otras veces de un peñasco, que roto, señor, al sesgo, le pusieron de este modo las inclemencias del cielo, miraba a la sabia abeja; que con zunbidos, y vuelos;, acompañando a su Rey, la blanca flor del romero lleva en el pico, a quien otra, bebiéndola el mismo aliento, la dulce carga recibe: y otra, cristales trayendo, lámbicados de su boca, en el pañal con concierto, el dulce majar fábrica: y todas a un mismo tiempo diestras trabajando al suyo, deesterraban de su Reino. Al son de mil pajarillos otras veces me entretengo; suspenso, como admirado, la suave capilla oyendo. Llega un ruiseñor a un pino, pintada flor con aliento, y cantando dulcemente, alternándole un gilguero, a quien estrena un canario, que a un pardillo respondiendo, armónicos todos cuatro enamoraban el viento. Via en el Etna otras veces el sepulcro de Teseo, a quien una horrible roca sirve de robusto freño, que espiraba procelosas llamas de encendido fuego, castigo que mereció su sacrílego deseo: Siendo, si Críticos niegan, la pena de su tormento, herrerias de Bulcanos, o aberturas del infierno, Diversas veces miraba la cueva de Polifemo, que en otro tiempo se vio Roma de aquestos desiertos. otras veces via a un lobo, que su nombre carnicero, el llanto del corderillo era su primer sustento. otras veces ponderaba; que corriendo al agua el ciervo, calzando pluma los pies, sus huellas no siente el suelo. Mas con un fiero arponazo el amor, señor, enmedio, para acelerar mi muerte de tales divertimientos, me acordaba a la memoria aquellos pasados tiempos, cuando de Clenarda oía mil amorosos requiebros. Viendo estoy una tortolilla, a quien su amante primero la bebia las palabras con arrullos lisonjeros: Y el daba al aire lozano de voz algunos desvelos, que en su lengua se le miran las venturas de su dueño. otro amante le responde, tan felice, como cuerdo, pues estimas lo que gozas, gozando bienes inmensos. Alégrate, qué bien haces, pues que puede venir tiempo, que se ausente tu consorte rendida, o obligada a ruegos, algún amante baldio, en fingidos galanteos, diga, mintiendo firmezas, huelle su pluma tu pecho. Alegrate, que bien haces, que si sucediere aquesto, llevaras delante siempre la ventura en que te veo: Y no será de ese modo tan terrible tu tormento, equivaliéndote entonces tus glorias, y sentimientos. Ay del triste, que perdió la ocasión de su remedio, a quien celos con ausencia de han asaltado el pecho! Ay, le dije, si, de aquella, que gocé favores tiernos, soy correspondido mal! tanto pudo el pensamiento, de celos imaginados, de temores casi ciertos, de sospechas infieles, de mal pagados recelos, de frustradas esperanzas, de desdichados desprecios, de mudanzas lastimosas, de no cumplidos asientos, de ficciones no cumplidas, de no obstinados excesos, de quimeras inventadas, de crueles rendimientos, que sin temer ya la muerte, el frondoso monte dejo, y el temor que me oprimia, a morir resuelto vuelvo. Veo a Clenarda, y Clenarda; ha ingrata mujer, que temo tomar tu nombre en la boca, porque en él tomo veneno! Dice, que me paga amante, lo contrario miro luego, sé que es amante de Enrico, dame celos, doyla celos con Clávela, y por matarme concierta su casamiento. Sé el intento que ha tomado, que de el desista pretendo; y respóndeme con dudas, diciendo por mis extremos, la dicha es la diligencia: Si eres diligente, es cierto serás, Lisardo, dichoso; Dudando quedo, y temiendo, con que me resuelvo amante al mayor atrevimiento; que he sido traidor entiendes, más vive, señor, el cielo, que se engañan los que piensan, que he cometido este yerro. Que quise, señor, imputan, matarte, y quitarte el Reino porque veas la malicia de los que tal te dijeron, porque siempre la malicia, en consiguiendo su efecto, la mentira se conoce, quitados todos los velos. Con esta llave maestra abrí, señor, tu aposento; esta acha, y esta espada son testigos verdaderos. Animoso hacia tu cama con pasos lentos me allegos corro un poco la cortina, la espada te pongo al pecho. Durmiendo estás, yo atrevido, con mis voces te despierto, que sola esta diligencia restaba al entendimiento. Despavorido despiertas, y de aqueste modo, viendo, que amenazaba tu muerte perdiéndote ya el respeto: Lo que quiero me preguntas, y te respondo, que quiero, que confieses que la muerte te podía dar mi acero. Confuso, y embelesado me respondes, si confieso; pero si confuso estaba, es por ignorar mi intento? Suplícote que te vistas, y esos pocos, mal compuestos, vestidos, tomas, y aquí me vienes, señor, siguiendo, Bien pude darte la muerte, con aquesta acción intento, que sepas que soy leal, y que es lo domás incierto: pues si quisiera matarte, sin haber impedimento, estando tú en breve muerte, te dejara en largo sueño. Perdona si solicito; si hay perdón donde no hay hierros, que jamás de deslealtades. a supuesto mi sujeto. Por alcanzar a Clenarda. esta diligencia he hecho; con que si de mi lealtad no estás, señor satisfecho, con aquesta espada manda, que pase alguno mi cuello: porque ser tan desdichado, son crímenes para ello: Mis desdichas son mis culpas; mis males, mis delaciertos; mis arasciones, nia fortunas; mis hazares, mis empleos, clemencia, señor, clemencia. Perdonar a tales reos, es justicia, mi perdón. postrado a tus pies espero. Confuso estoy, y admirado, tu lealtad agora creo, que fue señal verdadera no darme muerte pudiendo. Perdonado estás, Lisardo, llega a mis brazos. . El suelo, que pisan; señor, tus pies mil veces dichoso beso. E. Hacia aquí he sentido el ruido Vive Dios, que va esto bueno. Qué es lo que mirando estoy? Enrique, pues a esté puesto? Mis venturas me han traído. Antes tus desdichas pienso: El que miras es Lisardo, su culpa fue fingimiento, casado está con Clenarda. Ya no puede ser aqueso, Por qué causa? Aquesta noche de ella me dieron un pliego, que por el jardín entrase a ser su dichoso dueño. Vine, señor. Muerto soy, ha santos cielos! Ahora entra mispapel. Ya, Bénito, ya no es tiempo. Pues había de faltar para el gran Benito Quesco? Dala la mano a Clenarda, que ella te la está pidiendo. Cómo, si es de Enrico ya? Todo, señor, es enredo. Digo, que la doy la mano. Yo qué mano? alma, y pecho. Eso como puede ser, si en su aposento la dejo? Yo desataré el embuste. Sin sentido estoy atento. Clávela me dio una carta para Lisardo; entendiendo que es Lisardo criado mío: abrí la nema, y leyendo, contenía lo que Enrique a afirmado en este puesto. Dísela a él, y leyola, vino al concertado tiempo. Al cuerpo el alma has vuelto. Pues yo por eso, si quieres volverte a España tu Reino, te doy de ayuda de costa, Benito, veinte mil pesos. Aceto lo prometido, si ha de ser cierto. Tan cierto, que te empeño mi palabra. Pues aquese empeño aceto, aunque la palabra siempre se parece mucho al tiempo; conóceme por Juan Rana. Qué dices? Que soy el mismo Juan Rana, que de criado serví a Lisardo otro tiempo; mas pues va bien con Fenito, desde hoy el Juan Rana dejo. Corcido por Dios estoy. Aquí, auditorio discreto, la dicha es la diligencia, tienen fin, perdón pidiendo de las faltas el Autor. Y aquí también los enredos tienen fin, Senado ilustre, del grave Benito Quesco.