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Texto digital de El diablo de Palermo y tirano de Tinacria

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Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El diablo de Palermo y tirano de Tinacria. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/diablo-de-palermo-y-tirano-de-tinacria-el.

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EL DIABLO DE PALERMO Y TIRANO DE TINACRIA

JORNADA PRIMERA

Pues ya a la Escuadra el puerto se promete, arría la mayor. 1. Casa el trinquete. 1. Amaina, amaina, safa el ferro luego. Da el timón a la banda. 1. Dale fuego, y mi nombre el cañón en viento escriba. Viva Pericles. Filedocles viva. Liga el velamen todo. 1. Aferta, aferra. 2. Llega el Esquise a la Real. A tierra. Qué marítimo horror, qué alegre salva, a el primero crepúsculo del Alba, repitiendo faenas, saluda de Sicilia las arenas? Qué buques, ola, qué bajeles llegan, que aves de abeto, alas de lino pliegan, a el abrigo del puerto Siciliano. Haz salva a el General, y truen ufano el bronce: dale fuego. 1. Dale fuego. Yo lo diré, pues ya felicerle; (Dienino augusto) donde logre vano exaltarme a tus pies, besar tu mano. Levanta, Enrico: seas bienvenido. Este estruendo Marcial, este ruido cerúleo (cuyos bronces de crujía saludan a Palermo con el día) distintas mucho, Armadas tres le urgen, que de tu Alcázara la vista surgen, sobre el áncora ya, a distinta banda. Cna es la tuya, que el Bastón comanda de mi conducta, con quien llego ufano del Cetro vencedor Napolitano; cuyos pactos dejando fenecidos, los conciertos del todo concluidos de tus brasas, señor, y tu divina hermana, con Fiaberto, y Roselina (Rey, e Infanta de Nápoles suprema, que en su explendor del Sol los rayos quema) fui en el golfo testigo del destrezo eruel, brazo enemigo, con, que Berieles, persido Pirata, los Epirotas leños desbarata. Y Filedecles, náútico tirano, enoberbece el pielago, que cano fue monumento mábíl, pira errante de cuanto ya Ferncio, navegante, surcó incauto las olas de las trágicas mares Españolas. Estos los dos Corsarios son, que fieros (a el latrociio bélicos guerreros, ricos de pobres presas lastimosas, de insultos, de dolosas fraudes, estragos, robos, tiramas) coronan tú. Baías, y a quien seguro ofreces paso, y puerto en tus mares; cuyas creces gimen distantes Reinos, y cercanos, que infestar ven sus costas dos tiranos, que el derecho hor violan de las gentes; murmurando tal vez, que los consientes, porque en su infame presa (que error!) tu Real Corona se inte resa: gravamen infeliz, que contradigo, pues das refugio, en vez de dar castigo, a quien su Escuadra bárbara creciendo, con su oficio sacrílego cumpliendo, acometer traidor podrá algún día tus Costas, tu Dosel, tu Monarcía; y en el furor, que el hado no contrasta, peligrando aún tu vida:: Éntico, basta. Despeñome mi celo mi vida ampare el Cielo! . Enrico? . Gran Señor? mi muer- te espero! General te elegí, no Consejero. Oh cuanto la verdad amargó en va- no en el cruel oído del tirano! . Perdona mi osadía. Alza del suelo. Las paces que ajustó, Seño, mi celo, en fe de tu poder:: . Déjalo ahora: y a un amante dolor, que el pecho ig- nora s (con padecerle el pecho) y. alivio antes preven, que satisfecho, solo de tus lealtades se consía. Despejad todos. . Ay, Lidora mía, cuanto este susto altera mi amor, mi honor, si atento considera del bosque el trance, en que a Dióni- so vistea. pues según me escribistes, no sin causa recelo, en torpe arrojo, la tiranía fácil de su antojo. Aunque sé, que quien guerra al alma mileve, es de Lidora la beldad aleve, . sinja ignorarlo, por si mi deshecha averiguar pudiese una sospecha. Deme mi esfuerzo aliento. ya estamos solos. A el suceso atento escucha, que con vuelo discursivo, fin dos letras vocales, le describo. En los corpulentos hombros de un espumoso Córcel, que fue en su curso veloz, émulo del Suduest: Solo del bosque el espeso seno umbroso penetré, donde fue muro frondoso, verde de sus brutos red. En fiio Coto el suelto vnddel Corzo entrané; que meleve, del plomo no le presetvo el corer. Sus dulces robos ve el Holla osemves de humo envolver; fuerte hecho entorres de corcho, que piemis bloqueé. De el error del negro polvo sulfureo, es poco broquel cérnolo ercudo, en el torpe cenudo brito montés; pues veloz, ferez membrudo, no se pueden defender de muerte, que esconde en fuejo poco bronce, en breve tren. En este tesen robusto fueron dos reses, o tres, noble empleo de un Ventor, bruto empeño de un Lebrel. El polvo, el sudor el Sol, fogoso entonces, me ven, que en los contornos del suto busco sus fuentes con sed. Frenó, empero, este pretexto, eco doloroso, que enseñó en poco precepto, methodos de enternecer. Socorro, globos etereos! expreso en lento retén: qué mucho logre en lo rudo efectos de lo cortez? Suspenso el Sol, mudo el Noto, del monte (en su robustez) el susto pudo, los duros escollos extremecer. Por el quejoso concento su bello dueño encontré, donde pudo ser lo hermoso objeto de lo cruel. Portento mudo se expone, donde se promete ser Cleóneo León, Verdugo de todo un Sol, en su tez. Funesto señor del bosque el feroz Nemeo cree, que en lo celeste lo bruto se logre enloberbecer. Mi entopuesto me conoce. luiego que promtotroque por lo dudoso del cesped, lo seguro des obicen. Después del temor (entonces? que en tus enojo se lee, con el fuego de los ojos pretende el huro encender. No con plomo le provoco en noble reto, porque es el ofender con desdoro, desdoro del ofender. Con solo esfuerzo, en el duro Coso, donde le esperé, un choque estrecho en los dos lo fuerte del contender. juntos los pechos, presume, no poderse desprender de los dedos, que en su cuello fueron nervoso cordel. Sufoco en rebelde nudo su orgullo por mucho que él brutos enconos del pecho procure en fuego expeler. Ruge feroz; pero cómo todo el denuedo empeñé, este esfuerzo logró el noble crudo duelo fenecer. De este modo, con su muerte; puro el respecto vengué, que ofender osó, en el torpe bruto del fonaso mes. Con esto el disunto Sol cobró su explendor, en fe de desprenderse Querube de los fustos de mujer. Cobiose, porque en sus luces (dulo suello, cruel merced) jele el pecho de deseos, cobre de desdenes pre. De los Pendones de Venus venturoso Coronel, suspenso en el bulto hermoso, sus tropeos numeré. Qué mucho? pues el que en Delfos supo excelso responder, en el templo que perfum oferente mudo fue. Porque el noble error no culpes, del reflejo, que observé, en rudo bronce bosquejo lo que pude comprender. Suelto golfo de oro, rompe su pelo, undoso oropel, con Vucentoro de fuego el ceguézuelo Proel. Terlos copos en su frente nevó el Enero, después que escullo puro. su pecho eló, por endurecer. Sereno el Sol en sus ojos, con negros luceros ve, o luto de los deseos, o luces de su desdén. Sobre el uno, sobre el otro cejo confido, por ver. que asplendor no menos puro carono corvo desel: El escollo de lo hermoso, que entre los dos se pravee, perfecto en extremo, en estos solo entonces tevo vez. En dos trechos de su rostro, bello Tempe, du ceFez, mucho deseo se prende, se florece mucho Heden. Por rojo punto prorrumpe conceptos crueles, pues se ve en él con dulce esfuerzo purpúreos fueros romper. Su cuello, que se elevó torreón Eburneo, sé, que Hércoles mejer sobstuvo del Globo Celeste el ex. El gledetud, que purpúreo rebozó su desnudez, en coturno celó bieve punto en que no me enteré. Como en fe de que él le huelle, se ve el suelo florecer, entonces el verde soto humos tuvo de vergel. Reconocerme el socorro pretende el que veneré portento hermoso del Orbe, que formo el Sunno Poder. Pero su gente, que luego en presuroso tropel, pudo torpemente estulto, el Cetro desconocer; como del Trono lo excelso le encubre tosco burel, me robó lo venturoso, envuelto en lo descortez. Uno, que entre sus Monteros se esmeró en obedecer, seguro fuste le ofrece sobre un Neto Cordobés. En él, con ellos, del Coto logró lo umbroso emprender, de donde en sus redes preso, llevó un deseo por rés. Quedé muerto, quedé mudo, quedé suspenso, quedé como el que surto, su buque en el puerto ve perder. Pues no de otro modo, en noble rumbo, Velero Combez, venzo el Golfo de León, sobre el Ferro fluctué. En mudo despecho entonces, el Norte hermoso culpé, que enseñó puerto dudoso, con doloso proceder. Quejoso de sus desdenes, por el trono conmuté el monte; pero en sus cotos dejo el gusto, que llevé. De su golfo vuelvo, en dulce cebo, preso rudo pez, que con conocer, que muero, no sé conocer de qué. Pero qué mucho, supuesto, que en sordo oculto revés, del destrozo en que perezco dudo el dueño conocer? Este es el mudo desorden, que pudo en crudo doblez, del vulgo de los deseos, los tumultos conmover. Este el suceso del Bosque, que confuso bosquejé, por ser los estorbos dos, con ser los socorros tres. Dios me valva!. . A tu cuidado, lo que ahora slego a fiar, es saber, es indagar. quien fue el ídolo ignorado, que arrastró a su adoración mi libertad, mi albedrío: Su correspondencia sío luego de tu intercesión; que me pague harás fiel, sin decoro escrupuloso, pues solo a su amor piadoso será Dionisió el cruel; porque si en su honor tropieza, o en otro galán aquí, . vengareme de ella en ti, en su honor, y en tu cabeza. . Vengareme de ella en ti, en su honor, y en tu cabeza? A agravio que tanto pesa, caiga el Cielo sobre mí! Gracias a Baco, que cae en la cuenta de un lagar mi sed, del aso del mar, que mareado me trae! Ala, señor? digo? es posible, que en tierra de uvas los dos nos vemos? . Válgame Dios, qué suceso tan terrible! Terrible suceso es ser de lo puro brindantes, dejando tanta agua antes, porque con vino después? Perdona, que no lo entiende tú templado frenesí: Como el Cielo contra mí sulfúreo rayo no enciende, que en cenizas me convierta? Hablaste a el Rey? fuego toco! Ah, tirano! . Él está loco. Así, cruel:: . A otra puerta. Este injusto premio das a quién sirve? . Esto voló. Señor, Lidora: . Ya yo sé, qué idolatrando estás en Lidora, Deidad bella, a quien en el monte vistes; en Lidora me ofendistes. y Lidora fue mi estrella. Mi honor en Lidora adora, Lidora mi esposa fue, mía es Lidora: por qué has de quitarme a Lidora? Esta muestra va perdida, . dolle cuerda: yo la quiero, porque la quiero. . Primero he de quitarte la vida: A qué, Rey injusto, esperas? Muera un tirano enemigo a el plomo violento. Digo? Juro a Dios, qué habla de verás! Mira, señor, que soi yo, no hagas algún barbarismo. Quién eres tú? ̱ . Trasto mismo. Qué, no eres Dionisío? . No. Ay de mí! . Qué te maltrata? Yo me abraso! Quién te enciende. Un tirano, que me ofende, un Rey cruel, que me mata. Mas, pues, el solio a el funesto desagravio le indultó, viva injusto, y muera yo infeliz. Tente. . Qué es esto? Nada, partir con su posta a el Infierno. . Oh, Cielo airado! Cómo así? . Cómo le ha dado el Rey ayuda de costa. Pues por qué, Énrico valiente, cuando llegas victorioso, donde un afecto amoroso dosel te erige eminente, con ciego despecho, di, la muerte te intentas dar? explícate. . Qué pesar! ̱̱ . No respondes? Ay de mí! Terso del globo el fulgido diamante, ilustra el Sol, gentinico Querube; quieto el mar proceloso, no ya sube Nembror cerúseo, en Babilona errate: Imperioso huracan, trueca al instante su luz, su paz, y rayó (si lo obtuve, adusto parto de preñada nube, abrasa el edificio más gigante. (yo, Yo, estructura animada en vivo ensa- duraciones creí, creí propicio el Cielo, el Mar, ya guno mi desmayo. Muere el Sol, brama el Mar, habló Dionisío, y de la nube desprendido el rayo, dijo en cuanto es ruina un edificio. . Lindamente ha respondido! Si habló en Griego? claro está, pero está oscuro: él será discreto, mas no entendido. Qué locura! qué pasión! mal mi duda se mitiga! razón, que a tanto le obliga, sinrazones del Rey son. Que en su condición severa, sangriento, tirano, fiero, pecho organiza de acero, con alma vive de fiera: Ya ardieron en sus paredes de Busitis los Altares, mujió el Toro de Falaris, vi la Estala de Diomedes. De Énrico hoy la pena lloro; pero enterezas, por qué? El pistólete olvidé. Mas si rendida le adoro, ya es disimularlo en vano. Con Fisberto, vivo yo, casar la Infanta? eso no, que fue decreto tirano: pero ella (ay, Dios!) está aquí. Qué pensará esta mujer? Mucho tengo que temer. Mi deseo es contra mí, infausta estrella poseo, amor vibró arpones varios, y son muy fuertes contrarios amor, estrella, y deseo: to ha de ser. . Ay, señor! Trasto? . A tu servicio está el mejor Trasto de la Trasteria del Amor. Oye a parte. . Hado cruel, de mi constancia me espanto! Qué será secreto tanto? Digo, que haré mi papel. Y dile, si aún homicida su vida a el despecho expone, no se mate; que se opone quien quiere mucho su vida: y esta banda le da. Cielos, qué oigo? . Banda a mí la Infanta? Yo alcahuete? Oh cuanta es, cuanta, la infiel razón de mis celos! Yo seguiré tus caminos: mas ves, señora, aquí, que por ser correo de apie, me dan docientos tocirios, o dos estacas, no flacas, me muelen. . Mis iras venzan. Y en verdad, que donde piensan, que hay tocinos, no har estacas. Ya aquí mi vida acabó. Trastearamme la cabeza. Subirá Énrico a la Alteza, No será, viviendo yo. Quién, osado a mi grandeza, tanto Solio profanó. Quién de unos celos huyó, y en otros celos tropieza: Quien oyendo, que a tu mano el de Nápoles alpira (siendo lris tú de la ira, que ardió en Fisberto, y tu hermano, porque el bélico furor trueque una, y otra Corona, de los Circos de Belona, a las campañas de Amor) siempre de infortunios rico, con destino hor más incierto, recelos pierde en Fisberto, y celos halla en Enrico: Quién, por más que soberana, pales la amante pasión, ve aristrar a Enddimión C los desdenes de Diana: Y quien, muerta la esperanza, que apagas con lo que enciendes, del fraude con que me ofendes, en él tomará venganza; V donde, desatada aquí terrente de sangre ingrata, Zollaco de escarlata cobre esa banda Turquí: Quién:: . Cuando:: Ahora veremos quien de los tres lleva el gato a el agua. . Tened el loco atrevido impulso, en cuanto me informa mi sufrimiento, si sor yo quien ha escuchado tanto deslumbrado, aleve lla famo tropel de agravios. Cómo, villanos:: . Primero, que iguale, Infanta, tu labio conmigo a Enrico: Esto escucho? Desafio! . Yo le alzo . hasta su tiempo. Te advierto, . que soy tu sangre. . Villano, ientes: Espósito huésped de la fortuna, y el hado, a mi Palacio llegastes, presa de infame Corsario. A Eímino consta quién eres; si con ese honor te ha honrado el Rey, sin él has nacido. Pues cómo, di, profanaron sacrílegas voces, la Ara del mas úblime recato. Tú osastes pedirme celos? Aunque alas tantas mi hermano a tu vuelo dé, de cera serán del Sol a los rayos: deja el guante, que admitistes; muere, traidor, a mis manos. Señora, qué hacer? . Oh pesie a el pulso, que varin el blanco. Irritada una mujer, qué no intentara? . Balazo! Allí fue el tiro. Llegad, que aquí (ten, Rosaura, el paso) daré a Siciha escarmientos. Echó la fortuna el fallo! Téngase él: adónde va? Ya él qué le va? . Vencislao? Énrico? Pues qué osadía a mi sombra, en mi Palacio, y en presencia de la infanta, tú la pistola en la mano? tu indefenso? tu turbada? todos el color mudado? en dos torres los pened, y mueran. . Rey soberano:: Señor augusto:: . Llevadles. César mío: . Aparta, Trasto. Es verdad, quien se lo nieva. A qué aguardáis? Mira, hermano, que si Énrico: . A nada atiendo; que si a tu vista irritaron mi enojos, con su sangre borrarán el desacato, Yo te rogaba eso mismo. Volviole Marzo de rabo. Muera Énrico. . Todos mueran oo ̱ . Este Rey es un caballo, y esta lota zaina es la Gata de Mati Ramos. y . Venid, pues. Venga él también. S. Aespacio, penas, a espacio? Aprista, celos, aprisa! Do a Cuidado, nueces, cuidado, que suele enfermar gargantas el garrotillo de esparto! 1. Vaya el Trasto. . Irán; pues no? mas ha de ser arrastrando. Supla Énrico a mi entereza el supuesto ceño, en tanto que Rey, amante, y amigo, cumplo con todo. Tirano amor, ya hice el disimulo: tenderá la noche el manto, y será nueva fineza, triunfo añadido a tu carro. . Preso, en fin, le llevaron? Sí. . Qué ira! Por el balcón, que a sus estancias mira en el Jardín, la torre de Palacio vi darle por prisión: y:: A espacio, a espacio, no el veneno me descan sin medida: ten piedad de una vida, e cuya luz, Libia, Austto cruel apaga! Así uu tirano paga de tanto Campión los victoriosos progresos gloriosos? hazanas soberanas? O nunca de las playas Sicilianas (pena viera el puerto tu entena, aunque a la ausencia tuya aunque a mí la vida falleciese, Énrico amado! Triste a el rigor del hado muriera, y no muriera a el antojo cruel, la saña fiera de un Rey sangriento, que tu fama borre! e En efecto, esa torre, fija Atalaya del mayor Topacio, calabozo es funesto: Aespacio, a espacio, que rompiendo mi nave el mismo escollo, yo mi piedra también tengo en el rollo e de un pícaro destino, C como cualquiera hija de vecino. Pues tú, por qué ocasión? Qué lindo es eso! cuando rocín venido, también preso un Trasto tengo, que es, por más enojos, el Trasto de las nimas de mis ojos; Trasto, por quien trastea mi albedrío, Trasto, y mui mucho: ay dulce Trasto mío, cuanto tajo y revés del hado exploro, y río de las lágrimas que lloro Muero a el considerarte donde intentan colgarte, teniendo tú ya andado la mitad en tu cara de ahorcado: cuando:: . Atiende: qué es esto? Aunque ya fuera tu gravamen, el peso de la esfera, contrastarle sabré. . Yo, que le ataco, también. Válgame Amor! . Válgame Baco! Hombres, quién sois? Estela? Alberto? Aurora? Calla, Livia. . Mi Enrico? Mi Lidora. Con tanto horror Sicilia te recibe, que cuando, para verme, te concibe a mis ojos el centro que deshaces, parto no usado, de la tierra naces? Es verdad, dulce espolo, que te veo? Los imposibles vence mi deseo hasta anudar tus brazos. . Mas ay, dueño adorado, que estos lazos destroza de un tirano sana impía! Cómo? . Oye. . Trasto mío? . Livia mía? Con sed tan grande llegas de Palermo a las providas bodegas, que de tres vigas el lagar ópimo, te brinda ya con muerte de rácimo? yo te veré colgado. . No lo creas, y primero, hija, ciegues, que tal veas; quedando tu quererla expuesta a el trance de morir doncella. Mas ay, que es fuerza ya de hado ene- migo, no ser fuerza! . Prosigue. Ya prosigo. Bellí!suma Lidora, a cuyo ar lor sutil el Sol debio lecciones de abrasar, y lucir. En joven primavera, por mi edad conocí, apenas quince veces repetido un Abril, cuando Águila, alas dulces de tus ojos batí noble ambición de pluma, a el vuelo más feliz. Del corazón ya en tanta región subirme, allí las alas abrasé, teñidas de carmín. Del nieto de los golfos arco de oro, y marirí, mi pecho hizo carcaj a sus puntas de ofir. Coronabas los vientos de airones carmelies, Garza, a quien segui altiva, destemplado neblí. La alcándara de Amor vio entonces abatir el belico tropeo de la dudosa lid. Después que el de tu pecho murado combatí escollo resistente, rebelde rebellín, a tu fe, en mutuo afecto recíproco, debí dichas de ciento en ciento, glorias de mil en mil. Ya en los ojos las almas dejaron colegir, de dos pechos lo firme, de un deseo el desliz. Muda clase de Amor, donde supo escribir el papel del semblante, Retórico Latín. En secreto Himeneo, possión dulce aquí cotonó de laureles mi esperanta gentil. De mfelice ya entonces pude a el Olmo irguir, en nudos implicido de cristalina vid. No ya envidié sus dicuas; cuando miraba unir a Palomas de Venus los picos de rubí. Pero en fortuna tanta celoso, introducir, Marte de Amor, logró sedicioso motín. Por el belico impulso, copiosamente vi de armamento portatil los piélagos cubrir. De su Real Armada, General varonil, el Bastón comandé de tanto Vergantín. Batallones ceruleos de Marte conducí a Nápoles, haciendo someter su cerviz. En golfos de escarlata aún fluctuaron, sí, Sirenas de Belona, la caja, y el clarín. Pide paces Fisberto, que logra concluir, en amorosos pactos, alianza feliz. Doí la vuelta a Sicilia, victorioso Adalid, y la Real Armada el puerto ve surgir. Lid mayor me pública, tirano injusto, a el ir a dar de Jano al Templo el glorioso Espadín. Volarme el honor quiere, sangriento Baharí, que Latón torpe, esmalte. de innocente carmín, Diamisio, ese tirano, que cruel ves regir el Trono, cepo infame, el Cetro, segurvil: Verte pudo en el bosque humano Seraphín, y de un León librarte, ensangrentado Espín. Pues que te vido, expreso, fácil es de inferir, que en su pecho tu imagen, vago esculpe buril. Un peligro redime, que amenazó tu fin; y mayor riesgo envuelve el mi!mo redimir. Quién cándida Cordera, en trágico con fín, miró esenta del Lovo, y presa del Mastín? Solo yo, a quien terrible, laureado monstruo, aquí tercero hace afrentoso de tu honor infeliz. Doí, que ignora, ser yo tu esposo: y puede, di, redimirme a su estrago, llegárselo a decir? Por pequeño disgusto después me prende; así progresos premia, en que le he sabido servir. Ya urna funesta mía la torre del jardín, su centro me sepulta, cadáver vivo allí: Pues movedizo el suelo. de oculto camarín, la tierra hurtó a mi planta, concibiéndome en sí. Mina, sin duda, aleve, que temiendo civil tumulto, algún tirano cnuteloso hizo abrir. Si escala no es labrada, por donde el Rey subir pretende ya a empañar de mi honor el Cenit. Apurando su asombro, a eclipiar en tus luces el celeste Zafir. Yo vuelvo a mi sepulcro, porque a el verme morir, Sicilia te entronice jurada Emperatriz. Mas, o inferiz de mí, que no puedo explicarme, y sé sentir! Dame, Lidora, por amantes lazos los últimos abrazos, que ya de ti reciba. Muera de penas, y de penas viva! Y él no me dice nada, el muy Trasto? Ella, pues, la muy mirlada, quiere irse a la picota? Adiós, bruja. . Anda, pícaro. . Quién nota tu imperio, Amor, como tu imperio sigue? el raudal de mis lágrimas mitigue el raudal de tu saña: síguete, Libia. A todo te acompaña mi fe, jaque. Venus tú, a cuyo Altar, en sollozos tantos da el Orbe votivos sacrificios amorosos! duélate amante Rey. Ya burlando los guardas todos, por esta ignorada puerta, a librar a Énrico, ansioso, (sin faltar a mi entereza) vengo a su prisión; que como ignorado, en cuanto pasa este primer alboroto, viva; después, por mi amor, público perdón le otorgo. Qué lóbrega está la pieza! Pasos siento. Rermor oigo. Detente, Trasto; y pues llega de aite sutil, leve a el soplo, muerta la luz, que tramas, aguarda, que presuroso, por otra vuelvo, y a ser mariposa de más ojos. También yo. . Todo es tropiesos Válgamme Marte, y Apolo, Júpiter, Vulcano, y:: ay qué me agarran los demonios! Un hombre encontré; si acaso es Énrico? Enrico? . Todo el Arrabal de allá abajo, nublado, y tempestuoso, desata los huracanes, y suelta los terremotos. No me respondes? Enrico? De verás va, yo respondo: Quién le llama? . Eres tú? Bueno! Pues he de ser Juan Redóndo? Como a oscuras de la torre las estancias están? . Cómo es Saturnino el Poeta, y hace a el caso el trampantojo. Yo no entiendo lo que dices. Si a eso va, ni yo tampoco. Sal de esta opaca mansión, y en tu casa oculto, y solo, mi aviso aguarda. . Me place. Venció a el Alcalde el soborno, que hablan poderoso idioma las retóricas del oro. Qué oscuridad tan notable! Énrico? . Cielos, qué toco? quién le busca? . Así sabré celos que temo, e ignoro. . Ludora soí. . Quién? . Lidora, que fu mementete a dora. A disimular la mina volvió Énrico, y poco a poco llevó dos veces sin luz a este chaos tenebroso. Por esto mismo se dijo, sin duda, boca de lobo. Mucho dice su silencio. Mucho declaro mi enojo. Pues yo soy el Rey, tirana Lidora, prodigio hermoso, y en tus luces: . Ay Ee mí! . Qué escucho: ay, Dios! . Bello monstruo, . de frondosas esquiveces he de laurear el Solio. Mala noche, y parir hija, se dijo por esto propio. Ved, que soy la Infanta. . Cielos, quién mi nombre usurpa? . Todos jugamos a la trocada. Lidora:? . Pero qué asombro! Toma, si purga! . Tú, Infanta? Lidora, tú? Tú, alevoso Énrico? . Guarda la fiera! Favor, Cielos! . Huye el Oso! 1. Guarda el León! . Piedad, Dioses! Huigamos del promontorio, a el refurio de los mares. Qué horror. Deidades, socorro! Fuego! fuego! . Qué me anego! Mas qué confuso alboroto se escucha. . Qué tristes voces! Qué estruendo tan lastimoso! Qué confusión! . Qué bolina! Mal por mal, a el calabozo, que anda el diablo en Cantillana. Qué me matan! Qué me ahogo! 1. Infelices Sicilianos, pues morimos del asombro menos peligro es el mar: a el mar vira. . Guarda el oso! Alto, aguardarle: adiós, luz. Guarda el bárbaro Erictonio! Qué horror! Piedad, Cielos! Dioses, favor! . Enemiga, como rielgos tame, la que injusta tiene el mayor en sus ojos? Ya yo tasibién me desmayo! Que te dieven los demonios. Dusce esposa: . Fuego! fuego! Bella ingrata: A el gulfo, a el golfo. Livia inbel: . Guarda la fiera! Qué me abrato. Qué me ahogo! Pila conmigo los bosques, donde en circos venatorios, egoce alguna vez lo fiero ver indultos de lo hermoso. y Surca conmigo los mares, donde Caribéis de oro, en tu desdén lección tomen de dureza los escollos. Vamos de aquí a los infiernos; pues según los terremotos, si no anda el demonio suelto, se ha vuelto el ingenio loco. Infelice dueño, vamos. Vamos, riesgo de los Pontos. Anda, Libia de los diablos. Y en riesgos tan pavorosos:: Corra fortuna mi vida. Suba tu hermosura a el tronc. Baja a los Remos de Dite. Ay de mí! . Virá, Piloto, a el gulfo. . Guarda el León! Divinos Cielos, socorro!

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Pues a tanto asombro, no hay humano valor que baste, y es ya posesión Sicilia de los Dioses infernales, a el golfo, y salve la vida el que pueda. 1. Entrega a el aire el lino. 2. Zarpa los remos. 3. Leva el ferro. 4. Corta el cable, y a los riesgos de la tierra sucedan los de los mares. 1. Qué me anego. 2. Favor, Dioses! 3. Qué me ahogo! 4. Boga abante. Socorro, Cielos! Adónde bárbaro vulgo cobarde, mas de tu miedo impelido, que de tu error ignorante, haciendo el mar lastimosa nueva Palermo portatil, por el peligro, que dudas, huyes a el riesgo, que sabes. De vuestro Rey el precepto, Sicilianos navegantes, a tanto naufragio enfrene el precipicio. . Es en balde, en tan desmedido asembro, querer, señor, refrenarles. Huye del fiero Erictonio! 1. Guarda el León! Que él se guarde a sí mismo, y todos de él, sería más saludable consejo. Válgame un Dios, abogado de los Sastres, si le tienen! . Dónde, Cielos, hallará seguridades, en tantas incertidumbres, la vida? . A el golfo. 1. A el velache. 2. Casa escota. 3. Favor, Dioses! 4. Vira a el mar. . Qué así avasalle. los animos ideado fantasma, a quien no ve nadie! Pues en su imaginación; solo retratados trae, no siendo aún como aparentes, los entes como reales. Te engañas, que yo de verle vengo; y a tanto admirable. espectáculo, en el pecho, medroso, el corazón late. Qué es de él? . Óyele en mi voz, si acaso deja copiarle en su formidable aspecto la caliginosa imagen del Tartaro. . Di, porque a vencerle, y sujetarle vaya luego mi valor. No hará. . Prosigue. Escuchadme. El Erna, monte sullureo, a quien igneo vasallaje (ledientes su incendio) juran los más célebres volcanes del Orbe: Alonte, que a ser monstruo de elementos, nace hijo adusto de la tierra, y susto impuro del aire, alma desmiente de fuego en la rueve del semblante: Aquel, que del Mayo (inculta. su faz, su greña intratable) verde imperio desconoce de amenas frondosidades; pues en su bárbara entraña, solo co prodigio grande, se vio fecundo lo ardiente, y estéril lo vejetable: El Etna, pues, de sí mismo, caliginoso cadáver, en cenizas ya a la vista de la gran Palermo yace. Su vasto cuerpo (por donde sedientas, el sulfurante halito adusto respiran las gargantas infernales) abrió la funesta boca, y vomito de sus cauces fue, en flammineros esputos, espíritu formidable. Precito dañado genio, que en avenidas voraces impelen Letes de azufre; a cuyo ranco espumante vapor, el aire se intesta, y mata infestado el aire. Trono le construye horrible, voluble carro volante de tizones, cuyo fuego en pálidas llamas arde. Si ya por rumbos funestos, con encendido velamen, en los Hérebos, que surca, no fue pavorosa nave; cerviz indomita, prende de su pertigo el ligamen; y Albanés Leon tugiente tira la máquina errante. Sequito bruto en dos Osos plaza haciendo, abriendo calle, bárbara escolta precede a el aparato arrogante. Del plaustro así de la injuria el Solio ocupa ejeciable Auriga, en quien el Haverno desato sus huracanes. Encontrados los escollos, no hacen que los gollos bramen con más pavor los de Eolo agitados Capitanes. No así Tritón, alentando Marina trompasonante, auxilió en campos cerúleos los célicos Estandartes de los Dioses, cuando fueron en sacrílego combate, gran suplicio, pira ardiente los montes de los Gigantes. Tal del pavoroso azote, a el estallido trovante (que repetido del eco resueña en golfos, y valles crute extremecido el Noto, braman heridos los mares, ruje el León furibundo, vuelan los Hllos audaces, desmaya el Sol, muere el día, y pasmados los mortales, temblaron. Pero qué mucho, si hasta el orden inmutable de los Orbes, pervertido, las campañas celestiales nueva sedición temieron, y en despavorido alarde, la lanza empuñó Belona, el pabés embrazó Marte, y de los rayos su diestra armo Júpiter Tonante? Así, pues, de los tartareos calabozos infernales torpe Erictonio licencia la mansión de las crueldades. De ofensivo vapor, nube negra, densado azabache, abulto hipogrifos miembros de estructura organizante. En dos veces, manto de humo, envuelve adusto ropaje las de su aparente forma desproporcionadas partes. De inculta greña, que adornan dos puntas, diadema infame, negro Aquilón ensortija, por cabellos, alacranes. De los surcos, que en su frente aró el rencor implacable de las furias, nace el miedo entre los cenos feraces. Ara rugada, de cuyos, torpes, impuros Altares, bárbara hoguera, los ojos arden fuego, y vierten sangre. Por corva nariz, respira nubes de humo abominables, a cuyo pavor se enlutan los celestes luminares. Bosques de su barba esconden bronca espelunca, que abren a el susto, a el pasmo, a el asombro los sacrílegos umbrales. Be cuanto incendio concibe trueno es la voz fulminante, que en terror del Orbe a el labio rompe la dentada cárcel. En su faz terrible tienen los rigores hospedaje, y de la muerte, y el odio suscribe el fatal caracter. Basiliscos mira, flegras es su abrasado dictamen, y en densos globos exhala halitos pestilenciales. A el infecto ambiente, mustios los campos, torpes las aves, estérilmente fallecen, mortiferamente caen. Ya de la infeliz Palermo escandaloso oravamen sufren a el Estigio carro el peso injusto las calles. A tanto súbito asombro, sus míseros habitantes, yacen a el pasmo nisensibles estatuas de nieve, y jaspe, perdiendo el más animoso, jactanciosas vanidades, cuanto en ciega audacía lleva, en mudo escarmiento trae. La amarillez, y el temor en pusilanimidades, a el rostro más atrevido imprimen su torpe imagen. En la pavorosa fuga, con lástima deplorable, deja el consorte a la esposa, pierde a la hija la madre. Las Vírgenes innocentes, sin decoro, vacilantes, a el asilo de los bosques forman choros montaraces. Atropellado desorden de vulgo tumultuante, a el piélago precipitan cobardes temeridades. De la muchedumbre a el peso; los Jabeques naufragantes, miserablemente corren fortuna más lamentable: Y abandonada Sicilia, de familias fluctuantes ierran los hombros del Ponto las portatiles Ciudades. El pasmo, el horror, la muerte, el susto, el pavor, los males, por todas partes discurren los corazones cobardes. Ya en vocería funesta, alarido inconsolable de aflicto temor, a el Cielo eleva gritos clamantes. Sin el dolor de la culpa buscan el remedio tarde, queriendo hacer a la enmienda hija de viciosos padres. Necio error de los humanos, que a ruegos ineficaces, del oído de los Dioses ensordecen las piedades! Ya de las etéreas puertas tres veces el Sol brillante golpeó, a impullos de luces, las aldabas Orientales; y del azote celeste existiendo interminable el castigo, de tu Corte subsiste el trágico trance. Este es, señor, de su copia el mal colorido naipe, que cupo en solo su asombro, y en toda mi voz no cabe. Inusitado portento! Caso inádito! . Horror grave! Huye el León! . Todabía. quedaba segunda parte? Qué es esto? . Guarda la fiera! 1. A los Palacios Reales se acerca. . Válgame Dios! Qué horror! . Qué espanto! Qué cafre. ya la vecindad del miedo se bajó a los Arrabales. y , Bárbaros moradores de Trinacría, que a el robo prontos, a el estrago aleves, hijos del ocio, padre de los vicios, yacéis injustos, y vivís crueles: Insidiosos Piratas de estos mares, que sacrílegos, torpes, e insolentes, del fatal patrimonio de las iras despendéis los rigores, y las muertes: Avaros Ciudadanos, que ambiciosos, de sangre enriquecidos innocente, athesoráis para el tremendo día trágico erario en el furor celeste. Ministro del Altísimo incorporeo forma alterada soy, vulto aparente, Vara de Dios, escandalo del Orbe, igneo Querub, espíritu rebelde. De la Sunma justicia indefectible a el levantado brazo Omnipotente, eco del golpe, sombra del amago, y ejecutor de las immensas leyes: A pesar de las sañas del abismo, más poderoso impulso me compele, a que la misma redución que impugno, con apremio fatal os amoneste. Mas qué importa, mortales, mas qué importa, si siempre ciegos, contumaces siempre, acrimina el aviso aquella culpa, que no redime enmienda penitente? Y pues ya a los Alcázares Reales los umbrales no menos delincuentes piso, padrón a la dureza vuestra, cártel sangriento escriba sus dinteles. De la cortada oreja de este bruto, tinta será la púrputa caliente, lamina el bronce de la puerta Augusta, y pluma el dedo, a tantos caracteres. Temblad, mortales, ya a el padron ter- rible, . que desde ahora amenazando hiere: abrid las manos, licenciad lo ajeno, o hay de vosotros, cuando el plazo lle- gue! Quien debe, restituya, deja escrito el fiero Monstruo. S. Muerta voy de verle! . Prodigio raro! a . Pues contigo habla, tiránico Dionisio, tú le entiende . Yo llevo un miedo como cuatro casas. Enrico? . Gran señor? Las esquiveces; Ay de mí! . De Lidora:: Roselina: Mi pecho abrasan! Sus incendios temple. Esta es su copia. A misterioso tiempo: Y está la de Tisberto. me la ofreces. Qué miro? Parocida a Vencislao: esta guarde mi amor. Traidor, aleve, vive Dios: Gran señor, en qué te ofendo? Mas disimule: en nada; arrebaté. me de una imaginación. Villano Énrico, . pues ya del todo, tu traición patente, desmiente las ficciones este naipe, que hasta aquí cauteloso fingi creerte, pagarasme los celos con la vida, muriendo a el rayo de mi enojo. . Fuese sin hablarme, ceñudo, y ofendido. Pues si ya a el lance de la torre cree, que la Infanta, y Lidora me libraban, agradecidas a el peligro fuerte, de que en el mar ya redimirlas pudo en un conflicto mi atención valiente: Satisfecho su enojo en esta parte (cuando entre Vencislao, y yo disuelve la enemistad el reto, y las prisiones) cual pudo nueva causa ahora moverle a demonstración tanta? ah cruel tirano, líbreme Dios de ti! Cielos, valedme! Esto pasa. . Fuera, pullas, porque no hueles muy bien. y vistelo tú? . Sí, amiga, con estos que ha de comer la tierra. . Ay, suerte inconstante! ay, esposo! ay, Rey cruel! Hy, amor, y honor! ay, dueño! ay, Énrico! . Para qué halla su nombre en tus labios, quién tan infelice es? Qué nueva desdicha, esposo, en riguroso tropel, porque yo muera, en ti mueve tanto despecho. . Después ay, Lidora!) que ese injusto pensó torpe acometer los reales de mi honor, los pendones de mi fe; y dos veces engañado de la Infanta (ay, Dios!) a quien en tan apretado lance, nuestro lazo revelé, el suyo, y nuestro artificio creyó, o le fingió creer. Con severidad tirana me habla, me escucha, me ve, hoz laureada su ceño de la humildad de mi miez. Con equivocas razones me amenaza su desdén, bien entendidas de mí, mal pronunciadas en él. En ocasión, que en tu amor fue a hablarme, a darle llegué, con prevenida advertencia, misterioso aviso, en la copia de la que aguarda Sicilia Reina, el mujer. De Fisberto, y Roselina los naipes le di; y a el ver el último, dudo cual furia inspiró su pincel: pues colérico el semblante, vuelta la espalda también, con su indignación me deja, con mi confusión se fue. Ve, qué resultas ahora puedo esperar, sin temer, que en suplicio de rigores, un tirano:: mas por qué raudal de aljófares baña el hermoso rosicler de tus mejillas? Advierte, si intentas enriquecer el llenzo, que su cambray no es digno de tanto bien. Serénense, pues, las luces de tu cielo; enjuga, pues los ncares. . Ay de mí! ha, Cielos, para no ver tusta el licha, o, primero en ninocente mnez fuera tumba del morir aún la cuna del nacer! Ya ven, adorado esposo, que nuestra fortuna fue breve exharición, del hado siempre abatido escabel. Sé, que el Cielo nos aflige; sé, que mi bárbaro laurel, trájico sina tu vida, y mi amor promete; y sé, que no así combate el golfo (bros (calzados de nieve el pie) Cuatro, o seis desnudos hom- de des escollos, o tres. Mas qué dulce voz a el labio hurto el concepto? . Del Rey en los Judines, la Infanta entona el sol, fa, mí, te. Pues, Énrico, ya que el hado mulogra así el interé; de nuestro amor, y hor Palermo nueva es confusa Babel, deumos su asilo los golfos. Si te precias de querer, tierra ya en medio pongamos, y pingamos mar: oh bien vamos a el Indo abrasado, del Sol adusto dosel; o bien la frígida Zona ignoto sea cancel, que nos oculte a las iras de un César tirano, a quien el Cielo, que le amenaza, destruya con su poder. Salgamos, pues, de la injusta. Sicilia, que merecer sabe el odio de los Dioses. Demos a el agua el bajel, a el viento las esperanzas, a nueva tierra los pies, y a el viento (ay, Dios el os suspiros. De una Islahor, que provee del ollato de sus flores los naturales, su Heden solicitemos, y vea nuestro amor en su vergel, que vivimos de mirar, donde hay quien muera de oler. Nuevo rumba de la nave siga la aguja esta vez; vivas hiedras de Himeneo trepemos otra pared, y muer no desterralas, en donde Isleta tan fiel:: Hurta poco sitio a el mar, y mucho agradable en él. Qué bauda, aguarda, y qué copia es esta, y esa? . Si crces, que no te pudo agraviar lo que fue atención cortés, de la Infanta es el cendas. Y el retrato cuyo es? Tuyo, señora. . Ay, Enrico! en todo mentistes: ve retrato, y banda mejor, . y sabrás, que no hay (a, infiel!) ni menos constancia en hombre, ni más firmeza en mujer. . Mi ama va como acreedor de casa sin su alquiler. Y mi amo como inquilino sin blanca, y cumplido el mes. Qué enigma, Cielos, de nmpes es este? Uno con el Rey . me malquista, y con Lidora el otro: mas qué miré! este no es de Roselina. luego (ha, Dioses!) le troqué, y el de Lidora a el Rey di? Qué hombre pudo cometer yerro igual? ni de su honor, quien, más torpe Mercader, el retrato de su esposa ferió a el tirano cruel? Esto a el Rey alteré. Cielos, qué enmienda puede tener tan costolo desacierto? Válgame Dios, valgune, y en qué de empeños me han puesto amor, honor, y poder! . Comó teme le despojen de título: que posee, se anda mi amo en titulillos: ahora es fuerza succeder nuestro amor, Livia. . Pues vaya, y comienza tú. . Si haré: va de quejas. . Va de celos. Liela de la Libia, en quien compitieron su blancura los hollines, y la pez: Livia, con quien estrellados srei el cariño, después que hizo amor de tu nariz el rabo de su sartén: (Gerardo lo dijo antes, no por eso ha de perder la copla, y Lobo por Lobo, yo sé pescarlos también.) Livia, en efecto, Liviana, por quien los bofes eche, discreta, Dios me perdone, bella como Lucifer, un Jaque Serpentón, diz que la rosca te hace, y diz que te ha de deshacer la rosca cierto Trasto a puntapies: pues no va bien. . No va mal. Trasto desechado de las Galeotas de Amor, en los golfos de su Argel: Trasto, correo de oreja, ya hecho de pencas, porque debajo de la camisa con otro jubón te ves: Trasto, en efecto tan vil, que en la feria aún no ha de haber de la horca, quien por ti mas de cuatro cuartos dé. Grande Arlequín diz que eres de Venus en el cordel; y diz que el Rey te hará dar o atos res. Antes que hombre de esos tratos sea, Libia, llevete:: Quién? . El diablo de Palermo, por tiempre jamás, amén. . Cuatro, o séis desnudos hombros de dos escollos, o tres, hurtan poco sito a el mar, y mucho agradable en él. Cuanto lo hienen las ondas, batido lo dice el pie, que polpora de las piedras la agua repetida es. Modestamente suplime ciñe la cumbre un laurel:: Qué cumbre cómo mi amor? qué más laurel que mi fe? Cese la acorde armonía de enfrenar su curso a el viento; no ya mi pena, y su acento se compitan a porfía. Suspenda el músico canto tanta Sirena veloz, pues a el compás de su voz sube los puntos mi llanto. Qué un injusto por Lidora mi augusta fe abandonase! qué yo su amor cautelase! ha vil Énrico! . Señora? No os llamo yo. . Perdonad, que como mi nombre oí en vuestro labio: . Ay de mí! Ea, enojo, reventad! Presumí:: Tirano el Rey, que la dé el retrato ordena a esta ingrata (dura pena!) de Fisberto. Injusta ley! mas con Énrico está aquí. Vos presumisteis muy mal. Si soy yo otro original, por qué del naipe, y no a mí darla a el dueño el Rey pretende? Con preñez me habla, y asombra, y cuando infante hoy me nombra, cómo enemigo me ofende? Mas de vuestra presunción, Enrico, desvanecida, siempre vivi mal servida. Detente, imaginación. Si yo, señora:: . Está bien. Recobraos, advertencia, no me despeñéis! . Rigores, a espacio! . A espacio, sospechas de mis celos! . Una banda, que en premio os di, de que hubierais m tenecido los tratados de estas Coronas, qué es de ella? Amor, salí de unos celos, pero ya en otros tropiezas! Esta es, señora, del Sol la ardiente Eclíptica bella. Sí, mas de tan viles manos no la recibo. . En la espliera del Jardín, no miro a quien entregarla. A mí, si es fuerza, que tú no haz ya de llevarla, ni recibirla su Alteza. Tu atrevimiento: . Mi empeño:: Qué es esto? osadías necias así a mi vista repite vuestra locura? Despeja, Éúrico. . El que es desdichado aró el mar, sembró la arena. De Fisberto, gran señora:: Qué decís? . La copia es esta, por qué esa nombre medas? que el Rey a daros me envía. . Tente, señor, y oye. En ella . su nombre, y tu atrevimiento mirando estoy, pues sus letras dicen Fisberto, y la copia es de Venciso: llega, llega a mirarla, y verás, que aunque Víbora deshecla, ya es Áspid pisado; y podrá ser, si no te enfrenas, que perdonando mi planta, amenace tu cabeza. Con la banda, y sin el naipe, Cielos, me deja, y se ausenta! si para desprecio es mucho, es poco para fineza. Como soy tan parecido a Fisberto, pensó que era mío el lienzo, y a el oprobrio le entregó en menudas piezas. Pieble su ingratitud: por qué quiere, por qué intenta corragir injusta a el arte, yerros de natucaleza? ha, tirana! Hermosa imagen, no tan cruel, no tan fiera como tu original, dime en esa lámina bella, si no alientas, cómo matas? si matas, cómo no alientas? y si alma no tienes, como me dejas a mí sin ella? Habrá en el mundo, dicina sagrada esfera suprema, hombre más infeliz? . Sí. Señor, vos? . Llega, no temas: hombre más infeliz hal, Insante; y porque lo veas. - mira esta pintura. . Antes, señor, preguntar quisiera, Perque esas letras sangrientas; que a las puertas de mi Alcázar sobresaltan y amonestan, me obligan hoya volverte a la usúrpada grandeza, o que ignoras. . Válgame el Cielo! L pues yo:: . Mas saber no quieras, de que de tu frente vive mur cercana una diadema. Conoces esa beldad? Sa prodigiosa belleza admiro: Lidora es, si no me engañé. . Oys, espera; e no digo yo que la mires, sino solo que la veas. Perdona, señor. . Levanta. A esa hermosura, pues, a esa dulcísaima ingrata aleve me rindió amor, considera si seré más infelice. Es tan cruel esa fiera, es tan altiva:: . Detente, aguarda. . En qué te hago ofensa? No gusto que me la alabes, mas no quiero que la ofendas. Y pues ya tiende la noche las lugubres alas negras, por muerte del Sol vistiendo medio mundo de vayetas, ven conmigo. Rey Augusto. Énrico? si aquí te quedas, no poco servicio me haces. Y yo, señor, no soy pieza de importancia? . A vos también pienso premiar. . Oye, espera, Trasto: o me miente la vista, o el Rey en la torre se entra del jardín. . Como en su casa. Gran mal el alma recela! sígueme. . Alón. No bien, pues, a Euridice vio la selva en casta fuga innocente, cuando de su curso meta fue; no pomo de Hipómenes; Víbora sí, que funesta tiñó de rosa el jazmín, y de clavel la azucena: Fue en teatro de esmetalda, virgen choro de Nipeas, auditorio mudo entonces de tan lastimosa Ecena. Muere, en fin, y en su venganza, las Ninfas del bolque bellas, del torpe Aristeo matan cuanto vulgo ya de abejas rcos COMEDICA labran miel, y cuajan cera. Fenecieron las dulzuras del tirano. nadie entienda, Livia, viotar Euridices, sin que sus dulzuras mueran. Muy moral estás, señora; mas si Dionilio atropella con todo, a el suceso entonces cuadrará la cantinela: Si tu padre beso a mi mujer. buena pedrada se llevó tu perra. Y en fin, a Euridice mata la Fábula. . No se niega; pero muere con honor, y no vive con afrenta. Ven aquí de lo que sirve el ser hermosas las hembras? no hay cosa como esta cara, que por fin cuesta vergüenza, cuando ruegan a la hermosa, haber de rogar la fea: bien haya esta faz! . Ay, Libia! mientras Énrico no llega (como le avisé con Trasto, para deslumbrar sospechas maliciosas, por la mina, canta algo que me divierta. Vaya, y Gongora perdone el Romance, y las Endechas, pues le confiesa los hurtos la solfa a el pie de la letra. Sobre unas altas rocas, ejemplos de firmeza, que encuentra noche, y día el mar, estando quedas, aquel Pescadorcillo, a quien su Ninfa bella dejó el año pasado la red sobre el arena: o cómo se lamenta! Oh cómo se lamenta? qué dulcísima canción! mas ya llega Enrico. Cierta fue la mina. Énrico aleve, yo vengaré mis ofensas. Esposo? . Hermosa Lidosa? Ay de mí! Cielos, no es esta la voz de Énrico. Lambre osado, cuyo mpislo piepenetra lo sagrado de un Alcázar, donde aún el Sol no entra apenas, quién eres? . Yo so. . Ay, triste. Lucidora? Fabio? Estela? De una parte las aguas, de otra parte las fieras, y de entrambas el viento, le escuchan, y se enfrenan: que a todas ellas hacen igual sabrola fuerza, lo dulce de la voz, la razón de la queja: o cómo se lamenta! Oh cómo se lamenta. Hasta cuando, enemiga, competirá en dureza tu duro corazón, con las más duras piedras? Hasta cuando, di, harás, a él son de mis quererlas, lo que a el latido hace de los Canes la Cierva? Hoy hace, ingrata, un año, que huyéndome ligera, no te conoce el viento, y atrás el aire dejas. Hor hace un año, ingrata, que el mar, como por pena de que tú no las pises, azota estas riberas. Tu vuelo en todo el mundo, por olas, o por tierra, lo más ligero alcanza, lo más libre sujeta. Si aquesta se te escapa, dime, qué te aprovechan los filos de tus alas, las plumas de tus flechas? Bueno esta, señor: qué es esto? de esta suerte vuestra Alteza, con libres voces profana el templo de la modestia? Con qué pretexto, señor, tu Majestol (in estol muerta lademesechond lparede portecreta; minarentrando? el herror que a Sicilia señorea con rigideces de fuego, el de su pecho no templa? Cuando dan a su Corona, para la ruina, o la enmienda, prelagios tan pavorosos el Cielo, el Abilino, el Etna: Cuando gimen sus Vasallos de los Dioses la tremenda furia, que con sangre escriben los bronces, monstruos, y fiera:: Vuestra Majestad, señor, en torpe embeleso presa, no recuerda a tanto aviso, a tanta voz no despierta. Pese a su asombro! Lidora, solo falta que pretendas en mmudecer mis afectos con hipócrita elocuencia. Déjalo, y atiendemé, y no tus desdenes mueva mas trueno lento, que avisa, que rayo pronto, que quema. Ya presumo que me entiendes, tu Rey soy, eres discreta: mi poder:: No le conozco. Mi voluntad: . Nada pesa con mi honor: Livia? . Señora? Pues baldreme de la fuerza No hay imperio sobre alma. Aquí hay la marimorena. Pues óyeme. . Ya te escucho. Esto es paso de Comedia. Yo te vi, yo te amé, bella Lidora (suerte fue aquello, y esto desventura) cuando rugiente Rey, con saña imputa, a tu cielo atrevió furia traidora: De su rigor aleve, vencedora (sura, con su muerte, en mi brazo tu hermo- bruto escarmiento fue de la espesura, a el tiempo que tu luz los bosques dora. A triunfar de otra vida resucitas; y cuando incendios de desdén promuer de la tuya acreedor, mi fe aún limitas. De dos almas deudora a ser te atreves? o vuélveme una vida, que me quitas, o parame una vida, que me debes. De dos vidas me hacéis un cargo fuerte, y de las des esobligarme espero: la mía os doy, la vuestra no la quiero; aquello desventura, esto fue suerte. Que mi vida os debí, claro se advierte, e a un susto redimida, menos fiero; mas de la vuestra, que la dais infiero, sin que a nurparla mi decoro acierte. Vos dármela queréis; mas no admi- tida de mi honor, sin razón cruel se aclamas la que os debaos otrezco combatida: En esta, pues, mi obligación me llama a págaros la vida con la vida; no a págaros la vida con la fama. Alza, Lidora, del suelo, que el Orbe se quejará de que a mis pies ponga toda la máquina celestial. Pero no, ingrata, presumas, que por eso has de tuiunfar (levanta, pues) de un amor, a quien laurea el Sitial. Pues el fuega en que me abraso, aún no se puede templar en tu mano, hidra de ardientes cinco Álpides de cristal. Soltad, o viven los Cielos, tirana injusto (soltad) que precipicios emprenda C traidor impullo leal! l Idos, idos, man Señor, del tesón desconfind; levantad el torpe sitio, porque en mí el honor será Numancia eterna, imposible de rendir, y conquistar. d Pues vive mi ira tirana, que ti blasonas Ciudad, a ejemplos de sangre, y fuego. postres la cerviz tenaz, sin que del fuego, y la sangre, en toja voracidad, llore Scipión su ruina, compasivo Capitán! Viven los Cielos, ingrata, que ajada tu vanidad:: vete, Libia. . Yo me basto: o si me entendiese! . Ya voy en la musa. . . detenga, gran Señor, tu Majestad la osada planta, o a este duro acerado puñal dando el pecho, perderé la vida. . Mira. . Si das otro paso, con su punta me verás atravesar. No harás. . Porque no lo dudes viva mi fama immortal, y:: . Ella se mata: detente desdeñoso, Capital prodigio de las mujeres: ya me retiro; qué más pretendes de mí, Lidora? Ay, Livia! si has de avisar a mi esposo, que no llegue, en qué detenida está . tu voz? . Qué es esto. . No sé: entiende, Enrico, tu mal. Áspid le esconde en la grama, ve como piras, Zagal, si de su riesgo no haces laurela tu ceguedad. Con alma el acento habla: di que no canten. . Dejad, que sea en unos piacer, lo que es en otros pesar. Veneno en néctar mentido tu sed brinda, y muerte da, y es ponzoñosa dos veces la cautela del cri tal. Manda que callen, Lidora. Por qué, señor, estorbáis de su música, y mi llanto, la conforme variedad? Quién del volcán soliita la adusta nieve vora no le defiende la nieve, y le sepultaen, Ya es malicia declarada, y sabré yo:: d. Cuando más aceradas puntas juntas, no han sabido disputar el paso a la ardiente saña de mi acero: quién podrá oponerte a él de las Parcas libre violento huracan? Yo, que enfrenarle presumo. Con tu peligro será. Muerto soy! Requien aternam. Cielos hay desdicha igual? Oye, Enrico, mis suspiros, y entiende, que montaraz, Áspid se esconde en la grama: ve como pisas, Zagal. Qué te arrebata, Lidora? admiras ver batallar en campaña amante tanto airado furor Marcial? Pues no extrañes, no te admire ver sus efectos trocar, que hijo es de Marte el Amor: huye, Énrico, desleal, Si de su riesgo no laurel a tu ceguedad. (haces Huye, si vivir intentas, pues apenas llegará tu osadía, cuando airado el brazo la Majestad, veas, que a el fuego de un Rey, y a el cobo de una Beldad, Veneno en néctar mentido, tú sed brinda, y muerte da. Énrico se acerca (ay triste! y el Rey a esperarle va: para defender su vida ya otro remedio no hay. Mira, esposo, que a tu muerte Él DIIBLO DE PALERNO. hidrópico sales ya, l . Y es ponzoñosa dos la cadiela del cristal. Aunque a morir a sus manos, a sus pies he de llegar. Justicia, Rey de Sícila! Si hay más diablos por acá, o nací para Lechuza, hijo de la oscuridad? Muera un traidor. Asentome el sombrero. . Fiero azar! Qué abismo! Llego a los brazos. Esta daga vengará así; mas pesie a Lidora, que frustra la tempestad de mi furia! Brava grezca! Muere, Énrico desleal. Suspende, señor, tu enojo. Haí más penas? Morirá Quién del volcán solicita la adusta nieve voraz. Qué desdicha! Qué horror! Qué ira! Qué linda danza de Orgaz! Quién incitó mis rigores:: Quién llegó infeliz a amar: Quién buscó la sima a él Etna: Quién descalabrado está: , . Qué no conozca:: No sepa:: Que en su incendio:: Que en su afan:: Que en su pana: Ir. Que en el fuego, que ha encendiiao satmnas: , . No le defiende la nieve, y le sepulta el voltan?

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Aguarda bárbara plebe, oye. Eristonia feroz, esperad, sangrientos osos, detente, aleve León, injusto Dionisio, escucha: Esposo, Enrico, señor, qué te matan! ay de mí! Si es sueño? Si fue ilusión? Lucidora? Estela: Livia? no hay quién me escuche? Ya yo con un colchón por espaldas, por cara este mascaron, este candil por bujía, y por chambre un cobertor, dejo a tus voces la cama: no te lo demande Dios, que estaba a pierna tendida durmiendo como un lirón, el mejor sueño del mundo. Qué tienes? qué te obligó a este aloroto? Ay de mí! Delahoga el corazón: qué sientes? Cielos, piedad! Di tu pena. Es su pavor mucho, Has de decirle? . Sí. Fiensas dilatarle? . No. de mi Enrico la prisión, Pues ya le atiendo. Oye, Libia, si tan profando dolor, como el corazón sentirle, puede explicarle la voz. Después que en sulfúreas llamas de quien logrando el perdón del Mongíbelo rasgó la caliginosa entraña en desusado embrión aquel de Sicilia, aquel del Baratro, impuro atroz torpe espírita rebelde, cuya ardiente exhalación asustó el orbe, y el Cielo con densa nube empaño; siendo le funesta noche triunfo impuro, infiel blazón, vestido de luto el día por la tragedia del Sol: Después que los corazones a el estrépito, a el terror de su aparato, de el miedo fueron torpe posesión: viendo en el Real Palacio cuanto estrago amenazó sobre el bronce de su puerta la formidable inscrición: caracter fatal, aviso sangriento, que sabscribió difolo, mucho escarmiento en lo breve de un rengión: Después que Enriro (ay de mí!) en constante ejecución por esa mina subió ser de su muerte, y mía infausto procurador; pues en violentada lucha hasta el tribunal llegó de los brazos del tirano con intrépido valor: Después que por esa Sima (en quien mi desdicha abrió hoca más cruel entonces, que de dentado Dragón) cayó del Rey abrazado, y a el lazo de su furor, por los rumbos de su abismo la abara infame ambición se despeñaron los dos, siendo infelices resultas del suceso injusto (ay, Dios!) carnicero lobo, el que la herida de Vencislao, Fiensas dilatarle? . No. de mi Enrico la prisión, declararse por mi esposo, hablarle a Rosaura yo, ver a el infante, y valida de una, y otra intercesión, echarme a los pies del Rey, Después que en sulfúreas llamas de quien logrando el perdón del vulgo Palermitano frené la murmuración, que ya libremente hería la pureza de mi honor: Después, finalmente, que del pueblo la alteración (observando oscura nube, que repetida exhaló de nuevo el Etna: presagio cierto, de que en invasión advierte, amenaza aún otro segundo estrago mayor de su tiránico César los Alcázares cercó, y en sublevado motín de encendida sedición, haciendo armas, pidió a voces que aplacar haga el furor de los Dioses immortales, que obedeciendo el padrón, que en letras de sangre, ded de fuego, en bronce imprimi contumaza ceda a el adusto. nuevo inflanmado vapor del Mongibelo: que ponga Después que Enriro (ay de mí!) en constante ejecución la destruición de cuanto torpe Pirata, Ladrón cerúleo, disimulado. abriga aún su Corte hoy. Que el usurpado dominio de pueblos, que no heredó en Real Patrimonio, vuelva a los dueños cuyos son. Qué nueva ley establezca, cuyo capital rigor a restituir obligue cuanto ya tiranizó a la sombra de su nombre por los rumbos de su abismo la abara infame ambición de los poderosos, siendo de la grey, que apacentó, del suceso injusto (ay, Dios!) carnicero lobo, el que debiera amante Pastor. Y que en faltando de tantas a la menor condición con pretexto injusto, entienda, que en seil conjuración será el público sosiego preferida exhalación a un tirano, que en la mano de Júpiter provocó el rayo de las venganzas. Dirá, Livia, tu atención, que esto sabe, y que qué tiene qué ver el rebelión de Palerino, con mi pena? Pero es débil objeción; porque como entre estos hierros mi desdicha se forjó, y en cadenado se enlaza de sus casos mi dolor, para llegar a su extremo en triste profecución, es preciso ir suecediendo de eslabón en eslabón. Sublevada, pues, la plebe, mi Enrico entonces (qué error tan leal!) sobre un caballo, que del viento concibió Vegua Andaluz, en su mano siendo el temido Bastón blanca Bandera de paz, por el tumulto rompió, desatando en elocuencias de retórica oración, los ríos de la facundia, los milagros de la voz. En efecto, de su instancia a aquel dulce torcedor, que es en los labios del Sabio parto de la discreción: convencida, y disipada la popular commoción, depusieron de las armas el estrépito feroz. Oh, monstruo de el vulgo, e quien nunca la razón labró, a quien hoy no admira verte labrado de la razón? Pues fácil una voz sola consigue la redución, que no lograra de ti en comandado escuadrón todo un ejército entero. El tumulto, en fin, dejó vencerle, Livia esta vez, dócil de la persuasión. A las lealtades de Enrico, a su esfuerzo, a su valor deudor entonces Dionisio de la pacificación de su Imperio, en apacible lazo estrecho, le abrazó en páblico, siendo esta ligada demostración, de que a su gracia le vuelve el argumento mejor. Pero, o corazón humano, cuanta vez en tu rencor aseguró la lisonja, y mató la indignación! Y cuanta vez en tu aleve profundo doblez se vio halagar como la hyedra, y herir cómo el Escorpión! En efecto, de su agrado para más confirmación, haciéndole Condestable, y su Montero mayor, consigo le llevó a el bosque. Aquí empieza mi pasión, aquí tuvo fin mi vida, y principio mi temor. Que son para los insultos, para el dolo, y la traición, muy ocasionado el monte, mui montaraz la ocasión. Hasta aquí supiste, oye ahora lo que ignoró tu pecho, si es que en mi labio puede caber su expresión. La funesta noche, madre de la fraude, y el error, partiendo imperios de sombras era en su curso veloz. Sobrábale medio lechó a mí triste confusión, lidiando en la fantasía mi temor, mi honor, mi amor. Las especies concibidas en más difusa extensión, vagamente combatían mi ciega imaginación. Y de funestos discursos a el silogismo menor, mil trágicas consecuencias eran injusta ilación. Alteradas las potencias, y ligado el corazón, formaba campos la idén en campañas del pavor. Sin hacer señal bastarda trompa, o belico atambor, acometieron mi pecho uno, y otro batallón. Disputaban la victoria el miedo, y la turbación, cuando un pesado letargo llegó a triunfar de los dos Apenas la racional facultad substituyó en las vigilias del alma su vital operación, cuando (ay de mí!) de los ojo relámpago superior, trueno aleve del oído, y rayo del pabellón, fue con lastimoso vulto cruel vista, estrago atroz, en pavorosa tragedia, esta funesta visión. Cercado de injusta plebe, asaltado de un León, combatido de dos Osos, he implicado en el rencor del Erictonio sangriento de Palermo: mas seroz, que todos ellos, Dionisio se erigia Panteón. Cuando de mi desventura torpe precipitación condujo a sus pies a Enrico, que en su defensa empeñó noble orgullo, contra quien el tirano revolvió el bruto despecho, entonces de su desesperación. En el innocente pecho bárbaro impulso templó la infame sed de un puñal (ay, Cielos!) del rojo humor de sus venas, salpicando la más escondida flor te, esp (mi corazón pronunció aquí) indigno Rey injusto, no le mates no, depón el traidor acero, aguarda, o quitarétele yo: Dije, y empuño esta daga, que en defensa de mi honor le desnudé de la cinta otra vez; y la aprensión de tanto susto, con ella entonces me despertó. Dejo el lecho, huigo cobardes despavorida a el horror, sin decoro los aliños, sin adorno el pundonor; busco una luz, dudo el sueño cruo verdad la ilusión, impetro a el Cielo socorro, pido a los Dioses favor; dol voces, y a sus acentos con pronta aceleración acude atenta la fiel obediencia de tu amor. Esta, pues, de mi tormento infelice confesión, es el trágico motivo (ay, Livia!) de mi dolor: Este es mi susto, y mi pena? cuya soñada ficción, como fantasma la dudo, y como suceso no. Digo, señora, que tiene justa causa tu temor en la falsedad del Rey: mas los sueños, sueños son. Pero, pues, el tuyo acaba, comience el mío; atención, que cae, si no me engaño, a la quinta relación. Feneció apenas el Sol, en túmulo cristalino miró Tritón su arrebol, y de su tal cual destino no se le dio un carácol. Cuando de tanta trasnoche causada, me desempeño con dormir a troche, y moche; que esto de velar la noche como hasta aquí, ni por sueño. La cama tomo de asiento, y porque luces sacuda, pongo a cuestión de tormento . Por cierto, que hablas ver en Trasto mi pensamiento, y mi mascaron en muda. Asquerosa, y empegada la cara martirizó su eutis toda ungüentada, y así que se vido untada, la fantasía voló. me entrego a el sueño, en ri- No bien con dificultad (gor, . Pues buen modo es de ale y el lecho sin hermandad lloraba mi soledad en los yermos del amor. Desconsolada me duermo, dando, y tomando con toda mal recibidas serían, mi pena en desdén en fermo, señora, pero bien dadas. en el dieblo de Palermo, en el diado la boda. Corrió cañas el deseo con la imaginación mía; de zamba andaba Himeneo, Trasto de mil Bercebues? de mogiganga vorpeo, de gorja la fantaría. Cuando pone Trasto el pie en la múllida campaña: su intención no sé cual fue; pero sé, que hay cosas, que Ríñole su atención poca, mas quieren fuerza, que maña. , , no admiro suplicaciones; y él, consiteria loca, dulces suspiros me coca, me da lindos majicones. Por fuego, y por agua yerra mi venganza su desgaire; y en tan porfiada guerra dol con el sueño en el aice, y con el cuerpo en la tierra. Con las cóleras pesadas ruedo de las barandillas, belando en penas airadas el mástil con las quijadas, y el suelo con las costillas. Tu voz a un tiempo, y mi em fulgido ardiente arrebol, peño entonces me despertó; y sacudiendo el veleño, veo, que el sueño fue sueño, pero la caída no. Deja! ay Livia!) liviandades, pura de Zeilán guirnalda, de necedad importuna. pongo a cuestión de tormento . Por cierto, que hablas ver dades; quebrarse la cara es una necedad de necedades, De mi dolor breve parte no alivia, no:: Bien lo pillas. (arte Tú torpe invención si No bien con dificultad (gor, . Pues buen modo es de ale grarte romperme yo dos costillas! Ideas tan mal soñadas callarse, Livia, debían. dando, y tomando con toda mal recibidas serían, mi pena en desdén en fermo, señora, pero bien dadas. Si eso es por mis bofetadas Ay, ausente dueño mío! cuando en tu sangre fluctues qué haré a trance tan impío? de zamba andaba Himeneo, Trasto de mil Bercebues? Y qué yo de tu desvío, Dame, Livia, de vestir, pues ya la tiniebla fría se ha empezado a dividir, del Aurora a el prorrumpir, y a el amanecer del día. mas quieren fuerza, que maña. , , Aquí, señora, a tus penas se ofrecen ya sin tramoyas, si tardanzas no condenas, justillo, Lazos, Cadenas, Vaquero, Flores, y Joyas. Ciego Dios, si de tus alas vestí ya el casto candor, para qué más telas talas, o para qué son más galas, que las alas del Amor? Para qué tanto constante Tu voz a un tiempo, y mi em fulgido ardiente arrebol, si más que él, sin luz errante, de mi firmeza el diamante está a el tope con el Sol? Qué importó tanto explendor, Deja! ay Livia!) liviandades, pura de Zeilán guirnalda, si marchito ya a un rigor de mi esperanza el verdor, para qué tanta esmeralda? Para qué (ay, Amor!) condana a tanto eslabón dorado la vanidad? Si en mi pena yace el pecho aprisionado de más constante Cadena. Tanto fragrante bosquejo, para qué asunpro florido? Usted con lindo despejo, si el Poeta no ha mentido, se ha vestido sin espejo. . Hasta cuando en compelida furia, en ceño no depuesto del hado (oh, Cielos!) mi vida vacilará combatida, si Enrico: pero qué es esto? a el nombrar mi esposo (ay, Dios!) ardiente delasosiego altera el aire veloz, y a preguntas de mi voz responden bocas de fuego? Ay de mí! adustos venenos aquí, allí un letal ensayo. (producció de impuros senos) relámpagos son, son truenos, que me amenazan el rayo! Si quieres, señora, ver portátil la Primavera en bandas, vagante el Mayo en penachos, y cimeras: Si quieres ver en sombreros herrar las plumadas selvas, que airo a la gala trae, y blando el Zetiro lleva, desde un balcón examina pompa, aparato, y grandeza de venatorios tropeos, con que del bosque se acerca la montería del Rey. (llega Válgame Dios! y aún no mi Enrico? . No, pero Trasto ya en la callé ver se deja: él dirá de su amo. Ay, Livia, y qué señal tan funesta es ver, que de dos que salgan; uno solamente vuelva! Lleve el diablo a quien me hizo cotreo de malas nuevas! Bien venide. . Bien estada. Buena entrada! . No muy buena Vacilante, temerosa, tímida, triste, y suspensa, a preguntar no se atreve el alma, el mal que recela. s Ay, Trasto, infaustos anuncios me dan tus lágrimas! ea, llorosos me hablan tus ojos? muda se explica tu lengua? qué recelas? de Dioniho a las crueldades sangrientas murió Énrico. . Sí señora, en el bosque: . Cesa, cesa, no prosigas: ay de mí! mina has sido, que revienta nubes de polvora, y humo, a dar batalla a la esfera. Qué escuché, sagrados Dioses? que voz sacrílega es esta, que a el imperio de mi vida conspiró adusto cometa? Sangriento cruel Dionisío, injusto Caribe César, tirano de las Sicilias, Buutis feraz del Flegra, tu inhumano, tu alevoso, tu infiel (toda titubea esta máquina, que vive, esta exhalación, que quema, este Olimpo, que caduca, y esta fábrica, que alienta tú, perfido, fulminastes (proceso de tu soberbia contra el Adalid de Europa injusta aleve sentencia: Tú en teatro verde (infame suplicio de las afrentas) representastes a el Orbe tanta infelice tragedia: Tú quitaste un freno a el mundo, un escello a tus fronteras, un Capitán a Trinacría, un blasón a tus grandezas: Tu propio, tú, arruinastes el laurel de tu Corona; tú distes muerte sangrienta a Énrico. Peste? mi labio! Como mi dolor lo expresa, sin conjurar a tu muerte toda la máquina Eterea del Orbe? Ruego a los Dioses, tirano injusto, que sean tus Reinos asunto fácil de las preñeces del Etna! Reventadas sus entrañas, de tu impura Corte veas hasta el Solio infame arder Troya sus calles! las letras de la divina amenaza tu castigo comprendan! Su Erictoo te destroce. del pedacente las fieras! tus Auncos te atruinen! tus pueblos no te obedezcan! Y los Piratas, que en oro acumularon loberbia a tu crueldad con tu muerte:: más ay de mí! donde lleva el sentimiento tras sí arrebatada mi pena? Sabré donde infausto el boso donde trágica la selva, de mi esposo depolita las innocentes pavesas; y a su vista:: pero calle la voz, el labio enmudezca, que si la fineza digo, dejará de ser fieza. Aguarda, amante cadáver; adorado dueño, espera, deja tocar tus cenizas a una fe, que aún en la huesa te idolatra: y entre tanto, que el funesto examen llega, justicia, Dioses, justicia. clemencia, Cielos, clemencia! va Ve el muy Trasto a lo que vino, después de darme en Sausueña en pesadumbres de moza el susto de las solteras? Pues para que por jamás ni aún en sueños se me atrevan sus pesadeces, reciba, y vaya en cuenta de cuentas. Cuento de cuentos parece mas cuanto ha dicho tu lengua, pues no he entendido palabra, aunque obra sí. Por Minerva, que me sentó en el carrillo toda su mano derecha! Bien sabe cuál es, por Dios, que escribe famosa letra la rapaza! y que en la plana infraéscrita, sin vergüenza los cinco renglones tuyos imprimieron azucenas! Válgate el diablo por Livia! Ahora bien, mi diligencia vaya a leerle a la Infanta cuanto trahe hoy la Gaceta. . Tu banda, que no es favor? poco airoso, Infante, estás. De los celos, que me das fue símbolo su color: déjale, pues, a mi amor, que así engañarse permita; y cuando otro le compita, sea ligadura ya de una herida, que me da una banda, que le quita. No ya el que en mi brazo esté, sin debérsela a tu mano (pues siempre es don soberano) podrá deslucir mi fe: De otro poder la cobré, que injusto la poseía; y cuando le desafía mi amor en ofensa suya, saber, que fue prenda tuya la hace ya vanidad mía. Mas si aún un favor violento disgusto a el verle te da, por no causártele, ya de tu presencia me ausento: libre, empero, mi tormento de quien celos le dé, va, (muerto lisberto) y quizá se vencerán tus desdenes cuando corone mis sienes laurel, que usurpado está. . Amor, que a impulsos tiranos tan violento rindes, que es humilde pompa a tus pies, cuanto fue triunfo a tus manos: noblemente son villanos los filos de tus arpones; qué celebrados tesones hoy en el mío preparas? Mas ay, que han de arder tus Aras a fuerza de corazones! Fisberto murió; aunque quiero, no puedo a Enrico olvidar; Lidora pudo estorbar este lazo; pues qué espero? Vencislan es ya heredero de una Corona (ay de mí!) tu imperio reconocí por mi mal, injusto amor! pues por qué ya tu rigor:: pero quién se entra hasta aquí? Señora, si remediar previenes hoy una vida; sal a el monte, u homicida un acero verás dar a el prado, que murmurar el más sangriento laurel: mirando en trance cruel de derramado carmín for, que anocheció jazmín, amanecer ya clavel. Feneció Énrico en el monte a crueldades de tu hermano; Lidora armada la mano va a matarse a su Horizonte, Dionisio: . Calla, o disponte a iguales fieros desvelos. Muerto Enrico? Piedad, Cielos! Pero en tan infausta suerte, o no me acordéis su muerte, o no me olvidéis mis celos. Quién lo oyó me lo ha avisado. No he de negarlo, señor, valiose de mi valor, sui noble, estolla obligado. Llévala, pues; pero el prado sola la vea a la Aurora. Oh Rey tirano! ay, Lidora. . Infeliz tu estrella fue! a la Infanta prevendré de tu riesgo. . Sí señora. Señor? . Infanta? Sea vuestra Alteza del monte bien venido. . Tu belleza, hermana, en tu Palacio bien estada. Como a tu Alteza fue en esa jorna- da? Si de mi voz tu fe saberlo espera, ello, Rosaura, fue de esta manera- Por el bosque intrincado, divididos por orden, con concierto los Monteros, los latientes Sabuesos prevenidos, empuñados los fulgidos aceros, sorda vocina el Ábrego embaraza, y empieza la batida de la caza. Salió un Espín que en trágicos desvelos sobresaltos dar pudo a el Erimanto; sus puntas fueron áspides de celos: tanta era su traición su pavor tanto; mas dile, en fin, la muerte. Trance fuerte. pienso, que injusto fue darle la muerte. Cómo, si osado, bárbaro, atrevido, usar pensó sacrílegas cautelas con su Rey, desleal, y fementido? Como a presumir das, que solo anhelas a entojecer el acerado corte, (sorte. por hacerle (ay, Dios!) presa en la con- Si León coronado, a sus traiciones a popone Reales fueros venerados, y él compite sus rígidos arpones; por qué el Monarca, a impulsos irrí- tados, no ha de ser ofendido su homicida, dividiéndole el alma de la vida? Si esa casta Beldad era su esposa, por más que tu afectar quieras dudarlo; por qué cuchilla vil, ira alevosa quita a Sicilia el más leal Vasallo, viendo en triunfo cruel, trágica cal- el nudo roto de la vida a el alma? (ma, Y si traidor Enrico, cauteloso esa voz finge, y lo que quiero adora, he de permitir yo, que él alevoso para si rinda el siempre de Lidora dulcísimo desdén, cuando yo lloro (oro? las plumas de su arpón, las flechas de Y si no es voz fingida, cuento vano; si no ligado vínculo divino, es bien que le dividas inhumano? Quítate de mi vista, monstruo in- digno, si a ver ingratamente no conspiras abrasarte el incendio de mis iras. (. Oh como aún sueñan mal las tiramas a el propio, que cruel las ejecuta. . Vive el furor, y las crueldades mías, pues probé de los celos la escura, que haré mía a Lidora, aunque lo enterbe todo el poder del círculo del One! Los Hipogrifos, que fueron fogosa envidia de Etonte, ya a el precepto de la brida, y a la sujeción de un roble ceñidos quedan. En esta fragosa greña del monte la lima está, que es de Enrico rústico túmulo noble. Ay, perdido dueño mí! No de la Garza, que corre tormentas de sangre, y fuego, sea injusto tagarote torpe homicida. 1. Uchoo. Aunque vistas de candores la piel, y la planta calces de plumas, de mis arpones libre Corza, has de ser triunfo victorioso. 1. A el soto. 2. A el bosque? Qué miro? diversas gentes del monte las confusiones cruzan; y si no me engaño, la Infanta, y sus Cazadores aquella ladera suben. Ah tiempo que aquí se esconde tras de una Cierva Dionisio: ay, qué eres tú la que corre! . Lidora, un tirano impide, . que te acompañe, perdone tu hermosura; y pues Rosaura en tu defensa, su bando sigue, de ella te locorre, que no puedo más, leñora, . que arrielgar mi vida. . En bronces sabré esculpir a los siglos la eternidad de mi nombre. Esta cuchilla, que fue . (forjado rayo de Bronte) defensa de mi honor ya, asunto hoy de mis temores, su punta esconda en mi pecho, y el espíritu coloque donde el de mi esposo habita en el Solio de los Dioses: muera, pues:: Detente, hermoso prodigio de los rigores. Aguarda, casta Lidora. Aparta, tirano torpe; déjame, Infanta divina. Huye, Infanta. . Lidora, oye. Énrico? Esposo? Supremo imán de mis atenciones. Sombra, o portento del chaos, que en funestas ilusiones retrocedistes el Lete en la Barca de Aqueronte. Nuevo asombre de Sicilia, que en densos vagos vapores ha concibido esa sima para parto de la noche. Llorado amante bien mío, que el Cielo a mis peticiones a la vida restituye, porque nuestra fe se logre, qué te dilatas. . Qué intentas? Qué pretender? 3. No respondes? ) La él siempre influjo adverso compelido por la violencia trágica del hado, en el odio sangriento comprendido del furor de tus ceños indignado, innocente Cordero, sin bálido, para víctima al Ara destinado, de mi suerte fatal llegué a el extremo, Oh, de Sicilia Júpiter sapremo. AUda, señor, de la obediencia mía Vi la incanta sencillez, siguió tu plata por la aspereza de este monte umbría, que a las nubes eleva su garganta; porque como doblez no prometía tanto augusto poder, Majestad tanta, no debió acobardarme en su Horizonte, funesta la espesura, ni alto en monte. duelo singular, aquí severo (ca: A tu odio me incita, tu ira me provo- piadoso te consulto, y te hallo fiero; compasivo te busco, y eres roca; desnudo entonces el temido acero, en tus plantas con él sello mi boca; toma aquel tu furor, esta desdeña, vuelves la espalda, y haces una seña. Yo bien fue a el aire el lienzo articulado mudo precepto allí, cuando invadi- de cuatro infames puntas asaltado (do, me miré de improviso combatido. (do, de un tronco informo el brazo desarma- y a las cuatro oponiéndome atrevido, una concluigo, y mi ira entonces junta, las tres Parcas fulmina en cada punta. Jendo a mi horror la saña forajida, menos en su cuadriga un delincue- y ser precio sus muertes de mi vida, (te, por la espalda me enviste, y la frente, Quiebra mi acero, y logra una caída su bárbaro rencor, su ira insolente; me enlazan, me sorprenden, me fatigan, y menos se aseguran, que me ligan. Nicáñamo tenaz, perfidos prenden O su impulso a manos siempre triunfado- solo allí del rigor no se defienden (ras; de hado fatal, de cóleras traidoras. Me baldona, me injurian, y me ofenden, confiriendo (canallas vencedoras) cuando cordel injusto me afianza, methodo el más cruel de su venganza. a cumbre sunma de esta excelsa sima, sima profunda, que a el Haberno baja; pavor da, causa horror, ofrece grima el precipicio inmonio, que desgaja. Allí el ter, que inhumanos los anima, por el todeo de mi muerte ataja; (e- despéñamme por esta:ha, Cielo! oh Dio para tanta expresión no pasan voces. Dor los torcidos rumbos de su abismo, a hecha trozos la vida, inmóbil, ciega, trágica posesión de un parasismo, de la caberna a el fondo iguoto llego. Cadaber mucho tiempo de mi amimo, mares de sangre, piélagos de fuego a el Hlerebo surcó la fantaría, cuando a el centro caló la luz del día. Docasa lumbre, por abierta quiebra, a en breve rayo, se introducenurota, cuando en incierto vínculo celebra la vida a el alma, que de nuevo ancora. Ropo a el vigor cobrado, cuanta hebra cánamo contumaz torcio traidora; y dembliendo el rústico edificio, balcón construigo lo que fue orificio. Ecupetó la vista el verde apenas N capaz de la campaña señorio, cuando el oído hirió, alteró las venas la duicus: ma voz del dueño mío. Arrebatado el pie, por sus arenas sigo el doliente imán de mi albedrío, y de la sangre, el polvo, el dolor ciego, consuio parto, y asustado llego. ̱ Ste (Augusto Señor, Rey poderoso) E el trágico es suceso de mi suerte; mi fe ya, mis servicios, mi destrozo a Real compasión logren muverte. Si sangrienta inscripción de pavoroso espíritu, entre estragos de la muerte, manda restituir, advierte ahora, Lidora es mía, vuélveme a Lidora. A motín sedicioso, aleve en vano, del Etna te previne en los furores, segunda ira del brazo soberano, nueva ruina de sus moraores: (mano pues temple, gran Señor, temple tú los enojos, los ceños, los rigores, REdimiendo una vida, que te clama A el precio immenso de gloriosa fama; y puesto a tus pies: . No más, villano, que a tantr osada atrevida vuz:: . Ay, triste! Denuevo enciendes la llama de mi rencor; y este acero:: Herman? . Señor? . Aparta. Mira. . Considera. . Ya en su castigo empeña la mi cóleta, quien podrá a el enojo de mi saña su vida guardar? El Cielo: (gal 4 Qué horror! . El Cielo me val- Piedad, irritidos Dioses, que infelizmente se abrasa toda Palermo! . Sus calles corren las brotadas llamas del Abismo! Muerto soy! Sicihianos, a las armas, y muera el tirano Rey, que tantas desdichas cansa. El pueblo viva. Cumplio el Cielo sus amenaza Qué es esto? . Infeliz Dionpiso, ya de los Dinses la tirada sentencia, en suplicio ardiente ejecutan las ipraustas preneces del Volcán pues reventando sus entrañas por ocaltas venas, son Palacios, calles, y piazas de la Corte, en sus cenizas, segunda Troya abrasada. El fuego devorador, con violencia adusta traga batrios enteros, familias numerosas; cuyas ansias inútilmente a los Cielos en grito confuso claman. al Los que del incendio libran, en plebe abandarizada contra tu vida conjuran, y a tu muerte se adelantan: Isuye, señor; pero Enrico? Fuego! fuego! Al arma, al arma. Clemencia, Deldades! Muera Dionisio, y viva la patria. Por Dios, que huele Palermo padecéis desdichas tantas. a cha musquina, que rabia, porque se caliente a el fuego templa las iras sagradas el que se quemá su casa. Pero otra fatasma? . Puego! yo, Vasallos, os prometo Piedad, Deidades sagradas! ser tan otro, que trocada Qué lastimosa tragedia! Qué lamentable desgracia! en portentosa mudanza (do Brava hoguera! dicha ha sí yo mismo el primero sea, haber seguido a la Infanta, para no ser chicharron de la sartén de:: más guarda! . Extraño exceso! Viva el pueblo. Qué me abraso! Clemencia, Dioses! Arma, arma. Qué horror! Qué estrago! . Qué ruina! . Esto se llama, Cumplió el diablo su palabra después del projimo muerto, Válgame Dios! qué pesada . Ea, corazón, venzamos suspensión, qué letal sueño la rebelde repugnancia como demonio de bien. mis sentidos embaraza, que tan dormido me tuvo a la piedad soberana hasta el castigo en que ya abre los ojos el alma? Mármol insensible he sido, tirano fui de Trinacría, injusto el mundo me aclama; de tu esposa; y porque más cruel me conoce el Orbe. le refugio de los Piratas, desolación de los pueblos, ruina de las Comarcas: mis insultos condujeron el castigo de las sacras esferas, a el vasto imperio, que domino: por mi causa, in felices Sicilianos, Por Dios, que huele Palermo padecéis desdichas tantas. Mas si el arrepentimiento porque se caliente a el fuego templa las iras sagradas de los Dioses, y quien busca su piedad, su piedad halla; Pero otra fatasma? . Puego! yo, Vasallos, os prometo Piedad, Deidades sagradas! ser tan otro, que trocada la nativa crueldad mía, Qué lamentable desgracia! en portentosa mudanza que me desconozca. . Rar Brava hoguera! dicha ha sí yo mismo el primero sea, mutación! Extremo grande! Pues saca de la sartén de:: más guarda! . Extraño exceso! del corazón de una fiera lágrimas esta desgracia, sensibles serán los bronces. El Rey llora! a la cola la cebada. Qué estrago! . Qué ruina! . Esto se llama, Cumplió el diablo su palabra después del projimo muerto, Válgame Dios! qué pesada . Ea, corazón, venzamos suspensión, qué letal sueño la rebelde repugnancia de mis durezas! Enrico? Señor, humilde a tus plant mi amor:: Alza, Condestable. Tu mano:: Duque, levanta: goza feliz la divina beldad, la immortal constancia injusto el mundo me aclama; de tu esposa; y porque más no tiranice su Alcázar, porque a Roselina hospede, Li lora del pecho salga. Este es tu retrato. Y esta, Augusto César, tu daga, vuelva a tu Regio poder. Fuistes en suma Numancia, Infante? . Señor? Ya eres, con la mano de Rosaura, Rey de Nápoles. Pues cómo de ajeno Reino te encargas darme posesión, y el mío, o le usurpas, o le callas? Él tuyo te doy, Fisberto ya en más imperio descansas su hermano eres, tierno Infata te robaron a sus playas viles velas de insidioso Palermitano Pirata: dale a Rosaura la mano. Dos fortunas, no esperadas, logra mi amor. Túya soy. Feliz día! Pues se casa todo el mundo, has de dejarme soltera? Echa acá una blanca. Escoge. Cualquiera es negra, venga cualquiera; y sentada esta mano, en formidable verdadero caso, acaba aquí el Diablo de Palermo. Obtenga perdón sus faltas, por ser ingenio, y Comedia de sola capa, y espada.