Texto digital

Texto digital de La devoción del Rosario

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Juan Bautista Diamante
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La devoción del Rosario. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/devocion-del-rosario-la.

Logo BICUVE

LA DEVOCIÓN DEL ROSARIO

JORNADA PRIMERA

En esta alfombra florida, donde vierte la fragancia Amaltea de sus flores, siendo traspontín, y cama, ya del tímido conejo, ya de la liebre asustada, que huyendo del cazador busca el sagrado en sus ramas, podemos hablar, pues nadie nos escucha, y esta llama, este etna que el pecho enfría, volcán que me abraza el alma, de la mina de mi pecho, que llena de engaños guarda, lalga la fe de un traidor, que burló mis esperanzas. Bían sabes, Jacinta mía, como me dejó burlada, no en el honor, que eso fuera para mi burla pesada, pues no mereció mi amor, aunque mi amor le hizo salva, al paso que me entretuvo con lisonjeras palabras; y se casó con la hija del gran Duque de Calabría, Ruego a los cielos, villano, pues me dejaste en mis ansias, que el mpogrilo que llevas al pasar de esas montañas, entre aquesas penas pardas, hecho Faetón, te despeñe dejando el cuerpo sin alma. Ruego al cielo; mas qué digo? Loca estoy! Cuando te ampara la constancia, y el amor de una Duque a engañada. Todo te suceda bien, de ti huyan las desgracias, y a os brazos deseados llegues de tu esposa amada, y en ellos: pero que digo; Qué deseo! Cuando acaban los celos el sufrimiento, y la paciencia me falta. Detente, señora, escucha. Aparta, Jacinta, aparta: Quejareme de un traidor. Ayudadme Virgen Santa, válgame vuestro Rosario. Ay Jacinta, tente, aguarda; qué es estós Que de ese mente despeñado un hombre baja; y estos penascos, y riscos, a su fin sepulcro labran: Desdichado caballero. De humor rojo el rostro baña. Qué galán! qué hermoso talle! Dios te valga, Dios te valga. Aplicar quiero este lienzo a la herida, hay suerte avara! Quién pudiera, quien pudiera dar alivio a sus palabras, para que de este letargo aliento, y vida cobrara. Los pulsos señora tiene enteros. Pues ve por agua pues la mía asta; y ven presto. Voy volando. Ícaro de estas montañas, presagio de aquestos montes, qué estrella adversa, y contraria, o qué iracundo Planeta te destinó a esta desgracias Mucho desco tuviera, porque estoy tan limitada de verte yerto cadáver, que en mi vena se dilata un hielo que me ha dejado tronco inútil, muda estatua. Confieso, que estoy rendida, no a tu talle, no a tu cara, sino a la sangre que viertes de esta herida, quien pensara, que llegaras por lo humilde a ser dueño de mi almas Caballero, a Caballero. (para Quién me nombra? quién me am- Quién del alma la mitad ha consagrado a tus plantas, Señora, el agua está aquí, Ya no es menester el agua, que ya está restituida la vida que le faltaba; gracias al cielo por ello, Os sentís mejor? Quién halla a su lado esa deidad, imitación de Diana, diosa de estos Horizontes, peligrar no puede en nada; agradezco como es justo con la vida, y con el alma los favores que me hacéis, y quedará por esclava la nueva vida que tengo la cual ofrezco a esas plantas. Mucho me huelgo de oíros, y solo pretende el alma saber quien sois. Qué belleza. Obediente a esa demanda empiezo a decir quien soy. Ya os escucho, Penas, basta, tirad la rienda al deseo; no acabéis precipitadas. En la Metropolí insigne Corte del gran Rey de España, cuyas armas vencedoras entrambos Polos abrazan, nací: pluviera los cielos en la tinez acabara mi vida, pues siempre estoy hecho blanco de desgracias. Mi propio nombre es Don Juan un Toledo honra mi casa, in feliz por ser segundo en la ilustre casa de Alba. Apenas cumplí tres lustros cuando hice depositaria de toda mi libertad la hermosura de una dama: Encarecer su belleza, fuera en mi grande ignorancia estando presente vos. No ser fea es lo que basta; correspondió a mis finezas siempre afable, y siempre grata: Dicha fue, que la hermosura siempre se precia de ingrata, Avisome en un papel, que me trujo una criada, que nos daba amor lugar a comunicar las almas. y era el caso, que su padre a negocios de importancia se ausentaba de la Corte, y pues el tiempo mostraya favóranle la ocasión, perderla fuera ignorancia. Luego la felice noche, para mí tan desea la, de un criado acompañado llegue he vinitar mi dama, recibiome en un jardín alegre, y enamorada, de ver que el piadoso cielo dio logro a sus esperanzas; en colo quios amorosos, y en cada razón mil almas, nos deciamos amores, que nacieron de esta causa, cuando alborotó mi amor un hombre, que de una tapia saltó en el mismo jardín, y mi dama alborotada del susto que recibió vino al suelo desmayada. Dejo mi dama, y acudo colérico con la espada a buscar el hombre que fue de aqueste daño la causa, furioso como celoso le digo: sombra, o fantasma, perturbador de mis glorias, preven en brazo, y espada la inútil defenza tuya, que en este acero la parca de tu loco atrevimiento el castigo te amenaza. Él me responde al acero remite, y no a las palabras libres la defensa tuya. que son presunciones vanas. Colérico le embesti: Mas dija el Fénix de Españas Lope el homero Español, que suelen ser las espadas como las nuevas que llegan, siempre primero las malas. Cayó muerto al tiempo cuando mi dama, que ya cobrada del desmayo me siguió, cuando el duelo se acababa, y averiguando quien era, hallo que el que muerto estaba era su infelix hermano, que una abreviada criada le reveló nuestro amor, y para tomar venganza, própulo, que con su padre se partia a una jornada. Mi dama viendo a su hermano, que por la herida exalava todo el humor de sus venas, dijo con tiernas palabras: Don Juan, llévame contigo, que no es bien que en esta casa aguarde el cuchillo fiero de mi padre, que aunque vayas, o a la Citia más osada, aré contenta contigo, que todo el amor lo hallana; admiti grato el consejo, y antes que llorase el Alba su aljófar sobre las flores, en un bruto, que volaba, salimos de la Ciudad, y en una inculta montaña nos alojamos los dos; y como nos convidaba la soledad de aquel sitio, rompí al recato las guardas, violando su casto honor, mi mal nataral fue causa, que aborrezca su hermosura, porque la mujer gozada, como ha templado los gustos, muchas veces nos enfada. Con ella asistítres días, y juzgando por pesada carga la de una mujer, le di cinco puñaladas, muerta la dejé, y siguiendo la estrella que me acompaña, que me provoca atrevido a violencias tan extrañas; llevado de la soberbia, que ordinario me acompaña, piqué al cabllo de modo al pasar de esta montaña, que llevado de su aliento, en lo espeso de esas ramas, Ícaro precipitado vine a dar a vuestras plantas con vida, y no sé, por Dios, para que el cielo me guarde. Devoción ninguna tengo a nigún Santo, ni Santa, solo el Rosario bendito de la Virgen me acompaña, todos los días le rezo, devoción que observa el alma, Malo soy, peor seré, si acaso el cielo no ataja mi desenfrenada furia, que es caballo que no para hasta verse hecho pedazos. Este soy, hermosa dama, no os espantéis detener tan mal hombre a vuestras plantas Levantaos, señor, del suelo, vuelvan a entrar en el alma . los afectos amorosos, de aquesta manera pagan los hombres a las mujeres? Acción en todo billana, dar mal por bien (oh traidor!) Entrad, señor, en mi casa, y estando mejor, podréis proseguir vuestra jornada. Jacinta, en el cenador has prevenir una cama. Agradezco, como es justo, tanta merced, y si halla. ocasiones mi deseo seré sinon de tu casa. Si hay piedad en vuestros pechos, puesto que la hacienda toda me habéis robado, dejadme libre, que es hazaña heroica, no ensangrentar en rendidos vuestras armas vencedoras. Cuerpo de Dios con su vida, qué diablos es lo que llora? los escudos? no es peor probar por aquesta boca albendiguillas de plomo, que escupe la hermana polvoras Los tres que ve se han criado en esta sierra fragosa, quitándole al pasajero, sino la vida, la ropa. El vestido ha de dejar, pues la vida le perdonan, y no replique uuaced, que si arranco la tizona, la haré celada en su sangre. Paréceme que se enoja y no aceta esta libranza, puesto que no se despoja, Amigos, si remediáis con mi topa alguna cosa, ya me ampiezo a desnudar. Vuesas mércedes me oigan: este hidalgo ha de ir vestido, puesto que en todo me honran. Señor Chilindrón, vuaced a su gusto lo disponga. Encaja, que eres mi amigo. Hidalgo, el caballo coja, y proniga su viaje. Cirinos la gente toda, que está hecha centinela, has que al punto se recoja, y suban al monte todos. Así lo haré. Qué dichosa suerte en escaparme tuve de estos bándidos ahora! Pero por vida del Duque, que después que con mi esposa, con aplauso, y regocijo se celebren nuestras bodas, vendré con gente a quemar esta canalla traidora. Partir obligado puedo, señora, a tantas finezas, que con manos liberales hacéis a esta hechura vuestra; forzoso es, que quede corto esta vez, que mi pobreza no da lugar a obligar a tan gran correspondencia, y más cuando considero, que vuestra rara belleza ha solicitado así sanarme de esta dolencia, en mucho el cuidado estimo, Ay amor, y quien pudiera explicar con las palabras la pasión que así me ciega; mas son fuego, y ella es nieve, y examino en su tibieza, que no debe de inclinarse a mi amor, y así paciencia, morir callando es mojor. No hagáis caso de estas deudas por vuestra vida, Don Juan, porque vuestra gentileza es capaz de otras mayores: Yo me holgara; que fuera la Quinta un real Palacio, y vierais de la manera que honraba vuestra persona, y que perdonéis quisiera el no haberos asistido, que he estado un poco indispuesta. Señora, a vuestros criados honráis de cualquier manera, escaso he andado de dicha; que en este tiempo no hubiera . de esta enemiga alcanzado comunicarla, ni verla, que he de hacer cielos piadosos? Que aunque tenga las espuelas para partirme calzadas, no me deja su belleza. Pero venza la razón mi ciego apetito, y sea freno de estos desvaríos, ver que el ausentarme es fuerza, que para olvidar mi amor es medicina la ausencia: con vuestra licencia parto, tu Jacinta a Dios te queda. Fuese, Jacinta! . Señora, aunque apenas verse deja. Según parte de violento, él es la misma soberbia; en fin Español en todo. Que arrepentida estuviera si le hubiera declarado la pasión que el alma encierra? Jacinta, vamos de aquí. Ya te sigo: o quién pudiera a este nuestro huésped dar con lo blando de una piedra; oh fuego en todos los hombres? Que haya tontas que los quieran. . Bota de mi vida, duélete de mí, soy nuevo en beberte, nunca en tal me vi. Buscando donde esconderme ando por aquestas ramas, y no quiero compañeros, que si tuviera más barbas que veinte y canco hermitaños, sin duda que me temblaran con el dolor de cabeza; aunque en ocasiones varias he tenido mucho miedo. Mas pesa ahora una dragma de Alaejos, que un quintal destotro, mas que me espanta. Allí un córchete registro, y un aguácil que me agarra, con más de cien cuadrilleros: Mas yo prevengo mis armas, Donde vas triste alguacile no saldrás de aquestas ansias sin que pelees conmigo, y me venzas en batalla. Viendo el alguácil mi brío, por sus barbas me amenaza, que preso me ha de llevar, y digo si se amostaza. El seor alguácil no sabe, que si mi furia levanta el brazo en mi enojo envuelto ejércitos arrebata de alguáciles, y tan altos los tiro, que cuando bajan hallan otro mundo nuevo por ser tanta la tardanza, que en el subir, y el bajar tuvieron, pues si esto basta dejéseme el paso libre. responde: por esta espada. Rodelita tambéín trae? o qué lindo! aqueso pasas Huye del rayo, alguácil, porque sale la guadana de la muerte; bravo pulso, bien me tira, bien se guarda: Yo le enojo unas arriba airoso aquesta estocada: Pero herrela, allá va otra, valiante eres; riñe, y calla, bravo tajo, reparele, herido estoy, pues me falta el ángulo otuso amís Ahora bien, aquesta vaya de sambullida; cayó. Rinde córcnete las armas, a tus pies están rendidas Chinindrón, y pues es tanta tu piedad, como el valor, no nos mates, basta, basta, el vencimiento, bien dice: Alza corchete, levanta, mas que un vaso hendido dures, el cielo te guarde; mandas que te acompañe, quedaos; servirte es acción hidalga, con vos Chilindrón iremos, quédense pues tú lo mandas. Yo me quedo, el cielo os guarde; miren si me acompañara, si no le hubiera vencido, que de ello el valor alcanza. Solo me han dejado, el sueño me persigue, la batalla fue muy trabada, y reñida, yo me acojo entre estas ramas. Qué perdiese yo el camino, y sea mi desdicha tanta, que no tope pasajero, que el camino me enseñara! Boto a Cristo, que mi estrella me es tan adversa, y contraria, que lo dispone al revés, ello es fuerza de desgracia. Rinda a este acero la vida, o manifieste la plata, no ocultando cosa alguna, que le será de importancia. A muy buen tiempo han llegado; si el infierno se desata con el lago de sus furias, no podrán al canzar nada, que me canso de vivir, y en mí el morir es ganancia, que voto a Dios, que quisiera quitarle a un lanto la capa. Oiga, oiga, valiente es? pues no le ha de importar nada, Muera, o denos lo que lleva, Por la punta de esta espada hallaréis sangriento fin a vuestra injusta demanda, que en este brazo ha librado rayos esa Esfera cuarta. Gallinas, como huis siendo tantos? Oye, aguarda, a tu esfuerzo aficionados te rendimos las espadas con las vidas juntamente; y aquesta valiente escuadra te pide que los gobiernes, siendo tú en esta montaña su Capitán valeroso, pues de César la arrogancia en tu esfuerzo representas, Aceto de buena gana el ser vuestro Capitán, y en los hechos de importancia veréis como mi valor de cualquier empeños os saca, Viva nuestro Capitán muchos años. Quién me llamas Mis compañeros son estos, yo dejo bien desollada la zorra de aquesta bota, y en lo que soñando estaba si acaso no he engañado era que, mis camatadas un Capitán elegían, tan valiente por su espada, como César por sus hechos, y Aquiles por sus hazanas. Chilindrón, a Chilindrón, si estás durmiendo, levanta, ya tenemos Capitán. A esos pies de buena gana, heroico Capitán, rindo con esta vida, esta espada, por muchos años lo seas. Amigos, y camaradas todos hemos de ser unos: Una facción de gran fama, a vuestro valor remito esta noche. A lo que mandas obedientes están todos. Diez hombres en una escuadra han de seguirme valientes; porque antes que salga el Alba os ofrece mi valor una empresa temeraría. Con gusto te seguiremos. Pues la demás gente vaya repartida por el monte. Duquesa, si logra el alma . mis deseos, esta vez tendrán fin mis esperanzas. Si no he llegado a tus brazos, esposa, es, porque pudiera el contento de abrazarte, con el de verte si llegan a juntarse en un instante, matarme, porque si es cierta opinión, que los pesares, si todos se consideran, matan los dos hechos uno, así también ser pudiera, que estos dos contentos juntos, siendo tan grande la fuerza, me den la muerte, y así dejo, que pase, si quiera, la gloria de haberte visto, para que gustosa venga la de llegar a tus brazos, pues así tendré Sirena dos contentos, y dos vidas, una entonces, y esa incierta: Dame, señora, los brazos. Y en ellos el alma entera, que como a dueño, y señor, mis potencias te veneran. Cuando no por tu hermosura, por tus finezas debiera pagar, Sirena divina, obligaciones, y deudas. Muy lisonjero has venido, y según es mi sospecha, los favores que me haces de alguna causa secreta deben de nacer, y así en tu semblante se muestra, por una parte alegría, y por otra la tristeza. Declárate, dueño mío, esta humilde esclava sea partícipe de tus gustos, como lo seré en tus penas. Sirena del alma mía, las pasiones que me aquejan, no nacen de haber gozado tan peregrina belleza, ni pueden haber nacido de las causas que sospechas. Ay Duquesa de mis ojos! . Quién de esta ausencia creyera, que aborrezca a mi mujer, por a dorar tus estrellas! Mi bien, tus bastardos celos nacidos de las sospechas, advertidamente calla, no tus pasiones se venzan; y para que más no llegues. a fabricar en tu idea sospechas tan mal nacidas, escúchame un rato atenta. Sabrás, que en esa montaña, parto inútil de esa sierra, fábrica de ese obelisco, piramide de esa selva, atravesando su cumbre, contando en esa aspereza ramo, a ramo, y flor, a flor, tronco, a tronco, y pena, a pena, lo altivo de sus almenas; que dejando mis criados, y divertido en mis penas, (mejor dijera en mi amor) caminé de esta manera; tal vez pensando en la gloria de los brazos, que me esperan, que es mucho lo que aperciben los amantes que desean. Mil veces piqué al caballo, para que volando pueda ayudar el pensamiento en su misma ligereza; en medio de este cuidado, una escuadra Vandolera salió a mí, tan descuidado, que el temerle allí fue fuerza. Denos lo que lleva, dijo el uno, si no desea acabar la vida a manos de esta pistola sangrienta. Vime solo, y que mi gente, por venir con tanta priesa. se había quedado atrás; y fue vana diligencia el defender mi persona, y así con grande presteza harté su hambriento deseo con doblones, y preseas. Confieso, que tuve a riesgo en la ejecución violenta la vida, pues mi pesar nace de esta causa misma, no de amor, como presumes: Y así, propuse, Sirena, volver con gente, y vengarme de esta gente Vandolera, y para la ejecución pido licencia a tu Alteza, que la vuelta será breve, nada, mi bien, te dé pena. Corregida, y advertida quedo, señor, porque pueda conocer mi desvarío, en vos tan grandes finezas. Partid, señor, en buen hora. Pues, Sirena, a dios te queda? mi amor me lleva sin mí, a buscarte voy, Duquesa. Déjame, no me persigas. Dónde vas? Sombra, quién eres? Qué intentas? Ya sé qué quieres. Con quién hablas? No me sigas. Qué tienes? Válgame el Cielo! Señora, quién te ha turbado: Quién a este mal te ha obligado? Toda me ha cubierto un hielo, Tu salirte de esta suerte de tu cuarto mal vestidas El tirano de mi vida, el causador de mi muerte. Soñé, que en ajenos brazos el Duque traidor estaba, y su palabra quebraba, haciendo a mi amor pedazos. Suspende ese llanto injusto, de su amor en tu memoria, pues cuando él tiene tal gloria, muestras tú tanto disgusto. Bien, que el sentimiento es justo, pero ya llego a argüir, que es demasiado sentir, darle a tu alivio disgusto. Estas que ves derramar lágrimas, en mi mudanza, efectos son de venganza, afectos no del pesar. No has visto, que hace sudar el fuego al leno que prende? pues así también se entiende en aquesta suspensión de este fuego, que me enciende. Aunque en tan grave tormento te veo, señora, morir, de tu continuo sentir debo tener sentimiento; que es evidente argumento, aunque es forzoso interés, que has de olvidarlo, pues ves, que si no te acaba el llanto, de puro sentirlo tanto; no lo sentirás después. Pues diviérteme, lacinta. Si tú quieres, que te canten, templado está el instrumento. Jacinta, alivien mis males, antes que pierda la vida al tropel de penas tales. No quieras, por tu pesar, padecer injusta muerte, que lo que no da la suerte, es difícil de alcanzar. Fuego, fuego, fuego. Socorro, cielos Divinos, que en estas llamas me abraso, Quién da voces! Quién se queja? No ves, señora, el Palacio en vivas llamas arder? 2. Qué me abarazo! Que me abrazo? Procura escapar la vida, que no es bien que perezcamos, estando tan cerca el riesgo. . Ea, valientes Soldados, ninguno escape con vida, mueran todos a las manos de vuestra ambición sangrienta, Y no dejéis en los cuartos presea, que no llevéis, de vuestro furor llevados. Echad en tierra las puertas. Las puertas han derribado: Señora, que hombres son estos? Tan otra estoy en mirarlo, que me hallo fuera de mí. Señora, ponte en mis brazos, si librar quieres la vida, que anda el fuego temerario, y corre riesgo, si aguardas. Quién eres, que adarme amparo, derribando aquesas puertas, entraste tan arrojado. Quién por esos ojos muere: Un Caballero, que acaso, cuando el fuego se encendia, iba a tus puertas llegando, y enternecido a las voces, que me daban tus criados, yo, y este criado, quise aventurarme en libraros, Bien podéis fiar de mí vuestra persona, Hidalgo, acción es de Caballero dar a una mujer amparo! De vos fío el honor mío, Pues de este riesgo salgamos: ponte en mis brazos, señora, que llevándote en mis brazos, romperá Esfera de fuego este corazón bizarro. Y vuaced, qué pienza hacer? Pues que ya lleva tu amo en sus brazos ami ama, que tú le imites gallardo, librándome de este fuego. Yo tengo gentil despacho; por tu pie puedes salir, que yo, mi bien, soy quebrado, y daremos en el fuego, con carga, que pesa tanto.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Quién eres, hombre, que así me has traído a aste desierto, donde ciudadanas son las altas hayas, y fresnos? Esto es mirar por mi honor? Como noble Caballero no has hecho en asta ocasión, si me libras de un empeño, y me traes a otro mayor. Saber quien eres deseo, pues ya el Alba nos avisa, desterrados los Luceros, que en su eclíptica camina el Sol con rayos soberbios. Sepa a quien debo la vida, que en tan apartado puesto titubea la razón, y me falta el sufrimiento. Di, quién eres? Soy señora, Don Juan, que a pagarte vengo haberme dado la vida, aunque no es bastante premio a lo que he de hacer por ti, si mi vida guarda el Cielo. Y porque estarás cansada del camino, da a Morfeo tus potencias, que nosotros el sueño te guardaremos. Fiate de mí, señora, que tu amor no cotra riesgo. En saber que eres don Juan, sospechosa de ti quedo, pues me traes a aqueste monte, y me aseguras los riesgos. De ti no puedo fiarme; pues con dos caras te veo, que el que hace bien no niega aquella que le dio el Cielo. Qué gente es esta, Don Juan? Qué pretendes? Qué es tu intento; Acaba de declararme lo que tienes en tu pecho. En confuso laberinto confieso, Don Juan, que tengo, sino el alma, los sentidos, y cobarde titubeo, en desvanecer presagios, que en la idea represento. Y así, puesta de rodillas a tus pies, te pido, y ruego, con lágrimás de mis ojos, que en el más vecino Pueblo, o en la más cercana Aldea me dejes; pues con aquesto, tu cumplirás tu palabra, y yo aseguro mis miedos. Cierra los labios mujer, no prosigas, pues con eso has irritado mi furia, y mi cólera de nuevo Y porque no estés dudosa, en breves razones quiero significarte el amor, que oculto tiene mi pecho. Sabrás, pues, que en este monte, por mi valor, y mi esfuerzo, Capitán, gobierno, y rijo setenta, y leis bandoleros: Todos a mi voluntad, como ves estan sujetos. El fuego que hubo en tu Quinta, no tus criados le hicieron, nosotros si le emprendimos, que las llamas de mi pecho no las puede consumir todo el humedo elemanto, Duquesa, yo te robé, en este monte te tengo; tus ojos son los tiranos, échale la culpa a ellos. Y válgale a mi afición, ya que no la culpa, el ruego, pues con él pienso alcanzar ser Medoro de tu Cielo. Pero si airada, y esquiva, menospreciando los ruegos, y mi amor teniendo en poco, llevada de tus afectos, te resistes, voto a Dios, que en ti ha de ser escarmiento la cólera vengativa que oculta encierra mi pecho. Ten lástima tú de ti, que yo de mí no la tengo, porque he de ser el más malo que hayan criado los Cielos. En mi poder estás ya; si con amor no merezco gozar amante tus brazos. la violencia habrá de hacerlo. Que soy Don Juan, ya lo sabes, que eres de mi amor objeto también, no puedes negarlo, y así elige el mejor medio. Es tanta la pena mía, tanta la injuria que siento, tanto el mal que me fatiga, tanto el riesgo que padezco, tanto el oprobio que admito, tanto el agravio que advierto, que si no empiezo a vengar este agravio que padezco, es porque a mí misma yo quiero tenerme respeto; porque si empiezo a matar los que me agravian sospecho, que por ser la causa yo, me diera la muerte luego Corrige, pues, tu apetito, pon a tu locura freno; que de mí no has de triunfar, que la vida tengo en menos, que no perder el honor, que es la joya que más quiero. Presto verás lo contrario, y si la vida te dejo, enemiga, es porque vivas así a mi lado muriendo. Tened cuenta de esta dama mientras requiero los puestos, y doy parte que venimos a todos los compañeros. Vuesa merced, mi señora, piensa imitar en lo mismo la bendita de su ama; porque juro a Dios eterno; que llevado de mi enojo la cuelgue de un árbol de estos por un pie, que puesta así, la admiren los pasajeros por fruta de aquestos montes, o espantajo de estos yermos. Chilindrón del alma mía, suspende el furor violento, que si disímulo así el amor que encierra el pecho, es por no dar a entender a mi ama, que te quiero, Mal corresponde tu sangre a quien eres: Pero creo, que te debió de engendrar algún villano soberbio. Dispón a tu voluntad de mi persona. . Eso quiero. Enemigo de mi honor, cruel, bárbaro portento de la fiereza, qué tigre te ha dado el Ircano pecho? Homicida de mi honor, este es el pago, este el premio que me das, cuando tu vida tuviste en mi casa a riesgo? Todo tu valor empleas en este mísero objeto? En una mujer pretendes. ensangrentar el acero? Compasión tengo a esta dama? Mal el Capitán ha hecho entratarla con rigor, pudiendo por mejor medio adquirir su voluntad. Lleguémosla a hablar. Sospecho, que está penosa llorando, que la consoléis, os ruego. Suspended, señora, el llanto, no os dejéis del sentimiento llevar de aquesama nera, que nos pesa, vive el Cielo, de veros tan afligida, a mí, y a mis compañeros; y para lo que ordenaréis, si fueremos de provecho, a vuestro gusto, creed, que las vidas ofrecemos. A todos juntos señores, este favor agradezco, y fiada en vuestro amparo, ya que me ha traído el tiempo esta ocasión a las manos, quiero deciros mi intento. Duquesa de Amal si soy, no es tan poco lo que puedo, que no os alcance perdón, si dais ami mal remedio. Y así para que mi honor no corra aquí detrimento, amparada de vosotros, que le deis la muerte os ruego, que si esto llegáis a hacer, persuadidos de mis ruegos, no dudéis en el perdón, que nuevamente os ofrezco: Duelaos, amigos, mi honor, y este villano grosero, a manos de mi vengenza, halle en su muerte escarmiento. Pues como nos solicites ese perdón, te ofrecemos, que pierda la vida, a manos de aquestos Vándidos fieros. Y para que no lo ignoren, comunicaré con ellos el perdón, que nos ofreces, que con esto, ten por cierto, que hay muchos que lo desean, y surtirá buen efecto tu deseo; y así yo parto a decirles tu intento. En esa fuente esperamos. Guarden tu vida los cielos. Ya por hoy, Virgen Sagrada, vuestro Rosario he rezado, cuyas rosas milagrosas causan al infierno el panto. Alba, y Lucero del día, de Salomón Templo Santo, Ciprés en todo sagrado, Espejo donde se mira Cristo en Hombre transformado, Torre de David hermosa, a donde jamás no ha entrado la malicia de la culpa, que causó nuestro pecado. Sol, que quitando tinmeblas, destierras cualquier nublado; siendo Antorcha reluciente la influencia de tus Astros. Estrella, que al navegante socorre en cualquier naufragio; claro Lucero del día, de la Custodia retrato. Madre de Dios, que esto basta, darme en todo vuestro amparo, que tan grande pecador en vos viva constado, que seréis intercesora siempre con vuestro Hijo amado, que de peligros me libre, por vuestro Santo Rosario. Fatigado estoy, y el sueño me aflige: aquí recostado, quiero darle a mis ojos lo que tanto han deseado. Ya todos están aquí resueltos, y conjurados, para quitar animosos la vida a aqueste villano. Si se ha de poner por obra, señores, a qué esperamos? Agradecida os estoy, esta acción pienso pagaros. Pues el Capitán busquemos, no lo dilatamos tanto. Esperad, que aquí dormido se nos ofrece a las manos. No sea que esté dispierto. Pues por si nos ha escuchado, hazle señas Chilindrón, veremos si duerme acaso, que si lo está, llegaremos a lograr lo que intentamos. Uchohó, uhohó, uchohó, señores el diluvio escampa, ya el Capitán cayó en la trampa, descuidado se durmió. Lleguemos; paso. Eso sí, miedo, y silencio, Estos lazos serán prisión de tus brazos, que en otro tiempo temí. Ea, pues, haced de modo, que se nos suelte. Qué es esto? Lo que el hado te ha dispuesto todo acaba, espira todo: llegó tu fin. Qué mortal puede darme a mi tormento. Yo con aqueste instrumento, causa de todo mi mal. Ah falsa! que me he perdido, sin prudencia, y sin aliento, en tu hermosura despierto, y en tus engaños dormido, El hombre que así se fía, bien merece este pesar, pues dejaba de gozar la gloria que en ti tenía, Mátame, tira, que firme pagar quiero en esta parte, no la culpa de adorarte, la culpa si de dormirme, Ya veo que la mujer de hermosura singular, se ha de querer y adorar, pero no se ha de creer: Y aquí la experiencia veo, tú sin lealtad, ni decoro me matas, porque te adoro, y así vengo a ser el reo, No has de morir por mi mano. Pues si me tienes amor, será la muerte favor, y favor más soberano. Finezas no son aciertos, mi amor en esto se funda: En esa cima profunda, donde están los cuerpos muertos, de los hombres que matamos, le echad vivo, y de esta suerte ese linaje de muerte, qué él me daba, el que le damos. Y atado a su compañía, sombra se ha de ver fatal, padezca este mismo mal, ímite él la pena mía. Vivo entre muertos reviente, para ejemplo, y escarmiento; ese asombro, ese portento de todo mortal viviente. Traidores, no soy mortal, que mi nombre será eterno, y ni el Cielo, ni el infierno, me han de vencer. Pesia tal, nuestro Capitán blasfema, En vano el valor anima. Arrojadle en esa cima, para que a los cielos tema, o morirá de esta suerte, si se resiste. Ah traidoral No darás a quien te adora dulce fin, sabrosa muerte? No se suelte, ojo avisor. Villanos, solo atrevidos, con hombres, que están dormidos, qué cobarde no es traidor? Hoy verás, si eres eterno, recoged mi uertos allá ese cuerpo. De esta va, Válgame todo el infierno. . Desesperose, tal es el saltillo: Vive el Cielo, que es una cima sin suelo; si caerá acaso de pies como el gato: ah Capitán, de un recado a la Duquesa, y si no está muy de priesa, meriende ese mazapan. Ya de mi agravio importuno se va librando mi vida, dos me tienen ofendida, venganza tomé del uno; muera el que rompió la fe como este que me idolatra Viva la nueva Cleopatra. Libres de todo os haré. . . Ya aqueste monte soberbio viene el Duque, tan airado, para prendernos a todos con cuatrocientos Soldados; en aquese valle están repartidos, y alojados: pues nos distes la palabra, que la cumplas aguardamos, libranos aquí del Duque. Viene a pagar mis agravios, este quebró la palabra, y aquí ha de provar mis brazos, Sosegaos, no tengáis miedo, nada os sirva de embarazo, que yo estoy aquí. Señora, ya viene acá marchando. Ea Soldados valientes. el valor de vuestros brazos prueben estos forajidos, que son cobardes villanos. Ninguno dejéis con vida, que de mi enojo llevado, pienso vengarme de todo, haciendo en su vida estrago. Buscando vienes tu muerte, conoceismes Y es bizarro tu valor, siendo mujer. Defiéndete de mis manos, que habrás menester las tuyas. No ofendo a mujer. Ah falso! que una tienes ofendida, aunque yo soy otra, y rayo de los cielos, no mujer. Descubre el rostro. El espanto te ha de matar, si haré. . Válgame Dios! Admirado quedas hoy de tu traición. Duquesa, qué es esto: Engaños, y traiciones tuyas. Oye. Cuando de vengarme trato, no escucho más falsedades. Matarete. Yo buscando Vándoleros vine aquí, y a ti en este monte te hallo; di, Duquesa, la ocasión de arrojo tan temerario. No así pretendas; no así, con escrúpulos villanos, Duque, quieras disculpar la falsedad de tu trato: Si dolo en mi honor has puesto, y presumes temerario, que he faltado a mi decoro: Digo, pues, que no es tan claro el luminoso Farol, que habita ese cielo cuarto. Y para que no discurras en juicios temerarios, ofendiendo a mi decoro, escúchame atento un rato. Después, Duque, que tu ausencia el alma que do llorando, trocando por una Quinta la majestad del Palacio, sostituyendo, penosa, las Ciudades por los campos. Un día, que con Jacinta en lo ameno de aquel prado, por alegrar mi tristeza, estábamos de ti hablando; oigo decir: Virgen Pura, amparad a un desdichado. A las voces volví, y vi un hombre, que despeñado, derramando mucha sangre, llegó hasta mis pies rodando. Compadecida de ver tan lastimoso presagio, llegué piadosa al socorro; cuando el hombre, recobrando los espíritus vitales, que tuvo el susto embargados, volvió en sí, yo le pedí dijera quien era, en tanto, que sus alivios prevengo en mi Quinta más de espacio. Dijo, que era un Caballero Español, y que el bizarro caballo lo despeñó al ir el monte pasando. Tardó en mejorar un día, y viendo que estaba sano, se partió con mi licencia, el hospedaje pagando. con palabras, no con obras, que siempre el hombre es ingrato, Discurriendo aqueste monte, estos Vándidos llegaron para quererle quitar lo que llevaba, él bizarro sacando el valiente acero, rompiendo por todos cuantos se le oponen, se aventura valiente, y desesperado. Temieron al fin la muerte, y a su esfuerzo aficionados, le eligen por Capitán, y él alegre, acetó el cargo. Viéndose absoluto dueño, dispone, como tirano, quemar la Quinta, y robarme, de mi hermosura llevado. Yo, y Jacinta aquella noche, cuando iba en su hermoso carro Cintia en su veloz carrera, trastornándose al Ocaso, oigo voces, y que dicen. Que me quemo, que me abraso; y al mismo punto derriban ambas puertas de mi cuarto; por ellas entran dos hombres, y cogiéndome en sus brazos, me trasladan a este monte: A quien les pedi llorando, que me dijesen quien eran, el silencio ocasionando, responde: Soy Don Juan, de tu hermosura llevado he intentado aquesta noche traerte al monte en mis brazos, para gozar de tus prendas. Yo le respondí: Villano, no has de quitarme el honor, o me has de hacer mil pedazos. Estos, pues, viéndome así, de mis quejas lastimados, me prometen dar su ayuda; respondo, que perdonarlos haré, si a su Capitán le dan la muerte alentados. Hácenlo así todos juntos, y en una cima le echaron, adonde acabó la vida, soberbio, y desesperado. Así aseguré mi honor: esto es cuanto me ha pasado? y vive Dios, si presumes otra cosa, que este brazo fulmine rayos de acero, con que te haga mil pedazos. De lo que has dicho, señora, tan admirado he quedado, que se ofusca mi sentido, si discurro en este caso. Y me huelgo haber venido en esta ocasión, pues hallo a quien vivo agradecido, y en lugar de castigarlos, digo, en fin, que los perdono? Y solo me hubiera holgado de hallar vivo al Capitán, porque muriera a mis manos, Y en las sospechas que dices, un asomo, ni un amago ha fabricado mi idea contra tu honesto recato; que conozco tu valor, y le tengo examinado. Y a la queja que propones, de que me hubiese casado, bien sabes que lo excusé, y que fui a hacerlo forzado: Que para mí no hay más gusto, ni pudo el Cielo criarlo, que mirarme esos luceros, que ciego amante idolatro. Basten, mi bien, los enojos, no puedan contigo tanto los celos, que de mí tienes, que no merezca tus brazos. A tus pies está rendido, señora, quien te ha enojado, no tengo la culpa violencia fue de los Astros. Alzate, señor, del suelo, y pues que ya estás casado, no será bien que me digas lisonjas de enamorado, Y reprime tus deseos, que vienes desalumbrado, y para dama no es buena quien no mereció tu mano. Y supuesto que contigo no ha querido el Cielo santo darme de tu esposa el nombre, en un Monasterio sacro pretendo acabar la vida. Y con tu esposa mil años te deje gozar el Cielo, aunque yo viva penando. Digo, que eliges muy muy bien: Pero advierte, que acabando he de quedar sin tu vida. Duque, deja esos cuidados, que ya es diferente tiempo. Vivir puedo consolado, que ya que no te merezco, ninguno goza tu mano en el mundo, si no Dios; y así por forzoso hallo, que te acompañe mi gente hasta dejarte en tu Estado. Adiós, Duque, para siempre. . Adiós, mi bien, y él estado que has elegido, le goces, señora, infinitos años. Volved a Ferrara vosotros, antes que muera a las manos de mis locos debaneos, si antes que llegue no acabo. . Y dígamen, escucha atenta, y hoy volaste: en qué quedamos? ajustemo nos de cuantas, que si por números gano, antes que se meta Monja, es bien, que pague a un Cristiano. Chilindrón, yo Monja? . Sí, pues qué, no es muy buen estado saber tocar las campañas, aunque ya las has tocado los días que has asistido en este monte? . Oh taimado, siempre has de ser malicioso! Presumo que te he enojado: Pero dime, qué es tu intentos Casarme contigo. . Malo, bien estoy sin tropezones, no quiero llamarme engaño cuando no tenga remedio. Infame, pícaro, falso, pues conmigo has de casarte, ya que el honor me has quitado. Que entrase mi estrella en virgo, signo tengo desgraciado: Mas ya que he de ser tu esposo, hemos de hacer un contrato, que no has de hacerte preñada, que he visto muchos muchachos llamar de taita al marido, cuando otro los ha engendrado. Al arma espíritus fieros, desamparad las cabernas, cuantos ese lago estigio ocupáis en sus timeblas. Del Cielo me derribó el Ángel, por mi soberbia; pero conmigo me truje gran parte de las estrellas. Sentarme quise en la silla más superior: Oh pesía a todo el infierno junto, pues por humilde granjea el hombre lo que perdí por mi altivez, y soberbia! A todos he acometido, mi valor todo lo intenta; Santos, y Santas lo digan, a quien hice tanta guerra. Solo una mujer no más, Palestina una Doncerla, una Madre, Virgen siempre, Intacta, pues, y Perfectas solo esta mujer no más postra todas mis cautelas, desvanece mis ardides, y me quita cualquier presa, Pero esta vez no podrá escapar con su grandeza este pecador inútil, que habita aquesta caberna, pues al arrojarse dentro desesperó, de manera, que tengo por imposible, que aqueste salvarse pueda. Ea, infernal es ministros, abrid al infierno la puerta, porque esta alma condenada, ya no es de Dios, si no vuestra. Dragón infernal no hay, intentar con tus quimeras prometerte la victoria, que hay aquí quien le defienda. Y si imaginas, que es muerto, poco tu ingenio penetra, tu deseo te ha mentido, y te engañas, si lo piensas. Dios le concede la vida, y la Virgen por él ruega, pues afecto a su Rosario, todos los dais le reza. Qué es lo que dices? Aguardas mucho me espanto que pueda alcanzar, por un Rosario, perdón, a culpas tan feas, un pecador obstinado, que su salvación desprecia, Y ha seguido sus deleites, robando vidas, y haciendas, dando rienda a su apetito, con más pecados, que estrellas ese tachonado escudo tiene en flamantes tinieblas, puede alcanzar de MARIA, que su intercesora sea con su Hijo soberano? Oh pesia al infierno! Oh pesia a mi poco sufrimiento! Qué esto pase! Que esto veas Que estás Cuentas han de ser causa que el infierno pierda pecadores obstinados, siendo escala firme, y cierta con cincuenta y cinco pasos, que suban almas por ellas? MARIA, cuando el infierno por sus culpas merecieran, para qué el Cielo formó estas Horas que me inquietan? Y para que es el infierno, si nadie entra por sus puertas, después que esta devoción en la Cristiandad se reza? Monstruo infernal, vete, vete, que la sacra Providencia de Dios le presta la vida, pues la Virgen por él ruega. Ea, espíritus impuros, doblad al tormento las penas a los que se han con denado, que otro remedio no queda . Disponer quiero sacar este hombre de esta cayerna. Ah de abajo. Quién me llama: Quién darte vida desea: Y así para dar principio, y que vivo salir puedas, te ha de valer el Rosario, ten firme de aquesta cuerda. De nuevo vuelvo a la vida, solo el Rosario pudiera sacarme de donde estuve. Hy enemiga Duquesa! ha villanos Vandoleros, vuestro castigo se acerca, contra vosotros, un rayo ha de fulminar mi diestra! Tú, Pastor, dime quien eres, por que agradecerte es fuerza haberme dado la vida. Eres acaso Profeta: Dime, quien te reveló mi caída; No suspendas. tu lengua en decirme quien, porque agradecerle pueda la nueva vida que cobro, que jamás pensé tenerla. Yo, amigo, soy un Pastor, que guardando unas Ovejas que traigo por ese llano, al punto que tu tragedia te sucedió, descollaba ese montecillo, y puesta toda el alma en confusión, condólido de tu pena, me determiné a sacarte, y faltándome la cuerda, hice escala del Rosario, con que saliste, ten cuenta: Dios es todo poderoso, él me ha prestado sus fuerzas, que las mías son muy pocas para empresa como aquesta. Enmienda, amigo, la vida, haz de nuevo penitencia, porque no hay hora segura en aquesta vida incierta; y si quieres confesarte, en esta inculta aspereza asiste un justo Varón, hombre docto, y de gran ciencia; Si quieres que allá te lleve, ven por esta senda estrecha, que allí se aparta el camino, vente conmigo, no temas. Amigo Pastor, los brazos nuestra amistad verdadera ha de confirmar así, que ya que pagar no pueda haberme dado la vida, reconocido a la deuda estaré mientras viviere: Conduce el ganado apriesa, que yo seguiré el camino, que me enseñas, y aconsejas. Señor, no yerre el camino, vaya siempre a mán derecha, que el camino de la gloria nunca va por mano izquierda. Tan otro estoy del que fui, que aunque prevenga a la idéa todo lo que me ha pasado, alcanzarlo puedo apenas. Que estoy vivo, y muerto estuve! Que salí de esta caberna a ver los rayos del Sol! Y renun cié las tinieblas! En creerlo estoy neutral! Alma, reducir es fuerza la mala vida, y costumbres, a la vida verdadera? Mas como ha de ser posible, cuando irritado en mis venas arde el fuego de mi agravio, y está arrojando centellas. Muera la infame buquesa, que aunque me falta el acero, este tronco, mano espera. Qué músicas celestiales son las que el aire penetran. no irritado en tus venganzas dejes de seguir la senda que te enseñó a aquel Pastor, que estriba el salvarte en ella. Qué irritado no embaraza, la música me aconseja, que siga aqueste camino, yo no sé qué enigma es esta: Vive Dios, que estoy confuso, porque no sé como pueda seguir aqueste camino, cuando indiferente pueda tomar venganza, y matar esta gente Vandolera; mas tiempo habrá para todo, y pues la vez me aconseja, que está en él mi salvación, el seguirle ha de ser fuerza, que confesando mis culpas daré a mis vicios enmienda. JORNAD A.

JORNADA TERCERA

Quién eres hombre. Quién eres? Qué buscas en este yermo, donde nunca humana planta pisó con pasos violentos? Quién, dime, aquí te ha traído; que en verte admirado quedo, porque ignoro la ocasión: que te mueve a aqueste intento. Y porque no esté dudoso, de tus razones espero saber breve la ocasión, habla, que te escucho atento. No te admire mi venida, que causa bastante tengo, que el haber llegado aquí no ha sido sin fundamento, Y para que me conozcas, Capitán de Vandoleros he sido en esta montaña, a cuyo furor violento han admirado estas selvas, y temido aquestos Pueblos. Yo he quitado a caminantes la vida con el dinero? y voto a Dios, que es verdad que aunque lo juro, lo creo. Seis Doncellas he forzado, cuatro mujeres he muerto, enfadado de gozar amante sus brazos tiernos. A una Quinta, y dos Lugares enojado puse fuego, y murieron en sus llamas ninos, mujeres, y viejos; en mi natural rebelde no cupo arrepentimiento, antes, gustaba de ver hechos cenizas sus cuerpos. Tan sediento estoy de culpas, que aqueste brazo soberbio más sangre tiene vertida, que agua tiene ese arroyuelo. En fin, para no cansarte, mis compañeros soberbios instinados de una dama, o con dádivas, o con ruegos, me pretendieron matar, y fue hallándome durmiendo; ligándome entrambos brazos con cuerdas: Aquí reniego, no de Dios, de mi descuido: Di lugar de que contentos lograran su pretención, arrojándome en el centro más oscuro de una cima, adonde a los cuerpos muertos de los hombres que mataban daban sepulcro, y entierro: Nunca he temido la muerte, si no esta vez, vive el Cielo. De esta me sacó un pastor, Ángel fue, no humano cuerpo, el cual dijo. Qué buscase un Varón justo, y perfecto, que asistía en este monte, que habitaba este desierto. si eres tú, ya estoy aquí, que me confieses te ruego, si para culpas tan grandes hay en mi arrepentimiento. ̱. De escuchar lo que me has dicho he quedado tan suspenso, que mi propia suspensión confunde el entendimiento: Pero puédote decir, que es mucho divertimiento el que traes, que esas palabras no son de cristiano pecho. Piensa más bien en tus culpas, trae firme arrepentimiento, pesándote de ofender el que rige Tierra, y Cielo. Dios quiere que el pecador venga llorando, y sintiendo los pecados, que comete, y se arrepienta de hacerlos. Procura en mendar tu vida, y ten mejores aciertos en servir a tu Criador, que hay muerte, gloria, e infierno. Ya no quiero confesarme, lo que te encargo, y te ruego, es, que le pidas a Dios, ya que por justo te tengo, que me saque de este error en que he vivido, supuesto, que admitirá tu oración, como Santo, y como bueno. Aquesto haz de hacer por mí, que hoy no vengo bien dispuesto para poder contesarme, que está mi espíritu inquieto, Pues estás de esa manera, hoy confesarte no puedo, trae mañana de tus culpas mayor arrepentimiento, qué sin él es imposible que pueda alcanzar el Cielo jamás ningún pecador. Imita Horando a Pedro, que hizo fuentes sus ojos, porque negó a su Maestro, y así perdón alcanzó: Si Judas hiciera aquesto, claro está, que no parara en las llamas del Infierno. Dios no quiere que ninguno se cóndene, caso es cierto, que por esto derramó su Sangre, y nos dio su Cuerpo. Todo ese Cielo que miras crió Dios hermoso, y bello para el hombre, que es su hechura y le hizo de él heredero; y a su imitación crió del infierno los tormentos, para los que no creyeren su Católico Evangelio. No me prediques ya más, si no haz lo que te ruego, que yo volveré mañana, y tu vida guarde el Cielo. p Señor, este pecador, que no se pierda te ruego, por tu amor, por tu bondad, por aquel Costado abierto, por los cinco mil azotes, por el bofecón sangriento, que aquel Soldado te dio, ministro fiero, y soberbio: Como al buen ladrón le diste parte, Señor, en tu Reino, hazle ladrón de tu gracia, y robe como él tu Cielo. Purifícale, Señor, con el poderoso fuego de tu soberano amor, reduciéndole a tu gremio. Acogele a tu rebaño, porque Luzbel, lobo hambriento, anda buscando la Oveja, que del buen Pastor va huyendo. Usa con él de piedad, trayéndole al verdadero camino en que ha de salvarse, esto te suplico, y ruego. Oh pesia amí! Oh pesia a el Cielo! Que me tiene en tal estado. Quién está aquí! Quién se queja? 2. Yo, que desespero, y rabio. Ya te conozco, de qué estás tan desesperado? De ver, que después que el hombre aquesta Hora ha inventado, no van almas al infierno: Y así de la Ciudad salgo a ver, si puedo llevarme los que habitan estos campos. Esto no tiene remedio, que a todos estos he dado su Hora escrita en un papel, a cada uno señalando el tiempo en que ha de rezarle: Y hoy a Don Juan le ha tocado rezarla en este desierto; y espero que en acabando ha de ir a gozar la gloria con los Bienaventurados, por intercesión de aquella que está tu cerviz ollando. Espíritus invisibles, que asistís esos Palacios de mi poderoso Reino, a quien coronan los rayos de la soberbia, que en mí siempre vive, y siempre clamo Ea, Avaricia, y Lujuria, ea, Soberbia, y Engaño, no tan sordos a mis voces estéis, cuando estoy penando: Desocupad las cabernas, y toque al arma Bulcano, contra el poderoso Cielo, que me está tiranizando. el alma de un pecador, más rebelde; y obstinado, que desde Adan tuvo el mundo, lleno de culpa, y pecados. Salgan de ese lago estigio cuantos vicios inventaron la Avaricia, y la Luguria: Y vayan todos probando. sus fuerzas para vencerle, que su cimiento es muy falso; su albedrío libre, y loco. Tomar venganza ha intentado de aquellos que le ofendieron Joberbio, y desesperado, al monte vuelve, y en él ha de vencerle el engaño, tomando forma aparente de aquel cadaver helado de la dama, que mató, para que desesperado desconfíe del perdón, y muera desconfiado. Él viene a este sitio ameno; quiero esperar hasta tanto, que prevarique soberbio con la fuerza de un engaño. No sé que ha de ser de mí! Todo este monte penetro irritado en mi venganza, y llevado de mi ariento. No he podido descubrir mis enemigos: a Cielos: Ay enemiga Duquesa! Tragote por dicha el suelo, a ti, y a mis enemigos, que así de mí vais huyendo? Muchos sois, y yo soy solo; como os exculáis del duelo, y me volvéis las espaldas? Si presumís, que soy muerto, os engañáis, voto a Dios, que para vengarme, el Cielo me ha concedido la vida; y aunque sin espada vengo, para haceros mil pedazos basta este tronco, este leno. Que no me quiera dejar fantástico el pensamiento, representando a la idea iluciones que no veo, sombras que apenas diviso, imágenes que no entiendo, enigmas que no conozco, asombros que estoy temiendo, unos, y otros tan confusos, que en ellos me desvanezco; siendo una mujer la causa, que conozco: Y cuando intento prevenirla en la memoria, confuso el entendimiento, la voluntad deseosa, toda su altivez perdiendo las tres potencias conforme, soy imagen de mí mismo, y un tronco veletativo, sin discurso, me contemplo. Yo solo aquí retirado en este mudo desierto. sin que ninguno me asista, alivio buscar pretendo. Déjame, no me persigas, mujer, y di, que es tu intento, que me amenazas así con un castigo sangriento? Qué quieres de mí, mujer? Hacerte saber pretendo, como ya estoy condenada por tu causa al fuego eterno, y tu precito también, por el castigo se vero de Dios, al mismo lugar. Misericordia no quiero, aguarda, espera, no huyas, que ese encanto, ese embeleco he de probar con mis brazos. Vive Dios, que apenas puedo mover las heladas plantas, mármol soy, que me detengo, que no hago pedazos cuantos con encantos, y embelecos se atreven a mi valor, poniéndole en tanto aprieto, que ni articular la lengua, ni mover los brazos puedo. Siempre la melancolía letargo ha sido, que al sueño siempre los miembros oprime; quiero dejar que su imperio goce la jurisdicción, triunfe; pues, de mi Morfeo Pues ya que durmiendo está, quitarle la vida quiero, y estorbar su salvación, como su arrepentimiento. Quién estorba mis designios? Yo reprimo tus intentos. Quién se atreve a mi valore Yo, que le asisto, y defiendo. Qué miro, infernales furias? No es Ángel este que veo? Porqué te opones a mí? no es bien hecho lo que intentos Si Dios no te da licencia, lo que intentas no es bien echo. Y es bien que viva en sus culpas, sirviéndole de trofeos? Dios que lo consiente sabe el como, el cuando, y el tiempo. Por sus culpas es mi esclavo. Eso, enemigo, te niego, que es esclavo de MARÍA, y por él intercediendo está, y rogando a su Hijo le traiga a conocimiento, para que enmiende sus culpas. . Ya no tengo sufrimiento, para ver tanta piedad; y así de todo reniego, y propongo perseguirlo, incitándole de nuevo con nuevas persecuciones, para que no goce el Cielo. . Venid a mis brazos sombras, y veréis, que no dilato en la ejecución los golpes, que de veros no me espanto. Qué es lo que pasa por mí: Tan confuso me levanto de aqueste pesado sueño, que de él aún no he despertado Qué ilusiones me persiguen? Qué confusiones? Qué encantos? que perturban mis sentidos espíritus mal formados: Solo estoy, y anadie veo: Pero como me he olvidado de buscar mis enemigos? Mas será cansarme en vano, que en todo el monte no asisten, y mi espíritu alentado desea la ejecución, y es imposible el hallarlos. Quién tiene de esto la culpas este hipócrita Hermitano? pues muera a mis manos, muera, pues fue estorbo, y embarazo de que todas mis ofensas no hubiera en ellos vengado. Pues qué aguardo, que no voy a hacerlo más pedazos que espigas crió el Abril, y pinpollos puso Mayo? Parece que acá en mi pecho algún espíritu ha entrado, que a violencias me conduce, y mi corazón bizarro me provoca a la venganza, con latidos desusados. Mas venga lo que viniere, que si ya estoy condenado, sucédame mal, o bien, a darle la muerte parto. Con mi humilde sacrificio, con mis lagri más aguardo la restauración de un alma. Hoy, Virgen, por vuestras manos rogad por el pecador, que espero verle trocado aquel obstinado pecho, rendido, y en amorado. Todo lo podéis, Señora, y pues lo podéis, y os llama, usad de misericordia con él, y sea el desengaño, el conocer de su vida los errores obstinados. Virgen, Sol resplandeciente, ciego está, y desalumbrado, corriendo el mar de sus culpas, antes que caiga alumbradlo. Madre sois de pecadores, de vuestro auxilio tocado, venga este a la confesión mas cóntrito, y sosegado. De matar a aqueste hipocrita ya vengo determinado. Padre, lo que te rogué sospecho, que has olvidado, En mis pobres oraciones, sabe Dios, que le he rogado, que te saque de esa vida, porque le pidas llorando perdón de tus graves culpas: vienes acaso enmendado, para hacer tu confesión: Tú, eres justo? Tú, eres Santo? Engañome aquel Pastor. Poco con Dios ha alcanzado tu oración, pues ha podido, que a mí llegue el desengaño, y en lugar de arrepentirme, tan otro estoy, y irritado, que a ti te he de dar la muerte, pide a Dios, pues puedes tanto, que te conceda la vida, librándote de mis manos. No sé qué espíritu en mí me incita, de que enojado quite a este viejo la vida, que está a mi furor temblandos El principal instrumento de que no hubiese alcanzado de aquella traición venganza, fue este viejo, pues que aguardo en hacer este homicidio: Advierte que te ha engañado el Demonio, que pretende tu perdición con su engaño. Déjate de esas quimeras, que ya estoy de terminado de darte sangrienta muerte, sea en mi bien, o en mi daño. Señor, si es el instrumento este que me habéis guardado para que acabe mi vida, vuestra voluntad aguardo. Ya que tu pecho cruel a esto está determinado, haciendo fuentes mis ojos, a tus pies arrodillado te pido, que me concedas como noble, como hadalgo, no la vida, que esa en mí por puntos está acabando; solo que des a mi cuerpo sepultura, que en el campo no es bien que los animales tengan en mi cuerpo pasto, aquí mi sepulcro tengo: esa losa es simulacro de mi decrépita vida; y así animoso, y gallardo alzala, y después me mata, si en eso está tu descanso. Si no topa más que en eso, a las fuerzas de estos brazos es poco triunfo una piedra. Quién mi fuerza ha minorados Parece que aquestos montes, sin duda, que esos peñascos todos juntos reducidos hoy se oponen a mis brazos! Ayúdame, voto a Cristo, que este es sepulcro encantado. Yo, hijo, quiero ayudarte, que puede ser que entre ambos levantemos esa piedra, que tanto enojo te ha dado; alza, pues, que ya te ayudo, El corazón se me ha helado: Pero cuando en mi hubo miedos confieso que me he turbado, y por mis venas discurre un sudor frío, y helado, y a lástima me provoca ver este viejo llorando Ya has visto que con mi ayuda esta piedra has levantado, que sin mi fuera imposible el poder ejecutarlo? lo mismo fue mi oración, nunca de ti fui ayudado, que si como lloro yo, tu lloraras tus pecados, a ambos ha dos nos oyera Dios, y te hubiera sacado del error en que has vivido, mejorándote de estado. Vuelve los ojos a Dios, no ciego, y desalumbrado pretendas perder la gracia de un Señor que puede tanto. Mira en aqueste Madero un Isaac Sacrificado, que derramando su sangre está, por nuestros pecados. Llega, y pídele perdón, y al Rey Profeta imitando, di: Señor, pequé, pequé, acógeme a tu revaño; como la Oveja perdida vuelvo a la Sal de tus manos: Si esto arrepentido pides, aquí un Dios enamorado tiene los brazos abiertos, y está al pecador llorando. Padre, bueno está, no más, que convencido me hallo: ya Dios abrió mis sentidos con su poderosa mano. Y así puesto de rodillas, anegado en tierno llanto, pido perdón de mis culpas, su mi sericordia obrando. Bien sé, Señor, que merezco por delitos tan extraños, no un infierno, mil infiernos, mas ya que el camino hallo para enmendarme, podré de vos, Señor, abrazado, hacer tanta penitencia, como otro segundo Pablo. Confieso que os ofendí; pero entre aquesos peñascos, apartándome del mundo, como otro Guillermo armado de la penitencia sola, pagaré delitos tantos. Confesadme, padre mío, porque quiero retirado, que asombre mi penitencia, pues asombró mi pecado. Ahora sí, hijo querido, ahora sí, que ha llegado el dolor al corazón: Si a Pedro imitas llorando, tendrás perdón de tus culpas. En ese sitio apartado podrás hacer penitencia, satisfaciendo, y pagando los daños que has cometido; ven, que confesarte aguardo. Ya, Señor, he convencido, con vuestro auxivio sagrado, pensamientos altaneros, tan soberbios, tan airados que topando unos con otros, con la fuerza de pecados resurtieron hacia tras, para precipicios tantos. Cuando os ofendí. Señor, los Cielos encapotados, las Estrellas enojadas, me estaban amenazando. el viento voraz confuso me amenazaba naufragios; con ceno el aire, la noche vestida su negro manto, me persiguía de modo, que por puntos esperando estaba mi triste vida con la muerte agonizando. El agua, la tierra, el fuego batalla campal formaron, por tener imperio en mí, y castigar mis pecados; pero serenando el Cielo, y el arco de paz mostrando; cesó ya la tempestad; y así, Señor soberano, doleos de esta alma perdida que yo prometo; enmendado, ser viros desde este día, siendo mi vida dechado a los venideros siglos, ya que el mundo he renunciado. Aquí del infierno todo, los que asistis ciudadanos de este encendido elemento, teatro de condenados. Perturbaré su oración con esta Duquesa a engaños, favoreced mi osadía. como que viene cazando a su vista la pondré, sírvale pues de embarazo su hermosura en la oración, pierda contrito a las manos de mis trazas su remedio; porque si surca este lago, vendrá a perder el aliento, a manos de mis engaños. Penitencia, penitencia. Reniego de mis encantos. Sobre las Estrellas puras me atreví triunfante, y tanto, que a Dios mismo me atreví soberbio, y determinado, y ahora este pecador mi valor atropellando, con la penitencia sola está mis fuerzas probando. 2. Ten de mi misericordia, Dios, y siente mis miserias, según el número grande de tu piedad, y clemencia. En aqueste monte espeso, guarnición de aquestos campos, esmalte de estas riberas, y aborto de estos penascos, estoy contento, Señor, que aquí estoy ejercitando con aquesta disciplina lo que me ha de importar tanto, Pero quien ha puesto aquí aquestas letras! qué manos en esta arena escribieron estos bien formados rasgos? Leer quiero, dice así: Oh misterio soberano! El Rosario de MARIA tantos milagros ha hecho, que al hombre es de gran provech lo, si le reza cada día. Muy gustoso estoy, Señor, de hacer esta penitencia, ya que conmigo clemencia tenéis, siendo pecador; prestadme vuestro favor, ya que sois mi norte, y guía, no me venza la porfía de un pensamiento liviano, sirva de escudo en mi mano el Rosario de MARIA. Por él me he llegado a ver en lo que no merecí? pero que fuera de mí si lo llegara a perder? Trocado veo mi ser, ahora si que aprovecho el tiempo, aunque con despecho del Demonio en lo rezado, pues para haberme librado, tantos milagros ha hecho. Infinitas son, Señora, las mercedes que me hacéis, pues apartado me habéis de una vida pecadora: Este esclavo que os adora, en vos vive satisfecho; pues rompiéndome este pecho, que un tiempo no tuvo fe, vuestra Hora rezaré, que al hombre es de gran prove- (cho. En vos no es dificultoso un pecador reducir, y estando muerto vivir, haciéndole más dichoso. Pero le ha de ser forzoso teneros siempre por guía, y si la ocasión porfía, constante se ha de tener, que el Rosario ha de vencer, si le reza cada día. Por acá va el jabalí, por la falda de estas sierras, nuestra Duquesa le sigue, no se pierda, no se pierda. Quién perturba mi oración? Valedme vos, Virgen bella. Detén el curso ligero, g para, pues, en tu carrera, que así con plantas veloces mides a trechos las selvas; pero qué monstruo está aquí? Eres hombre, o eres fiera: Levanta el rostros Ay de mí! Aquesta no es la Duquesas Ilusión debe de ser del Demonio: Quién pudiera echarse este monte encima, por no ver esta firena! Vete, y déjame mujer. Quién eres hombre, que apenas se distingue bien tu rostro; Y según veo en tus senas, sospecho, que eres Don Juan, y si lo eres, porque niegas tu nombre, cuando por ti he hecho tantas finezas? Conoceisme? Ay enemiga! Conocerte no quisiera. No me respondes? Qué tienes? De qué enmudece tu lenguas Si estás quejoso de mí, de que intenté con violencia quitarte airada la vida, ayudada de la fuerza de tus mismos compañeros, y ejecuté tan sanguienta acción: no tuye la culpa, que fui forzada en hacerla; esto por disculpa pase, cuando admirada me dejas de verte en aqueste sitio. Quién, dime, de la Cisterna, te sacó, que estoy confusas mueve si quiera la lengua a responderme amoroso? da a mis preguntas respuesta. Mujer, no soy el que dices. ̱. Oh villano! Pues lo niegas: yo te conozco muy bien, de qué huyes: de qué tiemblas? mujer soy, de qué te admiras? no niegues lo que antes eras; mira que te quiero bien; disculpas te doy, no quejas; pues merezca mi afición qué a mirarme el rostro vuelvas, Yo te quiero, tú me olvidas, cuando te busco, me dejas, si te adoro, me aborreces; quién de ti aquesto creyera? Que dure tan poco en ti tanto amor, tantas finezas, cómo en el monte me hacías! mas te quiero que a mí misma. Dame esas manos, Don Juan, deja, deja la tibieza, o qué grosero que estás! de hombre te has trocado en fiera. Por no escucharte me voy; mujer, teme a Dios. Espera, enemigo de mis glorias, de aquesta suerte me dejas? Que no pudiese vencer a este vil con mis quimeras? firme está en su devoción; a mi costa hice experiencia. Mas no ha de valerle aquí el oponerse a mi ciencia; yo le precipitaré a pasar de aquesa sierra, para que acabe la vida a mis manos con violencia; válgale ahora el Rosario, si estriba en él su defensa. Ea, infernales Ministros, derribad aquesa bestia, que me ha vencido, que así tendrá fin su penitencia. Cae despeñado al abismo, hiprócrita vil, infame. Amparo Cielo Davino; vos Virgen pura, ayudadme. Ay de mí, que de ese monte caí como miletable con el peso de mis culpas, y el golpe ha sido tan grande, que apenas aliento tengo mis propias venas reparten por el cuerpo tojo humor mas ay de mí! que ya en balde los espíritus se animan cuando el golpe los abate. Ay de mí! que estoy muriendo; pero antes que llegue, antes la muerte a mis flacas fuerzas, los espíritus vitales, desmayados titubean, y pelean por dejarme. Donde voy de esta manera, cuando son claras señales, de que me falta la vida, y desocupa la cárcel, que tuvo en mi cuerpo el alma, y pretende trasladarse donde siempre viva eterna en Regiones celestiales. Amigo Don Juan, qué tienes: cuando yo vengo a buscarte te hallo de esa manera; cuéntame, pues, tus pesares. Llega a mis brazos, amigo, porque ellos sean atlante para lustentar el peso de tus bienes, y tus males. Oh amigo! seas bien venido, a muy buen tiempo te trae el Cielo, que ya mi vida está en el último trance. Malo estoy, muy malo he sido, y quisiera que a llamarme fueras a mi compañero, porque venga a consolarme, Vuelve tú mismo con él, sino es que la muerte antes corta el hilo de mi vida, y de este delgado estambre. No te aflijas, no te aflijas, que yo volveré al instante, y mientras vuelvo con él, contempla en los celestiales gozos de la gloria eterna, y a Dios pide, que te aparte de los malos pensamientos, que ahora pueden turbarte. Que con esto, y con que tú ahora a la Virgen llames, que sea tu intercesora, y de su Hijo te alcance perdón de todas tus culpas, con él irás a gozarte. Ahora que puedo solo, Virgen Pura, consolarme quiero este rato con vos, y diré yo con el Ángel: Ave María, gratiap Dóminus tecum. Benedicta tú inmulicribus, benedictus fructus ventrís tur Jesus Cristus. Sancta María Virgo, Mater Deí, Ora pronobís peccatoribus. Et in hora mortís, amén. A la voz de tu oración vengo con gusto a ayudarte, que como eres mi devoto, de ti no puedo apartarme. Cuando merecí, Señora, tanto bien: dicha tan grande como la que usais conmigo? pero sois Virgen, y Madre de todos los pecadores, quien hubiera sido antes bueno para merecer favores tan celestiales! Ya te he alcanzado el perdón, sube contento a gozarle, que como devoto mío vengo para consolarte. Y a todos los que el Rosario devotamente rezaren, yo le rogaré a mi hijo les favorezca, y ampare. Tu esclavo soy Virgen pura, y así llegaré a besarte esos soberanos pies, la acabe. y en ellos mi vio Sosnecho que es muerto ya, Dime, dónde le dejastes En este sitio quedó; no le ves yerto cadaver, y que salen de su boca, de sus ojos, y oídos cinco azucenas, fragrantes? Oh misterio soberano. Qué no llegaramos antes que espirara, infeliz soy! sean mis ojos dos mares, que te acompañen, pues vivo no fue posible el hallarte. Ay compañero querido! como es posible se aparte de tan buena compañía este viejo miserable? No lloréis de esa manera; que Dios quiso señalarle por su escogido, y así goza las eternidades. Y porque no estés dudoso de lo que redigo, el Ángel soy de su Guarda, él me envía para ayudarte a enterrarle. Oh dichoso compañero. si el estado mejoraste, por esclavo de MARIA, y aquí la Comedia acabe.