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Texto digital de La despreciada querida

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Atribución tradicional
Juan Bautista Villegas
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Juan Bautista Villegas Segura
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Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La despreciada querida. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/despreciada-querida-la.

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LA DESPRECIADA QUERIDA

JORNADA PRIMERA

Sto os suplica por mí, señora, su Majestad. Basta ser su voluntad, no pienso pasar de aquí. Si de Boemía salí a obedecerle, es razón que muestre en esta ocasión la verdad de mi deseo. Presto padece mi emplo mil siglos de confusión. Qué sientes? Estoy perdido. Apenas, Floro, la vi cuando el alma la rendí, mas al fin discreto he sido, porque fuera inadvertido, si viéndola no la amara. En tu turbación repara la Reina. Y yo en mis enojos, en los rayos de unos ojos, en el cielo de una cara. Qué es la ocasión de mandar, Duque amigo, que no llegue a la Corte? No hay que os niegue quien siempre os ha de agradar, pero quiere dar lugar para este recibimiento, a más apercibimiento, y así os hace detener: fuera de que habrá de ser presto vuestro casamiento, que ya os tiene prometida al de Trasilvanía. Ya trazada mi boda está? gran brevedad por mi vida, debo estar agradecida al cuidado de mi tío; más juzgo por desvarío que antes que de aquí pase, tan a su gusto me case, y no se acuerde del mío. Es el Tríncipe. No quiero que sus partes alabéis. Brevemente le veréis. Cuando es la boda primero que las vistas? Duque, infiero, que le ha pesado de ver, que sin dar su parecer le haya dado el Rey marido; el ser mal contenta, ha sido siempre acción de la mujer. Parece que ta ha pesado de que ta digan que estás casada? Luego sabrás la causa de mi cuidado. Mucho el Duque te ha mirado. Pues queé importa, que ha de ha- si viene a vernos? (cer, Temer puedes, si da que notar, pue siempre ha sido el mirar muy diferente del ver. Con luces tan soberanas, amor me fuerzas, y inclinas; que a influencias tan divinas, no hay resistencias humanas: si altivos montes allanas, que mucho que esté vencido a tu poder, aunque ha sido montaña mi libertad? Duque a mi gente avisad. Mira que estas divertido. Voy, señora, a detener vuestra gente, ciego estoy? Porcia sin tus soles voy amorir, y a no vencer. Deseando estoy de ver de que ha sido tu disgusto el darte esposo no es justo? El casarme no me altera, mas por lo menos, quisiera elegirle yo a mi gusto, Porcia, prima, si en los ojos, vidrieras de cristal, se conocen las pasiones por el modo de mirar; bien conoces en los míos que tristes afectos hay, pensiones, que a la desdicha paga la prosperidad. Mi padre el Rey de Boemía, que en asiento de cristal pisa tapetes de estrellas, goza de una eterna paz. (gría Con su hermano el Rey de Un guerra tuvo tan mortal, que corrió sangre el Danuvio por márgenes de arrayan. Hermanos que se aborrecen símbolos son de crueldad, y así en los dos fue la guerra más continua, y eficaz. Pero la que, no respeta el cetro; y la Majestad, y iguala chozas de juncos con el Alcázar Real. Cortando el hilo a la vida de mi padre, pudo dar dulces fines a la guerra; y principios a mi mal. Quedé sola, y heredera, forzada a pedir piedad a mi tío, por poder mis estados conservar. Piadoso a mis tiernos ruegos, dio de nobleza señal, hirbió mi sangre en el pecho con secreta autoridad. Prometiome ser mi amparo, pues que quedaba en el lugar de mi padre, que en los nobles no dura el rencor jamás. Prometiome dar esposo conforme a mi calidad, como viniese a su Corte, obedecí a mi pesar. Dispuse al fin mi partida, aunque fue con brevedad, muy conforme a mi grandeza, leyes que el mundo nos da. Y ahora que estoy dos leguas de su Corte, vengo a hallar al Duque, que me detiene por cierta curiosiad. Si para el recibimiento, con grandeza artificial arcos la Corte previene, adornos de la Ciudad. Si sobre doradas vasas en forma paramidal, quiere romper a las nuves el cambiante tafetan. Bien hace en que me detenga, mas es modo desleal el ser tirano, tan presto de mi dulce libertad. Querer casarme mi tío antes de ver, ni de hablar al que me da por esposo, ver si es discreto, o galán. Es decir que en mi pretende tener superioridad, tanta, que mis tres potencias por su gusto he de guiar. Es la mujer, por ventura, tan imperfeto animal, que no permite albedrío, ni permite voluntad? Si los efectos se ensalzan en un alma racional, yo la tengo, y será justo que la procure inclinar. Déjeme que tenga amor, que aunque tan niño, y rapaz, es hijo de la hermosura, Dios de la Gentilidad. De esto nacen, Porcia mía, las penas, que a suspirar me obligan, y a que mis ojos aflijan sus niñas más. Esta fuerza que padezco me combiene remediar; mi tío jamás me ha visto; por la antigua enemistad: tampoco a ti te conocen, quédate tú en mi lugar; yo quiero entrar en la Corte, veré el dueño que me da. Diré, que soy la Duquesa Porcia, que voy a tratar con el Rey cosas que importan, nadie me conocera. Si el marido que me ofrece no me agrada, con callar, y dar la vuelta a mi Reino, salgo de cautividad. Y si me agrada el marido, mis penas se acabarán, descubrirase el engaño, tendré esposo a quien amar. Al punto partir me quiero, Celia me acompañará, pues el Sol dora el ocaso al hermoso trasmontar. Concierto que fue tan breve requiere remedio tal, y mal haya la mujer que se casa a su pesar. Si ya estás determinada, no te quiero responder, sino solo obedecer. Tu resolución me agrada, aquesta empresa te anima. Contigo voy animosa; advertida, cuidadosa te muestra en mi intento prima. Si el Duque me quiere hablar, dile que indispuesta estoy, que mientras la vuelta doy, tú le sabrás engañar; una carroca apercibe. Con justa razón se abrasa, que quien sin gusto se casa, para muchas muertes vive. vo Mucho me agrada el modo de la fiesta, por tu ingenio dispuesta, todo esté prevenido. Si a la Reina en Velflor has detenido, luego a llamarla envía, si te confías de la industria mía. En un carro triunfal de arquitecturas, y excelentes molduras de yambas, y linteles, frisos, vasas, cornisas, y boceles, Boemía va triunfante con túnica vestida de diamante. Dice la letra en un escudo altivo: por la paz venzo, y vivo, y a sus pies van postrados rotos arneses, yelmos abollados, y las márcialas cajas siembran astillas en banderas bajas. Sobre cuatro piramides divinas, que ocupan las esquinas; van la Paz, la Prudencia, opuestas al Rigor, y a la Inclemencia, y en las piras, escritas epigramas, y cifras infinitas. Vese en la puerta principal Ungría, que la espada desvía, y con llaneza altiva un ramo abraza de dorada oliva, sin otras intenciones, que declaran tus nobles intenciones. La máscara apercibe. Si deseas que te pinte libreas, no tienen a porfía, la noche estrellas, y candor el día, que con ellas compitan. A mis deseos justamente imitan. El Príncipe ha venido. Ya le esperan mis brazos, que quisieran, dándole a mi sobrina, que del Orbe la máquina divina se humillara a sus plantas. Al Cielo en tus mércedes me levantas, mas con besar tus pies quedo más rico. Ya tiene Ludóvico la fiesta prevenida. Como podré servir con una vida el favor que recibo, si para agradecerle me apercibo, Aunque por tener guerra con mi hermano, el no haber visto, es llano, a mi sobrina: creo que su belleza iguala a mi deseo para que vuestra sea. Besar sus plantas mi afición procura, que si en ser suyo alcanzo tal ventura, que mayor hermosura, si el alma la dedico, que el honor que a mi sangre multiplieo, pues si lunta a Boemía con Trasilvanía, mis deseos premia. Manaña lo veréis. De una carroza, que justamente goza nombre de claro Oriente, sale otro sol, que aunque mira consiente sus hebras esparcidas, si no privan de vista, quitan vidas. Dicen que es Porcia, de la Reina prima: Ya mi pecho la estima; su sangre, su nobleza, me dicen que es igual a su belleza, a recibilla vamos: Vence en valor a la de Chipre, y Samos. Las manos, señor, os pido, Sí, para que os levanteis las doy, no seré atrevido, pues no es justo que humilléis un cielo de luz vestido. Que peregrina belleza, que edad, gala, y gentileza, toda es ai lo de amor, o milagro del pintor, que obré la naturaleza. Bien es que reciba ahora favores, tan poco avaros. (ra. Qué necio es quien no teado Que en efeto, vengo aha- blaros por la Reina mi señora: abrazos por ella os doy, haced cuenta que no soy os. Porcia, como imagináis, vuestra sobrina abrazáis, pues que yo en su pecho estoy. Príncipe, no estéis turbado, recibid a la Duquesa, parte del bien que os he dado. Ya de casarme me pesa: Es por dicha el desposado? Sí De quién es da ya señal: Es su discreción igual a la gala que atesora. Esta bien Celia, Señora, No me ha parecido mal. Turbado a vios pies llego, pues la defensa conquisto de un Sol que me deja ciego, que en toda mi vida he visto tanta nieve en tanto fuego: tan divino resplandor causa respeto y temor. Alzad. El alma la adora por dueño. Celía. Señora. Ya me parece mejor. Mucho, Tríncipe, he gustado de veros, porque tenéis a la Reina con cuidado, mas vos se le quitaréis con vuestra gala y agrado: que si he de decir verdad, a veros vengo, mirad lo que me debéis aquí; mas pues me agradáis a mí yo allano su voluntad. Dándole a la cortesía su lugar, con agradaros a vos, contento estaría; pues en vuestros ojos claros miro el alba de su día: vuestro divino arrebol de su luz es el crisol, por vos quien es considero; pero si es tal el Lucero, nunca, amén, me salga el Sol. Cuando sus luces estén en el Oriente que dora, me trataréis con desdén. No por Dios. Celía. Señora. Ya le voy queriendo bien. Al fin, señor, he venido a saber de vos, si ha sido detenerla vuestro intento, hasta que el recibimiento esté a punto prevenido. Qué ocasión pudiera haber, sino quererla servir? Pues porque habéis de poner en querella recibir cuidado, este proceder es cumplimiento excusado; no la habéis, señor, tratado como a hija que os estima como a padre, por mi prima estas quejas os he dado, y os ruego, que permitáis que venga luego. Bien puede, pues que vos de ello gustáis. Ya mi desuentura excede, amor, al bien que me dais: vive Dios, que no ha de ser otra mujer mi mujer, sino Porcia: la grandeza perdone, que tal belleza, que mármol no ha de vencer: yo Reinos, yo majestades ha de aumentar Laura en mí, grandezas, ni calidades? iguale el amor ansí, si no Reinos, voluntades. Volverme al punto querría, porque venga quien me envía a ver favores tan raros. Salir quiero a acompañaros. En mí la pasión porfía. Príncipe, yo lo diré a la Reina mi señora, que alegre, y contenta esté, vuestros méritos ignora, y así desmaya su fe. El satisfacerla es justo, mas no la daré disgusto si sigue otros pareceres, Celía. Señora, qué quieres? Marido tengo a mi gusto. Qué es esto, que sinrazón en mí tiene más poder, que mi propia obligación, que al amor suele vencer muchas veces la ambición? Pero si me ha de quitar la vida el no me casar con Porcia, qué hay que sentir? sin Reino puedo vivir, y no sin vida reinar. Cásese la Reina aquí, con quien ciego de su amor estime lo que perdí, que no hay grandeza mayor que tu beldad para mí! y Del Sol los caballos son, los que la carroza llevan. Prevenirnos es razón. Que más eminente prueba en mi ciega confusión? No me he de casar con ella, si mil mundos atropella mi esperanza bien sundada. Qué es esto? Ya despreciada es por mí la Reina bella; no he menester calidad, ni riqueza, pues la mía tiene a la suya igualdad; busque otro esposo en Ungría que el Reino es la majestad. Mal mi paciencia resiste. No escuches tu ofensas más. En esto mi bien consiste. Carlos, qué es esto? Aquí estás, que preguntas, pues lo oiste? Pienso que los oídos me engañaron, pues no puedo creer, que poco estimes el bien que tus venturas te guarderon, y que tu amor cobarde desanimas: Si en ti mis pensamientos no hallaron justa humildad, aunque tu sangre intimes; habla claro, el suceso determina, que no gana en casarse mi sobrina. Pues pides que declare lo que siento, el no casarme pienso que me importa, y no porque te niegue, que en aumento iva en grandeza mi esperanza corta: Mas con tal brevedad, será violento el matrimonio, que a temer me exhorta no haber visto a la Reina, ni haber visto que condición sin libertad conquisto. Pues dices que en tu Reino hay quien merezca a tu sobrina, y piensas que no gana en ser mía, a otro ilustre, y engrandezca, que no ha de ser de mi valor tirana: Yo se que habrá quien más se desvanezca, y que tenga por gloria soberana el suyo, porque yo me determino de no juntar al mío un ser divino. Si no fuera mostrar que me pesaba de que se deshiciera el casamiento, que al mismo punto de empezar se acaba, para más gloria mía, y más aumento: No era poca ocasión la que incitaba mi justo enojo, pero ya contento, de mi mala elección arrepentido, libre se quede quien tan libre ha sido. No te destierro Príncipe de Ungría, solo de mi Palacio te destierra mi razón, porque justo no sería, que estando en el causases nueva guerra: Ni a la Reina reciba tu osadía, ni la beses la mano, que en tu tierra tendrás más bien, aquesto te apercibo, mientras que yo con fiestas la recibo. Qué importa que te enojes, como quede libre del casamiento mi cuidado? o cuanto, Porcia, tu hermosura puede, o cuanto a mis deseos has costado: Mas tu belleza al Reino todo excede; el salir de Palacio desterrado. siento, porque de verte en él me privo, y milagro será si ausente vivo. ecieron Cómo no sales, señor, a recibir a tu esposa? Mi suerte fuera dichosa a haberlo querido amor. Mas él ha deshecho Arnesto el casamiento tratado. Cómo, que es lo que ha pasado? Ya no me caso. Tan presto parceseronids libreas? Más ricas las apercibe un nuevo intento que vive, entre confusas ideas. Otabio, Arnesto. Señor. Yo deshice el casamiento. Qué te movió? Nuevo intento? Quién ha sido causa? Amor; No ganabas en la Corte? Aumentaba mis grandezas; Pues no estimas las riquezas? No, si amor tiene más parte. Enamorando estás? Sí: De la propia Reina? No: Quién tu libertad rindió? Un cielo que alegre vi. Vistes la Duquesa, acaso, cuando a hablar al Rey entró? Yo no lo he visto; Ni yo: Pues yo por ella me abraso. No vio tan gran de hermosura el Sol, del de donde baña sus hebras el mar de España, hasta la Noruega oscura. La Reina que puede ser, si con ella la compara, la madre de amor dejara por esta hermosa mujer, y toda la Monarquía del mundo, Perdido estás. No llames perdido más al que tal Norte le guía. No te atreverás Arnesto, a darle, por mí un papel en llegando? Escribe en él tu intento justo, y honesto, que eso será lo de menos. Voy abrasado, y perdido, de Palacio me despido, y de unos ojos serenos: venid conmigo, aunque siento esta rigurosa ley, pues que me destierra el Rey de mi propio pensamiento, que en Palacio ha de quedar. Ya llegan. Salir procura. Pídele al amor ventura, que no faltará lugar. Deme vuestra Majestad los pies. Los brazos os debo, Porcia hermosa. A tu sobrina abrazas? Pues cómo es esto, no el es Porcia? Laura soy, que ha sido engaño confieso, quise verte disfrazada, por cierto culto secreto; aquesta es Porcia mi prima. Corrido estoy con extremo, pero no es justo quejarme, pues ha sido gusto vuestro, a Porcia le doy mis brazos. Cómo al Príncipe no veo, sino sale a recibirme otra novedad sospecho, bien preguntara por él, (no. mas por mi honor no me atre- En los rayos de sus ojos abrasada el alma tengo. Como no sale tu esposo a recibirte? No acierto a encarecer, Celia mía, lo que dudo, y lo que siento. Disimula. Ya lo hago. Desde aquí tendrá mi Reino señora, a quien reconozca. Vos sois mi señor, y dueño, ya me ofrecen mis temores, industria, por aquí pienso saber porque no ha salido Carlos al recibimiento; señora queréis hacerme de Ungría? Servir os debo, por la noble confianza que de mi amor habéis hecho. Parece que me aduláis, queréis casarme tan presto, poniendo mi libertad en confuso cautiverio? y decís que soy señora, pero en fin os obedezco como padre, Qué ocasión de obligarla me da el cielo; pues más me debéis señora de lo que pensáis, pues viendo que era agravio el cautivaros, tan brevemente he deshecho el matrimonio que es justo, que vuestro gusto, y mi ingenio elijan de espacio esposo. Bien temí tan mal suceso: en fin que ya no me caso, no son fuertes los conciertos en Ungría? Adivinaba vuestro mismo pensamiento. Así tengas la salud, muerta soy, luego por eso no viene Carlos aquí? Él no estaba satisfecho de vuestra rara hermosura, es arrogante, y soberbio, y dijo algunas locuras entre altivos menosprecios, y así le mandé salir de Palacio, porque a veros no llegase como indigno de la gloria de ser vuestro. Basta que me despreció, no me pareció muy necio cuando le hablé, mas hay hombre que trae dos, o tres concetos estudiados, y si dura la conversación, da luego muestras de que sabe poco. Antes anduvo discreto, pues lo que no merecía dejó. Válganme los cielos, antes casarme sentía, y ya no casarme siento, castigó mi presunción, por confiada me pierdo, mal haya la calidad que me obliga a sufrimiento, Por buen camino salí de obligación. Ver deseo a Carlos, que en su amistad confía el breve remedio del amor que me atormenta, comunicaré a lo menos mi mal, si el comunicarle suele servir de remedio. Ya estaréis contenta ahora, pues en libertad os dejo, ya no os quejaréis de mí. Todo ese amor os merezco, procedéis como quien sois. Cansada vendréis, y quiero, pues quedáis en vuestro cuar que descanséis. (to Cómo puedo, entre tantas confusiones? vuestros pies mil veces beso. Dode es tan grande el amor se excusan los cumplimientos. Celia, que tiene mi prima, que eclipsados sus luceros, entre nuves de pesar lluer en centellas de fuego? Ello dirá, por ahora es bien guardar el secreto. Debo yo sentir sus males por mi deuda, y por el deudo. Locas altivezas mías ya estaréis escarmentadas, por soberbias despreciadas con arrogantes porfías; que importan las fantasías, pues han sido sombra, y sueño, y en término tan pequeño hechas cenizas las veis, que al fin por dueño tenéis al que no os quiere por dueño. No lo entiendo. Ni conviene. Síguela. . Será forzoso, sombra ha sido aqueste esposo. Triste, y confusa me tiene. Muchas dudas me previene el nuevo oficio que adquiero, ver a la Duquesa espero, aquí dicen que ha de estar, o bedecer, y callar no es oficio de tercero. Por eso ningún criado se corra cuando a esto va, pues al fin quien sirve está a obedecer obligado. Qué es esto, a que habéis entra- Ofreciome la ocasió (do? el copete, y fue razón, porque a quien trae tan buen celo que puertas niegan el cielo de esta rara perfección. Por santo entráis, razón es. Este estilo es el que daña, alguno por santo engaño, que es un demonio después, por tan precioso interes, como veros, no hay empresa difícil, esto confiesa el alma. Buena osadía. Decidme señora mía si sois Porcia la Duquesa? Yo soy. Pues mi atrevimiento disculpe vuestra prudencia, y permita vue Excelencia que le diga el sentimiento del amante más contento, en su tormento cruel, por ser vos la causa de él. A muchas penas se obliga. Pero mejor es que os diga lo que siente este papel. Notable facilidad, mas al fin le quiero ver. Es muy propio en la mujer aquesta curiosidad. Cielos, o descanso dad a pena tan bien sentida, o privadme de la vida: Carlos firma aquí; Ay de mí: Pues Carlos me escribe? Sí. y por vos la Reina olvida; leed de qué os alteráis? Nuevo mal se determina. Fien es Duquesa divina, que mis intentos sepáis, si las almas cautiváis, que mucho que de mi vida; a tan hermosa hemicida, a que la Reina engañada, venga a ser la despreciada donde vos sois la querida. Admitid una afición que en nada puede ofenderos, pues solo el dejar quereros me basta por galardón, dad lugar a la ocasión, y permitidme que os vea, aunque en mi confusa idea, siempre retratado os miro, de esta novedad me admiro: Hay quién mis desdichas crea? un desprecio no bastaba sin que padeciese celos. (los: No se enojen vuestros cie La Reina escuchando estaba. Porcia, en mucho te precia- (ua, y imagino desde aquí tenerte en más: Cómo ansí? Conocida es la ocasión, pues que te muestra afición el que me desprecia a mí. Mucho más vales que yo, bien puedes no despreciar al Prínicipe, y estimar el bien que amor te ofrecio, responde afable: Eso no: Esto ha de ser por mi vida. Será mostrarme atrevida tú le responde por mí. En fin, Porcia, que yo fui despreciada, y tu querida? Decilde a Carlos que ha dado muestra de su ingenio, andad: Si va a decir la verdad, digo que no me ha pesado, el Príncipe es celebrado. Y que esperanzas le da Porcia de que le verá, que yo al Rey aplacaré; dices esto? Si diré, pues que tú lo has dicho ya. Con esas respuestas voy, alegre tus plantas beso. . Que eres dichosa confieso. Justo es si tu sangre soy. Loca de celos estoy, entra Porcia, ve delante, que a quien tiene tal amante se debe esta cortesía. No burles. Por vida mía. Que lo mandes es bastante. La amistad que siempre os tuve es justo que ahora muestre, vuestro disgusto he sentido. Antes, Duque, estoy alegre, yo no he querido casarme, que hay ocasiones urgentes, para que Reinas no estime, este es amor, gusto es este, no he menester calidad, pues tanta mi sangre tiene. Lo mejor de toda Europa os ilustra, y engrandece, digno sois de que corone vuestras valerosas sienes la tiara del imperio. Solo el gusto se pretende, ay Federico, que importan los invidiosos laureles de los Césares Romanos; que dominan el Oriente, si no hay gusto? Bien decís, que si ha de igualar la muerte los estados en la vida, el gusto es razón que reine. Yo soy de ese parecer, pero si decir se puede, Carlos que ha sido la causa del repentino accidente. que os obliga a vos casaros. No os espante que la niegue, hasta ver una respuesta que en el aire me suspende, de los cabellos colgado, que si favor me promete la que adoro, con vos solo comunicaré mis bienes. Y yo también os prometo, como amigo, y tan prudente, daros parte de un cuidado que envidiosa el alma tiene Que como a visto en los ojos imagen tan excelente, quiere contarla a sus niñas porque tal bien no merecen. Quién es Duque de Sajonia, porque vuestro amor consuele el mío, que es mal de muchos, y así el amor se divierte? Si vos no queréis decirle. no pidáis que os manifí este mi amor, pues es la igualdad la amistad más excelente; declararémonos los dos. Yo quiero al sol: No os enseñe concetos la idolatria, más humano amor os vence. No quedaré satisfecho si albricias no me prometes, que al deseo de servirte se las he dado mil veces. Esto si es tener criados cuidadosos, diligentes, bien haya amén, quien se sirve de un Sempronio tan prudente. Yo te las prometo, Arnesto, pues porque el alma celebre su gusto, ves que los ojos placer brotan, risa vierten? Puedo delante del Duque hablar? Si os importa ireme: Eso puedo con verdad decir que ha sido ofenderme, si vos sois parte del alma, que secreto encubrir puede mi amor? Esa confianza mi amistad os engrandece. Arnesto, no me dilates ese bien, porque me tienes como Tántalo a la boca los cristales transparentes, que por los ojos no más el apetito lo bebe, porque al llegar a los labios en rizas cintas se quiebre. Entré en el palacio. Entraste. Llegué al retrete. Al retrete. De la Reina. De la Reina. Suplícote me dejes, eres eco de mi voz? Tú de mi alma lo eres, Arnesto, pues que me dices lo que ella misma pretende: Vide a la Duquesa Porcia a cuyos rayos de nieve diste el alma: Cómo el alma a Porcia, cielos valedme. Di tu papel. El papel. Recibiole alegre. Alegre, Segunda parte de loco tenemos, ellos me muelen: Qué es esto desdichas mías. Amigo, si le diviertes, darasme en taza penada píctima tan excelente, (bos Oigamos los dos que a entran la relación nos conviene; Di. . Prosigue. Entró la Reina, señor, después de leerle, la honestidad en el rostro pintó purpéreos claveles, que en márgenes de cristal, como rubís resplandecen; la Reina que es otra Venus. Que me alabas, y encareces, prosigué el no bre de Porcia, y al pecho los otros vuelve. Al fin dice que te estima, y agradecida promete correspondencia bastante que la verás brevemente. La Reina dijo que al Rey hará que volver te deje a palacio, aquí doy fin, para que la paga empiece. Qué ventura. Qué desdicha. Viva mi amor. Aquí mueren mis altivas esperanzas, en flor el tiempo las seque. Oh quién hiciera tus labios de granates, y a tus dientes de perlas, tu lengua sabia, de un rubí resplandeciente, por la nueva que me diste. Mejor fuera que la hicieses del fuego con que me hieja, del hielo con que me encien de? No me decís vuestro amor. No, porque el vuestro celebre los favores de que goza. Pues volved después a ver- que ahora estoy divertido, (me, tanto, que dudo que acierten mis sentidos a escucharos. e Ni yo a hablar eternamente. Ven darete las albricias Voy a celebrar mi muerte. Que Reina como tus, ojos, Porcia, que al Sol escurecen.

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda Esto con él me pasó. Tu amor en efeto ignora, y a Porcia quiere, y adora. Por ella no se casó. A buscar consuelo fui en tormento tan mortal, en quien aumento mi mal, pues la esperanza perdí. Correspondió la Duquesa a Carlos? Lo que bastó para favor, pues le dio esperanzas en su empresa. Que licencia pediría al Rey, para que a Palacio fuese, a contemplar de espacio la luz que juzgué por mía, Aunque es verdad que favor, muy grande fue el responder que queja puedes tener de quién no sabe tu amor? Si te hubieras declarado con la Duquesa primero, que Carlos tu verdadero amor, en su pecho helado, pudiera ser que encendiera llamas en que se abrasara, y cuando el Príncipe hablara airada le respondiera, Por la mano te ganó, y como halló su cuidado el pecho desocupado, fácilmente en el entró. Cuando el mal ha de venir, qué importa la prevención? Dar remedios es razón al enfermo hasta morir. No desengaña el Letrado al que no tiene justicia, que a faltar esta malicia el pleito fuera excusado. Tu Letrado quiero ser, dile a Porcia tu desvelo, porque sirva de consuelo todo lo posible hacer, ha de venirse a la mano el bien si no le procuras? Dónde reinan desuenturas cualquier remedio es en vano. Mas en fin quiero seguir tu parecer llanamente, mas quiero morir valiente que acobardado morir. Eso es lo que te conviene, no hay que dilatarlo más. Bien animando me estás, pues que ya a abrasarme viene. Dichoso fin te prometo. Solo me puedes dejar, porque me quiero inostrar amante firme, y perfecto. Tu vencerás si porfías. Haz este milagro amor, vence el divino candor que presta luz a los días. Bien su palabra ha cumplido la Reina. La vida ha dado a un amoroso cuidado, que ya gigante nació. Al fin, ya tiene licencia de entrar en Palacio. Y ya en su deseo vendrá para ver a Va Excelencia, que el ligero pensamiento, y él, parejas han corrido. Si es dichoso el atrevido con justa causa me alienta, mal el verla tan contenta con Arnesto, me desmaya. Bien es que volando vaya, pues su esperanza se aumenta, que albricias me ha prometido, aunque pueden dar temores promesas de los señores: conceto excusado ha sido, mil veces beso tus pies. . Ver al Príncipe deseo, porque de tan justo empleo no me arrepienta después. Mas si le alaba mi prima, y con burla vergonzoso me dice que esta envidiosa, porque la deja, y me estima; sin duda que es muy galán, sin verle querer le quiero. que aguardáis confuso miedo, cuando la muerte me dan. Intentemos, que es razón remediar la adversa suerte, y acaba con breve muerte una tan larga prisión. Suplico a vuestra Excelencia que me escuche. Este lugar, para poder escuchar da limitada licencia. La brevedad os encargo: Si mi temor se reporta, haré que en arenga corta se cifre un amor tan largo. Porcia, al instante que os vi, a amor conocí por Dios, muestreos el espejo en vos la disculpa que hay en mí: cuerdamente me rendí, porque vuestros soles claros, de su luz tan poco avaros, bastaron para abrasarme, sin que pudiesen privarme de la gloria de adoraros. Tened lástima a una vida contenta con padecer, pues a ninguna mujer le pesa de ser querida, ni es bien que estéis ofendida, pues no ofende con amar quien menos puede alcanzar: y es mi pasión de manera, que con dejarme que os quiera mis males podéis premiar. Ved a que punto he venido, de que suerte me tenéis, lo que negar no podéis, es señora, lo que os pido, de mis penas persuadido, y cansado el sufrimiento, se anima el atrevimiento: disculpad en mi temor, por las sobras de mi amor, faltas de mi entendimiento. Cortesanamente habláis, vuestro ingenio habéis mostra- mas si venís consolado, (do; que consuelo en mí buscáis? si vos mismo confesáis que tenéis el galardón en vuestra misma pasión? Si la pasión os quitara, sin duda que os agraviara penad que tenéis razón. De que os importa pedir lo que negaros os puedo; excusado ha sido el miedo, el recelar, y sentir lo que llegáis a decir: eso os puedo responder, no me agraviáis en querer, yo os dejo que me queráis: que como más no pidáis yo os dejaré padecer. Vuestra respuesta es bastante para que me pierda ya, que amor paga hallará, sino con su semejante. Amor busca el que es amante, bien me podéis entender, pero debéis de querer que sin esperanza muera. Ansí que queréis que os quiera? pues Duque, no puede ser. Yo os dijera en mis desvelos como no fuera atreverme: porque no queréis quererme? pero diréis que son celos: y aunque con mil desconsuelos crece mi desconfianza, no los muestre quienno alcanza; pues dirán que es envidioso, que no puede ser celoso el que no tuvo esperanza. Imagen de mármol fría para mi fuego os mostráis, mas para que conozcáis quilates en la fe mía, faltará la luz al día, y a la noche estrellas, antes, que en mi pena semejantes; y a pesar de esa dureza, no tendrán tanta firmeza, de ese pecho los diamantes; símbolo son de mi amor, como de vuestra crueldad. De razones acortad, Duque miraldo mejor, sin que tengáis por rigor lo que a mi nobleza fío. Libre nació el albedrío, si se pudiera negar, causa tengo de dudar, pues no me valgo del mío. Este desprecio me debe Carlos sin haberle visto. Un imposible conquisto, al deseo que se atreve; que disgusto es el que mueve al Duque, que ansí te deja? De mis desprecios se queja, mis ingratitudes llora; cuando tu gusto señora, que ame a Carlos me aconseja, El Duque te quiere bien, digo que eres venturosa, mas no tanto como hermosa; bien mereces que te den mil almas cuantos te ven. Mi dureza sola, y rara, a los diamantes compara de esta joya. No se atreve a compararte a la nieve, porque la afrenta tu cara, mas la joya quiero ver. Toma si te sirves de ella, y excusa el encarecerla, pues que ya está en tu poder. Lo que pides quiero hacer, mas yo la quiero pagar, solo con solicitar que sea Carlos tu esposo. De pecho tan generoso, menos bien no he de esperar. Antes, si puedo, sabra que son celos el traidor, pues en su mismo dolor el mío conocerá, esta joya me dará la ocasión. Aumente el cielo tu vida, por el desvelo que mi aumento te causó. Tenga celos como yo. servírame de consuelo. Turbado llego a palacio; No te turbes, no te espante la luz de tu hermoso rostro. Antes temo que me abrase. Este es su cuarto, aquí es bien que te deje, que me aparte. Está bizarra? Oh fir puso sus tesoros en su traje. Las hebras de sus cabellos, metal que somenta el padre comon, al Sur empobrecen, pues es de perlas su esmalte. Adorna el vistoso pecho una joya de diamantes, que a no estar junto a su rostro, bien pudiera deslumbrarte. Mas aumentas mi deseo. Quién es el que viene? Trance riguroso: es imposible que le espere, y que le hable: este es Carlos. Galán es Que consiento que le alabe, el corazón es de fuego, pero de nieve es mi sangre. Aquí están la Reina, y ella. Y aquí es forzoso turbarme. Adiós afuera te espero, . A solas quiero dejarte con él, que si estás conmigo, es fuerza que se acobarde, y la soledad anima al más vergonzoso amante. En todo sigo tu gusto. Hasta que aliente, y descanse el corazón irme quiero. que apenas puedo mirarle. . Por que se va la Duquesa? mas no se atreverá a hablarme en presencia de la Reina: antes el cielo me falte que otra sea esposa mía; discreto fui en no casarme, que aunque es hermosa la Reina, es la diferencia grande. No llega, porque el amor siempre es medioso delante del objeto que desea. Ya es forzoso disculparme de el haberla despreciado, y besar su mano. Dame amor tan gallardo esposa. y adorará tus altares. Dadme vuestros pies señora como a esclavo, perdonadme si os ofendió mi deseo, que el causó que no me case, pues ya os andicho mi amor: mostraos piadosa, y afable, que el Noble, con los rendidos nunca ejecuta crueldades. Dadme la prenda que adoro del cielo dichosa imagen, para que en mis tiernos ojos por momentos se retrate. De vos espero la vida, antes que el amor me mate con prolijas dilaciones, que me hielen, y me abrasen. Bien se que no merecía ser vuestro, que era arrogante. proceder, querer humano ganar triunfos celestiales. Admitid esta disculpa, y como Noble, amparadme, puerto sois de mi esperanza, permitid que en vos descanse. Qué cortés es el amor, que humilde, llano, y afable, no es mucho, si es tan perfecto que tales efetos cause. Príncipe de Trasilvanía; no es justo que le declare tan fácilmente mi amor, mi honor sus respetos guarde. No me pesa del amor que tenéis, ni es agraviarme, pues el sirve de disculpa en sucesos semejantes. Quered, amad, y esperad, pues solo el veros constante, ha de obligar mi deseo. al remedio de estos males. Hablad Príncipe a mi prima, porque es justo que se allane su voluntad, como dueño, que es forzoso que la mande. Ella os ha de dar favores, y yo no, que el alegrarme de veros, es por ahora, por mi honor, y por mi sangre, el mayor que puedo hacero.. Dejad que mi boca estampe. en el suelo que pisáis. Alzad. Porque me levante al cielo de vuestra gracia, No es bien que a solas trate de esto más entre los dos: pienso que mi prima sale, hablalda, y de vuestro amor la descubrid las verdades, que a su gusto me remito. Vuestro soy. El cielo os guarde. Pues la Reina me perdona su desprecio, el animarme para hablar a la Duquesa es ahora lo importante: ella viene, que hermosura, que bien entre los cristales de su blancura, parecen de púrpura los granates. Con más aliento me animo, a verle, si han de bastarme esfuerzos en mis temores para que no me acobarde? Qué galán, y que bien hecho? mas quien ha visto que alaben envidias lo que no gozan, Porcia encarezca sus partes. Bien Arnesto la pintó, aunque no bastara el arte de Lisipo, y Prajíteles a pintar tan bella imagen. Quién se detuvo en mirar aquel joyel de diamantes, mientras pudo ver sus ojos, sin duda que fue ignorante. Mas resplandor hay en ellos que en el Sol, que por celajes de nácar, y de zafiros, descubre gitos cambiantes. No llega a hablarme, sin du- presume que despreciarme (da me tiene airada, y quejosa, bien piensa, pero mal hace. Ánimo temores míos. Cómo las hojas al aire, atras sus pasos se vuelven con la violencia que parten. Nave en alta mar padezco, que dos vientos la combaten. Ay Carlos si esa vergüenza la hubiera tenido antes. No os admire el ver señora que a vuestros pies llegue tarde temeroso de ofenderos, vergonzoso como amante. La disculpa de mis hierros, amor que dorar lo sabe os la puede dar por mí, con retórica elegante. (ma Que en mí se aumenta de for- el ver vuestros ojos graves, que ya presumo que tiene amagos de eternidades. De Arnesto sabéis mi amor, si es posible disculpadme, pues la humildad co que llego, me parece que es bastante. Aquí a vuestra prima hermo- hablé, dándole señales (sa del fuego que está en mi pecho; que a fuerza de hielos arde. A vos mi causa remite, vos sois el juez, y parte, juzgad con piedad mi causa, y si no queréis, matadme. Que no solo a vuestras manos moriré por consolarme, sino a los más bellos ojos, cosarios de libertades. El haberme despreciado dice bien con alabarme, con su poco de lisonja me obliga para que calle. (to: No es bien mostrar sentimien Príncipe, muy disculpables son los yerros por amor, de esto ahora no se trate. Si mi prima os favorece, yo os prometo de mi parte todo el honor que pudiere, si al honor se satisface, que os soy muy aficionada: No puedo, sin arrojarme a vuestros pies, responde solo el silencio os alaberros, A que debo de ser fea este hombre me persuade; porque parece discreto, y no he podido agradarle. Pues o me engaña el espejo, que quicá quiere adularme porque soy Reina, o no es Por tan bella, ni tan amable. (cia A que vos me deis favores vengo, señora, de parte de vuestra prima: Esto aumenta mis pasiones, y pesares, pues he de daros por ella favores, para que os hable mas de espacio, id al terrero esta noche. El curso acabé. El Sol, y la muda noche, de tantos secretos madre, llegué esperezando sombras de altivos montes nigantes. Id Carlos, y hablad al Rey. La mano voy a besarle, como a vos los pres os beso, Qué discreción! Que do naire! CD ASIILCS. No me bastaba amor ser despreciada, sino querer que sirva de tercera? ay cielos quien creyera suerte tan desdichada, si es vileza el amor sin ser amada, que acción tan vil en mí se considera, a la más bruta fiera, correspondencia agrada, quién pudiera olvidar! mas tarde olvida quien ama firmemente, que vive la pasión al alma asida el más sabio, y prudente, si dice que olvidó, y quedó con vida, no supo amar, el disimula, o miente. bien? Aquí está. Porcia. Señora. Dime que te ha parecido de Carlos, pues ha venido a verte, y tu sombra adora, di verdad, por vida mía, Celia no, mas aquí está? El alma que suya es ya, por mi responder podía: paréceme. La verdad. Que te puedo responde, que conforma el parecer con su fama, y calidad, y que su fama es bastante a que alabanzas le den, y al fin. Te parece Si mi señora. Adelante. Es posible que esta sea más bella que yo, yo quiero con el cristal, y el acero ver lo que el alma desea. Una rosa se ha caido, Celia ve por un espejo, para que me dé consejo en las dudas que he tenido, Si gustas yo la pondré. No se dónde se cayó. Pues tendré el espejo? No, Celia así quiero que esté, llega más. De tu hermosura quizá te enamorarás, y otro Narciso serás, Según es mi desuentura, aunque es tal mi parecer, pienso por lo que pasó, que si no me quiero yo ninguno me ha de querer. Picada está toda via. Mucho me vuelve a mirar. Por lo menos no hay dudar que es mejor frente la mía, Porcia. Señora. Al terrero Carlos esta noche ha de ir, aslí le puedes oir. En todo servirte espero. Qué presto que concedió. Mal encubre sus enojos. Si no me engañan los ojos, mejores los tengo yo. otra vez vuelve a mirar. No igualarme es cierta cosa mas si la miro envidiosa, cómo me puede agradar? Que estoy mirando turbada, pues más tormentos me doy, cuanto más hermosa soy me hallo más desdichada. Si en la sea la ventura juzgan por injusta todos, y tienen por varios modos lástima de la hermosura. Desgraciada, sirva aquí de consuelo mi desdicha, cúlpese en Porcia la dicha, tenga lástima de mí. Mejor es vivir quejosa si indigna me considero, consuelome que más quiero no ser sea que dichosa. Quita el espejo. Ya ha dado vuelta el Sol, cuando, señora, he de ir al terrero? Ahora, mirad si se le ha olvidado. Ese cuidado es amor? Agradecimiento al menos. Qué rodeos tan ajenos de tu prudencia, y valor. Confiesa ya que es querer, y cuerdamente hablarás, porque en la mujer no hay más amor que el agradecer. Sea como tú quisieres, pues que juzgas mi intención. Agradecimientos son, y disculpa en las mujeres. Has de ir conmigo? Pues no Ya es tarde? Qué priesa tienes? que requiebros le previenes? Qué dices, requiebros yo? No se los sabrás decir? No finjo, ni justo fuera. Pues fueras tú la primera mujer, que supo fingir? Él no serlo es cosa llana, ven, a seguirme te anima. Vámonos de espacio prima, que no se ha de ir la ventana. Si aborrece la luz del claro día la noche escura a, y fría, es justo que me vea, y que mis males cuenten sus estrellas, pues no son tantas ellas, como las penas que padezco, y siente el alma: y cuando el Sol dore el Oriente, en los átomos cuente males la vista mía temerosa. Oh Porcia rigurosa, a adorar los balcones del terrero, pues que verte no espero, me traen mil amorosos desvaríos, por ver tu pecho entre sus hierros fríos. O nunca de Boemia te trujera tu prima, ni viniera la luz de tu hermosura a abrir al alma los cerrados ojos, para tantos enojos, y ya que te miré, nunca te amara; pero fuera locura, que luego que te vi no te adorara, que belleza tan rara convida a actividad, a amarla inclina. Y pues es tan divina. porque se queja mi esperanza vana de no mostrarte humana. pues siendo celestial, aún no merezco por galardón las penas que padezco. Loco vengo de amor, y de alegría, hablé a la prenda mía, prometiome favores; que aquí viniese a hablarla fue el primero, y así vengo al terrero, para que en las tinieblas amanezca con nuevos resplandores, a otro sol que en mis ojos resplandezca. Quién habrá que merezca lo que tú, gran señor, en toda Ungría. Ya la descortesía, de haberla justamente despreciado, la Reina ha perdonado el Rey con amistad me dio los brazos, para un eterno amor eternos lazos. Carlos es este, y celebrando viene los favores que tiene. Quién es? Yo soy. Amigo llega, dame los brazos dos mil veces. Del favor que mereces te doy el parabién. De mis favores te quiero hacer testigo, pues ya de cada instante son mayores, Cómo de mis amores. Ydos, dejadme con el Duque solo. Mis males acrisolo, Las albricias me debe. Y las libreas. Pues honrarme deseas, que me quede a servirte es justa cosa. Aquí ha de hablarme la Duquesa hermosa, hable al Rey, que está ya determinado a recibir estado. Cómo, casarse quiere? Y dice que ha de ser muy brevemente, que ya como prudente, dice, que tiene esposa prevenida. Ya su edad lo requiere: dijo también quien es. No por mi vida. A maliciar convida, si fuese Porcia, pues encubre el nombre. Decís bien. No os asombre, su calidad iguala su belleza. Ya me causa tristeza, más ahora, aunque pienso que es engaño sabré con la verdad el desengaño. En esta parte, que aguardéis os pido, por no ser conocido, esa capa y sombrero me dad, que de Palacio salgo ahora a hablar a mi señora, y así traigo tan pocas prevenciones. Obedecer os quiero, que mayor desuentura, en mis pasiones, pues oigo sus razones, y sirvo de testigo, y de tercero? Si esta gloria consigo, amor tras los tormentos que padezco, a tu deidad ofrezco, Dios de amor, un altar, donde a tu bulto, víctima ofrezca consagrado culto. P Por la priesa que has tenido Porcia prima, vengo aquí, para saber como sabes obligar, y persuadir. Tu entendimiento, señora, no ha menester que de mí aprenda, siendo tu ingenio en cualquier ciencia sutil. Aquí me quedo encubierta, no te turbe al discurrir saber que te estoy oyendo, pierde el temor femenil. Amor me dé su elegancia. Dulces acentos oí en el balcón, si es acaso mi adorado serafín. Es Carlos? Es la Duquesa? Que puntual acudir, o cómo los dos se adoran? De mi vida llega el fin. Ay quién oiga? Di que no. No escucha nadie, decid. ̱ ues vos me ayudáis señora, ya todo el temor perdí, hermosísima Duquesa, donde ha cifrado el Abril, de sus claveles lo alegre, lo casto de su jazmín, donde la sangre de Venus, con somentada raiz, púrpura ostenta hermosa en márgenes de Márfil: afectos que siente el alma, como los podrá decir la lengua, ya que mis ojos no os deja ver, el telliz de la oscura noche negra, que en engaste de zafir racimos de estrellas borda para ornamento Gentil. Para obligaros en algo, solo señora advertid, que por vos la Reina dejo, que en vos muchos Reinos vi En vuestra cabeza de oro las riquezas del Ofir, a Tiro en vuestras mejillas, emulación del rubí. Las islas que el Sur rodea con el salobre viril, en vuestros dientes de perlas esmaltados de carmín. De Chipre, y Samos, contemplo el más vistoso pensil, en cuanto es para el deseo, nuevo Colón, descubrí. Esto me obliga a adoraros, ved señora si os servís, de que siendo vuestro esposo no tenga más que pedir. Esto escucho, y no doyvoces? Cielos, como consentís que sufra, calle, y padezca? Quiéres que responda? Sí. Carlos, mucho os agradezco ese amor, si no es ardid, con que queréis que me rinda, para burlar, y fingir. No conocéis la experiencia de mi amante frenesí con que despreció a la Reina, que cautela presumís? Si no me parece fea junto a vos, muerte civil me dé a traición un cobarde. Quiero quitarme de aquí, que no puedo ya sufrillo. Callad. Dejadme decir: vive Dios que la aborrezco, cansame. Creolo ansí: en otro balcón aguardo Porcia. No debe sentir lo que dice: Bien te quiere, que en disculparle lo vi, adiós. Quiéres que le deje? No no, los dos proseguid, que como yo no lo escuche. mas que diga mal de mí. Hablad quedo, que conviene Hay sufrimiento tan vil cómo el mío? cómo puede mis favores resistir? que yo guarde las espaldas al que me da muerte así? como Duque, tu consientes este agravio sin morir? No soy sola la quejosa, este es Fedérico, aquí doy principio a mi venganza. Carlos mis celos sentid. Es Federico? Quién llama? Porcia soy. Si presumís que me engañaréis, señora, dejad el falso matiz, Porcia está hablando con Carlos. Una criada está allí engañándole, que gusta, por el necio presumir de aquel pasado desprecio, la Reina vengarse así, haciendo que yo le engañe. Al reves podéis decir, no sea engañarme vos. De mi vida llegue el fin, sino es la que está con él criada mía, advertid, que no me importa engañaros. Tan desdichado nací, que para mí me parece que el bien no puede venir, pues qué es esto Porcia bella, porque causa no admitís, los deseos que os ofrezco. Tan presto me he de rendir? porfiad, tened paciencia, que el corazón varonil, no ha de rendirse tan presto. No le tengo, que os le di, cómo queréis que se anime? Pues ya de hoy más me servid con mejores esperanzas. Los cielos abiertos vi, aseguraisme de Carlos? Callad que todo es reir, porque se vengue mi prima; con más fuerza os persuadid, a esta joya comparastes hoy mi dureza: Es ansí, por los diamantes que engasta: Por favor la recibid, ponedla en ese sombrero. Bien haya el mal que sufrí, pues de vuestro Paraiso ha faltado el Querubín que la entrada me impedia: hoy en mi rostro imprimis señales de vuestro esclavo. No hay cosa como vivir, y no morirse tan presto, que si aflije al vergantín una borrasca tras ella, bonanza suele venir; vuestra soy. Esto me dijo el Rey, mi bien, y entendí que eráis vos la que elegía: otra debe de elegir, de más valor. De Alemanía podéis ser Emperatriz, cuanto y más Reinad Ungría, Eso es agraviarme a mí, Palabra os doy de ser vues- vuestro Sol en su cenid, (tra rayos en mis ojos son. Traed la joya que os di puesta: Ya está en el sombrero, y con eterno buril, en el alma la engaste. Esa es sola para mí, y a Dios, que la Reina espera. No me olvidéis. Qué pedís? tato como a vos me importa. Mi suerte ha sido feliz. Adiós Carlos que ya es hora de que os vais. Hasta medir el alba con líneas blancas, nuves de alegre alelí, no me pareciera tiempo de dejaros. Bien decís, vuestra soy hasta que muera. Porcia. Señora. Venid, hartose de despreciarme: No ha tratado más de ti: Aunque él lo dijera es cierto que tú no lo has de decir. Duque tus brazos espero: Y yo los míos te doy, porque más alegre estoy, que piensas? Bien consideró nuestra perfeta amistad, y como amigo también, gozas parte de mi bien. Mal lo entiendes, es verdad. Federico, Porcia es mía, que más bien puedo pedir? Conviene el no me reir, porque descubrir sería el secreto de este engaño, mas que contento que está, vaya que al cabo será más costoso el desengaño. Basta, no paséis de aquí. Yo os tengo de acompañar. No afé. No hay que porfiar. Pues vos gustáis sea ansí. Es tan grande mi alegría, que aún un instante pequeño quisiera negarle al sueño, pues que perder la sería. Mirad que tal estará el que al fin de su pasión tiene ya la posesión de su dama. Ello dirá, Ay tal modo de venganza? discreta la Reina ha sido. Cotra el tiempo, y el olvido, es segura mi esperanca. Ya con luces os esperan. Las de unos ojos querría, que puedan prestar al día, porque mis tinieblas muera. Seas, señor, bien venido. alegre vienes. Pues no, el acompañaros yo ahora fuera debido. Ansí os podáis andar toda la noche. Ansíes. Ansí, destroquemos pues, ya no tengo a quien hablar. Quedo, aguardad, pesia mí, dejadme quitar primero esta joya. En mi sombrero pusistes la ahora. Sí. Mostrad está no traía hoy la Duquesa. Tomad, que es prenda de voluntad, y antes el alma daría. Por Jesucristo, que es ella. En que tengo que dudar. Mas ya no hay alma que dar, dada la tengo por ella. Es favor. . Bien puede ser, adiós. Adiós. Vive Dios, que andan en danza los dos. Has visto. Pues no he de ver. No es la joya aquella. Di. Que hoy la Duquesa traía. Si a mi memoria se fía, digo mil veces que sí, sino es que como se dice, ay un diablo que parece otro. Qué dudas me ofrece el pensamiento infelice? no la traía primero que yo me llegué a poner el suyo, que quiso ser el ponerla en mi sombrero? imaginación beloz, hablé con Porcia, ay de mí, a veces desconocí, si hablaba recio su voz, manno que son ilusiones de cerosa santalía. Mas que estamos hasta el día los dos hechos sigurones. Ella pasó con cuidado, porque la viese al volverme el mío. El diablo no duerme. Ni yo con ser hombre honrado, Ahora yo lo he de saber, oye no te atreverás. Si Señor. Mas no, tu irás. Por ti que no se ha de hacer. Mas qué haréis en tanta pena? dejadme la luz, quitad. Ello diciendo verdad, nunca haremos cosa buena.

JORNADA TERCERA

jornada tercera Llamastele? . Si señor; Qué responde? La respuesta ha sido venir tras mí. Mucho tu valor me alegra, vive Dios que he de salir de mis dudosas quimeras, que en una mujer tan noble, son agravios las sospechas; trae la joya de diamantes. Y cómo, si la trae puesta, y en la frente como escudo de acemila? Aquí me deja, y entre esos olmos te escon- Para qué? deja que sea (de: testigo de tus palabras, que no será hacerle ofensa; pues trae a Floro consigo. Dices verdad, que ya llegan. Válgate el diablo por joya, que de desvelos me cuestas, Quédate aquí. . Para que; si Arnesto con él te espera, dos a dos somos, qué importa? Es así, conmigo llega. De más que en tales sucesos es justo que haya quien vea lo que pasa, y atestigue quien lo que dice sustenta. Que en estando los dos solos, no se sabe cosa cierta, y lo que faltó en la espuda, suele sobrar en la lengua. Carlos de Arnesto llamado, vengo a ver que hay que se ofrezca en que yo pueda serviros, El agradecer es fuerza el cortés ofrecimiento. Llego con alguna priesa, y demudado el color. En mi vida tuve flema, y estoy opilado. Calla. Nadie en mi color se meta, tengo la que Dios me dio, no como otros que se afeitan. Duque los cuidados míos en la vida se alimentan tan furiosos contra mí, que apique estoy de perderla. Entre tan grandes amigos no ha de haber cosa encubierta, que la perfeta amistad toda el alma manifesta. Ya sabéis que di la mía a la divina Duquesa, despreciando por los ojos los méritos de la Reina; de todo os he dado parte. Proseguid porque os entienda, que con el mismo silencio escucharéis mi respuesta. Digo pues que llegué anoche, al terrero, cuyas rejas, para Oriente de unos ojos, el oro burlan; y afrentan. En él os hallé, y llegando a hablarme os di larga cuenta del favor que me traía, al fin de tantas querellas. Para no ser conocido, el sombrero, y capa vuestra tomé, y en el no traya, Duque amigo, joya puesta. Hablé con Porcia. Adelante. Volví a mi casa, y en ella destrozando los sombreros, no sé si con advertencia. quitastes aquesa joya del mío Pues bien, que ofensa os hice pues era mía, y diera el alma por ella? De esto nacen mis recelos, que si mis ojos no ciaga la pasión, esa es de Porcia, que en sus pechos vi esas pie- Arpesto también las vio, (dias. cosa de que es manifesta malicia el poberla entonces, solo porque yo la viera estar en nuestro sombreno, joyas hay que se parezcan. unas a otras, callara hasta hacer la experiencia. Pero ponerla en el mío no hallo disculpa que sea suficiente y que me quite el cuidado, y la sospecha. Toda la noche he pasado entre confusas ideas, y derribando las flores que fabriqué sobre arena. Los celos son inaliciosos, y me hacían que creyera que hablastes a Porcia vos, antes que llegase a bella. Y pues estabades antes en el terrero, o por prenda alguna dama os la dio, no obstante que fuese ajena. En fin yo no he descansado, no hay satisfacción más buena, que la que un nombre tan hoble puede dar a mis quererlas. De vos la verdad confío, que es imposible que mienta la calidad a la sangre, que hyerbe en tan nobles venas. Estos criados escuchan no más, y el río que presta tierno cristal a las flores, cuyas raices somentan. Vivirá nuestra amistad, como los temores mueran, que bien sabéis que no duran donde no hay clara llaneza. Vuestras corteses razones vuestro valor manifiestan, y pues os fíáis de mí, vuestro desengaño empieza, Carlos la joya es de Porcia. No dije yo. Qué os altera? quién os hace todo el mal? Carlos, amigo, es la Reina lo que siente la mujer? mas es ver que la desprecian, y es amiga de venganzas, y madre de la cautela. El desprecio que hicistes de su valor, y nobleza, tiene estampado en el alma, y con burlaros se venga. (cia, La Reina le ha dicho a Por- que fingidamente os quiera, para que viendo os rendido en fe de vuestra soberbia os menosprecie, y desdeñe, que por los filos intenta heriros, que aún en amor ay su poca de destreza los atajos. No lo diga, que es cosa sabida, y vieja, y el primero que lo dijo es bien que la gloria tenga, no falta si no que cante, cuchilladas no son buenas. En fin que Porcia me engaña. No queráis más evidencia de ver que era una criada la que os habló por la reja, y que ella hablaba conmigo, afable, amorosa, y tierna, y que me dio aquesta joya por favor, dándome cuenta de la burla que os hacía, y creed que si supiera que cabisteis en su pecho, por no causaros más pena la escondiera, que no soy de los que favores muestran, pero como me mandó que luego me la pusiera, no vi si era mi sombrero, o el vuestro. Que bien se emplean mis cuidados, y mis ansias, o que bien Laura te vengas, ya estoy rendido, ya puedes hacerme el daño que intenta que no hablé con Porcia a noci sin duda que es cosa cierta, que su voz desconocí. (ta Pues señor, qué es lo que int Duque, vos queréis a Poro Desde que la vi me cuesta mil cuidados, y suspiros. Quién habla que no se pieno por aquellos bellos ojos, que arrogantes menospreci los luceros de la noche, la luz del mayor planeta? pues porque no me avisaste Al tiempo que a daros cu fui de mi amor, llegó Arno a daros favores de ella, y juzgando por perdida, la esperanza que hoy se alie callé por no disgustaros, con prometer competencias. No se, por Dios, que os respon que mis presunciones necias (da, me tienen fuera de mí. Qué olvidéis os aconseja mi amistad. Es imposible, que es tan honrosa la empresa, que morir tengo por gloria, si es imposible que venza. De ser mi esposa ha dado palabra. Quién ser intenta su esposo, por mi enemigo se declara y manifiesta. Carlos no tenéis razón, ved que la pasión nos ciega. Su esposo? Yo su esposo, abrá quien más la merezca? Advertid que viene gente. A que lindo tiempo llegan, Ludóvico es, y Teodoro. La guarda del Rey es esta, disimula como sabio. Aquí los dos se pasean. Digo que saldrán famosas de ese modo las libreas. Señores qué hacéis aquí? Ver en aquestas riberas tantos espejos de plata, que en pardas guijas sequiebra, y sobre flores de nácar, van desperdiciando perlas. Bien disimulan los dos. Mirad que el Rey os espera vaya Teodoro con vos. Razón es que le obedezca. También me manda que os lleve a vos. Vamos norabuena. Adiós Carlos. Adiós Duque la guarda haced que se vuelva. V , . El Rey en la prevención lo mucho que os quiere mues- (tra, no os de cuidado. De que a mi amor tan grande ofensa, o si te quisiera menos, que de mal de ti dijera. Celia, quimeras han sido las que el enojo han causado. Mucho Carlos te ha ofendido. Cierto disgusto le he dado en que vengarme he podido, pero falta lo mejor, tenga celos el traidor, y muera con lo que mata. Porcia tu prima le trata ya como a esposo, y señor. Hay mucho que hacer en eso, y aunque al fin habrá de ser, por mi desprecio confieso que mi industria ha de poder mas que su amoroso exceso. Ay Celia, jamás creí estos extremos en mí, pues contra el justo decoro, a quien me aborrece adoro. Las más veces es ansí, el huir de quien nos sigue tenemos por condición, pero tu pena mitigue tu valor, y presunción, que es forzoso que te obligue. Poco sabes, Celia mía, de la amorosa porfía; porque poco puede amar quien llega a considerar, que amor de ley se desvía. Si considerar pudiera, en ese punto olvidara, que la razón lugar diera, y ansí, donde ella reinara, luego el amor pereciera. Remedio alguno ha de haber. Dejar el tiempo correr en las locuras que muestro, que como el mejor maestro, me dirá lo que he de hacer. Aquí podéis aguardar, mientras doy aviso al Rey, que el Duque le ha entrado a ha- (blar. El obedecer es ley, no hay si no disimular. Carlos es este. Ay de mí. Turbada estás. Es ansí, que miro mi agravio en él. La causa esquiva, y cruel de mis penas, está aquí: llegaré a hablarla, no creo que podrá mi turbación, aunque se aumenta el deseo: en tal beldad tal traición, no es posible, no lo creo, Carlos, porque no llegáis. El porque me preguntáis, cuando mejor lo sabéis que yo? más fingir queréis, porque con eso os vengáis. Sin duda que le ha contado el Duque lo que pasó anoche, y ha sospechado que quiero vengarme yo, celoso viene, y turbado, huélgome de verle ansí. Mil quejas tengo que daros por las penas que sentí. Acabad de declararos. No es bien que me queje aquí, que temo que mi pasión, animada de razón, a voces descubra luego, llamas del celoso fuego, que me abrasa el corazón; perdonad esta locura. Celoso esta, qué ventura! en algo me he de vengar, sus celos quiero aumentar, pues descubrirlos procura. Príncipe, en vano os altera la celosa ceguedad, y si el bien se considera, no es libre, la voluntad, Que mucho que el Duque quiera, bien puede dar el favor, sin errar contra su honor, quien con vos solo ha tenido burlas de un amor fingido, ensayos de un fino amor: el favor que se le ha dado, merecido el Duque tiene. Sus méritos no he negado, al fin morir me conviene, pues os habéis declarado, vive Dios que estoy perdido, solo una merced os pido. Qué es lo que de mí queréis? que aquesta noche me habléis, que estoy sin alma, y corrido. Esta noche? En el terrero, A qué fin? No presumáis, que jamás veros espero mía, de qué os alte ráis? Vuestra, ni lo soy, ni quiero; otra vez me despreció, yo estoy muy contenta. Y yo. Con hablarme qué intentáis? Que más de espacio sepáis, que fuego el alma abrosó. Basta digo que que lo haré, ya acaba su curso el día, a media noche os veré, Veréis en su sombra fría la luz de una firme fe. Adiós pues; triunfo de mí con despreciarme. Hoy perdí la esperanza con la vida, loco quedo. Voy corrida. Ansí queda. Queda ansí. Queda ansí. En dos días, amor, tanto cuidado, con que curso de tiempo habéis creído; que largo trato os tiene agradecido, o qué correspondenciaos ha obligado? Una vista no más ha desuelado lo que es del hombre superior sentido; que Letargo pesado hemos bebido, que Esfinje, o que Sirena, os ha encantada. Si es que os alimentáis de ser celoso, con el desprecio, un noble pecho olvida, que ya no alcanza premios el quejoso, Acabad de acabaros con la vida, porque sois laberinto, en que es forzoso que halle sola muerte la salida. Tus pies beso. Rbro C. Esto, solamente ha sido, No dudo de esa verdad. De vuestra mucha amistad, injustamente has temido, el conmigo, y yo con él disgusto. Dio que notar el salir a tal lugar: no hay enojo tan cruel, como el que pasa entre amigos El Rey, y el Duque salieron. Los que allá enviaste fuero de nuestra amistad testigos, Tus Aquí tenéis mis brazos, que esto es razón, por muestra de mi afición. Y porque en ellos me honréis, Basta que su Majestad recelaba entre los dos algún disgusto. Por Dios? De vuestra gala y edad, bien recelarse podía amorsa competencia: pero ya vuestra presencia de ese temor me desvía: daos las manos. Estas son muestras de mi voluntad, Duque dijiste verdad, tienes en todo razón, Porcia te quiere, y me engaña Jamás cauteloso fui, mi gusto se aumenta así, amor mi dicha acompaña. Que ya os prevengáis intento para otro nuevo placer, porque pienso que ha de ser muy presto mi casamiento. El obedecerte es justo, mas no sabremos con quien te casas? No me está bien, por evitar un disgusto, que se sepa por ahora. Ya, mas que con Porcia sea. Ungria tener desea, amigos, Reina, y señora; venid Príncipe conmigo, Duque a Dios. Guárdete el cielo. No hay en mis penas consuelo Dije os verdad como amigo, cuando menos esperé amor premió a mi cuidado, tan de repente ha llegado que en el crédito falté. Bien hayan las penas mías, y los primeros engaños, gloria alcanzo muchos años por el pesar dé dos días, ya ver a Porcia deseo, porque veas su favor. Ya es gigante en mí el amor pues sus ilusiones creo. De ver estoy deseosa a Carlos, que ya ha tenido pasos de favorecido, que con descuido reposa. Todo el día se ha pasado, y no ha venido a Palacio; no viniera tan de espacio si estuviera despreciado. Brevemente me rendí, y el ver mi facilidad desmayó ma voluntad; el que me enfada está aquí. Sin duda que la ha traido la fuerza de mi deseo. No es mi joya la que veo? como a su mano ha venido, si a la Reina se la di? Cómo, mira su favor. Cielos si le tiene amor? las muestras dicen que sí. Que si ella no se la diera por favor, es cosa clara, al menos que la guardara, y puesta no la trujera, a trueco de que me deje gusto, que no haya estimado mi prima lo que la he dado. Ya aguardo que me aconseje animoso el corazón, de qué suerte puedo hablar? El parabién le he de dar porque olvide mi afición. Duque, ahora no hay lugar de declararme mejor, gocéis un siglo el favor. Dejad que os llegue a besar los pies por el parabién. Estimal de en mucho. El cielo me falte si hay en el suelo otro semejante bien. No hay contento al mío igual, ni más gloria que me den, porque luce más el bien cuando biene tras el mal. Es justa esa estimación, y alegrome como veis, Duque, de qué mejoréis de cuidado, y afición. Aunque airada os desprecié para mayor gloria ha sido, si al fin habéis conocido quilates en tanta fe. Está muy bien empleada mi joya en vos, y quisiera que todo un Reino valiera; fue la elección acertada. Cómo, serviros podré esa noble voluntad? Desde hoy por vuestra amis- (tad todo lo posible haré, olvidando los rigores de aquel pasado desdén. Que más gloria, que más bien, ni que esperanzas mayores? Ya es fuerza que me despida Del todo perdí el temor. Duque guardad el favor. Antes perderé la vida. . Que presto se le olvidó de mí, pero no me espanto, que es fuerza que olvide tanto, quien tanto en ello ganó. Si duda le tiene amor la Reina, debo alegrarme, pues dejará de cansarme. Mal descansa mi temor, muriendo estoy por hablar a Quejosa estoy, de tu amor, tu sangre soy, bien te puedes declarar, pues más lealtad, y secreto no has de hallar en nadie. Prima, siempre mi alma te estima por tu proceder discreto. Aunque me debo quejer conjusta causa de ti, pues la joya que te di poco quisiste estimar. Huélgome que la hayas dado a quien la estima. Está bien, aquesta que quiero bien a Federico ha pensado, porque ha visto en su sombrero la joya, linda quimera, o si ahora le quisiera de envidia de que le quiero. Quiero fingir, y alabarle, a pesar de tu desdén: prima al Duque quiero bien, no tiene bizarro talle? no es brioso? no es galán? Es por extremo excelente. Ay de mí, poco lo siente, vanos mis intentos van, adorele por los cielos a Carlos, digo entre mí, no merece mucho? Sí. Pues prima no me des celos no le hables, ni es razón, ni el mirarle te permito: o si le diese apetito esta misma privación. Obedecerte es mi intento. A hablarle voy al terrero. Antes suplicarte quiero que trates mi casamiento con Carlos. Eso he de hacer, que nos conviene a los dos. Y cómo? Válgate Dios, no me acabas de entender? Aunque estoy desengañado de que no me quiere bien, y de que ha sido burlarme el fingir, y responder, para quejarme la espero, donde testigos haré a aquestos balcones fríos, de tan injusto desdén, Mejor fuera, si es posible, olvidarla, y no hacer más extremos? Cómo puedo en tormento tan cruel? no me aconsejes. Señor. Qué me quieres? déjame, que entre desdichas tan grandes solo el morir es vencer, que por vengarse la Reina, viendo que la desprecie, traté con Porcia, que engañe un coracón tan fiel, y que mientras habla al Duque, una criada me esté engañando? No hay quien sepa más trazas que la mujer, que te admiras de tu engaño? pues aunque noble, lo es la Duquesa. Noche oscura, de mis engaños juez, en dorados epicielos vuestros luceros poned, para que el Alba enternezcan, y lloren por mi después. Oh mal haya quien se fía de las mujeres. Amén. De sus quimeras, y engaños, Libera nos Domine. Qué dices? Soy monacirlo, y Atlante de esta pared, espantajo trasnochado, y estaca de este broquel. Gente hay al balcón, si es ella? Gente hay abajo, si es él? Yo soy señora. Sois Carlos? Quién si no yo puede ser? vos sois causa de mis males, no quiero que os disculpéis, sino que oigáis mis quererlas. Con mucho gusto os oiré. Tanto os agrada mi muerte? A socarrona. Esta es la paga a que os obligaba tan constante proceder? hay Duquesa, ruego al cielo, que menosprecie tu fe el Duque. Con quién habláis? por dicha me conocéis? Ahora si que os conozco inconstante; que no ayer, que esa voz no es la que a noche con tal engaño escuché, No os dije que os aguardaba aquí, pues quién podéis ser? Porcia bastan los engaños. Ay dislate cómo aquel? advertid que no soy Porcia, la Duquesa llamaré? si gustáis. Vuestra criada queréis acaso traer, ansi os burláis de mis penas? Mal haya yo, que intenté adorarte, desde el punto que veniste a dar al Rey la embajada de la Reina, que desde entonces dejé por tu causa. Ay cielo santo, desde cuanto me queréis? Hay filgona se mejante? haciendo está burla de él, Luego os escribí señora, con un criado un papel, en que mi pena os decía. Y yo indigno le llegué. Válgame Dios, si por dicha mi prima vista en él, pudo tanto, que por mí quiso el concierto romper, fingiendo que de él me burlo, pues él lo piensa también; sin que con él me declare, la verdad he de saber. Tengo muy flaca memoria; lo que ha un hora que escuché, no se me acuerda, decid, que favor de mí tenéis, que esperanzas os he dado, y cuando, o como os hablé, que palabras me dijistes? Ella le quiero moler, Aunque se que hacéis burla, oíd, y os acordaréis. Es señora, y en efecto pregunta como quien es. Yo os vi cuando el Rey ha- desde entonces adoré (blastes, al cielo de vuestros ojos de quien he sido Luzbel. Dijistes, si verdad dijo; por mi prima os vengo a ver, mas pues a mí me agradáis, yo se que la agradaréis. Luego que os fuistes, deshice, más amante que fiel, con la Reina el casamiento; que por vos la desprecie. La vez que os hablé en Palacio llegué humilde a vios pies. y antes de hablaros, mil veces me detuve, y me turbé. Y por más señas, honraba aquese pecho cruel, una joya de diamantes, menos firme que mi fe, que es la que distes al Duque. que más pruebas he de hacer loca de contento estoy, junto me ha venido el bien. Hoy os dije ya no espero que mi esposa habéis de ser, y aunque me desengañastes, que me hablaseis supliqué. Eso es verdad, ya me acuer- mil gracias amor te den. (do: la Despreciada querida, desde aquí me llamaré. De mi prima he de vengarme, que será justo también, que me pague el sobresalto que por su causa tomé. Príncipe, yo amo de verás, picón solamente fue, el decir que quiero al Duque. otra vez tiende la red, guarda que quiere pescar. Qué borrascas temeré, si mi nave en alta mar, va sin timón, ni vapres? Por la verdad que heredé que en amaneciendo Carlos, dueño mío habéis de ser; vos no queréis ser mi esposo? Qué es lo que de mí queréis, eso preguntáis ahora? Pues vuestra esposa seré, por el cielo que os mira, vuestros temor es venced, que la Reina gustará de que conmigo, os caséis. Yo os daré a la embajadora, o la vida perderé. Apenas, con la alegría, puedo los labios mover. Advertid, que viene el día. Idos ahora, y volved a Palacio prevenido para la boda, Si haré. Mira, señora, que es tarde. Calla, que trato tu bien: hoy seréis de la Duquesa, Y esclavo suyo seré, Id con Dios, que viene el día. A casa no he de volver, en alacio he de aguardar. Hay tan lindo moscatel? Qué es eso señora? Calla, no lo escuchas, no lo ves? que yo te casaré con Carlos, ya tu boda concerté, Qué palabras son bastantes, que cumplimiento cortés bastará para pagarte tan peregrina merced? Allá lo veréis Duquesa. Ya por el azul cancel, perlas desperdicia el alba por nuves de Rosicler, a Dios señora, Adiós Carlos. Mirad bien si cumpliréis vuestra palabra. Esa duda sola me puede ofender. Mira, señor, que te engaña. No es engaño, y si lo es: cuando ya estoy tan perdido, dime, que puedo perder? Deja que bese tus plantas, señora, ya que se fue. Porcia prima, e prevenirte, es lo que te importa, ven, que al Sol que ya nos alumbra quiero que invidia le des con los rayos de tus ojos. Lo que me mandas haré, dichosa mi suerte ha sido. Esos gustos pagaréis: es discreto no podía, siéndolo, no me querer, Al fin, tu desconfianza fue engañosa presunción? Alcance la posesión al tiempo que la esperanza mira, que dichas mayores para tan rendido amante, pues que tuve en un instante desengaños, y favores. Qué Carlos vivio engañado? La Reina, por verle necio, en el pasado desprecio, de esta suerte se ha vengado. Bien se conoce tu amor, pues deja el descanso a parte, mas pudieras de tu parte tener seguro el favor, porque los favorecidos duermen bien. Descanso injusto, mal hacen, si tiene el gusto ocupados los sentidos, entregarlos a su dueño que los trate con rigor, pues olvidan el favor las horas que dan al sueño. A que salga el Rey espero, que a Porcia le he de pedir. Pienso que has de persuadir, señor, a Laura primero. A Laura hablaré también. Ya su Alteza sale aquí. Y en su alegre rostro vi las premisas de mi bien. s. Escribe el Emperador, que su hermana me dará Ludóvico, hoy se verá lo encubierto de mi amor, que por la guerra que ha habido entre los dos, se trataba con secreto, y recelaba el ser de nadie sabido. Beso tus pies, Levantad Duque, que honraros intento. En tan igual casamiento acierta tu Majestad. Duque ya se llegó el día en que a declararos vengo quien es la esposa que tengo, para más quietud de Ungría. Con tan inmenso favor mas mi honor se solicita. Es la hermosa Margarita, del supremo Emperador de Alemania, bella hermana. Yrá tu gloria en aumento. Con tan igual casamiento la paz del Reino se allana; vos Duque habéis de ir por ella. Obedecerte es razón mas antes mi pretensión sabrás, mi gusto atropella, si me ausenta sin casarme. Ya vuestro pecho no ignora mi amistad. Con mi señora la Reina he de declararme, y así espero, que su Alteza venga, porque el bien iguale. Ya señor, su Alteza sale. Oh qué discreta belleza? Dadme las manos señor. Las vuestras beso, llegad sillas, con migo igualad los cuidados, y el amor. Ya sobrina, estoy casado, si me dais licencia, intento, que con yu estro casamiento dé fin a todo el cuidado. Hoy mi pretensión sabréis: como Carlos no ha venido, que Porcia se ha prevido? También la mía veréis. mas un hombre con quimeras de su noble sangre indignas. Qué dices Carlos? Qué es esto? por ventura desvarías como, Carlos, de esta suerte menosprecias mi sobrina? yo he de gozarla, que dices si es mi esposa Margarita? del César Rodulfo hermana, que ya por aquesta firma me la promete. Estas son las mercedes, y caricias? Señor has perdido el seso? a la Duquesa no estimas? no la ves? Quita villano. Pues dime Carlos, querías casarte conmigo? El alma te di a la primera vista. Pues cómo me despreciaste? Yo a ti? Bien por mi vida. Escucha, señor, que he sido la Despreciada querida; Príncipe yo soy la Reina, con el nombre de mi prima, vine disfrazada a verte. Pues aquesto no sabias? Cómo, si el recibimiento no vi, y pasó tan aprisa el caso, que el ser tan breve esta ignorancia acredita. Porcia no mintió el espejo, el Duque te ama, y estima, cásate con él. Tu gusto obedezco aunque corrida. Príncipe tu esposa soy. A tu amor se sacrifica el alma: y aquí se acaba la Despreciada querida.