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Texto digital de Los desdichados dichosos

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Atribución tradicional
Antonio Manuel del Campo
Atribución estilometría
Antonio Manuel del Campo Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte XII de Nuevas escogidas (1658).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los desdichados dichosos. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/desdichados-dichosos-los.

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LOS DESDICHADOS DICHOSOS

JORNADA PRIMERA

Montanas que atrevidas al cielo amenazáis? ásperas peñas cuyas cumbres lucidas.(nas. son del nacido Sol primeras se Y cuya inmensa altura le previene tempraña sepultura, en cultas soledades Igaños, a donde el alma hurtada a los en- apacienta verdades en tantos adquiridos desengaños, y solo al cielo atenta, de negarse al contento se contenta. Aquí mi edad cansada por el descanso celestial suspira, y a la cumbre estrellada con esperanza superior áspira, que al paso que hacia el suelo declina el cuerpo, sube el alma Allá goce el mundano (al cielo. los deseites que el cuerpo solicita, del aliento profano, con que a su perdición se precipita, (do. que como es arrojado, muere el deleite al fin precipita Mas yo en perpetuo olvido del bullicio del siglo cauteloso, vivo al mundo escondido, (dioso, sin hallarme envidiado, ni enví que uno, y otro envilece, (ce. pues uno es culpa, y otro lo pare Mil veces he mirado del gabila ambriento perseguido al pájaro acosado, que se recoge en el oculto nido, y enseñame con esto; (to. que es más seguro el escondido pues Tal vez llebre seguida de cazadores perros alentados, vi que con presta huida los dejó pesarosos por burlados, y el alina considera, (ra? luego no se escapara si no huye- De sus mismos hermanos (zos, aún corcillo inquietaba los reto y huyendo de, sus manos pacia a solas con seguros gozos, y el corazón percibe, (vive? luego el que solo está, más quieto Hoy acechaba un lobo (sale la cueva de dos ciernos, cuando uno, que fue su robo, y al que se escapa él no salir lévale, y yo en danos ajenos (nos. vi que es menos peligro el salirme Un ruiseñor venía a decir a aquel árbol sus congojas, y el viento que corría no le dejó con el bullir las hojas, yo dije, este es indicio (bullicio que no ha de haber quietud donde hay Miro allí un arroyuelo (prado, que deja el monte, y va a buscar el por márgenes de hielo, y muere en aquel río sepultado, que mal lo consideras, (ras? si el monte no dejaras, no murie. Cuanto miro me advierte, que quién del mundo vano se retira, goza dichosa suerte, (pira, cuando en su dulce soledad sui- porque olvidar el suelo es escalón para subir al cielo. Mal haya mi floyedad, que habiendo tiempo infinito, que con Fray Guarín habito, esta inculta soledad jamás he podido verle. sin Dios, ni de él apartarle, neqme me firve tentarle, si nunca llego a vencerle? Pienso que en vano forcejo, por más que afecto el rebozo, que pues no le vencí mozo, mal podré vencerle viejo. Mas no es justo desistir del intento comenzado: bravo ardid traigo pensado para llegarle a rendir. Tambié veo que estos brutos en su quietud retirados, son mil veces asaltados de cazadores asturos. Y así me conviene estar vigilante, y cuidadoso, que hay cazador cauteloso, que tira siempre a matar. En el traje de Ermitaño ocultarme es importante, porque de su semejante le viene al hombre más daño. Venga el saco: no está mal, o como aquí se descubre que no todas veces cubre santidades el sayal. Andaré con advertencia receloso de mi daño, que suele venir su engaño, en disfrazada apariencia. Ceñirme quiero lasoga; iñiese en señal que le amenazo con el engañoso lazo que tantas almas ahoga. Huiré las ocasiones de caídas peligrosas, porque son muy rigurosas pas sogas de sus prisiones. Cubrir quiero la cabeza por disimular mejor. el asturo ardid traidor con que mi furor empieza. El rostro suele esconder con santidad aparente, y es bien andar diligente, por poderlo conocer. La barba, y cabello cano me darán fuerza notoria, que espero adquirir victoria, si la barba cana gano. Son confianzas muy van a veces las que me ofreces porque al fin, no todas vez hay que fiar en las canas. Con el báculo en la tie estrivo, y es ocasión, en que sirve de bastón, para hacer a un Justo guerra El enemigo, en mi daño con fingimientos porfía, que siempre la hipocresía es báculo del engaño. Aquí retirarme quiero en falsa oración fingida, que es dar al engaño vida el que me encuentre primer En el cielo haré que estén mis sentidos, procurando que cuando el alma está orar ore el sentido también. Quiero hablar en oración al cielo, por quien suspiro: pero qué es esto que miro? es engaño? es ilusión? Hombre en esta soledad? y en habito penitente? sin duda la vista miente, o hambla el engaño verdad. Cincuenta veces cubrieron montes de nieve estas peñas, mas anciano de estas señas jamás mis ojos le vieron. Si es peña pues no se mueve? si en apariencias humanas son las que parecen canas reliquias de blanca nieve? Peña; no, que no pudiera remedar naturaleza en un risco tal viveza; que hombre humano pareciera. Si es Fauno, o Satiro? no, que si ellos aquí anduvieran, ni tal habito vistieran, ni los ignorara yo: Si es algún nuevo animal criado en esta espesura? no; que aquella compostura no es de bruto irracional. Válgame Dios, si estoy ciego? mas si es imagen que forma mi sombra? no, no conforma mi inquietud con su sosiego. No me engañéis ojos míos, llegad más cerca atención, a ver si estas señas son verdades, o desvaríos? . Sin duda que es hombre vivo, y elevado en oración, que perfeta devoción! que gran consuelo recibo en el alma de mirarle! que quietud! qué compostura! que venerable hermosura! ay Dios quien pudiese hablarle. Tuviera con él consuelo, guía, amparo, y enseñanza que perfecta semejanza de un alma que está en el cielo! Alto, yo me detérmino, yo llego: Varón de Dios vivamos juntos los dos, que digo! varón divino? Tened de un hombre piedad que servir a Dios desea, vuestra enseñanza me sea guía en esta soledad! No me oís? no respondéis santo varón? santo viejo! no queréis darme consejo? darme aliento no queréis? Interrumpid el sosiego; que tiempo habrá en que se cobre, dadme amparo, que soy pobre, dadme vista; que soy ciego. Juan, busca luego la cueva de Anastasio, y sigue en todo sus consejos. . De qué modo? si hasta los cielos se eleva? , n- Anastasio divino, deten, deten el vuelo, bajel que surcas cielo, en cuyo cristalino golfo de glorias; solas las estrellas que pisas son las olas, Nave a quien sacro viento con maravilla nueva por la región eleva del sútil elemento, amaina, y en tu empleo de rémora te sirva mi deseo. Rodeando estas peñas verá la noche umbrosa, mi dura pena ansiosa con más oscuras señas, y al llorar la mañana (prana. verá en mis ojos lluvia más te Ya no hay en mi consuelo sin el varón divino que vuela perenrino por la región del cielo, o dolor! o quebranto! (to. . no te me escondas Anastasio san Margarita ingrata, suelta. Enrique, suéltame el alma. Tus sinrazones me ahogan. Y tus desprecios me matan. De que os quejáis las mujeres, si mudables siempre, y varias, en apariencias mentidas guardáis una fe tan falsa? De que os quejáis, si rindiendo a los hombres tan tiranas, entregáis luego al desprecio libertades conquistadas? De que os quejáis, si al que sigue el rumbo de su esperanza con el viento de un antojo le causáis tormentas tantas? Lo dudoso; os solicita, lo difícil, os agrada, lo imposible, os apasiona, y lo ya adquirido os cansa. Ha pesares! a inquietudes! mal haya el hombre, mal haya que en mar de tantos bajios todo su caudal embarca. Enrique soy de Lorena, allá me llegó la fama de tu hermosura: ay desdichas! pluguiera a Dios no llegara, o pluguiera a Dios, que al paso que dio con sus prestas alas las nuevas de tu belleza diera las de tu inconstancia. Partí a verte con color del deudo que nuestras Casas contrajeron por mi madre doña Guiomar de Moncada. Vite, Margarita, ay Dios! vite, ha fortuna inhumana! vite, no puedo negarso! vite, y robásteme el alma. Entre hablando con los ojos lenguas mudas, aunque claras por donde arroja el amor las centellas de su fragua. Por el mar de mis cuidados, padecí inquietas borrascas, siendo el viento mis suspiros, siendo las olas mis ansias: Callé, sufrí, reprimiendo la mal escondida llama, si por amorosa, dulce, violenta, por encerrada. Declareme al sin humilde, moviendo de amor las alas, animosas en la fe, cobardes en la esperanza. Réndime, rogué: ay memor no sé yo si lo estimabas, Sé que el que ha de ser querí desde el principio no cansa Mostraste al fin inclinarte a mi amor: ay Dios que falsa! llegaste a estimar mis prenda llegaste a alabar mi gala. Llegaste a escuchar mis que? llegaste a mostrarte blanda, llegaste a alentar mis miedos llegaste a aliviar mis ansias, llegaste: no puedo más, que son pildoras amargas, entre desdichas, presentes felicidades pasadas. Cuantas veces de mis ruegos condolida, y obligada entre rayos de divina mostraste sombras de humana. Cuantas veces las estrellas te vieron en tus ventanas, y ofendida de su luz dijiste injurias al Alba, hasta que al fin, de ser mía llegaste a darme palabra con lágrimas, con suspiros fingidos, hijos de el alma. Ay Dios! que fe tan infiel! que sujeción tan liviana! que favores tan contrarios! que estimación tan ingrata! que afectos tan descaídos! que dulzuras tan amargas! que verdades tan mentidas! y que finezas tan falsas! Sabes que me fue forzoso el dar la vuelta a mi patria, pues pagó mi padre el feudo que todos los hombres pagan. Duró tres meses mi ausencia, vuelvo, y hallo que te casas con Carlos el de Castilla, a quien ya contenta aguardas, desbaratando promesas, atropellando palabras, rompiendo leyes divinas, y obligaciones humanas. Llego a Barcelona agora, donde me dicen que a caza sales bizarra, y alegre con tu padre, y con tu hermana. Hallete con un retrato a quien atenta mirabas, y no con solos los ojos, sino también con el alma. En viéndome le escondiste, que quieres que aguarde, ingrata, si es vasilisco un agravio, que da muerte a quien le aguarda? Déjame, pues, Margarira, casate, y tu edad gallarda, felices años se goce con sucesión de tu casa. Vive en lazos amorosos, con tu nuevo amante: salgan del alma memorias mías, si están acaso en el alma, que yo en estas asperezas pediré al tiempo mudanza, pediré aliento a los montes, pediré olvido a las plantas, pediré al cielo sus iras, pediré al hado desgracias, pediré horror a las penas; pediré al abismo llamas, pediré muerte a las fieras; pediré tumba a las aguas, al infierno más tormentos; y a todos juntos, venganza. Enrique, querido Enrique, sosiega, detente, aguarda, que bien se acredita amor. deteniendo a quien le agravia. Óyeme si quiera: ay Dios! todo el aliento me falta: Enrique, no puedo más, señor, mi bien; no te vayas escúchame mientras luchan el gozo en mí con las ansias, el uno, de tu venida, las otras, de mi desgracia: Tuyo fue el retrato, Enrique, en ti solo contemplaba, porque siempre la memoria sigue los pasos del alma, con la turbación, señor, le perdí, y si le ocultaba nacio de no conocerte, que aún no te juzgué en España: si te han dicho que me caso, pineirosa fue la fama, que aunque lo manda mi padre: pero en mí tú solo mandas, y antes que Carlos me goce verás que se desenlazan los cielos, que se trastornan aire, tierra, fuego, y agua, que hay en el amor quietud, que hay en el tiempo constancia, que hay en los méritos dicha, y no hay en mi fe mudanza. Tuya soy, tuya he de ser, ea mi Enrique, ya basta, desahoga el sentimiento, tenga el desengaño entrada. Esta es la verdad esposo, testigos en mí se hallan los elementos, que a una te advierten, y desengañan, mira en mi humildad la tierra, mira en mi incendio las llamas, mira el aire en mis suspiros, y mira en mi llanto el agua. No se te perdió el retrato, Margarita, que aún le guardas, otra disculpa imagina, pues esta salió tan vana: Ay Dios! de mirarle tiemblo, que un rigor que desengaña por conjeturas altera, más por evidencias mata. Tente. Enrique, Enrique mío, no le mires, que me agravias, alcance mi fe esta vez, más que los ojos alcancan: Suéltale, dame este gusto, la verdad te he dicho, basta que yo lo diga, mi Enrique. Toma tu retrato, ingrata, sin verle he visto mi muerte que si verdad me trataras bien gustaras de tener satisfacción tan cercana. Bastaba el primer agravio, sin que el segundo aumenta a mi fe, que es nueva ofensa la disculpa, cuando engaña Todas tus obras me miente los brazos, cuando me abra la lengua, cuando se turba, el pecho, cuando desmaya. La voz, cuando me detiene las manos, cuando me hala los pasos, cuando me sigue los ojos, cuando derraman esas lágrimas fingidas, solo me pesa que salga mi agravio por tantas, pue que todas en ti son falsas. Quédate a Dios, Margarite que yo entre estas rocas alta daré al cielo tales voces, que los peñascos se partan y conociendo las penas que a mi triste vida aguaro moriré de entendimiento, o viviré de ignorancia. Ya no te acuerdes de mí, mira que debes, casada, guardar a Carlos la fe mejor que a mí me la guar No trates más de seguirme que si de seguirme tratas, por el cielo que nos mira, que me atraviese esta espada que me arroje de estos riscos que me siegue la garganta, que me precipite al mar, que me abrase en vivas llamas, que me sepulte en la tierra, que a los abismos me parta, que dé a las fieras el cuerpo, que será bastante causa. . Hay semejante desdicha, o curiosidad villana, tan antigua en las mujeres, como los daños que causas. De Carlos mire el retrato, de lo curioso incitada, y agrado quizás mostré asuetarle, y a su gala, al tiempo que llegó Enrique, ha dura suerte inhumana. en los achaques, que presta! mas en las dichas, que tarda! Ha mal haya la mujer que fuera de lo que ama imagina, o se divierte, oye, mira, piensa, o habla. Antes que se determine miré bien donde se embarca, y luego el sentido rinda al paso que rinde el alma, porque muda, ciega y sorda no sepa atender a nada, que la aparte, ni un momento del cuidado que idolatra. Un agrado, una atención, una seña descuidada; un amago, un pensamiento, con que de su centro salga es trato, es traición, es culpa, y saldrán a castigarla despechos, ansias, rigores, ira, furia, fuego, y rabia. Romperé el retrato vil, que de esta suerte se pagan descuidos que tanto cuestan, y que tan mal se reparan. Cielos, aves, campos peñas, fuentes, selvas, montes plantas, yo adoro a Enrique, y he sido en perderle desdichada. Aguárdate dueño mío, aguarda centro del alma, aguarda luz de mis ojos, y vida de mi esperanza. Aguarda, querido Enrique, adorado esposo aguarda, que iré, si vives, tras ti, y adelante, si te matas. . Anticipados enojos, pues por darme más pasión dáis a la imaginación el oficio de los ojos: llevad rendidos despojos a Carlos, ya de mi amor, que bien conozco el valor que tendrá, quien ha podido, ganando solo el oído, ser de un alma vencedor. Curiosamente liviana atendí a la gallardía de Carlos, que referia su Embajador a mi hermana: o fuerza de amor tirana! o semenil voluntad! o cielo, si a tu piedad tocó evitar tal dolencia, dieranos más resistencia, o menos curiosidad. Ol un heroico valor, una majestad tratable, un señorio agradable, y un agrado más señor: un ingenio superior lucido en despejo airoso, un noble aliento orgulloso, que tomplado con dulzura ex airado en la hermosura, y en las iras siempre hermoso. Mas qué es esto? en dos pedazos encuentro un retrato aquí, e. retrato en el suelo a mí? si es ponerme nuevos lazos? No me da mayores plazos mi curiosa inclinación, . letras las que miro son, dicen. El alma no habita aquí, que está en Margarita con voluntaria prisión. Este es Carlos, o tirana! suerte cruel! hado ingrato! yo vi que dio este retrato el Castellano a mi hermana, por esquiva, o por liviana le rompió, que desamor! yo a título de menor le guardo, que me es debido, como a segunda, el vestido que desecha la mayor. Que rigor esquivo y fiero, retrato os ha dividido? no me contentáis partido, que estáis en el alma entero: si habéis sido prisionero en el pecho de mi hermana, ya os trato como tirana, entrad, Carlos, desde hoy a mandar en mí, que soy más rendida, y menos vana. En la caza divertido, cuya inclinación me incita, he perdido a Margarita, y a Laura he también perdido, mas sin que me haya sentido con Laura he venido a dar, quiero ponerme a escuchar a que cuidados atiendo, que quien sola se suspende algo tiene que pensar. Qué bríos tan majestuosos? que rostro? mal haya amen la que dice que no es bien nacer los hombres hermosos. Qué despejos tan airosos? que bizarría? qué agrado? que bulto tan bien templado con blanduras, y rigores. Laura retrato, y amores! a fe que estoy bien medrado! O niño tirano amor, pues escondes tan cruel las flechas en el pincel, y el veneno en el color. qué es esto Laura? ll Señor, aquí estaba divertida. Qué escondes? No hay por tu vida cosa de importancia aquí. Suelta, Laura, que de mí no ha de haber cosa escondida: Cómo, Laura, aquesto ha sido quien el retrato ha rasgado que ha de Castilla enviado a tu hermana su marido? Ella señor, le ha rompido, y en el suelo le arrosó. que no quiere a Carlos? . no pues le trata de esta suerte. Daré a la infame la muerte. Ya Carlos mi vida yo. a Tú a Carlos tienes amor, aleve, que yo lo oí. Como tan roto le vi tuve lástima, señor. Qué bueno ponéis mi hono entre las dos? que tormento! Yo sé que servirte intento, mi hermana no sé que ha sido. Carlos será su marido, y el vuestro, Laura, un Convento. A mi hermana divertida tiene de Enrique el amor. Ya sé que volvió el traidor, yo le quitaré la vida, ya la ingrata fementida le daré castigo igual. Ha retrato, por mi mal perdí vuestra posesión, . más dentro del corazón me queda el original. Seguidme, que desde luego del remedio he de tratar. Ninguno podrá bastar al piélago en que me anego. A qué ataje aqueste fuego el honor me solicita. otros castigos evita, que bien podrás excusarlos para matarme, si Carlos ha de ser de Margarita. . Piadoso cielo, valedme, valedme, divina Virgen, que ya conozco, aunque tarde, la desdicha que me oprime. Si una mudable mujer, que atrevida me persigue me perdió, ganadme vos que sois en amarme firme. Jesús, Jesús, el aliento me falta, cielos oídme, pues pierde la vida el cuerpo la del alma no peligre. De esta profunda quebrada salen unos ecos tristes, mensajeros lastimosos de algún desastre de Enrique. El corazón en el pecho revienta, el alma me dice lo que ya miran los ojos, mírale. si el llanto se lo permite. El cuerpo de Enrique es este que con purpúreos matices en estas fragosas peñas mi muerte, y la suya escribe. Ay de mí! sin duda es muerto, que su boca hermosa ciñen mil desmayadas violetas entre manchados jazmines. Eladas perlas sus ojos vertieron, que ya compiten bordando el rostro difunto con los sangrientos rubies. Vuelve en ti dueño del alma, Enrique! querido Enrique! ay de mí! no me responde, como los cielos permiten tragedia tan lastimosa. A mi bien! señor, oidme, dueño de mi vida, esposo, no me conocéis? ay triste! que está sin duda difunto, yo he sido la fiera Circe, homicida de aquel bien, que más que a mi vida quise. Arroje rayos ardientes el cielo, con que fulmine la más ingrata mujer, la más rigurosa tigre, la fiera más inhumana, la vívora más horrible, la homicida más sangrienta, los pensamientos más viles que en pecho humano cupieron. Oh tierra, comienza a abrirte, para ocultarme en tu seno si acaso es justo te dignes de tenerme en tus entrañas, Sol estas luces se eclipsen, que se mancharán en mí, di al fuego que precipite desde su esfera sus llamas, aunque para convertirme en ceniza, son bastantes las que mi pecho concibe. Justo será que sus golpes, amor, y dolor me tiren, pues es campo de batalla mi pecho, donde compiten. Justo será que mi vida. a estas aras sacrisique, pues a un Píramo difunto no ha de faltarle una Tisbe. Solo mi furor enfrena una esperanza, que vive con luces tan desmayadas, a él. que aún apenas se distinguen. Enrique, Enrique, ay de mí! voces daré que publiquen mi amor, pediré venganza si remedio no es posible. Piérdase todo, quiero descubrirme muera el recato porque viva Enrique: llámese gente, sepalo mi padre, haré que me remedie; o que me mate, que sin el dueño a quien el alma adora la vida es muerte, y el honor des- honra. Ya os he diclo, Juan, que el cielo me ha mandado que os instruya. Es, Padre acción propia suya el dar a un triste consuelo: con tan divinos consejos el pecho siento alentado. Siempre ese aliento ha causado la dotrina de los viejos: advertid que gusta Dios, que a otros al cielo llevéis, Juan, que nacido no habéis solamente para vos. Es justo ser conocida la virtud aún en los yermos, curad los pobres, y enfermos y dada los muertos vida. Voy a buscar mi consuelo, que en mi oración me le dan vos de ese difunto, Juan, rogad por la vida al cielo. Difunto aquí? cielo santo! sin mirarle lo sabía, que dichosa compañía de hombre que merece tantoa Tengo en un desmayo fuerte a Enrique, Juan pensará ap que le da vida, y será el principio de su muerte. Quién a este triste mancebe despeñó tan sin piedad? en aquesta soledad, y a pie? que caso tan nuevo! Doleos inmenso señor de estos años mal logrados, para que de sus pecados tenga perfeto dolor. Reina del cielo, piadosa, este favor alcanzad, tened, Señora piedad de muerte tan lastimosa. en nombre de Dios te digo en pie. que te levantes mancebo. á. Ay cielos, que tanto os debo cuando os soy más enemigo! tuyo soy varó de Dios, remedia el alma afligida, pues remediaste la vida. Demos mil gracias los dos por favores tan colmados al cielo, y decidme, os pido quien por aquí os ha traído. Solos, Padre, mis pecados: Casté mi vida en locas liviandades, siguiendo un apetito desvocado, que del mundo a las vanas falsedades se abalanzó, que pago que le han dado! yo mesmo en estas yermas soledades con despecho, y furor desesperado me despeñe, y e un mortal letargo representado vi mi juicioa margo, En Tribunal severo se veran mis obras con rigor examinadas, i todas (ay de mí!) se descubrían co mundanos afectos profanadas: ay cielo! qué disformes parecían allí las hermosuras adoradas! los gustos amorosos, los deseos cuan desabridos, ásperos, y feos! Por vuestra intercesión, o Padre santo, (cia, nuevo tiempo alcancé de peniten- y de arrojarme al reino del espanto fue suspendida la fatal sentencia: no es justo, pues al cielo debo tanto tardar he reducirme a su obediencia, afuera falsas esperanzas vanas, afuera galas viles, y profanas. Afuera, pues, hidrópica locura, afuera señas de fingidas glorias, afuera superficie mal segura, afuera vanidades transitorias: afuera torpe voluntad impura, afuera pensamientos, y memorias, afuera engaño, afuerahorror, afuera del mundo la fantástica bandera. Guardad, varón del cielo esos des pojos, y dadme un saco vil, y despreciado que entre estas peñas llorara mis ojos, los errores del tiempo mal gastado entre ásperas espinas, entre abrojos quiero vivir de llanto acompañado. Yo voy al punto, o fuerza po derosa! o mudaza descielo milagrosa! Mal haya el hombre que del mundo fía. y entre doradas copas apetece el dañoso veneno con que cría la gloria que tan poco permanece: o vano sueño! o ciega fantaña! cuan en breve tu luz se desvanece! siendo cuándose muestra más dorada umo, tinieblas, viento, polvo, nada. Viste noble mancebo la librea que ha señalado el cielo a sus soldados. Solo está gala el corazón desea, porque aquí se sepulten mis cuidados. , Toma estos dos espejos, y este sea el fin de tus intentos mejorados, lee estos libros, y saldrás tan diestro, que no abrás menester otro maestro. Aquí miro el castigo del pecado, y aquí la medicina que le cura, aquí contemplo el fin de mi locura, y aquí el principio de mi nuevo estado, de la muerte al camino desastrado mi yerro me guió, más mi ventura me descubrió esta Cruz, que me asegura. el real camino que dejé olvidado: no apartaré los ojos de este daño, porque el horror de la fatal herida a estimar el remedio me despierte, o clemencia divina! pues mi engaño duró en la muerte hasta que halló la vida, dure en mí vuestra vida hasta la muerte. Tanto esta inculta aspereza me ha ocultado de mi gente, que ni mis voces se oyen, ni mis lamentos se entienden. Confusamente turbada, y ciega confusamente adonde dejé la vida me vuelvo a buscar la muerte. Por aquí, si no me engaño, le dejermas ya se ofrece a mi vista un Solitario, que en habito penitente estas montañas habira, pedirle favor conviene. en trance tan lastimoso: Varón del cielo, valedme. en la más fiera congoja en las ansias más crueles que mujer del mundo: ay Dios, que miro! Enrique no es este? es ilusión! es engaño! si acaso mis ojos duermen? si a la fuerza del dolor los sentidos desvanecen? Que causa, cielos, que encanto hizo en término tan breve tan nueva transformación? el corazón se suspende, y palpitando en el pecho dudoso no se resuelve si las congojas prosiga, o si de nuevo se alegre. Traje, y presencia a porfía entre mil dudas me mueven a dar a aquel mil abrazos, a aquel cuya parte eres: qué harás cuidado? llegar, que haré respeto? volverme, mas no lo consiente amor, que es el que en el alma pue Yo llego, no puedo más, amor me manda que llegue: Enrique, Enrique del alma? esposo. . Mujer detente que inficiona tú veneno. Enrique? esposo? . no llegue que no soy tu esposo yo, ni he de serlo eternamente, ten respeto a estas insignias que entre la vida, y la muerte descubren hierros pasados, y desengaños presentes. Mira esta cabeza fría, un ti empoquizás luciente con la hermosura que gozas florcaduca, rayo breve. Advierte su fiera imagen, y que han de parar, advierte, en esta sombra tus luces. Ese cabello que envuelve tantas lucidas lisonjas, su fijo término tiene, en esta desierta playa. Esa blanca, y lisafrente, y esas doradas mejillas has de ver que se convierten en estos desnudos huesos. Esos ojos a quien debe flechas la profanidad, como aquestas han de verse concabidades horribles que eterno eclipse padecen. Yo, Margarita, no quiero por un engaño tan débil trocar lo eterno, y ansí me acogo a estas cinco fuentes con que el Autor de la vida me convida, y me promete labar en ellas mis culpas. Quejarte de mí no debes, pues no te dejo por celos, por mudanzas, ni desdenes, por desprecios, ni sospechas, si no por Dios solamente. Mira que el amor, y el gusto, las riquezas, los deleites paran en humo, y en viento, mira por ti, y no te acuerdes eternamente de mí, que los senos que contiene aquesta inmensa montaña, serán mi sepulcro siempre. Aquí renuncio tu amor, aquí sujeto el deleite, aquí lloro lo pasado, aquí olvido lo presente, aquí escuso eternos males, aquí adquiero inmensos bienes, aquí desprecio la vida, y aquí no temo la muerte. . Qué taloí? plegue a Dios que este pecho me atraviese la espada que deja Enrique, o la garganta me siegue. Plegue a Dios, que algún tirano (sin que pueda defenderme) me mate, y falte en el mundo quien me llore, y quien me vengue. Pues cielos, esto se sufre? que por vosotros me deje el que os olvidó por mí? que tal mudanza consiente vuestra justicia? no veis, que si Enrique por quererme me dio el alma, yo también le di el alma por quererle? pues si vosotros la suya le tomáis, y no me vuelve la que le di, luego quedo defraudada injustamente? Mas digo, cielos, no fuisteis testigos de que mil veces juró Enrique de ser mío? pues como admitís que quiebre juramento tan sagrado? El casamiento no tiene su principio por ley vuestra, que por santo le establece? luego su promesa obliga? luego es mal hecho que niegue la obligación, si la parte de su derecho no cede? no puede salvarse Enrique casado? luego si puede, contra justicia me quita la fe que dada me tiene? luego si pasáis por ello, o son falsas vuestras leyes, o sois injustos vosotros, pues las guardáis diferentes? si las que habéis dado al mulido, para que bien se gobierne son regla de la verdad, como a mí sola me mienten? Es justo dejar burlades con desprecios las mujeres que son de mi cálidad? es justo que no se observen obligaciones? es justo burlar un amor ardiente, que fundado en fe inviolable fines honestos pretende? Pues si esto no es justo, cielos no os espantéis que os blasfeme; que diga que sois tiranos, que a la justicia no atienden: la disposición que usáis, que solo queréis que reine vuestro antojo aca en el mundo, y la razón se atropelle. Borrese en mí vuestra imagen, y en mi cuerpo se aposenten las furias que en los abismos llamas eternas encienden. Protesto, que mi albedrío no quiero que se sujete a vuestra injusta obediencia, protesto que aquestas leyes que guardáis, no las admito, y protesto, que no puede el cielo quitarme a Enrique, más ay de mí! que ya quiere, que aún a costa de mi vida su poder experimente: todo el aliento me falta, yo hice mal, Virgen, valedme, triste de mil muerta soy. Muerta no, que me conviene para intento más famoso que tu vida se conserve: Entrándome en este cuerpo tengo de hacer que me tiemble del Libano de los justos el Cedro más eminente. Guárdate Fray Juan Guarín, que ya mi industria previene con otro engaño mayor, tu perdición, y tu muerte. JORNADA I

JORNADA SEGUNDA

Ya Dn Pedro, y Fernando en Barcelona estarán, y hoy al Conde avisarán. Ya estará el Conde esperande tu venida, y prevenidas para tu recibimiento estarán, señor, un cuento de necedades lucidas. Verás ochocientos cueros de vivas llamas vestidos, y que bajan derretidos de amores de los sombreros. Al humo te espero yo de la pez, resina, y cuerno, fiesta que invento el infierno cuando el diablo se casó. Pues qué los Arcos triunfales de cuatro mil figurones, con latinas inscripciones. en frisos, y pedestrales. Que no par ará a leerlas la paciencia de un gotoso, y el Gramático enfadoso dirá que todas son perlas. Geroglificos bravatos, en uno serás Sansón, en otro Deucalión, y en otro serás Pilatos. La salva de artilleria, trompetas, trapala, y ruido, oído es la mayor alegría. Encamisada sin tasa, mascaras, danzas, locuras, que todo es andar a escuras, si no queda el juicio en casa. Y tras tanta confusión, después de llegar cansado, no habrá quien tenga cuidado de la cena de Trabón. Que nunca te has de cansar, Trabón, de gastar humor? No tengo, por Dios, señor, otra cosa que gastar: pero dime, como vienes de amores, que ya me espanto como divertido, tanto en suspirar te oetienes. Dura la dulce cadena, o amainó el rapaz desnudo aquel virotazo crudo? En su ser está mi pena, si bien del largo camino el cansancio material llega al cuerpo, que es mortal, mas no al amor, que es divino. Quiero entre estas arboledas dar alivio a mi quebranto, siénte pues tú, Trabón, entre tanto a guardarme el sueño quedas. En la vida que me quita, llegará el cuerpo a sentir el hacerme interrumpir cuidados de Margarita. Guardarle el sueño? a fe mía no tengo en que lo guardar, y así me ha de perdonar monsenor, Uuseñoria. Ireme a guardar el sueño al fresco de aquella fuente, perdéranse juntamente el mío, y el de mi dueño. . Cazadores del Conde a Margarita llevan por estas peñas altas, o desmayada, o muerta: Ay de mi! desdichada, el corazón se altera, que da la sangre voces, y responderla es fuerza. Al desnudarla el pecho, cuando alentaba apenas, en el hallé escondidas estas ocultas prendas. De Enrique es el retrato, papeles, y ternazas, quién duda serán suyas? ya es cierta mi sospecha, Ella no quiere a Carlos, Enrique solo lleva de su amoroso empleo favores, y finezas. Con esto mi esperanza sus desmayos alienta, que está con Carlos viva, y está sin Carlos muerta. Guardar las prendas quiero, que podrá ser que tengan el crédito que importe en mi amorosa empresa. Mas ay de mí, si acaso oyó mis voces tiernas un hombre, a quien el sueño en su prisión sujeta. No sé que fuerza oculta a mirarle me lleva con violencia suave, y suavidad violenta. Cielos, o aqueste es Carlos, o yo estoy loca, y ciega, su imagen el retrato de- A24 dejó en el alma impresa, ay Dios! cuán poderoso sosegado, me altera, desmayado, me rinde, dormido, me desvela! Qué majestad tan grave! que imperiosa presencia! que llena está de agrado! y de valor, que llena! Varónil ceno airoso desmiente las sospechas, que del pulido talle contra el valor se engendran. Que rostro tan hermoso! quien tal jamás creyera, que aún a los hombres mismos se abata la belleza? que habite tanta vida en una acción tan muerta! y estando el Sol dormido su resplandor no duerma! Qué haremos pensamientos? más ay! en estas selvas, Y decidme, Don Pedro, aqueste enredo si el alma no me engaña, ruido de gente sueña. Detras de la quebrada de esta fragosa peña, prendiendo a mis deseos suspenderé mis quejas, . Fe resoluciónotable es esta primo, plegue al cielo no pare en nuestro daño. (nando. no me pongáis tropiezo r a la ocasión de suerte tan dichosas Carlos ha de morir, y en Barcelona vos habéis de decir que yo soy Carlos, y así me casaré con Margarita, que con aquel retrato que vi suye está mi corazón tan abrasado, que arroja a los sentidos llamas vivas Vos habéis de decir que sois Fadrique hermano mío, y gozaréis a Laura, que dicen ser de la hermosura Fénix y a Margarita la anteponen todos cómo puede durar sin descubrirse? Carlos se ha adelantado con nosotros. solos, y en el Condado no hay alguno, si no los dos que conocerle pueda, (que fácil es matar a ese criado) y ejecutados ya los casamientos harémonos señores de las fuerzas que tiene el Conde, y luego poco a poco iremos convocando a nuestros deudos, excluyendo otra gente de Castilla, y al sin hechos señores del Condado. nos han de defender nuestras mujeres, que aunque al principio sientan el engaño, mirando, finalmente, que son nuestras abrán de conformarse con su suerte: y el Conde Don Luis como prudente, no querrá la deshonra de sus hijas, sino unirse con ellas, y ampararnos. Carlos nos ha enviado a Barcelona, y pensará, que con el Conde estamos, con que nuestra intención disimulamos. Tened por Dios, que no pudimos, primo, venir a mejor tiempo, Carlos duerme, y Trabón no está aquí, llegad tenelde fuertemente los brazos, y yo alpunto escondere en su pecho esta cuchilla una, y mil veces, porque de esta suerte se continue el sueño con la muerte. Cobardes, traidores, viles, de fingir, alto valor tiempo es, que llegue a vencer una varonil mujer, dos varones mujeriles. Oh villanos fementidos Escapemos, primo, advierte, que aquí nuestra mayor muerte consiste en ser conocidos. u. No escaparéis de mis manos. O nueva Palas lucida, pues me rescatas la vida de esos aleves tiranos. Es agravio el acudir pues nada mi auida importa, que a ellos se les hace corta la campaña para huir. Que airosamente los sigue vibrando rayos hermosos! con que alientos generosos los acosa, y los persigue! Él uno, y otro cobarde se despeña de temor, huyendo el noble valor, que en la nueva Palas arde: Ya vuelve con tan usanos, y con tan bellos enojos, que tiran rayos sus ojos mucho mejor que sus manos. Esta es la ocasión segura p. examinad el amor de Carlos, y mi ventura, otra fingiré que soy, por ver que amor le combate. Mil gracias por mi rescate Belona hermosa, te doy. Toma tu espada; y pues sé que me quieres preguntar quien soy, quierote obligar, atiéndeme, y lo diré. Una Dama de Viena soy, mi nombre es Flordelis, que mal me llamaron flor pues tan sin dicha nácí! pretendieron la hermosura; que en mí quisieron fingir los Príncipes del Danubio, los Potentados del Rín, mas yo por inclinación de alguna estrella infeliz solo a Enrique de Lorena alma, y cuidados rendí, en fin nos compuso amor, y él mostró quererme en fin rindiendo a mi tierno yugo su siempre altiva cerviz, fui yo, pues, con la ocasión, que con mis favores di, meala de que se encendiese un peligroso motín, Rodolfo, Rey de Romanos, gallardo joven gentil, uno fue de los que entonces por Enrique aborrecí: a que no fuerzan los celos? pues con loco frenesí al corazón más real visten de término vil. Vi yo en Palacio una noche (qué triste fue para mí) un sarao por los años de Faustina Emperatriz: querer contar tantas galas, tanto bordado, y tabí, tantas bandas, tantas plumas, canto volante sutil, tantas joyas, y tocados, tanta labor, y matiz, tantas flores, tantas perlas, tanto diamante, y rubí, fuera contar las estrellas, básteme solo decir, que la gala aquella noche volvió al Diciembre en Abril, Enrique salió bizarro, mal se me pudo encubrir en su talle, y mis colores, verde, blanco, y carmesí: nunca saliera a danzar! a danzar con el salí, con que a mil de los presentes les dimos envidias mil: disfrazada una cuadrilla en habito pastóril, por disimular mejor de su traición el ardid, entro bizarra en la sala, y su gallardo adalid diestro se mostró en mudanzas, pero más diestro en fingir, al punto, pues, que encajó con el que juzgó feliz amante favorecido, que estaba cercano a mí, disparando una pistola con aliento jubenil, a su ventura, y su vida quiso de una vez dar fin: permitió el cielo, que pudo con breve retiro huir Enrique la fuerza oculta del abreviado esméril, perdió el intento, y el tiro con que solamente vi, que la cólera de Enrique pegó fuego al polvorin, y con incendio impaciente, saliendo tuera de sí, que no pudo el albedrío tanta pasión reprimir, arrancó un puñal agudo, y con ardor varonil dos puertas fatales rompe al desatado carmín, midio el herido la tierra, acuden todos allí, y cuando el rostro difunto llegaron a descubrir, conocieron a Rodolfo: quien podrá explicar aquí las voces, y el alboroto que se comienza a sentir, resuena el aire con gritos, la fama ánima el clarín, y fatigan los rumores las esferas de zafir: el Emperador airado, difunta la Emperatriz, y desnudas mil espadas hacen campaña civil: bien habrás visto en los montes al cerdoso jabalí, que ya le sigue el lebrel, que ya le acosa el mastín? bien habrás visto en aire cuando la garza sútil, ya se resiste al azor, ya se escapa del nobli? así a Enrique considera, que con valor señóril perseguido se defiende en dura sangrienta lid: mas nobles hazañas hizo, que el furioso Paladín, que dio plumas a la fama; y honor eterno a París, escapándose de todos fingió del peligro huir, pero bastole a esconderse. poca parte de un tapiz: aplacado el alboroto, tuvo ocasión de salir, y que a España caminaba de un paje suyo entendí: seis meses desde aquel día padecí muerte servil por haber sido yo sola de tantos daños raiz: una esclava me servia, hija de un Moro Alfaquí, en los enredos Brunelo, y en los encantos Merlín, esta, pues, me dio favor para poderme eximir de la prisión, y el peligro por la cerca de un jardín: y revolviendo las artes del libro de Malgesí heredado de su padre, así me dijo al partire irás Flordelis a España donde hallarás (ay de ti!) a tu Enrique enamorado de un Catalán ser a fin, pero los hados te guardan por disposición feliz, para un Príncipe excelente, muy noble, diestro, y gentil, este es Carlos de Castilla; cuyas hazañas, sin fin, serán lisonja al pincel, y eternidad al búril: Salí, y con la turbación no quise más inquirir, ni aún crédito alguno entonces a sus pronósticos di: retratos de mis afectos en las flores advertí, y aunque turbada; y confusa; les comunique al salir mi ardiente afecto al clavel, mi fe inviolable al jazmín, a la rosa mi vergüenza, y mi pena al alelí: tomé el camino, cubierta de un rebozo, y faldellín, y mis joyas de valor, por no obligarme a pedir a la orilla del Danubio: hallé surto un bergantín, embarqueme, y sabe el cielo lo que en el mar padecí, las varias navegaciones, los pielagos que corrí, tempestades ciento a ciento, y peligros mil a mil: después de tres cautiverios inmensos de referir, al gran golfo de Toscana desde el mar mayor salí, allí me dio embarcación un mercader Florentín, con que llegué en breve tiempo en Barcelona a furgir: aquí de la Mora esclava ser cumplido conocí de los amores de Enrique el oráculo infeliz. a la hermosa Margarita, hija del Conde don Luis, rindió el ingrato la fe, que me tuvo dada a mí: el que desprecios, y celos llegó algún tiempo a sufrir, puede saber solamente lo que este golpe sentí: supe que ella le pagaba, que el afecto femenil a méritos, y a porfías no es difícil de rendir, y están a pique los dos (según de ellos entendí) de que Enrique el olmo sea, y Margarita la vid: viéndome, pues, sin remedio, a buscar me resolví al noble gallardo Carlos a quien voy a persuadir, que me ampare, o que me mate, pues que ya de Enrique en mí nacen cenizas del fuego que me llegó a consumir: este retrato, que es sola ya de ese amor prenda vil le rompo, pues en mi pecho el original rompí: esta es mancebo mi historia, y no hay otra dicha en mí, si no haber llegado a punto, que te estorbase el morir, pídore que no te olvides, que se muda el tiempo en fin, y lo que hoy te pude dar, te podré otra vez pedir. El corazón revienta, cielos, que Margarita quiera a Enrique y que tan dura afrenta (plique no estorbe el Conde no, remedioa o ira, o rabia, o furia, sría a quien no oprime el peso de esta infu disimular conviene, que al fin a Flordelís debo la vidas veré si la entretiene una novela de mi amor, fingida, por suspender en tanto pagar su deuda, y publicar mi llante el corazón, señora, me tiene tu tragedia lastimado, la mía escucha agora, y sabrás que en la vida que me has dad me aumentas la cadena, na pues cuanto vive un triste, tanto p Caballero soy Francés de la Casa de Borbón, ella tan ilustre siempre como desdichado yo. Filipo el que llaman Celio reino en Francia, a quien meje cielo pudieron llamar, pues tuvo por hija un Sol: la soberana Marilde, cuyo inmenso resplandor causó en las bellezas todas afrentosa hemulación, lazo de todo albedrío, de todo cuidado ardor, de todo pecho inquietud, de todo orgullo prisión, que para herir, y enredar más fieramente el amor celadas puso en su pecho, laberintos en su voz, y no solo de Cupido el arco, y laras flechó, sino de Marte sangriento el acero vengador; o cuantas veces armada a la campaña salio a ser, terror del Inglés, y asombro del Español: ningún Paladín valiente a sus armas resistio, que al que escapó de sus ojos le mataba su furor: con indecibles proezas animosa oscurecio de Marsisa el ardimiento, de Bradamante el valor, y mostrando altivamente su alentado corazón, tantas veces mato airada, como airosa enamoro. entre mil que pretendieron la gloria de su favor, no sé si le merecí, Sé que alcancé su favor, año y medio nos quisimos, aunque del Rey el temor espuelas puso al recato, y freno a la ostentación: las paredes de un jardín. saltaba de noche yo, adonde mi Sol hacía claro oriente de un balcón: no refiero las ternezas, que pues sabes que es amor, ya las abra dibujado. tu presta imaginación, el alba nos despertaba, que el secreto la obligó a Matilde confesarle vencida de luz menor, siguiendo tranquilo norte navegaba mi pasión, hasta que un viento contrario toda mi quietud turbo, de Marilde una criada por enojo, o por traición, de nuestro amor, el estado al Rey Filipo conto, quiso de su sentimiento dar grave demostración, mas al fin, de su Matilde tuvo respeto al honor: de la escuadra de Levante el gobierno me entregó para dar con este cargo a mi destierro color, solamente el que de ausencia los duros golpes provó, puede saber, siendo amante, mi despecho, y mi dolor, aún el bien de despedirme mi desdicha me negó, porque cerró la cautela las puertas a la ocasión: dos años el mar surqué, y siempre el alma sintio menguantes en la alegría, crecientes en la afición: ocupado en esta empresa la nueva me salteó, que está cercada Paris con riesgo de su opinión, Arcturo el Ingles la cerca- con el heroico valor de Eduardo, y de Manfredo, hijos de Arcturo los dos, di la vuelta con la Armada, mal haya quien entregó del vario mar inconstante la vida al fiero rigor: levantose una tormenta, y en su terrible hinchazón, quejoso el golfo bramaba del viento que le azoto: arroja mares al cielo, y con violencia mayor ondas levantando el mar, mares el cielo volvió: los elementos se alteran, roban las nubes el Sol, todo es ira, todo furia, todo noche, y todo horror: sola mandaba del viento la soberbia condición, con que dividiendo vasos, la Armada desbarató: Ceñido de montes de agua mi afligido galeón, con la gabia, y con la quilla cielo, y arenas besó: todas las jarcias desechas, roto el mástil, y el timón, y por mil partes abierto cebo fue del mar feroz: saltamos en el esquife, donde del cielo, al favor de mis soldados, conmigo doce vidas rescató: después de peligros mil, aún no libres del pavor, expuso el barco a la orilla la vida que nos sobró: allí tomando caballos, con mi pequeño escuadrón llegué al campo, donde supe, que Fslipo con temor del gran poder del Ingles, a Matilde prometió para Esposa de Eduardo, de sus hijos, el mayor: quien duda; que aquesta nueva en mi pecho levantó otra tormenta, que en el hizo estrago más atroz? quien duda, que de mis hados la injusta disposición impidio allí, que la vida fuese víctima al dolor? más después, que de aquel susto el sentido se cobró, no libre del sentimiento, más sí, de la turbación: del todo desesperado, con loco altivo furor el hecho más raro emprendo que el tiempo en sus siglos vio reinaba al morir del día la dudosa confusión, y Cintia con luz escasa tomó el gobierno del Sol, cuando en el campo enemigo mis doce amigos, y yo nos lanzamos, poseidos de vengativo rencor, de morir, matando fue la ardiente resolución, para mostrar de una vez el despecho, y el valor: tan bravos los golpes fueron y el estrago tan feroz, que el crédiro se atropella con golpes de admiración, cuerpos desechos vertiendo ondas de sangriento humor del campo al vestido verde daban roja guarnición: vieras partidos los yelmos, de una cabeza, hacerdos, cortar brazos, hombros, armas sembrar el campo de horror: piensa que en la selva miras al irritado león, que aquí destroza el ganado, allí desgarra al pastor, que en los arbores, y plantas deja escro su rigor con las sangrientas reliquias de las vidas que quitó: piensa que en el aire atiendes airado, al hambriento alcón, que de pájaros al vulgo sigue con ala veloz, a este prende con las garras, el pico en aquel tiño, alentando su coraje la sangrienta ejecución, así en mi pecho la ira los golpes acreditó, mentirosos hasta entonces de Amadís, y Galalón. cayeron Condes, y Duques, y por mi mano cayó muerto en el campo Manfredo, hijo de Arcturo el menor: como el mal regido arado siega la purpúrea flor, así mi acero los años del mancebo deshojó: todo el campo se alborota, crece del Rey el temor pensando que de los suyos erá cruel distensión: del ejército turbado al cielo sube el clamor, todo es susto, todo asombro, todo grita, y confusión: un guerrero vi venir, que con denodado ardor, lanzándose entre los míos un Marte me parecio: será pasmo de los hombres, será centro del valor con que en breve espacio siete de mis soldados mato: entendí ser Eduardo, y con fiera indignación, que engendraron en mi pecho la venganza, y el amor, desesperado acometo, y allí dije en alta voz: pues solo por vos peleo, valedme. Matilde, vos: respondiome esta Matilde, mal te ayudaré, traidor, permitiré que me mates, pero que me goces, no: ya entonces había caído, que mi airada alteración, o mi dura suerte, un golpe a su cabeza guió, llego turbado, y confuso, desenlazo el yelmo, ay Dios! que el dolor, con fuertes lazos pone la lengua en prisión! hallo que he muerto a Matilde, cuyos ecos, cuya voz penetrado ya me habían el seno más interlor: ay Dios, no sé como vivo, que en tan infausta ocasión es el conservar la vida descrédito del dolor: falto a las venas la sangre, la garganta se añudó diciendo: ay Matilde mía, y ella responde, ay otón, la muerte salí a buscar; porque el Ingles vencedor no me quitaste el ser tuya, que hasta agora tuya soy, por Eduardo te tuve, pero que dicha mayor, que hallar la muerte en tus manos, pues tal muerte vida es hoy: solo te encargo, que libres de la Inglesa sujeción a mi Patria, y a mi padre, y con esto, primo a Dios dijo, y al punto en mis brazos aquel ángel espiró, dejando en eterna noche mi afligido corazón: no te cuento mis extremos, que siempre será deudor a la causa el sentimiento, pues la viva me guardo. a España me vine al punto para pedir el favor a don Luis, de Barcelona, y a la gente de Aragón: ve Flordelís a Castilla, que luego a Castilla voy a pedir socorro a Carlos, que en el mundo es el mejor: a los dos nos dará amparo, y estando juntos los dos por la vida que me diste, verás que el alma te doy. . Hay caso más injusto, que así me dejes Carlos fementido, de aquel viento deshecho aunque dirás, que es justo con la que fue fingida, ser fingido, mas no es igual el trato, que aumentas de tu parte el ser ingra- si yo fingí contigo, su por mostrarte un pecho enamo, más ay que es desvarío, tu finjes, enemigo, por no pagar la vida que te he dado, que la mía me lleves? los vidas son, traidor, las que me de- que con tanto despego mi apasionado afecto remuneres? por el atajo quiero dirán los hombres luego, que solamente singen las mujeres, mi intento comenzado más cuando así fingía, con que airoso atractivo que mentía! que bien que se mostraba ya amoroso, ya airado, ya apacible, más si muriere, muera, mas o tormenta brava, que antes de entrar en este mar terría (ble me anegan mil temores, pues sé que sabe ya fingir amores, que bien encarecía de Matilde las prendas soberanas! oh viva pasión mía, pues aunque vi que eran ficciones vanas (ta, de una fábula incierta, confieso que me holgué de verlamuer que fuerza tan furiosa de aque lla horrible tempestad fingida, con lengua cautelosa parece que la furia desmedida la inquietud retrataba de mi pe- mas que a Carlos alabe (có (to, cuando de penas, y de celos rabio aquí mi amor no cabe, (rado, no pueda más mi afecto, que mi agra vío el no que terle es más agravio mío, mas si mi vista acierta mira adentroe a toda prisa a la ciudad camina, y un criado despierta, Pues, que duerme al pie de una coposa en (cina tomar la senda, y llegaré primero proseguiré fingiéndome Serrana aunque llevo en cuidado el peligroso estado de mi herman pues ella es la Matilde verdaderas me llevas la atención, y aún el cuidado, Adónde arrebatado pensamiento hasta ponerle en manos de el tormento, incierto rumbo en mar alborotado, Sigue el frágil bajel de mi albedrío de borrascas inquietas contrastado, de hallar seguro puerto desconfío, pues en el golfo amargo de mi daño: tún desmayo sucede un desvarío, seste fue el lugar, si no me engaño senque en las manos de mi ingrato due encotre mi costoso desengaño sño escape con la vida en frágil leño, mas o forzosa inclinación torcida, pues ya con tu violencia me despeño acaso allí la cólera encendida sa creer me obligo con tanta priesa una ofensa quizas no cometida? el corazón la duda me atraviena: mas aquí está un retrato, que rompido por mano ingrata, su rigor confiesa, anduda es de Carlos, que al olvido leentregó aqlla ingrata, vergoncosa de haberme en sus mudancas ofendido quiero mirarle o confusión dudosa, mi retrato es aqueste, prenda dada en otro tiempo a Margarita hermosa, y así no me engaño cuando apretada de mis enojos, afíano sen mía entre amargas congojas desmayada, Jviendo mi resuelto desvarío, iga me desprecio después, que a tanto obri- la rigurosa herida de un desvío, no hay quien este discurso contradiga, ya mi suerte co golpes manifiesto: mi anticipada ingratitud castiga, o desengaños para mi funestos! ya me hacéis ofensor, y ya ofendide extremos en mi daño contrapuestos, que riguroso fue! que inadvertido mi celoso furor! qué verdadera la fe del dueño, pormí mal perdido, mas ay, que nuevo engaño se apodera de la imaginación casi arrastrada del vicio que en mi pecho persevera! duszas permitió el cielo, que ofuscada fuese entócesla luz de miadvertencia para enmendar mi vida descuidada, mas el santo Anastasio, cuya ciencia o, sin duda divina, cada instanto acusa mi civil correspondencia, pues sin decirle yo, que he sido amante el ya por superior conocimiento ha entendido mi vida en mi semblante luego, sin duda, el agradecimiento es justo en un amor tan encendido, y enderezado al fin del casamiento, luego si sé que nunca me ha ofendido, pues ropio mi retrato despechada, culpa será no ser agradecido, y si en el casamiento Dios se agrada, aunque yo el casamiento solicite, no dejo a la virtud desamparada, ay Dios, ningún sosiego me permite. este batir de tan contrarios vientos, donde el amor con la quietud compite. No des lugar Enrique a pensamientos que puedan divertirte, o apartarte del norte adonde mira tus intentos, conviene que procures emplearte en religiosa ocupación honesta para gastar del día alguna parte, la experiencia cotinua me amonesta, que es el ocio una flecha venenosa, que el enemigo a la virtud asesta, mi corazón, Entique, no reposa, diciéndome que encierra esta montaña alguna maravilla prodigiosa, este cuidado siempre me acompaña, y para que nos sirva de ejercicio, y ver si acaso el corazón me engaña, desde hoy es bien tengamos por oficio cabar la tierra, por si el cielo santo nos descubre el tesoro que codicio. dame Pad. la azada haber si espanto mi prolijo enojoso pensamiento, entre cuyos balbenes me quebranto. Como en mi daño consiento buscar el si mulacro de María, que ha de hacer más penoso mi tormento comenzaré a estorbar desde este día, que se descubra la escondida imagen, que representa la enemiga mía: Hermanos, es bien hecho que trabajen sin mi orden, por solo su albedrío, y que del cielo la obediencia ultraje? en empleo más útil, y más pío quiere Dios que se ocupen sus soldados amonestados del consejo mío, sabed que con rigores porfiados atormenta el demonio una doncella, porque le dio ocasión con sus pecados, su padre os la traira, fray Juan en ella mostrar podéis, que la virtud divina, al más soberbio espíritu arropella, esto de vos el cielo determina, que sabe, que en provecho de los fieles más el valor de la virtud se afina. varón divino no medesconsueles. permíteme que solo, y escondido me escape de peligros tan crueles. Yo no dispongo, el cielo lo a que tí ni es bien, que a su decreto soberano (do resista en nombre a la virtud rendido, ánimo Juan, y vos Enrique hermano no estéis presente, que la edad florida no sufre los combates que un anciano no quiero mi designio Enrique impida si a Margarita ve, que más segura tengo después de Enrique la caída. El resistir al cielo no es cordura Dios me defienda. Vamos, que se gastandura las oras sin provecho. . Hay suerte terribles movimientos me contrastan. Qué desdicha! . que tormento! Es fuerza disimular pues ya no puede pasar adelante nuestro intento, bastenos, al fin, la dicha de que no nos conoció. No hallo fácilmente yo consuelo en tanta desdicha. El Conde sale, lleguemos a darle nuestra embajada. Oh adversa fortuna airada! Aquí, señor, te traemos nueva de que Carlos llega, pues como muestras, señor, con tal nueva, tal dolor? El sentimiento me anega. Dame, señor, esos brazos, Carlos de Castilla soy. Hay hijo; que triste hoy son para mí estos abrazos! Estraña priesa se ha dado, el peligro le obligó. Si acaso nos conoció? Conocer? no es de cuidado, Pues como soy recibido de ti con tal desconsuelo? Acuerdo ha sido del cielo, que encubierto hayas venido, pues el gran recibimiento hijo, que hacerte quería, es fuerza que en este día se trueque en llanto; y tormento Qué es esto que ha sucedido, hase Margarita muerto? o estás de nuestro concierto gran señor, arrepentido? declárame el movimiento de tu enojosa pasión, que me es ya la suspensión mas grave que el sentimiento. Hay hijo, que en Margarita un espíritu se ha entrado, y con furor arrojado dentro de su cuerpo habita. Válgame el cielo! . Endía se finge ya la mozuela? (blada cotro cuyo la amartela, o este novio no la agrada. De la prisión se salio tenedla. . Ten ese brazo do Pedro. Han visto el diabla que buena moza escogio? (o Traidores no me tengáis, que si yo quiero soltarme a todos podré arrojaros a los senos infernales, o reniego de mí mismo, que Dios así me máltrate siendo por naturaleza a su deidad semejante, o pesia! . Qué desventura! Qué hermosura incomparable! Este diablo, auque ha caído, mas vive Cristo que es ángel. Señor, busquese remedio a tanto mal. . No hay hallarle, ni hay reliquia que haga efecto, ni diligencia que baste. Metome a conjurador, vade retro, retro vade, cata la Cruz, que ella sola derribó mil satanases, huye bellaco patillas: di pícaro, porque entraste? no te bastaba, tiñoso, un goroso miserable, un potroso? un corcobado? un calbo? un capón? no entraras en una suegra? pero dirás, que ya entraste en todas, y yo requiero a las nueras, que declaren: no entraras en una negra (albegada de albalalde? en una vieja entubiada? o en una roma espantable? y no en este sera fin? sal, que si al punto no sales gastaré en pintar calbarios una tinaja de almagre. Quien os mete a vos en eso decid, tacaño vergante, queréis que vuestros milagros a pública plaza saque, pensáis que soy la mozuela del mesón, de la otra tarde, a quien de dar prometisties, cuatro docenas de reales, y después, sin darla blanca, fucio, brivón, la dejasteis, que echaba mil maldicciones, pidiéndome que os llevase? pensáis que soy el barbero con quien jugando a los naipes fuisteis más barbero vos, pues la bolsa le sangrasteis, y le rapasteis los cuartos? pensáis vos. . Calla no hables en mujerado demonio, vive Dios que tiene talle de confesarse por mí, diablo tú no me tentaste? No, que quién es como vos aún sin ser tentado, cae. Mal le llaman al demonio de toda mentira padre, que por Dios que en cuanto ha dicho es un boca de verdades: entre otro conjurador, que yo a trueque de que calle, le dejaré estar mil anos. Soltadme perros, soltadme, que quiero anegar el mundo. Tente vil. . Tente arrogante. Oyen? quiere que aquí diga su trato, viles, cobardes, y la traición que intentaban cuando a solo el brazo frágil de una mujer se rindieron, como pudieran sus madres? Perdidos somos don Pedro. Calla. . Pues no me ultragen si no pues nos entendemos, callemos todos, y baste. qué dice? . Aquí está, señor, diciendo mil libertades, y blasfemias contra Dios. Qué dolor hay que se iguale al tormento que padezco? O tragedia lamentable? Válgate tú por demonio, y que de cosas que sabes Conmigo traigo, señor, una, aunque pequeña, parte de aquel madero, que fue remedio de nuestros males. quiero aplicársele aquí aplicásel Ay Carlos, ay, no me mates, que yo diré la verdad, quita, quita, no me abrases, Margarita no te quiere, ni contigo ha de casarse, aunque la quiten la vida. Ya es mi pena intolerable, p no es eso lo que pretendo, sino que dejes, infame, este cuerpo donde habitas. Aparta, aparta, que haces, he de decir la verdad? pues digo, que no se cansen, que mientras un Ermitaño, que castigando su carne ha cincuenta años que habita esas mudas soledades, llamado fray Juan Guarín, no me manda que me aparte de este cuerpo, es imposible todo el mundo. . Pues salpunto vamos todos a buscarle. Y adviertan, que estando sana Margarita ha de quedarse con el Santo una novena sin que alguno la acompañe, porque si no yo proteso, que he de volver al instante segunda vez a su cuerpo una hora que le falte de cumplir los nueve días. Por Dios que quiere tentarlo o bellaco de mi voto no se la dejen al Padre, que es terrible tentación, y no será bien fiarse en santidad, que aunque es Santo al fin es santo de carne, Vamos hijo, que por dicha quiere el cielo consolarme en tanto mal. . Ya yo espero que el cielo, señor, ataje este daño, mas mis celos p son en mi pecho volcanes, que Margarita me deja! más me valiera pagarte Flordelís, lo que te debo, vamos. . A diablo, esta tara me quedo a ser Ermirano para darte mil pesares. Quédate, yo vengo en ello Oyes, pues has de llevarme algunas mozuelas de eslas a que yo las desendiable. JORNADAI I

JORNADA TERCERA

Juan, el que trata de agradar alcielo no endereza a sí solo sus cuidados, sino el bien de sus projimos procura y en serles provechoso se desvela, que si a Dios ama con afecto ardiente, que yo salga, aunque lo mande conociendo que aquestas criaturas niticipan su ser inacesible, son criadas para que le gocen, Iga suerza es que por su causa amor les ten (de su bien a estar ansioso venga, lo estoy mal con que améis el retiro debra soledad, pero es más justo migo Juan, que el mundo no se prive e la virtud que en vro pecho vive. Solo el peligro, Padre, me retira y la seguridad solo apetezco. Cristo ejemplo nos dío, que habiendo estado retirado primero en el desierto, salió después a redimir el mundo. Era Dios, aunque era hombre, y por virtud de aqel la unión divina era incapaz de cometer pecados Sus Apostoles no andubieron en bien de los fieles ocupados, y era hombres sujetos a pecados? Confírmolos Diosa todos, mas yo no tengo don tan peregrino, así a mirar por mí me determino Bravamete procura deslizarse, de mis manos no podrá escaparse, al fin Juan algún riesgo es bien se ponga quien de Dios el agrado solicita, pedid al cielo sane a Margarita, due está en su voluntad: ya vienen todos que yo percibo el ruido de la gente, cuad con Dios, que no he de estarpresente o Anastasió varó incomparable lleno estás de Dios! todas las cosas conoce con espíritu profetico, amí solo me toca obedecerle, que si esto ordena el cielo soberano, sempre seguro me tendrá su maño. g, . Decid solitario santo sois fray Juan Guarín por dicha? Ese, señor, es mí, nombre, que me mandáis en que os sirva? De esta doncella os dosed, que el demonio tiraniza atormentando su cuerpo, y advertid, que os lo suplica el gran Luis de Moncada. nuestro Conde, que es su hija de Barcelona heredera. Dad este aliento a mi vida, que con el grave dolor desfallece. . Qué desdicha, yo, aunque tan indigno pobre, es justo que al cielo pida señor, lo que me mandáis. Ignorante viejo, mira no me trates con desprecio, que al punto haré que os oprima a todos esta montaña. Detente bestia maligna no blasones como sueles con bravatas, y mentiras. Con mi infierno te hundiré Hay demonia más bonita? a este diablo me encomiende cualquiera que me maldiga, más impórtame callar, que si no, toda mi vida me dirá de pe a pa, y afe que no es para dicha. En nombre de Padre, y Hijo a quien su ser comúnica, y del Espíritu un Dios, y tres Personas divinas, te mando, que de aquí salgas. Antes de salir querría mostrar, que sois ignorante, y no entendéis la dotrina, porque llamáis Hijo al Verbo, cuando esta prerrogativa al Espíritu negáis? Porque así la fe lo dicta. Pues decid, si el Verbo esHilo solo porque participa la esencial naturaleza que el Padre le comúnica, y al Espíritu divino se le da también la mesma: cuando el Padre con el Verbo le producen, y le expiran, porque no le llamáis Hijo, y no admitís que se diga, que el Padre por hijos tiene las dos Personas divinas? Esas verdades sutiles. más propiamente se afinan. entre Catedras, y Escuelas, que entre peñascos, y encinas. Veis como sois ignorante, sabed que el Verbo, por vía de entendimiento procede, y el Espíritu se espira por vía de voluntad, y como la Teología llama al entender de Dios naturaleza divina, aquel solo es Hijo, al cual por su producción le aplican la propia naturaleza de quien le da ser, y vida, y esto no materialmente. en cuanto se identifica con otras formalidades, si no por su fuerza misma: si que sé, que el Verbo, a quien el entender se deriva, que es naturaleza, en Dios. no hay quien ser Hijo le impida, más el Espíritu, al cual el querer se comúnica, y este no es naturaleza, de ser Hijo se desvía: veis como sois ignorante? Hay mayor sabiduria? Hay más clara explicación de cosas tan escondidas? Qué prodigio! . qué milagro tan grade! . Que marabilla juntanse diablo, y mujer, no ha de haber bachillerias? Espíritu reprovado por la divina justicia, sal al punto de este cuerpo en que injustamente habitas. Todo vos sois ignorancia, decid, si Dios predestina antes que las criaturas se muestren dignas, o indignas, como el ser yo reprovado decís que fue por justicia, supuesto que aquesta en Dios solas las culpas castiga? mas si el ser predestinado es gracia, que Dios aplica en su misma eternidad a los que allá determina antes que el mundo criase, luego cuando a mí me cría ya estaba yo reprovado, luego ya imposibilita Dios, que yo venga a salvarme porque si antes me tenía desechado en su intención, como puedo resistirla: veis como sois ignorante? Solo sé, infame, que habitas calabozos infernales por tu culpa, y tu malicia. Pues porque no respondéis que a los que Dios predestina no inmulta la libertad, ni sus actos necesita, que aquel decreto divino queda afuera, y no se áplica cómo principio de obrar, y la voluntad se libra de quedar necesitada, con que la obra buena es digna de premio; y los actos malos justamente se castigan: veis como sois ignorante? qué pasmo! . qué marabilla! Ignorante, bestia, calla, pues esta sabiduria que Dios te dio la empleaste tan mal, que por tu malicia perdiste de Dios la gracia. Dios fue la causa. Es mentira, que Dios no causa el pecado. Calla viejo, que deliras, y quieres que mi saber a tu ignorancia se rinda, oídme. No es cosa cierta, que con las causas que cría obra Dios, y que concurre a los actos que ejércitan? sin Dios el hombre no obra, ni se mueve, ni respira, Dios con el fuego calienta, y Dios con el agua enfría: luego si la voluntad a obrar mal se determina, Dios concurrira con ella al acto, y a su malicia, que pues la malicia es como decís, obra mía, no la puedo hacer sin Dios, luego de Dios se deriva, luego Dios causa el pecado, y aún tú mi razón confirmas: no decís que Dios es causa de tu obra buena? pues mira por eso causa la buena, porque su virtud divina con tu voluntad concurre, luego si esta virtud misma concurre cuando yo peco, es consecuencia, que digas, que pues causa la bondad, causa también la malicia: veis como sois ignorante? A quien no eleva, y admira? Infame, no han de valerte tus locas sosisterias. Pues porque no me decís, que a la voluntad envía Dios con curso indiferente? porque a dársele se obliga, por guardar su libertad, y este no la necesita, si no que libre la deja, para que el mal, o bien siga: pero con tal diferencia, que Dios solo al bien la incita llamándola, y de su parte siempre del mal la desvía, si bien por ser ella libre es justo que lo permita siempre que quiere pecar, y en esta cierta dotrina viene a ser, que Dios no es causa del pecado, o la malicia, si no solo el albedrío, que a pecar se determina: veis como sois ignorante? O loca sabiduria! ríndete al poder de Cristo, Dios y a sus obras infinitas. Qué, las que hace en cuanto estas son obras divinas, ni obras de Cristo se llaman: luego fue ignorancia indigna decir, que Cristo hace obras, que se llamen infinitas? otra mejor habéis dicho: Cristo el Hijo de María no es hombre? luego sus obras son humanas, no infinitas: veis como sois ignorante? Calla lengua serpentina, áspid blasfemo en mudece. Si fueras sabio dirías, que por razón de la vnión con que estrechamente unida está aquella humanidad a la Persona divina, es tan grande la virtud, que a sus obras comúnica, que acciones son de Dios hombre, y como tales, son dignas de todo premio posible; lo cuál es ser infinitas: veis como sois ignorante? Que esté tanta Teología en una moza, que solo estudió en hacer báínicas? esto es como el estudiante, que partiendo una morcilla encontró dentro un Escoto, que allí por descuido había metido la mondonguera. Oye bribón? por su vida que calle, o de sus milagros haré larga letanía. Perdóneme señor diablo, yo callaré como en Misa, yo me coseré esta boca. Esta milagrosa insignia refrene tanta insolencia? Qué me abrasas, quita, quita? Pues sal al punto de aquí, por la virtud infinita del que en ella te vencio, por los azotes, y espinas, que padeció por los hombres, y por la tierra reñida, con el licor de su Sangre? Que me abrasas, quita, quita. Por su sepulcro glorioso, por el nombre de María! Ay que ese nombre me mata, no es posible que resista, hay que me echa el nombre de mi mayor enemiga; espera fray Juan, que yo sabré vengarme algún día. hay, ay, ay. . Gracias al cie que ya, señor, vuestra hija del enemigo está libre. Ha mi bien? a Margarita? Vuelve en sí? . Caso espanto Ay Jesús! . Pues hija Dónde estoy? Jesús qué es esto? Con qué despierta la niñ si supiese lo que ha dicho. Estoy de el todo rendida al cansancio, es imposible dar un paso. . Estaos hi que bien podéis descansar pues estaréis nueve días sin volver a Barcelona: Padre en vuestra compañía ha de quedar, y así yo me bajo con mi familia. al lugar de Monistrol, que es aquel que se divisa al pie de aquesta montaña. También, señor, Margarí se puede volver con vos. Ea, Padre, no resista. No es posible, porque al pe aquella sierpe enemiga volverá segunda vez a su injusta tirañía, a Dios hija. . A Dios seño No es bien, Carlos, que le diga quien eres hasta su tiempo. Mas con que atención me mira Vamos. . Ycuidado Padre que este maldito patillas suele encender llamaradas las hay ceniza. dono dad al cielo, señora inmensas gra cias. por la misericordia que os ha hecho, que al fin os ha librado de él demonio que acaba de salir de vuestro cuerpo. Él ser os debo, Padre soberano mis pecados causaron estos males, rogad a Dios pormí, que meperdone. qué belleza tantara! no me atrevo a mirar a sus ojos, porque arroja p. rayos que bastan a abrasar al mundo. Atended, Margarita, al escarmiento, amad mucho al Señor, y bro pecho no le rindáis al falsoamor profano, sedé todo obediente avuestro Padre sed siempre en las palabras compasiva, asistente a devotos ejercicios de ayunos, oraciones, sacrificios. Vivid con humildad, y estad atenta, a la astura malicia de el demonio que suele muchas veces transformarse en aque llo que os ha de dar más gusto, con falsa industria, icon engaño injus procurando rendiros, y engañaros, (to porque pretender daros. (cielo, . que inquietud? qué rigor? válgame el fuego se enciende e esta edad dehielo, hablarla sin mirar es más seguro: orad, señora, aquestos nueve días con afecto eficaz, y llamad siempre a la Madre común de pecadores, a la Estrella del mar de nuestravida al remedio mayor de los mortales, a la dulce bellísima María, Iguía, que ella os será lucero, amparo, y que daos a Dios, que voy a orar al cielo, y hablar aquí con un varón divino, que en otra cuena cerca de esta vive. guiete, o Padre, Dios más no (flaqueza, te alejes. muy cerca estoy temiendo mí huyo su vista, o fuerza poderosa, líbreme Dios de una mujer hermo en que me hicisteis cielos? (sa. qué nuevo estado es este? que confusión me cerca? que asaltos me suspenden? Miculpa reconozco, ya es justo se sujete a vuestro imperio un pecho, que ha sido tan rebelde. Amaina pensamiento, , adonde vas, detente, que en vario mar inquieto te anegas, y me pierdes. Mira que tu enemigo tu destruición pretende, y su rigor encubre de agrados aparentes. Cielos, no es este Enrique, vele. es cierto que no es este, sin duda es mi enemigo, que así a engañarme vuelve. No me dijo aquel santo, que convertirse suele en aquello que el alma con ansias apetece? luego este es mi enemigo, Jesús, Jesús mil veces. . Aquesta es Margarita, sin duda me sucede lo que Fray Juan me ha dicho, y así el demonio quiere (en ella traisformado) a su inquietud volverme, Jesús, Jesús me ayude. Que salso que acomete, y por disimularse. espera a que yo llegue. Hay atractivo hermoso, yo llego pues me vences? . mas ay, que en el peligro gor se anega el que no teme. . La vista me arrevata, quiero llegarme a verle, mas ay, allí se esconden veneno, furia, y muerte. Qué belleza! . Qué talle! Qué campo de deleites! Lo que se ve que amable! Qué dulce lo aparente! Ay Jesús, que tal dije! Hay lengua, qué te pierdes! Qué falso que se muestra! O que engañoso viene! Enrique. . Margarita. Ha infiel, ya sé qué quieres engañarme. . Hh enemigo, mi perdición pretendes. Mira la Cruz, no huye. Jesús, Jesús, no teme. Que tierno que me mira! Que afable está, y que alegres Hh infame, han engañoso! tratarle así me duele, Traidor, villano, el alma estas injurias siente. Mas seguro es partirme. Mejor es recogerme. No me harto de mirarle, Todo mi gozo es verle. Qué atrevido veneno! Qué engaño tan valiente! Qué mentirosa vida! Qué disfrazada muerte! Amor, y obligación pleito reñido sobre mi voluntad tienen pendiente, el Juez es mi albedrío solamente, y el Tribunal, mi pecho combatido: informa obligación, y ha parecido ser su justicia a todos evidente; pero tiene el amor favor valiente, y de la obligación temo el partido: quisiera concertarlos mi albedrío, y adonde está el amor, llevar intenta la obligación, mas no hay hallar cabida, pues remedio ha de haber: el amor mío siga la obligación, aunque lo sienta, y de yo el alma a quien me dio la vida. Valedme industria, y amor, ved que la ocasión es esta para que alcance mi fe la victoria que desea. A mi padre huerte el retrato de Carlos, el que en la huerta mi necia hermana rompio, si bien para mí, discreta, este me ha de dar la vida: Caballero, Dios mantenga. Que serrana tan bizarra! sois acaso de esta tierra? Si señor, en Monistrol soy nacida toda entera, como me ven batizada dentro de la propia Iglesia. Donde vais? . A la Cioda llevo huevos, y manteca, que es Viernes a la mañana. Hay más hermosa simpleza! gallarda sois! . Sí señor, para servir a Vuesencia, y en verdad que me lo han dicho otras personas de cuenta. cómo os llamáis? . yo Belisa a su mandado. . Sois bella. Si señor, todos me llaman la más linda del Aldea. No sé que tienes villana, . que toda el alma me llevas inclinando el corazón con una oculta violencia. Qué murmulla? . llega acá serrana hermosa. Harre agüera, cate que quiebra los huevos, y me achucha la manteca. Quieres ser mía? . Si soy hija, única heredera de mi padre Antón Bernal, y de su mujer Teresa, como puedo yo ser suya? que en la concha de estas peñas haya perla tan hermosa! Que no señor, no son perlas, que es una sarta de prata, ya fe si día santo fuera, que se envóbara de ver mis corales, y patenas. Quieres que yo te dé sartas de oro, i diamantes? . quisiera que me diera un corazón, mas no le quiero con perlas. Y el alma quisiera darte. Aqueso diz porque piensa que a mí no me debe nada, que afe que si me debiera no quijera darme el alma, que según se me pergeña pardiobre tien buena cara para negar una dauda. Yo negarla? . Sí, y aún como aunque la vida debiera. Dime hermosa labradora, como ir sola no recelas, desde aquí hasta Barcelona siendo tan linda, y tan tierna? Va Dios, señor, voy segura que llevo quien me defienda. Muestra, quién es? Si haré, mas primero quiero que toda la historia entienda: Como dije a su mercé, sepa en Dios, y en hora buena que andando con mi ganado un día por estas peñas la mayor alna que hereda su establo, daba mil gritos con gran rabia, y gran colera, riñendo con un señor todo vestido de seda, que como el Sol rellumbran no entendí bien la pendencia, él no sé que la pedia, celos que dijo que eran, y ella cuido que no quiso dárselos, según la cuenta, porque él se enojó, y se hue, y ella al punto con gran fuerza hizo el retrato pedazos, y en el suelo lo derrueca. Cate que huerte maldad, yo imagino en mi conciencia, que por aqueste pecado se coló el dimono en ella, en fin yo cogí el retrato, y con grande sotileza junté metá con metá, y aún un capillo de seda destruí por componello, aquí lo traigo, y quijera nunca dejar de mirrarlo, que es mi devoción tan tierna cuando cato para él, que por su virtud secreta las entrañas me pecilga, y con tan fuerte manera, que de cosquillas me fino: cate aquí su recelencia, que a fe que pintiparado en la cara le semeja. Este es mi retrato mismo, . ya que más clara experiencia de mi desengaño aguardo? Ven acá zágala bella, sabrasme acaso decir ese mancebo quien era? más quien duda que era Enrique . Pardiez que le ha dado pena, pues si él apaña mohina, no vale una castañera la historia: mas al señor mentaron melo en la Aldea, y llamábase, no sé, par diez no se me remembra, pareciase en el nombre al Várrico de la Hareña. Enrique querrás decir de Lorena. . Si en conciencia, bien atinó su merce, vuélvame el retrato, vuelva, mire que se me hace tarde. Porque quitaste unas letras que estaban aquí? . Hola hola él debe de ser Porfeta: es verdre que las quité, que aunque no supeleerlas, yo no sé que se tenían que me daban brava pena, hay mi retrato del alma. . Pues como el retrato besas? No he de besalle si es santo? cada vez que se me acuerda, señor, de la rompidura que le chantó la Condesa, lloro tan brabosamente, que casi llenar pudiera la Pila del capuzar. Sin duda alguna que encierra misterio aquesta mujer ap porque el alma me penetra: Labradora peregrina, que alentadamente muestras luc es hidalgas de Corte entre rebozos de Aldea, a cuyo pie debe el campo con eternas Primaveras, en cada planta una vida, y una Aurora en cada hierba: Dime el misterio que encubre esa afectada inocencia, que con suavidad oculta alma, y cuidados me lleva. Da un esfuerzo a mi esperanza, da un remedio a mi dolencia, una luz a tanta noche, y un alivio a tanta pena. Cayó el pez en el anzuelo, ap quede retóricas que hecha, no ve que soy una boba, y que conmigo es perderlas? Llégate, Belisa mía, que te adoro. Tenga tenga, cate que quiebra los luievos, y me achucha la manteca. Quieres casarte conmigo? Si lo dijera de verás, yo lo pidiera a mi padre, que en maridarme desea: habla de verás? Si amiga. Engañame? . No lo creas. Parézcole bien? Me abrasas. . que le agrada? Tu inocencia. . y qué más? Tu discreción. . qué me dará? ar el alma etera. . solo el alma? un grande estado. . Y dírame? ̱. Mir terrezas. G. Burlo alguna vez? No hice. . Querrá a otra? No lo temas. . qué olvidará? Ingratitud. Y qué estimará? Finezas. Y obligaciones? . Sabró pagarlas bien. No lo muestra, que tiene muy linda cara para negar una deuda: Si me hallara de señora vestida, no me quijera, mas el alina ten villana, y así el traje le contenta. Esta serrana me encanta. Al fin voyme, que me espera, yo cuando le importe más daré por aquí la vuelta. Sí, más por la despedida dame un abrazo. . Detenga, no ve que quiebra los huenos, y me achucha la manteca? ̱. Señor, el Conde me envía a llamarte con gran priesa. la voy, pues, a Dios labradora. Es la pasora una Reina, requebrábala el garzón: señora Puscuala, o Menga? Mal se deja requebrar la que aún queuebrar no se deja. ̱. Gracejo mas? pues por Dios me place la villan quiero quererte zagala. No quiero yo que me quiera. No sabes lo que te pierdes. No haya miedo que me pierda. Seré muy secreto amante. Pues busque alguna secreta. Mira amores que soy fino, Ríome de su fineza, fino diamante, y no amante es el que conmigo medra. O que gentil vellacona! o zorra en sayal envuelta! Lacayazo envuelto en tonto, A fe que tiene pimienta. Llegue a provar, y veralo. Dame de coral, y selpa un recipe en esa mano. Si llega a besarla. . muestra eres Obilpa? . Si afe, mitra tengo de hechicera, Pues llego. tome gabacho, que me achucha la manteca. Ay, hay! matome por Dios, o Rolcana Montañesa, núrca yo a pedir llegara esa mano guijarreña, que es cada dedo un trabuco, vive Dios que desgobierna quijadas como un Sansón, la cara lleno desecha, que doncella tan fornida lástima es por Cristo, que esta no vista un arnes en Tunez, o arrastre una pica en Centa, no más burlas con villanas, que dan en tono de Aldea bofetadas de Ciudad, que hazen harina las muelas. Padre, soy hombre, témome a mí mismo, que es peligrosa; al fin, la compañía de una mujer, y más mujer hermosa, habéis de perdonarme, que en mi cueva no pienso entrar en estos nueve días. Mucho me desconsuela, Juan hermano, de ver en vos tan grande cobardía, mirad a un San Antonio en el desierto, que al mismo tentador desafiaba: no dice el Eclesiástico, el que sirve a Dios a ser tentado se prepare? Y el Aposto! no dice a los Corintios, es fiel Dios que téntaros no permite más de lo que podéis? y el grande Padre en la segúnda Epistola no clama, Dios de la tentación al Justo libra, y el Apostol, Juan; en sus revelaciones, capítulo segundo no amonesta, que el que entra a ser tentado, y se resiste de eterna vida alcanza la corona: el otro Caballero soberano para vencerse preparo venciendo, y el que nunca pelea, nunca vence? Dios no tentó a Abrahan, así lo dice la Escritura, y a Job, y al gran Tobias, y aún a Moises le dijo en el desierto que tentava a su pueblo por provarle? sy el mismo Dios no dice, son los suyos como oro en el crisol purificados en el fuego de varias tentaciones? y que como a holocausto los recibe, y al fin para mostrarnos lo más cierro, él mesmo fue tentado en el desierto. Tenedánimo, Juan, que es mal soldado quien vuelve indignamente las espaldas cuando por gloria de su Dios pelea, no es bien desamparar esa doncella, que volverá el demonio a entrar en ella, Quién hay, Padre Anastasio, que resista a tu sabiduria soberana? ahora por mí, varón de Dios amado, que voy con tu doctrina confortado. Oh confuso pensamiento, cuán obstinado procuras entre ideas mal seguras abrir la puerta al tormento! casi culpada me siento, cuando vi aquel bulto humano, de que mueva guerra a un justo en no apurar siera vano fingimiento, o si era Enrique, que aunque más me justifique fue escarmiento muy temprano. vinas ideas de Enrique, O noche apacible, y bella, si a mostrármele tornaras entre tus estrellas claras, hicieras clara mi estrella. Aquí encuentro la doncella, Margarita? . Padre mío, hay cielos, que me desvio . de vuestro gusto ya es hora. envuelta en las vivas llamas de recogeros, señora, Entro, pues; a descansar, Padre, no me dejéis sola. . Ya con una; y otra hola se excita en mi pecho un mar. En mi celda quiero entrar, mas volverme es más seguro, pero en entrar que aventuro, pues a Anastasió obedezco: ya me ánimo; ya enflaquezco, Jesús que trance tan duro! Será bien dejarla! no, que queda a peligro expuesta: pero si el alma me cuesta es bien que me pierda yo? guarda, mas no me mostró Anastasio soberano, que Dios con piadosa mano defiende al que en él confía? pues entro, que si él me guía es el vencimiento llano. . porque en este la lascibia Ya está la ocasión en casa, al arma, que llega el tiempo todo el poder del infierno. Dormida está Margarita, y tengo en su pensamiento que es el que reina en su pecho. Fray Juan Guarín no sosiega, y ya alterado; ya inquieto sus flacos miembros castiga, y da suspiros al cielo. Arrojole una centerla del vivo ardor de mi fuego, llenas de mortal veneno. mucho de mi desconfío. , - O qué apretado comvete? ya de su vejez el hielo comienza a sentir la fuerza del bravo arrojado incendió, Qué fuertemente se arma con la Cruz, mas ya le aprieto con otro tiro más fuerte, que brava suerte que ha llecho! Ya el pobre viejo se abrasa, y por sujetar su cuerpo terriblemente le rompe con duro ramal de hierro. Mas si resistió a dos golpes. no resistira al tercero, todas sus armas ha puesto. , a Ya desfallece del todo, ya torpemente resuelto de la dormida doncella profana el intacto lecho. Ella aún no cobra el sentido, que de Enrique el pensamiento . Aleve Ermitaño falso, confusamente en su idea miencia verdades, y sueños. Ya despierta, ya conoce su amargo infelice yerro, ya se levanta ofendida, ya clama venganza al cielo. Ya las paredes requiere, y con las manos a tiento la espada encuentra, que Enrique . Este Fray Juan, ese falso dejó a Fray Juan en un tiempo. Forzosa la desembaina, mas ya con el sentimiento tropieza en sí misma, y can amorrecida en el suelo. Él se escapa, y asustado, sin ánimó, y sin acuerdo huyendo va de su furia, y aún de sí mismo ya huyendo. Montes, caed sobre mí, fulminad divinos cielos mil rayos, que de la tierra e segulten en el centro: hay amarga suerte mía! Hermano Fray Juan, que es esto? Dios me envía a consolarle, más pienso que tarde llego. Ay. Padre, qué mis temores, tristo de mí, se cumplieron, perdido soy. n. Ya he tenido revelación del suceso: no desmaye, hermano mío, que para todo hay remedio. Ay Padre, que es imposible hallar a mi mal consuelo. poste Aunque te bajes al centro de la tierra han de seguirte mis vengativos alientos, Reportaos Margarita, reportaos, señora, os ruego, Quién eres? Soy Anastasio, decid que tenéis? qué es esto? engañador, embustero hipócrita malnacido, y solo en los años viejo, ha ofendido mi pureza con infame atrevimiento, perdiendo el respeto justo a mí, al mundo, y al cielo: Dejadme llegar a él, dejadme llegar, que quiero vengar primero mi injuria pues he de matarme luego, o el peor de los mortales, mas alevoso, y más fiero que Domiciano, y Nerón? cómo te sufren los cielos? Si me sacaste un demonio de este desdichado cuerpo, ya en mi pecho se aposentan mil legiones, mil infiernos, furia me dan los leones, las vlvoras, su despecho, las tigres, su indignación, los áspides su veneno, los dragones su fiereza, las serpientes su denuedo, su coraje el vasilisco, sus inquietudes los vientos, su rompimiento los rayos, los volcanes sus incendios, el fiero mar sus bramidos, y el abismo, sus tormentos. Como pudiste, enemigo, alimentar en tu pecho resolución tan infame? como no rasgó sus senos para tragarte la tierra? como no se estremecieron esos ejes celestiales? como los cuatro elementos no se armaron contra ti? como no se vino al suelo la máquina de esos orbes, oprifmida con el peso de tan enorme delito? Ay de mí, que desfallezco, que a dolor tan excesivo sobra, causa, y falta aliento. Desmayada se ha quedado, de la ocasión me aproveclio, . para que Guarín cometa otro pecado más fiero. Juan, pues habéis hecho el daño acudamos al remedio, sabed que Dios aborrece los pecados descubiertos mucho más que los ocultos: Este no ha de ser secreto, sino muere esta mujer, en bainad luego en su pecho la espada que fue de Enrique, que esta fue, si bien me acuerdo, maldicción que ella se hechó, Y quiere cumplirla el cielo, Será aumentar más la culpa. No, Juan, que tenéis derecho a evitar que se publique por el mundo vuestro hyerro: no dudéis en lo que os digo, ejecutadlo al momento, que de mi debéis fiaros. Ya Anastasió te obedezco. Revolved a la finiestra el desatado cabello, y segadla el cuello al punto. Casi desmayado llego. Qué es esto enemigo aleve? Esta cuchilla tu cuello ha de cortar, . De esa suerte das a mis males remedio: solo en eso eres piadoso, y al fin, traidor, te agradezco, que con una muerte atales tanto raudal de tormentos. Valedme divina Virgen, y pues vos sois el consuelo, de las almas astigidas, dadme en este trance esfuerzo. Muere pues. Juan, apartad, apartad, que hablarla quiero, sin que lo oigáis desespera. No haré enemigo, que tengo seguro amparo en María, valedme Reina del cielo, y pues se ha perdido todo solo el alma os encomiendo. Espiro? . Sí, ya expiro, Ay desdichado, que he hecho. Tarde acordáis Juan Cuarín, mirarades vos primero quien era el salso Ermitano. al sin salí con mi intento, y he cumplido mi palabra, pues ya tan vencido os tengo. Ya del todo me perdí, Quiero volverme a mi centro abrin furias infernales ellos palacios de fuego. Recibidme con aplauso, pues que victorioso vuelvo, y del libano encumbrado derribe al mas alto cedro. Venga esta espada reñida, . que a mis abismos la llevo, porque cause en Barcelona nueva furia, y nuevo incendio. Y tú, Juan, en que imaginas? pues ya no tienes remedio sígueme desesperado, que ya te espera el infierno. Ya, que tengo que esperar, pues miro el abismo abierto, y la pena que merecen mis desatinos horrendos. Ya que Dios, a quien serví en este inculto desierto tan largos años, me deja, que alivio en mi daño espero? Quiero tomar con mis manos el castigo que merezco, y lo que ha de ser después conience a ser desde luego, Yerbas del campo regadas con mis lágrimas un tiempo, peñas mil veces teñidas con la sangre de mis miembros Aire, que a suspiros tantos mescrvisteis de alimento, árboles, plantas, y montes de mi oración compañeros, sed testigos de que un hombre que ha tanto que sirve al cielo tiene llamas por alivio, y pena eterna por premio, el abismo me reciba. moR Detente Fray Juan. Qué es esto? Aunque es grande tu pecad no hay pecadó sin remedio. Hay cielos, qué nueva luz mi engaño me ha descubierte no es justo que así me arroje. A Roma te parte luego, y al Pontifice confiesa tus pecados, porque de ellos te de penitencia. O Dios! siempre piadoso, y inmenso, que a un hombre tan espantosa que a un detestable portento de maldades, a un abismo de tan viles monstruos lleno convides con el perdón! Cielo santo, no me atrevo a poner en ti los ojos; pero pues me das aliento parto a Roma, y yo, Dios mío, desde este punto protesto, si fui ejemplo de maldades, ser de penitencia ejemplo. e 1. Levántate Margarita, que María se ha movido, de oír tu ruego afligido. O seina excella, y bendita! No te de pena tu daño, que fue representación, que dio a tu imaginación el demonio por engaño, y aunque la aprensión bastó, para que Guarín pecase, mas no para que manchase tu pureza, pues quedó tu virginidad entera, como lo quedó tu vida? Merced poco merecida, Madre de Dios verdadera, y favor tan soberano. 1. Viviras en castidad, dejando la ceguedad del falso mundo profano, deja el mundano vestido, y este viste, que te envía la soberana María, que quiere que esté escondido de este milabro el trofeo, hasta que su imagen bella se descubra, y cumpla en ella Cataluna su deseo. Ya Divino Cortefano, con este humilde vestido, he puesto al mundo rendido. dando a su gloria de mano. 2. Pues sabe que has de habitar, Margarira, en compañía de la Divina María. Que gracia tan singular! 1. Atiende a un milagro rato. Oh soberana María! mi alivio, mi ser, mi guía, mi estrella, mi luz, mi amparo, por el mundo se dilate favor tan aventajado. 1. Aqueste monte serrado se llamará Monserrate, y en el está imagen bella será del mundo salud, de perseguidos quietud, y de perdidos estrella, y en tan abundante míes de estupendas maravillas, todo es mundo de rodillas vendrá a postrarse a sus pies. 2 Entra, que aquí Margarita desde agora has de habitar. La gloria llega a gozar, quien con vos Virgen habita, de peñas no se desdeña, corazón que peña fue, mas ya mudada se ré corazón de aquesta peña, y estando aquí mi consuelo, que en el Madre esclarecida queréis alargar mi vida, por más dilatarme el cielo. Cobarde imaginación, vano recelo, con que en mi pecho nuevo amor se excita, qué importaba apurar si en aquel velo se ocultaba el engaño, o Margarita? o duro hazar! o amargo desconsuelo! mal la ocasión perdida resucita, o ni otra vez mi suerte la encontrara! si a ver llegase su apacible cara! Ahora es tiempo que mi infierno intente perder a Cataluna, y a un a España, borrón de el cielo, el Conde injustamente mató a su hija con infame hazaña, solo porque a su gusto inobediente. ama a Enrique, y a Carlos desengaña, verdad te diga la sangrienta espada, el despojo, y la sangre derramada. Es sueño? es ilusión? es desvarío? con mi espada la ha muerto! pues que dudo? en que pienso? en que entiendo? en qué porfío? o aleve pecho de piedad desnudo: quiero seguir en muerte al dueño mío, sobre los filos de este acero agudo, pero quiero dejar de acompañarte divina Margarita, por vengarte. Tu muerta por mi causa? haré que el cielo cubra de horror su bóveda serena, un rayo soy, que con mi furia asuelo de Barcelona la menor almena, cubierto se verá de sangre el suelo, y de cuerpos difuntos, el arena, mi amor conozca, pues mi amor profundo Cataluña. Aragón, España, el mundo. No he podido contenerme, y así yengo tan temprano. a saber de Margarita, más qué es esto, cielo santo! Jesús, que azaroso encuentro! las ropas, si no me engaño, de Margarita son estas anegadas en un lago de roja sangre vertida. Si volvió a matarla el diablo, o si ha sido estratagema de aquel bendito Ermitaño para trasponer la moza. Antes hubiera bastado para matarme este susto, mas ya todo el pecho traigo ocupado en mi villana, en pensar que he sido ingrato a Flordelís, pues la vida con el alma no le pago. Un hombre por esas peñas baja con ligeros pasos. Agora he de echar el selio ap. de todo punto a mi engaño: Gran Conde de Barcelona por aquellos riscos altos baja un hombre, que vestido de solo un humilde saco, con una espada sangrienta llevaba un cuerpo en los brazos de una difunta mujer, y con furor deñodado de la montaña al profundo la arrojó, diciendo, a Carlos contigo arrojar quisiera, para que el tálamo infausto fuera común a los dos, pues por su amor me has dejado con que el miserable cuerpo se hizo infinitos pedazos, y el con su espada sangrienta, que puesta en su mano es rayo, amenaza muerte al Conde, a Barcelona, y a Carlos. . Prended ese mensajero. Por esas breñas saltando va más ligero que un corzo. Parece viento animado. Qué lástima! . qué desdicha! ida la Ciudad volando, y convocad en un punto dos mil hombres de acaballo que la montaña rodcen. No serán menester tantos, qué un hombre de aquellas señas él se te viene a las manos. Di Conde de Barcelona, no Conde, sino tirano, como de noble te precias si tienes hechos tan bajos? tú eres Moncada? tú vienes de aquellos Heroes bizarros que dieron pasmo a los siglos, y a las naciones espanto? Como tú el alma me quitas, cuya sangre esá clamando en mi espada la venganza que le darán estas manos. Veis como él mismo confiesa que ha su espada ensangrentado con la sangre de mi hija? O fiero Enrique villano, pagarás tu atrevimiento: prendedle luego, y sia caso se resistiere, matalde. A todos haré pedazos. Ríndete aleve homicida. Quién me detiene este brazo? cielo, en aquesta ocasión me haces guerra? . Paso, paso, dejen parar la calambre a este señor Ermitaño, que luego hará maravillas. Aradle al punto las manos, y llevadle a Barcelona, sin duda que su pecado le ato el brazo fementido. O prodigioso milagro! cielos, bien veo que ha sido castigo de haber dejado el camino celestial para volverme al profano. Muerto me tiene el dolor. Pues que fui tan desgraciado quiero volverme a Castilla. No se pierda todo, Carlos, Laura, mi hija segunda. ha por su hermana heredado a Barcelona, y en ella es la belleza un milagro; y aún yo sé que la debéis por relación, y un retrato. el amor que a Margarita robó este injusto tirano: yo os la ofrezco. . dulce voz, si esta no hubiera llegado a tiempo tan oportuno, me matara el sobresalto de la sangre de mi hermana, que no es mi pecho de mármol para dejar de llorarla, aunque tanto en ella gano. Señor, el pecho me acusa, de que ingratamente pago a una dama de Viena, que durmiendo yo en el campo, y llegando dos ladrones a matarme, con gallardo debnedo me dio la vida, ella está en Castilla, y trato de buscarla, y de casarme. A señor Don Cortesano, y Belisa la serrana, la debota de aquel santo, a la que ayer prometió la fe de esposo, y la mano, hase de dejar burlada? Labradora, seor Carlos, sin que lo sepa Trabón, y que pide por lo honrado su poquito de palabra? Y me la dio en aquel campo estando solos los dos. Solos? no rezaban Salmos, yo callaré por mi honra, que siento achaques de honrado; mas la moza, vive Cristo, que pega gentil sopapo. Sois humilde labradora, y yo, Belisa, soy Carlos de Castilla. . Los Poetas no nos dicen cada paso, que es amor como la muerte que iguala Cetro, y cayado. Que entendida sencillez. Si yo me empínase tanto que emparejase con él quérrame? . Seré yo ingrato en tal caso a Flordelis. Si con Flordelis acabo que guste de ello, quérrame? Entonces negar la mano a Laura, será imposible, pues lo manda el Conde, Y caso que el Conde, y Laura quijeser quérrame? . Si aprietas tante digo, Belisa, que sí. Pues cllánteme aquesta mano. Quién eres? . Sepa que en mí sola se han juntado Flordelis. Belisa, y Laura. Padre, y señor, aunque el llanto de la muerte de mi hermana está en mis ojos brotando, quise tomar esta traza porque el valeroso Carlos no le pierda Barcelona. En este grave naufragio sirve de tabla a mi vida tu industria. Yo soy quien gano, pues comienzo a ser dichoso, y acabo de ser ingrato. Demonio ha sido la moza, por Dios que con el estado que de su hermana heredó la heredó también el diablo. Ya llevan a Barcelona a Enrique veinte soldados. Conocisteis, Carlos mío, los atrevidos villanos que quisieron daros muerte? Perdidos somos, Fernando. Por salteadores los tengo que me salieron acaso. Pues con que me deis palabra, esposo de perdonarlos, diré quien son. Vos sois dueño. Pues son estos dos criados. Caso extraño. . Salid juntos para siempre desterrados de Cataluna, y Castilla. Mil gracias, señora, os damos por la vida que nos dejas. Goces tu esposo mil años. venganza esta injuria pide. . A trazar la muerte vamos a Laura, a Carlos, al Conde. Voy muriendo. Voy rabiando. . Tente, Trabón, Pues envaino. Conozca Vuseñoria en mi un esclavo marcado con señales en el rostro. Por honrado, y fiel os marco. Volvamos a Barcelona, Ya que no quieren los hados que estás bodas se celebren con regocijo, y aplauso, haré que los miembros busquen de aquel Ángel desdichado, y se grave su tragedia en sepulcro de alabastro. A mi Flordelis. . Mi otón. Mi labradora. . mi encanto Sabéis amar, y fingir. En todo me habéis pagado. Dadme los brazos. Y el alma. Tengo, señor, con el diablo que le achucha la manteca, o que torniscón le mando. . Esta es la primera parte de este portentoso caso, y la segunda promete Antonio Manuel del Campo, la dura prisión de Enrique, los nuevos celos de Carlos,