Texto digital de El delincuente sin culpa y bastardo de Aragón
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El delincuente sin culpa y bastardo de Aragón. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/delincuente-sin-culpa-y-bastardo-de-aragon-el.

EL DELINCUENTE SIN CULPA Y BASTARDO DE ARAGÓN
JORNADA PRIMERA
( Oh voy de priesa, no quiero detenerme en el Aldea: verele sin que él me vea, y dejaré algún dinero, Albano, con que acudáis a su regalo, y vestido. En cuidado me ha tenido el poco amor que mostráis a este ilustre joven, si es hijo vuestro, como pienso, y él lo muestra en el inmenso valor, que adquiere interés, Fuera en vuestra Casa altiva, de tantos Reyes honrada, tener tal brazo, y espada, donde favores reciba nuevamente de los Reyes, y no tenerle aquí, adonde con quien es no corresponde, siguiendo bárbaras leyes. Vos sois del Rey la privanza, y el gobierno de Aragón; pues quien puede::- . La ocasio mayores causas alcanza. Albano, qué imagináis? Enrique fuerte, y gallardo. (aunque mi hijo) es bastardo, y no quiero que entendáis, que por no tenerle amor, en la soledad le dejo, que es destas canas espejo, donde se mira el honor mío, y de mis ascendientes, que como él solo ha quedado, en él solo se han juntado los pasados, y presentes. Cuando en la divina Juana, que fue vida de mi vida, tuve esta prenda querida en su juventud lozana, estaba Doña María de Ulloa, mi muerta esposa, (la cual de mi recelosa, varios modos inquría para hallar el rapaz, ion Ora que hoy ha cumplido veinte años) turbando con mil engaños su niñez, y nuestra paz. Yo, pues, que con paternal amor, solo pretendí guardar su vida, escogí cuerdo medio al grave mal, y en esta apartada Aldea, como vos habéis sabido, que al fin su padre habéis sido, le he criado, hasta que sea ocasión de declararme, dedicándole al servicio de mi Rey, que algún oficio, para honrarle, y para honrarme, si a mis servicios atiende, en Palacio le dará. Y él presumo que honrará la sangre de quien desciende. No estudia? . Mucho cuidado tiene el Maestro con él; mas yo a la guerra cruel le siento más inclinado. Delante de él, como es justo, suele los libros tomar, y a su pesar estudiar, para no darle disgusto; pero si se aparta, luego dando de quien es señales, acuchilla a los zagales. Pues tiene espada? Va al fuego, y coge los asadores, o los bierros que alsí halla, y luego trava batalla con todos los Labradores. Y como en él tanto labra el valor, y la nobleza, a este rompe la cabeza, y a estoatro le descalabra: tanto, que ninguno ya quiere su conversación, sino es su amigo Lirón, un ignorante, que está muy metido en que ha de ser en la Ciudad su criado. No son estos? . A este lado te aparta, y podraslos ver, sin que te vean. . Ay, hijo, qué poco amor que te muestro! Vive Dios, que este Maestro es tan cansado, y prolijo, que no le puedo sufrir. Mira, Enrique, que ha venido tu padre, y esta escondido adonde te puede oír, trata del estudio solo, y hablemos recio. . Si haré: Gallardo Poeta fue Virgilio, merece él solo ceñir la sien de laurel por Príncipe de Poetas. Qué razones tan discretas! Si yo llegara a ser él, voto al Sol, que había de hacer mil cosas dignas de fama. Si quisiera alguna dama, la había de componer serecientas mil canciones, y a puro cancionearía, había de conquistarla, sin enseñarla doblones. De nadie dijera mal, porque tengo miedo en fin a ser Español pasquín tratando en materia igual. No alabara a los Señores, mas no los vituperara, que tengo sana la cara a pesar de sus rigores: que aunque no tienen costumbre de dar aunque los alaben, si los vituperan, saben dar muy gentil pesadumbre. Hiciera:: . Qué habías de hacer? Comedias con arte rara, aunque luego las silvara quien no las supo entender. Hiciera:: . Calla, y advierte en este libro segundo de las Eneidas. . Yo fundo mi poesía de esta suerte. Conticuaere homnes intentique hora tenebant. Constiuirás esto? . Yo sí, por lo que de ti he aprendido: vuelve a decirlo. . Hasle oído? Ay, Abano, ya le oí! Contiquare omnes intentique hora tenebant. Ese pares, o ese nones, que está junto al contiquaere, no sé lo que decir quiere. Qué ignorantes construcciones! Omnes, es todos. Tus modos me enseñan, si algo supiere, pues todos con contiquare, dirá estaban cueros todos. Bien, por mi vida. . Divino es mi ingenio. . No lo niego. Si a doscientos años llego he de salir gran Latino. Inde toto pater Eneas, sie orsus ab alto. Y esto qué quetrá decir? Pensarás tú que lo ignoro: que el padre de Enéas fue toro, tan valiente, que a reñir salió con un oso. . Bien sabes guardarle el decoto: al fin su padre fue toto? Pues no hay ahora también quién le imite? . Necio en fin. Dame tú, que claramente les salieran en la frente los largos de Medellín, y vieras, aunque decoros quieras guardar a sus madres, si más de cuarenta padres, aunque mansos, no eran toros. Villano al fin enefecto, de malicias lleno. . Advierte, que murmuro de esta suerte para parecer discreto. No se va mi padre? . No. Ya la lección me da enfado. Qué habrá a tu padre obligado a no verte? . Qué sé yo: poco amor que me tendrá. Vamos, Albano, que quiero partirme luego. . Yo infiero, que poco gusto te da el verle. . Notable error! Tanto gusto he recibido, que he estado, Albano, impelido de los impulsos de amor para llegar a abrazarle; pero aunque este rigor sea, importa que hoy no me vea, ni vos renéis que avisarle que he estado aquí. Así lo haré. Este bosillo tomad, y de su salud cuidad. Mi amor conocéis, y fe: y vuestra gente? . Esperando media legua de aquí está: Venga el caballo, que ya hierro, y espuma tascando, dará a mi descuido culpa. Adiós, hijo, que mi amor, de este presente rigor os dará después disculpa. Los libros puedes dejar, que ya tu padre se ha ido. Cómo? Qué no he merecido que me llégase a hablar? Sin duda que va de priesa. Ni le culpo, ni me aflijo, mas con un padre, y un hijo no es buena disculpa aquesa. Nuestro amo, que le ha hablado, nos dirá que le obligó. Sin haberle hablado yo, diré lo que le ha obligado: Mas no importa, libros fuera, vengan, Lirón las espadas. Qué espadas? las dos tiznadas que hurcaste de la espetera? Veslas aquí. . Aquestas son: diga su noble ejercicio, las que sabrán dar indicio de mi noble corazón. Toscas son, pero el valor es el que hace buena espada. Aquesta fue la colada del bravo Cid Campeador. Famoso nombre la pones: Y aquesa? . El color la abona, Dirás que fue la tizona? Sí, que ha andado entre tizones, Ponte recto aprenderas una famosa lección. En habiendo coscorrón la suelto con Barrabás. Muy bienre has puesto, Lirón, con el más diestro te igualo. Mira que no tires palo, que es mala la guarnición. Repara este golpe. . Así? Bien, por mi vida. Soy fuerte. Y este agota. De esa suerte repárete el gran Sosí, que son tus brazos peñascos. Resiste como Español este golpe. Voto al Sol, que me has rompido los cascos. Si no te defiendes tú. A los golpes de esta espada de asador, necha colada, defiéndase Bercebú. Y vos rambién adverrid, si el sentimiento me abona, que sois muy mala rizona, y yo muy bellaco Cid; y así serán justas leves, espada de fama indina, que os vais a vuestra cocina, y yo me vaya a mis bueyes. No quiero ser más Soldado, pues cuando serlo prerendo, y a la tizona defiendo, vengo a salir más tiznado. Un hombre llora? Si a un hombre le rompen media cabeza, no ha de llorar? . Es flaqueza. Y merece bien el nombre; mas sea flaqueza, o no, buscad quien menos ignore, y aunque le matéis, no llore. Clotis al valle salió con Jacinta. . No digáis que lloré, si sois servido, que estoy de amor atordido por Jacinta. . No os riudáis, pecho altivo, y generoso, a una liviana hermosura. Quiero por esta espesura de estos sauces, sirio unbroso, entrar, para no obligarme a hablarla. . Dónde vas? Lirón, aquí aguardarás, no tienes que preguntarme. Ya te entiendo, por no ver a Cloris te vas. . Bien dices: cuantos actos infelices un hombre puede temer, de todos la primer causa es la mujer; y así quiero ser yo, Lirón, el primero, que conociendo quien causa al hombre varias ruinas, sepa esta causa huir. Ninguna me ha de rendir, si tiene partes divinas mas que Venus: mi opinión ha de pasar adelante, y ningún hombre se espante, si nace de inclinación: las mujeres aborrezco, y la libertad estimo, locos amores reprimo, valor, y fama apetezco. Pues qué importa todo aqueso, para hablar a una villana, que es de estas selvas Diana? Obligarme algún exceso, donde después, cuando quiera, no me pueda d él librar: no sabes lo que es hablar? Hablar es la acción primera, donde uno llega a perder la libertad, el sentido. Quien cuerdo hubiere nacido, y libre quisiere ser, nunca salga a desafío en palestras de hermosura. Dó al diablo tanta cordura: Mas dí, un hombre de tu brío, y tu talle, qué ha de hacer sin mujeres? . No te asombre: ser hombre, porque no es hombre quien se rinde a una mujer. En fin, que nunca querrás a mujer ninguna? . No, que en mí mismo, sino es yo, no ha de mandar nadie más. Pues oye. . Una necedad oiré por lo menos. . Sí, que al fin villano nací, y no cursé la Ciudad; mas si Dios vida me da, y de peligros me escapa, mas de una vez de la capa te he tirar. . Bien está. Yo sé que ha de haber mujer que tiene de sujetarte, y la inclinación quitarte. Un impos bleha de ser: mas quédate, que a la fuente llega Cloris. Qué ocasión! Quien fuera aquí un Salomón para hablarlas libremente! Por el bosque se metió. Por no verme a mi sería. Soprame vos, Musa mía, ya que amor me enquillotró. Por qué tu dueño se fue, Lirón, sin quererme hablar? Si es que me habéis de soprar, el sermón comenzaré. Jacinta de mis entrañas, Zagaleja más hermosa que el Sol en Invierno frío, y en el Verano la sombra, dos Médicos son tus ojos, (oh Musa, qué bien me sopras!) porque matan con licencia a la más libre persona. Responde a lo que te digo. Tus mejillas, amapolas me parecen, cuando al prado las esmeraldas sonrojan. Tus labios son dos crabeles, y no les falta una hoja, pues cuando falta, les das otra de color más propia. Tus cejas son::: Qué sé yo! Esta mi Musa está gorda, pues no ha dicho cosa alguna de provecho en tanta copra. Adónde Enrique se fue? Tus carrillos son ventosas sajadas, que entre la nieve la purpúrea sangre asoma. Tus cabellos son de perlas, y de finísimo aljófar, porque hay muchas perlas vivas que entre sus hebras se entoscan. Tus orejas son colmenas, aunque llevan solo ahora cera, que la rubia miel la puso amor en tu boca. Tus manos son::: . Calla necio. Poco aprovecha, ni importa la poesía, al casamiento me quiero acoger ahora. Cloris, ya yo sé que tú, por discreta, y por hermosa, picas más alto, pues traes picadas tantas personas. Bien sé que no te merezco, pero merezca una cosa de ti. . Qué quieres? Querría a Jacinta por mi esposa: Yo soy un Zagal polido, tengo mil gracias curiosas, canto, bailo, y zapateo, juego al marro con la honda, mato el más fuerte novillo; y es tal mi fuerza espantosa, que cuando tiro a la barra, aunque sea de una arroba, no la aparto de mí un paso: mira si es gracia mocosa, Se leer, y sé escribir, y soy Poeta de cosas, que nunca salen a luz por la vergüenza que cobran. Soy bueno para marido, oigo, veo, y callo. . Sobra la información, bueno está: Responde, Jacinta hermosa. Y otra vez que me casé con Laura, cierta Pastora, tenía la suegra en casa, que más que veinte lechonas gruñía, y eternamente la dije, aquesta es mi boca. Ve si es buena condición. Y novedad espantosa. En todo el día no estoy dentro en casa un cuarto de hora, vengo después deslumbrado, y no veo lo que importa: como, y no pregunto quien trajo la comida. . Cosas son estas para estimarle: qué respondes? . Que su esposa soy, y que esta es mi mano. Antes que tu mano hermosa goce, de estas verdes rosas te he de hacer una corona, que ciña aquesa cabeza, coronandore por diosa de estas selvas, que hoy imitan de Chipre la vanagloria. Porque se fuese de aquí le he engañado de esta forma. Con qué gran solicitud flores ata, y flores corta! Ya del Valle han descendido Silvio, y Fileno. . No importa que solas aquí nos hallen, pues es disculpa estar solas. No quieres a Silvio bien? Bien le quise un tiempo: ahora Enrique, aunque mal me paga, dueño del alma se nombra. Picará más alto Enrique por la nobleza que cobra: quiere a Silvio, que es tu igual, y como a su igual te adora. Pediré licencia a Enrique. Qué ufano que estará ahora de estas fuentes el cristal! Lisonjas. . No son lisonjas las que son verdades claras, nacidas del alma propia. Yo me acuerdo, que algún día, Cloris divina, y hermosa, con menos rigor hablabáis. A qué penasco, o qué roca, opuesta al blanco cristal de las marítimas ondas, pedís firmeza? Mujer soy, y las mujeres todas, por culpa de nuestro ser, tan imperfecto en nosotras, nacemos a la mudanza sujetas. . Cloris, perdona, que muchas hay no mudables. Si las ay, serán muy pocas. De modo, que no me quieres? No sé lo que te responda: pensarelo muy de espacio. En cada jazmín, y rosa tu imagen venía mirando, rransformada el alma propia en ti misma; y en las fuentes, que cristal deshecho lloran, miraba atento mil veces, por ver si te via en sus ondas. Ya me has visto. Y ya he llegado al centro donde repota el alma, que el centro suyo son tus ojos: dame ahora aquesas manos de nieve, que aplaquen la calorosa siebre de mi ardiente amor. Oh qué linda va la historia! no asamos, y ya empringamos? Suelta: traes la corona? Sí, Jacinta. . A ver. Ventura fue verlo ahora, y no después de casado: Fíleno puede hacer otra, pues que tiene mejor mano. Fuego de Dios en vosotras, mujeres que en las mudanzas parecéis a las tramoyas, que de un lado sale un Ángel, y de otro un demonio asoma, más feo que un acreedor de salarios. Ya es forzosa ocasión, Enrique mío, que tu gallarda persona conozca Aragón, honrando la Corte de Zaragoza: Padre tienes, a quien hace, por servicios, sin lisonjas, mercedes su heroico Rey. Que Fileno la enamora: sin juicio estoy! No ha un momento, que en aquesta parte propia, de unas tapias encubierto, muros de esta casa tosca, estuve en ti contemplando, y si no te hablé, perdona, que no fue falta de amor. Ya me parece que asoman juanetes de dos en dos en la mitad de la cholla; pero si no estó casado, que hable a Fileno qué importa? Mandome el Rey mi Señor, que esta jornada, aunque es corta, a recibir a la Reina, esposa suya, que hoy honra a Aragón con su belleza, hija de Carlos, que goza la Corona de Navarra, saliese: fueme forzosa la priesa; esta fue la causa. Llegué, y con las cesemonias usadas en nuestro Reino, hice mis labios alfombras de sus pies, y conociendo, por Don Fadrique de Ulloa, quien era, me honró de suerte, que este honor, y las grandiosas albricias, que de mi Rey en esta ocasión me tocan, a. me obligan que a su servicio te dedique, que así cobras, siendo la ocasión tan buena, las mercedes, y las honras, que hasta aquí no has granjeado. Mientras hice la corona, me coronaban a mí de las larameñas rosas: no hay que fiar en mujeres. Qué aguardáis? Caballos; hola: Tú, Paez, dale vestidos de gala a Enrique. . Ya lloran aquesta ausencia mis ojos. Albano, a Dios: vos hermosa Cloris, y Jacinta, ved si puede Enrique, que hoy cobra nueva vida, y nuevo ser, serviros, que el alma propia ofrezco a vuestro servicio. Bien se ve cuanto le adoa en las perlas que previenes a las mejillas hermosas. Adiós, Silvio: a Dios, Fileno: a Diós, Lirón. . Linda cosa: así me dejas, Enrique? Quiéres ir conmigo? A Roma, a Marruecos, a Calabría, a Ginebra, a Trapisonda, y al Infierno iré contigo por vengarme::: . Calla, y obra. De jacinta, y de Fileno. Que al fin os vais? . No te pongas a escuchar nada. . Caballos, y vestidos: gente, hola: . Ya se va. No te entristezcas. Seguirale el alma propia hasta que suba a caballo, Y tú mi bien? . Oh traidora! qué bien Enrique decía! . Escucha. Fuego en vosotras, mujeres endemoniadas: algunas digo, no todas, porque en uejando en su altar las buenas, y virtuosas, las demás son pestilencia; en las elecciones lobas; para la codicia hormigas; para los halagos monas; infierno para las almas, mo y fuego para las bolsas: Y finalmente, en sus gustos se parecen a las botas; que al primtro día aprietan, y luego se caen de flojas. El tiempo que pudo dar sosiego al alma confusa, aunque es muy corto el que escusa esta pensión del Reinar: no en como se ha de siriar el Maro, Fuerza, o Castillo del enemigo Caudillo pienso, que en ran breve rato solo contemplo un retrato, a quien adoro, y me humillo. Isabel, de mí adorada sin haveros visto? Amor me trata con gran rigor en esta ausencia pesada: abreviad vuestra jornada, pues yo por satisfaceros, de lo que llego a quereros, siguiendo de amor la ley, vasallo fuera, y no Rey, por llegar más presto a veros. Salga ya ese Sol bizarro, cuya luz divina adoro, por nubes de sangre, y oro del Horizonte Navarro. El Sol en su rubio carro, porque no erréis el camino, sea precursor divino, en cuyos pasos dorados se estampen vuestros calzados, si el Sol de tal bien es digno. Ya me parece que os veo, y que aunque os parezca ingrato, corejo con el retrato la hermosura que deseo. Bella sois, ya llamo feo el retrato desigual: al más cándido cristal excedéis en la blancura; esta es la primer pintura peorque el original. Por qué, ameno jardín rico, que mi dicha viendo esráis, como, decid, no me dais el patabién que público? No me habláis, cuando replico? así os conserven los Cielos, cuando lleguen mis desvelos a gozar de amor la palma: qué bien sentirá mi alma libre de recelos? . Celos. Celos el eco responde, que sentiré: injusta ley! Pues eco, no ves que un Rey es lugar sagrado, adonde gil sos pecha no se esconde, n. ni mal nacida quimera? Descortés fuiste, y sintiera ese lenguaje tirano, si al Rey, al noble, y villano no hablaras de una manera. Mientes, eco, que mi amor en tan presentes memorias, no sentirá si no glorias, que excedan al bien mayor. Ven, Isabel, y el rigor del vil eco fabuloso le dejarás mentiroso, viendo que nos dan los Cielos casto amor, libre de celos, y de finezas copioso. Don Fernando de Aragón pide, gran señor, licencia, para hablarte. . Su presencia deshará mi confusión. Entre luego: Corazón, bien os podéis alegrar, pues el que me viene a hablar, y que yo contento espero, es precursor verdadero del bien que esperáis gozar. Deme tu Alreza los pies. Mis brazos, Fernando, os honren viene mi esposa? . Señor, ya viene, para que logres tus deseos amorosos, a tu esperanza conformes. Con la gente de a caballo que tú me diste, y la Noble, que por mostrar su lealtad, a servirte se disponen, de Zaragoza salí, y llegué a Tudela, adonde ya la Reina mi Señora determinaba hacer noche. Si bien fue dichoso día, pues en el lugar adonde asiste el Sol, y sus rayos, en rrenzas de oro descoge, no hay noche, ni pueden darle aqueste funebre nombre. Recibiome, declarando benévolas aficione; a mi persona, y honrando con mil prudentes razones mi corto ser: de tu parte dije aquello, que conforme a tu discreta instrucción, vino apropósito entonces. Querer con tosco pincel, y con no cuerdas razones, pintarte su discreción, y grave aspecto, que pone temor, y respeto a quien sus partes no reconoce, es querer con vista humana penetrarle las facciones al Sol, cuando en su Cenit rayos forja abrasadores. Y también será ignorancia, y atrevimiento en un hombre, pintar bellezas divinas con tan humanas razones. Mas no dejaré, señor, de decirte, que antepone su beldad naturaleza a todas cuantas el Orbe circuye, vanaglorioso de tan ricas posesiones. Bellas Damas la acompañan, que hacen, en beldad conformes, humanadas jerarquías, porque a lo divino asombren. Pero ella, como en el Cielo, en resplandeciente noche, es superior en belleza la Luna a los esplendores de las Estrellas errantes, que la acompañan entonces: así a las demás afrenta, y aunque no dijera el nombre, la deidad de su hermosura descubriera sus valores. Como en márgenes amenas de arroyos murmuradores suele la Rosa lucir entre las espinas torpes, a pesar de otras, que están ostentando presunciones con los afentes del Alba entre el verdor de los bosques: Es el fino Oro de Ofir, hijo del Sol, entre el bronce, y la plata, que a la vista lisonjean los colores. Es Diamante de Ceilán, entre otras piedras, que ponen succesión a su valor, por el que en él reconocen. No quiero cansarte más, pues ya llegando a la Corte, y a tu vista, podrás ver si estas son adulaciones, o conocidas verdades, que mi lealtad te propone. Para darte aqueste aviso, sobre las alas veloces de un caballo, que a los vientos desafía cuando corte, me adelanté, como has visto: y de camino, porque honres, en pago de aquesta nueva, mi lealtad, pues la conoces, te traigo a Enrique mi hijo, que entre montañas de robles hasta ahora se ha criado, para que te sirva, y cobre en un día, lo que en tantos ha perdido: Ya se pone a tus pies, porque imitando adiós, deste barro pobre hagas un varón ilustre, que etérnice tu Real nombre. Merezca yo esta merced, pues te traigo como noble, leal esclavo que te sirva, bella esposa que te adore. Dos nuevas me habéis traído, que no sé cual reconoce el alma por superior. Levantad, Enrique, Conde de Ribagorza. . Señor::: Qué es esto, fortuna móvil! . muy presto subo a tu rueda: quiera Dios que no me arrojes con esa violencia misma. Voto al Sol, que le ha hecho Conde de Ribaollas. . Cubrios. Con todos habla, perdone, que estó un poco acatarrado. No sé (oh valeroso joven!) qué he visto en ti, que me incitas a beneficios mayores. Vuestra hechura humilde soy. Cubrios. . Grandes favores . hace el Rey al forastero. Venid, que quiero dar orden de recibir a mi esposa. Plegue a Dios que un siglo goces de su divina hermosura. Venid, Duque de Segorbe, vos también. Qué es esto, Cielos! . Mucho le pesa a Don Lope. Gran Señor, mirad:: . Enrique, nuestras estrellas conformes están sin duda, servid como Caballero noble, que yo os prometo::: . Señor::: Que no haya en toda mi Corte::: Gran favor! . Quién más estime. Entra adelante, Don Lepe. Si a Enrique en esta ocasión Daque de Gomorra ha hecho, que a mí me ha de hacer, sos pecho, Daque de Atan, y Avirón. Por Dios que tengo recelos, aunque no he usado estas leyes, que es dar Condados los Reyes como quien hace buñuelos. Esto es ser Rey? Yo pensé que era el Rey de mantequillas. 1 Hoy ha de haber maravillas. Estos son Pajes, qué haré? 2. Que aposente me han mandado a Don Enrique en Palacio. 1. A quién? 2. Sabreislo despacio, y no sé si habrán llegado sus criados. 1. Este pienso que con Don Fernando vino. Que han de tenerme, imagino, los Pajes respeto inmenso. 2. Caba lero. . A quién decís? 2. A vos. . Gentil majadero! En qué voy yo caballero? o sois locos, o venís dormidos. 1. Hombre es de humor. Aquí me he de hacer temer. 2. Remito yo al parecer el serlo vos. . Lindo error! A cuantos, para loallos, posque les sobra dineros, las llamarán Caballeros, siendo ellos finos caballos? En todo se contradicen. 1. No vi sujeto mejor. Perdónalos tú, Señor, que no saben lo que dicen. 2. Sois vos de Enrique criado? Si soy. 2. El cuarto que veis, desde hoy más ocuparéis. Qué cuarto? 2. Aquel deste lado. La puntualidad alabo. Pero qué cuarto decís? 2. Este abierto: no lo oís? Ese más parece ochavo: Hay cocina dentro? 2. No. Ni que comor hay? 2. No, hermano. Pues dádselo a un Luterano, que comiendo vivo yo. 2. No faltará que comer. Sois, aunque Paje, discreto: Ay Damas? 1. Lindo sujeto! 2. Pues no las tiene de haber? Son bellas? 2. Merecen fama en cuantas hasta hoy ha habido. Pues decidlas que ha venido la peste de toda Dama: todas en viéndome, es cierto que mueren de amor. 1. Por Dios? Y si fuerais dama vos, también estuvierais muerto: Hoy a caballo saldré por esta insigne Ciudad, y veréis esta verdad. 2. Qué caballo sacaré? negro, o blanco, o vayo? . Yo salir no pienso a ruar, si no hay uno verdemar. 2. Quién de ese color le vio? Aunque la vida me cueste, ha de ser este. 2. Señor, si no le hay de ese color? Traedme uno azul celeste. 2. Tampoco le hay. . Traed cualquiera, aunque yo mejor me aplico a cualquier manso borrico, que en efecto la carrera pasa con más discreción, y más tiento; mas no quiero bórrico, que un Caballero ha de mostrar presunción: Un rocín, que sepa leer, y escribir, quiero sacar. 2. Quién diablos le ha de enseñar? El que quisiere tener mi privanza; y también quiero que sepa latín. 2. Qué dice? Que quien me contradice tendrá en mí muy mal tercero: Latín ha de hablar en fin. 1. Latin? . Y dos mil latines, que ya yo he visto rocines que saben hablar latín. 1. Ya la gente siento entrar: quedad, Caballero, adiós. Yo me acordaré de vos cuando el Rey me venga a hablar. 2. Lindo sujeto. 1. Extremado! 2. Él es truhán escogido. Por Dios que me ha conocido el Paje desvergonzado: Bien finjo la gravedad. Ay Lirón, perdido vengo! No me espanto, que es muy grande el Palacio. . Santos Cielos, soy yo por ventura Enrique de Aragón, el contrapuesto mayor que ha habido en el mundo para las mujeres? . Creo que te ha picado la mosca, que vienes un poco inquieto. Era yo el que blasonaba entre rústicos, diciendo: No puede ser hombre noble, ni de altivos pensamientos el que se rinde a mujer? Pues como lo que soberbio blasoné, lo lloro humilde? Vengasrete, Niño ciego, Dios vendado, rapaz loco: Fuego, que me abraso, fuego. Quieres agua? No podrá cuanto cristal lleva el Ebro aplacar mi fuego, amigo. No te espantes, vi unos bellos ojos, y al verlos, bebí en sus cristales venenos. Vi una boca, rica mina de perlas, que la contemplo, margenidas de rubies por el tesoro de adentro. Vi unas mejillas de nacar, que con resplandor febeo eclipsaban a atrevidos que a miraria se atrevieron. Vi unas manos blancos copos de nieve: vi un Sol, vi un Cielo vi un Ángel, y vi::: . Qué viste? Una mujer, que me ha muerto. Tirarete de la capa, vive Cristo. . No seas necio, No has visto una torre altiva, o un pirámide soberbio, que cuando descienden rayos de las regiones del fuego, ellos, porque son más altos, y más a su furia opuestos, padecen de sus rigores los inclementes defectos? Pues así yo, como fui de amor contrapuesto objeto, e inexpugnable edificio contra amorosos encuentros, bajó este rayo de amor fuego de amor esgrimiendo, y en lo más fuerte tocó, que es lo más fuerte mi pecho. Ven a verla, porque dés disculpa alguna a mis hierros. otra vez quiero tirarte de la capa. . Y fuera de eso, en no sé qué dudas mías tienes de darme un consejo. Apenas puse en Palacio el pie, cuando, como ciego, tropecé con fuerza tal, que lo juzgué por agüero: Duque, y Conde me hizo el Rey, y Farados que se adquirieron, sin haberlos granjeado, está a peligro el perderlos en un instante: hay envidias, y enemigos encubiertos. Qué me aconsejas? qué haré? Dejaré la Corte, huyendo a la soledad pasada? Mas si me aconsejas esto, no podré, que tengo el alma cautiva de un Ángel bello. Ove, aunque soy necio. . Di. Tú eres noble, tú eres cuerdo: si esa mujer es tu igual, pídela al Rey, que su pecho magnánimo (pues no pierdes, ni ella pierde nada en ello) no te negará su mano. Tu sabio consejo apruebo. Sírvele al Rey noblemente, sin que de tu heroico pecho se sienta traición alguna: Oye, mira, y calla, y luego da dos higas a la envidia, y cuatro a fortuna, y tiempo.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA 1. Notables fiestas se han hecho. 2. Corta quedará la fama, aunque en lisonjero estilo procure al mundo alabarlas. 1. Cuando nuestra Reina bella no fuera del de Navarra hija, por su gran belleza, y partes tan sobetanas como tiene, merecía la Corona que la aguarda de Aragón. 2. Con qué contento la recib o nuestra Patria! 1. Y el Rey su esposo, mostrando a su presencia bizarra, con interiores impulsos, finezas vivas del alma. 2. Oye, que salen de Misa el Rey, y la Reina. 1. Espanta la mustidud, y el conturso que su grandeza acompaña. 1. Quién es aquel que va al lado de los Reyes? 2. Qué ignorancia! No sabéis que es Don Enrique de Aragón, nueva privanza del Rey, Duque de Segorbe? 1. De Segorbe? cosa estraña! 2. Y Conde de Ribagorza. 1. Qué decís! 2. Fortuna varia tiene ligeros efectos: en un punto sube, y baja al centro al que indigno juzga, y al Cielo al que digno halla. 1. Y qué le ha movido a honrarle? 2. Aunque es Bastardo, la causa será ser de Don Fernando de Aragón hijo. 1. Eso basta, que ha sido Fernando al fin ayo suyo, y de la Casa Real el disctero gobierno. 2. Es muy conocida paga de sus servicios; mas pienso, según se estiende la fama en Zaragoza, que Enrique ha de dar materia a España, para que sus Coronistas en sus Corónicas hagan mención de él; porque ha de ser quien llegue de la privanza al Non plus: después que vino a Zaragoza, no se halla sin él un instante el Rey, y cuantos negocios trata son todos con parecer de Enrique. 1. Ventura estraña! 2. La Reina le muestra amor, los Grandes se le abasallan como a superior en todo: el vulgo le estima, y ama con ser Privado, que es cosa harto bien nueva en España. 1. Plegue a Dios que la fortuna con Don Enrique no haga de las suyas. 2. No hará, como la lealtad le valga. 1. Él sale con Doña Inés de Acuña. 2. Bizarra Dama. 1. Vamos adentro, que el Rey, Fabio, la comida aguarda. No uséis mal de la privanza con descortés proceder, que no alcanza a merecer quien piensa que más alcanza. Considerad que hay mudanza en todo, y considerad la poca seguridad que hay en fortuna, y su ley, y entonces a vuestro Rey le sabréis guardar lealtad. A su esposa, que hoy ha honrado a Aragón con su hermosura, sirvo continua, y segura de la mudanza de estado. Palacio es lugar sagrado, y si vos le profanáis con el amor que mostráis, y libremente decís, poca lea tad descubrís, mucha traición declaráis. Hasta ahora no he sabido, divina, y discreta Inés, que un casto amor traición es. Ni aunque algo curioso he sido, en ningún libro he leido, que ofende al Palacio Real una pasión natural, que a castos fines camina, mayormente si la inclina influencia celestial. Castigo ha sido de amor el que juzgo en vos, y en mí, libre hasta ahora viví de amor, y de su rigor; mas como es Dios superior a mi ser fiero, y violento, castigó mi libre intento, y vanagloria segura, haciendo a vuestra hermosura el riguroso instrumento. Nunca pensé sujetar la libertad que tenía, mas era porque no via belleza tan singular. Ya la vi, fuerza es amar: vos bien podréis, como fiera, y esquiva, hacer que muera con no verme, y despreciarme, pero no podéis quitarme, Inés, que os adore, y quiera. Nunca a ninguna mujer la pesa de ser querida; pero siéntese ofendida de lo que puede perder, si acaso se llega a ver su nobleza en opinión; y por aquesta razón, la que más amor incita, resistencias solicita a pesar de la afición. Qué te resistas, señora, es cosa justa, y debida a la nobleza adquirida, que en tu virtud se mejora: Lo que yo pretendo ahora, es, que sepas claramente, que te adoro castamente, no pido paga a mi amor, pues me basta por favor, que lo oigas benignamente. Confieso el no merecerte, junto con el adorarte, más amor sabrá enseñarte si en su poder llega a verte. Suerte altiva, humilde suerte, cuando es igual la afición, las junta con tal unión, porque fama, y nombre cobre, que hace del oro, y del cobre una misma estimación. No quiero más deteneros, que será injusta advertencia, mas habéis de dar licencia para que pueda quereros sin la pensión de ofenderos. Qué vengo yo a hacer en daros lo que no puedo quitaros? No entendéis mi pensamiento: quisiera agradecimiento en la conquista de amaros. Quedaos a Dios. Ya he entendido, que la vergüenza os impide: aguardad: mi amor os pide, (perdonad si es atrevido) que quede aquí difinido mi intento. . De qué manera? Oiros decir quisiera, sin enojo, y sin pendencia, a Enrique le doy licencia para que me sirva, y quiera: que gusto de que me esctiba con Secretarios fieles, que a veces en los papeles la ciencia de amor estriba: que ufano, y contento viva, pues ya mi enojo cesó. Si mi amor os obligó, decid cosas a este modo. Pues si vos lo decís todo, qué queréis que os diga yo? Bien puedes cantar amor, para celebrar mi gloria, por Enrique la victoria de la conquista mayor. Hablome Inés con rigor: desmayé; mas la porfía hizo tan gran batería, que el desdén cesó, y desprecio, que aunque el que porfía es necio, no amara, si no porfía. Huélgome de haber hallado a Vueselencia en lugar adonde le pueda dar parte de cierto cuidado. Vuestra córtesla obligado, señor Don Lope, me tiene de tal modo, que previene mi voluntad, y afición el alma, y el corazón al cuidado con que viene. Ya en Palacio habrá sabido Vueselencia quien soy yo. Aunque nadie me informó de vuestro heroico apellido, vuestra nobleza he inquirido. Nobleza tengo, y valor, mas tiene tal fuerza amor, cuando a los libres sujeta, que ni noblezas respeta, ni conoce superior. Estatéis enamorado? Y en Palacio por lo menos. Ojos graves, y serenos: mas que este nuevo cuidado nace de vos. . No he nombrado la Dama, mas intetés mío es, que sepáis quien es sin nombrarla. . Es justa cosa. Es la Dama más hermosa de todas. . Es Doña Inés? La misma. . Bien presuml. Pues qué se ofrece? . He pensa de cuerdo, por desconfiado, que no hay metitos en mí para adquitirla; y así, os quisiera suplicar, que pues llegáis a alcanzar del Rey cuanto deseáis, que por mí se la pidáis: que si me llego a casar con ella, y esta ventura por vuestro medio consigo, un esclavo, y un amigo tendréis en Don Lope, y jura por la Divina hermosura, que adora, y por vos alcanza, de ser de vuestra privanza el fundamento más fuerte. Quisiera satisfacerte haciendo en mi amor mudanza; mas no puedo, que sus ojos me tienen rendido, y preso. Don Lope amigo, confieso, que siento el datos enojos: Doña Inés, bellos despojos del Cielo, que la formó, discreta, y libte nació, y será sentencia injusta, que si Doña Inés no gusta, que quiera oprimirla yo. Aunque el Rey quiera obligarla por mí, también Rey Amor la sabrá infundir valor para poder libertarla. Si ella os quiere, el alcanzarla será fácil, sin que yo pida al Rey, que me ensalzó con mercedes, y favores, que tercie en vuestros amores, adonde el amor terció. Si no os quiere, y ves queréis que os quiera por fuerza, digo, que vuestro gusto maldigo, si tan mal gusto tenéis: Que si claramente veis, que la mujer que con gusto sigue el casamiento justo, tantas posadumbres da, mirad, Don Lope, qué hará la que se casa a disgusto. No os pido consejo yo, aunque tan cuerdos los dais, sino que este bien me hagáis. Como el amor os cegó, no veis vos, Don Lope, no, lo que yo sin amor veo. En fin, que tan justo empleo por vos no alcanzo a lograr? No, que no es justo forzar la inclinación, y el deseo. Pues mirad, que podrá ser, aunque el favor os deslumbra, y la fortuna os encumbra, que a mí me hayáis menester algún día. . A conocer llego en la suerte importuna varias mudanzas de Luna; mas yo a quien soy satisfaga noblemente, y después haga lo que quisiere fortuna. Decís bien, mas no cayeton de sus altivos estados muchos, porque eran culpados, que algunos lealtad tuvieron, envidias la causa fueron; y aunque vuestro pecho este ajeno de fassa fe, que solo en traidores vive, quizá habrá quien os derribe sin haber hecho por qué. De aquesta amenaza, Inés, vos sois la causa primera: pierda la privanza mil veces, y a vos no os pierda. Qué diablos lleva Don Lope, que le he encontrado allá fuera con una cara de yerno, que sale de hablar la suegra? Vino a decirme, que al Rey suplícase, que a Inés bella por esposa le ofreciese. Qué Inés? La más bella prenda que en deposto de amor puso la naturaleza: la que es émula del Sol, amago de las Estrellas, luciente Luna en el caos, y confusión de tinieblas. Es, al fin, la que volvió un pecho de bronce, o piedra, un diamante, un pedernal, y un peñasco en blanda cera. No es la que te enamoró? La misma. . No es tan perfecta como todo eso. . Qué dices? Puede haber mujer más bella? No viste unos ojos::: . Vi unos ojos. . Que a la tierra dan luz? . Pues como de noche no hay ninguno que los vea? No viste unos labios:: . Sí, unos labios. . Que de perlas son precios sima mina? Si no es que las perlas sean unos dientes bien cumplidos, que entre los labios enseña, no he visto perla ninguna. No has visto su gran belleza, y discreción? . Eso no, que no puede ser discreta mujer que es gorda: perdona. Y aquel aire? . Malas se te podré dar de su aire, si nunca fui detrás de ella; mas ya que tanto la quieres, y tu inclinación primera por su ocasión has vencido, te quiero dar una nueva no muy buena. . De qué modo? De que el Rey casarte intenta con Doña Ana de Cardona, del de Urgel hermana. . En ella hiciera elección dichosa mi amor, si el alma estuviera liere, como antes solía, mas debe de ser quimera. A tu padre se lo oí, Pues al remedio, Qué intentas? Que le des a Doña Inés una carta, porque en ella vea de mi casto amor las merecidas finezas. No se la puedes tu dar? En tu humildad, e inocencia no repararán algunos, que este bien mismo desean. No quisiera:: . De qué temes? Que me cojan entre puertas, y por alcahuere humilde me diesen linda carena. Ven, y no temas. . Señor, yo te daré una prevenda a ti. . Cuándo? El mismo día que Obispe sin tener letras. Tanto contento me dais el tiempo que me asistis, con amor que descubrís, con ingenio que mostráis, que el tiempo que ausente está el Rey, como vos estéis donde el pesar aliviéis, que con su ausencia me da, engaño al alma con vos, y la tristeza no siento. Del divino entendimiento de que os quiso dotar Dios, son, señora, esas razones, ̱ ̱ ̱ ̱a si bien de mi amor debidas. Vos veréis en ocasiones de más peso, si este amor no descubro para hontaros; mas quisiera preguntaros, (porque es la ocasión mayor esta, que puedo tener yo para el aumento vuestro) si el ciego Dios, rapaz diestro, ha mostrado su poder con vos? . Muy libre he vivido. No os pensáis dejar vencer? Solo vos tenéis poder. Muy cuerda respuesta ha sido; y ya que a mí me dejáis vuestra sujeción, yo os quiero casar con un un Caballero, que sola vos merezcáis. Don Enrique de Aragón, que por su nobleza, el Rey, y yo, como es justa ley, tenemos digna afición, ha de ser esposo vuestro. La misma respuesta doy. Y aquesta palabra os doy, con la afición que os muestro, y primero faltará el Sol, que palabra mía. Tan deslumbrado venía, que el papel le iba a dar ya, y sin haber reparado, que la Reina pudo verme. Ahora bien, quiero esconderme, y después que se haya entrado la Reina, se le daré. Yo soy vuestra humilde esclava. En tiniebla oscura estaba: mas ya no, que al Sol miré. Señor? Soy la flor, que está mirando siempre hacia el Sol, porque su rojo arrebol nuevas virtudes le da; y al tiempo que el Sol me falta, no tengo parte segura, porque todo es noche oscura adonde el temor me asalta; y así, para no temer lo que me causa pesar, vuestro Sol vengo a buscar, donde ya me siento arder. Estimo, como es razón, el favor que me habéis hecho, más buscadme en vuestro pecho, señor, en otra ocasión: que aunque el lugar es tan alto, y yo indigna de estar dentro, es vuestro pecho mi centro, y nunca del pecho falto. Cortesmente me pagáis: Fernando. . Señor, Llegad, y a mi esposa declarad el contento que mostráis. El Rey mi Señor, que siempre mis cortos merecimientos honra con heroica mano, a mi hijo Enrique ha hecho Gran Mariscal de Aragón, diciendo, que con aquesto remuneraba servicios, que sus pasados hicieron; y fuera de eso, en honrarle os da gusto a vos. . Yo veo, que todo esto va de espacio. Pues a vuestro pedimento fue tan alto beneficio. Y yo el favor agradezco: merece vuestro hijo Enrique, no lo que puede en un Reino dar un Rey, mas la Corona del más dilatado Imperio, por galán, por cortesano, por valiente, por discreto, por noble:: . A no ser quien soy, . ya pudiera tener celos por semejante alabanza. Mucho, señora, me huelgo, que honréis así a Don Enrique. Poca merced, corto premio es el que habéis dicho. . Pasa el segundo a ser inmenso: con Doña Ana de Cardona le casa también. . No tengo yo por mercedes aquellas, que se dan con casamiento. Dio él si Enrique? . Sí señora. Darale, porque el respeto no osará perder al Rey, mas no por gusto. . Qué es esto? Celos, mirad que soy Rey, no os atreváis a mi imperio. Inés, no temáis, que yo desharé este casamiento, y cumpliré mi palabra. Mi hijo en este propuesto casamiento gana honor infinito. . Yo lo creo, más primero he de hablar yo a Enrique. . Si es gusto vuestro, habladle; pero mirad, que yo mi palabra he puesto. Y si Enrique niega el sí? No soy de los guitos dueño, a su guiro elegirá esposa. . Pues yo os prometo, que al momento ha de negarle, o no ser quien soy. . Qué nuevos modos son estos de honrar? Qué descorteses sois, celos! aún porfíáis otra vez? Venid, Inés. Yo te suelto, gran señora, la palabra. Yo os suplico::- Ya andáis necios: no se ha de casar Enrique, aunque se revuelva el Reino, sino es con quien yo quisiere: ya me entiendes. Ya te entiendo. Acompañad a la Reina, Fernando. . Humilde obedezco. Enojado queda el Rey, y yo mil sospechas llevo. Que no ha de casarse Enrique, aonque se revuelva el Reino? Válgame Dios! A mi esposa que se interviene en aquesto? Esto los celos proponen, y yo responderles quieto por la Majestad: Villanos, descorteses, locos, necios, no puede la Reina haber también su palabra puesto con otra Dama, y sentir, con tan declarado extremo, el no cumplirla, si otorga Enrique la que le he propuesto? Estaba por castigaros, viles celos; mas yo tengo la culpa, pues os di entrada, aunque tan corta, en el pecho. Mas quién está aquí? El demonio me ha engañado: yo soy muerto, tomé tabaco, y tosí, y oyome el Rey: Tabaqueros endemoniados, mirad en el trance en que me ha puesto el ranaco: lleve el diablo el Luterano primero que a España lo acarreó. Qué hacéis aquí? . Tabaqueo: tome un poquito su Alteza, que es de olor. Cómo estás dentro de la Antecámara Real? Porque soy como los perros, y me entro en cualquiera parte que abiertas las puertas veo. Y qué aguardabas? . Señor, a Don Enrique mi dueño. Mientes. Dios guarde a tu Alteza, por la merced que me ha hecho. Di la verdad. . Piegue a Dios, si no es verdad lo que cuento, que cuando ahorcar me mandes, porque sienta más tormento, sea el que me prenda zurdo, quien haga la causa tuerto, zambo quien eche los grillos, patituerto el Carcelero, el Alcalde cegijunto, que amorre, y sentencie luego. Sea el Pregonero ronco, tengan pestifero aliento los que a morir me ayudaren, y tope en la calle a un Medico, porque en viéndole me acuerde, que voy a morir derecho. Sea la horca un sahuco, porque me tengan en menos: el Verdugo corcobado de las espaldas, y el pecho, que será lo mismo verle, que ver al demonio mismo. Sea narigón el Padre que suba a decirme el Credo: caiga el Verlugo al echarme, porque no muera tan presto. Y al fin, cuando, si Dios quiere que suba a gozar del Cielo, para más tormento mío, pierda la llave San Pedro, y cuando venga a hallarla, tantos a la puerta estemos, que entremos todos de bulla, y hallemos muchos asientos. Este es loco: vete libre, si lo que dices es cierta. Tan cierto es, como tener sobrinos un Cura. . He puesto sobre un papel que traía, y se le cayó en el suelo, el pie, para ver después lo que encierra: vete. . El Cielo, mas que un rollo de un Lugar, te guarde, y de ti mi cuello. Cuando los celos comienzan a aposentarse de un pecho, juzga por gigante altivo lo que es aromo pequeño. Quién creerá que este papel me causa desasosiego? Quién creerá que por abrirle, y leerle estoy muriendo? Pero no quiero leerle, vencerme quiero a mí mismo; no sean áspides sus letras, que en ellas vengan cubiertos. Pero esto, pecho Real, ya es muestra clata de celos: Muestra de Celos? Pues yo, siendo Rey, he de tenerlos? mil veces le he de leer: Rompo la nema, y comienzo el primer rengión, que dice una razón que me ha uerto. Reina del alma que os di, el Rey me quiere casar, el poderlo remediar consiste en vos, que no en mí. Yo os adoro, el Rey por vos ha de hacer cuanto pidáis, impedidlo, si gustáis, y os obliga el ciego Dios, si en dos renglones, dos traiciones? Quién podrá proseguir, si papel infame, he visto yo mismo de mí mismo pues la dicción primera comprendido, adelante pasé: qué injustas leyes, que el honor tiranizan a los Reyes! Deidad humana es la Corona esenta: pues como cabe en la deidad afrenta? Pirámide soberbio es su figura: pues cómo llegan celos a su altura? Luciente Sol es su apariencia bella: pues quien su luz eclipsa, y atropella? Si es humana deidad, por eso celos padre tienen, que asiste allá en los Cielos, pues hijos son de amor y es cosa digna, venza a la humana deidad la divina. Si es pirámide altivo, celos fieros, rayos abrasadores, y ligeros se nombran, pues que dan al sobresalto el lugar más eminente, y el más alto. Si luciente Sol es, que al suelo alumbra, nunca falta una nube que le encubra, y opuesta al alto globo de zafiros, causa opresión a sus fulgentes giros. Pues Corona Real de qué te espantas, si a tus leyes circuyen otras tantas? Enrique noble, de Fernando hijo, me causa este pesar! de nuevo aflijo mi pecho Real: Pues como los favores, que yo le he hecho, paga con rigores? No puede ser, que al fin tiene nobleza, y es hijo de Fernando: gran tristeza me da que sea Bastardo que su madre pudo quitar la que le dio su padre. Mas la Reina, que apenas ha llegado, me había de poner en tal cuidado tan presto? más son vanas mis quererlas, si estaban confrontadas las estrellas. Ahógame el pesar (ay tal quimera) si me ahoga el pesar, la causa muera: muera Enrique, y la Reina (oh santos Cielos! no puede cuerdo ser quién tiene celos!) pues por qué han de morir, si es cierta cosa, que puede ser sospecha mentitosa? Oigamos las dos partes sin malicia, que tiempo sobra para la justicia: un poco es bien, rigor, de mí te apartes, que Dios es Dios, y escucha las dos partes. Este es Enrique: Enrique, qué hay de nuevo? sospecha es falsa, su lealtad apruebo. su Con licencia de tu Alteza, la mano voy a besar a quien tanto sabe honrar mi humilde naturaleza. De nuevo el rigor empieza de mi sospecha traidora. A la Reina mi señora la voy a besar la mano. Ah celos, rigor tirano, dichoso es quien os ignora. Enrique, todas las cosas que le dan prorecho al suelo, son dependencia del Cielo por causas maravillosas. Sus influencias dichosas debe alabar el sujeto más entendido, y discreto; porque esta alabanza causa, ver que el valor de la causa hace estimado el efecto. Aquesto es cierto, escuchad: cuando viereis que mi esposa apacible, y amorosa honra nuestra calidad: Cuando veáis la Ciudad berévola, y el rigor vulgar trocado en amor, pensad entonces discreto, que nace todo este efecto de mi causa supetior. Yo soy solo el que he de honraros, no la Reina, que aunque esposa es mía, no es poderosa a más que el bien desearos. Yo soy el que castigaros puedo solamente a vos, ad apruebo si hay ocasión en los dos; y advertid, si así os obligo, que soy bueno para amigo, y no os digo más: a Dios. Confuso el Rey me ha dejado, y sus razones no entiendo: Ah fortuna! ya estoy viendo las mudanzas de mi estado. Muy presto me has encumbrado, de donde vengo a entender, que vendré presto a caer; mas si yo logro mi amor con Inés, no habrá rigor, que de ti pueda temer. Aquí está, Enrique, Lirón. . Traesme respuesta? No, y sí: no, porque el papel perdí; sí, porque he sido mirón de toda conversación. Tú, cómo? . Estuve escondido, adonde todo lo he oído. Y qué hay de nuevo? . Que ya nuestro casamiento está muerto, sin haber nacido: la Reina lo contradijo con muy varonil porfía. Doña Inés, solo diría, de nuevo me regocijo. Yo no sé quién se lo dijo, mas esto pasó. . Y la diste el papel? . Pues no me oíste decir, que le había perdido? Triste, y desdichado he sido. No muy desdichado, y triste, que yo la hablé libremente, siendo al contarlo de plano alcáguete Veterano. Respondió? . Piadosamente. Qué dijo? . Que según siente, todo se negociará muy bien. . Qué me estima ya? Aqueso te juro yo, que quien ral joya me dio, muy poco negar sabrá. . Joya? Aqueste corazón de diamantes. . Yo estoy ciego: Dame aquesos brazos luego. Advierte que soy Lirón, y no Inés. . Alta ocasión! Que la estimes me encargó en mucho, que se la dio la Reina. . justo es que bese su favor: que le encubriese te mandaria. . Eso no: antes puedes libremente traerle. . Ya considero lugar indigno el sombrero; pero aunque sea indecente::- Advierte, que es buena gente. Ay de mí! . Qué sucedió? Este diamante salto al ponerla en el sombreto. Vive Dios que es mal agüero. El noble no los remió, Dejadme, locas quimeras, dejadme, necios cuidados, mirad que soy Rey. . Lirón, vete afuera. . Eres un santo, que adivinaste lo mismo que estaba yo deseando. Con qué palabras podré aconsejarme? bastardos celos, inquirid de Enrique, si son ciertos mis agravios, sin declarar mi pasión. Miedo me causa el mirarlo: Oh suprema Majestad! oh Real aspecto! temblando, sin sentir delito en mí, estoy, vive Dios. . Qué aguardo? Enrique? . Señor? Qué mero! esta soya, Cielo santo, no es de la Reina . El color del rostro se le ha mudado. Advertiste en las razones que te dije? Honor, ya vamos acreditando sos pechas, y previniendo cuidados. Aunque he reparado en ellas, difinición no las hallo. De la Reina es, vive el Cielo: ciertos son ya mis agravios: No las sabéis difinir? No señor. Cuando me abraso en celos, me sobra el juicio, la paciencia, y el recaro: vengareme, vive el Cielo, yo mismo, por mi Real mano, en parte donde no sean coronistas de mi agravio lenguas viles: corazón, prestad aliento a mi brazo: quiero la puerta cerrar. Sin duda que hoy es teatro adonde se representa la tragedia de mis años, este desdichado sitio. Estarás maravillado, Enrique, de lo que has visto: qué estás temiendo? . No es sabio el que no teme a los Reyes. Y más aquel que enojados, como tú, los tiene. . Yo? cuando, señor? . Habla paso. Si traidores han podido eciipsar mi honor más claro que la misma luz del Sol, y tú a sus infames labios das más crédito, que a mí, no es mucho que esté culpado para contigo, señor; pero si de averiguarlo gustas, con aquesta espada, cuyos aceros gallardos no han sabido qué es traición, en la Ciudad, o en el campo daré a entender a los viles::- La espada sacas, villano? Para decir solamente, que con ella:- . Vil Bastardo, indigno de mis favores, no me pesa que en la mano tengas el desnudo acero, cuando el mío desenvaino para castigar traiciones de fementidos vasallos. Ese nombre no me des, si acaso te han obligado de mi padre los servicios, pues tú sabes que son tantos. La espada pongo a tus pies, que aunque jamás en mi brazo sintió flaqueza el valor, quiero, mi lealtad mostrando, ser cobarde. . No la arrojes, mira que determinado estoy a matarte, y mira que será menor el acto no te defendiendo tú. Que aquí me mates aguardo, sin defensa, pues dirás, al mirarme revolcado en mi sangre, que vengaste algún malicioso agravio, mas no que me resisti a tus poderosos brazos; mas ya que mi muerte es cierta, no me dirás::- . Nunca damos satisfacciones los Reyes: Tú, pues te precias de sabio, puedes mirar, que el sacar un Rey el acero sacro, nace de grave ocasión. Pero en vano el tiempo gasto, muere, Enrique. Gran Señor, el Embajador ha entrado de Castilla. . Vive el Cielo, que me impide Don Fernando mi venganza: o ley injusta! que los Reyes soberanos estén en toda ocasión entre en su Cámara Real a su disgusto! Oh pesado yugo! oh pensión rigorosa! avergonzado me hallo, mas no quiero dar disculpa: dadme esa llave, Fernando. Esta es la llave, señor. De hoy más, si entrar en mi cuarte quisiéredes, llamaréis, para que así esté en mi mano el entrar, o el aguardar, que es libre acción del vasallo, y sujeción en el Rey tener llaves de su cuarto. Si os he ofendido::- Aunque os quito la llave, amigo Fernando, no es el enojo con vos, bien me entiende con quien hablo, Qué es esto, fortuna móvil? en qué laberinto he entrado? traidores me quieren mal, y envidias causan mi daño. En qué he ofendido yo al Rey, que él mismo por su mano me quiere matar? Por Dios, que solo el verle enojado me ha dado temor. . Si sabe que conquisto en su Palacio para esposa a Doña Inés? Qué hay de nuevo? Sobresalros, desdichas, iras, peligros. Doy la novedad al diablo. Enrique::- Señor, qué es esto? Aguardando está un caballo, no me preguntes la causa: Deja la Corte, y Palacio esto. luego al punto. . Malo En todo soy desdichado. No es desdichado el que tiene para huir el campo franco: El Rey te quiere prender, vete al punto, que yo aguardo saber presto la verdad, y volverte a tus Estados. En la Aldea estarás bien, que sus soberbios peñascos te defenderán del Rey. Ay Inés divina! . Ay diablo! ahora piensas en eso? Tirano soy. . Mas tirano es el Rey. . Mis brazos toma, y el Cielo te guarde. . Hay hado rigoroso! ay cruel fortuna! Ven a subir a caballo. El que en la fortuna fía, tome ejemplo en este caso: Conde, y Duque fui en un día, y ya vuelvo a ser villano. Fortuna borracha al fin, que en cuanto dura el vinazo, hace mercedes, y luego quedan los pobres ahullando.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Tó, tó, tó. . No la socorra el monte, seguidla. Ya entre su espesura está. Escabullose la zorra, y yo me huelgo, pues puedo, si tu buen gusto desea zorras, meterme en la Aldea, y cogerlas a pie quedo. Para qué es andar por peñas, por montes, y por jarales? Llevan caza los Zagales? Llevan dos liebres pequeñas, y siete, u ocho conejes, que según sin dicha somos, les tostaremos los lomos, echando a mal los pesejos. Y con hermandad, y amor, aquesta noche por cena, les daremos tal carena, que quede como tambor la panza, que ha tantos días como en la Corte asistimos, que nunca llenar podimos. Frescos valles, sierras frías, nunca yo dejado hubiera vuestro hos pedaje piadoso, y el Palacio suntuoso tan lleno de engaños viera; pues parece que por ser ingrato a vuestras quierudes me paga en ingratitudes quien más me mostró querer. No te acuerdes de Palacio, si quieres contento estar, aqueste ameno lugar puedes contemplar de espacio. Rey eres de aquesta selva, pues es en efecto Rey quien no se sujeta a ley, aunque el mundo se revuelva. Tu Corte es aqueste monte con tantos verdes damascos? los muros son los peñascos que nacen en su Horizonte. Aquestas hayas gallardas, y pinos, que a ver alcanzas, son las cuchillas, y lanzas, noble insignia de las guardas, que seremos los Zagales, a quien más tu amor inclines: los parques, y los jardines serán aquestos jarates. Sola una cosa aquí falta de Palacio. . Y es? Quién mienta, y lisoniee. . Haz cuenta, que solo con esa falta sobra todo. . Pues mujeres? Mujeras no me las nombres. Cómo es eso? Si los hombres los más seguros placeres pierden por ellas; por qué quieres, que el hombre se acuerde de la causa, por quien pierde su opinión, su honor, su fe? Bien sabes que defendí aquesta opinión que ves, hasta que vi a Doña Inés, por quien la Corte perdí, que si no es el pretenderla, no cupo en mi otro delito. Alegrarte solicito, mas no que te acuerdes de ella. Téngola ya tan borrada de la memoria, Lirón, que toda conversación, que nombra mujer, me enfada. La muerte a mis ojos vi por ella, verme no quiero en más peligro. . Yo espero que lo cumplirás así: Mas vive Dios que era hermosa. No la alabes. . Cruel estás: Y a Cloris no la querras? Oh qué plática enfadosa! Toda mujer aborrezco, a ninguna tengo amor: quieres más? . Mira, señor::- Mi libertad apetezco. Mudo plática: espantado estoy, de como no ha escrito tu padre. . Si este delito de amor le tiene enojado, esa disculpa dará: Esta fuente me entretiene. Nuestro padre Albano viene, como te ha visto, acía acá. Parece que los valles, cuando tu vista gozan, se alegran, y temozan, margeneando las calles de estos cristales tiernos, que deben su caudal a los Inviernos. Traes mucha caza, hijo? La poca, padre amado, que el monte nos ha dado con sumo regocijo, la llevan Tirso, y Lauro. Ya con tu vista mi placer restauro: No es esta mejor vida, que no la de Palacio? donde en confuso espacio anda el alma perdida, absorta, y inquieta, y a la envidia, y traición siempre sujeta? Ay Enrique, hijo mío! el infelice día, que de la vista mía, hechos mis ojos río, te ausentaste ha dos años, Profeta fui de tus futuros daños, Mayores pensé fueran; mas ya que te has librado, conoce recatado el daño que te hicieran, y da gracias inmentas adiós, que te libró de sus ofensas. Y en este valle ameno, de flores circuido, regala tu sentido, no con ámbar ajeno, sino con tiernas flores, que olores naturales son mejores. Contempla estos cristales, que ves bajar ligeros, que aunque son lisonjetos, como dan las señales, no lisonjean a Reyes, sino a escuadrones de robustos bueyes Esos árboles mira, que a la vista agradando, están siempre callando por no decir mentira. Oh maravillas santas, que al hombre enseñan las filvestres pla Mira en Ciudad de hierbas, República de abejas, que sin dar al Rey quejas en su paz se conserva, diciendo sus extremos, porque haya paz, comamos, y callemos, Todo es objeto sabio de la Corte opulenta, adonde representa la envidia, y el agravio: infelices Comedias, porque todas se acaban en tragedias Pues si aquí la paz vive, y allá reina la guerra, por qué apeteces tierra, que a tu quietud prohibe, si es la quietud amada la cosa más del sabio deseada? Ya, padre de mis ojos, nueva enmienda prevengo, pues ya resuelto vengo a no daros enojos, ni a salir de la Aldea. Pagarte el alma este favor desea. Quiero que los Zagales, mientras pasa la fiesta, con música, y con fiesta den alivio a tus males: Aguarda aquí, hijo amado. Hoy ha de haber bellezas en el prado. Oh soledad dichosa! No hay Corte que te iguale. Oye, Enrique, que sale de entre la selva umbrosa un mancebo a caballo. Si me conoce, en confusión me hallo. Si acaso es enviado por orden de su Alteza? No te cause tristeza, el monte es tu sagrado. Del caballo se apea, y viene acía los dos, no acía la Aldea. Dichoso he sido en hallaros, famoso Enrique, tan presto. Nuño amigo, qué es aquesto? No más de venir a daros este papel. . Pues hay quién de mí en la Corte se acuerde? No tan presto el amor pierde, Enrique, quien quiere bien: con lágrimas me obligó, quien sabéis, a que viniese, y aqueste papel os diese. Quién yo sé decís? . Pues no? Será mi padre? . No sabe vuestro padre mi venida. Pues el Rey? . Bien por mi vida, el disímulo se alabe? Doña Inés. . Ah Doña Inés! pues de mí se acuerda? . Sí. Nunca tal cosa creí. Fuerza de su amor es. Qué me puede a mi escribir desterrado ya? . El papel, como Secretario fiel, lo sabrá mejor decir. No pienso leerle. . Por qué? No me quisiera obligar de nuevo. . Hay más de olvidar? Y sabes tú si podré segunda vez obligado? Sí, más es descortesía. Bien dices: por vida mía que le he de leer. . Has andado como quien eres. . Temblando rompo la nema: Ay amor! con qué amoroso rigor vas mi tibieza alentando! No entendí, que cuando los Caballeros, como vos, empren- dían empreses altas, y heroicas, desmayaban en la conquista de ellas, sabiendo que no es hazaña el animoso principio, cuando tie- ne el fin cobarde. Yo estaba li- bre, y segura triunfando de amor, como vos sabéis: Vencieronme vuestras cortesias, y finezas, tan- to, que quiero mostrar más ani- mo, y valor, que vos, nacidos entrambos de amor más verdade- ro; y así, si me amáis, y queréis llegar al deseado fin, esta noche os da la mano la fortuna, a nesar de traiciones, y envidias, Traed dos caballos, que estén a punto de las once, que yo os espero a la puerta del Parque de Palacio, de donde me llevaréis a Castilla, o Portugal, cuyos Reyes honrarán nuestro casamiento, y nos defen- derán del Aragonés, que tan mal pago dio a vuestra lealtad. Qué hay de nueve? Ensilla dos caballes al momento, que es uno ha de ser el toro que a Europa robe soberbie. Dame un vestido galán, que aunque a escuras, ver pretendo esta noche al Sol, y es justo guardar decoro, y respeto a su presencia bizarra. Qué tienes? . Amor ha vuelto con celestiales impussos a perturbar mis intentos. Ay divina Doña Inés! Ángel hermoso, y bello! reconozco tus lealtades, tus finezas agradezco. Ta, tú, ta: Todo el rigor haya parado en aqueso! Ya pasó la tempestad del desdén, y del desprecio, y vino la del amor llena de dulces requiebros. Bueno está, por vida mía. Rayo es amor en mi pecho por la violencia que tiene en entrar, y salir dentro. Dame la mejor espada, y del más lacido acero la más fuerte cota, que hoy ha de sernos de provecho toda defensa. . Dios quiera que sepamos defendernos. Y por si acaso fortuna nos pone en mayor aprieto, de dos Francesas pistolas quiero acompañar mi cuerpo Ay Iués! dichoso yo, si a verme en tus brazos llego libre del Rey de Aragón. Por muy dificir lo tengo. No hubo imposible jamás para los que bien quisieron. Mas que ha de prenderte el Rey. No podrá, que el manto negro de la noche es nuestro amparo. Ya les Zaga es contentos vienen, hijo, a recibirte. Que se vuelvan, padre, os ruego: Lirón, caballos ensilla. Qué es esto? A la Certe vuelvo, porque quiere ser amor propicio ya a mis deseos. Mira:: . Nadie me replique; ven, Nuño. . Ya voy siguiendo tus pasos. . Advierte, Enrique, que el alma me está diciendo, que vas a morir. . El Alma engaña tu pensamiento, que ahora voy a vivir, porque hasta aquí estuve muerto. Mira::- . No me digas nada. Vas tú con él . Con él vuelvo. El Cielo os libre. . Si hará. Ay Enrique! mis consejos despreciaste, plegue a Dios que no te atrepientas presto! Vuestra Alteza se detenga, y si ofenderme pensare, en los servicios repare, que a su padre! que Dios tenga) hice, y en los que al presente, como Vasallo leal, hago en su Palacio Real: Noble soy, y noblemente sirvo, y vive Dios:: . Fernando, por más que tu amor replique, tengo de saber de Enrique, a quien estas disculpando siempre. . Repare, señor, vuestra Alteza, y podrá ver, que el padre, hijo, y mujer no es culpable encubridor. Luego tú le encubres? . No; mas cuando yo le encubriera, propia acción de padre fuera. A un traidor? No mereció su lealtad ese renombre: Envidiosos del valor, de quien dio muestras, señor, pudieron darle ese nombre, no sus hechos. . Bueno está: yo sé la verdad, y sé si traidor Enrique fue. Mira, señor:: . Callad ya, y a verme de hoy más no entréis, si adonde está no decís, que vos, que así le encubrís, podrá ser que le imitéis. Cuando yo a Enrique le imite, sepa vuestra Majestad, que le imitaré en leaitad, cuya limpleza compite con el mismo Sol del Cielo; mas porque el rigor que lidia en los pechos de la envidia, le dé su castigo el suelo, hasta probar su lealtad, y conocer la traición del aleve corazón, que engaño a tu Majestad, no ha de saber donde asiste, aunque yo en aqueste espacio de vuestra vista, y Palacio carezca; y si es que consiste mi castigo en desterrarme de aquesta suerte, pensad. que me dice mi lealtad, que el castigarme es honrarme: porque en ocasiones tales son mis venganzas mayores en que os quedéis con traidores, y desterréis los leales. Cielo, dadme un consejo en tal desdicha, pues a vos me quejo: Rey soy, y claramente mi afrenta he visto: pretendí valiente matar a mi enemigo, más librole su padre del castigo. Quise prenderle luego, pero huyó mi rigor de enojo ciego: determiné buscarle, pero debe la tierra de ocultarle, Y como su delito decir no puedo, a mi rigor remito la venganza en secreto, y el secreto también burla mi efecto, Vuelvo luego los ojos a la Reina cruel, cuyos enojos en tanto extremo han sido, porque de mi privanza lo he excluido, que me mira indignada. Quiero manchar los filos de mi espada en su sangre, mas luego hielo se vuelve, lo que en mí era fuego; previniendo mi idéa, que es en mi sacro ser mancha más fea publicar el delito, primero que con sangre quede escrito del aleve Bastardo: Don Lope es este, su consejo aguardo, Don Lope, tiempo tanto sin verme::- . Gran señor::- . De vos me espanto, Clara está mi disculpa, si tuvo Enrique, gran señor, la culpa. Si culpa tuvo Enrique, yo haré que su castigo se publique muy presto. . No he hallado delito donde Enrique sea culpado. Yo sí, Don Lope amigo. No para que merezca ese castigo. Don Lope, yo me entiendo. Sábese dónde está? De eso me ofendo, y culpo mi fortuna: no he tenido de Enrique nueva alguna. Perdónenme los Cielos, que en mí, mas que no yo, mandan los celos. Si te importa el hallarse, yo una traza daré para buscarle. Mi Reino es tuyo. . Advierte, que la voy previniendo de esta suette: El alma está en Palacio. Si este sabe mi afrenta. . Y el espacio, que al fin tan cotto ha sido, hacer ausencia no le ha permitido. Él está en Zaragoza, y cuando el Cielo claro se reboza el estrellado manto, con la tiniebla, confusión, y espanto, quien duda que el terrero no rondará? . No digas más, que quiero esta noche contigo el terrero rondar. . A mi enemigo le he de quitar la presa: ya se despeña el Sol al Mar apriesa. Traza ha sido escogida, hoy el Bastardo quedará sin vida. Qué ha Aguarda con los caballos, Liron, en la margen fresca del Euro, en tanto que yo robo la más bella prenda, que Zaragoza posce. Tardarás mucho? Si César soy esta noche en la dicha, no aguardarás hora antera, pues pienso, si no me engaño, que serán las diez y media, y a las docer . Ya te entiendo. Pues si entiendes, obediencia, y cuidado es lo que importa. Eso mismo te encomienda un fiercriado, señor, mira que temo::- . No temas. 1. Que has de venir a las manos de tus enemigos. . Piensa que llevo a Amor en mi amparo. Muy géntil amparo llevas. Vete adonde digo. . Voy. Dios te ampare, y te defienda, que me va diciendo el alma, que han de cogerte entre puertas. . Poca gente hay en las calles, el Cielo mi dicha ordena, y la noche se ha vestido parda capa de tinieblas por ayudar mis deseos. Aqueste es el Coso, y esta la Cruz Santa, circuida de columnas, y de rejas, en cuyo dichoso sitio, por defensa de la Iglesia, formaron sangrientos ríos mil Martires de esta tierra. Por aquí se va a Palacio: Qué bien, Enrique, te acuerdas! mas no vas como solías, con aquella pompa regía, y majestuoso ornato, que las privanzas conserva, sino desdichado, y solo. Pero qué música es esta, cuvos acentos suaves hasta el alma me penetran? Don Enrique de Aragón, dónde vas? detente, espera, mira que el Rey indignado anda buscando tu ofensa. El Rey indignado bus ca mi ofensa? qué voz es esta? Los cabellos se me erizan, y el valor desmaya, y tiembla. No por delitos que has hecho amenaza tu cabeza, sino porque te persiguen envidias a rienda suelta. Si envidias son contra mí, mi lealtad, y mi obediencia me defienden de sus iras, y libran de sus ofensas. Esta noche me he de ver libre de la Aragonesa jutisdicción, si es que Amor ampara mis diligencias. Ya me parece que es hora, por esta angosta calleja se va a Palacio. . Detente. Quién dice que me detenga? si me ha conocido alguno? Mas cómo, si las Estrelias solamente en sus asientos menuda luz centellean? La oscutidad es tririble, yo me engañé: voy apriesa a Palacio. . Tente, Enrique. No es engaño, voz esta: alguno que ré el peligro en que me pone mi estrella, me quiere bien, y me avisa dos veces, que me detenga. Mas qué mal puedo temer cuando Doña Ines me espera? Cuando se vieron desdichas en Angélicas presencias? Engañaste falsa voz, necia ha sido tu sospecha. Voz, a tu pesar:: Qué es esto? Quien eres, sombra funesta, que has impedido mis pasos, y te has opuesto a mi fuerza? Habla: quién eres? qué buscas? Vaste sin darme respuesta? Tan soberbia me amenazas, y tan humilde me dejas? Cielos, avisos son estos del Cielo: mi bien desea su provido Autor, pues quiere con esta triste apariencia darme temor, porque huya los peligros que me esperan. Mas donde está Doña Inés, qué peligros ay, que sean a ofenderme poderosos? El Cielo perdone, y sea Doña Inés obedecida del alma que vive en ella. otra vez a mí te opones, sombra, y el camino cierras a mis pasos! qué me quieres? habla, responde. Ay quimera cómo esta? otra vez se fue sin querer darme respuesta. Corazón, teme el peligro: alma, el intento refrena: qué te elevas? mira que son presagios, que el Cielo muestra de mi muerte, lo que has visto. Amor, y temor me aprietan, venza el temor esta vez, y vuelte, Enrique, a la Aldea. Mas qué dirá de mí el mundo, si una ocasión como aquesta pierdo por cobarde? Honor, la vida para qué es buena? Sin vos sí; mas si me avisan con tan evidentes señas, sombras, músicas, y voces, que voy buscando mi ofensa, por qué he de atreverme? Enrique, eso dices? Temor fuera: fuera toda cobardía, de vuestro valor ajena. A pesar de los peligros, que cobardes me amedrentan, voy, bella Inés, a ser Paris de otra más hermosa Elena. Fortuna, si aquí me amparas: amor, si aquí no me dejas de tu mano, y por los dos gozo del bien que me espera, os haré estatuas tan ricas, tan inmortales, y eternas, que en firmeza, y en valor comptan con las Estrellas, Ves como te has engañado, y Don Enrique no viene? Señor, si recelos tiene de que le busca enojado tu Alteza, vendrá más tarde, y en más segura ocasión. Mas tarde, Lope, si son las once ya? Qué cobarde! . Está atento, porque han abierto un balcón. Confusa imaginación, no me causes más tormento. Gente hay en la calle: si es Don Enrique? . . Ya llama a uno de los dos la Dama: Vive Dios que es Doña Inés. Sois vos, Enrique? Ay de mí! Dila que sí. Enrique soy. Rey soy, y temblando estoy, vive Dios, de verme aquí: ella le trae algún recado de mi aleve esposa. . Oíd. La Reuna::- . Lope, advertid, que estoy con grande cuidado. Déjame que oiga. . Escuchad: no quiero que este también sepa mi mal. Ah que bien lo na hecho la oscuridad! No me oís? Viven los Cielos, que está Inés en el balcón. Un hombre llega a ocasión de dar más fuerza a mis celos: Si es Enrique? . Enrique mío, la Reina::- . Oye, Lope, acá. Señor::- Recogida está, nuestro amante desvarío tiene ocasión. . No bajáis? Sí, mi bien. . Alegre espero. De celos, y pena muero. Don Lope, qué aconsejáis a un Rey en esta ocasión? Señor, que nos encubramos, y en lo que para veamos. Hoy se logra mi aflicción. Vive Dios, que abren la puerta del Patque. Enrique. . Señora, un esclavo que te adora está aquí. . Cómo concierta su castigo el Cielo justo! Gente sueña. . Adentro entrad y si gustáis, descansad. De ser obediente gusto, que aún no es tarde. . Bien deos, entrad. Entraron? . Señor, no lo has visto? . Qué rigor (oh pecho Real!) prevenís a delito igual? . Abierto han dejado. . Vive Dios, que habemos de ser los dos testigos de su concierto. Si procuráis descansar, sentaos. Viéndoos a vos, que no hay cosa, sabe Dios, que pueda darme pesar, ni carsancio que me aflija, ni dolor que me inquiete. Que un Monarca se sujete, y una pasión no corrija celosa! . Gente he sentido. Abierto (ay de mí) deje: yo de tu muerte seré la causa, Enrique querido. La mujer se entró: desvelos, si era mi esposa? . Imprudente he sido: ay amor! . Detente. Valedme, piadosos Cielos! el Rey, y Don Lope es este: qué disculpa al Rey daré? Descubre el rostro. . Si haré, aunque la vida me cueste. No eres Enrique? . Si soy. Ah de mi guarda, Soldados, si de mí estáis obligados, ved el peligro en que estoy: Enrique me quiere dar muerte en mi Palacio mismo. Ay fiero amor! en qué abismo por tu causa quise entrar! Rinde las armas, traidor. No nombres traidor a quien te supo servir tan bien, como tu honrarme, señor: Las armas rindo a tus pies. Mirad si son estas solas. No lleguéis, estas pistolas traigo también, mas no es el traerlas para ofensa de tu Sacra Majestad, sino porque mi lealtad tenga segura defensa de traidores, que a tu lado:- Tú solo eres el traidor: llevadle preso. . Señor, vos estáis mal informado, mirad: . Si a mis ojos veo tu malicia, y tu traición, qué más clara información ha de buscar mi deseo? Llevadle luego de aquí. Tanto rigor! . Qué rigor no merece el que es traidor? Tened lástima de mí cuantos mis glorias mirasteis, cuantos mis dichas supisteis. Matarme, Enrique, quisisteis, pero vuestra muerte hallasteis. Yo os quise matar traidor? A la prisión le llevad, Don Lope. . Tu Majestad, como hombre, padece error. No deis al Rey más enojos. venid. . Ya anuncio mis daños. Ah Corte, llena de engaños! nunca te vieran mis ojos! Mi venganza está segura, pues ya preso el ofensor, diciendo, que por traidor castigo así su locura: vengaré mi agravio injusto, y él muerto, leeré a mi esposa la sentencia rigurosa, que pronuncia mi honor justo. Perdonad, Rey de Aragón, que haya en vuestro cuarto entrado, porque la causa me ha dado una amorosa pasión. Cuando los Cristianos Reyes así a sus Vasallos prenden, o atrevidos les ofenden, o no les guardan sus leyes. Y cuando llegan a hacerlo, dicen también la ocasión, porque el vuigo no es razón que ande delirando en ello: que es ofensa conocida de la Majestad sagrada, dar causa a una lengua airada a que en su causa presida. Mi hijo va preso, Rey, y la causa no se sabe, señor, si su culpa es grave, castigarle es justa ley; pero si no, vive Dios que ha de dejar la prisión, o habéis de dar ocasión que dé disculpa a los dos. Si es rraidor, mil veces muera, que esta que a mi lado está, para matarle será a Filicida primera: que aunque en decirlo me aflijo, quiero que sepan los Reyes, que estimo el guardar sus leyes, mas que el amor de mi hijo. Qué ajeno Fernando está del mal que en mi pecho lidia! Válgame Dios! si es la envidia quién le persigue? Si hará. Mas por qué ha de perseguirle? sin duda ha sido traidor. Mas yo digo tal error? yo que debiera encubrirle? Si, que traidor pudo ser. Traidor, siendo sangre mía? Y mi sangre no podía degenerar de su ser? No: Si pudo: Mentís vos, corazón, el alma aflijo. Mas traición, y ser mi hijo? no puede ser, vive Dios. Fernando, cierto disgusto me ha obligado a este rigor, pero no tengáis temor, rrocad el pesar en gusto, que mañana os doy palabra que de la prisión saldrá. Mi boca a esos pies está. La envidia en los pechos labra efectos varios; mas yo nunca a la envidia creí: lo que habéis de hacer por mí, pues ya el disgusto cesó, es, que dándoos yo un papel, le leáis con advertencia ante su mis ma presencia, como Secretario fiel, que es una cuerda instrucción, que en Palacio ha de seguir, si me pretende asistir. De tu gran prudencia son esos acuerdos. . Entrad por el papel. . Tal favor estimo. . Téngoos amor. Viva vuestra Majestad sin disgusto, o sobresalto. A vuestro hijo libraré, y de nuevo le honraré con otro lugar más alto. Mirad lo que hay que fiar en la fortuna inconstante. Ya llego a considerar, Don Lope, que es semejante a las mudanzas del mar. Ayer los pies os besé, y mercedes os pedí, aunque pocas alcancé, y hoy estáis sujeto aquí, donde mándaros podré. Ya sé que me amenazastes cuando a Doña Inés pedistes, adonde claro mostrastes, que traiciones prevenistes en las palabras que hablastes. No tengo delito en mí, que pueda obligarme aquí a morir; y así no temo de vuestro cobarde extremo las amenazas que oí: que aunque llego a comprender, que un traidor tiene poder para abatir un Privado, también he considerado, que no ha de permanecer su engaño, que Dios, Autor de todo, el súril error sabe confundir de modo, que el peligro, y daño todo viene a dar sobre el rraidor; y si este daño, que aguardo con ánimo tan gallardo, libre yo, viene a su autor, guardaos, que por Dios::- Traidor, villano, loco, Bastardo, tus traiciones solamente te tienen en este estado. Traidor yo? mil veces miente el cobarde que ha infamado mi pecho leal, y valiente, y quisiera libre estar para castigar tu error, que así me llega a enojar. Cuando te voy a matar, tengo lástima en rigor, y así te sufro callando, que por diferentes modos te vengo a estar compatando a los que pierden jugando, que hablad mal, y sufren todos. Adónde mi hijo está? Mis desdichas cesen ya con tu vista, Padre amado. Cadena tenéis? . Culpado me juzga el Rey, y así ordena a mi culpa este castigo. Estando aquí vuestro amigo Don Lope, fue amistad buena dejar echaros cadena? Soy leal, no contraligo el gue to del Rey. . Quién duda, que como fortuna muda de mi hijo la privanza, hayáis vos hecho mudanza en vuestra amistad? . Acuda el noble al servicio Real, siendo en toda acción leal, y no habrá mudanza alguna en el Rey, ni en la fortuna. No habéis respondido mal; pero porque echéis de ver, que nunca puede exceder mi hijo de su nobleza, este papel de su Alteza ante vos quiero leer, y aprobada la lealtad veréis por su Majestad. Ay Cielos! Qué viste? . Vi ese papel. . Pues aquí se encierra tu libertad. Don Carlos, por la Divina Clemencia, Rey de Aragón, Qué es aquesto? Temblando estoy, vive Dios. Viendo del Bastardo Enrique la desleastad, y traición::: Qué es esto fortuna mía? Proseguid. . Perdido soy! . Y que dentro en mi Palacio darme muerte pretendió::: Rapaz es esto verdad? . No señor, Aquí escoy yo, que soy testigo de vista. Con armas, que en Aragón mi Real Pragmática veda, le condeno::: (Santo Dios, sea sentencia piadosa, va que el Ministro soy yo) le condeno::: (no quisiera, que aquesta condenación me quítase a mí la vida, pues moriremos los dos:) le condeno a que en la Plaza pública:: . Propeta soy de mi desdicha. . En un alto cadahalso (que es rigor que mi justicia hacer manda solo para esta ocasión) le dividan de los hombros la cabeza; y por traidor, para que el mundo lo sepa, vaya diciendo el pregón. YO EL RER. Ya, Ministro sabio del Rey mi Señor oyó la sentencia Don Enrique, y no quiero apelación, si la muerte es libertad, porque con ella acabó toda desdicha en el hombre, Bien dijiste, libre estoy, la libertad me habéis dado, mas con notable pensión. No siento el morir, que al fin immortalidad faltó al hombre, y no está seguro de morir el que nació; pero solamente siento, que el mismo que el ser me dio, intervenga en mi castigo, apoyando su rigor. Esto siento, y que al decir el Rey, que quise a traición matarle, no respondieséis lo que respondiera yo: Rey de Aragón, Don Enrique es mi hijo, y su valor, y lealtad vence en limpieza los claros rayos del Sol. Si traidores le persiguen, y envidiosos quieren hoy echarle de vuestra gracia, sabed como cuerdo vos vituperar sus deseos, abominar su intención, castigarlos, y::: . Engañado, Don Enrique, truje yo tu sentencia, imaginando, que era discreta instrucción para vivir en Palacio, mi mismo amor me engañó. Mas Enrique, yo soy noble, y aunque vos mi hijo sois, como hasta aquí he confesado, os niego, si sois traidor. Yo traidor? . El Rey lo dice, y a mi Rey, y mi Señor debo anteponer en todo, perdone vuestra afición. El ser os di, y receloso de la fineza, y rigor de mi esposa, en una Aldea el noble Albano os crio. Cuando tuvistes edad os truje a la Corre, honró el Rey, por servicios míos, vuestra persona, y valor: en estado honroso os pusé, si fuistéis tan necio vos, que su favor no estimando, y apereciendo traición, la Real Corona ofendistes: de quién formáis quejas hoy? De vos mismo las formad, pues vos el culpado sois. Basra que traidor me hacéis. Crédito a mi Rey le doy. Pues si yo traidor he sido, vuestra sangre me obligó. Mantís mil veces, Bastardo, No son para esta ocasión los enojos, Don Enrique, ya un Religioso llegó, y afuera esperando está para confesaros. . Dios, tened clemencia de mí, pues hallo en todos rigor. Qué es cierto que he de morir? Claro está. . Infelice soy! Pues Don Lope, si algún día os ofendí, dad perdón a quien ya muriendo paga agravios que comerió, Y vos, Padre de mis ojos, dadme vuestra bendición, y vuestro perdón también. Aparta, villano. . Dios, con ser Dios, perdonar sabe al humilde pecador, cuando postrado en la tierra pide a su Deidad perdón: imitadle vos en esto. De piedra, u de bronce soy, si a palabras tan piadosas tengo fuerte el corazón. Dame esos brazos mil veces, que aunque ofenda el Real blasón, digo mil veces que miente el que re llama traidor. Ya que gozo vuestros brazos, moriré contento yo. Y a mí, en viéndote morir, me ha de acabar el dolor. Ay Padre! Ay hijo querido! Que más no aguarde es razón: Entrad, Enrique. . Privados, a quien fortuna ensalzó, tomad escarmiento en mí: ayer con pompa, y honor mandé el mundo, y hoy sujeto a un infame brazo estoy de un verdugo, que mi cuello dividirá con rigor de un cuerpo que solamente supo hacer ofensa a Dios. Dios te dé valor, y esfuerzo. No os apartéis de mí vos hasta el transito postrero Venid, Enrique. . Ya voy, Don Lope, a pagar delitos, que otra mano cometió. Yo sé si muere Enrique con justicia. Mirad, señor, que puede ser malicia de la envidia cruel. No hay quien me arguya: si hubo malicia, la malicia es suya; y presto, pues ya muere mi enemigo, (oh enemiga!) tendrás justo castigo. Mira, señor::: Ninguno me replique, si no quiere tener el fin de Enrique. Rey Don Carlos de Aragón, que por tu fama, y tus hechos ser Monarca merecías del Español Emisferio, yo soy Doña Inés de Acuña, que de aqueste manto negro me cubro por la vergüenza, que he de tener, descubriendo secretos, que sola el alma ha tenido parte de ellos. Don Enrique de Aragón, cuando entió en Palacio, ciego de amor, pretendió mi mano, y habló sobre este efecto a mi Señora la Reina, la cual, con heroico pecho, por mí le dio el sí, estorbando el tratado casimiento de Doña Ana de Cardona. Con papeles lisonjeros, donde reina me llamaba de todos sus pensamientos, obligó mi cortesía a tanto, que sus deseos pagué con favores míos, como públicos se vieron; pues un corazón precioso de diamantes, cuyo precio, por dármele vuestra esposa, era sin igual, le vieron envidiosos en Palacio por rosa de su sombrero. Ausentose de la Corte, como vos sabéis, y el ciego rapaz vendado, que andaba haciendo guerra en mi pecho, me obligó a que le escribiese, que si amante verdadero era, viniese por mí, y sacándome del Reino, lograsemos nuestro amor. Obedeciome al momento, y vino por mi ocasión, no por mataros, que es cierto, que en su generosa sangre nunca traiciones cupieron. Si de piadoso os precias, los Reyes más justicieros suelen perdonar delitos cuando de amor procedieron. Mirad, señor::: . Descansad, turbado, y confuso pecho, . pues ya sin celos estás, y tuviste tantos celos: cual me habéis tenido el alma! Levantad, Inés, del suelo. Sin la vida de mi esposo no pienso dejarle, El Cielo me dé paciencia: Señor, ya lo que me mándaste he hecho, tu sentencia le leí, y ya tus Ministros fieros de la Cárcel le han sacado. Volved, Fernando, al momento, y vuestro hijo traed, que la vida le concedo: llevad mi Selio Real. Cielo Santo, qué es aquesto? Pies cansados, animaos, pues os va la vida en ello. Vivas mil siglos, Señor, Cómo Rey Cristiano ha hecho vuestra Alteza en dar la vida a tan leal Caballero. Si fueráis humena gente ahora, villanos celos, qué castigo os diera yo determinado, y resuelto! No os atreváis otra vez a los valerosos pechos de los Reyes, porque es fuerza, celos, el quedar sujetos a la Sacra Monarquía. Quiero comenzar mi preito: Aragoneses cobardes, (solo hablo con aquellos, que de traidor alevoso han imputado a mi dueño) yo soy Lirón su criado el más humilde, y me atrevo a coscorrón, y a puñadas, que con armar no me meto, a defender que mi amo es muy leal Caballero, y que traiciones, y envidias en tal estado le han puesto; y voto a Dios, si salís::- Calla, loco, que tu dueño esrá libre ya. . En albricias, lo que he retado desreto. Ya le traen a Don Enrique muchos nobles Caballeros en brazos de la alegría, y al son de los instrumentos. Dame, gran señor, tus pies. Alzad, Enrique, del suelo, y a Doña Inés dad la mano. La mano, y alma la entrego, aunque ella ha sido la causa de mis pasados sucesos. Yo seré vuestro padrino, que quiero pagar en esto los disgustos que os he dado. Guarde a vuestra Alteza el Cielo. Los Estados que gozastes, y os quité, de nuevo os vuelvo, y gran Almirante os hago de Aragón. . Vuestros pies beso, Largos siglos os gocéis. A vos, Don Enrique, llego a que me deis el perdón de mis ya pasados hierros. Yo os perdono, porque a todos perdone el Senado cuerdo las faltas que hubo. . El Poeta suplica también lo mismo.
