Texto digital de De los hechizos de amor, la música es el mayor y El montañés en la corte
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- José de Cañizares
- Atribución estilometría
- José de Cañizares Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Salamanca, Imprenta de la Santa Cruz, s.a.).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de De los hechizos de amor, la música es el mayor y El montañés en la corte. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/de-los-hechizos-de-amor-la-musica-es-el-mayor-y-el-montanes-en-la-corte.

DE LOS HECHIZOS DE AMOR, LA MÚSICA ES EL MAYOR Y EL MONTAÑÉS EN LA CORTE
JORNADA PRIMERA
O N qué tomaste el papel? Sí señor. . Pues di, vergante, no sabes que te he mandado, que ni atravieses la calle de esa Dama? . Acertó a estar en la reja: iba muy grave paseando, y con dos ceceos me atravesó dos puñales, que de avecitas con faldas, no hay quiebro que no me atasque. Díjome Dale, Tocino, este papel de mi parte a mi Cárlitos, y dile, que en aquel pasado lance, no tuve yo más malicia, que una casa que se cae. Mencia, satisfacerme piensa; pero el agraviarme en gusto, y honor no tiene despique en amor más fácil, que dejarle de tener; porque hay accidentes tales, que es la propia enfermedad remedio para que sanen, Llevaron ya la vihuela, como te dije ayer tarde, a casa de Don Ordoño? Por señas, que salió un Ange a recibirla. . Sería mi Leonor. . Ya te relames? Yo no sé si Leonor era; solo sé, que al alargarme la mano, a tomar los tonos que me diste, con semblante más dulce, y más relamido, que niño de escaparate, me dijo: Dile a Don Carlos, que pues toma de enseñarme a cantar la trabajosa ocupación, no le canse, y venga más amenudo; porque siendo, como sabe, yo ruda, y él perezoso, aprovecharemos tarde. Pues por qué extraña Mencia, que su belleza olvidase infiel, por otra hermosura esquiva, pero constante? . Mas llamaron? . Señor, sí. Toribillo, sube, y dale la embajada a nuestro huésped, como que vas de mi parte. Tiña conta, mientras tanto, del faco, que escaparase, porque fuye. . Sube aprisa, que no fuirá, salvaje. Qué es esto? Ahora lo veremos. Seya en esta casa el Ángel del Señor, la Cruz, y el Cura, el muergano, y los ciriales; quien de vustedes se llama Don Carlos Perez Fernandez? Yo, hijo mío. . Jesucristu bendiga tan lindu talle. Ahora, señor, el Cacique Don Lain de Cascajares, naciente en Cangas, y sillo de Lamegu por su madre, está abaju, aunque está en riba de un machú, de que apearse non quiere, ni pensamientu; sin que vusted se llu mande. Baja, Tocino, anda apriesa, y di, que suba al instante, que este es a quien le debió tantas finezas mi padre, cuando en Cangas desterrado pasó sus adversidades. . Cuánto estimo su venida!! mas cómo sin avisarme? Es men señor es men amu muy llanu, y muy miserable. Quién es Cárlitos? . Don Carlos mi señor, es quien delante está. . Don Cárlitos mío, abrazadme, apretujarme, oprimirme, deshacedme, que sois una viva imagen de vuestro padre: no he visto semejanza semejante. Vos seáis muy bienvenido, (qué hombre de tan raro traje, y tan loco!) que en mi casa, para que todos os amen, y os sirvan, sobra el oír vuestro nombre. . En cuantas partes llego, sucede lo mismo, pues quien de mi esfera nace, al punto huele a la pega. De qué? . De la buena sangre. Bellos dos brutos tenemos! Ay, Deús, qué bostezu de hambre! Este hombre no es muy discreto, según empieza a explicarse: . Vos, si no halláis el más digno aposento, y hospedaje, os culpad a vos, no habiendo avisado. . Calle, calle, pues me había de faltar una advertencia tan fácil? Tomad ese pliego, y ved, como tres semanas antes, que me pusiese en camino, os escribí mi viaje; pero siendo de cuidado la carta, no quise a nadie fiarla, sino a mí mismo: con el que antes no llegase no es culpa mía, si no es de la mula que me trae. Pero dejando esto a un lado, cómo está padre? . Qué padre? Él vuestro. . Pues no sabéis, que habrá dos años cabales. que murió? . Jesús mil veces! veis como puedo quejarme yo también de que se fuese, y que no me lo avisase? Ya ha descubierto el talento mi huésped: Acomodaste. todos los trastos, Tocino, de Don Laíns? . Ellos sontales, que no hayas miedo, señor, que se los codicie nadie. Pues, qué son? . Cuatro camisas. de cambrayón de costales, y un vestido de tablones de nogal, que para alzarle no hay fuerzas; tal es el paño, que bien podrán aserrarle. Buenos estamos. . Ah bruto, ya estamos entre los Cafres: de Madrid, abre los ojos, que aquí hay fieros perillanes: me entiendes? . Vouster dispunga, que de la casa me encarguen lla compra, y verá vousteí, que ambus cómemus de balde. Ah buen hijo! qué bien muestras, cuando a la sisa te ases, que es la sisa entre vosotros. vínculo de los linajes: mal haya tu esporteril inclinación detestable. Faga vostei, que yo compre, y verá qué bien lle sale. Vete, demonio. . Oyes tú, Asturiano? . Ivón de Frandes? Desde hoy has de obedecerme, y si no he de reventarte a coces. . Cómo me del seis cartos, mas que mate; máis ha de ser cada día. Pues si quiere concertarse, véngase tras mí el pardillo. Vaya el culurín delante. Ya que hemos quedado solos, mi Don Carlos, abrazadme segunda vez, que en virtud de las finas amistades entre vuestro padre, y yo, creo que podréis llamarme tío sin temeridad, y (las nárices aparta, porque no tienen que ver un cañuto, y un alfanje) nos parecemos de forma, que podrá quien nos mirase imaginarnos parientes, según los cuerpos, los talles, las teces, ese garbillo, y ese no poco donaire. Yo lo agradeciera mucho, como el que habiendo mi padre hecho aquel involuntario homicidio, se albergase de vos, y que le acogieseis tan benigno, y tan galante, para que yo os corresponda a obligaciones tan grandes. Vamos a otra cosa, y cesen cumplimientos sufocantes. A qué pensáis que he venido con todos mis alifajes, y esta cara de mastín? A qué es? . A medio casarme. Extraña función será, boda tratada a mitades. Tengo aquí un correspondiente, que tiramos los caudales igualmente, y entre algunos cambios, que hay de parte a parto, a letra sin ver, quería una hija suya encajarme. Yo, que para aceptar una de ciento y cincuenta reales, la doy ochocientas vueltas, y pillo la mosca antes, vengo a ver el dote, que es en lo que habrá que repare; que no hay rostro que sea feo, como un tálego le lave. Diez y siete mil ducados me han de dar, y como escape de un maravedí, los diablos me lleven si me casare. Haréis bien: ay del que ansioso padece, y suspira en balde por un hermoso imposible, sin esperar que le alcance! Vila por casualidad, costome astucias notables la introdución en su casa; mas yo conseguí, no opstante lo imposible del empeño, una amistad entrañable con su padre: como tengo la habilidad que se sabe, en la Música, que tan introducido me hace, por afición emprendí en la entrada asegurarme, enseñando al bien que adoro, porque también tiene fácil oído, y divina voz; mas qué gracia ay que le falte? Con esto, dando al olvido cierto empeño, en quien mudable otra belleza, que amaba, me expuso al pesado lance de hablar un hombre a la reja, al tiempo que a sus umbrales llegaba yo, y deseando reconocerle, o matarle, echar mano a las espadas, diciendo: , . Mira lo que haces, hombre, o demonio. . Detente. No quiero, pase, o no pase. Ah pícaro! de esta suerte::- Ay de mí! . Jesús mil veces! Que le ha muerto: dale, dale. Qué ruido es ese? . Parecen cuchilladas en la calle. Tocino? . Señor? La espada. Ea, Don Carlos, al abance: toca al arma. Caballeros, si es que lo sois, amparadme en esta triste ocasión, embarazando un desastre. Mi hermano es un hombre solo, que hallaréis que se combate con una villana tropa, que ha juzgado por desaire suyo, el ver que a su cochero castigue el atropellarme. Por mujer os pido (ay Cielos!) que acudáis, no me le maten. Mas no es Carlos el que miro? . Ahora es cuando me empeñasteis por mujer, y aún por mujer, como todas, inconstante. No es este el lance primero en que vuestras falsedades me incluyeron: ven, Tocino. . Para que a esotro le aspen no es mal medio entreternos en discurrir variedades. Toribillo, viva Asturias. Mev amu? . Marcha, salvaje, Oye vusté, hei de matar? Casca tieso. . Eso non, que pueden descalabrarme. Qué, bonita qué es la viuda! así que vuelva triunfante del choque, a puros pellizcos la he de hinchir de cardenales. . No se ha visto desvergüenza mayor. . Martinez, qué hace? no va a ayudar a su amo? Traigo la espada con llave, no puedo. . Pues ahora tose, maravilla es que no arranque. Qué tengo de hacer con esto? Deja, Inés, los disparates, y dime: No es accidente raro, que a ser acertase la casa de este alevoso, adonde huyendo nos trae el temor de la pendencia? Así desde aquí a la tarde dieran los golpes. . Ay Dios! por qué? . Porque si durasen, y Don Carlos se viniese, hubiera tiempo bastante para darle cien mamporros, porque quejas no era darle. Si sabes con cuanta prisa quiere mi hermano mudarse, y que para ver el cuarto nos hizo hoy salir, no obstante no haber coche, como puede::- Son unos pobres cobardes. Por la santa Cruz del Ferro, que for más hombre mi madre. Qué ay, Caballero, qué ha habido? Qué ha de haber? muchos Rufianes metiendo paz, muchos gritos, los que habían de tirarse treinta varas unos de otros, dando punzadas al aire; y yo dando a los demonios, con tal hato de vinagres, las pendencias de esta tierra, que en la mía sin puñales, ni espadas, a puño tieso suelen, envueltas en sangre, rodar ojos, y narices a los primeros embates. Y ahora, señor, dónde quedan? Metidos en dos portales vuestro hombre, y el principal del coche, ajustando paces; y es el Trujiman Don Carlos. Yo os agradezco la parte, que habéis tenido en la acción. Ahora, que no hay quien lo tache, empezaré a requebrarla: Yo si he de decir verdades, señora, no os agradezco, que cuando de lidiar trate con vos me tenéis metido un chuzo por los hijares. Yo? pues yo os toco? . No tocan vuestros ojos, pero tañen. A qué? ved lo que decís. A nublado perdurable; pues sobre mí están dos bellos relámpagos celestiales fulminando rayos negros de dos nubes de azabache; y viendo que de su lluvia me achinan los pedernales, puedo con aquel discreto decir, encaje, o no encajé: Pues da el granizo en la albarda, buena va la danza, Alcalde. Inés, este hombre está loco. De Don Quíjote es el talle, y la cara. . Que en mi facha se atrevan a enamorarme mis mozas! . Vatu a Cristus, qué men amo es a dos faces, con llus hombres un León, y cún llas mozas un Martes. Las señoras de esta tierra a los hombres principales no responden? . Caballero, no entiendo yo ese lenguaje. Yo sí, y digo que la quiero a usted; y aún más adelante, porque la quiero::- Qué, hidalgo? Ir sirviendo hasta esta calle; es este delito? . Sin orden del señor Don Félix, nadie puede apropiarse esa dicha. Inés, que ni aún a mirarme . vuelva! . No sé con qué voces daros las gracias bastantes de lo que hoy os he debido. Caballeros de tan grandes prendas, a enmendar nacieron los acasos inculpables: si me entenderá. . La culpa debe pender del examen, en los lances en que es cierta, lo mejor es desviarse. Eso mismo digo yo. Ah tonto! que así te claves! . Que no pueda responderle! . muriendo estoy por quejarme. Quedad con Dios. . Si gustáis, bajaré hasta los umbrales. No ha de ser. . Adiós. . Carlos, ya que salimos, guiadme a la casa de mi suegro futuro. . Si no se sabe dónde es, quién nos la dirá? El primero que se hallare; bueno es querer que no sea. conocido en cualquier parte un hombre, que está tan cerca de emparentar con mi sangre! . Qué hará Leonor? Un tono está estudiando. en su cuarto. . Y Aurelia? Está rezando sola en su Oratorio. Qué tiranas. oposiciones entre dos hermanas! Una canta, otra reza; mas hoy día, ni una con su placer me desconfía de ser cándida, honesta, blanda, y pura; ni otra, con su retiro me asegura, que la mujer mil formas apetece, y nada es menos de lo que parece; y más si lidia una pasión aleve, como la que me mueve mi triste fantasía; mi mal es tu desdén, Doña Mencia: y mientras, no te apiade mi tormento, ni estoy en mí, ni sé lo que me siento. Mis amas salen, señor. Anda, vete tu allá dentro, por si alguien viene a cobrar, que hablarlas a solas quiero. . Solo el silencio testigo ha de ser de mi tormento. Re, mí, fa, sol, la, la. Jesús! Santa. Teresa, San. Pedro, favorecedme: dichoso quien de sí puede estar lejos. Ajustadme estas medidas. . Hijas? . Padre nuestro? Ni a ti las ocupaciones de tu armonioso embeleso, a de tu devoción el digno aprovechamiento os turbara, a no llegar el forzosísimo tiempo de hablaros en el estado que habéis de comar; hoy tengo ocasión, y aguardo un huésped, que es muy digno casamiento para una de las dos; la otra la aplicaré al mismo tiempo a lo que elija; pero antes he de averiguar los genios: querrás casarte, Leonor? Señor, yo ahora no pienso sino en cantar libertad, y placer, que el cautiverio le he de buscar yo a mi gusto. Niña, yo no te violento, mas tú has de ser la casada; que Aurelia, según yo veo su virtud, y austeridad, será Religiosa. . El Cielo no quiera, que elija yo fortuna, que no merezco. Para ser yo la escogida. para. Dios en un Convento, he menester, Padre mío, prendas, y merecimientos. muy altos; soy una gusano, ceniza, y polvo del suelo; no me atrevo a tan gran obra. Bien digo yo, que no creo . en gazmonas: con que tú harás a tu casamiento muchos ascos? Pero en fin, te sueña más bien elleco de marido, que el de celda? Yo resigno mis afectos, pues en triunfar acertando, se merece obedeciendo. Para abrir el ojo un padre. . no es este muy mal ejemplo. En fin, el huésped vendrá, que por instantes espero, y hablará el tiempo: ay Mencia, . en qué inquietudes me has puesto! Luisa? Señora? . Te llamo, para que a Aurelia le demos el parabién de su boda. Y a mí el del vestido nuevo, si es verdad. . Si tu supieras cuan breves son los momentos de esta vida, hermana mía, no estuvieras de gracejo. Y aún por ser, Aurelia, cortos, solicitas no perderlos con el novio: no me seas hipócrita, que te entiendo mas que imaginas. . Pudiera responderte; pero arriesgo el bien de mortificarme, callando: guárdete el Cielo. . Grande embustera es mi ama! Si es que por algo la temo es por ver cuan cerca viven extravagancia, y desprecio. Aténgome a tu Don Carlos. Mucho ha que no viene. Apuesto que está a componerte tonos deshaciéndose los sesos. El canta bien, y es galán. Tú le quieres? . No por cierto; gusto de él, sí. . Pues el gusto, ya es un querer ir queriendo. Tocino, gracias a Dios, que me escapé de aquel necio, para poder un instante venir a estar en mi centro. Quién es? . Yo soy, Leonor bella. Cierto que sois buen Maestro, pues tres días os dejáis los Discípulos sin verlos. Bien merece la mesada cobrar en cuatro desprecios. Hermosísima Leonor, tres siglos ha que no os veo; mas si logra la tardanza el bien de que me echéis menos, solo yo puedo adquirir lo que gano en lo que pierdo. No os he dicho ya, Don Carlos, que no gusto que habléis de eso? vamos a estudar. . Gran prisa me dais, y advertiros quiero::- Qué? . Que el querer aprender, se logra:: . Cómo? . Queriendo; y si querer no sabéis, en balde nos cansaremos. Quiero, mas quiero cantar. Pues traigan los instrumentos. Voy volando. Yo me escurro; mi amo está en regodeo, y voy seguro. No hay tono de novedad? . Hoy he puesto uno, y no sé si por mío os agradará. . Veremos; que el ser vuestro, ni le añade, ni le quita, si él es bueno. No os quejaréis de que tiene amores, ansias, desvelos, ni expresiones, que os ofendan; antes veréis que prometo no quejarme. . La vivuela te aguarda. . Pues ve diciendo. Amaré sin voces, aunque es pedir eso muchos imposibles de dos Elementos, al agua sin ondas, sn humos el fuego cesarán quejas, ansias, y extremos, pero hablará por mí mi silencio. Y eso no es quejaros? . No. Habéis buscado buen medio para decir sin decir. Yo hago el tono, no hago el metro: Si el Poeta escribe así, lo pongo como lo encuentro. Sabéis el tono que puede a esta invención responderos? uno que vos me enseñasteis. Pues qué es lo que dice? . Esto. Si es verdad la belleza, no ha menester conceptos la fineza, que un corazón, que padeció felice, le adivina las ansias que no dice: con que en amor atento, hay una oculta voz, que no es acento. Corre la fuente blanda, y suave, cantar el ave sonoramente, y al Sol luciente la flor buscar, todo es a si hay idioma, te es tan felice, eal rostro asoma lo que no dice, y hablar consigue por no hablar: Corre la fuente, Bien divertida, Leonor, estás. . Estoy estudiando. Yo; señor: . Estaos quieto. Ah Luisita, baja presto . las llaves del cuarto bajo, que las pide un Escudero: ya estás en que dos mil reales::- Lo último? . Ni un cuarto menos. Allá voy. De la mujer tapada, el ay del cuerpo me parece que conozco. Don Carlos, qué ay? Tiene genio? Sí señor; pero no aprende lo que yo quisiera. . Es presto, yo haré todo lo posible. Con eso nos estaremos en jácara todo el año; haga lo que su Maestro la dice, y calle. . . Ah borracha, desollada, tú, y el perro de tu amo: así se bautizan en Madrid los forasteros? Así for, señor. . Pues entra: que he de tocar a deguello: Ah pícara! sal aquí. Adónde vais, Caballero? Dónde voy me preguntáis? sacadlo por como vengo. La Cocinera de casa de esa manera le ha puesto. Hay más infames criadas! No es Don Laín? Y qué es ello? Sin ser Miércoles, ponerme con la ceniza el Memento: adónde está esta infamaza? Mas Don Carlos? . Qué es aquesto, Don Laín? . Haber guisado, como si fuera conejo, con todos sus ingredientes, a un hombre de mi respeto: Don Láín de Cascajares soy, pícara, y vengar puedo esta afrenta, que en Asturias:- Aguardaos, deteneos, Don Láín de Cascajares sois? . No lo oís? Dadme luego los brazos. Hombre, qué dices? quieres tapiarme los sesos? Yo, amigo, soy Don Ordoño, el correspondiente vuestro. El que mi suegro ha de ser? Qué oigo, ansias! Qué escucho, Cielos! Sí, Lain, y esta es Leonor mi hija, cuyos deseos impacientes aguardaban la suerte de conoceros. Pues para venir a vistas, por Dios que he venido fresco, bien limpio, y bien adornado. Y esto te aplicaba el viejo? Sí, Luisa. . Qué endemoniado novio! . Venid allá dentro os, limpiarán, y veréis mi hija segunda, un espejo de virtud: tú mientras tanto, repasa algún tono nuevo, que ha de oír Don Laín. . Señora, yo soy un puerco por dedentro, y por defuera, y así a manchar no me atrevo vuestro oído con lisonjas; vendré limpio, puro, y terso a requebraros de choque, y veréis que soy discreto; aunque no deja de ser al principio mal agüero, que el suegro, y su casa empiecen a irse ensuciando en el yerno. . Señora Doña Leonor, es posible, que no os debo, ni aún a costa de callar, el volcán de mi despecho, participarme esta dicha, qué esperabáis por momentos? Vos tratada de casar, sin que nadie sepa: . Aún eso no habéis de decir, que yo (y esto no es satisfaceros) ni sé quién es este hombre, ni le he visto, ni: . Y lo creo: no os fatiguéis, que el testigo vuestro padre es, cuando menos; quedaos con Dios. . Dónde vais? Adónde he de ir? a no veros, cruel, alevosa, tirana. Plegue a Dios: . Ya nada creo. De nada: . Señores, quedo, que está en aquesta inmediata pieza tu padre, y los ecos llegan allá. . Pues es fuerza, para que disimulemos, cantar. . Yo cantar? yo había de festejar mi tormento? Es fuerza. . Que no lo sea. Considera: . Vive el Cielo, que antes me harán mil pedazos. Demonios, que lo está oyendo. Pues ha de ser. . No ha de ser. Quiero yo. Pues yo no quiero. Qué es aquesto de querer, y no querer? . A ver hecho tema Don Carlos de que se cante un tono moderno, que he jurado no le sé, ni que de él noticia tengo, y no hay forma de creerme. Si me consta que es incierto, que lo sabe, y lo ha callado, hasta que le oí yo mismo, no es preciso que la culpe, pues echa a perder el tiempo, y sé que no me aprovechan mi cuidado, ni mi anhelo? Quizás, dirá Leonorcita verdad. . Si le estoy diciendo la verdad en lo que digo. Si sé que no puede serlo. Pues cantadle vos, y así vendrá ella en conocimiento, que yo me vuelvo a ver sí Don Láín, que en el encierro de mi despacho se está con su criado vistiendo::- Acabad. Si esto ha de ser, y Cisne, estando muriendo, he de cantar mis exequias, qué habemos de hacer? cantemos, Hasta aquí, ingrata hermosa, áspid oculto de jazmín y rosa, entre las flores de una indiferencia, llegar pudo mi engaño; pero si donde hay celos no hay paciencia, tampoco amor, habiendo desengaño; a no más verte, mi dolor extraño, fugitivo me obliga; y aunque tu imagen tan sin mí me siga, que convierta mi ultraje en tu provecho, yo arrancaré tu copia de mi pecho. No, aleve fumentida, no han de postrar mi vida los celos, y el furor: más noble mi tormento, el fin con que me ausento, es a morir de amor. No, aleve fementida, Es posible:: . Adiós. Aguarda. Pregunta tú por el cuarto. Reina, y él amo de casa? Yo soy, qué queréis? . Traeros el medio ano de este cuarto de abajo; aquí está el dinero, y ahora van por las camas primero que nada, puesto que mi hermana, que está abajo, lo uno, porque en extremo le ha gustado el cuarto; lo otro, por un susto, que viniendo recibió, no quiere a casa volver si no es desde luego quedarse a dormir en él. El cuarto es un poco fresco, y humedo; pero es muy lindo en verano. . Así tendremos vecindad con quien parlar. Lo que buscamos es eso: Cielos, qué hermosa mujer! Mientras que fueren trayendo trastos, esa mi señora haced nos honre, subiendo. Dile a mi hermana que suba, Martinez. Y entrad, que presto os haré el recibo. . Ahora? Pues no era lo propio luego? . Yo me voy. . Tú no te has de ir. Qué me quieres? . Qué quedemos en que yo no te he mentido. Bien está. Qué buen encuentro! señor Don Carlos? . Qué escucho! Ya no puede haber agüero más feliz, para que sea la casa buena, que el veros dentro de ella. . Que viniera . Doña Mencia a este tiempo! La fortuna de esta dicha desde hoy agradeceremos a Don Carlos. . Yo, señora, si nunca::- . Abrazadme os ruego, que he de ser muy vuestra: Inés, Carlos está aquí, yo muero por quejarme. . Pues aquí, qué hay más de otra mujer: eso te embaraza? . Dices bien: . Perdóneme este despecho mi recato, a quien le culpe yo le daré sufrimiento, como tenga mi pasión. Amiga, de vuestro bello semblante, apacible, y noble, conozco ya, que seremos dos vecinas muy amigas: y así no extrañéis si empiezo, de vos fiándome, a daros el testimonio primero de mi confianza: Aleve, tirano, y mal Caballero, si hoy no os pude responder a los infames pretextos, que para vuestras traiciones habéis vos propio supuesto:- Buenos estamos, amor! . Es porque oprimido el fuego, el volcán, la ira, la rabia, la fatiga, el sentimiento de mi razón, de mi enojo, contra quien:: válgame el Cielo! Ay, que se ha muerto mi ama! Don Carlos, cómo haces esto? así tratáis las finezas? Leonor, si yo culpa tengo, permita amor: . El testigo vuestra dama es, cuando menos. No hay quien ampare una angustia; Ahí está el recibo; pero qué miro! . Qué es esto; Este es un accidente tremendo, que le ha dado a vuestra hermana. No es Doña Mencia, Cielos: Ay mi bien! tu accidentada, y yo vivo Sin aliento tú, y yo con respiración: no es posible: Yo fallezco; ay de mí! Jesús mil veces! Luisa, Aurelia, acudid presto. Qué tienes? . Qué desmayado mi padre iba a dar al suelo, a no detenerle yo. Ya vengo limpio, y compuesto; ahora que me echen más novias, que a la Tarasca buñuelos: mas qué ha habido aquí? A esa dama la dio un desmayo, subiendo la escalera; y a mi padre, como su mercé está enfermo, obró al verla alguna extraña revolución. . Con efecto? y aún a mí está para darme, que esta es la que hoy vi, y lo siento. Si una cólica me pega, ierdo y me descubro, mep Ya señoras, que piedades tan generosas os debo, ayudadme a retirar a mi hermana, Entradla adentro, que a mi padre en esta alcoba entre todos le pondremos. Y yo, sin ver a mis novias, por quien rabio como un perro; mas me voy a ver si llevan mil demonios a mi suegro. . Cielos, a quien le suceden tan extraños contratiempos! Don Carlos? Qué ay, Leonor mía? Tuya, tirano? . Ya veo, que por fuerza has de ser de otro. Cómo tú::- Qué escucho? . Ciego amante de otra belleza, que por ti asistirla ofrezco, que a quien quieres tú, es preciso la estime yo, como debo. Yo? más que se caiga muerta. Para que la llores luego. Yo? . Tú. Qué es esto, Leonor? Jesús, y qué atrevimiento! Está padre como está, y tú estás en devaneos? ay qué escándalo! Don Carlos, idos. . Señora::- Idos presto. De cólera voy muriendo. . Sin alma voy! De remate está el mundo: ay, Dios inmenso, que tanto sufís! . Señora::- Pues tan segura la dejo. . la hermana es esta. . Quién va? Pero qué galán mancebo! . En tanto que del desmayo vuelve Mencia pretendo ir a mandar, que un Doctor llamen y los aposentos nos prevengan; las demás habes que faltan espero me mandéis dar. . Aguardad; no he visto tan bien dispuesto . joven en toda mi vida; qué cortés! A mirar vuelvo si Carlos se fue. . Estas son. Un Ángel es, del Terreno Paraiso hermosa guarda; y cuando que me dais, veo, las llaves, sin duda sois Ángel de este firmamento. No soy Ángel; pero soy quien no solo ahora de veros se ha holgado, si no que estima::- Qué? Que de puertas adentro estéis. . Y ese es favor? Si creéis que lo es, creedlo. Ay qué escándalo qué infamia! Aurelia, qué atrevimiento! Yo, Leonor? . Está mi padre malo? Eres tú vivo ejemplo de virtud, y santidad, y ahora salimos con eso? Caballero, idos apriesa. Mudamente os obedezco. . Aurelia, tú en estas cosas? Sí hija, de ti las aprendo. Ya volvió la desmayada. Tanta dicha la dé el Cielo, como inquietud me causó. . Según se urden los enredos, el que da a mi ama lección, ha de dar a mi amo nietos. RNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
Puesto que mi capital he escrito en este papel, para este tratado infiel, de este bodigo fatal: mientras mi suegro vejote me da una nomina entera, con su hija, sea cualquiera, debe a cualquiera su dote. Ve tu escribiendo al reclamo de este que sabe leer, solo. . Al arma, si ha de ser: que a eso me envía mi amo, . por averiguarlo todo. Yo primero deletren, más después que mascú, leú. Pues, ladrón, máscate un codo. Ah de ser bien, mentecato. Remoje el pelafustan la pluma, que bien leirán. Yo vendré de rato en rato, porque me voy a vestir. . La nomina estará a popa. Si vusté errada la topa, entonces podrá reñir. Triste lector, indecente, encoge este cogotazo, y nota sin embarazo. Altu, escriba el escribiente: . Yo Don Laina:: Don Laín::- Cascájares: . Cascajares: Tre, ene, te, tengu::- No te pares. Estú está escritú en la tin. Siendo en leer tan rehacio, es la tardanza precisa. Vustei gasta mucha prisa. Claro es. Pues yo mucho espacio. Tengú, y llevo a este bodorio:- Dorio::- Entre las gordas, y fracas:- Acás:- Centú, vinte trenta vacas, catro pradiñas, he un orrio::- Orrio:- Con un faquiño, si vive, trece asnos, y un rabón. Cuántos los bórricos son? Catorce con el que escribe. Tú lo serás, y tu casta, que soy:: . Doite a Bercebú. Mas hombre de bien que tú, Que vusté lo mienta, basta. Vive Dios::- Qué ay, hijos? qué se hace? . Escribiendo vamos. En los bórricos estamos. Pues a buen tiempo llegué: añade el que compre negro, bestia de gran bizarría; y en cuanto a fisonomia pintiparado a mi suegro. Si farey. . Pero detente, que hacia allí cruzar le he visto: esos papeles recoge, no nos pille en el garlito, que antes ha de vomitar, que sepa mis entrelijos. Quieres algo para Carlos? Dile, que sin duda pillo a Leonor. . Famosa nueva! Pero que el viejo podrido quiere muchísimo más los tálegos, que los hijos; con que no cuaja la boda, como no hierbe el conquibus, Yo le informaré de todo, y en encontrando resquicio de entrar a ver a Inesilla, cuyo, dengue es un prodigio, la he de embestir de casorio: a Diós, Gallego maldito, y perdona a Meco. . Tú, supuesto que eres su sillo, perdonaras la Ballena, que furacaste en el Río. . Don Lain? . Qué ay, Don Ordoño? Temprano os habéis vestido, Voy a cierta diligencia: anda, y ponme, Toribillo, el faco. . Maldito él sea. No sabes ya qué es mohíno? Ayer, de una coz, que divme, medio pernil me desfizu: mas voy. Ya estamos solos; decid, qué os han parecido mis hijas? y en cuanto a boda, qué disponéis? . Señor mío, yo nací dispuesto, y alto, fuerte, membrudo, y rollizos con que las disposiciones no deben hablar conmigo. Vos habéis de disponer, y poner. . Si no he sabido, que vos: . Sois un marrullero, y juzgáis que yo soy Chino, que había de enamorarme de la traza, y del focico de las niñas, y encajarme de balde, con dos trasticos de casa, y cuatro promesas, un casorio zambullido. No, amigo, en cuatro palabras todo este tratado cifro: Lo primero, los doblones, lo segundo, los realillos, lo tercero, las patacas, y los ochavos lo quinto. Quedaos suspenso, quedaos; pero tened entendido, que tengo por mucho macho al que casa por capricho; que lo que he dicho es el hecho, y está bien hecho lo dicho. . Qué esto oigo yo! Buenos días, señor Don Ordoño. . Amigo, brazos abiertos, caudal pronto rendimiento, fino, casa, hacienda, honor, y vida, todo está a vuestro servicio: cómo está misa Mencia? Buena ya para serviros. Con que en fin, misa Mencia es viuda? . No lo habéis visto en el traje? . Y quién fue, de misa Mencia, el marido? Don Sancho de Salazar, gran Ministro. . Gran Ministro! Y a misa Mencia, vos, tan moza, y de tan divino rostro, prendas tan cabales, no habéis de darla (es preciso) segundo empleo? Y misa Mencia, no ha de admitirlo? Qué dice misa Mencia? Fue lo que a su esposo quiso tanto, que nunca, o muy tarde, a otro empleo dará oídos. No obstante (aguardad que entorne esta puerta) yo os supido::- Qué prevención será está? . Que con vuestro bello jaicio::- Decid. . De mi parte::- Ya oigo. . La digáis, que::- Qué exquisito misterio! . Cómo que sale de vos, y yo no lo digo::- No me tengáis más suspenso. Que yo, y mis niñas decimos, que supuesto que esta tarde el que esté sola es preciso, a ver a misa Mencia bajaremos un poquito. Ya me iba a despeñar, más retrocedí el camino. Y para que nos hagáis merced, necesaria ha sido tanta prevención, y tanto rodeo? . Esto es preveniros de que para con nosotros no son menester cumplidos, agua, y azucar rosado basta. . Vos dais los arbitrios, y hacéis las galanterías? No es igual ese partido. . Don Ordoño es un buen hombre, pero el genio es exquisito. Dónde me llevas, tirano, cruel pensamiento mío, sin concederle al ahogo más aliento que el suspiro? pero quién es? Quién quisiera poder daros el alivio de queja tan bien sentida. Señor Don Felix, no ha sido mi pena de las que admiten por consuelos artificios. Artificios? . Quién lo duda? Pensáis que son mis oídos los de mi hermana? o queréis darme un empleo más digno de mejor entendimiento Que no erraréis el oficio es bien cierto, que aún por eso a vos propia os solicito para con vos, solamente que me respondáis os pido. Yo os vi, y os oí, mirad, habiendo un solo albedrío, cómo puede de dos riesgos defender a dos sentidos? Mi amor:: Qué es eso de amor? Leonor, (volcanes respiro!) Don Félix, (etnas aborto!) no estuvierais divertidos mejor en estar rezando, que en aquestos desvaríos? Leonor, qué haces con Don Felix? Ahora llegó, y me dijo::- Pues Don Félix, qué te quiere? Que a la belleza rendido::- Don Felix, pues cómo a solas con Leonor? . De tus divinos::- Tú, y Don Félix, por qué causa::- Aurelia, tú estás sin tino; vuelve en ti, y oye: qué es esto? Pues si tal infamia miro, si tal ultraje a esta casa, qué he de hacer? . Luego has creído que aquí hay algo malo, y yo lo encubro, y no te lo digo. Pues qué puede ser? . Lo propio que crees Don Felix vino solamente a enamorarme; muerto está por mí, y perdido: y ahora me estaba diciendo, que todo lo que te ha dicho es mentira, y que eres fea, y que él es de buen capricho, y no quiere rezadoras con caras de Capuchinos. Esto es lo que deseabas saber? pues ya lo has sabido. . Válgame el Santo que es hoy! qué es lo que me ha sucedido? Yo no sé qué he de decirla. Ya no puedo más, Tocino; pues está abierta la puerta, ver a Leonor solicito; pero Don Félix, y Aurelia están aquí, y no me han visto; no quiero hablarlos, espera. Con que vos sois tan indigno amante, tan descortés Caballero, que es preciso, que para que de Leonor os halléis favorecido, le digáis mal de otra dama, y dama de quien, si juicio tuviera, siendo su sangre, sintiera el no merecido desaire, bastando en ella oiros, para no oíros? Yo, señora::- . Oyes aquello? Son las hembras de este siglo lindas alhajas. . No creo, sino es que haya pretendido burlaros, porque::- . Tened; vos os disculpáis tan tibio, que de la misma defensa se califica el desito. Negar que vos, y Leonor os queréis, es desvarío, pues lo acabo de escuchar. Mucho apriata este testigo. otros celos me tenían mis desgracias prevenidos? Y así, pues no sé si diga, que aún estaba en los principios una atención mal nacida de un fingimiento bien quisto: no costará el enmendarla mas que castigarla; idos: No me oiréis una palabra? Si es concepto amante, y fino, guardadle para Leonor: idos, pues. . Cuando os irrito, no es cordura el porfiar. . Qué presto me ha obedecido! Aquí de mis sentimientos: No estuvierais, pecho mío, mejor en la ocupación de la virtud, y el retiro? Hy pasiones! ahora es fuerza castigar a los sentidos: mas para qué? pues si albergo esta inquietud que recibo, mientras durare el tormento, no es menester más martirio. Buenos estamos. . A casa te vuelve. . Dios sea contigo, qué bueno quedas! Amor, qué hemos de hacer? Albedrío, qué me dices? ahora faltas, cuando más te necesito: Dentro de mi entendimiento no andabas, muy discursivo, buscando a Leonor disculpas: Pues mira, en otro delito qué hará una sola defensa contra tantos enemigos: Que ella, y Don Felix se quieren! Si entraré? no: así diviso mi enemiga, mis lamentos lleguen antes a su oído: sepa que sé sus traiciones, sus engaños, y artificios, porque no ignore las causas con que de ella me retiro. Dice Idioni: Si en ti son aún las ansias atractivo, haz que suenen bien las quejas, que no harás corto prodigio. Oh tú, aleve enemiga! si este dolor, esta ansia, esta fatiga llegare donde estás, vago tormento, que tosigos esparce por el viento, escucha, no piadosa, sino injusta, cruel, y rigorosa, tu secreto patente, que me fuerza a morir, vago, y ausente, porque tu fiero engaño me precisa, mintiendo una clemencia. Espera, Luisa, no oyes a Carlos? . En cruel batalla cantando, habla consigo. Atiende, y calla. No más, no más oírte, no más verte. Mas ay! que la sentencia de mí muerte pronuncia mi quebranto, ya desde aquí no hay voz, y solo hay llan- Ay de mí! que fallezco a rigores, y no sé si es morirme de amores, o es del mal, que en mis celos sentí: (los, Ay de mí! Pero ay Dios! que en mis finos desve- ya es amor el morirse de celos, por la prenda que no merecí: Ay de mí! Con la mano en la mejilla suspenso está, no está lindo? no está airoso? . Calla, Luisa, que no está con sus caprichos, sino muy loco, y muy necio; y ahora has de ver, que le riño fuertemente. . No te creo. Qué bien siento, y qué mal finjo! Don Carlos, pues vos tan solo; Tan solo: nunca me he visto acompañado mejor. Por qué? . Porque del peligro de ser engañado, estoy seguro, estando conmigo. Muchos ay, que aún a si propios se engañan, Carlos. . Distingo: ese engaño es necedad; pero los otros, delito. Luego si alguien en alguna sina expresión ha mentido, y rendimiento, que es de otra, me le ofrece por dominio, este un delito comete. Yo solamente he venido, señora, a daros lección; no traigo el genio, ni el juicio para entrar en argumentos. Y aún esa, si queréis iros, podéis también excusarla, que lo que es en vos arbitrio, no es razón hacerlo fuerza. Sal quiere este picadillo. No soy hombre, que una cosa la empiezo, y no la prosigo. Ni yo mujer, que una acción, que no es voluntaria, admito. Menos la que fuere gusto de un supenor. . No he sabido qué es obedecer jamás. Es, que os habrán parecido mejor, que empleos distantes, los rendimientos vecinos. Ni vecinos, ni lejanos; si os valéis de tan indignos. equivocos mal fundados, pueden llamar el capricho de mi altivez. . Eso implica: porque sentado el principio de un voluntario: . Don Carlos, a tomar lección venimos, yo no tengo la cabeza para entrar en filogismos. Siempre excusa la cuestión el que se halla convencido. Embócate esta, y por otra vuelve mañana, querido. Esta es la lección de ayer, veamos hoy como la digo. Amor, yo no entiendo donde está tu halago, si todo eres gustos, y todo cuidados: fuego tuyo en tu aljaba, flechas, y arco. Con una idéa estupenda vengo buscando a Don Carlos. Déjame, que desde aquí la quiero escuchar un rato. Ahora no se ha dicho mal. No me atrevo a lisonjearos. Por qué? Porque ha muchos días, que no hacéis cosa en que agrado me deis, si no iras en todo, cóleras, y sobresaltos. Con qué canto mal? No por cierto, querida, que es un milagro; y en lo que dice no tiene razón el señor Don Carlos. Esto me faltaba ahora! La mujer dará un ahitazgo a un alma del Purgatorio. Dios sea en todo este barrio: Don Carlos, buscándoos vengo desde que os salí buscando. Don Laín? . Subí no ha nada por la escalera del patio a veros, porque os afirmo, que un punto sin vos no me hallo. Vine para concluir este concierto, a buscaros, que en cuanto al dote, está el suegro más rebelde que un guijarro. Y ya que aquesta ocasión logro, de estar este ingrato aquí, en lo mismo que cantas quiero que le digas algo, Leonor mía, de mis quejas, mis ansias, y mis cuidados. Yo temo enojarle más, si cara a cara le hablo; mejor te está a ti dolerte de los tormentos que paso: esto has de hacer por mi amor. Buena estoy yo para el caso! . hase visto igual intento? Don Carlos, yo soy un asno, como vos sabéis; y no es esto porque yo me alabo; sino es porque yo en las cosas que no tropiezo, no caigo. Creeréis, que hasta ahora no había caído, en que era del caso haber de estar de una de estas dos mozas enamorado, pues he de ser de una de ellas esposo de cal, y canto? pero como de estas flojas tenemos los Asturianos. Y así, pues vos entendéis de aquesto de viratacos, y en chiflando el gaznatico, le ponéis a uno más blando que un requesón, de mi parte la habéis de dar una mano a Leonor, que es la que quiero: Miento, que estoy reventando . por la viuda: Miren qué ojos! riome de los de un gato, que alumbran más entre leña Ya sois Plenipotenciario de mi amor lo que decís digo por boca de ganso. Quién puede tener paciencia para desatinos tantos! Si yo méritos tuviera con los dos, a suplicaros me atreviera, que cantéis alguna cosa entre ambos. Dice bien, entre los dos decidnos a solo un cuatro. Yo no sé nada. . Os afirmo, que no hay cosa que podamos cantar. . Yo cedo, aunque quede mi ruego tan desairado. Desairado vuestro ruego oí, señora, al ir entrando: Leonor, qué súplica es esta? o soberano mandato, de misa Doña Mencia, dijera mejor. . Mandarnos a mí, y a Don Carlos, que juntos cantemos aquí algo. Y en qué te detienes tú? ni siendo tan cortesano el señor Don Carlos, cual puede ser el embarazo: No saberle. Eso no, amigo, no se me da dado falso: y aquel de Olimpa, y Vireno, que es un Duo, que es un pasmo, y se hizo en aquella fiesta, que se dispuso a mis años: No adviertes, que ese es preciso cantarle representado: Ay tal hacerse chiquitos! e inventaron entre ambos más tonos, con letra, y todo; que quepan en diez almarios: háganme ustedes merced, que yo lo pido, o lo mando. Esto no tiene remedio. Ya lo veo, mas si canto te he de explicar el motivo de mi enojo. . Amante ingrato, yo a ti tu traición. Aprieta. Cuida de lo que te encargo. Ay, placida fuente! . Ay, céfiro manso! Narciso del bosque:- Tyorba del prado:- Cé, cé, quédito, no corras tanto, y dime del bien que causó mis fatigas, mas no me lo digas, que ya le he encontra- Bella Olimpa cruel. . (do. Vireno mío. Tuyo, tirana amiente tu albedrío, miente la antigua fe, que me ofreciste, solo dice verdades para un triste tu perpetua mudanza. Ese es dolor en ti, o es confianza? Confianza? . Sin duda, pues al tratado de otro empleo muda; ciega, y desesperada todo lo niego, y no he de admitirnada. Será porque otro amor introducido, que de nuevo ha venido a la selva, te mueve. Si fuera como tú, yo fuera aleve, traidora, y fementida. Di mucho de eso, y me darás la vida. Miré que soy constante, y tú un ingrato amante, que finges por tu engaño cautelas en mi fe; diré este mal de ti, más bien diré; Que en mí no cabe, injusto Vireno, venturoso, no hacerte a ti dichoso, si lo eres con mi gusto, pues te amo, y te amaré: Diré que soy constante, Veis si os acordáis? . Amiga, el tono es muy para el caso, parece escrito al asunto de mi suceso con Carlos. Yo me alegro. . Qué tal sueña: Oh, señor! es un milagro. Los versos no me parece, que son los que se cantaron esotra vez. . Pues sin tiempo, como era fácil mudarlos: Don Carlos, o Don Demonio::- Qué dices? . Estáis borracho Por qué? . Porque ya que son los dos sujetos, debajo de cuyo nombre cantáis, para poder explicaros, Don Veneno, y Ropa limpia, por qué no entretejéis algo del dote: mas no apretéis en la ropa, con los diablos. No haré. . Lo que yo deseo son tálegos, y no trastos; lo de veneno, eso sí: decid que me atosigaron por venir, y que mi suegro hace la rosca del galgo, y sin la mosca, y la moza está el novio endemoniado. No hay más? Claro está que hay más: (fuera vaya, conclúyale el paso. Ay dulce Olimpa, qué dichoso tu Vireno, si hallara, que esa firmeza rara en simulacro femenil cupiera! (mera, Yo no he de complacer a una qui- (sura. que se pasa a locura. Tente, no se me esconda tu hermo- otra habrá en este prado, donde estará tu amor bien empleado. Como de ti dependa, tu gusto es ara, y mi pasión ofrenda. (seo. Pues créeme, y te creo. Lo que en ti es voluntad, en mi de- Y no haya más iras, bello idolo mío: por qué te retiras de un ciego albedrío, de quién triunfarás: no, no, no haya más. Tu esclavo ser quiero, pues glorias te labra tu firme palabra, que adoro, y venero: ya vivo, ya espero me perdonarás. Y no haya más iras . Pues júrame, Vireno:- Lo que quisieres juro. Que ha de vivir tu corazón sereno. Como tu corazón reserves puro. No admitiré otros lazos. (zos. Pues por fianza he de tomar tus bra- Vibra, rompe las flechas, niño vendado, pues que ya ha cesado la tempestad. Porque deshechas:- Porque triunfantes::- (gos: Firmen amantes::- Sin los estragos:- . En los ala- La suavidad. Vibra, rompe las flechas, Bien lo han hecho; pero eso de abrázarse es excusado. El maldito del Veneno se tira como un alano. Es muy sobrada expresión. No es tal, que la pide el paso. Habiéndoos obedecido, más satisfecho me aparto:- De qué? . De tantas venturas, como en este caso gano. Creo, que conmigo va de mejor rostro Don Carlos: a ti te lo debo, amiga; a Dios, y vivas mil años. Luisa, esta mujer me mata. s Un plomo es. Digo, tratamos de aquello? . De qué? Del dote. Venid conmigo al despacho: A Inés bajaré a buscar presto, para aquel asalto. Vamos, suegro miserable. Venid, yerno mentecato. . Esta tarde las aguarda, y hasta las cinco se está arriba. . Allí viene ya. Félij, el Mercader tarda. Por cintas preguntarás, que has de dar a tus visitas, guantes, peines, y alajitas: Entra, y todo lo verás. Por mí, o es por amor de Leonor? . Mucho me apuras; mas si rinden hermosuras:- Qué? . Muy hermosa es Leonor. Acabaramos. Entremos. Si vendrá Tocino, para regalarle con los dulces que me han de tocar? Muchacha. Quién es? Yo, no me conoces? Estos doblones apara, y aquesta noche la puerta, que mi cuarto desembarca, y la de la calle, queden en falso. . Ya entiendo, marcha. Adiós. El vejete está reventando por mi ama. Ya es la hora de que bajen. Te parece que algo falta: No. . Pues vuelvo luego. . Hola, Martinez: qué hará: Descansa durmiendo la siesta. . Siesta? y son ya las siete dadas: Martinez. Señora mía. Pues sin golilla, ni capa delante de mí a estas horas: Cómo hace calor, estaba desahogándome un poquito. Vaya muy en hora mala, y no se ponga en su vida sin la golilla, y sin capa. delante de mí. . La fiesta, es hora tan excusada::- Aunque sea a media noche. Está bien. Vistale, vaya. . Doña Leonor, mi señora, me envía a ver qué me mandas. Hija, que esta tarde ayudes a servir a mi criada el agasajo: llamaron; Ellas son. Ay Virgen daca las manillas, las fortijas, el lazo, las arracadas. No te apresures. . Jesús, qué flema! Es por aquí? . Aparta: Por aquí es por donde habéis de entrar honrando mi casa. Leonor, parece Oratorio, no ves qué limpia, y aseada? Muy rica, y muy bien dispuesta; qué cosa tan chabacana! Un asco está hecha. Venid. . Guiad vos. La empresa es ardua: no puede ser. . Yo obedezco. No andemos en pataratas. Hija mía? . Amiga mía; Qué tales son tus dos amas; Dos demonios: y la tuya? La mía es una Tarasca. Inés. Ya empieza el chillido. Dias de visita matan: . qué era eso? . Que si viniese Don Carlos, con la guitarra bajase. . Ay qué prevenir: Jícaras, barros, y salvas. Pues vamos. Mire vustey non lle den una pancada por su atrevimiento. . Solo está todo, vete a casa, . que ya que hallé esta ocasión, pues el amor me sonsaca, he de quedarme escondido a hacer una Tarquinada con esta viuda maldita, que me inclina, que me rabia, Ay, si yo pudiese a solas, para persuadirla, hablarla! Pero aquí hay una alacena, en ella me zampo, hasta que consiga mi intención. Las luces ahora se sacan? Sí, que ya es noche; Martinez, menee esa garrafa. Eso también? ello sirvo de Pericón, y Pendanga. Dónde me he metido yo? Virgen, y qué cerca me hablan! Ya que se echó la bebida, deja en la mesa una salva, y trae los bizcochos, que esta yo la llevaré. A alcanzarla estoy a la puerta. Hola, parece que me agasajan sin pedirlo: esto tan solo? y aquí hay bella cuchipanda; los bizcochos están tiernos, . como natillas se maman: este es vino de canela, . y aquesta parece agua de jabón: es un prodigio: mas ay, que vuelven. . Despacha la otra salva, que está llena. De qué? que no tiene nada. Yo eché la bebida. . Ah perro, desvergonzado, canalla, que él se lo ha bebido. . Yo? Sí. . Maldita sea mi alma si llegué:- . Eche más. Qué es eche, si está a oscuras la garrasa? . Ah pícaro, golosazo! que por él se hace una falta como esta. . Calle la loca. Yo se lo diré a mi ama. Diré yo que miente. Vamos, entre lo que hubiere. , Abanza, que allí está un cesto de dulces. Quién anda aí? Quién no anda. Zape al. . Zape acullá. El agua apriesa. . Bestiaza, también añascó los dulces? Qué dulces, descomulgada? Déjate tú estar. Con vos me avisaron que bajara, y así seguidme. Guiad. En un instante lo hagan chocólate. . Chocólate? albricias, media naranja. Deja el un chocolatero en la mesa, si te bajas al suelo a batir el otro. Así habrá más abundancia. Cayose en la mecerina. Adónde podré vaciarla? En esta alacena. . Espera, que me has quemado la cara. Han tomado el agasajo? Ya concluyen. . Pues despacha. A todo me he resistido; pero a tinta de Caracas perdone el mundo. No quiere. Jesucristo, que me matan! Qué ha sido esto? Algún demonio, que en este aposento anda. Alumbrenos, y no mienta. Voy saliendo de la jaula. Voy entrando a ver si Luisa, como ofreció, me regala. Por pillar esta viudilla, al subirse mis muchachas, fingiendo tener que hacer una cosa de importancia, para quedarme escondido, me he salido a esta antesala. Ruido siento; este es bufete con cubierta. Esta es mampara. Aquí me zampo en espera; . aquí atisvaré la caza. Dejo la luz, que después alumbrarán las criadas, que las once de la noche son, y me voy a la cama. . Temblando estoy! Largor cuento: rabiando estoy porque salgan. Inés. . . Señora. Esas luces tome, ya que tan tasadas son las dichas. . Hija mía, no es razón quedes cansada. No es premio a tantos regalos. Qué burla tan cortesana! a Diós. . Adiós. Hasta arriba he de ir. No, cierto. . Empeñada está mi atención. Don Carlos. . Qué queréis? Una palabra: si vuestra queja no es más, que el haber a cuchilladas reñido con aquel hombre aquella noche pasada a mi reja::- . Oigan, que Carlos fue quien me mató la caspa? También anda mi Carlillos tras la viuda? . Averiguada quien fue la persona, ofrezco la satisfacción. . No alcanza ninguna. . Por qué? No es hora de conversación tan larga. . Viose igual ingratitud? Está muy bien empleada. Don Laín? Doña Mencia? Qué hacéis aquí? Averiguarla sus enredos a la puerca, coahina, que se deshala por mocitos pisaberdes. Sin duda que el juicio os falta. Cero, y van dos a la viuda. Triste de mí, si me hallan en la gazapera! . Yo::- Callad, que Don Felix baja: idos. Qué es irme? alacena me fecit de aquí a mañana. Vive Dios, que aquí se acerca; pero yo con una traza he de espantarle, guan, guan . Maldita sea tu alma; qué perrazo, o qué demonio me ha entrado a ocupar mi plaza? El alano del vecino es este, cómo no le atan? Guan, guan. Calla chucho, ha chucho; cual gruñe! no reventaras! Guan, guan. Sal aquí, maldito: No llego, que si me agarra de una pierna, adios Lain; en esta pieza immediata una escalera descubro, por ella me enboco. . Aún anda por aquí: Guan, guan. Un perro me pareció que sonaba: Inés. . Señor. De la calle se ha entrado algún perro en casa, búscale, y échale. Aquí Martinez pone su estaca. Zapato. Perro a estas horas, por dónde queréis que entrara? Si no es que esté aquí. Yo soy, Inés de mi vida, calla. Tápate. . Por ti:: . No chistes. Encontrástele? . No hay nada. Si acaso está aquí? Aquí yace un perro, que por vos ladra, y de dos celos está mascullando las zarazas. Qué haces aquí, Don Ordoño? Viose mayor mogiganga! Escondime por hablaros, y vi las tracamundanas con Don Carlos, y aún Laín. Ladrones, ladrones. Calla, mujer, que yo soy. Ladrones. Qué es esto? El Cristo me valga de San Ginés! Yo Don Felij::- . No respondes? Yo bajaba::- Ladrones. Mas ya hallé excusa: esas voces lo declaran, yo estaba arriba, y oí muy cerca de mi pisadas, vi un hombre, bajé a valerme de: cuando:- . Las voces alza: infeliz de mí! Martinez, Pedro, Juan. Qué es lo que mandas? Jesús, qué rara visión! Pues cómo indecencia tanta? Señor, mi ama me mandó, que sin golilla, y espada no viniese a su presencia. No hay quien a una mujer valga! En nada nos detengamos. Que haya bajado sin armas! Venid, nos encerraremos. Sin pulsos voy de asustada. Ahora es ocasión que un perro procure escapar a gatas. . Ladrones. Hacia la puerta. Tira, que huyen. Que se escapan. Señores, qué culpa tengo yo de hacer lo que me mandan, si dijo que no viniese sin mi golilla, y espada? JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
Mal haya el alma, y la vida, que a galantear me metió. En suma, qué sucedió? Viendo mi intención perdida, me emboqué en una escalera, que iba al cuarto principal, (nunca hubiera yo hecho tal) que alboroté de manera con la cara, y los tiznones, que el chocólate me puso, que todo el tropel confuso empezó a decir: Ladrones. Disparáronse vecinos, y criados con puñales, con espadas, y varales, y entre tantos asesinos llegaron, y aseguradas las manos, me conocieron; pero antes que ellos, cayeron sobre mí tantas patadas, que hecho un mísero despojo, saqué roto el espinazo, tuerto este derecho brazo, y desconcertado este ojo. Y Don Ordoño, en tan fiera acción, qué dijo? . Me alegro. Pero si es mi medio suegro, qué queríáis que dijeras Mas no es esto lo peor. Pues qué es lo que os desagrada: Que aquella viuda endiablada se muere por vos de amor. Esa, yo os la dejaré. De verás? . De corazón. Pues hacedme una cesión, en manera que haga fe, que ya no ay Leonor que cuadre, ni de Aurelia hay que tratar. Pues no os habéis de casar: Si dan veneno a su padre. Tan mal le queréis? . Es un vejezuelo mequetrefe, y yo le diré bien presto quien yo soy. Cómo? . A cachetes: vive Cristo! yo ladrón: Ahí te buscan dos mujeres muy tapadas. . Sabéis bien que es a mí: Sí. . Pues di que entren. El onceno, no estorbar: Señor mío, usted se quede con Dios, que por la otra puerta me voy. . Pues sea quien fuere, qué estorbáis vos? Yo me entiendo, y no estoy para meterme, después de ladrón, adonde me emplumen por alcahuete. . Quién será quien a mi casa viene a buscarme? Quién viene huyendo de una curiosa grosería impertinente Leonor? . A buscarte, Carlos, salí, para que supieses como mi padre:: mas esto tiempo habrá en que te lo cuente. Llegué a tu calle, y en esa esquina encontré a Don Felix, y encarándose al pasar, como que reconocerme quería, aceleró el paso: yo, antes que igualar pudiese conmigo me entré hasta aquí, no dudo que tras mí viene; mira:- . No hay en qué pararse, siendo así lo que refieres: salte por aquella puerta, que a dar a otra calle viene, mientras al recibimiento me adelanto a detenerle. . Una vez que nos echamos a la calle, el diablo quiere, que todo el mundo nos vea. Si tú no me persuadieses, que salieramos:: . Señora, si de cuidado te mueres por saber él::- . Dejemos eso, y sígueme. s. No es este cuarto el del señor Don Carlos: Niñas, son mudas ustedes; Buen encuentro al primer paso! Inés, estoy por volverme. No nos vamos? . Era fácil, viendo que dentro se quedan del cuarto de este alevoso dos tapadas, que parecen mujeres más que ordinarias en la traza? . Aquestas siempre traen lo mejor. Yo he de verlas, salga por donde saliere. Pues aquí hay un aposento, en él puedes esconderte. . Oh nunca, Inés mía, viniera a ver la ofensa patente de tan claro desengaño! Los hombres son de una especie todos. . Y el peor Don Carlos. Mal fuego de Dios los tueste. Que no advirtíese en decirla, . que un instante se escondiese a Leonor! pero aquí está: de bien hiciste en no haberte ido, mi bien! que ya estamos sin ningún inconveniente. Bien te puedes descubrir: Pero qué es esto? enmudeces? es enojo, dueño mío? en qué he podido ofenderte? Si acaso Doña Mencia, desde el fingido accidente, que sabes, te ha dicho alguna mentira, en cuanto a que fuese mas el haberla querido, que una diversión alegre, vive Dios, que te ha engañado. Hay hombre más insolente! . Que ya, desde que te vi, en tal grado la aborrece mi pecho, que solo en verla juzgo que miro mi muerte. Vivas mil años, Don Carlos, que ya con tan evidente desengaño: . Santos Cielos, qué es esto que me sucede! Trataré de no inquirir cual fue el motivo de haberme olvidado, y si es, o no aquel lance, que os moviese de reja, y de cuchilladas. Mencia, sí, cuando, siempre::- Ahora hace la del turbado: mal haya quien no le muele. Déjame entreabrir la puerta, veré en lo que se detiene Don Carlos tanto. . No está muy mal divertido. . Atiende. Es posible, que has creído, que yo no te conociese al instante, y que por burla te llegué a hablar de esta suerte? (forzoso es disimular) No me conoces? pues crees, que haya hombre, que de veras hable así de las mujeres? No sé, pero para burla, no es muy mal antecedente haber yo por esa puerta entrado, y ver que saliesen dos tapadas. . Y las viste las caras? . Jesús mil veces! no te asustes, que no pude. Viose más extraño trueque! . Leonor se fue, y al salir debió de entrar Hay más fuerte desgracia! Doña Mencia? Ah falso! ah tirano! ah aleve! Ah pícaro mentiroso dirás, y viuda verde! No la culpes, que nos culpas. Lo que has visto no te debe disgustar, que Don Laín, este Asturiano mi huésped, ha dado en tener visitas, y no dudaré que fuesen algunas mujeres ruines, de aquellas que él buscar suele. Luisa, no ves cual nos pone? Así le honren sus parientes. Y así (pues está Leonor . donde escucharme no puede, fuerza es fingir con Mencia, y asegurarla) no pienses, amada enemiga mía, que este acaso ha de valerte, disculpando tus traiciones, con quien te quiso, y te quiere, Ay Don Carlos, como es facil::- Señora, pues tú le crees? Que yo viva persuadida a que una centella ardiente del pasado amor, hoguera, que en otras aras se enciende::- No me nombres eso, (perdona adorada ausente) . que para que reconozcas, que tú sola el dueño eres de mis penas, y mis glorias, de mis males, y mis bienes::- Luisa, no puedo sufrirlo, yo salgo. . Que así te arriesgues! quieres que a padre lo diga? Y querrá ella que lo cuente a su hermano? a bien que estamos obligadas igualmente. Está tan lejos Leon de que yo la considere, de que su amor solicite, de que yo en su casa entre::- Como cerca de escuchar las atenciones que hoy debe. Cayose la casa acuestas. Acá está toda la gente. Leonor, pues vienes, pues vas:- Tú eres quien ni vas, ni vienes. Habrá hombre más infeliz! . Leonor, pues tan indecente acción vos? una doncella, que padre tan noble tiene, en casa de un hombre? . Mencia, pues una viuda se atreve a esta indignidad, teniendo un hermano que la cele? En mi fue casualidad. Pues en mí ha sido accidente. Si Don Ordono os hallase! Si Don Felix lo supiese! Decís bien: sígueme, Inés. Bien advertís: Luisa, vente. Mencia? Leonor? s. Don Carlos? Ay Jesús! mi padre es este. . No es fácil me detengáis, Don Carlos. . Cielos, valedme, que este es mi hermano. . Llegó el mal hasta donde puede: amparaos de mí. . . Ay qué susto! Pues Don Ordono, y Don Félix, qué mandáis? . Viven los Cielos, . que al taparse, me parece, que vi de Doña Mencia la cara. . Si no mienten . mis sospechas, de Leonor, al ir el manto a esconderle, imagino que vi el rostro. Qué suspensión os detiene? A mi ninguna, pues ha rato que estoy desde enfrente aguardando, de una duda a salir, y no hay que espere, pues en vos consiste. . A mí otro estímulo me mueve, y vos lo habéis de aclarar. De qué forma? . Con traerme conmigo yo aquella dama. Con que aquella dama quede en su casa acompañada de mí. . Mi fatiga crece. Sin mí estoy, Cielos Divinos! No os espante el suspenderme, oír, que haya quien proponga acción de tan vil especie, Señor Don Ordoño, amigo vuestro soy; señor Don Félix, yo no soy vuestro enemigo; pero el que juzgue, el que piense lograr su intento en mi agravio, pase por donde pudiere. . Así lo haré. . Vive Cristo, que todos somos valientes. Fuerte lance! . Raro aprieto! . Tened, qué alboroto es este? Don Carlos os lo dirá. Que estos Caballeros vienen a reconocer mi casa. Y quien en eso los mete a los muy desvergonzados? Mirad::- . Vaya el mequetrese: y el vejetillo, no sabe que tengo ofrecido hacerle, por la pasada, un ojal en la mollera, de a geme? Don Carlos, vayan abajo: con mi amigo zarambeques? Oíd, atended::- . Ah Toribillo? ha Tocino, dadle a ese, que a estotro, basta ser suegro, para que yo le despierne. Viva la honra lacayuna. Yon con mi amu diré siempre a desatentos cuchinos: Con mi amigo zarambeques? Ah villanos, que sois muchos. Tú eres el villano, y mientes. Hay mayor bruto! . Don Lain: no hay forma de detenerle. Ahora veréis el ladrón como os machuca las liendres. Leonor, por aquella puerta. Ya sé la que es, quita, aleve. . A aquella puerta, Mencia. Traidor, guía a la que quieres. . Luisa, Inés::- Vaya de ahí, que es un enreda mujeres. Ya puestas en salvo, es fuerza baje, y la pendencia medie: Cielos, en qué pararán confusiones tan crueles? Tirana suerte de infeliz destino, que sin norte sin senda, ni camino guías mi juicio errante, como la incierta luz al caminante, dónde vas? A que no entre este tormento en los espacios de mi entendimiento, turbando mi retiro, pues es vana tu empresa: mas, que miro! A desnudarte, Luisa. Anda, quítate el manto, aprisa, aprisa. Qué traes, Leonor? qué es esto que te afa- Toma este manto, hermana, (na? toma aquesta basquina, que ya vuelvo por ella. (lo. . Espera, niña. Busca en ella mi caja, y mi pañue- Alcánzolas ma prisa, vive el Cielo. A la calle salimos, y de conformidad nos dividimos; adelánteme yo con veloz paso, a ver si hallaba la tapada acaso, que hacia a casa venía, y entró acá; mas no al cuarto de Mencia, sino al mío, y ya (ah pesares!) creo si alguna de mis hijas: mas qué veo! No vuelve por estos trastos, yo los voy a entrar. Espera, vive Dios, que la basquiña que vi a la tapada es esta: Has salido tú de casa hoy? . Señor, a la Iglesia. A la Iglesia? no si no es donde tu linaje afrentas; de dónde vienes? . Señor, no lo he dicho ya? Esas señas, con que te cojo en las manos, es imposible que mientan. Dime, a qué fuiste a la casa de Don Carlos? Santa Eugenia, San Anacleto, San Juan de Porta Latina, sean conmigo: Jesus mil veces! No seas pataratera, responde. Yo en casa de nadie, y más a tal indecencia! yo en casa de un hombre mozo! Para que, aleve, lo niegas, si te vi allá dentro, y luego que se acabó la refriega, me adelanté a todo paso, para ver si en casa entras? Y después de verte entrar, sin que ni aún lugar tuvieras de quitarte esa basquiña, y ese manto, (bien lo muestra hallártelos en las manos) di con toda la evidencia que deseaba? Señor, cosas extrañas me cuentas. Pues más extrañas serán, infame, hipócrita, perra, cuando a más iras acabes. Hacer un martir intentas, sin culpa; pero mi vida en tus manos se encomienda, padezca yo por mi hermana. Cómo por tu hermana? Es que ella fue la que ahora entró turbada con Luisa, y las dos tan muertas, que aún no podrán respirar; la una se entró con gran priesa a desnudar; y la otra dejó en mi mano estas prendas. Esta es, señor, la verdad. Mira qué dices, no mientas. Búscalas, verás qué tristes, y turbadas las encuentras. Bueno estuviera el logro que amor anhela, si no hubiera osadía, donde hay finezas. Qué turbadas, y qué tristes. están! no lo oyes, Aurela? Pues ellas fueron. No ves, que son dos semicorcheas? Qué importa, para que tú no te adelantes? Pues, bestia, no es fuerza, si el bajo dice: Ut, mí, sol, que yo dijera: Fa, sol, la? Leonor. Señor. Qué haces? La mañana entera gastar sin provecho. Cómo? Cantando, sin ley, ni rienda, porque no hay quien acompañe. Con que no has salido fuera? Yo, a qué? Si antes deseara, según mi genio embelesa la música, que por solo cantar un año tuviera cada mañana, y aún no me cansara la taréa. Válgame Dios, y qué enredo! con que tú ahora no entras con Luisa, toda turbada, y en mis propias manos dejas esta basquiña, esté manto? Sí, que tú eres mi doncella. A ti te había de mandar me desnudases, Aurelia? No estaba yo aquí, señora? Digo, no es mala la fresca. No tuvo lugar de haber desnudadose, aunque fuera demonio. Ahora digo, que negarás que el Sol calienta. Y tú, que la nieve enfría, pues has salido, y lo niegas, yeres la que entró turbada hasta aquí, donde con medias palabras (de la fatiga de tu pecho ciaras muestras) me dijiste: Hermana, Padre, Carlos, Felix, y pendencia; a que no entendí, por irme donde mi estudio me espera, mientras tú te desnudabas. Que esta traición se consienta! Leonor, qué dices? Repara, que eso es contra tu conciencia. Y es en favor de la tuya querer (no hay que hacerme señas) levantarme un testimonio? Luisa, ves aquello? Deja de decirnos que callemos, que hablar la verdad es fuerza. Ah infames! que estáis las dos para las máquinas vuestras unidas. Porque tú a todas nos recatas tus ideas: No eres tú la gazmoñita? Basta, que yo de este juicio fulminaré la sentencia. Tú no me dices, Leonor, que hoy no has salido? Es tan cierta esa verdad::- No te he hallado yo a ti recogiendo velas de manto, y basquiña? . Yo? No hay que decir, las sospechas contra ti, Aurelia, resultan, y es fuerza poner enmienda. En lo que la hemos metido a la pobre! Ya me pesa de verla mortificar. Tú::- Mas va que la encierra. . Te has de casar con Don Carlos, que basta que hayas tus huellas puesto en su casa: no tienes que ponerte tan suspensa. Ay, Luisa! qué es lo que escucho? Volviose hacia ti la flecha. Tú, Leonor, porque deseo que la venturosa seas, entre Don Laín, y Don Felix, escoge al que te parezca; y porque en casos como estos no hay logro, si no hay cautela, si Don Carlos, Don Laín, y Don Felix, en mi ausencia vinieren, lo que os ordeno es disimular contentas, y con buen rostro: a Don Carlos no has de hablar lo que no sea música; y de lo contrario, Leonor, me ha de dar Aurelia aviso, y yo a ti el castigo: y como tu hermana quiera hablar con los otros dos, tú has de ser su centinela. Pero no es menester tanta prevención, presto la vuelta daré a poner en mi honra el remedio que convenga. . No tengo otra acción, ingrata hermana, enemiga fiera, de vengar el testimonio que contra mi honor inventas, que ser yo contra tu amor; no porque nada merezca Carlos en mi estimación, sino porque tú no tengas el gusto de que le cuentes las burlas con que me afrentas. Continua espía he de ser de tus acciones perpetua atalaya de tus pasos; ni una palabra siquiera has de hablarle. A bien que yo puedo en la propia moneda desquitarme. Yo te doy, como halles en qué, licencia de que a mi padre me acuses; aunque si tanto te precias de mentir no importa no haya causa para suponerla. Mal nos salió este embeleco; mejor mil veces nos fuera que supiese que eras tú. Para qué? Para que ciega su ira, te diese el castigo en Don Carlos, que deseas. Luisa, confieso que en Carlos no hay más caudal, que nobleza, que es pobre, y que es despreciado. Pues si todo eso confiesas, no extrañarás las desdichas a que le induce su estrella, siendo, bellísimo dueño, la mayor de todas ellas tenerte ofendida a ti; pero siendo tan perfecta, que nada te falta, cómo puede faltarte clemencia? Pues con tan poco temor, Carlos, mi casa penetras? Vi abierta la puerta, y aunque cerrada se considera la de tu oído:- Advertid, que ya os ha visto Aurelia. Pues no puedes proseguir, sino es que cantando sea. Por qué? Porque de esa forma solo se te da licencia. La causa? No la preguntes, y atiende::- A qué? A mi respuesta. Solo esta vez me ha servido de algo habilidad tan necia, que ha de hacerse el gusto de otros, o quiera el dueño, o no quiera. Celosa Tortolilla, que de tu biente quejas, dime: Desde que falto, qué ha habido en los espacios de la selva? Que aquel violento influjo, que mi vida alimenta, quiere darme otro esposo, y yo, aunque ingratas, amo otras finezas. Pues si ese es el motivo:- (las, Pues si la causa es esa::- 2. De los tiernos cromáticos que exha- con gran razón (oh Tórtola!) te quejas. Pues en premio, bien mío, de que resistas un poder tirano, delante de quien causa tu desvío, te he de satisfacer de un temor vano. Si tal hicieres, lograrás la mano de tu amada Pastora, pues ya verás, que sola a ti te adora mi corazón atento: pues qué fue lo que he visto? Un fingimiento. Pues no temo la batalla:- Ni a mí el susto me avasalla:- De un combate superior, si canta victoria Amor. No me engañes, pues te creo. Tu beldad logró el trofeo. Mucho explica:- Poco yerra::- 2. Quién llama dulce una guerra, que afirma una paz mejor. No dice, si yo penetro metaforas de Poetas, que delante de Mencia te ha de dejar satisfecha? Sí. . Pues manos a la obra; no aguardes que el viejo venga armado de boda en ristre: advierte, que el tiempo estrecha. Ah de casa. Tome usted, si tardó la moledera. Yo no quiero que se vaya Carlos. . Pues en esa pieza, mientras voy, y a nuestra espía la embobo con una arenga, no puede entrarse? . Bien dices; Carlos? Mi dueño, qué intentas? Que veas cuanto me debes, pues el término se acerca. De qué? De que como tú satisfagas mis sospechas, duizuras pague a dulzuras, y armonías a finezas. Éntrate en ese aposento, y así que oigas::- La podenca de la criada me oye? abre aquí, o rompo estas puertas. Así que oigas que imperiosa mi voz, algo desde afuera te pregunta, dulcemente responde, cantando, a ella. Conforme me preguntares corresponderé, Ay tal flema! Esta casa, que ha de ser mía, ha de ser de algún bestia? que llama un medio marido, y están durmiendo las puercas? Esú, a quien ronca, roncalle, non quieren roncas, non duerman. Pues cómo entráis vos así donde yo estoy? Calle ella, mi casi mujer. Qué es esto? No chiste mi mujer media, que esto es irlas enseñando para cuando me merezcan. Había yo de consentir, que mi mujer no me fuera a buscar todas las noches con zapatos, y linterna, donde estaba conversando, aunque estuviera una legua? Vive Cristo, que al mal uso de Madrid, entrambas piernas le he de cortar, que aquí son las mujeres las que huelgan, y el que trabaja el marido. En Asturias va a derechas, la mujer en el trabajo, y el marido en la Taberna. Esu es, mujeres, y burras slu propio son en mi tierra. Qué descortés! Qué indiscreto! Chito, no me desvanezcan: ha criada. . Qué es criada? No me responde? ha sirvienta. A mí no se me habla así. Pues, sobre tu alma: ha doncella; baja, y a Doña Mencia dila, que al instante ascienda, que aquí delante de todos tengo de hacer la protesta. a mi suegro, que no son para sufrirse materias. tan sutiles, porque pueden parar en una apostema; y mientras sube Leonor, ráscame tú la cabeza: tú, Aurelia, ve a la cocina, y disponme la merienda. Que eráis necio desde el punto. que os vi, lo noté, Tontuela, harto más necia eres tú, pues vives, sin mí, y sosiegas. Mas no creí, que llegase tanto, vuestra grosería, ruin, indecente, intratable bestialidad. . Pasión ciega de amor; mas ni aún con todo eso. habéis de asir la preenda: Vos, Aurelia::- . Qué decís? Que me parecéis muy tiesa, y yo os quiero para esposa, no para poste de Iglesia. Pues yo a vos, ni aún para sombra. Es porque el cuerpo deseya? Si no mirara::- Aquí a solas veréis como todo queda. dispuesto: Mas, Don Laín? Don Suegro requien aternam, huélgome que con Don Felix vengáis, y estas damiselas estén aquí, porqué os traigo que encajar una receta, a que ayuda Toribillo, que es discreto. Échala fuera, que ya verán llas jacones si saben llas espardeñas. Ah de ser a solas? . Nones, no es solo, que es a cuarenta. Pues, decid. Oyes, alarbe, en viendo que aflojo, aprieta: Señor suegro, entre los dos su llamada, y mi venida, esto ha sido por su vida. Mijor muerte lle dé Dios. Tras una boda mezquina, me hizo venir como un caco sobre los lomos de un faco, Famoso para cecina. En el empeño me enjaula, y quiere enbocarme entero. un bodorrió, sin dinero. Doite al demonio, que es maula. Cuando hablo en casarme, amarra, para que me descogote, y lo que espero es el dote. Verde está, dijo la Zorra. Yo he gastado con ahinco, y vuestra bolsa se estanca, y hoy por hoy estoy sin blanca. Cómo máis de veinticinco. Mujer quiero con caudal, que hermosa, de gran viveza, en la Corte, y con pobreza:- Esunón, que huele mal. Y así venga, en conclusión, lo que por vos he gastado, y mi dinero cobrado::- Echete mi bendición. Que sin enfado, ni riña me volveré a mi Lugar, pues allí para casar::- Non falta una Marusiña. Esta es la arenga, usted ahora dé la respuesta. . Y sucinta. A un tan gran necio, que pone su conato en su codicia, pues por interés las quiere, no le vendo yo a mis hijas: y agradeced, que tan torpe proposición, tan inicua, por conocer vuestra falta, se escucha, y no se castiga. A tan grande desvergüenza (sal aquí, mi hiende esquinas) no hay otra respuesta; digo, Leonor, acá, Aurelia, Luisa, detrás de mí. . Pues qué intentas? Qué intento? estas tres son mías. Mi señora::- . Esta también. Yo vengo a buscarte, amiga, con ánimo::- También esta; así estuvieran tres días viniendo, como de todas me he de apoderar; y vistas, elegir la que quisiere; veamos como me las quitan. Vive el Cielo, que a una acción tan villanamente indigna:- Tened la espada, Don Felix, que esto no ha de ser porfía, sino es razón, y para eso obrará a tiempo la ira. Qué es obrar? gasten ustedes frases de Caballeria, que a buena cuenta, soy gallo de esta parba de gallinas. Voces escucho; esta puerta, para oír quien las motiva, quiero entreabrir. . Lo primero, Don Felix, una noticia habéis de tener: Ya ha tiempo, que adoro con fe rendida la soberana belleza de vuestra hermana Mencia; en lo que me habéis hablado pronto estoy, como la misma fineza ordena, logrando mi fe lo que solicita. Doña Mencia? necuacuam, que ya tengo consentida mi idea, en que ha de parirle seis machos a mi familia. Don Ordoño, la respuesta de ella ha de ser, que no quita mi amor lo que le da el Cielo a hermana que tanto estima. Elia ha de elegir. . Ay Carlos si yo sé que tú me olvidas por otra, y sin ti no puedo vivir, en tanto que viva, cualquier sepulcro le basta a un amor, que ya es ceniza. Don Ordono, pues no tiene inconveniente el que diga lo que reserváis, no acepto. Eso sí, no aceptes, niña. Era fácil me trocase a mí por una estantigua? No acepto el ser vuestra esposa, tanto por lo que acreditan vuestra constancia, y cariño, como por el qué dirían de que a mi reja riñeseis con Don Carlos, cuya fina atención me festejaba; que esto, según me lo afirma Inés, fue causa que él mil desaires me repita. Y aunque porque la perdone, viendo cuan de veras pida perdón, nada me recate, diciendo, que su codicia le hizo fingir, Don Ordoño, los favores que os vendía, sin saberlo yo; no obstante, fuerza es borrar la malicia, y castigar a un ingrato, cuya infiel alevosía, desde este lance, ni me oye, ni me atiende, ni me mira. Qué más claro desengaño, que confesarlo ella misma? Con Don Ordono fue el lance: fortuna, quién lo diría? Con qué usted, señora viuda, se envieja, y se empergamina? pues vaya con mil demonios: a Dios, y va una. . Mencia hizo lo que deseaba yo: con que de vuestras hijas la hermosa Leonor::- . Qué es eso de Leonor? y mi venida? Pendiente estoy de su labio. Vuestra respuesta es la mía; ella ha de escoger: Leonor, llegó el caso de que elijas. Pues si llegó, y de ti propio escuché, señor, que había en Don Lain::- . Ah marraja de buen gusto! esta me pilla. Riqueza, sangre, y poder, para que abundantes sirvan a mi pompa, y vanidad; y en Don Felix bizarría, entendimiento, y bastante caudal, para que me asista, prendas entre cuyos logros la imaginación vacila; qué hay que esperar, si no es que haya cariño, que pueda unirlas, correspondencia, que enlace, y amor, que no las divida? Ese, por mí yo le ofrezco. Y yo enviaré a la botica por él, aunque no le gasto. Dónde, Leonor, ansias mías, va a parar? . Pero no siendo fácil, que gustosa viva, pues de los encantos propios de amor, es fuerza que elija, entre vanidad, riqueza, ingenio, y fausto, hay quien diga en cual de estos el amor sabe fundar sus delicias? De los Hechizos de Amor, la Música es el mayor. Pues si es el mayor él viva. Esta es la voz de Don Carlos. Infame, tú le escondias: vive el Cielo! . Señor, tente, pues si es mi esposo, y venía a darme lección, qué importa, que en favor de ambos repita::- De los Hechizos de Amor, la Música es el mayor. Don Felix, cosa es precisa que cedamos. Qué gran bien! otra se me escurría: adiós, y van dos. . Pues ya que no merecí esa dicha, a Aurelia, si me la dais, pagaré lo que me estima. Ya es vuestra. Adiós, y van tres. Acabaron mis fatigas. Con vos nada echaré menos. Señor, me das a Luisilla? Ya es tuya. Adiós, y van cuatro. Novios somos. Como hay viñas. Si merezco a Inés::- . Llevadla. Adiós, y van cinco: hay prisa mayor de irme despojando! Y ahora hecho yo un mojarrilla, con lo gastado gastado, y sin novia, a qué pocilga me iré a meter, . Alla terra a coidar de nosas viñas, y noso pan. . Dices bien, que para las engañifas de las bodas de hoy, mejor es la celibatería. Y pues de Hechizos de Amor, la Música es el mayor, por todos es bien que pida perdón nuestro rendimiento, dos, o tres palmaditas.
