Texto digital de De comedia no se trate, allá va ese disparate
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- José de Cañizares
- Atribución estilometría
- José de Cañizares Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Sevilla, Francisco de Leefdael, s.a.).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de De comedia no se trate, allá va ese disparate. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/de-comedia-no-se-trate-alla-va-ese-disparate.

DE COMEDIA NO SE TRATE, ALLÁ VA ESE DISPARATE
JORNADA PRIMERA
Harás, que por la ventana me arroje. . Detente, espera; mi bien, mi gloria, mi dueño. Ya no tengo más paciencia para sufrir tus engaños. Vced no haga que se pierda mi ama. . Calle, calandrajo del tapiz de una Taberna. Mas que haces, Enrique mío; que al esfuerzo, y la violencia de mi pesar me desmaye, y demos con todo en tierra? óyeme siquiera un rato. Pues dado de que yo quiera oírte decirme más, que lo que sé: o nunca ciega mi pasión, hubiese expuesto a tu traición mi firmeza Señor Don Enrique, quedo, que mujeres de mis prendas, que ya no soi criatura, pues aunque no llego a treinta, paso de veinte, y soy Viuda, que es de lo que más me pesa; pues perdí en mí Don Ambrosio galán, esposo, y hacienda, no se tratan de esa forma, de otro modo se respetan: y esas mecánicas frales de traición, y de cautela, son allá para otras faldas, no de tantas reverendas. Hace muy bien en ser vana, que sus padres buenos eran. Descomulgado potrilla, que siempre en todo se meta. Con que tengo de sufrir, ingrata, no solo ofensas del gusto, si no es también del honor? Pues el que sepas que en las cartas, que te escribe Don Gerónimo Retuerta, ese Estremeño, que necio en galantearte se emplea, con ansias por el correó, y amores por la estafeta, es preciso, que me culpe la mal premiada asistencia a tu casa, y a tu amor; en igual el de mi Andrea: Ay dulce dueño! perdona este rato, que en tu ausencia, para asegurar mis dichas, miento mal otras finezas: puede ser dable: . Suspende el impulso de tu lengua, que como eres tan discreto, mi Enrique; benditó seas, pones las sosisterias en términos de sentencias: si sabes, dueño adorado: Ay, que se hace una jalea Que Don Gerónimo tiene los derechos de la herencia de aquel vínculo, que a mí me dejó, sin ser parienta, mas qué de la afinidad, que el matrimonio conjela; Don Ambrosio; previniendo. el testamento, en aquella cláusula, que has visto ya, que después de que yo muera; entre Andrea, prima suya, que crié del de pequeña en casa, y madre me llama, a ser única heredera de novecientos ducados, que dan las casas de renta. Ya sabes, que por pariente, línea masculina, y recta, Don Geronimo, de aquel abuelo, que allá en Requena fundó el mayorazgo, hoy día litiga con harta fuerza la posesión, arguyendo, que Don Ambrosio no tenga facultad para dejarme lo que vinculado era; y entre si libre, o no libre, pudo. o no pudo hacer esta disposición, está a pique, si una vez el pleito llega a perderse, de quedarnos yo viuda, Andrea doncella, a pique de ir a pedir limosna de puerta en puerta. Pues queé xtrañas, dueso amado, ver, que mi cuidado acepta las cartas de ese, que no es posible, sin ser un bestia, que escriba tal, si es obsequio que solo tratarle espera con agasajo; porque hospedándole en las piezas del cuarto bajo; si viene, ocasién con eso tenga de ver a Andrea; y si acaso le gusta, que no es maleja, catándolos se asegure el riesgo que nos estrecha? Pues siendo todo esto así, como dices: . Cesa, cesa; callá, calla, que me matas con las disculpas que inventas. Ay. Andrea, a qué paraje llegó mi amor! ay estrella! De esta se ahorca el buen hombre, Luego tu hospedarle piensas, si Don Geronimo viene? Eso es preciso: y espera, que esta carta recibí ella me da cue es de haber ya de Medellín partido hacia acá. . Esas nuevas encubiertas me tenías? Pues si veo, que me atormentas. qué he de hacer? Eres de un genio, que mi señora te tiembla. Qué dices de esto, Tocino? Que ensució el mono la estera. Oye la carta. . Prosigue, y deme el Cielo paciencia. Señora, y contraria mía, en el pleito de la hacienda, yo he determinado ir a Toledo a la ligera, sobre una mula de un mozo, que viene sobre sus piernas: a honrar voy a usted, y probar del puchero, que se engerga con lo que es de ambos; supuesto que en duda, aunque usted posea, me tocará la verdara ya que el tocino se pierda. Sáplico a usted zama blanda, cuarto donde no entren hembras, que soy virtuoso, y no gusto andar arracá modestia. De esta deusted, a cinco y medio de Abril, meses, en la mesa, a las márgenes del caldo: Don Gerónimo Retuerta. Bien se descubre su genio en la carta: y la respuesta? Allá dentro está ya escrita, mi bien; y para que veas como escribo desprendida de afectos, iré por ella. Ay Mánuela! ya que se ha ido Doña Anastasia, pudieras ir avisar a Andreica que estoy aquí. No, Manuela, no vayas, que ya yo he estado escuchando las ternezas, que Enrique a Anastasia ha dicho, Qué brava gática muerta! Si sabes, amado objero de mis rendidas potencias, que para tener motivo de verte, en lo que te cela tu Madre, hemos hecho ajuste dé hacer que la galantea mi engaño, estando segura de esta verdad, qué te inquieta? Nada, que estar engerrada, no verte si no es por reja, si acaso pasas la calle; y si tal vez aquí entras, llevarte en conversación con mi Madre horas enteras, son circunstancias, que pueden tenerme muy satisfecha. Así lo estuviera yo. Pues qué motivo hay que tengar para estar desconfiado? Saber, que Doñía Josepha la vecina, que en el cuarto segundo vive, que tengas de visita a Don Julian, Obligado de la renta, y el abasto del acerte; y que traiga a que te pueda ver, a Periquito su hijo, un mono, cuya melena blanda, Colegial Artista, mul soplado de vayeras, enfada a todo el lugar, pues en vez de hombre, es musieca, te parece: . Don Enrique, así son cuantas sospechas tienes de mí: ya tú sabes, que soy un poco resuelta, y que sé, que soy hermosa. que no soy pataratera, como algunas, que porque, las alaben se desprecian: pues si esto es verdad, qué caso puedo hacer de frioleras? Don Julian no me visita a mí, a mi Madre es la fiesta; su hijo es un bobo; preciado de que rinde las bellezas, en fe de que habla mui culto, que es latino, y que es poera; yo presumida, y no mala, saca tú la conlecuencia. Tiene razón. . Concluyote. Ya me convenzo; y por prenda de que a Don Pedro no mires, mi bien, y que te defienda de Don Geronimo, dame un solo abrazo siquiera. Cómo en esto de Anastasía tu afecto no se me tuerza, si haré. . Qué gusto se iguala a amor con correspondencia? Ninguno, si amor es firme? Qué desenvoltura es esta? Andrea, tú a un hombre abrazas? Don Enrique, tu llanezas con mi parienta? A fe, a fe, que mi casa anda muy buena. Quizás sabiendo el motivo, ingrata, lo agradecieras. Yo agradecer? Que a mis ojos se haga tan gran indecencia! Sí, pues con el interés de que el mayorazgo adquieras, a Andreita la propuse cuanto de su conveniencia era obedecerte, en que de Don Gerónimo sea: Ve conmigo en cuanto diga, que importa a la traza nuestra; y como a esto la añadí, que yo así que te merezca esposo, la atendería como Padre, me dio muestras de su gozo en un abrazo. Eso es ya de otra materia; si fue por ese motivo, abrázala en hora buena. Y como, que una, y mil veces la prometo, que me pueda llamar suyo en todo cuanto a Andreita se le ofrezca. Y yo también aseguro, que sol, y que he de ser vuestra. Basta ya de abrazos, niñía, que según los menudeas, parece que con más gusto a los hombres se los feria que a las mujeres. . Esto es a prevechar bien la escuela. De quién, simple mentecata? De la sutil, y discreta, si sois vos, señora; pues sin atender que se acercan las madureces, gastáis más verdores que una huerta. Mira, si como me llamas Madre, de verdad lo fuera, por tu desenfado, había de ahogarte. . Armose pendencia, Esto es todo el día en casa. Yo sé, que me defendiera; Qué hacéis, señoras? Quién, vil? Quien a ser mi Padre anhela; sobre puesto Don Julian. Calla, calla mala hembra. Don Julian? Qué Don Julian, (yo quiero hacer la desecha) . Es este? . Nadie, bien mío, sabe lo que se habla ella; calla, que ya lo verás. Que suben por la escalera; Quién? Don Julian, y su hijo. Y va por la sala entran. Diles, que no estoy en casa? Para qué, si lo que niegas vienen a descubrir ellos? Pues qué importa que yo sepas que son dos los que por ti me compiten la palestra? Con Doña Josefha vienen, sus visitas son. . Ah fiera! Con que mira tú, qué tengo que ver yo en su concurrencia? No dirás que no soy llana, amiga, pues sin que sepas nada, te entro dos visitas. Cómo esta choza pequeña es tan tuya, en ella puedes disponer. . Sirva de venía, la disculpa, que la amiga os da, para que merezca perdón nuestro atrevimiento. Si nos falta la advertencia, non homnes posumus homnía, quien más previene más yerra. Dios guarde a vuesas mercedes. Caballero, a la obediencia. Qué invidia te tengo, amiga! Vendrás ahora de la Iglesia de rezar con desahogo. Ah, Pícara zalamera! Con el Presentado estuve, dice, que no hay quien te vea. Si será aquella Andreita de Anastasía la parienta? A fe que tiene una cara como un Cielo; mas si acierta a verme, la hago un soneto, bien puede decir: Requiescat Gastaré con la Anastasía el divero de las letras, que hayer recibí de Ocaña; porque aunque andada, es muy buena. Y ustedes de dónde vienen? Como fue la contigencia de hallar a mi amiga? Yo iba a que a un amigo se dieran mil doblones, que le presto; y a dejar en una tienda dos libranzas, para que me cobrase allí cualquiera; unos catorce mil pesos, que están en mala moneda; y tengo tanta, que estoy, en tálegos, y en espuertas anegado, con que al paso halle dicha tan suprema, y no la quise perder. Señiores, dijo un Poeta? Audaces fortuna jubar, poco triunfa el que recela; y a ser así, no lograra nuestro afecto la belleza mirar de misa Anastasía, de misa Dosa Andrea er fección, non plus ultra de Minerva. Si estoy aquí; a este fantasma . le he de romper la cabeza, y hemos de acabar con todo: señoras, dadme licencia. Os vais, señor Don Enrique? Tengo que hacer. . Tán de priesa? Es forzoso. . Y nos veremos esta tarde? . Cuando pueda. Guardeos Dios. . Adiós, bien mío, Por qué de aquí no te ausentas? No puedo. . Pues yo me iré a donde, quizás, no vuelva a oír, que un necio te alabe, sin que: . Vete, no nos vean, Ah tirana! . . Voy tras él a consolarle siquiera. Anda, alcahueron. . Adió que ya la hora se acerca de comer: aquesta tarde tenemos coche, y merienda, que Don Julian le ha buscado. Después de dormir la siesta hablaremos. . Pues por ti es todo esto. . Buena es esa Con harto gusto feriara, porque esta tarde pudiera volver a ver, una joya a cualquier criada vuestra. A quien venga por venir, sin que traiga otras ideas, siempre esta abierta mi casa. Pues mira, Doña Josefha va al campo, él da algún permiso de explayarse. . Tenga, tenga; señor Don Julian, repare que habla con mujer de prendas, No lo ignoro: yo esta tarde, si salgo, es a diligencia, que es a recibir un tal Don Gerónimo Retuerta, amigo mío, que viene de Medellín; y esto era chanza no más. Conocéis a ese sujeto? Es estrecha nuestra amistad. Pues poco importa el que yo con él la obligación tenga, para que del pleito os saquen, si es que acaso os aprovechan diez y siete mil coblones, que pongo a vuestra obediencia. Guardeos Dios. Ven, Periquito. En qué el argumento cierra? En que no entiendo latines. Si romances os deleitan, no faltaarn, que también suelo fatigar las selvas. Y aún a cuantos os oyeren, si es como el genio la vena; y así tratad de callar. Seré, como con. Eneas Dido, y los Griegos, pues todos Intentique hora tenebanr. Adiós, señora. . Él os guarde. Dama, a Diós. . Él os provea. Muerto voy por la Anastasia. . Rabiando voy por la Andrea. . Entre acá dentro, señora. No te aguarda mala gresca. Pues me ha de oír buenas cosas, si me tira de la lengua. . Deja esa bestia, muchacho, que sacie en hierba su guía. Ya está a su placer la mula. Daca la alforja, muchacho, Vele aquí todo el exceso, que sus lacias tripas dan, una pechuga de un pan, y el caparazón de un queso. Y el chorizo? Está hecho tiras. Por eso le despreciaba, sin duda su padre ataba los perros con longanizas: venga lo que él desacota. Permita usted, pues sudando viene un hombre, a pie, y andando, le de un encuentro a la bota. No quiera Dios, hijo mío, te deje en Julio beber vino, porque te has de arder. Tiritando estoy de frío. tanto fiambre alimento no quieres que al fin se sienta? Ya que el demonio te tienta, procura beber con tiento; y no fiambre comida desprecies; que hoy muertos de hambre, comen muchos de fiambre, a pagar en la otra vida: pero esto es murmuración, y huir de ella es buen consejo! echa fuera el papelejo de nuestra conservación. Puesto que me vengo huyendo, de la mujercilla, que en Medellín engañe, vete, amiga, disponiendo; pues a vista estamos ya de pleito, Anastasia, y Corte, y aquí a lo exterior del porte es a quien culto se da. Verás un Colegial tieso, con su cola muy severa, y es un engerto dé pera en la cara de un camuezo, Un Soldado singular, con mucha plata en la ropa, y la mancha de la sopa trabe tal vez por alamar, diciendo al que lo ha notado? Yo por sopa blanca muero, que tengo un gran cocinero; y es el del Carmen calzado. Y así, hijo, a lo que venimos es a obstentar nuestro ser; y en aquesto del comer, observar lo que escribimos. Saca el papel, que los dos en ahorro hemos notado, Aquí está el descomulgado, mala dicha le de Dios, que ya me causa flaqueza, una, y otra angustia escrita. Pues a Calderon imita en cuanto el metodo, empieza. Ordenes de Economia, que Don Geronimo manda observar a su criado. Di, por si hallo en que estrecharlas. Lo primero es, que en llegando, en cas de Doña Anastasía, dé a entender se me ha perdido lo más de la ropa blanca. Con, eso mandará echarme, si es atenta, y cortesana, en mi cama ropa suya, y la mía no se gasta. En bajando el chocólate mañana por la mañana, se le den los buenos días, no otra cosa, a la criada. Y es mucha razón, que yo a la pícara borracha no he de pagarle el hacer lo que le manda su ama. Jamás de los dos el gasto pase en cuenta la vianda de tres reales. . Y aún son esos veinte y cinco puñaladas. Señor, esta regla es imposible el practicarla: apelo de la sentencia. Por qué, señor garrapata? Por que ve aquí usted, que un día se altera el Pan en la Plaza, porque llueva, o haga seco, que cualquiera cosa basta, para que los panaderos pidan lo que les da gana: quién suplirá aquel exceso? Quién? la patrona de casa; porque aguardando a la una tú, y haciendo que te falta el pan para mí, es forzoso, que ella, porque ruido no haya, mande que te den del suyo; con que es preciso que salga la alteración a favor, pues no nos costará blanca. Sucileza es nunca oída. Pues de algunos es usada, que todo cuanto no comprán, a la vecindad lo estafán: adel ante. Que por un consonante que me falta, no acabe el mayor Soneto, que se ha pensado en España! Ese rengión vaya fuera. Pues, señor. . Digo que vaya? Qué se entiende chocólate? Si hay visita? . Calabazas; a la visita que venga, después que está levantada, y a la puerta para irse, se le dice: Qué ignorancia es la mía. no he pedido a usted, que en tomar me honrrara chocólate; vuelva, vuelva: pocos aceptan la instancia, que no han de entrar otra vez a solo comer, y marchan; con que hace uno el cumplimiento; sin gastar más que palabras. Catadupa: este es sonoro; pero a los demás no iguala. Espera, que llega un hombre. Y con las cejas arqueadas, desencajados los ojos, con rostro, y con manos balla. Catadismo: este venía, si: mas quién es? . Quién gustar? saber, qué extraño cuidado, Caballero, al campo os saca, haciendo extremos tan raros, que os desfiguran, y arrastran? Un poderoso cuidado, que de mental argonauta prélagos de fantasías, sulco en bosques de ignorancias, sin arribar a la orilla. Almocafre? . Qué me mandas? Has entendido a este hombre? Yo, señor, ni una palabra. Mirad, amigo, yo adoro, una bellísima dama, a quien para encare cerle, en materia, y en sobstancia mi amor, la pretendo hacer, a imitación de Tetrarca, un Soneto tengo hecho; lo más, y solo me falta un consonante; no hay forma de hallarle, ni me sufraga no haber en toda esta noche dormido ni una migaja para descubrirle, con que me salgó a ver si estas ramas, estas flores, estas ondas, estos riscos, estas plantas alguna especie producen; de que mi ingenio se valga. Lo que os podrán producir, si dais en la extraordinaría mania de ser poeta, es lo mui bastante, para que en la casa de los locos os prevengan la posada: Almocafre, has visto tal? Con esa peluca blanca, y esos avitos tan limpios, quien dijera, que trataba este hombre en la desventura de hacer coplas? . Cosa rara! . Pero en Madrid, Almocafre, se tropiezan las fantalmas. Queréis oír el Soñeto? Vive Dios, que nos le ensarta! . Señor, que nos dará un hambre, . que nos roa las entrañas. Qué le hemos de hacer? Decide Sí, que vos según la traza, tenéis rostro de discreto; y no es posible no os haya el Agitante Calescimus tentado tal vez. . Si basta para poera ser pobre, ni Gongora me aventaja. Es el nombre pastoril, que aplico a la bella ingrata, Andarilis. . Andarrlís? Ese sueña a cosa mala. A cosa mala? . A angarillas, y parece borricada. Vienele a su nombre bien, y la propiedad lo salva, oiga usted el Soneto. . Vamos. Qué buenas dos alimasías! En Peripo de luz, presudio ardiente, Andarilís, tu ardor el Cielo aplasta; pues ni el Sol, ni su lumbre, ni su casta Crispio ilumina, extraña: mas hoy miente; retrogado el amor cenobios siente, y el pecho flecha armigero Dinasta. Hasta aquí: de aquí adelante no prosigo por la falta del consonante. . Os afirmo, que si yo le penetrara el Sonero, era muy bueno; pero a mí no se me alcanza. Eso es lo mejor que tiene, que esté culto, que es la gala de los versos rimbomvantes, Y si acaso no es la dama rimbómbante, y en ayunas se queda de lo que trata? No puede dejar de ver, que todo esto es requebrarla? No discurrís consonante que le venga? . A qué? . A Dinas Puesto que a canasta suena el consonante, él le llama yo pusiera ropa sucia, pues aunque no sueña, encaja. Y con agua, y con ceniza, se le daba una colada. Dios os guarde muchos años, que vos no tenéis gran masia para esto de poesía. Él os conserve en su gracia, que siendo como la vuestra, mas que no la tenga en nada: Has visto más fiero bruto, Almocafre? . Mala entrada en Madrid: dos mil demonios con el mayorazgo cargan. Por qué? . Porque al primer paso; versos, consecuencia es clara de volver sin un ochavo. En qué lengua, dime, estaba el soneto? Le entendiste? Yo, señor, ni una palabra: Ya empiezas con estrivillos? Mas que te mato a patadas. No sabes qué es maña vieja? La tarde, Almocafre, abanza, y el Río se va poblando, como la calor es tanta, de coches. Y aún de meriendas: Ay qué olor! . A qué? A empañadas. Hombre, mira lo que dices, la boca se me hace agua. Mil esportilleros cruzan con cestones, y garrafas. Ven, que me iré disponiendo. Señor Tocino, usted vaya cerca del Esportillero, no suceda una desgracia. Es fácil, si voy rezando a la Virgen Soberana la Camándula pequeña. Con el criado de casa de Anastasía, Don Julian, entrambos de retaguardía de un mozo, y una merienda; salir ellas recatadas, y haberse entrado en un coche, que veo que al Río baja? Vive Dios que hay picardía en esto: Yo he de apurarla. Decidle a Doña Josefha, que diga a Doña Anastasía, que si treinta mil ducados este obsequio me costara, lo propio fuera. . Y lo creo, que mi señora es muy alba, si la vierais en justillo, pechos, brazos, y garganta son un pasmo Padre nuestro: No digo la digáis nada de mi parte. . Por qué no? Por si os cuesta repugnancia. Jesús! cualquier buena obra hago yo de buena gana: Dios te. Salve Reina, y Madre: Pues si habláis con vuestra ama decid, que pague mi amor. Si hará, porque es una santa, y en teniendo alguna deuda, no sosiega hasta pagarla. Ay desvergüenza como esta. Mas que pego a cachilladas con este pícaro viejo? As costas riebu que iebradas: vamos men amo. . Impaciente está el mozo; id en volandas, por si quieren apearse, que yo iré a la desilada Chisto en su gracia os aumente: Dios te salve: Marías anda. Vamus cun ellu. . Señor Don Julian, una palabra. Señor Don Enrique, voy de prisa a cosa bien ardua: este hombre me ha olido el porte; . y si sabe lo que pasa, me ha de pegar una zurra. También es de harta importancia, Usted me dé su licencia. Castigar: Hasta mañana: El que vos: Con el corrzo: Queráis servir una dama. Esperando estoy dos letras; si eso es pedirme prestada alguna suma, no es dable hasta que estén aceptadas. No es nada de eso. . Ya estoy Jacome Coninguen llaman al Inglés, sobre quien vienen: vedme de aquí a dos semanas. . Oíd? . . Encájale el frenos. Tiene la boca cerrada, y no hay forma. . Mula, o Diablo, abre mal haya tu alma. Volando va; y acía aquí vienen, si mal no me engaña la vista, Anastasía, Andrea, y Doña Josepha: brava ocasión de aberi guar, oculto de aquestas tapias, mi engaño, y su alevosía, pues de aquí alcanzo a eso Si ello ha de ser, no hay paraje donde estemos resguardadas mejor que este. . El mejor sitio es donde mejor se masca. Don Julian te quiere bien: pues qué andas en pataratas? Como escucho a Don Enrique, a quien mi afecto idolatra; si bien, que si otro saliera más rico, algo lo pensara, porque esto de boda, y pobre no hace buena consonancia, estoy aquí sin sosiego. Oyes, y si a ti, muchacha, Periquito te habla en algo, no te le muestres uraña. Aquesta es condición mía; yo no quiero ser casada. Albricias, amor! . Niña; qué es eso? Tu descalabras con las razones. . No he hallado otras a mano más blandas. Maldita seas, que todo, en viniendo tú, lo aciagas. Maldita seas tú, y tu vida; lo que me deseas te caiga. No ha de ser este disgusto: ya está Tocino en campaña. Esto deseaba yo. Descarga, Matias, aquí. Lleve o diabru la tal carga, que me derrengon. . Prestico, manteles, y platos saca; mira no lo bacies niña. Apártese allá el barbazas, qué entiénde el de esto? Señoras, habiéndoos visto a distancia, pues hoy parlaron las flores, que perfumaron las auras, al contacto indivisible de los átomos de nácar: En igual al de los pollos, que están, que huelen a algalía, No quise tardar la dicha de ofrecerme a la vianda, a ser nuevo Ganimedes de tres Diosas, que dudara el Pastor de Ida cual de ellas merecía la manzana. Cemo ella fuese camuesa, a vos solo os la entregara. Es eso lo concertado? Si es una bestia, y me cansa. Por ver que Andrea le desprecia; no sale la fiesta cara. Señoras, se le permite a un escudero, que vaga por este campo, la dicha de serviros una salva? Por qué no? Permite, amiga, pues en el campo es usada una llaneza, se lleguen a tomar sola una parva estos señores. . Ya sabes, que eres tú aquí la que mandas: haz lo que gustares. . Necio fuera quien no se acercara a Verás. Pues a etro lado, que yo me llamo Diana. Junio al Cielo estoy seguro de peligros, y borrascas. . Tal vez fulmina los rayos. Qué linda está la ensalada! Sí; pero a las tempestades suelen seguir las bonanzas. Los ponos? . Vengan los pollos. Ya, señor, está enfrenada: sube con mil satanases. La gurupera le mata: asela bien. . Qué es aquello? Gentes, que por allá andan. Come, amiga, no estés corta. Vamos. . . que se me dispara: zó, mula. . . Adiós, cinchas. Zoo. Vaya a la salud de entrambas. Zol mula: Jesús mil veces! Virgen pura! . Ay desdí la! Qué es esto? Esto es, Caballeros, fiarse de mulas falsas; y es haber dado de hocicos sobre dos mil zarandajas. Puede haber risa cómo esta? Ya se ha vengado mi rabia. Hombre, alza: pero qué veo? Hay contingencia más rara. Don Gerónimo Retuerta? Don Julian de Zargandaya? Vos en este sitio? . Y lleno de aceite, de vino, y grasa. Válgame Dios. Vos, señor, sois el huésped que aguardaba? Vos Don Geronimo sois? Yo: vos quié sois? . Doña Anastasía, que os espera con los brazos. Si queréis salir pringada, acercaos, que en mi ropilla no hay forma, pero hay sustancia, Tan impensada esta dicha? Como estorra cuchipanda. bueno anda mi mayorazgo en meriendas, y en infamias. Eso ha de decirlo un pleito, Ya me lleváis la ventaja, pues la demanda aún no he puesto, y estáis vos en las probanzas. Os sentís muy lastimado? No tengo más que lisiada una cadera, y desecha la pantorilla de un anca. Señor? . Almocafre, que hay? La mula, que desbocada desde aquel ribazo, te hizo rodar hasta aquesta falda, con silla, y todo: . Acabemos. Apuras coces: . Despacha. Contra un árbol ambas piernas se quebró. . Las dos, o entrambas? Entrambas, y dos. . No tiene mas, si no que era alquilada, y ni con trecientos reales hemos de poder pagarla. Tanto valia? . Era buena? Algo lerda, pero zaina, la ropa? . No parece. Y la manta? . Aquella manta en que venían los chorizos? . Sí. La manta ajironada? Sí, Demonio. . Los Demonios, no sabrán a donde para. Voto! Mas de dos mil reales me cuesta la caminata: Hy mi cadera. . Venid? a Tocino? el coche llama. Allí está, señora. . Digo, es esta niña encintada Andreita? . Sí señor. No tenéis malilla cara. Muy servidora de usted. Digo, y con aquesta facha la mezcláis con todos esto danzantes? Vamos a casa. Temprana es la reprensión. Reconoceré las mañas, y si no es muy gastadora, parará en ser mayorazga: Almocafre, dame un brazo. Aquí está. Que se me arrancan: Qué se te arranca? . Chorizos, manta, mula, y esperanza. Amiga, siento que en esto tu huésped visto nos haya. Qué importa eso? . Oyes, Tocino, parécete buena manla la que nos viene? . A mí, amiga, de nada se me da nada. Quién, Cielos Santos, dijera, que yo el Sonero, enseñara a este hombre! Oh qué bien hiza el disfrázar, aún sin causa, el Andrea en Andarilís: aí es, que mi ingenio es rana. Don Gerónimo es mi amigo, yo le hablare; y si él me ampara, pillaré la Viuda. . Andrea Pues, Don Enrique, aquí estabas? Sí, todo lo he visto oculto. Pues si me oíste: Ah muchacha? Mas no puedo detenerme. la Mi fineza asegur solo espera: . Adiós, mi bien. Ah, señora, en que te paras, que mi ama espera? . Podré mañana verte? . Sin falta, te espero a las diez y media. Pues a Dios hasta mañana.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Amor, pues por Andarilís ando que peno, y no ando, no hagas que ande a galope, o hazla andar más que de paso; Ay Andarilis, que todos andamos, yo hacia lo fino, tu hacia lo falso. Qué hagas, que ande a galope; o hazla andar más que de paso? Ay Andarilís, Injustos Cielos, qué escucho! No basta, que atenazcado en la maldita espelunca de este infeliz cuarto bajo, que por hamedo, y oscuro, es calabozo, y es baño, me masquen pulgas las piernas, me engullan chinches los brazos, de suerte, que mi pellejo, de ronchones salpicado, es guitarra de barbero, sujeto al continuo rasco; sino es, que ha ya mil noches, que una tropa de embozados, andan tras esta Andarilís, calle arriba, calle abajo, andereandones el sueño; y al son de dos destemplados instrumentos; porque puede decir cualquiera Cristiano si esta es música de hombres, cual será la de los Diablos? Porfiando en que han de andar esta niña, que nombraron Andarilís, que el Demonio la ande desde cabo a cabo, por la cual dice el eco, que mejor dijera el chasco: , . Ay Andarilis, Mucho cuento es este, Cielos! Después del reviretazo de haber oído otras noches (así que he solicitado a esta Viuda, y esta moza, irles el genio estrujando; porque el humor de la briva no les dañase el recato, y tengamos dos postemas, que vautizar en un afío) unos lamentos horribles, y unos golpes alternados, unos ruidos de cadenas, y unos: de solo pensarlo me sé; mas no sé, que me sé, porque me se eriza el casco. Si será esta Andarilis Audrea, y aquel bobazo de Estudiante Poetilla, que eterna harina sembrando, al cisco de su manteo, se enceniza el moño cairo, la busca con invenciones, de músicas, y espantajos, por consonante caliente de aquel sonero pasado, que me enseñó? Mas no, el nombre quiere decir en Polaco Josefha, y eso es peor; pues desde que la he tratado, la tengo un amor vecino, que es ya furor cuotidiano: Andarilis? Me parece, que hago un juicio temerario; aún si fuera Josephilís, la viniera más de plano: Con Anastasia conviene? Pero tampoco cantaron Anastasilis, este ilís me está la cabeza hilando. Si será? Sino será? Pero en todo esto que ha si en tiritantes discursos, estatua de lino, y mármol, diente con diente mascullo pensamientos, y vocablos; vuelta a la cama; mas no, ya los Diablos se llevaron mi sueño, y aún mi cabeza está lo de arriba abajo. Y pues es lo que me importa senecer el Calendario genealógico, revuelvo del abolengo antiguango, para presentarle, en vista del pleito del mayorazgo, con esta maldita Viuda; el borrador, y traslado entre yo, y entre Almocafre, es fuerza que corrijamos: él está durmiendo aquí: como ronca, como un aso. Ahbestia? Ah bárbaro? Mientes, que yo a mi amo no he sisado, sino seis cuartos al día. Vive Dios, que está soñando! Qué has de llevarme al infierno, dices? Pues ven acá, Diablo, si le he silado dos pesos, peor fuera que fueran cuatro. Ah infame, qué en sueños parlas los viles asefinatos de mi bolsa. . Ángel bendito: Qué Ángel, perro ladronazo? No hay Ángel para sisones, sino es de los condenados. Yo me hemendaré: Ángel mío, que no me lleve. . Borracho, qué dices? Yo, sí, que, nunca: mas dónde estoy? . Oh, seo hidalgo! ya le hemos pillado a usted. Quién, señor, quién me ha pillado? Yo en la sisa, y el Demonio en la alcábala del gasto, con que usted me saca el quinto de los veinte y siete cuartos. Ay, señor, que he estado: En dónde? . En unos tristes palacios, de algodones de tintero todo el sitio entapizado, y por sillas de vaqueta, y buferes de damasco, Despenseros encogidos, Compradores agobiados. Y de quién la casa era? Según allí me contaron del gran Sison del abismo; y aún el aire cuotidiano, que hay allí, en bajo murmureo, está siempre resonando. Si son, no son, sisarán, si son muchos, si son hartos. En suma, en qué paró el sueño, que algo en uced encontraron, qué causó la pesadilla? Para hacerme todo el cargo, junto a Judas me pusieron. Y el innocente del amo a quien le silas la vida? A ese le vi en otro grado. Yo lo creo. . Porque estaba detrás de Poncio Pilato. Mientes, borrachón. . En fin, las cuentas me repasaron del tiempo, que ha que te sirvo; y las hambres corejando, que padezco, con la sisa de los tres reales de entrambos, te alcanzo en doce doblones. Y yo en catorce porrazos; y pues voy satisfaciendo, apara tú, y ve contando. Misericordia, señor! Vaya, y junto aquel legajo, verá otro papel como este, tomele, y vaya alternando conmigo. . Pues qué es aquesto? Es un Genea logicato, en ese papel las hembras, y en este pliego los machos de mi antigua descendencia, que es tiempo de presentarlo en el pleito. . Lea usted, que el empleo es apropriado para las dos de la noche. Ve tú siendo mi arrendajo: Juan Retuerta: . Pan, y carne. Andrés Retuerra: Garbanzos. Luis Retuerta. . Longaniza. Naciero: . Berzas, y Nabos. Animal, qué es lo que dices? A. Señor, lo que está sentado aquí. . Todabia duermes? Usted es quien duerme, Veamos: Bruto, si en vez del papel que te dije, echaste mano del librillo de la cuenta. Señor, en la mesa hay tantos Él de más allá, Demonio. Ya está aquí: ve relatando. Mi tío Andrés: Abstinencia. Cómo engendró a:- Sagitario. De aquí procede: . Visita de Cárceles a las cuatro. Qué dices, hombre? . Lo escrito. Ven acá, descomulgado, se te ha metido en el cuerpo alguna legión de Diablos? Señor, no puede faltar lo que está escrito. . Y qué es, Asno? Lo escrito, porque lo escrito es como yo lo relato. Es verdad, porque tomaste el librillo del Lunario. Pues no estaba más allá? No es ese el que he señalado, qué es este. A. Este que comienza, quin ti cu:- . Patas abajo cómo le quieres leer? Dices bien. . Juana Retaco: Al comienzan mis Abuelas. Pues dicen, que esta fue un pasmo, y mujer de gran valor. Y cómo qué fue! . De un salto diz que se arrojó a la hoguera. Cuando? . Cuando la quemaro, según la patente suba, que está en la Iglesia, a esta mano. A fe, que con más valor te echaste tú a noche el jarro. Pocos Cristianos le escupen. Hemos de leer? . Leamos. Ay infeliz! . La fantasma en campaña. . San Hilario! Todas las noches es esto ten valor, y no hagas caso. Si le tengo como el tuyo, ya le tengo, que me caigo. Don Blas; que diga Don Diego, que con Don Blas fue casado: Doña Ignacia, que fue Cura de Colindres trece años. Casó: . Caso:- No ha de librarte el asalto de esa tapia, infeliz Joben. In nomine Calendarius Santorum me arrojo: el Cielo me auxilie. Horrible porrazo, tras una voz haogadiza, sond, Almocafre, en el patio. Y un bulto se entra acá dentro; como la puerta del patio está abierta. . Jesucristo No tenéis porque quejaros del armigero sonido del estrépito pugnario de mis arneces, en muda estatua del sobresalto, Don Geronimo mi amigo, que yo sol, que de un fracaso, que estupizo mortalmente el pulsante, el alternado compás de mi corazón, impelido entro a buscaros, tan sin alma, que el aliento trépido, el semblante pálido, la voz trémula, efimerico el pulso, y todo yo lánguido, es en vez de arriculante monosilabo mi labio. Que vos sois mono, lo sé; mas no creí lo eráis tanto, que saltaráis sin cadena, un muro de dos estados: qué Demonios ha sido esto? Si puede hablar, que de espanto le da muermo como a mula. De mi susto, al inventario la aurícula prevenid, pues ya el sígilo propalo. Conque de palos os dieron? Airoso venís, hermano. No es eso no me entendéis? Pues si vos no habláis Cristiano. Dejad las poeterías, o venga un vocabulario. Procuraré iestringir al numen el formulario. Yo amante de una divina Anajarte, que idolatro en el circo lápidoso de este quimérico barrio, estaba en la calle, en tiempo, que atropelladas del Carro las Pleyades, lufocaban sus pocos nitidos rayos, entre las azales gazas del estrellífero Plaustro, y de las túpidas meblas los golfos imaginarios, insondables catadupas, Nilos de sombras vaciaron: El Demonio que te entienda; ya se va el bestia emendando. Ya dice, que era la hora de vaciar Nilos de barro. Cuando tiemblo al exprimirlo; disforme candadidazo, bulto atroz, de quien ser pudo síncopa humana el Briario, vi acercárseme rugiendo, contra las guijas asaltos, eslabonados anillos, muertas joyas de Bulcanor una voz dio, y presumí, según tronó los espacios, que sin duda algún rimbombo, nte, bastardo aborto caliginoso de tupido vapor craso, en cinericios despojos, bajaba a inundar los campos. Trepé los ferreos adornos, que en los lienzos emporrados, parrillas fingen, en quienes, se están los pinos tostando, Y al espinazo del muro, una vez que hube mediado de mi ponderosidad el vacilante pedazo, vi, que él penetró la nema del sobre escrito de palo de esta casa, a la cual yo vine a dar; si bien entrambos, él por pedibus mensura, yo por cadentibus raptum: este es todo mi suceso. Pues si yo le he penetrado, mala muerte me dé Dios. Hombre, pues para contarnos, que de la fantasma huyendo, te entraste hasta aquí, saltando de ese patió las paredes, al tiempo, que ella hubo entrado por la puerta de la casa, es menester encarjarnos tanta arenga? . Eso? Espera; qué dices, cruel lacayo? Acá dentro (Vive Cristo!) se pudo entrar (Por San Pablo!) fantasma (Voto a Frai Juan!) yo ya me he encolerizado. Seo Estudiante, o seo Poeta, sabéis, pues que sabéis tanto, si son machos, o son hembras las fantasmas? . El aparato me pareció masculino. Pues a Diós, ya me ha mascado mis gallinas, y ya soy su capón, y no su gallo: Ay, Josepha! Si es por ti todo este fantasmicato? Dame de vestir. . Qué intentas? Ver desvanes, y tejados, enas. cuartos, cuevas, y alba Yo os he de ir acompañando. No señor, que eso es echar, entre la salchicha el gato. Este es el pario, usted espere, en la escalera encajado, mientras vuelvo. , . Vas sin ti? Estoy hecho un lectuario: Qué, fantásmicas a mí? A mí, que soy un hidalgo entremedio, con más punto, que un estrivillo entre cuatro? Ven, Almocafre, y verás, si la fantasma enfantasmo: Dios quiera que pare en bien. . Hacia allí de mi recato, síncopa tremante, embebo mi humanidad en el caos de su parentesís negro Ay respirante milagro! Ay Andarilís, o Andrea, que ni hablado, ni cantado, ni métrico, ni laconico, penetras mi entusiasmo. Yo esperaré; mas si ver tus bellas púpitas tardo, incrépito la escalera, hasta buscarte en tu cuarto, ascenderé; y pues que muero, muera mi amor abrasado en tanta ignifera antorcha, puesto que soy de sus rayos, en Español mariposa, y fársala en Italiano. Mi bien, de qué estás turbada? Pasos parece que siento mui cerca de este aposento. No tienes, que temer nada; pues aunque el hurto amoroso de nuestra conversación, con la decente atención, de hasta lograr ser tu esposo, no atreverme a su recato, esta entrada me permite, por más que cierre, y limite el comercio, el mentecato del huésped, que ha aprendido, que en todo esta cala es suya, aunque me vea, y me arguya tu madre, de haber rompido aquella orden que me dio, diré que he venido a bella, y estás segura con ella. Poco en eso temo yo, que no me dirá ella tanto, como puedo yo decilla. Pues qué hay? . Por la escalerilla sueña gente. . Ya el espanto, de todo este barrio sabes: Alguna noche he venido, y quejas tristes he oído, al son de cadenas graves, que me han hecho del balcón, por donde subo, bajar, hasta dejarlas pasar. Pues todo eso es invención, ya lo hemos aberiguado. Que me lo cuentes te pido. Aquel Don Julian buido, que es del acerte Obligado, tantos regalos ha hecho a Anastasía, a quien se inclina, siendo el medio la vecina, con su parte en el coecho, que una llave tiene ya, para entrar, según concierta, de noche, por una puerta falsa, que a otra calle da; y para que no le vea, nadie, y todos se retiren, cuantos a acecharle aspiren, de fantasma horrible, y fea, viene vestido, arrastrando cadenas: pero qué escucho? Ya el ruido se acerca mucho. Dos cuchilladas le mando, si alguna noche le encuentro: y dónde, dime, se ven? Arriba: Ay Dios! Pero ten, que aunque es el cuarto su centro de Doña Josepha, ahora, que vaya Anastasía arguyo, a aquela posento suyo, creyendo, estoy a este hora dormiendo en el mío. . F no es que te siga mejor? No lo permite mi honor. Hundiendo van la escalera los zancos de Don Julian. Ya que hay novedad recelo: a Dios! . . Mira. Voy de un vuelo. Si acaso conmigo dan, bueno estoy yo; pero en esta alcoba quiero ocultarme, y dando muerte a esta luz, espero salir del lance. Mientras que Doña Josefha paga, fingido cadáver, al pálido Dios del sueño el tributo indispensable, en esta cuadra, que es mía, mediante el Cielo, y mediante el dinero, que harto pronto quiere el Cásero que pague, acabadme de explicar vuestra queja, y vuestras frases. Cayéndome estoy de risa: Hay figuras más notables? Pues ya, que de desnudeces gustáis, adorada imagen, que revestida de ceños, cortáis de un peñasco el traje; hasta cuando de cotilla estrecha, de angosto guante, de fruncido faldellín han de andar vuestras piedades, sin que hacia el favor se estiren, o hacia el afecto se ensanchen? Tan corta de sisas (dulce, idolatrado, constante centro de mi amor) tan corta de sifas el ciego Sastre (a quien flechas son agujas, y corazones dedales) sesgó la oculta; la extraña misericordia de un Ángel, que aún no podéis extender hacia mí un Dios te lo pague? Mandad, y hacedme dichoso; vuestros son, de parte a parte, cuantos de aceite Almazenes arrio Nuevo, y desde el Barquillo al Carmen: debaos señora: . Tened, que una acción es (aunque atasque mi vergüenza mis acentos) deciros, por cosa fácil, que es fuerza, que saque cinco moliendas de chocólate, porque ya se compra en casa en la Lonja de Vinagre; y otra cosa es, que yo nunca, ni aún por athomos distantes, ni remotas señas, nada os pida, porque no cabe, en quien no es dable os atienda, insinvación que os estafe. Y eso qué es, Viuda maldita! Triste Julian, no te claves. Quién, Mona mía, os ha dicho, que he menester yo, que nadie me advierta lo que he de hacer? Presto veréis sufocarse vuestras preciosas gabetas en negra pasta suabe, que de cacaos distintos se compone; porque nade en el muelle de la tersa jícara el clabel fragrante de vuestra boca, intentando a ese carmín anegarle, entre espumas guayaquiles, los piélagos caracales. Muy buena majadería gastan el hijo, y el Padre. Así me dieseis permiso, de ir a sacar al instante los despachos del Vicario. Ay. Don Julian! no me trate de que; enbebida en un pleito de una importancia tan grande como todo un mayorazgo, que está si cahe, o no cahe, mezcle el cuidado en honrosas, decentes fragilidades: después, después, que no es lo propio un después, que un antes. Habré de tener paciencia; aunque, señora, combaten ciertos vislumbres azules mis verdes prosperidades. Alh qué risa! Y de quién son? De un Don Enrique arrogante, confiado, y presumido, la calle. Que vuestro extremeño, sé que tuerce hacia otra parte. Jesús, qué asco! Don Enrique? Don Enrique? Qué dislate! Pues qué donaire hay en él, qué brío, ni qué buen talle, para que obligarme pueda? En porquerías no hable, Don Julian. . Bueno estoy yo! Y mire, que si le hacen tanta impresión los obsequios, que a mí me sacrificaren, hay muchos que andan buscando lo mejor, y a cada instante tendrá de quien tener celos. Es una pícara infame, y a mí se me dan celeras con hombres como gigantes, no con fantasmas hechizas. Vaya, que es un ignorante. Ay Don Julian de mi vida, que dimos con todo al traste! Dentro de un susto un requiebro! Hay mayor casa de orates? Quiérame a mí, que estoy vivo, y no con esos visajes. sea dama del Purgatorio. Vaya al Infierno el salvaje. Don Geronimo esta arriba, que bájará no es dudable: escondeos por Dios. . En dónde? En esta alacena grande, que tiene arriba rejilla. de palo; y porque no os hallen embebeos en ella, que yo hecharé presto la llave; porque si os quedáis aquí encerrado vos, resguarde . mi honor. . Pues estaré hueno, de humano queso de Flandes. Agachaos bien, que a la alcoba me entro apriesa a desnudarme. Amigos ratones míos, hacedme buen hospedaje; y tú, adorado motivo de todos mis disparates, mira cuanto obro por ti, pues al olor admirable de tu desnudez me quedo pernil colgado, y fiambre. Váyase presto de aquí. No quiero irme, he de estarme. Doña Anastasía? . Ya estoy segura, y es bien me zampe s qué veo! Un asco en quien no ha de hablarse, sin talle, forma, ni brío, con que no podré obligarte; y en fin una porquería, que no tiene más donaire, que ver, que engañas Enriques, porque te gustan Julianes. Enrique del alma mía, qué es esto? Por donde entraste aquí? En el cuarto segundo anda un estruendo del diantre: pero, Manuela, qué es esto? De tu sobrepuesta Madre juguetes con Don Enrique. No es una vil quién tal hace? Conque me quieres decir, que no viene a visitarte de fantasma Don Julian? Anasta fía, que me engañes vaya; pero que me mientas! Mira, yo no he de negarte, que Don Julian entra aquí, porque preten de casarse con Doña Josefha, y quiere, que yo con ella lo trate; pero en cuanto a la fantasma, es cierto que la hay, sin que alguien lo finja, y tiene este barrio asombrado. . Si me vales, Manuela, he de castigarla; y aún ella he de hacer que frague, que hay fantasma. . A todo estoy, que es una pícara fácil. Te has desnudado, bien mío? Quieres que yo te descalce? Qué voz es aquella? . Nada; un gato, que suele entrarse aquí, y maulla que parece, que habla una persona: zape. Mas si estará en la halacena? Qué importa? Yo haré que calle: 21. . Ya lo entiendo. . Volvamos a nuestras dificultades. Déjate de persuadirme, que sé que tú, y ese amante viejo, habéis hecho ese enredo. Yo haré que te desengañes, oyendo a Doña Josefha; y que por ella entra; y sale, y que hay tantasma. . No la hay. Dios me eu ard ̱. No la hay; y porque lo veas, ven, y esta alacena abre. Hacia aquí se acercan voces; Dios con bien de esto me saque. Digo que hay fantasma. . No hal. Si hay, y aún deja palparse. A Don Enrique, qué hacéis? Os vengáis en pelliscarme? Qué atrevimiento es aqueste: Castigar tus liviandades. A Don Enrique? . Señora. Basta: yo ofrezco emendarme. Ay qué me matan! esus! Si con la puerta encontrasa del cuarto de Andrea; pero ya la hallé, y es de escaparme buena ocasión. Don Enrique? Voces oí lamentables, al bajar, en esta pieza. No te vas? . Ah de pagarme, también Enrique mis celos. Don Enrique, te apiadaste? otro perillan tenemos? Ya di con él. Pues picarle, que aquí hay alfiler de a ochavo. Qué Diablos es esto? Harre: este aposento esta lleno de Tabanos en el aire. Pícale. . Voto a tristo, que un San Lázaro me hacen. Don Enrique, no respondes? Déjale, que te engañaste, que no es Enrique. . Si habrá entrado a dentro? A buscarle vamos. Don Enrique mío? - Qué oigo, celos infernales! La voz alzando Anastasía, a puro llamar se abre, a Don Enrique. . Mi dueño? Mi Demonio; mala landre te dé, que te caigas muerta. Una luz veo acercarse por la puerta que va arriba; sin duda baja a buscarme Doña Josefha: aquí oculto has de ver, que son verdades cuantas te dije. . Apuremo de una vez este brebaje, que ya estoy hecho una zupia, y he de hacer que les amargue. . Ven acá, dueño apacible. Guíame, dueña espantable. Esperera soy de celos, entre cuerdas, y basares. Quérida mía, yo bajo de una osadía a quejarme de tu huésped. . Ah borracha! que eres más dura que un jaspe. Pues qué ha habido, amiga mía? Con estrépito notable, diciéndome mil injurias, subió a mirar mis desvanes, y todo mi cuarto. . Mientes, que lo que yo iba a mirarte era a ti, que me moviste; pero tú las afufaste. Diciéndome, que yo sol el motivo de que anden fantasmas en este barrio, y en casa. . Es un botarate, una bestia irracional. Es merced, que usted me hace, Mala dicha le de Dios. Ya ti malas navidades. Esto se ha de consentir? Di que si a cuanto yo hablaré, que me importa. . Estoy en ello. Señores, yo he de ahogarme. Como Don Julian de noche viene a verme, porque te hable en que te cases con él: Qué es esto de que me case? Y en fin, se ha de hacer la boda: Albricias, penalidades! Dichoso alacenamiento, como yo la rata cace. Eso ha dado la ocasión, para que todos se engañen: no es verdad que esto es así? Pues eso ya no se sabe? Ea, Don Enrique mío, con esto desengañarte podrás. . Y como que puedo, vecinas descomunales, patas del Doctor Herrera, una mala, y otra infame. Válgame el Cielo! Vos sois? Yo soy, Viuda tiesa, y frágil. Qué hacéis aquí dentro? . Oír una espuerta de maldades; y agradeced, que no os pido de ese trasto que nombrasteia s celos a pu que hombres de mi ilustre sangre. saben, con las bofetadas, mezclar las urbanidades. Mejor es, pues ya os habréis satisfecho, cuando a nadie habéis visto, de que andan fantasmas en todas partes, que vuestro miedo me vengue, pues sois un ruin, y un cobarde. . El cobarde serás tú, y el perro de tu linaje. Don Julian? . Señora mía. Sal, que ahí te dejo la llave. Qué hace ella? . Qué he de hacer? Lloro, que mi pundonor maltrates; y puesto que tantos sustos una fantasma nos cause, y hayas dado en no creerla, plegue a Dios te desengañes, a costa de que te zurre. Que esto oiga, y no la casque! Señor, que te está llamando el Poeta, que dejaste embutido en la escalera. Qué me dices, Almocafre? Ahl bien, que esta noche es fría, y pasándola de balde en un patio, le habrá el numen pegado alguna calambre: voy por él. Qué amo tan bruto! Si habrá quedado aquí alguien? Pero válgame San Dimas! Reviento por estirarme. . Aún ya amanecido sueñan cadenas? Aquí no cabe que haya engaño: todo el cuerpo se me da carne con carne. Quiero salir, pues me hechó la llave Anastasia: tate, que hay en la campaña Moro. Os digo, que me engañasteis, y lo digo, y lo redigo. No es el explendor radiante de la Lampara Febea, que en délficas luces arde, más claro que lo que expreso. Aún tenéis más vaciedades que hablar: Si he visto la casa, sin dejar nada que no ande. Al señor, que aquí anda el Diablo! Por la leche de mi madre, que ahera aquí dentro le he oído. Ese es otro nique ñaque. Don Geronimo, y Perico son, para poder librarme de ellos, pretendo hacer ruido. Qué es aquello? . Las señales: no lo dije yo? . Jesús! Los anhelitos vitales se me conglutinan. . Hombre, mira esa alcoba. . No hay nadie: no lo dije yo? . Mi cuerpo ha empezado a acarralarse. Inusitados vapores, vagamente penetrantes, me sincopizan, en fríos sudores transcendentales. Qué haya quien aquí se esté, pudiendo echar a otra parte! Por este lado, a esta hacera: los Demonios que aquí aguarden. Dices bien: vente conmigo, que fantasmas no rocables las hay; no las hay: las hubo, las habrá: no teme agarres. Cómo que no? Adiós. . Adiós. Seo Poeta? . Seo Estudiante? Usted; pero a asomar vuelve: tenga usted muy buenas tardes. . Oíd, que yo: . Ya ha salido Don Enrique: mas, pesares, no es este Don Periquito? Volverme quiero. . No calces, Divina Atala, talanta, plumados talantalares, que Atala, talaya tuya, cucurso hay quien taje, taje. Qué lengua es esa? Me habláis en Hebreo, o en romance? Oíd, el amor, y el miedo, hacen muy mal maridaje: yo por vos, vos, vos: . Tratad, de no ser hombre intratable, que habrá quien os escarmiente, si no tratáis de dejarme, yéndoos a hacer de vos propio dos entremeses, y un balle. Seguiré: . Espera, hijo del que pasa por la calle, y no mío, pues desluces con lo que obras lo que naces. Válganme las nueve hermanas del Pindo: no eres mi Padre? Sí, Periquito, yo soy. Pues como el rostro a retales, lunáticamente dubíos, manchada la tez te parten Como yo soy la fantasma, que fingidamente instable, entra en esta casa. Pues si a errores paternales da causa amor, las hijuelas demonstraciones no extrañes. Si haré tal, porque el refran dice: Huz lo que te dictare, y no hagas lo que yo hiciere. También hay proberbio que hable, de como andara el Convento, si el Prior juega a los naipes. Salte presto de esta casa. Ya te observo viandante. J. Aib, Anastasia! . Alh, Andrea! Tú me fuerzas: . Tú me haces: A qué fantasma de celos, yo me envista, yo me espante. A ser negra Níctimene, oleos chupando mentales. Vamonal Almacen, Pedro. Vamos, que aquí van las llaves. Alh hijo, que para un alma no da amor palos de balde! Ay Padre, que temo el texto, descalabran tibus Pater!
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Doña Anastafía está triste: Andreita, aunque es el tiempo, que ha que tomas lección de harpa tan corto, ya que el Maestro te puso aquel juguetillo, que lo repases te ruego, para ver si se divierte. Si aún no sé poner los dedos, como me he de acompañar, y cantar a un mismo tiempo? Déjala, Doña losefha, ya no conoces su genio? En sabiendo, que yo gusto, lo hará al reves. . El Infierno, que te sufra. . No repliques, mira que un hora tendremos de pendencia. . Anda, chiquilla, que tienes tanto gracejo, que aún con los yerros agradas. Dios te pague el buen concepto que haces de mí: venga el arpa. Voy a traerla, corriendo. Con que este bárbaro brute, ste vuesped estremeño, clavó puertas, y ventanas de todos los aposentos de casa? . Déjame, amiga, que estoy de puro despecho rabiando; y por lograr solo, que entre todas concertemos vengarnos de él, pues he estado con quien me ha contado un cuento, que le sucedió en su tierra con cierta mujer; y de esto nos habemos de valer, para que le escarmentemos, he pensado en que nos vea Don Enrique, concurriendo donde yo he ir a buscarle; para lo cual, aquí tengo la respuesta del papel, que le escribí, y a seerlo voy, escucha, y perdona, por esta falta que tengo de vista, que los antojos suplan tan raro defecto, que no son años, amiga, sino es penas; y desvelos. Y cómo qué es eso así, que tu rostro hermoso, y terso, aún no dice veinte y cinco. No, porque son cuatro, y cero: maldita sea tal visión. Ya está el arpa aquí. Templemos: oyes, Manuela? . Qué dices? Como quien no quiere hacerlo, aplica a aquello que leen el oído. . Ya te entiendo. Canta tú, Andrea, que bien lo oímos. . Ya, ya comienzo. Cú, Cupidillo, no me andes hacienda esos, esos visajes, esos, esos meneos: pícaro embustero, mátalas callando, cogelas a tiento. Cómo lo ordenas, ingrata: bien a costa de sus celos, te espera Enrique a las diez, en la calle de San Pedro: qué breve, y qué bien! . Él tiene soberano entendimiento. Andrea, en qué te has parado? Vaya la copla. . No acierto. Yo te la diré al oído: que cita Enrique, leyeron, sitio en que ver a Anastafía. Ah traidor! Rabio de celos. Maldita sea la vil, que cree en hombres. . Qué es eso? Estas cuerdas, que son falsas; y está el arpa hecha un cencerro, quisiera despedazarlas. No te lo estuve diciendo? En mandándola yo algo, se pone como un veneno. No quieres cantar la copla? Ya la digo: ay tal tormento! Ay pobrecillas mujeres, como os fíáis de unos perros infames, que son los hombres! Maldito sea el más bueno, que son todos ellos, mátalas callando cogelas atiento. Esto he de decirle. . Bien, y con Don Julian, qué haremos? Habrás conocido, que es sonsacarle mi deseo, cuanto pueda, y no hacer caso deél, que es muy sucio, y muy viejo. Entro a ver mis encerradas? Ah pobres, cuál telas tengo! De conversación hombruna, habéis de estar pereciendo, hasta que se os salte el vicio del casco del pensamiento. Llévate el arpa. . Qué haces Arrimar este instrumento. Canta otra copla, qué gusto! otra cóplita. . No quiero, que en toda esta gazapera solo manda este conejo; y no ha de andar en fandango quien debe hacer la de rengo. Y quién es esa? . Vos, Viuda zarambéquil, que sospecho fue vuestro esposo solías, pues le lloráis en guíneo: y cuando no discurrieseis mas, de que fue (a parte dejo la muy horrible fortuna de tener mi parentesco) un hombre de tal conciencia, desinteres, y comercio, que hizo un mayorazgo, a costa de meterse en los infiernos, debierais llorar su alma; pues él os holgo ese cuerpo con chocólates, y dulces, con visitas, y paseos. De qué ásperos, indomables reconditos, y f o páramos placentinos, o trugillentes desiertos, extremeño, monstruo injusto, las sierras os produjeron? Qué Tigre os la dio a mamar, no la leche, sino el queso, que con cortezas tan duras crió los discursos vuestros? Tan sin piedad con la falda, tan sin modo con el velo, que más parecéis un tosco Zagal, guardador de cerdos, que hidalgo decente, aborto de encintado Zaga lejo. Vos, por miedo de fantasmas, nos encerráis, cuando el miedo debierais tenerle vos, que vos le causáis, vos mismo; pues hasta que vos venisteis, no ha habido en todo este Pueblo ni un espanto con que untarse los dientes del sentimiento: mas porque veáis no se encubre nada: . Si no es mi dinero. Desde el Cielo hasta la tierra, yo sé, que bárbaro, y ciego, una mujer engañasteis en Medellín, consiguiendo favores de ella. . No tal, al reves os lo dijeron, ella los consiguió míos, que era yo entonces perfecto. Lo propio es ocho, que ochentas cuando alber vuestros desprecios, diz, que se pasó a los Moros. Es, que era muy dada a perpos. Allí sé, que renegó, y estudiando encantamientos, juró perseguiros siempre. Si será tan majadero, ar qué crea este desatino? Pues no, si es un camueso? Si renegó, no la di yo motivo para hacerlo; pues después, que en el lugar se supo el deshonor nuestro, la dejé, que se escapase, sin pedirla mi remedio. Ay Don Geronimo injusto, que de aí proviene todo esto! Yo? Pues y que tengo, yo qué ver en ese embeleco? Mucho; pues desde aquel día, que vos venisteis, se oyeron de en la cueva los quejidos, cadenas, golpes, y estruendos. Y estando sentada yo en el escalón postrero de la escalera, ante ayer, vuestros calzones cosiendo, por la reja de la cueva, vi con rostro macilento asomarse una mujer. También tú eres Cireneo. Dos mil limones me lleven: Calla, no heches juramentos, boca de escorpión. . Prosigue. Y era de rostro harto feo, frente chica, y nariz roma. Así era ella, ya me acuerdo; pero la boca muy linda, muy grande, y los dientes negros. Ella por ella. ̱. Y te habló? Me dijo en tono funesto: Dichosa tú, que manejas los calzones de mi dueño, que quizás llegará el día en que yo le tire de ellos! Tirar? Que vaya a tirar de las bragas de su abuelo. Pues ved: . Qué, queréis ahora echarle la glosa al texto? No creo nada, eso es mentira. ̱. Mirad no hagáis menosprecio. Digo que está bienurdido. Y si viereis los efectos? Entonces lo creeré; y aún ahora, si confieso la verdad, estoy un poco desazonado del cuento. Abranme aquí. . Quién va allá? Yo, que te traigo este pliego, y esta banasta, y me debes: . Qué? Siete cuartos y medio, que de traerla del mesón, le he dado al Esportillero. Dímelo hacia estotro oído, que hacia este no te entiendo. Siete cuartos, y un ochavo. Ochavo, y siete: Me huelgo? con que esto es pagar criado de criado Caballero. Pues había de venir cargado? . Déjate de eso. Por en mitad de la gente? Pues no venir por en medio. Cierto, que usted es un amo cnlamiento Hijo, quien entra a servir, entra a servir por entero. Y eso, qué tiene que ver? Tiene, que todos sus miembros los alquila el que es criado; con que, que más, o qué menos, es servir con las costillas, quien sirve con todo el cuerpo. Adiós: ya se me pegaron los siete cuartos; reniego de tu miseria maldita. Qué os traen en aquese cesto? Mil y quinientos chorizos. Chorizos? Por ellos muero. Pues yo, porque nos muráis, os librare aún de verlos. Para qué chorizos tantos? Señora, yo tengo un pleito, si en grado de apelación, de sala en sala tropiezo, y vengo a la último a dar, bueno es para los Porteros, de la de mil y quinientas, prevenir mil yquinientos. Menos uno, que bien sé, que para un puchero bueno me le darás. Ay, señora, que como endulzáis el gesto, veo que no es menester! Por qué? . Porque pasó el tiempo de que se cueza la olla, habiendo ya hecho el puchero: Almocafre? . Señor, fiete. Ayuda aquí: . Siete fueron. A que entremos: . Medio, y siete. El canasto. . Siete, y medio. Vive Cristo! . Medio, y siete. Hombre, vamos allá dentro, y no me proboques. . Vamos; pero bien, que asidos tengo dos chorizos: medio, y siete, y sino, no te los vuelvo. Que sea tan miserable, que aún siendo mi galanteo, en llegando a dar, se olvide de amores, y cumplimientos? Es un bestia: mas quién es? Señora, cómo va eso? Así se entra sin llamar? Qué donoso atrevimiento! Dónde va, buena mujer? Dónde he dear, divino objeto c s desvo sino es al hermoso centro de las jaquecas amantes, que en toda el alma padezco? Jesús, qué tarasca! . Virgen, que espectáculo tan feo! Qué exceso es este, señor Don Julian? . Es un exceso, que pues consigue cambiar calzones en faldamentos, da a entender, que ha barajado, con mi pena mi cerebro: pues sabiendo, que no pueden entrar, desde aquel decreto de ese extremeno iracundo, hombres en tu encerramiento, o el amor los enfantasme, o los enduende los celos; vestido en el femenil dengue de este traje vengo: centinela herma frodita de esa puerta que penetro, viendo que ahora estaba abierta: Ese es furor. . Es afecto. Es osadía. . Es cariño. Es injuria. . Es ardimiento, Es no querer verme más. Es al pronunciar tal eco tu rigor, desbaratarse la trabazón de mis nervios. Cómo así me descubris, por tan imprudente medio? Como con más imprudencia, la vida me mascan perros. Qué dirán estas mujeres, qué áspera me conocieron? Que sin día de blandura, no hay hermosura, ni ibierno. Para qué es ese debate? A quien pudiera de nuevo coger todo esto, es a mí; pero todo lo sabemos. Andreita? . Bien está, yo aprovecharé el ejemplo. Veslo, ingrato? . Ya lo miro; mas solo decirte puedo, que malditos sean tus ojos, que ellos causan mis extremos, Se ha visto tal osadía? Doña Josefha, tratemos de decir verdad. . Pues yo, cuando: . No es malo el intento de disimular, y sois gabeta de este secreto. Que Don Geronimo vuelve. Don Julia esconde! ,que no p sin dar con él. . Dicho, y hecho? él me hunde el amor a palos tres estados en el cuerpo. Conque no sabes la casa? No señor. . Preguntaremos. Dónde tan apresurado, Don Geronimo? . Yo tiemblo. A que el Don Julian: Qué he oído? . El Don Julian: Santos Cielos! Si le ha visto? . Obligado del acelte: . Estamos buenos, Me la pague de una vez. Dimos con todo en el suelo. Pues se ha entrado de rondón, sin otro conocimiento, que salga como saliere: Fiero bórrico es mi dueño! La Obligación del aceite, a la mía anteponiendo, a donde no hay más dominio, que el mío, el pícaro, puerco: Mas vale, pues que lo sabe, templarle . De esta vez muero. Don Geronimo, es verdad, que sin tener fundamento Don Julian, mas que el de un trato cortés: . Mujer, o pellejo, tan fácilmente vomitas? Las diligencias a hecho: De qué? . De lo que le importa. Señora, ese es un mareo: he de sufrir yo: . Ay Andrea! Que el Factor, que tiene puesto en Medellín, se apodere de mi cosecha; y que luego, que esté comprado el acerte en lo que allá dispusieron, me embien aquesta letra a cuatro días; pudiendo enviármela a la vista, al instante, y al momento? Esto es ya de otra materia. Susto mío, respiremos. Me la ha de pagar al punto; pues como dije primero, se entra donde no le llaman. Aún no estoy en salvamento, pues él tiene letra mía, y yo una blanca no tengo. Paciencia, señor, que él nos pagará. . Del dinero, que ya en la espina me ha puesto. Jesús, qué miedo he tenido! De poco haces espavientos. Cómo pudiera pillarle la letra, tomando tiempo con hacérsela pedazos, de qué pasen dos correos? Mi espada aquí dentro está, pagarame los trecientos reales, o le envainaré por vida: pero qué es esto? Quién es aquesta mujer? Pues nosotras, qué sabemos? Ya he dado en lo que he de hacer: . quien viene, amante grosero, después de haberte buscado por Tremecen, y Marruecos, a que la vuelvas su honor; y no traigáis papelejos de mujercillas contigo, sin que los rasguen mis celos. . Ai mi letra, Virgen Pura! Para esta: Alh que me ha muerto! Qué el corozan me ha rasgado! Ain mi letra! Deteneos, que esa mujer que aquí estaba, sin saber como, es mui cierto, que es la fantasma encantada. Pues que me rasgue el pellejo; pero mis trecientos reales, qué tienen que ver con eso? Que en todo os perseguirá. Almocafre? (alh que reviento!) ve, y síguela (qué me ahogo!) y mi letra (qué me pierdo!) Señor, si ya esta hecha pizcas? ̱. Ve tras ella, majadero. Ya voy señor; pero antes: Qué queréis hijo? Anda presto. Quisieras. . Qué? Que me dieses los siete cuartos y medio. Maldito seas, amene quédate, que yo ya vuelvo en su alcance: hia letra mía, que ya no te deletreo! No es posible que le alcance: Almocafre? Qué tenemos? Ya sabes lo que es tu amo. Los Demonios me le dieron para prensa de mis tripas. Pues si nos ayudas, creo, que te has de vengar bien de él. A todo estoy. . Yo no temo mas que a Andreita. Una cosa es de lo que yo me quejo; y otra cosa es ayudaros en todo acontecimiento. Pues con lo que solicito satisfacerte, es cediendo a Don Enrique por ti, pues crece tanto el empeño de Don Julian. De esa suerte, tuya soy a todo ruedo. Y qué tenéis discurrido? Que cuando esté en su sosiego Don Geronimo, la Mora del tal encanto fingiendo Manuelica: Cómo? Cómo? Y si me muele los huesos? Estaremos allí todos. Y tú, de Moro tremendo, encantador disfrazado, nos pague tu amo el estrecho en que nos ha puesto a todos. Mientras tanto, yo vendiendo los chorizos por la calle, al que algo diere por ellos, me cobraré mi salario, que otra jácara no entiendo. Señora, y si luego dicen, que no hace más nuestro ingenio, que amontonar desatinos? Pues acaso, el que ha propuesto: Un disparate, y no más. Pues con eso has satisfecho? vamos. . Vamos. A seis cuartos, uno con otro los ferio. Don Enrique se vendrá, si espera, y ve que no llego. A bien, que dejó la puerta, con el atortolamiento de la letra, abierta. . Andar, ya yo la risa prevengo. Bravo chasco me ha dado Doña Anastasia, estándome parado dos horas en la esquina de la calle; pero allí una mujer de estrecho talle se acerca, ella es sin duda, zaes, que presto a desnudar P n mi amante trope Ella es: dulce, tirana ingrata mía, ya temí que me dieses chasco por esta vez, y no vinieses. Esto es peor: se engaña, Caballero, que no le busco. De ese talle infiero, que sois quien amo, no me deis más pena. El demonio del hombre me condena, p o yo estoy de mujer hecho un Narciso. Si es hablarme preciso, ved que el manto os ahoga. Bueno es decir requiebros a una escoba? que parezco entre el manto, y sus costuras: el Don Enrique gusta de figuras. Si yo me manifiesto, de que sirve Anastasía: . Peor es esto. . Anastasia me dijo? Encubrirle de mí, cuando estoy fijo dónde tú me has citado? Ya de celos estoy endemoniado. Que me órdenes espero. Quién trajera un jifero! Pues tu amor en sus grados me eslabona. Que yo con él te abriera la corona. . Callas, porque el motivo te pregunte? Errante mi pasión, o transeunte, claudito, enamorado pasajero, de Andarilís la esfera. . Caballero, que me ampares atento solicito (pero Cielos, no es este Periquito!) de ese hombre, que me sigue fervoroso. Harto lividinoso debe de ser, quien muestra manifiesto placido culto, a talle tan funesto: A señor Don Enrique? No vuestra voz explique lo que mandar desea: esa señora es fuerza que no sea la que esperé, que habiéndome llamado, no se hubiera sin causa recatado: guardeos el Cielo. Y él os aniquile, pasión que a lo feroz se despavile. Viváis mil años, y dejadme ahora. Eso no, que crisipios de la Aurora, insultos son vapores ibernicios; y a pesar de los funebres indicios, después pulula con beldad más rara, quizás hará lo propio vuestra cara, no embargando el que oscura traza espante, para rayar candores el diamante. Galar teador me parecéis, amigo. Volante pelo entre las sombras sigo, que ofrece acaso a májima oporturia. la calva intrepidez de la fortuna: yo he de lograr ver vuestra faz entera. Y si esto vuestro Padre lo supiera, qué fuera de los dos, señor Don Pedro? Cuando permite, ya caduco cedro. en lazarse de iedras jubeniles, pasa tiempos cuajando mujeriles, joven Olmo, que hará, no tan extinto? Mi Padre es peor que yo, con tercio, y quinto Vos le honráis: con qué busca mujercillas? Norte es anciano a cándidas mantillas: yo lo própalo. . Sí? Venus le abrasa. Pues yo se lo diré en llegando a casa. . Válgame al Pegasino Matalote! Y él averiguara con un garrote, si es cedro antiguo a yedras jubeniles, derribándote a palos los cuadriles. Posible es mi Padre, que gotacorálico está, su vulto afemine: ta, ya lo desenetro. Ce. Seda silenciosa? . No. Parlero tapujo? . Sí. Dónde está la frase? Aquí. Y quién la ha suscrito? Yo. Oh fámula portentosa de mi Andarilis divina! Leed. Ya a la vista inclina fácil mano, dulce prosa. Puesto, que va anocheciendo, que a casa vengáis os mando, a lo que quedo trazando: adiós, que me voy corriendo. A qué, señor? A mudar traje; pues ya el Horizonte se chupa el Sol de aquel monte, que obedecer es amar. Congratularos espero: heremítica, y austera, livida mi faltriquera, borra obstenta, y no dinero; mas pues vengo de pagarle, ese adorno, que trabuca diestro Artífice, peluca, postizo testuz de calle, admitidla en expresión de gratuita seña sola. is cabellera, 111A de algún caballo rabón? Que mi ama me haya enviado, no pudiendo haber salido; a avisar a este aburrido, a su Padre lacercado, ya Don Enrique! Y haya hombre, que esto a una mujer le dé! Con cuanta tapada dé, la he de mirar busta el nombre: pero aquí hay una señora. Don Geronimo: que pena!t. Mariblanza? . Soy morena. Buena Cristiana? Soy Mora. Habéis visto: . Nada veo. Una mujer, que me hurtó una letra? . No soy yo: la cabellera deseo ponerme, y he de entablar, lo que después ha de ver. Pues quién sois? Una mujer, que siempre os anda a buscar. Buscarme a mí: por qué fin? Porque sois ladrón malvado. Yo, acaso, qué os he robado? Mi honra. . En dónde? En Medellín. qué escucho! mas si es verdad, p que aquella por mí burlada es la fantasma encantada? Al instante os destapad, s os descobriré por Dios. Tomaré, si es oportuna, la forma:- De quién? . De alguna. de las que viven con vos. Tomadla, que con un zas sabré yo desbaratarla. Yo soy, pícaro cañalla, que tú me la pagaras. Jesús! tan atroz figura, si mis desvelos la infieren, no es la de Manuela: , n Quieren chorizos de Extremadura: Chorizos ya por la calle se venden: lo que busqué por regalos no hay en que VA ESSE DISPARATE Chorizos, chorizos buenos. Hombre, qué vendes aí? Con todo en el suelo di; ap. pero con un ojo menos, en que yo no soy dara: unos chorizos famosos. Estos están mui pringosos, mejores los tengo allá. Dónde, señor? . En mi casa. Si su merced tiene algunos, que ya serán todos unos. Es fácil: Ya como pasa la docena? . A doce reales. Que son malos se conoce; en mil no diera yo doce. Si los tiene usted cabales, que estos ya sé yo lo están. Pues de que son? . De tocino, de gígote de pollino, y trozos de cordoban. Quita allá, que no los quiero. Pues aunque no me ha costado mucho, ya se han despachado los demás: bravo dinero parece usted, seo figura. Bribón, quieres que te rompa:- Envaine usarce: quien copra chorizos de Extremadura? . Tales cosas me suceden, que me hallo fuera de mí: mas vamos a casa. Sí dar la en hora buena pueden cuantos son interesados, en lo que a entrambos tocó, hoy vuestro pleito se vio: Jesús! Y sin Abogados: Qué os espanta el que así sea, si en favor vuesto ha salido: De placer pierdo el sentido: dale los brazos, Andrea; que yo se los doy también. Solo; Enrique; tu caricia nos pudo dar tal noticia. Qué es lo que mis ojos ven: Nada que os pueda inquietar; que el mayorazgo he ganado, y a quien nos lo ha noticiado, le quisimos abrazar. Sea, amiga, en hora buena . Mi afecto también le enlaza. 2y máscula admita cadena. Don Gerónimo ha sabido algo? No, que embelesado, en su aposento se ha entrado; y yo con este vestido, solo espero la ocasión de lo que tu dispusiste. Y Almocafre: . Ya se viste, Y el Líbrito Calderon? (ton Ya está en su mesa, y por pu- la sentencia en él escrita. En la alcoba de Andreita nos entremos todos juntos. A qué: si sabe mi pecho, que a Don Enrique, traidora: Callad, que antes de un hora os déjaré sutisfecho. Confuso a qué esperará quien os ha holocaustizado; A quedar desengañado. Vamos. . Vamos. Bueno va: Y quien amando se muere, de todo que es bien que arguya: Que soy, y que he de ser tuya, salga por donde saliere. Trastornado juicio mío, que interno chirgarabis, de mi discurso en la soga, eres mental Arliquín; entre Mora que burlé, entre fantasma que oí, entre letra tan fatal, entre pleito tan civil, y entre hospedaje que hallo, presumo que te perdí: quien; mas ya purga, y echaba los boses del discurrir, Para qué es cansarme más, si esto viene a ser, en fin, nacer infeliz: reniego de la hora en que nací. Divirtamos esta idea con leer, pues no hay dormir: un libro en mí mesa está panza arriba, y dice así: Las Manos Blancas no ofenden y un rengión chiquirritín dice más abajo: Ofenden, cascan, y han de destruir vozuelas en Medellín. Válgame el Cirio Pascual, el Capucho de San Gil! (quién amenazará este Libro, con decir:- Aquel prodigio extremeño, que postrar supo, y rendir: El Diablo, a vuelta del paso, a troba: quién anda ahí? Yo, señor, que desde el día, que figurón de tapiz, nostrasteis en vuestro olvido, en la mula, y el cogín, por huir de mi caricia; sespués que lacameguí, Moro cruel, me encantó, o que os he de referir indo en sayando, encantada. Pues idos a Chamartín ensayar la rememblanza, porque yo no os quiero oír. (char, Cómo no? Habéis de escu- que ropite una infeliz: C. Aquel prodigio estremeño, que postrar supo, y rendir en el barreño el jabón, y en la cocina el hollín, enamorada de un bruto, que no es dable distinguir entre si es perro, o no es perro, es lebrel, o si es mastín: por ablandar su dureza, rocó a la ajorca el mandil, a cotilla al almaizar, liciendo a su amante ruin: No desdeñes el verme, Serómico, así, que está en mí no es candonga, lo, no, no, cariñito sí. Tente, que con tal afecto o cantas, que a presumir me das, que a ti te sucede. Yo sois aunque vengo aquíí n figura de Manuela. Luego puedo discurrir, que eres tú, y que no eres tú? Sol, que soy, como que fui. Pues yo seré, que seré: Y qué me dijiste? . Miz, Y ahora que me afirmas? Pues vaya otra copla. . Di. Extremeño Monstruo horrible, hasta cuando has de fruncir ese corazón de Angeo, y ese ceño de Terliz? Mira, dueño endemoniado, como me haces discurrir de cueva en cueva, diciendo, desde uno, y otro cive: No desdeñes el verme, Tú canto con otro canto tropezó. . Con que tú, en fin, no atiendes a mis pucheros? Gusto yo de otro pernil. Pues advierte, que no hable por mí; aunque pude venir a hablar por mi causa propia. Pues por quién, dime? Aí de ti! . Puedes hablar? Pora quién es, ya que un proceder tan vil me nace declarar, esfinge, que encubierto trufaldín amenaza (yo me turbo) tu vida. . Pues si el fingir tú por ti, por ti no es, por quien lo dices: a . Por mí. Habiendo llegado él, no tengo más que decir. Quién eres, Moro cruel: Quién te viene a confundir, diciéndote, que pues fiero has despreciado civil amor, que no merecías descalzarla un escarpín; has de ver, que todo cuanto intentabas en Madrid lo has perdido en un instante, tOUMEDIA NO SETRAE y hasta la vida. Aí de mí! Manuela: Andrea: Anastasía: 2. qué quieres? . Cómo venía de esa forma: . Como ya esta mano merecí. Cómo qué: Rabio de ira! Y yo me he logrado unir con la belleza de Ándeca. Ain hombre más iufelia, Y yo, ya Andrea perdida, a Josepha me rendí. Tras de pesadumbre, celos? Y aún más te queda que oír: Anastasía ganó el pleito. Caiga un fuegro sobre mí! Aún te falta lo peor. Aún hay más desdichas: Sí; que después de que la letra no he podido descubrir, los chorizos te han hurtado, A todo me refistí; pero el saber (qué letargo!) que pierdo (qué frenes?) tras el pleito (esto es rabiar!) los chorizos (es morir!) no me queda a que apelar, si no es (mal haya Madrid!) a una mula, si hay para ella, volviéndome a Medellín. Allá vayas, y no vuelvas. Espera, que vol tras ti. Y pues ya casados todos: Da este Dispárate fin: Que así le ofreció el Poeta: Y cumple haciéndolo así: Allá va ese Dispárate; si es que acaso le admitís, premiadle con dos palmadas lo que os desea servir.
