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Texto digital de La dama capitán

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Diego Figueroa y Córdova Probable yJosé Figueroa y Córdova Probable
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La dama capitán. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/dama-capitan-la.

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LA DAMA CAPITÁN

JORNADA PRIMERA

Pisa quedo. . Apenas toco la tierra, al aire veloz aún no perturba mi voz. s. Vente tras mi poco a poco, y salgamos del lugar. Fuera de tu casa estamos, y aún ignoro donde vamos, d. . Yo nací para empuñar el blanco acero brunido, pues aspirando a más nombre, tengo el espíritu de hombre. Ya sé, que contrario ha sido. a la heroica inclinación, que en tu pecho predomina, el coro, la disciplina, la obediencia, y el sermón de una tía impertinente, tarasca (yo he de decillo) que solo con un colmillo. come, y rine juntamente, en cuyo poder, señora, por haber tus padres muerto; dando a tus desdichas puerto, desde tu primera Aurora, te has criado con intento (aquí tu desdicha empieza) de reducir tu belleza al sagrado de un Convento. Y siendo mañana el día en que con violencia dura; para una eterna clausura te sentenciaba tu tía, queriendo (rigor impío) con ejemplos, y razones, ser dueña de tus acciones, forzándote el albedrío. Tu altiva, y sagaz. . . Detente, que también sé de memoria el progreso de mi historia. Yo en fin, que de Marte ardiente el belico son me llama, y en mi inclinación se encierra el aplauso de la guerra, y la ambición de la fama, siendo al heroico, y profundo valor, que mi pecho abona, poco triunfo el de Belona, y contolímite el mundo, Le digo a mi fantasía, que solicita esta gloria, sabiendo que la memoria se adquiere con la osadía. Por qué razón ha de acur fama inmortal, y renombre solamente para el hombre, y no para la mujer? No es capaz nuestra entereza de sus triunfos, y sus almas? no se infunde en nuestras almas la misma naturaleza? Si, claro está; luego en mí aqueste espíritu ardiente puede hacer digna mi frente de eterno laurel; y así, sin reparar, no te asombres, que soy mujer, porque muchas, si sus historias escuchas, excedieron a los hombres en valor, dígalo ufana Cenobia fuerre, y hermosa, Semira mis valerosa, Laura, y Camila Romana. Esta noche oscura, y fría, mudando traje, y vestido; de mi casa me he salido, y hurtando a mí vieja tía las joyas, y unos doblones, que son en fortunas tales. los amigos más leales, lograté mis intenciones, buscando al Conde de Fuentes, heroico, rayo Español, hijo de Marte, y el Sol, que con ocho mil Infantes soldados, ha de partir (dando a España empresas grandes, a los Estados de Flandes, y yo le pienso seguir desde San Sebastian, donde en cincuenta navios, que brumen al mar los bríos, este insigue Capitán, según aviso he tenido, partirá muy brevemente a castigar con su gente el rebelde endurecido; servir en la guerra quiero, y hacer mi nombre inmortal. Todo lo llevara mal, a no saber que hay dinero, pues aunque también Lucia siguiéndote sin empacho, se inclina a ser marimacho; y aunque a excusas de tu tía habemos con iras francas (cuanto de oírme te alegras) ejercitado las negras, para el vio de las blancas, con tal destreza y sainere, que con las dos comparado, Pacheco es un desdichado, y Carranza es un pobrete. Esto de holar el camino a la brida, sin tener un Cristiano que comer, fuera extraño desatino; porque un impulso fiambre pierde las fuerzas, y mañas, con váguidos no hay hazañas, porque no hay valor con hambre. Mira, Martín (desde aquí te has dellamar de esta suerte, el ánimo altivo, y fuerte no ha de abandonar así el valor que obliga a tanto, con la vigilia se alma la militar diciplina. Vigilia, téngala un santo; sin comertendré muy tibias las fuerzas, y hecha un atún, no empuñaré a Sahagún, si no me da aliento esquivías. Pero si bien se repara, nuestro intento saldrá vano, si nos encuentra tu hermano. don Fernando de Vergara, cuya opinión por el mundo le ha dado fama eminente de soldado, y de valiente. Que no me conozca fundo en que a la guerra se fue, y tan niña me dejó, que aunque aquí le viera yo no le conociera. . . Afe que su valor es igual a tu sangre de Vizcaino. En fin. . . Y agora imagino, que está en la armada Real, con que en Flandes aseguro, que conocerme no pueda, y cuando tan mal suceda, que me encuentre, no aventuro nada, pues no ha de saber, quien soy en aqueste traje, Yo apuesto que en tu linaje haya un Capitán mujer: d. . Martín, la suma inmortal, y mi estrella peregrina, a ser soldano me inclina. Pues yo pajas; general ha de ser el buen Martín, si no lo remedia Dios. Aqueste rumbo los dos, buscando un honroso fin, sigamos. . He reparado, que aunque tan bizarra vienes, mas traza, en ora, tienes oí de capón, que de soldado. Mas con la converlación, mar jara! fín de discretos, del lugar hemos salido, y el camino, alo que creo, de San Sebadían es este Qué deleiroso, que ameno está este sitio, parece, que las aves con el viento se gorjean, y se arrullan Vizcaya es tierra del cielo, nada le falta, pues tiene, mucho hierro, y poco incienso de cepas; aquí vendimian en lugar de los majuelos, las manzanas, y sucidra es un licor del infierno, que revuelve las entranas, muy parecida en extremo a la plata de los pobres, porque se trueca al momento. d. . Qué gracias tienes tan frías. No son malas para el tiempo, que hace gran calor. . . Aguarda, que al monte llegado habemos de nuestra villa. . Y en él suele avengatos montescos, que arañan a toda costa, dejando a los pasajeros en pelota d. . Desde aquí cinco leguas está el puerto de San Sebastian, adonde Martín nos embarcaremos con el gran Donde de Fuentes. Tolosa ha de estar en medio del camino; allí podrás, descansar, mas saber quiero, mi señora dona Elvira de Vérgara, el nombre mismo que tienes, pues ya eres hombre. Desde hoy mi hombre supuesto es don Lope de Avendaño; mas si no lo finge el eco; gente sueña en el camino. Allí se escuchan concerros de arrieros, ̱ni . 1. Arre, bragado. 2. Jo, rucio de los infiernos, que te vas a despeñar, vuelve al camino, reniego de tus flores. . 1. A Sansueña llega el valiente Gaiferos armado de punta en blanco, a sácar de cautiverio su esposa. Torna, castaño, por vida de seis conejos, que este mulo la paciencia ha de quitarme. 2. Es soberbio, y siempre se tiene a zaga, tomando los veriquetos, y dejando las veredas. Buenas noches, caballeros. 2. Bien venido, seor compadre. Dónde camináis? 2. Al puerto con una requa de aceite. Con tan buena hacienda pienso, que nadie os dará por limpios, aunque seáis Cristianos viejos. 1. Bachiller sois. . En Orduña me gradué de maestro en pullas. 2. Pues seor hidalgo, no gaste con los arrieros esa moneda. . Por qué? 2 Porque en ese ministerio son Licenciados, Doctores, Bachilleres, y Galenos. Ya sé que sois la pimienta de la chanza, y el búreo, y de haberos encontrado, por la fe de caballero, que voy alegre, y ufano: tal compañía no pienso trocar por la de Escamilla. Pues tenga a la mula el freño, que pica mucho, y mis machos caminan al paso iento de los bueyes. . Sois casado? 1. Sí, pero lo soy sin riesgo, porque la huéspeda tiene cumplidos sesenta Eneros. Yo conozco más de cuatro muy preciados de discretos, que se inclinan a mujeres de cincuenta arriba. 2 Eso es tener el pie en la guesa la voluntad. . Dicen estos, que las mujeres maduras, ni los piden, ni dan celos, que regalan, y que tienen más virrudes que el romero, que cosen, y que remiendan a un Cristiano, y que en efecto, si son malas para el gusto, son buenas para el consejo. 1. Qué consejo? voto al cinto, que no hay animal tan fiero como una vieja. a. . Parece, que ya con tibios reflejos viene amaneciendo el Alba. 2. Ya es de día. 2. Oyes, Mateo, no ves a los camaradas? 2 Buenas barbas los mancebos parecen de Villarasa. Y bustedes, por lo espeso, de la Mata de Medina. 1. Yo apostaré, que el barbero no tiene en veinte navajas para mondarlos. . . No demos de comer al diablo, callen, y caminen. 2. Solo quiero saber, porque no se ponen, teniendo crecido el pelo, los vigotes a la moda? Quien ha dicho a los atrieros, que necesita el valor de las barbas el aliento se cría en el corazón, y aqueste se asoma al pecho, y no a la cara. 1. Por Dios que sé pica de discreto, y guapo el Eunuco. . Zape, hiriones de medio a medio en el pundonor. d. . Villanos, así castiga mi acero una desvergüenza. , s 1. Hidalgos, las armas con el dinero, rindan, o serán sus vidas despojos del plomo, y fuego, Hh villanos, a traición, sin que me valga mi aliento, lográis acción tan infame? 2. Calle el desbarvado, y denos la bolsa. 3. En aquesos troncos atad esos hombres luego, que estos muchachos seguros están. . . Aquí de mi esfuerzo, Martín. . Señora. d. . Procura cogera ese bandolero por ese lado la espada, mientras yo lo mismo intento por estotro. . Llega. , s. Agora veréis villanos soberbios quien son los que han de dejar las vidas con el dinero. 1. Huye, pese a mi linaje, que es un rayo del infierno. d. . No huyáis cobardes traidores. Como llebres van huyendo por lo intrincado del monte? vive Dios, que como un perro tiranas uñas arriba. Desata a esos hombres. s. Pienso ganar de perdón cienaños, pescándoles el dinero, porque quien hurta al ladrón, ya me entiendes, al momento larguen la bolsa los muy berganto nes. . . Calla necio, y desata esos cuitados. Déjame darles primero una mano de patadas, porque otra vez muy fulleros de pullas no nos apoden. 1. Ay! por Dios señor mancebo, tenga compasión. Vinagres, que vais con acelte al puerto, esta vez he de quitaros las barbas, y los pellejos, porque no apodéis las nuestras, ropa a fuera d. . Ya me ofendo de tus frialdades, amigos libres vais. 2. A tus pies puestos pedimos perdón humildes, confesando que debemos las vidas a tu valor. Con tal reconocimiento me dejáis muy obligado. 1. Venid, y iréis caballeros sobre las cargas. . . Martín, qué te parece? . Acetemos, porque ya voy despeado. , . . . Fortuna, pues en tu imperio se hace lugar el valor, y hasta el alcázar soberbio de tu cumbre se sublima, sin recelar tus decretos la osadía, favorece por altos mis pensamientos. Siempre creí de tus mañas mi poca dicha. . Hay tal como? señor Sargento Palomo, vaya a contar sus hazañas donde le crean; que yo nada entiendo de esas flores, y me enfadan sus amores, Desde que aquí se alojó mi Capitán con su gente, don Fernando de Vergara, cuya fama heroica, y rara de soldado, y de valiente le da renombre, y a mí me tocó aqueste mesón, Juana de mi corazón me estoy muriendo por ti. Esos rizos esparcidos, de aquesa redencubiertos, esos desdenes despiertos, y aquesos ojos dormidos; esa boca de coral, donde el amor se desvela, esa pulida chinela con viras de Fregenal; y en sin tu garbo, tú aseo, tu talle, tu compostura, tu donaire, tu hermosura, me están oliendo a póleo. Posible es que no te inclina está gala, este ardimiento, y el ser cosas de un Sargento? eres bronce? . Vizcaina soy, y con perdón doncella. Ay fortuna tan escasa? que tengas la manta en casa, y no te abrigues con ella? Mira, Juana, los soldados, cuando no están en campaña, tienen por mayor hazana vivir muy acomodados. Llegamos de camaradas al cuartel, y lo primero preguntamos si ay dinero, si hay huéspeda en la posada, si hay gallinas, y si hay camas limpias, y a gran prisa pedimos, sin traer camisa, las sabanas de Cambray. Si no es niña la patrona, la aplicamos, sin estruendo, para el gasto del remiendo: mas si es Serrana gorrona, de estas que sin desengaños, muy sanas, y muy sencillas, suelen traer en mantillas las personas; y los años; luego al instante, sin susto de pensar en tal afan, si querrán, o no querrán, las marcamos por del gusto, dándolas tan de contado por nuestras a su despecho, que mucho antes de estar hecho lo damos por acabado. Y así no hagas novedad de que te quiera, supuesto que yo tu remedio en esto busco, y mi comodidad. Ya le digo, que me enfada, no hablemos en esto más. Terrible, Juanilla, estás. Quien le ha dicho al camarada, que he de pagarme. . Habla bajo, mujer. . Géntil majadero; de un soldado tornillero. ni de un Sargento marrajo? mayor es mi fantasía. Yo apuesto que ser quisiera del Alferez la bandera, del Capitán compañía. No me apure, solo digo, que le aborrezco por terco, por miserable, y por puerco. Muy adelante contigo estoy, y según las señas, que ya me tendrás infiero un amorazo casero, que te ha de durar por peñas. No he de quererle, si aquí todas las Indias me da. Digo, que la Juana está perdiendo el juicio por mí. Mesonera, y desdeñosa. implican contradicción, más gente llega al mesón. Mi padre viene. . Forzosa. es mi ausencia. . Con recelos, anda de los dos. . ADios: en qué quedamos los dos? Como no me pida celos, y me sirva muy cortés, muy fino, y muy liberal, no le trataré tan mal. Pues a Dios hasta después. . Cansada estoy, y mohina. de escuchar este jumento, buen empleo era un Sargento, siendo hidalga, y Vizcaina. No vi tan grande lebrón, muy preciado de la carda, con plumilla, y alabarda. 1. Para, que este es el mesón, Gente viene, 2. Aquese estribo tenas. Jo, mula del infierno. 1. Cómo ha olido la posada, salta, y brinca de contento, aplacer que no soy diablo. Gracias a Dios, quenos vemos. en la posada, Martín. Vive Cristo, que yo vengo molido, puerco, y rozado el pellejo en los pellejos de aceite, en que hemos venido. Mal hubiesen los arrieros, que sobre dos almaradas nos han traído. Laus Deo, señora huéspeda. . Sea bien venido seor mancebo. Oyes no es mala la moza para darnos un refresco de conversación, don Lope. No he visto rapaz tan bello como el de las puntas blancas: encajóseme en el pecho de medio a medio; si fuera de esta manera el Sargento, no le hubiera despreciado, Espera, que el mesonero sale hablando de lo caro, y bostezando sin sueño. a Polan, a San Martín, Coca, Esquivias, y Aláejos. Que perdones nuestras culpas, y que nos libres te ruego de todo mal. . Es un Ángel; que devoto está! qué atento! con el Rosario en la mano, y con el diablo en el cuerpo. Loado sea JesuCristo. Bien venidos; caballeros. Hay posada? . Para quién? Para los dos. . Traén dineros? No faltan unas blanquillas. Vienen solos? Como el puerro. Quieren camas, si pajar? Camas, y blandas queremos. Tieno padres? . Y muy tiros. De dónde son? Del infierno. Pues piquen luego adelante, que este no es mesón de arrieros, y aquí nunca recibimos gente de apie: Padre nuestro. Y para eso nos pregunta los padres, y los avuelos, las vidas, y las costumbres, este es mesón, o Colegio? Mirad que somos soldados, que vamos en seguimiento del señor Conde de Fuentes. Valgaos ese privilegio mancebos, que su Excelencia, por su valor, por su celo, por el modo, y cortesía con que tiene en estos pueblos toda su gente alojada, merece que con respeto, y amor le sirvamos todos: Juana, adereza al momento la sala de las dos camas, que cae junto al aposento del rincón, y estos soldados descansarán: Dios te salve María. Yo agradezco vuestro agasajo patrón, mas es preciso en comiendo, partir a San Sebastian, haced que por mi dinero alguna cosa aderecen, que embarázaros en eso no es razón. Hárcisle agravio a mi voluntad, y al celo con que os ofrezco mi casa: voy a preveniros luego de comer, que en el escote luego nos entenderemos: Santa María. Visteagasajo más noble? Siempre Vizcaya fue el centro del valor, y cortesía. Sola he quedado con ellos, ay que cara de natilias, ay que talle de los cielos, direle mi amor? qué aguardo? mancebo, temblando llego, porque la doncelleria, que es diablo, se pone en medio. No te mira de mal ojo esta ninfa del barreño. Desde que vi tu donaire. Que me maten si no es cierto mi pensamiento. Y tus ojos burladores, y traviesos, que danzantes de azabache, me están brincando en el pecho, me muelo por ti. Clavose el corazón cuando menos, de par en parte he rendido. Fuera el mío muy grosero, si aventurando una dicha, no lograra estos afectos tu hermosura. . Por san Pablo que la enamora. d. Es anzuelo de las almas, y yo soy, aunque soldado, muy tierno, y a saber que hablas de verás. Eso dudas? . . Soy discreto solo en la desconfianza. Ya va rematado esto, buen lance han echado entrambos por Dios que con sus deseos han dado en caraa la piedra. Perdida estoy, yo te quiero como el corazón, y como al alma. Aquestos requiebros. van de rocín arbín, Buscando a Jvanilla vengo, mas hablando está con otro; quien serán estos mancebos de alfeñique? . . Tu fin eza me obliga, pero recelo que tengas la volunted, ocupada. . Malo es esto. En otra parte. . No dudes que estoy libre, y que no tengo más cuidado que adorarte, solo un bestión de un Sargento, remendado como pía, fondo en bravo, y tinto en puerco, con más harapos que un pobre, y más tragos que un Tudesco, me persigue. . Bien me trata. Verdad es que lo aborrezco como al demonio. . La Juana habla claro, y sin rodeos, y tiene buenas ausencias. Cómo me asegures eso, seré tuyo eternamente. Borracho está vive el Cielo, sin duda este hombre se olvida de que es mujer. . Yo lo aceto, y dame en señal los brazos. Hay mucho que hacer en eso. Muerta estoy. . Señor la piño, como tan vano, y soberbio se mete con cosas mías? No sabe que es mi respeto Juana, y que en mi nombre campa? De ver tan airado, y fiero al gran Sargento Palonio, no se cae muerto, sabiendo, que si le cojo de un brazo, le echaré desde este puesto en Caramanchel de arriba? No será pequeño el vuelo, pero todo eso es tramoya. Si me enojan, vive el Cielo que les corte los vigores. Poco aura que hacer en eso. Ya me enfada, y de esta suerte castigará mi ardimiento su arrogancia. . Andarlo pabas; muera el gallina. . Teneos. Qué es tener? huid cobardes. Sin mi estoy, válgame el Cielo! ̱ 1. Ay, qué me ha muerto! Confites. Almagre lleva el Sargento, qué haremos? . . Salir de aquí, y caminar hacia el Puerto de San Sebastian. . Bien dices, aprisa, que anda revuelto el meson.. . A Dios doncella. Pues cómo, en tan grande riesgo queréis dejarme? mi padre, en sabiendo este suceso, ha de quitarme la vida. . Viose más terrible enpeño! Pues qué intentáis? Qué? seguirte. Ven, que esta mujer sospecho que está loca. No me dejes en el peligro. . . Este duclo le toca a mi obligación, sígueme pues. Ya lo intento, por las bardas del corral, sin ser sentidos laldremos. Aprisa cuerpo de Cristo; señores, tantos enredos solo en mujeres cupieran. Bueno voy, con un empeño de amor, y de obligación echó mi fortuna el resto. Bolvedme a dar los brazos, de tan firme amistad eternos lazos. d. . Serán donde víncule duraciones la estrecha unión de nuestros corazones. Amigo Don Fernando de Vergara, cuya fama inmortal, heróica, y rara, la sella el mármol, y el cincel la anima, para que el tiempo en su padrón la imprima, mil veces a Vizcaya bien venido seáis, donde mi pecho agradecido pájaros pueda las finezas grandes que os debe mi amistad, desde que en Flandes. los dos, Fernando, militamos juntos, y seguimos de Marte los asunros, hasta que ya, acabada la campaña, os fue preciso dar la vuelta a España, dejándome obligado eternamente. Gran Barón de Brisal, Marte valiente, cuyas hazañas, de inmortal memoria, las comente el volumen de la historia, porque la fama en sus aplausos fieles. las corone de triunfos, y laureles, segunda vez estimo a mi fortuna haberme dado, grata, y oportuna, ocasión de serviros, cuando veo igual mi obligación, y mi deseo, aunque de vos mi voluntad extraña, que dejando a Brúselas por España, no me hayáis avisado. . Fue preciso partir con tanta prisa, que al aviso se hubiera anticipado mi llegada, y ya el viaje no sirvió de nada, por haber encontrado con sus gentes en este Puerto al gran Conde de Fuentes, Marte Español, Áquiles Castellano: Y como yo, debajo de su mano, he servido, entre muchos Capitanes, de una Coronelia de Alemanes, la parente a Brúselas me traía, que para su memoria, y bizarría, si la razón el mérito le ha dado, no importa la presencia de un soldado. No ha sido poca dicha, si se advierte, habernos encontrado de esta suerte, pues de las compañías que han llegado de la Armada Real, y han agregado a la gente del Conde, fue la mía, Barón, la más lucida compañía, porque tendremos juntos el pasaje. Ya no aura sido en valde mi viaje, yendo de tal amigo acompañado. Casi toda la gente se ha embarcado, esta tarde del Puerto surgiremos, mas decidme, Barón, raros extremos de amor! Ay Blanca bella! quien creerá que el influjo de mi estrella no ha podido en seis años, en fe da tal crueldad, y mis engaños, arrancarme del pecho tu imagen soberana? Que se ha hecho Madama Blanca, aquella hermosa dama, Baronesa del Valle, a quien la fama aplaude, y en Brúselas la pública por noble, por hermosa, honesta, y rica? Esto es curiosidad. . Así lo creo; más parece deseo, hay Madama divina! que en vano tu memoria peregrina me alienta, si ofendiendo tu decoro tú me aborreces, cuando yo te adoro. Esa dama, Fernando, suerte airada! está buena, está hermosa, y heredada, porque murió su padre. . . Caso extraño! . ánimo pues cobarde desengaño, que tal vez la fortuna, condicional imagen de la Luna, torciendo de su rueda el curso airado, favorece, y ampara a un desdichado. En Flandes la veréis. . . No lo pregunto, con cuidado por Dios, estoy difunto, sino porque un ausente se pasa de curioso a impertinente; antes a la marina me trae una hermosura Vizcaina, a quien de paso, en fin como soldado, he dicho mi cuidado; y ella entre desdeñosa, y persuadida, se muestra a mi fineza agradecida. Esta tarde a la playa, como es uso las fiestas en Vizcaya, sale a ballar con otras damas bellas, del Cielo flores; y del campo estrellas. Y yo vengo a este puesto, por vez si puedo en su desdén honesto introducir, Barón, mis esperanzas, y fundar mis firmezas en sus mudanzas, porque agradece sin amar. . Es judo, pero es capricho de famoso gusto venir a hacer de amante fino alarde, habiendo de marchar aquesta tarde. El amor del soldado. . No lo ignoro. Dejadme ver a la deidad que adoro, que si la caja me llamare agora, perdonará el amor, y la señora. . Bien decís. Milagro ha sido. llegar a tiempo que puedas. embarcarte. . . Esta es la playa . . Oíd, de San Sebastian, en ella hablaré al Conde de Fuentes, que pues la Armada se apresta. para surgir es preciso que la ocasión no se pierda. Qué hermoso está el mar. d. . Parece. que las olas lisonjean al viento, pues blandamente se mecen a sus maretas. Dios me libre de él. . Por qué? Porque no tiene más vueltas un cochero si se enoja; con él es niña de tera la cuñada más arisca; la ría más avarienta, la suegra más elefante, y la madre más culebra. Siempre estás de humor. que ya parece que llega el baíle. 1 En aqueste sitio, que el mar con sus ondas besa, podéis empezar la danza. La qué trae la rosa puesta en el tocado, Barón, es la Vizcaina bella que os he dicho. . Don Fernando no es mala, pero no es buena. Lleguemos al corro. . 2. Va de floreo, y castañera. La niña de pleta. por la playa vuela, y con dos jazmines florece la arena. De ballar se cansa, y el auta halaguena a soplos le enjuga, lo que suda en perlas. A compas. Tomad señora. Dejad la rosa. . . A cogerla llegué primero, en mi mano está, y el sacarla de ella se me hace dificultoso. Dejadla, gracioso tema, Ya os he dicho que no es fácil, no me apureis la paciencia, que gasto pocas palabras. Vive el cielo que es vergüenza que intente un rapaz. . . No bastas pues será de esta manera. Gran valor. Valiente brazo. A ellos, que tienen cresta, y Juana es un Rodamonte con lá chica. . Plaza, fuera, que está su Excelencia aquí. Viose confusión como esta? Que es aquesto Don Fernando de Vergara? . . Yo estoy muerta; si será aqueste mi hermano? Apenas llegáis apenas de la Armada Real. Por Dios, que mi duda es evidencia. Con el tercio de Españoles, que hoy a mi gente se agrega, cuando la espada sacáis? contadme de la pendencia la ocasión . . Este soldado. corrido estoy de que sepa que un mozuelo se me opuso, . sobre cierta diferencia sacó la espada conmigo, mas con la presencia vuestra todo se ha acabado. . Como acabado? bueno fuera que cuando yo he echado un vado, publicando graves penas a quien sacare la espada, un soldadillo se atreva con un Oficial; por vida del Rey, que si agora fuera Conde de Fuentes no más, castigara su soberbia yo mismo con este acero: Haced que con diligencia, antes que nos embarquemos, le den dos tratos de cuerda, para ejemplo de los otros. Repórtese Vuexcelencia. Zarazas. . . Que un soberano Capitán, de cuya diestra tiembla el mundo, siendo ejemplo de valor, y de prudencia, no sentencia tan apriesa, ni tan apriesa atropella, sin oírle a un hombre noble; que un Juez para que sea recto, tiene en dos oídos, que le dio naturaleza para escuchar a las partes, dos amigos que refrenan sus pasiones naturales, y es injusta la sentencia que se da sin el oído, pues da a entender con cautela, que la pasión la promulga. si la cólera la ordena. Es verdad, mas castigar un delito en que se arriesga un mundo, es jusia cosa, llevadle. . . A las plantas vuestras os suplico. Don Feruando, si un bando no se respeta, buena andará la milicia, así procuro la enmienda de los otros d. . Gran señor, tuerezca vuestra clemencia su valor, que os aseguro, que es indigno de esta afrenta su brazo. . Aquesto ha de ser. Por Dios que esto va de verás, mirad señor. . Es en vano. Como es posible que sea, no siendo vos mi luez? Cómo no? De esta manera, porque yo no soy soldado. Ya aquesta es otra materia, que decís? . . Que agora llego, señor, a vuestra presencia, forastero, y con intento de seguir vuestras banderas, pasando a Flandes, y acaso se le cayó a esa dama bella una rosa del tocado: Llegué primero a cogerla yo que el señor Don Fernando, y queriendo en la refriega usar de hermano mayor, remiti esta diferencia a la lengua del acero, que suele dar con más fuerza su razón; y sobre el caso, vive el cielo que rinera con Anibal, con Áquiles, con Hector, con Julio César, con Cipión, con Alejandro, con Pirro, y con Vuexcelencia, que es más valiente que todos; que cuando el valor se empeña por el honor, no repara en más que dejar bien puesta la opinión, aunque después suceda, lo que suceda. El mozuelo es alentado, y ser preciso sintiera castigarle, mas no siendo soldado, este empeño cesa. De suerte, que habéis venido, - dejando la patria vuestra, a servir al Rey en Flandes? Si vuestro amparo me alienta, podrá ser que aqueste brazo algún día resplandezca al vuestra sombra. . Por Dios que es discreto, y que me lleva el alma sus nobles bríos. De aquesta misma manera era yo cuando era mozo; decid quien sois, porque sepa como he de tratar a un hombre tan valiente. . . Mi nobleza la publicarán mis obras; hasta entonces dad licencia que la encubra. . Pues decidme, cómo os llamáis! Mucho aprieta. ̱ . Yo, Don Lope de Avendaño: en la montaña granjea algún solar esta Casa, de antiguo esplendor cubierta, Desuerte, señor Don Lope, que de su honor, en defensa, a mí me desafiara? La razón no quiere fuerza, lo dicho dicho señor. Ello peligroso fuera, pero fuera muy bien hecho; y aquesos bríos me empeñan a ampararos, sentad plaza en mi compañía misma, y creed que en mi tendréis, si por Dios, en esta guerra, buen padrino, y buen amigo. Si esos favores me alientan, será muy poco poner el mundo a las plantas vuestras. Dad la mano a Don Fernando, mas ya nos llama esta pieza a embárcar, ea soldados. ninguno se quede en tierra. Ya está el vatel en la orilla, bien puede entrar Vuexcelencia. Venid Don Lope conmigo. Fortuna dónde me llevas? Buen viaje, buen viaje, zarpa, zarpa, el serro leva. Mira que te espera el Conde. Vamos Martin: yo voy buena, entre el favor, y la duda, el hálago; y la sospecha de un General que me anima, y un hermano que me arriesga.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA 1. Por esta parte enviste el enemigo, prevenidle en las armas el castigo. 2. Puesto viene en batalla. coronese de gente la muralla. El Fuerte defendamos, grande aprieto. A la muralla; al foso, al varapeto. Es soldados míos, en aquesta ocasión mostrad los bríos, a vencer enseñados, agora es el valor, ca soldados, al Fuerte envista vuestra heroica saña, sea su dueño el gran León de España; conozca el enemigo su ruina; hijos a que aguardáis? a la colina, mostrad vuestros valientes corazones, Sántiago, cierra España, ea Leones. De verlo me consumo, o pese al alquitrán! oh pese al humo! que cuando nube densa el viento empaña, tantas glorias me quita en cada hazaña; pero si mal la vista no repara; no es aquel Don Fernando de Vergara, que el muro asalta intrépido, y osado? y el otro el Coronel? han buen soldado! envidia tengo al ver tu valentía; en riesgo vuestra vida, y no la mía? Pero que digo, cuando el viento ciego llamas escupe en vivoras de fuego? En tanto riesgo su valor admiro, agora es la ocasión, pero que miro! quien es aquel soldado, que intrépido, valiente, y arrojado. por la muralla sube? parece rayo de preñada nube. No he visto tal aliento, en subir por la escala vence al viento: ya corona triunfante la muralla, ya busca al General, y ya le halla. Aa valiente soldado! las banderas del muro le ha quitado, en gran peligro su persona ha puesto, soldados socorredle, mas qué es esto? . De su valiente espíritu arrojado, herido caí al foso, y despeñado, que le han muerto recelo. Jesús, yálgate Dios! . . Válgame el Cielo! Quién eres o infeliz noble mancebo; que a tu valor esta victoria debo, y la diera, por Dios, por bien perdida, a no costarme tan honrada vida? Yo, gran señor, he sido IL quien del muro a tus plantas caigo herido, aunque estando a tus pies, y de esta suerte, triunfaré del temor, y de la muerte, Qué pesar tan extraño! pues Capitán, Don Lope de Avendaño, que estáis herido creo, y maltratado del golpe que habéis dado; llegaos más, que según lo que os estimo, mis brazos os previenen el árrimo. olas Con tan grande favor convalesciera, aunque la herida de peligro fuera, mas causame, señor, poco ebarazo, que aunque la vala fue de un mosquerazo, al sosayo pasó, y tan solamente una herida pequeña hizo en la frente. Recibe gran señor por las primeras. aquestas dos banderas, que con impulso osado al general del muro le he quitado; que tirvan, pues en honras me adelantas. de sutiles alfombras a tus plantas: con vuestra vista nada fue la herida, mas vive Dios señor, que la caída. sin duda me enseñaba, que el gran Conde de Fuentes me aguardaba, y fuera acción remisa el llegar a tus pies con menos prisa. Oh valiente Español ! llega a mis brazos, que serán de mi amor eternos lazos, tuya sola es la gloria. 1 Vitoria por España. . Esta victoria a ti solo don Lope la atribuyo. Qué ha de decir quién es esclavo tuyo? Premiarete por Dios. Tu hechura he sido. Ya gran señor el fuerte se ha rendido. Ya jura la obedencia a los inclitos pies de Vuecelencia. Coronel valeroso, vos don Fernando Capitán famoso, como me alegro al veros tan osados, nunca ha tenido el Rey tales soldados, de entrambos si por Dios tendré me moría. n Solo a mí se me debe esa victoria, oo señor el me da como, a vuestros pies tenéis al gran Palomo, esta. que fin un sobresalto ha hecho milagros hoy en el asalto Qué milagros Sargento? . No es patraña, oye, señor, una famosa hazaña. es barmor Al muro subi ciego, como un rayo de Dios, y a penas llego, cuando miro un soldado de los tuyos allí descabezado, dio me lástima el verle sin cabeza, saco la espada, en fin, con ligereza; y con cólera, y ira denodada, a un calbo le tire una cuchillada, que seale por eso, o por esotro, la cabeza del calbo puse al otro. Y este soldado que decís, Sargento, con ser calbo decid quedó contento? yo de vos me quejara, lel adí por Dios, que pienso que os desafiara, No fue el trueco peor, si bien se mira. Dejándole vos calbo? Y no es mentira, porque el soldado que con calba dejo, era antes de ser calbo. . Qué? . Bermejo. Tomad esta sortija. . Que me agrada, dadla por recibida, y por tomada, V1 para un huérfano es esta linda medra, hago cuenta que me echas a la piedra. Allí miro a mi ama, que quepa tal valor en una dama! herida está, y está mi llanto tierno: señora eres demonio del infierno? entre las balas sueltas la maldita, eres acaso dama hermofrodita? porque al ver tus hazañas, pienso que eres varón; y que me engañas: Don Lope, por haberme detenido esta facción del todo no he sabido, y así saberla intento cané más despacio de vos. Estame atento. Salió el ejército junto, gran señor, esta mañana, cuando el Sol madruga solo a hacer desprecios del Alba. Iban con orden las tropas en sus hileras formadas, marchando al belico esturendo de las trompas, y las cajas: al cefiró que las mueve, las banderas tremolaban, formando sutiles hondas los blandos soplos del Aura: un jardín era vistoso el ejército, en las varias colores que se vestían, en el adorno, y las galas: que los Espáñoles solo para la ocasión las guardan: iba la caballeria tremolando rojas bandas, que una selva parecia. de plumas negras, y blancas. El orden; pues, que nos diste, fue poner sitio a la plaza de Cambral, fuerza importante a los difinios de España, y encerrado el enemigo, de espías que nunca faltan (sin atreverse a venir con tu ejército a batalla) de su intención entre muchas fortificaciones, varias que hizo en la Ciudad, fábrica. un fuerte, a pocadistancia de Cambral, por su resguardo, que de san Jorje le llaman. Los batidores, señor, que registran la campaña, y los caballos ligeros que iban abriendo la marcha, llegaron con esta nueva a tiempo que ya le daba vista a le plaza tu gente, hacen alto, y entre varias opiniones que siguieron; tus Capitanes, aguardan mi parecer, que también hablar a mí me tocaba por Capitán de caballos, merced a tu mano franca, que aqueste puesto me diste sin méritos que en mi haya: fue mi parecer, señor, que poner sitio a la plaza; dejando con menosprecio este fuerte a las espaldas, no era razón, pues podía sin que nadie lo estorbara a su salvo el enemigo cortarnos las vituarlas. Aprovaron mi intención, y a dos mil infantes mandan que con quinientos caballos a tomar el fuerte vayan, y del ejército el grueso a poner el sitio marcha: tocole a mi compañía este día la vanguardia, y haciendo sena el clarín arde en furor la campaña: la sangre airada se altera, los corazones se inflaman, y en vez de argentada espuma, ira los caballos tascan; que hasta los brutos conocen del dueño las arrogancias. Iban, señor, los infantes ya prevenidos de escalas, cuando Monsiur de Lorena, el General de la plaza, manda que a escara mucear quinientos caballos salgan: pusimonos frente afrente, aqui gran señor me holgara pintarte con elo cuencia, pues ya la ocasión me llama, aunque batalla de pocos, tan rigurosa batalla. A medio torno las haces empiezan a dar las cargas, y en repetidos floreos forman un juego de cañas, cual sale del puesto airoso, cual a su enemigo llama, cual el cara col empieza, y cual la gurupa le gana: cual huye como que sigue, que en esta guerra galana si bien se mira el huir el soldado, no es infamia, y solo en escaramuzas guardar los cuerpos es gala. En este tiempo un soldado de los suyos se adelanta, batiéndole los hijares a todo un monte con alma. Un bruto alazan tostado, hilo adoptivo del Aura, aborto de alguna nuve, y Andaluz por la arrogancia, a quien le dio vanidad. del Betís la verde grama, y presunciones bebió de las Andaluzas aguas, tan corpulento, y fogoso, que al mirarle cara a cara, con el aspecto decía a los que en él reparaban, que me miras? no soy bruto, que soy si bien se repara primer caballo del Sol, segunda ruina Troyana. Reparé en fin de su dueño, en lo rico de las armas, y un martínete de plumas a quien el aite azotaba. Y saliéndole al encuentro envidioso de su gala, que en los nobles pechos siempre son las envidias hidalgas. Calo el can a la pistola, y con ira apresurada dimos mi enemigo, y yo a media vuelta la carga. Yo advirtiendo, gran señor, que mi gente me miraba, y que era mengua en mi aliento durar tanto la batalla, habiendo ya reducido el cómbate a las espadas, conociendo en su caballo al mío mucha ventaja, quise con solo un ardid poner fina la demanda. Firme a mi enemigo espero, que envuelto en polvo, y en saña, a mí se viene, y queriendo formar una cuchillada, le huyó el cuerpo, y al pasar no el olmo a la vid enlaza; con tanta fuerza, señor, como yo le eché las garras, y abrazándome con él vatiéndole las hijadas, a mi caballo le llevo por encima de las ancas. Hícele en fin prisionero, y los contrarios desmayan, tanto, señor, que los tuyos en breve espacio no hallaban según los muertos, y heridos, en que ejecutar la rabia. Llegamos en fin al fuerte, y poniendo las escalas a subir empiezan; pero, la resistencia era tanta de dardos, lanzas, y piedras, que desde el muro arrojaban, que el foso enjuto corría mares ya de sangre humana. Y entre los muertos, señor, a quien tocó esta desgracia fue a mi General Tiniente, don Nuño Perez de Lara, que de un mosquetazo quiso cortarle el hilo la parca: ciego de cólera entonces por perdida tan extraña de mi caballo desmonto, y sin reparar en nada pasto el foso, subo al muro, sin que a estorbarlo bastarán la lluvia de los mosquetes, ni el diluvio de las balas. No digo que de sus vidas fue mi acero la guadaña: porque siendo propia siempre, en vilece la alabanza. Solo digo, que después, al Alferez de la plaza quité aquestas dos banderas, y con ellas la esperanza de la vida, pues su pecho fue de mi acero la vaina. Hasta que ya la fortuna, envidiosa de mi fama, del muro me detribó, de un mosquetazo a la saña, sin mirar que era otro triunfo, pues fue cuando tu lleganas: Aqueste ha sido el suceso que tu referir me mandas. Esta ha sido tu victoria, triunfa, vence, ordena, traza, que si tu favor me anima, y si tu sombra me ampara, he de traerte en mis hombros a Cambray, y a sus murallas, y al mundo, si votoa Dios, que todo Flandes, y olanda, y el mundo; es corto trofeo para ponerlo a tus plantas. Don Lope, mucho me he holgado que añadiendo a España gloria, alcance yo esta victoria por tan valiente soldado, Y pues premiar es razón a quien tanto lo merece, y con vuestros hechos crece vuestra fama, y opinión, Tener atención prevengo, y premiaros, como es loy: Y pues agora del Rey cédulas en blanco tengo, con esto pienso que os pago, y yo vuestro amigo soy: en nombre del Rey os doy un habito de Santiago. Para que por cada hazaña que en su servicio habéis hecho, os honre la insignia el pecho del grande Patrón de España. Dadme los pies, gran señor, por merced tan singular, mejor es disimular. Así se premia el valor. Que esto cielos llegue a ver, y qué tenga sufrimiento! Oh pese a mi nacimiento! que naciese yo mujer! Que a un bisono haya premiado el Conde cielos así, y que se olvide de mí. por antiguo, y por soldado. Esto ha sido darla como. Aún adverso, y importuno. Que premien aquí a ninguno, sino al Sargento Pálomo. Pidele al Conde liquiera que venga, pues te le ha dado, el habito acompañado con guardaples, y pollera. Que necia estás, y cansada, para estar de mal humor, es bueno. . Ya gran señor, queda la plaza sitiada: pero ha corrido una voz, que el enemigo soberbio quiere socorrerla. Basta, Barón. . Señor. Apuremos, qué intentará el enemigo. A Vuecelencia prometo, que no sé qué responderle: bien que socorro tan presto se me hace dificultoso. Bien decís, pero yo creo que según buena milicia, del enemigo el intento no se ha de menospreciar: Publíquese un bando luego, que al que trajere una espía del enemigo, prometo hacer merced. a. . Para qué? cuando yo solo pretendo traerte cuantas espías tiene el campo. De ira tiemblo. Señor don Lope, eso fuera a no haber entre los nuestros oficiales más antiguos, a quien les toca primero cualquier facción? No lo dudo. Pero también os confieso que habrá algunos más remisos: el brío es soldado viejo, vive Dios, y el valor nunca se rágula por el tiempo. Yo solo basto. . . Yo solo soy bastante. Qué es aquesto? valientes son vive Dios, mas disimular pretendo: por el brío que han mostrado les perdono aqueste exceso. Claro está que los dos selos bastáis a dar mil Imperios a vuestro Rey, quién lo duda? Para mayores empeños os he menester a entrambos. d. . Viven los sagrados cielos, . que ha no estar el Conde aquí. Por los ojos vivo fuego echa tu hermano, señora. Qué se me da a mi de eso? en tocándome al valor con mi padre han elo mismo. Venid conmigo, que ver a Madama Blanca quiero, pues me aloja en su castillo, que está dos millas del cerco, y asiste la corte en él, Barón. . Señor. Al momento, mientras estoy con Madama, que se eche ese bando luego. . Ver con aquesta ocasión a Madama Blanca intento. . Y yo a Juana, que es un rayo, y por sus ojos me muero. . Yo al campo del enemigo he de ir, airado, y soberbio, a traerle mi valor al Conde algún prisionero, y anticiparme a don Lope: fortuna ayuda mi intento. Mi señora doña Elvira, solos estamos, bien puedo suplicar a Usiria me de sus plantas, respeto. de que un caballero mozo con un habito a los pechos estará grave sin duda. d. . Martín. De risa reviento, hombre dime eres mujer? mírate mejor en ello. d. . No sé qué hacerme por Dios, Yo si fuera tú, al momento el largato me plantara. d. . Cómo es posible? Eso es bueno, no sabes hacer báínicas, y punto real? . . Deja necio, las burlas. Luego mejor sabrás echarte un remiendo? Que dirá de esto Madama, que te ha cobrado en extremo afición, cuando te vea con la encomienda en el pecho, y Iuanilla, que por ti anda bebiendo los vientos? En buena parte las dos, Martín, su afición han puesto: déjate ahora de burlas, porque ir esta tarde pienso al campo del enemigo. Aqué fin?. . Traer pretendo al Conde cuantas espías hallare en él, pues con esto doy a entender a mi hermano mi valor, y mi ardimiento: vamos Martín. . Ufiria ha de ir delante primero. Por vida mía, señor Comendador, es exceso, buenos habitos le hacen. quién le borda? está bien hecho. Te burlas? . Andallo pabas. Ven Martín. Voite siguiendo. Fortuna, dame valor, para hacer mi nombre eterno. Como no me hagas capón, fortuna, yo estoy contento. Hermosa Madama estás. Julia, de oírte me río. Con tu donaire, y tu brío, envidia a las flores das: si el amor te llega a ver rendirás al mismo amor, nunca parece mejor que en el campo una mujer, El talle el garbo, la gala, que al desgaire tanto brilla, y la airosa muletilla, que traje a ese traje iguala. Solo me da mil enojos la joya que al pecho sías, que tu para que querías más diamantes que tus ojos? Todo junto en tu belleza señales son de alegría. Acertaras, Julia mía, si dijeras de tristeza. Antes por enfermedad traer muleta prevengo, que ha muchos días que tengo enferma la voluntad. Luego tienes amor? . Sí, ya el alma lo confesó. Es a don Fernando? . No. Mas que lo adivino? . Di. Es al Coronel? . Tampoco. Pues estos dos te desean, te sirven, y galantean. No traigas el juicio loco, que lejos del blanco das. Mas pues en esto te empeñas, si te doy algunas señas quiaz lo adivinarás. Yo quiero bien, Julia mía, a un hombre, tan gentil hombre, que en la belleza no es hombre. y es más que hombre en la osadía. Entre muchas de primor, tiene una gracia tan rara, que enamora con la cara, y rinde con el valor. Y en fin temiendo, y dudando este amor que stoylintiendo, enigma es pues yo no entiendo lo mismo que estoy amando. Señora, si no me engaño, sin que más leñas me des, ya he conocido quien es. Quién? Don Lope de Avendaño: no es la verdad? . Ay de mí! Suspiro el pecho formó, que, no me dices que no? Digo mil veces que sí. La boca se te hace almibar, con razón, el mozo es bello, que facciones! qué cabello, que envidia el oro de Tibar! qué cara! qué aire! qué encanto! Tente, Julia, necia estás. o no me hables en el más, o no me le alabes tanto. Y pues habemos llegado a este verde hermoso sitio, donde bullicioso corre este arroyo cristalino. Sentémonos a su margen, y sabrás del pecho mío lo que hasta agora no sabes. Con la plática no has visto, que nos hemos alejado gran trecho de tu castillo, y temo, señora mía, que puedan los enemigos llegar aquí? . Nada temas: porque estando el Conde invicto en mi castillo alojado, en vano el temor ha sido. Siéntate aquí, Julia mía, y escucha mi pena. 1. Amigos, no ha sido poco escaparnos de aquel fuerte que perdimos, con las vidas. 2. Vive Dios, que estoy sin haber comido dos días ha. 1. Pues yo pajas, el estomago da brincos de hambre, y en mis tripas andan los guelfos, y gebelinos. 2. Por este pobre, que es mudo de nacimiento he sentido esta falta. 1. Es un pobrete: pero qué es esto que miro? no veis allí dos mujeres? 2. Y muestran en los vestidos ser principales. . Ay Dios! en manos del enemigo hemos dado d. . Hacia esta parte entre las ramas he oído ruido de gente, que veo! no es Blanca cielos divinos? Si señor, y está sitiada de tres Ingleses amigos. A que buen tiempo, Martín, la fortuna me ha traído, escucha por Dios 1. Mis Reinas, tres soldados pobrecitos las supli can que les den con celo caritativo, cuanto tuvieren que darles, y cuanto traigan consigo. La humildad es la que alabo, lo merecen vive Cristo. Soldados, sed más corteses con las damas 2. Bien ha dicho, y yo que soy más cortés, en nombres de todos digo, que me presteis esa joya, que yo os dejaré un recibo, de mi mano propia, y luego después de haberla vendido os pagare a diez por ciento, que sin prendas es lo mismo. Esta es violencia, traidores. Madama no demos gritos. No hay quién me locorra cielos? Villanos, quien os ha dicho, que no serán vuestras vidas despojo del valor mío? Oyen ustedes, mis reyes, esto es dos, y dos son cinco. 2. Qué es lo que intentáis? . . Oíd, a mi General le he dicho, que he de llevarle una espía del campo del enemigo, y así llevando a los tres, y sacándoos de camino, Madama, de aqueste empeño, con tres a un tiempo he cun plido, quedando esta vez airoso, con él, con vos, y conmigo. 1. Qué aguardáis amigos? muera. , s, De esta manera mis bríos os darán a conocer si labré hacer lo que he dicho, 1. Huye por Dios, que es un rayo, 2. Monfiur, por mafve, rendido estoy. . No hay algarabias, que valgan aquí conmigo: faquín belitre, esta vez vive Dios, que habéis caído en ratonera, y los diez por ciento, yo he de cumplirlos por vos, que en vuestras costillas serán reditos caídos. Átale luego a aquel árbol. 2. O por diu. . Calle le digo, Siguiendo vengo a don Lope, pero ha celos enemigos! con Madama Blanca está, desde aquí procuro oírlos. Madama, este presente de haberos aquí encontrado, la fortuna me le ha dado por mano de un accidente. Vos vencisteis solamente, siendo a un tiempo mi homicida: de ingrata, y desconocida lleváis Madama la palma, pues habéis robado el alma al que os ha dado la vida. Don Lope, si vuestra espada darme la vida procura, cuando pensáis que segura me dejáis, mas empeñada pudo allí la suerte airada librarme de una traición: Aquí no, que el corazón en un alma agradecida, cuando confiesa una vida, le cuesta una obligación. Y así, don Lope, creed que os agradezco, y estimo mas de lo que vos pensáis el haberme socorrido en lance tan apretado. Si acaso mi valor hizo algo por vos, fue en resguardo de vuestros ojos divinos. Sois Español? ̱. . Si señora. Bien se conoce en los bríos, y noble? . Y tatara noble: merced de Abito le hizo su Majestad, y hasta ahora ponérsele no ha querido. Por qué? . Pretende tuson. Necio estás. . Pleguete Cristo, pues no puedes con la capa, dale Abito con el pico. Hh mucho que serúís? . . No, y si pudiera deciros. No os entiendo. . . No, porque son muy cortos mis servicios, si porque veros, señora, y adoraros fue lo mismo, y hasta lograr esta dicha, se hicieron las horas siglos: ved en cuanto a vos Madama, si ha mucho tiempo que sirvo? A traidor! . Que tanto en fin me queréis? . L. Ya el alma ha dicho, que os adora. . Si por Dios, y si es que buscáis marido, ninguno como el presente. ̱. Por qué razón? . Es castizo. En Brúselas a una dama habió tres años continuos, y de ella en estos tres años no tuvo más de seis hijos. Seréis firme? . . Soy diamante. Secreto? . La. El secreto mismo. Leal? . . Como vos aermosa. Y Cortés? ̱ . Soy bien nacido. Pues don Lope, por agora basta decir, que me inclino solo a vos; aquesta noche. por la reja del castillo quiero más despacio hablaros. Estaré en el mismo sitio que señaláis; mas supuesto, Madama, que queréis iros, dejad que os vaya sirviendo. Importa al decoro mío ir sola, sígueme Julia. A Dios reina. . A Dios lampiño, Ay corazón, mucho llevo que comunicar contigo? Fuese? . Sí. Pues a lo largo seguirla quiero. Quédito, que primero que lo hagáis lo habéis de acabar conmigo. d. . Juana, tú aquí? . Si traidor, y a tus engaños he visto: ya sé que a Madama adoras. Que esto sufras, por Dios vivo, que la diera mil patadas. Falso, aleve, fementido, para todas tan ardiente, y para Juana tan tibio, yo me vengaré de ti. Mujer, has perdido el juicio? a un Comendador le quieres poner freño en su apetito? de L Calla por Dios. . No hay callar, que no te haya yo debido, dejando por ti mi casa, vna palabra, un carino, una lisonja, un agrado? Juana tente, quien te dijo que a mí me movió el amor a traerte aquí conmigo, pues solo mi intención fue, librarte de aquel peligro? Esto solo es la verdad, y en lo demás no la has dicho, porque yo no quiero a nadie. Que compueslo; y que fruncido. Lo primero, quiere a Blanca, y lo segundo, por lindo, a todas las enamora; y lo tercero, he sabido. Qué puedes saber?. No más, de que tiene usted seis hijos. Que caben en un arnero, y el mayor, que es Periquilio, la travesura del mundo. Estás loca? estás sin juicio? Tú alcáguete, tu traidor, toda la culpa has tenido, yo te sacaré los ojos, A tan locos desvaríos respondo de aquesta suerte: vamos Martín, . O que lindo, por Dios que la pobre queda hecha un vinagre torcido. Que aquesto pase por mí! que una locura, un delirio, y una inclinación, a tal estado me hayan traído! Mas delitos por amor traen la disculpa consigo: pues que aguardo a la venganza? yo con mis ojos no he visto, que a esta Flamenca Madama tiene amor? pues lo que elijo, es darla parte esta tarde Confieso que me tiene con cuidado la voz que por el real se ha divulgado, de que quiere feroz el enemigo, de lo que me ha sucido con don Lope, porque entienda sus engaños, y artificios. Parece que mi deseo en las alas me ha traído de mi pensamiento, pues he llegado ya al castillo. Pero el Conde sale aquí, a este lado me retiro; ha traidor, que mal me pagas lo mucho que te he querido! socorrer a Cambray . Lo que yo digo, es, que pierda cuidado Vuecelencia. Aqueso es apurarme la paciencia, Barón, que en esta plaza que he sitiado; mi opinión, y mi crédito he arriesgado: bueno es que esto se diga, y que esté sin cuidada, y sin fatiga. Esta es voz que la industria ha publicado, y es falsa, vive Dios. . Ya estáis cansado; publicose aquel bando? Esta mañana. Barón, de buena gana tomara yo una espía, y fuera vana la epjeriencia mía. Dadme, señor, los pies. Se ais bien venido, don Lope, qué traéis? qué ha sucedido? como no me habéis visto en todo el día? Como os vi con deseo de una espía, y sois el norte, gran señor, que sigo, esta os tray mi valor del enemigo, llega soldado, y dile en su presencia, lo que supieres luego a su Excelencia. Naní, nani. . Gabacho, el enano eres tú, y estás borracho. Solo aquesta noticia deseaba, y de vos solamente la esperaba. Honráis a vuestro esclavo. . No me atrevo, a pájaros, don Lope, lo que os debo. Ingles, sin dar lugar a tu castigo, di al punto lo que intenta el enemigo, y si dices verdad, premiarte espero. A tus pies, gran señor, decirla quiero. El enemigo tiene hecha una mina, por la parte que al sitio se encamina, con tal industria, y maña, que puede con cautela tan extraña, por debajo de tierra, fácilmente, socorrer a Cambray. . Es evidente, Barón? . Señor. . Estáis desengañado, de que es bueno el valor con el cuidado? Si gran señor., . Esta es verdad. . Ya veo, que no me engañaréis, así lo creo. Si no fuere, señor, de aquesta suerte, en vuestra mano está, dadme la muerte. A vuestros pies ufano, por ver que en esto tantas honras gano, esta espía os ofrezco. Y yo a vuestro valor se lo agradezco, pero llega ya tarde, porque don Lope, haciendo de ello alarde, otra me trujo, de quien he sabido, mas de lo que quisiera. . . Estoy perdido, que hasta en aquesto, cielo soberano, don Lope ha de ganarme por la mano. Pero saber quisiera, si conforman los dichos, de esta manera lo sabré dime Ingles, que has entendido? Ba, ba,ban. Buena lengua hemos traído, habla marrano habrá quien esto crea? Ba, ba, ba. . Ba. ba, ba, lo que banca; o es que lo disimula, o aqueste Ingles no es hombre, si no mula. Es un pobre soldado, que de una enfermedad mudo ha quedado. Habrá paciencia alguna: que tenga yo tan infeliz fortuna, que cuando traer lengua me conviene, traiga un hombre infe liz que no la tiene! Vamos amigos presto, que es preciso poner remedio en esto: tened esos soldados, con guardas, y prisiones encerrados, hasta que se examine si es engaño, o verdad lo de la mina. Cambray, aqueste día la vida he de perder, o has de ser mía. Amor, ya de tu rigor he provado la violencia, ya no hay en mi resistencia para tanta fuerza amor. Si eres Dios, y tu poder de tantas cosas se alaba, quetriunfo es hacertu esclava a una infelice mujer? Amor de ti desconfío, mas si quieres obligarme, o acabaya de matarme, o vuélveme mi albedrío. El término se ha pasado, y don Lope no ha venido, si acaso le ha detenido de otra hermosura el cuidado. Oscura noche! . Afe mía, que si no lo has por enojo, se ha tapado de medio ojo, por darle matraca al día: aún no están en su lugar las cabrillas, según veo. Pues que se han hecho? ̱. Yo creo, que se habránido aacostar: brava noche para cultos de soneto Criticón. Tienes, Pálomo, razón. Allí diviso dos bultos. De tu Madama gentil, es esta la rejaba. Qué hará, Palómo? . Estará espulgándose al cándil. Estas borracho? . Qué espero pues dos al sitio han llegado, es don Lope, y su criado sin dudace, caballero. Llaman de la reja? . Sí, y es mujer si no me engaño. Sois don Lope de Avendaño? Malo. . . Qué escucho; ay de mí! Madama es habrá quien crea tal genero de pesar. Cielos, que siempre mi azar aqueste don Lope sea: el mismo soy de esta suerte saber mi agrabio he querido. Vos seáis muy bien venido, que ha gran rato si se advierte, que hago en esta reja alarde, esperándoos, de mi fe. d. . Pues cuando yo no llegué, siempre a vuestros ojos tarde? Esa, don Lope es locura, todo el mérito lo alcanza. Aquien falta la esperanza, tarde llega la ventura, Desconfiar del remedio; a nadie en mi vida he visto, si no es a vos . Vive Cristo, que le está abriendo por medio. Tarde vengo? . No lo sé, pero culpa no has tenido. El Conde me ha detenido. Con todo te apostaré, que la Madama estará, en la reja, en buen romance. Ella ha echado bravo lance. Que tierna la pobre está, finge mucho, gasta prosa, ruege blando, y lisonjero, y quítala su dinero, pues no puedes otra cosa. Un hombre diviso allí. Reconocerle con viene. Un bulto hacia mi se viene. Oye, hidalgo. . Dice a mí? A el digo. . El hombre es valiente, y gasta su colerilla. Váyase, o le haré tortilla en esa pared de enfrente. Tortilla: soy polloguero, y no la podrá comer; fuera de que es menester que me bata usté primero. Oye Martín, que a la reja de Madama he reparado que está un hombre, y vive el cielo, que ella, y él están hablando. Escuchemos lo que dicen. Cierto Don Lope, que extraño cuando yo la vida debo, al valor de vuestro brazo; que dudéis de que os estimo. qué escucho! . Buenos estamos, otro don Lope tenemos. Sin duda es algún villano, cobarde, que con mi nombre esta ocasión ha logrado, Qué intentas? . . Eso le dices a mi corazón bizarro? darle dos mil cuchilladas. Señora, el Conde a tu cuarto llega agora, y quiere verte. Ya me es preciso dejaros, don Lope, pero mañana si queréis, sabréis de espacio. en este mismo lugar, lo que os debo, y lo que os pago. Hidalgo, si es que lo sois, porque nunca los hidalgos logran con nombres supuestos, de las damas el agrado: El dueño soy de esa reja. Do. Lope es, si no me engaño, vive Dios, que la ocasión se me ha venido a las manos, de vengar en este mozo lo altivo, y lo temarario. No respondéis? . . O estáis loco, o venás desalumbrado, no veis que la ocupo yo? Pues irla desocupando, sino quie re hacer de priesa, lo que puede hacer de espacio, que aguarda? . . Gana tenéis de reñir, mas donde estamos. no es posible; por estar: en este sitio alojado el Conde, y tener en él la Corte, seguid mis pasos, y os llevaré del castillo a un lugar más apartado, a donde con menos riesgo obrará el valor callando. Bien decís, Martín. . Señor. ̱. Pues riñamos. Vete, y no muevas los labios, que te cortaré la lengua. Pálomo; escucha; volando vete de aquí, y no le digas a nadie lo que ha pasado, que te quitaré la vida. Ya obedezco. Y yo me aparto. Alguna desdicha temo. Ellos van desafiados. Venid. Vuestros pasos sigo. Ya estamos algo apartados del castillo, caballero, y así, pues no hacen al caso las palabras a las obras, todo el valor reduzcamos, sacad la espada. Qué miro! vive el cielo que es mi hermano: quién se ha visto en tal empeño? sabe el cielo que la saco para defenderme solo. Pues qué aguardáis? d. . Nada aguardo. Obre el valor Bien decís. Pues riñamos. Pues riñamos. d. . Qué brioso! Raro valor! . Pulso raro! aguardad. . . Qué os detenís? Herido estoy en la mano, ya no hay respeto que valgad Es la herida de embarazo, para reñir? Nada ha sido. Pues riñamos. AA Yo herido, viven los cielos, que he de matar a mi hermano, y aún a mi padre. iquo! A Esperad, herido estoy en el brazo. Os estorba mucho? No. Pues riñamos. . Pues riñamos. 1. Arma, arma, que el enemigo, por el ataque ha llegado a envestira las trincheras. Qué escucho! Al arma tocaron. Ya es preciso, que los dos a nuestro puesto acudamos. Pues don Lope; a la ocasión. Pues al valor Don Fernando. Aguardad, que aqueste lienza en la herida quiero ataros. Y yo poneros aqueste. Vive Dios, que sois bizarro! Vive Dios, que sois valiente, Pues a Dios. d. . En qué quedamos? En la guerra muy amigos, y en el amor muy contrarios, nuestro duelo queda en pie, ̱. . Segunda vez han llamado. . d. . Bien decís, amor. d. . Fortuna. Qué alentado!. . Que me has obligado a tanto. Que en tal empeño me poltes. Favorece a un desdichado. Sácame de tantas dudas. A qué aguardáis vamos? (Lope. o. Vamos e Por aquí me void. Yo por aquí, don Ternando. Así tan feliz no fueras. e Así no fueras mi hermano. R4

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA A los pies de Vuecelencia llega, señor, don Fernando. de Vergara, juntamente condon Lope de Avendaño, mas plegue a Dios escogidos sean, como son llamados. Bien está, solo pretendo reñirlos, no castigarlos. d. . Sin duda el Conde ha sabido el desafío de entrambos. d. . Señor don Lope, en saliendo de aquí mirad que os aguardo en el sitio. . . Ya os entiendo, lo mismo a vos os encargo, y me pesa que ese aviso me ganaléis por la mano. Parece que no lo finjo, según lo tomo a mi cargo. Avisado del Sargento, vengo a saber desde el campo, que me manda Vuecelendia. Lo mismo, señor, aguardo. Yo don Fernando, he sabido, que porque estáis inclinado a Madama Blanca, hacéis punta, en que ningún soldado la fésele; y también sé, que a don Lope de Avendaño, favorece más que a vos. lo porque el valor de entrambos no sea agual: mas porque la insigencia de los astros da el mérito al más dichoso y le quita al desdichado. Adenjas, que siendo estilos en estos palsas bajos, el público galanteo, pueden muchos cortesanos hacer a una dama, sola dignos festejos, y aplausos, sin que la fineza de uno sirva al otro de embarazo. Pues se usa con tal decoro este amoroso agasajo, que no fuera caballero quien con otro sin osado, en un átamo ofendiese tan noble, y sencillo trato. Y supuesto, que aquí corren estos festejos hidalgos, descomponerse envidioso es faltar a lo bizarro. Yo sé, que los dos por Blanca salisteis desafiados, y os heristeis en campaña, y porque al arma tocaron, no quedó acabado el duelo, quedando el duelo acabado. Supuesto, que estáis heridos, cada cual procure ufano su dicha, sin que por eso sea del otro contrario. Del Barón de Brisac sé, que con el mismo cuidado, a Madama Blanca sirve, con modo tan cortesano, que de ninguno se ofende. Porque en un pecho gallardo, la competencia de muchos, hace el triunfo soberano. Dos valientes Capitanes, que han de dar a sus soldados. ejemplo por cosas leves han de aventurarse, cuando en la guerra solamente, la dama de mejor garbo es la opinión, y la fama, el nombre heroico, el aplauso de los militares hechos? por esto debe un soldado verter la sangre animoso, cuyo sujeto es tan alto, que no puede haber delito que desluzga su honor claro, pues desdoblando las hojas del volumen de los años, vive cada vez más bella en la eternidad del mármol. Soldados que pueden dar victorias a su Rey, tanto los estimo como a mí; de amigos os dad las manos, porque no murmure el ocio, que cuando está Marte airado riñen empeños de amor espíritus Castellnos, advirtiendo que soy yo quien hace la paz de entrambos. Esta es mi mano Don Lope. Esta es la mía Fernando, y desde hoy más os prometo, que hemos de ser como hermanos. Y porque de esta amistad quede el nudo asegurado, de aquí adelante los dos festejemos, pretendamos. competidores, y amigos, sin que el desdén, ni el agrado al uno ofenda por tibio, ni al otro acuse de ingrato, y de su hermosura el norte con esta igualdad sigamos; y al que negare su estrella de tan noble empresa el lauro, mas que de ser competido, se queje de desdichado. Pues norabuena, así sea. En eso quedáis entambos? pues siendo fin tan honesto, yo no intento embaázarlo; y igualmente sabré yo dar parte al Rey del cuidado con que seráis. . Vuexcelencia siempre a Don Lope ha mostrado más inclinación que a mí. Por qué? A los riesgos más ardnos le empeña, y de mí se olvida, sabiendo que en los afaltos no he sido el segundo nunca, ni el que menos arrojado áspira al laurel glorioso. Yo os estimo Fernando; y mientras lo enmiendo agora, dadme de amigo los brazos: Qué bien me suena su queja! esta hidalga envidia alabo. De una espía, señor, hemos sabido, que el enemigo intenta, prevenido, esta noche en la Plaza meter socorro. . Nada me embaraza, que esa voz echar suele cada día, y eso nos hace más de cortesía, pues me deja advertido, y cuidadoso. Pasar es imposible el contrafoso, sin que en átomos vuele por el viento cuanto conducir puede su ardimiento, Don Lope, de la guerra en la asechanza, suele danar la mucha confianza; meta socorro, o no, nuestras hileras bueno será que ocupen las trincheras que se hallaren seguras de las minas. Rayo ha de ser mi brazo en la colina que mira a la llanura, por donde, con su gente mal segura, intentará romper, por ser la parte a quien menos defiende el balvarte. Por si acaso lo intenta su cautela, haga Don Lope allí la centinela, que a su valor aquesta empresa sigo, por ser adonde más se muestra el brío. d. . Norabuena señor: bueno he quedado, cuando esta noche estaba yo llamado de Blanca, solamente para hacerla terrero, y verla en el balcón, pero primero es el valor, y punto de soldado, porque si me excusara con cuidado de hacer la centinela, parecería del temor cautela. Dichoso en esto he sido, pues estando Don Lope entretenido, podré ver a Madama sin recelos, seguro de la envidia; y de sus celos. Vaya el Sargento a prevenir la gente. El orden obedezco diligente. Señor Barón, la guarda del Castillo por cuenta correrá de su cuidado. Adónde Vuexcelencia está alojado, no llega de temor la valentía. La polvora no guarda cortesía: de todos los confines Don Fernando registre los fortines. A prevenir iré mi compañía, porque esta noche me ha de dar buen día. . No os vais Don Lope vos. Extremos raros! que manda Vuexcelencia. Quiero hablaros, mirad si alguien parece. (ce. Nadie nos puede oír, mi duda cre Ahora bien señor Don Lope, ya estamos solos, yo os quiero reñir, no como caudillo, si no como amigo vuestro; que el que se precia de noble, a su amigo debe atento, en público, disculparle, pero reñirle en secreto. Ya veis señor Capitán la grande afición que os tengo, y me pesa vive Dios, que un hombre de vuestro aliento viva con tanto descuido, que deje pasar el tiempo, sin atender a su honra, ni tratar de sus aumentos. Su Majestad, Dios le guarde, por vuestros merecimientos, merced de un Abito os hizo; yo para las pruebas luego os di una ayuda de costa bastante; y vos, desatento, olvidáis aquel esmalte rojo, aquel renglón sangriento; que oculto explica en las venas lo que dibuja en el pecho. Y cierto que extraño mucho, que un hombre de tanto duelo, de tanto punto, y capricho, viva descuidado en esto. Y no puedo persuadirme, que en caso de tanto peso, vuestro olvido, en esta parte, deje de ser sin misterio. Hablemos claro Don Lope, decidme vuestro secreto, pues bien sabemos que nadie elige su nacimiento. Tenéis causa oculta que os embárace el poneros el Abito? confesadme la verdad, no estéis perplejo en declararos, que como vos seáis Cristiano viejo, hemos de salir con todo. Los señores Consejeros de Ordenes son mis amigos, y cuanto cupiere en ellos de gracia, os la han de hacer; porque este ilustre Consejo favorece a los soldados de fortuna; y según esto, bien podéis de mi fiaros, pues correrá por mi empeño vuestra pretensión Don Lope, que es lástima que un mancebo de tantas partes no logre la insignia de Caballero. Cielos, confusa he quedado, y a responderle no acierto! agradecido señor: a ese generoso afecto con que intenta Vuexcelencia honrarme, responder quiero, porque de mí no presuma que vivo olvidado de ellos; y es, que un hermano en Castilla quedo, por solo un avuelo, litigando ejecutoria; y por instantes espero aviso de este despacho; porque hasta tener dispuestos mis papeles, no he querido pedir informantes, siendo preciso haber embarazo, hasta concluirse el pleito, que está para sentenciarse, según me escriben mis deudos. Ademas, que un hombre mozo, con un Ábito a los pechos, sin tener renta ninguna fuerza es que viva sujeto a indecencias; y quisiera, si he de decir lo que siento, para lucir esta insignia, tener hacienda primero. Si es eso lo que intentáis, cerca tenéis el remedio. Y cuál es señor? Cásaros. con un buen dote es lo cierto. Dónde hede hallarle? . Mirad, Madama Blanca, es sujeto, por su virtud, y hermosura, digna de un gran Caballero; tres mil ducados de renta heredó, y por sus avuelos es Buronesa del Valle; haciendo este casamiento, sois rico, y quedáis Barón. d. . Yo Barón? Viven los Cielos que es imposible! . Ahora bien, Blanca os muestra algún afecto, y vos la tenéis cariño; yo por vos, Don Lope, quiero tomar esto por mi cuenta, pues corre ya por mi empeño el veros acomodado, que a Blanca pagar intento el hospedaje, con ser de aquesta boda el tercero. Esto solo me faltaba para que yo pierda el seso! señor mire Vuexcelencia. No hay que replicarme en esto, vive Dios que sois terrible! ea señor acabemos, yo sé que lo deseáis, pero no me admiro de ello. Sois soldado, y estáis pobre, y receláis que por serlo no os ha de admitir Madama, y teméis este desprecio. Dejadme a mí la embajada, veréis como lo gobierno, que os he de casar con ella, por la fe de Caballero, y empeñar en vuestro apoyo de mi intercesión el resto. Señor, Vuexcelencia atienda, que eso es imposible, Cielos! tuese: Qué es esto que miro? Abito yo, y casamiento, y tomar a cargo suyo, como por fuerza mi aumento, sin escucharme a ninguno? Hen sucedido tan nuevos lances de amor, y fortuna? Pero yo por qué recelo que a mí, y a Blanca nos case, si para estorbarlo luego sabré inventar nuevas trazas con la industria del ingenio. Señor Sargento de guarda, que con amoroso afán, como otros Abito dan, nos anda dando alabarda; ya le he dicho que me enfada, y que es en vano su amor. Pues Julia tanto rigor? a tus pies rindo la espada, no se irriten tus enojos contra un corazón rendido, que de tu beldad vencido, pide cuartel a tus ojos; que en esta guerra amor ciego, desde ese rojo clavel, de tu labio más cruel rinde con bocas de fuego. Deje tanta argentería. Pues Julia vamos al cuento. Qué es lo que quiere el Sargento? Busco en ti mi compañía, beso el zapato que toca. Punto en boca mentecato. En besando tu capato, pondré diez puntos en boca. Cómo grosero, y villano procede? . Si esto es desaire, y soy villano, en el aire que iré desde el pie a la mano. Tome a el pícaro. . Eso sientes? no me hagas tales baldones, que das unos bofetones fríos, que quiebran los dientes. Y que tez tan delicada que tiene . Qué barbarismo! para mi es esto lo mismo que darme una bofetada. Yo me inclino a valentones, y tu diz que cofrade eres del temor. . Pues que más quieres, si soy de los temerones? Todo mi desdén atajan, y solo me satisfacen los que muchos fieros hacen, y estos que yenden, y rajan. Querrás bien a carpinteros, mas si los dos nos casamos, y a tener hijos llegamos, yo sé que haré muchos fieros. Martín sí, que por su nombre merece en mi amor cariño, Para ti cualquier lampiñó viene a ser, Julia, mucho hombre. Vaya el estropajo. . Bajo oye. . Miren que persona. Mucho es que siendo fregona, me dejes por estropajo. Yo sé que no le diría eso a Martín. . Si dijera, y le hiciera. Qué le hiciera? Una grande cortesía. Advierta, que Julia hermosa es cosa mía. . Aunque arguya, no puede ser cosa suya. Por qué? . Porque ella no es cosa. Eres un mandría. . Que puedo hacer en tan grande ofensa? natural es la defensa, mas es legítimo el miedo, óígame. . No es mucho, nada. Vuesa merced se reporte, y demos en esto un corte, que no sea el de la espada. La lengua pienso cortarle. Bien sé yo hablar muy cortado. Saque la espada el menguado, que por Dios que he de contarle los botones. . Será exceso contar lo que no le pido; cuando hiciere algún vestido, le llamaré para eso. Pues no enamore el cuitado a Julia, que si le veo. Yo la he dicho mi deseo, pero no la he enamorado. Que si he de decir verdad, me ha dado mil celos hoy. Tómelos, que se los doy de muy buena voluntad. Di agora, como no haces tantos fieros? . Soy modesto, porque un hombre de mi puesto no se ensucia con rapaces. Oye, espera. . A tus amigos diré tus brios menguados. Los que son desvergonzados no sirven para testigos. Llega Martín a abrazarme, que tu brío me enamora, y sabe que mi señora contigo intenta casarme. Bueno va. . Y un muy lucido dote me ofrece, y su amparo. Mira Julia, hablemos claro, yo no soy para marido. Pues tú por qué? . Porque tengo una condición tan mala, que no has de poder sufrirme. En mi tendrás una esclava, que te sirva, y que te sufra. Si la vida que te aguarda conmigo quieres saber, escucha. . En buen hora. Vaya: Lo primero, aunque seas buena, has de parecerme mala, porque es muy necio el marido que con su mujer se casa. A cuanto yo te dijere, no has de replicarme en nada, que te has de ir muy norabuena, si te envío noramala. Iten, nunca has de afeitarte, no ha de haber muda que valga, si está tu cara en tizona, no has de ponerla en colada; que por si acaso algún día, Dios me conserve en su gracia, diere en ayunar, no quiero que tú me gastes la pasa. Iren, nunca has de ponerte perendengues, ni arracadas, porque no quiero perrillos que me señalen la caza. De chocólate, y sorbete no acetarás ni migaja, porque no gusto que seas mujer de tan buena pasta. Cuando me enoje contigo, llamarete mentecata, zalía, fucia que no pienso tratarte mal de palabra. He de dejarte con llave siempre que fuera me vaya, porque si viene algun diablo, se vuelva a puerta cerrada. Jamás has de entrar en coche, que pudiendo andar a pata, no han de decir que te traigo meridita en una caja. Nunca saldrás sino a Misa, y no has de salir tapada, que no has de darme un disgusto por un ojo de la cara. En la Comedia jamás pondrás los pies, que holgazana querrás, si hoy comes cazuela, irte a pesear manana. Que como tan convenible seas Julia con mis tachas, te daré catorce vueltas de palos cada semana. Todo eso es nada Martín. Pues mira Julia. . Mi amá. Sol apresura tu paso, porque logre mi esperanza ver esta noche a D Lope; den los ojos vida al alma, ya que no cabe en la voz lo que el corazón recata Tú aquí Martín, qué es aquesto? Señora, como en tu casa mi amo, y yo siempre hallamos buena sombra, le encargaba a Julia unas menudencias. Ya he dicho a mis criadas, que todo cuanto se ofrezca te den Martín. . Oh bien haya mi amo, que poner supo en tus ojos su esperanza. En mis ojos? Pues no es cierto? Acaso mi amo gasta otro amor, otro cuidado, desde que vino de España? Y quién es una Española que le sigue? . Una fregata es, que ha dado en perseguirle, y él lo hace donaire, y chanza, por no desairar su ruego, que es su atención muy hidalga: Como de aquesas mujeres le adoran, su estrella es rara. Con más razón lo dijeras, . si el corazón me miraras, cuando el Ábito se pone? De aqueso agora no trata; porque sin una Encomienda no se le pondrá. . Es extraña su altivez . Un tío tiene Gobernador de las Carcas, que tiene quinientos mil ducados en oro, y plata; y si Don Lope no fuera tan inclinado a las armas, y un poco templado al tío, la condición le llevara, tuviera lo que no tiene agora. . Pues que le falta? Lo que a su tío le sobra. Venaca, tiene otra dama? Solo por ti se derrite, solo por ti rico se halla, pues desde que te enamosa, jamás se ha hallado sin blanca: Y porque sepas. . Señora, el Conde, obligado a tantas finezas como recibe de continuo en esta casa, para entrar a veros pide licencia . Puedo estar vana de ese agasajo, decidle, que con su favor, Alcázar hará este pobre Retiro. El llega. Los dos la sala. despejad . Ya obedecemos. Julia a Dios . Para mañana en qué quedamos Martín? Bien me acuerdo. Diso, acaba. En que seré tu marido, como ahora llueven manzanas. ̱. Quedaos todos allá fuera. Amor, alienta mis ansias. Confieso que con razón quejosa estaréis Madama, de que siendo huésped vuestro, os veo tan poco, . Basta, gran señor, que Vuexcelencia honre alguna vez mi casa, para llenar de esplendor su homenaje. . Aunque las canas me disculpan, no me olvido de la atención cortesana que os debo, pues aún me precio de muy galán con las damas. Cómo puede faltar eso en un Príncipe que al Austria ha dado tantos tantos trofeos de bizarrías, y hazañas? Pues Blanca hermosa yo vengo a una cosa, tan extraña de mí, que es la vez primera que estreno aquesta embajada: Yo temo que lo sintáis, y cierto que me pesara, pues nada he temido como una hermosura enojada. Pero como el fin que llevo es de lerviros, Madama, la intención de mi deseo disculpará la desgracia. Lo que vengo a proponeros es una acción voluntaria, que aunque alegra concedida, no puede ofender negada. Bien conocéis a Don Lope de Avendaño, cuya espada hace glorioso su nombre, dando asumpros a la fama. Y también tendréis noticia de su noble sangre hidalga, y en que la tiene se fío; porque si bien se repara, el que obra bien solo es noble, que aunque la sangre heredada es dicha de la fortuna, la que por menor se alcanza, dando lustre al que la adquiere, no es de menor importancia, que una anda por tradición en pergámino estampada, y aquesta se ofrece viva en las acciones bizarras. Mas por no andar en rodeos, D Lope es mi camarada; y aunque por esto parezca sospechosa mi alabanza, él vuelve por ella airoso, pues tiene elección tan alta, que os desea para esposa. Y si he de deciros, Blanca, la verdad, yo le animé a este intento, porque estaba tan temeroso su amor, que en su pecho le ocultara, a no alentarle mi ruego. Cómo le di la palabra de terciar en esta dicha, soy de condición tan rara, que lo que he de hacer hoy, nunca lo guardo para mañana. A esto vengo solamente, señora Don Lope os ama, y ha mucho tiempo que os sirve; y pues yo por vuestra causa me meto a casamentero de obra pia, y sin ganancia será razón, por lo menos, que bien despachado vaya. Cielos, que escucho! la suerte me dio lo que deseaba. Qué me respondéis señora? pero no quiero que al nácar de vuestra mejilla cueste él sí que agora me calla, pues leo en vuestro semblante lo que en él escribe el alma. En manos de Vuexcelencia, que como padre me ampara, y como Príncipe quiere hacer feliz mi esperanza, hoy renuncio mi albedrío, que fuera mostrarme ingrata, desempeñar con menor fineza el honor de tantas. Con eso pagáis mi afecto, y os empeño mi palabra, que han de correr por mi cuenta vuestras dichas, pues me saca tan lucido de este lance, de vuestro favor la gracia; y aquel día, por serviros, he de estrenar una gala, siendo padrino en la boda. Y con esto, hermosa Blanca, quedad con Dios, que la noche a otro desvelo me llama, pues intenta el enemigo meter socorro, y las guardías se han de doblar. Qué entendido! Qué discreta, y cortesana! Guarde el Cielo a Vuexcelenci Contento voy . Voy ufana con la ventura que espero. De ver que he tenido maña para casar a Don Lope, y la habilidad me agrada, que yo ignorante vivía de que tenía esta gracia. Qué noche tan oscura! del Horizonte empaña la hermosura, parece que la niebla, toda junta se unió con la tiniebla, el Cielo aún no diviso, y el campo solo con el tacto piso. Mucho dudo que intente el enemigo osado, con su gente, hacerfacción en noche tan oscura, cuando todo su ejército aventura. Que me encárgase a mí la centinela el Conde, cuando Blanca me esperaba, y para hablarme por la reja estaba de mi ya prevenida? Qué pensará de mí? yo estoy perdida, que aunque esto nada importa, porque al fin, a la larga, o a la corta, se ha de saber que ha sido toda la rama de mi amor fingido; con todo no quisiera, ya que aplauso adquirí de esta manera, de amante, y de soldado, faltar jamás al plazo señalado de noble, y Caballero, mientras de hombre blasono, y ciño acero; pero que escucho Cielos! c. Música suena, atiendan mis desvelos, Acelerados desvelos, ilusión imaginada; si son celos, no son nada; si son algo, no son celos. El Barón de Brisac, o Do Fernando, esta música a Blanca estará dando, y ella al no verme allí, pensar podría que me retiro yo por cobardía: Allí el honor me llama, aquí mi obligación también es dama; ir a ver a Madama es vanagloria, dejarme a mí por mí, tembién es gloria, que hara, pues, mi cautela? Señor Don Lope hacer la centinela: Yo vi lágrimas vertidas, y enjutos ojos serenos, y sé que no cuestan menos lloradas, que detenidas, . . otra vez han cantado. No he querido fiar de otro cuidado el registrar el campo diligente, y con embozo, y traje diferente, examinando el foso, y la triuchera, he llegado hasta aquí sin ser sentido. Blanca no pensará que ha sido olvido, si no temor. . Qué escucho! con Don Lope he topado, presto con Blanca se verá casado. d. . Si aquí posible fuera que otro por mí la centínela hiciera, yo fío que los músicos volaran, y el Castillo de Blanca respetaran: Que por hacer la posta haya dejado. de cumplir mi palabra! . Que he escuchado! favorecerle intento, y mudando la voz con otro acento, me acerco más. . . Quién va? dé el nombre luego, si no quiere morir, o retirarse. . Amigos. No hay amigos, apartarse. . El nombre os doy. d. . Qué nombre? . Santa Elena. Pase pues. He escuchado vuestra pena; primero en el valor he de probarle; y luego en sus intentos ayudarle, y me pesa por Dios, más porque airoso. quedéis con esa dama, y generoso, hacer por vos la centínela quiero; porque vais a esa dama a hacer terrero; cumplid vuestra palabra a toda costa, que bien podéis fiar de mí la posta. Aunque honra, vida, y fama me importara, el uso militar no quebrantara. El que no queda airoso con sudama, también en ello pierde honor, y fama. Por Dios que sois famoso consejero, yo quiero quedar mal. . Pues yo no quiero. Famoso humor tenéis, y extravagante. Pues mirad, no os quejéis de aquí adelante. Qué he de hacer si no tengo otro remedio? Darme la posta a mi solmes el medio. No veis qué es culpa capital, y grave? si el Conde mi persona aventuro. Eso es verdad, ninguno está seguro, que el otro con su padre hará justicia, por defender la ley de la milicia, mas esto no es posible que suceda, si entre los dos este secreto queda. Este es el Conde, que otro se ha fingido, y aunque muda la voz, le he conocido, haré que no lo entiendo, pues seguro está ya lo que pretendo. Caballero obligado, el heroico valor que habéis mostrado, la centínela os fío, y al instante que cumpla el amor mío, vendré luego a buscaros, que esa noble piedad, y alientos raros hacen mi fe deudora: Por Dios que se ha de holgar un poco agora el señor Conde mientras me paseo, y me voy muy de espacio al galanteo; a Dios, que voy seguro, y muy ufano, de que la posta queda en buena mano, El por la vanagloria me ha cogido, mas en soltar la posta necio ha sido, sin conocer primero a quien la entrega; lo que puede de amor la pasión ciega! Lo que había de hacer Don Lope agora, de justo, era, tardarse hasta el Aurora; bueno es que vaya a hacer caballeria, y quede yo por él de infantería. Que presto que admitio mis documentos, no hay que hacer a valientes cumplimientos! quise probar su militar doctrina, y cayó sobre mí la disciplina, que aunque en esto mi brío se remoza, ello no me va bien con gente moza. Miren lo que se tarda, sabiendo que le toca hacer la guarda, y se dejó en el puesto un soldado, que pudo ser supuesto; del valor de este mozo no creyera que tuviese! hace muy mal si en mi favor se fía, porque he de castigarle la osadía: La ley de la milicia me quebranta. el señor Capitán con prisa tanta? yo pienso desquitarme, y a fe que la tardanza ha de pagarme, pues no tiene disculpa, si bien lo confidero, pues me meto de noche a consejeros; temo que me descubra el alba fría, y quisiera escapar antes del día: Que venga tan rodado el accidente, que me obligue a amparar al delincuente? Huid torpes villanos, y apelad a los pies si os faltan manos. Es un rayo su espada Cumplió su obligación en la estacada, y no viene; si de esta salgo airoso, juro de no volver a ser piadoso. Ello se hizo muy bien, tope, o no tope: Vuelvo a mudar la voz, que este es Don Lopes. quien viene allá? responda antes que intente probar de este alquitrán el rayo ardiente. El que obligado habéis? . El nombre pido. Santa Elena. . Pastad. . . Agradecido, no os admiréis de mí que vuelva presto. Tal tengáis la salud, muy bueno es esto; tomad la posta pues . . Tened paciencia, porque quiero contaros la pendencia. Tened la voz, callad, que el caso es grave, y en grande riesgo estáis u esto se sabe. Eso como es posible que suceda, si entre los dos este secreto queda? llegué pues al Castillo a hacer terrero. Yo lo doy por sabido, y verdadero, con volver a la posta estáis seguro. Dádmela pues. . Tomad, solo procuro agora retirarme, que traz a tiene este hombre de matarme; a fue que ha de pagar la travesura, ya que por su capricho se aventura; a Dios. . . A Dios, yo quedo agradecido. Yo del riesgo escapé de conocido. Por Dios que la ha llevado a toda costa, solo porque se venga a hacer la posta; a Fernando le debo en este lance, que no me conociese en el alcance el Barón de Brisac; suerte he tenido en no ser de él seguido: Quisieron envestirme, porque me puse enfrente; mas yo firme a la música, allí le eché las garras, y atacando el fortín de las guitarras, abancé a los broqueles, y hubo danza por Dios de cascabeles, tanta, que a no llegar mi hermano antes, no les diera cuartel a los danzantes; mas ya el Sol, con los rayos de su lumbre, iluminando sale la alta cumbre: En fin, yo quedé bien, y dicha ha sido. Señor Don Lope el nombre se ha rompido, cese vuestra porfía, pues se acabó la posta con el día, las armas me entregad. . . Tome el Sargento, y a mi Alferez avise como intento, del fortín que tomamos al abrigo, dar vista al escuadrón del enemigo. Y a envestirle también con pica, y plomo, no conocéis las garras de Palomo? Sargento no se tarde, por orden se lo doy. El Cielo os guarde. Yo salgo señor Don Lope, (he de fingirme enojado, porque con esto consigo, para que otra vez se enmiende, darle a entender su delito a buscaros a este sitio, por solo, y por retirado, para en secreto advertiros, que me corro vive Dios de lo que de vos me han dicho. Importa callar, él piensa que yo no le he conocido. Pensáis vos que el ser valiente consiste solo en el brío? pues no señor, que en la guerra, de noble aplauso es tan digno el que obedece prudente, como el que se arroja altivo. Bueno es, que cuando os empeño en la acción de más peligro, de quien pende una victoria, y el crédito esclarecido de las armas Españolas, que por más bizarro os fío, os vais, por un vano antojo, a hacer terrero al Castillo, y a acuchillar los soldados que estaban en su distrito de guardía, porque os quisieron conocer, he? no es mi amigo quien procede indignamente, quien por un ciego delicio, un error, un desacierto, aventura mi cariño, y su opinión, que es lo más: Y quien no teme el castigo, ni es valiente, ni es bizarro, pues da a entender atrevido, que estima en poco un aplauso quien no desprecia un capricho: Sujetad vuestras pasiones, porque sabré si me írrito. Gran señor, ese es engaño, que en aquese tiempo mismo hacia yo centinela: esto es verdad. . Que testigos tenéis vos para el descargo? Solo el militar estilo de la guerra, pues si pruebo que estaba ese instante mismo haciendo; señor, la posta, y ocupado el puesto fijo, mal pudiera entonces yo cometer ese delito, teniendo pena de muerte. Pues yo sé quién os ha visto dejar la posta esta noche, quedando otro hombre en el sitio por vos. . Mire Vuexcelencia. No hay que mirar, yo lo digo. Digo que será verdad; pero señor fía un amigo, de tanto brío, y valor como Vuexcelencia, y digno de la misma confianza, en un empeño preciso le entregara yo la posta, fuera este grande delito? respóndame Vuexcelencia. Que no fuera error afirmo, siendo el hombre como yo. Pues señor, cuerpo de Cristo, para que son embelecos, si fue Vuexcelencia el mismo a quien entregué la posta? Vive Dios que me ha cogido: dadme los brazos DoeLope. Viva el Rey de España amigos. Viva. . Qué voces son estas? Que la Plaza se ha rendido al siempre heroico valor de nuestro Monarca inpicto. Y a los pies de Vuescelencia, como su ilustre caudillo, se postra humilde. . Barón, mas que vasallos, son hijos los que a su Rey reconocen el soberano dominio. Mi buena dicha, señor, parece que me ha traído por aquí, a tiempo que pueda de tan grande regocijo darle el parabién. . Madama, mucho aqueste lance estimo, para pájaros la deuda, Dn Lope, a Blanca le he dicho vuestro amor, y ella obligada, me tiene él si concedido, dadle la mano de esposo. Yo la venturosa he sido. Que esto a mis ojos suceda? De qué os habéis suspendido? Como ello pudierarer, si lo hiciera. . Qué habéis dicho? pues cómo no puepe ser? Porque yo salgo a impedirlo: i Señor, Vuexcelenciaa, que Don Lope es mi marido, y que en fe de su palabra, fue dueño de mi albedrío, y aquesto Martín lo sabe. Estás borracha? . qué he oído! Es esta, señor Don Lope, la ocasión porque atrevido negáis a Blanca la mano, siendo aqueste empeño mío? No es esa, señor, la causa. Pues cuál es? poco os obligo. Es; que un riesgo me acobarda. Es, que se halla convencido de mi verdad. . Qué os estorba? En buen lance me he metido. Decid la verdad Don Lope. Ya declararme es preciso: Cielos que haré! Por qué a Blanca no dais la mano? decidlo. ̱ . Gran señor, yo soy mujer. Cielos, qué es esto que miro! Doña Elvira de Vergara me nombro, cuyo apellido me ha dado en sangre Vizcaya; y aquesta verdad confirmo con decir, que es Don Fernando de Vérgara hermano mío, como verá por papeles que en el pecho traigo escritos; por cuya razón en él hoy renuncio mis servicios, y el Abito que me ha dado su Majestad, que el destino, por ocultas influencias, llamó mi espíritu altivo a la guerra que yo dejo, por darle a Blanca marido, casándola con mi hermano, que en primor, y extremos finos de tantos años de amante, se le tiene merecido. Digo, que aquesta es mi mano. Mi amor ventutoso ha sido? Elvirá dame los brazos. Cielos que es esto que he oído. Y aquí el Capitán niujer, Señado; para serviros, da fin, si os agrada; dadle a su Autor por premio un vitor,