Texto digital de Cueva y castillo de amor
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Francisco de Leiva Ramírez de Arellano
- Atribución estilometría
- Francisco de Leiva Ramírez de Arellano Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Cueva y castillo de amor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/cueva-y-castillo-de-amor.

CUEVA Y CASTILLO DE AMOR
JORNADA PRIMERA
, o JORNADA PRIMERA Qué horrorosa tempestad se oye en el mar, cuyo extraño ruido del rústico albergue me niega el duro descanso! Pero que dulces acentos de ese Castillo cercano se escuchan, cuya armonía desmiente aquel sobresalto. ̱. . Negada al consuelo Filís, su dolor entrega al labio, y al destemplado instrumento repite el lloroso canto. Ay Felisardo! Óyeme, escúchame, vuelve a mi llanto. ̱. Válgame el cielo! qué escucho? Felisardo dijo; extrano asombro! pues quien mi nombre Cielos favor. Dadme amparo cielos. . Mas que es lo que miro? despeñado aquí un caballo, cozobrando allí un Bajel, del monte, y del mar estragos, y una mujer en la silla, y un hombre en un débil vaso. Repiten. . Favor. . Socorro? Pues mi aliento! Ay Felisardo! Mas este acento. Ay de mí! Pero aquel dolor. Amparo. . Aquella lastima? Ay cielos! Oyeme, escúchame, vuelve a mi llanto. Pero ya. Válgame el cielo! Descansad en estos brazos infeliz deidad; qué miro! Qué veo cielos! Felilardo. Ismenía. El cielo me valga! Pero del mar arrojado. Ay de mí! Pues de qué huyes? Ah tirana! pues los hados me han reservado el aliento. ̱̱. Amparad mi vida, hidalgo: No quiero dar a entender . quién es. . Teneos. Apartaos, o vive el cielo. Mirad. Qué haré? Aunque fuesen tus brazos de bronce, viven mis iras! Deme la fortuna amparo. . Suelta villano. . Advertid: Mas cielos, que estoy mirando! no es el Duque mi enemigo. Si no te apartas. Qué diablos de ruido; Pero qué es esto? Pues este acero. Estórbaros no puedo, pues sin espada estoy. Por ella volando voy. La vida así aseguras; espera dueño tirano. Aquí está tu espada. Dame; ya sigo tus pasos. No temas, Ismenia, pues va a ampararte Felisardo. . Mi amo ya como trueno, el otro va como un rayo, y ella como un viento va: parecen a los muchachos, que corren a puto el postre. Pero yo que es lo que aguardo, que no voy también tras ellos? Qué aguardo lindo despacho. aguardo a tener aliento pues susto espero despacio. Estoy; mas díganme ustedes, que será esto, que en un palmo de tierra mi amo se mira en una cueva encertado, sale al ruido de los truenos, y oye nombrarse cantando; una dama hermosa viene despeñada de un caballo, un hombre echado del mar, mi amo, y yo hechos villanos: ella huye, el otro sigue; corre mi amo tras sentrambos y yo me estoy a piequedo, y me entro, hasta que se pamos quién es ella, quien es él, quién soy yo, y quién es mi amo? Proseguid, que aunque a mi pena de alibio incapaz la hallo, hacer mayor el tormento es del dolor agasajo. Copiosas lágrimas vierte, y embargándolas los labios, vuelve a beber lo que llora, porque no se acabe el llanto. Ay Felisardo! Cielos, amparadme! Aunque te sepulte el centro helado, te he de alcanzar. Qué es aquello? No podrás, que yo la guardo. Hola, acudid. Deidad bella, a vuestros pies por sagrado. La muerte te daré. Dudo que lo consigáis. Soldados, llegad. Teneos. Vive el cielo, villanos! Pues como osados en mi presencia prendedlos. Señora. A tus pies postrado. Más que miro! Mas que veo! Oh es sombra de mi cuidado. . . Pero el dejarme prender O es ilusión del deseo. O el que veo es Felisardo. . O es Aurora la que miro. . Ya mis tormentas hallaron . en Felisardo su puerto. Él es sin duda. Que cuando la dicha de hallar a Ismenia, tan sin esperarla, hallo tantos hazares la turben! Que este villano embarazo . de mi venganza haya sido! Pero quiero averiguarlo. Otabio. . Di lo que mandas. Que llevéis a ese soldado a una torre Pues quién sois, que me prendéis? Soy quien basto para hacerlo, pues soy dueño de este Castillo, y Palacio. Aurora Condesa es de Salmerin, que este Estado gobierna, mientras su padre en Tracia está gobernando el que allá tiene. . Qué ahora . el Conde hubiese heredado esta tierra, que elegí por oculta a mi resguardo! Qué escucho! que esta es Aurora . Venga. con quien mi padre tratado tenía mi casamiento! Y vos quién sois? Un sol dado de fortuna: El no decir quien soy aquí es necesario. Gran dicha ha sido que el Duque no conozca a Felisardo! Ea, llevadle. . Venid. Qué esto consienta! Ah tirano! muestra bien que Ismenia es llano, que aquí se queda, y así conseguir mi intento aguardo. Felisardo, ha cruel sospecha! en habito de villano, y con una dama, ay cielos! pero si acaso es engaño, pues muchas veces dos rostros tan parecidos se hallaron. Qué intentará Aurora aquí? Mas yo espero el desengaño a ese labrador. Ya quiere darle libertad. Os mando. . No meconoció Llevéis . Ya le envía. Libre me hallo. Dónde, Señora? A otra torre. Ay de mí! qué escucho! Extraño lance! sin duda que Aurora me ha conocido, y aguardo ser examen de sus iras. Yo me vengaré, tirano! si como aquí mi atención advierte eres elisardo. Señora, advertid. No me repliquéis; ha falso! Señora, a tus pies postrada te suplico. . Mas me agravio de este ruego! qué pedis? Que no le prendas. Pues tanto su libertad os importa? Haveriguemos cuidado. Si señora, pues su vida mas que la mía. Ea agravios! . Estimo, porque. Señora, (atajar a Ismenia trato, pues si se declara aquí, la pierdo, y me pierde) tanto se obliga esta dama (ay cielos!) (si me entendiera) a mi amparo, que cortés, y agradecida. Bien está, haced lo que os mando, Advierte, que el aquí ves señora, es. . Quién? Un Aldeano, que contento con su suerte, su alibio halla en su trabajo: qué ismenia no entienda! Que le obligará a Felisardo. a negar aquí quien es! misterio tiene el engaño. Y estado en mi humilde choza, . Ay dueño mío! . Ahora aguardo a sus quejas, y a su llanto salí, y a piedad movido, (que no ímplica a lo villano tener el corazón noble) Atenas fue, Señora poderosa, en su defensa, y resguardo me puse. . Y pues que mi vida, y honor debo a su alentado esfuerzo, a tus pies rendida. No prosigáis, que si trato de su prisión, no es porque delito alguno en él hallo, pues el amparar las damas, (qué confusión!) de bizarros alientos es: y así quiero pagarle vuestro agasajo, guardándole de que en él venguen algunos criados, que este Caballero puede traer, el ser embarazo de sus intentos: Así desvelar quiero el cuidado, que puede dar su prisión. Si eso aquí puede obligaros, aunque rendido, agradezco favores tan soberanos: os suplico me dejéis ir, que yo en mi aliento hallo seguridad. . Yo lo creo; pero esto importa, llevadlo. Cierto es que me ha conocido. A qué aguarda, amigo? vamos. Vamos; ay Ismenia! . me digáis vuestros sucesos, y quien sois. . Son tan extraños, que a lástima han de moveros, mas si gustáis, escuchadlos. de mi infeliz aborto triste cuna, noble nací, nací rica, y hermosa: hermosa dije, no des culpa alguna. a mi voz, si la miras jactanciosa, pues cuando rigurosa la fortuna todo el poder en perseguirme emplea, sin duda que no debo de ser fea. De la suya a mi patria, desterrado vino señora un noble Caballero, (callar que es Felisardo es acertado) galán, discreto, airoso, y forastero, que es otra parte más para el cuidado; viome, y vile, decirte más no quiero, pues cuando así a alabártele me obligo, es lo que callo, aún más de lo que digo. Amor Niño, Rey Dios, vendado, y ciego, de su fuerza, y poder hizo el alarde, y en las dos almas introdujo un fuego, que animado de un solo aliento arde boraz, fue incendio, pues obró tan luego, que sin que al tiempo el previlegio guardo de suspiros, soplando el aire breve, volcán creció, se fue centella leve. Desde que al claro Sol las luces bellas, de su imperio el tributo le negaron, y aprisionando en sombras sus centellas, todo el manto de horror desmarañaron, para que perezosas las estrellas pestaneen la luz, que le heredaron, hasta que el Alba, en mensajera risa, de que a renacer vuelve, al prado avisa. Reciprocos afectos apostaban, a cual era mayor nuestros amores; y envidiosas las tórtolas miraban los arrullos vecinos de las flores, del Alba los rocios saludaban, susurros que admiró en castos primores, y el Sol que allí al nacer nos ofendía, nos condenaba a noche con el día. En este tiempo, aquí mi pena empieza! el Duque de Liarnes atrevido, que es el que preso tiene tu grandeza. Qué escucho! quién dijiste, que no he oído? El de Liarnes. El que mi belleza ha despreciado necio, y ofendido? Usando del poder, para el despeño, hizo en quererme, bárbaro su empeño, porque disculpa el Duque de ignorante de nuestro amor. Quién me dijiste que era? El Duque de Liarnes. . Di adelante. Porque disculpa, digo, no tuviera, que tenía le dije tierno amante, juzgando que su afecto reprimiera. Y él es el preso? . Aún no estás advertida. Prosigue, que yo estaba divertida. En vez, pues, de estimar el desengaño, mas grosero, mas necio hizo el delito; pues viendo que en su amor así me extraño, y que en él culpo lo que en otro admito: venganza intenta, sin temer el daño, haciendo tema lo que fue apetito; que hay hombres, que la ley de amor alteran, y hacen razón de estado el que les quieran: Con mayor fuerza, en su porfía emplea trazas, y ardides, que contra mi ensaya. Y el villano quien es ?. No sé quien sea. Pues donde le encontrastes? En la plaza. . Prosigue. En fin, tan ciego me desea, que al rigor de mis iras no desmaya. Que quien sea el villano al fin se ignora? Mucho cuidado es este: si señora. . Dí. Una, pues, infeliz noche, asombrosa, llena de espantos, y de horrores llena, en que yo, fina, tierna, y amorosa, con mi amante aliviar intente la pena en un jardín, donde el jazmín, y rosa, testigos del dolor que me condena siendo sus ojas lenguas que me hablaban, mis valientes temores animaban. Oigo la puerta abrir, con quieto ruido, que es entiendo mi amante, y presurosa; como avecilla, que espero en el nido el sustento, que al verle no reposa; o como aquella, que aguardó de aviso a el que fue de cristales mariposa, que cuando uno, y otro se les tarda, cada cual pena más en lo que aguarda. Así yo, con los pasos del contento, guiada de mi afecto poderoso, cuando el ruido de la puerta siento; alegre voy a recibir mi esposo, y veo, (ahora empieza mi tormento) que el Duque de Liarnes cauteloso, que con su hermano Alberto se asegura, pirata intenta ser de mi hermosura. Y aunque aquella traición pudo turbarme, como en el pecho de mi esposo amado el esfuerzo no pudo allí faltarme; con aliento, con ánimo arrojado su traición culpo, y cuando más culparme alevoso procura (triste hado!) mi amante entonces llega (pena rara!) y sacando el acero. . Para, para. Qué ruido este. Señora, el Conde tu padre ha entrado. Pues a buen tiempo ha llega- cuando el Duque. Ido, Antes que ahora venga mi padre, he sentido, pues si el Duque le a agraviado en haberme despreciado, cuando se mira ofendido, temo, que vengarse intente, o que ajuste el casamiento: y así, que lo ignore intento. Qué ordenas? Qué libremente se vaya, pues cuando arguyo dos riesgos, que desconfío, para no temer el mío, quiero librarme del suyo: Váyase, y la ofensa mía ofrézcale franco el paso; pues mejor, no haciendo caso, castigo su grosería. Y al Aldeano, señora, no mandas soltarle? . No. Pues por qué, di? . Torque yo gusto de esto por ahora. Mucho el temor me desvela. Venid conmigo: ay amor, . si es Felisardo traidor! No sé que el alma recela. . De vuestra historia, después el fin me diréis. . Yo siento, que no se acabase el cuento. Cielos, decidme, que es lo que en mi pena felice, el alma me está diciendo, que parece que la entiendo, sin saber lo que me dice! . Señores, habrá de ustedes quien en caridad me diga, en que mi amo habrá parado? digánmelo en cortesía, pues aunque intenté seguirlos a lonje, como corrían de tan buena gana, y yo de mala gana seguía, con mi macha llema, pude perderlos con mucha prisa; sin duda en este Castillo se entraron, pues no tenía parada más cerca, la bella Daphne fugitiva. Y si va a decir verdad, a entrar no se determina mi valor, que aunque confieso, que es grande mi valentía, y mi arrojó sin igual. Por vicio he dado estos días en traer un poco de miedo; nadie de un vicio se libra, peor fuera mascar tabaco, solo por echar saliva de color de tez de acelte. Y peor verse en una esquina, en un cartel, que de gordas letras refiere: Este día hace el Autor la Comedia grande, del Gigante Holias, del Doctor Pateta; y hay quien tan mala setá siga, escribiendo doce pliegos de fríoras, y plomerias, para casar un lacabo, sin amonestación: digan ustedes, cual es peor, rabaco, Poeta, o gallina? Dios ponga tiento en mis pies. Más que miro! por la cima de aquel montecillo baja, peregrina es en el traje, y en los ojos peregrina: aquí me escondo, veamos donde va esta romeria. . Venme ustedes aquí, que sin bajel y sin caballo, y sin ruido, aquí me hallo por mí mismísimo pie. Pues Poeta mal mirado, te faltó para este trance una tormenta de lance, o un despeño de amiado? De mi queja el Cielo es Juez, no hubo (aquí me avochorno) una mula de retorno, o algún barco de través? Solo fueron los primores, para librar a mi ama, dejando, toda mi fama en poder de salteadores. Donde fue dicha librarme, pues por milagrosos modos, por pretenderme allí todos, de todos pude escaparme. Y en tanto, que con locura peleaban por la presa, mientras buscaban la presa, pude yo hallar la soltura. Mas cielos! dónde estaré? que aunque ya el tiento imagino, que guiado mi camino; por donde mi ama fue, no sé si fue por aquí; ni sé en la parte que estoy: no habrá un Ángelico, que hoy me enseñe el camino? . Sí. . Ay! o el miedo lo causó, o aquí claramente he oído, que a mi voz han respondido: Ángel, di quién eres? . . Yo. Ay, qué Ángel de mala mano! HAy, qué Diablo de primor! Ángel es de mal pintor. El es Diablo de Tico Pero si no estoy durmiendo. Pero si no estoy roncando. Fabio es el que estoy mirado. Florilla es la que estoy viendo. Eres Fabio? . No lo ves? eres Flora? . No lo tocas? Quién te ha traído a estas rocas? tiranía Dios, la fortuna, y mis pies. Los brazos, por la alegría me da. . Toma. Has visto a mi ama? . No; a una dama despeñada si vi. . Ella es, hay desdichada! y dónde esta? . Que sé yo. Y tu amo? No sé tampocó; pero juntos han de estar, que juzgo la ha de alcanzar mi amo, aunque corre poco: en ese castillo es cierto están, y con ellos otro. Pues voy allá, como un potro; deme la fortuna acierto. Aguarda. Vente tras mí Ya sé que lo lebia hacer; pero ahora es menester por fuerza quedarme aquí. Ya estáis en salvo. . qué miro! si no me engaña la vista, este es el un corredor. Esto a deciros me envía la Condesa, mi señora, que no por amor os libra, si no por aborreceros, que no tengáis osadía de estar en todo su Estado, en sus pueblos, ni alquerias; que no rondéis sus umbrales, ni atendáis sus celosías, ni que a sus revas miréis. Esto mismo le decían a Zaíde en aquellas coplas. Tan tirana, y enemiga se muestra Aurora? Por cierto, linda flema; es, cuando sabe el suceso de la dama, y ofendida por dos partes la tenéis; esto me manda que os digo, y que en libertad os ponga. A Dios, pues queda servida. . Vive Dios, que este desaire, cuando Aurora, aborrecida de mí siempre ha sido, ahora no sé que incendio fulmina en mi sentimiento, que equivocada la ira, A1 con el deseo de ver esta vanidad rendida, por mis desprecios pasara, por triunfar de sus caricias, Consigo habla; una es de las setenta y dos boberias: aguardarele a que acabe, y le pediré me diga de mi amo. Pero Cielos! que así mi suerte enemiga me contraste, y cuando el mar, a costa de mi perdida armada, y de mis soldados, de sus estragos ruina, en estas Islas me arroja, a donde a Ismenia divina; pero que digo? a tirana! donde hallo a la enemiga fiera causa de mis males; pues que por ella la vida de un hermano; mas no quiero que ahora el labio repita mis sentimientos, sin que con la venganza los diga de un traidor, que quiere el cielo, que tan sin fortuna siga; pues sabiendo nombre, y patria, . El otro se llama Ribas. mi acción imposibilita mi infeliz suceso, pues a este sitio me encamina, donde tan solo me hallo. Saber ahora quería de aquel villano, en quien vi tan hidalgas vizarrias, para que su humilde choza, hoy de mi hospedaje sirva. Allí un rústico pastor está. . Ya a mí se apropinqua. Oye amigo. . qué me manda su merce? pero que miran mis ojos! por el gran Baco, que hasta ahora bien no le había visto, y es el Duque este; más disimulo. . Quería me dijeseis de un Aldeano, que asiste en esa vecina cueba del mar, si sabéis de él? . Esa pregunta era mía, y vos me la habéis pescado; pues desde que en la marina un empeño tuvo, y fue corriéndoles la varilla a una dama, y a un galán, no ha vuelto, con que me aflija es preciso, pues le quiero al sin, como sangre mía. Tmo; Es deudo vuestro? . Es mi pri- porque es hijo de una tía por parte de madre. Y cómo se llama? Juana Baurista. Estáis loco? . Entendí que pescudaba por mí tía. Que no os digo tal? Pus yo me llamo Bato. Hay porfía mas necia; el otro preguntó? (mano, Hay tal necio! . Hado inhu- que en perseguirme porfías, para que el bien me señalas, si le borra tu malicia! Si me das vida en Ismenia, porque, di, esa misma vida, cuando prodigo la trae, avaro me la limitas? Liveral, escaso eres, hado cruel; pues que miran mis sentimientos, que cuando (ay de mí! ) ofreces las dichas, las concedes como amagos, y como sombras las quitas: Y mi deseo tan falto se mirá, puesle huyen las fortunas ala vista. Qué escucho en aquella torre! voces se atienden distintas, y veo un hombre. . Pesea a mí, que es el hijo de mi tía! Albano, primo. Allí el Duque con Fabio está, y él me avisa de su fingida simpleza. Baro que hay? . Ha de arriba? andas cazando vencejos, o nidos de golondrinas: que haces al? Preso estoy, Bato. Porque esa enemiga preso os tiene? .̱. Vos la causa sois de aquesta tiranía. Pues como me libra a mí, y os prende a vos? No está dicha la razón; porque vos sois, según el abito avisa, rico, y yo pobre. Pues yo en aquel lance, la misma culpa allí no cometí, para mostrarse ofendida? Pues ese es el caso, que en causa que es una misma, es para el rico la gracia, para el pobre la justicia; y de ley que es una sola, nacen dos leyes distintas. Primo, callad, quién os mete en esas bachillerias? La justicia obra bien siempre, y si no cuenta hay arriba. De vuestra prisión, la causa siento ser, y creed me obliga vuestra gallarda persona, y vuestro valor. . Noticias tiene algunas de él. Y intento libraros, porque a mi vida, y a mi honor importa mucho tener vuestra compañía. Amistad de perro; y gato será. . Hoy el cielo encamina a más venganza mi ofensa. Y pues esa galeria sin reja está, pues su altura de torre la fortifica: vuestro primo, y yo traeremos los instrumentos, que sirvan para vuestra libertad. Yo os estimo la hidalguía. Vamos, pues: y vos Albano, atento a una seña mía estad. Que seña será? ̱. Un silvo. Mal pronóstica silvo en primera jornada, por Dios que es seña maldita. Bato, ven. . Vamos volando, Y pues que ya al Sol le intiman la sentencia de su muerte, las sombras que le castigan; (de. luego vuelvo. . El cielo os guar Primo aDios; con mucha prisa, y mucho contento va a librarle, y no querría, que por su mal le nacie sseñ las alas a aquesta hormina? . Ya fortuna adversa, aguardo examinarte propicia; pues quien mi muerte desea, es él mismo que me libra . , m, , que el Duque, Ismenia, ha venido a mis tierras? . Si señor, de mi fortuna el rigor, siguiéndome, le ha traído. Y que fue él a quien prendió mi hija Aurora? ̱. Señor, sí. Pues cómo le libró allí? Porque no le conoció: disculparla quiero ahora, . porque quejosa no esté. Satisfecho me veré de su fe falsa, y traidora, si aquí el hallarle consigo; pues ha ocasionado en mí, que si hijo le pretendí, ya le confiese enemigo. Decir enemigo, o suegro, lo vengo yo a comparar, como el que llega a comprar hilo prieto o hilo negro. Señor, al villano, que contra la intención tirana de la venganza inhumanaa, del Duque, mi amparo fue con valos, y gallardía, supo, y Aurora ta bien prevo, rendida os suplico yo mandéis soltar. . Todabía esta preso? . Preso está. Como con pecho tirano, Aurora, prendió al villano, y al Duqué libertad da? Porque atenta, y justiciera, aquesto por razón hallo) prendió al que era su vasallo, y dejó a quien no lo era. Qué delito haya tenido, pues le detiene, es forzoso. Su delito, el ser piadoso, ese solo ha cometido. Informareme primero, no sea en vos acción piadosa. Que no hallaréis otra cosa de lo que os he dicho, espero. Severa jurisdicción. Hojos, prevenid la queja. Que su Señoria deja, para un Juez de Comisión. . Id con Dios. . El cielo os ay infeliz Felisardo! (guarde. nuevas desdichas aguardo. . En incendios el pecho arde! que el Duque falso; y aleve, a mi decoro atrevido, faltando a lo prometido, a venir así se atreve a mi Estado; vive el Cielo! Señor, el que haya ignorado, que heredastes este Estado; quietaria su recelo; porque como tan distante de Tracia está, y él allín te considera, y no aquí, sculpa tiene bastante. Pus unque ahora, señor, exceda Ay cencia de criado, mas neci. que el deudo me ha dado; dime, que causa hay que pueda moverte a los accidentes, de que en esta fortileza vivas, y que la grandeza de Tracia dejar intentes? Rodulfo, si ahora he venido a este Castillo a vivir, dos causas me hacen venir, abergonzado, y sentido. La una es, el grosero trato del Duque, que sementido, habiendo a Aurora pedido, su padre faltó al contrato. La otra es, el dolor que guardo de la muerte, que aún hoy lloro, de mi sobrino Lidoro, por el traidor Felisardo. Una; y otra me condena a sentimiento prolijo, y la soledad elijo, para alivio de la pena. Que de Felisardo no se ha sabido? El mar salado, fue de su traición sagrado. Bien su viaje supe yo. . Pero lo que me ha admirado, es, no llegar a saber, que causa pudo mover a Felisardo, a que airado, a Lidoro muerte diera. Solo yo la causa se; . pues Aurora ocasión fue de que Lidoro muriera, celoso de su favor; A Felisardo dar muerte intentó, y halló en su suerte el logro de su rigor; como mi amigo la acción me contó, ya sucedida. Y para salvar su vida, le ayude en la embarcación: Y aunque me exponga a la muerte, siempre hallará mí le iltad, que la que es firme amistad, en las desdichas se advierte. No descanso en iras tantas! Rodulfo, Otabio, Soldados, llevad todos los poblados, Villas, Lugares, y cuantas. cosas, chozas, y alquerías. hallaréis las visitad, y al Duque los dos buscáis. Pues que de los dos lo fías; verás tu intento logrado. No quedará, gran señor, monte, valle, planta, flor que no registre el cuidado. . O qué veloz al desvelo el pensamiento camina, sirviendo a veces de ruina lo remontado del vuelo! De este preso labrador me cuentan su gallardía, discreción, y valentía, su cortesía, y valor. Luegoreparo el erceso de Aurora en su actividad, pues dio al Duque libertad, y a él solo le deja preso. Esta dama, que aquí huyendo de Atenas dice ha venido, tierna por él me ha pedido: y aunque es piedad suya entiendo, porque obligada la escucho, al socorro del alderno, para ser por un villano me parece afecto mucho. No sé que desvelo, pues, todo junto me ha causado, que sin llegar a cuidado, deseo saber quien es. Y pues nunca me vio a mí, fingirme criado espero, y ir a visitarle quiero: idos, y dejadme aquí. Voy, pues; cielos, que impulso hoy a este deseo me fuerza, que parece voy por fuea cuando por mi gusto voy? , z Ya miro cerca la hora de verme libre, si el cielo no lo embaraza, y el Duque (como en su valor lo creo) cumple su palabra: y mientras esto llega, ahora quiero entrar en cuentas conmigo, y hacer un breve compendio de mis sucesos. Aurora, que me conocio sospecho, y preso me tiene. Ismenia está con Aurora, y temo que se declaren las dos; que el Conde ha venido, es cierto, pues Ismenia me lo avisa, con que está mi vida a riesgo; pero este riesgo es menor, con que aquí dejarlo quiero, pues solo a mí me amenaza, y ahora otro discurso empiezo, que más cuidado me da. Porque al Duque, airado pecho, tao aborreces? porqué tan vengativo te veo, tan encendido en las iras, y en el odio tan sangriento? Dirasme que quiso a Ismenia, es verdad, yo lo confieso; pero aunque es cierto que supo, que Ismenia tenía dueño, siempre ignoró que era yo merecida de su cielo: Luego no me ofendió a mí, como mí mismo, esto es cierto: luego la noche que entró en el jardín con Roberto su hermano, bastanteiente allí quedé satisfecho dándo le muerte a su hermano, y a él dejándole por muerto. Si a Ismenia siguió la tarde en que a un mismo tiempo fuero, él de las aguas arrojo y ella del monte despeño, acaso fue, pues Ismenia, por un papel el suceso me ha referido, en que dice (ay cielos!) como viniendo ella en seguimiento mío, trocando el gallardo aseo en adorno peregrino de crueles bandoleros, en el monte le salió una escuadra, y no contentos con el oro, y con las joyas, de su belleza quisieron bárbaramente violar los hermosos privilegios: Y sus criados entonces, tan leales, como resueltos, en su defensa las vidas bizarramente perdieron. Y ella, fiando a un caballo su honor, su vida y su aliento, sacándola del peligro, Atlante fue de su cielo. Y encendido en la carrera, sin atender al precepto de las riendas: Mas la puerta de mi prisión abrir siento, Ismenia sin duda es, pues aviso suyo tengo de que ha de venir á verme. Ahora averiguar intento que villano es este, que en tal cuidado me ha puesto. Quién aquí? pero que miro! el Conde es, viven los cielos! sin duda Aurora le ha dicho quien soy, y viene resuelto a vengar de su sobrino la muerte . Escuchad, yo vengo. Ya sé, Señor, que venís a matarme, mas primero os suplico. . Yo (el villano tiene su poco de miedo) yo la muerte a yos, amigo, Jesús, no lo quiera el cielo! qué mal me habéis hecho a mí: muy diferente es mi intento, pues antes vengo a libraros. Qué es esto que escucho? el cielo sin duda me guarda, pues . no me ha conocido. . Vengo de parte de mí señora Aurora. . Qué será esto? criado el Conde se finge. A deciros, que aunque preso os tiene, es razón de estado, mas no porque intente haceros dano ninguno. . Ni yo, (fingirme villano quiero) espero de su merced tal cosa, cuando no tengo más culpa, que haber obrado, como hombre de bien. Ya veo que delito no tenéis. No siento tanto estar preso, (que al fin aquí come un hombre regalado) como siento el que una hacenduela mía es ya de segarla tiempo y temo que se me pierda. No parece tan discreto como los criados dicen: pues sois labrador? Al tengo una terrezuela, que a renta me ha dado el Alcalde; cielos mucho me mira! . Parece que os he visto otra vez. . Eso no será mucho milagro, pues en todos estos pueblos me conocen. . Es que yo hasta ahora no he estado en ellos. Cielos, defended mi vida! yo llevé a Tracia en un tiempo leña, y carbón a la casa del Duque Sí, sería eso: y cómo os llamáis? Albano. Y sois hidalgo, o pechero? Par Dios, no sé lo que os diga; yo que soy Cristiano viejo sé, no sé si tengo más. No tenéis poco con eso: y decidme, buen Albano, sois rico? . Rico? a mi avuelo. pues si fuera rico yo estuviera ahora preso? Pues no prenden a los ricos? Sí; pero los sueltan luego. Malicioso sois, Albano. Eso de villano tengo. Y decid; mas esperad, que aquella puerta abrir siento. Viven los cielos, que Ismenia! Confuso quedo! quien abrirá puerta, que no se manda ha tanto tiempo? Mas ay de mí! qué la seña . el Duque he oído, y no puedo, ni responder, ni salir, Quién será? Pues de mí el cielo traza, para que irme pueda, y no vea a Ismenia. . Ya pienso, que abren. Pues veamos, señor, quien era. . Qué habéis hecho? Desprevenido la luz maté, mas llamar intento a quien. . Teneos, que quizás no será acaso ese yerro. Y como que no es acaso. pues averiguar intento, sin que me vean, quien es quien así viene; estaos quedo, y no habléis. . Yo callaré. Y pues ya la seña vuelvo a. a oír, y ahora dibertido está, a irme resuelvo. No acertaba aabrirla puerta de turbación, es efecto, la satisfacción ahora de si es Felisardo espero, y para que no se extrañe hablarle como a él intento; mas como sin luz está? Ya parece que está dentro. Pero ya allí lo he sentido: Ingrato, mal Caballero. Cielos, está no es Aurora! Falso amante, y desatento, y al fin villano. . Qué oigo! Qué descortés, y grosero, Qué esto escuche! Mas qué digo? bien mío, mi amado dueño, Hh hija vil! Mas como no responde; mi engaño es cierto, sin duda no es Felisardo. Qué esta vileza esté oyendo! Más, ay de mí! pasos oigo. Que fortuna ayudó el cielo mi amoroso afecto, pues abierta esta puerta veo! Válgame el cieso! si acaso (ro; mi padre ha entrado? irme quie- o cuanto el respeto asombra! . En iras se enciende el pecho. Ya allí le he sentido: esposo, mi señor, mi bien, mi dueño, estás ar? no me respondes? Ya no puede el sufrimiento esperar más; a mis iras infame, viven los cielos! has de morir. Dueño mío, pues porqué airado? . . Prendedlos, o matadlos, que es el Duque. Muerto soy! Mal hace en eso. Más que oigo! Mi bien, porque? . Ah traidora? . Venid, señora. . Ya os sigo. Avisad presto al Conde . Traición. , . . Que ya a Felisardo veo . Aquí esta, señor. . Mas que veo! qué miro! . El Duque, señor, . Buscaranle mis ternezas. sacó al villano, y rompiendo porentre toda la guarda, le ha librado, habiendo muerto . Lograra tiernos afectos. a uno de los soldados. de tu guardía. . Yo el suceso . Loca me lleva el contento. en albricias te perdono del desengaño que veo, pues a la inocente Aurora, con engaño manifiesto culpaba, cuando es Ismenia dueño de este desacierto: Oh como es cierto, que no hay sentido, que no esté expuesto a equivocarse en las causas, o a mentir en los afectos! Rodulfo, puesto que el Duque añade este atrevimiento hoy a mis quejas, buscadle, y aunque le sepulte el centro, o le prended, o matad, para que a mis plantas puesto, tengan sus libres acciones en mi rigor escarmiento. Y vos, señora, mirad, que me corro, vive el cielo, que en vuestra hermosura se hallen tan humildes pensamientos: a un villano; ea, señora, Señor, advertid. No quiero oíros. . Yo te perdono la opinión en que me has puesto en albricias de que ya no esté Felisardo preso. Que el Duque así a mi respeto segunda vez se atrevido. . libre de aquesta prisión. Seguiranle mis incendios. Y en mis iras. . Y en mi pecho. Examinara crueldades. Ciego me lleva el enojo.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Al ospedaje, Albano, agradecido y de vuestro valor reconocido, que me teréis consuso. Honrame y. Exc. con exceso, Creed quí mi estimación, peco os intimo, Le quiere su merced mucho a mí primo. En fn, tenéis noticia, que del Conde severa la justicia nos busca. . Si señor, pero seguros en esta cueba estamos, que aunque muros nos defienden, su estrecha arquitectura, el arte, fortaleza la asegura, fabricada de suerte, que servir puede de Castillo fuerte. Y la puerta de árpoles copada, es laberinto su confusa entrada de claridad, tan ciego, que yo, que solo soy el que aquí llego a discurrir su bavilonia ruda, tal vez, me he confundido con la duda: un secreto que en ella he averiguado, para mi Ismenia sola he reservado; pues en él he de hallar, sin duda alguna, entre tantas desdichas mi fortuna. Y quién labró primores tan sutiles? Fábrica me parece de Gentiles, que por extraño caso, sin duda aquí la descubrió el acaso: salgamos, pues, al valle, que horido, tapetes Turquesados ha ofrecido, que con varias colores el Mayo loor da en bastidor de flores. Sirvaos de silla aquesta humilde peña, esa copada breña de ojas, que dibujó el mejor pincel, os sirva de dosel, de músicos alegres ruiseñores, esos arroyos de mormuradores, y los pinos de archeros. Y los lobos os sirvan de Cocheros. Cuando os escucho, Albaño, veo el ultraje que a vuestra discreción hace este traje. Vos me honráis, disimule el sentimiento. . Tiene mi primo lindo entendimiento. Sentaos, señor, y pues solos estamos, para que en salgo el tiempo divertamos, la historia comenzada, que a noche el sueño la dejó embargada, de la dama de Atenas, que os ha traido a tan extrañas penas, os ruego prosigáis: Así pretendo. (aunque de Ilmenia lo contrario entiendo) saber, si a sus respetos olvidada, en el más breve amago fue culpada. Pues es donoso intento, hacer, que él nos refiera nuestro cuento. En qué quedamos? . En que vos celoso, ofendido, colerico, y furioso, de Ismenia despreciado, de que tenía amante ya informado, (aunque nunca supisteis quien sería.) Reduciendo a la fuerza la porfía, con una llave muestra, que malicioso el Arte labró diestra, en el jardín, con vuestro hermano entrasteis; con Ismenia encontrasteis, que os conoció, que se mostró esforzada, que os resistió valiente, y alentada, que procurabáis vos con tierno intento vencerla: en este estado quedo el cuento. Oíd lo demás, pues que gustáis de oírlo. Cuidado, si le echa cairelillo. Con ternezas, y con ruegos, persuadir a lsmenia trato, cuando por la misma puerta del jardín, que allí dejaron abierta prisa, y descuido, entró su amante embozado. Aquí empieza la pendencia, veamos si le anade algo. Tan intempestivamente entró, y hallando a mi hermano, (que junto a la puerta estaba) sin prevención, triste hado! de una herida, cruel fortuna! muerto cayó. . a Dios hermano Llego yo entonces, que iras! y vengativo, que agravios! ciego de enojo, envisto con mi enemigo tirano; tan descompuesto el arrojo, en valor tan sin resguardo, tan sin prudencia el impulso, que le escusé a mi contrario la ejecución, siendo mi ira la que gobernó su amago. Y ofreciéndole mi pecho a su acero, franco el paso, cal mortal en la tierra. Adios Duque. Fe. Caso raro! Que buen jugador de volos, que era sin duda el bellaco, pues virió el ocho; y el diez; más sabéis en que reparo. En que? . En que o tenéis muy mal entendimiento, o sois santo. Por qué lo dices? . Por esto. Yo tengo ya algunos años, y desde que tamanito era, he oído en lances varios, contar pendencias a muchos. Y algunas en que yo he estado presente; y los Diablos lleven vez ninguna, en estos casos, he oído a hombre, que contase el lance como ha pasado; cercenándole algo ya, o ya añidiéndole algo; si fue uno con quien tiñó, son dos, si con dos, son cuatro. Y en fin en pendencias, siempre fue un original pecado, el que las cante en falfete, quien las rinó en contrabajo; sin que hasta hoy haya oído a ninguno, de mediano, de grande, o de humilde ser, que la verdad haya hablado en esta materia, si no a vos, que aquí liso, y llano, confesáis, que un hombre solo la luz mató a vuestro hermano, y a vos os despáviló: y así digo, o que sois santo, pues tanta verdad habláis, o que entendimiento malo tenéis, pues no habéis sabido pintar de manera el caso, que quedaseis más lucido. Y así, de hoy más, os encargo, que os enseñéis a contar pendecias, pues no hay muchacho que no le eche sus riberes; porque es de ardid menoscabo, y desaliño de ingenio en un lance ya pasado, quedar un hombre de bien mal, por no saber contarlo. En los hombres como yo, no corren adornos bajos, pues de lo valiente, no es desdoro lo desgraciado: y más cuando en mi enemigo, obró allí más el acaso, que el valor. . Aqueso sí, cuerpo de Dios, enmendarlo como se pudiera, y no parecer desaliñado. Señor Duque, no creáis, que de valor fuese falto, quien a dos hermanos, que es mas que ser dos, er hermanos, así venció. . Eso no os toca a vos el averiguarlo, y básteme mi pesar, sin oír vuestros reparos. No os enojéis, que esto es platicar no más, quietaos, que no es mi intento, que vos disgusto tengáis. . Albano, pues que pareéis discreto, advertid, que es muy culpado yerro, decir todo aquello que se siente; porque hay casos donde el más abierto ingenio, es tener cerrado el lavio. La corrección os estimo, pero os advierto de paso, que el querer que sin razones se adulen, es temerario intento, y aún es tan bien creer, que el que llega a escucharlo, o no tiene entendimiento, o se ha criado en Palacio. Llévese esa para en cuenta. Prodigioso es el villano! Al caso, señor, volved. Dice bien mi primo, al caso. Muerto mi hermano, y yo he veloz huyó mi contrario (rido, Ya que tenía que hacer, si bolos no habían quedado? Y la dama? . Ella al primero encuentro, ya había cobrado la puerta, halla calle, huyendo, porque sintió que su cuarto su padre abrió, y al ruido bajando, con los criados, cadáver a Alberto halló, y a mí de Alberro traslado. Este espectáculo triste, y el dolor de haber hallado menos a su hija, fueron tan poderosos contrarios, que sin más achaque, dentro de tres días le enterraron. Debiose de morir. Ya supe el lastimoso caso. . Claro está se moriria, pues estando vivo, Bato, no le enterrara. . Como eso viene a estar en vuestra mano, quién os quitara, que aquí quisierais vivo enterrarlo? Villana bachilleria es esa, y conmigo. . Bato, no seas necio: vos, señor, en su simpleza reparo no hagáis, pues le conocéis, y al caso volved. . Sí, al caso. Convalecí de mi herida con brevedad, dispensando mis vengativos deseos, de los términos lo tardo. A Ismenia, y a mi enemigo busco aún tiempo, y solo hallo noticias de que ella estaba en un Convento, cercano a su casa, retirada; y que el dueño de mi agravio a Tracia se había partido; y supe era Felisardo su nombre. . Bien le conozco. Conocéis este tirano? Le conozco como a mí. El primer hombre es mi amo, que se conoce. . Y decíame, es Mal año Caballero? si es Cabaliero, Bermudo fue con él un pobre hidalgo. Y cómo supisteis eso? De esto me informó un criado de Ismenia, que persuadido de ruegos, y de agasajos, considente vino a ser mío. . Alcahuete digamos. Y también me dijo, como estaba por cierto caso, de su Estado desposeido. Es verdad. . Y que dejado había Ismenia el Convento, y que a su amante buscando partió, una romeria siguiendo. . Merecia el criado que le arrancaran la lengua: Aa traidor! ah infiel! hah falso! Pues porque esto enfado os da? No queréis que me de enfado, que a la lealtad que se debe al dueño, interés humano haya, que a faltar obligue? Como no os habéis criado en Palacio, no sabéis sus estilos. . Oiga el Diablo, guardósela. . No hay estilo, que disculpe herror tan claro, ni vileza tal. . Y a vos, decid, que esto os ha tocado, que esos extremos hacéis? Mas que da al traste mi amo . con todo: dice muy bien su insolencia, es vueso hermano Fraile Sardo, de esa Armenia vuesa madre? dadlo al Diablo, que el criado hizo, lo que hacen todos los criados. Vive Dios, Albano, que. Perdonad, y sosegaos, que mi imprudencia confieso; mas aunque tosco villano, tengo unos honrados humos. Es mi primo muy honrado. Perdonad, otra vez digo, y al caso volved. . Sí, al causo. A este tiempo el Rey de Atenas, de General me dio el cargo de su armada; parti en ella, trayendo conmigo al criado, para que de mi enemigo me diese informe, y mandando poner a Tracia las proas. Ya celoso, y a agraviado, sin razón, sin ser, sin vida, ordenles di a mis soldados, que Felisardo, y Ismenia, de su ira fuesen estragos. Y furioso, y vengativo dije, incendios exhalando: Si los encuentra el furor, oh prendedlos, o matadlos. Oh matadlos, o prendedlos, que ellos son. . Por San llario, que es muy turbio para eco, y para miedo es muy claro. qué escucho! . Soldados son del Conde. e. . Coged los pasos no se escapen. . En la cueba, pues que seguros estamos, entremos, que no es valor, cuando es el riesgo tan claro, esperarle. . Decis bien. Y rebien: vamos al caso. Por aquí: mas como no parecen ya? caso extraño! Por dónde pudieron irse? Venid; sin duda han tomado la playa. . Pues divididos en dos tropas, los sigamos. . Nos sigue alguien, Flora? . No. Pues a qué mi pena aguarda? vamos. . Dónde habemos de ir? A buscar consuelo al alma. Y donde esa fruta está? En una cueba encerrada. Fresca estará, si está en cueba. Deja ahora, Flora, las chanzas, y sígueme. . Dejo, y sigo. Más ay de mí! que las plantas vi en el deseo, pues ignoran lo que él alcanza. Y qué quiere decir eso? Que mis inciertas pisadas, el conocimiento hierran del sitio, donde se guarda en Felisardo mi vida. Pues llevamos buena traza con eso de hallar consuelo. La que nació desdichada, solo para las desdichas tiene acierto. . Mientras tratas de discurrir el camino, tengo, señora, una carga de escrúpulos, de que ahora quiero que me satisfagas. Y empiezo por el primero; di señora, porque causa, siendo Felisardo noble, se mira en pobreza tanta, hóspedado en una cueba. y las galas cortesanas, trocando en villano traje? Y también eso ignoraba; y bien acaso de Aurora supe, llora la desgracia de haber muerto Felisardo a un primo suyo; y es tanta del Conde la indignación, que de su estado, y su casa le ha desposeido, haciendo para su cruel venganza varias diligencias. . Bien, mas la repregunta vaya: Pues si eso es así, y es cierto, que de esta ofensa le alcanza tanta parte, Aurora, como cuando le prendió, le calla a su padre su prisión? Porque ella indeterminada, en si es Felisardo, o no ha estado siempre. . Pues vaya ahora por otro lado: si Felisardo se guarda del Conde, porqué a su vida con rigores le amenaza; como, di, a vivir se viene en parte, que tan cercana del Castillo está del Conde? Porque Felisardo, en Tracia al Conde dejó; y si ahora en este Castillo se halla, es por haberle heredado de un deudo suyo. . Pues cata una malicia en razón: cuando supo que bajaba a esta tierra el Conde, como el temor no le embaraza a Felisardo, y aquí tanto peligro no extraña, y en su cueba se esta? . Por que hasta ahora ignorante estaba de que el Conde con su hija vivan aquí. . No pasa tan fría satisfacción mi malicia, pues es clara razón, que se sabría luego en todas estas comarcas, y Felisardo es preciso, que a ignorarlo no llegara. Si Felisardo en su cueba siempre está, y con nadie trata, que mucho es no lo supiese. Por más que me satisfagas, no me asienta, pues es fuerza, que por el sustento salga de la cueba. . Eso será de noche, a alguna cercana Aldea. . Pues sin embargo se me hace duro, y la causa que aquí a maliciar me obliga, son el estar tan tapada de medió ojo, la ocasión sobre que fue la batalla del sobrino muerto: Iten, ver te ha tenido callada Felisardo esta tragedia siempre, y es señal muy mala se guarde ningún secreto, entre dos que bien se aman, pues es doblez, y traición. Iten, el mirar la extraña su pensión con que esta Aurora: Iten, el que anda con trazas haciéndome pregúnticas: Itén, el saber. . Calla, calla. Callo. . No prosigas, que con tus sospechas me matas, y más que las que propones, me está previniendo el alma: pero hay indicios en que tanto arriesga quien los llama, que atropellando el discurso, los medios, que le acobardan, en la lid de los recelos, contra la razón batalla. Y a lo oscuro del temor le da luz la confianza, haciendo antídoto dulce del veneno que le mata. Felisardo es dueño mío, mi ser, mi honor, y mi patria dejé por él, y mi vida su amparo solo en él halla; pues nada quiero temer, cuando en mis fortunas, bastan las penas con que padezco, sin que más penas me añada. Pues si tu contenta estás, y tu amor, señora, se halla con tan buena carnadura, por mí, pase. Ten Manchada, o malos lobos te coman. A ti, por si en pullas tratas. Qué voces, Flora, son estas? De aquel ribazo, en la falda unos pastores diviso, de ellos, señora, informadas, podía ser que acertemos de amor la cueba encantada: lleguemos a hablarles. . Bien me dices, de ellos se valga mi turbación. La carroza se quede, que en la esmeralda de esta gruta, divertir quiero la tarde. . No es nada con la ronda habemos dado: Aurora, señora, baja por este litio. . Pues antes que nos vea, hacia la playa vamos, Flora. . Vamos, pues. Ciego amor, pues Dios te llama, corre la yenda a mi acierto; descúbreme la encerrada mansión, donde un alma asiste, por quien alienta otra alma. . Fue el Duque a la playa? Fue. . Con que aquí estoy solo? Estas. . Y sin más que tú? Sin más. . qué oiga mis pesares? Qué. . Pues salga la pena. Salga. . Diga mi tormento. Diga. . Siga mi terneza. Siga. .. Y válgame el dolor. Valga. Pues necio, como burlar d. te miro, cuando padezco. Hay! esta paga merezco, por ayudarte a quejar. Pues que a quejarte te inclina? Ayudar tu pasión muda. En fin lo haces por ayuda? Por ayuda, y medicina. Perdona. . A buen tiempo. Aquí quiero mi dolor contigo partir. . Pues parte conmigo, mas sin que me duela a mí. Por donde aconsejarás, que mi terneza, o mi ira empiece a quejarse? Mira, por adonde duele más. Son mis penas, al dolor tan iguales, si se atiende, que cada uno pretende el lugar de la mayor. Yo diré, pues no lo dices, por adonde empieces. Di. . No es por adónde duele más? Sí. . Pues empieza por mis narices. El Duque, aquí mi valor deslucir pretendió en parte. No tienes de que quejarte, que otro lo hiciera peor. Su persona hoy, hóspedada de mí, seguros profesa. Mano, Conde, alguno besa, que quisiera ver cortada. Trujo en mi busca, esforzada su armada, con prevención. Y se perdió la armazón a la primera jornada. Contra mi fe, amante, y tierno, previno el celoso arco. Surcando el sagrado charco, que el Dios Neptuno gobierna. El gozo de haber hallado a Ismenia, vida me dio. Más tan poco te duró, como raur que ha ganado. La fortuna con pensiones turbó la alegría mía. Con que la tal alegría se te volvió cañamones. El Conde, que es mi enemigo, mi vida en limenia aquí guarda. . Y si te huele a ti, no doy por tu vida un higo. El declararme, me atajó, el riesgo de Ismenia bella. Pues está en conserva ella, guárdate tú como en caja. Aurora, de mi ofendida estara, con dura queja. A los hierros de una reja, la turbada mano asida. Mi vida miro cercada de un contrario, y otro fiero. Por una te cerca Duero, por otra Peña Tajada. Pues que haré, di, en pena tal, para consolar mis males? Conocéis a los Rosales, vente rica, y principal? Que mirando mi pasión, así te burles villano. Para que es amor tirano, tanta flecha, y tanto arpón? Que no valga en ti, ignorante, ni la amistad, ni la riña? Que poco siente la niña, los desvelos de su amante. Pues no dejas tus frialdades, de mi ira prueba los tiros. Aquí, donde mis suspiros pueblan estás soledades. Mas la culpa tengo yo, que hablar quiero con un loco. Cielos! los males que toco, han de durar siempre? No. . qué oigo, cielos! Más que aprueba el proberbio en su favor. No sé de ese labrador, ni sé donde está esa cueba. Volose el milagro. . En mí, cualquier alivio es soñado: Ay Ismenia! Ay cielo amado! si serás mi dueño? Sí. . otro. Ay, voz, que dulce que eres! Si cerca la playa está. También aqueste se va. Dónde irán estas mujeres? Mujeres que pasan son. Mal juego tienen, sin duda. Ves, Fabio, pues si me ayuda la fortuna en mi pasión, aunque tantos males siento, espero que llegue el día, en que tengan mejoria. Yo no. Por qué? Oye este cuento En estos años pasados, en que Dios nos castigó, y del agua nos privó, por nuestros muchos pecados, dos labradores, hablando en estas secas desgracias, uno daba al Cielo gracias, y otro estaba renegando. El pacisico decía: veis, pues si Dios se apiadase, y agua ahora nos enviase, aún buen ano ser podía. Y el de la lengua dañosa dijo: vive el Cielo, que no sea buen año, aunque lloviera agua luminosa; aplica. . De oírte me írrito, pues cuando llegue a faltar vida, es morir por amar. Pues vaya otro cuentecito. Tres ciegos de compañía, en conversación honrada, cada uno de su cegada el achaque referia. Dijo uno, un aire me dio estando cabando un día: dijo otro, de una sangría un barbero me cegó. Dijo el último, yo soy ciego por vanos placeres, pues por andar con mujeres, desenfrenado, así estoy. Y el del barbero, disgusto mostrando aquí, desigual, dijo: Eso sí, pesea a tal, que es cegar de lindo gusto; bien fácil la aplicación esta. . Eres necio enefeto. Escuchó el cielo mi afecto. Oyó el cielo mi pasión. Pues Felisardo está aquí. Pues aquí miro al villano, y está con otro Aldeano. Es el otro Fabio? . Sí. Señhora, a Ismenia allí veo, O qué dichosa ocasión, para mi aberiguación! estos sauces mi deseo apadrinen. . Cielo airado, de que grandeza te viste en perseguir tanto a un triste? hay bien mío! ̱. ay dueño amado! Quejándose está. A qué esperas? Es dulce su desconsuelo. Los montes me den consuelo; halle alivio entre las fieras. Quejarse con tanto acierto no es de villano. . Ay de mí! dónde allaré alivio? . . Aquí. Este si es proberbio cierto. Qué miro! q Aquí esta el villano, y mi enemiga divina. Hay mi amada Peregrina! Hay mi querido Aldeano! Mas qué escucho? vive Dios, que al villano favorece! Que sus favores merece, escucho aquí de los dos. Ya el alma desesperaba, y al cielo quejas decía. Y yo, como no te veia, sentí, pues, que sin mi estaba. Esto escucho! . Buen galán tiene. . A qué mi ira espera? Y cómo está la Rometa? Al servicio del patan. Mas allí a Aurora he mirado. Pero allí al Duque he advertido. Qué ahora hubiese venido! A qué mal tiempo he llegado! Pues que no me ha visto entiendo; recatarme detérmino. Pues que no me vio imagino; más ocultarme pretendo. Turbado, señora, veo, que me tiene está alegría; porque como es dicha mía, aún viéndola, no la creo. Y yo, señor, cuando admiro mi alegre fortuna en ti, mirándote estoy aquí, y aún no creo que te miro. En Ismenia tal bajeza! Mi sospecha está agravada. Flora, no me dices nada? De qué? Así algo hacia fineza. Pues le he debido en mi vida algún amor? . Es verdad; mas ahora la soledad. . Qué? Parece que convida. Pues dejelo, que da enfados, gastar en obra sucinta el tiempo, papel, y tinta, en amores de criados. De discreción están llenos tus reparos, y verás, que desde hoy te quiero más, y que te lo digo menos. Y sin que cobranza intente de tu afecto, mi querer, sabré que tengo poder, para actuar solamente. Solos hemos de quedar, para hablarte en esto aquí. Flora, retírate allí. En esa fuente sentaros os podéis, quiero que ignoren lo que en sabiendo repiten. Venga mi galán ad litem. Vaya mi dama ad terrore. Solos, y en el campo están la batalla prevenida, ella dama muy rendida, el ternístimo galán: muy solo el prado oloroso, la ocasión muy deseada, yo no malicio aquí nada, pero el lance es peligroso. . Qué a solas así pretende? Ya mayor el dano infiero. Quiero oírle. . Cirle quiero. Ya estás solo. . Pues atiende. En esa lóbrega cueba, que labró manosa industria, con búriles de temor, que seguridades busca, me albergué, viendo el rigor de; pero aquí mis fortunas dejar en silencio quiero, porque me da prisa mucha el deseo de que sepas, como en la aflicción más dura, las muchas desdichas, suelen a traer una fortuna. Que yéndose a declarar, me deje en las mismas dudas! Quién será este labrador, que misterios artícula? Mis penas, pues, aquí dejo, que fuera necedad mucha, cuando benignos los cielos me conceden tu hermosura, que haga el logro de las dichas, memoria de las fortunas. Confusión, y espanto es todo! Que nada hasta aquí descubra. Prosigue. . Digo, que confusa mi imaginación, notando, que llevarte en estrechura tan infelice conmigo, cogerle fuera a las puras luces de tu cielo el ser de la grandeza, que ilustran. Y por otra parte (ay cielos!) alentándome la mucha fuerza de mi amor, a que empeños que dificulta el respeto, la fineza logre arrojada, que nunca puede haber mucho respeto, a donde hay fineza mucha. Con el amor, y el respeto batallaba, en la profunda campaña del pensamiento, cuando en aquesta lid dura, medianero el cielo, hizo las treguas, abriendo una senda a este cerrado monte de confusiones, y dudas; de manera, que no falte, aquí la decencia tuya, y yo pueda hablarte, y verte, mientras que de la fortuna el rigor violento cesa, y se aclaran las oscuras nubes de tanto imposible. El modo, pues, ahora escucha. Mas me confunde, y me ciega. No se lo que de esto arguya. Di. En esa, en fin, tosea cueba, discurriendo su profunda habitación (oye atenta) entre unas pizarras duras, que servían de pilastra a una breve puerta oculta, amagos de luz diviso, que a ser curioso me alumbra. Llego, pues, la puerta toco, el tacto la llave busca, y un pasador solo hallo, que sin diligencia mucha abrí; veo una escalera, y aconsejame que suba mi deseo, voy siguiendo su torcida arquitectura, hasta que la acción me embarga el techo, que el paso ofusca. Con breve discurso advierto, que para algún sin oculta la malicia esta escalera, y aplicándole a la dura madera el hombro, le hago que el pino oprimido cruja. Mas me esfuerzo, y más consigo, pues los goznes, que aseguran a el disimulado techo, y visagras que le juntan, de mi impulso a los preceptos, dieron obediencia muda; abriose el escotillón, aquí con cuidado escucha. Ya te atiendo. . Yo admirado oigo. . Yo escucho confusa. Ya el escorilión habierto. Aquellas ramas le ocultan. Él es, no se escape ahora. Mas qué oigo! A mí me buscan. Ay de mí! . Qué será esto? qu . Daos a prisión. No se ajusta a eso mi valor. Pues muera. Mi espada aquí en vuestra ayu- tenéis Duque. da Deteneos. Tu presencia le asegura la vida: mas que veo! no es . Felisardo el que se oculta entre villanos arreos? Rodulfo, con lengua muda . me ha hablado ya. Duque, idos. . Mira. Idos, Duque. . Confusa mi obediencia os sirve. (nas, Advierte. No repliquéis. . Mis fortu- en Aurora, y en Ismenia truecan los celos, y injurias, pues una ofensa pregona, y otra piedades promulga. . Vosotros, por esta parte os id, y ved que os pronuncia aquí sentencia mi labio, que estén vuestras lenguas mudas con mi padre, de esta acción, porque si atrevida, alguna a decírselo se mueve verá el rigor de mis furias. Todos callar ofrecemos. Aunque librarle procura, si de Octavió la otra escuadra le encuentra, será ninguna su diligencia: Ay amigo, quien el gusto que divulga mi voluntad, te dijera! . Como aquí, señora, excusas prender al villano? . Porque fuera tiranía mucha, cuando ir libre al Duque dejo, que es quien tiene mayor culpa; no es si no porque en mi pecho . equivocada la duda, hace treguas al rigor, entre el engaño, y la injuria. A Aurora dudosa advierto. Si habrá oído Aurora. Que justa que se ha puesto. Vos, villano. Aurora. Por la espesura de aquellos sances entró. Pero mi padre me busca. Pues de su presencia quiero retirarme; aquí me encubra mi cuidado: Que de azares este breve alivio turban! Hija. . Señor. Ya celoso hoy mis ternezas te juzgan de la hermosiira de Ismenia, y envidiosas te murmuran, el que todos tus cariños los gastes con su hermosura; pero tienes muy buen gusto: su livianidad disimula mi atención, por su respeto. Aurora, señor, ilustra mi humildad, con su grandeza. Señor, no es bien que presumas, aunque a Ismenia quiero tanto, (ah traidora!) que desluzgan sus merecidos cariños, las galanterias tuyas. No sé que es lo que en Aurora siento al oír sus blanduras, que todos sus agasajos, me hacen sonido de injurias? Dios te guarde; y porque hoy, que celosa se articula mi voluntad de señales, llevarte quiero a una vrca, que de Selencia ha llegado, con mercaderias muchas, y muchas curiosidades, y fiarte quiero algunas; pues con esto, de celoso los créditos se aseguran, que cuando regalan más, es cuando miedos les turban. Gracia, señor, has tenido; mas no debe de ser una la opinión de los celosos, que en vez de regalos, furias, iras, y rigores muestran: díganlo mis penas mudas. . Si harán, mas mis celos son, Aurora, con más cordura: ven, pues, a embarcarte; Mendo, haz prevenir la chalupa. Quedarme intento. Ven tú también. Con licencia tuya me ofende. . Esa no es discul para llegar a la playa conmigo. . O si mi fortuna hiciese se quede Ismenia! Ven. . Ya te sigo; o injusta ley del decoro! Oye. . Di. No vienes? . Ya voy. . Oh dolor sin igual! que lugar, na cruel fortuna! no tuviera de decirle aquí a Ismenia (triste angustia!) el secreto de la cueba. Aunque la piedad desluzga de Aurora, vuelvo, por ver si esta tirana. . Que nunca la fortuna ainde a un triste! sin duda es vil la fortuna. Pero aquí el villano está. Fe, señor Duque. . Albano, escucha Villano te considero, cuando ese traje te miro, cuando tu razón admiro, re presumo Caballero: Pero si creer lo quiero, tu trato me hace dudar, pues cuando debiera estar seguro mi honor contigo, a la dama de tu amigo te has atrevido a mirar De rústico, de tirano te acrédita esta maldad, pues faltar a la lealtad, es solo acción de un villano: Y aunque ahora pudiera (es llano) dar a tu traición castigo, mi justo enojo mitigo, dejándote libre aquí, pues fuera igualarte a mí, tratarte como enemigo. me quedaré, porque el mar (pa, . Oculto en esa entamada, con Ismenia me ha oído hablar, mucho hará en disimular estos desaires mi espada: En la queja mal fundada, que da vuestro sentimiento; que no tenéis razón siento, si con razón lo miráis; y para que lo entendáis, señor Duque estadme atento. Esta dama que queréis, el que os aborrece a vos, lo sabemos bien loa dos, y vos no lo negaréis? Pues decid, cuando sabéis, que no os quiere, y a otro ama, a vuestro valor no infama la tema que así os esfuerza, a que conquisteis por fuerza, los favores de una dama. Y asentada esta verdad, no hay razón en que convenga, que por quererla vos, tenga vacante su voluntad: Señor Duque, esto es crueldad, y aunque aquí el término es llano, no importa, yo soy villano, y así bien puedo decirlo, en vos miro el ejemplillo del perro del hortelano. Y si os admira en mi estado, verme cortesano amante, ved, que no pierde el diamante, por estar mal engastado: Tanta alma el cielo me ha dado, como os dio avos, y esto baste a que con valor contraste una belleza divina, pues puedo ser piedra fina, aunque esté con mal engaste. Decís, falto a la amistad, y de amigo me dais nombre, y luego hace que me asombre turbada esta dignidad: Pues decís con vanidad, al querer reñir conmigo, no valgo para enemigo; y esta consecuencia doy, para enemigo no soy, luego no soy para amigo? Y aunque no es mi sufrimiento de los de más resistir, oíros Duque decir, que soy villano, no siento: Mentira, o verdad atento, que decís mi juicio mira, y así el oírlo no me admira, y sentirlo, es necedad; si lo soy, porque es verdad, y si no, porque es mentira. Mi paciencia os asegura la ignorancia con que habláis, y así con vida quedáis. Yo os estimo la cordura; pero advertid, que la ruda corteza de este sayal, tal aliento, y alma tal puede encubriros, que entiendo, que si decirlo pretendo, quizás lo escucharéis mal. Si eres noble, como, di, que lo digas no consigo, pues puedo reñir contigo, si te declaras aquí? Eres cobarde. . Ya en mí . la paciencia está apurada; pues no os estorbe aquinada, noble soy Duque (qué aguardo) . sepa que soy Felisardo. Bien podéis sacar la espada, y sabed, para que aquí salgáis de todos recelos, Tlos! que yo soy. . . Valedme cie- Este es el Conde. Ay de mí! Si aquí mostrar queréis la piedad, al Conde, y su hija amparad, que se anegan. . Cumplir quiero mi obligacien. Y yo espero ayudaros. . Pues volad; que desdicha! el barco apenas al cristal los remos toca, cuando el viento en una roca, le dio vecindad de arenas, a quien lástimas ajenas no enternecen? qué dolor! mas de mi amante el valor, rompe la cruel resaca, y en brazos al Conde saca, y el Duque a Aurora. Señor, ya estás libre. Y vos segura. Quién eres, que vida ofreces? Un hombre a quien aborreces. . Quién la vida me asegura? quién huye de tu ermosura. . Cómo huyes, cuando me obligas? Me libras de las fatigas, y huyes? . uien fue? Un villano es. Quién fue, Ismenia? El Duque. . Tues a mi padre no lo digas, que ignore, Ismenia deseo esta obligación. . Qué esquiba! Hija, que te miro viva! Señor, qué libre te veo! Aunque la toco, no creo esta fortuna, porque creída del alma fue la desdicha, y en tal calma, cree el temor, mas al alma, que aún a lo mismo que ve Pues yo al contrario estoy cierta de que el hado no fue esquivo, y creo que tú estas vivo, pues yo, señor, no estoy muerta. quién tantas dichas concierta? Di, quién la vida te dior Un villano, y luego huyó Lo mismo a mí me ha pasado. Señor, quien vido te dío, el villano es que prendió Aurora, con fiel arrojó, y con valor desigual, al avariento cristal le robó heroico despojo: para que temple su enojó, . le prevengo de esta suerte, pues más pesa, si se advierte, en balanza conocida, el darle al Conde la vida, que a su sobrino la muerte. No es de villano la acción, ni el respeto es de villano. Aunque es un pobre Aldeano, valor tiene, y discrección. Bien lo sabe lsmenía. Son causas que me han confundido, ver, que uno, y otro atrevido, las vidas al riesgo entreguen, y viendo la acción, me nieguen de mostrarme agradecido. Algún delito tendrá, porque aquí temerte pueda. Ningún delito le queda, a quien dos vidas me da. Tiempo señor llegará, que acuerden la obligación No sé que siento en la acción del Daque; en mi vanidad, que no llega a voluntad, y pasa de estimación. Hacedlos luego buscar, que ya en agradecer tardo, espíritu tan gallardo: y tú ven a descansar del susto. No dio lugar en mí a ningún sentimiento, de erte libre el contento. El cielo te guarde. Así descansar pudiera aquí de los desvelos que intento. Cuando, fortuna, tu rigor extraño envainará el acero vengativo, pues cuando a las heridas me apercibo, huyes el golpe, por crecer el daño? Suspendes el impulso con engaño, para hacer el dolor más sensitivo; y si por cuenta del consuelo vivo, me lo estorba un tirano desengaño: Muestrasme el bien, y escondes el bien luego; ve la pena el alivio, y no la alcanza, cristal ofreces, y exámino fuego; Y tan cruel te miro en la venganza, que cuando espero que a las dichas llego, aún de esperar me niegas la esperanza. Ya Duque aquí me tenéis. Yo, Albano, a buscaros vuelvo Ea, la espada sacad. Esperad, que antes pretendo me digáis quien sois. Un hombre noble soy, bien podéis creerlo, que para reñir con vos, méritos, y valor tengo. Decidme, quién sois? No importa para reñir el saberlo. Pues decid, cuando estorbó a vuestro labio el suceso del Conde, y Aurora bella, no ibáis a decir resuelto quién erais? . Es la verdad, mas ya he mudado de intento. Pues porque? . Porque si aquí a deciros me resuelvo quien soy, no hay que agradecerme en la parte del aliento; pues dado a conocer ya, claro está, que es presupuesto preciso, que sea valiente. y tanto a mi valor debo, que no quiero aquí valerme de aquel heredado fuero, que el aliento de quien soy, me pudiera dar, supuesto que aquí me bastan los bríos de mi brazo, y de mi acero. Y cuando vos a reñir resuelto estáis, y aquí veo, que dejando la grandeza, usáis solo del aliento. Si yo con el mío hallo, que igual con vos a estar vengo, con decir aquí quien soy, darme más fuerzas no intento, que era parte de ventaja, y yo ventajas no quiero. Eso es para cuanto a vos; mas para cuanto a mí, es cierto, que negando aquí quien sois, ofensa hacéis a mi acero, pues le quitáis la ocasión de vencer más. . Antes siento, Duque, lo contrario, y que os hago agasajo en ello, pues os doy poco enemigo, para que venzáis más presto. Sacad la espada. . Esperad, y creed, que el cuidado mesmo, que en negar quien soy ponéis, enciende más mi deseo. Pues yo no lo he de decir ahora, porque no es tiempo; vos lo sabréis. . Y decid: si fuese en vos singimiento la obleza que decís, no es en mi grandeza yerro, el reñir con un villano? Pues es esto casamiento? Por esta acción, yo aseguro, que no pierdan vuestros nietos lustre ninguno; acabad. (to! Pues decidme. . Ay tal aprie- qué os obliga? . Hay tal porfiar! Duque, digo que no quiero, acabemos de una vez, y reñid, o vive el cielo! que entenderé son escusas para. . No prosigáis, que a eso os satisfaré, con daros la muerte. . Veremos. Vive el cielo, que es valiente! Mas valiente ahora le advierto, que le halle en la otra ocasión. Que dure tanto a mi esfuerzo este villano? . Que tanto dure este Duque a mi aliento? La espada he perdido. Y yo de vuestra espada (brar. soy dueño. . Dejádmela co- No, Duque, sin que primero respondáis a una pregunta. Decid. . Confesáis que puedo daros la muerte? . Sería bajeza, cuando me ves sin armas. . Yo no pregunto, si será bien hecho, o mal hecho, si no si puedo mataros? La vida, estando indefenso, bien me la podéis quitar; más mi valor, vive el cielo! que no es posible se rinda. Con que vuestra vida, es cierto, que ahora en mi mano está? Ya os he rescondido a eso. Pues daros quiero la vida, porque así, Duque, pretendo, que esta vida me debáis. Y aquí juntamente quiero, que tengáis dos vidas, una vuestra, y otra que os presento, dándoos así de ventaja, para reñir otro esfuerzo; pues es preciso tengáis con dos vidas, dos alientos: Tomad la espada, y reñid. Aunque agradeceros debo la acción, al ejecutarla, tan desvanecido os veo, que a mi valor le obligáis falte a el agradecimiento. No quiero que agradezcáis; renid. den. . El que está riñendo con el villano, es el Duque. Pues buena ocasión tenemos. llegad; daos, Duque a prisión. De esta suerte. Aquí mi aliento . tenéis. . Ahora si os lo estimo. oct. Pues mueran. . No será eso con mucha facilidad: a ellos, Duque. . Albano, a ellos. Las espaldas les coged. Seguidme, Duque. . No puedo, que me siento muy herido. Pues para cuando es mi esfuerzo? Por lo intrincado del monte se han entrado. Ya sin riesgo estamos, pues que la cueba e podido tomar dent. . Mendo, toma la parte del mar. Sigue al monte. Mucho os debo. Nada me debéis. Al llano. . Al monte. En la cueba entremos, a cuidar de vuestra vida. oct. Ataja. . Hacia illí los siento. Válgate Dios por villano, que no sé lo que en ti veo! Válgate el cielo por Duque, y en que habrá de parar esto!
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Ismenia allí divertida está. Y quien me da la muerte. qué. Aurora, ha llegado advierte. Y quién me ha de dar la vida. Ira el mirarla me da. Consuelo siento con verla. Qué presumida esta ella. Qué finchada que ella está. Ciertos padezco los celos, con ser la causa dudosa. Su grandeza poderosa, ha de quierar mis desvelos. Quiero alagarla, que así descubrir su pecho espero. Declararle mi mal quiero, para que me ayude aquí. Seas, Ismenia, bien venida. Tú, señora, bien hallada. Triste estás. . Estoy sin vida. Sin duda, que mal hallada en este Castillo estás. Mal a mi amor satisfaces, pues los favores que me haces, y las honras que me das, las aves con melodía, y arroyos que en cristal duran, de noche ellos lo murmuran, ellas las cantan de día. El servirte siempre ofrezco, por lo mucho que te estimo: que mal la pasión reprimo! . Porque veas que agradezco tu voluntad, bella Aurora, mi vida te he de fiar. . Habla. Sola has de quedar. Celia, vete. . Vete, Flora. Cuando mi deseo espera el fin del cuento, esto ve? Ven, que yo te lo diré contado a nuestra manera. . O si llegase a inquerir . mi mal! . Sepa mis desvelos. Que deseen saber los celos, lo que luego han de sentir? (ma Ya estás sola. . Pues no en cal- se esté todo el sentimiento; salga a la voz el tormento, y al labio se asome el alma, Aurora divina, cuyo hermoso cielo mis tormentas buscan, para lograr el deseado puerto, Si hasta ahora he callado de mis penas el dueño; si es que penas se llaman, penas que se engendraron del contento. No fue, no, sequedad, si no justo respecto, y temer los enojos de la vertida sangre de tu deudo. Felisardo, señora. Qué es lo que aigo Cielos! . Si dio muerte a Lidoro, su razón le mató, mas que su acero, huyendo a Atenas fue. Ya en fin mi mal es cierto. . Dónde amor poderoso, dos almas animó con un aliento; de allá huyendo salió por la muerte de Alberto, del Duque hermano triste, que su vida ferió a su desconsuelo. El cielo, en fin, piadoso En una cueba oculto, de villano grosero, tosco sayal se viste, manjar rústico sirve a su sustento. Quien en doradas copas gustó el licor Sabeo, de los turbios arroyos, brindan su sed cristales lisonjeros. Si dio a tu primo muerte, Quien ajó las aromas de, jardines Ibleos, crespos espinos pisa, en torcidas raíces halla asiento. El que en Palacios ricos, miró adornos soberbios, de los silvestres troncos, omenaje le dan los ramos secos. Quién de instrumentos dulces oyó sonoro acento, de las fieras escucha los lamentables, y horrosos ecos. Matar con el enojo, Allí encerrado, y pobre, a tu padre temiendo, aún dueño no se mira de aquella libertad que le dio el cielo. Querida, Aurora mía, El pájaro, que al Alba despierta con gorjeos, en matizado canto, bate las alas por el vago viento. El bruto, que del monte escándalo es sangriento, las selvas, y los valles, campo le ofrecen a su orgullo fiero, El pez que aprisionado, mide el helado centro, breve bajel de escamas, las ondas surca de cristales tersos, El arroyo que corre, mormurador risueño, entre mullidas flores, pintado el Mayo lepreviene lecho, les ofrece sin riesgo, al ave, pez, bruto, arroyo, el aire, el monte, el prado, el mar (soberbio. Y solo Felisardo (con qué dolor lo siento!) no goza lo que goza (royuelo. un ave, un bruto, un pez, y un ar- vida le dio su esfuerzo a tu padre en el mar, cuanto va de aquel yerro, di a este (acierto? Si allí rigor merece, y aquí agradecimiento, mide lo que hay de la vida de un padre a la de un (deudo. De sentir, y obligarse, aún tiempo la acción veo; pero la obligación muchos grados le lleva al sentimien (to, es del valor efeto; pero herir con rencores, se mira mal en generosos pechos, a tu grandeza apelo, tu amparo solicito, a la piedad áspiro de tu cielo. A tu padre le obliga a el perdón de mi dueño, obra lo generoso, olvida en la venganza lo severo. Así vivas felice, así en dulces trofeos, Cupido te corone con la guirnaldade su madre Venus. Así adorada vivas, y así vivas sin celos, gozando las caricias del dulcísimo lazo de Imeneo. Ampara mis desdichas, consuela mis afectos, mis ansias favorece, y tengan por ti logro mis deseos. Para que mis fortunas confiesen, que te debo la libertad, la vida, la quietud, el alivio, y el consuelo. Mujer soy, y afligida, con lágrimas te ruego, (to noble, y discreta eres, harto, Aurora, te digo en decir es- Confieso, que enternecida . me ha dejado su tristeza, que quien falta a la terneza, ni es noble, ni bien nacida. Y aunque de su pena, aquí tanto me alcanza el tormento, conozco su sentimiento, por el que yo siento en mí: Válgate Dios por mujer! y lo que aumenta mi queja, por ella el Duque me deja, y Felisardo, ofender miro mi ciega pasión, por ella también aquí. Y ahora se vale de mí, pues válgame la razón, rinda aquí la pasión mía de sus fuerzas el poder, pues el saberse vencer, es la mayor valentía. Ya Felisardo faltó, proceda mi pasión cuerda, porque el honor no se pierda, ya que el amor se perdió. El amparo de amistad, y de nobleza, halle en mí Ismenia, con que haré aquí virtud la necesidad. Mirando tu suspensión, mi deseo satisface, que no la erraras, si hace la consulta tu razón. Ismenia, yo te confieso, que Felisardo atrevido, causa de mi pena ha sido, con el infeliz suceso de mi primo (sirva aquí su dulor, a mi pesar;) pero viéndote llorar, obró la terneza en mí: de mi padre, pues te escucho, templaré la cruel pasión; y cree, que en esta acción, Ismenia, me debes mucho. Que más, cuando las ofensas tu grandeza al viento ofrece. Ves, que mucho te parece, pues es más de lo que piensas. Tu Padre viene. . Pues ahora le hablaré. . El Cielo te dé vida. . Vete tú. . No sé si acaso me engaña Aurora; de este cancel retirada (rida, oírla quiero. . . Hija que. estás sola. . Y afligida. Qué tienes? . Apasionada Ismenia, aquí me ha dejado. Pues qué ocasión pudo darte? Yo no quisiera enojarte. Bien empieza. . Mas cuidado me das con tus prevenciones. . El darte enojo temí. Suceso espero Felice. Pues tu silencio mi dice, mas que callan tus razones. Padre, y señor. . Ya le obliga; . Ya empieza a entablar el ruego, que bien hice en declararme: Di, Aurora, y no quieras darme . Miren por adonde empieza, mas pena. . Pues que te diga me permite, que Ismenia ahora. Trosigue. . Dichosa he sido. Conmigo ha estado. Y qué ha avido? Obra al fin como señora. Me a dicho: mas como así . mi muerte buscando voy? como mi homicida soy, pues doy armas contra mí? Yo entregarme a mi al rigos? aplaudir mi desconsuelo? galantear mi desvelo, y apadrinar mi dolor? Eso no amor, eso no, con celos no hay amistad, no hay nobleza, no hay lealtad, nadie es primero que yo, pues a Felisardo siento perder, no le ha de gozar, que aumenta el propio pesar, ver el ajeno contento. Piérdale también su amor, y tenga la pena mía, en su dolor compañía, si es consuelo del dolor. su fineza da entender. qué piensas? . Esto a de ser, . pues del traidor Felisardo, se mira mi voluntad, pague con la aleve vida. Confieso que estoy corrida, de dudar en su amistad. (do? Di, que es lo que ismenia a habla. Ismenía me ha asegurado, que Felisardo está aquí. qué dices? . qué es con certeza. discreta es. . Pues dime luego, adónde está? . Disfrazado de villano, en una cueba, de tu sufrimiento prueba hace, y burla tu cuidado. Qué mal modo de pedir? Pues dime, esa cueba ya. Cerca del Castillo está, Este es rogar, o insistir? Verá mi furia inhumana. Sienta el rayo de tu fuego. Ah traidora! este es el ruego? Pruebe tu enojo. . Aa tirana! Verá todo mi furor. Mire tu rigor severo. No hará falsa, que primero le sabrá avisar mi amor: el cielo acierto me dé, para poderle encontrar. . Qué espero? voy a tratar su muerte. . Pues a mí fe . agravió, muera. La estampa del gran Mercurio, mis pies gobierne ahora. . Quién es quién ha entrado? Qué te suspendes? . Turbada . Car en la trampa . Quién sois? Yo sí, como entrarme, cuando aquí, si porque osado. Qué decís? . que estoy turbado. Y a qué venís? . A turbarme, Qué escondéis al? No es nada. . No, un papel es. No es por Dios. . Cómo no? Como son dos, con que estáis, señora, errada. Mostrad. . Para vos no son. Dadmelos. . Son mis pecados, que los traigo aquí apuntados. Yo los veré en confesión. Vos no . Acabad. Qué os asombre temo, el quererlos mirar. Pues porque me he de asombrar? Porque son pecados de hombre, y son culpas graves. Verlas quiero. No es en vos razón. Pues por qué? . Porque no son mis culpas para doncellas. Necio estáis. Lance apretado, todo lo he echado a perder Dadme. . No lo podéis ver, que es un caso reservado. No me enfadéis. El Demonio lo ha hecho. No hay resistencia para mí. Aquesa es violencia, pídolo por testimonio. Sin sobre escrito uno está. Quedófele en el tintero. Este ha de ser el primero; dice así: pues. . Allába. Ismenia, dueño adorado, y del alma dulce empleo. Pegajóso es el principio. Son vuestros pecados estos? No son todos por mayor; pero tengo parte en ellos. Como no pude avisarte a donde cae el secreto escotillón de la mina, ahora, aunque conozco el riesgo, te escribo con Fabio, fiado en su habilidad, y ingenio: Tan habil sois, y ingenioso? Alguna experiencia tengo en estas corredurias, mas yo no hago caso de ello. Digo, pues, dueño querido. Dueñear, y darle. . Esto veo. Que sale de ese Castillo a un cuarto, que aunque no puedo decirte cual es, las señas te darán conocimiento. Cuatro balcones dorados tiene, que a los cuatro vientos labrados, por una parte unos jardines amenos registran, y por la otra miran al mar. . Pues con eso no puede errarse. Qué aguardes en él, señora, te ruego, esta noche, que yo iré a adorar tu hermoso cielo. Fiar te puedes de Rodulfo, que es mi amigo verdadero, y le escribo, para que te ayude en aqueste intento: tu aviso quedo aguardando, y a Dios, que pues verte espero, lo que con el Duque pasa sabrás. . No dice más de eso? pues no es cosa de cuidado, El de Rodulfo no quiero leer, pues ya sé lo que dice. Ahora bien, más que para esto sobre mis negras costilias: Hola. . Señora. Esto es echo. . a ese villano. Ay señores. . Luego lelle- Santelmo. (uad. Y en un cepo le mered. Ay, señora, porqué en cepo? mirad que es prisión de lobos, y estoy en ayunas. . Esto haced. . Señora, por Dios que os compadezcáis, que tengo hinchadas las piernas, y puede matarme. . Así? Es cierto. Pues metanle de cabeza, no le haga mal. . Peor es esto: los Diablos lleven mi lengua, que cuanto digo lo yerro. Vamos. . Señora, por él galló que cantó a San Pedro. Acabe. . Por el caballo de Longinos. No sea necio, venga, venga. . Déjame plegar, hombre, que te va a ti en esto? Por la Cruz del mal ladrón. Llevadlo. Que no hay, no hay remedio? No, que vi vuestros pecados, y es la penitencia de ellos: (siento. Ea, qué aguardáis? Venid. . Vamos; pero solo qu? . Hacer penitencia propia, de los pecados ajenos. . La venganza de un tirano, hoy la fortuna ha dispuesto: muera quien traidor ha sido a mi amor. Y ahora pretendo darle noticia a mi padre de todo, que pues él mismo se viene al castigo, no hay necesidad de otros medios. Y quién culpare mi rigor severo, Ya el intento he conseguido, de examinar el secreto de esta mina; pues estando ausente Albano, y yo bueno, ya de mi herida curada, del balsamo, y del romero, con que me ha asistido Albano; Albano, a quien miro aún tiempo, en el corazón nobleza, valentía en el acero, de quien obligado me hallo, cuando ofendido me quejo. Lugar he tenido para averiguarlo, yo quiero cerrar a la escasa luz, que los oscuros revejos de la noche comunican. Aquí un salón grande advierto, de balcones coronado; que cuarto será este, cielos? si acaso el de Aurora fuese, que no me pesara; pero si el cído no me engaña, aquella puerta aorir siento: de este balcón amparado veré quien es. Mucho os debo, Rodulfo amigo. . Albano es, y otro hombre, que será esto? Y en hábito cortesano, Albano, confuso quedo. Con decir, soy vuestro amigo, os he dicho cuanto puedo. Su amigo dice que es. Dios os guarde, que en efeto no habéis visto a Fabio? . No. júzguese con ofensas, y con celos. . Fn gran confusión me ha puesto! pues con él, a vos, y a Ismenia escribi. . Pues esto es cierto. A Ismenia dice escribió; que villano es este, cielos? No lo he visto. . Este cuidado me obligó a venir a veros, sin mirar el riesgo a que me expongo. Yo, amigo, entiendo, que aquí más seguro estáis, que en otra parte, supuesto que aunque el Conde os busque, no ha de entender que aquí dentro estáis. . Decis bien. De más, que este cuarto, que es el mismo, según las señas me dais, a donde cae el secreto de la mina, retirado de Palacio está, y yo tengo la llave de él, quedaos, pues, que ahora avisar pretendo a Ismenia, para que venga a hablaros. . Con el silencio, mi agradecimiento os digo. que esto esté escuchando? Cielos! Y como ya sin disfraz venís? Porque cuando vengo a ver a Ismenia divina, como quien soy venir quiero. Aguardad aquí. Aquí aguardo. Esta luz dejaros quiero, y la puerta cerraré, que yo abriré a lsmenia. El cielo os guarde, Rodulfo. A Dios Felisardo, presto vuelvo. , . N. Qué oigo? Felisardo dijo, lo mi enemigo es, vive el cielo! ha cobarde cauteloso! mis tras verá tu pecho. Celia, en esta galeria divertir un rato intento estas pasiones, cantad. . Templemos. Que oigo instrumentos, parece, Qué aguardo? muere cobarde traidor. . qué es esto? Más que me ofendió tu espada; me agravia tu fingimiento: y así la ofensa, y engaño he de castigar a un tiempo. En mí el valor no ha faltado, de Ismenia, solo el respeto pudo encubrirme; y porque lo veáis, daros intento satisfacción en el campo, y ahora averiguar no quiero, como aquí dentro os halláis. Ni yo decíros lo intento: sacad la espada. . Esperad, Duque, y mirad que este puesto no es capana. . qué es campaña? aquí la muerte mi acero os ha de dar. . Advertid, que arriesgamos. Nada arriesgo. Ved que este sitio. . Acabad, y reñid, o vive el Cielo! que entenderé son excusas, para. . Duque, teneos, que ahora mi acero os dirá, si es estusa de mi aliento. n . Contra el engañoso Tirso, enojada Filis bella, sus iras tocan al arma, sus celos publican guerra. Arma, arma,. Guerra, guerra, Rodulfo, abrid esta puerta. Señor, la llave no tengo. Pues rompedla. El Conde es el que se escucha. Ya veo que es él. Qué haremos? . Reñir, que yo no reparo en riesgos cuando riño. . Pues riñamos. No la rompéis? No podemos más. Aguardar aquí, es intentar, que nuestro duelo se embarace. . Pues salgamos si eso pensáis, que yo tengo por donde. . Cómo ha de ser? Este escotillón abriendo. Pues quién así? . No es ahora ocasión de hablar en eso. Acabad. . Esta luz tomo. Ya el quicio hacé sentimiento. Yo, Duque, delante iré, y ved que la luz os llevo: No he menester vuestra luz, para ver lo que hacer debo. Ya está en el suelo la puerta. Entrad todos, más que veo! Nadie hay aquí, pero ya que es este miro el secreto, de que Aurora me dio aviso. Viven los cielos, que abierto . se dejó el escotilión! Soldados, por él entremos, pues corresponde a la cueba, donde Felisardo es cierto (te, que ha de estar. . Señor, edvier- que el entrar por aquí es yerro, pues puede ser. . Mi valor, Rodulfo, no teme riesgos; conmigo entrad vos Octavio, llevad al criado preso, que a la cueba os encamine, y cerrad la puerta El cielo a Felisardo defiendal. Servirte, señor ofrezco. . Alumbrad, Rodulfo, vos, que aunque se esconda en el cetro, le descubrira mi enojo, y le deshará mi acero. No cantéis más, hay de mí! Qué tienes? . No sé que tengo, dolor se ha vuelto la ira, y lástima el sentimiento: Si habrán muerto a Felisardo? Ahora sales con eso? Que mal hice, que mal hice; hay Felisardo! . A buen tiempo. Quién tuvo entrañas tan duras? Quién corazón tan sangriento? Celia, si lo han muerto ya? Fácil, señora, es saberlo. Quién me lo dirá? Ande, acabe. i. Pues como le de andar, si tengo atadas las manos. octanda con las manos. Ce allí veo a Octavio, que trae al criado de Felisardo. No puedo das un paso. no hay que hablar. Ande. Otavio, dime presto, dieron muerte a Felisardo? No señora. dete el cielo buenas nuevas . Dios te dé de gloria grados inmensos. Pero que se escape ahora, por imposible lo tengo, pues al acero del Conde ha de morir, o a mi acero. Pues por las nuevas, tu alma. ardiendo esté en los infiernos. Cómo? . Cómo por la boca de la mina entra resuelto el Conde tu padre, y yo por la otra parte pretendo de la cueba donde está, sitiar la puerta; y para esto a este criado, que me guíe, como veis, señora, llevo. Pues guiaré muy lindamente, si atadas las manos tengo. Pues Otavio, yo contigo (do, quiero ir. . Yo andar no pue- si al punto no me desatan; y demás, señora, de esto, se me ha olvidado el camino de la cueba. . Vive el Cielo, villano, que has de decirlo, o qué has de morir! . Teneos; desatad a ese criado. Escaparme así pretendo, . porque correr con las manos atadas, es cordelejo. Ven, Fabio, y guianos tú. Señora, yo no me acuerdo de la vereda. . Pues mira, que con ese mismo intento, con que piensas que le libras, que le das la muerte es cierto. Cómo? . Como yo su vida ahora amparar pretendo, Esa es engañifa. . No es, y te juro por los Cielos, que es la verdad. . Ylo juras? Lo juro. . Pues no lo creo. Linda sorna, Créeme, Fabio, que lo que te digo es cierto, y lo cumpliré. . Pues dame un fiador de sancamiento. HAy tal flema. . Fabio, mira que estamos perdiendo tiempo, y Felisardo peligra. Dame adelantado el tercio. Es esto alquiler de casa? Fabio, acaba, no seas necio. Dame siquiera una prenda. Toma, y ven. s Ya por lo menos la vida a mi amo aseguro, pues sobre prenda la llevo. Enmiende amor esta vez, el error que hicieron celos. Ya Duque en la cueba estamos. Al campo salir podemos. Para qué? este sitio es mas conforme a nuestro duelo, pues sin embarazo alguno, tenir despacio podemos. Bien habéis dicho. Aquí es, llama. Esperad, ruido siento. Felisardo, Felisardo, La voz es, viven los cielos! de Ismenia. . No respondáis, y riñamos. . Pues en esto cautela no puede haber, pues son de mujer los ecos, dejadme ver quien me busca. Id, que para todo hay tiempo. Felisardo, Felisardo. Quién llama? Yo. Qué es lo que veo? cielos! Ismenía. . Acá estamos todos. y hechos unos Luciferos. Cauteloso, Felisardo, vuestro valor aquí advierto, pues traéis para matarme, todo un escuadrón de celos. Yo Duque. . Esperad, que yo por ti responderle quiero. Duque, aunque satisfacer de Felisardo el valor, en mí viene a ser error, pues os lo ha dado a entender? Ahora quiero, por mujer, aquí satisfacción dar; porque llego a imaginar, pues él a nadie la dio, que si no os la diera yo, sin ella os havías de estar. Si a buscarle aquí he venido, sola, con armas, y tarde, es a decirle, se guarde del Conde, que ya ha sabido, que en esta cueba escondido está, y a su lado fiel, valiente, arrojada, y cruel, dando a la fama renombres, vengo a ir matando los hombres, no lo he de estar. . que le fobraren a él. Y si como imagináis, yo aquí de intento viniera contra Felisardo, fuera, Duque, si lo reparáis, que puesto que no ignoraia, que hace valientes amor, los celos con más furor alientan en los desvelos; y añadiros inos celos, era daros más valor, Y dejada esta questión, decidme, que bizarría es, que os haga una porfía, faltar a vuestra opinión, seguir una sin razón? mirad a lo que os convida; (da. muerte a Alberto dio una heri- vuestra sangre derramada visteis, perdisteis la armada, y os ha de costar la vida. Duque, baste la porfía, acábese ya el rencor, y empleaos en otro amor, que es de mayor jerarquía: Aurora, que es luz del día, en vos espera su suerte; mi cordura esto os advierte, y dejadnos a los dos, porque si no, vive Dios, que yo os he de dar la muerte, Sois mujer, y por mujer dejo ahora de responderos. Pues respondedme a mi Duque, porque yo digo lo mismo. Y yo, voto a san de mi alma lo digo aquí, y lo sustento. A satisfacer la muerte de mi hermano, solo atiendo, y hasta que yo os la dé a vos Como es eso; pues ahora Duque veréis. Tente Ilmenia. Vive el Cielo! Allá va la Italiana. Quita: buscadme, eso intento. , . Llegad, que ya allí se miran. Esperad, viven los cielos, que descender por la mina gente con armas advierto! Ya sé lo que puede ser, el escotillón, por yerro abierto dejé. El Conde es. . Malo, a la puerta apelemos. Oc. Cercad la puerta, sol- Qué escucho? (dados. Ya es más el riesgo, porque nos tienen sitiados. Peor. . Ay de mí! Llegad presto. Duque, poneos a mi lado. Ea, muramos como buenos, que él no tener por donde huir, muchos valientes ha hecho. Aquí está, soldados, muera. Qué es morir? pues no hay más Señor. (que eso? Ismenia, tú aquí? Y en defensa de mi dueño tengo de perder la vida. Y yo pajas. . No te entiendo, quién tu dueño es? . Felisardo. Pues avisas a mal tiempo, que ha de morir. Esperad, y oídme primero; porqué ofenderle intentáis? Porque cruel, y sangriento a Lidoro mi sobrino la muerte dio. . Y si ese hierto le hubiera recompensado con el venturoso acierto de daros a vos la vida, quedarláis satisfecho? No hay duda. . Pues Felisardo es el que del mar soberbio, en el bajel de sus brazos, batiendo animados remos, os negó piadoso allí el salobre monumento. A tanta deuda ooligado, negarme, Ismenia, no puedo; yo a Felisardo perdono, y ahora otra venganza intento: el Duque, que allí se mira, muera, soldados. . Teneos. Apartad. . que me escuchéis, Conde, solamente os ruego. Decid. . Porque contra el Duque irritáis el limpio acero? Porque atrevido, y osado, ha ofendido mis respectos, y dio muerte a un criado mío. Y si bizarro, y atento, para esa pequeña culpa, grángease el grande precio. de haberle dado la vida a Aurora, divino Cielo; decidme, fuera bastante satisfacción? . No lo niego. Pues el Duque es quien el monte de espumas cano, rompiendo valeroso, y compasivo, a el errante Firmamento robó el más hermoso sol, vestido de rayos negros, quitándole a su avaricia las presunciones de Cielo. Cómo me engañas, si fue un villano? Aquesto es cierto, señor, No lo creo, , . . Pues yo soy testigo verdadero, y que es, señor, quien me dio la vida el Duque confieso. Ya que dudar no me queda. y por tu amigo me ofrezco. Yo estimo tanto honor; y pues ya vos satisfecho estáis, yo no puedo estarlo, sin que dé muerte mi acero a un traidor. . En mi defensa hallaréis. A eso volvemos? A tu lado estoy? . Tened. Dejadme. . Primero intento saber, que causa os obliga? Porque dio a mi ermano Alberto la muerte. . Cómo fue? . oídme, que ya lo digo: Pues cuerpo de Cristo con Vuecelencia, si os vais a entrar en su huerto, a golosmearle la fruta, cueriáis que os diera buñuelos? Si le dio muerte, y a vos os hirió, fue defendiendo su honor, su dama, y su vida; y yo me hiciera lo mesmo, aunque no soy muy valiente, Y decid, para este duelo, vuestra vida, cuantas veces se la debéis a su aliento? hasta lácaros en brazos de poder de Filisteos. Señor Duque, bueno está, pelitos al mar echemos, aquí todos quedan bien, haya paces, y Laus Deo. Duque, si no hay otro agravio, que perdonéis por mí os rueno, a Felisardo. . Lo haré, si me concedéis en premio la mano de Aurora. Vuestra es, Duque, ya. Y yo lo aceto. Felisardo, la de Ismenia. Serenaronse los cielos. Y las tormentas cesaron. En fin paró en casamiento; y Don Francilco de Leyba, aquí Señado discreto, Cueba, y Castillo de amor acaba a vuestros pies puesto.
