Texto digital de Las cuentas del Gran Capitán
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- José de Cañizares
- Atribución estilometría
- José de Cañizares Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Valencia, Viuda de Josef de Orga, 1763).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las cuentas del Gran Capitán. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/cuentas-del-gran-capitan-las.

LAS CUENTAS DEL GRAN CAPITÁN
JORNADA PRIMERA
Asta hasta aquí. Si hasta aquí me da esta dicha la suerte, no pretendo disgustarla, ni a ella, ni a vos. Qué corteses son todos los Españoles, Énrica! . Tú, que les tienes afición, así los pintas, que a mí no me lo parecen. Espántame, que las Damas Napolitanas se quejen, Dama hermosa, de nosotros; pues sabe Italia, que desde que el Gran Capitán, ganando este Reino, de laureles orló su fama inmortal, mandando, que lo gobierne; el Rey pues supo adquirirle, tan atentado procede, que le hacen cortés las Damas, los Caballeros prudente, puntualísimo el Consejo, y manejable la Plebe, sin que contra nadie sea más duro, y menos clemente, que contra sus propias Tropas, según las ciñe, y contiene, negado a injustos permisos, y civiles intereses: esto lo sé tanto yo, como quien familiarmente le trata. . No os canséis más, que lo que el mundo dijere contra Nación tan ilustre, es envidia solamente; y puesto que la ocasión de salir algunas veces a esta hermosísima playa, que el Mar a embates guarnece de ríos de plata, a hacer ejercicio me concede el buen rato de escucharos atenciones reverentes no más, lo que encarecéis acreditad, sin quererme seguir. No el traje, señora, de Soldado os amedrente, para juzgar, Julia hermosa, que ya sé (aunque se me quiere recatar el nombre vuestro) que quien las balas no teme, no tema las hermosuras; libre estad de que os arriesgue. Ay! no muy libre. . Por qué? Porque allí tu padre viene con Fabricio. . Y haces bien de que en esto nos encuentre. No encontrarán, pues quizá no nos habrán visto; entre tanto que nos alargamos, Español? . Qué se os ofrece? No permitáis que nos sigan, ni que hablar con vos nos lleguen a notar esos dos hombres, que aquí se acercan. Pues puede haber peligro? . Mi padre es el uno, fácilmente estáis respondido. Adiós, retratito de Holofernes. Adiós, acícala platos. Pelón, porque no sospechen de mí, para su desprecio, más traza es la que tú tienes de sujeto, que no importe. Usted me honra, como siempre. Llega, y para detenerlos inventa lo que quisieres, que yo de este árbol me oculto. Y si me rompen un geme de cabeza, hará tal día un año el año que viene. Ellas son, o la distancia me engañó. . Dudo que fuesen, y hablen con un Español, porque las diera mil muertes. Alcanzándolas, podremos salir de la duda. . Ustedes me sabrán decir, señores, donde vive Juan Melendez, un tratante de vinagre, que suele embarcar aceite para Amsterdam en Ocaña, media legua de Dunquerque? Nada sabemos. . Señor Coronel, pues de esa suerte se pasa? . Ved lo que habláis. No conocéis a Andrés Perez, criado de vuestro hermano, que casó secretamente con la hija del Doctor Chicho, prima del otro de aqueste? Válgame Dios! un Sargento, que antes de llegar a Alferez fue otra cosa y al instante::- Qué? . Se murió de repente. Oh sois bufón, o queréis con esas ridiculeces detenernos: apartad, antes::- . Qué? Que os escarmiente. Qué es escarmiente? usted sabe con el que se mete? sabe usted, usted lo sabe? Adiós monte de las liendres; . cómo no sale mi amo? Sé que sois un insolente. Pues si usted lo sabe, no es menester que se lo cuenten; pero siquiera por ser Español, es cosa fuerte tratarme::- A vos y a cualquiera, que de vuestra Nación fuese, haré lo que hago con vos. Amo mío, favorece a Pelón. Tened la espada: qué razón, o qué accidente os da motivo a tratar a ese hombre de esa suerte! No os la debo dar yo a vos. Advertid, que es el pariente del Virrey. No sé qué he oído de Nación; y siendo este el menor criado mío, os probaré cuanto debe respetarse el nombre solo de un Español, sea quien fuere, y que es::- . Qué? Mejor que vos. Quién eso dice? . Detente. Audad, que sois::- . Esperad. Siendo quien soy le sucede . esto a mi brío! . Veamos si cumple le que promete vuestra osadía. En la vuestra hoy he de satisfacerme. Fabricio, Don Juan. A ellos. Sígueme, Pelón. . Que lleven que contar: ea, Pelón, muestra que eres descendiente de los antiguos Pelones con guedejas, y copetes. Viva viva Don Gonzalo de Cordova. Qué pedís? Algunos maravedís, señor, que el cuento está malo: la paga suele tardar, y no hay nada que comer. No es así, y eso es querer dinero para jugar; pero sois un buen Soldado. Ya sabéis como he servido. Habréis jugado, y perdido. Un Irlandés me ha ganado, y es fuerza::- Claro es, que es ley ser puntual más que el Sol el que es honrado Español, Soldado de tan gran Rey: si fuera necesidad de otra cosa, nada os diera; pero el pundonor no espera. Cumplid con eso, tomad, míos son esos ducados, no del Rey, porque el Rey no debe pagar sufrir yo jugadores los Soldados: Id a pagar prontamente. Con justa causa te dan nombre de Gran Capitán; y si llego a ver la frente al enemigo, por ti dos mil vidas perderé. Yo por su punto miré, y ofrece morir por mí: gran Nación, a la verdad! a llanto mueve, y a risa, ver que andando sin camisa, gasten esta vanidad: quedar bien en la ocasión, y no comer le interesa: vive el Cielo, que me pesa de no darle el corazón. Esta señora:- . Llegad. Señor aquí hay un Soldado, que la palabra me ha dado de casamiento. . Pasad adelante. . En fuerza de esto, a mi obsequio le admití. Y es Español? . Señor, sí. Y os engañó? acabad presto. Tarda en casarse, y apura mi tolerancia. . Señora, con eso venís ahora? pues acaso soy yo el Cura? Sois el Virrey y él está en vuestra Guardía. . Sí, a fe? pues yo le arcabucearé, y después se casará. Matarle? por qué, señor? No decís, que os ha engañado? No señor, que él no ha tocado al sagrado de mi honor; solo el casarse ha ofrecido. Hablaráis para mañana; pues pasósele la gana de ser ya vuestro marido: qué le he de hacer en rigor? pues yo bien le puedo dar orden para pelear, no para tener amor. Decís bien, yo me he corrido. . Está el Despacho acabado, Gutierre? . Ya hoy ha cesado. Por Dios, que estoy aturdido: mándeme el Rey de mil gentes formar un grande Escuadrón, y no me dé la pensión de tolerar pretendientes. Duque nací, y me hizo España Virrey, y de esto en ultraje, tomara un haz de forraje por mi lecho en la campaña; con mayor gusto marchar, pelear, y no dormir, que en el cargo de regir el chasco de tolerar. Bien sabe el Rey Don Fernando el honor, y la experiencia tan grande de Vuecelencia, y que solo en vos el mando de Nápoles debe estar, pues le disteis el Laurel, que le corona. . Y a él quién le manda lisonjear a nadie? . La verdad digo. No sino muy al contrario, y en él tengo un Secretario con resabios de enemigo. No me adule, que no quiero voz, que sin razón me exalta: si viere en mi alguna falta, y es su celo verdadero, digamela, pues me ama, y eso le agradeceré, que mi alabanza la oiré de las voces de mi fama. Fuera, quita. Qué ruido es ese? . Señor, ahora de apear se acaba Diego García Paredes. Decid la mejor espada, que tiene el Rey; que entre al punto. Loco de estar a esas plantas, señor, y a estarme de gusto . un hora entera en besarlas. Amigo, qué hacéis? heroico Español, cuya arrogancia asombra el mundo, mis brazos, y vuestro nombre os levantan: cómo en España os ha ido? Vive Dios, que con ser Patria, estaba de los cabellos en ella: que, en fin, a Italia he vuelto, que estoy a donde tan malas noches se pasan, que ni se duerme, ni come, y anda uno entre polvo y balas. Pues tan mal os ha tratado la Corte? tan ruin posada habéis encontrado en ella? Ya sabéis, señor, que para un Soldado no hay más Corte, que el Campo y una barraca. Qué hay en España, García? es cierto que el Rey se casa? No señor, que ya lo está; ya el Rey Fernando, y Germana de Foj hicieron sus bodas, con que está toda alterada: Felipe, por su mujer la Princesa Doña Juana, que por su muerte, Isabel queda Reina propietaria, quiere venir a reinar, y quiere embarcarse a España; pero Fernando no intenta salir de ella, a cuya causa padece el Reino. . Qué piensa? Qué ha de pensar? gobernarla. Eso cómo puede ser, si ya sus dueños se embarcan? Que dos señores apenas pueden mandar una casa, cuanto más un Reino! Tiene Fernando, según se tarda, mucho amor a las Castillas. Y ellas a él, por bien altas deudas, corresponder deben: por él su nombre restauran. El arrojó los Hebreos, libró del Moro a Granada, ha enriquecido las letras, ha somentado las armas, ha dilatado la Fe con la Inquisición Sagrada; verdad es, que en toda empresa merece justa alabanza: la Católica Isabel fue excelente matronaza: válgame Dios, qué mujer! Mal sus méritos le paga Fernando en casarse ahora. Sí, que le dio la palabra, al morirse, de no hacerlo; mas es nuestro Rey, que basta para disculpar, García, aún los errores que él haga, y ojalá fuese este solo. Pues qué hay? Hombres que le engañan, que él tiene buena intención, pero la conducta es mala: yo sé que le sirvo aquí, y que en volviendo la espalda ha de perder este Reino; y él pone mucha eficacía en que yo a Nápoles deje: mis dependencias se hallan en bien poca estimación; mas ya que llego a tocarlas. qué hay de mis cosas, García? qué dicen de mí? qué tratan? Por Dios señor, que si tengo de decir verdad, andaba reusando hablar en ellas, porque me han podrido el alma: todo es enviar, señor, mil informaciones falsas contra vos, muchos bellacos, pícaros, sucios, canalla; por vida de:- . Paso, quedo: Paredes, ya sé quién anda en estas cosas. . La envidia es sombra de la alabanza; no fuerais tan grande vos, y de otra suerte os trataran: Como en el Verano ardiente llueve tal vez, y aquel agua se convierte en sabandijas, han sido vuestras hazanas; de cada gota ha nacido una envidia, que aunque bajan del cielo de vuestras glorias, cayendo en la tierra ingrata, la humedad de la malicia, y el calor de vuestra fama, han fomentado habechuchos, que sobre la tierra saltan. Escriben al Rey mil quejas, y la primera os levantan, que a Nápoles queréis dar a las gentes Castellanas, entregando los Castillos de Nápoles y Calabría. Dicen, que vos no salís de Nápoles, porque aguarda vuestra suspensa fortuna el fin de aquestas mudanzas: voto a los diablos:- . Paredes, con paciencia. Cuando se habla de vuestra reputación, paciencia? si me ahorcaran. Hemos hecho grandes cosas; otros se están en sus casas; y pues no han sabido hacerlas, dejémosles envidiarlas. La espada vuestra, señor, dónde la tiene Monarca? espada que da Coronas. Tener la vuestra envainada en la Corte tanto tiempo, despierta cólera tanta. Confieso, que es para mí andar entre sopalandas cansada cosa, señor, y que es un sangrarme a pausas. Allí he visto unos mozuelos, que apenas cuando los hablan, sabe un hombre si son ellos, o si habla con sus hermanas; muy hechos todos de moños, muy quitaditos de barbas, torciéndose los botones de la ropilla, trataban de las cosas de la guerra, y sin haber visto el Mapa, todo era verter misterios, y embustes a espadañadas. En una casa de juego, donde yo un día me hallaba, oí decir a uno, lo que es esta noticia, no es falsa, porque una espía nadando desde Amberes hasta Malta la ha traído: otro decía, a mí me lo ha dicho el ama de la tía del Sosí, nieta del de Dinamarca; no puede mentir: en fin, con una sería ignorancia hablaban, y mucho, pero sin saber lo que se hablan. No sé qué oí de vos, y atravesando la tabla, con un puñal, del bufete, les dije: Eso no se trata a voces, sino a porrazos; del Gran Capitán la fama conoce el mundo, y el Rey. Salime sin decir nada, y ellos allí se estuvieron quietecitos como estatuas. Y si salieran, qué hicierais? Sin acero, y con las garras, dos a dos, como pichones, les apretara las arcas, Creolo de vuestras fuerzas. Ya juzgo, que se me acaban: un hombre maté ante ayer. Y con qué? De una puñada. Y eso basto? . Y aún sobró la mitad de la pujanza. Así se matan los hombres? Si me emperran, y me enfadan, y me dan chascos por verme siempre vestidas las armas, qué he de hacer? y más en dando con hombres, que de no nada se caen muertos. Tened juicio, García. . Tomad las cartas que traigo, que todas ellas tan llenas de firmas falsas::- Falsas? Si señor, pues quien mas te saluda, y te halaga, estará pidiendo a Dios, que eche sobre ti una tapia; luego es falso cuanto firma. Mi tío está aquí. Santa Ana! y el armado, a quien le tengo un miedo como una casa. García, pues qué venida es esta, que ya os abraza en Nápoles mi cariño? . Ya se ha vuelto el pez al agua: y acá como le va a Usia de pendencias, y de Damas? Ahora tengo un nuevo empleo, y para vos ojeada una. . Es buena? Muy donosa. Y cuándo hemos de ir a hablarla? En su casa no se puede, que hay hombres. Y eso os espanta? hay más de ir y en cortesía echarlos por la ventana? García, el Rey Don Fernando a estas horas ya se embarca para pasar a este Reino; trae a la Reina Germana, y de Nobleza Española una gran copia. . Bien haya el que tal le aconsejó! Vea lo que a cuchilladas le habéis dado, pues informes son embustes de Beatas. El hombre es un animal: miren allí qué caraza de renegado. . Es verdad cuanto decís, no se cansan de acusarme: un tal Fabricio de mi escribe cosas raras, que aún yo no las sé. Buscadle, y echadle a coces el alma por la boca. . Pues Don Juan, vos aquí? . Señor, estaba::- Divirtiéndoos, no es verdad? aunque yo sienta la falta. Señor::- . Ved en lo que andáis, que sois mi sangre. . Yo en nada. Cuidado con la cabeza, que os enterrarán si os matan. . Eso yo me lo dijera. Siempre este sermón me encaja mi tío. . Pues otras fueran retóricas excusadas, que entre Soldados no corren. Hoy por la que ahora os contaba, he tenido una pendencia. Y estabáis solo? . Llevaba a Pelón. . Buenas pechugas de gallina, si le asaran. Ya volvemos al antiguo tema? . Pícaro, pues hablas delante de mí? . Señor San Jorge mata la araña, no respiro. Desde aquí he de oír de lo que trata Don Juan, que le amo, y deseo, por ser mi sangre, y sus altas prendas, que no se me pierda, que es muchacho de importancia. Con que habló de la Nación? Y con desprecio. Hay infamia semejante! . Di tras él; pero le nacieron alas en los pies. Y asiste ese hombre en casa de esas Madamas? En casa de Ascanio entra. De Ascanio? qué oigo? Ya baja la noche, vamos allá, lograremos visitarlas; y si encontramos a ese hombre, revanarle media cara de camino. . Y no os ponéis para esa empresa de gala? Sí, que pensarán que se les aparece una fantasma. Señor mío, yo no trato de llevar en la casaca el oro, sino en las manos; pues sé que quien más regala es más galán, aunque tenga dos córcobas de a dos varas. No decís mal, vamos. . Vamos de temor a espiritarlas. Don Juan? García? se fueron: hay más cruel rapazada! Ved aquí como nos quitan el crédito; el cuento es chanza: de Ascanio, que se me muestra mi amigo, y tiene en su casa hijas mozas, arrojarse, no tan solo a galantearlas, sino a su noble retiro: mas que envío de mis Guardas una tropa que los prenda, o los mate? no, que para alborotar siempre es hora; y pues suelo veces varias visitarle, allá me he de ir, y echarlos a bofetadas. Bueno es hacerme a mi andar, cuando cuidados me asaltan, un mozuelo, por quererle, en juegos y muchachadas. . Aunque no soy divina Julia bella, Español, que teniendo buena estrella con vos, sepa obligaros, el amor conque os sirvo hede explicaros. Yo::- . Si venís, Fabricio, a buscar a mi padre, no es indicio de amistad visitarle, para intentar a espaldas agraviarle festejándome a mí, pues ya os he dicho, que en mi extraño capricho no ha de tener lugar esa locura. Siempre en vuestra hermosura he de hallar ese ceño, y ese desdén es causa de este emveño. Qué necio es quien porfía! Cierto que estás tremenda, Julia mía. Mi padre está allí dentro. Detúveme yo, señora::- En qué? . En mi centro: ya entro a buscarle. Si sabes que mi padre ha mandado no tratar mal a Fabricio, porque es su intento casaros, haces mal. . Énrica, trata de darme consejos, cuando te los pida; o para ti allá puedes aplicarlos, que yo no los necesito. En día que nos pillaron en el gárlito, no estés con este humor. . Pues acaso qué he hecho yo? No más de estar con el Español hablando, venir tu padre, y Fabricio, y después que de porrazos vino lleno, hallar en ti una condición de un diablo. Julia, perdona, que tú no procedes con recato, y más con los Españoles, que son hombres temerarios; juzgarás tú, que no gusto yo también de los Soldados! pues sabe, que casualmente con aquel Capitanazo valiente, Diego García de Paredes, en el campo hablé, y descubrí en su ingenio gran cortesía, y gran garbo; mas no le mostré por eso buen rostro, pues no es del caso dar con la atención alientos a quien los tiene sobrados: cuanto ves es arte en mí. Chito, que sale mi amo. No está el papel bueno? Bueno, y son legitimos cargos: veremos si aunque le dan de Gran Capitán el lauro, le consigue de Ministro recto, y desinteresado. Aquí os le dejo. Dejadle: puesto que ya está cerrado, irá con esotras cartas, y vamos a esotro. . Vamos. Aunque me doy por amigo del Virrey, fabricar trato mi fortuna: yo bien sé que obro mal en acusarlo; pero primero es el Rey, si le sirvo y me adelanto. . Ya se fueron. . Pues espera, que me ha metido en cuidado Énrica, y quiero escribirle cuatro letras de mi mano al Español. . Para qué? Para reñirle lo osado que anduvo y desengañarle. Harás en eso de pasmo. En igual será saber si ha padecido algún daño. Abierta la puerta está. Con eso no hay el trabajo de llamar. . Quién va? Quién es? Quién ha de ser, dulce encanto del deseo, si no es quien mariposa de los rayos de tu luz, quiere en tus aras repetir sus holocaustos. Que en mi vida haya sabido usar yo de esos vocablos! En llegando a enamorar me confundo y me apelmazo. Cómo os entráis de esa suerte en mi casa? . Cómo osad penetráis:- Señoras, ya tantos comos son chasco: Hémonos entrado así, un paso tras otro paso. Soberana explicación! Pero ahora que reparo: señora? . Qué mandáis? Vayan unos pocos de espantajos. No sois vos aquella::- Quién? Aquella::- Habladme más claro. Aquella con quien yo hablé, cuando los dos nos hablamos? otra discreción: él tiene dura colla, y duras manos. Decidme, sacasteis este mascaron de algún retablo? Sin duda; mas de qué esfera a vos (oh Ninfa!) os sacaron? de la cocina de Venus? No era sino de Vulcano, donde era usted fuelle, siendo soplón, bufón, y Lacayo. Tapome la boca. . Con que me he de ir sin explicaros lo menos que me debéis de ansias, fatigas, cuidados, no viviendo sino en fe de morir por vos? . Estando al riesgo de que mi padre venga, es forzoso. . Partamos la acción: pues el alma os dejo, dadme una esperanza. Andarlo: qué le he de decir yo a estotra? Señora, yo en arrumacos no pierdo el tiempo, decidme si queréis guantes, calzado, alguna gala, o doblones, que nuevos y Segovianos los traigo ahora de España. Buscad menos ordinario estilo de hablar, con quien no hace de esas cosas caso. Señora, no tengo yo remontados para explicar un cariño, y abultar un agasajo; no sé más latín, que dar a las mujeres regalos, y a los hombres cuchilladas: ved si así nos conformamos, y sino, Cristo con todos. En la escalera ha sonado ruido. . Mi padre: ay de mí? idos. No, que han de encontrarlos: mejor es::- . Qué? Que se escondan. No le está bien a mi garbo. Esconder? aunque viniesen treinta legiones de diablos. Ved, que aventuráis mi honor. García, este es otro caso: escondámonos. . No quiero. Pues queréis aventurarnos? No señora; pero haber de esconderme? soy muchacho? No hay un balcón por ahí? que yo debajo de un brazo bajaré a los dos. . Peor, que es alborotar el barrio. Callad, y venid. . No sotras adentro nos retiramos: en entrándose mi padre podéis salitos. . Volando, que entra. . Siempre temí yo, que esto rematase en palos. Mi ama en la confusión, el papel, que había empezado, se deja en la mesa pero no lo hiciera a importar algo. Raro silencio! las puertas abiertas, y ni un criado en estas piezas! si guarda su casa así Don Ascanio, qué mucho haya quien se atreva a entrar, si no hay embarazo? Mira si puedo salir, hombre, que estoy sofocado estar aquí d venid. . Hay caso más raro! No parece que hay un alma, y este sin duda el despacho es. . Vuelta, que aún es peor el cuento. . Por qué, borracho? Porque o yo estoy como suelo, o el que se está paseando es el Virrey. . Quién? mi tío? No nos faltaba otro emplastro, sino es que él fuese, y me viese metido como gazapo en huronera. . Callar es lo seguro. . Pues callo. Estas cartas, y papeles son, y aún un pliego cerrado, dice: Al Rey nuestro Señor. De cuando acá tiene Ascanio con el Rey correspondencia? No sé qué vuelco me ha dado el corazón; pues la oblea reciente, a corto conato obedece, he de ver si puedo leerlo, y dejarlo como estaba; conseguilo, y dice así: El primer cargo . es, que habiendo recibido ciento y treinta mil ducados para la paga de Tropas, en banquetes se gastaron: esto contra mi parece. Segundo, que siendo el trato del Virrey áspero y duro: pues dígole yo que es blando? tiene el Pueblo descontento. Habrá mayor mentecato? pues el que manda, es posible tener contentos a tantos? fuerza es estar desabridos Pueblos recién conquistados. Esto hace Ascanio conmigo? pero juzgo que oigo pasos; para llevarme este pliego, sin ser visto, rerirado en alguna pieza de estas:- Acá se viene acercando. Qué dices? . Si da conmigo, quedo airoso como un caco. entrar, mientras el que entra toma la vuelta. Salgamos, que se entró dentro. No hay nadie en toda la casa, Fabio? Picheta? nadie responde? Ya no podemos. . Hay caso semejante! Si al Correo habrán las cartas llevado? Aquí están: pero qué veo? y aún un papel, Cielos santos! de letra de Julia. Porque me tenéis con sobresalto, Español, desde aquel lance he querido de mi mano escribiros; y aquí cesa. Tal infamia! tal agravio! hija vil! mas yo suspendo mi cólera: en este cuarto estará; pero quién es? Tres conejos empañados para serviros. . Quién sois? Los demonios. Quién buscándoos::- Buscarme a mí? Hemos venido. Vive Dios, que he de mataros: en mi casa, y escondidos? Apartad, que he de aplastarlo de un puntapie. . Suspended, Ascanio, el acero airado. Mi tío, válgame Dios! Mas quisiera estar en manos de Lucifer. . Pues, señor, vos aquí? Ya yo he encontrado quien deba mirar mi honor, siendo un ilustre vasallo del Rey como soy. . También hay otros que lo son tanto, y no miráis por el suyo. Viendo, que tres hombres hallo en mi casa ocultos y este papel, que está denotando, siendo letra de mi hija. Eso es lo que yo no alcanzo; pero, Ascanio, aquestos hombres no ha sido mucho el hallarlos, y escondidos. . Señor, cómo? Como yo los he enviado. Oyes esto? Ya lo escucho. Y en verdad, que si mostramos papeles:: . Qué me queréis decir? . Que en el entretanto, que leo el de vuestra hija, podéis por ese pasearos. Válgame el Cielo! qué miro! Este es un júguete vano de amor; ese es otra cosa. Señor: . Vos habéis faltado a mi amistad, pues sabéis, que yo supiera estimaros decirme a mí mis defectos, sin que fuese necesario acudir a otro. . Si yo::- juzgaréis que es este agravio para mí? no, Ascanio: el oro, quien pretende refinarlo, mas le beneficia al fuego: me exponéis a mis contrarios, y me queréis combatido, por dejarme acrisolado. Teniendo noticia de esto, envié estos tres Soldados a deteneros en casa. Preso, gran señor? A espacio: preso por cosa que es contra mi persona? ni aún pensarlo. Ahora bien, estos papeles troquemos, vos olvidaos de esto, como yo de esotro, y rasgad mientras yo rasgo. Habrá mayor desvergüenza! no era mejor que ahorcado este pícaro::- . Callemos. Sí, que descargará el rayo sobre nosotros. . Señor, a vuestros pies::- Levantaos. Confieso que erré y que sois mas que César y Alejandro. Pues si confesáis el yerro, cómo no he de perdonaros? Mi delito: . Qué delito? no sé yo que soy muy malo? Cuantos informar quisieren al Rey para no ir errados, vengan a mí, que de mí le diré defectos hartos. Todo esto queda en olvido. Ya la palabra os he dado. Venid, Juan: venid, García. Señor: . De este desacato ya ajustaremos las cuentas. Entraos vos. . A acompañaros. Entraos. . Que este infame quede sin llevar cuatro mil palos! En tal valor, tan modesto proceder: Héroe bizarro, tu fama se estampe en bronce. . Hombre que ve sus agravios, y tiene tanta pachorra con la justicia en la mano, y el poder, una de dos, o es un simple, o es un Santo. era tan to tra ta A.
JORNADA SEGUNDA
Repita la aclamación, viva el que llega enlazando laurel, y oliva. . Fernando viva, Cristiano Ecipión. Salerno estas salvas hace a la paz, y a mi llegada? Si señor. . Ya mi jornada a Castilla satisface: las mismas fiestas haría por verse libre de mí, pues no se lo merecí. Señor vuestra fantasía os pinta, lo que jamás Castilla habrá imaginado; sabe cuanto ha granjeado por vos, y que sois quien más ha ensalzado su poder: la paz le habéis conseguido, quizá a estruendos ha querido su dolor ensordecer, viéndoos de España salir para Nápoles. . Bien creo, que es de Castilla el trofeo amar, señor, y servir sus Reyes, y más un Rey tan grande como sois vos. Después de la honra de Dios, la suya, por justa ley, he mirado, y a este intento, quizá me mueve, señora, alguna instancia traidora (cuánto el explicarme siento!) que oculta me desconfía del más noble Capitán, que las edades verán. Ya conozco hacia quien guía vuestra Majestad, señor, su enojo, y yo aseguro, y sobre la Cruz lo juro de esta espada, que es traidor, infame, y mal Caballero ese, que al Duque de Sesa veneración no profesa, y a pesar del mundo entero defenderé esta verdad. Yo, Conde de Benavente, no sé hasta ahora quien miente. Lo que yo afirmo es verdad: Abrid, gran señor, la historia, hallaréis que siempre lidia con el mérito la envidia, con la emulación la gloria. Ninguno mayor ha sido, señor, que el Gran Capitán; pues cierto es que crecerán, tanto como él ha crecido, sus émulos. . Dice bien el Conde. . Mucho me holgara, que esa verdad se encontrara antes de saber, que hay quien (para que esté desde luego avisado) me ha incluido esta carta, que ha venido dentro del último pliego. e. , e , , s Quién de tan claro varón habla tan indignamente, firma? . Si firma. Pues miente: esa es envidia, es pasión. Yo soy de vuestra opinión, y nadie hay más enemigo del Rey, que un falso testigo contra los que fieles son. Mintiéndonos a nosotros, no dejan senda ninguna por fabricar su fortuna de las ruinas de los otros. Debéis, señor, despreciarlos, que infames solicitudes nos alteran las quietudes, y nos quitan los vasallos. Casar con hijo de Rey su hija, hacerlos reinar, no se debe recelar? No, que no cabe en la ley del Duque. . Digo que no, mas si cabe. . Eso es quimera, que como yo no lo hiciera, y es tan bueno como yo, a vos os toca el dudar, y a mí, señor, no creer. Fuerza es mandarlo prender, si en Nápoles he de entrar; pues por hallarle ya fuera, desembarcar no he querido en Nápoles, y he seguido de Salerno la ribera: Él saldrá de ella, y se hará, pues es forzoso, el proceso. El Duque de Sesa preso? Italia se perderá. Perderse? por qué ocasión? Porque qué hará el que neutral vive, si al que es tan leal es el premio una prisión? Esta es política. . Es (perdonadme) acción tremenda. Conde, ninguno pretenda, pues ninguno el interés sabe que en esto le va, advertir al Soberano. Soy señor, buen Castellano, y es forzoso. . Bien está. El Rey lo verá mejor. Señor, Ascanio Colona, y Fabricio, entrambos piden audiencia. . A cuantas personas de distinción a mis pies llegaren, se les otorga; que pienso entrar en el Reino haciendo mercedes y honras; y más a los dos, que estoy esperándolos por horas. Llegad. Excelso Monarca, mejor Alcides de Europa:- Árbitro inmortal de Italia::- A vuestras plantas se postra::- No digáis más: la noticia de quien sois los dos me informa: alzad, Contador del Reino. Dejad que selle mi boca la estampa de vuestro pie. Vuestros servicios mejoran vuestra suerte: y vos, justicia Mayor de aquesta Corona, llegad a mí. Hasta los Cielos me eleváis de vuestras glorias. De vos me quiero servir para una acción que me importa, si os atrevéis. . Yo me atrevo a todo con vuestra sombra. Qué intentará el Rey? No sé si el Rey buenas líneas toma. Diego García Paredes de Nápoles llega ahora, y quiere hablaros. . Que llegue. A vuestras plantas heroicas a decir que siempre, cuando, nunca de vos, la gustosa::- Cobraos, que os habéis turbado. Si viera, señor, las Tropas del enemigo esgrimiendo sangrientas cuchillas corbas, no me sucediera tanto, como::- . Sé que son notorias vuestras hazañas. . Por vida del Alcorán de Mahoma, que no estoy en mí. . García, qué es esto? . Señora, esto es no obstar el tener valor para tener honra. Quien no ha temido las balas, teme la presencia sola de un Rey, que el Sol cara a cara deslumbra a quien más le adora. Pero en fin, estoy gustoso de ver, que el Rey tiene boca, ojos, narices, y cejas, como las demás personas: que estuve en la Corte, en donde, siendo así que todos gozan verle en ella, me mandaron hablar, por ser ceremonia, con un Ministro de Estado, sin haber visto hasta ahora al Rey, de quien yo creía, que era espíritu, era sombra, o algún gigante; mas ya sé que es:: . Qué? Un hombre, que logra turbar a Diego García: os parece poca cosa? Cómo está el Gran Capitán? Esperándoos con zozobra de ver cuanto tarda el veros; él me hizo tomar la posta: por no dejar, señor, la Ciudad turbada y sola, no está a vuestros pies. Yo debo mucho al Duque. Quién lo ignora? Vos nacisteis un gran Rey, señor; pero sus victorias, y esta espada, vive Cristo, acompañada con otras de no menor bizarría, (si a un Soldado se le otorga hablar con desembarazo) os hemos hecho persona. Con que está el Gran Capitán gustoso de que yo ponga mi Silla en Nápoles? Ya va una pregunta tras otra. Estalo, a pesar de envidias infames, y cautelosas, que os escriben más embustes, que letras el papel borra: todos son chismes de dueñas. Holgareme de que me oiga, vive Cristo, alguno de ellos; y si me oye, que se oponga a esta verdad, y veréis, que con estas manos toscas, pues la pólvora las lava, y el polvo las arrebola, hago delante de vos de su cabeza una torta. Yo::- No me toquéis en eso: yo hablo verdad; los que notan al Gran Capitán, quisieran, que no tuvieseis en contra de vuestros opuestos, hombre, que tantas Naciones doma. Traidores son y sus almas, y sus vidas son traidoras; y por vida, y voto a quien::- Basta ya, García. . Y sobra, si vos lo decís. . Señor, quien tales Soldados logra, Rey merece ser del Mundo. A mucho enojo os provocan los que hablan del Do Yo amo sus prendas heroicas. Huélgome de que sea así. Hoy su Majestad nos honra: a Ascanio le ha hecho justicia Mayor de Nápoles toda, y a mi Contador del Reino. Sí? pues si a los dos coloca de esa suerte, a mí me hará Obispo de Babilonia, y al Duque aún es poco darle la mitad de su Corona. A Nápoles os volved, García, y decid, que a pocas jornadas estaré en ella. Con qué me voy de esta forma? Pues qué queréis? Nada, solo haberos visto me colma de dichas; y si los premios, que en Nápoles se ocasionan; los tenéis ya repartidos, aún hay más Reinos, no importa, que ya me daréis un Pueblo, cuando, si es que se os antoja tomar a Grecia, esta espada os gane a Constantinopla. Decidle al Duque, García, que reciba, mientras logran mis ansias verle, este abrazo. A la atención generosa de Vuecelencia, no hay duda, que en el alma corresponda su amor: o Gran Capitán! mucho la envidia te ronda la opinión; pero si es hidra, tu Alcides llegará hora, en que tu clava invencible monstruos rinda, y cuellos rompa. . Despejad: dadme licencia por un instante, señora. Ved, señor::- En todo estoy. Conde, al punto se disponga mi partida. Harelo así: A vasallos que blasonan de obedientes a su Rey, respeto ninguno estorba a su servicio. . Señor, la obediencia es ley forzosa. Traeréis luego a vuestras hijas a Palacio, porque corran sus aumentos por mi cuenta, y de la Reina mi esposa sean Damas. Tantos favores anegan la porción corta de mis méritos. . Sabéis, que habéis vos sido la escolta de mis designios, Fabricio, y vos, Ascanio, y que todas las noticias me habéis dado, que más a mi estado importan? Señor::- Yo os he hecho justicia Mayor, y la primer obra, que pongo a vuestro cuidado es, que volviéndoos a toda diligencia a la Ciudad, así que lleguen mis Tropas, prendáis al Gran Capitán. Vuestra Majestad me oiga. Vos recogeréis papeles, en tanto que se le toman cuentas de los sumos gastos, que esta conquista famosa dice que ha tenido, para hacerle los cargos. . Pronta tendréis mi resignación. Mirad, que es escandalosa acción la que ejecutáis, si es que al Duque se aprisiona; y yo::- . Qué? No hallo motivo. Eso me decís ahora? Ascanio teme, señor, si la Ciudad se alborota con su prisión. Tanto le ama Nápoles? . Padre le nombran sus habitadores. . Eso es lo que más me ocasiona a lo que ejecuto; en esto todas las violencias obran: Si oís que a lo que yo mando por vuestra voz se conforma, dadle este pliego, que en él verá lo que le proponga: si se resiste, sacadle por fuerza, aunque indecorosa, de la Ciudad. . Señor, yo no he de hacer::- Sino es las cosas, que yo os mandare. Ni esas puedo, porque Vara, y Toga ya a vuestros pies::- No os admito mas que la obediencia, y pronta. . Cielos Divinos, a un hombre, que obró acción tan generosa, que tantos méritos tiene, cuantos mi envidia pregona, he de ir a hacer tal pesar! Cumplidas las ceremonias por vos, qué han correspondido a esa deuda, haced memoria de nuestro antiguo rencor. Soy noble, es acción impropia de mi ser; pero ello es fuerza. O si yo encontrase nor ma; entre el Rey y yo, de obrar con obediencia y con honra! Qué hermosa está la Ciudad! Nápoles, en fin, la bella; y más esperando en ella la más alta Majestad del mundo, en el Rey Fernando. Puesto que el haber salido de la Iglesia fuerza ha sido, andad aprisa, que estando mi padre ausente, lugar no es bien dar a que nos vean. No hay otras que se pasean? Reniego del madrugar! Picheta, aquesta ocasión perdió Don Juan: como así se descuida? Pues en mí es necesaria pensión no descansar la ansia mía, porque el Pueblo sosegado esté, y habiendo rondado, me coge en la calle el día, solo, y embozado aspiro a entrarme en Palacio. . Ven por aquí, Énrica: mas quién es? . Bella Julia (qué miro!) hermosa Énrica, señoras, tan temprano? dicha ufana! ya he visto que una mañana puede tener dos Auroras. Señor, la solicitud de salir temprano al Templo esto motiva::- Es ejemplo muy como de esa virtud. Estando mi padre ausente. Era forzosa esta acción, y en mí es también la atención de ir sirviéndoos dignamente en vuestro obsequio empleado; y algún día sin afán fui con las Damas Galán, y aún no se me habrá olvidado. Cómo, señor, Vuecelencia nos trata así? No ha de ser. Venid, que aquesto es querer suplir de Ascanio la ausencia. El Virrey (qué desatino!) nuestro Rodrigón? Señora, dejad al tío, que ahora supla faltas del sobrino. Qué mal gusto que tenéis, pues no sabe ser Galán! Quién señor Duque? Don Juan. Si le estimáis, mal hacéis, porque no ronda esta esfera, y aquesta ocasión no errara. Yo? . Si él de mí se fiara, yo sé qué otra cosa fuera. No señor, no debo tanto a Don Juan, que en su fe quepa. Qué importa, que yo lo sepa? Pues soy hombre que me espanto de eso? Entre temores lucho. Sí queréis dichoso hacerle, hacéis muy bien en quererle, que yo también le amo mucho; y no me espanto que os quiera, que sois de beldad un cielo, y si fuera yo un mozuelo como él, lo mismo me hiciera. Ya a la puerta estáis. . Señor, honra tanta os agradezco, como sin causa os merezco. Qué es lo que ve mi valor? Con aqueste hombre embozado desde la Iglesia han venido. Ya que las hemos seguido, vive Dios, que este cuidado he de apurar. . Solo espero, que os entréis. El Cielo os guarde. Adiós, señor. Tú, cobarde, me impides? a Caballero. Quién:: pero Don Juan: A fe, . que le tengo de engañar, que ahora no podrá negar, que en el hecho le pillé. Yo he de saber vive Dios, por qué esas Damas seguis. Con buena flema venís: quién os mete en eso a vos? Un motivo, que no es justo que sepáis, pues no lo muestro, y yo he de saber el vuestro. Tener como vos, buen gusto. Tan osado responder le sabré yo castigar. Cuesta muy poco el hablar. Pues menos cuesta el hacer: veníos conmigo. . Es desafío? Tendiola. No lo escucháis? Mucha cólera gastáis: de ver su enojo mer No sabéis, que aquí no es ley reñir y que lo sabrá el Virrey? No se me da a mi nada del Virrey. Huélgome, que ni este espacio respetéis, ni tanto nombre: qué retórico es el hombre! Si estar tan cerca el Palacio juzgáis, así lo sabrá este acero. Tente, loco, que yo soy: si tardo un poco, . vive el Cielo, que me da. Señor (sin vida he quedado!) vos sois? . Yo soy. Suerte escasa! Cayose acuestas la casa. Mozuelo inconsiderado, de suerte, que no teméis a al Virrey cuando inquietáis mujeres: qué no guardáis los respetos que debéis, ni a las faldas, ni al bastón, que a mi vigilancia están? Responda el señor Don Juan: ha visto alguna visión? hable, que el que es tan valiente, que jamás se le dio nada del Virrey, y que la espada desnuda tan fácilmente, no ha de quedarse espantado, sin uso en manos, y boca: mas yo haré lo que me toca; y al bufón, que trae al lado, yo le echaré a una galera. Y será mucha razón, que a un pícaro tan bribón, que sirve a un amo tronera, sin respeto, y sin cordura, hoy Vuecelencia le dé tal castigo. . Sígame, señor Don Juan. Suerte dura! que yo me haya así engañado! Ya está en Palacio, y ya creo, que arrepentido le veo. Señor yo hallé un embozado:- Con la Dama que estimó: ya lo sé. . Mi bizarría::- Calle, que por vida mía, que hiciera lo mismo yo: pero mire, en aquel lance pasado lo remedié, pero en otro no podré. Vinose rodado el lance. Y si yo callado hubiera? Es sin duda, que os matara. De verás? . Os embasara como a un pedazo de estera. Con que en esto del amar no sufre? Ni aún embarazos. Hace bien: deme los brazos, y trátese de enmendar. . Y abrazo no hay para mí, ya que ha habido reprensión? Cuide de Don Juan, Pelón. Harase. Quién está ahí? Yo, señor, que vengo triste::- Yo señor, que alegre vengo::- De haber visto al Rey. De haber hablado al Monarca nuestro. Extraña contradicción! Pues vos, que venís con premio, según declara esa insignia, venís del Rey descontento? Y vos? . Yo no traigo más, que desengaños. . Lo creo: pues cómo venís gustoso? Vi al Rey, y bastome el verlo. A su Majestad hablé: justicia Mayor me ha hecho, y me ha hecho un gran pesar. Conmigo, Ascanio, misterios? Si señor porque estimara mas, que el Rey (como allí presto renuncié el cargo) me hubiera admitido el dejamiento, que no habérmelo feriado a la costa de ofenderos. Ofenderme a mí? por qué? Porque me manda un decreto intimaros. . Vos a mí? y cual es? Que salgáis luego de Nápoles. . Poca espera tiene; a recibirle entiendo, que será el mandar que salga, según lo que yo le debo. No señor, es al contrario. Hay mayor atrevimiento! Cómo al contrario? Qué gana de unas coces tiene el viejo? Si me permitís, que os diga la verdad, es salir preso. Acabaráis de decirlo: y el Rey os hace instrumento a vor de traer la orden? Bien sabe, señor el Cielo cuantas resistencias hice. Pues no procediste cuerdo, que aún contra un padre el cumplir lo que el Rey manda es primero: sabéis que soy el Virrey, y que vos estáis sujeto a mis órdenes? . El Rey::- No digáis más, ya os penetro la intención: el Rey bien sabe de un Virrey los privilegios; y sin duda, pues os dio esa orden, fue concederos las que ha derogado en mí: vamos, que estos son los premios de los hombres; si sirviera yo a Dios, no me viera en esto: vamos donde gusta el Rey. Por vida de los infiernos, que si cojo a este vergante, le he de echar fuera los sesos, Señor, qué hacéis? Qué he de hacer? dar a los demás ejemplo. Del Rey es cualquier Ministro la voz, su voz obedezco: mis enemigos lograron los tiros que dispusieron. Paciencia, pues con Fernando no he podido yo más que ellos. Sabéis si este propio infame, que hipócrita viene haciendo el melancólico:- . Calla, que es Ascanio Caballero, y sabe lo que me debe: de él tal acción? no lo creo: tengo muchos enemigos de más importancia; a esos habrá el Rey crédito dado: solamente lo que siento, no verle es, que si le viera, yo averiguara estos cuentos. El Rey ha perdido el juicio: sabe contra qué sujeto manda tales disparates? Al Rey toca responderos. Claro es que toca, que a vos, si os atrevierais a hacerlo, os sacara, vive Cristo, el alma, y::- García, quedo: como tratáis los Ministros del Rey con poco respeto? Como soy Ministro yo de más honra y más provecho: hablo de los que no cumplen su obligación. Este pliego me mandó, si obedecíáis, el Rey, que os diese al momento. Señalarame el Castillo, en el que mi alojamiento ha de ser. . Buenos estamos! Llenos de heridas, y en cueros. Duque, primo, amigo mío, y a quien todo el ser le debo, el haber obedecido sin repugnancia (qué es esto?) la orden, que di a ese Ministro, me hace juzgar los impuestos cargos de vuestros contrarios contra vos sin fundamento: la administración perpetua en vos renuncio, que tengo del Maestrazgo de Santiago, mientras a premiaros llego, con un abrazo, que a tantas hazañas no hay en mis Reinos, premio más digno que yo, y yo todo yo soy vuestro. Qué es esto, Ascanio? Señor, me habéis vuelto el alma al cuerpo. Eso sí, pléguete Cristo, que el Rey estando en su acuerdo, no podía mandar otro. Veis? pues aún no estoy contento, que aquella desconfianza me ofende más, que este exceso me obliga. Vivan los Reyes, vivan. Quién causa ese estruendo? El Rey Fernando, y su Esposa, señor, que con gran secreto han llegado a la Ciudad, y entran:- . Qué dices? A veros. Sin aguardar que yo salga? Y presumiéndolo el Pueblo por la comitiva, empiezan a aclamarlos. . Y con ellos vienen mis hijas, que al punto que llegué, al camino he hecho salgan, porque ya son Damas de nuestra Reina. . Me huelgo: vamos, vamos. . Ajustadme esas medidas. Teneos: donde vais, Duque de Sesa, gran Condestable del Reino de Nápoles? . Gran señor, pues aún al primer acento me entráis haciendo mercedes? Lo que tenéis os concedo: vos me disteis la Corona. No sino es Dios, que el gran celo premia de vuestras virtudes. Señora, loco me vuelvo! vos todo el Cielo, en mi casa? Pues cual más digno aposento del mismo Rey, que el Palacio del Capitán más supremo? García, pues no se rompen las campañas al momento, que se haga la Artilleria pedazos; pegadle fuego a cuanto halléis: estas dichas no las aplaude el silencio. Qué hacéis, Duque? Estar sin mí del regocijo de veros. Señora, es mucho mi amor, y es forzoso hacer extremos. Viva el Rey, Napolitanos; Españoles, ya tenemos nuestro bien. Vivan los Reyes, y reinen siglos eternos. Hoy me quedo sin colchones, y en esa Plaza los quemo. Duque, pues no me abrazáis? Primo cuanto estimo el veros! Cielos ya Julia en Palacio! mas a distancia la tengo de mi amor. . Diego García dónde está? A esas plantas puesto. . Un Avito de Santiago tenéis. . Estimo el remiendo; mas con qué se ha de coser? Bastarán cuatro mil pesos de renta? A dónde he de ir, señor, con tanto dinero? no habrá diablos que me sufran. Señora, de recogeros tratad, que vendréis cansada. Con vos fatigas no siento. Dónde se pondrá la cama de los Reyes? . Allí dentro, que yo a la puerta seré centinela de mis dueños. Adiós, Duque. Gran señora, permitid, que de Escudero os sirva. . Bastante guarda me acompaña, si ese pecho, y esa espada va conmigo. Si señora, no burlemos; lo que es en lealtad, y brío, a ninguno otro le cedo. Divina Julia, si acaso no os mudan los pensamientos los accidentes:- . Don Juan, yo soy una en todos tiempos. . Señora Énrica, moneda, y honor me ha dado: qué haremos? Servir os falta. . Servir? Sí, al estilo Palaciego. . Como me toméis en cuenta cuchilladas, por conceptos, norabuena, porque de otros tiquis miquis no me entiendo. . Bien podéis iros: Ascanio, despejad. , . Guardeos el Cielo: vamos. Duque? . Gran señor, gracias a Dios, que nos vemos cara a cara. . No sabréis cuanto de hablaros me huelgo. No imaginabáis, señor, hallarme aquí, pues que preso me mandabáis que saliese. Antes, en conocimiento de encontraros por saber vuestra obediencia, hice esfuerzo en abreviar mi jornada. Oh, señor qué sentimientos tengo de vos. . De mí no debéis, Gonzalo, tenerlos, tenéis muchos enemigos. La máscara nos quitemos, ya que tengo esta ocasión, que hablaros de espacio puedo. Mi Rey, mi dueño y señor, por qué pensáis que los tengo? porque no quisieran muchos, que un hombre de tal esfuerzo, de tanta reputación estuviese al bando vuestro. Perdonad, que esta alabanza no es sino conocimiento. Yo he nacido, gran señor, muy grande por mis abuelos; vive Dios, que entre nosotros no es muy largo el parentesco, y faltarme a la amistad, no sé, señor vive el Cielo, como muerto no me caigo, si mucho lo considero! para vivir nada estimo. Si estos brazos, si este pecho han derramado más sangre, dándoos triunfos, dándoos Reinos, y del abrasado Estío, y del aterido Invierno, sufriendo sobre las armas fuego, lluvia, polvo y hielo. No he pretendido comprar honras, que yo me las tengo, ni rentas, que a mí me sobran; solo he querido, exponiendo mi vida, tener en vos un amigo verdadero. Vos contra un Cordova oídos les dais a informes siniestros? no me habéis visto lidiar por vuestra gloria, venciendo multitudes de enemigos con escuadrones pequeños? pues os dicen más verdades sus influjos, que mis hechos? Vuestra fama ha sido Garza, que remontada a los vuelos de las plumas de los triunfos, que harán vuestro nombre eterno, por no poderla sufrir vagos Piratas del viento, han intentado abatirla; pero yo, a su furia expuesto, garra a garra y pico a pico, golpe a golpe, y pecho a pecho, allí envisto, allí destrozo, allí rompo, aquí peleo, hasta que entre polvo y humo, copia de Marte sangriento, por los penachos asido he dado en tierra con ellos, poniéndolos a esas plantas, vivos unos, y otros muertos. Pues, señor, esto se paga (perdonad si me enternezco) con una desconfianza, indigna de un Real aliento? Las lágrimas a los ojos . se vienen: no es mucho, os quiero, os amo, y el más valiente llora, si ama, y tiene celos. Vive Dios, que si quisiera tener en la mano el Cetro de Nápoles, y aún del mundo, pudiera:: mas qué encarezco? No pudiera yo que todos cuantos lograra mi esfuerzo, os los cediera a esos pies, según os amo, y venero. En llegando a este discurso, erizados los cabellos, reventando el corazón, de pura cólera tiemblo. Si no me queréis decir quienes son, para traerlos arrastrando, a que desmientan las maldades que escribieron; dadles, señor, a esos viles envidiosos lisonjeros, mis honras, mis dignidades; nada estimo, nada aprecio, satisfaced su codicia, y me dejarán con eso vuestro amor y confianza, que es solo el bien que apetezco. Yo he dado quietud a Europa, la paz en Italia os dejo; después de la operación, ya no sirve el instrumento. Yo me iré a Castilla, y me tetiraré a mis Pueblos, pues tan mal os he servido; donde al enojo, al despecho, al furor a la congoja de la sinrazón::- Qué es esto, Capitán el más insigne, que vio la fama? portento del mundo, no haya más queja, que ya yo estoy satisfecho. Señor::- Venid, a mis brazos . llegad, enlazad mi cuello: miente quien no habla de vos mejor, que de Áquiles, y Hector. Carteles pienso fijar en los cantones, y pienso::- Qué habéis de pensar, amigo, sino es el ser de mi Reino la columna? Mucho os amo, señor, aunque mucho os debo: en qué quedamos? . En que se lo lleve todo el viento; en que hemos de ser amigos. Para siempre? Hablará el tiempo. Pues perdonadme::- Qué hacéis? Si he faltado:- Dejad eso. Con la razón que me asiste. Yo he sido en creer ligero. Os dais por servido? En todo. Pues otro bien no deseo, Volved a darme los brazos. . Nueva vida cobro en ellos. Vuestro soy. Eso me premia. Duque, a Dios. Guardeos el Cielo.
JORNADA TERCERA
Murió Felipe el Hermoso, gran señor. Mucho he sentido tan gran falta. . Vuestra hija inhábil, al ejercicio del Gobierno de Castilla ha quedado, porque ha sido tan terrible el sentimiento de su Majestad, que el juicio le ha lastimado esta falta. De Castilla los Ministros, y los Grandes:- Qué pretenden? Qué han de pretender, invicto Fernando, si ves tu nieto Carlos tan tierno, y tan niño? que del Reino de Castilla, por tu natural benigno, por tu clemencia te encargües, por tu sangre y por ti mismo: el de Alba, el del Infantado, el Condestable, infinitos Grandes me escriben, que sirva de medianero contigo, para que a Castilla vuelvas. Con que yo estoy a su arbitrio? Mientras Filipo vivía, del Castellano distrito intentaban arrojarme a gran prisa. en el conflicto de su falta echan ya menos mi conducta: si han creído, que soy hombre que me dejo mandar de ajenos caprichos, yo los desengañaré. Cómo? Cerrando el oído a ruegos, que más los hace el interés, que el cariño. También Nápoles importa. Y también habrá camino de dejarlo asegurado. Una vez que al Rey ha visto, no sé cómo. Muchas Tropas lo logran, y un buen Caudillo. El mejor Capitán es el Rey propio. Eso es lo fijo, que del Rey la vista suple las Ciudades, y Castillos. Plaza, plaza. La Reina, señor. Señora? Por no dejar de asistiros en la ocasión del pesar, os vengo buscando. Idos todos y vos os quedad. . El Rey el dictamen mío . no sigue, con que a Castilla me vuelvo y así he cumplido. Qué os parece de la muerte de mi yerno? El hado impío, señor, le privó a Castilla de un Monarca esclarecido: pero habiendo vos quedado, aún tiene ese dano alivio. Eso decís? pues había de dejarla sin castigo? A Castilla? . Sí señora. No quiso echarme? no quiso verme ausente? pues ahora me toca darles indicio, puesto que me han despreciado, de lo mucho que han perdido. Señor, no debe en los Reyes hacer el rencor su oficio: son imágenes de Dios, y en Dios, señor, es lo mismo ver el arrepentimiento, que perdonar el delito: por dos por tres, o por ciento, que hayan la culpa tenido, no lo han de pagar los Pueblos, que os adoraron rendidos; mayor vanidad os deja la ingratitud, pues al viso de la ofensa, el explendor luce más del beneficio: y así:- No hablemos más de esto: sabed, que comprometidos el Rey Luis de Francia, ilustre Campeón del presente siglo, y yo, estamos en tratar, como hermanos, como amigos, en fe de la paz jurada, nuestros concordes designios, y en un Puerto suyo espera. Veránse en un solo Empíreo dos Soles en dos Monarcas, los mayores que ha tenido el Universo. . Pues es a todo acudir preciso, id leyendo memoriales. Fabio, Contador del Fisco, dice, que el Gran Capitán entregar, señor, le hizo ciento y veinte mil ducados, sin que hubiese recogido más recado, que la orden. Tal tenacidad no he visto! todos los días sobre esto me repiten los mal quistos con el Duque memoriales: adelante. . Le he servido, señor, con vos me ha logrado el empleo en que me he visto, y sé que estas son envidias. Leed, que vuestro ejercicio ne es hablar, si no os preguntan. Señor, tened advertido, que son las contribuciones, que el Virrey en solos cinco meses sacó en la Calabría número tan excesivo::- Exadlo: hay mayor cuidado de averiguar sin motivo las acciones de los otros? Como no hallan los malignos en su lealtad sendas, buscan en su manejo el resquicio para la ofensa. Señor. Qué hay, Contador? Que he cumplido lo que me tenéis mandado, y el cargo está concluido, que se hace al Gran Capitán. Y es grande? Yo os certifico, que lo es tanto, que aún excede a lo que había presumido. Qué tanto será? . Señor, lo que consta por los libros, pasa de trece millones de escudos. No es desperdicio, para conquista de un Reino tan opulento, y tan rico. Si lo es, señora, que muchas remesas se han consumido: yo estoy satisfecho, pero con el cargo no cumplimos de nuestro empleo, no siendo a los vasallos, que han sido los que lo pagan, patente la distribución, ni al mismo que lo expendió le es airoso, que no conste lo que se hizo de tan crecido caudal. Yo le mandaré, Fabricio, al Duque, que dé el descargo. Señor, cumpliendo conmigo, y con vos: . Id en buen hora. Ya he logrado mis designios. . A Fabricio con el Rey muy solicito le miro; qué será esto? vive Dios, que tengo mil enemigos, y hasta que me enfade un día no he de poder reprimirlo. Duque? . Gran señor? Qué es esto? tanta ausencia? tal retiro? Ya os echamos menos. Solo, gran señora, por oíros esos favores, se puede dar precio tan peregrino, como no estar cada instante a vuestros pies. Duque amigo, aquí estabamos tratando de lo que a nuestro servicio importará más: Castilla, con la muerte de Filipo, nos pide, que a ella volvamos. Pide bien, yo se lo fío. La Reina es de la opinión de atender a sus alivios. Y dice muy bien la Reina. Yo a mi lado os necesito. También eso es acertado, porque la espada que ciño, aún envainada, señor, da respeto en cualquier sitio. Si a Nápoles las espaldas vuelvo no sé si al peligro la deje expuesta. A bien que las paces se han fenecido. Pues cual de mis Generales os parece que en el brío, reputación, y prudencia, podrá, si una vez salimos, tener seguro este Reino? Señor, si verdad os digo, con otro Gran Capitán tenéis esto conseguido. Dónde está ese? Pues yo de otro no fiara, vive Cristo, Reino recién conquistado. Pues siendo el faltar preciso vos, otro es fuerza que quede. otro? a ver si descubrimos otro: sí, el Duque de Sesa. No veis que ambos uno mismo son? . Pues no encuentro, señor, quien quede con este oficio. Pues no tengo Generales? No señor hombres muy dignos de un Bastón, de una Corona tenéis, señor, infinitos, nobles, valientes, discretos, recatados, advertidos; pero tan afortunados como yo que haban sabido mover la flema Española, penetrar al enemigo las cautelas, atreverse contra los opuestos juicios, el dar batallas sin gente, con movimientos distintos, atolondrar los contrarios hasta asegurar el tiro; os parece que es tan fácil hallarlos, señor invicto? A bien que hablo con un Rey, que de Estadista, y de fino Político tiene el nombre; consultaos a vos no es fijo, que aunque yo lo diga, no hay hombres, que tengan un mixto de estas prendas fácilmente? porque yo pocos percibo. juzgo que decís verdad. Es menester dividirnos, vos en Castilla, y yo aquí, y está igual el equilibrio. Esta repulsa a llevarle me da impulsos más crecidos: y si os quedáis vos, qué gente necesitáis? . Imagino, que sobrarán diez mil hombres. Y si a otro dejar elijo? Con cuarenta mil Infantes, y los fuertes guarnecidos, y con quince mil caballos, como él sea muy bienquisto, no dejará de perderse, mas no será de improviso. Qué decís? Señor, el nombre de un General, que es temido, vale por muchos Soldados, y más teniendo vecinos tan gloriosos, tan valientes. No, Duque vos vais conmigo, Para mí lo propio tengo en Nápoles, que en Egipto: cortad por donde quisiereis. Y supuesto que habéis de iros, leed esos memoriales: yo vuestro honor solicito, mirad si será razón, que se diga habéis tenido caudales a vuestro cargo, sin saber distribuirlos. Hasta en eso obra la envidia como en lo demás. Qué miro! dicen bien, contra mí son (la ociosidad les envidio) todos estos memoriales. Desde que andáis embebido con Reyes, no puedo veros, con tanto como os estimo. Yo cuentas? a fe, que soy muy diestro en el ejercicio: García, sabéis contar? Yo, señor, como un pollino, el trueque de un real de a ocho me confunde los sentidos. Pues bueno estoy yo; ello es fuerza, con tanto como he vivido, aprender oficio nuevo. Nuevo? y cuál es? Señor mío, Contador. . Ahora os metéis en cuentas, y en embolismos? El Rey manda que le dé salida de lo expendido en la toma de este Reino. Pues si todo ello está escrito en hojas de espada, siendo la sangre que se ha vertido la tinta, que el Espadero vaya explicando el guarismo. García, qué hemos de hacer? Qué hemos de hacer? pues maldito sea el dinero, y el vergante que le labró, y quien le ha visto. Voy a recorrer papeles. Mirad que habéis de aturdiros, y entre tanto garabato habéis de perder el juicio. Es forzoso. Señor Duque? Qué queréis? El Rey me ha dicho, que yo, y Ascanio os tomemos las cuentas. Ya os he entendido. Señaladnos: . Bien está. Oís, lo que yo os suplico es, que cuando estéis de espacio, si queréis llevar un chirlo, lo admitáis de mí, que no es menester darme recibo. Cómo conmigo:- . García, qué es esto? . Lo dicho dicho. Agradeced a este puesto. Espere el habladorcillo: con efecto, él va a dar cuentas? Gracias a Dios, que contigo he encontrado. . Seo borracho? Oye usted, no lo escupimos ninguno. . Pero usted se hace siempre la barba con vino. Lo que es hoy no lo he probado, y estoy que me desbautizo: mi amo::- . Ven acá, vinagre, déjate dar un pellizco, y toma un doblón. . No quiero dejarme atenacear vivo; lleven los diablos tus dedos: yo mi carne entre cuchillos? Anda, que ya estoy sin fuerzas. Usted me oye, seo Longinos, el recado? . Di. Mi amo, que quiere hablarte me dijo. Pues dile, hijo de mi alma::- Ay! San Nicasio bendito, que me arrancan el lagarto! Que aquí estoy. Cómo das gritos en este sitio, Pelón? Si me dan en este sitio tormento, no he de gritar? pesia el alma que me hizo! García, ya va la noche tendiendo su manto hombrío, y hemos los dos al terrero de venir. . Qué desatino! Julia, y Énrica asomadas suelen estar::- . Me ha partido el brazo. . A las rejas de él. Y hemos de ir a hacerlas mimos a oscuras? Pues, y qué importa? Pareceremos cuquillos: mas si sale alguna dueña, y algún requiebro le digo, quién ha de haber que me absuelva de tan horrendo delito? Venid, no seáis porfiado. . No te tragara el abismo: que no me pueda vengar! no te diera un tabardillo! Pues una trampa he de armarle, con que ha de quedar corrido: bien sabe Dios que le temo, que si no le hiciera añicos. . Al que amando muere, y en dulce porfía de un día a otro día, por alivio quiere: Amor, qué aconsejas, que quiera, y espere Qué hermoso está el jardín? Cobarde, y bella, substituto es del Sol cualquiera Estrella, según brilla oportuna, a pesar del esfuerzo de la Luna. También la luz es gala de la noche. Aténgome a la Luna, que trae coche, y sin cesar, que yo si le lograra::- Qué hicieras? Qué? anduviera, o reventara, que en eso hay dos gustos lisonjeros, pasear, y maltratar a los cocheros. La Reina divertida con la música queda, prevenida a su festejo. A mí solo mis quejas a divertir me sacan a estas rejas la ausencia de Don Juan. Tanto le quieres? Todas somos extremos las mujeres. Gente he sentido hermana, como casualidad, a la ventana podemos arrimarnos. Di, que es rabiar::- Por qué? . Por asomarnos: para qué es esa patarata? Sigue esta senda: aún la música prosigue. Amor, qué me dices, que espere, y que quiera? Hermoso paso! parece que venimos a una empresa de mucho susto, cargados de estacones, y rodelas. Y aún algo más a estas horas traigo. . O miente la idea, o siento a la reja ruido. Como de que crugen sedas, porque música de faldas, es mejor que de vihuela. Esto de marchar a pausas, vive Dios, que me revienta. Énrica, descubres algo? Tres bultos aquí se acercan. Como que se hace al descuido, puedes tú toser, Picheta. Jesús, como tengo el pecho! . No te ahogaras por más señas. Ellas son queréis llegar? Yo a qué he de ir si para estas ceremonias de terrero, soy lo propio que una bestia? Yo a oscuras a enamorar? ni con un hacha, y dos velas encendidas, sabré yo hallar ni una friolera: llegad vos. Aunque la noche solo las sombras dispensa, mal puede ocultarse el día, que a pesar de las tinieblas, hace oriente a aquestos hierros del sol de vuestra belleza. Toma lo que allí ha mezclado! oyes, para mi mollera, Pelón. . Tú con las manazas concluyes lo que argumentas. Mal acreditáis lo fino de vuestra pasión atenta; que pues distingue entre sombras, no tiene mucho de ciega: quién viene con vos? García. Pues qué teme, que no llega? García, que Énrica aguarda. Hombre, yo hablo, que es vergüenza, y este estilo Palaciego quiere mucha sutileza. Voces rumbosas, y a ello. Parece, según os cuesta hablarme, que ya sois otro. Señora, soy muy de veras; y cuando a vos comparadas las rosas, las azucenas, los claveles::- . Eso es lindo. Los jazmines, las violetas::- Hombre, esa es conversación, o jarabe? Son tan vuestras::- Si sé donde ir a parar me lleve el diablo: qué bella ensalada iba hilvanando! Proseguid. Si yo supiera, que otro más que yo os amara, me quitara esta cabeza. Qué hacéis? Hablo de terrero, no me vaya usté a la lengua. Creolo de vuestro afecto. Yo os amo a toda conciencia. Parece que siento ruido, retiraos. De paso. a Reina, aquí esta Pelón, que os tiene un amor que se las pela. No debo corresponción a tan ruin correspondencia. . Correspondencias no dés, que sois una correspuerca. Se fueron? . Sí. Pues qué haremos? Esperemos a que vuelvan. Cuando armar este fantasma . podré, que traigo dispuesta, para vengar el pellizco? Si vuelven, no hablo con ellas. Por qué? Porque ya gasté de flores espuerta y media, y no sé por donde echar, sino es que ahora me meta a Alquimista, y la enamore por metales, y por piedras. No es mejor a Boticario, y envocarles dos recetas, diciéndola, explendor rubrúm, capilorumoberrís erat? Bufón, qué va que te doy? Pues ya de la conferencia con el Rey hemos salido::- Pues mañana la taréa de las Cuentas, que da el Duque, por la mañana se empieza::- Por el terrero a mi casa mas el camino se abrevia. Dispuestos quiero esta noche dejar los papeles. Era la arma falsa. . Ce, Don Juan. Qué escucho, Cielos! no es esta la voz de Julia? . Parece que hay mujeres en las rejas. Ahora me ha dicho un Guardía, que el Rey mañana se ausenta: si es verdad, que vuestro amor al fin decoroso anhela, que debe, el pedirme al Rey era la más breve senda; pues con eso, de mi padre burlamos la vana, y necia ojeriza, que ha de hacer a este intento resistencia. Oíd. . No puedo esperarme. Adiós. Gente sueña en las rejas más qué veo? Mientras estabamos vueltas las espaldas::- Oh hija ingrata! Con las dos travaron fiesta dos hombres. Antes que el logro llegue de vuestras ideas, lograré yo daros muerte. Haced al revés la cuenta. Él uno al otro se envisten. Reconocerlos es fuerza. Sí? pues ir escalabrando, que en echándolos a tierra, para ir a verlos en casa me echaré los dos acuestas: ha infames! Aunque traigáis compañía que os defienda::- Aunque os defendiera el mundo::- No os libraréis. De mi diestra seréis despojo. . Villanos::- Ahora logro yo mi idea. Pese a la sombra! Qué escucho en el terrero pendencia? hay tan gran bellaquería! castigar el hecho es fuerza. No huyáis, cobardes. No es fuga. Es querer sácaros fuera de este sagrado. Por Cristo, que hallé gente de mi tierra. No he visto más fuerte brazo. Es demonio el que pelea conmigo, que aún vive y van tres cuchilladas con esta? Cómo ya no le he partido espada brazo, y rodela? Cómo, aunque sea un peñasco, no le abate mi violencia? Ay que se acerca García! García? . La boca cierra, villano. Ya yo decía, hombre, o diablo, que tú eras, que otro, bien seguro estaba, que de mí se defendiera. Señor? . Yo soy. Pues qué es esto? a qué viene Vuecelencia al terrero? . Lindo chiste! me hacéis la pregunta misma, que yo os he de hacer? Por Cristo, Vuecelencia galantea a lindo tiempo. . Paredes, el que las hace las piensa; yo he llegado casualmente. Aquí es menester cautela: . pues yo también. Y pudisteis saber, quién la desvergüenza tuvo de lidiar aquí? Si a los dos riñendo dejan, y escapan, cómo es posible? Pues a casa dad la vuelta, y disimulad. . Y vos? Yo voy a una diligencia, que quien cuentas ha de dar no es justo:- . Qué? Que se duerma: idos, y callad: a Dios. Sin duda, casual contienda fue; vamos a lo que importa. . Ahora la mía entra. Pícaro, cómo te atreves a nombrarme? Usted se tenga, no me hable gordo, que aún no se me ha olvidado la presa, que hizo en mi brazo el mastín de su manaza podenca. Pícaro, pues cómo::- Calle, que aunque yo por mí no pueda defenderme tengo a espaldas quien por mi justicia vuelva: Caballero. . Ah borrachón? Deshacedme la cabeza a ese fantasmón, que juzga, que no hay quien se las entienda: bien está; mas yo me voy: id, y dejadlo a mi cuenta. Ea, seo guapo, aquí tiene quien se las mulla: no sea muy grande el chirlo: de a geme? basta: logrela. Bribón, aguarda. Aí le dejo quien le dará la respuesta. Dice bien, que allí está un bulto: sois vos el señor Badea, que hace a este pícaro espaldas? no me respondéis? pues esta cuchillada os quitara el cuidado, y la vergüenza. Pero qué es esto? hay busón semejante. una compuesta fantasma de palos es, y de trapos: bien se venga, que me ha dejado corrido; pagarame la insolencia, vive Cristo: dónde habrá ido Don Juan, que ciego se empeña tras aquellos hombres? pero ya el Alba esparce risuena su dorado rosicler, y por estas rejas mismas veo en el cuarto de enfrente tres hombres sobre una mesa, y uno es el Gran Capitán: yo tengo de ir por la puerta de Palacio a ver qué es esto: qué hará allí? cuando parezca Don Juan, sabré por extenso en qué paró la pendencia. . Lee el cargo. . Dividionos la oscura noche funesta. Raro engaño! y pues el Rey nos encarga esta asistencia, después::- Con quién hablo? el cargo os he dicho que se lea. Ya os obedezco. . Cuidado, que gasto poca paciencia. Ciento y treinta mil ducados se os remitieron de letras de Valladolid. . Es cierto. Con el Capitán Requeña ocho mil pesos; mal digo, ochenta mil. . Que lo sean, que para el buen pagador lo mismo es ocho, que ochenta: adelante. . De Calabría, contribuciones, y rentas montan tres millones, y once mil. . Jesucristo, qué flema! no hay suma? . Si señor, y aquí al pie se demuestra. Vamos a ver qué resulta de alcance en aquestas cuentas. Trece millones de escudos. Y no más que esa miseria? mas se han comido las Tropas tanto tiempo a costa ajena, y en Páis contrario gracias a mi buena diligencia: el libro. Qué es lo que veo? el Gran Capitán hojea libros, serán las historias de sus hazañas inmensas. También yo traigo papeles: escribid. . Yo les metiera en la cabeza los libros, y era data breve y recia. Memoria de lo gastado en conquistas, que me cuestan sangre, vigilias y sustos. Ya está: diga Vuecelencia. Dos millones en espías. Tanta suma? Y es pequeña: por falta de espías suelen perderse grandes empresas: era menester pagarlas, para que después volvieran, que aunque no dan las victorias, les van abriendo las sendas. Ya está. De pólvora, y balas cien mil ducados. . Pudieran comprarse muchas. . Sabed, que aprovechamos las mismas, que nos tiró el enemigo; tantas, y tan grandes eran, que si no, gastamos tantas, que no tiene el Rey hacienda para pagarlas. . Yo sé, que si los dos de la mesa estuvieran en las filas, tan de espacio no estuvieran. En guantes de ámbar diez mil ducados. . Habláis de veras? Escriba lo que le digo: pues después de una refriega, en que veinte y siete mil muertos en el Campo quedan, y éncima de ellos nosotros, para evitar que nos diera una peste el mal olor, no fue justa providencia darles guantes, y que ya que no coman, que no olieran? Usted, señor Comisario, nunca ha olido carne muerta? No señor. . Bien se conoce: prosiga. Ciento y setenta mil ducados de aderezos de campañas. Esta es nueva práctica. . Si cada día una victoria celebran del Rey, se dieron tal prisa los Sacristanes a hacerlas pedazos, que fue preciso renovar a las Iglesias las antiguas y aún hacer para el caso algunas nuevas. Y no se cuentan los tiros, que en las salvas se revientan. Para emborrachar las Tropas el día de la pelea, medio millón de aguardiente. Prevención extraña. Y cuerda: pues como quería usted, que la cara descubierta fuesen a beber la muerte, porque un hombre se lo ordena, hombres comunes (que al noble es su honra el que le lleva) sino es estando borrachos? que en su juicio no lo hicieran. Decís bien. . Ir a morir, ai es una vagatela. La cura de los heridos prisioneros de una guerra tan larga, millón y medio, y otros dos, porque nos diera Dios buena fortuna, en Misas, que sin Dios nada se acierta: tres millones en sufragios. Sufragios? Pues el que queda muerto, no basta que haya pasado con las miserias de Soldado, un Purgatorio en vida que es tan molesta? le hemos de dejar allá, que otro Purgatorio tenga? Decís bien. Aquí está el Duque; la hora de embarcarnos llega, y he de llevarle conmigo. Señor, ya crece la cuenta tanto, que alcanzáis al Rey en mucho caudal. Aún queda mas: poned al cien mil cuentos. De qué, señor? De paciencia de aguantar a que el Rey mande, que cuentas dé quien se precia de tan desinteresado, que ha vendido sus preséas, su plata, y su patrimonio, por sustentarle sin quejas sus Tropas, a quien no ha dado pagas, premios, ni asistencias, y él sabe::- Así es verdad: pero he querido que vean vuestra integridad aquellos, que de acusaros no dejan; treinta mil pesos os doy sobre Nápoles de renta. Señor, con que por servido os deis, tengo harto. L está ya embarcada, Duque, la Armada se hace a la vela. Vamos. Ya se ha embarcado Julia: Pelón, sígueme. . Que sea tan de prisa esta jornada lo que farfulla el Poeta. García. Don Juan, al Mar, que allí de aquella refriega sabré de todo lo fijo: envidia, vencida quedas. JIl. , Hoy llegará el Rey de España, según la bonanza templa el Mar, para que sobre él puedan volar las Galeras. Muchas fortunas prometen estas vistas, si se estrechan dos Heroes tan generosos. Mandé disponer las Tiendas para recibirle, Duque, de esta playa en la ribera, que es donde habemos de vernos: y estimo que con él venga aquel Capitán famoso, a quien debe la Diadema de Nápoles. Cuando Francia no honró el valor y prudencia de cualquiera en quien asista? Pues los instantes abrevia la precisión, esas salvas, sin duda, es por ver ya cerca al Rey Fernando. Ya están él, y sus gentes en tierra. Lleguemos a recibirle, y las viandas prevengan, pues es ya noche. Las salvas suplen de la luz ausencias. Dias ha que es mi deseo, que a ceñir mis brazos venga vuestra Majestad. . Señor, tanto amor, tan gran fineza, para gran bien de la Europa la fortuna nos concuerda. Vienen vuestras Majestades buenos? . Quién a veros llega tuviera dicha, y salud, aunque viniera sin ella. Duqué de Sesa? . Señor? Llegad. . Soy hechura vuestra. Llegad, llegad a mis brazos, que sois el Dios de la guerra; sois el mayor Capitán del mundo. . Honra tan inmensa de tan gran Rey, solo yo la he logrado. . Tómate esa: esto es tratar los Soldados. Gran demostración es esta! Hermano? . Hermano? Si yo este vasallo tuviera, toda Europa fuera mía. En lo que es mía, ya es vuestra. Honrad las mesas, que es hora. La Reina viene indispuesta: veranos cenar. Repara con qué majestad se sientan! Yo hiciera, si fuera Rey, lo propio no vi más regía función. . Yo estoy aturdida. Ningún mortal hay que quepa entre los dos, si no es uno. Quién, hermano? El que está cerca, el Gran Capitán: mandadle sentar, señor, a la mesa. Quitarle tan grande honra como le hacéis, crueldad fuera: sentaos, Duque. . Yo, señor? Vos, Duque. Llegó tu rueda, fortuna, al auge mayor: ya no quiero más, detenla. justo premio a tal varón. A la salud de su Alteza . brindo. . Está bien. Viva viva. Así envidiosos lo vieran: esto la virtud merece; bien haya la Soldadesca. Ya, señor, que tantas honras debo a tan alta grandeza, una he de pediros. . Cuál? Que a Julia me dé la Reina para Don Juan mi sobrino. Solo falta gustar ella. Y hacerle mercedes yo. Dulce fin! . Dicha suprema! Yo pido, señor, a Enrica. Cuando una tan bien se emplea, no niego a esotra. Te casas también conmigo, Picheta? Apara la mano. Vamos a tratar las cosas nuestras. Haced salva. . Dando fin del Gran Capitán las Cuentas, que quedan bien ajustadas, como un vitor os merezca,
