Texto digital

Texto digital de Cuatro estrellas de Roma y el martirio más sangriento, San Eustaquio

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Desconocido
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Cuatro estrellas de Roma y el martirio más sangriento, San Eustaquio. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/cuatro-estrellas-de-roma-y-el-martirio-mas-sangriento-san-eustaquio.

Logo BICUVE

CUATRO ESTRELLAS DE ROMA Y EL MARTIRIO MÁS SANGRIENTO, SAN EUSTAQUIO

JORNADA PRIMERA

Valerosos Capitanes, cuya furia, cuyo aliento labra con diestros burlles la Fama en bronces eterror. Hijos del valor Romano, que entre Marclales estruendos, fue pasmo vuestra braveza l al Jadlo; al Parto, y al Medo, al más escondido clima, y al más oculto terreno, que en el ámbito del Orbe cubre transparente el Cielo, poniendo los rafetanes del siempre temido Imperio en sus más fuertes murallas, siendo, en brevísimo tiempo, y en corto espacio, señores de cuanto radiante el Cielo a luces del Sol registra rayo a rayo, y fuego a fuego. Vosotros, en fin, que a Roma, Cabeza del Universo, honrasteis con tantos timbres, y con ti sunfos tan excelsos, que por Reina de la tierra fue coronada a tropeos, que ni Alejandro alcanzó, Jerjes, Aunibal, ni el fiero Epaminondas obtuvo del Lacedemonio suelo: ni Aristómenes el bravo, Capitán de los Mécenlos, a su patria dio despojos, que dieron, que hacer al tiempo. Ya sabela, que Federico, ese altivo, ese soberblo Príncipe vano de Persía (que rebelde a los preceptos del invencible, Trajano, nuestro Emperador supremo; a quien por trances de guerra esta ba humilde, y sujeto) hoy solícita atrevido, este yugo sacudiendo, quedar por Rey absoluto de toda Persía, y por eso sus gentes saca en campaña, sin advertir, como ciego, que osado busca la muerte donde piensa hallar a un tiempo libertad, vida, y dominio, gozando de Persía el Relno. A castigar tal locura, y tan alto atrevimiento, como padete redunda en deshonra del Imperio. Erecto fui por Trajano, para que el rayo esgrimiendo de este alfanje Damasquino, de este reluciente acero, refrene rebeldes iras de aqueste bárbaro Relno, tronchando las alas torpes, cortando el altivo vuelo, con que animoso procura poner escalas al Cielo, siendo Nembrot de sí mismo, en cayo Pérfico suelo el monte de su altivez, abrasado de mi incendio, en pavesas frías calga al rayo de mi ardimiento, Ea, Martes valerosos, ea, vallentes guerreros, que hoy sin duda en vuestras manos pone el Cielo el vencimiento. Presentes tenéis, amigos, el que rebelde al Imperio negó la obedlencia; y pues depositada en su esfuerzo toda la victorla tiene, no desmaye vuestro aliento en la venganza, que juro por Júpiter, Dios excelso, Rey de los Reyes; que tiene por trono el Zapir Etereo, de premiar al que ballente, honrando al Romano Pueblo, de muestras en la conquista de las farias de su aliento, para castigar traidores con valor, con ardimiento, con rigor, con valentía, con pujanzas con esfuerzo; y en fin, para que la fama entre sonoros accentos pregone vuestras proezas, publique nuestros sucesos, Guerra contra Persía; arma, que está aquí Mortero que machaque más Persianos, que tiene siglos un suegro. Este brazo, solo basta para destripar más perros a puñadas, y a cachetes, a rebeses, y ha derechos, que pelos tiene en la calva un infeliz calvatrueno. Eustachio, aquí está mi espada sedienta de sangre, el tiempo ha llegado ya, en que pueda, como diestro despensero, hacer morcillas, mondongos, chorizos, morcones negros, con sangre, que ha de sacar esta tizona sin tiento. Qué bien, Maltero, peleas con la lengua desde lejos! Deja las burlas, y calla, que te conozco, y sé cierto, que es hijo tuyo el temor, y tanto: Pero qué es esto? . Qué cajas apresuradas turban, he inquietan el viento, hiriendo vagas regiones, sobresaltando Elementos? Vallente Eustarbio, apercibe tus Escuadrones de presto, que el rebelde Federico, temerario, loco, y ciego, altivo, presuntuoso, sin razón, y sin modelo, la batalla te presenta desdichado, no temiendo, ni el rencor de tus Soldados, ni las iras de tu pecho. Pon tu Erército en campaña, sepa el Mando, sepa el Cielo, que eres castigo, de locos, que eres azote de necios. Ea, Soldados valientes, hijo del Romano aliento: ea fuertes Capitanes, poned, poned en concierto los Escuadrones, y el parche retumbe en horribles ecos: el clarín sonoro anuncie muertes, heridas, y estruendos para el Persa temeroso; y para el Romano Pueblo felicidad proguostique, dichas, triunfbos, y tropeos, Al arma, Soldados míos, al arma, nobles guerreros. A fuera, a fuera, Soldados, que allá va el fuerte Mortero a matar más enemigos: mas qué digo, si de miedo, cuando la caja escuché, sentí, no sé si por yerro, que como a otros en las muelas, me ha dado un gran corrimiento por dentro de los calzones, que parezco Zapatero, según el cerote; que se derrite en los gregüescos. Vive Dios, que aquí se acercan los enemigos sangrientos! Escapemos hoy el bulto (ya que escurrido el pellejo está) de este sobresalto. Ay, que vienen! volaverunt. Persas nobles, e invencibles Capitanes por mi electos, señores de mis Provincias, y columnas de mi Relno, que sujeto a los Romanos se miraba sin acierto, gozad todos la ocasión de salir del rendimiento de su tirana arrogancia; la libertad consiguiendo, que podéis hoy merecer, si alcanzáis el vencimiento, que tanto yo solicito, mediante el brío, y denuedo, ánsmo valor, y fuerza de vuestros invictos pechos. Federico, vuestro Rey, soy, aquel que al propio Imperio Romano ultraja mil veces, sut Estandartes sirviendo. de alfombras, donde pusiese sus plantas todo mi Reino. Al arma, que ya el Romano sale atrogante al encuentro: Muera, pues, tan vil canalla, vivan los Persianos Pueblos. Seguidme todos, seguidme, en voces altas diciendo: Muera Roma. . Roma mueras Vivan los Romanos Tueblos. Oh mal haya, amén, mi abuelo! o mal haya, amén, mi suegro! Quien en guerras me ha metido, entre lanzas, y Sargentos? Arma, arma. . Guerra, guerras Vive Dios, que andan los Persas vallentes, como unos perros; mas yo como temeroso los Romanos no, defiendo? Animo: a fuera: que vol apero tente, Mortero, no vayas a buscar lana, y vengas sin el pellejo. Arma, arma. . Roma vivas Pero qué es esto que veo? Vive Júpiter, que el Persa, sin ordeo, y sin concierto se retira, y el alcance sigue Eustachió con los nuestros, Viva el gran Trajano, vivas Viva, y mueran estos perros. Ea, Mortero valiente, ahora, ahora es el tiempo de mostrar tu valentía, y de que sepan tu esfuerzo. Muere, infame Soldadillo, no hay cuartel, muere aquí, perros el dese a prisión al punto, y él suelte las armas presto. Vive el Sol, que este es vallente; a ellos, señor Sargento, que corren como gallinas, porque los sigue Mortero. Cese el alcance, Soldados, y el clarín en dulce accento toque a recoger, y aclame la gloria del vencimiento, dando gracios a los Dioses, que benevolos quisieron da a Roma la victoria, o hollando otra vez el cuello, y la indomita cerviz del Persa altivo, y soberblo. Mueran, mueran los traidores, les villanos Extranjeros con esta cuchilla: infames, con este mohoso acero he de cortaros las nalgas. Qué en esto? Tente, Mortero. No me tengan, que he de hacer gígote de aquestos perros. Qué perror; qué es lo que dicer? Los Persar. . Déjate de eso, que esas locuras no importan si se retiran huyendo. Porque yo he sido la causa de tan alto vencimiento. Pues acaso en la batalla peleaste? . Bueno es eso: qué más prueba que mi espada? qué más verdad que mi acero lleno de sangre, sacada con aqueste pulso diestro, A un Capitán valeroso la cabeza de un encuentro le llevé. . Grande valor! cómo hiciste tal exceso? Cómo ? igualándome a él, reparé, según lo advierto, que en la altura le llevaba la cabeza, cuando menos. Ya el Ejército se junta. Soldados, marche de presto el Ejército, hacia Roma vamos, y el parche en sus ecos suspenda a pausas el aire, publicando el ventimiento. Vamos, que hoy serán premiados, Mortero, tus nobles hechos. Ofado Joven, espera, que aunque te oculte el abismo, con aqueste acero mismo, que ocupa mi mano fiera, más pedazos he de hacerte, que arenas el golfo baña, que copos una montaña en su cabeza más fuerte contiene, y que cuantos rayos en lo activo de su esfera aquese Sol confedera ya en vivezas, ya en desmayos. Pero donde, dime, donde aquel bizarro ardimiento, con que lneltaste mi allento, se oculta? Dónde se esconde? Vuelve otra vez a mis ojos, si intentas en desvarío hacer prueba de mi brío, y también de mis enojos. Amigos, Guardas, Soldados, traición, traición. Gran Trajano, padre, y señor soberano, que en ecos apresurados nos llamas tan a deshora, qué mal te aflige, o rigor? Di la causa del furor, que así te embravece. . Aurora, nobles Soldados, un hombre no visteis salir, que osado esgrimió su azaro altado contra mis? . Nada te asombre, que fue ilusión de la ilea. No Aurora, no fue ilusión, si no evidente traición de quien matarme desea. Sin doda, que algún Cristiano, viendo cuanto los persigo, matarme, como a enemigo, quiso atrevido, y efano. Explica tu pena fiera, declara la desazón, que aflige tu corazón. Sucedió de esta manera: Esta noche, cuando Apolo con la luz de sus lucendios de otro Horizonte cubría lo poblado, y lo desierto. Cuando el Planeta menor se miraba presidiendo entre Autorchas luminosas, entre argentados Luceros, publicando en su presencia el ser tibios paralelos, o lumbreras desmayadas, o volcanes macilentos. Cuando el dulce Rulseñor entrega silbos al viento, ya gorjeando suspiros, ya suspirando gorjeos, es guarda de su consorte, infeliz amante ciego; pues no distinguen sus ojos las luces muertas de Pebo. Y cuando yo descansaba del trabajo del Imperio: que en los Príncipes, no es culpa (según publican los necios) darse al descanso tal vez, cuando no faltan por eso de su grande obligación al debido cumplimiento. Entonces, estando solo, las puertas de mi aposento cerradas, y a sus umbrales Guardar, que guardan mi cuerpo, una voz me despertó, cuyo articulado accento, ni sé si me dio pavor, o me causó más aliento, para castigar bizarro tan notable atrevimiento. Despierta, dijo, despierta, Emperador, y suspenso me dejó de tal manera, que solo pudo mi fuego admirar la bizarría del que era de la voz dueño, fin que osase mi valor tomar venganza resuelto. Un Joven vieron mis ojos, tan alentado, y tan bello, que con esto caprivaba, y espantaba con aquello; que muchas veces lo hermoso hace junta con lo fiero. Empuñaba con valor su diestra un luciente acero, y una rodela embrazaba pulidamente el siniestro. Ostentose tan bizarro, con tan altivo denuedo, que al instante que mis ojos tan arrestado le vieron, no quiero negar, temí; que tuve temor confieso, siendo Trajano el luvicto, tuyo valor, cuyos hechos la fama puede contarlos; mas sé que le falta tiempo, para poder publicar la mitad de mis sucesos. Desdichado Emperador (volvió a decir el Mancebo) qué locura, o desatino ocupa tu entendimiento, que te atreves a irritar toda la Esfera del Cielo, persiguiendo a los Cristianos, con deshonras, y tormentos. Como contra Cristo dices blaspemlas, y menosprecios? Siendo el mismo Dios, que rige tierra, fuego, mares, vientos, y que puede ariquilarte a ti, y a todo tu Imperio, con solamente querer? Tal es su poder linmenso. Teme a Cristo, Emperador, teme el rigor de los Cielos, que sabrán tomar venganza de este agravio, y ten por cierto, que importa para tu vida, el que tomes mis consejos. Dichas aquestas razones me volvió la espalda huyendo, No suele lunado bruto seguir con mayor aliento al que atrevido le hirió, y sus puntas esgrimiendo, por no poderle alcanzar, furioso se venga, y ciego con la tierra que pisaba, como yo, que no pudiendo vengarme de aqueste Joven, tome venganza del suelo, donde sus labios infames la sentencia me leyeron, Amigos, él no ha salido, ni yo le encuentro acá dentro: este sin duda es Cristiano atrevido, que hechicero, valiéndose de estas trazas, intenta ponerme miedo, porque a Cristo no persiga, Dios de aqueste infame Pueblo. Mueran los Cristianos, mueran al furor de mi ardimiento, y ese Cristo, a quien adoran, calga al valor de mi aliento, y solo Júpiter viva, Rey de los Dioses supremo, para que el Mundo conozca, que sol noble justiciero, de los Dioses vengador, fuerte amparo de los Cielos, conquistador de la tierra, castigo de los soberbios: y en fin, Trajano valiente, Rey de los Reyes del suelo. Admirada, padre mío, tus sucesos me han dejado, y mi furor incitado yace al rigor de tu brío: esa ley, ese albedrío, en que el Cristiano constanto hoy permanece arrogante, pretende, señor, berrar, porque llegues a alcánzar ser de tus Dioses Arblante. Castiga con crueldad el villano menosprecio, que redunda en poco aprecio de Júpiter, gran Deidad, a cuya alta diguidad procura de adoración la tirana presunclón de esa Pueblo loco, y vano, para que todo Cristiano rinda su dura ambición. Que es locura singular, y digna de gran castigo, que aqueste Pueblo enemigo no tema el inmenso Mar de las grandezar sin par, que adoran al Dios Tonante, cuando Vúlcano arrogante teme tanto su faror; cual esclavo a su señor, cual siervo a su Dios triunfante, Eres hija de mi uliento, Aurora, y de mi valor: . mas qué confuso rumor turba el concabo elemento? Enstachió que viene siento. Amor le traiga con blen, . que él solo puede ser quien traiga contento a mi pecho, aunque el corazón deshecho sienta, ingrato su desdén. La en hora buena, señor, de la victoria presente te dol, para que se augmente la fama de tu valor: con triunfbo de gran primor Eustachio por Roma viene, porque según o previene. no quiere que nadie arguya su rigor, ni le concluya, oi menos que le condene. Aamor en mi pecho fragua: pero su desprecio es agua, con la cual los Mongibelos del calor de mis desvelos, aunque extluguirlos intente pues reina en el pecho mío, y para mi ardor no hay frío, por más que nieve se augmentea Ya, señor, en tu presencia a Enstachió tienes. . El alma, . después de tan grande calma, por dicha tuvo la ausencia. Hoy, señor, a la excelencia de tu Majestad, se humilla a tus plantas mi rodilla. Seguro puerto en mis brazos tendrás, y sin embarazos, llega, asombro, y matabilla de valor, pues a la fama das que hacer por las Regiones. Templa, templa, tus barpones, . Amor, a quien tanto ama. Vive Dios, que aquesta Dama . me pica con tanta gloria. Refiere con fe noctoria el vencimiento, el suceso. Supuesto, que gustas de eso, oye, y sabrás la victoria. Salí, señor. de Rema una mañana, cuando el Pebo asoma la melena encrespada de su frente, dejando con su Oriente matizadas de rayos, y de lumbres, de las montañas las érguidas cumbres, con veinte mil Soldados, que al mismo Marte dieran, con culdados, admiración su aliento valeroso; pues era cada cual tan animoso, que su misma viveza era clara señal de fortaleza. Salió el Persa al camino, contra quien iba; mas el cruel destino de sus impulsos mal encaminados. al ver mis Escuadrones tan armados, fue forzoso temiese, y la desdicha suya que no huyese; porque así que mi gente, furiosa varonil, y diligente, embestia con ánimo brioso, sin corazón el Parsa, y temeroso, al furor de mis Martes rindió sus armas todas, y Estandartes. Ninguno huyó cobarde; porque si alguno quiso hacer alarde de valiente con gala, y bizarría puntual le mato su pantasía, (temeridad notoria, oponerse el rendido a la victoria!) Siguieron el alcance mis Soldados, y en uno, y otro lance, se apoderán de Persia, que rendida a tus plantas intenta su acogida: sus traiciones perdona, ya que unida se mira a tu Corona. Segunda vez a mis brazos llega, Eustachió valeroso, afrenta del mismo Marte, que ese ardiente, ese animoso valor, que yace en tus pulsos, merece, en premio dichoso, más Coronas, y más timbres, que veces templó sus rojos incendios Pebo en su Ocaso, siendo Neptuno Mauseolo, urna de cristal de cuantos rayos aborta en asombros. El Cielo augmente tu Imperio, para que de Polo a Polo, ciñendo saeros Laureles, el Zona más rigoroso, el centro más escondido, y aún el clima más remoto, por su Monarca te aclamen, como Emperador dichoso. Parece que no hacen caso de mi esfuerzo: yo me arrojo a hablar al Emperador. Vamos. . Aguarden un poco, que falta premiarme a mí mis servieios. . Calla, loco. Qué es callar? No he sido yo quien com brío valeroso maté más Persas que tiene mescas un pastel mohoso? Cómo os llamáis? Don Mortero el belicoso, Mortero? . Sí señor. Nombre a fe mía, es sazonado. . Y bien proprio, porque así como el mortero, en su círculo redondo, machaca pimientos, y ajos, con aquella mano abollo hasta sacar la substancia, que encierran los ajos todos; así yo mortero en obras, y Mortero en nombre propio, con esta mano valiente, provocado, del enojo, más Borgoñones machaco, Chambergos, Cansutres, Godos, que callos tienne una Mona, en el esférico Globo. De dónde sois? . Yo, señor, he nacido en Romangordo, que es un Pueblo de Cristianos, y mi padre que era Moro, vecluo de Guadalupe, casó en la Ciudad de Toro, con una Jndiana, que fuera medio tuerta del un ojo; pero mi abuela, que andaba en el campo a buscar hongos, con que daba de comer a dos jumentos, o potros, que fueron del Preste Juan, llevósela presa un Lobo, el cual llegando a Castilla, muerto por un hombre solo, quiso comer, tuvo hambre, y tomando aquellos hongos, intentolor machacar; y sabiendo era forzoso un Mortero para hacerlo, buscó (caso portentoso!) a mi madre, para que un Mortero con su bolo, le emprestase, y ella entonces, siendo por él mes de Agosto, mes último, de un preñado, que padeció, con asombro del Mundo, pariome a mí, hecho Mortero redondo: con que así mi abuela tuvo, con que machácar los hongos, quedándome desde entonces Mortero por nombre propio, Mirad, señor, que os dirá desatinos este loco. No, pues antes gusto de oírle: humor tenéis. . Eso es solo lo que gusto, y no otra cosa; porque yo tengo tan poco que gastar, que ni aún comes no tengo, sino lo robo, y alguna vez por comer he de comerme los codos. Eustachio, venid conmigo, A obedecer estol pronto, gran señor, a tus preceptos, Cielos, seguir es forzoso al Emperador: Oh quién pudiera con labio heroico dar noticia de mi amor a la Infanta! . Que de ahogos, en medio de dichas tantas, siente el pecho temeroso! Cielos, gran dicha es la mía! Espera, Morrero, un poco. Qué me manda vuestra Alteza? Decidme servír? . Notorio es mi señor. . Quién es? Es Eustachio valeroso. Eustachió? . Sí, gran señora, el mismo, el cierto, y el propio, sin que le falte una tiide. De qué le servir? . De loco: hay pregunta más en balde! Yo quiero entre mis ahogos, el declarar a Morteto el ansia, el rigor rabioso, que Pénix arde en mi pecho, que siendo de quien adoro siervo, podrá dar noticia de mi cariño amoroso: perdone la Majestad, que faltando el gusto propio, es esclavitud la Alteza, que sirve a veces de estorbo de poder ejecutar amor sus lances briosos. Llerado de la pasión, que amor altera ará dentro, vengo a buscar aquel centro, que adora mi corazón. Mas la Infanta (qué riger!) hablando aquí con un hombre! no hay temor? que no me asombre en medio de su furor: quiero escucharlos (ay Cielos!) denme los Dioses valor; pues nunca es fino el amor, sino se viste de celos. Dirás a Eustachlo, Mortero, que entre penas de gran calma le adora rendida el alma, siendo en mi gusto el primero, que su fe, su bizarría tanto mi amor caprivó, que dudo yo si sol yo quien se rindió a la porfía; que Amor trabó con mi pecho; pues si de libre se admira, ya encadenado se mira de puro incendio deshecho, Yo le adoro, caso es llano, por lo cual, a su altivez dirás, deje la esquirez, ya que yo mi Alteza allano; no puedo decirle más: hallará esta noche abierta de mis jardines la puerta, donde diré lo demás. Mortero, en ti no desdiga la lealtad de tu señor, para que en lides de amor aqueste triunfo consiga. . Adónde estás! corazón, que no te siento en el pecho, cuando te admiro deshecho al golpe de una traición? Eustachio vive en Aurora, como su amor lo declara: porque si bien se repara, acabé de oírlo ahora. Vive el fuego de mis celos, que esta noche ha de morir quien se atreve a competir las ansias de mis desvelos. Muera Eustachio a mis rigores, y en ese jardín ameno, de aljófar, y aromas lleno, tina su sangre las flores. . Hay mujer más singular! Hay lance más atrevido! Quién dijera que la Infanta presa estaba del cariño de Eustachio, sabiendo que tiene Eustachio mujer, he hijos! Mujer es, Démonlos sois, y si valiera mi juicio, si a gobernaros llegara, mandara por mis Edictos, que a todas cuantas hubiera en el Mundo, y en el siglo, ataran acada cual en brazos, piernas, tobillos, tres docenas de cobetes, con tal arte, y arrificio, que pegando fuego a todas, volaráis a un tiempo mismo por esos aires a ser quemadas en fuego vivo, miendo para descanso a la calda, el abismo. Pero aquí se acerca, Eustachio, hoy las albriclas le pido del nuavo empeño; que tiene, adorando aquel divino sujeto de la hermosura de Aurora: Mortero, amigo, esta vez llegas a ser, no pequeño Morterillo, sino leberbio Almírez de Boticarios nociros. Qué haces, Morrero, en Palacio? Qué? ser tu alcahuete, Mío? Concedo. . No puede ser; porque según lo colijo, no reconoce por Rey mi corazón a Cupido. Si puede ser; pero antes, que te aclare el laberluto de esta duda, he de pedirte albrielas. Para conmigo no son menester rodeos, decara, Mortero amigo, alle enigma, que premeto de hacerte los beneficios, que pudiere. . Pues sabrás, que un Ángel a lo divino, una Beldad a lo humano, de belleza tan prodigio, de hermosura tan portento, cual ni la vieron los siglos, cual al Venus pudo ser de su arrebol prototipo, ni el Cielo lgualar sus rayor, con tener tantos Zapliros; rendida a tu bizarría, te adora, su pecho altivo sujetando a tu fineza, pidiendo, que tu albedrío, dejando la libertad en que permanece fino, en adorarle se emplee, sino cruel, compasalbo, amante correspondiendo a su encendido cariño. Y porque el nombre no ignores de este admirable prodigio, es Autora Emperatria, bila de Trajano invicto. Aquesta noche te espera, en lo oculto, y escondido del jardín de su Palacio, así Aurora me lo dijo. Mira si sol alcahuete tuyo: luego blen afirmo, al darte aquesta noticia, cuando te dol este aviso, que tus albrielas merezco, en pago de estos servielos. Calla, neclo, calla, loco: Vive Júpiter Divino, y los Dioses immortales, que topeclos, y laciotos pilan, sirviendo de a sambras a sus pies los Astros mismos, que si me hablas más de Auroras y de sus locos designios, usando de mi furor, ejecutando el castigo, que tu osadía merece, te arroje con tanto brío a las Celestes Esferas, que los Sacros Paranimfos, o te admiren por cometa, o nube del Epicielo, Yo amor a la Infauta, Clelor, cuando mi noble albedrío nunca pudo sujetarse a rendimientos nocivos? Amor es un fuego lento, ea un incendio escondido, que comenzando primero cómo perezoso, y tibio, después su calor se augmenta en un Volcán tan activo, tan constante, y permanente, tan fiero, y tan basilisco, que abrasa a quien le sustenta, como fuego ejecutlvo. Yo al lardín a ver a Aurora, en desprecio del Invicto Trajano, sin respéctar sus casas? Dando motivo de ser por mi prohanadas, para que el vulgo atrevido pusiera lengua en mi honor, murmurando en los corrirlos tan notable atrevimiento, y tan excelso delito! No quiera el Cielo, que yo ejecute tal designio, sino antes de iutentarlo, de imaginarlo, o sentirlo, o voraz fuego, que atrevido, negándome la piedad el Cielo, no compasivo, deshaga en fieras pavesas las glorias, con que propicio me adornó en naturaleza, cuando me dio el ser nativo. Y tú, villano, grosero, traidor, infame, atrevido, vete, y tendrás por albricias, que te deje sin castigo, aunque traición semelante me parece hubiera sido el castigarla, lealtad, y de los Dioses servielo. El Diablo te lleve, amén, y a tu abuela, y a tu padre, y a tus nietos, y a tu madre, y a cuantos miro también. Mortero, has quedado bueno? Quién te mete en alcabuere? Quién te mete, quien te mete de audar con trcados lleno? Dice mi amo Eustachlo, en fin, que aunque le pese a la Iufanta, no quiere poner su planta esta noche en el jardín. Yo pues que sol atrevido, mul galante, y corresano, quiero gabar por la mano aqueste lance advertido; pues me pesa, que la alteza de Aurora, y la Majestad, ultralada diguidad, se mire con tal bajeza. Que es mul grosera atención no seguir en tal empresa las vocer de una Princesa, que merece adoración. Y aunque no sea sino por decirle lo que pasa, lré seguro a su casa esta poche al jardín yo. Vamos, en fin, que la noche ya se acercá, pues Latona se ve en el Cielo corona, y el Sol se anea del coche. Temeroso de mí mismo de la más oculta pena, que que pudo caber a un hombre mas enseñado a tragedias, dejo el lecho, al campo salgo de este jardín, cuya amena estancia, donde las flores, que niñas naciendo, emplezan a jugar, supuesto que con las flores travesean, vengo un rato a divertirme, por temor, no me suceda otro lance como anoche, Oh human a naturaleza, cuan frágiles son tus gustos! pues a un señor, que la tierra por su Monarca conoce, tan grandes intercadencias le ponei, que entre sus gustos, mas, y más sustos le mezclas, O pensión del gobernar, qué acibar tanto acarreas! Polas, que al ver mi hermosura parece tenéis vergüenza, y os ocultáis en botones, o ya de lavidia, o de afrenta, Azucenas, que al mirarme dejalí de ser Azucenas, ostentando con desmayos vuestra color macilenta. Fuentecillas, que corridas, vertiendo prodigas perlas, murmuráis de mi hermosura, pasáis después a risueñas. Olmos, que en manso susurro, cuando el Pábonlo os allenta, burlarme pensáis con silvos, dando baya a mi belleza. Flores, Olmos, Fuentecillas, que Paraiso a esta selva componéis en todos tiempos, cuya verde estancia fresca, sin injuria de los tiempos, es hermosa Primaveras Decidme todas, decidme en voz mansa, y halagüeña: Si havenido a daros vida el que la mía sustenta, ha sé si a desprecios tristes, oh alimentos de ternezas? Que no, me decís; y es cierto, que si aquí venido hubiera, ni la noche se mostrara tan lóbrega, triste, y fiera, ni las flores su fragrancia, tan rebozada ancubrieran, Amor tan presto lo traiga, pues el alma lo desea. El rencor de mis enojos tantas iras me acarrea, que de confuso, y turbado, al reparo en la evidencia del peligro que se sigue en la ejecución sangrienta, que irritada mi venganza en este jardín intenta, ni reparo en el respecto, que quebranta mí se ciega, en deshonor de Trajano, y en menosprecio, y ofensa de su casa, y su Palacio. Muera Eustacbio, muera, muera, lógrese mi gusto, y luego mas que inquietudes sucedan. Con más temor, que yo mismo, con más miedo, que vergüenza, no he parado hasta llegar a este vergel, que es esfera, que es cielo de la hermosura de Aurora, satra belleza. Alguna vez los criados, con cuidado, y advertencia, es muy justo que a sus amos les pongan la cornamenta. Plegue a Dios, que algún Sargento de los de Guarda Tudesca, no me mate a puros palos, o me quiebre la cabeza. Yo me contento, señores, con treluta y siete docenas de muertos en mis costillas, o azates en las traseras. Muchos Gallos miro aquí para esta? Polla tan tierna, que yo a buscar he venido; ruego al Cielo no suceda, que ellos quedándose gallos, a mí me capen a ciegas. Aguardemos entre tanto, que esa gente pase muestra. Se el sentido no me engaña; y si no mienten las señas, entre murtas, y arraibanes aquí se ve una belleza. Alguna Dama será, que por gozar de la fresca frondosidad delejardín, goza en Cepiro finezas. ̱. Cielos un hombre atrevido pone a mis plantas cadenas! Mas qué temo? Mas qué dudo? si es a quien el alma espera, llego a hablarle. . A hablarla llego, Hermosíslma belleza, nuevo clavel, nueva rosa, que éxhalas en competencia de estas flores, mas átomas, que apacible Arabla engendra, di quien eres. . Lance fiero! . mi padre es este (qué pena!) valedme immortales Bloses. Pues qué mi recato recela, si ya Eustachio con Aurora tratando está mil ternezas? No responder? . Qué haré yo? clemencia, Cielos, clemencia. . Ahora es tiempo de llegar: hombre atrevido, qué intentas favor es de esa hermosura, de aquesa Deidad finezas, muere a mis manos, vlllavo. . Ay de mi confusión clega! . Este es traidor, que mi sangre sediento beber desea. Morirás, pues prevenido me hallarás para tu ofensa, Cielos, aqueste es Eustacbio! . Qué brava que anda la grescal aí me las casquen todas. Escaparme por la puerta auifiera, porque ya estoy, si sano como camuesa, a lo menos, o a lo más, más blandujo, que una brevas Ya es preciso llamar gente: ha de mi Guarda? . Qué pena! Traición, traición en Palacio. Tralano es este: o qué Estrella . tan vil me sigue! Quién es? Enstachío, yo soy, espera, huye de presto el peligro, vete, que aquesta es la puerta. Adiós, señora, mis celos, sin alma, y sin ti me llevan. . Ya que libre se va Eustarbio, traeré luces con presteza, para que se oculte más el delito de mi ofensa. Dónde estás, fiero enemigo, que mi valor no te encuentra! Vive Dios, que no ha parado la zurribanda, o tormenta de cuchilladas, y palos. Escapemos la vaqueta por este lado, que juzgo ha de estar aquí la puerta, Mas ay! que he dado en las orasas, o a lo menos en la tierra. Muere a mis manos, traidor. Que me matas, que me pelan: confí, confí, confisión, Sacramento, Unción extrema. Qué es esto, padre, qué es esto? Dígalo aquesta tragedia de ese traidor, que atrevido manchar quiso las arenas de este jardín con mi sangre, En castigo de la fiera traición de aqueste alevoso, cosed, cosed con la tierra este cadáver infame. Juro a Diós, que me hace fuerza: e Dios ponga tiento en mis manos, Mas dejadle, que es vileza vengarse en un cuerpo muerto. Vamor. Aurora: sedienta tengo el alma de traldores. La esperanza a vlvir vuelva. Fuéronse ya? ya se fueron: parece que ruido sueña. . Zape; pues vuelvo a morirme; Levantemos la cabeza: ya parece que estoy solo. Mortero, qué Estrella es esta que te persigue? Mejor, y más acertado fuera estar roncando a estas horas, que no metido en refriegas, adonde la mortecina te la dado la vida; alerta. Mas qué alerta? vive Dios, yo con miedo, y con vergüenza Hago cuenta, que hay aquí Trájanos más de cincuenta: a ellos Mortero amigo; uno murió, tres, y treinta. A fuera, que mi valor haralos tajadas fieras, Parece que viene gente. Huyamos de aquesta tierra, no te quedes con tu brío en esta encantada selva por rosa soca, Mortero, para sin fin, y sin sácula.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA 1. Al Valle, al Prado, al Soto, 2. Ataja, que se va el Ciervo. Tímido animal, si piensas, que en ese correr ligero das esperanza a tu vida, cobrando el perdido aliento, que acosado de mi furia, del ardid de mis Monteros, pausaba ya parasismos, causados del rendimiento, Pira ya tu lijereza, deja la faga, supuesto, que aún entre los aulmales es el huir menosprecio, es villanía el rolver la espalda siempre a los riesgos, La vida es amable, dices: es verdad, yo lo confieso; mas en casos, que le ausenta de los ojos el remedio, el merir con más presteza viene a ser mayor tormento, Pero qué miran mis ojos! Entre los ramos espesos de aquella zarra se esconde, fatigado, y sin allento el tosco bruto: pues muera al rayo de aqueste fuego. Detente, Eistachio, detente, mira que agravias al Clelo. Qué voz es esta (ay de mí!) que así me penetra el pecho? Quién eres tú, que me pones tan rigoroso precepto? Ya la Angelica Capilla dice en acordes accentos quien fui, quien sol, quien seré; atiende, escucha sus ecos. Te Deúm laudamus, te Daminum confitemur. Ya te conozco, Señor, ya tu graudeza venero, que aunque en el confuso abismo de tinleblas vivi ciego, es tu piedad tan humana, que sin esperar mi ruego, ojos me das en el alma, con que alumbrados mir yarros, procuras que me desgracien como amargos, los que fueron quien apacibles dulzuras impusieron a mi pecho, Rey te confieso, Señor, y en ti a Cristo Dios Sapremo: qué es lo que ordenas, mi Dios, que obedecerte prometo Que sigas mi Ley, Eustachio, que es camino verdadero, para que llegues feliz de la salvación al puerto. Qué dices? qué me respondes! Eso, Señor, es lo menos: mi vida, mi voluntad, memoria, y entendimiento, alma, y ser, a vuestros ples, rendí lamente os ofrezco. Pues Eustachio, a la batalla, prevente del sufrimiento, porque mira que te aguardan por pasar graves tormentos; y si en mí pones la mira, prometo sacarte de ellos. Flado en ese palabra, lluevan sobre mí los Cielos mares altivos de angustias: ardiente miro el deseo por llegar a padecerlas, no las dilates, ya es tiempo de que comlence a penar quien supo injuriar al Cielo. En paz te queda; y mi Ley? Es forzoso mandamiento. Y qué sientes de los Dioses? Que firme los aborrezco. Ultrajarás mi Deldad No, aunque sufra mil tormentos. Padece, Eustachlo, y tendrás en mis Palacios asiento. Con esperanza tan alta vivir procura mi allento. í, Qué es esto, que por mí pasa? Como así piadoso el Cielo se emplea en favorecerme? Quién sol yo, que tal merezco? A caza salí esta tarde, por dar alivio a mis penas, y por quebrar las cadenas, que me afligian cobarde, cuando haciendo Dios alarde de su Clemencia infinlta, las seguedades me quita, y Cazador Soberano, con las flechas de antemano muerte me da, y resuclta. Cuando descuidado advierto la sinrazón de mi mal, él me busca Celestial, para mi favor despierto: Y cuando yo estaba muerto a su Ley, que no guardaba; él ansioso me buscaba con favor tan peregrino, que en mí su fineza vino cuando no la procuraba. Ya se muestra agradecido mi pecho a tanta fineza; pues olvidar su grandeza fuera más que ingrato olvido: Señor, ya que has permitido darme luz con que te siga; ten por bien que te persiga con oraciones fervientes, porque yo repare ardientes silvos de sierpe enemiga. En el golfo proceloso del Mundo viví sumido, y aunque andaba tan perdido, nunca de ti temeroso: de no quererte amoroso, culpado está mi albedrío, que ignorante como mío, no acertó con la elección, que ignoraba el corazón: Clemencia, que en ti confío. . De la Región oscura; donde padece immortal la criatura: del proceloso Abismo, donde no me conozco yo a mí mismo: de la Cárcel más fuerte, donde hablta la vida con la muerte: del Calabozo horrible, donde al salir aclaman imposible: de la Cueva en que mora quieo fin tener remedio gime, y llora: del Infimo Palacio, donde se niega al merito el espacio, salgo esta vez valiente, supuesto, que Luzbel me lo consiente, a Impedir, animoso, que merezca el renombre de dichoso Eustachio, que procura pasar de desdichada criatura al estado eminente, en quien solo es verdad lo penitente. Eustachlo, pues, se mira (oh reblente mi pecho con la ira!) de Dios tan bien tratado, que ya de su Deldad enamorado, sus Ídolos pospone, y a Cristo solo a ellos antepone: de que propicio el Cielo, de su farvor se goza, y de su celo, dando mil parablenes al Señor de quien nacen estos blenes, Mas ya el Infierno armado hoy en mí sus furores ha empeñado, para alcanzar que tuerza el camino empezado a pura fuerza, que por ser tan reciente, lo he de conseguir muy felizmente, que es mul fácil empeño doblarle la cerviz a un tierno leño. Licencia Dios me ha dado para que le destruya su ganado, sus calas, sus haciendas, las Quintas en el campo, y viviendas. Harelo de tal modo, que pierda la paciencia al verlo todo a mis manos deshecho, sin quedar mi coraje satisfecho. Oh Furias Infernales, ponzonosos Dragones Immortales, que alimentáis veneno, que capiiva al más justo, santo, y bueno, contra Eustacblo ayudadme, y contra sus virtudes amparadme. Arma contra la tierra, guerra pues contra Eustachlo, guerra, guerra, Cómo con tanta cruelda! nos trata vuestra braveza? Mirad, que es loca bajeza tan desalmada impiedad. Donde lleváis a Mortero, Ministros de Barrabás? Vamos a ver a Calphás? 2. Él ha de morir, primero, colgado por el gazoate. Colga quí qué? no lo entiendo, 2. Entendereirlo en muriendo, Eso no, que es disparate, después de echarme la garra, que dancen las patas mías en el aire las solias, sin tocarme la guitarra. El llanto de nuestros ojos os mueva a decir la ocasión de tan lojusta prisión, que incltas estos enojos. 1. Teopista, cuya belleza el Reino de la hermosura, si la admira criatura, la venera per grandeza. Agápito, y Quiarlalano, vosotros hijos felices, o por mejor, Infelicer, de Eustachio noble Romano. Y tú, su amada mujer, sabed, que el Emperador, hoy con acerbo dolor, os manda a todos prender. Y después (oh, caso lajusto!) en lo espeso de este monte, cuyo silvestre Horizonte objecto es del Sel adusto, que muráis a nuestras manos, ejecutando el acero. de este mandato tan fiero preceptos tan luhumanos. Eustacbio tiene la culpa, pues loco, ufane, y traidos, dir muerte al Emperador quiso una noche su culpas Y después se averiguó, que amor a Aurora tenía, (o, qué loca pantaría, que así le ensoberbeció!) Muerto Trajano, intentaba el Imperio conseguir, y a la Corona subir por medios, que deseabas Pero ya la Infanta Aurora pagó su amor con la vida, y con muerte tan debida hoy sus necedades llora. A Enstachio busca el afán del Emperador, y piensa queda vengada su ofensa, castigando su desmán. Perdona, Teopista hermosa, que quifiera, sabe el Cielo, libertarte mi desvelo, mar no es posible otra cosa. Válgame el Cielo, qué escucho? . Traldor Eustachio, y amante de Aurora? Pena arrogante, con que en tantas ansias lucho, anticípame la muerte antes que salga la queja, que atroz en mi pecho deja este sentimiento fuerte. Ya la muerte, en fin, no lloro, que intenta el brazo arrogante: lloro, en fin, marido amante, la muerte de tu decoro, que es muerte de más crueldad, que a más dolores me lncira, no la que el brazo me quita, si no de tu deslealtad. Hembres pladosos, llevadme donde acabe una innocente sus penas más brejemente. Cielo Dicino, amparadme! Pues pladosos os mostráis aquesta vez con nosotros, pueda el rigor con vosetros, que cese cuanto intertáis. Este llanto tan amargo os mueva, que es de Mortero. 1. Qué hemor de hacer? 2. Lance fiero! Qué lleváis mi muerte a cargos 1. Esto ha de ser: hoy, amigas, tuve por precepto fuerte, ln que a todos diese la muerte, como a crueles enemigos del Emperador Trajano, mas es tanta mi piedad, que trocando su crueldad, trueca su ser inhumano. De aqueste monte en lo espeso, en las ramas he de ataros, no puedo más ampararos, que de verdad os confieso me falta el ánimo bravo, para ejecutar valiente el golpe en tanto innocente: Míseros, venid. . Al cabo, me libro, y ya resuelta el alma en aqueste trance, pues sol gallina de lance, que vive con su pepita. Concedaos el Cielo, amigos, todo cuanto desealí. Qué es esto, no me matáis, decid fieros enemigos? Calla, Teopista: no hay medio: esto ha de ser, perdonad. Qué hucéir? no useis de piedad, que es el morir mi remedio, 2. Venid, pues, sin replicar: anda, Mortero, camina. Para atarme de la enciea, con tanta priesa he de andar? Perdí la senda del bosque, que a Roma lleva el destino, y yo confuso, y turbado, sin más luz, que un falso Indicio, sin más verdad, que un pensar, que mul cerca está el camino, en cada peñasco encuentro un infeliz precipicio, en cada flor una muerte, una pena en cada risco, un tropiezo en cada rama, y en cada paso un peligro, Mas ya las plantas flacuean del causancio tan prolijo, y ellas me quitan (qué pena!) la esperanza del alivio. Qué he de hacer en este bosque, encerrado labirinto, donde los rayos del Sol nunca, a mi ver, han podido, ni dorar sus verdes plantas, ni darlas calor nativo? Oh, tu Dios, a quién adoro! o, tú, Soberano Caristo, que por dar consuelo al Mundo quisiste ser afligido! pues eres Sol de Justicia, que alumbras como Divino, dame luz, para que errante de este monte peregrino deje de ser, y consiga ver la senda, que he perdido. Segulré la cumbre, para:- Valedme, Cielos Divinos, 3. Piedad, Dioses. Mas qué es esto? Qué lamento en mis oídos pone el Cielo, porque tenga en mis dolores alivio, que si se hallan compañeros en los trabajos, no es vivo el sentimiento! si acaso fue vanidad del sentido? Clemencia, immortales Dioses, elemencia todos pedimos. Mas ya no puede engañarse aquesta vez el oído, cuando de sus sentimientos también la vista es testigo. Qué es lo que miran mis ojos? Cielos, qué es esto que miro? Bella, y hermosa Teopista, hajos del alma queridos, qué coraje, qué rencor, qué violencia de atrevido, qué tirana acción infame os pone en tanto peligro, sin que mis enojos tema, sin que le pasmen mis bríos? Tu traición así nos trata, tirano, torpe enemigo, por ti vivimos muriendo en este confuso abismo de penas, tuya es la causa, que aquí me mates te pido. Saca, aleve, de la valva ese cortador cuchillo, y escóndele en este pecho, que tengo por más martirio, y muerte mayor, mirarte con allento compasivo, que no con furia, y braveza verte dejar lo benigno, y sangriento ejecutar este apacible homicidio. Qué plensas, qué te detienes? Teopista, que desvarlo entorpece tus potencias? Estás loca? Está. sin Juielo? nin duda que el sentimiento te ha hecho perder el sentido. Plugulera al Cielo que fuera esa verdad, enemigo. Hablad: pero no, primero quiero cortaros los hilos, cen que se enlecan crueles vuestras manos. . Padre mío, el Cielo augmente tus dichas. Los Diofer te den benignos los favores a dos manos. Plegue al Cielo que seas rieo mucho más que el Preste Juan, más calvo que un torpe mico, más galán que Gerlueldos, mas vej tangas que un borrico, mayor ventura que un tuerto, puedas más, que treinta y cloco, mas comas que clnco mil: y plegue a Blos, plegue, digo, que tenga de ti Teopista, cuando para, tantos hijos, como parir acostumbra una puerca cochluitos. No seas tan mentecato, calla, loco. . Asíl lo digo. Dime traidor (ay de mí!) tú no fuiste, tú no has sido quien d ir muerte al gran Trajano quisiste, necio, atrevido, y como amante de Aurora, gozar de tu amor laselvo, en deshonor afrentoso de tu decoro, y el mío? Yo, señora? Miente el labio, que tales cosas te ha dicho. Yo amar a la Infanta? yo de tralclones arguido? Pido al Cielo, si es verdad:- Calla, Eustúchlo, que es indicio, con que se muestra culpado, n pone Dios por testigo. Que aquesta es buena ocasón para tentarle Imagino, y hacer esta ven que pierda se reduzca a mis cadenas, que son los hierros nocivos, con que el Infierno aprisiona al que es Impaciente aleivo. Por tu loco amor, a Aurora muerte cruel le dio el mismo Emperador en Palacio. Y todos tus edificlos, que en la Corte parecían, por alrosos, y pulidos, milagro de cuanto puede componer el artificio, cenizas quedaron hechos cuando de Roma salimos. Las huertas que poseías en el campo, y que racimos de hermosas frutas, te daban prodigo tributo fino: y los campos, y heredades, que a fatigas del prelijo labrador, doradas hebras te prometían en trigo, hoy, en pública almoneda, tode ha pregones vendido, en poder ajeno yace. por más sentimiento mío. Las loyas, y las alhajas, que eran de tu casa aliño, Trajano las repartió entre todos los Ministros, que gobiernan el Imperio. Toda la hacienda has perdido, honra, estimación, decoro, aplausos, y benefielos. Los amigos que tuviste, ya son fieros enemigos, que intentan romar venganza del cometido delito. L Plebe murmura toda tus cautelosos designios. Los Cónsules por preuderte, fijan en la Plaza edictos. Tus enemigos se goran de tu mal (oh hado esquivo e undo, en fin, se altera contra tle pobres, y ricos, Senadores, Caballeros, pequeños, grandes, y niñor, armas cootra ti levantan, y piden al Clelo a gritos, que i tus traiciones termine la muerte en fiero castigo. lo mismo lloran tus bilos, a quienes unor Soldados, que presos nos han traído, las vidas nos perdonaron, de nuestro llanto movidos, Mira, pues, si con razón me quejo de tu delito, pues proceloso me anega mar de dolores tan vivos, sin esperanzas de hallar medio en tan confuso abiimo; pues no puedo desahogarme, cuando no encuentro resquicio, para que el alivio pueda ocupar el pecho mío. Valedme mi Dios; qué es esto? qué intentas rigor esquivo? Provocarle a la impaciencia de este modo determino. No sufras, no, que te lofamen, que es Insofrible delito. Yo Infamado, yo sin honra, cuando en mi vila no ha habi- (do cosa que a mi lealtad pusiese en cierto peligro de perderse? . Cielo quiera, que el villano fementido, que hoy esgrime contra mí de su mentira el cuchillo, y el veneno de su lengua, muera a manos; mas qué digo? Prosigue, di, muera a manos de un engañoso asesino. Muera, en fin; mas tente lablo que en la Ley de Jesucristo es precepto no matar; y así debo yo seguirlo. Graciar te dol muchas vecer por el alto beneficio, de que contra mí se alteren falsedades de testigos, pues me dan en que merezca. Veneno en el pecho abelgo! Hechos cenizas se miran tus Palaclos, y edificlos, contra injurla tan violenta muestra el rencor permitido. La sinrazón mallclosa, con cauteloso artificio, me propone ser posiible, que ocupe el coraje mío el pecho, al ver mis Palacios e en el sueño del olvido; mas la paciencia me dice, que refrene mi albedrío, que ya que Dios fue la causa, sabe bien porque lo hizo. Graeias te den en mi nombre los Cerubes encendidos, pues me propone tu Fe, cuando mis moradas miro hechas inútil pavesa tus Palacios diamantinos. O, pese al rencor, qué exhalo! o pese al coraje mío! Traldor, aleve, qué dices? muestra el pecho vengativo. Tus huertas, campos, y tierras ya están en otro dominio: y tus joyas las posaen de Trajano los Ministros: deja la paciencia, deja el sufrsmiento nocivo, que con la impaciencia a veces tiene alivio un afligido. Mis heredades también en ajeno dueño miro. Gracias a Dios, que me quita aquel cuidado prolijo de cultivarlas: mejor campo es tu Reino, Dios mío, donde por esta paciencia pretendo hallar aquel rico Tesoro escondido en él. Áspid sol, y Basilisco, de ira, y cólera reviento. Mira a Teopista; y tus hijos, pobres, míseros, y hambrientos, que solo son sus gemidos, quien tristes los acompañan. Esta vez sí que es indigno el sufrimiento, perderle lo pide el dolor activo. Mas ay! que cuando me acuerdo, que a mi mujer, y a mis hijos, un acaso despojó de todos sus beneficios, el corazón se me aprieta, la voz es toda suspiros, y el aliento desfallece: pero entre tantos peligros está inmóvil la paciencia. Paciencia tengo, Dio mío, y esperanza, que daréis consuelo a dolor tan vivo. Cierta el lablo, traidor, calla; que siento con mayor brío esa tu paciencia vana, que no los tormentos míos. Teopista, amada señora, el Cielo es grande testigo, de que me imputan sin culpa tan desusados delitos. Cómo puede ser fición, como concepto fingido, si la experiencia atestiga la verdad por el castigo? Que te aclare mi lonocencia pido humilde a Jesucristo, que es el Dios a quien adoro. Cierra el labio fementido. Tu Cristiano, tú sin Dios! tú sin ley! mas ya no admiro, que los Cielos nos persigan. No verte ya determino, de tu presencia apartarme intento, que eres indigno de que racional alguno te acompañe: Venid, hijos, que quien a Júpiter niega, tiene mul bien merecido, que solo brutos del campo acompañen su destino. Aguarda, espera, Teopista; Suelta, Eustachio. . Solicito tu bien: detente, no intentes, en irte, tu precipicio. Mi señora dice bien, y yo también lo confirmo, que hemor de huir de los Cristianos, como Moros del tocino. Pues ya que sorda a mis voces, mi ruego en ti no ha valido, a la Celestial Ciudad toda mi Oración aplico. Omnipotente Señor, que piadoso, y que benigno a quien te llama con fe muestras grato tus oídos: De aquese Celeste Globo has que baje un Paravimfo, para que de mi innocencia sea verdadero testigo. Qué miro! sin duda el Clelo se desgaja giro a giro. Qué belleza! . Qué hermosura! Dónde estás, Eustachio amigo Qué ordenas, señor? qué mandas? Sabe, que sol un Ministro de los muchos, que a tu Dios sirven, el cual compasico, me mandó que a ti bajase, en premio de los servicios, que le has hecho en olvilar aquellos Dioses fingidos, que adora la idolatria, sin mirar su precipicio. Y también porque has llevado con páci encia tan esquivo sentimiento, ocasionado de haber infeliz perdido cuantos aplausos humanos te segulan cuando rico. De aquesto te dól las gracias, y te advierto, como amigo, que te faltan por pasar tormentos más Jnánditor. Y tu idolatra Teopista, sigue a Eistacblo tu marido, mira, que la Ley que abraza, es el derecho camino, para conseguir la Gloria, rico Alcázar de Dios vivo. Y esas cosas, de que imputan a Eustacio falsos testigos, advierte, que son engaños, y de Dios justos julcios, que quiere que merezcála por tan extraño camino. Adiós vallente Soldado de la Milicia de Cristo. Vete en paz, Ángel Sagrado, Adiós, bello Paraninfo. Rendida, Eustachio, a tus plantas, que me perdones te pido, de lo mucho, con que estaba arralgada al pecho mío esta falsedad notoria. Hagamos, hijos queridos, salva al Dios, que conocemos; sean las voces, y los gritos, lastrumentos apacibles del festín más bien sentido. Viva el Dios de los Cristianos? viva, viva Jesucristo. Viva por siempre jamás, y reviva, voto a Cristo, que pues le juro le creo, aunque en mi vida le he visto. Vamos, hijos, ven, Teopista; Adónde iremos? . Al Limbo, que ya que no hay allí gloria, a lo menos, ay olvido de penas, y sentimientos. Vamos, pues, donde el destino nos condujere. . Venid, padeceremos por Cristo, que ya el alma lo desea. . Todos lo mismo decimos. Ya que del Sol los rayos. en fatales desmayos, su actividad desmienten, y pavorosos sienten su sepulcbro en Ocaso, su morir entre luces, paso a paso. Ya que la luz del día comlenza a derhacer su lozanía, y a oscurecer el explendor luciente, que prodigo en su Oriente, ese Farol hermoso, de fama codicioso, liberal en la tierra desperdicia, porque llegue a gozar lo que codicias Ya que el saave viento, amansando el furor de su Elemento, reduciendo a fineza del soplar la aspereza, templa de esta montaña la llama del Estío, tan extraña; que abrasa peregrina, por estar a los Cielos más vecina. Es preciso, Soldados, por mi furor altivo convidados, que dejando la cueva. por ser para el calor defensa nueva, donde yace escondida (si de nosotros solos aplaudida) la maldad más notoria, cuyo fin, cuyo blanco, cuya gloria, en el robar consiste (oh trance fuerte!) dando a los pasajeros cruda muerte; es preciso, repito. que este torpe delito, veneno alimentado en mi pecho iracundo, y desalmado, se ejecute esta tarde, en cualquiera persona, que cobarde, que varonil, que osado, que vallente, o mostrare su cólera impaciente, porque lloren sus ojos la loca indiscreción de sus antojos, o de faqueza clara convencida, a nuestros pies rencida, nuestra piedad lnvoque, para que no le toque el golpe de una bala, que centella de plomo se señala, siendo el yelmo instrumento, nube, en que se origina su ardimiento, Salgamos al camino, y a cualquier Peregrino, que errante penetrare la vereda, sin que valerla pueda del monte la espesura (enredada hermosura, cuyos ramos con alma. nunca pudo alentar del Sol la calma) muera, en fin, sin más culpa, que la que le disculpa; porque en el desdichado solo es pecado aquel que no es pecado. Vaya, pues, a robar bacienda, y vida, de enojo nuestra cólera perdida, sea la ira soberbio la sufrimiento, que ejecute este intento; porque me tiemble el Mando, pues mi valor se mira sin segundo. 1. A tu voz obeliente (oh Lidoro esforzado!) yo vallente hoy tu precepto sigo. 2. Y yo tamblén como leal amigo, a registrar el Bosque voy de suerte, que muerte pienso dar hoy a la muerte, Pues, Vándidos, al valle, que mil vidas al Cielo he de cobrarle, Mas tened, que en el monte, pirámide la mortal del Hrizonte, gente, parece siento, que para su sangriento castigo, la conduce la fortuna. pues vienen a morir sin duda alguna, 1. Llegue el impulso altado, y a su fin, no perdone desdichado, Vamor, porque las flores en la púrpura truequen sus verdores, Hijos, el rigor buyamos de aquesta espesura fuerte, pues vienen a darnos! muerte los fieros Vándidos. . Vamos, donde el Cielo; a nuestras voces benigno, nos cé consuelo, porque huya nuestro desvelo sus impiedades atroces, Al monte, al valle, a la espesuras 1. Tedo racional humano muera al valor de mi mano. 2. Muera toda crlatura. Cuerpo de Cristo conmigo, que nos cercan los ladrones, de que tengo los calzones hechos una pasa higo. Qué hacemos aquí, señor, en este inculto Desierto, donde se mira despierto con tanta fuerza el rigos? Huyamos, porque imagino anda el morir algo listo, y si muero, voto a Cristo, au moriré comomu cochino. Qué hacemos? vamos aprisa, salgamos de esta maleza, que me duele la cabeza, y me suda la camisa. Pasajeros, que este bosque surca vuestro desallento: infelices camlaantes, a quien puso el mismo Cielo en nuestras manos, porque paguéis sus atroces hyerros: daos al punto a peisilón. Qué desdicha! . Qué tormento? Qué pena! . Qué gran dolor! En la trampa nos cogieron, Ea, Soldados valientes, sea el plomo el instrumento, con que se acabe la vida de estos enemigos fieros. Cielos, piedad. . Ay de mí! No pueda, no, el sentimiento desdorar la joya, que en la paciencia tenemos. Paclencia, Cielos, paclencia, Esto y a de verás; miedo tan grande me cerca; que no sé si vivo, o si muero. Qué hacéis? Acabad, Soldados, mueran al rigor sapuriento de su desdicha. . Ay desmí! que ya me falta el aliento! Mar tened, que una hermosura hace nieve a mi ardimiento, y mis iras refrenando, pone término a mi pecho. Dellad hermosa, que yaces en lo tosco de este Yerme, mar que en florestas amenas, porque, según yo lo entiendo, las flores se han conjurado de los jardines más bellor contra ti, o porque le robas frescura, y belleza, a un tiempo, o porque en verte, corridas conocen el grande exceso, que de perfección dispuso naturaleza en tu Cielo. Como contra ti se atreve a matarme mi desvelo, si al intentarlo la furia, me dan muerte los reflejos, con que a rayos, tus dos soles abralan mi duro pecho? Como intenta mi valor apagar esos Luceros, si son quien vida me dan al Volcán de sus lucendios? Como procuré eclipsar tus ojos divinos, siendo el Norte de mi esperanza, con cuyos rápidos vuelos ha de conseguir mi amor de tu hermosura tropeos? Tened, Soldados, tened, no ejecutéis el intento, que acompañó vuestras almas, mirad también, que yo muero si aquesta belleza muere; porque mi vida, en su pecho se esconde cuando la miro, centro donde está mi aliento, Suspended la ejecución, que de compasivo, tierno hoy el Amor me acredita, para que sepan los Cielos, que solo me trueca un Ángel, aunque no es de su Emisferio. Y así, vosotros villanos, cuyos míseros lamentos mas a furor me incitaban, que a compasión, desde luego la vida os concedo a todos, que solo es lo quo pretendo, ser Paris de esta hermosura, robando su explendor bello. Ven conmigo. Ninfa hermosa, para que seas a un tiempo, si Reina de estas montañas, que peina el Sol con reflejos, Deldad a quien obedezcan los brutos de aqueste Yermo. Suelta, villano, traidor. Ay de mí! Valedme, Cielos. Qué intentas, loco, atrevido? Conseguir de Amor tropeos, dándote vida. . Mejor dijera muerte tu accento. Aguarda, espera, señor, mira, que según lo advierto, es el quitarme a mi esposa dejar sin alma mi cuerpo. Var muy feliz, pues te doy por ella ultal al lento. La vida, cuanto es sin ella, ni la admitó, ni la quiero. A vuestras plantas los dos pedimos, señor, lo mismo. Vallente Joven:- . Señor: Composivo Caballero: Oye, escucha. Atiende. . Mira. Recibe el humilde ruego, que solicitan piadosas las ansias de nuestros pechos. Callad, traidores: robar esta hermosura pretendo, y déjaros con la vida, para más tormento vuestros Ay. Infelice de mí! Esposo. Tenpista: el Cielo me de valor en tal pena, Hijos, Eustachio, que muere de dolor. 2. Quérida madre. Esposa, líbrete el Cielo de traiciones injuriosas. Adiós, prendas de mi pechos Ya que no pueden mis plantas, sigante, esposa, mis ecos. Ya te perdieron de vista mis ojos (qué desconsuelo!) Teopista (pena insufrible!) a donde (dolor intenso!) te llevan (fiera tristeza!) traiciones (grave tormento!) sin que puedan (fuerte injuria!) seguirte (rigor sangriento!) mis plantas (terrible agravio!) mis ojos (qué sentimiento!) Hijos, seguid mis pisadas, por ver si puede mi accento provocar a compasión la dureza de esos fieros traidores, que me han robado la prenda, que era el consuelo, que en este Mundo tenía, para su alivio mi pecho. Vamos, antes que el dolor nos quite la vida. . Presto, que la tardanza será ocasión de mayor yerro. Denos el Dios que adoramos, en tanto dolor consuelo. . Vive Dios, que esto va malo: en tres te has visto, Mortero, y aunque a tres va la vencida, has escapado el pallejo. Vamos a mudar de traje a la Cludad; pero pienso, que aunque de cuero me vista, siempre he de quedarme encueros, Hoy mi furia ha de alcanzar la impaciencia, que pretendo de Eustachio, cuando se mira cercado de tantos riesgos. Invisible he de asistirlo, para que rendido, ciego, provocado de mi enojo, ostente su rendimiento. Cómo defensor del hombre en los casos más adversos, vengo a defender a Eustachio por Divino Mandamiento, para que sirva de escudo, la defensa que prevengo, sin que pueda la flaqueza oponerse al ardimiento, con que en la Fe permanece, como Soldado del suelo. Javisible quiero estar, que es el más seguro medio, para que alegre consiga suspiraciones del Cielo. Hijos, el mover las plantas es el único remedio, para conseguir la dicha que buscamos: mas qué es esto? Un Mar de plata cuajada; un plélago limpio, y terso, un arroyo, cuyas perlas entiquecen los asientos dondo preside Amaltea, como. Reina del desierto, pone estorbo a nuestras plantas. Qué hemos de hacer? mas un medio elige mi desventura, en suceso tan adverso. Agápitos, tú en mis hombros fuertes, a cualquiera riesgo, puedes pasar el raudal de este cristalino espejo. Ven, y desde aquella peña te pondrá mi esfuerzo en ellos. Aguarda tu Quintinlano, que volver por ti prometo. . Vete en paz, mira que aguardo? vuelve, padre, vuelve presto. Ya surcan las ondas frías de este nevado Elemento, y a brazo partido riñe con el eristal, que vertiendo rizos de plata, se atreve a desmayar el aliento, que es fuerza, que le conduce, para valerse del Puerto. M. Cielos, qué es lo que miro? Yo León sañudo, y fiero, esgrime contra mi airado veinte cuchillos sangrientos. Ay de mi! Padre, y señor. Quintinlano? Mas qué veo? Aguarda, Agápito, aquí, que vol a buscar ligero a tu hermano, espera un poco. Acorta el paso, soberbio animal, en cuyas garras llevas el bien que apetezco, o captivo por mi mal, o por mi desdicha preso. Socorreme, padre mío, porque un León carnicero a toda priesa me lleva. Mas Cielos, mayores riesgos mi desdicha experimenta! Allí miro un León hambriento hacer presa de Aganito mi hijos triste suceso! Ay de mí! líbrame, Padre, Hijo, ya voy. Presto, presto, que mo da muerte el León. Qué escuchan mis penas, Cielos! no temar no, que a ayudarte va con ansia mi desvelo, Padre querido del almaga Qué he de hacer? Padre, que muero. Ay, hijos del alma mía! quien se vio en mayor tormento, qué por dos partes le cerquen dos tan iguales afectos, que puedan ocasionar con tartu equidad dos riesgos, que lacierto de cual seguir, vengo entrambos a pederlos? Hijos; mas ya no es posible el segulrlos mi denuedo, Oh desdichado de mí! que he de hacer en este Yermo sin mis hijos, sin mujer, sin honra, vida, y sustecto, pobre, mísero, afligido? Que ya es ocasión, entiendo, de tentarle, porque pierda de una vez el sufesmiento. Graniocasión es aquesta para su merecimiento, Qué har de hacer, si n Tueopista, enmedio de tantos riesgos Este agravio en infufrible, injurias di contra el Cielo. Mi Teopista, mi mujer, yace en brajos de otro dueño, siendo los Clelos la causa de tan infeliz, tormento, O, quién pudiera, espantoso gigante atrevido, y ciego, hacer un muró tan alto, que igualando con el Cielo, se vengara desde allí! Deja el Iracundo aecento, que aunque Dios castiga, sabe premiar con tan grande exceso, que a lo corfo del castigo, haga ventajas el premio, Y muchas vecer castiga sin agravio manifiesto, por ver si el hombre recibe bien lo próspero, y adverso, Safre, pues, porque merezcas de la gracia los esfuerzos. Mas ail que ya reconozco, que son del Señor Eterno regalos estas desdichas, con que recreg los pechos de los Justos, que le sirven pues es Divino Becreto, que han de perseguirad justo en esta vida tormentos, para que después florezca como Palia, y como Cedro. Sufro, Señor, los azores, con que castigai mis yerros, aunque mi culpas son grandes, y mis trabajos pedueños. Qué dices, Eustachio? tento; irás cenciba tu pecho, ponzoña escilpa tu labio, tu lengua aborte veneno, Mira tus hijos sin vida, a la crueldad de dos fieros brutos, que despedazando sus dos sunocentes cuerpos, son, aún antes de morir, de sus entrañas sustento. Mueve contra Dios la voz, quéjate de aqueste exceso, que más parece rencor, que expeñiencia de su afecto. Mas ay de mí! que mis hijos tendrán por sepulcro borrendo dos fieras, cuya esadía, desmenuzando sus miembros, fabricarán en sus vientres dos tumbas a sus dos cuerpos. Qué dolor tan natural! Ya pasa aquí el sufrimiento de raya, ya no es posible que tenga paciencia el pecho, Mal haya el mísero día, que me vio ncer supuesto, que para desdichas tantas nacer sus luces me vieron. Mal haya mí . Eustachlo, no maldigar los lncendios, que son de Dios criaturas: si tus hijos perecieron, podrás con más libertad servir al Señor Supremo: y si antes él te los dio, puede quitarlos, es cierto; y si con sunma alegría, y con afecto risueño ofrenda haces de sus vidas, en sace fieio cruento de tu Dios, alcanzará favores tu sufrimiento. Reprimir el labio es fuerza, cuando considero atento, que mis hijos no eran míos, y puesto que de Dios fueron, bien me los pudo quitar cuando fuese su deseo. Que mi paciencia recibas, te pido, mi Dios, contentos y si acaso algún impulso me incitaba a desaciertos, no fue, Señor, voluntario, si no solo un movimiento, con que obró mi natural, llevado del sentimiento. Ya no hay aquí que aguardar, vol a lotentar lances nuevos, que su constancia derriben, y tuerza su vencimiento. Iras el pecho apercibe contra su lufame desprecio. . Eustachio? . Quién me nombra? Tu defensor. . Gran portento! qué intentas, Ángel Divino? Premias tus merecimientos, Vengo de parte de Dios, Rey del Alcázar Eterno, a darte la enhorabuena del felice vencimiento, que tu paciénela alcanzó, no solo del golpe fiero del robo de tu mujer, y del agravio sangriento de tus hijos, que el gran Dios traerá a tu vista mul presto, sino también del valor con que rechazó tu aliento, del abismo tentaciones, y cautelas del Infiarno. Esta Corona te pongo. . como a Soldado del Cielo, porque vencedor te aclameo los hombres del Valverso. Con qué, Seraphín, dichoso, podré pagar tanto premio? Con que tengas fortaleza en los terribles tormentos, que te faltan por pasar, que entonces, darate el Clelo la Palma de Martir suyo: Eustachlo, adiós: sufrismiento te encargo. . Tendrele siempres Dios por ti murió en un Leño. Morir por él determino. Bienes te esperan eternor. n. A ellos mi deseo aspira. Confien en Dios tus ruegos. El es toda mi esperanza. Adiós, Eistachio. . Ángel bello, vete en paz. . En paz te queda. Goce tu hermosura el Cielo.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Quién dirá, que la fortuna no es una nécia mujer, que se muda al parecer, mas que la laconstante Luna? Quién dirá que no es volcaría la rueda, en que errante yace? Ya compone, ya deshace lo que hizo su fuerza varia, Ya patas arriba tiene a los hombres, ya debajo, y fin costarle trabajo hece, y no lo que conviene: Da enfermedades al pobre, al rico salud entera, a unos plata en gran manera, a otros, ni plata, ni cobre. A unos hace corcobados, a otros tuertos de ambos ojor, a unos les pone anteojos, y a otros los hace quebrados, Da a la fea entendimiento, a la hermosa Judiscreción, hace al tosco un Cicerón, y al Cortesano un jumento. Es mujer, y así es mudable, pues según mi parecer, la mudanza, a la mujer parece en lo poco estable. Gran prueba de esta verdad es lo que a Eustaclo pasó, pues aunque nobre se vio, y en guande fatalidad de miseria, y de desdicha, ya rieo, ya Capitán se mira, no sin afán de su más que alegre dicha. Que como supo Trajano fue falsedad el error, de que le imputó traidor, ciego el Pueblo, loco, y vanos Habiéndole menester para la sangrienta, guerra de la cruel Persiana tierra, que otra vez vino a vencer, mandole a buscar, y hallado, hecho un mísero Varón, de General el bastón le entregó; mar su cuidado fue tanto, que desde luego las tiranías venció del Persa, a quien castigó a horror, a sangre, y a fuego, Ya cerca se halla de Roma, donde piensa entrar triunfando para que le vayan dando parablenes; mas ya afoma a la puerta de esta Villa, tan cercana en realidad, que dista de la Cludad mucho menos de una milla, Yo, pues, con esta alabarda, que sin ser Sargento tengo, delante de Eustarbio vengo; con que el Pueblo se acobarda de ver en mi mano el fiero lanzón, que cascando a tiento, dol palos, que es un contento, pues que por darlos me muero. Va mi oficio: Plaza aquí, a fuera, señor Soldado: quítese el desvergorzado: no huye el pícaro de mí? Vaya de aí la pelleja: no me dé, que estol preñada: olga, mire la cultada, preñada, quién es tan vieja? Plaza, señor Estudlante: tenga el cornudo la pica, es un traidor, pues se pica, muera a palos el vergante, Ay, que me mata, señores! no me tengan! fuera, fuera: confesción pido; pues muera al furor de mis, rigores. Haced alto, Capitanes, y en esa apacible Aldea, a quien el Tiber inunda a golfos de ricas perlas, descansad, antes que Roma mañana triunfar os vea. Templad el belico ardor, y el coraje de la guerra a los apacibles soplos, que el ocio luspira, y alientas Y tú, noble Federico, que fuiste Señor de Persía, no te congojes de verte captivo en tanta miseria, que siempre será tratada, como es justo, tu grandeza. Cómo pueden las, congojas darme sentimiento, y pena, cuando de tal vencedor rendida está mi grandeza? Ese favor agradezco; y porque constante, sepas, que procuro tu fortuna te he de amparar con el César, Eso mi fe te supilca. Veraslo por experiencia. No se puede entrar. Aguarda. Mas que lleva la cabeza hecha un Cardenal de Roma. Qué es aqueso? Impertinencias de una Serrana, que dice tiene que hablarte. . Pues deja, que llegue, puesto que sabes oigo con gusto a cualquiera. A tus pies llega turbada mi atención tosca, y grosera, a que vengas al descanso; que mi cansada pobreza hoy te previene en mi casa, corto Palacio a la alteza, que tu poder necesita; que en lo corto de la Aldea es mi casa la mejor, que como rústica encierra. Agradecido, Serrana, mi pecho a tu fe se muestra. Mas (ay de mí!!) mir si ojos . se engañan, cuando tan cerca, de mi querida Teopista la imagen me representan! Cielos, qué impulso vehemente tras este Joven me lleva, . que sin dudarle, le admira la más extraña vehemencia? Examinarla procuro; salios todos allá fuera: . queda conmigo, Serrana. Mas mi dicha lo desea. . Si será Teopista, Cielos! De Eustacbio tiene las señar, Pero cómo puede ser? Cómo puede ser qué sea? Si al rigor de Vandoleros: Si al tormento de sus penas: Perdió el honor, y la vida? Lloró su pobre miseria? Mas al contrarlo, su rostro:- Mas en contra su presencla: De qué es ella me da sudicios. De qué es él me da la muestra, Ay Cielos, que no es posible! Ay, que no es posible, penas! Ay, mi perdida Tenpista! Ay, Eustachio, ausente prenda! Lloras? . Lloro un bien perdido, Lloro una infeliz ausencias Lloro una fuerza cruel. Lloro una luvasión violenta. Con que el Cielo:- Con que un hombre:- Me aparta: Cruel me ausenta de Eustachlo. De mi Teopista. Luego has sido tú la prenda, que ausente de mi vivla? Luego has sido tú la prenda robada con tanta lojuria en mi daño, y en mi afrenta? Eustachio, yo soy, señor, quien con el alma desea . darte mis brazos. . En ellos dar puedo alivio a mis penas. Mi dicha el Mundo celebre. Mi felicidad la tierra publique, pues ya mis ojos te ven, mi Teopista bella. Qué fortuna te ha seguido? Dime, cuenta tus tragedias. Después que aquel Vandolero me robo de tu presencia, y como lobo voraz, que a la corderilla tierna, que chupa el blanco sustento, entre la apacible hierba, y en los brazos de su madre en sus bálidos demuestra el gozo, de ver que tiene quien la acaricia, y sustenta; roba furiosa, dejando la madre triste, y suspensa, temerosa de sí misma, sin atreverse a que sean seguimiento sus pisadas, solo la sigue a ternezas. Así tú, viendo que el alma el ladrón en mí te lleva, temeroso, y aún cobarde, por conocer que allí era seguirme, buscar tu muerte, me seguiste con ternezas, a que yo te respondí, para que el traidor suplera, que para de ti apartarme, era menester violencia mas que humana; que aunque osado, sin Dios, sin ley, sin vergüenza robarme intentó, no pudo derhacer aquella estrecha unión, con que nuestras almas vinculadamente aprieta. Llevome, pues, a la cumbre del monte, y en una cueva, que artifice fabricó tosca la naturaleza, lasciblas de su deseo quiso ejecutar en ella. Mas yo, que en el Cielo puse todo mi amparo, y defensa, confiada en que daría en mis desdichas tutela, al Cielo alcé mis suspiros, a él arrojé mis quererlas. Oyome, en fin, porque dando un sueño al traidor, que era de quien temblaba mi honor, pude (sin que me sintieran La Vándidos, que a lo lejos eran fieles centinelas) huir el peligro: y entonces dando el Cielo ligereza a mis delicadas plantas, fin el reparo, que era la noche lóbrega, y triste, y la campaña desierta; al nacer el Sol me vi en aquesta corta Aldea, en cuyos vecinos pude hallar tan gratar orejas, que me señalaron casa, y alguna pequeña haclenda para pasar sin temor de la rigorosa pena, que el edicto de Trajano puso para afrenta nuestra. Aquí he vlvido, sintiendo cada día con más fuerza el dolor de verme ausente (y sola en aquesta tierra) de ti; pero ya los Cielos me dieron en tal ofensa el logro de mi esperanza, trayéndome a tu presencia. Agápito, y Quintinlano, dónde estáa? El alma vea los hijos a quien adora. Aún más que llorar te queda, que no hay dicha, por mul grande, que venga a ser, que no tenga un azar, que la modere, y un aclvar, que la tuerza. Dónde están? acaba, dimo (sin mí estol) saberlo lotenta mi albedrío. . Lo sabrás con brevedad, que no sea el largo aviso la causa de más se atimiento, y penas Después que robó el Tirano lo justo de tu lanocencia, para más tormento mío, al también para tu pena, poblé el monte de suspiros, que quebrantaran las peñas, y el corazón del traidor, si más que risco no fuera. Procuré seguirte, siendo tan sin alma la cerreza de volver a restaurarte, que el seguirte, solo era, o impulso del fino amor, o delicada terneza de verte morir sin mí en tan infame tragedia. Mas apenas con mis hijos penetré la loculta selva, cuando a los primeros pasos soberblo un Río se ostenta, cuyar olas competlan con las altivas Estrellas, Temí el peligro; mas luego conociendo que era fuerza alcanzarte, por temer la invasión de aquella fiera canalla, que te robó, pasé a Agápito (aquí empleza el más sangriento rigor, que dudosamente esperas) pasé a Agápito en mis hombros, y dejando en la ribera a Quintiniano, un León, sacudiendo la melena, flechas vibrando en su boca, iras en sus uñas fieras, sañudo, y feroz el rostro, y azotando la cabeza con la cola, se atrevió a hacer del muchacho presa. Diome vocer, vi el suceso, echeme al Río, y apenas. pasando el raudal soberblo, puerto tamé en la otra arena, cuando un carnicero Lobo acla a Agaplto se acerca, y aferrando con sus dientes de sus carnecitas tiernas, llevole echado en sus hombros, como si fuera ovejuela, que se ve prender del Lobo, cuando descuidada acierta, apartada del revaño, pastar en la humilde hierba, Llamome Agápito, y yo en esta dudosa guerra, cuando vi me acomerlan dos batallas tan sangrientas, dos penas tan desiguales, dos tragedias tan acerbas, procuré evitar la una, conozco que es inclemencia el desamparar la otra: prevéngome contra aquesta; conozco que es impledad el no socorrer aquella: y así en tan dudosa calma, y cruel indiferencia, si el camino me incitaba, y me animaba la pena, como eran causas iguales las que pedían defensa, a cuya invasión estaba mas que obligada mi diestra por socorrerlas entrambas, quedó mi fuerza suspensa, por ser una sola, cuando eran dos traiciones ellas. Este es, Teopista, el suceso de los dos, esta es la pena, que aquí mis labios te anuncian, y lamentables te cuentan. Qué dices? Ay de mí! . Cesen tus dolores, que es afrenta del bien, que participamos, dir lugar a las quererlas. Cómo puede el pecho mío no aposentar esa pena, cuando el corazón se agravia de tan atroz inclemencia? Ay, hijos del alma mía! Teopista, el lamento deja, pon en Dios tu confianza, de que traerá a tu presenela a Ágapito, y Quintiniano, que si compasivo ordena, que gozasemos la dicha de vernos hoy su clemencia, lo dispondrá de tal suerte, que mul presto a vernos vengano Y ya que el Cielo benigno a socorrernos empieza, he de proseguir, con quien en su servicio se esmera. Dices bien; mas el recelo de perderlos, será fuerza, que mi corazón lástime, aunque confianza tenga. Dónde estalí, hijos queridos? Aquí están en tal contienda cerca del cuerpo de Guardla. Mueran los pícaros, mueran. A ellos, amigos matadlor. . Huir su rigor es fuerzas Soldados, qué ruido es ese, que alborotando la Aldea, en rumores turbulentos todo el Ejército inquieta? Á , - Mi desdicha te responda, Respóndate mi tragedia. Que si a tus plantas me arrojo: Que si a ti mi se se acerca:- Es, porque sepas, señor:- Es, señora, porque sepas, que desdichado nací, en el ámbito, que cerca el Sol, cuando el Mundo todo en su carroza todea. Que soy el más infelie, en cuantó el Zafir rodea. Dime tu pena, levanta, Levanta, dime tu pena. Quién eres? . Cómo te llamas Soy quien sigue tus Vanderas. Soldado Romano sol. Y quién te agravia? . Mi Estrellas Quién te injuria? . Mi desdicha, Quién lo pronuncia? Mi afrenta, Quién lo dice? . Mis agravios. Quién es causa de tu peaa? Eslo mi padre, que fue quien el ser me dio en la tierra. Quién tu rigor ocasiona? Quién del Sél la luz serena hizo que viese mi madre, que fue origen de mis penas. Pues qué tormentos padeces? De los Soldados afrentas, a cada Instante baldones, y a cada punto fierezas, Pues qué son tus sentimientos? Vituperlos, con que intentan menospreciar los Soldados de mi valor la experiencia. Quién es tu padre? . No sé, Quién es tu madre? . No acierto mi labio a nombrarla, pues mi desdicha se renueva, Acaba, di lo que temer, Dímelo, no te suspendar. Si quieres saberlo, no Lobo mi padre fue, cosa es cierta. Ua León, que vion conmigo compasión más que materna. Qué es lo que dicer? aguardas Qué escucho dichas? espera. Dónde el carnicero Lebo filzo de tus carnes presa? Después de pasarme un Río mi padre, que dio la vuelta per un mi hermano, que estaba aguardando en la ribera. Donde prendió tu ternura sañada la borrible, fiera? A la margen cristalina de un Río, cuya seberbia pareció, que en ondas frías quiso sorberse la selva. Pues como manjar no fuiste de la bestia carnicera? Porque el Cielo me guardaba, y así en tal rigor ordena, que unos Pastores al Lobo quiten la lanocente presa de la boca. . Cómo, dime, no deboró tu terneza la fiera atrevida? . El Dios, a quien el alma venera, mudó su sangrienta furia en mansedumbre de Ovela; y en vez de descuartizarme en el potro de su cueva, me llevó a uda caseria, y dejándome a la puerta, lamiendo mi rostro, y manos (extraña venevolencia!) se partió, dando lugar para que el temor buyera. Mi hijo es este, no hay duda. . Este es mi hijo, cosa es cierta. . Cómo es tu nombre? . Agapito. Dime tu nombre, qué esperas? sácame de tantas dudas. El Quintiolano. 2. Pues llega a mis brazos, hijo mío, apriétame blen, aprieta. Gran favor, piadosos Cielos! Dichosa tanta tormento, después de cuyas fatigas todo rigor se serena! Llega ya tú, Quintiniano. Llega, Agápito, no temas, tu madre sol, de qué dudas? Tu padre sol, qué recelas? La dicha me tiene absorto. Sin mí estoy cuando me cerca un gozo, que viene a ser muerte de toda tristeza. Vamos, pues, a Roma, adonde gracias les demos sin cuenta a la Suprema Deidad. que Mando, y Cielos gobierna, por el alto beneficio, que hoy nos hizo su grandeza. Qué grande dicha es la mía. Adiós, insufribles penas. Adiós, dolores immensos. Adiós, llantos, adiós, quejas, suspiros, lamentos trister, ansias, conjejas, y afrentar. . Hiciste publicar aquel Edicto, en donde se avilaba de delito dar ayuda al Cristiano, que arroganto niega la adoración al Dios Tonante, y a su Cristo obedece, que ni de culto es digno, ni aún merece adoración alguna, pues feneció muriendo, su fortuna? Ya tu Imperio felice tu religioso celo aclama, y dice, que en materias de celo, siempre ha sido observante tu desvelo. Ya, gran señor el Mundo tu saber engrandece sin segundo, pues se emplea dichoso en honrar e los Dioses obsequioso, dando vivos ejemplos, a que honrados los Templos con decencia se tengan, y a venerar los Dioses todos vengane Por ellos mi ardimiento consigue en las batallas vencimiento, Testigo es la victoria, el aplauso, y la gloria, que Eustachio fiel, y valeroso ha aleanzado del Persa belicoso, que en cruel pantasía, otra vez intentó su tiranía, pues juzgaba arrogante, al golpe de mi acero ser diamante: engañole su suerte, pues pagará la gloria con su muerte. Para encuentro tan fiero, y tan reñido, hice buscar a Eustachio, que escondido mis rigores huía, aunque yo sin razón lo perseguía; pues estaba lunocente de la culpa imprudente, que alguno malicioso, . le imputó como a reo criminoso. Ya las cajas publican, cuando acordes aecentos multipliean, que Eustachio en Roma ha entrado, pues el Pueblo gozoso, alborotado, victores le previene, porque en él defensor tan justo tiene. Ya llega a tu presencia coronada de timbres su excelencia. Fuera, ténganse todos, fuera, fuera, que les haré pedazos la mollera. Tiemblen de mi alabarda, miren, que la intención tengo bastarda, y si bravo me enojo, aunque me cueste un ojo, daré palos a tiento en ples, manos, cabeza, y pensamiento. A tus plantas, gran señor, se postra humilde mi brío, para ofrecerte de Perfía otra vez el Reino mismo. Llega a mis brazos, valiente Scipión del Relno mío, pues consigue en tu valor defensa, amparo, y auxilio, Leal me confirmo en ellor. Llega, esposa llegad, hijos. 3. Danos a besar tus pies, sacro Monarca divino. Alzad: pues como: . Detente, que según lo que imagino, te admiras de que los tres no muriesen al Impío rigor de aquellos Soldados, a quienes mandaste altivo, que cruda muerte les diesen: Sabe que el Cielo benigno fue el amparo de sus vidas, pues el rigor atrevido de tus Soldados mudó en hálagos compasalvos. Grande contento recibe en verlos el pecho mío, cuando los admiro a todos llures del fiero castigo, que como innocentes nunca merecieron sus delitos. Antes que, Eustachio, refieras el vencimiento, es preciso, que al Dios Júpiter adores: con amantes sacrificios des gracias por la victoria, que a todo el Imperio quiso dar, mediante tu valor: Muestra el pecho agradecido, y en ese Altar sacrifica, Al Dios, que Palacios rieos en las Esferas Celestes habita como Divino. Qué te detienes? qué aguardas? Cielos, mayores peligros . advierto! Mas como yo en dudosos labirintos me anega? . Qué te suspendes? Sea solo Jesucristo a juien mi amor sacrifique. Teneos fuertes, hijos míos, que otro golpe se apercibe de más braveza. . Dios mío, tu Fe sola es la que busco. Mi JEsús, en ti confío. No llegas? . Esto ha de ser: ven, Teopista, venid, hijos. Qué intentas, Eustachio? dime. Implerar el Sacro Auxilio de Dios, para que destruya este Simulacro altivo. Sacrifícale, qué esperas? Así hacerlo determino. Al que es Dios de los Dioses Sagrado, pospongan los hombres su dura ambición y en el Ara feliz de su Imagen ofrezca perfumes de veneración. Oh mulpotente Señor:- Soberano Jesucristo:- A quién solo el alma adora:- Por Dios Supremo, y Benigno: De ese ircendio de los Cielos: Haz que baje un rayo vivo:- Qué queme está Estatua falsa:- Que abrase este Dios maldito:- Y vuelto en pavesas frías: Y a cenizas reducido: Se sepa, que es Dios aleve:- Se sepa, que es Dios fingido. Qué horror! . Qué asombro! Romanos, el espíritu maldito era este Dios, que engañados os tuvo desde el principlo. Yo por mandado del Dios, que adora el Cristiano, digo, que solo es Dios verdadero, JEsús, que se llama Cristo. Qué contento! . Qué alegría! Parece, que el artificio, que a la máquina del Mundo tompene altolso, y pulido, se desquicia de los ejer, y paulando parasismos, a balvenes, y a rozobras, se desploma con tronidos. Guardas, Soldados. . Qué mandas? Quítese allá fuera, digo, que a mí me toca esta causa, por Soldado más antiguo. Prended luego esos traidores, y después en un suplicio paguen su culpa, y veamos si pueden con sus hechizos volver a resueltar. Vames al punto a da cárcel. Qué es esto, Morteros amigo? Ya no hay que Morterear: Hola, Soldado, a quién digo? ate aquestos plearones con lazos escurridizos, No eres Cristiano, Mortero? como ya tu desvarío ha dado en idolatrar? No conoces, di, no has visto la falsedad de los Dioses, la verdad de Jesucristo? Vive el Sol, que me predica: según los tiempos, me aplico, señora, a lo que sucede: en un tiempo adoré a Cristo, porque me importaba al caso, según me dictó mi juleio: mas hoy que veo el morir al ojo, y que anda mul listo, tengo a Júpiter por Dios, y a su explendor por divivo, y por no morir me atrevo a venerar un bárrico, No gástemes circunloquios: vamos, y en fiero castigo padezcan el gran rigor, que su culpa ha merecido. Dichoso yo, pues podré llamarme Mártir por Cristo, En pago de mis pecados, morir por Dios determino. Oh, qué feliz es mi Estrella! veré mi afecto cumplido, cuando por Cristo tolere tormentos en el martirio, Oh, pese a mi ardimiento? o, pese a mi soberbio sufrimlento, que furias multiplica, y coraje a los hombres comunica! O, pese a mi despecho, que se alimenta áspid en el pecho, aborto ponzoñoso, donde no se acuártela lo piadoso! Volcán, que de esta suerte dobla a mi padecer la pena fuerte, y aprisiona en horrores mi hermosura fatal, que en resplandores si se vio competir la luz más pura, por eso es ya borrón de crlatura. Como borras mi seno, cuando te miras de traiciones lleno, de cautelas, de trazas tan ardientes, asistido de Furias, y Serpientes, no ha podido apagar la llama activa de la Fe, que reluce antorcha vlva en el pecho de Eustachio, cuando aleve tiene en poco sus armas, y aún se atreve a motejar sin tiento su invencible valor, y su ardimiento! Mas qué mucho, si el Cielo compasivo le ayuda con desvelo? Y aunque puso en mis manos sus hijos, y mujer, como Cristlanos, porque se los quitase de delante, y con esto se acabase en él el sufrimiento, y por mí se aclamase el vencimiento, le concedió un valor tan sin segundo, que otro Job en el Mundo tan paciente viviese de quien horrible el Tártaro temiese, Pelear es forzoso hasta la muerte, para que mis ardides de esta suerte le den tal baterla, que se rinda a la Faria, pues es mía; que un Infierno enojado, al Santo más tenaz, y porfiado, vallente le derriba, aunque más su virtud felice vivas Allí pasa sus penas, en la cárcel atado con cadenas, donde plenso tentarle siendo el último asalto, que he de darle. Oh, puedan sus sentidos dar a mi tentación gratos oídos! De aquestas duras prisiones, que nos enlaza el rigor, demos gracias a el Señor. Gracias por tantos baldones, que por su amor padecemos, de gustoso el corazón. De esta dolorosa acción a Dios las gracias le demos. Qué dicha! qué gran ventura! bendigan los altos Cielos los lucientes paralelos de su Divina hermosura. Qué premio das al que amante por ti en ellas se ve arder? . Padecer Y a quién te procura amar? . Penar. Y a quién te sabe seguir? . Sufrir. Pues que ya mi amor rendir procura con santo celo, quiero con ansia, y desvelo: , . Padecer, penar, sufrir. Qué concedes al que santo padece pena importuna? . Fortuna. Y es morir por ti desdicha? . Dicha. Y es el sufrir descontento? Contento. Dichoso el hombre que atento por ti llora codicioso, pues viene a alcanzar dichoso:- , Fortuna, dicha, contento. Qué comúnicas al hombre, que flaquea en sus fervores? Rigores. Y al que olvida tus contentos? Tormentos. Y al que siente tus cadenas? Penas. Almas felices, que llenas de amor estáis, tened suertes, pues Dios castiga con muerte:- , . Rigores, tormentos, penas. Qué causas a quien odioso, tibio sus virtudes deja? . Queja, Al que el sufrir le hace espanto? Llanto. Al que se olvida del Clelo? Desconsuelo. Padecer quiero en el suelo, afrentas hoy por tu amor, porque no me des, Señor. , . Quejas, llanto, y desconsuelo, Ya la sentencia está dada del padecer, venid presto, que hoy han de ser castigadas vuestras locuras, y excesos. Qué felicidad! . Qué dicha! Qué gran favor? . Qué contento! Y cuál es, dime, la pena, que eligió el atroz desvelo de Trájano, para darnos la muerte en horror sangriento La más cruel, mas acerba, que se conoció en los tiempos. Determinó, que en un toro de tuscos metales hecho, os entren a todos cuatro, y dentro aplicando fuego, se conviertan en cenizas vuestros mi erables cuerpos. Pues como pena tan corta ha luventado? . Poco es eso? de dos la doy a cualquiera; tostarle a un hombre el pellejo, y asarle, como si fuera un lechoneirlo de cueros, te parece poco? zapes con ese hueso a otro perro. Vamos, porque el Cielo aguarda premiar nuestro vencimiento. Feliz familia, que a Dios tributo pagas entero. Anden presto los vergantes, vayan a la muerte presto. . Síganlos ya mis cautelas ahora con más allento, pues estriba su fortuna en este lance postrero; que aunque la gracia de Dios les ayuda en tal aprieto, podrá ser:- Detente, espera:- Ay triste de mí! . Soberbio Dragos, de traición armado, qué aguardas? dime tu intento, Torcer procuro la diestra intención de estos groseros villanos que me burlaron, y mis prisiones huyeron. Como emprendes tal locura, si ver los ayuda el Cielo? No puede el Cielo quitarme, que hasta el último momento del vivir persiga al justo. Es por más merecimiento suyo, cuando así lo hace: pero que puede es mul cierto. La licencia, que una vez Dios me cos cedió Supremo, fue para siempre, y si no, podré decir con acierto, que bien se puede llamar mujable su datro pecho. Como contra Dios blasemias esgrime tu labio fiero? Bela, Dragón, esa tierra, bela, Serplente, ese suelo. Oh pese al coraje mío! iras abriga mi pecho. Venciste, Joven, venciste. Huye, tirano sangriento, a las cabernas profundas de tu desdichado seno, mi entras que yria las Celestes moradas rápido vuelo. Ejetutose el castigo en los villanos protervos, cuya obstinación fue causa de sus insaustos tormentos? Si señor, y aún han llorado su muerte los Elementos; pues al tiempo que los cuatro al esplritu escupieron por la boca, fue tan grande el horror de Tierra, y Cielo, que el Mar se atrevió a salir aún más allá de su centro, y compitiendo en altura con el alto pavimento, parece quiso sorberse toda la Esfera del Cielo. El Aire en fieros bramidos, y en asombros tu bulentos, los Árbeles destrozando, y las casas destruyendo, furioso se embraveció contra la tierra, supuesto ser origen del Martirio, que con razón padecieron. El Fiego en Etnas horribles, y en voraces Mongibelos, en comatas transparentes, Cone licencia: y en ardores descompuestos, cruzando el viento oprimido de sus rápidos incendios, hizo pavesas las torres, los capiteles supremos, que más altivez mostraban hacia el alto Pavimento. La Tierra en sosos quebrada, bocas abriendo en su centro, parece quiso tragarse los edificios soberbios, que burlando su humildad se levantaban al Cielo, Todo, en fin, era temorer, todo asombros, y portentos, aunque confesaron todos ser vanos encantamentos, de que los Cristianos uian en sus mayores aprietos. Esta es la verdad del caso: Eustachió murió, muriendo con el Teopista, y sus hijos, abrasados del lucendio, que el fuego comunicó al bronce, tosco lostrumento, en que sus vidas infames fatalmente fenecieron. Gracias a Júpiter Santo, que pisa luces del Cielo: pues me quitó unos traidores, que emponzoñaban mi Reinos Ya mi rencor enejoso queda alegre, y satisfecho. Esto faltaba a mi furia. Mas falta para el intento. Pues qué falta? . Ya lo digo; el darme un valiente premio, por todos cuantos servicios hice en favor del Imperio. Mortero, pide mercedes. Si eso dices, pido a tiento: Pido, señor, que me des una plaza de Sargento, que para dar mucho palo la procuro, y la deseo: Esto te pido, que basta. Al punto te la concedo, Y aquí Senado dichoso da fin, perdonad sus hyerros, las Cuatro Estrellas de Roma, y el Mastirió más sangriento. a Imprenta de JOsEPHPADRINO, en calle de Genoy