Texto digital de Cuánto mienten los indicios y Ganapán de las desdichas
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Bautista Diamante
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Cuánto mienten los indicios y Ganapán de las desdichas. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/cuanto-mienten-los-indicios-y-ganapan-de-las-desdichas.

CUÁNTO MIENTEN LOS INDICIOS Y GANAPÁN DE LAS DESDICHAS
JORNADA PRIMERA
Leve traición. r La carta ha puesto al Duque en cuidado. Vuelva a leer otras mil veces, o a beber el recatado veneno, que por los ojos es del corazón estrago. Qué será lo que le enoja al Duque? . Qué tendrá Carlos, que suspira? . Su desvelo motiva mi sobresalto. Válgame Dios! cual será . el traidor entre los cuatro, de quien mi secreto fío, con quien mi grandeza parto? Quién, Federico, te dio esta carta? . Con recato, y con secreto, señor, la puso en mi propia mano el de Sajonía, a quien yo, de vuestra Alteza enviado, fui a tratar. . Ya sé a qué fuiste; pero no me persuado a que sea para mí, y así quiero averiguarlo: levantad esa cubierta, y leedla todos cuatro. Qué será esto? . Sin mí estoy. Sin mi animo. Soy de mármol. . Qué os suspende? cómo dice? leedla todos. 4. A Carlos de Borgoña el justiciero. Pues cómo hay traidor osa ljusticiero me nombro, que dé mi desconfiando, no piense, que mi justicia de su corazón ingrato arranque aleves raices de delitos recatados? Pues si empuño la cuchilla en venganza de un agravio traidor mas que siega espigas el Labrador en el campo, derribaré yo cabezas traidoras: pero qué hago? Señor::- . Señor::- Señor::- . Yo::- Tras si el furor me ha llevado, y aunque pudiera la ira descubrir algún amago en que conociese cual me ofende, cuando los hallo con un propio afecto a todos, en la duda me he quedado. Si mi cabeza te enoja, a tus pies, invicto Carlos, la tienes. . Muera a tus iras, señor, quien de desdichado té ha enojado, si soy yo. Si hubieres imaginado delito en mí, aunque ninguno he cometido, tu mano me dé la muerte, señor. Mientras no esté declarado, siga a los otros mi afecto. Porque yo nada adelanto con decir que si te enojo me quites la vida, añado, señor, que aunque no te enoje, a tus iras me consagro. Hay confusión más extraña. . que el uno es traidor es llano: cuál será? válgame el Cielo! Roberto, que me ha criado, no puede ser; Federico es sangre mía; y es claro, que a tener que recelar, la carta hubiera ocultado, el de Sajonía tampoco con él me hubiera avisado, si él fuera traidor: Enrique siempre leal, y esforzado, en guerra y paz me ha servido; pues presumir que Eduardo, que es todo mi valimiento, puede ser aleve y falso, teniendo el propio dominio, que yo, en todos mis Estados::- qué de discursos revuelvo, y en ninguno e adelanto. Señor, qué es esto? Qué tienes? A estos da mayor cuidado, al parecer, mi dolor; pero no porque callaron aquellos indician menos sentimiento averiguando, que tal vez en un silencio se oye más que en muchos labios: si callo el delito, dejo pendiente un mortal cuidado a mi vida: si le explico, en muy grave parte falto a mi estimación; pues siendo yo quien publique mi agravio, disculpo al que le comete, o le ánimo poco sabio al que me falte al respeto, que yo mismo a mí me falto: dejar de decirlo ya es imposible, pues hago sospechosa mi razón, y no averiguo mi daño: solo en como lo diré tengo la duda, que hay casos imposibles de decirlos por el modo de explicarlos. Merezcan, señor, mis canas, si supieron obligaros mis servicios, que partáis conmigo vuestros cuidados: qué mortal veneno es el que esa carta os ha dado? Ya hallé el modo de decirlo: Leedla, Roberto, notando, . que el traidor de que me avisa es el uno de los cuatro; y ved, que a los tres importa, que yo quede asegurado del uno: la causa es esta, juecas, y partes os hago. Desde aquí oculto veré si esta experiencia dice algo. Atendedme, Caballeros, que leo, porque salgamos de esta confusión. . Pendiente tengo el alma de sus labios. . Uno de los más favorecidos de vuestra Alteza, me ha dado aviso de que pasa por mis tierras a tra- tar liga contra mí con el Duque de Austria; y aunque su muerte, o su prisión pudieran asegurar mis de- signios, no quiero deber a traición cobarde, lo que puedo a mi propio valor: y así, le aviso, que mire de quien se fía, si aspira a la Corona del Sacro Imperio. Dios guarde a vuestra Alteza. No es tanto el mal. Gran traición. Esforzar es necesario el fingimiento. A saber quién era el aleve osado, que al de Sajonía avisó de lo que solo ha fiado de los cuatro el Duque, hiciera en su vida tal estrago, que diera al mundo escarmiento. Bien confié de Eduardo. Y cuando a ti te faltara valor, o lealtad, mi mano, de aquella sangre animada, que ofende el traidor ingrato, le diera mil muertes. . Nunca tan vivo efecto fue engaño. Quién adelantaros viera a los dos entre los cuatro en el sentimiento justo, que vuestro enojo ha mostrado, se persuadiera, aunque mal, que el furor había dejado sin calumnia vuestra fe; y aunque yo no me adelanto a temerario juicio, sin que fuese temerario, creyera (mas no lo creo) viéndoos más interesados en muerte, o prisión del Duque, a ti como su inmediato, Federico; y a ti como su valido, Eduardo; pues el más favorecido tiene más señas de ingrato, que era de uno de los dos la traición; pues bien mirado, ni yo, ni Enrique, podemos tener fin de adelantarnos con su prisión, o su muerte; y de esta manera hablo, por si acaso algún discurso infamemente villano, se atreve a mi honor. . O al mío, en cuya demanda paso a sustentar cuerpo a cuerpo, mientras no esté averiguado cual es el aleve amigo, cual sea el traidor vasallo, que es el uno de los dos, pues es uno de los cuatro; y por guardar el decoro, que a estas paredes les guardo, al que ese guante primero levantare, si ha pensado, que en mi puede haber delito, ole espero antes en el campo, donde::- . Yo. . Yo. Pues qué es esto? Suelta. . Suelta tú. Eduardo, Federico, yo me quedo con el guante, con que es llano, que a ninguno de los dos os toca salir al campo. Señor::- . Señor::- A quién toca por resuelto, y por osado salir, es a vos, Enrique; y así, salid desterrado de mi Corte, que no es bien, que arrojos tan destemplados estén donde yo los vea. Ved, señor, que aventurado en un juicio, que suspenso está entre nosotros, hallo mi honor con vuestro castigo. Satisfacción quiero daros para este riesgo, que yo nunca a la justicia falto: salid de la Corte vos; vos, Roberto, retiraos a vuestra casa; y estad, mientras otra cosa os mando, sin salir vos de mi Corte, Federico. . Tu mandato es ley. . Tuya es mi obediencia. A tu precepto me allano. Paciencia, males. . Desdichas, paciencia. Dolor, suframos. Ven tú, Eduardo, conmigo, que a ti te ha privilegiado de mi enojo mi carino. No te miro por si acaso recelas de mí, que puedo haber sido yo. . Eduardo, no te disculpes, no sea que tu disculpa diga algo, que nos haga a ti y a mí infelices, cuando es llano, que solo tu ingratitud me hiciera a mi desdichado. . Bien hasta aquí ha sucedido, pues el Duque asegurado queda: Enrique se despide de los celos, que me ha dado con Porcia: Ea, pues, fortuna, dame de Porcia la mano, que en ti fundo ser su dueño, y dueño de estos Estados. No me hables. Pues si a buscarte vengo de Porcia muy tuya, si vengo de parte suya, cómo puedes enojarte? oye de aquel Serafín lo que a decirte me envía. Ay Porcia adorada mía! llegó de mi vida el fin. Qué fin, señor? considera, que Porcia te está esperando, loca de amor como Orlando. No me dejarás, Montera? Qué es que te deje? no entraste contento en Palacio ahora? qué te ha sucedido? . Nada: prevén, Montera dos Postas, y vamos a casa antes que desarrugue la sombra su negro capuz por luto de mis ya difuntas glorias, me verás partir, Montera, o morir, si son dos cosas distintas ausencia, y muerte en quien se ausenta y adora. Y qué respuesta daré de lo que me dijo, a Porcia? Pues Porcia a ti qué te dijo? Esto tenemos ahora? No estoy en mí de dolor. Que te aguardaba hecha Aurora de sus jardines, a donde de sus mejillas hermosas copiaba el jazmín candores, y los claveles aljófar. Déjame morir. . Si haré. Si acaso mis ansias locas (cuerdas debiera llamarlas, pues la muerte me ocasionan) tan justamente no han hecho el oficio que les toca: pero si habrán hecho, si, que el tormento que me informa es muerte: ya murió Enrique. Téngale Dios en su gloria, que era un hombre muy honrado. Voy a despedir las Postas, pues ya no son menester. Burla haces de mis congojas? sígueme por aquí. . Vamos, pues ya tu intención es otra. Cómo otra? . Como según la calle, señor, que tomas, a cuatro pasos daremos con los jardines de Porcia, y aún a tres, y aún a dos, y aún a uno, y a ninguno. Fuera obra del destino conducirme donde vine a cantar glorias, a llorar penas; porque estas flores, que envidiosas vieron mis venturas, vean la tragedia lastimosa de mi amor, que allá verán; pues yo haré, que noten todas la diferencia, que un día hace a otro tan costosa, puesto que ayer eran dichas las que hoy han de ser congojas. Aprended, flores, de mí lo que va de ayer a hoy, que ayer maravilla fui, y hoy sombra mía no soy. Porcia se viene acercando a nosotros, con la tropa de sus Damas. . Quién dijera, que es mi dolor ver a Porcia? Quién supiera, que si es linda una, es más linda otra, y que amarga Doña uba siempre, como Doña holla. Mudad de letra, que no quieren de mi amor las glorias, que haya mudanza en las dichas. Por eso, divina Porcia, lo quieren mis penas. . Cómo? Manda repetir la copla, que ella te responderá; pues mientras hay quien nos oiga, será mi intérprete triste su consonancia sonora. Repetid una, y mil veces, desde la florida alfombra de aquel cenador, la letra, pues gusta Enrique; y dos cosas conseguiremos, tú oírla, pues te agrada, y sin zozobra oírte yo a ti lo que ella me callare misteriosa. Ya te obedecemos. Tú prevén al punto las Postas, y avísame aquí. . Rofeta, non estorbabís. . Y es cosa muy puesta en razón. Cuál eras, niña, para zurcidora! Luego se verá. . Qué dices? Que, a Dios, Montera. Adiós gorra. Cuando te esperan mis ansias el breve plazo que logran de alivio, viéndote, Enrique, tan a hurto que aún las sombras me sobresaltan, parlera tu suspensión me malogra? Qué tienes, Enrique mío? qué accidente te ocasiona a suspirar? A las flores miras? qué en eso me informas? A responderte iba (ay triste!) pero porque te responda sin hablarte, aquel concepto sea mi voz lastimosa; mi asunto estas flores vanas, mi explicación la memoria de mis ya pasados bienes; pues para que de su pompa recojan la presunción, mi color las aliciona; la brevedad de mis dichas su brevedad las exhorta, y aquel acento las dice; si hablo con ellas, perdona, y no contigo, que no son corteses las congojas. Aprended flores, de mí lo que va de ayer a hoy, Bella vanidad del prado es hoy vuestro imperio hermoso, flores yo fui ayer dichoso para ser hoy desdichado: trocose el feliz estado, nada soy de lo que fui en la dicha que perdí; mirad, que cualquiera es vana, y a ser lo que hoy soy mañana, aprended, flores, de mí. Tan suspensa me ha dejado tu dolor encarecido, que aunque el efecto he entendido, la causa no he penetrado: tú, Enrique, desconfiado de mi amor? tú con temor? vive mi amante dolor, que alevemente ha mentido quien contra mí ha concibido el escrúpulo menor. Miente tu fineza, y miente tu presunción ignorante; perdóname por lo amante, dueño mío, lo impaciente, que si no hay dolor prudente, por poco que llegue a ser, dolor que hace padecer a una alma tanto pesar, cómo cortés ha de estar? cómo prudente ha de ser? Acábame de decir de tu mal el fundamento, que no será tan violento como llego a presumir: no me dejes discurrir, templa mis penas mortales, mira que no son iguales mi discurso y tu rigor, que un dolor, es un dolor, y un discurso muchos males: habla. . Fáltame el valor. Ya es mi tormento menor que el tuyo, según oí. Por qué, hermosa Porcia, di? Porcia tu voz no dijera, que de amor tu dolor era, si tuvieras duda en mí: y así, explica la violencia que sientes. . Violencia es. Di de qué procede, pues. De mi amor y de tu ausencia. Ya es igual nuestra dolencia, uno, Enrique nuestro mal, que donde hay amor igual, y el mal de ausencia ha de haber, es donde no puede ser el tormento desigual: pero quién? . El Duque, Porcia, lo mandó así (piedad, Cielos!) faltando esta vez conmigo al blasón de justiciero: Y en fin, entre dos peligros de amor, y honor me contemplo, sin ti, obedeciendo al Duque, sin honor sino me ausento: yo ausente, quedas expuesta de Eduardo a los recuerdos; y no ausente, yo perdido mi honor: discurre si debo sentir dos males, tan males, que en uno, Porcia, te arriesgo, sino te pierdo; y en otro la vida, y el honor pierdo. Ay infelice de mí! qué te ausentas? . Y tan luego, Porcia, que en cualquier instante peligro, que me detengo. Y dónde vas? . Amorir, pues otra cosa no llevo que hacer. . Qué motivo has dado al Duque? . Del labio ajeno lo sabrás, que a mí me impide los labios el sentimiento. No por tu vida, sino por tu honor, Enrique, quiero darme al penoso partido de vivir sin ti, si puedo vivir, Enrique, sin ti; pues eres::- mas cuando intento no detenerte, del llanto apele al valor mi esfuerzo. Parte, Enrique, pues que dices, que el honor te importa; pero sabe, que quedas conmigo, porque el cobarde recelo de Eduardo:- . No prosigas, Porcia, que cuando hago esfuerzos para olvidar esa pena, es acordármela yerro: tú eres quien eres. . Las Postas están tomando los piensos de los bocados. , . Licencia, sobre su aviso primero de visitarte esta tarde, aguarda Flerida. . Cielos, . tened piedad de mis males. Dadme valor, sufrimiento. . Adiós, Enrique. Adiós, Porcia. No quiero mirarle. Pruebo a no mirarla. . Mas cómo::- Pero cómo::- . A verle vuelvo? Vuelvo a verla? . Enrique mío? Porcia mía? . Pero esto . es morir. . Esto es morir: . Porcia? . Enrique? Adiós. . Laus Deo. . Aguarda, Laura. . Ya aguardo. Escala, y bolsillo. . Bueno: mas qué me quieres decir? Que aquí hay trabajo, y dinero. Explícate más. . Ya sabes, que Eduardo de amor ciego, adora a nuestra ama, y que ella le mata a desprecios, porque ama a Enrique; que Enrique es un pobre Caballero, y que no nos ha valido dos reales en todo el tiempo, que ha que las dos trabajamos en su favor. . Sé todo eso. Pues sabe ahora, que Eduardo, fiado, según entiendo, en que desterrado Enrique sale hoy dispone resuelto ver a Porcia: el para qué él lo sabe, y yo lo pienso: a cuyo fin me ha enviado, como quien sabe, que el viejo cierra puertas, y ventanas, esta escala con cien ruegos dorados, que encierra en sí este bolsillo de arriero: la escala para ponerla de mi ama en el aposento, en la ventana que no tiene reja; y estos ciento para que el yerro se dore, pues le desconoce el hierro dorado más viendo yo, que sola no podré hacerlo, porque Porcia no me deja lugar para nada, quiero que tú la escala afiances, el trabajo repartiendo, yo de traerla hasta aquí, y tú de ponerla luego, porque también se reparta entre las dos el dinero; que nadie murmurará, siendo criadas, de vernos ayudantas de Amor, que es nuestro oficio, y de él comemos. En fin, Roseta, tú vienes tan puesta en razón, que cierto, que no sabré replicarte; a los cincuenta me atengo. Qué dices, en fin? . Que venga la escala, que yo me ofrezco a ponerla, por servirte. . Jesús, y lo que te debo! Tú, qué? . Cincuenta doblones. No hablemos amiga en eso; yo los había de tomar? regalate tú con ellos, que a mí me basta serviros a ti, y a ese Caballero. Toma, vovilla. . No haré. Ea. . Porfiar no quiero. . Pues apartémonos, yo a ir con mi ama, supuesto, que con Flerida a su cuatro llega. . Y yo, amiga, a su tiempo haré lo que a mí me toca. Hija, Laurita, secreto ahora, y después no hagamos, que los ciento sean doscientos. Disculpa que te reciba, Flerida, sin el contento, que acostumbra mi amistad, que es justo el dolor que tengo. Ay ausente Enrique mío! Mucho, hermosa Porcia, siento hallarte tan disgustada: serena el hermoso cielo, sabe, que a visitarte, a pedirte perdón vengo de un delito, que comete mi amor contra tu respeto. Tú delito? . Yo delito, pero de amor. . No te entiendo. Yo te lo diré, fiada en la amistad que te debo. Callerele, que es de honor, . aún más que de amor, mi empeño: ha Federico traidor, falso amante! que no quiero acordarle a mi vergüenza lo que a mi dolor le acuerdo. Ya sabes, que Federico llegó hoy de Sajonía. . Cierto que no lo sabia. . Pues sabelo. . Si haré, si en eso te sirvo. Flerida viene sin cántaro, mas con celos, y mi ama hasta ahora no pienso, que me ha echado menos. Prosigue. . Yo, pues, amiga, amo a Federico dentro de aquella línea, que une al decoro, y al afecto; pues de otro modo, ni yo decirlo, ni tu saberlo, pudieramos. . Claro está. Vamos, Flerida, al suceso, que me mata quien me estorba mis amantes sentimientos. Retirose Federico celoso, según entiendo, aunque sin razón, porque a uno de estos hombres majaderos, que sin más motivo, Porcia, que sus locos devaneos, vio ser fantasma en mi calle: lo que allá sucedió entre ellos no sé; pero sé, que entrambos con diferentes pretextos dejaron de verme, el uno a su temor, según creo, atendiendo; y Federico a sus mal fundados celos. Fue en este tiempo a Sajonía, del Duque enviado y viendo, que de Sajonia venía, mi estimación prefiriendo a mi reparo, he querido satisfacerle, y a intento de lograrlo, en nombre tuyo, lo que te estima sabiendo (ojalá no lo supiera, mas no he hallado otro remedio) a tu casa le llamé para hablarle en ella; y puesto, que solo de esta manera pude lograrlo, te ruego, que me perdones, si a fuerza de confiada te ofendo. Si me ofendes, pues no es justo aventurar mi honor, puesto, que si mi padre llegase en ocasión, que aquí dentro estuviese Federico, ponias mi honor a riesgo, y aún mi vida; y así, amiga, antes que llegue, te ruego, que te vuelvas. . Yo lo hiciera; pero ese ya no es remedio, pues viene de ti llamado, sino es que tú quieras. . Quedo, Flerida, no des licencia a mal mirados despechos, que si siento imaginarlos, mira qué será entenderlos; y así::- . Señora, que es tarde, y estamos a oscuras. . Puesto que un delito hiciste, no hagas dos, buscando en el primero disculpas, que en el segundo no las halle el pensamiento. Mucho Porcia se ha templado de aquel enojo primero; ya creo que no acerté en elegir este medio; mas pues a mi honor le importa, tengan paciencia mis celos. Qué resuelves, pues? . Estarme contigo. . Mucho te debo. Ya habrá muy honradamente Laurilla la escala puesto. De Porcia, a quien idolatro, me llama un papel y creo, que es para que su hermosura, siendo el llamarme tan nuevo, entre mí, y entre su padre, del enfado de hoy el duelo en amistades convierta. Federico es. . Saca presto luces, Roseta. . Al instante. . Si es por presumir, que ciego llego a vuestra esfera yo, la prevención agradezco; aunque debiera sentir, que lo que ciega el sol vuestro, penséis, que pueda alumbrar material luz, conociendo, que ha de tener mayor fuerza, que el accidente, el remedio. Ah traidor! yo mi desdicha . busqué. . Ya a serviros vengo rendido. . Pero ya miro mi ceguedad por mi riesgo. No me habláis? . Yo, Federico, porque no se gaste tiempo tan importante, que arriesga cuanto a mi opinión la debo, no os llamé y de ser así lo que digo, es el respeto de Flerida, que os escucha, el testigo que os ofrezco: ella os llamó cautelosa, ella os escucha, y yo os ruego, que a ella la atendáis, y a mí me saquéis de un susto presto. Pues Flerida? Mi señor. Ay infeliz! . Presto, presto. Que llega. . Pues acostumbra volverse a Palacio luego, y en volviéndose podréis salir, en este aposento, presto, señor Federico, os ocultad. . Obedezco lo que mandáis: por no ver a Flerida, y porque luego podré ver a Porcia. Ay triste! si aquí a Federico dejo. . Al llegar, que os esperaban supe de los criados vuestros, y por feliz la ocasión tuve, si hay dichoso tiempo para un triste de llegar a mi casa, pues que puedo iros sirviendo (ay de mí! valedme, piadosos Cielos!) Qué traes, señor? Muchas penas. Veroslas sentir padezco. Muriendo voy de pensar la causa que di a mis celos. Venid. . No paséis de aquí. Hasta la carroza debo acompañaros. . En nada os replico. . En tal empeño me dejas? . Qué puedo hacer, si así, Porcia, se ha dispuesto? perdona y procura, amiga, que ese traidor salga luego, y yo dejaré en la puerta quién cuidará de saberlo. . Fijástela? . Lindamente; pues soy yo boba? . Quién, Cielos, sin delito se habrá visto en tan conocido riesgo? no me bastaba el dolor de mi ausente Enrique? Puesto que a acompañarla salió mi padre, mirad si ha vuelto a Palacio, porque pueda salir este hombre. . Lo cierto es, que todo lo ha cerrado, y con la llave, gimiendo, vuelve en la mano. . Ay de mí! si habrá entendido algo de esto? Oh caducas esperanzas! o mal premiados desvelos de mi honor! . Bien sus palabras avisan su sentimiento. Señor, qué es lo que te aflige? Porcia, un grave sentimiento, que toca en mi honor. . Ay triste! que se declara mi riesgo. Federico::- . Ya no hay duda; hagamos, dolor severo, de la verdad la disculpa. Vino Federico? . Puesto que sabes, Porcia, que vino; sabe más que trujo un pliego al Duque. . Corazón mío, . volvamos a nuestro acuerdo, que esta ya es otra materia. Hasta aquí cual te las tengo podía el viejo decir. Resultó, que es largo esto, que Enrique va desterrado, y que yo a mi casa vengo preso; que está Federico fuera de Palacio y dentro quien, en mi sentir, la culpa tiene de todo el suceso. Esto es lo que pasa, y yo, porque de dolor no puedo ablar mas con ni deñiesa, me retiro a mi aposento, y en senal de luto triste, ventanas, y puertas dejo cerradas; no las abráis, porque la luz ver no quiero. . Entrose ya? . Sí señora. Y cerró la puerta luego. Porque oí, que vuestro padre se recogia resuelto, Porcia::- . Señor Federico, no es bien que se arriesgue tiempo de tanta importancia: y pues por donde salgáis no veo, sino por esa ventana, que no tiene reja, os ruego, que, ayudado de nosotras, por ella salgáis, atento a que una mujer se vale de vos, que sois Caballero, y que a mi honor, y mi vida le importa que sea presto. Porque veáis cuan cortés es mi amor, obedeceros sea la respuesta; y nada dificultéis de mi aliento, en cuanto a arrojarme, pues en mi vida nada arriesgo, muriendo por vos: mas ya perdonad, que irme no puedo. En mala ocasión llegué. Laura, dimos con los huevos. Hombre, sombra, o fantasía, quién eres? (válgame el Cielo!) o cómo has llegado aquí? qué buscas? . Fingir pretendo la voz. Mas de lo que busco aquí, de aquí, Porcia, llevo. Aguarda, que no te has de ir pensando, que culpa tengo en que aquí a otro halles, ni él en que entres aquí, supuesto, que habiendo entrado cada uno sin culpa mía, en sí mismo tiene cualquiera la forma de ver al otro aquí dentro; y pues entrambos sabéis esta verdad, ambos presto volved por esa ventana. Supuesto, que yo primero estaba aquí (fingiré la voz también) el postrero es bien que sea en salir. Yéndose ese Caballero, y quedando sola vos, me iré yo. . Malo va esto. Por esa ventana entrasteis, salid por ella. . No quiero. Yo os haré salir. . Probadlo. Ay de mi infelice! . Presto, mata las luces. . Huyamos. . Caballero, Caballero. Muerto soy. . De Federico es esta voz, y pues puedo volver, sin ser conocido, por donde me entré, me vuelvo. En el cuarto de mi hija el ruido es: Pero qué veo! Ay de mí triste! señor? Porcia, en tu mano un acero? un cadáver a tus pies? qué es esto, Porcia, qué es esto? sin luz, tu ventana abierta, y en ella una escala? . Aliento, valor mío y del acaso compongamos el remedio. No hablas? . Si señor: aquí me tenía el sentimiento de mi dolor, cuando (astucia, . socorreme) ruido siento en esa ventana; a ver quien le causa osada llego, y encuentro un hombre embozado, el cual osado, y resuelto, con torpe violencia quiso manchar nuestro honor; su acero le saco y mato las luces, porque no me encuentre: ciego me busca, y halla su muerte al impulso de mi aliento; que esto, aunque yo lo callara, te lo dijera el suceso. quién fue el aleve osado, Y que a mi honor:: valedme, Cielos! que es Federico, y aunque tan justamente le has muerto, por el lance que en Palacio hoy tuvimos, Porcia, quedo perdido, si se imagina, que es mío el delito, siendo su tío de Federico el Duque: (favor, aliento) quién vio este suceso? . Nadie. Pues, Porcia mía, silencio, que me va la vida. . Mármol seré, señor. . Quitar quiero la escala, porque no sea de mi deshonor acento; . llevar el cuerpo a mi cuarto, para pensar desde luego ponerle, que no descubra donde la muerte le dieron: toma tú esa luz, y al punto te recoge con silencio, y ese acero oculta, donde nunca sea descubierto. Ven tú a mis brazos, que vivo pedazos te hiciera en ellos; y tú este delito, noche, cubre con tu oscuro velo. . Aunque del riesgo salí, es tanto el temor que tengo, que voy pisando las tristes negras sombras de mi miedo. e tae al tra tratra tratral ta
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Mucho has tardado, Montera. Verás presto que te engañas. Cómo? . Cómo mala nueva nunca se vio que tardara. Qué mala nueva? . No más de una, pero muy bellaca. Ausente de Porcia, no hay para mi pena tirana nada que sirva de aumento. Pues ese es el caso. . Aguarda; estar yo ausente de Porcia? Si señor, que es una falsa, y no de música: una::- Matarete si me hablas en ofensa suya. . Pues sino quieres saber nada, habiendo hecho cuanto anoche me ordenaste, a cuya causa hasta ahora en este sitio me estás aguardando, marcha, que yo te seguiré, aunque lo que callo se me haga una apostema, y con ella reviente por las hijadas. Oye, oye, que no resuelvo, que imagine mi desgracia, que para oírla (ay de mí!) no hay en mi valor constancia; y así, prosigue. . Si haré de muy bonísima gana, para que veas, que Porcia no es la Porcia de las brasas. Di, pues. . Anoche quedé, para que tú no dejaras de partir al punto. . Ya sé de qué darte la causa. junté letras, y dinero. Ignorante, que me matas, ve a lo que importa. . Ya voy, que esto es también de importancia. Para qué? . Para que sepas, que antes que se negociara todo esto, sería ya la media noche pasada, con que viendo, que no más, que darle a Porcia la carta, que tú entre ausente, y presente, desde el mundo de tus ansias, llorando ausencias futuras la escribiste::- . Necio acaba. Llegué a su calle, por ver si por dicha forma hallaba para no aguardar al día, y apenas puse las plantas en su calle, cuando vi un Escuadrón, que pasaba de más de seiscientos hombres. Qué dices? De qué te espantas, si eran los ojos del miedo con los que entonces miraba? Vilos júntico a las rejas, y porque no repararan en mí, agachándome, al hueco llegué de una puerta, a causa de esperar a que se fuesen; pero a muy poca distancia reparé, que de los otros uno de los que esperaban por una escala subía, que aunque yo no vi la escala, es cierto que lo era, y que de arriba pendiente estaba. Mientes mil veces. . Si haré. Mas no mientes. No haré. . Ah rabia! y consentiste, cobarde, que subiesen? . Linda chanza! yo había de consentirlo? Qué hiciste? No hablar palabra. Eres villano. . Pues yo digo que soy Duque de Alba? Acábame de matar: ha Porcia! . Es una borracha. Vive Dios, que si la injurias, te corte, infame, la cara; habla del suceso, y no digas de Porcia palabra, que sea para ofenderla, sino para venerarla; pues si es cierto su delito, le cometió su desgracia, mas que su desatención: a mí, Montera, me ultraja, pues del delito de Porcia es mi desdicha la causa. Pues qué culpa tienes tú, que el que subió por la escala entrara allá dentro y que cerca de media hora larga allá dentro se estuviera, ni de que después bajara con paso de arrepentido, ni de que luego llegara a los otros, y dijera con voz mal articulada, esto es hecho; y que después juntos la esquina doblaran, dejándome a mi conmigo, aunque fuera de mi estaba? qué culpa tienes tú? . Espera, que le abrieron la ventana? No tal. . Pues qué? Estaba abierta. Luego entró en su cuarto? Clara se viene la consecuencia; y por excusar demandas, y respuestas viendo sola la calle, me volví a casa a esperar que amaneciese; pero apenas salió el Alba, cuando yo con tus poderes de celoso, y con tu carta volví a informarme y a ver a Porcia; vi de su casa a la puerta carros largos, y vi que por las ventanas lios de ropa caían, con que los carros cargaban hombres del trabajo (así en nuestra lengua le llaman los Ganapanes) yo entonces, que el valor no teme nada, envuelto en la confusión entré, y a dos, o tres salas encontré a Porcia tan triste, señor, que se las pelaba. Preguntome por su Enrique; dila, sin hablar palabra, la carta leyola y luego me dijo, llorando a cargas, que a cántaros es muy poco, dile a tu amo, que su carta es el Iris para mí del mar de muchas borrascas; pues hoy como ves, mi padre de Dirún muda su casa por sinrazones del Duque, y la lleva a Torreblanca, que allí podrá verme, pues fuera de la Corte, nada podrá impedirle, y que ahora no le respondo, asustada por los estorbos que has visto, dijo: y arrasando de agua sus dos cielos, a llover volvió para una semana. Qué en fin lloraba? . Mas no decía por quien lloraba, que lágrimas de mujer (yo hablo de las que engañan) son en sucesos de amor Péricones, y Pendangas, que a todos manjares sirven. Dices bien: ha Porcia ingrata! gente en tu calle de noche? en tus balcones escalas? hombre que suba por ellas, y que tope tus ventanas abiertas? quién (ay de mí!) con tan vivas circunstancias puede dudar, que hallaría abierta también el alma, el que para tus traiciones no halla las puertas cerradas? Y así, al instante, Montera, esos caballos desata, que yo resuelvo volver a morir en la demanda de una ofensa tan traidora. Señor mira lo que trazas, mira que arriesgas la vida, si el Duque a saber alcanza, que has quebrantado el destierro. No me repliques. . Aguarda a que anochezca siquiera. Los celos no miran nada. Pues ya que estás tan resuelto, valgámonos de una traza, en que menos se aventure. Hasla discurrido? . Y brava. Dila, pues. . Hoy, como digo, salen, y entran en su casa hombres del trabajo, que la ropa en los carros cargan; yo buscaré dos vestidos, que sirvan a semejanza de los suyos y con ellos, sin que nos detenga nada, con los mismos Ganapanes mezclados, es cosa clara, que entraremos sin peligro, porque si a la noche aguardas, he reparado, que el Duque, que ronda calles, y azas todas las noches, es fácil que nos halle. . Bien reparas, y el disfraz no es sospechoso; y así vamos sin tardanza a ejecutarle (ay de mí!) que muero de ira, y de rabia. Vamos a ser Ganapanes por esta señora. . En nada repara quien perdió en Porcia la vida, el gusto y el alma. . Aquí te puedes estar, que es donde el polvo no alcanza, señora, de la mudanza. Qué no me mate el pesar! para qué es en dolor tanto remedio, que aumenta enojos, y para qué lloráis, ojos, sino hay alivio en el llanto? Tengo el dolor por exceso, pues no es razón estar triste saliendo, como dijiste, del peligroso suceso de anoche tan felizmente, que no peligró tu honor. Disimulemos, dolor. Que fue suerte es evidente; pues como os conté, después que sacaron las espadas, por mí las iras templadas (esto conveniente es) el que entró por el balcón, más cuerdo, o menos airado, le dijo al otro embozado: Caballero, no es razón, que aventuremos la fama de esta Dama, pues prudente, no es amante, ni valiente quien no mira por la Dama; y así, seguidme: y notando Federico su atención, salieron por el balcón los dos (ay de mí!) dejando en mí el dolor repetido, de ver que se hubiese hallado en mi reja un embozado, y en mi cuarto un escondido. Eso no sintiera yo Ni a mí me tuviera triste. Mas di, señora, supiste quién fue el embozado? . No; sabeislo vosotras? . Cierto, que yo no lo sé, señora; sabeslo tú? . Quién ignora, que a tal hora, y encubierto, algún amante sería de los muchos que desprecias, y con esperanzas necias de la industria se valdría de la escala? pues ponerla pudo muy sin prevención, desde la calle al balcón, tirando el rémate de ella. Eso sería. . Pensar otra cosa, es frenesí. Porque me crean a mí no las pretendo apurar. . Porcia? . Señor. . Allá fuera os id las dos. . Con cuidado ha gran rato que me tienes. Vamos, Laura. . Amiga, vamos. Y demos gracias a Dios, de que no se ha averiguado nuestra maula, y que los ciento en los ciento se quedaron. . Del enojo, como sabes, del Duque, disimulados mi desdicha, y tu delito, fingi ausentarme, dejando a Dirún por Torreblanca esta mañana y buscados deudos, y amigos, a donde, por no cargar de embarazos, cuando parto a la ligera, como a entender doy, los trastos no necesarios se queden, cauteloso los reparto, siendo el principal intento asegurar mi cuidado, sacando el cuerpo infeliz, que dejé depositado en una arca anoche; atento, Porcia, no haber encontrado otro modo, en que no hubiese mil estorbos necesarios; pues darle tierra en mi casa con tanta familia, es llano, que era arriesgado y sacarle de mi casa con mis años yo, también era imposible, cuando del tuyo, a mi cuarto llegué tan falto de aliento, con el peso desdichado, que a haber más distancia, tarde, o nunca hubiera llegado. Repartida la mayor parte de alhajas, aguardo a que anochezca: hasta aquí bien, Porcia, habrás reparado, mi ninguna culpa, pero harás desde aquí reparo, en que de una culpa ajena, un propio delito saco: pues es mi intención, así que anochezca, apadrinado de la sombra, que uno de estos hombres que cargan los carros, saque el arca, o ataud de Federico, y llegando al Río, darle en sus ondas sepulcro tras él echando, muerto a mis manos injustas, desde el puente, al desdichado a quien toque este destino; y esto no, Porcia, lo hago de cruel, sino de atento, pues si a esta cautela falto, hallada el arca, es posible, y aún forzoso, verse claro, por quién la llevó, con quién, y de donde la sacaron, con que nos perdemos, Porcia. Ya veo, que a la ley falto de la razón, mas no hay otro remedio y así me valgo del que hay: culpe, o no el atento mis arrojos destemplados, y póngase, donde a mí me está viendo el más mirado, tome mi suceso, y vea si hiciera lo que yo hago. Sácase algo de esta sala? Han de sacar este estrado? Sí: Porcia, no te des priesa, que parece muy temprano para lo que intento. . Haré, cercada de sobresaltos, lo que ordenas, hasta verte libre de tan gran cuidado. Sácase algo de aquí? . Entren. Mientras yo llego a mi cuarto, cuida de lo que te digo. . Loado sea Dios. . Este estrado, mientras prevengo otra cosa, traten los dos de ir liando. . Traba, Turibio. . Hasta aquí bien sucede. . No digamos nada hasta el fin. . Es posible, que oculte alevoso engaño aquel cielo, donde son de amor las glorias dos astros? No hay más de estas almohadas que mudar aquí? . No, hermano. Muy bien dice su mercé, pues ya lo demás mudado está de suerte, que aún señas de lo que fue no ha dejado. Algo hay aquí, que no puede mudarse. . Qué, dueño falso? qué, dueño aleve? pues solo para acusar tus engaños, para culpar tus traiciones, de impropio disfraz me valgo, aunque no es tal, sino propio; pues si de hombre de trabajo es este traje en su estilo con propiedad me retrato; pues no hay angustia, no hay pena, no hay dolor, no hay sobresalto, que yo no padezca. . Enrique, señor, mi bien, mi descanso::- Mi tormento, mi congoja. Qué tienes? tan olvidado de que eres el que hablas tú, y conmigo estás hablando? Tenemos mucha razón. Tú también, Montera? Andarlo. Qué es esto, Enrique? acabemos, mira que son muy tiranos dolores los de mi pena, y tu extrañeza, si acaso no quieres que la atención de que verte disfrazado con tanto peligro, pague con el susto que me han dado tus palabras: y si es esto, mi bien, no lo has acertado, que verte arriesgado basta para muchos sobresaltos. Que no es eso. . Pues di, qué es? No lo has entendido? . Cuando te adoro, no entiendo más de que te estoy adorando. Ah! fuego de Dios! . Aleve áspid, que disimulado entre flores, el veneno recatas con el halago, por qué finges no entenderme, si sabes (de dolor rabio!) que anoche::- . Válgame el Cielo? Un hombre::- . Dolor tirano! Rompá el corazón la pena, pues rompe la voz el labio: entró en tu cuarto? Señora, Flerida con un cuidado, según dice, a verte viene. Esta Flerida, embarazo es siempre mío. . Oye usted, esto que ha dicho mi amo, yo lo vi por estos ojos, porque no ande preguntando quien se lo dijo. . A ocasión . llega Flerida, que es llano, que fue Federico a quien vieron entrar; y pues hallo la satisfacción en ella, salga mi amor de cuidado, que peor lo imaginé. Di que entre. Con tiento, hermano, lleve esta cajilla. . Y qué vay nella? . Lo necesario para una hermosura: esta es hatina de garvanzos para el paño, y estos son diferentes letuarios, alquitara para el jaque, cerilla para los labios, salud para las mejillas, y esta, agua de quitar años. De quitar años? . Amigo, agua de disimularlos. No te detengas, Roseta. Ya voy señora volando. . Fuese? . Ya se fue. Pues ya, Porcia ingrata, que explicado el motivo de mi ofensa ha visto tu aleve trato, y que en hombres como yo una vez dicho el agravio, no hay satisfacción en que no estén siempre desairados; quédate a Dios para siempre, que yo para siempre parto a no verte, a no acordarme de ti; y esto no lo hago en vergüenza de mi ofensa, aunque es justo, dueño ingrato, sino en sacrificio amante, sino en rendido holocausto; pues huyo de ti temiendo no disgustarte, vengando mis celos en el dichoso, que merece tus halagos: a Diós: sígueme, Montera. Alto de aquí. . Ten el paso. Déjame ingrata, o a voces diré tus aleves tratos. No te has de ir. Si he de ir. . Pues mira por donde ha de ser, el paso tomado, sin otra puerta para salir de este cuarto. Déjame. . No, que es injusto, que te haya oído yo tantos desatinos indecentes, y que cuando llega el caso de quedar tu satisfecho, y vengar yo los agravios, que a mi fineza haces, quieras muy necio, y muy confiado de tu frenesí, cerrar a mi justo enojo el paso: y así, hasta estar satisfecho no te has de ir. . Pues hay acaso satisfacción, ojalá, a celos tan declarados? Sí, si palabra me c de oírla. . Nunca yo falto a la razón; pero un hombre no estuvo anoche en tu cuarto contigo? . Sí, Enrique. . Pues qué disculpa? . La que aguardo darte tardará muy poco. . Flerida entra. . Retirado en este aposento escucha, haciendo, Enrique, raparo en que prevenir no pude la satisfacción que aguardo darte; pues ni yo sabia que había de verte cuando supiera que hubiese visto a ese hombre, ni el desengaño pude prevenirte, pues solo le estoy esperando en Flerida, a quien no he visto. Presto, que llega. . Dudando voy, Porcia mía (que mía se atreva a llamarte el labio!) mientras esperanza llevo de verme desengañado; que haya indicio, que desmienta mi ofensa. . Que le haya aguardo, Y si le hay, qué harás? Vengarme de un aleve, de un ingrato. Como yo muera sin celos, no moriré desdichado. . A haber sabido de quien yo se lo dejé encargado, que no salió Federico, me ha muerto; pero finjamos, dolor. . Muy en hora buena vengas, Flerida, a mis brazos. Tú no esperada mudanza, Porcia, sobre mi cuidado, a verte me trae. Allí se ocultó, sino me engaño, un hombre y es Federico, según mis celos hablando me están en el alma. . Yo, Flerida, el amor te pago con que me tratas, y ahora has de saber, que has llegado a ocasión que te deseo. Pues como tanto has tardado en dejarte ver? Sospechas, mucho os vais precipitando. No hagas ruido. Es que me dio en el gallillo el tabaco. Maldito seas. . Motivo tuve para dilatarlo. Y si es el que yo presumo, no es pequeño. . Amiga, vamos a lo que me importa, y di, sin que a nada faltes, cuanto me pasó anoche contigo, a qué veniste a mi cuarto, y quién vino, y qué tras ti. Esto es menester que oigamos. Federico es el oculto, según esto. . Estás dudando lo que has de responder? . No; pero a conocer no alcanzo la causa que tenga para querer oír de mi labio lo que tú sabes. . Me importa. Aunque del todo no acabo . de entenderlo, decir yo que le llamé, cuando es llano, que por mí no vino, no lo tengo por acertado. Flerida, en qué te suspendes? Estaba, Porcia, pensando, qué te podría importar: (ya encontré a pesar de entrambos, perdido todo camino, de que no pierda mi agravio) Discurria, en qué te importa, que yo dijese, que cuando vine a visitarte anoche, Federico a poco rato a verte vino tras mí de un papel tuyo llamado. De papel mío? . Pues no? por senas, que luego entrando tu padre, se oculto él; que yo me fui, y que cerrando tu padre las puertas, él quedó en tu casa encerrado. Flerida, qué dices? . Este es otro. . Sin mí he quedado. Yo a Federico? pues tú no sabes::- . Lo que ha pasado es esto. Si tú. . Mira::- Hubierasmelo avisado, si tenías otro intento; y pues de mudanza te hallo, no te quiero embarazar. Quede el pundonor en salvo . por ahora, que después yo vengaré mis agravios. Oye, Flerida alevosa, y di a Federico, cuando, yo, espera. , . Por qué la llamas? si es para mi desengaño no es necesario que vuelva, que ya estoy desengañado. Hay mujer más infeliz! Hay hombre más desdichado! Rofeta, Laura. . Señora. Pues que sabéis este engaño, hablad: a qué Federico vino? . La verdad del caso sé yo, como quien lo vio. Para que no la creamos, bastará que tú lo digas. Pues miento yo? Un tanto cuanto. Qué aguardáis? Para qué, Porcia, quieres gastar tiempo, cuando la verdad de este suceso es (reviento al pronunciarlo!) que yo a tu casa ofendido vine, habiendo averiguado, que anoche por una escala un hombre::- (de celos rabio!) Ay de mi infeliz! . No lo dijera yo más claro. Entró en tu casa, y que hoy por satisfacción me has dado la noticia de que había otro en tu casa encerrado: este sé que es Federico, dime si puedes negarlo? No, Enrique. Este ya está en casa. El otro, Laura, es el diablo. Tigeretas. . No lo niegas? No. . Ni puedes; voy al caso: por dónde entró Federico? Por la puerta. Ah dueño ingrato! y por dónde salió? . Eso no te puedo decir. . Cuando sé que entró, y por donde, nada me importa, que hayas callado por donde salió; pues siendo cierto, que subió a tu cuarto por una escala otro hombre, también es, traidora, claro, que el que por ella subió sería el que bajó. . Es llano. Luego no fue Federico? No, que no quiero negarlo. Luego son los dos amantes con que me ofendes? . Es falso. Pues cuál de ellos es? Ninguno. Pues qué buscaban entrambos? A Flerida Federico. Y el otro? . Esto va apretando. No sé a quién buscaria. . No? A la suegra de Pilatos buscaria. . Si no calla, llevará. . Ya usted ha dado. Pues quién era? . No lo sé. No lo sabes? . No. Mi amo. Podemos salir? . No, que viene a la puerta llegando. Pues para salir de aquí de la industria nos valgamos de cargar con estos líos: baja el rostro, porque acaso no nos conozca. . Sin mí mis desdichas me han dejado. Traba, Turibio, que pesa mucho este lío. . Ya trabo. Aún están aquí estos hombres? Ahora, señor nueso amo, entramos nosotros, que los otros ya habían mudado lo mejor que había aquí, aunque va bien maltratado por ventanas y por puertas: pero aunque haya más cuidado, donde hay mudanza tan grande, lo mejor se hace pedazos. Pues qué se ha quebrado aquí? Lo que era más delicado, que es el honor. . Y qué fue? Un espejo. . No hago caso de lo que tan poco importa. En verdad, que importa harto. No importa, que si hay aquí quien dé crédito a un engaño supersticioso, hay también quien deje desengañado al que en agüeros creyere de que es su crédito falso. Sé yo mucho en estas cosas. No seáis bachiller, hermano. Dice muy bien su mercé: traba, Turibio. . Ya trabo. Fuego de Dios, cómo carga! voilas a llevar al carro, y luego vendré a ayudarte. Non tardes, Llope. Non tardo. Pues la noche baja, y ya los coches y los criados a la puerta del jardín, Porcia, te están aguardando, siendo lo que falta solo salir yo de mi cuidado, parte a Torreblanca tú, mientras yo quedo esperando licencia del Duque, a fin de dar tiempo a lo que trazo, que yo te alcanzaré luego, si de lo que sabes salgo. Puedo ya salir? . Sí, Enrique, que un peligro recelando estoy en tu vida: (ay triste!) qué fuera que hiciese el hado, . que a Enrique tocase. . Porcia, di, por qué anades engaños a los tuyos? qué peligro es el que estás recelando a mi vida, si me has muerto? Ese no me da cuidado, siendo yo quien soy. . Pues cuál? El que ahora estoy recelando, es, que te halle aquí mi padre; y así, vete presto. . Cuando me deja aquí, que aquí me halle, qué importa? . Mucho. He notado, que ni aún mentiras encuentras, para desmentir tu falso proceder, y mi razón. . Porcia, qué esperas? que ya la licencia me ha llegado del Duque. . Ay de mi infelice! que a Enrique no he declarado . el riesgo en que aquí le dejo. Presto, que estoy aguardando: no te detenga el carino de la antigua casa, vamos. Ay de mí! qué haré? Buen hombre, id con Dios. . No os vais, hermano, y andad al coche vosotras. Muerta voy. . Vendré a pagaros luego. Pues a este infeliz la desdicha le ha tocado, cumpla su cruel destino de esta manera. Cerrando la puerta se fue Roberto, y no sé lo que en tal caso discurra; mas ya en la llave siento andar: qué hacer no alcanzo, mas que aguardar el suceso; que aunque sin armas me hallo, valor, y brazos me sobran. Dicha fue haberse dejado mi padré la llave: Enrique? Esta es Porcia. . Atropellando por ti mil inconvenientes, vuelvo a decirte::- mas pasos siento, y es mi padre: (ay triste) la oscuridad mi sagrado sea. . Porcia, qué me dices? Yo sin duda cerré en falso: estás aquí, hombre de bien? Aquí estoy. . Pues a mi cuarto venid conmigo que tengo que me llevéis con cuidado de esotra parte del Puente. Que haber no pueda estorbado esta desdicha! . Seguidme. No voy tan lejos. . Villano, esto ha de ser, o morir . a este acero. . Infeliz hado! Si me resisto y está Porcia aquí, como he pensado, ha de traer luces, y verla su padre. . Determinaos a seguirme, o a morir. Ya yo estoy determinado a seguiros, que he de ver en lo que para este caso. Ay infelice de mí! ay Enrique desdichado! que vas a morir, sin que yo, que lo padezco tanto, pueda avisarte: mal haya mi infelice amor, y airado el rigor, que nos persigue, siempre aleve, y siempre osado: mal haya también, mal haya el motivo; pero cuando no te puedo socorrer, y es mi sentimiento vano, vaya a saber tu desdicha, donde oída, si mi llanto no me anegare, mi alivio deba mi muerte a mi brazo. . Ya vamos llegando donde descansarás, que es razón. En toda esta prevención algún misterio se esconde: ya, amparado de la sombra, desde que en el Puente he entrado, parece que he descansado de este peso, que me asombra; pues ya aquí de la justicia del Duque seguro estoy. Principio alevoso doy a mi traidora malicia; pues por esta parte el Puente sin antepecho se ve, muera este inocente, que me da la vida. Qué gente? Pero el Duque: (ay infeliz!) mientras están divertidos, huya este riesgo. . Qué quieres de mi vida, infiel destino? Quién va? Un hombre del trabajo, y a sus mercedes suplico me dejen pasar, que pesa esta arca mucho. . En tal y a esta hora, más parecéis ladrón. . Nunca yo lo he sido. Dónde va esa arca? . Aí tras viene quien podrá decirlo. No hay en todo el Puente nadie. No es ese pequeño indicio de que hurtada la llevaba: llegad esa luz: qué miro! . Pues tú, Enrique, en este traje contra los preceptos míos? abrid esa arca. . Que el Duque me encontrase? qué habrá sido . haber huido Roberto? . Un yerto cadáver frío es el que encierra. . Ay de mí! Y es, gran señor Federico. Mi sobrino? . Sí señor. Válgame el Cielo! . Preciso es, que obre aquí la templanza, porque acaso el dolor mío el nombre de justiciero no trueque al de vengativo. Cayó el Cielo sobre mí! Bien, fortuna, mi delito has desmentido; no ceses en amparar mis designios. Qué es esto, Enrique? Señor::- Quién, hablando en el estilo que quieres fingir, esta arca te dio? . Si la verdad digo, . culpo a Roberto, y es padre de Porcia; y aunque ofendido, la adoro y debe mirar mi atención por su peligro; sino lo digo, me culpo en un aleve homicidio: qué haré? mas qué estoy dudando, cuando obrando lo preciso, en línea de amante, soy primero yo, que yo mismo? No tu suspensión me admira; pero a que digas te obligo quien te dio esta arca. . No sé. Pues quién venía contigo? No sé. . Dónde te la dieron? No sé. . Cuyo es el delito? No sé. . Con no saber nada, todo, Enrique, me lo has dicho: mas di, cómo no lo sabes? No sé. . Ni yo aquí averiguo negocio tan importante: el cuerpo de mi sobrino llevad a Palacio; y luego, pues Roberto hoy fue al Castillo de Torreblanca, llevad a Enrique preso y al mismo Roberto le encargaréis, que le guarde custodido. Ya no hay que apurar cual sea el traidor. . No, pues se ha visto en ti. . Mucho, Enrique, da que presumir este indicio: qué aguardáis? . Enrique, vamos. Mucho me aprietas, destino, y mucho que vacilar le has dado al discurso mío. . Mucho me amparas, fortuna. . Y mucho, si a este delito el de la traición ajusto, a mi desvelo he debido. ta ta ale
JORNADA TERCERA
Porcia. . Señor. Sin tardanza, mientras un caballo ensillan, que el que traigo reventado viene, de mis joyas ricas me junta algunas, y a Dios, que a no verte más me envía mi desventura. . Esto es, males, que sucedió la desdicha: s a Enrique le echó en el Río. . No es tiempo de llorar, hija. Señor, ya el caballo espera, que mandaste. . Aprisa, aprisa, Porcia, no te estorbe el susto. Señora, según la vista, viene gran tropa de gente hacia Torreblanca. . Mira si puedo salir yo antes. No señor, porque ya pisan la puerta, y arriba suben. No hay dónde huir la desdicha? Si hay tal. . Cómo? Tú a mi padre por esas piezas retira, y picarán un tabique con la idea prevenida por donde salgas al campo, si no hubiere otra salida. Buscando al señor Roberto, por ser cosa muy precisa (ay Porcia cruel!) a esta sala llegué, y porque grosería no parezca no avisar, señora, de mi venida. doy esta disculpa. . Porcia es con quien habla. . Sus iras disimule mi amor, pues mis venganzas se avecinan. No haber encontrado a quien preguntar en la familia de una casa tan ilustre, Eduardo, como la mía, mas que verdad, es disculpa para la descortesía de entrar donde estoy, sabiendo que si tuviera noticia de vuestra llegada, no lograráis esta visita; y puesto que es a mi padre a quien buscáis, os avisa el primero, a quien por él preguntáis, que soy yo misma, que en Dirún se quedó anoche. No os juzgó hallar tan esquiva quien sabe que no lo sois: el furor me precipita. Pues vos qué podéis saber, que de ser quien soy desdiga? Enmiéndelo así. Señora::- Ay adorada enemiga! Si sabéis que amo, sabréis a quien; y cuando se finja ser delito mi amor, tiene la disculpa conocida de ser quien es el sujeto: (ay difunto bien pues pisa tan alto el merecimiento de Enrique:- . Será mentira esto Cielos? . Que se pierde para con todos de vista. Si prosigo en la presencia . de Enrique, es cosa precisa quedar yo muy desairado, y él más airoso; pues finja para excusar este enojo. Señora, decir quería, que no era razón hallaros, ni quejosa, ni ofendida, cuando a vuestra casa llego de parte de quien me envía, a buscar a vuestro padre, que es el Duque, a tan precisa cosa, como fiar de él, y su lealtad conocida este delincuente, a fin de que en Torreblanca asista en prisión estrecha, en tanto, que su culpa se averigua, pues este dio a Federico la muerte. Quién es no diga, porque juntos a sus ojos lleguen dolor, y noticia. Válgame el Cielo! qué es esto? todo el discurso vacila. El que mató a Federico es este: como sabida su culpa habrá sido, pues de nadie, sin que él lo diga, se pudo saber, siendo este el que en mi cuarto homicida fue de Federico? . Ya de su confusión me avisa su silencio. . Nada oigo de lo que hablan. . Y es precisa consecuencia, que no sabe que fui yo, pues no lo explica, el que entró por la ventana. Ya es segura la desdicha de Enrique. . Estos son, señora, los motivos que me obligan a entrar sin más prevención a vuestra presencia. . Finja, . vencido ya el sobresalto, y libre de la fatiga, de que buscaba a mi padre. Poca extrañeza os debía hacer, señor Eduardo, mi indignación repentina, viéndoos con tal prevención de gente, sin la noticia de lo que os obliga, puesto que ya enterado os suplica mi atención, que perdonéis, que yo de mi padre hoy finja la ausencia, pues desde anoche ha que en Torreblanca habita; y así, buscadle en su cuarto, mientras yo apuro este enigma. Razón tenéis de ocultarle. Esa es la que no adivina mi discurso. Si habrá dicho . este hombre que fue en mí misma casa donde le dio muerte. Quién serviros solicita, hace la hidalguía, Porcia, mas no vende la hidalguía. Un mar soy de confusiones. No os entiendo. No me admira: voy a buscar a Roberto, y en tanto, señora mía, quedad de guardía. Dejar aquí a Enrique determina mi astucia, para que Porcia le vea y vengue mi envidia; pues con la muerte de Enrique habrá de ser Porcia mía. Fuese, y dejó al alevoso, para que pueda mi vista informarse de quien tantos pesares, tantas desdichas me ha ocasionado, y por ver quien fue el que tuvo osadía de escalar mi casa: nadie, según parece, me mira; salga, pues, de confusiones. Y tú, aleve, a quien castiga la muerte, que a Federico le diste en presencia mía, . dime::- mas qué es lo que miro! tú. Enrique? . Sí, qué te admiras? Vives, bien mío? . No, Porcia, porque no se llama vida la de un infelice (ay triste!) Deja que pase la vida a los brazos el informe de que vives. . Que así finjas, Porcia? . Yo finjo, señor? Y lo muestras, cuando explicas, que en tu presencia mataron a Federico, enemiga. Pues a quién sino a ti, cuando tu prisión me califica, que fuiste el que por la escala, o el no descubrirlo diga el rostro, entraste en mi cuarto, y hallando en él::- . No prosigas, Porcia, no inventes cautelas, que aunque te las apadrina mi prisión, bien sabes tú, que es cuanto dices mentira. Pues tú cómo? . No me hables. Oh por qué? . Nada me digas, sino quieres que el dolor resucite las cenizas de tu traición en mis labios. Tuya fue la alevosía, pues más que desconfianza, fue entrar de aquel modo. Hija, con quién das voces? qué es esto? quién está en tu compañía? tú, Enrique, aquí en ese traje? Aquí es la astucia precisa, para que sirva después. No habláis? . Al romper el día, Eduardo con más gente en busca tuya venía, a fin, señor, de entregarte un hombre, por homicida de Federico, en prisión, que como el rostro traía cubierto no conocí; pero la curiosidad mía, mientras te buscaban, quiso ver de tal alevosía el autor, y vi que era Enrique; hizose porfía mi pregunta y su respuesta, y esto, señor, oirías. De suerte, que quien llegó aquí a buscarme, traía preso a Enrique? . Sí señor. Y viene por homicida Enrique de Federico? Si señor. . Y la porfía de vuestras voces, fue sobre si tenía, o no tenía culpa Enrique? . Sí señor. Esa fue la dicha mía. De gran cuidado salí, que ya asustado volvía de las voces, que pudieron ser estorbo de mi huida. A mí me importa, que Enrique se libre pues entendida la causa de su prisión tengo ya, aunque no adivina mi discurso, qué motivo con tal disfraz le tenía en mi casa; pero de esto el tiempo dara noticia. Donde las Guardías están, que con Enrique venían? En esa antésala. . Pues, Enrique, la amistad mía a libraros de este riesgo hidalga se determina; y así, sin más dilación, por el cuarto de mi hija, que es ese, entrad, y hallaréis en una puerta salida del Castillo, que a otro intento yo prevenida tenía, y en ella un caballo: presto, y nada haya que os impida, libraos del peligro, Enrique; y sabed, que no peligra mi vida en libraros, pues nadie puede haber que diga, que en mi poder os dejó. Si señor, en eso estriba nuestro remedio; partid, Enrique, y a toda prisa os poned en salvo. . Cielos, . quién vio tales tropelías! Qué resolvéis? . Estimaros con una acción la hidalguía a entrambos. . De qué manera? Vereislo entrambos aprisa: venid, señor Eduardo. Qué intentas? . Qué solicitas? Qué te pierdes! Qué te arriesgas! Quién me llama? Quién estima la confianza del Duque, que es Roberto, y se destina a ser mi Alcaide. . Sabed, Roberto, que vuestra vida es de la suya fiadora, que esto me manda, que os diga el Duque, porque cuidéis de guardarle. . Muy esquiva es para mí vuestra orden: (ah traidor!) pero admitirla debo por quien os la ha dado. Y esta obligación cumplida: quedad con Dios. . Él os guarde. Bien mis intentos caminan; . yo seré Duque en Borgoña, y Porcia verá mis iras. Tengo de entrar, aunque pese a todo el mundo. No impida nadie que asista a su amo. Señor mío de mi vida? Calla, Montera, hasta luego. Amor, como Enrique viva, . vengan penas, que acrisolen la noble fineza mía. Asegurar a Roberto importa. . Bien claro explica . la confianza que muestra, que en mi delito se fía: esto ha de ser así. Ya, Enrique, que la hidalguía, que quiso hacer mi amistad, despreciasteis y es precisa ley de mi noble cariño compadeceros, quería saber, qué motivo tuvo la razón, o la desdicha en que os veo, la mudanza de traje, que lo averigua muy por mayor mi cuidado? Pregúntéselo a su hija, que mil demonios la lleven. Pues la ocasión me convida, satisfaciendo a Roberto por Porcia, sin que se diga mas de lo que baste, haré que me entienda, y desmentida quede su sospecha. Ya, señor Roberto, sabida la rectitud con que el Daque trata siempre la justicia, visteis, que me desterró de Dirún, y tan de prisa, que aún para prevenir postas lugar no me concedía mi obediencia; y siendo cierto, que hombre como yo tendría que disponer muchas cosas, partiendo la más precisa, me volví a Dirún en este traje, que la industria mía, para no ser conocido, encontró, para que diga la causa, viéndome en él, y en suerte tan abatida, que Ganapán fui por ella, y Ganapán de Desdichas. Llegué a una calle (que no nombrarla es razón que elija, porque no pase el suceso a evidencia de noticia) a tiempo, que en una casa principal mudanza había, y repentina mudanza; y a tiempo, que en una esquina vi a quien pudo conocerme, por cuya causa precisa, entre los hombres, que el hato sobre los carros ponian entré en su casa y por no arriesgarme con el día segunda vez, cuando quise salir vi que no podía, porque el dueño de la casa, después de echar su familia de ella, teniéndome a mí, por lo que yo parecía, me mandó sacar una arca; y haciendo lo que decía, llegué de él acompañado al Puente, no sin fatiga: hallome en el Puente el Duque, y no al que me conducia, porque al ver al Duque huyó del peligro que sabia. Conociéronme, y abriendo el arca, lo que venía dentro fue el hierto cadáver de Federico. . Cecina. Preguntome el Duque, quién había sido su homicida; no lo supe preguntome, quién con el arca venía; y no lo supe tampoco, aunque muy bien lo sabia. Por este indicio vehemente, y la pasada rencilla, que sabéis, me prende el Duque, y a Torreblanca me envía. Y a ti te lo digo, nuera, entiéndelo tú mi tía. Pues él disimula, yo lo hago con la astucia misma, seguro del todo ya, que en él mi peligro estriba, que en lo de estar en mi casa, como él lo dice sería, pues no hay ninguna sospecha en mí que lo contradiga. Cerrad el Castillo, y nadie salga de él sin orden mía. Malo. . Qué es eso? Señor, es que la persona misma del Duque, con mil Soldados, si el temor no los guarisma, llega, y el Castillo manda cerrar. . Novedad precisa es esta; y así, tú, Porcia, a tu cuarto te retira: vos, Enrique, me seguid. . Duélete, estrella enemiga, si alguna lástima tienes, de mi amor: ay Porcia mía! Ay Enrique amado! . Yo perderé amando la vida. Y yo porque vivas tú sabré aventurar la mía. Qué me miras, alevosa? Mi bien, por qué no me miras? El alma dejo en tus ojos. Con él se va el alma mía. . Válgame Dios! qué Eduardo tan mal pague el amor mío, . cuando tanto le confío! de cólera, y furor ardo. El Duque me mira airado, . y la novedad me espanta, por conocer en mi cuanta razón a su enojo he dado. Parece, que vuestra Alteza disgustado está, señor. Cesa el disgusto mayor, a vista de mi entereza, donde hay precisos cuidados. Son los vuestros muy forzosos: sin mí estoy! . Qué haga alevosos, quién quiere hacer obligados! Entregasteisle a Roberto a Entique? . Ya os dije yo, que sí. . Y él le recibió con gusto? . Tengo por cierto, que no. . No admiro que sienta su prisión, siendo su amigo. A más motivo conmigo pasa lo que le impacienta. Que no adelantéis prevengo ninguna fácil malicia; yo aclararé la justicia, que a esto a Torreblanca vengo: nadie ha de salir de aquí, sin que haya yo averiguado esta culpa, y un cuidado con qué de Dirún salí: y así, haced que Enrique venga a esta sala, donde hoy Juez recto, Eduardo, soy, por ver quien justicia tenga. Qué amenaza será esta? fortuna, ya te has cansado? mas yo saldré del cuidado, que en su vida me molesta. Haced lo que digo. . Voy a servirte. . Así lo espero: Carlos soy el justiciero. Yo haré que no lo seas hoy. . Solo he querido quedar por ver aqueste papel de Federico, y en él la justicia confirmar. Eduardo a su devoción tiene las Plazas mejores de Borgoña, y los traidores, que han seguido su facción, están con resolución de mataros; no es malicia la que avisaros codicia: mirad el riesgo en que os veis, y pues a todos la hacéis, haceos a vos justicia. . A la prisión de mi amo se pasa por aquí; pero ay de mi infeliz, que di con el Duque! . Hola, qué es eso? quién entró aquí? dónde vais? Señor yo ni voy ni vengo. Escuchad, oíd. . Ya oigo. Vos, según a lo que entiendo, servís a Enrique. . No hay tal, señor. . Pues yo ahora quiero preguntaros una cosa que importa. . Solo por eso no lo diré yo. . Por qué? Porque no hago cosa de bueno: el diablo me trajo aquí. . Si no habláis con concierto a lo que yo os preguntare, os pondré en un palo. . Sebo para que el cordel escurra: este es negocio de aprieto. Qué hizo anoche vuestro amo? Mi amo? jugando a los cientos se estuvo en una Botica; con el mozo de un Barbero, que como era sangrador, le picaba por momentos, por señas, de que cantaba al fin de cualquiera juego, estas coplillas chambergas, que andan vendiendo los ciegos: yo no sé lo que me digo. Cobraos. . Pues soy dinero, para cobrarme, señor? Sosegaos::- . Tengo miedo. Y decidme lo que hizo. Andarse enterrando muertos, y en un arca los pasaba desde uno a otro Cementerio. Este está turbado; y pues . nunca hace caso el Derecho de hombres semejantes, no lo hago yo muy bien. Volveros podéis, o pasar. . Yo paso de buena gana, y confieso, que nunca fui menos hombre, si en nada puede haber menos, que ahora; y bien vuestra Alteza lo sabe, pues me vio el juego. . Aquí, señor, viene Enrique. Mucho, Eduardo, le debo a tu diligencia. . Siempre te sirvo. . Y siempre lo creo. otro indicio es este agrado, . estando poco ha severo, que de su intención me avisa; y pues vamos al intento los dos de no declararnos, viva el que mate primero. Mi amigo eres, Eduardo. Soy, señor, esclavo vuestro: morirá al primer descuido. Saldré de mi duda presto. . Qué así Carlos a un traidor . hable! dolor, sufrimiento. Dejadme aquí con Enrique. Ya, señor, os obedezco. Ea, cautelas, astucia, ya aquí no hay otro remedio, sino matar, o morir, que aprieta mucho el recelo. . Muy turbado va Eduardo. . Desde este cancel podemos escuchar lo que responde. Es reparo señor, cuerdo, para que a cualquier peligro prevengamos el remedio. Ay Enrique! . Ya podéis conocer a lo que vengo, Enrique. . Solo, señor, sé que infelice padezco vuestra indignación y tanto, que no tener culpa siento. Tan sin culpa estáis, Enrique? Sí señor. . Convencer quiero vuestra porfías mirad . este papel. . Ya le veo. Leedle. . Este es el papel . con que Porcia, según creo, llamó a Federico; mas la letra no es suya: Cielos, falte a mi vida, y no falte algún alivio a mis celos: pero la letra bien pudo ser de otro, y suyo el intento. Habeisle leido ya? Si señor. . Esto no entiendo. Yo sí, y muero de mirarlo. Cuya es esa letra? . Esto . es, que el Duque ha presumido, que yo a Federico he muerto, y siendo amante de Porcia, juzga, que para este intento ella le llamó a su casa, con que si no desvanezco este indicio, arriesgo a Porcia vida, y opinión a un tiempo: y pues yo no he de decir como pasó este suceso, y no diciéndolo carga en mi del delito el peso, salven a Roberto y Porcia mis atenciones, cumpliendo con las finezas de amante las leyes de Caballero. No la conocéis, Enrique? miradla bien. . Os prometo, señor, que no la conozco; pero que importa no creo, conocerla, o no. . Si importa. No importa si es vuestro intento saber, quien a Federico le dio la muerte. . Eso quiero, y para eso lo averiguo. Mucho mi peligro temo. Mas temo yo su fineza. Pues señor:: decir resuelvo, . que yo le maté, que así salvo a Porcia, y a Roberto. 1. Impedimento hay señora, para entrar. Qué impedimento puede haber para mujeres como yo? . Hola, qué es eso? Es, que Flerida, señor, vuestra orden no creyendo, dice, que ha de entrar a hablaros, porque importa mucho. . Es cierto, que cuando mujer como ella semejante instancia ha hecho, debe de importar; dejadla que entre, y a ese aposento os retirad vos, Enrique. . Ya, señor, os obedezco. Que ni aún para morir quiera . dejarme Flerida, Cielos! . Qué querrá Flerida? . Yo . lo presumo, y lo recelo; y así apartaré a mi padre. Para que no te echen menos, ponte donde puedan verte, que yo de todo el suceso te daré aviso al instante. Hija, buen reparo has hecho, y así, a que me vean voy. . Ya este susto tengo menos. Carlos, Duque de Borgoña, a quien llama el justiciero la fama, si hoy tu justicia pretende renombre eterno, sabe que yo, que acordarte lo que soy, señor, no quiero, pues callándolo yo tienes obligación de saberlo, porque en nada a la justicia faltes del delito fiero de ver tu sangre vertida (ha traidor! lo aleve acepto) sabe, otra vez lo repita, que desde mis años tiernos fui de Federico amada, debajo de aquel pretexto, que no le cumple el descuido, y le promete el deseo: si dan venganza mis labios a mis mejillas, entiendo, que en ellas te informarás de lo que te callen ellos. Yo amada de Federico, y amante, señor, a un tiempo, esperaba ver dorados de mi liviandad los hierros, que liviandad es fiar todo un honor al empeño de una palabra, que es prenda, que la desvanece el viento; cuando celoso sin causa Federico, y pongo al Cieló por testigo mío, mal a su obligación atento, convirtió en ira el agrado, sino la fineza en hielo, que tiene muchas disculpas el que es querido de hacerlo. A este tiempo le enviaste a Sajonía, y no sufriendo yo verle volver, sin que le dejase satisfecho, de que era suyo el delito, mas que mío el escarmiento, sabiendo, que Federico amaba a Porcia, aunque en esto no tuviese Porcia culpa (mi intento es ir al intento . de que en su casa mataron a Federico y no quiero por presunción infamarla, pues no hay de quien me dé celos) de su nombre me valí, y en nombre suyo escribiendo un papel a Federico, le llamé a su casa. . Cielos, esto no puede dejar de ser verdad. . Mudó esto de forma. . Yo te perdono, cuando Enrique te está oyendo, todo el pesar que me has dado, por el gusto que le has hecho. Flerida, es este el papel? . Si señor por este mismo fue llamado Federico; pero llegando Roberto, para que no le encontrase fue fuerza ocultarse luego, y volverme yo a mi casa, dejando en el cuarto mismo a Federico de Porcia, donde la muerte le dieron, que de que no salió vivo muy bastante informe tengo: mi esposo era Federico, y yo de su muerte vengo Carlos, a pedir justicia, siendo el informe que he hecho, para la averiguación de un delito tan horrendo. A esto a Torreblanca vine, no hallándote en Dirún; a esto te ha de obligar la razón, sino lo hace el sentimiento de estos suspiros, que arrojo, . de estas lágrimas, que vierto. justicia, Carlos, justicia, porque si en ti no la encuentro, desde aquí en una clausura se la iré a pedir al Cielo. . Resolución de mujer, que amaba: ya comprendo todo este caso, y no está poco indiciado Roberto; mas para unir estos cabos es necesario más tiempo, que el de un día, que aunque venganza mi sentimiento, entre venganza, y justicia, a la justicia prefiero; y así, mientras lo averiguo, dejaré a Roberto preso: hola. . Señor. No salgáis, Enrique, de ese aposento, hasta que otra vez os llame, porque allí a Eduardo veo, y quiero darle ocasión para descubrir su intento: retiraos, Enrique. . Ya . lo hago. . Qué será esto? Ya llega Eduardo, y yo fingirme dormido quiero, para salir de cuidado, que me tiene tan inquieto. Quise salir del Castillo, y los Guardas me impidieron la salida, con que ya mi muerte reconociendo tan cierta, a pedir a Carlos de mis yerros perdón vuelvo, confiado en que su amor ha de perdonar mis yerros: pero allí dormido está; yo quiero mudar de intento, y aprovechar la ocasión, que aunque el perdonarme es cierto, también es vivir infame, y mi espíritu soberbio no es bien que lo sufra, cuando su muerte me ofrece un Cetro: mas cómo saldré después? ya topé como, diciendo, pues Enrique estuvo aquí, que fue Enrique quien le ha muerto, que de este modo también de Enrique, y Porcia me vengo: ánimo, pues, osadía. . Ya en sus movimientos veo su traición, más prevenido . le esperaré. . No comprendo, si no es traición, lo que intenta Eduardo. . Lo que veo no detérmino. . Así sale mi vida de los recelos: Con Licencia: EN VALENCIA, en la en donde se hallará esta, y otras muere a mis manos. Traidor, muere a las mías primero, que tal traición ejecutes. Muerto soy. Traidor: qué has hecho Entique? . Guardar tu vida, gran señor, que para esto no he menester que me llames. Ya he visto lo que te debo: hola. Señor, qué nos mandas? Qué es esto, señor? Que ha muerto Enrique a Eduardo. . Yo, Carlos, justamente muero: pues con mi muerte seguro quedas, pues yo quise ciego matarte yo al de Sajonía, faltando a lo que te debo, le di el aviso: yo en casa de Porcia la muerte fiero di a Federico, escalando su casa torpe y resuelto, por conquistar su desdén: y pues mis culpas confieso, y muero, perdonad todos, porque yo (ay de mí!) . Laus Deo: llevoselo Barrabás. Y fue sin culparte. . Bueno. Retirad ese cadaver: y pues que te han descubierto la verdad, viéndose cuanto tantos indicios mintieron, ven a mis brazos, Enrique, y dale la mano luego a Porcia. . Si haré, señor, pues averiguado tengo cuanto los indicios mienten, que a su lealtad se opusieron: esta es mi mano. . Y la mía es esta, querido dueño. . A tal dicha no replico. Porque tenga fin con esto cuanto mienten los indicios; perdonad sus muchos hierros. N. mprenta de la Viuda de Joseph deO de diferentes Títulos. A
